sábado, 8 de septiembre de 2012

¿Cuánto es suficiente?


Carlos Fresneda, "¿Cuánto es suficiente?", El Mundo, 08/09/2012 05:28 horas

Mientras buscamos la respuesta a la pregunta del millón ('¿Cómo salir de la crisis?'), Robert y Edward Skidelsky ponen sobre el tapete otra cuestión menos apremiante, pero sin duda más profunda: '¿Cuánto es suficiente?'. Así se titula el libro que publicará próximamente la editorial Crítica, después de una gestación tan larga como la propia crisis...

Robert Skidelsky biógrafo por excelencia de John Maynard Keynes, ha querido rescatar a tiempo uno de los legajos más olvidados del 'maestro': 'Posibilidades económicas para nuestros nietos'. En plena Gran Depresión, sin dejarse amilanar por los nubarrones, Keynes vaticinó que en el 2030 los países desarrollados tendrían lo 'suficiente' como para permitirnos trabajar 15 horas semanales y redefinir nuestras prioridades.

Se equivocó Keynes, está claro. El apetito insaciable por la acumulación material ha seguido alimentando la máquina hasta llegar donde estamos. Pero Robert Skidelsky y su hijo Edward (filósofo) se proponen resucitar la premisa del 'maestro' y poner al día su visión de 'la buena vida' para cuando llegue, si es que llega, la salida del túnel.

'Un futuro distinto y mejor'

"Por supuesto que Keynes admitía la urgencia de cómo recuperarse de la Gran Depresión", admite Skidelsky. "De hecho, muchos países usaron sus principios de un papel más activo del Estado para lograr la recuperación económica. Pero Keynes intentaba al mismo tiempo mirar a largo plazo y vislumbrar un futuro distinto y mejor. Consideraba que la Gran Depresión era el síntoma doloroso del paso de un período económico a otro, algo parecido a lo que está ocurriendo ahora".

Desde su oficina en Westminster, Lord Skidelsky nos invita a imaginar la sociedad a la que aspiramos en diez o veinte años, aunque por el camino haya que volver (temporalmente) por la vía del crecimiento en el sentido más ortodoxo... "Tenemos que volver al menos al nivel de empleo que existía antes de la recesión. Y tal y como está organizada hoy en día la economía, la única manera de lograr ese objetivo es aumentando la demanda... Si Europa quiere salir de la crisis, va a tener que cancelar los programas de austeridad que están estrangulando aún más la demanda. No se puede combatir exclusivamente la deuda hasta el punto de destruir la economía".

Skidelsky quiere trazar una línea muy gruesa entre "las políticas a corto plazo para la recuperación económica" y "la visión a largo plazo para la buena vida". Una vez recuperada la 'normalidad', sostiene, llegará el momento de explorar nuevas vías como la 'renta básica' (que no es lo mismo que el salario mínimo), el impuesto progresivo sobre el consumo y otras propuestas esbozadas en su libro. "Lo que está claro es que no podemos reincidir en el error y continuar por el camino que hemos llevado los últimos treinta años, cabalgando al galope de una crisis a otra".

Sin objetivo claro ni fin posible

"El capitalismo ha conseguido un progreso incomparable en la creación de riqueza, pero nos ha dejado incapaces de dar a esa riqueza un uso civilizado", escriben Robert y Edward Skidelsky en uno de los capítulos más críticos del libro. "Está claro que el capitalismo no tiene una tendencia espontánea a convertirse en algo más noble. Si dejamos que la maquinaria funcione por sí misma, siempre querrá más, sin un objetivo claro y sin fin posible".

El propio Keynes expresó en vida su ambivalencia hacia el capitalismo. "El 'maestro' pensaba que cuando se hubiera alcanzado el objetivo de la abundancia colectiva, el capitalismo se aboliría por sí mismo", asegura Skidelsky. "En los años cincuenta y sesenta, cuando muchos gobiernos pusieron en marcha una mayor intervención en la economía siguiendo los principios de Keynes, se hablaba de la economía mixta o de un sistema socialdemocrático. La palabra 'capitalismo' cayó de hecho en desuso hasta el giro que volvió a producirse en los años ochenta".

¿La codicia, ADN del capitalismo?

"¿Acaso la codicia está en el ADN del capitalismo?", le preguntamos al coautor de '¿Cuánto es suficiente?'. "La codicia ha estado presente en todas las sociedades humanas", reconoce Skidelsky. "Uno empieza con la idea de llegar a un nivel que considera 'suficiente', pero llegado a ese punto resulta que quiere más... Forma parte del deseo humano de mejorar, es algo propio de nuestra especie. Y luego, ese afán de comparar nuestros logros con los de los demás".

Llegamos así al consumismo, "el gran placebo del capitalismo moderno". Según Skidelsky, tan necesaria como la 'tasa Tobin' para las trasacciones financieras debería ser la introducción de un impuesto progresivo sobre el consumo (gravando los artículos de lujo). En su opinión, el hiperconsumismo y el 'sobretrabajo' son las dos caras de la misma moneda, con la que seguimos pagando a duras penas los excesos de las tres últimas décadas.

Las 15 horas semanales que vaticinaba Keynes pasaron pues a la historia de las utopías. "Pero está claro que tendremos que trabajar menos si queremos trabajar todos", apunta Skidelsky, "y ése es un debate que tendremos que afrontar necesariamente a la hora de combatir el desempleo".

'Las posibilidades económicas de nuestros nietos'

En cualquier caso, la ansiedad y la inseguridad están aquí para quedarse una larga temporada. Con la mitad de población joven condenada al paro, las posibilidades económicas de nuestros nietos' parecen más bien funestas. Le preguntamos finalmente a Skidelsky cómo afrontar el hecho de la primera generación que vivirá por debajo del nivel económico de sus padres...

"Nuestros hijos y nietos van a estar posiblemente peor que nosotros en términos de consumo y de PIB, pero pueden estar mejor en muchos otros sentidos, en términos de salud, felicidad, amistad, contacto con la naturaleza y todos los elementos que queramos incluir en eso que llamamos la 'buena vida'. Las nuevas generaciones han sido testigos de hasta dónde nos han llevado nuestros errores, y seguramente serán menos insaciables de lo que hemos sido nosotros".

Tirar la toalla

Decir que el estado del bienestar es insostenible es negar que lo esté siendo, para bien común, en Francia y Escandinavia. Es afirmar también que el estado del malestar es el único posible (aquí o en Escandinavia) y asegurar que el Infierno no sólo es recomendable, sino lo único que hay. Por otra parte, un estado que permite que se instale en él Eurovegas está enfermo (de ludopatía o, como decían en el XIX, de "corrupción" frente a "regeneración"); peor: en fase terminal. Es un estado que no puede quitarse la mierda de encima, porque él mismo es mierda y ya no la puede distinguir de sí mismo. Se empezó metiendo tragaperras en los bares y se terminó así; los Estados Unidos, Filipinas y España son los únicos países dónde el juego es una industria, y los tres donde el juego es legal. Eurovegas estará en Alcorcón, a un tiro de piedra de los Montes de Toledo y de Toledo mismo, aunque en la provincia de Madrid. ¿Será bueno para la comarca tener un cáncer cordial, un cáncer en el mismo corazón de la Península? He perdido la esperanza. ¿Quién puede con estas cosas?

jueves, 6 de septiembre de 2012

Mapa del poder informativo en España


Se ve com más detalle
Algunos detalles sobre manipulaciones informativas manchegas pueden leerse en



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Novedades científicas trascendentales

Empieza una nueva época para la ciencia y acaso incluso un cambio de paradigma. Averiguamos hace poco que el espacio no está vacío, sino lleno de rasposos y gordos bosones. Ahora han descubierto la primera prueba directa de la existencia de materia oscura: una radiación sincrotónica del centro de la Galaxia, donde esta materia es más abundante y, por tanto, puede interactuar con más facilidad, ya que no se casa con casi nada. Por lo visto está compuesta de partículas superpesadas y tan nobles que ni siquiera interactúan entre ellas, cuanto más con la materia corriente a la que empapa y traspasa formando campos extensísimos. La radiación está formada por los electrones y positrones que provocan sus difíciles y rugosos roces en el multiverso. Otra novedad tremenda es el desvelamiento de la estructura íntima del genoma humano: ya no se conocen sólo los genes actores de la película, sino también la mayoría del equipo técnico y su función. Por otra parte, el cáncer está contra las cuerdas y la Espintrónica hará más eficiente el almacenamiento de información en dispositivos y dará más velocidad a las computadoras; puede incluso que reduzca a la mitad el consumo eléctrico, si es cierto lo que promete el premio Nobel Albert Fert. Nuevos materiales como el grafeno, el siliceno y otros aún más sorprendentes prometen un futuro tecnológico difícil de imaginar y la investigación de las células madre y la medicina reconstructiva empezarán a dar sus primeros frutos en años que seguirán.

