lunes, 1 de febrero de 2016

Sin forma definida. La transición cultural en Ciudad Real (I)

Al analizar la, digamos, “Movida” cultural entre 1978 y 2000 en Ciudad Real me mostraré (solo al principio) subjetivo, pues tuve una minúscula parte en ella. Contaba dieciséis años cuando nacía la Constitución de 1978 y poco después mis circunstancias familiares se volvieron tan desagradables que he tenido que hacer un cierto esfuerzo para poder remembrar la década que siguió a ese año, que algunos consideran prodigiosa. 

Por entonces me hallaba muy lejos de saber que investigaría al más feroz defensor de otra Constitución, la de 1812, el ciudarrealeño Félix Mejía, pues la vida me parecía entonces una película mal montada, llena de tedio y angustia. No he visto ni un capítulo de Cuéntame, así que creo estar libre de la maldición que el Eclesiastés, VII, 10 depara a los melancólicos; nunca he idealizado el pasado, con lo que empiezo a decir aquello que Françoise Sagan: "la nostalgia ya no es lo que era". Me hago viejo, o, mejor dicho, me han hecho viejo, y de las batallitas que tengo que contar más me escuecen los tiros y navajazos que me envanecen las victorias.

Los que dudan de la existencia de una Movida gijonesa o madrileña rechazarán definitivamente la existencia de una manchega; pero he de decir, con los papeles en la mano, que para los que vivimos entonces la hubo (o la inventaron, si es que no es lo mismo) aunque fuera en parte abducida por Madrid (Juan Gracia, Miguel Galanes, González Moreno, el notorio Pedro "Almodólar", el Macario Polo de ida y vuelta, etc.) y Barcelona (Gallego Ripoll); aquí lo demostraré. Porque efectivamente algo se movía "sin embargo", como en la frase atribuida a Galileo, aunque el magma creativo y revolucionario que contenía esa superficial corteza de naranjito afterpop nunca pudo trascender o surtir muy lejos. Pero tocó algo de la realidad y dejó testimonios que hoy podemos estudiar.

Para encontrar algo verdadero habría que esperar muchos años después, a movimientos tectónicos más profundos y de verdad despreciados por el poder, como el 15-M. Es mucho más genuino, motivado y manipulado que la misma “Movida”, pues esta existía en la superficie, pero por debajo todo permanecía plácida e intrahistóricamente igual, muy al contrario que ahora, cuando el malestar se ha vuelto sísmico y deriva de la angustia cruda y dura. 

Enrique Tierno Galván, en el ensayo liminar "Existencialismo sin angustia" de su El miedo a la razón, (Madrid: Tecnos, 1986) apercibió claramente la superficialidad del fenómeno y dio cuenta de cómo se podía manipular este tipo de epifenómeno para crear un cisma generacional y cortar toda posible relación de la juventud con el impulso revolucionario que las víctimas de la represión anterior auspiciaban; UCD, PSOE y PP evitaban cuidadosamente la verdadera “democratización” en los tres poderes o polos de la sociedad y la transformaron en una mera apariencia. Hicieron a España “parecida” a Europa, como concluyó el historiador Fernando García de Cortázar en su muy leída Breve historia de España (Madrid: Alianza, 2012). Demasiado pronto esa carta otorgada, compuesta para garantizarle un sillón al rey, se inactivó en lo que tenía de esperanzador y se volvió solo un instrumento para legitimar las aspiraciones de unos pocos. Un teórico del constitucionalismo internacional, Karl Loewenstein, no habría dudado en clasificarla como una Constitución semántica o Pseudoconstitución, esto es, "la aplicada, pero no tanto para regular el proceso político cuanto para formalizar y legalizar el monopolio de poder de determinados grupos sociales o económicos". Recuerdo que cuando debatimos este tema en el Guridi alguien citó el informe sobre la juventud española que Felipe González encargó a un discípulo de Noam Chomsky, el sociólogo estadounidense James Petras, que luego censuró; solo algunos nos enteramos porque lo publicó la desaparecida y minoritaria revista Ajoblanco en 1996 y circuló entre nosotros. Más o menos se venía a decir que las directivas culturales del poder habían desimplicado a la nueva generación, vaciándola de ideas anteriores: mirar atrás se volvió “feo” y la juventud perdió su fuerza, motivación y agresividad volviéndose paradójicamente reaccionaria cuando los tiempos pedían un progreso verdadero. La evolución, que no revolución, se había detenido sustituida por una rebeldía sin objetivos, esto es, por una moda. Muchos notaron esa falta de sentido, se drogaron, se murieron, se suicidaron o se escondieron. Y... sin embargo, algo hubo. Los jóvenes éramos sinceros hasta cuando nos mentíamos.

Me pasé el bachillerato entre libros (clásicos, policiacos y de ficción científica), siendo uno más entre raritos o frikis y unas pocas chicas demasiado formales, porque todavía no se había generalizado la coeducación; había huelgas de enseñanza y unos pocos profesores adorados entre muchos aborrecibles. Entre los primeros estaba doña Hortensia, que me inculcó un amor sin límites a la Historia del Arte; esperaba con verdadera ansia sus clases, sus filminas, sus excursiones a museos y castillos, algunas junto a su perra “Melibea”. Ya jubilada, aún la he visto pasearse con un pin oval en la solapa en que aparecía la Joven de la perla de Vermeer. Por otra parte, un temible profesor de filosofía, López se llamaba, iluminó para siempre mis pobres entendederas con sus clases, en las que fui uno de los pocos en aprobar; recuerdo con vigor las de fenomenología, neopositivismo y psicoanálisis. De otros malísimos podría hablar también, pero no merecen siquiera sacarlos del olvido. Asistía con agrado las clases de griego con Róspide, quien nos hacía traducir fábulas de Esopo (lejos estaba de saber que llegaría a editar yo mismo colecciones de fábulas) y las de literatura con una buena y elegante profesora, doña Blanca, muy mayosa del sesentayocho. En ambas materias usábamos libros buenos; para la literatura, los de Fernando Lázaro Carreter; me gustaban tanto que me leía las lecciones incluso antes de que se explicaran; en mi casa, por otra parte, conseguí que nos suscribiéramos al Círculo de Lectores, era un asiduo de la biblioteca municipal y compraba, conseguía o leía por mi cuenta tebeos y libros baratos de la editorial Bruguera y de la editorial Molino, así como los de Richmal Cropton sobre el anarquista vestido de niño Guillermo, resposable de mis primeros intentos de plagio literario; me encantaba cómo escribía esa señora. Luego descubrí que Fernando Savater y Javier Marías también habrían disfrutado tanto como yo del personaje, pero con ellos me llevaba una decena de años. Los autores de literatura juvenil (Verne, Wells, Salgari) apenas me duraron seis meses: pasé en seguida a todos los autores relevantes de la literatura policiaca (Conan Doyle, Hammet, Chandler, Thompson, Irish...)  y de la ficción científica (odio el anglicismo ciencia-ficción): Asimov, Heinlein, Farmer, Lem... También bastantes clásicos: Cervantes, Defoe, Dickens, Melville, Poe... incluso a Borges, cuya prosa completa ya me había leído a los dieciocho años. En cuanto a los libros que me obligaban a leerme en el instituto... para qué decir nada; solo disfruté del Lazarillo y del Buscón y de la antología de los libros de texto y le cogí un odio cetrino y mortal a Ferlosio y su artificioso Alfanhui, hoy completamente olvidado. Más adelante habría de leer y anotar toda la poesía de Góngora, Quevedo y Lope de Vega. En tercero de BUP ya leía yo, un mocoso de dieciséis años, a Carl Gustav Jung... solo porque me pareció interesante lo que el profesor López había dicho de él... no pude conseguir nada de Husserl y Wittgenstein, hasta más tarde.

