I
El asunto 'Jot Down', culebrón del periodismo español, en El Mundo, Antonio Lucas, sábado, 13 junio 2026:
Su fundadora, fallecida en 2022, logró impulsar un buen producto aunque tirando de una técnica de cebo: enredar al personal masculino con fotos 'robadas' a una amiga peluquera para alcanzar su propósito. Malas artes
Cómo no leer La bola, libro donde Daniel Verdú, compañero de El País, da cuenta de las peripecias delirantes (y diletantes) de la revista Jot Down. La publicación encontró el sitio en el periodismo español por un rato, casi convence a algunos de que venía a refundar el km 0 del oficio y algo después desapareció de la primera línea de playa de los quioscos. Aún sobrevive en versión digital, como nació. Cómo olvidar los días en que empezó a sonar la marca y multiplicamos la expectación en mil conversaciones por la extraña manera de irrumpir. Nadie vio llegar el artefacto y fugazmente hizo dudar al respetable de si el periodismo sería ahora otro o no sería nunca más como estaba siendo entonces. Jot Down ensanchó su capacidad de generar asombro dejando correr en todas direcciones la leyenda de su fundadora, María Jesús Marhuenda Irastorza, vecina de Santa Pola (Alicante), habitual de las primeras comunidades foreras del internet ibérico.
En aquel tiempo no queríamos saber, pero ahora hemos sabido que María Jesús Marhuenda encontró el botón nuclear de una parte del periodismo español, el que activa nuestra incalculable vanidad. Le bastó desarrollar una técnica de cebo sonrojante en la misma onda que OnlyFans, hechizar al personal masculino enviando fotos robadas a una amiga peluquera de su pueblo fingiendo ser ella, jugar al escondite para incrementar la expectación sobre la identidad que ocultaba su pseudónimo (Mar de Marchis), inventar una vida suntuosa de aviones y aeropuertos y Londres y restaurantes y futbolistas representados, y entender que esto va, fue e irá de tensar el deseo de algunos sujetos llamando su atención vía escroto.
Jot Down fue un producto certero, incluso sugerente, pero incubado con algunas malas artes. Descubierto el pastel de que Marhuenda no era quien prometía, la gracia quedó en una performance disparatada y pronto acabó la algarabía. Jot Down acumuló excelentes colaboradores a quienes no pagaba (al parecer, eso excitaba también a algunas víctimas). O les bonificaba con una chuminada. A los VIP, en el mejor de los casos, les echaba una caja de puros, fumes o no. Todo cutrísimo. Esto que algunos narraban como una excentricidad genialoide de la fundadora era otro síntoma del dislate y deja al aire la indigencia que acumula esta profesión. Si esa desatención total de pagos la tuviese de igual manera este periódico o cualquier otro, los damnificados infestarían (como debe ser) las redes sociales de querellas. Jot Down, donde disfruté como lector (no escribí), hizo del enredo una manera de distinguirse y le salió bien. Este fenómeno dice más del estado de nuestra profesión que de la revista y sus fantasías. Fue el mejor mérito de Marhuenda (María Jesús, Chus de Santa Pola): desnudar el alma pueril de una parte chiquita pero ruidosa del periodismo español. Aseguran quienes jugaron a conocerla que fue generosa y atenta y de buen corazón. Rápida, espontánea, fresca. Hizo de la invisibilidad, como del impago, parte de su industria.
En su escalada delirante -todo el mérito para ella, sin duda- burló a los directivos de El País después de intentar camelar a los de otras cabeceras, sin ir más lejos la que nos convoca. Juan Luis Cebrián le hizo sitio en Prisa y todos a una perdieron la toma de tierra. Fue cuando sonó con más insistencia eso del New Yorker español. El humor es el humor. Aquel acuerdo entre el periódico y la revista fue empresarialmente malo. Cuenta Verdú en su excelente crónica que Marhuenda acumuló influencia y ejercía el poder. Ahí te da un pasmo. Llamaba a todo dios del staff, opinaba sobre las cosas del periódico, sugería la contratación de periodistas y apuntalaba en la sombra una leyenda muy Mr. Ripley, sin crimen pero con trampa.
Las consideraciones sobre la empresa de Marhuenda son ricas en chismes y aminoácidos y pasan de la astucia al trile. El asunto acumula un poco de todo: unas gotas de osadía descará y otro tanto de cubilete fullero. Aprovechó la inercia testosterónica de un par de generaciones con voz de clavel varonil dispuestas a excitarse con unas fotos dispersadas en sus móviles donde una mujer asoma medio muslo y escribe "Hola: soy Mar". Un Eyes Wide Shut mediopensionista, de Nokia a Nokia. Mundo macho en el que se apoyó la confección de 'Jot Down'. Más que leyenda, gominola.
II
Mar de Marchis nunca existió: la genial impostura de la mujer que creó ‘Jot Down’, en El País, Álex Vicente, 29 may 2026:
Daniel Verdú reconstruye en ‘La bola’ la historia de la fundadora de la revista cultural, fallecida en 2022, que se ocultó durante años tras una identidad inventada y se convirtió en síntoma de un cambio de época en el periodismo español
Todo empezaba con una llamada desde un número desconocido. Fue a finales de 2016 o quizá a principios de 2017. Al otro lado apareció una voz arrolladora, divertida y un tanto venenosa, capaz de disparar frases a toda velocidad, algunas en esa zona gris donde la adulación se confunde con la ofensa. Se presentó como Mar de Marchis, directora de Jot Down. Tenía un encargo para mí: una entrevista en profundidad con un conocido escritor francés para la que entonces era la revista de moda en España, un fanzine en blanco y negro que, gracias a la ambición de su fundadora y a la la adhesión ferviente (y algo delirante) de sus lectores, se acabó convirtiendo en una especie de New Yorker patrio, en un emblema de aquel “periodismo lento” que entonces prometía salvar la profesión.
“Me han hablado muy bien de ti”, dijo. Ese era su anzuelo, aunque un instante después dejara claro que aquella no había sido, ni por asomo, su primera opción. Luego llegó el regateo. Intentó que el texto se escribiera gratis, como solía hacer, en un momento en que demasiadas cosas empezaban a pagarse con la divisa de la “visibilidad”. Tras un breve forcejeo, aceptó una cantidad razonable. Recibió la entrevista. Le gustó, aunque le pareció corta: más de 30.000 caracteres, unas tres veces este texto. Se amplió siguiendo sus indicaciones, se publicó y tuvo más repercusión que trabajos similares aparecidos, en medio de la indiferencia, en medios de mayor solera. Así lograba reclutar la directora a firmas pequeñas y otras mucho más grandes, como Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Maruja Torres, Juan Marsé, Félix de Azúa, Juan José Millás o Manuel Jabois.
La bola (Alfaguara), el primer libro del periodista Daniel Verdú (Barcelona, 1980), que se publica el 4 de junio, reconstruye la historia de esa mujer: María Jesús Marhuenda Irastorza, fundadora, directora, leyenda y fantasma de Jot Down, fallecida en 2022 a los 53 años tras un largo coma provocado por un accidente cerebrovascular. Durante años se ocultó bajo ese peculiar seudónimo de supuesta aristócrata italiana, afirmando que era una abogada y representante de futbolistas asentada en Londres. En su pueblo, la conocían como Chus. En ciertos foros virtuales, respondía a los nombres de Shizuka, Bluevelvet, Isabella, Jun o Libertad. Pero, para muchos, siempre fue “la bola” o “bola” a secas, como la esfera negra de billar que fue el emblema de su revista y también de una cuenta de Twitter convertida en autoridad cultural, donde ella repartía juego y dictaba sentencia.
Todo cabe en el vacío
Lo curioso es que, estando en todas partes, casi nadie sabía qué cara tenía. Hablaba desde la sombra, no acudía a reuniones, comidas ni presentaciones, y dejaba que el misterio hiciera el resto. Esa ausencia disparó hipótesis disparatadas: se dijo que era Ana Aznar o su marido Alejandro Agag. Se rumoreó que se trataba de Paloma Gómez Borrero, cuyo esposo se apellidaba De Marchis. E incluso que todo era un experimento del periodista Enric González, uno de sus principales aliados en Jot Down, con un filtro de voz. Todo cabía en aquel vacío. Hay en su historia un ápice de picaresca española: De Marchis entró por la puerta lateral en un mundo hermético, elitista y masculino que, “de haber conocido su verdadera identidad, nunca la habría invitado a formar parte del club”, dice Verdú, sentado en un bar pegado al Centro Pompidou de París, donde es corresponsal de EL PAÍS.
En realidad, De Marchis era una madre divorciada con tres hijos, marcada por varias crisis personales y aquejada de una agorafobia feroz, lo que explicaba su confinamiento vital años antes de que todo el mundo se metiera en casa. Como tantos, Verdú empezó a interesarse por ella “a través de su misterio y del magnetismo de ese personaje invisible”. No tardó en entender que aquella mujer sin rostro no era solo una magnífica farsante, sino también “un síntoma de su época”, la tesis central de su libro: Mar de Marchis se abrió paso cuando el periodismo a la antigua se venía abajo y las redes nos enseñaban a desdoblar nuestras personalidades con una naturalidad inquietante.
“Entendió que venía una crisis salvaje y que iba a ser una oportunidad increíble para alguien como ella, sin pedigrí ni currículum”, dice el autor del libro
“Mar encarna la idea del anonimato, de los filtros, de la posibilidad de ser otro y maquillarse digitalmente. Entendió, como esos animales que presienten los terremotos, que venía una crisis salvaje y que iba a ser una oportunidad increíble para alguien como ella, sin pedigrí ni currículum”, sostiene Verdú sobre su objeto de estudio, procedente de una familia con varios negocios en la costa alicantina, sin contactos con los círculos del poder. “Hacia 2011, las crisis, las redes y el 15-M produjeron una ilusión: que internet podía derribar jerarquías, abrir puertas y permitir que cualquiera, desde su casa, se convirtiera en quien quisiera. Pero el viejo mundo no terminaba de morir y el nuevo no acababa de nacer. Y es ahí, como decía Gramsci, donde surgen los monstruos. Esos monstruos somos nosotros. Y Mar también fue uno de ellos”.
