martes, 28 de octubre de 2014

El miedo a Podemos, el nihilismo y Dostoievski

Juan Manuel de Prada. "Los podemonios", en Abc de Madrid, 28-X-2014:

No hay tabarra tan jeremíaca como la que nos endosan esos imbéciles con mando en plaza que se rasgan las vestiduras ante el ascenso del gallardo mancebo de la coleta. Y, cuando les preguntan por las razones de ese ascenso, esos imbéciles siempre nos dicen las mismas mamarrachadas campanudas: que si la corrupción política, que si la crisis económica, que si patatín, que si patatán. Naturalmente, todos estos plañidos y melindres no son sino aspavientos con los que tratan de ocultar la razón verdadera; pues a nadie le gusta declararse padre de un hijo crapuloso. Pero basta leer Los demonios, la novela en la que Dostoievsky profetiza la emergencia del comunismo, para entender el ascenso del gallardo mancebo de la coleta.

En Los demonios, el gran maestro ruso certifica su ruptura con «esos liberales en pantuflas» que lo habían encandilado en la juventud, «esos miopes que engatusan al pueblo sin entenderlo», a los que considera padres del nihilismo. Stépan Trofímovich, padre de Piotr Stepánovich, es un burgués moderadito, vanidoso, retoricón, afrancesado y mantenido de una duquesa, que gusta de soltar su morralla liberaloide en los saraos, culpando a la religión de todos los males que impiden el progreso del país, hasta proclamar fatuamente: «No soy cristiano, soy más bien un antiguo pagano como Goethe el grande». Cuando se entera de que su hijo (al que ha educado en la laxitud y en la satisfacción del capricho) frecuenta cenáculos subversivos, Trofímovich bromea: «La gente grita que nuestros jóvenes son comunistas, pero a mi modo de ver lo que hay que hacer es compadecerlos y apreciarlos. (…) He llegado a la conclusión –y la he adoptado como norma– de que debo mostrarme amable con la gente moza y detenerla solamente cuando se halle al borde del abismo». Por toda reacción, Trofímovich deja a su hijo Piotr a cargo de unos parientes, para que no estorbe sus mariposeos en los cenáculos postineros; y cuando le insisten que se ha hecho socialista, todavía bromea muy liberalmente: «¿Saben ustedes? Todo esto resulta de cierta falta de madurez, de cierto sentimentalismo. Lo que le cautiva no es el realismo, sino el lado sentimental, ideal, del socialismo, su poesía… Por supuesto, todo de segunda mano».

Dostoievsky nos va mostrando cómo el frío y repugnante nihilismo del manipulador Stepánovich no es sino la consecuencia lógica de las delicuescencias de su progenitor, mostrando el parentesco de sus ideologías. Piotr Stepánovich se convierte pronto en un cínico manipulador que no duda en servirse del prójimo para sus fines; por supuesto, abomina de Cristo y de la Iglesia, de la familia y la moral, de la propiedad y de la «canalla demócrata», que espera sustituir por «una voluntad magnífica, idólatra y despótica», a través de «un programa de desorden sistemático». Stepánovich, sirviéndose de la golosina igualitaria, desea que la sociedad humana se hunda en el lodazal que su padre ha favorecido con sus frivolidades: «Promoveremos borracheras, chismes, denuncias –propone–; promoveremos un libertinaje inaudito; apagaremos a cualquier genio en la infancia. ¡Todo bajo un denominador común, la igualdad total!».

Cuando Trofímovich descubra los manejos de su hijo, le preguntará horrorizado qué se propone hacer. A lo que Stepánovich responde muy sereno: «¡Padre, completo la labor que tú has iniciado!». Al menos Trofímovich, al escuchar horrorizado esta respuesta, deja de pontificar en los saraos, para alivio de los circunstantes. Nosotros, menos afortunados, hemos de tragarnos (¡encima!) la tabarra jeremíaca de los imbéciles que iniciaron la labor que ahora el gallardo mancebo de la coleta viene a completar.

Una cita

«Esta Hispania produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio», citó el retórico galo Pacato a finales del siglo IV. Ahora podríamos adaptarlo más o menos así: "Esta España produce las blandísimas leyes, esta los peores chorizos, esta los periodistas más vendidos, esta los poetas más quemados, esta es madre de jueces prevaricadores y príncipes golpistas, esta dio a Europa a Ruiz Mateos, a Magdalena Álvarez, a José Blanco" 

Una verdad

Al hilo de la película "Perdida" de David Fincher:

Las apariencias engañan, pero sin propósito alguno. A nadie le importa que haya algo ahí fuera.

Ordenando la corrupción

Aunque solo ha aflorado el 0'1 de la mierda existente, y solamente a niveles generales, he aquí un pobre intento de llevar la cuenta de la podredumbre más reciente del manantial inagotable y sostenible de la injusticia en España:

Pablo Machuca, "De Granados a la 'Gürtel': repaso a los últimos años de corrupción en España", El Huffington Post, 28/10/2014:

Más de 500 imputados y casi 1.700 causas abiertas en abril de 2014. Un coste social equivalente a 40.000 millones de euros, según un estudio publicado en 2013. Segundo puesto mundial en donde más aumenta la sensación de corrupción, de acuerdo a un informe de Transparencia Internacional, también en 2013.

Es la radiografía de la corrupción en España, un país donde el 71% de sus ciudadanos considera que "no sirve de nada" denunciarla y del que el diario The New York Times dijo, a modo de vaticinio, que en materia de corrupción "mucho más está por venir".

La operación Púnica, que ha supuesto la detención de Francisco Granados, ex número dos de Esperanza Aguirre, y otro medio centenar de personas entre políticos y empresarios, añade un grano de arena más a la enorme montaña de casos de corrupción que se acumulan en España.

Este es un repaso a los últimos episodios de la corrupción en nuestro país:

CASO GÜRTEL

La investigación de la trama corrupta ligada al PP comenzó a investigarse en 2009 por el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Encabezada por Francisco Correa, cuyo apellido da nombre al caso; Pablo Crespo, exsecretario de organización del PP de Galicia; y Álvaro Pérez 'El Bigotes'; la trama se dedicaba a sobornar a políticos del PP con dinero y regalos a cambio de adjudicaciones para sus empresas.

Estos tres personajes eran los vértices del triángulo que la trama trazó entre Madrid, Galicia y la Comunidad Valenciana y que tenía como eje a Luis Bárcenas. Quien fuera gerente del PP entre 2004 y 2008 y tesorero entre 2008 y 2009, es el único implicado en este caso que se encuentra en prisión, después de que Correa la abandonase en junio de 2012, tres años después de ser encarcelado.

Por el momento, tras más de cinco años de instrucción, el juez Garzón ha sido el único condenado en un caso que, además de por sus manos, ha pasado por las del juez Antonio Pedreira y las del magistrado Pablo Ruz, actual instructor de la causa.

PAPELES DE BÁRCENAS

Precisamente Ruz tuvo que abrir una pieza separada del caso Gürtel con los llamados 'papeles de Bárcenas', los apuntes contables donde el extesorero del PP anotaba la supuesta contabilidad B del partido, con la que numerosos de sus miembros supuestamente cobraron sobresueldos no declarados al fisco.

Entre los nombres que aparecían en esos papeles como supuestos perceptores de dinero negro están el del actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el de la presidenta de Castilla-La Mancha y actual secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal; los de los exministros Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja, Rodrigo Rato, Javier Arenas, Francisco Álvarez-Cascos, Ana Palacio, Pilar del Castillo y Federico Trillo; y los de importantes empresarios como Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso, y Juan Miguel Villar Mir, presidente de OHL.

Dicha contabilidad no tuvo su origen en la gestión de Bárcenas, sino que se remontaba supuestamente a los extesoreros Álvaro Lapuerta y Ángel Sanchís, también imputados como él. Bárcenas está en prisión desde junio de 2013.

Ruz ha tomado declaración ya a los exsecretarios generales del PP, Francisco Álvarez-Cascos y Javier Arenas, así como a la actual secretaria general, María Dolores de Cospedal; y ordenó el registro de la sede de los conservadores el pasado 19 de diciembre, de donde se llevó 5.000 folios para su investigación. El último capítulo ha sido la imputación del exsecretario general del partido y ex ministro, Ángel Acebes.

'TARJETAS BLACK'

Uno de los últimos casos de corrupción y que más escándalo han causado entre la ciudadanía, es el de las llamadas 'tarjetas black' de Caja Madrid.

El pasado 1 de octubre, la Fiscalía Anticorrupción pedía al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu que investigara a 86 consejeros y directivos de Caja Madrid por apropiación indebida al conocerse que cargaron durante años gastos por valor de 15,2 millones de euros con tarjetas fantasma que no declaraban impuestos.

Con ellas, los implicados se gastaron grandes cantidades de dinero en restaurantes de lujo, tiendas de ropa, joyerías hoteles y viajes.

Los investigados eran consejeros del PP, del PSOE y de Izquierda Unida, entre ellos los expresidentes de la entidad, Miguel Blesa y Rodrigo Rato; y el exministro socialista Virgilio Zapatero.

