viernes, 6 de diciembre de 2013

Una generación con algunos inútiles

Mickey Goodman, ¿Estamos criando a una generación de inútiles?, en Huffington post, 5/12/2013:

Cuando en su primer examen de la universidad, una estudiante sacó un suficiente, se derrumbó en mitad de la clase. Entre sollozos, mandó un mensaje a su madre, y ésta la llamó, exigiendo hablar inmediatamente con el profesor (que se negó, por supuesto). Otra madre acompanó a su niño a una entrevista de trabajo. Y luego se preguntaba por qué no le habían dado el trabajo.

El jefe de una empresa nos informó de que, en medio de una entrevista de trabajo, una candidata le soltó que ella podría alcanzar su puesto en 18 meses. Ni siquiera se le ocurrió pensar que el jefe había trabajado durante 20 años para llegar hasta donde estaba.

¿Te parece raro?

Desgraciadamente, todas estas historias son ciertas, nos cuenta Tim Elmore, fundador y presidente de la organización sin ánimo de lucro Growing Leaders, y autor de Habitudes®, una serie de libros, guías para profesores, DVDs y cursos. "La generación de niños nacidos entre 1984 y 2002 (conocida como Generación Y o Generación iY) ha crecido en la era de la recompensa instantánea. Tienen al alcance de sus dedos todo tipo de iPhones, iPads, mensajería instantánea y acceso inmediato a los datos", afirma. "Más que ganarse sus propias notas en el colegio, sus padres a menudo se dedican a negociarlas, y además los premian por cualquier cosa. Tienen cientos de amigos en Facebook y Twitter, pero sus relaciones en el mundo real son escasas".

Para cambiar esta corriente, Growing Leaders trabaja en colaboración con 5.000 escuelas públicas, universidades, organizaciones cívicas, equipos deportivos y asociaciones a nivel nacional e internacional para ayudar a que la gente joven (especialmente de edades entre los 16 y los 24) se convierta en líderes. "Queremos darles las herramientas de las que carecen antes de que pasen por tres matrimonios y varios intentos fallidos de empresa", relata.

La pregunta es por qué los padres han pasado de enseñarles a creer en sí mismos para convertirse en padres helicóptero que tratan de sobrebroteger a sus hijos a toda costa.

"Creo que todo empezó en 1982, cuando siete personas murieron por tomar unas cápsulas de Tylenol extrafuerte (el analgésico más vendido en Estados Unidos) que estaban envenenadas con cianuro", señala. Halloween estaba a la vuelta de la esquina, y los padres se pusieron a examinar cada dulce de las bolsas de golosinas de sus hijos. Los brownies caseros y las cookies (de lo más codiciado) acabaron en la basura, así como las chucherías que no venían envueltas.

Esto nos llevó a obsesionarnos con la seguridad de nuestros hijos en todos los aspectos de su vida. En vez de dejar que jueguen fuera, los padres llenan los horarios de sus hijos de actividades extraescolares, les hacen los deberes, resuelven sus conflictos en las escuela (ya sea con amigos o con profesores) y los exhiben como si de trofeos se trataran.

"Esos bienintencionados mensajes del tipo 'eres especial' se han vuelto contra nosotros", afirma Elmore. "Estamos obsesionados con protegerlos en lugar de prepararlos para el futuro. No les dejamos caer, equivocarse o sentir temor por algo. El problema es que si de pequeños no corren el riesgo de caerse cuando escalan las barras del parque, seguirán teniendo miedo cuando con 29 años emprendan algo".

Tanto psicólogos como psiquiatras advierten que cada vez más jóvenes pasan crisis de este tipo, llegando a sufrir depresiones. La razón a la que aluden los jóvenes es que aún no han ganado lo suficiente o que todavía no han encontrado a su media naranja.

Muchos profesores y expertos apuntan que esta generación no presta suficiente atención y confía demasiado en lo que viene de fuera, y no en sus motivaciones internas. El objetivo de Growing Leaders es invertir esta tendencia y ayudar a los jóvenes a ser más creativos y a guiarse por lo que les motive, de modo que aprendan a confiar en sí mismos y no necesiten impulsos externos.

El psicólogo de familia John Rosemond está totalmente de acuerdo con ellos. En un artículo publicado el 2 de febrero en el Atlanta Journal Constitution, recalcaba que las investigaciones más recientes ponen de manifiesto que las recompensas pueden resultar contraproducentes. Cuando a un niño agresivo se le premia por no ser agresivo en un momento dado, es probable que vuelva a repetir su mal comportamiento con tal de conservar la posibilidad de obtener futuras recompensas.

¿En qué nos equivocamos?

- Decimos a nuestros hijos que deben aspirar a lo más alto, por lo que cualquier pequeña acción parece insignificante. En general, los niños no pueden cambiar el mundo de forma instantánea. Tienen que empezar poco a poco, con pequeños retos, algo que ellos no ven como progresos. Cualquier cosa con la que consigas gloria inmediata no es lo suficientemente buena. "Es hora de decirles que las grandes cosas comienzan con pequeños objetivos", afirma.

- Les decimos que son especiales, aunque no exista ninguna razón para ello, aunque no tengan un carácter extraordinario o una habilidad excelente, por lo que ellos exigen un trato especial. El problema es que los niños dan por hecho que no hay que hacer nada especial para ser considerado especial.

- Les ofrecemos todas las comodidades, y ahora están acostumbrados a no tener que esperar a que las recompensas lleguen. Nos han enseñado una y mil veces a ser pacientes, pero nosotros mismos nos impacientamos frente al microondas, nos enfadamos en el trabajo si las cosas no van como nos gustaría y entramos en cólera cuando hay atasco. "Es hora de que les transmitamos la importancia que tiene la espera, teniendo en cuenta los deseos de los demás, no sólo los intereses propios e individuales, con el fin de alcanzar algo que esté por encima del mero 'yo'", apunta Elmore.

- Hemos convertido la felicidad de nuestros hijos en nuestro objetivo central, y ahora les cuesta encontrar la felicidad por sí mismos como resultado de una vida de satisfacciones. "Hay que decirles que nuestra finalidad es ayudarles a descubrir cuáles son sus habilidades, sus pasiones y sus propósitos en la vida, de manera que también puedan ayudar a los demás. Y así la felicidad llegará como consecuencia de todo esto".

Soluciones incómodas

"Tenemos que dejar que nuestros hijos fracasen con 12 años; mucho mejor que si lo hacen con 42", afirma. "Tenemos que contarles la verdad (con delicadeza) de que la idea del 'puedes hacer todo lo que quieras' no es necesariamente cierta".

Los niños deben calibrar sus sueños y sus dones. No todas las niñas con una voz encantadora podrán cantar ópera, ni todo niño aficionado al béisbol podrá jugar en ligas profesionales.

Deja que se topen con algún problema y asuman las consecuencias. No pasa nada si sacan un 5 en un examen. La próxima vez, ya se esforzarán más por sacar un sobresaliente.

Busca el equilibrio entre la autonomía y la responsabilidad. Si tu hijo te pide el coche, tendrá que echarle luego gasolina.

Colabora con sus profesores, pero no te inmiscuyas en su trabajo. Si suspende un examen, que sea él el que tome medidas.

"Tenemos que mostrarnos como ladrillos de terciopelo", defiende Elmore, "suaves por fuera pero duros por dentro, y dejar que fracasen y se equivoquen cuando son jóvenes para que luego puedan triunfar cuando sean adultos".

Traducción de Marina Velasco Serrano.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mentiras

Nadie recuerda ya cuándo nos pusieron de moda los canales solo de noticias. Pero son muy útiles para decir mil veces una mentira y transformarla en una verdad. Porque, como la verdad es tozuda, suele asomar aunque la escondan muchas veces y, logrando que una mentira se recite muchas veces, uno se confunde. Vaya si se confunde. Y la mentira se vuelve dura, muy dura de pelar.

Es un hecho, es decir, es verdad que vivimos en una mentira constante. Que la mentira nos sofoca, nos niega la esencia, nos transforma en cascajo y apariencia, nos vuelve las relaciones humanas en relaciones de puro consumo donde prima el hoy y nunca el mañana ni el ayer. El atildado y peripuesto de ahora fue por la mañana una mierda y lo será también después en el salón de su casa, que se reordenará para cuando venga una visita, y probablemente es una mierda por dentro perfumada por fuera, o en lo que no dice, pero querría decir, proyectando sombra.

La mentira es un tipo de violencia, de violencia intelectual; no hay que confundirla con la violencia emocional o física, pero también es un hecho que la violencia intelectual garantiza esas otras dos violencias. Por ejemplo, un maquinista mal pagado, divorciado de una mujer igual de mal pagada y unos niños que quieren más sueldo o más cosas, que no puede divertirse porque no tiene amigos ni distracciones en una ciudad dormitorio, que está harto de ver siempre en televisión el mismo programa, que tiene que conducir su tren por un mal trazado que se hizo para poder robar un poco más en el contrato de las vías al estado, y al que no le dan tregua ni para faltar un día al trabajo para poder descansar, no es raro padezca insomnio, que dé una cabezada y que lance, sin querer, su tren a un lago en Nueva York, provocando una docena de muertes, sin estar borracho y sin estar drogado. La culpabilidad se vuelve difusa porque la culpa la tiene algo tan difuso como la mentira, que se repite muchas veces, tantas que quedamos anestesiados, dormidos, inconscientes de qué es verdad e importa y qué no es verdad y no importa, como no importa un sueño o soñarrera. Todas esas causas remiten a una forma de vida profundamente económica, y que no economiza en dinero, sino en simple humanidad. Nos curtimos y empedernizamos con esa lluvia de violencia de todo tipo que nos cosifica, nos aliena en vez de alentarnos, nos quita la vida y, con ella, todo el discernimiento, toda la libertad, todo el valor.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Del Desagradable. Y corrección.


Del blog El Desagradable:

"Aquello que no se suele decir pero van descubriendo aquellos que se hallan en la tesitura de tener que necesitar a otros:

Nadie le importa nada a nadie".

Y eso que es un blog de humor.

Pero la experiencia me demuestra, al menos en el caso de mi mujer, que ella sí que importa, y mucho, a los demás. Porque ha demostrado con hechos que los demás le importan a ella, y no solo con palabras. Así que, sencillamente, el amor y la dilección es solamente una cuestión de intercambio de karma. Quien da mucho, algún día  necesitará mucho. Así que habría que reescribir la frase:

Las promesas no le importan nada a nadie. Porque el amor es cuestión de práctica, no de teoría.

