miércoles, 6 de enero de 2010

Cervantistas

La Asociación de Cervantistas (fundada en 1988) celebró elecciones recientemente en la bella (lluviosa y campaneada) ciudad de Münster. El período de la Junta Directiva es de tres años (2009-2012). Esta es la mesa actual:
Presidente:
· José Montero Reguera (Universidad de Vigo)
Secretario:
· José Manuel Lucía Megías (Universidad Complutense de Madrid)
Vicepresidenta:
· Maria Caterina Ruta (Universidad de Palermo)
Tesorera:
· Alicia Villar Lecumberri (Universidad Autónoma de Madrid)
Vocales:
· María Fernanda Abreu (Universidad Nova de Lisboa)
· Maria Augusta da Costa Vieira (Universidad de São Paulo)
· Aurelio González (El Colegio de México)
· A. Robert Lauer (Universidad de Oklahoma)
· Ruth Fine (Universidad Hebrea de Jerusalén)
· Santiago López Navia (Universidad SEK, Segovia)
· José Manuel Martín Morán (Universidad del Piamonte Oriental)
· Emilio Martínez Mata (Universidad de Oviedo)
· Michel Moner (Universidad de Toulouse Le Mirail)
· Christoph Strosetzki (Universidad de Münster)
Como viene siendo normal, ni un representante de la prestigiosísima Universidad de Castilla-No Marcha. Eso ya dice algo (no de la sociedad, sino de la Universidad de Castilla-La Mancha).

La entereza, o esa palabra tan pedante, resiliencia

¿Quién manda en mi vida? Borja Vilaseca, El País, 3-I-2010.

Una enfermedad, un accidente, una ruptura, un despido, la muerte de un ser querido... Las desgracias pueden, paradójicamente, permitirnos madurar. Todo depende de cómo las veamos: como problemas o como oportunidades. Ésta es la primera entrega de una serie de tres reportajes sobre crecimiento personal.

41 años. Separado y con tres hijos. Escritor, conferenciante y psiconomista. El detonante de su fortalecimiento fue la muerte de uno de sus mejores amigos, lo que le llevó a padecer una depresión.

"A lo largo de mi vida he atravesado varias crisis. Una de las más importantes me sucedió a los 27 años, cuando un infarto se llevó a uno de mis mejores amigos. Su muerte me hundió en una depresión de la que salí sin pastillas. Aquel intenso sufrimiento me movió a investigar más profundamente acerca del alma humana. Y a escribir acerca de lo que sentía dentro de mí. Así fue como descubrí mi vocación literaria y mi pasión por servir a los demás haciendo lo que amo: compartir mi propia experiencia de transformación. Más adelante estuve a punto de perder a uno de mis hijos. Desde entonces me siento cada día agradecido de estar vivo. Ya no doy por sentado nada. En eso consiste vivir conscientemente: en valorar lo que tienes, aprovechar lo que te sucede y disfrutar de cada momento. Para mí, la vida es un regalo maravilloso, una oportunidad para aprender a ser feliz por mí mismo y aceptar y amar a los demás. Ése es el verdadero camino espiritual. Doy gracias a la adversidad y al sufrimiento porque me han permitido descubrir el sentido de la vida".

Ahora mismo, en este preciso momento, somos el resultado de las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. O más concretamente, de cómo las hemos interpretado y de la actitud que hemos tomado frente a ellas. Si bien la mayoría de acontecimientos que forman parte de nuestro día a día transcurren casi sin hacer ruido, hay algunos hechos que nos marcan para siempre y dejan una huella imborrable en nuestra mente y en nuestro corazón. Una larga enfermedad. Un accidente de tráfico. Ser despedidos del trabajo. La ruptura de una relación sentimental. La traición de un amigo. O como le sucedió a Alex Rovira, la muerte de un ser querido. Las peores experiencias, las más difíciles de afrontar, son precisamente las que más nos posibilitan evolucionar y madurar como seres humanos. Todo depende de cómo las veamos: como problemas con los que quejarnos y victimizarnos o como oportunidades de superación y aprendizaje.

Por eso se dice que no hay mejor maestro que la adversidad. Aunque suela vivirse como un proceso difícil, incómodo y doloroso, muchas personas reconocen que gracias a sus conflictos existenciales han conectado con una fortaleza interior que desconocían. Y no sólo eso. En ocasiones, la experiencia del sufrimiento y el malestar les ha llevado a replantearse por completo su vida; a cuestionarse sus creencias y sus valores, y a cambiar así su manera de ver y de relacionarse con el mundo.

Y lo cierto es que este enfoque más constructivo y optimista no tiene nada de nuevo. El mismo Alex Rovira reconoce que se trata de un mensaje universal que se repite desde hace miles de años. Sin embargo, los seres humanos tenemos un peculiar rasgo en común: tendemos a olvidar lo que deberíamos recordar y a ser víctimas y esclavos de esta negligencia.

Al menos hasta que nuestras circunstancias devienen insoportables. Sólo entonces nos atrevemos a reflexionar y a promover algún cambio en nuestra forma de afrontar la existencia.

Sharon Blynn "El cáncer fue el maestro que me llevó a amar la vida"

38 años. Soltera. Actriz, modelo, escritora y activista. Detonante de su fortalecimiento: un cáncer de ovarios.

"Trabajaba 15 horas al día. Y a pesar del estrés y del insomnio, creía que estaba perfectamente. Pero en realidad llevaba una vida muy desequilibrada. No me ocupaba de mi salud ni de mi bienestar. A los 28 años empecé a sentir dolores muy fuertes en el estómago. Pero los médicos no sabían qué me pasaba. Finalmente, me diagnosticaron un cáncer de ovarios bastante avanzado. Tenía un 30% de probabilidades de sobrevivir. Fueron tres años muy duros para mí, marcados por la cirugía y la quimioterapia. Gracias a la enfermedad comprendí que la paz interior es el indicador más fiable de que estoy viviendo de forma sana, equilibrada y sostenible. Y que no hay nada más importante que aprender a disfrutar del momento presente. El cáncer me llevó a redescubrir la vida. Me renovó espiritualmente, dándome fuerzas para hacer algo útil e inspirador. Desde entonces, por medio de la fundación La Calva es Bella?, me dedico en cuerpo y alma a servir a las mujeres que padecen esta enfermedad. También soy conferenciante del congreso ?Lo que de verdad importa?, organizado por Además Proyectos Solidarios".

El primer movimiento filosófico que introdujo en Occidente la idea de "aprender de la adversidad" fue el estoicismo, cuyos orígenes se remontan al año 301 antes de Cristo. Por aquel entonces, las personas aquejadas por una dolorosa enfermedad como la de Sharon Blynn solían desplazarse hasta el corazón de Atenas para escuchar a Zenón de Citio, fundador de esta escuela de filosofía. Los historiadores coinciden en que fue uno de los primeros gurús especializados en desarrollo personal. Sus enseñanzas se centraban en dotar a las personas de recursos y herramientas para enfrentarse a sus conflictos y problemas. Y lo cierto es que la gente acudía en masa para escucharle y hacerle preguntas. Zenón de Citio solía explicar que la vida es una escuela y que los seres humanos somos estudiantes que hemos venido a ella a aprender. De ahí que sus charlas y discursos fueran esencialmente didácticos, compartiendo una serie de directrices muy prácticas para que sus seguidores mejoraran su competencia en el arte de vivir.

Según el estoicismo, los seres humanos debemos agradecer los infortunios que forman parte de nuestro destino, pues sólo así podemos desarrollar la virtud y la fortaleza. Para los estoicos, la vida no está gobernada por la suerte, el azar, ni las coincidencias. No creen en la casualidad, sino en la causalidad. Es decir, que todos los sucesos que componen nuestra existencia están regidos por la "ley de la causa y el efecto", por la que terminamos por recoger lo que sembramos, eliminando toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo. Eso sí, la recompensa de asumir dicha responsabilidad y de esforzarnos por cambiar de actitud es la ataraxia o imperturbabilidad interior frente a las circunstancias desfavorables. Esta sólida paz interior, que a día de hoy tan bien conoce Sharon Blynn, se consigue por medio del entrenamiento y la práctica diarios. De ahí que estos filósofos clásicos insistan en que la fuerza de voluntad sea un requisito indispensable para vencernos a nosotros mismos y conseguir los resultados de satisfacción deseados.

Víctor Gay Zaragoza "Conocerme a mí mismo me permitió vencer el miedo"

27 años. Soltero. Consultor de empresas y profesor de la Universidad de Barcelona. El detonante que le ayudó a fortalecerse fue una crisis existencial relacionada con el miedo.

