martes, 16 de junio de 2026

Ultimatum

 Discurso / monólogo del alienígena Klaatu al mundo entero en Ultimatum a la Tierra (1951) de Robert Wise

 Os voy a dejar muy pronto. Y perdonadme si me expreso con rudeza, el universo se va haciendo más pequeño cada día y la amenaza de agresión por parte de ningún grupo ni de nadie no se puede tolerar. Ha de haber seguridad para todos o nadie se sentirá seguro. Esto no significa renunciar a nuestras libertades, salvo a la libertad de actuar de modo irresponsable.

Vuestros antepasados sabían esto cuando hicieron leyes para gobernarse a sí mismos y crearon policías para obligar a cumplirlas. Nosotros, los de otros planetas, hemos aceptado ese principio.

Tenemos una organización para la mutua protección de todos los planetas y para la completa eliminación de la agresión.

Esta basa su autoridad, desde luego, en una fuerza de policía que la protege. Para tal policía hemos creado una raza de autómatas. Su misión es patrullar por los planetas en naves como esta para salvaguardar la paz.

En caso de agresión, les hemos dado poder absoluto sobre nosotros y este poder no puede revocarse. Al primer signo de violencia actúa automáticamente contra el agresor. El castigo para las provocaciones es demasiado terrible para arriesgarse. Como resultado, vivimos en paz, sin armas ni ejércitos, seguros de que estamos libres de agresiones y guerras y libres para emprender más beneficiosas empresas. Nosotros no pretendemos haber logrado la perfección, pero tenemos un sistema y una labor. Y he venido a exponeros estos hechos. No nos interesan los asuntos internos de vuestro planeta, pero si amenazáis con extender vuestra violencia, la Tierra quedará reducida a un montón de cenizas.

La elección es simple. Con nosotros y vivir en paz o perecer víctimas de vuestra insensata ceguera actual. Esperaremos vuestra respuesta. La decisión es asunto vuestro.

El miedo del profesor a suspender

 Carta al director de El País de Encarni Esteban García. Huércal de Almería (Almería)

 Soy profesora de FP. Tras años en la empresa privada, decidí dar el salto a la docencia para transmitir mi experiencia. Después de ocho años en las aulas, tengo que reconocer que el golpe de realidad ha sido duro. Siempre que llega junio, pienso lo mismo: ¿cuándo empezamos los profesores a tener miedo de suspender al alumnado? Estamos ahogados en un mar de burocracia que parece buscar más la protección legal que educar. Ahora impera el temor a las consecuencias de un suspenso. He visto a compañeros aprobar a estudiantes solo para evitar el calvario de las reclamaciones y un desgaste emocional insoportable. Haces tu trabajo con el mayor rigor posible, pero si la calificación no coincide con las expectativas del alumnado, el docente pasa de evaluar a ser evaluado. ¿Estamos inflando las notas para comprar nuestra tranquilidad? ¿Hasta dónde va a llegar esta devaluación del sistema educativo? Y lo que más me preocupa: ¿qué profesionales estamos preparando para el futuro?

lunes, 15 de junio de 2026

El panpsiquismo se vuelve popular, Enric Gel

 [Transcripción y corrección del bloguero desde el portal de Enric Gel Adictos a la filosofía]

 La desesperación ante el problema duro de la conciencia

Imagina que todas las cosas a tu alrededor —tu  teléfono, los árboles, las estrellas— tuvieran  mente propia. Suena loco, ¿verdad? Pero... ¿y si  es así? ¿Y si todo es consciente? Te presento el  panpsiquismo, una idea revolucionaria que está  conquistando cada vez más terreno dentro de la filosofía de la mente y que promete resolver el problema de la conciencia ahí donde las  alternativas más comunes fracasan de modo  estrepitoso. Soy Enric Gel, soy filósofo y llevo meses estudiando las distintas posturas respecto del problema mente-cerebro porque me tiene loco.  

En los últimos vídeos, hemos hablado de por qué da la impresión de que la ciencia nunca podrá  explicar reductivamente la conciencia, apelando al famoso artículo ¿Cómo es ser un murciélago? de Thomas Nagel. También hemos presentado los problemas que tiene la propuesta habitual de que la conciencia emerge del cerebro. Lo cierto es que, por mucho que la neurociencia haya avanzado y progresado de manera impresionante en nuestra comprensión de los mecanismos que se dan en el cerebro correlacionados con la experiencia subjetiva, seguimos sin estar ni un milímetro más cerca que al empezar de dar con una explicación de por qué las personas son conscientes, de por qué hay un "cómo es" experimentar el mundo desde un punto de vista subjetivo, correlacionado con todas esas cosas raras que hacen tus neuronas. Da la impresión de que todos esos procesos físicos y electroquímicos que se dan dentro de tu cráneo se podrían dar perfectamente igual sin ir acompañados de experiencia subjetiva consciente. De ahí que, tras el continuo fracaso del paradigma materialista de producir ni que sea el comienzo  de una explicación plausible de la conciencia, muchos filósofos empiezan a estar convencidos de que la solución al problema mente-cerebro nos va a requerir pensar fuera de la caja y probar suerte con otras teorías, por locas que suenen a priori. El tiempo del materialismo ya ha pasado,  piensan muchos. Es hora de probar cosas nuevas.

¿Qué es el panpsiquismo? Realidad y caricatura

Y una de las nuevas propuestas que está ganando más  popularidad en los últimos años es precisamente el panpsiquismo: la idea de que la conciencia es tan  fundamental como las fuerzas de la física y que,  por tanto, está presente en todos los niveles de  la realidad, caracterizando a todo lo que existe. Se trata de una teoría que ha llegado a llamar incluso la atención de algunos neurocientíficos, como Giulio Tononi y Christof Koch, con su Teoría  de la Información Integrada, que plausiblemente tiene implicaciones panpsiquistas.  Pero, ciertamente, estarás pensando, "Esto es irse demasiado lejos, es ponerse muy  radical. ¿Realmente tenemos que pensar que todo,  todo tiene una dimensión mental, desde los libros  que tengo aquí detrás hasta los electrones? ¿Qué argumentos podría haber que nos llevasen en esta  dirección?". Pues me alegra que me lo preguntes.  

Yo te lo explico. Pero antes, una aclaración  para no empezar ya de entrada con mal pie: algunas personas se piensan que la mejor objeción en contra del panpsiquismo es que no hay ninguna evidencia de que las piedras, por ejemplo, sientan dolor, alegría, tristeza, cosquillas o que los quarks especulen  acerca de qué van a hacer con su vida, ¡jaja, qué gracia! Pero esto no es una objeción, es una caricatura. ¿Por qué? Porque, por lo general, las formas de panpsiquismo que se toman en serio dentro de la literatura no atribuyen formas de experiencia tan complejas a las otras cosas aparte del ser humano, y desde luego no pensamiento. El ser humano tiene experiencias increíblemente ricas y complejas, sí. Pero, a medida que uno va bajando en la escala ontológica, dice el panpsiquismo, la textura interna de la dimensión  subjetiva se va empobreciendo, disminuyendo. Si los electrones tienen una dimensión mental, dicen, se corresponde con una experiencia de lo más básica y diluida, para nada similar a todo lo que experimentamos nosotros. Así que no, el panpsiquismo no te compromete necesariamente con la idea de que las piedras tengan sentimientos. Apartados, por tanto, los muñecos de paja, estamos ya preparados para adentrarnos en el fascinante mundo de los argumentos. Dentro de la literatura, hay dos argumentos principales a favor del  panpsiquismo.

Primer argumento a favor del panpsiquismo

 El primero parte de la imposibilidad o la implausibilidad del emergentismo, y lo han defendido filósofos como Thomas Nagel (otra vez) o Galen Strawson. Vistas las dificultades de reducir la conciencia, la experiencia consciente  subjetiva, a procesos meramente físicos y electroquímicos, se ha vuelto común referirse a la conciencia como un fenómeno emergente: una nueva propiedad que es irreductible a lo físico, pero que emerge de la materia cuando esta alcanza un cierto grado de complejidad. En el vídeo anterior, ya hemos visto las principales críticas que recibe la posición emergentista. Básicamente, que parece magia: el emergentista nos está diciendo que, sencillamente, cuando la materia alcanza un grado de complejidad completamente arbitrario, pues ahí, ¡puf!, aparece de pronto la conciencia, como si saliera de la nada. Además, los ejemplos de propiedades emergentes a las que suele apelar el emergentista para fundamentar su propuesta (cosas como el juego de la vida de Conway o la liquidez del agua) en realidad no se comparan para nada con la supuesta emergencia de la conciencia. Y en tal caso, se quejan los críticos, el emergentismo no resuelve nada y se limita a ponerle una etiqueta, un nombre chulo al misterio que precisamente es el que tenemos que resolver. El emergentista es incapaz de explicar cómo ni por qué la conciencia termina emergiendo de lo no consciente, se limita a decir que, cuando lo no consciente alcanza un grado de complejidad X, que es completamente arbitrario y que podría perfectamente ser cualquier otro mayor o menor, pues ahí, ¡voilá!, aparece de pronto la conciencia y ya está. Y eso no es una explicación satisfactoria para muchos autores.Te recomiendo que le eches un  ojo al vídeo anterior de esta serie, que te dejo aquí en la tarjetita, para ver la argumentación  completa. Ahora, a menos que uno quiera lanzarse a los brazos del dualismo, con su famoso problema de la interacción entre lo material y lo inmaterial, o del idealismo, que plantea que la mente es más fundamental incluso que la materia, da la impresión de que la única opción para  salvar el materialismo es precisamente el panpsiquismo. De ahí que varios autores hayan defendido justamente que el materialismo termina implicando el panpsiquismo, porque no hay ninguna otra opción para dar cuenta de la realidad de la conciencia. Negar la realidad de la consciencia, como hace el eliminativismo, no lo podemos hacer, es absurdo. Reducirla a lo no consciente, como ha intentado hacer el materialismo reductivo, es un proyecto en el que hemos perdido ya muchísimo tiempo y energía y que no nos ha llevado a ninguna parte.Y proponer que emerge de lo puramente desprovisto de dimensión mental es tan ininteligible y mágico como decir que sale de la nada. Pues, en estas condiciones, a menos que quiera atribuirle la conciencia a una sustancia inmaterial que tampoco voy a saber de dónde viene, de dónde sale ni cómo interactúa con lo físico, la única opción que me queda es reconocer que lo mental es una dimensión tan fundamental y básica de la realidad como las propiedades de que me habla la física. Si no puedo negar su realidad y tampoco puedo decir que antes no existía y luego empezó a existir en algún momento de la historia del cosmos a partir de lo no consciente, solo me queda aceptar que siempre ha estado ahí, que todas las cosas en todo momento han tenido, tienen y tendrán una dimensión mental. ¿No puedo explicar la conciencia como un producto posterior de lo no consciente? Pues eliminemos el supuesto problemático: el supuesto de que existe efectivamente lo no consciente, y pasemos a postular la conciencia como algo básico y omnipresente. Ahora ya no tenemos que explicar  de dónde sale ni cómo, porque es que no sale de ninguna parte, siempre ha estado ahí, presente en todos los niveles de la realidad, incluso en el más fundamental. Solo así, dicen, solo suponiendo que la conciencia humana surge de formas más básicas y primitivas de conciencia, podemos evitar el absurdo de decir que una propiedad genuinamente irreductible emerge (signifique eso lo que signifique) de la mera reorganización de elementos que pertenecen a una categoría completamente distinta de cosas. 

Otra manera de verlo: cualquier punto en la escala de complejidad material que pueda señalar el emergentista y  decir "Ah, es aquí y no antes donde surge la conciencia, donde emerge la conciencia en un sentido fuerte", cualquier punto que señale va a ser completamente arbitrario. Es mucho más simple, más parsimonioso y más elegante, desde un punto de vista explicativo, eliminar esa arbitrariedad. ¿Y cómo eliminamos esa arbitrariedad? Pues diciendo que la conciencia no surge en ningún momento, sino que siempre ha estado ahí, en toda la escala de complejidad material, de una manera que la refleja. Pero quizá esto es muy precipitado, puede  decir alguien. Quizás la ciencia del futuro logre hacer inteligible la emergencia fuerte de la conciencia, solamente tenemos que esperar al Darwin de la neurociencia. Lo que pasa, responde el panpsiquista, es que, vistas las dificultades insalvables del reduccionismo y del emergentismo, no hay ningún motivo para suponer que la ciencia del futuro va a operar según el supuesto de que la conciencia tiene que ser explicada en términos de lo no consciente. Tal vez la revolución que necesitamos es justamente intentar entender la conciencia humana en términos de formas de conciencia más primitivas. Como decía al inicio, el intento, el proyecto de explicar la conciencia, lo experiencial, en términos de lo no-experiencial no ha producido ni el comienzo de una explicación. En esta situación, negarse a priori a explorar paradigmas alternativos es sencillamente estar cayendo en el peor de los dogmatismos.  

Segundo argumento a favor del panpsiquismo

Vamos con el segundo argumento a favor del  panpsiquismo. Y aprovecho también para recomendarte  un libro que tiene que ver con todo esto. En el vídeo anterior te recomendé este de William Jaworski, Philosophy of Mind: A Comprehensive Introduction, pero en este quiero recomendarte el de Edward Feser, que es mucho más cortito, más accesible, más divulgativo, se podría decir. Se titula sencillamente Philosophy of Mind y está muy bien. Y si lo que quieres es algo más introductorio a la filosofía en general, ¿Hay filosofía en tu nevera?, mi libro, está escrito para ti. Te dejo un enlace en el comentario fijado. Sobre este tema del panpsiquismo, te  recomiendo también la entrada "Panpsychism" de la Stanford Encyclopedia of Philosophy, que ha sido una de las fuentes principales que he utilizado para preparar este vídeo. 

El  segundo argumento a favor del panpsiquismo toma su inspiración del famoso filósofo británico  Bertrand Russell. Hacia el final de su vida, Russell se alejó del positivismo, según el cual la física podría llegar a explicarlo todo, y solía gustarle llamar la atención sobre lo esquelética que era la imagen científica del mundo:  

"No siempre nos damos cuenta de lo extremadamente abstracta que es la información que la física teórica nos da. Nos pone sobre la mesa ciertas ecuaciones fundamentales que le permiten tratar con la estructura lógica de los eventos, al tiempo que deja completamente desconocido cuál es su carácter intrínseco. Todo lo que la física nos da son ciertas ecuaciones que recogen las propiedades abstractas de sus cambios, pero acerca de qué es lo que cambia, a partir de qué y hacia qué; con respecto a esto... la física calla"

Si le  preguntáramos a alguien de la calle, probablemente nos diría que la física nos dará algún día una  descripción completa del mundo natural. Pero el punto de Russell es que, cuando uno atiende al lenguaje matemático-causal que utiliza la física para describir los fenómenos, lo que salta a la vista justamente es el carácter radicalmente incompleto de su imagen del mundo. Lo que hace la física, dice Russell, es abstraer de la concreción de las cosas y quedarse exclusivamente con la estructura lógico-matemático-causal del mundo físico. Es como un pintor que se limita a dibujar sobre un fondo blanco y con tinta negra los contornos de las cosas, y ya está; y además de la manera más geométrica posible, todo lo demás lo deja fuera. Esto es un conocimiento muy útil y muy valioso, por supuesto, pero como mucho, dice Russell, eso nos dice cómo actúan o están dispuestas a actuar las cosas y cómo se relacionan entre sí. Acerca de su "qué", de su naturaleza intrínseca, acerca de eso la física calla. La física nos lo dice todo acerca de cómo se comporta  el electrón, pero acerca de qué es en sí mismo, considerado en sí mismo, acerca de su naturaleza intrínseca y categórica, eso no es una pregunta, dice Russell, que se pueda responder con el lenguaje y los métodos de la física. Ahora bien, razona el panpsiquista, tiene que haber  una naturaleza intrínseca a las cosas, una intrinsicalidad. La estructura que la física  descubre no puede estar flotando en el vacío, por decirlo así, tiene que ser la estructura de un "algo" que está estructurado de esa manera. 

Pero, ¿qué es ese "algo" intrínseco? Y aquí es donde entra justamente la propuesta panpsiquista: la naturaleza intrínseca de la materia es, al menos en parte, conciencia, experiencia consciente. La física nos dice cómo se comporta el electrón, pero el electrón, de suyo, es algo con conciencia. ¿Pero por qué adoptar esta idea? Bueno, pues porque, aunque no tenemos ninguna manera directa de verificar la naturaleza intrínseca de las cosas externas, sí sabemos de modo directo que al menos cierta materia tiene una dimensión mental consciente, a saber, la materia de nuestro cerebro. Y esto ya es una pista, dice el panpsiquista: nuestra única pista. Por tanto, en ausencia de motivos de peso para pensar lo contrario, la explicación más simple, elegante, parsimoniosa y unificada de las cosas es pensar que la materia fuera de nuestros cerebros comparte justamente esa cualidad con la materia de nuestros cerebros: la cualidad de ser consciente, de tener una dimensión mental. La hipótesis contraria, la de que la materia extracerebral es pura y absolutamente inconsciente, es justamente  la que genera el problema duro de la conciencia, porque entonces no hay modo de explicar cómo lo  consciente emerge o surge de lo inconsciente.  

Como escribió el científico Arthur Eddington:

 "El físico de la época victoriana creía saber exactamente de qué hablaba al usar términos como  materia y átomo. Los átomos eran pequeñas bolitas que brillaban, una expresión clara que se suponía lo encapsulaba todo acerca de su naturaleza […]. Pero ahora nos damos cuenta de que la ciencia no tiene nada que decir acerca de la naturaleza intrínseca del átomo. El átomo físico es, como todo en la física, una serie de indicaciones métricas. Tales indicaciones están ahí, estamos de acuerdo, asociadas a un fondo desconocido. ¿Por qué no vincularlas entonces a algo de naturaleza espiritual que tenga como característica prominente la conciencia? Parece un poco tonto preferir asociarlas a algo de una supuesta naturaleza concreta inconsistente con la conciencia y luego ir preguntándose con asombro de dónde sale ésta".