Me había convertido sin darme cuenta en un lector furibundo y en un friki al hipercubo. He llegado a desenterrar las razones íntimas que me produjeron así, pero revelaré solo el motivo superficial que las desencadenadenaron, mucho más triviales. En octavo de EGB me dieron uno de los premios de redacción del hoy veterano concurso de la Coca-Cola. Eso de que dieran dinero por escribir en una familia que contaba las monedas como si fueran “mi tesoro” me hizo tomarme la literatura en serio: compraba los libros y tebeos más baratos y buenos que pudiera encontrar; coleccionaba de todo, hasta catarros; entonces, en algunas tiendas podías cambiar tebeos a duro, y eso multiplicaba ad infinitum tu capacidad de lectura, relectura y requetecontralectura, porque cuando no tenías lecturas nuevas te volvías a repasar las que tenías. Recuerdo también en especial los fósiles que buscaba subiendo por las escombreras de las minas de Puertollano, las piritas y cinabrios que me trajo mi padre, el yeso cristalizado que encontré en la laguna de Caracuel, las conchas fósiles que trajimos de la Ciudad encantada de Cuenca. Estudié el bachillerato en Ciudad Real y empecé a frecuentar un grupo de escritores jóvenes que se reunía en el antiguo cafetín de San Pedro, donde recuerdo que actuaron una vez Jesús Monzón, más conocido como “el Gran Wyoming”, con el Reverendo pianista. En el Cafetín se reunía el grupo “Cálamo”, una serie de poetas jóvenes sesgados en 1979 del grupo “Guadiana”, al que llamaban carca y demasiado hijo del arado, del paisaje y del melón huertano (horresco referens!); en él me introdujo un compañero de tercero de BUP, el futuro poeta y colega de carrera y profesión F. J. Carretero, un melancólico gallego injertado a la fuerza en el secarral de La Mancha. En el cafetín de San Pedro nos partíamos la crisma casi todos los días jugando al ajedrez; F. J. era hijo de un juez gallego, padecía la saudade o “morriña” de su natal Pontevedra en estos soles y leía a poetas extranjeros de que yo no había oído hablar. Además, gracias a su padre y el grupo “Cálamo” tenía contactos y se enteraba de cosas como concursos, antologías, subvenciones etc... De lo que empezó a no contarme nada cuando empecé a ganar los premios de poesía de la residencia universitaria “el Doncel” y de la Asociación Marzo, de que él me había informado; entonces empezó a mostrarse algo remiso conmigo; luego llegaría su turno, cuando le editaron en la Diputación un libro horroroso, como todos los primeros, pecado que logró vencer luego en la Universidad con otro cuyo mecanoscrito original poseo en una carpeta: Interior beige con ausencia (1988); quizá sea porque conozco a su autor y sé de qué va, pero me encanta este libro y creo que es por los méritos objetivos del mismo. Lo que escribió después (Los días demorados) nunca igualó ese esplendor fruto de la represión que entonces sufría y sufríamos pero yo sé que muchos de los que guarda inéditos son bastante mejores. 

Todos esos poetas jóvenes (y bastantes más maduros), un total de dieciséis, figuran en su mayor parte en la antología Ciudad Real: poesía última (C. Real: Diputación, 1984) que tuvo dos ediciones: una sin F. J. y otra con él y otros autores (1985). El promotor del elenco fue José M.ª González Ortega (1958), uno de los que figuraban en el primer repertorio, que él seleccionó y maquetó y había conseguido financiar de la Diputación, vendiéndoles el cuento de la novedad y tal, al margen del grupo Guadiana, que odiaba; yo no figuraba entre otras cosas por cuestiones de registro civil: yo no había nacido aquí, aunque mis padres fueran manchegos (cualquier pijada de estas sirve para excluir) y había vivido más en estas tierras que otros que se fueron a vivir fuera. La mancheguitis en González Ortega era igual que la de sus odiados guadianeros y, en eso no se distinguía demasiado de ellos pese a lo cual incluyó a los levantinos Pillet y Cañigral y Carbonell y al pacense Gutiérrez. Más tarde, en 2009 volvió a publicar una antología de quince poetas ciudarrealeños (Detrás de las palabras: Posguerra y Transición en la Poesía de Ciudad Real, Almud, 2009).
Los autores  incluidos en la primera edición fueron dieciséis, a los que se llamaba "posnovísimos": María Alcocer, Joaquín Brotons, P. Antonio Callejas, Dionisio Cañas, Luis de Cañigral, Raúl Carbonell, el “sensista” Miguel Galanes, Federico Gallego Ripoll, Pedro Antonio González Moreno, José M.ª González Ortega, Antonio Gutiérrez, M.ª del Prado de Juan Lérida, Lorenzo Martín del Burgo, Jesús Martín, José Luis Mora Cuesta y Felix Pillet Capdepon. La segunda añadía dos autores más: F. J. Carretero y Maricarmen Matute. Muchos de estos eran socialistas (Martín, Pillet, por lo que sé), profesores de universidad (Cañigral, Cañas, Pillet) médicos (Alcocer, Callejas), profesores de literatura de instituto (González Moreno, Mora, Galanes, Martín del Burgo) o actores (González Ortega, Gallego). Cuando ha pasado ya tanto tiempo los únicos valores líricos sólidos que han quedado de esa panoplia son Federico Gallego Ripoll y Pedro Antonio González Moreno; todos los demás pueden, en todo caso, tenerse por escritores estimables; la poesía de Cañigral, a la que dediqué un estudio bastante completo, es, sin embargo, un refinado juego cultural, pero que se agota en sí mismo y no ha tenido continuidad (que yo sepa); los otros autores son más irregulares y, aunque puedan tener algún momento de brillo, padecen con más continuidad caídas del tipo “publicar por publicar”, pues si hay algo que debe imponerse un sacerdote de la lírica es respetarla y no adocenarla. Otros, sencillamente, no pueden llamarse poetas, sino críticos (Cañas, Cañigral, Carbonell, Galanes, González Ortega) o prosistas (Alcocer, Pillet). O permanecen inéditos todavía (J. F. Carretero Zabala). 

