viernes, 9 de enero de 2015

Ilustración de alcaldes. Dedicado a Rosa, la Aromática.

El poema que transcribo más abajo está escrito por un manchego del siglo XVIII que fue el primer ilustrado español en pasar del reformismo al liberalismo radical; en sus Cartas económico-políticas al conde de Lerena, (segunda parte), se tomó el trabajo de esbozar, cuando ya estaba quedándose ciego, la primera constitución que soñó un español, bastante más liberal que la de Cádiz. Sus sátiras fueron censuradas por la Inquisición y todavía estamos esperando que las publiquen (hay quien dice que la Inquisición desapareció a principios del siglo XIX; Larra no se lo creía, y decía que había cambiado de nombre y ahora se llamaba Gobierno; se ve que tenía algo de razón). Ya el tío de Jorge Manrique, Diego Gómez Manrique, escribió en la columna más tiesa del ayuntamiento de Toledo que pudo encontrar unos versos que advertían a los futuros alcaldes de esa ciudad y todavía pueden leer los ciegos que la rigen:

Nobles discretos varones / que gobernáis a Toledo, / en aquestos escalones / desechad las aficiones, / codicias, amor y miedo. / Por los comunes provechos / dexad los particulares. / Pues vos fizo Dios pilares / de tan riquísimos techos, / estad firmes y derechos.

En otro poema extenso expone bien a las claras cómo ha de ser un recto gobernante; leer esos preceptos daría urgente cagalera a cualquier político manchego, cuanto más español, sudores fríos y cuartanas. Porque ese señor tenía lo que se llamaba entonces "honor", algo que provocaba un irremediable harakiri en caso de causar vergüenza o ser ineficiente; esa gente prefería la muerte al baldón. Yo, por mi parte, me contento con copiar el poema de Arroyal, un liberal conquense, que murió en Vara de Rey. Mucho Quijote, mucho Quijote, pero a este Quijote, que no es ridículo ni loco, sino alguien provisto con la razón y luz del siglo XVIII, nunca la editarán unas Obras completas. La Inquisición, decía. El Gobierno, decía. Y allá va. Los lectores harán las aplicaciones que gusten, pero para mí que ya no hay hombres ni mujeres como los de antes, solo chorizos no precisamente de casta, sino descastados. Políticos que son la vergüenza de sus padres.
  
Oda XXIII

En alabanza del alcalde Juan Fernández de la Fuente,
labrador honrado de la villa de Vara de Rey

    Canto a un felice anciano / coronado de espigas y de frutos / del plácido verano, / no gobernando los neptúneos brutos / con esmaltado freno, / sino los tardos bueyes / y su rebaño, por el campo ameno.
    Canto un hombre estimado / de todos sus vecinos y parientes, / y lo que es más, honrado / aun de viciosas y malignas gentes, / aquellos que sus días / gastan mordiendo honras / con sus murmuraciones y falsías.
    Canto un varón constante / en los trabajos de su larga vida / de parcitud amante / y no de riqueza desmedida: / canto un hombre prudente, / trabajador, sufrido, / a Juan Fernández canto de la Fuente.
    El no en ilustre cuna / se crio, ni emprender pudo lustrosa / carrera, ni fortuna / le subió a una eminencia prodigiosa; / ni vio la adusta guerra / donde es el más famoso / el hombre que destruye más la tierra.
    Nació en una aldeílla / cerca a Vara de Rey, y allí criose / en la vida sencilla / del campo ¡oh Dios!, y de ella alimentose / ochenta y cuatro años / que cuenta con luz clara / de lo que es este mundo y sus engaños.
    Ni pudo el mal ejemplo / de algunos holgazanes infestarle: / desde su casa al templo / y del templo a su casa era encontrarle; / pero nunca en el juego / ni tampoco en la plaza, / ni entre el lascivo y execrable fuego.
    Jamás dijo mentira, / ni se verificó que a uno engañase, / ni pudo hacer la ira / que, sin razón, cólerico, injuriase; / ni de empeños a fuerza / ni a fuerza de dinero / se vio jamás que la justicia tuerza.
    Siendo nombrado alcalde / (aunque de él con entera repugnancia) / administró de balde / la justicia, no haciendo su ganancia / la pérdida de algunos, / que, atropelladamente, / se meten en mil pleitos importunos.
    Ninguno tuvo queja / de su modo de obrar, ni la censura / del vulgo, que no deja / delito sin castigo, le fue dura: / quien le ha necesitado / siempre le halló propicio / para servir a todos preparado.
    Sin libros y sin ciencia, / aunque sí con un alma esclarecida, / sabe por su experiencia / más que muchos de aquellos que la vida / en estudiar gastamos, / y en mucho se aprovecha / más que acá nuestra ciencia aprovechamos.
    A costa de fatiga / y sudor trabajó en la primavera / de su edad cual la hormiga / que los rigores del invierno espera, / y en su vejez ahora, / sin cansar al pariente, / come el trabajo que antes atesora.
    Él buen vecino ha sido / y buen juez, buen hijo y buen hermano, / y ha sido buen marido, / y, por decirlo todo, buen cristiano.
    Su conducta inculpable, / a lo que ver se deja, / a su Dios y a los hombres es amable. /   ¿Quién, quién habrá que pueda / no envidiar una vida tan sencilla / y pura, aunque la rueda / de fortuna le tenga allá en la silla / primera del estado / hecho objeto de envidia / sobre todos los otros sublimado?
    ¡Oh hombre el más dichoso / de todos los mortales! Vive, vive / en tu dulce reposo / y este pequeño don de mi recibe / con natural bonanza; / aunque yo no te alabo, / a tu virtud va toda la alabanza.

jueves, 8 de enero de 2015

Aurea mediocritas.


El sentido que tiene la expresión en el latín de Horacio, que se acuñó como tópico literario, es filosófico: ajuste o equilibrio de oro, esto es, unión máxima de extremos, lo que indica la Epístola moral a Fabio: "Iguala con la vida el pensamiento". El significado que ha tomado en la actualidad es despectivo porque el centro de significación ha pasado del mundo o de la naturaleza (inmóvil, indiferente, racional) al hombre (dinámico, apasionado, movido por sentimientos). Por otra parte, un adagio equivalente, in medio stat virtus, "la virtud está en el medio", o "la hombría está en el medio", tenía en el pasado un sentido erótico que subvertía el tópico original aurea mediocritas. En el pasado el hombre era un juguete de los dioses y del destino, ante el cual solo cabía como remedio la imperturbabilidad estoica, o al menos así lo muestra la tragedia clásica; pero el cristianismo trajo la curiosa noción de la libertad, de que el hombre era libre y podía cambiar, evolucionar y ganar algo: la vida eterna divina o la gloria humana; este dinamismo de raíz romántica dio cabida a la ambición como virtud y a la curiosa evolución semántica que señalas. En general, las palabras de la antigüedad han perdido su antigua referencia al mundo y en la modernidad se relacionan más con el hombre. Así, por ejemplo, el "genius" latino era algo externo al hombre, un diosecillo menor, pero en la actualidad "genio" designa a una parte del espíritu del hombre. Mediocritas ha pasado de significar "equilibrio, ajuste" a significar, despreciativamente, falta de ambición. La subjetividad del romanticismo o, como se escribía antes, Romanticismo, es la culpable de esta transformación.

martes, 6 de enero de 2015

Una información inédita sobre Diego de Almagro


De la increíblemente inédita hasta yoy «Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú» (1571) del primo de Francisco Pizarro, Pedro Pizarro, de la que solo ha quedado un ejemplar, cuya mejor recomendación es haber sido escrita sobre el terreno Lo cuenta aquí Jorge Sanz Casillas en Abc:

"El don Diego de Almagro era muy buen soldado y tan gran peón, que por los montes muy espesos seguía un indio solo por el rastro y, aunque le llevase una legua de ventaja, lo tomaba»."

lunes, 5 de enero de 2015

Aforismos sobre la mediocridad

Jorge Wagensberg, "La mediocridad en aforismos. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir", El País, 30 del XII de 2014:

Hay grupos humanos que funcionan y otros que no funcionan. Y tal cosa ocurre con países, ciudades, barrios, empresas, partidos políticos, universidades, escuelas, clubes, familias, escaleras de vecinos… ¿Dónde están las claves individuales que hacen que un colectivo funcione? ¿Están en el conocimiento adquirido o quizá en la tradición acumulada? ¿Están en los valores morales o quizá en el espíritu de los tiempos? Todo ello está en la receta, no hay duda, pero ¿cómo es posible que la misma cultura en la que florecen creadores como Bach, Beethoven, Brahms, Kant, Hegel, Leibniz, Goethe, Heine, Durero, Cantor, Hilbert, Noether, Einstein o Planck se precipite colectivamente al infierno en un instante del siglo XX? Para comprender, quizá baste con un par de conceptos antagónicos e inseparables: la creatividad y la mediocridad. Probemos a ver.

1. El mediocre sabe que lo es porque ser mediocre es una decisión personal.

2. El mediocre no está interesado por descubrir ese talento que todos llevamos dentro.

3. La humanidad se divide en dos clases de personas, la de las que van más bien a favor de los proyectos y la de las que van más bien a favor de sí mismas.

4. Los proyectos suelen empezar bien empujados por personas que van más bien a favor de los proyectos y se van arruinando a medida que son reemplazadas por personas que van más bien a favor de sí mismas.

