Hay un útil artículo, no mío, aunque yo lo retoqué, sobre Juan de Molina en la Wikipedia; pero hojeando la Biblioteca valentina (1747) del padre Josef Rodríguez por otro motivo he visto que encontró una obra más de nuestro personaje que añade a las consignadas por Nicolás Antonio y que, al parecer, desconoce Miguel Ángel Pérez Priego, principal estudioso del personaje en esta monografía. Parece que también fue el bachiller Molina epigrafista y anticuario, según se deduce de la noticia. La obra, al parecer manuscrita y utilizada por Escolano, es Colectáneos de las piedras e inscripciones antiguas de España. También se refiere a él Villagrasa. Algo nuevo que saber...
sábado, 1 de febrero de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
Ventajas de leer
Adaptado de The Huffington Post:
Leer es un excelente pasatiempo; eso no es ningún secreto. Pero, a veces, al final de un largo día, es más fácil encender la tele que abrir la novela que tanto te apetecía empezar. ¡No te dejes disuadir! Ser un amante de los libros tiene ventajas muy importantes. Podemos empezar por estas dieciséis:
1. Nunca estás aburrido. ¿Transporte público? Coges un libro. ¿Sala de espera en el médico? Coges un libro. ¿Tus amigos te ignoran porque “nunca sales” y “siempre estás muy ocupado leyendo”? Pues el remedio ya lo sabes: coge un libro. Es un amigo que nunca te engañará: siempre está diciendo lo mismo y siempre estará a tu lado cuando lo necesites.
2. Gustándote leer ya tienes un sistema bien definido para filtrar a la gente que no te conviente. La frase "no me gusta leer" es una sentencia de muerte para cualquier relación, a pesar de que todo lo demás vaya bien.
3. Mientras todo el mundo se limita a vivir una vida (probablemente aburrida), tú experimentas cientos de ellas y tienes acceso a la conciencia de miles de personas. Es como la telepatía, pero mejor.
4. Aprendes al mismo tiempo que te distraes. Y te haces más fuerte sosteniendo un libro en la cama. Tus brazos adquieren una fuerza impresionante.
5. Puedes comentar los mejores best sellers incluso antes de que hayan salido; nunca te faltará labia ni conversación ni referentes culturales.
6. Tienes la cita perfecta para cada situación. Ahora mismo: "El libro es la magia que mejor se puede transportar" (Stephen King, Mientras escribo).
7. Y cuentas con la palabra exacta para describir cada momento. Tu vocabulario es estelar.
8. La gente no tiene que pensar demasiado a la hora de hacerte un regalo.
9. Los diferentes enfoques que muestran los personajes te sirven básicamente de terapia gratuita; estás continuamente recibiendo consejos sobre cómo vivir bien.
10. Si te quedas sin cobertura o se va la señal de Internet por inclemencias meteorológicas, no hay problema. De todas formas, tú tenías pensado quedarte leyendo esa noche.
11. Un mejor lector es un mejor escritor y un mejor orador.
12. Tienes en tu poder un sinfín de temas de conversación.
13. No tienes que comerte la cabeza por la decoración de tu casa; tu colección de libros tiene la solución.
14. Has leído tantos libros que eres capaz de llenar tu propia vida de emoción y drama y enriquecer cualquier situación.
15. Según un reciente estudio, la lectura mejora la conectividad cerebral. Es cierto; se ha demostrado científicamente que leer te hace más inteligente.
16. Puedes viajar a cualquier punto del mundo, del pasado y del presente . Puedes ser testigo de todo un siglo de la historia en Colombia o de las relaciones que tenían los ciudadanos en la Inglaterra isabelina.
Leer es un excelente pasatiempo; eso no es ningún secreto. Pero, a veces, al final de un largo día, es más fácil encender la tele que abrir la novela que tanto te apetecía empezar. ¡No te dejes disuadir! Ser un amante de los libros tiene ventajas muy importantes. Podemos empezar por estas dieciséis:
1. Nunca estás aburrido. ¿Transporte público? Coges un libro. ¿Sala de espera en el médico? Coges un libro. ¿Tus amigos te ignoran porque “nunca sales” y “siempre estás muy ocupado leyendo”? Pues el remedio ya lo sabes: coge un libro. Es un amigo que nunca te engañará: siempre está diciendo lo mismo y siempre estará a tu lado cuando lo necesites.
2. Gustándote leer ya tienes un sistema bien definido para filtrar a la gente que no te conviente. La frase "no me gusta leer" es una sentencia de muerte para cualquier relación, a pesar de que todo lo demás vaya bien.
3. Mientras todo el mundo se limita a vivir una vida (probablemente aburrida), tú experimentas cientos de ellas y tienes acceso a la conciencia de miles de personas. Es como la telepatía, pero mejor.
4. Aprendes al mismo tiempo que te distraes. Y te haces más fuerte sosteniendo un libro en la cama. Tus brazos adquieren una fuerza impresionante.
5. Puedes comentar los mejores best sellers incluso antes de que hayan salido; nunca te faltará labia ni conversación ni referentes culturales.
6. Tienes la cita perfecta para cada situación. Ahora mismo: "El libro es la magia que mejor se puede transportar" (Stephen King, Mientras escribo).
7. Y cuentas con la palabra exacta para describir cada momento. Tu vocabulario es estelar.
8. La gente no tiene que pensar demasiado a la hora de hacerte un regalo.
9. Los diferentes enfoques que muestran los personajes te sirven básicamente de terapia gratuita; estás continuamente recibiendo consejos sobre cómo vivir bien.
10. Si te quedas sin cobertura o se va la señal de Internet por inclemencias meteorológicas, no hay problema. De todas formas, tú tenías pensado quedarte leyendo esa noche.
11. Un mejor lector es un mejor escritor y un mejor orador.
12. Tienes en tu poder un sinfín de temas de conversación.
13. No tienes que comerte la cabeza por la decoración de tu casa; tu colección de libros tiene la solución.
14. Has leído tantos libros que eres capaz de llenar tu propia vida de emoción y drama y enriquecer cualquier situación.
15. Según un reciente estudio, la lectura mejora la conectividad cerebral. Es cierto; se ha demostrado científicamente que leer te hace más inteligente.
16. Puedes viajar a cualquier punto del mundo, del pasado y del presente . Puedes ser testigo de todo un siglo de la historia en Colombia o de las relaciones que tenían los ciudadanos en la Inglaterra isabelina.
jueves, 30 de enero de 2014
Nota sobre la etimología de Agramante
La frase hecha "campo de Agramante" como de cualquier cosa sumida en el caos. En realidad se trata de un campo de batalla donde nullus est ordo y el vocablo Agramante procede del Ariosto, quien crea la palabreja en su Orlando furioso, tan saqueado por el Don Quijote de Cervantes, incluso en el episodio del robo del rucio que tanto hueco dejó entre las dos ediciones de 1605. Poco se ha especulado sobre su posible etimología. Creo adivinar que procede del nombre del dios del mal en el mazdeísmo o zoroastrismo, Angra Mainyu en el Avesta, también llamado Ahrimán o Arimán en parsi o persa. Es el hermano gemelo y malo, el por así decir Caín de Ahura Mazda, el hermano bueno. No le veo otra explicación.
