miércoles, 27 de agosto de 2014

Los demasiados libros

Estuve ordenando mis libracos, algo que me relaja, porque uno va repasando así los buenos momentos vividos en el interior de los volúmenes, les da la mano o se la pasa por el lomo; y además advierte cuánto queda por vivir, en el papel o fuera, en la bola del mundo; cada libro tiene atado un buen fajo de recuerdos.

Pero ya son demasiados y, si comento a alguno la fatiga que me endilgan y el espacio vital que me roba tanto ladrillo de hoja, la respuesta que suele volver, no poco incrédula o grosera, es: "¿Y te los has leído todos?" Es la frase del típico sansocarrasco manchegote, bachiller de un libro (por ejemplo, Don Quijote, o, en el caso del paleto estadounidense, la Biblia) o menos. Estudiar esta frase daría para disquisiciones muy cervantinas, incluso para un ensayo que ya escribí; es el caso que ya hay demasiados libros en el mundo y, como dice el Eclesiastés, "escribir libros es tarea mucha y sin fin". Este sinfín supera lo interminable de la historia interminable, pero el texto quiere decir (también) "sin propósito". Escribir usurpa una vida sin cometido con otra imaginaria a la que queremos dárselo y hasta puede reemplazarla, algo ni sano ni quijotesco y ni siquiera manriqueño, pues la vida eterna era para este prerrenacentista algo separado de lo humano y desprovisto de memoria, puesto que para Manrique existía una tercera vía o vida, la eternal. Eso si no se experimenta la siempre aciaga suerte de segundas partes, apócrifas o no, que no sé si serán malas, pero agotan y desfiguran que no veas. Yo mismo tendría que reescribir mi artículo por esto u (como dirían a fines del siglo XVIII) lo otro. Un tomellosero como Francisco García Pavón puede escribir para burlarse de los manchegos y, por tanto, de sí mismo, como el propio Cervantes, un libro como El jardín de las boinas (1980), pero el destinatario del ¿y te los has leído todos? debe recibir la contestación que su corto entendimiento reclama y pide: claro que no, so zote; un apilador de tomos y lomos es solo un ignorante prodigiosamente bien informado, el mártir de una curiosidad enfermiza y obsesiva que no ha renunciado a saber y los necesita para investigar y verificar. Es lo que se llama una biblioteca de consulta; para la sed común basta un diccionario o una enciclopedia de baratillo; pero los especialistas en inseguras ciencias humanas necesitamos algo más.

Como decía Unamuno, "el saber no ocupa lugar, sino tiempo, y mucho". El mismo rector de Salamanca, que acumuló una erudición no despreciable en varias lenguas, solo llegó a leerse dos mil libros a lo largo de su vida, eso sí, bien leídos y anotados, como cualquiera puede comprobar en su propia casa museo. Don Quijote, según cálculos del amigo Eisenberg (este sin hache), eminente cervantista que ha salido ya de la cárcel, como el propio alcalaíno, y trabaja ahora como coach of life, se leyó unos seiscientos, y aun le sobraron para perder la chaveta, como el propio Unamuno, y el manchego Fernando de Rojas tenía unos quinientos, entre ellos uno solo de su Celestina. Por demás, quienes nos dedicamos a la investigación solemos terminar librotauros de una casa de hojas o laberinto de celulosa, una "biblioteca de consulta".

En la república literaria no hay nadie tan vanidoso que se haya entretenido en contar los libros que ha leído desde la cartilla a la actualidad. Solo un torrero como Montaigne, al que sobraba tanto ocio como villas y criados, podría haber dedicado tiempo a tan estúpida tarea, y no lo hizo, lo cual demuestra que, a fin de cuentas, no era un gilipollas, o no tanto como esos profes obsesionados por las bibliografías de los que, cuando consultas sus referencias, te das cuenta de que la mitad se las han inventado y la otra mitad no dice lo que pone que dicen. De hecho es la única figura visible de lejos en la historia de la literatura francesa, y mi vituperio le viene solo por haberse nacido tan francés; el ombligo de los franceses debería ser tan profundo que les saliera por la espalda y les entrara por el pito, como el uróboro, pero sin boca. Como son el corazón de Europa, no precisamente el páncreas, como Chekia, se han hecho una cultura cacadémica de retales sin identidad (suponiendo que algo tan utópico exista, incluso en Cataluña), y no han tenido cumbres de la literatura universal, aunque sí algunos ochomiles: Rabelais, Diderot, Molière, Voltaire, Víctor Hugo, Balzac, Proust... Cualquiera puede añadir los que quiera à son avis; yo, por ejemplo, añadiría a Casanova, aunque italiano, por escribir en francés, como Beckett, al jodío Céline, tal vez, y quitaría a Molière, que encoge mucho con la traducción. 

Y como ordenar los libros me relajaba hasta que empecé a tener demasiados, tuve que volverme inquisidor de anaqueles. A esto se le llama en bibloteconomía expurgo, a entresacar por razones de espacio los libros ya leídos, no pedidos ni seleccionados, los menos útiles y prescindibles, y donarlos o regalarlos para hacer sitio a los nuevos o sacar a tomar el aire a los que se esconden en segunda y tercera fila. El tópico clásico afirmaba que iban a hacer camisas a las caballas, esto es, que se usarían como papel de envolver. Ya llevo dos diezmas, pero la librería sigue creciendo como un monstruo pulposo y metastásico y tuve que comprarme una casa más grande para acogerlos, endeudándome hasta las pestañas con la estafoconomía de hoy. Debía uno ser usuario de su propia librería más que un sirviente de ella o un coleccionista que piensa ya en sus herederos más que en su propio gusto; mis nietos quizá la vendan, ya que mis hijos no quieren que la done a la Universidad o a la Biblioteca pública. Poca obra nueva entra ya en mi casa; solo compro por catálogos de Internet de usado o viejo, obras anteriores a 1900; el resto es accesible pirateado en Internet. Ya solo reemplazo, si merece la pena, las ediciones en rústica y letra mínima de mi juventud por versiones perdurables y resistentes en tapa dura y letra más legible, salvo aquellos volúmenes que conservan valor sentimental. Porque algunos libros en rama, comprados cuando uno carecía de emolumento digno, se deshacen entre las manos, se les rompe el espinazo o se les corre la tinta si les pasas el pulgar por la maldad de la impresión; así ocurre con las roñosas ediciones de la fenecida casa Bruguera, no en vano catacaña: su papel, salvo excepciones como los Cuentos de Voltaire, se amarilleaba quemado por el ácido de la lignina, volviéndose tan quebradizo y fungible como el papel de periódico; son las momias de la edición. El papel antiguo, de pasta de trapo, es mejor que el moderno, comido por la obsolescencia programada: dura quinientos años o más, aunque se lo coman los xilófagos y dejen esos enternecedores tunelillos en los márgenes de la mancha de impresión, posibles porque la manduca no está envenenada, como en los modernos. En ellos se aposenta la vida incluso literalmente: deja su huella. Pero hagan la prueba de masticar papel moderno: el ácido les hará echar los hígados. Algo semejante a lo que ocurre cuando masticas hoja de tabaco, lo que hacían los marineros para acostumbrarse al mareo y el estómago revuelto.

Además, los libros de viejo tienen su propio aroma; no es que sean flores, aunque a veces las contienen, como esa "violeta, monumento de una tarde / sin duda inolvidable y ya olvidada" que aparece entre los sonetos de Borges ese autor al que hemos leído con avaricia y cuyos oxímoros (así se forma el plural en castellano de la palabra griega) tanto aprecia nuestro cultísimo José Rivero. Huele a queratina, la sustancia que forma la cola libraria y que se extrae de la pezuña de los animales y de algunas pieles. Junto a eso, tienen heridas, cosidos, manchas como la piel de las personas; es más, subrayados, notas, cartas, cuentas, recordatorios, facturas, hojas de calendario o de árbol, sellos, billetes de autobús o metro, recortes, dibujos, programas de cine, dedicatorias, poemas, fotografías, postales, moscas pilladas in fraganti, toda cosa que uno pueda esperar y más. Tantas como el Herodoto de El paciente inglés o podría retener la selección natural y mental del abate Faria en el castillo de If, porque los libros muy a menudo se usaban para ocultar o esconder culpas anónimas, incluso condones. 