Pero no todo son flores, como os podéis imaginar. El panpsiquismo recibe también muchas críticas, tantas o más que las otras posiciones dentro de la filosofía de la mente. Voy a explicarte dos: una que es la más  común, pero la menos poderosa, y otra que es justamente todo lo inverso. La objeción más común al panpsiquismo es esta:

Primera objeción al panpsiquismo

Es poner esta cara de "¿Me estás troleando?". Es quejarse de que es muy raro y contraintuitivo pensar que todo tiene una dimensión mental. A esto, el panpsiquista responde diciendo que ya aceptamos en nuestra visión del mundo muchísimas cosas que son raras y contraintuitivas: que cuanto más rápido vas, el tiempo corre más despacio; que los sistemas cuánticos no tienen propiedades bien definidas al margen de la medición; etcétera. Si el panpsiquismo es realmente la teoría de la conciencia que nos ofrece la imagen más simple y unificada del mundo, y no tiene ese gran problema de tener que explicar de dónde sale esa propiedad irreductible de la conciencia (porque es que no sale de ninguna parte, porque siempre ha estado  ahí), pues, ¿por qué debería su rareza impedirnos abrazarlo? Además, literalmente todas, pero TODAS las posiciones dentro de la filosofía de la mente tienen implicaciones raras y contraintuitivas,  y el que diga que no es que no lo ha estudiado.  

Y encima, tampoco es como si el panpsiquismo fuera universalmente contraintuitivo. De hecho, ha habido muchas culturas a lo largo de la historia que han abrazado sistemas de pensamiento similares. Que nos parezca raro no es algo natural, dice el panpsiquista, sino más bien producto de los prejuicios y los sesgos de la cultura materialista y cientificista de Occidente.  

Así que no, la mejor objeción en contra del  panpsiquismo no es esta, sino una que se llama el problema de la combinación.

¿El problema duro del panpsiquismo?

Lo desarrolla Philip Goff en este artículo de aquí [véase bibliografía abajo], por si quieres luego ir a echarle un ojo. ¿Te acuerdas de que el  primer argumento a favor del panpsiquismo parte de que es imposible o ininteligible la idea de que la conciencia emerge de lo no consciente? Pues bien, los críticos señalan que el panpsiquismo tiene,  en el fondo, un problema idéntico. Cierto, ya no tiene el problema de explicar cómo la conciencia surge de lo no-consciente porque ya no hay nada no-consciente, pero esto se sustituye por el problema de explicar cómo surge la conciencia específicamente humana, con toda su riqueza y complejidad, de la mera unión, combinación, agregación de un número astronómico de  microconciencias más básicas. ¿Cómo funciona eso? ¿Cómo es que millones de microsujetos, micromentes basiquillas, cada una con su perspectiva particular, privada y subjetiva, se combinan para  dar lugar a un macrosujeto Chad, más gordito, superior y distinto? Y claro, llegados a este punto, parece que el panpsiquista está condenado a reproducir las otras posiciones dentro de la filosofía de la mente. El panpsiquista puede decir que la conciencia humana realmente no existe, que no existe el sujeto humano, sino que el sujeto humano es una ilusión y que solamente existen los microsujetos. Pero entonces, que no se queje del eliminativismo. Puede decir que en realidad el sujeto humano y su rica experiencia se reducen a los microsujetos y sus microexperiencias y sus relaciones entre sí, pero buena suerte con eso y que no se queje del materialismo reductivo. O puede, por último, hablar de que el sujeto humano y su experiencia emergen de la base microconsciente. Pero entonces, que no se queje del emergentismo, porque básicamente está heredando sus mismos problemas. Hay, por descontado, algunas propuestas de solución. Quizás la más interesante es la de Hedda Hassel Morch, que propone que, al formar la mente humana, los microsujetos se fusionan entre sí y dejan de existir como tal. Por dar una imagen del asunto: no es que los microsujetos se unan como los ladrillos se unen para formar una casa, sino más como diversas gotas de agua se fusionan para formar una sola masa líquida mayor. Morch ha argumentado que  esto, si bien no elimina del todo el problema, es una forma de emergentismo menos radical que los emergentismos no-panpsiquistas. 

Porque al menos nos estamos moviendo dentro de la misma categoría de cosas, de lo experiencial, de lo consciente. Y que esto, si bien no es enteramente satisfactorio, pues es mejor que nada. Pero está por ver si esto es realmente una solución que tenga algún sentido: el panpsiquismo está muy verde todavía, dicen los panpsiquistas, y el único consenso que hay es que hay que seguir trabajando para dar con una solución satisfactoria. Pero lo interesante es que si uno quiere refutar el panpsiquismo, éste es el problema en el que tiene que insistir. Pero... ¿y si el problema está en que el panpsiquismo no es lo suficientemente radical? ¿Y si necesitamos una teoría de la conciencia que sea todavía más loca? Pues eso es lo que vamos a explorar en el siguiente vídeo.

BIBLIOGRAFÍA

► Philip Goff (2022), "Panpsiquismo", Enciclopedia de Filosofía Stanford [en inglés].

► William Jaworski (2011), Filosofía de la mente. Una introducción exhaustiva, Wiley-Blackwell [en inglés].

► Galen Strawson (2006), "Monismo realista. Por qué el fisicalismo implica el panpsiquismo", Journal of Consciousness Studies, 13, pp. 3-31 [en inglés].

► Thomas Nagel (2012), Mortal Questions, Cambridge University Press [en inglés].

► Edward Feser (2006), Filosofía de la mente. Una guía para principiantes, OneWorld Publications [en inglés].

► Philip Goff (2006), "La experiencias no se suman", Journal of Consciousness Studies, 13, pp. 56-61 [en inglés].

► Philip Goff (2016), "La solución del enlace fenomenal al problema de la combinación", en G. Bruntrup & L. Jaskolla, Panpsiquismo: Perspectivas Contemporáneas, Oxford University Press, pp. 283-302 [en inglés].

► Hedda Hassel Morch (2014), Panpsiquismo y causalidad. Un nuevo argumento y una solución al problema de la combinación, tesis doctoral, Universidad de Oslo [en inglés].

► Hedda Hassel Morch (2023), Teorías no-fisicalistas sobre la conciencia, Cambridge University Press [en inglés].

sábado, 13 de junio de 2026

Cambios y manipulaciones en la SER

 I 

 Nuevo terremoto en la Cadena Ser: destituye a Guillermo Rodríguez, director de Informativos, 24 horas después de la salida de Àngels Barceló, en El Mundo, Esther Mucientes, Viernes, 12 junio 2026:

Guillermo Rodríguez, director de Informativos de la Cadena Ser hasta hace unas horas, ha sido cesado por la dirección de la emisora tras cinco años en el puesto

Nuevo terremoto en la Cadena Ser. Si hace tres semanas saltaban las alarmas tras anunciarse la renuncia de Àngels Barceló, la cual se despidió este jueves por sorpresa de los oyentes y del que ha sido su programa durante 7 años, Hoy por Hoy, esta mañana estallaba una nueva bomba en la emisora del Grupo Prisa: Guillermo Rodríguez, director de Informativos de la Cadena Ser, ha sido destituido en las últimas horas.

Según ha adelantado eldiario.es y ha confirmado EL MUNDO, Guillermo Rodríguez ha sido destituido esta mañana. Fran Llorente, director de Contenidos de la Cadena Ser, ha sido el que se lo ha anunciado a Rodríguez y después a la redacción de la emisora. Un nuevo golpe para una emisora que desde hace tres semanas lleva sumida en un tsunami de movimientos que comenzaron con la salida de Barceló y que ha provocado que a partir de la temporada que viene Aimar Bretos asuma la dirección de Hoy por Hoy, y que el subdirector de Hoy por Hoy, José Luis Sastre, se ponga al frente de Hora 25.

La destitución de Rodríguez no se entiende sin el penúltimo cisma: la salida de Àngels Barceló de Hoy por Hoy. La decisión de la cúpula de la emisora no es un hecho aislado; es el síntoma de una guerra que se lleva batallando de puertas hacia dentro desde hace varios meses. En la Cadena Ser nunca se juega solo a la radio. Se juega a la política, al poder y a la influencia.

Y aquí es donde se entra en el territorio de la guerra de guerrillas. Fuentes de la casa ya confirmaron a este periódico lo que era un secreto a voces: la tensión interna es insoportable.

De hecho, la despedida de este jueves de Barceló no solo sorprendió por ser tan precipitada cuando aún no ha terminado la temporada radiofónica sino por el mensaje que se escondía en sus palabras y que responde a este enfretamiento que se vive entre la cúpula de la Ser y sus redacciones.

"He acordado con la casa y con su complicidad", afirmó Barceló, "que lo dejo aquí porque la casa tiene que trabajar en lo que viene". Pasa página, porque, y ha sido tan clara como podía serlo, "yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la página de la derecha". Una frase que deja claro todo lo que fuentes de la cadena han ido relatando estas semanas.

La fachada del liderazgo del Hoy por Hoy en el EGM (aunque con importante pérdida de oyentes en el último Estudio General de Medios) tapaba a duras penas una realidad mucho más incómoda: un pulso soterrado entre Barceló y la planta noble de Prisa Media. Una guerra de guerrillas donde se medía cada palabra, cada invitado de la tertulia y, sobre todo, cada silencio.

El origen del cisma, según fuentes de la emisora, tiene nombres propios y una obsesión corporativa: la "transversalidad". Desde la cúpula de Prisa, pilotada por el fondo Amber Capital de Joseph Oughourlian, se venía madurando la idea de rebajar la intensidad ideológica de la emisora, muy en la línea con el argumentario de Moncloa. La consigna era clara: había que "abrir el abanico", moderar el tono y atraer a perfiles de analistas que hasta ahora veían la Ser como territorio hostil. Un intento de centrar el tiro para arañar oyentes a la competencia y, de paso, desatascar ciertos puentes institucionales y publicitarios con administraciones de otro color político, ante la posibilidad de un cambio de Gobierno de cara a las próximas elecciones de 2027. La destitución de Rodríguez visibiliza precisamente esto.

Guillermo Rodríguez empezó a sonar con fuerza en los mentideros del sector durante su etapa en Público.es, donde ejerció como redactor jefe. Sin embargo, su verdadero salto al centro del tablero de Prisa se produjo en 2012, cuando se incorporó como subdirector al desembarco español de El HuffPost, bajo la batuta de Montserrat Domínguez.

Allí se convirtió en su mano derecha y, cuando Domínguez ascendió en el organigrama del grupo en 2018, él asumió la dirección del medio. En El HuffPost, Rodríguez logró consolidar una cabecera que mezclaba el pulso político con el clic rápido y el lenguaje de las redes sociales, posicionándola entre los digitales más leídos del país.

Su gran reválida llegó en mayo de 2021. En plena tormenta de renovación directiva en Prisa Media, fue nombrado director de Informativos y de contenidos digitales de la Cadena Ser. El objetivo con su nombramiento era pilotar la tan cacareada "transformación digital" de la radio tradicional, un transatlántico acostumbrado a mirar el medidor del EGM y poco dado a cambiar las inercias del estudio por el algoritmo. A la vez que convencía a una redacción de "viejos rockeros" de la radio de que los contenidos informativos debían convivir -y competir- en el universo del on demand y las redes.

Quienes han trabajado con él destacan su carácter dialogante, su perfil técnico y su experiencia docente (ha impartido clases en la Escuela de Periodismo UAM-El País y en la Universidad Europea). Ha sido un hombre de Prisa y un gestor que siempre intentó mantener el equilibrio en una cuerda floja especialmente tensa.

Hoy, tras la marcha de Àngels Barceló y la última purga en los despachos de Gran Vía, ese equilibrio se ha roto. A Guillermo Rodríguez lo apartan. En la Ser han abierto la caja de los truenos. Se ha ido Barceló, ha caído Guillermo Rodríguez y la tensión sigue presente, a la espera de saber hacia dónde navergará el barco.

II

La 'guerra' en la Cadena Ser que ha provocado la precipitada "renuncia" de Àngels Barceló, en El Mundo, Esther Mucientes, sábado, 23 mayo 2026:

La salida de Ángels Barceló deja un panorama complejo en la cadena. Sustituir a la mujer que ha mantenido el liderazgo frente al empuje de Carlos Herrera (Cope) y el crecimiento de las mañanas de Onda Cero con Carlos Alsina no va a ser una tarea de despacho de un viernes por la tarde

A los 30 minutos de que saltase la noticia del día en los medios, la salida de Àngels Barceló de la Cadena Ser tras presentar su renuncia, la consejera delegada de Prisa Media, Pilar Gil afirmaba lo siguiente: "Como ya anunciamos en la presentación del plan estratégico, el Grupo tiene en marcha un gran proyecto de transformación y llegada a nuevas audiencias, que será aún más visible en la nueva temporada 2026-27, con el compromiso de seguir informando y acompañando a sus oyentes con la calidad y la calidez que siempre han caracterizado a la cadena". Solo hace falta leer entre líneas para entender que la marcha de Barceló no ha sido fácil ni tranquila. Detrás del anuncio de su marcha está la intrahistoria de una 'guerra' que llevaba librándose desde hace meses dentro de la radio de Prisa.

El anuncio de la marcha de Àngels Barceló no ha sido la consecuencia natural de un pacífico fin de ciclo, ni el cansancio lógico de quien lleva madrugando a horas intempestivas desde hace siete años. Su "renuncia", palabra que utilizó la Cadena Ser en su nota de prensa anunciando la marcha de la periodista, ha sido una demolición controlada que ha terminado estallando en Gran Vía, 32, aunque sin demasiada sorpresa, pues de puertas hacia dentro casi todos sabían que esto no iba a acabar bien.

El ambiente venía caldeado desde hacía meses. La fachada del liderazgo del Hoy por Hoy en el EGM (aunque con importante pérdida de oyentes en el último Estudio General de Medios) tapaba a duras penas una realidad mucho más incómoda: un pulso soterrado entre Barceló y la planta noble de Prisa Media. Una guerra de guerrillas donde se medía cada palabra, cada invitado de la tertulia y, sobre todo, cada silencio.

El origen del cisma tiene nombres propios y una obsesión corporativa: la "transversalidad". Desde la cúpula de Prisa, pilotada por el fondo Amber Capital de Joseph Oughourlian, se venía madurando la idea de rebajar la intensidad ideológica de la emisora, muy en la línea con el argumentario de Moncloa. La consigna era clara: había que "abrir el abanico", moderar el tono y atraer a perfiles de analistas que hasta ahora veían la Ser como territorio hostil. Un intento de centrar el tiro para arañar oyentes a la competencia y, de paso, desatascar ciertos puentes institucionales y publicitarios con administraciones de otro color político, ante la posibilidad de un cambio de Gobierno de cara a las próximas elecciones de 2027.

Pero en ese diseño de laboratorio se toparon con un elemento incontrolable: la propia Àngels Barceló.

Barceló, que se ha ganado a pulso el estatus de intocable, siempre ha entendido su programa como un estado soberano. Para ella, la línea editorial y la elección de su mesa de debate eran líneas rojas no negociables. Cuando Fran Llorente, director de contenidos de la emisora, le avisó de que había que abrir el espacio a "nuevos nombres" y "enfoques más abiertos" para la tertulia de las nueve, la respuesta de la periodista fue un portazo dialéctico que resonó hasta en la Castellana.

A este choque editorial se le sumó la eterna sospecha externa de las presiones políticas. En un panorama mediático hiperpolarizado, mantener el equilibrio en el buque insignia de la izquierda radiofónica es un deporte de riesgo. Las malas lenguas de la redacción apuntan a que las fricciones terminaron por agotar la paciencia de la catalana, que abrió un pulso con la dirección que desde hacía unas semanas había llegado a un punto de no retorno. La cúpula mantenía que había que hacer más plural la Ser y Barceló se mantenía firme en que a ella no le iban a imponer una nueva línea editorial. Las fricciones se hicieron insostenibles.

"Àngels no acepta sugerencias, acepta decisiones si son suyas. Intentar moldear su escaleta es como intentar moldear el hormigón armado", aseguraba este viernes por la tarde una fuente interna de la emisora que prefería mantenerse en el anonimato ante la tensión que hay en los pasillos de la Ser.

Las reuniones para la renovación de su contrato, que debían ser un trámite de firmas y cifras, se convirtieron en un tenso campo de batalla. Barceló no pedía más dinero; pedía libertad editorial. Quería la garantía absoluta de que nadie metería las manos en sus contenidos. Al ver que los directivos no cedían y que el control editorial empezaba a cotizar a la baja, la reina de las mañanas radiofónicas aplicó la máxima de la dignidad periodística: antes de que le impongan la escaleta y se produzca el sorpasso de la Cope en las mañanas, recoge los papeles y apaga la luz roja.

Ahora, el incendio se traslada a los despachos. La dirección de la Ser se encuentra con el dilema de ver quién ocupa el agujero que deja la periodista. La marcha de Barceló es un torpedo a la línea de flotación de la marca, y el equipo directivo se enfrenta al pánico escénico de buscar un relevo que no solo mantenga los números, sino que acepte las condiciones de "moderación" que Àngels Barceló rechazó.

El nombre que más suena es el de Aimar Bretos, un hombre Ser, conductor de Hora 25, con un perfil muy valorado por sus compañeros y también por la dirección y la cúpula de Prisa. Aimar Bretos es el heredero natural de la casa. El actual timonel de las tardes/noches de la Ser, con programa propio en laSexta, maneja el tono institucional de la emisora a la perfección, tiene el colmillo afilado para la entrevista política y repetiría el histórico viaje que ya hizo la propia Àngels Barceló desde la noche hacia la luz del día.

Pero antes que Aimar Bretos, Prisa salió a pescar en mares ajenos. En los despachos de la Ser siempre se ha fantaseado con dar el gran golpe de efecto tentando a la estrella de Onda Cero, Carlos Alsina, aprovechando el baile de incertidumbres sobre su propio futuro. Una carambola de billar que dinamitaría el tablero radiofónico, aunque todo quedó en un intento, pues Carlos Alsina no solo se queda en su Más de uno y su Onda Cero sino que la temporada que viene junto a él estará Rafa Latorre, pues la emisora ha hecho una jugada maestra creando un dragón de dos cabezas para conducir las mañanas radiofónicas.

