martes, 1 de octubre de 2013

Palabras presuntamente intraducibles

"11 palabras intraducibles", Huffington Post, 31/08/2013:

Este post se publicó originalmente en Maptia Blog. El equipo de Maptia está creando una bonita plataforma para contar historias sobre lugares. Puedes leer su manifiesto Mira el mundo (en inglés) aquí.

La relación entre las palabras y su significado es fascinante, y los lingüistas han pasado innumerables años deconstruyéndolas, separándolas letra por letra, y tratando de averiguar por qué hay tantos sentimientos e ideas que no se pueden plasmar con palabras, y que nuestras lenguas no consiguen identificar.

Se ha escrito mucho sobre la idea de que las palabras no siempre pueden expresarlo todo. Como dijo Friedrich Nietzsche: "Las palabras son símbolos para la relación entre las cosas y entre estas y nosotros; en ningún lugar consiguen abarcar la verdad absoluta".

Sin duda, el mejor libro que hemos leído sobre este tema es Through The Language Glass, de Guy Deutscher, que examina y analiza estos resquicios, la brecha que implica que haya palabras sin traducción y conceptos que no pueden explicarse bien entre distintas culturas.

Reduciéndolo al mínimo, hemos ilustrado 11 de estas palabras maravillosas, intraducibles y ligeramente esquivas. Vamos a intentar incorporar unas cuantas en nuestras conversaciones diarias, y esperamos que disfrutes reconociendo uno o dos sentimientos de entre ellas.


1 | Alemán: Waldeinsamkeit

Un sentimiento de soledad, de estar solo en el bosque y conectado con la naturaleza. Ralph Waldo Emerson incluso escribió un poema sobre esto.

2 | Italiano: Culaccino

La marca que deja un vaso frío en una mesa. ¿Quién iba a decir que la condensación podría sonar tan poética?

3 | Esquimal: Iktsuarpok

La sensación de anticipación que te empuja a salir fuera y ver si viene alguien, y que probablemente indica impaciencia.

4 | Japonés: Komorebi

Esta es la palabra que los japoneses usan cuando los rayos de sol se filtran a través de los árboles; la interacción entre la luz y las hojas.

5 | Ruso: Pochemuchka

Alguien que pregunta mucho. De hecho, probablemente demasiadas preguntas. Todos conocemos a algunas personas así.

6 | España: Sobremesa

Esta palabra describe el periodo de tiempo tras la comida en la que se conversa con la gente con la que has compartido la mesa.

7 | Indonesia: Jayus

Es una palabra coloquial que describe a alguien que cuenta un chiste tan mal, con tan poca gracia, que no puedes evitar reírte a carcajadas.

8 | Hawaiano: Pana Poʻo

¿Sabes cuando no te acuerdas de dónde has puesto las llaves y te rascas la cabeza porque de alguna forma eso parece que te ayuda a acordarte? Esta es la palabra para eso.

9 | Francés: Dépaysement

El sentimiento que sobreviene cuando uno no está en su país; sentirse extranjero, emigrante, o estar de alguna forma desplazado de su origen.

10 | Urdu: Goya

Urdu es el idioma oficial de Pakistán, pero también el idioma oficial de 5 de los estados de la India. Este vocablo en concreto expresa ese momento en que se deja de lado la distancia y uno percibe lo ficticio como real, lo que a menudo pasa con las buenas historias.

11 | Sueco: Mångata

Es la palabra para el surco luminoso, con forma de camino, que crea la luna sobre el agua.

lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Pagar el cáncer y seguir pagando políticos?

Ordenan (da igual el sujeto del verbo militar: siempre se joden los mismos y de la misma manera) que los enfermos crónicos paguemos nuestras medicinas, o al modo calvinista, nuestra predestinada mala suerte, porque estar medio muerto es un lujo. Uno debía estarlo del todo para así pagar el impuesto de herencias, legados y sucesiones. Hasta sin tener nada ab intestato te hereda el gobierno o la iglesia gracias a la ley Aznar. El gobierno, por supuesto, no da nada, solo da depresión y además pagándola, porque ya hay que pagar por el Prozac, Venlafaxina, Valium y todo lo que nos evita tirarnos por la ventana (hay un impuesto municipal por tener ventanas, aunque se vean cosas tan feas por ellas como los carteles electorales, publicidad chunga o calles sin barrer). Hay que pagar por el cáncer, y no me estoy refiriendo a un Senado vago y maleante o a los políticos corruptos o a las leyes franquistas en vigor verdes como lechugas, porque son un lujo. Y esto hay que detenerlo antes de que nos privaticen el culo con que nos expresamos, y con él, las ideas y las células madre. 

Hay que movilizarse, porque a este paso vamos a terminar con una sanidad como la de Elisyum, que hasta Obama se ve todavía más negro para impedir. Desaparece el terrorismo de izquierdas y solo queda, impune, el de los políticos populistas y las extremas derechas, cuyo melodioso canto se oye de vez en cuando en forma de paliza o explosión. Menos mal que hay anarquistas pacíficos que no se dejan engañar, como Enric Durán, el banquero suizo Rudolf Elmer, Julian Assange, Bradley/Chelsea Manning, Edward Snowden y Jeffrey Wigand, que han convertido la información, la acción directa, la denuncia y la desobediencia civil en las armas más eficaces contra la maldad estructural. ¿El estado nos engaña y nos explota? ¿Deberíamos engañar y explotar al estado como hacen en Italia e ingresar en cualquiera de las mafias españolas? Creamos en la verdad, como han creído todas las personas que figuran en la lista anterior.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Es hora

Quieren ponernos en hora con el meridiano inglés, cuando nos alistaron al germánico los que declararon la guerra a la gente: militares, paramilitares de gorra roja o camisa azul, sotanas, membresía toda de uniforme. Eso de lo uniforme y de lo uniformal es muy germánico frente a lo descamisado-sansculotiano-informal, que tuvo a la gente a cuerpo serrano y pasando frío. Como las bombas de fósforo, los trenes alemanes siempre llegaban a su hora y en España también, aunque descarrilando, que siempre hemos sido gente muy atropellada y dejadera de todo para el final. Porque incluso para nosotros la muerte no es el final... Pues, coño, ¿qué lo es?

Se suele decir que los finales felices no son verdaderos finales, porque solo aplazan el inevitable no hay tutía y hasta aquí hemos llegado, this is the end. Sócrates decía que la tragedia, que siempre acaba mal, es más parecida a la verdad que la comedia, que lo hace bien, es decir, no acaba. Y para dar ejemplo se bebió la cicuta, por más que todavía quede su alma inmortal escandalizando griegos en pelota por las palestras donde todavía habla Platón, aunque traducido, el de las anchas espaldas. 

Sabemos que en el teatrillo que interpretamos la Vida la pieza nos da cierto margen a la improvisación y la autoría, pero el final ya está escrito, no se puede cambiar y es la hostia de convencional. A todos nos cruzan de brazos, porque, si no fuéramos indiferentes, no podrían cerrar la caja y seríamos unos difuntos muy escandalosos. Y eso de cerrar caja es lo que debe hacerse en toda economía que se precie. Que sí, no lo olvidéis. Como decía el caprichoso Calígula de Camus: "Los hombres mueren y no son felices". Y, podríamos añadir, para disimularlo, les cruzan de brazos.

Pero lo que quiero decir con esto del posible cambio de hora es que muchas cosas no han cambiado en España desde que se estableció el integrismo como regla general. Hay muchas leyes en nuestro código penal que siguen todavía el bigotudo meridiano fascista de Berlín. Más nos hubiera valido ajustarnos al meridiano de la isla de El Hierro, que era propiamente el nuestro, y dejarnos de gilipolleces anglogálicas de una vez por todas. Sigamos el ejemplo de América: en ella hasta los kilómetros son más grandes y se llaman millas.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Pasados días del fin del mundo

El 23 de enero de 1961, a cuatro días de que Kennedy asumiera la presidencia de los Estados Unidos, un bombardero B-52 que sobrevolaba Goldsboro (Carolina del Norte) estalló en el aire y dejó caer dos bombas de hidrógeno o termonucleares. Aunque una se desactivó, la otra quedó con sus dispositivos de seguridad destruidos, abrió su paracaídas y bajó presta a detonar con una potencia 260 veces superior a la de Hiroshima, dos megatones. Solo un interruptor de emergencia de bajo voltaje evitó el cataclismo, algo que, según los ingenieros, habría podido estropearse mucho más fácilmente con un cortocircuito.

