sábado, 7 de marzo de 2015

Historia de la literatura manchega dieciochesca I

Si algunos autores manchegos dieciochescos se han incorporado al canon general de la literatura española (Eugenio Gerardo Lobo, José de Cañizares, Cándido María Trigueros, Ignacio García Malo, Pedro Estala, León de Arroyal, José Antonio Conde, Lorenzo Hervás y Panduro…) solo lo han sido gracias a los esfuerzos que se han tomado algunos investigadores para estudiarlos y publicarlos venciendo la deprimente estolidez y desinterés de las instituciones públicas o los mecenas privados. En vez de sufragar y alentar estos trabajos, unos y otros se obstinan en fomentar la charanga y la pandereta y, por ello, una parte sustancial de la obra literaria antigua en La Mancha anda todavía oculta en rincones remotos, sin versión electrónica siquiera a pesar de los muy honorables esfuerzos de la Biblioteca Digital de Castilla-La Mancha (BIDICAM), todavía con poco fondo.

Así ocurre con los escritos sin desbrozar y en su mayoría intonsos de Melchor de Macanaz, importantes por constituir el primer ataque oficial del estado español contra la Inquisición y el poder omnímodo de la Iglesia, o con las ochenta obras (ni siquiera se conoce el número exacto) del genial polígrafo, científico y lingüista Lorenzo Hervás y Panduro, inéditas y desperdigadas en su mayor parte. No distinta es la lamentable ausencia de unas Obras completas no ya de León de Arroyal, primer pensador político del siglo para autores como Maravall o Elorza, cuyas Sátiras andan todavía lastimosamente sin editar (el año pasado se vendía un manuscrito completo ¡por trescientos euros!), sino de las obras dramáticas aún sin recoger del mayor y mejor de los dramaturgos posbarrocos, José de Cañizares, cuando casi todas las de los demás autores áureos se ha publicado o se está ya publicando íntegra en ediciones críticas. Por no hablar de las inexistentes ediciones de autores cuya menor sonoridad no exime de estudio por aspectos no tanto literarios como histórico-sociales o culturales. Es el caso del único manuscrito conservado de Francisco Carretero y Navalón, tan importante para revivir la historia con letra pequeña de Cuenca y Albacete y el teatro regional de este siglo.

Alguna culpa incardinan prejuicios antiguos de muy varia índole que han heredado sin crítica los modernos para no trabajar en desterrarlos, arrumbando a escritores tan estimables como los jesuitas manchegos expulsos, cuya obra anda dispersa por archivos, bibliotecas y gacetas de Italia y voy a reivindicar aquí, o, por referir solo algunos ejemplos, los que todavía obran efecto sobre los escritos del intrigante e intriguista canónigo traductor de Milton Juan Escoiquiz, tan estimable como poeta, aunque acólito del más cerrado absolutismo, o sobre los del poeta, médico y botánico Casimiro Gómez Ortega. Siempre ha lucido más reducir la cultura a grandes nombres y hombres en quien se quieren ver reflejados bien mezquinamente los poderes que deforman, adulteran, aminoran y simplifican la cultura; vale más, por ejemplo, imprimir una enésima edición del Quijote que cualquiera de las obras que inspiró, como sus continuaciones dieciochescas o Los enredos de un lugar, de Fernando Gutiérrez de Vegas, obra esta que solo la más lamentable de las incurias culturales ha podido dejar sin edición moderna desde hace más de dos siglos, ya que la moderna historia de la literatura considera a este título nada más y nada menos que el más interesante y anticipado a su tiempo entre toda la narrativa española del XVIII: es la primera novela realista que se escribió en España después del Quijote. Y, sin embargo, nadie puede enorgullecerse de ella porque no se ha vuelto a imprimir desde su segunda edición en 1800.

Tanto Fernando Gutiérrez de Vegas como León de Arroyal tuvieron que afrontar las censuras y críticas de su tiempo; pero ahora poseen un enemigo más duro: la incultura y el desinterés de los representantes de sus conciudadanos. Similar dejadez y el mismo prejuicio reduccionista ha mantenido en la sombra incluso a éxitos literarios indiscutidos en su tiempo compuestos también por autores manchegos, como las doce novelas agrupadas en Voz de la naturaleza por el conquense Ignacio García Malo, entero resumen de las temáticas, estructuras y corriéntes novelísticas europeas del siglo XVIII, o el valioso teatro neoclásico de Cándido María Trigueros, único que consiguió algún éxito en esta estética durante el siglo XVIII junto con las dos comedias de Iriarte, la Raquel de Huerta y las primeras obras de Moratín. Desde la reivindicación de este autor manchego por parte del sevillano Aguilar Piñal, se están haciendo esperar unas Obras completas que tampoco ninguna institución cultural ha soñado siquiera en recuperar. Y así sigue el panorama.

Así pues, se emprenderá aquí el trabajo de vindicar algunos de estos textos y autores, aunque las limitaciones de espacio exijan suprimir referencias al mérito escaso y a escritores y poetas de ocasión a los que solo el capricho o la minucia habrían acercado a estas páginas.

La crítica en torno a la literatura manchega del XVIII, un tiempo paupérrima y fragmentaria, presenta ahora un panorama mejor pero en demasía general y falto, como indico, de monografías y ediciones de textos, de suerte que todavía permanecen visibles no pocas lagunas. En tiempos ya pasados, mi profesor y maestro Antonio Prieto, sofocado por la falta de precedentes, apenas llegó más allá del poeta Eugenio Gerardo Lobo cuando tuvo que redactar una historia de la literatura manchega dieciochesca y se volvió a Madrid con los Moratines, quienes, a su vez, solían huir de la Corte para refugiarse en Pastrana. En tiempos más recientes Guillermo Carnero devolvió a La Mancha al novelista, dramaturgo y helenista Ignacio García Malo; Francisco Aguilar Piñal consagró gran parte de su tiempo a estudiar y reputar debidamente una obra tan moderna como la de Cándido M.ª Trigueros; mi docta amiga María Elena Arenas investigó y publicó la biografía y la obra crítica del afrancesado daimieleño Pedro Estala; Antonio Astorgano Abajo está todavía empeñado en alumbrar la cuantiosa obra inédita del gran filólogo de Horcajo Lorenzo Hervás y Panduro, fundamental en la constitución de las ideas lingüísticas de Von Humboldt y el comparatismo lingüístico; Manuela Manzanares de Cirre, arabista manchega lastimosamente fallecida, reasentó en primera fila a José Antonio Conde, cuya Historia de la dominación de los árabes en España fue fundamental para pintar el pintoresquismo arábigo entre los románticos europeos del siglo XIX y fue injustamente valorada por el holandés Reinhart Dozy; y Jesús Simancas Cortés y yo mismo hemos vuelto a la vida el mundo poético tardobarroco de Carlos de Praves y el ilustrado del Viaje a La Mancha en 1774 de José De Viera y Clavijo, a la sombra del gran mecenato que desde el siglo XVII mantuvieron los marqueses de Santa Cruz de Mudela, entre otros trabajos, algunos de los cuales expondré sumariamente aquí. 

Y, sin embargo, aún queda mucho por hacer, incluso en aspectos lingüísticos. Los trabajos lexicográficos y dialectales se han extendido hasta ahora más en búsquedas sincrónicas que diacrónicas y, por ejemplo, cualquiera que examine el Semanario de Agricultura y Artes Dirigido a los Párrocos (1797-1808), creado por Godoy “para alentar la decadente agricultura”, apercibirá que esta revista presenta gran interés en aspectos filológicos: publicó 252 cartas y aun muchas más resumidas con informaciones lingüísticas, económicas y antropológicas transcritas con riguroso respeto a las variedades dialectales en los numerosos informes de párrocos (solamente el 29 % de los colaboradores) y, sobre todo, hacendados y labradores. Aunque 21 de estos corresponsales eran manchegos, no he visto aprovechados por lexicógrafos y dialectólogos este tipo de materiales periodísticos; todavía podría extenderse este tipo de fuentes a los protocolos notariales, aunque tengamos hoy ya obra tan ambiciosa y espléndida como el Diccionario etnolingüístico y dialectal de la provincia de Cuenca de José Luis Calero López de Ayala, que hay que situar en la cumbre de la lexicografía manchega. Trataba materias ganaderas, botánicas, económicas, veterinarias, administrativas y gastronómicas y su lectura fue fundamental para, por ejemplo, extender rápidamente el cultivo de la patata en La Mancha, mejorar el regadío y la arboricultura, extraer beneficio de tierras improductivas dedicándolas al cultivo del chamorro blanco o depreciar por su rendimiento económico, como ya observó Feijoo, el uso de mulas en vez de bueyes para trabajar la tierra, además de refinar azúcar, combatir plagas, producir con más eficacia trigo, cebada, centeno, aceituna, vid, esparto, cáñamo, lino, mijo negro (panizo de Daimiel), miel, cera, licores, aceites y gachas de polenta o almortas, más la preocupación enológica mayor de entonces, o estabilizar el vino para que se conservara sin avinagrarse. Lo dirigió en su época más boyante, la primera, un amigo de Pedro Estala, el abate Juan Antonio Melón, asiduo de su tertulia, antes de que pasara a manos, entre otros, de los hermanos Esteban y Claudio Botelou, botánicos hijos de los reales jardineros de Aranjuez, que publicaron en su Semanario trabajos sobre las variedades de uva de en los viñedos de Ocaña (VIII, 1805), el cultivo del Salicor en La Mancha (XI, 1806) y las especies y variedades de pinos de la Sierra de Cuenca (XX, 1806).

