domingo, 9 de noviembre de 2025

Entrevista con Svetlana Alexiévich

 Svetlana Alexiévich: “El ‘Homo Sovieticus’ no ha muerto, sino que está en el Kremlin y combate y dispara en Ucrania”, en El País, por Pilar Bonet, 8 NOV 2025:

Tras escuchar a miles de testimonios a lo largo de su carrera, la premio Nobel reflexiona desde Berlín sobre Ucrania y Bielorrusia, los soldados y las víctimas, el exilio y la condición humana

Svetlana Alexiévich, la escritora bielorrusa en lengua rusa premiada con el Nobel de Literatura en 2015, vive en el mismo piso berlinés, de altos techos y amplios salones, donde la visitó EL PAÍS hace cuatro años. La autora de Voces de Chernóbil, Muchachos de zinc y El fin del ‘Homo Sovieticus’ sigue escribiendo a mano. Sobre una mesa alargada están los fragmentos del manuscrito de su nuevo libro, que ya no es el que perfilaba en 2021, pues los acontecimientos interfirieron en la obra de esta autora exiliada en Alemania: en febrero de 2022, Vladímir Putin, enfermo de nostalgia imperial, inició una guerra a gran escala en Ucrania, y menos de dos años después, el norteamericano Donald Trump acabó con la ilusión de una solidaridad global.

Miembro del Consejo Coordinador de la Oposición al dictador Alexandr Lukashenko durante las protestas de 2020 en Bielorrusia, la escritora constata un retroceso generalizado de la democracia, que va mucho más allá de la herencia soviética.

Alexiévich recoge testimonios entre los millones de bielorrusos, rusos y ucranianos refugiados en Europa y en las instituciones que documentan la represión y la guerra en los espacios eslavos pertenecientes en el pasado a la Unión Soviética. Además, otea otros horizontes en búsqueda de claves reveladoras. Alexiévich se interesa sobre todo por la posibilidad de convivencia entre víctimas y verdugos, y entre sus lecturas actuales figura un ensayo sobre las dictaduras en España, Portugal y Grecia (El fin del régimen, cómo acabaron tres dictaduras europeas, de Alexandr Baúnov) publicado en ruso en 2023.

Pregunta. Hablemos del libro que escribe…

Respuesta. Aún no está acabado. Lo tenía casi terminado cuando llegó la guerra y (con un gesto ligero de la mano y un esbozo de silbido, Alexiévich indica que el proyecto se evaporó). Quedó claro que era necesario otro enfoque, y es difícil, porque la guerra literalmente nos dejó sin habla, porque las palabras perdieron su sentido, porque no teníamos los términos necesarios, y solo ahora comenzamos a recuperarnos. En El fin del ‘Homo Sovieticus' escribí sobre cómo se hundía aquel imperio, pero ahora ocurre un proceso general. La Rusia profunda y la América profunda se sublevaron y la democracia retrocede en todo el mundo.

P. En el otoño de 2021, usted escribía sobre la oposición bielorrusa duramente represaliada por Lukashenko.

R. Ahora mi libro es más amplio. En los noventa, cuando trabajaba en Second-Hand Time, el subtítulo era ‘El fin del hombre rojo’ [traducido al castellano como El fin del ‘Homo Sovieticus’]. Lo enterré demasiado pronto, porque el Homo Sovieticus no ha muerto, sino que está en el Kremlin y combate y dispara en Ucrania. Algunas cosas de la primera variante valen, pero hay mucho que repensar y rehacer…

P. ¿Podría decirse que, si en El fin del ‘Homo Sovieticus’ se trataba de una composición de cámara con algunos fragmentos allegro ma non troppo, ahora estamos ante una composición para orquesta sinfónica de ritmo más trágico?

R. Nunca me limité a la experiencia bielorrusa, pero ahora esto es más amplio… He leído y visto mucho de lo que ha escrito y filmado sobre lo que hace Lukashenko y sobre las cárceles. Sus autores son rehenes del sufrimiento, y esos libros han dejado de leerse, aunque las cárceles siguen llenas. La gente necesita nuevas respuestas. En los primeros dos años [de la guerra], los ucranianos esperaban que América les ayudara a vencer y nosotros, que Lukashenko cayera para volver a nuestro país y hacer lo que no pudimos hacer en el siglo XX. Pero no fue así. Ahora, ucranianos y bielorrusos están desesperados.

Siento mucho odio hacia Lukashenko, pero creo que todo debe hacerse de acuerdo con la ley y juzgarlo en La Haya

P. Sus personajes ¿son bielorrusos, rusos o ucranianos?

R. Yo me refiero a todos aquellos que fueron barridos de la nave común por una gran ola y que ahora deben replantearse esa experiencia. Todos son náufragos, pero puede que los ucranianos se hayan liberado algo más que los bielorrusos y rusos. Bielorrusia es hoy un país ocupado, donde hay tropas, aviones y campamentos militares rusos, donde hay hospitales militares rusos y talleres de servicio para sus tanques, un país desde el cual los rusos pueden llegar en cualquier momento a Ucrania con nuevas fuerzas. Considerando todo esto, somos cómplices en la agresión, pero en un país ocupado no se puede exigir a la gente que salga a la calle porque la pueden condenar a 15 años de prisión por llevar la bandera bielorrusa [la antigua bandera nacional, prohibida por Lukashenko].

P. Sus obras son corales basadas en testimonios reales. ¿Ha hablado con mucha gente para su nuevo libro?

R. Sí. Este año he trabajado en Praga, Vilna y Varsovia, además de en Berlín. En Europa hay millones de exiliados, bielorrusos, ucranianos y “buenos rusos”. En alguna ocasión he hablado con “malos rusos”, como uno que, antes de incorporarse al frente en Ucrania, vino desde Siberia a despedirse de su hermana, residente en Alemania. Era un tipo de unos 52 años, en buena forma, y contaba que su familia reunida había decidido que la única salida para acabar de pagar la hipoteca y superar los apuros económicos era enviarle a la guerra. Y cuando yo le pregunté si se había alistado solo por dinero, él dijo que odiaba a los jojlí [forma vulgar de referirse a los ucranianos en ruso]. “Los odio y eso es todo”, me dijo sin más explicaciones. Él consideraba que los soldados rusos en Ucrania son héroes, al igual que los soldados soviéticos en Afganistán, y me acusaba de calumniar a estos últimos en Los muchachos de zinc.

P. Entre los materiales para su libro hay también testimonios grabados por un periodista ucraniano, al que las autoridades de Ucrania permiten prestar su móvil a los presos rusos para que hablen con sus familias en Rusia.

R. Sí, he escuchado, por ejemplo, la conversación de un preso con su esposa, quien le comenta que un conocido, combatiente también en Ucrania, ha enviado a su hija un ordenador y zapatillas deportivas y le recuerda que su propia hija va a empezar el curso escolar y necesita una tableta.

Tengo otros testimonios. Una periodista que viajó a Buriatia [territorio siberiano a más de 6.000 kilómetros de Ucrania] conversó allí con una madre que acababa de enterrar a su hijo [muerto en el frente de Ucrania]. La madre comenzó a hablar, pero luego se asustó y se negó a seguir, alegando que, si la periodista lo escribía, no recibiría la compensación por el hijo muerto, con la que pensaba comprar un piso a su hija. Así que afirmó solo que su hijo había caído como un héroe y que, de no haber sido por él, los ucranianos hubieran llegado ya hasta Buriatia. ¡Lo que hace la televisión!

Alguien me ha dicho que en Rusia circula mucho dinero, dinero de la guerra con el que Putin ha comprado el país y ha esclavizado a sus habitantes, especialmente a los de la periferia, que viven mal. Y esa gente pobre se jacta luego de comprar abrigos de pieles y anillos para sus mujeres.

P. También combaten rusos más informados y con mayor nivel de vida.

R. Sí, y se rigen por el lema: “Calla, o de lo contrario, no recibirás el dinero”. O son cómplices o están vendidos. En Bielorrusia, en cambio, Lukashenko no compró a la población, sino que más bien la asustó.

P. ¿Cuándo acabará su libro y qué estructura tiene?

R. Creo que a finales del año próximo. No deseo adelantar su estructura, pero tiene tres capítulos: ‘Tiempo de revolución’, ‘Tiempo de derrota’ y ‘Tiempo eterno’. Se nos han juntado muchas cosas; por una parte la inteligencia artificial, con la que todos nos relacionamos en distinto grado, y por la otra, las columnas de tanques en la frontera con Ucrania. En nuestro tiempo coexisten varias épocas. A menudo la gente me dice que habla con la inteligencia artificial, porque no tiene con quien hablar. Maldita sea.

P. ¿Era el comunismo una idea agonizante cuando escribió El fin del ‘Homo Sovieticus’?

R. Era una idea que agonizaba, pero que no murió y además se hundieron las ideas imperiales. [El artista conceptual] Ilya Kabakov escribió que, cuando estábamos ya satisfechos por haber vencido al comunismo, de repente, al mirar alrededor, vimos que todo estaba lleno de ratas. No sabemos cómo luchar contra las ratas y la literatura tampoco nos lo puede decir. Ese esperpéntico monstruo se fragmentó en un montón de ratas. De él, salieron otros monstruos que habían estado allí comprimidos y resultó que, por dinero, el ser humano puede ir a matar a sus propios hermanos ucranianos. Personas que conocieron la época vegetariana de Leonid Bréznev [máximo líder soviético entre 1964 y 1982] me dicen que los tiempos actuales son más aterradores que entonces, cuando también se encarcelaba, pero menos que en la época dura del Gulag, de la que apenas quedan supervivientes.

P. En la época soviética había gente con ideales. Su padre era militar y no combatió por dinero.

R. Mi padre era comunista, un chico bielorruso listo que dejó el pueblo para estudiar en el instituto militar de periodismo de Minsk y, siendo estudiante, se fue a la guerra porque su país estaba en peligro. Después, le ofrecieron ascender en el partido, pero a cambio de divorciarse de mi madre, porque ella era una ucraniana que había vivido en los territorios ocupados por los alemanes, y ese era un factor negativo para hacer carrera. Mi padre quería a mi madre y no la abandonó, así que lo mandaron de director a una escuela de provincias. Él creía que la idea comunista era buena, pero que Stalin la había estropeado. Cuando regresé de Afganistán y le dije que sus antiguos alumnos actuaban como borrachos y asesinos en aquel país, él se echó a llorar y entonces entendí, ¡ah! [hace una pausa], que el amor estaba por encima. Incluso hubo una época en la que él y mi madre, enfadados conmigo, querían renunciar a mí como si yo fuera un enemigo del pueblo, pero no lo hicieron, porque nos queríamos. Antes de morir, pidió que pusiéramos su carné del partido en el ataúd. Creyó hasta el final.

P. ¿Figuran los presos políticos bielorrusos en su libro?

R. Cuento historias sobre ellos. Por ejemplo, sobre la madre de un informático de talento condenado a muchos años de cárcel por oponerse a Lukashenko. Hizo que le dibujaran el retrato de su hijo sobre un tablón, le puso ruedas y lo llevaba consigo a todas partes.

P. ¿Qué hace Occidente por los presos políticos?

R. Occidente hizo mucho por ellos, pero solo por la vía diplomática. En cambio, Trump ha comenzado a comprarlos y, por lo que sé, Lukashenko se agarró a esto. “El dinero por adelantado”. Y a cambio, recibió piezas para los aviones bielorrusos que ya no volaban. Hay cerca de 2.000 presos en las cárceles, y Lukashenko se niega a liberarlos a todos juntos. Prefiere hacerlo en porciones para recibir algo por cada una de ellas. Peor aún, mete en la cárcel a nuevas personas, a más gente de la que libera, como los que ayudan a los presos políticos o a sus familias.

Estoy en contra del rechazo al ruso en Ucrania. Pienso que es un fenómeno temporal por desesperación

P. Imagino que pedirá un buen precio por María Kolésnikova [una de las líderes de las protestas de 2020, condenada a 11 años].

