miércoles, 24 de junio de 2026

Un periodista amenazado

 Federico Quevedo: “Una amenaza de Montoro me hizo tocar fondo y decidí acabar con mi vida”, en El País, Ángeles Caballero, Madrid - 24 jun 2026:

El periodista recuerda el coste personal que le supuso ser crítico con el Gobierno de Mariano Rajoy desde posiciones consideradas afines

Federico Quevedo (Hamburgo, 64 años) emplaza a EL PAÍS en la redacción de Capital Radio. “Llevo ya treinta y muchos años de carrera, he pasado por todo tipo de medios, aunque ha habido una constante, la radio. Es el medio con el que más me identifico”, cuenta. De números hablará poco, pero mucho de oficio, de política y del coste que le supuso ser crítico con el poder, con un intento de suicidio y una crisis personal de la que hoy dice estar recuperado.

Pregunta. De toda esa trayectoria, casi siempre ha estado ligado al periodismo económico, que tiene fama de aburrido.

Respuesta. Es verdad que tiene ese marchamo de ser un poquito más plasta, más plomo, pero cuando estuve en La Gaceta de los Negocios empecé a hacer información política dentro de la prensa económica, lo cual era un poco innovador. Me encanta la información política.

P. ¿Y la política?

R. Creo que es esencial para los ciudadanos, para la vida pública, y para la mejora de las condiciones de vida de las personas. También tiene sus elementos negativos, pero para eso estamos nosotros, para contarlo y para conseguir que la política sea mejor.

P. ¿En qué nos hemos equivocado los periodistas o cuánto hemos contribuido a la desafección o a alimentar la antipolítica?

R. Como profesión nos afectó mucho la crisis de 2008, y a partir de ahí nos ha costado mucho adaptarnos a la nueva situación. ¿Cuál es la nueva situación? Un entorno con internet y redes sociales al que nos está costando mucho adaptarnos, y los ciudadanos se informan cada vez más ahí en vez de en los medios de comunicación clásicos. Pero mi sensación es que no es tan grave. Yo creo que le damos demasiada importancia.

P. ¿A qué? ¿A las redes?

R. Sí, tenemos que estar en las redes porque es donde está la mayoría de la gente, pero tenemos que conseguir, y lo podemos hacer, que la gente confíe en el periodismo de verdad. El verdadero periodismo se sigue haciendo en los medios tradicionales y vamos a estar siempre ahí.

P. Siempre ha tenido presencia mediática, pero hubo un momento en el que se convirtió en noticia.

R. Fue un momento difícil. Digamos que estaba en lo alto de la curva, en televisión, radio, en prensa, pero me volví crítico con el poder. O sea, no es que no lo hubiera sido antes, pero se entendía que yo era un periodista etiquetado en la derecha. Pero creo que el Gobierno de Mariano Rajoy cometió muchos errores y lo señalé. Y cuando a determinados gobiernos los critican desde posiciones distintas, digamos que lo tienen como interiorizado, pero cuando se les critica desde lo que ellos consideran que son uno de los suyos, lo llevan mal. Fueron a por mí.

P. ¿Qué pasó?

R. Me sacaron de los medios en los que colaboraba y hubo consecuencias económicas. Una amenaza directa por parte del entonces ministro de Hacienda (Cristóbal Montoro) de que o cambiaba mi manera de enfocar lo que estaba pasando o la inspección de Hacienda iría por mí, que fue lo que pasó realmente, porque obviamente yo no cambié mi manera de pensar ni de manifestar mi opinión. Eso me llevó a tocar fondo y decidí incluso acabar con mi vida.

P. ¿Cómo detectó las primeras señales de lo que estaba pasando?

R. Yo entonces hacía con Fernando Jáuregui una cosa que se llamaba El confidencial de La Linterna en la cadena COPE. Cuando ocurrió todo lo de 2017 en Cataluña, me llamó el presidente de la cadena y me dijo: “Me han pedido tu cabeza. No la voy a dar, pero…”. Fue una advertencia. Todavía aguanté unos meses, pero metieron en la cárcel a Oriol Junqueras y me mostré muy crítico con que estuviera en prisión por una cuestión política, por muy grave que fuera el asunto, y lo denuncié en el programa. Pasaron unos meses y me llamaron para decirme: “No vuelvas más por aquí”. Yo sabía quién había sido, el brazo ejecutor, que se llama Soraya Sáenz de Santamaría y María Pico, que era su ariete. En otros medios me había pasado también tres cuartos de lo mismo. En un programa del Canal 24 Horas me pusieron en la lista de tertulianos y me acabaron tachando.

P. ¿Qué o quién le sostuvo durante ese tiempo?

R. Mis hijos. El pequeño tenía entonces cinco o seis años y en el momento en el que tomé la decisión de acabar con mi vida surgió su imagen en la pantalla de mi teléfono móvil. Fue entonces cuando llamé a emergencias y dije: “Acabo de hacer esto”. Me contestaron: “Deja la puerta abierta porque vas a perder el conocimiento y así podemos entrar en tu casa”. Me desperté en el hospital.

P. Hoy está mejor, pero hay compañeros y compañeras, también políticos, amenazados por ejercer su profesión. ¿Usted tiene miedo?

R. Miedo no, pero sí he sentido el linchamiento en redes sociales cuando he manifestado ciertas posiciones. Hace no mucho se me ocurrió decir que me parecía mucho más democrático en este momento un partido como EH Bildu que Vox. Fue brutal, pero me da da igual. Lo sigo pensando, que EH Bildu tiene aún que hacer un recorrido, pero ha demostrado ser mucho más democrático que Vox.

P. ¿Alguna vez ha puesto alguna denuncia?

R. Una vez, a un tipo que me amenazó con pegarme un tiro en la nuca y gané. Era una cantidad muy pequeña, pero pagó y se lo di a una ONG.

P. Esos hijos que le sostuvieron entonces, ¿le han pedido alguna vez que lo deje?

R. No. Y eso que a veces no están de acuerdo con algunas de mis opiniones, como es lógico. Me califico como un liberal de centro que cree en el diálogo. Sé que eso hoy en día se lleva muy mal y provoca muchas tensiones aun en los extremos. Pero, pero no son los mismos unos extremos que otros, ¿eh?

P. Menudo melón que acaba de abrir.

R. En la extrema derecha hay un negacionismo de los derechos civiles que no hay en la extrema izquierda, y para mí eso es una diferencia fundamental. La extrema izquierda puede tener muchas cosas con las que yo no estoy de acuerdo, sobre todo en cuestiones de la libertad personal o de la libertad económica, pero en la defensa de los derechos estoy de acuerdo prácticamente al 99 por ciento.

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