miércoles, 10 de febrero de 2016

Bernie Sanders, un podemita que aspira a ser presidente de EE. UU.

Sanders promete ser el azote del poder establecido. El senador de Vermont escenifica con su victoria el giro del Partido Demócrata hacia la izquierda.
Bernie Sanders ganó este martes el pulso a Hillary Clinton en las primarias de New Hampshire. Y cuando subió al escenario a celebrarlo en un instituto de secundaria de Concord, la pequeña capital del Estado, el público empezó a taconear en el suelo como si quiera provocar un terremoto. El sanderismo no ha adquirido la categoría de seísmo, la ex secretaria de Estado sigue favorita en la carrera por la Casa Blanca, pese al tropiezo, pero no le queda duda de que no resultará precisamente un paseo.
El motivo es un veterano izquierdista de 74 años que ha capitalizado el descontento social y arrasado entre los jóvenes, con el que empató en Iowa y ha perdido ahora. No hay terremoto, pero las placas tectónicas se mueven.
Tras retirarse el tercero que aún había en discordia la semana pasada, en los caucus de Iowa (el exgobernador Martin O’Malley), la carrera demócrata es ahora cosa de dos y el senador de Vermont ha ganado la batalla de esta noche con el 60% de los votos y 20 puntos de diferencia. Con el 73% escrutado, Sanders se lleva 13 delegados, frente a los 7 que se queda Clinton.
La victoria es una inyección de adrenalina para la revolución sanderista, para la izquierda pura, la derivada política del movimiento Ocupa Wall Street, esa versión estadounidense de lo que en España fue el 15-M. Es oxígeno para unas ideas que, en definitiva, hasta ahora se movían en los márgenes de la política americana. Esta noche en New Hampshire, un Estado de 1,3 millones de habitantes y un elevado voto independiente, se convirtieron en corriente central.
Sanders se ha hecho con un espacio ideológico que nadie estaba ocupando en el partido demócrata y es muy consciente de que ha cosechado votos que en otras primarias, en otras elecciones presidenciales, se quedaban en el sofá renegando de la política. Por eso esta noche, con los resultados en la mano, el senador lanzó un mensaje muy claro: “Cuando hay mucha participación, ganan los demócratas, cuando hay poca, ganan los republicanos”.
Es lo mismo que comentaba instantes antes Niklas Moran, un treintañero de Nueva York convencido de que la clave está en que Sanders mantenga el tirón entre los hasta ahora no votantes. “Los estadounidenses no somos tan conservadores como la política refleja, lo que pasa es que mucha gente no se implica en las urnas”, decía.
Derrota de Clinton
Clinton no tardó nada en salir a reconocer la derrota ante su rival. “Sé que tengo mucho trabajo por hacer, especialmente con los jóvenes”, dijo, y subrayó un mensaje muy progresista: “Ningún banco es demasiado grande para caer”; “Nadie es demasiado poderoso para evitar la cárcel”; “Subida de salarios”. Y concluyó con una coletilla: “Yo sé cómo hacerlo”. Así puso en valor su experiencia frente a Sanders, una trayectoria en la que destaca su compromiso por los derechos de las mujeres, de los niños o de los homosexuales.
Sanders abarrota los mítines, clama contra Wall Street y contra los ricos, promete una sanidad y una educación gratuita para todos y ve la revolución contra las élites, no como ideal, sino como urgencia. Nacido en el distrito de Brooklyn, Nueva York, en el 41, tiene un perfil comparable al Jeremy Corbyn en el partido laborista británico.
Se ha expandido a lomos del hartazgo ciudadano, de la crisis de la clase trabajadora en Estados Unidos y de un voto joven para el que decir socialismo ya no es alta traición. Pide una revolución y promete ser azote de un establishment con el que muchos progresistas relacionan a Clinton. En la carrera de fondo por convertirse en el candidato demócrata para las presidenciales de noviembre sigue siendo favorita la exsecretaria de Estado. Pero el nerviosismo crece: en 40 años, nadie, salvo Bill Clinton, ha logrado la nominación del partido sin ganar en alguna de las dos primeras pugnas de las primarias, las de Iowa (donde Clinton y Sanders empataron) o las de New Hampshire.

martes, 9 de febrero de 2016

Sin forma definida. La transición cultural en Ciudad Real (II)

Como es natural, unos jóvenes con estas apetencias tuvieron que terminar estudiando Filologías en el reciente Colegio Universitario de Ciudad Real. Era esta una institución que, al abrirse las puertas del empleo con la naciente democracia, había servido de coladero a los que tuvieron el aviso de pegarse a un carnet del PSOE; estaba llenito de profesores de ese sesgo, aunque también de algunos fachas que se habían rellenado muy bien el currículo con notas hinchadas en coles privados e innumerables artículos publicados en revistas del Opus Dei; sirvió, en fin, para taponar las vías de acceso al poder a los que venían de una generación posterior sin coleguillas ideológicos y por eso les llamaron con alguna justicia la “generación tapón”. 

En el primer año un catedrático venido de las estepas leonesas, Joaquín González Cuenca, que descabezaba colillas contra el suelo con tal furia que les hacía soltar chispazos de soldadura autógena, nos advirtió de que nos iría bastante mejor si poníamos una ferretería; éramos entonces unos sesenta estudiantes; en segundo ya éramos treinta y en tercero quedábamos unos diez tontolhabas (dos de ellos venidos del llamado “curso puente” de Magisterio). Yo era uno; la mayoría ya estaban desencantados o buscaron acomodo en otros estudios, en parte huyendo del griego y de un legendario profesor de latín, Luis de Cañigral (al que llamaba yo “indeclinable” cuando González Cuenca me corrigió a “defectivo y semideponente”); entre nosotros algunas chicas prometedoras fueron abducidas por el matrimonio pueblerino y la cría de niños y melones, así que no ejercieron otra cosa que sus labores; en la enseñanza solo acabamos cinco, de los cuales tres resultamos plumillas: Fernando Carretero Zabala, José Antonio Alcaide Negrillo (un benetiano que me enganchó a Celine con el extraordinario Viaje al fin de la noche) y yo; otros, sin duda con papás más forrados, prefirieron irse a continuar estudios a Madrid, donde había profesores más blanditos, o más lejos incluso. 

Tras el mentado filtro darwinista los que quedábamos aquí éramos unos voraces ratones de biblioteca y bastante chalados, la verdad. Éramos tan pocos que conocíamos a los otros de promociones anteriores o posteriores, entre ellos mi amiga María Elena Arenas Cruz, luego mujer del citado Joseantonio, gran cabeza que ha dejado estudios de primer orden sobre el ensayo como género y sobre el afrancesado daimieleño Pedro Estala, a quien llamaban “Damón” los arcades no por ser un pastorcillo arcádico o evocar al escritor griego precisamente, sino por ser aumentativo de “dama” (por nuestro XVIII mariposeaba además un Gran Inquisidor, el obispo Bertrán, y un poeta pedófilo y deslenguado como el padre José Iglesias de la Casa, gran perseguidor de culos tiernos). Yo me había topado con ese tema de investigación y se lo indiqué a Elena, que nos dio luego el libro magistral sobre el personaje que nos faltaba. Yo lo habría hecho sin duda peor. Ella correspondió dedicándome el libro... junto al ninot Luis de Cañigral, quien, a pesar de ser un grecizante por muchos motivos, no tenía ni idea de quién era este quídam.

Por entonces, en 1980, empecé a escribir poesía, arribada ya la Movida. Yo había ido a hacer los dos últimos cursos de la carrera a Madrid porque aún no podían hacerse en Ciudad Real. Me instalé en Canillas, al extremo de la línea marrón o cuatro del metro, dos horas de ida y dos horas de vuelta desde la facultad, en el apartamento de un solo dormitorio de mi hermano, un ingeniero de telecomunicaciones medio autista, y estuve durmiendo en el sofá cama de su salón durante dos años, muy encogido, porque soy muy alto y me asomaban los pies. Cuando se me agotaba el presupuesto me pasaba hasta tres días sin comer, pues mi hermano tenía un ligue y había fines de semana en que no venía por casa; me nutría de una mezcolanza que entonces denominaba “ensaladilla universal” y cuando se acababa el combustible no había otra manera que mantenerse del aire en esa orilla de Madrid (más allá de campiña y estercoleros, se atisbaba el aeropuerto de Barajas) hasta que venían los fondos. Pasaba tardes enteras en la biblioteca resumiendo libros. Por cierto que un día intentó forzar la puerta el marido divorciado del ligue de mi hermano sin saber que yo estaba; abrí, lo pillé en bragas y el interfecto salió corriendo despavorido, no sé si por mi aspecto barbudo y feísimo o porque no se lo esperaba.