R. Alguien que ha salido de la cárcel ha contado que quienes seleccionan a los presos para su liberación han comenzado a alimentarla mejor para que tenga mejor aspecto. Sospechan que a lo mejor la están preparando para liberarla.

P. Me impresionó Nikolái Statkévich, el político socialdemócrata, que se negó a abandonar Bielorrusia al ser liberado…

R. No soy partidaria de esta cultura nuestra del heroísmo. ¡Firma lo que sea para que te indulten y vuelve con tu familia! La vida está por encima de todo y lo principal es salir de la cárcel.

P. En 2020 usted era pacifista, ¿y ahora?

R. Lo era y lo sigo siendo. Si el Consejo de Coordinación hubiera exhortado a la gente a tomar las armas, creo que no hubieran salido tantas personas a la calle. Cuando hubo la primera revolución con sus enfrentamientos en Bielorrusia [en 2010] unos parientes de pueblo me pidieron que visitara a un conocido suyo, un chico miembro de las fuerzas de intervención especial, el OMON, que había sido golpeado y estaba en el hospital. Fui a verlo y su vecino de cama era uno de los jóvenes que había protestado. Al ver llorar a sus madres, entendí que yo no podía exhortar a la sangre.

P. Lo entiendo, pero hay situaciones…

R. Si, hay situaciones sin salida, como las que describe el último informe de la relatora de la ONU, Mariana Katzarova, sobre el trato que reciben los presos en las cárceles rusas. Algo horroroso, como serrarles los dientes con una sierra, o torturar a una periodista ucraniana y entregarla sin órganos internos a sus padres.

P. El exilio ¿une o separa?

R. Si hablamos de Bielorrusia, donde el motivo dominante es la experiencia de 2020, los que se fueron acusan a los que se quedaron de complicidad con el régimen y de apatía, y los que se quedaron dicen que viven bien y que es como si nosotros nunca hubiéramos existido, porque no dejamos huellas. Volveré a Bielorrusia cuando todos vuelvan. No volveré sola.

P. ¿Se puede desarrollar la cultura bielorrusa en ruso, al igual que la cultura irlandesa se expresa también en inglés?

R. Yo soy una escritora bielorrusa y escribo en ruso.

P. ¿Qué piensa del rechazo por parte de Ucrania a la lengua rusa y a las obras escritas en ruso?

R. Estoy en contra, pero creo que es un fenómeno temporal por desesperación y no una tendencia permanente. Al fin y al cabo, las lenguas que dejaron los colonizadores en África fueron un camino hacia la civilización. Y esto está muy bien.

P. ¿Siente usted odio por Lukashenko y por sus colaboradores?

R. Mucho, porque no puedo volver a mi casa, pero creo que todo debe de hacerse de acuerdo con la ley y que hay que juzgarlos en el tribunal de La Haya. En el libro tengo un capítulo sobre cómo vamos a aprender a vivir con los verdugos. Pregunto a la gente. Unos, como yo, dicen que hay que enviarlos a La Haya, pero hay otras opiniones. Un hombre me dijo que quería verlos a todos colgados y padeciendo, pero yo creo que el odio es un callejón sin salida, por el que no llegaremos a ninguna parte. El diálogo es la alternativa.

P. La cuestión es cómo transformar el odio en energía constructiva.

R. Sí, por eso digo que la élite religiosa, política, los escritores, los artistas tendrán mucho trabajo.

viernes, 7 de noviembre de 2025

La filosofía de la religión de Gustavo Bueno

  El filósofo Gustavo Bueno en su obra El animal divino se refiere al numen como el núcleo básico de toda expresión religiosa, desde las más simples a las más complejas. Entiende que hay dos tipos de númenes: los equívocos que poseen una naturaleza distinta a la humana o a la animal y que, a su vez, se subdivide en dos grupos (divinos y demoníacos) y los análogos, aquellos cuya naturaleza se concibe ligada a la humana o animal. Este tipo también se subdivide en dos grupos: los humanos (héroes o semidioses y santos, entre otros) y los zoomorfos (que toman la apariencia de animales totémicos y sagrados). En efecto, muchos dioses antiguos de distintas culturas tienen asociado un animal o toman partes de animal (la lechuza Atenea, el águila Zeus... Los centauros, la Quimera, la Esfinge... El dios egipcio Horus tiene cabeza de halcón; Anubis tiene cabeza de chacal; Bastet tiene cabeza de gato... Algo parecido sucede con el panteón de los dioses hindúes y japoneses del sintoísmo).

De la Fundación Gustavo Bueno:

Entrevista a Gustavo Bueno. Hacia una teoría materialista de la religión , Lorenzo y Mariano Arias, en Argumentos, Madrid, septiembre de 1981, nº 46, páginas 46-50:

Gustavo Bueno está considerado, desde hace ya bastantes años, como uno de los máximos representantes de lo que podría denominarse un «materialismo filosófico abierto, heterodoxo y crítico». Nacido en Santo Domingo de la Calzada en 1924, doctor en filosofía por la Universidad de Madrid en 1948 con su tesis sobre «Fundamento material y formal de la moderna filosofía de la religión», catedrático del Instituto «Lucía Medrano», de Salamanca, de 1949 a 1960 Gustavo Bueno es, desde ese año, catedrático de la Universidad de Oviedo, en donde ha desarrollado una intensa actividad como docente, conferenciante e introductor del pensamiento marxista.

Autor de numerosos trabajos filosóficos, entre sus obras se encuentran «El papel de la filosofía en el conjunto del saber» (1970), polémica réplica a la posición sustentada por otro de los grandes iconoclastas de la filosofía española, el profesor Manuel Sacristán en su breve ensayo «Sobre el papel de la filosofía en los estudios superiores»; «Etnología y utopía» (1971); «Ensayos materialistas» (1972 ), la exposición más acabada de su materialismo filosófico, que huye tanto de la posición simplista y dogmática del «Diamat» como de las posiciones cientistas de un Robert Havemann; «Ensayo sobre las categorías de la Economía Política» (1972); o, en fin, «Estatuto gnoseológico» (1976), publicada solamente de forma parcial en las páginas de «El Basilisco» y en donde trata de articular una teoría de la ciencia materialista, concebida en un principio como una crítica-alternativa al concepto de «corte epistemológico» de Gaston Bachelard empleado por Louis Althusser y en los últimos trabajos como una alternativa global a las concepciones postpopperianas y metacientíficas, planteada desde posiciones abiertamente antiidealistas.

Impulsor de diversos proyectos intelectuales, como la revista «Theoria» (1953-1955), al lado de Miguel Sánchez-Mazas y Carlos París, entre otros, o la sociedad editorial «Amigos de Asturias», Gustavo Bueno dirige desde 1978 «El Basilisco», «revista de Filosofía, Ciencias Humanas, Teoría de la Ciencia y de la Cultura», nacida al calor de los estudios y reuniones desarrolladas en su cátedra de la Universidad ovetense.

Actualmente, Gustavo Bueno se encuentra trabajando en la preparación de un libro cuyo contenido desarrolla su ponencia «Hacia una teoría materialista de la religión», que presentó en el último verano en el curso sobre «Filosofía y Teología en el siglo XX», organizado en La Granda (Avilés) por la «Escuela Asturiana de Estudios Hispánicos» y que no dejó de provocar una viva polémica.

Pensamos que su ponencia no ofreció respuesta a un interrogante presente en el ambiente clerical de los asistentes a las jornadas de Avilés: la existencia o inexistencia de Dios. Realmente, la ausencia en su discurso de argumentos sobre este «dilema», ¿en qué medida sería consustancial con su tesis?

La cuestión sobre la naturaleza de la religión en cuanto filosofía de la religión no exige tratar la cuestión de Dios, puesto que esa exigencia sería pertinente desde el punto de vista de una. filosofía de la religión teológica no materialista. La cuestión es siguiente: ¿Tiene sentido hablar de una filosofía de la religión sin Dios? Mi tesis es que la religión no constituye el campo de una disciplina filosófica hasta el siglo XVII. El tratado de Dios no es el tratado de la religión. Los escolásticos, grosso modo, rompen la religión en dos partes: la religión natural, la cual pertenecería a la ética; y la religión positiva que no pertenecería ni a la ciencia ni a la filosofía, al ser revelación. Para los escolásticos la religión natural es un capítulo de la justicia, de la filosofía moral, lo cual supone que Dios ha sido demostrado por la metafísica. Es el caso de Aristóteles, el cual demuestra a Dios dentro de su sistema y, no obstante, niega la religión. Porque la religión sería amor y el amor según Aristóteles exige una proporción entre el amante y el amado y como la proporción es infinita no cabe amor ni del hombre a Dios ni de Dios al hombre. Pero la parte principal de la religión, que es la religión positiva (dogmas, símbolos, mitos) ésa, según los escolásticos no puede ser objeto de ciencia porque al ser revelación es sobrenatural y queda fuera del horizonte filosófico; no cabe hablar, pues, de filosofía de la religión.

Usted presentó a Espinosa como el primer pensador que dio forma a una cierta filosofía de la religión. En este sentido, hizo referencia a su quinta parte de la Etica, la cual constituiría una filosofía de la religión íntegra...

Yo presentaba a Espinosa como la primera figura que partiendo de esa distinción de religión natural y positiva había establecido una disciplina que, a mi juicio, es fundamental en su sistema, que sería precisamente la quinta parte de su Etica. La concepción de Espinosa prefigura enteramente la de Hegel. Es una filosofía de la religión de carácter humanista, en el fondo, porque el hombre es Dios, pero no un Dios transcendente; Dios es el hombre y no en el sentido de Feuerbach, en el sentido de que Dios sea el hombre, sino que el hombre es Dios. Esta es la doctrina de Espinosa.

En su opinión, ¿una Filosofía de la Religión debe sustentarse en principios de la misma religión únicamente o, por el contrario, debe ir más allá?

Una Filosofía de la Religión debe comprometerse enteramente en la cuestión de la verdad de la religión como condición sine qua non, a la vez que en su fundamentación. Sin embargo, no puede tomar sus principios exclusivamente de la propia religión, de los fenómenos o hechos religiosos; por contra debe buscarlos en la Ontología y la Antropología. Es así cómo la Filosofía de la Religión no se aleja mucho del terreno de los hechos o fenómenos religiosos, manteniéndose en el centro o núcleo de los mismos. Porque es un hecho que todas las religiones pretenden mantener una relación real, Re-ligación, y no ilusoria, entre los hombres y otros seres también reales. Hablando en términos psicológicos se podría decir que los sentimientos religiosos son «sentimientos de realidad»; y expresado en términos de análisis lingüístico: la proposiciones religiosas no son simplemente emocionales, u optativas, sino apofánticas, por cuanto pretenden referirse a una realidad a la vez que ser verdaderas. El ejemplo es elocuente: el que reza no quiere decir: «¡Oh, Dios mío, si existes, salva mi alma, si es que ésta existe!», lo que quiere decir: «¡Dios mío, tú que estás ahí presente, sálvame!»

Usted. se presentó haciendo un esquema antropológico...

Sí, sí, evidentemente...

Y ellos estaban situados en el otro extremo. Como deseando que se hablara de lo que a ellos les interesaba...

Claro, de la religión terciaria... Ellos, no querían considerarse como clase terciaria de la religión, que, además, es el prólogo del ateísmo...

En esta línea, ¿cuáles son las fases que usted distingue en el desarrollo de la religión?

Tres a mi juicio son las fases que se observan en el desarrollo de la religión: la fase de la religión primaria, la religión del «hombre-cazador», desde el final del musteriense hasta el neolítico, y en el que a consecuencia del desarrollo de las relaciones sociales y tecnológicas puede hablarse ya de una relación «normalizada» del hombre con los animales. La fase de la religión secundaria o mitológica (que se hace necesaria tras la liquidación física de los «númenes del paleolítico» por un lado y por la domesticación de los animales por otro), y la fase de las religiones terciarias o metafísicas (cuyos primeros indicios históricos se darían en el segundo milenio antes de Cristo, los Vedas, Amenofis IV, Moisés). Las religiones terciarias en cuanto se instituyen (en gran medida, a consecuencia del desarrollo de la Astronomía y después de la filosofía), como crítica del error mitológico y de la superstición, pueden considerarse como dialécticamente verdaderas y, por tanto, como antesala del ateísmo.