En el amor no importa la teoría, tan solo la práctica.

domingo, 1 de diciembre de 2013

El sindicato total

Hubo una vez un grupo de presión que don Polancone o Polanconi, que ahora descansa calentito, incluso tal vez demasiado, séale leve la tierra, bautizó profanamente como Sindicato del Crimen. Algo sabía de mafias el Don, bautizado, esta vez cristianamente, como Jesús del Gran Poder, crecido en un vivero de grandes familias o mafilias, no sé, digamos cofradías o garduñas, como el Frente de Juventudes, y autor del famoso pelotazo de Editorial Santillana.

Por lo menos gracias a él pudimos disfrutar, entre otras cosas, de los excelentes libros de texto de Anaya confeccionados por su amigo, el machista irredento (todo hay que decirlo) don Fernando Lázaro Carreter, cuya única y notoria contribución a la literatura de creación hay que limitar al guion de La ciudad no es para mí, obra maestra de Paco Martínez Soria, especie de comedia de figurón del siglo XX. "Don" Fernando, con complejo de europaleto, que es un complejo muy español, tuvo el descaro de eliminar de sus manuales la literatura de los esclavos, como Manzano o Montejo, llenas de faltas de ortografía; de las mujeres, aunque no de las hijas de cura, como Rosalía de Castro; de los heterodoxos y de los miembros del partido Demócrata, ese partido tan olvidado por el pacto canovista entre conservadores y progresistas, estos últimos los causantes de gran parte de los males de España desde la desastrosa desamortización de 1836, cien años antes de la Guerra Incivil. Porque en España nunca ha habido izquierda, aunque se diese el nombre, que se comportara como tal, salvo el partido Demócrata, que fue ninguneado e ignorado por los hijos legítimos de la derecha, los conservadores, y los ilegítimos, los progresistas, con un gramo menos de hipocresía, tal vez. 

Ahora el pacto canovista del XIX, rehecho como Pepoísmo y también, como en el XIX, para salvar a un Borbón, por lo que podemos llamarlos cómodamente borbónicos, incluidos los carlistas, como se los llamaba en el XIX (por no cambiar las cosas, hasta tuvimos un "romántico" pronunciamiento, como en el XIX, el 23-F), ni siquiera conspira, no le hace falta, para evitar el surgimiento de un nuevo partido, esa tercera España que llamaban partido Demócrata. Le basta con dejarlo todo a las leyes electorales antidemócraticas de elección, de iniciativa legislativa popular y de organización interna de partidos y sindicatos, que han pervertido la aspiración democrática hasta convertirla en un sumidero de procesamiento de residuos sólidos urbanos, por no decir cagadero, de lo mal que huele. Ni siquiera tienen estatuto los periodistas, de forma que pueden controlarlos como les dé la gana. Todo es propiedad de los poderes fácticos o pasotistas de la comunicación, de la Iglesia y del dinero, evitando cualquier forma de democracia directa o moderna que pueda crearse por pura casualidad, pues de otra manera no podría en estas condiciones, mucho menos con las formas o leyes que quieren aprobar ahora para evitar cualquier forma de presión popular. Ya lo dijo Víctor Hugo, justo en el quicio de su conversión a la izquierda, en 1832:

¡Oh revoluciones! Yo, último de los marineros, / ignoro lo que Dios elabora en la sombra, / bajo el tumulto de vuestras olas. / La multitud se burla y os odia, / pero, ¿quién sabe cómo trabaja Dios? ¿Quién sabe cómo se inicia la ola estremecida, / si el grito de los amargos abismos, / si la tromba, si los truenos y los rayos / son necesarios para que los mares produzcan la perla?



Qué duda cabe, el Sindicato del Crimen, compuesto por una serie de liberales de mal pelaje, hizo todo el mal que podía para contrapesar a Don Polancone, uno de los puntales de pseudoizquierda divina. Uno ex illis, diría Cervantes, era Umbral, un hijo de mala madre y de mal padre que tuvo la suerte de criarse como un huérfano sin poder graduarse en la enseñanza básica porque ello suponía usar su apellido de ilegítimo y que creía, ingenuamente, porque era artista, que un estilo, una manera de hacer lenguaje, podía hacer más daño que una sola idea revolucionaria, pervirtió el costumbrismo inventando el costumbrismo de izquierdas, bread with tomatoes and olive oil.

Mi propuesta constructiva para evitar tanto mal como deriva a los sindicatos de haberse dejado pervertir por el poder omnímodo de Alá es sencilla: que hagan como en Alemania, donde el sindicalismo es obligatorio para toda persona que trabaje o tenga nómina, pudiendo elegir el sindicato que desee, pero solo beneficiarse de las condiciones que ese sindicato logre en sus negociaciones con la patronal. Y sin posibilidad de subvención, que desde que en el siglo XVII las llamaban "ayudas de costa" y ahora "dietas" han pervertido todo el sistema estatal hasta convertirlo en una caricatura; peor, en un cuadro costumbrista del Hogarth, Hogarth, dulce Hogarth.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Frases de entrada para conocer chicas

Silvia C. Carpallo en El País, ayer:

Las mejores frases, o las estratagemas más cutres que se usan para entrar a una chica en un bar:

"¿Sabes cuánto pesa un oso polar?", pregunta el chico, copa en mano, a una más que asombrada compañera de baile. "Pues, no", contesta ella. "¡Lo suficiente para romper el hielo! Hola, me llamo Ramón".

Aunque parezca absurdo, en realidad, todo vale con tal de pasar esa primera barrera y lanzarse a la piscina con una frase ingeniosa que, desde luego, la dejará impactada. Ese es el objetivo, llamar su atención.

Ligar-en-un-bar

Para los más 'techies', ya hay una 'app' para ligar en los bares, como nos cuenta Jesús Alonso en Travel Report.

Quedarse en el "¿vienes mucho por aquí?" o en el más que clásico "¿estudias o trabajas?", desde luego no te hará parecer el más moderno. Mucho menos si caes en otros tópicos como “déjame que adivine tu nombre” o la típica estrategia en grupo de: "¿Sabéis algún garito que esté bien por aquí? ¿Nos acompañáis?". Si de verdad te interesa llamar la atención de una persona, lo mejor es valerse del ingenio. A veces hay quien consigue seducir mucho más a través de su intelecto y también el que solo se vale de su físico.  Y es que, a la hora de propiciar ese primer acercamiento, la primera impresión es la que cuenta.

Hay quienes incluso, sabiendo que no tienen un gran don de palabra, salen preparados para la ocasión con su kit de magia: hoy hacer un juego de cartas en mitad del bar, se ha vuelto algo hasta casi normal. Y hay a quien el golpe de efecto le funciona. A veces, a través de un buen truco, puede surgir la magia.

Otra opción es la de recurrir a tu amigo, y pedirle que rompa el hielo por ti. Pero es una baza muy arriesgada. Si tu amigo lo hace mal, tú también quedarás en ridículo, y si lo hace demasiado bien, será él quien se quede con la que podría haber sido la chica de tus sueños.

Un tópico menos típico, y algo más seductor, es el "me tientas". Puede tentarle tu vestido, tu cuello, tus tacones, o tu boca… La cuestión aquí no es lo que dices, sino cómo lo dices.  La clave no está en que tú te desmarques del resto de chicos del local sino en conseguir que sea ella la que se sienta única y especial. Si hay algo que nos pierde como mujeres es el sentirnos deseadas, y esa pueda ser una buena baza.

Pero, desde luego, hay maneras mucho más divertidas. Desde esos chicos que aseguran que "están en oferta" o el "pack de amigos 2x1", hasta los que te buscan algún parecido razonable con alguna actriz. 

Los hay con mucho morro que, por probar, intentan convencerte de que si tu novio se encuentra a más de 100 km, "entonces no cuenta".

Volviendo al origen del relato, no hay que perder de vista a aquellos que al menos se lo curran en plan romántico. Recuerdo la historia de un chico que pintó toda una serie de señales de tráfico para que llevasen a la susodicha hasta el portal de su casa. En la puerta, por si aún quedaba alguna duda, había dejado un "I love you". No hay nada que sea más efectivo que 'mandar señales'. 

Esto de lanzarse a la piscina ni es, ni tiene por qué ser, solamente cuestión de hombres. Ya habló Venus por aquí de las que no se atreven a dar el primer paso, pero cada vez empieza a haber más aventureras. En mi humilde opinión:  "si quieres pizza, hay que llamar al pizzero", y es que esto de quedarte en la silla para esperar a que alguien te saque a bailar, al más puro estilo Grease, deberíamos empezar a dejarlo en la prehistoria. Si ves que hay algo que te interesa, ¿por qué no ir a por ello? El miedo al fracaso existe, en la misma medida, en ambos sexos. 

Lo que sí es verdad es que las mujeres a veces jugamos más a las sutilezas, y  por ello el juego de miradas suele ser nuestra táctica por excelencia. Sin embargo, también hay ideas útiles y no muy arriesgadas, como dejarle tu teléfono a un compañero de trabajo por si le surgiera alguna duda, o dejarte algo olvidado para tener una excusa para volver a encontraros. Aunque a veces no vendría mal mandar algunas señales más obvias, para por lo menos no despistar al personal.

La cuestión es que una vez que consigamos llamar la atención de esa persona, finalmente seremos nosotros los que comprobemos si ha merecido la pena el esfuerzo. Y es que, en ocasiones, no merece la pena ser original por alguien que, al final, poco nos va a aportar. Pero esa ya es otra historia.

martes, 26 de noviembre de 2013

Por qué el activismo digital es sociológicamente conservador e inútil

Malcolm Gladwell

Solidaridad para flojos: Contra el activismo digital

Traducción al español de David Medina Portillo

1

A las 16:30 p.m. del lunes 1 de febrero de 1960, cuatro estudiantes universitarios se sentaron en la cafetería de Woolworth en el centro de Greensboro, Carolina del Norte. Eran estudiantes de primer año en el North Carolina A.&T., un colegio de negros a un kilómetro de distancia.

Uno de los cuatro, Ezell Blair, le pidió a la camarera: “Una taza de café, por favor”. “Aquí no servimos a negros”, respondió ella.