5. Casi todo el mundo tiene la tendencia natural de ir a favor de sí mismo, pero en el caso del mediocre hay un plan, un plan estratégico innegociable.

6. Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

7. El mediocre solo entiende la lealtad en la dirección vertical y en el sentido ascendente.

8. La suma de la mediocridad y de la creatividad es constante: a más de la una menos de la otra.(Versión universal de la Primera Ley de la Termodinámica).

9. Construir es ir de cualquier parte a una parte muy especial, y para ello hay que invertir tiempo, talento y esfuerzo; destruir es ir de una parte muy especial a cualquier otra parte, y para ello no se requiere absolutamente nada.(Versión universal de la Segunda Ley de la Termodinámica).

10. En una empresa aislada la mediocridad aumenta espontáneamente hasta un valor máximo que corresponde a un estado de no retorno desde donde ni siquiera se puede ya empeorar.(Versión social de la Segunda Ley de la Termodinámica).

11. El mediocre está convencido de que no hay función que no se pueda delegar.

12. El mediocre se considera particularmente bien dotado para la función de delegar funciones.

13. El comentario más socorrido del mediocre es ¡no lo veo claro!, y se basa en una esperanza doble: que todo el mundo lo olvide si el proyecto llega a buen puerto y que todo el mundo lo recuerde si el proyecto naufraga.

14. La mediocridad no consiste en pensar que nadie es imprescindible (se puede prescindir de Mozart, claro) sino en pensar que todo el mundo es reemplazable (que me busquen otro Mozart).

15. Cualquier empresa humana tiene un cupo máximo de mediocres que puede soportar antes de entrar en colapso irreversible.

16. El mediocre no reconoce la crítica para corregir, sino que encarga la corrección de la crítica a expertos de reconocido prestigio.

17. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

18. La mediocridad puede hacer que, durante un instante, se tambalee una cultura de siglos: ciencia, filosofía, poesía, arte, matemática y música.

19. La mediocridad, que nunca duerme, puede sorprender a la creatividad que sestea.

20. Acabar con la élite se puede hacer de dos maneras: matando a todos los que están dentro (opción mediocre) o invitando a entrar a todos los que están fuera (opción creativa).

Aforismos sobre educación

Jorge Wagensberg, "La educación en aforismos. ¿Qué es preferible: conocimiento sin crítica o crítica sin conocimiento?" El País, 16 OCT 2014:

El ser humano conserva algunos de sus rasgos juveniles más allá de su madurez sexual. Técnicamente el fenómeno se llama neotenia y, en general, está asociado a saltos significativos de la evolución. Nuestros primos primates son naturalmente proclives a jugar y a aprender durante su fase juvenil, pero pronto pierden el interés por ello. Nosotros en cambio jugamos hasta el último minuto de nuestra vida, por lo que un humano bien podría nombrarse como un mono inmaduro,un curioso individuo cuya educación en las aulas puede superar un cuarto del tiempo total que le toca vivir. Siguen unos aforismos en su honor…

1. Educar no es llenar, sino encender.

2. Educar es favorecer la adicción al gozo intelectual.

3. Aprender tiene tres fases: el estímulo, la conversación y la comprensión, y con cada una de ellas existe la oportunidad para un gozo intelectual.

4. El buen estímulo a favor del conocimiento está en las paradojas que surgen entre lo que vemos y lo que creemos, por tal cosa la realidad no se puede reemplazar por nada mejor a la hora de buscar estímulos. (¿Por qué no dedicar un día de la semana a salir del aula para visitar la realidad que es, por cierto, lo que tenemos más a mano?).

5. Conversar es escuchar antes de hablar: qué fácil, qué difícil.

6. Conversar no es esperar turno para continuar con lo que se estaba diciendo.

7. El gozo intelectual por conversación se produce cuando un punto de llegada no coincide del todo con el anterior punto de salida. (¿Qué tal una asignatura de conversación?).

8. Comprender es caer en la mínima expresión de lo máximo compartido.

9. El gozo intelectual por comprensión ocurre en el momento exacto en el que uno descubre que dos cosas diferentes tienen algo en común.

10. Enseñar a alguien es llevarlo, de la mano de la conversación, hasta el borde mismo de la comprensión.

11. Enseñar no consiste en inyectar comprensiones, sino en señalar caminos para tropezarse con ellas.

12. Los estímulos que se revuelcan en sí mismos y que no conducen a una conversación o a una comprensión no son el principio de educación alguna, sino el fin último de alguna clase de pornografía (el best seller de diseño, la llamadaautoayuda…).

13. La clase magistral en la que más de cien alumnos asisten a una exposición —que siempre pueden leer antes o después— es un timo educativo.

14. Se puede estimular y conversar, pero comprender, lo que se dice comprender, se comprende siempre en la más estricta soledad.

15. Diez personas pasean y conversan (método peripatético); 40 escuchan y quizá pregunten, pero ya no conversan; 100 son espectáculo, y 500, ceremonia.

16. Conocimiento sin crítica es más preocupante que crítica sin conocimiento.

17. El examen tradicional se parece a una confesión forzada en la que el alumno accede a simular que ha comprendido.

18. En los primeros 10 años de escuela quizá solo merezcan la pena dos cosas: ejercitar el lenguaje (leer y escribir en varios idiomas, matemática, música, dibujo…) y entrenar el hábito de la conversación y la crítica.

19. En la escuela, ni una sola idea blindada contra la duda, ni una sola.

20. Las creencias no se enseñan, se trasfunden.

21. Combinando solo cuatro conceptos (lo propio y lo ajeno, la alegría y la tristeza) se obtienen las pasiones humanas elementales: compasión: tristeza propia por la tristeza ajena; morbo: alegría propia por la tristeza ajena; alegría empática: alegría propia por la alegría ajena; autoestima: alegría propia por la alegría propia; autocompasión: tristeza propia por la tristeza propia…

22. La educación es un recurso cultural para matizar una pasión natural (prestigiar la compasión, desprestigiar la envidia…

23. Ni siquiera comer es una excusa para aplazar el conocer, por lo menos mientras la hipoglucemia no nos nuble la vista.

24. Existe una inversión en la que siempre se gana y cuyo beneficio siempre cabe en el equipaje de mano, no se puede perder, ni nadie puede robar: la educación.

Nueva biografía de Miguel Ángel

Natividad Pulido, "Miguel Ángel: retrato de un genio no tan «divino» como lo pintan", El País 4/01/2015:

Martin Gayford publica una ambiciosa biografía del artista más grande de la Historia 450 años después de su muerte. «Ha habido muchos reyes, pero un solo Miguel Ángel». Llevaba razón Aretino, uno de los grandes intelectuales del Renacimiento. Buonarroti dio buena cuenta, a lo largo de 89 años, de por qué fue bautizado como «el Divino». No por su fe inquebrantable, que la tuvo, sino por los prodigios que salieron de su privilegiada mente y sus virtuosas manos. Sin embargo, tras esa divinidad se esconde un hombre de carne y hueso, con su grandeza, pero también con sus miserias. Es el retrato que esboza Martin Gayford –responsable europeo de la crítica de arte de Bloomberg y autor de libros como «Constable in Love» y «The Yellow House»– en «Miguel Ángel. Una vida épica» (Taurus), tildada como la biografía definitiva del genio italiano, de quien se acaba de conmemorar el 450 aniversario de su muerte.

«El conocimiento de una personalidad tan importante y estudiada tan intensamente como la suya tiende a crecer como un arrecife de coral –subraya el autor en conversación vía mail con ABC–, pero ha aparecido nueva información en las últimas décadas, por ejemplo sobre detalles de su cuenta bancaria. Mi libro propone nuevas teorías sobre su familia, su nodriza, su relación con Leonardo y Rafael, sus conexiones con Savonarola, sus sentimientos por sus asistentes...» Gayford ha llevado a cabo una investigación rigurosa, buceando en su abundante correspondencia y sus tres centenares de poemas. Cual Dorian Gray, no sale Miguel Ángel muy bien parado en su retrato: asocial, arisco, violento, sobrio (siempre vestía de negro), impetuoso, furioso, huraño, irascible, tosco, burdo, solitario, avaro, usurero, codicioso, con un gran ego, arrogante, capaz de enfadar a los siete Papas con los que, con mayor o menor fortuna, trabajó. «¿Cuándo terminará la Capilla Sixtina?», le preguntó Julio II. «Cuando pueda», le respondió. Genio y figura. «He querido abordar a Miguel Ángel como un ser humano extremadamente complejo. En el pasado, sobre todo en las biografías románticas, se le trataba como una especie de superhombre. Fue un hombre difícil, neurótico, irritable y hasta deshonesto, pero también podía ser generoso, tierno y valiente». Todas estas aristas aparecen reflejadas en las 700 páginas del libro. Gayford le quita el halo de santidad y lo baja a la tierra.

