sábado, 9 de enero de 2016

Señales de gente despierta

Patricia Peyró, "5 señales singulares de que es usted más inteligente que la media", en El País, 9-I-2016:

Esto no va sobre raíces cuadradas, sino sobre tener gato o ser un agonías

Cuando decimos que el hombre es un animal superior, nos referimos a que es más inteligente que los demás por contar con la facultad para pensar, comprender, razonar y procesar la información de forma lógica. La cuestión a lo largo de la historia ha sido cómo medir o detectar esta capacidad. La propia dotación humana, y su inherente pragmatismo, ha llevado al hombre a la creación de los test de inteligencia, esos instrumentos con los que comparar a las personas en cuanto a sus habilidades mentales y cognitivas. Las primeras pruebas las crearon a principios del siglo XX los psicólogos Binet y Simon, por encargo del primer ministro francés, para poder detectar el retraso mental en niños. Pero antes que ellos existieron otros estudios, también científicos –pero menos modernos– que medían la inteligencia en función de parámetros tan arbitrarios como el tamaño del cerebro, bajo la siguiente premisa: a más tallaje encefálico, más agudeza intelectual.

Los años pasan, la ciencia evoluciona y seguimos obsesionados con el estudio de la inteligencia. Ahora las investigaciones también se interesan por descubrir si existen rasgos en común entre las personas con superdotación que puedan definirlas. Es decir, qué aspectos, cualidades o actividades comparten. A la caza y captura de coincidencias, la comunidad científica no ha perdido la ocasión de valorar todo tipo de factores: desde las actividades de la infancia a los vicios adquiridos.

¿Existen, entonces, indicios externos, más allá del coeficiente intelectual, para identificar a las personas más brillantes? Estos son algunos muy curiosos que colocan al que los ostenta más cerca de la genialidad que la mayoría de los mortales.

1. Es el primogénito

En muchas familias lo que dice el hermano mayor va a misa, y no solo lo obedecen el resto de los hermanos, sino que incluso los propios padres aceptan resignados su “superioridad” para analizar las situaciones y dictaminar lo que hay que hacer a continuación, en una suerte de dictadura consensuada. Tanto es así que el asunto ha sido tema de estudio y ha generado amplia literatura. En la explicación del fenómeno casi siempre se ha recurrido a las variables ambientales por oposición a los factores biológicos o heredados, bajo la premisa de que el primogénito tal vez reciba más atención y estimulación intelectual por parte de sus padres, además de adoptar posteriormente el rol de ayudante de estos en la crianza y educación de los hermanos que vienen a continuación. A estas conclusiones se llegó en un estudio reciente llevado a cabo en la Universidad de Leipzig (Alemania), en el que se analizaba una muestra de 20.000 niños de hasta tres nacionalidades. Stefan Schmukle, el psicólogo y director de la investigación, halló que el orden de los hermanos no influye en la personalidad, pero sí en la inteligencia, que aumenta ligeramente en el caso de los mayores. Ojo: no quiere decir que los pequeños no sean capaces de logros increíbles.

2. Estudió música durante la infancia o adolescencia

Mozart solo hay uno, aunque los niños que se forman en materia musical desde edad temprana pertenecen a este grupo de personas notablemente inteligentes.

Lo explica María del Carmen Reyes Belmonte, música, docente e investigadora. Además de haberlo vivido en su propia persona y de atestiguarlo día a día en su trabajo como profesora, su tesis, realizada en la Universidad de Valencia, describe la realidad que muchos docentes intuyen: “La música influye en la inteligencia del alumno, crea conexiones desde su propio sentido de ser. Trabaja conceptos matemáticos y lingüísticos o conocimientos del entorno”. Su investigación, que parte de los estudios pedagógicos y clínicos sobre la respuesta de las personas hacia la música, corrobora que cualquier niño mejora su rendimiento cuando estudia música, y aún más aquellos que se dedican a su aprendizaje a nivel extraescolar. “Desarrollan otro tipo de estrategias de índole social y emocional muy positivas y beneficiosas para su autoestima y para el comportamiento en el aula, como el trabajo en equipo y la responsabilidad ante una labor bien hecha en las audiciones y conciertos”, explica.

3. Se preocupa con frecuencia

Ser un poco agonías no es tan malo y, bien llevado, es signo de inteligencia emocional, que consiste en reconocer las emociones del otro, según el célebre psicólogo americano John D. Mayer. Mucho se ha escrito y hablado sobre esta capacidad y su relación con el estrés. Una de las últimas teorías la aporta la psicóloga y profesora de Standford Kelly McGonigal, quien se retracta de sus afirmaciones anteriores en las que vinculaba el estrés con la enfermedad para decir ahora que “el estrés solamente es malo si uno mismo lo cree así”. "Las personas que viven el estrés como una oportunidad para superar retos conseguirán, además, mejorar su inteligencia emocional y su resiliencia", dice. Todo esto tiene que ver con la oxitocina, una hormona que interviene en el estrés tanto como la adrenalina.  Lo explica la doctora: "La oxitocina, hormona que se segrega en episodios de estrés, también afina los instintos sociales y nos prepara para fortalecer relaciones cercanas. Promueve el deseo de contacto físico, mejora la empatía y nuestra disposición a ayudar y a apoyar”. O lo que es lo mismo: a más preocupación, más oxitocina, más deseo de acercarnos al prójimo y, por tanto, una mayor habilidad para comprender el mundo.

4. Bebe alcohol, pero no fuma

La tendencia a un mayor consumo y dependencia de la bebida en adultos se ha relacionado con un índice de inteligencia alto en la infancia. Este hecho se comprobó en un estudio con casi 7.000 personas miembros del grupo 1958 National Survey (muestra de personas estudiadas por el Centro de Estudios Longitudinales en Reino Unido), a quienes se les midió su cociente intelectual (CI) a los 11 años y, posteriormente, a la edad de 42, comprobándose que los más listos en la infancia consumían ahora más alcohol. Con el tabaco, según un experimento llevado a cabo en el hospital Sheba Medical Center de Israel en 2010, ocurre justo lo contrario.

5. Tiene un gato

Un estudio llevado a cabo en 2014 en la Carroll University, en Wisconsin (EE UU), puso en pie de guerra a los amantes de los perros al afirmar que aquellos que tenían gato eran más inteligentes que ellos. El ensayo analizó a 600 estudiantes de Universidad, todos con mascota, para alumbrar que los que criaban a su propio felino eran personas con un CI superior, mientras que los dueños de canes resultaban más simpáticos. Denise Guastello, el autor de la investigación, explicó que probablemente los resultados se debieran a la personalidad de los sujetos: los dueños de perros, que han de salir más a la calle y relacionarse, son personas más alegres y extrovertidas; mientras que los que preferían los gatos pasaban más tiempo en casa, cultivando su cerebro con largas lecturas.

viernes, 8 de enero de 2016

El extraño caso del feminista Plutarco Marsá.

Con los libros mantengo una actitud sadomasoquista: odi et amo, que decía Catulo... y excrucior. Cuando voy a una librería lo paso fatal porque muchos manjares tienen precio desorbitado y solo renunciando a otras cosas podría poseerlos, que leerlos me sería más difícil pues el tiempo me lo arrebata lo demasiado que tengo que hacer. Necesito tiempo para no hacer nada. 

Me cuesta soportar la larguísima narrativa o la prosa desmañada: busco más bien las quintaesencias de la poesía, la experiencia real contenida en las autobiografías y las ideas que contienen los ensayos; son los únicos géneros que no me hacen perder la paciencia; y como la cultura en la España mariana es ya un lujo, soy más bien de librerías de viejo y baratillo, donde rebusco, como Ana Torroja, algo barato: "Entre los trapos y los camisones / la gente busca nuevas sensaciones". La degradación cultural auspiciada por la España pepona ha convertido a los basureros culturales de las librerías de segunda mano en una mina. A veces pueden desenterrarse auténticos tesoros, si bien hace falta un buen mapa para saber donde excavar la bicoca. Por ejemplo, ayer encontré por un euro (en una librería de viejo ciudarrealeña de cuyo nombre no llego a acordarme) un libro de poesía de Concha Zardoya, Gradiva y un extraño héroe (1987) publicado en la Colección Torremozas de Madrid, que editaba solo obra femenina. El libro contiene poemas interesantísimos, en meditativo verso blanco ("¿Qué es filosofía? / Es vida verdadera, que sin notarlo, mueve / a saber que es el bien, la verdad, la belleza"), pero la edición contaba con una dedicatoria que de inmediato despertó mi interés: "A Plutarco Marsá, cordialmente, Concha Zardoya, mayo, 87". 

