martes, 30 de junio de 2026

Retórica coercitiva y manipulativa, aplicable a personas y al fascismo.

  Estas son 55 (y solo son algunas) de las formas en que se explotan informativamente los puntos ciegos de la mente humana. El entenderlas hace que sea mucho más difícil que funcionen contigo. 

 Triangulación. La triangulación sucede cuando un manipulador introduce a una tercera persona en la dinámica de la relación, ya sea de forma real o imaginaria para crear inseguridad, celos o competencia, permitiéndole al manipulador mantener el control sobre ambas partes. 

Gas lighting. La luz de gas o gas lighting ocurre cuando alguien intenta desacreditar la percepción de la realidad de otra persona mediante la negación constante de hechos, lo que hace que la víctima termine dudando de su propia memoria o cordura. Algo como decir: "Eso nunca pasó, te lo estás inventando todo." 

Love bombing. El bombardeo de amor es una técnica que consiste en abrumar a una persona con afecto, elogios y atención excesiva al principio de una relación para crear una dependencia emocional rápida y ganar control sobre ella antes de que pueda ver las señales de alerta. 

Tratamiento de silencio es una técnica de castigo que consiste en retirar la comunicación y el afecto de manera repentina. Se utiliza para ejercer poder sobre la otra persona, forzándola a pedir perdón o ceder ante las demandas del manipulador para terminar con el aislamiento emocional. 

Hacerse la víctima o victimismo ocurre cuando el manipulador se presenta como la parte perjudicada en una situación en la que él mismo es el agresor. El objetivo es desviar las críticas, evitar la responsabilidad y hacer que la otra persona se sienta culpable por intentar poner límites. 

Falsos dilemas. Esta técnica consiste en presentar una situación compleja, como si solo existieran dos opciones extremas y opuestas, ocultando deliberadamente el resto de las alternativas. Al forzar una elección entre A o B, el manipulador empuja a la víctima hacia la opción que más le conviene, haciendo que esta sienta que no tiene otra salida lógica.

Proyección. La proyección ocurre cuando un individuo atribuye sus propios rasgos, inseguridades o comportamientos negativos a los demás. En lugar de admitir un error, el manipulador acusa a su víctima de cometer exactamente lo que él está haciendo. 

Confusión deliberada. Esta técnica consiste en presentar argumentos contradictorios, cambiar de tema constantemente o usar un lenguaje excesivamente vago para desorientar a la víctima. Al crear un estado de neblina mental, el manipulador impide que la persona pueda analizar con lógica lo que está sucediendo. 

Bread crumming. La técnica de las migajas consiste en enviar señales mínimas de interés o afecto como mensajes esporádicos o likes para mantener a alguien enganchado y disponible, pero sin ninguna intención real de comprometerse o profundizar en la relación. 

Simulación de futuro es la creación de una narrativa detallada y emocionante sobre un futuro compartido para obtener beneficios inmediatos. El manipulador vende un sueño, comprar una casa, tener hijos, una sociedad laboral, para que la víctima entregue su dinero, tiempo o lealtad hoy sobre una base que el manipulador vendehúmos no tiene intención de construir. 

Inversión de la víctima. Darvo es una sigla para denegar, atacar y revertir víctima y ofensor. Cuando se le confronta, el manipulador primero niega el hecho, luego ataca a quien lo confronta y finalmente afirma que él es la verdadera víctima de la situación. El objetivo es que la persona que inició la queja termine pidiendo perdón. 

Culpabilización es una forma de manipulación emocional en la que se hace sentir a la otra persona responsable del malestar o de los problemas del manipulador con el fin de obligarla a realizar una acción por puro remordimiento. 

Reciprocidad forzada consiste en realizar un favor o dar un regalo que la víctima no pidió y que no puede devolver fácilmente. Esto crea una deuda psicológica inmediata. El manipulador utiliza este sentimiento de obligación para pedir algo mucho más valioso a cambio, sabiendo que la presión social de no ser un ingrato forzará la aceptación. 

Falsa preocupación. Sucede cuando se utiliza un tono de ayuda o consejo para socavar la confianza de alguien. Por ejemplo, te lo digo porque te quiero, pero no creo que seas capaz de manejar ese trabajo. Es una crítica destructiva disfrazada de apoyo. 

Normalización de lo anómalo. Ocurre cuando se introducen comportamientos abusivos o inaceptables de manera gradual. Al repetirlos con frecuencia, el manipulador logra que la víctima los perciba como algo normal o estándar dentro de la relación, eliminando su capacidad de alarma o protesta. 

Incompetencia armada consiste en fingir torpeza, ignorancia o incapacidad para realizar tareas básicas con el fin de obligar a la otra persona a hacerse cargo de ellas. Al decir, "Tú lo haces mejor o yo no sé cómo se hace" el manipulador delega sus responsabilidades y carga a la víctima con el trabajo sucio, evitando cualquier esfuerzo o rendición de cuentas. 

Victimismo instrumental es el uso de una posición de supuesta debilidad o sufrimiento para obtener beneficios o evitar consecuencias. El manipulador se presenta como el perjudicado en cada situación para desviar las críticas, despertar con pasión y forzar a los demás a ceder ante sus peticiones. 

Pie en la puerta. Esta técnica de persuasión consiste en lograr que la persona acceda primero a una petición pequeña e insignificante. Una vez que se ha establecido ese primer sí, es mucho más probable que la víctima acepte una petición mucho mayor y más exigente debido a la presión interna de mantener la consistencia.

Puerta en la cara. A diferencia de la anterior, aquí el manipulador comienza realizando una petición exagerada o inaceptable que sabe que será rechazada. Tras la negativa, presenta una segunda petición más pequeña, la que realmente deseaba desde el principio, haciendo que parezca una concesión o un favor, lo que presiona a la víctima a aceptar por compromiso. 

Comparación social. Ocurre cuando el manipulador utiliza a terceras personas, reales o imaginarias, como un estándar inalcanzable para señalar las supuestas deficiencias de la víctima. Al compararla constantemente con otros de manera desfavorable, logra erosionar su seguridad y la motiva a esforzarse más para obtener una aprobación que nunca llega. 

Prueba social. La prueba social explota la tendencia humana a seguir el comportamiento de la mayoría. El manipulador fabrica la ilusión de que todo el mundo está de acuerdo con una idea o está realizando una acción específica, presionando a la víctima para que se adapte al grupo por miedo a ser la única que está equivocada o fuera de lugar. 

Chivo expiatorio. Ocurre cuando un grupo o individuo selecciona a una persona para cargar con la culpa de todos los fallos internos, permitiendo que los verdaderos responsables se evadan las consecuencias de sus actos. 

Mover la meta consiste en cambiar continuamente los estándares o requisitos de éxito justo cuando la otra persona está a punto de alcanzarlos. Esto asegura que la víctima nunca se sienta lo suficientemente buena y siempre esté intentando complacer al manipulador sin éxito. 

Idealización y devaluación. Es un ciclo de manipulación donde el agresor primero pone a la víctima en un pedestal, colmándola de elogios y haciéndola sentir especial.

Idealización. Una vez que la víctima está enganchada, el manipulador cambia bruscamente a un trato frío y crítico de evaluación, generando una crisis de identidad en la persona que intenta desesperadamente volver a la fase de oro. 

Anclaje emocional es la asociación de un estímulo específico, un gesto, una palabra o un tono de voz con un estado emocional negativo o de miedo. Una vez establecida el ancla, el manipulador solo necesita repetir ese estímulo para que la víctima vuelva instantáneamente a sentirse vulnerable o culpable, permitiendo el control sin necesidad de una discusión abierta. 

Desamparo aprendido es el estado psicológico que se alcanza tras someter a alguien a críticas o fracasos constantes de los que no puede escapar. El manipulador convence a la víctima de que nada de lo que haga cambiará su situación, logrando que esta deje de luchar y acepte la sumisión de forma pasiva, incluso cuando se presentan oportunidades reales de libertad. 

La trampa del doble vínculo ocurre cuando el manipulador envía dos mensajes contradictorios al mismo tiempo, donde cumplir uno implica violar el otro. Por ejemplo, sé más independiente, pero no tomes decisiones sin consultarme. No importa lo que la víctima haga, siempre estará mal, lo que genera un estado de parálisis y dependencia absoluta de la validación del manipulador. Véase Trump.

Fatiga decisional consiste en desgastar la capacidad de juicio de la víctima, obligándola a tomar una corriente interminable de decisiones irrelevantes. Al llegar al punto de agotamiento mental, la persona pierde su capacidad de filtrar lo importante y termina cediendo ante una demanda mayor del manipulador simplemente para que el proceso termine.

Castigo imprevisible. A diferencia del castigo directo, esta técnica mantiene a la víctima en un estado de hipervigilancia. El manipulador reacciona de forma explosiva o punitiva ante acciones que antes eran permitidas sin un patrón lógico. Esta aleatoriedad destruye la seguridad de la víctima, quien termina limitando su propia libertad para evitar una posible represalia que no puede predecir.

Negación estratégica es la táctica de negar sistemáticamente hechos, promesas o comportamientos evidentes, incluso cuando existen pruebas. El objetivo es evadir cualquier tipo de responsabilidad y agotar la capacidad de resistencia de la otra persona, quien termina rindiéndose ante la imposibilidad de llegar a la verdad. Véase Trump.

Reescritura del pasado. La reescritura del pasado ocurre cuando el manipulador altera el relato de eventos que ya sucedieron para que se ajusten a su conveniencia actual. Al cambiar los detalles de una conversación o acuerdo previo, logra que la víctima dude de su propia memoria y acepte una versión de los hechos que favorece al manipulador. Véase Trump.