El desayunador tenía una larga barra en forma de L para albergar a unas sesenta y seis personas, con un snack bar para estar de pie en el extremo. Los asientos eran para los blancos, el bar para los negros. Otro empleado, una negra que trabajaba en la cocina, se acercó a los estudiantes tratando de persuadirlos: “¡Qué están haciendo, estúpidos!” Sin embargo, ellos no se movieron. A las cinco y media las puertas de entrada ya estaban cerradas con llave. Aquellos seguían sin moverse. Finalmente, se marcharon por una puerta lateral. En el exterior se había reunido ya una pequeña multitud, entre ella un fotógrafo del Greensboro Record. “Volveremos mañana con el A.&T. College”, dijo uno de los estudiantes. A la mañana siguiente, la protesta se incrementó a veintisiete hombres y cuatro mujeres, la mayoría del mismo colegio que los cuatro primeros. Los hombres vestían de traje y corbata. Habían traído sus tareas escolares para trabajar mientras permanecían en plantón frente al mostrador. Los estudiantes “negros” de la escuela secundaria Dudley High de Greensboro se unieron el miércoles y el número de manifestantes aumentó a ochenta. Para el jueves llegaban a 300, incluidas tres mujeres blancas. El sábado alcanzaron 600 y la gente comenzó a ocupar la calle a todo lo largo. Unas adolescentes blancas portaban banderas de la Confederación. Alguien arrojó un petardo. Al mediodía, arribó el equipo de fútbol del A.&T. “Aquí viene el cuerpo de demolición”, gritó uno de los estudiantes blancos.

El lunes siguiente, el plantón se había extendido hacia Winston- Salem, a veinticinco millas, y a Durham, a cincuenta millas de distancia. Un día después se unieron los estudiantes del Fayetteville State Teachers College y los del Johnson C. Smith College, en Charlotte. El miércoles siguiente los del St. Augustine’s College y la Shaw University de Raleigh. Para el jueves y viernes las protestas habían cruzado las fronteras estatales, extendiéndose a Hampton y Portsmouth, Virginia; lo mismo que a Rock Hill, Carolina del Sur y Chattanooga, Tennessee. A finales del mes había plantones en todo el sur, hacia el oeste y hasta Texas. “Le pregunté a todos los estudiantes cómo había sido el primer día de protestas en su campus”, escribió Michael Walzer en Dissent. “Y la respuesta era siempre la misma: fue como una fiebre, todo el mundo quería ir.” Finalmente, participaron unos setenta mil estudiantes. Miles de ellos acabaron detenidos y otros miles más se radicalizaron. Estos acontecimientos de los años sesenta se convirtieron en una lucha por los derechos civiles que asedió el sur durante el resto de la década y todo sucedió sin e-mails, mensajes de texto, Facebook o Twitter.

2

El mundo, nos dicen, está en medio de una revolución. Las redes sociales como nuevas herramientas han reinventado el activismo social. Con Facebook, Twitter y similares la relación tradicional entre autoridad política y voluntad popular se ha puesto patas arriba, tornando imposible coordinar, organizar y dar voz a sus preocupaciones. Cuando diez mil manifestantes salieron a las calles de Moldavia en la primavera de 2009 para protestar contra el gobierno comunista, la acción se denominó Revolución de Twitter debido al medio empleado para reunir a los manifestantes. Unos meses después, cuando las protestas estudiantiles sacudieron Teherán, el Departamento de Estado tomó la inusual decisión de pedir a Twitter la suspensión del mantenimiento de su sitio web: la Administración no quería que esa herramienta de organización estuviera fuera de servicio durante las manifestaciones.

“Sin Twitter el pueblo de Irán no habría sentido el poder ni la confianza para defender la libertad y la democracia”, dijo Mark Pfeifl e, un ex asesor de seguridad nacional, quien más tarde hizo también un llamando para que Twitter fuera nominada al Premio Nobel de la Paz. Donde los activistas habían sido identificados alguna vez por sus causas, ahora se definían por sus herramientas. Los Guerreros de Facebook están en línea impulsando el cambio. “Ustedes son la mejor esperanza para todos nosotros”, dijo James K. Glassman (un ex alto funcionario del Departamento de Estado) a un grupo de ciberactivistas en una reciente conferencia auspiciada por Facebook, AT&T, Howcast, MTV y Google. Sitios como Facebook, dijo Glassman, “otorgan a los EE.UU. una importante ventaja frente a los terroristas. Hace algún tiempo, dije que Al Qaeda estaba ‘comiéndose nuestro lunch en internet’. Ya no es el caso. Al Qaeda se ha quedado atascado en la Web 1.0. Internet es ahora interactividad y conversación.”

Esto es tremendo y desconcertante, afirman. ¿Por qué es importante quién se está “comiendo nuestro lunch” en internet? ¿Las personas que inician su sesión de Facebook son realmente la mejor esperanza para todos nosotros? En cuanto a la llamada Revolución twitteada de Moldavia, Evgeny Morozov (un estudioso de la Universidad de Stanford y el más sólido de los críticos de la evangelización digital) señala que Twitter tiene un significado escaso en Moldavia, un país con muy pocas cuentas de Twitter. El país tampoco parece haber vivido una revolución, menos cuando las protestas –como sugiere Anne Applebaum en el Washington Post– pudieron haber tenido un poco de arte escénico ideado por el gobierno. (En un país paranoico a propósito del revanchismo rumano, los manifestantes ondearon una bandera rumana sobre el edificio del Parlamento.) En el caso de Irán, por su parte, la gente que twitteó sobre las manifestaciones eran casi todas occidentales. “Es hora de entender el papel de Twitter en los acontecimientos por los derechos en Irán”, escribió Golnaz Esfandiari en Foreign Policy el verano pasado. “En pocas palabras: no hubo ninguna revolución twitteada en Irán”. Un líder de bloggers prominente como Andrew Sullivan –quien defendió el papel de las redes sociales en Irán, continúa Esfandiari– malinterpretó la situación. “Los periodistas occidentales que no pudieron alcanzar–¿o no se molestaron en llegar?– a aquellos en el terreno de las noticias en Irán, sólo se desplazaban entre los tweets posteados en inglés bajo la etiqueta ‘iranelection’. Y nadie parecía preguntarse por qué la gente que intentaba coordinar las protestas escribía en un idioma que no era el persa”.

Parte de esta maravilla era previsible. Los innovadores tienden a ser solipsistas. A menudo quieren meter todos los hechos de la calle y la experiencia en su nuevo modelo. El historiador Robert Darnton ha escrito a este respecto: “Las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han creado una falsa conciencia sobre el pasado; incluso, propician la sensación de que la comunicación siempre existió o, en su defecto, que no existió nada de importancia antes de los días de la televisión e internet”. Pero hay algo más en juego aquí, en el entusiasmo desmesurado de los medios de comunicación social. Tras cincuenta años de uno de los episodios más extraordinarios de la agitación social en la historia estadounidense, parece que hemos olvidado qué es el activismo.

3

El Greensboro de principios de los años sesenta fue el tipo de lugar donde la insubordinación racial se enfrentaba habitualmente con la violencia. Los cuatro estudiantes que por primera vez se sentaron en el mostrador de comida estaban aterrorizados. “Supongo que si alguien se hubiera acercado gritándome por detrás ¡buh! creo que me habría caído”, confesó uno de ellos más tarde. En el primer día el gerente notificó al jefe de la policía, quien de inmediato envió a dos oficiales. Al tercer día, una pandilla de matones blancos se presentó y colocó ostentosamente detrás de los manifestantes murmurando epítetos ominosos como “negro cabeza de rebaba”. Un líder local del Ku Klux Klan hizo su aparición. Para el sábado las tensiones aumentaron y alguien llamó con una amenaza de bomba. El lugar entero tuvo que ser evacuado.

Los peligros eran aún mayores en el Mississippi Freedom Summer Project de 1964, otra de las atalayas del movimiento por los derechos civiles. El Student Nonviolent Coordinating Committee reclutó a cientos de miembros en el norte –voluntarios en su mayor parte blancos– para echar a andar las Freedom Schools, así como registrar a votantes negros y elevar la conciencia sobre los derechos civiles en el Sur profundo. Fueron instruídos así: “Nadie debe ir solo a ninguna parte, incluso en automóvil y menos en la noche”. A los pocos días de haber llegado a Mississippi, tres voluntarios –Michael Schwerner, James Chaney y Andrew Goodman– fueron secuestrados y asesinados; durante el resto del verano, treinta y siete iglesias para negros fueron incendiadas y docenas de casas de seguridad bombardeadas; los voluntarios fueron golpeados, balaceados, detenidos y perseguidos por camionetas llenas de hombres armados. Una cuarta parte de los voluntarios se retiró. El activismo que desafía al status quo –el que ataca los problemas profundamente arraigados– no es para flojos.

¿Qué hace que las personas sean capaces de este tipo de activismo? Un sociólogo de Stanford, Doug McAdam, analizó las razones de quienes abandonaron el Freedom Summer frente a aquellos que se quedaron. Señala que la principal diferencia no fue, como parecía natural, el fervor ideológico. “Todos los miembros –lo mismo los participantes que quienes se retiraron– estaban altamente comprometidos con los objetivos y valores del programa”. Lo que importaba más era el grado de relación personal con el movimiento de derechos civiles. Todos los voluntarios estaban obligados a proporcionar una lista de contactos personales –gente a la que querían mantener al tanto de sus actividades– y los participantes eran mucho más propensos que quienes desertaron a tener amigos cercanos que también iban a Mississippi. El activismo de alto riesgo es un fenómeno de “vínculos fuertes”, concluye McAdam.

Este patrón se repite una y otra vez. Un estudio sobre las Brigadas Rojas, grupo terrorista italiano de los años setenta, revela que el setenta por ciento de los reclutas tenían al menos un buen amigo ya en la organización. Lo mismo puede decirse de los hombres que se unieron a los muyahidines en Afganistán. Incluso las acciones revolucionarias que parecen espontáneas, como las manifestaciones en el Este de Alemania que condujeron a la caída del Muro de Berlín, en el fondo son fenómenos de “vínculos fuertes”. El movimiento de oposición en Alemania del Este estuvo constituido por varios cientos de grupos, cada uno con aproximadamente una docena de miembros. Cada grupo estaba en contacto limitado con los otros grupos: en ese entonces sólo el trece por ciento de los alemanes del Este tenía teléfono. Lo único que sabían era que el lunes por la noche se reunirían para manifestarse contra el Estado afuera de Iglesia de San Nicolás en el centro de Leipzig. El elemento determinante de quienes se presentaban fueron siempre sus amigos “críticos” del régimen –quienes contaban con más amigos de este tipo estaban más propensos a unirse a la protesta.