¿Cómo ha llegado a saberse? El periodista Eric Schlosser ha encontrado el documento alusivo, desclasificado recientemente por la Ley de Libertad de Información. Tres años después de la fecha fatídica, y sin saberlo, aunque ya había ocurrido la crisis de los misiles cubanos, Kubrick estrenó su famosa película sobre un desastre atómico parecido, Dr. Strangelove, y en 1966 cuatro bombas del mismo tipo cayeron en España, en el pueblo costero de Palomares, aunque afortunadamente con sistemas de seguridad más fiables, por más que se liberara al aire una cantidad significativa de Plutonio, sustancia esta la más tóxica que se ha conocido.

También aparece en los márgenes de la historia la cuarta bomba atómica (tras la de Alamogordo y las dos de Japón) que se perdió en las aguas del Pacífico al hundirse el buque que la transportaba, y las bombas atómicas que Israel y Sudáfrica desarrollaron e hicieron detonar como prueba en el mar Índico, cerca de la Antártida. Y hay quien piensa que el almirante Carrero Blanco, asesinado por ETA y principal valedor de la bomba atómica española, fue dejado morir por la CIA con la plena bendición de Kissinger cuando ya había conseguido la tecnología necesaria para poder iniciar este proyecto.

Pero aún hay más. Si usted piensa que la tecnología humana es incapaz de producir un ingenio que acabe con la vida sobre la tierra, se equivoca, porque el dispositivo ya ha sido creado, al menos en teoría, por el físico Leo Szilard en 1950. Se trata de la Bomba C o de cobalto, la cual, aunque de poder destructivo muy limitado, crea sin embargo una nube radiactiva prácticamente inmortal que extingue cualquier forma de vida allá donde va y puede contaminar la atmósfera del planeta en un par de meses. La hora final (1959), la terrible película de Stanley Kramer, muestra lo que pasaría en un conflicto atómico desarrollado con tales armas. Y al menos 700 incidentes importantes relacionados con armas nucleares han ocurrido desde que existen. En Ucrania hay una bestia dormida bajo un caparazón o sarcófago de cemento armado que puede explotar cuando llegue a las aguas subterráneas que hay debajo de Chernobyl (que se traduce por "ajenjo", en ruso, como la estrella del Apocalipsis VIII, 11-12: "Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los ríos de las fuentes y de las aguas, y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fue vuelta ajenjo y muchos murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas"). Y tenemos algo aún peor: Fukushima. Todo esto en medio siglo. ¿Qué pasará en otro medio?

lunes, 16 de septiembre de 2013

Como cabras

No tenía gana de ir, porque vemos cabrones todos los días, pero nos fuimos a Porzuna a observar una explotación caprina con unos amigos. El pastor y dueño tenía unos cinco machos, cuatro de Canarias, jovencitos y escuálidos, con indudables genes escoceses, y uno gordo y lucio, de enrollada e impresionante cornamenta, que venía del Valle de Alcudia. Antaño fue muy rebelde; se escapó y solo lo encontraron a kilómetros, instalado cerca del castillo de Piedrabuena.

Tienen los que pobres son
la ventura del cabrito:
o morir cuando chiquito,
o llegar a ser cabrón.

Es una redondilla bastante antigua y la da como tradicional el repertorio de Alatorre; pero una redondilla, estrofa culta, no la veo yo como muy tradicional; es cierto que hay versiones de la misma en autores manchegos como Félix Mejía o Manuel del Casal y refranes que parecen salir de ella. Ahora, por el contrario, la tradición, que sigue viva, lo que ingenia son seguidillas de inspiración menos rural, como esta, que escuché cantar ese mismo día en un merendero cerca del Bullaque:

Las chicas de la caseta
son muñequitas,
porque pueden ser Barbies
o Barriguitas.

El pastor era hombre sabio y auténtico: nunca se le oía decir palabra que no fuera de notar; pero estaba atado al terreno como una planta, porque las cabras ignoran los calendarios laborales: si no las ordeñas todos los días, también sábados y domingos, se ponen enfermas, sus ubres hinchadas y dolientes, y el concierto de balidos lo oirían hasta Heidi y Pedro en los Alpes (qué lástima que Hayao Miyazaqui deserte del cine)  

Un tropel de perros pastores vigilaba el recinto; el mayor, ya jubilado, descansaba echado como una esfinge al lado de la puerta del aprisco, que una valla partía en dos secciones, una para las cabras y otra para los cabritos. Estos se encontraban atados al mismo lugar donde habían nacido, porque sus madres, si no los encontraban allí, no los reconocían ni los amamantaban. Cada año viene un camión y se los lleva a Burgos, para que los puedan sacrificar y echar de comer a algún panzudo gastrónomo con dinero.

El pastor lo lamenta, pero vive de ello. El día de San Antón, el cura no quiso bendecir a sus machos, aunque otros no tuvieron problema en hacerlo. ¿Por qué? Averígüelo Vargas. Mi pastor es analfabeto, pero tiene esa honda cultura que nace de valores tan profundos como la honradez, el trabajo y el sacrificio, y debía gobernar, a lo que yo entiendo, como un nuevo Sancho Panza, a tanto cabrón como hay en España. Me recuerda al protector personaje de Intemperie, de Jesús Carrasco, el nuevo Delibes, que está vendiendo a porrillo una novela que no habría podido regalarle porque aprendió a trabajar antes que a leer. Miren si el señor, o señorito, míster ministro de la Economía, que participó en el expolio bancario, podría haber dicho lo que él me comentó: "Mire usted, yo gano poco, pero no debo nada a nadie". ¿Cuánto debe cada español gracias a economistas como los que padecemos? ¿Cuánto debe cada uno de nosotros?  Sabemos que un billón de euros solo en deuda. Yo estaría contento si hubiera podido referir lo mismo que dijo el cabrero. Con su durísima jornada de trabajo dio una educación universitaria a sus tres hijos; hoy, con el sistema de becas que hay, no habría podido. Nuestro pastor, con lo que ha dicho y con su vida ejemplar, se muestra partidario de la teoría económica del Decrecimiento

Es el rey de sus animales; tiene además ovejas, pavos reales y gallinas,  y se ve que las ovejas y los carneros lo aprecian: los tiene amaestrados y a un gesto suyo se inclinan de consuno y le hacen reverencias. Se conoce los nombres de todos los animales como un general grecorromano conocía los de todos sus soldados; a una cabra la llama la Pantoja, pero se muestra avergonzado por la broma; es un hombre respetuoso y serio, tan cortés que hasta un chiste como este le supone una intromisión en el respeto que una persona merece. Vean si son sólidos sus valores. A mí, desde luego, me avergüenza compararme con él. 

Cuando las cabras pasan a la estancia donde son ordeñadas cada una va directamente a su sitio ya conocido: son muy territoriales y nunca se equivocan. La ordeñadora mecánica ha aliviado algo el oficio, que ya no es manual. Me ofrece algo de leche recién ordeñada: está caliente, no tiene el sabor artificial de las tetas-brick. Y nos despedimos después de haber pasado una bonita mañana con él.

viernes, 30 de agosto de 2013

Por una Historia de la Literatura en La Mancha

Hace tiempo una de las personas que más han hecho por la cultura regional (y es una forma modesta de decirlo), Alfonso González-Calero, me propuso escribir un artículo de investigación sobre la literatura manchega del XIX, algo que yo creía conocer bien, aunque solo fuera porque me hacía una idea de cuánto ignoraba al respecto (soy un ignorante prodigiosamente bien informado). Pero, a medida que iba escribiendo, la cosa se empezó a salir tanto de madre como yo mismo. El motivo era un creciente entusiasmo ante los cadáveres que iba desenterrando, mucho más profundos que los que la Guerra Civil sepultó en nuestra corta memoria colectiva. De hecho, esos cadáveres que tan buena salud ostentaban, por usar la ironía de Corneille, eran los magníficos abuelos de los otros. Así que, estudiando sus vidas y sus obras, vine a comprender al fin lo que ya sospechaba desde que empecé a investigar liberales decimonónicos manchegos: que el XIX es un borrador del siguiente y, de hecho, algunas cosas que no se entienden ahora solo aparecen comprensibles viéndolas nacer en germen en el siglo XIX. Un siglo muy olvidado, aunque es abuelo nuestro, a causa de tanto obseso como hay por la última guerra civil de España (siempre hay obsesos por lo que nos toca), de forma de que muy pocos quisieron ver más allá otras tres, y aun cuatro o cinco (si contamos la Guerra de la Independencia y la Guerra de Sucesión) que se van heredando unas de otras, pues eso es la historia, paces y guerras, Valero dixit. Cierto que el horizonte es infinito y "anegarse en él es dulce", como expresó el más triste de los poetas, don Giacomo Leopardi. ¡Ay mi Leopardi! Retoqué el artículo de Wikipedia para añadirle más sustancia, e incluí entre otras esta cita tremenda:

El género humano no creerá nunca no saber nada, no ser nada, no poder llegar a alcanzar nada. Ningún filósofo que enseñase una de estas tres cosas alcanzaría fortuna ni haría secta, especialmente entre el pueblo, porque, fuera de que todas estas tres cosas son poco a propósito para quien quiera vivir, las dos primeras ofenden la soberbia de los hombres, la tercera, aunque después de las otras, requiere coraje y fortaleza de ánimo para ser creída.

