domingo, 26 de enero de 2025

Gramática de la estupidez

 De Álvaro García en Quora. "Diez signos evidentes de poca inteligencia"

Se complican con problemas simples.

Las personas menos inteligentes suelen atascarse con tareas cotidianas que requieren sentido común o pensamiento lógico. En lugar de buscar soluciones prácticas, se pierden en la confusión o dependen de otros para resolverlas.

Carecen de curiosidad genuina.

Nunca se cuestionan el "por qué" de las cosas. No sienten interés por explorar nuevas ideas o entender el mundo más allá de su experiencia inmediata. Prefieren quedarse en lo que ya conocen porque es cómodo.

Piensan en blanco y negro.

Se apegan rígidamente a creencias o ideas, rechazando cualquier perspectiva que desafíe su visión del mundo. Para ellos, cambiar de opinión no es una posibilidad; es una amenaza.

No entienden lo abstracto.

Las metáforas, las ideas complejas o los conceptos filosóficos tienden a ir más allá de su comprensión. Ven las cosas de manera literal, perdiéndose los matices que enriquecen la vida.

No manejan bien el cambio.

Se aferran a sus rutinas como si fueran su único refugio. Cuando algo inesperado ocurre, se sienten perdidos, incapaces de adaptarse o encontrar nuevas formas de avanzar.

Falta de empatía.

Tienen dificultades para ponerse en el lugar de los demás, entender sus emociones o considerar perspectivas distintas a las propias. Esto no solo afecta sus relaciones, sino también su capacidad de navegar situaciones sociales con éxito.

Hablan mucho, dicen poco.

Su forma de comunicarse es limitada. Usan un vocabulario básico y, a menudo, no logran expresar sus ideas de forma clara o coherente. No se trata de su nivel de educación, sino de su capacidad para articular pensamientos.

Actúan antes de pensar.

La impulsividad domina sus decisiones. Rara vez se detienen a considerar las consecuencias a largo plazo, lo que los lleva a repetir patrones de comportamiento dañinos o a lamentarse constantemente de sus acciones.

Tropezar con la misma piedra, siempre.

Hacen los mismos errores una y otra vez porque no reflexionan sobre lo que salió mal. La autocrítica no es parte de su repertorio, y el aprendizaje de experiencias parece un concepto lejano.

Todo lo ven simple, aunque no lo sea.

Los problemas complejos los abordan con explicaciones excesivamente básicas que ignoran factores importantes. En lugar de analizar todos los ángulos, prefieren quedarse con lo más fácil de entender, aunque esté equivocado.

Sentido común

 Yibrán Jalil Yibrán: "Ellos me acusaron de que yo estaba loco. Yo les dije que ellos estaban locos. Y, ni hablar, me ganaron por mayoría de votos"

sábado, 25 de enero de 2025

Quiero dormir

 Un perro viejo y cansado pasea por un parque, un hombre se acercó al perro y examinó su collar, por su barriga estaba bien alimentado e intuyó que el perro tenía un hogar.

Luego el perro lo siguió hasta la casa, bajó por el pasillo, saltó sobre el sofá, se acomodó y se durmió.

El hombre pensó que era bastante extraño y lo dejó dormir. Después de aproximadamente una hora, el perro se despertó, caminó hacia la puerta y el hombre lo dejó salir.

El perro movió la cola y se fue.

Al día siguiente, el perro volvió y arañó la puerta.

El hombre abrió la puerta, el perro entró, bajó por el pasillo, saltó sobre el sofá, se acomodó y se durmió una vez más.

El hombre lo dejó dormir.

Después de aproximadamente una hora, el perro se despertó, caminó hacia la puerta y lo dejó salir.

El perro movió la cola y se fue.

Esto continuó durante días...

El hombre sintió mucha curiosidad. Colocó una nota en el collar del perro: “Tu perro ha estado durmiendo la siesta en mi casa todos los días”.

Al día siguiente, el perro llegó con otra nota en su collar:

“Vive en una casa con cuatro niños; está tratando de recuperar el sueño. ¿Puedo ir con él mañana”?

Apólogo del caballo

 De Anahí Michel, en Quora. Es un apólogo que recuerda al Enxiemplo de la falsa beguina de don Juan Manuel o al "Ojo por ojo y el mundo acabará ciego" de Gandhi:

Una vez un caballo estaba amarrado y tiraba para soltarse, vino un demonio y lo soltó.

El caballo se metió en la finca de un campesino y comenzó a comerse la siembra. El dueño de la finca se enojó, tomó su rifle y mató al caballo.

Entonces el dueño del caballo también se enojó, tomó su rifle por venganza y mató al dueño de la finca.

Después la mujer del dueño de la finca lo vio y mató al dueño del caballo.

Entonces el hijo del dueño del caballo se enfureció fuertemente y mató a la mujer del dueño de la finca...

Los vecinos, enardecidos, mataron al muchacho y quemaron su casa; entonces le preguntaron al demonio:

—¿Por qué hiciste todo eso?

Y el demonio respondió:

—Yo solo solté al caballo.

El demonio solo puede tentar: hace cosas simples porque sabe que la maldad está en nuestros corazones y solitos hacemos el resto. Por eso es bueno pensar antes de actuar, no sea que una cosa sin importancia cause mucho daño en sus consecuencias, siempre más difíciles de calcular que las causas. Recuerden: la palabra es algo muy poderoso, tiene el poder para dar vida y para dar muerte, para bendecir o para maldecir... Siempre hay que pensar mucho antes de actuar.

viernes, 24 de enero de 2025

¿Cuál es la regla de oro? Que el oro hace las reglas

 O sea, los bancos.

Pero el que tiene la fuerza las cambia.

Y, con todo, poderoso caballero es don Dinero.

jueves, 23 de enero de 2025

Una hazaña del gran seductor de España, por Alfonso Ussía

 "El seductor", Alfonso Ussía, en Hola, 6/5/2022:

A lo largo de su historia, han sido protagonistas de ¡HOLA! grandes seductores. Desde Ghunter Sachs a Luis Miguel Dominguín, pasando por Bertín Osborne, y Philippe Junot, sin olvidar al Duque de Edimburgo. El gran Herbert Von Karajan, director titular de la Filarmónica de Berlín, enloquecía a las mujeres con sus gestos y movimientos con la batuta, escrito sea con la mayor inocencia. Para mí, que el gran playboy español fue el marqués de Portago, Alfonso Cabeza de Vaca, un adelantado a los acontecimientos. Campeón de bobsleight y el primer gran campeón español de automovilismo, fallecido en plena competición. Y el conde de Villapadierna, cuyo pañuelo de bolsillo emergía de tal modo del bolsillo izquierdo de la chaqueta que superaba, el día del derby en La Zarzuela, la altura de su bombín. Evidentemente, y de esto nadie se atreverá a ponerlo en duda, la seducción es mucho más sencilla si el seductor sostiene tras su encanto, atractivo y simpatía, una formidable cuenta corriente en números positivos. De ahí, que nadie haya superado en el arte del enamoramiento femenino a Faustino Gudamendi Garazáibal, también conocido por su apodo Chiquito de Igueldo.

Chiquito de Igueldo tenía un modesto caserío en la cuerda del Monte Igueldo, en San Sebastián. Trabajaba de sol a sol, y con el ocaso, procedía a las conquistas femeninas, con dos duros en el bolsillo. Era un tapón, y de ahí el mote. Y feísimo. Pero resultaba irresistible. Tenía un modo de hablar que derrumbaba cualquier muralla del pudor imperante en sus tiempos, la década de los sesenta del pasado siglo.

Su problema, que era imprudente. Entre el 6 de mayo y el 29 de octubre de 1965, dejó preñadas a ocho jóvenes de diferentes puntos guipuzcoanos. Una en Igueldo, y el resto, en Pasajes de San Juan, Oyarzun, Zarauz, Guetaria, Orio, Mondragón, y Hernani. Los padres de las ocho jóvenes seducidas y embarazadas por Chiquito de Igueldo le amenazaron de muerte, y el escándalo llegó hasta los espacios del Obispado. El Obispo de San Sebastián, en aquellos años, era un hombre tolerante, bondadoso y estricto en la moral y las buenas costumbres cristianas. Y una mañana, cuando Chiquito recolectaba su maizal, a principios de septiembre, recibió en mano una nota del señor Obispo que demandaba su presencia. En aquel País Vasco, los deseos de un Obispo se cumplían como si fueran órdenes, y Chiquito, leída la nota, le comunicó al sacerdote-correo que acudiría sin falta a la cita con Monseñor. A todo esto, es conveniente recordar que había dejado embarazada a una novena ‘neska’, hija de un marinero de Fuenterrabía.

Chiquito se vistió con su kaiku más elegante, y se presentó de dulce en el Obispado. El señor Obispo le aguardaba en su despacho, y Chiquito, que era creyente y practicante, si bien no excesivamente ejemplar, saludó al Obispo besando con respeto su anillo episcopal. Y el Obispo le señaló su asiento. La conversación, breve y directa, llegó a mí a través de una de sus primas, que regentaba una caseta en el parque de atracciones del Monte Igueldo.

-A ver, Faustino, estoy preocupado contigo.

-Yo también, señor Obispo. No me separo de la escopeta. Me han amenazado de muerte.

- Lo sé. Y lo lamento. Lo malo, es que si yo fuera el padre de cualquiera de las nueve jóvenes embarazadas, quizá yo también te habría amenazado.

- Pues con las nueve, solo lo hice una vez.

- ¡Vaya puntería, Chiquito!

-Que Su Ilustrísima lo diga. Solo una vez con las nueve y, ¡pumba!, las nueve embarazadas.

- Eso me pregunto, yo, Chiquito. ¿Cómo es posible que en tres meses hayas pecado mortalmente y dejado en cinta a nueve mujeres de Igueldo, Pasajes de San Juan, Oyarzun, Guetaria, Orio, Zarauz, Mondragón, Hernani y Fuenterrabía?

-Señor Obispo, porque tengo ‘bishicleta’.

Respuesta incontestable del gran seductor de España en el siglo XX.

El desdén de la mujer de rojo, por Alfonso Ussía

 Alfonso Ussía, en Hola, 20 de mayo de 2021:

Bella dama de rojo

‘Nada más cruzar el umbral que se abre al jardín posterior, Wilson se quedó pasmado ante la belleza y la perfección de un trasero. El trasero era propiedad de una mujer que lucía un apretado vestido carmesí’

Era Primer Ministro del Gobierno de S. M. británica el laborista Harold Wilson. Un político sagaz e inteligente, esclavo de dos tentaciones. La ginebra y las mujeres. Dos tentaciones magníficas y llevaderas, por otra parte. Los ingleses son muy hábiles negociando, y Wilson había alcanzado un acuerdo petrolífero con Venezuela muy favorable para el Reino Unido.

Según Stephen Leacock, los ingleses siempre consiguen los mejores contratos internacionales porque tienen cara de pez. Los hay con perfil de besugo, de merluza y de ciprino dorado, esos de escamas naranjas y amarillas que viven en los estanques de los grandes parques de Europa. Un caribeño, extralimitado en los gestos, las voces y los hablares, nada tiene que hacer cuando negocia con un pez. El pez no mueve un músculo de la cara, no comenta, no interrumpe y al final, por cansancio del contrario, alcanza su objetivo. Que el adversario firme en el papel lo que el pez desea. El inglés con más cara de pez de los últimos cincuenta años es el Duque de Kent, cuya fundamental obligación institucional es la de entregar, en nombre de su prima la Reina, los trofeos a los campeones y finalistas de Wimbledon. Harold Wilson, sorprendentemente, no tenía cara de pez. Parecía un oso blanco.