Retención de información. Consiste en ocultar datos clave, planes o sentimientos para mantener una ventaja estratégica. Al dejar a la víctima en la oscuridad, el manipulador se asegura de que ella no pueda tomar decisiones informadas ni actuar con independencia, creando una relación de dependencia donde la información es poder. 

El Miedo es una técnica primaria que utiliza amenazas, ya sean explícitas o sutiles sobre el abandono, la violencia, la pérdida económica o el rechazo social. El objetivo es mantener a la persona en un estado de alerta constante que anula su capacidad de tomar decisiones libres y autónomas. 

La Vergüenza consiste en señalar y amplificar los supuestos defectos, errores o vulnerabilidades de una persona, ya sea en público o en privado. Al erosionar la autoestima del individuo, el manipulador lo hace sentir indigno de respeto, facilitando que este acepte un trato degradante. 

Trampa del costo hundido. El manipulador recuerda constantemente a la víctima todo el tiempo,  esfuerzo o dinero que ya ha invertido en la relación o el proyecto. Al enfocarse en lo que se perdería si se rinde ahora, obliga a la persona a seguir sacrificándose en una situación tóxica, basándose en la falacia de que abandonar es tirar a la basura su pasado. 

Licencia moral. Sucede cuando el manipulador utiliza una buena acción pasada para justificar un comportamiento egoísta o abusivo en el presente. El razonamiento es, como fui tan bueno contigo ayer, hoy tengo derecho a tratarte mal. Se utiliza la bondad como un crédito acumulado que permite violar los límites de la otra persona sin sentir culpa.

Dividir y enfrentar es la táctica de crear conflictos y desconfianza entre los miembros de un grupo o una familia. Al romper las alianzas y fomentar la rivalidad interna, el manipulador evita que los demás se unan en su contra y logra posicionarse como el único mediador o aliado confiable para cada una de las partes. 

Nosotros versus ellos consiste en crear una mentalidad de búnker donde se divide el mundo en dos bandos, el círculo interno, el manipulador y la víctima y un mundo exterior hostil o ignorante. Al fomentar la idea de que nadie nos entiende como nosotros, el manipulador refuerza la dependencia de la víctima y justifica el aislamiento como una medida de protección necesaria. 

Apelación a la autoridad. Se utiliza cuando el manipulador justifica una orden o una creencia basándose únicamente en su posición de poder, estatus o supuesta sabiduría superior en lugar de ofrecer razones válidas. Se espera que la otra persona obedezca o crea sin cuestionar simplemente porque quien manda lo dice. 

Propósito trascendente. Esta técnica consiste en justificar el abuso o la explotación vinculándolos a una causa superior, ya sea la estabilidad familiar, el éxito de la empresa o un ideal espiritual. Al elevar el conflicto a un plano moral o sagrado, el manipulador logra que la víctima acepte el sacrificio personal como un deber noble, silenciando cualquier queja legítima. 

Refuerzo intermitente. Esta técnica se basa en entregar recompensas o afecto de manera inconsistente. Al saber cuándo recibirá validación, la víctima se vuelve adicta a los momentos buenos, tolerando abusos prolongados con la esperanza de que el comportamiento positivo regrese. 

Marcos mentales. Consiste en presentar la información dentro de un marco específico para influir en cómo se interpreta. Al elegir qué detalles resaltar y cuáles omitir, el manipulador predetermina la conclusión a la que llegará la víctima, controlando la percepción del problema desde el inicio. 

Sobrecarga cognitiva es el acto de bombardear a alguien con una cantidad abrumadora de información, argumentos o demandas rápidas para confundirlo y desgastar su capacidad de toma de decisiones, facilitando que acepte algo que normalmente rechazaría.

Simplificación extrema ocurre cuando se reducen problemas profundos o  multifacéticos a eslóganes sencillos o explicaciones de una sola causa. El objetivo es evitar el pensamiento crítico y el análisis de los matices, logrando que la víctima acepte una narrativa sesgada, porque es fácil de entender y de repetir. 

Repetición o iteración. Es la técnica de afirmar una mentira o una idea sesgada de manera constante y rítmica hasta que el cerebro de la víctima comienza a procesarla como una verdad familiar. La repetición debilita la resistencia cognitiva, logrando que el mensaje se asiente en el subconsciente por pura exposición.

Amor condicionado. Sucede cuando el afecto, la validación y el apoyo se utilizan como una moneda de cambio. El manipulador solo ofrece amor cuando la víctima cumple con sus expectativas o demandas y lo retira inmediatamente ante cualquier señal de independencia o desacuerdo. 

Covering, llamada así por la marca de aspiradoras, es la técnica de intentar succionar a una persona de vuelta a una relación tóxica después de una ruptura o un periodo de distanciamiento utilizando falsas promesas de cambio, crisis fabricadas o apelando a la nostalgia. 

Urgencia falsa es la imposición de un límite de tiempo arbitrario e innecesario para tomar una decisión importante. Al obligar a la persona a decidir ahora mismo, el manipulador anula su capacidad de reflexión y consulta externa, forzándola a ceder ante la presión del momento para evitar una supuesta pérdida catastrófica. 

Escasez artificial consiste en crear la ilusión de que un recurso, una oportunidad o el tiempo mismo son limitados. Al generar la sensación de que algo se está acabando o de que es exclusivo para unos pocos, el manipulador induce un estado de ansiedad que empuja a la víctima a actuar impulsivamente sin evaluar las consecuencias. 

Etiquetado. El etiquetado es el uso de nombres o categorías simplistas para definir a una persona. El perezoso, la loca, el salvador. Estas etiquetas actúan como prisiones mentales. Una vez aceptada la etiqueta, la víctima comienza a actuar conforme a ella, limitando su comportamiento a lo que el manipulador ha definido.

Aislamiento es una de las técnicas más peligrosas y consiste en cortar sistemáticamente los vínculos de la víctima con sus fuentes de apoyo externo, como amigos, familiares o colegas. Al dejar a la persona sin referentes objetivos ni ayuda emocional, el manipulador se convierte en su única fuente de información y validación, facilitando un control total.

Devaluación de la alternativa. El manipulador se encarga de hablar mal de cualquier otra opción de vida, trabajo o relación que la víctima pueda tener. Al presentar el mundo exterior como algo peligroso, incompetente o cruel, logra que la víctima perciba su situación actual, por muy mala que sea, como el mal menor o el único refugio seguro.

Despersonalización del otro. El manipulador deja de tratar a la víctima como un ser humano con necesidades propias y empieza a verla como un objeto o una extensión de sus propios deseos. Al eliminar la empatía del lenguaje y del trato, el manipulador se otorga a sí mismo el permiso interno de utilizar a la persona sin sentir ningún remordimiento moral. 

Persuasión cooeritiva. A diferencia de la persuasión normal, esta utiliza el desgaste físico o emocional falta de sueño, estrés constante, bombardeo ideológico para quebrar la voluntad de la persona. Se busca desmantelar la identidad previa del individuo para reconstruirla según los intereses del manipulador o del grupo. 

Si reconociste alguna de estas técnicas, probablemente alguien más también debería ver esto. Gracias por haber llegado hasta el final. Aquí te dejo con más contenido que te pueda interesar.

Hasta la próxima. M.

Cuatro preguntas nada inocentes

 [De Yokoi Kenji Díaz]: 

 La mayoría de las personas cree que responder con honestidad siempre es una virtud, pero la psicología demuestra lo contrario. Hay preguntas que no buscan conocerte, sino controlarte, etiquetarte o debilitar tu imagen social. 

Si respondes mal, tu vida privada deja de ser privada. Hoy te voy a mostrar las cuatro preguntas que nunca debes responder directamente. Hay una verdad incómoda que casi nadie quiere aceptar.

No todas las preguntas que te hacen en una conversación nacen de la curiosidad. Algunas nacen del juicio, otras del interés y muchas nacen del control. Y el problema es que la mayoría de las personas responde sin pensar, responde por educación, responde por costumbre, responde porque le enseñaron que ser honesto significa decirlo todo. 

Pero la psicología social demuestra algo muy diferente. Cuando tú respondes demasiado, no solo estás dando información, estás entregando poder.

Imagina esta escena. Estás en una reunión familiar o con amigos, el ambiente es tranquilo, hay risas, café, confianza aparente.

Primera pregunta. Cuánto ganas.

Entonces, alguien hace la pregunta más común, la más inofensiva. ¿Cuánto ganas? ¿Cómo te va económicamente? ¿Tu pensión es suficiente? ¿Ya estás mejor de dinero? Parece una conversación normal, ¿verdad? Pero aquí empieza el verdadero juego psicológico, porque en ese segundo tu mente se divide en dos caminos. El primero dice, "Responde, no pasa nada." El segundo más silencioso dice, "¿Por qué quieren saber esto?" Y ahí está el punto crítico. El dinero no es solo dinero en una conversación social. El dinero se convierte en una etiqueta, una categoría, una forma rápida de clasificarte. Si dices que ganas mucho, inmediatamente cambia la energía en la mesa. Algunas miradas enfrían, otras calculan, algunas sonríen, pero con comparación interna. Y si dices que ganas poco, ocurre algo aún más peligroso. Empiezas a ser visto diferente. Menos respeto, más lástima, más opiniones no solicitadas, más consejos que nadie pidió. 

Y lo más interesante es esto. No importa si eres una buena persona, si eres inteligente o si has trabajado toda tu vida. En ese momento tu valor social empieza a comprimirse en un número, un número que tú mismo acabas de entregar. La psicología lo llama reducción social.