Al volver a mi casa hice una de esas investigaciones que al cabo me da para un artículo más de Wikipedia que publiqué en ese mismo día, este. Aquí les diré algo más. Plutarco Marsá Vancells fue un jurista eminente que dominaba cuatro idiomas y poseía tres doctorados en Derecho, Políticas y Filosofía... y era registrador de la propiedad (o sea, como ahora). Su padre, fiscal general de la II.ª República, se había formado en la Institución Libre de Enseñanza y no había bautizado a sus hijos Graco, Otilia, Marco, Marina, Plutarco, Héctor y Licinio; todos ellos, padres e hijos, fueron represaliados duramente por el franquismo. Plutarco publicó casi obsesivamente sobre un mismo tema: La mujer en el derecho político (1970), La mujer en el derecho civil (1970), La mujer en la filosofía (1976) La mujer en la literatura (1987), La mujer en el periodismo (1987), La mujer en el trabajo (1993), La mujer en el cristianismo (1994), La mujer en la familia (1998), La mujer en la administración (1998), Concepción Arenal y la Institución Libre de Enseñanza (1992)... También fue de los pocos en tratar el tema del racismo: Racismo y derecho civil (1970). Pero lo que me llamó más la atención fue el documento impagable con que el dominico fray Cándido Aniz Iriarte, creo que aún vivo, rector de la universidad laboral de Córdoba entre 1958 y 1967, lo expulsaba de la universidad laboral de Córdoba. Lo copio para que ustedes aprecien y paladeen la prosa del régimen:

"Muy señor mío:

Habiendo asistido a la conferencia por Vd. desarrollada en el salón de actos de esta Universidad laboral, que me disgustó profundamente, y habiendo comprobado que la magnífica oportunidad que se le ofreció para rehabilitarse con prudencia y discreción, la convirtió en manifiesta desorientación y desprestigio, lamento tener que comunicarle que, acorde con el Servicio de Universidades, cesa Vd. en el ejercicio de la enseñanza, prohibiéndole enseñar disciplina alguna a nuestros alumnos universitarios laborales.

Me resulta incomprensible la actitud por Vd. adoptada, pues

su imprudencia en la forma de hablar a los alumnos;
su inexactitud en la proposición de los problemas sociales;
su partidismo en la valoración de las formas de estructura;
su desconsideración con los dictámenes de la Superioridad;
su exposición de aspectos personales de su vida particular;
su alusión inoportuna e improcedente a la Orden Dominicana;
su exposición de criterios personales de capacitación social;
su postura de halago fácil a la multitud, poco formativa;
su estilo y forma de conversar tendenciosa;

hacen un conjunto sorprendente de cosas que en modo alguno encajan con el espíritu, con el tema, con las indicaciones que previamente se le habían formulado por mediación del Padre organizador de las conferencias; y además indican que nos hallamos ante un maestro cuya palabra más bien deforma que orienta.

En consecuencia, lamentándolo de todo corazón, como corresponde a todo Superior que se ve obligado contra uno de sus comprofesores, y no pudiendo continuar explicando sus clases, tengo que comunicarle las dos posibilidades que están en mis pobres manos en este momento en que lógicamente hubiera deseado uno ayudarle en vez de condenarle:

1.ª Renuncia voluntaria a la plaza de profesor, por escrito, sin presentarse en el Centro, Universidad Laboral.

2.ª Incoación de expediente, por la gravísima falta cometida ante los propios alumnos de la Universidad.

Solo nos resta rogarle que, por el bien de la paz y por su mejor prestigio, se digne enviarme la renuncia a su plaza y se decida [borrón mecanográfico] a permanecer entre los suyos, buscando su tranquilidad espiritual y corporal, aunque tenga que planear algún otro modo de compensación económica.

Dios guarde a Vd. muchos años.

Córdoba, 28 de abril 1962.

El Rector
Fr. Cándido Aniz
(Firmado y rubricado)

Sr. D. Plutarco Marsá Vancells, Donoso Cortés, 85, 1º. -MADRID. Es copia."

La paranoia inquisitorial de los curas y fascistas implicados puede verse en la elección léxica de algunas palabras, por ejemplo, "planear" una "compensación económica" o en el borrón mecanográfico en el momento justo en que se alude a la decisión de la persona afectada (eran épocas sin típex), la inseguridad que demuestras esas "indicaciones que previamente se le habían formulado", el carácter "inoportuno, improcedente, descondiderado, inexacto, incomprensible, tendencioso, imprudente, desorientado, deformador" y "partidista" en una época en que no había otros partidos que los futbolers, algunos de máxima audiencia en la tele del uno de mayo. ¿Les extrañará saber que, tanto el dominico como el jurista, eran muy cristianos y rezaban el rosario a diario en casa? En fin, don Plutarco sostuvo con su bolsillo y el de otros protectores de las mujeres y la cultura (ninguno fraile ni mucho menos manchego, salvo la poetisa Benita C. Barroso, de Talavera y la pintora Sopetrán Domenech, de Guadalajara) la colección de poesía femenina de Torremozas.

No sé por qué, pero cuando oigo a Rafael Hernando, portavoz del PP, o a cualquiera de sus correligionarios del pepeísmo en Ciudad Real, me parece como si estuviera oyendo a los fantasmas monologadores de 1962, el año en que a mí me daba por nacer. Me gustaría, claro, hablar de cosas más modernas, pero los caros libros de la España mariana me han obligado a hurgar en las antiguallas de las librerías de viejo, que son más económicas... y todas están llenas de cosas franquistas por el estilo. Qué le vamos a hacer.

jueves, 7 de enero de 2016

No es Cataluña, es Castilla la que más sufre el centralismo madrileño.

Julio Llamazares, "Castilla", en El País, 7-I-2016:

Aunque les extrañe saberlo a los nacionalistas periféricos, esta región es la que más sufre el centralismo de Madrid.

Una pequeña editorial de provincia, Rimpego, acaba de publicar por enésima vez un libro que a mí me marcó en su momento como pocos y que sigo teniendo entre mis favoritos: Donde la vieja Castilla se acaba, de Avelino Hernández. Se trata de un libro que, tras su apariencia de guía para viajeros por Soria, esa provincia olvidada por los españoles, cuyo conocimiento general de ella se limita a la historia de Numancia, esconde una honda reflexión sobre el destino de una región, Castilla, que languidece entre la indiferencia general tras siglos de decadencia y de incuria y después de ver desaparecer incluso su nombre tras su desmembramiento y despojo autonómico, en el que vio cómo la dividían en dos, le añadían otro territorio histórico: el antiguo Reino de León, igualmente decadente y olvidado, y le arrancaban sus tres provincias más ricas, ésas que deberían tirar de ella hacia la prosperidad: Santander, Logroño y Madrid. La reflexión de Avelino Hernández, literariamente a la altura de sus maestros, Machado al frente de ellos, y conceptualmente desesperanzada como correspondía a alguien que ya veía en aquel momento, principios de los ochenta del siglo XX, años de la movida y de la posmodernidad españolas, el derrotero por el que se precipitaba una antaño región pudiente y dominadora, imperialista y rica gracias a sus conquistas en otras tierras, que no por sus riquezas naturales, que, tras siglos de progresivo declive económico y moral, veía cómo sus gentes la abandonaban en masa y sus antiguas glorias y construcciones (catedrales, castillos y palacios) se caían a pedazos sin que nadie atendiera a su ruina ni lamentara su irreversibilidad. Sólo Avelino Hernández y algunos otros alzaron la voz en aquel momento para denunciar lo que estaba sucediendo ya en su tierra sin que nadie les hiciera el menor caso: al revés: acusándolos de noventayochistas y conservadores, calificativos que aún usan hoy en la periferia muchas personas desconocedoras de la verdadera realidad de una región a la que siguen estigmatizando de imperialista y depredadora como si el tiempo no hubiera pasado por España y culpándola de sus problemas, ignorando que Castilla hoy ya no pinta nada en el concierto político nacional, convertidas sus ciudades, salvo excepciones, en monumentos para turistas y sus antiguas villas y poblaciones llenas de historia en geriátricos en los que solitarios ancianos sostienen con sus hombros la ruina de una tierra que, como anunció en su día Avelino Hernández, se acaba sin remisión. Porque, aunque les extrañe saberlo a los nacionalistas periféricos, la región que más sufre el centralismo de Madrid, y la que más carencias tiene, es Castilla, no las suyas.

Le ley de hierro de la oligarquía según Robert Mitchels


Robert Mitchels (“Los partidos políticos”, 1915) analizó y explicó por qué los partidos políticos son como son.

El argumento principal se resume en lo que denominó “Ley de hierro de la oligarquía”:

La organización es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía”.

Esto es, “a medida que se desarrolla una organización, no sólo se hacen más difíciles y más complicadas las tareas de la administración, sino que además aumentan y se especializan las obligaciones hasta un grado tal que ya no es posible abarcarlas de una sola mirada.”

Ello genera jerarquías: “como consecuencia de la organización, todos los partidos o gremios profesionales llegan a dividirse en una minoría de directivos y una mayoría de dirigidos.”

