jueves, 2 de octubre de 2014

Internet evita concentrarse



Karelia Vázquez, “¿Estudia en Internet sin distraerse? Internet está repleto de gratificaciones inmediatas para procrastinar y perder el tiempo. Las plataformas de e-learning experimentan con diseños anti dispersión”, en El País, 1 OCT 2014:

El novelista Jonathan Franzen considera que es imposible escribir una buena novela desde un ordenador conectado a Internet. Por eso trabaja en un dispositivo marca Dell al que ha arrancado la tarjeta wireless. Además, para protegerse de todas las tentaciones ha taponado con superglue todos los agujeros del ordenador por los que se podría conectar un cable de Internet. El escritor lo contó a la revista TIME y recomienda a todo aquel que pretenda trabajar con un nivel mínimo de concentración e interferencias hacer lo mismo.

Internet es una fuente de dispersión inagotable. Puede usted procrastinar sin límite alguno en sus brazos. Saltar de una ventana a otra y perder la noción del tiempo. Cuando consiga despertar habrá perdido al menos un par de horas de productividad y le costará horrores volver a concentrarse. Mientras un escritor como Jonathan Franzen puede permitirse la abstinencia digital alguien que se apunte a un curso online no podrá disfrutar de semejante excentricidad. A través de Internet le vendrá el conocimiento y la distracción. Todo a un tiempo y en el mismo pack. Y, sí, la mayoría de los mortales somos más sensibles a una cosa que a la otra.

En el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus) el periodista tecnológico Nicholas Carr sugiere que la Red podría estar rediseñando nuestro cerebro para que prefiera consumir información corta, desarticulada y frecuentemente servida en explosivas cascadas, en lugar de las presentaciones largas, constantes y lineales que caracterizan a la lectura profunda o al estudio. ¿Cómo es posible entonces aprender en Internet, el lugar más disperso al que hayamos tenido acceso jamás?

Trabajamos o estudiamos como promedio con ocho ventanas abiertas al mismo tiempo y saltamos de una a otra cada 20 segundos. No pasarán más de 15 minutos sin que sea usted interrumpido por alguna tarea digital pretendidamente urgente. Por ejemplo, gestionar el email, actualizar Facebook, chatear por Gtalk, satisfacer una repentina curiosidad en Google, buscar un vídeo en YouTube … Dichas tareas pueden venirle dadas por las circunstancias, pero en la mayoría de los casos será usted mismo quien interrumpa su ritmo de trabajo porque no querrá pasar más tiempo sin saltar compulsivamente de una cosa a la otra.

Las encuestas sugieren que el control de los impulsos se está haciendo más débil en el mundo de la gratificación inmediata.

En una encuesta realizada a 2500 personas por Webtrate, un software creado para liberar de Internet a estudiantes, escritores y trabajadores que necesitan concentrarse, más de la mitad de los entrevistados admitió que tenía problemas para controlar sus impulsos y abstenerse de echar un vistazo a su email o a sus redes sociales mientras estudiaba o trabaja. Más del 60% dijo abandonar su línea de pensamientos para responder un correo o comentar en las redes sociales mientras trabajaban o escribían textos que requerían concentración máxima.

Según el empresario y programador Will Little, quien creó y diseñó el software Webtrate, Internet a pesar de sus múltiples beneficios reduce nuestros niveles de productividad y nos ayuda a procrastinar más y mejor porque nos da acceso a “un menú inmediato de distracciones instantáneas”. “Parece que cada vez sentimos una necesidad más acuciante de saciar nuestros deseos de información nueva revisando el email, la Web o las redes sociales. El entusiasmo por descubrir algo nuevo es tan poderoso que puede más que un trabajo importante por hacer. Las encuestas sugieren que el control de los impulsos se está haciendo más débil en el mundo de la gratificación inmediata”, dijo en una rueda de prensa.

Los diseñadores y profesores de cursos online saben que tienen que luchar contra la competencia más feroz y cercana: Internet. Alexandra Maratchi, CEO de Homuork, una start up española dedicada al diseño de cursos online para la educación corporativa cuenta que experimentan con herramientas de diseño para no perder alumnos por el camino. “Trabajamos con la longitud de los vídeos. Los estudios demuestran que a partir del minuto ocho la atención cae en picado, así que los hacemos más cortos, usamos técnicas narrativas para contar los contenidos e intentamos que el propio curso parezca un escenario”
más información

Por su parte José I. Baile, profesor y vicerrector de Ordenación Académica de la UDIMA (Universidad a Distancia de Madrid) recuerda que estudiar en un medio online, no significa estar en Internet todo el tiempo. “La gran mayoría de los cursos online permiten obtener los materiales y descargarlos en el dispositivo para poder estudiarlos tranquilamente en cualquier lugar y momento, sin necesidad de tener acceso a la Red, para posteriormente volver a la plataforma y realizar ciertas actividades de aprendizaje o de evaluación. Esta sería una de las primeras reglas para no dispersarse: no estar siempre conectado con la excusa de que se está estudiando porque habitualmente no es necesario”. Este experto recomienda a los alumnos de la enseñanza online que se den descansos de diez minutos de ocio en Internet por cada 50 dedicados a estudiar. Para Baile, lo que suele dispersar mucho al estudiante es un curso online sin profesor. “Si la formación es autodidacta se suele requerir mayor motivación personal y concentración, capacidad de autocontrol, autorregulación y concentración”.

La pasividad lleva al aburrimiento, y éste a la dispersión. Es decir, si el curso no obliga al estudiante a hacer nada, salvo a ser receptor de información, pronto nos iremos a navegar por Internet sin orden y concierto y perderemos el hilo de lo que estábamos haciendo. Los cursos diseñados por Homuork han encontrado una fórmula para mantener al alumno alerta: “Cada cierto tiempo y sin avisar salta una pregunta que evalúa el desempeño del alumno, no le dejamos mucho tiempo solo e inactivo”, explica Alexandra Maratchi y agrega: “Además, intentamos que que las plataformas sean espacios agradables, que esté todo en la misma pantalla para que no haya que cambiar constantemente de una a otra. Por último, siempre dejamos ver la secuencia, que el alumno vea dónde empieza y termina el curso para que no desespere”. Maratchi lo resume en proponer al alumno suficiente variedad para que no se vaya a otro sitio y animarle con elementos “que parecen de ocio pero no lo son”. "¡Casi tratamos al estudiante como si fuera un espectador!"

¿Puede Internet salvarnos de Internet?

Paradójicamente Internet promete salvarnos de sí misma. Cada vez se crean más plataformas, software y aplicaciones online destinadas a hacernos más productivos y eficientes bloqueando el acceso a la Red de forma temporal o definitiva.

Webtrate

El software ofrece a “los estudiantes procrastinadores” hasta tres modalidades para liberarse de Internet. El primer paso es configurar cuánto tiempo la quiere usted tener bloqueada en su ordenador, luego puede elegir una de estas opciones: 1. Bloquear, pero si reinicia el ordenador podrá volver a conectarse. 2. Bloquear y aunque reinicie no podrá volver a Internet hasta tanto no se agote el tiempo de no conexión que ha configurado. 3. Permanecer conectado pero con un filtro que le impida acceder a los sitios donde suele dispersarse, por ejemplo, el correo electrónico y las redes sociales. Ofrece 30 días gratuitos de prueba.

Freedom

Aseguran sus creadores que su precio, 10 dólares (7 euros), serán una buena inversión porque lo convertirán en una persona eficiente. Esta aplicación ha sido probada por más de 500.000 usuarios y es compatible con Windows, Mac y Android. Freedom desconecta el ordenador de Internet por el tiempo que usted decida y lo libera (por ese tiempo) de las distracciones digitales que le impiden trabajar.

Isolator

Le ayuda a concentrarse y le quita de en medio todas las fuentes de distracción. Cuando se pone en marcha Isolator cubre el escritorio y esconde todos los iconos y aplicaciones y solo le deja ver el documento de trabajo en el que debe concentrar toda su atención.

SelfControl

Es una aplicación gratis compatible con Mac que permite bloquear el acceso a sus pecados digitales preferidos, incluidos los servidores de correo electrónico y las redes sociales. También le deja a usted decidir el tiempo de abstinencia y hacer su propia lista negra de sitios que preferiría no ver mientras está trabajando. Debe pensar bien sus decisiones porque Selfcontrol no le permitirá conectarse a Internet hasta que el tiempo elegido no se agote. No podrá hacerlo aún cuando reinicie el ordenador.

Cold Turkey

Es un programa para Windows que funciona como un bloqueador de aplicaciones, Web y todo lo que usted decida que no lo deja avanzar en sus tareas. “Una vez que el ordenador está bloqueado –dicen sus creadores- usted aumentará la motivación y prestará más atención a su trabajo.

StayFocusd

En lugar de bloquear las distracciones digitales por un periodo de tiempo determinado, esta herramienta le permite decidir cuánto tiempo quiere perder al día y limita las horas que va a pasar en esos sitios donde usted sabe que procrastina como un campeón. Puede decidir pasar 60 minutos al día en Twitter o en Youtube, darse una hora para Ebay o diez minutos para revisar su Instagram. Funciona en Google Chrome. Los usuarios de Firefox tienen una prestación similar con LeechBlock.

Time Out

Para mantener un buen nivel de atención y concentración se deben tomar descansos cada cierto tiempo de estudio. Esa es la misión de Time Out: programar sus descansos a intervalos de tiempo que usted debe configurar. La aplicación disponible para Mac se encargará de recordar cuándo le tocan sus diez minutos de descanso.