"Vivía la vida sin plantearme en ningún momento quién era ni qué es lo que en realidad quería. Seguía el camino que otros habían decidido por mí. Y lo hacía por inercia y comodidad. Tenía miedo de no cumplir con las expectativas de los demás. A los 21 años decidí salir de mi burbuja. Me fui a vivir seis meses a Londres, donde sentí por primera vez la libertad para ser yo mismo. Sin embargo, al volver me encontré de nuevo secuestrado por mis circunstancias. Era esclavo de mis propios miedos e inseguridades. Mi profundo cambio interno comenzó a raíz de una serie de experiencias relacionadas con el voluntariado, el viajar solo y la meditación vipassana. El autoconocimiento me llevó a descubrir mis valores como ser humano. Conecté con la confianza de creer en mí mismo y el coraje de seguir mi propio camino en la vida. Mi mayor victoria fue vencerme a mí mismo y superar mis temores e inseguridades. Desde que sé quién soy intento inspirar a los demás a confiar en su fortaleza interior para ser libres de sus miedos y convertirse en quienes pueden llegar a ser".

Entre los principales exponentes del estoicismo destaca el filósofo Lucio Anneo Séneca (4 a. C - 65 d. C), uno de los autores preferidos de Víctor Gay Zaragoza. La fuerza que desprenden sus reflexiones se sustenta en que están inspiradas en su propia experiencia. Séneca estuvo siempre en contacto con el dolor, sobre todo debido al asma que padecía desde su infancia.

En su obra maestra, Tratados morales, Séneca le escribe una carta a su discípulo Lucilo sobre cómo encajar los golpes que nos da la vida: "Vivir siempre en la comodidad y pasar sin una pena en el alma es ignorar la otra mitad de la naturaleza. Afirmas ser un gran hombre, pero ¿cómo lo podré saber si la fortuna no te brinda la ocasión de mostrar tu virtud? Te juzgo desdichado por no haber sido nunca desdichado. Te has pasado la vida sin adversario: ni siquiera tú mismo sabrás nunca hasta dónde alcanzan tus fuerzas. La experiencia es necesaria para el conocimiento propio".

Si bien a corto plazo puede parecer una actitud masoquista, Séneca era consciente del enorme potencial que cada ser humano puede desarrollar dentro de sí mismo, estrechamente relacionado con su capacidad de crecer emocionalmente. De ahí que este filósofo sostuviera que "la adversidad es siempre una magnífica ocasión para descubrir y fortalecer nuestras virtudes", teniendo en cuenta que "cuanto mayor sea nuestro tormento (si aprendemos de ello), mayor será nuestra gloria". En la actualidad se habla de "actitud estoica" cuando alguien se toma las adversidades de la vida con entereza y aceptación.

Gloria Solé "He comprendido que la mejor defensa es no sentirse atacado"

46 años. Separada y con dos hijos. Responsable de unidad de una multinacional. El detonante de su fortalecimiento fue padecer ira crónica.

"Quería seguir mi propio camino en la vida, pero a la vez sentía que no podía defraudar a mi familia. Por dentro estaba dividida. Y esta confusión me convirtió en prisionera de mi reactividad y de mi agresividad. Poco a poco, la ira me fue devorando hasta que al final me hundí. Pero fue ese hundimiento el que me hizo reconectar con mi fortaleza. He estado muchos años luchando contra mí misma para demostrar que puedo con todo y más. Gracias a la adversidad he comprendido que no puedo cambiar ni controlar lo que me sucede. He tomado consciencia de que lo que sí depende de mí es aprender a modificar la interpretación que hago de los hechos en sí, tomando una actitud y una conducta más armoniosas y pacíficas. Al aceptar mi vulnerabilidad he conectado con mi paz interior. Ya no vivo a la defensiva. Por eso ya no me escondo siempre tras una coraza, dejando que aflore mi lado más tierno. Todavía me maravillo con el hondo afecto que me han regalado las personas de mi círculo más íntimo. Aprender a perdonarme a mí misma y a los demás me está liberando de ese peligroso veneno llamado rencor. Gracias a todo este proceso he descubierto que, independientemente de cómo sean nuestras circunstancias, todos tenemos el increíble poder de ser dueños y creadores de lo que experimentamos en nuestro interior".

Tanto el estoicismo en general como la obra de Séneca en particular han sido fuente de inspiración y admiración para ciudadanos de a pie como Gloria Solé. Y también para numerosos pensadores occidentales. De todos ellos, destaca el catedrático de Neurología y Psiquiatría de la Universidad de Viena, Viktor Frankl (1905 - 1997), a quien el destino le tenía reservada una experiencia infrahumana que marcaría para siempre el resto de su existencia.

En 1942, durante la invasión nazi liderada por Adolf Hitler, Frankl tuvo la posibilidad de emigrar a Estados Unidos con su mujer. Sin embargo, decidió quedarse para no dejar a sus padres, ya ancianos, a merced de las circunstancias. Y tan sólo unas semanas después, Frankl fue deportado junto al resto de su familia al campo de concentración de Theresienstadt.

Tras ser testigo de la muerte de su padre, y sin saber nada de su esposa y su madre, los soldados nazis le requisaron y rompieron el libro que contenía su larga y exhaustiva investigación profesional. Una vez destruida su obra, Frankl decidió ponerla en práctica, encarando aquella abrumadora experiencia con fortaleza y aceptación.

Finalmente, fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Había conseguido sobrevivir al Holocausto, pero en aquellos campos de exterminio fueron asesinados sus padres, su mujer y su hermano, entre otros millones de seres humanos. Al regresar a Viena, Frankl escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido, en el que describe la vida de los prisioneros en un campo de concentración desde la perspectiva de una psiquiatra.

En esta obra autobiográfica, Frankl afirma que "incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, los seres humanos preservamos la capacidad de elegir la actitud con la que afrontamos nuestras circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad interior y espiritual la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido".

Gracias a Frankl hoy sabemos que "entre el estímulo externo y nuestra consiguiente reacción hay un espacio en el que podemos elegir dar la respuesta que más nos favorezca". De hecho, y como explica Gloria Solé, ese espacio es totalmente nuestro y es el fundamento de la responsabilidad existencial que podemos asumir de forma consciente. Se trata de nuestra libertad última para decidir en cada momento quiénes queremos ser y de qué manera deseamos tomarnos lo que nos sucede.

El concepto contemporáneo que ha tomado el relevo a las investigaciones de Frankl se denomina resiliencia. Y se define como "la capacidad de aprovechar circunstancias adversas para madurar emocionalmente". Es decir, que la resiliencia alude a la posibilidad de aprovechar según qué experiencias para conectar con nuestro espíritu de superación.

Entre las historias más inspiradoras que muestran la grandeza oculta en el interior de cada ser humano destaca la protagonizada por el jugador de rugby uruguayo Fernando Parrado. El 13 de octubre de 1972, con tan sólo 22 años, sobrevivió al accidente del vuelo 571 de la Fuerza Área Uruguaya que se estrelló en la cordillera de los Andes. De los 45 pasajeros, 12 murieron en la colisión y otros seis fallecieron a lo largo de la primera semana. Entre las víctimas se encontraban la madre y la hermana de Parrado. Los 27 supervivientes tuvieron que hacer frente a temperaturas de 35 grados bajo cero, guareciéndose en los restos del avión, que quedó partido por la mitad. Debido a la falta de comida no les quedó más remedio que alimentarse de la carne de sus compañeros fallecidos. Y ni siquiera esta terrible decisión les garantizaba su supervivencia: a través de un transmisor escucharon que habían abandonado la búsqueda. Y tan sólo 16 días después del accidente, otras ocho personas murieron como consecuencia de un alud, que enterró literalmente el avión debajo de la nieve.

A los 62 días todavía quedaban 16 personas con vida. La mayoría estaban desnutridos, decaídos y sin esperanza. En medio de aquel clima de agonía y desesperación, Parrado decidió que no iba a morir sentado. Estaba dispuesto a salir de aquel lugar por su propio pie. Junto con Roberto Canessa anduvo durante 10 días más de 70 kilómetros, atravesando picos helados de 6.000 metros de altura. Exhaustos y sin nada que comer, finalmente encontraron a un campesino chileno, que tuvo que cabalgar ocho horas para avisar a las autoridades más cercanas. Al día siguiente fueron en helicóptero a rescatar al resto de sus compañeros.