domingo, 31 de enero de 2016

La vergüenza nacional

No es una película de Berlanga, porque murió antes de rodarla, pero la estoy viendo todos los días: la "echan" por televisión con una regularidad pasmosa, que no termina de aburrir porque no termina de terminar; describe el imperio austrohúngaro y recolector (saqueador dirían ellos) del Pepé y sus cacerías de zorros con coleta por el coto público. Además, se ven grandes cenas en que no se ponen bermejos, o como se dice en vulgazo rojos (no procede) ni morados (no cuela) ni verdes (contaminan como puercos), pero sí negros, porque las cenas que les pagamos son una merienda de negros a costa de las tarjetas black que han hecho crack los presupuestos familiares (si no los salvaran los superabuelos de siempre, que andan por ahí con cinturones de cuerda y como inspectores de obras).

La vergüenza nacional es el PP y su lameculismo de las generosas mitades de la Merkel, que ha resultado ser mejor persona que el mismo Rajoy y admite más refugiados que los ricos vergonzantes de su cotarro. Les llamaría pordioseros después del rescate, pero lo que han resultado ser es porbolsilleros, aunque alguno les diría porculizantes. Si Rus no pudiera robar tendría que pedir por caridad para coches, lujos y putos. Las agrupaciones criminales del pepeísmo se están haciendo una ética de no tener ética y una vergüenza de no tener vergüenza. Un mundo al revés, un adynaton, vaya, como el de la sátira grecolatina. "Por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas". Van con la mentira por delante y hay que oírlos al revés, como las palabras del Demonio. Seguro que poniendo al revés las grabaciones de Rajoy no se oyen los graznidos de las gaviotas, sino la voz del Padre de la mentira (que es uno de los títulos que se autoconcede Satanás, según el demonólogo y exorcista padre Fortea, quien, por cierto, acaba de publicar un interesante "Tratado sobre almas perdidas").

La hamartia o error trágico de este sainete del pepeísmo es su codicia insaciable, el "Con usura" de Ezra Pound. Al momento que los coletas vienen a un ayuntamiento, como el de Madrid, el engorde artificial del ganado / presupuesto empieza a enflaquecer y a padecer una anemia perniciosa, una anorexia fuera de madre y la deuda pública empieza a bajar y a bajar hasta lo escandaloso, cuando lo normal en un saludable régimen pseudodemocrático es que engorde y suba, suba y suba hasta las estrellas y más allá (In a fellowless firmament, diría Walter Foss) para solaz de unos pocos. Da igual quien sea: si es el PSOE engorda, si es del PP también. Son unos adoradores de los números, a los que habría que recordar lo que dijo un economista de Bolaños (que es ser mucho economista), uno de esos manchegos tan eminentes como olvidados: "La estadística sirve para aliviar el sufrimiento humano". El sufrimiento humano, eso que no quieren oír en el PP.

sábado, 30 de enero de 2016

Michelle Jenner, Epigrama de la mujer imperfecta

Mujer. Imperfecta. Toca hacer fotos.. ¡Hay que prepararse! Depílate. Eres imperfecta. Todos esos pelos no deberían estar allí. En la cabeza sí, nunca tendrás suficiente. Hoy tocan fotos. Tu compañero está listo en dos minutos. Él es un hombre, no necesita todo eso, es guapo tal y como es. ¿Tú? Puede que en hora y media estés presentable. Ya sabes, eres mujer, imperfecta. Tapa la ojera, unifica la piel, oculta ese vergonzoso grano, ¡ay esa arruga!, pinta la ceja, pon más pestañas en las pestañas, rízalas con un instrumento de tortura, más eye-liner para marcar el ojo, colorete, boca perfecta, iluminador en las zonas estratégicas, rimmel como si no hubiera un mañana. El pelo, tan lacio y tan sin gracia... Más volumen, más bucles, más extensiones, más más. Ahora sí, ya te ves un poco mejor. Porque lo necesitas, porque lo quieres. Porque te sientes imperfecta. La ropa. ¡Qué pecho tan pequeño! ¿Eso es celulitis? Algo que sea sexy, femenino, sofisticado, y por supuesto lo más incómodo posible. No importa si hace frío. Y tacón, que eres bajita y hay que estilizar. Da igual si estás a punto de caerte o te sangran los pies. Eres mujer, imperfecta. Ahora sonríe, natural. Ahora mira esa revista: "Nos gustan las mujeres reales", pero esa no, que tiene celulitis y es horrible. Aquella tampoco, ¡has visto qué dedos de los pies!, y esa de ahí tiene el culo un poco caído. Cómo puede ser que no le dé vergüenza salir así. Pero, eh, nos gustan las mujeres reales. Quiérete tal y como eres. Pero no tengas ojeras, ni arrugas, ni pelos donde no toca, ni grasa, ni tetas pequeñas, ni muchos años (si los tienes que no lo parezca), ni un culo muy grande ni muy pequeño, ni uñas mordidas, ni, ya puestos, demasiadas ideas. Pero quiérete. Y mañana trabajas y te levantarás hora y media antes por voluntad propia porque tienes que depilarte, maquillarte, peinarte, vestirte. Porque así te ves bien, y guapa, y femenina. Porque tú lo quieres. Porque si no lo haces te sientes desnuda, rara, fea, mal. Porque así te sentirás un rato como se supone que deberías ser. Porque no sabes ni por qué ni cómo pero lo llevas grabado hasta el tuétano. Porque eres mujer. Imperfecta

viernes, 29 de enero de 2016

Los mejores tangos instrumentales

Muchos genios se echan a perder porque no encuentran el instrumento que les saque su mejor expresión; Astor Piazzolla tuvo la fortuna de hallarlo en un instrumento despreciado y arrojado a las afueras de lo distinguido: el bandoneón.


Ya lo expresó el Gordo: "¿Cómo dicen que me fui si siempre estoy llegando?" Puros tangos salidos del Infierno. Pasión urbana, nostalgia de la mala, y el perfume y poesía de lo dañado, perdido y fatal.

El exciudadano de ninguna parte

De La leyenda de la ciudad sin nombre. La traducción de la canción es mía.