domingo, 26 de enero de 2014
¡Muera el señorito! de Rafael López de Haro (I)
En una novela del albaceteño Rafael López de Haro, ¡Muera el señorito! (1916), encontramos una de las más fuertes denuncias de la España manchega anterior a la Guerra Civil, comparable a El crimen de Cuenca de Alicio Garcitoral (1931) o Vorágine sin fondo de Antonio Heras Zamorano, ambientada en Ciudad Real (1936). Está dedicada a uno de los mayores representantes del Regeneracionismo, Julio Senador Gómez, notario como él y autor de Castilla en escombros. Las leyes, las tierras, el trigo y el hambre, publicado un año antes, lo que ya es significativo de la inspiración que nutre el libro, muy bien escrito, y con una rabia que se nota. El ejemplar en mis manos está dividido en tres libros: "La patria chica", "La patria grande" y "Ni patria ni amor". La mayor parte de la obra transcurre en un pueblo manchego en realidad inexistente, El Pinoso, en el que paradójicamente no hay pinos, ya que todo ha sido arrasado para plantar trigo. El protagonista, Eugenio Balmes, aplicado estudiante de Derecho, marcha al pueblo tras morir su madre y quedarse huérfano para ver a su hermana, atravesando los campos manchegos:
"Las llanuras de La Mancha son un agro infinito que solo pudo poblar de ideas la infinitud del genio cervantino. La tierra llana, inacabablemente llana, rasa, roja, seca, causaba a Eugenio la impresión negativa de lo inexistente. Era la del campo ilimitado y aspérrimo, era la de la planicie calcinada, eran las de un sol que enceguecía, turbio el ambiente por turbonadas que arrancaba en momentos la ebullición del aire caliente; eran las de la tierra bermeja excavada, escoriada, surcada como sarnosa carne pálida; eran sensaciones de una soledad, de una acritud, de una sed que solo sugerían ideas de fuga, de suicidio. Fugarse, al menos, como los pájaros, como las nubes, como los colores. Aquella tierra fea y desagradecida podía mantener una escasa población que, en fuerza de luchar obstinada y estúpidamente con su esterilidad, se ha enfurecido y vive, sin agua, en hidrofobia perpetua, aislada en los lugarones, lugares o lugarejos, hechos de la misma tierra que Eugenio veía en lejanías remotas, denotados por la torre verdusca, chatos, agachados, perdidos en la inmensidad, náufragos en la estepa, páramo, pampa, sabana desnuda, infausta, calva de la Península, a modo de lupus que ha depilado, asolado, desollado ese gran pedazo de la fisonomía de España.
El camino de hierro, trazado en línea recta, no tanto por ser allí fácil como por ser la más corta para pasar cuanto antes por allí donde nada lo retiene, no era aliciente a que aquel horrísono tren mixto acelerase su marcha. Lento, jadeante, avanzaba caudato de una caliginosa polvareda que a ratos venía sobre él y lo envolvía y enterragaba. A un flanco, las cuencas de los sacatierras, álveos de cieno en la invernada, se cuarteaban. Solían verse muertos de sed algunos juncos y retamas que se atrevieron a nacer fiados en la promesa de humedad. De tarde, un caminejo arenoso cruzaba la vía y, en la intersección, una mujer tripuda, descalza, con el rostro del color de las tejas, presentaba unos palitroques forrados de bayeta roja y verde.
La sensación de inhabitabilidad, de carraspera de Sáhara, se iba intensificando hasta ser una gran tortura para Eugenio, quien jamás sospechó que fuese así la Patria: un solar. El polvo socarrante había ya tapiado el departamento; algunas langostas saltaban golpeándose. y seguía, seguía el campo soledoso, ocre, blancuzco, rojo, y el sol caía con apesgante, angustiosa tenacidad, y el calor asfixiaba..." p. 37-39.
Este paisaje hace el efecto de un opio en Eugenio: duerme a la gente y lo duerme a él. Hay campos sembrados de vides que también emborrachan a la gente y la duermen. Así hasta que llega, conducido en una galera por un gañán, a la casa de su hermana en El Pinoso, casada con un tal Pelecha, un aprovechado. Bebe pistraque y come un arenque. El consejo de familia ha sido fraguado para robarle lo más de la herencia; Ferreol Balmes es el cacique y alcalde del pueblo y quien lleva la voz cantante. Los concejales son todos de la misma familia y sifilíticos, porque apestan a yodoformo, y quieren comerse la hacienda del recién llegado poco a poco. Eugenio no se deja engañar, pero tiene que transigir; ignoran que él también los ha engañado. Y el alcalde le promete un empleíllo en el Ayuntamiento que le ayude a concluir la carrera, el de secretario particular.
Como tal asiste en un solo día a una procesión de personajes como los de la ínsula Barataria de Cervantes, solo que el alcalde no es nada honesto ni Sancho Panza, salvo en el aspecto; más bien parece Ginés de Pasamonte o el Ventero, cuyo currículo canallesco tan bien pinta Cervantes en la primera parte de su Don Quijote. El alcalde mata de hambre al boticario, comido de hijos y al que no paga; no tiene ni medicinas que vender porque el alcalde retiene sus fondos con el propósito de que se vaya y así traspasar la botica al sobrino de su mujer. Lo consigue al fin, a cambio de pagarle la mitad de lo que en realidad le debe. Acude luego una hortelana que contaba con un buen puesto en el mercado, pero se lo cambiaron a peor y le cobran el impuesto municipal varias veces en vez de una, solo porque su marido no votó a quien le dijo el alcalde. Esta es menos mansa que el farmacéutico: "Cuando la tortilla se güelva nos veremos, señor don Ferreol, ladrón, cornudo". Viene luego el rematante de Consumos, un corrupto al que le molesta que otros corruptos, los de la familia del alcalde, le quiten su parte. "Usté tie que cerrar el mataero aquellos días tocante a que la carne de mis novillos se venda y darme la exclusiva del vino dentro de la plaza y la poquedá que hay consigná pa festejos. Ítem, y prestarme los peones del Ayuntamiento pa armar la plaza y..." El alcalde promete que se le apoyará en lo que cabe. Ordena a Eugenio que escriba al diputado para que no vengan los inspectores del Catastro, y que, "si vienen, que vea quién y diga de qué pie cojea". Pasa luego el Desollao, un expresidiario por asesinato que vivía en El Pinoso sin trabajar y penduleando a sueldo del Alcalde. Este matón solo es importante el día de las elecciones, para asustar a la gente y dar palizas. Le encarga el Alcalde que vigile al boticario y se haga ver cerca de él dándole un par de voces. Termina la didáctica función con dos labriegos que entran en el Ayuntamiento para asegurar su fidelidad, ya que habían sido comprados para un jurado en la capital, hacia donde iban a viajar ese mismo día. (Seguirá)
viernes, 17 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
Desobediencia civil en La Mancha
Uno de los métodos que contribuyen a dar cierta esperanza sobre la discutible bondad del ser humano es la invención de la desobediencia civil o resistencia pasiva. Se inspira en el derecho humano fundamental de resistencia a la opresión, pero lo limpia de las sedicencias terroristas y violentas que lo volvieron tan alarmante.
La artimaña del terrorismo blanco la ingenió el filósofo anarquista y pacifista norteamericano Henry David Thoreau, padre también del ecologismo, y fue desarrollada por León Tolstoy en su ¿Qué hacer? y llevada a la práctica por sus discípulos Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. La desobediencia civil ha existido siempre y se inspira en episodios poco frecuentes, pero conmovedores, de la historia. Pero también se inspira en un cierto concepto de ser humano que no se encuentra demasiado difundido, pero cuya existencia ha sido demostrada muy atrás en el tiempo, incluso antes de la Era del Nihilismo (podemos llamar así a los dos primeros tercios del siglo XX), consecuencia del fracaso de la ilustración emancipadora que propuso Kant.
