martes, 25 de diciembre de 2012

Cáritas

Antonio Ángel Algora, uno de los obispos de Ciudad Real (tenemos dos católicos y algunos protestantes) ha escrito pastorales muy amigas de los pobres y los débiles; es más, también algunas notas curiosas, que podrían abonar polémicas, como la que veda procesionar por el callejero al estandarte de la División Azul. Se preocupa incluso por las ovejas grises, negras y atigradas que no pertenecen a su rebaño, pese a lo poco o nada que eso vale para hacer carrera en su negocio, más lleno de halcones que de palomas; es un buen pastor: no aspira a ser rabadán o mayoral, sino oveja de raso, pero muy inmaculada. Posturas osadas como la suya se hacen respetar y dan respetabilidad a sus sacerdotes, que ya lo eran: creo yo que cualquier persona que procura hacernos mejores es digna de respeto, lleve sotana, casulla o calcetines.

Aunque uno recuerda los desmanes de alguna clerigalla atacada por los pecados capitales del pasado, tampoco olvida la gran obra de la caridad cristiana en cualquier tiempo y su gran valoración de la mujer frente a religiones más mundanas, y se queda con esto último, que vale más que lo otro. Algora, que sustituyó al manchego Torija por su quebrantada salud, es por formación sociólogo; sus cargos en la Conferencia lo han puesto al mando de la caja de caudales de la Iglesia Católica, y de ahí que nos obliguemos a leer entre líneas su última pastoral, donde más o menos se queja de que se están vaciando las arcas de Cáritas en hacer lo que el Estado debía haber hecho. Algunos tendrían que hacerle caso y optar por la casilla católica en la declaración de la renta: así, al menos, sabríamos hacia dónde van nuestros dineros; si optamos por la otra, bien podrían acabar en una de esas opacas asociaciones que usan los partidos políticos para financiarse.

El estado preposfranquista se ha quedado sin fondos por culpa del saqueo de los bancos y la corruptela de araña que han tejido los partidos de la pseudodemocracia para financiarse y financiar sus vicios sifipolíticos. Eso ha hecho imposible unas medidas keynesianas de saneamiento e inversión estatal y nos ha lanzado en brazos de mamá Europa y sus tozudos fúcares alemanes. Y la Iglesia está poniendo los fondos que el Estado habría tenido que poner para evitar el desastre social.

Así que monseñor Antonio Ángel Algora, más que nunca, y a su modo educadísimo y formal, esto es, con el tirón de orejas y la palmeta de mi infancia salesiana, está clamando en realidad contra la corrupción, los bancos y todos sus malditos políticos de mierda.     

domingo, 23 de diciembre de 2012

Astronomía en Almagro


F. J. Martínez Carrión,  "Conmemoración del impulso educativo de los dominicos", La Tribuna de Ciudad Real, 06 de junio de 2011:

Un centenar de exalumnos se reunirán en Almagro los días 11 y 12 de junio en unas jornadas de convivencia y recuerdos.

 Los padres Gerard y Casas, científicos pioneros de la primera comunidad de dominicos de 1905.

El padre Pedro Gerard fue uno de los fundadores del nuevo convento de los dominicos de Almagro en 1905. Hijo de un ingeniero belga y de madre zaragozana, estudió y se graduó en Ciencias en la Universidad de Barcelona. Después se ordenó dominico. Fue un precursor para su época. Este heterodoxo, moderno y científico padre dominico construyó en 1905 en uno de los patios del convento de Almagro un laboratorio astronómico, hasta que unos años después y tras el cierre del convento de Cuevas de Vera de Almería, consiguió desmontar el tejado de la torre de la iglesia del convento de Almagro, construir una terraza y sobre ella instalar un potente telescopio astronómico.

El periódico La Lectura Dominical del 30 de diciembre de 1905 informaba de los trabajos del padre Gerard:

«Los PP Dominicos de Almagro tratan de establecer en el antiguo convento de las Calatravas, perfectamente restaurado por ellos, un observatorio meteorológico que pueda competir con los más completos de la época. Al efecto, ya han instalado en uno de los patios un pabellón provisional para preservar de la intemperie, hasta que se monten definitivamente en sus respectivos sitios, los instrumentos más delicados y voluminosos, pedidos a los talleres extranjeros más acreditados en la construcción de esta clase de aparatos».

El artículo concluía con una breve reseña biográfica sobre el padre Gerard: «El observatorio será dirigido por el insigne autor de La cosmografía de Alberto el Grande, el reverendo padre Pedro Gerard, cuyos notables trabajos físico-cósmicos, dados a la estampa en el verano anterior con ocasión de sus observaciones en Burgos del último eclipse solar, le han revelado ante el mundo científico como uno de los astrónomos más profundos y competentes de España».

Una noticia muy similar aparecía meses después, concretamente el 7 de febrero de 1906, en el periódico El Vigía Católico, donde se informaba de la instalación del observatorio astronómico en el convento de los dominicos de Almagro «dirigido por el insigne autor de La Cosmografía de Alberto Magno, padre fray Pedro Gerard».

La presencia del padre Gerard en Almagro causó sensación y curiosidad, en una ciudad que en aquellos inicios del siglo XX se encontraba en plena decadencia, sobre todo en materia educativa, ya que sólo los franciscanos mantenían una escuela pública y gratuita, además de las que costeaban varios particulares.

Poco se sabe de las investigaciones y aportaciones del padre Gerard en Almagro, donde nunca llegó a integrarse plenamente en una comunidad de frailes más preocupados por la puesta en marcha y consolidación del convento que por las «modernidades» de este fraile atípico. A los pocos años, el padre Gerard se marchó a Bélgica, donde permaneció tres años y allí dio un giro a su vida y a su sacerdocio interesándose más por cuestiones sociales. A su regreso a España dedicó su vida y vocación religiosa a impulsar los sindicatos católicos en España, especialmente en las regiones del norte de la Península.

Interruptor eléctrico.

Otra de las aportaciones científicas de los primeros años de la comunidad de dominicos de Almagro fue la aportada por el fraile vizcaíno Emilio Blancas, quien en agosto de 1907 presentaba públicamente en la plaza de la Constitución de Ciudad Real un invento que permitía el corte automático de la corriente eléctrica en el caso de avería o rotura del tendido, evitando así peligrosos riesgos laborales. El Diario Católico, en su edición del 18 de agosto de 1907, decía: «Escriben desde Ciudad Real que ante gran concurrencia se han verificado las pruebas de un aparato aislador interruptor, que en caso de avería sirve para interrumpir las corrientes y aislar los postes. Su inventor es el vizcaíno Emilio Blancas, que en breve piensa ingresar en el convento de Almagro. Las pruebas obtuvieron un feliz éxito».

En esos mismos días de diciembre de 1907, los periódicos La Tribuna de Ciudad Real y el Diario de Córdoba también se hacían eco en sus primeras páginas de la presentación pública de este invento del novicio dominico de Almagro. «Anoche, día 4 de diciembre, -se lee en la noticia-, a la hora anunciada, tuvieron lugar en la plaza de la Constitución de Ciudad Real las pruebas oficiales del aparato auto-interruptor Blancas, inventado por Emilio Blancas Laforet, residente en el convento de frailes dominicos de Almagro, donde en breve tomará el hábito de la Orden.

El aislador fue colocado en la mesa que hay para dar alumbrado a las lámparas de la farola central de la citada plaza. Numeroso e inteligente público acudió para presenciar el experimento. El señor Blancas ordenó se cortase el cable, el cual cayó al suelo siendo recogido inmediatamente por el dicho señor, notándose que había perdido su corriente, comprobándolo cuantas personas quisieron tocar el cable, que se convencieron de la eficacia del aparato. Después se hizo el empalmado desde tierra y sin corriente se elevó el cable recobrando inmediatamente el fluido y volviendo a encenderse el grupo de lámparas. El aparato está graduado con tal precisión que anula corriente eléctrica en el momento que el cable se desprende de su línea».

La noticia seguía informando que «la simplificación del aparto y su seguridad hace que sea un paso gigantesco en la electricidad y un beneficio a la humanidad, puesto que con él se pueden evitar en lo sucesivo todas las desgracias que bien ocurriendo por desprendimientos de cables».