-¿Te marchas, Ben?
-No.
-Yo tampoco... Creo que hay dos clases de gente en el mundo. Los que se marchan y los que se quedan. ¿No es cierto?
-No, yo no lo creo.
-Pues... ¿qué crees tú?
-Pues que hay dos clases de gente. Los que van a alguna parte y los que no van a ninguna. ¡Eso sí que es cierto!
-Hum. No estoy de acuerdo, Ben.
-Porque no sabes de qué demonios estoy hablando. Soy un exciudadano de ninguna parte... A veces echo de menos mi hogar.

Nací bajo una estrella errante,
nací bajo una estrella errante.

La mula se hizo por cargar
la rueda se hizo por rodar
y nunca vi estar a nadie
mucho mejor mirando atrás.

Nací bajo una estrella errante,
nací bajo una estrella errante.

Los llanos te pueden secar
el barro te puede aprisionar,
la nieve te quema la vista
y la gente solo te hace llorar.

Para escapar en pos de sueños
se ha hecho todo hogar,
para ir en pos de sueños
que, con suerte, no se harán.

Nací bajo una estrella errante,
nací bajo una estrella errante.

¿Dónde sé que está el Infierno?
En un “hola” siempre está,
y el Cielo está en un adiós
que será siempre jamás,
que ya es hora de marchar.

Nací bajo una estrella errante,
para errar, errar, errar.

(Coro)

Los llanos te pueden secar,
el barro te puede aprisionar,
la nieve te quema la vista,
y la gente solo te hace llorar.

Para escapar en pos de sueños
se ha hecho todo hogar,
para ir en pos de sueños, 
que, con suerte, no se harán.

Nací bajo una estrella errante,
nací bajo una estrella errante.

Cuando me marche hacia el cielo
a un árbol me habréis de atar
o lucharé y sabréis
donde es cierto iré a acabar.

Yo nací bajo una estrella errante
para errar, errar, errar.

Dios

Christ Stefanick:

Si tu Dios te permite hacer cualquier cosa que quieras, entonces tu Dios eres tú.

jueves, 28 de enero de 2016

El IV Centenario de la muerte de Cervantes, una vergüenza

AÑO CERVANTES
“Que los ingleses se queden a Cervantes; lo tratarán mejor”
Jesús Ruiz Mantilla, "Los escritores y académicos critican la inacción del Gobierno ante la conmemoración el IV Centenario de Cervantes", en El País  28 ENE 2016

El retraso en el anuncio de estrategia y programa respecto al año Miguel de Cervantes ha provocado una catarata de reacciones de indignación. Escritores y miembros de la Real Academia Española (RAE) se muestran decepcionados, escandalizados y dolidos ante la falta de información, los retrasos y la escasa ambición de miras respecto al autor del Quijote. La Comisión del Año Cervantes, es decir, 2016, cuando se cumplen 400 años de su muerte, no ha anunciado ninguna iniciativa, lo que ha levantado protestas en el ámbito de la creación y el mundo académico.

Javier Marías, escritor y miembro de la RAE:

“Hace algunas semanas escribí un artículo titulado Reino de los muertos. En él denunciaba el olvido e ingratitud con el que en España hemos tratado a nuestras mejores figuras y particularmente a los que han muerto. No me extraña. En los últimos tiempos, a ninguno de los partidos políticos que han concurrido a las elecciones se les ha escuchado hablar de cultura. Este olvido respecto a Cervantes puede deberse a que en los últimos años se han celebrado sucesivas conmemoraciones, aunque hayan pasado sin pena ni gloria. Durante los años ochenta y los noventa pareció que íbamos a prestar más atención a estas cosas, pero compruebo que hemos vuelto al desdén, al olvido, a la injuria y en estos últimos cuatro años a una hostilidad equiparable a la que existió hacia el mundo de la cultura en la época del franquismo. No me lo acabo de explicar”.

Arturo Pérez Reverte, escritor y miembro de la RAE:

“Todos los últimos Gobiernos españoles han despreciado la cultura; pero el actual la agrede directamente”.

SHAKESPEARE VIVE Y LO CELEBRA

Cuatro siglos después de su muerte, Shakespeare sigue vivo y el British Council lo va a celebrar en España con el programa Shakespeare Lives, en el que danza, cine, debates, exposiciones y, por supuesto, teatro acercarán su figura.

La Royal Opera House se ha asociado con el British para retransmitir en directo las obras de esta temporada en cerca de 100 cines. El público podrá disfrutar de clásicos como Romeo y Julieta o del estreno mundial de Frankenstein, de Liam Scarlett.

En la Biblioteca Nacional la exposición Shakespeare en toda letra mostrará ejemplares de las primeras traducciones de El Bardo al castellano, catalán, euskera y gallego.

Uno de los momentos cumbre llegará el 23 de abril con la retransmisión del montaje Hamlet, con la actriz Maxine Peake (La teoría del todo) como protagonista.

Manuel Gutiérrez Aragón, cineasta, escritor y miembro de la RAE:

“Me he enterado por el EL PAÍS de que la conmemoración de Cervantes estaba en pañales. La verdad es que a estas alturas confío más en la voluntad de los maestros y profesores que en cualquier otra cosa. Así empezamos a leer el Quijote, poco a poco y con cariño, gracias a los enseñantes. En los últimos tiempos parece que ha habido una persecución a las humanidades y a la enseñanza en profundidad. ¿Qué quiere que le diga? Esto debe ser cosa de todos los días y no de unos fastos efímeros. Seguramente lo mejor es contar con la radiotelevisión pública, ¿aún existe?”.

Soledad Puértolas, escritora, miembro de la RAE:

“Es un signo de nuestra incapacidad tanto de visión y valor cultural como económica. Somos un país, primero, que no ha podido encauzar bien la educación y la cultura. Pero tampoco sacar rentabilidad en términos de valor económico a estos fastos. Hay miopía en esos asuntos. Creativamente, además, en relación a Shakespeare, si con el inglés culmina una época con el español comienza toda una era en la narración a nivel universal”.

Javier Cercas, escritor:

“Como cualquier persona, medianamente sensata, no creo que estas cosas en España sirvan para lo que tienen que servir. Si tuvieran que ser de ayuda para algo, lo que está ocurriendo respecto al retraso de la conmemoración, me parece normal: un ejemplo del desprecio que las élites de su tiempo sintieron por Cervantes y más concretamente por el Quijote. Esto me ha resuelto una duda. Me había preguntado muchas veces si los españoles nos merecíamos a Cervantes. Ahora ya sé que no. Es más: que los ingleses se queden a Cervantes; lo tratarán mejor. Lo prefiero. Fueron ellos antes que nadie quienes pusieron en valor el Quijote y lo utilizaron como referencia de lo que consideraron la primera novela moderna”.