Viajó de Londres a Caracas para sellar con su firma el contrato energético. Y durante el vuelo, martini va, martini viene, se bebió una botella de ginebra. Al llegar a las cercanías del aeropuerto de Maiquetía de Caracas, el avión sobrevoló la zona durante una hora para escapar de una tormenta. Esa hora la superó con un nuevo martini. Ya en tierra, le aguardaba a pie del avión el embajador del Reino Unido en Venezuela. 

–Rápido, Excelencia, que se tiene que poner el smoking para asistir a la cena-baile que le ofrece el Presidente de Venezuela en el Palacio de Miraflores-. 

Y, mientras se ajustaba el smoking en la embajada, cayó un nuevo lingotazo de ginebra.

Entre el cambio de horas y la botella y media de ginebra, Wilson llegó algo confuso a la residencia presidencial. Erguido y digno, pero confuso. Y nada más cruzar el umbral que se abre al jardín posterior, con anterioridad al saludo a su anfitrión, se quedó pasmado ante la belleza y la perfección de un trasero. El trasero era propiedad de una mujer que lucía un apretado vestido carmesí. Wilson, que chapurreaba el español, no vaciló. Se oían los acordes de una composición musical, y Sir Harold se atrevió a adelantar el curso de los acontecimientos. Se acercó a ella y le susurró.

-Bella dama de rojo. ¿Me concede este vals?

La bella dama, en aquel momento, no estaba para mover el esqueleto con un desconocido. Es más. Se negó en rotundo, con firmeza, pureza herida y pudorosa resistencia. La voz de la bella dama de rojo nada tenía de melódica y romántica. Y sin volver su rostro respondió con seca contundencia.

-No le concedo este baile por tres razones. La primera, que no me considero una bella dama. La segunda, que lo que se oye no es un vals, sino el Himno Nacional de Venezuela. Y la tercera, porque soy el arzobispo de Caracas.

Harold Wilson encajó con dolor las palabras que le había dirigido su capricho fallido. Acudió a saludar al Presidente, en cuyo honor se interpretó el Himno Nacional que sir Harold tomó por un romántico vals.

Charló con el Presidente, se excusó por el cansancio del viaje, y durmió la moña con envidiable serenidad en la Embajada.

A primeras horas de la mañana siguiente, se levantó, se bañó, se puso el traje y la corbata de los grandes contratos, firmó y voló de retorno a Londres.

Pero firmó, lo cual no carece de valor.

Y sin cara de pez.

El bromato de potasio del pan, un aditivo que no es para bromas

 ¿Qué tan malo es el bromuro agregado en los ingredientes de la confección del pan de cada día, el mismo que comemos? 

Muy buena pregunta. La razón es que el bromato de potasio es muy bueno para el pan, pero un veneno para nosotros.

El Bromuro es un tipo de sal que se usa para mejorar el rendimiento de la harina, utilizado en la industria del Pan. En muchos países está prohibido su uso, aunque clandestinamente aún es utilizada por panaderos inescrupulosos, mucho más de lo que parece, porque es prácticamente indetectable. El Bromato de Potasio se agrega con un máximo total de 7 gramos por cada 100 kg de harina. Este 0,07% es suficiente para que 100 kilos de harina mejoren su rendimiento, pero….

Panaderos antiguos

Los Bromuros son agentes oxidantes que actúan sobre la proteína glutenina, favoreciendo la formación de una red que retiene agua y gas provenientes de la fermentación. Es decir, puede favorecer la unión y la capacidad de absorber más agua y retenerla al unirse a las proteínas presentes en la harina, utilizando para ello la posibilidad de asociarse a los azufres de los aminoácidos que lo componen. De esta manera un saco de 50 kilos de harina produce hasta 68 kilos de marraquetas, pero…

¿Dónde está el pero?... Pues en que el mismo efecto que le hace a las proteínas de la harina también lo hace en nuestro cuerpo. De hecho no lo hace únicamente con nuestras proteínas, sino que va más allá, abarca partes muy delicadas de nuestra biología, nuestro DNA. El Bromato de Potasio es un potente carcinógeno genotóxico, mmm esto es serio y muy siniestro.

Ahora, viajemos a uno de los salones de amasado en nuestra imaginación… El panadero y sus ayudantes se disponen a hacer el agregado de los ingredientes y por error el ayudante confunde esta sal (bromuro) con la sal común. Estos errores se han cometido infinitas veces cuando, debido a la falta de orden y rotulación adecuada que claramente diga qué es, dosis, el lote, las fechas, etc. Y eso que muchos panaderos prefieren mirar a otro lado porque les hace abaratar más el pan y ganar más dinero.

Pero algunos panaderos, en la ignorancia de los estragos de los peligros de este químico, no le daban importancia a los errores e incluso, al no tener una balanza de gramos, no podían saber verdaderamente la cantidad apropiada y lo ponían a su idea. Por cada saco de 50 kilos, la cantidad máxima era 3,5 gramos, menos de una cucharita de café…

Esto no se cumplía, y para no causar alarma pública nunca se notició esta falta de control de la autoridad y entonces muchos compradores inadvertidos pagaron con su salud y algunos con su vida… Por dosis extremas o por el efecto acumulado de comer pan todos los días.

Los síntomas de la intoxicación por bromuro son vómitos, diarrea y dolor abdominal. Cuando el panadero enviaba a la sala de venta un pan con 2 o 3 veces la cantidad máxima permitida estaba dándoles a los consumidores un veneno que a la larga producirá insuficiencia renal aguda, como mínimo...

En los casos graves se produce pérdida de la audición irreversible, edema hepático, metahemoglobinemia, hemólisis y trombocitopenia, entre otras consecuencias varias que redundaban en cáncer.

Afortunadamente (quizá) hoy se usan otros mejoradores de la harina, se conocen varios sustitutos del bromato de potasio. Por ejemplo, el ácido ascórbico. También se usan enzimas que son proteínas de usos específicos, elaboradas con procesos biotecnológicos.

miércoles, 22 de enero de 2025

Dossier Carmen Martín Gaite

I

Carmen Martín Gaite, la escritora de nunca acabar

Figura clave de la literatura española del siglo XX, en su centenario la polifacética autora es reivindicada por un inagotable número de lectores, esos nuevos interlocutores que la encontraron en sus cuentos, novelas, ensayos y collages

Andrea Aguilar

18 ene 2025 - 05:30CET

No estudió en colegio de monjas, en sus años universitarios pasó unos meses becada en el extranjero —primero en Portugal y luego en el sur de Francia—, tuvo un buen grupo de amigos y amigas que se dedicaban también a la escritura a los que se fueron sumando a lo largo de los años nuevas generaciones. Logró vivir de su pluma; hizo traducciones, prólogos, guiones, obras de teatro, investigaciones históricas, ensayos, poemas, cuentos, novelas, críticas y reseñas, se separó de su marido y padre de su única hija; fue invitada a impartir clases en varias universidades de Estados Unidos. La vida de Carmen Martín Gaite, la escritora cuyo centenario se celebra en 2025, no parece tan lejana del siglo XXI, aunque ella vivió la guerra de niña y se hizo adulta y desarrolló su carrera en plena dictadura. Tenía 50 años cuando murió Franco, pero es la libertad lo que define en gran medida su vida y una obra en la que mezcló géneros, siguiendo su instinto y curiosidad natural, defendiendo siempre que el impulso que guía la escritura es el de la conversación y no el del ensimismamiento. “No basta con querer que unos ojos nos miren y unos oídos nos escuchen: también nosotros tenemos que mirar esos ojos y aprender a graduar el ritmo de nuestra voz para adaptarlo a esos oídos”, apunta en El cuento de nunca acabar, un brillante y heterodoxo ensayo en el que trabajó más de una década y donde logró plasmar sus ideas sobre la narrativa.

Martín Gaite escribe para llegar a otro, para compartir, para crear un vínculo que ella también sentía como lectora incluso con un olvidado ministro del siglo XVIII perseguido por la Inquisición, entre cuyos papeles pasó sumergida los siete años que le llevó El proceso de Macanaz. “No pedía permiso para vivir ni para escribir”, subraya la novelista Belén Gopegui, quien conoció a Martín Gaite en el Café Manuela de Madrid tras una lectura de poemas, y con quien mantuvo una buena amistad antes incluso de publicar su primera novela. “El precio de no pedirlo a veces fue la condescendencia y el ninguneo ejercidos desde un entorno supuestamente triunfador, pero siguió adelante. Al abrirse camino, nos lo abría. Porque la suya fue siempre una libertad generosa, que hacía sitio a muchísimas personas, algunas escribían, cantaban, pintaban, otras no; nunca buscó el nombre ni el valor de cambio de las compañías, sino la amistad franca. Supo ver lo mejor que había en cada cuál y lo hizo crecer”.

Figura clave en la literatura española del siglo XX, ganadora del premio Café Gijón en 1955 con su primer libro, El balneario, y del Nadal en 1957 con Entre visillos, premio Nacional en 1978 por El cuarto de atrás, premio príncipe de Asturias en 1988, y premio Anagrama por Usos amorosos de la posguerra española, 25 años después de su muerte, Martín Gaite, la “reina de la feria del libro de Madrid” como la bautizó Jorge Herralde, editor de sus exitosas novelas de los años noventa, se mantiene como una de las voces más escuchadas de la llamada generación de los cincuenta.

Hoy es una autora reivindicada por un inagotable número de lectores nacidos en democracia. Para muchos de ellos el primer encuentro llega de la mano de Miss Lunatic y Sarah Allen, los personajes de Caperucita en Manhattan, y es precisamente la adaptación teatral de Lucía Miranda de este libro en el teatro de la Abadía, cuyo estreno está previsto el 23 de enero, el primero de los actos en torno a la escritora que marcarán el 2025 —seguirá el 27 de febrero el montaje de Rakel Camacho de El cuarto de atrás también en La Abadía—. Miranda recuerda que compró Caperucita en una feria del libro de Madrid que visitó con su madre desde su ciudad, Valladolid. “Es una obra de viaje, de descubrimiento, una Alicia”, recordaba esta semana en Madrid, antes de añadir el azaroso destino que la volvió a unir a ese libro cuando fue becada como lectora de español en Vassar College. Allí descubrió no sólo que aquel campus estaba ligado a la génesis del cuento, sino que la niña que había prestado su nombre a la protagonista, hija de la traductora de Martín Gaite al inglés, se sentaba en su clase —”dime, ¿cuántas posibilidades hay de que una chica de Valladolid se encuentre con Sarah Allen?”—. El nuevo montaje, con cuatro actrices y un músico sobre el escenario, dice Miranda que es “muy fiel” al texto original, en el que ella identifica una versión “gamberra” de la autora. “No quiso convertirse en una señora, fue como quiso ser, sin la normatividad que se esperaba y en eso era muy adelantada”, subraya. En la dedicatoria a su exmarido de Usos amorosos del dieciocho en España ella escribió: “Para Rafael, que me enseñó a habitar la soledad y a no ser una señora”.