Digamos, provisoriamente, que el ser humano fuera un ente solidario implume de uñas planas y piel variable, por lo general provisto de dos brazos y dos piernas, aunque no siempre. La definición flaquea sobre todo en lo de solidario, pero es que uno quisiera soñarlo así al ver que, a veces, la gente se comporta así. En este momento recuerdo el ejemplo de Villarrubia de los Ojos a comienzos del siglo XVII. Resulta que en esta población entonces en esta población la mitad eran moriscos. Y desde 1609, a iniciativa del beato Felipe III, los intentaron expulsar hasta tres veces del reino. La primera fue a Francia, y volvieron andando, que es mucho andar. La segunda prefirieron poner mar por medio y los dejaron en Marruecos, pero volvieron en barco. Por último, el cabreado noble a quien cupo la tarea las primeras dos veces, acometió personalmente la tarea, pero fracasó también. Porque los moriscos volvían siempre a sus tierras confiscadas y las recuperaran con el apoyo y protección de todo el lugar. Como no existía la sociología, el noble ignoraba que si una minoría es la mitad de la población, es una mayoría, tanto y más si estaba estrechamente ligada con lazos de parentesco a los cristianos y detentaba cargos influyentes en el municipio, que es el caso. Como es lógico, las mujeres y los maridos moriscos casados con cristianos lograban de sus parejas la protección oportuna para sus familiares, financiaban su vuelta y los protegían. Es el ejemplo de desobediencia civil o resistencia pasiva más antiguo que recuerdo en La Mancha, y logró un éxito completo: tras el fracaso de la tercera intentona, se los dejó en paz. Hoy los moriscos de Villarrubia de los Ojos son tan cristianos y ciudadanos como el que más. Han sido asimilados. Y, en memoria de tal gesta, hay una calle dedicada en Villarrubia al erudito que desenterró esta especie de Fuenteovejuna manchega, Trevor J. Dadson, el famoso hispanista editor de la poesía de Gabriel Bocángel y del Conde de Salinas, el último quien glosó aquel famoso y fatalista mote de "yo he hecho lo que podido / Fortuna, lo que ha querido".
En La Mancha estos ejemplos de desobediencia civil no cunden mucho. Se prefieren las iniciativas individuales, las quijotadas de las que siempre se ríen los manchegos. El prototipo de manchego es ese, el que se cachondea del idealismo y de la honestidad de los demás, de los Quijotes y de los Sancho Panzas. Porque el manchego típico no es ninguno de esos y no tiene un monumento en ninguna plaza de ningún pueblo ni ningún museo. El manchego típico es el que hoy llamaríamos gilipollas Sansón Carrasco. La Mancha está llena de sansocarrascos.
Don Quijote y su creador eran unos liberales; estaban obstinados en liberar galeotes malandrines. Cuando Cervantes se escapaba siempre era denunciado por un gilipollas aprovechado o renegado, un chaquetero, diríamos, así hasta cuatro veces. Y "aprendió a tener paciencia en la adversidad". Paciencia ante los gilipollas. Cervantes, que tantos amigos tenía, no era manco, tenía anquilosada la mano por herida de guerra, llevaba unos anteojos rotos (era muy caro comprar otros nuevos) y padecía una cierta tartamudez nerviosa. Pero lo que cuenta de él es que era un liberal, el primero de nuestras letras, un defensor acérrimo del individuo, pero del individuo de bien, con la patria más encogida y chica del mundo, tanto, que ni siquiera se le acordaba el nombre. Era un liberal que repartía la riqueza que conseguía entre sus regocijados amigos. Por el contrario los galeotes, igual de individualistas, eran unos liberales de lo ajeno, falsos liberales, en realidad políticos en el fondo y en la forma, tan pillos como los que llenaban el tribunal baratariesco del honesto Sancho Panza. Porque Sancho Panza era honesto, algo que se suele olvidar, algo que con la amistad compartía con su señor, del que tantas otras cosas superficiales le separaban. El liberal reparte su riqueza en el pueblo que le ha ayudado a conseguirlos, al contrario que el oligarca, el cacique, el injusto, en suma.
En el barrio Gamonal de Burgos alguien quiere excretar una cementada y que encima le paguen por ello. Es un exconvicto y constructor, Méndez Pozo, defensor de sus intereses a través del Diario de Burgos, Las Tribunas de las provincias manchegas y qué sé yo qué más prensa petarda. Contra él y su cacique y secuaz, un alcalde elegido por normas alérgicas a las listas abiertas y a partidos "cuyo funcionamiento deberá ser democrático" (Constitución dixit; ¡hay que ver cuánta corrupción cabe y ha cabido en ese deberá ser!) se ha levantado un barrio entero. Se quejan de que se gaste un dineral muy superior a la guardería que les han negado porque no había dinero, como les han negado también otros servicios, incluso los de mear, y tan elementales como el alumbrado público suficiente y paradas de autobús. Es así el desdén del Ayuntamiento (con perdón por la obscenidad), que es mucho desdén y ha convertido al barrio en un arrabal, si no en un Rabal a secas, como el de Barcelona.
En La Mancha nos preciamos de tener a buenos defensores del bien común. El más grande, sin duda alguna, fue Félix Mejía, en el siglo XIX. Vaya si puso en problemas al poder, que ni es público ni nunca lo ha sido en un país donde nunca llegó a existir un partido de izquierda, y cuando lo hubo, el demócrata, fue sistemáticamente ignorado por la componenda canovosagastina promonárquica, alternancia que hemos soportado estos últimos cuarenta años de desdemocracia y neofranquismo bajo las órdenes de todos esos hijos de Franco, legítimos peperos o ilegítimos pesotas, pero nunca favorables al pueblo demócrata y honrado. Y a Félix Mejía, luchador por la democracia, la representatividad y la libertad, quien dijo que no hay libertad, igualdad ni fraternidad sin justicia, que hablaba del hambre en el pueblo y fue quien primero pronunció la palabra democracia con el sentido que tiene hoy actualmente, nadie lo recuerda, ni siquiera el nombre de una calle en Ciudad Real. Es preferible que los constructores las bauticen con nombres de ciudades y países y demás señales de geografía. Que no se lea, que no se lea nada, ni siquiera de historia de la libertad, ni en el nombre de una calle. El ninguneo, el oscurantismo, la estulticia falsa e interesada, el "no lo veo claro", el olvido, la marginación en suma: armas habituales de los reaccionarios de siempre para hacer lo que siempre hacen: nada. ¿Seguiremos así?
Hoy parece que una mitad de España es como esa mitad del pueblo de Villarrubia. Ya no se cree nada salvo que la quieren joder; y lo único que puede hacer es resistir pasivamente y engañar a los que engañan. Ya no va a permitir más jodienda. Hay iniciativas e ideas que están cundiendo en progresión geométrica. El sabio desánimo me indica sin embargo que lo que se hará es parchear la Constitución; eso es lo que hay que evitar: es precisa una
Constitución nueva para una nueva tercera España, que es la gran mayoría del pueblo honesto, sufrido y trabajador. Ese pueblo al que solo le dejan leer y oír lo que conviene a las otras dos Españas.
Este jueves, a las siete y media, daré una conferencia en el Convento de La Merced, antiguo Instituto Femenino, sobre Félix Mejía a las siete y media. Estáis invitados.
La artimaña del terrorismo blanco la ingenió el filósofo anarquista y pacifista norteamericano Henry David Thoreau, padre también del ecologismo, y fue desarrollada por León Tolstoy en su ¿Qué hacer? y llevada a la práctica por sus discípulos Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. La desobediencia civil ha existido siempre y se inspira en episodios poco frecuentes, pero conmovedores, de la historia. Pero también se inspira en un cierto concepto de ser humano que no se encuentra demasiado difundido, pero cuya existencia ha sido demostrada muy atrás en el tiempo, incluso antes de la Era del Nihilismo (podemos llamar así a los dos primeros tercios del siglo XX), consecuencia del fracaso de la ilustración emancipadora que propuso Kant.