Andrés Trapiello, escritor:

“Aparte de la indecencia de nuestros gobernantes, resulta todo un síntoma en un país que parece más entretenido en destruirse que en construirse. Pero también da cuenta de una encuesta del CIS de 2015 que revelaba que sólo dos de cada diez españoles admitían haber leído el Quijote. Las últimas grandes celebraciones en torno a esta obra datan de hace 100 años, cuando formaba parte de la vida nacional. En Reino Unido, Shakespeare está presente en los colegios, en los teatros, con un lenguaje actual, mientras que en España resulta ajeno a nuestros contemporáneos. En vez de dedicarnos a desenterrar sus huesos, los de un cuerpo muerto, deberíamos prestar atención a su obra, que es lo realmente vivo”.

miércoles, 27 de enero de 2016

Los mansos españoles

"Si es de aquí, no va a ninguna parte" es el paradójico endecasílabo que nos define y nos mata. El español, sea lo que sea lo que designe esta palabra, siempre ha sido servil y mansurrón. Cualquiera que eche una mirada atrás a su historia y su cultura no parará de ver hitos de domesticidad por un camino ancho y real. No hizo revolución alguna, no aportó nada a la evolución social, más bien se empeñó en retrasarla y, de haber sido posible, la habría destruido. Cuando intentó hacerla, descreyó de ella, la perdió o la transformó en una involución, tanto desde el punto de vista social (Comuneros, 1812, 1820, 1868) como cultural (fracaso del Renacimiento, de la Ilustración, de la Institución Libre de Enseñanza, del Regeneracionismo). La literatura no hace sino confirmarlo. Ese "buen vasallo" que era el Cid, siempre en busca de un "buen señor" a quien "servir", se postraba ante el rey en sumisión rastrera, incluso mordiendo las yerbas del suelo como una oveja:

Las yerbas del campo a dientes las tomó (v. 2022)

Pese a lo cual prefiero a un militar como el Cid, amigo del mudéjar "moro de paz" (así lo llama el cantar de gesta) Abengalbón, que a uno de sus admiradores que nunca se lo leyó, F. F., más amigo de otro tipo de moros. El Cid nunca se habría levantado contra la autoridad, como un vulgar matón, delincuente, sinvergüenza o pepeíta saqueador. Si hubiera visto a una fiera, la habría conducido a su jaula como condujo al león. Era una época con sentido del honor, no con lo que había entonces y vuelve ahora, gracias principalmente al pepeísmo y a los psoeteros. 

Poco tiempo después, en España empezó a ser una heroicidad hacer lo correcto (véase Quijote). El Siglo de Oro es el cierre de una época, no anuncia Nada. Porque Nada debe Europa después a esta España mariana, obediente, senequista, esclava, servil, "amante de su rey", como decía Vives, si mal no recuerdo, uno de tantos exiliados de mala gana, como Blanco White o nuestros manchegos Juan Calderón y Félix Mejía. Porque nuestro país expulsó siempre a todos sus herejes, heterodoxos, perfeccionistas, anticorruptelas o simplemente gente estudiosa a Europa y América y siempre dejó en su seno a lo más tontaina, paleto, vulgar, pueblerino, servil, pesetero y sin idiomas (que eso de los idiomas desnaturaliza mucho). Ahora buscan un rector para su poco universal universidad, donde son escasísimas las cátedras conferidas a extranjeros. Es "natural", o aldeano, si prefieren: si nuestros valiosos se hubieran quedado habrían terminado en humo o se habrían quedado en los huesos por consunción, hambre o ninguneo, o con tiro de gracia entre ceja y ceja, que en España solo ofende lo que hay de cejas para arriba. Porque el nacionalismo unicista y desintegrador, al modo que aquí se entiende, siempre ha sido un buen fuego para consumirnos, hasta el punto de que lo que queda de España es solamente eso: cenizas.

El pueblo español es esos palurdos que se ofrecieron a tirar del carromato de Fernando VII como burros (y tal vez lo eran), queriendo significar a su entrada en Madrid cuánto se alegraban de volver a ser serviles tras la Constitución de Cádiz. En España nunca hubo un socialismo que llegara verdaderamente al poder porque lo usurparon pijos como el hermoso Barreditas de Famosa; pero también porque aquí todo el pueblo era de derechas, con coletas, moños o tirabuzones, y más papero y pepero que el papa, porque de la papa se come y del Pepe se pilla que es la repepera. 

En noviembre de 1976 solo hubo un pueblo en toda España que votó por perpetuar el franquismo, y era manchego: Consuegra. En todo el epigastrio de Castilla-La Mancha. Un lugar hundido a los pies de castillos en el aire y molinos de viento por lo más alto. Sobre este hecho escribió un hermoso libro la periodista Mariángeles Arazo, El libro negro de Consuegra (Madrid: Sedmay S. A., 1977), que, para variar, he comprado por un euro en una librería de viejo (es el único lugar donde encontrar la España real). Qué miedo tenían los del pueblo, a quienes llama la autora chuscamente, tomándolo del periodista Cándido, "los últimos de Consuegra". Un miedo que crea más mentiras, sistemas delirantes, mariconerías e idioteces que un seminario conciliar,  un sistema para grabar hombres como si fueran discos de vinilo hasta que se rayan o se vuelven santos. Frases de los consaburenses: "Mi única doctrina es vender: terminar de pagar el chalet y que no nos falte de nada... ¡Que me vengan ahora con el socialismo ese!". Viene una espectacular imagen de un monumento con los nombres de 69 religiosos fusilados del bando que empezó la guerra... y ninguno, como ocurre en toda España, a los fusilados demócratas antes y después de la guerra por el bando vencedor. Y paro de escribir. Hay tanto que escribir...

Cuarto artículos cervantinos

I

Francisco Rico, "Un libro divertido y sencillo. El éxito editorial del Quijote no tiene parangón en la historia de las letras europeas", en El País, 27-I-2016:

El éxito editorial del Quijote no tiene parangón en la historia de las letras europeas. La colección canónica del teatro de Shakespeare, el First Folio de 1623, se reimprime nueve años después y no reaparece hasta 1663; en el ínterin, tampoco se publican sino tres obras sueltas, contempladas ya como antiguallas del “old Shakespeare”. En todo el siglo XVII, el escritor ‘nacional’, el poeta italiano por excelencia, es todavía Petrarca, y la Commedia dantesca se asoma a las prensas sólo tres veces.