El escándalo ya se ha cobrado un par de cabezas políticas: el director general de Economía de la Comunidad de Madrid, Pablo Abejas, que ha sido cesado, y la presidenta de la Fundación Caja Madrid, Carmen Cafranga, que se ha visto obligada a dimitir. Pedro Sánchez anunció que expulsará del PSOE a aquellos consejeros que se demuestre que han hecho un "uso irregular" de las tarjetas de crédito de la Caja.

LOS ERE DE ANDALUCÍA

El llamado 'caso de los ERE' es una derivada del 'caso Mercasevilla' en la que se investigan supuestas irregularidades en la formalización de los expediente de regulación de empleo, malversación de fondos, venta fraudulenta de terrenos y delitos societarios, con los que se defraudaron cerca de 130 millones de euros.

La jueza Mercedes Alaya es la instructora de este caso, en el que ya hay más de 170 imputados, entre ellos varios exaltos cargos del Gobierno andaluz, entre ellos la exministra socialista Magdalena Álvarez.

En la exposición razonada que la magistrada trasladó al Tribunal Supremo, Alaya acusa a los expresidentes de la Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, y a otros cinco exconsejeros, de conocer las advertencias sobre las irregularidades de los ERE. Por esa razón, los dos expresidentes andaluces figuran desde septiembre de 2013 como "preimputados" en la causa.

La juez Alaya está inmersa en un pulso judicial para hacerse también con la investigación de las irregularidades en la concesión de cursos de formación, en los que supuestamente la patronal de empresarios andaluces CEA y los sindicatos UGT y CCOO se embolsaron comisiones ilegales de hasta el 20%.

CASO NÓOS

La corrupción también ha llegado hasta la mismísima Casa Real con el llamado 'caso Nóos', en el que están imputados la hija menor del rey, Cristina de Borbón, y su marido, Iñaki Urdangarin.

El exjugador de balonmano supuestamente diseñó, junto con su exsocio Diego Torres, una trama societaria para desviar dinero público a la sombra del Instituto Nóos, una falsa entidad sin ánimo de lucro.

La trama logró desviar seis millones de euros mediante facturas falsas y a través de la entrega de trabajos inflados en su valor o simplemente inexistentes. Además, movió grandes cantidades de dinero a paraísos fiscales.

El juez José Castro ha sido el instructor de esta causa, en la que ha imputado, entre otros, a la infanta Cristina, Iñaki Urdangarin, su exsocio Diego Torres, y el expresidente de Baleares, Jaume Matas. Se les imputan delitos de malversación, prevaricación, falsedad, estafa, fraude y blanqueo de capitales.

Cristina de Borbón declaró ante el juez Castro en febrero de este año asegurando que ella, como copropietaria de la empresa Aizoon, "confiaba" en su marido y que firmaba todo lo que Urdangarin le pedía.

CASO PALMA ARENA

Este caso se inició en 2008 para investigar el sobrecoste en la construcción del velódromo Palma Arena durante la etapa de Jaume Matas al frente del gobierno de Baleares (2003-2007). De este caso derivaron, entre otras piezas, la del caso Nóos.

La investigación comenzó a raíz de un denunciante anónimo que llamó la atención sobre el hecho de que la construcción del Palma Arena acabó costando más del doble de los 48 millones iniciales al tiempo que aumentaba el patrimonio del propio Matas.

La Fiscalía acusó a Matas de haber recibido sobornos, de haber pagado con dinero negro y de haber defraudado a Hacienda. El expresidente de Baleares fue condenado en 2012 a seis años de cárcel por favorecer con dinero público a un periodista que le escribía los discursos, así como a pagar una multa por cohecho al presionar a un hotelero para que pagara a su esposa por un trabajo ficticio. La pena de cárcel fue rebajada a nueve meses y actualmente Matas se encuentra en prisión.

En este caso hay una treintena de imputados, además de Matas, entre políticos y empresarios.

CASO PALAU


El caso Palau investiga el expolio del Palau de la Música de Barcelona a manos de Fèlix Millet y Jordi Montull.

En mayo, la Audiencia de Barcelona condenó a un año de prisión a los exresponsables del Palau de la Música Fèlix Millet y Jordi Montull por tráfico de influencias en la tramitación urbanística del Hotel del Palau. Millet desvió hasta 35 millones de euros.

El juez concluyó que CDC se financió irregularmente al cobrar presuntamente hasta 5,1 millones de euros en "comisiones ilícitas" de Ferrovial. A cambio, al compañía habría ganado varias adjudicaciones de obra pública a través del Palau de la Música.

CASO ITV

Precisamente relacionado con CDC, el caso ITV situaba a Oriol Pujol, exdirigente de CiU e hijo del expresident Jordi Pujol, en el centro de un escándalo de corrupción por tráfico de influencias y cohecho.

Esta presunta trama de empresarios y cargos públicos, intentaba amañar el mapa de estaciones de ITV en Cataluña. Su imputación por ser "colaborador necesario" para amañar los concursos públicos hasta llegar a nombrar a los cargos públicos en la Generalitat con poder para dar estas concesiones, hizo que Oriol Pujol tuviera que dimitir de su cargo al frente de la Secretaría General de CDC y abandonar su escaño en el Parlament de Cataluña.

CASO PUJOL

El caso de presunta corrupción que ha hecho temblar los cimientos de la política catalana. El líder del nacionalismo catalán por excelencia, Jordi Pujol, reconocía el pasado 25 de julio haber tenido cuentas en el extranjero sin regularizar durante tres décadas.

Pujol dijo que esas cuentas eran una herencia procedente de los años 80, tras la muerte de su padre y cuyos fondos fueron destinados a su esposa y sus siete hijos. El expresident aseguró que en treinta años no tuvo tiempo de regularizar estos fondos y pedía perdón a quienes se pudieran haber sentido defraudados.

Dicha confesión provocó que el president de la Generalitat, Artur Mas, decidiera retirar los privilegios y honores de expresident de la Generalitat a Jordi Pujol, quien perdía así la pensión vitalicia de 82.000 euros y su despacho en el paseo de Gràcia de Barcelona.

Sin embargo, Pujol pasó del arrepentimiento al enfado cuando acudió a declarar ante el Parlament de Cataluña. "No he cobrado nunca más allá de mi sueldo como presidente. No he sido un político corrupto ni ha habido corrupción ni trato de favor", dijo el expresident ante las acusaciones sobre cómo logró acumular tanto dinero en el extranjero.

CASO POKEMON

En el caso Pokémon se investigan varias tramas de corrupción repartidas en distintas administraciones de Galicia, Asturias y Cataluña para hacerse con contratos y concesiones públicas a base de sobornos a los responsables políticos.

Entre los imputados están los exalcaldes de Santiago de Compostela, Ourense y Boqueixón, así como el actual regidor de Lugo.

La jueza del caso, Pilar de Lara, ha imputado también a cerca de medio centenar de personas en las nueve piezas en las que ha sido dividida esta operación.

OPERACIÓN PÚNICA

El último gran escándalo de corrupción que ha vivido España y que ha supuesto la detención del exnúmero dos de Esperanza Aguirre en el Gobierno de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, en una operación de la Guardia Civil contra la corrupción.

Granados ha sido detenido junto a otras 50 personas, entre las que se encuentran los alcaldes de Valdemoro, José Carlso Boza (PP) y de Parla, José María Fraile (PSOE), así como el presidente de la Diputación de León, Marcos Martínez (PP).

La presunta trama de corrupción desmantelada operaba principalmente en Madrid, Murcia, León y Valencia, donde habría adjudicado contrataciones por valor de 250 millones de euros.

A los detenidos se les imputan más de una decena de delitos: blanqueo de capitales, falsificación de documentos, delitos fiscales, cohecho, tráfico de Influencias, malversación de caudales, prevaricación , revelación de secretos, negociaciones prohibidas a funcionarios, fraudes contra la Administración y organización criminal.

lunes, 27 de octubre de 2014

Carta de mí mismo III

Te comunico que ya se ha publicado tu edición de las Fábulas selectas de Iriarte y Samaniego en Castalia didáctica. Un tocho de quinientas cuarenta páginas lleno de erudición propia y ajena. Te han enviado una caja con diez ejemplares. Y no sientes nada. Lo único que has hecho ha sido leer un poco de aquí y allá, comprobando que han desaparecido las erratas que has corregido y han aparecido otras que no estaban antes. Milagros de la edición electrónica. Te dice tu mujer que presentes el libro, te lo dice un compañero también; algo que ni siquiera te has planteado y te llena de fatiga.

Habent sua fata libelli, qué mierda. ¿Qué me interesa a mí realmente de la inmersión realizada en estos autores? Haber "conocido" profundamente a un par de seres humanos, Iriarte y a Samaniego, autores a los que ahora aprecio con algo más que amistad a través del tiempo, sobre todo a Iriarte, que está tan solo como yo mismo en una esquina de los tiempos. Lo entiendo mejor que por sus fábulas por otras obras, sobre todo sus epístolas en verso a Cadalso o su traducción del Arte poética de Horacio, y sobre todo por ese gran poema valiente e incompleto llamado El egoísmo, que en realidad es nuclear en su obra y por eso nunca tuvo el coraje de concluir. Iriarte es como una orquídea criada en un invernáculo: preciosa y frágil. Vale más por su perfume que por su apariencia, por lo que insinúa que por lo que muestra; que, entre tanta perfección pueda notarse esa tremenda sed de afecto, la de un niño despojado de su infancia canaria y enterrado en una biblioteca con los pobres consuelos del arte, es un mérito que pocos poetas han podido disputarle. Samaniego es más irregular y epicúreo y lo disfruto más cuando se muestra abiertamente pinturonegril, costumbrista o cachondo. Ambos tenían buen oído, pero, sin duda, Iriarte es mejor poeta, pese a su cacareada frialdad; no hay frialdad en la pasión por la inteligencia, la cultura y la amistad.

