jueves, 14 de enero de 2016

Todo sobre Almodóvar

Gregorio Belinchón, "El cine de Pedro Almodóvar nació de una onza de chocolate. El cineasta desgrana el origen de sus creaciones y sus temas en una clase magistral", en El País, 14 ENE 2016.

El secreto de su mirada está en una onza de chocolate, en los cromos pop de artistas de Hollywood que acompañaban aquellas meriendas de la España del franquismo. Pedro Almodóvar recordó ayer, en una entrevista-clase magistral de la Cátedra Acciona, sus orígenes, el germen de su cine, sus pasiones y su forma de trabajar, cuando se acerca el estreno, el próximo 8 de abril, de su vigésima película, Julieta.

Más de seiscientas personas en cola desde cuatro horas antes. Almodóvar llenó la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes, además de otra adyacente en la que se retransmitió la lección por streaming. Arrancó hablando de su infancia, del descubrimiento de la vocación que ha empujado su vida. “Siempre tuve claro que quería pertenecer al cine. Con menos de diez años, mi familia vivía en La Mancha, y comíamos pan y chocolate. Aquellas onzas traían cromos de artistas de Hollywood. Fue mi primer contacto grasiento, untuoso, de un universo que obviamente no era el manchego. Yo quería evadirme de la calle en que nací y trabajar con esas estrellas. Empecé a ver más películas en los cines de veranos de Madrigalejo (Cáceres), donde nos mudamos, y recuerdo las películas proyectadas en un muro pintado de blanco, en cuyos laterales meábamos los niños. Esos olores de chocolate y meados se mezclan en mi memoria”.

No fue la única vez en que el doble ganador del Oscar habló de orines. “En una entrevista a un medio extranjero, mi madre contó, para vergüenza mía que tenía que traducirla al inglés, que estuvo tres días de parto, y lo primero que hice fue una meada que llegó a las cortinas. Así empezó todo”.

Sobre sus influencias, recordó que los cromos le engañaron en su visión del cine. “Pensaba que los actores lo hacían todo. Desde que descubrí que había un narrador delante de la cámara decidí que quería ser eso. Fellini, Welles, Antonioni, parte del Neorrealismo. Me vine a Madrid nada más acabar el bachillerato. Así vi en la Filmoteca películas de forma más ordenada. Trabajando en Telefónica ya me pude comprar una cámara de súper 8 y empecé a hacer mis peliculitas. Viajo a Londres, me influye el cine underground estadounidense de finales de los sesenta, el británico, luego el Free Cinema, la Nouvelle Vague. En mi altar están Hitchcock, porque es el padre del cine, Buñuel, Berlanga. Y después un coro inmenso: Lang, Melville, Bergman, Chabrol… Sigo siendo un gran cinéfilo. Y no quiero olvidar el Nuevo Cine Español de los sesenta, cuando vivíamos secuestrados por el dictador. La tía Tula, La caza, El verdugo,El extraño viaje, Y el mundo sigue…”

Melancolía.

Almodóvar reflexionó de forma más melancólica sobre el descenso de la importancia del cine de su infancia a la actualidad. "El cine era entonces un mundo paralelo, casi celestial… España tenía que evadirse como buenamente podía. Y una gran manera era el cine. Para mí filmar no era un sueño, sino algo incluso corpóreo. El impacto social era más fuerte antes. Hay muchas razones: España, nosotros, hemos cambiado. Hoy reina Internet y las nuevas tecnologías. El modo en que veíamos el cine emanaba un poder de hipnosis, de inmersión en mundos paralelos que iba más allá del talento de la película. Ahora las pantallas se han reducido. Eso devalúa el hecho cinematográfico".

¿De dónde saca las historias? “El método es estar despierto. Las páginas de sucesos son un material riquísimo. La realidad te proporciona la primera línea, la segunda la escribes tú”. Pero los temas no los busca él. “Casi todos los días me levanto pensando que sobre esto alguien debería de hacer una película. Lo que pasa es que no siempre tengo que ser yo. Tengo muy clara mi ideología. Pero no soy capaz de hacer cine social, Hace tres años me empeciné en hacer algo sobre la memoria histórica a través de un forense… y está escrita, aunque no me convence. Yo no soy capaz de imponerme los temas. Las películas hablan de cuándo se hacen, independientemente de la voluntad de quien las hace. En mi cine no hay mensajes explícitos, pero sí de libertad y de autonomía moral”.

Poco quiso contar de Julieta, más allá de que está centrada en el dolor provocado por una ausencia: “No es una tragedia al uso, sino que desaparece la hija de la protagonista y no se sabe nada, como si su vínculo no hubiera existido. Es misterioso y doloroso. Cuento cómo se convive con esa ausencia”.

miércoles, 13 de enero de 2016

Lo cara que es la ignorancia

"Si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia", Albert Einstein

martes, 12 de enero de 2016

El marido de Cospedal implicado en tráfico de influencias. También parece estar implicado el exalcalde de Ciudad Real Francisco Gil Ortega

RECIBE MÁS DE DOS TERCIOS DE LAS ADJUDICACIONES DE ENRESA


En un nuevo escrito presentado ante la Fiscalía Anticorrupción, la Plataforma contra la ATC señala directamente a Ignacio López del Hierro y acusa a Cospedal de un presunto delito de tráfico de influencias. 

La Plataforma presenta más de 1.600 firmas recogidas en el portal Change.org en la que se pide al Ministro Soria que pare el derroche de dinero público en el proyecto del ATC.

Más de dos tercios de las adjudicaciones de Enresa en el ATC, fueron a la empresa en la que es Consejero el marido de María Dolores de Cospedal. Así lo ha denunciado la Plataforma contra el cementerio nuclear en Cuenca que ha presentado este jueves una nueva denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción.

La Plataforma señala que desde la entrada de Ignacio López del Hierro en Iberinco, hasta la actualidad, esta empresa (directamente o a través de empresas participadas) recibió adjudicaciones de Enresa, en 5 contratos, por valor de 36,99 millones de Euros (IVA incluido), sobre un total de 54,71 millones de Euros (IVA incluido), adjudicaciones relacionadas con el ATC. En todos los casos se tratan de UTE, en las que participa Iberinco o bien empresas como GHESA y “Empresarios Agrupados”, en las que Iberinco tiene una importante participación accionarial.

En su escrito de denuncia, la Plataforma aporta nueva documentación (18 documentos) en los que pone de manifiesto la sincronización entre el nombramiento de Francisco Gil-Ortega como presidente de Enresa y la entrada de Ignacio López del Hierro en Iberinco. Ambos en mayo de 2012.

También se pone de manifiesto la estrecha relación entre Cospedal y Gil-Ortega, persona de su confianza, con una larga trayectoria política (entre otras cargos fue alcalde de Ciudad Real y presidente de las Cortes Regionales) y con nula experiencia en el sector nuclear.

Francisco Gil-Ortega Rincón tuvo que dimitir en febrero de 2015 cuando estaba a punto de adjudicar la Obra Civil Principal, con un valor de licitación de 217.760.000 € y que actualmente se encuentra pendiente de adjudicación. El ministerio de Industria desautoriza a Gil-Ortega por las prisas de adjudicar la obra principal sin tener ninguno de los permisos perceptivos y en especial el dictamen del Consejo de Seguridad Nuclear.

Lejos de parar las licitaciones del ATC, el pasado 5 de noviembre se adjudicó un nuevo contrato a la UTE Proyecto ATC (Gas Natural- Iberdrola) por valor de 2,76 millones de Euros. Se trata del “Servicio de ingeniería de apoyo al licenciamiento para el almacén de espera de contenedores y el módulo de residuos especiales del ATC”. A pesar de que el proyecto del ATC está parado desde el 30 de julio pasado. Además, esta adjudicación se realizó mediante negociación con la UTE sin ninguna otra oferta.

