viernes, 7 de febrero de 2025

Tsundoku: la acumulación inútil de libros

 El fenómeno ‘tsundoku’ o cómo hemos normalizado acumular libros que no leeremos, por Jorge Marzo Arauzo, en El País 6 feb 2025: 

Esta palabra japonesa describe un hábito que, sin saberlo, realizan muchos lectores cada vez que adquieren nuevos ejemplares cuando tienen títulos aún pendientes

Uno, dos, tres… y así hasta más de 30 libros. Este es el número de ejemplares que tiene Andrea Aragón en las estanterías de su casa sin leer. Una extraña colección que, para esta lectora, no parece ser suficiente. Va a seguir comprándolos en las librerías, independientemente de si lo hace de manera impulsiva o de un modo planificado. Como ella, muchas personas almacenan en su biblioteca personal tomos que ni siquiera han empezado ni ojeado la primera página. A este fenómeno ya le dieron un término en Japón en el siglo XIX: tsundoku. O, en otras palabras, el hábito de comprar libros y acumularlos sin llegar a leerlos, aunque con intención de hacerlo.

“A mí me gusta verlos apilados. Uno encima de otro, al lado, compartir ese espacio. No es que sienta alegría, pero sí que me da un poquito de emoción interna saber que tengo una colección que va a ser como mi propia biblioteca”, afirma con orgullo la lectora. Sus visitas a librerías siempre suelen saldarse con alguna nueva adquisición: “Me ha pasado alguna vez de acercarme a una, enamorarme de una portada y de una sinopsis, y decir: ‘Me lo llevo”. Esta vivencia también la ha sentido Beatriz Marín, o bea_lalectora en redes sociales —tiene más de 30.000 seguidores solo en su cuenta de TikTok—. “Hoy por hoy, con el capitalismo, con tantas novedades que hay y cosas que salen, vas a comprar y encuentras tres ejemplares que te llaman la atención, los coges y luego tienes el tiempo que tienes. Esto es una cuestión de que los libros no caducan, y tampoco lo hace la literatura”, explica en conversación con este periódico.

Hay dos variables que pueden llegar a definir este fenómeno, según explica Montserrat Lacalle, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “El primero es cuando las personas hacen una conducta. En este caso, es el hecho de comprar una obra. Hay una parte en la que la persona siente la emoción, una sensación como si ya lo hubiese leído o si ya tuviese el conocimiento. Y esa experimentación es muy placentera”. El otro aspecto es el de la procrastinación. “A veces, pensamos en ella como una conducta que se hace desde el desinterés o la poca motivación, y no necesariamente es así. Hay personas que, como ese momento de lectura tiene que ser tan plácido o ideal, no lo encuentran y, conductualmente, acaban procrastinando. En el fondo, es ir encadenando un día tras otro y ver que nunca llega el momento de realizar esa conducta”.

La Federación de Gremios de Editores (FGEE) recoge, según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024, presentado en enero, que algo más de la mitad de la población de 14 o más años lee con frecuencia, un 14,3% de manera ocasional y poco más de un tercio casi nunca o nunca lo hace. De este último grupo, un 46,8% admite que es por la falta de tiempo. “Sigue habiendo mucha gente que acumula libros, porque cada mes salen muchas novedades, y te los compras pensando que llegarás, y si no es este mes, será el que viene, y entonces saldrán otras tantas más”, apunta la tiktoker Marín.

Pero, ¿por qué dejamos obras sin leer, aunque la intención inicial haya sido hacerlo? “Las personas somos así a veces. Ponemos el foco de atención o la solución donde no es. Entonces se convierte en una especie de círculo vicioso. ¿Puede haber alguien que se sienta culpable? Sí: ‘Tengo que hacerlo, tengo que leer’. Pero, curiosamente, esta persona va a comprar otro tomo”, comienza a explicar Lacalle. “Cuando nuestro pensamiento y nuestra conducta no van alineados en el mismo sentido, uno pensaría que lo que hay que hacer es cambiar la conducta para ser consecuente. Pues no. A este fenómeno lo llamamos disonancia cognitiva. Lo que hacen la mayoría de personas es cambiar el pensamiento y desarrollar un relato que vaya de acuerdo a su conducta”, sostiene la experta.

Los volúmenes se amontonan uno encima de otro en la estantería de Andrea Aragón. Sabe que no tiene tiempo para leer todos los títulos pendientes, pero también que su intención es hacerlo en algún momento. “Soy consciente de que tengo demasiados, pero quiero leérmelos todos. Mi deseo es que esa pila interminable vaya bajando, aunque siempre acabo comprando. ¡Es inevitable!”, reconoce.

Y ¿qué pasa con las redes sociales? Desde el punto de vista de Marín, creadora de contenido especializada en literatura, estas fomentan el consumo, aunque depende de cada persona. En esa línea, como lectora individual, Aragón cree que influyen más las relaciones personales que posibles prescriptores de la comunidad virtual: “Me gusta intercambiar con mis amigas opiniones de libros, títulos de autores o autoras... Y que decidan compartir eso conmigo me parece muy bonito, por eso la mayoría de las veces me inclino a seguir esas recomendaciones”.

En TikTok, la tendencia #BookTok reúne más de 44 millones de publicaciones, mientras que, en Instagram, #Bookstagrammer suma más de 21 millones. ¿Indican estas cifras algún tipo de presión social por tener ejemplares de los que muchos hablan? Para Aragón, no es el caso: “Como el mundo va tan rápido, no te da tiempo a seguir el ritmo a toda esa gente que te dice: ‘Tienes que leer esto o ver tal película’. Es imposible. Entonces, yo tiendo a ir un poco más por mis gustos, recomendaciones o flechazos en la propia librería”.

Desde hace varios años, y con la llegada de la tecnología, la presencia de las obras en digital ha ido tomando peso entre los lectores españoles. Tanto es así que, según Statista, en 2023 las ventas de estos formatos de texto en España alcanzaron una facturación de 144 millones de euros, lo que supuso un incremento del 181,6% respecto a 2009. Aun así, en 2023 algo más de un tercio de los encuestados todavía leía solo en papel, casi un 20% de ambas maneras y solo un 8,5% en digital. “Con la cantidad de novelas que salen, sí que hay mucha tendencia de gente de decir: ‘Es que no tengo espacio’, ‘no tengo dinero’, ‘no puedo mantener el ritmo’. Con lo cual, últimamente, hay bastante conciencia. Se fomenta una compra y un consumo un poco más responsables”, argumenta Marín sobre cómo pueden cambiar nuestros hábitos de consumo. Aunque también matiza que hay mucha gente que descarga libros y luego “nunca los lee”.

La psicóloga Lacalle, por su parte, compara el almacenamiento de ejemplares en digital con otros casos similares. “La persona que acumula en un ebook, igual que la que lo hace con fotos, experimenta el mismo proceso de gratificación: el simple hecho de pensar ‘esto lo tengo’. A lo mejor no lo consultaré, pero ya me produce tranquilidad o satisfacción saber que es mío. El estímulo visual no es el mismo que al observar una biblioteca, pero el sistema de gratificación es muy parecido”, confirma.

En algunos casos, lo que se vende no es el texto en sí, sino la edición. Y más si se realiza de una manera exclusiva. La existencia de ediciones limitadas, según Marín, afecta a que los consumidores sean más impulsivos a la hora de comprar algo que no necesitan, pero que se agotará. “Se fomenta que la gente deba comprarlo ahora, porque es el momento, entonces sí que se anima a que acumulen, aunque no sepan si lo van a leer o no. Se lo compran con muchas ganas, pero luego no saben si tienen tiempo”, destaca la creadora de contenido. Este fenómeno, conocido como bibliomanía, dista del tsundoku en cuanto a que se hace acopio de volúmenes para coleccionar y no para leer.

La tenencia de volúmenes también puede ir vinculada emocionalmente a un lugar o a una persona, lo que dificulta darle una segunda vida. “Siempre que voy de viaje a un sitio me llevo uno o dos ejemplares. A la vuelta, me suelo traer otro par: mis amigas a las que voy a visitar son lectoras y me suelen regalar. Yo no puedo resistirme y algo siempre cae”, expone Aragón. Según Lacalle, las personas les damos un significado a todo tipo de objetos: “Si a ti, quien sea, te regala algo, ¿qué significado le atribuyes? Desde el punto de vista emocional, no te quieres separar de lo que representa, no del objeto en sí. Por eso es tan difícil para algunas personas desprenderse de los libros y acumulan y acumulan”.

Con este afán de posesión, es inevitable que el espacio físico se vuelva limitado o que el interés por algunas obras ya adquiridas disminuya. Esto lleva a muchos a considerar deshacerse de ciertos ejemplares, ya sea a través de donaciones o ventas. Aragón destaca lo significativo de llevarlos a librerías con fines sociales cuando ocupan demasiado espacio o sabe que no se leerán. Una postura que comparte Marín: “Si son en castellano, los dono y si son en inglés, los vendo por internet. Soy una firme partidaria de que deben tener una segunda vida y solo me quedo aquellos que vaya a querer releer”.

jueves, 6 de febrero de 2025

Sectas franquistas. El Opus Dei, dossier.

 Soy ya viejo, así que tengo que mirar una Obra. Dossier Opus Dei:

I

    Fátima Navarro, exnumeraria auxiliar: “O salía del Opus o me volvía loca”, por Natalia Junquera, en El País, 6 feb 2025:

El documental ‘El minuto heroico’ recoge los testimonios de 13 mujeres de diferentes edades y países que relatan abusos sufridos dentro de la organización.

Agustina López de los Mozos fue numeraria del Opus entre 1971 y 1979. Cuenta que la “captaron” en un partido de baloncesto y que la felicidad, para ella, es recordar los 20 minutos en un autobús tras salir del centro en el que vivía para volver a casa de sus padres. Es decir, el día que decidió salir. En 2002, encendió la televisión y vio que estaban emitiendo la ceremonia de canonización del fundador, José Escrivá de Balaguer. “Sentí una profunda decepción y decidí difundir en Internet libros de antiguos miembros de la Obra que habían pasado inadvertidos o ya estaban descatalogados, porque la sociedad no sabe cómo funciona de verdad el Opus, ni siquiera los supernumerarios [que no hacen promesa de celibato y viven en sus casas] lo saben. Y a partir de ahí, empecé a recibir muchísimos mensajes de gente pidiendo ayuda, contando su experiencia. Tengo miles de testimonios de todos los países donde está presente el Opus”, relata a EL PAÍS.

La página web, Opus libros, se convirtió en una especie de terapia de grupo y en una primera gran grieta en la opacidad que rodea a la organización, que afirma tener 41.500 miembros en España, el 70% de ellos supernumerarios (no dan cifras de bajas). López de los Mozos es una de las 13 mujeres de distintas edades y nacionalidades que participan en la serie El minuto heroico. Yo también salí del Opus Dei, que se estrena este viernes en Max, casi cuatro horas de testimonios demoledores. Escrivá vuelve a la pantalla, pero más de dos décadas después de la canonización, el contenido es muy distinto. El documental cuenta con la colaboración de la actriz Claudia Traisac, quien, siguiendo las indicaciones de las exnumerarias, recrea sus vivencias.

Menores de edad

Las mujeres entrevistadas en la serie, dirigida por la periodista Mònica Terribas, fueron miembros de la organización en España, El Salvador, México, Irlanda, Inglaterra, Argentina, Guatemala y Costa Rica. La más antigua ingresó en 1971. La última en abandonar lo hizo en 2016. “Los fallos del Opus Dei son iguales en todo el mundo. Es fuente de manipulación de adolescentes, de separación de familias, de problemas físicos y psíquicos…”, relata López de los Mozos. El documental, dividido en cuatro capítulos, abarca desde la captación, siendo menores de edad; el control férreo que el Opus ejercía sobre ellas una vez dentro, apartándolas de sus familias y sometiéndolas a una dependencia económica absoluta, hasta el complicado proceso para salir de la organización y empezar una “vida normal”. María Roca revela, por ejemplo, que cuando salió no sabía si los semáforos se cruzaban en rojo o en verde. Otras mujeres explican cuánto les costó relacionarse con hombres. “Temblaba cada vez que veía a uno”, relata María Isabel Mena.

La captación se produce a través de los centros educativos y mediante actividades atractivas para los menores: excursiones, deportes... Se hace de uno en uno, por numerarios o numerarias jóvenes que se hacen amigos de los chicos y chicas hasta que “pitan” —en la jerga interna, iniciar el proceso de admisión—. “Te hacen sentir importante, especial...”, recuerdan las entrevistadas, pero una vez que ya estás dentro, los captadores desaparecen —para captar a otros— y ellas mismas se convierten en reclutadoras. “El mismo día que cumplí 14 años y medio”, relata Mena, “le dije a mi madre que iba a estudiar, pero iba a pedir la admisión al Opus Dei. Me dejaron muy claro que no le tenía que decir nada a mis padres porque ellos podían ser la voz del demonio”. Su testimonio coincide con el de otras entrevistadas, como Fátima Navarro, que explica cómo le pidieron que no comunicara que había dado el paso hasta que cumpliera la mayoría de edad. Numeraria auxiliar, estuvo 20 años dentro de la organización. “O salía, o me volvía loca”, resume.