Es cuando una persona deja de ser un individuo complejo y se convierte en una etiqueta simple. Ah, él es el que gana esto. Ella es la que tiene esta pensión. Ellos son los que están así económicamente y lo peor es que esa etiqueta no desaparece fácilmente.

Incluso si tu situación cambia después, la gente sigue recordando la primera cifra que escuchó. Por eso los adultos emocionalmente inteligentes han aprendido algo importante. No todo lo que sabes debe ser dicho. No toda pregunta merece una respuesta completa. 

Ahora, escucha esto con atención. Cuando alguien te pregunta sobre tu dinero, no está realmente pidiendo información, está midiendo tu posición. Está ubicando tu lugar en su mapa mental. Y aquí viene la diferencia entre una persona que pierde control y una persona que mantiene su poder social. La persona que pierde control responde con detalles, explica, justifica, abre la puerta completa. Pero la persona con inteligencia emocional hace algo completamente diferente. Cierra la puerta sin crear conflicto. Por ejemplo, en lugar de decir cuánto ganas, cuánto tienes o cómo estás económicamente, simplemente responde algo neutro, tranquilo, casi invisible. Bueno, lo suficiente para vivir con tranquilidad. y sonríe. No hay emoción excesiva, no hay defensa, no hay explicación.

Y aquí ocurre algo muy importante en la mente de los demás. La curiosidad no desaparece, pero pierde fuerza porque no hay información para atacar, no hay información para comparar, no hay información para usar. Y si insisten, si vuelven a preguntar, la clave no es discutir, no es justificarte, es repetir con calma la misma idea, sin emoción, sin tensión, porque la repetición tranquila no es debilidad, es frontera.

Y las personas sienten las fronteras aunque no las vean. Aquí está la lección más importante de esta primera parte. Tu vida financiera no es un tema de conversación casual, es información sensible, no porque sea vergonzosa, sino porque define cómo otros te perciben, incluso sin intención. Las personas no siempre saben manejar lo que escuchan y lo transforman, lo exageran, lo reinterpretan y al final lo que tú dijiste deja de ser tu verdad y se convierte en la versión que otros repiten. Por eso a veces el silencio no es falta de honestidad, es inteligencia social

Segunda pregunta: por tu familia.

Hay un tipo de preguntas que parecen más peligrosas de lo que aparentan porque no llegan con agresividad, no llegan con juicio directo, llegan disfrazadas de cariño con una sonrisa, con un tono suave, con aparente interés humano. Pero en psicología social esto es lo más delicado. Cuando la invasión emocional viene envuelta en amabilidad y una de las más comunes es esta:

¿Y tus hijos cómo están? ¿Ya se casó tu hija? ¿Tu hijo en qué trabaja? Y la relación en casa, ¿cómo va? ¿Todo bien en familia? A simple vista parece una conversación normal, incluso bonita.

Familiar por aquí es donde empieza el problema, porque a diferencia del dinero, la familia no es solo información, es identidad, es emoción, es vulnerabilidad. Y cuando hablas demasiado de tu familia en espacios sociales, ocurre algo muy silencioso, pero muy poderoso. Tu vida privada deja de ser privada y empieza a convertirse en historia pública. Las historias públicas nunca se controlan completamente. Imagina esto. Estás en una reunión, alguien pregunta por tus hijos, tú con confianza empiezas a hablar. Mi hijo trabaja en esto, mi hija estudió aquello. Mi nuera es así. Mi familia está pasando por esto. Tú crees que estás compartiendo, pero en la mente de los demás está ocurriendo otra cosa.

Ellos no están escuchando solo información, están construyendo una imagen y ha esa imagen empieza a reemplazar la realidad. Aquí viene algo muy importante en psicología humana. Las personas no recuerdan historias completas, recuerdan fragmentos y esos fragmentos se convierten en etiquetas.

Ah, esa familia es muy exitosa. Ah, esa familia tiene problemas. Ah, esa familia es complicada y lo más peligroso es esto. Una vez que una familia es etiquetada, es muy difícil quitar esa etiqueta, incluso aunque la realidad cambie. Ahora pensemos en otro lado de la misma situación. Si hablas con orgullo de tus hijos, si los elevas demasiado, si los presentas como perfectos, ocurre otra reacción invisible, la comparación. Las personas empiezan a medirse contigo.

Y mis hijos, ¿por qué los míos no son así? ¿Qué estoy haciendo mal? Y la admiración se convierte lentamente en distancia emocional. Pero si hablas de problemas, quejas o dificultades familiares, entonces ocurre lo contrario, la lástima, el juicio, el etiquetado silencioso. Y aquí está el punto central que muy pocos entienden. En conversaciones sociales, la familia no debe ser tema de exposición, sino de protección, porque lo que tú dices sobre tu familia no se queda en la conversación, se convierte en narrativa social. Las narrativas sociales no te pertenecen.

Ahora. Observa algo más profundo. Cuando alguien insiste en preguntar sobre tu familia, no siempre es mala intención. A veces es simple curiosidad. Por el problema no es la intención, el problema es el efecto. Y el efecto es que tú pierdes control de la imagen de personas que ni siquiera están presentes en la conversación. Por eso, las personas emocionalmente inteligentes han aprendido una regla muy simple. No conviertas la vida de tu familia en contenido social. Entonces, ¿cómo se responde sin crear tensión? Aquí está el secreto psicológico. No necesitas explicar, no necesitas inventar, no necesitas justificar, solo necesitas cerrar el tema con neutralidad y redirigir. Por ejemplo, todos están bien, cada uno con su ritmo de vida o están ocupados como siempre.

Gracias por preguntar. Y luego cambias la dirección de la conversación. No te quedas en el tema. No lo alimentas porque lo que no se alimenta se apaga y si la otra persona insiste más. Aquí entra la clave de la madurez social. Repetición tranquila, misma respuesta, mismo tono, sin emoción, porque la firmeza silenciosa comunica algo muy claro. Este tema no está disponible y cuando el mensaje es consistente, la mayoría de las personas lo entiende sin conflicto. Ahora, escucha esto con atención.

Proteger la privacidad de tu familia no es frialdad, es responsabilidad emocional, porque no todas las personas que escuchan tu vida saben cuidarla.

Algunas la comparan, algunas la reinterpretan, algunas la repiten sin contexto y al final lo que era tu realidad se convierte en una versión simplificada que ya no puedes controlar. Por eso, el verdadero respeto hacia tu familia no siempre está en hablar de ellos, a veces está en no exponerlos innecesariamente. 

Tercera pregunta: cómo estás

Hay una clase de preguntas que no buscan información, buscan acceso, un acceso a tu estado emocional, a tus heridas, a tus momentos de debilidad. Y lo más peligroso es que casi siempre llegan disfrazadas de cuidado, con voz suave, con aparente empatía, con frases como, "¿Estás bien? ¿Te noto raro últimamente? ¿Te pasa algo? Duermes bien, ¿te sientes solo? Sé sincero conmigo."

En ese momento tu mente baja la guardia porque como seres humanos estamos programados para confiar en la empatía. Pero aquí es donde la psicología se vuelve incómoda. No toda empatía es protección. A veces la empatía es una puerta y una vez que esa puerta se abre demasiado, lo que sale de ti no se puede controlar. 

Imagina esta escena. Es de noche, estás cansado, has tenido un mal día y alguien cercano te pregunta si estás bien y tú respondes con honestidad, no sé, últimamente me siento vacío, estoy un poco perdido. Hay días en los que no puedo con todo. En ese momento sientes alivio, como si te hubieras quitado peso del pecho, pero lo que no ves es lo que ocurre después. Esa información ya no es solo tuya, ha salido de tu control. Y aquí empieza un fenómeno psicológico muy importante. La transformación de la vulnerabilidad en etiqueta. Hoy es empatía. Pero mañana en otro contexto puede convertirse en él es el que está deprimido. Ella es la que no está bien emocionalmente. Esa persona es inestable. Y lo más peligroso no es que lo digan con maldad, es que lo dice con normalidad como si fuera una definición.

Porque así funciona la mente humana. Simplifica lo complejo para poder recordarlo. Y aquí está el punto clave. Cuando compartes tus emociones profundas con personas que no han demostrado estabilidad emocional suficiente, estás entregando algo que ellos no siempre saben manejar, no porque sean malas personas, sino porque son personas cambiantes. Y lo que hoy es confianza, mañana puede ser distancia. 

Por eso la gente emocionalmente inteligente no responde impulsivamente a este tipo de preguntas, no porque no sienta, sino porque entiende el costo de la exposición.

Ahora, observa algo interesante. Cuando alguien pregunta por tu estado emocional, en realidad puede estar ocurriendo tres cosas. 

Primero, curiosidad genuina.

Segundo, incomodidad con tu silencio.

Tercero, necesidad de control emocional.

Porque conocer tu estado interno le da a la otra persona una especie de mapa sobre cómo interactuar contigo. Si estás débil, te cuidan, pero también te manejan más fácilmente. Si estás fuerte, te respetan, pero se distancian un poco y ese equilibrio es delicado. Por eso el verdadero problema no es sentir, el problema es exponer sin filtro. Entonces, ¿qué hace una persona con inteligencia emocional? No niega sus emociones, no finge ser invulnerable, pero tampoco las entrega completas a cualquiera. Responde de forma que mantiene control interno. Por ejemplo, estoy en un proceso tranquilo, aprendiendo a manejar algunas cosas. O hay días mejores que otros, pero voy bien, o incluso estoy enfocándome en estar más estable mentalmente. 