Digamos, provisoriamente, que el ser humano fuera un ente solidario implume de uñas planas y piel variable, por lo general provisto de dos brazos y dos piernas, aunque no siempre. La definición flaquea sobre todo en lo de solidario, pero es que uno quisiera soñarlo así al ver que, a veces, la gente se comporta así. En este momento recuerdo el ejemplo de Villarrubia de los Ojos a comienzos del siglo XVII. Resulta que en esta población entonces en esta población la mitad eran moriscos. Y desde 1609, a iniciativa del beato Felipe III, los intentaron expulsar hasta tres veces del reino. La primera fue a Francia, y volvieron andando, que es mucho andar. La segunda prefirieron poner mar por medio y los dejaron en Marruecos, pero volvieron en barco. Por último, el cabreado noble a quien cupo la tarea las primeras dos veces, acometió personalmente la tarea, pero fracasó también. Porque los moriscos volvían siempre a sus tierras confiscadas y las recuperaran con el apoyo y protección de todo el lugar. Como no existía la sociología, el noble ignoraba que si una minoría es la mitad de la población, es una mayoría, tanto y más si estaba estrechamente ligada con lazos de parentesco a los cristianos y detentaba cargos influyentes en el municipio, que es el caso. Como es lógico, las mujeres y los maridos moriscos casados con cristianos lograban de sus parejas la protección oportuna para sus familiares, financiaban su vuelta y los protegían. Es el ejemplo de desobediencia civil o resistencia pasiva más antiguo que recuerdo en La Mancha, y logró un éxito completo: tras el fracaso de la tercera intentona, se los dejó en paz. Hoy los moriscos de Villarrubia de los Ojos son tan cristianos y ciudadanos como el que más. Han sido asimilados. Y, en memoria de tal gesta, hay una calle dedicada en Villarrubia al erudito que desenterró esta especie de Fuenteovejuna manchega, Trevor J. Dadson, el famoso hispanista editor de la poesía de Gabriel Bocángel y del Conde de Salinas, el último quien glosó aquel famoso y fatalista mote de "yo he hecho lo que podido / Fortuna, lo que ha querido".
En La Mancha estos ejemplos de desobediencia civil no cunden mucho. Se prefieren las iniciativas individuales, las quijotadas de las que siempre se ríen los manchegos. El prototipo de manchego es ese, el que se cachondea del idealismo y de la honestidad de los demás, de los Quijotes y de los Sancho Panzas. Porque el manchego típico no es ninguno de esos y no tiene un monumento en ninguna plaza de ningún pueblo ni ningún museo. El manchego típico es el que hoy llamaríamos gilipollas Sansón Carrasco. La Mancha está llena de sansocarrascos.
Don Quijote y su creador eran unos liberales; estaban obstinados en liberar galeotes malandrines. Cuando Cervantes se escapaba siempre era denunciado por un gilipollas aprovechado o renegado, un chaquetero, diríamos, así hasta cuatro veces. Y "aprendió a tener paciencia en la adversidad". Paciencia ante los gilipollas. Cervantes, que tantos amigos tenía, no era manco, tenía anquilosada la mano por herida de guerra, llevaba unos anteojos rotos (era muy caro comprar otros nuevos) y padecía una cierta tartamudez nerviosa. Pero lo que cuenta de él es que era un liberal, el primero de nuestras letras, un defensor acérrimo del individuo, pero del individuo de bien, con la patria más encogida y chica del mundo, tanto, que ni siquiera se le acordaba el nombre. Era un liberal que repartía la riqueza que conseguía entre sus regocijados amigos. Por el contrario los galeotes, igual de individualistas, eran unos liberales de lo ajeno, falsos liberales, en realidad políticos en el fondo y en la forma, tan pillos como los que llenaban el tribunal baratariesco del honesto Sancho Panza. Porque Sancho Panza era honesto, algo que se suele olvidar, algo que con la amistad compartía con su señor, del que tantas otras cosas superficiales le separaban. El liberal reparte su riqueza en el pueblo que le ha ayudado a conseguirlos, al contrario que el oligarca, el cacique, el injusto, en suma.
En el barrio Gamonal de Burgos alguien quiere excretar una cementada y que encima le paguen por ello. Es un exconvicto y constructor, Méndez Pozo, defensor de sus intereses a través del Diario de Burgos, Las Tribunas de las provincias manchegas y qué sé yo qué más prensa petarda. Contra él y su cacique y secuaz, un alcalde elegido por normas alérgicas a las listas abiertas y a partidos "cuyo funcionamiento deberá ser democrático" (Constitución dixit; ¡hay que ver cuánta corrupción cabe y ha cabido en ese deberá ser!) se ha levantado un barrio entero. Se quejan de que se gaste un dineral muy superior a la guardería que les han negado porque no había dinero, como les han negado también otros servicios, incluso los de mear, y tan elementales como el alumbrado público suficiente y paradas de autobús. Es así el desdén del Ayuntamiento (con perdón por la obscenidad), que es mucho desdén y ha convertido al barrio en un arrabal, si no en un Rabal a secas, como el de Barcelona.
En La Mancha nos preciamos de tener a buenos defensores del bien común. El más grande, sin duda alguna, fue Félix Mejía, en el siglo XIX. Vaya si puso en problemas al poder, que ni es público ni nunca lo ha sido en un país donde nunca llegó a existir un partido de izquierda, y cuando lo hubo, el demócrata, fue sistemáticamente ignorado por la componenda canovosagastina promonárquica, alternancia que hemos soportado estos últimos cuarenta años de desdemocracia y neofranquismo bajo las órdenes de todos esos hijos de Franco, legítimos peperos o ilegítimos pesotas, pero nunca favorables al pueblo demócrata y honrado. Y a Félix Mejía, luchador por la democracia, la representatividad y la libertad, quien dijo que no hay libertad, igualdad ni fraternidad sin justicia, que hablaba del hambre en el pueblo y fue quien primero pronunció la palabra democracia con el sentido que tiene hoy actualmente, nadie lo recuerda, ni siquiera el nombre de una calle en Ciudad Real. Es preferible que los constructores las bauticen con nombres de ciudades y países y demás señales de geografía. Que no se lea, que no se lea nada, ni siquiera de historia de la libertad, ni en el nombre de una calle. El ninguneo, el oscurantismo, la estulticia falsa e interesada, el "no lo veo claro", el olvido, la marginación en suma: armas habituales de los reaccionarios de siempre para hacer lo que siempre hacen: nada. ¿Seguiremos así?
Hoy parece que una mitad de España es como esa mitad del pueblo de Villarrubia. Ya no se cree nada salvo que la quieren joder; y lo único que puede hacer es resistir pasivamente y engañar a los que engañan. Ya no va a permitir más jodienda. Hay iniciativas e ideas que están cundiendo en progresión geométrica. El sabio desánimo me indica sin embargo que lo que se hará es parchear la Constitución; eso es lo que hay que evitar: es precisa una
Constitución nueva para una nueva tercera España, que es la gran mayoría del pueblo honesto, sufrido y trabajador. Ese pueblo al que solo le dejan leer y oír lo que conviene a las otras dos Españas.
Este jueves, a las siete y media, daré una conferencia en el Convento de La Merced, antiguo Instituto Femenino, sobre Félix Mejía a las siete y media. Estáis invitados.
miércoles, 15 de enero de 2014
El karma y el Evangelio
Todo el mundo ha oído hablar de Lázaro, el amigo de Jesús; pero hay otro lázaro en los Evangelios que es el sujeto de una parábola muy oscura y aterradora, que tiene mucho en común con el karma y el cielo y el infierno de los budistas (quizá sea de origen oriental). Corresponde a este pasaje de Lucas XVI, 19-31 (uso la versión protestante de la Biblia Reina-Valera revisada en 1960)
El rico y Lázaro
19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.
20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,
21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.
23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.
25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.