Yo ya solo compro libros de viejo, porque ya lo soy, aunque de mala gana en algunos aspectos. Me recorro los lugares dedicados a este particular comercio en la capital y la provincia, pero quienes los atienden no son profesionales, no saben tasar. Hay un francés de Nîmes al que a veces le dan cosas interesantes en Bethel, cerca de mi casa, y una anticuaria que ya no compra, porque no le merece la pena. También hay un almacén de caridad en las afueras que recibe libros de Toledo y al que a veces van algunos profes de universidad. También hay otro en el polígono de Larache, pero su dueño es coleccionista de prensa y por eso no cabe esperar sacar algo de allí; además hay que buscar en su trastienda, porque tasa tan alto que no vende.  Si hay profesionales en Almagro y en Puertollano, para ya de contar. Uno sube la cuesta de Moyano hasta llegar al Cerbero del Retiro, que es la estatua de Baroja, gran bibliófilo especializado en temas de brujería, que dejó a su sobrino Julio toda su enorme biblioteca de Itzea. Tras ella aparece otra efigie, la del Ángel caído. Quizá hablaremos de este último algún día. Antes iba a las ferias del libro y de ocasión, pero como ya tengo casi todo lo que necesito me conformo con subir la calle Huertas, echando un ojo a la costanilla de los desamparados donde el ciudarrealeño Félix Mejía predijo que moriría, como así ocurrió; me repaso las dos últimas plantas de la FNAC, el sótano de la Casa del Libro y en casa me leo con pena de pobretón los catálogos que me mandan, recorro por internet los electrónicos de Vialibri, Marelibri, Uniliber, Iberlibro y qué se yo cuántos más, y, si no hallo nada, algo que he ahorrado.

Con los libreros hay que tener mucho cuidado; aunque también los hay generosos, ten especial precaución con los catalanes; cuando los conozcas, te harán una pregunta con trampa: ¿busca algún libro en especial? Si uno les da pistas sobre lo que colecciona (ya lo averiguarán más tarde, viendo tu lista de pedidos) aumentarán el precio sobre esos temas en los catálogos que les mandes.

Selección de música para distraídos: jazz, movida y clásica.


Poco a poco, uno va conociendo algo de la espesa jungla del jazz y espigando algunas flores raras. Ya ofrecí algunas. Últimamente he visto otras; por ejemplo:

1. Lo mejor de Thelonius Monk. Cada cierto tiempo lo borran de you tube, así que ya sabéis, a disfrutarlo mientras dure.
2. Una versión del Liebestraum de F. Listz, por Earl Bostic, "padre" jazzistico de John Coltrane.
3. Y un blues de Ray Charles.
4. Cuando los santos se fueron al cielo, un clásico cantado por ese punto negro que fue Louis Armstrong.

Pero las mejores perlas las he encontrado en la Movida:

1. El clásico El hombre salvaje. Es algo rarísimo de Las chinas que nunca superó la maqueta; es una pena.
2. Otra pieza monumental de Las chinas, Te espío; yo me quedo, aparte de con la música, con la chica que baila y la cara de gusto que pone la guitarrista Luna.
3. Te podría besar, algo casi maligno de lo inocente que es por parte de Rubí y Los casinos.
4. Yo tenía un novio, otro clásico hiperraro de Rubí y Los casinos.
5. Vacaciones en la morgue de Paraíso; más o menos lo que la mayoría de los españoles por culpa de recortes de alas y otras exacciones.

Y Clásicos:

1. Ya se conmovía el poeta Tomás de Iriarte (lo cita en un artículo de El Censor) a fines del siglo XVIII con el Stabat mater de Pergolesi, aunque su preferido era Haydn, que él escribía Hayden.
2. La sonata 84 de Antonio Soler; matemática, elegante, perfecta. Puro siglo XVIII.
3. Esto que parece una canción muy famosa, en realidad es un famoso pero muy poco oído vals de Shostakovich. Al oírlo parece mentira que no le acusaran los estetas estalinistas de "formalismo" o algo peor.
4. Es difícil poder apreciar el minimalismo de la última pieza que escribió Bach, el canon, que compuso solo para sí mismo. 
5. La gavota de Prokofiev, otro clásico poco oído.
6. Uno puede enredarse entre las cuerdas espinosas de la íntima guitarra del Preludio número 1 de Heitor o Héctor Villalobos.
7. Aparte de la Fanfarria para un hombre común, Aaron Copland tiene en su suite Rodeo un pasaje que adaptaron a la música electrónica bastante bien Emerson, Lake y Palmer, que sonaban en mis psicodélicos tiempos. 

Y lo dejo, que me dicen que haga otras cosas.





martes, 26 de agosto de 2014

El programa de Podemos, mejorable

Antonio Roldán Monés, "¿Es Podemos una alternativa para la izquierda?", en El País, 25 de agosto de 2014:

Los datos nos dicen que Podemos apunta a consolidarse como la tercera fuerza política en España. Con un reto como este puede existir la tentación en los demás partidos de izquierda de querer incorporar algunas de sus propuestas en su programa. ¿Deberían hacerlo?

En lo que sigue se analizan algunas de las principales propuestas económicas de Podemos y se contraponen a las que debería llevar a cabo un gobernante de izquierdas responsable. Ya les adelanto que, puesto que ignoran los incentivos y las restricciones existentes en la economía, las propuestas de Podemos lograrían exactamente el efecto contrario al deseado: perjudicarían a los pobres, a los parados y a las pequeñas y medianas empresas.

1. Prohibir los despidos en las empresas con beneficios. Imagínese que usted tiene un negocio y anticipa una caída de ingresos en el futuro que le obligará a ajustar sus costes. Si no puede ajustarlos ahora (por ejemplo, sustituyendo trabajadores desmotivados por otros más productivos), cuando lleguen las vacas flacas se encontrará que ya es demasiado tarde para reaccionar y se verá obligado a cerrar el negocio. En cambio, el jefe de la competencia, que es menos honesto que usted, para no reflejar beneficios probablemente inflará costes y se subirá el sueldo. Con lo que como resultado de la bienintencionada política de Podemos la economía terminará con una empresa menos, más paro, más desigualdad y más fraude.

¿Qué haría un gobernante de izquierdas responsable? Un gobernante de izquierdas responsable sabría que el paro no se soluciona prohibiendo despidos. Más bien al contrario. Con lo que permitiría a las empresas ajustarse al ciclo económico, despidiendo o contratando trabajadores con relativa facilidad, como sucede en todos los modelos sociales de éxito en el norte de Europa y Escandinavia. Y en vez de gastarse el dinero en contratar a inspectores públicos para supervisar regulaciones absurdas, invertiría en un programa público fuerte de apoyo y formación para los trabajadores que pierdan el empleo.

2. Dejar de pagar la deuda pública. A algunos les parecerá evidente, pero para poder seguir pagando los sueldos de los funcionarios y mantener abiertos los hospitales, los poderes públicos necesitan financiación. Esa financiación se la ofrecen los que compran la deuda del Estado; ciudadanos y empresas que se agrupan en eso que llamamos “mercados”. Si los mercados creen que existen riesgos para recuperar su dinero, pedirán un interés más alto por prestarlo. Si creen que lo van a perder, simplemente no lo prestarán. Si mañana el Tesoro español dejara de pagar la deuda a sus acreedores, España quedaría aislada de la financiación internacional durante años, lo que haría que los problemas que tenemos ahora parecieran insignificantes.

¿Qué haría un gobernante de izquierdas responsable? Un gobernante de izquierdas responsable trabajaría con Europa (no contra ella) para encontrar una solución común para aquellos países con una trayectoria de deuda insostenible. Existen propuestas interesantes como la del PADRE (Politically acceptable debt restructurig in the Eurozone) que nada tienen que ver con lo que propone Podemos. Aunque llevarlas adelante con éxito requeriría más Europa y no menos, como propone Podemos.

España no podría mantener los servicios públicos básicos.

Pero sobre todo, un gobernante progresista lucharía por construir una unión bancaria europea en la que el sistema financiero y no los contribuyentes se hagan responsables de sus propios desastres. Eso se consigue reduciendo el tamaño de las entidades sistémicas (too big to fail), todavía por hacer; haciendo que los accionistas e inversores paguen primero (bail-in antes que bail-out), como ya propone el nuevo acuerdo, y creando un fondo (en el MES) potente cuanto antes (el propuesto tardará demasiados años en llenarse) que financien (además de los Estados) los bancos a través de mayores impuestos. Ninguna de estas propuestas aparece en el programa de Podemos.

3. Derogar la reforma de pensiones. En países muy endeudados como España, con alto desempleo y pobres perspectivas de crecimiento, los márgenes del Estado para ofrecer mayores derechos sociales son muy limitados. Engañar a la gente con promesas incumplibles no solucionará ese problema. En España era necesario reformar las pensiones por una razón muy sencilla: el sistema era insostenible. Para 2050 el número de pensionistas aumentará de los 9 millones actuales a 15 millones, mientras que la población activa permanecerá probablemente a un nivel similar. La única forma de garantizar que los que nos retiremos dentro de 30 o 40 años sigamos recibiendo unas prestaciones dignas es adaptando el sistema a la aplastante evidencia demográfica y económica.

