viernes, 20 de febrero de 2015

Don Ignacio Quemalatierra, caballero ciudarrealeño


Historia fabulosa del distinguido caballero Don Pelayo Infanzón de la Vega, Quixote de la Cantabria (Madrid: Imp. de la Viuda de Ibarra, 1792-1793, 2 vols.). Segunda parte, cap. IV:

Encuéntrase Don Pelayo en la calle de Preciados con otro Caballero, disputan sobre quien ha de dexar la acera, y Don Pelayo queda muy contento porque el Caballero como mas prudente cedió á las instancias del distinguido Don Pelayo.

No fue fácil a nuestro Don Pelayo reconciliar el sueño en el tiempo de la siesta, a causa del contento grande que entró en él en fuerza de las buenas nuevas que del poseedor de la muy ilustre Casa de Miranda de la Vega le trajo su criado. Presumíase ya con un padrino poderoso que tarde o temprano se había de declarar pariente suyo, lo que necesariamente le haría persona muy visible. Celebraba en extremo haber emprendido el viaje y, paseándose solo por el cuarto, aseguran que decía:

-Ahora verán los caballeretes de mi patria quién es Don Pelayo Infanzón de la Vega, cuando lean en Gaceta que S. M. (Dios le guarde) le hizo Alcalde de Corte, o Alcaide de los donceles, nada más que por dejarse ver de sus paisanos y descubrir estos en él una tintura de las principales ciencias, acompañada de una religión sólida y una crianza tan fina, que a tiros largos publica lo ilustre de su cuna. Escribiranme mil enhorabuenas: cargarán los correos con recomendaciones para los asuntos que tengan pendientes en la Corte y tendré yo que hablar a varios de los compañeros míos para dar un curso breve y bien acabado a los expedientes, con lo que llegaré á ser muy ponderado en la Cantabria, y más en la Vega que en otra parte alguna, asegurando todos que soy un buen paisano: que no obstante de verme en un eminente empleo no miro con indolencia los intereses de la patria.

Con estos discursos que hacía nuestro Don Pelayo se empavonaba de modo, que parece le venían estrechos los vestidos. Llegose ya la hora del paseo, y salió con Mateo, haciéndose cargo de la hermosura de las calles, y caminando de este modo, dixo:

-Esta tarde no, Mateo amigo, pero no se pasarán tres días, sin que ti mismo me sirvas de guía para la casa del Señor Miranda de la Vega, pues, una vez que sabes ya la calle y has estado á tus anchuras en el Palacio de su Excelencia, te vendrá á ser muy fácil acertar con él quando yo vaya á visitarle.

-Non fále da eses coses, Señor, replicó Mateo, porque acertar con la casa túvilo á milagru y non habemos de pedir á Dios que faga milagros por tan peques coses: eso meyor lo sabe Vusté, porque lo ha estudiado, y ya que el mismu Audencia non quier que Vusté se canse en dir á velu, ¿para qué se mete en enfadálu? Vusté estese quietu, y non sea bobu, porque estes ceremonies de Madril non son como les de la Vega. 

-Su Excelencia, dixo Don Pelayo, hace más de lo que debe en querer visitarme en la posada; pero para que sepa que yo, sin haberme criado en la Corte, sé muy bien portarme como Caballero que ha tenido una educacion casi equivalente, necesito presentarme antes á el Señor Miranda de la Vega.

En esto iban Amo y Criado divertidos, quando un nublado, formado de repente, arrojó mucha copia de agua al tiempo mismo que por la calle de los Preciados entraba Don Pelayo. Encontróse en ella con un Caballero que no cedía á nuestro héroe las paredes de la calle. Nada tuvo que dudar el Caballero Don Pelayo para resolverse á defender el mejor sitio, por lo que le dixo el encontrado Caballero:

-Extraño mucho, Señor Caballero, el empeño que ha tomado, quando pudiera deslumbrarle la venera que me adorna el pecho.

-No es cosa mayor lo que me deslumbran las veneras, dixo Don Pelayo, porque sé que algunas se llevan para disimular borrones, y así esta circunstancia sola es para mí de muy poco aprecio, y por lo mismo no desisto de mi primer empeño.

-Pues sepa Vm. atrevido Caballero, dixo el de la venera, que el que lleva esta insignia, que le deslumbra poco, es Don Ignacio Quemalatierra, Regidor perpetuo de Ciudad Real, que está en La Mancha. 

Apenas acabó de pronunciar estas palabras el Caballero de la Mancha, quando la feliz memoria da nuestro Don Pelayo le acordó con maravillosa presteza todo quanto le había contado de Don Ignacio Quemalatierra en Tordesillas Don Alexandro de Cienfuegos; y así en un tono algo burlesco le dixo de este modo:

-¿Con que Vm., Señor Caballero, es el acaudalado Don Ignacio Quemalatierra, natural de Ciudad.Real, uno de los Regidores perpetuos de aquella Ciudad antigua y Caballero de Montesa, cuyos adornos adquirió á costa de dinero, para lograr la mano de Doña Jósepha de Garbanzo en competencia de Don Alexandro de Cienfuegos? 

-El mismo soy, dixo Don Ignacio bastante sorprehendido.

-Pues sepa el Señor Quemalatierra, prosiguió el Caballero Don Pelayo, que para un nieto legítimo de Francisco de Panduro, Secretario de Ciudad-Real, y el más interesado pendolista que hubo entonces en la Mancha, es sitio muy decente en las calles de una Corte aquel por donde arroya la basura; y si es que otro pretende ha de ser abriéndole por aquesta espada mia.

Dixo esto al tiempo mismo que le arrimó la punta de la espada á la venera. El Caballero de Montesa, que se vio deslindar por quien desconocía y que en el día y medio que llevaba de estancia en la Corte no había tenido aún lugar para referir quién era, encogió los hombros y cedió la pared á nuestro Don Pelayo. No se descuidaron varias gentes, que presenciaron el encuentro, en averiguar quién era Don Pelayo, el qual, en fuerza del agua recia que despedía la nube, se retiró con paso acelerado á su posada y, hallando en ella á Don Gregorio, le contó el encuentro que acababa de tener, el qual, como muy prudente, advirtió al Caballero Don Pelayo lo mal que parecía en la Corte disputar las aceras ó paredes de la calle, pues ya todo hombre de talento y bien nacido estaba persuadido á que era el mayor de los delirios y un punto de caballería desterrado ya por los hombres de mediano juicio.

-Nada de eso ignoro, Señor Miranda, dixo Don Pelayo; pero tampoco creo parezca mal en ninguna de las Cortes de Europa se haga ver á un Caballero fatuo (como en mi concepto lo es Quemalatierra) que la venera de Montesa ni otra alguna es incapaz por sí sola de ocultar un origen baxo, como tiene el tal Caballero por su abuelo Francisco de Panduro; y si él supiera quien yo era, y que me hallo muy emparentado con el ilustre poseedor de la Casa de Miranda de la Vega y que, según ha dicho mi criado, tiene vivísimos deseos de tratarme, ya conocería que los Infanzones de la Vega no necesitamos de veneras.

Una de esas raras personas que dan ejemplo

Vicente Jiménez, "Serpico sale de su guarida. El mítico policía que Al Pacino encarnó en la gran película de Sidney Lumet vive aislado en el campo, con 78 años", El País 20-II-2015:

Se encuentra lejos de Nueva York, pero está atento e indignado por la actitud de sus excompañeros tras las muertes de los afroamericanos Michael Brown y Eric Garner.
Los viejos problemas que denunció en los años sesenta, a sus superiores primero y a 'The New York Times' después, siguen vigentes.

No es fácil dar con un fantasma. Frank Serpico, de 78 años, expolicía, héroe de película, bohemio, seductor, hippy, soplón, poeta, místico, actor y tantas otras cosas, prácticamente lo ha sido durante los últimos 40 años. Desde que en 1972 entregó su placa y, un año después, Sidney Lumet decidió inmortalizarle en Serpico, la aclamada película, Paco, como le conocen sus amigos, apenas se ha dejado ver.

EL PAÍS le buscó a finales del año pasado para conocer su opinión sobre las muertes a manos de la policía de los afroamericanos Michael Brown y Eric Garner, sucesos que han abierto una crisis sin precedentes entre la policía de Nueva York y el alcalde Bill de Blasio, agravada por el asesinato de dos agentes en Brooklyn en diciembre.

Sin embargo, el rastro de Serpico se perdía por las montañas del norte del Estado de Nueva York, junto al río Hudson, donde vive solo en una cabaña, sin conexión a Internet ni televisión. Como último recurso quedaba dejar un número de teléfono y una dirección de correo entre aquellos que habían estado con él en los últimos años. Y esperar. El fantasma apareció una cerrada y silenciosa noche de frío polar y nevadas en toda Nueva Inglaterra.

“Viceeeenteeee”, atronó una voz cascada y surcada de interferencias al otro lado del teléfono en la segunda semana de enero. “Sí, ¿quién es?”, respondió este reportero. “Soy Franceeescooo”, añadió la voz en español. Allí estaba, efectivamente, como es él: cálido, bromista, irónico, capaz de chapurrear hasta cinco idiomas… “Tú no escribes para los gringos, ¿verdad?”, preguntó. “No, trabajo en EL PAÍS”. “Bien”, resolvió. La cita se concertó para unos días después, en una granja del condado de Columbia, a dos horas al norte de Manhattan. “Sin fotógrafos”, advirtió.

