domingo, 23 de noviembre de 2014

Creatividad

Aforismos de Jorge Wagenesberg:

Hablemos de creatividad:

1. El revoltillo lo inventó un genio aturdido por el fracaso de una tortilla.

2. Solo se puede crear cuando no todo es ley ni todo es azar.

3. La creatividad cultural es un logro de la creatividad natural.

4. Crear es crear conocimiento, ¿qué si no?

5. La frase "nunca hay nada nuevo bajo el sol" nunca debió fugarse del Eclesiastés porque, hoy lo sabemos, el sol ya no es lo que fue ni es aún lo que llegará a ser.

6. Lo improbable asombra a todo el mundo, lo cotidiano solo al genio.

7. Tener un plan es necesario aunque solo sea para apartarse de él.

8. El estado de equilibrio es aquel en el que ha ocurrido todo lo que podía ocurrir, es decir, un paisaje creativamente estéril.

9. El humano es un animal creador: su mente se desequilibra positivamente para crear y, si no lo consigue, se desequilibra negativamente para vivir.

10. Crear es buscar, comparar, seleccionar, combinar y reordenar…, por lo que coleccionar es crear o, al menos, una buena terapia para tratar los males de una creatividad frustrada.

11. Para crear agítese antes de usar: agítense las ideas, agítense los métodos, agítense los lenguajes.

12. Fecundar es acercar dos ideas hasta que se inflaman.

13. Para innovar siempre se puede probar con la mera fecundación.

14. El creador necesita una dosis mínima de cambio para vivir, lo cual se consigue entre dos límites extremos: quieto en un entorno móvil (por ejemplo sentado en un cine) o móvil en un entorno quieto (viajando).

15. Crear es la mejor estrategia para sobrevivir en un mundo cambiante.

16. Hay dos clases de innovación: una horizontal que consiste en cambiar de respuesta (evolución) y otra vertical que consiste en cambiar de pregunta (revolución).

17. Una idea inspirando a otras ideas se llama intuición, una idea bloqueando otras ideas se llama folclore.

18. Autoestima versus creatividad: el acierto halaga, pero adormece; el error hiere, pero despierta.

19. Las disciplinas del conocimiento crecen por sus costuras, es decir, por interdisciplinariedad.

20. En la frontera se cree peor y se crea mejor.

21. Solo las ideas tienen licencia para cruzar una frontera sin licencia, que no los métodos ni los lenguajes.

22. La innovación requiere tres cosas: tener una idea buena (uno), darse cuenta de que lo es (dos) y convencer de ello a los demás (y tres)… y casi nunca es una misma persona la que logra las tres.

23. La creatividad requiere barra libre con las ideas.

24. A menos confianza más burocracia, a más burocracia más mediocridad, a más mediocridad menos creatividad y a menos creatividad menos confianza…

25. He asistido a un espectáculo sublime de la creatividad humana: un herrero calzaba una herradura a una mula, primorosamente, amorosamente.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Comunicación con el autor.

Un tal Alejandro González desea entablar comunicación conmigo; mejor será por correo electrónico: escríbame a aromera@gmail.com y le responderé enseguida.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Matanza

Por estas fechas hay que escribir una matanza, una general limpia de gorrinos, el "lavatorio del cerdo" que decía Miguel Agustín Príncipe, fabulista decimonónico, pero usando el cuchillo y no el jabón, que, por cierto, se hace en algunos medios con grasa de puerco por mejor alabar / alavar al corrupto. Por doquier rabos y pescuezos, chillidos de pánico y chorizo líquido, jamones de soborno, morros y panceta, cagaleras, degüello y resuellos de muerte. Una especie de comité de salud pública, de Terror jacobino y porcino y manchino. Porque su dios es su vientre y hozan mascando merdosidad y corrupción, cerdos orwellianos que son:

En agua de Colonia
bañaba a su marrano doña Antonia
con empeño ya tal, que daba en terco;
pero a pesar de afán tan obstinado,
no consiguió jamás verle aseado,
y el marrano en cuestión fue siempre puerco.

Es luchar contra el sino
con que vienen al mundo ciertas gentes
querer hacerlas pulcras y decentes:
el que nace lechón, muere cochino.

A los cerdos / políticos llaman en Portugal "presuntos", y mucho "presunto" hay entre tanto aforado aforrado con nuestros ahorros. No son cajas, son pocilgas o zahúrdas donde marranan con su jeta y tarjeta. Porque se llama jeta en limpísimo español al morro del cerdo. Hay cerdos negros como hay tarjetas negras y cisnes negros; pero el canto del cerdo al morir no tiene nada de la bella palinodia cígnica: es un chillido como de Monagrillo o un silencio culposo y galaicoso como el de Rajuela. Leemos de cerdos, cerdas y gurriatos rosa en el Hola y demás, vestidos por lujosos traperos, pero aunque los cerdos se vistan de seda, cerdos se quedan. Y nosotros sin comer cerdo, como si fuéramos judíos y moros, aunque mejor así: sus triquiñuelas nos darían una triquinosis que ya. Los tres cerditos eran uno noble, otro clérigo y otro plebeyo; el escuálido plebeyo tenía que salvarles el jamón a los otros dos, que le llenaban la casa de grasa. Pero él, albañil a sueldo del constructor y del bendictor, ya no podía construir casas de ladrillo porque estaba en paro a causa de la vagancia y cicatería de los otros. Y a todos se los comió el lobo, provisto de una sierra eléctrica al estilo matanza de Texas. 

Un soneto quijotesco de Antero de Quental

EL PALACIO DE LA VENTURA

Antero de Quental  (1843-1891)

Sueño que soy un caballero andante;
por desiertos cabalgo en noche oscura. 
del amor paladín, busco anhelante 
el Palacio feliz de la ventura.

Mas ya desmayo, exhausto y vacilante, 
rota la espada y rota la armadura... 
cuando de pronto veo, fulgurante, 
toda su altiva pompa y hermosura.

Con grandes golpes llamo, sin recelos: 
"Soy el desheredado, el vagabundo, 
¡Abrid la puerta de oro a mis anhelos!"

Se abre la puerta al fin, lenta y pausada, 
y al entrar caigo de dolor profundo: 
frío y silencio y sombra y nada.

El profesor de preceptiva

A MI ANTIGUO PROFESOR DE PRECEPTIVA - Rafael Montesinos

Francisco Sánchez-Castañer, ahora 
Que se nos va el invierno, 
En esta primavera sin exámenes 
Que está llegando, quiero 
Recordarte y decirte tristemente 
Todo mi desaliento. 
Ya nunca podré ser el que no quise 
Ser cuando pude serlo.

-Corpus Domini nostri Jesu Christi, 
Yo me acuerdo de un fuego 
Distinto por las venas, y en los ojos 
El arrepentimiento-.

La memoria del aire está en el aire, 
La del sueño en el sueño. 
La cigüeña en lo alto de la torre, 
La torre en mi recuerdo. 
La torre en mi recuerdo solamente 
¡Mi infancia está muy lejos!

Terrible profesor de Preceptiva 
-Traje cruzado y negro-, 
Con tiza ibas cortando en la pizarra 
Las sílabas de un verso. 
Los ojos se me iban, distraídos, 
Al naranjal del huerto; 
El huerto aquel que a veces se asomaba 
A la clase -riendo- 
Por las altas ventanas, ¿las recuerdas?

Más que tu voz, el eco 
De tu voz me rompía en mil pedazos 
La tentación del huerto. 
(Póngase de rodillas, Montesinos. 
¿Qué estábamos diciendo?)

Ya ves, entonces un endecasílabo
Me valía un suspenso.
Yo prefería entonces, y quién sabe
Si ahora lo prefiero,
La paz aquella, que tenía el patio
Perdido del colegio,
El patio sostenido por columnas
De mármol y silencio...

Terrible profesor de Preceptiva, 
A mi infancia me vuelvo. 
Me vuelvo, sí, porque también ahora, 
Por distraerme, tengo de rodillas el alma. 
La esperanza, ayer tarde se ha muerto. 
No culpo a Dios, ni a nadie, de mi vida,
Tuvo la culpa el viento,
Que no me borró un nombre en esta
Negra pizarra de mi pecho

W. W.

Winston Manrique "Walt Whitman y sus ‘Hojas de hierba’ para el siglo XXI", El País, 21-XI-2014:

La obra maestra del poeta estadounidense se edita íntegra en una nueva traducción, en edición bilingüe y junto a una selección de su prosa y de sus diarios de guerra.