La pérdida del olfato presagia muerte próxima

De La Vanguardia, hoy:

La pérdida de olfato como vaticinio de una muerte no muy lejana. Dejar de sentir olores predice el fallecimiento en cinco años, según un estudio publicado por especialistas norteamericanos

Barcelona. (Redacción).- Un sorprendente estudio pone de relieve la importancia de un sentido a veces poco apreciado, con respecto a otros, como es el olfato. Un grupo de especialistas estadounidenses, presidido por Jayant Pinto, han llegado a la conclusión de que la pérdida del sentido del olfato no es causa de muerte como tal, pero predice un probable fallecimiento con mayor precisión que un diagnóstico de cáncer, insuficiencia cardíaca o enfermedad pulmonar.
Este grupo de investigadores defiende que dejar de sentir olores predice la muerte en cinco años, y es que el sentido del olfato sirve de referente para el estado general del cuerpo o como marcador de la exposición a toxinas ambientales.

Estos científicos llegaron a tal conclusión al investigar a unos 3.000 voluntarios de entre 57 y 85 años de edad, según detallan en un artículo publicado en la revista PLOS ONE. 

Entre los años 2005 y 2006 los médicos sometieron a los participantes a una simple prueba. Tenían que identificar cinco olores: rosa, cuero, pescado, naranja y menta. El número errores en la identificación sirvió a los investigadores de marcador para determinar la pérdida del olfato.
Cinco años después, los mismos investigadores intentaron encontrar al máximo número de voluntarios que tomaron parte de la prueba un lustro antes para volver a someterles a un análisis olfativo similar. La sorpresa vino cuando certificaron que 430 de los voluntarios originales habían muerto. Del total de participantes, un 39% había fallado el primer experimento, un 19% había mostrado una pérdida moderada del olfato y solo un 10% había pasado la prueba satisfactoriamente.
Los investigadores determinaron que aquellos voluntarios que fallaron en la primera prueba tenían una probabilidad cuatro veces más alta de morir en los cinco años posteriores que aquellos que habían identificado los cinco olores bien. La tendencia siguió siendo la misma cuando los científicos tomaron en consideración los factores que suelen influir en el olfato: raza, sexo, salud mental y nivel socioeconómico.

Los médicos estadounidenses han formulado incluso una explicación científica a sus conclusiones. Según deducen, la nariz puede pronosticar eficazmente la muerte debido a que la punta del nervio olfativo no solo contiene los receptores del olor sino también es la única parte del sistema nervioso humano continuamente regenerada por las células madre.
La aparición de las nuevas células se reduce con la edad, lo que desemboca en la disminución gradual de la capacidad de percibir e identificar olores. Una disfunción olfativa indica que el cuerpo está entrando en un estado de deterioro y ya no es capaz de repararse a sí mismo.
Cabe remarcar que los investigadores no han examinado las causas exactas de la muerte de sus voluntarios y tampoco han pronosticado si la gente joven mostraría los mismos resultados si se les sometiera a las mismas pruebas.

martes, 30 de septiembre de 2014

Ya no hay bárbaros

Menos jeta que Mas tuvo la bárbara masageta que, cuenta Herodoto, se atrevió a conquistar el reino de Ciro II el Grande y luego le hundió la cabeza en un cubo de sangre. A Más le meterán lo más en la cárcel (con permiso de aforamientos y tal) por un quítame allá un Lienchenstein, que nunca será un Linchenlen. Lo que tenía que haber hecho Mas es declarar la guerra a España, cruzar el Rubicón del Ebro y vengarse por haber perdido la Guerra de Sucesión, que fue como la de Secesión, pero hace trescientos años; ahí  es nada memoria histórica. Igual hasta gana (más que con Pujol).

Pero Mas es más blandengue que el autoinducido amor propio de una medusa lesbiana, que además de inmoral es inmortal, como la patria. Dulce et decorum est pro patria mori: "Dulce y honroso es morir en vez de que la casa paterna muera". La patria es la casa de los padres, como en el soneto de Quevedo: "Miré los muros de la patria mía". Los guardias civiles mueren, todo por la patria, para que no mueran sus padres. No porque su patria se lo ordene; pero Mas va a hacer el ridículo porque le tiraron un cañonazo hace trescientos años, como si los austracistas no nos hubieran tirado cañonazos a nosotros, aparte de darnos también el coñazo decimonónico. Pero es de suponer que la malvenida parvedad del asunto no será tal para algunos, la tonticie de siempre, y habrá desórdenes y hasta algún muertecito a causa de la gilipollez, ya más bien gilipatía, de quien piensa que la butifarra  solo alimenta con denominación de origen.

Se ve que el nacionalismo, como otras formas de propiedad, lo inventaron los banqueros para sacarle algún provecho económico a los tontos. Aquí, por el contrario, tenemos que soportar a una rosa poco fragante y sí muy flagrante que podría protagonizar el adagio lamentoso andante y final de la Patética, y me refiero a Pateta, el Cojuelo; porque sabemos de qué pie. No hay más Mariano que Mariano y Rosa es su mofeta:

Demasiado olorosa es esa Rosa
que añade el Romero a su perfume,
y cualquiera diría que presume
de taparle el tufillo a toda cosa.

La pereza me impide acabar el soneto. Rosa pastel nos ha traído un nuevo dulce confitado en su nuevo despacho y diseñado en su nuevo piso del Quesito. En la dantesca Rosa se cruzan, como para formar un hircocervo horaciano, el más dulzarrón Murillo con el más deprimente ya lo ves Leal. Ciudad Leal. Lo tiene todo, como el último Mahler. Uno puede ahogarse perfectamente en él sin encontrar siguiera una tabla flotante a que agarrarse. Caer más bajo solo pudo el gran Tchaikovski, en su cuarto movimiento y final.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La narrativa nació a la luz de una hoguera

J. de J. "Las historias antes de dormir nacieron en una fogata"  28/09/2014

El control del fuego hace cientos de miles de años permitió al ser humano alargar sus días y reforzar sus lazos sociales.

Cuando nuestros antepasados comenzaron a controlar el fuego hace entre 400.000 y 1 millón de años, las llamas no solo les permitieron cocinar sus alimentos o defenderse de los depredadores, también lograron algo igualmente fantástico (o más): hicieron sus días más largos. Reunirse alrededor de una fogata permitió a los grupos humanos compartir historias que les llevaron a reforzar sus lazos y desatar la imaginación para vislumbrar un sentido más amplio de la comunidad, según concluye un estudio de la Universidad de Utah (EE.UU.) publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

La investigación se ha llevado a cabo con el análisis de decenas de conversaciones diurnas y nocturnas de los bosquimanos Kung, unos 4.000 de los cuales viven en el desierto del Kalahari en el noreste de Namibia y el noroeste de Botswana. «Hay algo en el fuego en medio de la oscuridad que acerca, relaja y al mismo tiempo excita a la gente. Es íntimo», dice la antropóloga Polly Wiessner, que estudia a los bosquimanos desde hace 40 años.

Lo que resulta interesante de los bosquimanos es que viven de forma muy parecida a como lo hacían nuestros antepasados cazadores-recolectores durante el 99% de la evolución humana. «Lo que ocurre durante las horas de la noche iluminadas por el fuego en los grupos bosquimanos ayuda a responder cómo el fuego ha contribuido a la vida humana», apunta Wiessner.

Los bosquimanos Kung mantienen reuniones alrededor del fuego en grupos de hasta quince personas. Aunque en los campamentos cada familia tiene su propio hogar, por la noche prefieren reunirse en uno de ellos. La investigadora analizó las conversaciones en las que participaban al menos cinco personas.

Resultó que las charlas nocturnas eran muy diferentes de las diurnas. De noche, los bosquimanos tratan temas como cacerías pasadas, peleas por la carne, matrimonios, costumbres prematrimoniales, asesinatos, incendios forestales, nacimientos, interacciones con otros grupos, averías de camiones, ataques de animales, disputas y asuntos extramaritales, y mitos tradicionales.

Por la noche, el 8o% de las conversaciones eran historias y solo el 7% quejas, críticas o chismes y el 4% asuntos económicos. Sin embargo, las conversaciones diurnas diferían mucho: el 34% eran quejas, críticas y chismes para regular las relaciones sociales; el 31% eran asuntos económicos, como por ejemplo la caza para la cena; el 16% eran bromas y solo el 6% eran historias.

«De día, la conversación tiene mucho que ver con las actividades económicas, trabajo, obtención de alimentos y recursos disponibles -señala la investigadora-, tiene mucho que ver con los asuntos sociales y el control: críticas, quejas y lamentaciones». Pero por la noche, «la gente se relaja y busca el entretenimiento. Se cuentan historias, se habla de las características de personas que no están presentes y que se encuentran en sus redes más amplias, y se comparten pensamientos sobre el mundo de los espíritus y cómo influye en el ser humano». Al mismo tiempo, se baila y se canta, y los sanadores entran en trance para viajar al mundo espiritual y comunicarse con las almas de los seres queridos fallecidos.

Comunidad virtual
Según la autora del estudio, el ser humano es único por crear lazos fuera de su propio grupo, algo que no hace ningún primate no humano. Esto nos permite formar comunidades que no están en el mismo espacio, pero sí en nuestra mente, incluida nuestra capacidad para crear redes virtuales, lo que para los bosquimanos puede ser equiparable a mantener contacto con otras personas a 200 km.

Las historias a la luz del fuego, las conversaciones, las ceremonias y las celebraciones desataron la imaginación humana y «las capacidades cognitivas para formar estas comunidades imaginadas, tanto si se trata de nuestras redes sociales, todos nuestros parientes en la Tierra o las comunidades que nos unen al mundo de los espíritus», señala Wiessner.

Claro que ahora no hace falta encender un fuego. La luz artificial, como una hoguera, nos permite alargar nuestros días pero, y aquí está el truco, también nuestras horas de trabajo. Cómo transcurre ese tiempo bajo una bombilla, si leyendo un cuento a nuestros hijos o terminando un informe en nuestra tableta, es algo sobre lo que, según la antropóloga, deberíamos reflexionar.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Frases memoriables de profes universitarios

"Mañana me entregáis la práctica. No quiero excusas de la vida me engañó, los rusos me persiguen…"

"No es que me quiera dar protagonismo, solo me pongo de ejemplo".