Caperucita surgió de las conversaciones de Martín Gaite con el ilustrador Juan Carlos Eguillor cuando llegó a Nueva York en 1985 camino de Vassar, donde había sido invitada para dar clase. Un viaje que estuvo teñido por el duelo de la reciente muerte de su hija Marta, como ella misma explicó en El otoño de Poughskeepsie: “Dentro de una semana me marcho a Nueva York. Y de allí a Vassar, a dar un curso de cuatro meses sobre el cuento español contemporáneo. Cerraré esta casa y no quedará nadie en ella. Por primera vez en mi vida no podré llamar a través del océano al 2745644 porque nadie cogerá el teléfono para decirme, ¡qué alegría oírte, qué voz tan bonita tienes!”. Este texto, junto a otro que Martín agite dedicó a su madre, se reedita en marzo en la Biblioteca Carmen Martín Gaite de Siruela en el epqueño volumen De hija a madre y de madre a hija.

¡Yo, cuando la inventé, no sabía que en la isla de Bergai había focas. Mount Desert Rock… el más apartado de los faros de Maine, está a veinte millas al sur de Mount Desert Island. Collage del libro 'Visión de Nueva York'. CARMEN MARTÍN GAITE (EDITORIAL SIRUELA)

Caperucita en Manhattan estrenó la llegada de la autora a Siruela en 1990. “Vivíamos cerca y nos conocíamos. Un día almorzando le hablé del proyecto de una colección con libros para todas las edades, que pudieran leer niños y mayores. Ella me habló de un cuento que tenía que no sabía dónde encajar. Fue un éxito enorme desde el principio, y hoy es un clásico”, recuerda Jacobo Fitz-James Stuart. No era la primera vez que Martín Gaite apostaba por una editorial joven: en 1973 inauguró Nostromo, —de Mauricio D’Ors, Diego Lara y Juan Antonio Molina Foix, con quienes trabajó su hija adolescente— con La búsqueda del interlocutor y otras búsquedas, y en Trieste de Andrés Trapiello sacó El cuento de nunca acabar, (apuntes sobre la narración, el amor y la mentira). Estos libros revelan la maestría de Martín Gaite como ensayista y demuestran con contundencia que la tan celebrada etiqueta de “literary non fiction” va mucho más allá del ámbito anglosajón.

Traductora de Emily Brontë, de Natalia Ginzburg y de Virginia Wolf, las reflexiones sobre vida y escritura recorren su obra. “No hay en otros ensayistas españoles una voz como la suya que convierte cualquier abstracción en un cuento. Nunca depone su condición de narradora a la hora de abordar las ideas, y, aunque exista esa implicación personal, no desestima la investigación o el rigor. Su interés personal en los temas hace que la mirada sea viva”, afirma el profesor José Teruel, autor de Carmen Martín Gaite. Una biografía, que llegará a las librerías el 12 de marzo y es la obra ganadora del XXXVII premio Comillas de Tusquets, fallado esta semana. Teruel llegó a este nuevo libro tras su trabajo en los siete volúmenes de la obras completas de la escritora, un proyecto que se prolongó desde 2008 hasta 2019 y cuyo resultado final quedó malogrado por la quiebra de Círculo de Lectores. Aunque algunos ejemplares de los últimos tomos pueden encontrarse en internet, la mayor parte fueron destruidos.

Infatigable estudioso de la obra de Martín Gaite, José Teruel también ha prologado y seleccionado el reciente Páginas escogidas, una suerte de biblioteca portátil para nuevos lectores de Martín Gaite, y ha trabajado en De viva voz, que recoge las conferencias, y en las antologías de sus artículos, Tirando del hilo, y de sus relatos Todos los cuentos, publicados en Siruela. El profesor, que será el comisario junto a María Isabel Toro de la exposición prevista en la Biblioteca Nacional en otoño, conoció a la autora a los 23 años cuando escribió un primer artículo sobre ella. “No fui amigo suyo, pero tuve trato de interlocutor-oyente y me encantaba escucharla hablar”, recuerda y apunta que Martín Gaite es el “paradigma de la mujer de letras” en España en el siglo XX. “Es copartícipe, testigo y legataria de los llamados niños de la guerra, pero la afirmación de su poética frente a los grandes iconos masculinos de su generación reivindica los afectos y la comunicación”.

“Frente a sus contemporáneos como su amigo Juan Benet o el que fue su marido Rafael Sánchez Ferlosio, ella muestra una naturalidad y una curiosidad que la sitúan en otro lugar”, apunta el novelista Marcos Giralt Torrente, a quien Martín Gaite, amiga de su familia, alentó cuando arrancaba su carrera. “Era una narradora portentosa, y eso va más de allá de si alguien es buen o mal escritor. En su trabajo siempre hay un detalle que se sale, respira vida y autenticidad”.

Ese impulso narrativo inquieto queda maravillosamente reflejado en sus Cuadernos de todo. Su hija Marta le regaló el primero de esos blocs de notas en los sesenta y le puso el título. Y en uno de ellos cuajó Visión de Nueva York, el libro de collage que recoge sus impresiones de esa ciudad durante su estancia en otoño de 1980, una joya que se editó póstumamente y que ahora ha sido reeditada. Esos collages se mostrarán en una exposición de la Casa del lector en Matadero en Madrid desde mediados de marzo.

“¿A quién no le ha agobiado alguna vez su propia biografía, quién no ha sentido el deseo de arriar el personaje que la vida le impele a encarnar y con cuyo espantajo irreversible le acorralan los malos espejos , esos ojos que no saben mirar ni leer más que lo ya mirado o leído por otros?”, escribió Martín Gaite en un texto de 1972 recogido en La búsqueda del interlocutor. Giralt Torrente destaca la mezcla curiosa de la autora, quien jugaba muchas veces a señorita de provincias, pero tenía una mirada sofisticada y cosmopolita. “Su exploración del mundo literario no se agotaba en sus libros y creó un personaje excéntrico y por momentos extravagante. Tenía desparpajo y falta de pretensión. Fue por libre y se sobrepuso a cosas muy duras. Siempre estuvo rodeada de jóvenes a quienes regaló su atención, consejos y lectura de manuscritos”.

Rafael Chirbes, uno de los autores a quienes apoyó, habla en la introducción a la edición de 2003 de Cuadernos de todo de “la difícil y voluntaria posición de excentricidad que permitió a Carmen Martín Gaite mirar de modo original los problemas de su tiempo, los modos literarios, los consensos políticos, los usos cotidianos”. La clave para la novelista Belén Gopegui está en un “rigor que siempre fue compatible con la alegría, una alegría respetuosa porque estaba transida por la pena aunque no lo manifestara”.

Martín Gaite apunta en Bosquejo autobiográfico en 1980: “He hecho ediciones críticas, traducciones, prólogos, artículos, guiones de cine, adaptaciones de clásicos, colaboraciones para la radio, y hasta he cantado canciones gallegas en un teatro. Pero siempre he evitado, aun a costa de vivir más modestamente, los empleos que pudieran esclavizarme y quitarme tiempo para dedicarme a la lectura, a la escritura y a otra de mis pasiones favoritas: el cultivo de la amistad. Los amigos son para mí la cosa más importante del mundo, la más significante y consoladora, y se requieren de una delicadeza y un tino especiales para no perderlos”. Prosigue: “Hablar con gente de la más diversa condición y edad es algo que me encanta, y escuchar tanto o más que hablar”. En su escritura pervive esa “buena conversación” por la que ella, decía, “lo dejaría todo”.

II

LIBROS | CRÍTICA DE 'A RACHAS. POESÍA REUNIDA' Y 'DE VIVA VOZ. CONFERENCIAS'

Carmen Martín Gaite, más allá de la narrativa. Las recién editadas conferencias y poemas de la escritora son un complemento imprescindible de sus ficciones y ensayos

Domingo Rodenas de Moya

22 jul 2023 

A Carmen Martín Gaite (1925-2000) le encantaba conversar, contar de viva voz. La presencia del otro, oyente que mira y reacciona o lector hipotético y fantasmal, era la fuente de legitimidad del relato y su fuerza impulsora, su causa determinante y su destino último. La palabra dicha adquiría todo su sentido si era compartida, y en ese compartir se modulaba, se acompasaba al ritmo y la avidez del destinatario para acunarlo o soliviantarlo, para pulsar sus cuerdas emotivas, persuadirlo o cautivarlo con el encantamiento irresistible de la voz. De esto escribió muchas veces desde 1966 (fecha de su breve ensayo La búsqueda de interlocutor) y hasta su muerte prematura en 2000, pero de todo lo escrito descuella por su hermosura un ensayo inacabado (por inacabable) que llamó en 1983 El cuento de nunca acabar y subtituló Apuntes sobre la narración, el amor y la mentira. Hasta entonces, la escritora apenas había tenido que enfrentarse a un oyente distinto y plural, el de las salas de conferencias, en cuyos mil ojos es imposible escrutar la reacción de complicidad o disgusto, de asentimiento o discrepancia. Desde entonces, esa masa expectante de personas sería con frecuencia su compañero de baile verbal.

En el volumen VI de las Obras completas que editó en 2017 José Teruel, toda la segunda parte, que ocupa más de 500 páginas, se destinó a reunir sus conferencias y discursos, que son, debe quedar claro desde ahora, un complemento imprescindible de su obra narrativa y ensayística. Especialmente imprescindibles, junto a sus Cuadernos de todo, para quienes deseen conocer desde dentro la íntima sala de máquinas de su escritura. Esta compilación deriva de aquellas páginas, pero las novedades que incorpora se describen en relación con la miscelánea Agua pasada que en 2003 reunió con cierto desorden sus papeles póstumos. De este modo, conferencias importantes como El telar del escritor o Juan Benet: la inspiración y el estilo, que ya figuraban en las OC, aquí se dan como novedades sin serlo propiamente.

La palabra dicha se acompasaba al ritmo del destinatario para acunarlo o soliviantarlo, para persuadirlo o cautivarlo

Lo que constituye una novedad en toda regla es el último capítulo, ‘Brechas en la costumbre. Sobre el contenido de la materia literaria’, que agrupa las cinco conferencias que Martín Gaite tenía que pronunciar el año 2000 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Abordaba en ellas su concepción de la literatura fantástica (“una brecha en la costumbre”, que iba a ser el título de sus primeros cuentos), la relación entre la Historia y las historias ficcionales (esclarecedor el vínculo entre su investigación sobre el dieciochesco Melchor de Macanaz y Retahílas), la relación de la memoria y la narración oral (uno de sus temas más entrañados), el papel de los espacios como generadores de la imaginación narrativa (y aquí revela la génesis locativa y teatral de sus novelas) y, en fin, los viejos y la literatura. Sin desmerecer las cuatro anteriores, esta última conferencia es extraordinaria en su sabia errabundez y en muchas de sus reflexiones, como la de que intentar imitar literariamente la perspectiva de un viejo (el “estilo tardío” o el haber sufrido toda suerte de cornadas en el ruedo de la vida) es un fraude: es como torear sin toro.