La Plataforma sigue con su campaña "No pago ATC", difundiendo etiquetas en las redes sociales en las que se denuncia el desvío de fondos públicos hacia fines distintos a la gestión de los residuos nucleares. Con la entrega este mismo jueves de 1.608 firmas, la Plataforma pide al Ministro Soria que deje de “derrochar dinero público en un ATC bloqueado e innecesario”. En este sentido, recuerda que ya existen o existirán en breve almacenes en las centrales nucleares y tras el inicio de procedimiento de protección de la zona, no existe posibilidad legal de continuar con el proyecto. La petición sigue abierta.

MÁS DE 16 MILLONES EN COMPRAR VOLUNTADES

Se trata de obras no vinculadas a la gestión de residuos y subvenciones a diferentes entidades de Castilla-La Mancha.

La Plataforma también denuncia que Enresa se ha gastado más de 16 millones en “comprar voluntades en el ATC”. Se trata de obras no vinculadas a la gestión de residuos y subvenciones a diferentes entidades de Castilla-La Mancha.

El dinero (16,34 millones) pertenece a los fondos públicos que administra Enresa para la gestión de residuos radiactivos y con un destino marcado en el “6º Plan General de Residuos Radiactivos”. El gasto se efectuó, bien en adjudicaciones directas, mediante convenio o a través de la Fundación Enresa.

En el nuevo escrito a la Fiscalía Anticorrupción, se aportan nuevos documentos que apoyan la denuncia presentada el 18 de diciembre y se presenta un mapa con las obras de carreteras demostrando la nula vinculación de varios tramos licitados con el transporte de los residuos nucleares.

Los principales beneficiarios en obras han sido (por este orden) Construcciones Sarrión S.L. con 3,52 millones de Euros, OHL S.A., con 2,98 millones y Obras Públicas y Regadíos S.A con 2,88 millones.

Del contenido de los convenios nada se sabe, fueron solicitados por escrito por la Plataforma tanto a Enresa, como a la Consejería de Fomento, con resultado negativo.

Tampoco se descartan otras adjudicaciones por parte de la Diputación de Cuenca, caracterizada (como así lo puso de manifiesto “Transparencia Internacional”) por su opacidad, precisamente, en aspectos relacionados con la adjudicación de contratos.

Además de Villar de Cañas, el municipio más beneficiado por estas obras es Fuentelespino de Haro pues mejora sus accesos a la A-3 y la N-420 (carretera de Alcazar) y sin embargo por esos tramos no circularían residuos nucleares. No hay que olvidar que el alcalde de esta localidad es el Presidente de la Diputación Provincial de Cuenca, caracterizado por la encendida defensa del proyecto del ATC. 

La Fundación Enresa (ahora desaparecida), también ha aportado, a la “Semana de Música Religiosa de Cuenca” y a entidades deportivas conquenses, pero no consta en la web de Enresa la cuantía de estas aportaciones. Si consta, la mejora de la piscina municipal de Villar de Cañas por valor de 14.000 Euros, dejando bien a las claras las intenciones de Enresa.

FAVORECER LA POSICIÓN POLÍTICA DE COSPEDAL 

Para Marta Pérez (coportavoz de la Plataforma) “La presidencia de Enresa ha empleado buena parte del dinero público que tiene encomendado por ley para la gestión de los residuos radiactivos, a la compra de voluntades, realizando un enorme derroche de dinero público para congratularse con los vecinos y favorecer la posición política de Cospedal y Benjamín Prieto”. 

“En esta línea, nos gustaría conocer de dónde sale el dinero de la pretendida plataforma de afectados por la ZEPA, pilotado por la secretaria de Villar de Cañas y el Alcalde y que ha gastado importantes sumas en pagar un bufete de abogados de Madrid. Es legítimo defender intereses particulares, pero no es ético hacerlos pasar por generales, a costa de la ruina de toda una comarca, en especial de agricultores y ganaderos y con apoyo de dinero público" ha finalizado Pérez

La supuesta enseñanza bilingüe

I

Javier Marías, "Ni bilingüe ni enseñanza", El País, 17 mayo 2015:

Los españoles se empeñan en trufar sus diálogos con términos en inglés, mal dichos e irreconocibles

Una de las mayores locuras del sistema educativo español –también una de las más paletas– ha sido la implantación, no sé en cuántas comunidades autónomas, de lo que sus responsables bautizaron pomposa e ilusamente como “enseñanza bilingüe”, consistente en que los alumnos estudien algunas asignaturas en español y otras en inglés. Pongamos que Ciencias Naturales –o como se llame su equivalente en la actualidad– se imparte exclusivamente en la lengua de Elton John. Bien. Los encargados de las clases no son, sin embargo, salvo excepción, nativos británicos ni estadounidenses ni australianos ni irlandeses, sino individuos de Langreo, Orihuela, Requena, Conil o Mejorada del Campo que se supone que dominan dicha lengua. Pero, por cuanto me cuentan personas que trabajan en colegios e institutos –y absolutamente todas coinciden–, esos profesores poseen un conocimiento precario del idioma, de nuevo salvo excepción; lo chapurrean, por lo general tienen pésimo acento o ignoran la pronunciación correcta de numerosas palabras, su sintaxis y su gramática tienden a ser mera copia de las del castellano, y además, en cuanto se encuentran con una dificultad insalvable, recurren un rato a esta última lengua, sabedores de que es la que los estudiantes sí entienden. El resultado es un desastre total (ni enseñanza ni bilingüe): los chicos salen sin saber nada de inglés y aún menos de Ciencias o de las asignaturas que hayan caído bajo el dominio del presunto o falso inglés. Al parecer no se enteran, dormitan o juegan a los barcos (si es que aún se juega a eso) mientras los individuos de Orihuela o Conil sueltan absurdos macarrónicos en una especie de no-idioma. Algo ininteligible hasta para un nativo, un farfulleo, una ristra de vocablos quizá aprendidos el día antes en Internet, un mejunje, un chapoteo verbal.

Una de las cosas más incomprensibles es una lengua extranjera mal hablada por alguien que, para mayor fatuidad, está convencido de hablarla bien. Incluso alguien que conozca la gramática, la sintaxis y el vocabulario, capacitado para leerla y hasta traducirla, sólo emitirá un galimatías si tiene fortísimo acento, pronuncia erróneamente o no adopta la adecuada entonación. He oído contar que ese era el caso del renombrado traductor Fernando Vela, que vertió al español muchos libros, pero que si oía decir como es debido “You are my girl”, frase sencilla, no la reconocía: para él “You” se pronunciaba como lo veía escrito, y no “Yu”; “are” no era “ar”; “my” no era “mai”, sino “mi”; y la última palabra era “jirl”, con una i bien castellana. Si oía “gue:l” (pronunciación correcta aproximada), simplemente no estaba facultado para asociarla con “girl”, que había traducido centenares de veces. También he oído contar que Jesús Aguirre se atrevió a dar una conferencia en inglés en una Universidad norteamericana. Los nativos lo escucharon pacientemente, pero luego admitieron, todos, no haber comprendido una palabra de aquel imaginario inglés de esparto. En una ocasión oí a un colega novelista leer fragmentos de sus textos en una sesión londinense. Pese a que el escritor había residido largo tiempo en Inglaterra y debía de conocer su lengua, no estaba capacitado para hablarla de manera inteligible, tampoco allí entendió nadie nada.

Lo curioso es que, a pesar de estas dificultades frecuentes, los españoles de hoy están empeñados en trufar sus diálogos de términos en inglés, pero por lo general tan mal dichos o pronunciados que resultan irreconocibles. Hace poco oí hablar en una tertulia del “Ritalix”. Así visualicé yo la palabra al oírsela a unos y otros, y tan sólo saqué en limpio que lo de “Rita” iba por la alcaldesa de Valencia, Barberá. Al poco apareció el engendro por fin escrito en pantalla: “Ritaleaks”. Lo mismo me pasó con un anuncio de algo: “Yástit”, repetían las voces, hasta que lo vi escrito: “Just Eat”. En castellano contamos con sólo cinco vocales, así que si uno no distingue que “it” no suena igual que “eat”, ni “pick” como “peak”, ni “sleep” como “slip”, ni “ship” como “sheep”, con facilidad llamará ovejas a los barcos y demás. Si además ignora que se usa la misma vocal para “bird”, “Burt”, “herd”, “hurt” y “heard”, pero no para “beard” ni “heart”, o que “break” se dice “breik” pero “bleak” se dice “blik”, son fáciles de imaginar las penalidades para entender y para hacerse entender. La gente española llena hoy sus peroratas de “brainstorming”, “crowdfunding”, “mainstream”, “target”, “share”, “spoiler”, “feedback” y “briefing”, pero la mayoría suelta estos vocablos a la española, a la pata la llana, y así no habrá británico ni americano que los reconozca en tan espesos labios. Vistas nuestras limitaciones para la Lengua Deseada, a uno se le ponen los pelos de punta al figurarse esas clases de colegios e institutos impartidas en inglés estropajoso. ¿No sería más sensato –y mucho menos paleto– que los chicos aprendieran Ciencias por un lado e inglés por otro, y que de las dos se enteraran bien? Sólo cabe colegir que a demasiadas comunidades autónomas lo que les interesa es producir iletrados cabales.