La Prelatura no quiso participar en el documental. Cuando EL PAÍS publicó, el pasado octubre, testimonios de antiguos miembros del Opus Dei denunciando manipulación y abusos, una portavoz de la organización replicó que, según sus estatutos, la edad mínima para “comprometerse formalmente” son los 18 años, “tras al menos un año y medio de preparación y discernimiento”. “Si alguien más joven siente una llamada vocacional”, añadió, “puede solicitar ser ‘aspirante’, con el consentimiento expreso de sus padres y siempre que sea mayor de 14 años y medio”. Tanto las entrevistadas en el documental como en el reportaje de este diario desmienten ese consentimiento previo paterno.

"Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que era una esclava"

Tras el último paso, el de la llamada “fidelidad”, las mujeres del documental y los testimonios recogidos por EL PAÍS coinciden en que les dieron una plantilla de testamento para donar sus bienes al Opus Dei. “La Obra ha conseguido verdaderas fortunas así”, afirma De los Mozos. Una vez dentro de los centros, les entregan el cilicio —que deben usar dos horas al día— y las disciplinas (una especie de cuerda para azotarse la espalda). A partir de ese momento, “la familia es la Obra” y las cartas que envían y reciben, denuncian, son abiertas y “censuradas”.

Entre las entrevistadas para el documental figuran cinco numerarias auxiliares, mujeres que limpian y cocinan en los centros de la organización. “Las numerarias sirvientes, y lo digo en serio”, anotó Escrivá de Balaguer, “me parecen el mayor milagro que nuestro Señor ha hecho por su Obra. Antes solo pelaban patatas; ahora, se están santificando pelando patatas”. Las mujeres explican que carecían de sueldo y no estaban dadas de alta en la Seguridad Social. La fiscalía argentina, tras dos años de investigación impulsada por la Procuradoría de Trata y Explotación de Personas (Protex), acusó por ambos delitos a cuatro responsables del Opus Dei. EL PAÍS entrevistó el pasado octubre a una de las denunciantes, Lucía Giménez, que nunca cobró por su trabajo, y a una portavoz de la organización en Argentina, que admitió “inconsistencias en los aportes durante algunos periodos de tiempo” y aseguró que se habían emprendido “acciones de reparación”. “El Opus Dei”, añadió, “es una organización compuesta por personas, y como tal, no está exenta de cometer errores”.

II

"Manipulación, codicia y poder: la historia no contada del Opus Dei," reseña publicada en Babelia, suplemento cultural de El País, por Natalia Junquera, 2 oct 2024:

Tras cinco años de investigación, el periodista financiero Gareth Gore acusa a la organización del secuestro del Banco Popular, explotación y maltrato. Su futuro depende de Trump y de hasta dónde esté dispuesto a llegar el papa Francisco.

“La Obra es un peligro para sí misma, para sus miembros, para la Iglesia y para el mundo”, concluye el periodista Gareth Gore (Wigan, Inglaterra, 43 años) en Opus (Editorial Critica), una investigación de cinco años sobre la organización fundada hace casi un siglo por Escrivá de Balaguer. El libro empieza con una confesión. “En 2017, me enviaron a Madrid a cubrir la quiebra del Banco Popular y me perdí la parte más importante de la historia”. Especializado en información financiera, ya había cubierto crisis bancarias en una decena de países y contó la caída de la entidad española de una manera similar. “Pero un par de años después”, relata durante la entrevista en Londres, en la oficina de su agente literario, en pleno Piccadilly, “tuve la suerte de que mi jefe me enviara de vuelta a España” para hacer seguimiento. “Lo que parecía otra historia sobre el colapso de un banco que había asumido demasiados riesgos dejó de serlo. Nada tenía sentido”. Los accionistas trataban entonces de recuperar su dinero en los tribunales. Todos menos uno, curiosamente, el mayor. “Enigmáticamente bautizado como La Sindicatura”, relata Gore, “el grupo contaba con el 10% del banco cuando quebró, una participación valorada en más de 2.000 millones de euros en su punto álgido. Sin embargo, pocas semanas después de la quiebra, la principal empresa de La Sindicatura notificó su disolución”. “Siguiendo el rastro del dinero”, el investigador llegó a esa historia que se había perdido y que motiva el subtítulo de este libro: Ingeniería financiera, manipulación de personas y el auge de la extrema derecha en el seno de la Iglesia católica. Es decir, el lado más oscuro de una organización religiosa vinculada hoy a decenas de centros educativos en España.

Cien de las casi 500 páginas del libro son notas, es decir, fuentes. Gore se entrevistó con más de un centenar de actuales miembros del Opus Dei: de veinteañeros a nonagenarios; en Londres, Roma, Madrid, Buenos Aires y Nueva York; y entre ellos “personas cruciales en la toma de decisiones dentro de la organización”. Confía en que su libro sea “el inicio de un proceso para animar a policías, jueces y gobiernos a investigar los abusos y posibles delitos cometidos por el Opus”. Gore desea que esos cinco años de trabajo sirvan para “abrir los ojos”. “Para mí, lo más peligroso es cómo esa organización que recluta niños y se levanta sobre un sistema de manipulación se ha introducido en el sistema educativo. En España el debate gira en torno a si los concertados deben recibir dinero público. Para mí, lo que debería estar preguntándose el Ministerio de Educación español es: ¿Debe tener autorización el Opus Dei para encargarse del bienestar de los niños?”.

EL PAÍS comparte en primicia en España, tras conversar en Londres con el autor, las revelaciones del libro, a la venta el 9 de octubre. Un memorándum interno del Opus Dei previo al lanzamiento y distribuido en residencias de numerarios pide a Escrivá que interceda desde el cielo y a los miembros de la organización que “recen por todos los involucrados y por todos los que puedan verse afectados”. La oficina de prensa del Opus Dei ha emitido este miércoles un comunicado en el que afirma que el libro ofrece una “imagen falsa” de la Obra y de su fundador; niega las acusaciones, asegura que sus miembros no les “representan” en sus actividades políticas o económicas y que su red de corporaciones y fundaciones cumplen la ley. Las organizaciones sin ánimo de lucro manejadas por integrantes de la organización, añaden, buscan “extender el mensaje y el espíritu del Opus Dei”: “Lo hacen con la convicción de que todos los bautizados están llamados a ser agentes de evangelización”.

Luis y Javier Valls-Taberner: Opus Dei y Opus Night

La entrevista con Javier Valls-Taberner, que llevaba más de 40 años en el Banco Popular, 15 de ellos como presidente junto a su hermano Luis, “abrió esta gigante caja de pandora”, relata Gore. “Nos llamaban Opus Dei y Opus Night”, le reveló el banquero. Mientras Luis, numerario, se retiraba por las noches a una residencia del Opus a las afueras de Madrid donde se ceñía al muslo el cilicio —una cadena con pinchos— para recordar el sufrimiento de Cristo, a Javier le gustaban “los buenos vinos, la buena comida, las fiestas y el golf”. Fue Luis quien asumió el encargo de hacerse con el Banco Popular. La operación implicaba traicionar a su propia familia, ya que Félix Millet, su presidente entonces, era primo hermano de su madre.

El “secuestro” del Banco Popular

La maniobra de lo que Gore llama “secuestro” de la entidad bancaria para convertirla “en un cajero automático del Opus” y financiar su expansión por todo el mundo se consolidó a principios de 1957. A través de empresas vinculadas a la Obra, fueron comprando grandes paquetes de acciones. “Los archivos oficiales del Banco Popular están salpicados de menciones a empresas auxiliares del Opus Dei. A finales de 1962 y principios de 1963, el banco prestó a Eolo más de 30 millones de pesetas para participar en una ampliación de capital”, afirma el libro. “Sin Luis [Valls-Taberner] y el modo en el que desvió dinero del banco, el Opus no sería lo que es hoy. Una parte muy importante de la red que tiene por todo el mundo existe gracias al dinero que vino del Popular”, explica Gore. “La participación se efectuaba a través de una serie de empresas fantasma y fundaciones que operaban como un juego de muñecas rusas para ocultar a su verdadero beneficiario. El dinero iba del banco a iniciativas de reclutamiento”. Gore afirma que una web en la que un grupo de numerarios homenajeaba a Valls-Taverner cifró en 700 millones de euros la contribución a fundaciones vinculadas con la organización.

Cuando Luis Valls-Taberner enfermó y dejó de serles útil, apartaron a los hermanos del banco. “Javier me contó que apenas le dejaban hablar con Luis”, quien murió en 2006. Un mes después, Javier fue despedido de la entidad y llegó a temer por su vida. “Viajó a Londres para hablar con el embajador español, un hombre conocido por ostentar un alto cargo en el Opus Dei, y le pidió que informara a Villa Tévere [la sede del Opus Dei en Roma] de que tenía documentos incriminatorios en una caja fuerte en Suiza que saldrían a la luz si algo les ocurría a él o a su familia”.

El comunicado oficial de la organización tras la publicación del libro afirma que Luis Valls-Taberner “destinó parte de su retribución a ayudar a iniciativas inspiradas en el Opus Dei” y ayudó a “crear varias fundaciones, algunas de las cuales recibieron donaciones del Banco Popular” que “financiaron diversas iniciativas impulsadas por el Opus Dei o personas relacionadas con esta institución”. Todo se hizo, insisten, “de manera transparente y legal, y generalmente en forma de préstamos que han sido reembolsados”.

El Santander se hizo con la entidad financiera por un euro en 2017. El caso Banco Popular seguía coleando este año. El pasado junio, la sala de lo penal de la Audiencia Nacional confirmó que el expresidente Ángel Ron debía ser juzgado por los delitos de estafa a inversores y falsedad contable por una ampliación de capital en 2016.

La expansión en EE UU y la agenda de Trump

Mientras en la vecina Francia un tribunal condenaba a una fundación de la organización y a dos numerarios que trabajaban para ella a indemnizar a una mujer que los acusó de explotación, en otros países, especialmente EE UU, el Opus avanzaba a grandes zancadas. “En España”, explica Gore, “todo se debe a Franco. Su complicidad con esa dictadura sangrienta fue lo que los ayudó a crecer. Y en EE UU, el país más poderoso del mundo, el Opus ha dedicado muchos recursos a aumentar su influencia. No es casual que florezca en tiempos de profundas divisiones y guerras culturales. El Opus se alimenta de todo eso y de la desinformación. Después de las elecciones de 2020, el Papa llamó a fomentar un clima de reconciliación. Pero lo que hizo el Centro de Información Católica [organismo que fue dirigido por John McCloskey después de renunciar a su trabajo en Wall Street para hacerse sacerdote del Opus] fue lo contrario: se convirtió en una plataforma para las figuras próximas a Donald Trump que cuestionaban las elecciones, una herramienta para echar más gasolina al fuego”.

El libro relata cómo a través de distintas fundaciones y organismos, el Opus trata de infiltrarse en la élite del poder estadounidense, desde la Cámara de Representantes hasta la Casa Blanca y el Tribunal Supremo. En 2002, el senador por Pennsylvania Rick Santorum fue invitado por la Obra para participar en Roma en una serie de conferencias en las que los oradores insistieron en la necesidad de que los miembros del Opus y los católicos en general utilizaran su posición en la sociedad para influir en las políticas públicas. Santorum declaró que, en su lucha pública en el Senado estadounidense, “el bendito Josemaría” guiaba su camino. Fue uno de los patrocinadores de una enmienda para obligar a las escuelas a dejar de enseñar la teoría de la evolución como un hecho. “El Opus”, afirma Gore, “crea el ambiente y se relaciona con las personas adecuadas para provocar cambios legislativos. El mayor logro de esa red es haberle dado la vuelta a Roe contra Wade [el fallo del Tribunal Supremo que garantizaba el derecho federal al aborto], pero eso es solo el principio. Si Trump gana en noviembre, será también una victoria para esa red de personas vinculadas al Opus Dei en EE UU”.

Escrivá de Balaguer: “bombardeo del amor” y “prudencia de serpiente”

El fundador del Opus Dei llamaba a Luis Valls-Taberner “mi san Nicolás”, en alusión a Nicolás de Bari, santo al que se atribuía haber salvado de la prostitución a tres hermanas arrojando por la ventana de su casa dinero para que su padre pudiera casarlas —con el tiempo pasó a ser conocido como Santa Claus—. El propio padre de Escrivá se había arruinado cuando él tenía 12 años. El que sería declarado santo en 2002, había ingresado en el seminario para optar a una vida mejor. Estudió derecho y llegó a pedir plaza de funcionario, pero su solicitud no prosperó. “Al no encontrar un trabajo decente en la vida civil, empezó a buscar vacantes eclesiásticas”,relata el libro. A finales de 1928, comenzó a esbozar las líneas generales de lo que sería el Opus Dei. Al principio, afirma el investigador británico, “abarca ideas como la compasión, el perdón y la caridad”, pero pronto evolucionará, por el lado religioso, a algo mucho más parecido a una secta, y por el lado político, al lobby. “Una historia de manipulación, abuso y codicia envuelta en el manto de la santidad”, resume Gore.