El resto de las conferencias se ordena en cinco bloques temáticos cuyo interés no decae, aunque los tres primeros, sobre el oficio de escribir, el recuerdo autobiográfico como argumento y la sección miscelánea, con trabajos sobre el viaje como búsqueda, sobre la mujer en la literatura o sobre Cumbres borrascosas (esta fue una de sus últimas intervenciones), son los más suculentos. Los otros dos, dedicados a su querido siglo XVIII (con una disertación sobre el “estilo amoroso de la mujer” a través del tiempo, fruto directo de su ensayo Usos amorosos de la posguerra española; 1981) y a Elena Fortún y el personaje de Celia (producto de un ciclo en la Fundación Juan March), ayudan a completar la imagen de Carmen Martín Gaite como una mujer de letras preocupada por la cartografía a veces nubosa de la memoria colectiva y por los ecos y resonancias de la memoria personal.

En sincronía con la aparición de las conferencias se ha recuperado la obra poética de la autora que tituló ya en su primera edición en 1976 A rachas. Era un modo de poner de manifiesto la intermitencia con que soplaba para ella el viento lírico desde su adolescencia en los años cuarenta hasta aquel momento. Entonces era un puñado de poemas que salieron a la luz por empeño de Jesús Munárriz entre dos de sus más logradas novelas, Retahílas (1974) y El cuarto de atrás (1978), y el mismo año de una novela menos feliz aunque con un título de lo más declarativo: Fragmentos de interior. En sucesivas ediciones, en 1986 y en 1993 se incrementó con 9 y 14 poemas respectivamente, y en 2000, en el tercer volumen de las ya citadas Obras completas, Teruel añadió cinco poemas entre dispersos e inéditos. Este conjunto es el que ahora se reedita —solo se descarta un poema de circunstancias— con un bonus espléndido: la recitación de los poemas en la voz de la propia escritora, accesible mediante un código QR. Junto a letras para cantar y hasta travesuras poéticas, hay poemas memorables, como el lacerante ‘Pájaro vegetal’, o la estampa narrativa ‘Todo es un cuento roto en Nueva York’. Qué saludable es que se facilite la perduración de las voces de Carmen Martín Gaite.

De viva voz. Conferencias

Carmen Martín Gaite

Edición y prólogo de José Teruel

Siruela, 2023

528 páginas. 29,95 euros

A rachas. Poesía reunida

Carmen Martín Gaite

Edición de José Teruel

La Bella Varsovia, 2023

160 páginas. 15,90 euros

III

Martín Gaite, Carmen, 1925-2000

Escritora salmantina, su padre no quiso que recibiera una educación religiosa, por lo que en sus primeros años fue educada en casa, compaginando rigor y pasión por la literatura. Profundizó en este interés inicial por las letras gracias a Rafael Lapesa, su profesor de Filología Románica en el bachillerato.

Ya en la universidad, se beneficiará de la maestría de figuras intelectuales como Antonio Tovar y Zamora Vicente. Igual o más importante para su formación, dejando aparte su vida, será su encuentro en Madrid con jóvenes literatos que formarán la Generación de Medio Siglo: Ignacio Aldecoa,  Josefina Rodríguez, Agustín García Calvo, Jesús Fernández-Santos y Rafael Sánchez Ferlosio, con quien se casará en 1953. Este será el núcleo de la Revista Española, ambiciosa pero efímera creación de Rodríguez Moñino, que no llegará a superar los 27 suscriptores.

En su periodo universitario escribió sus primeros poemas, participó en representaciones teatrales, y ya mostró su predilección por la novela. Gracias a diversas becas pudo viajar a Coimbra y Cannes, donde adquirió conocimiento de la literatura francesa; y tras casarse viajó a Italia, lo que le permitió conocer a autores como Cesare Pavese y Natalia Ginzburg, que tendrán una gran influencia sobre ella. Ya ha decidido dejar aparcada su carrera universitaria para centrarse en la literatura. Los resultados serán inmediatos y en 1954 ganó el Premio Café Gijón por su primera novela, El balneario, de estilo neorrealista. Tan solo cuatro años después recibirá el prestigioso premio Nadal por Entre visillos, en la que retrataba el ambiente del Instituto femenino de Salamanca. También fue finalista del Premio Biblioteca Breve por Ritmo lento (1963).

Pese a su fulgurante irrupción en el mundo literario, en los años 60 decidió retornar a sus estudios históricos, centrándose en el siglo XVIII español. El fruto de siete años de investigación fue El proceso de Macanaz: historia de un empapelamiento (1970), un extraordinario documento que según muchos comentaristas se encuentra entre lo mejor de su producción. En la misma línea, dos años más tarde publicó Usos amorosos del dieciocho en España (1972), reelaboración de su tesis doctoral, que contra todo pronóstico se convirtió en un gran éxito tanto de crítica como de público.

Tras una década alejada de la ficción, en 1974 se produce su regreso a la novela con Retahílas, que se convierte en un nuevo éxito gracias a su naturalidad y cercanía con el lector.

Ese mismo año publicó el libro de poemas A rachas, y dio muestras de su versatilidad a través de sus colaboraciones en prensa, teatro y televisión, como su escritura del guion de la serie Santa Teresa. En los años 80 fue invitada por diversas universidades de los Estados Unidos, y su figura fue cada vez más reconocida internacionalmente. Su estilo siguió evolucionando, y en 1983 publicó El cuento de nunca acabar, en el que mezclaba ensayo y ficción.

En 1985 se produce la trágica muerte de su hija, que propiciará que se centre todavía más en su trabajo. Así, en 1987 publicó otro de sus grandes textos, Usos amorosos de la Postguerra española, con el que volvió a ganarse el favor del público. En esta época recibió diversos premios, entre los que destaca el Príncipe de Asturias de las Letras. También mostró un gran talento en su labor como traductora, tanto del italiano como del inglés, con versiones canónicas de clásicos como Cumbres borrascosas. Una nueva muestra de la amplitud de sus intereses artísticos será la escritura de libros juveniles, caso de Caperucita en Manhattan (1990), vertiente que también queda de manifiesto con su participación en la serie de televisión Celia, basada en el personaje de su admirada Elena Fortún.

Durante la última década de su vida continuó desplegando una gran actividad, escribiendo novelas como Nubosidad variable (1992), La reina de las nieves (1994) o Lo raro es vivir (1998), con las que se mantuvo como una de las escritoras españolas más leídas y queridas de la finales del siglo XX.

PREMIOS

1954: Premio Café Gijón por El balneario

1957: Premio Nadal por Entre visillos

1987: Premio Anagrama por Usos amorosos de la postguerra española

1988: Premio Príncipe de Asturias de las Letras

1994: Premio Nacional de las Letras Españolas

Cronología

1954

Premio Café Gijón por El balneario

1987

Premio Anagrama por Usos amorosos de la postguerra española

1994

Premio Nacional de las Letras Españolas

1957

Premio Nadal por Entre visillos

1988

Premio Príncipe de Asturias de las Letras

 V

La biografía de Carmen Martín Gaite de José Teruel se alza con el Premio Comillas 2025

El jurado del galardón valora “la minuciosa reconstrucción de la vida de la narradora, ensayista y mujer de letras, una de las voces literarias en lengua española más importantes del siglo XX” al cumplirse 100 años de su nacimiento

Consuelo Bautista, El País 16 ene 2025 

El libro de memorias Carmen Martín Gaite. Una biografía, del profesor José Teruel, se ha alzado con el Premio Comillas 2025, que otorga la editorial Tusquets. El jurado ha valorado especialmente la “minuciosa reconstrucción de la vida de la narradora, ensayista y mujer de letras, una de las voces literarias en lengua española más importantes del siglo XX”, y apunta que las memorias describen “con brillantez el contexto social y literario de una narradora que supo conquistar a varias generaciones de lectores, al tiempo que evoca con exquisita sensibilidad las tragedias que condicionaron la personalidad de la autora salmantina”. El libro se publica el 12 de marzo.

“José Teruel nos brinda claves esclarecedoras para interpretar un mundo literario de gran hondura psicológica, que se ilumina con el sabio manejo de la interesantísima correspondencia, los incontables apuntes personales de Martín Gaite y muchos textos inéditos. Al cumplirse cien años del nacimiento de la escritora, esta magistral biografía está llamada a ser la obra de referencia en los estudios sobre su vida y su escritura”, prosigue el fallo del jurado.

Con su primera novela corta, El balneario, Martín Gaite obtuvo en 1955 el Premio Café Gijón y, tres años después, su novela Entre visillos le valdría el prestigioso Premio Nadal. Se iniciaba así una de las trayectorias literarias más brillantes e interesantes de la reciente literatura en lengua española, en la que sobresalen, entre otras novelas y cuentos, El cuarto de atrás, Nubosidad variable, La reina de las nieves o Caperucita en Manhattan, así como los ensayos Usos amorosos del dieciocho en España, El cuento de nunca acabar y Usos amorosos de la postguerra española.

Para componer esta completísima biografía, que será referencia obligada para conocer la vida y la obra de Carmen Martín Gaite, José Teruel ha podido acceder a una ingente documentación, en gran parte inédita o poco conocida, compuesta de cartas y abundantes cuadernos de apuntes, notas y observaciones de toda índole de la autora, así como a datos aportados por familiares y amigos que la conocieron bien.

Este premio, que se otorga desde 1988, nació con la intención de despertar en el público en lengua española el interés por las obras biográficas, memorialistas e históricas. Los últimos galardonados han sido Manuel Calderón por Hasta el último aliento (2024), Ian Gibson y su Un Carmen en Granada. Memorias de un dublinés (2023), Miguel Dalmau por Pasolini. El último profeta (2022), Miguel Ángel Villena por Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente (2021), Yolanda Arencibia por Galdós. Una biografía (2020) o Javier Padilla por A finales de enero (2019).

martes, 21 de enero de 2025

Acoso al profesor

 "Es un linchamiento", "No sirves para nada". El infierno de los profesores en los grupos de WhatsApp de padres

Las agresiones hacia los docentes han pasado de los empujones y las collejas a un ciberacoso despiadado que incluye la suplantación de identidad en redes, viralizar fotos y memes para ridiculizarles y las falsas acusaciones

En El Confidencial, por Albert Sanchís

20/01/2025

"Mira tonto, por tu asignatura no vamos a vivir, lo haremos por matemáticas, por lenguaje y por todo lo demás, pero por gimnasia no"; “Ni su padre ni yo le vamos a castigar ni regañar por haber suspendido algo con lo que no va a llegar a ningún sitio”; "Lo que pasa es que creo que le has cogido manía". Son solo algunas frases a las que se ha enfrentado directamente Eduardo Martín (nombre ficticio, ya que prefiere no revelar su identidad) con varios padres y madres de alumnos de 1º de la ESO en servicios de mensajería instantánea. En los grupos de WhatsApp de padres, ya sin la presencia de los docentes, la cosa se pone incluso peor: insultos, amenazas, vídeos, fotos y datos del pasado de los profesores, difamaciones, memes... El ciberbullying crece a pasos agigantados en el sistema educativo, pero la atención mediática e institucional ha estado poniendo el foco en el alumnado y, poco a poco, se ha ido abandonando a otro grupo que lo sufre día a día, el profesorado. "Es un linchamiento", señalan fuentes del servicio del Defensor del Profesor. Marín relata que una tarde abrió su ordenador y a través de la aplicación de enseñanza que usan en su centro (Microsoft Teams), la madre de un alumno que había suspendido le envió alrededor de 15 mensajes de texto y varios audios. "Empezó a hablarme con una falta de respeto brutal, criticando mi manera de dar clase. Y en ese momento se te pasa por la cabeza mandarla a tomar viento, pero al final tienes que estar a la altura de tu trabajo. A las 24 horas le contesté de manera educada, pero estuve varias semanas sopesando la idea de denunciarla". En los correos electrónicos es algo que él y sus compañeros viven con frecuencia: "Recibimos todos los días mensajes desagradables y amenazas, como el del padre de un chaval que había castigado y que me decía que iba a presentarse aquí y que todo iba a arder. Nos hemos acostumbrado a que nos hablen con tono de superioridad".