Carta de mí mismo II

Ya no se estilan las cartas, las sensaciones complejas, elaboradas, envolventes. Todo se ha vuelto fragmentario y discontinuo, como el vestido desvestido de las señoritas de ahora. Bajo la seda asoma lo vulgar, lo mismo, lo de siempre. Cuando te conocí explorabas los límites del barrio, avanzabas por una selva de rosales y aceras y subías las cuestas de la montaña entre frondosos olivos hacia las murallas siempre inalcanzables del castillo de Santa Catalina. Muchos años después volviste, pero los recuerdos habían encogido, y cuando por segunda vez llegaste ya se habían transformado en abstracciones, intuiciones, fantasmas apagados. Solo el sueño y el déjà vu podía hacer volver ese tiempo perdido, ese yo perdido, esa infancia. Ahora eres otro y solo puedes recuperarte como lectura.


Carta de mí mismo

Uno tiene que negociar como puede con su depresión, su trabajo y sus deseos no solo para sacar algo a flote, sino para evitar el naufragio y el hundimiento. Uno tiene que hacer de Titanic. Pero las negociaciones se alargan y van dejando poco tiempo para firmar resoluciones y evitar desastres. Suelo descubrir que trabajo mejor bajo presión, pero la presión va aumentando paulatinamente con el tiempo y las hendiduras se agrandan conforme se va llegando al suelo de la fosa de las Marianas: no cabe aliento para boquear ni siquiera un poco. Lo peor, la sensación de que nada importa, cuando en realidad todo importa demasiado. Me vuelve una y otra vez a la imaginación la idea de que solo de una cosa me arrepiento: de haber envidiado a los muertos. Ninguno se ningunea como uno mismo entre los ecos, modos y maneras de lo mismo como cuando está vivo, porque los muertos no están siquiera. Si uno fuera el huevo de su propia gallina no tendría más que cascarón, tanta es la soledad de estas oceanografías (de vez en cuando, un pez ciego y horrendo). Es más o menos lo que le sucede al universo, al que le es imposible salir de sí mismo. El universo debe de ser una conciencia y contener alguna raspa de estructura; ¿no la tiene cronológica? Pero es incapaz de volver al pasado, a la síntesis y a la sístole sino como consecuencia o degradación o, como quieren los timistas, progreso... ¿hacia qué? El único progreso posible es a la corrupción, la dispersión, la soledad.

Censuras y cortapisas

Manuel Rodríguez Rivero, "Una crónica y dos franquismos", Babelia, suplemento de El País, 25 de4 octubre de 2014:

Para bien o para mal, la RAE debe mucho al gobierno de mano de hierro y diplomacia de cardenal florentino de Víctor García de la Concha, actual director del Instituto Cervantes. El cristianismo tuvo a san Pablo, la Revolución Francesa a Napoleón, el comunismo a Stalin, la RAE a Víctor García de la Concha. La Historia, nuestra madre (de unos más que de otros), deja muy claro que casi todo lo que triunfa necesita un Bonaparte que administre y estructure, que unifique e instituya, que aplaque furores dentro y exporte certidumbres y seguridades. Estuve pensando en ello mientras escuchaba los discursos —breves y, por tanto, corteses— de las autoridades en el salón de actos de la “docta casa”, con motivo de la “solemne sesión pública” del tricentenario. Diga lo que diga Gregorio Morán en su libro censorio y censurado El cura y los mandarines (próxima edición en Akal), para bien o para mal la actual RAE (panhispánica, pandémica y celeste) debe mucho al gobierno de mano de hierro y diplomacia de cardenal florentino del actual director del Cervantes, el ministerio de asuntos exteriores del castellano. Es verdad que él siempre ha atribuido el impulso de la Academia en la era digital a la visión innovadora de su maestro Lázaro Carreter, ablandador de abaratamientos y muñidor de entusiasmos; probablemente tenga razón, pero sin don Víctor, que actuó siempre como un verdadero y eficacísimo showrunner (perdonen: la RAE aún no ha encontrado la equivalencia), la idea no habría tenido acabamiento ni proyección. Y quizás no contaría ahora con su particular Torah —su mayor argumento de autoridad—, compuesta, además de por el Diccionario, por la Ortografía y la Nueva gramática (publicados por Espasa, lo que quizás ayude a entender el asunto Planeta-Morán). En todo caso, la lengua es ahora panhispánica, lo que no impide que desde las “academias hermanas” sigan llegando críticas a la desproporción en el DRAE del número de localismos españoles frente a los de otras naciones: existen americanismos, pero no “españolismos”. Allí, en ese salón de las celebraciones real-académicas, mesmerizado como siempre por la orgía de simetría y equidistancia —los vitrales de la Elocuencia y la Poesía enmarcando el altar de la palabra, Felipe VI perfectamente debajo de Felipe V, las molduras reflejándose en molduras como en un juego infinito de espejos borgianos—, me vino a mi enfermiza mente la extraña geometría humana de la Academia: treinta y cinco caballeros y seis damas, cuatro de ellas elegidas después de 2010, cuando los académicos tuvieron que ponerse las pilas para que los marcadores de género de la “Corporación” perdieran algunas de sus aristas falocráticas (en las academias de allá la situación es peor). No percibí entre la concurrencia a mi admirado petrarquista Paco Rico, al que últimamente parece bastarle con su existencia de ficción —convertido tal vez en Bonaparte de sí mismo—, pero sí me pareció distinguir el rostro ectoplasmático de Juan Benet guiñándome un ojo desde la incongruente, oscura y bellísima mancha de humedad del ángulo izquierdo del salón, que nadie se había acordado de reparar para tan solemne ocasión: justo hacia esa feliz excepción asimétrica se me escaparon mirada y pensamiento mientras, con atención flotante, escuchaba al ministro Wert citar a Wittgenstein entre Covarrubias, Horacio y Quintiliano. Feliz tricentenario.

Franquismo I

Dos importantes entregas de la editorial gijonesa Trea, merecedora del último premio a la mejor labor editorial cultural que concede el ministerio del ramo: ya era hora, si consideramos que lleva publicando casi un cuarto de siglo y que, entre sus variadas colecciones, se encuentra una serie de Biblioteconomía y Administración Cultural absolutamente ejemplar, en cuyo catálogo figuran algunos de los mejores volúmenes sobre historia del libro que se han publicado en este país. A esa lista se añaden ahora dos títulos fundamentales en torno a la censura en la España contemporánea, un asunto que, de un modo u otro, sigue de actualidad. En La persecución del libro, la historiadora Ana Martínez Rus —que ya había publicado en Trea un trabajo imprescindible acerca de la política del libro en la Segunda República—, traza un completo panorama del bibliocausto organizado por los vencedores de la Guerra Civil durante el primer franquismo (1936-1951): desde la quema y destrucción de libros en las librerías y bibliotecas privadas hasta el radical expurgo de las públicas, pasando por la implementación de un represivo cuerpo legislativo contra la literatura considerada peligrosa, la creación de un feroz régimen de censura previa y las sanciones, depuraciones y castigos a los autores considerados desafectos. Más concreto y con una extensión temporal más abarcadora (1939-1975) es Letricidio español, censura y novela durante el franquismo, de Fernando Larraz, un excelente trabajo acerca de los instrumentos, las modalidades, los protagonistas y los afectados (proporciona muchos y tremendos ejemplos) del régimen hiperburocratizado de censura impuesto tras la victoria de los totalitarios: desde la satanización y prohibición de buena parte de la literatura anterior al “tajo” hasta el absoluto control de la que se estaba haciendo. Particularmente interesantes resultan las listas de censores, que a menudo emitían peregrinos juicios literarios e incluso médicos, como aquel del activísimo Luis Martos que, a propósito de Crónica de la nada hecha pedazos (1972), de Juan Cruz, consignaba que “este libro revela que su autor padece una esquizofrenia gravísima. Desde luego, en los manicomios hay gente encerrada con menos causa que haber escrito este libro”. Larraz prolonga su trabajo hasta la muerte del dictador, citando ejemplos de censura en novelas fundamentales de los años sesenta (Tiempo de silencio, Últimas tardes con Teresa, Volverás a Región) y de los autores de la llamada “nueva narrativa” (Mendoza, Millás, Marías, Vila-Matas), así como abogando por la restauración de muchos textos a los que la censura mutiló y que se han seguido editando hasta la fecha con los cortes que impuso. Una lectura tan apasionante como sombría.