"Me he acordado de un caso bonito, sobre una pareja que se había separado y su hijo había muerto, entonces la madre había puesto una demanda para que se declarase al padre indigno de recibir la herencia del hijo porque lo había desatendido y éste a su vez la demandó a ella por la misma razón para que fuera ella la que no recibiera la herencia por indigna.[Toda la clase en silencio 'horrorizada']. Bueno, fue un caso bonito desde el punto de vista procesal".

"¿A quién va a gravar el impuesto de sucesiones? Bueno, al muerto, desde luego que no".

viernes, 26 de septiembre de 2014

Están locos estos italianos.

Ángel Gómez Fuentes, "Diferencias entre españoles e italianos", Abc, 26/09/2014:

Hay simpatía y similitudes entre ambos pueblos, pero hay aspectos que nos distinguen de nuestros «hermanos» latinos y mediterráneos.

Diferencias entre españoles e italianos

Florenzi, jugador del Roma, corre hacia la grada para abrazar a su abuela tras marcar un gol
Italia se ha emocionado con el gesto del jugador del Roma, Florenzi quien, tras meter un gol el pasado domingo al Cagliari en el estadio Olímpico, corrió hacia la tribuna para abrazar a su abuela de 82 años, que acudía al campo por primera vez para ver a su nieto. Un gesto humano memorable, que al día siguiente era foto de portada en todos los periódicos italianos.

Es un abrazo cargado de gran simbolismo que ha conmovido a los italianos, porque en esa foto se han visto todos reflejados. Sería muy difícil, por no decir imposible, ver algo parecido en un campo de la Liga española. Y es que, aunque se diga que españoles e italianos, son dos pueblos semejantes, en realidad somos muy distintos, con sustanciales diferencias. Sí hay una atracción y simpatía recíproca entre ambos pueblos, y para justificarla se dice que somos latinos y mediterráneos. Pero también son latinos los franceses y mediterráneos los griegos, y con ellos la relación es muy distinta.

Seguramente la atracción y simpatía entre españoles e italianos están determinadas por una virtud común: la capacidad de saber acoger, que se ve facilitada solo en parte por el idioma. En realidad se trata de dos lenguas que para hablarlas y entenderlas se deben estudiar. Por eso, en los encuentros políticos bilaterales se utiliza el intérprete.

«Mammismo» y machismo.

Volviendo al caso Florenzi, el gesto y su enorme repercusión puede tener su explicación en el «mammismo» que caracteriza a Italia, mientras el machismo congenia más con el carácter español. En la casa, la influencia de la mujer es decisiva, lo que constituye un matriarcado en muchas regiones. A este respecto, el célebre escritor Andrea Camilleri me contaba recientemente al entrevistarlo para ABC: «Recuerdo que mi abuelo Vincenzo, que era un empresario, le contaba a mi abuela por la noche lo que debía hacer al día siguiente. Y siempre hacía lo que le había aconsejado mi abuela».

En Italia lo femenino lo impregna casi todo. El arte tiene género femenino, al igual que algunos objetos, como el coche, el balón (la «palla») y el equipo de fútbol (la «squadra»). Femenino es también el deseo de agradar de todos los italianos. Hacen lo que sea para dejar a todo el mundo contento. Por eso es posible, por ejemplo, pedir en un bar un café hasta con al menos 12 modalidades; por no hablar de los helados, con infinitas variedades. Mientras el orgullo es muy español, en el italiano predomina el deseo de congraciarse, de conquistar amistades y el ayudar a salir del paso.

Amantes de la belleza.

El sentido de la estética lo llevan los italianos en el ADN, y lo reflejan en todos los aspectos de su vida cotidiana. Ese gusto y sentido de la estética desborda por completo el de la ética. Aman la belleza y éste sería su único dogma. Un italiano entra en el bar y pide al camarero un «bel cappuccino» o un «bel bicchiere d'acqua». Al español jamás se le ocurriría pedir un «café bello», sino un «buen café». Es decir, lo que para el español es bueno, para el italiano es bello. Cuando los españoles decimos «es una buena persona», en italiano se diría es «una bella persona», y en este concepto de «bella persona» entra ya todo: la belleza externa y de forma especial la interna.

La caballerosidad y fidelidad a la palabra dada serían virtudes españolas. Somos rotundos a la hora de comprometernos. El español es drástico y radical. El italiano es posibilista, ambiguo, conciliador y cínico. No casan con el italiano el dogmatismo, ni la intransigencia ni el nacionalismo. Italia es el país de la diplomacia, con la que todo es posible y negociable, y se busca que no sean definitivos el sí o el no. Debe haber posibilidades infinitas para todos. Por eso en Italia hay más partidos políticos que en ningún otro país europeo.

Desconfianza del turista.

Muy italiana es también la fantasía y la pillería o la «furbizia». Aún se sigue abusando del turista para clavarle unos euros de más. Sentarse en una mesa para tomarse un capuchino en un bar situado en lugar turístico puede costar hasta ocho euros, pero no lo advertirá previamente el camarero ni mostrará claramente los precios. Además, en ciertos bares-restaurantes hay un precio para el cliente y otro para el turista. De ahí la desconfianza y prevención que los extranjeros muestran cuando visitan Italia.

A un colega recién llegado a Roma le cobraban en un bar próximo al Vaticano 3 euros por un capuchino, hasta que un día lo acompañé y lo presenté como nuevo corresponsal fijo en Roma: desde entonces lo pagó a 0,90 céntimos. De todas formas, no siempre está justificada la desconfianza. Cada vez más hay una Italia, sobre todo entre los jóvenes, que cree en los valores, en el esfuerzo y en el trabajo bien hecho.

Hecha la ley, hecha la trampa.

Junto a la pillería, es muy habitual saltarse la ley a la torera, lo que encima se ve como una hazaña y no una deshonra. El diario «Il Messaggero» informaba hace poco que un romano cobró ilegalmente la pensión de su suegra durante 13 años: murió en 2001 a la bella edad de 93 años, pero él la hizo llegar hasta los 106, manteniéndola en vida en los archivos de la oficina bancaria donde cobraba en su nombre casi mil euros mensuales. Fue descubierto porque se jactaba con orgullo y sin pudor que cobraba la pensión de su suegra Marcellina: «Vivo como un señor con la pensión de mi suegra muerta», dijo el yerno, que fue denunciado tras haberse embolsado en esos años la nada despreciable cifra de 183.000 euros.

En Italia se creó el Derecho. Pero hecha la ley, también se ha hecho la trampa. Para eludir o pagar menos impuestos, circula un libro publicado en 2008 con este título: «110 maneras para evitar las tasas. Técnicas, astucias y estratagemas de los italianos». La palma en saltarse la ley la tiene Nápoles, donde se dice que el semáforo rojo es simplemente «indicativo», pero no «prohibitivo». Es verdad que en Nápoles todo se exagera: la tercera ciudad italiana constituye un microcosmos en el que la ley está prácticamente suspendida. Así, se conduce la moto sin casco y existen barrios donde la Policía apenas puede entrar porque es territorio en el que se nota más la presencia de la camorra (la mafia napolitana) que el Estado.

Al igual que soporta malamente la ley, el italiano no aguanta las colas ni la disciplina. Difícilmente soportará una fila y su tendencia será la de colarse.

El Estado dentro del Estado.

El italiano cree poco en el Estado y en la Justicia, y confía más en los amigos, en los favores y en las recomendaciones. Por eso, en Italia sin recomendación se hace casi imposible superar la burocracia y los corporativismos. El hecho de no amar al Estado y considerarlo un elemento extraño, y a menudo incluso enemigo, lleva a los italianos al engaño al fraude, a privilegiar el «hazlo tú mismo».

Nacen así los clientelismos y las mafias. Éstas llegan a constituir Estados dentro del Estado, con sus propios códigos de conducta y objetivos de delincuencia. En el sur, esas mafias, ya sea la camorra (mafia napolitana), ‘ndrangheta (mafia calabesa) o la mafia siciliana imponen el «pizzo» (el «impuesto» mafioso) al menos al 50 por 100 de los negocios, según las zonas.

Populismo.

Italia tiene un vicio antiguo: el populismo. Casi siempre ha sido dominada o atraída por el populismo: un jefe capaz y determinado a conquistar el poder, reforzarlo y mantenerlo, basándose en sus dotes de seducción. Para ese actor, el poder es el objetivo, más que un instrumento para realizar el bien común. Se explica así la fascinación que ha podido causar en buena parte de los italianos Silvio Berlusconi, un gran actor capaz de embaucar a más de diez millones de votantes, utilizando el poder fundamentalmente para sus intereses personales con numerosas leyes «ad personam».

Hoy muchos italianos vuelven a sentir la fascinación por un personaje popular, Matteo Renzi, de gran simpatía y extraordinarias dotes de comunicación, hasta el punto de que se ha dicho que políticamente es «hijo» de Silvio Berlusconi. Es obvio que los separan infinidad de cosas. Pero este mismo lunes, Ferruccio de Bortoli, el director del «Corriere della Sera», el primer periódico del país, lo ataca de forma extraordinariamente dura, precisamente por su ego hipertrófico y su deseo de ser un solo hombre al comando del país: «Renzi no me convence por la forma de gestionar el poder. Es una personalidad egocéntrica, hipertrófica»,«con un equipo de gobierno de una debilidad desconcertante. La sospecha extendida es que algunos ministros han sido elegidos para no hacer sombra al premier», escribe el director del prestigioso diario.

Afortunadamente para Italia, no siempre se ha impuesto el vicio del populismo.

Uno orgulloso, otro sentimental.

La envidia es uno de los deportes nacionales del español, mientras que los celos son más consustanciales con el sentimiento italiano. El español es orgulloso y pasional, el italiano es sentimentaly retórico, lo que se nota en que usa muchísimo la metáfora y el eufemismo, con un vocabulario y una oratoria en general superiores en los italianos.

Sería interminable la relación de diferencias entre españoles e italianos, con infinidad de virtudes y defectos en ambos casos. Últimamente, los italianos que visitan España alaban la acogida, fiabilidad, seriedad y profesionalidad que encuentran en nuestro país. De los italianos cabe aprender su «saber vivir» con elasticidad. En su mente, todo es posible. Como católicos, creen en el milagro.

