jueves, 23 de febrero de 2012
Dawkins versus Williams
El arzobispo de Canterbury Rowan Williams y el biólogo Richard Dawkins han discutido en la Universidad de Oxford sobre la existencia de Dios y el origen del hombre. El debate ha sido muy comentado en la Entrerred. He aquí un extracto:
El arzobispo cree que en algún momento de la evolución el humano se hace consciente por una "llamada de Dios" y tiene que haber algo más para explicar la conciencia humana. Dawkins insiste en que la ciencia no es algo tan misterioso. Nuestro cerebro ha evolucionado hasta un punto en que es bueno analizando y sintetizando conocimientos. El arzobispo vuelve a afirmar que la ciencia no basta para explicar la conciencia. Dawkins: "la ciencia basta para explicar a los humanos, no puedo imaginarme qué más hace falta para explicarnos". Dawkins afirma que tenemos la falsa impresión de que somos libres cuando tomamos una decisión. En realidad, la decisión ya ha sido tomada, hay experimentos neurológicos en los que la gente toma decisiones antes de que la voluntad lo manifieste, sólo existe la 'ilusión' de la libertad. ¿Cree en la existencia de un Dios interior que toma decisiones al margen de la realidad física?, pregunta Dawkins al arzobispo. No hay fantasmas dentro de nuestro cuerpo material. Dawkins se considera determinista en el sentido de que los eventos anteriores determinan lo que ocurre después, incluyendo las acciones humanas. Para Dawkins ni los ordenadores son libres, ni los humanos tampoco. Afirma que en el futuro podrían existir ordenadores 'conscientes' como los humanos y conoce a algunos colegas que dien que 'no son conscientes', que la conciencia es un mito. "Si la conciencia es una ilusión, ¿qué no es una ilusión?", se pregunta Williams, replicando a una de las afirmaciones de Dawkins. El arzobispo afirma su fe en que la conciencia o el alma sobrevive tras la muerte. Dawkins habla de la elegancia y la belleza del mundo en sí mismo "¿Por qué tenemos que complicarlo todo con Dios?", pregunta Dawkins. El arzobispo insiste en defender a Dios para ayudar a explicar el origen de la belleza y elegancia del Universo Dawkins diserta sobre la complejidad de la vida y parece emular a Thoreau en la necesidad de "simplificar". Ese es uno de los grandes retos de la ciencia, asegura Dawkins: "Invocar a Dios como creador del Universo va contra toda lógica científica. Los logros de Darwin nos dan confianza", y explica así su postura: la probabilidad de que exista alguna fuerza sobrenatural es bajísima. "¿Por qué esforzarnos en intentar interpretar el Génesis desde la perspectiva del siglo XXI si tenemos la Ciencia?", pregunta Dawkins. El arzobispo defiende que la Biblia sirve para conocer nuestro lugar espiritual en el Universo, aunque no sea una explicación científicamente valida de la formación del Universo.Dawkins ridiculiza el mito de Adán y Eva y el libro del Génesis. El arzobispo pide la palabra y le pregunta a Dawkins sobre el origen del DNA Dawkins reconoce que nadie entiende bien todavía cómo surgió el código del ADN.
Eduardo Suárez , "Entrevista con el biólogo Richard Dawkins. 'Desde Darwin, no se sostiene que un ser superior haya creado el mundo'". El Mundo, 07/02/2009
Al filo del bicentenario de Darwin, qué mejor oráculo al que acudir que Richard Dawkins, divulgador del evolucionismo, ateo militante y polemista recurrente en distintos ágoras.
Dawkins es autor de 'El gen egoísta' y 'El espejismo de Dios'. Dos libros de éxito que reflejan su doble naturaleza de científico brillante y pensador anticlerical. De hecho, Dawkins ha sido uno de los principales impulsores en el Reino Unidos de la campaña de publicidad en los autobuses de Londres con un eslogan a favor del ateísmo ('Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida'), que recientemente se ha iniciado también en Madrid y Barcelona.
A priori, Dawkins se antoja una persona solícita y agradable. Las preguntas lo convierten sin embargo en un tipo hosco, desabrido y gruñón. Lo que sigue es el resumen de una conversación estimulante pero tensa y difícil.
Pregunta.- ¿Cómo le explicaría la importancia de la teoría de Darwin a alguien de otro planeta?
Respuesta.- Le diría que logró explicar por qué existimos como seres complicados y estadísticamente improbables. Antes de él, la gente pensaba que la complicación, la elegancia, la belleza de las cosas vivas tenían su origen en un ser superior. Eso fue lo que Darwin destruyó.
P.- O sea que según usted la muerte de Dios es una consecuencia lógica de la teoría de Darwin.
R.- Yo no iría tan lejos. Diría más bien que, después de Darwin, la hipótesis de un ser superior que ha diseñado el mundo deja de sostenerse. Si uno cree en Dios debe hacerlo por otros motivos, pero no porque lo necesite para explicar el mundo.
P.- ¿Se ha frenado la selección natural en el ser humano?
R.- Tal vez. En mi opinión, quizá es cierto, en el sentido que casi nunca morimos antes de estar en edad de reproducirnos, aunque desde luego hay todavía cierta selección natural en lo que respecta a las enfermedades.
P.- Hay quien dice también que ese freno a la evolución biológica ha dado paso a una evolución cultural.
R.- Quizá. Aunque la evolución cultural la mueven resortes similares a los de la evolución biológica. Nuestros cerebros y nuestros sistemas nerviosos están moldeados por siglos de selección natural.Uno puede encontrar los orígenes de cosas como el deseo sexual o la búsqueda de estatus en nuestro proceso evolutivo.
P.- Pero los seres humanos hacemos cosas en contra de nuestros instintos de reproducción y supervivencia. Pienso en el suicidio, los deportes de riesgo o el matrimonio gay.
R.- El suicidio o el matrimonio gay no son por supuesto lo mejor para la supervivencia de los genes de uno, pero creo que éstas no son excepciones muy importantes. La especie humana es una especie muy peculiar. No es bueno concentrarse en ella si uno quiere entender la teoría de Darwin.
P.- ¿Somos esclavos de nuestros genes?
R.- No.
P.- ¿Y pesan los genes más o menos que el ambiente en el que crecemos?
R.- Hoy la ciencia ya sabe qué parte de nuestras diferencias corresponde a nuestros genes y cuál pertenece a factores externos como la nutrición, la cultura o la educación. Y hay cosas que parecen ser más resistentes a la variación ambiental. Lo atestiguan las investigaciones sobre gemelos. Los rasgos de la cara suelen ser iguales se eduquen donde se eduquen, pero también la orientación sexual, la irritabilidad o el cociente intelectual.
P.- Si luchamos por sobrevivir y reproducirnos, ¿por qué el altruismo?
R.- Es una pregunta que durante años fascinó a los científicos.Las respuestas más aceptadas son el parentesco -tratamos bien a quienes tenemos cerca- y la reciprocidad -tratamos bien esperando algo a cambio-.
P.- ¿Y la religión? ¿Tiene también un origen evolutivo?
R.- En mi opinión, es el producto secundario de diversas predisposiciones psicológicas del ser humano. Cosas como la tendencia a respetar la autoridad, que podría tener ventajas evolutivas en una especie como la nuestra.
P.- Usted ha escrito: «Darwin hizo posible que yo fuera un ateo intelectualmente realizado». ¿A qué se refiere? R.- Antes de Darwin, cada vez que uno miraba el mundo veía alrededor una presencia masiva de pruebas de que alguien lo había diseñado.Y eso hacía muy complicado ser ateo. Fue Darwin quien hizo mucho más fácil serlo, al descubrir que era la selección natural lo que movía el mundo.
P.- Pero él no era ateo.
R.- El decía que era un agnóstico porque pensaba que le aceptarían mejor si se llamaba así. Pero Darwin era tan ateo como lo soy yo. Nadie puede demostrar que no existe Dios. Sólo que no hay una sola evidencia de ello. Pero la carga de la prueba debe recaer en aquéllos que creen en algo que tiene las mismas probabilidades de existir que un hada o un unicornio.
P.- Como sabrá, hay autobuses ateos circulando por las calles de Madrid y Barcelona
R.- Lo sé y estoy encantado. Creo que es muy bueno que los creyentes se den cuenta de que no todos los somos y que no tenemos por qué serlo.
P.- Hay quien dice que la campaña está creando más creyentes que ateos.
R.- Lo importante es que la gente piense por sí misma. Usted sugiere que cuanto más le den vueltas al asunto, más religiosos serán. Francamente, si eso sucede, me sorprendería.
P.- ¿Por qué es tan difícil para la especie humana deshacerse de la religión?
R.- Por ignorancia. Muchas personas son el producto de un adoctrinamiento infantil que les presenta como un hecho que Dios existe.
P.- La ignorancia puede ser un factor en algunos casos. Pero no todos los creyentes son ignorantes. Hay creyentes que son filósofos, matemáticos o biólogos.
R.- Por supuesto. Y no estoy hablando de ellos. En el caso de muchos científicos, habría que ver qué es aquello en lo que realmente creen y podría ser que sólo sean creyentes en el sentido panteísta de Einstein. Los científicos cristianos, supongo, lo son por un adoctrinamiento infantil que no son capaces de sacudirse.
P.- ¿Le merecen las grandes religiones el mismo respeto que los hechiceros de las tribus africanas?
R.- Exactamente el mismo. En ninguno de los dos casos hay pruebas de que aquello en lo que creen exista. Por eso merecen el mismo grado de respeto. Es decir, cero.
P.- A la luz de las cantatas de Bach o de las catedrales, ¿no cree que el cristianismo ha tenido algunos efectos positivos?
R.- No hay duda que la religión ha inspirado un arte extraordinario.Pero eso no convierte una religión en verdadera. Ahora bien, yo creo que cuando uno vive en una cultura cristiana, como nosotros, es importante que los niños aprendan sobre la cultura en la que viven. Uno no puede apreciar la Historia ni la literatura europea si no ha leído la Biblia o ha recibido nociones de arte sacro.
P.- O sea, que en su opinión esas cosas deben enseñarse en las escuelas.
R.- Por supuesto que sí. De lo que no estoy a favor de adoctrinar a los niños ni de etiquetarlos como niños católicos o musulmanes.
P.- Hay quien dice que el lema de sus autobuses es arrogante.Presupone que sólo los que no creen disfrutan de la vida.
R.- Ojalá haya católicos que disfrutan de la vida. Ojalá no sigan aterrorizando a los niños con cuentos sobre el fuego del infierno o mintiendo a sus feligreses sobre la eficacia de los métodos anticonceptivos.
P.- Hay gente que lo acusa a usted de referirse siempre a los elementos más radicales de la religión y de ignorar a los más liberales.
R.- Los profesores de teología, por supuesto, no defienden muchas de esas cosas. Pero en el día a día no tratamos con profesores de teología. Hay cientos de miles de personas que creen literalmente en el libro del Génesis o en el infierno.
P.- O sea, que según usted la mayoría de las personas religiosas son radicales, no liberales.
R.- Sí. Y eso es muy preocupante.