No saber nada, no ser nada, no poder a llegar a alcanzar nada es el auténtico programa del nihilismo (llamémosle mejor desesperación, falta de ideales o de valores, materialismo, capitalismo, como ustedes quieran llamarlo) contemporáneo, que nació como respuesta a crisis de la Ilustración y a las tres preguntas de Kant: "¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar?". Algo así manifiesta Madame Bovary - Flaubert al describir la sosería de Charles: "Il n'enseignait rien, celui-la, ne savait rien, ne souhaitait rien". La mentalidad burguesa típica, falta de identidad, el hombre masa actual. Ya lo dijo Manolete Machado (que tuvo un hermano, según Borges), a quien pasaré en gallego, para dar más saudade: "Nada sei, nada quero, nada espero... Nada". O Lewis Cernuda: "No sé nada, no quiero nada, no espero nada". Más original es el Vicente Aleixandre de Poemas de la consumación: "O tarde, o pronto, o nunca". Las tres formas que el tiempo toma para frustrarnos; así otorga Aleixandre precisión y universalidad a la frase popular. Pero seamos positivos y volvámonos a Antoñete Machado, que "hoy es siempre todavía".

Decía que ese artículo se ha publicado ya por Calero en un magnífico libro monográfico que acoge diversos trabajos sobre el XIX manchego; pero, desde entonces, no ha dejado de reconcomerme un hecho tozudo, este: la literatura en La Mancha, pese a ser la única española que ha dado mitos universales, una aportación colectiva a la humanidad, carece de una Historia de la literatura propia, y precisamente por ello ha dejado sus rasgos de identidad a las otras: es una literatura exocéntrica, no endocéntrica, como por ejemplo la catalana. El Lazarillo, La Celestina, el Don Quijote, incluso el personaje de Don Juan, el libertino de Gabriel Téllez (un fraile madrileño instalado en Toledo), son manchegos, y de esa universalidad literaria no pueden presumir ni siquiera quienes hablan de "catalanes universales" como la Caballé; más lo son Dalí, un anticatalán, o Gaudí, que de catalán tuvo tan poco. Pero ello es así; ninguna literatura entre las españolas ha trascendido o forjado carácter o mito alguno salvo la manchega, que me obstino en llamar en La Mancha, puesto que no creo en identidades nacionales, sino solo en tradiciones culturales. 

Tal vez se deba este lamentable descuido al desvío pintoresquista o la superposición de una obra tan importante como la cervantina, de forma que ya en alguna ocasión escribí que la cultura manchega es todo aquello que queda si olvidamos Don Quijote. Que no es tan poco como parece, qué va. Otra poco casual causa puede ser, y no más en apariencia que en esencia, la ingénita miseria económica de una región depauperada, que, si bien ha dibujado con claridad los contornos de un rostro común, no ha podido llevarlos al papel sino en forma muy reciente. La tradición cultural manchega no cervantina se presenta como discontinua, y marcada en gran parte por lo que con gran acierto otro investigador de nuestros autores, Gómez-Porro en sus distintas obras, o Manuel Criado de Val, ha señalado como un síndrome madrileño. Pero esos rasgos, más persistentes y universales que los de cualquier otra tradición hispánica, son tozudos: hay que estudiarlos presididos por una idea que emana del conjunto, y que se puede precisar así:

1. Universalidad y exocentrismo. La literatura en La Mancha es la única que ha creado mitos de una cierta universalidad y no cabe identificarla con una cultura "española" cualquiera, aunque las ideologías hayan querido usarla con ese propósito. 

2. La libertad es uno de los temas esenciales de la literatura en La Mancha, en una doble vertiente: trágica y especialmente cómica. Los grandes humoristas de la literatura española siempre han sido manchegos.

3. La espiritualidad en La Mancha, en el marco del cristianismo y de esa libertad, ha sido siempre la más heterodoxa de España. La Mancha no es una tierra que destaque por sus místicos.

4. Hay algo muy profundo en la literatura en La Mancha que podríamos llamar "el sueño de Italia" que se presenta como una de las constantes más fuertes de su delimitación y va mucho más allá de una mera impronta de la literatura renacentista. Es, acaso, el rasgo más discutible.

jueves, 29 de agosto de 2013

Calvino

Un extraño fuego se ha llevado nuestras zonas verdes y la zona azul el suelo de nuestro carro y los bancos nuestra casa y el gobierno, su aliado, nuestros dineros y las quinielas nuestras ilusiones. A algunos, incluso, les han quitado trabajo, esposa e hijos. Todo es polvo y humo, que decía Máximo, el gladiador, a quien le daban casa gratis por no morir. Uno, que solo es un gusano sin espada, debiera necesitar tan solo un agujero o a lo más una cueva de homo ataporcino, pero, quia, necesitaba lugar para todos esos libros que no sirven para nada y para meter a una esposa, a unos hijos, a una suegra, a diez pájaros y a dos perros. Y a sufrir, que es pagar en sinónimo.

Un calvinista no desperdicia en lotería, porque su ética le obliga a vivir solo del sudor de su frente; a los católicos nos parece ridículo, pero, de verdad, ellos creen que es posible hacerse ricos trabajando. Su posición en la sociedad no se la da el azar, sino la predestinación, que es obra/consecuencia de la cantidad de fe/orgullo que ponen en su trabajo. Es la ética protestante del capitalismo, de un individualismo feroz. Los pigs, esto es, los guarros de Portugal, Italia, Grecia y Spaña pretenecemos a la piara de Epicuro y Merkel no puede arrojar sus perlas a los cerdos, que cuestan dinero. Somos de otra manera, católicos, viciosos (ahí está el Papa para perdonar lo imperdonable, frente al simperdonismo de Calvino). Nuestros mares son cálidos, no fríos como los del norte, y nos hemos hecho una cosmovisión epicúrea y en cueros del mundo, muy mediterránea y pagana, no tan abrigada y egoísta como la de los de arriba: que trabajen ellos, nosotros lo que queremos es disfrutar. 

Por esto son ellos más religiosos que nosotros, aunque parece lo contrario. Los protestantes solo creen en Paraíso e Infierno, pero no en Purgatorio. El Purgatorio para ellos es el mundo mediterráneo, entre la riqueza y la pobreza, entre América y Asia, muy angloeslavos que somos. O nordafricanos. No tenemos fe ni orgullo y ni creemos en que existan los fines: solo hay medios. Por eso trabajamos tanto: para no trabajar. Entre el whisky y el vodka, nos quedamos con el vino, que nos permite trasnochar y emborracharnos más lentamente, sin perder del todo el juicio; la vid solo crece por aquí y los borrachos mediterráneos no terminan en una zanja inundada ni amanecen en un seto; necesitan largar grandes discursos a la estrella del alba y los recogen cuando se caen al suelo. De Calvino solo tomamos el vino, la cal que se la den a ellos.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Ash, en Alien

Ash, el androide de Alien, dice algunas cosas memorables. Esta, por ejemplo, hablando del monstruo:

Admiro su pureza. Es un superviviente al que no afectan la conciencia, los remordimientos...o las fantasías de moralidad. No tenéis ninguna posibilidad. Pero... contáis con mi simpatía.

O sea, que Alien era político.

viernes, 23 de agosto de 2013

miércoles, 21 de agosto de 2013

En el frente rojo (1936). Inédito de Tomás Malagón

Hace un mes se publicó en Tonos Digital, una de las revistas de los de mi gremio, el Diario inédito de un sacerdote obrero ciudarrealeño precursor de la Teología de la Liberación nacido en Valenzuela de Calatrava en 1917. Bajo el título que señalo, narraba las experiencias de un seminarista reclutado a la fuerza en el ejército republicano durante los primeros momentos de la contienda en la misma Ciudad Real. El texto está redactado a lápiz, con las numerosas lagunas producidas por las urgencias de una vida a salto de mata natural en la guerra, por las carencias de todo tipo y por la impertinente vigilancia de los comisarios políticos y resulta un documento histórico de primer orden al menos para nosotros, coterráneos del personaje, pero además deslumbra por algunos pasajes de su estilo y por la inteligencia que emana del texto, escrito por un muchacho de apenas diecinueve años.