Por lo tanto, el hecho crucial acerca de los cuatro estudiantes de primer año en la cafetería de Greensboro –David Richmond, Franklin McCain, Ezell Blair y Joseph McNeil– fue la relación entre unos y otros. McNeil era compañero de dormitorio de Blair en A.&T.’s Scott Hall. Richmond compartía habitación con McCain un piso más arriba, y Blair, Richmond y McCain, habían ido a la Dudley High School. Los cuatro metían a la habitaciónn cervezas de contrabando y hablaban hasta altas horas de la noche en el cuarto de Blair y de McNeil. Todos ellos recordaban el asesinato de Emmett Till en 1955, el boicot a los autobuses de Montgomery ese mismo año y el enfrentamiento en Little Rock de 1957. Fue McNeil quien expresó la idea de un plantón en Woolworth. Lo discutieron durante casi un mes hasta que un día entró McNeil al dormitorio y les preguntó a los demás si estaban listos. Hubo una pausa, luego McCain les habló de un modo sólo posible entre personas que han platicado toda la noche: “¿Son unos sacones o qué?” Ezell Blair tuvo el coraje de pedir una taza de café al día siguiente sólo porque estaba flanqueado por su compañero de cuarto y dos buenos amigos de la escuela secundaria.

4

La clase de activismo asociado con las redes sociales no se parece a esto en absoluto. Las plataformas de las redes sociales están construidas con lazos débiles. Twitter es una forma de seguir a (o de ser seguido por) personas a las que nunca hemos tratado. Facebook es una herramienta de gestión eficiente de nuestros conocidos, para estar al día con personas a quienes –de otra forma– no seríamos capaces de mantener en contacto. Por eso es que uno puede contar con miles de “amigos” en Facebook ya que, en la vida real, nunca tendría tantos.

En muchos sentidos se trata de una maravilla. Hay cierto poder en estos “vínculos débiles”, como el sociólogo Marcos Granovetter ha observado. Nuestros conocidos –no nuestros amigos– son nuestra mayor fuente de nuevas ideas e información. Internet nos permite aprovechar el poder de este tipo de conexiones a distancia con una eficacia admirable. Resulta fantástico en la difusión de novedades, la colaboración interdisciplinaria, en hacer coincidir a la perfección a compradores con vendedores y con las necesidades logísticas en un mundo de citas y compromisos. Sin embargo, estos “vínculos débiles” rara vez conducirán al activismo de alto riesgo. En un nuevo libro llamado El efecto Dragonfly: maneras rápidas, eficaces y de gran alcance para usar las redes sociales en el cambio social, el consultor de negocios Andy Smith y el profesor de la Stanford Business School Jennifer Aaker cuentan la historia de Sameer Bhatia, un joven empresario de Silicon Valley aquejado por leucemia mielógena aguda. Se trata de un ejemplo inmejorable sobre las fortalezas de las redes sociales. Bhatia necesitaba un trasplante de médula ósea pero era incompatible con sus parientes y amigos. Las mejores posibilidades venían de otro donante de su mismo origen étnico y de no pocos asiáticos del sur encontrados en la base de datos nacional sobre médula ósea. Por lo mismo, el socio de negocios de Bhatia envió un correo electrónico explicando la situación de Bhatia a más de 400 de entre sus conocidos. Varias páginas de Facebook y YouTube se dedicaron a la campaña Help Sameer. Al final, casi veinticinco mil personas nuevas se registraron en la base de datos de médula ósea y Bhatia encontró un donante compatible.

Ahora bien, ¿cómo una campaña así es capaz de convocar a tanta gente? Al no pedir demasiado de ellos. Esta es la única manera de conseguir que alguien a quien realmente no conoces haga algo por ti. Uno puede lograr que miles de personas ingresen a un registro de donantes ya que hacerlo es muy sencillo. En este ejemplo, uno sólo tiene que enviar un cotonete con una muestra bucal y, en el caso muy improbable de que su médula ósea sea una buena opción para alguien que lo necesite, pasar unas horas en el hospital. Es cierto, la donación de médula ósea no es un asunto trivial; sin embargo, no implica ningún riesgo financiero o personal. No significa pasar un verano acosado por hombres armados en camionetas. No requiere el enfrentamiento con normas sociales y prácticas arraigadas. De hecho, es un tipo de participación que sólo puede traer reconocimiento social y alabanzas.

Los evangelistas de las redes sociales no entienden esta distinción, parecen creer que un amigo de Facebook es lo mismo que un verdadero amigo y que la firma en un registro de donantes en el Silicon Valley de hoy es activismo en el mismo sentido que un plantón en la cafetería de Greensboro contra de la segregación de los años sesenta. “Las redes sociales son especialmente eficaces para aumentar la motivación”, escriben Aaker y Smith. No es cierto. Las redes sociales son efectivas para incrementar la participación al disminuir el nivel de motivación que la participación requiere. La página de Facebook de la Coalición para Salvar Darfur tiene 1.282.339 miembros, quienes han donado un promedio de nueve centavos de dólar cada uno. La siguiente más grande en pro de la beneficencia de Darfur en Facebook tiene 22.073 miembros, los que han donado un promedio de treinta y cinco centavos cada uno. Help Save Darfur tiene 2,797 miembros, con quince centavos donados por cabeza. Un portavoz de Save Darfur Coalition declaró a Newsweek que “el valor de alguien para el movimiento no se puede medir sobre la base de sus aportaciones. En conjunto, constituyen un poderoso mecanismo para involucrar a la población crítica. Informan a la comunidad, asisten a eventos como voluntarios. Se trata de algo que no se puede apreciar cuantitativamente.” En otras palabras, el activismo de Facebook tiene éxito no porque motive a las personas a realizar un verdadero sacrificio, sino porque las lleva a hacer el tipo de cosas que hace la gente cuando no está lo suficientemente motivada para un verdadero sacrificio. Estamos muy lejos de la cafetería de Greensboro.

5

Los estudiantes que se sumaron al plantón en el sur durante el invierno de 1960 describen el movimiento como una “fiebre”. Sin embargo, el movimiento por los derechos civiles fue más una campaña militar que un contagio. En 1959 había dieciséis plantones en varias ciudades del sur, quince de ellos articulados formalmente por organizaciones de derechos civiles como la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People) y el CORE (Congress of Racial Equality). Antes, se hicieron planes explorando sus posibles ubicaciones. Los activistas organizaban sesiones de formación y repliegue destinadas a los aspirantes al movimiento. Los Cuatro de Greensboro fueron producto de esta base: todos eran miembros del NAACP Youth Council. Tenían estrechos vínculos con el jefe de la NAACP local y habían sido informados sobre la primera ola de plantones en Durham. Asimismo, habían participado ya en una serie de reuniones en las iglesias activistas del movimiento. Cuando éste se extendió a partir de Greensboro por todo el sur, no lo hizo de manera indiscriminada. Creció desde las ciudades que ya contaban con “movement centres” –núcleos de voluntarios dispuestos, dedicados y entrenados para convertir la “fiebre” en acción.

El movimiento de derechos civiles fue activismo de alto riesgo. Fundamentalmente, fue también activismo estratégico: un reto para el establishment montado con precisión y disciplina. La NAACP fue una organización centralizada, dirigida desde Nueva York con base en procedimientos de operación altamente formalizados. La autoridad incuestionable en la Southern Christian Leadership Conference fue Martin Luther King Jr. En el centro del movimiento estuvo la iglesia negra que, como señala Aldon D. Morris en un excelente estudio de 1984, The Origins of the Civil Rights Movement, era una división de trabajo perfectamente delimitada, con diferentes comités permanentes y grupos disciplinados. “Cada grupo fue orientado y coordinado por una autoridad”, escribe Morris. “Los individuos eran responsables de sus tareas asignadas y los conflictos importantes se resolvían ante el ministro, quien generalmente ejercía la máxima autoridad sobre su congregación.”

Esta es la segunda distinción fundamental entre el activismo tradicional y su variante en línea: las redes sociales no constituyen este tipo de organización jerárquica. Facebook y similares son herramientas para la construcción de “redes” que son precisamente contrarias –en estructura y carácter– a las jerarquías. Con sus normas y procedimientos, a diferencia de éstas las redes no son controladas por ninguna autoridad central. Las decisiones se toman por consenso y los lazos que unen a las personas del grupo permanecen sueltos.

Dicha estructura hace a las redes enormemente adaptables y flexibles en situaciones de bajo riesgo. Wikipedia es un ejemplo perfecto. No tiene un editor, con sede en Nueva York, que dirija y corrija cada entrada. El esfuerzo es auto-organizado. Si todas las entradas en Wikipedia fueran borradas mañana, rápidamente serían restauradas porque eso es lo que ocurre cuando una red de miles de personas dedican su tiempo a una tarea de forma espontánea.

Sin embargo, hay muchas cosas que las redes no pueden hacer bien. Para organizar a sus cientos de proveedores las empresas de automóviles usan, con sensatez, una red; no obstante, no hacen lo mismo cuando se trata del diseño de sus coches. Nadie cree que un concepto de diseño se obtiene mejor de entre el caos de opiniones que bajo la organización de un líder. Dado que las redes no cuentan con una estructura centralizada y líneas claras de autoridad, tienen difi cultades para establecer metas mediante un consenso auténtico. Al no poder pensar de forma estratégica están crónicamente propensas al conflicto y al error. ¿Cómo tomar decisiones difíciles sobre táctica, estrategia o concepto si todo el mundo tiene el mismo poder?

La Organización para la Liberación de Palestina se originó como una red y los estudiosos de relaciones internacionales Mette-Eilstrup Sangiovanni y Jones Calvert sostienen (en un ensayo reciente sobre seguridad internacional) que por eso precisamente tuvo problemas: “Las características estructurales típicas de las redes –la ausencia de autoridad central, la autonomía sin control de los grupos rivales y la incapacidad para arbitrar disputas a través de mecanismos formales– hizo a la OLP excesivamente vulnerable frente a la manipulación externa y las luchas internas“.