Mis notas, bastante desiguales en Ciudad Real, aumentaron prodigiosamente; tal vez los profesores de Madrid eran más blandos que los zurrados de aquí. La verdad, algunos eran muy vagos, incluso en el sentido de “difusos”, como Antonio Prieto, a cuyo libro homenaje de jubilación contribuí con un artículo, porque para ahorrarse papeleo y tiempo recurría al examen oral. En fin, leía y anotaba muchísimo, no como ahora, que casi todo se me cae de las manos; me despaché a los clásicos: Lope, Quevedo y Góngora, Cervantes, rarillos del XVI y del XVII como Aldana, Bocángel, Villamediana. Poesía francesa (Paul Valéry, sobre todo, y luego Leiris y Jude Stefan, comprados en el boulevard Saint Germain en una excursión para jóvenes -todavía no he conseguido traducir la Letanía del escriba; desafío a cualquiera a hacerlo, si puede), alemana (Goethe, especialmente sus Epigramas venecianos y las Elegías romanas, G. Benn, Brecht, Celan) italiana (el genial y deprimente Leopardi, el irredento Pasolini, y buenas ediciones de Dante y Cecco Angiolieri, compradas en el viaje de fin de curso a Roma, llena de gatos), española (entre los modernos, especialmente Ángel González, el José Ángel Valente de Mandorla, Cernuda y el último Aleixandre; admiré el J. R. J. modernista y el de Espacio, pero no conseguí entusiasmarme con el seco Guillén)... Conocía al hijo de Ángel Crespo, pero en esa época solo lo leí como traductor de la Divina Comedia; después compré y admiré los aforismos de su Claroscuro, sus ensayos y sus últimos poemarios, los mejores. 
Sin embargo, la lírica que más me atrajo entonces porque la encontré verdaderamente cercana a mí fue la anglosajona, que ya conocía de tiempos del bachillerato cuando F. J. Carretero me interesó por el canadiense Leonard Cohen, “el depresivo no químico más fuerte del mundo”. Compré una antología bilingüe de Claribel Alegría y D. J. Flakoll, Nuevas voces de Norteamérica (Barcelona: Plaza y Janés, 1981) de la que me impresionó definitivamente la llamada “Escuela del cuarto cerrado”: Mark Strand, ante todo, aunque también poetisas rebeldes, sociales y feministas como Susan Griffin. De ahí pasé a sus antecesores de la generación Beat: Allen Ginsberg y Gary Snyder; por supuesto, y remontando aún más en el tiempo se añadió un puñado de clásicos imprescindibles: a la Balada de la cárcel de Reading de Wilde se añadieron Walt Whitman y Emily Dickinson, mal vistos, Poe, disfrutado como nunca, T. S. Eliot y lo poco que pude descifrar de los frikis decimonónicos Robert Browning y Charles A. Swinburne, ambos aún sin traducir (que parece mentira).

Los sábados me iba a la Cuesta de Moyano en busca de gangas y empecé a frecuentar la Biblioteca Nacional con motivo de mi tesina sobre el cervantista, gramático y protestante manchego Juan Calderón, cuya Autobiografía estudié viajando en busca de documentos además a varios pueblos y al sótano del colegio El porvenir de Madrid, en busca de la tercera edición barcelonesa, que doy definitivamente por perdida. En Madrid encontré a otros estudiantes con más dinero o con mejor acomodo que se habían instalado allí desde primero sin pasar por el Colegio Universitario de Ciudad Real. Alguno que logró entrar en el círculo del llorado Bousoño, a quien llamaban Bucéfalo no diré por qué, se fue a Italia, como el budista valdepeñero Fernando Martínez de Calzada. 

Yo ya era cinéfilo desde que me colaba en el hoy destruido Gran Teatro de Puertollano, calado por manchas de humedad, para ver programas dobles; costaba cinco duros que no siempre tenía y me veía cada película dos veces muchas tardes; como procuraba reducir a letra todas mis aficiones me compré libros sobre cine y escribí un pequeño trabajo sobre la materia, además de estudiar más tarde el coleccionismo de programas de mano (de los que me gustaban especialmente esos alucinantes carteles de color antirrealista por Josep Saligó). Pero la generación siguiente era aún más cinéfila: un curso después de mí en el instituto ya venía un tal José Luis Vázquez, a quien recuerdo llevaban en silla de la reina por los pasillos del instituto. Entre mis compañeros tenía algún proyecto de novia que siempre terminaba desastrado; eran unas Antimusas gamusinas y aburridas, aunque con más curvas que la cara oculta del As. La más estimulante fue una con la que vi Terciopelo azul en Madrid del neosurrealista David Lynch; andando el tiempo la dejó embarazada un fotógrafo y pasados los años me hizo una de esas llamadas telefónicas descolgadas en el tiempo que son como una llamada de arrepentimiento y auxilio ya imposible; al menos he recibido dos de esas que sin duda algunos de mis lectores habrán también recibido. Solo vi Blade runner cuando nadie entonces le hacía caso y que fue una de las grandes películas de entonces. En esa época solo lograron conmoverme además filmes como La commare seca, de Bertolucci, y las obras maestras de Bergman en las incómodas lunetas del cine club Juman, cada vez menos “dirigido” por el característico Long Silver Paco Badía (otro coleccionista de programas de cine).  

Contemplo todo eso a la vez con melancolía y algo de grima, pero cuando veo hoy que hacen tertulia solamente las viejas en cafés donde antes habitaba la inteligencia, y la muerte pura y dura de la cultura asesinada por el pepeísmo, sin esperanza de resurrección o metempsicosis, la verdad es que siento que las cosas, sí, han ido a peor, definitiva e irremediablemente.

La Facultad de Letras del antiguo Colegio Universitario de Ciudad Real era un bar en cuyo entorno se daban más o menos clases; por entonces estaba decorado con pinturas rupestres, y es cierto que era una nada platónica taberna con tabernícolas que iban a dar clase medio mamados. En su biblioteca, presidida por una marmórea señorita Prado de ojos azules como el mar, me pasé interminables horas traduciendo y midiendo hexámetros de Virgilio y dísticos elegíacos de Ovidio, aunque el latín que había aprendido me había venido más de forma auditiva e infusa, como la paloma a los apóstoles, que por arte de codos. Un cierto tipo de conocimiento no se aprende, se contagia. Y yo me contagié de latín, no sé muy bien como. Se nota que virus ("veneno") es una palabra latina.

Yo me juntaba con una pandilla de raros de los que luego surgió la tertulia del Guridi. En aquella árida Ciudad Real iba a comprar pipas a una lesbiana llamada H. que luego resultó ser una dolida poetisa; luego di clases de Instituto y la veía venir a recoger a su novia, una rubia virago que estudiaba COU y apenas le hacía caso; anda por Toledo y publicó un libro de versos. Un empleado de banco, Federico, que colaboró luego con cuentos en la revista que dirigí, Ucronía, terminó por hacer de conductor suicida en la carretera de La Coruña y se cargó a una familia entera, además de a él mismo. Nunca se me ocurrió pensar que terminaría así una mosquita muerta (o más bien suicida) como él, al que ya le habían salvado la vida unos amigos de la tertulia; no sirvió de nada. Otro personaje de ese grupo era mi amigo Paquillo, con más cociente que Einstein y que no pudo acabar la Secundaria, expulsado del PSOE por faltón y que fue víctima de penosas circunstancias familiares que me ahorro mencionar. Pasamos noches interminables hablando de libros y mujeres, jugando al ajedrez y analizando todo lo habido y por haber. Se lio porque quiso con una profesora divorciada en Murcia y ganó algún que otro concurso de poesía. No lo he vuelto a ver, pero sé dónde está y desde luego no voy a decir dónde, pues eso solo le incumbe a él. Si entonces andaba en la Movida ciudarrealeña no me daba cuenta porque, la verdad es estuve tangente, secante e incluso circunscrito en algunos de sus grupúsculos, unas veces dentro, otras fuera y otras mirando desde el burladero. Pero ya contaré.

lunes, 8 de febrero de 2016

Entrevista a Noam Chomsky

Entrevista a Noam Chomsky, publicada en Rebelión org8-II-2016

Agustín Fernández Gabar y Raúl Zibechi, "Entrevista al intelectual estadounidense Noam Chomsky. "Es el momento más crítico en la historia de la humanidad" La Jornada.