Verdú conoció a la directora de Jot Down relativamente tarde, en 2018, cuando ella se acababa de mudar a Roma, donde él ejercía como corresponsal. Nunca se conocieron, pese a vivir a pocas calles de distancia, ni fueron amigos íntimos, pero mantuvieron correspondencia telemática durante tres años, hasta que ella enfermó. Eran conversaciones de vecinos —recomiéndame un restaurante, cómo les va a tus hijas en el colegio— y, al mismo tiempo, parte de una maquinaria más amplia, digna de un servicio de información. Como relata el libro, la fundadora de Jot Down sabía escuchar, sonsacar y acumular datos personales, que luego redistribuía con cómica desenvoltura entre un sinfín de interlocutores.
Signo de los tiempos
La cabecera nació siendo una anomalía, con su aire retro, sus fotos en blanco y negro, entrevistas interminables con grandes personalidades —de Figo a Annie Ernaux— y un aire de sociedad secreta para lectores que se sentían más inteligentes que la media. Con sus defectos, que el tiempo ha vuelto más visibles, la revista recuperó el placer de la longitud cuando las redacciones empezaban a medirlo todo en clics. Ofreció espacio a periodistas, escritores y fotógrafos que no encontraban sitio en los medios tradicionales, ya fuera por su juventud o su senectud. Y, entre textos necesitados de tijera e imágenes impresas a un solo color, supo generar algo tan difícil como el prestigio. “Hubo un momento en que parecía que, si querías pintar algo en el periodismo, tenías que escribir allí. Si no te había llamado Mar, no eras nadie”, admite Verdú, que nunca llegó a publicar en la revista, pese a la insistencia de su directora.
La bola no es una investigación ni un retrato biográfico al uso. Su gran hallazgo consiste en convertir a Mar de Marchis en el reflejo de un tiempo determinado: el de la crisis de una prensa que dejaba atrás el lucrativo modelo del siglo XX, el derrumbe simbólico de las grandes cabeceras, el auge de las redes sociales como ágora y la erosión del concepto de verdad. Sus reflejos en el libro son múltiples y siempre un poco borrosos. “Fui construyendo muchas imágenes de ella, que es lo que ella misma provocaba”, confirma. Habló con casi 80 personas que la conocieron en distintas etapas. Algunas llegaron a verla, pero ni siquiera sus descripciones coincidían del todo. “Mar era como un caleidoscopio: proyectaba algo distinto para cada cual, según lo que cada uno necesitaba”. Si existe una verdad sobre este personaje digno de una novela posmoderna, no cabe duda de que está hecha de versiones distintas, recuerdos incompletos y narradores poco fiables.
Antes de llamarse Mar de Marchis tuvo otros nombres, todavía identificables en viejos foros de aquel primer internet social en el que, escribe Verdú, “la dirección IP era ya la única forma de identidad real”. En ese neolítico de las redes —el paleolítico terminó cuando empezamos a poder opinar a diestro y siniestro—, cuando aún se podía desaparecer tras un nick sin dejar demasiados rastros, Chus aprendió algo decisivo: a administrar encanto, autoridad y deseo desde el otro lado de la pantalla. En esos espacios abundaban personalidades arrolladoras, pero con vidas socialmente deficientes, que encontraban por escrito una seguridad que no sabían demostrar en la calle. “Ahí aprende a descifrar a la gente sin tenerla delante, a detectar muy rápido sus debilidades, los temas de conversación que funcionan, la función del humor”, explica Verdú.
Aquellos cenáculos, añade, eran “foros de tíos”, con tres mujeres por cada 40 varones: un laboratorio involuntario de la fragilidad masculina. “Mar era especialista en hombres vanidosos. Es decir, la mitad de la población mundial y todo el gremio de periodistas”, escribe Verdú. La cámara de resonancia de Twitter haría el resto. Allí se convirtió, según el autor, en “una community manager casi antes de que existiera esa profesión: desbordante, deslumbrante, rápida y divertida”.
Dos hemisferios derechos
De Marchis trasladó el modelo de la virtualidad al mundo físico. No se presentaba a las citas, no aparecía en las comidas, dejaba plantados a grandes directivos y hasta al entonces director de EL PAÍS, Antonio Caño, quien la consideró una de sus principales confidentes. Así podía seguir siendo muchas cosas al mismo tiempo: abogada londinense y aristócrata italiana, confidente nocturna y amante imaginaria, niña herida y personaje solipsista de un reality de los dos mil, de esos que hablaban de sí mismos en tercera persona. Enric González, con quien mantuvo una relación de íntima amistad, decía que era como si su cerebro tuviera “dos hemisferios derechos”: no se le podía exigir demasiada lógica. Por su parte, Toni Garrido la define como una figura “muy levantina, como una mascletá que lo abatía todo”: puro ruido, exceso y espectáculo, aunque al final solo quedaran humo y cenizas.
Verdú la tilda en el libro de “hembra alfa”, una figura de mando en un ecosistema muy masculino. Mar no entraba en las reuniones, pero aconsejaba, sugería, vetaba, empujaba y zanjaba desde el exterior, instalada en el interior de cada teléfono, ya entonces convertido en el centro de nuestras vidas. Allí se comunicaba con cierta bulimia. “Todo el mundo cuenta que era como si no durmiera”, dice Verdú. “Algunos colaboradores dicen que podía llamarlos a las tres de la madrugada o escribirles a las cinco. Se ponía a hablar como si no hubiera habido interrupción. Las cosas no empezaban ni terminaban con ella. Era una maquinaria en marcha”.
“Era divertida, pero parecía una mujer triste y con el cinismo típico de las personas románticas estropeadas por la vida“, apunta Marta Peirano
Quienes trataron con ella lo confirman. El escritor Patricio Pron solo habló con Mar por correo electrónico y jamás la vio en persona: “Escribí en la revista durante su primer año, pero hace tanto tiempo que es como si le hubiera pasado a otra persona, en otro país”. La periodista Marta Peirano, fichada como colaboradora porque Mar era fan de su blog, recuerda una comunicación invasiva, seductora y siempre telemática: “Compartía fotos de sus animales, sus casas, sus vacaciones o el hospital, pero también pantallazos de conversaciones ajenas, y parecía saber siempre dónde estaba cada uno y con quién. Era divertida y le gustaba enredar, pero parecía una mujer triste y con el cinismo típico de las personas románticas estropeadas por la vida. Me apenó mucho su muerte”.
La escritora Laura Ferrero, que sí llegó a verla algunas veces, recuerda a una mujer “frágil, vulnerable, algo asustada”, con una sensibilidad especial para detectar cuándo alguien no estaba bien. “No puedo decir que conmigo se portara mal. Al contrario, creo que siempre quiso ayudar. Pero tenía una manera de hacerlo que, quizá por cómo soy yo, no siempre me resultaba cómoda”.
Patos sobre una moqueta psicodélica
La bola también es una historia cultural del periodismo español de las últimas décadas, de los efectos de los ERE en los principales diarios, el desgaste de su patrimonio simbólico y el resentimiento comprensible de quienes quedaron fuera, seducidos de golpe por la aventura digital. Jot Down solo pudo nacer en medio de esa tormenta perfecta. La salida de Enric González de EL PAÍS, con un texto ya mítico publicado en la web de la revista cultural, es una escena fundacional: el periodismo a la antigua se viene abajo y una cabecera digital dirigida por una mujer invisible recoge parte de los escombros.
Ahí llega el giro más inesperado: Jot Down Smart, un suplemento mensual distribuido entre 2015 y 2019 con EL PAÍS, lleno de firmas históricas despedidas tras el ERE que volvieron a entrar por la puerta grande. Para sellar el acuerdo, Mar ordenó llevar 20 patos a la sede madrileña del diario, un guiño a la primera portada, con James Gandolfini rodeado de esas aves, como sucedía en Los Soprano. Cuentan que los patos mancillaron la vieja moqueta psicodélica de Miguel Yuste, que sería retirada poco después. Pero el colofón fue aún más surrealista: otra sesión fotográfica mostraba a Juan Luis Cebrián, entonces presidente de Prisa y primer director de EL PAÍS, convertido en Darth Vader, retratado con su consentimiento como villano galáctico.
Cuando, en junio de 2017, un artículo de El Confidencial reveló la identidad real de Mar de Marchis, su precario imperio pudo venirse abajo. Se supo que no era quien decía ser, que las fotos ligeras de ropa que enviaba a algunos interlocutores no eran suyas sino de una amiga del pueblo, y que su biografía estaba repleta de embustes. “Y, sin embargo, no pasó nada”, dice Verdú. “Todos seguimos creyendo en esa ficción, porque eso era lo que queríamos. Hay un momento en que la verdad se sustituye por una forma de devoción”. El capítulo dedicado a la mujer que le servía de modelo resulta fundamental: suyo era el cuerpo utilizado para retratos que hacía pasar como propios, cómplice y víctima a la vez de un espectáculo que no siempre fue ligero ni gracioso.
Tras la revelación, De Marchis intentó controlar el relato y aceptó conceder la única entrevista de su vida a Vanity Fair. Braulio García Jaén, hoy periodista de EL PAÍS, se sentó con ella durante cinco horas y media en una casa prestada en el monte Igeldo, en Donostia, en una conversación nocturna que tuvo algo de psicodrama. El gran reportaje que imaginaba acabó en una pieza breve, neutra e informativa. A Mar le pareció demasiado corta y factual. Ella sabía que llevaba una novela dentro.
Un libro sin ficción
Como en los libros de Emmanuel Carrère o Javier Cercas, que cuenta con un cameo en el libro, la investigación avanza mientras muestra la posición moral del narrador, convertido en un personaje más, discreto pero siempre presente, y que se abre al lector exponiendo fragmentos de su vida y puntos de conexión con su protagonista. Verdú y De Marchis se rozaron, a lo largo de sus vidas, en dos puntos geográficos: en los pubs de Santa Pola, donde pasaba los veranos el autor con su familia paterna, y luego en Roma. El autor insiste en que en el libro no hay ficción. “Me puedo haber equivocado o puede haber alguna imprecisión, pero la idea era que toda la información procediese de fuentes reales. Incluso cuando atribuyo a Mar pensamientos o estados de ánimo, nunca los invento: proceden de testimonios, grabaciones o escenas contrastadas”, afirma. La bola se escribió sin la colaboración ni la autorización de la familia de Mar de Marchis ni de su entorno, opuesto a la publicación.