La tormenta no ha hecho más que empezar. Se han cargado a la reina, sí, pero el trono que dejan vacío quema tanto que pocos van a querer sentarse sin un buen traje ignífugo. Y una pregunta, ¿qué pasará con José Luis Sastre, el fiel compañero y contramaestre de Barceló? No parece que vaya a ocupar el hueco de la periodista y muchos se preguntan si con su salida, Sastre podría replantearse su continuidad y centrarse en nuevos horizontes como la televisión -tiene programa en La 2- y la escritura.

III

 Así ha sido la despedida de Àngels Barceló en su último 'Hoy por Hoy' en la SER, Redacción, Cadena SER 11/06/2026:

La periodista pone fin a 21 años en los que también dirigió 'A vivir que son dos días' y 'Hora 25'

Àngels Barceló se ha despedido este jueves por sorpresa de los oyentes de Hoy por Hoy. La directora del programa más escuchado de la radio española ha dicho adiós a quienes le han acompañado al otro lado de las ondas desde que se puso al frente del programa, en 2019.

"Este es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó. Lo dejo aquí porque la casa tiene que empezar a trabajar en lo que viene. Yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la página de la derecha", ha dicho Àngels, rodeada por todo su equipo y por la redacción de la SER, que llenaba el control y los pasillos que rodean al estudio principal de la emisora.

Este ha sido su discurso de despedida completo:

Es mi último Hoy por Hoy después de siete años. Lo dejamos, Sastre, en lo mejor de la audiencia (que vengan a perseguirnos con los datos históricos) y con la complicidad de los oyentes ,que nos han traído de la mano hasta aquí. Porque sin ellos no hubiéramos podido hacer lo que hemos hecho. Nos han dado la fuerza para levantarnos, para decidir qué poníamos, donde íbamos, donde conectábamos... Porque hemos tenido siempre un compromiso con ustedes: el de contarles la verdad, el de ser rigurosos pero también el compromiso de pasar buenos ratos, de hacerles sonreír, de haerles reír, de ser sus cómplices.

Hoy termina una etapa y comienza otra. Yo no hubiera llegado hasta aquí sin este equipo y ellos los saben. Hace falta quererse mucho, para llegar tan pronto, de buen humor y ponerse a trabajar. Esto solo se consigue si la gente se quiere, si la gente se respeta y si la gente empatiza los unos con los otros.

Y con el segundo equipo, qué les voy a decir. Talento puro. Nos hemos reído todo. He vuelto a pasar otra etapa de mi vida con Sergio Castro. Volvimos a Camelot y hoy Camelot se cierra, pero Camelot es un estado de ánimo.

Sed muy felices con lo que os toque. Yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca, que de momento es poner los pies en remojo, beber mucha pomada y pasármelo muy bien, también, sin perderos de vista a vosotros, que os vaya muy bien.

Y a los oyentes, que también les vaya muy bien. Estos días he recibido tantas muestras de cariño por parte de la gente que me decía "no será igual", "nada será lo mismo"... Cuando uno se recupera de una ruptura, o de un amor que no ha funcionado al final del todo, se pasa un tiempo de duelo pero luego la gente es capaz de volverse a enamorar. O sea que enamórense.

Yo no me desenamoraré de la radio, de eso pueden estar seguros".

Nueva etapa en Hoy por Hoy

La salida de Barceló de la SER se anunció el pasado 22 de mayo, después de que la periodista comunicase que no renovaría su contrato. "Agradezco infinito la lealtad y la confianza de los oyentes, de mis equipos y de mis colaboradores", dijo entonces.

Desde que se anunciase su salida, las muestras de cariño hacia la periodista por parte de sus compañeros, colaboradores y oyentes no han dejado de salpicar el programa.

José Luis Sastre, subdirector del programa, fue el primero y sorprendió a su "jefa" dedicándole un mensaje de agradecimiento y orgullo: "Estamos orgullosos de esto que hemos hecho y que hemos seguido haciendo contigo. Estamos muy orgullosos de nuestra gente, que es la gente de la SER; de ti, que nos has dado margen y confianza para que fuéramos creciendo cada uno y encontráramos nuestro hueco".

Barceló ha conducido las mañanas de la SER desde 2019, manteniendo el liderazgo de un programa con más de 40 años de historia por el que han pasado Iñaki Gabilondo, Carles Francino y Pepa Bueno. "Su capacidad para conectar con la audiencia deja una marca en la historia del programa y de la emisora", decía el comunicado de la SER en el que se anunciaba su salida.

Unos días después, se hizo público que Aimar Bretos, hasta ahora director de Hora 25, será quien diriga Hoy por Hoy a partir del 31 de agosto.

IV

La letra pequeña de la despedida de Àngels Barceló: intrahistoria de la derechización de Cadena SER, en El Plural, Andrea Cabanillas, 12/06/2026:

José Luis Sastre releva a Aimar Bretos y se pondrá al frente de 'Hora 25'

"Es el último que hago. He acordado con la casa y su complicidad que lo dejo aquí porque la casa tiene que empezar a trabajar en lo que viene. Pasamos página, yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la de la derecha". Así arrancaba, por sorpresa, Àngels Barceló la última despedida de su Hoy por Hoy. Casualidad o no, la locutora se refería a la página derecha de la emisora, esa que está provocando multitud de terremotos en la casa para poder empezar a completarse. Entre ellos, el más evidente, la caída de Barceló.

En el seno de la cadena existe un sentir común de que, tras la llegada de Joseph Oughourlian al control absoluto de PRISA, poco queda ya de la SER que durante décadas convirtió la independencia periodística en una de sus principales señas de identidad. Con una reconfiguración total del poder editorial y empresarial del grupo, el magnate está resignificando la emisora con un volantazo a la derecha.

La secuencia de movimientos internos en PRISA y en la Cadena SER ha ido dejando una serie de episodios que en la redacción se citan como hitos de una misma deriva. No se trata únicamente de cambios estructurales, sino de decisiones muy concretas que han ido marcando el rumbo editorial de la emisora.

Uno de los puntos de inflexión, probablemente el germen de lo que vendría después, fue la reordenación de la cúpula directiva tras la consolidación del poder de Joseph Oughourlian en el grupo. La llegada de Pilar Gil como consejera delegada de PRISA Media, la de Fran Llorente a la dirección de Contenidos o la de Jaume Serra como director general de la SER supuso, según distintas fuentes internas, un cambio en la forma de gestionar la agenda informativa y las prioridades del grupo. Estos movimientos no fueron interpretados como simples relevos, sino como una reconfiguración profunda del centro de decisión de la cadena.

A partir de ahí comenzaron a producirse episodios que alimentaron el malestar en parte de la plantilla. Uno de los más repetidos es el relativo a la cobertura del caso de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Como publicó este medio, desde la nueva dirección se pidió a varias figuras de la SER "hacer menos seguidismo del Gobierno" y dejar de hablar "tanto del novio de Ayuso". Una instrucción que muchos periodistas interpretaron como un intento explícito de modular la agenda política de la emisora.

Otro episodio que generó especial ruido interno fue la entrevista al portavoz del PP, Borja Sémper, en Hora 25. La visita, que en principio respondía a la normalidad de la agenda política, acabó adquiriendo una dimensión distinta por el despliegue de la cúpula directiva de la SER durante el encuentro. La presencia coordinada de responsables como el director de Informativos, el director de Contenidos o la propia dirección del grupo fue percibida por parte de la redacción como algo inusual en una entrevista de esas características. No obstante, lo más llamativo fue que Llorente, según apuntan fuentes internas a este medio, se dirigiera al político en un tono casi imperativo para que "presentaran de una vez" la moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez.

A estos hechos se suma otro elemento que ha circulado de forma recurrente en la redacción: el cambio de tono en determinadas tertulias y en la selección de voces. En algunos espacios se ha percibido una mayor presencia de perfiles conservadores o más cercanos a posiciones de "centralidad", término que la dirección utiliza de forma habitual para definir el nuevo enfoque del grupo. Para una parte de los trabajadores, sin embargo, ese concepto está funcionando como un eufemismo de una reorientación progresiva de la línea editorial.

En ese contexto llega la salida de Àngels Barceló. Su despedida de Hoy por Hoy no se interpreta únicamente como el cierre de una etapa profesional de enorme peso en la historia de la SER, sino como el último movimiento visible dentro de una cadena de decisiones que llevan meses generando tensión interna. Por ello, su frase de despedida, en la que hablaba de ser "la página de la izquierda" mientras ahora tocaba completar "la de la derecha", puede leerse dentro de la emisora como una síntesis involuntaria de ese cambio de ciclo que muchos llevan tiempo comentando en voz baja.

Con todo ello, la sensación en parte de la casa es que la marcha de Barceló no es un hecho aislado, sino el reflejo más visible de una transformación más amplia que ha ido avanzando a través de reuniones, relevos, indicaciones editoriales y decisiones estratégicas que han ido redefiniendo el equilibrio interno de la Cadena SER.

V

Àngels Barceló se despide por sorpresa de ‘Hoy por Hoy’: “Pasamos página; yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”, en La Vanguardia, Cristina Sierra, 11/06/2026:

La periodista, que hace solo tres semanas comunicó a la Cadena SER que no renovaría su contrato, ha realizado este jueves su último programa

Àngels Barceló ha conducido, este jueves 11 de junio, su último Hoy por Hoy, un espacio que ha dirigido en los últimos siete años. “Últimos minutos del programa y hoy soy yo la que hablo. Algo os estáis oliendo porque está el control lleno, es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó”, ha dicho la periodista catalana tras el boletín de las 12. De esta manera, ha puesto punto final a una etapa de 21 años en la Cadena SER.

Como ha explicado la periodista catalana, esta decisión que ha sorprendido a sus fieles oyentes estaba más que meditada. “Lo he acordado con la casa y con su complicidad, porque la casa tiene que empezar a pensar en lo que viene. Pasamos página, lo dejo aquí. Yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”, ha dicho.

En su último discurso como trabajadora de la cadena, Barceló ha reivindicado su trabajo al frente del programa. “Hemos tenido siempre el compromiso de contaros la verdad, de ser rigurosos y de hacerles pasar un buen rato con la radio. Hoy termina una etapa, comienza otra. Yo tampoco hubiera llegada hasta aquí sin mi equipo”, ha afirmado la catalana, que ha añadido que ahora le toca “poner los pies en remojo, sin perder de vista la información y sin perderos de vista a vosotros”.

La periodista también ha dejado claro que se va satisfecha de la cadena. “Sed muy felices con lo que os toque, yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca”, ha asegurado Barceló, que se ha mostrado muy agradecida por las muestras de cariño recibidas en estas últimas tres semanas, cuando informó a la Cadena SER que no renovaría su contrato.

Sed muy felices con lo que os toque, yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca”, Àngels Barceló

“Cuando uno se recupera de una ruptura o de un amor que no ha funcionado al final de todo, se pasa un tiempo de duelo, pero luego la gente es capaz de volverse a enamorar. O sea que enamórense de nuevo, yo no me desenamoraré de la radio”, ha manifestado la catalana, que ha querido finalizar su intervención con una petición a sus oyentes: “Cuídenlos mucho a todos y cuiden mucho a José Luis Sastre”.

Fue el pasado 22 de mayo cuando la emisora confirmó oficialmente la salida de Barceló tras más de dos décadas en el grupo radiofónico. “No es el mejor día en la historia de la Cadena SER. No pasa nada. No, no se hunde el mundo. Pero es un día complicado, raruno y no precisamente alegre”, dijo su compañero Carles Francino tras conocerse la noticia. Desde entonces, las muestras de cariño a Barceló han sido constantes.

Mientras, desde la cadena se ha informado que Aimar Bretos será el nuevo director de Hoy por Hoy a partir del 31 de agosto, cuando se estrenará la nueva temporada.

VI

Un icono de la información en españa. Los planes de futuro de Angels Barceló tras abandonar la Cadena Ser: "No me desenamoraré de la radio", Por El Confidencial, 12/06/2026:

La comunicadora catalana afronta una nueva rutina alejada de los micrófonos diarios

La voz que ha acompañado a millones de oyentes cada mañana en la Cadena SER ya ha cerrado una de las etapas más importantes de su carrera. Àngels Barceló se despidió este jueves de Hoy por Hoy tras siete años al frente del programa líder de la radio española y, aunque deja atrás los madrugones y la presión de la actualidad diaria, ya ha avanzado cuáles son sus planes más inmediatos. Rodeada por su equipo y numerosos compañeros de la cadena, Barceló confirmó que había alcanzado un acuerdo con la SER para abandonar el espacio y facilitar así el relevo que tomará Aimar Bretos a partir de la próxima temporada. “Es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó”, afirmó durante una despedida que estuvo marcada por los recuerdos y el reconocimiento a quienes la han acompañado durante estos años. Tras más de dos décadas vinculada a la Cadena SER y siete años liderando las mañanas radiofónicas, Barceló aseguró que afronta esta nueva etapa con tranquilidad. “Seré muy feliz con lo que me toca”, explicó a los oyentes, dejando claro que, al menos durante los próximos meses, no tiene previsto embarcarse en nuevos proyectos profesionales de gran envergadura. La propia periodista reveló cuál será su principal prioridad después de abandonar el programa. Tras años comenzando su jornada antes del amanecer para estar al frente de la emisión desde las seis de la mañana, ahora quiere disfrutar de un descanso prolongado.

Durante su despedida, Barceló explicó que sus planes pasan por “poner los pies en remojo”, disfrutar del verano y pasar tiempo alejada de las exigencias diarias de la radio. También hizo referencia a la tradicional pomada menorquina, una bebida muy popular en la isla donde suele pasar largas temporadas estivales, una pista sobre cuál podría ser uno de sus destinos favoritos para esta nueva etapa. Pese a su retirada de las ondas, dejó claro que seguirá pendiente de la actualidad y de la evolución de la radio, un medio con el que mantiene un vínculo emocional difícil de romper. “Yo no me desenamoraré de la radio”, aseguró durante su intervención.

Más tiempo para la familia y proyectos personales

La salida de Hoy por Hoy también permitirá a Barceló recuperar tiempo para su vida personal. Durante décadas, su carrera ha estado marcada por una intensa dedicación profesional que ahora podrá compaginar con una agenda más flexible. Entre las posibilidades que se abren para la periodista figura dedicar más tiempo a su entorno familiar, especialmente a su hija Clara, nacida en 1994. Además, quienes siguen su trayectoria recuerdan que siempre ha mostrado una gran afición por la lectura, por lo que no se descarta que pueda explorar proyectos editoriales o colaboraciones alejadas de la rutina radiofónica diaria.

Otro de los ámbitos que podría ocupar parte de su tiempo es el empresarial. Barceló figura al frente de Lunic Audiovisuals, una productora creada en 2005 vinculada al desarrollo de contenidos audiovisuales. Aunque la sociedad no mantiene actualmente una actividad destacada, su nueva situación profesional podría permitirle retomar iniciativas relacionadas con la producción o la creación de nuevos formatos, aprovechando la amplia experiencia acumulada durante décadas en radio y televisión. Por ahora, la periodista no ha anunciado ningún proyecto concreto ni ha hablado de jubilación. Lo único seguro es que, tras cerrar una etapa histórica en la Cadena SER, afronta los próximos meses con la intención de descansar, disfrutar de más tiempo para sí misma y decidir con calma cuáles serán sus siguientes pasos profesionales.

VII

Àngels Barceló abandona la Cadena SER tras 21 años en la emisora, elDiario.es, 22 de mayo de 2026:

Barceló, que dirige el programa líder de la radio en España, deja la SER en medio de las tensiones de profesionales de la cadena con el director de contenidos; antes de hacerse cargo de 'Hoy por hoy' en 2019, dirigió 'A vivir que son dos días' y 'Hora 25'

La periodista Àngels Barceló deja la Cadena SER tras 21 años trabajando en la emisora. Según informa la SER, el 31 de agosto será el estreno de la nueva temporada 26-27 sin Barceló, que hoy ha comunicado a la emisora que no renovará su contrato. “Agradezco infinito la lealtad y la confianza de los oyentes, de mis equipos y de mis colaboradores”, ha señalado la presentadora tras su renuncia.

Fuentes de la redacción de la SER señalan a elDiario.es que la dirección de Prisa exigía a Barceló “más pluralidad” en la tertulia del programa sin aclarar si su concepto de pluralidad se refería a una mayor presencia de tertulianos conservadores.

La salida de Barceló se produce en medio de un enfrentamiento de diferentes profesionales de la SER con el director de contenidos, Fran Llorente, agudizado en este caso por la mayor autonomía de la periodista como directora del programa estrella de la cadena.

Una premiada trayectoria

Barceló (Barcelona, 1963), que desde 2019 hasta hoy ha presentado cada mañana el programa Hoy por Hoy (programa líder de las mañanas en audiencias) tiene una larga trayectoria a las espaldas. Empezó a trabajar con 20 años en Catalunya Radio, tras lo que dio el salto a la televisión para presentar el informativo de TV3. Años más tarde, en 1997, se estrenó en la televisión nacional como editora de los informativos de Telecinco los fines de semana.

Fue en 2005 cuando fichó por la Cadena SER para dirigir y presentar el programa A vivir que son dos días, que se emite los fines de semana. En 2007 fue elegida para ponerse al frente de Hora 25, el programa informativo diario de las tardes, labor que comenzó a principios de 2008.

Desde el 2 de septiembre de 2019, dirige y presenta Hoy por hoy, desde las 6.00 horas hasta las 12.20, de lunes a viernes. Entre medias, también ha sido conductora de programas deportivos en Cuatro, como previas de los partidos de la Selección o programas durante la Eurocopa de 2008.

Durante su carrera profesional Barceló ha recibido varios premios por su trabajo, entre ellos dos premios Ondas –en 2017 a mejor presentadora de radio y en 2024 por su trayectoria profesional–, el premio Iris a mejor comunicadora de programas informativos en 2005, el premio Antena de Oro a mejor presentadora de informativos en 1999 o el premio Micrófono de Oro en 2010. En 2024 también recibió la Creu de Sant Jordi por sus cuatro décadas de trabajo periodístico.