El mérito de haberlo descubierto es de una investigadora, Basilisa López García, que encontró el manuscrito en el archivo de la Comisión General de la HOAC o Hermandad Obrera de Acción Católica, un organismo fundado en 1946 por el laico Guillermo Rovirosa y, a partir de 1954, el sacerdote manchego Tomás Malagón, cuyo papel fue fundamental para la reconstrucción de los sindicatos clandestinos CC. OO. y USO. De la importancia de Tomás Malagón, un sacerdote que estudió a los clásicos del Marxismo mientras permanecía acantonado como oficial de comunicaciones en el observatorio meteorológico de las Alpujarras, poco cabe dudar. Bastará señalar que  Gustavo Gutiérrez, padre de la teología de la liberación en Iberoamérica, afirmó que “empezó a interesarse por un nuevo talante espiritual y teológico a partir de la solidaridad con el pobre, en un cursillo que recibió en Irún dado por Malagón y Rovirosa”. Tomás Malagón fue encargado del Instituto Superior de Cultura Religiosa en Madrid (1964-74) y enseñó en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, confundó la Editorial ZYX, fundó y desarrolló el Colegio Escuela-Equipo en Madrid, participó en la formación de FRATER y mujeres de AC y en 1980, poco antes de morir, creó el Movimiento Cultural Cristiano.

Tomás escribe  "por el desahogo de los sentimientos que hacían producir en mí las espinas de aquel ambiente" y un "deseo incontenible de sacar de nosotros nuestras alegrías o nuestras penas para depositarlas en ese inmenso tesoro en que las alegrías y las lágrimas de la Humanidad se van almacenando y que constituye su patrimonio y su historia". Cree que sus escritos son puro subjetivismo, impresiones de un alma que solo puede confiarse a sí misma.

Todos recordamos aquella catástrofe que partió en dos nuestra vida. En toda España ardía la guerra. En una parte de España había guerra y persecución: ser españoles, creyentes, pensar. Contra todo esto en nombre de la libertad, se imponía la tiranía del fusil y de la dinamita para el cuerpo; la tiranía de la propaganda y la mentira para el alma: propaganda y mentira, la misma cosa. Yo sentía mi odio y un aborrecimiento terrible hacia la propaganda que en forma de frases estaba constantemente frente a nuestros ojos y a nuestros oídos en la más abierta contradicción con la realidad que todos tocábamos y sentíamos con dolor de carne y de espíritu.

Puig, uno de los sargentos de la compañía encuentra escondido bajo un puente de la carretera un saco repleto de municiones y bombas construidas rudimentariamente con chatarra y latas de conserva y un Capitán que quiere congraciarse con su Comandante y ascender aprovecha para detener a todos los campesinos de las inmediaciones, a los que culpa de tamaña fechoría. Puig no cesa de lamentarse ante Malagón de tales arbitrariedades:

Me cuenta cómo el Comandante Militar ha golpeado bárbara y cobardemente a aquellos ancianos campesinos encorvados ya por el peso de los años y del trabajo; aquellas desdichadas mujeres que proferían gritos de dolor y de desesperación; quería que declarasen quiénes eran los encartados en aquella conspiración "cuyos indicios indudables habían sido descubiertos". Puig [...] siente en su alma los sufrimientos de aquellos infelices; no suponía verdaderamente que su hallazgo fuera a tener tal interpretación ni tales consecuencias. La verdad: no tenía nada de extraño encontrar un puñado de bombas, aunque estuvieran construidas de forma tan rudimentaria como aquellas, allí, a distancia relativamente corta del frente, [...] y nada más acertado –así pensó él- que retirarlas de aquel lugar, donde pudieran ser fuente de desgracias cuyo alcance era imposible imaginar. Y ahora, al ver el giro que, sin querer, sin buscarlo él han tomado los acontecimientos, Puig reniega cien veces de su mala sombra y entre interjecciones de descaecimiento y de cólera me dice:  “No nos dejan ni la tranquilidad en la conciencia de pensar que no somos responsables de sus crímenes”. Después se ha marchado. Antes ha repartido tabaco y frutas entre los detenidos; es lo que él ha podido comprar por ahí, o lo que le ha sido enviado de su casa lejana.

La frase de Puig hace reflexionar a Malagón sobre el origen estructural del mal, uno de los postulados de la todavía naciente Teología de la Liberación y su opción preferencial por los pobres. Puig reparte lo que tiene contra las víctimas que ha causado indirectamente su preocupación por los demás y eso es lo único que lo consuela un poco.

 Los comisarios dicen que se lucha por la dignidad del hombre y su derecho a ser libre; pero se nos exige hablar, pensar y querer conforme a esos pasquines indecentes que vemos por las paredes. Por algo, dicen, se nos entregan unos papelitos en los que se lee: el Banco de España pagará.

Prosigue su historia Tomás Malagón; cita a Joaquín Costa y a José Zorrilla. Uno quería que le diesen doble llave al sepulcro del Cid y el otro, en su Leyenda del Cid, oía al padre del Cid aconsejarlo luchar solo por la libertad de su conciencia:

"Conciencia tienes; contra ella  / en ningún caso vayas. Lidia por Cristo, no lidies / por ambiciones mundanas".

Y el áureo batallador de las peleas de España y por la fe, nunca muerto, pone su rostro huraño sobre su gesto escultural al escuchar las llamadas reiteradas de los líderes rojos a una guerra roja. No quieren los buenos hombres de España morir por el bello ideal de Largo Caballero o de Negrín. Van arrastrados, cuando van, y si van cantando, no penséis otra cosa sino que se cumple el refrán: cuando el español canta...

Tomás Malagón es embarcado en un tren con otros milicianos hasta Granada y su documentación es cuidadosamente estudiada por el comisario político, que se huele deserciones de todos los que presentan adhesiones de después del 18 de julio. Comen mala carne rusa, disparan con malos fusiles rusos y no pueden leer las revistas rusas que les dan. El grupo de Tomás se hace la promesa de no disparar ni un solo tiro contra los que el comisario político llama "facciosos". Observa que el uniforme que viste cada uno programa una mentalidad en la vida, pero el miliciano desuniformado es solo un irresponsable que se degrada cada vez más:

Y día a día vamos tornándonos revoltosos, mal hablados, borrachos, y sin más ilusión que el dinero, la lascivia y la holganza. Esta es la más trágica consecuencia de la guerra; la herida que para muchos será ya incurable. Yo no puedo menos que experimentar un gran sentimiento de compasión ante estos soldados destrozados moralmente por esta vida burlesca y francamente demoledora de todo cuanto significa valor humano; imposibilitados para toda acción verdaderamente grande y digna.

Ven venir heridos del frente comidos además por los piojos y la sarna. Ingenuamente piensa que tras la guerra "las cosas cobrarán de nuevo su verdadero sentido". Y escribe:

En estos momentos siento un odio terrible a los políticos, que en este trozo deshabitado de España, prolongan esta inmensa tragedia, sin objetivo de conquista social por más que mientan los comisarios; así es la verdad sin ninguna finalidad nacional. Son salvajes alimañas que solo pretenden saciar su odioso rencor contra todo y contra todos exacerbado por la derrota constante, y aniquilarnos y destruir España. Y vosotros máquinas parlantes de Ginebra, imbéciles habitantes del vacío, sois tan malvados como aquellos, pues consentís y alentáis este crimen sin nombre que se lleva a cabo contra nosotros.

