miércoles, 24 de febrero de 2016

Moltó, condenado a 2 años


Dos años de cárcel para el expresidente de Caja Castilla-La Mancha. La Audiencia Nacional atribuye a Hernández Moltó falsedad en las cuentas de la primera entidad quebrada en 2009. El País, 23-II-2016:

La Audiencia Nacional (AN) ha condenado al expresidente de Caja Castilla-La Mancha (CCM) y exdiputado del PSOE Juan Pedro Hernández Moltó y al exdirector general Ildefonso Ortega por"un delito societario de falsedad contable cometido al manipular las cuentas de la entidad, a la pena de dos años de cárcel y a otra de inhabilitación para ejercer cargos de administración o dirección en el sector financiero durante el tiempo de su condena.

En la sentencia también se impone a cada uno el pago de una multa de 29.970 euros y les obliga a satisfacer la mitad y a partes iguales las costas causadas, incluidas a las de la acusación particular y popular, ejercidas por la asociación Adicae y la propia caja de ahorros. El juez de lo Penal José María Vázquez Honrubia absuelve a ambos directivos del delito societario de administración fraudulenta que les atribuían ambas acusaciones. Hernández Moltó fue diputado por el PSOE y portavoz de la Comisión de Economía del Congreso. Su enfrentamiento con Mariano Rubio, exgobernador del Banco de España, tuvo una gran repercusión en los medios.

Caja Castilla-La Mancha fue la primera caja de ahorros española en ser intervenida y nacionalizada, en marzo de 2009, después de que se aprobara un rescate que necesitó una inyección de liquidez de 9.000 millones de euros. Tras ser recapitalizada por el Fondo de Garantía de las entidades financieras, fue vendida con importantes ayudas a Liberbank.

El Banco de España cuantificó en 253,8 millones las operaciones y los perjuicios económicos que los gestores causaron en la entidad. Según Anticorrupción, el 10 de febrero de 2009, con la "aquiescencia" de Hernández Moltó, Ortega envió al Banco de España unos estados financieros y consolidados públicos de la entidad que ignoraron los requerimientos que el supervisor había venido haciendo desde 2004 y no reflejaban su "situación financiera real"

martes, 23 de febrero de 2016

Sin forma definida. La transición cultural en Ciudad Real y IV.

Para mí la transición tiene su epifanía en cierto tipo de cine en el que a veces pueden encontrarse atisbos de quid divinum. Uno podía sentirlos, inconfundibles, en películas como El fantasma y la señora Muir de Mankiewicz, pero en el cine español esos fragmentos de eternidad se dejan ver más raramente, porque su volumen de producción es escaso y padece limitaciones de que otras cinematografías carecen.

Había frescura en el Fernando Trueba de Ópera prima, y la revivió más tarde en su La niña de tus ojos, que logra acuñar un neologismo tan híbrido como castañeten y descuelga la luna de un disparo; se le ve el buen plumero de Billy Wilder y un toqueteo abusón de Lubitsch; ahora amenaza con una segunda parte enjaretada en el legendario Bosque de acebo. Era la llamada entonces Escuela de Madrid, una especie de revoltijillo europeo-carpetano gobernado por una pagana e irreverente diosa Metragirta. En el campo de la imagen puramente emotiva, es difícil superar a Juanma Bajo Ulloa y sus brutolíricas Alas de mariposa, una mariposa negra como la terrible de Nicomedes Pastor Díaz o la de los Machado. Mucho se ha hablado y escrito sobre Pedro Almodóvar, en realidad solo un naturalista amante de épater le bourgeois, y en especial al necio partisano y païsano Diego Galán, dictador de la crítica celuloidítica de entonces, junto a Ángel Fernández-Santos, Augusto M. Torres y Carlos Boyero, igual de païsanos, o el infumable e infumativo Carlos Pumares, a cuál peor; les he leído mucho y sé de qué detesto. Pese a sus resabios norteamericanos, Almodóvar, dióscuro del missing McNamara (quien ha asomado la cabeza en su Fabiografía, 2014), vive aún de su autogénesis (que algún maligno diría es copiarse a sí mismo). Debe mucho (a espuertas incluso) a Eloy de la Iglesia, cineasta injustamente llevado al rincón de pensar y que impresiona con obras tan destorcidas y desenderezadas, quiero decir redondas, como Colegas, uno de los mejores papeles de un Enrique San Francisco que parece arrancado de un texto de Joaquín Dicenta, nuestro único maldito verdadero. Poco de lo que hizo después llega a la altura de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? pero como escritor, desde luego y desde ya, se disfruta mucho también (Patty Diphusa y otros textos) y, aunque solo fuera por cultivar esa faceta tan tipicomanchega que es el humor, de la que tantos hoy repulgan (pues es el género más difícil, que lo diga el maestro del monólogo humorístico manchego de anteguerra, Luis Esteso y López de Haro), ya merecería estar entre los mejores. Me gustó también el indefinible aroma de tiempos pasados que ofrenda el carca José Luis Garci de Las verdes praderas y los híbridos Crack, también por sus sermones de cura creyente sobre celuloide blanquinegro; y el Gonzalo Suárez (novelista igualmente, y no malo) de Remando al viento y su shakesperiano Epílogo, con canallesco Paco Rabal y todo. Debo mencionar, desde luego, la labor divulgante del cineclub Juventud Manchega (Juman) y su ya citado pirata informático sin loro electrónico Paco Badía, and José Luis Vázquez (y vaya por el Vázquez de la historieta, el acosado por sastres asesinos). Aunque para mí el cine de esa época que dicen prodigiosa y otros progidiota consiste también en unos cuantos autores y películas de las afueras de aquí. El Samuel Fuller de Uno rojo, con su fumador matabisoños Lee Marvin, o su filosófico y negrísimo Perro blanco, tan conductista como la genialoide Naranja mecánica de Kubrick, que me acuso de haber visto más de cuarenta veces; Peter Weir (El año que vivimos peligrosamente y otras); el ya citado David Lynch (con sus imágenes surrealistas, sus personajes dobles y triples, sus carreteras de Moebius y su "Club Silencio", en el que muchos ciertamente estamos tan sedentes o sedantes como (des)colocados); Ridley Scott, solamente por Los duelistas (1977) y su por Dios tocada Blade runner (1982); el último Bergman de Fanny y Alexander, con sus fantasmas latosos, sus judíos medio dormidos (o medio despiertos) y sus desoladadas memorias Linterna mágica; el Scorsese aparentemente ligero y milimetrado de Jo que noche; Alan Parker con su jodido Expreso de medianoche y su lírico El muro; el John Boorman de Excalibur (Merlín más poderoso como sueño que como realidad); los Monty Phyton, sin duda los cómicos de la década (con perdón de Les Luthiers) por su La vida de Brian, que me querían censurar los curas, y El sentido de la vida; El ansia, de Tony Scott, que me hace sentir muy, pero que muy viejo, casi a punto de guardarme en una caja; Feliz navidad mister Lawrence de Nagisa Oshima, con esos paganos recuerdos más desesperados e intensos que la misma vida; Paris, Texas de Wim Wenders: la descongelación de un espíritu; El beso de la mujer araña de Babenco, que enseña a amar sin libertad alguna; la diminuta flor que subsiste en los Sueños de Akira Kurosawa, que refleja lo poco y lo mucho que cabe esperar al borde de la existencia; Sangre fácil y Barton Fink de los Cohen, por su portentosa alquimia de lo tragicómico y lo mucho que agota ser nihilista; La tumba de las luciérnagas y El viaje de Chihiro de Takahata / Miyazaki, por sus mitologías dibujadas y remotas; Noche en la tierra de Jim Jarmusch, por su profunda humanidad y comicidad y su cura moribundo; Kevin Smith / Bob el Silencioso... y algunos otros que ahora no acierto a evocar, a veces por un simple minuto o una línea de guion.