II

Manel Vilaseró, "Bilingüismo de fachada. La inmersión en inglés ha cumplido 10 años en los colegios públicos de Madrid sin ningún estudio que avale su eficacia. Los padres denuncian que Aguirre lo introdujo como promesa electoral y luego se improvisó su implantación" El Periódico, 7-I-2016:

El Inglés ha sido utilizado en algunas autonomías gobernadas por el PP como arma arrojadiza contra los idiomas propios. El caso más evidente fue el intento de implantar el trilingüismo en Baleares, frustrado por los tribunales. El caso de Madrid, es diferente. Esta autonomía no tiene otro idioma propio que el castellano, pero la implantación del bilingüismo en los colegios públicos tuvo su origen en una promesa electoral lanzada por Esperanza Aguirre, que en plena ‘guerra de las lenguas’ quiso marcar el camino de cuál era el bilingüismo al que había que tender, el del español/inglés. Diez cursos académicos después, la mitad de los colegios y un tercio de los institutos de la comunidad ha colgado de su fachada la palabra bilingüismo sin que el Gobierno regional haya accedido a la petición de evaluar su eficacia real, formulada reiteradamente por las asociaciones de padres, que son muy críticas con el modo en que se ha implantado.

Si nos atenemos a las cifras, aparentemente la iniciativa ha cosechado un enorme éxito. De los 26 colegios públicos con los que arrancó en el curso 2004-2005 ha llegado a 359 y a más de 110 institutos en el 2015-2016. Y cada año se quedan fuera casi la mitad de los que lo solicitan. Son también muchos los colegios concertados y privados que se han visto arrastrados por la marea del bilingüismo y los colegios que no lo ofrecen se han visto obligados a reforzar sustancialmente la enseñanza del inglés. Así lo exigen los padres.

Quizás la mejor virtud del modelo de bilingüismo madrileño ha sido poner sobre la mesa la necesidad de mejorar la deficiente enseñanza de idiomas en el sistema escolar y estimular su demanda social. Pero, ¿está sirviendo realmente para mejorar la formación de las nuevas generaciones?

CARENCIAS GRAVES

Un artículo del escritor Javier Marías removió a finales del curso pasado las aguas de la comunidad educativa madrileña. Su título lo decía todo: “Ni enseñanza, ni bilingüe”. José Luis Pazos, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de la Comunidad de Madrid Giner de los Ríos, no es tan radical, pero cree que no va descaminado. Por los datos de los que disponen, los alumnos supuestamente ‘bilingües’ parecen haber obtenido una mayor destreza en expresión oral que el resto pero existen “serias dudas” sobre la escrita. Está claro que no salen bilingües y, además, parecen salir mucho peor formados en la materia de Conocimiento del Medio. Esta, hoy ya desgajada en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales por la LOMCE, es la única en que se ha impartido obligatoriamente en inglés. Luego cada centro puede escoger una de entre estas tres: Educación Artística, Educación Física o Valores Culturales y Sociales, aunque muchos colegios han acabado limitándose a la obligatoria.

LAS CLAVES DE LA NOTICIA

El origen. La Comunidad de Madrid puso en marcha los colegios bilingües en el curso 2004-2005. Empezó con 26 centros que se incorporaron de forma voluntaria. La falta de profesores preparados que pudieran impartir en el nuevo idioma las materias específicas lastró desde el inicio el proyecto.
Las materias. El modelo implantado obligaba a impartir en inglés la asignatura Conocimiento del Medio, hoy desgajada en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales por la LOMCE. Cada centro podía escoger otra de entre estas tres: Educación Artística, Educación Física o Valores Culturales.
La extensión Desde su implantación, el número de centros bilingües no ha dejado de crecer, alcanzando en el curso 2015-2016 la mitad de la comunidad educativa madrileña, con 359 colegios públicos y 110 institutos. Cada año son numerosos los centros que solicitan acceder al sistema pero se quedan fuera. 

Los padres reclaman que se haga una evaluación del sistema. “Venimos pidiéndolo desde hace muchos años, lo pidió en el 2008 el Consejo Escolar de la Comunidad y siempre se han negado”, critica Pazos.

Tras el acceso de Cristina Cifuentes a la presidencia del Gobierno regional el nuevo equipo de la Consejería de Educación ha introducido un solo cambio significativo. El nuevo director general de Innovación, Becas y Ayudas a la Educación, Ismael Sanz, acepta, desde el punto de vista teórico, la necesidad de evaluar el sistema, pero no ha dado ningún paso para llevarla a cabo. “Son conscientes de que los resultados no serían positivos”, advierte Pazos.

El antecesor de Sanz, Pablo Hispán, defiende un modelo que considera “revolucionario en España” y cita como prueba de buenos resultados, los obtenidos en las evaluaciones que al final de cada ciclo se llevan a cabo por “instituciones internacionales de prestigio como el Trinity College de Londres o la Universidad de Cambridge”. El 90% de los estudiantes las supera y 3 de cada 4 obtienen notable o sobresaliente. También arguye que en el resto de materias los alumnos bilingües no obtienen peores notas que el resto.

PRUEBAS CON TRUCO

“Si no obtienen peores notas es porque en las pruebas de la comunidad y las del ministerio no se evalúa Conocimiento del Medio. Solo Matemáticas. Lengua y Cultura General”, responde Pazos que ve otra trampa en ese porcentaje de 90% de aprobados en Inglés. “Si ven que un alumno no va aprobar ya no lo presentan, si se presentaran todos, el porcentaje rondaría el 60%, o sea un fracaso escolar de más del 30%”, añade.

El presidente de las asociaciones de padres recuerda como la implantación del bilingüismo fue una “promesa electoral de Aguirre”, que luego tuvo que implantarse, sí o sí, sin estudios previos y deprisa y corriendo. Sin profesores ni alumnos preparados.

Ángel Gabilondo, el jefe de filas del PSOE en el parlamento regional, también ha pedido públicamente que se lleve a cambio la evaluación y los cambios que eviten “la caída de logros en otras competencias clave. Nadie pide que se suprima la educación bilingüe, sino que se haga bien", indica.

“Puede que las cosas se vayan a ir haciendo mejor en el futuro, pero igual hemos acabado creando una generación peor preparada”, lamenta Pazos. “Se podían haber inspirado en modelos de bilingüismo que funcionan en España, como los de Catalunya, País Vasco o Galicia, pero decidieron experimentar con nuestros hijos, algo que nunca se debería hacer”, concluye.

Las mejores bandas sonoras de westerns


1. Solo ante el peligro o A la hora señalada (High noon) de Dimitri Tiomkin. 
2. Yo nací bajo el signo de una estrella errante. Con la inequívoca voz de fumador de Lee Marvin.
3. Por un puñado de dólares, de Ennio Morricone.
4. Los siete magníficos, por Elmer Bernstein.
5. Apache, de Hank Marvin

Pessoa

Torrente Ballester afirmaba que toda la obra de Pessoa nacía de su aburrimiento. Un aburrimiento cósmico, de “pozo sin muros” que lo disgregaba en los heterónimos de su “drama em gente, en vez de em actos”, y así pudo decir en el “Libro del desasosiego” (traducido por nuestro ciudarrealeño Ángel Crespo, autor también de varios estudios sobre su obra):

“Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañe o rechina, cuerdas y harpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía”.