Chomsky repasa las principales tendencias del escenario internacional, la escalada militarista de su país y los riesgos crecientes de guerra nuclear. Se detiene en el proceso electoral estadunidense y esboza una reflexión sobre las esperanzas de paz en Colombia


Estados Unidos fue siempre una sociedad colonizadora. Incluso antes de constituirse como Estado estaba eliminando a la población indígena, lo que significó la destrucción de muchas naciones originarias, sintetiza el lingüista y activista estadunidense Noam Chomsky cuando se le pide que describa la situación política mundial. Crítico acérrimo de la política exterior de su país, sostiene que desde 1898 se volcó hacia el escenario internacional con el control de Cuba, a la que convirtió esencialmente en colonia, para invadir luego Filipinas, asesinando a un par de cientos de miles de personas.

Continúa hilvanando una suerte de contrahistoria del imperio: Luego le robó Hawai a su población originaria, 50 años antes de incorporarla como un estado más. Inmediatamente después de la segunda Guerra Mundial Estados Unidos se convierte en potencia internacional, con un poder sin precedente en la historia, un incomparable sistema de seguridad, controlaba el hemisferio occidental y los dos océanos, y naturalmente trazó planes para tratar de organizar el mundo a su antojo.

Acepta que el poder de la superpotencia ha disminuido respecto al que tenía en 1950, la cima de su poder, cuando acumulaba 50 por ciento del producto interno bruto mundial, que ahora ha caído hasta 25 por ciento. Aun así, le parece necesario recordar que Estados Unidos sigue siendo el país más rico y poderoso del mundo, y a nivel militar es incomparable.

Un sistema de partido único

En algún momento Chomsky comparó las votaciones en su país con la elección de una marca de pasta de dientes en un supermercado. El nuestro es un país de un solo partido político, el partido de la empresa y de los negocios, con dos facciones, demócratas y republicanos, proclama. Pero cree que ya no es posible seguir hablando de esas dos viejas colectividades políticas, ya que sus tradiciones sufrieron una mutación completa durante el periodo neoliberal.
Están los republicanos modernos que se hacen llamar demócratas, mientras la antigua organización republicana quedó fuera del espectro, porque ambas partes se desplazaron a la derecha durante el periodo neoliberal, igual que sucedió en Europa. El resultado es que los nuevos demócratas de Hillary Clinton han adoptado el programa de los viejos republicanos, mientras éstos fueron completamente desplazados por los neoconservadores. Si usted mira los espectáculos televisivos donde dicen debatir, sólo se gritan unos a los otros y las pocas políticas que presentan son aterradoras.

Por ejemplo, destaca que todos los candidatos republicanos niegan el calentamiento global o son escépticos, que si bien no lo niegan dicen que los gobiernos no deben hacer algo al respecto. Sin embargo el calentamiento global es el peor problema que la especie humana ha enfrentado jamás, y estamos dirigiéndonos a un completo desastre. En su opinión, el cambio climático tiene efectos sólo comparables con la guerra nuclear. Peor aún, los republicanos quieren aumentar el uso de combustibles fósiles. No estamos ante un problema de cientos de años, sino de una o dos generaciones.

La negación de la realidad, que caracteriza a los neoconservadores, responde a una lógica similar a la que impulsa la construcción de un muro en la frontera con México. “Esas personas que tratamos de alejar son las que huyen de la destrucción causada por las políticas estadunidenses.

En Boston, donde vivo, hace un par de días el gobierno de Obama deportó a un guatemalteco que vivió aquí durante 25 años; tenía una familia, una empresa, era parte de la comunidad. Había escapado de la Guatemala destruida durante la administración Reagan. En respuesta, la idea es construir un muro para prevenirnos. En Europa es lo mismo. Cuando vemos que millones de personas huyen de Libia y de Siria a Europa, tenemos que preguntarnos qué sucedió en los últimos 300 años para llegar a esto.

Invasiones y cambio climático se retroalimentan

Hace apenas 15 años no existía el tipo de conflicto que observamos hoy en Medio Oriente. Es consecuencia de la invasión estadunidense a Irak, que es el peor crimen del siglo. La invasión británica-estadunidense tuvo consecuencias horribles, destruyeron Irak, que ahora está clasificado como el país más infeliz del mundo, porque la invasión se cobró la vida de cientos de miles de personas y generó millones de refugiados, que no fueron acogidos por Estados Unidos y tuvieron que ser recibidos por los países vecinos pobres, a los que se encargó recoger las ruinas de lo que nosotros destruimos. Y lo peor de todo es que instigaron un conflicto entre sunitas y chiítas que no existía antes.
Las palabras de Chomsky recuerdan la destrucción de Yugoslavia durante la década de 1990, instigada por Occidente. Al igual que Sarajevo, destaca que Bagdad era una ciudad integrada, donde los diversos grupos culturales compartían los mismos barrios, se casaban miembros de diferentes grupos étnicos y religiones. La invasión y las atrocidades que siguieron instigaron la creación de una monstruosidad llamada Estado Islámico, que nace con financiación saudita, uno de nuestros principales aliados en el mundo.
Uno de los mayores crímenes fue, en su opinión, la destrucción de gran parte del sistema agrícola sirio, que aseguraba la alimentación, lo que condujo a miles de personas a las ciudades, creando tensiones y conflictos que explotan apenas comienza la represión.

Una de sus hipótesis más interesantes consiste en cruzar los efectos de las intervenciones armadas del Pentágono con las consecuencias del calentamiento global.

En la guerra en Darfur (Sudán), por ejemplo, convergen los intereses de las potencias con la desertificación que expulsa poblaciones enteras de las zonas agrícolas, lo que agrava y agudiza los conflictos. Estas situaciones desembocan en crisis espantosas, como sucede en Siria, donde se registra la mayor sequía de su historia que destruyó gran parte del sistema agrícola, generando desplazamientos, exacerbando tensiones y conflictos, reflexiona.
Aún no hemos pensado detenidamente, destaca, sobre lo que implica esta negación del calentamiento global y los planes a largo plazo de los republicanos que pretenden acelerarlo: Si el nivel del mar sigue subiendo y se eleva mucho más rápido, se va a tragar países como Bangladesh, afectando a cientos de millones de personas. Los glaciares del Himalaya se derriten rápidamente poniendo en riesgo el suministro de agua para el sur de Asia. ¿Qué va a pasar con esos miles de millones de personas? Las consecuencias inminentes son horrendas, este es el momento más importante en la historia de la humanidad.
Chomsky cree que estamos ante un recodo de la historia en el que los seres humanos tenemos que decidir si queremos vivir o morir: “Lo digo literalmente. No vamos a morir todos, pero sí se destruirían las posibilidades de vida digna, y tenemos una organización llamada Partido Republicano que quiere acelerar el calentamiento global. No exagero –remata– es exactamente lo que quieren hacer”.

A continuación cita el Boletín de Científicos Atómicos y su Reloj del Apocalipsis, para recordar que los especialistas sostienen que en la Conferencia de París sobre el calentamiento global era imposible conseguir un tratado vinculante, solamente acuerdos voluntarios. ¿Por qué? Debido a que los republicanos no lo aceptarían. Han bloqueado la posibilidad de un tratado vinculante que podría haber hecho algo para impedir esta tragedia masiva e inminente, una tragedia como nunca ha existido en la historia de la humanidad. Eso es lo que estamos hablando, no son cosas de importancia menor.

Guerra nuclear, posibilidad cierta

Chomsky no es de las personas que se dejan impresionar por modas académicas o intelectuales; su razonamiento radical y sereno busca evitar furores y, quizá por eso, se muestra reacio a echar las campanas al vuelo sobre la anunciada decadencia del imperio. Tiene 800 bases alrededor del mundo e invierte en su ejército tanto como todo el resto del mundo junto. Nadie tiene algo así, con soldados peleando en todas partes del mundo. China tiene una política principalmente defensiva, no posee un gran programa nuclear, aunque es posible que crezca.