Hay que destacar que en esta demostración también estuvo presente el padre Gerard, tal y como lo destaca el periodista, quien lo identifica como «sabio astrónomo y doctor en Ciencias Físico-Químicas» de la comunidad de dominicos de Almagro.

La presencia del padre Gerard en apoyo al novicio Blancas pone de manifiesto la existencia en el convento de Almagro de un núcleo estable de frailes dedicados a la investigación y a la innovación técnica y científica, lo que, sin duda, tuvo repercusión en la formación de las primeras promociones de frailes salidas de este nuevo convento.

imprenta y revistas. Con estos precedentes y, seguramente, auspiciadas por el espíritu científico de los frailes Gerard y Casas, el convento de los Dominicos de Almagro fue, asimismo, pionero en la edición de revistas científicas. En el mismo 1905, pocas semanas después del acto solemne de inauguración de la iglesia, que tuvo lugar el 2 de febrero, aparecía el primer número de la revista editada por los propios estudiantes bajo la cabecera Ensayos científico literarios. Esta revista tuvo una corta vida de dos años por falta de recursos.

Dos años después, en 1907 nacía en el convento en Almagro la revista Estudios, con el subtítulo «revista mensual de ciencias y artes». La revista tenía un contenido mixto, es decir religioso y, a la vez, filosófico y de divulgación científica. Sin duda, en esta revista se publicarían las investigaciones y trabajos científicos de los padres Gerard y Blancas. La revista tuvo una vida corta de cuatro años. Al final cerró al no poder seguir financiándola la comunidad de dominicos de Almagro.

La edición de esta revista fue posible por la instalación en el convento de Almagro de una imprenta, otra gran aportación a la ciudad de Almagro. En la Imprenta Nuestra Señora del Rosario no sólo se editaban las revistas y boletines de la Orden de Santo Domingo sino también algunos periódicos de Almagro, como La Tierra Hidalga o El Huracán Sanitario.

El Boletín del Rosario Perpetuo, órgano de expresión de los dominicos, fue la publicación más longeva de esta imprenta, ya que se prolongó hasta finales de los años veinte del siglo XX. Alcanzó una tirada de trece mil quinientos ejemplares y se distribuía por toda España.

De esta imprenta salieron, además, decenas de libros, especialmente de carácter religioso y de temática dominicana, pero también novelas, biografías, cuentos, ensayos, de carácter infantil, etcétera. Así, por ejemplo, la sección de crítica literaria del periódico La Voz de Alicante de su edición del día 3 de julio de 1908, se hacía eco de la edición de la novela Sanatorio de almas del autor Cástor García Rojo, impresa en Tipografía del Rosario de Almagro.

Las dificultades económicas de la década de los años treinta del siglo XX, como consecuencia de la gran depresión, y la posterior guerra civil acabaron trágicamente con este resurgir científico, educativo y literario del convento de los dominicos de Almagro. En su nueva etapa y tras los desastres humanos y materiales, el convento de Almagro no llegaría a recobrar su esplendor científico e intelectual.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Obviedad

Lo que me parece realmente horroroso de cualquier fin de mundo es la tarea acumulada que supondría hacer otro, por lo menos, un poco mejor; si ya es horroroso hacerlo ahora, figúrate luego. Parce, Deus!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El tiro por la culata

Burlándose de Góngora, Quevedo escribió aquello de "padeces un magnífico delirio". Por lo visto, la madre del muchacho de la matanza norteamericana era una preparacionista que acumulaba armas y víveres en su casa contra el enemigo exterior. Además pidió una orden de alejamiento de su exmarido. El hijo mayor puso tierra por medio para estudiar lejos y más cerca de su padre. Y apenas se trataba con los vecinos. Quién le iba a decir a esta sonriente ama de casa armada hasta los dientes que el enemigo lo tenía en casa: un hijo formado en todas esas prevenciones misantrópicas que, harto de separarse de los demás, decidió separarse del todo, incluso de su madre y de su propio cuerpo y solitaria vida. Paranoias norteamericanas.

martes, 18 de diciembre de 2012

Deprimase con Leopardi

Oigo y leo a muchos mustios tristones y cansados de la vida que han aprendido con el tiempo y por las malas, que es como se aprenden bien las cosas, que nada satisface, ni siquiera los pequeños y humildes consuelos o la conformidad con el todo; si resisten es porque el valor de un hombre lo mide su capacidad de sacrificio, de aguantar el dolor propio y paliar el ajeno y sacar adelante a los demás, constituyéndose en ejemplo para ellos: por compasión, que es la versión traducida al romance del griego simpatía. Pero suele ser cierto que racionalizan mal sus motivos: hay que informarse bien y no sacar la melancolía solo de los resbalones y tortazos que nos damos por los altibajos de la vida, ni del mismo saco de carne hormonada del que extraemos las emociones. El universo tiene esa misma moral malvada, perdón,  estúpida (hay que tener en cuenta el Principio de Hanlon). Bastan para comprenderlo la entropía y sus humorísticos corolarios, las leyes de Murphy y de Hofstadter. Como dice Octavio Paz: "El tiempo que nos hace, nos deshace"; o Góngora: "Desatando se va la tierra unida".

Ha tiempo escribí, o amplié, no recuerdo, un artículo de la Wikipedia sobre uno de mis poetas favoritos, Leopardi, padre decimonónico del pesimismo lírico como Thomas Hardy lo es del narrativo y Schopenhauer del filosófico. Dejemos aparte a Egesias, Mainländer y otros miserables lacayuelos de la muerte. A todos esos habría que recordarles las elegantes ironías de Auden:

Los solipsistas afirman
que nadie más existe,
pero siguen escribiendo... para otros.

Los conductistas sostienen
que los que piensan no aprenden,
pero siguen pensando... sin desanimarse.

Los subjetivistas descubren
que todo está en la mente,
pero siguen sentándose... en sillas de verdad.

Los seguidores de Popper niegan
la posibilidad de probar,
pero siguen buscando... la verdad.

Los existencialistas afirman
que están completamente desesperados,
pero... siguen escribiendo.

Sigo escribiendo que no hay que confundir el Pesimismo humano con el cósmico o natural. El humano se confunde con el individual de la depresión, pero hay otro social que nace cuando empiezan a vislumbrarse nuestros límites como especie humana. Lo vemos en la economía, que nos dice que pronto consumiremos todos los recursos rentables del planeta; lo proclama la genética, que dentro de poco nos obligará a reformular y diferenciar brutalmente el concepto de lo humano. Lo palpamos incluso en la física, en la que pronto no podremos sino especular, porque ya nos será imposible hacer experimentos lo bastante baratos como para sustituir a la mera imaginación, y en la que la materia ya no se compone sino de nada más que doce partículas. Hablo de las mismas matemáticas, que están llegando al límite de lo inteligible y, en la simple cuestión mensurable del cálculo, no podrán rebasar la computación cuántica. Repetimos así la situación de crisis de fines del siglo XIX y nos topamos con la reverdecida modernidad de muchas de las posturas que emergieron entonces, antes de un desastre quizá inevitable como los grandes exterminios de la primera mitad del XX. Y no creo en ese determinismo, cuya formulación aparece en lo tercero que afirma Leopardi en su famosa frase del Diálogo entre Tristán y un amigo: "El género humano no creerá nunca no saber nada, no ser nada, no poder llegar a alcanzar nada. Ningún filósofo que enseñase una de estas tres cosas habría fortuna ni haría secta, especialmente entre el pueblo, porque, fuera de que todas estas tres cosas son poco a propósito para quien quiera vivir, las dos primeras ofenden la soberbia de los hombres, la tercera, aunque después de las otras, requiere coraje y fortaleza de ánimo para ser creída". Y desmentir esa tercera cosa solo será posible si los hombres logran unirse para conseguir fines que beneficien a todos y no solo a unos pocos. Felices Navidades a todos.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Una contribución modesta al asesinato de masas