“Yo me celebro, / y cuanto hago mío será tuyo también, / porque no hay átomo en mí que no te pertenezca”. Y un nuevo mundo se abrió con estos versos de Canto de mí mismo. Ciento cincuenta y nueve años separan este comienzo del libro Hojas de hierba, que Walt Whitman terminaría en 1892, tras nueve ediciones y un total de 389 poemas, de esta época que no cesa de ser polinizada por su voz y sus ideas sublimes. Una obra maestra que ahora se puede leer íntegra en un lenguaje actualizado, en edición bilingüe y traducida, por primera vez, por un autor español (las conocidas son de latinoamericanos), que incluye los prólogos o textos introductorios que escribiera Whitman en todas sus ediciones, más una selección de sus prosas y del diario que llevaba como enfermero de campaña durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Todo ello presidido por un texto que funde la biografía del poeta estadounidense con su clásico universal y con la de este mismo volumen. El encargado de este trabajo monumental ha sido del poeta y filólogo Eduardo Moga (Barcelona, 1962), bajo el sello de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Treinta y tres años tardó Whitman (1819-1892) en completar la “autobiografía de todo el mundo”, como dijera Gertrude Stein. Una epopeya norteamericana y de la vida, íntima, soñada y pública, que resuena llena de realidad y promesa.

Llevó a la gente a reencontrarse consigo misma. Y se convirtió en un guía que abriría insospechadas rutas literarias.

Autoproclamado “Soy poeta del Cuerpo y soy poeta del Alma”, su obra empezó a ser conocida en 1855 con doce poemas sin título, y terminó en 1892, con 389, pocos meses antes de su muerte. “Un crecimiento orgánico, mediante oleadas sucesivas o estratos superpuestos, que era coherente con el crecimiento personal del autor y con el histórico de la nación, y que condecía con la naturaleza dispersa, orbicular, del proyecto whitmaniano”, escribe Eduardo Moga en el volumen.

Dos años y medio tardó el escritor español en traducir este clásico. Las anteriores ediciones completas son de escritores latinoamericanos, y otras parciales entre las que brilla la de Jorge Luis Borges. Enfrentarse a Whitman y a ilustres traductores, reconoce Mogan, ha sido un proyecto colosal y arriesgado, “un trabajo muy duro por la complejidad del pensamiento del poeta, su sintaxis y que genera unos poemas, no todos, extensos”.

Un poeta que crea un nuevo vocabulario, que se inventa cosas, neologismos, ideas filosóficas o religiosas, cuya correspondencia para dar en español no es fácil, confiesa Moga. “Por otra parte”, agrega el traductor, “es un poeta oratorio y enumerativo que, a menudo, entra en sucesiones de imágenes que se van engarzando, y esas cláusulas, a su vez, se ramifican y se subdividen. Todo ese trabajo hay que traducirlo sin que se pierda el sentido y mantener la coherencia global y sintáctica”.

La originalidad de Walt Whitman, escribió Harold Bloom en El canon occidental, “tiene menos que ver con su verso supuestamente libre que con su inventiva mitológica y su dominio de las figuras retóricas. Sus metáforas y sus razonamientos rítmicos abren un nuevo camino de una manera aún más eficaz que sus innovaciones métricas”.

Poeta del Yo y del Nosotros. Poeta que invoca y recuerda la dualidad, el binomio del ser humano: hombre y Dios; cielo y tierra; inmortalidad y mortalidad; ternura y erotismo; alegría y tristeza; realidad y sueño; pasión y serenidad; rostro y máscara; prosaico y sublime; dionisíaco y apolíneo; luz y oscuridad; difícil y sutil; carnal y platónico; antiguo y presente; milagro y naturaleza…

Una voz que no ha dejado de sonar. Una voz que renació cuando el 5 de marzo de 1842 asistió como periodista de la revista Aurora a una conferencia de Ralph Waldo Emerson en Nueva York titulada El poeta, donde, palabras más, ideas menos, venía a decir que los poetas son quienes dicen, nombran y representan la belleza como “dioses liberadores”, y que él ha buscado en vano en su país.

Ese primer soplo inspirador quedó en Whitman dando vueltas, creciendo, hasta que en 1850 empezaría a escribir sus poemas bajo la búsqueda de ese nuevo edén, cuyo primer libro financió él mismo, cinco años después.

Poeta que canta a la democracia, que crece con su país, que canta a las necesidades del nuevo mundo. Su voz corrió como el viento que lo removió todo. Reflexivo y cautivador. Que cantó a la libertad, a lo íntimo, a los deseos, a la desgracia de la guerra, a los hombres y a las mujeres, aunque, escribe Bloom en su famoso libro del canon, "su impulso más profundo fue el homoerótico". Pero su poesía, "rehúsa reconocer cualquier demarcación sexual, al igual que rehúsa aceptar cualquier línea fortificada que divida lo humano y lo divino".

Whitman dijo que era un libro eminentemente religioso pero no entendido como propio de los credos cristianos sino por la relación que espera establecer por la divinidad, recuerda su traductor: "Esa figura del dios supremo que no se identifica pero representa el espíritu del universo, su viaje a la naturaleza, al ánima de la naturaleza es a lo que pretende llegar".

Whitman es poeta de todos los tiempos y tradiciones. Para la colombiana María Gómez Lara, reciente ganadora del Premio Loewe de Poesía Joven, el trabajo de Whitman "ha construido paradigmas de innovación y expresión poética en todas partes del mundo, ha abierto múltiples caminos dentro de un espectro muy amplio, similares y también muy distintos de su propia búsqueda, de su voz han salido tantas voces. Whitman intuía en sus versos que su yo contenía multitudes, tenía una visión cósmica, abarcadora, una identidad que viajaba del universo a la tierra en los zapatos. Y entre los muchos Whitmans a mí me arrastró ese yo que se encontraba en la tierra: pensé en la materialidad que la poesía podía lograr. Tal vez, justamente en la era de la imagen, sea cuando más valga la pena recordar que el lenguaje llega todavía más allá, hasta la piel. Pensé en lo táctiles que son a veces las palabras, casi pude tocar esa voz de largo aliento, sensorial, consciente de su respiración. Como lectora quise perseguir ese tacto".

Hasta ella, y a millones de personas, llegó 159 años después de ser escrito aquel canto con el que Whitman cierra su primer gran poema: “Si no das conmigo al principio, no te desanimes. / Si no me encuentras en un lugar, busca en otro. / En algún sitio te estaré esperando”.

Antonio Gamoneda, "Walt Whitman, un poeta histórico", íd.

Buena es la noticia de una publicación amplia, si no completa, que no lo sé bien, de la obra de Walt Whitman, y bueno es que su traductor sea Eduardo Moga, que las traducciones de poesía se manifiestan “inválidas” si no es poeta muy cierto quien las hace. W. no es un gran poeta olvidado pero sí un gran poeta ausente. Salvo de los manuales académicos, claro es. Esto no es casual; las causas existen y son localizables en la dinámica histórica y en la conducta de la poesía —no sólo en la norteamericana— posterior a la suya.

W. W. es un poeta histórico, pero no sólo por su enorme calidad, sino, precisamente, por su vocación histórica. Sin excluir por ello a sus ángeles y demonios personales, su poética comporta la “profecía” de un país, de un “Nuevo Mundo” (una “profecía” y un “país” que cabría entender con dimensión planetaria) que construye simultáneamente una nueva riqueza y una nueva fraternidad. W. “profetiza” la democracia, y W. se equivoca en lo que concierne a las significaciones profundas: el advenimiento de la riqueza ha supuesto concentración y privatización de un máximo poder —el capitalismo, obviamente— ajeno a toda fraternidad; un poder opresor y hasta depredador. Y la democracia no es más que la que yo digo “máscara sonriente” de ese mismo poder. Hasta aquí las causas históricas. En cuanto a la conducta poética, esta, en más que probable consecuencia, es, en su mayor parte y de manera diversa, emanación del sufrimiento. ¿Dónde está el optimismo de W.?

Opino también que todos los poemas posteriores a W. con pretensiones universales (vale como ejemplo el Canto general, de Neruda) han fracasado. Otra cosa son los aspectos formales: la apertura del lenguaje poético a todas las especies léxicas, la liberación —dentro de la rítmica— de las normativas tradicionales. No se deben sólo a W., pero este, en la anglofonía al menos, es principal.

Sea como sea, en su insularidad, en su error (quizá, paradójicamente, a causa de este), W. es una cumbre de la poesía. Bienvenida sea su actualización en nuestra lengua.

Juan Antonio González Iglesias, "Walt Whitman: Pongámonos de pie", íd.