El caso de Rusia es diferente. Es la principal piedra en el zapato de la dominación del Pentágono, porque tiene un sistema militar enorme. El problema es que tanto Rusia como Estados Unidos están ampliando sus sistemas militares, ambos están actuando como si la guerra fuera posible, lo cual es una locura colectiva. Cree que la guerra nuclear es irracional y que sólo podría suceder en caso de accidente o error humano. Sin embargo, coincide con William Perry, ex secretario de Defensa, quien dijo recientemente que la amenaza de una guerra nuclear es hoy mayor de lo que era durante la guerra fría. Chomsky estima que el riesgo se concentra en la proliferación de incidentes que involucran fuerzas armadas de potencias nucleares.
La guerra ha estado muy cerca innumerables veces, admite. Uno de sus ejemplos favoritos es lo sucedido bajo el gobierno de Ronald Reagan, cuando el Pentágono decidió poner a prueba las defensas rusas mediante la simulación de ataques contra la Unión Soviética. 

Resultó que los rusos se lo tomaron muy en serio. En 1983 después de que los soviéticos automatizaron sus sistemas de defensa detectaron un ataque de misil estadounidense. En estos casos el protocolo es ir directo al alto mando y lanzar un contraataque. Había una persona que tenía que transmitir esta información, Stanislav Petrov, pero decidió que era una falsa alarma. Gracias a eso estamos acá hablando.

Sostiene que los sistemas de defensa de Estados Unidos tienen errores serios y hace un par de semanas se difundió un caso de 1979, cuando se detectó un ataque masivo con misiles desde Rusia. Cuando el consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, estaba levantando el teléfono para llamar al presidente James Carter y lanzar un ataque de represalia, llegó la información de que se trataba de una falsa alarma. Hay docenas de falsas alarmas cada año, asegura.

En este momento las provocaciones de Estados Unidos son constantes. La OTAN están llevando a cabo maniobras militares a 200 metros de la frontera rusa con Estonia. Nosotros no toleraríamos algo así sucediendo en México.
El caso más reciente fue el derribo de un caza ruso que estaba bombardeando fuerzas yihadistas en Siria a fines de noviembre. Hay una parte de Turquía casi rodeada por territorio sirio y el bombardero ruso voló a través de esa zona durante 17 segundos, y lo derribaron. Una gran provocación que por suerte no fue respondida por la fuerza, pero llevaron su más avanzado sistema antiaéreo a la región, que le permite derribar aviones de la OTAN. Argumenta que hechos similares están sucediendo a diario en el mar de China.

La impresión que se desprende de sus gestos y reflexiones es que si las potencias que son agredidas por Estados Unidos actuaran con la misma irresponsabilidad que Washington, la suerte estaría echada.

Visión sobre Colombia

El lingüista estadunidense Noam Chomsky conoce de primera mano la realidad colombiana. Fiel a su estilo y sus ideas, visitó el país en puntillas, lejos de los focos académicos y mediáticos, para adentrarse en el Cauca, donde los indígenas nasa construyen su autonomía en resguardos y cabildos, con base en sus saberes ancestrales actualizados en medio del conflicto armado.

Parece haber señales positivas en las negociaciones de paz, reflexiona Chomsky. Colombia tiene una terrible historia de violencia desde el siglo pasado, la violencia en los años 50 era monstruosa, reconociendo que la peor parte ha sido la de las operaciones paramilitares. Más recientes son las fumigaciones de Estados Unidos, verdaderas operaciones de guerra química que desplazaron poblaciones campesinas para beneficio de multinacionales.

En consecuencia, Colombia es el segundo país del mundo en desplazados, detrás de Afganistán. Debería ser un país rico, próspero, pero se está rompiendo en pedazos, añade. Por eso, si las negociaciones de paz funcionan, eliminarán algunos de los problemas, no todos. Colombia aun sin el problema de la guerrilla sigue siendo uno de los peores países para los defensores de derechos humanos, para líderes sindicales y otros.

Uno de los peligros que observa en caso de que se firme la paz, sería la integración de los paramilitares en el gobierno, una realidad latente en el país. Así y todo, sostiene que la reducción del conflicto con las FARC sería un gran paso hacia adelante, por eso cree que se debe hacer todo lo posible para contribuir al proceso de paz.

Entrevista con el sociólogo antiglobalización Boaventura de Sousa

Lola Huete Machado, "Boaventura de Sousa, el pensador estrella de los movimientos sociales. El sociólogo portugués de la antiglobalización arrasa donde va. ¿Su secreto?", en El País, 8-II-2016:

Sucedió de nuevo en la Conferencia Latinoamericana de Ciencias Sociales (CLACSO) celebrada en otoño en Medellín (Colombia): las colas para sus conferencias fueron comentadas. ¿Un sociólogo convertido en estrella? ¿Cuál es su secreto? Se lo preguntamos a bocajarro a Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, 1940). Y él, el gran pensador portugués de los movimientos sociales – bien elegante, vestido de camisa blanca y pantalón negro–, nos mira como a cien mil kilómetros de distancia detrás de sus gafas, mientras por el hall del hotel Intercontinental de la capital antioqueña desfila el mismísimo ex presidente de Uruguay, José Mujica.

Se encamina el ex dirigente popular a la rueda de prensa de presentación de su libro de memorias, Una oveja negra al poder. Pepe Mujica, la política de la gente, tras años de paciente seguimiento por parte de los autores, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, que ahí andan, tras él, hoy también. Mujica, que ha llegado sin escolta, ni maletas, ni apenas nada que no sea su persona y la de su esposa, acaba de recibir en audiencia al nuevo alcalde electo de Medellín, el entusiasta Federico (Fico) Gutiérrez, del partido Creemos, que ha dado la campanada para disgusto de los fans de Uribe.

Todos se cruzan y/o juntan y/o saludan y/o charlan y/o rien en este espacio lujoso, coordinados cual escena teatral o plaza de pueblo paisa repleta en estos días de profesores universitarios, científicos y políticos latinoamericanos y mundiales reunidos gracias a la barita mágica de Pablo Gentili, secretario reelegido de CLACSO. Un éxito de crítica y público resultaría la conferencia de Ciencias Sociales: unos 25.000 participantes, casi un 65% menor de 26 años, agolpados durante varios días en el centro de congresos Plaza Mayor. Ahora mismo, aquí, a unos y otros no cesan de interrumpirles para los posados de fotos. Muchos son políticos, se prestan. Pero De Sousa es un científico, un analista social, un teórico del Sur y de la transformación social. Él, que gana en popularidad al más pintado, no deja de forzar la sonrisa, una pesadez tal que acaba cortándola abruptamente para dispararnos su respuesta.

— “¿Pero qué pregunta me hace usted? Siempre hubo estrellas académicas... O igual piensa que porque soy portugués no puedo serlo al estilo de otros más del Norte…?“.

Ahh. Se impone lo que los alemanes llaman desescalación. Apacigüemos. Y apacigüamos al arrellanarnos en un buen sofá y contemplar tan espectacular trasiego. A De Sousa le gusta la charla. No evita la confrontación. Se diría que la provoca adrede, buscando respuestas del otro. Un baño de masas recibió este hombre durante la semana que duró CLACSO 2015. Una buena parte del tirón de los cientos de debates (apasionados, interesantísimos) aquí mantenidos fue de este portugués que habla de continuo de una sociología de las ausencias y de las emergencias. "Aquello que no se cuenta, que no se nos cuenta, parece que no existiera", dice. Pero existe. Y mucho. Así, De Sousa ha logrado entusiasmar a sus seguidores: cuando se habla de una realidad, ésta emerge. "Solo a través de la justicia cognitiva global habrá justicia social global", afirma. Las colas para participar en sus talleres y escuchar sus charlas han sido antológicas en la capital antioqueña: apenas otros como el citado José Mujica y Lula da Silva le hicieron sombra.

— “Creo que soy famoso porque tengo un modo de comunicar mis ideas que tiene mucho que ver con mi trabajo junto a los movimientos sociales, en la calle, en el territorio. Mis investigaciones me obligan a pasar gran parte de mi tiempo con ellos y por eso mi contacto con la juventud es más fácil”.
Por escrito, asegura, puede ser distinto, "algo más complejo". De Sousa se expresa con un lenguaje melódico, una mezcla de castellano y portugués que lo hacen especialmente apto para todo oído. Él y quien esto escribe se encontraron ya hace años, en el Foro Urbano Mundial celebrado en Dakar. Allí también brillaba, junto a otros (Chico Whitaler, Naomi Klein, Susan George) como líder antiglobalización. Ha envejecido, pelo más cano, rostro más arrugado, pero su entusiasmo y jovialidad al hablar de lo que le importa no ha cambiado ni un ápice... Uno de esos hombres que con la edad se crece. “Otro elemento que influye es que todo mi trabajo está orientado por dos ideas: ser atractivo para los jóvenes, sí, pero sobre todo, darles esperanza”. Afirma que vivimos en sociedades dominadas por el miedo, por el desempleo, la violencia… y que eso no significa que en su trabajo sea inconsciente y se dedique a contar pájaros volando, sino que él es un “optimista trágico".
"Declaramos invisible lo que no queremos ver. No lo nombramos y parece que no existe. Pero existe"
—“Me resisto a resignarme, me resisto a creer que no hay alternativas. Este mundo es feo, es desigual, lo sabemos bien, lo vemos aquí, pues estamos ahora mismo en Medellín, una de las ciudades más desiguales de Colombia… pero los jóvenes buscan un pensamiento no sólo crítico sino también propositivo”.
Buscan cómo y dónde actuar. Y sienten que él, en cierto modo, los guía.