31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
miércoles, 8 de enero de 2014
Ley del embudo, II
Tomado del auto del Juez Castro:
"Cuando finalice la instrucción de esta pieza separada y se vuelva a la normalidad procesal, quizá pocas personas quieran recordar que para llamar a una persona a prestar declaración en calidad de imputada, trámite este que por millares se viene llevando a cabo cada día en los juzgados de España (...), se ha precisado escribir poco menos que un tratado de derecho procesal".
"Cuando finalice la instrucción de esta pieza separada y se vuelva a la normalidad procesal, quizá pocas personas quieran recordar que para llamar a una persona a prestar declaración en calidad de imputada, trámite este que por millares se viene llevando a cabo cada día en los juzgados de España (...), se ha precisado escribir poco menos que un tratado de derecho procesal".
Utilidad de la cultura e inutilidad de la Política
Juan Peces, "La cultura es inútil, afortunadamente", en EL País, 8 de enero de 2014:
La crónica de sucesos acaecidos en París el 26 de diciembre de 2013 revela que un hombre de letras desesperado, enojado contra unas instituciones indiferentes a su amor apasionado por la cultura, embistió con su coche las puertas enrejadas del palacio del Elíseo. El conductor, Attilio Maggiulli, no pudo soportar lo que consideraba un desprecio oficial hacia el proyecto de su vida, el Théâtre de la Comédie Italiénne —que perdió casi un 50% de subvenciones públicas en tres años—, y no halló forma mejor de presentar su memorial de agravios que estampando su indignación contra la sede oficial de la presidencia de la República Francesa.
Hasta ahí la historia resumida de Maggiulli. Esta crónica aborda, sin embargo, la historia de otro hombre de letras indignado, el profesor italiano Nuccio Ordine (que figura en su partida de bautismo como Diamante Ordine). Con los mismos o parecidos personajes —una cultura apuñalada, una educación asfixiada y un pueblo adormecido—, Ordine (Diamante, 1958) ha preferido usar la palabra para embestir contra la ignorancia promovida desde las instituciones y advertir de sus efectos a la ciudadanía. Si dejamos que nos roben el legado de nuestros antepasados y que se mutile el conocimiento, avisa, no es que dejemos de ser personas cultivadas: es que las generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto.
El vehículo empleado por Ordine para su clamor profético es el manifiesto titulado La utilidad de lo inútil, cuya publicación en España debemos a Jaume Vallcorba, padre de las editoriales mellizas Acantilado y Quaderns Crema, y al traductor y profesor de Filosofía Jordi Bayod Brau.
Ordine, profesor de prestigiosas universidades, experto en el Renacimiento y director de varias colecciones de clásicos en la editorial Les Belles Lettres de París, se dice “emocionado” por la recepción de su libro en Barcelona, donde fue presentado recientemente, y en Madrid (donde fue apadrinado por Fernando Savater). “La gente me abrazaba y me daba las gracias. Un estudiante me dijo: ‘Decidí estudiar Filosofía y Paleografía contra la voluntad de mi padre, que me preguntaba para qué servía eso. Su libro me ha reafirmado en mi decisión”, recuerda.
La tesis central del libro puede ser resumida en la idea de que la literatura, la filosofía y otros saberes humanísticos y científicos no son inútiles, como cabría deducir de su progresivo destierro en los planes educativos y presupuestos ministeriales, sino imprescindibles. “El hecho de ser inmunes [dichos saberes] a toda aspiración al beneficio” constituye, según el autor, “una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”.
Como en un coro griego, Nuccio Ordine arma una defensa coral del conocimiento apoyándose en aquellos autores que le precedieron en su empeño. Dante, Petrarca, Moro, Campanella, Bruno, Bataille, Keynes, Steiner, García Márquez, Cervantes, Shakespeare, Platón, Sócrates, Séneca, Heidegger, Cioran, García Lorca, Tocqueville, Hugo, Montaigne… son reclutados y contextualizados para mostrar “la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignitas hominis, el amor y la verdad”.
¿Por qué este libro? “Llevo 24 años como profesor intentando convencer a mis alumnos de que no se viene a la universidad a obtener un diploma, sino a intentar ser mejores, esto es, a aprender a razonar de forma autónoma”. Para Ordine, la transmisión del amor por el conocimiento es un deporte de combate. Y eso implica desmontar algunas ideas materialistas imbuidas por el sistema capitalista. “La gente piensa que la felicidad es un producto del dinero. ¡Se engañan!”, afirma.
Dicha pretensión se ha extendido ya a todos los ámbitos. “El utilitarismo ha invadido espacios en los que que no debería haber penetrado nunca, como las instituciones educativas”, denuncia el profesor calabrés. Y advierte: “Cuando se recorta el presupuesto para las universidades, las escuelas, los teatros, las investigaciones arqueológicas, las bibliotecas… se está cercenando la excelencia de un país y eliminando cualquier posibilidad de formar a toda una generación”.
El autor se apoya también en un discurso ¡de 1848! de Víctor Hugo ante la Asamblea constituyente de Francia, donde el escritor pronunció estas palabras: “Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”. Dice Ordine que cuando leyó ese discurso pegó un salto hasta el techo, y hace suyas las tesis de Hugo al afirmar (exclamar, más bien) que “¡es en las épocas de crisis cuando hay que doblar el presupuesto para la cultura!”.
El manifiesto incluye también un escrito premonitorio de Abraham Flexner, publicado en 1939, que evangeliza sobre la importancia de la ciencia. “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos”, explica Ordine. “El estado no puede renunciar a la ciencia básica [en aras del beneficio]; por eso he escrito un capítulo dedicado a las universidades entendidas como empresas”.
La utilidad de lo inútil no es sólo un argumentario contra la deriva del utilitarismo o el “satánico comercio” (Baudelaire): es también un manual para superar lo que el autor del libro llama “el invierno de la conciencia” y para recordar, con Montaigne, que “es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”.
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martes, 7 de enero de 2014
Apólogo del teorema de Thomas
El teorema de Thomas es un principio bien conocido en Sociología y muy padecido por todos los que intentamos desentrañar la realidad. En realidad podría atribuirse a Cervantes, porque fundamentalmente afirma que las cosas no son lo que parecen y no parecen lo que son... para la minoría de la gente. La realidad se transforma al observarla, esto es, al interpretarla.
Menos literariamente, se formula así: "Si las personas definen una situación dada como real, esta lo es en sus consecuencias". Esto es, una impresión subjetiva puede proyectarse sobre toda una colectividad a la que se la supone enteramente racional cuando no lo es. En cierta manera, adapta la famosa tesis sobre Feuerbach de Marx: "si hasta ahora se ha tratado de entender la realidad, ahora solo hay que tratar de transformarla". Pero la experiencia nos demuestra que tarde o temprano hay que regresar de la utopía a la realidad, y eso, que es una consecuencia, ha sido doloroso porque la realidad se suele instrumentalizar, como bien demostró Naomí Klein, para culpabilizar a quienes solo tienen la culpa de haber creído lo que los proyectores de esa ficción subjetiva nunca creyeron, mediante la doctrina del shock y el auxilio de sus afiliados y aliados medios de comunicación.
Así pues, esta ley, de apariencia tan vacua, es en realidad muy importante... por sus consecuencias. Como ha sido extraída de los hechos, no puede negarse sin negar los hechos. Y se confirma por su poder predictivo. Puede explicar muchas otras cosas, como la génesis de factoides, leyendas urbanas y hasta los cuentos chinos con que nos vienen a alucinar los inservibles políticos que padecemos.
Más gravemente, las leyes de la propaganda política y la publicidad, incluida la generación de cualquier fanatismo, emanan de este principio, que es una rama o derivación del principio de Wilfredo Pareto, quien afirma que solo uno de cada cinco se mueve por razones lógicas (logos), esto es, por hechos reales... y no por ethos o pathos, que es lo que siguen los otros cuatro.