“Cuanto más extenso y más ramificado es el aparato oficial de la organización, tanto mayor es el número de sus miembros, tanto más rico su tesoro y tanto más amplia la circulación de su prensa, tanto menos eficiente el control ejercido por la masa y tanto más reemplazado por el poder creciente de las comisiones.”

Fernando Savater pone el dedo en el ojo

Fernando Savater, "Ni podemos ni debemos", en El País, 7-I-2016:

No hay inconveniente en admitir que España es un país plurinacional siempre que tales naciones se entiendan como realidades culturales. Los nacionalistas quieren convertir la diversidad cultural en fundamento de separación política.

Como están de actualidad las listas, comenzaré con la de quienes pueden saltarse este artículo con tranquilidad, porque la cosa no va con ellos... o como si no fuera. En primer término, los que forman el partido mayoritario del país según las últimas elecciones, dos millones de votos por delante del siguiente. Me refiero, claro está, a quienes no votan, sea porque están en la inopia (“¡y yo qué sé!”) o porque creen pertenecer a la élite (“a mí no me engañan, yo no entro en el juego”). En los comicios con mayor oferta política de nuestra historia reciente no han encontrado motivo para salir de casa (excluyo, por supuesto, a los miles que quisieron votar desde el extranjero y no pudieron hacerlo por una infecta burocracia). La verdad es que no merecen vivir en un país democrático, sino en un establo con televisión y ADSL. Ahí seguirán, hasta que el voto obligatorio les recuerde que son ciudadanos mal que les pese.

Tampoco aspiro a dirigirme a la secta de los cambistas, los adictos en cuerpo y alma al cambio. No a mejorar, a perfeccionar o a corregir, sino a cambiar. Sea adelante, atrás, a derecha o izquierda, eso va en gustos. Odo Marquard, genial pensador minimalista lleno de humor, no un chistoso barato como Zizek, que murió a mediados de pasado año ignorado por nuestros medios, dice: “El prejuicio más fácil de cultivar, el más impermeable, el más apabullante, el prejuicio de uso múltiple, la suma de todos los prejuicios, es el que afirma que todo cambio lleva, con certeza, a la Salvación, y mientras más cambio haya, mejor”. Como voy a intentar exponer razones para evitar el cambio en un punto importante de nuestro ordenamiento político, cuyos adversarios invocan precisamente la necesidad de cambio para liquidarlo, sólo encontraré oídos impermeables a la argumentación en los fascinados por la palabreja de marras.

Y por supuesto nada tengo que decir a los enclaustrados en lo que llaman “pragmatismo”, o sea, los que más allá del Ibex, la prima de riesgo, la tasa de crecimiento o de afiliados a la seguridad social —todo ello muy respetable, desde luego— se contentan con las más obvias letanías: la ley está para cumplirla, la unidad de España no está en venta, queremos muchísimo a los catalanes, y a los vascos es que los adoramos, ay, ¡la gula del Norte! El lema de esta buena gente, porque suele serlo, es: “No nos metamos en honduras”. Nada de explicar con demasiadas teorías la ley, o la unidad, o lo que sea. Lo importante es que no haya jaleo y que los irredentos sepan que todas sus diferencias son bienvenidas y que la Constitución está para dar gusto a todos y que estén cómodos en ella. Si no, se cambia a tal efecto. A fin de cuentas, los nombres de las cosas son lo de menos, lo que cuenta es el business as usual. O, como canta la jota, “que me llamen como quieran, mientras sea de Zaragoza”.

Para el resto, si es que queda todavía alguien por ahí, van las explicaciones prometidas. Porque creo que es imposible combatir racional y democráticamente contra ideologías dañinas, pero muy asentadas, si se renuncia a dejar claro el fundamento de lo que se defiende frente a ellas. O aún peor, si se maneja el mismo lenguaje que el de los antagonistas, pero con invocaciones a que toda exageración es mala o que dentro de la ley todo es posible. Se asegura que es imprescindible para la paz social del país reconocer que España es una entidad plurinacional. No hay inconveniente en asumir algo tan obvio. De hecho, todos los Estados modernos son plurinacionales, siempre —claro está— que esas naciones sean entendidas como realidades culturales.

La fragmentación entre “los de aquí” y “los de fuera” restringe la libertad de cada cual.

Los ciudadanos se reconocen en una de ellas o se adscriben a la que prefieren según sus avatares biográficos, aunque lo más corriente es que bajo su opción preferente incluyan elementos significativos de las otras que forman el puzle del país. Esas “naciones” se modifican constantemente, en buena medida por la irrigación de gente de otras latitudes que se instalan a vivir en su ámbito tradicional, pese a los esfuerzos de los guardianes de las esencias por redefinir una y otra vez “lo de aquí” frente a “lo de fuera”. Los nacionalistas locales quieren convertir la diversidad cultural en fundamento de separación política. Es decir, convierten las culturas —optativas, cambiantes, mestizas— en estereotipos estatalizables de nuevo cuño, que definen ciudadanías distintas a la del Estado de derecho común. Aquí comienza lo inadmisible.

Porque precisamente esa fragmentación no aumenta, sino que restringe la libertad de cada cual. Al repartir la ciudadanía por módulos culturales transformados en políticos, se priva a los individuos de su disponibilidad de administrar sus identidades personales como deseen dentro de un marco común que las trasciende y a la vez las acoge democráticamente. La ley estatal compartida, constitucional o similar, permite una igualdad que también Odo Marquard definió inmejorablemente: “Igualdad significa que todos pueden ser diferentes sin temor”. Y sin que esa capacidad libre de autodefinición cultural coarte la capacidad de otros conciudadanos de decidir políticamente sobre lo que atañe a todos.

Tal es la concepción democrática contemporánea, cada vez más alejada de las determinaciones del terruño propias de siervos de la gleba, abierta a la inclusión de los inmigrantes en busca de derechos que puedan llegar de cualquier parte. Y por eso las consultas políticas parciales determinadas por territorios —como si los ciudadanos nativos de una localidad o empadronados en ella se transmutasen en miembros de un estado virtual oprimido por la realidad democrática vigente— son, cualquiera que fuese su resultado, mutiladoras de la integridad del resto de la ciudadanía. En España no hay ningún problema territorial, aunque cualquier división administrativa del Estado admite mejoras o reformas, sino un atentado separatista contra el derecho a decidir de todos y cada uno de los ciudadanos miembros del país.

En España no hay un problema territorial, sino un atentado separatista contra el derecho de todos.

Piden diálogo. No parece fácil. Oí en Espejo público a García Page contestar bien a un nacionalista que le preguntó por qué no referéndum en Cataluña: sería conceder de antemano lo que se pretende preguntar, porque la autodeterminación no consiste en irse, sino en poder elegir entre irse o quedarse sin contar con los demás. Su interlocutor comentó: “Bueno, seguiremos intentándolo”. Como quien oye llover. En su ensayo L’art de conférer, uno de los mejores, Montaigne hace una encendida defensa del diálogo y la controversia, proclama que prefiere el coloquio con quien piensa distinto que él porque así aprende más, etcétera... Pero también advierte: “Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque bajo su influjo no sólo se corrompe mi juicio, sino también mi conciencia”. Yo, siempre con Montaigne.

Fernando Savater es escritor.

martes, 5 de enero de 2016

El desmesurado coste del narcisismo

Se está vendiendo mucho disco duro estas Navidades; antes un "tera" abarcaba muchísimo espacio de memoria, ahora ya es insuficiente. ¿Por qué motivo? Porque la gente quiere archivar imágenes, casi siempre de sí mismos o de sus imitaciones genéticas. La imagen sirve así para vender equipos informáticos y móviles más potentes y, por tanto, más caros. Antieconómico parece el texto: ocupa poca memoria y suele contener ideas nefandas y críticas y más viejas que el capitalismo o el hambre (no hay nada más antiguo que eso). Así que las innovaciones sobre los textos son despreciadas olímpicamente por la tecnología. Porque las ideas siempre son iguales, farrucas y desafiantes: carecen de la jeta y gestualidad de los que llamaban en el XIX "cambiacolores" y hoy chaqueteros, que todo es moda en chaquetas y envoltorios y aplicaciones. Todo se reduce a colorines y dibujitos y merchandising, todo se varía sobre fondo calcado, incluso Star wars, ahora incluso con matanza de padre incluida y chica en vez de chico. Las ideas "no se venden", es más, algunos las confunden con los vulgares y persistentes dolores de cabeza. 

Es, por ejemplo, mucho más barato tener un sistema operativo Linux que cualquiera con obsolescencia programada (Windows, por caso) cuya única diferencia consiste en el relumbrón y, sobre todo, la "visibilidad" publicitaria, algo que también llaman "viralidad"; la tiranía de lo que está más visto (como el ¡otra vez! desaparecido y reflotado Windows "Vista"), o lo más vistoso: no en vano no existe el adjetivo "ideoso". El Giligates es tan "fecundo en imágenes" como Ulises era "fecundo en ardides".