Un país herido, pero con esperanza.

Se dice que los italianos son un pueblo de artistas, santos, poetas y navegantes. Eso es verdad, pero hay más: los italianos aman la vida, la familia, y se sienten ligados a sus tradiciones y a las faldas de sus mujeres, sus novias, sus madres o sus abuelas. Y como ha puesto de relieve el realizador Gabriele Salvatores, en un excelente retrato de los italianos, con el film «Un día en Italia» (ha seguido la idea de Ridley Scott en «Life in a day»), montado con una selección de casi 45.000 vídeos filmados por ciudadanos comunes, la grave crisis económica ha hecho que hoy Italia sea un país herido, pero optimista y con esperanza en su futuro.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Vocabulario de objetos raros

1. Acerico. Almohada pequeña. Y también la almohadilla que sirve para clavar alfileres o agujas.
2. Agrafe. Pieza de metal para sujetar el cierre de botellas y frascos. Por ejemplo, el alambre y la chapa de las botellas de cava.
3. Ampersand. El signo &.

4. Ápice. Acento o cualquiera de los signos que se colocan sobre las letras, como el punto de las íes. Eso sí, el acento de la eñe se llama virgulilla.

5. Carúncula. La cresta de gallos y pavos.

6. Crencha. Raya del pelo y cada una de las partes en las que la crencha divide el cabello.

7. Criptomnesia. Fenómeno que consiste en creer que se te acaba de ocurrir algo que en realidad sólo lo estabas recordando, aunque no recuerdes que ya lo sabías. Por ejemplo, cuando plagias involuntariamente un tuit.

8. Diastema. Espacio entre los dientes. Estuvo de moda durante siete segundos porque todo ha estado de moda alguna vez. O lo estará. Recordad, por ejemplo, los bigotes.

9. Estepicursor. El matojo rodante típico de las películas del oeste o de cuando cuentas un chiste en un bar. También se llama rodamundos, sorrasca, calamino, boja, salicón, salicor, salicornio, salicornia, barrilla, corredora del desierto, bola del oeste, apretaculos, capitana, malvecino, alicornio, cardo ruso, planta rodadora, bruja, chamizo, cachanilla, maromera, salsola, y rodadora.

10. Filtrum. Surco subnasal, es decir, la ranura situada debajo de la nariz y encima de los labios.

11. Fosfenos. Las manchas luminosas que se ven al frotar los párpados.

12. Ginecomastia. Man boobs.

13. Giste. La espuma de la cerveza. Ejemplo de uso cotidiano: “¿Sabías que la espuma de la cerveza se llama giste?”

14. Guedeja. Cabellera larga y también la melena del león.

15. Herrete. Cada una de las puntas de plástico o metal de los cordones.

16. Jeme. Distancia que hay desde la punta del pulgar a la del índice, separando el uno del otro todo lo posible. Unidad de medida equivalente a “un cacho así”.

17. Lemniscata. Curva plana de forma semejante a un 8. Es el término correcto del símbolo de infinito.

18. Lúnula. El espacio blanquecino semilunar de la raíz de las uñas.

19. Óbelo. Signo de división. El de multiplicar es una más común “aspa”.

20. Petricor. El olor de la lluvia en sitios secos.

21. Pie de Morton o pie griego. Cuando el segundo dedo del pie es más largo que el gordo. (¿Estas personas son alienígenas infiltrados? Este sería otro debate).

22. Quincunce. Disposición como la figura de un cinco en un dado, con cuatro puntos formando un rectángulo y otro punto en el centro.

23. Recazo. La parte del cuchillo opuesta al filo.

24. Sangradura. La parte hundida del brazo opuesta al codo.

25. Telson. La cola de los crustáceos. Ejemplo: “¿Tú te comes el telson de los langostinos? Yo sí. Soy un poco bruto”.

26. Tenesmo. Ganas frecuentes de ir al baño.

27. Vagido. Gemido o llanto del recién nacido.

28. Virola. Es una abrazadera de metal que se coloca en algunos instrumentos, incluyendo la anilla metálica que une el lápiz con la goma de borrar y la punta de un paraguas, por ejemplo. No confundir con “vitola”.

29. Vitola. La anilla de los cigarros puros.

No es excusa

No es excusa, qué va, pero mis poquitos y pacientes lectores sufrirán que, en vez de hablar de nada en particular, que es lo que suelo, les dé la vuelta a unas cuantas tortillas de hoy. Las primeras serán, para variar, de chorizos (es la especialidad de la casa). Anarca ocasional, el Dioni, converso al minusmileurismo, ha sido entrevistado por El País, el órgano flojucho y desviagrado de una que dicen pudo ser izquierda, vuelta guiñol de cristobalitos por maese Pedro, a quien ahora le da por aparecer hueco y falso junto a sus muñecos:

El Dioni es solo un jubilado de sesenta y cuatro años que hace malabarismos, como muchos de sus vecinos, para llegar a fin de mes y estirar su pensión de 730 euros. Aunque en su caso no es una frase hecha: según el día, canta, actúa, cuenta chistes o monta el circo que sea con tal de pagar la luz, el agua, su alquiler de 850 euros o las clases de arte dramático de su hija Beatriz, de 21 años. “Yo no hice daño a nadie ni lo hago ahora que pido 700 euros por bolo y lleno siempre”, se justifica. “¿Te crees que si me hubiera quedado con algo haría lo que hago? Y, por cierto, al fundador del grupo Candi le cayeron más de 20 años por estafa y fraude; la empresa no quebró por mí: los millones que me llevé estaban asegurados por la Unión y el Fénix, la aseguradora que presidía Mario Conde. Cuando me lo encontré en la cárcel de Alcalá Meco le guiñé un ojo y seguí mi camino”, añade lenguaraz.

Más parece maese Pedro el Pedrín de las ostras al lado de un eufórico y rozagante Roberto Alcázar como Pablito o Alberto Garzón. Mas lo cierto es que, como nosotros no regamos la siembra, algunos de fuera vienen y se esfuerzan por combatir la pobreza en España mientras los de dentro nos dedicamos al mangoneo, al mamoneo, al ninguneo y a muchas otras cosas terminadas en -eo. Así el morisco y venerable nobel de la paz Mohamed Yunus ha viajado para plantearle a la exreina Sofía la idea de crear un fondo español para conceder microcréditos a los jóvenes de modo que comiencen sus propios negocios: "Para lograrlo necesito su apoyo. Es fundamental, porque es ella la que tiene los contactos y el poder para que funcione", afirma. Bien está: muchos aquí pertenecemos al tercer mundo, o casi; por lo menos seis millones. Otros no: están más que subvencionados, como su nieto Froilán, cuarto heredero de la corona, quien, tras repetir segundo de eso por tercera vez, ha necesitado algún dinero o beca extraoficial para que sus papás lo lleven al extranjero, a algún college de itinerario flojucho y pasable, y aprenda al menos algún idioma de oídas. Lajoy se ha ido a China, no para orientarse un poco, que ya tenemos limones aquí, incluso de chollo, sino porque los gallegos y los chinos tienen mucho en común, aunque no en comunismo, por ejemplo la discreción y el amor a los mandarines. El INE estima que prostitución y drogas suman más de 9.000 millones al PIB, de forma que la inclusión de actividades ilegales eleva el producto interior bruto en 26.193 millones (2013), un 2,6% más, eso, incluso, sin pagar impuestos, como los otros. Qué bien; ojalá tuviera yo encantos para ejercer de puta. O los necesarios estudios para traficante (esta carrera se estudia en el convento de Alcalá-Meco con afamados especialistas y con todo el amor de las madres superioras). España es el tercer consumidor de prostitución del mundo, decía hace unos días Rosa Montero; es más, padecemos a algunos de los peores pederastas del mundo, y uno de ellos, impotente como suelen con los de su edad, tiene más músculos que desvergüenza... su nombre es Legión, y deberían encarnar en cerdos, como en la Biblia. Todo esto no enaltece que digamos nuestra estatura moral; creo yo que heredamos estas miserias espirituales del franquismo y esos neofranquistas del pepoe; tenemos menos moralidad y civismo que pito Enrique Iglesias, otro falso o falsete que se refina la voz en Auto-Tune. Por contra, hay por ahí algunos espejos de humildad que nos redimen: Alaya, una jueza de la que no hay foto sin que se le vea tener algo entre manos; Luis Landero, que estrena novela autobiográfica en El balcón en invierno, Rafael ChirbesJuan José Millás o nuestro Emilio Morote, y hasta hay para terminar una fabulosa noticia, que parece milagro de Lourdes según está la insania de la sanidad hispana: financiarán el nuevo y eficaz fármaco contra la hepatitis. No todo van a ser robagallinas al estilo Lobos de guolestrit.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Rafael Chirbes sobre Galdós

Rafael Chirbes en El País, 28-XII-201:

¿Qué vale más, comer o ser comido? Hay que optar entre estos dos papeles: o el del cocinero o el del pobre animal que cae en la cazuela”. Es el dilema que se le plantea al protagonista de Las tormentas del 48, un joven revolucionario que está a punto de dejar de serlo. Acaba de descubrir el valor del dinero —“tan necesario (…) en los días fúnebres como en los alegres días— y, para conseguirlo, se decide a casarse con una mujer a la que no quiere. “Mercantilismo matrimonial”, llama él mismo a su acto. “Esto (es) venderse, no casarse”.En cualquier caso, mejor estar arriba que abajo; mejor comer que ser comido. Nos encontramos al inicio de la cuarta serie de los Episodios nacionales. Volví a leerla mientras escribía En la orilla.Galdós como maestro, modelo para cualquier novelista que, además de saberse síntoma de su tiempo, quiera ser testigo.