Un proyecto llamado Alice

Autor de numerosos escritos y libros de referencia sobre la búsqueda de conocimiento que otorgue visibilidad a los pueblos y a las clases o grupos históricamente oprimidos, De Sousa anda sumergido ahora en una tarea bien ambiciosa. Dirige en el European Research Council, un proyecto de investigación muy caro, quizá el más caro que ha emprendido, asegura, y que lleva nombre de mujer: Alice. Pretende estudiar los aprendizajes globales, identificar iniciativas de innovación alrededor de cuatro grandes temáticas que así nos resume:

• Modos de refundación del Estado
• Estudio de otras democracias (locales, tribales…)
• De otras economías (urbanas, campesinas…) no dominadas por capitales financieros
• De otra concepción de dignidad humana, de respeto, de diálogo con los Derechos Humanos (presente en culturas indígenas, afrodescendientes...)

El proyecto colonial está más articulado hoy con el capitalismo global que nunca
— “Esta idea de esperanza, de aprendizajes de otros es atractiva para los jóvenes porque ellos no se reconocen en muchos de los aspectos de la Izquierda o el pensamiento crítico de los partidos clásicos socialistas. No están muy convencidos de que los dos grandes modelos creados en el mundo occidental sean los únicos posibles. Los jóvenes están politizados sí, pero de otra manera a la nuestra. Lo están a través del rap, del hip hop, de la música, de las redes sociales. Yo trabajo con ellos y hasta escribo letras de rap…”.

Las Ciencias Sociales, concluye, deberían asumir este lenguaje, desmonumentalizarse y tornarse accesibles para dialogar así con las nuevas generaciones. Confiesa estar muy empeñado con las luchas sociales, pero con militancia "apartidista". “Sin embargo sé de qué lado estoy; en el de la gente que busca alternativas, que sufre por desigualdad, racismo, xenofobia, en el de los discriminados, el de los que se llevan la peor parte de este mundo que hemos construido”.

Pensando en tal mundo, nos vamos recostando más y más en el sofá mientras guardias, curiosos, cámaras de prensa, bedeles, taxistas, turistas, empleados trajeados de una convención de cemento, electricistas de uniforme y muchos de los expertos participantes en CLACSO siguen dando vueltas sin cesar, cual cuerpo de baile de esa sociedad colonialcapitalista que describe De Sousa. "¿Vio usted la participación que el otro día en el gran salón…?", nos pregunta. Sí, lo vimos: hubo chicos y chicas allí que le dieron al maestro su opinión rapeando y él les contestó también en formato lírico, digamos, sobre su visión de un mundo más equitativo y justo, su visión más pegada a la Tierra, al respeto a la Naturaleza, a la Pachamama, a ese Sur que suele ser metáfora de lo olvidado y despreciado… Y luego abrió micrófono y dio la palabra a todos aquellos que quisieran visibilizar sus actividades, hacer emerger sus proyectos, sus iniciativas en pos del cambio social… Los hizo protagonistas.

La no existencia


L.H.M.

Cita Boaventura de Sousa al filósofo Walter Benjamin: "Vivimos en un tiempo homogeneo y vacío. Porque reducimos todo a una sola lógica y forma de vida y olvidamos otras, las anulamos no nombrándolas siquiera. Y relata las cinco lógicas de producción de la no existencia en nuestra sociedad hoy, según él:

–"Vivimos y hemos construido una monocultura del saber y del rigor del saber; una monocultura del tiempo lineal; una lógica de clasificación social siempre según los países avanzados; siempre de escala dominante, y siempre solo según la lógica productiva".

Hay, afirma, cinco formas de "no existencia":

*Lo ignorante.
*Lo residual.
*Lo inferior.
*Lo local.
*Lo improductivo.

"Así desperdiciamos sin siquiera darnos cuenta toda la ecología de saberes ancestrales, de las distintas temporalidades, de los reconocimientos, de las productividades...". ¿Cómo contar e informar de la diversidad inagotable del mundo? A él esa le parece una tarea apasionante. Romper la dominación. "El proyecto colonial está más articulado hoy con el capitalismo global que nunca. Están profundamente entrelazados, aunque las formas de articulación hayan variado con el tiempo".

Y fue el no va más. Pura comunión. Se apuntaron tantos a vocear sus proyectos (desde iniciativas de traducción para desarrollar pensamiento crítico y "hacer caminar las palabras" a escuelas brotadas del empeño ciudadano en la periferia, pasando por ejemplos de arquitectura marginal, alfabetización desde el rap, proyectos sobre derechos indígenas o para contener males mariguaneros que consumen a barrios enteros), tantos, que daba tiempo a dar vuelta por un Medellín atestado de coches y aún regresar y contemplarle escuchando o dialogando con unos y otros.

He ahí el tercer factor, afirma, que impulsa bastante su popularidad: “Es que busco ser simpático también. La gente de la ciencia se tornó muy aburrida en las últimas décadas. Perdimos la capacidad de reír. Y ese es un rasgo de mi epistemología, de mi trabajo más teórico, de mi búsqueda de diálogo entre el conocimiento científico oficial y el popular, el urbano, el rural, el de las mujeres, los jóvenes, los indígenas…". Habla De Sousa de cómo existen diferentes tipos de conocimiento aunque vivamos en un mundo en el que se use sólo uno ("especialmente cuando es escrito"). La universidad de la vida lo llama. Él busca identificar esos otros conocimientos, creando contactos, tendiendo puentes: “Traer a mi trabajo la actividad de los movimientos sociales para incorporarlos a la Sociología. A la juventud le gusta esta idea porque no descalifica a la Ciencia sino que la complementa. Sabemos que hay una ciencia hostil a todo aquello que se salga de su centro pero hay otra que es amiga”.

"Me resisto a resignarme, me resisto a creer que no hay alternativas. Este mundo es feo, es desigual, lo sabemos … pero los jóvenes buscan un pensamiento no sólo crítico sino también propositivo"

No sólo prefiere esta última sino que De Sousa se afana "en abrir nuevos caminos en la investigación y la escritura", tal como decía de él el teólogo Juan José Tamayo. Como ejemplo, el portugués cita la alimentación, todo lo que se está moviendo en Brasil alrededor de los campesinos y de la agricultura familiar, de los agrotóxicos que reciben las cosechas a través de barridos de las avionetas. “Hay una Ciencia financiada por Monsanto bajo el argumento de que ésta es fundamental para combatir la desnutrición, pero la agroecología anda investigando y diciendo lo contrario, advirtiendo de cómo se mata la vida alrededor, pero no tienen ni tantas publicaciones ni tantos fondos para mostrarlo…”. Lo denomina "la ciencia de las ausencias".

— "No se trata de demonizar el conocimiento oficial, no, sino de considerar que no es el único válido".

¿Y qué le mueve a hacer todo esto, a visibilizar lo que otros no cuentan, a dar voz a grupos discriminados para presentar su realidad, a construir en vez de derribar?, le preguntamos para hacer honor al nombre de esta sección de Planeta Futuro. "La experiencia de campo, sin duda". Se ríe.

— “¿Que no lo entiende? Verá, yo que ya tengo una vida larga... pues hubo varios motivos para empezar a ocuparme de estos temas. Viví una dictadura, estudié en EE. UU. y luego hice un trabajo de campo en Brasil y me fui a vivir en una favela. Y conocí así tanta gente buena, con tanta sabiduría, en una situación tan indigna.... que eso le dio responsabilidad social a mi conocimiento. Ponerlo al servicio de los que menos posibilidades de acceso tienen se convirtió en uno de mis objetivos".