Todo el mundo se ha vuelto ahora fotógrafo y lo fotografea todo; es tan rentable para el ego como para el capitalismo, aunque no lo sea para nuestra salud mental o la de los demás eso de ser mismo a todas horas. La publicidad ponzoñosa y tóxica se ha adueñado incluso de nuestro espíritu (aunque eso le importe menos que nuestro bolsillo) y lo es todo, incluso en política: una capa, un vestido con trasparentes en el programa más "visto" del año no vende ideas, no vende nada: solo vende a su propietario; ¿quién vendería unas ideas honestas y cabezonas a lo Julio Anguita o, para ser ciudarrealeños, Emilio Calatayud? ¿Recordáis una sola frase memorable y persistente de un presentador de cualquier canal de televisión en la última semana o solamente su maldita estampa o el modelito que lució? El alzhéimer del concepto caracteriza la cultura de la imagen e incluso la cultura política, que es solo imagen. Se vende en ellos solo la "buena presencia" que piden los mezquinos anuncios de empleo, o la vulgar "jeta" del que se autovende como las putas. 

Y de la venta de imagen tienen también una gran culpa algunas mujeres que fomentan esta moral torticera de la falta de intimidad enseñando todo lo que pueden con su forma de vestir en vez de cultivar la simpatía, el don de gentes, los modales, la cultura, la inteligencia, la comprensión o la sensibilidad; se hacen mirar por detrás porque ya sabemos que de la gran mayoría solo podemos esperar un habla (no digo ya escritura) de alabardero: solo es posible mirarlas por el envés, pues tienen tanto culo como el diario deportivo As. La hola de pseudomariconería que nos embarga tiene origen en lo comercial que es la manera de ser de las mujeres, lo que vende su narcisismo y su costumbre de cambiar de imagen.

En retórica a esto se le llama "ethos". Si se quiere extraer el voto a un grupo, los retóricos sabemos que podemos intentarlo con tres tipos de palancas: el logos, el pathos y el ethos. El logos son simplemente las razones, que mueven según los sociólogos al veinte por ciento de la gente. El pathos (las emociones) y el ethos, (la apariencia, conducta y ejemplo), mueven al setenta por ciento restante. El diez por ciento restante corresponde a psicópatas y nihilistas que solo actúan impulsados por sus propios intereses egoístas; su característica más asentada es saber engañar e imitar estupendamente al otro noventa por ciento; muchos de ellos son delincuentes, pero también hay, y eso se sabe desde hace poco, bastantes políticos: saben imitar como nadie el ethos, el pathos y el logos... para aprovecharse de ellos. 

Los suecos, que sabían que no podían competir con los americanos en tecnología ni con los chinos en salarios bajos, inventaron Ikea: una empresa que te vende solo los elementos de una idea de forma que tengas que armarla tú y aprendas a valerte por ti mismo y a saber lo que cuesta el peine. Así venden solo materiales y elementos sueltos y ahorran salarios y costes de producción, dejando que la plusvalía se quede en el que compra. ¡Qué marca más educativa y antimoderna! ¡Al estilo del filósofo anarquista americano Henry David Thoreau! ¡Como los libros que dicen son objetos obsoletos pero son más baratos, no consumen energía ni pilas, son biodegradables y no contaminan ni se estropean ni se actualizan en cinco siglos! Otro invento mucho tan antiguo que parece casi fruto de la más audaz modernidad es el dinero en papel, o sea, el billete, así, como suena. ¡Qué ventajas tiene frente a la tarjeta! No te cobran comisiones por él, no te manipulan estadísticamente ni pueden hacer con él gráficas de consumo, no pueden usar tus datos para engañarte mejor. Ni siquiera se estropea o da problemas como las tarjetas, esos distintivos con número de campo de concentración. ¿Para qué tarjetas, si ahora es más fácil falsificar una tarjeta que un billete? Pero, claro, nuestra sociedad capitalista se mueve por intereses, no por ideas. Y por intereses de mangantes, que es lo peor.

Imaginemos que tenemos un gobierno al estilo de Ikea: nos gobernamos a nosotros mismos sin distancia respecto a los problemas y los resolvemos sin tener que contar con esos costosos chorizos intermediarios que viven de la política y permanecen hasta cuarenta años corrompiéndose en los tres poderes (el poder corrompe, y el poder que dura demasiado corrompe absolutamente). Esos, los políticos profesionales, que viven del cuento político o son incluso personajes de cuento, como el rey o las princesas, y no se ganan la vida con un medio honesto sin tentaciones de ruindad (algunos incluso carecen de trabajo reconocido que no sea el político y son meras larvas, garrapatas o rémoras del estado o del sistema). Imaginaos, como imaginó John Lennon, que nos gobernamos como en la pacifista Suiza, sin corruptos gobiernos intermediarios, consultando al pueblo de un modo que incluso ahora sería más fácil y económico hacer, mediante Internet. Pero ¡nada! nuestros profesionales de la política son tan antiguos que hay que dárselo todito hecho: sin respuestas, sin remedios, sin... vergüenza. La imaginación (que nunca irá al poder), la inteligencia se les gasta en chanchullos y no en resolver problemas que nunca estarían mejor resueltos que con nosotros. "Tenemos experiencia", dicen, pero lo que han tenido y tienen es todo el tiempo posible y aún más para corromperse. Lo dicho: hagamos a nuestros políticos en Ikea, dejémonos de dedazos y de políticos profesionaes y dejemos a los profesionales de la materra en el parque infantil mordiéndose, escupiéndose y cagándose unos en otros, funciones propias de su altísimo intelecto y sus gustos narcisistas.

La casta de los niños bonitos en Francia

Alex Vicente, "Un país de ‘hijos de’" en El País, 5-I-2016:

Francia está convencida de su ‘egalité’, pero la realidad es que son los poseedores de ilustre patronímico quienes ocupan desde consejos de administración hasta portadas de revistas

¿Qué tienen en común Marine Le Pen y Léa Seydoux, heroína de la ­última película Bond? ¿Qué comparte un actor como Louis Garrel con el empresario François-Henri Pinault? ¿Y en qué se parece la ex líder socialista Martine Aubry a la nueva imagen de Chanel, Lily-Rose Depp? La respuesta es sencilla: todos ellos son hijos de. Son las cabezas ­visibles de una nueva aristocracia que se ­extiende a lo largo y ancho de la sociedad francesa. No tendrán sangre azul ni alto copete, pero han logrado ocupar todas las sedes del poder, desde consejos de administración y gabinetes ministeriales hasta portadas de revistas. Su única arma es contar con un patronímico ilustre, convertido en la mejor herencia que tus progenitores te puedan dejar.

Así suena la tesis de dos periodistas de investigación, Aurore Gorius y Anne-Noémie Dorion, que acaban de publicar en su país Fils et filles de… (La Découverte), un ensayo que se adentra en los círculos de esos retoños de familias pudientes en la patria de la supuesta égalité. Las autoras descubrieron que frecuentan los mismos colegios, ya sean inmemoriales instituciones católicas o escuelas Montessori de educación bilingüe. Luego aprenden a jugar al tenis o a montar a caballo en los mismos clubes para happy few y, durante la adolescencia, frecuentan los mismos rallies, exclusivos cenáculos de socialización para los hijos de la aristocracia y la alta burguesía. No es extraño que terminen emparejándose o, por lo menos, trabajando en los mismos lugares, donde se apoyan inevitablemente en la escalera que conduce al poder.

Hace medio siglo, el sociólogo Pierre Bourdieu ya denunció los mecanismos que garantizaban la reproducción de esos privilegios y fortificaban la jerarquía social preexistente. Describió a un país que, pese a creerse plenamente igualitario desde los tiempos de la Revolución –la nobleza quedó oficialmente abolida en Francia en 1789–, se seguía dividiendo “entre herederos y desheredados”. Las autoras del ensayo afirman que la situación no ha mejorado. Más bien lo contrario. “Esa nobleza nunca dejó de existir. Cincuenta años después, esos herederos no solo figuran en la esfera económica y política, sino también en el ámbito cultural”, afirma Gorius. El libro arranca con una lista interminable de hijos de que dominan el mundo del espectáculo, como Vincent Cassel, Chiara Mastroianni o Charlotte Gainsbourg, quien acaba de protagonizar una campaña publicitaria al lado de… su propia hija. “Es como si el propio apellido se hubiera convertido en un negocio”, apunta la autora, para quien “la división entre las élites y el pueblo es un problema central en la Francia de hoy”, convertida en “una sociedad sin combustible, donde el ascensor social ha dejado de funcionar”.