En cuanto a la cultura en general de esa época en relación con las instituciones manchegas, salvo raras y honrosas excepciones, no se hizo nada (si es que es hacer algo una enésima y plagiaria edición del Quijote, para "variar"). En literatura al menos, que es de lo que menda entiende o "cree entender", como dice (o cree decir) Casado, esto parece especialmente grave, pues más allá del Quijote los municipayos y diputeros se ven en pelotas o como si no las tuvieran, con las neuronas colgando, suponiendo que tengan más de una, pues su falta de ancho de banda les impide alzar la vista más allá de las migas y el chorizo en que hozan. Confunden cultura y dolor de cabeza, pero no, no, no: no es un dolor de cabeza, es pensamiento. Y al pensamiento se llega muchas veces no por la charanga, la pandereta, las fotos y los dibujos de nuestros desarbolados paisajes, sin aire siquiera para sus molinos ni para dar un suspiro, sino por el esfuerzo y la recuperación de la cultura remota a través de las vías de los renglones escritos, la lectura y la investigación.

Por eso seguramente sonará a marciano, en el contexto citado, que hable de eslavistas como el ya referido Díaz Pintado o Antonio Ríos Rojas, exalumno del mi ya mentado amigo y colega José Antonio Alcaide Negrillo, un doctor en Filosofía por Salamanca y profesor de la misma materia en Viena (que está al otro lado de Miguelturra, creo), especializado en filosofía medieval (Maimónides y el mundo judío) y contemporánea (Heidegger, Sloterdijk) desde hace años orientado a investigar la literatura universal, en particular Cervantes, como buen manchego, pero también León Tolstoy. Resulta sangrante que ni siquiera se haya publicado en estos lares ni una sola reseña de su monumental Lev Tolstoi. Vida y obra (Madrid: Rialp, 2006), pero, la verdad, a folletos de venta de melones como La Tribuna y Lanza, de contenido cultural menos que plano, tampoco se les puede pedir ni una rosquilla de Homer Simpson, cuando ni siquiera han reseñado la obra de la mayoría de los que escriben por acá; antes bien, puede hallarse todavía en la estratigrafía de sus páginas de fango a fósiles como el extinto Pérez Henares, al opusdeílatra Pedro Peral, los coprolitos de Camarena, algún molusco merkelibranquio de Miguel Ángel Rodríguez o a su mudo conmilitón, el áptero insecto José María Barreditas, de oficio endeudador de comunidades y cobrador de política (paleolítica, por lo que dura esta vergüenza bolsillizada), o peorcito aún, si cabe, que cabría, pues eso de cabrear se les da más que dabuten (o debuten, como escribe Galdós). Analfabetismo funcional, que se diz, y dureza tremenda de mollares esa de no leer a nadie cuando quieren que los lean a ellos. No hacen falta las cuatro operaciones y saber escribir sin faltas de ortografía para saber qué es lo que hay en lo que hay, cuando dicen solo que algo hubo en lo que hubo, en los tiempos de tocar la pera y hacer peradas, como decía mi sargento, que es lo que hacen lamiéndose mutuamente las prebendas y cagándose en el parque de lo público sin que nadie se ocupe de ponerles cadenas ni multen a sus dueños, los bancos. Que son gente muy redundante, dos veces ellos mismos o más, y además encantados de haberse conocido y reconocido y vuelto a representarse, y muy remirados y requeteremirados. Que es mucho lo que hay desde que hay merdocracia, en el espacio y en el tiempo, aunque sea en el seno tragaldabas de un agujero tan negro como el que hay entre la nalga derecha del PP y la izquierda del PSOE.

Por demás, y en cuanto a la languideciente, desconectada y marciana sucursal de Madrid que es la desuniversidad manchega o especie de organismo celebrador de simposios absurdos, reuniones pierdetiempo y viajes a tomar por culo siempre que no sea en estos sitios tan feúchos, cualquier excusa es válida para no ocuparse de imbricarse en el tejido productivo editorial o cultural "de aquí", despreciando por igual y muy democráticamente a alumnos, becarios, exalumnos y doctores y robando fondos de donde sea para satisfacer mezquinos proyectos de ego particulón, en vez de escribir libros o colaborar con los egresados en empresas colectivas que revitalicen la cultura local. La universidad manchega no habita en ninguna parte ni se encuentra siquiera fuera de La Mancha, en sus aledaños desconcentrados (que mala es la desconcentración para estudiar), que por no poseer no posee ni campus; ¿qué diríamos del dinero?

lunes, 22 de febrero de 2016

La matanza de Casas Viejas por Ramón J. Sender

Ramón J. Sender, "La matanza que hundió a Azaña. Se reedita el ejemplar reportaje de Ramón J. Sender sobre la brutal represión de una rebelión campesina en Casas Viejas por parte de las fuerzas del orden republicanas" El País 19 FEB 2016

Destruida la choza, asesinado también con las esposas puestas Manuel Quijada y golpeada bárbaramente su mujer, Encarnación Barberán, que quiso protestar, los guardias bajaron en una columna disforme hacia la plaza y formaron en el centro. Más de doscientos hombres. El cura preguntaba tímidamente si había que usar sus servicios y preparaba un sermón para la primera ocasión en que hubiera que repartir en la iglesia “la limosna”. Los oficiales iban y venían con papeles. Después de los disparos últimos contra un grupo de curiosos, todo el mundo había vuelto temerosamente a sus casas, a sus albergues. La luz de las siete de la mañana llegaba por la parte del mar, lívida y penetrante. El jefe paseaba ante la doble fila de las fuerzas formadas. La humareda que seguía subiendo desde lo alto de la colina terciaba el cielo de la aldea con una faja negra. Ardían los cuerpos desmedrados de los campesinos. Todas las viviendas de la aldea estaban cerradas. Los jefes iban y venían con papeles. Uno dijo apresuradamente:

—Tengo órdenes rigurosas y concretas de hacer un escarmiento.

Miró el reloj y añadió:

—Doy media hora para hacer una razzia, sin contemplaciones.

Esta orden no se limitaba expresamente a los sucesos de Casas Viejas, sino que se había dado el día 11 con carácter general a todos los lugares donde se habían producido desórdenes, como otras órdenes no menos bárbaras; las fuerzas rompieron filas y se diseminaron en dirección a la torrentera, hacia las chozas de los jornaleros.

Un guardia preguntaba:

—¿Qué es una razzia?

Y otro respondía, cerrando la recámara del fusil:

—Que hay que cargarse a María Santísima.

En las calles no había un alma. Los campesinos permanecían con sus familias, silenciosos, en las chozas. A la puerta de una de ellas lloraba el niño de once años Salvador del Río Barberán. Llevaba en la mano un cartucho de fusil, disparado. Los guardias le dijeron, riendo:

—Tira eso, muchacho, que no es un pastel.