Concluyendo: siempre los burros tendrán que tirar del carro y siempre los zorros irán montados en él, aunque la situación sea tan dinámica que con frecuencia hagan falta nuevos burros para tirar del mismo carro: incluso antiguos zorros travestidos de burros, que no podrán con él. E, inversamente, muchos antiguos burros harán de zorros y guiarán el carro hacia el desastre. Porque la realidad es tozuda y, como dice la moraleja de todas las fábulas grecolatinas con una unanimidad que abate considerablemente las ilusiones que nos hacemos sobre la hipotética maleabilidad de la naturaleza humana, es imposible cambiar lo natural por mucho que se disfrace.
Una aplicación del teorema de William I. Thomas puede hacerse al caso de los caracteres nacionales, ilusión subjetiva muy antigua y decimonónica, harto persistente, que ha aprovechado un individuo como el señor llamado Arthur Mas para proyectar sobre la realidad, como otros han aprovechado la persistente ilusión subjetiva de la Guerra de Cuba para acentuar nuestro carácter de antiestadounidenses. La ilusión de Cataluña es, en realidad, tan ilusa como la ilusión llamada España o incluso la ilusión llamada Europa para aquellos cuyo propósito es solo comer todos los días, algo patatero o vulgar, pero que está en la sustancia de los hechos y de la realidad. Todas esas ilusiones tienen consecuencias que pagamos los demás con el precio de los hechos. Y los hechos, en Europa, generalmente, aunque en unos países más que otros, se resumen en que aumenta la pobreza a costa de una clase media que es cada vez más delgada y proyecta sus desilusiones y sus ilusiones en la pantalla de la realidad, que muchas veces tiene forma de TV. Una clase media que fue la que alumbró la aparición de los estados nacionales en el siglo XIX con una de sus características ideológicas más asentadas, el individualismo o subjetivismo.
Evidentemente, unos sueños e ilusiones son más objetivables que otros. Cuanto más se asocien a los hechos, tan vulgares, pero tan necesarios, como comer todos los días o poder entender un periódico, por ejemplo, y más compartidas sean, más parecidas serán las utopías a la verdad.
Menos literariamente, se formula así: "Si las personas definen una situación dada como real, esta lo es en sus consecuencias". Esto es, una impresión subjetiva puede proyectarse sobre toda una colectividad a la que se la supone enteramente racional cuando no lo es. En cierta manera, adapta la famosa tesis sobre Feuerbach de Marx: "si hasta ahora se ha tratado de entender la realidad, ahora solo hay que tratar de transformarla". Pero la experiencia nos demuestra que tarde o temprano hay que regresar de la utopía a la realidad, y eso, que es una consecuencia, ha sido doloroso porque la realidad se suele instrumentalizar, como bien demostró Naomí Klein, para culpabilizar a quienes solo tienen la culpa de haber creído lo que los proyectores de esa ficción subjetiva nunca creyeron, mediante la doctrina del shock y el auxilio de sus afiliados y aliados medios de comunicación.
Así pues, esta ley, de apariencia tan vacua, es en realidad muy importante... por sus consecuencias. Como ha sido extraída de los hechos, no puede negarse sin negar los hechos. Y se confirma por su poder predictivo. Puede explicar muchas otras cosas, como la génesis de factoides, leyendas urbanas y hasta los cuentos chinos con que nos vienen a alucinar los inservibles políticos que padecemos.
Más gravemente, las leyes de la propaganda política y la publicidad, incluida la generación de cualquier fanatismo, emanan de este principio, que es una rama o derivación del principio de Wilfredo Pareto, quien afirma que solo uno de cada cinco se mueve por razones lógicas (logos), esto es, por hechos reales... y no por ethos o pathos, que es lo que siguen los otros cuatro.
Concluyendo: siempre los burros tendrán que tirar del carro y siempre los zorros irán montados en él, aunque la situación sea tan dinámica que con frecuencia hagan falta nuevos burros para tirar del mismo carro: incluso antiguos zorros travestidos de burros, que no podrán con él. E, inversamente, muchos antiguos burros harán de zorros y guiarán el carro hacia el desastre. Porque la realidad es tozuda y, como dice la moraleja de todas las fábulas grecolatinas con una unanimidad que abate considerablemente las ilusiones que nos hacemos sobre la hipotética maleabilidad de la naturaleza humana, es imposible cambiar lo natural por mucho que se disfrace.
Una aplicación del teorema de William I. Thomas puede hacerse al caso de los caracteres nacionales, ilusión subjetiva muy antigua y decimonónica, harto persistente, que ha aprovechado un individuo como el señor llamado Arthur Mas para proyectar sobre la realidad, como otros han aprovechado la persistente ilusión subjetiva de la Guerra de Cuba para acentuar nuestro carácter de antiestadounidenses. La ilusión de Cataluña es, en realidad, tan ilusa como la ilusión llamada España o incluso la ilusión llamada Europa para aquellos cuyo propósito es solo comer todos los días, algo patatero o vulgar, pero que está en la sustancia de los hechos y de la realidad. Todas esas ilusiones tienen consecuencias que pagamos los demás con el precio de los hechos. Y los hechos, en Europa, generalmente, aunque en unos países más que otros, se resumen en que aumenta la pobreza a costa de una clase media que es cada vez más delgada y proyecta sus desilusiones y sus ilusiones en la pantalla de la realidad, que muchas veces tiene forma de TV. Una clase media que fue la que alumbró la aparición de los estados nacionales en el siglo XIX con una de sus características ideológicas más asentadas, el individualismo o subjetivismo.
Evidentemente, unos sueños e ilusiones son más objetivables que otros. Cuanto más se asocien a los hechos, tan vulgares, pero tan necesarios, como comer todos los días o poder entender un periódico, por ejemplo, y más compartidas sean, más parecidas serán las utopías a la verdad.
En España la justicia no emana de la sociedad, esto es, del pueblo, y por tanto no existe.
Si en España hay una constitución no escrita, desde luego es la denominada Ley del Embudo; pero, pensándolo bien, está escrita. No solo en la Constitución que padecemos, sino en otras leyes como esta, que cita El País de hoy:
"La imputación de la Infanta que acaba de decidir el juez José Castro está respaldada, de momento, únicamente por una acusación popular, la del pseudo sindicato Manos Limpias. Ni la Abogacía del Estado ni la fiscalía apoyan la acusación. Al ser estos los perjudicados directos por el supuesto delito cometido, y en el caso de que pidan el archivo de la causa en lo que concierne a la esposa de Iñaki Urdangarin, la infanta Cristina podría librarse de sentarse en el banquillo con la aplicación de la doctrina Botín.
La doctrina Botín fue dictada por el Tribunal Supremo en diciembre de 2007, cuando el pleno de la Sala de lo Penal, por nueve votos a cinco, decidió avalar la decisión de la Audiencia Nacional y limitar así la acción de las acusaciones populares, a las que no se considera legitimadas para pedir la apertura de juicio oral cuando la Fiscalía y los perjudicados solicitan el sobreseimiento de la causa. “No puede abrirse juicio oral solo a instancias de la acusación popular, sino que es necesario que lo inste bien el Ministerio Fiscal, bien el acusador particular”, señaló la Audiencia Nacional en su auto.
La sentencia del caso Botín se fundamentó en el artículo 782.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala que si el Ministerio Fiscal y el acusador particular piden el archivo así debe acordarlo el juez, mientras que no señala nada de la acusación popular".
"La imputación de la Infanta que acaba de decidir el juez José Castro está respaldada, de momento, únicamente por una acusación popular, la del pseudo sindicato Manos Limpias. Ni la Abogacía del Estado ni la fiscalía apoyan la acusación. Al ser estos los perjudicados directos por el supuesto delito cometido, y en el caso de que pidan el archivo de la causa en lo que concierne a la esposa de Iñaki Urdangarin, la infanta Cristina podría librarse de sentarse en el banquillo con la aplicación de la doctrina Botín.