La obra maestra del poeta estadounidense se edita íntegra en una nueva traducción
Whitman y 'Hojas de hierba' para el siglo XXI

Whitman es el poeta de la Democracia, el de una América que miraba con optimismo al futuro, y el de un homoerotismo de signo panteísta. Podría haberse quedado en cualquiera de esas facetas: cantor de la igualdad, poeta nacional de los Estados Unidos, maestro del amor entre hombres. Ya eso hubiera sido mucho, pero es un poeta universal, para todos. Una edición completa y bilingüe de su poesía requiere una dimensión monumental que en este libro salta a la vista y al tacto, cosa que agradaría al propio Whitman. Hojas de hierbadesvela una poesía total. “Maravilloso amontonamiento de visiones” la llama bellamente Eduardo Moga, que por algo es uno de nuestros poetas con más experiencia y reconocimiento en la tarea de traducir a otros poetas. Su introducción cuenta muchas cosas: la biografía de Whitman y la de Hojas de hierba. Treinta y tres años separan la primera edición de la definitiva, en la que Whitman quería ser leído y por tanto ser traducido, doble deseo que puede cumplirse aquí y ahora. El libro impone ligeramente, como deben imponernos los verdaderos clásicos, por muy revolucionarios y vitalistas que fueran cuando irrumpieron. También relata Eduardo Moga la fortuna literaria de Whitman. Reconoce que la traducción de Borges sigue siendo insuperable, aunque fuese muy selectiva y muy borgiana. Moga traduce todo e intenta atenerse a la precisión primigenia de Whitman, buscando una suerte de transparencia. Ahora que todos los lectores cultos comprenden inglés, comprobarán que los versículos se parecen en extensión y en aliento, lo cual es todo para un poeta hecho de extensión y de aliento.

Los anexos en prosa resultan apasionantes para los enamorados de Whitman, y no pueden reducirse a la condición de prosaicos: sus conferencias son, como ya indicaba la oratoria antigua para los discursos de elogio, fronterizas con la poesía. Una de sus cartas fue escrita en lugar del poema que le pidieron, y trata del elemento español en el carácter nacional de los Estados Unidos: todo un lujo para nosotros y casi una profecía propia de gran poeta. En fin, los seis prólogos sucesivos a Hojas de hierba forman parte de su obra poética. Aportan una perfección perdurable al libro en el que el poeta nos comunica algo tan enigmático como rotundo: “Ya es hora de que me explique. Pongámonos de pie”.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Orwell

1) “En nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia”

2) “Toda la propaganda de guerra, todos los gritos, las mentiras y el odio, provienen, invariablemente, de gente que no está luchando”

3) “La guerra contra un país extranjero sólo ocurre cuando las clases adineradas piensan que van a beneficiarse de ella”

4) “El propio concepto de verdad objetiva está desapareciendo de nuestro mundo. Las mentiras pasarán a la historia”

5) “En una época de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario”

6) “El periodismo consiste en decir cosas que alguien no quiere que digas: todo lo demás son relaciones públicas”

7) “En la vida real es siempre el yunque el que rompe al martillo…”

8) “El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio bando, sino que además tiene una notable capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas”

9) “Las amenazas a la libertad de expresión, de escritura y de acción, aunque a menudo parecen triviales cuando las vemos aisladamente, son acumulativas en su efecto y siempre conducen a una falta de respeto generalizado hacia los derechos del ciudadano”

10) “Si quieres ver una imagen del futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano para siempre”

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Inéditos de Quevedo

"Quevedo: "Piojos cría el cabello más dorado". Un volumen rescata parte de la poesía satírica, erótica, política y moral inédita del poeta del Siglo de Oro", El País, 5-IV-2010:

Lo descubrió sin proponérselo. La filóloga María Hernández viajó a la localidad portuguesa de Évora para consultar la biblioteca pública. Allí se aloja, entre otros documentos del siglo XVII, el códice CXIV/1-3, conocido como manuscrito de Évora, con textos atribuidos a Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), uno de los autores cumbre del Siglo de Oro de la literatura española. Hernández, profesora de filología hispánica en la Universidad de Barcelona, sólo quería practicar unos ejercicios de transcripción paleográfica (copiar textos de documentos antiguos). Pero cuando volvió a casa advirtió que los versos que había transcrito en 200 páginas no se encontraban entre las obras completas del poeta. Es decir, había descubierto textos inéditos.

Se trata de versos satíricos, políticos, morales y eróticos que denotan "un dominio inigualable del lenguaje", según ha indicado la filóloga a Efe. Todo ese corpus se publica ahora en el volumen Poesía inédita, editado por Libros del silencio, con un prólogo de Pablo Jauralde Pou, catedrático de Literatura española del Siglo de Oro de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), especialista en Quevedo.

Hernández admite que con estos inéditos se ha adentrado en la delicada cuestión de asignar nuevas obras a Quevedo, "a quien se atribuyó mucha poesía política, erótica y pasquines, sobre todo, durante el tiempo que pasó en prisión". Se le utilizó para convertirle en autor de poemas de crítica política.

El debate de las atribuciones

Hernández concede que las atribuciones son "siempre discutibles" pero subraya que ha cotejado los textos en busca de "concordancias en el vocabulario, imágenes y sintaxis con el resto de la obra poética quevediana". El marco de referencia ha sido el de las Obras Completas del poeta madrileño elaboradas por el catedrático José Manuel Blecua. Este especialista, explica Hernández, no se adentró en el manuscrito porque la edición de las Obras Completas lo tenía absorbido. "Teniendo en cuenta que era un investigador solo, era un trabajo ingente".

Así, entre la criba la especialista destaca sátiras como "Piojos cría el cabello más dorado,/ legañas hace el ojo más vistoso,/ en la nariz del rostro más hermoso/ el asqueroso moco está enredado". También recuerda el soneto 'A la pobreza', cuya primera estrofa reza: "Hambrienta, rota, inquieta, disgustada,/ pálida, débil, triste y congojosa,/ cortés, humilde, inútil, ingeniosa,/ baja, ruin, civil, ocasionada".

Una mina por catalogar

La filóloga avisa de que es fácil descubrir textos inéditos de autores del siglo XVII. "En este periodo Portugal es una mina, porque perteneció a la Corona española entre 1580 y 1640". De hecho, la propia Hernández rescató hace dos años dos cartas autógrafas de Quevedo. En la literatura del Siglo de Oro "queda mucho por hacer", añade. Como "vaciar los cancioneros [recopilaciones de poesía] o catalogar los fondos de las bibliotecas". Una tarea difícil porque "falta personal" y "hay pocos investigadores que vayan a los lodos de la literatura, es decir a las fuentes, que es un trabajo muy ingrato", reconoce.

Piojos cría el cabello más dorado.
Legañas hace el ojo más vistoso.
En la nariz del rostro más precioso,
el asqueroso moco está enredado.

La boca de clavel más encarnado,
tal vez regüelda halito fatigoso.
y la mano más blanca es muy forzoso,
que al culo de su dueña haya llegado.

El mejor papo de la dama mea,
y a dos dedos del culo vive y mora, 
y cuando aquesta caga es mierda pura.

Esto tiene la hermosa y la más fea, 
veis aquí el muladar que os enamora, 

cágome en el amor y la hermosura.

Variantes:

Piojos cría el cabello más dorado, 
lagañas cuajan en los ojos más hermosos 
y, en la nariz del rostro más precioso, 
el moco verde y negro está encerrado. 

La boca que más besos haya dado 
larga el gargajo tibio y asqueroso, 
y la mano más cándida es forzozo 
que el culo de su dueño haya tocado. 

La concha de la linda y de la fea 
que a dos dedos del culo hediondo mora 
larga inmunda sangre, suda y mea... 

Si este es el bien que tanto me enamora,
y toda hermosa caga mierda pura,
me cago en el amor y la hermosura.

Otros:

La nave que surcando el Ponto pasa
ligera y fuerte como viento y peña,
el bravo mar con ocasión pequeña
rompe, sorbe, deshace, ahoga, arrasa.

La ciudad fuerte o respetada casa 
que de tratar las nubes se desdeña, 
con breve curso el Tiempo nos la enseña
rota, humilde, asolada, yerma y rasa.

La ignorancia mortal que se alimenta
de bárbara ambición y se presume
potente, firme, estable, altiva, osada,

baje la rueda, reconozca y sienta 
que en un punto la muerte la resume
en humo, en polvo, en viento, en sombra, en nada.


Memorial que se dio a Felipe IV por su buen gobierno


Señor, no se despacha dependiente,
el turés baja, el francés se altera,
quema tus puertas con audacia fiera
el poderoso amigo de occidente,

armada no parece, falta gente
que surque el mar y ampare su ribera,
en palacio no hay blanca y paga espera
el pobre, ciego, cojo y el doliente.

Tu majestad lo vea y dé la traza
que al prohibido remedio más importe,
que mi vejez en llanto la resuelvo.

"Denme caballos, venga el Duque a caza,
córranse toros, múdese la corte
y digan a la reina que ya vuelvo".


Cuando contemplo, de la alquimia, el oro 
de tus ojos en mares naufragados, 
mi boca, en su deseo desbocado, 
busca, sedienta, el mapa del tesoro. 

Mas me admiro, no obstante, cuando veo 
que manejas la pluma con destreza, 
que cantas con sigilo a la belleza 
fecundando las mentes, cual Orfeo. 