El curso pasado, un total de 1.947 docentes de toda España pidieron ayuda al Defensor de Profesor, una figura creada por el sindicato ANPE en 2005. Desde entonces, sus actuaciones ascienden a 44.386. Y el 98% de los casos provienen de la enseñanza pública. En la mayoría de llamadas que la institución recibe, se menciona el uso cada vez más perverso que se le está dando a los famosos grupos de WhatsApp de los padres y de las madres, en los que muchas veces la información que se comparte trasciende y llega al propio profesor. En otras ocasiones, las familias usan las redes sociales como Instagram, X o plataformas de los propios centros para "desprestigiar" y escribir "absolutas barbaridades". "Se vierten informaciones que perjudican a los profesores porque son meras opiniones, pero que cuando se extienden se convierten en difamaciones graves. Hay familias que están utilizando esos grupos para difundir injurias y calumnias, para decir que 'mi hijo ha sufrido esto o lo otro en clase'. Incluso nos llegan casos de padres que deciden salirse de estos círculos porque se sienten avergonzados", explica a El Confidencial Guadalupe Pérez, coordinadora del Defensor del Profesor de ANPE Madrid.

"Papá, no me saques en Instagram": la exposición de tus hijos ya es un problema familiar

Albert Sanchis

El sindicato ha llegado a denunciar que un grupo de padres realizó pintadas y colgó carteles en la residencia de un docente. También lleva tiempo advirtiendo de que "nadie es anónimo en las redes". Y piden que las cosas se solucionen de otra forma, pero "no buscando la camarilla en el grupo del WhatsApp". Hace poco trascendió la condena a una madre que amenazó con arrancarle los ojos a la profesora de su hija. "También nos encontramos comentarios muy perniciosos en las fichas de Google de los propios centros. Bajo apodos y sin mencionar ningún nombre, se escriben insultos o acusaciones infundadas como que la profesora ha maltratado a su hijo o que el profesor es un acosador. El objetivo siempre es producir un daño al claustro", señala Pérez. Cuestionar la forma de explicar del docente se ha convertido en una constante. "Generalmente, las familias que hacen este tipo de comentarios no se dirigen al profesor y tampoco ponen en duda los comentarios que les hacen los hijos, es algo que pasa muchísimo en Educación Infantil. Ciertas situaciones en el aula son sobredimensionadas y no se intenta aclararlo con el profesor, sino que directamente se vierte en el grupo de WhatsApp y empieza el linchamiento", añade la docente.

El hostigamiento de los propios alumnos

El acoso digital no solo viene por parte de los progenitores, sino también de los estudiantes: "Aquí la cosa sí que se pone muy fea. A algunos profesores les hacen fotos en las aulas sin que se den cuenta para crear memes. Usan las orlas para hacer stickers que van pasándose por los grupos que tienen. Son profesionales del stalkeo y encuentran enseguida todos tus datos en la red", menciona un profesor de secundaria consultado, que relata cómo a un compañero le metieron en un grupo de WhatsApp con decenas de alumnos que empezaron a insultarle sin fisuras. "Yo he llegado a tener una alumna que me servía como confidente y que me iba chivando cosas para proteger a los afectados", cuenta. En nuestro país hay un ciberacosador por cada aula de 28 alumnos. Es lo que se desprende de una investigación de la Universidad Complutense de Madrid con la participación de 15 Consejerías de Educación, 325 centros educativos de toda España y casi 21.000 estudiantes de entre 4º de Primaria y 4º de Secundaria. Las agresiones del alumnado hacia los docentes han pasado de los empujones, el lanzamiento de objetos o alguna colleja a un ciberacoso digital despiadado que incluye la suplantación de identidad en redes sociales para ridiculizarles, viralizar fotos, vídeos o mensajes sin permiso, llamadas con amenazas para asustar, acusaciones falsas o presiones para subir las notas.

La inteligencia artificial y el auge de las redes sociales como TikTok ha impulsado esta problemática, pues la IA ya se utiliza en el 20% de los casos de ciberbullying, según la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR. Datos que constatan esa "deriva peligrosa" de la que ya alertó la Fiscalía, cuando se pronunció sobre un incremento de la criminalidad entre menores de edad que usan medios telemáticos o Internet, fundamentalmente en casos de acoso escolar. ¿Los medios más usados? WhatsApp, Instagram y TikTok. Según el mismo informe, los insultos, los motes y las burlas hacia la persona que sufre acoso son la forma más habitual de meterse con la víctima. También la difusión de rumores y las críticas a su aspecto físico. "Es un linchamiento. Hay familias que utilizan los grupos para difundir calumnias" "Cuando nos llaman escuchamos situaciones esperpénticas, casos en los que los alumnos sacan el móvil en clase y graban a la profesora cuando está de espaldas, siempre con connotación de burla e incluso les añaden unos cuernos o cosas por el estilo. La cuestión es mofarse del profesor, molestar. Otras veces se dan situaciones más graves como falsificar el perfil de los docentes", señala Pérez. Eso ha desembocado en casos en los que a los profesores ya les da miedo entrar en clase y otros que derivan en denuncias.

Crecen las bajas por ansiedad y depresión

El informe anual del Defensor del Profesor arroja que han aumentado un 45% los casos de bajas laborales denunciados en su servicio y el porcentaje de docentes atendidos por el servicio a los que se les ha diagnosticado depresión, que alcanzó el 13,4% (frente al 12,7% del curso 2022-2023), y se mantienen muy altos los niveles de ansiedad (69,9% de los casos) y de bajas médicas (16,1%). ¿Cómo te defiendes? En este sentido, la ANPE afirma que lo que mejor que puede hacer el docente es convocar a todas las familias y dar las informaciones pertinentes. El problema es que los propios profesores no se enteran de que están siendo acribillados en grupos privados de mensajería y, cuando se empiezan a enterar el runrún, ya lleva meses produciéndose. "En la mayoría de casos siempre hay una familia, un padre o una madre que prende la mecha. Hay que tener en cuenta que las familias son muy heterogéneas, con perfiles muy diferentes. Hay algunas muy problemáticas que complican mucho nuestro trabajo, que ponen pegas a todo: si su hijo es disruptivo, la culpa es del profesor porque no sabe motivarle. Otros dicen que su hijo es muy inteligente y que se aburre en clase. Lo justifican todo".

La idea de la Fiscalía contra el odio en redes tras el asesinato de Mateo. "Es algo imposible"

Albert Sanchis

El centro no puede impedir que ningún alumno, padre o madre vaya hablando mal del docente fuera del mismo. Por lo tanto, las soluciones han de venir desde fuera del ámbito educativo. Eso ha obligado al sindicato a elaborar un decálogo para mejorar el uso de los grupos de mensajería instantánea de madres y padres dirigido a los propios progenitores. Una especie de documento de buenas prácticas para "favorecer la dignificación de la profesión docente" en estos ambientes. En él, se solicita "no ser cómplice" de actitudes de insulto o difamación y llamar al resto de participantes a tratar de "cortar este tipo de actitudes". También se les pide que no compartan las tareas que llevan los alumnos a casa o no agregar a nadie el grupo sin consultárselo previamente. "El resultado es que todo ese ciberacoso va mellando y quebrando la estabilidad emocional del profesorado, que entra en una espiral y da como resultado casos de depresión o ansiedad. Es lo que denominamos síndrome del profesor quemado. El problema es que de la situación del profesorado nunca se habla. Nosotros hemos demandado al Ministerio de Educación porque la salud mental del claustro va mermando poco a poco y algún día esto va a estallar por algún lado", concluye Pérez.

sábado, 18 de enero de 2025

David Lynch

Dossier y necrológicas de David Lynch:

Carlos Boyero, "David Lynch: No entiendo lo que pretendía contar, pero sospecho que él tampoco", El País, hoy.

Fue el director más amado por los modernos, el creador para ellos de mundos perturbadores, la vanguardia sofisticada y tenebrosa. Yo detesto casi toda su obra

Me cuentan que los periódicos regionales sobreviven en gran parte gracias a sus infinitas esquelas. Debe de ser reconfortante para los ancianos del lugar constatar que ellos siguen vivos, aunque múltiples conocidos se hayan largado al otro barrio. Y reconozco que en los medios de comunicación, o como se llamen esos presuntos transmisores de la verdad y de la realidad, el género de las necrológicas resulta muy florido, sentido, sufrido. Todos los muertos son formidables cuando la han palmado, imperecedera su obra, entrañable su recuerdo. Durante muchas épocas me pedían en los periódicos que escribiera artículos sentidos sobre los muertos más ilustres. Y a veces se llevaban un susto acojonante, ya que mi recuerdo de la obra de esa gente consagrada no era precisamente laudatorio. Cuando fenecen tantas personas que al parecer eran incondicionalmente amadas por el pueblo llano y por todos sus compañeros de profesión, a veces me avergüenzo de su interminable oda. Al parecer todos los muertos fueron tan geniales como amados. Y desde luego los que aparecían continuamente en las apestosas televisiones.

Y lamento que alguien se vaya de este mundo cuando no tiene voluntad de hacerlo. Miento. Solo en algunos casos. Celebraría que todos los seres viles que gobiernan el planeta se largaran cuanto antes. Pero les reemplazarían los mismos. Y así desde el principio de la historia. Añado estas bobas digresiones mías porque me informan de que la ha palmado el artista David Lynch. Fue el director más amado por los modernos, el creador para ellos de mundos perturbadores, la vanguardia sofisticada y tenebrosa.

Yo detesto casi toda su obra. No entendía lo que pretendía contar, pero sospecho que él tampoco. Su mundo era enigmático. Yo creo que sin pies ni cabeza. Solo imágenes rebuscadas y argumentos imposibles, más gratuitos que inquietantes.

Pero este fulano de apariencia tan cuidada, artificioso buceador de las sombras, también fue capaz de realizar dos películas que me enamoraron. Una es El hombre elefante, tan sombría como sentimental. La otra es Una historia verdadera, que narra el accidentado viaje de un anciano muy solo en su tractor a lo largo de infinitos kilómetros en la América profunda para despedirse de un hermano con el que rompió hace 10 años y que está muriéndose. Existe en ella una belleza y un sentimiento perdurables. Pero el Lynch más reconocible y amado solo me provoca grima. Era un moderno inventándose juegos convenientemente oscuros.