P.- Pero hay creyentes cuyo empeño ha hecho mejor el mundo. Desmond Tutu, Teresa de Calcuta...
R.- Desmond Tutu es una buena persona. Nadie que haya leído su vida puede decir lo mismo de Teresa de Calcuta. A mí me parece que era una mujer malvada. Ella creía que era muy buena, pero no le importaba nada el sufrimiento de las personas. Lo único que quería era convertirlas.
P.- ¿Y Gandhi? Era religioso también.
R.- Quizá. Pero es irrelevante. Hay buenas y malas personas, crean o no crean en Dios. No creo que sea una buena idea predicar mentiras aunque algunas de las personas que las crean sean buenas personas. Lo que cabe preguntarse es si la religión suele hacer mejores o peores personas.
P.- ¿En qué sentido?
R.- En mi opinión, hay una semilla en la religión que lleva al ser humano a hacer cosas terribles. Fíjese en los terroristas del 11-S. Al secuestrar aquellos aviones, todos creían que hacían la voluntad de Dios. En el ateísmo es imposible encontrar la semilla de una cosa así.
P.- Hitler y Stalin eran ateos.
R.- Stalin era ateo, pero ninguna de sus atrocidades son la consecuencia lógica de ese ateísmo sino de su marxismo. Una ideología que, por cierto, tiene mucho que ver con la religión. Hitler y Stalin establecieron en sus estados una especie de religión y de culto a su personalidad. Eso no es ateísmo.
P.- Aparte de la de los autobuses ateos, ¿tiene alguna otra campaña en mente?
R.- Me encantaría hacer una en contra del adoctrinamiento a los niños en los colegios religiosos y contra el hecho de que al hijo de unos padres católicos se le etiquete como a un niño católico.Etiquetar a un niño es malvado.
P.- O sea, que según usted los padres no tienen derecho a educar a los niños según sus creencias.
R.- No he dicho eso. Yo hablo de etiquetar a los niños. De decir que un niño es católico o musulmán cuando no se dice que es un niño marxista o un niño derechista. Lo que yo quiero es que la religión reciba el mismo trato que los partidos políticos o los equipos de fútbol.
P.- ¿Y su hija? ¿Es atea?
R.- Sí. Supongo que sí, pero eso a usted no le importa.
P.- ¿Y usted la educó en el ateísmo?
R.- Eso a usted tampoco le importa. Es un asunto privado.
P.- Pero supongo que a los lectores les gustará saber si usted predica con el ejemplo o ha adoctrinado a su hija.
R.- Está bien. Contestaré a su pregunta. Yo le escribí una carta cuando tenía 10 años en la que le animaba a pensar por sí misma y eso es lo mejor que un padre puede hacer por su hija.
P.- Hay gente que no comprende su voluntad de extender el ateísmo.Gente que piensa: «Señor Dawkins, probablemente Dios no existe.Así que deje de preocuparse y disfrute de su vida». ¿Qué les diría?
R.- Les diría que lo que de verdad me apasiona es la verdad científica y que lo que deseo es abrir los ojos a la gente sobre el hecho maravilloso de su propia existencia. Mientras el adoctrinamiento religioso interfiera en el conocimiento de esa verdad científica lo combatiré. No le quede duda.
Javier Sampedro, "El obispo también viene del mono. El evolucionista Richard Dawkins y el jefe de la iglesia anglicana reeditan en la Universidad de Oxford la más famosa refriega del darwinismo. Así te lo hemos contado en directo en Eskup". El País, 23 FEB 2012 - 21:53 CET38:
Mucho han evolucionado los obispos desde que el de Oxford le preguntó a Thomas Huxley, el bulldog de Darwin, si él creía venir del mono por parte del abuelo paterno o del materno. Un siglo y medio después de aquella salida gloriosa, la Universidad de Oxford ha querido reeditar la reyerta con unos modales más británicos. El debate entre el evolucionista y ateo militante Richard Dawkins y el obispo de Canterbury, Rowan Williams, ha alcanzado hoy alturas estratosféricas y profundidades teológicas sin llegar a las manos. No ha resuelto la naturaleza de Dios, pero al menos ha servido para saber que los obispos ya admiten venir del mono. Por vía paterna y materna.
El debate entre Huxley y el entonces obispo de Oxford, Samuel Wilberforce, se celebró en 1860, solo siete meses después de que Darwin publicara El origen de las especies, y la ocurrencia de Wilberforce se ha convertido desde entonces en el chascarrillo obligado sobre lo mal que le sentó el libro al clero. La reedición de hoy ha tenido lugar en el solemne salón de actos de la facultad de Teología de la Universidad de Oxford. Su solo título ya rizaba el pelo: La naturaleza del ser humano y la cuestión de su origen último.
Si la actitud de Williams, que es el jefe de la iglesia anglicana, es representativa de la mentalidad religiosa actual, o al menos una avanzadilla de ella, el último siglo y medio de teología responde al esquema del God of the gaps, o Dios de los huecos: una teología que va aceptando la evidencia científica, aunque sea murmurando, y deja a Dios el papel de ir rellenando los huecos allí donde la ciencia actual no alcanza.
El debate ha alcanzado alturas estratosféricas sin llegar a las manos.
Williams, al igual que el Vaticano, acepta ahora la evolución biológica, pero sigue creyendo que tiene un propósito superior. También admite que el ser humano proviene del mono, lo que deja a Dios el dificultoso papel de insertarle un alma en algún momento de la evolución de los homínidos. Acoge de mil amores el Big Bang —lo más parecido a una Creación que ha producido la ciencia, y encima formulado por un cura—, pero frunce el ceño frente a la inmensidad del cosmos, y no hablemos ya de los universos paralelos que conjeturan muchos físicos teóricos. Puede que Dios utilice la ciencia, pero solo si es para crear al hombre.
Es curioso que no haya sido el obispo de Canterbury, sino el ateo Dawkins, quien haya logrado orientarse entre todas esas brumas de las capas altas o altísimas de la atmósfera para señalar el problema verdaderamente vital que tienen las religiones en nuestro tiempo: “El perdón de los pecados y la salvación de las almas”.
Dawkins, como Einstein y otros científicos, opina que las religiones viven del miedo que sienten sus feligreses ante la intranscendencia de la vida y la certeza de la muerte. Es poco probable que el grueso de los creyentes se preocupe por la causa última del Big Bang o el fino ajuste de las constantes físicas mientras no le resuelvan esas cuestiones más acuciantes.
Williams acepta ahora la evolución, pero con un propósito superior.
El científico también le ha soltado al obispo una de sus refutaciones favoritas de la existencia de Dios. La teoría del diseño inteligente —versión posmoderna del creacionismo norteamericano— sigue sosteniendo lo mismo que la teología natural de los tiempos de Darwin, que deducía la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas. Dawkins argumenta, en cambio, que un diseñador inteligente debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.
Como ocurre a veces en este tipo de debates, los ponentes han adoptado a menudo el lenguaje del adversario con la intención —invariablemente frustrada— de llevarse el gato al agua. Así, el obispo de Canterbury ha hablado con cierta soltura de “consciencia autorreflexiva”, bases binarias, mutaciones saltatorias, genes del lenguaje, el carácter predecible de los sistemas emergentes, o la falta de él, el mecanismo de transferencia de la información genética y la naturaleza de los procesos evolutivos antes de la aparición de las primeras moléculas autorreplicantes. Hasta se ha disculpado por el hecho de que los redactores de la Biblia no tuvieran ni idea de la física del siglo XX, lo que ha suscitado la comprensión del público.
Dawkins ha atemperado en cierta medida su lengua viperina
Dawkins también ha atemperado en cierta medida su lengua viperina. Por ejemplo, no ha dicho que la existencia de un Creador sobrenatural fuera imposible, sino “extremadamente improbable”, con esa vocal muy larga en las segundas sílabas que saben poner en Oxford. Hasta ha llegado a admitir la relevancia de las “macromutaciones”, aunque solo en la evolución de las plantas.
Pero su mejor momento fue cuando el obispo de Canterbury le preguntó: “¿Acaso el conocimiento humano se puede explicar por la evolución?”, y él respondió: “Mire usted, no entiendo ni la pregunta”.
Ese es el Dawkins que cabreaba a los obispos en otros tiempos. Ay Dios, cómo se echa de menos a Samuel Wilberforce.
El universo, la Biblia y el origen de la vida
¿Cómo se creó el universo?
Richard Dawkins: “¿Cómo podemos hablar de la evolución y los millones de años de desarrollo y diseño y luego decir: sí existe Dios? ¿Por qué no reconoce que hay elegancia y belleza en la idea de que la vida apareció de la nada, movido por las leyes de la física?”
Rowan Williams: El arzobispo admite que está admirado de esa belleza, pero asegura que él no podría explicarla solo por las leyes de la física. “Una mezcla de amor y matemáticas”, dice el religioso. Así explica la belleza de la creación.
¿Cómo se originó la vida en el universo?
R.D.: La selección natural explica mucho de este proceso. Se trata de imaginar cómo en el primer momento las moléculas estaban en el espacio. Pero nadie sabe realmente cómo se originó la primera molécula que dio origen a la vida. Piensa que tal vez la primera formación fue parecida al RNA (ácido ribonucleico).
¿Estamos solos en el universo?
R. D.: ¿Cómo puede ser que por casualidad la vida solo haya logrado formarse en las moléculas de la tierra? El universo debe estar lleno de vida.
La Biblia y el universo.
R.W.: Los autores no se referían a la creación de la vida, sino a lo que Dios quería señalar. Con la Biblia se quería explicar en realidad el concepto de pecado.
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miércoles, 22 de febrero de 2012
Epístola a Francisco de Aldana
Ilustre capitán, os ruego me permitáis dirigiros estas palabras que siempre he soñado poder haceros llegar, donde quiera que estéis. Me parece simbólico que nunca se encontrara vuestro cuerpo, como nunca se encontró el del monarca al que servíais, el perdido rey Don Sebastián. Quiero creer que os adentrasteis ambos en el místico desierto como unos nuevos Don Quijote y Sancho Panza y algún día retornaréis para fundar el Quinto imperio, como quería vuestro devoto súbdito Fernando Pessoa y el cortesano padre Vieira, como querían todos los portugueses desde Bandarra. A lo menos estaréis ahora más tranquilo, libre de tanto ajetreo militar como el que lamentaba agriamente don Garci Lasso, "tomando ora la espada ora la pluma", que buen caballero era, pues no hubo contienda donde no se hallara herido con el testimonio de su valor cuanto de su torpeza para hacer mal a nadie, aun infiel o hereje, cual pudiera decirse de otro vuestro contemporáneo, el gran Miguel de Cervantes, quien nunca amó tanto La Mancha como a su adorada Italia, como hizo otro gran exmanchego, Ángel Crespo, Hermes de lo indeciso. Soñaba yo torcer de la común carrera
que sigue el vulgo y caminar derecho
jornada de mi patria verdadera;
entrarme en el secreto de mi pecho
y platicar en él mi interior hombre,
dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho.