Luego empujaron la puerta. En el fondo, el viejo Antonio Barberán —el de la chaqueta de rayadillo— yacía sobre un charco de sangre. El muchacho lloraba y juraba que su abuelo no era anarquista. El guardia bisoño subió calle arriba con los otros, conocedor ya de lo que era una razzia. Atrás quedó el muchacho midiendo con los ojos la soledad de la calle. El pueblo había enmudecido. Después de las ilusiones de la noche del día 11, todo volvía a su viejo ser. Las tierras seguirían alambradas y cercadas “para nadie”. El hambre y la desesperación, el no hacer nada y la esperanza —como único horizonte— de que el cura los convocara un día u otro —quizá mañana, siempre ese “quizá”— para darles un bono de una peseta canjeable por sesenta céntimos de víveres; ese porvenir inmediato les aguardaba. No se veía otra cosa en los meses que faltaban hasta la siega. Las hoces esperaban clavadas en la paja de la techumbre. La ilusión de las cuarenta y ocho horas anteriores los había vivificado. Nadie se acordó de comer ni de dormir.

Pero la represión, la destrucción de la choza de Seisdedos, los asesinatos de Francisca Lago y de su padre cuando intentaban huir con las ropas ardiendo, todo aquel estruendo de bombas y fusilería al que estuvieron atentos los campesinos desde sus camastros; el recuerdo de Manuel Quijada, esposado, que caía bajo los culatazos de los guardias y era levantado a puntapiés para morir, por fin, ametrallado frente a la choza; los asesinatos de otros tres detenidos, muertos a bocajarro junto a las cercas; la muerte del septuagenario Barberán al lado de la cama que acababa de abandonar, esos acontecimientos eran conocidos rápidamente en todo el pueblo.

Durante la noche, los campesinos afiliados al sindicato, que tenían armas, huyeron. El campo los acogería en la noche fraternalmente. Por la tierra, por la superficie cultivable, todavía virgen, habían intentado implantar el “comunismo libertario”. En la conquista del campo empeñaban la vida. La habían dado ya muchos campesinos. Al campo fueron a refugiarse. Entre los que quedaban en el pueblo apenas se podrían contar dos o tres testigos de los sucesos y miembros del sindicato.

En la aldea había teléfonos misteriosos que comunicaban con Madrid y con Cádiz constantemente. Había papel para los atestados, sellos judiciales, casas donde tomaban el desayuno los oficiales y los enviados del Gobierno —había llegado uno, de Cádiz—. Había la inseguridad de ofrecer la paz sin que la aceptara el enemigo. La probabilidad de levantar los brazos inermes ante cuatro fusiles y recibir, sin embargo, la descarga. Estaba a cada paso la tapia de los fusilamientos. En el pueblo todo les podía ser hostil. En el campo, un obscuro instinto les decía que todo habría de serles favorable.

Viaje a la aldea del crimen, de Ramón J. Sender, publicado en 1934, ha sido reeditado por Libros del Asteroide.

Desarrollar la mente de los hijos

Según el profesor José Carlos Aranda, autor del método Inteligencia Natural: “El 85 % de la precorteza cerebral, la que usamos para pensar y reflexionar, se desarrolla durante los tres primeros años. Es un periodo crucial en el crecimiento”. Quizás este dato nos lleve a pensar que cuando nuestro hijo nazca, más que abrirle una cuenta corriente, podríamos empezar a hacer un plan con todo lo que podemos hacer para fomentar su capacidad intelectual. Sin embargo, si hay algo que matizar en este aspecto, es que no se trata tanto de que nuestro hijo aprenda todo lo posible en este periodo, sino de adaptarnos a su propio desarrollo. “Un ejemplo clarificador es el del niño que está aprendiendo a caminar. Hasta que sus huesos no son lo suficientemente sólidos y sus músculos lo suficientemente fuertes, el niño no caminará. Si tratamos de forzarlo lo único que conseguiremos es lesionarlo”, matiza el profesor Aranda, que insiste en que “lo que sí podemos y debemos hacer es fomentar su autonomía, dejarlo en el suelo y que él a su ritmo vaya conquistando día a día pequeñas metas”. Teniendo este concepto claro, los expertos sí que apuntan a que hay ciertas cosas que pueden contribuir al desarrollo intelectual de nuestros hijos:
1) Buscar los estímulos adecuados
La siguiente idea que destaca el profesor Aranda es que si queremos potenciar la inteligencia de nuestro hijo, no hay mejor forma que poner a su alcance estímulos que puedan lograr ese objetivo.  Así, cita algunos estímulos enriquecedores como lecturas, música, contacto con la naturaleza, paseos, museos, bailes o deportes “que nos permitan observar sus tendencias, preferencias y gustos”. Porque también se trata de eso, de buscar qué es lo que más favorece el desarrollo de nuestro hijo, y no empeñarnos en fomentar habilidades que no tiene. “Hay que potenciar sus capacidades, no de tratar que sea alguien distinto de sí mismo”.  Para ello el mejor método, según el experto es “fomentar la autoestima a partir del cariño, del amor incondicional, de un ambiente tranquilo y equilibrado. Eso le proporcionará la tranquilidad necesaria para que su mente se ocupe de explorar y aprender”.
2) Pasar tiempo en familia
Si vamos a fomentar que nuestro hijo esté en contacto con diferentes estímulos, no podemos dejar que lo haga a solas. La idea, por tanto, es aprovechar para pasar ratos de ocio, que sean de calidad, en familia.  Más concretamente, José Carlos Aranda hace referencia a “la necesidad de recuperar  la convivencia familiar sin la televisión encendida, ni móviles, ni tabletas”, por lo que propone sustituir estos estímulos externos “con la risa y el buen humor como fondo. Es una experiencia maravillosa e insustituible. Hemos de pensar que el aprovechamiento académico está muy relacionado con la capacidad de enfocar intencionadamente la atención y mantenerla en un contexto social. Esas habilidades son imprescindibles”.
 3) Leerle cuentos
Después de pasar el día juntos, y antes de que seamos los padres los que tengamos nuestro momento de descanso frente a la televisión, otra cosa que hemos dejado de hacer es la de leerles cuentos a nuestros hijos.  Un gran error, sobre todo si tenemos en cuenta todo lo que les aportan. Como explica el profesor, “la narración es la forma natural en que el cerebro procesa la información”. De esta forma, el cuento no es solo una historia sino  “un acto de comunicación en el que existe un guía -el cuentacuentos-, que interpreta la historia. No solo narra los hechos, sino que muestra al niño cómo debe reaccionar ante los acontecimientos que van sucediendo: sorpresa, miedo, seducción, angustia, curiosidad, alarma… El cuentacuentos es un auténtico transmisor de claves emocionales a través de la gesticulación y la modulación de voz”.
4) Cuidar nuestro lenguaje no verbal
Dicen que la cara es el espejo del alma, y por eso muchas veces, por mucho que nos empeñemos en que nuestro hijo capte un mensaje como “no estoy enfadado”, si nuestra cara dice otra cosa, nos será difícil convencerles. Hay que tener en cuenta que  “el lenguaje no verbal es el principal lenguaje que utilizamos para educar. Más del 80 % de la información la procesamos a partir de lo que observamos inconscientemente. El mensaje verbal solo influye en un 20 %.”, según Aranda.  Es por ello que tenemos que cuidar no solo lo que les decimos, sino también lo que les expresamos. “Comunicamos a través del calor del contacto que abraza, de la sonrisa, de la mirada. El niño observa permanentemente y elabora categorías a partir de lo observado.”
 5) Elegir bien sus juguetes
Miriam Gómez, pedagoga en el centro PIMILE expone por su parte que los juguetes que compremos a nuestros hijos tendrán un importante papel en su desarrollo. Más allá del debate sobre los juguetes sexistas, la pedagoga explica que “muchas veces los niños y niñas se encaprichan de juguetes que no potencian su imaginación y en nuestro trabajo nos encontramos con que no saben jugar solos/as, o si son materiales con múltiples opciones no se entretienen con ellos”. Por ello recuerda que “existen muchos juguetes que potencian la lógica, el lenguaje, habilidades cognitivas (como la memoria, la atención o el razonamiento) que son magníficos para un desarrollo intelectual óptimo de las personas. Por ejemplo: dados con diferentes elementos que  sirven para contar e inventar historias en equipo, los juegos de varios jugadores que  son más estimulantes, las marionetas y títeres que fomentan diferentes habilidades sociales, afectivas y comunicativas, juegos que potencien la psicomotricidad (túneles, colchonetas,  pelotas, aros, combas, etc.” Incluso a veces salir al parque puede ser más estimulante que una habitación llena de cosas.
6) Hablar con ellos
Nuestros hijos tienen su propio mundo interior, sus propios conflictos, necesidades, miedos y si queremos saber de ellos, la mejor herramienta es la que utilizaríamos con cualquier adulto: Hablar con ellos. “Puede parecer algo obvio, pero la rutina del día a día, el estrés, las actividades extraescolares y los ritmos de hoy hacen que, en ocasiones, las familias nos olvidemos de hablar con los más pequeños. Hablar entendido como escuchar y contar: cómo ha ido el día, qué hemos hecho, lo peor y lo mejor que nos ha pasado, cómo nos hemos sentido, etc.” En este sentido, desde PIMILE aportan que “las cenas son un buen momento para compartir las vivencias. Los niños y niñas aprenden mejor por imitación, es fundamental que les demos modelos para que se comuniquen”, es decir, que no solo basta con preguntarles a ellos, sino que también, observen que nos preguntamos entre nosotros.
7) Dar responsabilidades en el hogar
Otra de esas cosas que parecen obvias y que no lo son tanto. El desarrollo del niño no solo se centra en sus capacidades afectivas, culturales y educativas, sino también en enseñarle a cómo desenvolverse en el día a día. Eso también incluye el cuidado de la casa, algo que debe ser compartido por toda la familia. “Ayudar en las tareas de casa, contribuye a que sepan cuáles son sus obligaciones, a determinar su rol familiar, favorecen la autoestima ya que se sienten útiles y ayuda a aprender a clasificar, ordenar y planificar aspectos domésticos que irán ganando en complejidad a lo largo de su vida”, concluye Miriam González.

