domingo, 31 de mayo de 2026

Los católicos hoy en España

 ¿Quiénes son los católicos hoy? La España que se encontrará León XIV, en El País, Álvaro Sánchez-Martín|Enrique Alpañés|Sebastián Casse (Gráficos), 31 may 2026:

[Los estadillos en el artículo original]

Casi la mitad de la población se declara católica, unos 20 puntos menos que en 2011, pero la religiosidad se ha vuelto más porosa. Hay más flexibilidad y cada vez menos confianza en la Iglesia como institución

El papa Benedicto XVI visitó España en agosto de 2011. Para dar buena imagen, la policía desalojó a los últimos acampados del 15M de la Puerta del Sol de Madrid. Habían sido convocados a través de Twitter y Facebook, dos redes sociales nuevas que prometían fortalecer las democracias y acercarnos a nuestros amigos. En los mercados se hablaba de la prima de riesgo; en el Congreso, de fin de ciclo y crisis económica. La saga de Harry Potter arrasaba en los cines y en las tiendas se vendía el nuevo iPhone 4.

El papa León XIV llegará a España el 6 de junio. La España que se va a encontrar es muy distinta de la de entonces. De los rescoldos del 15M nació un partido político. La prima de riesgo pasó a ser un concepto informativamente anodino, pero la precariedad juvenil se mantuvo. Pasó suficiente tiempo como para que Harry Potter pueda volver a ser adaptada, esta vez como serie para la televisión en streaming y el iPhone va por su versión número 17. El país también ha cambiado en términos de fe. Mucho. Este es el retrato de la España católica que va a encontrar León XIV.

Los católicos en España disminuyen más que en otros países de Europa. % de población de cada país que se identifica como católica

Italia, 72%

España, 50%

Alemania, 23%

Polonia, 83%

Fuente: European Social Survey. EL PAÍS

El caso de España no es especial, pero sí está especialmente marcado. El proceso de secularización es aquí más evidente que en otros países del entorno europeo, con una tradición religiosa similar.

Las series históricas del CIS dan una idea de cómo ha evolucionado el perfil de la España católica. En 2011, según este organismo, el 71,7% de los españoles se consideraban católicos. En 2026 ese porcentaje se ha desplomado al 53%. Pero si buscamos una foto fija, el mejor retrato lo ofrece el Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC), un estudio que considera también a los millones de personas que viven en el país sin tener en cuenta su nacionalidad.

El más reciente, de 2025, dibuja un país dividido: el 49% de las personas que residen en España dice tener creencias religiosas (el 46% se declara católico), mientras que un 51% no las tiene.

Podría parecer que España está partida por la mitad. Pero en temas de espiritualidad, advierten los expertos, ya no somos totalmente binarios. “Históricamente, hablábamos de una población atea y una población católica. Hoy en día es mucho más complejo”, explica Mar Griera, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautora del informe. Los dogmas son más porosos; la religión ya no se entiende como un pack ideológico completo, sino que cada creyente coge lo que le conviene. Incluso el ateísmo es menos político y militante, más abierto a experimentar con otras formas de espiritualidad.

El alma y las energías, las creencias más extendidas. % de encuestados que dice creer "Mucho" o "Bastante" en los siguientes aspectos

Existencia del alma, 45%

Las energías, 40%

La vida después de la muerte, 35%

Los ángeles, 26%

Los milagros, 24%

La astrología, 21%

La reencarnación, 20%

La videncia, 15%

Las terapias espirituales para curar enfermedades, 13%

Fuente: Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC). EL PAÍS

España no se está volviendo atea, sino espiritualmente mestiza. La forma en la que nos relacionamos con la religión y la espiritualidad es cada vez más compleja y fluida. “Esto se ve especialmente en las nuevas generaciones”, explica Griera. “Hay una cierta capacidad de juego y curiosidad. También porque se lo toman más a la ligera”.