II

 Las cinco películas (y una serie) con las que David Lynch redefinió el cine moderno

El director, obsesionado con el inconsciente y lo oculto, desmenuzó las contradicciones del sueño americano en varios filmes para la posteridad

Jorge Morla | Eneko Ruiz Jiménez

Madrid - 16 ene 2025

Tiene su gracia que, en su último papel, David Lynch interpretara al legendario John Ford para la autobiográfica Los Fabelman, de Steven Spielberg. Desde un lugar muy distinto y con unos materiales diametralmente opuestos, Lynch se aseguró una importancia para el séptimo arte de la talla del legendario director del parche. Repasamos algunas de sus obras más importantes, en las que mezcla realidad y ficción, consciente y subconsciente, e indaga en las corruptas raíces de lo peor del sueño americano.

Eraserhead (Cabeza borradora) (1977). Primer largometraje de Lynch, Eraserhead, de 1977, ofrece una experiencia onírica y perturbadora que mezcla el surrealismo con la angustia existencial: dos ingredientes que el maestro del cine exprimiría a lo largo de su carrera. Ambientada en un mundo industrial y oscuro, la historia sigue a Henry Spencer, un joven abrumado por un entorno opresivo al que de repente le cae la responsabilidad de cuidar de un misterioso bebé mutante. La fotografía en blanco y negro y los efectos de sonido convirtieron al filme en una muy torcida experiencia claustrofóbica. La película, que se convirtió en un clásico de culto, señaló algunos de los futuros temas recurrentes de Lynch, como la paternidad, la alienación y el miedo a lo desconocido.

El hombre elefante (1980). El hombre elefante descubrió el lado más sensible y humanista de Lynch. Basada en la historia real de Joseph Merrick, la cinta narra la vida (y la lucha por la dignidad) de un hombre con graves deformidades durante la Inglaterra victoriana. Lynch basculó en este cinta hacia un tono más conmovedor, y contó con un reparto sobresaliente encabezado por John Hurt y Anthony Hopkins. De nuevo, recurrió a una cuidadísima fotografía en blanco y negro en este canto a la humanidad más profunda. Quizás su cinta más sencilla de comprender, junto a Una historia verdadera.

Terciopelo azul (1986). La historia comienza con el hallazgo de una oreja humana en uno de los planos más prodigiosos de la historia. Un plano con el que da comienzo el viaje al final de la noche de un joven ingenuo sumergido en una trama llena de misterio y perversión. Con un impecable uso de colores saturados y una banda sonora revolucionaria, la película consigue conjurar lo onírico y lo siniestro. Isabella Rossellini y Dennis Hopper destacan en dos de los mejores papeles de sus carreras, además de la presentación de dos de los fetiches del director: Laura Dern y Kyle MacLachlan (con el que viajó incluso a su despreciada Dune). Y un dato más: quizá sea el filme donde arranca otra de las obsesiones del creador: la obsesión por señalar las contradicciones e hipocresías del sueño americano.

Carretera perdida (1997). Nuevo descenso a las profundidades del universo onírico y retorcido de Lynch, Carretera Perdida se centra en un músico acusado de asesinar a su esposa, quien experimenta una metamorfosis mientras cumple condena en prisión. El filme juega con la identidad y la memoria, y profundiza en el concepto de disolución de la realidad. La música de Angelo Badalamenti (por supuesto) junto a Trent Reznor destaca a la hora de envolver un filme laberíntico que invita a múltiples interpretaciones y que deja algunas de las escenas más memorables de su filmografía.

Mulholland Drive (2001). Considerada la obra cumbre de David Lynch, originalmente un piloto televisivo rechazado, este filme que encabeza algunas de las listas de mejores películas de la historia combina misterio y surrealismo en una historia negra ambientada en Hollywood que sigue la vida de dos mujeres (interpretadas por Naomi Watts y Laura Harring) cuyas identidades se entrelazan, como la realidad y la fantasía. Quizá sea la obra que mejor muestra la obsesión de Lynch con el subconsciente, y en la que Lynch pone más atención a la estructura (muy fragmentaria), que invita al espectador a armar el puzle en su propia cabeza.

Twin Peaks (1990-2017). Nadie ha conseguido capturar la extrañeza y emoción de los sueños como David Lynch. Otro David (Chase) lo sabía, y lo usó para continuar en Los Soprano la revolución televisiva que él empezó. Porque quizás antes de Twin Peaks no había nada, y su embrujo acabó impregnando toda la televisión: desde Mujeres desesperadas a Broadchuch, pasando por Perdidos o True Detective. Aquel pequeño pueblo con aire de los cincuenta demostró que el de las series es un terreno fértil, e, inesperadamente, la narrativa más rara del mundo fue un fenómeno global. Una que revolucionó todo dos veces. La segunda fue en 2017, y no tomó el camino fácil. Era Lynch; esto no iba de entenderlo. Esto iba de sentirlo. Porque detrás de esa cortina roja estaban todas las respuestas humanas. En realidad, todas menos la menos importante: ¿Quién mató a Laura Palmer?

III

Manuel Vilas, David Lynch, un explorador iconoclasta y perverso, 17 ene 2025

Fue al cine de los ochenta y noventa del pasado siglo lo que William Burroughs a la literatura de los años cincuenta y sesenta: un individualista devastador

No soy un admirador del cine de David Lynch, yo soy su enamorado. David Lynch fue al cine de los ochenta y noventa del pasado siglo lo que William Burroughs a la literatura de los años cincuenta y sesenta: un individualista devastador, un infiltrado en la disolución de la mirada del espectador o del lector. Lynch era guapo. Se parecía a otro individualista cegador: David Bowie. Tenían un flequillo parecido. Lynch es Estados Unidos, es la narración cinematográfica más brillante y honda que se ha hecho de ese país en los últimos cincuenta años.

No puedo hablar de todas sus películas. Citaré las que me volvieron medio loco de amor y terror. La primera fue El hombre elefante (1980). La segunda —de la que salí desquiciado del cine, sabiendo que mi vida era de una rutina horripilante si la comparaba con la vida de Nicolas Cage— fue Corazón salvaje (1990): un latigazo visual donde el amor humano era un juego despiadado. Allí, en esa película, constaté que Lynch era un cineasta asocial, como Wong Kar-Wai, por poner un ejemplo. Un cineasta obsesionado con las pasiones humanas más inconfesables, pasiones que ocurrían en la América profunda, en un lugar sin ley y sin mandamientos sociales, o culturales, o morales. No hay moral social en Lynch, como tampoco la hay en Burroughs o en Kafka. Otro de las grandes incautaciones de mi alma por parte del cine de Lynch llegó con Mulholland Drive (2001). Allí Naomi Watts y Laura Harring se convertían en dos misterios de la humanidad. El cine de Lynch es el cine de un explorador iconoclasta y perverso y sarcástico de la condición humana. Mil pasos por delante de cualquier otro cineasta contemporáneo.

Pero la puntilla me la dio Una historia verdadera (1999), una de las películas más inconcebibles de la historia del cine. El viaje de 500 km en una máquina de cortacésped de un hombre que vive en Iowa que va a ver a su hermano en Wisconsin. Cuando viví en Iowa tentado estuve de emular al protagonista de esta historia de Lynch.

Pero qué hay agazapado en las películas de Lynch. ¿Por qué las vemos o las veo con una pasión arrebatada? Por la libertad, ese es el gran tema de Lynch. Un canto disolvente a la libertad. Algunos ven surrealismo en Lynch. No estoy de acuerdo en absoluto. Lynch, como Burroughs o Kafka, es un realista. Salí de ver Una historia verdadera con ganas de caminar 100 kilómetros para ir a hablar con mi hermano. No coge un autobús, no alquila un coche el protagonista de Una historia verdadera. Desafía al mundo.

Siempre Lynch es eso: un desafío a cualquier convención. De una película de Lynch sales viendo tres soles y cuatro lunas. Ya no te crees que haya un solo sol y una sola luna. En Netflix ahora mismo se puede ver una obra maestra de 17 minutos. El cortometraje titulado What Did Jack Do? (2017). Son los 17 minutos más hermosos de la historia del cine de este siglo XXI. Que qué se cuenta: se narra a la oscuridad. La oscuridad de las vidas, pero con fe en esas mismas vidas. Buenas noches, David Lynch. Eras el mejor.

IV

Laura Fernández, David Lynch jamás va a irse a ninguna parte, en "Cultural", El País, 17 enero 2025:

Su reino fue el de la Pesadilla Hiperrealista porque cuando alguien descubre algo que existe pero no podemos ver, entonces inventa una realidad que sin él habría pasado inadvertida

En La Estrella de Ratner, una desconocida novela de Don DeLillo, un niño genio, Billy, debe descifrar una señal de otro planeta guiado por una colección aparentemente interminable de freaks, excéntricos personajes que viven con un pie en este mundo —la supuesta realidad— y con otro en el otro, uno que solo ellos están viendo porque forman parte de algo que existe pero solo está al alcance de aquellos que, permítanme invocarle ya, permítanme invocar al hombre que fue adjetivo instantáneo, el cineasta, el pintor, el artista que hizo lo imposible —dar sentido, o representar, diseccionar, habitar el inconsciente—, saben que todo sigue siendo, afortunada y terroríficamente, un misterio. Uno que David Lynch capturó una y otra vez, apasionadamente, desde un absurdo único, genial, onírico, oscurísimo.

El Reino de David Lynch era el Reino de la Pesadilla Hiperrealista porque cuando alguien descubre algo que existe pero no podíamos ver —o carecía de una teoría: “Las estrellas no necesitan la astronomía”, le dice uno de esos personajes excéntricos de DeLillo al niño Billy—, es que inventa una realidad que sin él habría pasado inadvertida. He aquí lo que ocurre cuando alguien accede desde este lado a ese otro que anida en él, ese otro que, podríamos decir, el telón —siempre de un rojo intenso, un rojo sangre aún y para siempre viva— oculta. No ocurre a menudo —no ocurre nunca— que un creador convierta lo que ha creado —todo— en adjetivo, un adjetivo que define algo hasta entonces indefinible pero por completo identificable. Lo lynchiano es lo posible, y a la vez, lo imposible, aquello que de irreal tiene la realidad.

Porque vivíamos, siempre lo hemos hecho, en el universo de David Lynch antes de que llegase David Lynch. Él sostuvo la cámara sobre la oreja abandonada en el suelo, y caímos en la cuenta de que el inconsciente se contrae —como el pasajero del que habló Cormac McCarthy, ese otro que cada uno lleva dentro, un otro aterradoramente desconocido— y que su contracción puede llegar a deformar la realidad hasta volverla pesadilla, sí, pero también, y sobre todo, cualquier cosa. En The Art Life, ese intimísimo documental que es como un puñado de piezas sueltas del enigma Lynch, o lo más parecido al retrato de un artista adolescente que jamás dejó de ser un artista adolescente —el cigarrillo colgando de los labios, el pelo revuelto, la taza de café en la mesa—, Lynch confesaba que, si llegó al cine, y a la televisión, fue a través de la pintura.