La Hawthorne Valley Farm es un complejo agrícola con tienda y cafetería, rodeado de algunas casas y un colegio, al que acuden los lugareños para hacer la compra, recoger a los niños de clase y charlar entre ellos con un sopa humeante en las manos. Paco llega en un 4×4, sucio de nieve y barro, a la hora en punto. Su aspecto es el de una estrella de rock retirada. Gorro de lana, abrigo de lona hasta los pies, botas altas de piel, colmillos de marfil en forma de pendientes en ambas orejas, lente de aumento colgada del cuello, anillo de plata con una calavera en la mano izquierda y un cinturón con motivos indios repleto de turquesas. Tras sus gafas oscuras, unos ojos vivos e inteligentes rastrean lo que sucede a su alrededor.

En su mejilla no se aprecia la cicatriz del balazo que recibió en la cara durante una operación antidroga en Williamsburg (Brooklyn) en 1971. Es la escena con la que arranca la película. Serpico intenta acceder a una casa de traficantes, pero queda atrapado en la puerta sin poder utilizar su arma. Pide ayuda a gritos a sus compañeros, pero estos ven una ocasión perfecta para librarse de él y le abandonan a su suerte. Un narco dispara a quemarropa contra el rostro del policía. Queda malherido. Un vecino hispano llama a una ambulancia y le salva la vida. Un año después deja el cuerpo.

Serpico todavía tiene pesadillas con ese momento. No puede olvidarlo, aunque quiera. La nariz le moquea permanentemente por culpa de los fragmentos de plomo que todavía siguen alojados bajo su cerebro, en el canal nasal.

“¿Lo ves? Están todos muertos”, comenta a voces nada más tomar asiento en la cafetería de la granja mientras señala un anuncio a toda página en el periódico local de la serie de televisión The Walking Dead. “Sí, es una serie sobre zombis, muertos vivientes”, responde el periodista. “No me refiero a eso. Digo que están todos muertos, los que ven estas cosas, la gente… Solo quieren distracciones, consumir, ganar dinero. La gente habla de drogas sin saber que está drogada. Drogada por productos como este. Es otro tipo de corrupción. El mundo ha puesto la inteligencia en cosas que no son necesarias”, aclara. El alegato anticonsumista forma parte de la vida en soledad de Serpico. “Evito Nueva York. Aquello no es natural”, explica con un sonrisa burlona mientras devora unas sabrosas judías con vegetales.

Serpico compró en 1968 unos 50 acres (20 hectáreas) de terreno perdidos cerca del Hudson y allí construyó su cabaña. “Me propuso comprar la tierra un compañero del cuerpo. En aquella época muchos policías compraban tierras por el Estado. Eran los tiempos de la Gold Coast (Costa del Oro), que era como llamábamos a Harlem por el mucho dinero que los policías conseguían allí de sobornos”. Tras unos años por Europa, huyendo de las represalias de sus compañeros por haber denunciado la corrupción en la policía, Serpico volvió a Estados Unidos y se instaló en el campo en los ochenta.

Su días transcurren aislados cerca del poblado de Stuyvesant. Corta su leña, da de comer a las urracas, cría gallinas y cabras, pasea, escribe sus memorias, rescata animales heridos, asiste a las universidades cercanas a dar charlas, recita sus poemas en alguna radio, se aplica medicina china, medita, practica la flauta japonesa y los tambores africanos, y baila tangos con su novia (“amiga”, matiza). A sus 78 años, sigue siendo coqueto y seductor.

Posee un ordenador portátil, pero no tiene conexión a Internet ni televisión. Dos días a la semana acude al cercano pueblo de Hudson o a la granja Hawthorne, donde repasa su correo, toma café y charla con los vecinos. Todos le conocen, sobre todo los niños, con los que no cesa de bromear. Goza de buena salud, aunque tiene dañados los nervios de la pierna izquierda, lo que le produce un dolor intenso, y apenas oye de un oído.

Vive de su pensión y de los derechos que le reportó la biografía que escribió Peter Maas, de la que se vendieron tres millones de ejemplares. Conserva la placa de detective y su revólver. Le indignan las noticias del mundo. Entre las últimas, todo lo sucedido con la policía de Nueva York y las muertes por un excesivo uso de la fuerza. “El problema de la policía es de actitud. Yo soy la ley, dicen. No, yo soy el que defiende la ley. Yo no soy la ley. Representar la ley es un derecho, y hay que ganárselo”, clama. “Si matas y maltratas, cómo quieres que te quieran. Solo saben dar excusas, cobardes excusas. Estaba en riesgo mi vida, tenía miedo, dicen. Y las excusas son como el culo, cada uno tiene uno”, añade.

Serpico cree que la corrupción que anidaba en el cuerpo en sus años no es ya el principal problema, sino el uso excesivo de la fuerza. “Los policías de ahora se quejan como niños de que no quieren hacer sus deberes. Tienen miedo. Un policía con miedo es un policía mal preparado. No se puede ejercer este oficio con miedo”, argumenta. “Un policía te puede matar, porque la ley les permite usar la fuerza. Decir que lo hace por miedo es cobardía. Es legítimo querer regresar sano y salvo a casa cada noche, pero no a costa de la vida de un inocente. Eric Garner era un tipo inocente que vendía cigarrillos en la calle. Los policías de ahora son lobos con piel de cordero”, denuncia.

En 1994, el exagente mandó una carta al entonces presidente Bill Clinton en la que le advertía de que los niños tenían miedo de los policías. “Cuando yo era niño, mi madre me decía siempre que, si tenía un problema, llamara a un policía, que él me ayudaría. Yo me hice policía porque, de niño, quería atrapar a los ladrones que, según me contó mi madre, habían matado a mi abuelo para robarle. Ahora es distinto”, recuerda. En aquella carta, Serpico pedía a Clinton la creación de una comisión que analizara cómo se había corrompido la relación entre la policía y los ciudadanos. Solo recibió una respuesta de agradecimiento.

"La gente habla de drogas sin saber que está drogada. Solo quieren distracciones”. En su opinión, los sindicatos policiales de Nueva York tienen demasiada fuerza. “Lo que hicieron con el alcalde, volverle la espalda durante los funerales, fue inaceptable. ¿Pero quién manda en la policía, el jefe del departamento o el sindicato? Tenían que haberles sancionado”. Sobre el alcalde, destaca su complicada situación: “Está en medio de los afroamericanos y de la policía. Es complicado. Su mujer es negra, sus hijos también…”.

La relación de Serpico con la policía de Nueva York sigue siendo tormentosa. No en vano, suyos fueron los testimonios que llevaron al cuerpo a la peor crisis de su historia. Hijo de inmigrantes italianos de Brooklyn, el niño Francesco veneraba a los agentes de su barrio. En 1959 logró su placa. Ocho años después, ya como detective, denunció la corrupción de sus compañeros ante sus superiores. Dio información detallada, pero no se hizo nada. Impotente, él y su compañero David Durk acudieron a The New York Times.

En 1970, presionado por la opinión pública, el alcalde John Lindsay abrió la comisión ­Knapp, ante la que testificó el policía. Los resultados mostraron un cuerpo corroído por los sobornos y la ley del silencio. El realizador Sidney Lumet hizo una película sobre estos hechos en 1973. El protagonista fue Al Pacino, que bordó uno de sus mejores papeles. Según el American Film Institute, Serpico es el número 40 de la lista de héroes de cine más queridos, por debajo del perro Lassie (el número uno es Atticus Finch, el protagonista de Matar a un ruiseñor, el filme basado en la novela de Harper Lee).

Serpico no disfrutó del filme que llevaba su nombre. Dejó EE UU y se instaló en Europa. Compró una granja en Holanda, se casó con una holandesa y recorrió el continente. Cuando su mujer murió, vendió la granja y regresó a Estados Unidos. Era la década de los ochenta. Durante un tiempo recorrió en caravana el país y Canadá. Finalmente, se instaló al norte de Nueva York, lejos pero cerca de la ciudad que casi acaba con su vida. Las cosas, asegura, han cambiado, pero no mucho. “No me sorprendió que el policía que mató a Eric Garner no fuera procesado por un gran jurado. ¿Cuándo ha sido la última vez que un agente ha sido procesado? Los fiscales no procesan a los policías y saben cómo controlar al gran jurado. Tienen relación con los policías, se sirven de ellos para enviar gente a la cárcel, son sus amigos”, enfatiza.

Para Serpico, hay un problema de falta de respeto hacia la ciudadanía en general y hacia las minorías en particular. “Se creen mejores que ellos. Es un problema de toda la sociedad, no solo de la policía. No hay respeto por la gente, solo se piensa en ganar dinero, en ganar poder… El ciudadano no importa. Ser policía es un honor, pero no un lugar en el que hacerse rico”. Mientras Paco habla, la gente acude a saludarle. A cambio de ser querido, reparte la bonhomía que tan bien retrató Al Pacino en la pantalla. Las anécdotas brotan de su boca: “¿Sabes lo que es la escuela de las siete campanillas? La escuela colombiana de carteristas. Practican con un maniquí con traje y siete campanillas. Si suena una sola campanilla mientras intentan robar la cartera, no valen para el oficio”.

Serpico se refiere a los delincuentes hispanos que llegaban a Nueva York en su época de agente. “Cogían la tarjeta plastificada con las instrucciones de seguridad del avión para abrir las habitaciones de los hoteles. La insertaban en la puerta y limpiaban la habitación. Los deteníamos en los pasillos. A mí me usaban de intérprete. En un interrogatorio, el teniente me pidió que preguntara a uno qué hacía en el pasillo con aquel folio plastificado. El tipo respondió, socarrón, que esperaba la guagua. La verdad es que algunos tenían gracia”, recuerda entre risas.