Al cerrar las páginas de este libro lleno de claroscuros y recovecos, la pregunta es si el autor lo terminó con la sensación de haber resuelto un misterio. “No. Diría que he hablado más bien de cómo ese misterio nos deslumbró”, responde Verdú. “He resuelto el misterio de una generación y de un momento, más que el de la propia Mar”. Tiene razón: La bola no es tanto la historia de una impostora como el relato de quienes se empeñaron en creerla.
La bola, Daniel Verdú, Alfaguara, 2026, 224 páginas. 20,90 euros.
III
El pelotazo de La Bola, en El País, Luz Sánchez-Mellado, 11 jun 2026:
Más que la trifulca sobre el libro de Daniel Verdú, me interesa la cabeza de una mujer que se hizo pasar por otra, y los sentimientos de aquella cuyo cuerpo utilizó para sus fines
En la memoria física —y digital, si no las han borrado— de algunos de los periodistas más influyentes de España se alojan fotos de hace 20 años de una rubia de ojos verdes de Santa Pola, Alicante, ligera de ropa. No es modelo, aunque pudo serlo. Ni miss, aunque se lo propusieron. Ni influencer, porque aún no se había acuñado el término. Es, al menos era, peluquera. La empleada de un salón de ese pueblo de playa que iba a atender a su casa a Chus, una vecina de posibles cuya agorafobia le impedía salir a la calle, y de la que se hizo tan amiga como para dejarle que le hiciese fotos íntimas sin saber que acabarían donde acabaron.
Chus era María Jesús Marhuenda Irastorza, Mar de Marchis o La Bola para el mundo mediático. Una mujer sin padrinos que se creó un nombre y una vida tan falsos como real fue su talento y su carisma para reunir a cierta crema del periodismo en torno a Jot Down, la revista que creó de la nada. Y la bella peluquera fue la imagen que eligió para presentarse, y embaucar, a ciertos hombres a los que ansiaba captar para su proyecto, porque, por lo que fuera, no consideró conveniente enviarles las fotos a las mujeres, igualmente brillantes, que sedujo para la causa. Pelotazo, ¿no?
Confieso que yo, periodista que no se entera de nada, me he enterado de todo esto leyendo, mejor dicho bebiéndome, La bola, el flamante libro sobre el asunto de mi colega Daniel Verdú y del que todo el quién es quién del periodismo habla estos días. A ver, tampoco soy una ameba. Claro que hace 20 años se cotorreaba en los pasillos de este y de otros medios sobre quién estaba tras aquella revista que a algunos les fascinaba, a otros les empalagaba y a otros les daba lo mismo.
Andan algunos gallos enzarzados en las redes sobre si el libro es un retrato fiel o un relato de parte. Más que esas trifulcas, me interesa y me conmueve la cabeza privilegiada y probablemente maltrecha de esa mujer que creyó conveniente, puede que hasta necesario, adoptar una identidad y un aspecto distintos del suyo para obtener sus objetivos. Y, sobre todo, los sentimientos de la mujer cuya cara y cuerpo utilizó a tal fin sin su consentimiento. Mar, llamémosla así porque así lo quiso, murió en 2022 a los 54 años, después de que otro periodista que hizo su trabajo la desenmascarara y rompiera el hechizo. La peluquera, supongo, sigue tiñendo y cogiendo rulos a las señoras del pueblo. Ahí está el pelotazo de La bola, el libro. En desentrañar una realidad que, como casi siempre, supera a la ficción de lejos. Hombres erotizados por el talento, el carisma y la belleza de las mujeres, y mujeres que utilizan sus armas, aunque sean de otra, para lograr de ellos lo que quieren, y conseguirlo, ha habido siempre. Nada nuevo bajo el implacable sol de Santa Pola. Ni del mundo.
IV
‘La bola’: el engaño más fascinante del periodismo español, podcast en El País, Jimena Marcos, Madrid - 21 jun 2026:
Daniel Verdú reconstruye el mito de Mar de Marchis a partir de la red de colaboradores que ayudó a tejer en Jot Down
Cualquiera que estuviera en Twitter entre 2012 y 2017 se cruzó alguna vez con La Bola, una cuenta que tenía una bola ocho de billar y que estaba vinculada a la revista cultural Jot Down. Una revista que nació en 2011 y se convirtió en un referente gracias a sus grandes firmas y sus fotografías en blanco y negro.
Detrás de esa cuenta y de esa revista estaba su directora, una figura envuelta en misterio a la que nadie había visto en persona. Solo se conocía su voz y unas fotografías de una mujer rubia de ojos claros que fascinó a periodistas, escritores y directivos.
La Bola (Alfaguara) es también el libro que acaba de publicar Daniel Verdú, una reconstrucción de la historia real de Mar de Marchis, una supuesta abogada que representaba a jugadores de fútbol, que vivía en Londres y que terminó convirtiéndose en uno de los mayores enigmas del periodismo cultural español.
Entrevista en el podcast [por corregir]
Capítulo 1: El fenómeno de 'La bola' y Twitter
Cualquiera que estuviera en Twitter entre los años 2012 y 2017, seguro que se cruzó alguna vez con la bola. La bola era una cuenta de Twitter que tenía una imagen de una bola 8 de Villar y que además estaba vinculada a la revista Jotdown, una revista que nace en 2011 y que se convirtió en un referente eh gracias a sus grandes firmas y a esas fotografías en blanco y negro tan icónicas. Detrás de esa cuenta y de esa revista estaba su directora, una figura envuelta en misterio a la que nadie había visto nunca. Solo se conocía su voz y unas fotografías de una mujer joven, rubia, de ojos claros, que había embaucado y fascinado a periodistas, escritores y directivos. Y la bola es también el libro de Daniel Verdú, una reconstrucción de la historia real de Mar de Marchis, que era una supuesta abogada de jugadores de fútbol que vivía en Londres y que terminó convirtiéndose en uno de los mayores enigmas del periodismo cultural español. Hola, Dani.
Capítulo 2: El retrato de una época digital
Hola, Jimena. Tu libro acaba de revivir bastante con en Twitter con toda la conversación que se ha generado a raíz de la publicación del libro. Sí, la verdad es que ha tenido bastanteido bastante guirigay y es interesante porque yo creo que funciona como epílogo del propio libro, ¿no? Como casi un viaje en el Orean a ese momento que describe esta historia que en realidad no es una biografía ni es una historia solo sobre esta sobre esta persona, sino que es un retrato de un tiempo muy particular. probablemente empieza en 2011 y todavía no ha terminado del todo y es cuando cuando eh aparecieron pues pasó todo aquello, las revueltas las primeras árabes, eh aparecieron las redes sociales en su esplendor y internet tenía ese aura todavía de de progresismo de izquierdas y que pensábamos que podía podía ser un instrumento para cambiar ese mundo de ficción en el que nos habíamos metido con el tema de las hipotecas basura, las estafas, la política, la información, todo era mentira, ¿no? Y yo creo que a partir de 2011 pues nace se abre ese hueco en el que aparece muchísimas novedades, entre ellas la revista que Mar fundó, pero muchas otras publicaciones. Aparece esa generación que dimos en llamar Millennial, que probablemente es la generación más ingenua de la historia de las generaciones, ¿no? Porque porque no sé si es un insulto, Dani, o qué. [risas]
Bueno, yo yo creo que también soy millenial, pero pero sí, pero bueno, fue una generación que acampó en la plaza la Puerta del Sol, que pensó, en fin, que iba a cambiar las cosas y y que se y que le entregó toda su información biográfica y emocional a las redes sociales para que luego aquello fuera solo una ensoñación del algoritmo. Nació. Es verdad que éramos mucho más ingenuos en redes sociales, ¿no?
Capítulo 3: Internet y el anonimato
Hablábamos antes de empezar a grabar que no teníamos tanta percepción de la huella digital que dejábamos. Igual Jot Down y el personaje también de Mar de Marchis podría haber existido sin internet.
-No, no, [carraspeo] no sé quién el otro día Arcadi hacía un artículo en El Mundo y el título eh era una criatura de internet.
Bueno, creo que está es lo define muy bien, es hija de ese momento, es hija de internet y justamente todo el proceso que hay luego, pues bueno, para que para salir de ese anonimato es es una lucha contra contra esa desvirtualización que que es tan complicada cuando ya has nacido en un medio, ¿no? Como es aquel eh Mar de Marchis es un personaje, si queremos de ficción, un pseudónimo, un avatar, un vehículo, digamos, narrativo que construye María Jesús Maruenda eh más o menos en 2006 eh cuando entran unos foros por unos problemas médicos y biográficos que tenía, se ve obligada a quedarse en casa un tiempo y descubre esos foros, los protoforos que ponían las eh empresas de telefonía en ese momento para que la gente empezase a usar eh la DSL y la fibra óptica que ya estaba implantada. Y allí pues descubre todo un mundo nuevo, ¿no? Ese mundo del anonimato, ese mundo de también de ese de esa masculinidad, porque eran foros poblados al su 98% por hombres, ¿no? Y hombres también con unas características particulares, digamos, ¿no? Muchos de lo que a lo mejor ahora llamaríamos incels, pero también muchos otros que eran eh pues gente muy lista, muy muy que sabía mucho de algo, pero sí, sí, muy friky de de cosas. Sí, sí, sí, sí. muy erudita en en cuestiones muy concretas, pero luego quizá con algunos eh particularidades emocionales o o biográficas que le que le dificultaban salir de ese espacio virtual, ¿no?
Capítulo 4: Por qué las identidades falsas
Claro. Y esta figura que crea Mar de Marchis que empieza en este foro, em por qué llama tanto la atención, por qué nos interesan tanto estas figuras, esta este scatfish o estas identidades falsas y también si esto es una cosa que que hemos regurgitado los periodistas por pertenecer Mar de Marchis al al entorno del periodismo cultural. Esto interesa a todo el mundo.