Y en cierto sentido, pintar es todo lo que ha hecho. Porque su cine, su televisión, es artefacto de vanguardia, instrumento, sueño, pesadilla, collage expositivo, broma (a ratos, macabra) infinita. Arte, en mayúsculas. Algo que trató de dar sentido a aquello que nunca lo tendrá. Es en The Art Life donde cuenta cómo de arrolladoramente feliz fue su infancia en los suburbios hasta que, siendo aún niño, vio a una mujer desnuda salir de la nada, una noche cualquiera. La mujer se aproximaba a él por la carretera que discurría junto a su casa. Además de desnuda, parecía ensangrentada. Podría decirse que aquella noche, la frontera entre el sueño —o la pesadilla— y la realidad, se desdibujó en su iluminado cerebro. El cerebro de alguien que se dispuso a disfrutar de nuestra condición de fascinantemente misteriosa anomalía: estar vivos, y querer contarnos.

Como un Mago de Oz nada ilusorio, Lynch parecía tener acceso a los mecanismos que ese telón omnipresente en su obra esconde. El telón que evidencia la puesta en escena, la magia, sentir todo aquello que ocurría al otro lado con una intensidad feroz. Lo compartió —su irredento y disruptor, beckettiano, desactivador de lo real, sentido del humor mediante— con el resto, desdibujando para siempre toda frontera, y expandiendo las posibilidades narrativas —inconscientes— de nuestra enigmática existencia. Es cierto que “hay un gran agujero en el mundo ahora que ya no está”, como dijo anoche su familia, pero también lo es que nunca podrá no estar. Así que, sigamos su consejo, mantengamos la vista en la rosquilla, y no en el agujero, porque, en realidad, para aquellos a los que nos cambió la vida, y para aquellos a los que se la cambiará, jamás va a irse a ninguna parte.

Adoctrinamiento estadounidense

 Gustavo Guardiola

¿Qué opinan de Estados Unidos es un buen país?

Bueno, ¿como para qué? Como para viajar estaba muy bien en los años 90, ahora es muy caro y muy restrictivo. Que te la pases bien o mal depende mucho de ti. Si fumas, la vas a pasar mal. Si eres menor de 21 años, te van a tratar como niño y no podrás hacer muchas cosas.

Ahora, hay que decirlo: Los gringos son muy amables en su tierra, sobre todo con los turistas.

¿Para vivir? 

Uy, depende de qué tanto valores tu libertad. California está considerado el lugar más sobre-regulado del mundo. Tomarte un café, un simple café, obliga a la cafetería a informarte de un enorme listado de riesgos potenciales, no comprobados científicamente, pero que son parte de las creencias de la clase política de EE. UU.

Básicamente, la cultura gringa consiste en venderte algo y advertirte que te vas a morir si te lo tomas. Así la puedes resumir, y llega a excesos ridículos, como en esta etiqueta que tienen que ponerle los californianos a todo vasito que contenga café.

Es una cultura del miedo, yo diría del terror. Pero ellos están bien con eso.

No te quiero decir todo lo que tienes que hacer para ponerle un techito a la entrada de tu casa. Claro, como la mayor parte de la gente no tiene casa, sino que vive en un piso en un edificio, pues no se entera. Pero quienes viven en una casa saben de qué hablo.

¿Para trabajar?

Depende en qué trabajes. En general, las cosas en EE. UU. son muy cuadradas y funcionan bien en esos términos. La gente es amable, si llegas a un hotel de cinco estrellas es muy amable, y puedes confiar en que en cuestión de puntualidad, servicios, dinero, atención al cliente, todo va a funcionar sobre ruedas.

Que también te diré que en esas condiciones todo funciona bien en cualquier parte del mundo.

¿La gente?

En EE. UU. hay de todo, y cuando digo de todo es que de verdad no imagino un lugar más heterogéneo. Como te decía, el gringo normalmente es amable, optimista y tiene un buen trato con los extranjeros. También ocurre que te puedas topar con una señora que viene cargando a un niño con una mano, y que traiga colgada un arma automática en la espalda.

No es frecuente verlo, pero puede pasar.

Como te decía, en EE. UU. hay de todo. No importa cuáles sean tus intereses, puedes encontrar gente con la que te lleves muy bien. Porque, por ejemplo, así como esta señora de la foto trae su riflezote en la espalda, caminas un par de cuadras y vas a ver un grupo de gente con una manta que pide que se prohíban las armas.

Así es con todo. A los gringos les gusta mucho militar, y militan por todo. Si en una calle ocurren dos accidentes de tránsito en un mes, va a aparecer un grupo de vecinos que piden que se ponga un semáforo o que se ponga algo.

Eso, por un lado, hace que muchas cosas funcionen muy bien, pero, por otro lado, crea una sobrerregulación tremenda, y también es asfixiante, porque ser quejumbroso es parte de la cultura. Cualquiera se queja de cualquier cosa, y cuando la cosa te atañe a ti, resulta una buena razón para pensártela dos veces si quieres vivir por allá.

¿Para ser músico?

No, para eso sí que está muy jodido. La competencia es abrumadora. Los gringos son muy exigentes cuando se trata de espectáculo, y también son muy obsesivos cuando se trata de cumplir las expectativas. En Nueva York, la ciudad del jazz, hay gente muy, muy brillante que le cuesta mucho trabajo sobrevivir. El gran artista en EE. UU. es completamente reemplazable. Si tú avientas una piedra en The Village, matas un músico. Todo mundo toca, todo mundo es chingón, y todo mundo se muere de hambre.

Un músico con un disco de platino en jazz cobra unos 100 USD al año en Spotify. Eso te alcanza para comprarte unos pantalones, quizás.

¿En política exterior?

Bueno, ahí la cosa es distinta. Una cosa es la gente y otra es la dirigencia de un país. EE. UU. impone una agenda muy dura a todo el mundo, y no escatima recursos ni se tienta el corazón en hacer que su voluntad se cumpla. El gringo común es amable en la calle, pero a nivel político es extremadamente prepotente, y ellos lo dicen muy claro: "EE. UU. no tiene amigos, solo intereses".

El presidente Taft se reunió con el entonces presidente de México, Porfirio Díaz, en 1909. Taft le pidió a Don Porfirio que devaluara el peso, que detuviera la construcción del tren del Istmo (porque EE. UU. estaba haciendo su canal en Panamá) y que le suspendiera la concesión de la extracción de petroleo a Inglaterra y se la diera a Rockefeller. Don Porfirio le dijo que no a las tres peticiones de Taft.

Bueno, no pasó ni un año para que Taft le armara una revolución en México. Don Porfirio entendió el mensaje, tomó un barco hacia Francia y le dio el poder a Francisco I. Madero, a quien los gringos armaron y financiaron. Pero la cosa no paró ahí. Luego a los gringos no les gustó Madero, las cosas se complicaron porque Inglaterra también mandó agentes, y también Alemania. El caso es que la guerra se prolongó diez años más, ya después de que Porfirio Díaz le había dejado el poder a Madero. Y la guerra le costó a los mexicanos entre 1.9 y 3.5 millones de muertos.

A la élite en el poder en EE. UU. nunca le han importado cuántas personas se mueran en un conflicto que ellos provoquen. Es una élite muy pragmática, megalomaníaca, y yo diría que bastante psicópata. Tiene a su servicio un tremendo aparato de propaganda y es capaz de convencer a prácticamente cualquier persona que no sea muy aguda, porque el aparato mediático de EE. UU. es omnipresente, abrumador y omnipotente.

Y, sin embargo, siempre hay las ovejas negras que se dan cuenta, porque, hay que decirlo: existe una prensa en EE. UU. que es muy eficiente, y cuando un periodista gringo se lo propone, escribe un artículo que te tira de la silla. Sí, existe en EE. UU. una crítica feroz contra sus propias élites y contra sus propios instrumentos de control. Ahí están los Simpsons, que quizás sean uno de los íconos más representativos del pensamiento crítico en EE. UU.

¿Como proveedores? ¿Como clientes? 

En general, el gringo es formal en lo que respecta a sus compromisos. Si te dicen que te pagan el martes, puedes confiar en que te pagan el martes. En cuanto a profesionalismo, hay de todo. El gringo suele tener en muy alta estima su cumplimiento del trabajo. Muchas veces se sobrevalora a sí mismo. Si vas a trabajar con gringos, tienes que estar mentalizado a que juegas a su mismo nivel. Si no te ven como un igual, ya valió queso, porque el gringo tiene un sentido de superioridad que le inculcan todos los días de su vida desde niño. A un gringo le repiten todos los días de su vida que vive en el mejor país del mundo, y que él pertenece a la sociedad más libre y más chingona del mundo.

El gringo no está nada consciente de la manera en que su país ha conseguido la hegemonía. Cuando sale de su país no se explica por qué otros países no tienen ese nivel de desarrollo. Con frecuencia no es para ellos entendible por qué en otros países la gente no impermeabiliza el techo de su casa. "¡Pero si yo, recogiendo pelotas de tenis en un club ganaba 200 USD en unas horas!" Bueno, les cuesta trabajo entender que en el resto del mundo nadie pague 200 USD en unas horas al chico que recoge las pelotas de tenis o al que carga los palos de golf.

¿Como inmigrantes?

Toda sociedad tiene gente que no encaja con las creencias y los valores de su país, y eso ocurre mucho con la gente de Estados Unidos. Estados Unidos tiene una enorme cantidad de población migrante. Un millón que viven en Canadá y dos millones que viven en México. Eso sin considerar los muchísimos migrantes no contabilizados, ya que ni México ni Canadá piden visa a EE. UU., así que cualquiera que quiera venir, puede hacerlo.

Como migrante, el gringo suele ser mesurado, abierto, amable. En general tratan de permanecer entre ellos, buscan estar con otros gringos. No se meten en problemas, con frecuencia es gente mayor que busca un lugar en donde los servicios médicos no los dejen en la ruina, y en donde puedan acceder a un buen nivel de vida sin poner en riesgo su patrimonio.

Hay de todo. Mucha gente que no le gusta el sentido de libertad de EE. UU. y prefieren una libertad menos aterradora.

Por supuesto, generalizar siempre tiene sus riesgos, pero la generalización es una herramienta del pensamiento. Todo esto tómalo con una pizca de sal.

Tesla, un autista

 De Mona Whitee en Quora:

Nikola Tesla era un hombre alto y delgado, media más de seis pies de altura y pesaba alrededor de 140 libras. Tenía penetrantes ojos azules grises claro que a menudo se destacaban, y una vez le dijo con humor a un reportero que sus ojos solían ser oscuros, pero usando tanto su mente los había aligerado. Conocido por su elegancia y meticuloso aseo, Tesla siempre fue bien vestido y elegante, una verdadera imagen de sofisticación.

Tesla era a menudo la persona más popular en las reuniones sociales, cautivando a otros con su amplio conocimiento. Ya sea que el tema fuera poesía, historia, música, deportes o ciencia, Tesla podía entablar una conversación con cualquiera, y cuando hablaba, la gente escuchaba. Su carisma e intelecto lo convirtieron en un imán para la admiración y la intriga.

Tesla nunca se casó y permaneció soltero toda la vida. Se dedicó completamente a la ciencia, creyendo que el amor y la compañía distraerían de su trabajo. Esta soledad autoimpuesta fue un sacrificio que hizo voluntariamente, esperando que su devoción a la invención inmortalizara su nombre durante las generaciones venideras.