Los expertos dicen lo mismo desde hace tiempo. El economista Thomas Piketty advierte que las desigualdades aumentan desde los ochenta, mientras que el joven sociólogo Camille Peugny ha alertado que el determinismo sigue plenamente vigente: cerca del 70% de los hijos de obreros siguen ocupando empleos de obrero. Sucede en muchos otros sitios, pero en una nación tan íntimamente convencida de su igualitarismo duele todavía más. “Estas dinastías cuentan con una ventaja considerable respecto al resto: la inmortalidad simbólica. Cuando uno se apellida Peugeot, vive de una manera distinta, como si diera continuidad a lo que hicieron sus ancestros”, explica el sociólogo Michel Pinçon, que lleva décadas estudiando a las clases acomodadas junto a su esposa, Monique Pinçon-Charlot. “En cambio, un hijo de obrero no sabe ni cómo se llamaban sus tatarabuelos. El efecto en la autoestima de unos y otros no es el mismo. Los hijos de no se sienten seres aislados, sino eslabones de una estructura superior que, a la vez, les confiere la convicción de ser individuos de excepción”. Así les sigue tratando un país que cortó las cabezas de sus reyes, pero sin eliminar la corte.

Entrevista al juez de menores ciudarrealeño Emilio Calatayud

Varios textos escogidos sobre o de Emilio Caltatayud:

I

Eduardo Azumendi  "No hay condena más dura para un menor delincuente que sacarse la ESO", en El Diario Norte.es de San Sebastián, 27/07/2014:

El juez de menores, Emilio Calatayud, advierte de que España vive bajo el síndrome de ‘la joven democracia’, en la que los padres no se atreven a decir que no a sus hijos y donde resulta difícil ponerles límites. “El exceso de modernidad democrática perjudica que los menores se conciencien de sus deberes y responsabilidades”.

Emilio Calatayud es el juez de menores de España con más años en el cargo y con las sentencias más aleccionadoras. Su principio es que se puede reparar el daño causado sin llegar al internamiento, aunque cuando ha sido necesario lo ha ordenado. "Encierras a un menor con 16 años que se cree muy duro y que a lo mejor hasta ha cometido un delito de adulto y en la soledad de la noche y de su celda solo oyes el llanto de un niño". Titular del juzgado de menores de Granada, donde ha hecho su carrera, este manchego (Ciudad Real, 1956) ha juzgado a más de 16.000 menores, de los que 29 habían cometido un asesinato. Y es desde esa experiencia desde la que asegura que el "80% de los menores que cometen algún delito no son delincuentes". La libertad de la edad y de no aspirar a seguir subiendo en el escalafón judicial permite a Calatayud criticar sin reparos la “hipocresía de la sociedad” que hace una cruzada para que se no fume, pero que se muestra ciega “ante los estragos que el botellón provoca entre los menores”. Y en esa línea, arremete contra los principales partidos, el PSOE y el PP, a los que culpa de que España sea “el país más tonto y bruto de Europa. Y lo grave es que a los políticos les interesa que se así para poder manejarlo mejor”. Calatayud, quien ha participado en los cursos de verano organizados por la UPV en San Sebastián impartiendo una conferencia sobre padres desesperados con hijos adolescentes, asegura que  “no hay condena más dura para un menor delincuente que sacarse la ESO”.

¿Se pueden reparar los delitos de menores sin quitarles la libertad?

Se puede y se debe. No todas las personas que cometen un delito son delincuentes. Todos hemos cometido algún delito en nuestra vida, desde conducir con una copa de más, hasta comprar falsificaciones de ropa o bajar música y películas de forma ilegal, defraudar a Hacienda….El 80% de los chavales que cometen delitos no son delincuentes. Lo único que se merecen son uno o dos escarmientos y hay muchas formas de reparar el delito sin privación de libertad. Encierras a un menor con 16 años que se cree muy duro y que a lo mejor hasta ha cometido un delito de adulto y en la soledad de la noche y de su celda, sin nadie de su grupo, solo oyes el llanto de un niño.

En sus sentencias siempre opta por aleccionar más que por castigar.

Ese es el espíritu de la ley, pero eso no quita para que tengamos que condenar a internamientos. Soy el juez de menores más viejo de España, he juzgado a más de 16.000 menores, entre ellos 29 por asesinato. Hay varias alternativas al internamiento, como los trabajos en beneficio de la comunidad, la libertad vigilada….Lo que queremos es acompañar al menor a que madure. La vida delictiva del 80% de los que juzgo comienza a los 13 años y a los 19 baja por una ley natural, porque en realidad no son delincuentes. Y luego tenemos un 10% que es carne de cañón, que va a ser chorizo sí o sí y luego queda otro 10% que es trabajable dependiendo del momento, de los profesionales, de la suerte….Con la actual Ley de Menores estamos consiguiendo que en torno al 85% de los menores no termine en la justicia de adultos.

Usted da una importancia fundamental a la educación en sus sentencias.

Somos el país más tonto y bruto de Europa. Y lo grave es que a los políticos les interesa que se así para poder manejarlo mejor. No hay un pacto o una ley de Educación que dure una generación. Cada vez que ha aprobado una ley el PSOE cuando estaba en el Gobierno hemos ido a más tontos. Todos los años condeno a una media de 20 chavales a aprender a leer. La sentencia más dura para un menor que comete delitos es condenarle a sacarse el graduado en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), a leer, que es de las que más aplico. Yo les digo: ‘Vas a estudiar, por lo civil o lo criminal, pero vas a estudiar’. ¿Cómo es posible que me encuentre con menores de 15 años en segundo de ESO y que cuando les mando leer un artículo me dicen que no saben leer? En la escuela les van pasando de curso. Somos los más brutos de Europa.

¿Cree que nos encontramos en una sociedad hipócrita, donde todo es para el menor, pero sin el menor?

Desde luego que no existe afán de legislar para proteger al menor. Resulta que se prohíbe fumar, pero no pasa nada viendo como los menores se emborrachan haciendo botellón.. Yo desde luego prohibiría la práctica del botellón, pero para menores y mayores. Que se beba en los bares y en las terrazas. El botellón se ha institucionalizado. Son complejos de joven democracia, que no sabe decir que no. Como les pasa a algunos padres a la hora de imponer autoridad a sus hijos. Suena como algo de lo que hay que rehuir, pero solo son prejuicios absurdos. La autoridad suena a autoritarismo, a dictadura…Pero la autoridad emana de la familia. Si un menor no respeta a sus padres, mucho menos lo hará con sus maestros.

Hay generaciones que pasan de ser esclavos de sus padres a ver como otras son esclavos de sus hijos

Antes era más fácil ser padre. Llegó la transición, aparecieron los psicólogos y todo se basa en qué hay que argumentar, ser amigo de tus hijos y todo así.  ¿Amigo de tus hijos? Yo de mis hijos soy padre. Si me convierto en su amigo y no actúo como padre les dejo huérfanos. Cuando yo era pequeño y me ponían sopa para comer o la comía o al comía. Si no me esperaba para la merienda o la cena. No había más. Ahora, en la etapa de los padres postconstitucionales si mi niño no come sopa será por algún motivo, por alguna razón extraña, pero nunca es porque no le gusta. Así que al final se le ponen unos filetes. Los padres tienen que educar sin complejos, ahora están encogidos. Si un hijo se convierte en un tirano, al final tiene todas las papeletas para convertirse en un chorizo, en un delincuente.

¿La delincuencia de menores ha bajado?

Sí. Y lo ha hecho por tres motivos. Los niños han vuelto a la escuela, que algunos abandonaron por espejismos laborales; hay más control en la unidad familiar, ya que con eso del paro uno de los dos progenitores está más tiempo en casa; y, además, es que ya no hay víctimas por la calle. El otro día juzgué a un chaval que le había robado el bolso a una viejecita por el método del tirón. ¿Sabe lo que había dentro del bolso? Pues su gato muerto que lo llevaba a enterrar. Lo que sí ha crecido y de manera preocupante es la violencia familiar, la de hijos hacia los padres.

Los hijos tienen obligaciones, pero parece que los padres no se las hacen ver.

El artículo 155 del Código Civil así lo recoge. Los hijos deben obedecer a sus padres y respetarlos mientras convivan con ellos, al menos hasta los 18 años. Se trata de un deber legal y moral. Y a partir de los 18 años pues puerta. Nadie me puede condenar por echar a un hijo que ni quiere estudiar ni trabajar y hace la vida imposible en la casa. El exceso de modernidad democrática perjudica que los menores se conciencien de sus deberes y responsabilidades.

¿Muchos padres tapan lo que ocurre con sus hijos menores hasta que el ambiente es insostenible?