Yo, hombre, yo creo que hay una universalidad en la historia que esa idea de de querer ser otro y de poder ser otro a través de ese vehículo. Hay esa idea de la impostura que nos un poco nos persigue a todos, ¿no? O sea, yo mismo en el libro de alguna manera también aparezco y no es por vanidad o yo creo, sino por también por expresar tus dudas y y mis miserias y decir, bueno, pues es que yo también hay cosas que en fin, que que no sé si estoy haciendo bien o no. y y entonces pues te puedes identificar con ese tipo de cosas, te puedes identificar. A mí me pasa a veces con es un poco punk, pero con el adversario de carrer, ¿no? Que pues esa idea de que empiezas con una pequeña mentira, en fin, porque no puedes decir que no has acabado la carrera o que no te han dado el aprobado en esa nota y aquello se hace una bola, como el título del libro, gigantesca de la que es imposible salir sin matar a toda tu familia y y a tu perro, ¿no?
Como le pasa al protagonista del adversario. Con lo cual son historias muy bestias, pero que de alguna manera te puedes sentir identificado porque al menos en el principio de esa construcción has estado ahí alguna vez, ¿no?
-Totalmente. ¿Tú has acabado la carrera o es que nos estás diciendo que has metido una bola? [risas] No, creo que sí, pero a veces sueño que que tengo que volver a la universidad, voy al colegio.
Capítulo 5: La investigación de su identidad
Me muero. El primero en revelar públicamente la identidad de Mar de Marchis fue Alfredo Pascual. Es una persona que tú entrevistas además en el libro. Esa información salió publicada en El Confidencial en junio de 2017. Y le hemos preguntado a Alfredo cómo fue esa esa decisión de empezar a investigar a Mar de Marchis Bueno, pues yo llego, creo que a partir de, me puede traicionar la memoria, pero creo que a partir de de que hacen el acuerdo con el país para encartarlo y bueno, pues una conversación de periodistas típica, pues empezamos a hablar de que nadie sabemos quién es esta persona, sobre todo que nadie la ha visto, que era lo más sorprendente. Y bueno, pues ahí empiezo a tirar un poco del hilo y ah después de varios días preguntando ah veo y me dan una pista. No me acuerdo quién me dio esa pista, pero veo bueno que ella habla mucho en Twitter de de la isla de Tabarca y por ahí empiezo a eh preguntar a gente en Santa Pola un poco tirando el anzuelo a lo loco, hasta que eh hablando ya con muchas personas acabo haciendo un pequeño h digamos círculo en torno a ella diciendo, "Bueno, pues pueden ser esta esta o esta persona, pero ya no hay muchas dudas y al final eh, bueno, pues elijo una de los perfiles que me cuadra más y ahí ya es cuando empiezo a ver que que todo cuadra, que pues que ella es María Jesús Maruenda, que es una bueno, una persona de Alicante, Santa Pola, con una familia como dadilla. Tampoco voy a decir que son ricos, pero quiero recordar que tenían una discoteca importante. su hermano vende ostras. Bueno, pues una gente con cierto perfil en la ciudad.
Capítulo 6: La construcción del mito
Dani, ¿por qué empiezas tú a a interesarte por la figura de Mar de Marchis y por qué escribes el este libro? H bueno, a interesarme, yo creo que por lo mismo que todos, por ese misterio que había atrás ahí detrás, ¿no? Yo creo que que esa y que además ella supo cultivar muy bien y que es muy fascinante y magnético. Esa época 2014, 2015, 2016, pues corría el rumor de, claro, nadie la había visto, muy poca gente pues ir a una Siria desfigurada que si era la hija de Aznar, que era uno de mis preferidos.
Pensaba más Alejandro Agag ahí detrá,s moviendo los hilos.
Sí, sí. Arcadi Espada le dijo a Alfredo que tenía miedo que fuera Pedro Sánchez o Zapatero, no me acuerdo. [carraspeo] Uno de los dos. Sí, cada uno con sus neuras, ¿no?
Y y entonces, bueno, eso yo creo que a todos nos interesó mucho. Yo me acuerdo a veces de la a propósito de esto, el misterio, el capítulo aquel, no sé si os acordáis, de El joven papa, en el que él está con su directora de comunicación, eh, Judow, y en ese es un Papa que supuestamente viene después de de Francisco, ¿no? Es ese populismo extrovertido y mega expuesto todo el tiempo. Y ese Papa se empeña en volver a cultivar el misterio, ¿no? volver a hacia atrás a dar misa de espaldas y tiene esa conversación con la directora de comunicación que le dice, "Pero, ¿qué gilipollez es esa? Pero Santo Padre como tal, ¿no? Y él le empieza a enumerar quién considera que son los artistas más importantes del siglo XX, ¿no? Y le dice, "El escritor más importante, dice, no el mejor, el más importante." Y le dice Singer, ¿no? Alérgico a las fotografías, a la exposición, el grupo de música electrónica más relevante, Da Punk, ¿no? Los cascos puestos, ¿no? La cantante italiana Mina, tal, ¿no? El artista contemporáneo Bansky. Y entonces yo creo que es un poco un signo de los tiempos, ¿no? Yo creo que ella también entendió, como entendió muchas otras cosas por instinto antes que los demás, que que eso iba a ser una manera también de atraer la atención que probablemente no había tenido hasta ese momento.
Capítulo 7: La red de influencia en medios
Sí. Y en el libro haces no solo o en parte un análisis sobre quién fue Mar de Marchis, pero sobre todo ese círculo, esa red que tejió en torno a ella y trazas, creo que haces una analogía sobre el pintor y unos y unos cuadros, una especie también un poco de Rashomón, ¿no? Desde varios puntos de vista contar su relación que que mantuvieron con ella. Sí, yo en el libro, bueno, está construido de... Yo no era amigo de Mar, ni éramos vecinos.
Eh éramos, fuimos vecinos eh accidentalmente en dos ocasiones en Santa Pola, donde yo pasaba todos mis veranos porque mi familia paterna es de Elche y además teníamos... vivíamos a 50 m de de distancia. Y luego en Roma, donde yo era corresponsal, eh, donde me mudé en 2018 más o menos, a la vez que ella ella llegó un poco más tarde y entonces tuvimos esos dos puntos eh esos nexos biográficos, pero no éramos amigos, hablábamos de vez en cuando y eso fue un poco la relación que fuimos estableciendo. Entonces yo no tenía fotografías de ella ni la había visto nunca porque como con tanta otra gente ella se negó, pese a que yo pues le dije en algún momento, claro, lo típico que hacía todo el mundo, pues, si no quedamos, no me llames más. Bueno, pues a ella le daba exactamente igual, como es lógico, se lo había dado con el director de El País y con él y con Cebrián, ¿no? Se lo iba a dar conmigo, ¿no?, que era el pringado de su vecino, con lo cual eh no tenía elementos eh de imagen. Entonces, en uno de los capítulos cuento eso, ¿no? Con la historia de ese pintor toscano que encarga el retrato de de su amante y como debía ser un celoso patológico, a cada uno de los pintores, a 100 pintores, les da una descripción muy precisa de de cómo era, sin mostrarles ninguna imagen ni mucho menos enseñársela, enseñarla a su mujer, ¿no?
Creyendo que van a traer la pues eso, todos la misma la misma pintura y lo que sucede es que traen 100 retratos completamente distintos, ¿no? Y eso es un poco lo que le pasaba un poco a la gente con la que yo fui hablando y que no lo había visto y que había tratado con ella de una manera muy muy adaptable, porque ella de alguna vez, no sé quién me pregunta, ¿quién era Mar de Marchis? Bueno, como que cada uno podrá hacer una descripción y quien la conoció más o menos.
Eh, yo lo que intento contar también en el libro es que era un poco quien tú quisieras que fuera, ¿ya?
Y toda esa gente la describe siempre con una con un matiz, con una visión distinta, ¿no? Entonces, pues es como un poco un caleidoscopio que se va como las sirenas, ¿no? Como esos personajes un poco mitológicos de que cada uno es como es. Le pregunté a Alfredo también, Pascual, ¿cómo era su percepción de Mar de Marchis?
Capítulo 8: La realidad tras el personaje
Hay una gran diferencia entre la idea romántica que se crea en torno a esta figura, que es el motivo por el que yo voy a a investigar esto, y la persona con la que yo hablo por teléfono, que es una persona de Alicante, de mediana edad, en la que que en la conversación se nota que tiene ciertos ah desórdenes psiquiátricos, digámoslo así, es repite mucho, muchas cosas, no se acuerda de lo que te ha dicho hace 20 minutos insiste, es como muy eh muy obvia a [resoplido] la hora de intentar eh pues un soborno o un chantaje, no hay ningún tipo de de delicadeza.
Entonces, hm, pues bueno, yo al final al principio le tienes como más respeto y al final te das cuenta que estás hablando con una persona pues que no está muy en sus cabales pues por el asunto este de sacarla a la luz. Claro, yo he estado preguntando a quienes la conocieron, algunos de ellos y también leyendo tu libro, no sé si detectado, no sé si cierta indulgencia, pero un cordón sanitario, porque tú hablas de su inteligencia, su carisma, esta adaptabilidad que tenía para según hablar con qué personas, su capacidad también de leer a los demás, ¿no? Y detectar esas vanidades o grietas en el ego.
Pero sí que siento, Dani, que hay una protección en torno a la [carraspeo] figura de de Mar de Marchis. Puede ser, puede ser. Eh, puede ser que yo intenté construir el libro desde una cierta fascinación y sobre todo no quería que fuera un libro, yo no quería destruir a nadie ni quería entrar tampoco, que ahora hablaremos, supongo, en la parte más morbosa de los mensajes, de los de las fotografías, etcétera. Me interesaba menos porque no quería que el libro se quedase en esa parte, ¿no? me interesaba justamente un poco elevar al personaje, como te decía, como síntoma de una época, con lo cual yo no sé si es indulgente, eh, pero desde luego no he querido entrar tampoco en aspectos muy muy dramáticos, muy críticos de su propia biografía, que evidentemente conozco. En fin, material hay para hacer 14 libros y supongo que muchos más. Claro, otras personas que la conocieron también lo podían hacer, pero a mí justamente el enfoque que me interesaba era este, ¿no?
Ella como espejo justamente de de ese momento y de la gente con la que con la que trató, porque es un poco, yo creo, total la tesis del libro, ¿qué qué ocurrió en esos tiempos para que la gente se enamorara de un fantasma o o llegase a convertirla en una personas más influyentes de su círculo, no profesional? ¿Qué ocurrió?