Por qué no entendemos lo que leemos


Leer no solo consiste en juntar palabras, ser un buen lector es más difícil de lo que parece. La investigadora de Harvard Paola Uccelli, de 46 años, ha dedicado toda su vida a analizar por qué algunos estudiantes no son capaces de entender los textos técnicos, una destreza de vital importancia para el éxito académico y laboral. Tres parecen ser los factores principales: el desconocimiento de los profesores, que asumen que los alumnos se familiarizan con ese tipo de lenguaje de forma natural y no guían las lecturas; la ausencia de actividades extraescolares, que potencian el aprendizaje de vocabulario no coloquial; y la falta de diálogo entre padres e hijos.

“Se cree que el lenguaje se adquiere hasta los cinco años, pero nuestra investigación ha demostrado que la adolescencia es una etapa clave para asentar estructuras gramaticales complejas”, explica Uccelli. Durante el último lustro ha evaluado, junto a un equipo de seis investigadores de Harvard Graduate School of Education, las destrezas de comprensión lectora y capacidad de expresión de 6.000 estudiantes de 9 a 14 años de Estados Unidos y de 850 de Chile. Una de las principales conclusiones del estudio, que todavía está en marcha, son las “enormes” diferencias individuales entre alumnos de la misma clase.

“Hasta la fecha la mayoría de las investigaciones se habían basado en detectar deficiencias de carácter clínico, patologías que afectan al aprendizaje. Nuestra principal aportación es que hemos analizado las habilidades de los chicos para entender y usar conectores o estructuras gramaticales propias del aula”, señala Uccelli.

¿Por qué es tan importante el lenguaje cuando la demanda de profesionales está cada vez más ligada a las ciencias, la tecnología, las matemáticas y la ingeniería? Los estudiantes de hoy tendrán que adaptarse a las profesiones del futuro que aún no existen, apunta Uccelli, y el aprendizaje autónomo es clave. Quien no domine el lenguaje estará limitado y no será capaz de transformarse y cumplir con las exigencias del mercado, opina.

En España, la comprensión lectora es una de las carencias más señaladas por los expertos. El último informe PISA, la evaluación de la OCDE que mide los conocimientos de los alumnos de 15 años en 65 países, dejó a España en el puesto 31 con 448 puntos. La media se sitúa en 496.

En tercero y cuarto de primaria se empiezan a introducir en las escuelas los textos académicos, piezas que tratan temas que ya no les resultan familiares a los estudiantes y que presentan estructuras más complejas. “Muchos chicos tienen dificultades para superar ese reto, no lo hacen de forma espontánea. Es necesario que los profesores les guíen antes de proceder a la lectura y les avancen con qué se van a encontrar”, asegura Emilio Sanchez, catedrático de Psicología de la Educación en la Universidad de Salamanca y coautor de algunas investigaciones junto a Paola Uccelli.

Los hijos de las familias más humildes son más felices y más independientes. Los de las más pudientes manejan mejor la burocracia.

Tras grabar y analizar las clases de 80 profesores de primaria de centros públicos y privados de diferentes regiones españolas, Sánchez y su equipo concluyeron que en el 60% de los casos los docentes no explican de antemano a sus alumnos el tipo de tema que se va a leer y los elementos que se van a encontrar. “Es esencial que se cuente previamente de qué trata, por ejemplo, del cambio climático, y que hay tres argumentos que explican ese fenómeno, incluso incentivar a los estudiantes a que intenten encontrar el primero, luego el segundo y el tercero, con un orden”, añade el profesor. Ya no vale aquello de “niño, lee”.

Según los resultados de su estudio, en el 40% de los casos los docentes hacen, al menos, una introducción temática. “No estamos juzgando a los profesores, que seguramente no son conscientes de las repercusiones de esa falta de guía. Este país debe fijar qué aspectos de la educación hay que mejorar. En el caso de la compresión lectora, hace falta voluntad política”, destaca.

Uno de los inconvenientes de no procesar bien los textos académicos es la desconexión de los alumnos con las tareas escolares. “No solo se descuelgan, sino que más adelante pueden tener problemas en su acceso a la universidad. Tienen que tener conciencia desde el principio de que los textos tienen diferentes estructuras; deben saber reconocer, por ejemplo, un texto comparativo”, añade.

Otro de los factores que, según Paola Uccelli, influyen en la comprensión lectora es la falta de interacción con los padres. No se trata de hablar sobre temas cotidianos como la comida, sino sobre ideas que requieran un lenguaje más preciso. “Por la prisa, las conversaciones en casa se resienten o no tienen lugar. La interacción con adultos es necesaria, los niños se benefician del lenguaje que escuchan”, destaca la investigadora.

En 2012, la estadounidense Shirley Brice Heath, profesora de lingüística de la Universidad de Stanford, publicó un estudio que aseguraba que de los 89 minutos de media que los jóvenes estadounidenses de 14 años pasaban conversando con sus padres en 1979, se había pasado a solo nueve minutos en 2009.

Las actividades extraescolares también afectan en el proceso de adquisición del lenguaje, pero en este punto, juega un papel primordial el nivel socioecónomico de la familia. “No es lo mismo acudir por las tardes a clases de música o de teatro que estar en la calle jugando con otros chicos. El lenguaje se aprende por repetición y se necesita a alguien más experto que guíe la actividad”, precisa Uccelli.

Según una encuesta de Pew Research Center, un think tank sobre tendencias en Estados Unidos con sede en Washington, las familias acomodadas se rigen por calendarios , sus hijos tienen las tardes repletas de actividades extraescolares como ballet o fútbol y los progenitores dedican tiempo a leer con sus niños. En cambio, los niños de las familias con menos recursos, suelen pasar su tiempo libre en casa o en la de otros familiares; disponen de menos tiempo y recursos para dedicar a sus hijos y ello puede conllevar que estén menos preparados para la escuela y el trabajo.

En su libro Unequal Childhood: class, race and family life, la profesora de sociología de la Universidad de Pennsylvania Annette Lareau señala que mientras los padres de clase media intentan que sus hijos desarrollen sus habilidades con una supervisión férrea y con actividades programadas, los de clase obrera les dan mayor independencia y tiempo libre para el juego porque creen que se desarrollarán de forma natural. Mientras los hijos de las familias más humildes son más felices y más independientes, los de las más pudientes esperan que sus padres les solucionen los problemas, pero desarrollan más habilidades para manejar la burocracia y tener éxito académico y laboral. La desigualdad también afecta a la comprensión lectora.

lunes, 11 de enero de 2016

Botín, la Infanta y la ley del embudo

La infanta tiene veinte abogados, o sea, como los que no pueden si pagarse "la justicia"; la infanta sí puede "pagar" a la justicia, que por algo es suya, toda para ella, para el pueblo nada de nada. Quiere acogerse a la "doctrina Botín", que sirvió para librar a un banquero de la cárcel...; lo dicho: una aplicación mecánica más de la, en España, eterna Ley del embudo. Seis meses va a durar el espectáculo... ¿para qué? ¿Es que va a hacerse justicia? ¿Y esas causas atascadas de los pobres que tardan tanto en desatascarse, si es que se desatascan? ¿No podían darles veinte abogados y más prisa? Ya lo dice Martín Fierro:

La ley es tela de araña,
y en mi ignorancia lo explico,
no la tema el hombre rico,
no la tema el que mande,
pues la rompe el bicho grande
y sólo enrieda a los chicos.

Es la ley como la lluvia,
nunca puede ser pareja,
el que la aguanta se queja,
más el asunto es sencillo,
la ley es como el cuchillo,
no ofende a quien lo maneja.

Le suelen llamar espada
y el nombre le sienta bien,
los que la manejan ven
en dónde han de dar el tajo,
le cae a quién se halle abajo,
y corta sin ver a quién.

Hay muchos que son doctores,
y de su ciencia no dudo,
mas yo que soy hombre rudo,
y aunque de esto poco entiendo
diariamente estoy viendo
que aplican la del embudo.


Martín Fierro. José Hernández.

