viernes, 19 de abril de 2024

Vida de los monjes medievales

Manuel Morales, "Vida de monje en los monasterios medievales: más vino que agua, verduras, poco aseo y sufrir sangrías", El País, 15 de abril de 2024:

Un curso de la Fundación Santa María la Real muestra mitos y verdades sobre la existencia de los religiosos en los cenobios románicos, en los que dedicaban seis horas a tareas litúrgicas y cuyas bibliotecas eran pequeñas, con medio centenar de libros

Vida de monje en los monasterios medievales

Madrugones, rezar, labores en la huerta, rezar, copiar códices, rezar, curar enfermos, rezar, y todo ello vistiendo un modesto hábito y viviendo en castidad. Esta es la imagen fijada de cómo vivían los monjes en los monasterios de la Edad Media, sobre todo gracias a películas como El nombre de la rosa, que adaptó la novela homónima de Umberto Eco. Sin embargo, ¿era realmente así? ¿Había esas bibliotecas tan grandiosas? ¿Sus condiciones eran misérrimas? Sobre estas y otras cuestiones departieron este fin de semana seis expertos en un curso organizado por la Fundación Santa María la Real en Aguilar de Campoo (Palencia). Si empezamos la visita monástica por el scriptorium, el espacio destinado para copiar libros, y la biblioteca, la catedrática de Paleografía (escritura antigua) y Diplomática (estructura de documentos) Marta Herrero de la Fuente enfrió algo las expectativas: “Sabemos muy poco de cómo eran, y no había scriptorium en todos los monasterios”. Dependía de sus recursos.

“Lo que conocemos es gracias a lo que se producía en esos lugares, los códices y documentos”, añadió Herrero en el curso, titulado El monasterio románico y sus espacios: de lo espiritual a lo material, dirigido por el historiador de arte Pedro Luis Huerta Huerta, que tendrá una segunda convocatoria a finales de julio. “Los libros se guardaban como tesoros, pero en distintos espacios, como se hace hoy en las casas”. Además de en la biblioteca, se podían encontrar “en el altar, en la sacristía; los de materia médica en la enfermería y los de lectura para la liturgia, en el armarium, una especie de hornacina que se localizaba en el claustro”. “Mientras que otros que no se usaban habitualmente estaban guardados”.

Herrero indicó que la media de libros en la biblioteca de un monasterio de los siglos XI y XII podía rondar “los 40 y 50, casi todos litúrgicos”. Así que la que descubrieron fray Guillermo de Baskerville y su fiel Adso en El nombre de la rosa era un fantasía literaria.

En cuanto a los monjes copistas, “solían ser dos o tres y solo se dedicaban a eso”. No se reservaba un espacio específico para el scriptorium, “podía ser cualquier lugar que les viniera bien”. “Normalmente, estaba en una zona caliente para que no sufrieran por el frío las pieles empleadas para los pergaminos”. ¿Cuánto tiempo podía llevarles copiar un códice? “En los colofones [anotaciones al final de los libros] a veces decían lo que habían tardado, que podían ser seis o siete meses, pero hubo casos de hasta dos años, eran libros de 400 folios (800 páginas) que medían unos 40 por 50 centímetros”.

“Eran monjes especializados, sabían latín, tenían conocimientos de gramática y retórica clásicos y debían interpretar textos complicados por sus grafías y abreviaturas. Escribían cuidadosamente con una pluma de oca o ganso que afilaban continuamente con una cuchilla para que no se convirtiera en un cepillo que hiciese las letras gruesas”. El material lo obtenían del monasterio, “como las pieles del ganado, que se rascaban con un cuchillo en el scriptorium para que pudiera escribirse sobre ellas”. Era una tarea dura, si nos atenemos a lo que dejó escrito un monje de Burgos en el siglo X: “La visión se debilita, la espalda se encorva y las costillas y el vientre se aplastan”.

También intervino en esta 25.ª edición de los cursos sobre románico el historiador de la Medicina Fernando Salmón Muñiz, quien quiso “atajar prejuicios como que los monjes despreciaban su cuerpo y sufrían con resignación”. “En el espacio monástico, un enfermo era un lastre porque alteraba el funcionamiento del conjunto”. Salmón señala que los conocimientos médicos bebían del mundo grecolatino, de lo que se llamó humoralismo, que las enfermedades se producían por desequilibrios de los cuatro humores que tenía el cuerpo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

Para prevenir dolencias “se les practicaban sangrías”, podían ser hasta seis al año, de hasta dos litros de sangre, “y todos tenían que pasar por ello”, apostilló el doctor en Historia de arte Pablo Abella Villar, técnico de la Fundación Santa María la Real (que invitó a este periodista). Abella añadió que por la debilidad posterior a la flebotomía se les concedían tres días en la enfermería; y calentitos, porque era una zona calefactada. Encima, se les permitía comer carne (que estaba prohibida) porque su dieta era “a base de pan, verduras y fruta”. Un paraíso terrenal que provocó “casos de monjes que se hacían pasar por enfermos”.

También las reglas prescribían que “había que evacuar semen, pero no hacía falta porque como las sangrías les debilitaban mucho, había menos deseo sexual. Por otro lado, se consideraba que la costumbre hacía la naturaleza, así que al no tener sexo, no se necesitaba”, subrayó Salmón. Cuando un religioso enfermaba de verdad, se le permitía quedarse unos días en su celda, “y si no se recuperaba pasaba a la enfermería”, añade. “Allí, se le daban unas hierbas porque los monjes no tenían conocimientos médicos. Solo cuando el enfermo estaba grave se recurría a un médico, al que se pagaba”. También en esos casos se les permitía tomar baños, lo que en su vida sana era infrecuente porque darse un baño desnudo podía incitar a comportamientos concupiscentes.

Siguiendo con aguas, la arqueóloga Ester Penas González abordó el abastecimiento hídrico de los monasterios. “El agua potable se tomaba de manantiales o de aljibes que almacenaban la de la lluvia”. ¿Bebían mucha agua? “No demasiada, la tomaban en caldos o infusiones, nunca directamente del río; lo que bebían más era vino mezclado con agua”. Esta sí era fundamental en las liturgias, “desde bendecir los muros del monasterio cuando se consagraba, bendecir a los monjes o, a veces, se empleaba para hacer penitencia, pero entonces se metían en agua helada”.

Aunque haya quien piense que todo esto era una vida mortificante, Abella recuerda que los monasterios surgían por donaciones de terrenos y bienes de reyes o nobles porque creían que esas buenas acciones les darían el pasaporte a una vida celestial cuando murieran. “Los monasterios cistercienses eran grandes centros de producción económica. Tenían huerta, granjas, palomares, piscifactorías, molinos... y quienes ingresaban en ellos solían pertenecer a familias pudientes”. Además, los monjes convivían con los llamados conversos, “personal de clase social más baja y que se ocupaba de las tareas manuales”. Esto les permitía dedicar unas seis horas diarias para sus labores litúrgicas.

Sin embargo, por encima de cualquier tarea productiva, el fundamento de sus vidas era consagrarse a Dios a través de la liturgia. El catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid José Luis Senra Gabriel y Galán disertó sobre el peso que tenían “las liturgias procesionales en el interior del monasterio”. Es decir, que los monjes hacían cortas procesiones los domingos y en época pascual en las que recorrían parte del recinto conventual, con paradas en las que salmodiaban.

Senra analizó también la importancia de algunos espacios monásticos, como la sala capitular, “en la que los miembros de la comunidad religiosa dirimían asuntos temporales y donde se amonestaba a los monjes que se habían saltado el reglamento”. Es decir, se les llamaba a capítulo. Y el refectorio o comedor, que con el tiempo, mostraban una arquitectura más grandiosa. “Se comía en silencio absoluto, solo podía hablar el monje encargado de las lecturas bíblicas. Para pedir algo de la comida o la bebida se emitía un sonido”. Esa cadena de sonidos propició “que se desarrollara un lenguaje de signos, precedente del de las personas sordomudas”. “Esto sucedió especialmente en monasterios ingleses, donde llegó a haber un sistema de 360 signos”.

Vincent Debiais, catedrático de Paleografia de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, habló de las inscripciones funerarias en los monasterios, “algo que los visitantes no suelen tener en cuenta”. “En la catedral de Girona, por ejemplo, hay 444 inscripciones”. “Han sido elementos frágiles porque se han destruido o desplazado. Por cada una conservada, se calcula que 20 han desaparecido”.

Debiais destacó la variedad de tipos de inscripciones sobre las piedras: en prosa o en verso, sencillas (”Debajo de esta piedra descansa...”) o de largos textos porque se recordaban donaciones a esa comunidad religiosa; podían estar en las tumbas o en espacios donde no hubiera ningún enterrado, eso sí, siempre en latín y “formando parte de una red de escritura, no eran mensajes autónomos”.

Para no acabar hablando de difuntos, mejor recordar lo que contó a EL PAÍS la profesora Herrero cuando Umberto Eco estuvo en Burgos y quiso visitar el monasterio de Santo Domingo de Silos. “Le enseñaron unos códices, de algunos de ellos hablaba en El nombre de la rosa. Vimos que no decía nada y nos extrañó. En seguida nos dimos cuenta de que, en realidad, estaba emocionado, casi llorando. Sabía de la existencia de esos códices, pero no los había visto nunca”.

miércoles, 17 de abril de 2024

La herencia de la Ilustración, de Antoine Litti

Lola Galán, "Los claroscuros del Siglo de las Luces: la Ilustración no solo fue razón y modernidad", reseña en Babelia, 1-XII-2023:

La herencia de la Ilustración. Ambivalencias de la modernidad’, de Antoine Lilti, recoge las principales teorías críticas que se plantean sobre esta etapa, reconociendo que constituye “una tradición de la que no escapamos”

La Ilustración tiene excelente prensa. El siglo XVIII ha pasado a la historia como una etapa luminosa en la que la superstición religiosa y el absolutismo político empezaron a ser barridos por la fuerza de la razón. En ese Siglo de las Luces se pondrían las bases de las democracias modernas, y se comenzaría a construir lo que entendemos por modernidad. Y, sin embargo, esta buena imagen se ha ido agrietando en los últimos tiempos. En su libro La herencia de la Ilustración, el profesor Antoine Lilti, gran experto de ese periodo en Francia, recoge las principales teorías críticas que se plantean sobre esta etapa, reconociendo que constituye “una tradición de la que no escapamos, ya sea para reivindicarla o para oponernos a ella”.

Lilti, que empieza por subrayar hasta qué punto la crisis ecológica pone en tela de juicio la idea misma de progreso, analiza a fondo los estudios poscoloniales que ven en la Ilustración una justificación ideológica del colonialismo europeo. Para autores como Dipesh Chakrabarty, se trata del relato fundador de una modernidad europea que debería “bajar de su pedestal y asumir su carácter local”, por eso propone “provincializar” Europa. Sin negar la validez de esas posiciones, Lilti considera que no tenemos por qué renunciar “al legado” de esa etapa crucial, sino “asumirlo como una herencia local y plural. No un credo racionalista universal que debamos defender contra sus enemigos, sino la intuición inaugural de la relación crítica de una sociedad consigo misma”.

En su libro, Lilti pasa también revista a la vida de los más famosos forjadores del Siglo de las Luces para dejar claro que rara vez estuvieron a la altura de su osadía ideológica. Optaron en muchos casos por publicar sus obras con seudónimo (Voltaire utilizó decenas de ellos) para eludir la censura y las responsabilidades derivadas de esa exposición pública, y pese a los ideales expresados en sus escritos —que desembocarían en la Revolución Francesa— vivieron en la más absoluta comodidad burguesa, perfectamente integrados en las sociedades del Antiguo Régimen. Voltaire, por ejemplo, “encarna los límites de la Ilustración, que se han denunciado a menudo: un innegable conservadurismo social y político, un marcado gusto por los déspotas ilustrados, posiciones dudosas sobre la jerarquía de las razas y cierta superficialidad”. De Diderot, artífice de La Enciclopedia, nos dice: “Pensador crítico, siempre rápido para expresar su indignación, pero también escritor bien integrado en el pequeño mundo de la élite parisina. Autor de textos audaces que, releídos hoy en día, parecen anunciar la Revolución, renunció a publicarlos, mientras trabajaba a veces como censor oficioso de Antoine de Sartine, teniente general de la policía”.