En ese tramo de los Episodios,un Galdós sesentón y desengañado vuelve la mirada hacia la España de sus años juveniles. El reinado de Isabel II. Un momento de oportunidades. Los bienes desamortizados sirven para enriquecer a los especuladores inmobiliarios; los usureros y los burgueses de nuevo cuño adquieren títulos de nobleza mientras la vieja aristocracia que no ha sabido adaptarse se arruina, la Iglesia mueve sus hilos entre las sombras, el nepotismo y la corrupción minan la Administración del Estado, los militares se pelean por el poder y manejan la desesperación de los de abajo, que son quienes aportan la ración de sangre en el tiovivo de una España intrascendente y trágica.

Galdós captura el fulgor de la historia tejiendo una telaraña invisible en la que, a la vez, queda apresado el propio lector que cree estar a solas con la verdad, sin intermediación literaria. Es justo lo contrario. Para su propósito, se sirve de todas las técnicas: narrador omnisciente, dialogismo, flujo de conciencia, epistolario, cuaderno de memorias…, discute y se pelea con sus criaturas de ficción (al modo en que pasado el tiempo lo harán Unamuno o Pirandello), y compone capítulos enteros como pequeñas obras de teatro, siguiendo el modelo de La Celestina. El lector se mueve de un lugar a otro, entra en cualquier parte, visita los cuartuchos malolientes del Rastro madrileño; los comedores, cocinas y dormitorios donde discurre la vida de la clase media; los vestidores, los despachos, los salones aristocráticos en los que se celebra una fiesta; los cafés: el aire cargado de humo y su vibrante agitación. Recorre de la mano del narrador los encinares y los campos de olivos y encinares de Toledo y de Córdoba, ve desplegarse desde la ventanilla de un tren los campos “trasquilados y amarillos” de Castilla, las tierras yermas, las borrosas imágenes de los campesinos pobres, un paisaje que es cristalización de una historia de injusticia.

Leyendo a Galdós oímos las voces de un país, nos enfrentamos al reto de discernir entre una pluralidad de puntos de vista: escuchamos las conversaciones de unos y otros, y se nos obliga a descifrar las diversas hablas de los personajes: la retórica de los políticos, el lenguaje castrense, los estilemas de periodistas y literatos, las tiradas verbales de los folletinistas, las divagaciones escatológicas del clero, los parlamentos de los aristócratas, la jerga forense, el argot de las clases bajas madrileñas o el de los campesinos del delta del Ebro. Todo se le convierte a Galdós en pasta narrativa al servicio de su gran proyecto: levantar un país literario trasunto del país real; descubrir, mediante el pequeño artefacto de la novela, los mecanismos que mueven ese gran artefacto que es España: la novela como modelo que permite aprender el engranaje social.

Llevo más de medio siglo leyendo a Galdós y cada día aumenta mi admiración por su maestría a la hora de construir un universo narrativo desde esa aparente falta de estilo que es dominio de todos los estilos. Admiración también por su modestia. Porque su despliegue de recursos literarios lo lleva a cabo con un pudor exquisito, sin que el lector se dé apenas cuenta; sin que note la tramoya, ni advierta sus deslizamientos, sus travestismos, su trabajo en filigrana, siempre atrapado en la invisible telaraña novelesca. Galdós no es un narrador tradicional, sino un narrador total, un maestro que —eso sí— se sitúa en el polo opuesto de los escritores que convierten su trabajo en espectáculo. En las novelas de Galdós las cosas fluyen sin dar nunca la impresión de que son fruto de un gran esfuerzo. Se diría que el escritor no existe, que todo nace inocentemente, con extrema facilidad. Hasta ahí llegan su respeto por el lector y su elegancia.

Entrevista a Richard Dawkins

Entrevista a Richard Dawkins publicada en El País hoy

Ricardo de Querol, "Richard Dawkins: “No eduquen a los niños en dioses ni hadas”. El biólogo y divulgador, azote de las religiones, se reafirma en sus memorias en el activismo escéptico. “Es perverso instruir en falsedades”, asegura. Él solo cree en Darwin", El País,  22 SEP 2014 

Cuenta que de niño ya se daba cuenta de que Papá Noel era un señor disfrazado que se llamaba Sam. Al británico Richard Dawkins (Nairobi, 1941) no le basta haber llegado a la conclusión de que no hay Dios: quiere que todo el mundo lo entienda así. Sostiene alta la bandera del escepticismo este biólogo (zoólogo) de la Universidad de Oxford, estudioso de Charles Darwin, que saltó al primer plano cuando escribió en El gen egoísta (1976) que no somos más que vehículos de los genes, máquinas programadas para que ellos sean casi inmortales. “El cuerpo del animal no es más que un repositorio temporal”.

Desde entonces Dawkins es un exitoso divulgador científico y ensayista, habitual de los platós de televisión (ha producido documentales, al estilo de su admirado Carl Sagan). Lleva tiempo animando la polémica, también en las redes sociales, donde dispara y le disparan. Considera su misión combatir dogmas religiosos, supersticiones y seudociencias. En 2006 publicó El espejismo de Dios, un libro que aspira desde la primera página a conseguir que el lector pierda la mucha o poca fe que le quedara, un arrebatado e irónico texto que pretende desmontar uno a uno los argumentos del cristianismo y las demás creencias religiosas. En Evolución. El mayor espectáculo sobre la tierra, de 2009, Dawkins explica con lucidez a cualquier profano las pruebas abrumadoras de que ha sido la selección natural la que moldeó y sigue moldeando nuestra realidad. Da así la batalla contra el creacionismo, la idea de que el mundo se hizo en seis días y el hombre convivió con los dinosaurios, que trata de colarse en el sistema educativo de EE UU de la mano de sectores de la derecha como el Tea Party.

A sus 73 años, Dawkins ha encontrado el momento de mirar atrás y abordar sus memorias. Una curiosidad insaciable es el título de la primera parte de su autobiografía, editada por Tusquets. En ella explica cómo llegó a ser quien es desde que nació en Kenia de una familia británica de tradición técnica y científica y empleada del Imperio, lo que le llevó por varios países africanos antes de regresar a Inglaterra cuando tenía ocho años. Sabemos de su visión de la rígida escuela de los años cincuenta, del matonismo de otros y de su tartamudez, de su paso por las universidades de Oxford, clave en su carrera, y Berkeley, donde vivió la explosión hippy. Y conocemos los muchos nombres que cree importantes en su vida: los de sus ancestros y familiares, los de profesores y compañeros de clase, los autores que le influyeron. Y terminamos con la publicación de El gen egoísta. Habrá que esperar a la segunda parte de las memorias para entender su faceta de activista ateo, la que le llevó en el año 2009 a contratar publicidad en los autobuses de Londres con el lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Recibe en su domicilio, un caserón tradicional en Oxford con un amplio salón lleno de luz por los ventanales en los dos extremos, donde puede percibirse cierto aroma del colonialismo que marcó su infancia. Grandes tallas de madera de animales, máscaras, jarapas de estilo étnico sobre los sofás. Un piano, un lienzo en su atril. Libros, algún cráneo en la estantería. Dos perros pequeños y de pelo muy largo se alegran de la visita y saltan a menudo sobre los periodistas; al entrevistado parece relajarle acariciar a alguna de sus mascotas. De entrada se niega a posar para la fotógrafa, lo que tiene por costumbre, pero no la ignora y en más de una ocasión parece estar pendiente del objetivo de su cámara.

La tribu y sus dioses.

Estamos a horas del referéndum que decidirá si Escocia se independiza, y desata un efecto dominó en Europa, o permanece en el Reino Unido. Pero Dawkins, apasionado en los temas de los que quiere hablar, sabe escaparse de aquellos que prefiere evitar.

—Vivimos tensiones nacionalistas en Escocia, en Cataluña, en Ucrania... ¿Observa un regreso a la tribu?

—Podemos decir que el nacionalismo en esos lugares es una forma de tribalismo. Uno se preguntaría por qué no van a algo más pequeño aún, como Cornualles o Gales. Las ciencias sociales son complicadas, la política lo es... Como biólogo no soy la persona adecuada para responder.

El nacionalismo es una forma de tribalismo. Uno se preguntaría por qué no van a algo más pequeño aún, como Cornualles o Gales.

—Le pregunto como biólogo, ensayista y activista. Ha escrito que la religión está en el centro de muchos conflictos actuales, como el de Siria e Irak, Palestina o Ucrania; antes en Yugoslavia o Irlanda. ¿No lucharán por la tierra más que por su idea de Dios?

—No creo que los conflictos estén motivados única y directamente por la religión. Por ejemplo, en Irlanda del Norte es entre católicos y protestantes, pero no creo que las personas que ponían una bomba estuviesen pensando en el dogma de la transustanciación. Lo que hace la religión es poner una etiqueta: en Irlanda del Norte se identifican como católicos y protestantes a pesar de que hablan el mismo idioma y tienen el mismo color. Te identifica hasta el nombre: si te llamas Patrick seguramente eres católico, si William eres protestante. Eso se convierte en la tribu: hay dos tribus en Irlanda del Norte. Y ha sido así durante siglos.

—Cuenta en su libro que era una persona muy religiosa, anglicana, cuando tenía 13 años. ¿Qué pasó? ¿Fue Darwin?

—Desde que yo tenía unos nueve años me di cuenta de que existían distintas religiones: el budismo, el islam, el hinduismo, el politeísmo de los griegos, los vikingos… Cualquier niño pensaba que solo la suya era la que estaba en lo cierto. Yo estaba preparado para ser antirreligioso. No sé cómo me mantuve en el cristianismo, debió ser influencia de la escuela. Pero sí, fue Darwin y fue el darwinismo el que nos salvó de todo eso. Cuando tenía unos 15 años.

—Usted no es un agnóstico, sino un ateo militante. ¿Por qué es necesario movilizarse contra la religión?

—Eso depende de su definición. Agnóstico significa “no sé”. Una definición que yo apoyo dice que es quien no tiene creencias positivas en un dios. El ateo siente una creencia positiva de que no hay Dios. Yo no tengo esa creencia. Lo que tengo es una ausencia de cualquier razón para creer en Dios, como tampoco en las hadas. Como científico, me conmueve la belleza del mundo y del universo. Como educador, veo perverso que a los niños se les eduque en falsedades cuando la verdad es tan hermosa.