En la Alemania de los años setenta, continúan más adelante, “la más unificada y exitosa ala izquierda terrorista estaba organizada de forma jerárquica, con una gestión profesional y una clara división del trabajo. Geográficamente, se concentraba en las universidades, donde podía establecer un liderazgo central y propiciar la confianza y la camaradería a través del trato regular cara a cara“. Rara vez traicionaron a sus compañeros de armas durante los interrogatorios policiales. Por otro lado, sus contrapartes de la derecha se organizaban como las redes descentralizadas y no tenía disciplina. Dichos grupos fueron infiltrados con regularidad y sus miembros, una vez detenidos, denunciaron fácilmente a sus compañeros. Del mismo modo, Al Qaeda era más peligroso cuando se trataba de una jerarquía unificada. Ahora que se ha disipado en una red ha demostrado mucho menos eficacia.

Ahora bien, las desventajas de las redes apenas importan si no están interesadas en el cambio sistémico –si sólo quieren asustar, insultar o hacer olas–. Así no necesitan pensar estratégicamente. Pero si enfrentan a un establishment poderoso y organizado, deben contar con una jerarquía. El boicot a los autobuses de Montgomery requería de la participación de decenas de miles de personas que dependían del transporte público para ir y volver del trabajo todos los días. Duró un año. Con el fin de persuadir a las personas a permanecer fieles a la causa, los organizadores del boicot se ocuparon de cada iglesia local negra con el propósito de mantener la moral en alto. Armaron entonces un servicio de transporte colectivo gratuito como alternativa privada, con cuarenta y ocho despachadores y cuarenta y dos estaciones de carga. Incluso el White Citizens Council, según dijo más tarde Martin Luther King, admitió que el sistema de transporte colectivo se desplazó con “precisión militar”. En el momento que King llegó a Birmingham, al enfrentamiento culminante con el comisionado de policía Eugene (Bull) Connor, contaba con un presupuesto de un millón de dólares, un centenar de miembros de tiempo completo sobre un terreno fraccionado en unidades operativas. Trazada de antemano, la acción se dividió en fases progresivas. El apoyo se mantuvo mediante reuniones de masas consecutivas y rotando de iglesia en iglesia por toda la ciudad.

Los boicots, plantones y confrontaciones no violentas –armas elegidas por el movimiento de derechos civiles– son estrategias de alto riesgo: dejan muy poco margen para la discordia y el error. En ese momento incluso si uno de los manifestantes se desviaba del guión y respondía a las provocaciones, la legitimidad moral de toda la protesta se veía comprometida. Sin duda, los entusiastas de las redes sociales nos han hecho creer que la tarea de Martin Luther King en Birmingham habría sido infinitamente más fácil si hubiera sido capaz de comunicarse con sus seguidores vía Facebook… Pero las redes son caóticas: basta recordar el patrón incesante de corrección y revisión, modificación y debate que caracteriza a Wikipedia. Si Martin Luther King hubiera intentado un wiki-boicot en Montgomery habría sido aplastado por la estructura del poder blanco. Y ¿de qué sirve una herramienta de comunicación digital en una ciudad donde el noventa y ocho por ciento de la comunidad negra podía ser encontrada en la iglesia todos los domingos? Las cosas que King necesitaba en Birmingham: disciplina y estrategia, fueron esas que las redes sociales en línea no pueden proporcionar.

6

La biblia de los movimientos en las redes sociales es Here Comes Everybody, de Clay Shirky. Este profesor de la Universidad de Nueva York se propone demostrar el poder de organización de internet. Para ello recurre a la historia de Evan (quien trabajaba en Wall Street) y de su novia Ivanna. En una ocasión ella olvidó su smartphone, un Sidekick caro, en el asiento trasero de un taxi de Nueva York. La compañía telefónica transfirió los datos del teléfono perdido a uno nuevo, con lo cual descubrieron que el Sidekick estaba ahora en manos de una adolescente en Queens, quien lo utilizaba para tomar fotografías de ella y sus amigos.

Cuando Evan le envió un correo electrónico a dicha adolescente (de nombre Sasha) reclamando el teléfono, ella le contestó que su “culo blanco” no merecía que se lo devolviera. Molesto, Evan creó una página web con una descripción de lo sucedido. Luego envió el enlace a sus amigos. Alguien encontró en la página de MySpace del novio de Sasha un enlace hacia ella. Ese alguien encontró asimismo la dirección de Sasha en línea y tomó un video de su casa. Más tarde Evan publicó el video en su sitio. La historia fue recogida por el filtro de noticias Digg y Evan comenzó a recibir diez e-mails por minuto. Después creó un boletín para que sus lectores compartieran sus historias pero se colapsó bajo la enorme cantidad de respuestas. Evan e Ivanna acudieron finalmente a la policía; aunque en el informe de ésta el teléfono se reportó como “perdido” en lugar de “robado”. Y con ello cerró el caso. “Para este momento millones de lectores estaban atentos”, escribe Shirky, “y decenas de medios de noticias tradicionales cubrían la historia”. Cediendo a la presión, el departamento de policía reclasificó al celular como “robado”. Sasha fue arrestada y Evan logró recuperar el Sidekick de su novia.

El argumento de Shirky es que este tipo de cosas nunca podrían haber sucedido en la edad pre-internet. Y tiene razón. Evan nunca habría podido rastrear a Sasha y la historia del Sidekick nunca hubiera sido publicada. Apareció un ejército de personas que nunca se habrían reunido para librar esta lucha. La policía jamás hubiera cedido a la presión de una sola persona que perdió algo tan trivial como un celular. La historia, según Shirky, ilustra “la facilidad y rapidez con la que se puede movilizar a un grupo tras una causa” en la era de internet.

Shirky considera que este modelo es una actualización del activismo. Sin embargo, se trata simplemente de una forma de organización que favorece los “vínculos débiles” con acceso a la información por encima de las relaciones de “vínculos fuertes” que nos ayudan a sostenernos frente al peligro. Sustituye la energía propia de las organizaciones que promueven la actividad estratégica y disciplinada por aquellas que promueven la resistencia y la adaptabilidad. Ahora es más fácil para los activistas expresarse pero más difícil que la expresión tenga algún impacto. Los instrumentos de las redes sociales se adaptan bien para que el orden social existente sea más eficiente. De ningún modo son un enemigo natural de la situación actual. Si uno es de la opinión de que lo único que hace falta es limar las imperfecciones, nada de esto debe preocuparle. Pero si entendemos que aún hay por ahí cafeterías donde se practica la discriminación, deberíamos hacer una pausa y pensar.

Shirky termina la historia del Sidekick preguntando, pomposamente: “¿Qué pasará después?” –sin duda imagina olas futuras de manifestantes digitales. Pero ya ha respondido a su propia pregunta. Lo que sucedió después es más de lo mismo. Una red de lazos débiles por el mundo que es buena en cosas como ayudar a Wall Street a recuperar los teléfonos de manos de las adolescentes. Viva la Revolución.

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Quién mató a Montesquieu?

Si "Montesquieu ha muerto", como dijo el Guerra (lo que puede ser, puede ser, y además es posible), quiero saber quién lo mató; el delito no debe quedar impune, como ha quedado el Prestige o un rey cojuelo que mata elefantes y no dispone de adn reconocido, como los fantasmas.

Porque eso es un principio del derecho romano, que era bastante recto antes de que lo torcieran a fuerza de epiqueyas como las que dominan las leyes hodiernas o de hoy, que son jodiendas también. Y las leyes se tuercen así: con cada enmienda, restricción, adaptación o epiqueya, hasta volverse una jodienda al pueblo, ya lo indica el refrán: "Al papel y la mujer / hasta el culo le has de ver".

El power ejecutor ha dictaminado muerte natural; pero yo no me lo creo hasta que reaccione en cadena la polimerasa. Que no cierren tan deprisa el ataúd. Que ni siquiera lo crucen de brazos. Qui prodest? ¿A quién beneficia?

Es al Poder, legislativo, ejecutivo o judicial, porque el poder es uno y trino, como Dios, aunque aquí se nos muestra más bien como Alá, que no es trino, sino uno y turco y manda que es una asquerosidad, una sharia, vamos. Cuánto mejor ser cristiano y trinitario. El poder es siempre injusto, porque se ejerce siempre por su propia naturaleza sobre el débil o indefenso, pues de lo contrario no sería poder. Pero nuestras garantías constitucionales son dignas de Marruecos, dan risa, y recuerdan las arbitrariedades que los monarcas absolutos cometían con lo que en Francia llamaban lettre de cachet y en España orden reservada, con las cuales un monarca podía saltarse todos los tribunales habidos y por haber y encerrar para toda la eternidad y sin proceso judicial a quien le viniera en gana. Lo equivalente entre los nosotros de hoy es la demora, robo o manipulación de pruebas y alargamiento de todo proceso judicial, more Berlusconi, ya al fin (si es que llega; en Italia, como en España, donde todo se hace a medias, eso nunca se puede decir), y oficialmente, corruptor de menores y de mayores, hasta la prescripción, robo o disolución de las pruebas en la nada. Los procesos de aquí es que son una kafka. Y ni siquiera una kafka consistente: pura diarrea.

Los digamos que procedimientos varían a cuál peor: cambiar diez veces a los jueces de instrucción, quitarles el personal necesario, inflar los sumarios hasta que asciendan cual montgolfieros, esos globos de papel del XVIII, donde Baumgartner perdió el casco. Hasta la iniciativa legislativa popular ha sido usurpada por esa democracia indirecta y rogativa que agravia a la mayoría con una minoría. Easy to do justice, very hard to do right. "Fácil es hacer justicia, pero es muy duro hacer lo justo", o, si tradujéramos mejor que en el filme, "lo correcto", como se dice en la pieza teatral de Terence Rattigan, The Winslow boy (1949), inspirada en un hecho real que modificó el derecho de apelación al rey de ese país sin constitución escrita, Gran Bretaña. Fue muy bien llevada a la pantalla por otro dramaturgo y cineasta, David Mamet (autor de El motor de agua y otras piezas más conocidas), bajo el título de El caso Winslow (1999).