Y porque vano error más no me asombre,
en algún alto y solitario nido
pienso enterrar mi ser, mi vida y nombre
y, como si no hubiera acá nacido,
estarme allá, cual Eco, replicando
al dulce son de Dios, del alma oído.
O emprender un viaje por el mar del cosmos "hacia la infinidad buscando orilla", como vos, en el esquife de vuestra impresionante y ascética Epístola a Arias Montano. Porque vuestro nombre, Aldana, es anagrama de La nada, como bien me descubrió Luis Cernuda en "A sus paisanos":
Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,
vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.
Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre
aquí. Y entonces la ignorancia,
la indiferencia y el olvido, vuestras armas
de siempre, sobre mí caerán, como la piedra,
cubriéndome por fin, lo mismo que cubristeis
a otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra
precipitó en la nada, como al gran Aldana.
Siempre os tuve por afín, poeta tan amigo y conmigo como San Juan de Yepes, el medio fraile. Casi tanto milagro hicisteis como él en esa quíntuple correlación entre dos endecasílabos versos de un terceto, para más asombro en quiasmo:
Ojos, oídos, pies, manos y boca,
hablando, obrando, andando, oyendo y viendo,
serán del mar de Dios cubierta roca
Y dándoos las gracias, ilustre señor, libro y amigo, por haberme reconciliado con la poesía y con Dios desde aquel ya lejano año en que empezasteis a hablarme, me retiro a un ángulo entre en mis lares, a una pobrecilla mesa de amable paz bien abastada, en estos tiempos de ruidoso y estrambótico carnaval.
que sigue el vulgo y caminar derecho
jornada de mi patria verdadera;
entrarme en el secreto de mi pecho
y platicar en él mi interior hombre,
dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho.
Y porque vano error más no me asombre,
en algún alto y solitario nido
pienso enterrar mi ser, mi vida y nombre
y, como si no hubiera acá nacido,
estarme allá, cual Eco, replicando
al dulce son de Dios, del alma oído.
O emprender un viaje por el mar del cosmos "hacia la infinidad buscando orilla", como vos, en el esquife de vuestra impresionante y ascética Epístola a Arias Montano. Porque vuestro nombre, Aldana, es anagrama de La nada, como bien me descubrió Luis Cernuda en "A sus paisanos":
Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,
vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.
Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre
aquí. Y entonces la ignorancia,
la indiferencia y el olvido, vuestras armas
de siempre, sobre mí caerán, como la piedra,
cubriéndome por fin, lo mismo que cubristeis
a otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra
precipitó en la nada, como al gran Aldana.
Siempre os tuve por afín, poeta tan amigo y conmigo como San Juan de Yepes, el medio fraile. Casi tanto milagro hicisteis como él en esa quíntuple correlación entre dos endecasílabos versos de un terceto, para más asombro en quiasmo:
Ojos, oídos, pies, manos y boca,
hablando, obrando, andando, oyendo y viendo,
serán del mar de Dios cubierta roca
Y dándoos las gracias, ilustre señor, libro y amigo, por haberme reconciliado con la poesía y con Dios desde aquel ya lejano año en que empezasteis a hablarme, me retiro a un ángulo entre en mis lares, a una pobrecilla mesa de amable paz bien abastada, en estos tiempos de ruidoso y estrambótico carnaval.
Arte retórica
Ferrán Ramón-Cortés Hablar no siempre es comunicar 15/01/2012
¿Siente que su audiencia se duerme mientras usted interviene en público? Seducir. Motivar. Desarrollar la empatía. Estas son algunas claves para el éxito de sus discursos.
Asistí a la convención de una importante multinacional. En una mañana nos despacharon un seguido de cinco intervenciones con tan solo una pausa para el café. Al final de la densa mañana pudimos hacer balance del acto: ninguno de los ponentes respetó el tiempo asignado, con lo que fuimos acumulando un considerable retraso al final de la mañana, que se resolvió eliminando el esperado espacio de tiempo libre antes de la comida. Cada intervención contenía un sinfín de desordenadas ideas que eran imposibles de retener. El primer ponente, aún sin pretenderlo, sonó a bronca: su tono de voz resultaba agresivo y exageradamente vehemente. El segundo ponente nos hizo desear el café con desmesura: su monótona dicción y una presentación plagada de tecnicismos nos sumieron en un profundo sopor. El tercero no llegó a presentar ni la mitad de sus diapositivas: se fue por las ramas desde el primer minuto, desconcertándonos a todos. Los dos últimos fueron medianamente correctos. Pero ahora, rememorando la convención, no sabría decir ni por aproximación de qué hablaron.
El resultado es que más de un centenar de personas acabaron exhaustas y sin ninguna idea clara, con una sensación de que estaban allí simplemente porque no había más remedio. Y cinco directivos perdieron la oportunidad de seducirlas, de motivarlas y de transmitirles sus mensajes.
DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES ENTRE HABLAR Y COMUNICAR
"La emoción lleva a la acción, mientras que la razón lleva a la conclusión" (Donald B. Calne)
Hablar es transmitir información, algo que todos somos capaces de hacer sin demasiada dificultad. Comunicar es, además, mover una emoción. ¿Y por qué deberíamos querer, en una presentación en público, mover las emociones de la gente? Los motivos son dos: en primer lugar, porque en nuestra comunicación tenemos la obligación de ser impactantes, de ganar la atención de la gente. Y en segundo lugar porque las emociones serán en gran medida responsables de la memorabilidad de nuestra intervención.
Cuando comunicamos, competimos. Competimos con la enorme cantidad de presentaciones e información que nuestra audiencia recibe y recibirá. Y nuestra obligación es que, con el paso del tiempo, nuestra presentación sea la que se recuerde. La que haya impactado más. Hacerlo requiere técnica, pero está al alcance de todos. No es solo cuestión de talento. También es importante una buena preparación.
PRIMERO: ¿QUÉ SE QUIERE DECIR?
"Si todo es importante, nada es importante" (Garr Reynolds)
Todos sabemos mucho de algo. Y si nos dan la oportunidad de contarlo, podemos llenar horas encadenando un argumento tras otro. Esta no es la manera de construir una presentación impactante. Una buena presentación necesita articularse alrededor de una única idea. Tenemos que poder escribir una única frase antes de empezar a desarrollar la intervención. Si no lo hacemos así, el daño colateral es claro: nos enrollaremos. Hablaremos más de la cuenta. Y la audiencia no sabrá qué mensaje elegir de entre los muchos que habremos dado. Y ha de ser, además, una idea grande, valiosa, que aporte algo nuevo, o una visión nueva de algo conocido. Que la gente tenga la sensación de que ha recibido un regalo de valor, que valía la pena atender. Porque si no, no volverán. Si lo hacen será desconectados, sin la intención de prestar atención. Es una cuestión de respeto a la audiencia, de preguntarse: ¿qué hay de valor para ellos en mi intervención?
EN BUSCA DE LA MEMORABILIDAD
"Si su misión no puede transmitirse en cinco minutos, o con una historia, es que no la tiene" (John Kotter)
La mente es una criatura metafórica. De pequeños, aprendemos con historias, con cuentos, con piezas narrativas que nos transmiten las ideas estimulando nuestra imaginación y estableciendo conexiones con nuestra vida y nuestras experiencias. Y, en cambio, de mayores, parece que tengamos que aprender a base de sofisticadas exposiciones conceptuales, precisas definiciones e información perfectamente ordenada, pero fría y racional, sin concesiones a la narración. Es cierto que estamos preparados para entender una definición, pero no es menos cierto que como más disfruta la mente es con una buena historia, y que las narraciones conectan directamente con la emoción.
Es importante dar la información necesaria, pero es importante también -imprescindible para mí- complementarla con una buena historia. Es lo que nos asegurará la conexión emocional y la memorabilidad. Es mucho más fácil recordar una buena anécdota que una precisa información.
El camino es arriesgado, porque una mala historia, una historia que no tenga que ver con nuestro argumento, nos destrozará la intervención. Pero la literalidad de una explicación conceptual sin ejemplos, sin metáforas o sin elementos narrativos, será olvidada sin remedio. Las cosas que entendemos, las olvidamos. Las que además de entender las sentimos, las recordamos para siempre.
ENTRE LO QUE TÚ ENTENDISTE Y LO QUE YO QUERÍA DECIR
"Comunicamos lo que sentimos, nada más que lo que sentimos" (Oriol Pujol Borotau)
Podemos tener perfectamente estructurado nuestro discurso. Incluso con las palabras escritas se puede comunicar algo distinto a lo que queremos. La comunicación en público, el tono de voz y el lenguaje no verbal tienen un valor muy superior a la palabra, y si el qué decimos (la palabra) no concuerda con el cómo (tono de voz y expresión no verbal), lo que cuenta, sin duda, es el cómo.
Es necesario estar en contacto con nuestro estado de ánimo a la hora de comunicar: si estamos enfadados, lo transmitiremos. Si no nos creemos el proyecto, se notará. Preparamos a menudo con precisión nuestro discurso. Preparemos también nuestra intervención, empezando por ponernos en el estado emocional que precisa nuestro discurso, porque es lo que la gente captará.
EMPEZAR BIEN... Y ACABAR MEJOR
"Teatro es todo aquello que hay entre un buen inicio y un buen final" (Molière)
Es importante tener un buen comienzo: la audiencia no tardará más de tres minutos en decidir si nos escucha o si se evade. Funcionan muy bien las anécdotas y las historias en este punto. Somos curiosos por naturaleza, y prestaremos atención aunque solo sea para conocer el final. También importa el final, pues nos jugamos el sabor de boca que dejaremos como ponentes. Que puedan decir: "La presentación ha sido interesante, y el ponente ha estado brillante". Este comentario tendrá mucho que ver con un final preciso, escenificado con seguridad, que contenga la idea fundamental de la presentación. Que no sea un final de maratón en el que viendo la línea de llegada, viendo que ya terminamos el suplicio, nuestra voz va perdiendo fuerza para terminar en un tímido "y esto es todo".
Discursos de éxito
En Youtube se puede ver la intervención de Steve Jobs en el acto de graduación de la Universidad de Stanford, un ejemplo memorable que mantiene su vigencia con el paso del tiempo. También resulta especialmente brillante la última presentación de Randy Pausch en la Universidad Carnegie Mellon ('The last lecture'), transformada posteriormente en un libro. El discurso de Barack Obama en Tucson, con motivo del acto de homenaje a las víctimas del atentado que tuvo lugar en dicha ciudad, es un ejemplo de dominio absoluto de los diferentes registros emocionales.
En la página web www.ted.com se pueden repasar algunas de las presentaciones más efectivas y brillantes que se están realizando en estos momentos en todo el mundo.
Cinco claves para una buena intervención en público
1. Un único mensaje. Una idea centrada y valiosa para la audiencia.
2. Explicado de forma memorable, con metáforas, ejemplos, vivencias o cualquier otro recurso narrativo.
3. En un lenguaje que conecte, evitando tecnicismos o lenguajes gremiales.
4. Hay que tener en cuenta que lo que importa es lo que la gente capta, no lo que uno tenía intención de decir.
5. Invitar a la gente a estar de acuerdo, no forzarla.
(Extraídas del libro 'La isla de los cinco faros', de la editorial Planeta).