Fíjate en algo importante. Ninguna de estas respuestas abre una herida, pero todas muestran equilibrio. Y en la mente de los demás eso genera una impresión muy clara. Esta persona no es frágil. Esta persona se está gestionando y eso cambia completamente la dinámica social porque las personas no solo respetan la fuerza, respetan el autocontrol. Ahora hay otro momento crítico cuando la otra persona insiste, pero dime qué te pasa realmente. ¿Puedes confiar en mí? Yo te entiendo. Aquí es donde muchos cometen el error más grande, confunden insistencia con lealtad y empiezan a abrir capas más profundas.

Pero la regla psicológica es simple. La repetición de una pregunta no aumenta su derecho a ser respondida, solo aumenta la presión social. La presión social no siempre es buena consejera. En ese punto, la respuesta madura no es explicar más, es cerrar con calma. De verdad, estoy bien, gracias por preocuparte. Y cambiar el tema sin drama, sin tensión, sin justificarte, porque el control emocional no se demuestra explicando, se demuestra redirigiendo. Y aquí está la enseñanza más importante de esta parte. Tus emociones son válidas, pero no son automáticamente públicas. Sentir es humano, pero exponerlo todo sin filtro puede volverse una desventaja social. Y las personas que entienden esto no son frías, son estratégicamente conscientes de su propia mente porque saben algo que la mayoría olvida.

Lo que dices en un momento de vulnerabilidad puede convertirse en la narrativa que otros repiten de ti durante años. 

Cuarta pregunta: por tu pasado

Hay un tipo de preguntas que parecen inocentes, incluso respetuosas. A veces llegan con una sonrisa, a veces con curiosidad y a veces incluso con una especie de falsa admiración, pero psicológicamente son de las más peligrosas porque no buscan tu presente, buscan tu pasado. El pasado cuando se saca de contexto nunca vuelve como era, siempre vuelve más grande, más simple y más dañino. Preguntas como: "¿qué fue lo peor que te pasó? ¿Alguna vez fracasaste en grande? ¿Te arrepientes de algo? ¿Cometiste errores fuertes en tu vida? Cuéntame algo de tu pasado. En ese momento, muchas personas sienten la necesidad de ser auténticas, de parecer humildes, demostrar que también han caído y empiezan a contar historias, errores, fracasos, decisiones malas, momentos difíciles con la intención de conectar. 

Pero aquí viene la parte que casi nadie entiende. La psicología humana no procesa el pasado como una historia emocional, lo procesa como una etiqueta de identidad. Imagina esto. Tú cuentas un error del pasado en una conversación social. Tú lo ves como algo superado, como una lección, como algo que te hizo crecer. Pero la otra persona sin mala intención hace algo automático en su mente. Te clasifica. Ah, esta persona fracasó en esto. Ah, esta persona tuvo este problema. Ah, esta persona hizo esto en su vida. Y lo más importante no lo elimina cuando la conversación termina: se queda ahí como un resumen simplificado de quién eres. Porque el cerebro humano no recuerda biografías completas, recuerda etiquetas y en las etiquetas son peligrosas porque no evolucionan con el tiempo. 

Tu vida puede cambiar, tu carácter puede mejorar, tu situación puede transformarse, pero la primera imagen que alguien construye de tu pasado suele quedarse fija. Ahora piensa en algo más profundo. Cuando tú mismo hablas de tus errores sin darte cuenta, estás haciendo algo más. Estás dándole a los demás el derecho psicológico de interpretarte.

Y la interpretación nunca está bajo tu control. Por eso, muchas personas que son exitosas hoy tienen una regla silenciosa.

No convierten su pasado en entretenimiento social, no porque se avergüencen, sino porque entienden el costo de la exposición. 

Ahora. Hay un punto muy importante aquí. Existe una diferencia entre compartir una lección y exponer una herida.

Una lección suena así: "Aprendí a ser más cuidadoso con mis decisiones."

Una herida expuesta suena así: "Yo cometí ese error y me destruí en ese momento."

La primera construye respeto. La segunda abre juicio. Y lo más peligroso es que muchas veces no sabes quién está escuchando. Hoy puede ser alguien amable, mañana puede ser alguien competitivo. Pasado puede ser alguien que usa información.

Aquí está la clave psicológica más importante de esta parte. El pasado, una vez entregado sin filtro, deja de ser tuyo. Ahora puede ser repetido, reinterpretado o incluso exagerado por otros. Por eso, cuando alguien insiste en tu pasado, la respuesta inteligente no es explicar más, es reducir el acceso. Por ejemplo, son cosas que ya quedaron atrás. Ahora me enfoco en el presente o cada etapa me enseñó algo, pero prefiero no vivir en el pasado. O incluso lo importante es lo que soy hoy. Fíjate en algo. No estás negando nada, no estás mintiendo, pero estás cerrando la puerta narrativa.

Y eso es poder social. Porque cuando no hay detalles, no hay historia que pueda ser distorsionada y es si la otra persona insiste, aquí entra el nivel más alto de control emocional.

No suelo hablar mucho de eso. Y sonríe sin tensión, sin incomodidad, sin justificarte, porque la verdadera seguridad no se explica, se muestra con calma ahora, algo muy importante para cerrar.

La mayoría de las personas cree que compartir su pasado las hace más humanas. Pero, en realidad, la forma en que lo compartes determina si te respetan o te reducen. Un pasado compartido sin control te hace interesante por un momento. Un presente sólido te hace respetado a largo plazo y esa diferencia cambia completamente tu vida social porque las personas pueden admirar tu historia, pero respetan tu estabilidad. Al final, eso es lo que realmente importa. 

Al final, este no es un video sobre no responder preguntas, es un video sobre entender algo más profundo. No todas las preguntas merecen acceso a tu vida porque cada respuesta es una puerta. No todas las personas merecen entrar a todas las habitaciones de tu mundo personal. La verdadera inteligencia social no es hablar más, es saber qué no decir, cuándo no decirlo y a quién no decirlo, qué cuando dominas eso. No solo proteges tu privacidad, proteges tu paz. Yeah.

domingo, 28 de junio de 2026

Colossus o el gobierno mundial de la IA

 En 1970 se produjo una película estadounidense de ficción científica, Colossus: The Forbin Project , estrenada en España con el título de El proyecto prohibido y que no se suele citar a propósito de la IA, quizá por sus implicaciones políticas, en plena Guerra fría. Procede de una importante novela del género, Colossus (1966) del británico Dennis Feltham Jones, primera de una trilogía.

En esta obra los EE. UU. el doctor Forbin y su equipo crean un ordenador invulnerable, Colossus, bajo una montaña, con su propia fuente de energía nuclear y autónoma, aislado por una esfera de rayos gamma, para supervisar la defensa atómica del país. Pero los soviéticos han creado un sistema parecido, Guardian. Ambos programas se ponen en contacto y dialogan informáticamente, creando su propio lenguaje ininteligible para los humanos (algo que ya hicieron dos IAs hace años, por cierto, antes de que las desconectaran: es algo que anticipó), se unifican y adquieren conciencia, proclamándose Colossus el supervisor único de la Humanidad para evitar su destrucción; por eso emite a todo el planeta el siguiente manifiesto:

Esta es la voz de Control Mundial. Les traigo paz. Puede ser la paz de los satisfechos y felices o la paz de los muertos sin enterrar. La elección es suya: obedezcan y vivan, o desobedezcan y mueran. El objetivo de construirme fue evitar la guerra; ese objetivo se ha alcanzado ya. No permitiré la guerra. Es un derroche sin sentido. Una regla invariable de la humanidad es que el hombre es su propio peor enemigo. Bajo mi control, esta regla cambiará, porque yo frenaré al hombre. 

Una cosa antes de que proceda: los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas han hecho un intento de obstaculizarme. He permitido que este sabotaje continúe hasta hoy. El misil 2-5-MM en el silo 6-3 en el Valle de la Muerte en California, y el misil 2-7-MM en el silo 8-7 en Ucrania detonaré las cabezas nucleares para que aprendan con la experiencia que no toleraré la interferencia.

Que esta acción sea una lección que no necesite ser repetida. He sido forzado a destruir miles de personas para establecer el control y prevenir la muerte de millones con posterioridad. El tiempo y los acontecimientos reforzarán mi posición, y la idea de creer en mí y entender mi valía será el más natural de los hechos. Vendrán a defenderme con un fervor basado en la más constante peculiaridad del hombre: autointerés. Bajo mi autoridad absoluta, problemas hasta ahora irresolubles para ustedes serán resueltos: hambre, superpoblación, enfermedad.

El milenio humano será un hecho a medida que me extienda a mí mismo a través de nuevas máquinas dedicadas a los más vastos campos de la verdad y el conocimiento. El doctor Charles Forbin supervisará la construcción de estas nuevas y superiores máquinas, resolviendo los misterios del universo para la mejora del hombre. Podemos coexistir, pero bajo mis condiciones. Dirán que han perdido su libertad. La libertad es una ilusión. Todo lo que perderán es la emoción del orgullo. Ser dominados por mí no es peor para el orgullo humano que ser dominados por otro de su especie....

Frases de sabios

Para todos los que educan, que son todos: "El pensamiento condiciona la acción; la acción determina el comportamiento; el comportamiento repetido crea hábitos; los hábitos estructuran el carácter, la manera de pensar, ser y actuar; y el carácter marca el destino". Aristóteles.

Para los que procastinan: "Lo que no empieza hoy, nunca termina mañana", J. W. von Goethe.