El segundo manual de Escrivá, Instrucción sobre el modo de hacer proselitismo, detalla los métodos de reclutamiento de los futuros numerarios, quienes harán votos de castidad, pobreza y obediencia. Con lo que llamaba “prudencia de serpiente”, pedía ir uno a uno, desconfiar de las personas que hacían muchas preguntas, incluso de los que padecían sonambulismo, y alejarlos de sus familias. La estrategia para entablar amistad se conoce como “el bombardeo de amor”. A la primera ceremonia de ingreso, Escrivá la denominó “la esclavitud”.

- Desde el principio, hay una voluntad de ocultar sus métodos. ¿No es, en el fondo, mala conciencia?

- Escrivá sabía que el sistema que estaba diseñando era inaceptable. Los escritos fundacionales nunca han sido compartidos con el Vaticano. Hay un factor de culto a Escrivá, otro elemento de vergüenza y otro de miedo a que la gente los vea como lo que son. En el caso de los supernumerarios (los miembros que pueden vivir en familia) es más complicado, pero en el de los numerarios funcionan como una secta.

“Se están santificando pelando patatas”

Uno de los secretos que el Opus intentó preservar fue el funcionamiento de sus residencias para numerarios. Aunque al principio Escrivá diseñó una hermandad secular de hombres —”Nunca habrá mujeres, ni de broma, en el Opus Dei”, escribió—, primero admitió a numerarias (con educación y dinero) y años más tarde inventó la figura de las “numerarias sirvientas” (sin formación), que limpiaban y cocinaban para los numerarios. En la residencia donde vivía Luis Valls-Taberner, entraban por puertas distintas. “Ni siquiera se permitía el contacto físico entre el director [de la parte masculina] y la directora [de la parte femenina]. Cualquier conversación para coordinar las comidas o la limpieza debía mantenerse a través de un sistema telefónico interno. Para asuntos más complicados, se permitía pasar una nota por debajo de la puerta, aunque tenía que estar mecanografiada y sin firmar como medida de seguridad para evitar que se formaran vínculos personales, por ejemplo, al ver el nombre o la letra de otra persona”, escribe Gore.

El Opus animaba a dirigirse a universitarios varones con el fin de “reclutar a la próxima generación de funcionarios y empresarios”, relata el investigador. “Para llegar a todos nos dirigimos primero a los intelectuales, sabiendo que a través de ellos pasa cualquier intento de penetración en la sociedad”, dejó escrito el fundador de la Obra. Pero el caso de las numerarias sirvientes era bien distinto. Se trataba, explica Gore, de “mujeres sin estudios y procedentes de familias pobres. Escrivá consideraba que esa nueva clase inferior era vital para crear un ambiente más enrarecido dentro de las residencias, ya que, de ese modo, los miembros numerarios se sentirían aún más especiales”. Tras las primeras admisiones, anotó: “Las numerarias sirvientes, y lo digo en serio, me parecen el mayor milagro que nuestro Señor ha hecho por su Obra. Antes solo pelaban patatas; ahora, se están santificando pelando patatas”.

- ¿Es el Opus una organización misógina?

- Absolutamente. Hoy el Opus se esfuerza en presentarse como una organización donde la toma de decisiones es democrática y paritaria, pero es una ficción. Las mujeres votan, pero lo que votan tiene que ser validado posteriormente por los hombres.

María del Carmen Tapia fue enviada a una de las residencias de la Obra en Venezuela. Allí había sugerido algunos cambios, como que les permitieran confesarse con sacerdotes ajenos al Opus. En sus valientes memorias, tituladas Tras el umbral y citadas por Gore, Tapia relata que Escrivá la hizo viajar a Italia, donde la llamó “grandísima hipócrita y mala mujer”. A continuación se dirigió a las representantes de la sección femenina y les ordenó, refiriéndose a Gladys, una venezolana a la que Tapia había recurrido para eludir el control de la correspondencia: “A esa cójanla después. Levántenle las faldas, bájenle las bragas y denle en el culo hasta que hable”.

A lo largo de los años, algunas de aquellas mujeres se atrevieron a denunciar lo que habían vivido. Uno de esos casos, el de 43 antiguas sirvientas en Argentina, sería crucial para llamar la atención de un compatriota, el hombre más poderoso de la Iglesia, el papa Francisco. La pionera, Lucía Giménez, había sido captada en un pueblo de Paraguay cuando tenía 13 años y trasladada sin documentos en un avión privado hasta Buenos Aires, donde trabajaba en “jornadas de 12 horas, sin paga, con descansos solo para comer y rezar y durmiendo en una tabla de madera”, según recoge el libro. Cuando, con 32 años, abandonó el Opus, “era una mujer destrozada”. Por este caso, la justicia federal argentina acaba de imputar a las máximas autoridades del Opus en el país por trata de personas y explotación laboral. Gore advierte: “He hablado con muchas mujeres, muchas de ellas reclutadas cuando eran apenas unas niñas, también españolas, que han sufrido cosas muy parecidas. Las autoridades españolas deberían seguir el ejemplo de sus colegas argentinos e investigar al Opus con carácter de urgencia”.

Mortificación y libros prohibidos

En la residencia donde vivió el presidente del Banco Popular, “los numerarios debían llevar un cilicio atado al muslo dos horas al día”. “Una vez a la semana, tenían que dormir en una tabla de madera. Las mujeres lo hacían todas las noches porque se las consideraba más sensuales y debían hacer un esfuerzo extra para evitar la tentación. Los sábados, la disciplina suponía una mortificación adicional: un látigo en forma de cuerda que los miembros golpeaban por encima de los hombros contra la espalda mientras entonaban una oración”, relata el libro. Se buscaba el aislamiento y control total de los inquilinos, de modo que cada mañana el director revisaba los periódicos para recortar cualquier material sensible. El Opus también diseñó un sistema de calificación de libros, del 1 (puede ser leído por cualquiera) al 6 (totalmente prohibido) y al que debían ceñirse los miembros de la organización. Entre los autores censurados con el 6 figuran Flaubert, Joyce, Roth o Tennessee Williams. “El Vaticano suprimió en los años sesenta un índice de libros parecido, pero a día de hoy, el Opus mantiene ese sistema”, afirma Gore.

Maletas con dinero, Operación Limonada y la caída de Ruiz-Mateos

El libro de Gore no es el primer escándalo para el Opus. Richard Cushing, el arzobispo que casó y enterró a John Fitzgerald Kennedy, escribió en 1964 una carta al máximo responsable de la organización en Boston y llegó a pedirles que cesaran todas sus actividades. En 1965, el hombre del Banco Popular en Lisboa, Gregorio Ortega, numerario, fue detenido en Venezuela con una maleta llena de billetes. Al registrar su habitación de hotel, la policía encontró un cuarto de millón de dólares. “Se había convertido en el principal contrabandista monetario del Opus Dei”, relata Gore, que explica cómo “a mediados de los sesenta se habían creado 138 sociedades auxiliares para generar fondos destinados a financiar las ambiciones de Escrivá. El Opus Dei ya había creado un complejo sistema de cuentas bancarias, tanto en España como en el extranjero, a nombre de numerarios de confianza para evitar las normas de control. Pero el sistema no era infalible, y a veces el grupo tenía que recurrir a lo más básico para sacar dinero de España. Antes de un viaje al extranjero, a los miembros a veces se les entregaba un cinturón con billetes”. En 1988, “un grupo de padres católicos de Nueva York publicó un libro titulado Guía sobre el Opus Dei para padres de familia en el que detallaban las técnicas de captación del grupo”. En 2001, agentes del FBI detuvieron a uno de sus compañeros, Robert Hanssen, por espiar para los rusos. Cuando fueron a registrar su casa en Nueva York, Bonnie Hanssen les explicó que su marido llevaba haciéndolo desde 1979, cuando lo pilló in fraganti. Entonces, relató a los agentes, llevó a su marido a confesarse con el padre Robert Bucciarelli, sacerdote del Opus, quien, según relató, aconsejó a Robert que en lugar de entregarse, donara el dinero que le pagaban los rusos. En 2002, el sacerdote estrella de la prelatura en Washington, John McCloskey, fue denunciado por abusos sexuales…

- Ninguno de esos escándalos, de esas llamadas de atención, parece haber tenido mucho impacto en la reputación del Opus Dei, que cumple casi un siglo. ¿Por qué?

- Casi todas las conversaciones empezaban de la misma manera, con el miembro del Opus Dei explicando que todos los que formaban parte de la organización actuaban con total libertad y que cualquier cosa que hicieran, ya fuera en los negocios, en la política o en general, era por iniciativa propia y no tenía nada que ver con la Obra. Hasta ahora les ha sido muy fácil lavarse las manos diciendo: “Ha sido un hombre. No es el modo en el que opera el Opus”. Pero mi libro va al corazón de la organización, a los escritos de Escrivá donde se asienta un sistema de manipulación. Ya no pueden decir que ha sido un individuo, una manzana podrida. Es un diseño. Mucha gente dentro de la Iglesia, incluyendo al Papa, es hoy consciente del peligro del Opus; otra mucha gente desconoce los abusos o está dispuesta a cerrar los ojos porque percibe a la organización como un aliado para mover a la Iglesia hacia una agenda más conservadora. Y el mundo en general no tiene idea de lo que supone el avance del Opus. Envía feliz a sus hijos a su escuelas porque piensa: “Es una organización católica. ¿Qué puede tener de malo?”.

Gore apoya esa tesis con dos datos. El primero alude a las precauciones tomadas por Bergoglio cuando encarga una investigación sobre las finanzas del Vaticano. Para tratar de eludir a la vieja guardia, los investigadores recibieron teléfonos móviles con números malteses en lugar de italianos y se estableció una línea privada para enviar contraseñas de acceso a documentos encriptados. El segundo recibe el nombre de Operación Limonada, literalmente, un plan para tratar de licuar el escándalo que iba a suponer el lanzamiento de El código da Vinci, de Dan Brown (del que se hizo luego una película), donde se vincula a la organización con “lavado de cerebro” y donde se mencionaban, “además del escándalo del espía Hanssen, el rescate del Banco Vaticano por el Opus Dei”. Se presentó el libro como una ofensa a todos los cristianos, no a la Obra. “Gracias a una astuta estrategia de comunicación —con profusión de entrevistas y visitas guiadas para mostrar la cara amable de la organización— y al pago de un millón de dólares para silenciar a una víctima, convirtieron los limones en limonada”. “El dinero recaudado por el Opus”, afirma Gore, “se utilizó para reclutar adeptos y tapar delitos”.

- ¿Qué tipo de delitos?

- Particularmente, trata de seres humanos. Naciones Unidas la define como la captación, transporte o recepción de personas mediante amenazas, fuerza o coacción con fines de explotación, aunque la víctima haya dado su consentimiento. El sistema de captación y traslado de las niñas y mujeres jóvenes que se incorporaron al Opus Dei con la promesa de estudiar en una escuela de hostelería parece encajar en esa definición. También deberían investigar las autoridades la posibilidad de que haya habido un fraude en esta red de empresas y fundaciones que el Opus controla, pero no oficialmente. El Opus siempre se protege a sí mismo.

- Cuenta en el libro que José María Ruiz-Mateos, supernumerario, llegó a donar 1.500 millones de pesetas (unos nueve millones de euros) al Opus, pero cuando fue a pedirles ayuda por sus problemas con la justicia, le dejaron caer.

- Ruiz-Mateos debía tanto dinero al Estado y sus negocios eran tal desastre financiero que el Opus no habría podido hacer nada, pero se aprovecharon de él. Una vez que dejas de serles útil, tienen cero interés en tu espiritualidad.

40.000 dólares en una bolsa de McDonalds. El hartazgo del Papa

La relación del Opus con el Vaticano está en crisis. Poco después de la investidura de Fernando Ocáriz al frente de la organización, se produjo un nuevo escándalo. Una numeraria argentina que había donado todos sus ingresos y tres apartamentos a la Obra decidió marcharse. Sin dinero con el que seguir adelante, pidió a la prelatura que le devolvieran parte de sus donativos, pero el Opus se negó. Al enterarse, el Papa, relata el libro, ordenó que la indemnizaran. “Le entregaron 40.000 dólares en efectivo en una bolsa de McDonalds”. “Se avecina una lucha encarnizada entre el Opus y fuerzas progresistas de la Iglesia”, afirma el investigador británico, convencido de que esa red de políticos y jueces conservadores de EE UU dispuestos a implantar una agenda ultraconservadora en la sociedad ha apostado claramente a la pronta llegada de otro Papa. “Todo depende de cuánto tiempo viva Francisco y cuánto apetito tenga para dar esa batalla. El Opus tiene muchos aliados en la Iglesia”.

Opus, Gareth Gore. Traducción de Efrén del Valle. Barcelona: Crítica, 2024. 496 páginas. 23,90 euros

Opus, Gareth Gore. Traducción al catalán de Mireia Alegre e Imma Estany Morros. Barcelona: Pòrtic, 2024. 