No es mi soñar callar con cortesía, 
el Niño Amor escoge mi ventura, 
disculpa, ¡oh, mi galán!, esta osadía: 

pues arderé por ti en la noche fría 
y hasta que el sol llore en mi sepultura 
la vida bailaré en tu compañía.


Hermosa, altiva, inexorable Armida 
que te desdeñas si te toca el viento,
templa, benigna, el libre pensamiento,
ya que no enamorada, agradecida.

¿Dó vas? ¿Intentas de quitar la vida
al que la da a tu fama? ¡Bravo intento!
¿No te ves por su heroico entendimiento
entre Ariadna y Leda entretejida? 

Mas tu basquiña sigue tus cuidados
y abraza alegre tu sabroso daño,
ufano, que pudiste merecerlo;

que su camino hallarán los hados
y, si te abrasa incendio tan extraño,
nunca en Cartago ardió fuego tan bello.

[No bastan los agravios...]

No bastan los agravios que, velando
de ti, Fortuna y Tiempo estoy sufriendo,
Amor, sin que permitas que, durmiendo,
me estéis Fortuna y Tiempo y tú burlando;

que, cuando el claro sol su luz mostrando,
voy sus mejillas de oro descubriendo,
me estaba la Fortuna a mí ofreciendo
la conquista, al mundo regalando.

Con aquesto también quisiste darme
cabellos, ojos, frente, manos, boca,
cual mil veces lo tuve deseado.

Más deshaz el agravio con mostrarme
esto despierto, porque injusto toca
pagar despierto mal con bien soñado.


A la Pobreza

Hambrienta, rota, inquieta, disgustada,
pálida, débil, triste y congojosa,
cortés, humilde, inútil, ingeniosa,
baja, ruin, civil, ocasionada;

de todo el mundo con razón odiada, 
de cuantas cosas miras, deseosa; 
en sujetos honrados, vergonzosa,
y en los que no lo son desvergonzada;

símbolo sin razón, sosa, afligida,
noche de la verdad y entendimiento,
ruïna del valor y la nobleza, 

riguroso verdugo de la vida 
y de las almas infernal tormento:
eres infame y mísera, Pobreza.

A [la] Franqueza

Subí como Dios sabe, y no podía,
hasta poner los pies de oro pensaba, 
pero como subir más deseaba,
poco lo que subí me parecía.

Mil ilícitos medios inquiría
y el deseo de arriba me ayudaba,
ambición y avaricia me guiaba
agarrando de todo cuanto vía.

Pero fue mi subir como cohete, 
que todo cuanto puede en la subida
emplea sin pensar que el bajar falta.

El Tiempo en mí cumplió lo que promete, 
y dio gran estallido mi caída

por ser pesado yo y la torre alta. 


domingo, 16 de noviembre de 2014

Podemos y la transición de nunca acabar

Ya se empieza a vislumbrar hacia dónde va Podemos. En su último sermón Iglesias ha predicado "acabar con el régimen de la Transición" de nunca acabar, lo que denominaba yo "neofranquismo", algunos más tímidos "pepoísmo" y los anestésicos de la información "bipartidismo". Quiere "iniciar un proceso constituyente para abrir el candado del 78 y poder discutir de todo”, justo lo contrario que el cobarde Pedrillo Picapiedra, a sueldo del señor Mariano Rajuela, quien pretende una "reforma" como esas que en el XVIII conducían a la nada. Pero ninguno de estos dos señores han dicho ni media sobre el contenido de esa reforma y esotra revolución; se deja ver, sin embargo, que la reforma sería dirigida, ya sabemos por quiénes, y la revolución discutida. Y yo prefiero la discusión, solo porque en ella es posible que algo ascienda desde los bajos fondos de la inmensidad y no que algo baje y nos deje descalabrados a la mayoría, como suele. Porque la minoría está arriba y uno prefiere ser gobernado en mesetas castellanas en vez de en montañas catalanas, vascas y gallegas o, a escala sin escala, por esa pesadilla de la sinrazón llamada TTIP o Tratado de libre comercio USA-UE. Comunero que es uno.

Podemos posee algunas ventajas de las que carece la partitura de Robemos. En primer lugar, la unidad granítica de quienes lo votan, en toda su diversidad; pocas veces se ha visto tan clara una determinación política tan férrea, fresca y popular. Se debe a los procedimientos verdaderamente democráticos que la han puesto en pie y a los valores éticos que la inspiran. Podemos no se deshará, no claudicará, no pactará, ni siquiera con el traicionero partido que a su derecha se hace excesivas ilusiones. Tienen justificada la abundante diarrea aquellos que han estado corrompiendo la fibra viva de esta nación, porque se ha encontrado lo único que puede alimentar una verdadera revolución en España, una reforma jurídica sustentada en valores inspirados por la sed de justicia, algo que venía pregonando Félix Mejía desde el siglo XXI: "Sin justicia, la libertad, la igualdad y la fraternidad no son nada". Asumiremos la usurpada soberanía nacional, esa que han secuestrado Rajoy, Pedrito, la Casta, el Régimen, la Transición de nunca acabar.  

"Abrir el candado" es una expresión cuidadosamente escogiday simbólica; recuerda a lo de "echar doble llave al sepulcro del Cid" de Joaquín Costa, el santo regeneracionista que murió consumido por la misma enfermedad que tiene inmovilizado en silla de ruedas a Stephen Hawking.  Se ha invertido la dirección: es el futuro el que pretende romper con el pasado, no el pasado el que pretende sucederse a sí mismo. La nueva constitución no van a hacerla los viejos, sino los jóvenes para resolver problemas de los jóvenes, entre ellos los seis millones de parados. Eso es lo que nunca debemos perder de vista los de Podemos. Aunque las soluciones deban ponerse en marcha gradualmente, su raíz debe ser la novedad, el coraje, el esfuerzo y el sacrificio. Y si hay algo que los españoles poseemos es eso: estoicismo, resistencia, fe.

El historiador José María Jover Zamora, en su libro La civilización española a mediados del siglo XIX, (1991) ya hablaba de una casta al discutir el curioso fenómeno de "la forja de una tradición constitucional" frente a "la práctica de su suplantación" cuando se constituyó el Sexenio revolucionario, efímero periodo tras el cual se reanudó la nefasta costumbre de las monárquicas constituciones semánticas, llamadas así porque se promulgan para "engañar sobre el desarrollo de los procesos del poder que en la práctica se desarrollan extramuros de la Constitución". Estas constituciones suelen nacer en estados gobernados por tradiciones políticas dictatoriales o militares, o presididas por regímenes autoritarios, como el que Pedrillo, hijo ilegítimo de Franco, pretende perpetuar; así ha sido desde que los Conservadores de Cánovas y los Liberales de Sagasta tramaron su dictadura perfecta, en la que si no entraban unos entraban los otros, dejando siempre al margen de esas componendas al Partido Democrático de Orense y Rivero, abuelo del Podemos de hoy, mediante los procedimientos políticos del pucherazo caciquil. Evidentemente, lo que hoy llamamos "casta" no es otra cosa que la "oligarquía" de Costa, una aristocracia mediocre, ajena a los valores republicanos del mérito y del esfuerzo, ese "humanismo popular" del que habla Jover:

"Una prolongada reflexión sobre el tema desde hace varios años me ha conducido a relacionar el hecho, complejo en sí, de la marginación política de las clases populares con otros dos fenómenos muy expresivos de la España isabelina y del Sexenio. Me refiero, por un lado, a ese "humanismo popular" definido por un conjunto de mores y actitudes humanas y sociales que comparecen históricamente, en la España de los últimos siglos, precisamente amalgamados con el tipo de mentalidad social que suele acompañar a las clases populares: generosidad frente a acumulación; solidaridad frente a individualismo; sentido espontáneo e intuitivo de la moral frente a legalismos formalistas; respeto al vencido en razón de su última condición humana, frente a su trascendentelización maniquea con miras al aniquilamiento" (p. 212)

Este humanismo popular es perceptible en los Episodios nacionales de Galdós y es el contenido fundamental heredado por los que hacemos lo que Podemos.  

jueves, 13 de noviembre de 2014

Epigrama de guerra

El diputado decano del congreso de mamandantes, más conocido como hermano de Juan Guerra, ha dejado por fin el puesto de oyente-cobrante. Congratulaciones y que cunda el ejemplo.

Frases sobre el azar

1. Comprar lotería da mala suerte.

2. La única manera de ganar siempre a la lotería, a las máquinas tragaperras y a cualquier otro juego de azar es gastar siempre el triple (o mucho más) de lo que ganas.