IX

Los entresijos de la salida de Àngels Barceló: "O decido la línea y los tertulianos, o me voy", Libertad Digital, Luis F. Quintero, 23/5/2026:

Barceló ha mantenido un pulso con la propiedad en plena renovación del contrato. Ella se empeñaba en marcar la línea editorial. Ahora sale de Prisa.

Àngels Barceló ya no es la voz de las mañanas de la cadena SER. Renovaba los contratos una vez al año y ahora tocaba. Desde la propiedad de la empresa, Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, quería completar la moderación editorial a imagen y semejanza de lo sucedido en El País cuando enseñó la puerta de salida a Pepa Bueno. Fuentes internas insisten: se trata de ganar algo de pluralidad, no de girar ni mucho menos a la derecha. Básicamente ser un medio progresista, no sanchista.

En la cabecera de papel, tras la salida de Pepa Bueno, las aguas parecen bajar tranquilas, pero no ocurre lo mismo en la SER. Hasta ahora Àngels Barceló presumía de ser quien hacía y deshacía a placer en la línea editorial, pero esto se ha terminado. Tocaba renegociar el contrato y Joseph Oughourlian le ha plantado cara. "O decido la línea editorial, o me voy", habría amenazado Àngels Barceló, a lo que Oughourlian contestó: "La línea editorial la marca la propiedad". "La cosa estaba clara, evidentemente ella no es la dueña de la radio", confiesa una fuente conocedora de las negociaciones.

Otras fuentes cercanas a Prisa indican a Libre Mercado que las posiciones estaban muy lejos de acercarse, ya que Barceló quería controlar, además de la línea editorial, también a los contertulios que participaban en su programa y en otros de la cadena. Según estas fuentes, en eso consistió el ultimátum que Barceló dejó encima de la mesa esta misma semana en su reunión con la consejera delegada Pilar Gil.

Sin embargo, desde Prisa se le ha indicado que la línea editorial la marcan los propietarios y que la decisión, igual que en El País, es buscar más pluralismo a la línea editorial, a los informativos y, por supuesto, a las tertulias donde se busca "que no sea unicolor y unipresidencial", según nos dicen textualmente las fuentes. Así las cosas, este mismo viernes Àngels Barceló presentó su dimisión ante la dirección general de la SER, y no ante la consejera delegada.

Ahora hay que buscar un sustituto, para el cual lo que parece más claro es que la opción preferida de Oughourlian sea promocionar a algún talento interno, más que ir a buscar en otras ondas —ha sonado mucho Alsina en los mentideros periodísticos como nuevo puntal de la SER—.

Así las cosas, la SER va a tener una línea editorial parecida a la de El País. Va a haber entrada de periodistas e intelectuales que no sean de izquierdas en las tertulias y los informativos serán más equilibrados.

Tal es la situación que algunos compañeros de la SER ya se han postulado para coger el programa estrella de la casa, Hoy por Hoy, a partir de la próxima temporada. Según las fuentes consultadas, es Aimar Bretos quien se postula con más posibilidades de lograr el puesto. Otro de los candidatos sería el segundo de Àngels Barceló, José Luis Sastre.

¿Qué pasará ahora con Àngels Barceló? Pepa Bueno, la que fuera directora de El País antes de que Oughourlian le enseñara la puerta, se colocó en Televisión Española, ese proyecto para mayor gloria de Pedro Sánchez. No sé si Àngels encontraría acomodo en la parrilla pública. Lo que parece seguro es que editorialmente estaría más en sintonía.

El País para Trapiello

 Hermano, yo sí te creo, en El Mundo, Andrés Trapiello, sábado, 13 junio 2026:

Cuando alguien asegura que 'El País' es hoy el periódico gubernamental o Rtve un órgano oficial, por ser los medios de los que se valen el Gobierno y el PSOE para dar a conocer su doctrina o su consigna, no deberían afrentarse ni ofenderse

Durante años las élites españolas no daban un paso sin antes asomarse a la Gaceta de Madrid y, años después, al Boe, el Boletín Oficial del Estado. Pla ironizó sobre el asunto. Sucedió cuando, ya en el franquismo, el periódico Abc sustituyó como oráculo al Boe y los funcionarios madrileños, valiéndose de que ambas publicaciones tenían el mismo formato, leían en su oficina el Abc solapándolo con el Boe. ¿Que se acercaba el jefe de negociado? El funcionario ocultaba discretamente el Abc bajo el Boe, y fingía estudiar en este una de sus disposiciones. Al Abc, en ese papel influyente, le sucedió el periódico El País.

Luis María Ansón, además de ser el director del Abc en los años en que Ferlosio pillaba en él su dosis de abeceína, fue también, tengo entendido, el primero a quien se le ocurrió llamar a El País «diario gubernamental». Era, claro, una ironía (en la mancheta de El País se leyó durante años «diario independiente de la mañana»), pero también una gran verdad: el periódico servía como tablón de anuncios de los gobiernos socialistas, cuando no marcaba su línea de actuación política.

Digamos antes de proseguir que las palabras «independiente» e «independencia» pueden tomarse, según el contexto, de diferente manera. Una persona enamorada, por ejemplo, no es ni siquiera libre de amar a otra distinta de quien ya está prendada. Es el dependiente por antonomasia, y una gran parte de los seres humanos querrían vivir bajo esa dependencia, sobre todo si es correspondida. Y así sucede también con la crítica. No hay crítico que no exhiba su independencia como la primera condición para prestigiar e imponer su criterio, y de ahí que se desautorice muchas veces la crítica o reseña que procede de una persona «sospechosa» o cercana (absurdamente: en literatura, las mejores críticas se deben a los amigos: la de Balzac a la Cartuja de Parma, las de Clarín a Galdós o las de Azorín a Baroja, por ejemplo. Dicho de otro modo, tampoco es infrecuente que el crítico que alardea de su independencia sea también un gran inepto).

De modo que cuando alguien asegura que El País es hoy el periódico gubernamental o RTVE un órgano oficial, por ser los medios de los que se valen el Gobierno y el PSOE para dar a conocer su doctrina o su consigna, no deberían afrentarse ni ofenderse. Y no tanto por ser algo que corrobora a diario su praxis, como por ser consecuentes. Si de verdad creen que están en el lado correcto de la Historia, si de veras defienden la excelencia de sus postulados «progresistas», debieran presentar sin complejos su dependencia del Gobierno y del PSOE y su superioridad moral. Como lo está uno de escribir de los libros de sus amigos (de quienes es amigo, entre otras razones, porque escriben como escriben), o de defender radicalmente la independencia de las instituciones, frente a quienes las someten a diario a la voluntad del Gobierno y del PSOE, en una sintonía con sus medios serviles como para dejar de chuparse el dedo, que diría Óscar López.

Claro que a estos y otros medios afines el Gobierno y el PSOE no se lo están poniendo nada fácil los puteros, ladrones, fontaneras, zapateros y comisionistas, por muy entrenados que estén a estas alturas en avalar amnistías y pactos con terroristas, delincuentes y ultranacionalistas. Por eso, son más de admirar sus encajes retóricos. A su lado los famosos encajes de bolillos parecen un remiendo mal hecho.

Así que, sin quitarles mérito ahora, desde luego, por aquello de que cada día trae su afán, ha de valorarse el esfuerzo que han empezado a hacer esos medios por deslindar de puteros, ladrones, fontaneras y peristas a aquellas otras personas, no demasiadas, que de veras les importan.

Los tribunales han querido que la primera de ellas haya sido David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno. La semana que viene será su mentor, su musa, Zapatero.

El País, siguiendo al Gobierno y al PSOE, ya ha condenado sin juicio a Leire Díez la fontanera (hay que minimizar daños cuanto antes) y ha salido en defensa del hermano en un editorial que hubiera podido titular: «Hermano, yo sí te creo». Se parecía, como una gota de agua a otra, al que en su día dedicó al fiscal general, y al que dedicará, en su momento, a la mujer del presidente, y con razones similares: el editorialista cree (y creerá) no que sea inocente, sino que no se ha probado que sea culpable. Al fiscal general lo condenó el Supremo, y aunque a DSánchez le absuelvan, lleva razón su compinche, también juzgado, el señor Gallardo, cuando dijo en su alegato final: «Ya han ganado. Nos han condenado socialmente». Cierto: será difícil olvidar que DSánchez había estado cobrando un sueldo sin saber dónde estaba su oficina y que él, Gallardo, creía tanto en la justicia, que se aforó para evitarla.

Las imágenes del juicio han resultado, en medio de todo, tristes. Uno, grande y torpe como un boxeador sonado; el otro, su segundo, portátil+, nervioso y advertido. Uno, con las áreas del lenguaje seriamente perjudicadas; el otro, como decía Pasionaria de Alberti, «un piquito de oro». En una caseta de feria, se les habría tomado por una pareja de cómicos, si no fuera por la tragedia nacional que han representado. ¿Cómo que «ya han ganado»? Este es el drama: esos dos no saben lo que han hecho perder moralmente a este país y a quienes trabajaban honradamente para pagar sus sueldos.

JotDown. Dossier.

 I

 El asunto 'Jot Down', culebrón del periodismo español, en El Mundo, Antonio Lucas, sábado, 13 junio 2026:

Su fundadora, fallecida en 2022, logró impulsar un buen producto aunque tirando de una técnica de cebo: enredar al personal masculino con fotos 'robadas' a una amiga peluquera para alcanzar su propósito. Malas artes

Cómo no leer La bola, libro donde Daniel Verdú, compañero de El País, da cuenta de las peripecias delirantes (y diletantes) de la revista Jot Down. La publicación encontró el sitio en el periodismo español por un rato, casi convence a algunos de que venía a refundar el km 0 del oficio y algo después desapareció de la primera línea de playa de los quioscos. Aún sobrevive en versión digital, como nació. Cómo olvidar los días en que empezó a sonar la marca y multiplicamos la expectación en mil conversaciones por la extraña manera de irrumpir. Nadie vio llegar el artefacto y fugazmente hizo dudar al respetable de si el periodismo sería ahora otro o no sería nunca más como estaba siendo entonces. Jot Down ensanchó su capacidad de generar asombro dejando correr en todas direcciones la leyenda de su fundadora, María Jesús Marhuenda Irastorza, vecina de Santa Pola (Alicante), habitual de las primeras comunidades foreras del internet ibérico.

En aquel tiempo no queríamos saber, pero ahora hemos sabido que María Jesús Marhuenda encontró el botón nuclear de una parte del periodismo español, el que activa nuestra incalculable vanidad. Le bastó desarrollar una técnica de cebo sonrojante en la misma onda que OnlyFans, hechizar al personal masculino enviando fotos robadas a una amiga peluquera de su pueblo fingiendo ser ella, jugar al escondite para incrementar la expectación sobre la identidad que ocultaba su pseudónimo (Mar de Marchis), inventar una vida suntuosa de aviones y aeropuertos y Londres y restaurantes y futbolistas representados, y entender que esto va, fue e irá de tensar el deseo de algunos sujetos llamando su atención vía escroto.

Jot Down fue un producto certero, incluso sugerente, pero incubado con algunas malas artes. Descubierto el pastel de que Marhuenda no era quien prometía, la gracia quedó en una performance disparatada y pronto acabó la algarabía. Jot Down acumuló excelentes colaboradores a quienes no pagaba (al parecer, eso excitaba también a algunas víctimas). O les bonificaba con una chuminada. A los VIP, en el mejor de los casos, les echaba una caja de puros, fumes o no. Todo cutrísimo. Esto que algunos narraban como una excentricidad genialoide de la fundadora era otro síntoma del dislate y deja al aire la indigencia que acumula esta profesión. Si esa desatención total de pagos la tuviese de igual manera este periódico o cualquier otro, los damnificados infestarían (como debe ser) las redes sociales de querellas. Jot Down, donde disfruté como lector (no escribí), hizo del enredo una manera de distinguirse y le salió bien. Este fenómeno dice más del estado de nuestra profesión que de la revista y sus fantasías. Fue el mejor mérito de Marhuenda (María Jesús, Chus de Santa Pola): desnudar el alma pueril de una parte chiquita pero ruidosa del periodismo español. Aseguran quienes jugaron a conocerla que fue generosa y atenta y de buen corazón. Rápida, espontánea, fresca. Hizo de la invisibilidad, como del impago, parte de su industria.

En su escalada delirante -todo el mérito para ella, sin duda- burló a los directivos de El País después de intentar camelar a los de otras cabeceras, sin ir más lejos la que nos convoca. Juan Luis Cebrián le hizo sitio en Prisa y todos a una perdieron la toma de tierra. Fue cuando sonó con más insistencia eso del New Yorker español. El humor es el humor. Aquel acuerdo entre el periódico y la revista fue empresarialmente malo. Cuenta Verdú en su excelente crónica que Marhuenda acumuló influencia y ejercía el poder. Ahí te da un pasmo. Llamaba a todo dios del staff, opinaba sobre las cosas del periódico, sugería la contratación de periodistas y apuntalaba en la sombra una leyenda muy Mr. Ripley, sin crimen pero con trampa.

Las consideraciones sobre la empresa de Marhuenda son ricas en chismes y aminoácidos y pasan de la astucia al trile. El asunto acumula un poco de todo: unas gotas de osadía descará y otro tanto de cubilete fullero. Aprovechó la inercia testosterónica de un par de generaciones con voz de clavel varonil dispuestas a excitarse con unas fotos dispersadas en sus móviles donde una mujer asoma medio muslo y escribe "Hola: soy Mar". Un Eyes Wide Shut mediopensionista, de Nokia a Nokia. Mundo macho en el que se apoyó la confección de 'Jot Down'. Más que leyenda, gominola.

 II

Mar de Marchis nunca existió: la genial impostura de la mujer que creó ‘Jot Down’, en El País, Álex Vicente, 29 may 2026:

Daniel Verdú reconstruye en ‘La bola’ la historia de la fundadora de la revista cultural, fallecida en 2022, que se ocultó durante años tras una identidad inventada y se convirtió en síntoma de un cambio de época en el periodismo español

Todo empezaba con una llamada desde un número desconocido. Fue a finales de 2016 o quizá a principios de 2017. Al otro lado apareció una voz arrolladora, divertida y un tanto venenosa, capaz de disparar frases a toda velocidad, algunas en esa zona gris donde la adulación se confunde con la ofensa. Se presentó como Mar de Marchis, directora de Jot Down. Tenía un encargo para mí: una entrevista en profundidad con un conocido escritor francés para la que entonces era la revista de moda en España, un fanzine en blanco y negro que, gracias a la ambición de su fundadora y a la la adhesión ferviente (y algo delirante) de sus lectores, se acabó convirtiendo en una especie de New Yorker patrio, en un emblema de aquel “periodismo lento” que entonces prometía salvar la profesión.

“Me han hablado muy bien de ti”, dijo. Ese era su anzuelo, aunque un instante después dejara claro que aquella no había sido, ni por asomo, su primera opción. Luego llegó el regateo. Intentó que el texto se escribiera gratis, como solía hacer, en un momento en que demasiadas cosas empezaban a pagarse con la divisa de la “visibilidad”. Tras un breve forcejeo, aceptó una cantidad razonable. Recibió la entrevista. Le gustó, aunque le pareció corta: más de 30.000 caracteres, unas tres veces este texto. Se amplió siguiendo sus indicaciones, se publicó y tuvo más repercusión que trabajos similares aparecidos, en medio de la indiferencia, en medios de mayor solera. Así lograba reclutar la directora a firmas pequeñas y otras mucho más grandes, como Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Maruja Torres, Juan Marsé, Félix de Azúa, Juan José Millás o Manuel Jabois.

La bola (Alfaguara), el primer libro del periodista Daniel Verdú (Barcelona, 1980), que se publica el 4 de junio, reconstruye la historia de esa mujer: María Jesús Marhuenda Irastorza, fundadora, directora, leyenda y fantasma de Jot Down, fallecida en 2022 a los 53 años tras un largo coma provocado por un accidente cerebrovascular. Durante años se ocultó bajo ese peculiar seudónimo de supuesta aristócrata italiana, afirmando que era una abogada y representante de futbolistas asentada en Londres. En su pueblo, la conocían como Chus. En ciertos foros virtuales, respondía a los nombres de Shizuka, Bluevelvet, Isabella, Jun o Libertad. Pero, para muchos, siempre fue “la bola” o “bola” a secas, como la esfera negra de billar que fue el emblema de su revista y también de una cuenta de Twitter convertida en autoridad cultural, donde ella repartía juego y dictaba sentencia.

Todo cabe en el vacío

Lo curioso es que, estando en todas partes, casi nadie sabía qué cara tenía. Hablaba desde la sombra, no acudía a reuniones, comidas ni presentaciones, y dejaba que el misterio hiciera el resto. Esa ausencia disparó hipótesis disparatadas: se dijo que era Ana Aznar o su marido Alejandro Agag. Se rumoreó que se trataba de Paloma Gómez Borrero, cuyo esposo se apellidaba De Marchis. E incluso que todo era un experimento del periodista Enric González, uno de sus principales aliados en Jot Down, con un filtro de voz. Todo cabía en aquel vacío. Hay en su historia un ápice de picaresca española: De Marchis entró por la puerta lateral en un mundo hermético, elitista y masculino que, “de haber conocido su verdadera identidad, nunca la habría invitado a formar parte del club”, dice Verdú, sentado en un bar pegado al Centro Pompidou de París, donde es corresponsal de EL PAÍS.

En realidad, De Marchis era una madre divorciada con tres hijos, marcada por varias crisis personales y aquejada de una agorafobia feroz, lo que explicaba su confinamiento vital años antes de que todo el mundo se metiera en casa. Como tantos, Verdú empezó a interesarse por ella “a través de su misterio y del magnetismo de ese personaje invisible”. No tardó en entender que aquella mujer sin rostro no era solo una magnífica farsante, sino también “un síntoma de su época”, la tesis central de su libro: Mar de Marchis se abrió paso cuando el periodismo a la antigua se venía abajo y las redes nos enseñaban a desdoblar nuestras personalidades con una naturalidad inquietante.