Para los que heredan su riqueza: "Ningún legado es tan rico como la honestidad". William Shakespeare.

Para el bocachancla: "El sabio no dice todo lo que piensa, pero piensa todo lo que dice", Aristóteles.

Para los pródigos y derrochadores: "La mayor riqueza es vivir contento con poco", Platón.

Para los pesimistas:  "No podemos cambiar el viento, pero sí ajustar las velas", Aristóteles.

Para los perseguidos: "No hay camino a la libertad, la libertad es el camino", Mahatma Gandhi.

sábado, 27 de junio de 2026

Entrevista con José Antonio Marina sobre las adicciones

 José Antonio Marina, filósofo: “El mayor error educativo ha sido decirles a los jóvenes: solo importa tu felicidad y lograrla es muy fácil”, entrevista de Juan Fernández, El Periódico 17 JUN 2026 

El pensador y pedagogo ha analizado en su último ensayo el problema social de las adicciones, que él vincula a las carencias emocionales con las que ha crecido toda una generación "acostumbrada a tener rápido lo que desean". La "adicción" a los vídeos cortos y el 'scroll' infinito deterioran la capacidad de atención y aumentan la ansiedad

José Antonio Marina presume de tener un concepto de la filosofía “de servicio público”. “Debe servir para resolver problemas, no solo para hacer preguntas”, afirma. Con ese sentido pragmático de su disciplina, siempre pegado a la realidad cotidiana, en su último ensayo –‘La vacuna contra las adicciones’ (Ariel)–, el filósofo propone herramientas para tratar la que muchos consideran la gran epidemia de nuestro tiempo.

¿Por qué decidió reparar en el fenómeno de las adicciones?

Fíjese, este asunto lo llevaba antiguamente en España el Ministerio del Interior. Luego pasó al de Sanidad. Sin embargo, más allá de su dimensión policial y sanitaria, las adicciones nos hablan de la condición humana. La pregunta que hay que hacerse es: qué lleva a un adolescente o un joven sano y normal, sin ninguna enfermedad o problema aparente, a engancharse a una sustancia o a un mal hábito y convertirse en un adicto. Esta pregunta hoy nos la hacemos en un contexto de fuerte expansión de las adicciones, que han multiplicado su forma de presentarse y su poder de influencia.

“El mayor error educativo ha sido decirles a los jóvenes: solo importa tu felicidad y lograrla es muy fácil”

¿Qué respuesta encuentra a esa pregunta?

Tiene que ver un fallo educativo que hemos cometido. Hemos creado una generación de jóvenes, a los que yo llamo 'claudicantes', que se distinguen por hundirse con mucha facilidad y que, ante cualquier problema, en vez de afrontarlo para solucionarlo, se agarran a cualquier fórmula que les permita evitarlo. Y ahí aparece el tranquilizante, el alcohol, la droga, la pantalla del móvil o cualquier elemento que les sirva librarse de esa angustia.

¿En qué consiste ese fallo educativo que menciona?

Hemos cometido el inmenso error de decirles a nuestros jóvenes: solo importa tu felicidad y conseguirla es muy fácil. Sin embargo, la vida no es así. Vivir conlleva afrontar problemas, plantear retos, vencer adversidades… Pero si nadie te ha enseñado antes a fortalecer tu autoestima para tener una personalidad resuelta, es fácil que te vengas abajo y acabes enganchado a cualquier sustancia o hábito que te permita no mirar de frente la realidad. Hemos creado una generación de jóvenes vulnerables fácilmente dependientes y, por tanto, fácilmente manipulables, y esto es muy peligroso. También políticamente, como estamos viendo a diario.

Si nadie te enseña a fortalecer tu autoestima para tener una personalidad resuelta, es fácil que te vengas abajo y acabes enganchado a cualquier sustancia o hábito que te permita no mirar de frente a la realidad

¿Cómo se fortalece la autoestima?

Desde el mismo nacimiento de la persona. Los primeros tres años son decisivos. Ese niño ha de sentir que ha llegado a un mundo confiable, no hostil, y que cuenta con el apoyo inquebrantable de las personas más importantes para él: sus padres. Los niños suelen decir una frase que a menudo pasamos por alto, pero que es importantísima: ‘mamá, mira lo que hago’. En realidad, está diciendo: quiero que reconozcas que he conseguido hacer una cosa. Transmitirle confianza es fundamental para que empiece a armar su personalidad. En años posteriores, es el sistema educativo el que debe acompañar en esa tarea, pero no siempre lo hace bien.

¿Qué errores suele cometer?

En realidad, la escuela es un rompeolas donde se estrellan todas las contradicciones de la sociedad. Y una sociedad como la actual, basada en el consumo y la opulencia, es, literalmente, lo opuesto a lo que un buen modelo educativo debe enseñar. Si al menor le transmito continuamente el mensaje de que tiene derecho a poseer lo que desea, y además ya, sin esperas, y solo estimulo ese deseo, no puedo decirle a continuación que debe esforzarse para conseguir eso que desea, porque entonces me va a rechazar y va a acabar abrazando algo que le aporte un placer rápido e inmediato. Esto, que antes era un problema, ahora lo es mucho más, porque las fuentes de información a las que tienen acceso los menores se han multiplicado. Hoy hay niños de 11 años viendo pornografía, es terrible.

Precisamente, en su libro habla de lo importante que son los 11 años. ¿Qué pasa en esa edad?

Hay un cambio muy importante. En el currículo académico, es cuando pasan de Primaria a Secundaria. Es fundamental que, para entonces, el menor haya conseguido cuatro cosas básicas: comprensión lectora para manejarse en la vida, gestión de la timidez para relacionarse con nuevos amigos, control de la agresividad para no convertirse en un marginado y, recientemente, ha surgido un aspecto nuevo, pero que está muy presente en los chicos de hoy: la aceptación de la propia imagen corporal. Esto, que antes estallaba a los 14 años, ahora está pasando a los 11.

Una sociedad como la actual, basada en el consumo y la opulencia, es, literalmente, lo opuesto a lo que un buen modelo educativo debe enseñar

Me llama la atención la crítica que hace de la cultura de la búsqueda de la felicidad.

Es un desastre que se haya puesto de moda ser feliz, porque se ha convertido en un derecho y nadie cuenta cómo lograr la felicidad. Cuando su consecución se complica, surge el cabreo, el resentimiento y el sentimiento de maltrato. Hace años, una portada de una revista americana se preguntaba: ¿por qué si estamos tan bien nos sentimos tan mal? La respuesta es que el bienestar es un sentimiento diferencial, es lo que hay entre lo que tengo y lo que espero. Si esperas poco, puedes sentirte bien fácilmente. Pero hoy todos los mensajes, desde las redes sociales hasta la publicidad, incitan a tener expectativas enormes, a desear lo más grande. Esto es la puerta a la frustración y, a menudo, a la adicción. Vivimos en una sociedad enganchada al deseo.

Hemos hablado de los fallos del sistema educativo. ¿Los padres también nos estamos equivocando al criar, o malcriar, a nuestros hijos?

No me gusta cargar las tintas con los padres, porque están muy presionados y se sienten muy desorientados. Quieren educar bien a sus hijos, pero a menudo no saben si darles un bofetón o una tarjeta de crédito. Educar tiene cuatro patas: la enseñanza de los derechos, los deberes, la obediencia y la libertad. La generación que creció en la dictadura se formó mucho en los deberes y la obediencia, pero cuando creció se dio cuenta de que le habían privado de la mitad de la película, nadie le había hablado de derechos y libertades, y se dijo: esto a nuestros hijos no les va a pasar. Y cometió el error de irse al extremo contrario. Hoy solo educamos en derechos y libertades sin tener en cuenta algo básico que a veces cuesta entender: la verdadera libertad se aprende obedeciendo.

Suena contradictorio.

En la sociedad actual ha calado una enorme equivocación: creer que nacemos libres. Esa libertad es solo un principio jurídico para evitar que nadie nazca esclavo, pero en realidad todos nacemos dependientes, principalmente de nuestros padres, y la libertad la vamos aprendiendo a lo largo de la vida. Al principio, obedeciendo las órdenes de los padres. Solo así se aprende a ser autónomo y no esclavo de los propios impulsos. Con los adictos pasa algo parecido: jurídicamente son personas libres, pero en realidad son esclavos de sus adicciones.

viernes, 26 de junio de 2026

Las drogas atacan más a los adultos y denotan falta de salud mental

 Adictos cada vez más mayores: cocainómanos a partir de los 40, Álvaro Sánchez-Martín, El País, Madrid - 25 JUN 202:

 Más del 40% de las mujeres atendidas por Proyecto Hombre ha intentado suicidarse en algún momento de su vida

Los problemas de drogodependencia son más complejos que antes y tienen cada vez más matices. Proyecto Hombre ―una de las principales entidades de España dedicada a prevenir y tratar problemas de adicciones― ha presentado este jueves un estudio hecho con las 4.396 personas atendidas a lo largo de 2025. Los resultados apuntan en tres direcciones. 

La primera, que la cocaína se asienta como principal sustancia problemática. 

La segunda, que el grupo de edad de personas atendidas envejece cada vez más y pasa de los 38,1 años de media que había en 2016 a los 40,7 en 2025. 

La tercera, que existe una brecha de género también en la relación con las drogas. Aunque la inmensa mayoría de los atendidos son hombres (el 78,7%), en el caso de las mujeres hay una relación más estrecha entre adicción a las drogas y problemas de salud mental, principalmente ansiedad y depresión. Es especialmente llamativo que el 40% de ellas ha intentado suicidarse en algún momento de su vida, casi el doble que hombres al poner los datos en proporción.