—¿Y el ateísmo no puede ser también dogmático o intolerante?

—Siempre hay que argumentar tu causa, no callar a la gente. Durante siglos, hemos aceptado que no puedes criticar la religión. Hacerlo parece intolerante pero no lo es.

Educando escépticos.

En un pasaje de su libro, Dawkins se muestra contrario a la forma en que la mayoría de familias inculcan explicaciones mágicas a sus niños. “No puedo evitar preguntarme si una dieta de cuentos de hadas repletos de encantamientos y milagros, hombres invisibles incluidos, es dañina desde un punto de vista educativo”, escribe. “¿Por qué los adultos promueven la credulidad de los niños? ¿Es realmente un error tan descabellado plantearles a los niños que creen en Papá Noel un pequeño y simple juego de preguntas y respuestas que les haga pensar? ¿Cuántas chimeneas tendría que visitar en una noche? No se trata de decirles que Papá Noel no existe, sino de fomentar el intachable hábito del cuestionamiento escéptico”. Él asume que eso es impopular: “Siempre que planteo esta cuestión me echan a patadas de los sitios por querer interferir en la magia de la infancia”.

Su escepticismo no se dirige solo contra la religión: también contra la superstición y las seudociencias (astrología, videncia, tarot o ufología), a las que dedicó su ensayo Destejiendo el arco iris (1998). Es más prudente sobre la llamada medicina alternativa: si se prueba su eficacia deja de ser alternativa. Pero no es el caso de la homeopatía: “Es interesante: con el método de doble ciego [ni el paciente ni el investigador saben cuál es el fármaco y cuál el placebo] no hay diferencias. Ambos son placebo”.

En su libro, Dawkins critica el modelo educativo según el cual el profesor dicta la lección a los alumnos, que la memorizan, en vez de incentivar sus habilidades para instruirse e investigar por su cuenta. “De estudiante, una vez se me olvidó llevar bolígrafo y yo era entonces demasiado tímido para pedir uno a mi compañera sentada al lado. Así que simplemente me senté y escuché, y cuando llegué a casa me di cuenta de que es una forma mejor de aprender. El propósito del profesor no debe ser impartir información sino inspirar a las personas”.

Richard Dawkins. / CARMEN VALIÑO
Quemándose en las redes

Dawkins es un pertinaz usuario de Twitter (@RichardDawkins), donde se esfuerza en ser provocador y en replicar o retuitear mensajes de otros usuarios. Ha pisado más de un charco. “Twitter es un sitio extraño porque hay mucha gente que grita. Si vas por la calle, un borracho o un tonto te pueden insultar. En Internet tienes un multiplicador de ese efecto. Hay que tener caparazón”. Él lo tiene, sin duda.

—¿Se ha arrepentido de algún tuit?

—Sí, porque son fácilmente malinterpretados. A veces veo que lo pude evitar.

Uno de sus mensajes desató una tormenta: “La violación en una cita está mal. La violación por un extraño es peor. Si usted piensa que esto es una aprobación de la violación en una cita, váyase a aprender cómo pensar”, escribió en 140 caracteres.

—En un país como el suyo, conmocionado por escándalos de abusos sexuales, esa frase parece una falta de sensibilidad hacia las víctimas.

—Creo que es estúpido negar que hay diferentes grados de crímenes sexuales. Hay gente que por motivos emocionales quiere que todos los crímenes sean considerados del mismo nivel. Es como si alguien te roba la cartera y piensas que es lo mismo que robar un banco a punta de pistola. Son delitos ambos, pero uno más grave que esto. ¿No le parece así?

—Me parece que cualquier violación tiene efectos graves a largo plazo.

—Yo también lo creo.

—Y me cuesta pensar en un grado moderado o leve de violación.

—No dejaré que se escape con esto. Está acompañado por muchos estúpidos en Twitter. Cuando uno dice que algo es peor que otra cosa, no lo está aprobando.

El tuitero Dawkins también ofendió a muchos cuando alguien le pidió consejo sobre qué hacer si el hijo que esperaba fuera a tener síndrome de Down. “Aborte e inténtelo otra vez. Sería inmoral traerlo al mundo si tiene elección”, respondió.

—¿De verdad cree una obligación moral el aborto en caso de síndrome de Down?

—Yo dije que personalmente me parecía inmoral tenerlo. No que fuera una regla universal, pero sí lo es para mí y para el 90% de mujeres que lo haría en esa circunstancia. ¿Sabe lo que les sucede? Mueren muy jóvenes, tienen terribles enfermedades, deficiencia mental. Creo que cuando el feto no está suficientemente desarrollado, y no tiene un sistema nervioso, es mejor abortar. Me han bombardeado en Twitter enviándome fotografías de niños con Down y diciéndome: quiere usted matar a mi hijo. Claro que no quiero matar a su hijo, sino detener la posibilidad de que vengan más niños como él al mundo cuando no son más que un renacuajo.

Ética de ciencia ficción

Cuando se le pregunta por dilemas éticos que podrán surgir en el futuro, Dawkins admite el juego aunque avisa de que entramos en el terreno de la ciencia ficción. La cacareada vida artificial en que trabaja el genetista Craig Venter le deja frío. “Creo que estoy en lo correcto cuando digo que solo está intentando crear nuevas versiones de una bacteria que ya existe. Como las bacterias se reproducen o clonan tan rápidamente, si las empleas para algo útil, como por ejemplo convertir un despojo cárnico en petróleo, estás haciendo un bien real”.

—¿Y le preocuparía la clonación de humanos?

—Un escenario como el de Un mundo feliz, de Huxley, con esas líneas de producción de miles de copias de seres humanos idénticos creados para ser jardineros o cualquier trabajo me horroriza, porque soy un producto del siglo XX y eso es muy lejano al mundo al que estoy acostumbrado, a mis valores. Si alguien me quisiera clonar a mí me interesaría mucho, tendría mucha curiosidad, pero no quisiera que mi clon fuera el primero porque iba a ser víctima de una horrible publicidad.

En un programa de televisión se propuso a Dawkins un experimento que no llegó a ser viable. Pretendían aislar su genoma y enterrarlo en el panteón de su familia, ante las cámaras, con el objetivo de que alguien lo recupere y resucite dentro de, pongamos, mil años. Era una excusa para debatir sobre la clonación, y le preguntaron a Dawkins si su clon del futuro sería él. “Por supuesto que no sería yo. Es como si preguntas a dos gemelos idénticos si son dos personas o si uno es persona y el otro zombi. Otra cosa que iban a pedirme es que escribiera consejos para mi clon, para que, ya que iba a tener los mismos genes, no cometa los mismos errores que yo”.

Estaría muy interesado en una clonación, pero no sería bueno para mi clon ser el primero y tener esa horrible publicidad.

—En su libro usted cuestiona el concepto de identidad personal, dado que las células que tenemos no son las que estaban al nacer. Entonces solo somos la memoria.

—Es una cuestión interesante para la filosofía. Imagine que usted pudiera hacer una réplica perfecta de su cuerpo, no un clon en sentido genético sino una copia de cada átomo. Esto no se puede hacer científicamente, pero sí filosóficamente. Probablemente la réplica tendría su cuerpo, todos sus recuerdos, los mismos pensamientos. ¿Cuál de los dos sería usted? Pero una vez que están ahí, se empezarían a separar, tendrían nuevas experiencias y entonces ¿cuál eres? Son cuestiones que no se pueden responder de una manera experimental pero que son filosóficamente fascinantes.

—Sostiene Stephen Hawking que la filosofía ha muerto, porque ahora es la ciencia la que da las respuestas.

—No creo que la filosofía haya muerto, sí que ha perdido terreno.

—Usted ha escrito que la Segunda Guerra Mundial no habría ocurrido si el padre de Hitler hubiera estornudado en un momento determinado. Y en otro capítulo apunta que en otro siglo usted habría sido un clérigo. ¿Somos azar hasta ese punto? ¿Es usted escéptico o ateo debido al azar?

—La realidad depende de detalles muy pequeños. Sabemos que todos los mamíferos vienen de un individuo que existía en la época de los dinosaurios. Si ese pequeño mamífero hubiera muerto antes de reproducirse, quizás también estarían aquí los mamíferos pero serían completamente distintos. Quizás ese mamífero sobrevivió por un estornudo del dinosaurio. Respecto al ejemplo de Hitler, cada uno de nosotros cobramos existencia porque uno entre muchos millones de espermatozoides fertilizó el óvulo. El movimiento más ligero mientras sus abuelos estaban copulando, que un perro ladrara y perdieran la concentración o se movieran, haría que el resultado hubiera sido otro. De ahí que diga que con un estornudo años antes no habría habido guerra. Y ninguno de nosotros existiría ahora si no hubiera existido Adolf Hitler.

Una curiosidad insaciable. Los años de formación de un científico en África y Oxford. Richard Dawkins. Traducción de Ambrosio García Leal. Tusquets. Barcelona, 2014. 311 páginas. 21 euros (en digital, 12,34 euros).

Apólogo del payaso

De Carlos Sánchez, en El Confidencial:

El economista Jesús Fernández-Villaverde –inexplicablemente todavía fuera del Gobierno– rescataba hace unos días un prodigioso aforismo del filósofo danés Soren Kierkegaard, de quien Pío Baroja decía que era “un tipo muy poco explicable para un meridional”. El conocido aforismo hace referencia a lo que imaginariamente sucedió en un teatro tras declararse un incendio entre bastidores.

"En ese momento –decía Kierkegaard– el payaso salió al proscenio para dar la noticia al público. Pero éste creyó que se trataba de un chiste y aplaudió con ganas. El payaso repitió la noticia a los espectadores, esta vez con mayor firmeza, pero los aplausos fueron todavía más jubilosos. Así creo yo –sostenía el padre del existencialismo– que perecerá el mundo: en medio del júbilo general de la gente respetable, que pensará que se trata de un chiste”. Baroja, con razón, sostenía que Kierkegaard era “un hombre tan triste como su apellido (cementerio)”.