Según parece, el concepto de experiencia religiosa fue uno de los capítulos de su tesis más sujeto o controversia ¿En qué se fundaba tal discrepancia?

Este concepto es sumamente confuso y equívoco porque está deliberadamente hecho así. Resulta que como quiera que une experiencia con religión, parece entenderse en el sentido de experiencia íntima cuando, en realidad, son conceptos sumamente contradictorios. Si la experiencia debe ser intercomunicable, intersubjetiva, repetible, &c. ... y si Ia experiencia religiosa es la experiencia que procede de la gracia de Dios, al ser Dios, según los teólogos, quien da esa experiencia religiosa, este razonamiento sobre si hay una causa primera, no puede constituir una forma de experiencia y sí una serie de razonamientos de carácter general que todo el mundo tiene que tener alguna vez, claro. Pero, en realidad, lo que llamamos experiencia religiosa es, al parecer, una serie de vivencias características donde aparece la presencia de la divinidad en el sentido terciario, &c. Ahora bien, ocurre que según los propios terciarios esa experiencia está posibilitada por la gracia divina que es libre, resultando que la experiencia por definición deja de ser controlable por el hombre para depender de la gracia de Dios. Ello guarda estrecha relación con la famosa frase de la Biblia «el espíritu sopla donde quiere». Así, el que tiene experiencia religiosa, pues la tiene y muy bien. Y si Dios le ha tocado con su mano... pero, en realidad, eso no es experiencia; es otra cosa distinta... Por eso decía que si por experiencia entendemos lo que se entiende gnoseológicamente entonces invocar la experiencia religiosa como aquello que alguien puede tener en virtud de una elección hecha por Dios ciertamente que le interesaría a Dios pero nunca a los demás. Por otra parte se me imputaba que estaba tratando de reducir todo tipo de experiencia a mi concepto particular de entender la misma, cuando es falso, porque el concepto de experiencia es, precisamente, el concepto de experiencia comunitaria. Es, esencialmente, una objeción de tipo puramente verbal.

Usted mencionaba expresamente a San Juan de la Cruz en relación con la experiencia religiosa...

En efecto, cité un texto de San Juan de la Cruz donde aparece una descripción de la experiencia religiosa en el cual Dios se presenta como un monstruo que te digiere y te traga. Desde el punto de vista de la teoría zoológica de la religión eso es un símbolo. Muy bien, pero en San Juan de la Cruz ¡y nada menos que en él! que representa un prototipo de experiencia religiosa mucho más refinada, aparecen ya los símbolos más primitivos de Dios, como un monstruo que te traga y te devora, como aparece también en Lutero, por ejemplo, queriendo, naturalmente significar que la intensidad de la experiencia religiosa nos remite de nuevo, siempre, como en los delirios de tipo alucinatorio, a animales que son los que aparecen siempre. Cualquiera sabe la causa que lo origina, pero son siempre animales que nadie ha visto, extraños monstruos con formas de tipo animal...

Planteadas así las cosas, ¿cuáles son las dos grandes alternativas abiertas a la filosofía materialista de la religión?

Por una parte, está la humanista, la que considera «los númenes como hombres, o el hombre mismo», que es quien «hizo a Dios a su imagen y semejanza», en la fórmula de Feuerbach; por otra, la zoológica, que dice que los démones son los animales. La filosofía humanista de la religión es la que mayor tradición tiene en filosofía desde Evehmero hasta Augusto Comte. Por otra parte, es preciso distinguir al humanismo reductivista, sociologista y psicologista que identifica a los númenes con los hombres, del humanismo filosófico que admite que «Ios hombres son númenes». Para mí, hay que rechazar el humanismo como alternativa de una filosofía de la religión, si se tienen presentes los principios de la antropología filosófica materialista, en concreto el principio de la racionalidad, el principio de la igualdad «moral» entre los hombres, por cuanto que si los hombres son iguales no es posible pensar que alguno de ellos sea considerado realmente como numinoso. El hombre, por tanto, debe respetar al hombre pero no puede temerlo ni adorarlo, como si fuese un númen. Si los hombres han adorado y divinizado a otros hombres lo habrán hecho sub specie animalitatis, como cuando Homero percibe a Diomedes como un león. De este modo, el zoologismo es la única alternativa a una filosofía de la religión materialista y racionalista: los hombres hicieron a los dioses, no a su imagen y semejanza, sino a imagen y semejanza de los animales. Paradójicamente, esta tesis es nueva en filosofía, porque, aunque ha sido sostenida muchas veces por los científicos de la religión como tesis empírica, sin embargo ha sido acompañada normalmente del supuesto de que por ello mismo «la religión de los animales» es falsa («concepto de fetichismo, de antropomorfismo»). Esta tesis, en filosofía de la religión difícilmente podría haber sido defendida hace unos pocos años, en los cuales aún dominaba el mecanicismo (la «impía» concepción de los animales como máquinas, propuesta en España por Gómez Pereira, y extendida por Descartes). Aunque hoy, cuando el darwinismo por un lado y la Etología por otro han mostrado no sólo las diferencias sino también la continuidad entre los hombres y los animales, algunos de los cuales están dotados de inteligencia, incluso de lenguaje «doblemente articulado», la posibilidad de una religación de los hombres respecto de los animales aparece como científicamente fundamentada.

Gnoseológicamente, las teorías totemistas podían considerarse como opuestas al humanismo...

Sí, efectivamente, pero el totemismo no está pensado como una filosofía de la religión sino como una teoría positiva de ciertas religiones. Y, generalmente, las ideas totemistas de la religión primitiva son teorías de la religión primitiva y se agotan... Es decir, son teorías positivas, mientras que en la fase primaria tiene la pretensión de ser filosofía de la religión; por lo tanto la perspectiva es diferente. Dicho de otro modo: no es, simplemente, una aplicación de las teorías totemistas a esto sino que es una perspectiva filosófica general, en donde el hecho de llegar a los animales no es a través de un método deductivo o empírico como la única condición para que la filosofía de la religión sea posible. Es, ciertamente, una cuestión gnoseológica. Es decir, que el hecho de llegar a la teoría zoomórfica, tal como yo la exponía, es una conclusión deductiva, como condición única, hoy día, para que pueda hablarse de filosofía de la religión. Esta es mi tesis. Cabe hablar de teología, de etnología, de psicología. ¿Por qué? porque no cabe atribuir verdad a la religión. Y examinado entonces el conjunto de entidades numinosas existentes se va, por exclusión, quedándose con los animales, encontrándose, por razones gnoseológicas, con un conjunto de doctrinas afines cuyos límites se pueden comprobar precisamente por la perspectiva desde la que se ha partido...

En cierta medida el «dialogo» que Vd. mantuvo en La Granda posibilitó el afloramiento de viejas polémicas que recordaban los famosos «diálogos» de Salzburgo entre cristianos y marxistas. ¿Cree usted que se puede hablar de algún tipo de conexión con aquellas discusiones?

Eso es muy interesante. Aquellos diálogos se habrían intentado hacer mediante la siguiente aproximación: por una parte, se habría efectuado una concesión por parte de los cristianos de los componentes propiamente terciarios a los componentes morales o humanos de la religión en el sentido ofrecido por Espinosa, como generosidad, caridad, justicia, &c. ... Es decir, tomando de la religión aquellos componentes que tienen una incidencia más directamente política y dejando entre paréntesis todos los problemas llamados metafísicos o teológicos. Concesión ya importantísima porque, desde el punto de vista interno, a la religión cristiana esto es imposible. San Agustín sentencia: «Las virtudes de los paganos son vicios.» Pero en fin, a mi juicio representa una concesión en sí misma contradictoria;. de ahí que no hayan podido en el fondo establecer concesiones de hecho. Referente a los marxistas la aproximación se produciría inversamente, como un subrayado de los problemas prácticos, político morales, considerando como cuestión metafísica indiferente las cuestiones teológicas. Con ello estas concesiones serían, en cierto, modo antisimétricas, al considerar, por lo menos algunos marxistas, la cuestión metafísica como una forma secundaria. Cuestión que, a mi juicio, no puede ser en absoluto secundaria. Lo cierto es que al considerar secundaria estas discusiones propias de metafísicos o de filósofos , se entraba en coincidencia negativa con los cristianos que decían que también era secundario hablar de cuestiones teológicas puras, bizantinas, con la importancia de los problemas inmediatos de la caridad, de la pastoral como dicen ellos, de la política... Así, mediante esas dos concesiones se desvirtúa por razones distintas, a mi juicio, el diálogo. Y ello porque en sí el cristianismo no podía en absoluto prescindir de sus premisas teológicas, mientras que el marxismo jamás podría prescindir de sus premisas filosóficas de carácter materialista. Así, al decapitar de ese modo toda cúpula de tipo ideológico, filosófico o teológico, entonces era posible el diálogo, si bien, eso sí, quedaba trivializado completamente al ser relegado al plano académico, eclesiástico, que era donde tenían lugar las discusiones, entre curas e intelectuales marxistas... En fin, en estos diálogos si alguna vez se planteaba la cuestión central de la existencia de Dios, en seguida quedaba como sobre ascuas, como «cuestiones demasiado generales», o «esto es para filósofos, aquí lo. importante es lo práctico» dirían...

Al margen de interés con que se recogió su tesis, ¿no cree que su argumentación fue interpretada incorrectamente?

Estoy absolutamente de acuerdo. Es más, creo que no habían seguido la argumentación. El esquema de mi argumentación era enteramente escolástico. No podrían entrar por aquí, porque si entraban en seguida quedaban envueltos en la religión terciaria. La teoría de la religión que yo les propuse a mi me parecía que tenía una gran fuerza absorbente...

Sin embargo, es cierto que esa argumentación está fundamentada por la Lógica de la Ciencias humanas, como es habitual denominar al trabajo de investigación filosófica que usted realiza. El eje sobre el cual está centrada su filosofía es precisamente la construcción de una crítica filosófica de las ciencias humanas, por ello: ¿qué lugar ocuparía la teoría de la religión dentro de la gnoseología de las ciencias humanas?...

Yo he sintetizado todo un infinito material que tengo escrito. Intenté pues, organizar ese material en una exposición que fuera coherente, aunque la argumentación fuese ciertamente esquemática... Mi exposición tenía como objetivo la exploración de las condiciones necesarias que habría que presuponer para poder hablar hoy de una filosofía materialista de la religión. Ciertamente pretenden hacer sus veces las llamadas «Teorías de la Religión», pero el concepto de «Teoría de la Religión» (por ejemplo «Teoría marxista de la Religión») es ambiguo y gnoseológicamente irresponsable, pues lo que se llama teoría debe especificarse de inmediato como teoría científica de la religión, o como teoría filosófica, o como teoría teológica. Una teoría científica de la Religión podrá ser Sociología de la Religión, Psicología de la Religión, Etnología o Ciencia comparada de las Religiones. En cuanto científicas, las teorías de la Religión quieren ser neutrales, no quieren comprometerse acerca de la verdad de las religiones (Evans Pritchard). Pero la Filosofía de la Religión no puede mantenerse neutral ante la cuestión de la verdad; debe, además, ofrecer una fundamentación en virtud de la cual pueda afirmarse que la religión es verdadera, porque si una doctrina concluyera que la religión es falsa, esta doctrina no podría propiamente llamarse Filosofía de la Religión, sino Psicología o Sociología de la Religión. Así pues, dentro de las Ciencias humanas la filosofía de la religión sería, a mi juicio, importante en la medida que conlleva una crítica a las ciencias de la religión. Por otra parte mi preocupación casi obsesiva y de la cual partía fue la preocupación gnoseológica. Yo, en cada línea que estaba haciendo me preguntaba por qué esta línea es filosófica o en qué condiciones puede hablarse de filosofía, es decir, por qué no es sociológica o psicológica y no etnológica o teológica. Y ello porque son todas las cosa a la vez; es decir, que la religión me parece que es uno de los puntos en donde todas estas perspectivas están más imbricadas. Seguramente es un campo totalmente privilegiado para explorar el alcance de las diferentes opiniones que uno tenga de tipo gnoseológico. Lo cierto es que esta teoría de la religión ha estado siempre presente, ya desde mi tesis doctoral en 1948.