Franquismo II

Otros dos libros importantes —publicados por sendas editoriales universitarias— acerca de la memoria cultural e identitaria de nuestra última y larguísima dictadura. Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo (Casa de Velázquez) es una recopilación de trabajos (editados por Stéphane Michonneau y Xosé M. Núñez Seixas) acerca de los diferentes modos de reconfigurar la identidad nacional española propuestos por el franquismo, tanto corrigiendo y reelaborando el legado anterior en aras de la hipertrofia nacionalista de posguerra, como mediante el constante recurso a rituales, concentraciones (el papel del fútbol), conmemoraciones (Día de la Hispanidad), símbolos (bandera, himnos), folclore, consignas (el Spain is different de los sesenta), reportajes (el No-Do), etcétera. Autorretratos del Estado (Universidad de Castilla-La Mancha), editado por Guillermo Navarro Oltra, reúne diferentes trabajos acerca del modo en que el franquismo utilizó la variadísima imaginería de los sellos postales (cuya conservación y difusión alentó mediante el coleccionismo filatélico) como medio de configurar sus mensajes ideológicos y hacerlos asimilables para toda la población.

domingo, 26 de octubre de 2014

Manuel Rivas, 21 gramos

Si, yo también me considero ciudadano del mundo. Pero cuando afirmo eso ante los aduaneros, me miran como a una cucaracha. No me queda otra que enseñarles el pasaporte y lo escrutan como si buscasen a un prófugo universal. Me siento Gregorio Samsa o el capitán Nemo. Me gustaría cambiar de pasaporte en cada viaje, como un viejo anarquista que conocí en Barcelona, Liberto, que tuvo otros cuarenta nombres. Esta temporada quisiera un pasaporte kurdo. No existe, pero existen los kurdos. Kurdos de Iraq, kurdos de Siria, kurdos de Irán, kurdos de Turquía. Entre otras cosas, ser kurdo significa que te den palizas históricas por los cuatro costados. Eso si que es una identidad. Machacados, gaseados, siguen hablando su lengua aunque se la corten. Ahora resisten en Kobanë, dan un ejemplo al planeta, a la geo-estupidez de las grandes potencias. Sorprende ver mujeres jóvenes en primera línea, un país invisible y cívico, frenando ese siniestro depredador, el Estado Islámico, sospechosamente cebado y armado. Así que cada día soy más kurdo. No pertenezco a la ONU: 193 países. Se calcula que el alma, ese pasaporte milenario, pesa 21 gramos. Cuando alguien muere y el alma zafa por el tejado, ese es el peso que pierde el cuerpo según una báscula de Ohio. Por lo tanto, un humano, pongamos 70 kilos, puede albergar 333 almas. Sin permiso de la ONU, albergo un alma kurda. En la infancia, enfermo, me regalaron un primer libro: El último mohicano. Fui Uncas, el mohicano. Fui armenio con Saroyan. Judío, con Primo Levi. De Chile, con Violeta. Haitiano, con Jacques Roumain. Mi hermana mayor, siempre por delante, iba trayendo esas almas, esos pasaportes. Y la casa se llenaba de gente. Esta temporada también me siento aprendiz de maestro mexicano. Pero no sé ni lo que peso. Qué horror.

viernes, 24 de octubre de 2014

La última edad

-Pues verá usted, quiero hacer una actividad escolar que consiste en visitar la residencia de ancianos que hay aquí al lado de la carretera.

-¡Pero si usted es un profesor de lengua y literatura!

-Los viejos hablan un castellano más correcto que el nuestro, y recuerdan coplas populares y romances de la literatura oral que ahora mismo se están perdiendo. Es mi deseo que recojan y estudien este material. Es más, estimo que es muy educativo en valores humanos entrevistar a los viejos y que les pregunten por sus ilusiones y su idea de la vida para hacer una redacción. A lo mejor así los bajo de la nube (de Internet, del móvil, del fútbol)

-No les va a levantar el ánimo.

-A muchos de ellos no los visita nadie y lo agradecerán. Además les traerán un regalito. ¿Por qué hay que estar levantándoles siempre el ánimo? Conviene que los chicos aprecien lo que tienen y pueden perder. Eso los despabilará. Así tratarán mejor y con más respeto a la gente mayor.

-Está bien, está bien. Hay que abrirse a las novedades. Pero, mire usted, todo tiene un límite. Aquí hacemos una hoguera y migas el día de san Antón para los viejos; lo que no podemos hacer es como en Holanda, orgías para viejos. Entre otras cosas porque, si a ellos se les han muerto tres o cuatro ancianos y han dejado a varios hospitalizados, aquí, con la represión que hay, se nos moriría una docena.

-¿Y los indudables beneficios económicos de un programa semejante? La señora Cospedal no tiene imaginación. Podría ahorrarse una docena de pensiones y habría más sitio en las instituciones asistenciales. Aun mejor: ocuparían esas vacantes gente que requiere menos cuidados y podrían hacerse más recortes.

-Está usted de guasa.

-A los holandeses eso no les parece una guasa, ni tampoco a los desalmados que fraguan cosas como el ITTP, prevalecidos en que nadie puede controlar las instituciones y acuerdos antipopulares a nivel global. Tampoco en Japón: allí un ministro planteó a los viejos la necesidad de morirse más rápido y les animó a colaborar en el bienestar colectivo haciéndose el harakiri por los demás, como los bomberos de Fukushima. Ellos sí que están de más.

-Pues yo no haré eso con mis viejos, no señor. Tendría que despedir y reducir plantilla.Pero, por otro lado, ¿no considera morboso traerse a los jovencitos para que vean tantas ruinas humanas?

-Doy literatura universal. En una distopía / utopía como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, algo tan desagradable de leer para un adolescente como Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, hay una escena en la que llevan a los jóvenes a un moridero para que se vayan acostumbrando a lo inevitable. Y se ríen.

-No entiendo nada de eso. Pero puede realizar la actividad.

***

En la residencia todo está lleno de viejos y locos. Para ahorrar espacio y presupuesto han mezclado a los viejos con los locos, aunque en teoría viven en plantas separadas del edificio. Pero los locos suben y bajan las escaleras continuamente y a los cuidadores y el resto del personal les trae al fresco: no hay modo de controlarlos todo el tiempo y recoger sus mierdas y orines tampoco les da ánimos para más; están cansados de ser infrahéroes y algunos, además, tienen un carácter insoportable que se les contagia como una urticaria. No pocos viejos -llamémoslos así, y no ancianos o mayores- están cosificados por las instituciones: son objetos situados en una estantería / sillón. No hay revistas ni periódicos ni libros, solo una televisión apagada, porque a nadie le interesa ver a jóvenas de ombligos rutilantes y a políticos lustrosos que hablan sin parar. Por no hablar de la publicidad, la privada y la de los telediarios. Un viejo está aquí porque su mujer se suicidó y se ha quedado solo en el mundo. Otro no hace otra cosa los siete días a la semana que jugar mecánicamente al dominó. Hay una vieja sin hijos que nunca ha querido casarse y vive pendiente de la visita anual que le hace una sobrina que vive en Madrid. No piensa en otra cosa, porque si pensara en otra cosa vería lo que ve por la ventana donde ha colocado sus zapatos para que no se los lleve la loca sonriente que viene a reírse de ella todos los días: unas hermosas vistas al cementerio. Algún chusco ha llamado al barrio que tiene enfrente, demolido por inciertas cuestiones municipales, el barrio de Vista Alegre. Solo se han visto cosas parecidas en los libros y cuadros de Solana. Los chicos salen del edificio como Jodie Foster después de haber visto a Aníbal Lecter. Ha sido una experiencia muy intensa. Ya saben lo que les aguarda probablmente en la vejez a seis millones de parados que están empezando a dejar la edad adulta. Algunos se han reído nerviosamente; pero en sus redacciones no se habla de nada de eso, sino del horror.

Así que yo prefiero hablar de las hermosas coplillas que han reunido.     

Muerte de Ramiro Pinilla


Fernando Aramburu, "La prosa que no se nota. Muere Ramiro Pinilla, patriarca de las letras vascas y españolas", El País, 23 OCT 2014 

Al pensar en Ramiro Pinilla compruebo con agrado la coherencia del hombre y su obra. Hay quienes prefieren componer, cincelar, embellecer, ejercicios sin duda legítimos; que gustan de llevar a cabo cierto extrañamiento de sí mismos a fin de reencarnarse en otras vidas. Pinilla, no. Pinilla era como su escritura: claro y directo. Profesaba una desconfianza instintiva por los estilos ornamentales. ¿Su especialidad? Los hombres tozudos y esforzados que, a fuerza de perseverancia, alcanzan dimensión de héroes, aunque a ellos esta última circunstancia les traiga al pairo.

El que aguanta o la que aguanta, ya que no pocos de sus personajes femeninos son de aúpa. He ahí la virtud, la de la tenacidad ante las dificultades y los sinsabores, que merece atención primordial en sus novelas. En Las ciegas hormigas, por ejemplo, con la que ganó el Premio Nadal en 1960. Su protagonista, Sabas Jáuregui, trata a toda costa de ocultar a la Guardia Civil una carga de carbón que ha reunido con gran esfuerzo, en una noche desapacible, de un barco encallado, arrastrando en su obcecado designio a la catástrofe a toda su familia. De ahí el título, que alude a la condena de los seres humildes que viven por y para el trabajo, maldición de corte bíblico que Pinilla halló en el escritor que mayor influjo ejerció en él, William Faulkner.