A día de hoy, Parrado es uno de los conferenciantes más demandados a nivel internacional. Y su libro Milagro en los Andes se ha convertido en un best seller. "Cuando escuché en la radio que no nos iban a rescatar decidí que yo no iba a quedarme allí, que si había que morir, moriría en el camino", explica Parrado. "Aquella experiencia me hizo tocar fondo. Perdí a mi madre, a mi hermana y a mis amigos. Pero también me enseñó una lección que nunca olvidaré: cualquier ser humano es capaz de soportar y superar su destino, sea el que sea. Nunca más en mi vida he vuelto a tener problemas. Desde entonces acepto la vida tal como me viene".

Jordi Muñoz "Todo lo que necesito para ser feliz está dentro de mí"

31 años. Vive en pareja. Coach (entrenador) personal. Detonante de su fortalecimiento: la angustia existencial, que le llevó en un momento determinado al borde del suicidio.

"Vivía por y para los demás. Me dedicaba a cuidar y agradar a quienes me rodeaban, pensando que así me darían el afecto que yo no me estaba dando a mí mismo. Sin embargo, cada vez me sentía más angustiado y triste. A los 21 años sentí que mi vida era un laberinto sin salida. Estuve a punto de suicidarme. Pero no lo hice por respeto a mi familia. Me encerré en el baño de mi casa y estuve llorando tres horas sin parar. Allí toqué fondo. Y fue entonces cuando me dije a mí mismo que iba a salir de aquella situación. Hice terapia durante un año. Creo que fue lo primero que hacía por mí mismo. Me di cuenta de que el amigo que había estado buscando afuera se encontraba dentro: era yo mismo. Y esta revelación me llevó a aprender a aceptarme y quererme tal como soy. A día de hoy siento que me tengo a mí mismo y me siento lleno de alegría y amor. Y es precisamente esta dicha la que me mueve a acompañar a otras personas en el proceso de cambio y crecimiento interior. Estamos aquí para aprender".

Más allá de fortalecernos, experiencias como la de Jordi Muñoz pueden llegar a transformarnos por completo. Pero, ¿qué es exactamente lo que cambia cuando una persona cambia? Su paradigma. Se trata de un concepto introducido por el epistemólogo estadounidense Thomas Kuhn (1922-1996) en su influyente ensayo La estructura de las revoluciones científicas, en el que define la palabra paradigma como "modelo, teoría, percepción, supuesto o marco de referencia". Es decir, como la manera en la que se ve, se comprende y se actúa en el mundo. El cambio de paradigma suele vivirse como una profunda revelación, como si se produjera un clic en nuestra cabeza. Algunos psicólogos contemporáneos lo denominan "el despertar de la consciencia", pues nos permite vivir desde una nueva comprensión, recuperando el contacto con nuestra esencia humana, con las cosas que de verdad importan.

Entre otros filósofos que han ahondado en el estudio y la comprensión de qué es lo que despierta y engrandece el espíritu humano, destaca el colombiano Gerardo Schmedling (1946-2004), que a la edad de 22 años vivenció la muerte clínica, una experiencia que también fue determinante en el descubrimiento de su vocación profesional. Su gran aportación consistió en analizar los aspectos más intangibles de nuestra condición humana desde una perspectiva escéptica y científica.

A juicio de Schmedling, "debido a nuestra resistencia al cambio, sólo nos atrevemos a cuestionar nuestra manera de entender la vida cuando llegamos a una saturación de malestar". Tanto es así, que "el sufrimiento es el estilo más común de aprendizaje entre los seres humanos". Es la antesala de la denominada "crisis existencial", un proceso psicológico que "remueve los cimientos sobre los que se asientan nuestras creencias y nuestros valores, posibilitando la evolución de nuestro nivel de consciencia".

Así, "la función biológica del sufrimiento es hacernos sentir que nuestro sistema de creencias es ineficiente y, por tanto, está obstaculizando nuestra capacidad de vivir en plenitud". Según las conclusiones científicas de Schmedling, "la adversidad y el sufrimiento nos conectan con la necesidad de cambio y evolución". Es decir, "con la honestidad, la humildad y el coraje de ir más allá de las limitaciones con las que hemos sido condicionados por la sociedad para seguir nuestro propio camino en la vida".

Nora Isern "El sufrimiento me llevó a conectarme con mi verdadera esencia"

35 años. Soltera. Psicóloga. Detonante de su fortalecimiento: sufrió un colapso en el cuello debido a la hipervelocidad, el cansancio y el estrés.

"A los 27 años hice realidad mi sueño: convertirme en directiva de recursos humanos de una gran empresa. Pero al conseguir aquella meta me sentí profundamente vacía. Me había convertido en una autómata que trabajaba sin cesar para obtener el reconocimiento de la sociedad. Un día, quemadísima por el estrés, se me desplomó literalmente la cabeza sobre los hombros. La medicina tradicional no supo darme respuestas ni soluciones. Me derrumbé psicológicamente. Fue entonces cuando encontré en las terapias alternativas y en el crecimiento personal mi sanación. Descubrí que llevaba años desconectada de mi corazón, de lo que verdaderamente sentía que quería hacer con mi vida. Y esto era algo que el dinero no podía arreglar. He aprendido a respetarme, siendo fiel y auténtica conmigo misma, más allá de los estereotipos y convenciones sociales. No hay nada más liberador que quitarse la máscara y ser uno mismo, viviendo conectado con tu verdadera esencia".

Entre otras grandes historias de cambio de creencias y valores, destaca la del soldado norteamericano Ron Kovic, nacido el 4 de julio de 1946, día en que Estados Unidos celebra la Declaración de la Independencia sobre Gran Bretaña. Kovic era un gran patriota: amaba tanto a su país, que no dudó en alistarse voluntariamente en el ejército para combatir en la guerra de Vietnam. Por aquel entonces no veía a los soldados del Vietcong como "seres humanos", sino como "enemigos comunistas".

Ya en el campo de batalla, Kovic reconoce haber sido testigo y protagonista del horror y la destrucción inherente a cualquier guerra. En sus memorias confiesa que, durante un combate, su pelotón asesinó por error a varias familias de campesinos vietnamitas, incluidos mujeres, ancianos y niños. Al parecer, sus casas de adobe estaban en la línea de fuego, y quedaron convertidas así en "daños colaterales". Ese mismo día, Kovic disparó también por error a un compañero suyo, a quien confundió con un soldado enemigo. Y aquella muerte fue el principio de un largo proceso de cambio y despertar. El punto de inflexión en la historia de su vida se produjo el 20 de enero de 1968. Con tan sólo 21 años, Kovic recibió un par de disparos y sufrió una grave lesión en la médula espinal que le dejó paralizado de cintura para abajo. Después de estar a punto de morir en un improvisado hospital y de pasar varios meses postrado sobre una cama, Kovic regresó en silla de ruedas a Estados Unidos, donde fue recibido por su comunidad como un héroe de guerra.

Sin embargo, en sus muchas y largas horas de silencio y soledad empezó a cuestionarse a sí mismo, reflexionó sobre las atrocidades que había cometido y, sobre todo, acerca de lo que le había empujado a hacerlas. Finalmente se deshizo de sus "creencias patriotas y religiosas" que tanto le habían condicionado para ir a la guerra y llegó a convertirse en uno de los pacifistas norteamericanos más reconocidos de este país.

Autor del libro autobiográfico Nacido el 4 de julio -llevado luego a la gran pantalla por el cineasta Oliver Stone-, Kovic cumplirá en unas semanas 41 años sentado sobre una silla de ruedas. "La cicatriz siempre estará ahí, es un recuerdo de lo que hice en aquella guerra", afirma este pacifista. "Pero también se ha convertido en algo hermoso, pues me inspira fe, esperanza y amor. La vida me ha dado la oportunidad de pasar a través de la noche oscura del alma a una nueva tierra, de obtener una visión y una compresión totalmente diferentes. A pesar del dolor y de la gran dificultad que me genera, la discapacidad física ha sido una bendición. He necesitado sufrir para empezar a comprometerme con la paz y con la no violencia".

En contraposición a estas historias inspiradoras, como la de Nora Isern, en las que sus protagonistas evolucionaron gracias a la experiencia de la adversidad, se sabe de muchos otros casos en los que no ocurre lo mismo. ¿Por qué hay personas que no aprenden del sufrimiento? ¿Qué es lo que les impide cambiar? En opinión del doctor en Psicología Manuel Almendro, "el mayor obstáculo es quedarse anclado en el papel de víctima". Este experto constata que "la mayoría de seres humanos viven enajenados de sí mismos, de su mundo interior". Por eso es tan común "el miedo a mirar hacia dentro", así como "la búsqueda de evasión con la que llenar el vacío existencial". Sin embargo, "se trata de una actitud insostenible, pues nadie puede huir eternamente de sí mismo". Si bien "la insatisfacción y el malestar son dos fenómenos generalizados, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no ha realizado ningún estudio ni encuesta para tratar de cuantificar la calidad de vida interior de los españoles", constata este psicólogo clínico. "Tal vez sea un golpe demasiado duro reconocer estadísticamente que en general no sabemos cómo ser felices".