Hace algunos años perpetré un inocente genocidio; mi instrumento fueron las armas del videojuego Doom, al que estaban también enganchados los títeres de Columbine y el zombi de Newtown, amantes igualmente de este género de entretenimiento popular. Todo consistía en matar y pegar continuamente para evitar que te pegaran y mataran, manejando unos controles en primera persona que ponían en tu mano un arma cada vez. Era tan adictivo que no lo dejé hasta que exterminé a todo el planeta como un Ender cualquiera en el último nivel. Mientras lo jugaba y encontraba la mejor manera de matar el máximo en el menor tiempo posible no dejé de apercibir la sombría y solipsista visión del fin del mundo que exponía el deprimente juego: sombría no solo en lo afectivo, sino en el visual, porque los penumbrosos y lunares decorados invitaban a todo menos a la excursión y el turismo: un infierno de pasillos interminables como los de un Instituto, salas de gimnasio iluminadas igual que en ellos y habitaciones atestadas de soldados y demonios, como si fuesen clases de ESO en época de crisis; al final de toda esa sanguinaria y gorrina matanza no había, desde luego, princesa alguna a la que rescatase ningún simpático Mario, ni ningún premio o  redención; el héroe, que no tenía nombre o los tenía todos, como el Diablo, podía ser y era en efecto la persona que tomaba el arma, es decir, tú mismo. Y ya nada más podías pasear de un lado al otro del último escenario buscando alguna salida sin encontrar nada, porque el único fin que había era el final de todos. Sólo quedabas tú. La única acción posible era tan obvia como la que tomaron los títeres de Columbine y el zombi de Newtown, quinta ciudad más segura de los Estados Unidos, según las estadísticas (ya se ve cuánto pueden creerse): game over, muchacho, pero en otro juego más llameante y caluroso, incluso más que este tan parecido a causa del calentamiento global (cuánto se va pareciendo esto al Infierno). La que yo tomé no fue ampliar el juego a la realidad, sino aficionarme a otro sin violencia en el que pudiera perder alguna vez y no se matara a nadie: el Mahjong. Todavía sigo fiel a él, con alguna escapadita a aventuras gráficas de ficción menos pobre.

Uno es lo bastante sensible como para quedarse ligeramente enajenado con la turbia poesía de estas planas fantasías fascistas; como algunas drogas, el perjuicio que causan depende de la persona que las asimila. Y yo apercibí en seguida el peligro de ese invento: el programa del juego puede programar a su vez al jugador que, inteligente, pero desprovisto de toda creatividad y empatía, no puede abstraerse en un nivel ajeno de irrealidad, cierra con llave todo horizonte y se embotella en un sistema delirante. A la inversa de lo que, citando al poeta ateo y matemático persa Omar Kayyam escribía Borges en su soneto al ajedrez:

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador, y este, la pieza.
¿Qué dios detrás del Dios la trama empieza
de polvo y muerte y sueño y agonías?

Los grandes ajedrecistas solían jugar más fuera del tablero que dentro, siguiendo la máxima de Sun Tzu de que las guerras hay que ganarlas antes de empezarlas y con medios no bélicos. Bobby Fisher, por ejemplo, que jugaba todo el tiempo, incluso cuando no jugaba, presionando antes del juego, durante el juego y después del juego de mil maneras diferentes a jueces, adversarios, patrocinadores y público, moviéndolos a todos como marionetas; también sabía defenderse muy bien, escondiéndose con sus planes más que una lagartija; incluso, ya al final de su vida, cambió las reglas del juego para hacerlo menos previsible. Los jugadores psicópatas, con menos fantasía que el psicópata Bobby, siempre han sido incapaces de madurar, de observar la puerilidad de lo que simplemente es eso, un juego, porque existe otro más complejo que lo supera y en la que ninguno de nosotros sabemos jugar demasiado bien, gracias a Dios: la vida. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Desde algún lugar del frente

Amor mío, aún resuenan los gritos de los heridos en la última escaramuza. Perdona la letra: me tiembla el pulso y no tenemos suficiente keroseno para todas las bujías. Algunos han partido esta mañana con rumbo desconocido. Con tanta y sucesiva reforma educativa los docentes estamos perdiendo, hemos perdido ya toda esperanza de ganar la guerra. Un aliado ha traído periódicos de fuera: la prensa extranjera declara inminente la derrota, pero aquí lo único que plantean ante los resultados es planificar una y otra vez la misma pachanguera ofensiva. Como al profesor chiflado de la película, su lugar de Calvario se le ha convertido en un reformatorio. De los tanques, la tarima  y los nidos de ametralladoras hemos pasado a la trinchera y las alambradas. Si se hace sin dinero, mal vamos; peor, si se prescinde de los criterios de los propios soldados profesionales y ya es el colmo si, además, se masifica y aglutina tanto que se nos trata como carne de cañón; se nos saca toda energía cargándonos de horas de batalla y clases atestadas de alumnos cada vez más reacios y resabiados, que también son palabras que empiezan con re-. Lo único que se nos pide ya es disciplina, pero no son raras ya la neurosis de guerra ni los casos de cobardía ante el enemigo, con el que a veces se confraterniza, porque hemos descubierto con sorpresa que tenemos con él más cosas en común que con los amigos, por ejemplo, la misma falta de futuro. Ni siquiera compensa la misma cochina paga, que no responde a estas miserias ni sobrecargas: algunos profesores ya no saben, entre tanto e indiscriminado bombardeo legislativo, ni siquiera la asignatura que van a impartir el año siguiente o dónde les tocará desembarcar el año próximo. Es más, perdón, es menos: se les quita mucha de la que tienen y podrían tener y no se les promete que lo anterior vaya a volver. La guerra ya es más larga que la de los treinta años y hay sospechas de que lo único para lo que sirve es para que se lucren y repartan el pastel los altos mandos de ambos bandos. Los veteranos esconden el culo en sus oscuros agujeros entre ratas y mandan a los bisoños al frente con un hola y adiós, rascándose sus viejas cicatrices de guerra; prefieren un insulto a una condecoración y cambiarían esta con gusto por un permiso indefinido. Es lo que hay.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La importancia de la vida

Desde hace unos días hay un principito más y una enfermera menos en el mundo. La importancia, sea cual fuere el significado de esta palabra, que habrían tenido en él estas personas, suponiendo que sepamos qué sea ser persona, solo les incumbe a ellas, pero yo creo, como John Donne, el poeta metafísico inglés de ¿Por quién doblan las campanas?, que también a nosotros.

El principito era más irresponsable: nada más quería vivir, por el impulso primordial de su genoma, mientras que la enfermera, consciente, siguió un impulso inverso y dejó, también irresponsable, sin madre a sus hijos. ¿Quién estaba más protegido? ¿El niño en su monárquica placenta inglesa, o la enfermera india y sus hijos en la asquerosa sociedad anglosajona? Shakespeare habría escrito que la conciencia nos hace culpables a todos, y nadie ha mencionado, eso es significativo, qué tipo de contrato laboral tenía esa señora. Creo que uno muy distinto del no escrito que tendrá el futuro principito. John Donne:

Nadie es una isla, completo en sí mismo;
cada hombre es una pieza del continente,
un trozo de tierra; si el mar arrebata
una parte, toda Europa queda
achicada como si se tratara de un promontorio,
de la casa de uno de tus amigos, o incluso de la tuya. 
La muerte de cualquier hombre me reduce
porque estoy unido a la humanidad;
por tanto, no preguntes nunca
por quién doblan las campanas: doblan por ti.

Las profesiones en las que hay que tratar con personas son particularmente desagradables: agobian o estresan mucho: la sanidad, la educación, la policía, el periodismo... Pero no tanto como las miserias que un padre o una madre sin trabajo deben afrontar cada día si carecen de lo imprescindible para tener lo mínimo que uno debe tener, dignidad. Esa dignidad que roban a manos llenas y consumen a mansalva los políticos en sus tronos de mierda, tirándose la caca unos a otros como niños de guardería. Un padre y una madre deben aguantar las embestidas del mar y los terremotos de la tierra sin desmoronarse, y eso es duro, muy duro, si nadie te ayuda, si, incluso, se burlan de ti, como hicieron con esa pobre enfermera hindú y ahora harán linchando a los periodistas que la embromaron. Si la patogenia del ser humano lo hace dañino como individuo, como colectividad produce auténticos horrores epidémicos; basta con ver, por ejemplo, a esos políticos mentirosos que nunca pasarían un test de empatía y que no tienen sentimientos, porque los simulan, como cualquier psicópata camaleón. No me hablen de humanidad: la humanidad es humana para lo mejor y para lo peor, y tan humano era el vegetariano y amante de los animales Adolfo Hítler como el doctor Federico Shipman, artífice, que no artista, de cuatrocientos asesinatos entre sus pacientes ancianos, pero también salvador de su compañero de celda, que intentó ahorcarse. No me digan que necesitaba compañía: un poco más  de espacio y unos pedos menos en una celda estrecha son de agradecer. Eso lo saben bien los reclusos o internos españoles, que deben soportar la ternura eterna de sus abades, e incluso la de los sacristanes, si no se hacen valer.