domingo, 21 de febrero de 2016

Una Europa sin vergüenza

Xavier Vidal-Folch "28 Gobiernos egoístas e ignorantes. La cumbre de esta semana ha sido la más ignominiosa de la historia europea", en El País, 21-II-2016:

Ha sido la cumbre más ignominiosa de la historia europea. Hubo alguna inútil, incapaz siquiera de redactar conclusiones: la de Atenas, en diciembre de 1983. Otras, confusas y paralizantes: la de Niza, que alumbró la reforma más tonta del Tratado, en 2000. Pero ninguna como ésta, pletórica de retrocesos.

Casi cada gobernante estuvo peor que su vecino. David Cameron tuvo el rostro de proclamar que la cosa iba de vivir y que le dejasen vivir, como si la Unión fuese un egoísta apañete de pago y week-end, y no un proyecto de vida en común. Y fue el campeón del cinismo al asegurar que nada de lo que proponía perjudicaba a la libre circulación. Olvidaba, claro, que ese tráfico, húerfano de la prohibición de discriminar a los socios, será circulación: pero no libre.

Aunque justificados, fueron penosos —pero atención, seguirán amenazando el pírrico logro británico— los quejidos del Este: el checo, que no se discriminase a sus obreros por más de cinco años; el rumano, que nunca; el polaco, que solo a los ya emigrados; el búlgaro, que qué pena tanta mala noticia. Mucha jeremiada para acabar cediendo indignamente, sin obtener a cambio siquiera un plato de lentejas.

La misma humillante distancia entre deseo y voto caracterizó a las mejores soflamas, a cargo del francés François Hollande y del italiano Matteo Renzi. Abogó el francés por una fórmula que permita a la Unión avanzar y no romperse, bravo, pero se plegó al acoso británico al inmigrante; quizá se miraba en su espejo. Y el efervescente italiano, que se proclamó federalista y diametralmente opuesto a la felonía en cocción, pero la votó.

El egoísmo y el cinismo se turnaron con la ignorancia, sabiendo que lo era. Sostuvo la canciller Merkel que como hay mercado único pero no unión social, pues vale discriminar a los hijos de los inmigrantes.

Menuda falacia. El esbozo de la unión social es tan antiguo como el del mercado común: data de 1957. El principio de no discriminación laboral por razón de nacionalidad figuraba desde esa fecha en el Tratado de Roma (arts. 7 y 48)... mucho antes de que el Informe Werner imaginase por vez primera, en 1970, la unión monetaria. ¿Cómo ignora la unión social ya lograda —aunque aún sea muy incompleta— labrada en decenios de reglamentos y sentencias, la presunta adalid de una completa unión política federal?

¿Y Mariano? Bueno, él solo balbuceó cuatro frases, que estaba en funciones, que ojalá la limitación a la libre circulación de los trabajadores fuese solo temporal, que prefería no cambiar los Tratados. La nada

viernes, 19 de febrero de 2016

Respuestas individuales al acoso escolar

Isabel Miranda, «Nunca contaba nada a mis padres»: así se enfrentan los menores españoles al acoso escolar, El País, 18-II-2016:

Buscar ayuda en la familia es la quinta opción, según un informe de Save the Children

«Nunca contaba nada a mis padres... con mis padres no había mucha relación, no busqué su apoyo, sentí que no tenía apoyo de nadie. Un día pedí ayuda a los profesores, lo pasaron por alto... entonces me empezaron a pegar, el bullying fue a más». Es el testimonio de Jasper, que ahora tiene 20 años, tras sufrir años de acoso escolar.

Al igual que Jasper, otros menores españoles prefieren no acudir a los padres o, al menos, prefieren probar otros medios antes de hacerlo. En concreto, «buscar la ayuda de un familiar» sería su quinta opción según se desprende de un estudio realizado por Save The Children, en el que se realizaron 21.487 entrevistas a estudiantes españoles de entre 12 y 16 años.

De una lista con 30 estrategias para afrontar la situación, las opciones que mayor acuerdo medio lograron entre los jóvenes fueron (por orden) la de «solucionar activamente el problema», «parar la situación», «pensar diversas soluciones», «no parar hasta resolver el problema» y, en quinto lugar, «buscar ayuda de un familiar».

Por eso, según la responsable de incidencia de la ONG, Ana Sastre, es vital que los padres «escuchen mucho a sus niños, que nunca menosprecien ningún comentario» porque «si no lo tomamos en serio la primera vez, puede que nunca más vuelvan a contarlo».