El pacto UE - Multinacionales de EEUU amenaza con destruir 600.000 empleos

Manuel Ruiz Rico "La UE perderá 600.000 empleos por el tratado comercial con EEUU", en Público

Un estudio presentado en el Parlamento Europeo prevé en Europa pérdidas de empleo, capacidad económica, salarios y hasta en exportaciones por el polémico acuerdo que Bruselas y Washington negocian a puerta cerrada.

La derecha europea se queda sola en su defensa del blindaje a las multinacionales

Merkel apoya blindar a las multinacionales en el acuerdo comercial con Estados Unidos

Los europeos rechazan el ‘blindaje’ a las multinacionales en el tratado con EEUU

BRUSELAS.- El TTIP supondrá en Europa la destrucción de 600.000 empleos en una década, 90.000 de ellos en los países del sur, la caída del PIB -de hasta el 2% en el norte de Europa-, pérdida en el poder adquisitivo de las familias -5.500 euros al año por trabajador en Francia- y, por tanto, un descenso en la recaudación de los Estados de hasta el 0,64% del PIB en el caso de Francia, a menudo el país más perjudicado.

Éstos son los datos que ha arroja el estudio de impacto sobre el acuerdo comercial y financiero entre la UE y Estados Unidos realizado por el economista Jeronim Capaldo, de la Universidad de Tufts, en Boston, y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El documento ha sido presentado este jueves en una serie de conferencias sobre el polémico TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) organizadas por el grupo de la Izquierda Unitaria Europea (GUE/NGL)  en la sede de Parlamento Europeo de Bruselas.

Capaldo: “Disminuirá la capacidad económica de las familias y, por lo tanto, el consumo y los ingresos del Estado. Eso podrá llevar a una expansión de la deuda"

Esos datos contradicen severamente los reflejados estudio principal encargado por la Comisión Europea, que prevé, entre todo tipo de efectos positivos, que “las exportaciones de la UE aumentarán un 28%, lo que supondrá 187.000 millones de euros” adicionales en la economía de los estados miembro.  

Capaldo se mostró ayer escéptico con las previsiones del estudio oficial que defienden a capa y espada liberales, conservadores y socialdemócratas, impulsores del TTIP en la Eurocámara. El documento fue redactado en 2013 por el Centro de Investigación de Políticas Económicas de Londres, criticado por varias organizaciones y partidos críticos con el TTIP, y financiado sobre todo por los bancos centrales de diversos países europeos.

Menos capacidad adquisitiva

Según el economista norteamericano, emplea un marco de estudio que presupone que el comportamiento de la economía va a ser ideal, algo que él considera difícil. “Esto es muy problemático porque en Europa hay un desempleo persistente y los trabajadores han perdido capacidad adquisitiva porque los salarios han tendido a bajar”, razona.

Capaldo criticó también que estudios de la UE y otros que han arrojado resultados similares han empleado el mismo enfoque, “pero lo preocupante es que, incluso así, prevén unos aumentos importantes en exportaciones hacia el exterior de la UE pero apenas en cuanto al comercio intraeuropeo. Esto sorprende mucho si el objetivo de la UE es la integración y no la desintegración europea”, apunta.

Lola Sánchez: “Convertirá a las grandes empresas en colegisladoras, les permitirá velar por la pureza de las leyes del mercado neoliberal”

El economista añadió que otro de los efectos previsibles del TTIP será que las presiones competitivas irán aumentando, y esa mayor competencia hacia la UE tendrá consecuencias negativas en el reparto del trabajo y los costes laborales, que tenderán a disminuir en Europa”. Esto, ahondó, “disminuirá la capacidad económica de las familias y, por lo tanto, el consumo y los ingresos del Estado y, al final, podrá llevar a una posible expansión de la deuda al tener que recurrirse cada vez más a los créditos”.

Para contrarrestar estos argumentos, el economista jefe de la Dirección General de Comercio de la Comisión, la que negocia el TTIP, Lucien Cernat, aportó más ideología que argumentos o estudios. “Hasta que no se conozca la última coma del TTIP no se pueden tener datos fiables de sus repercusiones económicas”, dijo, y para desacreditar el informe de Capaldo, añadió: “El equilibro entre comercio y empleo es muy complejo y el modelo de Capaldo no está preparado para analizar un acuerdo comercial y menos el más importante que se va a firmar en el mundo”, apostilló. Sin embargo se quedó ahí, no aportó más que sus palabras al argumento. Ni un dato.

Al menos, el autor del estudio de la Comisión, Joseph François, señaló que el acuerdo comercial ya firmado entre Estados Unidos y Canadá, el NAFTA, “ha creado en EEUU 250.000 empleos", con lo que previó que sucedería lo mismo en Europa ante un acuerdo similar. Eso sí, François omitió la destrucción de casi un millón de empleos en México que también generó el NAFTA, una de las cifras que no suelen subrayar las instancias oficiales ni los defensores del TTIP.

Más especulación

Por su parte, Álex Izurieta, economista de UNCTAD (la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo), también aprovechó para cargar contra el TTIP. Izurieta aseguró que lo que más le preocupa no es que eliminen los aranceles entre ambas orillas del Atlántico “porque ya son casi de cero”, y ni siquiera los aspectos comerciales del tratado.

“Lo que más preocupa es la liberación de capitales que supondrá. Está ya liberalizado en la UE y en los EEUU pero la tendencia es a una mayor liberalización. Esto es muy preocupante porque si la tendencia es ir perdiendo demanda en los hogares debido a la presión en los salarios a la baja, la mayoría de las inversiones buscarán sectores más especulativos”, alertó.

Ante este panorama, Lola Sánchez-Caldentey, eurodiputada de Podemos, uno de los partidos organizadores del evento, señaló que el TTIP “convertirá a las grandes empresas en colegisladoras, a través de un mecanismo llamado consejo de cooperación reguladora, que no es sino una inquisición que velará por la pureza de las leyes del mercado neoliberal”, zanjaba.

viernes, 6 de marzo de 2015

No hay mañana, ni para Larra ni para nadie.

"Si amanece, nos vamos", escribía Goya al pie de uno de sus grabados, pero no amanece. En España, no empieza a amanecer desde hace mucho. Rajoy, esperpento galaico, recorta investigar enfermedades raras y demás glorias del espíritu humano y subvenciona la corrupción y la tauromuerte. Él y sus beneficiarios nos roban (también) el futuro, como a millones que morirán ya sin haber trabajado o haber formado una familia. 

A Marrano y a su friend Pedorra (uno no insulta ni ofende, sino adapta la onomástica al tufo y pestuza que percibe la mayoría en la componenda pepoíta) lo único que podía jorobarles un poco más es que Ciudadanos y Podemos firmaran un pacto constitucional para regenerar el país con una nueva ley de leyes republicana y federal. Pero lo que yo quiero de verdad es que vuelvan a ganar Rajoy / Sánchez por mayoría absoluta, juntos o revueltos, para que todo termine definitivamente de pudrirse. Así Podemos y Ciudadanos calarían aún más en la sociedad y barrerían en la legislatura siguiente, posibilitando el cambio de chip constitucional.