“Entendió que venía una crisis salvaje y que iba a ser una oportunidad increíble para alguien como ella, sin pedigrí ni currículum”, dice el autor del libro

“Mar encarna la idea del anonimato, de los filtros, de la posibilidad de ser otro y maquillarse digitalmente. Entendió, como esos animales que presienten los terremotos, que venía una crisis salvaje y que iba a ser una oportunidad increíble para alguien como ella, sin pedigrí ni currículum”, sostiene Verdú sobre su objeto de estudio, procedente de una familia con varios negocios en la costa alicantina, sin contactos con los círculos del poder. “Hacia 2011, las crisis, las redes y el 15-M produjeron una ilusión: que internet podía derribar jerarquías, abrir puertas y permitir que cualquiera, desde su casa, se convirtiera en quien quisiera. Pero el viejo mundo no terminaba de morir y el nuevo no acababa de nacer. Y es ahí, como decía Gramsci, donde surgen los monstruos. Esos monstruos somos nosotros. Y Mar también fue uno de ellos”.

Verdú conoció a la directora de Jot Down relativamente tarde, en 2018, cuando ella se acababa de mudar a Roma, donde él ejercía como corresponsal. Nunca se conocieron, pese a vivir a pocas calles de distancia, ni fueron amigos íntimos, pero mantuvieron correspondencia telemática durante tres años, hasta que ella enfermó. Eran conversaciones de vecinos —recomiéndame un restaurante, cómo les va a tus hijas en el colegio— y, al mismo tiempo, parte de una maquinaria más amplia, digna de un servicio de información. Como relata el libro, la fundadora de Jot Down sabía escuchar, sonsacar y acumular datos personales, que luego redistribuía con cómica desenvoltura entre un sinfín de interlocutores.

Signo de los tiempos

La cabecera nació siendo una anomalía, con su aire retro, sus fotos en blanco y negro, entrevistas interminables con grandes personalidades —de Figo a Annie Ernaux— y un aire de sociedad secreta para lectores que se sentían más inteligentes que la media. Con sus defectos, que el tiempo ha vuelto más visibles, la revista recuperó el placer de la longitud cuando las redacciones empezaban a medirlo todo en clics. Ofreció espacio a periodistas, escritores y fotógrafos que no encontraban sitio en los medios tradicionales, ya fuera por su juventud o su senectud. Y, entre textos necesitados de tijera e imágenes impresas a un solo color, supo generar algo tan difícil como el prestigio. “Hubo un momento en que parecía que, si querías pintar algo en el periodismo, tenías que escribir allí. Si no te había llamado Mar, no eras nadie”, admite Verdú, que nunca llegó a publicar en la revista, pese a la insistencia de su directora.

La bola no es una investigación ni un retrato biográfico al uso. Su gran hallazgo consiste en convertir a Mar de Marchis en el reflejo de un tiempo determinado: el de la crisis de una prensa que dejaba atrás el lucrativo modelo del siglo XX, el derrumbe simbólico de las grandes cabeceras, el auge de las redes sociales como ágora y la erosión del concepto de verdad. Sus reflejos en el libro son múltiples y siempre un poco borrosos. “Fui construyendo muchas imágenes de ella, que es lo que ella misma provocaba”, confirma. Habló con casi 80 personas que la conocieron en distintas etapas. Algunas llegaron a verla, pero ni siquiera sus descripciones coincidían del todo. “Mar era como un caleidoscopio: proyectaba algo distinto para cada cual, según lo que cada uno necesitaba”. Si existe una verdad sobre este personaje digno de una novela posmoderna, no cabe duda de que está hecha de versiones distintas, recuerdos incompletos y narradores poco fiables.

Antes de llamarse Mar de Marchis tuvo otros nombres, todavía identificables en viejos foros de aquel primer internet social en el que, escribe Verdú, “la dirección IP era ya la única forma de identidad real”. En ese neolítico de las redes —el paleolítico terminó cuando empezamos a poder opinar a diestro y siniestro—, cuando aún se podía desaparecer tras un nick sin dejar demasiados rastros, Chus aprendió algo decisivo: a administrar encanto, autoridad y deseo desde el otro lado de la pantalla. En esos espacios abundaban personalidades arrolladoras, pero con vidas socialmente deficientes, que encontraban por escrito una seguridad que no sabían demostrar en la calle. “Ahí aprende a descifrar a la gente sin tenerla delante, a detectar muy rápido sus debilidades, los temas de conversación que funcionan, la función del humor”, explica Verdú.

Aquellos cenáculos, añade, eran “foros de tíos”, con tres mujeres por cada 40 varones: un laboratorio involuntario de la fragilidad masculina. “Mar era especialista en hombres vanidosos. Es decir, la mitad de la población mundial y todo el gremio de periodistas”, escribe Verdú. La cámara de resonancia de Twitter haría el resto. Allí se convirtió, según el autor, en “una community manager casi antes de que existiera esa profesión: desbordante, deslumbrante, rápida y divertida”.

Dos hemisferios derechos

De Marchis trasladó el modelo de la virtualidad al mundo físico. No se presentaba a las citas, no aparecía en las comidas, dejaba plantados a grandes directivos y hasta al entonces director de EL PAÍS, Antonio Caño, quien la consideró una de sus principales confidentes. Así podía seguir siendo muchas cosas al mismo tiempo: abogada londinense y aristócrata italiana, confidente nocturna y amante imaginaria, niña herida y personaje solipsista de un reality de los dos mil, de esos que hablaban de sí mismos en tercera persona. Enric González, con quien mantuvo una relación de íntima amistad, decía que era como si su cerebro tuviera “dos hemisferios derechos”: no se le podía exigir demasiada lógica. Por su parte, Toni Garrido la define como una figura “muy levantina, como una mascletá que lo abatía todo”: puro ruido, exceso y espectáculo, aunque al final solo quedaran humo y cenizas.

Verdú la tilda en el libro de “hembra alfa”, una figura de mando en un ecosistema muy masculino. Mar no entraba en las reuniones, pero aconsejaba, sugería, vetaba, empujaba y zanjaba desde el exterior, instalada en el interior de cada teléfono, ya entonces convertido en el centro de nuestras vidas. Allí se comunicaba con cierta bulimia. “Todo el mundo cuenta que era como si no durmiera”, dice Verdú. “Algunos colaboradores dicen que podía llamarlos a las tres de la madrugada o escribirles a las cinco. Se ponía a hablar como si no hubiera habido interrupción. Las cosas no empezaban ni terminaban con ella. Era una maquinaria en marcha”.

“Era divertida, pero parecía una mujer triste y con el cinismo típico de las personas románticas estropeadas por la vida“, apunta Marta Peirano

Quienes trataron con ella lo confirman. El escritor Patricio Pron solo habló con Mar por correo electrónico y jamás la vio en persona: “Escribí en la revista durante su primer año, pero hace tanto tiempo que es como si le hubiera pasado a otra persona, en otro país”. La periodista Marta Peirano, fichada como colaboradora porque Mar era fan de su blog, recuerda una comunicación invasiva, seductora y siempre telemática: “Compartía fotos de sus animales, sus casas, sus vacaciones o el hospital, pero también pantallazos de conversaciones ajenas, y parecía saber siempre dónde estaba cada uno y con quién. Era divertida y le gustaba enredar, pero parecía una mujer triste y con el cinismo típico de las personas románticas estropeadas por la vida. Me apenó mucho su muerte”.

La escritora Laura Ferrero, que sí llegó a verla algunas veces, recuerda a una mujer “frágil, vulnerable, algo asustada”, con una sensibilidad especial para detectar cuándo alguien no estaba bien. “No puedo decir que conmigo se portara mal. Al contrario, creo que siempre quiso ayudar. Pero tenía una manera de hacerlo que, quizá por cómo soy yo, no siempre me resultaba cómoda”.

Patos sobre una moqueta psicodélica

La bola también es una historia cultural del periodismo español de las últimas décadas, de los efectos de los ERE en los principales diarios, el desgaste de su patrimonio simbólico y el resentimiento comprensible de quienes quedaron fuera, seducidos de golpe por la aventura digital. Jot Down solo pudo nacer en medio de esa tormenta perfecta. La salida de Enric González de EL PAÍS, con un texto ya mítico publicado en la web de la revista cultural, es una escena fundacional: el periodismo a la antigua se viene abajo y una cabecera digital dirigida por una mujer invisible recoge parte de los escombros.

Ahí llega el giro más inesperado: Jot Down Smart, un suplemento mensual distribuido entre 2015 y 2019 con EL PAÍS, lleno de firmas históricas despedidas tras el ERE que volvieron a entrar por la puerta grande. Para sellar el acuerdo, Mar ordenó llevar 20 patos a la sede madrileña del diario, un guiño a la primera portada, con James Gandolfini rodeado de esas aves, como sucedía en Los Soprano. Cuentan que los patos mancillaron la vieja moqueta psicodélica de Miguel Yuste, que sería retirada poco después. Pero el colofón fue aún más surrealista: otra sesión fotográfica mostraba a Juan Luis Cebrián, entonces presidente de Prisa y primer director de EL PAÍS, convertido en Darth Vader, retratado con su consentimiento como villano galáctico.

Cuando, en junio de 2017, un artículo de El Confidencial reveló la identidad real de Mar de Marchis, su precario imperio pudo venirse abajo. Se supo que no era quien decía ser, que las fotos ligeras de ropa que enviaba a algunos interlocutores no eran suyas sino de una amiga del pueblo, y que su biografía estaba repleta de embustes. “Y, sin embargo, no pasó nada”, dice Verdú. “Todos seguimos creyendo en esa ficción, porque eso era lo que queríamos. Hay un momento en que la verdad se sustituye por una forma de devoción”. El capítulo dedicado a la mujer que le servía de modelo resulta fundamental: suyo era el cuerpo utilizado para retratos que hacía pasar como propios, cómplice y víctima a la vez de un espectáculo que no siempre fue ligero ni gracioso.

Tras la revelación, De Marchis intentó controlar el relato y aceptó conceder la única entrevista de su vida a Vanity Fair. Braulio García Jaén, hoy periodista de EL PAÍS, se sentó con ella durante cinco horas y media en una casa prestada en el monte Igeldo, en Donostia, en una conversación nocturna que tuvo algo de psicodrama. El gran reportaje que imaginaba acabó en una pieza breve, neutra e informativa. A Mar le pareció demasiado corta y factual. Ella sabía que llevaba una novela dentro.

Un libro sin ficción

Como en los libros de Emmanuel Carrère o Javier Cercas, que cuenta con un cameo en el libro, la investigación avanza mientras muestra la posición moral del narrador, convertido en un personaje más, discreto pero siempre presente, y que se abre al lector exponiendo fragmentos de su vida y puntos de conexión con su protagonista. Verdú y De Marchis se rozaron, a lo largo de sus vidas, en dos puntos geográficos: en los pubs de Santa Pola, donde pasaba los veranos el autor con su familia paterna, y luego en Roma. El autor insiste en que en el libro no hay ficción. “Me puedo haber equivocado o puede haber alguna imprecisión, pero la idea era que toda la información procediese de fuentes reales. Incluso cuando atribuyo a Mar pensamientos o estados de ánimo, nunca los invento: proceden de testimonios, grabaciones o escenas contrastadas”, afirma. La bola se escribió sin la colaboración ni la autorización de la familia de Mar de Marchis ni de su entorno, opuesto a la publicación.

Al cerrar las páginas de este libro lleno de claroscuros y recovecos, la pregunta es si el autor lo terminó con la sensación de haber resuelto un misterio. “No. Diría que he hablado más bien de cómo ese misterio nos deslumbró”, responde Verdú. “He resuelto el misterio de una generación y de un momento, más que el de la propia Mar”. Tiene razón: La bola no es tanto la historia de una impostora como el relato de quienes se empeñaron en creerla.

La bola, Daniel Verdú, Alfaguara, 2026, 224 páginas. 20,90 euros.

III

El pelotazo de La Bola, en El País, Luz Sánchez-Mellado, 11 jun 2026:

Más que la trifulca sobre el libro de Daniel Verdú, me interesa la cabeza de una mujer que se hizo pasar por otra, y los sentimientos de aquella cuyo cuerpo utilizó para sus fines

En la memoria física —y digital, si no las han borrado— de algunos de los periodistas más influyentes de España se alojan fotos de hace 20 años de una rubia de ojos verdes de Santa Pola, Alicante, ligera de ropa. No es modelo, aunque pudo serlo. Ni miss, aunque se lo propusieron. Ni influencer, porque aún no se había acuñado el término. Es, al menos era, peluquera. La empleada de un salón de ese pueblo de playa que iba a atender a su casa a Chus, una vecina de posibles cuya agorafobia le impedía salir a la calle, y de la que se hizo tan amiga como para dejarle que le hiciese fotos íntimas sin saber que acabarían donde acabaron.

Chus era María Jesús Marhuenda Irastorza, Mar de Marchis o La Bola para el mundo mediático. Una mujer sin padrinos que se creó un nombre y una vida tan falsos como real fue su talento y su carisma para reunir a cierta crema del periodismo en torno a Jot Down, la revista que creó de la nada. Y la bella peluquera fue la imagen que eligió para presentarse, y embaucar, a ciertos hombres a los que ansiaba captar para su proyecto, porque, por lo que fuera, no consideró conveniente enviarles las fotos a las mujeres, igualmente brillantes, que sedujo para la causa. Pelotazo, ¿no?

Confieso que yo, periodista que no se entera de nada, me he enterado de todo esto leyendo, mejor dicho bebiéndome, La bola, el flamante libro sobre el asunto de mi colega Daniel Verdú y del que todo el quién es quién del periodismo habla estos días. A ver, tampoco soy una ameba. Claro que hace 20 años se cotorreaba en los pasillos de este y de otros medios sobre quién estaba tras aquella revista que a algunos les fascinaba, a otros les empalagaba y a otros les daba lo mismo.

Andan algunos gallos enzarzados en las redes sobre si el libro es un retrato fiel o un relato de parte. Más que esas trifulcas, me interesa y me conmueve la cabeza privilegiada y probablemente maltrecha de esa mujer que creyó conveniente, puede que hasta necesario, adoptar una identidad y un aspecto distintos del suyo para obtener sus objetivos. Y, sobre todo, los sentimientos de la mujer cuya cara y cuerpo utilizó a tal fin sin su consentimiento. Mar, llamémosla así porque así lo quiso, murió en 2022 a los 54 años, después de que otro periodista que hizo su trabajo la desenmascarara y rompiera el hechizo. La peluquera, supongo, sigue tiñendo y cogiendo rulos a las señoras del pueblo. Ahí está el pelotazo de La bola, el libro. En desentrañar una realidad que, como casi siempre, supera a la ficción de lejos. Hombres erotizados por el talento, el carisma y la belleza de las mujeres, y mujeres que utilizan sus armas, aunque sean de otra, para lograr de ellos lo que quieren, y conseguirlo, ha habido siempre. Nada nuevo bajo el implacable sol de Santa Pola. Ni del mundo.

IV

‘La bola’: el engaño más fascinante del periodismo español, podcast en El País, Jimena Marcos, Madrid - 21 jun 2026:

Daniel Verdú reconstruye el mito de Mar de Marchis a partir de la red de colaboradores que ayudó a tejer en Jot Down

Cualquiera que estuviera en Twitter entre 2012 y 2017 se cruzó alguna vez con La Bola, una cuenta que tenía una bola ocho de billar y que estaba vinculada a la revista cultural Jot Down. Una revista que nació en 2011 y se convirtió en un referente gracias a sus grandes firmas y sus fotografías en blanco y negro.

Detrás de esa cuenta y de esa revista estaba su directora, una figura envuelta en misterio a la que nadie había visto en persona. Solo se conocía su voz y unas fotografías de una mujer rubia de ojos claros que fascinó a periodistas, escritores y directivos.

La Bola (Alfaguara) es también el libro que acaba de publicar Daniel Verdú, una reconstrucción de la historia real de Mar de Marchis, una supuesta abogada que representaba a jugadores de fútbol, que vivía en Londres y que terminó convirtiéndose en uno de los mayores enigmas del periodismo cultural español.

Entrevista en el podcast [por corregir]

Capítulo 1: El fenómeno de 'La bola' y Twitter

Cualquiera que estuviera en Twitter entre los años 2012 y 2017, seguro que se cruzó alguna vez  con la bola. La bola era una cuenta de Twitter que tenía una imagen de una bola 8 de Villar y que además estaba vinculada a la revista Jotdown, una revista que nace en 2011 y que se convirtió en un referente eh gracias a sus grandes firmas y a esas fotografías en blanco y negro tan icónicas. Detrás de esa cuenta y de esa revista estaba su directora, una figura envuelta en misterio a la que nadie había visto nunca. Solo se conocía su voz y unas fotografías de una mujer joven, rubia, de ojos claros, que había embaucado y fascinado a periodistas, escritores y directivos. Y la bola es también el libro de Daniel Verdú, una reconstrucción de la historia real de Mar de Marchis, que era una supuesta abogada de jugadores de fútbol que vivía en Londres y que terminó convirtiéndose en uno de los mayores enigmas del periodismo cultural español. Hola, Dani.

Capítulo 2: El retrato de una época digital

Hola, Jimena. Tu libro acaba de revivir bastante con en Twitter con toda la conversación que se ha generado a raíz de la publicación del libro. Sí, la verdad es que ha tenido bastanteido bastante guirigay y es interesante porque yo creo que funciona como epílogo del propio libro, ¿no? Como casi un viaje en el Orean a ese momento que describe esta historia que en realidad no es una biografía ni es una historia solo sobre esta sobre esta persona, sino que es un retrato de un tiempo muy particular. probablemente empieza en 2011 y todavía no ha terminado del todo y es cuando cuando eh aparecieron pues pasó todo aquello, las revueltas las primeras árabes, eh aparecieron las redes sociales en su esplendor y internet tenía ese aura todavía de de progresismo de izquierdas y que pensábamos que podía podía ser un instrumento para cambiar ese mundo de ficción en el que nos habíamos metido con el tema de las hipotecas basura, las estafas, la política, la información, todo era mentira, ¿no? Y yo creo que a partir de 2011 pues nace se abre ese hueco en el que aparece muchísimas novedades, entre ellas la revista que Mar fundó, pero muchas otras publicaciones. Aparece esa generación que dimos en llamar Millennial, que probablemente es la generación más ingenua de la historia de las generaciones, ¿no? Porque porque no sé si es un insulto, Dani, o qué. [risas]

Bueno, yo yo creo que también soy millenial, pero pero sí, pero bueno, fue una generación que acampó en la plaza la Puerta del Sol, que pensó, en fin, que iba a cambiar las cosas y y que se y que le entregó toda su información biográfica y emocional a las redes sociales para que luego aquello fuera solo una ensoñación del algoritmo. Nació. Es verdad que éramos mucho más ingenuos en redes sociales, ¿no?