Cuando el menor está empezando a cometer hechos delictivos, injurias, lesiones, daños y está convirtiendo la vida familiar en un infierno es cuando estamos ante un menor que debe ser denunciado. Los padres tapan mucho porque denunciar a un hijo es muy duro, pero cuando ese comportamiento del menor está degradando el ambiente familiar hay que denunciarlo. Eso sí, siempre hechos delictivos. Otro consejo que doy es que el matrimonio esté de acuerdo. Y si están separados, el que no tiene la custodia que no moleste. ¿Qué ocurre? Pues que muchos padres están tapando lo que ocurre durante un año o dos y cuando el menor cumple los 18 años ya no puedes de denunciarle porque entras en la justicia de adultos. Mi recomendación es echar de casa a ese chaval porque pueden buscar la ruina a la familia o los padres a él. Por eso lo que hay denunciar el comportamiento cuando es menor.

¿Cuándo un padre entiende que su hijo está cometiendo un delito en casa siendo un menor?

La fuga del hogar no es delito, no ir a clase no es delito. ¿Cómo se obliga a un niño de 14 años a ir al colegio si no le da la gana? Lo que son delitos son insultos, amenazas, golpes, coacciones, tortura psicológica. Cuando ese comportamiento convierte la vida familiar en un infierno es cuando hay que denunciar.

Cada vez más niñas ejercen violencia sobre los padres. ¿Por qué?

Las niñas cometen el 25% de los delitos normales, pero cuando se trata de violencia de hijos a padres estamos en un 45% de niñas. Están copiando lo malo de los niños y cuando son adolescentes tienen muchos problemas. Es el delito típico en el que se equiparan niños y niñas. Es mucho más complicado trabajar con una chica dura que con un chico duro.

¿Un sopapo a tiempo puede tener valor pedagógico?

Confundir un cachete con un caso de malostratos es una barbaridad. El problema del cachete es que hay que darlo en el momento justo con la intensidad adecuada. La sociedad ha cambiado. Me acuerdo cuando mi hijo era pequeño y tenía cuatro años lo llevaba al hospital con una brecha en la cabeza y lo atendían sin problema. Pero ahora los padres son sospechosos de haberlo empujado por la escalera. ¿Dónde ha quedado el sentido común? Socialmente existe una presunción de culpabilidad de los padres. No hay término medio.

Hay países donde incluso se ha recuperado el cachete en las escuelas como valor educativo.

Efectivamente. Si mi padre viviese en la época actual posiblemente estarái condenado a cadena perpetua. Yo ‘cobraba’ todos los días y para nada estoy traumatizado. Más de una que me ha dado mi padre estaba bien dada.

¿Se pueden negociar las normas, pero no los límites?

Hay que saber decir que no. Llega un momento en el que te tienes que imponer como padre y cuando el chico tenga 18 años puerta. Tenemos los complejos de joven democracia, que nos da miedo decir que no. Hay un momento en que hay que decir que no a los hijos y es porque lo dice su padre. Y no hay más.

¿Era más sencillo educar a los hijos en generaciones anteriores?

Es posible que nuestros padres tuvieran menos formación y, sin embargo, ha salido buena gente. Yo siempre digo: tengo 58 años, no he mamado la democracia y nuestra generación tiene complejos porque como hemos estado teóricamente sometidos con la dictadura, cuando nos hemos liberado nos hemos ido al otro lado. En cambio, mi hijo, que tiene 28 años, sí ha mamado la democracia y tiene las ideas más claras. Creo que mi hijo va a tener la posibilidad de educar a sus hijos sin los complejos que hemos tenido nosotros.

II

Emilio Morales, "Decálogo de Emilio Calatayud para hacer de tu hijo un delincuente" en Sur de Málaga, 20 de mayo 2015:

El conocido juez de menores visitó Málaga por motivo del 50 aniversario del colegio El Limonar y dejó una irónica guía para malcriar a los jóvenes

"No se puede ser colega de los hijos. Se tiene que ser padre". El conocido juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, visitó ayer Málaga con motivo del 50 aniversario del colegio El Limonar. Entre todos sus apuntes, hubo uno que llamó mucho la atención a los presentes, que fue el del decálogo que leyó para "Hacer de tu hijo un delincuente". Con mucha ironía, el juez expresa lo que hay que hacer para que las cosas salgan mal a la hora de educar a los jóvenes.

1. Dadle todo cuanto desee, así crecerá convencido de que el mundo entero le debe todo.

2. Reídle todas sus groserías, tonterías y salidas de tono: así crecerá convencido de que es muy gracioso y no entenderá cuando en el colegio le llamen la atención por los mismos hechos.

3. No le déis ninguna formación espiritual: ¡ya la escogerá él cuando sea mayor!

4. Nunca le digáis que lo que hace está mal: podría adquirir complejos de culpabilidad y vivir frustrado. Primero creerá que le tienen manía y más tarde se convencerá de que la culpa es de la sociedad.

5. Recoged todo lo que vaya dejando tirado: así crecerá pensando que todo el mundo está a su servicio; su madre la primera.

6. Dejadle ver y leer todo: limpiad con detergente, que desinfecta, la vajilla en la que come, pero dejad que su espíritu se recree con cualquier porquería. Pronto dejará de tener criterio recto.

7. Padre y madre, discutid delante de él, así se irá acostumbrando. Ycuando la familia esté ya destrozada lo encontrará de lo más normal, no se dará ni cuenta.

8. Dadle todo el dinero que quiera: así crecerá pensando que para disponer de dinero no hace falta trabajar, basta con pedir.

9. Que todos sus deseos estén satisfechos al instante: comer, beber, divertirse,…¡De otro modo podría acabar siendo un frustrado!

10. Dadle siempre la razón: son los profesores, la gente, las leyes… Quienes la tienen tomada con él.

"Y cuando su hijo sea ya un delincuente, proclamad que nunca pudisteis hacer nada por él".


Por otro lado, también dio su opinión sobre la situación en los colegios. Cree que se debe volver a respetar más al maestro - a él le sigue gustando llamarlos así - , o que la expulsión es un recurso que debería suprimirse y ser cambiada por otras vías. También se mojó con los móviles, a los que califica de "droga" para la juventud, y que no deberían caer en sus manos hasta los 14 años.

Vicenç Navarro, Qué hay detrás la defensa de la unidad de España

Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra, "Qué hay detrás de la defensa de la “unidad de España”" en Nueva Tribuna, 4 de enero de 2016: 

Este artículo hace una crítica muy fuerte de los argumentos que se están utilizando en España para defender su unidad, argumentos que están ocultando otras realidades que son ni más ni menos que los intereses de la estructura de poder reproducidos a través del Estado bipartidista, y que se consideran amenazados (como ocurrió en el año 1936) por el surgimiento de una España popular y plurinacional.

Una vez más, se está utilizando el eslogan de defender la “unidad de España” para imponer una visión uninacional de España que ha sido causa constante de tensiones en la historia de este país. En 1936, las estructuras de poder, amenazadas por las políticas públicas propuestas por el democráticamente elegido gobierno republicano del Frente Popular, estimularon un golpe militar a fin de impedir las necesarias y urgentes reformas (que hubieran afectado negativamente a sus intereses económicos y financieros), intentando justificar tal golpe con el argumento de que estaban defendiendo la unidad de España, unidad que, por cierto, nadie estaba amenazando. En contra de lo que las derechas golpistas y sus herederas han sostenido siempre, el President Companys y el gobierno de la Generalitat que él presidia no eran separatistas y no querían desunir España, sino redefinirla, exigiendo que el Estado español reflejara su plurinacionalidad, reconociendo la identidad nacional de Catalunya dentro de una federación española. En realidad, el independentismo históricamente ha sido un movimiento minoritario en Catalunya. El hecho de que, aun siendo una minoría, haya alcanzado hoy un porcentaje tan elevado se debe primordialmente a la intransigencia del Estado central (hoy gobernado por un partido que tiene sus raíces históricas en las fuerzas políticas que dominaron la dictadura que siguió al golpe militar) a reconocer la plurinacionalidad de España y la identidad de Catalunya como nación. Y es inevitable que, de persistir esta resistencia, rigidez e intransigencia, esta minoría pueda convertirse en una mayoría, abriéndose así la posibilidad de una desunión de España. Hoy, los máximos facilitadores de la desunión de España son precisamente los que justifican su intolerancia y dogmatismo bajo el eslogan de “defender la unidad de España”.

Los resultados de la Transición inmodélica

Las enormes tensiones que vive hoy España son resultado de que la mal llamada “cuestión territorial” no fuera resuelta durante la transición inmodélica, una transición que fue resultado de un enorme desequilibrio de fuerzas que existía en aquel momento entre los herederos de los vencedores y los herederos de los vencidos de la Guerra Civil. Los primeros impusieron su modelo uninacional (centrado en la capital del Reino, que tiene poco que ver con el Madrid popular), reprimiendo la visión plurinacional de España. En este sentido, los famosos artículos 2 y 8 de la Constitución fueron impuestos por la Corona y por el Ejército (ver mi artículo “Franco ganó la guerra, la postguerra y la transición”, Público, 26.11.15).