Juvenal (mejor Juvenal, porque el otro satírico sobresaliente, Marcial, era un hispano y ya estaba corrupto y no moralizaba, solo alababa tiranos para agenciarse un chalet en Aragón) ya lo dice en su sátira VI: "Quis custodiet ipsos custodes? (¿Quién vigila a quienes vigilan?)". Como no sea el pueblo... Pero al pueblo lo tienen como al perro: fuera de todos los asuntos, en la caseta, mano sobre mano, helándose de frío, a dieta de pan duro y agua, hasta que haya alguna cacería o elecciones. Después de divertirse con él, cuando ya esté demasiado lleno de perdigones o asustado por los disparos que se niegue a perseguir liebres, lo ahorcarán de un olivo. Y no habrá mordisco que valga, salvo en los cigotos.

martes, 12 de noviembre de 2013

La máquina de no hacer nada

En no poco, España es una Italia, y empieza a serlo en casi todo. Ambos países atravesamos por largas etapas fascistas y posfascistas, y tenemos el imbroglio o embrollo como forma de gobierno institucionalizada desde hace muchísimo y sin evolución ni revolución posibles.

Todo es estar a medias en todo, una pura doctrina del shock. Una crisísima profundísima. Es como lamenta el salmo de Asaf: "y nadie entre nosotros sabía hasta cuándo". Nadie entre nosotros va a asumir la soberanía nacional en nombre del pueblo en la Puerta del Sol, nadie va a pegar cuatro tiros al aire ni va a establecer un gobierno provisional que convoque elecciones a Cortes constituyentes. Los tanques no van a venir a joder la marrana y, en todo caso, vendrán señoras gordas a tocar el arpa.

Parecía que nuestro sistema operativo político tenía obsolescencia programada, pero, quia, nadie supo ni quiso pensar en otra cosa que en que gobiernen ellos, los alemanes, ya que nos gobiernan unos italianos de Génova aplastándonos los huevos de Colón, ay, y degradando la democracia, si hubo tal ente quimérico y quijotesco en vez de una peste borbónica de cleptocracias familiares en plan chorizo y robagallina. El gobierno de la apariencia sobre la esencia; un gobierno tan obnubilata como el propio Wert, que hasta para recortar se hace un lío y con tan poca inteligencia que, como en Sanidad, se corta lo sano y no lo corrupto. ¡Cuántos muertos habrá costado ya el navajazo sanitario! ¡Cuánta miseria la retraición de los políticos borbónicos o pepoístas, y toda su Re-Corte, nada artúrica, de caballeros mamandantes!

El estado es un cascarón de papeles, una gallina huera de muñecas rusas, una máquina de no hacer nada que dificulta todo movimiento, toda esperanza, toda renovación con un misoneísmo fáctico que sobreviene como a Italia, pero con un poco menos de inercia, con solo ochenta años de corrupción generalizada.

Porque en España hasta se anula, con las demás leyes, la ley de la gravedad. Nada es grave aquí, nada se castiga, ni siquiera con rigor. Y la falta de gravedad se nota ya en gran parte del país, que vive flotando en el limbo del paro como los dos astronautas de la película, no up in the air, aunque también, que hizo Clooney, en espera de la castaña que más pronto que tarde les van a dar. Y será pilonga.

La culpa es de la Justicia, si es que la justicia puede ser culpable de algo, que suena terrible, como el mundo al revés, aunque sea verdad: nada podemos esperar de ella sino la paraplejia y la muerte por desgana y agotamiento. La esperanza se pudre en su tumba de Pandora y queda ya hecha un esqueleto; nadiecico la va a sacar de ahí, ni siquiera como zombi. No se han escrito leyes nuevas y seguimos con las viejas; la justicia sigue sin espada, no amputa los miembros con gangrena y todo el país se muere de septicemia, por falta de enfermeras y médicos también, despedidos en medio de basuras infectadas y sin recoger, incluida la basura que nos gobierna. 

Porque toda política y justicia posibles se hacen en realidad fuera de España, en Alemania o más lejos, sin la secuestrada soberanía nacional, en manos de chorizos y borbónicos. Más que europeizar España habría que helvetizarla o escandinavizarla, o salir corriendo, porque si los teutones hacen algo será alemaniaorientalizarnos. Hasta a los Erasmus nos los quieren devolver, si es que no es una diwertsión de wert. No, gracias; nos iremos a Rumanía, como Ovidio, a chuparle la sangre a Vlad el Empalador, un hombre justo que haría mucha falta aquí: en su feudo nadie se atrevía a robar, al menos sin esperar que le sacaran los ojos de la cara y le metieran un trinche por el culo.

¿Y cómo funciona la máquina de no hacer nada? Su función verdadera, aparte de impedir que se haga algo, que es lo primordial, es servir de escondite a los que realmente hacen lo que se puede hacer en España: robar limpiamente y como lavado con Perlán. Para poder obrar así hay que sacarse un título de medro que se da en el Pepoe o en cualquiera de las escuelas de mentir y temer que hay abiertas sobre el escenario del teatro España. Es el único trabajo bien retribuido que hay en el país, incluso dos o tres veces, en negro, en blanco, en cuadros, con regalos a parientes y sobrinos sobrecogedores.

Alguna gente se resiste a ello, los educados a la antigua en creer hay diferencia entre el bien y el mal. Pero las reformas educativas van por otro lado y han dejado los libros de caballerías por el brutal realismo del sálvese quien tenga más balas y puntería: aquel que se salva sabe, los otros no saben nada. 

Es la dictadura perfecta: si no gobierna el uno, que gobierne el otro que es la otra cara de la misma moneda con que se paga el soborno de la soberanía popular; el mismo perro con distinto collar, lo mismo da que da lo mismo, tanto monta. Entrambos se enseñan nuevos métodos de robo en comandita con empresarios, banqueros, sindicalistas, putas y periodistas de hoja caduca, en comandita con cualquiera menos con el pueblo, siempre mentido, siempre engañado, siempre despreciado y nunca, nunca, nunca oído. 

Por supuesto, no todos entre ellos son corruptos; hay una casta de carapintadas de sonrisa idéntica que sirven la nueva mentira otoño invierno para que los auténticos ladrones puedan obrar a su sombra y a su antojo con la ilusión de que ya los pagarán después con un puesto en un consejo bancario y tal, prebendados que son en realidad prevendidos y prebandidos. Por lo general, esos personajes aparentes están colocados en puestos visibles casi importantes, mientras que los puestos resolutivos están tomados por la gentuza al servicio de la máquina de no hacer nada salvo robar. 

Por demás, hasta tenemos nuestra propia Padania, Catalania, y nuestro propio Umberto Bossi, Artur Massi o Messi, qué Más da. Y nuestra propia mafia, la Cosa Nostra de Castilla La Mancha, en realidad diecisiete garduñas a cual peor. Mucho ladrón para tan poco dinero; la menguante clase media está medio asfixiada. Ojalá entre el dinero de fuera lo antes posible; al menos conocen menos el paño guarreras que aquí se estila y así nos dejarán en paz a nosotros.

jueves, 31 de octubre de 2013

Dictadores en su tinta

Manuel Morales, "Galería de malvados", El País, 31 de octubre de 2013:

Desde que la humanidad decidió organizarse para vivir en común han existido tiranos, déspotas, plutócratas... averiguar por qué tantos seres abyectos han llegado al poder y cómo lo han ejercido para conservarlo son los hilos que guían el ensayo El manual del dictador, escrito por dos catedráticos de política de la Universidad de Nueva York, Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, que ha publicado en español Siruela. Ambos politólogos analizan el comportamiento de autócratas, sobre todo, pero también de mandatarios elegidos democráticamente y de jefes ejecutivos de empresas para concluir que los líderes están dispuestos a lo que sea para seguir al mando. Así reza en el provocador subtítulo del libro, Por qué la mala conducta es casi siempre buena política. Los autores reconocen que su obra es una descripción "cínica pero exacta" de la política.

De entre las decenas de personajes mencionados en El manual del dictador, estos son, por orden alfabético, algunos de los más citados. Lo que sigue no es una selección de los peores villanos de la historia, sino de aquellos que los autores destacan por sus maniobras para mantener, de cualquier manera, la autoridad: 

1.- Samuel Doe. Sargento liberiano, casi analfabeto, participó en la revuelta de oficiales que acabó con el régimen (y la vida) del presidente Tolbert en 1980 porque no recibían su soldada. El mismo Doe se encargó de atravesar al mandatario "con una bayoneta y arrojar sus entrañas a los perros". Autonombrado presidente, ordenó la ejecución de 13 ministros y de decenas de correligionarios de los que no se fiaba. Apoyado por Estados Unidos, "se aficionó a las mujeres de sus guardias y amasó una fortuna de 300 millones de dólares" en una década. Su gestión fue desastrosa, sus leales mataron a cientos de personas tras las protestas por unas elecciones amañadas. Conservó el cetro mientras fue útil a EE UU pero con el fin de la guerra fría, Washington le cortó el suministro y fue derrocado. Antes de morir torturado, sus sucesores le cortaron una oreja en el interrogatorio mientras trataban de averiguar los números de sus cuentas bancarias.

2.- Adolf Hitler. Canciller de Alemania en 1933, se apoyó rápidamente en las siniestras SS para encarcelar y aniquilar a centenares de enemigos; su régimen de terror impedía cualquier posibilidad de rebelión, subrayan Bueno y Smith, así nadie se atrevía a levantarse en su contra porque la posibilidad de fracasar era demasiado grande; su populismo enardeció a un país dolorido por la derrota en la Primera Guerra Mundial; el ansia anexionista para satisfacer el "espacio vital" de Alemania desembocó en la Segunda Guerra Mundial y con ella el espanto de los guetos, los campos de exterminio y el Holocausto.

3.- Sadam Husein. De "matón callejero a presidente de Irak", llegó al poder en 1979, tras obligar a dimitir a su predecesor (y primo), Al Bakr. Unos días después de hacerse con el mando, convocó una asamblea de líderes de su partido, el Baaz, para anunciarles los que iban a morir por traicionarle. A ello siguieron cientos de ejecuciones sumarias; en 1988 masacró con armas químicas a los descontentos kurdos. Mientras su país sufría sanciones económicas por la invasión de Kuwait en 1990, "se construyó palacios que costaban mil millones de dólares". "Un miserable" que favoreció el que productos suministrados por la ONU para reducir las muertes de niños iraquíes se revendiesen a otros países. Sus compinches lograron pingües beneficios pero se duplicó el índice de mortalidad infantil. La anexión del territorio kuwaití provocó la Primera Guerra del Golfo, en 1991. En 2003, EE UU invadió Irak y depuso a Husein, condenado a morir ahorcado por el alto tribunal iraquí en 2006.