Si la vida humana tiene algún valor, ha de ser el de poder ayudar a los demás a ser más válidos y felices con los otros. Y parece de Perogrullo: es muy difícil si no se hace con sencillez, esto es, somos responsables si lo complicamos más de lo debido. En la película Fresas salvajes de Ingmar Bergman lo pone bien claro: "Escriba usted en la pizarra el primer deber de un médico". Si quieren saberlo, vean la película. No es de las que ponen en los canales de pago o venden en los quioscos (así prefiere escribirlo el diccionarillo de la Real Cacademia Española).

viernes, 7 de diciembre de 2012

Una injusticia histórica en Ciudad Real.

Mucho, quizá demasiado se celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz (1812). Incluía no pocos defectos (falta de una declaración expresa de derechos del hombre o haber blindado la figura del monarca al eximirlo de responsabilidad legal, por ejemplo), pero, desde luego, albergó muy buenos propósitos, porque con su abundancia se aprovechó para empedrar el suelo del Infierno. Los propósitos ni atan ni desatan, ni van ni vienen, igual montan ocho que ochenta, lo mismo dan que dan lo mismo. Eso sí, fue la única constitución que dedicó un título entero, el noveno, a la educación; es más, prescribió una primaria y pública para todos los españoles cuyo primer programa fue "leer, escribir, contar, el catecismo y una breve exposición de las obligaciones civiles", aunque, ya desde entonces, no hubo dotación presupuestaria ni ley económica alguna que asegurara un buen propósito tan progresista como este.

En la Constitución de 1812 sorprende ver ya el germen, junto a la lengua y las matemáticas, de dos asignaturas: la Educación para la ciudadanía, ético-cívica, o como la quieran llamar, y la Religión (católica, se presume). Algunos políticos deberían haber aprendido de este precedente para hacerlo bien, y no de tantos, y tan recientes como hay, para hacerlo mal, que es lo que suele pasar cuando los que nos rigen no son ni "buenos ni benéficos", por usar las ilustradas palabras de 1812.

Porque la Constitución actual, que nos quieren vender a los españoles buenos y benéficos como el colmo de la Lechera y heredera de la decimonónica, cuenta con tantos defectos como ella o más: un Senado nominal e inútil que sólo ha servido para esquilmar el presupuesto; una iniciativa legislativa popular que no es iniciativa, ni legislativa, ni popular; una monarquía cara, machista, impuesta con calzador, tan blindada como la propia y tiránica de Fernando VII; diecisiete -¡diecisiete!- comunidades autónomas con bula para facilitar toda corrupción y gasto; una legislación electoral neocanovista de listas cerradas y Ley d'Hont, que, como el antiguo Canovismo, se hizo para evitar al pueblo y a su representante, el tercer partido o  Demócrata, reduciéndolo a un magma de minorías peleonas mientras se reparten el poder, como siempre han hecho a lo largo de la historia de España, los Progresistas y los Conservadores (no hace falta ahora pucherazo: basta una legislación ad hoc y un gremio de periodistas lameculos sin estatuto, fácilmente manipulable con los medios de la subvención y el contrato basura).

No puedo por menos que lamentar que en Ciudad Real se brinden tan superficiales testimonios de aprecio a las ¿libertades? constitucionales, papel sucio y mojado. Para darse cuenta del escasísimo calado de las decorativas filfas de la España oficial en este seis de diciembre, basta con ver, por ejemplo, en esta misma Ciudad Real, cómo se ha olvidado la memoria histórica de uno de los máximos campeones, defensores y comentadores del Constitucionalismo español de todos los tiempos, el abogado liberal ciudadrealeño (o ciudarrealeño, qué más da) Félix Mejía Fernández-Pacheco (1776-1853), periodista, dramaturgo e historiador, quien permanece incógnito sin que lleve su nombre ni una calle, ni una institución local y sin que ni siquiera se hayan editado sus Obras completas, únicas que podrían merecer ese honor oficial no sólo por lo que cívicamente representan, sino por lo bien escritas que están. Mejía comentó la Constitución de 1812 durante el Trienio Liberal, combatió con riesgo de su vida la tiranía de la monarquía fernandina, fue tal vez el primer español en pronunciar con el sentido que tiene hoy en día la palabra democracia y combatió con todas sus fuerzas, y las más de las veces anónimamente, desde los "Suplementos" a El Eco del Comercio, la retrógrada Constitución de 1845 que estableció una soberanía compartida auspiciada por el militar liberal-conservador Ramón María Narváez, sobre quien Manuel Salcedo Olid acaba de publicar una excelente y monumental biografía, heredera de los trabajos liminares y ya superados de Jesús Pabón

No estaría de más descubrir aquí y ahora la biografía aventurera y apasionante de Mejía, tan semejante a la del famoso Aviraneta, a quien muy posiblemente llegó a conocer. El escritor manchego defendió la libertad no ya con la pluma (fundó casi veinte periódicos en España y América y escribió numerosos libros con su nombre o bajo anonimato), sino con el sable (como guerrillero en la Guerra de la Independencia, o el 7 de setiembre de 1822 en Madrid contra el golpe involucionista de Fernando VII), haciéndolo en nuestra tierra (Toledo, Cádiz, Madrid, Ciudad Real) cuando le dejaron, pero también en su forzado exilio, en Filadelfia, en Guatemala, en México, en Cuba. Pero no lo haré, al menos ahora. Y tampoco hablaré de sus apariciones como personaje en las novelas de Galdós y Baroja, en los artículos de Larra o en otros muchos títulos de la época. 


No he querido dejar pasar la oportunidad, en estas simbólicas fechas, de dejar constancia de este crimen, de este olvido, de esta hipocresía, de esta sinrazón. Sirva a lo menos esta pica en Flandes de quien ha dedicado más de diez años de su vida a elaborar su biografía y estudiar su obra para reivindicar la memoria del único a quien los manchegos pueden tener el legitimo orgullo de recordar como un verdadero e implacable luchador por la libertad, la igualdad, la fraternidad y, como el mismo añadía, la justicia.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Contra los inapetentes

Nada hay más antiguo que el hambre. Eso decía en 1845 el periodista ciudadrealeño Félix Mejía; y algunos, en su amor por las cosas viejas, terminan tan gordos que poseen su propio código postal. No he visto ningún político delgado, o que cene sopa de sobre y pan duro y pase luego la cuenta a... ¿a quién pasa la cuenta? Acaso el hambre canina es, en el fondo, la versión más primitiva del capitalismo salvaje, y merendarnos los unos a los otros ha sido desde siempre, y no desde Atapuerca, algo ancestral y calagurritano. Los científicos informan de que, fuera del cerebro, solo hay un lugar forrado de neuronas: el sistema digestivo. Por eso le afectan también las mismas hormonas del alma que impresionan en el cerebro los sentimientos: vomitamos de horror, nos cagamos de miedo o de risa. Incluso el léxico lo refleja, y adopta palabras de doble significado emocional/gastronómico, como dulzura o amargura, bueno o malo, ternura o acritud. Al niño simpático se le llamaba rico o salado. Incluso que estaba para comérselo. No extraña que en sus estudios de neurología el doctor Aníbal Lécter llegara a comerse los sesos.