¿Qué hubiera hecho un gobernante de izquierdas responsable? Para sentar las bases de un Estado del bienestar eficaz y sostenible hubiera complementado la reforma de pensiones con una reforma fiscal de calado para mejorar la recaudación pública, que está muy por debajo de la de la media europea, distribuyendo la carga fiscal de una forma más eficiente y justa, combatiendo el fraude, ampliando las bases imponibles y aumentando la imposición sobre el consumo. Es decir, lo contrario que ha hecho el PP.

4. Derogar las reformas laborales e imponer la jornada de 35 horas. El mercado laboral español generaba más parados que ningún otro país en el mundo occidental y además era un sistema enormemente injusto que protegía a algunos privilegiados con contrato fijo y dejaba a todos los demás (la mayoría jóvenes) en una situación de altísima fragilidad.

¿Se solucionaría ese problema trabajando menos horas como propone Podemos? Evidentemente, no. Un gobernante de izquierdas responsable sabría que reducir la jornada laboral de un ingeniero de software o de un profesor universitario no serviría para crear empleos porque la inmensa mayoría de los nuevos parados no tienen formación universitaria y ofrecen unas cualidades que (ya) no son las que necesitan las empresas. ¿Significa eso que la reforma que ha hecho el PP es la buena? Tampoco. Se tendría que haber hecho mucho más para mejorar las políticas activas de empleo, además de una reforma integral de nuestro sistema educativo, apostando por el capital humano como el eje central para el futuro de nuestra economía. Volver atrás como propone Podemos solo hubiera perpetuado el paro y las injusticias.

5. Tomar el control político del BCE. Lo primero que harían unos políticos interesados en ganar elecciones si pudieran imprimir dinero sería imprimirlo en cuanto los problemas aparecieran. ¿Para qué confrontarse a monopolios injustos o perder votos reformando ineficiencias del Estado si se puede crear dinero gratis? Pronto la inflación se dispararía y con ella se dilapidarían los ahorros de los trabajadores.

¿Significa eso que el Banco Central Europeo funciona a la perfección? Desde luego que no. Pero un gobernante de izquierdas responsable sabría que la solución es despolitizarlo más y no menos y, si es necesario, cambiarle el mandato para incluir el pleno empleo, como en EE UU.

Si de pronto España decidiera ir en dirección opuesta a la de todos sus socios europeos y avanzara por el camino que propone Podemos, en poco tiempo nos quedaríamos sin financiación para mantener los servicios públicos básicos. La economía poco a poco se haría más improductiva, cerrarían empresas y el paro se volvería a disparar. Pronto, la inflación se comería los ahorros de los trabajadores y aumentarían todavía más las desigualdades.

¿Les parecen estas propuestas de izquierdas? A mí, no.

Antonio Roldán Monés es doctorando en Economía Política en la London School of Economics

lunes, 25 de agosto de 2014

Se publica el Cancionero a Mascha Diakovski de Ganivet

José María Rondón, "Cancionero a Mascha Diakosky. Ganivet, loco enamorado. El escritor, precursor de la Generación del 98, dedicó ardientes versos de amor en francés a su profesora de idiomas en Helsinki", en El Mundo, 25/08/2014:

"Mis caricias son fuertes y tan frágil / es tu cuerpo, que vivo con el miedo / de que hacerte feliz completamente / será hacerte morir entre mis brazos", escribe Ángel Ganivet a Marie Sophie Diakovsky, Mascha, su profesora de idiomas en Helsinki, uno de los destinos diplomáticos del granadino. El erudito, el intelectual Ganivet, se enamoró profundamente de la joven y, como el adolescente que escribe a su compañera de pupitre para decirle que la ama, trató de conquistarla con versos llenos de seducción, combate y desahogo.

El amor fue breve, ardiente, tormentoso. De ello hay testimonios sobrados en las cartas del granadino a sus amigos y a la propia Mascha, pero, muy especialmente, en los poemas -la mayoría en francés, pero también en español y alemán- que el pensador escribe a su exótica amiga. Los versos, que sólo se conocían parcialmente, han sido ahora reunidos, ordenados y traducidos por el poeta Manuel García en un volumen, Cancionero a Mascha Diakovsky, que verá la luz en septiembre en la editorial Point de Lunettes.

El libro es el relato de una historia de amor, del deslumbramiento inicial a la dolorosa ruptura. Se trata de todos los poemas que dedicó Ganivet a Marie Sophie entre marzo y agosto de 1896. Por entonces, él tenía 31 años; ella, 24. Él ocupaba un puesto diplomático en Helsingfors (Helsinki), entonces capital del Gran Ducado de Finlandia, provincia del Imperio Ruso. Ella era una joven viuda de 24 años, independiente y de refinada educación, que dominaba con soltura varios idiomas, tocaba el piano de forma profesional y escribía poemas y piezas teatrales.

Ángel Ganivet conoce a Mascha al poco de tomar posesión en su nuevo destino, a finales de febrero o comienzos de marzo de 1896, por un anuncio en un periódico: «Clases prácticas de alemán, inglés y ruso, a cargo de M. Bergmann, de soltera Djakoffsky, Brunnsparken 22, llamadas entre las 4 y las 5 de la tarde». El granadino no tarda en perder la cabeza por su profesora de idiomas, como desliza entonces por carta a un amigo: «A todo esto, el sueco marcha y la polaca resulta una hembrita que para amiga sólo no tiene precio».

Marie Sophie Diakovsky, retratada por Albert Edelfelt. Marie Sophie Diakovsky, retratada por Albert Edelfelt.
En una apuesta insólita en toda su producción, Ganivet acude a la poesía más confesional para conquistar a Mascha. De ahí que quede «la idea de un escritor enamoradizo y caprichoso, violento y extravagante, y por tanto alejado de la imagen sesuda y preocupada en cuestiones trascendentales y patrióticas, como precursor de la Generación del 98, que se quiso difundir de Ganivet», explica García. Esta contradicción quizás explica la escasa o nula relevancia dada al episodio en las biografías canónicas del autor del Idearium español.

«Frente a la lógica y el raciocinio que preside gran parte de la obra de Ganivet, esta poesía surge de un impulso sentimental de irrefrenable confesión y descarga sentimental. El no sé qué, las musas, la inspiración, el concepto 'platónico' y genial del artista, el impulso creador surgido del yo por encima de lo racional, la catarsis, el idealismo más puro preside estos versos. Ganivet se enamoró y empezó a escribir versos como un adolescente sin saber cómo ni por qué», recalca García.

Pero, ¿por qué escribir estos versos de amor en francés? Para conquistar a la joven Mascha, Ganivet acude al idioma que ambos compartían, en la que se comunicaban durante sus clases de sueco y en la que el granadino era lo suficientemente solvente para hacer versos. Hay en el libro dos bloques notables: los Pensamientos melancólicos y salvajes y los Cantares andaluces. Los primeros están llenos de fogonazos irracionales y revelan una importante tensión erótica. Los segundos trasladan al francés las letras del flamenco.

Para que no le faltara nada a esta historia de amor también tuvo su episodio de celos, hecho que a la postre pondría fin a la aventura amorosa. Cuando Ángel Ganivet cae enamorado de Mascha, él ya tiene una relación estable con Amelia Roldán, una española de Cuba con la que acababa de tener a su segundo hijo. Durante una de sus estancias en Helsinki, Amelia descubre un retrato de la joven profesora de idiomas y estalla de celos, con ataque incluido, hecho que provoca el alejamiento definitivo de los enamorados.

Gracias a estos poemas sabemos qué sintió Ganivet por Mascha. Ignoramos, en cambio, qué sintió Mascha por él. «Muy posiblemente, ella compartió el amor que Ganivet le manifestó en versos, pero su espíritu práctico e independiente le desaconsejó insistir en el tema, dadas las dificultades sobre el terreno», concluye Manuel García, quien recuerda cómo el granadino recordaría a Mascha en una de sus últimas novelas, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, con una escena de amor de ensueño: «Sus ojos estaban llenos de lágrimas y su corazón de ansias temblorosas e inexplicables».

Algunos de los amores de Lorca

Luis Antonio de Villena, "Los novios de Federico", en El Mundo, 25/08/2014:

Tuve la suerte de tener mucha y buena amistad con dos personas que fueron amigos íntimos de García Lorca: Vicente Aleixandre y Rafael Martínez Nadal. Puedo decir que tanto yo como otros muy contados amigos, sabemos hasta intimidades de la sexualidad lorquiana, de la sexualidad gay de Federico, porque ellos nunca le llamaron de otro modo.