Capítulo 9: La crisis de los medios
Pues ocurrió que había una crisis tremenda. Eh, los [resoplido] medios de comunicación estaban también muy desorientados, yo creo. Irrumpieron, como te decía antes, las redes sociales, nuevas cabeceras, pues te acordarás, B, Bashfit, Playground, que de repente empezaban a disputarle la hegemonía y la audiencia a grandes cabeceras como El País, incluso como el New York Times.
Entonces, pues la gente necesitaba creer en cosas nuevas, necesitaba aire fresco y necesitaba, supongo, consuelo muchas veces, ¿no? esa y que te digan lo guapo que eres y lo alto y estupendo y lo listo que que tal. Yo a veces siempre lo comparo con la con la con el timo este de la de la señora que le llama el nigeriano haciéndose pasar por Brad Pitt y le ingresa 300,000 € o lo que sea, ¿no? Que dices, "Pero bueno, señora, ¿es usted [ __ ] ¿Cómo [ __ ] le ha ingresado ese dinero al nigeriano?" Bueno, pues es que yo creo que te tienes que encontrar en el papel de la señora y yo creo que esa señora fuimos nosotros un poco durante todos esos años, ¿no? Es una una sensación de soledad muchas veces y de unas necesidades que a veces, aunque tú sepas que lo que te están contando al otro lado del teléfono lo intuyas no es verdad, casi prefieres escucharlo que que desmontar el desmontar el invento.
Claro, pero nadie se esperaba que una de esas señoras fuese el director de El País, Antonio Caño. Eh, ¿cómo pasa? Esto era la confidente un poco de de caño.
Bueno, ella tuvo ella, pero no solo caño, eh, es que decir, ella tenía ahí lo directo con con los directores de todos de la mayoría de periódicos de esa época, de El Mundo, de El Confidencial, de David Jiménez también lo ponía en que en red social. Eh, bueno, pues un poco es fruto de eso que te cuento, ¿no? De esa de esa también esa necesidad de asociarse con nuevas marcas e que tenían un poco la que era un poco la piedra roseta de los secretos de esa generación que supuestamente era una generación que iba a consumir periódicos y Marcas a puntapala, ¿no?, que era la generación de los millennials. Yo creo que muchos pensaron que, bueno, estando cerca de ese tipo de personajes, pues podrían sortear mejor eh las inclemencias del temporal que estaba llegando. Y de hecho eso hizo también un poco que se sostuvieran el tiempo porque al final Playground, Bastfit y Bikes desaparecieron y ella supo jugar un poco al al juego del poder hegemónico cultural y que había mucha sociabilización masculina, endogámica en esos circuitos. Ella entró y se posicionó de una forma como clásica, ¿no? De entrar en los medios tradicionales.
Clásica, que quieres decir, bueno, eh, no funcionaba igual que el mundo perdona, que B, que Bastfit, que Playground, que igual formaban más más parte de del circuito y del entorno digital que estaba dirigido a un público más joven, que decías tú, los millennials. [carraspeo] Y ella, sin embargo, hizo muchas redes con cabeceras de periódicos importantes, los directivos que hablamos importantes y sobre todo con una red de periodistas que estaban en un circuito cultural muy determinado, no sé si llamarlo escenita, pero sí que se generó, que se sigue generando y además que que este mismo periódico luego ha absorbido a muchos de los periodistas que participan en Jotdown, o sea, que que ella consiguió meterlo un poco en la rueda de la clásica. Sí, sí, yo creo que ella tuvo ella la publicación, como les pasó también a otras publicaciones, se nutrieron de dos de dos eh fenómenos generacionales que ocurrían a la vez.
Primero, eh esa gente joven que decíamos con mucho talento, que salía de las universidades, que no tenía el lugar donde publicar y que le habían dicho siempre que que entrar en un periódico era una misión imposible, tenías que hacer 14 másteres, hipotecar la casa de la playa y y aún así eh iba a ser complicado que te quedases más allá de las prácticas. Entonces, de repente aparecen una serie de medios en los que hm además medios con con una visibilidad que es es un poco la moneda con la que se pagaba en aquella época, ¿no? Si no tenemos mucho dinero, pero tendrás visibilidad y eso pues bueno, eh que si te asociabas a ellos y empezabas a publicar ahí, pues bueno, era un pasaporte y era un trampolín y además era verdad porque ocurrió en Jotdown y ocurrió en muchos otros sitios, en Playground, por ejemplo, también hay mucha gente que salió de ahí y hoy pues escriben en este periódico o escriben en otros lugares y y pese a las quejas o solo que puedan tener respecto a aquel periodo, les ha ido relativamente bien porque ese talento era real y la exposición también lo fue. Y por otro lado, eh había otra generación en las antípodas que tenía 55 años y que salió despedida de los seres que se producían en esa época en los en las grandes cabeceras, ¿no? En El Mundo, La Vanguardia, en El País, en la SER. Era un momento dramático para los medios de comunicación. digamos, tradicionales y toda esa gente h de alguna manera también busca un sitio donde reivindicarse y decir, "Bueno, se han equivocado conmigo y lo voy a demostrar." y estaba dispuesto a hacerlo también por poco dinero, porque bueno, o porque podía hacerlo por dinera, porque tenía el dinero de los de leer en ese momento y porque también cuando tú quieres demostrar algo pues eh y tu orgullo, digamos, es lo que está en juego. Eh, ¿estás dispuesto a a a hacerlo por un valor, digamos, menor o por un intercambio menor económico.
Claro. Entonces, bueno, yo creo que ahí se juntaron esas dos fenómenos y por un lado estaban esa gente joven y por otro lado un poco es esa esos grandes periodistas, yo que sé, pienso Ramón Lobo, por ejemplo, ¿no?, que salió de este periódico de propio Enrique González, que fue uno de los eh también artífices de de la revista y sobre todo uno de los de los avales eh que tenía también Mar para para llamar a determinadas personas y que se pusieran al teléfono y aceptasen participar en el proyecto.
Claro. Hemos hablado mucho de la socialización masculina, de cómo había muchos hombres colaboradores implicados, pero también aparecen mujeres, había mujeres colaborando en Jotdown y de hecho tú has hablado con algunas de ellas. ¿Cuál era la opinión que tenían ellas de de Mar de Marchis?
Capítulo 10: La fragilidad del personaje
Bueno, pues es curioso porque porque la visión de las mujeres muchas veces era menos eh fascinada y menos mitológica y veía más a la persona que había ahí detrás, ¿no? contaba Laura Ferr hace poco, eh, pues bueno, muchas otras mujeres que aparecen ahí, Isabel Coixet, Silvia Sé eh veían a una persona mucho más vulnerable, más frágil, eh, con una vida complicada y que probablemente más que para seducir o para amasar poder, eh, todo ese proceso, ese viaje, digamos, biográfico de ficción, eh, respondía a una necesidad de de encontrarse a ella misma de una forma más saludable más eh más aceptable.
¿Y tú crees? Porque una de las cosas que yo me preguntaba es como una figura como Mar de Marchis que tampoco estaba metido en el circuito cultural de Madrid. Ella era de Santa Pola. Ha venido una familia de clase medio medio alta, pero no estaba metida, ¿no? En esa elite, no sé si llamarla elite intelectual, pero bueno, en el circuito, ¿no?, el cultural de Madrid. Y podría haber entrado ahí si no llega a ser por la farsa...
Bueno, es muy difícil decirlo, ¿no? Y puede ser injusto también. Eh, es difícil, es complicado que lo hubiera conseguido. Eh, como sabes, es un medio bastante hermético en el que o tienes unos padrinos o tienes una trayectoria o tienes un libro en el mercado o tienes... en fin, es complicado, ¿no? Pero es que ella misma la entrevista que la única entrevista que dio a Vanity Fair, a Braulio García Jaén, que es nuestro compañero aquí en El País, se lo dijo.
Si yo hubiese dicho que me llamaba María Jesús, que vivía en Santa Pola y toda una serie de datos biográficos que no, digamos aportaban gran brillo al personaje, nadie me hubiera cogido el teléfono, ¿no? Con lo cual probablemente mejor que yo lo lo respondió ella. Pues mira, le hemos preguntado a Braulio también que que le contó y y que también qué vio de ella, ¿no? Y esto es lo que nos dijo.
A mí la impresión que me dio, la que recuerdo, fue la de alguien, bueno, personalmente encantador, muy amable, inteligente, muy rápida y, bueno, al mismo tiempo también que le gustaba dar a entender más cosas de las que luego le gustaba explicar, ¿no? lo que ella me explicaba sobre la importancia que para ella tenía, las fotos que había enviado a muchos de sus contactos, de sus colaboradores, pues me pareció que no tenía tanta importancia en el método, ¿no? Y desde luego luego supe y sobre todo eh Dani en La Bola lo ha lo ha expuesto con mucho pulso y con mucho rigor. Ese método fue eh esencial para reclutar a muchos de esos colaboradores y para mantener el interés en las colaboraciones.
Las fotografías ya vamos al lío, al merengue. Las fotografías que ella enviaba eran de su peluquera Aurora. ¿Cómo llegas a ella? Bueno, había creo que mandó muchas fotografías y de en fin, de todo tipo. Hay gente que cuenta que también había algunas fotografías que eran prácticamente de un banco de imágenes y se veía un cursor, digamos, a veces y tal, ¿no? Pantallazo, ¿no? Sí, sí. Pero bueno, un poco también esa línea de de ver al mago de OZ y volver a correr la cortinilla y decir, "Yo no he visto nada".
Eh, pero sí, una gran parte de esas fotografías eran de una persona que que vivía en Santa Pola, que vivía en Santa Pola y que le cortaba el pelo en su casa y a la que le hizo fotografías durante bastante tiempo y y que luego utilizó para para como como máscara o como avatar prácticamente para acercarse a determinados personajes masculinos de del sector.
A mí hay una cosa que me que me flipa del libro. Hay un parrafito increíble que dices Chus, que así es como llamaban a Mar de Marchis. Le había comprado ropa interior a a Aurora, la peluquera y se la dejó ahí encima de la mesa envuelta en el papel de seda rosa de la tienda. ¿Por qué Aurora dejó tanto tiempo que la fotografiara y que incluso pues vendiera sus fotos? Porque luego aparecieran en una valla publicitaria o que la repartiera por el entorno de los periodistas. Eh, bueno, yo creo que como ocurría mucho también con Mar, cada uno encontraba su espacio para satisfacer sus necesidades del momento y yo creo que establecieron una relación de amistad eh y de cariño en [carraspeo] la que pues Aurora aceptó que esas fotos se hicieran, evidentemente, sin saber eh el [resoplido] alcance total de de lo que iba a ocurrir y probablemente Mar abuso de esa, de esa, de ese cariño y de esa amistad.