Lo era. Pero lo que está fuera de toda duda es que el sabio danés acertaba cuando situaba en la incredulidad el origen de muchas catástrofes. O dicho desde otro ángulo: la ausencia de credibilidad de los protagonistas de la cosa pública –como le sucedía al payaso de Kierkegaard en medio del incendio– está detrás de una corriente de fondo (no es un movimiento coyuntural) que recorre Europa sin que, por el momento, nadie –o casi nadie– sea capaz de prever o, incluso, identificar el nacimiento de algunas catástrofes.

domingo, 21 de septiembre de 2014

La tecnología nos fuerza a desaprender

Enrique Dans y Joseba Elola, para Abc, "Hacia el ‘homo technologicus’", 21 de septiembre de 2014: 

Delegamos cada vez más en la tecnología. Guía nuestros pasos, relaciones, trabajos. Y vamos externalizando capacidades. El ensayista Nicholas Carr alerta de los peligros de la revolución digital.

En la primavera del año 1995 el transatlántico Royal Majesty encalló, inesperadamente, en un banco de arena de la isla de Nantucket. A pesar de estar equipado con el más avanzado sistema de navegación del momento, hundió el morro en esta isla situada a 48 kilómetros de Cape Cod, Massachusetts, en Estados Unidos. Procedía de las islas Bermudas y se dirigía hacia Boston, con 1.500 pasajeros a bordo. La antena del GPS se soltó, el barco fue desviándose progresivamente de su trayectoria y ni el capitán ni la tripulación se dieron cuenta del problema. Un vigilante de guardia no avistó una importante boya junto a la que el barco debía pasar, y no informó: ¿cómo se va a equivocar la máquina? Afortunadamente, el accidente no produjo heridos.

El prestigioso ensayista norteamericano Nicholas Carr utiliza este episodio para ilustrar hasta qué punto hemos depositado nuestra fe en las nuevas tecnologías, que no siempre resultan infalibles.

En algunos casos, pueden arrastrarnos a lugares a los que no queríamos llegar.

En su nuevo libro, Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas -que publica Taurus esta semana-, Carr, de 55 años, explica que hemos caído en una excesiva automatización, proceso mediante el cual hemos externalizado parte de nuestras capacidades. La tecnología guía nuestras búsquedas de información, nuestra participación en la conversación de las redes, nuestras compras, nuestra búsqueda de amigos. Y nos descarga de labores pesadas.

Todo ello, poco a poco, nos conduce a lo que Carr denomina complacencia automatizada: confiamos en que la máquina lo resolverá todo, nos encomendamos a ella como si fuera todopoderosa, y dejamos nuestra atención a la deriva. A partir de ese momento, si surgen problemas, ya no sabemos cómo resolverlos.

La pequeña historia del Royal Majesty, de hecho, encierra toda una metáfora: hemos puesto el GPS y hemos perdido el rumbo.

Algo así es lo que nos viene a explicar el experto estadounidense: “Estamos embrujados por las tecnologías ingeniosas”, dice en conversación telefónica desde su casa en Boulder, Colorado, en las Montañas Rocosas. “Las adoptamos muy rápido porque pensamos que son cool o porque creemos que nos descargarán de trabajo; pero lleva tiempo darse cuenta de los peligros que encierran, y no nos paramos a pensar cómo estas herramientas cambian nuestro comportamiento, nuestra manera de actuar en el mundo”.

Las tecnologías nos están robando talentos que solo se desarrollan cuando se lucha duro por conseguir las cosas. Este estudioso de las nuevas tecnologías, que en 2011 fue finalista del premio Pulitzer con su anterior obra, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras vidas?, estima que la complacencia automatizada está mermando nuestras capacidades. Y usa un ejemplo bien sencillo: gracias a los correctores automáticos, hemos externalizado nuestras habilidades ortográficas. Cada vez escribimos peor. Desaprendemos.

“A medida que empresas como Facebook, Google, Twitter y Apple compiten más ferozmente por hacer las cosas por nosotros, para ganarse nuestra lealtad, el software tiende a apoderarse del esfuerzo que supone conseguir cualquier cosa”.

Pregunta: ¿Qué nos están robando las nuevas tecnologías?

Respuesta: Nos están robando el desarrollo de preciosas habilidades y talentos que solo se desarrollan cuando luchamos duro por las cosas. Cuanto más inmediata es la respuesta que nos da el software diciéndonos adónde ir o qué hacer, menos luchamos contra esos problemas, y menos aprendemos. Nos roba también nuestro compromiso con el mundo. Pasamos más tiempo socializando a través de la pantalla, como observadores. Reduce los talentos que desarrollamos y, por tanto, la satisfacción que se siente al desarrollarlos.

El discurso tecno-escéptico de Carr puede ser rebatido desde muchos flancos. No son pocas las voces que se alzarían diciendo que esas mismas tecnologías están permitiendo expandir la capacidad de comunicación de las gentes, las posibilidades de aprender o incluso de organizarse para cambiar las cosas y comprometerse con el mundo. El propio Carr matiza su discurso alabando las inmensas posibilidades que la red ofrece para acceder a información y comunicarse. Pero hay costes asociados.

Mantener la atención en el nuevo escenario tecnológico, de hecho, no es cosa fácil. Los estímulos y distracciones que almacenan los teléfonos inteligentes que acarreamos o las pantallas a las que estamos conectados nos impiden centrarnos. Nos hacen sobrevolar las cosas. Pasar de una otra, sin ton ni son, en un profundo viaje hacia la superficialidad.

Carr, que fue asesor editorial de la Enciclopedia Británica, sostiene que la automatización en la que nos hallamos inmersos conduce, además, a una sociedad con médicos de atención primaria que emplean entre un 25% y un 55% de su tiempo mirando a la pantalla en vez de prestar atención a la narración del paciente; a arquitectos que utilizan plantillas que propician uniformidad urbanística; y a financieros que delegan operaciones en la máquina que, cuando falla, pasa factura.

De hecho, ya se han empezado a dar pasos atrás en el proceso de automatización. El 4 de enero de 2013, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos emitía un comunicado instando a las compañías aéreas norteamericanas a que incentivaran las operaciones de vuelo “manuales”. Las investigaciones sobre accidentes e incidentes en vuelo, explica Carr, indicaban que los pilotos se habían vuelto demasiado dependientes de la navegación automática.

La automatización supone, además, una amenaza para el empleo y convierte a los trabajadores en accesorios de la máquina, en ejecutores de labores cada vez más mecánicas, al externalizarse capacidades intelectuales. “Es muy triste. No solo supone una amenaza para el sustento de la gente, sino que nos convierte en observadores más que en actores. Nuestra experiencia y múltiples estudios psicológicos demuestran que implicarse es la forma de estar satisfecho en el trabajo”.

Este proceso se ve alimentado por una doble fuerza: por un lado, las empresas potencian la automatización en pro de la eficiencia y la cuenta de resultados. Y por otro, los trabajadores aceptan de buen grado estas tecnologías: “Nos inclinamos hacia ellas porque nos ofrecen la ilusión de que tendremos más tiempo libre”. Ahí está la trampa. “Muchos emprendedores e inversores de Silicon Valley nos dicen: ‘Esto mejorará nuestras vidas, nos liberará’. Esa retórica utópica esconde el hecho de que, en muchos casos, las tecnologías no están haciendo nuestras vidas mejores, ni nos están dando mejores trabajos o actividades, sino que están haciendo cada vez más ricos a los plutócratas de Silicon Valley”.

Carr, exdirector de la Harvard Business Review, rechaza que en este caso se trate del viejo miedo a la máquina de los tiempos de la Revolución Industrial: “Hay una gran diferencia: los ordenadores pueden hacer ahora muchos más tipos de trabajo: no solo se hacen con los de producción, mediante robots, sino que se hacen con los analíticos. Esta vez asistiremos a una pérdida neta de empleos”.

El ensayista norteamericano lleva su reflexión más allá. Existe, dice, una amenaza para nuestra libertad. “La gente hace amistades automatizadas por empresas como Facebook o Twitter, lo que supone que cada vez elabora menos sus propios pensamientos. El ordenador se apodera incluso de áreas íntimas de nuestra vida”. Nos inclinamos hacia ellas porque nos ofrecen la ilusión de que tendremos más tiempo libre.

P. ¿Cree usted que la tecnología, de algún modo, puede hacer que seamos menos libres?

R. Sí, así lo creo. La libertad empieza con la libertad de pensamientos, que significa la habilidad de controlar tu propia mente, a qué prestas atención, qué consideras importante. Y ahora que llevamos computadoras encima todo el tiempo, en forma de teléfonos inteligentes, tabletas o lo que sea, el ordenador determina cada vez más adónde se dirige nuestra atención. Las empresas de software y de Internet saben muy bien qué es lo que atrapará nuestra atención. Cuando empezamos a regalar el control de nuestra mente y de nuestra atención, perdemos una fuente muy importante de libertad y libre albedrío.

P. ¿Es un peligro para nuestra sociedad que nuestras búsquedas de información, o compras, estén guiadas?

R. Hay algoritmos secretos que, en cierto modo, nos están manipulando.

P. ¿Nos están manipulando?

R. Lo estamos en muchos casos. Facebook determina con sus algoritmos lo que ves de tus amigos. Pero como no informa de sus algoritmos, no sabemos qué intenciones tiene, por qué nos enseña una cosa y no la otra. Si haces una búsqueda en Google, son sus algoritmos secretos los que determinan lo que vas a ver y no sabemos cómo escogen lo que nos muestran. Podemos tener la esperanza de que su manipulación es benigna, que nos están ayudando, pero no podemos estar seguros de ello.