Entrevista a José Antonio Marina
Nuria Azancot, Entrevista con José Antonio Marina 02/12/2011
“La pereza y el miedo son las grandes amenazas a la inteligencia”
Filósofo y detective vocacional, José Antonio Marina (Toledo, 1939) sigue sorprendiendo al lector con cada nueva entrega sobre nuestra inteligencia emocional. La última es un Pequeño tratado de los grandes vicios (Anagrama) en el que reivindica la virtud ahora que tantos se afanan por jibarizarla.
Pregunta: ¿Por qué no un gran tratado, los vicios no dan para más?
Respuesta: Desde luego, pero sólo quería hacer una genealogía de nuestros sentimientos presentes. Me da miedo un adanismo presuntuoso e ingenuo que piensa que con abrir los ojos va a ver lo que sucede, sin darse cuenta de que siempre vemos a través de una historia olvidada.
P: ¿Con cuál de sus otros libros, y por qué, tiene más que ver?
R: Con El laberinto de los sentimientos porque trata de pasiones. Con Las arquitecturas del deseo porque trata de deseos muy profundos y violentos. Y con La inteligencia fracasada porque trata de fracasos.
P: ¿Qué es lo más sorprendente que va a encontrar el lector en este canon de la perversidad?
R: Que el ser humano tiene un deseo irremediable de superación y que los vicios no se libran de ese dinamismo. Cuando Baudelaire dice que el mal es una muestra de nuestro deseo de infinitud, está detectando que en el fondo de nuestras pasiones hay un afán -con frecuencia equivocado- de grandeza.
P: ¿A qué se debe nuestra fascinación por el mal, si la literatura del mal “es aburridisima” (Bataille)?
R: Por razones sociales y culturales que intento explicar, la pasión fue considerada una fuerza maléfica sobre todo porque hace perder el control. Pero al mismo tiempo pensamos que nada verdaderamente bello se puede hacer sin pasión. La conclusión es que lo interesante tiene que ser apasionado y malo, y lo bueno, desapasionado y aburrido. No hemos sabido crear una poética de las pasiones creadoras. Los vicios son muy escandalosos y hacen sentir mucho. Pero nuestra fascinación por el mal es engañosa.
P: ¿Las redes sociales son culpables de que “nunca hayamos sabido más y recordado menos”?
R: Mas que las redes, ha sido decisiva la influencia de los ordenadores y de sus maravillosos bancos de información, que ponen todo el conocimiento al alcance de un clic. Han extendido la idea de que no hace falta aprender lo que se puede encontrar, y de que la inteligencia no está en el usuario sino en el sistema informático. Esto es falso por varias razones. La primera, porque un burro conectado a internet sigue siendo un burro. La segunda, porque se crea siempre desde la memoria personal. La tercera, porque decir que nuestra memoria está en el ordenador supone admitir una dependencia de la máquina parecida a la de la diálisis.
P: ¿Y la pereza de maestros, alumnos, y padres?
R: Las dos grandes amenazas de la inteligencia son la pereza y el miedo.
P: ¿Confía en que otra reforma educativa pueda mejorar algo?
R: No. Ninguna de las anteriores han funcionado. Se ha confiado demasiado en cambiar un sistema muy complejo promulgando una nueva ley educativa, cuando lo que hace falta es implicar a toda la sociedad en una hoja de ruta que conocemos. No hay ni misterios ni milagros en educación. Pero como en todos los problemas políticos hay que confiar primero en los técnicos (sí, los tecnócratas), después en los gestores, y, por último, en los políticos para implicar a la sociedad entera. Los políticos no pueden estar al principio porque entonces van a ideologizar la educación.
P: ¿Cuál es el vicio más disculpable?
R: La ira porque nos permite enfrentarnos a los obstáculos y bajo la forma de “indignación” es justa y saludable.
P: ¿Y el que menos?
R: La pereza, pero no en el sentido vulgar.
P: Ahora que la menciona, ¿por qué no le domina nunca la pereza?
r: Porque disfruto con lo que hago. Cuando me interesa saber algo que ignoro decido escribir un libro sobre ello. La imagen trágica del escritor que sufre escribiendo me parece una ficción romántica que me irrita tanto como la imagen del político abrumado por el peso de la púrpura. Toda creación produce euforia.
P: Se dice que el vicio de los españoles es la envidia... ¿se ha sentido víctima, como autor?
R: No especialmente. En general he sido bien tratado. Sólo podría quejarme de un determinado tipo de soberbia, causada por un dogmatismo sectario.
P: ¿Qué le ha hecho sentir más gula como autor y como lector?
R: Era verdadera gula la que sentía como lector durante mi juventud. Era insaciable. Nunca he vuelto a sentir esa pasión. Ahora leo fundamentalmente con un propósito utilitario. Deprisa y selectivamente.
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José Antonio Marina
La noche de Montiel, de Francisco Ayala
"La Universidad de Granada reedita un texto perdido de Francisco Ayala. 'La noche de Montiel' fue publicado en la 'Revista de las Indias' de Bogotá en 1940", El País, Granada - 28/11/2011
La Universidad de Granada y la Fundación Francisco Ayala han reeditado La noche de Montiel, un texto del escritor andaluz que se había extraviado desde que fuera editado en la Revista de las Indias de Bogotá en agosto de 1940.
La noche de Montiel es un ensayo creado a raíz de la biografía novelada del mercenario gascón Bertrand du Guesclin, que fue enviado a España junto a sus mesnadas para apoyar la causa del infante de Aragón, Enrique de Trastámara, contra el monarca legítimo, su hermanastro, el rey Don Pedro I.
Ayala transforma la reseña en un análisis dialéctico de los grupos que apoyaban a ambos personajes históricos, proyectando hacia la realidad española de 1940 la discordia y los intereses que en el siglo XIV constituyen ya un espejo de la recién concluida Guerra Civil española, según un comunicado la Universidad de Granada.
La noche de Montiel es también, en algunos pasajes, un ejercicio de transformación poética de la materia histórica y biográfica que anticipa el contenido de Los usurpadores, de 1949, que supuso la vuelta del escritor granadino a la literatura de ficción.
El volumen editado por la Universidad granadina, de 120 páginas, contiene además del texto de Francisco Ayala un trabajo de Ana González Neira titulado La prensa del exilio y La noche de Montiel, así como una nota editorial y los textos Historicismo, poder y justicia en La noche de Montiel, de Sebastián Martín; y Hacia un ars poetica particular: de La noche de Montiel a Los usurpadores, a cargo de Carolyn Richmond.
La Universidad de Granada destaca que Francisco Ayala (Granada, 1906-Marid, 2009) fue en toda la extensión del término "un hombre de letras". Su vocación permanente fue la creación literaria, y en su ejercicio, prolongado durante ocho décadas, alcanzó frutos imperecederos.
Según los editores de este volumen, también aportó "una serie de ensayos y reflexiones no adscritos a disciplina académica o género literario de fácil delimitación, que tienen en común una atención permanente a su circunstancia histórica, un fondo cultural alimentado por lecturas y experiencias, así como un trasfondo de voluntad crítica originado en su formación con intelectuales como Ortega o Hermann Heller".
Profesiones que hacen feliz
¿Quiere ser feliz? Hágase sacerdote, bombero o fisioterapeuta. Un estudio realizado en EE UU concluye que las profesiones más gratificantes comparten bajo salario y entrega a los demás.
AGENCIAS | EL PAÍS - Madrid - 23/11/2011
El trabajo de sacerdote encabeza la lista de los 10 empleos "más felices" que ha confeccionado tras un estudio el Centro Nacional de Investigación de Opinión de la Universidad de Chicago y del que se hace eco la revista Forbes. Casi todas las profesiones consideradas más gratificantes comparten dos características: poca remuneración económica y entrega a los demás.
Siguen a los sacerdotes, los bomberos. Un 80% de ellos afirma sentirse "muy satisfecho" con su tarea, pues implica ayudar a la gente. Completan el podio los fisioterapeutas, también por su tarea en favor de los demás, y porque posibilitan la "interacción social".
El cuarto lugar lo ocupan los escritores. Aunque la remuneración que reciben por sus creaciones suele ser muy baja y en algunos casos hasta inexistente, la "autonomía" que da el plasmar sobre un papel en blanco las ideas surgidas de la propia mente genera felicidad, apuntan los autores del estudio.
El quinto puesto es para los profesores de educación especial. Si a uno no le mueve solo el dinero -el sueldo anual medio está por debajo de los 50.000 dólares (casi 37.000 euros)-, puede ser una profesión muy gratificante.
Les siguen los maestros, pese a los recortes en la enseñanza y la conflictividad en algunas aulas. Este trabajo, dice el estudio, continúa atrayendo a jóvenes idealistas, aunque un 50% de los nuevos profesores abandonan antes de los cinco años de ejercicio.
Ser artista, como escultor o pintor, también reporta una gran satisfacción, pese a las dificultades para vivir de ello. También ser psicólogo. Este gremio "puede ser capaz o no de resolver los problemas de la gente, pero parece que ellos han logrado solucionar los suyos", señala la investigación.
El 65% de los vendedores de servicios financieros dicen ser felices con la función que desempeñan, lo que podría deberse, sugiere el estudio, a que algunos de ellos ganan más de 90.000 dólares al año (66.500 euros) por una media de 40 horas a la semana en un confortable ambiente de oficina.
Cierran la lista los operarios de maquinaria pesada, para quienes manejar excavadoras, grúas o cargas puede ser divertido. Con más demanda que oferta, y en estos tiempos que corren, se declaran felices.
Este listado contrasta con los 10 trabajos más odiados, según una información de la cadena CNBC basada en una encuesta realizada este año a cientos de miles de trabajadores que cita Forbes, pues son precisamente los mejor pagados y los que cuentan con un mayor reconocimiento social. Se trata, de más a menos, de los de director de tecnología de la información, director de ventas y marketing, product manager, desarrollador web, técnico especialista, técnico de electrónica, secretario jurídico, analista de soporte técnico, maquinista y gerente de marketing.
Las 10 profesiones "más felices"
1. Sacerdote
2. Bombero
3. Fisioterapeuta
4. Escritor
5. Profesor de educación especial
6. Maestro
7. Artista
8. Psicólogo
9. Vendedor de servicios financieros
10. Operario de maquinaria pesada
Los 10 trabajos más odiados
1. Director de Tecnología de la Información
2. Director de Ventas y Marketing
3. Product Manager
4. Desarrollador web
5. Técnico especialista
6. Técnico de electrónica
7. Secretario jurídico
8. Analista de soporte técnico
9. Maquinista
10. Gerente de Marketing
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Emociones tóxicas
Miriam Subirana, "La ira nos esclaviza" 5/06/2011:
El daño que nos hacen otros provoca rencor o deseos de venganza. Pero sin perdón y olvido, el resentimiento controla nuestras vidas.