Capítulo 3: Internet y el anonimato

Hablábamos antes de empezar a grabar que no teníamos tanta percepción de la huella digital que dejábamos. Igual Jot Down y el personaje también de Mar de Marchis podría haber existido sin internet.

-No, no, [carraspeo] no sé quién el otro día Arcadi hacía un artículo en El Mundo y el título eh era una criatura de internet.

Bueno, creo que está es lo define muy bien, es hija de ese momento, es hija de internet y justamente todo el proceso que hay luego, pues bueno, para que para salir de ese anonimato es es una lucha contra contra esa desvirtualización que que es tan complicada cuando ya has nacido en un medio, ¿no? Como es aquel eh Mar de Marchis es un personaje, si queremos de ficción, un pseudónimo, un avatar, un vehículo, digamos, narrativo que construye María Jesús Maruenda eh más o menos en 2006 eh cuando entran unos foros por unos problemas médicos y biográficos que tenía, se ve obligada a quedarse en casa un tiempo y descubre esos foros, los protoforos que ponían las eh empresas de telefonía en ese momento para que la gente empezase a usar eh la DSL y la fibra óptica que ya estaba implantada. Y allí pues descubre todo un mundo nuevo, ¿no? Ese mundo del anonimato, ese mundo de también de ese de esa masculinidad, porque eran foros poblados al su 98% por hombres, ¿no? Y hombres también con unas características particulares, digamos, ¿no? Muchos de lo que a lo mejor ahora llamaríamos incels, pero también muchos otros que eran eh pues gente muy lista, muy muy que sabía mucho de algo, pero sí, sí, muy friky de de cosas. Sí, sí, sí, sí. muy erudita en en cuestiones muy concretas, pero luego quizá con algunos eh particularidades emocionales o o biográficas que le que le dificultaban salir de ese espacio virtual, ¿no?

Capítulo 4: Por qué las identidades falsas

Claro. Y esta figura que crea Mar de Marchis que empieza en este foro, em por qué llama tanto la atención, por qué nos interesan tanto estas figuras, esta este scatfish o estas identidades falsas y también si esto es una cosa que que hemos regurgitado los periodistas por pertenecer Mar de Marchis al al entorno del periodismo cultural. Esto interesa a todo el mundo.

Yo, hombre, yo creo que hay una universalidad en la historia que esa idea de de querer ser otro y de poder ser otro a través de ese vehículo. Hay esa idea de la impostura que nos un poco nos persigue a todos, ¿no? O sea, yo mismo en el libro de alguna manera también aparezco y no es por vanidad o yo creo, sino por también por expresar tus dudas y y mis miserias y decir, bueno, pues es que yo también hay cosas que en fin, que que no sé si estoy haciendo bien o no. y y entonces pues te puedes identificar con ese tipo de cosas, te puedes identificar. A mí me pasa a veces con es un poco punk, pero con el adversario de carrer, ¿no? Que pues esa idea de que empiezas con una pequeña mentira, en fin, porque no puedes decir que no has acabado la carrera o que no te han dado el aprobado en esa nota y aquello se hace una bola, como el título del libro, gigantesca de la que es imposible salir sin matar a toda tu familia y y a tu perro, ¿no?

Como le pasa al protagonista del adversario. Con lo cual son historias muy bestias, pero que de alguna manera te puedes sentir identificado porque al menos en el principio de esa construcción has estado ahí alguna vez, ¿no? 

-Totalmente. ¿Tú has acabado la carrera o es que nos estás diciendo que has metido una bola? [risas] No, creo que sí, pero a veces sueño que que tengo que volver a la universidad, voy al colegio.

Capítulo 5: La investigación de su identidad

Me muero. El primero en revelar públicamente la identidad de Mar de Marchis fue Alfredo Pascual. Es una persona que tú entrevistas además en el libro. Esa información salió publicada en El Confidencial en junio de 2017. Y le hemos preguntado a Alfredo cómo fue esa esa decisión de empezar a investigar a Mar de Marchis Bueno, pues yo llego, creo que a partir de, me puede traicionar la memoria, pero creo que a partir de de que hacen el acuerdo con el país para encartarlo y bueno, pues una conversación de periodistas típica, pues empezamos a hablar de que nadie sabemos quién es esta persona, sobre todo que nadie la ha visto, que era lo más sorprendente. Y bueno, pues ahí empiezo a tirar un poco del hilo y ah después de varios días preguntando ah veo y me dan una pista. No me acuerdo quién me dio esa pista, pero veo bueno que ella habla mucho en Twitter de de la isla de Tabarca y por ahí empiezo a eh preguntar a gente en Santa Pola un poco tirando el anzuelo a lo loco, hasta que eh hablando ya con muchas personas acabo haciendo un pequeño h digamos círculo en torno a ella diciendo, "Bueno, pues pueden ser esta esta o esta persona, pero ya no hay muchas dudas y al final eh, bueno, pues elijo una de los perfiles que me cuadra más y ahí ya es cuando empiezo a ver que que todo cuadra, que pues que ella es María Jesús Maruenda, que es una bueno, una persona de Alicante, Santa Pola, con una familia como dadilla. Tampoco voy a decir que son ricos, pero quiero recordar que tenían una discoteca importante. su hermano vende ostras. Bueno, pues una gente con cierto perfil en la ciudad.

Capítulo 6: La construcción del mito

Dani, ¿por qué empiezas tú a a interesarte por la figura de Mar de Marchis y por qué escribes el este libro? H bueno, a interesarme, yo creo que por lo mismo que todos, por ese misterio que había atrás ahí detrás, ¿no? Yo creo que que esa y que además ella supo cultivar muy bien y que es muy fascinante y magnético. Esa época 2014, 2015, 2016, pues corría el rumor de, claro, nadie la había visto, muy poca gente pues ir a una Siria desfigurada que si era la hija de Aznar, que era uno de mis preferidos.

Pensaba más Alejandro Agag ahí detrá,s moviendo los hilos.

Sí, sí. Arcadi Espada le dijo a Alfredo que tenía miedo que fuera Pedro Sánchez o Zapatero, no me acuerdo. [carraspeo] Uno de los dos. Sí, cada uno con sus neuras, ¿no?

Y y entonces, bueno, eso yo creo que a todos nos interesó mucho. Yo me acuerdo a veces de la a propósito de esto, el misterio, el capítulo aquel, no sé si os acordáis, de El joven papa, en el que él está con su directora de comunicación, eh, Judow, y en ese es un Papa que supuestamente viene después de de Francisco, ¿no? Es ese populismo extrovertido y mega expuesto todo el tiempo. Y ese Papa se empeña en volver a cultivar el misterio, ¿no? volver a hacia atrás a dar misa de espaldas y tiene esa conversación con la directora de comunicación que le dice, "Pero, ¿qué gilipollez es esa? Pero Santo Padre como tal, ¿no? Y él le empieza a enumerar quién considera que son los artistas más importantes del siglo XX, ¿no? Y le dice, "El escritor más importante, dice, no el mejor, el más importante." Y le dice Singer, ¿no? Alérgico a las fotografías, a la exposición, el grupo de música electrónica más relevante, Da Punk, ¿no? Los cascos puestos, ¿no? La cantante italiana Mina, tal, ¿no? El artista contemporáneo Bansky. Y entonces yo creo que es un poco un signo de los tiempos, ¿no? Yo creo que ella también entendió, como entendió muchas otras cosas por instinto antes que los demás, que que eso iba a ser una manera también de atraer la atención que probablemente no había tenido hasta ese momento.

Capítulo 7: La red de influencia en medios

Sí. Y en el libro haces no solo o en parte un análisis sobre quién fue Mar de Marchis, pero sobre todo ese círculo, esa red que tejió en torno a ella y trazas, creo que haces una analogía sobre el pintor y unos y unos cuadros, una especie también un poco de Rashomón, ¿no? Desde varios puntos de vista contar su relación que que mantuvieron con ella. Sí, yo en el libro, bueno, está construido de... Yo no era amigo de Mar, ni éramos vecinos.

Eh éramos, fuimos vecinos eh accidentalmente en dos ocasiones en Santa Pola, donde yo pasaba todos mis veranos porque mi familia paterna es de Elche y además teníamos... vivíamos a 50 m de de distancia. Y luego en Roma, donde yo era corresponsal, eh, donde me mudé en 2018 más o menos, a la vez que ella ella llegó un poco más tarde y entonces tuvimos esos dos puntos eh esos nexos biográficos, pero no éramos amigos, hablábamos de vez en cuando y eso fue un poco la relación que fuimos estableciendo. Entonces yo no tenía fotografías de ella ni la había visto nunca porque como con tanta otra gente ella se negó, pese a que yo pues le dije en algún momento, claro, lo típico que hacía todo el mundo, pues, si no quedamos, no me llames más. Bueno, pues a ella le daba exactamente igual, como es lógico, se lo había dado con el director de El País y con él y con Cebrián, ¿no? Se lo iba a dar conmigo, ¿no?, que era el pringado de su vecino, con lo cual eh no tenía elementos eh de imagen. Entonces, en uno de los capítulos cuento eso, ¿no? Con la historia de ese pintor toscano que encarga el retrato de de su amante y como debía ser un celoso patológico, a cada uno de los pintores, a 100 pintores, les da una descripción muy precisa de de cómo era, sin mostrarles ninguna imagen ni mucho menos enseñársela, enseñarla a su mujer, ¿no?

Creyendo que van a traer la pues eso, todos la misma la misma pintura y lo que sucede es que traen 100 retratos completamente distintos, ¿no? Y eso es un poco lo que le pasaba un poco a la gente con la que yo fui hablando y que no lo había visto y que había tratado con ella de una manera muy muy adaptable, porque ella de alguna vez, no sé quién me pregunta, ¿quién era Mar de Marchis? Bueno, como que cada uno podrá hacer una descripción y quien la conoció más o menos.

Eh, yo lo que intento contar también en el libro es que era un poco quien tú quisieras que fuera, ¿ya?

Y toda esa gente la describe siempre con una con un matiz, con una visión distinta, ¿no? Entonces, pues es como un poco un caleidoscopio que se va como las sirenas, ¿no? Como esos personajes un poco mitológicos de que cada uno es como es. Le pregunté a Alfredo también, Pascual, ¿cómo era su percepción de Mar de Marchis?

Capítulo 8: La realidad tras el personaje

Hay una gran diferencia entre la idea romántica que se crea en torno a esta figura, que es el motivo por el que yo voy a a investigar esto, y la persona con la que yo hablo por teléfono, que es una persona de Alicante, de mediana edad, en la que que en la conversación se nota que tiene ciertos ah desórdenes psiquiátricos, digámoslo así, es repite mucho, muchas cosas, no se acuerda de lo que te ha dicho hace 20 minutos insiste, es como muy eh muy obvia a [resoplido] la hora de intentar eh pues un soborno o un chantaje, no hay ningún tipo de de delicadeza.

Entonces, hm, pues bueno, yo al final al principio le tienes como más respeto y al final te das cuenta que estás hablando con una persona pues que no está muy en sus cabales pues por el asunto este de sacarla a la luz. Claro, yo he estado preguntando a quienes la conocieron, algunos de ellos y también leyendo tu libro, no sé si detectado, no sé si cierta indulgencia, pero un cordón sanitario, porque tú hablas de su inteligencia, su carisma, esta adaptabilidad que tenía para según hablar con qué personas, su capacidad también de leer a los demás, ¿no? Y detectar esas vanidades o grietas en el ego.

Pero sí que siento, Dani, que hay una protección en torno a la [carraspeo] figura de de Mar de Marchis. Puede ser, puede ser. Eh, puede ser que yo intenté construir el libro desde una cierta fascinación y sobre todo no quería que fuera un libro, yo no quería destruir a nadie ni quería entrar tampoco, que ahora hablaremos, supongo, en la parte más morbosa de los mensajes, de los de las fotografías, etcétera. Me interesaba menos porque no quería que el libro se quedase en esa parte, ¿no? me interesaba justamente un poco elevar al personaje, como te decía, como síntoma de una época, con lo cual yo no sé si es indulgente, eh, pero desde luego no he querido entrar tampoco en aspectos muy muy dramáticos, muy críticos de su propia biografía, que evidentemente conozco. En fin, material hay para hacer 14 libros y supongo que muchos más. Claro, otras personas que la conocieron también lo podían hacer, pero a mí justamente el enfoque que me interesaba era este, ¿no?

Ella como espejo justamente de de ese momento y de la gente con la que con la que trató, porque es un poco, yo creo, total la tesis del libro, ¿qué qué ocurrió en esos tiempos para que la gente se enamorara de un fantasma o o llegase a convertirla en una personas más influyentes de su círculo, no profesional? ¿Qué ocurrió?

Capítulo 9: La crisis de los medios

Pues ocurrió que había una crisis tremenda. Eh, los [resoplido] medios de comunicación estaban también muy desorientados, yo creo. Irrumpieron, como te decía antes, las redes sociales, nuevas cabeceras, pues te acordarás, B, Bashfit, Playground, que de repente empezaban a disputarle la hegemonía y la audiencia a grandes cabeceras como El País, incluso como el New York Times

Entonces, pues la gente necesitaba creer en cosas nuevas, necesitaba aire fresco y necesitaba, supongo, consuelo muchas veces, ¿no? esa y que te digan lo guapo que eres y lo alto y estupendo y lo listo que que tal. Yo a veces siempre lo comparo con la con la con el timo este de la de la señora que le llama el nigeriano haciéndose pasar por Brad Pitt y le ingresa 300,000 € o lo que sea, ¿no? Que dices, "Pero bueno, señora, ¿es usted [ __ ] ¿Cómo [ __ ] le ha ingresado ese dinero al nigeriano?" Bueno, pues es que yo creo que te tienes que encontrar en el papel de la señora y yo creo que esa señora fuimos nosotros un poco durante todos esos años, ¿no? Es una una sensación de soledad muchas veces y de unas necesidades que a veces, aunque tú sepas que lo que te están contando al otro lado del teléfono lo intuyas no es verdad, casi prefieres escucharlo que que desmontar el desmontar el invento.

Claro, pero nadie se esperaba que una de esas señoras fuese el director de El País, Antonio Caño. Eh, ¿cómo pasa? Esto era la confidente un poco de de caño.

Bueno, ella tuvo ella, pero no solo caño, eh, es que decir, ella tenía ahí lo directo con con los directores de todos de la mayoría de periódicos de esa época, de El Mundo, de El Confidencial, de David Jiménez también lo ponía en que en red social. Eh, bueno, pues un poco es fruto de eso que te cuento, ¿no? De esa de esa también esa necesidad de asociarse con nuevas marcas e que tenían un poco la que era un poco la piedra roseta de los secretos de esa generación que supuestamente era una generación que iba a consumir periódicos y Marcas a puntapala, ¿no?, que era la generación de los millennials. Yo creo que muchos pensaron que, bueno, estando cerca de ese tipo de personajes, pues podrían sortear mejor eh las inclemencias del temporal que estaba llegando. Y de hecho eso hizo también un poco que se sostuvieran el tiempo porque al final Playground, Bastfit y Bikes desaparecieron y ella supo jugar un poco al al juego del poder hegemónico cultural y que había mucha sociabilización masculina, endogámica en esos circuitos. Ella entró y se posicionó de una forma como clásica, ¿no? De entrar en los medios tradicionales.

Clásica, que quieres decir, bueno, eh, no funcionaba igual que el mundo perdona, que B, que Bastfit, que Playground, que igual formaban más más parte de del circuito y del entorno digital que estaba dirigido a un público más joven, que decías tú, los millennials. [carraspeo] Y ella, sin embargo, hizo muchas redes con cabeceras de periódicos importantes, los directivos que hablamos importantes y sobre todo con una red de periodistas que estaban en un circuito cultural muy determinado, no sé si llamarlo escenita, pero sí que se generó, que se sigue generando y además que que este mismo periódico luego ha absorbido a muchos de los periodistas que participan en Jotdown, o sea, que que ella consiguió meterlo un poco en la rueda de la clásica. Sí, sí, yo creo que ella tuvo ella la publicación, como les pasó también a otras publicaciones, se nutrieron de dos de dos eh fenómenos generacionales que ocurrían a la vez.

Primero, eh esa gente joven que decíamos con mucho talento, que salía de las universidades, que no tenía el lugar donde publicar y que le habían dicho siempre que que entrar en un periódico era una misión imposible, tenías que hacer 14 másteres, hipotecar la casa de la playa y y aún así eh iba a ser complicado que te quedases más allá de las prácticas. Entonces, de repente aparecen una serie de medios en los que hm además medios con con una visibilidad que es es un poco la moneda con la que se pagaba en aquella época, ¿no? Si no tenemos mucho dinero, pero tendrás visibilidad y eso pues bueno, eh que si te asociabas a ellos y empezabas a publicar ahí, pues bueno, era un pasaporte y era un trampolín y además era verdad porque ocurrió en Jotdown y ocurrió en muchos otros sitios, en Playground, por ejemplo, también hay mucha gente que salió de ahí y hoy pues escriben en este periódico o escriben en otros lugares y y pese a las quejas o solo que puedan tener respecto a aquel periodo, les ha ido relativamente bien porque ese talento era real y la exposición también lo fue. Y por otro lado, eh había otra generación en las antípodas que tenía 55 años y que salió despedida de los seres que se producían en esa época en los en las grandes cabeceras, ¿no? En El Mundo, La Vanguardia, en El País, en la SER. Era un momento dramático para los medios de comunicación. digamos, tradicionales y toda esa gente h de alguna manera también busca un sitio donde reivindicarse y decir, "Bueno, se han equivocado conmigo y lo voy a demostrar." y estaba dispuesto a hacerlo también por poco dinero, porque bueno, o porque podía hacerlo por dinera, porque tenía el dinero de los de leer en ese momento y porque también cuando tú quieres demostrar algo pues eh y tu orgullo, digamos, es lo que está en juego. Eh, ¿estás dispuesto a a a hacerlo por un valor, digamos, menor o por un intercambio menor económico.