Su existencia se dibuja por etapas: ahora le vemos afanado en la favela, luego durante la Revolución de los Claveles en su país, más tarde trabajando en Mozambique y en Sudáfrica, en distintas universidades y, especialmente, en la facultad de Coímbra donde buscó siempre que el pensamiento crítico no fuera guetto: "Ciencias Sociales propositivas, de eso se trata en un centro con 130 investigadores para aprendizajes globales...". Así, su pensamiento se fue armando: "Estudiando los conflictos me di cuenta de que en nuestras sociedades el capitalismo hoy se articula con colonialismo, con racismo. Factores que están destapando ahora con las migraciones. La colonialidad me impacta. Igual que me interesa que los jóvenes mestizos e indígenas estén llegando a la universidad, por ejemplo en Brasil, gracias al sistema de cuotas y ver eso qué va a representar".

El Sur, lo ecológico y lo indígena, bien presentes. "Hemos dividido siempre a la Naturaleza entre las visiones de Descartes y Spinoza. Triunfó el primero, que la considera recurso natural a torturar para que nos dé todo lo posible... con una voracidad mayor aún en las últimas décadas, destrucción, minería, extractivismo... Recuperar la ecología de saberes. Eso despertó mi interés por los pueblos indígenas, por la madre tierra, la Pachamama, la Naturaleza que no nos pertenece sino que nosotros le pertenecemos a ella. Ese pensamiento ecológico es algo que los jóvenes también aprecian. Debemos articular los conflictos sociales con esa idea de Naturaleza porque esta es territorio, cultura, memoria, pasado, espíritu, conocimiento, incluso sentimiento paisaje". Nada de eso cuenta.

Sociología de las ausencias. "Declaramos invisible lo que no queremos ver". Y los medios de comunicación no suelen estar a la altura, asegura, en venganza quizá por nuestra pregunta inicial: "Cuando un suceso o una iniciativa ocupa un titular pasa de la ausencia a la emergencia". Aquello que está ocurriendo, se convierte en vida al ser narrado. "Hay que aceptar y contar la diversidad del mundo. Hay que descolonizar nuestro conocimiento". Tal es su mayor tarea en lo que le resta

domingo, 7 de febrero de 2016

La psiquiatría usa demasiados fármacos inútiles

Joseba Elola, entrevista con Robert Whitaker, periodista de investigación. “La psiquiatría está en crisis” El periodista norteamericano recopiló estudios científicos para evidenciar que los trastornos mentales no se deben a alteraciones químicas del cerebro. El País, 7 FEB 2016:

Todo empezó con dos preguntas. ¿Cómo es posible que los pacientes de esquizofrenia evolucionen mejor en países donde se les medica menos, como India o Nigeria, que en países como Estados Unidos? ¿Y cómo se explica, tal y como proclamó en 1994 la Facultad de Medicina de Harvard, que la evolución de los enfermos de esquizofrenia empeorara con la implantación de medicaciones, con respecto a los años setenta? Estas dos preguntas inspiraron a Robert Whitaker para escribir una serie de artículos en el Boston Globe —finalista en el Premio Pulitzer al Servicio Público— y dos polémicos libros. El segundo, Anatomía de una epidemia, que ahora edita, actualizado, Capitán Swing en España, fue galardonado como mejor libro de investigación en 2010 por editores y periodistas norteamericanos.

En el curso de esa indagación, una cascada de datos demoledores: en 1955 había 355.000 personas en hospitales con un diagnóstico psiquiátrico; en 1987, 1.250.000 recibían pensiones en EE UU por discapacidad debida a enfermedad mental; en 2007 eran 4 millones. El año pasado, 5. ¿Qué estamos haciendo mal?

Whitaker (Denver, Colorado, 1952) se presenta, humildemente, las manos en los bolsillos, en un hotel de Alcalá de Henares. Su cruzada contra las pastillas como remedio de las enfermedades mentales no va por mal camino. Prestigiosas escuelas médicas ya le invitan a que explique sus trabajos. “El debate está abierto en EE UU. La psiquiatría está entrando en nuevo periodo de crisis en ese país porque la historia que nos ha contado desde los ochenta ha colapsado”.

Pregunta. ¿En qué consiste esa historia falsa que, dice usted, nos han contado?

Respuesta. La historia falsa en EE UU y en parte del mundo desarrollado es que la causa de la esquizofrenia y la depresión es biológica. Se dijo que se debían a desequilibrios químicos en el cerebro; en la esquizofrenia, por exceso de dopamina; en la depresión, por falta de serotonina. Y nos dijeron que teníamos fármacos que resolvían el problema como lo hace la insulina con los diabéticos.

P. En Anatomía de una epidemia viene a decir que los psiquiatras aceptaron la teoría del desequilibrio químico porque prescribir pastillas les hacía parecer más médicos, los homologaba con el resto de la profesión.

R. Los psiquiatras, en Estados Unidos y en muchos otros sitios, siempre tuvieron complejo de inferioridad. El resto de médicos solían mirarlos como si no fueran auténticos médicos. En los setenta, cuando hacían sus diagnósticos basándose en ideas freudianas, se les criticaba mucho. ¿Y cómo podían reconstruir su imagen de cara al público? Se pusieron la bata blanca, que les daba autoridad. Y empezaron a llamarse a sí mismos psicofarmacólogos cuando empezaron a prescribir pastillas. Mejoró su imagen. Aumentó su poder. En los ochenta empezaron a publicitar su modelo y en los noventa la profesión ya no prestaba atención a sus propios estudios científicos. Se creyeron su propia propaganda.

“Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Es un éxito comercial
P. Pero esto es mucho decir, ¿no? Es afirmar que los profesionales no tuvieron en cuenta el efecto que esos fármacos podían tener en la población.

R. Es una traición. Fue una historia que mejoró la imagen pública de la psiquiatría y ayudó a vender fármacos. A finales de los ochenta se vendían 800 millones de dólares al año en psicofármacos; 20 años más tarde se gastaban 40.000 millones.

P. Y ahora afirma usted que hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos.

R. Si se estudia la literatura científica se observa que ya llevamos 50 años utilizándolos. En general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos.

P. ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, mal entendido, puede ser peligroso.

R. Sí, es verdad, puede ser peligroso. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarla puede tener efectos severos. De lo que hablamos en el libro es del resultado en general. Yo no soy médico, soy periodista. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?

El recorrido de Whitaker no ha sido fácil. Aunque su libro esté altamente documentado, aunque fuera multipremiado, desafió los criterios de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) y los intereses de la industria farmacéutica.

Pero, a estas alturas, se siente recompensado. En 2010, sus postulados eran vistos, dice, como una “herejía”. Desde entonces, nuevos estudios han ido en la dirección que él apuntaba —cita a los psiquiatras Martin Harrow o Lex Wunderink; y apunta que el prestigioso British Journal of Psychiatry ya asume que hay que repensar el uso de los fármacos—. “Las pastillas pueden servir para esconder el malestar, para esconder la angustia, pero no son curativas, no producen un estado de felicidad”.

P. ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?

R. Nos han alentado a que lo pensemos. En los cincuenta se produjeron increíbles avances médicos, como los antibióticos. Y en los sesenta, la sociedad norteamericana empezó a pensar que había balas mágicas para curar muchos problemas. En los ochenta se promocionó la idea de que si estabas deprimido, no era por el contexto de tu vida, sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. Lo que se promocionó, en realidad, en Estados Unidos, fue una nueva forma de vivir, que se exportó al resto del mundo. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.

P. Buscamos el confort y el mundo se va pareciendo al que describió Aldous Huxley en Un mundo feliz…

R. Desde luego. Hemos perdido la filosofía de que el sufrimiento es parte de la vida, de que a veces es muy difícil controlar tu mente; las emociones que sientes hoy pueden ser muy distintas de las de la semana o el año que viene. Y nos han hecho estar alerta todo el rato con respecto a nuestras emociones.

P. Demasiado centrados en nosotros mismos…

R. Exacto. Si nos sentimos infelices, pensamos que algo nos pasa. Antes la gente sabía que había que luchar en la vida; y no se le inducía tanto a pensar en su estado emocional. Con los niños, si no se portan bien en el cole o no tienen éxito, se les diagnostica déficit de atención y se dice que hay que tratarlos.

P. ¿La industria o la APA están creando nuevas enfermedades que en realidad no existen?

R. Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Así que, si se mira desde el punto de vista comercial, el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una entelequia. Antes de los noventa no existía.