«Resignarse» o «dormir más»
Si bien la mayoría de los menores acosados utilizaron estrategias adecuadas para enfrentarse al problema, según analiza el informe, también hubo un grupo que eligió ampliamente como estrategia «no pensar en el problema» (en noveno lugar); «convencerse de que todo mejorará» (undécimo lugar); «dar vueltas repetidamente a su estado de ánimo» (decimotercer lugar) o «concentrarse en sí mismo para no pensar» (décimo quinto lugar).

Peor aún, aunque con menor prevalencia, hubo quienes optaron por «dormir más», «resignarse» o «vengarse», un grupo de víctimas que utiliza estrategias poco adecuadas y que «quizás requieran ayuda especial», dice el informe.

«En el caso de las niñas, nos hemos dado cuenta de que es más fácil que pidan ayuda o que lo gestionen mediante trabajo interior, pero en el caso de los niños, su estrategia va más enfocada al enfrentamiento o la evasión», reconoce el director General de la ONG, Andrés Conde.

También se ven diferencias en función de la edad, analiza el informe. Los estudiantes del primer ciclo de la ESO prefieren las estrategias de reevaluación (como pensar positivamente, tomárselo con buen humor, etc) y también de gestión interna en casos de ciberacoso. En el segundo ciclo, en cambio, se decantan más por las estrategias de enfrentamiento.

Jesús Torrecilla ¿Está el pueblo? Que se ponga

Jesús Torrecilla,  "¿Está el pueblo? Que se ponga", Huffington Post  18-II-201&:

¡Ah, el pueblo! Si en algo coinciden todos nuestros políticos es en que hay que obedecer sus mandatos. El único problema es que no se ponen de acuerdo sobre lo que eso significa. El pueblo del PSOE no el mismo que el PNV o la CUP; el de Junts pel Sí difiere radicalmente del de Ciudadanos, Izquierda Unida o Podemos. Como las navajas del ejército suizo, que lo mismo sirven para descorchar botellas que para ajustar tornillos, el pueblo tiene múltiples aplicaciones. A lo largo de la historia, los conservadores han recurrido a él en defensa de sus ideas, y lo mismo han hecho los demócratas, los nacionalistas y la izquierda revolucionaria. Lo único evidente es que su nombre ha servido para legitimar proyectos que tienen muy poco en común.

En el Diccionario razonado de 1811, constataba ya Bartolomé Gallardo que la palabra se empleaba de dos maneras distintas. A veces aludía a todas las personas que se identificaban con una comunidad determinada por razones históricas o culturales (por eso hablabam del pueblo español, francés, ruso o italiano), pero podía asimismo referirse a esa parte de la población que "sin gozar de particulares distinciones, rentas ni empleos, viven de sus oficios". La primera acepción tiene un sentido identitario y nacionalista, cuando no racial. La segunda, de clase. Los dos empleos son muy diferentes, pero la ambigüedad del uso hace que se confundan.

Con el significado de clases bajas, no siempre se ha asociado con tendencias modernas. Los ilustrados del XVIII consideraban que el pueblo estaba inmerso en un mundo de creencias y supersticiosas absurdas, por lo que no era recomendable consultarlo a la hora de tomar decisiones. Sólo con la revolución francesa comienza la palabra a cargarse de connotaciones progresistas. Así, ciertos liberales españoles interpretaron el levantamiento popular contra Napoleón como una rebelión contra el orden establecido, si bien los hechos se encargarían de probar lo contrario. Tras el regreso de Fernando VII, la Iglesia demostró que el pueblo seguía sometido a su tutela, por lo que no podía esperarse que apoyara proyectos innovadores. La amargura que esta constatación provocó entre los liberales puede constatarse leyendo los escritos de autores como Alcalá Galiano, Argüelles, Vayo, Puigblanch y Quintana. No deja de ser significativo que Mendizábal se opusiera en 1834 a la propuesta conservadora de extender el voto a sectores más amplios de la población, por pensar que la medida favorecía a los sectores más reaccionarios.

Frente al arrobamiento místico del nacionalismo y la épica de la izquierda revolucionaria, la democracia está impregnada de espíritu deportivo.

A pesar de ello, el "liberalismo exaltado" continuó idealizando al pueblo a lo largo del XIX. La interpretación entusiasta de su papel regenerador no hizo sino afianzarse cuando el aumento del proletariado en las ciudades y el nacimiento de las primeras organizaciones obreras confirmaron la existencia de unas clases bajas políticamente comprometidas. A la creciente internacionalización del capital, las izquierdas opusieron una solidaridad universal por parte de los trabajadores. El pueblo era para ellos la gran masa explotada por siglos que necesitaba hacerse con el poder para mejorar sus condiciones de vida. El sentimiento de clase traspasaba fronteras. La lucha se consideraba que agrupaba a los parias de la tierra contra los abusos de sus opresores. Las revoluciones rusa y china simbolizarían por décadas el logro de ese objetivo.

Pero si el pueblo comienza a idealizarse a finales del XVIII por parte de los liberales, se produce asimismo por esas fechas otra interpretación del término de carácter muy diferente. Frente a la propuesta ilustrada de que el progreso ayudaría a construir un mundo mejor, ciertos autores afirman que el proceso es esencialmente nocivo, porque, entre otras razones, impone una uniformidad que amenaza con destruir la diversidad cultural del planeta. Para los románticos, cada comunidad posee una idiosincrasia que tiene el deber de conservar. La idealización del pueblo se fundamenta aquí en cuestiones identitarias, no de clase. El nacionalismo que así se activa jugará un papel esencial en la historia europea de los dos siglos siguientes, siendo el movimiento nazi su manifestación más extrema. El apoyo que logró por parte de millones de trabajadores, como prueba Fritzsche en su libro De alemanes a nazis, se justifica porque supo incorporar en su programa reivindicaciones propias de las izquierdas. El mismo nombre del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán así lo confirma. La diferencia es que los nazis efectúan esos cambios con un fuerte sentido nacionalista. Les interesa mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, en cuanto que constituyen un componente esencial de la nación. Un obrero alemán tiene para ellos mucho más en común con un burgués alemán que con un obrero francés. Todos, empresarios y trabajadores, ricos y pobres, forman parte de un pueblo que ha modelado sus peculiaridades a lo largo de la historia y que está destinado a realizar grandes empresas.

Además de estas dos visiones idealizadas del pueblo, existe otra que se desarrolla en el mundo anglosajón y que posee un carácter más pragmático. Las líneas maestras de la democracia moderna se configuran para solucionar de manera pacífica, sin recurrir a la violencia, las tensiones inevitables que surgen en cualquier sociedad. La democracia entiende por pueblo a todos los que constituyen un país determinado, pero sin la mística del nacionalismo. Se basa en la idea de soberanía popular, pero procurando no extraer consecuencias extremas. No idealiza a los seres humanos, no exige de ellos sacrificios titánicos ni gestas sublimes. Los acepta como son, con sus virtudes y sus defectos, y, sobre ese punto de partida, trata de mejorar la convivencia. Cada cuatro años, el conjunto de la sociedad efectúa un repaso general de la labor del gobierno, la gente grita y airea sus quejas, los candidatos hacen campaña, se critican, se insultan, se ridiculizan, y, cuando el espectáculo termina, todo vuelve a la normalidad.

El aumento de la retórica de corte idealista en nuestra vida política implica una insatisfacción con las bases mismas del sistema democrático. Porque la democracia no es una cuestión de esencias, sino de método.