Es media tarde y los carámbanos de hielo que cuelgan de las vigas exteriores de madera del café gotean pertinazmente. Es el momento de volver a Nueva York, la hora de que el fantasma vuelva a su guarida. Antes de la despedida, Serpico se levanta, acude a su coche en el aparcamiento y vuelve con unos papeles en una carpeta. El primero de ellos huele a viejo.

Se trata del Código Ético de los Agentes de la Ley que estudió en la academia de policía a finales de los años cincuenta. Entre otras cosas, dice: “Como representante de la ley, mi deber fundamental es servir a la humanidad, salvaguardar vidas y propiedades, proteger a los inocentes del engaño, a los débiles de la opresión o la intimidación, la paz de la violencia o el desorden, y respetar los derechos constitucionales de todos los hombres con libertad, igualdad y justicia. (…) Mantendré la calma y el coraje ante el peligro. (…) Nunca emplearé una fuerza o violencia innecesarias”.

Tras mostrar la página como un tesoro, Serpico la vuelve a guardar con cuidado, sin dejar que nadie la toque, no sin antes hacer notar a su interlocutor que el texto se ha desdibujado con el paso del tiempo, que muchas palabras están a punto de desaparecer, razón por la que las ha subrayado a lápiz, como si quisiera salvaguardar su validez, su enorme significado, el sentido de vestir el uniforme de policía a riesgo de la propia vida.

jueves, 19 de febrero de 2015

Últimos descubrimientos sobre las raíces saharianas del vasco

Un resumen de la metodología y de los principales argumentos de Martín pueden encontrarse aquí. El hecho de que utilice los polémicos procedimientos de Joseph Greenberg (que, sin embargo, los avances de la genética no hacen sino confirmar a cada paso) no desvaloriza en nada sus conclusiones. 

"El que se consideraba idioma más antiguo de Europa, viene del desierto de Mali". Periodista Digital, 4-IV-2013:

Resuelto el misterio: Un estudio confirma que el euskera es una lengua africana. "El dogón sólo se diferencia del vasco en que no tiene declinaciones ni sujeto ergativo".  Este nuevo parentesco lo certifica como un idioma africano perdiendo así este récord. Doce años de estudio han terminado por corroborar el auténtico origen del euskera.

El idioma que hasta el momento se consideraba el más antiguo de Europa tiene sus raíces y mantiene múltiples similitudes con el dogón, hablado en Mali. El filólogo Jaime Martín Martín, licenciado en Filología Románica por la universidad Complutense, ha sido el encargado de desarrollar este estudio en el que se ha realizado una comparación léxica y estructural del idioma demostrando que el orden de las palabras en la frase es idéntico. Hasta el momento el euskera era considerado el idioma europeo más antiguo. Este nuevo parentesco lo certifica como un idioma africano perdiendo así este récord. Martín Martín, en una entrevista para la Cadena SER, hablaba de que más de un 70% del total de palabras son comparables por lo que, al superar el 50%, puede hablarse de parentesco con palabras muy similares como bede/bide-camino beri/bero-caliente. "Aporto pruebas válidas y suficientes que permiten pensar que el dogón sea la lengua originaria del vasco". Es decir, el euskera, considerado hoy el idioma más antiguo de Europa, no es, en su orígen, europeo, sino africano. "El dogon es probablemente un nuevo miembro de la familia lingüística que H. G. Mukarovsky en 1965 denominó euro-sahariano, una base esencial para poder confirmar la supuesta difusión del vascón por toda la Península Ibérica y un valioso elemento de apoyo para la conocida tesis vascónica de T.Vennemann y de Kalevi Wiik".

El profesor es licenciado en Filología Románica por la Universidad Complutense, en la que también hizo el curso de doctorado. Durante cuarenta años ha sido profesor numerario de Lengua y Literatura en el instituto Cervantes de Madrid. Entre sus trabajo, destaca el "Diccionario de expresiones malsonantes del español" publicado por Ediciones Istmo.

Una de las cosas que los políticos de los recortes impedirán

Manuel Ansede "Ciencia para el desarrollo. Un joven médico va a erradicar la segunda enfermedad humana", en El País, (18-II-2015):

Una bacteria que borra los rostros podría desaparecer gracias a un pediatra español. Los pigmeos luchan contra la bacteria que borra sus rostros

Hay un par de fotografías históricas que dejan claro que la humanidad, cuando quiere, puede superar en bondad y poder a cualquiera de los dioses adorados por las 4.000 religiones diferentes que existen en el mundo. La primera imagen muestra al cocinero somalí Alí Maow Maalin, de 23 años, con el cuerpo lleno de úlceras. En la segunda foto, tomada unos meses después, aparece el mismo joven pero sonriente, con sus heridas sanadas. Alí Maow Maalin fue, el 26 de octubre de 1977, la última persona que se infectó de manera natural de viruela, una enfermedad que llegó a matar a más de medio millón de personas al año, incluidos cinco reyes europeos solo en el siglo XVIII. Gracias a una campaña de vacunación masiva, la viruela fue la primera, y única hasta la fecha, enfermedad humana erradicada de la faz de la Tierra.

“Técnicamente es posible que veamos la foto del último enfermo de pian en 2017”, sostiene el pediatra español Oriol Mitjà. En el mundo rico, la palabra pian no dice nada. Pero en las regiones remotas de algunos países tropicales es una peste que azota donde se acaban los caminos, allí donde los médicos son como seres imaginarios de los que hablan los más viejos. El pian es una enfermedad olvidada provocada por una bacteria, emparentada con la sífilis, que sin tratamiento deforma los huesos, deja las piernas como lunas en cuarto menguante y llega a borrar, literalmente, la cara de las personas afectadas, sobre todo niños.

Ahora, el pian, que afecta a unas 500.000 personas, puede desaparecer del planeta gracias a una estrategia que, según se ha anunciado este miércoles, funciona. Un personaje del dramaturgo alemán Bertolt Brecht proclamaba: “Desgraciada la tierra que necesita un héroe”. En este caso, la tierra desgraciada son 13 países de África, el sudeste asiático y el Pacífico occidental, con los que se ceba el pian. Y el héroe es Oriol Mitjà.

En 2010, cuando tenía 29 años, el pediatra aterrizó en la remota isla de Lihir, en Papúa Nueva Guinea, para trabajar como médico. Llegaba con un premio extraordinario de licenciatura y un máster en Londres sobre enfermedades tropicales bajo el brazo. Al poco de llegar, pasó por su consulta un niño con un síntoma que no había estudiado ni había visto antes en una estancia en India: una úlcera roja en el brazo del tamaño de una moneda de dos euros. Un médico local le puso al día: “Es el pian”.

La enfermedad llevaba olvidada medio siglo. En 1952, cuando había 50 millones de afectados en el mundo, la Organización Mundial de la Salud y Unicef pusieron en su punto de mira al pian con el objetivo de erradicarlo. Iniciaron una campaña de tratamiento masivo con inyecciones de penicilina en 46 países. Doce años después, el número de casos clínicos se había reducido un 95%. Entonces, se decidió relajar el cerco y la bacteria resurgió, volviendo a borrar rostros de niños en las regiones más pobres de los países más pobres.

Mitjà, enfrentado a un enemigo derrotable con un simple antibiótico, decidió no sumarse a la desidia de las autoridades. Junto a su director de tesis, Quique Bassat, ambos del Instituto de Salud Global de Barcelona, se puso a diseñar una estrategia para combatir el pian. Necesitaban un tratamiento más sencillo que un pinchazo de penicilina, una medida que requiere personal médico entrenado y genera miedo entre la población. En 2012, anunciaron los resultados de un estudio con 250 niños en la revista británica The Lancet: con una sola pastilla de otro antibiótico, la azitromicina que en los países ricos se suele emplear para bronquitis y otitis, los chavales con pian se curaban.

Animada por el impulso del español, la OMS decidió retomar el objetivo de erradicar el pian y se fijó como meta el año 2020. Como se necesitan tres años sin casos para dar una enfermedad por extinguida, el último enfermo de pian tendría que ser curado en 2017. Faltaba demostrar que la estrategia de Mitjà funcionaba a gran escala. Y funciona.

Técnicamente, la estrategia puede erradicar la enfermedad en 2020", afirma el pediatra Oriol Mitjà. Un nuevo estudio que se publica este miércoles en la revista The New England Journal of Medicine muestra los resultados de una campaña de tratamiento masivo para la mayor parte de los 16.000 habitantes de la isla de Lihir. En solo un año, entre 2013 y 2014, la proporción de enfermos cayó casi un 90%. La presencia de la enfermedad en la población pasó del 2,4% al 0,3%. Y el estudio continúa con seguimientos para llegar a los cero casos.

“Nuestros resultados demuestran que, técnicamente, la estrategia puede erradicar la enfermedad en 2020”, explica Mitjà por teléfono desde Papúa Nueva Guinea, donde coordina el Centro Médico de Lihir, a 48 horas de viaje desde su casa en España. En su hospital, el pian ha desaparecido. Cuando llegó en 2010, el joven pediatra se acercó a los colegios de la zona para conocer la extensión de la enfermedad que acababa de descubrir en su consulta. Solicitó a los profesores que pidieran a sus alumnos con úlceras que se levantaran. “La mitad de la clase se ponía en pie”, recuerda. Otros, con la cara borrada o los huesos torcidos, ni siquiera querían ir al colegio y se quedaban en casa.