Gustavo Bueno, El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión

Segunda edición, corregida y aumentada con catorce escolios, Pentalfa, Oviedo 1996

ISBN 84-7848-490-6 · 230×145 mm · 438 pgs

Primera edición: Pentalfa Ediciones, Oviedo 1985

ISBN 84-85422-56-2 · 150×215 mm · 309 págs.

El animal divino. Tercera edición (2023)

La religión es algo común en la vida ordinaria, acerca de la cual todo el mundo, creyentes o no creyentes, tiene alguna opinión. En nuestra sociedad actual, educada en el cristianismo (pero lo mismo se podría decir en sociedades educadas en el islamismo, judaísmo o budismo, es decir, en las llamadas religiones superiores), podría afirmarse que la mayor parte de sus miembros «saben» perfectamente en qué lugar hay que situar la religión: las religiones tienen que ver con Dios, con las relaciones entre el hombre y Dios. Cuando los hombres son creyentes (sea practicando una confesión determinada o, sin practicar ninguna religión positiva, manteniendo la fe en un ser superior) dirán que la religión es verdadera o que las religiones tienen algún tipo de verdad. Cuando los hombres no creen en la existencia de algún Dios dirán simplemente que las religiones son falsas (acaso las justificarán o explicarán por motivos psicológicos –la esperanza que la religión ofrece– o sociológicos –el «opio del pueblo», engaños de la casta sacerdotal para defender su estatus de poder...–). Pero, sin embargo, seguirán sabiendo lo que es la religión, como algo que, en todo caso, tiene que ver con Dios (sea éste real o imaginario).

En todas estos casos se sobreentiende que la religión es algo que tiene que ser definido en relación con Dios, de forma que el concepto que en los países avanzados se tiene de religión gira en torno a conceptos teológicos, y que hablar de religión es algo que queda reservado a los teólogos o, si se quiere, a los especialistas religiosos. Situados en esta perspectiva, toda otra manifestación que de algún modo suele llamarse religiosa, por ejemplo, el animismo, el politeísmo, el chamanismo, el vudú, candomblé o incluso el espiritismo, suele sistemáticamente considerarse como cosa de pueblos primitivos, salvajes o incultos.

Entre los que no creen en Dios lo más frecuente es, sin embargo, pensar que Dios (o los dioses) no son otra cosa sino proyección de la propia naturaleza humana, y desde este humanismo llega a justificarse la religión como una exaltación del hombre en tanto que éste llega a elevarse a sí mismo a la condición de Dios. Según como sean los dioses, así los hombres que los han ideado. «El hombre hizo a los dioses a su imagen y semejanza.»

Como vemos, la opinión generalizada en nuestra sociedad es que, en todos las casos, la religión tiene que ver con los dioses.

En este sentido, en El animal divino, el filósofo Gustavo Bueno ofrece una revolucionaria interpretación de lo que sean las religiones, tratando de descubrir cuál pueda ser el fondo de verdad que las anima, considerando, desde luego, a las religiones como un fenómeno social y cultural incontestable, cuya importancia nadie puede subestimar. La tesis fundamental de este libro tiende a desvincular el lazo que las religiones superiores establecen entre Dios y la religión, para tratar de demostrar que la fuente de la religión no hay que ponerla en Dios o en los dioses, ni tampoco, por supuesto, en los hombres.

El libro ofrece una interpretación histórica de la religión: no tiene sentido decir qué es la religión, como si fuera algo permanente, sino cómo se desarrolla. La nueva teoría que se ofrece en este libro consiste, en efecto, en establecer tres fases históricas del desarrollo de la religión, fases que son sucesivas, sin que ello quiera decir que las anteriores queden borradas por las posteriores, puesto que una fase determinada puede reaparecer, o subsistir con otras. La idea principal es que la vida religiosa del hombre comenzó precisamente a raíz del trato con los animales –con cierto tipo de animales, en el paleolítico–. Estos animales representaron para el hombre paleolítico, y lo encarnaban realmente, el papel de númenes, es decir, de entidades que, sin ser humanas, eran sin embargo centros de voluntad y de entendimiento, entidades a las que había que engañar, rogar, obedecer o matar. Estos númenes corresponden a las figuras representadas en las cuevas prehistóricas. Esta fase primaria de la religión se acaba con la domesticación de los animales. Las figuras animales representadas en la bóveda de las cavernas se proyectan ahora en la bóveda celeste: es la fase de la religión secundaria, religión de los dioses, religión mitológica. «El hombre –se dice en el libro– hizo a sus dioses a imagen y semejanza de los animales» –no a imagen y semejanza del hombre, como decía Feuerbach. La fase de la religión mitológica es una fase de transición esencialmente falsa, un delirio de la imaginación, que se irá descomponiendo lentamente ante la crítica racional de las llamadas «religiones superiores» –la fase terciaria, las religiones filosóficas–, en donde los dioses animales son sustituidos por dioses antropomorfos y, eminentemente, por un Dios único e incorpóreo. Pero justamente en la fase terciaria, la fuente de la religiosidad ya se ha extinguido: ese Dios incorpóreo, el «dios de los filósofos», es un ser al que no se puede rezar, ni puede hablarnos; es decir, la religión terciaria, por paradójico que parezca, es la antesala del ateísmo.

Particular interés ofrecen las referencias que en el libro se documentan sobre la pervivencia en nuestra sociedad de las fases primaria y secundaria, y los indicios de un renacimiento, que se abre camino al mismo tiempo que retrocede la religión terciaria, de las fases anteriores, en la forma de los sentimientos de interés por los animales (la Etología es presentada como la Teología de nuestros días) que se manifiesta, por ejemplo, desde el hecho de la constitución de frentes de liberación animal, sociedades protectoras de animales, buena parte de movimientos ecologistas, hasta la visión demoniaca de los animales en la literatura o el cine («Los pájaros», «V»). Se interpreta el creciente interés por los extraterrestres, ovnis... como un renacimiento de la religión secundaria, pues los extraterrestres tienen los mismos caracteres que los démones del helenismo.

El libro contiene una serie de ilustraciones que van exponiendo, de un modo relativamente autónomo, las tesis principales del libro y dan pie para comentarios puntuales. En su segunda edición se ha enriquecido con catorce escolios.

 Índice de El animal divino

Prólogo a la segunda edición

A manera de Prólogo

Introducción

Parte I. Proyecto de una filosofía de la religión en su fase gnoseológica

Capítulo 1. El concepto de una «verdadera filosofía»

Capítulo 2. La teoría de la religión corno filosofía

Capítulo 3. Filosofía de la religión y ciencias de la religión

Capítulo 4. Sobre la necesidad de una perspectiva gnoseológica y crítica en filosofía de la religión .

Capítulo 5. La fase ontológica: teoría de la esencia

Capítulo 6. Una ilustración histórica: la filosofía de la religión de Espinosa

Parte II. Proyecto de una filosofía de la religión en su fase ontológica

Capítulo 1. La perspectiva ontológica

Capítulo 2. La pregunta por el núcleo

Capítulo 3. El númen, núcleo de la religión

Capítulo 4. Premisas antropológicas

Capítulo 5. El curso de la religión y sus tres fases esenciales

Capítulo 6. El cuerpo de la religión

Conclusión

Escolio 1. Nematología, ciencia y filosofía de la religión

Escolio 2. El evemerismo como nematología, como ciencia y como filosofía de la religión

Escolio 3. Sobre la naturaleza filosófica de la concepción zoomórfica de la religión

Escolio 4. La filosofía de la religión como disciplina insertable en el marco de una antropología filosófica

Escolio 5. Religión y religación

Escolio 6. Religión y espiritismo

Escolio 7. Sobre las ideas de existencia, posibilidad y necesidad

Escolio 8. Precisiones relativas al proceso de transformación de las religiones primarias en secundarias

Escolio 9. Sobre el cuerpo de las religiones

Escolio 10. ¿Una vía judía al monoteísmo creacionista?

Escolio 11. Reconstrucciones positivas del argumento ontológico

Escolio 12. Las líneas maestras de la teología de la liberación

Escolio 13. Atributos diaméricos de las religiones: dogmatismo y represión

Escolio 14. Religiones y animismo. Respuesta a Gonzalo Puente Ojea.

Tercera edición:

Ofrece Gustavo Bueno en El animal divino la exposición de la Filosofía de la religión propuesta desde el «materialismo filosófico», con la que se pretende, más allá de su horizonte académico, impulsar en los lectores el pensamiento de que no hay que ir a buscar el núcleo de la religiosidad entre las superestructuras culturales, o entre los llamados «fenómenos alucinatorios» –sin perjuicio de su funcionalismo sociológico o etológico–, ni tampoco entre los lugares que se encuentran en la vecindad del Dios de las «religiones superiores» (tanto si ese Dios se sobrentiende como una realidad, como si se le interpreta como un ente de razón). El lugar en donde mana el núcleo de la religiosidad –tal es la tesis de este libro– es el lugar en el que habitan aquellos seres vivientes, no humanos, pero sí inteligentes, que son capaces de «envolver» efectivamente a los hombres, bien sea enfrentándose a ellos, como terribles enemigos numinosos, bien sea ayudándolos a título de númenes bienhechores. El núcleo de la religión se encuentra en el mundo de los númenes, en tanto estos envuelvan efectivamente a los hombres, porque sólo de este modo la experiencia religiosa nuclear podrá ser, no solamente una verdadera experiencia religiosa, sino también una experiencia religiosa verdadera.

La segunda edición del presente libro, respecto de la primera (Pentalfa 1985), incorpora –además de la corrección de algunas errores materiales de detalle, el paso a nota a pie de página de aquellas referencias bibliográficas que, en la primera edición, figuraban en el texto y el renumerado correlativo de todas las notas del libro (que en la primera edición llevaban numeraciones independientes)– una serie de añadidos y algunas notas aclaratorias que están oportunamente señaladas por signos a fin de que queden bien claras las diferencias entre las dos ediciones. Además, los añadidos más importantes, que hacen referencia a algunas puntualizaciones que permiten precisar el alcance de ciertas tesis mantenidas en la obra, han sido introducidos fuera del texto en forma de «Escolios».

Al final del prólogo de esta segunda edición escribe Gustavo Bueno:

«Debo decir que en mis Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión (Mondadori, Madrid 1989) he tratado de algunos asuntos colaterales, pero estrechamente relacionados con los problemas suscitados por El animal divino; en especial la «Cuestión 12: El animal divino ante sus críticos», traté de sistematizar y responder a las críticas que, hasta aquella fecha, se habían dirigido contra el libro. Posteriormente han sido publicados comentarios de diverso alcance pero que, por mantenerse en alguna de las líneas de los críticos anteriores, pueden considerarse como ya contestados. Debo exceptuar los importantes análisis críticos de El animal divino que Gonzalo Puente Ojea ha expuesto en su libro Elogio del ateísmo (Siglo XXI, Madrid 1995, págs. 84-187), a los cuales respondo en el Escolio 14 de esta edición (más materiales en relación con esta polémica, con contrarrespuestas de Puente Ojea en El Basilisco, n° 20, enero-marzo 1996). Conozco también algunas obras de mayor importancia que, de algún modo, 'dialogan' con El animal divino: el libro de Alfonso Fernández Tresguerres, Los dioses olvidados (Pentalfa, Oviedo 1993), en donde se ofrece una interpretación penetrante de la fiesta de los toros; y, aunque independientemente de El animal divino, la reciente obra de Desmond Morris, El contrato animal (Emecé, Barcelona 1991), cuya conexión con las tesis del libro ha puesto de manifiesto Tresguerres («Desmond Morris: Teólogo», en El Basilisco, 2ª Epoca, n° 8, 1991, págs. 96-97).»