El mamífero al que más nos parecemos genéticamente, y uno de los más inteligentes (aunque nadie lo díría por San Martín de Tours, el sangriento once de noviembre) es el cerdo; si tuvieran un aparato fonador más a propósito, incluso, podrían hablar y no gruñir como un político cansino que se lame las prebendas. Incluso hay una especie autóctona, el retinto manchego, diferenciada genéticamente y echada a perder por los responsables de tales marranadas. Para gorrinos, los españoles, como demuestra la noticia ha poco divulgada de que un estudio genético ha señalado al ibérico como la única raza de cerdo europeo que no se ha cruzado con el agridulce cerdo chino venido en el XIX; inversamente, allí, en China, triunfa el exótico churro o chullo español, "palito de la amistad", que le llaman. El hispano, pues, es un cerdo sin ictericia, hidalgo, puro y occidental; un cerdo nazi, vamos. Si queremos abrirnos el apetito y sentir una carpanta obelixiana o a lo Galactus, basta con ver sin aliño esos tremendos documentales sobre campos de exterminio, sequías del Sahel o mujeres anoréxicas que, por no tener, ni siquiera tienen diarrea. Al momento siente uno una tremenda gana de frotarse el estómago con crujiente pan y aceite, guitarras de jamón, migas con tropezones de chorizo y un abundante acompañamiento de cerveza y patatas fritas. Dinamita para el colesterol, recomendación para la trombosis, número para el cementerio. Sucumbir a la fritanga, el chocolate o el cocido hace a sus víctimas suspirar por un cerdo platónico y light. Que los gustos han cambiado mucho: los antiguos apreciaban a las neumáticas gordas de Rubens; ahora, las de Botero son sólo una rareza comer-cial para los ávidos coleccionistas de perras gordas. Ahora hay que pasar más gazuza que un padre del yermo o de la Tebaida y hasta en los restaurantes donde se perpetran las recetas de Ferrán Adriá, el siniestro asesino de estómagos, se ha vuelto virtud la minidosis de comistrajo vulcanizado, de ajoporro deconstruido o desdentado, las láminas etéreas y transparentes de un reciclado algo que fue queso o paté. Adiós a las pantagruélicas meriendas de negros. La mentalidad ha cambiado tanto que, para algunas mujeras, el sentido de la vida, fuera de tener la casa en orden o ver la novela, es no tener el culo gordo. Como si eso fuera malo, habiendo culos eminentes y distinguidos, culos arquitectónicos e imposibles como el tan acreditado de Jénnifer López, que imantan la imaginación más culina. Otros culos, sin embargo, son como los filetes de ternera a lo James Bond de mi infancia: fríos, duros y con los nervios de acero.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El crecimiento no puede ser el fin último de una civilización


Ramón Muñoz, "Conquistar la “buena vida” en plena depresión económica", El País, 21 NOV 2012 

Robert Skidelsky y su hijo, Edward Skidelsky, famosos por su biografía del economista John Maynard Keynes, han escrito el libro ¿Cuánto es suficiente? Qué se necesita para una buena vida (Crítica), cuya tesis, suponiendo que esté definida, puede despertar reacciones adversas. En medio de la mayor crisis económica desde 1929, los autores proponen huir del modelo consumista y apostar por la “buena vida”, una sociedad con mucho ocio, empleado inteligentemente, en armonía con la naturaleza y en la que se trabaje lo justo.

“En el libro dejamos muy claro que esta no es una política a corto plazo, sino a largo plazo. A corto plazo el crecimiento es sumamente importante, pero a largo no puede ser el objetivo último de nuestra civilización” se defiende Skidelsky (padre) cuando se le inquiere por la paradoja de que inste a liberarse de la obligación de consumir, a abandonar esa cadena insaciable del crecimiento económico como finalidad misma de la economía y dedicarse a la “buena vida”.

En el libro dejamos muy claro que esta no es una política a corto plazo, sino a largo plazo. A corto plazo el crecimiento es sumamente importante, pero a largo no puede ser el objetivo último de nuestra civilización
Los Skidelsky resuelven también la contradicción de su libro de hacer un llamamiento bucólico a la felicidad, cuando miles de ciudadanos se despeñan desde la clase media a la marginalidad, y solo luchan por tener un trabajo y poder sobrevivir. “No hay contradicción. Es como si hay una guerra a gran escala. Todo el mundo quiere que haya paz, así que intentan conseguirla; esa es la primera condición. Pero luego piensan: ‘¿Cómo podemos conseguir una paz mejor que la de antes?’. Eso es pensar a largo plazo: primero alcanzas la paz, pones fin a la guerra, que eso sería como recuperarse de una crisis; pero luego uno piensa: ‘¿Cómo podemos asegurarnos de que esta recuperación no nos lleve a otra crisis igual que la que hemos tenido?”.

El libro arranca intentando resolver por qué Keynes se equivocó cuando predijo en un escrito poco conocido (Posibilidades económicas para nuestros nietos), en plena Gran Depresión, que en 2030 el nivel tecnológico permitiría que la gente trabajara 15 horas a la semana para cubrir sus necesidades. Aunque aún quedan casi 20 años, no parece que se vaya a cumplir la profecía. Más bien, nuestros nietos tendrán suerte si logran trabajar 15 horas a la semana teniendo en cuenta que el paro juvenil supera el 50% en países como España.

Si la gente tuviera mucho más tiempo libre que antes, se vería obligada a pensar en cómo ocuparlo de una forma más creativa, más activa, leyendo, con actividades culturales, etcétera
“En primer lugar, Keynes subestimó el poder de lo relativo, es decir, el hecho de que, una vez superado un cierto umbral, queremos más de lo que tienen los demás. Asimismo subestimó el poder del capitalismo a la hora de crear nuevas necesidades a través de la publicidad. Y, por último, pasó por alto el problema de la distribución de la riqueza porque, en los últimos 30 o 40 años, las desigualdades han aumentado enormemente, y eso ha supuesto una mayor presión para que la gente trabaje y consuma más”.

Dando por bueno el pronóstico optimista (¿o irreal?) de que es posible reconducir el modelo de una sociedad únicamente orientada al incremento de la riqueza - “solo hace falta voluntad política, porque si nuestro estilo de vida es muy insatisfactorio, llevaremos a cabo las reformas necesarias”–, queda la duda de cómo ocupar una vida mayoritariamente ociosa y evitar tentaciones como las drogas, el aburrimiento o la televisión.

“La forma en que la gente ocupa su tiempo libre no es un buen indicativo de cómo lo ocuparía si tuviera mucho más, porque actualmente gran parte del tiempo libre consiste básicamente en descansar del trabajo, es un consumo pasivo: ver la tele, beber, etcétera. Si la gente tuviera mucho más tiempo libre que antes, se vería obligada a pensar en cómo ocuparlo de una forma más creativa, más activa, leyendo, con actividades culturales, etcétera. Eso es lo que cabría esperar o lo que esperemos que pase. La idea de que si la gente no tuviera que trabajar 50 horas por semana, solo se emborracharía y no haría nada más, es una idea preconcebida y no hay pruebas empíricas que lo demuestren. Y la gente que quiere mantener los sueldos bajos ad eternum y que las personas trabajen como bestias del campo hasta el infinito tiene esa visión precisamente”.

Los autores creen que la utopía keynesiana es perfectamente posible siempre que se cumplan unos elementos básicos: salud, seguridad, respeto, personalidad, armonía con la naturaleza, amistad y ocio. El Estado debe crear las condiciones materiales para que se puedan hacer realidad estos elementos.

Cuando se les pide que respondan a la pregunta que plantean en el título de su libro, -“¿Cuánto es suficiente?"- los Skidelsky lo hacen con otra pregunta. “¿Suficiente para qué?” “Estamos pensando en un promedio, a lo mejor entre 50.000 y 100.000 euros al año. Pero puede que usted o yo necesitemos más o que haya gente que necesite menos. Y no es algo de lo que estemos muy lejos de media, repito. Pero el problema es que hay gente que tiene un millón y otros que tienen diez. No hay motivo para que la desigualdad siga aumentando continuamente”, apunta Edward.

De España, y su terrible crisis, los Skidelsky prefieren abstenerse. “La situación de España es mala. Pero ahora estamos hablando de nuestro libro y se refiere a un problema de la civilización general”, replica tajante Robert, que además es Lord. Y se va con su “buena vida” a otra parte.

martes, 20 de noviembre de 2012

Un milagro


En 1993, el hijo de Leonard Cohen, Adam, sufre un accidente de coche y entra en coma. Los médicos dicen que podría ser irreversible. Leonard Cohen viaja a Toronto y pasa cuatro meses a su lado, en el hospital, velándole. No hacía otra cosa que sentarse a su lado y leía la Biblia para él, día tras día. Una noche, cuando se dispone a salir, escucha de repente, a su espalda, la voz de Adam: “Papá ¿me puedes leer un poco más?”.