Venden los populoides que España va bien (otra vez). Ya lo decía Valle-Inclán: "La tragedia de España no es una tragedia". Entonces, ¿por qué los kioscos venden las tragedias de Eurípides al lado de El País y los demás diarios del suicidio nacional? La marranoidad (versión abstracta de la injusticia, corrupción o marranería pepera, que ellos llaman ¡liberalismo!) inficiona el detritus informativo mezclando a partes iguales agua de colonia para cerdos y Walking dead. No hay mañana. El edificio de la Seguridad Social se derrumba en Ciudad Real no metafóricamente, sino de verdad: la corrupción ha mordido también su construcción, sus vigas, su cemento, sus planos, como ha mordido las carreteras comarcales dejándolas llenas de baches (ahora proyectan hacer más o menos lo mismo, siguiendo el ejemplo de los presupuestos llenos de agujeros de gusano a lo Arrakis). Mientras, nadie recoge las mierdas que Marrano y Pedorra van dejando en los medios de comunicación o vía pública; antes bien, Rajoy menea con entusiasmo su rabo ante la Merkel, marea la perdiz y se lame las prebendas; desde luego, no es Trotsky, el perro de Haro Tecglen; está domesticado, el muy pastor alemán; olfatea el externo viento favorable del bajante precio del petróleo, la compra de deuda de Dragi, y lo vende como si lo hubiera producido su espejito mágico. Hay que decirlo por activa, por pasiva, en voz media y con verbos semideponentes para que lo entienda este gallego: debía haber multas verdaderamente disuasorias no ya para la mala leche que nos dejan, sino para la corrupción, o dejar a los corruptos en la prisión común, al peludo amor de las hermanitas de los desamparados. Y, en vez de tanto museo del Quijote, levantar el primer Museo de la Corrupción, que es más educativo.



Ya lo escribió Cervantes: no es un hombre más que otro si más no hace. Pues este sería el museo de los que han deshecho o dejado de hacer; de aquellos con índice negativo de justicia distributiva y honradez. Estarían las fotos de Roldán en calzoncillos; una reconstrucción del váter del alcalde de Marbella, con sus cuadros de Miró y sus cornudos trofeos de caza. Exposiciones actualizadas y renovadas de los distintos modos de burlar las tenues, leves, blandas, dulces, hebefrénicas, estúpidas leyes españolas; didácticos cuadros y esquemas de defensa contra las artes bancarias; una exposición histórica de la evolución de los recibos de la luz; las declaraciones negativas de la renta de los políticos y millonarios; pegatinas con los artículos de la Constitución más infamados, colecciones de pintadas, camisetas infamantes y chistes del Roto y Forges. Sepulturas de suicidas desahuciados. Fotos de ferraris y paisajes de las islas Caimán, con un Curro infiltrado con la cara del pequeño Nicolás; estatuas del cabezudo Pujol y sus siete enanitos y una reproducción de Rajoy no reconociéndose a través del espejo o ya en el País de las Maravillas (que Espinosa llamaba en Escuela de mandarines "Feliz Gobernación"), mordiendo la galleta "cómeme" en forma de ladrillo. Los esquíes y la peineta de Aliba-bar-cenas; los menúes pantagruélicos con manchas de marisco de la canalla politicastra; una lista de jueces expulsos con sus causas; una colección de perífrasis legales de la imputación; los morros de todos los beneficiarios del aforamiento; un ala completa dedicada a la iglesia católica y el padre Maciel; la efigie de la marida de Ignacio "Mucho Culo" López del Hierro y sus concuñados y catarriberas, conferencias sobre cómo se roba un banco y una caja de ahorros desde dentro, estudios sobre la banda salarial de los expolíticos y consejeros de bancos, análisis prácticos sobre piratería de subvenciones, colecciones completas del Hola y del Interviú, caras ambas de la misma luna, Murillo y Valdés Leal de este podrido siglo de pícaros, etc... En el bar, solo tapas de chorizo sin pan. Garantizo el éxito inmediato, es más, el beneficio, aunque hubiera que pagar comisión doble de tapadillo al concejal de cultura por la construcción y un porcentaje añadido para una cuenta numerada en Suiza.

Así se daría ejemplo recogiendo todo ese dinero sobrante que la chusma tira y no quiere gastar en ladrillo inútil, puterío, charanga y poda en política social y hasta arbórea. Como ese inmisericorde corte a navaja de los árboles ciudarrealeños que ha dejado sin nido o solución habitacional, esto es, desahuciado y echado a la calle, a por lo menos quinientos pájaros manchegos. ¿No podían hacer mismo con los pajarracos mamandantes que nos condecoran con sus cacas, empezando por la del quesito? El alcalde de Ciudad Real, decía la prensa hace años al publicar la lista comparada de sueldos con todos los de España, cobraba más que el de Sevilla (uno anota esas cosas para cuando las vaya a necesitar). No está mal, considerando que aquí hay sesenta mil habitantes y en Sevilla un millón; como dice Kant: la ética se reduce a dar ejemplo, como el Rey, que se baja el sueldo, por cierto. Pero, ay, qué goloso es el quesito.

Son cosas de los beneficiarios de la componenda constitucional juancarlofelipista, el Pepoe o Psoepe principalmente, conservaduros pepones o pseteros, si preferís, pero también los sindicatos mangoneros y sus compadres presuntamente mártires. Diez mil aforados hay con derecho a elegir un juez amiguete que los perdone, mientras que en países menos corruptos no hay ninguno. Así se llena todo de derelictos políticos merdosos y manos empapadas en cemento civil o aeroportuario (las de Pepito "Déjales, Sam" Bonito ya están ardiendo, por no hablar de Rajoy, tan quemado que podía hacer el papel de bonzo o antorcha humana en la nueva de Los cuatro fanfásticos). Pero ya se ha dicho: si amanece, se irán. Dixi

Félix de Azúa, El mañana es cosa de ayer.

Uno que dice lo que yo hace unos días; yo añadiría que al lenguaje futbolístico se añade además el cinegético (eso de "dar caza" que dicen los beneficiarios de la constitución postfranquista, etc.):

Félix de Azúa, "El mañana es cosa del ayer" El País, 3-III-2015:

En la política actual, el lenguaje es demagógico o está vacío de contenido. Desde luego, es posible que no suceda tal cosa y todo siga como siempre, ¡el nuestro es un país tan conservador por la derecha y por la izquierda! Pero también pudiera ser que asistiéramos a uno de esos inesperados cambios de régimen a los que estamos acostumbrados sin que ni siquiera lo advirtamos. No me refiero, por supuesto, a la emergencia de Podemos. La primera vez que les vi en pantalla se cogían por los hombros y se balanceaban cantando una canción de Lluis Llach que ya era cursi cuando triunfaba entre los colegiales de hace 50 años. Un partido revolucionario que usa como música de fondo a la Sarita Montiel del separatismo catalán no puede llegar muy lejos. Ganarán elecciones, pueblos y presupuestos, pero no añadirán ni una sola idea al coro político español. Fantasmagoría sin cerebro.

A lo que me refiero es a la fatiga de los materiales lingüísticos. Fue Víctor Klemperer en su fascinante La lengua del Tercer Reich (hay una selección en la editorial Minúscula) quien dio cuenta de cómo se iba corrompiendo el lenguaje y hasta qué punto las expresiones cotidianas ya no tenían ningún sentido a medida que los nazis avanzaban sus posiciones. En aquel caso un hecho sin precedentes, el ascenso de una fuerza política demente, estaba en la raíz de la transformación, algo que de un modo más ligero y trivial se está produciendo en Cataluña. Pero no es preciso que haya un suceso concreto detrás de esa fatiga lingüística, puede venir por el puro hastío. Y ese es el caso, creo yo, de la España actual.

Si uno repasa la terminología política se encuentra con grandes desiertos de sentido punteados por charcas de chifladura. Muchos políticos, sobre todo los amenazados por el desprestigio, el tribunal o la pura desnudez cerebral, dicen constantemente que lo que hacen es “profundamente democrático”, o bien sólo “democrático”. Nadie podría adivinar qué quiere decir esa palabra en boca de un defraudador, un evasor de impuestos, un oportunista, un cliente, un asambleario, un separatista o un político que jamás ha dado muestras de conocer lo que exige la democracia a un cargo público.