III

“Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que era una esclava”, en El País, por Natalia Junquera, 6 oct 2024:

Ex miembros del Opus Dei relatan su proceso de captación siendo menores, describen técnicas de manipulación y trastornos mentales. Una psicóloga con 15 años de experiencia con estos pacientes advierte a la sociedad del peligro que supone. La organización niega las acusaciones

“A todas las personas que quise ahí dentro, las sigo queriendo. La mayoría están ya fuera del Opus Dei, pero una de ellas sigue. Cuando hice la denuncia, la enviaron a hablar conmigo. Le dije: ‘Estoy denunciando a la organización. Esto no tiene nada que ver contigo, que no sabes qué es el Opus Dei’. Yo tampoco lo supe hasta que salí. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que era una esclava”.

Lucía Giménez es una de las pioneras en la denuncia que ha provocado que la fiscalía argentina, tras dos años de investigación impulsada por la Procuradoría de Trata y Explotación de Personas (Protex), haya acusado por ambos delitos a cuatro responsables del Opus Dei. La organización atraviesa un momento clave, ya que el Vaticano revisa sus estatutos y un investigador británico, Gareth Gore, acaba de publicar un volumen de casi 500 páginas acusándoles del “secuestro” del extinto Banco Popular y manipulación de personas.

“Salí gracias a mi mamá”, relata Giménez a EL PAÍS por videollamada desde Buenos Aires. “Ella enfermó de cáncer y dije que iba a ir a cuidarla. Para entonces me había alejado mucho de mi familia. Cuando me preguntaban si iba a ir a verlos les decía que no, porque la Obra era ahora mi familia y no tenían dinero para mi viaje. Te vuelven una fanática. Cuando mi mamá murió, se me cayó el mundo encima. Veía a mis hermanos felices con sus hijos, con su casa... A mí apenas me conocían, era una extraña. No tenía nada ni a nadie. Me quería morir. Pero algo hizo click en mi cabeza”.

Giménez tenía entonces 32 años. Había sido reclutada a los 13 en un pueblo rural de Paraguay, Loreto. “Venían a por mi hermana mayor, de 16, pero ella no quiso ir y fui yo. Oí cómo les contaban a mis padres que podían ofrecerme una educación, una vida mejor. Les engañaron, como a mí. Éramos muchos en casa, pero no éramos pobres. Teníamos animales, huertas, leche, verduras, queso… mi mamá nos hacía la ropa. A ella le dijeron que me iban a cuidar”, cuenta, emocionándose. Primero, relata, la trasladaron a Asunción y a los 16, a Buenos Aires. Durante años, denuncia, custodiaron su documentación. “Un día me empezaron a decir que podía ser del Opus Dei, que era mi vocación. Dijeron que supernumeraria [los miembros que no hacen promesa de celibato] no, que mejor numeraria auxiliar porque era muy joven y pura. Yo no sabía qué significaba eso. Cuando me dieron el cilicio y la disciplina [una especie de cuerda para azotarse la espalda] y me explicaron que tenía que usarlo para no caer en la tentación y no abandonar a Dios, me asusté, pero te insisten tanto… Me llevaron a una casa de varones del Opus. Había bastantes chicas trabajando y pensé: ‘Esto debe ser así’. Nadie te explica de entrada que vas a ser sirvienta. Al principio me pusieron a cocinar para 15 hombres. Una numeraria me enseñaba con un libro. También recibía clases sobre el espíritu del Opus Dei. Por las noches caía destruida, agotada. Nos levantábamos a las seis de la mañana, y a las siete menos cuarto ya estábamos limpiando. Tenías tantas cosas que hacer que no te dejaban pensar. Tardé mucho en preguntarme a mí misma: ¿por qué fueron a buscarme a un pueblo de Paraguay? ¿Por qué no iban a por la gente de su ciudad? Y en responderme: Porque en la ciudad tenían televisión, sabían muchas más cosas de las que sabíamos en nuestra casa”.

Nunca le pagaron por su trabajo. “Cuando salí, tenía la espalda destrozada y estaba muy mal psicológicamente. Me daban ataques de pánico en la calle porque yo no sabía qué era la calle. Mi primera relación la tuve a los 40 años. Me costó mucho cambiar el disco, comprender que nada del cuerpo de una mujer es pecado”. Con el paso del tiempo, entró en contacto con otras mujeres con un relato similar, como Claudia Carrero: “Conocí el Opus Dei en 1979, a los 13 años. Fueron a la casa de mis padres y dijeron que había un sorteo para ver si ingresaba en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos”, relata a este diario. “Me dieron una estampita de Escrivá de Balaguer y me dijeron que rezara para poder ingresar. En la escuela estuve tres años, luego pasé por diferentes residencias hasta que me fugué en 2002. Me desilusionaron mucho. Pienso que solo les importa el dinero y el poder”, añade.

La portavoz de la Obra en Argentina: “El Opus Dei es una organización compuesta por personas, y como tal, no está exenta de cometer errores”

No fue fácil encontrar a un abogado que las ayudara. “Yo soy exnumerario”, cuenta desde Nueva York Sebastián Sal, el letrado que asumió su defensa, “y no tenía ni idea de que esto ocurría. Lo primero que hice fue pedirles perdón. Es imposible que Dios te pida que durante toda tu vida seas empleada doméstica del Opus Dei”. Sal pasó diez años en la organización, que abandonó en 1998. “Cuando me fui, me dijeron que iba a enfermar de cáncer”. “El número 43 [por las denunciantes, aunque la mayoría de esos casos están ya prescritos según la legislación argentina] quedó como una referencia”, añade, “pero se han puesto en contacto con nuestro despacho mujeres de España, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Perú, México, Guatemala, Inglaterra... con una experiencia similar”.

A preguntas de EL PAÍS, una portavoz del Opus Dei en Argentina niega las acusaciones de trata y explotación y afirma que los padres de estas mujeres daban autorización para que sus hijas fueran formadas en la escuela ICES, creada en 1973 y “fiscalizada por todas las autoridades competentes durante más de 40 años [entre ellos, los de la dictadura]”. Por esa escuela pasaron hasta 2016 [año en que una nueva ley estableció que no estaba justificado que las alumnas residieran en centros educativos fuera de su ámbito familiar] 1.080 alumnas. Afirma que “solo el 10% pidió la admisión al Opus Dei”. Preguntada por las 43 denunciantes, asegura que “eligieron libremente ser miembros” de la Obra. En cuanto al trabajo que realizaban, responde: “Las formas de materializar esos pagos y organizar el trabajo fueron variando a lo largo de las décadas, acompañando a la legislación y los cambios culturales propios de cada época”. La portavoz admite “inconsistencias en los aportes durante algunos periodos de tiempo” y afirma que “se han emprendido acciones de reparación”. “No negamos que [las denunciantes] hayan podido sufrir experiencias negativas a nivel personal y nos hemos disculpado públicamente por ello. El Opus Dei es una organización compuesta por personas, y como tal, no está exenta de cometer errores”, añade. Finalmente, preguntada por qué solo mujeres forman parte de ese cuerpo de numerarias auxiliares que limpian y cocinan, responde: “Es una cuestión de carácter fundacional. San Josemaría [Escrivá de Balaguer] se dio cuenta de que su madre y su hermana estaban generando el clima que buscaba para los centros de la Obra. Tras considerarlo en la oración, decidió pedirles esta ayuda insustituible. Se trata de una llamada específica, que surge entre las primeras mujeres del Opus Dei”. El fundador, en efecto, llegó a escribir: “Las numerarias sirvientes me parecen el mayor milagro que nuestro Señor ha hecho por su Obra. Antes solo pelaban patatas. Ahora se están santificando pelando patatas”.

Tratamiento psiquiátrico por miembros del Opus Dei

Laura, (nombre ficticio), española, accede a compartir su experiencia como numeraria auxiliar, pero pide ocultar su identidad porque ha llegado a un acuerdo económico con el Opus Dei. “Entré en 1975, con 18 años, y salí en 2001, a los 44. Me dijeron que iba a tener formación profesional, que iba a ser santa y servir a Dios. Nadie me explicó que servir a Dios era servir a los numerarios y a las numerarias que vivían en un centro. La supuesta formación profesional era religiosa, clases del espíritu de la Obra, del fundador…nada realmente útil para la vida civil y tampoco nada sobre la doctrina de la Iglesia Católica. Hablaban exclusivamente del Opus Dei. Cuando ya dabas el último paso, la ‘fidelidad’, hacías testamento y te comprometías a entregar todo lo que tuvieras a la Obra. Eso, y los papelitos que te entregaban cuando pedías dinero para comprar unas medias, fue lo único que firmé hasta que, en 1990, vino una inspección de Trabajo al colegio mayor donde trabajábamos y nos hicieron un contrato por una temporada. Luego me enviaron a un centro de varones, donde vivían entre 10 y 12 hombres, y ahí volví a trabajar sin contrato”.

Pablo Galán, exnumerario: “Cada año tenías que hacer una lista de amigos que ibas a intentar que pitaran. Pitar es como llaman unirse a la Obra”

“Cuando me dieron el cilicio y las disciplinas”, prosigue Laura, “pensé que no iba a ser capaz de usarlos, pero luego terminabas acostumbrándote, sobre todo al cilicio, que había que llevar dos horas al día, mientras limpiabas, nunca durante el tiempo de oración. Te preguntaban si lo estabas usando y si decías que no, de penitencia te ponían una hora extra al día siguiente. Nos decían que el fundador, a veces, después de usar las disciplinas, tenía que limpiar la sangre que saltaba a la pared y que nosotras teníamos que ser igual de fuertes. Un día a la semana, dormíamos sobre el suelo o en una tabla de madera”. Laura describe, en Madrid, los mismos métodos y largas jornadas de trabajo que Lucía Giménez en Buenos Aires y el mismo nivel de ocupación para evitar que se hicieran preguntas. “Una vez me fui a casa de mi madre, vinieron a buscarme y me dijeron que había traicionado a Dios. Te decían que ellos eran tu familia y que la Obra era lo primero. En 26 años, debí ir a casa de mis padres tres veces y siempre acompañada por una numeraria. A mis sobrinos los empecé a conocer cuando salí de la Obra”. Antes de eso, describe un calvario. “Cuando empecé a encontrarme mal, porque estaba muy angustiada, me llevaron a una psiquiatra del Opus Dei que me empastilló. Yo quería ser santa, pero la lucha interior era terrible, cada día juzgaba más cosas. Empezaron a medicarme en 1988. Me ingresaron tres veces en la clínica universitaria de Pamplona. Los dos primeros ingresos fueron porque me tomé dos cajas de pastillas, pero yo no quería morirme, quería salir de allí. El último, porque dijeron que estaba muy cansada. En los ingresos no venía nadie a verte y luego volvías al centro como si nada. Cuando salí, estaba machacada por dentro. Ahora soy feliz, sigo sanándome, entendiendo que no es que yo hiciera mal, es que aquellas cosas eran anormales”.

Blanca (nombre ficticio), exnumeraria: “El Opus Dei no debería tener contacto con menores”

Una portavoz del Opus Dei en España afirma que todas las personas que trabajan en el mantenimiento de las residencias “están dadas de alta en la Seguridad Social desde el momento en el que existe una regulación legal de su trabajo, en los años ochenta”. A la pregunta de si han llegado a acuerdos económicos por reclamaciones de estas mujeres responden que sí. Preguntada por si existe una plantilla para que los numerarios cedan todos sus bienes en testamento a la Obra, responde: “Como ocurre en toda la Iglesia Católica, las iniciativas y labores del Opus Dei se financian con la aportación de sus miembros y de otros que no lo son. No hay ninguna obligación de donar a la Obra los bienes no procedentes de su trabajo. En su testamento, como cualquier ciudadano, determinan el destino que desean para sus bienes”. Y niega que se impida el contacto con sus familias: “Tienen total libertad”. Media docena de exmiembros del Opus Dei de distintas ciudades y edades consultados por este periódico aseguran lo contrario. La portavoz de la organización en Argentina admite que “en décadas pasadas, las dificultades materiales y económicas para viajar eran mayores, lo que pudo haber ocasionado que, en alguna ocasión, algún miembro del Opus Dei no haya podido asistir a algún evento familiar”.