Un resumen de la Guerra civil

Josep María Sòria (La Vanguardia, 2011), escribió este artículo para conmemorar el 75 aniversario de la Guerra Civil:

Tal día como hoy, hace 75 años, la guarnición del ejército español del norte de África se sublevaba contra el gobierno de la República iniciando una guerra civil que duraría tres años con el resultado de más de 600.000 muertos y el exilio de más de 200.000 personas, una buena parte de las cuales eran profesionales e intelectuales, con la consiguiente pérdida que ello supuso en todos los sentidos. La guerra devastó el país entero. De aquella guerra nacería una dictadura, la del general Franco, que duraría 39 años durante los cuales se practicó una represión feroz, especialmente en Andalucía y Extremadura y, más tarde, en el País Vasco, Catalunya y Levante.

¿Cómo se llegó a una situación tan extrema que desembocó en una lucha fratricida, en la que el objetivo era acabar físicamente con el enemigo? ¿Cómo se engendró en España aquella cultura de la violencia para terminar en una guerra tan cruenta? ¿Por qué no hubo líderes políticos y sociales capaces de poner freno a una deriva tan insensata?

España era en los años treinta del siglo pasado un país invertebrado y fragmentado. La incapacidad de los líderes políticos de la Restauración (1875-1923) de estructurar una sociedad moderna en la que cada sector social pudiera desempeñar un papel apropiado fue una de las causas determinantes.

El sistema de alternancia partidista bloqueó cualquier posibilidad de avanzar hacia una sociedad democrática y madura. Una oligarquía excluyente, formada por sectores de la burguesía agraria, mercantil y financiera, así como por sectores de la nobleza que se adaptaron al régimen liberal, se opuso a cualquier posibilidad de abrirse a las clases emergentes, la pequeña burguesía urbana y el proletariado, este cada día más influido por las doctrinas que emanaban de la revolución soviética y el anarquismo.

El cerval miedo de aquella oligarquía y de las clases dominantes a este contagio potenció aún más la cerrazón a cualquier apertura e hizo que algunos se adhirieran a formaciones fascistas, como ocurría en Europa.

La monarquía tampoco estuvo en su sitio. Alfonso XIII quiso dirigir el Estado haciendo y deshaciendo gobiernos, aunque su peor error fue el de potenciar la guerra del Rif. No quiso enterarse del aviso que supuso la Setmana Tràgica de Barcelona, cuando confundió un levantamiento popular contra el alistamiento de levas para la guerra con un movimiento separatista. Pero lo peor fue el desastre de Annual, donde dejaron la vida más de diez mil soldados españoles mal preparados y peor comandados. El último de los fracasos del rey fue su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, que se alzó para poner fin a la guerra dels pistolers de Barcelona y acabó bombardeando las tropas rifeñas con gases, y cuyas consecuencias todavía están hoy presentes. El rey y su familia se marcharon de España tras las elecciones del 12 de abril de 1931. Tres días después se proclamaba la República.

El ejército fue la mano ejecutora del levantamiento del 18 de julio del 1936, en especial los jefes y oficiales africanistas educados casi exclusivamente en la misión de salvar a España de sus enemigos interiores tras aparecer a ojos de los españoles como el único responsable del fracaso de la pérdida de las colonias en 1898.

Tampoco la Iglesia supo estar en su lugar. La dejación del sistema de la Restauración a cumplir con sus funciones, especialmente en materia de enseñanza y sanidad, dejó que fueran las órdenes religiosas, algunas de ellas expulsadas de Francia a finales del XIX, quienes asumieran ese rol. Y la Iglesia se mostró también muy recelosa ante cualquier cambio modernizador que alterara el statu quo, como pretendían los sectores más abiertos de la burguesía urbana. Tampoco supo actuar la Iglesia cuando los poderes oligárquicos respondieron con represión a las reivindicaciones de los dirigentes sindicales más moderados, lo que fue derivando las posiciones a la confrontación. Una de las consecuencias fue que el movimiento anticlerical en España terminó en un baño de sangre, con miles de víctimas, en una persecución religiosa hasta entonces nunca vivida.

Otra de las causas de la guerra fue la organización territorial que se dio la República con los estatutos de autonomía vasco y catalán, lo que hizo más evidentes los grandes y ancestrales desequilibrios regionales. Las fuerzas centrípetas se opusieron férreamente a ceder ni un milímetro de Estado a los nacionalismos nacidos a finales del XIX. El fracaso del proyecto de Estatut de 1918-19 recordaba el fracaso de la Cuba de finales de siglo, que terminó independizándose. El separatismo de Macià, un ex coronel del ejército que se presentaba con una senyera estelada, era el colmo para aquellos sectores unitaristas y uniformistas que encontraban su máximo acomodo en el seno del ejército.

La República, alentada por las clases urbanas, propuso un ejercicio modernizador de España que no pudo alcanzar sus objetivos. Rechazada por quienes temían perder sus privilegios y acosada por quienes tenían prisa por ver aquello que se les había negado, la falta de resultados aceleró las contradicciones en que se debatía España. Dentro del sector republicano había dos tendencias. Una, la formada por intelectuales y profesionales, abogaba por las reformas agraria, social, religiosa, industrial y política. La otra, formada por los socialistas, pretendía unas reformas más radicales. En el fondo, el programa republicano era muy ambicioso, demasiado para abarcarlo en un periodo de tiempo que no admitía espera, porque las expectativas levantadas eran inmensas en un momento económico de fuerte crisis mundial.

La acumulación de “reformas imprescindibles” era enorme, y la falta de poder real de los dirigentes republicanos hizo el resto. Todo ello condujo al peor de los mundos, con iniciativas mal planteadas y peor ejecutadas que al final resultaron contraproducentes. Como la secularización de la vida civil y de la enseñanza, que no sólo no consiguió lo que pretendía sino que creó el efecto contrario en la Iglesia y entre los creyentes. Las fuerzas moderadas de una y otra parte habían perdido la partida.

Por otra parte, el abismo ideológico entre socialistas y anarquistas era inmenso. Quince días después del advenimiento de la República, la CNT acordó “destruir la república burguesa”. Si unos luchaban por un cambio gradual que casi siempre había que negociar, los otros estaban por la acción directa encomendada a los trabajadores menos cualificados, para los cuales, precisamente, la negociación era un quimera, y las urnas, un engaño. La política era cosa de ricos, porque así había sido hasta entonces. Y el aumento del paro por efecto de la gran depresión económica hizo que muchos trabajadores se sintieran engañados. Incapaz de controlar el orden público, el fracaso de la República estaba cantado, y se aceleró la deriva hacia los extremos de una y otra parte que no dudaron en emplear el uso de la violencia, “de los puños y las pistolas”, según el fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, para imponer sus objetivos. Los asesinatos de unos y otros aceleraron la degradación hasta aparecer el fenómeno de la Guerra Civil como inevitable.

Cómo se generan los factoides, las leyendas urbanas y las teorías conspirativas según el filósofo Karl Hepfer

Patricio Pron, "No fue Lee Harvey Oswald. El filósofo alemán Karl Hepfer plantea un estudio crítico del auge y popularidad de las versiones que persiguen manipular la realidad", en El País,  10-I-2016:

Todo el mundo sabe que los atentados en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, fueron perpetrados por los servicios secretos estadounidenses, pero resulta difícil averiguar quién es ese “todo el mundo” y, más aún, a qué se denomina aquí “saber”. En un libro publicado recientemente, el filósofo alemán Karl Hepfer se pregunta ambas cosas en relación al auge de las teorías conspirativas en Europa, y responde que se trata de “modelos de interpretación de la realidad simplificados”, intentos de regresar a un estadio anterior de nuestra cultura en el que la realidad supuestamente era sencilla de comprender, y los actores, buenos o malos. Así, el presidente norteamericano John F. Kennedy (bueno) no habría sido asesinado por un paranoico llamado Lee Harvey Oswald, sino en realidad por la mafia, por el Gobierno cubano o por el vicepresidente Lyndon B. Johnson (malos), según las versiones.

Para el historiador alemán Dieter Groh las teorías conspirativas son una “constante antropológica” a lo largo de la Historia.