Suelen llevar a los soldados a un teatro para ser adoctrinados. Cuando no hay persona para adoctrinar, sacan a alguno para que diga su idea de la guerra, pero se hacen los ignorantes y que no saben. Y cuando nadie quiere, nombran a uno cualquiera y es interrogado por el comisario político. Pero de vez en cuando sube alguien que no sabe mentir, que es irremediablemente honesto, como un tal y extremeño campesino Isidro Martínez que estuvo en el ejército regular antes de la guerra, y a la pregunta del comisario responde que no hay otra diferencia entre el ejército de los señoritos y el rojo sino que el rojo es más bruto. Y se niega a rectificar. Se produce silencio y días después se lee un decreto del gobierno contra los que quebrantan la moral, que son enviados "a batallones disciplinarios, donde no tienen más derecho que el de morir"

Dicen los comisarios que, al contrario de lo que se supone, que el pueblo no piensa sino que solo siente, el pueblo piensa solo y no siente. A Malagón le parecen mal las dos cosas. Y durante una eucaristía secreta recibe una gran revelación:

Me acordé del crimen horrendo de aquellos cristianos olvidados de sus deberes sociales ¡La Religión convertida por muchos en cueva de ladrones! Clamaba al cielo la desdicha del menesteroso abandonado; la ruina espiritual del pobre obligado a refugiarse en rostros rojos de venganza, negros de muerte; el orgullo insensato de los nuevos fariseos; la ambición voraz de los nuevos traficantes expoliadores de las casas de las viudas y de los huérfanos; el vicio y la crasa sensualidad de la nueva Pentápolis. Y bendije al Juez divino y a su justicia.

Tomás Malagón visita a un soldado amigo enfermo, que le encarga que abrace a su madre y la prepare para lo peor, si llega a ocurrir. El no puede, porque le han quitado los dos brazos. 

Las ratas sí son unos sabios animales que se empeñan en darnos lecciones de filosofía práctica; mientras los hombres se matan y aprenden a marcar el paso, ellas se comen el pan en las chabolas.

Medita sobre los filósofos y los quijotes. ¿Son filósofos o quijotes los que predican la guerra y la muerte? "La guerra da más experiencia que los años", escribe, y además "un pueblo apasionado por un mismo objeto, puede dar la sensación de división y de lucha de dos bandos". La realidad y la imbricación de la religión en la realidad, en todas las ideologías de la realidad, se le abre bien patentemente, porque el medio es fundamental para alterar todo mensaje:

Aprendí a desconfiar en gran manera de las personas, y a fiarme muy poco de las palabras; me convencí de que el aspecto exterior de un hombre no dice nada de su interior, y me reí por esto de Lombroso y de Gall y muchos más, pobres ilusos que no tuvieron, como yo, la suerte de poder estudiar psicología en una guerra; supe que no era tan corriente el heroísmo como antes me había figurado, y que por el contrario la hipocresía, la vanidad, el miedo y otras cualidades que yo pensaba eran solo de niños y mujercillas, estaban a la orden del día entre los que la gente califica de hombres fuertes. Rectifiqué muchas definiciones que antes tenía por verdades inconcusas, y pensé ya que no iba tan descaminado Lamarck al afirmar que el medio en que se vive puede llegar a hacer que cambien hasta en lo que se considera más esencial, los infelices seres que un día tuvimos la ocurrencia de nacer.

El trabajo de doña Basilisa se resiente de algunas flojeras ecdóticas: malas lecturas ("ideología clavada" por "ideología elevada", por ejemplo) y escasa anotación del texto (por ejemplo, no se identifica el origen de citas literarias diversas) entre otros peros (los filósofos que Napoleón llamó "idealistas" son en realidad "ideólogos", esto es, la segunda generación de la ilustración francesa) pero tiene el mérito incuestionable de haber desenterrado un texto preciso, y es de desear que prosiga sus investigaciones en busca de mucha más obra inédita del padre Tomás Malagón, que nos consta existe.

martes, 20 de agosto de 2013

Habermas se pronuncia

Jürgen Habermas "Cuando las élites fracasan", 'Der Spiegel y  El País, 20 de agosto de 2013:

El Gobierno alemán puede cometer un error histórico si sigue defendiendo políticas de corto alcance que lo favorecen en casa en vez de enfrentarse a los problemas que han puesto a Europa en situación de emergencia.

Con el título, tan significativo, de “Kein deutsches Europa!” [No queremos una Europa alemana], Wolfgang Schäuble desmentía hace poco en un artículo publicado simultáneamente en diarios de Inglaterra, Francia, Polonia, Italia y España, que Alemania aspire a asumir el liderazgo político en la Unión Europea (Süddeutsche Zeitung 20/21 de julio de 2013). Schäuble que, junto con la ministra de Trabajo, es el último “europeo” de corte germano-occidental que queda en el gabinete de Angela Merkel, habla desde el pleno convencimiento personal. Es cualquier cosa menos un revisionista que quiera anular la integración de Alemania en Europa y destruir así el fundamento de la estabilidad del orden de posguerra. Conoce el problema cuyo regreso debemos temer nosotros, los alemanes.

Tras la fundación del imperio en el año 1871, Alemania había adoptado una funesta posición semihegemónica en Europa, tal como expresa la famosa frase de Ludwig Dehio, “demasiado débil para dominar el continente pero demasiado fuerte para integrarse”. Y esto también contribuyó a allanar el camino hacia las catástrofes del siglo XX. La lograda unificación europea impidió, no solo a la Alemania dividida sino también a la Alemania reunificada, volver a caer en el antiguo dilema. Es evidente que la República Federal está interesada en que esto no cambie. Pero ¿no ha cambiado de hecho la situación? Wolfgang Schäuble reacciona ante un peligro actual. Él mismo es quien impone a la fuerza el testarudo rumbo de Angelika Merkel en Bruselas y quien palpa la grieta que podría resquebrajar el núcleo de Europa.

Es Wolfgang Schäuble quien impone a la fuerza el testarudo rumbo de Merkel en Bruselas y quien palpa la grieta que podría resquebrajar el núcleo de Europa

Él es quien tropieza con la resistencia de los “países receptores” en los círculos de los ministros de Hacienda de la comunidad monetaria europea cada vez que bloquea los intentos de introducir un cambio de política. El impedir una unión bancaria para la asunción comunitaria de los costes de la liquidación de los bancos malos es tan solo el ejemplo más reciente de ello. Schäuble no se aparta ni un milímetro de la norma de la canciller de no cargar a los contribuyentes alemanes con nada que rebase el alcance exacto de los créditos que requieran en cada caso los mercados financieros para el rescate del euro, y que siempre han recibido como consecuencia de una “política de rescate” indisimuladamente favorable a los inversores. Por supuesto, este rumbo seguido tan tenazmente no excluye un gesto de 100 millones en créditos para las clases medias que el tío rico berlinés toma de la caja fuerte del banco nacional para sacar del apuro a los primos de Atenas que se han quedado sin blanca.

La potencia líder que se niega a sí misma

Es un hecho que el gobierno de Merkel obliga a Francia y a los “países del Sur” a aceptar su controvertida agenda de crisis mientras que la política de adquisiciones del BCE brinda un respaldo no admitido. Pero al mismo tiempo, Alemania niega su responsabilidad en el marco de una Europa global por las consecuencias desastrosas que asume al poner en práctica ese papel – considerado como algo enteramente normal - de política de poder. Solo hay que pensar en el exorbitante paro juvenil del sur de Europa como una de las consecuencias de una política de ahorro con cargo a los miembros más débiles de la sociedad. Visto de este modo, el mensaje “nada de Europa alemana” cobra también el sentido, bastante menos bonito, de que la República Federal se coloca en un segundo plano. Desde un punto de vista formal, el Consejo Europeo decide de forma unánime. Angelika (sic) Merkel solo puede perseguir abiertamente intereses nacionales, o lo que ella considera como tales, como uno de los 17 miembros integrantes. El Gobierno alemán saca ventaja, incluso una ventaja desproporcionada, de la preponderancia económica del país siempre y cuando sus socios no duden de la lealtad, carente de ambiciones políticas, de los alemanes hacia Europa.

Pero ¿cómo puede resultar creíble este gesto de humildad a la vista de una política que se aprovecha descaradamente de la propia preponderancia económica y demográfica? Cuando, por ejemplo, toca imponer normas de emisión de gases más estrictas para el nuevo rico que fanfarronea de sus berlinas de lujo y estas normas perjudican – por supuesto, siempre en el marco del cambio energético – a la industria automovilística alemana, la votación se retrasa, por intervención de la canciller, hasta que el grupo de presión está satisfecho o ya han pasado las elecciones al Bundestag [Parlamento]. El artículo de Schäuble responde, me parece a mí, a la irritación que este doble juego del Gobierno federal produce en los círculos de los jefes de Gobierno de los restantes países del euro.