El Quijote no ha conocido eclipses similares. En sus dos primeros decenios rozó la veintena de ediciones; entre 1625 y 1635 sufrió en Castilla el veto general de estampar novelas y comedias, pero siguió viendo la luz en las traducciones, y desde entonces apenas ha pasado año sin ser impreso, una o muchas veces, en español o en otras lenguas y sin que su valoración dejara de caminar in crescendo. Si Lope de Vega lo juzgaba indigno de merecer unos versos de elogio, con el tiempo se ha vuelto común, casi trivial, otorgarle la etiqueta que Cervantes asignó a otra novela española: “el mejor libro del mundo”. Así lo saludan ya en nuestro milenio encuestas de The New York Times y EL PAÍS, el Club del Libro noruego o The Guardian, avalados por escritores y críticos del máximo prestigio

Cuál es la clave de tan buena estrella no creo que nadie pueda averiguarlo con certeza. El aprecio para una obra de ficción lo consigue el autor con procedimientos literarios, pero la regla general es que el lector no lo conceda por razones literarias, sino, digamos, humanas, del mismo género de las que lo mueven a estimar otras realidades no literarias. Quizá va por ahí la pista más segura para explicar la fortuna universal del Quijote: la fascinación que produce la figura del protagonista (con la silueta de Cervantes al trasluz), siempre radicalmente inverosímil y absolutamente natural. Según la temprana descripción de Guillén de Castro, el héroe despierta inevitable e inseparablemente “lástima y amistad”. El caballero andante loco, desaforado, grotesco, y el Alonso Quijano lúcido, sensato e irreprochable, suscitan idéntica simpatía, y el deleite que provoca la novela consiste notablemente en el ir y venir del uno al otro, entre las acciones nacidas de la locura y las palabras inspiradas por la lucidez. Otro tanto cabría decir de Sancho, y también glosarlo indefinidamente.

El Quijote no ha conocido eclipses en su divulgación. La clave de su estrella no se sabe a ciencia cierta

El Quijote es muchas cosas, que cada época ha valorado en diversa medida. El lector moderno tal vez se impacienta con la novelita pastoral de Cardenio, pero no otro fue el episodio que Shakespeare se complació en escenificar en un drama ¿perdido? No obstante, por encima de contener todas las posibilidades de la futura narrativa, es en primer término una historia cómica, un libro que siempre se ha juzgado enormemente divertido. No faltan la ironía y el gracejo apacible, pero no nos engañemos: el suyo es principalmente un humor de sal gruesa, de slapstick, bromas pesadas, garrotazo y tente tieso. En tal elementalidad, como de dibujos animados, radica considerablemente la excepcional acogida que se le ha dado a lo largo de cuatro siglos. Vale la pena recordar, con el gran Leo Spitzer, que “en Europa Don Quijote es ante todo un libro para niños”.

En línea con esa comicidad primaria está la evidencia de que la novela “es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella”, nada que no se comprenda en seguida: “los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran” (II, 3). El testimonio de Sansón Carrasco parece convincente: si la obra de Cervantes ha sido “tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes”, tiene que ser muy transparente y muy sencilla. En la acción, ni raras enseñanzas ni mensajes trascendentes. Las moralejas y las disquisiciones teóricas son uniformemente las de un sentido común que nadie en sus cabales puede rechazar y a nadie disgustar.

Et pourtant... Sin embargo, en ningún otro libro se ha hallado, como apuntaba Ortega, “tan grande poder de alusiones simbólicas al sentido de la vida”. Conviene aquí tener presente que el Quijote es un texto y es un mito, independiente del texto, no sujeto a él, y que hoy resulta casi imposible abordarlo sin falsillas previas. Las más pertinaces las fijó el romanticismo alemán: el tema de la obra, definía Schelling, es “la lucha de lo real con lo ideal”. ¿Por qué no? A mí me gusta lucubrar que El Quijote ilustra en grado soberano un aspecto esencial de la condición humana: vivir contándonos a todo propósito historias sobre nosotros mismos que se enfrentan con las limitaciones y condicionamientos de las circunstancias. Refútelo quien quiera. Porque, como fuere, la invitación a ir más allá de la letra, y aun a postergarla, forma parte de la grandeza y la vigencia del Quijote.

II

Andrés Amorós, "50 preguntas básicas para acercarse a la obra", en El País, 19-XII-2004:

Cervantes llevaba 20 años sin publicar cuando sacó el 'Quijote'. La obra tuvo un éxito inmediato y enorme. A los dos años ya fue traducida al inglés.

01 ¿Quién escribió el 'Quijote'?

Miguel de Cervantes. Lo del "historiador arábigo" Cide Hamete Benengeli es sólo un marco literario para dar complejidad a la historia, un juego: Cervantes inventa al narrador; éste, a Alonso Quijano, que inventa a Don Quijote, que inventa a Dulcinea…

02 ¿Existe un retrato de Cervantes?

Ninguno de los que se han creído es fiable, ni el que preside el salón de la Real Academia. Su autorretrato lo hace él en el prólogo de las Novelas ejemplares: "Éste que veis aquí, de rostro aguileño…". Y en toda su obra.

03 ¿Es la obra de un hombre maduro?

Cervantes tenía casi 58 años cuando salió la primera parte; en aquella época, una edad avanzada. Llevaba 20 años sin publicar; por eso, entre otras cosas, sorprendió tanto su novela.

04 ¿Era un hombre muy culto?

Tuvo cierta educación humanística y le influyó mucho la estancia en Italia. Era gran lector: "Yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles".

05 ¿Fue feliz la vida de Cervantes?

No demasiado: fue cautivo en Argel, tuvo siempre dificultades económicas y problemas con la justicia; intentó pasar a América, pero no le dieron permiso…

06 ¿Escribió el 'Quijote' en la cárcel?

Así lo dice en el prólogo de la primera parte: "Se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento". Pero quizá es sólo una metáfora del mundo o alude a lo que le enseñó esa experiencia.

07 ¿Podemos visitar hoy La Mancha de Don Quijote?

Pueden visitarse molinos de viento en Campo de Criptana, Alcázar de San Juan o Consuegra; la presunta casa de Dulcinea en El Toboso; la cueva de Medrano, en Argamasilla de Alba, y la de Montesinos; ventas en Puerto Lápice; el parque natural de las lagunas de Ruidera… Todo esto nos ayuda a evocar las aventuras del caballero.

08 ¿Coincide cronológicamente con Shakespeare?

Murieron los dos en la misma fecha: 23 de abril de 1616. Pero no era el mismo día: en Inglaterra y España se usaban distintos calendarios.

09 Sancho Panza, ¿es un ignorante o un sabio?

Es tan complicado y sutil como Don Quijote: utiliza su locura para engañarle e inventa dos veces a Dulcinea. En sus juicios muestra una auténtica sabiduría popular, con buen sentido práctico e ingenio natural, todo verosímil en alguien de su condición.

10 ¿Qué significó para él Avellaneda?

En 1614, un año antes de que apareciera la segunda parte, publicó él su continuación apócrifa. No se sabe quién fue este escritor. Cervantes se queja amargamente, pero la publicación del libro de Avellaneda le hizo acelerar la conclusión de la segunda parte, en la que le desmiente varias veces.