El libro de Hepfer, Teorías conspirativas: Una crítica filosófica de la sinrazón (Transcript), presenta, sin embargo, algunos problemas. Uno es que soslaya el hecho de que la nostalgia de un mundo más “simple” de comprender y el consiguiente auge de las teorías conspirativas, no son algo reciente. En el año 64, por ejemplo, un gran incendio en Roma fue atribuido a los cristianos para justificar su persecución. En 1312, el rey francés Felipe IV acusó de prácticas heréticas y sodomía a los templarios para eximirse del pago de una importante deuda económica que había contraído con ellos. Durante la Edad Media, se acusó a los judíos de beber la sangre de niños cristianos y de envenenar las fuentes para desatar la peste. Más adelante casi todo acontecimiento político de relevancia fue atribuido a una conspiración de alguna índole. Así, la disolución de la orden jesuitica habría sido la respuesta a un supuesto intento de asesinato de la reina de Inglaterra para reinstaurar el catolicismo y convertir a un Habsburgo en rey de Estados Unidos; detrás de la Revolución Francesa y el auge de los nacionalismos habrían estado masones e Illuminati; y la derrota alemana en la I Guerra Mundial habría sido producto una conspiración de socialdemócratas y judíos. También la Revolución Rusa, la propagación del VIH-Sida y la crisis de los refugiados tendrían una trama secreta. Para el historiador alemán Dieter Groh las teorías conspirativas serían, en ese sentido, una “constante antropológica” a lo largo de la Historia.

El otro problema del libro de Hepfer es que sostiene que las teorías conspirativas serían un modelo simplificado de interpretación de la realidad, un argumento que la complejidad de ciertas teorías parece desmentir. Piénsese, por ejemplo, en las del británico David Icke, quien afirma que el mundo estaría siendo controlado por una alianza de judíos e Illuminati, los cuales serían extraterrestres “reptiloides” dirigidos por la familia Rothschild. Esta teoría no sólo es absurda —una afirmación que se enfrenta a la popularidad de su autor y de los foros dedicados a su trabajo—, sino también extremadamente complicada. ¿No es más sencillo pensar que son la desigualdad económica y política y la concentración de poder los responsables de las catástrofes del presente?

Naturalmente, la respuesta es que no. Las teorías conspirativas proponen (a pesar de su complejidad) un modelo de interpretación más simple y más atractivo de la realidad para ciertas personas porque articulan procesos económicos, políticos y demográficos simultáneos y de gran complejidad en un relato coherente. Vivimos, sostiene Hepfner, en el mundo del “Logos destruido”. Y esto equivale a decir, como hace el británico John Higgs en su excelente Historia alternativa del siglo XX: Más extraño de lo que cabe imaginar (Taurus), que vivimos en una realidad desasosegante en la que —al menos desde la Teoría de la Relatividad— debemos aceptar que estamos imposibilitados para ofrecer una explicación racional, absoluta y libre de paradojas de cómo funciona el mundo.

En ese sentido, el auge de las teorías conspirativas no sólo se apoyaría en una intencionalidad deliberada —como la que llevó recientemente a que, en el marco de las elecciones españolas, regresasen las teorías conspirativas acerca de los hechos trágicos del 11 de marzo de 2004 en ciertas televisiones—, sino en la necesidad humana —la “constante antropológica” de Groh— de articular los hechos en series y estas series en relatos, como pondría también de manifiesto la popularidad de las ucronías literarias en las que se especula con la pregunta acerca de qué habría pasado si, por ejemplo, Alemania hubiese ganado la II Guerra Mundial.

Existe, por supuesto, una diferencia entre especular literariamente con la posibilidad de un triunfo nacionalsocialista en 1945 —lo hicieron Philip K. Dick y Philip Roth, entre muchos otros— y creer que ese triunfo tuvo lugar, efectivamente y de forma secreta, por ejemplo, a través de la influencia que las empresas alemanas ejercen en la economía mundial. Pero esa diferencia sólo existe en relación con lo que hacemos con ambos tipos de relatos. Los dos comparten, sin embargo, un fondo de miedo y de perplejidad. Si las teorías conspirativas funcionan, lo hacen debido a ese fondo común, como prueban la popularización tímida pero constante en la Red de versiones conspirativas de lo sucedido en París el 13 de noviembre de este año. Son la dificultad de comprender que alguien pueda desplazarse armado por una ciudad como París y el miedo a que todo ello se repita, en la capital francesa o en cualquier otra parte, los que impulsan la creación anónima de explicaciones que a muchos no les parecen más implausibles que las que ofrecen la prensa y el Gobierno.

 David Icke afirma que el mundo estaría siendo controlado por una alianza de judíos e Illuminati, los cuales serían extraterrestres “reptiloides” dirigidos por la familia Rothschild
Bajo la impresión de hechos conmovedores —el asesinato de un presidente, por ejemplo— es más fácil creer en una conspiración antes que en la acción individual. Lo que las teorías de este tipo evidencian es que lo primero que se pierde bajo esa impresión es la capacidad del individuo de formarse un juicio crítico: es bueno pensar que ese juicio podría ser estimulado con más y mejor educación. Pero esto también es discutible, como pone de manifiesto la proliferación de teorías conspirativas durante el siglo XX. A ese siglo, nos recuerda Higgs, le debemos dos neologismos que lo describen bien, “racismo” y “genocidio”, y es nuestra responsabilidad individual en relación con ambos lo que explica el auge de la teoría conspirativa, que permite que los “malos” sean, por una vez, los otros.

La película Steve Jobs

Es de Danny Boyle, el director de Trainspotting; la he visto con otros cuatro desconocidos en una salita del multicine Las Vías; teatralmente está bien (incluso se divide en tres actos, correspondientes a las "presentaciones" de sus más famosos productos), los actores están magistrales, el guion es sólido y muy bien escrito... pero al cabo lo que percibo es que es como Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores de Lorca, pero al revés: es el personaje central el que va cambiando poco a poco mientras el entorno sigue igual. Por lo demás, el lenguaje tiene epigramas magníficos y hay muchas lecturas, paradojas y símbolos. Una película notable, en fin... pero que solo puede distraer un fin de semana.

sábado, 9 de enero de 2016

Zygmunt Bauman y la modernidad liquida

I

Texto refundido de la Wikipedia:

Cómo convivir con los otros ha sido un problema omnipresente de la sociedad occidental; Bauman presenta las principales estrategias utilizadas: la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica) y la invisibilización del otro para que desaparezca del propio mapa mental. Para él existen dos tipos de culturas: las cultivadas y las silvestres o naturales. Las cultivadas son producidas, dirigidas y diseñadas por una de sus partes y las culturas silvestres o “naturales” son diseñadas por la realidad del ecosistema. Es la llamada "metáfora del jardinero". La máxima expresión de cultura cultivada es la totalitaria. Por otra parte, en su libro Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias, Bauman aborda una de las consecuencias de la modernidad, la basura material y los "residuos humanos" producto de las migraciones y la globalización , un flujo de poblaciones que no se puede reabsorber y esta comenzando a ser un problema serio en una sociedad que ya no puede ni siquiera tolerar la clase media en diferentes partes del mundo, principalmente en países primermundistas, como Estados Unidos y la Unión Europea. La producción de "residuos humanos" constituye una consecuencia inevitable de la modernidad. Utiliza los conceptos modernidad sólida y modernidad líquida para caracterizar lo que considera dos caras de la misma moneda y causó cierta controversia dentro de la sociología al aseverar que el comportamiento humano no puede explicarse primariamente por la determinación social o discusión racional, sino más bien descansa en algún impulso innato, presocial, en los individuos, ejerciendo gran influencia en el altermundismo. Plantea una nueva forma de entender la sociedad moderna que no se funda en los conformistas y los anticonformistas, sino en una tercera vía de sociología reflexiva que apunta a modificar la sociedad moderna. La hipótesis de Bauman afirma que el cambio social tiene que ser un producto necesario y dinámico. Una vez comprendida la relación entre la sociedad sólida (seguridad, contenidos, valores) y la sociedad líquida (movilidad, incertidumbre, relatividad de valores), el segundo paso necesario es modificar la realidad y comprender que la vía del cambio es la única posible y la única necesaria, además del hecho de que es oportuna, para evitar los conflictos sociales y mejorar las condiciones de vida. 