El Gobierno alemán saca ventaja, incluso una ventaja desproporcionada,  siempre y cuando sus socios no duden de la lealtad de los alemanes hacia Europa

Un Gobierno federal cada vez más aislado trata de imponer frente a Francia y a los países en crisis una dura política de ahorro en nombre de imperativos de mercado que supuestamente no dejan otra alternativa. En contra de los hechos, da por sentado que todos los estados miembros de la Comunidad Monetaria Europea pueden decidir por sí mismos sobre sus respectivas políticas económicas y presupuestarias. Si es necesario deberán “modernizar” el Estado y la economía y aumentar su competitividad con ayuda de créditos del fondo de rescate, pero siempre por cuenta propia. Esta soberanía ficticia es cómoda para la República Federal porque ahorra al socio más fuerte tener en consideración los efectos negativos que pueden acarrear sus propias políticas a los socios más débiles. Por el contrario, Mario Draghi ya advertía hace un año “que no es legítimo ni soportable desde un punto de vista económico que la política económica de países concretos entrañe riesgos que rebasen las propias fronteras y afecten a los restantes socios de la unión monetaria” (Die Zeit 30 de agosto de 2012).

¿Ha caído Europa en una trampa sin salida?

Hay que repetirlo una y otra vez: las condiciones poco óptimas en las que la Comunidad Monetaria Europea opera hoy día se deben al error de construcción de una Unión Política que no es plena. Por eso la clave no está en cargar los problemas sobre los hombros de los países en crisis a través de la financiación crediticia. La imposición de políticas de ahorro no puede eliminar los desequilibrios económicos existentes dentro de la zona euro. Solo se puede esperar una equiparación de estas diferencias de nivel a medio plazo como resultado de una política fiscal, económica y social común o en estrecha sintonía recíproca. Y si no se quiere derivar por completo en una tecnocracia al seguir este camino, hay que preguntar a los ciudadanos de los países europeos cómo conciben el núcleo de una Europa democrática. Wolfgang Schäuble lo sabe. Lo dice también en entrevistas concedidas a la revista Spiegel, entrevistas que no tienen consecuencias por lo que respecta a su propia actuación política.

La política europea ha caído en una trampa que Claus Offe define con precisión: si no queremos abandonar la unión monetaria, resulta, por un lado necesario y por otro impopular, llevar a cabo una reforma institucional que necesita tiempo. Por eso los políticos que desean ser reelegidos van dejando el problema para más adelante. Este dilema afecta sobre todo al Gobierno alemán, pues hace mucho que asumió con sus actos responsabilidades en el marco de una Europa global. Además, es el único que puede plantear una iniciativa prometedora para dar un paso hacia adelante, debiendo ganarse para ello a Francia. No se trata de bagatelas, sino de un proyecto en el que los hombres de Estado europeos más destacados llevan invirtiendo sus mejores energías desde hace más de medio siglo.

La política europea ha caído en una trampa: si no queremos abandonar la unión monetaria, resulta necesaria una reforma institucional que necesita tiempo

Pero, por otro lado, ¿qué significa realmente “impopular”? Si una solución política es razonable, no debe suponer el menor problema plantearla al electorado de una democracia. ¿Y cuándo hacerlo si no es antes de unas elecciones al Bundestag? Cualquier otra opción supone un encubrimiento tutelar. Infravalorar y exigir demasiado poco a los electores constituye siempre un error. Creo que será un fracaso histórico de las élites políticas de Alemania el seguir cerrando los ojos y hacer como si el business as usual, es decir, el forcejeo corto de miras sobre la letra pequeña a puerta cerrada, fuera la respuesta a la situación del momento.

En lugar de eso, deberían hablar claramente a sus ciudadanos, que se sienten inquietos y que jamás se ven confrontados como electores con cuestiones europeas de peso. Deberían pasar a la ofensiva y dirigir un debate, que implica una polarización inevitable, sobre alternativas que siempre tienen un coste. Tampoco deberían callar por más tiempo los negativos efectos redistributivos que deberán asumir a medio y corto plazo los “países donadores” como resultado de la única solución constructiva de la crisis, aunque ello redundará en su propio interés a largo plazo.

Vacío normativo

Conocemos la respuesta de Angela Merkel: tranquilo quehacer dilatorio. Su persona pública parece carecer de todo núcleo normativo. Desde la irrupción de la crisis griega en mayo de 2010 y el posterior fracaso en las elecciones al Parlamento de la región de Renania del Norte-Westfalia, somete cada uno de sus meditados pasos al oportunismo de la conservación del poder. Desde entonces, la astuta canciller sale adelante con una lógica clara, pero sin unos principios definidos y por segunda vez aleja cualquier tema controvertido de las elecciones al Bundestag, por no hablar de la política europea, minuciosamente aislada. Puede definir la agenda porque, si la oposición se apresura con el tema europeo, de gran carga emocional, es de temer que acabe siendo machacada con la maza de la "unión de la deuda". Y además, por obra de aquellos que solo podrían decir lo mismo si realmente llegaran a decir algo. Europa se encuentra en situación de emergencia y el poder político está en manos de quien decide qué temas pueden llegar a la opinión pública. Alemania no baila, sino que dormita sobre el volcán.

Europa se encuentra en situación de emergencia y el poder político está en manos de quien decide qué temas pueden llegar a la opinión pública

¿Fracaso de las élites? Todo país democrático tiene los políticos que se merece. Y esperar de los políticos que han sido votados un comportamiento que vaya más allá de la rutina resulta un tanto peculiar. Me alegro de vivir desde 1945 en un país que no necesita héroes. Tampoco creo en el dicho de que los individuos hacen la historia, al menos no por lo general. Solo constato que existen situaciones extraordinarias en las que la capacidad perceptiva y la fantasía, el valor y la disposición a asumir responsabilidades de los individuos que actúan marcan la diferencia en el curso de los acontecimientos.

Jürgen Habermas es filósofo alemán, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2003. La editorial Suhrkamp acaba de publicar el último volumen de sus Kleinen Politischen Schriften (Breves Escritos Políticos), Im Sog der Technokratie (Arrastrados por la tecnocracia).
© 32/2013, Der Spiegel.
Traducción de News Clips

lunes, 19 de agosto de 2013

Evohé, la CEOE

Si fuera consecuente, Rosell Lastortras, actual ogro mayor de la CEOE y personaje que no pudo concluir Ciencias Políticas, debería pedir que se legalice el anfiteatro romano como uno de los espectáculos añadidos de Las Vegas Sands para que se puedan aplicar sus tropezonas alcaldadas capitalistas sobre el empleo. El primer judeocristiano en la arena podría ser él, si a los leones y a los gladiadores no les diera dentera un bienparido maltocador de la lira a pesar de la gazuza y el fuego abrasador promovidos por sus digamos que ideas, más que por sus decimos que desastres de atropello y transgresión. Pero si fuéramos como no es este primate (segunda acepción) Juan Rosell, esto es, humanoides, solo le cobraríamos un impuesto nada monegasco a la estupidez que lo dejara en pelotas y no pudiese pagar entrada de espectador sino de carne de espada y saliese con todos los honores y bien mechadito por la Porta Libitinaria, que era por donde salía la carne muerta del Coliseo. Dos billones de deuda estatal a causa de negocietes del estilo de los que hacen sus compadrejos, que no camaradas, y lo que es peor, esa intención de que los paguen los que menos tienen y no los que lo emprendieron, lo castigaban los antiguos galos colgando la cabeza a la puerta de sus casas, César dixit. Solo hay que ver la mediocridad y catadura moral de sus antecesores en el cargo para esperar... ¿se puede esperar algo de esta hez, que no elite?

En España teníamos un economista clásico, Germán Bernácer, a la altura del bloomsburyano John M. Keynes, quien, como su discípulo José Luis Sampedro, no olvidaba que la economía se centra en el hombre y no en ese producto alienado y cosificado que es un plano espantajo para la mafiosa y corrupta Escuela de Chicago, la de las pizzas con hipercolesterolemia. Pero Bernácer es un nombre que nunca aparece en los labios de esta abyecta élite extractiva, por usar la atinada definición de los economistas Acemoglu y Robinson, apoyada por la estructura oligárquico-pseudorrepresentativa de un país que no ha podido hacerse con instituciones inclusivas, a causa de una herencia jurídica neofranquista represora que sabe bien encarnar el pepoísmo vigente, ese pepoísmo que no se vende (claro está)... se alquila. Estudien las parentelas cruzadas y la genómica de esa élite: casi toda remonta a los vencedores de la guerra civil. Y, ya lo dijo Calderón: "Porque en batallas tales / los que vencen son leales, / los vencidos, los traidores"

Vallejo, el novelista incómodo y honesto

"Yo a España no la quiero", Entrevista de Bernardo Marín a Fernando Vallejo, México, 18 de agosto de 2013:

A Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 1942 ) se le puede reprochar que sea un deslenguado (si es que eso es reprochable), pero no un inconsecuente. Hace años hizo suya la causa de la defensa de los animales y desde entonces sigue una dieta vegetariana que solo incluye especies sin sistema nervioso complejo, como los camarones. En 2001 prometió no volver a pisar España mientras se exigiera visa a los colombianos y ha mantenido la palabra. Desde la capital mexicana, donde tiene su residencia hace ya 42 años, el escritor comenta las últimas noticias sobre el asunto y critica la actitud de quienes con él firmaron. Su último libro publicado, Peroratas (Alfaguara), es un compendio de su ideario innegociable.