Acaso la Guerra Civil no le dejó una huella tan profunda como los años de represión que vinieron después. Al menos es lo que se desprendía de su conversación, cuajada de recuerdos precisos, y de algún que otro pasaje de sus libros. El comienzo de la guerra lo pilló de adolescente, y en su pueblo, Getxo, duró poco. Más vivos estaban en su memoria los registros domiciliarios de los falangistas que iban por los pueblos y caseríos de la zona buscando gente a quien fusilar. Habla de ello en La higuera, uno de sus textos más estremecedores.

De sus años de militancia comunista le quedó una firme convicción en el compromiso histórico del escritor. Con dicho estímulo escribió algunos de sus libros. Pienso en el crudo Antonio B. el Ruso, que él consideraba menor y yo lo contrario. Era como un tributo que pagaba por la Literatura con mayúscula. A los amigos nos confesaba que disfrutaba más escribiendo novelas policiacas. Y a ellas se dedicó hasta el final de su larga vida no bien hubo despachado la descomunal empresa de escribir Verdes valles, colinas rojas, una cima de la literatura española, dicho sea ahora que el autor no me oye, ya que era por demás reacio a los halagos.

Veinte años dedicó a escribir con bolígrafo esta voluminosa parábola de la historia del País Vasco, comprimida en el escenario habitual de sus novelas, Getxo. Un esfuerzo titánico, rebosante de humor y de imaginación, con una base paródica de nula utilidad para el nacionalismo. En el libro se suceden las generaciones. Asistimos al nacimiento del primer vasco, a la fundación de la primera taberna, a amores y desamores, a batallas y crímenes, todo ello y mucho más interpretado por un elenco de personajes al alcance de pocas inventivas.

Pinilla postulaba el llamado estilo transparente. Gustaba de la prosa que no se nota. Fue, por así decir, un escritor que ya tenía su forma, su manera, desde el principio. Estuvo activo hasta el final. Me contaba recientemente su editor, Juan Cerezo, que fue a visitarlo al hospital y Pinilla le dijo que, estando en la UVI, había diseñado mentalmente una novela. Estaba deseando volver a casa para escribirla. La muerte tenía por desgracia otros planes.

Juan Cerezo, "La grandeza de Ramiro", El País, 23 OCT 2014:  

Qué pérdida tan inconsolable. Cuánto talento, integridad y tesón el de Ramiro Pinilla. Pertenecía a esa especie tan rara de los grandes escritores que se mantienen alérgicos a la grandilocuencia, a la pedantería o los fastos, capaces de levantar mundos completos, de idear historias imperecederas, conmovedoras y cómicas, como la propia vida, y preferir interesarse antes por el interlocutor que tiene delante que por las teorías sobre su obra. Su creatividad y su ánimo eran los de un escritor joven de 90 años. Quizá debido a su innegociable libertad e independencia personal, por su vida sencilla, retirada del mundo, rodeado de un grupo de gente querida, es decir, a una elección vital de una coherencia admirable, esencial y sin lujos. Le bastó una casa con huerto, levantada por él y bautizada Walden, en homenaje a Thoreau, una mesa frente a la ventana, un humilde bolígrafo y unas cuantas resmas de papel reciclado para escribir sus grandes novelas. Y basta leerlas para entender cuáles eran esos rasgos de su persona que hacían de Ramiro alguien tan excepcional, tan grande en su sencillez: porque en él podías reconocer el dulce y obstinado amor de Roque Altube en Verdes valles, colinas rojas, la dignidad y entereza de Souto Menaya en Aquella edad inolvidable, la inteligencia cervantina de Samuel Esparta en su trilogía policíaca, el tesón de Sabas Jáuregui en La ciegas hormigas. En mi visita al hospital, era tal su presencia de ánimo, su buen humor, que sus palabras ejercieron el asombroso efecto de hacer desaparecer la gravedad, y con él, toda la parafernalia de tubos, cables y monitores que le envolvía. Estaba contentísimo porque había dado con un magnífico desenlace para la novela que tenía entre manos, y sobre todo porque pensó que podríamos mantener la presentación de su última novela precisamente el 23 de octubre, el mismo día en que nos ha dejado.

Aurora Intxausti, "Necrología" en El País, 23 OCT 2014 

El escritor vizcaíno Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923-Getxo, 2014), decano de los novelistas españoles, falleció ayer a los 91 años, según fuentes de Tusquets, la editorial en la que venía publicando desde que en 2004 editara la primera parte de su trilogía Verdes valles, colinas rojas.Fue esa saga sobre el mundo vasco, de cerca de 3.000 páginas y que tardó dos décadas en perfilar, la que le relanzó a los 80 años dentro del mundo editorial. Pinilla comenzó a escribir a finales de los años cincuenta del pasado siglo, logrando varios premios por sus trabajos literarios, entre ellos el Nadal, pero no fue hasta 2004 cuando le llegó el reconocimiento de los lectores con su trilogía.

La recomendación del escritor Fernando Aramburu al editor Juan Cerezo de que leyese el manuscrito que le había enviado Ramiro Pinilla fue el primer paso para que sus obras tuviesen un lugar en la literatura española. Escribía con bolígrafo y luego pasaba los textos al ordenador, utilizaba éste como si tratase de una máquina de escribir porque ni tan siquiera tenía Internet.

Pasó casi 20 años de su vida tejiendo y desgranando en fichas de cartulina lugares y personajes hasta construir el mundo que rodea Verdes valles, colinas rojas (Tusquets y Círculo de Lectores), la trilogía que forman las novelas La tierra convulsa, Los cuerpos desnudos y Las cenizas del hierro. Precisamente gracias a esta última obra Ramiro Pinilla logró el Premio Nacional de Narrativa “por haber sido capaz de hacer una epopeya sobre un mundo tan difícil y rico como es el vasco”. Su obra es un monumento a la memoria. Los personajes que pululan por su novela formaban parte de su vida y tanto los vivos como los muertos le permitieron construir un mundo literario diferente.

Pinilla pasó toda su vida en Walden, una casa que lleva el nombre del famoso ensayo estadounidense, publicado en 1854 por Henry David Thoreau, autor al que admiró tanto en el terreno literario como intelectual. Allí, en Getxo, fue donde escribió todas sus obras, a cualquier hora del día o de la noche, porque los ratos de insomnio le permitían fabular e imaginar personajes en cualquier momento. “No dejaba descansar su cabeza. En lo último que estaba trabajando era en una novela sobre un grupo de personas a las que se les expulsa de la sociedad —artistas, soñadores— y se van todos juntos a vivir una vida alternativa. Le faltaba el final”, señala el editor Juan Cerezo.

El escritor trabajó en varios oficios a lo largo de su vida, desde marino mercante a administrativo en una empresa de gas, y emprendió muchos negocios, todos ellos ruinosos hasta el punto de que él mismo solía decir que todas sus iniciativas económicas estaban destinadas a perder dinero. En una ocasión se le ocurrió montar un criadero de pollos para vender huevos frescos y resultaba más caro el pienso que lo que se obtenía por sus productos. No era un hombre de lujos y lo más que se permitía era tomar una coca-cola y ver partidos de fútbol. Forofo del Athletic de Bilbao y apasionado del buen fútbol, disfrutaba con el juego de la selección o del Barça. De esa pasión surgió precisamente el libro titulado Aquella edad inolvidable.

Toda su ambición la había volcado en la literatura y tenía como asignatura pendiente publicar novelas de género negro. “A mi edad a muchos les da por escribir memorias y a mí lo que me divierte y me hace tremendamente feliz es hacer policiacas”, recuerda el editor que era el comentario de Pinilla sobre sus últimos libros. Este tipo de novelas están ubicadas en su pueblo, Getxo, y para ellas creó un personaje, Sancho Bordaberri, enamorado de los libros, escritor fracasado, feliz con su trabajo en la librería que posee, envenenado por su locura por los clásicos de la novela negra e inquieto buscador de justicia. Este se transforma en el detective Samuel Esparta cuando se viste con gabardina y se coloca un sombrero que le trajo su tío de América. El último libro publicado, Cadáveres en la playa (Tusquets), es el caso más intrigante de un Samuel Esparta ya maduro que mantiene contra viento y marea su peculiar librería en Getxo y recibe en los setenta la visita de una señora, Juana Ezquiaga, que quiere contratarlo para que averigüe la desaparición, mucho tiempo atrás, del que fue su amor de juventud.

Bibliografía

Las ciegas hormigas, 1960.
Seno, 1971.
Recuerda, oh recuerda, 1974.
Primeras historias de la guerra interminable, 1977.
La gran guerra de Doña Toda, 1978.
Andanzas de Txiqui Baskardo, 1980.
Quince años, 1990.
Huesos, 1997.
Verdes valles, colinas rojas -La tierra convulsa, 2004.
Los cuerpos desnudos y Las cenizas del hierro, 2005.
Sólo un muerto más, 2009. Primer caso del detective Samuel Esparta (un crimen que dejó sin resolver en Verdes valles, colinas rojas).
Los cuentos, 2011.
Aquella edad inolvidable, 2012.
El cementerio vacío, 2013.
Cadáveres en la playa, 2014.