La doctrina Botín fue dictada por el Tribunal Supremo en diciembre de 2007, cuando el pleno de la Sala de lo Penal, por nueve votos a cinco, decidió avalar la decisión de la Audiencia Nacional y limitar así la acción de las acusaciones populares, a las que no se considera legitimadas para pedir la apertura de juicio oral cuando la Fiscalía y los perjudicados solicitan el sobreseimiento de la causa. “No puede abrirse juicio oral solo a instancias de la acusación popular, sino que es necesario que lo inste bien el Ministerio Fiscal, bien el acusador particular”, señaló la Audiencia Nacional en su auto.
La sentencia del caso Botín se fundamentó en el artículo 782.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala que si el Ministerio Fiscal y el acusador particular piden el archivo así debe acordarlo el juez, mientras que no señala nada de la acusación popular".
lunes, 6 de enero de 2014
Rafael López de Haro, un novelista conquense que escribió en La Tribuna de Ciudad Real.
Uno de los grandes novelistas manchegos del siglo XX es hoy prácticamente un desconocido, así que, para vindicarlo, le he escrito un artículo en la Wikipedia, aquí. Es Rafael López de Haro. Por cierto, no sé si sabréis que escribió en La Tribuna de Ciudad Real allá por 1907.
viernes, 3 de enero de 2014
Galdós ha levantado la cabeza, ha dicho lo mismo que en 1912, y se ha vuelto a morir.
"Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación [...] Alarmante es la palabra Revolución. Pero si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeldía. En la situación a que llegaréis andando los años, el ideal revolucionario, la actitud indómita si queréis, constituirán el único síntoma de vida. Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento [...] Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, paupérrima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…"
Benito Perez Galdós, Cánovas, 1912.
¡Qué bien veía! ¡Y eso que estaba ciego!
¡Qué bien veía! ¡Y eso que estaba ciego!
lunes, 30 de diciembre de 2013
El poema del periodista
Rudyard Kipling:
I keep six honest serving-men
(they taught me all I knew);
their names are What and Why and When
and How and Where and Who.
I keep six honest serving-men
(they taught me all I knew);
their names are What and Why and When
and How and Where and Who.
A seis honestos servidores sigo
que me enseñaron cuanto he sabido;
sus nombres son Qué, Por qué,
Cuándo y Cómo, Dónde y Quién.
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Jason Webster, Max Cámara y la mafia del azafrán manchego.
Para aquellos a los que gusta la literatura anglomanchega (sería un buen tema para otro artículo), me gustaría recomendaros a un arabista, hispanista y novelista policíaco bastante desconocido (está bien, totalmente desconocido) para nosotros, manchegos, y para los españoles en general, que reclama algún interés, por lo cual le he abierto una entrada en la Wikipedia, así como esta nota. Se trata de Jason Webster, nacido en San Francisco en 1970 y largo tiempo residente en Valencia, donde se casó con una bailarina de flamenco y tuvo un hijo. Sus tres novelas policiacas están protagonizadas por el inspector manchego Max Cámara, pero me interesa en especial la tercera, publicada en este año y ambientada en La Mancha y no en Valencia, como las dos anteriores.
Resulta que, enviado de permiso tras su último y brutal caso, Max Cámara regresa a su natal ciudad manchega, en la raya de Albacete, famosa por producir el mejor azafrán del mundo. Allí, el pasado sigue tirando de él, porque están exhumando una fosa común de la Guerra Civil; su abuelo Hilario sufre un derrame cerebral y se comporta de manera extraña y su viejo amigo Yago está investigando un asesinato, el de una joven, particularmente desagradable. Estos hechos disparan los recuerdos del inspector sobre el asesinato de su hermana cuando él era niño, algo que Max ha querido enterrar infructuosamente en sí mismo durante años. Para colmo, descubre la corrupción que envuelve el comercio internacional del azafrán: alrededor del noventa por ciento del azafrán que se vende en el mundo se etiqueta como "español" y, sin embargo, España produce menos del diez por ciento de la cosecha anual total. La novela se titula The Anarchist Detective, y ha sido publicada en este año que ya acaba, 2013. Todavía estáis a tiempo de traducirla.
Todo es decirlo: estos precios han tenido consecuencias imprevistas: faltan cormos y la demanda es mucho mayor que la producción, así que el kilo de cormos (los bulbos de los que brotan las florecillas moradas o rosas del azafrán) ya se cotizan a seis euros el kilo, que también es diez veces más de lo normal, según señala La Tribuna de Albacete. Como para iniciar lo que pasó hace siglos, la primera crisis capitalista de la historia, que fue también de bulbos, pero en este caso de tulipanes holandeses. Buen motivo para que Webster imagine en su novela toda una mafia del azafrán. Una mafia que corta o adultera el producto como si fuese cocaína.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Sobre muertos y tumbas
El ayuntamiento (perdón por la obscenidad) se ha sacado, no diré de dónde, un impuesto nuevo, contra natura, si es contra natura ir contra el principio de que las leyes no pueden negar derechos adquiridos legalmente, y quiere cobrarnos un impuesto ya no solo por tener ventanas y aire, sino por tener muertos, en un lugar que los papeles dicen es a perpetuidad, como la misma muerte. Rosa quiere resucitarlos y hacerles pagar, incluso a los diminutos niños muertos que tan poco espacio ocupan. Nos quiere hacer más costosa la vida y que no tengamos ni dónde caernos. Dice ahora que no es a perpetuidad, que es un alquiler, y que paguemos. Negando el diccionario, nos quiere cobrar una tasa o se cagará en nuestros muertos, o, lo que es igual, los mandará a la fosa común, donde tendrán derecho a lo que tiene todo el mundo, que es muy común: tierra y gusanos.
No me niego, si cobran también el alquiler de la fosa común e incluso de las fosas no comunes, esas que hay por el campo y las cunetas, y ya que estamos, si cobran también el alquiler a los inquilinos del Valle de los Caídos o, en su defecto, a los herederos. La justicia ha de ser para todos, esto es, común. Como en la Danza de la Muerte: "Desde el papa / hasta el que no tiene capa"
Se supone que estamos en el mercado común; y un muerto es una cosa, no una persona, así que se puede comprar y vender e incluso alquilar. No sé qué será de los muertos de la señora Rosa; de la rosa dicen muchas cosas los refranes y los poetas, pero me parece que la rosa que me ocupa se va a ganar un nombre de la rosa muy poco atractivo. Un muerto es un producto de los tiempos, diríamos, y hasta una tasa lo es, no polvo que se lleva el viento por haber echado un polvo. "De este mundo sacarás / lo que metas, nada más". Quisiera que la economía del crecimiento cero que recomienda el sabio refrán fuera la que siguieran nuestros sabios legisladores municipales, que quieren explotar lo que ya decía Lope de Vega, que los pleitos son hasta lo judicial perjudiciales, queriendo cobrar a los ignorantes lo que no es a derecho ni al revés; hacen de la esperanza un esqueleto. Hasta de la esperanza de Resurrección, que nos que crean mucho esos incrédulos. El tiempo que nos hizo, nos deshace, que escribía Octavio Paz cuando andaba obsesionado con Quevedo. No sé cómo arreglarán en el cielo los matrimonios múltiples en la tierra de los viudos; más coherente me parece la postura del Islam, aunque algo machista, si los curas católicos admiten la monogamia y hasta los gametos de los monos que nos hacen, el día que la evolución sea teología. Pues eso y que detesto lo que legislan los abogados de secano del ayuntamiento: que agua pasada no mueve molino. Un refrán que, al contrario que el otro, no es nada sabio y no mueve molino. Sanchopancescos que somos.
Enseñanza
Qué falta de educación y cuán mala gente son estos chicos de Internet; ya no respetan a nadie.