 Índice

Prólogo a la segunda edición, 9

A manera de Prólogo, 11

Introducción, 13

Parte I. Proyecto de una filosofía de la religión en su fase gnoseológica

Capítulo 1. El concepto de una «verdadera filosofía», 31

Capítulo 2. La teoría de la religión como filosofía, 35

Capítulo 3. Filosofía de la religión y ciencias de la religión, 53

Capítulo 4. Sobre la necesidad de una perspectiva gnoseológica y crítica en filosofía de la religión, 85

Capítulo 5. La fase ontológica: teoría de la esencia, 107

Capítulo 6. Una ilustración histórica: la filosofía de la religión de Espinosa, 115

Parte II. Proyecto de una filosofía de la religión en su fase ontológica

Capítulo 1. La perspectiva ontológica, 141

Capítulo 2. La pregunta por el núcleo, 143

Capítulo 3. El númen, núcleo de la religión, 151

Capítulo 4. Premisas antropológicas, 189

Capítulo 5. El curso de la religión y sus tres fases esenciales, 229

Capítulo 6. El cuerpo de la religión, 295

Conclusión, 309

Escolios

Escolio 1. Nematología, ciencia y filosofía de la religión, 319

Escolio 2. El evemerismo como nematología, como ciencia y como filosofía de la religión, 337

Escolio 3. Sobre la naturaleza filosófica de la concepción zoomórfica de la religión, 341

Escolio 4. La filosofía de la religión como disciplina insertable en el marco de una antropología filosófica, 343

Escolio 5. Religión y religación, 349

Escolio 6. Religión y espiritismo, 359

Escolio 7. Sobre las ideas de existencia, posibilidad y necesidad, 365

Escolio 8. Precisiones relativas al proceso de transformación de las religiones primarias en secundarias, 381

Escolio 9. Sobre el cuerpo de las religiones, 383

Escolio 10. ¿Una vía judía al monoteísmo creacionista?, 385

Escolio 11. Reconstrucciones positivas del argumento ontológico, 387

Escolio 12. Las líneas maestras de la teología de la liberación, 395

Escolio 13. Atributos diaméricos de las religiones: dogmatismo y represión, 401

Escolio 14. Religiones y animismo. Respuesta a Gonzalo Puente Ojea

Apéndice. Alfonso Tresguerres. El animal divino y Los dioses olvidados, 413

Argot carcelario venezolano

 El submundo carcelario venezolano, y el de su mafia o tren de Aragua, tiene sus propias reglas y, por tanto, un lenguaje particular. Se necesita conocerlo para entender algunos de sus valores y comportamientos. Copio un diccionario de su habla carcelaria y un texto con ella que sirve para ilustrarla:

I

 Diccionario de la PRAN Academia española, por Tamoa Calzadilla, 19/08/2014:

A

 – Achicharrao: es un preso que no recibe visita, que no le importa a nadie. 

Alta: máximo gobierno, los luceros del alto gobierno son pranes de otras secciones

B

Base: atestiguar y argumentar contra alguien que está en “tela de juicio”.

Batanero: el que roba dentro de la cárcel. El castigo es apuñalarle las manos varias veces. Las marcas, mal cicatrizadas por lo general, lo persiguen a donde es trasladado. Al verle las manos cualquier preso sabe que es un batanero.

Beta: un sector que es gobernado por un carro.

Boca cosida: cuando un preso acaba de ser traslado y se siente en desventaja o quiere protestar por esa otra condición, se cose los labios y declara huelga de hambre y “brazos caídos”. Nadie puede arremeter contra esa persona

Bugui: es una carpa, cuarto especial, hecho de pura tela, que cuesta unos 5 mil bolívares.

C

Caleta: escondite de armas y dinero en efectivo

Carro: gobierno dentro de la cárcel, ajeno a guardias, custodios y director. Los cambios de carro son golpes de Estado, que se producen en reyertas con muertos y heridos. Un pran deja de serlo cuando es asesinado por otro que ocupa su lugar con otros luceros.

Castigos: la idea es provocar sufrimiento: “puñaladas sobre puñaladas, tiros sobre tiros”. Abren heridas sin cicatrizar. Pueden aplicar el “reventarle las piernas”, que es dispararle en ambos miembros inferiores; “guindar”: cuelgan con una soga al cuello a alguien hasta que casi desfallece. Solo en ese momento lo sueltan.

Centrales: se denominan así a los reclusos que llegan trasladados de cárceles cercanas a Caracas, como Yare o El Rodeo. Están en desventaja delante de los oriundos del sector a donde llegan, que serían los guaros, llaneros, orientales, y otros.

Causa: con esta palabra denominan dos cosas clave. Una causa o varias “causas” son sus compañeros de delitos (cómplices de la fechoría que son procesados en un mismo expediente). Pero también es una causa lo que el preso paga periódicamente al pran y su “carro” por vivir en ciertas zonas y disfrutar de algunos “privilegios”; por ejemplo, los que venden chucherías y drogas deben pagar por eso. Una causa especial es lo que pagan adicional para una celebración del Día de la Madre o por colocar unos cajones para la discoteca.

Cincuenta cincuenta (50-50): es un balazo en el centro del estómago; “si te mueres, te moriste y si vives, aprendes que tienes que pagar a tiempo”.

Cochinos: en algunas cárceles hay corrales con inmensos cochinos a quienes se les lanzan pedazos humanos para desaparecer un cadáver. Al día siguiente, en el pase de número, presos dan la vuelta de la fila para volver a ser contados y que nadie note la falta. Al cabo de un mes, algún privado de libertad se le acerca a un guardia y les informa de una supuesta fuga la noche anterior, para justificar la falta.

Chigüireo: humillación, vejación, incluso con las visitas.

Chocones: los presos que no siguen rutina o “la manchan” a cada rato.

F

Falsa: Es un cacho. Aquella mujer que va de visita y se une sentimentalmente a un recluso que ya tiene mujer. El castigo para ellas se produce una vez termina la visita. Afuera, las “punteras” pueden apuñalarlas, cortarles el cabello y desnudarlas.

G

Garita: lugar desde donde los reclusos cuidan armados, por guardias periódicas, que nadie “se coma la luz” a ninguna hora del día y la noche. El que se duerme en una garita, se muere.

Gandules: también denominados “brujas”, “escoria”, “basura”, se drogan todo el día. No respetan reglas.

L

Lírica: un chisme que corre entre la población y puede traer problemas graves para sus protagonistas. “Se borró la lírica” es que se acabó el chisme después de una “tela de juicio”.

Luceros: secundan al pran, conforman con él un sistema de gobierno que se llama carro.

Luz: una regla. Comerse la luz es irrespetarla. Delito que puede costar la vida instantáneamente.

M

Malandreo: El grupo de reclusos que no quieren trabajar. Sin embargo, las mujeres del grupo de “trabajadores” y del “malandreo” pueden ser amigas y unirse en algunas causas, fuera de la cárcel.

Mancha: faltar a la rutina es un error que puede costar la vida. “Mancharla” es desobedecer las leyes carcelarias que imponen los presos.

Melaza: Es la sangre. Uno de los códigos es que el recluso puede golpear a su mujer lo que quiera; pero si le saca melaza recibe castigo.

 N

Número: todos los días, las autoridades oficiales del penal pasan número y revisan que no falte un privado de libertad. Los custodios los hacen enumerarse y pasar frente a ellos para ser contados. El pran de cada letra decide si el preso puede bajar a contarse o debe sacar la mano por la ventana. Hay números que se pasan con nombre y apellido, cuando se sospecha de alguna fuga o muerte. En ese caso, se llama por número, nombre y apellido y cada recluso en su turno responde “¡Preso!” y levanta la mano (en lugar de decir “presente” dicen “preso”.

O

Orden cerrado: imposición nueva en el sistema carcelario por parte del ministerio, les dan formación militar e ideológica, los obligan a cantar himnos a favor del gobierno, Chávez y la revolución. Repiten consignas, les dan principios, doctrina, cantan a favor del socialismo, marchan, dan vueltas con pasos redoblados.

P

Pacificación: significa “pranificación” para los reos. Es una negociación en la que las autoridades del ministerio le dicen al pran de una cárcel: “¿qué quieres?” y él pide: mujeres, discoteca, piscina, sonido, lo que sea, a cambio de no matar a nadie ni alborotar a los periodistas con reyertas y muertos. Si él cumple, tiene sus beneficios y todo parece tranquilo.

Pagar la cana: Las mujeres que financian la prisión de sus compañeros. Se encargan de llevar semanalmente el dinero para pagar por la comida y lo que sea necesario, a los líderes carcelarios.

Paria: que no pelea, no tiene armas, “no habla duro” y la regla dice que nadie debe meterse con él. Quien lo hace, es asesinado por la población penal.

Parquero: es la persona que guarda las armas y el dinero en la caleta

Pista: por donde se camina. “Se vacila su pista” es que puede caminar libremente. Gran privilegio.

Pran: líder carcelario [lo que el kie o madre superiora en España o el don o capo en la mafia]. En algunos penales hay un pran principal y varios secundarios, por sectores que le rinden cuentas. También le llaman “Papa”. 

Población: todos los reos que están dentro de un penal. 

Puntera: Es líder de las familiares, la principal y cuida que se cumplan la reglas, para que aún afuera de las rejas nadie “se coma la luz”.

R

Rutina: es la ley de la cárcel, impuesta por los mismos presos. Tiene que ver con el respeto a la visita, guardias para cuidarse entre ellos mismos, pagos y comportamiento en general. No está escrita.

Sistema: es cuando se cumple solo lo que le provoca al pran, que no siempre se lleva por “la rutina”.

Revolucionar: Trabajar, trajinar y conseguir dinero dentro de la prisión.

Rutinaria: Las que no faltan a una visita, son conocidas porque siempre llevan comida, participan de la pernocta y hacen vigilias y protestan cuando es necesario.

T

 – Tela de juicio: en medio de un círculo, todos de pie y frente al carro, se juzga a un preso por su actuación y se toma decisión con respecto al castigo que recibirá.

Testigo: el que acusa y señala en el juicio. Su sinónimo es “pajúo”. Muy mal visto. Es de las peores palabras o acusaciones en un penal.

V

Varones: cristianos evangélicos, con sus propias leyes. Caminan más libremente por los penales y suelen ayudar a trasladar presos de un lado a otro por alguna necesidad 

Visita: familiares y amigos que acuden a la cárcel en los horarios establecidos y en ocasiones pernoctan. Es ley que se respeten por encima de todo: en algunos penales no pueden mirarse a los ojos, no se piropean mujeres, no se presentan ante ellos sin camisa o descalzos.

W

Warner: En algunas cárceles, cada lunes a las 11 de la mañana es el momento del cobro de causas y otras deudas. A eso le llaman “Lunes de Warner”. El que no tiene para pagar recibe un castigo: puñaladas y tiros en partes del cuerpo y en cantidades que decide el pran. Ahí se cobran las “causas”. “El juego del terror”.

Y

Yensi: es el órgano sexual masculino.


II

"Amor tras las rejas: Conozca la historia de amor entre un pran y su mujer", en Runrun.es, por Luisana Solano, 20 - V- 2012:

Fuera de las cárceles, “la visita” también impone su ley. “Cuando las otras ven que eres guerrera, te ganas su confianza”, relata la novia de un recluso líder. “Las ‘punteras’ conforman el pranato de las mujeres” es el nombre de este trabajo que cuenta la historia de amor entre un pran y su mujer.

Tamoa Calzadilla.- La primera vez que se cerró la puerta de la celda a sus espaldas, Paula se tapó con las manos el rostro y lloró. Largo. Se tuvo que sentar. La recibió un “pran” con “una pistola inmensa”. Su hermano estaba preso en medio de un mamotreto de bloques, bajo normas, códigos y leyes que apenas ella alcanzó a oír mientras hacía la cola. No se trae comida así, no se viste así, no puedes hacer esto. No. no.

“Una vez adentro, a mi hermano lo esperaba alguien y de ese alguien me enamoré”. Cuatro meses después eran novios. Su hermano está libre, pero ella no tanto: se quedó prendada de Humberto y de su condena. Ya cumplieron dos años de amores. “Me convertí en una rutinaria“.