Jimena Larroque Aranguren, "Muere Ramiro Pinilla, patriarca de las letras vascas y españolas", en El País, 27 OCT 2014:

Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923, Getxo, 2014) paseaba todos los días por los escenarios de sus novelas -—que son también los de su vida— y publicó este mes la tercera entrega de la serie policiaca de Samuel Esparta, Cadáveres en la playa(Tusquets). Siguiendo una entrada exterior al núcleo urbano de Getxo, se llega a su casa junto a una huerta fecunda. Puso a la casa el nombre de Walden, en homenaje a H. D. Thoreau, filósofo de la desobediencia civil y hortelano como Pinilla.

Perseveró en su tarea de escritor al margen del reconocimiento público tras haber sido premio Nadal, en 1961, por Las ciegas hormigas y finalista del Premio Planeta, en 1971, por Seno. Ya octogenario, le llovieron los premios (Euskadi de Literatura en castellano, de la Crítica, Nacional de Narrativa). El pasado septiembre había cumplido 91 años.

Llevaba una vida tranquila y afirmaba que viajar “es una huida, como tratar de llenar un vacío”. Sin moverse de Getxo, Pinilla conjuró el vacío construyendo un universo inagotable.

Pregunta. ¿Cómo sigue teniendo tantas ganas de escribir?

Respuesta. Tengo salud y la mente bien. De hecho yo creo que estoy mejor mentalmente ahora que en mis veinte años. Y la muerte no me da miedo, la muerte me da sólo pena. Porque sé lo que no voy a encontrar en el otro lado: no habrá nada. Hay que vivir lo más posible, con salud.

P. ¿Tiene alguna filosofía como escritor?

R. La de sentirme un hombre libre con todas sus consecuencias. Escribo en libertad, siempre he escrito lo que me ha dado la gana. Por ejemplo, en la novela sobre la que estoy trabajando actualmente hay un episodio que trata sobre la Virgen. Esta chica queda embarazada, pero no por su marido. Y no se le ocurre otra cosa que decir que la ha visitado un arcángel, fíjate la que organizó. ¡Y esto lo recoge la Biblia! No sabes lo que disfruto, ojalá se me ocurrieran más herejías… Al ser libre y mínimamente consciente del entorno, me ha interesado denunciar las injusticias, o la ridiculez del nacionalismo. Pero no de manera sistemática, desde el análisis sociológico, sino a través de la novela, con personajes que te van llevando en una dirección. El mérito de la literatura está en componer un argumento o una escena que convenzan, por muy tontos que sean. Cuando consigo esto, soy feliz.

P. ¿Cómo aborda la novela en marcha que le ocupa las tardes?

R. Es una novela que se llamará Los inmaduros. Yo tenía una idea general: unos señores deciden en cierto momento de sus vidas vivir su vocación (uno es escritor, otro pintor, otro fotógrafo), desertan de las familias y coinciden en un caserío de la playa. Allí se instalan, a vivir su vocación, de modo sencillo y humilde. Y en esto contravienen la opinión de sus señoras que los consideran gente sin fuste, sin fundamento. Poco a poco voy metiendo las idiosincrasias y peripecias de los personajes. Cuando ya tienes un corpus vivo, la novela sale por sí sola prácticamente.

P. La dedicatoria de la gran trilogía Verdes valles, colinas rojas dice: “Ahora sé por quién he escrito siempre. Pero mi verdadero mundo fue otro”. ¿Es indiscreto preguntarle por su sentido?

R. No, qué va… He escrito por mi madre. Resulta que éramos dos hermanos, yo era el mayor y una madre cuida siempre más al pequeñito. Además mi hermano era astuto y yo un inocente, él sacaba buenas notas y yo no… No me he quitado nunca la sensación de estar rebajado frente a él –lo dice riéndose— y suponer que mi madre era la imaginaria jueza en esto, aunque todo fuese una invención mía. Yo quería escribir para dar la talla. Y por supuesto que he separado vida y literatura. Imagínate: llegué a Getxo a principios del invierno del año 57, casado, con dos hijos pequeños, a hacer una casa sin una peseta, con una pequeña hipoteca y con una huerta de la que ocuparme. Yo la llamo la “época épica”. Escribí Las ciegas hormigas en el trabajo, buscando huecos libres. Nunca he sido de esos hombres que dicen “aquí estoy yo, yo quiero escribir” y se encierran en una habitación con pestillo. Yo escribía cuando tenía tiempo.

P. ¿Qué ha aprendido de otras lecturas?

R. Me fijo mucho en el estilo literario, es importante acertar en el estilo que le va a uno. Se hace eligiendo a un autor, fijándose no en las cosas que dice, sino en cómo las dice. Yo me fijé en Faulkner: le leía, cerraba el libro y me ponía a escribir con su música. Le copiaba. Algo parecido me pasó con García Márquez. Todo está en la música de lo que escriben.

P. ¿Cómo se sobrepuso a prácticamente cuarenta años de silencio después de ganar el Premio Nadal?

R. Consiguiendo ser uno mismo independientemente del entorno, que tiene que ser secundario. Hay personas que son como unas hojuelas que con viento leve se quedan afectadas, tienen mal genio y sufren. Yo estaba disgustado con los editores de aquel momento, tuve desavenencias con ellos y los eché a un lado a costa de quedarme sin publicar. Luego fundé la pequeña editorial Libropueblo que vendía libros a precio de coste y publiqué unas cuantas novelitas. Así que aunque no me hubieran publicado nunca más, yo seguiría escribiendo. Y creo que hubiese escrito lo mismo que he escrito.

P. Salta a la vista la influencia del cine en su literatura…

R. Sí, el cine me ha ayudado a escribir. Por ejemplo, cuando salió la primera versión de Cyrano de Bergerac, yo debía de tener unos veinte años, me pareció tremendamente emotiva y salí del cine llorando. También me pasó con Solo ante el peligro. Ese espíritu intransigente de unos ciudadanos que no cedían al entorno, que se sobreponían llevando adelante su empresa, que pudiendo no triunfar acaban triunfando… ese heroísmo y ese sacrificio me conmovían. Y además el cine norteamericano tiene la viveza, el ritmo, el empuje, el lenguaje directo. He prestado siempre mucha atención a los diálogos. Creo que dialogo bien por influencia directa de ese cine. El lenguaje es básico, hay que cuidarlo mucho.

P. ¿En qué piensa cuando pasea por las mañanas?


R. A veces en nada en particular, voy cantando tangos de Carlos Gardel. Y otras veces me pongo a recordar. Porque Getxo es un recuerdo vivo. Como todos los viejos, yo me acuerdo de mis padres, también de mi niñez y de la de mis hijos. Y fíjate, me da por pensar que algo no hice muy bien: no les he puesto suficiente música cuando eran pequeños.

jueves, 23 de octubre de 2014

Aforismos sobre educación de Jorge Wagensberg

El ser humano conserva algunos de sus rasgos juveniles más allá de su madurez sexual. Técnicamente el fenómeno se llama neotenia y, en general, está asociado a saltos significativos de la evolución. Nuestros primos primates son naturalmente proclives a jugar y a aprender durante su fase juvenil, pero pronto pierden el interés por ello. Nosotros en cambio jugamos hasta el último minuto de nuestra vida, por lo que un humano bien podría nombrarse como un mono inmaduro,un curioso individuo cuya educación en las aulas puede superar un cuarto del tiempo total que le toca vivir. Siguen unos aforismos en su honor…

1. Educar no es llenar, sino encender.

2. Educar es favorecer la adicción al gozo intelectual.

3. Aprender tiene tres fases: el estímulo, la conversación y la comprensión, y con cada una de ellas existe la oportunidad para un gozo intelectual.

4. El buen estímulo a favor del conocimiento está en las paradojas que surgen entre lo que vemos y lo que creemos, por tal cosa la realidad no se puede reemplazar por nada mejor a la hora de buscar estímulos. (¿Por qué no dedicar un día de la semana a salir del aula para visitar la realidad que es, por cierto, lo que tenemos más a mano?).

5. Conversar es escuchar antes de hablar: qué fácil, qué difícil.

6. Conversar no es esperar turno para continuar con lo que se estaba diciendo.

7. El gozo intelectual por conversación se produce cuando un punto de llegada no coincide del todo con el anterior punto de salida. (¿Qué tal una asignatura de conversación?).

8. Comprender es caer en la mínima expresión de lo máximo compartido.

9. El gozo intelectual por comprensión ocurre en el momento exacto en el que uno descubre que dos cosas diferentes tienen algo en común.

10. Enseñar a alguien es llevarlo, de la mano de la conversación, hasta el borde mismo de la comprensión.

11. Enseñar no consiste en inyectar comprensiones, sino en señalar caminos para tropezarse con ellas.

12. Los estímulos que se revuelcan en sí mismos y que no conducen a una conversación o a una comprensión no son el principio de educación alguna, sino el fin último de alguna clase de pornografía (el best seller de diseño, la llamadaautoayuda…).