Y este otro también es de bastante mala educación.
Pero claro, hay que procurar que los chicos tengan sentido crítico...
Pero claro, hay que procurar que los chicos tengan sentido crítico...
viernes, 27 de diciembre de 2013
Buenos tiempos para la épica
Malganado o de mala gana, que es casi la única que tengo, suelto las palabras del aprisco donde se encierran, para que pasten sobre la nada, que es lo que mejor se me da, y no se me mueran. Esto de escribir es incurable y uno tiene que aislarse enfermo en casa y en otras rutinas para evitar que estalle el huevo de la serpiente y salga el hilo de gusano de la prosa, venda de momia para el capullo que se deslía, y pudra un poco más esta manzana que nos rodea. Porque el contacto con lo distinto multiplica barbaridad, yo es otro, que decía el niño. Ejemplo, cuando voy a Madrid al momento se me hincha la literatura y no puedo parar de escribir, privándome de momentos preciosos de vida no papelera, si fuera tan vidorra como ya me gustaría. Al monstruo hay que retenerlo en la bota o en la botella, que si no termina embotellándote a ti mismo en el matraz de un ámbar y, encima, no te concede ningún deseo. Que otros se rasquen la lámpara y produzcan humo, que a mí no me parece nada maravillosa porque sospecho que quien se quema soy yo. Qué mecánica y tramposa de retórica es esta cosa que llaman literatura, que solo sirve para arrancarse fuegos poéticos, sí, pero a costa de desmoronamientos y agotarse de vida.
Como muchos pertenecemos al Club de la Lluvia, formado por todos los que salen solamente cuando llueve y las calles se vacían de golfos, yo, rodeado de pronto por la estampida, me escapo y, bajo un cielo podrido por las larvas de las gotas, me topo con los del club: abrevadores de silencio a los que les gusta conversar bajo una ruidosa cantera de nubes con otros ahogados bajo el agua celestial. El otoño ha venido tardío y con cuernos enredados como parras, esto es, cabrón, y nos bautiza con uvas húmedas y hojas medio muertas transfiguradas contra el sol en áurea joyería, como hacen los niños líricos, que son todos unos niños muertos.
Por Internet veo disparatar a una balbuciega siseñora cospedorra, casi parecida a la Cospedal esa de los recortes de cirujano malo que no sabe curar. Y gobiernacomopuedas Barreda permanece dormido como un oso hibernal, esperando que el silencio se lleve todas las miserias de la emporcada Manchurria / Barataria y crezca otra vez, con ese necesario abono, la rosa, que no Díez. Dicen circulan por ahí Susana y el Viejo, y Rajoy trota pontevedrescamente sobre los presupuestos aplastando con saña a los pobrecicos, que son siempre los primeros que padecen los errores de los poderosos, la encogida de la pensión, el sobrecogimiento del caballero mamandante y el frío de los recibos eléctricos. Rajoy es un Rajoy sapiens: cree sabérselo todo y tiene un culo tan cerrado por la propaganda que ni siquiera le salen los pedos. Pero a la gente le parece un homo de Atapuerca, ese que se comía a la gente. Cómeme el alfil, reina.
Arrea y atiza son interjecciones de asombro que han desaparecido de una época desilusionada como la nuestra; ni siquiera en la Iglesia está para milagros aquí en estas páginas donde los compañeros le zurran la badana de firme, unas veces con razón y otras sin ella, pero siempre con corrección y honestidad. Y uno es incorrecto y deshonesto porque hasta a las palabras las han desvirtuado y la corrección de los correctos ya es podredumbre, y la honestidad de los honestos es una cagalera ridícula y la gente ya solo cree en los hechos y no en tanta ridícula palabrería que no, nunca, sabrá a literatura, esa literatura de la que hablábamos al principio.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Citas
Leído por ahí:
"En México lo único verdaderamente democrático es el olvido"
"Henry Miller había ido a Estados Unidos porque su padre se estaba muriendo, y encontró que era el país entero el que se había entregado a la muerte; el consumo calmaba las iras del aburrimiento y él preveía que esas ciudades que alguna vez fueron bellas e ingenuas se iban a devorar a sí mismas. Él vio ahí “el derrotismo de América”, la decrepitud de Nueva York, la estúpida aspiración al patriotismo como una religión. Algún día, frente a todo esto, habría que vivir "en cavernas democráticas".
"En México lo único verdaderamente democrático es el olvido"
"Henry Miller había ido a Estados Unidos porque su padre se estaba muriendo, y encontró que era el país entero el que se había entregado a la muerte; el consumo calmaba las iras del aburrimiento y él preveía que esas ciudades que alguna vez fueron bellas e ingenuas se iban a devorar a sí mismas. Él vio ahí “el derrotismo de América”, la decrepitud de Nueva York, la estúpida aspiración al patriotismo como una religión. Algún día, frente a todo esto, habría que vivir "en cavernas democráticas".
Qué claro habla Snowden
De El País, hoy:
El exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, en sus siglas en inglés) Edward Snowden, cuyas revelaciones acerca del espionaje llevado a cabo por Estados Unidos y sus aliados han desencadenado un escándalo político y diplomático a escala global, ha afirmado en Moscú que su objetivo de su deserción no era destruir al espionaje de EE UU. "Trabajo para mejorar la NSA", declaró en una entrevista al diario estadounidense Washington Post, que ha publicado algunos de los papeles del exanalista. "Sigo trabajando para ellos. Ellos son los únicos que no se han dado cuenta".
"Lo que quería es que la opinión pública fuera capaz de decir algo sobre la forma en la que se le gobierna", afirma el exanalista. "Ese objetivo ya lo hemos alcanzado hace mucho". Snowden, en una entrevista que se ha extendido durante varios días, asevera que su misión "está cumplida" a un nivel personal. "Yo ya he ganado. En el momento en el que los periodistas han podido ponerse a trabajar, todo lo que he intentado hacer ha pasado a ser válido. Porque, recuerda, no quería cambiar la sociedad. Quería dar a la sociedad una oportunidad para determinar si quería cambiar", señala.
Snowden reconoce que no tenía como saber qué efectos iban a tener sus revelaciones. "Vas a ciegas", afirma. "Pero cuando consideras la alternativa, que es no actuar, te das cuenta de que hasta un poco de análisis es mejor que nada. (...) Desde el punto de vista de un ingeniero, desde un punto de vista de un informático, estaba claro que había que probar a hacer algo en lugar de no hacer nada".
El exanalista ha respondido a las acusaciones hechas por, entre otros, el director de la NSA, Keith Alexander, afirmando que, al revelar la profundidad y la amplitud del espionaje, Snowden había roto su promesa de guardar secreto. "Un voto de fidelidad no es un voto de silencio", considera. "Es un juramento de fidelidad a la Constitución. Ese es el voto que he guardado y que ni Keith Alexander ni James Clapper [director de Inteligencia Nacional] han mantenido".
Ante la pregunta de quién le ha dado a Snowden la potestad de erigirse en guardián de la Constitución, el exanalista responde: "A mi me eligieron los que me supervisaban. Dianne Feinstein [presidenta del Comité de inteligencia del Senado] me la dio cuando hacía preguntas inocuas en las sesiones del comité". Snowden recuerda que "el sistema ha fallado de una forma global, y cada nivel de vigilancia, cada nivel de responsabilidad que debía haber tratado el tema, ha abdicado su responsabilidad. Y remacha: "No es que me den esa responsabilidad como individuo —no es que esté especialmente cualificado, no es que sea un ángel descendido de los cielos— sino que se la den a alguien en alguna parte. Tienes la capacidad [de tratar del tema] y te das cuenta de que todos los que están sentados a la mesa tienen esa capacidad pero no lo hacen. Así que alguien tiene que ser el primero".
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