Cuando estuve hace unos años en El Salvador, impartí una conferencia en la que dije: "Si no perdonas, no puedes olvidar. Si no olvidas, no vives en paz. Y sin paz, tu amor no fluye". Al terminar se acercó una señora ¡tan agradecida! Me contó que hacía más de diez años alguien de la guerrilla había matado a su hijo. No vivía tranquila desde entonces. Guardaba rencor alimentando su ira de querer hacérselas pagar a "ese" que mató a su hijo. Ese rencor no solucionaba la situación, lo único que hacía era incrementar su dolor. Entendió que no había perdonado.
A veces no es posible olvidar, pero sí que podemos lograr que ya no nos afecte lo que ocurrió. El problema surge cuando consideramos lo ocurrido como inaceptable, entonces somos incapaces de perdonar. Podemos considerar inaceptables ciertas situaciones vividas que se dan porque se han traicionado unos acuerdos, unos principios, no se han cumplido nuestras expectativas o no se han respetado ciertos valores. Sea cual sea la razón de lo "inaceptable", podemos aferrarnos a ella y quedarnos clavados ahí. Por mucho que no estemos de acuerdo con lo ocurrido, tenemos que aceptar los hechos. Aceptar no significa estar de acuerdo. En el mundo hay mucha rabia en contra de las injusticias. La rabia no soluciona las injusticias, sino que crea más dolor e incluso más injusticias.
El profesor Robert Enright, de la Universidad de Wisconsin, uno de los pioneros de la terapia del perdón, afirma que "cuando algo nos ha dañado, tendemos a hablar de justicia mucho más a menudo que de perdón". Cuando alguien nos ha defraudado, herido o traicionado, sentimos que tenemos que hacérselo pagar. Creemos que así haremos justicia. Consideramos inaceptable lo que ha hecho y esa rabia nos mantiene atados a la situación y a la persona que nos ofendió. En vez de perdonarla y soltarla, nos atamos más a ella, nutriendo el resentimiento.
Y al hacerlo, somos injustos con nosotros mismos: nos mantenemos en el infierno de nuestro fuego interior. El odio afecta a nuestra salud, "envenena" nuestro corazón, mata nuestra paz interior, nos seca de amor y felicidad. El odio es una emoción "incendiaria", destruye la concentración y mata la capacidad de actuar con dignidad y excelencia. Unas sabias palabras dicen: "¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona".
Pensamientos intoxicantes
"Una persona resentida se intoxica a sí misma"
(Maz Scheler, filósofo)
En una ocasión, un hombre se aprovechó de mí, me engañó y me estafó. Cuando me di cuenta, no podía creer mi ingenuidad. ¿Cómo permití que ese hombre me hubiera mentido así? ¿Cómo me lo creí y confié? ¿Tan tonta soy? Estos pensamientos me torturaban. Hasta que me di cuenta de que tenía que perdonarme. Aprender la lección, pero no seguir martirizándome por la experiencia vivida. El perdonarme me liberó. Cuando al cabo de un tiempo me encontré casualmente con él, pude mirarle a los ojos.
Toda experiencia vivida, aunque usted no quisiera experimentarla y ni siquiera la buscara, la sintió porque se permitió vivirla. Muchas veces, el problema está en no saber poner los límites cuando nos entregamos a las experiencias. Cuando salen mal, buscamos culpables, y aunque los encontremos y les perdonemos, eso no nos alivia del todo hasta que nos perdonemos a nosotros mismos. Se trata de perdonarse a sí mismo por haberse permitido entrar en esa experiencia.
Si estamos resentidos, la vía de salida pasa por aceptar y perdonar. Aceptar lo que ha ocurrido. Lo cual puede implicar aceptar la pérdida, aceptar que le engañaron, aceptar su error y/o el del otro, aceptar que le hirieron o aceptar que mataron a un ser querido.
La neuróloga María Gudín afirma que superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. Perdonarse y perdonar abrirá las vías para sanar el corazón dolido.
Para conseguirlo debemos recuperar la soberanía sobre nuestra mente y nuestros pensamientos. Algunas personas creen que perdonar es un acto de debilidad. Sin embargo, es todo lo contrario; perdonar muestra que nos hacemos dueños de nuestro bienestar y dejamos de ser víctimas del otro. Perdonar nos permite recuperar nuestro poder interior. Sin ese dominio, nuestra mente irá una y otra vez hacia ese lugar de sufrimiento, repetirá el ¿por qué a mí? ¿Cómo se atrevió? Los pensamientos serán como un martilleo constante, y no controlará los sentimientos de rabia, frustración y tristeza. Como la carcoma, sus propios pensamientos agujerearán las entrañas de su ser y se quedará agotado, sin energía. En ese momento se ha olvidado del primer principio de autoliderazgo: nadie crea sus pensamientos ni sus sentimientos excepto usted mismo.
Debemos cambiar la perspectiva y concienciarnos de que lo que pensamos al respecto de lo ocurrido es lo que alimenta nuestro malestar. Para lograrlo nos ayudará ser conscientes de que quien nos ha hecho daño es también un ser humano con sus debilidades y que, por la razón que sea, se ha comportado injustamente víctima de su ignorancia, sus creencias, sus neuras, sus impulsos o su propia rabia. La rabia no se vence con más rabia. Cada persona tiene un valor intrínseco por lo que es, no tanto por lo que ha hecho. No permitamos que nuestro resentimiento nos nuble la visión global.
Para llegar a perdonar plenamente debe ser consciente de lo que lleva dentro. Darse cuenta de lo que le está pasando es la base para iniciar cualquier cambio positivo. Cuando sienta rechazo, inseguridad, vergüenza, envidia, rabia, miedo, desaprobación, permítase aceptar lo que siente y afrontarlo. Imagínese cómo se sentiría si no se resistiera a estos sentimientos, sino que los aceptara plenamente. Pruébelo.
La situación que provocó el sentimiento quizá ya pasó, pero si se agarra al sentimiento y lo rechaza, lo esconde o huye de él, lo mantiene y crece en su interior como las malas hierbas. Crece hasta que uno estalla o enferma. Es más sano permitirse sentirlos y soltarlos escribiéndolos, hablándolo con un amigo de confianza, expresándolos con movimiento corporal o pintándolos. Si tiene práctica, o está dispuesto a conseguirla, puede ayudarle mucho la meditación, ya que le facilita trascender los sentimientos hasta que estos se disuelven.
Piense en positivo: sea consciente de que usted es el creador de lo que piensa. Cambie el foco de atención. Medite. Perdone y suelte. Mire hacia delante. Cuando se libere de esos sentimientos, vivirá en paz interior. Dejará de martirizarse y asumirá la responsabilidad. Al asumirla permitirá que todo su potencial permanezca despierto.
Pasar página
"Para soltar el pasado debemos estar dispuestos a perdonar" (Louise L. Hay)
A veces, alguien le dice algo en tres minutos que le sienta fatal. Después de cuarenta y ocho horas aún lo recuerda. Lo recrea repitiéndolo en su mente y en sus palabras: ¡qué se ha creído!, ¡qué se ha pensado! Con esto fortalece esa experiencia en su registro, de manera que al cabo de años se acuerda de aquello que le dijeron, y su rabia, resentimiento o tristeza han crecido. El otro se descargó al decirlo y lo olvidó. Como el que tira la basura y se olvida. Alguien suelta cuatro palabras y se olvida, se queda tan tranquilo, pero usted no lo olvida, sino que las repite en su mente hasta tal punto que a veces ni siquiera puede dormir.
El problema no es tanto lo que el agresor hizo, sino toda la interpretación y la historia que nos hemos ido contando desde que ocurrieron los hechos. Para salir de este estado, debemos impedir que nuestros recuerdos nos invadan. Debemos ponerlos en su sitio: en el pasado. El pasado ya se fue y ahora lo que tiene es este momento presente. No lo pierda alimentando sus resentimientos de lo que habría podido ser y no fue o de lo que fue y no tendría que haber sido.
Perdonar nos ayuda a decir: lo que fue ya pasó. Ya no es. Ya no está excepto en su propia mente. Practique el lema: "Lo que ha sucedido ya es pasado". No necesita pensar en ello tantas veces. No permita que su mente lo reviva. Valore su tiempo. Valore su creación: los pensamientos. Es necesario darse cuenta de que cuando proyectamos en los demás y les culpamos de nuestra ira, nos permitimos ser esclavos y víctimas de ellos. Aferrarse es nocivo. El aceptar nos libera. Para conseguirlo se requiere del poder mental que permite detener los pensamientos repetitivos que provocan malestar. Con afirmaciones puede fortalecer su mente. Louise Hay sugiere esta: "Te perdono por no ser de la forma que yo quería que fueras. Te perdono y te libero".
Gozar del presente
"Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo"
(Dalai Lama)
Al darse cuenta de que el cambio depende de usted, es capaz de perdonar y seguir adelante con su vida sin cargar por más tiempo el dolor que le hace vivir en el pasado y no le permite gozar del presente. Esta es la base para restablecer el poder de su corazón y su capacidad de amar. Esto le permitirá acercarse al centro de su ser. Reencontrará su estado de paz, brotará de usted el amor y la felicidad. Reconectará con su verdadero corazón capaz de abrazar sin rencor, capaz de amar sin poner condiciones limitadoras. Es una práctica que puede empezar ahora. Sentirá Ágape, el amor desinteresado que no busca retorno y está relacionado con la capacidad de perdonar. Cuando perdona, ama.
EL PASADO, EN EL SITIO JUSTO
Bill Clinton telefoneó a Nelson Mandela dos horas después de que saliera de la prisión, tras muchos años encarcelado por difundir los derechos humanos, y le preguntó cómo pudo perdonarles con esa facilidad. Mandela respondió que si les odiara, seguirían controlándole. Si no perdonamos, nos mantenemos atados a las personas que nos han ofendido. Perdemos libertad, lo cual bloquea nuestra creatividad y alimenta nuestra frustración. Esto nos provoca violencia. Hay mucha rabia y violencia en el mundo, y esta energía nos destruye. Desde la rabia no crearemos un mundo mejor. Al preguntarle a Ela Gandhi qué había aprendido de su padre, dijo, entre muchas otras cosas: "Si quieres vencer a tu enemigo, ámalo". En ese amor hay compasión. En la compasión hay perdón. No guarda rencor. Acepta y se mantiene abierto. Ha puesto el contador a cero, ha soltado prejuicios, imágenes del pasado y sentimientos de culpa.
El daño que nos hacen otros provoca rencor o deseos de venganza. Pero sin perdón y olvido, el resentimiento controla nuestras vidas.
Cuando estuve hace unos años en El Salvador, impartí una conferencia en la que dije: "Si no perdonas, no puedes olvidar. Si no olvidas, no vives en paz. Y sin paz, tu amor no fluye". Al terminar se acercó una señora ¡tan agradecida! Me contó que hacía más de diez años alguien de la guerrilla había matado a su hijo. No vivía tranquila desde entonces. Guardaba rencor alimentando su ira de querer hacérselas pagar a "ese" que mató a su hijo. Ese rencor no solucionaba la situación, lo único que hacía era incrementar su dolor. Entendió que no había perdonado.