“La dificultad fundamental para erradicar la enfermedad será llegar a las zonas más remotas”, admite Mitjà. En la isla de Lihir, con aldeas perdidas, su equipo consiguió repartir pastillas al 84% de la población. En otros lugares, alcanzar esa cifra puede ser tremendamente complejo. En septiembre de 2012, Médicos Sin Fronteras intentó poner en marcha la estrategia de los investigadores españoles en uno de los lugares más inaccesibles del planeta, las selvas del norte del Congo. Allí, los médicos pasaban horas en todoterreno, en canoa y caminando por pantanos o a machetazos por la selva para llegar a sus pacientes: pueblos pigmeos de cazadores-recolectores.

El 10% de los niños en las zonas más aisladas presentaba las úlceras del pian. Muchos de ellos eran incapaces de tragarse la pastilla de azitromicina porque nunca habían visto una. Gracias a un esfuerzo épico, la ONG consiguió administrar el antibiótico a 17.500 pigmeos, pero no bastó. En la selva congoleña, los pigmeos, nómadas, iban y venían desde las vecinas República Centroafricana y República Democrática del Congo. Y con ellos viajaba la enfermedad. Las úlceras regresaron a las aldeas tratadas.

“La fragilidad de los sistemas de salud es el talón de Aquiles de cualquier campaña”, reconoce Quique Bassat, ahora destinado al Centro de Investigación en Salud de Manhiça (Mozambique), donde su institución barcelonesa investiga enfermedades como la malaria, el sida y la tuberculosis. Sin embargo, Bassat es optimista si hay voluntad política. “Ahora la obligación de la OMS es promover la estrategia contra el pian y ponerla en marcha”, afirma.

Uno de los desafíos es poner de acuerdo a los 13 países afectados, ya que la campaña debe ser sincronizada para que sea eficaz. Eso significa coordinar a las autoridades sanitarias de países como Costa de Marfil, República Centroafricana, Congo, República Democrática del Congo, Timor Oriental y Papúa Nueva Guinea.

Otro de los retos es encontrar financiación, aunque el tratamiento es muy barato. En la isla de Lihir, cada píldora de azitromicina ha costado unos 17 centavos de dólar (0,15 euros), gracias al trato con un fabricante indio de genéricos. Los recursos humanos para distribuir la pastilla los ha puesto la empresa minera australiana Newcrest, propietaria del gigantesco depósito de oro que se esconde en el cráter de un volcán extinto en la isla de Lihir. Es uno de los mayores depósitos del mundo. Desde 1997, del volcán han salido unos 280.000 kilogramos de oro, aunque los 16.000 habitantes de Lihir siguen en la pobreza.

Para la campaña internacional de erradicación, la OMS negocia una donación de azitromicina con la farmacéutica estadounidense Pfizer, que no quiso donar en el ensayo en la isla de Lihir. La empresa, que tuvo un beneficio neto de más de 8.000 millones de euros en 2014, sí ha donado más de 225 millones de tratamientos con azitromicina para la campaña internacional contra el tracoma, otra enfermedad provocada por una bacteria, que en este caso ataca los ojos y ha dejado ciegas a más de un millón de personas en todo el mundo. “Pfizer estaba esperando nuestros resultados para evaluar si dona azitromicina contra el pian”, confía Mitjà.

Si todo sale como está planeado, el pian será la segunda enfermedad humana erradicada tras la viruela. O la tercera, después de la poliomielitis, una patología provocada por un virus que ataca el cerebro y la médula espinal y puede causar parálisis. En un principio, la OMS quiso erradicarla para el año 2000 y, superada por la realidad, fue retrasando la meta hasta el actual 2018.

En 1988, había 350.000 casos en 125 países. Tras una campaña de vacunación internacional, en 2014 solo se registraron 413 casos, concentrados en tres países: Afganistán, Nigeria y Pakistán. En estos dos últimos, grupos armados han asesinado en menos de tres años a 77 trabajadores de campañas de vacunación, por bulos absurdos que afirman que el tratamiento es un plan para esterilizar a los musulmanes. Los fusiles Kaláshnikov y Oriol Mitjà y sus colegas pueden hacer que la fotografía del último enfermo de pian sea la siguiente imagen de la que la humanidad pueda sentirse orgullosa.

Islandia, que estaba igual que Grecia, ahora se recupera gracias a no pertenecer a la Unión Europea

Lluis Pellicer, "Islandia atribuye su recuperación a haber rechazado aplicar la austeridad" El País, 18-II-2015:

"Los intereses económicos en una mano y la democracia en la otra", dice el presidente.

El colapso de la banca a finales de 2008 llevó a Islandia a una pérdida del 8% de su riqueza en dos años y a una inédita tasa de paro del 11,9%. La economía de la isla dio un giro a partir de 2011. Basándose sobre todo en el turismo, las exportaciones pesqueras y la industria del aluminio, Islandia recuperó el terreno perdido, la tasa de paro oscila entre el 3% y el 4% y el Gobierno ha previsto una expansión del Producto Interior Bruto (PIB) del 3,3%. El presidente del país, Olafur Ragnar Grimsson, ha atribuido en parte esa recuperación a haber desoído los consejos de los organismos internacionales, en particular la Comisión Europea, para que aplicara medidas de austeridad. A pesar de que ha rechazado dar consejos a Grecia, el presidente islandés ha destacado que la UE se equivocó con su caso. “¿Por qué deberían tener razón en otros?”, ha planteado.

El presidente islandés ha pronunciado este miércoles una conferencia en la escuela de negocios Iese, tras la cual ha mantenido un almuerzo con periodistas. Olafur Ragnar Grimsson ha recomendado a la UE que saque sus conclusiones sobre la crisis y la recuperación de Islandia y ha reclamado mantener los equilibrios entre “la democracia” y los “intereses económicos”. “Los intereses económicos en una mano y la democracia en la otra”, ha sostenido. El presidente ha rechazado que la población deba sufrir con medidas de duros recortes presupuestarios y ha abogado por la combinación que empleó el país, que pasó por renegociar la deuda (el país rechazó en un referéndum pagar por los errores de sus bancos) y una devaluación de la moneda. El país, sin embargo, mantiene severos controles de capital desde 2008 y es sólo ahora cuando empieza a plantearse si debe eliminar o no las restricciones que bloquean la libre circulación de fondos por una cuantía que equivale al 50% del PIB.

Después de que en 2009 Islandia iniciara las negociaciones para incorporarse a la Unión Europea, el año pasado el Gobierno de centroderecha decidió romperlas. El presidente ha asegurado este miércoles que esa opción no está “olvidada”, puesto que una parte del país todavía aboga por la integración. Sin embargo, el jefe de Estado de Islandia ha admitido que la cuestión pesquera pesa en la decisión. En el país está vigente un sistema de cuotas que Gobierno y sector pesquero defienden a capa y espada y que despierta recelos en Bruselas, sobre todo en cuanto a las capturas de caballa. Olafur Ragnar Grimsson ha mantenido que Islandia “nunca aceptará” esas condiciones. Aun así, ha afirmado que el debate sigue vivo y ha recordado que el país ya forma parte de varios acuerdos económicos y de seguridad del continente.

El presidente de Islandia ha explicado que hoy el turismo y las exportaciones de pescado, sobre todo de bacalao, son los puntales del país. La industria turística lleva tres años creciendo a un ritmo de entre el 15% y el 20%, lo cual al principio se debió a la devaluación de la moneda y luego a las campañas turísticas que se han lanzado. En un país de 320.000 habitantes, cada año se reciben ya un millón de turistas, procedentes sobre todo de Europa y Estados Unidos, pero ahora también de Asia. “En los próximos 5 o 10 años el reto es seguir con la misma experiencia sin hacer daño al medio ambiente”, ha sostenido el presidente islandés. Este ha destacado que la crisis financiera llevó a trabajadores de ese a otros sectores, lo cual ha fomentado la creatividad y la innovación.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Un resumen de la indignación

Hay una nueva izquierda y una nueva derecha que no son ideológicas ni herederas de otra cosa que el desencanto y la indignación: Podemos y Ciudadanos. Se supone que son la alternativa al pepoísmo dinástico y decimonónico en que militan los prebendados y prevendidos preconsejeros de bancos y multinacionales con tarjetas no de visita. Podemos y Ciudadanos tardarán en desbancar a corruptos partidos, sindicatos, judicaturas y demás aprovechados de la constitución borbónica, meramente semántica, elaborada para perpetuar las estructuras extractivas de la oligarquía franquista, infiltrada en todo el organigrama levantado por la Caquitución; pero lo harán dentro de veinte o treinta años... si no están ya entonces igual de corruptos e infiltrados por los hijos, naturales o no, de esa oligarquía.