Ambos (que no se llevaban bien entre sí) coincidían en esto: el gran amor imposible de Federico fue Emilio Aladrén. Un chico guapo, de vagos rasgos orientales, que fue escultor de alguna notoriedad antes de morir en los años 40.

Aladrén era bisexual y tuvo relaciones físicas con Federico, pero el "amor" (ese amor que a Lorca se le resistió tanto) no llegó o no llegaba. Para huir de ese duro desamor, Lorca se fue a Nueva York -lo de aprender inglés era secundario- y allí tuvo muchos amoríos, con negros entre otros. Aleixandre desaprobaba amistosamente esa veta de Federico, pero la hubo: los amores venales, no escasos. El "amor de los marineros" en La Habana o en Buenos Aires (una vez lo acompañó al puerto Manuel Mujica Láinez) o con maletillas y similares en España. Federico fue más bien promiscuo en esa venalidad, pero él -siempre con temor a la familia- buscaba otra cosa...

El gran escritor gallego Eduardo Blanco-Amor me contó que hubo un muchacho gallego en La Barraca, para el que Federico (ayudado por Blanco-Amor) escribió los curiosos 'Seis poemas galegos'.

Parece que también hubo allí mucha pasión y una idea de futuro que se truncó. Según Martínez Nadal, el drama básico de Federico en lo amoroso, es que le gustaban chicos bisexuales, que accedían a la cama (ocasionalmente, a veces) pero no iban más lejos.

De ahí el drama erótico que se percibe en tantas obras de Lorca, empezando por la 'Oda a Walt Whitman' que se publicó en una 'plaquette' en 1935, antes que el libro al que pertenecía. Rafael Rodríguez Rapún ("las tres Erres") fue, según todos, el último amor de Federico y para quien empezó a escribir -según Aleixandre era una obra sin terminar- los 'Sonetos del amor oscuro'.

Oscuro no por homosexual, sino por doliente, por difícil. A él le leyó esos sonetos y Vicente no echó de menos ninguno, cuando al fin salieron. Pero es que tampoco en esta relación (que rompió la guerra) dejó de haber problemas.

'La piedra oscura' -aparte de la obra de Conejero- es un drama que Federico pensó escribir para su amigo. Según Aleixandre de nuevo, era costumbre de Federico hablar como de conclusos de libros que estaba apenas iniciando. Rasgo de optimismo. Puede haberse perdido o pudo -más fácil- no haber llegado a existir nunca.

Hubo mucho silencio sobre la privacidad de Lorca. Lo fomentaron sus hermanos primero y luego esos amigos íntimos que hablaron en intimidad, pero jamás en público.

Yo he tenido en la mano una carta de Federico a Martínez Nadal, desde Nueva York, donde hablaba de una orgía con negros, la noche antes. Al final decía: "Cuando la leas, rómpela". Pero -en 1981- Rafael no la había roto.

¿Y ahora, ya muerto él? Su mujer Jacinta Castillejos y sus hijos, ¿qué habrán hecho? Lo ignoro.

Queda mucho por hacer fuera de la ficción, bienvenida cuando no falsea lo esencial. Federico (coincidían sus amigos) no tuvo problemas con su propia homosexualidad, muy vivida, sino con el amor único, el verdadero amor, diríamos, que se resistía entre cordiales amigos bisexuales.

Eso es lo que me contaron (con muchos detalles) y yo lo repito. Porque no hay de qué ocultarse. ¿Es tarde ya? Se habrá perdido mucho, pero conviene comentarlo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Casualidades

El Parsifal de Wolfram von Eschenbach (ca.1170 - ca.1220), es una narración caballeresca que recurre al famoso tópico del "manuscrito encontrado", como el mismo Amadís de Gaula. Según su autor, se trata de un texto hallado en Toledo y escrito por un sabio arabo-judío llamado Flegetanis, en el que se cuenta la historia del Grial. No es muy probable que Cervantes hubiera leído la leyenda del Grial de Eschenbach, pero sí es cierto que el tópico general pudo haberlo inspirado, aunque lo que intriga es la evidente similitud en el lugar y la naturaleza de los personajes en cuanto al hallazgo del manuscrito de Cide Hamete Benengeli en el capítulo nono del primer Don Quijote. Según Eschenbach, un famoso maestro llamado Kyot encontró en Toledo, entre unos manuscritos abandonados, la leyenda del Grial escrita en caracteres árabes por un sabio árabe-judío llamado Flegetanis. La semejanza entre Kyot y Quijote es una de esas casualidades que de vez en cuando desconciertan en la vida y la hacen tan parecida a la literatura.

Anécdota de Javier Reverte

Anécdota de Javier Reverte, en la que sobrenada la famosa frase de Tennesse Williams:

"En el invierno de 1992, en pleno conflicto bélico, viajé a Sarajevo como periodista. Conducía un coche desde Split, en la actual Croacia, y entré solo en la urbe cercada. Antes de partir, una mujer me pidió que le llevara a su marido, encerrado en Sarajevo, una bolsa con comida y 400 marcos alemanes –todo se compraba entonces, en el mercado negro sarajevino, con dólares o con marcos–, y añadió que era cuanto tenía.

Le dije:

–Señora, puedo perder el dinero, puedo no entrar en la ciudad o no encontrar a su marido, pueden robarme en los controles militares. O simplemente, me puedo quedar con los 400 marcos: usted no me conoce.

Me respondió:

–En esta guerra, señor, hemos aprendido a desconfiar de los conocidos y a confiar en los desconocidos.

Esa historia define, para mí, el terrible significado de una guerra civil.

Por cierto, la historia tuvo un final feliz: encontré al hombre, le di el dinero y regresé sano y salvo a Split. Nunca debes fallarle a una desconocida."

martes, 19 de agosto de 2014

Editado documento sobre Góngora

Alfredo Valenzuela, "Luis de Góngora, contra el inquisidor", en Abc, 19/08/2014 

La investigadora Amelia de Paz, que hace dos años halló un autógrafo de Góngora en el Archivo Histórico Nacional, ha publicado el proceso en el que en 1597 Luis de Góngora declaró contra el inquisidor de Córdoba acusándolo de amancebamiento, un caso que arroja luz sobre la figura del poeta.

«La imagen de Góngora está hoy completamente distorsionada; hace falta recomponerla con información veraz; su biografía es una suma de chascarrillos y conjeturas; el último que se ocupó de sacar datos de primera mano fue Dámaso Alonso hace medio siglo, y no se puede vivir de las rentas eternamente», señala Amelia de Paz a Efe.

La figura del poeta está tan distorsionada que «la enemistad entre Góngora y Quevedo es uno de los bulos más pertinaces de la literatura española», según la investigadora que ha escrito varios trabajos «desmontando ese mito y las tergiversaciones en que se funda».

De Paz asegura que «Quevedo es un personaje absolutamente irrelevante en la vida de Góngora; Góngora en cambio significó mucho para Quevedo, que era veinte años más joven que él y lo tuvo por un modelo inalcanzable en lo poético, como les sucedió a la mayoría de los poetas de entonces ante el prodigio de las 'Soledades'».

«Todo de oídas» es el título que la investigadora ha puesto al extracto de 250 páginas que ha efectuado de todo el proceso, conservado en unos mil folios, al que ha solo ha añadido un breve prólogo y un más breve aún epílogo, para formar un libro del que el profesor Francisco Rico ha dicho que es  «de obligada lectura en universidades y lupanares».

De Paz, que ahora prosigue su investigación sobre la vida del poeta en archivos de Córdoba, ha elegido ese título porque estas páginas recogen la transcripción literal del proceso, a base de las declaraciones orales de los testigos, y ese, dice, «es uno de los encantos del libro, oír, casi de viva voz, la lengua de finales del XVI».

También porque todo el proceso se basa en un rumor y «la mayoría de los testigos 'ha oído decir' tal o cual cosa», de modo que el juez inquisidor que lleva el proceso va poniendo notas a las declaraciones que le pasa su secretario y, en determinado momento, al margen de una de ellas, anota de su puño y letra: «Todo es de oídas».

El proceso contra Alonso Jiménez de Reinoso, que además de inquisidor de Córdoba era clérigo, acusado de amancebamiento, fue largo y reunió declaraciones de casi 120 testigos de Córdoba, Écija, Sevilla y Granada, a favor y en contra del imputado.

Góngora testificó en contra -el autógrafo gongorino que De Paz dio a conocer en 2012 era un memorial manuscrito contra Reinoso que el poeta entregó el día que lo llamaron a declarar- pero, según la investigadora, «no queda ahí la cosa: todo apunta a que él, junto con un alguacil de la Inquisición llamado Luis de Acebedo, fue el promotor de la investigación contra Reinoso».

El poeta y el inquisidor habían sido «excelentes amigos», pero Góngora achacó a Reinoso la destitución de su padre como juez de bienes de la Inquisición en Córdoba, cargo que, como otros tantos, era hereditario en la época y al que el poeta podía haber aspirado legítimamente.