A veces no es posible olvidar, pero sí que podemos lograr que ya no nos afecte lo que ocurrió. El problema surge cuando consideramos lo ocurrido como inaceptable, entonces somos incapaces de perdonar. Podemos considerar inaceptables ciertas situaciones vividas que se dan porque se han traicionado unos acuerdos, unos principios, no se han cumplido nuestras expectativas o no se han respetado ciertos valores. Sea cual sea la razón de lo "inaceptable", podemos aferrarnos a ella y quedarnos clavados ahí. Por mucho que no estemos de acuerdo con lo ocurrido, tenemos que aceptar los hechos. Aceptar no significa estar de acuerdo. En el mundo hay mucha rabia en contra de las injusticias. La rabia no soluciona las injusticias, sino que crea más dolor e incluso más injusticias.
El profesor Robert Enright, de la Universidad de Wisconsin, uno de los pioneros de la terapia del perdón, afirma que "cuando algo nos ha dañado, tendemos a hablar de justicia mucho más a menudo que de perdón". Cuando alguien nos ha defraudado, herido o traicionado, sentimos que tenemos que hacérselo pagar. Creemos que así haremos justicia. Consideramos inaceptable lo que ha hecho y esa rabia nos mantiene atados a la situación y a la persona que nos ofendió. En vez de perdonarla y soltarla, nos atamos más a ella, nutriendo el resentimiento.
Y al hacerlo, somos injustos con nosotros mismos: nos mantenemos en el infierno de nuestro fuego interior. El odio afecta a nuestra salud, "envenena" nuestro corazón, mata nuestra paz interior, nos seca de amor y felicidad. El odio es una emoción "incendiaria", destruye la concentración y mata la capacidad de actuar con dignidad y excelencia. Unas sabias palabras dicen: "¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona".
Pensamientos intoxicantes
"Una persona resentida se intoxica a sí misma"
(Maz Scheler, filósofo)
En una ocasión, un hombre se aprovechó de mí, me engañó y me estafó. Cuando me di cuenta, no podía creer mi ingenuidad. ¿Cómo permití que ese hombre me hubiera mentido así? ¿Cómo me lo creí y confié? ¿Tan tonta soy? Estos pensamientos me torturaban. Hasta que me di cuenta de que tenía que perdonarme. Aprender la lección, pero no seguir martirizándome por la experiencia vivida. El perdonarme me liberó. Cuando al cabo de un tiempo me encontré casualmente con él, pude mirarle a los ojos.
Toda experiencia vivida, aunque usted no quisiera experimentarla y ni siquiera la buscara, la sintió porque se permitió vivirla. Muchas veces, el problema está en no saber poner los límites cuando nos entregamos a las experiencias. Cuando salen mal, buscamos culpables, y aunque los encontremos y les perdonemos, eso no nos alivia del todo hasta que nos perdonemos a nosotros mismos. Se trata de perdonarse a sí mismo por haberse permitido entrar en esa experiencia.
Si estamos resentidos, la vía de salida pasa por aceptar y perdonar. Aceptar lo que ha ocurrido. Lo cual puede implicar aceptar la pérdida, aceptar que le engañaron, aceptar su error y/o el del otro, aceptar que le hirieron o aceptar que mataron a un ser querido.
La neuróloga María Gudín afirma que superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. Perdonarse y perdonar abrirá las vías para sanar el corazón dolido.
Para conseguirlo debemos recuperar la soberanía sobre nuestra mente y nuestros pensamientos. Algunas personas creen que perdonar es un acto de debilidad. Sin embargo, es todo lo contrario; perdonar muestra que nos hacemos dueños de nuestro bienestar y dejamos de ser víctimas del otro. Perdonar nos permite recuperar nuestro poder interior. Sin ese dominio, nuestra mente irá una y otra vez hacia ese lugar de sufrimiento, repetirá el ¿por qué a mí? ¿Cómo se atrevió? Los pensamientos serán como un martilleo constante, y no controlará los sentimientos de rabia, frustración y tristeza. Como la carcoma, sus propios pensamientos agujerearán las entrañas de su ser y se quedará agotado, sin energía. En ese momento se ha olvidado del primer principio de autoliderazgo: nadie crea sus pensamientos ni sus sentimientos excepto usted mismo.
Debemos cambiar la perspectiva y concienciarnos de que lo que pensamos al respecto de lo ocurrido es lo que alimenta nuestro malestar. Para lograrlo nos ayudará ser conscientes de que quien nos ha hecho daño es también un ser humano con sus debilidades y que, por la razón que sea, se ha comportado injustamente víctima de su ignorancia, sus creencias, sus neuras, sus impulsos o su propia rabia. La rabia no se vence con más rabia. Cada persona tiene un valor intrínseco por lo que es, no tanto por lo que ha hecho. No permitamos que nuestro resentimiento nos nuble la visión global.
Para llegar a perdonar plenamente debe ser consciente de lo que lleva dentro. Darse cuenta de lo que le está pasando es la base para iniciar cualquier cambio positivo. Cuando sienta rechazo, inseguridad, vergüenza, envidia, rabia, miedo, desaprobación, permítase aceptar lo que siente y afrontarlo. Imagínese cómo se sentiría si no se resistiera a estos sentimientos, sino que los aceptara plenamente. Pruébelo.
La situación que provocó el sentimiento quizá ya pasó, pero si se agarra al sentimiento y lo rechaza, lo esconde o huye de él, lo mantiene y crece en su interior como las malas hierbas. Crece hasta que uno estalla o enferma. Es más sano permitirse sentirlos y soltarlos escribiéndolos, hablándolo con un amigo de confianza, expresándolos con movimiento corporal o pintándolos. Si tiene práctica, o está dispuesto a conseguirla, puede ayudarle mucho la meditación, ya que le facilita trascender los sentimientos hasta que estos se disuelven.
Piense en positivo: sea consciente de que usted es el creador de lo que piensa. Cambie el foco de atención. Medite. Perdone y suelte. Mire hacia delante. Cuando se libere de esos sentimientos, vivirá en paz interior. Dejará de martirizarse y asumirá la responsabilidad. Al asumirla permitirá que todo su potencial permanezca despierto.
Pasar página
"Para soltar el pasado debemos estar dispuestos a perdonar" (Louise L. Hay)
A veces, alguien le dice algo en tres minutos que le sienta fatal. Después de cuarenta y ocho horas aún lo recuerda. Lo recrea repitiéndolo en su mente y en sus palabras: ¡qué se ha creído!, ¡qué se ha pensado! Con esto fortalece esa experiencia en su registro, de manera que al cabo de años se acuerda de aquello que le dijeron, y su rabia, resentimiento o tristeza han crecido. El otro se descargó al decirlo y lo olvidó. Como el que tira la basura y se olvida. Alguien suelta cuatro palabras y se olvida, se queda tan tranquilo, pero usted no lo olvida, sino que las repite en su mente hasta tal punto que a veces ni siquiera puede dormir.
El problema no es tanto lo que el agresor hizo, sino toda la interpretación y la historia que nos hemos ido contando desde que ocurrieron los hechos. Para salir de este estado, debemos impedir que nuestros recuerdos nos invadan. Debemos ponerlos en su sitio: en el pasado. El pasado ya se fue y ahora lo que tiene es este momento presente. No lo pierda alimentando sus resentimientos de lo que habría podido ser y no fue o de lo que fue y no tendría que haber sido.
Perdonar nos ayuda a decir: lo que fue ya pasó. Ya no es. Ya no está excepto en su propia mente. Practique el lema: "Lo que ha sucedido ya es pasado". No necesita pensar en ello tantas veces. No permita que su mente lo reviva. Valore su tiempo. Valore su creación: los pensamientos. Es necesario darse cuenta de que cuando proyectamos en los demás y les culpamos de nuestra ira, nos permitimos ser esclavos y víctimas de ellos. Aferrarse es nocivo. El aceptar nos libera. Para conseguirlo se requiere del poder mental que permite detener los pensamientos repetitivos que provocan malestar. Con afirmaciones puede fortalecer su mente. Louise Hay sugiere esta: "Te perdono por no ser de la forma que yo quería que fueras. Te perdono y te libero".
Gozar del presente
"Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo"
(Dalai Lama)
Al darse cuenta de que el cambio depende de usted, es capaz de perdonar y seguir adelante con su vida sin cargar por más tiempo el dolor que le hace vivir en el pasado y no le permite gozar del presente. Esta es la base para restablecer el poder de su corazón y su capacidad de amar. Esto le permitirá acercarse al centro de su ser. Reencontrará su estado de paz, brotará de usted el amor y la felicidad. Reconectará con su verdadero corazón capaz de abrazar sin rencor, capaz de amar sin poner condiciones limitadoras. Es una práctica que puede empezar ahora. Sentirá Ágape, el amor desinteresado que no busca retorno y está relacionado con la capacidad de perdonar. Cuando perdona, ama.
EL PASADO, EN EL SITIO JUSTO
Bill Clinton telefoneó a Nelson Mandela dos horas después de que saliera de la prisión, tras muchos años encarcelado por difundir los derechos humanos, y le preguntó cómo pudo perdonarles con esa facilidad. Mandela respondió que si les odiara, seguirían controlándole. Si no perdonamos, nos mantenemos atados a las personas que nos han ofendido. Perdemos libertad, lo cual bloquea nuestra creatividad y alimenta nuestra frustración. Esto nos provoca violencia. Hay mucha rabia y violencia en el mundo, y esta energía nos destruye. Desde la rabia no crearemos un mundo mejor. Al preguntarle a Ela Gandhi qué había aprendido de su padre, dijo, entre muchas otras cosas: "Si quieres vencer a tu enemigo, ámalo". En ese amor hay compasión. En la compasión hay perdón. No guarda rencor. Acepta y se mantiene abierto. Ha puesto el contador a cero, ha soltado prejuicios, imágenes del pasado y sentimientos de culpa.
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martes, 21 de febrero de 2012
Clase media y egoísmo
El abate Sièyes, a fines del siglo XVIII, escribió todo un tratado para demostrar que la clase media es un país y no lo son ni sus curas, ni sus militares, ni sus nobles, estamentos privilegiados, y ni siquiera sus nada privilegiados pobres de solemnidad; se titulaba ¿Qué es el tercer estado? y fue uno de los pilares de la Revolución Francesa, que fue, en dos mil años de historia, la segunda cosa más gorda que le ha pasado al hombre después del Cristianismo, si se me permite usar el adjetivo prerromano. Si es suficientemente amplia, la clase media une la clase baja con la alta de un país, le da cohesión y forma e impide que choquen en guerra civil con su movimiento circular, su individualismo y su meritocracia, atacada de siempre por todo tipo de corrupciones que vienen de arriba y de abajo.