Pregunta: ¿Qué le parece que el Gobierno español haya pedido dejar de exigir visa a los colombianos?

Respuesta: Pura hipocresía. ¡Quién sabe detrás de qué andará Rajoy! En su momento, hace doce años, él no se opuso a que la Unión Europea nos pusiera visado a los colombianos. Grandeza de alma no es su ocurrencia de ahora. Ese tipo es una veleta: gira según sople el viento. A lo mejor busca que Colombia y Perú lo apoyen en la ONU cuando plantee allí el asunto de la descolonización de Gibraltar, reivindicación muy justa por parte de España pero que en el momento actual la siento como una pantalla de humo para tapar la corrupción y el desastre de su gobierno.

P. Usted y otros intelectuales firmaron una carta en la que se negaban a volver a España mientras se exigiera visa a sus compatriotas. Usted ha sido el único que se ha mantenido firme. ¿Se arrepiente de haberla firmado? ¿Reprocha algo a sus colegas?

R. La carta a que aludes se publicó en EL PAÍS y la firmamos Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Darío Jaramillo, William Ospina, Héctor Abad y yo. Siete. De los cuales sólo yo mantuve la palabra empeñada. Los restantes la fueron violando uno a uno. Primero Mutis: a los pocos meses de que nos pusieran la visa, con la mayor desvergüenza fue a sacar el visado a la Embajada española en México y acto seguido viajó a España a embolsarse los cien mil dólares del premio Cervantes que le acababan de otorgar. Luego Darío Jaramillo, aduciendo que él no podía luchar solo contra toda la Unión Europea. ¿Y cuando firmó la carta sí podía, o es que entretanto se le estaban agotando las fuerzas al paladín? Después volvió Botero furtiva y miserablemente como un delincuente, a lo más vil, a una corrida de toros. Que a Colombia la defiendan los taurófilos es como que la defiendan los paramilitares, los de las FARC, los políticos, Juan Manuel Santos y demás hampones. Después volvió García Márquez con la mayor desfachatez, sin aludir siquiera al asunto. Se publicó entonces una foto suya en Barcelona con el presidente de la Generalitat catalana. ¡Se le había olvidado su promesa! Como antes se le había olvidado también la que hizo de no volver a escribir mientras estuviera en el poder Augusto Pinochet. Diecisiete años estuvo el golpista montado ahí, durante los cuales mi paisano siguió escribiendo libros como si tal. Y sigamos con la lista: volvió mi amigo William Ospina, gran escritor y hombre de alma grande a quien le perdono, y finalmente el que redactó la carta, de nombre Héctor Abad. Cuando Mutis volvió a España por la platica del Cervantes, Héctor escribió un artículo indignado en una revista colombiana diciendo que Mutis violaba su palabra con la tinta de su firma todavía fresca. Recientemente Héctor acabó también violando su palabra y aduciendo, ahora en un artículo de El Espectador de Bogotá, que no podía vivir sin España, donde estudiaban sus hijos. La tinta de su firma ya no estaba fresca como la de Mutis, pero en fin, tinta es tinta, seca o no, y el honor es el honor. ¡Pobre Colombia con estos defensores que le resultan cada tanto! En cuanto a mí, nunca la he defendido. No hago sino sacarle sus trapitos sucios, sus infamias, a la luz del sol.

P. Si finalmente se deja de exigir la visa a los colombianos. ¿Volverá a España?

R. Yo a España ya no la quiero, y estoy feliz de verla quebrada, en bancarrota, con una deuda impagable de casi dos billones de dólares y un desempleo monstruoso. ¡Lo altaneros que estaban, gastándose la plata ajena! Se aprovecharon de lo lindo de la Unión Europea mientras nos cerraban la puerta a los colombianos. ¡Cuál madre patria! Ésa no es una patria. Ni para los españoles ni mucho menos para los colombianos. Bienvenidos euracas a Perú y Colombia. Pero no de gerentes de bancos: a lavar inodoros.

Suiza a punto de reducir los sueldos escandalosos de la banca y la política

Ana Carbajosa, "David Roth impulsor de la iniciativa 1:12 para reducir la brecha salarial", El País,  Berna 18 AGO 2013

“La gente tiene cada vez más claro que los grandes salarios son un abuso”
El líder de las juventudes socialistas logró que Suiza someta a consulta la diferencia de sueldos.

David Roth es un chico joven, de 28 años, sonriente y con una determinación capaz de poner en jaque a la clase política y empresarial de su país, Suiza. Al frente de los jóvenes socialistas, ha lanzado la polémica iniciativa 1:12, con la que pretende poner coto a los desorbitados salarios de los ejecutivos en su país. La profundidad democrática del sistema político suizo tal vez se lo permita. En una cafetería, al pie del Parlamento en Berna, Roth explica por qué piensa que es importante que su texto salga refrendado en la consulta popular prevista para el 22 de noviembre.

 Cuenta este joven, que ha aparcado sus estudios de historia y filosofía para dedicarse a la política, que todo empezó en 2009. Al poco de que el gran banco UBS fuera rescatado, muchos suizos empezaron a preguntarse por qué los directivos de esa empresa cobraban bonus mientras su banco se hundía. Roth pensó que había que poner un tope; limitar esos pagos y le pareció razonable que ningún empleado de una empresa ganase en un mes más que cualquier otro en un año. De ahí el nombre de la iniciativa, 1:12. Luego recogió las 100.000 firmas necesarias para que su texto llegara al Parlamento.

“En los últimos 15 años no hemos hecho más que ceder poder a los poderes económicos. La gente cada vez tiene más claro que los grandes salarios son un abuso”, sostiene Roth.

Su iniciativa entra en una fase decisiva en medio de un intenso debate sobre la capacidad de Suiza para acoger trabajadores extranjeros —europeos incluidos— que huyen de las crisis de sus países. “[La inmigración] es un tema con el que es muy fácil hacer populismo. Para nosotros ese no es el debate. La cuestión es la desigualdad y hemos querido dar la vuelta al debate”. Los jóvenes socialistas han querido dar un golpe de timón a la agenda política y lo han conseguido. Las encuestas reflejan que los suizos de a pie les apoyan, lo que a Roth le da muchas esperanzas de que la consulta popular salga adelante después del verano.

La patronal y las grandes empresas no ocultan su nerviosismo ante este nuevo ataque a su política salarial. La llamada iniciativa Minder, que condiciona decisiones sobre bonus y otros complementos multimillonarios que disfrutan los directivos al aval de los accionistas, ya fue respaldada por los 26 cantones y está pendiente de su plasmación en un texto legal. La propuesta de Roth es aún más contundente, sobre todo si se tiene en cuenta que la relación entre lo que cobra el ejecutivo mejor pagado y el empleado con más baja remuneración supera con holgura el 100 a 1. Más allá de las fronteras suizas, la clase empresarial europea registra también una cierta preocupación. Saben que en momento de crisis, la onda expansiva de la bomba Roth corre el riesgo de propagarse sin excesivos frenos.

domingo, 18 de agosto de 2013

Serge Latouche

Entrevista de Joseba Elola para El País, 18-VIII-2013: 

“Hay que trabajar menos horas para trabajar todos” Serge Latouche, el precursor de la teoría del decrecimiento, aboga por una sociedad que produzca menos y consuma menos.

Corría el año 2001 cuando al economista Serge Latouche le tocó moderar un debate organizado por la Unesco. En la mesa, a su izquierda, recuerda, estaba sentado el activista antiglobalización José Bové; y más allá, el pensador austriaco Ivan Illich. Por aquel entonces, Latouche ya había podido comprobar sobre el terreno, en el continente africano, los efectos que la occidentalización producía sobre el llamado Tercer Mundo.

Lo que estaba de moda en aquellos años era hablar de desarrollo sostenible. Pero para los que disentían de este concepto, lo que conseguía el desarrollo era de todo menos sostenibilidad.