Brasil crece haciendo lo contrario de lo que le dice el FMI


Corrían los años 70 y Brasil, como buena parte de América Latina vivía el espejismo de una economía próspera. A golpe de crédito creció una industria pagada por acreedores internacionales. Créditos que algún día habría que devolver. En los 80 se rompió la burbuja y poco a poco el país amenazó con entrar en bancarrota. Bajo el disfraz de un gran salvador, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial ofrecieron sendos préstamos a Brasil y a otras economías latinoamericanas. Esas líneas de crédito se convirtieron en deuda pública a unos intereses desorbitados, engordados poco a poco por la especulación de los mercados. En esas condiciones el endeudamiento no desapareció sino que se aplazó y fue creciendo.

«En ese periodo Brasil dejó de crecer y se convirtió en un ejemplo de desigualdad social», recordaba la presidenta Dilma Rousseff en la XXII Cumbre Iberoamericana. Las cifras negativas continuaron en Brasil durante dos décadas, retomando el bache en la crisis de los tigres asiáticos solo 10 años más tarde. El debilitamiento de estas economías supuso la disminución de los recursos externos para financiar el déficit del país. Se utilizaron unos 10.000 millones de dólares para financiar la economía y se adoptaron duras medidas de política monetaria. De nuevo se volvió a pedir dinero al FMI y al Banco Mundial.

En esta ocasión el plan de ayuda financiera sumaría 41.000 millones de dólares, que deberían ser utilizados en dos años. Como condición de este préstamo, Brasil debía mantener la política cambiaria y aplicar un nuevo paquete con 51 medidas fiscales a su población. «La consolidación fiscal exagerada y simultánea no es la mejor respuesta a la crisis mundial. Puede incluso agravarla», ha asegurado, «llevando a una gran recesión», recordó la presidenta de Brasil. Hablaba por experiencia, pues en el año 1998, bajo la presidencia de Henrique Cardoso, el déficit fiscal de Brasil se elevó hasta el 7%. La cura casi mata al enfermo.

El Brasil de Lula
«Cuando empecé mi gobierno, el 10% de la población más rica cogía la mitad del dinero del país y le dejaban a los más pobres apenas el 10%», relató el exmandatario Lula da Silva en una entrevista concedida a la revista colombiana «Semana».

Lula da Silva llegó al poder en el año 2003 y seguiría allí hasta el 2011, exactamente los años en que Brasil llevó a cabo su milagro económico. Durante su mandato, Lula se opuso a continuar con la senda de austeridad que le dejó Cardoso. Al contrario, aumentó el salario mínimo en un 62%, acabó con la desnutrición infantil y escolarizó a las clases humildes. Impulsó la creación de cuentas bancarias para los pobres, lo que ascendió a 45 millones el número de brasileños con depósitos activos.

Se dieron créditos consignados por valor de 200.000 millones de dólares, préstamos con tasas muy reducidas que se devolvían en 30 días y se reactivó el consumo: «Creció siete veces más, sobre todo en los sectores populares», afirmó Da Silva. Un mecanismo que se aseguró de llevar a cabo sin intermediarios. «No creo que deba existir la figura del intermediario, porque la mitad de la plata se queda con él. En Brasil las personas que reciben beneficios del Gobierno no tienen contacto con intermediarios. Reciben una tarjeta magnética con la que puede ir al banco y sacar el dinero. Eso es sagrado», recalcó el expresidente.

Además Brasil logró reducir en más de un 70% la desnutrición de su población gracias a políticas de fomento de la agricultura familiar, distribución de alimentos a las clases más desfavorecidas y programas de ayuda a la lactancia materna. Se crearon escuelas, universidades y sobre todo, se creó empleo y se devolvió el préstamo con creces.

«Hasta le pagamos la deuda el Fondo Monetario Internacional. Después de dos años de gobierno, le devolvimos 16.000 millones de dólares que le debíamos. Hoy el FMI nos debe 14.000 millones de dólares que les prestamos para ayudar a la crisis de los países ricos», dijo Lula.

Algo parecido apuntaba Dilma Rousseff en la Cumbre Iberoamericana: es necesaria la adopción de una estrategia que «obtenga resultados concretos para las personas y presente un horizonte de esperanza, no sólo la perspectiva de más años de sufrimiento».

Es cierto que Brasil sigue siendo hoy una de las economías más desigualitarias, que existen problemas de corrupción y que deja mucho que desear en cuestiones de seguridad ciudadana, pero también que en 2010, en plena crisis financiera mundial, logró crecer un 7,5% y a día de hoy es la nación más próspera de toda América Latina y la sexta más rica del mundo.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lo imposible

No sé si seré buen economista, es más, ni siquiera lo soy, pero constato el hecho de que pagando tantos impuestos como pagan en Suecia, Noruega y Suiza las cosas allí marchan mejor. Ejercen la nórdica ley de Jante, que dice que todo el que se enriquece y no reparte, diga lo que quiera, es el ladrón de la totalidad de todos, y por eso los atiborran a impuestos al mismo tiempo que los consideran excelentes ciudadanos por atender a quienes lo necesitan. ¿Han quebrado esos países? Qué va, van viento en popa, ahora tienen los niveles de suicidio más bajos de Europa y hasta los envidiamos. Tomemos, por caso, Suiza, único país con una constitución anarquista, ni siquiera con una wikiconstitución como la islandesa, donde reina la iniciativa legislativa popular, única garante que existe en toda legislación de que la democracia no sea usurpada; en Suiza no se reconoce otra autoridad que la de la comarca, ciudad o cantón, la única que los ciudadanos pueden controlar directamente, así como mediante con el referéndum. A esos sí los representan sus políticos ¿será tal vez porque si quisieran aumentarse el sueldo tendrían que someterlo a referéndum? Y no gastan nada en política internacional, porque no tienen estado, sino sola una confederación de ciudades que no pertenece siquiera a la ONU, a la OTAN ni a la Unión europea, sino solamente a sí misma. Allí no sería un problema el nacionalismo, porque no habría nación, sino cantón o ciudad: ¿qué nacionalidad tiene un suizo que puede hablar francés, alemán, italiano o romanche y cuya única adscripción es el cantón, comarca o ciudad a que pertenece? ¿Queréis recapitalizar los bancos? Pues invadid Suiza y el resto de los paraísos fiscales con la OTAN, en vez de países de moros y demás para defender los intereses del petróleo: veréis cómo todos los capitales retornan a sus países más pronto que tarde, incluido el dinero negro y el de las mafias económicas que gobiernan en realidad la tierra. Podréis decir lo que queráis, pero esta es la realidad pura y dura, y el resto son pedos que salen por la boca.

Escuela futura: Futoji no henko


De Mr. Wells:

Se está probando en Japón, un revolucionario plan piloto llamado "Cambio Valiente" (Futoji no henko), basado en los programas educativos Erasmus, Grundtvig, Monnet, Ashoka y Comenius. Es un cambio conceptual que rompe todos los paradigmas.

Es tan revolucionario que forma a los niños como "Ciudadanos del mundo", no como japoneses.

En esas escuelas, no se rinde culto a la bandera, no se canta el himno, no se vanagloria a héroes inventados por la historia.

Los alumnos ya no creen que su país es superior a otros por el solo hecho de haber nacido allí.

Ya no irán a la guerra para defender los intereses económicos de los grupos de poder, disfrazados de "patriotismo".

Entenderán y aceptarán diferentes culturas y sus horizontes serán globales, no nacionales.

Y estos cambios se están dando en uno de los países más tradicionalistas y machistas del mundo.

El programa de 12 años, está basado en los conceptos:
• Cero patriotismo.
• Cero materias de relleno.
• Cero tareas.
• Y Solo tiene 5 materias, que son:
1. Aritmética de Negocios. Las operaciones básicas y uso de calculadoras de negocio.
2. Lectura. Empiezan leyendo una hoja diaria del libro que cada niño escoja, y terminan leyendo un libro por semana.
3. Civismo. Pero entendiendo el civismo como el respeto total a las leyes, el valor civil, la ética, el respeto a las normas de convivencia, la tolerancia, el altruismo, y el respeto a la ecología.
4. Computación. Office, internet, redes sociales y negocios on-line.
5. 4 Idiomas, Alfabetos, Culturas y Religiones: japonesa, americana, china y árabe, con visitas de intercambio a familias de cada país durante el verano.