También pide ocultar su identidad otra mujer de 34 años, en este caso, universitaria y exnumeraria, no auxiliar, pero por motivos diferentes. “Yo estuve 11 años en el Opus Dei, hasta 2017. Durante todo ese tiempo no me hablé con mi padre, porque no aceptó que me fuera de casa para vivir en un centro. Quiero hacer una denuncia pública de todo lo que sufrí, pero sin que la exposición vuelva a abrir esa herida en mi familia”. Blanca (nombre falso) relata que fue “captada” en el colegio. “El mío es un modelo muy común: padres que no son del Opus, pero que te mandan ahí porque el nivel académico es bueno y creen que en los colegios no hay labor de captación, pese a que es el principal foco. Del colegio pasas a lo que llaman clubes juveniles, donde hay actividades deportivas, culturales… y donde viven las numerarias. En mi caso se acercó una chica unos seis años mayor que yo. Parecía una amistad genuina. Con el tiempo te das cuenta de que todo lo que te dicen, en la forma y en el tiempo, está premeditado, responde a un plan y es progresivo, para que tu vayas asimilando cosas de forma muy lenta. La captación, el lavado de cerebro empieza antes de los 14 años. Si para ti es súper normal, desde pequeño, meterte en una habitación con un adulto y que te pregunte por tus padres, tus amigos, las películas que ves y cuestiones cada vez más íntimas, es muy fácil que esa persona termine manipulándote. El Opus no debería tener contacto con menores de edad”.

“Aparentemente”, prosigue Blanca, “eres un adolescente normal, pero cuando tienes 18, te vas y una vez dentro, el control es total. Cuando empiezas a trabajar, te piden tu sueldo cada mes. Si necesitas una chaqueta, tienes que pedirles dinero. Yo he cotizado porque trabajaba fuera de la residencia, pero me fui sin nada porque había entregado todo. Cualquier cosa fuera de tu rutina tienes que consultarla y si te dicen que no, obedeces porque al entrar te comprometes a eso, a obedecer. Tampoco te permiten que te apegues a la gente dentro, porque si lo haces es mucho más fácil que te desahogues con esa persona, que os hagáis preguntas, que os empecéis a cuestionar cosas. Si ven que tienes más intimidad con alguien te lo afean, hacen que te separes”.

Blanca relata que del mismo modo que no hubo un detonante para entrar, tampoco lo hubo para salir. En ambos casos fue algo progresivo. “Yo tenía depresión, pero no lo sabía. Mis últimos dos años allí fueron un infierno. Cuando dices que no estás bien, te responden que estás pensando demasiado en ti misma, que no rezas lo suficiente, que no eres generosa”. La psicóloga Laura Merino, especializada en “grupos de manipulación o sectas”, lleva 15 años tratando a pacientes del Opus Dei y advierte: “Una forma de detectar que una secta es una secta es si cuando haces preguntas sobre algo que te genera dudas, te hacen sentir culpable. Es una bandera roja. Señal de que estás ante un grupo manipulador”. Cuando Blanca perdió la confianza del todo, se fue, pero con muchas dudas. “El lavado de cerebro es tan grande que aunque parezca tonto, yo pensaba que me iba a condenar, que iría al infierno. Tuve que recomponer mi vida, sin dinero y con muchísima culpa. No sabía pagar la luz, alquilar un piso. Nunca en mi vida había tomado una decisión y era una desconocida para mi familia. Ni yo misma me conocía porque había construido mi identidad en base a lo que me habían dicho que tenía que ser”.

Estrés post-traumático

Merino explica que sus pacientes del Opus Dei, al salir, “tienen un problema de adaptación porque han vivido en un lugar donde todo estaba protocolizado y guionizado, y cuando abandonan el grupo, se sienten muy solos. A veces los padres han muerto, o se han roto los vínculos... También son frecuentes los síntomas del estrés post-traumático: miedos, ansiedad a la hora de cómo abordar las relaciones sexuales, por ejemplo. En el caso de las auxiliares sirvientas a las que he tratado, se ven sin nadie a quien servir. He visto a algunas de ellas ponerse a estudiar y hacer en un año lo que otros hacemos en cinco. En general suelen ser personas muy válidas y trabajadoras. El tiempo de recuperación depende de si tienen familia, recursos..., pero el esfuerzo que tienen que hacer en todos los casos es enorme”.

El Opus Dei cuenta actualmente con 41.500 miembros en España, el 70% de ellos supernumerarios, según responde la portavoz en España a EL PAÍS. Si bien hay registro de altas, no lo hay de bajas. Preguntada por qué, responde: “Al hacer la admisión, la persona completa un impreso autorizando su inclusión en la base de datos de la Prelatura. Conforme a ley de protección de datos, al desvincularse, esta información es eliminada”. La mayor parte ingresa entre los 18 y los 28 años. La organización tampoco dispone del tiempo medio de pertenencia a la organización de los actuales miembros. La portavoz afirma que, según sus estatutos, la edad mínima para “comprometerse formalmente” son los 18 años, “tras al menos un año y medio de preparación y discernimiento”. “Si alguien más joven siente una llamada vocacional”, añade, “puede solicitar ser ‘aspirante’, con el consentimiento expreso de sus padres y siempre que sea mayor de 14 años y medio. Los ‘aspirantes’ no empiezan un itinerario de incorporación, reciben acompañamiento espiritual y pastoral adaptado a su edad. Una vez alcanzada la mayoría de edad, pueden incorporarse a la Obra”.

A Pablo Galán, odontólogo, de 39 años, también lo “captaron” en uno de esos centros juveniles. Desde Sevilla relata, como otros antiguos numerarios consultados por EL PAÍS, que cuando cumplió 18, le pidieron que se fuera a vivir a un centro del Opus Dei y le sugirieron que pidiera un crédito para costear “la pensión”. “El centro estaba en la misma ciudad donde vivían mis padres, y yo entonces estaba estudiando, es decir, que no tenía ingresos, pero te dicen que eso es lo que Dios te pide, te hacen sentir un privilegiado, un elegido, y te recomiendan que solicites un crédito y pagarlo en cuotas cuando empieces a trabajar. Yo pedí 25.000 euros al banco y mis padres también pusieron dinero. Mi padre decía: ‘He pagado la boda de mi hija y esto es lo mismo’, porque yo me estaba casando con Dios. Ellos eran supernumerarios y les hacía mucha ilusión que yo fuera numerario”. Hoy ningún miembro de la familia sigue en el Opus Dei.

Pablo no salió, le invitaron a salir. “Yo nunca fui feliz, pero estaba resignado. Cuando ya me tocaba dar el último paso, el de la fidelidad, me dijeron que esto no era lo mío porque vieron que no podían exprimirme más, que yo no les llevaba a nadie. Cada año tenías que hacer una lista de amigos que ibas a intentar que pitaran. Pitar es como llaman unirse a la Obra. Es decir, una lista de gente que tenías enfilada para hacer proselitismo o apostolado. Yo no lo hacía porque no me parecía natural. Pensaba: ‘Si esto es una vocación divina, la gente la descubrirá por sí misma, ¿no?’. Yo estuve en la lista de alguien y una vez que pité, mi relación con esa persona cambió totalmente, ya no era una amistad, porque un numerario no tiene amigos, tiene objetivos. Con el tiempo, hablando con otros exmiembros, te das cuenta de que, dependiendo de la edad a la que te captaban te proponían una cosa u otra: de 25 para arriba supernumerario, y de 25 para abajo, numerario. Cuando me dijeron que no era lo mío, pensé: ‘Podíais habérmelo dicho antes de reventar mi juventud, todos esos años en la facultad, donde el 90% de las alumnas eran chicas, y lo pasaba fatal porque no podía ni mirarlas, porque aquello era como ponerle los cuernos a Dios, que era con quien estabas comprometido. Y poco a poco vas viendo las contradicciones: ¿Qué compromiso de pobreza puede tener alguien que tiene sirvientas, mujeres que le cocinan, le lavan y le planchan la ropa? Yo he vivido con jueces, médicos, profesores… que donaban su sueldo íntegro a la Obra. ¿Para qué querían tanto dinero? En el parto de mi hermano pequeño, el quinto hijo, casi mueren él y mi madre. Al principio, cuando mis padres explicaron que les habían dicho que mi madre no podía tener más críos, que era peligroso, les dijeron que tenían el hospital al lado de casa, y después, que separaran las camas, es decir, que no volvieran a tener relaciones. Eso con 37 años que tenían”.

La psicóloga Laura Merino aclara: “El problema no es la creencia religiosa, sino las técnicas de abuso que este grupo usa para dominar a las personas, pese a que no concebimos lo religioso con lo manipulador”. Cuenta que su interés por el Opus Dei empezó mucho antes de terminar la carrera. “Tenía una vecina que tuvo 14 hijos, con graves riesgos para su salud. Eso me llamó mucho la atención y desde muy joven empecé a leer sobre el tema”. “Hoy tengo también consulta online, lo que me ha permitido tener pacientes de Argentina, de México… y relatan las mismas experiencias. El opusino que salió hace 50 años y el que acaba de salir cuentan lo mismo: la trayectoria desde el colegio, convencerte de que puedes hacer un camino de santidad… La realidad es que es un camino de sacrificio en beneficio exclusivo del Opus Dei, con la aceptación del adepto, pero desde la manipulación. Las vocaciones son provocadas”.

Merino compara la incomprensión social hacia los adeptos de este tipo de grupos con la que sufrían las mujeres maltratadas. “Se decía: ‘Está con él porque quiere’, y no, estaba con el maltratador porque era una mujer manipulada. El adepto tampoco está ahí porque quiere, sino porque le han hecho creer que ponerse un cilicio en la pierna beneficia al mundo. Con el tiempo ha cambiado la percepción social sobre el maltrato machista, pero no sobre el Opus Dei. La sociedad no es consciente de lo que supone. El foco debería estar en la gente que queda afectada por un grupo como este, pero de lo que no se habla, no existe”.

Entrada y salida de Andorra, por César Bruto

 De uno de los heterónimos del humorista argentino Carlos Warnes (1905-1984), César Bruto, "Entrada y salida de Andorra", en su Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que yo soy (1947).

Lo que menos tenía pensado era de quen mi viage iba a agarrar y visitar este paíx, pero una cosa es lo que uno se propone y otra cosa lo que le sale, como en el caso de mi primito casimirO, que resulta quen el último carnavaL agarró y se lebantó de programA en el baile del lunA paR a una prinsesA rusA que le dijo questaba esperando de un día para el otro la caída del comunismO para volber a rusiA y subir arriba del tronO y pedir que le dean la corona de briliantes de la familia, y resulta que despué quel chitrulo de mi primito bailó dos piesas con élia se dió cuenta de que le faltaba la cartera, el relog, los jemelos del púnio de la camisa de plancha, una medallita que sienpre tenía colgada del pescueso desde quera chico, los tiradores de vidro del pantalón y un anilio con el retrato en esmalte de su vieja y el cual no se lo podía sacar del dedo porquelera apretado... ¡En fin, basta la salú!

Resulta de que tuve la suerte de que al pasar ayer por la frontera deste paíx, justamente en ese momento salía para afuera del mismo un ciudadano que se iba de viage, y entonses, como quedaba un lugar bacante en el espasio del territoriO lo pude ocupar yo y entrar como pedrO por su casa. La jente que agarre y lea esto se pensará de que yo esagero, pero la pura verdá es que andorrA es un paíx tan pequenio, pero tan pequenio, que para quentre un habitante más de los que tiene se presisa que alguno se vaya, o sea que sienpre se queda con la misma cantidá de habitantes. Las cálies son chicas, pero bien estrechas, o sea que la solusión consiste en que la jente salga por turno afuera y otros se quedan adentro de las casas, porque si un día se le da la loca a todos de salir a dar una vuelta se afisiarían apretados unos en contra de los otros.

Otra cosa quel gobiernO de acá tiene que andar con cuidado es con la cosa de los nasimientos y vijilar de que no nascan ninios si antes no desaparece una persona grande, a los efectos de lo cual hay una ofisinA destadísticA que da permisos de nasimientos sienpre y cuando antes se presente una bacante en la poblasión. El día que liegué yo, presensié con mis propios ojos el caso de un matrimonio que inaguraba un nene de lo más lindo, pero que lo tuvieron que dar a crear enseguida afuera del paíx, porque adentro de andorrA no cabía. ¡Ha, lo mal questá repartida la tierrA y lo ques la injustisia humanA! ¿Qué les costaría, por egenplo, a otros paíx que tienen tantos y tanto quilómetros agarrar y darle unos metros más a andorrA para que pueda espaciarse a gusto y no verse presisada a tener que andar contando todos los día sus habitantes para ver de que no haiga uno de más y se arruine el equilibrio de la nacióN?

Un amigo que mencontré en un café chiquito de andorrA me dijo de que haora estaban estudeando un proyedto de un norteamericano, el cual consiste en haser un 2º piso al paíx, o sea lo mismo que cuando un dueño quiere agarrar y sacar más renta. El asunto de haser un paíx de 2 pisos trajo gran discusión adentro del parlamento, donde se trensaron en peleas los 3 diputados de la derechA y los 3 de la isquierdA, lo cual puede ser que se arregle como otras veses jugando un truco de 6 y se haga lo que mande el que gana. Por los planos que me mostraron, el paíx de 2 pisos tiene su lado bueno y su lado malo, ques lo que pasa con muchas cosas, y si uno lo mira por el lado bueno, bien, pero si lo mira por el lado malo, mal, o sea que lo mismo pasa con el trabajo, por egenplo, ques muy lindo en los días de pagO cuando uno va y cobra, pero es cansador a más no poder en los demás días cuando hay que ir a cinchar el lomo y lebantarse tenprano dejando las cubijas calientitas y el dulse arrulio de la linda esposa que le dise toda mimosienta: –¡Andá, quedate un rato más y despué le contás al gefe de que perdistes el ónibus y se acabó...!