Según De Paz, «Góngora pensó que Reinoso, con sus turbios manejos, había sido el inductor de la relegación de su padre, y decidió devolver el golpe; conocía bien a Reinoso; eran compañeros en el cabildo de la Catedral; sabía sus debilidades».

«Góngora se alió con otros que también tenían causas contra Reinoso, que era hombre de carácter, y juntos levantaron contra él la polvareda del concubinato; no les fue difícil propagar el rumor, porque dominaban los circuitos en Córdoba y Reinoso era un forastero; y fue Góngora en persona, tocando teclas en Madrid, quien consiguió que a Reinoso lo investigara la Inquisición; en definitiva, fue una venganza», afirma De Paz.

Los cordobeses agraviados lograron echar de su ciudad a Reinoso, quien recibió lo que el lenguaje coloquial denomina hoy «una patada hacia arriba» ya que acabó de inquisidor en Valladolid, entonces plaza de más importancia que Córdoba.

Vocablos españoles intraducibles al inglés

Ajeno, amigovio, amor perro, atolondrar, concuñado, consuegro, conmoción, empalagarse, enmadrarse, estrenar, merienda, sobremesa, tocayo, vergüenza ajena, nalguear, friolero, fiambre, ganas, duende gitano, dar de sí.

En danés hay algunas intraducibles en español:

Arbejdsglaede (felicidad en el trabajo para otro)
Hygge, ausencia completa de cualquier cosa molesta o irritante y la presencia placentera de cosas reconfortantes, suaves y calmantes. Se suele traducir por "acogedor" o "cómodo", pero en realidad es más evocador: sugiere un grupo de amigos cercanos y familiares en una cabaña de madera con chimenea, con un montón de vino y brandy y una buena sobremesa y risa mientras afuera todo es gris, frío y lluvioso, especialmente cerca de Navidad. 
Hyggelig, casi lo mismo, una sensación de apertura, calidez y amistad a menudo entre amigos.
Janteloven: una forma de pensamiento que mira hacia el logro individual y promueve la creencia de un esfuerzo colectivo en lo que respecta al éxito. Es un modo de pensar que alguien puede ser bueno en lo que hace, pero no es mejor que el resto de nosotros. En resumen, no creo que usted sea especial o mejor que cualquier otra persona. O un conjunto de reglas ("La Ley de Jante") que desalientan el individualismo dentro de las comunidades.
Morgenfrisk: Sentirse descansado después de una buena noche de sueño. Haber dormido como un bebé.

Sería hermoso poder traducir del bantú "ubuntu" ("Yo soy lo que soy por lo que todos somos"), el chino wei-wu-wei, que Borges traduciría por "la buena tradición de no hacer nada" tipicamente andaluza.

Diccionario de palabras inexistentes


Mónica Luengo y Paula Arantzazu, "Diccionario de palabras que no existen. Los japoneses llaman 'tsundoku' al comprar un libro y no leerlo y los ingleses no sabrían decir 'friolero'. Una autora inglesa ha reunido las mejores palabras intraducibles del mundo", El País, 19 de agosto de 2014:

Que nos cueste encontrar una palabra adecuada no quiere decir que no exista sino que simplemente, no la hay en nuestro idioma. Si un castellanoparlante quiere expresar la frustración que le provoca alguien con el que ha quedado y que le está haciendo esperar, tendría que usar una frase entera (o, en ese complemento verbal tan ibérico, hacer un gesto exagerado); sin embargo, los inuit, indígenas de las zonas árticas de Groelandia, Canadá y Estados Unidos, resumen este sentimiento con una sola palabra: iktsuarpok. Asimismo, el valiente español que quiera admitir que el dolor de otros le produce algo de placer (algo que pasa frecuentemente, como cuando miramos desde casa cómo la lluvia empapa a la gente en la calle; aunque también hay quien celebra que un patinador artistico se caiga o que el empollón de la clase saque un suficiente) tendría que explicarse con cuidado, cuando un alemán solo tiene que alegar que siente schadenfreude. Si alguien nos sonríe sin simpatía, estamos obligados por el idioma a llamarlo sonrisa igual, cuando los ingleses pueden cambiar el smile (sonrisa, propiamente dicho) por smirk (sonrisa con la boca medio cerrada, como de listillo) o grin (más asociada a alguien que está pasmando y se le ha quedado la sonrisa en la boca como un rictus).

Las carencias no son, evidentemente, algo único del castellano. Es más, la diseñadora gráfica Anjana Iyer ha recogido, en una serie de ilustraciones llamada Found in Translation, una treintena de palabras casi imposibles de traducir al idioma de Shakespeare (ni en el de Cervantes, de paso). Curiosamente, muchas de ellas describen sentimientos. Mamihlapinatapei habla en yagán, idioma de una tribu indígena de Chile, de una mirada entre dos personas que desean iniciar algo pero no son capaces de juntar el valor necesario para dar el primer paso. En alemán, waldeinsamkeit describe la sensación de estar solo en un bosque y fernweh la de echar de menos un lugar en el que nunca se ha estado. Las hay más cursis como gokotta que en sueco quiere decir levantarse pronto por la mañana con el propósito de escuchar el canto de los primeros pájaros.

También hay bastantes japonesas. Por ejemplo, age-otori quiere decir que tras cortarte el pelo has quedado menos favorecido, tsundoku es comprar un libro y no leerlo, y komorebi es la luz del sol que se cuela entre las hojas de los árboles. También hay alguna palabra española que no encuentra su equivalente en inglés, como friolero. Aunque no es la única difícil de expresar en la lengua de Shakespeare.

En muchas ocasiones que una expresión exista en un idioma y en otro no se debe simplemente a una cuestión de necesidad. En finlandés existe la palabra tokka para referirse a una manada de renos y es bien sabido que los inuits tienen decenas de palabras para diferencias distintos tipos de nieve y tonalidades de blanco. Este fenómeno se conoce en antropología como vocabulario focal, es decir, el léxico de un grupo social se desarrolla en función de su cultura, su entorno… Así, los alemanes, conocidos consumidores de cerveza, tienen unas 70 palabras para describir esta bebida y los estadounidenses tienen decenas de sinónimos para hablar de coches y dinero (es llamativo que esta flexibilidad estadounidense haya llegado a España por la vía del doblaje, que traducía la expresión bucks por su significado literal, pavos: ahora en según qué círculos se llama como es ave a los euros).

Gestos con diferentes significados

También los gestos se prestan a la confusión, más aún cuando se trata de expresión corporal. Los gestos, como todo lenguaje, se estructuran según códigos interpretables por el grueso de la población y así lo ha evidenciado Paul Ekman, catedrático de psicología de la Universidad de San Francisco y uno de los investigadores más reputados en el campo de la comunicación no verbal. Sin embargo, también a la hora de expresarnos con las manos existen diferencias culturales e incluso los gestos más comunes, los gestos simbólicos, pueden dar lugar a interpretaciones erróneas.

Para reducir al mínimo estas brechas comunicativas, sobre todo porque en los albores de la globalización económica necesitábamos aprender que hay países más cariñosos que otros, surgieron manuales de protocolo útiles hasta para el más común de los mortales: Kiss, Bow, or Shake Hands (The Bestselling Guide to Doing Business in More than 60 Countries), de Terri Morrison y Wayne A Conaway, es el la biblia de las guías sobre cómo superar las diferencias culturales; al que se suma Business Etiquette: A Guide to International Communication and Customs, de Lillian H. Chaney y Jeanette S. Martin; Going Dutch in Beijing: The International Guide to Doing the Right Thing, de Mark McCrum; Rude Hand Gestures of the World: A Guide to Offending without Words, de Romana Lefevre, para los que prefieren crear un conflicto diplomático cuando se viaja; y el más reciente Don't Get Me Wrong!: The Global Gestures Guide, de Julia Grosse. Este último, centrado únicamente en cómo un gesto tan común como por ejemplo los cuernos puede ser cool en Estados Unidos y ofensivo según el contexto en España, ha recopilado gestos de hasta 50 países, de Australia a Zimbabwe, para dar cuenta de las diferencias de nuestra comunicación no verbal. Porque pese a que un gracias en el idioma local y una sonrisa siempre funciona, nunca está de más saber a qué atenerse cuando te equivocas con los gestos en un país que no es el tuyo.

Todo va bien cuando haces este gesto en países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Corea del Sur, Sudáfrica y, por supuesto, España. En Francia, Polonia y Suiza levantar el pulgar es un gesto matemático, ya que señala una unidad de cualquier cosa; pero ojo si se te ocurre elevar un centímetro ese dedo en Grecia, Afganistán, Irán o Iraq, ya que se considera un insulto. Peor aún si elevas ambos: el bilakh es de lo más grosero para un iraquí. Es como la peineta (¿para cuándo un nombre menos ridículo para un término tan ofensivo?) persa.