Por otra parte, esos mismos políticos citan constantemente metáforas y símiles futbolísticos para hacer comprensible lo que ellos llaman “sus ideas”, sin percatarse de que el fútbol es hoy lo mismo que durante el nacional-catolicismo, una espesa maraña de intereses que pinta de purpurina la violencia étnica en algún caso, racista en otros y nacionalista en casi todos. Así que cuando dicen, por ejemplo, que “queda mucho partido” antes de las elecciones, están pavoneándose en el difuso fascismo blando que nos atosiga.

El éxito televisivo de Podemos se debe al uso de un lenguaje arcaico y simple. El hastío se generaliza cuando la izquierda no conoce otro lenguaje que la negación del de la derecha. Algunos elementos que tenían gracia, como la lucha de clases, han desaparecido, lo que hace difícil de entender qué papel juegan los “obreros”, si es que los hay, en los programas. Peor aún, la extrema izquierda o su fantasmagoría, ya sólo sabe usar el lenguaje de la Iglesia para explicar sus quimeras, las cuales consisten en acabar con quienes no superen el examen de pureza de sangre (la casta), aplastar a los ricos (aunque aún no los califican de lujuriosos y violadores) y llamar benditos a los hijos de Dios, los santos inocentes, los pobres o como quiera llamárseles. Sentimentalismo burgués pasado por la sacristía.

Durante la Revolución Francesa hubo un tiempo en el que tuvieron un gran poder los puros, los moralistas. Se dedicaron a matar, claro, pero también a destruir las obras del “lujo corruptor”, es decir, iglesias, palacios, estatuas, cuadros o jardines, como los actuales islamistas del EI. Un parlamentario que podría ser español, Babeuf, proponía la supresión de toda educación ya que contribuía a incrementar las desigualdades. Es decir, la diferencia entre tontos y listos. Esta encomiable pureza moral y amor por una “vida sobria y sencilla” recuerda aquel sermón de Arnaldo Otegui cuando decía que una vez separados de España, los jóvenes vascos en lugar de estar delante de un ordenador corretearían por los montes y valles de la patria. El lenguaje de esa izquierda española es puro catolicismo corrompido.

¿Qué demonios defiende la izquierda oficial, por lo menos desde el punto de vista del lenguaje? ¿La desaparición de los privilegios? No. Cataluña y el País Vasco tienen un estatuto superior. ¿La aplicación implacable de la justicia? No. La Junta de Andalucía hace todo lo posible por ocultar una Administración cleptómana que ha desvalijado a los españoles durante décadas. ¿Un programa educativo que ponga en manos del alumnado las herramientas eficaces de la crítica intelectual? No. Sólo defienden la estructura parasitaria de los sindicatos y la permanencia del analfabetismo estructural. Seguimos en el último lugar de toda encuesta sobre educación en Europa. ¿Acaso un mayor reparto de la riqueza? Resulta cansino repetir que fue el Gobierno de Zapatero, el peor dirigente que ha soportado España desde Fernando VII, quien desató la furia depredadora de los bancarios.

Así pues, no hay un lenguaje inteligible en la política actual y el que se usa o bien es grotescamente demagógico o está vacío de todo contenido. Para remediarlo es frecuente que los profesionales echen mano del viejo lenguaje de la guerra fría (derecha e izquierda) o el de la carnicería republicana (fascistas y rojos), como si un ciudadano de 1930 o la sociedad de 1950 tuvieran el más mínimo rasgo en común con lo actual. En buena medida, el éxito televisivo de Podemos se debe a que usan un lenguaje arcaico, simple y reaccionario que muchos entienden porque es el viejo lenguaje religioso del Tercer Mundo (Chaves era el mejor ejemplo de caudillo episcopal) y buena parte del país aún no se ha arrancado al tercermundismo.

El hastío se generaliza cuando la izquierda no conoce otro lenguaje que la negación del de la derecha
El cambio de lenguaje supondría en verdad la superación de nuestro último capítulo como frontera africana. Asimilar la enseñanza de las democracias europeas debería pasar por la supresión de los restos tercermundistas a lo Marinaleda, una de cuyas secuaces se presenta por Podemos en Andalucía. Pero no somos los únicos en sufrir ese desgaste de materiales, también están ahí los feudales del Partido Socialista Francés que no puede admitir ni siquiera las propuestas de Valls. La izquierda debería tomar distancia con estos restos de feudalismo sureño, como los separatistas de la Liga Norte o los bocazas griegos. Y, en fin, aproximarse a aquellas democracias en las que la demagogia ideológica no se impone sobre el análisis crítico.

Todo lo cual es imposible mientras mantengamos a cientos de cargos inútiles, miles de empleados de partidos obsoletos, 17 Estados de juguete, una masa de aforados, un océano funcionarial cuyos sueldos son superiores a los de los trabajadores y un sistema judicial del siglo XIX. De ahí que el discurso mudo del poder sea, por ahora, todo lo que tenemos. Sin embargo, grande es el hastío. Y no hay nada tan peligroso como un hincha del fútbol que se aburre.

sábado, 28 de febrero de 2015

Jorge Bezares. La recuperación de los bancos no es la de las familias.

Jorge Bezares "Patético", en Público, 27 FEB 2015:

No digo yo que la recuperación de Rajoy no sea cierta. Es innegable que Alemania y España están a la cabeza de la Eurozona en este importante dato macroeconómico. Así las cosas, parece más que factible que la economía nacional crecerá en 2015 incluso por encima de 2,3% que prevé Bruselas.

¿Por qué entonces los españoles no apoyan mayoritariamente al Gobierno del PP? Pues muy sencillo, la recuperación de Rajoy no cubre las expectativas de la mayoría social, sobre todo de las clases medias y trabajadoras, que han perdido derechos, trabajos y salarios a raudales y que han sido las que han sufrido de verdad la crisis.

Y pongo un ejemplo: la Comunidad de Madrid, uno de los buques insignia del PP, lleva años creciendo sin parar y, en los presupuestos de 2015, prevé alcanzar el 2,5%.

Sin embargo, en esta misma comunidad, la sanidad pública perdió en 2013 3.582 empleos y 337 camas y contó con 83.000 usuarios más y un 21% de presupuesto menos.

En la educación pública madrileña, 45.000 estudiantes universitarios han tenido que dejar de estudiar por la política de becas impulsada por el Gobierno. Los recortes también dejaron en el paro a 7.000 profesores en el periodo 2009-2013 –más de 60.000 en todo el territorio nacional- ; es decir, un 14% menos de docentes para atender a un 18% más de alumnos.

Estos recortes en sanidad y educación se han producido en casi todas las comunidades gobernadas por el PP, que, con la excusa del cumplir con las exigencias de Bruselas, ha incrementado su furor privatizador para mayor gloria del Ibex 35, que ha debido de pensar que a falta de ladrillos, buenas son tortas.

A todo esto hay que añadir un paro que en 2017 aún estará por encima del 20% -y lo que te rondaré morena-, unos salarios que, gracias a la reforma laboral, han caído entre un 20 y un 40% y unos nuevos trabajos que consagran la condición de trabajadores pobres, con una temporalidad escandalosa y una remuneración de miseria

Como es natural, ante esta situación incuestionable, que tiene que ver con la economía real, la mayoría de los 400.000 jóvenes que han tenido que emigrar desde el inicio de la crisis, no volverán. Y no lo harán porque así, sencillamente, no se puede vivir dignamente.

Por eso, por todo eso, la recuperación del señor Rajoy, el fin de la pesadilla, no es creíble. Es más, muchos millones de españoles siguen instalados en esa pesadilla, más de un 30% en una pesadilla por debajo del umbral de la pobreza.

Pero, además del deterioro del Estado de bienestar que ha protagonizado el PP –es verdad que empezó con ZP-, está la forma de proceder del Gobierno, que ha llevado a cabo esta recuperación a base de empujones e insultos contra todo aquel que ha osado contradecirle, que ha legislado una ‘ley mordaza’ para silenciar a los críticos, que ha utilizado los medios afines para amedrentar a sus contrincantes y para tapar sus miserias.

Es evidente que, por ahora, nos somos Venezuela, pero ya se sabe que los extremos tienden, al final, a tocarse. Y las tentaciones totalitarias son tentaciones totalitarias aunque las vistas de seda aquí y en Caracas.

Encima, el presidente del Gobierno es el mismo señor que le dijo a Luis Bárcenas “aguanta, Luis” cuando su amigo se debatía entre cantar por peteneras o apuntarse a la cofradía de la omertà.