A pesar de no llevar una existencia plena, "para muchas personas todavía es superior el miedo al cambio que la necesidad de conectar con la confianza y el coraje que les permitirían salirse de su zona de comodidad", afirma. En este contexto psicológico, "la crisis existencial está convirtiéndose en un fenómeno emergente en el interior de cada vez más seres humanos". Almendro señala que "esta crisis no tiene nada que ver con la edad, la cultura ni la posición social". De hecho, "está latente en cualquier persona que no se sienta verdaderamente satisfecha con su existencia", concluye.

Nadie dijo que vivir fuera fácil. Seguramente nos queden muchas crisis por delante. Eso sí, cuando llegue la próxima podemos optar por vivirla como una oportunidad para comprometernos con nosotros mismos, convirtiéndonos en verdaderos responsables de nuestro proceso de evolución. Los verdaderos héroes no son los que salen en las películas, sino las personas que se han superado a sí mismas, fortaleciéndose a través de las experiencias adversas para encontrar la manera de crear una vida plena, constructiva y con sentido.

Imprescindibles

1. LIBRO. �El hombre en busca de sentido�, de Viktor Frankl (Herder). Este libro autobiográfico narra la experiencia que este psiquiatra austriaco vivió en los campos de concentración nazi. Y lo hace aportando no sólo sus experiencias personales, sino sus reflexiones de carácter psicológico, profundizando sobre la manera en la que aquellas condiciones infrahumanas afectaban a los prisioneros.

2. PELÍCULA. �Atrapado en el tiempo�, de Harold Ramis. En esta película, el actor Bill Murray interpreta a un egocéntrico hombre del tiempo que constantemente se queja y se victimiza porque las cosas no salen como a él le gustaría. A lo largo de un mismo día, que se repite una y otra vez, Murray vivirá todo tipo de experiencias, aprendiendo la sabiduría necesaria para vivir feliz y amar a los demás.

lunes, 4 de enero de 2010

Don Draper, en Mad Men


"Nacemos solos y morimos solos; la sociedad nos pone un montón de reglas para que no nos lo creamos, pero yo no lo olvido; vivo como si no hubiera un mañana... porque no lo hay"

Mad Men es una serie de TV que no es al uso, pero no sólo por eso cabe prestarle atención; en cada uno de sus episodios no ocurre nada y a la vez ocurre mucho, porque la acción es interior: es una serie donde lo que importa es el desarrollo de los personajes y las concepciones del mundo que se rozan, chocan o se desentienden. Y todo está muy bien delimitado en cuanto a atmósferas y a caracteres, en torno a uno de los grandes temas de nuestro tiempo, la publicidad, y el capitalismo y la alienación que corteja. El antihéroe Draper ("¿quién es Don Draper? Nadie ha levantado esa piedra; podría ser Batman y no saberlo") traza un círculo en torno a la idea glamourosa que se ha hecho de sí mismo y de su entorno y se esfuerza en que nada la desvirtúe, ni siquiera el amor fraternal de una familia miserable y pobre en la que se crió como un huérfano, un Huckleberry Finn que se escapó y ahora es un Tom Sawyer. El sueño, la hipocresía americana, en fin, que encubre bajo el éxito material un enorme, un formidable nihilismo, que escapa por las manos que tiemblan de Betty, la esposa perfecta de un catálogo de joyería, o por los infartos y libertinajes de Sterling, o por los pies descalzos de Cooper, o por las ansias de trepa de Pete Campbell. El creador de la serie es Matthew Weiner, que engendró también Los Soprano; es uno de los que hay que seguir, como también a Mark Witten, el hermano del creador de la teoría M, nada menos, que se dedica a la tv. La serie empieza en 1962, el año que nací yo, en una América tirunfalista, devorada por Ayn Rand y al borde de la bomba de hidrógeno, mientras advienen la máquina electrónica de escribir, la fotocopiadora, el tomavistas y la tv en blanco y negro. Don Draper es una oquedad, un vacío: crea publicidad, burbujas de palabras, pero oculta a todos su pasado, su vacío, que es esa cosa que no olvida y que nunca muestra, y que provoca la manipuladora (pero también cómoda) piedad de la "barbie" Betty, antigua modelo, cuando se entera de su adulterio: él nunca ha tenido una familia, y se pregunta "¿quién está ahí?" cuando lo observa rendido, durmiendo en la cama. Un sueño muy americano, por demás, lleno de tormentos interiores pero impecablemente, deslumbrantemente vestido por fuera. Resulta así que todos manipulan a todos, y la función de estos muñecos vacíos consiste en aparentar fachada para guardar las apariencias, evadirse del vacío y calmarse con un sexo impersonal y guardar lo que tienen. Don Draper pues, resulta ser otro de los monstruos nihilistas de esta época desalmada, al lado de Gregory House, Dexter Morgan (inolvidable la cuarta temporada que está por empezar, pero puede disfrutarse ya por internet) y Aníbal Lécter
. No se la pierdan, en Internet o en TV de color. Aquí hay una buena crítica de la misma.

Y, ahora que se ha suprimido la publicidad del primer y segundo canal, el gobierno ya no tiene rival para manipular con la institucional, la suya, en los telediarios

Sion

Salmo CXXXVII

A la orilla de los ríos
de Babilón
nos tendemos y lloramos
y te recordamos, Sion;
nos tendemos y lloramos
por ti, Sion.
Junto a los ríos
de Babilón,
nos tendemos y lloramos,
lloramos y te recordamos
a ti, Sion.

domingo, 3 de enero de 2010

Para la historia del terrorismo en Ciudad Real

Acabo de escribir este artículo en la Wikipedia, y puede que interese a algunos de los que curiosean mi blog.

Catátrofe del puente de Alcudia

Se da el nombre de Catástrofe del Puente de Alcudia a un desastre ferroviario advenido el 27 de abril de 1884, la mayor calamidad acaecida en los últimos años del reinado de Alfonso XII junto al terremoto en Andalucía el día de Navidad del mismo año y la epidemia de cólera –última de la historia de Europa y España- en 1885.

En el Valle de Alcudia y sobre el río que le da nombre, entre Chillón y Almadenejos, localidades de la provincia de Ciudad Real en España, se levantaba, al lado de la finca Las Morras, un puente de los llamados de jaula, inaugurado en 1864, de fábrica y con dos gruesos estribos y pilas, que medía 90 metros de longitud repartidos en tres tramos metálicos.

Por él solía pasar procedente de Badajoz el tren mixto número cincuenta y uno; pero una catástrofe a las cuatro de la madrugada del 27 de abril de 1884, provocada al parecer intencionadamente[1] por la aserradura de la vía a la altura del kilómetro 276, así como por el derribo de los postes de telégrafo, hizo descarrilar un tren que venía de la estación de Chillón cargado en su mayoría de soldados, gran parte de la cual se ahogó en el río o pereció en la caída. Cayeron al río en plena oscuridad la locomotora, el ténder, cuatro jaulas de ganado y siete vagones de pasajeros que iban durmiendo; las lluvias recientes habían elevado el caudal del pequeño río a más de dos metros de hondo. Cinco días después se habían extraído ya de las aguas cincuenta cuerpos, aunque algunos se perdieron corriente abajo. En las tareas de rescate de los cadáveres destacó el comerciante de Almadén Eduardo Hervás, quien se sumergió más de cien veces en el lecho del río, así como los diversos médicos de esta población.[2]

En el tren iban 176 soldados de infantería procedentes del Regimiento Castilla XVI de Badajoz, que volvían a sus casas licenciados. Fue el primer gran accidente ferroviario de la historia de España; se contaron 59 muertos, entre ellos 54 soldados del regimiento infantería de Castilla y tres del de Granada, casi todos de Cuenca, además de dos paisanos, y 56 heridos, entre ellos dos graves que fueron transportados al hospital de Almadén, mientras que otros 25 fueron acogidos caritativamente en Almadenejos. Muchos de los fallecidos fueron enterrados en Almadén en una fosa común junto al puente, donde aún se conservan los restos. Desde entonces el Puente de Alcudia es llamado popularmente Puente de los soldados. Los daños materiales se valoraron en 50.000 duros, unas 250.000 pesetas de la época.