13. La clase magistral en la que más de cien alumnos asisten a una exposición —que siempre pueden leer antes o después— es un timo educativo.

14. Se puede estimular y conversar, pero comprender, lo que se dice comprender, se comprende siempre en la más estricta soledad.

15. Diez personas pasean y conversan (método peripatético); 40 escuchan y quizá pregunten, pero ya no conversan; 100 son espectáculo, y 500, ceremonia.

16. Conocimiento sin crítica es más preocupante que crítica sin conocimiento.

17. El examen tradicional se parece a una confesión forzada en la que el alumno accede a simular que ha comprendido.

18. En los primeros 10 años de escuela quizá solo merezcan la pena dos cosas: ejercitar el lenguaje (leer y escribir en varios idiomas, matemática, música, dibujo…) y entrenar el hábito de la conversación y la crítica.

19. En la escuela, ni una sola idea blindada contra la duda, ni una sola.

20. Las creencias no se enseñan, se trasfunden.

21. Combinando solo cuatro conceptos (lo propio y lo ajeno, la alegría y la tristeza) se obtienen las pasiones humanas elementales: compasión: tristeza propia por la tristeza ajena; morbo: alegría propia por la tristeza ajena; alegría empática: alegría propia por la alegría ajena; autoestima: alegría propia por la alegría propia; autocompasión: tristeza propia por la tristeza propia…

22. La educación es un recurso cultural para matizar una pasión natural (prestigiar la compasión, desprestigiar la envidia…

23. Ni siquiera comer es una excusa para aplazar el conocer, por lo menos mientras la hipoglucemia no nos nuble la vista.

24. Existe una inversión en la que siempre se gana y cuyo beneficio siempre cabe en el equipaje de mano, no se puede perder, ni nadie puede robar: la educación.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Impostores inverosímiles

Lucía González "El "pequeño Nicolás" y otros grandes troleros de la historia", en El País, 17 de octubre de 2014:

Francisco Nicolás Gómez Iglesias ha quedado en libertad provisional tras ser detenido en Madrid acusado de estafar 25.000 euros falsificando informes del Centro Nacional de Inteligencia. Lo asombroso del asunto es la edad del "pequeño Nicolás" (20 años) y su forma de operar, mezclándose con las altas esferas.

Mientras cursaba sus estudios en el Centro Universitario de Estudios Finacieros (CUNEF), el pequeño Nicolás, según El Confidencial, llegó a presentarse además como miembro del gabinete de Vicepresidencia del Gobierno, de la Oficina Económica de la Moncloa y de equipos de ministerios. Según recoge EFE, se le imputan los delitos de estafa, falsificación documental y usurpación de funciones públicas.

Nicolás se las apañaba para acudir a eventos con políticos (sobre todo del PP) y empresarios. Medía todos los detalles de su teatrillo cuando se ponía en acción: llegó a alquilar vehículos de alta gama con chófer para ir a una reunión. Conseguía hacerse fotos con los poderosos, simulando una relación estrecha con ellos que no tenía. Y, claro, subía las fotos a Facebook. 

En esta foto, colgada el 28 de julio, dio a entender y  que había conseguido saludar personalmente al Rey Felipe y a Letizia el día de la proclamación, aunque no está confirmado y podría ser un montaje.

No hemos podido evitar acordarnos de algunos grandes mentirosos de la historia, que quizá estarían orgullosos del chaval casi imberbe que recoge su legado:

Enric Marco: tres décadas como falsa víctima de un campo de concentración

El más famoso español superviviente a un campo de concentración... nunca estuvo en uno. Durante 27 años, Enric Marco aseguró ser el preso 6.448 de Flossenbürg. “Cuando llegábamos a los campos de concentración en esos trenes infectos, para ganado, nos desnudaban, nos mordían sus perros, nos deslumbraban sus focos”, dijo en un discurso ante el Congreso de los Diputados, como presidente de la asociación de deportados Amical-Mauthausen, meses antes de conocerse su mentira, en mayo 2005. Para entonces llevaba años dando charlas en colegios y había recibido la Cruz de San Jordi de la Generalitat. Su intención, dijo, era difundir lo ocurrido en la Alemania nazi y creía que así la gente le prestaba más atención. "Lo mío fue una simple distorsión de mi propia historia”, señaló años después en una entrevista a El País. Sí vivió en Alemania y estuvo seis meses preso, pero nada parecido a lo que había contado. Un documental recoge su historia.

No es la única falsa víctima cazada. Alicia Esteve, barcelonesa que llegó a ser presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-S, tampoco estuvo en el 11-S. Lo mismo ha ocurrido en 11-M o el naufragio del Costa Concordia, tragedias con sus propios farsantes.

Capitán 'Timo': el falso militar

José Manuel Quintia llegaba a las citas con sus víctimas vestido de uniforme, en lujosos mercedes y con un montón de falsos guardaespaldas. Así se ganó a pulso el apodo de capitán Timo. A principios de los 90 llegó a estafar 1.300 millones de pesetas como supuesto intermediario militar para contrataciones con el Ministerio de Defensa. Lleva cometiendo delitos de estafa desde los 70 y ha pasado por la cárcel, pero sigue haciendo de las suyas: en 2013 le volvieron a pillar.

Tommasso Debenedetti: el inventor de entrevistas cazado por Philip Roth

Como todo buen mentiroso, este tampoco perdía detalle: el periodista italiano Tommasso Debenedetti se inventaba hasta descripciones de lo que llevaban puesto sus interlocutores el día que imaginaba haber hablado con ellos. Su especialidad eran los escritores famosos, de Günter Grass a José Saramago, pasando por Jean-Marie Gustave Le Clézio, Gore Vidal o Herta Müller. Aguantó así cuatro años, pero en 2010 se le fue de las manos cuando decidió inventarse unas duras críticas de Philip Roth a Obama. El escritor, preguntado por esto en otra entrevista, dijo que todo era falso y que llamaría a su abogado… Así se destapó una estafa que, al menos, le valió para llevarse un piropo de John Grishman, quien dijo de su falsa entrevista que no era “una mala pieza de ficción”. Y no, no se le cae la cara de vergüenza: “Me gusta ser el campeón italiano de la mentira”. Se trataba de un “juego literario”, diría después.

Abagnale: cómo conseguir que Spielberg te haga una película

Los años 60 fueron muy locos, sobre todo para Frank W. Abagnale. Como el pequeño Nicolás, también empezó pronto, al los 16 años, y a los 25 ya había publicado su libro de memorias. Tenía mucho que contar: de 1963 a 1967 se hizo pasar por piloto, médico y ayudante del fiscal de distrito, robó un montón de dinero a la compañía Pan Am y viajó gratis por todo el mundo. Spielberg lo inmortalizó en Atrápalo si puedes. Salió de prisión en 1974 y se recicló gracias a sus conocimientos como asesor del FBI sobre fraude y estafas.

Hace un año, Abagnale lanzaba un aviso para navegantes, señalando que sus travesuras hubieran sido mucho más fáciles en la era de Facebook por la cantidad de datos públicos de los usuarios.

El falso famoso: Colarse en la vida VIP de Nueva York

David Hampton se hizo pasar por hijo del actor Sydney Poitier para poder codearse con los vips de Nueva York. La idea fue fruto de un cabreo. Según recoge The Telegraph, una noche que no le dejaron entrar en la mítica Estudio 54 decidió volver a intenarlo con una nueva identidad y, ojo al detalle, llegando en limusina. Le funcionó durante un tiempo y llegó a codearse con famosos como Melanie Griffith y Calvin Klein y se benefició del dinero de algunos, hasta que periodistas de Newsweek destaparon su farsa. Pasó un par de años en prisión y también inspiró una película, Seis grados de separación. Murió en 2003, a los 39 años. Y si hablamos de estafadores bien relacionados con el cine, no podemos olvidarnos del exnovio de Anne Hathaway.

Ferdinand Demara: ¿por qué no serlo todo en la vida?

El estadounidense Ferdinand Demara tuvo tiempo en una vida para ser abogado, ingeniero civil, piscólogo, cirujano (haciendo internvenciones), alguacil, abogado, monje, profesor, psicólogo, investigador... Usaba nombres falsos que, en ocasiones, de personas vivas. En el cine le encarnó Tony Curtis en El gran impostor. Le pillaron a principios de los 50 y pasó algunos meses en prisión. 

Otro impostor en serie fue el francés Frédéric Borudin: refugiado, víctima de atentados, adolescente desparecido...

La falsa Anastasia: la mujer que decidió ser princesa

Anna Anderson no era Anastasia, hija del zar de Rusia Nicolás II. Lo confirmó una prueba de ADN en 1994, diez años después del fallecimiento de la falsa princesa, que había residido desde los 60 en Estados Unidos, tras casarse, y no tuvo descendencia. De joven intentó suicidarse y estuvo ingresada en un sanatorio. La historia dio para libros y películas.

Milli Vanilli: una estafa musical mítica

El error de Milli Vanilli fue hacer música antes de la era auto-tune. Destapó la verdad su productor, en 1990, un año después de que el duó triunfara en los Grammy con el premio de Artistas Revelación sin haber cantando una palabra de su disco.