Quiere decir que no falta a una visita; participa en todas las actividades que organizan las familiares: “Si hay que amanecer allá amanezco. Siempre me quedo en la pernocta. Ya todos me conocen. Cuando las otras ven que eres rutinaria y guerrera, te ganas su confianza”. 

Confianza es el carnet perfecto para poder estar tranquila, porque “así como hay pranes adentro, hay pranes afuera, entre las mujeres. Se llaman ‘punteras‘, son las principales, pues, las que mandan. Llevan tiempo y saben cómo es todo, observan mucho y a la salida de la visita imponen también sus leyes, sus normas de conducta. No te puedes comer la luz adentro porque pagas afuera”.

Paula explica que, por lo general, un preso es el marido de alguien. “Pero hay mujeres que entran ahí sólo a buscar hombres y esas son las ‘falsas‘, es decir, que no es la mujer de él, la que todos conocen. Cuando se pilla a una de esas, esperan a que salga y entonces la joden, le dan puñaladas, le cortan el pelo y la desnudan. Eso lo ordenan las punteras“.

La historia de amor que vive con Humberto no arrancó sencilla: “Yo empecé como ‘falsa‘, fue un riesgo que corrí. Sabía que él tenía una novia, pero tenía problemas con ella. A mí me salvó que era rutinaria, por mi hermano, y cuando las punteras se dieron cuenta y fueron a decir algo, todo quedó como una calumnia, nadie les creyó y no me pasó nada”.

Amor y control. “¿Que cómo me enamoré de él? Chica, y cómo no hacerlo, eso es lo mejor que me ha pasado en la vida. Ese es el tipo que yo siempre soñé. A ese hombre se le iluminan los ojos cuando me ve; yo soy su todo: su norte, su sur, su este y oeste. Me dice que soy preciosa. Me admira, porque de alguna manera lo que él tiene es por mí. Él ahí es jefe, tiene su cuarto aparte, sus cosas. Yo me muevo, soy una guerrera dentro de la cárcel y él está donde está es por mí y él me lo dice y me lo agradece. Está orgulloso de mí. Él me dice que mi exmarido estaba loco por no tratarme como princesa y no valorarme. Y tiene razón. Me gusta que no me engaña, yo sé muy bien quién es él y él sabe quién soy yo. Ah, ¿que qué va a pasar cuando él salga de ahí? Bueno yo veré, si él va a seguir en malos caminos, yo no sé qué pase; mientras tanto, no le falto nunca. Me llama durante la semana (él tiene un teléfono inteligente). Me dice que me ama. ¿Qué más puedo yo pedir?”.

En efecto, la vida le cambió y sus familiares la ven cómo está dedicada en cuerpo y alma a su novio. Ella ha organizado viajes de visita en grupo, desde donde vive hasta la cárcel: “Yo he contratado taxis. Salimos a las 12 am a buscarlas a todas las que viven cerca y a las 2:30 am ya estamos haciendo la cola. A las 4:30 am empiezan a repartir los números. A las 7:30 am abren la puerta y a las 8:30 am estamos adentro, para aprovechar todo el tiempo posible, hasta las 4 pm que se termina”.

A Paula no le extraña que tantas mujeres se enamoren de reclusos y mantengan una relación estable. “El preso es particularmente especial, no tiene a nadie. Pero además necesita de alguien que le ‘pague la cana‘. Ellos ven a una mujer sola que llega a la visita y se la batallan para ver con quién se queda. Pero a la vez, hay mujeres que les gusta esa vida. Hay unas tan arrechas que le matan al novio allá adentro y al mes ya están empatadas con otro”.

Hay una explicación adicional, que confirma el mito: “Sí, vale, es completamente cierta la fama de la fogosidad de los presos. Muchacha, eso es desde que uno llega. ¡Bueno, pues!, a cada rato y con qué ganas. Ganas de preso, pues. Ahí se presenta la situación es con los que no reciben a nadie, porque tienen que irse a las escaleras o a otra parte. Uno no va a estar ahí teniendo sexo y ellos escuchando”.

Pero advierte que esos encuentros tienen sus consecuencias: “Es como una cultura del preso el no usar condón. Entonces esas mujeres quedan preñadas a cada rato. Ahorita en diciembre se preñó todo el mundo”.

Golpes de rutina. En las fotografías subidas a la red social Facebook, Paula y Humberto se muestran como un par de novios más; de mejillas juntas, acostados, abrazados y compartiendo días de sol. Un “te amo, linda” en cada comentario; un “te extraño” el Día de las Madres (porque ella decidió pasarlo con sus hijas) y abrazos y retratos de amigos en común que comparten penurias y celebraciones entre rejas.

Sin embargo, no son pocas las cosas que le recuerdan a Paula que no todo son corazones: “A mí no me ha pasado nunca, pero hay quien llega y consigue que su marido está con una ‘falsa’ en otro cuarto y hay peleas, gritos. También pasa mucho que los hombres les pegan a sus mujeres. Y nadie se mete; sólo si se come la luz y le saca melaza (sangre)”.

Como la comida del comedor la consideran “terrible”, ella cocina y le lleva la alimentación de toda la semana. Él tiene nevera y microondas. Además, cuenta que las mujeres deben llevar el dinero para pagar la “causa” semanal. En el área de trabajadores cuesta unos 150 bolívares; y en la zona de “malandreo” es más baja: como 70 o 100 bolívares. “Los días especiales se pagan hasta 200 bolívares. Igual que en casos como visita de niños y eso”. En la “fosa” están los “gandules”, los que no pueden estar en ninguna parte, está la escoria, los que deben dormir con un cuchillo bajo el brazo para defenderse. Ahí no se paga. 

Paula sabe que hay cosas que Humberto no le dice. Pese a que la mayoría de la población está armada, aún se producen los “coliseos“, esa suerte de acto romano en que un par de reclusos pelea a cuchillo ante la mirada de todos: “Él no me dice, pero yo sé que sí pasa. El otro día yo estaba a punto de entrar a verlo y me llamó para que le comprara urgente pega loca para ponerle en el labio a alguien, herido de arma blanca”.

Las mujeres de los presos no están solas, se tienen unas a otras. Pueden organizar la cena de un 24 de diciembre, una vigilia o el transporte para la visita. Así como hay cosas que ellos no les dicen, ellas también se callan. Por ejemplo, el castigo de las “falsas“. 

[Nota: Paula y Humberto no son los nombres verdaderos de los protagonistas de esta historia.]

Matrimonios hombre gay + mujer heterosexual

 Hombre gay y mujer heterosexual se casan y son felices: ¿empieza a ser posible y normal en 2025?, en Icon, suplemento de El País, por Marita Alonso, Barcelona - 7 NOV 2025:

El matrimonio entre personas de orientaciones diferentes no es un fenómeno nuevo, pero ha dejado de ser una tapadera y busca ahora crear vínculos y legitimidad en una sociedad que parece tenerte más en cuenta si estás en pareja

“Me casé con dos hombres gais”, dijo Diane von Furstenberg al medio Variety. Se refiere a su marido, Barry Diller, que se declara gay en sus memorias, Who Knew (Simon & Schuster, 2025), y al príncipe Egon von Fürstenberg. La relación entre Diller y la diseñadora ha sido tildada, pese a que llevan 24 años casados, de tapadera. “Llevo décadas leyendo sobre Diane y yo que éramos mejores amigos en lugar de amantes. No éramos solo amigos. No somos solo amigos. Simplemente, fue una explosión de pasión que se prolongó durante años. Y sí, también me gustaban los chicos, pero eso no entraba en conflicto con mi amor por Diane”, explicó el multimillonario en sus memorias.

A comienzos de octubre The Washington Post publicó un artículo titulado He’s gay. She’s straight. They’re happily married (Él es gay. Ella es heterosexual. Están felizmente casados) que versa acerca de “una pequeña pero creciente comunidad” de personas que en las redes sociales hablan de “sus permutaciones no tradicionales de pareja”. Al hacerlo, emplean adjetivos como “platónico”, “queerplatónico”, “arromántico” o “de orientación mixta”. Así es como definen Jacob Hoff y Samantha Greenstone su relación, por ejemplo, en el reportaje. “Jacob y yo somos almas gemelas. Tenemos una relación de orientación mixta, lo que significa que dos personas con diferentes preferencias sexuales se unen y descubren que el amor es amor, un amor que trasciende”, dice ella en sus redes sociales.

“Soy gay, y como persona gay, puedes mantener tu identidad como tal aunque tu relación no lo refleje. Tenemos una relación monógama. Va más allá de una conexión visual y lujuriosa. Es una conexión profunda”, dice por su parte Hoff a The New York Times, que el año pasado publicó un artículo sobre su boda con Greenstone. Su historia de amor no dista mucho de la que aparece en el octavo capítulo de la quinta temporada de Sexo en Nueva York, en el que Bobby Fine, una leyenda de los bares de piano, se casa con Bitsy von Muffling. “¿Será por dinero? ¿Por compañía?”, se preguntan las protagonistas con sorna, pues a lo largo del episodio bromean constantemente con que el novio es gay. Antes de la boda, y para sorpresa de todas, Bobby y Bitsy aseguran que tienen una vida sexual maravillosa. Juntos, por supuesto. Tiempo después, en un capítulo en el que el personaje de Charlotte habla con sus amigas de sus problemas de fertilidad, una embarazadísima Bitsy interrumpe la charla.

El por qué de las relaciones de orientación mixta

Andrea Proenza Zoroquiaia, autora de Cartografías del deseo amoroso (Ediciones en el Mar, 2025), comenta que las relaciones entre hombres gay y mujeres heterosexuales no son algo nuevo. “Históricamente ha funcionado como salvoconducto para acceder a los privilegios simbólicos de la pareja heterosexual. Porque, a pesar de los avances de las últimas décadas, lo cierto es que un hombre gay o una mujer soltera todavía no ocupan el mismo lugar simbólico que el binomio hombre-mujer”, asegura antes de aclarar que no piensa que que estas relaciones sean una respuesta al heteropesimismo contemporáneo (esa corriente que considera que el mercado del amor es cada vez más complicada para las mujeres heterosexuales), sino más bien, a la reacción conservadora que atraviesa lo social y lo romántico, y que intenta reafirmar las jerarquías afectivas.

“Si miramos al pasado, podemos ver que este tipo de vínculos pueden satisfacer al principio por el reconocimiento social o, incluso, la complicidad entre ambas partes; pero, a la larga generan frustración e infelicidad, porque no aportan aquello que esperamos de una pareja romántica. Así que no me parece que se esté buscando en ellos una alternativa al hartazgo por los hombres hetero, sino más bien, un intento por encajar en el puzzle de la heterosexualidad bajo las propias condiciones, sin ser consciente de que, desde el principio, estás intentando colocar las piezas en el juego equivocado”, explica a ICON.

Iván Gómez Beltrán, historiador y doctor en Género y Diversidad, achaca a varios factores el hecho de que cada vez haya más parejas de este tipo. “Puede estar vinculado a cierta crisis de los vínculos tradicionales y a comprobar cómo estos nos encorsetan a formas muy concretas y limitadas de afecto. Creo que estas maneras de relacionarse nos hablan del contexto social de desconexión y despersonalización a través de las necesidades individuales que generan”, explica. “Las condiciones socioculturales son diferentes a los matrimonios lavanda del siglo XIX, que se realizaban como un mecanismo de protección social frente a la exclusión mientras que estas relaciones actuales tienen que ver más con la necesidad de dar entidad a otras maneras de vincularnos, así como a encontrar espacios de intimidad emocional que no esté limitada por el código social relacional”, asegura.

Señala que en un momento de tanta incertidumbre y convulsión sociopolítica, los vínculos son los espacios de seguridad y confort. “Dicha incertidumbre coincide con procesos de dislocación de la pareja tradicional heteronormativa basada en la monogamia, en el amor romántico y en modos de relación y comunicación muy marcados por la socialización de género. Encontrar afecto e intimidad con la misma intensidad con la que antes se nos decía que solo era posible en la pareja implica enfrentarse a la jerarquización de los afectos”, asegura.