Las causas de la catástrofe hasta el día de hoy son desconocidas; cuando ya han pasado más de cien años, se conjetura que pudo ser un sabotaje o acto de terrorismo por parte de un grupo de anarquistas para alterar el orden publico y la intención de voto, porque en ese día hubo elecciones generales y de ellas salió elegido presidente por el procedimiento de alternancia o turno de partidos y pucherazo electoral Antonio Cánovas del Castillo, asesinado años más tarde también por un anarquista. El día anterior, el 26, habían ido a la cárcel por desórdenes públicos varias personas en Cádiz, Córdoba y Barcelona.

El suceso dio mucho que hablar, no sólo en las gacetas. Valentín Marín y Carbonel compuso, dedicándolo a la guarnición de Zaragoza, El puente de Alcudia, poema de dolor (Zaragoza. Est. tip. de Comas hermanos, 1884) y se imprimió también una Catástrofe del Puente de Alcudia (Ciudad Real), Madrid, 1885.

Bibliografía

* Agustín Sáez Domingo, Catástrofe del puente de Alcudia, Ciudad Real. Madrid: Imprenta de la revista Legislación, 1885.
* Agustín Saez Domingo y Jose María Muñoz, "Catástrofe de Alcudia", en Procesos celebres. Crónicas de los Tribunales Españoles, Madrid: Imprenta de la Revista de Legislación, 1883.

Notas

1. ↑ Así lo determinó la investigación posterior. Cf. Agustín Saez Domingo y José María Muñoz, "Catástrofe de Alcudia", en Procesos celebres. Crónicas de los Tribunales Españoles, Madrid: Imprenta de la Revista de Legislación, 1883; se cuenta que al menos cuatro individuos fueron vistos realizando labores de sabotaje.
2. ↑ Cf. La Ilustración Española y Americana, ediciones del 30 de abril y 8 de mayo de 1884. El semanario envió al periodista Manuel Alcázar a investigar los hechos.

sábado, 2 de enero de 2010

Escribir, leer

"A leer y a esribir todo el mundo" J. A. Aunión, Madrid - El País, 14/12/2009 En el instituto público Sánchez Lastra, de Mieres (Asturias), cuando hacen un experimento en la clase de ciencias, los alumnos de ESO deben redactar después un informe sobre el trabajo y sus conclusiones. Como la clase se les da en inglés (el centro tiene una sección bilingüe), durante la asignatura dedicada a esa lengua se dedicará parte de la clase al vocabulario y las construcciones necesarias para redactar ese informe. Luego, en la hora de lengua española, los textos que se utilicen para enseñar gramática o sintaxis serán pasajes de matemáticas, de ciencias, de música o de cualquier otra materia que los alumnos deben luego aprender.

En un sistema educativo en el que raramente se planifica más allá de cada departamento (el de lengua, el de matemáticas...), el caso del Sánchez Lastra no es fruto de la casualidad, sino de un proyecto piloto en el que participan junto a otros 79 centros infantil primaria y secundaria de 12 comunidades. Se trata de poner a todo el colegio a mejorar el talón de Aquiles que ha señalado el Informe PISA de la OCDE en España: la lectura. En 2006, los alumnos españoles retrocedieron 20 puntos respecto a la prueba anterior, el mayor descenso entre los países desarrollados en esta competencia clave para avanzar en cualquier otra disciplina.

En realidad, el proyecto piloto, impulsado por el Organismo Autónomo de Programas Europeos del Ministerio de Educación, con el asesoramiento del Proyecto Atlántida de escuelas democráticas, habla de mejorar la comunicación lingüística: leer, escribir, hablar, interactuar... Una de las ocho competencias básicas que la ley española y la UE dicen que los alumnos han de dominar al final del instituto. Así, a partir del marco europeo de las lenguas (el estándar fijado por la UE para medir el nivel de comprensión y expresión orales y escritas en un idioma), y uniendo la mejora para la lengua materna y las extranjeras, un grupo de expertos ha redactado los materiales de apoyo a los profesores. Éstos, los de todas las asignaturas, eligen y adaptan la manera de enseñar su materia mejorando de paso la competencia comunicativa de sus alumnos. Este curso han empezado a elaborar y a poner en marcha el plan y el año que viene será evaluado para intentar que las estrategias que funcionen mejor se generalicen, explica Florencio Luengo, de Atlántida.

En el instituto Sánchez Lastra, por ejemplo, al principio del trimestre entregan a los alumnos el portafolio con el que los estudiantes saben qué se les va a enseñar, qué trabajos tendrán que hacer y cómo les evaluarán. Habrá trabajos que recorrerán todas las materias -esta evaluación ha sido sobre los derechos humanos- y que acabarán plasmados en carteles, grabaciones o presentaciones orales. Además, redactarán un boletín trimestral sobre lo que han hecho, con lo que reflexionan sobre los contenidos tres veces: antes, durante y después.

Éste es un punto fundamental si se tiene en cuenta la explicación del director del Instituto de Evaluación, Enrique Roca, sobre los resultados de las pruebas nacionales e internacionales. Roca asegura que el problema de los alumnos españoles frente a la lectura no es comprender los textos y extraer la información literal, lo cual hacen relativamente bien, sino reflexionar después sobre el texto y relacionarlo con otras cosas que ya saben.

En qué fallamos

Una de las claves para mejorar la competencia lingüística de los alumnos es que todos los docentes de todas las materias se pongan a ello, pero también hay fallos en las propias asignaturas de lengua. Los expertos del proyecto de mejora del ministerio y Atlántida Estela D'Angelo, profesora de la Complutense, y Plácido Bazo, de la Universidad de La Laguna, lo resumen en que se enseña mucha gramática y poco uso del idioma. "Los alumnos no se enfrentan a distintos tipos de situación, a distintos tipos de destinatario. La gente se fija más, por ejemplo, en los errores ortográficos, más evidentes, pero no se trabaja la coherencia de un texto, la cohesión" asegura D'Angelo, que preside además la Asociación española de Lectoescritura.

Bazo, experto en la enseñanza de lenguas extranjeras, está de acuerdo, pero añade que hay un fallo muy común en los centros bilingües. "En primaria, les enseñamos en la clase de inglés un nivel básico, pero en la de ciencias les enseñan con un vocabulario de los niveles más altos, y así se produce un descalabro. En las ciencias hay contenidos muy específicos, pero también discursos más generales, como la teoría de la causa y el efecto; que les enseñen esto en inglés y los nombres de las rocas o de las aves, si hay que darlos, que lo hagan en español".

Borges

Como tantos otros españoles, he leído con avaricia a Borges; me atrevía con Ficciones ya a los doce años, sin entenderlo demasiado, pero maravillado por su forma de escribir, en una edición del Círculo de lectores. Luego fueron cayendo en mis manos El aleph y todas sus demás obras; lo leí íntegramente. A través suyo me llegó el verso libre de Whitman, el deseo de precisar y acuñar cada frase, la maravilla de una decantada y profunda cultura. No en vano fue bibliotecario: toda su obra es catálogo de admiraciones, desconciertos y (vanos) intentos de compostura. Él mismo no se tuvo por autor, sino como un gran lector. Bloom lo consideraba uno de los apóstoles del caos del siglo XX, junto a Beckett, Kafka y alguno que otro más; algo de eso hay. Cuando escribía, buscaba siempre la palabra más común, la expresión más general, queriendo indicar sin embargo lo más concreto: eso, y otros sabios ajustes y malicias de su prosa, lo hacen un gran escritor. Me deslumbran algunos de sus versos más citados, pero también otros que no se citan:

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido:
un símbolo, una rosa te desgarra
y te puede matar una guitarra.

Y también:

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.

O

Dame, Señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día.

O

Sobre la sombra que yo soy gravita
la carga del pasado: es infinita.

Y aquel que tanto le gustaba repetir:

Sólo una cosa no hay: es el olvido.

y ese gran soneto, en que aparecen ecos del otro tan famoso de Blanco White:

Entra la luz y asciendo torpemente
de los sueños al sueño compartido
y las cosas recobran su debido
y esperado lugar y en el presente
converge abrumador y vasto el vago
ayer: las seculares migraciones
del pájaro y del hombre, las legiones
que el hierro destrozó, Roma y Cartago.
Vuelve también la cotidiana historia:
mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte.
¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte,
me deparara un tiempo sin memoria
de mi nombre y de todo lo que he sido!
¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido!