Notas

Me es cada vez más inútil escribir. Nadie lee, y los que leen pueden tener ideas y sentimientos muy mejores que los tuyos, saber incluso cómo expresarlas mejor. Si sigo es porque me impone la disciplina de sintetizar o pensar regularmente, un desahogo para la presión de un hombre callado por fuera pero no por dentro. Empecé a leer de niño porque me autocastigué con no poder hablar, y a escribir porque quería leer más de lo poco que me gustaba: quería concentrar en un pastiche lo que me hacía reír y soñar. Dos cosas difíciles para mí.

Corrijo exámenes. Hay de todo: gente que ha mejorado y se ha esforzado, gente que prueba suerte o continúa igual que antes, otros que incluso están peor. De los primeros hay menos en estos días primerizos de septiembre. He recibido la nota media de mis correcciones de Selectividad; por lo general soy muy regular, siempre es un 7'27 o un 7'35. Este año ha sido peor: un 6'81. De 97 exámenes he puesto 23 sobresalientes (notas superiores o iguales a 8'5) y he suspendido más que nunca: 14. Aun así, resulta que he puntuado por encima de la media de los demás correctores, que ha sido 6,05. Creo que eso indica que las cosas, en la enseñanza media, empeoran. Y que miro lo mejor de los alumnos, no lo peor.

Me ha escrito desde la cárcel Eisenberg. Se publicó en ABC la historia de la primera edición, pirata, de los Sonetos del amor oscuro, cuyo texto consiguió él y publicó Víctor Infantes, ese bibliógrafo de palabra juguetona al que vi una vez en Madrid disparar vaporosos poemas al aire. Le conseguí esa información a Isabel Martínez Reverte, la periodista; me cuenta que le escribió dos veces a la dirección que le suministré. Es un hombre muy especial Eisenberg; me cuenta muchos detalles de su vida, y yo le cuento los de la mía. Es fora exitus en su propio y meapilista país; debería vivir en California, donde hay más gente como él.


martes, 4 de septiembre de 2012

Cristiano está triste


Cristiano está triste ¿qué tendrá Cristiano?

al echarse gomina se le ha ido la mano.

Que ha perdido la risa, que ha perdido su gol;

Cristiano está pálido en su Ferrari de oro,

está mudo el rugido de su carro sonoro

y en un rincón, olvidado, se desinfla un balón.

El Bernabéu aclama a los jugadores blancos

y Butragueño dice que están llenos los bancos.

Cristiano está triste ¿qué tendrá Cristiano?

¿No será que Hacienda le quiere meter mano?

Que ha perdido la risa, cambian la retención

y el Madrid pone límite a su renovación.

Sólo doce millones al año netos gana,

y le parece poco por el fin de semana.

Cristiano está triste ¿qué tendrá Cristiano

que no sufre la crisis como cualquier humano?

lunes, 3 de septiembre de 2012

La motivación moral en educación


Adela Cortina, "¿El fracaso de la educación?", El País, 1 de sept. de 2012:

¿No hay más salida que las intervenciones biológicas para lograr una humanidad moral?

La educación es el clavo ardiendo al que se coge cualquier conferenciante que trate de sugerir soluciones para la crisis financiera, política y social que venimos padeciendo. Cuando sus recursos académicos no le dan para más, sugiere que trabajemos conjuntamente los distintos sectores sociales, incluida la sociedad civil, porque sacaremos más provecho de la cooperación que de la búsqueda egoísta del beneficio individual. Pero, claro, como en la vida corriente esas declaraciones sobre las excelencias de la cooperación y de la ayuda mutua se quedan en eso, en declaraciones, y las realizaciones van por otros derroteros, el conferenciante acaba afirmando, para alivio del público, que todavía nos queda una salida, la de la educación, para salvar el cotidiano abismo entre los dichos y los hechos.

Decía Ortega que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, pero la verdad es que sí lo sabemos, que lleva toda la razón el célebre chiste de un encuestador que pregunta a un transeúnte si se dejaría corromper, y el interpelado contesta: si es una encuesta, rotundamente no; si es una proposición, hablemos. ¿Cómo conseguir adecuar las actuaciones a las encuestas?

No parece que nuestras sociedades crean de verdad que los seres humanos tienen dignidad, y no un simple precio, ni que la libertad, la igualdad y el apoyo mutuo sean superiores a sus contrarios. No parecen creerlo porque no lo hacen, las realizaciones no concuerdan con las declaraciones, del dicho al hecho hay un inmenso trecho.

Tan patente es la contradicción entre el decir y el hacer que algunos neuroéticos, es decir, algunos autores que trabajan sobre las bases cerebrales de la moralidad, han señalado como el gran problema de nuestra época la falta de motivación moral. Las gentes obedecen mal que bien las leyes legales, porque obligan mediante coacción. Y este “mal que bien” no precisa muchas explicaciones en un periodo como el actual. Pero la debilidad y la fuerza de la moral vienen de que son las personas mismas las que han de estar convencidas de que los seres humanos son dignos de una vida buena, de que hay valores que es necesario encarnar en la vida cotidiana. Ése es el precio que hay que pagar por la autonomía moral, y ésa es también su grandeza.

Pero como la motivación moral no parece estar en sus mejores momentos, más bien, según los autores mencionados, ni está ni se le espera, sugieren ir pensando en un camino que no se puede recorrer en el corto plazo, ni tal vez siquiera en el medio, pero a lo mejor sí en el largo: mejorar moralmente la especie humana interviniendo en el cerebro.

Si es verdad —prosiguen estos autores— que la moralidad humana tiene al menos una base biológica, entonces un tratamiento neurológico o genético permitiría fomentar las emociones que apoyan nuestro sentido de la justicia y nuestra capacidad para el altruismo. De hecho, sustancias como la oxitocina parecen aumentar la confianza en las personas, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, incrementar la cooperación y reducir la agresión, y también el ritalín parece reducir las agresiones violentas. ¿Podríamos con todo ello organizar por fin el soñado mundo feliz, en el que todos los seres humanos alcanzan sus metas ayudando a los demás a perseguir las suyas?

Sería algo similar a lo que el norteamericano Arthur Caplan aseguraba, entusiasmado con la posibilidad de mejora: “Si tuviera la posibilidad de insertarme un chip en el cerebro con el que pudiera ya hablar francés, sin tener que pasar por academias, cursos, audición de cintas y todo ese calvario que implica el aprendizaje de un idioma, no lo dudaría ni un segundo”. ¿Podría hacerse algo análogo en relación con la moral?

La verdad es que éste es un proyecto recurrente en la historia, en las ciencias, y no sólo en ellas. El Frankenstein de Shelley, La isla del doctor Moreau de Wells, El mundo feliz de Huxley, La naranja mecánica de Kubrik, son una minúscula muestra de ese afán de mejorar moralmente a los seres humanos interviniendo ya, sin confiar para esta mejora en la educación que debería venir de una sociedad que dice mucho, pero no parece interesada en hacerlo.

Ciertamente, proyectos como éste pertenecen todavía a la tecnociencia ficción, pero las ficciones pueden convertirse en realidad en el medio y largo plazo, y conviene que la ciudadanía las conozca para formarse una opinión y debatirla. En este debate una cuestión sería clave, a mi juicio: ¿no hay más salida que las intervenciones biológicas para conseguir una humanidad convencida de los mejores valores de palabra y obra? ¿O más bien sucede que no existe el chip moral, no hay fármaco ni implante que sustituya a la paciente formación voluntaria del carácter de las personas, de las instituciones y de los pueblos? En tal caso, en este 2012, declarado Año de las Neurociencias, seguiría siendo cierto que sólo la libertad es el camino hacia la libertad.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y Directora de la Fundación ÉTNOR.

Cita


"La democracia no excluye las categorías técnicas" Ramón María del Valle-Inclán

domingo, 2 de septiembre de 2012

Los únicos bancos buenos

De Isabel F. Lantigua  "Microcréditos salvavidas", El Mundo, 2/09/2012:

"En la década de los 70, un grupo de expertos en Desarrollo Económico y en Finanzas, en Asia y en América Latina, rompieron con los axiomas establecidos hasta esos momentos y pusieron en marcha un nuevo paradigma de financiación para el desarrollo: los programas de microcréditos. Mientras los bancos comerciales prestaban dinero a las personas más pudientes, las instituciones microfinancieras (IMF) comenzaron a prestar a los más desfavorecidos. Y mientras los primeros se concentraban en las grandes urbes y tenían como clientes principales a hombres poderosos, las IMF se instalaron en zonas rurales y apostaron por las mujeres.

La finalidad de los microcréditos era romper el circulo vicioso de la pobreza, una teoría enunciada por el economista Ragnar Nurkse (1907-1959). Afirma que las personas más pobres están sumidas en un camino sin salida -círculo vicioso- porque destinan sus pequeños ingresos enteramente al consumo, por lo que no tienen ninguna capacidad de ahorro ni de inversión, lo que limita sus posibilidades de incrementar su renta en un futuro. La única forma de romper este círculo es con una inyección externa de capital. Pero había un problema, que aún perdura. Estas personas están excluidas de los bancos."

Las desaparecidas bellísimas personas


Pedro J. Bosch, "Nostalgia de las bellísimas personas", El País, 31-VIII-2012:

Volver a identificar y desenmascarar al Mal es hoy tan crucial como cuadrar las cuentas públicas.

Viendo uno de los últimos capítulos de Boardwalk Empire,la magnífica serie de Martin Scorsese, cuando uno de los gángsteres protagonistas asesina a hachazos a su padre y se acuesta con su madre (a instancias de ésta, quien le asegura que no están haciendo “nada malo”), uno se pregunta qué extraño ensamblaje neuronal nos mantiene ante la pantalla para contemplar un espectáculo que contraviene todos nuestros esquemas culturales, éticos y morales.

Puede que sea la fascinación que el Mal nos provoca a quienes nos movemos simplemente entre lo correcto y lo incorrecto, la perplejidad estuporosa con la que observamos actitudes humanas que van mucho más allá, debatiéndose entre lo apocalíptico y lo integrado, que nos diría Umberto Eco, para no utilizar términos que incursionan en el terreno sobrenatural, como los de salvación o condenación. Lo cierto es que quedamos enganchados ante este tipo de relatos, preguntándonos siempre si realmente esos seres perversos nacen así o se hacen por condicionantes sociales, debate que apunta al corazón de la controversia entre conservadores y progresistas sobre la naturaleza humana.

Aunque también podría ser nostalgia subliminal por un mundo en que el bien y el mal estaban identificados en una sociedad jerárquicamente estructurada, sólida como el granito. Hoy, por el contrario, en plena sociedad en red, líquida o claramente gaseosa, sin más categorías que las del éxito o el fracaso, el mal se hace poroso, inaprensible y no acertamos a enmarcarlo: ¿quién es hoy capaz de definir al gángster en una sociedad en que los mafiosos, más o menos presuntos, son indistinguibles de los aparentemente inocuos pícaros, tan entrañablemente españoles, y por si fuera poco, son jaleados… y votados masivamente en las urnas?

Escribía hace unos meses Vicente Verdú en estas páginas que a la inmoralidad esencial del sistema económico se añade la carga de la débil moral cívica o personal, una pérdida de consistencia de las personas que puede llevar a una auténtica crisis de una civilización, organizada en buena parte en torno a la confianza interpersonal y a la solidez de las instituciones… Y tiene razón: ¿quién puede fiarse hoy de un prójimo lanzado por el tobogán del sálvese quien pueda, que no vacila a la hora de encaramarse sobre la espalda de los demás, incumplir la palabra dada, alardear de camuflaje tributario o deshacerse de su pareja como si fuera un kleenex usado? ¿Y qué decir de unas instituciones trufadas de corruptelas?

Quienes nos educamos en los años de postguerra, bajo los más rancios parámetros del nacionalcatolicismo, nos empeñamos luego en una cruzada higiénica contra todo lo que se moviera en la onda del antiguo orden jerárquico, elitista y casposo, desde la autoridad paterna a los asuntos de cama, pasando por los métodos de enseñanza (¡la pérfida memorización de reyes godos y otros floridos pensiles!), a aspectos elitistas del ocio, como la ópera, el golf ¡o incluso el tenis! Luego vendrían las sucesivas caídas del caballo de los progres instalados en el poder, hasta la apoteosis del “gatos negros o blancos, lo importante es que cacen ratones”, pero esa sería otra.

¿Quién puede fiarse hoy de un prójimo lanzado por el tobogán del sálvese quien pueda? Naturalmente, en aquel ambiente contestatario, las denominadas bellísimas personas, propias de épocas anteriores empezaron a ser motivo de befa y escarnio y relegadas al museo antropológico. Aquellos extraños seres fieles a sus principios y compromisos, honestos, formales, solidarios, compasivos, prestos siempre a ayudar y socorrer si era preciso, hombres de una pieza (antes de los tiempos del todos y todas, las mujeres sólo podían y debían ser honestas y piadosas), fueron sufriendo la implacable erosión de las diferentes sedimentaciones posmodernas hasta desaparecer por el sumidero de la pequeña historia.

Pero es que con ellos, como el agua de la bañera que se lleva al niño, también han desaparecido los malos de la serie negra, identificados en el cine en los rostros de Edward G. Robinson o James Cagney. Con la difuminación del mal en mil vericuetos indistinguibles también acaba de desdibujarse el entramado social que entretejía la confianza mutua. El malo deja de mostrar las torvas muecas de aquellos actores y adquiere la faz neutra del vecino afable “que siempre saludaba”, ¿quién iba a decir que metía la mano en el dinero de todos o que pegaba a su mujer o que metía el dedo en el ojo de sus competidores?

La bellísima persona que se había ganado su reputación (otro concepto tristemente irrelevante hoy día) trabajando honradamente y que ostentaba un lenguaje pulcramente educado, que era la antítesis de la ostentación, ese extraño personaje ha sido sustituido en el ránking de los admirados, primero por los simplemente majos, personajes tan desinhibidos como leves, y finalmente por los famosillos o vivales o simplemente desvergonzados que han sabido dar con la tecla adecuada para ascender sin contemplaciones en la escala social y que sólo son capaces de balbucear latiguillos universales.

Volver a identificar y desenmascarar al Mal es hoy tan crucial como cuadrar las cuentas públicas. Rescatar la necesidad de admirar la excelencia, entendida como el trabajo bien hecho, la honestidad, la fidelidad a la palabra dada, la prudencia, la generosidad, es saltar la valla de espinos que nos mantiene en el imperio de la normalidad, esa pretendida y falaz igualdad de todas las opiniones y la supremacía de cualquier actitud que logre el triunfo. Esa entronización del ciudadano de a pie, que habla claro, sin complicaciones intelectualoides, esa apoteosis de la mediocridad, esa condescendencia con los pícaros y desvergonzados son algunas de las causas de la gran caída de nuestra civilización.

Es preciso rescatar si no a aquellas venerables bellísimas personas, sí a ciudadanos capaces de desplegar virtudes cívicas, esas que deberían enseñarse a todos los niños en la escuela (la burda desnaturalización de “Educación para la ciudadanía” pone la guinda a otro intento abortado), personas susceptibles de ser emuladas, capaces de generar una reputación de honestidad y solidez, doblemente exigible (un elemental plus de ejemplaridad) en quienes ejercen altas responsabilidades. Los últimos episodios de exóticas cacerías, semanas caribeñas, jubilados de oro y declaraciones de políticos nada compasivas con los que peor lo están pasando en la crisis, no son precisamente estimulantes.

Pedro J. Bosch es médico-oftalmólogo, periodista y escritor

Paradojas terribles

La gran trampa de esta que se dice democracia occidental es que se trata de una ilusión teórica deshecha por la praxis legal o, reformuladamente, que los pobres tienen más obligaciones que derechos y los ricos más derechos que obligaciones. Véase así en esto que copio tomado de por ahí:

 Los bancos (y también los fondos, como Bain) trabajan con una materia prima y un producto que es dinero. El problema es que ese dinero no es suyo. Cuando pierden ese dinero, es dinero de los demás. O sea, de sus clientes. Entonces, debe intervenir el Estado. La socialización de las pérdidas y la privatización de los beneficios es una constante en la industria financiera.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El propósito de todo esto


De una crítica de cine de Luis Martínez en el actual Festival de Venecia:

- "¿Cuál es el propósito de todo eso?", le pregunto educadamente [habla el hombre]

- "¿Acaso tiene que tener todo un propósito?", respondió Dios.

- "En efecto", dijo el hombre.

- "Entonces te dejo que el objetivo de todo esto lo pienses tú", dijo Dios. Y se marchó.

El diálogo es de Cuna de gato, de Kurt Vonnegut. Del mismo que dejó escrito: "Quería que todas las cosas parecieran tener sentido, así todos podríamos ser felices en vez de unos amargados. Así que inventé mentiras, para que todas encajaran bien, e hice de este triste mundo un paraíso". Pues eso, mentir o morir.

Novedades sobre JRJ


Tereixa Constenla, "Testamento definitivo de un poeta inacabado" El País, 1 -IX-2012:


Las ediciones enriquecidas de ‘Espacio’ y ‘Tiempo’, de Juan Ramón Jiménez, arrojan nueva luz sobre su obra de exilio. 

Cada día de los que pasó en el exilio, Juan Ramón Jiménez pudo al menos tocar piedrecitas de Moguer. A todas horas, donde quiera que fuera, le acompañaban en un bolsillo. Otro de tantos aleteos de su nostalgia, que le paralizó durante los dos primeros años de forzoso destierro. El poeta dejó de hacer poesía. Solo cuando el paisaje cambió y le hizo sentirse en casa volvió al verso. Ocurrió en La Florida (Estados Unidos), donde se instaló junto a Zenobia Camprubí en “una casita andaluza” y donde todo le recordaba a su tierra. “En La Florida empecé a escribir otra vez en verso. Una madrugada me encontré escribiendo unos romances y unas canciones que era un retorno a mi primera juventud, una inocencia última, un final lójico (sic) de mi última escritura sucesiva en España”, escribió en una carta en 1943.

Esos versos que pertenecen a la obra del exilio apuntaban en muchas direcciones. Una de ellas fueron los Romances de Coral Gables. Otra, un poema que arranca con un desafío —“Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”— que comenzó en verso libre mayor titulado Espacio. Muchos especialistas lo consideran el testamento poético del Nobel andaluz. No así Joaquín Llansó, que reserva esa simbólica corona para Dios deseado y deseante. “A través de los manuscritos se puede demostrar que Espacio está escrito antes de 1945. A partir de los cincuenta comenzó a prosificar su obra entera. Cambió y corrigió cosas, pero todo estaba escrito antes de ese año”, sostiene.

La editorial Linteo acaba de publicar una edición especial de Espacio y Tiempo, donde Joaquín Llansó y Rocío Bejarano desmenuzan el contexto en el que surgieron ambas obras, la historia de su escritura y la controversia suscitada por las dos copias de Espacio. “Había divergencias sobre la fijación del texto, nosotros hemos establecido cuál es el texto definitivo”, comenta Llansó, que también destaca el carácter abierto de la edición. “Mostramos todos sus manuscritos para que los especialistas puedan tener sus propias conclusiones”. El volumen, de cuidadísima edición, incluye acuarelas y reproducciones facsimilares, que permiten seguir las correcciones manuales del autor de Diario de un poeta recién casado.

Juan Ramón nunca daba por acabados sus textos: “No pretendo, ni quiero, ni debo ni puedo acabar nunca mi obra. Mi verdadera obra es ‘obra en marcha’, ‘imajinación en movimiento’, ‘sucesión poética’. Poetizar es abrir siempre y no cerrar nunca”. En 1943, en una carta escrita en Washington a Luis Cernuda, le anunciaba que había escrito 115 páginas de un poema nuevo que no tenía asunto. “Creo que en la escritura poética, como en la pintura o en la música, el asunto es la retórica, ‘lo que queda’, la poesía. Mi ilusión ha sido ser más cada vez el poeta de ‘lo que queda’, hasta llegar un día a no escribir”, reflexionaba en la carta. Todavía pasarían unos años hasta que aquel poema sin asunto se culminó y se publicó en la revista Poesía española en 1954. Era la versión íntegra, no la definitiva, de Espacio.

Con Tiempo, escrita en prosa poética desde el principio y solo publicada en dos ocasiones, ocurrió algo distinto. “Por razones que desconocemos, abandonó su escritura apenas iniciada y ya no volvió nunca más a trabajar sobre ella”, escriben Llansó y Bejarano. “Su inacabamiento es absoluto, como si en algún momento Juan Ramón se hubiera olvidado de él y lo hubiera abandonado definitivamente”.

Con las creaciones del exilio, adonde llegó tras volcarse en la atención de niños huérfanos en el Madrid en guerra, Juan Ramón Jiménez alcanzó la cima, en opinión de los estudiosos. Espacio fue una de las obras que contribuyó a su afianzamiento. “Poesía humanísima, que se traiciona en su ternura, que nos transparenta el espectro de un alma española que sufre, recuerda, espera y canta”, escribe Gerardo Diego, cuyos elogios entusiasmaron tanto al autor que le dedicó el poema. “Juan Ramón es un poeta muy especial, su poesía es esencial, algo que vemos solo en pocos poetas como Rilke o Baudelaire”, afirma Llansó.

Manuel Ramos, editor de Linteo, que ha publicado numerosas obras juanramonianas, le considera un genio: “Era un creador compulsivo, que tenía siempre varios proyectos en marcha e iba por delante del editor”. Tras su muerte en San Juan de Puerto Rico en 1958, dejó miles de textos inéditos. Unos años antes había dejado de escribir, asediado de nuevo por sus fantasmas y sin la tutela de su esposa, Zenobia, fallecida a los tres días de que se le comunicase el Nobel de Literatura en 1956. Pero ya no necesitaba más. Había dejado montañas de textos, muchos inéditos, que le habían izado hasta el olimpo de la literatura: “Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”.

Freud


Una de las mejores explicaciones de la génesis de la obra de Freud que he visto es esta:

Freud, Sigmund (1856‑1939) Nació en Freiberg (hoy Príbor), pequeño pueblo de Moravia (hoy Checoslovaquia) el 6 de mayo de 1856 y murió en Londres ‑exiliado‑ el 23 de septiembre de 1939. La vida de Sigmund Freud transcurre en Viena, ciudad a la que sus padres se mudan cuando tiene apenas cuatro años. Los datos de cierta crónica ‑proporcionada por el mismo Frcud en su Presentación autobiográfica‑ refieren que durante siete años es el primer alumno de Gymnasium, y que sin encontrar obstáculos en la difícil situación familiar, el padre lo incita a elegir carrera y a que lo haga exclusivamente según sus inclinaciones. Pero algo sucede en el ínterin; mientras su apetito de saber se dirige antes a lo humanístico que a la biología, a pesar de no sentir preferencias por la posición y la actividad del médico, estudia medicina. Freud atribuye su decisión al “hermoso ensayo de Goethe* Die Natur”, que escucha en una conferencia; ello configura un verdadero anuncio de lo que habría de resultar: su “medicina” no estaría a tono con la consabida posición del médico; sin interesarse en curar como la ciencia estipulaba daría cuerpo a una modalidad inédita de tratamiento para el trastorno mental, que tiene a la palabra como único instrumento. La “naturaleza” que le ocuparía no estaba en los tratados de biología sino en aquel atribuido a Goethe; Freud se inspira en su genio literario. El correr del tiempo pone las cosas en su lugar cuando recibe la única distinción oficial que se le dedica en vida: el Premio Goethe, conferido a quien por su obra e influencia creadora fuera digno de su memoria. Si bien produce con anterioridad trabajos de importancia, la obra de Freud se desarrolla principalmente en el siglo XX, a partir de La interpretación de los sueños, fechada en 1900. Quizá de ningún otro pensador de este siglo se haya escrito y debatido tanto y con tal intensidad; es la situación sin par de quien descubre, describe, inventa la noción de un espacio de la vida anímica, el inconsciente* freudiano, capaz de llevar su objeto teórico a la excelencia de algo no superable por continuadores o adversarios. “Si en lo que sigue hago contribuciones a la historia del movimiento psicoanalítico ‑afirma Freud al ocuparse del devenir del psicoanálisis‑ nadie tendrá derecho a asombrarse por su carácter subjetivo ni por el papel que en esa historia cabe a mi persona. En efecto, el psicoanálisis es creación mía, yo fui durante diez años el único que se ocupó de él, y todo el disgusto que el nuevo fenómeno provocó en los contemporáneos se descargó sobre mi cabeza en forma de crítica. Me juzgo con derecho de defender este punto de vista: todavía hoy, cuando hace mucho he dejado de ser el único psicoanalista, nadie puede saber mejor que yo lo que el psicoanálisis es, en qué se distingue de otros modos de explicar la vida anímica, qué debe correr bajo su nombre y qué sería mejor llamar de otra manera”. Quien aún hoy se diga psicoanalista no tiene otra alternativa que mantener a Freud como referente. Nótese que decimos inconsciente freudiano o Freud a secas como símil de su obra, y él mismo destaca el modo en que su persona se entrevera con la teoría por él formulada. Esto lo aproxima al ar­tista, lo distancia del científico; solemos decir “un Picasso”, “un Klee”, “un Kandinsky” de las obras en las que ellos dibujaran sus firmas dado el carácter singular, irrepetible del trazos de autor, mientras es condición del científico quedar velado, abstraído por el asunto al que se dedica. Damos con una paradoja, porque la pre­sencia fuerte de Freud no equivale a que el psi­ coanalista deba reverenciar al dogma en su teoría; el propio Freud, advirtiendo que es preciso estar alertas contra el riesgo del dogma es­peculativo, se inclina hacia “una ciencia construida sobre la interpretación de la empiria”. “Esta última ‑opima en una de sus obras nodales, Introducción del narcisismo‑ no envidiará a la especulación el privilegio de una fundamentación tersa, incontrastable desde el punto de vista lógico; de buena gana se contentará con unos pensamientos básicos que se pierden en lo nebuloso y apenas se dejan concebir; espera aprehenderlos con mayor claridad en el cur so de su desarrollo en cuanto ciencia y, llegado el caso está dispuesta a cambiarlos por otros”. Esta cita nos sirve para formular un interrogante: ¿Cómo es que quien revoluciona la manera de concebir no sólo la teoría del aparato mental [véase aparato psíquico*]sino la concepción misma del hombre, afirma que sus teorías se fundan antes en una interpretación de la empiria que en la rigurosa lógica especulativa? A lo largo de su obra hay reiteradas menciones del peligro de que el psicoanálisis se convierta en un sistema filosófico capaz de brindar una “visión del mundo”. Freud se propone algo distinto, que aparentando modestia constituye, en verdad, un desafío mayor: liberar a su teonzación de la cancel de una determinada concepción del mundo, siempre sospechosa de teologismo. Interpretación de la empiria, llama en consecuencia a su psicoanálisis, y tal vez sea ésa la razón de mencionar como “material” al registro de sesiones utilizado para una consideración clínica. Asunto de palabras, la empiria que concierne al psicoanalista. Lejos de cualquier empinsmo, antes que otra cosa Freud propicia un estilo de abordaje a la problemática humana. Su nombre se incluye en la exigua lista de quienes subvirtieron el instrumento del que surge una idea del hombre: la interpretación. Aquí es preciso volver sobre lo antedicho: la teoría freudiana se diferencia de aquellas que buscan el encuentro con una verdad última, que tarde o temprano desembocan en el vislumbre de un Dios. Declaradamente ateo, Freud hace de la interpretación un ejercicio de‑constructivo (que no equivale a destruir) del sentido que un sujeto cree haber encontrado para su vida. ¿Cómo llega a esto? Merced al estudio de los síntomas* neuróticos, consistentes en ocurrencias, impulsos o actos que se presentan a la conciencia de alguien sin que atine a explicarse su procedencia ni su finalidad. Interesado en la pregunta por el trastorno mental, en 1885 viaja a París, gracias a una beca, para pasar una temporada en el servicio de Jean Martin Charcot* en La Salpêtrière. El eminente psiquiatra ensañaba un punto de vista distinto del que era consenso en la época; la histeria*, entidad que tenía en jaque a los médicos, no consistiría en mera simulación. Charcot había percibido que los enfermos presentaban una exquisita sensibilidad en ciertos lugares del cuerpo, los llamó “zonas histerógenas”; al tocarse o presionarse en ellas se despertaba un ataque histérico o cesaba si ya había comenzado. Freud suma a esta y otras observaciones una acotación vertida por el maestro en el transcurso de una velada en su casa: mientras un colega narra el caso de una joven pareja, la mujer aquejada de una grave padecimiento y el marido de impotencia, Charcot lo interrumpe con una frase terminante: “Mais dans des cas pareils c'est toujours a chose génitale, toujours... toujours... toujours!” Los tratados médicos no registraban osadía semejante, ni el mismo Charcot se hubiera atrevido a suscribirla en ámbito académico, y la frase queda reverberando en el joven Freud junto a otras dos: la escucha de boca de Josef Breuer* ‑colega vienés que trataba mujeres histéricas‑ la vez que al referirse al síntoma de una paciente le confía amigablemente que siempre consisten en “secretos de alcoba”; y la ironía de Rudolf Chrobak  ‑eminente profesor de ginecología en Viena‑ cuando al derivarle una paciente con ataques de angustia, que a pesar de haberse casado hacía 18 años permanecía virgo intacta, le dice que para ella hay una receta:
Rp,
Penis normalis,
dosim, repetatur!
Estos comentarios, hechos al pasar, quedan tan grabados en Freud como desestimados por quienes los formulan; Freud podría luego reclamar legítimamente derechos de autor sobre ellos. Encontramos aquí una vez más su estima acerca de la interpretación de la empiria; resulta notorio que el psicoanálisis no consiste en una suerte de adivinación sino en saber escuchar lo que de todos modos se dice y en repetir sin redundancia. De regreso a Viena luego de la estadía en París, Freud se preocupa en constatar la pertinencia de estas aseveraciones en los pacientes neuróticos que llegan a su consulta y comienza a destacarse la singularidad de su pensamiento: A propósito de una joven histérica, a la que llama Elisabeth von R.* escribe lo siguiente: “Cuando en un enfermo orgánico o en un neurasténico se estimula un lugar doloroso, su fisonomía muestra la expresión, inconfundible, del desasosiego o del dolor físico; además el enfermo se sobresalta, se sustrae del examen, se defiende. Pero cuando en la señorita Von R. se pellizcaba u oprimía la piel y la musculatura hiperalgésicas de la pierna, su rostro cobraba una peculiar expresión, más de placer que de dolor; lanzaba unos chillidos ‑yo no podía menos que pensar: como a raíz de unas voluptuosas cosquillas‑, su rostro enrojecía, echaba la cabeza hacia atrás, cerraba los ojos, su tronco se arqueaba hacia atrás. Nada de esto era de­masiado grueso, pero sí lo bastante nítido, y compatible sólo con la concepción de que esa dolencia era una histeria y la estimulación afectaba una zona histerógena”. Despunta en este relato el arte freudiano de la interpretación. La mención de una “zona histerógena” no era nueva, pero Freud avanza a partir de ella ‑‑llegando a concebir la noción de “zona eróge­na”; en un mismo movimiento discrimina al trastorno histérico de la enfermedad orgánica y distingue algo específico: la voluptuosidad que presenta un cuerpo transido por un raro goce*. “Era preciso inferir que su atención estaba de­ morada en algo otro ‑probablemente en pensamientos y sensaciones que se entramaban con los dolores”, agrega. Esos pensamientos, cuya singularidad consistía en asociarse a lo voluptuoso y no ser conscientes para la paciente, configuran ese algo otro del sujeto, lo incons­ciente. Freud también advierte que ignorando el íntimo origen de los pensamientos y sensaciones despertados, la paciente suponía al médico causante de su sentir. “Falso enlace” deno­mina en consecuencia a esta estima por la que el recuerdo de cierta historia, determinante del padecer, es sustituido por la ilusoria realidad del vínculo con el terapeuta. Tiempo después Freud comprende que este acontecer es un pi­lar de la clínica y lo rebautiza “transferencia”*. Vale que nos hayamos detenido en esta in­terpretación princeps de Freud porque destaca los vectores de su teorización, que pueden enunciarse del siguiente modo: el núcleo del padecimiento neurótico, expresado como síntoma (o como lapsus*, sueños*, incluso chistes*) es un entrecruzamiento de ilaciones inconscientes que por transferencia se enlazan a un suceso actual, cuyo origen concierne a cierta volup­tuosidad que abre una dimensión del cuerpo distinta de la inherente a las necesidades orgá­nicas. Y según fuera adelantado a propósito de la transferencia, al abarcar con el análisis además de los síntomas a los sueños, lapsus, olvidos, chistes, Freud trasciende el área restringida de la psicopatología* para enunciar una teoría ge­neral del aparato mental. Es preciso tomar en cuenta que la noción de psiquis* resulta absolu­tamente alterada según la concepción que de ella se tenía, pues la teoría y la clínica de lo inconsciente obligan a abandonar, por falta dei pertinencia, la clásica dicotomía: cuerpo (estu­ diado por la biología) ‑mente (en pie de igualdad con la conciencia). En este plano de clivaje ubica lo atinente a la pulsión sexual. El mencionado caso de Elisabeth von R. integra los Estudios sobre la histeria, que Freud publica juntamente con Breuer, colega de gran importancia en su inicial preocupación por el enigma histérico. Breuer, médico de prestigio, había respaldado el juvenil interés de Freud, quien encuentra en él aliento intelectual y ayuda económica. Pero cuando comienza a resultar ostensible la implicancia sexual en las neurosis se produce una divisoria de aguas: Freud se interesa decididamente en la novedad que sale al encuentro de su interpretación, Breuer abjura de ello renunciando al camino emprendido. Antes que ocurriese de modo de­ finitivo, Breuer recibe a otro joven, proveniente de Berlín, dedicado a la otorrinolaringología, al que recomienda asistir a las conferen­cias que por entonces Freud pronuncia en un servicio hospitalario. De edad pareja y comu­nes ansias de investigar en territorios no convencionales para la ciencia médica, ambos inti­man rápidamente. Cuando Wilhelm Fliess* -que así se llamaba‑ retorna a Berlín, Freud inicia con él una correspondencia que habría de du­rar 17 años (1887‑1904). “Si bien es cierto que mi carta de hoy responde a un motivo estricta­mente práctico, debo iniciarla confesándole que abrigo la esperanza de mantener con usted una relación permanente y que la profunda impre­sión que usted me ha causado, fácilmente po­dría inducirme a declararle con toda franqueza en qué categoría de seres humanos me veo im­pulsado a incluirlo” le escribe el 24 de noviembre de 1887 en su primera carta. La “categoría” del amigo, excelsa en el comienzo y durante gran parte de la amistad, cedería paso, hacia el final, a una estima diferente, que ubicaría a Fliess en el registro de la paranoia*. Importa destacar esta relación pues resulta una verdadera encrucijada para Freud, legada posteriormente a cada analista en formación [véase candidato*] cuando debe combinar el estudio teórico y la reflexión clínica con su propio análisis; veamos por qué: Fliess es una figura netamente transferencial, y el carácter epistolar del vínculo favorece que la palabra ‑escrita‑ viajando entre Viena y Berlín cobre relevancia por so­bre la realidad concreta de los interlocutores. A través de ello Freud lleva a cabo la creación por develamiento de los ejes fundamentales de la teoría psicoanalítica: el pulsionar sexual, su carácter primordialmente infantil y reprimido, la noción de escena (traumática) y la dramática de la fantasía* trabada por el deseo*, el espacio virtual de lo inconsciente en relación al sistema preconsciente‑consciente, el estatuto del cuerpo erógeno y el espacio del Yo*, el complejo de Edipo*, la estratificación psicopatológica.  Pero todo ello sigue el curso del trabajo riguro­so de análisis que Freud dedica a sí mismo, principalmente referido a sus sueños y sustentado transferencialmente por Fliess. Al con­cluir la amistad en 1904, el psicoanálisis llega al fin de su principio como ciencia de lo in­consciente; para ese entonces Freud ha editado algunos textos decisivos. Estudios sobre la histe­ria y La interpretación de los sueños principal­mente; otros, el historial del caso Dora -que articula la clínica de la histeria al análisis de los sueños‑, Psicopatología de la vida cotidiana, El chiste y su relación con lo inconsciente y Tres ensayos de teoría sexual están listos para ser publicados. Además de la resistencia que su obra y tarea clínica despiertan en el ámbito médico, diversas personas interesadas en la en­ señanza de esta nueva disciplina se acercan a él en calidad de discípulos; el movimiento psi­coanalítico inicia su marcha y durante más de tres décadas Freud desarrolla los vislumbres anteriores, confiriéndoles unas veces caracte­res más definidos, incluyendo otras un nuevo parámetro teórico ‑como el de narcisismo*‑‑ o reformulando su propia teoría para incluso por esta vía alcanzar nociones aún informuladas, como la discutida pulsión de muerte*. Comprobará el lector que en este momento, del despegue del psicoanálisis como tal, le­vantamos la pluma para dejar concluir estas palabras acerca de Sigmund Freud. Es que tal vez el mayor interés en el enfoque de un crea­dor y su producción concierne al contexto de descubrimiento. Lo demás, la fatigosa decan­tación, es menos la obra del genio que la del rigor empeñado en establecer categorías, y seguramente figura en cualquier (otra) enciclopedia. [Carlos Pérez]

viernes, 31 de agosto de 2012

Un paralelo económico



Dean Baker, autor de 'The End of Loser Liberalism: Making Markets Progressive'
Pobreza: La nueva industria del crecimiento en Estados Unidos

Huffington Post, 30/08/2012 10:48

Las tendencias recientes de los índices de pobreza en EE UU deberían tener al país furioso con sus dirigentes. Cuando, el próximo mes, obtengamos los datos de 2011, seguramente volveremos a ver otra subida de esas cifras, un comportamiento que representa un vuelco respecto a casi 50 años de progreso económico. El porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema, con rentas que no alcanzan ni la mitad del umbral de pobreza, volverá probablemente a ser el más alto desde que se registran estos datos.

Empeora aún más la situación el hecho de que muchos de esos pobres son niños. En 2010, el 27% de todos los niños de Estados Unidos vivían bajo el umbral de pobreza. En el caso de los niños afroamericanos, la cifra se aproximaba al 40%.

Muchos echarán la culpa a la reforma de la ley de asistencia social que se aprobó en 1996 con apoyo de los dos partidos. Es razonable. Fue un proyecto que incluyó mucho hablar para la galería y eliminó las garantías que habrían podido proteger a millones de familias en una crisis tan grave como la que ahora vivimos.

Los defensores de la reforma que ahora se muestran sorprendidos por las consecuencias deberían dedicarse a otro trabajo. En su momento hubo muchos que advirtieron de que la falta de garantías federales podía generar serias penalidades en un momento de crisis económica. Nadie tiene derecho a extrañarse ahora. El aumento de los índices de pobreza en una situación como la actual era un resultado previsible de la ley y, de hecho, se predijo.

Sin embargo, la historia tiene otro aspecto, el estado general de la economía, que es la causa fundamental del aumento del índice de pobreza. La inmensa mayoría de la población estadounidense obtiene la mayor parte de sus ingresos de su trabajo, y eso incluiría a las decenas de millones de personas que viven en la pobreza si tuvieran acceso a un puesto de trabajo. En la economía actual, esas personas no pueden encontrar empleo, o por lo menos no pueden encontrar un puesto de jornada completa que les ofrezca nada remotamente parecido a un salario para poder vivir.

El motivo por el que muchas de esas personas no pueden encontrar empleo es la pésima gestión económica de personas que se llaman nada menos que Robert Rubin, Alan Greenspan y Ben Bernanke. Estos pensaron que las burbujas que habían impulsado la economía en las dos últimas décadas, la burbuja de la bolsa en los años ochenta y la de la vivienda en el último decenio, estaban muy bien. Por alguna razón, pensaron o que las burbujas no iban a estallar o que sería fácil arreglar las cosas cuando estallaran. En el caso de Robert Rubin, se benefició personalmente -con unos beneficios de más de 100 millones de dólares- de la burbuja inmobiliaria después de dejar su cargo de secretario del Tesoro para convertirse en directivo de Citigroup.

Sin negar la importancia de tener sólidas redes de protección para garantizar que las personas puedan sobrevivir a los periodos difíciles, todavía más importante es tener una economía fuerte que sea capaz de generar empleo bien remunerado. Por desgracia, en la agenda política actual no se vislumbra nada que vaya a permitir esa recuperación del pleno empleo a corto plazo.

Los dos candidatos presidenciales aseguran que se comprometen a reducir el déficit como si hubiera un proceso mágico que hace que las empresas empiecen a contratar trabajadores, cuando ven que las escuelas están despidiendo a profesores y los contratistas de defensa están despidiendo a empleados de sus fábricas. En 1996 no hubo más que unos cuantos políticos que tuvieron la valentía de alzarse y decir que la reforma de la asistencia social iba a poner en peligro la seguridad de millones de familias, y ahora hay muy pocos que estén dispuestos a levantarse y decir que necesitamos más inversiones públicas para crear empleo y reconstruir la economía.

La realidad es que el estallido de la burbuja inmobiliaria creó un enorme vacío de la demanda en la economía. A corto plazo, ese vacío solo puede llenarlo el Gobierno, nos guste o no. Hasta que consigamos que la economía se recupere y empiece a crear los millones de puestos de trabajo que se necesitan, las cifras de la pobreza seguirán siendo horribles. Por eso, la vía principal para remediar la pobreza pasa por arreglar la economía.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Tres datos crudos sobre el paro

Los hechos son tozudos, por más que creen un "banco peor", que sería la denominación más ajustada para bautizar la nueva mierda cagada por los políticos:

Desempleo juvenil en España: 52,9 %.
En Grecia: 53, 9 %.
En la Eurozona: 22%

miércoles, 29 de agosto de 2012

Pervivencias ridículas


Un tal Buqueras afirma:

¿Por qué en España se tiene una jornada laboral más extensa que en el resto de Europa? Por la decisión provisional que se adaptó en la Segunda Guerra Mundial (al igual que otros países, como Inglaterra) de establecer la hora con Berlín, pero que en España no se restableció una vez terminada. España debería tener el mismo horario que tiene Canarias, que Portugal, que Inglaterra, porque es el horario del meridiano de Greenwich que es el que nos corresponde a nosotros ¿Y las horas de luz, no afectan a la diferencia entre los horarios de los países? En Nápoles comen entre las 12 y la 1 del mediodía, y cenan entre las siete y las ocho de la tarde, que es lo que hacían los españoles hasta los años treinta y pico del siglo pasado.

Publicidad desalmada

Una mujer se quema a lo bonzo y muere en un cajero barcelonés. Y, cuando uno va a leer la noticia en un diario electrónico por Internet, se la tapa un enorme anuncio de un banco que no hay manera de hacer desaparecer.

Un modesto ejemplo de publicidad desalmada que, eso espero, quizá no llegue a hacernos desaparecer. Ya hasta los cajeros humanos han desaparecido, incluso en el metro. ¿Quienes seremos los siguientes? Quizá, eso pienso, los que trabajen más cerca del dinero. Siempre ha sido así.

Pronto no quedará gente a la que hacer publicidad.

La enfermedad de estos tiempos: la Terribilitis


De Información.com:

Buenos Aires, 27 ago.- El psicólogo catalán Rafael Santandreu, que presentó en la capital argentina el libro "El arte de no amargarse la vida", consideró hoy que suprimir las exageraciones es clave para evitar los trastornos emocionales y escapar a la amargura.

"La mayor parte de los trastornos emocionales son el resultado de la tendencia que tienen las personas de calificar de terribles cosas que no lo son: anticipan las desgracias y se toman a la tremenda las adversidades y están todo el tiempo dando vueltas sobre eso", señaló hoy en una entrevista con Efe el terapeuta, en el marco de su visita a Buenos Aires.

Santandreu, un psicólogo cognitivo cuyo centro de consulta se ubica en Barcelona, presenta el libro "El arte de no amargarse la vida", que acaba de editarse en Latinoamérica y que en España se posiciona como uno de los primeros en ventas.

"La gente más sana y positiva tiene el hábito de no exagerar las adversidades y aprende a convivir con ellas; esa es la filosofía ideal para lograr el equilibrio emocional", postuló el psicólogo.

El especialista advirtió, sin embargo, sobre el "mensaje de hiperexigencia y superación constante" que brinda la sociedad actual, el cual "lo único que hace es producir neurosis y enfermar a la gente", alertó.

"Los deportistas, por ejemplo, como Rafa Nadal, están sometidos a una exigencia y presión constante que muchas veces les produce angustia; con mis pacientes deportistas hago hincapié en que es más importante lograr la armonía espiritual que la superación personal", apuntó.

El principal concepto que maneja Santandreu en su libro es el de "terribilitis", una patología a la que define como el "arte de agrandar los problemas y las adversidades que tienen las personas".

"Las personas vulnerables emocionalmente están llenas de exigencias y cuando estas no se cumplen se enfadan con ellas mismas y con el mundo", explicó a Efe.

Aseguró además que su libro "no es de autoayuda, porque propone un método para cambiar, comprobado con más de dos mil estudios que avalan su eficacia".

"No me gustan la mayoría de los libros de autoayuda, porque no sirven y sólo son una colección de ideas bonitas; hasta a veces son nocivos, como 'El Secreto', que inculca la idea de que si se desea mucho algo se puede conseguir; eso lo único que logra es generar ansiedad en la gente", detalló.

Santandreu desarrolla sus terapias en el marco de la psicología cognitiva, que se enfoca en detectar las creencias irracionales que producen un diálogo interno que deprimen a la persona.

"Buscamos detectar el problema y erradicarlo cuanto antes; pensamos de una manera muy distinta al psicoanálisis, que para mi gusto hace mucho hincapié en el pasado y tarda mucho en brindar soluciones concretas", afirmó.

Ciudad Real, por Elpidio de Mier


CIUDAD-REAL 



Salve...!! Ciudad heroica, perla escondida, 
de castellana gloria fiel Atalaya, 
ignorada en el lecho de tu heroísmo 
envuelta en rico armiño de antigua España. 
Alfonso X, el Sabio, te dio existencia 
y grabó su grandeza, jamás borrada, 
en el honor austero de tus señores, 
en los ruinosos cubos de tus murallas, 
en redor de aquel pozo, donde la Historia 
diz que escribió el Rey Sabio nobles proclamas 
y trazó los jalones de sus Partidas 
que atraviesan los siglos entre alabanzas, 
El Dios de los cristianos bendijo el suelo 
que hollaban los bridones de tus mesnadas, 
porque la fé profunda de tus caudillos 
en honor, sin negruras, iba engarzada. 
Ciudad-Real con Toledo, fué fortaleza 
donde fincó el cristiano sus fieles armas, 
donde más mora sangre regó la tierra, 
donde fué más probada la fé cristiana, 
donde en cada pedazo del suelo augusto, 
donde por cada almena de tus murallas, 
salió un rayo de gloria, con heroísmo, 
para forjar los cetros de nuestra España. 
Salve...! Solar augusto de la hidalguía, 
capital cenicienta de extensa Mancha, 
donde círculo forman los horizontes, 
donde es fecunda y rica la tierra llana. 
He corrido del mundo los climas todos..., 
y donde el patriotismo noble se exalta, 
no recuerda el patriota las nuevas cosas... 
el corazón hispano tiende a la Mancha 
y surgen, en la mente, de sus llanuras 
memorias y contentos que van al alma 
se recuerdan ensueños de D. Quijote, 
sueños de gentileza, de bienandanza, 
que hicieron infecundos, materialistas 
de la vil descendencia de Sancho Panza, 
y tienen desmedrados altos destinos 
con los cuales Cervantes siempre soñaba..., 
y surgen los recuerdos de los molinos 
de armazón gigantesco y enormes aspas, 
que al borrar su existencia los gobernates 
han colocado en ruinas la triste Patria, 
y estudiantes hambrientos, de capa rota, 
detrás de los arrieros y sus reatas, 
y, a través de los tiempos, las maritornes 
salen con las monsergas de las posadas 
para dar, sencillotas, al peregrino 
cansado de los viajes, fuerte pitanza, 
y... sobre todas esas bellas escenas 
en que inyectó Cervantes vital pujanza, 
flotan las armonías de la nobleza, 
la sencillez manchega fina y gallarda, 
el amor al terruño del heroísmo, 
el imborrable apego que tiene el alma 
a lo que eternamente vive en el mundo 
y guarda entre sus pliegos la enseña Patria 
Ciudad-Real, centro augusto del suelo santo 
donde el pasado tiene viviente calma, 
las empedradas calles de rudos chinos, 
la quietud placentera de sus moradas, 
en lejano horizonte, grandes rebaños, 
fecundas sementeras en lontananza, 
Solo a la triste sombra de tus mesones 
pudo trazar su pluma, siempre gallarda, 
belleza de Marcelas, entre colores 
que el inmortal artista formó a Zoraida 
y forjó de Luscinda la bella idea, 
trazada entre contrastes y filigranas, 
para legar al mundo del pensamiento 
soberana leyenda, nunca igualada, 
Ciudad-Real, la que ostentas en tu atavío 
de la auténtica gloria las viejas galas, 
de inolvidables tiempos vivos recuerdos, 
de lejanas venturas costumbres raras, 
sonrisa de los patios de Andalucía, 
austeridad de casas zaragozanas, 
fraternales corrillos en las callejas, 
impecables blancuras en las fachadas, 
algarabías jocosas en los mercados, 
y enanos edificios en ricas granjas, 
y atravesando fuertes las pétreas calles 
enjaezadas parejas de la labranza: 
torcido laberinto de callejuelas 
en direcciones varias: en lontananza 

por lineales caminos, pausadamente,
las vigorosas yuntas de la labranza.
Tierra de las leyendas y los empeños,
solar de D. Alonso, severa Mancha,
solo tu has sido marco digno y augusto
para grabar Cervantes la Gran Fazaña
de Alonso de Quijano, que a todo el orbe
ha contado virtudes de nuestra Raza.
Solo a la triste sombra de tus mesones

pudo trazar su pluma, siempre gallarda,
belleza de Marcelas, entre colores
que el inmortal artista formó a Zoraida
y forjó de Luscinda la bella idea,
trazada entre contrastes y filigranas,
para legar al mundo del pensamiento
soberana leyenda, nunca igualada,
Ciudad-Real, la que ostentas en tu atavio
de la auténtica gloria las viejas galas,
de inolvidables tiempos vivos recuerdos,
de lejanas venturas costumbres raras,
sonrisa de los patios de Andalucía,
austeridad de casas zaragozanas,
fraternales corrillos en las callejas,
impecables blancuras en las fashadas,
algarabías jocosas en los mercados,
y enanos edificios en ricas granjas,
y atravesando fuertes las pétreas calles
enjaezadas parejas de la labranza:
torcido laberinto de callejuelas
en direcciones varias: en lontananza
espigas de los templos de diez centurias
y ruinosos conventos de mil ventanas,
arabescas molduras, casi ruinosas,
de la Puerta Toledo desmantelada,
y los cubos de adobes de su recinto
e innúmeros portillos en la muralla
dan al solar glorioso donde el Rey Sabio
puso el trono viviente de sus hazañas

aspecto de Mueso de los recuerdos
donde sagradas duermen glorías de España,
besadas por el aura de la grandeza
que no borran los siglos ni intriga extraña.
Ordenes Militares: el Priorato
en tu recinto tienes: y Calatrava,
con Santiago y Alcántara, con Montesa,
que fulgores irradian de glorias patrias,
entre tus viejos muros ennoblecidos,
como sacro tesoro su Sede guardan.
Salve..! ¡Ciudad de hidalgos, tranquila, heroica,
pasarán las edades con sus infamias
y adornarán tu frente las aureolas
de solar imborrable, donde la Patria
forjó de la conquista las sabías leyes
que han humillado, al tiempo con su prestancia,
y aunque olviden algunos tus gallardías
ostentarán tus sienes de Reina amada,
corona inmarcesible de honor y gloria
y, ciudad del Rey Sabio, serás llamada.

Ciudad-Real, Enero 1920.