3. Lo único que sabemos sobre la suerte es que debe cambiar (un tahúr, en un cuento de Francis Bret Harte).

4. Si según la gente honesta todo el mundo merece recibir la retribución suficiente por ejercer un trabajo honrado, ¿por qué juegan a la lotería? ¿Es honesto recibir un dinero que no han merecido por su trabajo? ¿O es que no son honestos y cambian de principios a conveniencia?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Javier Gomá Lanzón, "Raptado por las musas. La vocación literaria es una mezcla de visión y misión destinada a ordenar el caos de la vida", El País 17 AGO 2013

Hay un hecho notorio y universal que reclama una buena explicación: por qué determinadas personas dedican las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años de su vida a producir algo que nadie les ha pedido, sin que el éxito social, los requerimientos de la conciencia, el anhelo de fama o el enriquecimiento económico constituyan nunca la motivación principal. El hecho suele ser designado con la palabra vocación. Y necesita explicación porque es mencionado, invocado o apelado a cada paso por quienes lo experimentan en el interior de su personalidad —poetas, pintores, compositores, creadores, artistas, pensadores—, pero muy rara vez ha sido objeto de meditación filosófica.

1 La vocación se compone de dos momentos: visio y missio (visión y misión). Lo que perciben nuestros sentidos no tiene sentido. Nuestra experiencia del mundo es caótica, fragmentaria, y no logra conformar una unidad significativa. El mundo se parece a un puzle de mil piezas del que solo un pequeño número de ellas —cien, doscientas— estuvieran ya colocadas en su sitio. A veces, a la vista de esas pocas piezas, uno cree adivinar fugazmente, insinuado, el conjunto, pero esa promesa resulta pronto desmentida por una abrumadora experiencia del absurdo y del sinsentido de la vida. Pues bien, hay determinadas personas que sí tienen la visión del puzle entero —la imagen del paisaje, el retrato, el edificio— porque son capaces de completar con su imaginación los huecos de las piezas sin colocar. A esa visión se refería Rafael de Urbino cuando decía que, antes de pintar un cuadro, se formaba en su mente “una cierta idea del todo”.

Quien tiene esta “idea del todo” siente dentro de sí el apremio de producir un objeto que la incorpore y le dé soporte para así evitar que se pierda, como las demás cosas humanas, arrastrada por la corriente del tiempo. Este producir se dice en griego antiguo poiesis: un producir un objeto —un cuadro, una escultura, una sinfonía, un poema, un sistema filosófico— que no persigue función utilitaria alguna excepto la de prestar consistencia, coherencia, fijeza y perduración a la visio y así ponerla con carácter permanente a disposición de uno mismo y los demás. He aquí el segundo momento de la vocación: la missio. La ansiedad por crear el objeto puede llegar a ser extremadamente absorbente, tiránica y rapiñadora. En este sentido, la vocación constituye una anomalía vital y un objetivo empobrecimiento: supone la activación de todas las facultades, capacidades y potencias humanas en la dirección de una —una sola— de las muchas posibilidades que ofrece la exuberancia vital; a cambio, una inmensa concentración de energías.

La juventud predispone a la visión mientras que solo en la edad madura se está en condiciones de sustanciar la misión.

2 Los griegos, ese pueblo dotado como ninguno para dar plasticidad a los conceptos más abstractos, representaron el doble momento de la vocación como un rapto de las Musas. En la Antigüedad se registran casos de secuestros perpetrados por unas Musas que pueden llegar a ser posesivas de una manera casi violenta. Sus presas se sienten, se lee en el verso de las Geórgicas de Virgilio, heridas de un amor sin límites. “El que es raptado por las Musas (mousóleptos) es el poeta genuino, en contraposición al poeta artífice”, escribe Walter Otto en su célebre estudio Las Musas. El origen divino del canto y del mito.

El raptado vivencia su secuestro como una llamada a servir a la obra que se gesta lentamente en su interior, como si estuviera preñado de una idea o de un nudo embrionario de ellas durante largos años y debiera consagrar la entera organización de su existencia a la misión de preparar y asegurar el feliz alumbramiento. A fin de que el objeto se forme orgánica y sistemáticamente en su estricta objetividad el raptado renuncia a una biografía interesante y acepta estar en el mundo siempre de paso, como los pastores, sin deshacer nunca la maleta, a la defensiva de cualquier novedad que distraiga la atención de su carga gravosa pero amada, sin sorprender a nadie y también sin dejarse sorprender. Para quien ha tenido la visión raptadora, todo permanece en vilo mientras esta se materializa. Cuanto le ocurre, siente o experimenta reviste valor solo en tanto contribuye a clarificar la visión iluminadora. En el pecho del mousóleptos se agita una auténtica emoción poética, pero la suya se parece más a una pasión fría porque se orienta hacia la generalidad abstracta del mundo sin llegar a concretarse en nada ni en nadie. No le queda más remedio que resignarse a una relación solo mediata con las cosas buenas y hermosas del mundo: se diría que las ve a través de un cristal, como el presidiario a las visitas en horas reglamentarias, o que las besa a través de un pañuelo, y todas las personas, incluso las más queridas, se limitan a posar teatralmente como haría un modelo ante el pintor que lo retrata. El universo entero en función de la obra, la cual a su vez contiene la totalidad del universo entrevisto. De ahí que, para quien conoce la fuerza de la auténtica vocación, resulte tan incomprensible que algunos escritores, como Borges, presuman de los libros que han leído por encima de los que han escrito. No: el mundo estimará en más o en menos la obra producida, pero al autor le va la vida en su obra, si de verdad ha sabido dar cuerpo en ella a su visión.

Contrariamente a lo que suele pensarse, la vocación, que sí es egocéntrica, no tiene ni un ápice de egoísta. Conviene destacar el hecho de que solo se logra con éxito la producción del objeto si este adquiere una objetividad independiente del yo que la produce. La juventud predispone a la visio mientras que solo en la edad madura se está en condiciones de sustanciar la missio. La autoposesión, el narcisismo, el subjetivismo extremo y libre de compromisos característicos de la adolescencia a veces suscitan una actitud favorable a la aparición de las Musas pero, en cambio, contra lo que sugiere el estereotipo romántico, no ayudan en absoluto al duro trabajo en la obra. Es muy frecuente que la emoción inicialmente sentida solo pueda objetivarse en obra y recibir la forma que esta requiere una vez hecha la transición a la madurez, en pleno trasiego y ruidoso alboroto de la casa fundada y el aprendizaje de una profesión con la que ganarse la vida. En efecto, solo puede producir algo quien conoce las reglas del oficio de que se trate, lo cual acontece en la mayoría de los casos durante esa edad adulta, cuando se adquieren las habilidades técnicas y la disciplina requeridas para que la obra se perfeccione con la deseable autonomía, y el arte de producir música, pintura, edificios o textos no constituye en esto una excepción al resto de los oficios. Pero es que además, en un plano moral, la confección de una obra solo es posible para quien consiente en humillar su yo y deja en su interior espacio para el acto de comunicación inmanente a la naturaleza del arte. Contrariamente a lo que suele pensarse, la vocación, que sí es egocéntrica, no tiene ni un ápice de egoísta. Egocéntrica sí, porque el raptado ha de cultivar su yo como nido donde se incuba demoradamente la obra, robando tiempo y atención a todo lo demás; pero una vez así ensimismado, no se complace estérilmente en el sentimiento estético-oceánico de su existencia sino que, entrenado en la cotidiana y ascética alienación del yo, ha de eclipsarse en favor de la obra.

3 El objeto elegido para dar forma a la visión determina el tipo de vocación. Si el objeto es un lienzo, se es un pintor; si un pentagrama, un compositor; si la piedra, un escultor. Es literaria aquella vocación que elige como objeto la producción de un texto. De igual manera que un pintor percibe un magnetismo en la asociación de unos particulares colores o el compositor descubre la necesidad interior de una concreta secuencia de notas musicales, así el escritor es aquella persona que ha desarrollado un sentido para aprehender el campo de fuerzas que generan dos o más palabras cuando se ponen cerca y del que carecen por separado. El escritor, en resumidas cuentas, no es otra cosa que un juntapalabras y su arte reside en juntarlas con acierto. Con motivo Malherbe, hastiado de la ampulosidad verbosa de la Pléiade, se autorretrató modestamente como un “arrangeur de syllabes”. Todo literato emula al Adán que en el primer día puso nombre a las cosas (Génesis 2, 20). A ese don cantó Juan Ramón Jiménez en su poema de Eternidades: “¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! / …Que mi palabra sea / la cosa misma, / creada por mí nuevamente”. El mérito, el poder y la virtud del escritor descansan en las concretas palabras escogidas y el orden preciso en el que las ha dispuesto para que resulten eficaces en su designio poético. La literalidad encierra la esencia de lo literario y por eso el auténtico texto de literatura —el poema, la novela, el ensayo— no se deja resumir, compendiar o parafrasear.