Y el soneto a una brújula, etc., etc. etc.

Albert Camus

"La verdad transparente de Camus"

José María Ridao, El País, 2-I-2010.

Albert Camus no dejó nunca de ser un escritor leído, pero sólo la publicación póstuma del manuscrito inacabado de El primer hombre, en 1994, derribó las últimas barreras que habían impedido considerarlo como lo que fue, uno de los más grandes del siglo XX. Las últimas barreras eran, en realidad, una sola: el anatema lanzado contra él por Sartre y su camarilla de Les temps modernes tras la publicación de El hombre rebelde, donde Camus cuestionaba el papel que la izquierda intelectual asignaba a la violencia revolucionaria. La sobrecogedora belleza de El primer hombre, la novela en la que trabajaba cuando, el 4 de enero de 1960, le sorprendió la muerte en un accidente de automóvil, no fue ajena a este cambio en la apreciación de la obra de Camus, pero seguramente no lo explica por sí sola. Porque la principal aportación de El primer hombre a la obra de un autor que ya había publicado novelas indiscutibles como El extranjero o La peste iba más allá de su excepcional mérito literario: mostraba lo que en vida Camus jamás mostró, huyendo del exhibicionismo al uso entre artistas e intelectuales de todas las épocas; mostraba la experiencia íntima desde la que había concebido la totalidad de sus libros y de sus posiciones políticas y morales.

Ante los asombrados lectores de El primer hombre aparecía desnudo por primera vez, sin las máscaras de la ficción o las deliberadas opacidades del ensayo, un mundo de fascinante belleza y, a la vez, de aterradora miseria, que no era otro que el mundo argelino en el que Albert Camus pasó su infancia y primera juventud. El escritor que recibiría el premio Nobel en 1957 y al que poco después darían la espalda quienes ingenuamente había considerado sus iguales, sin advertir desde una desarmante humildad que su calidad humana e intelectual era infinitamente superior a la de ellos, describe con la ternura de la que sólo son capaces quienes deciden celebrar la vida por encima de todas las adversidades a una madre vestida de negro y analfabeta, sin otra diversión cuando regresa de su trabajo de doméstica que contemplar en silencio la calle desde un balcón. Describe, además, al maestro que creyó en él y lo libró de abandonar la escuela para buscar un salario de huérfano que aliviara las imperiosas necesidades de una casa donde lo único que había eran elementales virtudes humanas, como respeto y amor. Describe, en fin, el momento en que visita por primera vez la remota tumba del padre, caído como poilu en la guerra del 14, y descubre con un estremecimiento de asombro que él, el hijo, es ahora mucho mayor que el padre cuando murió y cuya imagen casi adolescente apenas consigue recordar: sus sentimientos filiales quedan de pronto desplazados por un incontenible torrente de compasión hacia una vida joven truncada, y la historia se le aparece como un monstruo mitológico que sacrifica en la fatuidad de su fuego seres humildes y anónimos.

Era desde este mundo, desde esta experiencia íntima descrita en El primer hombre, desde donde Camus siempre había hablado. Las polémicas muchas veces maliciosas en torno a alguna de sus tomas de posición, como aquélla en la que, refiriéndose a Argelia, aseguró que entre la justicia y su madre, escogería a su madre, cesaron de inmediato. Y no porque se reconociese por fin que Camus no se equivocaba, sino porque, gracias a las páginas absorbentes, conmovedoras de El primer hombre, se descubría que el dilema era, en efecto, un dilema. La justicia a la que Camus se refería era, sin duda, la justicia; pero también la madre era la madre, no un recurso estilístico para subrayar el contraste entre los términos abstractos y concretos. La bruma de sospecha, e incluso de desprecio, que envolvía su obra desde el anatema lanzado contra ella por Sartre y su corte de Les temps modernes comenzó a disiparse. Camus podía no ser un intelectual con sólidas bases académicas, según le acusaron, pero tuvo razón frente a sus contradictores bien pertrechados de títulos y posiciones universitarias. Tuvo razón, por descontado, al condenar el abyecto papel que la izquierda intelectual asignaba a la violencia revolucionaria. Pero también al ser uno de los pocos escritores que, junto a Günther Anders y Karl Jaspers, condenó las bombas de Hiroshima y Nagasaki. O al negarse a establecer identidad alguna entre Alemania y el nazismo, interpretando el desenlace de la guerra como una victoria, no de unos países sobre otros, sino de los hombres y mujeres de cualquier nacionalidad comprometidos con la libertad sobre quienes abrazaron la causa del totalitarismo. O al defender desde la dirección de Combat la necesidad de que quienes dirigen o escriben en los periódicos arrostren con orgullo, incluso con soberbia, las consecuencias de su independencia frente al poder.

Hoy, a los 50 años de la muerte de Camus, las tornas han cambiado, y son sus contradictores en vida quienes han perdido el reconocimiento. No a causa de un anatema equivalente al que lanzaron contra el autor de El hombre rebelde, sino de la verdad transparente a la que siempre se mantuvo fiel Albert Camus.

viernes, 1 de enero de 2010

Excerpta de citas de un artículo de Javier Reverte

El Marlow de Conrad, juzgando a Kurtz: "Su mente seguía siendo perfectamente lúcida, pero su alma estaba loca...".

Y describiendo la selva: "Remontar aquel río era como volver a los inicios de la Creación, cuando la vegetación estalló sobre la faz de la Tierra y los árboles se convirtieron en reyes".

José Eustasio Rivera. La vorágine, comienzo: "Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia".

Jack London, en el frío: "La Naturaleza tiene muchas artimañas para convencer al hombre de su finitud: el incesante fluir de las mareas, la furia de la tormenta, la sacudida del terremoto, el largo retumbar de la artillería del cielo... Pero la más estremecedora y terrible de todas es la pasividad del silencio blanco. Cesa todo movimiento, el aire se despeja, los cielos se vuelven de latón; el más pequeño susurro parece un sacrilegio y el hombre se torna tímido, asustado del sonido de su propia voz. El temor a la muerte, a Dios y al Universo se apodera de él; y también su esperanza en la resurrección y la vida".

Soledades

No se puede apreciar la compañía sin la soledad, ni la soledad sin la compañía. Es difícil encontrar a alguien que complete porque es todo aquello que no eres y, además, te entienda, incluso perfectamente. Esa reciprocidad es lo que se suele llamar amor con mayúsculas, pero es difícil que uno tenga la fortuna, o la baraka, o lo que sea, de encontrarlo en una sola vida y ni siquiera en un ciclo entero de reencarnaciones; muchos lo han buscado con ansia y nunca llegaron ni siquiera a vislumbrarlo, aunque unas pocas veces, en efecto, ocurre, ha ocurrido; y cuando ocurre, muchos grotescos escritores que lo vislumbran de lejos han dado una visión tan ridícula de él, un panorama tan paupérrimo de lo que consiste, que uno piensa que en realidad ni siquiera saben de qué están hablando o ni siquiera lo han sospechado o imaginado, cuanto más y mucho menos conocido.

Neologismos para una década


Euro, mileurismo
Botellón
Sostenibilidad
Talibán, talibanismo
Móvil, llamada perdida, sms, cobertura
Internet, gps, enrutador, banda ancha, pendrive, usb, chupete, colgar
Blog, bloguero, blogosfera

Piratería
Mundialización
Tae

Frank O'Hara

Qué poeta tan interesante es Frank O'Hara. Llegué a él a través de un episodio de Mad Men II; no hay casi nada en español; le escribí una biobibliografía en la Wikipedia y adapté una traducción argentina que he encontrado de un poema suyo inspirado en otro de V. Mayakovski:

VERDADERO RELATO DE UNA CHARLA
CON EL SOL EN FIRE ISLAND

(Frank O'Hara)


Con voz alta y clara, el Sol me despertó
esta mañana, diciendo: "¡Hey! He estado
intentando despertarte por quince
minutos. No seas tan grosero, apenas eres
el segundo poeta al que he decidido
hablarle en persona
así que, ¿por qué
no estás más atento? Si te pudiera
quemar a través de las ventanas lo haría,
con tal de despertarte. No puedo quedarme aquí
todo el día."
"Discúlpame, Sol, anoche
me quedé hasta tarde hablando con Hal".