Esto también se debe al catolicismo sociológico propio de España. Hay una buena parte de los religiosos que lo son casi por ósmosis, fruto de un catolicismo diluido en la cultura. “Esa división no ocurre en todos los lugares del mundo”, explica Mónica Cornejo-Valle, antropóloga de la Universidad Complutense de Madrid. “Solo en los países donde ha habido una historia de monopolio católico y una fuerte vinculación Iglesia-Estado”.

Los católicos culturales han sido criados en un contexto religioso; no van a misa cada semana, pero mantienen ciertos ritos más por costumbre que por convicción. Pueden interesarse por los pasos de Semana Santa y celebran por la Iglesia acontecimientos como bodas, bautizos y comuniones. Aunque cada vez menos.

La secularización también llega a los rituales familiares. % de bautizos entre los nacidos de cada año y % de matrimonios religiosos del total de enlaces

[Estadillo]

Fuente: Conferencia Episcopal Española e INE. EL PAÍS

Esta es la foto general, pero si hacemos zoom, vemos un núcleo duro de creyentes practicantes, que van a misa los domingos. Un 18% lo hace al menos una vez al mes. Y su perfil es ligeramente distinto al del resto de católicos. Los practicantes suelen comulgar con las directrices de la Iglesia en temas morales y políticos. Es complicado hacer un retrato robot sociológico, pues hay mucha diversidad, pero el BREC lo intentó. Sería este.

[Eswtadillo: Identificación religiosa en España por sexo, edad e ideología. % del total de encuestados]

Paloma Llamas (de Madrid, 66 años) es el fiel reflejo de ese retrato.

Es viernes, media tarde en la capital. Lleva casi una hora junto a su marido, José Luis del Bosque (de Salamanca, 73 años), sentada en uno de los bancos de la basílica de María Auxiliadora de Atocha, un ¿jortemplo? que no lo parece desde fuera. Tiene una fachada amplia, ladrillos rojos y vidrieras demasiado pequeñas para el muro que las sostiene. Todavía permanecerá un rato más, lo que quede hasta la misa.

—¿Qué es para usted ser católica?

—Vocación de servicio

Responde esas tres palabras como se entona un Padre Nuestro, casi sin pensar. La vocación de servicio le ha llevado también a ser una entre los 18.000 voluntarios que colaborarán en la visita del Papa. Su marido, Del Bosque, será otro. “A la vida hay que buscarle un fin y un objetivo”, apunta él.

El número de convocados casi ha duplicado las expectativas de la archidiócesis de Madrid, que esperaba 10.000. Para Jesús Pascual, que lleva meses dedicando horas y horas de su tiempo libre para coordinar a todos estos fieles, el resultado ha sido emocionante. “Miles de personas dejan de pensar en sí mismas para servir a algo mucho más grande”, dice.

Quedan lejos, sin embargo, los 30.000 voluntarios que consiguió convocar Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2011 en la capital de España. Pero aunque la Iglesia se haya encogido desde entonces, se mantiene como un faro moral, con gran autoridad, capaz de seguir movilizando a millones de fieles.

Eso se refleja en la variedad de perfiles de los que se han ofrecido para trabajar gratis durante la visita del Papa, prestar su casa a peregrinos y clérigos de todo el mundo o acompañar a personas con necesidades especiales. Paula Portas (de León, 38 años) es otra voluntaria. “Muchos piensan que estamos chiflados. Lo que estamos es enamorados de Dios”, dice.

A Paloma Llamas y Paula Portas les une su pasión por la religión, pero, por lo demás, son dos personas con trayectorias diferentes, contextos distintos e ideas en ocasiones opuestas. Por ejemplo, cuando a Llamas se le pregunta por la prioridad nacional —la propuesta de Vox que busca dar preferencia a los españoles frente a extranjeros en ayudas y servicios—, responde: “A mí no me parece mal. No todos vienen a trabajar”. Cuando la pregunta se le formula a Portas, contesta: “Estoy segura de que Jesús nos diría que todos somos hermanos”.

