Muchos consideran la cuestión de la existencia de Dios o importantísima o baladí hasta el punto incluso de que se ríen de ella; pero lo cierto es que proporciona gran cohesión social y es, en esos respectos, una ventaja evolutiva, como otros símbolos o memes producidos por la cultura humana; el curioso Jorge Santayana, hombre de prosa admirable al que podría etiquetarse como un Borges con peluca dieciochesca, lo estima un tema apasionante que merece la pena disfrutar como el arte más refinado producido por el hombre. Ni siquiera el muy descreído de Feuerbach en sus poemas más terroristas llegó tan lejos. Yo, que sustento un interés mórbido por el tema desde que los curas maltrataron hace siglos mi más remota y jurásica infancia, quemándome en la hoguera de sus vanidades (que también venalidades y penalidades), he terminado al fin por volverme algo Santayana, o más exactamente, ignóstico (y no agnóstico) en toda la extensión del vocablo. Porque hay conceptos que tienen verdad, mientras que otros sólo tienen historia. La discusión sobre si Dios o el alma poseen alguna de esas dos cosas ha sido, históricamente, muy fructífera; pero como humilde ignóstico, para mí Dios es sólo eso, una discusión interminable e interminada que ansía conclusión. Cómo decía Cristo en un sueño a San Agustín, y le gustaba repetir a Pascal, "no me buscarías si no me hubieses encontrado". Desde luego, según Voltaire, una sola religión es insoportable y con dos hay guerra civil, pero en Inglaterra, donde hay treinta, existe paz. O sea, más o menos, como con la Política, una pseudociencia tan fundamentada como la Teología. Ya lo dijo Heine: "Dios me perdonará: es su trabajo".
Y, sin embargo, creo en Dios todo lo que puedo y me dejan; en un Dios superior que lo único que no puede ser es malo, pero también es justo y está formado con el sufrimiento por mejorar de cada uno y de todos. En él ambas cosas son lo mismo. Y eso es lo que lo hace superior, sobre todo a la Teología.
Me apunto
ResponderEliminarGran desconocedor que es uno, se apunta al término ignosticista y adelanto que lo esparciré allá donde uno pueda.