"Cuando desperté a Mayakovski él fue
mucho más rápido", dijo el Sol,
con petulancia. "La mayoría de la gente ya está
arriba esperando por si yo
hago una más de mis apariciones".
Intenté
disculparme: "Te extrañé ayer".
"Así está mejor", dijo él. "No sabía
si ibas a salir". "Tal vez te estás preguntando
por qué me he acercado tanto..."
"Sí", dije, empezando a sentir el calor,
preguntándome si de hecho no me estaba ya
quemando de todas formas.
"Francamente quería decirte
que me gusta tu poesía. Yo veo mucho
en mis rondas, y tú estás bien. Tal vez
no seas una gran cosa, pero eres
diferente. Lo que pasa es que he oído
a algunos decir que eres un loco, aunque en mi opinión
son ellos los que pecan de excesivamente calmos, y otros
poetas locos dicen que eres un aburrido
reaccionario. Yo no.
Tú sigue así
como hago yo y no prestés atención. Vas
a ver que la gente siempre se queja
de la atmósfera, que está muy caliente
o muy fría o muy brillante o muy oscura, que los días
son muy cortos o muy largos.
Si un día de pronto
no apareces, van a pensar que eres un vago
o que estás muerto. Mejor sigue así, a mí me gusta.

Y no te preocupes por tu linaje
llámese poético o natural. El Sol brilla sobre
la jungla, ¿sabes?, sobre la tundra
el mar, el ghetto. Donde sea que estés
yo lo sé y te veo moverte. Estaba esperando
que volvieras ya al trabajo.

Y ahora que tú
haces tus propios días, por así decirlo,
incluso si nadie te lee excepto yo,
no te deprimas. No todos
pueden ver hacia arriba, o hacia mí. Podría
herir sus ojos."
"Oh, Sol, ¡estoy tan agradecido contigo!"

"Gracias y recuerda que te estoy viendo. Pero
es más fácil para mí hablarte aquí.
No tengo que deslizarme entre
los edificios para alcanzar tu oído.
Yo sé que te encanta Manhattan, pero
deberías mirar para arriba más a menudo.
Y
siempre abraza las cosas, la gente la tierra
el cielo las estrellas, como yo, libremente y con
el apropiado sentido del espacio. Esa
es tu inclinación, conocida en los cielos
y debes seguirla hasta el infierno, si fuera
necesario, lo cual dudo.
Tal vez
hablemos de nuevo en África, a la cual también
le tengo especial cariño. Vuelv a dormirte
Frank, y yo tal vez te deje un poemita
en esa cabeza tuya a manera de despedida".

"Sol, no te vayas". Finalmente
estaba despierto. "No, debo irme, me están
llamando".
"¿Quiénes?"
Levantándose, dijo: "Algún
día lo sabrás. También a ti te están llamando".
Oscuramente se levantó, y yo entonces me dormí.

Los sabios egipcios

Leí en un antiguo texto egipcio que el que pretende ser sabio debe preguntar no sólo al que sabe, sino al que no sabe. Esa frase y su no impostada humildad me impresionó profundamente, ya que en nuestra cultura occidental uno termina decantándose por una postura u otra, pero jamás suele quedarse entremedias, como hace con frecuencia Derrida, tan crítico como es contra el usual logocentrismo.

He procurado siempre por ello entender lo que menos entiendo y apreciar lo que no me aprecia ni me entiende, que es algo que también preconizaba Jesús en los evangelios, si recordáis, aunque algunos no recordarán ya, puesto que también las escrituras, que algunos llaman sagradas, empiezan a borrarse de los currícula académicos; también la religión forma parte de las humanidades: después de proscribir la religión se proscribirá la literatura, la filosofía y las demás disciplinas humanísticas, para dar cabida a más educación física, diseño, música, tecnología y otras ciencias que nos ayudan a entender y a servirnos de la naturaleza, pero no a entendernos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, y mucho menos a saber cómo disfrutar de ello.

Siempre creí que las ciencias y las humanidades eran una sola cosa; Jovellanos escribió un discurso absolutamente descarriado sobre el tema, en que afirmaba la complementaridad de ambas proclamando empero su discontinuidad, y así hay quien prefiere considerarse de letras o de ciencias, quedándose enano y tullido y no precisamente a hombros de gigantes. Eso es muy cómodo, comodísimo en realidad; quien suele hacerlo suele pagar al cabo un enorme tributo en uno u otro sentido; lo realmente desasosegante es quedarse en medio, absolutamente desconcertado, uniéndolo todo, como ese incomprendido Pico della Mirandola, intentando asimilar nuestra verdadera condición entre el vértigo que da el abismo y la esperanza que da el promontorio, en el ciego y oscuro salto que dice el clásico.

Acaso lo bueno de ello, a pesar de lo duro y difícil y exigente que es, radica en que desde esa posición puede verse mucho mejor bastante más lejos. Uno se engaña quizá bastante menos que otros que tan seguros están de todo.

martes, 29 de diciembre de 2009

Lula


Lula da Silva
: "Lo que estamos haciendo es ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas. (...) Las familias sólo reciben ayuda si todos los hijos tienen un buen rendimiento escolar y la familia recibe atención médica. Con esto, nos aseguramos de que la próxima generación de brasileños tendrán todas las condiciones para contribuir productivamente a la sociedad, dejando de ser rehenes de la pobreza o del asistencialismo que lo único que consigue es reproducir la pobreza."

Pero aquí no tenemos un Lula da Silva; lo que tenemos, por desgracia, son gente como Zapatero, Rajoy, Barreda...

Las 25 películas de la década

El caballero oscuro es la mejor película de la última década. Al menos eso es lo que creen los internautas que con sus votaciones han colocado a la cinta de Christopher Nolan en lo más alto por delante de cintas como Infiltrados, El pianista o El Retorno del Rey.






Es una de las películas más esperadas de la década y se estrena este viernes en todo el mundo. 'Avatar' de James Cameron es una alucinante película de acción en 3D que con las últimas técnicas en efectos digitales consigue transportar al espectador a otra galaxia. Literalmente. Bueno, digitalmente. Dale el play y descubre los secretos de esta película nominada a 4 Globos de Oro. - FOX

En la lista también hay presencia española con El laberinto del fauno de Guillermo del Toro. Basándose en las puntuaciones de Internet Movie Database (IMDb), la base de datos sobre cine más popular y completa de la red, Slashfilm.com han confeccionado un listado de las 25 mejores películas de la década. Una lista que, con una puntuación de 8,8 sobre diez encabeza El caballero oscuro. El segundo Batman de Nolan, protagonizado por Christian Bale y el oscarizado Heath Ledger, se coloca en primer lugar empatado a puntos con Señor de los Anillos: El Retorno del Rey, la última entrega de la trilogía dirigida por Peter Jackson. El tercer puesto es para una cinta mucho menos taquillera pero cuya calidad no ha pasado inadvertida para los internautas: Ciudad de Dios, del brasileño Fernando Meirelles. En cuarta y quinta posición aparecen El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo y la que dicen es la película más cara de la historia del Séptimo Arte, Avatar de James Cameron a la que el entusiasmo generado por su estreno le ha venido más que bien.
Nolan vuelve a aparecer con la obra que le dio a conocer, la excepcional Memento que completa el top-ten junto a El Señor de los Anillos: Las Dos Torres, WALL-E (Batallón de limpieza), la francesa Amelie y la película con la que Scorsese se coronó en los Oscar hace un par de años, Infiltrados. Siguen la lista éxitos como El pianista, la cinta de animación japonesa El viaje de Chihiro, la alemana La vida de los otros, la atípica comedia dramática ¡Olvídate de mí! y Réquiem por un sueño de Darren Aronofsky.
En el puesto 16 encontramos a Tarantino y sus Malditos bastardos seguidos de la última joya de Pixar, Up, la producción española El laberinto del fauno y otra de Nolan, El truco final (El prestigio).