En una estética de consumo es el trabajo lo que proporciona moralidad y son los que no lo tienen (pobres, perdedores, discapacitados, emigrantes) los considerados inmorales. El dinero da la moralidad.  

En el planteamiento de Bauman, la búsqueda de la identidad es la tarea y la responsabilidad vital del sujeto, y esta empresa de construirse a sí mismo constituye al mismo tiempo la última fuente de arraigo. Bauman plantea que en la modernidad líquida las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. El autor plantea que éstas parecen estables desde un punto de vista externo, pero que al ser miradas por el propio sujeto aparece la fragilidad y el desgarro constante. El individuo tiene que pasar para poder integrarse a una sociedad cada vez más global, pero sin identidad fija, y sí maleable, voluble. La identidad se tiene que inventar, crear, se tiene que moldear máscaras de supervivencia. Llega a esta conclusión a partir del análisis histórico de los grandes cambios que ha experimentado la sociedad, en especial a partir de la lucha de clases, entre el proletariado y los dueños de los procesos de producción, a finales del siglo XIX, el desintegramiento de las sociedades colectivas, para dar paso a la individualidad en términos de ciudadanía, los cambios vertiginosos que ha provocado la globalización y el imperialismo comercial de los monopolios en contubernio con los gobiernos neoliberales, el resurgimiento de la alteridad (movimientos índigenas), el feminismo, la lucha arcaica en medio oriente, el crecimiento exponencial de la población mundial, hasta llegar a la era de las TIC, donde más se observa la problemática de la identidad en la modernidad líquida. Si antes, en el siglo XVIII, la sociedad se caracterizaba por el sentido de pertenencia del individuo muy marcado entre los distintos estratos sociales, ahora, con el auge de las redes sociales y las TIC, las identidades globales, volubles, permeables y propiamente frágiles, oscilan según la tendencia que marca el consumismo. Sin embargo, esta identidad escurridiza nos hace cada vez más dependientes del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento en términos de humanidad, conciencia colectiva por el bien individual a partir del común, en comunión con la naturaleza

II

Ricardo de Querol entrevista a Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa”, en El País, 9-I-2016:

Es la voz del 'precariado'. El sociólogo denuncia la desigualdad y la caída de la clase media. Y avisa a los indignados de que su experimento puede tener corta vida

Acaba de cumplir 90 años y de enlazar dos vuelos para llegar desde Inglaterra al debate en que participa en Burgos. Está cansado, lo admite nada más empezar la entrevista, pero se expresa con tanta calma como claridad. Se extiende en cada explicación porque detesta dar respuestas simples a cuestiones complejas. Desde que planteó, en 1999, su idea de la “modernidad líquida” —una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”—, Zygmunt Bauman es una figura de referencia de la sociología. Su denuncia de la desigualdad creciente, su análisis del descrédito de la política o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital lo han convertido también en un faro para el movimiento global de los indignados, a pesar de que no duda en señalarles las debilidades.

Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años sesenta, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, junto a su colega Alain Touraine.

Se le considera un pesimista. Su diagnóstico de la realidad en sus últimos libros es sumamente crítico. En ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (2014) explica el alto precio que se paga hoy por el neoliberalismo triunfal de los ochenta y la “treintena opulenta” que siguió. Su conclusión: que la promesa de que la riqueza de los de arriba se filtraría a los de abajo ha resultado una gran mentira. En Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, alerta de la pérdida del sentido de comunidad en un mundo individualista. En su nuevo ensayo vuelve a las cuatro manos, en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni. Se llama Estado de crisis y trata de arrojar luz sobre un momento histórico de gran incertidumbre. Paidós lo publica en España el día 12.

Bauman vuelve a su hotel junto al filósofo español Javier Gomá, con quien ha debatido en el marco del Foro de la Cultura, un ciclo que celebrará su segunda edición en noviembre y trata de convocar en Burgos a los grandes pensadores mundiales. Él es uno de ellos.

PREGUNTA. Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?

RESPUESTA. Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

P. El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?

R. Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos precariado. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece... El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.

P. Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.

R. Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.

P. Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.

R. La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.

P. Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.

R. Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

P. En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos.

R. El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.

P. Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?

R. Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi  todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo.

P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?

R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.

Estado de crisis. Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni. Traducción de Albino Santos Mosquera. Paidós. Barcelona, 2016. 157 págs., 16,95 euros

III

Joaquín Estefanía, "El fantasma de la indignación. Bauman y Bordoni debaten entre sí: esta crisis no es transitoria, sino permanente, y es sobre legitimidad y representación", en El País, 8 de enero de 2016:

“Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la indignación”. Si Marx y Engels, aquellos dos exaltados e irascibles jóvenes renanos, se propusieran redactar hoy su ya casi bicentenario Manifiesto comunista, es muy posible que lo comenzasen con esta frase inicial. Eso es lo que proponen los sociólogos polaco e italiano Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni, que han escrito un libro (Estado de crisis) a cuatro manos, mediante una larga conversación en la que cada párrafo es una sugerencia, una idea, que daría para muchos desarrollos y discusiones posteriores.

Esta indignación que recorre el mundo, con muy diferentes manifestaciones, ha dado lugar a lo que los autores denominan “antipolítica”, en relación con las críticas contra la gigantesca desigualdad de oportunidades y de resultados, contra la corrupción, los escándalos, la dilapidación de dinero público y su malversación con fines privados, contra la ineficiencia de los controles en forma de autorregulación o desregulación… El efecto de todo ello no podía ser otro que un profundo sentimiento de ultraje, seguido de un alejamiento de la política tradicional, con una sensación de náusea e inutilidad. Esa “antipolítica” se manifiesta a veces en la aparición de formaciones políticas nuevas que pretenden ser coherentes con las reglas de la democracia, pero que a veces también dan pie a fenómenos populistas y nacionalistas que suelen ser el preludio de regímenes autoritarios.

Unas y otras hacen suya la sugerencia de Richard Rorty de que tenemos ahora una clase superior que toma todas las grandes decisiones económicas y lo hace con independencia de los Parlamentos y, con mayor motivo, de la voluntad de los votantes de cualquier país dado. Esas élites son las que inician el alejamiento de la democracia y consiguen la separación del poder y la política, que es una de las razones que explican la incapacidad de los Estados para tomar las decisiones apropiadas. Así surge la indignación.

Por esas circunstancias, entre otras, surge la tesis principal de la conversación entre Bauman y Bordoni: la crisis, que es mucho más que económica, que es también una crisis de la democracia, no es transitoria sino duradera, sintomática de un cambio profundo que afecta al conjunto del sistema. Recuérdese que, en sus libros anteriores, Bauman instaló en la teoría política el concepto de lo “líquido”. La era moderna líquida iba a ser aquel periodo de la historia en el que se iban a dejar atrás los temores del pasado, y en el que los ciudadanos se iban a hacer con el control de sus vidas y domeñarían las fuerzas descontroladas de la política y la economía.

Estado de crisis es la constatación de que no ha sido así. La idea del progreso como un trayecto esencialmente lineal, recto, predeterminado e inseparable de la condición humana desde el salvajismo hacia la civilización era una ensoñación y ha devenido en un mito. Por la acción de aquella “antipolítica” sucia, de esas élites que han vaciado de contenido el concepto de la democracia y han instalado el de “posdemocracia” (una crisis del igualitarismo y una trivialización de los procesos democráticos en la que la política pierde progresivamente el contacto con los ciudadanos), muchos de éstos ya no creen que el futuro pueda garantizar una mejora en su modo de vida. Esto explica las crisis de legitimidad y de representación que se están viviendo.


Estado de crisis. Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni. Traducción de Albino Santos Mosquera. Paidós. Barcelona, 2016. 157 páginas. 16,95 euros.