Esta biografía relata la angustia de un hombre atormentado por la ansiedad, agotado por el estrés de tantos encargos, cada vez más faraónicos, muchos de los cuales nunca llegó a terminar. Su ambición no tenía límites: quería esculpir una montaña con forma de coloso. El autor lo retrata como un maniaco del control: tenía que supervisar hasta el más mínimo detalle todo el proceso creativo y no sabía delegar. Ello le pasó factura. Pese a tener en su haber logros milagrosos como «La Piedad», el «David», los frescos del techo de la Capilla Sixtina o «El Juicio Final», no faltaron proyectos que supusieron para él mucho desgaste y, en cierta medida, un fracaso. Fue el caso de la tumba de Julio II (una tarea inconmensurable en la que estuvo enfrascado más de 40 años y completó solo parcialmente, aunque incluyendo, eso sí, el soberbio «Moisés») y la cúpula de San Pedro del Vaticano (no sobrevivió como él la concibió).

Tuvo una vida de novela: peleas y pleitos familiares, intrigas papales y palaciegas, envidias entre colegas, que llegaban a espiarse para robar sus ideas; engaños a los mecenas (estafó a un cardenal envejeciendo un «Cupido» para venderlo como una antigüedad)... Fueron tantos sus enemigos como sus admiradores y fue considerado traidor en Florencia, donde llegó a ser fue gobernador y procurador general de las fortificaciones de la ciudad. Tuvo que huir y exiliarse. No se casó ni tuvo hijos. Su madre murió cuando él tenía 6 años y solo hubo una mujer importante en su vida, la poeta Vittoria Colonna, con quien mantuvo una relación intelectual y espiritual.

Vivió en un mundo de hombres, junto a su padre, hermanos, sobrinos, ayudantes, mecenas, colegas... Sobre su supuesta homosexualidad, el autor no confirma ni desmiente, pero, «si se lee entre líneas, advierte, hallamos relaciones especiales con sus ayudantes». Hombre muy piadoso, se ha especulado con un celibato autoimpuesto como penitencia por sus «deseos pecaminosos». Al parecer, sus relaciones con otros hombres fueron meramente platónicas. La sodomía, aunque prohibida y penada, era habitual en la Florencia renacentista. El amor de su vida fue el aristócrata romano Tommaso de Cavalieri, 40 años más joven que él, a quien regalaba poemas y dibujos, y por el que sentía devoción.

No faltan curiosidades a lo largo de esta amena biografía. Como su macabra afición a desollar cadáveres y diseccionarlos, lo cual, según el autor, «le proporcionaba el mayor de los placeres». «Suena horrible, sobre todo si pensamos en las condiciones del XVI, sin refrigeración –explica Gayford–. Pero Miguel Ángel pensó que era la mejor forma de obtener información sobre el cuerpo humano para pintar los huesos, músculos y tendones de sus poderosas anatomías. Leonardo también hizo disecciones de cadáveres, incluso más obsesivamente que él». Otra curiosa costumbre: quemaba sus dibujos. Sospechaba que otros artistas le robaban sus ideas. Dijo de Rafael:«Todo lo que sabe de arte lo aprendió de mí». En un ataque de furia y frustración, la emprendió a mazazos con la «Piedad Rondanini». Vivía de forma muy austera, pero, tras su muerte, se halló en un baúl una fortuna para la época: 8.269 ducados y monedas de plata.

Fue tal el control que tenía de su imagen –hoy tan habitual en los artistas– que encargó a su ayudante Condivi que revisase, bajo su supervisión, su biografía escrita por Vasari. «Ningún artista antes –posiblemente solo con la excepción de Picasso– había alcanzado tal grado de fama y respeto a una edad tan joven. Antes de los 30 había esculpido “La Piedad” y a los 31 el Gobierno florentino le calificaba como el artista más grande de Italia y quizás del mundo. Vasari lo presentaba como un santo, un salvador enviado del cielo para rescatar a las artes de su imperfección». Llegó a tener dos entierros y dos funerales. Primero, en Roma. Después, su cuerpo fue sacado de la ciudad por mercaderes de contrabando, escondido en una bala de heno. Lo llevaron hasta Florencia. Una procesión escoltó sus restos hasta la Santa Croce. Cuentan que un mes después de su muerte su cuerpo seguía incorrupto.

Caprichos del destino, tres de los mayores genios de la Historia del Arte coincidieron en el tiempo y el espacio. Leonardo y Miguel Ángel mantuvieron, según Gayford, «la mayor batalla de egos en la Historia del Arte». Leonardo era afable, buen conversador, sofisticado, elegante, intelectual, le gustaba la ciencia y la música. Todo lo opuesto a Miguel Ángel. Discutieron sobre si reinaba la pintura o la escultura, compitieron por algún encargo (la batalla de Cascina contra la de Anghiari)... Leonardo criticó el «David» por desproporcionado e indecoroso y se burlaba de sus excesivas anatomía:«¡Oh, pintor anatómico! Ten cuidado, no vaya a ser la insinuación demasiado fuerte de los huesos, tendones y músculos lo que torne rígida a tu pintura». Pero, según Gayford, Miguel Ángel retomó ideas y técnicas de Leonardo y, tras 1504, fue al revés.

Con Rafael tampoco fue mejor la relación. «Fue una amenaza para él. Le pisaba los talones –advierte el autor–. Los dos fueron precoces, superdotados, ambiciosos. El arte de Rafael era maestría y elegancia; el de Miguel Ángel, pasión y heroicidad». Crearon dos maravillas a escasos metros: el primero, las Estancias Vaticanas; el segundo, la Capilla Sixtina. Miguel Ángel sostenía que un día Rafael se coló en ella y pudo copiarle sus ideas. ¿El mayor logro de Miguel Ángel? «Gracias a su ejemplo y su ambición sin límites transformó la noción de lo que puede llegar a ser un artista». Él rozó el cielo y es inmortal.

«Miguel Ángel. Una vida épica», de Martin Gayford. Taurus. 700 páginas. 26 euros.

Grandes entrevistadores

Juan Cruz, "La energía de la parodia", El País. 3-I-2015

Hasta Sócrates, hay una enorme lista de antecedentes de José Mota, el humorista de las parodias. Como el filósofo, Mota parte de que no sabe nada para indagar en la probable sabiduría de los otros, e indagar a partir de lo que encuentre. Como otro sabio más próximo, Pablo Picasso, él no rebusca, encuentra; no hace sangre en la búsqueda. Esa era una técnica fantástica que convirtió en genial (y en delicada) la charla con Fernando Fernán Gómez, el más audaz conversador que encontré jamás.

Con esa práctica de la ironía como forma de la parodia Fernán Gómez llegó no sólo a hacer extraordinarias personaciones en el teatro y en el cine, a partir de personajes ya escritos, sino que fabricó una personalidad televisiva. Sus charlas ante las cámaras, con personajes que eran sus invitados, fueron quizá de lo mejor que en materia de conversación ha salido por la pequeña pantalla.

Fernán Gómez se basaba en su cultura, pero sobre todo en la inteligencia de su mirada: él miraba al otro, aceptaba lo que le estaba diciendo, y trasladaba a su propio lenguaje (y a su propia voz) lo que había escuchado.

Pongamos que el otro le decía: “Esta mañana me comí un cruasán que estaba buenísimo”. Entonces él decía, ante la complacencia del interlocutor: “Así que esta mañana te has comido un cruasán”. El otro comenzaba a aterrarse, pues más allá de esa declaración no hay casi nada disponible. “Y además estaba buenísimo, ¿no es eso?” “Pues sí, estaba buenísimo”. “¿Tienes idea de dónde hacen esos cruasanes?” “En la propia cafetería, supongo”. “¿Supones? ¿Y si no estuvieran hechos en la propia cafetería?”.

La conversación podría seguir así hasta el infinito, Fernán Gómez indagando mayéuticamente y el otro sudando la gota gorda hasta que el actor relajaba el ambiente habiendo dejado KO al amigo que se había desayunado un cruasán.

Otro personaje extraordinario de la conversación paradójica (y paródica) era Adolfo Marsillach, actor también, que resultaba más desconcertante aún que Fernán Gómez. Mientras que el actor del pelo rojo permitía que el otro fuera respondiendo hasta quedarse atrapado en el cruasán, Marsillach bajaba la vista y la iba dispersando por la sala hasta que el interlocutor sabía que la conversación se había terminado.

Lo que hace Mota es aplicar su inteligencia paródica a cada uno de los personajes que reinterpreta. Es prácticamente imposible que se enfaden con él los caricaturizados, porque no sólo los imita y, por tanto, los interpreta, sino que los presenta tal como son, en el momento culminante de su ser más puro, del que no pueden (ni querrían) renegar. Es decir, Pablo Iglesias, el antiguo Rey, Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy o Rubalcaba (que este año no apareció, y lo eché de menos) no pueden decir que Mota no los haya clavado, porque todo lo que él dice que ellos dirían casa con la personalidad de cada uno.

Por eso, por ejemplo, Jordi Évole tuiteó ese piropo tan adecuado a lo que había hecho Mota con su persona (que es también su personaje): Évole, como todo el mundo, de la televisión y de la vida, tiene sus tics; hace falta que alguien, con la buena voluntad de Mota, y con su inteligencia interpretativa, lo ponga de manifiesto para que ese tic sea objeto de sonrisa, o de risa, sin que ni el esbozo de la carcajada ni el sucedáneo de la risa resulten ofensivas. Ni para el Rey para la Infanta Leonor, si nos ponemos en las alturas del Reino, resulta ofensivo Mota; pero esto, que en la España de astracán podría ser un reproche, es el mayor elogio que hoy se puede hacer de alguien que parodia.