11 ¿Usa cautelas e hipocresías en su novela?

Muchas; de no hacerlo así, un espíritu tan libre como Cervantes hubiera tenido grandes problemas en aquella España.

12 ¿Qué comen Don Quijote y Sancho?

Lo que se comía en la época: pan con queso y vino; bellotas y avellanas; tocino (comerlo demostraba que se era cristiano viejo), vaca y carnero; cebollas y ajos; gigote (carne picada), salpicón, duelos y quebrantos… El plato nacional era la olla. En la novela se han encontrado hasta 150 formas de preparar los alimentos.

13 ¿Se basa en algún modelo real?

Se han propuesto varios, con el apellido Quijada o Quijano, o personajes trastornados por la lectura. Todo esto no importa demasiado; lo que interesa es lo que realiza artísticamente Cervantes, tenga en cuenta o no esos antecedentes.

14 ¿Es una parodia de las novelas de caballerías?

Sí, pero eso sólo es el punto de partida, el trampolín desde el que se lanza a una historia trascendental.

15 ¿Existieron realmente los caballeros andantes?

En los siglos XIV y XV recorrían Europa muchos caballeros andantes reales, en busca de fama y fortuna. A la altura de 1605, Don Quijote es ya un anacronismo viviente.

16 ¿Tuvo clara desde el principio la estructura de la novela?

Quizá no. Se ha supuesto que pensó primero en escribir una novela corta. Parece claro, en todo caso, que fue madurando su novela al tiempo que la escribía.

17 ¿Es mejor esta novela que las otras obras de Cervantes?

A enorme distancia, aunque él soñó siempre con ser poeta, y detalles de su genialidad se advierten en toda su obra; sobre todo, en los Entremeses y las Novelas ejemplares.

18 ¿Cómo era España cuando se escribe el 'Quijote'?

A comienzos del siglo XVII (reinado de Felipe III), España está pasando de la grandeza del imperio a su decadencia: crisis política, económica, militar y espiritual. "Cervantes, como Don Quijote, es un hombre capturado entre dos mundos, el viejo y el nuevo" (Carlos Fuentes).

19 ¿Refleja esta novela la situación española de su tiempo?

Como toda gran novela, es un documento único para entender la sociedad: los paisajes, los caminos, la vida cotidiana, oficios, fiestas… Y, sobre todo, el sistema de valores y creencias.

20 ¿Aprobaba Cervantes la expulsión de los moriscos?

Tiene muchísimo cuidado de no criticar expresamente esa expulsión (1609), pero no comparte sus motivos y retrata con simpatía al morisco Ricote, al que abraza Sancho, y que suspira por su patria perdida: "Doquiera que estamos, lloramos por España".

21 ¿A qué tipo de lector va destinado?

A cualquier lector, no a los cervantistas ni a los profesores. Cada uno lo apreciará de modo distinto, ya lo sabía Cervantes: "Los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran".

22 ¿Lo pueden leer los niños?

Es una vieja tradición que los niños españoles se vayan familiarizando con el personaje y sus aventuras; naturalmente, en versiones abreviadas y con lenguaje modernizado, para evitar su rechazo. En todo caso, sólo entenderán de verdad la novela cuando sean adultos.

23 ¿Cuántas salidas realiza Don Quijote?

Tres; en cada una, parte de su aldea para volver a ella. La primera dura sólo dos jornadas. En la segunda recorre La Mancha hasta Sierra Morena. En la tercera cruza el Ebro, pasa unos días con los duques, "a la mitad del reino de Aragón", y llega a Barcelona y al mar.

24 ¿Pertenecía Don Quijote a las clases privilegiadas?

Era un hidalgo, el escalón más bajo de la nobleza; tenían algunos privilegios y presumían de su honor, pero solían tener un modesto pasar, cercano a veces a la pobreza.

25 ¿Cuál es el "lugar de La Mancha" donde vivía Don Quijote?

No se sabe: se ha supuesto que podría serlo Argamasilla de Alba, Argamasilla de Calatrava, Mota del Cuervo, Esquivias… La novela es, en esto, voluntariamente imprecisa.

26 ¿Destruye el ideal?

No lo destruye, sino que lo depura, defendiendo en plena edad moderna los mejores valores de la caballería medieval: defensa de los débiles, culto al valor y la honra, fidelidad a su dama… Llamamos hoy 'quijotismo' a la defensa de los principios morales más elevados

27 ¿Está loco Don Quijote?

La lectura de los libros de caballerías le hace confundir la realidad con la imaginación, pero, fuera de esos temas, tiene un excelente criterio. Su locura es un recurso que usa Cervantes para expresar "cierta idea del vivir humano" (Américo Castro).

28 ¿Y se comporta de verdad como un héroe?

Afronta heroicamente reales peligros; por ejemplo, al enfrentarse a los feroces leones: "¿Leoncitos a mí?".

29 ¿Son opuestos Don Quijote y Sancho?

En principio, sintetizan dos modos de ser opuestos; en realidad, son complementarios. A lo largo del relato se contagian; Don Quijote se sanchifica y Sancho se quijotiza (Madariaga).

30 ¿Existió Dulcinea?

Sí existió para Don Quijote, y eso es lo que importa: "Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica".

31 ¿Qué personaje secundario es retratado con más simpatía?

Don Diego de Miranda, el "santo a la jineta", que encarna las mejores virtudes del erasmismo y la sabia moderación.

32 ¿Escribe bien Cervantes?

Escribe maravillosamente, utilizando, según los personajes y las situaciones, una gran variedad de estilos. Su ideal estilístico lo dice maese Pedro: "Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala".

33 ¿Son importantes los diálogos?

Son uno de los mejores aciertos de la novela. Los personajes quedan perfectamente caracterizados al hablar; sobre todo, Don Quijote y Sancho: "Las almas se desnudan hablando" (Dámaso Alonso).

34 ¿Por qué intercala otras historias?

Para conseguir variedad dentro de la unidad, de acuerdo con la estética barroca, usa todos los géneros de la novela del siglo XVI: pastoril, sentimental, morisca, picaresca, ejemplar… Pero desaparecen prácticamente en la segunda parte.

35 ¿Cuáles son los escenarios de la novela?

En general, La Mancha, Sierra Morena y el camino a Zaragoza y Barcelona.

36 ¿Es mejor la primera parte o la segunda?

Muy superior la segunda parte: el narrador no tiene dudas, aumenta el diálogo, hay menos acción, pero mayor complejidad. Además, otros personajes han leído ya la historia de Don Quijote y falsean la realidad para amoldarla a sus imaginaciones. "La segunda parte del Quijote no es literatura, como no son pintura Las Meninas" (Navarro Ledesma).