Carr, que rechaza ser calificado de tecnófobo, considera que el problema es que las máquinas están diseñadas por tecnólogos que solo están preocupados por saber hasta dónde es capaz de llegar la máquina, y no de qué modo puede ésta expandir nuestras capacidades. “Las innovaciones tecnológicas no se pueden parar. Pero podemos pedir que se designen dando prioridad al ser humano, ayudándonos a tener una vida plena en vez de apoderarse de nuestras capacidades”.

Cartas de amor

Jesús Espada ha ganado el Premio Internacional del III Concurso de Cartas de Amor celebrado en Cobisa (Toledo) con la carta de amor titulada «Por si mañana». Espada compitió en el apartado de «mejor carta de amor remitida desde cualquier otro lugar del mundo». Esta es la carta ganadora:

«Por si mañana» (Carta de un  enfermo de Alzheimer):

JESÚS ESPADA

Querida Julia:

Te escribo ahora, mientras duermes, por si mañana ya no fuera yo el que amanece a tu lado.
En estos viajes de ida y vuelta cada vez paso más tiempo al otro lado y en uno de ellos, ¿quién sabe?, temo que ya no habrá regreso.
Por si mañana ya no soy capaz de entender esto que me ocurre. Por si mañana ya no puedo decirte cómo admiro y valoro tu entereza, este empeño tuyo por estar a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo, como siempre.
Por si mañana ya no fuera consciente de lo que haces. Cuando colocas papelitos en cada puerta para que no confunda la cocina con el baño; cuando consigues que acabemos riéndonos después de ponerme los zapatos sin calcetines; cuando te empeñas en mantener viva la conversación aunque yo me pierda en cada frase; cuando te acercas disimuladamente y me susurras al oído el nombre de uno de nuestros nietos; cuando respondes con ternura a estos arranques míos de ira que me asaltan, como si algo en mi interior se rebelase contra este destino que me atrapa.
Por esas y por tantas cosas. Por si mañana no recuerdo tu nombre, o el mío.
Por si mañana ya no pudiera darte las gracias. Por si mañana, Julia, no fuera capaz de decirte, aunque sea una última vez, que te quiero.
Tuyo siempre
T.A.M.R.».

En el apartado de carta local, la misiva ganadora ha sido «Penélope, amiga mía» y su autor es José Julián Uceta, profesor de la Escuela de Teatro de Cobisa.

«Penélope, amiga mía»

JOSÉ JULIÁN UCETA

Penélope, amiga mía:

Tú que sufres con la brutal honestidad, que temes las verdades más que las mentiras, te digo:

No te quiero.

Más vale vivir con una dura verdad que quedarse con la duda o vivir una falsa realidad; ese es el verdadero sufrimiento.

Debes saber que mi corazón está escondido en la trinchera, la última batalla lo dejó malherido, pensó que sería la vencida y solo fue pérdida de tiempo.

He de decirte que desistas, es inútil que lo intentes, he construido una fortaleza a mi alrededor esclavizando todos los bolígrafos de mi casa. Cada palabra escrita es un ladrillo, los sentimientos son el cemento y el tiempo es mi arquitecto.

Mi coraza es una obra descorazonada e injusta, lo sé, pero no quiero que la derribes, solo que la comprendas. Me ha costado mucho sufrimiento construirla y mucho más me costará deshacerme de ella.
Has sido egoísta, el culmen de tus sentimientos nos ha destrozado, ya no te reconozco cuando te miro a la cara. Siento que no queda de amistad entre nosotros, solo cenizas de un incendio provocado. Te desatas con conminaciones a modo de ráfaga en los sitios más inoportunos, haciendo imposible mi perdón.

Crees que nada sucederá después, pero siempre sucede, pues la vida no se detiene ni se para a esperarte. O sigues con ella aceptando y entendiendo sus mil manías o naufragas con tus mil locuras en tu realidad alternativa. No exijas condiciones, no somos nadie para hacerlo, solo somos polvo. Nada es tan bonito ni nada es tan triste, ni siquiera nuestra historia, simplemente es.

Te ruego, disculpa mi crudeza, mi rudeza y mi entereza; cuando el mundo cambie empezaré a fiarme de quien sea. Confundiste mi amistad, espero que sepas interpretar mejor esta misiva:

Quiéreme menos y quiéreme mejor.

Nunca tuyo,

E.L.»

viernes, 19 de septiembre de 2014

El autismo crece y nadie sabe por qué

Héctor G. Barnés, para El Confidencial, “En 2025, la mitad de los niños serán autistas por el glifosato” 15/09/2014:

El de la doctora Stephanie Seneff es uno de los nombres más polémicos de la ciencia estadounidense, especialmente después que denunciase que los alimentos genéticamente modificados (OGM) han disparado el número de enfermedades crónicas, así como las alergias alimentarias y otras dolencias como la diabetes, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple o el síndrome de colon irritable, entre muchos otros. Los últimos trabajos de esta científica del MIT ponen su foco en el autismo, una enfermedad cada vez más frecuente y de la que, sin embargo, aún disponemos de poca información.

Según la presentación que realizó el pasado mes de junio, el glifosato, componente principal del herbicida Roundup, es el principal causante de que estas enfermedades se hayan disparado de forma tan rápida, así como la intolerancia al gluten. El problema es que dicho herbicida es producido por Monsanto, el mayor fabricante mundial de semillas transgénicas y una de las multinacionales más poderosas del mundo, que ha defendido la seguridad de su producto en su propia página web. Muchos no han tardado en desacreditar la teoría de Seneff, como ocurre con la veterana periodista de nutrición Tamar Haspel en las páginas de The Huffington Post. En dicho artículo, la autora recuerda que no se trata más que pura especulación, no refrendada por ningún dato y, además, desvela que Seneff está especializada en ciencia computacional e ingeniería eléctrica, y que su interés por la alimentación es reciente.

Sea como sea, lo que es innegable es que la prevalencia del autismo ha aumentado sensiblemente durante las últimas décadas, y aún no hemos sido capaces de llegar a un consenso sobre la misma. Actualmente, alrededor de uno de cada 175 niños de todo el mundo nace con este trastorno, aunque varía en cada país. En Estados Unidos, la prevalencia se encuentra actualmente en el 1,5%, mientras que en 1975, tan sólo uno de cada 5.000 niños tenía autismo, según los datos publicados por K. Wintraub en un artículo publicado en Nature. Seneff utiliza este cuadro para trazar su previsión y asegurar que, si el crecimiento sigue estable, para el año 2025 la mitad de los niños podría sufrir autismo. "Al ritmo actual, uno de cada dos niños será autista", anunció en la conferencia celebrada en Groton, Massachusetts.

Uno de los principales problemas con el autismo es que, en la mayor parte de casos, sus causas son desconocidas. Como explicaba dicho artículo de Wintraub, en un 46% es imposible explicar el origen del trastorno, aunque aduce otras razones por las que se haya disparado el número de diagnósticos. Es el caso de que algunos de los que simplemente habrían sido considerados como víctimas de retraso mental ahora se clasifican como autistas (25%) o aquellos que encajan en la descripción por un mayor conocimiento de la enfermedad (15%). No existe un consenso sobre los orígenes de la enfermedad, que se atribuyen tanto a causas genéticas (los hermanos mellizos suelen desarrollar de igual manera la enfermedad) o alteraciones neurológicas.

El estudio presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque la correlación no tiene por qué significar causalidad.

Más preocupante aún resulta que el autismo se deba a agentes ambientales, como la exposición a determinadas sustancias durante el embarazo, algo se encontrarían en sintonía con la tesis defendida por Seneff. Esta presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque, como de costumbre, la correlación no tiene por qué significar causalidad. Según la teoría de la científica del MIT, el glifosato inhibe las encimas CYP (citopromo p450), activas en muchos procesos metabólicos, y daña la ruta del ácido skihímico, que sin embargo sólo es llevado a cabo por bacterias, plantas, algas y hongos, pero no por animales, algo que sus detractores o la propia Monsanto han planteado como una importante inconsistencia. Seneff aclara, a tal respecto, que la bacteria estomacal sí realiza dicho proceso, y que es necesaria para proveernos con aminoácidos esenciales.

Otra dificultad con la que se encuentran dichas investigaciones es que no han podido demostrar la correlación entre el compuesto y su supuesto efecto pernicioso entre hombres. Pero Seneff recuerda que este efecto es acumulativo, y que es imposible que se refleje en estudios a corto plazo, como los que se han realizado hasta el momento. Tan sólo una investigación a largo término podría demostrar dicha vinculación. El estudio publicado en la revista Entropy y realizado junto a Anthony Sampel fue calificado como “falaz” por un artículo en The Examiner, que recordaba que este no había aportado ninguna información, sino que se había limitado a revistar otros estudios previos, algunos de los cuales habían sido desacreditados, como aquel en el que Gilles-Eric Sérallini aseguraba que las comidas genéticamente modificadas provocaban la aparición de tumores en ratas.

La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura. El glifosato, explican los investigadores, puede encontrarse en la orina y en la sangre de las embarazadas. En Estados Unidos, estos niveles son 10 veces superiores a los de Europa. Y algunos de los biomarcadores del autismo como el mal funcionamiento de la bacteria estomacal, la deficiencia en metionina, el desorden mitocondrial o el síndrome de deficiencia de la aromatasa pueden ser producto de una única causa, el tan peligroso glifosato. En una entrevista con Alternet, Seneff aclaraba que en Sri Lanka o El Salvador, muchos trabajadores del campo morían jóvenes de problemas renales causados por el glifosato, lo que ha provocado su prohibición en dichos países. La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura.

Como cada vez que aparece una disputa semejante, es complicado saber quién tiene razón y quién no, y sobre todo, hasta qué punto. Ni siquiera un experto en química y nutrición podría asegurar la falsedad o verosimilitud de dichas investigaciones sin dedicarse, por su cuenta, a investigarlo, y ni aun así llegaría a una conclusión definitiva. Además, siempre quedará la sospecha de la influencia que grandes corporaciones ejercen no sólo sobre diversos científicos a nivel individual, sino también cómo esto condiciona a la comunidad científica en general. Mientras tanto, el número de autistas, probablemente, seguirá creciendo.