Uno de los pocos pasatiempos de Tesla fuera de su trabajo era alimentar palomas. Su fascinación por los pájaros comenzó en la infancia, creciendo en el Imperio Austro-Húngaro. Él y sus amigos una vez hicieron un deporte de atrapar pájaros, solo para ser atacado por una bandada de cuervos enojada—una lección de respeto a la naturaleza. En Nueva York, Tesla alimenta a las palomas diariamente durante sus paseos e incluso curaba las heridas para que recuperaran la salud en su habitación de hotel. Esta devoción a las palomas parecía superar sus conexiones con la mayoría de la gente. En 1917, mientras recibía la prestigiosa Medalla Edison, Tesla desapareció. Finalmente fue encontrado alimentando palomas cerca de una biblioteca y lo persuadieron para volver a la ceremonia para dar su discurso.

Tesla también tenía tendencias obsesivo-compulsivas que influenciaron muchos aspectos de su vida. No le gustaban los pendientes, las perlas, los melocotones y tocar el pelo de otras personas. Contó los pasos de sus paseos y calculó el contenido cúbico de los platos de comida antes de comer. Todo lo que hizo tuvo que alinearse con su fijación en el número tres. A pesar de estar siempre con pájaros, sus hábitos de limpieza eran igualmente rigurosos. Siempre usaba guantes para evitar el contacto humano, y personalmente limpiaba sus platos y cubiertos en restaurantes con exactamente 18 servilletas. Además, su casa y sus laboratorios tuvieron que ser limpiados diariamente. Esto no fue mera excentricidad; Tesla casi muere de cólera cuando era niño y desarrolló una obsesión de toda la vida con evitar gérmenes para proteger su salud.

El enfoque de Tesla en la limpieza se extendió a sus inventos de salud. Creó un aparato para darse un "baño seco" pasando millones de voltios de electricidad por su cuerpo. Este dispositivo, un pequeño oscilador similar a un tambor, aplicó electricidad de alta tensión que creía destruía gérmenes dañinos sin dañar las células de tejido. Tesla vio esto como una fuente de la juventud, aunque todavía se adhirió a las prácticas de salud convencionales como baños diarios, ejercicio regular, y caminar de ocho a diez millas cada día. Evitó los taxis y confió en sus propias piernas para el transporte.

La dieta de Tesla fue otra área de estricta disciplina. Aunque no era un vegetariano estricto, rara vez comía carne, tal vez una o dos veces al año. Creía que la humanidad debería cambiar hacia el vegetarianismo, llamando al consumo generalizado de carne "bárbaro. También se abstuvo de estimulantes como el té, el café y el alcohol, viendo el cuerpo humano como una máquina que necesitaba un mantenimiento adecuado. Su régimen de salud, inspirado por su teoría mecánica de la vida, fue diseñado para mantener su "máquina" en condiciones picos.

El sueño, sin embargo, era un área donde Tesla se separaba de las normas convencionales. Afirmaba ser un pobre durmiente, a menudo descansando sólo unas pocas horas al día. Tesla practicaba frecuentemente el sueño polifásico, tomando siestas cortas para restauración en lugar de dormir durante largos periodos. A pesar de sus largas horas de trabajo, algunos de los avances más importantes de Tesla no ocurrieron en el laboratorio, sino en su mente. Por ejemplo, su señora de la limpieza limpiaba su apartamento mientras Tesla se sentaba inmóvil en el medio de la habitación, pareciendo casi como si estuviera dormido. En realidad, Tesla estaba resolviendo problemas y trabajando en inventos en su imaginación. Esta habilidad para visualizar y probar mentalmente sus ideas fue una piedra angular de su proceso inventivo, permitiéndole "viajar" dentro de su mente para perfeccionar sus diseños antes de construirlos.

A pesar de su estilo de vida disciplinado, la salud de Tesla disminuyó después de un grave accidente en 1937. A la edad de 81 años, Tesla fue golpeado por un taxi durante una de sus caminatas diarias. Probablemente cruzar imprudentemente—un hábito que admitió—se rompió tres costillas y se lesionó la espalda. Rechazando tratamiento médico, pasó meses postrado en cama y más tarde desarrolló neumonía, que lo plagó por el resto de su vida. Este accidente, combinado con su decadencia de salud, destrozó sus esperanzas de vivir más de un siglo.

El estilo de vida excéntrico de Nikola Tesla reflejaba la brillantez de su mente. Sus intensos hábitos de trabajo a menudo preocupaban a sus amigos, que se preocupaban por su salud. Las luchas financieras frecuentemente lo agobiaban, y murió en relativa oscuridad. Sin embargo, sus sacrificios y su singular enfoque en la ciencia dejaron un legado de contribuciones innovadoras a la ingeniería eléctrica, asegurando que su nombre perdure hasta hoy.

Nuevas proteínas artificiales generadas por evolución artificial

 Una empresa de IA genera en el laboratorio 500 millones de años de evolución hasta dar con una proteína fluorescente artificial

Una ‘startup’ creada por antiguos investigadores de Meta crea un camino evolutivo alternativo usando el mayor poder de computación jamás utilizado en biología, según la compañía

Javier Yanes

18 ene 2025 

Los científicos se preguntan si la evolución podría haber transcurrido por otro camino diferente. Por ejemplo, si era inevitable que surgiese el ser humano, o si somos el producto de una serie de carambolas naturales que podría no haber sucedido, dando como resultado un mundo alternativo. No hay una respuesta definitiva, pero hoy la inteligencia artificial (IA) puede emprender experimentos evolutivos. Uno de ellos, publicado esta semana en la revista Science, revela que en el diseño de un tipo de proteína hubo otras rutas posibles que la naturaleza no exploró. Y esta tecnología puede aportar valiosas pistas en la creación de nuevas terapias y otras aplicaciones.

En su libro de 1989 La vida maravillosa, el biólogo evolutivo Stephen Jay Gould planteaba un experimento mental: si la cinta de la evolución de la vida terrestre pudiese rebobinarse para volver al principio y comenzar de nuevo, ¿el resultado sería el mismo que conocemos, o bien otro completamente diferente? Gould argumentaba a favor de lo segundo: en una nueva partida, empleando el símil de los videojuegos, la evolución habría tomado otro derrotero muy distinto y los humanos no existiríamos. “Vuelve a reproducir la cinta un millón de veces… y dudo que algo como el homo sapiens pudiese evolucionar de nuevo”, escribía.

La tesis de Gould ha sido ampliamente debatida desde entonces, con opiniones a favor del determinismo y otras que defienden la contingencia. En su cuento de 1952 El ruido de un trueno, el autor de ciencia ficción Ray Bradbury narraba cómo un viajero en el tiempo que pisaba una mariposa en la época de los dinosaurios cambiaba el rumbo del futuro. Gould expresaba esta misma idea: “Altera cualquier acontecimiento temprano, incluso de forma muy leve y sin aparente importancia entonces, y la evolución fluye a un canal totalmente distinto”.

Hablar el lenguaje de las proteínas

Los científicos han indagado en este problema mediante experimentos que tratan de recrear la evolución en el laboratorio o en la naturaleza, o bien comparando especies que han surgido en condiciones similares. Hoy existe una nueva vía: la IA. En Nueva York, un grupo de antiguos investigadores de Meta —la compañía matriz de redes sociales como Facebook, Instagram y WhatsApp— fundó EvolutionaryScale, una startup de IA enfocada a la biología. El sistema ESM3 (EvolutionaryScale Model 3), creado por esta empresa, es un modelo generativo de lenguaje; el tipo de plataforma al que pertenece el archiconocido ChatGPT, pero ESM3 no genera textos, sino proteínas, los ladrillos fundamentales de la vida.

ESM3 se alimenta de datos de secuencia, estructura y función de proteínas existentes para aprender el lenguaje biológico de estas moléculas y crear otras nuevas. Sus creadores lo han entrenado con 771.000 millones de paquetes de datos creados a partir de 3.150 millones de secuencias, 236 millones de estructuras y 539 millones de rasgos funcionales, sumando un total de más de un billón de teraflops (una medida del rendimiento computacional), el mayor poder de computación jamás utilizado en biología, según la propia compañía.

“ESM3 da un paso hacia un futuro de la biología, donde la IA es una herramienta para construir desde los primeros principios, del modo que construimos estructuras, máquinas y microchips”, afirma el cofundador y jefe científico de EvolutionaryScale y director del nuevo estudio, Alexander Rives. Su visión es que la biología es la tecnología más avanzada jamás creada y que es programable, ya que utiliza un alfabeto común, el código genético que se traduce en los aminoácidos, eslabones de las proteínas. “ESM3 entiende todos estos datos biológicos, los traduce y los habla con fluidez para usarlos como herramienta generativa”.

La proteína que no fue

Rives y sus colaboradores han aplicado ESM3 al problema de crear una nueva proteína fluorescente verde (GFP, por sus siglas en inglés). La GFP es una proteína natural que brilla en verde bajo la luz ultravioleta, y que se usa en investigación como marcador. La primera se descubrió en una medusa, pero existen otras versiones en corales o anémonas. Los científicos entrenaron a ESM3 para crear una nueva GFP, y el resultado les sorprendió: una proteína fluorescente, a la que han llamado esmGFP, que solo se parece en un 58% a la más similar, lo que según los investigadores equivale a simular 500 millones de años de evolución. ESM3 está ahora a disposición de la comunidad científica como una nueva herramienta para el diseño de nuevas proteínas con funciones terapéuticas, de remediación ambiental y otros usos.

Así, la IA ha encontrado un nuevo camino que la naturaleza pudo haber emprendido hace 500 millones de años, pero que, por razones que desconocemos, ignoró. Rives y sus colaboradores explican que solo unas pocas mutaciones de la GFP pueden destruir la fluorescencia; y que, sin embargo, ESM3 ha encontrado un nuevo espacio de proteínas fluorescentes que podían haber sido, pero que no fueron: “Bajo estas secuencias existe un lenguaje fundamental de la biología de las proteínas que puede entenderse usando modelos de lenguaje”.

Según Jonathan Losos, profesor de la Universidad de Washington que trabaja en la cuestión del rebobinado de la evolución estudiando especies en la naturaleza, “este estudio es un brillante ejemplo de que existen muchas maneras en que la evolución podría haber procedido”. Losos valora los resultados del trabajo como una confirmación de la contingencia defendida por Gould. Así lo contempla también Zachary Blount, profesor de la Universidad Estatal de Michigan que mostró la contingencia de la evolución en un famoso experimento de cultivo de bacterias iniciado en 1988 por su antiguo supervisor, Richard Lenski, y que aún continúa después de más de 80.000 generaciones.

“El estudio muestra que hay posibilidades biológicas viables que no han evolucionado (creemos) en la Tierra, lo que sugiere caminos genuinos que la evolución pudo tomar, pero no lo hizo porque la historia necesaria no ocurrió”, comenta Blount, advirtiendo de que también existe algo de determinismo en la naturaleza; en el experimento de ESM3 hay un 42% de semejanza con otras GFP. Blount no cree que la IA acabe de zanjar el problema del rebobinado, pero sí que ayudará a entender qué es contingente, qué no y por qué: “Nos proporciona maneras de sondear la esfera de las posibilidades biológicas, lo que nos permite comparar lo que es biológicamente posible con lo que existe o ha existido”