Pero tú hablaste con ella, te dijo que se sentía eh un poco agredida o presionada o no lo sé.
La verdad es que no. La verdad es que no me no me no me lo dijo ni tuve esa sensación. Me probablemente ella tampoco la había reflexionado en profundidad ya. Y al hablarlo, mientras lo hablábamos, quizás sí se empezó a dar cuenta de que de que todo aquello había sido exageradamente difundido, ¿no?
Ya.
Eh, pero bueno, aún así te de decir que el recuerdo que ella tiene es eh cariñoso. No había hablado nadie con ella hasta que llegaste tú, ¿eh? O sea, ella era consciente de la figura de Mar de Marchis.
Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí. Ella ella lo sabía, lo supo en algún momento cuando todo ocurrió, cuando salió la noticia de El Confidencial y de la entrevista de Braulio, eh Mar avisó a Aurora ah, para que estuviera al corriente de de lo que de lo que estaba pasando. Y entonces sí supo algo y charlaron, ¿no? Aurora lo que le extrañaba muchas veces, me contaba también en la alguna vez conversación que habíamos tenido es ese cambio de nombre, porque claro, eh me encanta que todo lo que [risas] de las fotos en Bragas y en ropa interior, Aurora le sorprendió que se llamara Mar de Marchis y no Chus, ¿no?
Bueno, es que las fotos en teoría eran eran eran eran para para unos books. Mar era una apasionada de la fotografía, eh, era muy buena fotógrafa, además, y [resoplido] y el argumento que utilizaba con Aurora era que esas fotos iban a ser parte de trabajos eh para cursos y para premios a los que se presentaba y para algunos books que estaba haciendo, ¿no?
Ya, hasta que Aurora pues encontró también alguna vez alguna fotografía suyo en una valla publicitaria.
En fin, eh [resoplido] sí, todo una exageración fuerte. Y luego también de vuelta eh hay fotos, ¿no? E tú lo dejas un poco entrever en el libro, pero sí que ha habido un excaborador de Jot Down que directamente lo cuenta en sus abstac de Marchis tuvo o que igual ahora sus hijos podrían tener un móvil lleno de de fotografías de carácter sexual de algunos periodistas.
Esto es tan así.
Sí, es así. Es así, es así. O sea, no sé que el nivel lo que se puede llamar carácter sexual, pero desde luego todas esas fotografías y todas esas conversaciones están almacenadas en los teléfonos y en los discos duros y en las conversaciones de de mar y todo eso está eso todo eso lo tienen su sus herederos.
Claro, Dani, es que entuyo [carraspeo] que hay una generación de periodistas ahora mismo en su casa y tras la publicación de tu libro y todo el revuelo que se ha generado que estarán un poco angustiados.
Bueno, yo creo que tampoco hay para tanto, ¿no? [risas] No, no pasa nada, ¿no? Yo creo que si al final también es un poco, es decir, cuando estábamos hablando de la peluquera, yo creo que sí es un capítulo que que roza el larguero un poco de lo de lo que está bien y lo que está mal.
Mm. Lo otro, creo que forma parte de un teatro en el que más o menos todo el mundo sabía que formaba, que estaba participando y que tiene pues eh una cierta responsabilidad en hasta donde quiso quiso llegar. Eh, entiendo que sí. Me me ocurre a menudo que cuando o me ocurría cuando cuando estaba escribiendo el libro y hablaba con la gente y la llamaba, sí, muchas veces me me decía, "Espera un momento, ahora te llamo." Entonces eh luego muchos me confesaban que habían ido a mirar las conversaciones, hacer scroll hasta donde llegaban a ver lo que se habían llegado a intercambiar, ¿no? Y en función de esa de esa pues de lo que veían, pues el digamos que el nivel de de de profundidad de la conversación era uno u otro y sobre todo el nivel de de anonimato que exigían para la para la conversación. Claro, porque también nos hemos centrado en las fotos eh eróticas, pero también entiendo que habría un intercambio de mensajes bastante subiditos de tono que me estaba pensando ahora en en aquella famosa columna que le hizo famoso Manuel Hubo diciendo, "Hay más cuernos en un buenas noches." O sea, que la vulnerabilidad no es solo una cosa tan gráfica como una foto de tu pene, sino que también habrá intimidades muy muy fuertes. Y hay algo de, yo creo que no, decir, yo creo que reducirlo todo a una cuestión eróticofestiva y tal es bueno, tal y como yo veo la historia es una equivocación, ¿no? O sea, ni su influencia tenía solo que ver con eso, ni ese misterio o esa o ese secreto que cultivaba tenía que ver eh solo con el tema sexual o sensual, como quieras llamarle. Yo creo que tú de alguna manera cuando hablas con alguien que que sabes que no es real o que es un fantasma, que te prestas al juego de las confidencias nocturnas a determinadas horas, pasas a formar parte de ese secreto también, ¿no? Y no quieres eh es decir, ocurría le ocurría a mucha gente que mantenía esas conversaciones, pero con Maro, con muchos otros personajes de este tipo en secreto de sus familias, ¿no? Y no solo por lo que mandasen, que mucha gente no mandaba nada, ¿no? incluso recuerdo hablar con ella y hablabas de una manera en que bueno que de alguna manera pasaba alguien por detrás y movías un poco el móvil, ¿no? Y aunque no fuera nada particularmente comprometido, ¿no? Pero de alguna manera pasabas a formar parte de esa de esa ficción, ¿no? De esa novela y no querías ya que nadie le viera la tramoya cuando pasase por detrás del sofá. Pues vamos a escuchar a Alfredo Abraulio que hablan un poco también de la tramoya y si verdaderamente estos hilos y esta este envío de mensajes erótico festivos eh fueron tan relevantes para la revista o no.
Capítulo 11: ¿Fue clave la seducción en el éxito de JotDown?
El éxito de J, creo que podemos hablar de éxito, tiene más que ver con una revista muy bien escrita, una revista que aborda temas pop ah desde una perspectiva intelectual, eh una revista [carraspeo] muy bien editada y eh estéticamente quizá una de las mejores publicaciones a nivel estético que ha habido en España en los últimos 20 años. Y creo que eh el JD eh gira en torno al prestigio y creo que este es el eh un poco más el motivo porque la gente quería escribir en Jotdown, no tanto eh las fotos desnudas de su fundadora, que yo al menos a a la gente que conozco que ha escrito ahí no las ha recibido. O sea, creo que [resoplido] bueno, que quizá esto eh tuvo que ver, tuvo que en un principio creo que esto funcionó para algunas firmas, pero eh yo no digo que estas firmas en absoluto fuesen extorsionadas.
Eh eh de hecho, eh cuando estuve haciendo el reportaje, quiero recordar que hablé, vamos, quiero recordar, no recuerdo, que hablé con con gente muy del entorno de Enrique González y de otros y y todos me decían que que no. La gente no estaba escribiendo ahí porque hubiera una foto de su pene en un disco duro y no creo que sea la base del éxito de JDN.
Y es que al final Mar también yo creo que eh ha sido un poco quizá el caso más sexy eh de un fenómeno que por otra parte es muy habitual en nuestra época y es esta figura, ¿no?, de del experto encubierto, ¿no?, que que bueno, independientemente de cuál sea realmente su oficio, actúa o opera ahí en una frontera difusa en el que bueno, h de hecho hay muchos otros casos incluso de de rabiosa actualidad, ¿no? Desde, bueno, pues los Leire, los Villarejo y Mar también era un poco así, ¿no? Y y esto tiene que ver, evidentemente, con la propia naturaleza de internet que permite pues actuar bajo detrás de un anonimato con múltiples identidades, mantener distintas conversaciones que sean además contradictorias entre sí, pero también tiene que ver con el momento histórico y político en el que vivimos, en el que yo creo que este tipo de figuras proliferan por razones de mucho más calado. Y al final Mar tuvo el talento de crear su propio referente.
Ella hablaba de Mar de Marchis y por eso Mar de Marchis existió, porque todo el mundo hablaba de ella.
Asentías totalmente. No, no es que Braulio como siempre lo explica todo, una nitidez deslumbrante. Es verdad. Y el paralelismo, aunque que sea una versión más casposa y cutre, eh, que la suya, que era mucho más glamurosa, la del aire, increíble, está bien traída, ¿no? Porque son esos personajes que no tienen influencia y sí tienen influencia, ¿no? Depende un poco, ¿no? de decir, "Este me ha dicho que ya sé que estás haciendo esto, que lo otro, ya sé que vas a ir y la mitad es mentira, pero de repente la construcción de esa mentira empieza a convertirse en verdad y como dice Braulio, empiezas a hablar de mar y entonces cuando empiezas a hablar de mar y que te ha contado esto, aunque no sea verdad, aquello ya es verdad y pasa a convertirse en jurisprudencia, digamos, de nuestra realidad. y eso así fue como construyó un poco eh la historia, ¿no? Dando a entender muchas veces cosas que de las que sabía un poco y no sabía nada, pero que acabaron convirtiéndose en en en hechos prácticamente probados, aunque no lo fueran, ¿no? Claro. Yo me preguntaba mucho cuál era el poder real de Mar de Marchis.
Hay una escena, otra que me que me fascina de tu libro, que es la relación con Antonio Pelayo, este cura que que está investigado por la fiscalía por acusar supuestamente a un chico de 25 años que era como el embajador del gremio, consejero de la Obra Pía, una institución que tenía un descomunal patrimonio inmobiliario y que de alguna manera este hombre acogió a Mar cuando ya se fue a Roma. ella tenía buenas conexiones y podría ejercer ese poder eh con sus conexiones y desde el lugar en el que consiguió colocarse. Sí, sí. Bueno, hombre, yo creo que ya llega un momento en que es verdad que hay gente que no compra la película Mar de Marchis, ¿no? Y que en fin, que no le interesa y que no le hace ni caso, pero hay mucha otra sí lo hace. Y esa leyenda, digamos, o esa ese mito, pese a que ya en cuando ella se muda a Roma, ya es eh ya es una persona de carne y hueso, porque todo el mundo sabe quién es y cómo se llama y etcétera, ella sigue sin aparecer, sin mostrarse mucho, solo con algunas personas que va seleccionando. Pero ese mito sí que sigue generando fascinación.