P. ¿La ansiedad puede desembocar en enfermedad?

R. La ansiedad y la depresión no están tan lejos la una de la otra. Hay gente que experimenta estados avanzados de ansiedad, pero estar vivo es muchas veces estar ansioso. Empezó a cambiar con la introducción de las benzodiacepinas, con el Valium. La ansiedad pasó de ser un estado normal de la vida a presentarse como un problema biológico. En los ochenta, la APA coge este amplio concepto de ansiedad y neurosis, que es un concepto freudiano, y empieza a asociarle enfermedades como el trastorno de estrés postraumático. Pero no hay ciencia detrás de estos cambios.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Por qué el tiempo va más rápido para los viejos... y para Quevedo

Jaime Rubio Hancock "Día de la marmota: Por qué el tiempo pasa más deprisa a medida que nos hacemos mayores", El País, 3 de febrero de 2016:

¿Ya es el día de la marmota? ¿Otra vez?

¡Buenos días, excursionistas! Ya es 2 de febrero. Otra vez el día de la marmota. Si parece que el del año pasado fue ayer. O antes de ayer, no exageremos.

A medida que crecemos, nos da la impresión de que el tiempo transcurre más deprisa. Y, precisamente, el día de la marmota o, mejor dicho, los días de la marmota tienen mucho que ver con esto.

No olvidemos que Atrapado en el tiempo se estrenó hace 22 años. Ya llevamos más de 20 años comentando que hoy es el día en que la marmota Phil sale de su escondrijo a comprobar si ve su propia sombra o no (como no se la ha visto, Phil predice para este año que la primavera está a la vuelta de la esquina). El día de la marmota se ha convertido en un día de la marmota más.

En un artículo sobre esta sensación que nos aterra porque sentimos cómo la vida se nos escapa de las manos y nos acercamos a la muerte -es posible que me esté poniendo INTENSO-, Scientific American cita al psicólogo William James, que recuerda que a medida que nos hacemos mayores pasamos por menos nuevas experiencias, por menos primeras veces. Ya no hay “primer día de colegio”, “primer amor” o "primeras vacaciones con amigos". Ahora es otro día en la oficina, otra mañana en el centro comercial y una tercera demanda de divorcio.

De hecho, otro estudio sugiere que en realidad no hay tanta diferencia por edades en la percepción del tiempo, excepto cuando se pregunta: ¿cómo de rápido ha transcurrido la última década? La gente de 50 tiene la sensación de que ha pasado más deprisa que los más jóvenes. Según este estudio, también ocurre que al recordar nuestra vida, tenemos la sensación de que nuestros primeros años pasaron más lentamente que los posteriores, aunque mientras los vivimos no sentiríamos esta diferencia.

Vamos a morir todos

Otro factor que influye en esta percepción es que recordamos los eventos memorables como más recientes de lo que en realidad fueron. Nos sorprende que el Unplugged de Nirvana tenga más de 20 años porque nos grabamos el vídeo del concierto en una cinta vhs que vimos decenas de veces y somos capaces casi de recordar el orden de las canciones. Se trata de un recuerdo que tenemos más nítido en la memoria que otros que ocurrieron más tarde, por lo que nos parece que es más reciente. Normal que haya Tumblrs como el de Hematocrítico que recogen efemérides como esta y que nos recuerdan que Vamos a morir todos.

Di “ya” cuando creas que ha pasado un minuto

Scientific American añade que con la edad nuestro reloj biológico frena su ritmo, por lo que el tiempo exterior parece ir más deprisa. Cuanto mayores somos, más nos cuesta calcular cuándo ha pasado un minuto sin mirar un reloj: tendemos a creer que tarda más en transcurrir.

También prestamos menos atención a las fechas a medida que crecemos. No nos centramos tanto en esperar nuestro cumpleaños o las vacaciones, sino que estamos más pendientes del día a día. Del mismo modo, el estrés y la sensación de que no nos da tiempo a acabarlo todo contribuyen a que nos dé la impresión de que el tiempo pasa más deprisa.


La vida es corta (o al menos eso parece)

Otro factor importante es la relación entre el tiempo pasado y la edad, como recoge también Scientific American citando un estudio de la Universidad de Hokaido (Japón). Para un niño de cinco años, doce meses es un 20% de toda su vida, mientras que para alguien de 40, un año es un 2,5%.

Por poner un ejemplo del Washington Post: esperar 24 días para abrir los regalos de Navidad con cinco años es proporcionalmente lo mismo que esperar un año cuando tienes 54. Este ejemplo está sacado de una presentación interactiva del diseñador austriaco Maximilian Kiener que ilustra muy bien esta idea a golpe de ratón. “Como muchas cosas, esto requiere algo de paciencia. Pero al final habrás terminado antes de lo que pensabas o querías”, escribe Kiener en esta web aclaratoria y un poco triste al mismo tiempo.

Según esta idea, expuesta por primera vez por el filósofo Paul Janet en 1897, “si llegas a los 100 años, la mitad de lo que percibes que es tu vida habrá terminado a los 7 años”. Aunque si tenemos en cuenta “que no recordamos mucho de lo que ocurre en los primeros tres años”, entonces sería más bien a los 18. Pero, vaya, técnicamente es posible pasar la crisis de los 40 a los 7.

“La vida es corta -escribe Kiener-. ¡Haz cosas ahora!”.

martes, 2 de febrero de 2016

Las farmacéuticas impiden la llegada de los genéricos

 Miguel Ángel Criado, "Cómo las farmacéuticas de EE UU frenan la llegada de los genéricos. El País, 2 de febrero de 2016:

"Las grandes compañías estadounidenses pagan a la competencia, compran su producción o gastan más en publicidad que en investigación", según un informe.  

El Daraprim es un veterano fármaco cuyo componente activo, la pirimetamina, se usa desde hace décadas como profiláctico contra la malaria y para combatir la toxoplasmosis. El verano pasado, la compañía Turing Pharmaceuticals se hizo con sus derechos de venta en EE. UU. En horas, un medicamento que valía 13,50 dólares pasó a costar 750. El caso desató una gran polémica en ese país y el fundador de la compañía ha acabado en los tribunales. Pero el del Daraprim es solo el caso más extremo y mediático de las muchas historias en las que las farmacéuticas maniobran para frenar la llegada de los medicamentos genéricos lo antes posible y a un precio asequible, según afirma un informe.

"Las compañías farmacéuticas tienen hoy una única misión: maximizar los beneficios para los accionistas y las bonificaciones para los directivos aun a costa del perjuicio y la muerte de los pacientes", dice el profesor del Centro Anderson para el Cáncer de la Universidad de Texas (EE. UU.), Hagop Kantarjian. "Se trata de un cambio fundamental en su misión tradicional que era dual: ayudar a los enfermos mientras lograban unos beneficios razonables", añade.

Kantarjian y un grupo de colegas, entre los que hay médicos y profesores de derecho expertos en patentes, han publicado un informe con las tácticas que usan las grandes farmacéuticas para retrasar la llegada de los medicamentos genéricos que puedan restar mercado a sus propias formulaciones. El estudio, que se centra en la situación en EE. UU., ayuda a entender un fenómeno que parece paradójico: el progresivo incremento del precio de los genéricos. La investigación, publicada en Blood, la revista de la Sociedad Estadounidense de Hematología, no se basa en ninguna trama oscura, se apoya solo en datos públicos de la Comisión Federal del Comercio de EE. UU., informes de la Comisión Europea o resoluciones judiciales. Así que el relato solo cuenta lo que se sabe y se ha demostrado.

Una de las tácticas es tan imponente como legal. En EE. UU., la industria farmacéutica y de la salud es el mayor grupo de presión ante los políticos. Solo en aquel país, el sector dedicó más de 475 millones de euros en 2015 a hacer lobbying, es decir, presión política, según datos del Senado estadounidense. Buena parte de los esfuerzos de lobby de los medicamentos se concentra en endurecer el régimen de patentes y defender la propiedad intelectual e industrial de las grandes compañías estadounidenses en el resto del mundo.

La farmacéutica Cephalon pagó a cuatro compañías de genéricos para que no lanzaran al mercado sus versiones del modafinilo.

Pero hay otras tácticas no tan legales. Es el caso de lo que llaman Pay-For-Delay, o pago por retrasar la llegada de los genéricos. Cuando la patente que protege un fármaco de marca está a punto de expirar o, al menos, es cuestionable ante los tribunales, la farmacéutica dueña del medicamento paga a los laboratorios que pensaban sacar un genérico para que no lo hagan. Este mecanismo se puede retorcer aún más: las grandes farmacéuticas denuncian a los pequeños laboratorios por infringir su patente, pero, en vez de exigirles una compensación económica, acuerdan pagarles una cantidad a cambio, claro, de retrasar su genérico.