El pueblo de las democracias es muy diferente del de los nacionalismos y del de la izquierda revolucionaria. Menos heroico, más vulgar, más prosaico. Consciente de que en toda sociedad se producen tensiones potencialmente peligrosas, el sistema democrático procura desactivarlas manejándolas como si se tratara de un juego. No es casual que el país que ideó esta forma de ejercer el poder sea el mismo que popularizó los deportes, ya que entre ambos planteamientos existen significativas coincidencias. Los dos nacen como un intento de canalizar positivamente las energías de una sociedad, de airear los resentimientos y suavizar las tensiones. Frente al arrobamiento místico del nacionalismo y la épica de la izquierda revolucionaria, la democracia está impregnada de espíritu deportivo. Lo que propone es fijar unas reglas que todos deben seguir (la escritura de una Constitución) y, sobre esa base, dejar que los distintos grupos hagan juego. Si no consiguen ganar, siempre existe el consuelo de una próxima vez.

Los graves problemas de la España actual (crisis económica, desigualdad social, separatismos, corrupción generalizada), sólo pueden resolverse por los habituales procedimientos democráticos: castigo de los que han usado sus cargos para provecho propio, una mayor eficacia en la gestión, mejores programas sociales y neutralización de los grupos más extremistas. Quienes pretendan que la solución consiste en inyectar más idealismo en el debate político, no entiende el significado de la democracia como sistema. Los que alardean de la pureza de sus principios (y que no siempre los ponen en práctica a nivel personal), no tienen por qué ser más eficaces ni menos corruptos que los de temperamento pragmático. Son más intransigentes en la negociación de sus posiciones, eso sí. Pero no está de más recordar que los países con mejores índices de calidad de vida y de distribución de riqueza, así como con mejores servicios sociales, no son precisamente los que asociamos con las grandes revoluciones del siglo XX.

El aumento de la retórica de corte idealista en nuestra vida política implica una insatisfacción con las bases mismas del sistema democrático. Porque la democracia no es una cuestión de esencias, sino de método. No es refractaria a ningún tipo de planteamientos, sino al extremismo, a la exacerbación de las diferencias, a la polarización. Su actitud pragmática ha demostrado poder resolver en la práctica, mejor que ninguna otra forma de gobierno, la mayoría de los problemas que se le presentan a una sociedad. La democracia española, salpicada por los escándalos y por el juego sucio de algunos, necesita un lavado de cara. Pero, como suele decirse, no es bueno tirar al niño con el agua del baño.

jueves, 18 de febrero de 2016

La primera frase

Enrique Vila-Matas, "Historia de las primeras frases" El País, 15-II-2016:

Cuando yo era joven y muy vulnerable, Héctor Bianciotti me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces. “Siempre que vayas a empezar un artículo”, me dijo, “recuerda que la primera frase es esencial, ha de incitar al lector a seguir leyendo”

Eso fue todo lo que dijo y que no he olvidado. Bianciotti tenía una página de crítica literaria en Le Nouvel Observateur y, dado que sus opiniones eran muy leídas, deduje que el gancho de sus primeras frases debía de funcionar muy bien, algo que comprobé cuando espié con asiduidad sus artículos. Pero lo que hoy más recuerdo es la página contigua a la de Bianciotti, donde otro crítico abría a veces sus textos con una sentencia inicial que provocaba que muchos le siguieran leyendo, solo por ver si retiraría al final su severa declaración de principios.

“La primera frase: he aquí al enemigo”, escribió Bernard Quiriny en la primera línea de su divertido libro L´angoisse de la première phrase, publicado hace 15 años en París, en días en los que algunos amigos se empeñaron en señalarme que muchas primeras frases de libros famosos eran flojas y, sin embargo, habían captado la atención de millones de lectores. Ponían como ejemplo En busca del tiempo perdido: “Durante mucho tiempo, me acosté temprano”. Con una frase así, decían, no se va muy lejos, máximo a la cama. También ponían de ejemplo Doble vida, de Gottfried Benn. “Hemos entrado en la era de la genealogía”, decía la primera frase de Benn, que parecía más bien la última. O me citaban Molloy, de Beckett: “Estoy en el cuarto de mi madre”.

Yo contraatacaba y explicaba que, puestos a elegir un inicio, mi preferido era el de Cyril Connolly en La tumba inquieta: “Cuantos más libros leemos, antes nos damos cuenta de que la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra, y que ninguna otra tarea tiene la menor importancia”. Sé de más de uno que, ante este impecable comienzo, siguió leyendo por ver si Connolly había conseguido que su propio libro fuera una obra maestra.

Hoy esa gran apertura de La tumba inquieta (Lumen) no podría en internet servir de gran “cebo”, porque todo ha cambiado y actualmente es el título del artículo –el titular si se trata de una noticia– y no la primera frase lo que importa. Existe una miserable pugna por ver quién coloca el título o titular más tramposo, aquel que nos hará pinchar hueso. Y lo que parece más alarmante: se pulsan masivamente titulares estúpidos en detrimento de otros que no son vistosos, pero que informan, por ejemplo, de que ese mismo día, tras la detección directa de ondas gravitacionales, una nueva astronomía acaba de nacer. No es poca cosa esa noticia, pero aun así los nuevos lectores prefieren el hueso bobo y sensacionalista de otras. Último gran éxito viral: “Un feto saluda a su madre desde el útero”. Los nuevos lectores pulsan el título tramposo y, una vez ya dentro, ni siquiera reparan en que la pobre primera frase, antaño tan esencial, hoy es solo pura hierba muerta en el inicio de un páramo. ¿Ya no leemos?

miércoles, 17 de febrero de 2016

La idea más peligrosa del siglo XX: que pueden existir las utopías

Kiko Llaneras, "La idea más peligrosa del siglo XX" en JotDown, 2016:

En 2006, Edge.org preguntó a cien intelectuales por sus ideas más peligrosas. Harm Harari temía que la democracia pueda desaparecer, Steven Pinker que haya grupos con distintos talentos genéticos y John Horgan que no existan las almas. Pero ninguna de esas ideas peligrosas supera a la que denunció Isaiah Berlin en su célebre «Mensaje al siglo XXI» (Letras Libres).
Para Berlin, los horrores del siglo pasado no fueron producto de la maldad, el miedo ni el odio tribal. Fueron el resultado de una idea: creer que existe una sociedad perfecta a la vuelta de la esquina.

Si uno está verdaderamente convencido de que existe una solución para todos los problemas humanos, de que uno es capaz de concebir una sociedad ideal a la cual el hombre puede acceder si tan solo hace lo necesario para alcanzarla, entonces mis seguidores y yo debemos creer que ningún precio es demasiado alto para abrir las puertas de semejante paraíso.

Esta lógica permite que se cometan crímenes terribles en nombre del orden, el paraíso, la igualdad o la justicia.

Una vez que se expongan las verdades esenciales, solo los estúpidos y los malevolentes ofrecerán resistencia. Quienes se oponen deben ser persuadidos; si no es posible, es necesario aprobar leyes para contenerlos. Si eso tampoco funciona, se ejerce la coacción, tendrá que emplearse la violencia de forma inevitable. De ser necesario, el terror, la carnicería.

Es una idea peligrosa porque es falsa (ya dijo Mark Twain que no es lo que no sabes lo que te causa problemas, sino lo que sabes seguro pero resulta que es mentira).