Desde esta perspectiva, la filosofía es solo una especie dentro del género literario. Una filosofía sin visio y sin missio —sin vocación literaria— puede ser la obra de un profesor de filosofía, un maestro, un editor, un filólogo, un traductor, un divulgador, todo ello incluso en grado eminente, pero no propiamente la de un filósofo. La visión hace nacer en este una emoción abstracta hacia lo contemplado que bien puede denominarse eros. Poetizar es celebrar esa emoción con versos, relatos o representaciones dramáticas; filosofar es definir esa misma emoción erótica con conceptos y categorías. En ambos casos, “una cierta idea del todo” desencadena el proceso arrollador. La tarea del filósofo consiste en la dura conversión del eros en concepto y este en palabra y luego en texto sistemático. Entre los modernos, ha sido Max Scheler quien de modo más convincente, en La esencia de la filosofía y la condición moral del conocer filosófico, ha argüido acerca de cómo la filosofía se sostiene siempre sobre una previa emoción erótica. Pero, como se ha dicho, ya los griegos antiguos, que tendían siempre al antropomorfismo, personificaron el despertar de este específico deseo amoroso en el secuestro de las Musas, las cuales, escribe Platón en el Fedro, “se hacen con un alma tierna e impecable despertándola y alentándola hacia cantos y toda clase de poesía”. No es casual que para el Sócrates del Fedón la filosofía sea justamente el arte de las Musas por excelencia: megíste mousiké, la llama con orgullo.

La literalidad encierra la esencia de lo literario. Por eso el auténtico poema o novela o ensayo no se dejan parafrasear

4 Lo sentado anteriormente autoriza a seleccionar del canon algunos ejemplos de vocación literaria sin distinguir entre literatura y filosofía y dando a literatos y filósofos un tratamiento indistinto. La visión suele tener en ambos casos el carácter de una revelación en la que predomina el elemento de la luminosidad. Pero unas veces la luz proviene de un fuego abrasador, consuntivo, y otras de una llama cálida, gozosa, vivificadora.

Entre las experiencias abrasivas destaca la de Pascal. Fallecido el filósofo, un criado halló en el forro de su levita una estrecha tira de pergamino. Estaba datada el lunes, 23 de noviembre de 1654, “a partir de las diez y media de la noche aproximadamente hasta cerca de media hora después de la media noche”. Durante esas dos horas a Pascal le sobrevino una visión extática que el pergamino manuscrito trata de verbalizar. El luego llamado Memorial empieza con la palabra “feu”, el fuego de un Dios bíblico de vivos contrapuesto al Dios fosilizado de la filosofía y la teología. En el otro extremo se situaría James Joyce. Durante su último curso en el Belvedere College, 1897-1898, contando 16 años, el prefecto de estudios le sugirió la posibilidad de ingresar en la Compañía de Jesús. Pocos días después, tuvo lugar la escena recreada en Retrato del artista adolescente, la ruptura definitiva con la Iglesia católica y la afirmación de su vocación artística precipitadas por una suerte de éxtasis inverso: “Su alma se acababa de levantar de la tumba de su adolescencia, apartado de sí sus vestiduras mortuorias. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Encarnaría altivamente en la libertad y el poder de su alma un ser vivo, nuevo y alado y bello, impalpable, imperecedero”. La visión asume en Joyce la figura de una hermosa muchacha a la que contempla en el puerto mirando el mar, con las faldas arremangadas y moviendo las aguas distraídamente con el pie, encarnación de aquella “profana perfección de la humanidad” (Yeats). “¡Dios del cielo! —exclamó el alma de Stephen en un estallido de pagana alegría”. “Vivir, errar, caer, triunfar, volver a crear la vida con materia de vida. Un ángel salvaje se le había aparecido, el ángel salvaje de la juventud mortal”.

Hay epifanías que acontecen sentado, como le sucedió a Descartes. Otras, andando, como a Rousseau
Hay epifanías que acontecen sentado, otras andando y otras en estado de espera. Entre las primeras, la de Descartes en la noche del 10 al 11 de noviembre de 1619, a la edad de 23, durante un descanso de la guerra de los 30 años, en las cercanías del Ulm junto al Danubio: “Y observando que esta verdad: pienso, luego existo, es tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando”, referirá años más tarde Descartes en su Discurso del método. Entre sus papeles póstumos figura una anotación con la fecha trascendental y este comentario a su lado: “…mientras estaba lleno de entusiasmo y descubría los fundamentos de una ciencia maravillosa”.

La visión de Rousseau fue, en cambio, de las ambulatorias. Una tarde de 1749 iba a visitar a su amigo Diderot, preso, y mientras caminaba leía las bases de un concurso convocado por la Academia de Dijon. De pronto le envolvió, como un relámpago, lo que él en las Confesiones bautizó como “la iluminación de Vincennes”. Su conciencia atravesó un momento de lucidez prodigiosa, las ideas se le agolpaban a una velocidad muy superior a su capacidad de asimilación, pero la intuición central permanecía: el progreso de los pueblos exaltado por su siglo ilustrado no existe, porque el hombre nace bueno y la civilización lo corrompe: aquí se halla la almendra de toda su vasta producción posterior.

Por último, a Proust le sorprendió la visión unitaria del ciclo En busca del tiempo perdido en la biblioteca del hotel del príncipe de Guermantes mientras esperaba que terminase el concierto. Allí encadenó tres o cuatro “resurrecciones de la memoria”, dos losas desajustadas, el tintineo de una cuchara chocando contra un plato, la tiesura almidonada de una servilleta o el ruido estridente de una cañería —momentos del presente capaces de evocar recuerdos del pasado a los que la imaginación halla alguna analogía—, que produjeron en Proust la sensación felicísima de elevar a un plano supratemporal el tiempo perdido y por esa vía recuperarlo y rescatarlo de la muerte. Ese fue su “día más bello” —confiesa en el último tomo de su obra—, aquel “en el que se alumbraban de pronto no solo los antiguos tanteos de mi pensamiento, sino hasta la finalidad de mi vida y acaso del arte”.


Labor de nómadas

Los aspectos complementarios de la visio —fascinante y terrible al tiempo— ya se encuentran en dos de los primeros casos de vocación literaria registrados en la historia de la humanidad. Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro cuando, al llegar al monte Horeb, una zarza ardiendo le habló y le envió a los hombres con una misión literaria: la composición de las leyes para el pueblo elegido (Éxodo 3). Por su parte, Hesíodo, pastor de ovejas, se hallaba apacentando su rebaño al pie del monte Helicón cuando, según refiere en el arranque de su Teogonía, se le aproximaron por sorpresa las Musas formando bellos y deliciosos coros; tras ungirle como poeta entregándole una rama de laurel, cumplieron los dos rituales de la vocación: le revelaron una visión del mundo y le encargaron que la difundiera con su canto, infundiéndole para ello ese dulce don que solo poseen ellas. La escena bíblica destaca el aspecto llameante de la vocación mientras que la griega realza su gracia y encantamiento. En ambos casos, a la epifanía sigue la urgencia literaria de producir un documento que ordene la visión sobrevenida y le preste una forma perdurable (Teogonía, Pentateuco); en ambos casos también el favorecido por la visión es sorprendido en faenas de pastoreo: se diría que es propicia a la vocación esa existencia nómada y disponible, sin arraigar en ningún sitio fijo y sin compromiso, errante con sus ovejas.

Un análisis de la estrategia de Podemos

Antonio Maestre, El “fascismo cool” de Pablo Iglesias, en La Marea, 9-XI-2014:

La pedagogía en política es una carrera a largo plazo, muy costosa y con escaso rendimiento electoral. Es por ello que encontrar lugares comunes y discursos integradores es una solución mucho más efectiva para alcanzar el poder en una situación de emergencia. Existen cuestiones, problemas o situaciones con los que todos están de acuerdo sin importar la ideología que profesen o crean tener. Y si no todos, una mayoría que otorga gobiernos. La lucha contra la corrupción, una sanidad de calidad y, en estos días, incluso la antipolítica, son cuestiones que trascienden el eje ideológico izquierda-derecha y que hacen posible encontrar acuerdos con amplias mayorías. Pablo Iglesias y su equipo son conscientes de que envolviéndose en la bandera de la izquierda no se alcanza una mayoría suficiente para gobernar en apenas dos años. Para ello, para crear hegemonía, es necesario difuminar ese eje, en el que los promotores de Podemos personalmente se posicionan muy a la izquierda. Se trata de un discurso maquiavélico no exento de trampas, que Iglesias ya criticó cuando hacía política en las aulas, y puede servirle para alcanzar su fin, aunque el camino al hacerlo no sea el más honesto.