¿Cuál será la resultante de este programa?

Jóvenes que a los 18 años hablan 4 idiomas, conocen 4 culturas, 4 alfabetos y 4 religiones.

Tienen una visión más global de la vida y pueden sacar sus propias conclusiones sin adoctrinamientos ni sectarismos.

• Son expertos en uso de sus computadoras.
• Leen 52 libros cada año.
• Respetan la ley, la ecología y la convivencia
• Expertos en el manejo de la aritmética de negocios.

¿Será este el futuro de la humanidad?

domingo, 18 de noviembre de 2012

Felicidad


Copiado de por ahí:

ACERCA DE QUIENES HAN OPINADO SOBRE LA  FELICIDAD
                                                   
En  los Vedas –libros sagrados de la India ( 1500-1000 años.a.C.), Brahma , es quien es, se revela en la alegría y la felicidad.
    
Para Tales de Mileto (¿640-547 a.C.?), “la felicidad del cuerpo se funda en la salud, la del entendimiento en el saber”
    
Para Laotsé (hacia 600 a.C.), la felicidad acompaña muy de cerca a la desgracia. Ladesgracia se esconde en la felicidad.

Para Heráclito (576-480 a.C.), “Si la felicidad estuviera en el cuerpo, llamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran legumbres”. La felicidad parte del dinamismo y cuando esto ocurre se llega a la felicidad a través de la virtud. La felicidad sólo es posible si se comparte.

Para los  budistas  (Buda: ¿566-486 a.C.?) : somos lo que pensamos y una mente (dominada) conduce a la felicidad. Ya que vivir es sufrir y el sufrimiento resulta de la pasión; la renuncia de sí mismo, es la única forma de  liberarse del sufrimiento. El ideal es llegar a la aniquilación suprema o nirvana.

Para Confucio (552-479 a.C.), una de las claves fundamentales de la felicidad, es servir a nuestros semejantes de una forma desinteresada, ayudando siempre que podamos sin olvidarnos de nosotros mismos.

Para Parménides (504-450 a.C.): La verdadera felicidad se halla en la contemplación del Uno (algo parecido al ser) Es la contemplación de la realidad.

Para Demócrito (Siglo V –a.C.), el fin último de la vida es la felicidad.

En la  Torá  (Pentateuco): Se enseña que no se debe buscar la felicidad mediante factores externos, sino que debe depender de nosotros mismos.

En el Antiguo Testamento: Feliz es quien ama a Dios, quien le busca y espera en Él (Salmos: 2,12;  34,9; 40,5; 84,13; 112,1) - Proverbios: 16,20; 28,14;  Ecl.: 34,15; Isaias: 30,18; Tob.13,14). La felicidad en último término, reside en la comunión con Dios y en Dios como persona (Sal. 73,25)

Para Sócrates (470-399 a.C.) : No existe felicidad sin virtud, ella conduce a su logro.

Para Platón (428-347 a.C.): La felicidad contempla la esencia de las cosas, es decir las ideas de Dios, la identificación con el mismo practicando la virtud y para ser feliz hay que parecerse a la Divinidad lo más posible.

Para Zenón de Citio (fines del siglo IV a .C.) y su escuela: el objetivo de la conducta humana es la felicidad, estado que se alcanza con la fidelidad a la naturaleza y a la razón.
    
Para Aristóteles (384-322 a.C.) : la felicidad consiste en algún tipo de actividad, con la exclusión del placer por el placer, que no es una actividad sino una sensación. A esa actividad conduce la razón, en cuanto la misma se busque y consiga por sí misma, basándose en la prudencia para alcanzarla. La verdadera felicidad consiste en hacer el bien” “La  verdadera felicidad está en el libre ejercicio de la mente”

Para Epicuro (341-270 a.C.), “la felicidad se reduce  al placer y a la ausencia de dolor”

En el Bhagavad Gita (texto clave del hinduísmo- Siglos IV a II (a.C.), se dice que la felicidad perfecta y eterna, deriva de la unión con Brahma.

Jesucristo (n. año 747 de la fundación de Roma (año cero de la era cristiana) y + 33 a. después- ) dijo:  Son felices: “quienes escuchan la palabra de Dios, y le obedecen” (Lc. 11,28); “quienes creen sin haber visto (Jn. 20,29); “quienes practican la caridad con los necesitados” (Lc. 14,14); “los humildes y serviciales con sus hermanos (Jn. 13,17). En el Sermón de la Montaña (Mt.5, 3 a 12): “-Dichosos los que reconocen su necesidad espiritual, pues el reino de Dios les pertenece/-Dichosos los que están tristes, pues Dios les dará consuelo/-Dichosos los de corazón humilde, pues recibirán la tierra que Dios les ha prometido/-Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer lo que Dios exige, pues Él hará que se cumplan sus deseos/ -Dichosos los que tienen compasión de otros, pues Dios , tendrá compasión de ellos./-Dichosos los de corazón limpio, pues ellos verán a Dios/-Dichosos los que procuran la paz, pues Dios los llamará hijos suyos/-Dichosos los que sufren persecución por hacer lo que Dios exige/ pues el reino de Dios les pertenece/ -Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras. Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo; pues así también persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes”

El Talmud: “Estaremos felices y alegres contigo (Dios), con tu Torá”

Para Séneca (47-65 d.C.), “si quieres vivir feliz, no te importe que te crean tonto”

Para  San Agustín (354-430  d.C.), la felicidad verdadera y el objetivo último del comportamiento humano es la sabiduría que se halla en el interior de uno mismo, que nos muestra a Dios y nos revela la conciencia.

Para  Mahoma (h. 570-632 d.C.), al lado de la dificultad está la felicidad. Él acostumbraba a decir, que Dios había puesto su felicidad en tres cosas: la oración, las mujeres y la fragancia.

El  Corán (h. 610-631  d.C.), “la verdadera felicidad y la paz, se pueden encontrar mediante el cumplimiento de los mandamientos, del Señor de los mundos”

Para Maimónides (1135-1204), “todo enfermo tiene el corazón agobiado y todo sano rebosa de felicidad”.”Hacer justicia (tzedaká) , es una ley (mitzvá) a través de la cual se adquiere mérito, felicidad y paz espiritual.”

Para Descartes (1596-1650), “la felicidad es el fin de la vida humana”.La verdadera riqueza y felicidad es saber que: “sólo nuestros pensamientos nos pertenecen”

Para  Pascal (1623-1662): “la felicidad es un artículo maravilloso, cuanto más se da, más le queda a uno”. “Estando siempre dispuestos a ser felices, es inevitable no serlo alguna vez” “La felicidad total del hombre consiste en disfrutar de la estimación de los demás”

Para Spinoza (1632-1677), “El amor por una cosa eterna e infinita, alimenta el alma de pura alegría y la libra de toda  tristeza”, lo que es muy de desear y digno de ser buscado con todas nuestras fuerzas.

Para Locke (l632-1704), “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”

Para Leibniz (l646- 17l6), “La felicidad es la adecuación de la voluntad humana a la realidad.. La perfección es ser feliz y esa felicidad radica muy fundamentalmente en el amor”

Para Hume (1711-1776), “el fin último del acto humano es la felicidad”

Para Kant ( 1724-1804), “es el estado de un ser racional , al cual en su vida todo le va bien, según su deseo y voluntad” “La felicidad no brota de la razón, sino de la imaginación”

Para Hegel (1770-1831), la felicidad, el gozo o la satisfacción, no son el principal objetivo del hombre, y ella no se encuentra en los grandes acontecimientos. Los momentos felices de la historia fueron páginas en blanco.

Para Schopenhauer (1788-1890), la felicidad es una ilusión, dado que lo único que digamos existe, es la ausencia de dolor. La felicidad es una meta inalcanzable para el ser humano.