Cuestión de cuernos

En Italia, Brasil, Portugal, Colombia y por estas latitudes hay que vigilar a quien se le dedica este gesto y alza el índice y el meñique a la vez, ya que podrían correr peligro sus votos matrimoniales. El cornudo es un paria en el arco mediterráneo (y algo más al oeste), pero los cuernos en manos de roqueros y peludos lo único que pretenden es que se le dé más caña a la guitarra.

Pulgar e índice unidos a veces no es ok

El gesto perfecto para canadienses, mexicanos, suizos, estadounidenses y gran parte del área norte del globo terráqueo. Sin embargo, tanto en Brasil como en Turquía el círculo que forman ese pulgar e índice unidos por sus extremos se considera obsceno, ya que recuerda a uno de los orificios menos insignes de nuestro cuerpo.

Crucemos los dedos

El clásico gesto de buena suerte que hemos importado de la cultura anglosajona (lo nuestro contra el mal fario es más bien tocar madera) está muy mal visto en Vietnam y otros países surasiáticos ya que los dedos cruzados simbolizan las piernas cruzadas femeninas y, por extensión, su sexo. Muy vulgar por lascivo, claro.

Juntar todos los dedos a la vez

Es uno de los gestos más característicos de los italianos, que tanto viene a preguntarnos qué queremos de manera paciente como nos urge a desaparecer del mapa. La polisemia de este gesto se dispara cuando sale de las fronteras italianas: en Congo significa algo pequeño; en Turquía que una cosa es bonita o buena; mientras que en Egipto nos esgrime a que esperemos un momento a ser atendidos.

Besos y saludos

Mientras que en Reino Unido y Estados Unidos besar en la mejilla para saludar se le permite a familia y amigos cercanos, los franceses han hecho de su faire la bise una cuestión nacional. Más al norte, en Holanda, Bélgica y Suiza en vez de dos, se saludan con tres besos; y más al sur y al este, en Oriente Medio, el beso en la mejilla está reservado sólo al saludo entre hombres. Los zurdos han de saber que en Arabia Saudí y otros países islámicos la mano izquierda, utilizada habitualmente para la limpieza corporal, se considera sucia y es una falta de educación saludar o comer con ella.

V de ¿victoria?

Triunfalista o pacifista, los dedos índice y corazón han pasado a nuestro imaginario colectivo gracias a los medios como símbolo de cierto buenrollismo. Todo lo contrario que en Reino Unido, Irlanda y otros países de la Commonwealth como Australia y Nueva Zelanda, donde significa todo lo contrario: no sólo es un signo grosero, sino también un desafío a la autoridad. Piensen en Churchill y luego en Sid Vicious.

Barbillas afiladas

Los belgas, franceses, italianos transalpinos y tunecinos envían a tomar viento a la gente acariciando con gesto amenazante su barbilla. En Francia, no obstante, se trata de un gesto que enfatiza la caradura de ciertos sinvergüenzas, pero en la Italia meridional tocarse la barbilla de dentro hacia fuera es un simple y rotundo No.

Pulgar e índice como una pistolita

Para prácticos, los habitantes de los Países Bajos: en Bélgica, Liechtenstein y Holanda este gesto no significa nada más que una pareja, un dos. Y como curiosidad, en China la pistolita se multiplica por cuatro y es símbolo del número ocho. Por el contrario, en Italia es señal de que las cosas no funcionan. Por algo aquí también vemos en ese gesto la imagen de un gatillazo.

Dudas históricas sobre la existencia de Francisco Franco

En esta época nihilista, donde se ha dudado de la existencia de tantas cosas, desde los genocidios judío y armenio a la del mismísimo Jesucristo, y donde incluso es posible poner en duda la corrupción de los políticos (así lo hacen los telediarios oficiales sin parar), donde se puede dudar hasta de la muerte de Elvis o de Michael Jackson, ese hombre ni negro ni blanco, ni vivo ni muerto, ni hombre ni mujer, ni niño ni adulto, ni inocente ni culpable, me parece insólito que no se haya sospechado ni un momento sobre la más que probable inexistencia de Francisco Franco. En el XIX, incluso un honorable arzobispo luterano de Dublin, Richard Whately, además autor de un severo tratado de lógica, se empeñó en negar la existencia de Napoleón y reducirla a un bulo creado por las gacetas. Sin embargo, de Franco se ha sospechado incluso que tenía un doble y no resulta raro habida cuenta de que toda la nomenclatura del régimen y sus mismos parientes o emparentados, empezando por el marqués de Villaverde, dependían de él y estaban interesados en que durara sin gastarse más de lo legítimo, por la gracia de Dios o sin ella, dejando su efigie en los sellos y en las monedas para garantizar los dividendos que a toda esa corruptela daba la finca España. Nunca se le dejó salir del país ni nunca le tomaron las huellas dactilares; es más, según se ha confirmado gracias a la aparición del censurado historial médico, es seguro que no llegó a superar la pancreatitis que lo tumbó en Burgos la última semana de junio de 1938, haciéndole fallecer el día 27. No hubo más remedio que tapar la cosa para evitar que se dividieran las fuerzas nacionales cuando estaba a punto de caer la República, aislada por unos aliados ansiosos de tener el mismo suministro de wolframio que Franco daba a los alemanes. 

Vine a saber, casi siempre por tortuosos testimonios orales y parciales que había que encajar penosamente, que lo sustituyó, para no dar lugar a sospechas, un doble que no había desempeñado hasta entonces esa labor, un teniente, Alfredo Cruz Oropesa, nacido en Cuba y criado en Orense, que era casi un clon del Generalísimo, pero algo más propenso a acumular kilos, destinado desde hacía siete años en la embajada de España en Portugal. Se sabía que nadie, fallecidos Mola y Sanjurjo en accidentes de aviación, estaba dispuesto a asumir un mando tan espinoso, y el inventor de la patraña, el turbio ministro Ramón Serrano Suñer, cuñadísimo de Carmen Polo, logró montar la impostura sin que se enterara el Estado Mayor y el no menos turbio y suspicaz monárquico Pedro Sainz Rodríguez, quien estuvo muy cerca de averiguar el entuerto cuando empezó a frecuentar a una prostituta de que era asiduo servidor el teniente; Serrano se enteró y lo destituyó antes de que cascara la muchacha, so color de que hubiera usado el coche oficial para ir de furcias, y mandó a la chica con la boca grande donde nunca más se supo. Carmen y el suplantador durmieron en camas separadas hasta el fallecimiento del impostor, inverosímil solo para su mujer, para quien su actuación nunca pasó de pobretona. 

Sobre su labor al frente de la horaciana nave del estado se ha discutido mucho, pero en balde. Es cierto que nunca permitió que se rompiesen las relaciones con Cuba, pues él mismo era cubano y pariente lejano de Fidel Castro, algo que seguramente Castro no ha llegado nunca a saber, ni posiblemente creería si se enterase; gracias a los datos cuya fuente más abajo referiré, es posible deducir que soñaba con que Cuba se reintegrara a España como podrían reintegrarse las dos partes de la Alemania dividida, algo que le regocijaba también secretamente por lo mucho que jorobaría a los americanos. Es más, algunas circunstancias me obligan a pensar que no fue un títere de Serrano Suñer, porque, como hacía citando al  golpista general Martínez Campos, no se metió en política; es más, ni se dejó dominar por la Falange. Por otra parte, el único enterado de la superchería, fuera de la propia Carmen Polo, a quien dejaba mano larga en las joyerías de Madrid, fue el general Agustín Muñoz Grandes, que se encontraba en el domicilio de Franco visitándolo cuando tuvo lugar el óbito; Carmen llamó por teléfono a Serrano antes de dar la noticia y le mantuvieron la boca cerrada con diversas prebendas y sobornos, mandándolo además a la lejana Rusia con la División Azul, y así hasta que falleció en 1970, cinco años antes que el dictador suplente. Nada pudo sospechar el exilio republicano, nada el Partido Comunista clandestino, nada siquiera los sucesivos distintos gobiernos del régimen. No les convenía. Solo se empezó a destejer la maraña cuando, con motivo de la investigación sobre los fondos de oro judío incautados en Suiza al fallecimiento de Ramón Serrano Suñer en 2003, aparecieron en uno de los depósitos los cuadernos autógrafos del diario de Muñoz Grandes, una parte de cuyas censuradas fotocopias he podido consultar para elaborar esta nota, bajo expresa advertencia de no reproducirlas. Sus dueños nunca lo permitirían. 