En Grecia la clase media está siendo destruida y cada vez se parece más al modelo musulmán, tan odiado y padecido por los griegos a lo largo de su historia. Cierto es que en el mundo islámico no dejan constituirse a una clase media como se está formando en Brasil, Sudáfrica o incluso China: sólo hay pobres muy pobres frente a un cinco por ciento de ricos obscenamente ricos. La mayoría de las clases medias musulmanas son extranjeras, formadas en el extranjero, corruptas e incompetentes o en realidad pertenecen a ese cinco por ciento de plutócratas. En Europa, lo único que se garantiza es la devaluación del poder adquisitivo de la clase media y la degradación pareja de la enseñanza, lo que va contra uno de los valores esenciales de los principios burgueses: la meritocracia; empieza no habiendo igualdad de oportunidades, porque no hay oportunidades, sino paro, ni igualdad, porque las clases medias están descapitalizándose, como indica el caso paradigmático de las cajas de ahorros, los bancos hipotecarios y la caída de calidad de la instrucción pública; no se ha garantizado que esos añorados valores volverán y se boicotea cualquier intento de oxigenar la democracia representativa mediante procedimientos saboteadores de ideologías emergentes como la Ley d'Hondt y unas leyes hechas por banqueros para banqueros, de forma que los pobres tengan más obligaciones que derechos y los ricos más derechos que obligaciones. Los bancos funcionan como el verdadero gobierno político mundial unificado del que carecemos y que hace ver su necesidad más claramente hoy que nunca, cuando las satrapías económicas usurpan la ética que debe presidir los asuntos humanos. No hay unidad de gobierno global, pero si unidad de interés económico. Es más universal y une más la economía que la política y la ética.
Todo el globo debía ser como Suiza y hermanos paraísos fiscales o bien debíamos declarar la guerra a esos pacíficos y desprotegidos paraísos fiscales, porque protección ya se la dan los títeres gobiernos del poder económico bancario. Suiza gobierna el mundo, y no resulta extraño que tenga una constitución libertariana y suprademocrática. Pero todo eso hace reír a los banqueros, sabedores de que la ética de los valores nunca irá tan lejos como la ética del egoísmo. Aquí los parados borran del currículum los doctorados para poder obtener una plaza de camarero, mientras que los políticos fingen licenciaturas que no tienen para poder optar a una secretaría de estado. Se importan jugadores de fútbol carísimos y se exportan investigadores contra el cáncer baratísimos. Para qué indignarse; si uno se indigna no piensa con claridad, y pensar no vale (en el sentido de servir) de nada, o peor, ni siquiera vale dinero, que es lo que en este tiempo vale de algo.
En Grecia la clase media está siendo destruida y cada vez se parece más al modelo musulmán, tan odiado y padecido por los griegos a lo largo de su historia. Cierto es que en el mundo islámico no dejan constituirse a una clase media como se está formando en Brasil, Sudáfrica o incluso China: sólo hay pobres muy pobres frente a un cinco por ciento de ricos obscenamente ricos. La mayoría de las clases medias musulmanas son extranjeras, formadas en el extranjero, corruptas e incompetentes o en realidad pertenecen a ese cinco por ciento de plutócratas. En Europa, lo único que se garantiza es la devaluación del poder adquisitivo de la clase media y la degradación pareja de la enseñanza, lo que va contra uno de los valores esenciales de los principios burgueses: la meritocracia; empieza no habiendo igualdad de oportunidades, porque no hay oportunidades, sino paro, ni igualdad, porque las clases medias están descapitalizándose, como indica el caso paradigmático de las cajas de ahorros, los bancos hipotecarios y la caída de calidad de la instrucción pública; no se ha garantizado que esos añorados valores volverán y se boicotea cualquier intento de oxigenar la democracia representativa mediante procedimientos saboteadores de ideologías emergentes como la Ley d'Hondt y unas leyes hechas por banqueros para banqueros, de forma que los pobres tengan más obligaciones que derechos y los ricos más derechos que obligaciones. Los bancos funcionan como el verdadero gobierno político mundial unificado del que carecemos y que hace ver su necesidad más claramente hoy que nunca, cuando las satrapías económicas usurpan la ética que debe presidir los asuntos humanos. No hay unidad de gobierno global, pero si unidad de interés económico. Es más universal y une más la economía que la política y la ética.
Todo el globo debía ser como Suiza y hermanos paraísos fiscales o bien debíamos declarar la guerra a esos pacíficos y desprotegidos paraísos fiscales, porque protección ya se la dan los títeres gobiernos del poder económico bancario. Suiza gobierna el mundo, y no resulta extraño que tenga una constitución libertariana y suprademocrática. Pero todo eso hace reír a los banqueros, sabedores de que la ética de los valores nunca irá tan lejos como la ética del egoísmo. Aquí los parados borran del currículum los doctorados para poder obtener una plaza de camarero, mientras que los políticos fingen licenciaturas que no tienen para poder optar a una secretaría de estado. Se importan jugadores de fútbol carísimos y se exportan investigadores contra el cáncer baratísimos. Para qué indignarse; si uno se indigna no piensa con claridad, y pensar no vale (en el sentido de servir) de nada, o peor, ni siquiera vale dinero, que es lo que en este tiempo vale de algo.
lunes, 20 de febrero de 2012
Leer Don Quijote
A algunos alumnos les parece muy duro leer El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha; para ellos es poco menos que Хитроумный идальго Дон Кихот Ламанчский, o peor, les parece unドン・キホーテ, pero hacen lo que pueden.
jueves, 16 de febrero de 2012
Educación en México: mucho peor que aquí.
Luis Prados, "Un documental mete el fracaso educativo en la campaña electoral mexicana. La cinta '¡De Panzazo!' asesta un duro golpe a la influyente líder del sindicato de maestros", El País, México DF 15 FEB 2012 - 23:19 CET14
El documental ¡De Panzazo!, (por los pelos o de chiripa, en español de España) un retrato demoledor y triste hasta la vergüenza del estado actual de la educación pública en México, ha entrado de lleno en la larguísima campaña electoral que vive este país y ha generado ya una agria polémica política cuando aún falta una semana para su estreno en salas comerciales. La cinta asesta un durísimo golpe a Elba Esther Gordillo, la influyente presidenta vitalicia del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande de América Latina con millón y medio de miembros, en un momento en el que la conocida como La Maestra vive días difíciles tras la ruptura de su alianza electoral con el PRI (Partido Revolucionario Institucional).
La cinta, dirigida por Juan Carlos Rulfo, hijo del escritor Juan Rulfo, y el periodista Carlos Loret, está basada en un estudio de la asociación Mexicanos Primero, coordinado por David Calderón. Los datos del fracaso escolar recogidos en la película son apabullantes -de cada 100 niños que inician la primaria solo 51 la concluyen, siete de cada 10 adolescentes no entienden lo que leen o no saben multiplicar, solo una exigua minoría llega a la universidad, México ocupa el último lugar de la treintena de países de la OCDE en el Informe Pisa- pero aún son más graves los testimonios e imágenes que contiene. Un funcionario de la Secretaría de Educación Pública no sabe cuántos maestros hay en México y remite al sindicato; el ministro Alonso Lujambio niega que se vendan las plazas de profesores y en el plano siguiente Elba Esther Gordillo calcula alegremente que "entre 50.000 y 100.000 pesos", Telescuelas que no sólo carecen de televisores sino que no tienen ni luz, altísimo absentismo laboral o la tragedia de los chavales que acaban engrosando la filas del narco como sicarios.
¡De Panzazo! pone de manifiesto también a lo largo de sus 75 minutos que una buena enseñanza no es una cuestión solo de dinero. México destina casi un 6% de su presupuesto a Educación, un porcentaje alto para la media internacional, pero el 93% de ese dinero va a pagar salarios. Uruguay, con una inversión mucho menor, obtiene mucho mejores resultados académicos. El documental se rodó en escuelas de Ciudad Juárez, Morelia y México DF pasando por poblados aislados de Chiapas y de Guerrero, y de forma provocadora pero sin demagogia apunta que la única solución al desastre es una tarea colectiva de maestros, autoridades, padres y alumnos.
La baja calidad del sistema educativo es, según coinciden los expertos, la causa de la baja productividad y competitividad de México, lo que lastra su crecimiento económico. También es un lugar común señalar que el SNTE y su líder son el verdadero obstáculo para el progreso de la educación en este país.
La película va a llegar a las pantallas semanas después de la ruptura entre Elba Esther Gordillo y el PRI y de la elección de Josefina Vázquez Mota como candidata a la presidencia de México en las elecciones del 1 de julio por el Partido Acción Nacional (PAN), el del presidente Felipe Calderón.
El fin de la alianza electoral entre el histórico partido y Nueva Alianza (Panal), el de la Maestra, del que una de sus hijas es secretario general, ha dado pie a toda clase de interpretaciones -desde quienes opinan que es pura representación hasta los que sostienen que es el peaje de la renovación del PRI-. Pero que las relaciones entre Vázquez Mota y Gordillo son pésimas desde que la primera ocupó la Secretaría de Educación Pública es un hecho documentado. La actual candidata del PAN chocó con la Maestra cuando en 2008 intentó aplicar un nuevo sistema para otorgar plazas de maestro con más competencia , sometiéndolos a evaluación y acabando con la práctica de heredar las plazas. Al final, aunque la reforma se aprobó, por esta y otra razones, Vázquez Mota tuvo que abandonar el cargo. Los votos del millón y medio de afiliados al sindicato y sus familias habían sido cruciales para la elección de Calderón.
Tal vez la Maestra esté ahora más debilitada y aislada que nunca, pero quienes la conocen saben que es un animal político que siempre apuesta a ganador. Aunque el precio sea el futuro de México.
"La falta de educación está en la raíz de nuestros problemas"
L. P.
Juan Carlos Rulfo, hijo del autor de Pedro Páramo y El Llano en llamas, vive con ansiedad los días previos al estreno el próximo 24 de este mes de De Panzazo!, un documental por el que parte de la izquierda mexicana se le ha echado encima por estar apoyado por sectores próximos a Televisa. Autor de En el hoyo (2006), que obtuvo el premio al mejor documental en el Festival de Cine de Sundance, sobre los trabajadores que construían la ampliación de la avenida Periférico Sur en el DF, y de Los que se que quedan (2011), sobre las familias de los inmigrantes a EE UU, explica la polémica porque la película llega en pleno proceso electoral mexicano. "Igual ocurrió con En el hoyo en 2006. Por el hecho de sacar a trabajadores, hubo quien entendió que era un documental de izquierdas y que apoyaba a Andrés Manuel López Obrador, el candidato del PRD. Políticos y medios mantienen un juego de polarización de la sociedad total. De Panzazo! va mucho más allá de todo eso".
Rulfo se embala: "El documental denuncia algo que es muy cierto y es que en México la educación no funciona. No es una cuestión de dinero y está en la raíz de nuestros problemas, de la violencia, de los políticos que tenemos, de nuestras actitudes, de nuestro lenguaje. No se está atacando la raíz y por eso estamos como estamos. Los maestros no pueden ser trabajadores sindicalizados sino profesionales de la educación".