Así, entre finales de 2005 y principios de 2006, la farmacéutica Cephalon firmó cuatro acuerdos con otras tantas compañías de genéricos para que no lanzaran al mercado sus versiones de un medicamento para tratar problemas del sueño y que entonces hacía furor, el Provigil (modafinilo). El año pasado, tras años de litigios, Teva Pharmaceutical Industries (que había comprado Cephalon), acordó con la FTC compensar a aseguradoras, farmacias y usuarios con 1.200 millones de dólares.

Uno de los coautores de este informe, el profesor de la Universidad Rutgers Michael Carrier, analizó en un estudio previo otra de las artimañas usadas por algunas de las grandes farmacéuticas. Se trata de la introducción o el simple amago de un genérico autorizado por la propia compañía que posee la patente. En principio, esta entrada puede tirar de los precios para abajo, pero, como escriben los autores, "la amenaza de la creación de un genérico autorizado sirve como herramienta de coerción". De hecho, en muchos acuerdos se incluye la cláusula de que la detentadora de la patente se compromete a no sacar su propio genérico.

En EE. UU., el 'lobby' farmacéutico es el que más dinero gasta en presión política, 500 millones $ en 2015.

La FTC, que tiene una sección dedicada solo a vigilar estos acuerdos, estima que el pago por frenar la llegada de los genéricos en cualquiera de sus versiones tiene un coste para la sociedad estadounidense de unos 3.500 millones de dólares al año, su mayoría en forma de sobrecoste de los fármacos.

Aunque el informe se centra sobre todo en la situación de EE. UU., el problema del retraso de los genéricos por las maniobras de la industria no es exclusivo de ese país. Desde 2009, la Comisión Europea fiscaliza los acuerdos entre fabricantes de fármacos de marca y genéricos por litigios de patentes. El sexto informe, publicado en diciembre pasado y correspondiente a 2014, desvela que el 39% de los acuerdos incluía alguna limitación de entrada del genérico en el mercado y el 12%, además, añadía algún tipo de compensación por parte de la dueña de la patente.

Uno de los casos más sonados fue el seguido contra la farmacéutica Lundbeck que, en 2002, acordó con cuatro fabricantes de genéricos que retrasarían la llegada de sus fármacos. Una década más tarde, la Comisión Europea impuso una multa a Lundbeck de casi 94 millones de euros. Pero los laboratorios de genéricos también recibieron multas por un total de 52,2 millones de euros. Y es que, como muestra el informe, estos acuerdos benefician a las dos partes.

Materia ha intentado conocer la opinión de este sector en España sobre este informe sin conseguirlo. Ni la patronal de las farmacéuticas ni la asociación sectorial española de genéricos ni la europea, ni tampoco algunos de los mayores fabricantes de genéricos, han querido opinar sobre estas prácticas.

"Hay que tener en cuenta que el mercado de los genéricos de EE. UU. es muy diferente del europeo", recuerda el profesor de trabajo social de la UNED, Miguel del Fresno. En España, por ejemplo, el precio de los genéricos está regulado, lo que desincentiva alguna de las herramientas que usa la industria farmacéutica. Pero, aun así, del Fresno añade otra a la lista. En 2014, este investigador y su colega Antonio López publicaron un estudio sobre la imagen de los genéricos en Internet. Su conclusión principal es que existe "una estrategia de comunicación explícita con un objetivo muy claro: generar percepciones de riesgo a su alrededor para frenar su aceptabilidad social".

Sociología del conservadurismo español

Antonio Domínguez, "Una breve explicación sociológica para la criminalidad del Partido Popular", en Miciudadreal, 1 febrero, 2016:

En el pleno del Ayuntamiento de Ciudad Real los vecinos de Ciudad Real hemos podido comprobar una vez más lo que puede llegar a molestar al Partido Popular en general, y particularmente a sus representantes en nuestra ciudad, que se hagan calificaciones más o menos hirientes sobre la naturaleza de este partido.

Cuando el joven concejal de Ganemos Javier Heredia retomó las palabras del Juez Ruz para referirse al Partido Popular “como una organización criminal” la respuesta de los ediles populares no fue otra que marcharse del pleno no sin antes argumentar lo siguiente a través del Miura de la política local, Miguel Ángel Rodríguez:

Que los concejales del PSOE y Ganemos “son mezquinos”, “que utilizan las instituciones partidistamente [sic]”, que hay rumores “que dicen que hay empresarios que, después de pasar por el despacho de Jorge Fernández, salen con adjudicaciones de obras debajo del brazo” para terminar diciendo “que lo que ha pasado hoy aquí no se nos va a olvidar”. Qué clase gastan en el Partido Popular de Ciudad Real, no había escuchado una intervención tan Ruíz desde el debate del amigo de Bárcenas con el candidato del PSOE a la presidenta del gobierno.

Por su parte, cuando los concejales del Partido Popular acusan a los de Ganemos, Podemos y/o Izquierda Unida de ser cómplices del encarcelamiento de supuestos presos políticos en Venezuela, así como de tener un trato de favor con determinados empresarios –y adjudicar obras sin que opere más trámite que la voluntad de un concejal de Ganemos– los concejales de Izquierda Unida primero y los de Ganemos posteriormente, como poco, han permanecido sentados en sus asientos.

¿A qué se debe esta diferente actitud? ¿Por qué habrían de ser más sensibles los concejales del grupo popular que los de Ganemos? Sin duda pasar de gobernar con mayoría absoluta a la oposición debe ser duro. Más para un partido que en resumidas cuentas es la evolución de Alianza Popular, que a su vez fue la organización política de los franquistas más recalcitrantes (el Búnker de Fraga en contraposición con otros ex franquistas, los de la UCD, más partidarios de un reformismo democrático). Supongo, por otra parte, que este origen histórico explica también el continuo golpismo institucional del “partido que no ha ganado las elecciones”, “el gobierno de perdedores”, etc.

Es cierto que esta actitud podría explicarse como una simple estrategia del grupo popular para no dar explicaciones sobre la contratación de la iluminación de la Navidad, o sobre por qué compraron el esqueleto inservible de un edificio por un millón y medio de euros. Sin embargo, creo que detrás de esta actitud se esconde algo más profundo. El dolor que produce escuchar verdades. Sólo así se explica la diferente actitud de los concejales de Ganemos y del Partido Popular ante la “falacia de asociación”.

La corrupción que brota en las sedes del Partido Popular en una proporción que ha llevado a la judicatura a actuar contra este partido como si de una mafia se tratase, como si fuese antes que un partido político “una trama corrupta que se presenta a las elecciones –retomando las palabras de Alberto Garzón, el candidato de UP-IU a la presidencia del gobierno– puede tener una explicación sociológica en el exclusivo perfil ciudadano para el que el Partido Popular tiene algún atractivo.

¿Qué lleva a un ciudadano a afiliarse y pagar cuotas en el Partido Popular? ¿Acaso la identificación con genéricos valores conservadores? ¿Cierto nacional-catolicismo post-moderno? No lo creo, un partido así no podría tener en España más de unos cuantos miles de radicales militantes en sus filas y el Partido Popular es una organización que afirma contar con más de medio millón de afiliados. Me inclino por pensar que el tipo de persona que decide formar parte del PP se siente más bien atraído por la posibilidad de gobernar, del poder de forma poco definida, no asociada a un proyecto político concreto. Lo que atrae y permite reclutar pequeños Nicolás es, sobre todo, la posibilidad de medrar profesional, política y económicamente.

La comparación con el tipo ciudadano que se acerca a una organización como Izquierda Unida, por ejemplo, es bien distinta. ¿Ganar dinero? Jajajaja ¿Poder? Jojojo… No, la minoría que decide pagar cuotas en una organización como Unidad Popular-Izquierda Unida puede surgir de la identificación con determinado guevarismo, con una socialdemocracia más radical, con la militancia laicista, ecologista, feminista o republicana.

Parece entonces plausible que en esta particularidad sociológica resida tanto la “superioridad moral de la izquierda”[1] como la elevada criminalidad de un Partido Popular tan imputado y patriota como la clase social a la que defiende.

Eso, o no querían hablar de sus corruptelas.

[1] Algunas referencias al concepto en la prensa conservadora española: http://www.elmundo.es/baleares/2015/12/29/5682682846163fe9388b460b.html, http://www.libertaddigital.com/opinion/ideas/origenes-de-la-superioridad-moral-de-la-izquierda-1276236530.html, http://www.abc.es/internacional/20131006/abci-paises-izquierda-derecha-201310061059_1.html.