Últimos puestos

Los cinco últimos puestos de las que para los usuarios de IMDb son las mejores películas de los últimos diez años los completan Slumdog millionaire, la alemana El hundimiento, Clint Eastwood con su Gran Torino, Sin City, la cinta de ciencia ficción District 9 y, haciendo de este ranking una lista capicua, Batman begins. Este top-25 deja detalles interesantes como que Christopher Nolan es el único director que tiene cuatro de los filmes entre los mejores de la década o que Peter Jackson coloca íntegra su Trilogía del Anillo entre las preferidas del público.

lunes, 28 de diciembre de 2009

JRJ y la Guerra Civil

"La gran "Novela" de la Guerra Civil", Javier Rodríguez Marcos, El País, 27-XII-2008:

"¿Qué deben hacer los poetas en la guerra?". Ésta es la pregunta que desde el 18 de julio de 1936 asaltó a Juan Ramón Jiménez. Y ésta es su respuesta: "La poesía como todo lo esencial es eterna, no se modifica con las circunstancias. En todo caso, el poeta cumplirá con su deber y su conciencia, dejando, si es preciso, su trabajo literario propio de la paz, y poniéndose con su ideal. Y su ejemplo". Para el autor de Platero y yo siempre estuvo clara la labor de un escritor "si no puede pelear con los puños": como artista, escribir lo mejor que sepa; como ciudadano, arrimar el hombro cuanto pueda. Sin mezclar jamás ambas cosas, sin confundir la pluma con una pistola y, sobre todo, sin dejar que la primera se beneficie de la autoridad de la segunda: "Nosotros ¡los intelectuales! Etc. Debemos ayudar al Gobierno y al pueblo; no ellos a nosotros".
Para Juan Ramón, un poeta puede morir "en la guerra" o "de la guerra" como Lorca, Machado o Miguel Hernández, pero no dedicarse a dar lecciones en la retaguardia. Y critica a León Felipe al saber que ha acudido a una cena de la Embajada de México en Madrid envuelto en el abrigo de pieles de un duque asesinado "y jactándose de ello con vociferación y bromita". El abrigo y la comida, dice, les hubieran venido mejor a los pobres milicianos "que morían gangrenados" en el frente de Teruel. "No se deben celebrar con banquetes los triunfos de la muerte", escribe. Y también: "O no gritar tanto o irse a las trincheras".
Juan Ramón Jiménez (1881- 1958) fue un hombre transparente y de convicciones rocosas, pero poco dotado para sobrevivir en un mundo de maniqueos. "Comunista individualista" se llamaba a sí mismo. Mucho menos en un tiempo en el que la brutalidad del blanco y negro se llevó por delante todos los matices. Exiliado de primera hora, vio desde su destierro americano cómo en España su figura era pasto de la caricatura. Para los sublevados era un vivalavirgen amante de la molicie y "el desinterés por las cosas feas materiales" que se paseaba por California estrenando "los últimos modelos de automóviles salidos de las fábricas USA". Para los más ruidosos del bando republicano era un cursi hiperestésico mantenido por su mujer que, mareado por el olor de la sangre, prefirió mirar para otro lado.
Consciente de la tormenta de mentiras y tópicos que se le venía encima, el escritor decidió contar en un libro la verdad de su compromiso con la República. Para ello se dedicó a recopilar materiales propios y ajenos -poemas, notas de diario, artículos, cartas y recortes de periódico- destinados a alimentar un volumen titulado Guerra en España. Nunca llegó a verlo publicado. Murió en Puerto Rico en 1958, dos años después de recibir el Premio Nobel. Guerra en España vio la luz por primera vez, aunque notablemente expurgado, en 1985. La edición corrió a cargo del poeta y traductor Ángel Crespo, que tuvo que reducir notablemente el primer manuscrito a petición de Seix Barral. Casi un cuarto de siglo después, la editorial sevillana Point de Lunettes publica el libro completo: 880 páginas frente a las 335 de la primera edición, 150 imágenes frente a 27.
Su lectura no deja ninguna duda respecto al apoyo del poeta de Moguer al Gobierno republicano. Si en tiempos de paz se había negado a firmar manifiesto alguno por considerarse ajeno a todo partido político, el 30 de julio de 1936 no duda en firmar un escrito en apoyo a la República y "al pueblo que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades". Pasado el tiempo, del recorte de prensa que da la noticia del manifiesto tachó los nombres de los que habían vuelto a España antes de 1945: Menéndez Pidal, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, entre otros.
Pero el compromiso del poeta fue más allá de firmar manifiestos o de ofrecerse (sin demasiado éxito) a varios ministros del Gobierno para que dispusieran de toda la energía de un hombre enfermizo de 55 años. Al poco de estallar la guerra, él y su esposa, Zenobia Camprubí, acogieron a 12 niños en uno de los pisos que alquilaba ésta en Madrid. Cuando se acabaron las patatas y la leche condensada del Gobierno, el matrimonio empeñó parte de sus enseres para seguir manteniéndolos. No sería la primera vez que comprometieron su patrimonio. Cuando en 1937 Espasa Calpe rescindió los contratos de todos los escritores leales a la República, él, ya en el exilio, rompió el suyo con la filial argentina de la editorial. Aquel contrato era su única seguridad económica. Zenobia lo dijo con estas palabras: "Económicamente, la guerra nos ha dejado... como a casi todo el que ha tenido vergüenza".
En agosto de 1936 el poeta marchó al exilio. A su llegada a Nueva York organizó una colecta a favor de los niños refugiados e intentó movilizar a la opinión pública -trató incluso de ver al presidente Roosevelt- a favor de la República española para contrarrestar la propaganda franquista. Es lo que hizo en las otras etapas de su destierro: Puerto Rico y Cuba. "Lo que en España defienden ahora el ejército y el clero, ayudados por las clases 'privilegiadas', digan ellos lo que digan para ganar la opinión universal, no es, no será, o mejor, no sería más que un nuevo feudalismo".
Si para Soledad González Ródenas, autora de la edición ampliada de Guerra en España es "más un archivo que un libro", para Andrés Trapiello se trata de "la gran novela de la Guerra Civil española". "Al menos lo sería si no fuese porque todo en el libro es demasiado verdadero: el miedo, la indignidad de muchos intelectuales...", matiza el escritor, que en primavera publicará una versión ampliada de su ensayo Las armas y las letras, un clásico ya sobre el papel de los escritores durante la contienda. "Las novelas sobre la guerra han envejecido peor que los libros de memorias de muchos testigos", continúa Trapiello, para el que Juan Ramón Jiménez "tuvo la suerte de poder elegir y la decencia de no cambiar. Murió en el mismo bando en el que siempre estuvo".

Poesía en los pies de foto

El autor de Españoles de tres mundos, un libro cuya reedición en Visor coincide con la recuperación de Guerra en España, practicó de joven la pintura al óleo y dibujó durante toda su vida. Siempre, además de poeta, se consideró "un gran visual". No sorprende, pues, que uno de los capítulos más impactantes de Guerra en España sea el gráfico. Durante años, el escritor recortó fotografías de los periódicos relacionadas con la contienda española y sus derivaciones internacionales. En muchos casos, el propio Jiménez añadía de su puño y letra un pie de foto más visceral que descriptivo. El conjunto forma un curioso álbum en la línea de los que Bertolt Brecht, un escritor de muy distinto signo, realizó por las mismas fechas sobre la guerra mundial.
Dos grandes grupos de personajes protagonizan el álbum de Guerra en España: los niños y los fascistas. Los primeros fueron siempre su gran preocupación. Los segundos, su bestia negra, la negación de todo lo que él defendía. En la colección de imágenes, no obstante, hay protagonistas de ambos bandos: escritores como sus amigos Machado y Lorca, cuyo asesinato conmocionó a Juan Ramón, que lo había conocido en la Residencia de Estudiantes, o políticos como Pasionaria, Companys ("Pero ustedes lo fusilaron", dice el pie añadido por el poeta) o Queipo de Llano. También Hitler ("¿Podrá este gorila, cerdo, tiburón, rejir el mundo?") y Mussolini ("Il Duce en el aria final de la opereta: España para los italianos, bufa. Bufa Il Duce... y la opereta"). Otra de sus andanadas se dirige a José Bergamín, con el que polemizó por extenso hasta el punto de acusarle de estar tras el asalto a su piso madrileño (uno de los asaltantes había trabajado como secretario en Cruz y raya, la revista dirigida por Bergamín). Bajo el recorte de una entrevista a éste, Juan Ramón Jiménez escribió: "¡Qué mono el Mono con el mono! / ¡El Mono con el mono, con el mono / del mono! Mono, mono, mono. / Trimono, Trimotormono. Trimono. Triple Anís del Mono. / ¿Unamuno? ¡Unimono! (Estilo del mono). // ¿Cuánto le ha costado ¿a quién? ¿Esta entrevista grotesca?".
Con todo, como dice la profesora González Ródenas, "Juan Ramón respetaba todas las posturas siempre que fueran morales y claras. Siempre distinguió entre ideología y conducta ética". Por eso criticó los enjuagues que Gómez de la Serna y Jorge Guillén hicieron con su pasado. Por eso lloró amargamente la muerte en la batalla de Teruel de su sobrino, enrolado en las filas de Falange, que murió "equivocado" pero "fiel": "Pobre iluso", escribió su tío bajo su retrato. Aquella muerte sumió a Juan Ramón en la primera gran depresión del destierro. Pasó un año y medio sin escribir una sola línea.