Presume el monaguillo de Merkel y "sonrisa del régimen" Rajoy de que ha subido el empleo. Lo concedo; sube el empleo precario y temporal, pero el paro no baja y, si han subido los minusprecarios (suponiendo que los números no engorden), no fue por lo poco que se hizo, sino porque le han bajado el precio del petróleo, droga de nuestra economía. La euforia de Rajoy es la que da el subidón del petróleo barato que no tenemos y tendría que fingirla igualmente si hubiera mirado que las exportaciones no aumentan y que la deuda externa ha crecido hasta hipotecar nuestra economía durante tres decenios en que será imposible, por ese recorte, que pueda haber política social, lo que padecerán los hijos que ni él, ni Cospedal ni Aguirre se han esforzado en parir, educar y mantener, dicho sea todo con las bendiciones de los líderes bancarios de Occidente que dominan las Instituciones Europeas, con mucho banco central pero aún sin política social alguna, y con otra educativa que, tras haberse vendido como única posible, ahora plantea encarecer la universidad a los pobres y desinflarla de contenidos en aras de una mayor mediocridad, tras haber transformado la enseñanza básica de manera "económica" para crear consumidores acríticos de productos de mierda que faciliten la venta de la mierda improductiva, que es lo último que queda por vender, vendidas ya las almas al Demonio. Lo han hecho eliminando las humanidades del currículo y haciendo además a sus inútiles productos de mierda más baratos gracias al tratado con las grandes y cornudas multinacionales de América, enemigas de todo lo gratuito y privatizadoras incluso del pensamiento con su demencial legislación sobre patentes y propiedad intelectual, fraguada en el país con más abogados por kilómetro cuadrado del mundo. ¿Adónde irá a parar la legislación europea?

De momento, ya han transformado a la cultura en un lujo para pobres y, gracias a los nuevos y nada selectivos recortes, la ciencia española empieza a acumular, de nuevo, y como en la época de Felipe II, un retraso en un momento fundamental en que se ha emprendido una productiva carrera para explotar la biotecnología, el proteoma y la farmacología y comenzar a desarrollar la inteligencia artificial. Mientras, el antecedente de esta, la informática, extingue la clase media administrativa y funcionarial y deja como únicos empleos posibles para sus hijos los mecánicos de lavaplatos, friegasuelos, basureros, albañiles y camareros, o les dan para vivir el compaginar dos o tres empleos a tiempo parcial (si tienen suerte, en lugares cercanos), renunciando a los hijos y a la jornada de ocho horas, como ya ocurre en Alemania, Japón y los Estados Unidos. 

Sí, seguirá subiendo el empleo, pero será porque los parados se habrán ido a buscar trabajo fuera de España y porque los de larga duración (¡y qué larga duración ya la del paro en España!) habrán fallecido de vejez o de esas enfermedades que una Sanidad cada vez más privatizada y lenta combate peor, merced a los recortes que no se hacen a los ricos. De los jóvenes no hablemos: están condenados por Rajoy a la miseria, al fútbol, a la ignorancia y, por último, a la mendicidad y, por la sociedad tontificada gracias a los medios de alienación, al móvil, al infantilismo, al aislamiento otaku ante el ordenador y a la vagancia subvenida por los padres, cuya jubilación los alimenta hasta que vayan de patitas a la mendicidad, a la locura o al crimen. La única austeridad que funciona es la que deja de gastar en corrupción, en publicidad y en charanga y pandereta; porque la única moral que mejora colectivamente a una nación es la igualitaria Ley de Jante, que no se estudia precisamente en Políticas, como el chino, que tiene algún futuro, o el griego, que no tiene ninguno, por desgracia.

En el exterior solo existe un capitalismo de pirañas o una economía pirata: hay islas Tortugas y Caimanes no solo en las Antillas, sino en Suiza y otros lugares. Como en el exterior se pierde, con la nacionalidad (incluso con la nacionalidad catalana) la vergüenza (o la ética, pero la palabra está tan devaluada y encogida por los lavados que ha perdido ya todo color y significado) y el derecho internacional es lo que en castizo se llama una merienda de negros, no se combate el blanqueo de dinero negro, oscurito o pringado de mierda, todo ese dinero que huye de la decencia, todo ese dinero cobarde a los impuestos que redistribuyen la pobreza, todas esas manos sucias y culpables de registradores de la propiedad y del egoísmo, siempre al margen de las leyes o reescribiéndolas a su conveniencia. 

Una prueba: ponga su piso a la venta en el mercado nacional, que no encontrará comprador; pero póngalo a la venta en el mercado internacional y no durará sin vender un minuto, siendo incluso posible que lo compre un español. Tan extraño y paradójico comportamiento se debe a que a la gente no le importa lo que compra, sino lo que blanquea. Y, para blanquear la ignominia y el crimen se compra lo que sea: arte, animales, personas, propiedades... Lo único que quieren esos indecentes es blanquear su dinero; aunque una menor parte de ellos son mafiosos y narcotraficantes, el resto son solo criminales de otro pelaje, chorizos simples huidos de la decencia, de la vergüenza y de unas pocas haciendas nacionales que ni siquiera se molestan en infiltrar espías en la banca suiza o en otras bancas con secretitos, como las de las cajas de ahorros tomadas al asalto por los oligarcas de isla Tortuga.

Quienes han provocado la crisis y ahora callan se quejan de verse obligados a repartir. Pero acabar con la crisis es sencillísimo: en vez de enviar el ejército a combatir al estado islámico, envíenlo contra Suiza y los demás santuarios del terrorismo económico; verán que pronto el cobarde dinero vuelve a los lugares de donde salió o qué pronto caen derrocados los gobiernos que hayan propuesto tan extravagante y honesta medida (es medida honesta la que se inspira en la honestidad, esto es, la que no se inspira la política internacional).

Seguro que debe haber unos culpables de todo esto, pero no son solo los de arriba: cada persona que calla una corrupción o tolera una injusticia está poniendo un ladrillo en la construcción de la infamia. Nada me molesta más que aquellos que no se indignan con la corrupción cercana y se indignan con la lejana, porque todo esto solo empezará a cambiar cuando se dé ejemplo a la manera kantiana, porque el mayor mal que hay en España no es el cainismo que decía Unamuno, sino la raíz del cainismo, que es la injusticia. Y es que en la televisión no hay ejemplos de héroes: como nos han educado en la ausencia de valores, todos los canales transmiten ejemplos de guapos indecentes, de mentirosos sin vergüenza, de violentos sin excusa y de fanáticos de la alienación y la compraventa de almas. ¿Esto es España? ¿Esto es Europa?

La contracción de la memoria

El paso del tiempo es lo único que ocurre. Es inevitable que nuestro soporte físico se reduzca y, con él, la capacidad de contener memoria, de retener la realidad. Sí, como las últimas teorías científicas afirman, somos información y nada más, la pérdida progresiva de la misma que supone la vejez nos vuelve esquemáticos y esencialistas, nos bate en retirada y empobrece el mundo al mismo tiempo que nos empobrece a nosotros.

Me explico: nuestra memoria empieza a volverse convergente, a hacer de dos recuerdos parecidos uno solo; no advierte las diferencias y se vuelve tozuda. Y los más grave: la información termina por disgregarse y aniquila el yo transformándonos en instrumentos de autodemolición: somos el fantasma que habita el castillo de su propia ruina. Los recuerdos se vacían de contenido hasta que nosotros mismos somos un recuerdo para nosotros mismos. El tiempo nos hace empalidecer sobre la superfice del mundo.


martes, 17 de febrero de 2015

Fernando Gutiérrez de Vegas, el manchego incómodo

A fines del siglo XVIII, el abogado Fernando Gutiérrez de Vegas, absolutamente desengañado del reformismo borbónico, escribió la primera novela realista desde el Don Quijote de Cervantes, anticipándose a las de Galdós en un siglo; nada tiene que ver su obra con aquellas ficciones idealizadas, pintoresquistas o aventureras que, si eran críticas, lo eran con visión tan temáticamente cerrada y parcial que eran leídas como diversión y no como pensamiento. Los enredos de un lugar ofrece una visión global del mundo manchego, y, por extensión, español, amarga y dura, y habría encantado a Unamuno por lo intrahistórica que es, por la "tradición eterna" que contiene.

Trata del problema esencial de España, que el autor, bastante más objetivo que el famoso filósofo vasco, no define como "cainismo", sino como la Injusticia con mayúscula. Una injusticia que todo lo subvierte, una peste que inficiona e impide cualquier atisbo de progreso social y termina despoblando el lugar. Además, es la primera vez que aparece el tema del caciquismo: se le consagra toda una larga e irónica novela en tres volúmenes. ¡Y qué novela! Estamos hablando de 1778, pero casi el cien por cien de sus reflexiones se podrían aplicar ahora mismo. Por ejemplo:

Yo me río al ver un escritor celoso del bien público [se refiere a Antonio Ponz, el autor del Viaje de España] fatigarse en cuantos tomos publica (ejemplifiquemos el descuido en algún ramo) por persuadir a todos los pueblos el plantío de árboles. "Me río", digo, no de su celo, que es bueno, ni de su idea, utilísima, sino de que para los pueblos gobernados por alcaldes ordinarios trabaja y trabajará en balde mientras duren; y lo mismo sucede a las reales órdenes que se comunican todos los años sobre el objeto, pues es prueba evidente de que no se cumplen el estar como estábamos en cuanto a él. Ni ¿qué han de hacer, bien mirado, los alcaldes? Sobre la común falta de medios, de fuerza, de ejemplares y de autoridad que exige la introducción de cualquier proyecto útil, tienen la de no esperar recompensa de su fatiga y, sobre todo, la de no durarles el poder el tiempo necesario a perfeccionarla. Conque, aunque recaiga la judicatura en un hombre de espíritu y capacidad, ¿qué ha de hacer o qué ha de introducir en un solo año que la ejerce? Y si algo ha hecho, siguiéndosele una larga serie de sucesores o de ideas contrarias o de muy diferentes partidas, ¿cómo se ha de perficionar lo que él hizo? (Fernando Gutiérrez de Vegas, Los enredos de un lugar, Madrid: Viuda e hijo de Marín, 1800, 2.ª ed., III, pp. 336-337.