Y eso es lo que conforta del humor de Mota, que ha llevado al paroxismo, pero sin pasarse, la parodia; en ese sentido, ha puesto en su sitio (es decir, en el suyo, en el de Mota) lo mejor del humor británico, o anglosajón, pues de ese humor (que también practica Andreu Buenafuente) se nutren los mejores caricatos de habla inglesa: punzantes y divertidos, con el puñal siempre asomando, pero es un puñal de sentido común, el más humorista de los sentidos.

Creo que el éxito de Mota podría significar también el éxito de una sociedad que se respete a sí misma: una sociedad que escuche y que pregunte, que no se burle, pero que indague hasta hacer que el otro vea como probable defecto aquello que considera una virtud. ¿Por qué nos gusta Mota, o, más modestamente, por qué me gusta? Porque me permite ver el vaso lleno hasta la mitad, o vacío hasta la mitad, y no me dan ganas de arrojarlo a la cara del que está imitando o del que está siendo imitado.

Me gusta porque es un tío que se ríe y hace reír y se respeta porque respeta. Esa admiración por la energía de la parodia es lo que me pasaba cuando escuchaba a Fernán Gómez. A Sócrates ya lo disfrutó Platón y a mi me queda francamente lejos.

domingo, 4 de enero de 2015

Iconografía del humo

Hay quien por esos andurriales electrónicos me llama paternalista por querer que los chicos no fumen. Eso de paternalista suena... infantil. Que tampoco es que suene demasiado, porque infante significa etimológicamente "que no habla" o mudo. Digamos que pueril. Más quisiera ser uno juvenal y satírico. Pero vale, me ha pillado, no por lo que cree; algunas cosas me hacen no paternalista, sino nazi, y el tabaco es una de ellas (con la gente que habla en el cine), por lo que bromeo con lo que sigue (alguno ni apercibe los sarcasmos, cuanto más los exorcismos). 

Quiero que se construyan campos de exterminio para los fumadores no porque los odie, sino porque deseo su pureza y coherencia pues, ya que quieren irse a morir y saludan (con señales de indio), que los reduzcan a ceniza y humo es lo lógico: se queman, no me queman. Primeros los que pidan por último deseo un cigarrillo: cámara de atufamiento y luego horno crematorio. Porque hay gente cuyo único propósito es apestar y dar cáncer; son una raza subhumana. Pues que los fume la chimenea o se vayan a la Siberia exterior, a las riberas plutónicas de la noche, que decía Edgar Alan, que era un bebedor, no un fumeta. ¿No se pueden agenciar un vicio menos estúpido que nicotinarse, como cafear, beber valdepeñas o hacer epistolografía lisérgica con sello? El tabaco es el único (vicio) que puede desaparecer, tan rematadamente idiota es. ¿Es vicio lo que no da placer? Wilde: "Todas las virtudes son inútiles sin la esencial del encanto"; pero los echadores de humo parecen haber leído otro pasaje suyo: "Lo único que no puedo resistir es la tentación". En toda familia hay más gente que ha muerto por tabaco que por cáncer o corazón; peor: el tabaco causa cáncer y problemas pulmonares que derivan en cardiacos. En mi familia, al menos, hay más muertos por tabaco que por la Guerra Civil o por una mala programación de software genético; y fumar es peor en número de inhumaciones. Tiene algo de manzana bíblica: es el mal absoluto, como la lista de Schindler era "el bien absoluto". Debían legalizar la Inquisición para perseguir al fumeta. Que sustituyan ese vicio, es más, que legalicen el circo romano, pero con fumadores, no con cristianos. Si es que los leones quieren comerse algo tan mal ahumado.

Mi padre, un ardiente y consumido consumidor de humo, me pilló una vez fumando, esto es, queriendo ser como mi padre o a su divina imagen y semejanza. Envuelto en nubes, como el majestuoso Alá en el Corán, no me reconvino, no robó el rayo de la mano de Júpiter, como Franklin, no dijo sino: "¡Qué malo es fumar!" y se largó. Con eso no me abrió los ojos como el esclavo a Edipo (quien luego se los arrancó), pero casi. Pasé entonces a mascar tabaco, porque en La isla del tesoro los piratas lo hacían e ignoraba por qué; como todos los que han pasado una psicótica infancia, era un experimental. Cogí uno de esos puros de boda sobrantes que se guardan para atufar en ocasión nunca advenida, lo deslié y empecé a mascar la hoja con fervor digno del mejor canónigo. Su sabor ácido me hizo devolver el desayuno sin envoltorio de lacito rojo o papel cebolla. Y averigüé que los marinos mascan tabaco para acostumbrarse al mareo y a no debilitarse esparciendo nutrientes sobre la refregada cubierta. La única justificación que puede salvar al tabaco es el arte de enrollar volutas y formas del humo. Por eso le digo a cualquiera que lo sufra: ¿quiéres saber lo malo que es el tabaco? Máscate un puro.

Desgastarme con malos humos y humores me producía dolor de cabeza, tos, insomnio, harapos de neblina tendidos en el dormitorio. Al incrustarme en el seat amarillo de mi padre, lo primero que notaba era el olor de la nicotina rancia adherido a la tapicería, algo que ni la más obstinada Nanas podría desollar. Te extraía la basca del petróleo biliar desde el estómago a la uvulilla. No ayudaba, tampoco, el malsano recital de casete flamenco de Juanito Valderrama y José Marchena al alimón, entre otros; acabé por cogerle una tirria terrible a fumetas y cantares. Aunque sacara una erudición asqueabunda e impar al jondo cante llena de sufrimiento y ayes: hoy solo soporto el cachijondo de Emilio el Moro, cuyos inencontrables casetes tientan a todo coleccionista de mugre del setenta. Puaj.

Mi tabaco más lesivo, gracias, era el malo: mecánico, celtas, ducados. Pero el más peligroso para mí era el suave mentolado; cuando exploré lo buenos que estaban, presentí con horror que podía quedarme enganchado y lo dejé del todo, que es la única manera de dejar. Ahora solo cafeo y, más que amar al padre, lo mato cotidianamente en forma de Edipo, autoridad, político y todo eso. Las migas debían hacerlas con tropezones de político malsano. Así nos los comeríamos y podríamos darles su apariencia verdadera y excrementicia.

Nuevos documentos sobre Cervantes

Alfredo Valenzuela, "Nuevos documentos sobre el trabajo como recaudador de impuestos de Cervantes" Sevilla, 3 ene 2015 (EFE).-

Dos nuevos documentos inéditos localizados en el Archivo de Indias de Sevilla ofrecen datos sobre la actividad recaudatoria de impuestos para abastecer, entre otros, a buques que iban a América llevada a cabo en el siglo XVI por Miguel de Cervantes.

El autor de "El Quijote" fue recaudador de tributos en la provincia de Sevilla (sur de España) y, por primera vez, los documentos encontrados lo ubican de manera oficial en las localidades de Osuna, Morón y Villamartín (en la vecina Cádiz).

Los documentos han sido hallados por el investigador José Cabello Núñez, archivero municipal de La Puebla de Cazalla (Sevilla), siguiendo la pista de otros cuatro documentos sobre el autor del Quijote -uno de ellos con autógrafo- que ya localizó y se dieron a conocer el año pasado.
El primero de los documentos hallados ahora es la orden de pago firmada el día 9 de noviembre de 1593 por Cristóbal de Barros, proveedor general de la Flota de Indias, dirigida al pagador Francisco de Agüero, para que éste entregara al "comisario" Miguel de Cervantes la cantidad de 19.200 maravedies (moneda de la época).

Esa cantidad era el salario que debía percibir Cervantes por los 48 días que se ocupó -entre el 21 de febrero y el 28 de abril de 1593- en sacar trigo y cebada de municipios de la comarca de Sevilla para la provisión de la Armada y los galeones de la Flota de la Carrera de Indias.
Según la orden de pago, Cervantes recibió de Cristóbal de Barros la comisión el día 21 de febrero de 1593 para sacar trigo para la fabricación de bizcocho, un pan de doble cocción con el que se abastecía a los barcos.

Bajo el texto de dicha orden de pago se transcribe literalmente el segundo de los documentos hallados, que es el texto íntegro de la comisión dada el mismo día por el referido proveedor general al comisario Miguel de Cervantes, que va certificado por Juan Sáenz de Egoen, secretario personal del proveedor.
En la comisión se ordena a Cervantes que, "llevando vara alta de Justicia" y acompañado de su ayudante y bizcochero de Sevilla Juan Sáenz de la Torre, con el que aparece relacionado por primera vez, vaya a diversas ciudades de Andalucía.

En esa misión, Cervantes debía reunir hasta 5.000 fanegas de trigo con el que fabricar bizcocho, 500 fanegas de cebada para los arrieros, 400 fanegas de garbanzos, 400 fanegas de habas y 300 quintales de queso para el abastecimiento de la Armada y la Flota de Indias.
En el documento hallado, el proveedor considera a Cervantes una persona inteligente y de confianza para cumplir la comisión que se le encarga y exime de la obligación de entregar el cereal a las personas pobres o que tengan poco pan.

También ordena en su escrito a todas las personas, cualquiera que fuera su condición que ayuden a Cervantes en todo lo que les pida, a los escribanos y alguaciles que usen y ejerzan sus oficios siguiendo las instrucciones del comisario y a los carceleros que tuviesen bajo su custodia a los presos que les entregue.

Según Cabello Núñez, la importancia de estos nuevos documentos radica en que es la primera vez que las localidades de Osuna, Morón de la Frontera y Villamartin aparecen citadas en documentación oficial de la época como lugares objeto de la visita personal de Cervantes.

En el capítulo 49 de la segunda parte del Quijote -cuyo cuarto centenario se celebra este año-, titulado "De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsula", Cervantes menciona las perdices de Morón, "las cuales sin duda hubo de degustar en la visita realizada en 1593", según Cabello Núñez.
La transcripción de los dos nuevos documentos cervantinos se incorporarán a las actas de las jornadas celebradas en mayo de 2014 con el título "Trigo y aceite para la Armada, el comisario Miguel de Cervantes en el reino de Sevilla, 1587-1593", que se publicarán en el plazo de unos meses.
En 2015 expertos cervantinos esperan poder determinar dónde descansan los restos del maestro de la literatura, quien nació en la ciudad de Alcalá de Henares, cerca de Madrid, y fue enterrado en 1616 en la iglesia de Las Trinitarias, en la capital española pero se cree que pudieron cambiar de lugar al ser remodelado el templo en 1673. EFE

sábado, 3 de enero de 2015

Alguien que puede ayudar a los padres con hijos emperadores: Pedro García Aguado

Quien haya visto a Pedro García Aguado, excampeón de waterpolo, expolitoxicómano y actualmente experto en coaching especializado en reducir a proporciones adultas a los niños violentos y maleducados con síndrome de emperador de los que tantos, más o menos suavizados, nos encontramos en las aulas. Cualquiera que haya visto sus métodos en el programa que dirige en el primer canal de televisión, Hermano mayor, constatará que son efectivos. Su bibliografía es la siguiente:
  
Mañana lo dejo (3ª ed.) 9,95
Hermano mayor: entender a los adolescentes es posible 14,96
Aprender a educar (Con F.º Castaño Mena) 14,90
Dejarlo es posible: cómo deje las drogas y el alcohol 12,00
La adolescencia 14,85
Cuaderno de rebeldes 17,00
Los consejos de hermano mayor (ebook) 9,99
Mañana lo dejo (ebook)4,99
Hermano mayor (ebook) (Con Esther Legorgeu Bermejo) 4,99
Aprender a educar (ebook) 8,99
Dejarlo es posible (ebook) 4,99
Los consejos de hermano mayor 14,90

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La Mancha en 1845 para el viajero y escritor ruso Vasily Petrovich Potkin

Tras la pequeña ciudad de Ocaña la naturaleza ofrece cambios: estamos en La Mancha. Esta triste provincia consiste en su totalidad en llanuras de nada: sin  agua, sin colinas, sin árboles. El ojo peregrina libremente en la distancia sin encontrar nada más que tierra rojigrís y azul cielo despejado; justo al sur, como una niebla espesa, se columbra en este desierto Sierra Morena; de vez en cuando, a dos o tres horas de distancia, se contemplan aldeas fuera del camino. No hay rejas para la soledad: en los bordes de la carretera no hay siquiera arbustos o hierba. ¡No sé qué qué pueda haber en el mundo más triste que este desierto! Imagínense un silencio de muerte bajo el brillo deslumbrante de un sol flamígero que agrieta la tierra pelada. Es realmente un desierto, solo que más prosaico: sin África, sin arena de mar, sin fuerte viento. Aquí y allá, a través de aldeas tejadas de arcilla y con casas de tapial y polvoriento ladrillo, rara vez se vislumbra otra cosa que pequeñas arboledas de olivar y viña pronto sustituidas por el campo desolado y yermo. A las personas les afecta esta grave naturaleza: el habitante de La Mancha, como no tiene nada que esperar de su trabajo en ámbito tan estólido y pobre, nace vagabundo. A cada pueblo lo rodea muchedumbre de niños entrenada en la mendicidad, envueltos en harapos y casi desnudos sean pequeños o mayores. Todo es mendigar en manchegos de aspecto frágil y depauperado; la ropa más frecuente es de un pardo oscuro, siempre con un chaleco largo remendado, pantalones cortos y botas largas gastadas. 

Fuera de esto, la gente de La Mancha posee muy mala reputación: tienen fama de salteadores, rateros, estafadores, contrabandistas y, sobre todo, de matar a los viajeros solitarios, a diferencia de aquellos hidalgos arruinados y cuatreros que solo robaban y mataban por necesidad. Por cierto os digo que en la última guerra carlista casi toda la pandilla que asaltaba los caminos era de manchegos. ¡Ah! Se me olvidó decir que el vino de La Mancha en España goza de gran fama, sobre todo el viñedo cultivado en torno a la localidad de Valdepeñas. No es como la mayoría de los vinos españoles: es espeso y agradable, el único en España que se puede beber en mesa sin aguarlo. ¡Y no huele a cuero cuando se empina el codo para arriba!

     Pero la gran fama de la Mancha proviene de su inmortal Don Quijote. En este triste país nació y murió el Caballero de la Triste Figura e hizo sus famosas hazañas caballerescas; la gente todavía te muestra los lugares donde acaecieron. A pocos kilómetros de la localidad de Quintanar de la Orden me mostraron El Toboso, lugar de Dulcinea, y luego la venta donde fue nombrado caballero Don Quijote. ¡La gente común incluso cree en la existencia real de Don Quijote! Pregunté a un chico en este mismo pueblo:

-¿Has oído hablar de Don Quijote?

-Sí, señor, era un cabalero manchego muy valiente.

-¿Cuánto tiempo hace que vivió?

-Hará más de mil años.

El propietario de un ventorrillo donde paramos a tomar agua me dijo con orgullo que en su casa se quedó dormido Don Quijote.

Toda La Mancha andaba revuelta por historias sobre el robo a una diligencia hacía pocos días. Causaba escándalo no el robo en sí, algo bastante corriente, sino que los ladrones comenzaron su ataque disparando los trabucos contra los compartimentos de la diligencia. Afortunadamente la carga fue a parar toda bajo la ventana. Oímos hablar por primera vez sobre esto en Ocaña y, de repente, todos los rostros adquirieron una mirada preocupada. Como yo ya había decidido, solo por el placer de reunirme con los ladrones, pagar trescientos francos, esperaba a la diligencia no con agrado, sino como el público que espera tras un telón la nueva y emocionante obra.

   Fuera de algunos lugares de la costa y partes de las provincias del Norte y de Andalucía, en España la tierra es de carácter sombrío, duro y árido: montañas rocosas y peladas, campo desierto. Si en alguna parte de ella hay árboles, los agacha en cuclillas el calor y la sequía, pobres. Existe un silencio de muerte en medio de los campos vacíos; ni el canto de los pájaros se oye; sí hay algunas águilas y buitres que se ven por el cielo volando entre las montañas. Los ojos desolados y quemados sólo ocasionalmente se reúnen. La mayor parte son pequeñas aldeas pobres; las torres y murallas de las fortificaciones que dejaron los árabes, o las antiguas guerras intestinas, se desmoronan. La Mancha despierta una ardiente y apasionada melancolía; a veces te encuentras pastores con su manada silvestre o apoyados sobre el cayado, el trabuco o el pistolón. Lo más común son desocupados perezosos y miradas indiferentes en un camino donde uno se cruza raramente con gallinas o mulas o puestos cargados de mercancías para cuya defensa los propietarios se hallan sedentes con sus armas, o un hidalgo viajero a caballo con la escopeta y la inseparable pistola; fuera de estos raros encuentros, el mismo cálido cielo brillante y azul, la misma estepa y carretera vacías.

Sin embargo, estas mismas razones hacen cada respiro individual muy interesante; durante el verano todo este pueblo errabundo que no quiere viajar bajo el fuego se para en una venta cualquiera y esta toma un aspecto muy pintoresco y animado. Traen mulas y caballos a los establos, que suelen estar situados bajo el mismo largo umbral de la entrada. Ya he dicho que en España cada provincia tiene su propio traje ¡y aquí hay cuarenta provincias! ¿Te imaginas lo que es un baile de máscaras reunido en una posada?

La moral pagana

El paganismo no cuenta con diez mandamientos, sino muchos más que se contienen en los Dísticos de Catón, considerado el modelo de romano republicano perfecto; no son caprichosos, como los seiscientos de los judíos hasídicos, sino muy sensatos, y así los resume el manchego del XVIII León de Arroyal:

Leer sin entender es ignorar.
Suplica a los dioses.
Ama a tus padres.
Honra a los parientes.
Teme al maestro.
Guarda lo a ti dado.
Prepárate para el foro.
Anda con buenos.
No vayas a consulta sin ser llamado.
Ve curioso.
Saluda con agrado.
Cede al mayor, perdona al menor.
Guarda tu hacienda.
Guarda la vergüenza.
Sé cuidadoso.
Lee libros y acuérdate de lo que leas.
Cuida la familia.
Sé benigno.
No te enojes sin causa.
De ninguno burles.
No mofes del miserable.
Da prestado, pero mira a quien des.
Asiste al juicio.
Convida rara vez.
Duerme lo suficiente.
Cumple tu juramento.
Arréglate en el vino.
Pelea por la familia.
Nada creas temerariamente.
Consúltate a ti.
Consulta lo seguro.
Huye las rameras.
Sigue las letras.
Nada debes mentir.
Haz bien a buenos.
No seas maldiciente.
Conserva la reputación.
Juzga lo justo.
Vence a los padres con la paciencia.
Acuérdate del beneficio recibido.
Concurre al pretorio.
Sé prudente.
Modera la ira.
Usa de la virtud.
Juegua al trompo, pero huye los dados.
Nada hagas a arbitrio de tus fuerzas.
No menosprecies al menor que tú.
No codicies las cosas ajenas.
Ama a tu mujer.
Educa a tus hijos.
Sujétate a la ley que tú mismo pusiste.
Habla poco en el convite.
Aprende lo que sea justo.
Lleva el amor alegremente.

Estos mandamientos se resumen como en el Decálogo, pero no en dos, sino en tres:

Vive honestamente.
No perjudiques a otro.
A cada cual lo suyo.

(honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere).

Los incas tenían tres principios jurídicos muy semejantes. simples, pero absolutos: Ama sua (no robar), Ama llulla (no mentir), Ama quella (no ser ocioso). 

martes, 30 de diciembre de 2014

Sánchez, Iglesias... y Habermas.

¿Qué qué pienso sobre el hipotético pacto Pesoe / Podemos? Evocaré un libro que me compré hace casi veinte años, cuando todavía quería saber algo (uno, que tantas cosas ha sido, también ha sido ingenuo): Teoría de la acción comunicativa, de Jürgen Habermas, porque haber haber, lo que más hay es un pasaje de su capítulo "Consideraciones sobre patologías de la comunicación" donde, inspirándose en un trabajo de Laing y Philipson, Percepción interpersonal (1974) pone como ejemplos a ciertos Pedro y Pablo que entonces (1984) no sonaban. No es coña: por eso me he acordado. Copio el pasaje entero:

Voy a ilustrar la dinámica de los conflictos de identidad recurriendo a un ejemplo que Laing y sus colaboradores construyen de la siguiente forma:

1. Pedro: "Estoy nervioso" / Pablo: "Pedro está nervioso".
2. Pedro: "Pablo está muy tranquilo, como si la cosa no le importara lo más mínimo" / Pablo: "Trataré de ayudar a Pedro mostrándome tranquilo y limitándome a escuchar"
3. Pedro: "Si a Pablo le preocupara mi situación y quisiera ayudarme, se mostraría más interesado y no con esa frialdad". / Pablo: "cada vez está más nervioso. Procuraré mostrarme más tranquilo"
4. Pedro: "Pablo sabe que su actitud me molesta" / Pablo: "Me acusa de estarlo enfadando"
5. Pedro: "Si Pablo sabe que su actitud me fasidia, entonces es que quiere fastidiarme a propósito" / Pablo: "Pero si, en realidad, de lo que estoy tratando es de ayudarle"
6. Pedro: "¡Será cruel y sádico! Sin duda le alegra que... etc." / Pablo: "Sin duda me está atribuyendo cosas que no son."

Suposiciones de este tipo sobre la base de una mezcla en definitiva inextricable de expectativas, fantasías y percepciones que continuamente se yerran las unas a las otras son la materia de que está hecha la realidad interhumana. Y en esta clase de mundos hay que introducirse cuando se quiere entender cómo aquello que una persona le supone a otras puede resultar a las otras particularmente perturbador e incluso enojoso, de suerte que al cabo empiecen reiteradamente a negar lo que el otro les atribuye y a suponer, por su parte, que el afectado "está como una cabra".

Primera condición para que en las relaciones interpersonales se inicie tal espiral es la desconfianza de, a lo menos, una de las partes, desconfianza que tiene su origen en una falta de seguridad respecto a la propia identidad. No hablo de cualquier afecto, sino de un tipo de desconfianza que cabe expresar en términos de teoría de la comunicación: la desconfianza en la solidez del fundamento consensual de la interacción, es decir, el temor de que el otro pudiera abandonar la base de la acción orientada al entendimiento y "derivar" más o menos inadvertidamente hacia un comportamiento estratégico. La segunda condición para que se inicie la espiral es una latente no concordancia en la valoración de (por lo menos una de) las imágenes que los participantes tienen de sí, valoración que regula la presentación que de sí mismos hacen los participantes. En nuestro ejemplo es relevante para la perturbación de la comunicación la violación de la pretensión de veracidad y de la pretensión de rectitud.

El primer "malentendido" surge en la segunda secuencia: Pedro no entiende que Pablo quiere ayudarle porque Pedro espera que Pablo se comportaría de otra manera si quisiera ayudarle. El segundo malentendido surge en la tercera secuencia: Pablo no entiende que Pedro lo malentienda  porque espera que Pedro tiene que interpretar su comportamiento (el de Pablo) como un comportamiento tendente a ayudarle. En la cuarta secuencia la base consensual de la interacción se rompe sin que ninguno de los participantes haya renunciado visiblemente a la acción comunicativa; Pedro cree que Pablo le está hiriendo intencionadamente mientras que, esta vez, Pablo se da cuenta de lo que Pedro piensa. En la secuencia quinta y sexta ambas partes llegan a la conclusión de que la otra está violando pretensiones de veracidad: Pedro piensa que a Pablo le divierte herirle, pero sin atreverse a manifestarlo. Pablo piensa que Pedro está transfiriendo falsamente a Pablo los sentimientos hostiles que él mismo abriga contra Pablo. Pedro atribuye, pues, a Pablo una violación intencionada de la pretensión de veracidad y Pablo atribuye a Pedro una violación no consciente de esa misma pretensión. Supuesta la condición - y esta es la tercera condición- de que ninguna de ambas partes está en situación de proseguir en el nivel metacomunicativo la acción orientada al entendimiento, la espiral sigue moviéndose hacia arriba (pp. 217-218).

¿Que qué me parece un pacto Pedro Picapiedra / Pablo Mármol? Dificilillo.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Misterio para gatos

Las alumnas recluidas en el colegio conventual de la Merced asoman por las ventanas del último piso como queriendo saltar, pero lo que quieren es echar el humo de sus cigarros para que no lo huelan las monjas y las pillen; abajo, mis perros y yo las miramos y descubrimos, sobre el frontón de una ventana, una mínima cruz en cuyo brazo derecho, el de San Dimas, que era buen ladrón porque le robó a Cristo el Paraíso en sus últimos momentos, se halla posada una paloma de esas que quiere matar Rosa con la apostura de un águila real. Igual es una de las que nacieron en mis macetas, solo para jorobar.

Cerca, en el antiguo Palacio de Justicia, luce el letrero de Honeste vivere, alterum non laedere, suum quique tribuere, muerto de risa. "Vive sin corrupción, no jodas a otro, dale a cada uno lo suyo". Pero hay misterios más profundos: frente a él hay un solar tapiado para que nadie caiga al hondón que algún constructor sin dinero excavó para hacer aparcamientos. Son veinte años los que lleva así, esperando las obras. Y por eso ya anda cubierto de una irregular pradera de hierba donde hacen picnic todos los gatos del barrio. A veces los entreveo huyendo como dioses menores o bolas de oscuridad a ese aquelarre. ¿Por dónde han pasado? Se filtran por las paredes, como las brujas, porque no hay un mal resquicio, ni una sola ventana o alféizar desde donde poder saltar al recinto, ni siquiera cañerías, árboles o postes de la luz. 

Pero ese es solo un misterio entre tantos como alberga ese kilómetro cuadrado. Otro es el del chino de la calle Caballeros, donde antaño, según cuenta una olvidada tradición manchega del XVI, se dieron de golpes el famoso valiente Céspedes con un bulto vestido de negro capuz que resultó ser su hermana, empeñada en que no se fuera de putas. A Pepito Catedrales le parecerá indecoroso e irreverente, él, que tiene vista directa al camarín y duerme en medio del museo diocesano de su alcoba, pero es leyenda más vieja y mejor probada que la de la Cruz de los casados, y más profana. 

Quiero decir y no puedo que el chino se ha marchado tan misteriosamente como vino. Puso una tienda de chuches y una conexión a sus culebrones de mandarines, pero ahora se ha desvanecido sin dejar siquiera una niebla amarilla, como Eisenheim. No dijo por qué vino y ni siquiera si le convino; tampoco por qué se ha marchado. Pero da igual, porque aunque lo dijera tampoco se le entendería tanto ideograma y kanji. Como en el caso de los gatos, siempre habrá una gran muralla o tapia entre nosotros. Pero ya lo sabéis: si la crisis atropella incluso a los chinos, es para echarse a temblar.

Nada estropea, sin embargo, que la luz me vista con un agradable traje de sol, un calentito terno de rayos; el sol de invierno se desgañita cuando lo dejan aparecer, después de que pongan las calles, y devuelve la fe en la vida.

De chinos y gatos siempre nos desentendimos; como César a Catulo le daba igual si era blanco, negro o a cuadros; ¿y qué?, diría Villaseñor, que nació el mismo día que yo, si están vivos o muertos? Han pasado ya por la caja de Schrödinger. Su virtual existencia importa tan poco como la del gato a trozos de Alicia o la honestidad al señor Rajuela; lo único que hace el señor Rajuela es joder a Pedro Picapiedra y provocar sus despropósitos; en eso siempre tiene el mejor consejo Pablo Mármol y siempre es Pedro Picapiedra el que se equivoca, pero el señor Rajuela manda. ¿Que una ley está bien? Se cambia para que esté como quieren los corruptos; eso pasó con esa Constitución semántica que prometía tanto y no dio ni un duro y que ahora quieren reformar. Mejor será derogarla, no hacer otra y dejar que gobierne el pueblo, como en Suiza.