Gómez Beltrán también considera interesante que muchos de los hombres que construyen sean homosexuales, porque un hombre heterosexual no se plantea un matrimonio en el que no haya amor entendido de forma tradicional en pos de una unión, una estabilidad y una legitimidad frente al mundo. Tal vez porque, para la heterosexualidad, la legitimidad siempre estuvo ahí. “Este es un dato interesante a la hora de hablar de la construcción de la masculinidad heteronormativa y de lo imbricada que está con la demostración y expresión de afecto y con la posibilidad también de explorar otras maneras de relacionarse. Creo que hombres y mujeres no están explorando por igual el espacio de lo íntimo y de los afectos debido a la socialización diferencial de género”, puntualiza.

Juan Carlos R. de la Blanca, Psicólogo sanitario, sexólogo y terapeuta de parejas, señala que los hombres de estas relaciones podrían hallar en las mujeres el afecto que buscan, sin exponerse a algunas dinámicas problemáticas presentes en parte del ambiente gay, como la hipersexualización, la excesiva veneración del físico o ciertos comportamientos compartidos con los hombres heterosexuales debido a una socialización de género similar.

La gran pregunta

La pregunta que sobrevuela es obvia: ¿hay sexo en estas uniones, existe en ellas la pasión, o es una especie de amistad en pareja legitimada de forma legal? Jacob Hoff y Samantha Greenstone sí lo tienen y, de hecho, cuando anunciaron el embarazo de Greenstone tuvieron que aclarar, ante las dudas de sus seguidores, que sí, fue fruto de sus relaciones íntimas. “Tenemos relaciones. Puedo mantener mi identidad como hombre gay, aunque mi pareja sea una mujer, porque así me siento. Soy gay. Cuando salgo al mundo, no me atraen las mujeres. ¡Eso es lo que significa ser gay!”, dice él.

Y otra pregunta: ¿se permiten estas parejas una cana al aire o existe en ellas la fidelidad? Recurramos para responder a una novela de ficción que refleja muchas realidades de pareja. En Tesis sobre una domesticación (de Camila Sosa, publicada en 2019 y llevada al cine en 2024) la protagonista de la novela se casa con un exitoso hombre homosexual con quien mantiene una relación abierta y sexualmente activa. “Durante los últimos años el zeitgeist ha hecho piruetear la institución del matrimonio y la pareja monógama sin acabar de caer a pies juntos, y es curioso como el planteamiento de esta novela enseguida muestra la farsa detrás de la utopía: el poliamor no amenaza ni resuelve la domesticidad de su matrimonio burgués y aburrido, sino que la refuerza”, escribe al respecto Carlota Rubio en Babelia. También en otro pequeño fenómeno editorial, El accidente de Blanca Lacasa, su protagonista se encuentra viviendo una relación de amor platónico que a menudo derriba las fronteras de lo físico con un hombre gay emparejado. Está claro que la posibilidad empieza a formar parte de la conversación, tanto real como literaria.

La editora y guionista Tricia Cooke se identifica como queer y lleva más de 30 años casada con el director Ethan Coen. “Ella es queer y yo, hetero y estúpido”, asegura en una entrevista concedida a ABC News. Se casaron en 1993, tienen dos hijos y ambos tienen una pareja además de su relación matrimonial, que identifican como poliamorosa. De la Blanca explica a ICON que el hecho de que el sexo no lo sea todo ya lo demuestran desde hace tiempo parejas que se mueven en el espectro asexual y para ellos recurre a la teoría triangular del amor de Sternberg. “Establece tres componentes: intimidad, pasión y compromiso. En su interacción, podrían explicar todos los tipos de relaciones afectivas humanas. Todo ser humano necesita esos tres componentes en su vida, aunque haya diversas formas de necesitarlos o expresarlos. Lo importante es que no necesitamos que esos tres componentes nos los aporte una única relación, pudiendo obtenerlos de distintos tipos de vínculos. Esto podría explicar el éxito de este tipo de relaciones”, asegura. O sea, según esta teoría, sí: algunas de estas relaciones se mantendrían en el tiempo porque la parte sexual y pasional se satisface fuera de sus fronteras.

“Los acuerdos sexuales fuera del vínculo requieren que ambas partes se sienten a hablar sobre qué cosas desean y qué cosas no estarían dispuestas a permitir, estableciendo líneas rojas, ámbar y verdes; es lo que, en terapia de pareja, llamamos un contrato relacional”, añade De la Blanca. Resulta entonces complicado no hablar de celos, una emoción que, como aclara el psicólogo, todo el mundo siente, en mayor o menor medida. “Lo que sí está bajo nuestro control es decidir qué hacer con ellos, cómo gestionarlos para que no se transformen en reproches o actitudes pasivoagresivas”.

¿Amistad, artificio temporal o parejas de verdad?

Andrea Proenza Zoroquiaia afirma que reivindicar —que no romantizar— vínculos como la amistad es lo verdaderamente revolucionario en estos días. Y de hecho varios libros recientes lo hacen, poniendo la amistad a la misma altura que una relación de amor romántico (como La amiga que me dejó, de Nuria Labari, La amistad y sus derivas, de Sabina Urraca y Marina Folguera o Amiga mía, de Raquel Congosto). “A través de estos vínculos de amistad se descentraliza el amor romántico y se quita peso al sexo en una sociedad cada vez más sexualizada (en este sentido, las personas del espectro asexual tienen mucho que aportar). Además, la amistad tiene mucho más que ver con generar red en lugar de focalizar tu vida en una sola persona”, explica. Gómez Beltrán recalca que estas relaciones pueden poner en jaque la jerarquía de los afectos, pero para ello, tienen también que cuestionarla y no solo cambiarla de un vínculo a otro. “Habría que preguntarse sobre las expectativas de estos vínculos ya que, en muchas ocasiones, están marcados por la temporalidad concreta. Inconscientemente están supeditados a que se encuentre una pareja de verdad. Sería entonces una especie de tirita mientras aparece esa persona que cumpla los requisitos para poder establecer un vínculo real”, dice.

“Creo que seguimos articulando otras formas de vincularnos como un artificio temporal que nos permita no sentirnos tan solas hasta que ese amor Disney nos complete emocionalmente. Por mucha reflexión que se haya realizado en las últimas décadas, seguimos ansiando una completitud que parece que no encontramos en otros vínculos, más aún cuando el contexto social nos genera tanta angustia, aislamiento y sensación de soledad. La pregunta que quizá nos podríamos hacer es cómo se conecta la intimidad, el afecto, los cuidados y la responsabilidad con los vínculos que generamos”, remata Gómez Beltrán. Para eso tal vez baste con responder a una pregunta tan sencilla como abismal: ¿tú le quieres?

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Juan Carlos Peinado, un juez que no sabe escribir, por Álex Grijelmo

Juan Carlos Peinado, un juez que no escribe bien, en El País, por Álex Grijelmo, 5 NOV 2025:

Es difícil entender que alguien con esas carencias haya llegado a magistrado del juzgado de instrucción número 41 de Madrid.

El juez Juan Carlos Peinado no sabe escribir bien. Desconoce los usos de las mayúsculas, de la puntuación, las concordancias, la oportunidad de los gerundios, la relación entre oraciones, el hilo narrativo. El lenguaje claro no va con él.

Se hace difícil asumir que alguien que sufre esas carencias haya llegado a magistrado-juez del juzgado de instrucción número 41 de Madrid, desde el que ha encausado a un ministro y a la esposa del presidente.

La exposición de 32 folios mediante la que elevó al Supremo su acusación de falso testimonio y malversación contra Félix Bolaños, firmada el 23 de junio, es un desorden expositivo que empieza con una frase de 166 palabras nada menos (un párrafo entero: 12 anchas líneas), a la que sigue otra de 161 (el segundo párrafo completo, de 13 largos renglones).

(Esta columna suma hasta aquí 138 palabras en total, para que ustedes se hagan una idea).

El citado segundo párrafo del auto contiene siete comas de más, derramadas a voleo; en el tercero (de 6 líneas), sobran cinco. En el cuarto (de 8), seis comas… y así sucesivamente. En otra frase ¡de 26 líneas! se esparcen 21 comas incorrectas, que junto con lo intrincado de la redacción convierten la lectura en un suplicio. Comas entre sujeto y verbo, entre verbo y complemento. Comas absurdas.

Frases tan enrevesadas oscurecen las argumentaciones, incluso si se releen los párrafos para discernir entre las oraciones principales y las extensas aposiciones, con incongruencias como esta: “Se tuvo la necesidad procesal de proceder a la apertura de una pieza separada (…) derivada de la indicada apertura de pieza separada”.

Pero en los folios 8 y 9, que recuerdan la regulación del falso testimonio, la puntuación se vuelve impoluta. Eso lleva a sospechar (y a confirmar) que procede de mano ajena, por un cortapega de otras resoluciones similares. Sin embargo, en el folio 10 reaparece el lío; y después de otros tres folios impecables, en la página 15 regresa el desastre: “(…) Que ese hecho, fue negado, por dicha persona, Raúl Díaz Silva, cuando declaró, en dos ocasiones, como testigo y bajo juramento, los días 14 y 28”. (...) “Y lo que constituye el indicio principal, para que, se eleve, esta Exposición razonada, por el delito de falso testimonio en causa Judicial, además de por el delito de Malversación”.

El folio 21 recoge la declaración de un testigo, pero con 96 líneas de seguido, sin delimitar los turnos de palabra; sin rayas de diálogo ni punto y aparte alguno, casi siempre sin el signo de apertura de interrogación y a veces con él pero sin el de cierre, de modo que con frecuencia no se distingue quién inquiere y quién contesta.

Esos mismos errores se repiten en el auto que el mismo juez firmó el 23 de septiembre, donde se lee un fundamento segundo con una frase de 220 palabras en la que no soy capaz de discernir cuál es el verbo principal.

Alguien se preguntará por qué me fijo en este magistrado y no en otros. Ah, ¿hay otros que redactan igual? Más a mi favor. Porque entonces se hace aún más imprescindible que el Poder Judicial desempolve el Informe para la modernización del lenguaje jurídico (2010) y exija a todos los jueces su cumplimiento. Y que el acceso a la carrera judicial incluya pruebas por escrito que evalúen la capacidad para razonar con claridad, sobre un papel y no con respuestas orales y memorísticas que se lleva el aire. Habría venido bien interceptar a tiempo la incompetencia lingüística (termómetro de otros males) de quienes con palabras argumentan, condenan o absuelven; y cuya negligencia expositiva constituye un desprecio a los ciudadanos y da pistas acerca del caos mental con el que se supone hacen justicia.

Errores que evitar en filosofía

 ¿Qué se requiere para ser filósofo? 10 errores a evitar. Por Enric Gel. [Transcrito y corregido de YouTube]

 Hay 10 hábitos comunes en los que es súper sencillo caer sin darte cuenta y que pueden sabotear por  completo tu progreso como filósofo. Llevo casi 15 años estudiando filosofía y he caído y sigo cayendo en estos errores mil y una veces. Algunos son tan escurridizos que me ha costado años detectarlos y, ahora que soy consciente de  ellos, los veo continuamente tanto en gente que acaba de empezar en filosofía como en veteranos que llevan tiempo dedicados a esta disciplina. Hoy quiero destaparte de modo claro y sencillo estos 10 vicios del filósofo para que puedas identificarlos y corregirlos a tiempo antes de que sea demasiado tarde. Me llamo Enric, bienvenido de vuelta a Adictos a la filosofía, ¡empecemos!  

 Error 1 que te sabotea como filósofo

 Imagina que te despiertas en un bosque con un grupo numeroso de personas. Ninguno de vosotros sabe qué hace ahí, de dónde vienen ni hacia dónde hay que ir, y os ponéis a discutir con el objetivo de idear un plan conjunto de acción. Rápidamente os dais cuenta de que hay una persona que no para de rechazarlo todo de manera sistemática: "Eso es una pésima idea", "Así no iremos a ninguna  parte", "Es evidente que ese no es el camino"... Hacéis silencio para escuchar su plan, y empieza a contaros su propuesta en el tono más confiado que hayas escuchado nunca. Solo hay un pequeño problema: no tiene pies ni cabeza, es un plan temerario, que podría poneros a todos en peligro, y encima, en este punto, no hay nada siquiera que sugiera, no digamos ya asegure, que de esa manera daréis con el camino correcto.