Fue en ese coloquio cuando empezó a tomar vuelo la teoría del decrecimiento, concepto que un grupo de mentes con inquietudes ecológicas rescataron del título de una colección de ensayos del matemático rumano Nicholas Georgescu-Roegen.

Se escogió la palabra decrecimiento para provocar. Para despertar conciencias. “Había que salir de la religión del crecimiento”, evoca el profesor Latouche en su estudio parisiense, ubicado cerca del mítico Boulevard Saint Germain. “En un mundo dominado por los medios”, explica, “no se puede uno limitar a construir una teoría sólida, seria y racional; hay que tener un eslogan, hay que lanzar una teoría como se lanza un nuevo lavavajillas”.

Así nació esta línea de pensamiento, de la que este profesor emérito de la Universidad París-Sur es uno de los más activos precursores. Un movimiento que se podría encuadrar dentro de un cierto tipo de ecosocialismo, y en el que confluyen la crítica ecológica y la crítica de la sociedad de consumo para clamar contra la cultura de usar y tirar, la obsolescencia programada, el crédito sin ton ni son y los atropellos que amenazan el futuro del planeta.

El viejo profesor Latouche, nacido en 1940 en la localidad bretona de Vannes, aparece por la esquina del Boulevard Saint Germain con su gorra negra y un bastón de madera para ayudarse a caminar. Hace calor.

La cita es en un café, pero unos ruidosos turistas norteamericanos propician que nos lleve a su estudio de trabajo, un espacio minúsculo en el que caben, apelotonadas, su silla, su mesa de trabajo, una butaca y montañas de libros, que son los auténticos dueños de este lugar luminoso y muy silencioso.

Pregunta. Estamos inmersos en plena crisis, ¿hacia dónde cree usted que se dirige el mundo?

Respuesta. La crisis que estamos viviendo actualmente se viene a sumar a muchas otras, y todas se mezclan. Ya no se trata solo de una crisis económica y financiera, sino que es una crisis ecológica, social, cultural… o sea, una crisis de civilización. Algunos hablan de crisis antropológica…

“La oligarquía financiera tiene a su servicio a toda una serie de funcionarios: los jefes de Estado”

P. ¿Es una crisis del capitalismo?

R. Sí, bueno, el capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pelear porque si no se cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento, si no es la catástrofe. Desde hace treinta años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis.

Latouche aboga por una sociedad que produzca menos y consuma menos. Sostiene que es la única manera de frenar el deterioro del medioambiente, que amenaza seriamente el futuro de la humanidad. “Es necesaria una revolución. Pero eso no quiere decir que haya que masacrar y colgar a gente. Hace falta un cambio radical de orientación”. En su último libro, La sociedad de la abundancia frugal, editado por Icaria, explica que hay que aspirar a una mejor calidad de vida y no a un crecimiento ilimitado del producto interior bruto. No se trata de abogar por el crecimiento negativo, sino por un reordenamiento de prioridades. La apuesta por el decrecimiento es la apuesta por la salida de la sociedad de consumo.

P. ¿Y cómo sería un Estado que apostase por el decrecimiento?

R. El decrecimiento no es una alternativa, sino una matriz de alternativa. No es un programa. Y sería muy distinto cómo construir la sociedad en Texas o en Chiapas.

P. Pero usted explica en su libro algunas medidas concretas, como los impuestos sobre los consumos excesivos o la limitación de los créditos que se conceden. También dice que hay que trabajar menos, ¿hay que trabajar menos?

“Es necesaria una revolución. No hay que colgar a nadie, sino que hace falta un cambio radical de orientación”

R. Hay que trabajar menos para ganar más, porque cuanto más se trabaja, menos se gana. Es la ley del mercado. Si trabajas más, incrementas la oferta de trabajo, y como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Cuanto más se trabaja más se hace descender los salarios. Hay que trabajar menos horas para que trabajemos todos, pero, sobre todo, trabajar menos para vivir mejor. Esto es más importante y más subversivo. Nos hemos convertido en enfermos, toxicodependientes del trabajo. ¿Y qué hace la gente cuando le reducen el tiempo de trabajo? Ver la tele. La tele es el veneno por excelencia, el vehículo para la colonización del imaginario.

P. ¿Trabajar menos ayudaría a reducir el paro?

R. Por supuesto. Hay que reducir los horarios de trabajo y hay que relocalizar. Es preciso hacer una reconversión ecológica de la agricultura, por ejemplo. Hay que pasar de la agricultura productivista a la agricultura ecológica campesina.

P. Le dirán que eso significaría una vuelta atrás en la Historia…

R. Para nada. Y en cualquier caso, no tendría por qué ser obligatoriamente malo. No es una vuelta atrás, ya hay gente que hace permacultura y eso no tiene nada que ver con cómo era la agricultura antaño. Este tipo de agricultura requiere de mucha mano de obra, y justamente de eso se trata, de encontrar empleos para la gente. Hay que comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales. Para todo ello es preciso un cambio de mentalidad. Si se consiguen los apoyos suficientes, se podrán tomar medidas concretas para provocar un cambio.

P. Dice usted que la teoría del decrecimiento no es tecnófoba, pero a la vez propone una moratoria de las innovaciones tecnológicas. ¿Cómo casa eso?

R. Esto ha sido mal entendido. Queremos una moratoria, una reevaluación para ver con qué innovaciones hay que proseguir y qué otras no tienen gran interés. Hoy en día se abandonan importantísimas líneas de investigación, como las de la biología del suelo, porque no tienen una salida económica. Hay que elegir. ¿Y quién elige?: las empresas multinacionales.

Latouche considera que las democracias, en la actualidad, están amenazadas por el poder de los mercados. “Ya no tenemos democracia”, proclama. Y evoca la teoría del politólogo británico Colin Crouch, que sostiene que nos hallamos en una fase de posdemocracia. Hubo una predemocracia, en la lucha contra el feudalismo y el absolutismo; una democracia máxima, como la que hemos conocido tras la Segunda Guerra Mundial, con el apogeo del Estado social; y ahora hemos llegado a la posdemocracia. “Estamos dominados por una oligarquía económica y financiera que tiene a su servicio a toda una serie de funcionarios que son los jefes de Estado de los países”. Y sostiene que la prueba más obvia está en lo que Europa ha hecho con Grecia, sometiéndola a estrictos programas de austeridad. “Yo soy europeísta convencido, había que construir una Europa, pero no así. Tendríamos que haber construido una Europa cultural y política primero, y al final, tal vez, un par de siglos más tarde, adoptar una moneda única”. Latouche sostiene que Grecia debería declararse en suspensión de pagos, como hacen las empresas. “En España, su rey Carlos V quebró dos veces y el país no murió, al contrario. Argentina lo hizo tras el hundimiento del peso. El presidente de Islandia, y esto no se ha contado suficientemente, dijo el año pasado en Davos que la solución a la crisis es fácil: se anula la deuda y luego la recuperación viene muy rápido”.

P. ¿Y esa sería también una solución para otros países como España?

R. Es la solución para todos, y se acabará haciendo, no hay otra. Se hace como que se intenta pagar la deuda, con lo que se aplasta a las poblaciones, y se dice que de este modo se liberan excedentes que permiten devolver la deuda, pero en realidad se entra en un círculo infernal en el que cada vez hay que liberar más excedentes. La oligarquía financiera intenta prologar su vida el máximo tiempo posible, es fácil de comprender, pero es en detrimento del pueblo.

¿Una voz alternativa que debería ser escuchada? Recomienda la línea de pensamiento de Ivan Illich, humanista y pensador austriaco. “Es un hombre que, en un nivel muy profundo, pone de manifiesto las aberraciones del sistema en el que vivimos.

¿Una idea o medida concreta para un mundo mejor? Argumenta que sus ideas y medidas concretas “están todas unidas las unas a las otras”, por lo que no quiere escoger una. A lo largo de la entrevista desliza varias; una de ellas: trabajar menos para trabajar todos.

¿Un libro? Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito (editado en España por Icaria Editorial), de Tim Jackson. “Es muy próximo a mis ideas sobre el decrecimiento”.

¿Una cita? Se remite a Keneth Boulding, uno de los pocos economistas, dice, que comprendieron el problema ecológico, que dijo: “El que crea que un crecimiento exponencial es compatible con un planeta finito es un loco o un economista”.


Una metáfora del capitalismo


Serge Latouche: 

"El capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pelear porque si no se cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento, si no es la catástrofe. Desde hace treinta años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis"