jueves, 28 de mayo de 2026

El reloj que supone un relojero o El diseño inteligente

 Parece que la creencia en Dios suministra una capacidad evolutiva de mejora. Según explican las estadísticas, los creyentes viven más tiempo que los ateos y se deprimen menos. A un ateo le debía resultar por lo menos paradójico.

Suponga un mundo donde el tiempo no fluye o fluye muy poco. O donde está todo el tiempo comprimido. Algo así como el universo de los heptápodos de La llegada, la película. La evolución sería paradójica en un sentido o en otro. Circular. Se mejora y se demejora y se mejora otra vez para volver a demejorar. La entropía sigue existiendo pero tiene poco trabajo que hacer. Hace falta un sentido perpetuo en el tiempo, "hacia la infinidad buscando orilla", como escribió el capitán Francisco de Aldana. Pero la vida humana es discontinua.

Según los teólogos, hay tres cosas que nos hacen trascender: la belleza, el bien o bondad y la verdad. Y ya decía Keats en A una urna griega que la verdad es belleza y la belleza es verdad. Y Dickinson: La belleza es la realidad de la naturaleza.

Tal vez sea preferible un relojero ciego a ninguno.

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