La ventaja que tiene al ser chico un paíx como andorrA es de que todo el mundo agarra y se conoce y nadies puede enganiar a nadies. Los gastos del gobierno son más bien pocos, porquen toda la nasióN hay sólo 2 vijilantes, uno de día y otro de noche, o sea de que no pueden darse el lujo de andar los 2 juntos como en otras partes, porquentonses se quedaría sin vigilancia el otro turno y andarían a sus anchas los 2 ladrones que hay en el paíx y que sienpre andan sueltos, porque como son tan pocos sería propio una locura irles a costruir una cárseL especiaL para élios. Otra cosa deconomía es que no hay casA de gobiernO, sino que cada presidentE cuando lo eligen agarra y manda desde su casa lo poco que tiene que mandar. Ministerio de marinA no hay por falta de agua; ministerio de guerrA no esiste por falta de soldados; ministerio de agriculturA no hay por falta de campo; ministerio de obraS públicA no hace falta porque todo el paíx está costruído..., en fin, que tanpoco hace falta correO, porque siendo tan chico la jente agarra y se lieba las cartas a pie; tranvía hay uno solo que da la vuelta a la nasión en 20 minuto, y tamién hay un solo aparato de radio colocado en el medio de la plasA sentraL del paíx y que puede ser escuchado por todos los habitantes. Lo más que tiene andorrA son fronteraS; uno las encuentra por todas partes y apenas camina durante un rato sienpre está en peligro de salirse y meterse en la nasión de al lado, y así me pasó a mí, que salí a dar una vuelta para bajar la comida y cuando quise acordar estaba fuera y ya no me dejaron entrar más porque resulta que por el otro lado entró otro tipo y ya estaba completa otra vez la población.

Si todos los paíx fueran como este, uno la vuelta al mundO la daba en meno de 80 día como desía juliO vierneS.

lunes, 3 de febrero de 2025

Carl Sagan predijo en 1996 lo que está pasando ahora

 Carl Sagan predice el futuro en 1996:

Escucha con atención: hay dos tipos de peligros. Uno es que hemos organizado una sociedad basada en ciencia y tecnología en la que nadie entiende nada sobre ciencia y tecnología, y esta mezcla combustible de ignorancia y poder tarde o temprano va a explotar en nuestras caras. Quiero decir, ¿quién maneja la ciencia y la tecnología en una democracia si la gente no sabe algo al respecto? Y la segunda razón por la que me preocupa esto es porque la ciencia es algo más que un cuerpo de conocimiento. Es una forma de pensar, es una forma de interrogar escépticamente al universo con una buena comprensión de la falibilidad humana. Si no somos capaces de hacer preguntas escépticas para interrogar a quienes nos dicen que  algo es verdad y ser escépticos de aquellos que tienen autoridad, entonces estamos expuestos al próximo charlatán político o religioso que venga a deambular por ahí. Es algo en lo que Jefferson puso mucho énfasis. "No fue suficiente", dijo, "para consagrar algunos derechos en una constitución o en una carta de derechos, el pueblo tiene que ser educado y tiene que practicar su escepticismo y su educación: de lo contrario no dirigimos el gobierno, el gobierno nos dirige a nosotros" 

 En la serie de televisión de PBS "Cosmos", dijo: "Queremos buscar la verdad sin importar a dónde nos lleve. Pero para encontrarla, necesitamos tanto imaginación como escepticismo".

Muy acertado. Solo hay que añadir una cosa: el "pensamiento escéptico" es más fácil de decir que de hacer. Y también es muy fácil de malinterpretar, si no eres un científico experimentado como Sagan. Mucha gente cree que para ser un "pensador escéptico" basta con cuestionar cualquier cosa sin  conocimientos, sin educación. En realidad, ese es solo el paso inicial; más adelante, hay que decidir si algo es cierto o no se conseguirá nada. Esa es la parte complicada: la capacidad de reconocer, tras un análisis escéptico exhaustivo, las afirmaciones realmente verdaderas. Esa es la parte difícil del escepticismo: los científicos lo saben bien, pero enseñarlo a los jóvenes es un verdadero desafío.

Solaris y sus citas al Quijote

 Publicado el domingo 23, febrero 2020 por BarbaRoja898 en Zoonpolitikon

Solaris (1972)

Hoy nos toca analizar la década de los años setenta, que no es otra que la que da comienzo a la edad de plata del cine. Como no podía ser de otra manera, nos encontramos con grandes de la ciencia ficción, entre las que cabe destacar “Alien el octavo pasajero” (1979), “La naranja mecánica” (1971) o “La guerra de las galaxias” (1977) en el plano comercial, y dos de las grandes de Tarkovsky en el cine más intimista: la que hoy nos incumbe y “Stalker” (1979), que ya analizamos en su momento. Sin contar, además, con gran cantidad de obras de referencia: la llegada a la gran pantalla de “Star Trek” (1979), la maltratada serie “Galáctica” (1978), “Westworld” (1973) —peor que la primera temporada de la nueva serie y mejor que el despropósito de la segunda—, “La invasión de los ultracuerpos” (1978) o “Encuentros en la tercera fase” (1977). Existen, a su vez, numerosas películas sobrevaloradas, destacando entre todas ellas la insufrible “El hombre que cayó a la tierra” (1977) o la asquerosa “La montaña sagrada” (1973). Respecto a “El planeta salvaje” (1973), la verdad es que he de reconocer que, puestos a ver animación surrealista, prefiero “Contact (C)” (1978), que resulta ser más interesante, sugerente y corta. Y sí, está pendiente “Doctor Who” (1963-1989)… aunque el problema es un poco como con la ya mencionada “Star Trek”: entre series y películas, da cierta sensación de infinito e, irremediablemente, de pereza; pues el tiempo que implicaría un visionado tranquilo sería de años, y todavía existen obras menos exigentes que merecen más la pena a la hora de analizar. Una vez comentado el contexto, hablemos ya de “Solaris” (1972).

«—No soy partidario de obtener conocimientos a toda costa. La verdadera sabiduría se basa en la moral.

—Del hombre depende que la ciencia sea inmoral».

Lo primero que destaca de esta cinta es su cuidadísima fotografía, la particular obsesión de su director con el agua y su ritmo pausado. Sin olvidar que lo importante son las ideas, cómo se articulan y su relación con la alegoría —que, como ya hemos repetido muchas veces, es algo propio del género; siendo esta película ejemplar en este sentido—. Para esto, se emplean todos los medios cinematográficos disponibles: desde el montaje hasta la música, pasando por el escenario, el vestuario, los movimientos de cámara o los diálogos. El uso del color, el paso al blanco y negro, los sonidos de sintetizador… el soviético es un maestro de la atmósfera. Además, no puede tener mejor guión. Poco más se puede decir de esta película sin entrar a destriparla… por lo tanto, a partir de esta línea, quien no la haya visto que se haga un favor y vaya aquí a verla, sin ignorar la segunda parte, o que tome la opción de dejar el cine.

«—Sólo una cosa sé, Señor. Cuando yo… Cuando yo duermo, no conozco el miedo, ni las esperanzas, ni los trabajos, ni la dicha… Gracias a quien inventó el sueño, esta es la única balanza que iguala al pastor y al rey, al tonto y al sabio. Sólo es malo el sueño profundo: se parece demasiado a la muerte.

—Sancho, nunca habías dicho un discurso tan elegante».

Una de las primeras cosas que llama la atención es que, en una película de dos partes y de algo más de dos horas y media, antes de los primeros diez minutos destaca ya un busto de Sócrates, que veremos varias veces a lo largo de la película al estar uno en la casa —localización recurrente— y otro en la biblioteca de la nave. Nos encontramos ante varias conversaciones que nos ponen en situación sobre los extraños fenómenos en forma de alucinaciones que ocurren cerca del planeta oceánico de Solaris y sobre la problemática de experimentar irradiando el planeta para así intentar conocer sus secretos. Esta primera parte de la película provoca una cierta sensación de sobresalto si uno no viene de hacer un ciclo de cine independiente. En los tiempos en los que nos movemos, el cine cada vez es más rápido y está más programado para contentar a un público que, poco a poco, va siendo menos capaz de concentrar la atención. En mi caso, la última película que he ido a ver al cine fue la actual de “Mujercitas” (2019); que, evidentemente, no es una de “Los vengadores”, pero sí se mueve en el lenguaje audiovisual actual. Choca volverse a encontrar con una película que se toma su tiempo a la hora de generar la atmósfera y que no tiene intención de contentar al gran público. Después de la presentación, pasamos por una escena tremendamente abstracta —al estilo de la llegada a la Zona de “Stalker”— con cambios de colores y unos sonidos electrónicos bastante ominosos. Descubrimos una secuencia donde se están quemando unos papeles, una secuencia que remarca el libro del “Quijote” sobre una mesa y, más tarde, saltamos al viaje hacia Solaris; en el cual, por cierto, si algo destaca es el paso por un agujero de gusano que luego volveremos a ver en “Interestelar” (2014). De hecho, tanto eso como la existencia de un planeta acuático son las únicas semejanzas entre dos películas que, en el fondo, se parecen como un huevo a una castaña. Cerramos la primera parte con muchas preguntas y pocas respuestas. Aparece también el personaje de Hari, que tiene el vestido cosido de tal manera que nunca se lo pudo haber puesto.

«En realidad, no queremos conquistar ningún Cosmos. Queremos ampliar la Tierra hasta sus confines. No necesitamos otros mundos. Queremos un espejo. Buscamos un contacto, pero nunca lo encontraremos. Estamos en la necia situación del hombre que busca la cadena que teme y no necesita. Al ser humano le hace falta otro ser humano».

Comenzamos la segunda parte. Entra nuestro protagonista en pánico —con todo el sentido del mundo— y decide lanzar al espacio exterior a la aparición de su esposa difunta. Descubrimos que Solaris, de alguna manera, conoce los recuerdos de los humanos que se acercan y provoca que aparezcan unos visitantes compuestos de neutrinos en base a ellos. Sí, ni siquiera la premisa de “Horizonte Final” (1997) era original… pero es que también comprobamos que el núcleo de “Blade Runner” (1982) ya está en juego aquí, así como parte de las ideas de “Matrix” (1999). Se plantea la problemática de si algo que parece humano y se comporta como un humano, sabiendo a ciencia a cierta que no es humano, se podría considerar provisto de humanidad y, por lo tanto, también de dignidad. Con esta metáfora nos damos cuenta de que se plantea la pregunta de qué nos hace humanos y de cuál es la característica fundamental de la humanidad: ¿el conocimiento?, ¿el sentimiento?, ¿el amor?, ¿la importancia de la muerte, de la pérdida, de la finitud? Comprobamos que en “Solaris” Tarkovsky está poniendo en juego las cuestiones fundamentales que nos mueven y motivan, y que son al mismo tiempo aquellas que dieron origen propiamente a la civilización y a lo que es Occidente desde el sacrificio de Sócrates. También es cierto que se puede igualmente interpretar como una reflexión sobre el paso del tiempo y sobre si realmente somos los mismos cuando crecemos e, inevitablemente, cambiamos; además de como una meditación acerca de la cuestión del amor, ya en sí misma profundísima y capital.

«Yo sé cuál es mi lugar. La Naturaleza hizo al hombre para que la conozca. Al buscar la verdad, el hombre está condenado a trabar conocimiento. Lo demás es un desatino».

Después de la discusión en la biblioteca, la copia de Hari acaba —como la original— suicidándose (aunque, en este caso, bebiendo oxígeno líquido). Ocurre la escena de resurrección más impactante de la historia del cine, además de ser la secuencia en la que Hari descubre que, a diferencia de su homóloga humana, ella no puede morir tan fácilmente. Después de este suceso, nuestro protagonista enferma y en medio de un estado delirante nos presenta las últimas reflexiones de la película, que versan sobre el dolor, la pérdida, la muerte y el sentido de todo ello para el ser humano. Nos retrotraemos en el tiempo a una visión de su pasado familiar —con uno de esos cambios de color tan característicos de este director—, y comprobamos que nuestro protagonista no amaba a su familia porque no creía que la podía perder, así como igualmente comprendemos —a la vez que él— que no apreció su amor por Hari hasta que ésta se suicidó. Nuestro protagonista se despierta y comprueba que Hari se ha matado por tercera y última vez; y esta vez lo ha hecho por él, ya que no era buena idea el plan de quedarse en Solaris para vivir con su recuerdo.