¿Alguien podría decir que esto no es aplicable, por ejemplo, al tema de la interminada reforma del fracasado, fracasable y fracasadero sistema educativo español? La novela, a la que, como es lógico suponer (si creemos que es cierto lo que piensa Gutiérrez) no se le haría ningún caso (y la realidad lo confirma: no ha sido reimpresa desde hace más de doscientos años a pesar de su éxito y las continuas alabanzas de la crítica (dispongo yo solo de la rara segunda y última edición, de 1800, que ya tuvo serios problemas con la censura gubernativa para ver la luz) llamó la atención de los críticos en el siglo XIX y en el XX todavía no paran los ditirambos sobre ella en toda la crítica especializada. Sin embargo, ahí yace, muerta de risa, sin edición alguna, ni siquiera popular, en dos siglos.

Gutiérrez de Vegas no cree en el "progreso indefinido del genio humano", en el progrès de l'esprit humain que Condorcet, veinticinco años después, en pleno auge de la Revolución Francesa, proclamó. Gutiérrez de Vegas asistiría sin duda fascinado a este suceso, capital en la historia del mundo, cuando se animó a publicar la segunda edición de su libro. Pero era más pesimista que Arroyal, quien, a unos pocos kilómetros de donde vivía el abogado, también en Cuenca, igualmente desengañado (o "indignado", si prefieren) por el tibio reformismo borbónico, se atrevió a pergeñar una constitución liberal para España que no llegó a publicarse y quedó como apéndice a sus inéditas Cartas económico-políticas al Conde de Lerena. Un profesor de Pablo Iglesias, Antonio Elorza, las publicó sin ese añadido, que descubrió el profesor José Caso González y ahora es difícil encontrar (algo semejante a lo que pasó al oculto y ninguneado Gutiérrez de Vegas).

La primera edición llevó el título de Los enredos de un lugar o Historia de los prodigios y hazañas del célebre abogado de Conchuela el Licenciado Tarugo, del sandio escribano Carrales y otros ilustres personajes que hubo en el mismo pueblo antes de haberse despoblado, dividida en cinco libros, o sátiras contra la prepotencia, la avaricia, la mala fé, la pusilanimidad, y otros bastardos afectos del hombre, destruidores de la justicia (Madrid, Manuel Martín, 1778, 1779, 1781, 3 vols.). Que la obra era una punta de lanza de las reformas ilustradas lo demuestra que fueran censores del libro Nicolás Fernández de Moratín e Ignacio López de Ayala.

Como bien escribe Joaquín Álvarez Barrientos:

Nos encontramos ante uno de los trabajos más importantes en la constitución del género novelístico. Se desarrolla en un pueblo, Conchuela, y se narra la vida que llevan los poderosos que dirigen la población y la de los que padecen su ejercicio de la justicia y el poder. A su vez, se relatan las relaciones de enemistad, interés, amorosas o simplemente amistosas que se dan entre los que quieren desbancar del Ayuntamiento a los Tarugo y estos. […] Gutiérrez de Vegas domina mejor que Isla los recursos narrativos. Sabe medir los episodios e insertarlos de modo que resulten complementarios de la acción principal o nazcan de esta. Sus personajes tienen entidad, a la par que pasan por diferentes estados de fortuna y anímicos, produciendo en el lector un verdadero efecto de realidad. Tienen pasado, cosa que pocas veces o muy escuetamente se nos muestra en cuantos transitan las páginas de Fray Gerundio. La historia se cierra con la despoblación del pueblo y con los epitafios de los personajes más importantes de la obra: es la desolación que, unida a la ironía de que hace gala el autor a lo largo de la obra, da un panorama oscuro de la realidad española que retrata. Con Fernando Gutiérrez de Vegas nos encontramos ante un narrador realista que basa su ficción en el conocimiento de las costumbres, y cuyo interés, como el de los novelistas europeos, es comprender al hombre. Para ello acumula situaciones, personajes, detalles, escenas que van componiendo el microcosmos que es Conchuela. Es Gutiérrez de Vegas, además, un gran descriptor de lugares. Los enredos de un lugar […] es un caso único, porque las novelas que se publiquen después, traducidas, adaptadas u originales, no se le parecerán nada, ya que no es una novela sentimental, ni filosófica, ni moral, siendo todo ello a la vez. Gutiérrez de Vegas escribe una obra que se entronca fielmente en la tradición narrativa española, a la par que refleja un mundo conocido. Las novelas de los siguientes años estarán influidas por las corrientes sentimentales europeas. En Los enredos de un lugar se crea el mundo de la España que se reforma y por cuyas reformas parece que cambia, pero solo parece: el autor da la impresión de que todo ello es un gran engaño, porque o se llega al “es necesario que algo cambie para que todo siga igual”, o se acaba en la desolación producida por la incapacidad para hacer una transformación real y profunda. [...] Conchuela es la reproducción en pequeño de la España de Carlos III; sus gobernantes representan las fuerzas reacias a los cambios; quienes quieren sustituirlos representan a los reformistas ilustrados, que finalmente acaban conduciéndose como los refractarios; los problemas que se debaten en el pueblo sobre higiene, salud pública, moral, poder, creencias, economía, necesidades de la población, educación y otros son los mismos que están sobre el tapete de la reforma española. 

Es ya lugar común afirmar que de Fernando Gutiérrez de Vegas no se sabe sino que era abogado de los Reales Consejos y vecino de Pareja (Guadalajara). También, que en 1777 aprobaron su novela los escritores ilustrados Nicolás Fernández de Moratín e Ignacio López de Ayala, contertulios de la Fonda de San Sebastián, aunque la publicación del segundo volumen y la fuerte crítica social que contiene la obra hizo que la segunda edición afrontara más dificultades. Fuera de esto, me ha bastado una sencilla investigación para rebajar bastante esta ignorancia de datos biográficos. He aquí los nuevos datos: el autor nació en Castrofuerte (Asturias) y se licenció en derecho civil en Sigüenza.  Un pariente, casi con toda seguridad hermano, Francisco Antonio Gutiérrez de Vegas, fue párroco de Bolliga (Cuenca) y disfrutaba de una capellanía fundada por F.º Ponce de León en Polvoranca (pedanía de Leganés, Madrid), pero pleiteó por unos atrasos que no le devolvían de ella en 1776.  Este hermano es muy plausiblemente el modelo del sacerdote que aparece en la novela. Todavía hay más: por el artículo “No permiten nuestras leyes hidalgos, frailes ni bueyes” de El Día de Cuenca, (11-IX-1920) nos enteramos de que, en un pleito sostenido entre 1782 y 1792 contra la villa de Gascueña a instancia de don F.º Manuel de Parada y Sandoval, vecino de Huete y primogénito del regidor perpetuo de esta población, al que la citada villa le impedía poner su blasón en la puerta de su casa, pleito sentenciado en 1791 a favor del demandante, se cita a Los enredos de un lugar y a unos Olarte hidalgos de Móstoles empadronados como plebeyos en Gascueña por su fuero de behetría, que anulaba distinciones por nobleza.

Al citar la novela de Gutiérrez de Vegas, impresa en 1781, se hace memoria de tres pueblos de la jurisdicción de Huete, “felices” por no tener hidalgos: Peraleja, que “antes permitiría faltase de su torre la giralda que los ilustra que en sus archivos se encontrara un don”, Tinajas, con duda, del que los arrojarían a pedradas, y Gascueña, donde “hasta los niños de teta publicaban este blasón: No permiten nuestras leyes / hidalgos, frailes ni bueyes, y que, “sin hidalguías vivieron muy honrados nuestros mayores, hemos vivido nosotros y vivirán nuestros descendientes”. Sobre el tema, véase al documentadísimo Manuel Deparada y Luca de Tena, marqués de Peraleja, Bibliografía sobre la noble y leal ciudad de Huete. Autores, documentos, citas sobre vecinos y naturales. Acontecimientos, Madrid, 2014.