Es el mismo señor que presidía un partido que mientras defendía que “Hacienda somos todos”, manejaba una caja ‘b’ y complementaba el sueldo de muchos de sus dirigentes con sobres alojados estratégicamente en el fondo de cajas de puros.

Es el mismo señor que ascendió de gerente a tesorero a Bárcenas, quien para demostrarle su valía debió pensar que lo mejor era amasar una fortuna y ocultarla en Suiza y en otros paraísos fiscales.

En fin, patético, que diría el propio Rajoy.

Inéditos de Quevedo

A la vanidad de las mujeres

Piojos cría el cabello más dorado.
lagañas cuaja el ojo más hermoso.
y en la nariz del rostro más precioso,
el moco verdinegro está encerrado.

La boca que más perlas ha criado,
echa el gargajo sucio y asqueroso.
Y la mano más cándida es forzoso,
que el culo de su dueña haya tocado.

El bollo de la hermosa y de la fea
que a dos dedos del culo hediondo mora
expulsa sangre, suda y mea.

Si este es el bien que tanto me enamora,
y toda hermosa caga mierda pura,
me cago en el amor y la hermosura

Al volver de una romería donde había bebido demasiado

Ese pollino que viene
Montado en otro pollino
No viene como conviene
Que viene como con... vino.

Eduardo Haro Tecglen

Manuel Vicent, "El pesimismo como estado de lucidez", en El País, 1-XII-2014:

Eduardo Haro Tecglen fue un intelectual de izquierdas sólido, comprometido solo con su inteligencia. Su perro se llamaba Trotsky. Era alto, su rostro sombrío emergía de un jersey cuello de cisne, su cabeza poderosa se dejaba ver enseguida en la primera butaca de la tercera fila del teatro en las noches de estreno o sobre la extensión craneal de cualquier cóctel literario, nunca en una manifestación callejera. Tenía un aire de intelectual francés en la retaguardia; daba siempre la impresión de que acababa de leer Le Nouvel Observateur, lo último de Sartre, los manifiestos y panfletos que emitían las organizaciones clandestinas. Con el corazón repartido entre el Mayo del 68 y el Vietnam de Ho Chi Minh, hacia el final del franquismo Eduardo Haro Tecglen ejerció de oráculo de la izquierda sumergida desde la revista Triunfo, cuyas páginas fagocitaba a través de varios seudónimos. Fueron sus años de gloria, que por otra parte siempre le fue muy esquiva.

En aquel tiempo, llevar la revista Triunfo bajo el brazo te definía ideológicamente, era un tic en el que se reconocían los progresistas por la calle, pero ninguno de ellos se atrevía a opinar de nada sin leer previamente la doble página donde Eduardo Haro marcaba la pauta del pensamiento correcto que había que adoptar frente a todas las adversidades de la dictadura.

Así trabajaba Haro Tecglen bajo un cúmulo de libros y periódicos abiertos sobre la mesa, con las gafas
en la punta de la nariz.

Nunca escribía directamente de política interior, unas veces por precaución y otras por desprecio. Al final de la década de los sesenta, el ministro de Información Fraga Iribarne había cortado las alambradas de la censura previa, no sin dejar previamente el campo del periodismo sembrado de minas. De hecho, la revista Triunfo saltó varias veces por los aires. Ya no había que llevar las galeradas al ministerio del ramo para que un tipo impresentable tachara con un lápiz rojo a su antojo lo que no le gustaba. Ese escarnio había cesado, pero ahora te jugabas la edición entera a los dados que se echaban sobre el hígado del censor de guardia. En defensa propia, Haro Tecglen había desarrollado una maestría al convertir los análisis de personajes y sucesos de la política internacional en un espejo en el que se reflejaban todos los desastres que sucedían en el interior de nuestro país, y en este ardid literario siempre contaba con la complicidad del lector.

Los oráculos suelen habitar en la trasera de los tabernáculos. Así trabajaba Haro Tecglen bajo un cúmulo de libros y periódicos abiertos sobre la mesa, con las gafas en la punta de la nariz, en la trastienda de la redacción, el cenicero lleno de colillas cuyo humo extasiado era ametrallado por el teclado de la Olivetti. Mientras Luis Carandell se encargaba de recobrar el surrealismo popular a través de Celtiberia show, lleno de lápidas de cementerio, bares de carretera, bodas y bautizos, funcionarios casposos, santorales y milagros, esquelas y escapularios, capeas en plazas de carros, letrillas de coplas y anuncios macabros, que constituían el costumbrismo hortera o salvaje de la España negra, Haro se limitaba a socavar los cimientos de la sociedad con cargas de profundidad no exentas de amargura.

Venía cargado con los recuerdos de niño republicano, de aquellas acacias de abril que fueron aplastadas por una guerra fratricida. Su inconsciente se trabó en un Madrid triste y famélico que siguió a la contienda, las colas del aceite, el racionamiento, los anuncios de permanganato en los urinarios públicos, con el padre periodista represaliado, encarcelado, condenado a muerte, conmutada la pena y desaparecido en combate en medio de la miseria. La amargura existencial de Haro Tecglen se derivaba de haberse visto obligado durante la posguerra, en sus primeros años de periodista en Informaciones y luego como director de La España de Tánger a rendir tributo al dictador mediante crónicas escritas con toda su biología en contra, editoriales y artículos de inserción obligatoria y otros humillantes encargos entre la espada y la pared. Cuando en plena democracia su pluma llegó a convertirse en un acicate perenne contra la extrema derecha, un resabiado se entretuvo en desenterrar de los papeles amarillos de la hemeroteca estas crónicas laudatorias para agraviarle, pero en ese momento Haro Tecglen ya estaba más allá del bien y del mal, solo interesado en vengarse de sí mismo y de la vida propiamente dicha, que tan mal le había tratado.

Su inconsciente se trabó en un Madrid triste y famélico que siguió a la contienda, las colas
del aceite, el racionamiento.

En sus buenos tiempos de Triunfo, la prosa de Haro necesitaba una calamidad para brillar como un diamante. Ya se sabe que los oráculos se crecen con las malas noticias. En su caso, la depresión era un estado de lucidez y su pesimismo antropológico lo convirtió en guardián del muro de todas las lamentaciones. Un pesimista solo debe contentarse con tener la razón y esperar a que las aguas del Dvina bajen crecidas para arrojarse desde el puente como Ganivet. Los que están contentos con la vida no saben lo que se pierden.

De pronto los tiempos comenzaron a cambiar. Muerto Franco, se acabó la rabia. La respuesta del viento que cantaba Bob Dylan trajo un día la libertad y la democracia a España. Desde el derrumbe de la Segunda República, el ideal del regeneracionismo, el recuerdo de la Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes, el orteguismo y el cultivo de las élites intelectuales habían quedado en suspensión en el aire, un afán de modernidad guardado secretamente como un tesoro en la memoria de una generación aplastada por el franquismo. El diario El País sintetizó ese ideal y, según el juicio de Aranguren, se convirtió en el intelectual colectivo que absorbió todo el material de las revistas Triunfo y Cuadernos para el Diálogo hasta dejarlas sin oxígeno.

Era como ese maqui perdido en la serranía o tal vez como ese japonés abandonado en una isla.
Periodistas, escritores e intelectuales que escribían en esas revistas pasaron a hacerlo en este periódico, Haro Tecglen el primero. Como editorialista, redactor todo terreno y crítico de teatro resistió con lucidez pesimista el festín de la libertad. Su oficio de rompeguitarras pronto llegó a captar todo el desencanto que sobrevino al socialismo, y cuando fue relegado a un rincón de las páginas de televisión, que según Tom Wolfe supone la muerte de un escritor, el talento de Haro Tecglen convirtió esa columna trasera en la mejor garita desde cuya aspillera disparaba incluso contra el editorial de su propio periódico. Haro Tecglen era como ese maqui perdido en la serranía o tal vez como ese japonés abandonado en una isla que nunca aceptaron que la guerra había terminado todavía y disparaba contra los aviones que creía de combate cuando en realidad iban cargados de turistas.