Claro. Entonces, bueno, yo creo que ahí se juntaron esas dos fenómenos y por un lado estaban esa gente joven y por otro lado un poco es esa esos grandes periodistas, yo que sé, pienso Ramón Lobo, por ejemplo, ¿no?, que salió de este periódico de propio Enrique González, que fue uno de los eh también artífices de de la revista y sobre todo uno de los de los avales eh que tenía también Mar para para llamar a determinadas personas y que se pusieran al teléfono y aceptasen participar en el proyecto.

Claro. Hemos hablado mucho de la socialización masculina, de cómo había muchos hombres colaboradores implicados, pero también aparecen mujeres, había mujeres colaborando en Jotdown y de hecho tú has hablado con algunas de ellas. ¿Cuál era la opinión que tenían ellas de de Mar de Marchis?

Capítulo 10: La fragilidad del personaje

Bueno, pues es curioso porque porque la visión de las mujeres muchas veces era menos eh fascinada y menos mitológica y veía más a la persona que había ahí detrás, ¿no? contaba Laura Ferr hace poco, eh, pues bueno, muchas otras mujeres que aparecen ahí, Isabel Coixet, Silvia Sé eh veían a una persona mucho más vulnerable, más frágil, eh, con una vida complicada y que probablemente más que para seducir o para amasar poder, eh, todo ese proceso, ese viaje, digamos, biográfico de ficción, eh, respondía a una necesidad de de encontrarse a ella misma de una forma más saludable más eh más aceptable. 

¿Y tú crees? Porque una de las cosas que yo me preguntaba es como una figura como Mar de Marchis que tampoco estaba metido en el circuito cultural de Madrid. Ella era de Santa Pola. Ha venido una familia de clase medio medio alta, pero no estaba metida, ¿no? En esa elite, no sé si llamarla elite intelectual, pero bueno, en el circuito, ¿no?, el cultural de Madrid. Y podría haber entrado ahí si no llega a ser por la farsa...

Bueno, es muy difícil decirlo, ¿no? Y puede ser injusto también. Eh, es difícil, es complicado que lo hubiera conseguido. Eh, como sabes, es un medio bastante hermético en el que o tienes unos padrinos o tienes una trayectoria o tienes un libro en el mercado o tienes... en fin, es complicado, ¿no? Pero es que ella misma la entrevista que la única entrevista que dio a Vanity Fair, a Braulio García Jaén, que es nuestro compañero aquí en El País, se lo dijo.

Si yo hubiese dicho que me llamaba María Jesús, que vivía en Santa Pola y toda una serie de datos biográficos que no, digamos aportaban gran brillo al personaje, nadie me hubiera cogido el teléfono, ¿no? Con lo cual probablemente mejor que yo lo lo respondió ella. Pues mira, le hemos preguntado a Braulio también que que le contó y y que también qué vio de ella, ¿no? Y esto es lo que nos dijo.

A mí la impresión que me dio, la que recuerdo, fue la de alguien, bueno, personalmente encantador, muy amable, inteligente, muy rápida y, bueno, al mismo tiempo también que le gustaba dar a entender más cosas de las que luego le gustaba explicar, ¿no? lo que ella me explicaba sobre la importancia que para ella tenía, las fotos que había enviado a muchos de sus contactos, de sus colaboradores, pues me pareció que no tenía tanta importancia en el método, ¿no? Y desde luego luego supe y sobre todo eh Dani en La Bola lo ha lo ha expuesto con mucho pulso y con mucho rigor. Ese método fue eh esencial para reclutar a muchos de esos colaboradores y para mantener el interés en las colaboraciones.

Las fotografías ya vamos al lío, al merengue. Las fotografías que ella enviaba eran de su peluquera Aurora. ¿Cómo llegas a ella? Bueno, había creo que mandó muchas fotografías y de en fin, de todo tipo. Hay gente que cuenta que también había algunas fotografías que eran prácticamente de un banco de imágenes y se veía un cursor, digamos, a veces y tal, ¿no? Pantallazo, ¿no? Sí, sí. Pero bueno, un poco también esa línea de de ver al mago de OZ y volver a correr la cortinilla y decir, "Yo no he visto nada".

Eh, pero sí, una gran parte de esas fotografías eran de una persona que que vivía en Santa Pola, que vivía en Santa Pola y que le cortaba el pelo en su casa y a la que le hizo fotografías durante bastante tiempo y y que luego utilizó para para como como máscara o como avatar prácticamente para acercarse a determinados personajes masculinos de del sector.

A mí hay una cosa que me que me flipa del libro. Hay un parrafito increíble que dices Chus, que así es como llamaban a Mar de Marchis. Le había comprado ropa interior a a Aurora, la peluquera y se la dejó ahí encima de la mesa envuelta en el papel de seda rosa de la tienda. ¿Por qué Aurora dejó tanto tiempo que la fotografiara y que incluso pues vendiera sus fotos? Porque luego aparecieran en una valla publicitaria o que la repartiera por el entorno de los periodistas. Eh, bueno, yo creo que como ocurría mucho también con Mar, cada uno encontraba su espacio para satisfacer sus necesidades del momento y yo creo que establecieron una relación de amistad eh y de cariño en [carraspeo] la que pues Aurora aceptó que esas fotos se hicieran, evidentemente, sin saber eh el [resoplido] alcance total de de lo que iba a ocurrir y probablemente Mar abuso de esa, de esa, de ese cariño y de esa amistad.

Pero tú hablaste con ella, te dijo que se sentía eh un poco agredida o presionada o no lo sé.

La verdad es que no. La verdad es que no me no me no me lo dijo ni tuve esa sensación. Me probablemente ella tampoco la había reflexionado en profundidad ya. Y al hablarlo, mientras lo hablábamos, quizás sí se empezó a dar cuenta de que de que todo aquello había sido exageradamente difundido, ¿no?

Ya.

Eh, pero bueno, aún así te de decir que el recuerdo que ella tiene es eh cariñoso. No había hablado nadie con ella hasta que llegaste tú, ¿eh? O sea, ella era consciente de la figura de Mar de Marchis. 

Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí. Ella ella lo sabía, lo supo en algún momento cuando todo ocurrió, cuando salió la noticia de El Confidencial y de la entrevista de Braulio, eh Mar avisó a Aurora ah, para que estuviera al corriente de de lo que de lo que estaba pasando. Y entonces sí supo algo y charlaron, ¿no? Aurora lo que le extrañaba muchas veces, me contaba también en la alguna vez conversación que habíamos tenido es ese cambio de nombre, porque claro, eh me encanta que todo lo que [risas] de las fotos en Bragas y en ropa interior, Aurora le sorprendió que se llamara Mar de Marchis y no Chus, ¿no?

Bueno, es que las fotos en teoría eran eran eran eran para para unos books. Mar era una apasionada de la fotografía, eh, era muy buena fotógrafa, además, y [resoplido] y el argumento que utilizaba con Aurora era que esas fotos iban a ser parte de trabajos eh para cursos y para premios a los que se presentaba y para algunos books que estaba haciendo, ¿no? 

Ya, hasta que Aurora pues encontró también alguna vez alguna fotografía suyo en una valla publicitaria.

En fin, eh [resoplido] sí, todo una exageración fuerte. Y luego también de vuelta eh hay fotos, ¿no? E tú lo dejas un poco entrever en el libro, pero sí que ha habido un excaborador de Jot Down que directamente lo cuenta en sus abstac de Marchis tuvo o que igual ahora sus hijos podrían tener un móvil lleno de de fotografías de carácter sexual de algunos periodistas.

Esto es tan así.

Sí, es así. Es así, es así. O sea, no sé que el nivel lo que se puede llamar carácter sexual, pero desde luego todas esas fotografías y todas esas conversaciones están almacenadas en los teléfonos y en los discos duros y en las conversaciones de de mar y todo eso está eso todo eso lo tienen su sus herederos.

Claro, Dani, es que entuyo [carraspeo] que hay una generación de periodistas ahora mismo en su casa y tras la publicación de tu libro y todo el revuelo que se ha generado que estarán un poco angustiados.

Bueno, yo creo que tampoco hay para tanto, ¿no? [risas] No, no pasa nada, ¿no? Yo creo que si al final también es un poco, es decir, cuando estábamos hablando de la peluquera, yo creo que sí es un capítulo que que roza el larguero un poco de lo de lo que está bien y lo que está mal. 

Mm. Lo otro, creo que forma parte de un teatro en el que más o menos todo el mundo sabía que formaba, que estaba participando y que tiene pues eh una cierta responsabilidad en hasta donde quiso quiso llegar. Eh, entiendo que sí. Me me ocurre a menudo que cuando o me ocurría cuando cuando estaba escribiendo el libro y hablaba con la gente y la llamaba, sí, muchas veces me me decía, "Espera un momento, ahora te llamo." Entonces eh luego muchos me confesaban que habían ido a mirar las conversaciones, hacer scroll hasta donde llegaban a ver lo que se habían llegado a intercambiar, ¿no? Y en función de esa de esa pues de lo que veían, pues el digamos que el nivel de de de profundidad de la conversación era uno u otro y sobre todo el nivel de de anonimato que exigían para la para la conversación. Claro, porque también nos hemos centrado en las fotos eh eróticas, pero también entiendo que habría un intercambio de mensajes bastante subiditos de tono que me estaba pensando ahora en en aquella famosa columna que le hizo famoso Manuel Hubo diciendo, "Hay más cuernos en un buenas noches." O sea, que la vulnerabilidad no es solo una cosa tan gráfica como una foto de tu pene, sino que también habrá intimidades muy muy fuertes. Y hay algo de, yo creo que no, decir, yo creo que reducirlo todo a una cuestión eróticofestiva y tal es bueno, tal y como yo veo la historia es una equivocación, ¿no? O sea, ni su influencia tenía solo que ver con eso, ni ese misterio o esa o ese secreto que cultivaba tenía que ver eh solo con el tema sexual o sensual, como quieras llamarle. Yo creo que tú de alguna manera cuando hablas con alguien que que sabes que no es real o que es un fantasma, que te prestas al juego de las confidencias nocturnas a determinadas horas, pasas a formar parte de ese secreto también, ¿no? Y no quieres eh es decir, ocurría le ocurría a mucha gente que mantenía esas conversaciones, pero con Maro, con muchos otros personajes de este tipo en secreto de sus familias, ¿no? Y no solo por lo que mandasen, que mucha gente no mandaba nada, ¿no? incluso recuerdo hablar con ella y hablabas de una manera en que bueno que de alguna manera pasaba alguien por detrás y movías un poco el móvil, ¿no? Y aunque no fuera nada particularmente comprometido, ¿no? Pero de alguna manera pasabas a formar parte de esa de esa ficción, ¿no? De esa novela y no querías ya que nadie le viera la tramoya cuando pasase por detrás del sofá. Pues vamos a escuchar a Alfredo Abraulio que hablan un poco también de la tramoya y si verdaderamente estos hilos y esta este envío de mensajes erótico festivos eh fueron tan relevantes para la revista o no. 

Capítulo 11: ¿Fue clave la seducción en el éxito de JotDown?

El éxito de J, creo que podemos hablar de éxito, tiene más que ver con una revista muy bien escrita, una revista que aborda temas pop ah desde una perspectiva intelectual, eh una revista [carraspeo] muy bien editada y eh estéticamente quizá una de las mejores publicaciones a nivel estético que ha habido en España en los últimos 20 años. Y creo que eh el JD eh gira en torno al prestigio y creo que este es el eh un poco más el motivo porque la gente quería escribir en Jotdown, no tanto eh las fotos desnudas de su fundadora, que yo al menos a a la gente que conozco que ha escrito ahí no las ha recibido. O sea, creo que [resoplido] bueno, que quizá esto eh tuvo que ver, tuvo que en un principio creo que esto funcionó para algunas firmas, pero eh yo no digo que estas firmas en absoluto fuesen extorsionadas.

Eh eh de hecho, eh cuando estuve haciendo el reportaje, quiero recordar que hablé, vamos, quiero recordar, no recuerdo, que hablé con con gente muy del entorno de Enrique González y de otros y y todos me decían que que no. La gente no estaba escribiendo ahí porque hubiera una foto de su pene en un disco duro y no creo que sea la base del éxito de JDN.

Y es que al final Mar también yo creo que eh ha sido un poco quizá el caso más sexy eh de un fenómeno que por otra parte es muy habitual en nuestra época y es esta figura, ¿no?, de del experto encubierto, ¿no?, que que bueno, independientemente de cuál sea realmente su oficio, actúa o opera ahí en una frontera difusa en el que bueno, h de hecho hay muchos otros casos incluso de de rabiosa actualidad, ¿no? Desde, bueno, pues los Leire, los Villarejo y Mar también era un poco así, ¿no? Y y esto tiene que ver, evidentemente, con la propia naturaleza de internet que permite pues actuar bajo detrás de un anonimato con múltiples identidades, mantener distintas conversaciones que sean además contradictorias entre sí, pero también tiene que ver con el momento histórico y político en el que vivimos, en el que yo creo que este tipo de figuras proliferan por razones de mucho más calado. Y al final Mar tuvo el talento de crear su propio referente.

Ella hablaba de Mar de Marchis y por eso Mar de Marchis existió, porque todo el mundo hablaba de ella.

Asentías totalmente. No, no es que Braulio como siempre lo explica todo, una nitidez deslumbrante. Es verdad. Y el paralelismo, aunque que sea una versión más casposa y cutre, eh, que la suya, que era mucho más glamurosa, la del aire, increíble, está bien traída, ¿no? Porque son esos personajes que no tienen influencia y sí tienen influencia, ¿no? Depende un poco, ¿no? de decir, "Este me ha dicho que ya sé que estás haciendo esto, que lo otro, ya sé que vas a ir y la mitad es mentira, pero de repente la construcción de esa mentira empieza a convertirse en verdad y como dice Braulio, empiezas a hablar de mar y entonces cuando empiezas a hablar de mar y que te ha contado esto, aunque no sea verdad, aquello ya es verdad y pasa a convertirse en jurisprudencia, digamos, de nuestra realidad. y eso así fue como construyó un poco eh la historia, ¿no? Dando a entender muchas veces cosas que de las que sabía un poco y no sabía nada, pero que acabaron convirtiéndose en en en hechos prácticamente probados, aunque no lo fueran, ¿no? Claro. Yo me preguntaba mucho cuál era el poder real de Mar de Marchis. 

Hay una escena, otra que me que me fascina de tu libro, que es la relación con Antonio Pelayo, este cura que que está investigado por la fiscalía por acusar supuestamente a un chico de 25 años que era como el embajador del gremio, consejero de la Obra Pía, una institución que tenía un descomunal patrimonio inmobiliario y que de alguna manera este hombre acogió a Mar cuando ya se fue a Roma. ella tenía buenas conexiones y podría ejercer ese poder eh con sus conexiones y desde el lugar en el que consiguió colocarse. Sí, sí. Bueno, hombre, yo creo que ya llega un momento en que es verdad que hay gente que no compra la película Mar de Marchis, ¿no? Y que en fin, que no le interesa y que no le hace ni caso, pero hay mucha otra sí lo hace. Y esa leyenda, digamos, o esa ese mito, pese a que ya en cuando ella se muda a Roma, ya es eh ya es una persona de carne y hueso, porque todo el mundo sabe quién es y cómo se llama y etcétera, ella sigue sin aparecer, sin mostrarse mucho, solo con algunas personas que va seleccionando. Pero ese mito sí que sigue generando fascinación. 

Y Antonio, Antonio es un personaje también increíble. [resoplido] Eh, Antonio Pelayo fue es corresponsable, es esos personajes muy a la romana que nunca que está en varios sitios a la vez y no sabes exactamente si es un espía del CNI, si trabaja para el Vaticano, si es periodista, si es sacerdote, que se pone y se quita la sotana. Es un tipo muy inteligente y muy y muy divertido. Es verdad que está atravesando un un problema judicial que que que el momento de escribir el libro estaba en en marcha y sigue así, o sea, que veremos cómo termina, pero que en todo caso fue la persona que la recibió en en Roma y es la mejor persona que te puede recibir porque es eh digamos eh el único capaz de descifrar esos claros culos que hay ahí. Y Roma, además, es una ciudad y el capítulo la parte de Roma empieza con una cita de Enrique González que habla de Historias de Roma, de su libro sobre la ciudad.

Sí. en la que dice eso que Italia es una es un país sin sin verdad, eh, [resoplido] el que fundamentalmente el criterio para para que las cosas sean reales o no eh lo mide la belleza que tienen, ¿no? Y eso yo creo que también marcó un poco a Mar para elegirlo como elegirla como destino, ¿no? Era un lugar donde esas matices, esa sfumature que dicen los italianos, ¿no? le permitirían eh digamos seguir desarrollando su personaje y probablemente irlo virtualizando poco a poco sin que fuera demasiado brusco. Y Antonio fue probablemente el eso, el Virgilio un poco que la que la llevó a través de ese de ese viaje al principio. Luego ya pues fue conociendo mucha más gente.