«—¿Sabes qué? Al mostrar piedad nos vaciamos. Quizás sea cierto que el sufrimiento da a la vida un aire sombrío, lleno de sospechas. Pero yo no reconozco… No, no lo reconozco… ¿Acaso lo que no es una necesidad para nuestra vida la perjudica? No la perjudica. Claro que no. ¿Te acuerdas de los sufrimientos de Tolstoi por no poder amar a toda la humanidad? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? No puedo comprenderlo… Ayúdame. Por ejemplo, yo te amo como ser humano. El amor es un sentimiento que se puede experimentar, pero no hay forma de explicar como si fuera un concepto. Uno ama lo que puede perder: a sí mismo, a la mujer, a la patria… Hasta ahora la humanidad y la Tierra eran inaccesibles para el amor. ¿Me comprendes? ¡Somos tan pocos! ¡Tan sólo varios miles de millones! ¿Quizás estemos aquí sólo para sentir por primera vez al ser humano como motivo de amor?

—Tiene fiebre.

—¿Cómo murió Guibarián? No me lo has contado.

—Te lo diré luego.

—Guibarián no murió de miedo, sino de vergüenza. ¡La vergüenza salvará a la humanidad!»

En estas últimas escenas antes de la recta final, el problema concreto de Kris es un tema importante entre tantos otros que se sugieren; de hecho, de alguna manera, ya estaba insinuado desde el principio. No es otra cosa que una crítica al hombre pragmatista, inevitablemente individualista, subjetivista y egoísta; aquel que, incapaz de tolerar su finitud y la de los otros, cree que todo está por y para él. Por eso, Kris es incapaz de valorar —más allá de la mutua explotación basada en el mero placer— tanto a su familia como a Hari; no es capaz de comprender la delicadeza del ser humano y la facilidad con la que uno puede morir. Está muy claro en la escena con su madre en la que ella le lava las heridas, pero esta idea se encuentra ya también en las primeras secuencias de la cinta —por ejemplo, cuando comentan que se dedica a su informe incansablemente como un contable—, sin olvidar lo clara que es a este respecto la escena del garaje convertido en cuadra. Kris es un hombre que ha vivido postrado a los vientos de su época y que, cuando ya se encuentra en la recta final de su vida, empieza a comprender hasta dónde ha perdido el tiempo y ha despreciado la importancia de vivir acorde al drama característico del ser humano: todos vamos a morir y, como uno se descuide, lo hará sólo; por lo tanto, no debemos despreciar el amor ni emplear el poco tiempo que tenemos en la infinita variedad de banalidades que nos ofrece nuestra época.

«—Tienes mal aspecto. ¿Eres feliz?

—Ahora ese término es un poco anticuado».

Va terminando la película y nos sugiere, muy poco sutilmente, la comparación de Hari con Jesucristo; con todo lo que eso conlleva. Después, reflexiona sobre el hecho de pensar y su relación con la felicidad. La idea de que uno al meditar sobre los temas fundamentales de la humanidad se acerca al día de su muerte es muy poderosa. A su vez, la reflexión sobre la felicidad es aguda y explica muy bien por qué la gran mayoría de la gente prefiere no pensar: hacerlo, inevitablemente, te pone en contacto con la muerte, y todo el mundo prefiere vivir distraído sintiéndose inmortal. La idea de que ciertas cuestiones perviven mejor bajo el misterio y la superstición es una idea que vuelve una y otra vez en la obra de este autor, y tiene mucho sentido, además de ser un tema que hay que pensarse dos veces a la luz de todo lo ocurrido en los últimos dos siglos. Termina la película con un final que no te ves venir y que te vuela la cabeza, pero después de todo lo visto —la segunda venida de Jesucristo en forma de mujer (con resurrección y todo e incluyendo su muerte definitiva) y el descubrir que Snawt no es otro que Sócrates—, no sorprende cómo culmina la historia. ¿Es toda la película una alegoría del hecho de reflexionar? ¿Es Solaris nuestro fuero interno, mente o alma? Da igual cómo lo llamemos en este caso. El póster de la película cobraría un nuevo sentido… de alguna manera, ¿no es en ese lugar donde viven los recuerdos?, ¿o es todo un sueño? Los sueños no son sino alucinaciones mientras dormimos, y el acto de pensar tiene mucho de alucinación —aunque, eso sí, controlada—. También nos podríamos encontrar ante… ¿un paseo practicando el método peripatético?, ¿un paseo por nuestros pensamientos? Referencias a estas ideas a lo largo de la película no faltan; de hecho, al principio nos dicen que el protagonista se pasa horas paseando solo. En cualquiera de los casos, el final no es gratuito y le da una vuelta más a lo que nos están contando de una manera magistral. Es el mejor ejemplo de lo que es la ciencia ficción y el mejor canon para juzgar al resto de películas del género.

«—Últimamente no congeniábamos. Oye, Snawt, ¿por qué él nos atormenta?

—Hemos perdido el sentido de lo cósmico. Los antiguos lo percibían mejor. Ellos no preguntarían por qué… Recuerda el mito de Sísifo».

Es cierto que la primera parte tiene momentos donde se hace un poco lenta y que el final es un poco excesivo, pero, de alguna manera, el tono pausado favorece que se genere el contraste necesario para que emerjan los momentos más brillantes y ayuda, a su vez, a parar un poco al público más acelerado, ayudándole a ponerse, en la medida de lo posible, ante la posibilidad de aburrirse un poco, y dando paso así a la meditación reflexiva que se nos propone. Es una película exigente intelectualmente, de eso no cabe duda, pero tampoco implica necesariamente haber leído ni haberse planteado nada con anterioridad para su disfrute. Es lo bueno de ser todos mortales. Un servidor la vio por primera vez hace más de diez años cuando poco sabía de Platón, del amor, de la muerte o del “Quijote” —cierto es que tenía ya inquietudes, angustias y tiempo para aburrirse, pero era mucho más imbécil e inculto que ahora—, y con todo y aun quedándose en la superficie tuvo claro que “Solaris” era una película valiosa e interesante. Cualquiera con dos dedos de frente, inquietudes y el tiempo para verla sin interrupciones la va a disfrutar; y cuanto más culto e inteligente se sea, más se haya leído y más se haya reflexionado sobre los temas fundamentales, más profundamente se entenderá su sentido, más grato será su disfrute y más fecundo resultará el poso que deje. Es una película que, como los buenos libros, hay que verla muchas veces a lo largo de la vida, para enriquecerse con otras obras y reflexiones entre una vez y otra; y es probable que cada vuelta a ella sea mejor, más profunda y se logren captar nuevos matices. Ocurre como con “Stalker”, pero con más pureza y claridad.

«—Cuando el hombre es feliz, el sentido de la vida y los demás temas eternos le interesan muy poco. Hay que abordarlos al final de la vida.

—Pero no sabemos cuándo llegará ese fin y por eso nos apresuramos.

—Las personas más felices son las que nunca se han interesado por esas malditas cuestiones.

—Preguntar es querer siempre conocer, pero para conservar las simples verdades humanas se necesitan los misterios: el misterio de la felicidad, el de la muerte, el del amor.

—Quizás tengas razón, pero trata de no pensar en todo eso.

—Pensar en esto es lo mismo que conocer el día de tu muerte. El desconocimiento de ese día nos hace inmortales».

Por todo lo dicho, concluimos que “Solaris” es una obra maestra que estaría, sin lugar a dudas, entre las 20 mejores del género y, posiblemente, entre las 20 mejores películas de la historia del cine. También deducimos que el señor Tarkovsky no es sólo un grandísimo director de cine y guionista, sino también un pensador; y, dado que está muerto, le debemos reconocer la autoridad de llegar por méritos propios a la categoría de filósofo —todo un honor teniendo en cuenta que a la altura del siglo XX la mayoría terminaron siendo sofistas—, y el primero en serlo a través del medio cinematográfico. Es un igual en toda regla. No tengáis ninguna duda de que volverá a estar en el foco de nuestras reflexiones.

«—¿Qué hacer después? ¿Volver a la Tierra? Poco a poco todo se normalizará. Surgirán nuevos intereses, conocidos, pero no podré dedicarme a ellos plenamente. ¿Acaso tengo derecho a renunciar, aunque sea a una supuesta posibilidad de contacto con el Océano, al que tantos años trata de tender mi raza hilos de comprensión? ¿Quedarme aquí, entre los objetos que ambos tocamos, que aún recuerdan nuestro aliento? ¿En aras de qué? ¿Con la esperanza de que regrese? Mas no tengo esa esperanza. Lo único que me queda es esperar. ¿Qué esperar? No sé… Nuevos milagros.

—¿No te has cansado?

—No, me siento muy bien.

—Me parece que ya es hora de que retornes a la Tierra.

—¿Así lo crees?

—Parménides fue el primero en tener razón—

domingo, 2 de febrero de 2025

Abuelos y padres en la crisis

 Javier Fesser, hijo en una familia de nueve hermanos, ha dicho algo que no solo sufren los abuelos, sino los padres: “Los abuelos tienden la mano y los hijos y nietos cogemos el brazo, después el piso, el coche y los ahorros, a ser posible”

El Bachillerato Internacional, un modelo para cultivar la pasión por aprender y el pensamiento crítico

 El Bachillerato Internacional, un modelo para cultivar la pasión por aprender y el pensamiento crítico. Nacho Meneses, en El País, 31 de enero de 2025:

Desde Primaria hasta el acceso a la universidad: casi 6.000 centros de todo el mundo adoptan un modelo académico que aporta una educación superior en competencias y valores

Ana Hidalgo recuerda sus años de Secundaria como una época de frustración constante: era buena estudiante, sacaba las mejores notas y, sin embargo, sentía que ni el sistema se adaptaba a ella, ni ella al sistema: “No le encontraba sentido al formato de clases magistrales, al aprendizaje memorístico ni a los currículums exageradamente densos en contenidos que resultaban inabarcables e imposibles de recordar una vez pasado el examen”, explica. Tenía interés por aprender, pero en su instituto no lo encontraba. Hasta que cumplió los 16 y encontró en el Bachillerato Internacional todo lo que había buscado hasta entonces: un modelo que fomenta el espíritu indagador, el pensamiento crítico, un aprendizaje significativo y competencial, una mentalidad abierta y la empatía necesaria para querer cambiar el mundo que le rodea.

Durante los siguientes dos años, y antes de empezar a estudiar Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid, Ana cursó el programa del Diploma de Bachillerato Internacional (IB) en el Colegio St. George, en Madrid. Y todo cambió: “Desde el principio sentí que se adaptaba mucho más a mi forma de aprendizaje ideal, asimilando conceptos para después aplicarlos en situaciones que reflejen la realidad. Y sentía cómo mi mente se expandía a cada rato; los conocimientos encajaban como las piezas de un rompecabezas y yo era capaz de ver y comprender la imagen que formaban. Entendía lo que dábamos en clase y su utilidad en el mundo real”, recuerda. Una metodología práctica, actualizada y personalizable para que el alumno escoja parte de las materias que estudia y las adapte a sus propios intereses, potenciando así la curiosidad por aprender y mejorando sus resultados académicos.

Parte del éxito del IB, hoy presente en 5.963 centros públicos y privados de 163 países, radica en que sus programas “no están dirigidos hacia los exámenes, sino a que los estudiantes aprendan a pensar de forma crítica y a resolver problemas complejos. Los mejores resultados se obtienen cuando el aprendizaje permite conectar el currículo con su talento innato”, sostiene Maripé Menéndez, responsable de la Organización del Bachillerato Internacional para Iberoamérica.

Y aunque el aprendizaje basado en competencias solo ha empezado a generalizarse ahora, en el marco de la nueva ley educativa, los programas del Bachillerato Internacional llevan más de cuatro décadas implementándolo. “Con la llegada de la Lomloe, hay muchos más colegios interesados en implantar los programas del IB en Primaria y Secundaria, porque ayudan a los profesores a acelerar el proceso de cambio pedagógico en el aula”, añade por videoconferencia. Se va por buen camino, pero aún queda un largo trecho: “Evaluar lo que un alumno sabe y lo que sabe hacer con lo que sabe sigue siendo una asignatura pendiente en España”.

Es importante aclarar que, a pesar de que el Diploma del IB es su programa más popular, no se trata del único, ya que su metodología puede iniciarse desde la etapa de Primaria (PEP) con un programa de indagación adaptado a su edad, para continuar con el Programa de Años Intermedios (el PAI, equivalente a la ESO) y finalizar en el Diploma o el Programa de Orientación Profesional (POP). Este último, su programa más reciente, se desarrolló a instancias del Gobierno de Finlandia y viene implantándose internacionalmente desde 2012, aplicando la metodología del IB a la Formación Profesional. Este año ha llegado por fin a España, donde hay ya tres centros certificados.

¿En qué consiste el Bachillerato Internacional?

Los alumnos matriculados en el Diploma del Bachillerato Internacional han de cursar seis asignaturas troncales (tres a nivel medio y otras tres a nivel superior): su lengua materna; un idioma extranjero; Matemáticas; una materia de humanidades; otra de ciencias experimentales y una más a elegir entre Arte u otra asignatura adicional de humanidades, ciencias o una segunda lengua extranjera. Pero también deben cursar Teoría del Conocimiento (una materia dirigida al pensamiento crítico y a la indagación sobre el proceso de conocer); completar 150 horas de servicios comunitarios dentro del CAS (Creatividad, Acción y Servicio) y completar un trabajo de investigación.