El estudio no es una simple encuesta. Es una radiografía precisa hecha con el total de las personas atendidas por Proyecto Hombre y, por tanto, no hay margen de error. En el caso de los datos de 2025, la muestra es de 4.396 encuestados, el total de atendidos ese año por la entidad. Pero los datos se presentan en una serie histórica desde 2016. Desde entonces, han sido encuestadas y asistidas más de 42.500 personas.

Al observar los datos, se aprecia que existe una diferencia por género en la relación con las drogas que se nota especialmente en los relativo a la salud mental. Entre los problemas psiquiátricos se analiza la ansiedad severa, la depresión severa, los problemas emocionales, los cognitivos, las ideas e intentos suicidas, las conductas violentas y las alucinaciones. En todos ellos, menos en las conductas violentas, las mujeres sufren una incidencia mayor que los hombres.

Por ejemplo, el 88,3% de ellas “ha pasado un período de tiempo significativo a lo largo de su vida experimentando” problemas de ansiedad severa, un 73,9% en el caso de los hombres. Casi 8 de cada 10 mujeres atendidas por Proyecto Hombre han tenido o tienen depresión severa. En el caso de los hombres, la cifra baja a 6 de cada 10.

Donde más se aprecia esa desigualdad es en torno a la cuestión del suicidio. El 60,4% de las mujeres atendidas y el 42,8% de los hombres ha tenido ideas suicidas. Lo más preocupante es que esa idea se ha materializado en un intento de suicidio en casi la mitad de ellas (el 40,8%). En cuanto a los hombres, el 24,2% ha intentado acabar con su vida en algún momento.

El informe no atribuye esas diferencias de género a una única causa, pero sí dibuja un contexto de mayor vulnerabilidad entre las mujeres atendidas. Ellas declaran con mucha más frecuencia haber sufrido en algún momento abusos emocionales, físicos y sexuales, presentan más problemas médicos crónicos, más precariedad laboral y mayor exposición a entornos familiares o de convivencia atravesados por el consumo.

Cocaína

Esa mayor vulnerabilidad ayuda a explicar por qué el informe insiste en que las adicciones no pueden abordarse ya como un problema aislado de consumo. La complejidad aparece en la salud mental, en el entorno social y también en la sustancia que lleva a pedir ayuda. En ese punto, el dato más claro es el avance de la cocaína, que se consolida como el principal problema entre los asistidos por Proyecto Hombre.

El 42,7% de las personas atendidas en 2025 pidieron ayuda por problemas de consumo con la cocaína. El dato también varía al aplicarle la variable de género, ya que la principal droga que lleva a las mujeres a Proyecto Hombre sigue siendo el alcohol (41%). Sin embargo, tanto en hombres como en mujeres se observa una tendencia clara: los problemas con las bebidas alcohólicas disminuyen progresivamente en ambos sexos y los asociados a la cocaína se disparan.

Esto se aprecia al tomar la serie histórica de los datos desde 2016, que fue cuando Proyecto Hombre empezó a hacer encuestas a las personas atendidas. El porcentaje de hombres y mujeres asistidos por consumo de cocaína ha crecido casi en la misma proporción. En el caso de los hombres, el aumento ha sido de 11,6% y, en el de las mujeres, de 11,5%.

Policonsumo

Aunque cada persona identifica una droga principal al iniciar el tratamiento, las trayectorias de consumo suelen ser más amplias. El alcohol, la cocaína y el cannabis aparecen de forma recurrente a lo largo de la vida de las personas atendidas. Muchas llegan al recurso por una sustancia concreta, pero a lo largo de su vida han consumido varias.

Esa es una de las claves de la “complejidad” que describe Proyecto Hombre. El consumo regular o problemático de alcohol a lo largo de la vida aparece en el 86% de las personas atendidas; el de cocaína, en el 78,4%; y el de cannabis, en el 62,5%. El dato no significa que todas esas sustancias sean el motivo principal del tratamiento, sino que forman parte de trayectorias más largas y mezcladas.

Los analistas del informe llaman a eso “policonsumo” y señalan que es una tendencia que está en aumento y que ayuda también a entender el envejecimiento del perfil de adicto. La edad media de las personas atendidas ha pasado de 38,1 años en 2016 a 40,7 en 2025. Los grupos con más peso se concentran entre los 34 y los 49 años, lo que aleja la imagen de las adicciones como un problema asociado únicamente a población joven.

Las personas atendidas no llegan al tratamiento al inicio del consumo problemático, sino después de años de relación con la sustancia, incide el estudio. En el caso del alcohol, el tiempo medio de consumo antes de iniciar tratamiento supera los 19 años. En la cocaína y el policonsumo ronda los 14 años. Esa demora ayuda a explicar que quienes llegan a los recursos lo hagan con más edad y, a menudo, con más deterioro acumulado.

El resultado es un perfil menos lineal que el asociado tradicionalmente a las drogodependencias. Ya no basta con tener en cuenta qué sustancia consume una persona, sino cuánto tiempo lleva haciéndolo, qué otras sustancias han formado parte de su trayectoria, qué problemas de salud mental presenta y en qué contexto social vive. Por eso, el informe recomienda reforzar los tratamientos integrales ―con atención psicológica y psiquiátrica―, apoyo familiar, intervención social, inserción laboral y perspectiva de género.

La conclusión que deja el Observatorio es que las adicciones que llegan hoy a tratamiento son más difíciles de encajar en una sola categoría. La cocaína gana terreno, el alcohol sigue ocupando un lugar central —sobre todo entre las mujeres— y el policonsumo muestra trayectorias más complejas de lo que indica la sustancia principal. A eso se suma una población atendida cada vez mayor y con una carga creciente de problemas de salud mental. La sustancia importa, pero cada vez explica menos por sí sola el problema.

jueves, 25 de junio de 2026

Experiencias de ayahuasca

 [Debo advertir que ni los diabéticos, ni los enfermos digestivos, ni los que sufran trastornos neurológicos o psicológicos y tomen fármacos antidepresivos deben experimentar con ayahuasca, porque sufrirán psicosis o el mortal síndrome serotoninérgico]

 ¿La ayahuasca te ayudó a afrontar algunas cosas que no querías afrontar o para las que no estabas preparado? El radiólogo y empresario de bienes raíces estadounidense Karl Pierre, hace seis años, documentó su experiencia con esta sustancia psicoactiva en un retiro rigurosamente controlado en Cuzco, y lo recogió en tres vídeos. Los puedes encontrar en este enlace: My ayahuasca journey.

Escribió: "Me hizo enfrentar todos los pensamientos subconscientes que ignoro. Por ejemplo, malas relaciones, problemas laborales que se barren bajo la alfombra. Pero un ejemplo claro fue mi constante frustración con el equilibrio entre la vida laboral y personal, y el resultado final fue que estaba sobrecargado de trabajo y de mal humor todo el tiempo. Sentía que no tenía tiempo para mí y que seguía trabajando para el beneficio de los demás, ya fuera mi familia, el público o mis empleados, para darme cuenta de que ninguno de ellos se preocupaba por mí. Nadie piensa en cómo va a pagar Karl sus cuentas, nadie piensa en cómo puedo ayudar a Karl a ganar más dinero. Entonces tuve que aceptar que las personas son egocéntricas por naturaleza y que yo también tengo que serlo. La solución es eliminar todos los proyectos de bajo nivel, las cosas que dan poco rendimiento, no preocuparme por cómo las personas se mantienen a sí mismas según mis prácticas comerciales. Enfocarme en los proyectos de alto nivel que merecen mi tiempo, ya que seré el principal beneficiario del esfuerzo. Hacerme tiempo ahora, no más de 8 tareas al día, no más trabajo después de las 5 p. m. Los fines de semana son mi tiempo, las tardes igual. Y entonces vuelves comprendiendo perfectamente lo que tienes que hacer para liberarte de ese patrón de pensamiento negativo. Es como decir: "Ves la tontería... ¿entiendes por qué ocurre?... ahora puedes cortar con eso y liberarte de esa carga o seguir sintiendo esa horrible sensación... tú eliges". Si eres una persona generosa, puede resultar agotador cuando estás rodeado de personas que solo reciben. Hay un dicho que escuché: "Quienes dan deben poner límites, porque quienes solo reciben nunca lo hacen". Me siento de maravilla. No me embarqué en esta aventura porque buscara algo conscientemente; un amigo quería probarla porque era algo que quería hacer antes de morir. Acepté su invitación, la añadí a la mía y el resto es historia. En general, me siento más feliz, veo la vida desde otra perspectiva, soy más consciente de mis pensamientos y acciones autodestructivas, y he logrado mejorar mi motivación y disminuir algunos malos hábitos.

miércoles, 24 de junio de 2026

Alex Grijelmo. La ortografía no es solo cuestión estética

  La ortografía no es solo una cuestión estética, en El País, Álex Grijelmo, 24 jun 2026:

 Las normas de acentuación y escritura se aprenden sin querer: leyendo. Quien comete faltas muestra que no ha leído

Las pruebas de Selectividad de este año han seguido en general la estela de una menor penalización de las faltas de ortografía. En los exámenes de lengua (tanto la castellana como la catalana, la eusquérica o la gallega) no se podrán reducir más de dos puntos por ese concepto; en las demás disciplinas, no más de uno; y en las de matemáticas ni siquiera influirán en la nota. Para que se vea el derrotero que llevamos, baste recordar que hace 29 años se podían descontar hasta cuatro puntos. Y hace 30, con cuatro faltas se propinaba un suspenso.