Ahora bien, estamos viendo el fin de aquel modelo de Estado uninacional. Los crecientes movimientos contestatarios hacia el Estado uninacional español que han aparecido en Catalunya, en el País Vasco, en Asturias, en Galicia, en el País Valenciano, en Cantabria, en Navarra, en las Islas Canarias y también en Madrid, entre otros, están exigiendo otro Estado que, basado en la profundización de la democracia, acepte el derecho a decidir de los distintos pueblos y naciones de España, tal como las izquierdas habían pedido durante la clandestinidad, en su lucha contra la dictadura de los vencedores de la Guerra Civil.

La redefinición de España

Es en este contexto que hay que evaluar lo que está ocurriendo estos días después de las elecciones del 20D, cuando se está maliciosamente señalando que, tal como ocurrió en 1936, la demanda de las izquierdas (excepto el PSOE) de redefinir España es, en realidad, una llamada a romperla. Es importante señalar que, aun cuando esta respuesta es predecible en las derechas españolas, caracterizadas por su limitadísima cultura democrática y por su visión centralista del poder, es incoherente y opuesta a la sostenida por el PSOE de la clandestinidad, que durante la heroica lucha de la resistencia antifascista había exigido el derecho a decidir para Catalunya y para otras naciones y pueblos de España, tal como consta en los documentos de sus congresos. Fue durante la Transición cuando el PSOE se adaptó al Estado uninacional español, pasando a formar parte de él, estableciéndose así un bipartidismo que ha gobernado las instituciones del Estado central hasta la fecha. Esta adaptación del PSOE se hizo a costa de renunciar a los principios sostenidos por sus antecesores.

El bipartidismo en el Estado español (favorecido por una ley electoral muy poco proporcional) surgió dentro de un contexto en el que las derechas continuaron siendo enormemente poderosas. Y este poder incluyó el poder de reprimir la recuperación de la memoria histórica, es decir, de la historia de este país, continuando una tergiversación que ocultaba lo que había pasado en el país, reprimiendo la otra visión de España, a la que se continuó presentando como la “anti España”, cuando en realidad esta era la España real y popular, la España plurinacional, que está emergiendo ahora de nuevo. Es importante subrayar que esta España popular y plurinacional conjugaba un compromiso con el bienestar social de la población con un respeto y apoyo a su diversidad plurinacional. No es coincidencia que el Estado uninacional que ha persistido durante el periodo 1978-2015 haya sido también un Estado con escasísima dimensión social, siendo uno de los Estados con menor gasto público social por habitante, con menor gasto público, con políticas fiscales más regresivas y con mayores desigualdades de la Unión Europea.

Ni que decir tiene que el PSOE, cuando gobernó, redujo el enorme déficit de gasto público social que heredó de la dictadura, aunque sin eliminarlo. El enorme dominio de las derechas en el aparato del Estado llamado democrático, continuador del Estado dictatorial, imposibilitó la eliminación de tal enorme déficit del gasto público social de España. Y la respuesta del gobierno PSOE a la crisis fue el inicio de las reformas laborales regresivas y de los recortes de gasto público social que el PP expandió, reformas y recortes que contribuyeron enormemente a profundizar la crisis y al gran retraso de su insignificante recuperación. De ahí su enorme pérdida de popularidad. Su inexistente autocrítica, tanto en las áreas económicas (donde el candidato Pedro Sánchez nombró como su mayor asesor económico a Jordi Sevilla, bien conocido neoliberal que aconsejó las bajadas de impuestos en la época de Zapatero, y a Larry Summers, principal ideólogo de la desregulación financiera durante el gobierno Clinton, responsable de la enorme crisis bancaria estadounidense) (ver el documental Inside Job) como en las áreas políticas (continuando con la defensa del Estado uninacional), está llevando al PSOE a una situación enormemente problemática. La defensa de la “unidad de España” es, en este contexto, la defensa del Estado bipartidista que ha gobernado la España uninacional. Cuestionar la España uninacional es debilitar al Estado bipartidista.

La defensa por parte del PSOE del Estado uninacional es la defensa del bipartidismo

Al adoptar el argumento de defender la unidad de España, el PSOE está, junto con el PP y con Ciudadanos (el partido del IBEX-35), defendiendo el Estado uninacional responsable del retraso social de España. No es por casualidad que hoy en España las fuerzas más comprometidas con los cambios en la esfera social sean también las más comprometidas en establecer una España plurinacional. Los programas electorales están ahí para el que los quiera ver. Hoy, las izquierdas auténticamente transformadoras están pidiendo una revolución social y democrática, orientada a mejorar el bienestar de las clases populares, junto con una revolución política, exigiendo una transformación radical de las mal llamadas instituciones representativas que incluya la incorporación del derecho a decidir como medida profundizadora de la deseada democracia. Son estas fuerzas políticas favorables al cambio las que están generando una enorme resistencia liderada por el Estado uninacional gobernado por el bipartidismo, que ve en esta demanda una amenaza no a la unidad de España, sino a la perpetuación de dicho bipartidismo.

El discurso del Rey: más de lo mismo

En este aspecto, el discurso del Rey fue sumamente predecible, no variando ni un ápice el discurso característico de la visión uninacional, insistiendo en la necesidad de obedecer la Constitución y las leyes, sin hacer referencia ni a las enormes crisis económicas y financieras (consecuencia de la aplicación de las políticas públicas que los gobiernos españoles han impuesto a los distintos pueblos y naciones de España) ni al deseo de cambio del Estado, centrándose, en su lugar, en el deber de los españoles de defender a la nación española, alertando de que la desobediencia a las leyes será seriamente castigada, pues (confundiendo leyes con democracia) indicó que el deber del ciudadano es obedecer las leyes, haciendo caer sobre aquellos que desobedezcan estas leyes y la Constitución (el marco de todas las normas) todo el peso del Estado. Y para remarcar esta alerta, el monarca dio su discurso desde el Palacio Real, sede del poder borbónico, remarcando el simbolismo de que se escogiera tal espacio, un espacio central en la historia del imperio español, imperio conseguido a base de las armas. De ahí que, según la Constitución, el Jefe del Estado (y nunca mejor utilizada la expresión de “Jefe del Estado”), el monarca, sea también el Jefe del Ejército.

Por lo visto, se le escapó al monarca la paradoja que significó que en su discurso se refiriera a las consecuencias negativas que había tenido para España la falta de respeto a la ley consensuada por la totalidad de la sociedad, y que lo hiciera precisamente en el lugar -sede del Poder Real- donde simbólicamente se había consumado el mayor acto de desobediencia al poder democrático que ocurrió en España en el siglo XX, cuando una minoría, en el año 1936, se había impuesto a la mayoría, bajo la presión de las armas. Fue en este lugar donde el golpista mayor, el General Franco, se declaró Generalísimo, y también fue en este lugar que se consumó la transición a la democracia cuando se estableció la Monarquía, incorporada en la Constitución en un proceso que el Rey definió como fruto de una gran generosidad, sin aclarar que tal supuesta generosidad (es decir, los que cedieron más en la Transición, que fueron las izquierdas) fue fruto de que estas no tenían ninguna otra alternativa si deseaban la democracia.

Este discurso predecible del Rey señala la dificultad de cambiar el Estado español. Hablar de diálogo, y a la vez dar tal discurso, es de una contradicción elevada que cuestiona la sinceridad de la llamada al diálogo. Parece que está orientado más a estimular la generosidad de los herederos de los vencidos, borrando el punto de inicio del debate. El enorme dominio de las fuerzas que pilotaron la Transición explica la dificultad en admitir que hay otra España, reprimida durante todos estos años, que exige una transformación política y social del país. Oponerse a esta transformación aduciendo el argumento de defensa de la “unidad de España” es, una vez más, ocultar la resistencia de estas fuerzas a perder su poder por encima de todo. Y así estamos.

lunes, 4 de enero de 2016

Muere el obispo albaceteño Alberto Iniesta


El cardenal Vicente Enrique y Tarancón relata en sus memorias, que tituló Confesiones –más Rousseau que san Agustín-, los muchos disgustos que le causó Alberto Iniesta Jiménez, su obispo auxiliar para la Vicaría de Vallecas. “Nos ponía a todos en un brete”, llega a escribir. Sin embargo, no oculta un cierto regocijo cuando detalla algunos de los conflictos. Si la Iglesia romana salió viva de su hermanamiento con el caudillo Francisco Franco fue porque prelados como Iniesta y el propio Tarancón cumplieron la orden del papa Pablo VI de irse distanciando, a veces sin contemplaciones, del nacionalcatolicismo franquista. Iniesta falleció la noche del sábado en la residencia sacerdotal de Albacete, un día antes de su 93 cumpleaños. Ha sido enterrado hoy en la Colegiata de San Isidro de Madrid, con el arzobispo de la archidiócesis, Carlos Osoro, como oficiante. Hace algo más de un año, nada más tomar posesión del cargo, Osoro se entrevistó largamente con quien fue obispo auxiliar en la capital entre 1972 y 1998. Nacido en Albacete en 1923, había estudiado en la Universidad Pontificia de Salamanca y fue ordenado obispo en octubre de 1972.