El libro primero describe los caracteres del cacique (el tío Tarugo) “con un genio obsequioso a los ricos y terrible a los pobres”, de su amigo y aliado el cura Berrocal (con poderosos contactos, de los que se aprovecha Tarugo) y del albéitar Mingo Guijarro, más conocido como “Morcillas”, quien espía para él todo lo que acontece en la población. Tarugo es “un labrador, el más rico de todos sus vecinos, con un par de mulas, un buey de non y alguna más hacienda de la necesaria para emplear esos animales […] desde joven muy apasionado por su dictamen y por su hacienda; y casi siempre consiguió que el primero sirviese para aumentar la segunda, pues no hay memoria que no gastase ni aun palabras como no esperase de ellas probable utilidad. Al principio fue fiel de fechos, en cuyo ejercicio estuvo cuatro años y aprendiendo en ellos el fácil arte de majenar el pueblo, subió por sus méritos a alcalde, y lo fue con intermisiones y sin ellas dieciséis años. Con tal fortuna, y con la que él no despreciaba por otra parte en los años de hueco, adquirió el caudal mayor de su villa. […] Fue muchos años el árbitro de su pueblo, y voto tan decisivo en el Ayuntamiento, que una insinuación o seña suya tenían en él la fuerza de decretos. Nadie era alcalde, regidor ni aun alguacil como no lograse anticipadamente su permiso; y si alguno contra su voluntad se empeñaba en serlo, nada conseguía y se hacía irregular para en adelante. Este fue el motivo de hallarse en aquel tiempo arrinconado en Concuela sin llegar a ser alcalde un vecino llamado Gaspar Fernández, hombre de invencible veracidad y de un amor envidiable a la justicia, desinteresado y muy racional, porque como él no tuviese genio de adular al tío Tarugo, ni fuese en su mano el conformarse con una mínima parte de sus ideas, ni aun fingiese y disimulase su carácter e inclinaciones, el tío Tarugo […] compuso que nadie se acordase de él ni aun para alcalde de la Hermandad”. Tarugo es viudo y tiene un hijo “depósito de todas sus esperanzas”, que llega al pueblo, tras licenciarse en Derecho, junto con su maestro, abogado de Irueste, “el Escévola de la Alcarria”. El máximo enemigo de ambos es el escribano Carrales, “hombre no tan rico como su competidor, pero mucho más diestro que él en el arte de captar la benevolencia de las gentes y hablar a cada uno en su lenguaje. Su prodigiosa pluma tenía la grande virtud de descubrir los metales y la de atraerlos hacia sí. Con un rasgo solo formaba un santo y con otro un diablo en quien lo más particular eran las uñas. Pero su mayor y más común empleo era el de socorrer necesitados. Unas veces hacía deudores y otras deshacía créditos; ya comentaba los testamentos, aclaraba los vínculos o bien resucitaba hidalguías y derechos perdidos; […] tenía la gracia de disimular excelentemente […] Con sus mañas hizo un tiro muy grande al despotismo del tío Tarugo, pues se confederó estrechamente con todos sus contrarios descubiertos y, con más cautela, con los ocultos, que eran muchísimos, moviéndolos de diveras maneras a dicha unión.”

Puesto ya el tablero, en la novela se van enfrentando estas dos Españas a costa de la tercera que representa Gaspar Fernández, sustituyendo el despotismo de un cacique por el de otro sin que los problemas económicos y de secular injusticia que aquejan al pueblo se solucionen, pues lo único que obsesiona a los personajes es el poder.

Comprimidos de Ferlosio

Frases de Ferlosio:

“Tener ideología es no tener ideas. Éstas no son como las cerezas, sino que vienen sueltas, hasta el punto de que una misma persona puede juntar varias que se hallan en conflicto unas con otras. Las ideologías son, en cambio, como paquetes de ideas preestablecidos, conjuntos de tics fisionómicamente coherentes, como rasgos clasificatorios que se copertenecen en una taxonomía o tipología personal socialmente congelada”.

Ortegajos: ‘El proyecto vital’: “Mundo feliz aquel en que los niños no entendiesen ni aun remotamente la pregunta capital del verdadero corruptor de menores: ‘Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?”.

“Naturaleza y civilización…Pero, decidme: ¿qué es más naturaleza: un león persiguiendo a un antílope en el Parque Nacional de Tanganika o un gato persiguiendo a una rata bajo la luz de los faroles junto a la interminable pared del matadero?”.

Never more: “Decir que el tiempo todo lo cura vale tanto como decir que todo lo traiciona. ¿Sabré sobrevivir sin traicionar?”

Alonsanfán: “La verdad de la patria la cantan los himnos: todas son canciones de guerra”.

Paisaje para Demetria: “Por el lomo de la alta pared del huerto coronada con cascotes de botella venía andando esta tarde un gatito, sin cortarse”.


Ferlosio

Javier Rodríguez Marcos "Ferlosio sigue echando chispas", El País, 16-II-2015:

A sus 87 años, el autor de ‘El Jarama’ reúne por vez primera todos sus pecios en un volumen y reedita su narrativa. En 2016 le tocará el turno a los ensayos y los artículos.

"La cultura es un medio de control social"

“Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere”. Con este aforismo abría Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927) su libro Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, que al año siguiente, 1994, obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Desde entonces, el escritor no ha dejado de salpicar sus ensayos y colaboraciones en prensa con sentencias a las que él prefiere llamar como a los restos de un naufragio: pecios. Tanto los que formaron aquel volumen inaugural como los incluidos en 2002 en La hija de la guerra y la madre de la patria o los publicados en EL PAÍS y Abc quedarán reunidos el próximo 9 de abril en Campo de retamas. El volumen se completa además con una treintena de inéditos y varios envíos a la sección de Cartas al Director de este periódico. Aproximadamente un 40% del total no se había recogido antes en libro.

Con la aparición de ese tomo de 224 páginas, Ferlosio cambia Destino —su editorial desde que ganara el premio Nadal de 1955— por Random House. El nuevo lanzamiento irá además acompañado por la recuperación en Debolsillo —sello del mismo grupo— de sus tres novelas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, El Jarama y El testimonio de Yarfoz. Debolsillo será también la que publique en otoño los cuentos completos del premio Cervantes de 2004. La operación Ferlosio culminará el año que viene con sus ensayos reunidos.

Ignacio Echevarría, responsable de esta revisión general, explica que Campo de retamas se abre con los pecios inéditos y se cierra con los ya publicados, eso sí, debidamente expurgados: los que no han superado “la barrera del pudor” no se reeditan. Ferlosio, cuenta el crítico, trabaja “reformulando cada idea, cada frase; más que una obra de orfebrería, el resultado es un canto rodado pulido y repulido”.

Mientras culmina el trabajo sobre iconografía femenina que adelantó el año pasado la revista El estado mental, las citadas recuperaciones supondrán una nueva vida para la escurridiza obra de alguien que se ha pasado décadas huyendo del, en sus propias palabras, “grotesco papelón de literato” que se le vino encima con el éxito de El Jarama. Armado con la Teoría del lenguaje de Karl Bühler, se retiró a estudiar gramática durante 15 años. Que no dejó de escribir lo demostró su reaparición en 1986 con tres libros nuevos: Campo de Marte, Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado y El testimonio de Yarfoz.

Fue tras recoger en dos tomazos sus ensayos y artículos, cuando el campeón de la frase subordinada —la famosa hipotaxis— se reveló con Vendrán más años malos... como un maestro del pensamiento breve. “Ferlosio en comprimidos”, lo llamó Fernando Savater en un legendario monográfico de la revista Archipiélago. Savater recuerda aquella ocurrencia de 1997 y se sigue declarando devoto de los chispazos del autor de El alma y la vergüenza: “Su pensar a la contra está más logrado en los pecios porque el argumento se debilita cuando tiene que recorrer todos los meandros del razonamiento. Los pecios y las hipotaxis son dos formas distintas de expresar un pensamiento similar, pero lo breve nos convence por su rotundidad”. Para el filósofo y escritor donostiarra, los autores de aforismos suelen moverse “entre lo reflexivo y lo festivo” y Ferlosio está entre los primeros: “Sus sentencias son razonamientos condensados, como esos insectos atrapados en ámbar durante milenios y cuyo ADN nos permite reconstruir un dinosaurio”.

A la hora de buscar familia literaria a fragmentos que pueden ser epigramas, fogonazos, metralla o microrrelatos, el novelista Gonzalo Hidalgo Bayal —autor de Camino de Jotán, un ensayo de referencia sobre la “razón narrativa” de Sánchez Ferlosio— evoca el Juan de Mairena de Antonio Machado pero matiza: “Los pecios de Ferlosio son... ferlosianos. Están escritos como si partiera de cero, del vacío. Tengo la impresión de que el poco aprecio que él tiene por El Jarama viene precisamente de que no partió de cero sino de lo que se escribía en la época, lo que escribían los amigos... No sé si alguna vez fueron restos del naufragio, pero ya tienen categoría de género en sí mismos”.

Los pecios son además el lado más personal de la obra de un autor alérgico a la exhibición autobiográfica sin renunciar a un lirismo ácido: “Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes”. Son un “autorretrato sumergido”, apunta Echevarría. Atravesados por un sentido del humor que contradice su fama de huraño —“Ladro pero no muerdo”—, son también la esencia de un pensamiento surgido de la sospecha de que “tener ideología no es tener ideas” y de la voluntad de socavar los tópicos de la Historia, el lenguaje o la autoridad: “La voz más pobre se hace siempre la más autoritaria; no consiguiendo ya ser entendida, tiene que resignarse a no ser más que obedecida”.

Y donde dice autoridad vale decir argumento de autoridad, empezando por el que echa chispas. Así arranca el fragmento titulado Ojo conmigo: “Desconfíen siempre de un autor de ‘pecios’. Aun sin quererlo, le es fácil estafar, porque los textos de una sola frase son los que más se prestan a ese fraude de la ‘profundidad’, fetiche de los necios, siempre ávidos de asentir con reverencia a cualquier sentenciosa lapidariedad vacía de sentido pero habilidosamente elaborada con palabras de charol”. Ojo, pues, con Ferlosio.

domingo, 15 de febrero de 2015

Lógica infantil

Yo de pequeño creía que... Errores vergonzosos que ningún adulto te corrigió
Equivocaciones que tienen tanta lógica que ni siquiera parecen errores, en El País (7-II-2015):

Estas son algunas de esas férreas convicciones que durante el paso del tiempo hemos tenido que abandonar por la presión social. La lista ha sido elaborada preguntando a amigos y conocidos:

Las dudas de fe

"Cuando a un amigo le dijeron que los Reyes eran los padres, preguntó: 'Entonces, ¿le tengo que mandar la carta a los padres de Melchor, Gaspar y Baltasar?”. (J. P.)

“Hasta hace poco [33 años] creía que la expresión 'Lo que diga X va a misa’ significaba que lo que diga alguien se va a la mierda, es decir, algo así como 'me da igual”. (L. G.)