Y Antonio, Antonio es un personaje también increíble. [resoplido] Eh, Antonio Pelayo fue es corresponsable, es esos personajes muy a la romana que nunca que está en varios sitios a la vez y no sabes exactamente si es un espía del CNI, si trabaja para el Vaticano, si es periodista, si es sacerdote, que se pone y se quita la sotana. Es un tipo muy inteligente y muy y muy divertido. Es verdad que está atravesando un un problema judicial que que que el momento de escribir el libro estaba en en marcha y sigue así, o sea, que veremos cómo termina, pero que en todo caso fue la persona que la recibió en en Roma y es la mejor persona que te puede recibir porque es eh digamos eh el único capaz de descifrar esos claros culos que hay ahí. Y Roma, además, es una ciudad y el capítulo la parte de Roma empieza con una cita de Enrique González que habla de Historias de Roma, de su libro sobre la ciudad.
Sí. en la que dice eso que Italia es una es un país sin sin verdad, eh, [resoplido] el que fundamentalmente el criterio para para que las cosas sean reales o no eh lo mide la belleza que tienen, ¿no? Y eso yo creo que también marcó un poco a Mar para elegirlo como elegirla como destino, ¿no? Era un lugar donde esas matices, esa sfumature que dicen los italianos, ¿no? le permitirían eh digamos seguir desarrollando su personaje y probablemente irlo virtualizando poco a poco sin que fuera demasiado brusco. Y Antonio fue probablemente el eso, el Virgilio un poco que la que la llevó a través de ese de ese viaje al principio. Luego ya pues fue conociendo mucha más gente.
Tremendo. Bueno, te preguntaba también sobre eso, sobre la influencia que tenía, el poder que tenía. Hay un momento en el libro que aparece Alfredo recibiendo una llamada de teléfono de Mar de Marchis diciendo, "No publiques ese artículo." Y le pregunté también un poco cómo había sido esa conversación y cómo había repercutido en la redacción de El Confidencial.
Capítulo 12: El poder real de Mar de Marchis
Y la sorpresa es que cuando empiezo a llamar a personas un poquito cercanas del círculo de Mar de Marchis, ahí es cuando eh Marchis empieza a moverse, llama a mi jefe directo que es Villarino, llama al director para presionar, pero obviamente a ver de Marchis tampoco podía ejercer ningún tipo de de coacción real. A mí me decía que me iba que me iba a cortar la trayectoria profesional con sus contactos. Me ofreció me ofreció hablar con con el que era el CEO de Prisa en su momento, que era Manuel Mirat, para entrar en El País. Bueno, en fin, una serie de 5 horas de conversación dan para mucho, entiéndeme se hicieron muchas eh ofertas.
Ahí confirmamos que Alfredo Pascual sigue trabajando y que no trabaja para El País. No trabaja para El País ya tampoco para El Confidencial, creo. Pero pero no tiene que ver con ninguna decisión de Mar de Marchis. Eso es una, eso ocurre a menudo cuando tienes una, a mí me ha pasado con este libro también, ¿no? Pues cuando estás cerca de publicarlo, pues muchas veces la amenaza es esa, la vas a [ __ ] eh, vamos a sacar un libro que va a contar la verdad, ¿no? Como dice también ha contado el socio de Mar efectivamente que seguro que será superinteresante, pero pero la amenaza es esa, ¿no? Te vas a equivocar, tu futuro profesional va a estar en riesgo. Entonces, claro, un periodista esto pues le le afecta. A Alfredo claramente le dio bastante igual y tiró para adelante, ¿no? Y hizo bien porque era una historia eh de interés público. Yo creo que hay mucho debate en este en esta historia sobre si uno tiene derecho a a revelar la intimidad de una persona que no quiere que se revele. Eh, y también un poco que es, yo creo que esa idea atraviesa un poco el libro y porque a mí me perturbaba un poco a quién pertenecen las historias, ¿no? Eh, [carraspeo] a quién las vive, a quien las cuenta, a quien está cerca.
Yo creo que no pertenecen a nadie. O sea, esa relación eh tóxicoposesiva con un relato, eh esto es mío y lo voy a contar yo a mi manera, tú no tienes derecho. Eh me parece muy nociva, por supuesto, antiperiodística, pero también antiliteraria, ¿no? ¡Qué libros habríamos leído ¿no? si la gente pudiese decir quién puede escribir, qué y cuándo! Bueno, al final este es el libro de Daniel Verdú sobre La Bola, pero habrá muchos libros y muchas historias sobre sobre Mar de Marchis y sobre un poco lo que se esboza sobre Jotdown. ¿Qué te han dicho? ¿Cuál es la repercusión que ha tenido en los directivos de Jotdown? El bueno, el directivo que está ahora y también en la familia.
Bueno, este es un libro que eh cuando empecé a escribirlo, evidentemente, eh me acerqué a la familia [resoplido] y me acerqué a su socio eh actual, que es la persona que que que lleva la revista actualmente. Ellos no quisieron participar. Al principio sí hubo una cierta predisposición y luego fue una negativa en redondo, pero ya no solo a participar, sino a sentarse a escuchar lo que tenía que contarles.
Es decir, nunca supieron. A mí me extrañó un poco cuando salió, se empezó a anunciar el libro y ya había como ideas preconcebidas de lo que era y me extrañaba porque no ni siquiera pude sentarme a tomar una cerveza, un café y a decir, "Bueno, esto va a ser así, va a ser asá." Porque ¿qué esperaban que fuera? ¿Cuál eran esas ideas preconcebidas? Eh, uno siempre espera que las cosas sean peores, probablemente cuando se niega a verlas, ¿no? Eh, yo pienso que el libro no es un libro dañino para nada y pero es verdad que cuando tú no quieres que se cuente algo o no quieres que salga algo o que se haga algo, cuando se hace pues te cabreas, ¿no?
Entiendo, a mí también me pasará con otras situaciones y bueno, y ahora la, la, ¿cómo decir? la, la repercusión por parte de la revista, es decir, del socio.
Sí, porque al final también la revista [resoplido] eh qué es, ¿no? Eh, yo he hablado con mucha gente de la revista, te quiero decir, [carraspeo] estaba de acuerdo con el proyecto. Entonces, eh, ¿qué significa la revista?
La cuenta de Twitter con alguien parapetado ahí detrás.
Eh, bueno, no lo sé. Eh, creo que creo que es muy legítimo el cabreo, eh, o el disgusto o la incomodidad. Y creo que es muy legítimo también pensar que tú tienes otra verdad o que tienes la verdad y que eso está mal contado.
Y oye, me parece fantástico y y ya leemos otras versiones, pero insisto que este no es un libro ni sobre Jotdown, por supuesto, y [resoplido] será más interesante ver el que pueda escribir Jotdown sobre Jotdown.
Claro.
Y ni siquiera si me apura sobre Mar de Marchis, o no solo sobre Mar de Marchis, es un retrato de una época, ses una crónica de un momento y y es una manera de explicar eh probablemente el estado emocional en el que estábamos metidos en esos años. Claro, lo que se ha generado un poco como lo que decías tú de las diferentes visiones que tenía cada uno de Mar de Marchis, pues ahora todos tenían diferentes visiones sobre lo que era efectivamente Mar de Marchis y también Jot Down, que ahora en redes toda la conversación es si yo estuve o no colaboré, si conocí a Mar, si me mandó fotos, si no me mandó, nadie está ajeno de esta historia.
Sí, bueno, es normal. Yo yo yo, como te decía antes, eh, a mí lo que me flipa es esa, bueno, yo Twitter, por ejemplo, no lo hace un montón que no lo...., o sea, tengo la cuenta, pero no tuiteo desde hace mucho tiempo.
Toda la cosa esta de más que y tal fue muy decepcionante y ya era un poco lo que me faltaba para dejar de tal. Lo que pasa que es verdad que tengo la cuenta allí y a veces me sirve para pues para ver cosas de política francesa y cuentas a las que sigo. A veces todavía los políticos es increíble. que hayan criticado tanto toda esta cosa de los tecnoarcas y los movimientos de Musk y sin embargo sigan colgando ahí únicamente sus comunicados y tal, ¿no?
Entonces, pues te obliga a mantener un poco la cuenta. Yo estos días, fíjate, la aplicación ni la tengo en el móvil porque no me apetece estar mirando todo el tiempo y tal, ¿no? La consulto alguna vez, pero bueno, sí es verdad que es interesante porque es justamente la plataforma donde todo esto ocurrió.
Claro, en 2014 y en 2013 que todos hemos dado por muerta porque probablemente desde un punto de vista de la salud mental, de los contenidos y de la propia repercusión que tiene las emociones de la gente está muerta o debería estarlo, eh, pero ahora de alguna manera ha vuelto a revivir. Supongo que es como queda el pollo sin cabeza.
Ah, pensé que iban a aparecer como pollitos que cuentas tú la redacción de El País. Sí, sí, sí. Y además pasaba una cosa en aquel Twitter que tú dices ahora que no lo utilizas, pero sí que eh la primera conversación que tuviste con Mar que ella te escribió, ¿no?, con una foto de de Roma y luego Alfredo también me decía que se que igual ahora igual las generaciones más jóvenes no son conscientes de lo que se generó ahí, pero la gente encontraba trabajo, encontraba pareja, tenía colegas.
La [ __ ] Sí. Y además todavía Instagram, yo creo que no había despegado tanto. Claro.
Y parte de esa de esa parte de biográfica y de la intimidad que ha captado Instagram estaba todavía en Twitter, o sea, que reunía todo y luego para el trabajo periodístico era la [ __ ] ¿no? De repente tenías una furgoneta de distribución supersónica, columnas para columnistas frustrados, en fin, fotos para fotógrafos que no tenían donde publicarlas. Era increíble, ¿no? Incluso los grandes medios como el nuestro se apoyaron ahí como locos, ¿no?