IV

Ricardo de Querol, Epidemia de desafección, en El País, 10-Octubre-2015:

Ante la globalización y la precariedad, el ciudadano se siente desprotegido y los pilares que guiaban la vida se esfuman. Ser crítico está bien visto, pero no sirve de nada


La “modernidad líquida” es una expresión del sociólogo Zygmunt Bauman para definir un modelo social que implica “el fin de la era del compromiso mutuo”, donde el espacio público retrocede y se impone un individualismo que lleva a “la corrosión y la lenta desintegración del concepto de ciudadanía”. Lo expuso en 1999 en Modernidad líquida (FCE) y su opinión no ha variado en su último ensayo, Ceguera moral (Paidós). “Nuestra sociedad ha hecho de la desafección una parte obligatoria de las ocupaciones vitales”, sostiene el pensador de origen polaco. Ser crítico está aceptado, y hasta bien visto, pero resulta inútil cuando la política no es el verdadero poder y el Estado-nación ya no ofrece respuestas.

La desafección ciudadana —hacia las instituciones, hacia los valores tradicionales, hacia los otros, hacia el sistema— es una de las señas de nuestro tiempo en Occidente. En el pasado, la comunidad, la familia, la religión, la nación o la autoridad eran pilares sólidos. ¿A qué puede agarrarse el ciudadano de la globalización, que se siente vulnerable e inseguro, amenazado por la precariedad? Babelia trasladó la pregunta a filósofos y sociólogos.

“Vivimos en una era objetivamente sombría”, sostiene Fermín Bouza, sociólogo experto en cultura de masas y profesor de la Complutense. “El mundo de la guerra fría era un paraíso de certezas y, en cierto modo, de paz, o al menos de guerras que no nos involucraban. Ya no. La ciudadanía lo acusa en todas las conductas: cambios de usos, de creencias, de política, personales... No somos muy conscientes de la magnitud de lo que ocurre”.

"Es el Estado de Derecho el que no atraviesa su mejor momento. No es que la gente se sienta más desprotegida, es que está más desprotegida", dice José Luis Pardo

Saskia Sassen, socióloga de la Universidad de Columbia, considera que “los anclajes de una persona o de un sector social, la clase media o la clase trabajadora, han sido destruidos. Muy pocas cosas son como antes, cuando se tenía un plan de vida. No hay salvavidas claros”. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2013, Sassen acaba de publicar Expulsiones (Katz), sobre el impacto de un sistema neoliberal incapaz de gobernarse a sí mismo. Y señala que, en vez de apuntar a la globalización, será más útil para el ciudadano movilizarse ante la “capa intermedia”: los políticos y empresas nacionales. “Comprometerse con una política crítica será mejor para su salud y su alma que quedarse con su sufrimiento en casa”.

“El concepto de ciudadano, habitante de una ciudad o un país que le otorga derechos por el hecho de serlo, resulta cada vez más obsoleto”, sostiene Constanza Tobío, catedrática de Sociología de la Carlos III. “En el estrecho marco de un país ningún ciudadano puede estar seguro. La inseguridad es global y su control también”.

José Luis Pardo, ensayista y catedrático de Filosofía en la Complutense, opina que el sentimiento de comunidad viene debilitándose desde los inicios de la modernidad. “Incluso diría que la modernidad es, entre otras cosas, eso. Es el Estado de Derecho el que no atraviesa su mejor momento. No es que la gente se sienta más desprotegida, es que está más desprotegida”. Pero agrega: “Puede que la culpa de esto la tenga ‘la globalización’ (otros dicen ‘el capitalismo’, ‘la eurozona’ o Fumanchú), pero como nada de esto son personas físicas ni jurídicas, habrá que decir que ‘la gente’ no hemos hecho gran cosa para evitar esa desprotección”.

Ángel Gabilondo, catedrático de Metafísica antes de ser elegido diputado socialista en Madrid, lo explica así: “Vivimos en tiempos de una gran indefensión y vulnerabilidad. Y de un sentimiento compartido de incertidumbre, que no es una mera sensación. Hay urgencia y necesidad”. Gabilondo, autor de La vuelta del otro: diferencia, identidad, alteridad (Trotta, 2001), también denuncia el individualismo, que “encuentra su gran aliado en un egoísmo amparado en la desconfianza para con las instituciones o los procesos colectivos o de participación”.

Saskia Sassen asegura que “los anclajes de una persona o de un sector social, la clase media o la clase trabajadora, han sido destruidos"

Para el filósofo José Antonio Marina, Premio Nacional de Ensayo en 1993, hoy todos los mensajes “apelan al yo”: enfatizan la autonomía, el proyecto personal, animan a emprender la propia vida, a cuidar la marca, a buscar la visibilidad. “Esto me parece una trampa bellamente camuflada con el canto a la libertad y a la creatividad. Hace falta recuperar el gran proyecto ético de la convivencia”. Según este pensador, que publica Despertar al diplodocus (Ariel), “la globalización produce reacciones de autodefensa, como los integrismos, los nacionalismos, los localismos. Hay una querencia de vuelta al campanario del pueblo”. Lo cual nos lleva a una cohesión social más débil, “enmascarada por redes sociales más densas, pero superficiales”, sentencia.

Entonces, ¿estamos en un mundo sin valores? Responde Bouza: “La crisis de valores, en general, ha terminado porque comenzó mucho antes. Hay una búsqueda de nuevos valores en creencias de todo tipo. Valores más funcionales para la crisis vigente”. Para Gabilondo, ”se requiere una relectura de la fraternidad ilustrada en términos de solidaridad, de transformación”.

Algunos niegan la mayor. Como la socióloga Consuelo Perera, que ha trabajado en el estudio internacional Values and Worldviews de la Fundación BBVA. “No hay desinterés hacia lo público, pese al bajo nivel de asociacionismo en España”, señala. Por ejemplo, crece la participación en manifestaciones o las recogidas de firmas. Los activismos que se apoyan en las redes sociales desmienten la apatía hacia lo público. Sí abunda una actitud crítica hacia los políticos o el sector financiero, también hacia la economía de mercado, que tiene en España el menor apoyo entre 10 países analizados. La religión pierde peso y la familia lo gana, con una visión más abierta de su modelo, como sostén ante la crisis. “No detectamos una crisis de valores”, concluye Perera. Pardo es más sarcástico: “No conozco ninguna época del mundo en la que no haya existido una gigantesca crisis de valores”.

"Vivimos en una era objetivamente sombría", sostiene Fermín Bouza. "El mundo de la guerra fría era un paraíso de certezas"
Hay autores que recelan de que ese nuevo activismo a través de Internet —lo llaman sofactivismo, o clickactivism en inglés— sea capaz de cambiar las cosas. O quizás no sea más que un “enjambre digital” que no tiene un alma común ni puede convertirse en una voz, como explica el filósofo coreano Byung-Chul Han en En el enjambre (Herder). Las redes, denuncia Han, se mueven entre el ingenuo y compulsivo “me gusta” y las “tormentas de mierda” que confirman “que vivimos en una sociedad sin respeto recíproco”. Sobre ello ironiza José Luis Pardo: “Activismo hay mucho, en efecto, pero esto es como lo de la lectura continuada del Quijote el día del libro, que todo el mundo está activísimo, pero nadie sabe para qué sirve, aunque seguro que para algunos será negocio”.

Bauman también relativiza la irrupción de Facebook o Twitter, a pesar de su efecto en la primavera árabe o el movimiento global de los indignados. Avisa de que por esa vía estamos más controlados: nunca fue más fácil para las dictaduras identificar a los disidentes. “Las redes sociales son lugares donde la vigilancia es voluntaria y autoinfligida”, escribe. Al filo de los 90 años, sigue siendo pesimista. “Con el dolor moral asfixiado antes de que adquiera una presencia realmente inquietante y enojosa, la red de los vínculos humanos, tejida en el hilo moral, es cada vez más débil y frágil, y sus texturas se descosen”.

Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Paidós. Barcelona, 2015. 272 páginas. 17,50 euros.

Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global. Saskia Sassen. Katz. Madrid y Buenos Aires, 2015. 294 páginas. 21 euros.


En el enjambre. Byung-Chul Han. Herder. Barcelona, 2014. 112 páginas. 12,90 euros.