¡De panzazo! ha costado tres años de trabajo y medio millón de dólares. Una de sus novedades es que Rulfo prestó cámaras a los chavales para que hablaran ellos mismos y contasen la realidad de su vida cotidiana lo que le da una "estética Youtube" al documental. Así se ven las pendejadas que hacen centenares de chicos en las aulas o en el patio de los colegios donde un día más los profesores no han ido a trabajar. México también está en los puestos de cabeza en el absentismo laboral de los maestros. "Nada más salir el tráiler de la película", -cuenta Rulfo- "algunos de los que salen en el filme sufrieron represalias como repentinas pérdidas de categoría o súbitos traslados que finalmente se han podido frenar, y el propio sindicato ha sacado un anuncio en defensa del sistema educativo actual".
"Los chavos son huérfanos dentro de una casa en la que escuchan mil veces una historia que no les interesa. El sistema va por un lado y su realidad por otro. No se trata de buscar culpables, de si es el sistema, los maestros o los padres. Es un fracaso colectivo que exige una solución colectiva", concluye.
lunes, 13 de febrero de 2012
La responsabilidad
Cuán terrible es la palabra. Tiene un peso casi cosmológico. Quien la menta tiene alma de aguafiestas. Como que, si se formula, nadie la oye o entienden otra cosa o se marchan (por la tangente o de forma secante). Nadie cree pueda existir monstruo tan feo y fiero, así que hay quien prefiere creer en Dios o el Demonio y no en la Responsabilidad, algo tan escaso y difícil de obtener que incluso Dios y el Demonio lo exigen como pago para otorgar una llave de habitación en sus reinos. Es que duele, y mucho, porque ocupa uno de los lugares más altos en la jerarquía de los valores morales, por lo cual casi nadie la alcanza, ya que exige una capacidad y una entereza poco comunes; por eso, a un niño o político español habría que decirles, para que la entendieran, que hace pupa, pero que muchísima pupa, y que se forja con el más pesado y duro de los metales.
Contra lo que pudiera parecer, he visto en España a no poca gente responsable, incluso muy responsable; pero, dechados de responsabilidad, sólo he conocido a uno en toda mi vida. Son tipos únicos, irrepetibles, a la antigua usanza, duros como el pedernal, de los que se rompe el molde cuando los hacen. Este debe ser el único que hay en esta parte del país, así que ya hubieran debido saber de quién estoy hablando, si estos hombres se hubieran celebrado tal y como merecían y merecen. Sus familiares tiemblan, vomitan ante la mera idea de traicionar su confianza, no porque sea persona violenta (no es capaz de matar una mosca), sino porque alguien tan recto, puro y modélico da grima a los sucios mortales que se asoman a contemplar el abismo sin fondo de su hidalguía; porque este hombre podría arrojarse a las llamas si se lo pidieras sólo por el sentido de lealtad y verdad que lo construye hasta la más íntima fibra de su ser. A mí, ahora mismo que lo evoco, pensar no cumplir algo que le haya prometido (y eso que no soy familiar suyo) me causa sudores fríos y trago saliva, porque sé que él empeñaría hasta los cojones por hacer, inversamente, cuanto yo le pidiera. Es gente que tiene el carisma de crear adhesiones y amistades inquebrantables, de esas que son más verdaderas que la misma verdad, pues no se puede decir que no a quien todo lo que propone es honorable, una especie de Bob Geldof o Teresa de Calcuta, pero en bruto. La gente mala huye de ellos como de la peste, los políticos quedan descolocados y se sienten marcianos y los charlatanes se quedan sin palabras. En una época en que una promesa no tiene apenas valor, ni ata ni desata, el responsable te hace sentir que la palabra de uno vale algo, pesa como el plomo y pone la salvación del alma en juego si no tiene fundamento. Para ponerse enfermo o volverse loco. ¡Ojo con lo que deseas, porque tienes que estar a la altura! El responsabilísimo conoce eso tan difícil de asentar en una sociedad ansiosa como esta, sus propios límites: cuanto puede asumir sin verse desbordado, y nunca jamás pasará más allá de hasta donde puede dar cuenta. Está en paz consigo mismo y con el mundo, por más que a nosotros nos parezca que la responsabilidad es una obsesión enfermiza, un ideal de pureza que no puede bastarse por sí mismo. Ni siquiera es comparable al honor militar o esprit de corps; defraudar una confianza así no puede adecentarse ni con el haraquiri; es una ignominia nefanda que no lava ni la muerte. Para alguien así el honor o dignidad supone una carga casi intolerable, algo tan atávico, rudo y férreo que hoy apenas se vislumbra comprender. Es a este tipo de personas a los que debían elegir como políticos, porque comprometen todo su ser en lo que hacen y, lo peor de todo, lo hacen por ti.
Contra lo que pudiera parecer, he visto en España a no poca gente responsable, incluso muy responsable; pero, dechados de responsabilidad, sólo he conocido a uno en toda mi vida. Son tipos únicos, irrepetibles, a la antigua usanza, duros como el pedernal, de los que se rompe el molde cuando los hacen. Este debe ser el único que hay en esta parte del país, así que ya hubieran debido saber de quién estoy hablando, si estos hombres se hubieran celebrado tal y como merecían y merecen. Sus familiares tiemblan, vomitan ante la mera idea de traicionar su confianza, no porque sea persona violenta (no es capaz de matar una mosca), sino porque alguien tan recto, puro y modélico da grima a los sucios mortales que se asoman a contemplar el abismo sin fondo de su hidalguía; porque este hombre podría arrojarse a las llamas si se lo pidieras sólo por el sentido de lealtad y verdad que lo construye hasta la más íntima fibra de su ser. A mí, ahora mismo que lo evoco, pensar no cumplir algo que le haya prometido (y eso que no soy familiar suyo) me causa sudores fríos y trago saliva, porque sé que él empeñaría hasta los cojones por hacer, inversamente, cuanto yo le pidiera. Es gente que tiene el carisma de crear adhesiones y amistades inquebrantables, de esas que son más verdaderas que la misma verdad, pues no se puede decir que no a quien todo lo que propone es honorable, una especie de Bob Geldof o Teresa de Calcuta, pero en bruto. La gente mala huye de ellos como de la peste, los políticos quedan descolocados y se sienten marcianos y los charlatanes se quedan sin palabras. En una época en que una promesa no tiene apenas valor, ni ata ni desata, el responsable te hace sentir que la palabra de uno vale algo, pesa como el plomo y pone la salvación del alma en juego si no tiene fundamento. Para ponerse enfermo o volverse loco. ¡Ojo con lo que deseas, porque tienes que estar a la altura! El responsabilísimo conoce eso tan difícil de asentar en una sociedad ansiosa como esta, sus propios límites: cuanto puede asumir sin verse desbordado, y nunca jamás pasará más allá de hasta donde puede dar cuenta. Está en paz consigo mismo y con el mundo, por más que a nosotros nos parezca que la responsabilidad es una obsesión enfermiza, un ideal de pureza que no puede bastarse por sí mismo. Ni siquiera es comparable al honor militar o esprit de corps; defraudar una confianza así no puede adecentarse ni con el haraquiri; es una ignominia nefanda que no lava ni la muerte. Para alguien así el honor o dignidad supone una carga casi intolerable, algo tan atávico, rudo y férreo que hoy apenas se vislumbra comprender. Es a este tipo de personas a los que debían elegir como políticos, porque comprometen todo su ser en lo que hacen y, lo peor de todo, lo hacen por ti.
viernes, 10 de febrero de 2012
Fantasmas polvorientos
El Chronicón mundi del Tudense es rico en leyendas; una es la famosa del pescador que se aparecía en Córdoba y plangens modo Caldayco sermone, modo yspanico clamabat "en Catalañazor perdió Almanzor el tambor" (versión de Juan de Mariana, p. 88; M. Pidal y D. Alonso leen "el atamor"), de forma que, cuando se acercaban los cordobeses, desaparecía el muy bilingüe y volvía a mostrarse en otro sitio, repitiendo con lágrimas lo mismo. Quizá sea el fantasma más antiguo de España, dejando aparte los visigodos, muy pasionales ellos, o la Elpha de la que habla el Cantar de Mio Cid, pues los que recuerdo son posteriores, como el que describe Gonzalo Fernández de Oviedo en sus Batallas y quincuagenas o el poltergeist que Diego de Torres y Villarroel cuenta aterrorizaba a la servidumbre en casa de la Duquesa de Arcos. Otra cosa sería hablar de duendes martinicos, diaños o la Estantigua, Dios nos libre. Siempre he sentido curiosidad por estos diablillos o fugitivos dioses menores, a veces reducidos a mero folklore infantil como atávicos terrores intrascendentes, aunque de origen verdaderamente arcaico, y me gustaría escribir algún ensayito, como hizo Miguel Psellos, sobre númenes en el exilio, Heine dixit. El fantasma del Tudense llamó la atención del insigne Menéndez Pidal como resto de algún poema épico o estribillo de alguna cancioncilla lírica irremediablemente perdida, pero obvió el aspecto legendario del asunto, sin indagar más, como en el caso de la enigmática Elpha, bajo la farfolla de su agradecida erudición menuda.
jueves, 9 de febrero de 2012
Avala la absolución del juez Garzón
España ocupa el segundo lugar del mundo en número de fosas clandestinas. No es algo de lo que se pueda estar orgulloso, ni mucho menos. El texto por firmar es el siguiente; en sólo 24 horas ya se han recogido 50.000 firmas de todo el mundo; en la hora de publicación de esta entrada la cifra es de casi ochenta mil:
A los miembros de la Sala Penal del Tribunal Supremo y al Presidente de dicho Tribunal:
Les pedimos que absuelvan al magistrado Baltasar Garzón en el caso abierto por su investigación sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en España. Según el derecho internacional, la investigación y enjuiciamiento de delitos tales como las ejecuciones extrajudiciales, la tortura y las desapariciones forzosas no pueden ser objeto de amnistía. Ha llegado la hora de garantizar el derecho de las víctimas de tales crímenes y de sus familiares a la verdad, la justicia y la reparación.
http://www.avaaz.org/es/spain_
lunes, 6 de febrero de 2012
Parón
Había escrito esto: "Últimamente me encuentro sin fuerzas para nada, ni siquiera para escribir. Así que no extrañéis que abandone el blog unos días o incluso lo deje del todo. Este libro se ha cerrado, aunque el tiempo dirá. Hasta otra." Pero luego me dije: un alto en el camino es sólo eso, parada, mesón y fonda y, si el tiempo me ha demostrado algo, es que no puedo dejar de escribir. Pese a todo, sin embargo, uno está cansado, cansadísimo. Quiere hacer menos cosas, pero hacerlas mejor; y lo hace para sentirse mejor. Si alguien pone de sí en lo que hace, se siente mejor si hace mejor lo que hace. Y yo pongo de mí en todo lo que hago. Pero tal vez demasiado, lo que me hace sentir muy vacío; eso, o no me sentiría tan mal. Además, si uno es poca cosa, como es mi caso, tiene que hacer pocas cosas, ya que no pretende, ni ha querido, ser más o menos de lo que es. Y si en algún momento lo quiso, bastante hueco le quedó, dentro o fuera, que esa es otra. Así que, para dar ejemplo, la entrega se queda corta y concluye aquí.
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