Pero yo pensé que, si lo pusiera por escrito en este blog, los demás podrían leerlo como ficción en un contexto como este y no habría peligro de que se impugnaran herencias o se torcieran los intereses anudados al caso. Después de todo, ¿quién se iba a creer una superchería como esta? O peor. ¿Quién o quiénes habría interesados en destaparla?

jueves, 14 de agosto de 2014

Epigrama sobre Robin Williams


Algunos cometen sobrios tonterías
que nunca cometerían si estuvieran borrachos.

martes, 12 de agosto de 2014

Entrevista con Borges

"Borges, harto de Borges". Entrevista inédita ralizada por Xavier Rubert de Ventós en 1992. Publicada en El País, 25-I-1998 y republicada hoy en ese mismo periódico:

Éste es un fragmento del diá­logo que mantuve con Bor­ges en su casa de Buenos Ai­res, el verano de 1982, desde que me abrió la puerta su vie­ja criada hasta que vino a ce­nar con nosotros su hermana Norah, viuda de Guillermo de Torre. Pese a ser "analfabe­ta" (como precisaba Borges con cierto orgullo), la criada no ca­recía de reflejos ágiles ni de una admirable capacidad de utilizar en su provecho los acontecimientos imprevistos. En menos de 10 minutos pasó así de dialogar suspicazmente desde el resquicio de la puerta y cerrármela en las narices a entregarme a su amo, ex­plicarme que debía parar la lavadora al sonar un pitido y a esca­par de la casa para no volver hasta tres horas más tarde (luego Var­gas Llosa me ha contado que a él le pasó algo parecido). En este tiempo tuve yo que abrir la puerta, contestar al teléfono, acom­pañarle a que me enseñara sus cuadros de tigres y el vestido rosa de su madre desplegado sobre la cama... Al día siguiente me pi­dió que le acompañara al cementerio donde iban a enterrarle, y allí nos recogió María Kodama, que venía de la Universidad.

-Dice usted que nació en un suburbio de calles aventuradas y ocasos invisibles, y añade: "Pero lo cierto es que me crié en un jardín, detrás de una verja con lanzas, y con una biblioteca ilimitada de libros ingleses".

-Sí, era la biblioteca de mi padre y de mi abuelo... Sí, de mi padre, de mi abuela y de mi bisabuelo.

-¿No será eso su personal experiencia de un destino general de América? Mario Faustino dijo que lo propio de América fue "nacer adulta", con una jurisprudencia ya desarrollada, una joya arabista, una prosa ya barroca... Aun hoy mismo, en la Repú­blica Dominicana le insultan a uno en la calle llamándole "he­reje" o "sin concepto".

Creo que los americanos somo europeos desterrados. Yo no tengo nada en común, digamos, con los aborígenes.

-No había pensado en eso. Pero creo que, de algún modo, todos somos europeos. Europeos en el exilio, en el destierro, ¿no? Creo que los americanos somos europeos desterrados. Y eso nos hace heredar toda la cultura occidental. No sé si lo he­mos aprovechado hasta ahora... quizá Estados Unidos lo hizo mejor que esta América. En todo caso, yo creo que no tengo nada en común, bueno, digamos con los aborígenes. Tengo una gota de sangre guaraní por ahí, pero eso no cuenta mayormen­te. Y creo que somos, sí, occidentales. Salvo que eso de occi­dentales también es falso, ya que en la cultura occidental Israel no es menos importante que Grecia. Entendida Roma como ex­tensión de Grecia, desde luego. Pero creo que sentimos eso y de­bemos tratar de merecerlo.

-Para usted Buenos Aires es "un viejo hábito"...

-Sí, yo no conozco bien la ciudad. Como casi todo el mun­do, conozco lo que se llama el centro, que topográficamente es un extremo de la ciudad.

-A mí me sorprendió que Keyserling hablara de la esencia o del carácter de Buenos Aires como el "no te metás", que se correspondería con el catalán "no t'hi emboliquis".

-Sí, pero hay también el otro adagio, "primero tira tu lanza", que sería lo con­trario.

-¿Coexisten ambos en su país? ¿Coe­xisten como en la plaza de Mayo, donde según usted se mezclan "la clara guerra contra los españoles y la oscura guerra contra el gaucho"?

-Exactamente. Aunque no sé; yo no puedo hablar con ninguna autoridad so­bre Buenos Aires. Es una ciudad que dejé de ver hacia 1950 y tantos.

-Pero sobre la que no ha dejado de escribir.

-No, he seguido escribiendo, pero siempre he pensado en aquel Buenos Ai­res pretérito, un Buenos Aires que ha desaparecido. Sin embar­go, ocurre una cosa curiosa, y es ésta: yo puedo estar en Lucer­na, puedo estar en Tokio; pero eso es durante la vigilia. Cuan­do sueño, sin embargo, siempre sigo estando en Buenos Aires. Y sobre todo en la Biblioteca Nacional, en la calle de México, o, si no, en aquel Buenos Aires de casas bajas de mi niñez. Es decir, algo mío se queda en Buenos Aires aun cuando viajo. Yo he viajado por buena parte del mundo, pero nunca sueño en es­tos lugares. ¿Cómo le diría yo?; estoy en Japón, estoy en Egip­to, estoy en Irlanda, estoy en Tejas, pero eso durante la vigilia. Cuando sueño, estoy en Buenos Aires, en un Buenos Aires que, desde luego, sólo existe en la memoria de hombres viejos como yo...

-Entonces usted sólo creería en la nacionalidad que se sueña.

Sí, tengo valor cívico, que no valor físico. Mi cirujano y mi dentista lo saben muy bien.

-Sí, en una nacionalidad onírica...

-Y por tanto muy épica...

-¡Pero, desde luego! Yo creo que el nacionalismo ha traído muchos males. Ante todo, va contra la pareja distribución de los bienes espirituales y materiales; eso es una. Y la otra es que na­cionalismo da a creer que cada país es el único; que el idioma que cada uno habla es evidentemente el mejor... Mañana va a salir un poema mío, en el que hablo de eso. Hablo de lo que me parece eso de estar parcelado en países, cada uno con su mito­logía peculiar, con antiguas o recientes tradiciones, con un pa­sado sin duda heroico, con agravios, con litigios...

-Usted es muy pacífico, pero se enfrentó valientemente a los peronistas...

-Sí, tengo valor cívico, que no valor físico. Mi cirujano y mi dentista lo saben muy bien. Una vez, a mi madre la amenazaron de muerte por el teléfono, a las tres o a las cuatro de la mañana. Una voz grosera le dijo: "Yo los voy a matar, a vos y a tu hijo". "¿Por qué, señor?", dijo mi madre. "Por­que soy peronista". Ella le contestó: "Bueno, en el caso de mi hijo es muy fá­cil, está ciego; sale todas las mañanas a las diez de esta casa. En cuanto a mí, les aconsejo que se apuren, que no pierdan tiempo telefoneando, porque he cumpli­do 80 y tantos años, y a lo mejor me les muero antes".

"Me les muero". Eso no puede decir­se en otros idiomas. Sí, quizá en inglés: "I die on you". Pero no tiene tanta fuer­za, ¿no? Sí, "me les muero antes"... En­tonces el otro cortó la comunicación. Le pregunté: "¿Qué pasó, madre? ¿Sonó el teléfono?". "Sí", me dijo, "un sonso..." Y me repitió la conversación. Luego, cla­ro, no pasó nada. A veces hay un placer de la amenaza. Después quedan desaho­gados. Uno ha cumplido con su deber y no tiene por qué pasar a mayores.

-Usted decía también que el dolor más terrible es el previsto, el anticipado.

-Sí, claro. La mejor muerte para el moribundo sería un paro cardiaco, ¿no? Ser fulminado sería lo mejor. Pero para los que quedan, no. Mejor prepararse el día de la muerte.

-¿Por qué me ha pedido que nos acercáramos a su tumba, a su bóveda?

-La verdad es que la palabra es un poco triste, ¿no? Pero es mi bóveda...

-... Y la bóveda de sus antepasados.

-Sí. Pero curiosamente yo siento que no están aquí. Si yo pienso en mi madre, yo pienso que ella está en mi casa, y que el hecho de que sus restos estén aquí es... bueno, es verdadero, pero yo no puedo sentirlo. Y sé que está aquí mi abuela y mis abuelos... Están los parientes míos, tantos amigos... Yo sé que eso es un hecho real, pero para mí no es un hecho, digamos, emocional. Siento que realmente ellos están en otra parte; cier­tamente no encerrados aquí...murió hace seis años, está allí, en mi casa. En cambio, aquí sé que están sus restos, pero me parece que eso, emocionalmente, no es cierto. ¿No es mejor pensarlo así? Sería muy triste pensar que está aquí...