Lilti reconoce que en Francia, la Ilustración se desarrolló cómodamente a la sombra de la sociedad del Antiguo Régimen. “Sus protagonistas estaban firmemente arraigados en las instituciones culturales de la monarquía y asociados a las prácticas sociales de las élites”. El propio D’Alembert, autor del ‘Discurso Preliminar de la Enciclopedia’, en 1751, fue miembro de la Academia de Ciencias y de la mayoría de las academias europeas, además de secretario permanente de la Academia Francesa y asiduo invitado en los salones de la nobleza ilustrada. Otra idea que aporta el libro de Lilti es que el impulso secularizador en Europa surgió precisamente de los pensadores cristianos, tal y como reivindica una corriente analítica que está cobrando cada vez más fuerza y que subraya las fuentes religiosas de la Ilustración asegurando que mantiene un nexo inadvertido o reprimido con las creencias antiguas. Y si hablamos del legado de ese siglo XVIII en el plano económico, aunque el capitalismo financiero global que domina hoy el mundo es una negación de los valores de la Ilustración, debemos reconocer que es también su heredero.

La herencia de la Ilustración, Antoine Lilti. Gedisa, 2023, 480 páginas. 38,90 euros

El tricentenario de Kant

Mar Padilla, "Kant, el sabio que nos hizo mejores ciudadanos", El País, 14 de abril de 2024:

El filósofo prusiano, autor de ‘Crítica de la razón pura’, cambió la forma de pensar de la gente e incitó a reflexionar por uno mismo, a cuestionarlo todo. En el tricentenario de su nacimiento, cuando reaparecen las figuras autoritarias y las guerras sangrientas, su ideario cosmopolita cobra sentido

Fue un visionario que inauguró la modernidad. Cambió la forma de pensar de la gente, incitando a reflexionar por uno mismo y a cuestionarlo todo. Las ideas del filósofo que rechazó el dogma, que propugnó el uso de la libertad en responsabilidad y la idea de ciudadanía común, están de vuelta ahora que se cumplen tres siglos de su nacimiento.

Vivimos un cierto regreso al pasado. Reaparecen la irracionalidad, el miedo, las teorías conspiranoicas, las sombrías figuras autoritarias y las guerras sangrientas. Ante ello, no hay recetas mágicas, pero podemos volver a escuchar a los que quisieron emanciparnos de fanatismos y actuar a la luz de un entendimiento común. Podemos volver a Kant.

El Kant nuestro de cada día

El autor de Crítica de la razón pura es uno de los filósofos más influyentes de todos los tiempos. Es citado, comentado y combatido —especialmente desde el posmodernismo—, incansablemente. De la idea de la educación universal y gratuita al principio de autonomía moral y personal, de Habermas a Hannah Arendt, pasando por Hegel, su obra lo impregna casi todo. “Seguro que Kant ha influido en usted aunque no lo haya leído”, advirtió Goethe.

El pensador que abrió un camino para que seamos mejores ciudadanos, nacido el 22 de abril de 1724 en Königsberg (hoy Kaliningrado, en Rusia), también impulsó el derecho internacional y el concepto de un gobierno organizado en una federación de estados, inspiradora de entidades como la ONU o la Unión Europea. Ahora, en el volátil contexto actual, sus ideas cosmopolitas y democráticas vuelven a cobrar sentido.

“Con lo que está ocurriendo ahora mismo en la guerra de Ucrania o lo que está haciendo Israel en Gaza, lo que escribió Kant no puede ser de más actualidad”, afirma Roberto R. Aramayo, profesor del Instituto de Filosofía del CSIC. Aramayo hace referencia a Sobre la paz perpetua, el ensayo de Kant publicado en 1795 que insta a la regulación de los conflictos, subrayando que ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en el gobierno de otro o que, en caso de guerra, no deben llevarse a cabo actos que hagan imposible una paz futura. “En estos tiempos se ve a Kant más como un icono que como un referente, porque no nos va a ofrecer respuestas a nuestros problemas concretos, pero su obra nos sigue interpelando hoy mismo”, sostiene Aramayo, uno de los mayores conocedores de la obra del prusiano y autor de Kant: Entre la moral y la política (Alianza Editorial, 2018).

El llamado sabio de Königsberg no debe de ser santo de devoción entre las autoridades de Rusia, Israel o China. Alertó sobre la pasión por el poder, los posibles engaños de la “razones de Estado” y dejó escrito que “ninguna voluntad particular puede ser legisladora para una comunidad”. Norbert Bilbeny, catedrático de Ética de la Universidad de Barcelona y autor de El torbellino Kant. Vida, ideas y entorno del mayor filósofo de la razón (Ariel, 2024), apunta: “Aún no estamos en la Europa ni en el mundo cosmopolita y hospitalario que él concibió”.

Publicó Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio en los años 1781, 1787 y 1790, sucesivamente. En ellas, Kant propone una filosofía total, un sistema de conocimiento, moral y estético, respondiendo a tres preguntas clave: qué puedo saber, qué puedo hacer y qué debo esperar. En su primera Crítica suma las corrientes filosóficas anteriores, añade el eje del espacio y el tiempo, hace un reset y responde que al conocimiento se llega aunando el empirismo con el racionalismo, que dicho conocimiento está condicionado por el sujeto que quiere conocer y que hay cosas que no podemos saber; en la segunda describe una moral y una ética común a priori de todo, un juicio compartido que nos aleja de los prejuicios; y en la tercera revela el peso del arte en la representación del mundo.

“Era consciente de la maldad en el humano, y avisó de que la conciencia ética puede detenerla” Norbert Bilbeny, catedrático de Ética de la Universidad de Barcelona

“Una idea guía toda la historia: la del derecho”, dijo el prusiano. Es “el derecho a tener derechos”, en interpretación del añorado filósofo Javier Muguerza. Desde la mesa de su despacho en su casa de Königsberg —bajo un retrato de Jean-Jacques Rousseau interpelándole desde la pared —, Kant dio un nuevo empuje a la Ilustración ampliándola hacia una revolución global. Armado con una peluca empolvada, una pluma y un tintero, El Demoledor, según palabras del escritor Thomas de Quincey, propone una “salida del hombre de su inmadurez autoincurrida” —así lo escribió Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración?, de 1784—.

Le llamaban Manolito

Fue un hombre metódico, de familia humilde, influenciado por su madre, una lectora inquieta de recta conducta que le llamaba cariñosamente Manelchen (Manolito). “Un ateo ético”, en descripción de Aramayo, un pensador que vio con buenos ojos la guerra de Independencia americana y la Revolución Francesa, un trabajador solitario que se volvía sociable unas horas al día, cuando invitaba a grupos de amigos a comer, a beber vino y a conversar en su casa.

Vivió siempre soltero, dedicado a su proyecto de filosofía total. De estudiante se reveló como un portento, pero la muerte de su padre le obligó a dejar la universidad y mantener a sus hermanos. Estuvo casi una década alejado de los circuitos académicos, ejerciendo de preceptor de niños de familias ricas y de bibliotecario, hasta que retomó sus estudios gracias al apoyo económico de su tío zapatero.

También fue un profesor hipnótico para sus cada vez más numerosos alumnos, un intelectual que cada día a las cinco de la madrugada ya estaba leyendo y escribiendo. Durante años impartió más de 40 horas semanales de Metafísica, Geografía, Ética, Antropología, Pedagogía, Matemáticas, Latín o Mineralogía.

Recibió ofertas para trabajar en las universidades de Jena y Berlín, pero optó por no moverse de su ciudad, desde donde universalizó los ideales de Montesquieu, Rousseau y Voltaire, redibujando para siempre la dimensión colectiva de la política (aunque, víctima de su tiempo, legitimó la exclusión de las mujeres en dicha dimensión).

Fue un hipocondriaco de salud aceptable, un hombre que en sus paseos de la tarde respiraba solo por la nariz por miedo a constiparse y que, por tanto, no hablaba en caso de tener compañía. Un pensador longevo que, con los achaques de la edad, cuando se dio cuenta de que explicaba siempre las mismas historias, optó por apuntárselas para no repetirlas. A sus casi 80 años, en una de esas comidas en su casa, confesó: “Señores, soy viejo, débil e infantil, y en consecuencia deben ustedes tratarme como a un niño”.

Contra el no future

En sus obras alude a un mundo en permanente construcción, alertando de que cuando se habla de la sociedad como es, en verdad se subraya lo que se ha hecho de ella. Contra las tentaciones del nihilismo y el no future, Kant insta a actuar como si el mundo tuviera un propósito, y este fuera digno y decente. En Kant, “trabajar y colaborar de forma comunitaria y tener las obligaciones morales claras conlleva una esperanza real en el futuro”, reflexiona Kate Moran, profesora de Filosofía de la Universidad de Brandeis y autora de Kant’s Ethics (la ética de Kant) (Cambridge University Press, 2022).

Kant ilumina: a pesar de las guerras y la violencia, en su ideario es razonable esperar que la humanidad avance y logre una paz duradera. Pero para conseguirlo es requisito desarrollar un Estado constitucional republicano que regule la libertad en común de la ciudadanía, que sea garante del acto de pensar por uno mismo, dejando “espacio a la libertad interna de actuar moralmente y bien”, apunta Margit Ruffing, doctora en Filosofía de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia.

Para Ruffing, la obra kantiana refleja que “el futuro llegará, y no hay ninguna razón sensata para no trabajar por un mundo mejor, sino muchas razones para hacerlo”. Pero Kant no era un optimista irredento: “Era consciente del conflicto y la maldad en el humano, y avisó de que solo el conocimiento y la conciencia ética pueden detenerlos”, advierte Bilbeny. El prusiano vendría a ser un pesimista con “un inquebrantable optimismo metodológico, basado en la esperanza moral de que nuestro perfeccionamiento puede transformar el futuro”, según Aramayo.

Pero no todo va a ser mañana. Para hoy mismo, el pensador de Königsberg ofrece herramientas para la convivencia cotidiana, como “la idea de ser generosos con los demás e implacables con nosotros mismos”, según escribió Muguerza, o de actuar como si de nosotros dependiera el curso del mundo. “Hay mucho que aprender de él: a tratarnos educadamente, prestar atención sincera a los demás, en el trabajo, en casa o en la calle”, apunta la profesora Moran. Son pequeñas reverberaciones que perfilan un mundo más humanizado. Entonces, no todo está perdido. Tras reencontrar la voz del filósofo, un poco a la manera de Nathy Peluso y C. Tangana, dan ganas de cantar “yo era ateo, pero ahora creo” (en Kant).

domingo, 14 de abril de 2024

Desde el pensamiento al destino

 Aristóteles: "El pensamiento condiciona la acción; la acción determina la conducta; la conducta repetida crea hábitos; el hábito estructura el carácter, la manera de pensar, ser y actuar del individuo; y el carácter marca el destino".

Escribir la oralidad

Juárez Casanova y Noelia Ramírez, "Escribir como se habla: así es la nueva tendencia en la literatura española", en Babelia, 23 de abril de 2023:

Oralidad deliberada, anarquía ortográfica y bilingüismo sin complejos. Del éxito de Andrea Abreu al debut de Greta García, una nueva hornada de autores revienta el canon en sus ficciones

“En mi vida he tenío tres grandes aspiraciones: ser bailarina, matar a gente y tener un ano enorme donde metérmelo to”, piensa Pili, la protagonista de Solo quería bailar (Tránsito), el debut de Greta García (Sevilla, 1992), desde su celda en Alcalá de Guadaíra. “No hay mejor disfraz que una buena corbata, diu el meu pare, i com que jo ni pintallavis ni talons, potser se’m veu el llautó de tarada que xiscla, acarnissada, RAJOY, I HATE YOU MARICÓN”, reflexiona en la misma frase Alba, la apática heroína barcelonesa de Consum preferent (Anagrama), primera novela de Andrea Genovart (Barcelona, 1993), combinando castellano, catalán e inglés.

A Aída, la pequeña tinerfeña sobre la que orbita la narración en tercera persona de Leche condensada (Caballo de Troya) —”La única niña que no chinga a los niños con lo último de la Coca Cola que queda enjediondada”—, le gustan los Pokémon tipo agua y sabe, porque se lo dijo la pediatra, que “no se puede huir de la ansiedad, solo afrontarla”, como relata su autora, Aida González Rossi (Santa Cruz de Tenerife, 1995). “Puedo compartir todo contigo mi cuchilla mi desodorante mi dinero si lo necesitas (no hay prisa por devolverlo) pero sé con certeza que no he querido hablar de lo importante que no he querido resolver mis dudas por minúsculas que fueran te masturbarías conmigo mirándote?”, escribe Luis Díaz (Alcalá de Henares, 1994) en Los bloques naranjas (Caballo de Troya), descodificando las señales camufladas en la homosocialización masculina de barrio.