 Se lo intentáis hacer ver, pero esa persona sigue en sus trece, repitiendo su plan con la confianza de un profeta inspirado por Dios. Y entonces te das cuenta: está tan perdido como el resto de vosotros, solo que no lo sabe. 

 En filosofía suele pasar algo similar en distintos grados de intensidad. A veces nos creemos que algo está clarísimo, que la respuesta a tal pregunta es obviamente esta, y lo único claro es que no estamos reconociendo nuestra propia ignorancia. Esto es común cuando empezamos: creemos que ya lo sabemos todo porque hemos leído un libro o porque hemos visto un vídeo de Adictos a la Filosofía, por ejemplo, pero, objetivamente hablando, el estudio que le hemos dedicado a ese tema no justifica nuestra seguridad.Y este es el primer hábito que nos sabotea como filósofos: la soberbia intelectual de creernos que ya lo sabemos todo. No hace falta irse al otro extremo de "No sé ni se puede saber absolutamente nada",  pero sí que el aprendizaje filosófico necesita, ante todo, un poco de humildad. 

 Error 2 que te sabotea como filósofo

 Supón que no conseguís poneros todos de acuerdo y os rompéis en diferentes grupos y cada uno va por su lado. Pasan los días y, de tanto en cuando, tu grupo se cruza con personas que, o bien siguen otro camino diferente, o directamente van en dirección opuesta a la vuestra. A veces os intentan convencer de que cambiéis de camino; algunos incluso os dicen que hace tiempo iban por esta vía y que no os espera nada bueno. Empiezas a preguntarte si acaso tendrán razón y si no sería mejor revisar un poco el plan; pero a tu alrededor notas que se solidifica la siguiente actitud: "Esta gente que no va por nuestro camino, no hay que escucharla. No saben lo que hacen". Pues esto lo veo en filosofía cada vez más y más y, honestamente, me preocupa: el tribalismo de negarse a escuchar a quien piensa distinto, llegando incluso a veces al extremo de excluirlo de la discusión. Los que no piensan como yo son malos, tontos, poco rigurosos, deshonestos, pseudofilósofos, charlatanes, no saben pensar... Cuando la realidad es que llevamos siglos y siglos de filosofía y la inmensa mayoría de discusiones siguen abiertas: nadie ha conseguido demostrar su posición de manera apodíctica e indiscutible. ¿El remedio? Grábate esto a fuego: "En filosofía, casi todo es controvertido". Y, ojo, no me malinterpretes: está bien tener convicciones, está bien pensar que la respuesta correcta probablemente es esta. El problema es actuar como si solamente hubiera un camino racional posible (curiosamente, el tuyo), ignorando que, en filosofía, gente igual de  inteligente, razonable y honesta puede discrepar acerca de prácticamente cualquier cosa. El peligro  aquí está en terminar con una visión inflada y acrítica de tu propia filosofía, cegándote a los problemas que tiene por acabar considerándola como la respuesta autoevidente.

 Error 3 que te sabotea como filósofo

 El tercer error está relacionado con el segundo; de hecho, probablemente sea su núcleo básico, el hábito  que tienes que abandonar para poder resolverlo. Imagínate ahora que empieza a acumularse evidencia  de que tu grupo efectivamente va por el mal camino y ya estás planteándote seriamente probar algo  distinto. Pero ves que, entre vosotros, cada vez que alguien propone desviarse un poco, hay un buen número de personas que se lo toman como un ataque personal. Han puesto su identidad en el camino elegido y, por tanto, toda objeción es un  cuestionamiento de su persona y no la quieren ni escuchar. Es difícil, pero en filosofía lo ideal es que te dé igual que te refuten. ¿Recibes objeciones? ¡Genial, vamos a verlas! En filosofía, necesitamos objeciones para seguir pensando a fondo. ¿Esas objeciones te refutan? ¡Pues perfecto, te han sacado del error! Es lo mejor que  te podría pasar. Pero este proceso de aprendizaje se dificulta cuando caemos en este tercer hábito: identificarnos demasiado con nuestras ideas, cosa que nos lleva a no estar dispuestos a cambiar  ni a matizar. ¿Quieres arreglarlo? Pues sepárate todo lo posible de tus ideas para que dejes de ver toda objeción, toda crítica, como un ataque o una amenaza existencial. Tú no eres tus ideas: si  tus ideas caen, tú estás a salvo.

 Error 4 que te sabotea como filósofo 

  Pero ojo, porque tampoco es plan de caer en el error o en el hábito opuesto, que es igual de desastroso. ¡Veamos cuál es! Imagínate ahora que tú y unos pocos decidís al fin cambiar de camino y al cabo de unos días os encontráis con una persona que, al veros, se une a vosotros sin siquiera dudarlo. El nuevo empieza a explicaros sus aventuras por el bosque y enseguida notáis un patrón: cada vez que se ha encontrado con gente que iba en una dirección diferente de la suya, se ha cambiado y se ha ido con ellos. Como era de esperar, al día siguiente os encontráis con un grupo que iba en una dirección ligeramente  diferente y vuestro nuevo compañero se les une sin siquiera deciros adiós. Si antes el problema era identificarse demasiado con las propias ideas, aquí lo malo está en apegarse a ellas demasiado poco. Tienes que separarte de lo que piensas, pero tampoco tanto que estés continuamente cambiando de ideas a la primera de cambio, porque así lo único que lograrás es dar vueltas y vueltas y más vueltas. Confía un poco en lo que ya has pensado e intenta darle la mejor oportunidad antes de cambiarlo por algo distinto. Si cambias, que sea por buenos motivos. 

 Error 5 que te sabotea como filósofo 

 Nos hemos topado ya con los que se unen a cualquiera sin siquiera pensarlo. Supón ahora que te encuentras con gente todavía más rara: personas que, a la que ven que otros van por el mismo camino que ellas, cambian directamente sin pensarlo. Unos pocos siguen igual, pero empiezan a hacer cosas diferentes, como, por ejemplo, caminar con las manos o dar volteretas todo el rato. Son los que, por encima de todo, pase lo que pase, quieren ser diferentes. En  filosofía, esto se traduce en amar la originalidad por encima de la verdad. Es un hábito común porque todos, sobre todo al empezar, queremos ser los más novedosos y originales, y encima el sistema de publicación académica premia desproporcionadamente la originalidad, pero eso no quita que sea un error y de los graves. Y es que después de prácticamente 26 siglos de filosofía, está ya todo inventado, y si eres la primera persona en toda la historia a la que se le ocurre la idea X, lo más probable es que sea un disparate. De nuevo, está  bien querer ser original, pero somos filósofos: amamos y buscamos la verdad, no la originalidad.  

 Error 6 que te sabotea como filósofo 

 Imagínate ahora que después de días y días de camino os topáis con una biblioteca en la que, según parece, están conservados los diarios de los más grandes exploradores que en los últimos siglos han transitado ese bosque maldito. ¿No querrías parar a leerlo, saber qué caminos exploraron y a dónde los condujeron? Pues, en filosofía, esa gran biblioteca existe: es la propia historia de la filosofía. Y, sorprendentemente, hay muchos que no quieren entrar en ella o que incluso lo consideran una pérdida de tiempo y un ejercicio antifilosófico. Pero, ¿cómo va a ser una pérdida de tiempo o algo antifilosófico indagar en lo que mentes mucho más penetrantes que la nuestra han pensado sobre esos mismos temas que nos preocupan? La historia de la filosofía no es un obstáculo a tu camino como filósofo: es tu aliada. Entenderla te va a permitir encontrar conexiones entre ideas que, si las hubieras tenido que descubrir por  ti mismo, habrías tardado 200 vidas. No cometas, por tanto, el error de ignorarla.

  Error 7 que te sabotea como filósofo 

 Vamos a detenernos un rato en esta biblioteca, porque hacerlo nos va a permitir destapar el resto de  los hábitos silenciosos que te sabotean como filósofo. Supón que entras y enseguida empiezas a observar una variedad de comportamientos curiosos. Primero están los que agarran un libro, lo ojean rápidamente, murmuran "¡Qué estupidez!" y lo tiran  al suelo, cosa que no voy a hacer porque yo amo los libros. Te agachas a recogerlo, empiezas a mirártelo y quedas sorprendido con la profundidad del pensamiento que está ahí escrito. Con curiosidad le preguntas a esa persona por qué lo ha descartado y enseguida, cuando te responde, te das cuenta de que lo ha malinterpretado de modo descomunal. Se lo intentas explicar,  pero ya es tarde, no te quiere escuchar y se ha puesto a hacer otra cosa distinta. El error aquí (y es un hábito más común de lo que piensas entre filósofos) es quedarse con la primera cosa que se te ocurre cuando escuchas por primera vez una teoría, una propuesta o un argumento nuevo. Si es la primera vez que oímos un cierto argumento o teoría filosófica, nuestro papel es escuchar, hacer un esfuerzo por entender, y, solo entonces, criticar. Lo primero que se nos ocurre como objeción a algo que escuchamos por primera vez suele estar mal o suele ser un malentendido ya respondido y aclarado múltiples veces en la literatura. No te quedes, por tanto, con lo primero que se te pasa por la cabeza. Antes bien, haz un esfuerzo por entender esa propuesta en su versión más fuerte. 

  Error 8 que te sabotea como filósofo 

 Probablemente, lo que está en la raíz del hábito erróneo anterior es lo siguiente. Hay quienes se ponen a correr nerviosos por toda la biblioteca, leyendo un montón de libros a toda prisa, sin darse nunca el  tiempo de descansar, sentarse y leer y entender y pensar algo a fondo. Son los impacientes, los que  quieren una respuesta definitiva ya y no pueden esperar. No seas como ellos: ten paciencia, confía en que las respuestas irán llegando poco a poco con el estudio, con la lectura. La filosofía se hace mejor despacio. 

 Llegamos por fin a los dos últimos hábitos silenciosos que te sabotean como filósofo, que son, en mi opinión, de los más comunes, pero también, por suerte, de los más sencillos de resolver. 

 Error 9 que te sabotea como filósofo

 Imagínate esto. Mientras estás inmerso en tu estudio en la biblioteca y vas perfilando tus planes para salir del bosque, ves a lo lejos a dos personas enzarzadas en una acalorada discusión. Día tras día, ahí están, peleándose a grito pelado, sin lograr convencerse el uno al otro de absolutamente nada. Llega el momento en el que tú estás ya preparado para reanudar tu viaje y ahí siguen esos dos, lanzándose libros a la cabeza, habiendo perdido completamente el tiempo sin haber progresado nada. El hábito erróneo aquí (y es una gran tentación para nosotros los filósofos) es ponerse a discutir con cualquiera, con el primero que pasa y con la  única intención de ganarlo. Mira, la vida es corta y eso es una pérdida de tiempo. Está bien discutir con otros, porque eso nos ayuda a afilar nuestras ideas y darnos cuenta de errores. Pero como nos anima Schopenhauer al final de su libro "El arte  de tener siempre la razón", tenemos que aprender a distinguir con quién vale la pena discutir y quién solo debate de mala fe y sin ningún ánimo de dejarse mover por buenas razones. A esos es mejor dejarlos que le hagan perder el tiempo a otro.

 Error 10 que te sabotea como filósofo

 Por último, están los que entran en la biblioteca, agarran el primer libro que ven y, después de una rápida ojeada, salen corriendo, habiéndolo convertido en su Biblia personal. El error aquí es ser de un solo autor o, peor aún, de un solo libro. Está bien tener un autor, libro, corriente favoritos, pero ninguno es perfecto y en filosofía hay que estar siempre abierto a múltiples opciones. Aunque, por supuesto, después de tantos siglos es complicado decidir qué libros leer y qué no, sobre todo cuando uno está empezando. Por suerte para ti, hice este otro vídeo en el que te hago una selección de los 5 libros imprescindibles para tu propio viaje filosófico por este bosque oscuro que es la vida.