Rajuela nos viene ahora con una nueva ley venatoria o de caza, por ejemplo. Ahora se podrá pegar un tiro a cualquiera solo por cruzar la carretera, como el pollo inexorable. Que se lo digan a Juan Carlos I; pero ya se sabe aquello que dijeron los napolitanos: "Los Borbones son reyes que nunca aprenden y no olvidan nunca". Otro ejemplo: la usura era un delito, pero ahora es legal cobrar un interés del 4.000 % a dos días a cambio de un mísero microcrédito por Internet. Seguro que esos microcréditos no son los de Yunus. El rey Felipe VI el Impuesto dice que la corrupción está muy mal; yo eso ya lo sabía, aunque solo fuera porque su papá fue obra pura y simple de la franquista y él debe todo lo que es a su padre. Mi memoria no es tan mala, después de todo, aunque no como la de los pobres elefantes. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Oído en Halt and Catch Fire



Te temen porque eres el futuro. Y nada da más miedo que eso.

Frases del Gran Wyoming

Estos señores están dispuestos a cobrar la deuda aunque nos quedemos sin educación, sin sanidad y sin nada.

¿Algún día va a salir a Rajoy con la dimisión en la mano a explicar los mensajes ue envió a Bárcenas?

¿Dónde están los tres millones y medio de puestos de trabajo que iba a crear el PP?

Este es un país en el que todavía hay fosas comunes de ciudadanos asesinados por la cara y lo defienden

Si un Estado no interviene para proteger a sus ciudadanos, ¿para qué queremos un Estado?

Estamos creando una sociedad de pobres, de niños que no tienen lo básico

La sociedad se está partiendo la cara, pero no se la escucha.

Si Rajoy se hubiera presentado con un programa donde hubiera dicho la verdad, no le habría votado ni Dios

A una generación entera se la han cargado, los han dejado sin espectativas ni planes de futuro.

Están creando una sociedad de pobres y lo llaman superar la crisis. 

Jugar a la lotería da mala suerte

¿Por qué debería jugar a la lotería? ¿Para ganar un premio? ¿Y qué se me premia? ¿Las ganas de tener un dinero que no me merezco? Eso resulta inmoral. Todo el mundo debería tener lo suficiente, y es precisamente por los que tienen demasiado que hay algunos que padecen por no tener bastante. Esto es: la mala suerte de algunos no se combate con la buena suerte de otros, porque la suerte no entiende de justicia, esfuerzo o méritos. Quien juega a la lotería es, puede ser o será de derechas, simplemente; desde luego, no es de izquierdas. Es un juego, vale, pero es un juego en que no interviene la habilidad. Es una apuesta, simplemente, como la de si existe Dios o no.

Mirémoslo cinematográficamente. Un vaquero, James Stewart, hereda el Club social de Cheyenne (1970) y al llegar allí con un amigo suyo se da cuenta de que es un próspero burdel. Recibe los emolumentos derivados de su empresa y, de ser demócrata, pasa a transformarse en republicano, metamorfosis a la que asiste pasmado su compañero Henry Fonda. Luego se da cuenta de que esa propiedad en realidad pertenece a sus trabajadoras, las chicas, se la cede y vuelve a su antigua vida, en la que está más tranquilo, más feliz y corre menos peligro. Una nueva versión de Sancho y la utopía Barataria.

Cuando toca la lotería (a unos pocos) toca también la desilusión (a muchos). Por eso no comprendo a la gente que compra un boleto solo porque le haga ilusión, ni tampoco a esos que no creen en la existencia de los números enteros y sí de los números reales. A la realidad hay que darle lo menos una simetría, un eje. Las simetrías permiten iluminar las cosas, es más, a veces las simetrías poseen tres, cuatro ejes o más y se vuelven completamente fractales. La ilusión es un sentimiento, no es racional. Deberíamos tener ilusión en que nuestro trabajo sea bueno y rinda fruto, en que la riqueza se reparta no digo que más equitativamente, sino más justamente, en razón del mérito, la capacidad y las necesidades de los más desfavorecidos.

Hay un cuento de Borges que se titula La lotería en Babilonia. En ese universo ficticio, los premios no solo son positivos, sino negativos, y tampoco son cuantificables: a uno puede tocarle, por ejemplo, morir, ser invisible, ser asesino o ser mujer, por ejemplo. La lotería se identifica con el destino. Pero en ese tipo de lotería nadie puede comprar todos los billetes, como hacía Voltaire, para ganar siempre. Está bien claro que para ganar siempre hay que perder siempre el triple de lo que ganas o más, en el caso de loterías menos deprimentes que la nacional, por ejemplo, las tragaperras.

Hay algunas culturas que son francamente ludópatas; la china, por ejemplo. Ahí la gente honrada es toda igual y solo son ricos los corruptos y sus amiguetes. La lotería se utiliza para subvertir el orden social, es un arma revolucionaria para establecer el egoísmo de una forma que no exija la corrupción y el abandono de los tremendos pesos morales y sociales que incardina su cosmovisión cultural. En naciones menos reprimidas, como las occidentales, la lotería solo es una ceremonia para justificar el orden social, una especie de limosna que concedemos a nuestra libertad para poder pensar que nuestro destino no está escrito, que somos mierda pero podemos ser oro. Ese es el único valor que concedemos a una lotería donde el premio más cuantioso que se reparte es la miseria y lo que gana el organismo que la convoca va a parar a los gurtelianos, a los futboleros o a los corruptos que no tienen dinero para pagar la cura contra hepatitis. Me parece que para pagar todas esas cosas no hay que jugar a la lotería, sino esforzarse, estudiar y, en suma, luchar contra la miseria que depara el azar y las trampas; un ejemplo de estas últimas: que no se pueda ver luz en el recibo de la luz.

Espero que en próximo sorteo de felicidad del próximo año, nos toque a todos algo en función de lo que merezcamos, aunque el premio sea bajo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Obras destacadas de 2014

Las obras destacadas, por géneros. Los favoritos del año, en español y traducidos, en ficción, no ficción, poesía y biografía. El País, 20-XII-2014:

NARRATIVA EN ESPAÑOL

1. Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara.

2. El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House.

3. El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets.

4. Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral.

NARRATIVA TRADUCIDA

1. Un hombre enamorado (Mi lucha II). Karl Ove Knausgård.Traducción de Kirsti Baggethun y  Asunción Lorenzo. Anagrama.

2. La hierba de las noches. Patrick Modiano. Traducción de Mª Teresa Gallego Urrutia. Anagrama.

3. Nos vemos allá arriba. Pierre Lemaitre. Traducción de José Antonio Soriano Marco. Salamandra.

4. Fabricar historias. Chris Ware. Traducción de Rocío de la Maya Retamar y Julia Osuna Aguilar. Revervoir Books.

  
POESÍA EN ESPAÑOL

1. Hoy. Juan Gelman. Visor.

2. Los desencantos. Antonio Lucas. Visor.

3. Nocturno casi. Lorenzo Oliván. Tusquets.

4. Rosa enferma. Leopoldo María Panero. Huerga & Fierro.


POESÍA TRADUCIDA

1. Hasta aquí. Wislawa Szymborska.Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán.Bartleby.

2. Hojas de hierba. Walt Whitman. Traducción de Eduardo Moga. Galaxia Gutenberg.

3. Rompiente. Jorie Graham. Traducció de Rubén Martín. Bartleby.

4. Alfabeto. Inger Christensen. Traducción de Francisco J. Uriz. Sexto Piso.


NO FICCIÓN EN ESPAÑOL

1. Diccionario de la lengua española. RAE. Espasa.

2. Teatro (1989-2014). Juan Mayorga. La Uña Rota.

3. Continuación de ideas diversas. César Aira. Universidad Diego Portales.

4. El libro tachado. Patricio Pron. Turner.


NO FICCIÓN TRADUCIDA

1. Sonámbulos. Christopher Clark. Traducción de Irene Cifuentes y Alejandro Pradera. Galaxia Gutenberg.

2. El capital en el siglo XXI. Thomas Piketty. Traducción de Eliane Cazenave-Tapie Isoard y Guillermina Cuevas. Fondo de Cultura Económica.