4.- Ferdinand Marcos. Su "capitalismo de amigotes" le llevó a saquear miles de millones de Filipinas en su dictadura (1965-1986). El latrocinio solo acabó cuando, gravemente enfermo, abandonó el país. Antes había intentado blanquear su régimen con unas elecciones fraudulentas que motivaron el rechazo en su país y de la comunidad internacional.

5.- Mobutu Sese Seko. "Llevo 30 años en el poder y no he construido ni una carretera", le dijo el dictador zaireño al presidente de Ruanda en 1995. ¿Por qué? "Porque por esas carreteras vendrían los que querrían acabar conmigo". Proclama de un tirano que utilizó los recursos naturales de su país en beneficio propio. Un ladrón que amasó miles de millones y villas en los Alpes suizos, Portugal, la Riviera francesa, Bruselas y palacios presidenciales en muchas ciudades de Zaire. Amigo de EE UU, hizo construir en su ciudad natal un aeropuerto acorde con las necesidades del supersónico Concorde que alquilaba para uso personal.

6.- Robert Mugabe. El actual presidente de Zimbabue (nacido en 1924) se las ha arreglado para untar generosamente a los militares e impedir cualquier atisbo de rebelión. Llegó al poder en 1980 tras el acuerdo que ponía fin a una guerra civil. Mugabe prometió reconciliación pero instauró un Estado de partido único. Es un corrupto que en el simulacro de elecciones de 2005 mandó excavadoras para derribar las casas de los barrios que no le habían apoyado. Llamó a esta medida Operación sacar la basura. Hoy, la economía del país está hundida, con una población diezmada por el hambre y el cólera. "Mugabe es horrible por lo que ha hecho a su pueblo pero un maestro en las reglas por las que se rige, sobornar a los amiguetes", dicen los autores.

7.- Josef Stalin. Bueno y Smith califican al dictador soviético de "tirano delincuente" que purgó a sus adversarios y  "eliminó a gente con entusiamo", como acreditan los millones de personas enviadas a los gulags. Stalin "descubrió que matar a muchos para atrapar a unos pocos enemigos compensaba el gasto y la pérdida de vidas inocentes". El georgiano "dejó claro a sus comisarios que una tasa exorbitante de error en la ejecución de potenciales enemigos era aceptable".

Hay muchos más estudiados en El manual del dictador: Fidel Castro, Deng Xiaoping, Gadafi, Jomeini, Kim Yong Il, Mubarak... pero incomprensiblemente no están Mussolini, Franco y Pinochet, a pesar de que compartieron con los demás la fijación por mantenerse en el poder a toda costa.

Regresa Sloterdijk

Andrés Fraga y Xose Hermida, “Los viejos demonios han vuelto a Europa”, en El País, 31-X-2013:

La fama de provocador de Peter Sloterdijk no ha decaído desde que sacudiese a Alemania con una defensa de la manipulación genética de los humanos. Ahora ve al continente en un punto crítico y advierte de que “puede saltar por los aires”. 

En el principio fue la ira. “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, reza el verso inicial de La Ilíada, que para el filósofo Peter Sloterdijk (Kalrsruhe, 1947) equivale a la “primera palabra de Europa”. La ira y la indignación han sido una piedra angular del continente, y con él, de todo el mundo occidental. El recorrido histórico por las consecuencias políticas de esa energía humana dieron origen a un libro —Ira y tiempo, editado en España por Siruela— del más controvertido y seguramente más influyente, tras Jürgen Habermas, de los pensadores alemanes contemporáneos. Sloterdijk ha estado dos días en Santiago para recibir un singular premio por esa obra. El galardón, llamado Bento Spinoza en honor del gran filósofo de origen judío portugués, está organizado por el instituto compostelano Rosalía de Castro, cuyos alumnos, junto a los de otros cuatro colegios públicos gallegos, eligieron Ira y tiempo como el mejor ensayo. “Por una vez no me ha premiado un jurado gerontocrático”, bromeaba ayer, con una mezcla de ironía y sorpresa, el pensador alemán, que no oculta su inquietud por el futuro de una Europa a la que “vuelven los viejos demonios, ahora bajo la forma de nacionalismo económico”.

Muy popular en Alemania, donde es frecuente verle en televisión hablando de casi todo —desde fútbol a cómo dejar de fumar— su capacidad para la provocación es casi legendaria. Irrumpió de la forma más escandalosa en 1999, cuando algunos —entre ellos el propio Habermas— vieron resucitar los fantasmas del nazismo con su libro Normas para el parque humano que defendía las técnicas de mejora genética del homo sapiens. Hace tres años, un artículo suyo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el que arremetía contra la “cleptocracia fiscal” de los Estados de bienestar europeos y propugnaba sustituir los impuestos por donativos voluntarios, provocó otro enorme incendio. Ira y tiempo contiene un furibundo ataque contra lo que llama “izquierda fascista”, y eso le ha servido para que desde el otro lado del espectro ideológico el filósofo comunista Slavoj Zizek lo haya definido como “un liberal-conservador que ejerce de enfant terrible del pensamiento alemán contemporáneo”.

La izquierda, según Sloterdijk, ha funcionado históricamente como un mecanismo de “organización política de la ira” o, para ser más precisos, como “un banco de ira”. “La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos”, explica Sloterdijk desde su imponente estatura, mirando siempre por encima de unas pequeñas gafas y con un cabello alborotado que corrobora esa imagen de enfant terrible, aún a sus 66 años, Él acabó de escribir su libro en 2006 y, desde entonces, la “atmósfera ha cambiado mucho en el mundo”, advierte. “La ira, la cólera, la indignación, han cobrado más fuerza. Lo que pasa es que ahora no hay un banco mundial de la ira. Ese papel lo jugó la izquierda desde el siglo XIX, pero hoy ya no es capaz de desempeñarlo. El islamismo es únicamente un banco local de ira, sin alcance mundial. Ahora la gente puede quedarse en casa con su cólera y meterla debajo de la almohada o del colchón, porque ya no hay nadie que pueda sacar rendimiento político de eso ni devolverle intereses”.

Su durísimo diagnóstico sobre las consecuencias de organizar políticamente la ira, desde el primer anarquismo de Bakunin hasta el estalinismo o el maoísmo, no implica que Sloterdijk desdeñe el papel que ha desempeñado la indignación en la historia de Occidente. Y lo subraya cuando comenta el fenómeno del 15-M en España: “Esto no es nada nuevo, aunque sí la forma cómo se manifiesta. La República es hija de la indignación. De ella nace el primer movimiento democrático en la antigua Roma, donde la monarquía da paso a la República por la indignación popular contra la violación de Lucrecia por el hijo del rey. Lo mismo vale para la Revolución Francesa. En ese sentido, los jóvenes españoles demuestran que viven la auténtica tradición democrática”. Pero esa energía no puede ser canalizada por fuerzas como “la izquierda francesa, que parece una empresa del Estado, solo pendiente de los funcionarios”. “Se necesita algo completamente diferente, un instinto más emprendedor. Y pensar que no se puede forzar la economía. No vale con masacrar a dos millonarios y repartir su fortuna dando 20 euros a cada persona en paro. No creo que eso sea una solución política”.

La disputa entre el Norte y el Sur en Europa tras el estallido de la crisis ha abierto una brecha cuyos peligros resultan muy evidentes para Sloterdijk: “Han vuelto los antiguos demonios a Europa. Ya no se trata del viejo nacionalismo, ahora es un nacionalismo económico venenoso. Y sin duda se debe a los defectos en la construcción política de Europa. El euro fue sobre todo un proyecto político, y los especialistas ya advirtieron entonces de que eso podría llevar a una explosión. Pero los políticos siguieron adelante con lo suyo. Y esa explosión es lo que estamos viendo ahora. Hay un retroceso en el sentimiento transnacional”. El pensador resume la división continental entre países partidarios de la estabilidad económica, como Alemania, y los defensores de “políticas inflacionistas, como los Estados del Sur”. “Las diferencias neonacionalistas vienen de mezclar la política con esos problemas técnicos. Si no evitamos esa mezcla, Europa puede saltar por los aires”, afirma.

Un cierto sentido de la ironía impregna la obra de Sloterdijk y aflora cuando se pregunta si de verdad Alemania desea mandar sobre Europa: “Todo esto es un malentendido trágico. Los alemanes rezan todas las noches para no tener que gobernar Europa. Pero qué le vamos a hacer, son grandes y fuertes, y no se pueden esconder como cuando uno es pequeñito y se mete detrás de un árbol. El problema no es que Alemania quiera el poder, sino que se trata de una obligación a la que debe acostumbrarse. Pero los alemanes son muy cuidadosos y muy respetuosos”.

Sus grandes obras

Las principales obras de Sloterdijk han sido publicadas en España por la editorial Siruela. Su primer gran libro, Crítica de la razón cínica, salió en Alemania en 1983, pero no apareció en español hasta 2003. Ese mismo año, Siruela publicó Normas para el parque humano, que data de 1999.
La trilogía Esferas, entre 2003 y 2006. Ira y tiempo vio la luz por primera vez en castellano en 2007, el mismo año que En el mundo interior del capital, originalmente editado en alemán en 2005.

lunes, 28 de octubre de 2013

Dónde estará Manolo y otras canciones

El himnógrafo oficioso de España, el letrista sin letras del porompompero, el taurófilo alérgico a la pleonástica minifaldita pero aficionado al arte caro que dicen moderno, se ha muerto o benidormido en la última playa, si morir puede el inofensivo y patriótico orgullo de las bandas sonoras y rojigualdas. Hoy las Vanessas con dos eses de mi clase ignoran de dónde les viene el nombre, como lo ignorarán las futuras Letizias con zeta, pero los niños del bum, que en el fondo es un puf, cuyo fallecimiento empieza a programarse para estas dos décadas de grima, sabemos que hoy falta ya un cacho del ente de ficción llamado España, una institución de la charanga y la pandereta, un primor de la prensa rosácea solo afín al torbellino de colores/pincho moruno Lola Flores/Hatshepsut, pero digno al fin y al cabo de representar al español medio común y de sólidos valores. Na diremos de otros mitos más progres, como la lagarta Sara Montiel, la estiradísima (de piel), o el mitologema oscuro de mi turbia generación, la diosa Cecilia, con su reverso vulgar, un Nino Bravo gritón y tan amojamado como el total restante de esos porfirogénetas o bien-paridos. Sin duda estará Manolo tomando fino en alguna caseta celeste, hacia donde se nos lo ha robado el fogoso carro de Elías.