-Pero a usted le he oído iro­nizar también sobre la muerte en una milonga que dice: "No hay cosa como la muerte...".

-Sí. "... para mejorar la gen­te". Y luego tengo otra de un condenado a muerte, que es: "Manuel Flores va a morir. / Eso es moneda corriente. / Morir es una costumbre, / que suele tener la gente". Respecto a la "otra vida", no sé qué decirle: ambas cosas son igualmente increíbles. La inmortalidad personal es in­creíble, pero la muerte personal también lo es.

-Aparte de creíble o no, ¿re­sulta para usted querible? Se lo pregunto porque en algunos tex­tos parece que usted no sólo no crea, sino que tampoco quiera esta inmortalidad.

-Ah no; en mi caso personal, no. Ahora, si yo pudiera ser in­mortal en otra situación, y con el olvido total de haber sido Borges, pues bien, entonces acepto la inmortalidad. Pero no sé si tengo derecho a decir "acepto". Creo que en el budismo se niega la existencia del alma. Se supone que cada individuo, du­rante su vida, construye una suerte de organismo mental, que es el karma, y que ése es heredado por otros, no por él, ya que si no creemos en el yo no podemos creer en la muerte personal, ¿no? Buena parte del libro Las cuestiones del rey Milinda (Milinda es una evolución sánscrita del Menandro, que es un catecismo budista), buena parte de este libro está dedicada a la negación del yo. El yo como el que han negado Hume, Fernández y Schopenhauer.

-En este sentido, es usted muy poco unamuniano...

-Ah, desde luego. Unamuno estaba loco. Yo no sé cómo no estaba cansado de ser Unamuno. Y eso que no vivió tanto como yo. Yo estoy harto de Borges. Cada mañana, al despertar y en­contrarme con él, me digo...

-¿"A ése le tengo ya muy conocido..."?

-Eso, una tristeza, sí. Ya estoy harto de ese... un interlocutor permanente.

-Una actitud no tan distinta, sin embargo, de la de Kierkegaard, que deseaba lo absolutamente Otro. Esta posición radi­calmente religiosa, ¿no conecta de algún modo con una posi­ción radicalmente nihilista como la suya?

Me gustaría sobre todo leer y también ver las caras de las personas que quiero y los lugares donde estuve con amigos
-Sí, claro. Esto "otro" sería Dios, ¿no?

-No sé; Dios o la Nada. En todo caso, la no-continuidad de lo humano más allá de este mundo.

-Hay ya un exceso de lo hu­mano aquí.

-Y no desearía usted, en ningún caso, su continuación.

-No, yo no. Tengo la espe­ranza -mi padre tenía la misma- de morir enteramente, de morir en cuerpo y alma, si es que el alma existe.

-¿Y cómo comprende usted que para mucha gente eso no constituya una esperanza, sino un desasosiego?

-Yo conozco a mucha gente religiosa, y están un poco aterra­dos. Porque o esperan el paraíso -lo cual, como dijo Bernard Shaw, es un soborno- o se temen el infierno. En cambio, una per­sona que no cree en ninguna de las dos posibilidades, una perso­na como yo, que no se cree dig­na de castigos o de recompensas eternas, puede estar tranquila. Pero todo es tan raro, la verdad, que a lo mejor perseguimos este diálogo en otro mundo...

-Usted escribió: "Descreo de la democracia, ese curioso abu­so de la estadística". Y en otro lugar habló de la dictadura di­ciendo que favorece la opresión, favorece el servilismo y, lo que es peor, favorece la idiotez.

-Curiosamente, aunque yo haya dicho estas últimas pala­bras, estoy de acuerdo con ellas. En cuanto a la democracia, creo que por ahora (y ahora puede significar cien años) en este país somos indignos de ella. En cuanto a la dictadura, ya conocemos sus efectos devastadores. Pero yo, realmente, no entiendo de política. Soy un tranquilo e inofensivo anarquista spenceriano. Y de anarquismo saben ustedes, los catalanes.

-¿Conoció usted a nuestros modernistas y noucentistas: Rusiñol, Maragall, Bertrana, Ors...?

-Ah, sí, a Ors sí. ¿Vive todavía este muchacho?

-Murió hace ya algunos años. ¿Le conoció usted personal­mente?

-No, me interesaron muchísimo algunos ensayos suyos. Muy finos, muy finos... Hasta que leí una especie de novela suya, no recuerdo ahora el nombre, que me pareció intolerable. No leí nada más de él.

-¿Se refiere a La bien plantada?

-Eso, La bien plantada. Inaceptable. Las medidas del torso, la cintura y los to­billos de la protagonista eran absoluta­mente intolerables. Decidí no volver a abrir un libro suyo.

-Lo que sí ha continuado manejando fue el Diccionario etimológico de Coromines. (Cojo de la estantería una primera edición desgastada por el uso, y con el Coromines en las manos, hablamos del Cratilo platónico, del carácter representa­tivo o arbitrario de las palabras, de su historia y transformación).

-Vea cómo el término sajón bleich, que significa sin color, de­rivó de un modo contrapuesto: en castellano a blanco y en inglés a black (negro).

-¿Será por algo parecido por lo que los chistes procaces son en castellano chistes verdes y en inglés chistes azules?

-La verdad, no entiendo esta inversión por la que el verde, que debería sugerir algo natural, vino a significar en castellano todo lo contrario. Pero encontraré la solución. En cuanto la halle, le escribo enseguida. (Borges habla siempre de temas retóricos, etimológicos o incluso poéticos en términos de verdad, de solución, de exactitud).

-¿Pero tiene usted aún el Coromines en las manos?

-Sí.

-Pues busque el término jazz... Mire, en el inglés criollo de Nueva Orleans to jazz quería decir fornicar. O, más precisamente, fornicar de un modo breve, espasmódico, violento, como sugiere el sonido mismo de la palabra. Es como tango, que no viene, como creía Lugones, del tangere latino, sino de la etimología africana que veíamos antes en el Coromines. Nolli me tangere-just jazz it... Aunque tampoco estoy seguro. Si yo pudiera con­sultar... pero hace ya años que no veo.

-Tres cosas se pierden al perder de vis­ta "el mundo de la representación" -como llamaría usted al mundo físico-, el mundo de los libros y el mundo de la pro­pia escritura. Son tres pérdidas distintas.

-Cierto. -¿Cuál ha ido más dolorosa para us­ted?

-No. A mí me gustaría sobre todo leer, leer por ejemplo un ver­so erótico de Eduardo Marquina donde todo es un juego de refle­jos en espejos. Y me gustaría también ver las caras de las personas que quiero... las caras de mis amigos. Y también los lugares don­de estuve con amigos: la librería Salvat-Papasseit en Barcelona. Pero venga usted y acompáñeme a la otra habitación, donde le en­señaré los cuadros de tigres y el último vestido de mi madre.

Muerte de un cómico

Si siempre acongoja la muerte de alguien, porque estamos unidos a la humanidad, como quería John Donne, el poeta inglés, la de un cómico lo es mucho más. Porque sabe encontrarle la gracia a la vida y hacer durar esa ilusión. Pero que se quite la vida es aún peor, nos deja el escenario vacío, con el verdadero protagonista delante. Como cuando cerramos los ojos y descubrimos donde estamos en realidad. Como dijo otro gran actor antes del tránsito: "Morirse es fácil, la comedia es difícil". Es difícil encontrarse todas las mañanas con el mismo cuerpo que animar, esa marioneta que pende de capilares de pasión y nervios de razón, víctima de los siempre trillados caminos de las rutinas y los apegos, viviendo la fotocopia del mismo día, todavía más borrosa, para la que había que buscar el apoyo de la cocaína y el alcohol, excusas que servían, en su caso, para agostar el brillo asesino del genio: "La cocaína excita a los demás, a mí me frena", decía. Robin Williams. Se cansó de sucedáneos y no encontró otra paz que la perpetua, pero mientras se resistía nos dejó una gran estela de papeles cómicos; incluso le devolvió las ganas de vivir a otro actor, su amigo tetrapléjico, el actor Christopher Reeve, que hacía de Supermán, a quien hizo reír por primera vez desde el accidente que lo baldó. Los humoristas siempre están entre los que gusta recordar, dígalo Yorick; su ejemplo de actores da fuerzas para fingir hasta el final esta representación, aunque envejecer, morir, sea el verdadero argumento de la obra. Debemos aplaudir, como aplaudimos a ese otro compañero que se lleva en el camino, el misionero que ayudaba a enfermos de ébola: también hizo bien por sus semejantes, pero representando una tragedia. Y aplaudir, confortar o amar a la gente que tenemos cerca, si no queremos estar solos cuando llegue el tren. Por ellos hay que seguir.