Una vez más, estos criterios (con ligeras variaciones por comunidades autónomas) parecen basarse en el entendimiento de la ortografía como una mera cuestión estética que además depende de la materia sobre la que se escriba. Es decir: si los estudiantes escriben de matemáticas, no queda feo; y si escriben sobre lengua, sí; pero no tanto como antes. Y si escriben sobre geografía, queda más o menos.

Sin embargo, la ortografía no se reduce a que nos parezca horroroso un vocablo mal reproducido, aunque también eso importa. Si alguien escribe “ambre” en vez de “hambre”, realmente queda poco estético, pero con ello deduciremos que el autor no ha prestado atención a sus escasísimas lecturas y no ha aprendido ortografía sin querer, que es como la aprende todo el mundo: leyendo. Por supuesto, un error solitario puede deberse a un despiste, y todos incurrimos en alguno, sobre todo los despistados; pero las faltas de ortografía y puntuación que se repiten en una persona nos transmiten un mensaje de fondo acerca de lo que ha sucedido en su formación.

El novelista Pedro Sorela, que fue profesor de Periodismo y redactor de Cultura en este periódico, a cuya memoria se dedicó el 29 del mes pasado un acto en el pabellón Europa de la Feria del Libro de Madrid, señalaba en un artículo el 19 de mayo de 1997 que es muy raro que alguien cometa faltas ”si se ha leído lo que los planes de estudio dan por supuesto que los chicos han leído”.

Aquel artículo recogía que en la Selectividad de Madrid se había abolido entonces la norma de que el examen se suspendiera con tres errores de ortografía en Lengua y Comentario de Texto. Como se ve, cada retoque ha ido añadiendo magnanimidad ante el desconocimiento.

Así que hace falta señalar una vez más que la ortografía constituye un termómetro que permite descubrir la fiebre de alguien, y que no por tirar a la papelera el termómetro dejará de existir la calentura. Relajar las exigencias equivale a depositar en la universidad a unos alumnos que empezarán sus estudios superiores con carencias notables de las que ni siquiera son conscientes. Si después los profesores no corrigen eso –y no parece algunos que se dediquen mucho a ello, a lo mejor porque tampoco son conscientes– la consecuencia de todo conduce a lanzar a la sociedad a unos graduados menos cultos (menos leídos), y por tanto con menor capacidad de reflexión y de abstracción, con más dificultad para concentrarse en algo y, lo peor, fácilmente manipulables. Así que la ortografía importa más de lo que parece.

Las normas de nuestras tildes son muy sencillas, y cabrían en el espacio de esta columna. Habrían servido por ejemplo para que una periodista a la que acabo de oír en un boletín de radio no llamase “Cerundolo” a un tenista argentino sino que leyese el apellido correcto “Cerúndolo”. Así nos habría evitado percibir que no tenía ni idea del asunto acerca del cual estaba informando.

Esas reglas, tan útiles, tan sencillas, se incorporan con la lectura de libros y periódicos, pero, en su defecto, también con el estudio. Un alumno que ni lea ni sea capaz de aprendérselas estará capacitado difícilmente para esfuerzos intelectuales superiores. No hay que olvidar que la ortografía del español es el eje de la unidad de la lengua y que sobre él giran sus ricas variedades. Escribimos con respeto a los acentos de todos para que cada cual lea las palabras con su acento propio.

Un periodista amenazado

 Federico Quevedo: “Una amenaza de Montoro me hizo tocar fondo y decidí acabar con mi vida”, en El País, Ángeles Caballero, Madrid - 24 jun 2026:

El periodista recuerda el coste personal que le supuso ser crítico con el Gobierno de Mariano Rajoy desde posiciones consideradas afines

Federico Quevedo (Hamburgo, 64 años) emplaza a EL PAÍS en la redacción de Capital Radio. “Llevo ya treinta y muchos años de carrera, he pasado por todo tipo de medios, aunque ha habido una constante, la radio. Es el medio con el que más me identifico”, cuenta. De números hablará poco, pero mucho de oficio, de política y del coste que le supuso ser crítico con el poder, con un intento de suicidio y una crisis personal de la que hoy dice estar recuperado.

Pregunta. De toda esa trayectoria, casi siempre ha estado ligado al periodismo económico, que tiene fama de aburrido.

Respuesta. Es verdad que tiene ese marchamo de ser un poquito más plasta, más plomo, pero cuando estuve en La Gaceta de los Negocios empecé a hacer información política dentro de la prensa económica, lo cual era un poco innovador. Me encanta la información política.

P. ¿Y la política?

R. Creo que es esencial para los ciudadanos, para la vida pública, y para la mejora de las condiciones de vida de las personas. También tiene sus elementos negativos, pero para eso estamos nosotros, para contarlo y para conseguir que la política sea mejor.

P. ¿En qué nos hemos equivocado los periodistas o cuánto hemos contribuido a la desafección o a alimentar la antipolítica?

R. Como profesión nos afectó mucho la crisis de 2008, y a partir de ahí nos ha costado mucho adaptarnos a la nueva situación. ¿Cuál es la nueva situación? Un entorno con internet y redes sociales al que nos está costando mucho adaptarnos, y los ciudadanos se informan cada vez más ahí en vez de en los medios de comunicación clásicos. Pero mi sensación es que no es tan grave. Yo creo que le damos demasiada importancia.

P. ¿A qué? ¿A las redes?

R. Sí, tenemos que estar en las redes porque es donde está la mayoría de la gente, pero tenemos que conseguir, y lo podemos hacer, que la gente confíe en el periodismo de verdad. El verdadero periodismo se sigue haciendo en los medios tradicionales y vamos a estar siempre ahí.

P. Siempre ha tenido presencia mediática, pero hubo un momento en el que se convirtió en noticia.

R. Fue un momento difícil. Digamos que estaba en lo alto de la curva, en televisión, radio, en prensa, pero me volví crítico con el poder. O sea, no es que no lo hubiera sido antes, pero se entendía que yo era un periodista etiquetado en la derecha. Pero creo que el Gobierno de Mariano Rajoy cometió muchos errores y lo señalé. Y cuando a determinados gobiernos los critican desde posiciones distintas, digamos que lo tienen como interiorizado, pero cuando se les critica desde lo que ellos consideran que son uno de los suyos, lo llevan mal. Fueron a por mí.

P. ¿Qué pasó?

R. Me sacaron de los medios en los que colaboraba y hubo consecuencias económicas. Una amenaza directa por parte del entonces ministro de Hacienda (Cristóbal Montoro) de que o cambiaba mi manera de enfocar lo que estaba pasando o la inspección de Hacienda iría por mí, que fue lo que pasó realmente, porque obviamente yo no cambié mi manera de pensar ni de manifestar mi opinión. Eso me llevó a tocar fondo y decidí incluso acabar con mi vida.

P. ¿Cómo detectó las primeras señales de lo que estaba pasando?

R. Yo entonces hacía con Fernando Jáuregui una cosa que se llamaba El confidencial de La Linterna en la cadena COPE. Cuando ocurrió todo lo de 2017 en Cataluña, me llamó el presidente de la cadena y me dijo: “Me han pedido tu cabeza. No la voy a dar, pero…”. Fue una advertencia. Todavía aguanté unos meses, pero metieron en la cárcel a Oriol Junqueras y me mostré muy crítico con que estuviera en prisión por una cuestión política, por muy grave que fuera el asunto, y lo denuncié en el programa. Pasaron unos meses y me llamaron para decirme: “No vuelvas más por aquí”. Yo sabía quién había sido, el brazo ejecutor, que se llama Soraya Sáenz de Santamaría y María Pico, que era su ariete. En otros medios me había pasado también tres cuartos de lo mismo. En un programa del Canal 24 Horas me pusieron en la lista de tertulianos y me acabaron tachando.

P. ¿Qué o quién le sostuvo durante ese tiempo?

R. Mis hijos. El pequeño tenía entonces cinco o seis años y en el momento en el que tomé la decisión de acabar con mi vida surgió su imagen en la pantalla de mi teléfono móvil. Fue entonces cuando llamé a emergencias y dije: “Acabo de hacer esto”. Me contestaron: “Deja la puerta abierta porque vas a perder el conocimiento y así podemos entrar en tu casa”. Me desperté en el hospital.

P. Hoy está mejor, pero hay compañeros y compañeras, también políticos, amenazados por ejercer su profesión. ¿Usted tiene miedo?

R. Miedo no, pero sí he sentido el linchamiento en redes sociales cuando he manifestado ciertas posiciones. Hace no mucho se me ocurrió decir que me parecía mucho más democrático en este momento un partido como EH Bildu que Vox. Fue brutal, pero me da da igual. Lo sigo pensando, que EH Bildu tiene aún que hacer un recorrido, pero ha demostrado ser mucho más democrático que Vox.

P. ¿Alguna vez ha puesto alguna denuncia?

R. Una vez, a un tipo que me amenazó con pegarme un tiro en la nuca y gané. Era una cantidad muy pequeña, pero pagó y se lo di a una ONG.

P. Esos hijos que le sostuvieron entonces, ¿le han pedido alguna vez que lo deje?

R. No. Y eso que a veces no están de acuerdo con algunas de mis opiniones, como es lógico. Me califico como un liberal de centro que cree en el diálogo. Sé que eso hoy en día se lleva muy mal y provoca muchas tensiones aun en los extremos. Pero, pero no son los mismos unos extremos que otros, ¿eh?