La mayoría de lectores de El País abría el diario por su columna, el mejor homenaje que se le puede hacer a un periodista, unos para comprobar la intensidad del vitriolo con que zahería a la extrema derecha y a los recuelos del fascismo; otros para asimilar su resentimiento y amargura como un lenitivo de la vida. Era escaso en el elogio, medía su cordialidad con los compañeros con talento, guardaba un silencio impenetrable ante los imbéciles, se encogía de hombros ante la adversidad, usaba una ironía como refugio de su inteligencia nunca suficientemente valorada. La vida le dio a probar el lado más aciago de eso que se ha dado en llamar familia, pero dentro de la hecatombe, a veces los hijos también engendran a los padres. Uno de sus vástagos, Haro Ibars, nunca dejará de brillar como una de las estrellas de aquel tiempo, cuando parecía que cualquier paraíso estaba al alcance de la mano. Haro Tecglen era un intelectual de izquierdas sólido, comprometido solo con su inteligencia, sin partido ni beneficio, movido por el estímulo de ser un perdedor. En esto no admitía rivales: era el perdedor que primero entraba en la meta.

Aforismos de Paul Celan

1. En la poesía no se espera la señal cuando se telefonea.

2. Aragon: un gran poeta / Éluard: un gran, gran poeta

3. Nada es más negro que la mañana luminosa del recuerdo.

4. Llama a la puerta de tu soledad y pregunta por el señor: si te abren, tú no has hablado en vano a los hombres.

5. Enseña a los peces el lenguaje de los anzuelos.

6. También piedras son flores, solo que su aroma es más fuerte.

7. Quien verdaderamente aprende a ver, se acerca a lo invisible.

8. Solo el incomprendido comprende a los otros.

9. Quien bajo la – falsa – excusa de que hay que dejar en paz a los muertos, sigue contemplando el crimen al que está vivo, ese es también un criminal. Y escarnece con ello a todos los muertos.

10. Sobre las propias ruinas se alza y tiene su esperanza el poema.

11. Quien dispone de las palabras a ese se le niega el lenguaje. El que se somete al lenguaje a ese… le encuentran también las palabras.

12. No el poema del escándalo es el escándalo. El poema es el escándalo.

13. Preguntan por qué tantos se dejaron matar sin ofrecer resistencia. No preguntan por qué había tantos asesinos y espectadores "indiferentes". Cuanto más terrible tiene que haber sido la mirada de los que estaban alrededor que la mano que daba la estocada.

14. Aleman: una lengua que no olvido. Una lengua que me olvida.

15. A los fariseos los reconoces a veces en que constantemente tienen en la boca el anti-fariseísmo. El ataque rentable. – Ser atacado, estar afectado por el que está en contra –.

16. Dios necesita heréticos… y los castiga por ello.

17. Construir casas, por encima de la desesperación. Un techo. Para eso.

18. La asociación de los expulsados de su pais. Habría que fundar sin duda la asociación de los expulsados del mundo.

19. Un proverbio rumano: "De camino a Dios los santos te matan a palos".

20. La camisa de fuerza de la comodidad.

21. Quien no da al poema la fuerza de resistencia de lo inmediato no ha escrito ningún poema.

22. La verdad es revolucionaria. Eso también lo creo yo, pero cuando me sirven la cita olisqueo un poco en las comillas.

--------------------------

Paul Celan escribió estos aforismos, inéditos en castellano y traducidos ahora por José Luis Reina Palazón, entre 1947 y 1969. Forman parte del volumen Microlitos. Aforismos y textos en prosa, que publica esta semana la editorial Trotta con edición crítica y comentarios de Barbara Wiedemann y Bertrand Badiou.

Nacido 1920 en Czernowitz, entonces ciudad rumana, Paul Celan se suicidó en París el 20 de abril de 1970. Sus padres, judíos de habla alemana, murieron en un campo de concentración en 1942.

La experiencia de la reescritura

Guillermo Altares, "La literatura sin final", El País, 28-II-2015:

Grandes narradores han revisado su obra luchando hasta el agotamiento con cada palabra. Autores de distintas generaciones relatan los viajes de ida y vuelta en sus textos.

En el célebre arranque de su novela El final del romance, Graham Greene escribió: "Una historia no tiene ni principio ni final: uno escoge arbitrariamente el momento de la experiencia desde el que mira adelante o hacia atrás". Tal vez los novelistas puedan elegir el momento narrativo desde el que comienzan su relato, incluso aquel con el que lo acaban. Pero otra cosa muy diferente es cuándo terminan de escribir una obra, porque muchos autores sienten que no lo hacen nunca. "Borges decía que el concepto de 'obra definitiva' es sólo fruto de la teología o del cansancio", recuerda Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948), autor de Una historia de la lectura, y lector del autor argentino cuando perdió la vista. La relación de los escritores con sus obras es tan intensa como la relación con sus propias vidas: algunos prefieren no mirar atrás, otros no paran de hacerlo, algunos son perfeccionistas hasta el infinito, otros prefieren que las obras se queden como están. La mayoría de los autores, lo confiesen o no, no puede evitar observar por la cerradura su vida y, por lo tanto, de su escritura. Desde Marguerite Yourcenar hasta Juan Ramón Jiménez, Milan Kundera, Ludwig Wittgenstein, que rechazó las tesis de la obra que le convirtió en un autor mundialmente famoso, El Tractacus lógico-philosophicus, o Kafka, que pidió la destrucción de todos sus libros, la literatura universal está llena de obras maestras, que los lectores consideran perfectas, pero cuyos autores nunca dieron por terminadas.

"La reescritura siempre ha sido para mí una norma de trabajo, un texto artístico se puede corregir interminablemente", explica el poeta y narrador José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), premio Cervantes en 2012, cuyas poesías completas están reunidas en Somos el tiempo que nos queda. El novelista Juan Goytisolo (Barcelona, 1931), que recibió el máximo galardón de las letras españolas, también es un inagotable corrector: "He suprimido páginas enteras de Juan sin Tierra y en otras obras no he tocado nada, más allá de alguna errata. Toco cuando encuentro que lo que escribo no se corresponde con lo que espero del libro. La obra que cuenta es la que decide el autor. El que tenga una edición antigua de Juan sin Tierra o de La saga de los Marx debe saber que existe una edición posterior. La última es la que cuenta". "En todos he cambiado cosas", confiesa por su parte Javier Cercas (Cáceres, 1962), que publicó a finales de 2014 El impostor y una reedición de El vientre de la ballena, su tercera novela, en la que introdujo notables cambios. "Le hice una auténtica liposucción, porque tenía la intuición de que la novela era celulítica y que dentro de ella había un buen libro; creo que la intuición era exacta", afirma el escritor, que antes había convertido su primera obra, el libro con cinco relatos El móvil, en una novela corta con uno de ellos. "Ahora estoy releyendo Soldados de Salamina porque se va a publicar en mayo una edición revisada. He corregido adjetivos, más de una frase de sintaxis pedregosa, incluso algún anacronismo. Los poemas no se acaban, decía Valéry, sólo se abandonan; con los libros pasa lo mismo". Como Caballero Bonald y Goytisolo, Cercas tiene claro que "la última versión siempre es la buena".

Los ejemplos son infinitos. En el caso de la narradora Marta Sanz (Madrid, 1967), reescribió su novela La lección de anatomía, publicada en 2008 y reeditada en 2014. "No sentí que traicionase a los lectores de la primera versión, al contrario, estoy muy agradecida de que me dieran la oportunidad de reescribir mi libro", explica. "Si el autor tiene sentido de la autocrítica, tiende a mejorar las cosas. Desengrasé el estilo. Es en realidad un libro nuevo porque incluí dos capítulos y parcelé de otra forma toda la narrativa. El bueno es el último porque reflejamos lo que aprendemos". Rafael Chirbes (Tavernes de Valldigna, 1947), ganador del Premio de la Crítica con Crematorio y En la orilla, cree que no se pueden establecer reglas generales. Tras un periodo inagotable de reescritura —"a veces incluso pido al editor que me lo devuelva para seguir haciendo cambios"—, se rinde finalmente y entrega el libro. "Una novela siempre tiene dos momentos de euforia para el autor: cuando lo terminas y el día en que te llega el primer ejemplar. Pero luego empiezas a verle las grietas, los problemas, por eso escribes otro. La relación de plenitud con un libro dura muy poco", afirma. Tiene obras que apenas ha tocado, como Mimoun, otra ha pedido que no sea reeditada —La lucha final porque le quedó "sobreescrita"— y de otra, La buena letra, quitó el último capítulo.