Investigadores y artistas: timos científicamente probados

El psicólogo social holandés Diederik Stapel se inventaba datos tan buenos que sus estudios aparecieron en las más reconocidas publicaciones científicas. Al menos reconoció avergonzarse de lo sucedido: "Quería ser el mejor y publicar más que nadie. En un terreno con poco control y donde trabajas en solitario, tomé la ruta equivocada". Especialmente hechos polvo se quedaron sus alumnos. No es el único científico que miente, ni mucho menos. Otro caso famoso en los últimos años es el del surcoreano Hwang Woo-suk, que quería ganar un Nobel y le dio por inventarse que había clonado células de pacientes. 

Lo mismo, pero en el terreno del arte, hizo Shaun Greenhalgh junto a sus padres: esta familia inglesa pasó más de 10 años falsificando obras de arte que llegaron a estar en museos. Pero el más grande de los imitadores fue sin duda el talentoso Elmyr de Hory. Murió en Ibiza, se dice que falsificó 1000 obras de arte y películas y exposiciones lo han reivindicado.

Victor Lustig: vender la torre Eiffel y estafar a Al Capone

El timador Victor Lustig vendió la torre Eiffel, haciéndose pasar por funcionario, y llegó a estafar a Al Capone. George Parker lo intentó con el puente de Brooklyn y la Estatua de la Libertad. Otro gran estafador fue Mithilesh Kumar Srivastava, conocido como Natwarlal, vendió el Taj Mahjal y el parlamento indio (congresistas incluidos).

Frederik Lorz: acabar el maratón en coche

Hay mentiras, en cambio, que a uno se le ocurren en el momento. En 1904, en los Juegos Olímpicos en Saint Louis (EEUU), llegó el primero en la prueba de maratón Frederik Lorz, pero así podría haber ganado cualquiera: corrió 12 kilómetros y luego su entrenador le llevo en coche casi hasta la meta. Aunque le dio tiempo a recibir honores fue seguidamente descalificado y la medalla acabó en el corredor que injustamente había llegado segundo. Según recoge Smithsonian Magazine, Lorz también se escudó en que era una broma.

El actor "Iron Eyes" Cody (1904-1999) fue la imagen por antonomia del indio norteamericano en muchas de los más importantes Westerns del Hollywood Clásico (´películas como "Sitting Bull", "El Rostro Pálido" o "Un Hombre Llamado Caballo", la serie "Bonanza"...). Y todo eso estaría muy bien si no fuera porque su verdadero nombre fue Espera Oscar DeCorti, hijo de inmigrantes sicilianos en Kaplan, Luisiana. En honor a la verdad, Cody-DeCorti siempre estuvo muy involucrado con la cultura indígena norteamericana: se casó con una mujer india, no tuvieron hijos propios pero adoptaron a dos niños de la tribu Dakota e incluso aprendió idioma nativo-americano y vivió en una reserva. 
Mucho más fascinante que los simples embaucadores, falsarios y usurpadores de identidad que lo son por sólo afán de dinero y/o notoriedad son aquellos que no sólo han "vivido DE SU mentira", sino que incluso han "vivido SU mentira", hasta el punto de creérsela ellos mismos. Bien es verdad que algunos símplemente lo hicieron por locura y/o demencia senil: como el actor Jonnhy Weissmuller que, ya muy anciano en un asilo, asustaba a sus vecinos y cuidadoras dando alaridos como el Tarzán que le hizo famoso. O como el también actor Bela Lugosi (inmortalizado por Tim Burton en su película "Ed Wood" en el que le interpretaba Martin Landau) que en su vejez dormía en un ataud y llevaba su capa del Drácula de Cine Mudo...

Otros llevaron sus mentiras hasta el extremo de no poder sobrellevar la vergüenza de que se descubriera la verdad. Como el famoso caso del falso banquero francés Jean-Claude Romand, que engañó durante años a toda su familia con una riqueza sostenida únicamente en darle sablazos a amigos y conocidos, y que, cuando se descubrió la farsa (en 1993), acabó asesinando a su mujer, dos hijos pequeños y a sus padres, e intentó luego suicidarse con barbitúricos, sin éxito (sobrevivió y hoy está en prisión). Inspiró tres películas: las francesas "L'Adversaire" y "L'Emploi du Temps" y la española "La Vida de Nadie"m de Eduard Cortes, 2002, con José Coronado y Adriana Ozores.

La profesión más noble... y una de las más pobres

Fernando Savater, "La profesión más noble", El País, 21 OCT 2014:

Mientras recorría —con las vacilaciones propias del caso a pesar del GPS— el downtown de Baltimore en busca de la tumba de Edgar Allan Poe, iba rumiando su dictamen que declara a la literatura “la más noble de las profesiones. De hecho, es casi la única que realmente corresponde a un hombre”. Sin duda la única apta para el propio Poe, un escritor de vocación pura y total, al que es imposible imaginar haciendo algo diferente a lo que ocupó el breve plazo (también lo será el mío, lector, y el tuyo) de su existencia. Una antología de Poe que incluya todo lo mejor de su obra no irá mucho más allá de las 200 páginas: seis o siete cuentos, un par de poemas y una novela corta inacabada. Esa breve aportación, sin embargo, se ha revelado incombustible y fecunda. Deleita sin cesar a lectores sesudos y adolescentes, inspira a cineastas, músicos, dibujantes, diseñadores… por no hablar de los escritores que han venido después. Creo que fue Conan Doyle quien dijo que si cada autor que debe algo de su inspiración a Poe aportase un ladrillo a su monumento funerario, este sería mayor que las pirámides de Egipto. Y, sin embargo…

Como tantos otros escritores, Poe vivió agobiado por la penuria económica. Según asegura Bruce I. Weiner, un especialista que ha publicado una monografía sobre el autor —The Most Noble of Professions. Poe and the Poverty of Authorship, ed. Edgar A. Poe Society, Baltimore— el año 1841, en el que Poe estableció su récord de ganancias, apenas logró superar el nivel nacional de pobreza. A pesar de ser un autor relativamente popular, casi nunca conseguía que los editores le pagasen. ¿Por qué? Porque en los EE. UU. de aquellos días no existía una ley de copyright internacional. Eso quiere decir que los editores no pagaban nada a los autores extranjeros, por lo cual eran siempre los preferidos a la hora de publicar. Los nacionales, en cambio, casi debían agradecer verse en letra impresa y desde luego poco podían exigir como remuneración. Como aseguró el mismo Poe, “así no hay nada que hacer. Sin una ley internacional de copyright, a los autores americanos solo les queda cortarse el cuello”. Y él se lo cortó dedicándose a los artículos siempre mal pagados de revistas, a veces dirigidas por él mismo, en un desesperado esfuerzo porque la más noble profesión fuese realmente profesión y no solo noble… ¿Les suenan a algo actual estas cuitas?

Décadas después, John Steinbeck afirmó que “la literatura practicada como profesión hace que las apuestas hípicas parezcan una ocupación sólida y estable”. Por su parte, Cyril Connolly imaginó que los lectores a los que había gustado mucho un libro deberían enviar al autor una propina, “nunca menos de media corona ni más de cien libras”, como agradecimiento por el servicio y para completar sus magros emolumentos. A Poe no le alcanzaron tales beneficios en vida. La lápida de su tumba fue pagada, eso sí, por un admirador —Orrin C. Painter— y tras ella hay una placa memorial en francés de sus amigos de ese país, movilizados por Baudelaire. Pero cuando yo me acerqué a verla había también sobre ella, sostenido por unos guijarros para impedir que volase, un papelito en español firmado por María, estudiante de Rute, Córdoba, agradeciéndole los momentos de placer recibidos al leerle y rubricada por la marca de carmín de un beso. “Pour Poe!”, brindarían galantes los amigos franceses y yo murmuré ante la tierna revancha: “Poor Poe!”.

El Nicolás prodigioso

Si yo fuese un cazatalentos, contrataría de inmediato al pequeño Nicolás como creativo publicitario. Es un genio de la superficialidad, como Donald Draper, que se hizo a sí mismo y de verdadero no tenía ni siquiera el nombre; con su "florida ideación de tipo megalomaniaco" podría hacer un brainstorming de pijez que dejaría fuera de combate a los expertos en la materia; pero no debemos asombrarnos por el hecho de que exista un personaje como este, ya que toda la presuntamente democrática política española, es decir, todo el pepoísmo, está lleno de personajes como este, y solo por excepción un humilde cabreado, por ejemplo el casi difunto Anguita, podría llegar al poder, que nunca le dejarían. Nicolás podría hacer pasar un elefante por un enano de jardín y conduciría un camello por el ojo de una aguja, dejando varias deudas y estafas por el camino. Podría ser, como digo, creativo publicitario o timador profesional; pero político, no, por favor. Ya tenemos suficientes nicolases maquiavelos psicópatas mintiendo en ese ajo. Pícaros, arribistas y catarriberas en España siempre ha habido: no son personajes literarios, sino reales: véase mi crítica al epistolario de Quevedo, donde aparece un par, y no precisamente buscones. Como dice Lázaro González Pérez: "Arrímate a los buenos y serás uno de ellos"