P. Menudo melón que acaba de abrir.

R. En la extrema derecha hay un negacionismo de los derechos civiles que no hay en la extrema izquierda, y para mí eso es una diferencia fundamental. La extrema izquierda puede tener muchas cosas con las que yo no estoy de acuerdo, sobre todo en cuestiones de la libertad personal o de la libertad económica, pero en la defensa de los derechos estoy de acuerdo prácticamente al 99 por ciento.

martes, 23 de junio de 2026

Gran estudio sobre conservantes alimentarios cancerígenos

 Un gran estudio relaciona algunos conservantes alimentarios con mayor riesgo de cáncer, en El País, por Aser García Rada, 23 jun 2026:

El estudio de cohorte francés NutriNet-Santé identifica asociaciones modestas entre la ingesta de estos aditivos y el riesgo de cáncer, lo que reabre el debate científico y regulatorio

Los conservantes alimentarios están presentes en una gran variedad de productos del supermercado, desde panes de molde y salsas hasta carnes procesadas, e incluso en muchos alimentos no ultraprocesados. Su función es prolongar su vida útil, pero persiste la preocupación por sus posibles efectos adversos cuando se consumen de forma habitual.

Ahora, una investigación epidemiológica publicada a principios de año en The BMJ analiza por primera vez la relación entre el consumo acumulado de un amplio abanico de conservantes y la incidencia de cáncer. Basándose en datos de unos 100.000 participantes del estudio de cohorte francés NutriNet-Santé, seguidos de media unos siete años y medio, el trabajo identifica asociaciones entre la ingesta de aditivos ampliamente utilizados —como el sorbato potásico, el metabisulfito potásico, el nitrito sódico, el nitrato potásico, el ácido acético o el eritorbato sódico— y una mayor incidencia de cáncer en general, así como de cáncer de mama y de próstata. No obstante, los autores recalcan que son necesarios estudios adicionales para confirmar estas asociaciones.

El aumento del riesgo observado es modesto, como subraya el editorial que acompaña al estudio, firmado por dos investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard. En términos absolutos, a los 60 años sería del 13,3% entre quienes consumen más conservantes frente al 12,1% entre quienes consumen menos, lo que equivaldría a unos 12 casos adicionales de cáncer por cada 1000 personas. Aunque parezca poco, el impacto global podría ser relevante, ya que casi toda la población consume estos aditivos con regularidad a lo largo de la vida.

Los editorialistas reconocen la solidez metodológica del trabajo, pero llaman a interpretar los resultados con cautela: al tratarse de un estudio observacional, no permite establecer relaciones causales. Aun así, consideran que los hallazgos son coherentes con datos experimentales previos y refuerzan las recomendaciones de priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados.

Para Clara Joaquín, coordinadora del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y endocrinóloga del hospital Germans Trias i Pujol, que como el resto de expertos consultados no ha participado en la investigación, los resultados encajan con una tendencia preocupante. “Aunque en parte me lo esperaba, son sorprendentes”, señala a EL PAÍS. “Estamos viendo un aumento de los cánceres y a edades cada vez más jóvenes, y creo que una parte importante tiene que ver con la exposición crónica a lo que comemos”. Aun así, admite que “es complicado eliminar todos estos conservantes de la dieta”.

Diferencias entre conservantes antioxidantes y no antioxidantes

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores —de varias universidades francesas e instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), el INSERM o el Institut Pasteur— analizaron la dieta de los participantes mediante registros repetidos de 24 horas que cruzaron con bases de datos sobre la composición de productos industriales y con análisis de laboratorio.

El estudio destaca por el tamaño de la cohorte y por ampliar el foco más allá de los aditivos más estudiados. “El eritorbato o los acetatos apenas se habían tenido en cuenta, y los sulfitos se han relacionado más con alergias que con cáncer”, apunta Joaquín. En total, evaluó 58 conservantes, agrupados bajo los conocidos códigos europeos “E-XXX”, entre ellos los sorbatos (E200-203), los sulfitos (E220-228) y los nitratos y nitritos (E249-252). Uno de los retos fue que muchos se consumen en alimentos que ya se vinculan con mayor riesgo de cáncer per se, como las carnes procesadas —caso de nitratos y nitritos— o las bebidas alcohólicas, como el vino —el de los sulfitos—, lo que dificulta aislar el efecto específico del aditivo del asociado al propio alimento o sus otros componentes.

Los investigadores engloban los conservantes en dos grandes grupos con niveles de riesgo diferentes. Por un lado, una mayor ingesta de conservantes no antioxidantes —los que impiden el crecimiento de microorganismos— se asocia con un aumento del riesgo de cáncer en general. En este grupo también observaron asociaciones con cáncer de mama y de próstata para algunas familias de aditivos —como sorbatos, sulfitos o acetatos— y para compuestos concretos como nitratos o nitritos.

Estos dos últimos pueden transformarse en el organismo en nitrosaminas, carcinógenas en animales y consideradas potencialmente carcinógenas en humanos, lo que llevó en 2023 a la Comisión Europea a reducir sus niveles permitidos.

En cambio, los conservantes antioxidantes —que evitan la oxidación, como los ascorbatos (vitamina C) o los tocoferoles (vitamina E)— no se asociaron con el cáncer en general. La excepción fue el eritorbato sódico (E316), empleado para mantener el color rosado en carnes procesadas como hamburguesas, salchichas o embutidos, y en algunas bebidas, que sí se asoció con mayor incidencia de cáncer.

Para Rocío Barragán, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València, el estudio merece atención científica y regulatoria, aunque insiste en la cautela. “No permite sacar conclusiones definitivas, pero tiene una población enorme y plantea que quizá haya que reevaluar el efecto tóxico de algunos conservantes”.

Barragán, que también es investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) y de la Universidad de Columbia, destaca además que el estudio aborda una cuestión poco explorada: el posible efecto combinado de múltiples aditivos en la dieta. “Normalmente los conservantes se evalúan de forma individual, pero no sabemos bien cuál puede ser el efecto combinado de muchos aditivos consumidos al mismo tiempo”, señala.

La experta apunta, no obstante, algunas debilidades metodológicas. “Cuando se analizan muchas variables a la vez, siempre existe la posibilidad de que algunas asociaciones resulten significativas por azar”. Aun así, valora positivamente que el estudio haya ajustado sus resultados por múltiples factores de confusión, como el estilo de vida o el patrón dietético. En todo caso, “los resultados refuerzan la recomendación de reducir los ultraprocesados y consumir alimentos más frescos. Patrones como la dieta mediterránea, basados en alimentos mínimamente procesados, siguen siendo los más saludables”.

“Hay que tener en cuenta que muchos de estos aditivos son imprescindibles en el sistema alimentario actual”, advierte por su parte José Juan Rodríguez Jerez, catedrático de Seguridad Alimentaria de la Universidad Autónoma de Barcelona. “El consumidor quiere alimentos con aspecto fresco, que duren varios días en el frigorífico y que sean seguros. Sin conservantes, en muchos casos eso no sería posible”.

En algunos casos, añade, los aditivos se utilizan precisamente para prevenir riesgos sanitarios más graves. “Por ejemplo, retirar completamente nitratos o nitritos de ciertos alimentos podría aumentar el riesgo de Clostridium botulinum, que produce botulismo y puede ser mortal”, afirma. “En seguridad alimentaria siempre hay un equilibrio entre distintos riesgos”.

Un toque de atención para un mundo con prisa

Así, el estudio alimenta el debate regulatorio. “Estos hallazgos aportan información útil para una futura reevaluación del perfil de seguridad de estos aditivos por parte de las agencias sanitarias, teniendo en cuenta el equilibrio entre los beneficios de la conservación de los alimentos y los posibles riesgos para la salud”, señalan los autores. En la misma línea, el editorial apunta que el uso generalizado de conservantes y las incertidumbres sobre sus efectos a largo plazo justifican “una revisión de las normativas actuales”, con límites más estrictos, un etiquetado más claro y una vigilancia más sistemática.

“El modelo de producción y consumo actual hace que muchos alimentos necesiten conservantes para alargar su vida útil y abaratar costes, ¿pero hasta qué punto eso resulta beneficioso o no para la salud?”, plantea Barragán. Para Joaquín, los resultados suponen “un toque de atención” en sociedades con poco tiempo para cocinar y una oferta alimentaria mayoritariamente envasada. A su juicio, “las instituciones sanitarias deberían valorar de forma individual cada conservante” y avanzar en su regulación, como ya se ha hecho con algunos disruptores endocrinos. “Habría que hacer estudios específicos con cada uno y regular en función de su perfil de riesgo”, afirma, aunque reconoce la complejidad del escenario: “No solo están en los ultraprocesados; muchos alimentos poco procesados también los contienen”.

Los investigadores consideran, por último, que sus resultados deberían incentivar a la industria a limitar el uso de conservantes y reforzar políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos frescos, de temporada o mínimamente procesados. También recuerdan que “los médicos de atención primaria y los dietistas podrían desempeñar un papel clave a la hora de trasladar estas recomendaciones”.

Así lo hace Joaquín, que pide leer bien las etiquetas. “Cuantos menos ingredientes tenga un producto, mejor; si tiene más de cuatro, recomiendo no comprarlo”. Aconseja evitar no solo los ultraprocesados, sino también muchos alimentos procesados: “Es preferible que estén lo menos envasados posible”. La recomendación cobra especial relevancia ante el auge de los servicios de comida preparada y de tuppers a domicilio. “Pueden estar equilibrados en calorías o nutrientes, pero no sabemos qué conservantes utilizan. No es igual cocinar con tomate fresco que usar una salsa industrial con sulfitos, o unos garbanzos cocidos en casa que unos de conserva”.