Isaac Rosa (Sevilla, 1974), ganador del Premio Rómulo Gallegos por El vano ayer y del Fundación José Manuel Lara por El país del miedo, llegó incluso a dialogar e ironizar con el escritor que fue cuando le propusieron reeditar su primera novela, La malamemoria, ocho años después de su publicación. "Descarté de inmediato reeditarlo tal cual, me parecía un paso atrás. Pero vi otra posibilidad: enfrentarme con el escritor que fui, y hacerlo delante del lector. Releerme desde el escritor que había llegado a ser y hacerlo con toda la dureza que aquel primerizo merecía", señala. Rosa explica que su libro era un relato de la Guerra Civil y el franquismo, "novelas que provocan hastío en no pocos lectores, que exclaman ante el enésimo título: '¡Otra maldita novela sobre la Guerra Civil!", que fue el nombre con el que se quedó su obra. "Recuerdo que hubo lectores de aquella primera La malamemoria que se molestaron cuando la convertí en Otra maldita novela... Y es que impugnar una novela es también una impugnación a los lectores que la apreciaron".

También están los escritores que, una vez terminado el libro, cuando éste ha empezado su vida propia, se dan cuenta de que existen historias que, como ramas, surgen de sus páginas. El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958), cuyo próximo libro, La Oculta, aparecerá a mediados de marzo, explica cómo surgió una nueva obra de su novela más célebre, El olvido que seremos: "A veces en lo que uno escribe queda un hilo suelto, sin que lo sepamos, sin quererlo. Al final de El olvido yo mencionaba un poema que mi padre llevaba en el bolsillo cuando lo mataron, y decía que ese poema era de Borges. Cuando el libro tuvo éxito (el éxito es siempre muy sospechoso), mis malquerientes dijeron que era doblemente mentiroso: que yo me había inventado la historia de ese poema en el bolsillo, y que además no era de Borges. El soneto, en efecto, no aparecía en ninguno de los libros publicados por Borges. Pero no era mentira que mi padre lo llevara en el bolsillo. Así que aproveché una beca que me dieron en Berlín para buscar de dónde diablos había sacado mi padre ese poema. Tras una pesquisa detectivesca, creo que pude desenredar la historia: si en El olvido quise saber, por indicios, quiénes habían matado a mi padre, en Traiciones de la memoria quise averiguar, con testimonios y documentos filológicos, quién era el autor del poema".

Sin embargo, Abad Faciolince no es partidario de volver sobre lo escrito. "Creo que un libro es una especie de espejo de lo que uno era en el momento que lo escribió. Como uno deja de ser el que era, ya hay muchas cosas de los viejos libros que te suenan extrañas, ajenas, incluso malas, entonces uno tiene la tentación luciferina de cambiarlas. Pero al cambiarlas el libro se vuelve un híbrido que ya no funciona, pues el escritor de hoy es distinto al de hace 20 años, y los libros corregidos por el mismo autor quedan raros, como si hubieran sido escritos a dos manos", explica.

Las obras literarias, el pensamiento filosófico, son cuerpos vivos que respiran a través de la relación que establecen con los lectores, pero también porque nunca acaban de separarse totalmente de sus autores. "El libro tiene una autoridad sobre ti que tú no tienes sobre él", asegura Rafael Chirbes. Sin embargo, los procesos de escritura pueden prolongarse hasta el infinito. Uno de los casos más extremos es el de la belga Marguerite Yourcenar (1903-1987): Opus Nigrum, una de sus grandes novelas, fue primero un libro de relatos, publicado en 1934, La mort conduit l'attelage (La muerte conduce la carroza), transformados luego en una novela, publicada en 1968. Juan Ramón Jiménez hacía tantos cambios en su obra que al final es imposible saber si es una sola obra o son varias: el libro/poema Espacio tiene una versión en prosa y otra en verso. También puede haber transformaciones pequeñas pero cruciales. Alberto Manguel explica que "W. H. Auden cambió sus versos y eliminó varios, porque dijo que se daba cuenta de que no eran ciertos". Por ejemplo, el célebre verso 'We love one another or die' ('Nos amamos el uno al otro o morimos') lo suprimió porque pensó que aunque nos amemos o no, la muerte es inevitable". El novelista y ensayista mexicano Álvaro Enrigue (México, 1969), ganador del Premio Herralde de novela con Muerte súbita, explica otra sutil pero inmensa diferencia entre versiones: "Se dice que en el último manuscrito de Pedro Páramo, de Juan Rulfo (Apulco, 1917-México, 1984), la primera frase era: 'Fui a Comala' y que el 'Fui' está tachado y encima dice 'Vine'. De ser cierta la leyenda, sería el tipo de corrección que cambia la historia". Este novelista y profesor de literatura relata otras historias de escritores obsesivos: "José Emilio Pacheco (México, 1939-2014, premio Cervantes en 2009) no permitía que se reimprimieran sus libros porque le parecían llenos de torpezas, aunque eran de una precisión estilística admirable. Volvía locos a sus editores reteniendo las reimpresiones para leerlos y releerlos. Los ejemplares de sus libros en la biblioteca de la Universidad de Maryland, donde dio clases, están todos corregidos a lápiz por él mismo. Algunos tienen correcciones sobre las correcciones". Pero él mismo tampoco es ajeno al veneno de la reescritura como narrador: de su novela La muerte de un instalador existen cuatro ediciones. "La última, que es la que circula en España, la reescribí de principio a fin, palabra por palabra", asegura Enrigue. Sin embargo, afirma que nunca ha podido regresar a Hipotermia, en el que relata una depresión, porque es un tiempo al que no puede, ni quiere, volver.

Carlos Giménez (Madrid, 1941) volvió en cambio a los momentos más dolorosos de su vida para dibujar una de las obras maestras del cómic europeo, Paracuellos, en el que relata su infancia en un Auxilio Social de la posguerra. Este tebeo ha sido reeditado en los últimos años, como casi toda su obra. Sin embargo, un dibujante se enfrenta a la enorme dificultad que encarna cambiar una plancha. "Cada vez que se reedita un trabajo mío en español, me obligo a leerlo para comprobar que está completo, que no están cortadas las viñetas y que no hay fallos de compaginación", relata Giménez. La voluntad de cambiar, de revivir el texto, se remonta casi al principio de la creación literaria. El catedrático de la Complutense Carlos García Gual, uno de los más respetados helenistas españoles, recuerda que "Hipólito, de Eurípides, y Las nubes, de Aristófanes, que leemos ahora son versiones corregidas por ellos de obras anteriores que no tuvieron éxito en su primera representación teatral". "¿Podemos ver en Las leyes, de Platón, una versión corregida de la utopía de La República? En ese largo diálogo de vejez, donde ya no sale Sócrates, Platón postula un 'consejo nocturno' que en su afán inquisitorial habría condenado a muerte a su escéptico maestro. ¿El viejo y escarmentado Platón desconfiaba ya del libre examen y de los ideales políticos de antaño?".

Estos cambios sobre cambios, versiones, búsquedas infinitas de palabras y de frases, marchas hacia delante y hacia atrás, hacen más difícil el trabajo de los filólogos pero sin duda más apasionante. El catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid Pedro Álvarez de Miranda (Roma, 1953), miembro de la Real Academia Española, asegura: "Esos cambios son muy importantes para el filólogo, las modificaciones que el autor introduce en un texto siempre tienen interés. En el terreno de la lexicografía, y en particular para la elaboración de un diccionario histórico, es fundamental precisar la fecha de cada texto".

Cuando Philip Roth decidió dejar de escribir se dedicó a releer las 31 novelas que había publicado entre 1959 y 2010. "Quería saber si no había perdido el tiempo", explicó en 2014 a The New York Times. "Mi conclusión, después de terminar, se parece a unas palabras que pronunció uno de mis héroes, el boxeador Joe Luis. Fue campeón del mundo de los pesos pesados. Había nacido en el Viejo Sur, fue un niño negro sin educación, parco en palabras. Cuando se retiró dijo para resumir su carrera: 'Lo he hecho lo mejor que podía con lo que tenía". El combate de los grandes escritores con las palabras no se acaba nunca. Sólo el tiempo es capaz de derrotar los inagotables cambios que impone la imaginación.

Entrevista a César Millán

Fernando Bruccoleri: "César Millán: "La vida es simple. No la hagas más complicada", en Huffington Post, 28/02/2015:

César Millán, más conocido como el "encantador de perros" posee una interesante personalidad que cautiva a miles de personas alrededor del mundo.