3. El último tramo. Patrick Leigh Fermor. Traducción de Inés Belaustegui e Ismael Attrache. RBA.

4. Historia íntima de la humanidad. Theodore Zeldin. Traducción de José Luis Gil Aristu. Plataforma.


BIOGRAFÍA Y MEMORIAS EN ESPAÑOL

1. Ortega y Gasset. Jordi Gracia. Taurus.

2. Días de mi vida (Vida I). Juan Ramón Jiménez. Pre-Textos.

3. La vida en verso. Biografía poética de Hölderlin. Helena Cortés. Hiperión.

4. Aquellos años del boom. Xavi Ayén. RBA.


BIOGRAFÍA Y MEMORIAS TRADUCIDAS

1. Gente, años, vida. Iliá Ehrenburg. Traducción de Marta Rebón. Acantilado.

2. El gran depredador: Gabriele D'Annunzio. Hughes-Hallett. Traducción de Amelia Pérez de Villar. Ariel.

3. Una curiosidad insaciable. Richard Dawkins. Traducción de Ambrosio García Leal. Tusquets.

4. Escritor en guerra. Correspondencia y diarios. George Orwell. Traducción de Peter Davison. Debate.

martes, 16 de diciembre de 2014

Manchegos del XVIII

Me hallo escribiendo un infinito artículo sobre la literatura manchega en el siglo XVIII. Un tema más inflable que el universo, sobre todo porque hay mucha materia oscura que requiere desenterrar cadáveres impresos con la ceniza de la tinta. Aunque algunas momias presentan un buen aspecto, otras dan grima y muerden la sensibilidad Cualquiera que haya ido por ahí violando tumbas sabrá que a los muertos les da igual y se presentan siempre pasotas, cruzados de brazos. Si no les pegan los labios con imedio, presentan la boca abierta y redonda, como en el grito de Munch; se les descuelga la mandíbula por puro efecto de la gravedad. Es que quien se muere correctamente tuerce la boca, porque la mandíbula inferior deja de someterse al control del cerebro. Cuando te corrigen la expresión por compostura, la cara que se te queda está a medio camino entre la decepción y la sorpesa.

Pues estaba diciendo, parangonando al clásico dramaturgo francés, que algunos de los escritores que mata la crítica gozan de buena salud. Un ejemplo, el poeta toledano Eugenio Gerardo Lobo. Cualquiera que lea este soneto advertirá en seguida de donde le vino la inspiración a Antonio Machado para su poema al olmo hendido por un rayo y en su mitad podrido:

Tronco de verdes ramas despojado
que albergue en otra edad fuiste sombrío
y estás hoy al rigor de enero frío
tanto más seco cuanto más mojado:

dichoso tú, que, en ese pobre estado
aun vives más feliz que yo en el mío:
¡infeliz yo, que, triste, desconfío
poder ser como tú, de otro envidiado!

Esa pompa que, ahora, está marchita
por aquella estación florida espera
que aviva flores, troncos resucita.

Forma el año su giro y, lisonjera,
la primavera a todos os visita:
solo para mi amor no hay primavera.

Pero, más que buena salud, vemos que alguien está tan vivo que podría estar escribiendo ahora mismo. Se trata de Fernando Gutiérrez de Vegas, autor de la mejor novela del siglo XVIII, en cuanto que analiza la realidad de las reformas de la ilustración aplicada a un pueblo manchego. La novela se denomina Los enredos de un lugar; recuerda a las novelas españolas contemporáneas de Galdós, porque en ella se enfrentan dos Españas que en el fondo son la misma. Este autor, como los narradores europeos clásicos, no pretendía satirizar, sino comprender la realidad. De ahí su modernidad; no hay nada más contemporáneo ni parecido en nuestro siglo XVIII, pese a lo cual tienen los responsables de nuestra cultura a esta novela sin la moderna edición que merece, siendo la mejor sin duda alguna de toda nuestra Ilustración. Véase si su amarga conclusión final no puede aplicarse aún a hoy:

Siguieron a estos otros personajes y otros acontecimientos en Conchuela. Continuaron los impulsos de dominar y las discordias por lograrlos y por impedirlos. Continuó el propio interés dirigiendo las obras de los que se sucedían y continuaron las mismas pasiones y afectos, los mismos enredos y máquinas de los antecedentes. La general insensibilidad en orden al bien público, las impunidades de los delitos, la desatención de las leyes y las guerras de las parcialidades extendieron la pobreza y la ruina de unas casas a otras, y aniquilaron al fin la población. (T. III, p. 506).

Suelen los escritores manchegos descubrirse en el exterior, especialmente en Italia, que los deslumbra (Garcilaso, Valdés, Cervantes, Balbuena, Crespo, Nieva). No niega esta intuición el caso de uno de los tristes jesuitas expulsos manchegos en el siglo XVIII, que descubrió el amor en Bolonia. Así lo describe el maligno don Leandro Fernández de Moratín, cuando pasó por su casa allá por 1793:

Don Manuel de Aponte ha traducido la Iliada y la Odisea en verso con admirable fidelidad, ilustrando su obra con notas doctísimas; no se halo [sic] impreso, ni acaso se imprimirá. La cátedra de lengua griega, que regenta en la Universidad, no le da para echar aceite al candil; es hombre muy instruido, de exquisito gusto en la poesía, modesto, festivo, amable, y está atenido a la triste pensión que se les da a todos [tres renglones tachados] El citado Aponte tenía una criada, si merece este nombre la que no percibe salario ni emolumentos, que le asistía, hija de una pobre vieja; oyó muchas veces las lecciones que daba su amo a los discípulos, mostró afición y el amo, que enseñara el griego a los perros de la calle, empezó a enseñársele a ella; en una palabra, la muchacha le ha aprendido en términos que hace temblar al más estirado grecizante. Ha hecho varias odas en esta lengua, aplaudidas de cuantos son capaces de juzgarlo, tiene excelente gusto en la poesía y, por las traducciones italianas que he visto de sus propias obras, creo que merece la grande estimación que se hace de su talento; es Catedrática de partículas griegas en la Universidad, y se llama Clotilde Tambroni (Leandro Fdez. de Moratín, Viaje a Italia).


Cualquiera que haya leído lo que sobre este jesuita manchego escribieron la Tambroni, Deani y el ilustre lingüista cardenal Mezzofanti, que fueron algunos de los eminentes discípulos de este gran helenista, sabrá que era un sacerdote integuérrimo y ejemplar, a quien nada cabía reprochar en ningún aspecto.

Podríamos alargar más la lista con Melchor de Macanaz y tantos grandes hombres que murieron tan desilusionados como don Quijote que me tengo que contener y dejar aquí el punto final.

martes, 9 de diciembre de 2014

Da-da-dá

Me suena en la cabeza un dadadá; Molotov, qué duda cabe, pero también será gana de dar por el ángulo oscuro o, en sintético, porculizar. Me acaece si sufro el monótono "Día perfecto" de Lou Reed. Lo que es dar, hay quien le daría al señor Rajuela un sello de LSD, no para que este majara hiciera un mal viaje al centro de la Tierra, donde es el llanto y el crujir de dientes, sino para que se concerniese de ser otro y viera las raíces del todo, que son también unas ramas por las que irse. Pero, ya lo dice Quevedo: "Solamente un dar le agrada / que es el dar en no dar nada"; al presidente de la desgracias sus presidiarios no le darían las gracias, cuanto más un tripi.

Con la caída de la hoja nos enteramos de que Errejón, cogiéndose los redaños taurinos del apellido, ha tenido que asumir el dedazo de su universidad; mi parecer es que sería culpable si la universidad no fuera ella toda y entera un dedazal de corrupción, desde el becario lameculos al catedrático lameador de sus prebendas. ¿Hay allí algún gorrino libre de índice incriminatorio? ¿Algún pedrícola o pepero presto a lanzar el primer zurullo?.

Ni saneamientos Hércules limpiaría ese establo de Augías. Bastará solo un símil, exemplum, comparación o argumento analógico: si adoptásemos en la Constitución el sistema electoral de una cátedra universitaria, esto sería ya la dictadura ugandesa de Idi Amin Dadá, y no porque esté el claustro lleno de negros hotentotes y antropofagotes. Aunque ya está cerca, se aproxima, ya está aquí: nos dan por culo, un suponer, por puro dadaísmo, no por mariconería, è bene trovato: el precio de la vivienda baja el cincuenta por ciento y solo se les ocurre subir el catastro para que les demos más impuestos para dilapidar. Más dar din-dón, diría Quevedo. Y no podemos.

También me pone cerúleo (el Dicci de la RAE se ha vuelto poético: "Dicho del color azul, propio del cielo despejado, o de la alta mar, o de los grandes lagos") que hayan llamado recontratatarahija de puta a la Reina de Iglaterra al descubrir que es heredera ilegítima de la corona y esta correspondería en realidad a otra u otro, ya que el análisis de miserias genéticas del jorobado y asesino Ricardo III nos ha desvelado que un intruso dejó un espermatozoide afortunado en la línea de sucesión. Para mí que, si examinásemos el puerco adeene de los Borbones, nos llevaríamos sorpresas más gordas. Podría resultar, por ejemplo, que Fernando VII fuese hijo de un tal Ruiz, valenciano, como afirma Félix Mejía en su Vida de Fernando VII, o incluso, según se dice por ahí, que Alfonso XII fuera hijo de un ingeniero que tuvo que ajustarse para evitar las órbitas asíntotas y encular debidamente a la esférica y putana, ma pía Isabel II, reina bombona, Valle-Inclán dixit. Pero, quiá, eso no lo permite la Constitución juancarliana, según la cual el rey es más inocente que Jesucristo, quien, por lo menos, fue juzgado, aunque mal. Hoy que vemos dejar el crepúsculo y ponerse a la vetusta Alba del Cara al sol y fallecerse a la Fabiola, inconcolable viuda consorte del santo rey Balduino, nos da por pensar que habría que nombrar rey de una España imposible de iguales a Julio Anguita o a Pablo Iglesias, gente nada porfirogéneta, que quiere decir bizantina y bien-parida, o, por qué no, a una literaria mezcla de ambos: Julio Iglesias.