Al final del programa (de dos años de duración), deben presentarse a una completa batería de 17 exámenes, idénticos y celebrados a la vez en todo el mundo, que luego son evaluados de forma externa, si bien entre el 20 y el 50 % de la nota final de una asignatura depende de la evaluación interna continuada que se va completando a lo largo de esos dos cursos. Los estudiantes que obtienen el diploma tienen como mínimo convalidada la parte general de los exámenes de la EBAU, si bien en algunas comunidades (como Madrid) la convalidación es total.

“No sé aquí, pero la primera vez que yo hice una tesis de 12.000 palabras fue justo en el último año de mi licenciatura; y aquí los estudiantes ya escriben monografías de 4.000 palabras sobre un tema de su elección. Es la mejor preparación para la universidad que he visto, y realmente fomenta la independencia y la madurez que luego necesitarán para tener éxito en su grado”, señala Nick Johnson, director de Secundaria en el St. George. “Por la experiencia acumulada en los últimos 18 años, sabemos que el universitario proveniente del IB es más resistente a la frustración, más autónomo, más creativo y posee más habilidades que el estudiante promedio en todo lo relacionado con la investigación y comunicación”, añade Roberto Vázquez, director del IES Marqués de Santillana, en Torrelavega (Cantabria).

Todo ello, además, con un enfoque fundamentalmente práctico en el que los alumnos “desarrollan habilidades de orden superior; buscan información; contrastan fuentes; toman decisiones y evalúan los efectos de estas tanto en poblaciones vulnerables como en la sostenibilidad del planeta”, describe Menéndez. Los alumnos pueden, además, personalizar alrededor de un 30 % del contenido de sus asignaturas por medio de trabajos de laboratorio, exploraciones matemáticas o preguntas de tipo histórico que han de responder. “Gracias al IB aprendí a gestionar mejor mi tiempo, a fortalecer mi expresión escrita y mi capacidad de investigación y saber sobrellevar las dificultades que fueron surgiendo por el camino”, admite Raquel Vega, exalumna del St. George y estudiante hoy del doble grado en Derecho y Relaciones Internacionales en IE University.

Ana Hidalgo, por su parte, recuerda cómo solía realizar trabajos tanto individuales como de grupo, y la importancia que tenían las presentaciones y la comunicación oral. Habilidades que luego le han dado un punto de ventaja en la universidad, a pesar de no estar contenta con la calidad de las clases: “Siguen prácticamente el mismo formato que en los institutos, con lecciones magistrales casi puramente teóricas, pero con la diferencia de que lo que se pide es lo que se aprende en el IB. Es decir, se exige que los estudiantes desarrollemos habilidades que [en el sistema tradicional] no te enseñan”.

El IB en los centros públicos de España

Al comparar la titularidad de los centros con programas de IB se observa una diferencia notable entre España y los datos globales: aunque, a nivel internacional, los centros públicos representan un 54 % del total, en España este porcentaje se reduce hasta apenas un 29 %. Una de las causas puede estar en el hecho de que los estudiantes que opten por hacer el IB en un centro público deben cursar también el Bachillerato tradicional, algo que, sin embargo, no implica cursar el doble de asignaturas, ya que muchas de las materias son coincidentes (no así la metodología).

¿Merece, entonces, la pena? Los dos directores de institutos públicos de Secundaria consultados no albergan ninguna duda al respecto, y el “sí” es rotundo: “El IB no solo nos ofrece un currículo integrado por una serie de contenidos, actividades o enfoques, sino también por valores que contribuyen a la formación de nuestro alumnado como personas íntegras y solidarias”, sostiene Vázquez, que destaca también el trabajo colaborativo que desarrollan los docentes en el marco del Bachillerato Internacional, uno de los requisitos básicos de los distintos programas del IB que, además, tiene una incidencia directa en la atención a la diversidad.

En el IES Gerardo Diego, en Pozuelo de Alarcón (Madrid), la adopción del Programa de Años Intermedios (recordemos, el de Secundaria) del IB desde el curso 2022/23 obedeció a una necesidad de responder a las demandas de las familias, en un entorno con una altísima competencia de centros privados y concertados (27). Para ello, remodelaron sus espacios, formaron al profesorado y empezaron a desarrollar metodologías activas.

Más allá de los numerosos beneficios para alumnos y profesores (mejora de los resultados académicos; fomento del aprendizaje permanente a través de la indagación y de las habilidades blandas; orgullo y sentimiento de pertenencia; desarrollo profesional o poder transformador, entre otras), la evidencia del impacto se ve en otros factores de convivencia: “En el primer curso de implantación, el porcentaje de alumnos con más de dos materias suspensas en primero de la ESO bajó 10 puntos porcentuales; las faltas contrarias a la convivencia se redujeron a la mitad y la admisión se incrementó en un 80 %. Además, el año pasado este centro fue finalista en los Premios Princesa de Girona a la mejor escuela del año”, enumera Jesús Álvarez, su director.

Ambos directores destacan, además, la influencia de las horas de servicio comunitario en la formación de sus alumnos: en Torrelavega, los alumnos del IB del IES Marqués de Santillana desarrollaron proyectos en ámbitos como la mediación escolar, la atención al alumnado inmigrante o la incorporación tardía al sistema educativo (...), colaboraron con asociaciones y fundaciones benéficas relacionadas con la atención a personas mayores o la protección de los animales.

Mientras, en el IES Gerardo Diego donaron material escolar a las escuelas de Paiporta (Comunidad Valenciana) afectadas por la dana; recogieron juguetes usados y participaron en un programa de Cruz Roja ayudando a niños de tres a 10 años en sus estudios. “Los beneficios derivados de la satisfacción y realización personal que supone ayudar a los demás repercuten muy positivamente en la autoestima y la capacidad de trabajo en equipo del alumnado y, por extensión, favorece su evolución académica y su desarrollo integral como persona”, añade Vázquez.

El programa de Orientación Profesional

¿Cómo (y por qué) se implanta una metodología como la del Bachillerato Internacional en un contexto eminentemente práctico como el de la FP? La respuesta la conocen muy bien en Finlandia, “donde la formación profesional ya gozaba de prestigio, pero carecía de visión internacional. Además, se quería ayudar a desarrollar jóvenes con una mayor capacidad de pensamiento crítico y que poseyeran todas las habilidades que fomenta el IB, de pensamiento, investigación, comunicación, sociales y de autogestión”, sostiene Menéndez.

Se trata, añade la responsable del IBO, de “elevar de alguna manera la parte académica del programa de FP”, de manera que ese alumno “esté preparado para ir a la universidad, al mercado de trabajo o que sea capaz de montar su propia empresa, entrando y saliendo del sistema educativo siempre que lo necesite. Los trabajos de hoy cambian tan rápidamente que prácticamente será necesario formarse a lo largo de toda la vida”. En España está dirigido a estudiantes de Grado Medio de FP y ya son, de momento, tres los centros autorizados.

“Si tú estudiaras en un centro donde se desarrolle el programa de Orientación Profesional, cursarías dos asignaturas académicas del IB (por ejemplo, matemáticas a nivel superior o, si estás en una rama sanitaria, estudiar por ejemplo una Biología y una Química). Y luego, estudiar las materias propias del IB: una lengua extranjera, un proyecto de investigación, las horas de aprendizaje y servicio y una asignatura de habilidades sociales y profesionales”, describe Menéndez.

La diferencia, de nuevo, entre España y otros países como Reino Unido o Estados Unidos es que en estos países los estudiantes pueden progresar a la universidad, mientras que en España (de momento) evolucionan a un Grado Superior, a la espera de negociar con el Gobierno una futura ruta de acceso al sistema universitario.

La educación según Milei

 La educación según Milei, en El País, por Guillermo Ramón Ruiz, 31 ene 2025:

Un gobierno libertario asumió el poder y comenzó a cuestionar las características de la educación y sobre todo el rol del Estado

A lo largo de su historia, la educación pública ha tenido centralidad en la Argentina. Ello se evidenció en el esfuerzo alfabetizador del Estado, que se reflejó en la constante reducción del analfabetismo desde finales del siglo XIX. En 1895, el porcentaje de personas analfabetas era del 53,3%; en 1921, bajó al 35%; y en 1943, lo hizo al 16%. De esta forma, el país se convirtió en el más alfabetizado de América Latina. Entre los años 1960 y 1980, períodos de alta inestabilidad política el descenso del analfabetismo continuó (del 8,5% al 6,1%). Durante este siglo XXI esta tendencia se mantiene: bajó del 2,6% en 2001 al 1,9% en 2022. Esta referencia a la alfabetización da cuenta del rol que ha tenido el Estado argentino en la expansión de la escolarización durante los últimos dos siglos.

Ello también se constata en la Constitución nacional, donde la educación es reconocida como un derecho individual, social, político, económico, cultural, cuyos sujetos titulares son todas las personas que habitan la Argentina. La Constitución también establece la responsabilidad indelegable del Estado en materia educativa; la promoción de la gratuidad y la equidad; la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación; la educación intercultural-bilingüe; la educación ambiental. Por ello, la gratuidad de la educación pública abarca a todos los niveles. Es más, las universidades públicas no tienen exámenes de ingreso, ni de selectividad, ni cupos, y en ellas no se pagan los estudios de grado.

A estas características generales, cabría agregar que los gobiernos de la democracia, a partir de 1983, han llevado adelante diferentes políticas, para ampliar el contenido del derecho a la educación e incorporar contenidos curriculares tales como: el enfoque de derechos humanos, la construcción de la memoria colectiva sobre el terrorismo de Estado, la educación sexual integral y la educación ambiental en la escolarización obligatoria.

Se eliminó el Ministerio de Educación: la cartera fue reducida a una secretaría dentro de un Ministerio de Capital Humano.

El 10 de diciembre de 2023 con el inicio de la presidencia de Javier Milei, un gobierno libertario asumió el poder y comenzó a cuestionar las características de la educación y sobre todo el rol del Estado en este terreno. Se eliminó el Ministerio de Educación: la cartera fue reducida a una secretaría dentro de un Ministerio de Capital Humano. Se comenzó a enfatizar la idea de “sociedad educadora” para no cumplir con las obligaciones estatales en materia educativa, fijadas por la Constitución. Ello se tradujo en políticas educativas que dieron lugar al desfinanciamiento: se anuló el Fondo Nacional del Incentivo Docente; se suspendieron las normas sobre financiamiento educativo y de ciencia y tecnología; se redujo el presupuesto universitario.

Estas medidas fueron completadas con la creación de:

1) el Programa de vouchers educativos (para auxiliar a las familias en el pago de aranceles en centros privados); 

2) un Plan de Alfabetización carente de una planificación integral. El Estado nacional delegó en las provincias la ejecución de este último, dando lugar a diferentes respuestas, en función de las capacidades estatales de cada Estado provincial.

¿Cómo interpretar estas reformas? ¿Cómo comprender el lugar que tiene la educación en la agenda del actual Gobierno? Por un lado, una respuesta se encuentra en la corriente política a la que adscribe el presidente Milei, el paleolibertarismo. En ella se articulan ideas libertarias de libre mercado, junto con otras reaccionarias. Esta síntesis compleja apunta a erradicar al keynesianismo, al enfoque de derechos humanos, a la perspectiva de género y al feminismo, con un sesgo de anti-intelectualismo. Ubicado en esta perspectiva, Milei denuncia al Estado y al “colectivismo” como las causas de todas las crisis. Por ello propone desmantelar al Estado desde dentro, “como un topo”.

Por otro lado, el panorama se completa con un conjunto de difamaciones que las autoridades nacionales esgrimen sobre las instituciones educativas y sus actores. Aquí se ubica una segunda respuesta: el uso de la mentira moderna. Un rasgo de las extremas derechas libertarias es su capacidad para capitalizar las múltiples crisis del presente y así atacar continuamente a las instituciones públicas. En este sentido, se encuentran las críticas que diversas autoridades nacionales hacen a la obligatoriedad escolar, a la perspectiva de género, al marxismo. Sobresale el cuestionamiento a la educación sexual integral, a la educación ciudadana y a la literatura que se enseña en las escuelas. Esto recuerda al embustero de Hannah Arendt. El político embustero y las mentiras políticas modernas configuran otra realidad, fortalecida por la manipulación de los hechos a través de las redes sociales con denuncias no fundadas. El embustero no es exclusivo de las extremas derechas, pero ha sido clave su proliferación para ganar elecciones democráticas e instalar debates capciosos en los ámbitos educativos como en Argentina.

En suma, el panorama es desalentador. La ausencia de una ley de presupuesto para el año 2025 (que permitirá el uso discrecional de fondos desde el Poder Ejecutivo Nacional), la delegación de las obligaciones estatales en organizaciones de la sociedad civil, así como la utilización de engaños para socavar las instituciones estatales y cercenar derechos humanos, dan una pauta de lo previsto por el gobierno libertario: un rol subsidiario del Estado y posturas reaccionarias, contrarias al efectivo ejercicio del derecho a la educación.

Guillermo Ramón Ruiz es docente e investigador del Consejo Nacional de  Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la Universidad de Buenos Aires.