Pablo Iglesias, en una entrevista en La Opinión de A Coruña, respondía en 2013 a una pregunta sobre el devenir del país. Acertaba en definir lo que ocurría en los tiempos de crisis y cómo las formaciones que trascendían el eje izquierda-derecha en una situación de emergencia como la actual tenían muchas posibilidades. “La emergencia de UPyD es un ejemplo. UPyD tiene muchos elementos de fascismo cool, con eso de ‘no somos ni izquierdas ni de derechas, somos españoles’. Es un discurso de momento de crisis donde hay muchas posibilidades”.

Ese discurso del “fascismo cool” de UPyD ya había sido ensalzado por el líder de Podemos en otras ocasiones. En una conferencia en la Universidad de Zaragoza, al ser preguntado por un alumno sobre la formación magenta, no dudó en alabar su estrategia electoral, su valor como partido y la importancia de su discurso diferenciador del eje tradicional “UPyD solamente utiliza significantes ganadores, izquierda-derecha no, eso te divide. Si tú pones la palabra izquierda a tu partido, alguien a cuyo abuelo han matado los republicanos no te votará”.

Porque Pablo Iglesias siempre tuvo claro que el discurso de UPyD, con matices de cosecha propia, era el ganador. En un libro editado por Icaria en el que Pablo Iglesias hablaba con Nega, el cantante de Los Chikos del Maíz queda patente. En la conversación que mantienen aparece el manejo de la comunicación política que hace UPyD. El texto es muy ilustrativo. En él ambos explican que lo único que se puede hacer en una situación como la actual es un programa de mínimos al estilo de Syriza y que para lograrlo hay que movilizar a los que nunca votan y a los movimientos sociales, así como robarle espacio a los partidos tradicionales porque asumen que las siglas como las de IU tienen un techo cuantificable que jamás alcanzaría una mayoría suficiente.

Pablo Iglesias argumenta que esa mayoría no se consigue con una confluencia de siglas, sino con la construcción de un relato, de un discurso, con significantes: “Hay discursos que en este momento te pueden hacer ser mayoría”. Es en este punto donde entra el uso del discurso y el manejo de la comunicación política que hace UPyD. Para Iglesias, la formación de Rosa Díez es la única que ha entendido las claves del discurso, cuyo relato es la negación del eje clásico ideológico. UPyD dedica su manifiesto fundacional precisamente a alejarse de las ideas tradicionales de la izquierda y la derecha: “Ser considerados de izquierdas o derechas no nos parece el centro del problema, aunque nos apiadamos cordialmente de quien carece de mejores argumentos para descalificar al adversario”.

La negación del eje izquierda-derecha como la base sobre la que plantear la solución de los problemas es un discurso que está muy lejos de ser nuevo. Sus antecedentes históricos demuestran que es una estrategia muy manida que ha tenido éxito y fracasos a partes iguales. Históricamente ha recibido el nombre de Tercera Posición y tiene más similitudes con el posicionamiento programático de UPyD que con el de Podemos, que sólo mantiene una leve semejanza con él en la estructura de su discurso.

Antecedentes históricos del discurso

La tercera posición es una doctrina política que busca marcar distancias con el comunismo y el capitalismo. Apareció en la primera mitad del siglo XX como una doctrina que se declara al margen del espectro político, con marcadas ideologías nacionalistas y populistas. El tercerposicionismo históricamente ha estado relacionado con el fascismo italiano, la Falange de Primo de Rivera y el peronismo, así como otras posiciones más minoritarias como la Guardia de Hierro rumana.

El 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia, José Antonio Primo de Rivera realizó el discurso fundacional de Falange, que definió del siguiente modo:

“El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas… Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.“

No sólo la tercera posición ha renegado del eje izquierda-derecha a la hora de plantearse las bases de su relato y su discurso. Esta manera de estructurar el lenguaje se ha presentado siempre en alternativas de tercera vía a dos realidades preexistentes que siempre han recibido el nombre de derecha e izquierda. Es un modo de distanciarse de unas estructuras políticas que la ciudadanía advierte como un problema. En esos casos, se elimina la opción de hacer pedagogía para, mediante la propaganda, lograr una alternativa de poder de emergencia.

Ese rechazo a la autodenominación ideológica y la negación del esquema clásico se dio también en aquellos que algunos presentan, con poco acierto, como referentes de la formación de Pablo Iglesias. En una entrevista hecha en 1998 por Jaime Baylis a Hugo Chávez, el periodista le preguntó directamente si era de izquierdas, si se definía ideológicamente socialista. Esta fue la respuesta de Hugo Chávez:

“Yo no soy socialista, la América de hoy, la América que viene, requiere un salto adelante, vamos más allá del socialismo e incluso más allá del capitalismo salvaje como lo llama el Papa Juan Pablo II. Yo creo en un proyecto humanista, un proyecto incluso integral”. No fue la única vez que Hugo Chávez quiso diferenciarse de las definiciones ortodoxas ideológicas, y fue célebre una frase suya realizada en una entrevista en televisión el mismo día que salió electo: “Propongo una tercera vía, un modelo capitalista pero con rostro humano”.

Los prejuicios sobre los que se ha realizado a lo largo de la historia este discurso diferenciador del status quo han alcanzado hasta los que todos consideran situados en uno u otro extremo del espectro ideológico. Ya hemos hablado de Falange y La Guardia de Hierro como ejemplos paradigmáticos en la extrema derecha. Pero incluso Fidel Castro no escapó a este discurso integrador. Así, en en la Plaza Cívica, el 8 de mayo de 1959, negó que el movimiento revolucionario que él encabezaba fuera de izquierdas, ni de derechas, ni de centro.

“Nosotros no nos vamos a poner a la derecha, ni nos vamos a poner a la izquierda, ni nos vamos a poner en el centro, que nuestra Revolución no es centrista. Nosotros nos vamos a poner un poco más adelante que la derecha y que la izquierda. Ni a la derecha ni a la izquierda: ¡Un paso más allá de la derecha y de la izquierda!. ¿O es que acaso tengan los hombres que nacer maniatados a ideas determinadas?”

Izquierda y derecha en Pablo Iglesias

En el discurso de Podemos y Pablo Iglesias, plantear el problema desde un prisma diferente a la izquierda y la derecha se considera vital para alcanzar la mayoría y poder gobernar. No se trata de ocultar que Pablo Iglesias es de izquierdas, se trata de establecer un discurso que elimine los referentes que se asocian con la izquierda para alcanzar a una mayoría que de otro modo jamás conseguiría. El discurso y la estrategia de Podemos se basa en plantear el problema en términos de oligarquía frente a ciudadanía, democracia frente a dictadura y en atacar los privilegios de unos pocos. Es por ello que el concepto casta es tan importante, sustituye de un plumazo el enemigo que la izquierda tenía, la derecha, que es mucho más difuso y escurridizo. La casta es más identificable, un término más poderoso, un referente que todos entienden. El que te subyuga. Sea quien sea, esté donde esté. El que te hace la vida difícil. Sin necesidad de plantear un discurso ideologizado de clases que pueda ser desmontado con argumentos ya conocidos por siglos de enfrentamiento.

Pablo Iglesias antes definía a UPyD como “fascismo cool” porque no se definían de derechas ni de izquierdas, y por ello él rechaza que en Podemos digan lo mismo: “Yo nunca he dicho que seamos ni de izquierdas ni de derechas. Reto a encontrar una frase donde lo diga. Lo que yo digo es que lo que estamos diciendo no es de derechas ni de izquierdas, y eso es de sentido común”. Justo como Rosa Díez se definía: “de sentido común y progresista”.

Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero tienen claro que plantear su estrategia electoral en términos de izquierda y derecha es perder el centro del tablero, renunciar a gobernar. Consideran el discurso de UPyD ganador y por eso lo reutilizan. Han cogido el relato magenta y lo han modificado como si fuera de licencia copyleft adaptándolo a unas nuevas necesidades. Ellos no niegan ser de izquierdas, pero asumen que estos tiempos no se vencen desde esa trinchera y por ello renuncian a un discurso ideológico que llevan años defendiendo para adaptarlo a la gente.  Según Pablo Iglesias, “plantear la pelea política en ese eje es entregarle la victoria al enemigo. Ellos quieren eso, que nosotros estemos preocupados en colocarnos en un plano ideológico que nos defina por nuestra identidad, quieren que la palabra izquierda esté en nuestro nombre, que en nuestros actos estén todos los símbolos de la izquierda y, si es posible, que suene la Internacional. Pero si somos capaces de construir un lenguaje que emocione, movilice y trabajar con gente de muchos ámbitos y convertir la mayoría social que existe en mayoría política, entonces sí se preocuparán”.