El nombre de sus dos famosos programas televisivos, transmitidos por las pantallas en más 80 países, retrata fielmente el perfil de este mexicano de origen humilde, que llegó ilegalmente a Estados Unidos sin un dólar en el bolsillo: El encantador de perros y El líder de la manada.

Millán responde aquí a nuestras preguntas sobre su pasado, presente y futuro.

¿Cómo comenzó su relación con la televisión?

No mucho tiempo después de llegar a Estados Unidos, empecé mi propio negocio independiente para rehabilitar perros y me especialicé en casos extremos. Lo llamé Pacific Point K-9 Academy, y obtuve la mayoría de mis clientes a través del boca a boca. Un día, yo estaba en casa de un cliente cuando una amiga de ella se acercó con su perro y me contó su problema. Esa amiga resultó ser Jada Pinkett Smith. Ella y Will Smith me presentaron a un montón de gente famosa que también tenía problemas con su perro, e incluso pagaron a un tutor para que me enseñara inglés durante un año. Esto hizo que publicaran una historia sobre mí en el diario Los Angeles Times, y de repente me empezaron a abordar muchos productores que querían hacer un programa de televisión conmigo. Finalmente decidí trabajar con Emery/Sumner Productions, porque a mi pitbull Daddy le gustaron las productoras Sheila Possner y Kay Bachman Sumner. Y eso hizo que me convirtiera en el presentador Dog Whisperer, al igual que de mis otros espectáculos, como César 911.

¿Cuándo descubriste que tenías la capacidad de comunicarte con los perros?

Muy temprano en la vida, y gracias a mi abuelo, que también tenía una especial habilidad con los animales. Cuando iba a su granja, algo que hacía muy a menudo, vi cómo él seguía sus instintos, lo cual me enseñó a trabajar con la madre naturaleza, no contra ella. Siempre he amado a todos los animales, y todavía lo hago, pero además tenía una conexión especial con los perros casi desde el principio. A los trece años decidí que quería ser el mejor entrenador de perros en el mundo. Pero nunca pensé que iba a terminar formando a personas con el fin de rehabilitar a sus perros.

César, ¿cuál es tu lema? ¿Y por qué?

En este momento, es 'La vida es simple. No la hagas más complicada'. Creo que eso habla por sí mismo, pero es todo parte de mi creencia de que nosotros, como seres humanos, tenemos que volver a sintonizar con la naturaleza con el fin de restaurar las partes instintivas y espirituales de nosotros mismos.Los perros y los humanos tienen ambos cuatro áreas en las que operan: intelectuales, emocionales, instintivas y espirituales. Pero los humanos se centran en los dos primeras, mientras que los perros viven en los dos últimas. Esta es la razón por la que las personas pueden tender a pensar demasiado las cosas y hacerlas más complicadas de lo que deben ser, o a reaccionar de forma exagerada a las cosas y hacerlas de forma más dramática de lo que necesitan ser. Si permanecemos en calma y escuchamos a nuestros instintos, podemos evitar complicar las cosas.

¿Recuerdas algún momento en que hayas tenido miedo ante un perro?

Yo no diría miedo, pero hubo un caso de un perro muy agresivo en la zona roja con el que yo sabía que no podía trabajar. Con sólo mirarlo, pude ver que él estaba esperando la oportunidad de atacarme, y estaba decidiendo si apuntar alto o bajo. Sin embargo, ese tipo de cosas son muy, muy raras. Entre de miles de perros, eso sólo ha ocurrido dos, tal vez tres veces.

¿Cuál ha sido tu caso más complicado?

Mis casos más difíciles son siempre aquellos en los que los seres humanos no quieren cambiar su comportamiento. Es la gente la que tiene que asumir su responsabilidad en la ecuación y hacer las cosas correctas para solucionar los problemas. Puedo entrar y conseguir que un perro agresivo mantenga la calma o que un perro temeroso deje de sentir miedo, pero si la gente no continúa el proceso, entonces mi trabajo no sirve de nada.

¿Qué factores se deben tomar en cuenta en el momento de elegir un perro?

En primer lugar, incluso antes de tomar la decisión de tener un perro, tienes que preguntarte si estás listo para un compromiso que podría durar hasta quince años. Esto significa: ¿tienes el tiempo para pasear a tu perro tres veces al día? ¿Tienes el dinero para pagar la comida, la atención médica, y cosas como correas, juguetes, camas, y así sucesivamente? ¿Y por qué quieres adoptar un perro? Hacerlo para que pueda tener un hijo sustituto o porque te sientes solo o, sobre todo, porque es un capricho son las razones equivocadas. Hacerlo para salvar la vida de un perro y compartir la suya con él es la razón correcta. Después de haber considerado todo eso, tienes que elegir al perro adecuado de acuerdo con tu energía y estilo de vida. Si vives en un apartamento pequeño en la ciudad, un gran danés es probablemente la decisión equivocada, y si no puedes estar físicamente activo, entonces un perro muy enérgico como un dálmata es erróneo. Si vas a estar fuera de casa durante mucho tiempo todos los días, una raza curiosa e inteligente como el terrier no sería una buena opción, a menos que quieras que se aburran y rompan cosas. Más allá de la raza, igualar el nivel de energía del perro con el tuyo es la mejor manera de conseguir una situación adecuada. ¿Quieres un perro con un nivel de energía ligeramente inferior al tuyo? Si tienes otros perros ya, entonces el nuevo perro debe tener un nivel de energía más bajo que tu perro menos enérgico. Al adoptar, utiliza tus instintos y no tus emociones. No adoptes al perro emocionado que está saltando por todo el refugio sólo porque pienses que es lindo si no puedes manejar ese tipo de energía todo el tiempo y dar el ejercicio necesario para reducirlo. En su lugar, busca al perro que sabe sentarse bien el solo. Por supuesto, como siempre digo a la gente, nunca se tiene el perro que uno querría, pero siempre conseguirás al perro que necesitas. Lo más importante de recordar es que debes enseñar al perro una vez lo hayas adoptado, nunca renunciar a él y nunca devolverlo al refugio. Una vez has hecho el compromiso, te toca asegurarte de que eres un buen líder de la manada y que haces lo necesario para que tu perro sea equilibrado y tranquilo.

¿Recomienda aplicar el contacto físico con un perro agresivo? ¿En qué medida?

Hay dos formas generales para hacer frente a un comportamiento no deseado en un perro. Puedes redireccionar el instinto o puedes bloquearlo. Para los perros de menor energía - aquellos que son de 5 o menos en mi escala de diez puntos -puedes redirigirlos sin tocarlos, ya sea a través de un sonido que les ha entrenado para que lo asocien con una golosina, o por medio del olfato, o incluso un gesto. Por encima de 5, sin embargo, es necesario bloquear el instinto, y darle un toque es lo único que va a conseguir la atención del perro en este punto. Ten en cuenta que la palabra es "tocar" y nunca "pegar". Aunque toque a mi perro con un pie, no es una patada. Se parece más bien un codazo. La idea es que el toque lleva la atención del perro lejos de lo que estaba haciendo. Puedes verlo en los propios perros, que lo hacen entre sí todo el tiempo, como cuando un perro da un codazo a otro cerca de donde está la comida. Ahora, la clave para el uso táctil con éxito es en el momento. En el caso de un perro agresivo, tienes que hacerlo en el instante en que el perro decide atacar. Si lo haces demasiado pronto o demasiado tarde, entonces sólo va a aumentar la agresión del perro y vas a hacer que su comportamiento sea peor. La primera vez que se trabaja con los perros agresivos, yo prefiero usar un "e-collar" en lugar de contacto debido a que la vibración en el cuello del perro tiene el mismo efecto. Y ten en cuenta que se trata de un collar que vibra, no un collar de choque. La única vez que debe recurrir a un collar de choque es en el caso de la agresión extrema, o cuando se enseña a un perro algo que salvará su vida, como evitar las serpientes venenosas.

¿Hay algún alimento específico que usted recomienda dar a un perro? ¿Es específico para el tipo de perro?

Todo depende del tipo de perro, de la edad, raza, peso, nivel de energía, condiciones médicas, y así sucesivamente. Realmente no puedo hacer una recomendación general para todos los perros, pero la gente puede y debe preguntar a su veterinario recomendaciones al respecto, ya que su veterinario sabrá necesidades de su perro mejor que nadie.