Lo cierto es que no existe una sociedad ideal única y al alcance de la mano. No existe una utopía de esa clase, aunque pensarlo sea sorprendente e inquietante. No existe, primero, porque no todos queremos lo mismo. Las personas tenemos intereses y temperamentos diferentes. Hay quien necesita la seguridad para sentirse feliz, y quien necesita emociones para sentirse vivo.
Esa sociedad ideal no existiría ni aunque fuésemos todos clones. No puede existir por una razón más profunda: resulta que es imposible tener todo lo que se desea plenamente y al mismo tiempo. Hay valores universales —como la libertad, la igualdad o la justicia— que chocan los unos con los otros. La libertad absoluta no es compatible con la seguridad absoluta. La justicia choca con la piedad, y la autonomía individual con la cohesión del grupo. No podemos ser espontáneos y organizados al mismo tiempo, aunque las dos cosas nos parezcan una virtud.

Berlin resumió esta maldición con una frase: «No se puede tener todo lo que se desea, no solo en la práctica, sino también en teoría». Esa idea es muy importante.
* * *
Pero si no existen utopías únicas y evidentes, ¿cuál es la alternativa? La respuesta de Berlin no es dramática. Propone ser tolerantes, buscar compromisos y acuerdos. Te doy tanto orden a cambio de tanta libertad, tanta seguridad a cambio de tanta emoción. La democracia es un malabarismo, parece decirnos, una forma de vivir que no deja a nadie del todo satisfecho. Por eso es que funciona.

Decía Berlin que los fines que perseguimos las personas emanan de nuestra naturaleza común, pero que para alcanzarlos hay que atemperar, controlar, templar esa naturaleza. Por eso Berlin suena flojo, aburrido, burgués y blando. Lo explicó bien Pablo Suanzes hace apenas unos días, conectando a Berlin con una idea del último libro de Victor Lapuente. Si queremos construir una sociedad más igualitaria, justa y sostenible necesitamos una actitud hoy rara: la templanza.

Yo no sabría definir qué es la templanza, pero me hace pensar en un buen amigo. Una tarde de 1996, este amigo me vino a buscar para pasarnos la tarde haciendo lo de siempre: comer pipas en una parada de autobús. Hablamos media hora y agotamos los temas habituales. Estuvimos callados un rato, mascando pipas en silencio, aburridos como solo pueden aburrirse los chavales de quince años. Entonces él se giró y me dijo tranquilo: «Oye, qué fuerte lo de los marcianos, ¿no?». Tardé un rato en entenderle. Mi amigo había visto el tráiler de Independence Day, un falso noticiero que mostraba naves espaciales sobre París, Londres y Madrid. Y se lo había creído. Mi amigo creía que nos habían invadido alienígenas, pero no por eso dejó de hacer su vida y echar la tarde comiendo pipas.

Sé que Lapuente no piensa exactamente en esa forma de templanza, sino en otra cosa —en «abrazar el lenguaje humilde del consenso y el pacto»—. Pero me parece que hay algo de lo uno en lo otro. Creo que mi amigo es una de esas personas que están salvando el mundo, aunque ignoro por completo cuáles son sus grandes ideas.

Personas tóxicas

Silvia Carpallo, Siete tipos de personas tóxicas. El País, 17-II-2016:

A lo largo de nuestra vida establecemos relaciones sociales en muchos ámbitos. Bien sea dentro de la familia, con compañeros de estudios o de trabajo, o incluso con aquellos con los que relaciones sentimentales que acabaron sin rencores,  son muchas las personas que se cruzan en nuestra vida para compartir épocas o momentos, pero que no por ello deben acompañarnos para siempre. Y es que, como si tuviéramos una especie de síndrome de Diógenes con las personas, nos cuesta mucho desprendernos de aquellas relaciones que ya no aportan nada a nuestra vida. Bien porque esa relación se ha desgastado, o aun peor, porque se ha vuelto tóxica, hay que dejar de guardar amigos en Facebook compulsivamente, y empezar a valorar con quién merece la pena realmente pasar nuestro tiempo.

Por eso hemos recurrido a los expertos para hacer una lista de esas personas de las que debes aprender a distanciarte un poco, o incluso, aprender a decir adiós para siempre, sin sentirnos culpables por ellos:

1)    La pareja victimista: Ya no sabes si está contigo porque te quiere, o porque te has convertido en su pañuelo de lágrimas más resistente. Hay personas que ante los problemas solo saben adoptar el rol de víctimas.  Como explica la psicóloga Patricia Ramírez, “se trata de aquellos que echan la culpa de todos sus conflictos a terceras personas, eludiendo toda responsabilidad de lo malo que les ocurre”. El problema es que este victimismo se puede traducir en que nos contagien su tristeza, frustración y apatía. Por ello es importante aprender a pararlo a tiempo. “En primer lugar hay que decirles que estaremos para ayudarles a tomar decisiones y solucionar problemas, pero no para ser el pañuelo en el que ahogar sus penas sin implicarse”. Si esto no tiene resultado, quizás la mejor opción será alejarse, porque como recuerda la psicóloga “no lo estás abandonando, le estás dando aliento para que actúe”.

2)    El cuñado caradura: Todos hemos sufrido a ese cuñado, o familiar en general, que siempre nos llama para pedir algún favor, llámase mudanza, ayuda con los niños o prestarle esa herramienta que sabe que nunca más le van a devolver, pero que nunca está cuando se le necesita. Como relata Ramírez “se trata de personas que siempre querrán algo de usted, pero que no saben o no quieren mantener relaciones bidireccionales en las que entreguen por lo menos parte de lo que reciben”. Así, la psicóloga insiste en que debemos de ser los primeros que dejemos claras nuestras propias necesidades y no dejarnos avasallar por aquellos que “tiran de otros sin preguntarles si están bien, si necesitan ayuda, o si les viene bien prestársela en ese momento”.

3)    El amigo criticón: Cada vez que queda contigo despelleja a todos las personas que tenéis en común, y en ocasiones hasta te llama por teléfono solo para contarte la última metedura de pata de alguien. ¿Crees que no habla mal de ti cuándo habla con los demás? Si bien todos tendemos al cotilleo en ciertos momentos, hay que tener cuidado con aquellas personas que “viven de vivir la vida de otros, porque no les vale con la suya”, como cita la psicóloga, que opina que “su vida es demasiado gris, aburrida o frustrante como para hablar de ella, así que destrozan todo lo que les rodea”. El consejo con este tipo de personas es claro. “No permitas que esa persona haga juicios de valor de otras personas que no están presentes si no quieres que contigo haga lo mismo”.

4)    El compañero con mala idea: Ese compañero de trabajo que te mira de reojo cuando no haces lo que estaba en sus planes, y que sabes que como venganza, en algún momento, decidirá liarte alguna, con toda su mala idea. A este respecto Patricia Martínez afirma rotundamente que “es un tipo de persona del que hay que alejarse radicalmente”. Desde su análisis aporta que  “son personas que viven en un constante ataque de ira, como si el mundo les debiera algo. No soportan que otros tengan éxito, esfuerzo y fuerza de voluntad, porque estas actitudes de superación les ningunean todavía más”. Si no mantienes las distancias con ellos acabará sufriendo emociones como indefensión, inseguridad, impotencia y ansiedad.