Para A. Comte (1798-1857), “vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad”

Para John Stuart Mill (1806-1873), La felicidad es la satisfacción entre otros, de los placeres superiores. ”Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo”

Para Kierkegaard (1813-1855), “la puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla, si uno la empuja, la cierra cada vez más”

Para Nieztsche (1844-1900), “el destino del hombre está hecho de  momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de  épocas felices” “La felicidad consiste en el placer asociado a la fuerza vital que hay en uno y se experimenta cuando lucha”

Para Freud (1856-1939), “la felicidad consiste fundamentalmente en evitar el dolor y el sufrimiento; es imposible de lograr, pero no debe dejar de buscarse, porque si no la vida carecería de sentido” “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra, serlo”

Para Bertrand Russell  (1872-1970), “carecer de algunas cosas que uno desea, es condición indispensable de la felicidad”

Para  C.S.Jung  (1875-1961), “aún una vida feliz, no es factible sin una cuota de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido, si no estuviera  balanceada con la tristeza” “Es mucho mejor tomar las cosas como vienen, con paciencia y ecuanimidad.

Para Karl Jaspers (1883- 1969): “La felicidad es el sentimiento de poder que se ha hecho dominante, cada uno de nosotros quisiera, si fuese posible, dominar en todos los hombres, preferentemente a Dios”

Para Heidegger (1889-1976), “la felicidad es una mera ilusión, y apenas la dejamos, estamos abocados a la muerte”

Para Sartre (1905-1980), “la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”

                 Pensadores, escritores y prohombres

Para Cervantes (1547-1616), “cada uno es artífice de su ventura”

Para  Shakespeare (1564-1616), “sería muy poco feliz, si pudiera decir hasta que punto lo soy”

Para  Franklin  (1706-1790), “la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces; sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”

Para Goethe (1749-1832), “la felicidad nace de la moderación”

Para  Artigas  (1764-1850), “no tengo más enemigos que los que se oponen a la felicidad” “Que los más infelices sean los más privilegiados”

Para Thomas Chalmers (1780-1847); “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”

Para Bolívar (1783-1930)): “El fundamento verdadero de la felicidad: la educación”

Para Víctor Hugo (1802-1885), “la suprema felicidad de la vida, es saber que eres amado por tí mismo, o más exactamente, a pesar de ti mismo”

Para Lincoln (1809-1865): “Las personas no son felices a menos que estén dispuestas a serlo


Para Flaubert (1821-1880), “ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos”

Para Tolstoi (1828-1910), “el secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace” “No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás”

Para G. B. Shaw (1856-1950): “No tenemos derecho a gozar de  felicidad, si no la creamos en torno nuestro”

Para Gandhi (1869-1948); “La felicidad huye de quien  la busca. Ella viene sólo del interior.

Para André Gide (1869-1951): “El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por encontrar placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo”

Para Herman Hesse (1877-1962): “La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz”

Para André Maurois (1885-1967): “¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu”

Para Mauriac (1885-1970):  “Qué feliz yo moriría después de hacer feliz a un ser humano!”

Para  Jean Cocteau  (1889-1963): “Es muy difícil hacer bella la felicidad. Una felicidad que sólo es ausencia de desdicha, es cosa fea”

Para Pearl S. Buck (1892-1973), “muchas personas se pierden las pequeñas alegrías, mientras aguardan la gran felicidad”

Para Thornton Wilder  (l897-1975): “Los mejores momentos de la vida, vienen por sí solos, no tiene sentido esperarlos”

Para A. de Saint-Exupery  (1900-1944), “si quieres comprender la felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin”

Para Simone de Beauvoir (1908-1986), “las personas felices no tienen historia”

Para Jean Anouilh (l910-1987): “No hay que creer exageradamente en la felicidad, sobre todo cuando se es de buena raza. No se consiguen más que decepciones”

 Para Albert Camus (1913-1960): “No es vergonzoso preferir la felicidad”. “Quien encuentra la paz en su hogar, ya sea rey o campesino, es el más feliz de los humanos” “Debería darnos vergüenza ser felices nosotros solos””.

Para Ana Frank (1929-1945):”Mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que eres puro por dentro y que pase lo que pase, volverás a ser feliz”
    
Para Vargas Llosa (n. 1936): “Sólo un idiota puede ser totalmente feliz”

No hacer


De Kapov:

Me gustaría entresacar fragmentos de la obra Guerra y Paz que me han impresionado especialmente y para comenzar he elegido este que trata sobre la ociosidad. No tiene desperdicio:

Nos enseña la Biblia que la ociosidad, la ausencia de todo trabajo, era condición de la beatitud del primer hombre antes de su caída. El amor a la ociosidad sigue siendo el mismo en el hombre caído aunque la maldición pesa siempre sobre él, no tanto porque tengamos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque nuestras cualidades morales no nos permiten ser felices en el ocio. Una voz misteriosa nos acusa siempre de que estamos ociosos. Si el hombre pudiera verse en un estado en el que, permaneciendo ocioso, se sintiera útil y cumpliendo con su deber en el ocio, encontraría una buena parte de su felicidad primitiva”.

Hoy os propongo meditar y comentar sobre el curativo “no hacer” que tanto bien haría a nuestras vidas.

Estreno columna en MiCiudadReal

Eusebio García del Castillo me ha propuesto colaborar en MiCiudadReal y yo he accedido con gusto a tener una sección llamada Contornos, a pesar de que me asedia un trabajo continuo que no me aturde tanto como la angustia incesante de dar vueltas en torno a él como una mosca anoréxica de detritus, siempre con el mismo zumbido ¿para qué? 

Desde luego que no tendría sentido formular esta pregunta si la contestase una serie de consideraciones prácticas como ganar los garbanzos, pagar las hipotecas y tener perro que me ladre y lugar donde caerme muerto. Lo que (me) ocurre es que planteo esta pregunta desde un punto de vista más subjetivo: ¿me satisface realmente esto? ¿Obtengo placer por cumplir con mi oficio? ¿Merece la pena? ¿No son mi libertad y mis expectativas algo más modestas o algo más grandes? ¿No prefiero algo más sencillo, humilde y simple? ¿No prefiero algo más variado, más peligroso o más activo?

Una montaña de exámenes, otra de trabajos, una edición de fábulas del XVIII a medio hacer, investigaciones, poemas, historias, proyectos, deseos que me rondan por la cabeza y, encima, esa enfermiza e insaciable curiosidad, ese infantil deseo de saberlo todo (y no tanto de experimentarlo todo) que me ha hecho acumular una biblioteca bastarda de respuestas posibles a una única pregunta, informulable por más que Kant dijera haberla hallado. 

Steiner nos informa de que el último hombre sabio omnímodo que pudo asegurar "tengo una vaga idea de todo", quizá incluso de sí mismo, fue Leibniz, que aún creía en la consistencia y positividad del mundo; después ha venido la era de los especialistas y ahora mismo la de los pantallófilos; desde luego no nos comparamos, no podemos, con esas grandes y enciclopédicas cabezas, pese a lo cual, muchos, como yo mismo, insistimos en rodearnos de libros y cabezas pensantes como una muralla china contra la presunta barbarie o prolongar nuestra feble memoria con otra de papel y discos duros con la vaga esperanza de entender algo, aunque sea lo más cercano, o por lo menos hacer un mapa o una brújula que no nos desoriente.

Pero te das cuenta de que todo eso es en el fondo un derrubio, un delta, un estercolero, unas afueras, una muralla de aislamiento o muro a lo Pink Floyd, una fáustica declaración de derrota y de insuficiencia suma. Hasta los libros, lejos de asumirla, se forran contra la hostilidad exterior, como si tuvieran frío de esa desértica y caótica intemperie, tan estimulante para Nietzsche

¿Merece la pena? te inquieren en el examen de fin de existencia, tras una corta sesión de auto-powerpoint. Nadie se atreve a formular respuesta. Y uno tiene la sensación de que es precisamente esa cuestión la fundamental, no la del ¿para qué? ni la de Kant. Algo tiene que ser merecedor de tanto sufrimiento. Pues si tus males tienen remedio, ¿por qué preocuparte? Y si no lo tienen ¿para qué te vas a preocupar? Pero ese algo es lo que el amor tiene de simpatía o compasión, no precisamente lo que tiene de sexo o hipoteca. Echar una mano al otro sin que ello te esclavice. Así de sencillo, así de complicado.