Nada más conocerse la noticia del fallecimiento, arreciaron en los medios ultra católicos gruesos improperios contra el emérito de Vallecas, con las acusaciones que se le hicieron en vida y la misma brutalidad, nada cristiana. Lo tachan de “comunista y ateo”, e incluso de “agente del KGB”. También lo llaman “el obispo del esperpento”. “Ojalá esté ya en los infiernos”, llega a escribir un analista. Sin embargo, en el digital Infovaticana, su comentarista más popular, Francisco José Fernández de la Cigoña, subraya que al prelado “se le veía no poco tiempo en la capilla de la residencia sacerdotal de Albacete en recogida oración ante el Santísimo”.

Iniesta nunca entendió tanta virulencia, pese a que algunas de sus actuaciones causaron gran alboroto, la más sonada la convocatoria en 1974 de la Asamblea Conjunta de Cristianos en Vallecas. El Gobierno la suspendió sin contemplaciones antes de iniciarse, con gran irritación de Tarancón y del Vaticano. Lo contó el mismo Iniesta en el libro Recuerdos de la transición, publicado en 2002 e imprescindible para entender la muy lenta transición de la Iglesia católica hacia la libertad de conciencia. “En muchas ocasiones más bien me parecía estar haciendo de bombero que de obispo. ¡Cuántas veces tuve que dialogar o enfrentarme con la policía que rodeaba un local de la Iglesia para evitar que detuvieran a los que estaban dentro! El problema era siempre al salir", escribe en el capítulo Historias para no dormir: de policías... ¡y cristianos! El apartado más explícito es el dedicado a los "encierros, encerronas y curas presidiarios". "Hubo una época en la que tuve que dedicar las mañanas de los jueves a visitar a mis curas en [la cárcel de] Carabanchel, porque mientras unos salían, otros entraban, y siempre tenía algunos encarcelados como delincuentes, siendo como eran hombres sacrificados por defender a los más necesitados".

"¿Qué habría sido de la transición hacia la democracia si el episcopado se hubiera mantenido en actitud intransigente y reaccionaria ante los cambios?", se pregunta Iniesta. Los obispos habían bendecido sin tapujos el golpe militar de Franco en 1936, bautizaron como Cruzada la guerra incivil e introdujeron al dictador bajo palio en el santoral de los salvadores del catolicismo, rezando por él cada domingo o cantando brazo en alto el Cara al sol. "Como se decía en broma por entonces", escribe Iniesta sobre esa España ensotanada, “en nuestras reuniones con Franco, el caudillo hablaba de Dios y de la Iglesia, y los obispos hablaban de política”. Especial relevancia tiene el capítulo dedicado por Iniesta a explicar el ominoso silencio de la Conferencia Episcopal la noche del fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Los obispos estaban ese día reunidos en asamblea general, y Tarancón acababa de dimitir. “Estábamos sin dirección, como rebaños sin pastor", justifica el prelado.

Iniesta también relata, coincidiendo en casi todo con los recuerdos que narra Tarancón en Confesiones, cómo se diseñó la estrategia para distanciarse del franquismo. Ocurrió hace 50 años, en los días previos a la clausura del concilio Vaticano II. La decisión, filtrada muy pronto a Franco, irritó sobremanera al régimen y a la extrema derecha eclesial, que abundaba. “Camilo, no te comas a los curas, que la carne de cura indigesta", tuvo que advertir Franco a su ministro de la Gobernación, el capitán general Camilo Alonso Vega. Era el año 1969, cuando la revuelta de cientos de clérigos acabó en una prisión construida en Zamora solo para sacerdotes. Si el obispo Iniesta se libró de entrar en esa cárcel –peor aún, según Tarancón: de ser asesinado por nacionalcatólicos exaltados- fue porque el cardenal de Madrid lo escondió primero, y más tarde lo envió a Roma una temporada, hasta que se calmaran los ánimos del Gobierno y de los anticlericales de derechas –rara especie, desconocida hasta entonces. “El Gobierno -al menos algunos ministros, muy ofendidos- estaba dispuesto a hacer un escarmiento, pero cuando se entera de que Alberto ha salido para Roma se produce un auténtico desconcierto. Algunos ministros me acusan de que les he hecho una mala jugada apartando a Iniesta para que no se puedan meter con él; algún periódico increpa al Gobierno porque se ha dejado escapar al delincuente”, escribe el cardenal (página 859 de Confesiones).

domingo, 3 de enero de 2016

Las citas falsas que se toman como verdaderas

Ángel Gómez Fuentes, "La falsa paternidad de las frases célebres", en Abc de Madrid, 3-I-2016:

Desde «Y sin embargo, se mueve», hasta «El fin justifica los medios», falsamente atribuidas a Galileo y Maquiavelo, respectivamente, el citar frases es un riesgo cada día más frecuente

«Y sin embargo, se mueve». Esta es la frase que todo el mundo recuerda y que, por tradición, se ha atribuido siempre a Galileo Galilei (Pisa,1564 – Florencia, 1642), quien la habría pronunciado después de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Inquisición. En realidad, Galileo nunca pronunció esa frase. Fue inventada por el escritor italiano Giuseppe Baretti en el 1757, con el objetivo de crear la imagen de una Iglesia oscurantista incapaz de abrirse a nuevos descubrimientos científicos. Así lo pone de relieve Adriano Ausilio, apasionado lector y estudioso de filosofía, quien con ahínco se dedica a cazar engaños literarios de todo tipo, en especial las atribuciones inexactas o falsas de frases célebres.

Cuenta el escritor Claudio Magris en el «Corriere» que Adriano Ausilio le ha advertido del riesgo que existe hoy en día sobre falsificaciones: «Con la llegada de internet y las redes sociales, se ha difundido una nueva tendencia: el uso incontrolado de las citas. Se adoptan, como buenas, frases famosas porque se han leído en alguna parte o se escuchan y transmiten por tradición, sin preocuparse de controlar su veracidad. La Red está llena de webs que contienen antologías de citas históricas y literarias. Y es ahí precisamente donde reside el error, porque esas citas no proceden de un conocimiento directo de los textos, sino de compilaciones no muy fiables», explica Ausilio.

Paternidad falsa

La paternidad de muchas de las más famosas frases se da por descontada, pero a menudo es falsa. Voltaire, uno de los principales representantes de la Ilustración, nunca dijo esta célebre frase que todo el mundo conoce y repite: «No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». La frase es fiel al pensamiento del escritor, historiador, filósofo y abogado francés, pero quien la escribió fue Evelyn Beatrice Hall, escritora británica, autora de una biografía del filósofo, en 1906, titulada «Los amigos de Voltaire».

No fue Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, el que pronunció una frase célebre contra la inteligencia: «Cuando oigo la palabra cultura, le quito el seguro a mi Browning». Algunos se la atribuyeron también a Millán-Astray, el fundador de la Legión. Pero el autor fue Hanns Johst, dramaturgo alemán nazi, quien la escribió en un texto de teatro. María Antonieta nunca dijo esta frase que se le atribuyó: «Si las masas no tienen pan, que coman pasteles». La frase ya se conocía en tiempos de Jean Jacques Rousseau, época en la que aún no había nacido la archiduquesa. Maquiavelo nunca dijo explícitamente estas palabras que todo el mundo emplea: «El fin justifica los medios». Estas palabras reflejan ciertamente su pensamiento, pero él nunca las pronunció.

Los ejemplos son casi interminables

«Madame Bovary soy yo», dicen que respondía Flaubert cuando le preguntaban por la identidad de ese personaje. Pero esa atribución es infundada, porque él nunca pronunció esa frase. Otra famosa expresión atribuida a Antonio Gramsci, «pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad», repetida siempre por los italianos, no es del fundador del Partido Comunista Italiano, sino del escritor francés Romain Roland.

En los periódicos y en los debates públicos, con las prisas que impone la actualidad, se acentúa el recurso a lanzar citas incisivas, sin consultar la enciclopedia, porque nadie va a leerse si realmente Julio César dijo «Vine, ví y vencí». Pero, como señala Claudio Magris, muchas citas se prestan, sin querer, a la falsificación. La paternidad de muchas de las más famosas frases se da por hecha, pero a menudo es falsa. Comienza su artículo el premio Príncipe de Asturias de las Letras (2004) subrayando que «Churchill dijo que los Balcanes producen más historias de las que podemos digerir. Es un bello inicio para un artículo. Pocas cosas como una cita ayudan a comenzar un escrito o a reforzarlo». Y con ironía, Claudio Magris concluye así su artículo: «Espero que haya sido realmente Churchill quien dijo esas palabras sobre los Balcanes…».