5)    El jefe manipulador: Quizás no sea tu jefe directo, pero sí ese intermedio entre tú y el “todopoderoso”, que has tenido la suerte de que sea majo, amable, cercano y que te inspire confianza. Pues ándate con ojo. “Aunque sientas que se interesa por ti y te escucha, es importante saber que existe un perfil de persona que guardan toda la información que les das, por si necesitan usarla en tu contra”, alerta en este punto la psicóloga emocional Nuria Álvarez. Por eso, no debes de olvidar que sigue siendo un jefe y aprender a medir las confianzas, porque “con el fin de conseguir lo que quieren llegan a fingir  sentimientos, engañan y dan la vuelta a muchas situaciones. ¿Qué buscan con esto? Que te sientas culpable y cedas, a su favor. Son hábiles verdugos disfrazados de víctimas”.

6)    El amor platónico y narcisista: Llevas mil años estando ahí para todo lo que necesita con la esperanza de llegar a ser algo más. Sin embargo, cada vez que estáis juntos te das cuenta de “que solo habla de sí mismo, te cuenta una retahíla de problemas o alegrías sin preguntarte, ni una sola vez, qué tal estás o como fue esa operación tan importante de la que aún te estás recuperando”, aporta Álvarez. Según la experta, este tipo de personas tóxicas no suelen preocuparse por los demás, pues están más centradas en sí mismas y en satisfacer su necesidad de recibir atención.  Así, sin darte cuenta te has convertido en un elemento fundamental en su vida, puesto que alimentas su autoestima, pero él a ti ni te aporta, ni te aportará nada. Y es que la experta también explica que este comportamiento se da en personas que “se consideran superiores y mejores que el resto, por lo que exageran sus talentos y estarán esperando que les envidies y les admires”. Antes de alejarte discretamente, para que le cuente su vida a otro, “deberás de tener cuidado y paciencia con sus rabietas, porque en cuanto no se sientan reconocidos lucharán por ser los protagonistas de tu vida y de la conversación”.

7)    El compañero de estudios pesimista: Cuando ibais a la universidad teníais grandes proyectos juntos, pero con el tiempo la realidad se fue abriendo paso y no todo salió como pensabais. Sin embargo, tú todavía tienes la ilusión por hacer cosas nuevas, por cumplir objetivos, mientras que él se ha rendido. “Son personas que únicamente ven las dificultades de todo lo realizable. Siembran dudas y miedos, crean inseguridades, desmotivan y pueden llegar a convencerte de que lo que hace unos minutos considerabas muy posible, ahora es claramente todo lo contrario”, opina Nuria Álvarez. Si está bien que haya personas que nos hagan ver los posibles riesgos de tomar una determinada decisión, o de llevar a cabo un proyecto complicado, estas amistades van más allá.  “Terminan desgastando porque desprenden negatividad: todo lo ven como un problema, viven con miedo y nunca intentan nada. No salen de su zona de confort y no dejan que los demás lo hagan”. Así que aprenda a tenerlo en cuenta antes de valorar su opinión o decide que quizás haya cosas que es mejor no compartir con él, si no quieres que te quite todas tus esperanzas y sueños.

martes, 16 de febrero de 2016

Algunos artículos compuestos en la Wikipedia desde enero

He redactado ciento veinte artículos en aproximadamente un mes y una semana. No incluyo los que he corregido y extendido, muchos de ellos ya redactados antes por mí.

Relacionados con La Mancha

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José Aranda Aznar ‎ 
Juan Alonso y de los Ruices de Fontecha
Antonio Marqués y Espejo ‎ 
Serranilla de la Zarzuela ‎ 
Jerónimo Anaya Flores ‎ 
Las Dominicales del Libre Pensamiento ‎

Traducidos:

Charles Sorel ‎ 
Principio de complementariedad (física) ‎ 
Mesa Redonda del Algonquín ‎ 
George S. Kaufman ‎ 
Retrato de caballero (Carpaccio) ‎ 
James Crumley 
Serapión de Thmuis ‎
Richard Whately
Carol Shields ‎ 
Guilhem de Cabestany ‎ 
Uc de Sant Circ ‎
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Georg Heinrich Pertz ‎
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François de La Mothe Le Vayer ‎ 
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Biobibliografías

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Leandro Navarro Pérez ‎ 
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Pascual Estrada Aznar ‎ 
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Manuel María Acevedo ‎
José de León y Mansilla ‎ 
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Antonio de Saavedra Guzmán ‎ 
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Carlos Gazulla de Ursino
José Gutiérrez Ortega ‎ 
Isaac del Vando-Villar ‎ 
Gabriel García-Noblejas ‎
Yan Zhitui ‎ 
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Justo Gómez Ocerín ‎
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János Vaszary ‎
Bartolomé Frías de Albornoz ‎
Félix Paredes (escritor) ‎ 
José Gerardo de Hervás ‎ 
Iyeoka Okoawo ‎
Benito Perer ‎ 
Martín de Castañega ‎
Gaspar Navarro
José de Vega y de Sentmenat ‎
Juan Antonio Mayáns ‎ 
Juan Luis Conde 
Bonifacio Pinedo (actor) ‎ 
Juan de Alba y Peña ‎ 
Ruy Páez de Ribera (poeta) ‎ 
Juan de Salinas y Castro ‎ 
Juan de la Sal
‎Marco de Montecassino ‎ 
Dinoto ‎ 
Juan de Grajales ‎ 
Gonzalo Enríquez Arana ‎ 
Jaime Sala
‎Jacinto de Herrera Sotomayor 
Tarra (monje) ‎
Pedro el Diácono (escita) ‎ 
Bernardino Daza ‎ 
Juan Francisco Fernández de Heredia ‎
Pedro de Bivero ‎
Francisco de Guzmán 
Francisco Núñez de Cepeda ‎ 
Juan Francisco de Villava ‎
Hernando de Soto (escritor) ‎

Filólogos y críticos

Luis Carreras y Lastortas ‎ 
Fernando Vela ‎ 
Víctor Infantes de Miguel ‎ 
Leonardo Romero Tobar ‎ 
Julio Rodríguez Puértolas ‎ 
Pablo Ladrón de Guevara ‎
Oscar Blum ‎ 
Gaspar Garrote Bernal 

Plutarco Marsá Vancells ‎ 
Maria Grazia Profeti ‎ 
Leonardo Gómez Torrego ‎ 
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Memorias de un hombre de acción 
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Punica (poema) ‎ 
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Poesía desarraigada ‎
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Concilio de Roma (601) ‎ 
Vitae Patrum ‎ 
Nueva Biblioteca de Autores Españoles ‎

lunes, 15 de febrero de 2016

Solsticio de Invierno

La hora más oscura es aquella antes del alba; también es la más fría. Y esta noche es la más larga del año. Adecuada para acostarse en un mar de las estrellas, para hundirse en un no color en luna nueva. La tiniebla está poblada de parásitos mentales, invadida por los insectos que revuelan perdidos por las laberínticos pasadizos del cerebro, por el bizantino palacio de espejos de la imaginación. Caras que cambian de cara, cometas que pasan, nevizca de chispas y tizones apagados. Somos ceniza y la ceniza se pierde en la ceniza y en la sed.

sábado, 13 de febrero de 2016

El papa Francisco tiene lo que hay que tener

Menuda reprimenda le ha echado el papa al cardenal y Arzobispo de México Norberto Rivera. Si le veis la cara que le ha quedado en la foto y leéis el artículo os daréis cuenta de cómo las gasta Francisco: 

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/13/mexico/1455385624_760378.html