Porque, hablando de no muertos en estos tiempos de Halloween tan aborrecibles a los curas, uno mira a Rajoy como al protagonista de Mar adentro, la película de Amenábar, Amenábar, moro de la morería, pero al revés: todos quieren que desaparezca, pero él se resiste hasta el fin, porque para él es un principio, como para la reina María de Escocia, la cabeza a los pies. Los politicastros postsuárez es lo que tienen: una alergia cosmológica a la dimisión, aunque uno preferiría ya mejor un harakiri por mera cuestión de honor e hidalguía; el político español, borbónico o no, puede soportar una vergüenza verdaderamente inhumana y seguir chupando del bote con un belfo y asadura que derrengue toda esperanza. Lo dice hasta el reportaje del historiador florentino Guicciardini, el que mejor supo retratar nuestra idiosincrasia ya a comienzos del XVI. Uno tiene la impresión de que las cosas no han cambiado nunca. Qué narices, si hasta sigue reinando Isabel la Católica, que lo he visto en la tele. Menos mal que hasta el Pepoe empieza a darse cuenta de que el sistema operativo de nuestra democracia está obsoleto y se dibuja en el horizonte la vana nubecilla de una reforma constitucional. Porque es una nubecilla vana y deleble como un suspiro, que no es nada: uno no va a esperar a estas alturas que ese vaho genere rayo alguno que pueda cauterizar tanto podrido y fétido decaecimiento moral irregenerable como nos tiene ahumados en esta zahúrda quevediana; que el político español es solo lodo inevolucionado y apenas consciente.

Novedades, Emilio Morote Esquivel, sin duda nuestro mejor narrador, ha sacado una nueva novela sobre Ciudad Real, El reino de los cielos. Mi congénere y colega Fernando José Carretero, con quien me partía los piños al ajedrez hace una calamidad de años, ha publicado, al fin, un nuevo libro de poesía, su tercero; guardo entre mis papeles el original del segundo, del cual recitó en la presentación algunos poemas como el de Baely, trasunto ingeniado/desdoblado del autor y anuncia varios más que esperamos con ganas. En la presentación estuvo como yo lo recordaba; casi nada ha cambiado, de forma que su voz me despertó una incurable melancolía, como si viniera un tiempo más allá del tiempo o un tango salido del Infierno. Sus poemas tienen algo de geórgica y de Brahms, un estilizamiento y elegancia que hacen de él una de las voces más interesantes y sutiles de nuestra moderna lírica. También fui a ver la presentación del libro de aforismos de nuestro paredaño José Rivero, en la que estuvo su amigo el novísimo Antonio Martínez Sarrión, el de las insuperables versiones de Baudelaire. Él se mostraba deprimido ante la mediocridad pesetera de la cultura de masas, a la que en un tiempo sirvió de glosa fílmica y veneciana. Con Ángel Crespo es sin duda uno de los puntales de la cultura manchega, todavía vivo, por fortuna. El acto fue breve: ya habíamos consumido la versión iniciática de su trilogía de aforismos y pensamientos suscitados por el paso de lecturas y sucesos, omnímoda en su curiosidad. Sus parágrafos no se centran en la poética y el arte, como los del citado Crespo, con quien se le quiere asociar sin haberlos leído. Presentaba un segundo volumen. La inteligencia de Rivero es activísima y se vierte sobre todo sobre el arte y las ideas, articulando muchas agudas percepciones en torno al concepto de espacio en un estilo de lucida precisión. Anunció algo que todos estamos esperando con ganas: una novela que, a juicio de Martínez Sarrión, será memorable. Y lo será sin duda.

El honesto y libertario Camus

Michel Onfray, "El pensador libertario", en El Cultural, 21/10/2013

La infancia, el origen social y familiar, la parentela de la gente de poco dinero y la Argelia pobre de los años genealógicos constituyen el temperamento libertario de Albert Camus. Nunca fue, ni aquí ni en las demás ocasiones, un doctrinario, ni un seguidor de la ortodoxia, ni un pensador sistemático, de modo que no es anarquista como discípulo, sino como maestro. En ningún caso quiere ser stirneriano, bakuniano o proudhoniano, algo que carecería absolutamente de sentido un siglo después del florecimiento de esos pensamientos anticuados. Camus inventó el pensamiento libertario del siglo XX inscribiendo su nombre en una historia que, ciertamente, supone una filiación, pero destaca sobre todo por lo que concibe de forma inédita: un estilo libertario, una sensibilidad libertaria y un carácter libertario. 

Camus inventa ese pensamiento singular reaccionando personalmente ante lo que constituye ese siglo: anticolonialista a partir de 1938 con Miseria en la Cabilia; pacifista, pero que realiza los trámites para alistarse una vez constatada la infructuosidad de sus esfuerzos por impedir la guerra en 1939; miembro de la resistencia en Combat a partir de 1943 (otros esperarán a la Liberación para henchirse de 'compromiso'): negándose a desempeñar un papel en la purga mientras algunos tratan de recuperarse en ella; oponiéndose a cualquier forma de fascismo cuando los resistentes de la vigésimoquinta hora convertidos en purgadores reanudan unas turbias relaciones con el totalitarismo, siempre que sea de izquierdas; no dando la razón a los fascismos rojos de la URSS, del Este, de los trópicos o de China, ni a los pardos del nacionalsocialismo de la Italia mussoliniana o de la España franquista, ni tampoco al bloque estadounidense, especialmente con Hiroshima y Nagasaki; rechazando la tortura, el terrorismo y los atentados ciegos que causan víctimas civiles, ya sea con la OEA o con el FLN. Camus inventa el pensamiento libertario de su siglo contentándose con aparecer en él como una figura rebelde y refractaria, con una moral recta y con una inteligencia crítica incorruptible e intransigente; dicho de otro modo, como un filósofo. 

En las antípodas de Sartre, del que es el anti-retrato, Camus ocupa en el par ancestral resistente/colaborador respecto a los poderes el papel del resistente emblemático. Mientras Sartre convierte al general De Gaulle -que se opone al nacionalsocialismo y expresa el honor de Francia en los años de ocupación- en un fascista emblemático al tiempo que loa a los fascistas siempre que apoyen el socialismo, Camus no es amigo de ningún jefe de Estado; buscaríamos en vano fotografías en su iconografía que le comprometan con jefes de Estado de países socialistas. 

Por haber hecho frente a la jauría sartriana organizada a partir de Les Temps Modernes, que no retrocedía ante nada (mentiras, calumnias, insultos, vaguedades, palizas conceptuales, abyecciones, falsificaciones) desde la publicación de El hombre rebelde, que constituye un hito en el honor de la filosofía francesa que estaba casi toda vendida a los fascismos rojos en esa época, Camus se convirtió, por la ejecución de un secuaz sartreano en su época, en un comparsa enviado, en un “filósofo para clases terminales”. En efecto, al contrario que Sartre que, hijo de buena familia, burgués preparado por y para la Escuela Normal Superior, dotado de un formidable espíritu de casta, parisino, y deseoso de una gloria que por una lógica de clase consideraba que le correspondía por derecho, Camus, hijo de pobre, con un padre peón agrícola y una madre limpiadora, nunca legítimo, siempre preocupado por justificarse de ser lo que era, aprende la pobreza en las calles de Argel y no en el ambiente silencioso de la Escuela Normal Superior leyendo a Hegel o a Marx. 

Mientras que el alumno de la Escuela Normal Superior ahúma con el arsenal conceptual que ha tomado prestado a la fenomenología alemana, utiliza la jerga, intimida y se propone liberar al proletariado con las cogitaciones de la Crítica de la razón dialéctica, el filósofo de lo concreto y el pensador de la inmanencia construye su visión del mundo apartada del concepto que aterroriza y aleja al pueblo y a los modestos, que le dan su estima y su cariño. La novela, las novelas cortas, el teatro, el periodismo y los ensayos constituyen para Camus otras tantas vías de acceso al pueblo. Sartre justificaba el terror, siempre que fuese de izquierdas: legitimaba los campos, si estaban motivados por el socialismo; le parecía normal el terrorismo de Estado soviético así como el terrorismo artesanal de la banda de Baader o el de los activistas palestinos; consideraba justa la pena de muerte si concernía a un notario de Bruay-en Artois, al que una “justicia de clase” condenaba por el mero hecho de su profesión. Por su parte, Camus rechazaba por principio que se torturase, que se encarcelase, que se masacrase, que se ejecutase. Sí, no estaría de más leer ahora, o releer, sus Reflexiones sobre la pena de muerte. 

Medio siglo después de El hombre rebelde, y después de que la historia haya enseñado un cierto número de lecciones, parece que Sartre se ha convertido sin duda, y para el resto de los tiempos, en un “filósofo para clases terminales”. El compañero de viaje de los comunistas ha quedado atrás; el clon de los fenomenólogos alemanes ya sólo impresiona a los que hacen tesis; la producción anticuada del filósofo ha envejecido 1.000 años desde la caída del Muro de Berlín; ya nadie duda de que su estrategia fue oportunista y arribista; y no hablemos ya ni de sus novelas inacabadas, ni de su teatro cubierto de polvo. Mientras tanto, Camus se ha convertido en un filósofo intempestivo, en el sentido nietzscheano de la palabra. 

El autor de El mito de Sísifo ve por fin cómo llega su hora. Su invento del pensamiento libertario en el siglo XX cogió a todo el mundo desprevenido, incluidos, y quizás sobre todo, a los anarquistas enquistados. Su trayectoria singular nos ofrece lecciones para inventar el pensamiento libertario del mañana. Nunca se ha recurrido tanto a un filósofo para disipar el nihilismo de nuestra época decadente.