Para poder aunque luego pues aquello fuera el sonido de la [ __ ] fuera monumental luego cuando fueron cambiando los algoritmos, ¿no? Pero sí, sí, fue increíble. Y lo de la huella digital, ¿qué dices? Es que creo que es también muy sintomático, ¿no?, que de muchas cosas que ocurrieron entonces sí que no pasarían ahora, ¿no? O sea, soy un paranoico también de según qué cosas mandas, pero yo no te hablo de de fotos delicadas, sino las fotos de tus hijos y demás, ¿no? O sea, que dices que ni en broma mando una foto de de mis hijas a alguien que no conozco, ¿no? Vete a saber dónde termina, ¿no?
Claro, yo creo que a raíz de este libro también mucha gente mandará, si no lo hacía ya, las fotos de los nudes, de los desnudos o las fotos explícitas como para ver una vez, ¿no? Ya hemos aprendido la lección.
Sí, sí, sí, sí, sí. Y no, y lo que te decía, el otro día, fue muy gracioso porque eh eh fuimos a vivir con Javier Del Pino y Javier, que fue muy generoso en ese sentido porque se expuso bastante, decía, "Joder, he empezado a leer el libro y lo primero que hice fue hacer scroll un poco de todo lo que había. Creo que había mandado, dice, y en un momento dado me detuve y ya no quise saber qué más había, ¿no?" Porque es verdad que quedaron flotando en esas conversaciones cosas eh alucinantes, ¿no? Porque además yo creo que mucha gente las borrabam pero en el otro lado quedaban intactas, ¿no? Con lo cual eso permanecía ahí. Bueno, hay una cosa interesante que supongo que también tendrá la hija o los herederos de Mar de Marchís, que es esa cuenta de La Bola, porque cuando uno muere e la las cuestiones físicas las heredan los hijos, pero claro, toda esa herencia digital de las cuentas digitales o se las queda Twitter o X en este caso o bueno, en el caso de Twitter, la cuenta que ella usaba es la que la que utiliza su socio ahora para promocionar la revista y y para colocar los artículos de la revista o para entrar en polémicas con autores de libros, pero sí que esa yo creo que tiene una función todavía profesional y en la cuenta de la revista en realidad quizás lo raro era que estuviera detrás de la cuenta de la revista, ¿no?
Haciendo de community manager, que era, yo creo, lo que se le daba mejor. Y luego tenía una, en su caso, tenía una cuenta de Instagram que a mí me sirvió también para el libro, muy muy poética de sus años en Roma eh donde hacía las fotografías que hacía también y luego ponía unos pies de foto estupendos y ahí contaba un poco ese momento de empezar a salir de ese anonimato, ¿no? Empezaba a retratar la gente con la que se veía y tal y a mí me fue muy útil y aparecen algunos extractos de esa cuenta que todavía sigue abierta y se puede ver. [risas]
Es interesante esto que decías sobre desvelar la identidad oculta de alguien, si teníamos derecho o no. Y y justo cuando lo estabas contando pensaba, bueno, si es Carmen Mola y son tres señores, dos, tres señores detrás, pero si [carraspeo] es Elena Ferrante, igual somos más precavidos con eso. En este caso, ¿por qué sí Mar de Marchis?
Yo creo que Mar de Marchis era un personaje público desde un momento en el que montó un medio de comunicación, en el que dio entrevistas, en el que tuvo una influencia eh considerable en muchos ámbitos que tienen que ver con nuestra vida y creo que su historia habla de muchas cosas que nos han ido ocurriendo a nosotros y funciona como esto como [resoplido] como el síntoma del que hablábamos. Ya creo que el interés está completamente justificado, no hay no creo que sea una persona común [resoplido] de la calle que no tuvo ninguna exposición en su momento.
Ya. Y Dani, ¿crees que esto habría sido igual si hubiese sido un hombre y hubiesen sido mujeres las colaboradoras? No, en su mayoría las colaboradoras que que hubiesen intercambiado estos mensajes y fotos con el director de una revista.
Hubiera sido igual, a ver, hay que hay muchas cosas. O sea, yo creo que, por ejemplo, eh la historia de la revista y la historia suya es verdad que forman se entrelazan en el principio, pero Jot Down es un proyecto editorial que, como contaba Alfredo, funciona por sí mismo. Ha tenido gente buenísima escribiendo allí, la sigue teniendo. Hay gente que trabaja en la revista que cierto también ha participado en el libro. Fantástica, profesional, hecha a sí misma, además que no venían de este ámbito y lo han aprendido a hacer, con lo cual creo que son dos cosas diferentes. Es verdad que ella impulsó mucho al principio el proyecto con ese misterio y con esa capacidad para reclutar talento y firmas tal con los métodos que queramos, pero son dos cosas diferentes, ¿no? Y lo otro que me has preguntando, no me acuerdo qué era.
Bueno, en parte un poco si se habrían creado estas sinergias. No sé si la dinámica hubiese sido la misma si fuese un hombre directivo mandando fotos de un joven apuesto a mujeres. Sí, claro.
Hombre, no es qui decir esto no ha funcionado nunca en Navidad. No quiero decir, esa vanidad digamos femenina no va por esos cauces. Yo quiero decir, no digo que no exista, que existe ya también en proporciones elevadas, pero creo que es muy distinta la vanidad femenina que la que la masculina. Quizá probablemente sea un poco más complejo, pero bueno. Y también pienso que que la historia habría sido diferente y la repercusión habría sido diferente si se intuyera que que las fotos eran de mujeres en vez de fotopollas, fotocoños. Yo creo que habría periodistas mujeres que lo estarían pasando mal en este momento. Si hubiese sido al revés, digo, ¿quieres?
Sí, si estoy todo el rato haciendo hipótesis. Sí, sí, sí. Pero pues no lo sé. Sí, probablemente sí. O sea, tú quieres decir que si circulas en fotocoños, como dices tú, eh, generaría más inquietud en las mujeres que no solo inquietud, sino una repercusión en su persona y en su trabajo, probablemente, ¿no?
Hombre, ha pasado un poco de lado.
Que circule tu fotopolla tampoco es un moco de pavo, no quiero decir que no no sé cuánta diferencia habría, pero desde luego la la ansiedad que te pueden producir tus órganos genitales en reproducirse en distintos teléfonos móviles. En fin, no sé si la conversación está yendo por un derrotero que no es exactamente el libro tampoco de esto, pero pero bueno, en cualquier caso, no no no no no sé calcular el nivel de ansiedad que puede generar, digamos, en un hombre o en una mujer.
Bueno, tú cuentas, cambiamos de tema y ya y ya vamos cerrando. Cuentas en el libro que recibiste la foto de Mar de Marchis y que la borraste. Hm. No me lo creo.
Te lo prometo. Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí. Porque hubo un momento que no la tenía y luego pues eh pues lo típico, empiezas a hablar con muchísima gente, estás escribiendo el libro y la gente pues es muy maja y quiere ayudar. Pero yo hay un momento en el que también cambia un poco el chip del libro. Ya no es el libro, ya no es una biografía ni es eh una historia sobre ella. Y a mí no me interesa el aspecto que ella tenía, no me interesa el aspecto que la gente imaginaba que tenía, que es un poco lo que intento contar también ese capítulo que te decía, ¿no? No es un libro para desenmascarar más de Marchis ni para decir quién era, en fin; [resoplido] su nombre real aparece una sola vez y su descripción física diría que de forma completa ninguna.
A mí no me parecía lo más relevante eso, ¿no? Entonces, cuando me mandaron, yo quería construir un poco, o sea, meterme un poco en la cabeza de la gente que la había tratado y que se había fascinado por ella. Y la única manera era imaginarla, imaginarla a través de los ojos de esa o de la cabeza de esa gente, ¿no? Entonces, una foto rompía todo ese hechizo, digamos, y le ponía a cara y y me impedía un poco hacer ese viaje literario imaginativo, ¿no? Y para sentir esa fascinación, ¿no? Para construir el relato, ¿no? Y entonces llegó un día una foto, eh, me la mandó Isabel Coixet. Ah, interesante.
Sí. Eh, de esa ha quedado, porque cuentas también en el libro que quedaron Silvia Ces, Isabel Coixet y Laura Ferrero. ¿Es de esa de esa de ese día o era una foto? No, no, no era de una una noche en Roma y y esto que te hace el WhatsApp que cuando la recibes está borrosa.
¿Cómo sabías que era una noche en Roma? No, no, ahora te contaré, te contaré. Luego cuando terminé el libro eh, volví a y luego me fueron llegando muchas otras fotos y es verdad que sí que ahí ya no pude pararla tal y no sé qué, pero esa en concreto luego le dije a Isabel, y que me la volvéis a mandar ya cuando ya había terminado un poco el proceso este de...
Ah, vale. Cuando terminaste.
Sí, sí, sí. No, y ahora pues sí, ya las vi, pero en ese momento prefería, es que no quería contar quién era ella, quería contar cómo la veía la gente.
Ya, como la viste tú. [grito ahogado]
Bueno, eh, ¿sabes qué pasa? Yo tenía un poco; cada uno veía un poco lo que quería, y yo tenía esa presión de Santa Pola porque eran mis recuerdos de infancia y donde he sido muy feliz y donde descubres tus primeras cosas, y entonces pues yo muchas veces intentaba reconstruir situaciones donde a lo mejor me la había cruzado o la había visto y intentaba encontrar a esa persona, eh, que tampoco era lo correcto para la construcción del libro, pero si me preguntas en concreto es solo una visión muy residual y poco relevante para lo que es el libro, porque, como la vea yo, tampoco es interesante. Pues yo intentaba imaginarme a esa persona que con la que me habría cruzado tantas veces los veranos.
Qué guay. ¿Cuántas cosas eh te has dejado fuera? Porque una de las críticas que se te ha hecho o los comentarios es que te has debido dejar mucho salseo y mucho contenido fuera del libro. ¿Hay más páginas fuera de La Bola?
Claro, hay mucho, es lo que te decíamos antes, si más gente escribe un libro y tal, pues pues por supuesto, o sea, en general ya los personajes son inabarcables, pero en este en concreto había muchísimas cosas que que a mí algunas pues no se pueden poner, eh, por muchos motivos legales o morales o otras pues no aportan nada a la historia probablemente que yo quería contar, pero sí hay muchas, en fin, pueden podía haber escrito tres libros distintos con lo con lo que había.
Daniel Verdú, muchas gracias y que vaya superbien la promoción y la venta del libro.