"Cuando era pequeña mi hermana creía, literalmente, que las monjas se casaban con Dios. Recuerdo que le preguntaba a mi madre: '¿Hacen banquete y todo?". (M. B.)

Las convicciones nunca corregidas

"Siempre pensé que había tres tipos de agua: mineral, del grifo y oxigenada. Así que cuando tenía sed iba al baño y me bebía el agua oxigenada". (G. L.)

“Yo buscaba en el mar cuando buceaba los palitos de cangrejo que se compran congelados para echar a las ensaladas. ¡De verdad pensaba que existían!”. (D. H. G.)

"Ver un partido de tenis suponía un conflicto personal para mí. Cada vez que escuchaba que un jugador 'le había roto el servicio' a otro, no entendía qué tenía que ver un inodoro en todo esto". (M. P.)

"De pequeña creía que estupendo era un insulto, así que cuando alguien me decía: 'Eres estúpida', yo respondía, 'estupendo'. Nadie me corregía, debía parecerles muy graciosa". (D. R.)

"Mi abuela me dijo que alguien se había quedado cojo por no haber sentado la cabeza de joven. A lo que yo entendí que ese señor no había puesto la cabeza en una silla y no logré encontrar la relación con una cojera". (J. R.)

"Un recuerdo del verano eran los madrugones para ver los encierros de San Fermín. Cuando terminaban mis abuelos siempre comentaban lo mismo: 'Otra vez un toro retrasado ha cogido a un corredor'. Yo sentía pena porque siempre fuera un pobre animal discapacitado el que enganchara a un mozo. Aún escucho las risas de mis abuelos cuando me atreví a decirlo en alto". (A. M.)

"Gracias, es usted muy miserable' era una frase que la hermana de mi novia solía decirle a los camareros con la total convicción de que estaba usando un sinónimo de amable". (S. C.)

"En un festival de música, hace un par de años, uno de mis amigos se quedó alucinando cuando vio aparecer una mujer en el concierto de Javiera Mena. '¿Pero no se llama Javier Amena?". (L. P.)

"Durante mucho tiempo mi sobrina estuvo convencida de que el señor que fabrica las agujas era el agujero". (M. B.)

"Mi hermana estaba viendo una competición de piragüismo en la televisión y le pareció que aquello no tenía mérito: 'El agua no cubre', nos dijo señalando los 15 centímetros que salían en pantalla". (E. R.)

"A mi casa traían cecina de León y no entendía por qué tenían que matar leones africanos para hacer comida". (P. M.)

"Cuando era pequeño pensaba que cuando el muñeco rojo del semáforo se iluminaba todo el mundo en la acera se tenía que parar, aunque no estuvieran esperando para cruzar". (J. R.)

"En el cole me dijeron que mi profesor de inglés se llamaba José María, y yo pensé: '¿pero no se llamaba Teacher?". (M. V.)

@dianalunareja mi France is Bacon es "y vendrá con Gloria (¿cuál Gloria?) a juzgar a vivos y muertos".
— Ana María Mesa (@animesa) febrero 5, 2015
"Me asusté mucho la primera vez que me dijeron que íbamos a comer caballa. Me creí que me iba a comer la hembra de caballo". (A. B.)

Lo que escuchas, lo que dices

"Cuando terminábamos de comer mi madre se levantaba, iba a la nevera y decía: '¿Qué queréis de postre?'. Todo iba bien hasta que un día fue mi hermano el que respondió: 'De depostre quiero...'. Nunca nadie le había corregido hasta el momento. Pasaron meses hasta que nos dimos cuenta". (J. M.)

"Ahora se han convertido en un instrumento esencial para mi supervivencia. Durante mucho tiempo de mi infancia estuve convencida de que las pinzas de depilar, eran las pinzas de una tal Pilar". (M. P.)

"Yo de pequeño creía que... (II): errores vergonzosos que ningún adulto corrigió", en  El País (15-II-2015):

Los adultos se lo tienen que pasar muy bien viendo cómo los niños meten la pata y por eso no los corrigen. Es la conclusión que hemos sacado después de ver la cantidad de reacciones en los comentarios y en Facebook que despertó la noticia Yo de pequeño creía que... Errores vergonzosos que ningún adulto te corrigió. Por eso hemos decidido hacer una recopilación de los más divertidos que nos han hecho llegar los lectores.

Sobre las creencias más básicas

“A mí me dijo mi primo que los Reyes eran mis padres y yo le llamé mentiroso porque mis padres no tenían dinero para comprarle regalos a todos los niños del mundo”. (L. S.)

“Yo de pequeña pensaba que las vacas daban leche y los toros... vino”. (S. W.)

“Una vez que me dijeron “llama al ascensor”, o sea presionar el botón, me puse a gritar como un descosido por el hueco de la escalera: Ascensorrrrr, ascensorrrr vennnnnn!!!!”. (R. D. P)

"Yo de muy crío pensaba que en el pasado el mundo era en blanco y negro, como las pelis viejas". (R. R. L.)

"Yo siempre pensaba que cuando íbamos en el coche de noche la luna nos seguía solo a nosotros". (G. G.)

"Yo pensaba, con toda la lógica del mundo, que, como en el Polo Norte hacía mucho frío, en el Polo Sur hacía mucho calor". (H. V.)

Sobre los dobles sentidos

“Yo con 5 años tomaba Apiretal porque me encantaba el sabor a fresa y un día me pilló mi abuela y me dijo: “”Niña, ¡que si no estás mala eso es droga!” Estuve meses con una congoja pensando que era una drogadicta hasta que le confesé a mi madre que era una drogadicta y se empezó a descojonar”. (S. G. S.)

“De pequeña pensaba que en la droguería vendían droga. Así que nunca quería ir allí”. (V. S.)

“Yo pensaba que el cabello de ángel se hacía con pelos de verdad. Daba grimilla comerse los dulces pensándolo”. (F. G.)

“Cada vez que mi padre compraba brazo de gitano para el postre lo pasaba fatal, hasta que le hice la pertinente pregunta... Anécdota a recordar cada Nochebuena”. (N. M. B.)

“Ya era yo bastante mayorcito cuando me enteré de que los turrones de Jijona no son de Gijón…”. (J. K.)

“Yo tengo una hermana mayor y en casa oía mucho eso de "sacar una carrera" y pensaba que era correr una carrera y el que ganara escogía el trabajo que quisiera”. (E. I. F.)

"¿Me das pan para empujar?". Hasta bien mayor estuve preguntándome que fuerza especial tenía el pan para empujar el resto de la comida por el esófago (y es verídico, ¿eh?)". (G. M.)

Las cosas que escuchábamos (y decíamos) mal

“Yo tuve un profesor de baile que cada día en el calentamiento decía: "Hombros abajo, estoy muy contento". Yo siempre le sonreía hasta que me percaté que lo que decía era "hombros abajo, estómago dentro". (C. M.)

“Yo pensaba que era Isabela Católica”. (A. L)

“En el himno nacional de mi país (Guatemala) hay una parte que dice: "Ave indiana que vive en tu escudo" y yo de niño escuchaba que decían: "Avellana" y cada vez que podía buscaba el fruto seco en él”. (A. N)

“Yo cuando era pequeña y en el colegio nos enseñaron a rezar pensaba que éramos unos egoístas porque pedíamos “el pan nuestro de cada día, danos de hoy" es decir que de comer pan de ayer nanay!”. (A. H.)

“Siempre me pregunté que era la centudía, de "Feliz, feliz centudía". (C. C.)

Una acción del coronel Ventura Jiménez en Ciudad Real (1810)

"Noticias de Cádiz" en Diario Mercantil de Cádiz, (9-VI-1810) p. 3-4:

El coronel D. Ventura Ximénez se hace cada día más temible a los franceses: no solo logró poner en vergonzosa fuga a los que ocupaban a Puertollano, sino que después de cogerles un rico botín en Miguelturra, pasó a Ciudad Real, en donde había de 150 a 200, a quienes hizo una llamada, presentándoles solo doce hombres con intento de sacarlos fuera de la ciudad y cortarlos; salieron; mas a tan corta distancia, que por pronto que avanzó todo el escuadrón pudieron volver a entrar y correr a hacerse fuertes en el Hospicio. Los valientes patriotas se entusiasmaron en términos que, entrando uno por las puertas que los enemigos habían cerrado y ellos quemaron, y otros por encima de las murallas, cercaron el hospicio e hicieron fuego por todas las bocas calles durante tres horas, matando e hiriendo bastantes franceses: por nuestra parte solo hubo un herido. Al anochecer se retiró el escuadrón y se situó alrededor de la muralla a donde dice Ximénez "existo y existiré hasta que dé fin de ellos, e impida todas sus comunicaciones." En el camino interceptó un arriero que conducía varios efectos y papeles interesantes. Tal es, en suma, el contenido: del oficio que en fecha del 18 último dirige el citado coronel desde Porzuna a la Junta de Extremadura...

"Noticias del reino", en Diario Mercantil de Cádiz (18-VII-1810), p. 3:


Por un partidario manchego que llegó el 7 a Badajoz, se sabe que el presbítero Don Francisco Ureña, comandante de la partida de cruzada de La Mancha, cercó a Ciudad Real el 29 pasado y, después de haber muerto 90 franceses que salieron para Almagro, tiene encerrada la guarnición en el Hospicio, donde solo se conserva sin tapiar la puerta que dirige hacia el camino de Daimiel.