miércoles, 3 de agosto de 2011

La leyenda del zancarrón de Mahoma

Lope de Vega la cuenta en Los esclavos libres, y parece de origen judeoconverso. Para más detalles sobre la leyenda, véase este erudito artículo.

Enamorado dicen que andaba este bestial profeta
de una judía, y el marido y padres
cogiéronlo entre puertas como a perro
y diéronle paliza temeraria;
viéndole muerto, hiciéronle pedazos,
reservando una pierna y la cadera,
rogando a la judía que dijese
que una noche, gozándola, se había
subido al cielo, y que ella, por tenerle,
le asió de aquella pierna, que en reliquias
le dejó, y se llevó lo más del cuerpo; 
creyéronlo los moros, y escáparonse
de ellos con este engaño los judíos;
entre piedras imanes la pusieron, 
cuya virtud la tiene y sustenta,
aunque ellos piensan que es milagro.

El gallo de Morón


El origen de la frase «como el Gallo de Morón», «sin pluma y cacareando» se debe al siguiente hecho histórico. Durante el siglo XVI existían serios problemas de orden público en Morón de la Frontera. Las rivalidades políticas y el nombramiento de autoridades provocaban disturbios; se cometían innumerables abusos contra los moroneros por parte de jueces y funcionarios que despojaban a muchos de sus haciendas, llevándolos presos y cobrándoles altas contribuciones.
Uno de estos funcionarios, que llegó a Morón cuando las pasiones estaban más caldeadas, empezó a tratar a muchos con grosería y a decir que por allí no había más «gallo que él». El pueblo puso por nombre a este funcionario «el Gallo de Morón».
Pero un día los hartos vecinos sacaron al individuo a las afueras de la población, lo pusieron en cueros y le sacudieron una tremenda paliza (paliza viene de palo), lo que dio motivo a que los cantaores andaluces perpetuaran el hecho en una simpática coplilla que decía:
Anda que te vas quedando
como el gallo de Morón,
sin plumas y cacareando,
a la menor ocasión.
Con tal motivo existe en este pueblo, en el Paseo de la Peña, un curioso monumento erigido a un gallo desplumado, orgullo de la ciudad.
El Gallo de Morón de la Frontera, tan popular como el Lagarto de Jaén, constituye el símbolo de la rebeldía de un pueblo que no se dejó vejar y advierte a quien se ensaña con los desposeídos de que todo pueblo posee dignidad y no puede ser pisoteado impunemente.

Caligrama sobre el vino

Este caligrama anónimo sobre el vino lo he visto en El Siglo Ilustrado núm. 43 (8-III-1868), p. 2:

Don del cielo,
dulce vino
purpurino,
mi consuelo:
tú, que calmas mis dolores,
yo te imploro,
te venero
y considero;
yo te adoro.
Mis pesares
y quebrantos,
y mis llantos
como mares,
tú, tierno, mitigas;
tus dulces vapores
templan mis dolores
y a olvidar me obligas.
Bendito sea Noé que tal herencia
generoso dejó al género humano.
¡Oh, sí! Bendita sea la uva que en su mano
dulce licor vertió de [tan] dulce esencia.
Por ti, [oh] licor divino, me veo trasportado
a aquel mágico edén, mansión dulce de amor,
que el profeta Mahoma, un día, entusiasmado,
prometió al islamita de su ley guardador.
Y allí lindas huríes, ya rubias, ya morenas,
meciendo mi existencia entre tiernos halagos,
me besan y sonríen y menudean los tragos,
y en dulce desvarío aléjanse mis penas.
¡Hurra! ¡Que viva el vino! ¡Que vivan las botellas
y el ruido y el estrépito y las mujeres bellas!