"Da la impresión de que escribimos como hablamos, pero todo es técnica”, Andrea Genovart

Los libros citados tienen muchos rasgos en común. No usan comas ni puntos ni mayúsculas, adoptan la lengua oral como modelo y toman prestadas expresiones en otras lenguas, ya sean cooficiales o extranjeras, de manera desacomplejada. Todos están firmados por debutantes que han asaltado las librerías con pocos meses de diferencia con una prosa frenética, caleidoscópica, anárquica y (estudiadamente) espontánea. Esta nueva hornada de autoras y autores sin aparente nexo común ha vomitado novelas que parecen escritas sin coger aire, con la voluntad de reventar el canon y una ortografía disidente, situada al margen de las reglas de la RAE. No se trata, en realidad, de un fenómeno estrictamente nuevo. “Respecto a las reglas, una vez aprendidas, procuro olvidarme”, escribió Montserrat Roig contra la “hipocresía lingüística” de un panorama que “encerraba a las palabras sin dejarlas volar” unos pocos años antes de que todos estos autores nacieran. Más de tres décadas después, los recién llegados ya no temen alejarse de la pureza léxica en sus textos, de manera mucho más tímida que sus predecesores.

ALBERT GARCÍA

En los últimos años, autores de otras generaciones ya han experimentado con la palabra hablada en sus libros. Por ejemplo, Fernando Aramburu con los verbos conjugados a la donostiarra en Patria o la reciente Hijos de la fábula, Carlos Zanón con las expresiones barcelonesas en ­Taxi y, de una manera distinta, Cristina Morales al deconstruir los usos orales del lenguaje políticamente correcto en Lectura fácil. Pero estos debutantes van más allá y derrocan barreras invisibles a sus ojos.

Están las que, como Greta García, afirman “no haber tenido apuro ninguno” al abrazarse al Êttandâ Pal Andalûh (EPA), la ortografía no oficial del castellano creada en 2018 por el colectivo del mismo nombre para adaptarse a los dialectos andaluces, un estilo al que se acogen otros artistas como Alberto Cortés en sus textos para el teatro. García empezó aplicando la EPA únicamente a los diálogos, pero decidió ampliar su uso a todo el texto de Solo quería bailar. Su idea consistía en “aportar más teatralidad, cadencia y un palabrerío sevillano” a esta tragicomedia de una bailarina con la sensación de ser la más mediocre y de haberse tragado “toíta la mierda como una buena garganta profunda” al verse condenada a 30 años de prisión por atentar contra una oficina de Hacienda.

La sevillana confiesa estar leyendo en estos momentos Leche condensada, el debut en novela de la también poeta Aida González Rossi. En el libro, la escritora retuerce el dialecto tinerfeño “porque el lenguaje es tan rico y manejable como un bote de plastilina”. Y defiende haberse grabado a fuego la norma de Elena Ferrante sobre el hecho de tener una estructura clara del texto para después embarullarlo. “Lo mío es darme una habitación propia para proceder a destrozarla”, cuenta al otro lado del teléfono.

CLAUDIO ÁLVAREZ

Orgullosa de que se la compare con Panza de burro —la novela de Andrea Abreu sobre la cultura canaria quinqui de los dos mil que se convirtió en un fenómeno editorial, se tradujo a múltiples idiomas y descubrió a los peninsulares qué significaba “estregarse” o tener una “amiga jarrapa”—, la de García Rossi es la primera novela de la etapa de Sabina Urraca como editora invitada del sello Caballo de Troya. En su programación para este año, Urraca también ha seleccionado el texto sin comas ni puntos de Luis Díaz y otro repleto de laísmos y leísmos que narra María José Hasta (Huesca, 1989) en Se te oscurece el pelo, que saldrá a la venta en mayo. Y que se lee, como defiende su autora, “como si escucharas una tonadilla y afinaras el oído para entender la letra”.

"Los fascistas del lenguaje están alrededor, pero también en nosotras mismas” Sabina Urraca

Para Urraca, limitarse a las reglas que dicta el canon da más asfixia que alivio. Todavía recuerda cuánto lloró al ver su primer texto impreso a sus 25 años, cuando una revista literaria publicó un cuento suyo que simulaba un chat de personas que hablaban sobre mascotas y que estaba escrito respetando la jerga del canal, con expresiones diversas y faltas de ortografía. “Me lo corrigieron todo. Me lo tradujeron al español de la RAE. A veces siento que con mi labor editorial de buscar y editar a personas que escriben libremente, que usan el lenguaje como juego y disfrute, y no como cárcel a la que adaptarse, estoy vengando esa faena horrible que me hicieron hace años”, reconoce.

La editora asegura que estamos rodeados de “fascistas del lenguaje” y que su influjo nos ha llegado a envenenar el cuerpo. “Hay que tener cuidado, porque está alrededor, pero también en nosotras mismas: está en la creencia, más arraigada de lo que pueda pensarse, de que el español de España —que yo me pregunto cuál es ese español, habiendo como hay tantas variantes del lenguaje en España, una por cada persona— es la verdad suprema, el kilómetro cero de las lenguas”, denuncia Urraca.

Sus protegidos no tienen miedo al sistema. “Somos una generación socializada por internet. Aunque nos haya podido influir en la forma de escribir, en mi caso necesitaba sacar el barullo de la ciudad como espacio: escribir con la sensación de que sale todo de golpe, como si abrieras un grifo y no pudieras cerrarlo”, apunta Luis Díaz, que reescribió Los bloques naranjas “hasta la extenuación”, pese a la aparente despreocupación que puede desprender el hecho de no haber incluido signos de puntuación.

ÁLEX DE LA TORRE

Andrea Genovart coincide con Díaz en la voluntad de trasladar la vorágine de toda gran urbe a sus páginas gracias al ritmo en la escritura. La catalana llega a dedicar 16 líneas a repetir la palabra “subnoRRRmals” sin descanso en Consum preferent, ganadora de los 12.000 euros del Premio Llibres Anagrama de Novel·la, que se traducirá en otoño al castellano. Genovart asegura que su novela, inspirada por Georges Perec por sus experimentos formales y también por su mirada como espectador de la ciudad moderna, es obsesiva con un estilo que parece caótico, pero es metódica hasta la obsesión. “La espontaneidad se trabaja. Tuve claro el estilo antes que la trama: este no podía ser un relato único, convencional y no interferido. Hoy en día, tenemos que atender a múltiples realidades (personales y externas, digitales y analógicas) que nos aturden con estímulos contradictorios con los que intentamos conciliar. Por eso da esa impresión de que está escrito tal como se habla, pero en realidad todo obedece a una técnica de escritura y reescritura continua”, asegura Genovart.

No todo el mundo es capaz de entenderlo así. Horas después de hacer estas declaraciones, Genovart fue tan acosada por su estilo inhabitual y su mezcla de lenguas que decidió borrar su cuenta en Twitter en plena semana de Sant Jordi. Otro tanto para los puristas de la lengua, esos que defienden, según Urraca, que se ponga en cursiva toda palabra “no escrita en el absurdo canon de la corrección”. “Esa cursiva debilita esa palabra, está indicando que es menos importante e incluso la carga de un humor no consentido”, señala la editora. Ella piensa seguir alerta contra quienes creen que el andaluz es gracioso; el canario, sexi, y el murciano, feo. “El fascismo del lenguaje está en reírse de cualquier acento de Latinoamérica o estereotipar el acento. Y, si me apuras, también hay fascismo del lenguaje en saber mucho inglés, pero ni una palabra en catalán, gallego, euskera o portugués. No es cuestión de estudiar. Es curiosidad, interés por el mundo y por la vida. No me digas que te encanta viajar si, cuando escuchas hablar en catalán, te cierras en banda”. Pero sabe que no está sola: tiene a toda una nueva generación literaria dispuesta a secundarla.

Solo quería bailar , Greta García ,Tránsito, 2023, 200 páginas, 18 euros

Leche condensada,  Aida González Rossi,  Caballo de Troya, 2023, 176 páginas, 15,90 euros

Los bloques naranjas, Luis Díaz,  Caballo de Troya, 2023, 120 páginas, 15,90 euros

Consum preferent, Andrea Genovart, Anagrama, 2023 (en catalán), 192 páginas, 17,90 euros

Se te oscurece el pelo, María José Hasta, Caballo de Troya, 2023, 184 páginas, 15,90 euros.

Las películas y series hablan idiomas, Álex Vicente

Las imágenes también se vuelven bilingües. Igual que la literatura se acerca a la oralidad usando el registro coloquial y la mezcla de idiomas, el cine y las series han emprendido un camino similar para acentuar su naturalismo. En los últimos Goya, tres de las cinco nominadas a mejor película alternaban distintas lenguas: As bestas (castellano y gallego, además de francés), Cinco lobitos (castellano y euskera) y, en menor medida, Alcarràs (catalán y castellano). Reflejaban un fenómeno de fondo en el audiovisual español: un distanciamiento respecto a un monolingüismo que suena impostado cuando una ficción transcurre en Barcelona, Bilbao o Vigo.

La llegada a los cines de 20.000 especies de abejas, que sucede en la zona fronteriza entre Bizkaia y la ciudad vascofrancesa de Bayona, confirma esta tendencia. La directora Estibaliz Urresola decidió mezclar castellano, euskera y francés. “Hacer una película en una sola lengua en este entorno no hubiera tenido sentido. La realidad que describo transita de forma natural de un idioma al otro, incluso dentro de la misma familia, sin que haya problemas de convivencia”, dice Urresola. Además, el uso del vasco era importante en la trama: la gramática del euskera, en la que no se declina el género, se adecuaba a la identidad de su personaje principal, una niña trans a la que muchos siguen tratando como un niño. En castellano, esa ambigüedad desaparecía. “En un mundo cada vez más globalizado, esos detalles aportan valor a las películas y series frente a las narraciones y los discursos hegemónicos”, opina. 

Guillem Clua, dramaturgo y director catalán, es del mismo parecer. Cuando Netflix le encargó adaptar su exitosa obra teatral Smiley, sobre la accidentada historia de amor entre dos gais barceloneses, decidió mezclar castellano y catalán, pese a que la obra original, estrenada en 2012, estuviera escrita solo en la segunda lengua. “Una ficción que tenga lugar en la Barcelona actual tiene que ser bilingüe por fuerza. Las obras que usan solo una de las dos lenguas son legítimas, pero también artificiosas”, dice Clua. Para el director, las plataformas han supuesto “un cambio de paradigma”, por la normalización de los subtítulos y por el gran número de contenidos producidos. “La oferta es tan abundante y está tan segmentada que permite que haya proyectos que no hubieran existido en un modelo enfocado al público generalista, en el que daba miedo cambiar las fórmulas de siempre. Antes se creía que usar las lenguas cooficiales restaba público. Ese cliché está superado”. Recuerda que, en sus comienzos como dialoguista de la serie El cor de la ciutat en TV3, allá por 2005, un personaje castellanoparlante despertó críticas. Pero abrió camino a otras series producidas por la televisión pública, desde Merlí y su continuación, Sapere aude — donde el personaje de María Pujalte hablaba en castellano—, hasta Drama, en las que ambas lenguas se alternan con naturalidad. Lo mismo sucedía en películas como Los días que vendrán, de Carlos Marqués-Marcet, o la reciente Suro, de Mikel Gurrea. 

Dos nuevas series producidas por Filmin apuestan por un modelo parecido. En Autodefensa, un diálogo en castellano es interrumpido por una chica cantando el Virolai, himno dedicado a la Virgen de Montserrat celebérrimo en “la catalana terra”. Y en Selftape, las hermanas Joana y Mireia Vilapuig combinan las dos lenguas sin reparos. “A diferencia de una autonómica, no tenemos ninguna obligación legislativa, ningún mandato político para maximizar el uso de la lengua minoritaria. Eso nos da más libertad para plantear obras en una mezcla de los idiomas que se hablan en España”, señala su director editorial, Jaume Ri­poll. “Cuando recibimos un proyecto, nos da igual que sea en gallego, en euskera, en catalán o en castellano. Lo que nos importa es que cada personaje hable en la lengua que le corresponda”.

Entrevista a Joan Baez

Entrevista de Carlos Marcos a Joan Báez, en El País, hoy 14 de abril de 2024, "Joan Baez revela lo que nadie sabía sobre su vida: “Fue devastador contarlo, pero ahora estoy en paz”

La veterana cantante destapa en un documental que sufrió abusos de su padre, que empezó con terapias con 16 años o que estuvo enganchada a los ansiolíticos. “Tengo más de 80 años y quiero dejar algo sincero”, dice a este periódico

Joan Baez asegura que sufrió abusos por parte de su padre cuando ella era una niña. A Joan Baez la llamaban “mexicana idiota” en el colegio. Joan Baez empezó a ir a terapia con 16 años. Joan Baez estuvo ocho años enganchada a los ansiolíticos. Joan Baez salió horrorizada de su noviazgo con Bob Dylan. Joan Baez tenía una relación con su hermana Mimi, también cantante, basada en el poder y los celos. Joan Baez tuvo una pareja mujer durante dos años. Joan Baez padeció Trastorno de Identidad Disociativo, neurosis y ataques de pánico durante décadas.

Joan Baez (Nueva York, 83 años) sonríe desde su casa de Los Ángeles en una charla por vídeo con este periódico cuando se le pregunta por qué ha decidido abrirse en canal y contar al mundo todo esto que solo sus íntimos (si acaso) conocían. “¿Sabes? Tengo más de 80 años y quería dejar algo sincero. Di las llaves de mi intimidad a Karen [O’Connor, cineasta] y ya no había vuelta atrás. Si quería cambiar algo desesperadamente ya había tomado la decisión y no podía volver atrás”. La cantante habla del documental Joan Baez I Am Noise, un palpitante recorrido por su vida donde la activista se desangra viajando a las oquedades de su alma. La cinta, de casi dos horas, se estrena en el BCN Film Fest el 23 de abril y en salas desde el 26 del mismo mes.

Baez habla sentada en el salón de su hogar, donde se ven cuadros y una chimenea. Lleva gafas, el pelo corto y blanco y exhibe un semblante apacible con momentos en los que estalla la carcajada y otros en los que se pone a cantar en español, aunque ella no lo hable. Se nota que se ha quitado un peso de encima contando su historia más recóndita. “Cuando estuvo terminado el documental lo vi unas 10 veces y no sentí nada. Entonces me di cuenta de que lo veía protegiéndome, porque hay demasiada tristeza y confesión. Entonces, un día, me relajé, cociné unas palomitas y me senté a verlo. Fue devastador, pero ahora estoy en paz”.

Aparte de las crudas confesiones, el documental traza una panorámica de la gigantesca figura cultural de Baez, con una carrera que abarca seis décadas y que la convirtieron en la gran dama del folk social y en figura relevante de la contracultura de los sesenta. Fue ella la primera que dio una oportunidad a Bob Dylan. Sin su olfato para detectar el talento del creador de Blowin’ In The Wind, es muy posible que Dylan hubiese tardado más en explotar. “Estaba en el Gerde’s Folk City, en Nueva York. De pronto, apareció en el escenario un chico andrajoso a más no poder y empezó a soltar sus letras. Me dejó petrificada. Su talento me embriagaba como una droga. Yo le llevaba a los conciertos, le invitaba a subir y la gente le abucheaba. Yo les decía: ‘Por favor, escúchenle’. No tardaron mucho en cambiar de opinión”, cuenta. Formaron un dúo arrebatadoramente atractivo. “Él necesitaba una madre, alguien que le bañara y le cantara canciones. Y yo necesitaba cuidar a alguien”, cuenta.Tuvieron una relación que acabó cuando Dylan, ya subido al éxito, llegó a Londres en 1965 y ella lo acompañó. “Creo que lo que le pasó a Bobby cuando se hizo famoso fue que pasó página y se alejó de todo el mundo. Fue un cambio muy brusco”, cuenta en el documental. Y añade: “Tanta droga y tanta virilidad no iban conmigo. Ellos estaban en otra dimensión, yo era la rarita del folk que los acompañaba. No pintaba nada allí. Fue horrible”.

Baez se hizo famosa de la noche a la mañana. En 1959, con 18 años, actuó en el Netwport Folk Festival y todo cambió. “Por la razón que fuera, tenía la voz adecuada en el momento adecuado. Y eso me catapultó a la estratosfera”, señala. Mucho antes, su padre, Albert Baez (un relevante físico mexicano, coinventor del microscopio de rayos X), había inculcado a Joan y a sus dos hermanas una conciencia social. “Mi padre nos llevaba a muchos lugares para que viéramos que todos éramos iguales. Nos hacía reflexionar sobre la brecha entre ricos y pobres”. Su madre, irlandesa, era una recalcitrante pacifista. Ese fue el germen de la Baez comprometida. Los cinco formaban una familia de cuáqueros.

Ya muy popular, Baez estuvo en todas. El documental muestra imágenes de ella en manifestaciones junto a Martin Luther King, en protestas contra la guerra de Vietnam, llevando de la mano a la escuela a niños negros mientras miembros del Ku Klux Klan les intimidaban ocultos en sus capirotes… Hay momentos emocionantes, como cuando madres negras, segregadas y pobres, abrazan a una joven Baez por derrochar tanto coraje en su defensa. Mientras, la cantante lidiaba con sus problemas psicológicos. Cuando una adolescente Joan acudió al primer psicólogo, este les advirtió a los padres: “Su hija carga con numerosos problemas emocionales, sensación de insuficiencia, complejo de inferioridad. Los síntomas podrían deberse a un trastorno psicológico y emocional”.

“Estábamos todos demasiado locos como para hablar de salud mental”, reflexiona hoy la artista. “Eran los 60, con una combinación loca de cosas: Vietnam, el servicio militar obligatorio, la lucha por los derechos civiles… Lo bueno es que si eras músico estabas todo el día ocupado. No tenías tiempo para otras cosas”. Habla durante I am noise de su “eterna condena”: pagar por disfrutar. “Sabía que después de disfrutar de un buen momento, iba a venirme abajo. Y así en un bucle infinito”. Aunque muy atenuado, afirma que todavía perdura.

La acogedora y potente voz Baez conformó la banda sonora de las marchas y manifestaciones en los sesenta de la lucha por los derechos civiles con canciones tradicionales como We Shall Overcome, Oh, Freedomo All My Trials. También con versiones de temas de Dylan, como A Hard Rain’s A-Gonna Fall, When the Ship Comes In o Blowin’ In The Wind. Reconoce que el activismo pasó a ser una adicción. Se sentía mal cuando no tenía ninguna causa que defender. Y entonces la guerra de Vietnam terminó. Y ahora qué. Liberada de ese peso, en 1975 publicó un álbum no político, el que está valorado como su mejor trabajo, Diamonds and Rust. La canción que da título al disco ofrece una disección poética, unas veces cruel, otras romántica, de su relación con Dylan.

Baez confiesa hoy que ha hecho las paces con Dylan “espiritualmente”, ya que “hace décadas” que no tienen contacto. “No estoy molesta. Tuve lo mejor de él. Nos dio mucho con sus canciones. Cuando sentí que lo malo se había derretido, le escribí una carta. Le dije: ‘Gracias por los años sesenta, qué canciones escribiste. Gracias por nuestra relación. Lo único que siento ahora es gratitud”, cuenta. Todavía está esperando una respuesta. Ella es cuatro meses mayor que él.

Cuando la artista dice que para realizar el documental dio las llaves de su intimidad se puede interpretar de forma literal. Baez guarda en un cuarto de su casa cientos de recuerdos, entre ellos las casetes con las grabaciones en voz de las sesiones de terapia de toda la familia. Con 50 años, la cantante se sometió a una sesión de hipnosis para rescatar sus recuerdos. Lo hizo en parte empujada por su hermana Mimi, que le desveló que había sufrido abusos por parte del padre. En 1991, Baez escribió una brutal carta a sus padres, que desvela en el documental: “Queridos papa y mamá. Ha llegado la hora de contaros la verdad, que me he negado a deciros hasta ahora...”. Entonces acusa a su progenitor de haber abusado de ella. Albert, el padre, se defendió: “Hay muchos casos de psiquiatras que ayudan a recordar a sus pacientes cosas que no ocurrieron. Se llama síndrome de la mentira falsa”. Y Baez responde en el documental: “Nunca estás segura del todo, pero así es el proceso de recuperación. No puedes saber lo que pasó exactamente. Pero tengo dos dedos de frente y sé que ciertas cosas pasaron de verdad, otras solo a medias, y otras son conjeturas. Pero, aunque el 20% fuera real, fue suficiente para causar los estragos que causó. Solo que no tengo pruebas”.

La artista cuenta hoy con un rostro que proyecta bondad que ha perdonado a su padre. “Fue difícil y me llevó tiempo, pero sí, le perdoné. Recuerdo llevarle a pasear en una silla de ruedas cuando él ya tenía más de 90 años [murió en 2007 con 94 años]. A mí no me gustan los musicales, pero a él mucho, así que me acordé de uno, paré la silla y se lo canté. Le dije: ‘Esto es lo mejor que puedo hacer ahora mismo’. Tengo una carta de él enmarcada que me escribió en esa época, cuando era muy mayor. Dice: ‘Me levanta el ánimo cuando te veo’. Esas cosas bonitas no las decía cuando era joven, pero de mayor las dijo”. De la foto familiar de cinco miembros (los padres y las tres hijas) solo queda ella.

Responde con humor a cómo consiguió librarse de su adicción de ocho años a los ansiolíticos: “Bueno, en realidad el responsable de que lo dejara fue el presidente Carter. Prohibió esas pastillas maravillosas y ya no las podía conseguir en ningún sitio, así que las dejé”.

Joan Baez se retiró de las giras en 2019. Desde entonces solo se ha subido a un escenario para tocar una o dos canciones en conciertos benéficos. Esta foto pertenece al último, el 26 de febrero pasado en el Carnegie Hall de Nueva York, por el Tibet. 

Joan Baez se retiró de las giras en 2019. Desde entonces solo se ha subido a un escenario para tocar una o dos canciones en conciertos benéficos. 

Ella, que luchó tanto por las injusticias, asiste hoy pesarosa a la peligrosa deriva mundial: “Creo que nadie podría haber escrito un mejor guion sobre el ascenso del nuevo fascismo. Nunca pudimos imaginar que ese idiota de Trump, aupado por unos seguidores que deben ser aún más estúpidos que él, llegara al poder. Yo lo llamo avalancha maligna e intento evitarla encontrando mi lugar. Una de las cosas principales para mí es estar en paz en el lugar donde vivo. Me refiero al tema del calentamiento global. Miro por la ventana y veo y escucho a los pájaros. Oh, dos tercios de los pájaros ya no están. Si dejo que eso me rompa el corazón, me quedo inmóvil y no puedo seguir. Así que salgo al campo, me siento y trato de escuchar al único pájaro. No espero a todo el coro. Es solo uno, pero muy hermoso”.

Baez se retiró de las grandes giras en 2019, precisamente en España, Madrid, en un concierto delicioso en el Teatro Real donde la acompañó a la percusión su único hijo, Gabriel Harris (54 años), fruto de su matrimonio con el activista David Harris, fallecido en 2023. “No echo de menos las giras. Hice muchas y es agotador. Desde entonces solo he subido al escenario alguna vez para tocar una o dos canciones. Suficiente”. Se levanta temprano, hace la cama, practica gimnasia (luce muy en forma), medita, desayuna los huevos frescos que le dan sus propias gallinas y se pone a trabajar en un libro de poesía que publicará pronto. Y baila. Le encanta pasear sola por el campo, con su perro. Se pone en los auriculares a los Gipsy Kings y baila. Hasta que aparezca el único pájaro cantor.

Apólogo de la cola del aeropuerto

Adaptado de un post de Anahí Michel en Quora:

Un vuelo lleno de gente de United Airlines fue cancelado. Un solo agente estaba volviendo a reservar a una larga fila de viajeros incómodos. De repente, un pasajero enojado se abrió paso hacia el escritorio y, aventando su pase de abordaje en el mostrador, dijo:

"TENGO que estar en este vuelo y tiene que ser PRIMERA CLASE".

El agente respondió:

"Lo siento, señor. Estaré feliz de intentar ayudarlo, pero primero tengo que ayudar a estas personas; y luego estoy seguro de que podremos resolver algo".

El pasajero no lo entendió y se enojó, de modo que preguntó en voz bien alta, para que los pasajeros pudieran escucharlo:

"¿TIENES ALGUNA IDEA DE QUIÉN SOY?"

Sin dudarlo, la agente sonrió, agarró su micrófono de altavoz y dijo: "¿Pueden prestarme atención, por favor?", y, en toda la terminal, se oyó después: "Tenemos un pasajero aquí, en la Puerta 14, QUE NO SABE QUIÉN ES. Si alguien puede ayudarlo con su identidad, que por favor venga a la Puerta 14".

Mientras la gente detrás de él en la fila se reía histéricamente, el hombre miró al agente de United Airlines, apretó los dientes y dijo: "¡Que te jodan!".

Pero el agente, sin pestañear, sonrió y dijo: "Lo siento, señor: tendrá que hacer cola para eso también."

martes, 9 de abril de 2024

Otro escritor manchego del XVII, Jerónimo Molina de Lama Guzmán

Luis Miguel Pérez Adán, "El libro de un Alcalde Mayor", en La Verdad de Cartagena, 18 de mayo 2019:

Jerónimo Molina de Lama Guzmán nació hacia 1625 en Fernán Caballero, provincia de Ciudad Real, aunque su linaje era de Úbeda, en Jaén. Licenciado en Leyes y Cánones, ejerció de abogado ante los Reales Consejos y buena parte de su vida estuvo ligada a esta tierra, primero como Gobernador Militar y más tarde como Alcalde Mayor de Cartagena.

Pero ante todo fue un escritor y filósofo, autor en su juventud de varios tratados morales y jurídicos. De entre estos últimos destacan el titulado Novis veritatis iuris practicae, utraque manu elaboratae... Matriti: ex Typographia Regia, 1665. Se trata de un prontuario jurídico para abogados y jueces, en donde se analizan principios teológicos morales y reglas inconcusas de las leyes y cánones. Entre los numerosos alegatos forenses escritos por nuestro alcalde destacó el publicado en 1660: 'Defensa por Don Francisco Berrío de Arroyo en el pleito con el fiscal de su Majestad'.

En 1646, ocupando el sillón de Alcalde Mayor en nuestra ciudad, y tras un minucioso examen de los documentos que contenía nuestro Archivo Municipal, decidió publicar un trabajo literario. Para ello, presentó un memorial al Cabildo Municipal, para que este le sufragase el gasto económico de dicha publicación.

Todo esto quedó reflejado en las actas capitulares, bajo el título de 'A la Antiquísima y Nobilísima Ciudad de Cartagena'. Este alcalde hizo un panegírico a nuestra ciudad, con la clara intención de agradar y así poder obtener este beneficio y publicar su libro.

Haciendo un resumen de la transcripción de esta carta, en ella Jerónimo Molina ofrece unas lecciones para vivir contra la fortuna, dentro de las denominadas escuelas políticas de Seneca, para hacer rostro a los trabajos y estar consolados entre las miserias del tiempo. Reconoce, en la misma, la grandeza de Cartagena empezando en los siguientes términos:

«¿Qué república de los reinos ha sido más célebre de todas las naciones del mundo? ¿Dónde han quedado más memorias antiguas de cuyas grandezas y edificios están diciendo su majestuosidad las reliquias, siendo Cartagena en tiempos de los godos en lo civil y temporal Convento Jurídico y Chancillería y, en lo espiritual y eclesiástico Obispado de tanta calidad y riqueza como es notorio en todo el orbe? Cartagena siempre fue grande y, en opinión de muchos, primera silla y arzobispado, si bien después de su ruina hasta la general destrucción de España, siempre tuvo obispos, siendo el primero Héctor y San Fulgencio el segundo», escribe el Alcalde.

Jerónimo Molina de Lama Guzmán, del siglo XVII

Y prosigue así: «¿De qué nación no fue siempre envidiado este sitio por excelente y, por mayor siempre fue también el embarazo de los enemigos? Los vándalos lo persiguieron y su rey quiso acabar con su memoria, pero renació como Fénix de sus cenizas».

Continúa la misiva haciendo un extenso recorrido por los avatares históricos de Cartagena, para terminar solicitando la referida ayuda. Lo hace así: «Claro está que con tanta grandeza hallará mi obsequio el patrocino que me prometo y, las Escuelas de Séneca todo el apoyo que desea merezca de vuestras señorías a quien Dios con la grandeza y aumento que merece. Besa la mano de vuestras señorías su más aficionado servidor. Licenciado D. Jerónimo Molina de Guzmán».

Los señores capitulares, siempre espléndidos, y más en aquella ocasión en que se trataba del Alcalde Mayor, y aunque las arcas municipales estaban vacías y embargadas como casi siempre, acordaron darle a este Alcalde la cantidad de cien mil maravedíes para la impresión de su libro sobre las Escuelas Políticas de Séneca. Reconocían así su atento gobierno de la ciudad y el desvelo que había tenido en componer una obra tan interesante.

Finalmente, se decidió la publicación de este tratado moral de inspiración senequista: 'Vivir contra la Fortuna' (1652), obra dividida en cuatro partes, en donde nuestro alcalde aconsejaba así: «Vivir sin dependencia del tiempo y de la fortuna», única vía para alcanzar la paz y la tranquilidad de ánimo.

No había por entonces ninguna imprenta en Cartagena, y el Alcalde Mayor, días después de habérsele concedido la subvención, pidió licencia al Cabildo, y le fue concedida, para marchar a Murcia, Orihuela y Valencia con objeto de practicar diligencias encaminadas a la impresión de su libro. Al final, se encargó en una imprenta de Murcia.

Cartagena y la vida

Encuadernado en pergamino, constaba de 191 folios y su dedicatoria comienza con la siguiente décima: «Del Autor a Todos. Porque se quexa la vida / Que le amenaca la muerte / Si de su miseria suerte / es remedio de partida. / El más cruel homicida / del alma, es el desear, / del se tiene de quexar / el corazón, ponderando / que estando siempre matando /comienza siempre a matar». Así de esta manera Jerónimo de Molina pudo ver cumplido su deseo del poder hacer realidad el libro de un Alcalde.

lunes, 8 de abril de 2024

Michel Desmurget, Por qué leer libros es tan importante para desarrollar la inteligencia de nuestros hijos

Michel Desmurget, "Por qué leer libros es tan importante para cultivar la inteligencia de nuestros hijos", en El País, 7 de abril de 2024:

Las pantallas recreativas minan el desarrollo de los jóvenes: leer es la única forma de desarrollar un lenguaje avanzado que permita construir algún pensamiento complejo

Sometidos al yugo adictivo de las omnipresentes pantallas recreativas (películas, series de televisión, videojuegos, redes sociales...), nuestros hijos leen cada vez menos y, por tanto, cada vez peor, porque, como demuestran decenas de estudios, la capacidad lectora depende directamente del tiempo de práctica. En España, según las últimas evaluaciones internacionales Pisa, el 75% de los alumnos de 13 años de secundaria no pasan del nivel “básico”, que como mucho les permite comprender enunciados sencillos y explícitos; el 51% tienen incluso un nivel “bajo” y dificultades con los textos más básicos. Solo el 5% de los lectores son “avanzados”, capaces de identificar y resumir las ideas implícitas en un texto no trivial. Estas cifras son comparables a la media de la OCDE. Desde 2015, los alumnos españoles de secundaria han perdido un año de aprendizaje. Esto significa que los jóvenes de 13 años en 2022 tenían el mismo nivel que sus homólogos de 12 años siete años antes.

Muchos observadores parecen satisfechos con esta evolución, alegando que hay que avanzar con los tiempos y que los niños de hoy simplemente aprenden “de otra manera”. Mientras que en tiempos pasados se utilizaba la palabra escrita, en el mundo moderno se recurre a los medios audiovisuales. Por desgracia, este argumento pasa por alto las características específicas de la palabra escrita. En primer lugar, está el lenguaje. El libro está desprovisto de contexto. Solo tiene palabras como soporte. La imagen (o el vídeo) de un paisaje, de un objeto, de una emoción, de una escena de la vida, etcétera, habla por sí sola, por así decirlo, al menos en parte. El libro tiene que describirlo todo. Esto explica por qué, por término medio, la complejidad léxica y gramatical de los corpus textuales es mucho mayor que la de los corpus orales. Amplios estudios de contenido han demostrado que hay más riqueza lingüística en un álbum de preescolar (el más sencillo de los libros) que en todos los corpus orales corrientes: discusiones entre adultos cultos o adultos y niños, películas, series, dibujos animados, programas de televisión... Esto significa que la exposición a la palabra escrita es la única manera de desarrollar un lenguaje avanzado, sin el cual no puede construirse ningún pensamiento complejo.

A menudo, oigo decir que las generaciones más jóvenes nunca han leído tanto, gracias a internet. Lamentablemente, la afirmación es engañosa. Entre los jóvenes de 8 a 18 años, la lectura digital representa entre el 2% y el 3% del tiempo de pantalla, mientras que las actividades audiovisuales (películas, series, vídeos, etcétera) suponen entre el 40% y el 50%. Además, este tiempo de lectura incluye muy pocos libros y muchos contenidos lingüística y conceptualmente pobres. En definitiva, el tiempo de lectura en internet (redes sociales, blogs, correos electrónicos y todo lo demás) y, más en general, el tiempo total de pantalla recreativa están negativamente correlacionados con las competencias lingüísticas y la capacidad de lectura de los niños. Lo mismo ocurre con los conocimientos. Cuanto más leen los niños y los adolescentes, más amplia es su cultura general, en relación con los niños de entornos socioeconómicos comparables que están expuestos a contenidos audiovisuales (películas, series, entre otros). Los niños que leen tienen muchas más probabilidades de saber, por ejemplo, qué es un carburador o un tipo de interés; de decir que Japón fue aliado de Alemania y no de Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, y de afirmar que hay más musulmanes que judíos en el planeta.

En España la diferencia de competencias entre el 25% más aventajado y el 25% menos aventajado en secundaria es de cuatro años de aprendizaje

Además de estas repercusiones culturales y lingüísticas, existen beneficios documentados en cuanto a coeficiente intelectual, concentración, imaginación, creatividad, capacidad de síntesis y de expresión (tanto oral como escrita). En otras palabras, mientras que las pantallas recreativas minan concienzudamente el desarrollo de nuestros hijos, la lectura construye meticulosamente su inteligencia. Pero eso no es todo. La lectura de novelas también estructura fuertemente nuestras habilidades emocionales y sociales. Si veo a Don Quijote en la televisión, no tengo acceso a la complejidad de sus pensamientos. En cambio, cuando leo la novela, me meto literalmente en la cabeza del personaje y puedo comprender el funcionamiento interno de sus pensamientos y acciones. Mejor aún, puedo experimentar estos últimos. Los investigadores se refieren a la lectura como un auténtico “simulador emocional”, en el sentido de que las situaciones vividas realmente y las experimentadas literariamente activan los mismos circuitos cerebrales. Cuando busco el significado de la palabra traición en un diccionario, entiendo intelectualmente lo que significa; pero cuando leo Madame Bovary, no solo lo entiendo, sino que experimento la traición desde el punto de vista tanto del traidor como del traicionado. Penetro en los mecanismos subyacentes y siento los estados emocionales asociados. Al final, los lectores de ficción tienen una mayor empatía y capacidad para comprender a los demás y a sí mismos.

En última instancia, todos estos beneficios influyen enormemente en la trayectoria educativa y profesional de los niños. El impacto es significativo tanto a nivel individual como colectivo. Numerosos estudios demuestran que el desarrollo económico de un país, el número de patentes desarrolladas y su PIB están estrechamente relacionados con los resultados educativos. Se trata de una cuestión crucial en un contexto de creciente competencia internacional, sobre todo si tenemos en cuenta, en vista de las evaluaciones Pisa ya mencionadas, que las diferencias de rendimiento, no solo en lectura, sino también en matemáticas, son cada vez mayores entre las naciones de la OCDE y los países asiáticos.

A menudo oigo que los más jóvenes nunca han leído tanto gracias a internet. Por desgracia, la lectura digital es un 3% de su tiempo de pantalla

Por supuesto, podemos vivir sin la lectura. No es esa la cuestión. Lo importante es que entonces perdemos una parte esencial de nuestra humanidad. No es casualidad que los libros hayan sido el blanco de tiranos de todo tipo desde el principio de los tiempos. Los nazis quemaron más de 100 millones de libros y, como ha demostrado el filólogo Victor Klemperer, se embarcaron en un proceso de empobrecimiento del lenguaje digno de la neolengua de Orwell en 1984. Hitler decía que la literatura era veneno para el pueblo. En Un mundo feliz, de Huxley, solo una pequeña casta posee aún las herramientas del pensamiento y del lenguaje. El resto está compuesto por técnicos celosos, formateados para adaptarse con la mayor precisión a las necesidades económicas, atiborrados de entretenimientos absurdos, privados de las herramientas fundamentales de la inteligencia y felices con una servidumbre que ya ni siquiera son capaces de percibir. La lectura es el antídoto más seguro contra esta pesadilla porque, a través de su efecto en el desarrollo intelectual, emocional y social de nuestros hijos, dibuja el camino más seguro hacia la emancipación. Como dijo Ray Bradbury, autor de la novela futurista Fahrenheit 451: “No hay que quemar libros para destruir una cultura. Basta con conseguir que la gente deje de leerlos”.

Ante este desastre incipiente, muchos culpan a la escuela. Sin embargo, el entorno familiar desempeña en esto un papel esencial, sobre todo a través de la lectura compartida, que es la única manera de que los niños adquieran progresivamente el lenguaje avanzado de la palabra escrita y, en última instancia, una vez adquiridas las bases de la descodificación, lean por sí mismos. Esto no quiere decir que la escuela sea ineficaz. Lo que significa es que el tiempo escolar disponible y el número de niños por profesor no permiten un trabajo óptimo. Todos los estudios demuestran que, en lo que respecta a la lengua y la lectura, la escuela no con­sigue compensar las desigualdades sociales. En España, según los datos procedentes de Pisa, la diferencia de competencias entre el cuarto más aventajado y el menos aventajado de los alumnos de secundaria representa cuatro años de aprendizaje. Es una diferencia descomunal. El problema solo puede resolverse mediante una acción focalizada, temprana y masiva dirigida a los niños menos favorecidos. También necesitamos un amplio programa de información para los padres, sobre todo para los desfavorecidos. Cuando explicamos a estos últimos la importancia de hablar con sus hijos, de leerles cuentos desde muy pequeños, de llevarlos a la biblioteca, los efectos en el lenguaje, el desarrollo cognitivo, la concentración o el vínculo familiar son considerables. Todo es cuestión de voluntad política. Los costes ocasionados se verían ampliamente compensados por el ahorro posterior (logopedia, fracaso escolar, etcétera).

Este es un texto escrito para Ideas por Michel Desmurget (Francia, 1965), neurocientífico, al hilo del lanzamiento de su último libro, Más libros y menos pantallas. Cómo acabar con los cretinos digitales, de la editorial Península.

domingo, 7 de abril de 2024

Tipos de voz interior y aplicaciones médicas.

Adelaida de la Peña, "No todo el mundo la tiene y suele adoptar cuatro arquetipos: cómo es la voz interior", en La Vanguardia, 9-X-2023:

Hay quien piensa en monólogo, en diálogo y quien carece de voz en off en su cabeza. Suele adoptar la forma de amigo fiel, padre ambivalente, rival orgulloso o niño indefenso

El neurocientífico José Ramón Alonso explica qué tipo de narradores internos hay y cómo experimentan el pensamiento quienes poseen una mente silenciosa

Casi todo el mundo piensa con una especie de narrador interior, posiblemente estés leyendo en tu mente este artículo con una vocecilla en tu cerebro, o estés pensando con palabras “sí, sí, yo pienso con una voz” o incluso “¿de qué está hablando?”. Eso es lo más normal, lo poco habitual es pertenecer al 0,8% de las personas con una mente silenciosa que no tienen esa voz en off que le ayuda a reflexionar, a tomar decisiones, a hacer la lista de la compra o a desahogarse.

El neurocientífico y catedrático de la Universidad de Salamanca José Ramón Alonso cuenta a La Vanguardia cómo son las diferentes voces interiores, qué tipos de personalidades suelen tener estos interlocutores internos y algunas curiosidades sobre la importancia y el funcionamiento de nuestra voz en off.

Anauralia, la rareza de una mente silenciosa

Tener una mente silenciosa, sin voz interior, es un fenómeno que se denomina anauralia, que es la ausencia de imágenes sensoriales auditivas.

La voz interior “no es el único sistema de pensamiento”, afirma Alonso, aunque “no tenerla es muy raro”: según este neurocientífico “en un estudio bastante amplio con un muestreo de unas 15.000 personas encontraron que solo el 0,8% no experimentaba voz interior”.

¿Pero cómo experimenta el pensamiento quien no tiene voz interior? Según Alonso, “lo más común es pensar en imágenes”. También, entendiendo pensar en un sentido amplio, “hay quien piensa que una forma de pensamiento son los sentimientos; el que tengas ira, alegría o tristeza son formas de afrontar una situación determinada”.

En cualquier caso, no tenemos un único mecanismo, “nuestro cerebro nos dota con distintas herramientas y cada persona utiliza la que mejor le funciona o varias de ellas, que es lo que creo que hacemos la mayoría”, explica.

¿Piensas en monólogo o en diálogo?

“Lo más común es oír una voz interior que identificamos generalmente como nosotros mismos, pero también hay personas que tienen una conversación interior en la que aparecen voces diferentes”, explica Alonso.

¿Por qué unos piensan en monólogo y otros en diálogo? ¿Cómo se forja esa voz interior que tiene la inmensa mayoría? “La teoría que tiene más apoyos es que nuestros padres nos dicen de pequeños, por ejemplo “no cojas el cuchillo” y el niño al principio lo repte en voz alta e imita las palabras y progresivamente se va haciendo silencioso. Se cree que esa sería la forma en la que nosotros cogemos mensajes de la infancia, los internalizamos y los convertimos en esa voz interior”, explica Alonso.

Lo más común es oír una voz interior que identificamos generalmente con nosotros mismos, pero también hay personas con una conversación interior

Pero quizás seas de esas personas que dialogan en su cabeza, que por ejemplo están en una tienda y su voz interior le dice “tengo que comprar esto porque es precioso y está rebajado” e inmediatamente otra voz interior discrepa “no lo necesito en realidad”.

En este sentido, el catedrático de la Universidad de Salamanca cuenta que hay un estudio que afirma que, “si los padres discuten mucho sobre el modo de crianza, es muy común que el niño interiorice esas dos voces y a lo largo de la vida, incluso ya de adulto, siga teniendo dos opiniones contrapuestas, una más estricta y otra más empática por ejemplo”.

No obstante, aunque a menudo pensemos verbalizando mentalmente, ya sea en monólogo o en diálogo, “parece que esa voz interior es mucho más sencilla que el lenguaje” que usamos normalmente para comunicarnos con los demás. Así, si tuviéramos ese soñado superpoder de leer el pensamiento de los demás, muy posiblemente no lo entenderíamos al completo porque a menudo está desestructurado.

Amigo fiel, padre ambivalente, rival orgulloso y niño indefenso

Al igual que cada uno tiene su propia personalidad, las voces de la cabeza también la tienen. Así se desprende de un estudio titulado Self-Talk: Conversation With Oneself? On the Types of Internal Interlocutors de Malgorzata Puchalska-Wasyl, psicóloga de la Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin (Polonia), que estableció cuatro tipos de interlocutores internos: amigo fiel, padre ambivalente, rival orgulloso y niño indefenso.

El primer tipo descrito es un “amigo entrañable que te apoya”, que es el que parece más común, explica Alonso. 

Otro es “como un profesor o entrenador que te reta diciéndote que esto lo puedes hacer mejor, por ejemplo” que sería el que Puchalska-Wasyl denominaba “rival orgulloso”.

El padre ambivalente es “una figura paterna que en algunos momentos es muy empática, pero en otros casos es muy crítica” 

Y, por último, el niño indefenso, “que se valora como la más negativa, sería una especie de niño llorón, que es cuando te quejas a ti mismo de lo mal que te trata la vida, la gente, etc.”

Se puede educar en cierta manera, uno puede intentar que sus mensajes sean más del tipo positivo. “Al parecer es una clasificación bastante universal” y la mayoría le encaja alguno de estos cuatro perfiles de voces, aunque puede ir cambiando el perfil según el momento.

Y si lo que te dice tu voz interior no te viene bien porque es demasiado exigente o demasiado negativa, “se puede educar en cierta manera, uno puede intentar que sus mensajes sean más del tipo positivo, de animarte a ti mismo, etc.” porque “nuestro cerebro es muy abierto a lo que se encuentra y a lo que le pedimos”, explica el neurocientífico.

A veces te hablas, otras te escuchas

No estamos acostumbrados a reflexionar sobre cómo pensamos y mucho menos a explicárselo a otras personas, por eso son muchos los investigadores sobre el tema que ponen sobre la mesa la dificultad de estudiarlo, ya que la mayoría de los estudios están basados en encuestas que recogen la experiencia de los participantes.

No obstante, hay algunos artículos más cuantitativos que han medido la actividad cerebral y han descubierto un dato curioso: existen dos tipos de voces, una que utilizamos para conversar con los demás y que a veces usamos de forma interior sin verbalizarla y otra que de manera inconsciente aparece en nuestro cerebro.

“La voz deliberada y la espontánea no son exactamente la misma”. A veces te hablas y otras te escuchas. Alonso lo explica, por ejemplo, “cuando haces deporte y te estás diciendo a ti mismo: “¡Venga, a ver si consigues llegar hasta aquel árbol!” es tu voz interior, hablando deliberadamente”. “Pero otras veces surge ella sola como si tuviera vida propia” de forma espontánea, y “no son la misma”. “Una es más que te hablas a ti mismo y en otras te escuchas a ti mismo”, explica, y están en distintas áreas del cerebro, de manera que “a veces se activan las zonas del oído y otras las del habla”.

La dificultad de ponerse en la cabeza del otro

Tan interiorizada está la forma en la que articulamos nuestros pensamientos que “al que no tiene voz interior le parece difícil de creer que haya gente que sí la tenga, y viceversa”, dice.  

Cada vez que aparece en tema en redes sociales, miles de personas comentan, sorprendidos, que existan personas que tengan (o no) tal voz interior, y se preguntan unos a otros cómo la hacen, ante la incredulidad de que otros no tengan esa misma experiencia.

Leyendo este artículo ya habrás reflexionado si tienes voz interior, aunque a veces la respuesta no es tan sencilla. En primera instancia uno puede pensar que no, pero de repente, cuando pasa un rato, puedes sorprenderte a ti mismo con esa voz consciente o inconsciente, reflexionando sobre este tema, o leyendo con tu voz este artículo.

“No es una experiencia constante, aparece en determinados momentos del día”, explica el neurocientífico, “frecuentemente, por ejemplo, en ciertos momentos de estrés, como para ayudar a afrontar momentos un poco más difíciles”, apostilla.

Cuando la voz es el problema

Generalmente, ese ‘Pepito Grillo’ que tenemos es positivo, pero hay unos pocos casos en los que es muy perjudicial, como en “la esquizofrenia y la rumia que se produce con la depresión o la ansiedad, cosas que afectan negativamente al bienestar de la persona”.

Alonso refiere una importante investigación realizada con pacientes esquizofrénicos, de la que se desprende la importancia que puede llegar a tener la voz interior, y hasta qué punto puede llegar a modificarse para convertirla en algo más positivo.

“En la esquizofrenia muchas veces la gente escucha una voz interior que le dice mensajes lesivos para sí misma o para otras personas, diciendo cosas como que mates a tu madre”. En este contexto se ha realizado un estudio publicado en The Lancet Psychiatry Journal en el que los profesionales “han hecho una especie de retrato robot de esa voz, preguntando si es hombre o mujer, de qué edad la imaginan, si es ronca, qué tipo de palabras utiliza, etc.” Y, con esa información recopilada, crean un filtro de voz que utiliza un psicólogo para hablar al paciente desde otra habitación.

Pero no solo replican la voz, esta terapia, denominada Avatar, también crea una imagen virtual, con una cara que el paciente pueda identificar con la de la voz interior que le dicta mensajes maliciosos. Con todo esto el profesional puede ir modulando el mensaje lesivo, volviéndolo más positivo y conduciéndolo a la normalidad sin fármacos.

"Los pacientes empezaron a mejorar de forma magnífica", así que el estudio se ha ido ampliando posteriormente, "porque parecía que podría ser una nueva herramienta sin fármacos ni efectos secundarios, que abriese nuevas perspectivas”.

La afantasia, la enfermedad que suelen padecer los programadores informáticos y los que no saben dibujar

Un afantásico no sabe o no puede dibujar apenas, y si dibuja es un pobre esquema. Curiosamente, los afantásicos suelen ser buenos programadores informáticos.

Adelaida de la Peña, "La 'mente ciega': así es el cerebro de las personas que no pueden crear imágenes en su interior", en La Vanguardia, 31/10/2023:

La afantasia afecta a un 3,9% de la población en algún grado y a un 0,8% de forma total. Las personas incapaces de generar imágenes visuales tienen dificultades para poner cara a un familiar fallecido, evocar recuerdos autobiográficos, recrear sueños muy vívidos e incluso proyectar el futuro

Si alguien te dice “¿te imaginas que estuviéramos en la playa tomando un mojito?”… ¿eres capaz de visualizarlo en tu mente? ¿ves por ejemplo del vaso con hielo, la arena y el mar? Si no puedes o te cuesta hacerlo, quizás tengas afantasia en algún grado, porque la mayoría de las personas sí pueden generar imágenes mentales, no lo dicen en sentido figurado como para expresar que les gustaría estar de vacaciones sino que realmente pueden ver, con mayor o menos nitidez, una imagen mental.

“La afantasia es una dificultad marcada por los problemas para crear imágenes mentales”, explica a La Vanguardia Pablo Barrecheguren, doctor en biomedicina especializado en neurobiología y divulgador científico. “Es un grado, se estima que el 3,9% de la población tiene dificultades y el 0,8% tiene una incapacidad total para crear imágenes mentales”, es decir, que “casi una de cada 100 personas no puede imaginar”.

Los efectos

Un afantásico no puede imaginar con claridad un amanecer, pero puede describirlo perfectamente porque lo conoce

El hecho de no tener imaginación visual, especialmente cuando ocurre en un grado total, impide por ejemplo ver en la mente la cara de un familiar fallecido, visualizar recuerdos autobiográficos, tener sueños muy vívidos e incluso proyectar el futuro.

Además, un afantásico no puede imaginar con claridad por ejemplo un amanecer, pero puede describirlos perfectamente porque los conoce. “Una cosa es imaginar un geranio y otra saber lo que es. Estas personas saben lo que es, lo han visto (…) funcionan de otra manera; si tú les fuerzas a tener que generar una imagen, sí que digamos que ahí se atascan, pero eso no quita para que puedan describir cómo es porque lo han visto, lo han aprendido y lo tienen en la memoria” (que no en la imaginación).

Lo más llamativo es que esto no es limitante.  Para quienes le resulta fácil generar imágenes mentales, un primer impulso es pensar que tener una mente ciega debe ser un problema, sin embargo, “lo más llamativo es que esto no es limitante”, explica el neurocientífico, de ahí que mucha gente no se dé ni cuenta. “Hay otras cosas cognitivas que en cuanto te sales un poco de la norma si es muy problemático, pero esto no. La lección yo creo que es que hay una diversidad neurológica mucho mayor de lo que creemos”, insiste.

Menos terror

Aunque las investigaciones en la materia son aún muy recientes y falta mucho por estudiar, ya se han analizado algunas implicaciones. Por ejemplo, un estudio publicado en Proceedings of The Royal Society en 2021 sobre el papel fundamental de las imágenes mentales en las emociones humanas apunta a que los afantásicos pasan menos miedo o angustia ante un relato de terror. Parece lógico porque cuando leemos a menudo nuestra mente nos transporta a lugares que a veces somos capaces de ver y hasta de oler o sentir el frío del ambiente. En un relato aterrador… ¿cómo pasar el mismo miedo sin visualizar una puerta que se abre sola que podría ser la nuestra?

“Nuestros datos demuestran que los individuos afantasicos muestran una reacción de miedo fisiológica (SCL) significativamente menor cuando leen historias de terror, en comparación con los participantes de control con la capacidad de visualizar”, determina esta investigación.

No poder crear imágenes mentales conlleva tener menos sueños y menos vívidos.

¿Y cómo soñar si no puedes crear imágenes? Quienes no ven con el ojo de la mente “tienen sueños un poco menos vívidos, menos ricos sensorialmente”, cuenta el neurocientífico, refiriéndose a un estudio publicado en la revista Nature en 2020 que dilucida que “curiosamente, los individuos afantasicos reportan menos sueños y cualitativamente empobrecidos”.

Y proyectar el futuro también es más complicado para quienes experimenta ceguera mental, ya que el mismo estudio asegura que “también se informó que la memoria episódica y la capacidad de imaginar eventos futuros de los individuos afantásicos se redujeron significativamente en comparación con las dos poblaciones de control”.

Esta condición neurológica es complicada de detectar porque las personas creen que sus procesos mentales son los mismos que los de los demás: si llevas toda la vida experimentándolo, no tienes la sensación de que en tu cerebro esté ocurriendo algo diferente.

Es difícil diagnosticar a un afantásico porque, aunque hay algunos test, no hay una prueba fisionógica del todo desarrollada. Ha sido en los últimos años, cuando el tema ha salido a la palestra con nuevas investigaciones al respecto, cuando las personas sin imaginación visual están dándose cuenta de ello. “Hay mucha gente adulta que está de repente descubriendo que es afantásico”, asegura Barrecheguren.

Hay mucha gente adulta que está de repente descubriendo que es afantásico.

Pablo Barrecheguren, Neurocientífico y divulgador:

Para descubrir si uno es afantásico total o en algún grado, hay que poner a prueba la imaginación visual. En primer lugar hay que tener en cuenta que “nadie imagina desde cero, cuando imaginamos, una parte del cerebro se pone a funcionar y tira de la memoria siempre”, explica el divulgador. Por tanto, una buena manera de saber si experimentamos esta condición sería por ejemplo “pensar en un cuadro conocido como La Meninas y recorrerlo visualmente con tu mente, entrar dentro del cuadro, mirar por detrás… este ejercicio ¿te cuesta o no?” la respuesta te puede dar una pista de si tienes algún grado de afantasia.

“Si te piden que visualices en la mente algo que ya conoces y tienes dificultad, no es porque no sepas lo que es, sino porque tienes dificultad para generar la imagen” con lo que podrías tener algún grado de afantasia, resume Barrecheguren.

El psicólogo británico Francis Galton, pionero los investigar la inteligencia humana, fue el primero en esbozar la incapacidad de ver con el “ojo de la mente” en su denominado Estudio del Desayuno llevado a cabo en 1880. En este experimento se pedía a los participantes que imaginaran su mesa del desayuno y posteriormente describir lo que habían visualizado (no lo que recordaban). “Es un ejercicio que no se trata sólo de enunciar los objetos de la mesa cuando has desayunado sino que también se mide la viveza, cómo olía por ejemplo”, explica Barrecheguren.

Si te piden que visualices en la mente algo que ya conoces y tienes dificultad, no es porque no sepas lo que es, sino porque te cuesta generar la imagen. Las conclusiones fueron sorprendentes para el psicólogo, ya que se constató una gran diversidad en la forma en la que cada uno imagina visualmente, de manera que algunos de los participantes tenían visiones muy someras o nulas, mientras que otros experimentaban mucho realismo y detalles.

Sin embargo, estos descubrimientos se quedaron en un cajón cerca de un siglo hasta que el científico británico David Marks lo desempolvó en 1973 y desarrolló el Cuestionario sobre la intensidad de las imágenes visuales (VVIQ) que puedes realizar para saber, del 1 al 5, cómo de precisa es tu capacidad de imaginar visualmente, en el que uno es que “no hay imagen en absoluto, sólo “sé” que estoy pensando en el objeto” y cinco que es “perfectamente realista, tan vívido como ver de verdad”.

Las pupilas reaccionan al brillo de la imagen mental, primera prueba fisiolófica de la afantasia. 

Hasta hace muy poco, el año pasado, las investigaciones eran subjetivas, sólo podían medir a base de test los efectos de no tener imaginación visual. Sin embargo, un reciente estudio de 2022 titulado La respuesta pupilar a la luz como índice fisiológico de afantasia, fuerza de la imaginería sensorial y fenomenológica, ha aportado la primera prueba objetiva de la existencia de esta condición neurológica a través de la reacción de la pupila al brillo ilusorio. “Se trata de una investigación muy puntera que aún es experimental que está midiendo un reflejo del ojo”, explica Barrecheguren.

Las pupilas responden a la luz del exterior dilatándose o contrayéndose y este experimento ha demostrado que esta parte del ojo también reacciona ante el brillo ilusorio, es decir, a la luz de la imagen mental.

Atentos al resultado

Una manera de saber si experimentamos esta condición sería por ejemplo pensar en un cuadro conocido como 'Las Meninas' y recorrerlo visualmente con tu mente, entrar dentro, mirar por detrás… 

En conversación con La Vanguardia, el neurocientífico y divulgador cuenta que cuando realizaron el experimento “la pupila cambiaba en función de la luminosidad que mentalmente se asociaba a una imagen. Esto es muy chulo; Mostraban dos imágenes en blanco y negro y con la misma escala de grises y brillo idéntico, pero la pupila reacciona de forma diferente incluso si la imagen es el sol o la luna porque hay como un brillo mental asociado que nos imaginamos bastante automáticamente”, de alguna forma, aunque el brillo de la imagen sea la misma, la pupila responde a lo que imaginas. Así, el ojo de un afantásico no tendría ese reflejo porque no se está imaginando la foto.

Varios ciudadanos se ejercitan en Madrid este sábado. Miles de españoles salen este sábado por primera vez desde que se decretó el estado de alarma a hacer deporte y a pasear cuando la séptima semana de confinamiento llega a su fin, aunque lo harán con limitaciones.

“Nuestros resultados indican que la fuerza del contenido de las imágenes impulsa la respuesta de la luz de la pupila en los participantes que experimentan imágenes visuales. El carácter involuntario de esta respuesta proporciona una valiosa medida objetiva de la fuerza de la imaginación. En consecuencia, buscamos utilizar este hallazgo para probar la veracidad de una condición llamada afanasia, es decir, si estos individuos realmente carecen de imágenes visuales, no deben mostrar una respuesta de luz pupilar a las imágenes imaginadas”. 

Otras formas de imaginación

“Las personas con afantasia parece que no sólo tienen dificultad en imaginación visual sino que también tienen mermadas, quizás no en el mismo grado, las otras formas de imaginar con los otros sentidos”, cuenta Barrecheguren. Por ejemplo, “algunas personas que tienen afantasia técnicamente tienen anauralia”, que es la ausencia de voz interior.

Así lo constata un estudio de 2021 titulado Anauralia: la mente silenciosa y su asociación con la afantasia, en el que se demostró que “la mayoría de los afantasicos también informaron de imágenes auditivas (voz interior) débiles o completamente ausentes y los participantes que carecían de imágenes auditivas tendían a ser afantasicos”. Y esto también ocurre a la inversa; quien tiene una gran imaginación visual también suele tener mucha voz interior.

La mayoría de los estudios son muy recientes y actualmente se ha investigado la imaginación asociada a los sentidos más evidentes como son la vista o el oído (imágenes y voz interiores), por eso hay más documentación sobre la afantasia o la anauralia. “Se han estudiado las más obvias”, explica Barrecheguren, pero probablemente esta diversidad cognitiva atañe a “todas las percepciones como pueden ser la sensación térmica o la del dolor”, aventura el neurocientífico.

La hiperfantasia, el polo opuesto

En la inmensa variedad neuronal que se ha demostrado a lo largo de los estudios, se han valorado grados, y al igual que podemos decir que casi una de cada 100 personas tiene afantasia total, también existe el polo opuesto, a hiperfantasía, que son las personas capaces de generar imágenes fotorealistas y son en torno al 3% según Barrecheguren.

“Esto es el otro lado y tiene sus pros y sus contras”, reflexiona el neurocientífico, quien apunta que “no es un problema de salud, es cuestión de diversidad”.

Hábitos del disciplinado

De Quora:

Ser disciplinado no es una meta a alcanzar, sino una habilidad a desarrollar. Nunca llegaremos a un destino, siempre estaremos en el proceso.

Hábitos, esa es la palabra mágica para abandonar la pereza, darle la bienvenida a la consistencia y convertirnos en personas que no solo hablan sobre su próximo proyecto, sino que lo llevan a cabo.

Estos son los 7 hábitos de las personas que han cultivado la disciplina en su vida:

Escriben su meta principal todos los días: Muchas de nuestras decisiones están siendo tomadas por nuestro subconsciente, el chofer en nuestro cerebro. Escribir nuestra meta a diario es la manera en como le comunicamos: "Voy a este lugar". Quien no escribe sus metas usualmente es presa de la distracción, termina en cualquier lado excepto donde quería.

Limitan su tiempo en redes sociales: La disciplina no depende de la dopamina para subsistir. Es muy raro ver a alguien comprometido con algo revisando su teléfono cada 10 minutos para revisar el conteo de "likes" de su última publicación.

Se hacen inaccesibles por bloques de tiempo establecidos: Si las personas cercanas a ti saben que te pueden llamar, escribir o visitar a cualquier hora porque siempre vas a atenderles hay un problema. La disciplina requiere enfoque, este es celoso con el tiempo que le dedicas a los demás.

Son conscientes de sus debilidades: Digamos que tu meta principal es perder peso, pero traes en tu equipaje cierta adicción por el chocolate. Una persona consciente de esto, no se permite tener envases de "nutela" en su casa u oficina. Sabe que pasará el resto del día tomando "solo un poco". No podremos alcanzar nuestro destino si nos creemos más fuertes de lo que somos.

Se involucran en los grupos correctos: Somos el resultado de las 5 personas con quienes pasemos la mayor parte de nuestro tiempo. La razón principal por la cual la mayoría nunca logra desarrollar disciplina, es por el grupo de amigos en el que están involucrados. Si tu grupo viven una vida desinteresada, despreocupada y sin ningún tipo de metas, pronto terminarás abandonándolo todo.

Meditan 5–10 minutos al día: La manera más rápida de acercarnos a lo que queremos, es detenernos para revisar las señales ¿Estoy en el camino correcto? ¿Aún me interesa? ¿Por qué quiero lo que quiero? Una mente tranquila puede responder a estas preguntas con mayor claridad.

Se comen al elefante por pedazos: En vez de perseguir ser un autor publicado, se dicen a ellos mismos: "Hoy escribiré 5 páginas". Eventualmente, el resultado será un libro del cual se sientan orgullosos. De nada sirve tener una meta grande si no nos movemos diariamente hacia ella.

Pocas personas pueden llamarse a si mismas "disciplinadas", su estilo de vida no les permite avanzar. Por mucho tiempo han estado enfocándose en lo que quieren lograr en vez de construir el puente que los llevará al otro lado.

sábado, 6 de abril de 2024

El radicalismo de Diderot

Decía Diderot que "el hombre solo será libre cuando el último rey sea ahorcado con las tripas del último sacerdote". Pero Diderot era un exagerado, no un ilustrado.

Respuestas inatacables y renovación del discurso jurídico

La respuesta que, a diferencia de "no sé nada de eso", nunca puede ser interpretada como testimonio de ser mentiroso es esta: "No tengo nada que decir". Pero la doctrina de la «ignorancia deliberada», de origen anglosajón (willfull blindness), alude a supuestos en que un sujeto se coloca deliberadamente en una situación de «ceguera» a fin de eludir su responsabilidad criminal.

Hay preguntas turbias o capciosas, de doble sentido, un tipo de pregunta que en realidad son dos preguntas (o más) en una. Este tipo de preguntas pueden influir en las respuestas, dando lugar a datos inexactos, pues responder a una sesga la respuesta a  la otra y viceversa, o responder a una olvida a la otra, o hace que la gente se sienta frustrada o confundida y no responda. Por eso esas preguntas deben desglosarse en otras dos. El lenguaje jurídico es con frecuencia ininteligible, hasta el punto de que lo han llamado "legalés" (legalese o gobbledygook). Como afirman Montolío y López, lo dificulta "el uso de palabras comunes (vista, tenedor, actor, etc.) que, por analogía, han desarrollado un significado especializado; esto es lo que Samaniego denomina “vocabulario subtécnico”, junto al frecuente uso -y, en algunos casos, claramente abuso- de una sintaxis que ha sido calificada como intrincada, pesada e ininteligible; enmarañada, embrollada, ampulosa, arcaizante y barroca. Esta sintaxis artificiosa, que cada vez se aleja más de la lengua estándar empleada por los ciudadanos, se caracteriza por recurrentes errores de normativa, a los que hay que sumar los siguientes rasgos:

(i) el predominio de estructuras impersonales y pasivas, que refuerzan la distancia jerárquica que existe entre los interlocutores; 

(ii) la construcción de períodos oracionales excesivamente dilatados

(iii) como consecuencia de lo anterior, abundancia de oraciones subordinadas, encadenadas mediante numerosos incisos, cláusulas absolutas y gerundios, que permiten condensar grandes cantidades de información en una misma proposición.

Todo ello conlleva a menudo ambigüedades sintácticas y rupturas de la estructura de la oración, esto es, anacolutos."

El artículo 248.3 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (1985) establece la organización actual de la sentencia, que consta de cuatro apartados: (i) el encabezamiento, que contiene el lugar, la fecha y los nombres de las partes, de sus representantes y del ponente; (ii) los antecedentes de hecho, donde se relatan los hechos y las acciones legales que han dado origen al litigio; (iii) los fundamentos de Derecho o los argumentos y fundamentos legales en que se basa la decisión; y (iv) el fallo o parte dispositiva, que contiene la solución del litigio. A pesar de esta notable simplificación de la estructura global de la sentencia judicial, muchos jueces españoles siguen manteniendo la tendencia tradicional al uso de una sintaxis rebuscada y ampulosa, y un estilo solemne, impostado y pedante, patologías que favorecen la opacidad. Y el efecto perlocutivo queda magnificado.

Las tres justificaciones que suelen aportar los juristas para justificar el oscurantismo del lenguaje jurídico son:

En primer lugar, la necesidad de precisar y especificar los contenidos al máximo a fin de ofrecer garantías jurídicas;

En segundo lugar, el dinamismo y modernización continua del lenguaje jurídico que comporta la obligación de adaptarse a los cambios sociales

Finalmente, la existencia del discurso alternativo de los abogados destinado a facilitar a los ciudadanos el acceso a los aspectos más complejos del lenguaje jurídico.

Pero el hecho es que las sentencias y resoluciones judiciales son de difícil intelección, no por los tecnicismos, sino por la ausencia de claridad y corrección gramatical. A menudo se hace referencia irónica al provecho que extraen muchos profesionales liberales (en particular, los abogados) de la complejidad de estos textos, aludiendo al hecho de que parte del ejercicio profesional de estos colectivos consiste en “traducir” los textos al ciudadano.

Dos de los principios básicos que han originado la simplificación efectiva del lenguaje jurídico son los conceptos de legibilidad (legibility) y lecturabilidad (readability). Los estudios sobre ambos conceptos, realizados sobre todo por las tradiciones anglosajona y francófona, se centran en la descripción de los rasgos que dificultan la lectura y el procesamiento de un texto, tanto los de diseño de los documentos (legibilidad) como los estructurales y de contenido (lecturabilidad o accesibilidad al significado). Así, los índices de legibilidad que resultan de estos estudios suelen incluir, a modo de fórmulas, reglas cuantitativas sobre la longitud máxima de las frases o párrafos, la cantidad de apariciones de determinadas categorías gramaticales en una frase, etc., que debe tener un texto para exigir del lector el mínimo esfuerzo interpretativo posible.

para elaborar un texto bien trabado, resulta fundamental también el dominio de los mecanismos lingüísticos de cohesión textual; a saber: la puntuación, la conexión mediante expresiones conectivas y léxicas, la anáfora léxica y pronominal, el uso de determinantes, etc. De ahí la necesidad de estudiar tales elementos en un marco teórico lingüístico; en concreto, el de la Gramática del Discurso, disciplina que analiza la lengua desde una perspectiva supraoracional25. La Gramática aporta herramientas propedéuticas y explicativas -esto es, basada en reglas y no en explicaciones ad hoc- de gran utilidad a la hora de presentar a los escritores no expertos de manera sistemática cómo funciona un determinado mecanismo lingüístico de textualización en una lengua dada.

Examinado un corpus de 50 sentencias de altos tribunales españoles, se han detectado estos problemas:  

Sintaxis opaca, artificiosa e incluso en ocasiones antinormativa y un empleo inadecuado de los mecanismos de cohesión, que trae consigo problemas de coherencia semántica.

Las inconsistencias discursivas relacionadas con un dominio insuficiente de las estructuras sintácticas acarrean: la construcción de oraciones con una longitud excesiva, lo que origina anacolutos (especialmente frecuentes en estructuras enumerativas), además de dificultar el trabajo de la memoria a corto plazo y la aprehensión del significado; y el hipérbaton o alteración forzada del orden habitual de la frase. A su vez, entre los mecanismos de cohesión mal empleados, destacan: el uso inadecuado de los signos de puntuación, que afecta a la comprensión de la macroestructura y comporta ambigüedades; y los problemas de pérdida de referentes de las expresiones pronominales, fenómeno este de los más recurrentes en el corpus.

Tales problemas en la identificación del referente suelen deberse a 

(i) errores de concordancia entre la expresión anafórica y su referente; 

(ii) el desconocimiento del emisor acerca del alcance sintáctico de la expresión anafórica empleada;

(iii) la atribución de valores anafóricos a elementos léxicos que no los poseen;

(iv) la pérdida de referente del sujeto elíptico.

Ejemplos:

De error de concordancia:

(2)  (...) el patrimonio inmobiliario que consta a su favor y en el que la propia sociedad limitada desarrolla en un local su actividad, fue adquirido ya por el padre del esposo antes del matrimonio, aunque la escritura pública de dichos inmuebles no se formalizaron muy posteriormente al matrimonio pero gravándolas con hipotecas de elevado importe crediticio, casi absorbentes de su propio valor (AC 1999\4422).

En este ejemplo, simplemente no es posible recuperar ningún referente que se ajuste al género femenino y número plural que posee el pronombre de complemento ‘las’. De ahí que, tratándose de un error de concordancia, el referente pueda ser tanto “la escritura” (o más bien “las escrituras” que probablemente tiene en mente el juez redactor del texto) como “los inmuebles” (en este caso, el error residiría en la concordancia de género).

De alcance sintáctico inadecuado de la expresión referencial

Una distancia excesiva entre la expresión anafórica y su referente. Ello sucede, por ejemplo, cuando se usan demostrativos cuyo referente se encuentra más allá de la unidad sintáctica oracional en la que aparecen, o cuando un mismo pronombre puede tener dos candidatos a referentes, como sucede con el dativo ‘le’ en el siguiente fragmento de una sentencia emitida por el Tribunal Supremo, que puede aludir tanto al padre como al hijo previamente presentados:

El factum de la sentencia recurrida describe cómo el acusado, en el domicilio familiar, realizó en una ocasión tocamientos en el pene de su hijo por encima de los pantalones mientras el niño veía la televisión sin dirigirle la palabra (BDB TS 5480/2003).

De Atribución errónea de valores anafóricos:

Otro mecanismo pronominal cuyo uso inadecuado por parte de los jueces suele plantear problemas de acceso a una referencia nítida es el uso de la expresión comparativa el mismo / la misma / los mismos / las mismas, que en el lenguaje jurídico se emplea profusamente con un valor anafórico que, de acuerdo con la normativa del español (RAE 2005, s. v. “mismo -ma. 3.”), no posee. Esta incapacidad anafórica “natural” de la expresión dificulta considerablemente la interpretación del referente.

Con el objetivo de que evitaran el uso abusivo (y antinormativo) de dicha estructura, trabajamos con los participantes múltiples fragmentos en los que aparecía la expresión “el mismo”, para poner en común diferentes posibilidades de sustitución por otra expresión anafórica normativa y menos ambigua, como las que se observan aquí:

Pues bien, esto sentado, es obvio, que practicado el requerimiento en fecha 29 de marzo de 1995, la necesidad manifestada en el mismo [-» dicho documento] e integrada por la ocupación de una vivienda ajena en arrendamiento ligado al vínculo laboral del actor con la antecitada empresa, concurría al año del mismo [-» de emisión del citado requerimiento] (...) (AC 1999\5342).

En este fragmento, al igual que ocurre con frecuencia en otras sentencias, aparece un nuevo caso de interpretación ambigua de la expresión anafórica. Nótese que el antecedente más plausible para el último “el mismo” es “el vínculo laboral”, por ser el primer sintagma nominal masculino singular a la izquierda de la expresión (el sintagma correferente más cercano). No obstante, tal como mostramos en la reparación que aparece incluida en el ejemplo, el juez emisor parece estar refriéndose al “requerimiento” mencionado tres líneas más arriba.

==Bibliografía==

Estrella Montolío, Anna López Samaniego, "La escritura en el quehacer judicial. Estado de la cuestión y presentación de la propuesta aplicada en la Escuela Judicial de España", Revista Signos,  2008, vol. 41, núm. 66, 33-64.

Franz Kafka, La partida

La partida:

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, ensillé mi caballo y lo monté. A distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni había oído nada. En el portal me detuvo y preguntó:

—¿Adónde va el patrón? —No lo sé —le dije— simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más; es la única manera en que puedo alcanzar mi meta. —¿Así que usted conoce su meta? —preguntó él.

—Sí —repliqué— te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.

La regla del mejor camino

 Da siempre lo mejor que tengas en ti mismo y todo saldrá como deba ser.