La realidad les está dando la razón, están consiguiendo lo que nadie antes logró desde la pureza ideológica y desde unos posiciones bien explícitas en el eje. Aunque ni siquiera es un discurso que la nueva política y los partidos de la regeneración han traído a nuestro país. Algunos, incluso ni se presentaban a las elecciones. Arturo Fernández, presidente de la CEIM, en una entrevista en marzo de 2010 fue preguntado por su apoyo a Esperanza Aguirre y respondió que “la CEOE y CEIM se han caracterizado por su neutralidad. No somos ni de izquierdas ni de derechas, pero en Madrid tenemos un gobierno que se ocupa mucho de los empresarios y que nos pregunta siempre que se toman decisiones económicas”

Y que no se extrañe nadie: para ganar las elecciones hay que rechazar ideales, ser pragmático y aludir a ese discurso tercerposicionista, de la tercera vía o de negación de tu identidad. Lo hizo hasta Mariano Rajoy, que en el año 2008 cuando aspiraba a gobernar pidió el voto de los socialistas porque “España no es de derechas ni de izquierdas”

If...

Ricardo F. Colmenero, "Si podemos ganara..." en El Mundo, 10/11/2014:

SI PODEMOS GANARA las elecciones, sostiene el doctor por la Universidad de Navarra, Miguel Carvajal, dejarían España con un 25% de paro. La corrupción estaría tan instalada en su estructura que hasta su tesorero pagaría sobres en B a los Monedero, Errejón y Pablo Iglesias, por no hablar de las obras de reforma de su sede. Sostiene Carvajal que si Podemos ganara las elecciones sus ministros acabarían trabajando para las multinacionales a las que habrían beneficiado mediante concursos fraudulentos. Se meterían a banqueros que timarían a jubilados, analfabetos y ciegos. Y crearían tarjetas de crédito con dinero negro para comprar putas y lencería.

Si Podemos ganara las elecciones se gastarían millones en levantar edificios inútiles, redes de tren, carreteras y aeropuertos con presupuestos inflados. A los presidentes autonómicos les tocaría la lotería. Muchas veces. Vivirían en Palacetes, navegarían con narcotraficantes, abrirían cuentas en Suiza y tendrían testaferros que guardarían el dinero en latas de Cola-Cao enterradas en el jardín. Sostiene Carvajal que si Podemos ganara las elecciones habría más de 2.000 políticos imputados, su presidente hablaría en televisor de plasma, se reuniría con dictadores acusados de crímenes contra la humanidad, y vendería armamento a países acusados de violar los derechos humanos.

Si Podemos ganara las elecciones no tendríamos ni una universidad entre las cien mejores del mundo, más de la mitad de los jóvenes no tendría trabajo y saldría del país. Su gestión económica sería tan nefasta que la deuda seguiría creciendo hasta superar la totalidad del PIB, para seguir financiando instituciones inútiles como las diputaciones, los consejos consultivos o el Senado. Los impuestos ahogarían tanto a los empresarios que seríamos líderes en economía sumergida, y la evasión fiscal rondaría el billón de euros.

Si Podemos ganara las elecciones los jueces serían elegidos por los partidos políticos, que tendrían tribunales especiales, jubilaciones especiales, dietas de alojamiento aunque tuvieran casa, nunca pagarían un avión, ni un móvil, ni un taxi, pero podrían compatibilizar varios sueldos públicos con actividades privadas, y nadie controlaría su absentismo. Si Podemos ganara las elecciones 2,5 millones de niños no comerían adecuadamente en hogares con ingresos bajo el umbral de la pobreza. Miles de personas serían desahuciadas de sus casas y se quitarían la vida antes que vivir en las calles del país europeo con más viviendas vacías. Hay que ver qué cosas terribles ocurrirían si ganaran los de Podemos. #Eivissadiuno

lunes, 10 de noviembre de 2014

El atasco de influencias

El paso del Podemos al Debemos siempre resulta problemático, porque la ética no es nada si no se ejecuta, sino solo una máscara útil, como quiere Maquiavelo. Ya es bueno que se deseen hacer auditorías, pero yo empezaría por el mismo Tribunal de Cuentas, que no es precisamente modélico, y haría  "auditoría externa" de él. No volveré a mencionar aquí el escandaloso asunto del grado de consanguineidad de sus miembros, que es casi el de la familia de Carlos II, ni tampoco del hecho, demostrado al 95%, sobre la predicibilidad en la cobertura de puestos de trabajo en oposiciones al mismo y demás. Me atrevería a decir que incluso ese diminuto error de un 5% se debe a lo que en la España de Mortadelo, o sea, esta, se denomina "atasco de influencias". Y para ejemplificarlo he encontrado un didáctico ejemplo en el interesantísimo y más que raro primer volumen de Memorias de José Balcázar Sabariegos, un profe de literatura del IES Santa María de Alarcos (Ciudad Real) de hace un centenar largo de años, en una España que llamaban "del turno de partidos", cuando había oligocracia y caciquismo, como ahora (el tiempo es tan relativo en La Mancha que ni siquiera avanza):

Anunciada a concurso una plaza de profesor auxiliar supernumerario gratuito en el Instituto de Ciudad Real la solicité, a pesar de su importancia negativa, por el deseo de entrar en un escalafón del estado. Creía sumamente fácil este asunto y no me preocupé de él, y solo por cortesía escribí una carta al director del Instituto don Federico Galiano, antiguo catedrático mío. Pasó algún tiempo y en uno de los viajes a Ciudad Real inquirí noticias y mi sorpresa no tuvo límites. Habíamos concursado la plaza un señor Huertas, de Cádiz, don Francisco Maury Vera, de Daimiel, y yo. Los tres éramos licenciados. Tenía yo de ventaja sobre ellos el expediente académico, el tener aprobadas las asignaturas del Doctorado y contar con servicios en la enseñanza privada, y, sin embargo, "mi" Claustro me hizo la primera "caricia" poniéndome en último lugar, en la propuesta que elevó a Madrid. Y es que, estando en la Mancha, país de típicos refranes, pensaron sin duda en el que dice "quien bien te quiere te hará llorar... o por lo menos tener contrariedades". Y yo a mi vez recordé "que nadie es profeta en su tierra", pero como "no hay mal que por bien no venga" decidí "deshacer el agravio, y enderezar el entuerto". Conté el caso a Silvestre, y este noble amigo, con su gran corazón, animome a ello dándome permiso ilimitado para ir a Madrid a realizar las oportunas gestiones. Perdí las esperanzas en la Dirección General: era cosa de Nieto, cacique máximo de la provincia, ayudado por el poderoso magnate conservador sr. conde de Vilana. Fui a ver a Luis Felipe Aguilera y prometió ayudarme, recomendándome en carta que formaron los otros diputados y senadores ministeriales que eran aliados suyos. Regresé a Ciudad Real, donde estaba de gobernador don Juan Fernández Yáñez, y este insigne manchego que, como dijo Zaldívar, "había estudiado en el Infierno", se indignó también, pero todo sonriente escribió una carta y me tranqulizó diciéndome:

-Vuelva a Madrid y entregue esta carta a Morlesín, secretario particular del señor Cánovas, Presidente del Consejo de Ministros, y de paso visite otra vez a Luis Felipe Aguilera, para que él y los otros representantes en Cortes insistan personalmente en la recomendación.

En la carta escrita por Yáñez, de su puño y letra, decía a Morlesín que yo era persona de su mayor efecto y que se trataba de una venganza política.

Hice lo que me dijo don Juan, pero, antes de ir a casa de Aguilera, fui a la Dirección General, donde supe que Vilana había ido en persona a recomendar a Maury Vera y que estaba acordado su nombramiento.

Cuando se enteró Luis Felipe Aguilera soltó un terno y citó a urgente reunión a los diputados y senadores conservadores, con excepción del señor Conde de la Cañada, que estaba inteligenciado con Nieto, conviniendo en ella el ir juntos a entrevistarse con el Presidente del Consejo. Cuando Cánovas los vio y supo lo que pretendían no pudo por menos que exclamar:

-¡Tanto aparato para cosa tan pequeña! ¡Ni que se tratase de la mitra del Priorato...!

Y malhumorado los despidió asegurando que estudiaría la petición.

Pero al marcharse los representantes en Cortes "remachó el clavo" Morlesín explicándole la entraña del asunto, y... yo fui nombrado y se me concedieron las prórrogas que pedí para posesionarme del cargo. El conde de la Cañada no intervino para nada en esta cuestión. Entregome la credencial el diputado por Almagro señor Gómez Robledo y el 4 de marzo del 97 abandoné Daimiel para ocupar la nueva plaza (José Balzázar Sabariegos, Memorias de un estudiante en Salamanca... I, Madrid, La Editorial Calatrava S. A., 1935, pp. 92-94) 

 Con esto se ve lo podridas que estaban las instancias políticas entonces, y que en todo caso era mejor un poder moderador distante que uno sobre el terreno como el de un cacique. Al pueblo le tocaría ahora, con instituciones completamente transparentes y democráticas, no como las de ahora, moderar esos abusos. Todavía me consta que hay cosas por el estilo; si fuéramos franceses y no estoicos españoles rodarían tantas cabezas como en tiempos de Maximilien Robespierre.