Los dogmas morales propios de cualquier religión tienen traslación en la vida política y la actualidad. La Iglesia es un actor político, pero sus prioridades en este campo han ido cambiando. Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, el foco estuvo muy centrado en debates como el matrimonio igualitario o el aborto. “Surgió entonces, a partir de los primeros dos miles y muy en contra de la legislatura de Zapatero, un activismo muy conservador, representado por grupos como Hazte Oír”, explica Cornejo-Valle. Este ha permanecido, incluso ha aumentado, con plataformas con un perfil muy mediático como Abogados Cristianos. Pero la jerarquía eclesiástica ha abierto otros debates. Francisco I y León XIV no han supuesto un cambio radical (la Iglesia se sigue oponiendo al aborto y a los derechos del colectivo LGTBIQ+), pero han puesto el foco en temas más vinculados a la izquierda, como el pacifismo y la aceptación de las personas migrantes.

“Este Papa tiene a un sector de la Iglesia que no se siente representado. Y se da la paradoja de que alguien conservador se debe a la jerarquía”, comenta Cornejo-Valle. “Hay esta tendencia a la disciplina, pero a la vez hay también una guerra cultural interna. Algunos grupos de católicos se han aliado con el mundo evangélico más conservador de Estados Unidos”.

Otro tema que ha desgarrado a la Iglesia en los últimos años ha sido el de los abusos en su seno y la forma de afrontarlos. EL PAÍS ha contabilizado desde 2018 3.084 víctimas y 1.613 presuntos agresores. Solo en los últimos años, bajo las directrices de los dos últimos papas, se ha empezado a colaborar en la reparación a las víctimas (en España el acuerdo entre Iglesia y Estado lleva en vigor apenas unos meses). Esta lacra, y la forma de afrontarla, ha erosionado la autoridad moral de la Iglesia en algunos sectores.

Pero si hay un debate político que atraviesa a la Iglesia, es el del feminismo. Las mujeres representan al 80% de la Iglesia activa, pero han estado marginadas de la toma de decisiones durante siglos. El papa Francisco intentó darle la vuelta a esa paradoja con un proceso que quedó a medias tras su muerte. Ahora está por ver qué camino sigue León XIV. “La Iglesia Católica ha tenido, como todas las iglesias abrahámicas, un perfil de dominación masculina”, confirma Cornejo-Valle. “Las mujeres forman parte del cuerpo, la materia social sobre la que se fundan las iglesias, pero luego no lideran. Son un poco la clase obrera de la religión. Sucede en muchas religiones que, cuando nacen, están más abiertas a los liderazgos femeninos, pero cuando se consolidan socialmente, se las aparta”.

Esto es así en la jerarquía eclesiástica y en la base de feligreses. El BREC lo deja claro: el 56% de las mujeres se considera religiosa frente al 46% de los hombres. Pero si cruzamos esta variable con la edad, se empiezan a ver ciertas interferencias. “Históricamente, las mujeres tenían un índice de creencia y práctica más alto que el de los hombres, y en las generaciones más mayores aún es así”, analiza Griera. “Pero en los jóvenes es más complejo”. Para la franja de 25 a 34 años, los porcentajes son idénticos: un 44%. Además, los hombres tienen más predisposición a creer en un dios único, y las mujeres, en una realidad espiritual, en la Madre Tierra. “Pero creo que aún no tenemos suficientes datos”, puntualiza la experta.

Los jóvenes siguen siendo el grupo más alejado de la religión, pero la comparación temporal apunta a un cambio de tendencia: entre los menores de 30 años, el descenso de creyentes se ha frenado y empieza a observarse un retorno tímido al cristianismo. Es el único grupo de edad en el que ocurre.

El catolicismo frena su caída y repunta entre los menores de 30 años. % de encuestados que se identifican como católicos por tramo de edad entre población española de más de 18 años

[Estadillo] 

El CIS cambió la formulación de la pregunta sobre religión en 2019 y el medio de recogida de las respuestas en 2020. Fuente: CIS. EL PAÍS

Lauro Martín, cura y director del Centro Juvenil de Atocha, dice haber notado este cambio en su trabajo diario con jóvenes. Para él, una parte de la explicación está en el relevo generacional: “Hemos dejado atrás la generación que vivió la religión impuesta. Muchos de los prejuicios que había antes ya han desaparecido”.