Tremendo. Bueno, te preguntaba también sobre eso, sobre la influencia que tenía, el poder que tenía. Hay un momento en el libro que aparece Alfredo recibiendo una llamada de teléfono de Mar de Marchis diciendo, "No publiques ese artículo." Y le pregunté también un poco cómo había sido esa conversación y cómo había repercutido en la redacción de El Confidencial

Capítulo 12: El poder real de Mar de Marchis

Y la sorpresa es que cuando empiezo a llamar a personas un poquito cercanas del círculo de Mar de Marchis, ahí es cuando eh Marchis empieza a moverse, llama a mi jefe directo que es Villarino, llama al director para presionar, pero obviamente a ver de Marchis tampoco podía ejercer ningún tipo de de coacción real. A mí me decía que me iba que me iba a cortar la trayectoria profesional con sus contactos. Me ofreció me ofreció hablar con con el que era el CEO de Prisa en su momento, que era Manuel Mirat, para entrar en El País. Bueno, en fin, una serie de 5 horas de conversación dan para mucho, entiéndeme se hicieron muchas eh ofertas. 

Ahí confirmamos que Alfredo Pascual sigue trabajando y que no trabaja para El País. No trabaja para El País ya tampoco para El Confidencial, creo. Pero pero no tiene que ver con ninguna decisión de Mar de Marchis. Eso es una, eso ocurre a menudo cuando tienes una, a mí me ha pasado con este libro también, ¿no? Pues cuando estás cerca de publicarlo, pues muchas veces la amenaza es esa, la vas a [ __ ] eh, vamos a sacar un libro que va a contar la verdad, ¿no? Como dice también ha contado el socio de Mar efectivamente que seguro que será superinteresante, pero pero la amenaza es esa, ¿no? Te vas a equivocar, tu futuro profesional va a estar en riesgo. Entonces, claro, un periodista esto pues le le afecta. A Alfredo claramente le dio bastante igual y tiró para adelante, ¿no? Y hizo bien porque era una historia eh de interés público. Yo creo que hay mucho debate en este en esta historia sobre si uno tiene derecho a a revelar la intimidad de una persona que no quiere que se revele. Eh, y también un poco que es, yo creo que esa idea atraviesa un poco el libro y porque a mí me perturbaba un poco a quién pertenecen las historias, ¿no? Eh, [carraspeo] a quién las vive, a quien las cuenta, a quien está cerca.

Yo creo que no pertenecen a nadie. O sea, esa relación eh tóxicoposesiva con un relato, eh esto es mío y lo voy a contar yo a mi manera, tú no tienes derecho. Eh me parece muy nociva, por supuesto, antiperiodística, pero también antiliteraria, ¿no? ¡Qué libros habríamos leído ¿no? si la gente pudiese decir quién puede escribir, qué y cuándo! Bueno, al final este es el libro de Daniel Verdú sobre La Bola, pero habrá muchos libros y muchas historias sobre sobre Mar de Marchis y sobre un poco lo que se esboza sobre Jotdown. ¿Qué te han dicho? ¿Cuál es la repercusión que ha tenido en los directivos de Jotdown? El bueno, el directivo que está ahora y también en la familia.

Bueno, este es un libro que eh cuando empecé a escribirlo, evidentemente, eh me acerqué a la familia [resoplido] y me acerqué a su socio eh actual, que es la persona que que que lleva la revista actualmente. Ellos no quisieron participar. Al principio sí hubo una cierta predisposición y luego fue una negativa en redondo, pero ya no solo a participar, sino a sentarse a escuchar lo que tenía que contarles.

Es decir, nunca supieron. A mí me extrañó un poco cuando salió, se empezó a anunciar el libro y ya había como ideas preconcebidas de lo que era y me extrañaba porque no ni siquiera pude sentarme a tomar una cerveza, un café y a decir, "Bueno, esto va a ser así, va a ser asá." Porque ¿qué esperaban que fuera? ¿Cuál eran esas ideas preconcebidas? Eh, uno siempre espera que las cosas sean peores, probablemente cuando se niega a verlas, ¿no? Eh, yo pienso que el libro no es un libro dañino para nada y pero es verdad que cuando tú no quieres que se cuente algo o no quieres que salga algo o que se haga algo, cuando se hace pues te cabreas, ¿no?

Entiendo, a mí también me pasará con otras situaciones y bueno, y ahora la, la, ¿cómo decir? la, la repercusión por parte de la revista, es decir, del socio.

Sí, porque al final también la revista [resoplido] eh qué es, ¿no? Eh, yo he hablado con mucha gente de la revista, te quiero decir, [carraspeo] estaba de acuerdo con el proyecto. Entonces, eh, ¿qué significa la revista? 

La cuenta de Twitter con alguien parapetado ahí detrás. 

Eh, bueno, no lo sé. Eh, creo que creo que es muy legítimo el cabreo, eh, o el disgusto o la incomodidad. Y creo que es muy legítimo también pensar que tú tienes otra verdad o que tienes la verdad y que eso está mal contado.

Y oye, me parece fantástico y y ya leemos otras versiones, pero insisto que este no es un libro ni sobre Jotdown, por supuesto, y [resoplido] será más interesante ver el que pueda escribir Jotdown sobre Jotdown.

Claro.

Y ni siquiera si me apura sobre Mar de Marchis, o no solo sobre Mar de Marchis, es un retrato de una época, ses una crónica de un momento y y es una manera de explicar eh probablemente el estado emocional en el que estábamos metidos en esos años. Claro, lo que se ha generado un poco como lo que decías tú de las diferentes visiones que tenía cada uno de Mar de Marchis, pues ahora todos tenían diferentes visiones sobre lo que era efectivamente Mar de Marchis y también Jot Down, que ahora en redes toda la conversación es si yo estuve o no colaboré, si conocí a Mar, si me mandó fotos, si no me mandó, nadie está ajeno de esta historia.

Sí, bueno, es normal. Yo yo yo, como te decía antes, eh, a mí lo que me flipa es esa, bueno, yo Twitter, por ejemplo, no lo hace un montón que no lo...., o sea, tengo la cuenta, pero no tuiteo desde hace mucho tiempo.

Toda la cosa esta de más que y tal fue muy decepcionante y ya era un poco lo que me faltaba para dejar de tal. Lo que pasa que es verdad que tengo la cuenta allí y a veces me sirve para pues para ver cosas de política francesa y cuentas a las que sigo. A veces todavía los políticos es increíble. que hayan criticado tanto toda esta cosa de los tecnoarcas y los movimientos de Musk y sin embargo sigan colgando ahí únicamente sus comunicados y tal, ¿no?

Entonces, pues te obliga a mantener un poco la cuenta. Yo estos días, fíjate, la aplicación ni la tengo en el móvil porque no me apetece estar mirando todo el tiempo y tal, ¿no? La consulto alguna vez, pero bueno, sí es verdad que es interesante porque es justamente la plataforma donde todo esto ocurrió.

Claro, en 2014 y en 2013 que todos hemos dado por muerta porque probablemente desde un punto de vista de la salud mental, de los contenidos y de la propia repercusión que tiene las emociones de la gente está muerta o debería estarlo, eh, pero ahora de alguna manera ha vuelto a revivir. Supongo que es como queda el pollo sin cabeza.

Ah, pensé que iban a aparecer como pollitos que cuentas tú la redacción de El País. Sí, sí, sí. Y además pasaba una cosa en aquel Twitter que tú dices ahora que no lo utilizas, pero sí que eh la primera conversación que tuviste con Mar que ella te escribió, ¿no?, con una foto de de Roma y luego Alfredo también me decía que se que igual ahora igual las generaciones más jóvenes no son conscientes de lo que se generó ahí, pero la gente encontraba trabajo, encontraba pareja, tenía colegas.

La [ __ ] Sí. Y además todavía Instagram, yo creo que no había despegado tanto. Claro.

Y parte de esa de esa parte de biográfica y de la intimidad que ha captado Instagram estaba todavía en Twitter, o sea, que reunía todo y luego para el trabajo periodístico era la [ __ ] ¿no? De repente tenías una furgoneta de distribución supersónica, columnas para columnistas frustrados, en fin, fotos para fotógrafos que no tenían donde publicarlas. Era increíble, ¿no? Incluso los grandes medios como el nuestro se apoyaron ahí como locos, ¿no?

Para poder aunque luego pues aquello fuera el sonido de la [ __ ] fuera monumental luego cuando fueron cambiando los algoritmos, ¿no? Pero sí, sí, fue increíble. Y lo de la huella digital, ¿qué dices? Es que creo que es también muy sintomático, ¿no?, que de muchas cosas que ocurrieron entonces sí que no pasarían ahora, ¿no? O sea, soy un paranoico también de según qué cosas mandas, pero yo no te hablo de de fotos delicadas, sino las fotos de tus hijos y demás, ¿no? O sea, que dices que ni en broma mando una foto de de mis hijas a alguien que no conozco, ¿no? Vete a saber dónde termina, ¿no?

Claro, yo creo que a raíz de este libro también mucha gente mandará, si no lo hacía ya, las fotos de los nudes, de los desnudos o las fotos explícitas como para ver una vez, ¿no? Ya hemos aprendido la lección.

Sí, sí, sí, sí, sí. Y no, y lo que te decía, el otro día, fue muy gracioso porque eh eh fuimos a vivir con Javier Del Pino y Javier, que fue muy generoso en ese sentido porque se expuso bastante, decía, "Joder, he empezado a leer el libro y lo primero que hice fue hacer scroll un poco de todo lo que había. Creo que había mandado, dice, y en un momento dado me detuve y ya no quise saber qué más había, ¿no?" Porque es verdad que quedaron flotando en esas conversaciones cosas eh alucinantes, ¿no? Porque además yo creo que mucha gente las borrabam pero en el otro lado quedaban intactas, ¿no? Con lo cual eso permanecía ahí. Bueno, hay una cosa interesante que supongo que también tendrá la hija o los herederos de Mar de Marchís, que es esa cuenta de La Bola, porque cuando uno muere e la las cuestiones físicas las heredan los hijos, pero claro, toda esa herencia digital de las cuentas digitales o se las queda Twitter o X en este caso o bueno, en el caso de Twitter, la cuenta que ella usaba es la que la que utiliza su socio ahora para promocionar la revista y y para colocar los artículos de la revista o para entrar en polémicas con autores de libros, pero sí que esa yo creo que tiene una función todavía profesional y en la cuenta de la revista en realidad quizás lo raro era que estuviera detrás de la cuenta de la revista, ¿no?

Haciendo de community manager, que era, yo creo, lo que se le daba mejor. Y luego tenía una, en su caso, tenía una cuenta de Instagram que a mí me sirvió también para el libro, muy muy poética de sus años en Roma eh donde hacía las fotografías que hacía también y luego ponía unos pies de foto estupendos y ahí contaba un poco ese momento de empezar a salir de ese anonimato, ¿no? Empezaba a retratar la gente con la que se veía y tal y a mí me fue muy útil y aparecen algunos extractos de esa cuenta que todavía sigue abierta y se puede ver. [risas]

Es interesante esto que decías sobre desvelar la identidad oculta de alguien, si teníamos derecho o no. Y y justo cuando lo estabas contando pensaba, bueno, si es Carmen Mola y son tres señores, dos, tres señores detrás, pero si [carraspeo] es Elena Ferrante, igual somos más precavidos con eso. En este caso, ¿por qué sí Mar de Marchis?

Yo creo que Mar de Marchis era un personaje público desde un momento en el que montó un medio de comunicación, en el que dio entrevistas, en el que tuvo una influencia eh considerable en muchos ámbitos que tienen que ver con nuestra vida y creo que su historia habla de muchas cosas que nos han ido ocurriendo a nosotros y funciona como esto como [resoplido] como el síntoma del que hablábamos. Ya creo que el interés está completamente justificado, no hay no creo que sea una persona común [resoplido] de la calle que no tuvo ninguna exposición en su momento. 

Ya. Y Dani, ¿crees que esto habría sido igual si hubiese sido un hombre y hubiesen sido mujeres las colaboradoras? No, en su mayoría las colaboradoras que que hubiesen intercambiado estos mensajes y fotos con el director de una revista.

Hubiera sido igual, a ver, hay que hay muchas cosas. O sea, yo creo que, por ejemplo, eh la historia de la revista y la historia suya es verdad que forman se entrelazan en el principio, pero Jot Down es un proyecto editorial que, como contaba Alfredo, funciona por sí mismo. Ha tenido gente buenísima escribiendo allí, la sigue teniendo. Hay gente que trabaja en la revista que cierto también ha participado en el libro. Fantástica, profesional, hecha a sí misma, además que no venían de este ámbito y lo han aprendido a hacer, con lo cual creo que son dos cosas diferentes. Es verdad que ella impulsó mucho al principio el proyecto con ese misterio y con esa capacidad para reclutar talento y firmas tal con los métodos que queramos, pero son dos cosas diferentes, ¿no? Y lo otro que me has preguntando, no me acuerdo qué era.

Bueno, en parte un poco si se habrían creado estas sinergias. No sé si la dinámica hubiese sido la misma si fuese un hombre directivo mandando fotos de un joven apuesto a mujeres. Sí, claro.

Hombre, no es qui decir esto no ha funcionado nunca en Navidad. No quiero decir, esa vanidad digamos femenina no va por esos cauces. Yo quiero decir, no digo que no exista, que existe ya también en proporciones elevadas, pero creo que es muy distinta la vanidad femenina que la que la masculina. Quizá probablemente sea un poco más complejo, pero bueno. Y también pienso que que la historia habría sido diferente y la repercusión habría sido diferente si se intuyera que que las fotos eran de mujeres en vez de fotopollas, fotocoños. Yo creo que habría periodistas mujeres que lo estarían pasando mal en este momento. Si hubiese sido al revés, digo, ¿quieres? 

Sí, si estoy todo el rato haciendo hipótesis. Sí, sí, sí. Pero pues no lo sé. Sí, probablemente sí. O sea, tú quieres decir que si circulas en fotocoños, como dices tú, eh, generaría más inquietud en las mujeres que no solo inquietud, sino una repercusión en su persona y en su trabajo, probablemente, ¿no?

Hombre, ha pasado un poco de lado.

Que circule tu fotopolla tampoco es un moco de pavo, no quiero decir que no no sé cuánta diferencia habría, pero desde luego la la ansiedad que te pueden producir tus órganos genitales en reproducirse en distintos teléfonos móviles. En fin, no sé si la conversación está yendo por un derrotero que no es exactamente el libro tampoco de esto, pero pero bueno, en cualquier caso, no no no no no sé calcular el nivel de ansiedad que puede generar, digamos, en un hombre o en una mujer.

Bueno, tú cuentas, cambiamos de tema y ya y ya vamos cerrando. Cuentas en el libro que recibiste la foto de Mar de Marchis y que la borraste. Hm. No me lo creo. 

Te lo prometo. Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí. Porque hubo un momento que no la tenía y luego pues eh pues lo típico, empiezas a hablar con muchísima gente, estás escribiendo el libro y la gente pues es muy maja y quiere ayudar. Pero yo hay un momento en el que también cambia un poco el chip del libro. Ya no es el libro, ya no es una biografía ni es eh una historia sobre ella. Y a mí no me interesa el aspecto que ella tenía, no me interesa el aspecto que la gente imaginaba que tenía, que es un poco lo que intento contar también ese capítulo que te decía, ¿no? No es un libro para desenmascarar más de Marchis ni para decir quién era, en fin; [resoplido] su nombre real aparece una sola vez y su descripción física diría que de forma completa ninguna.

A mí no me parecía lo más relevante eso, ¿no? Entonces, cuando me mandaron, yo quería construir un poco, o sea, meterme un poco en la cabeza de la gente que la había tratado y que se había fascinado por ella. Y la única manera era imaginarla, imaginarla a través de los ojos de esa o de la cabeza de esa gente, ¿no? Entonces, una foto rompía todo ese hechizo, digamos, y le ponía a cara y y me impedía un poco hacer ese viaje literario imaginativo, ¿no? Y para sentir esa fascinación, ¿no? Para construir el relato, ¿no? Y entonces llegó un día una foto, eh, me la mandó Isabel Coixet. Ah, interesante.

Sí. Eh, de esa ha quedado, porque cuentas también en el libro que quedaron Silvia Ces, Isabel Coixet y Laura Ferrero. ¿Es de esa de esa de ese día o era una foto? No, no, no era de una una noche en Roma y y esto que te hace el WhatsApp que cuando la recibes está borrosa.

¿Cómo sabías que era una noche en Roma? No, no, ahora te contaré, te contaré. Luego cuando terminé el libro eh, volví a y luego me fueron llegando muchas otras fotos y es verdad que sí que ahí ya no pude pararla tal y no sé qué, pero esa en concreto luego le dije a Isabel, y que me la volvéis a mandar ya cuando ya había terminado un poco el proceso este de...

Ah, vale. Cuando terminaste.

Sí, sí, sí. No, y ahora pues sí, ya las vi, pero en ese momento prefería, es que no quería contar quién era ella, quería contar cómo la veía la gente.

Ya, como la viste tú. [grito ahogado]

Bueno, eh, ¿sabes qué pasa? Yo tenía un poco; cada uno veía un poco lo que quería, y yo tenía esa presión de Santa Pola porque eran mis recuerdos de infancia y donde he sido muy feliz y donde descubres tus primeras cosas, y entonces pues yo muchas veces intentaba reconstruir situaciones donde a lo mejor me la había cruzado o la había visto y intentaba encontrar a esa persona, eh, que tampoco era lo correcto para la construcción del libro, pero si me preguntas en concreto es solo una visión muy residual y poco relevante para lo que es el libro, porque, como la vea yo, tampoco es interesante. Pues yo intentaba imaginarme a esa persona que con la que me habría cruzado tantas veces los veranos.

Qué guay. ¿Cuántas cosas eh te has dejado fuera? Porque una de las críticas que se te ha hecho o los comentarios es que te has debido dejar mucho salseo y mucho contenido fuera del libro. ¿Hay más páginas fuera de La Bola

Claro, hay mucho, es lo que te decíamos antes, si más gente escribe un libro y tal, pues pues por supuesto, o sea, en general ya los personajes son inabarcables, pero en este en concreto había muchísimas cosas que que a mí algunas pues no se pueden poner, eh, por muchos motivos legales o morales o otras pues no aportan nada a la historia probablemente que yo quería contar, pero sí hay muchas, en fin, pueden podía haber escrito tres libros distintos con lo con lo que había.

Daniel Verdú, muchas gracias y que vaya superbien la promoción y la venta del libro.