La ruptura de esa tendencia en las generaciones más jóvenes es la esperanza a la que la Iglesia se aferra.

Ana Igualada (de Orihuela, Alicante, 21 años) es un buen ejemplo. También es voluntaria en la visita del Pontífice, pero hasta hace tres años no se consideraba creyente. “Necesitaba algo y no sabía lo que era”, explica. La primera vez que se aproximó a la religión fue en 2023, el verano que se organizó la JMJ para recibir al papa Francisco en Lisboa. En ese momento solo era cuestión de curiosidad. No había prejuicios. Pero su fe se intensificó cuando llegó a Madrid para estudiar Economía y Matemáticas en la Universidad Rey Juan Carlos. “Socializar en una ciudad a veces es complicado. En las comunidades de jóvenes he encontrado siempre las puertas abiertas”.

Ese tipo de biografías encaja con una transformación más amplia: el paso de una religión heredada a una religión elegida. Como explica el teólogo Juan José Tamayo, el Concilio Vaticano II abrió el camino hacia un modelo de Iglesia más centrado en la comunidad, la libertad personal y el diálogo con el mundo, frente al viejo cristianismo apoyado en la tradición social.

Juan San Vicente (de Marbella, 25 años) se sienta al lado de Ana Igualada y aporta un contexto algo distinto. A diferencia de Igualada, San Vicente siempre ha sido católico, pero redescubrió su fe, dice, en un retiro espiritual para jóvenes. “En este tiempo en el que estamos tan estimulados por el móvil y las redes sociales, lo que necesitamos es respuestas y volver a conectar con el que tenemos enfrente”, apunta. Para él, la religión funciona como un lugar donde sostenerse.

Tanto Igualada como San Vicente subrayan el componente social de la fe. La religión como forma de hacer comunidad, de pertenecer a un grupo.

Según Rafael Ruiz, doctor en Sociología y en Ciencias de las Religiones, la religiosidad juvenil no responde a una única causa. Influye la ausencia de educación religiosa previa, que elimina rechazo y obligación. “El propio proceso de secularización puede explicar el nuevo interés por la religión”, comenta. Otro factor es la inseguridad. En una época en la que parece haberse roto la promesa del estado de bienestar, en la que es cada vez más difícil acceder a una vivienda o plantearse un proyecto de familia, aparecen las dudas. “Hay una conexión importante entre las posiciones de fragilidad y vulnerabilidad y la pregunta por lo religioso”, señala el sociólogo.

Quizá para atraer a este grupo poblacional, la fe se ha vuelto más visible. Se expresa en redes, en encuentros masivos, en formatos adaptados a los códigos contemporáneos. “Hay un crecimiento de un catolicismo neoconservador, con mucho arraigo entre los jóvenes, que mezcla los mensajes clásicos con la cultura pop”, explica Griera. “En Semana Santa, por ejemplo, hubo una fiesta de la Resurrección con DJs católicos, grupos musicales como Hakuna, influencers. También hacen retiros para jóvenes como los de Ondas Católicas o los de Emaús”. Como explica el teólogo Juan José Tamayo, hay “una renovación en los códigos, pero no en los contenidos”. Todo ese catolicismo sigue ahí. Hace mucho ruido. Pero visibilidad no siempre equivale a magnitud.

En ese contexto, lo que aparece no es un regreso uniforme a la religión, sino algo más fragmentado: una recomposición. Ahí está, quizá, la clave de la España que encontrará León XIV. No es ya la de un catolicismo dominante ni la de una secularización completa. Es un país con una espiritualidad híbrida. Las tendencias parecen evidentes, pero deberían ser puestas en contexto. Puestos a ampliar el foco, lo ideal sería alejarse mucho, más allá de lo que las encuestas permiten. Lo suficiente como para evaluar los casi dos milenios de historia de la Iglesia católica. Pocas instituciones han sabido surfear los cambios sociales e históricos con tanto éxito. Los movimientos en la Iglesia son lentos, casi tectónicos. A su ritmo suceden y condicionan enormemente a las sociedades donde se dan.

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