37 ¿Puede compararse a algún artista español de su tiempo?

A Velázquez, por su aceptación de la realidad plural, su respeto a la dignidad de cualquier ser humano y la sobria elegancia, sin artificios retóricos.

38 ¿Cuál es el momento más patético?

La muerte de Don Quijote, al final de la novela; al comienzo, su desconcierto cuando no encuentra sus libros, porque le han tapiado el aposento donde los guardaba.

39 ¿Es superior Don Quijote a Cervantes?

Eso es sólo una de las paradojas que le gustaban a Unamuno: obviamente, toda la grandeza del personaje la ha creado Cervantes, no le cayó del cielo sin que él lo advirtiera, como un "ingenio lego".

40 ¿Podemos reírnos leyéndolo?

Debemos reír o sonreír: el humor y la ironía son la clave del Quijote. Pero no se burla, como Quevedo, sino que salva todos los valores de los que se está riendo. Aquí, "la técnica literaria de la libertad es el humorismo" (Pedro Salinas).

41 ¿Tuvo éxito editorial?

El éxito fue inmediato y extraordinario: en el año 1605 se publicaron ya seis ediciones más, y muchos ejemplares se enviaron a las Indias. Nunca hasta entonces se había dado un caso semejante.

42 ¿Tardó en ser traducida a otros idiomas?

Muy poco: al inglés (1607), al francés (1614), al italiano (1622), al alemán… Después de la Biblia, no hay otro libro en el mundo tantas veces editado, traducido y comentado.

43 ¿Fue entendido bien en su época?

Durante los siglos XVII y XVIII se leyó sólo como una obra cómica. A partir del romanticismo europeo se reconoció su valor trascendental.

44 ¿Ha influido fuera de España?

Enormemente. Así lo dicen los narradores ingleses (Fielding, Smollet, Sterne), los románticos alemanes y los grandes novelistas del siglo XIX: Dickens, Stendhal, Flaubert, Galdós, Tolstói, Dostoievski… Cada época ha encontrado nuevos aspectos valiosos.

45 ¿Es una novela realista?

Sí, incluyendo el realismo "de cosas", pero, sobre todo, el realismo "de almas" (Dámaso Alonso): no nos da un documento fotográfico, sino la realidad vital, existencial, de cada personaje.

46 ¿Es la primera novela moderna?

Inaugura la gran novela moderna, que nos da una visión amplia y compleja de una realidad problemática. Se anticipa a muchas técnicas de la novela del siglo XX: perspectivismo, narrador no fiable, incorporación de la crítica, ambigüedad, equívoco… "Eso que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino y a otro le parecerá otra cosa".

47 ¿Es una obra desengañada?

Sí, nos muestra que "ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño". Lo define Carlos Fuentes: "Es la primera novela de la desilusión, la aventura de un loco maravilloso que recobra una triste razón".

48 ¿Se anticipa a Freud?

Como todos los grandes relatos, busca en el fondo del alma y descubre misterios, mucho antes de que los estudie la psicología; véase, por ejemplo, la simbólica bajada a la cueva de Montesinos. "Leyendo a Cervantes, me parece comprenderlo todo" (Antonio Machado).

49 ¿Es un símbolo de España?

Así ha sido siempre considerado: "No tuvo España mejor embajador, a lo largo de los siglos, que Don Quijote" (Carpentier). "Él es España" (Dámaso Alonso). Es la expresión de lo mejor de nuestro carácter: nuestra Biblia.

50 ¿Qué lección ética nos da?

La primacía de la ética del esfuerzo sobre la del éxito: "Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible".

III

Manuel Rodrígez Rivero, "Cervantina, cervantesca, cervanteja. En el mundo anglosajón abunda la 'marca Shakespeare', en el hispanohablante, su quijotesco personaje ha eclipsado a Cervantes", El País,  25 SEP 2015:

Leo en el TLS un simpático comentario acerca de la marca Shakespeare: el bardo de los bardos, —el primer escritor de la anglosfera—, y muchos de sus personajes y de sus motivos literarios han sido utilizados, especialmente a partir del siglo XIX, como reclamos para anunciar cosas tan dispares como tabernas, posadas, bancos, refrescos (Coca Cola ya utilizó al dramaturgo en 1927), cervezas, jabones, cigarros puros. Incluso jarabes para la tos, como cierto Transpulmin cuyo pedorrísimo eslogan onomatopéyico no me resisto a reproducirles: to cof or not to cof, that’s the cof, cof. Cervantes, su equivalente hispánico, ha tenido una suerte parecida, pero con variantes. A diferencia del de Stradford-upon-Avon, al inmortal de Alcalá de Henares lo fagocitó la más célebre de sus criaturas. Es verdad que entre los hispanos de ambas orillas es más frecuente el apellido Cervantes que el del Bardo en el mundo anglosajón (para mi sorpresa, en EE UU no hay más de 2.000 Shakespeares), incluyendo el segundo de una de mis amigas más queridas, que anda siempre metida entre joyas, relojes y peridotos; es verdad también que nosotros tenemos un Instituto Cervantes (y hasta un Víctor García de la Concha dentro) y ellos tan solo un British Council; pero también es cierto que en la publicidad abunda más lo quijotesco y sus temas y motivos que el célebre patronímico. El hidalgo y sus manías son poderosos reclamos, entre otras cosas porque en el ADN del personaje están el humor y la melancolía, dos elementos muy propicios a la publicidad y el guiño cómplice. Don Quijote está en marcas de todo el planeta: valga como ejemplo el nombre de los atrabiliarios y cutrísimos (no se los pierdan si tienen ocasión de pasar por Tokio) almacenes de descuento Don Quijote —los popularísimos Donki—, que cuentan con más de 100 sucursales en Japón (y 3 en Hawai) y en los que se puede encontrar desde unas bragas multicolor talla XXXL a un paquete de eficacísimo matarratas. Menos mal que la criatura es de dominio público y su uso es de todos (y no sólo de Paco Rico): imagínense que su marca y su merchandising estuvieran sujetos a copyright, como le pasa al pobre Mickey Mouse después de que en Estados Unidos se aprobara oportunamente una ley que alarga los derechos de Disney sobre su criatura hasta 2019. Y ya verán cómo la multinacional se las arregla para obtener otra prorroguita.

Quijotismos

En su artículo ‘Maners, Morals and the Novel’, del que existe traducción española en dos libros tan importantes como (hoy) lamentablemente inencontrables (Más allá de la cultura, Lumen, y La imaginación liberal, Edhasa), Lionel Trilling, uno de los grandes críticos norteamericanos del siglo XX, afirmaba que toda la prosa de ficción no es más que una variación sobre el tema de El Quijote. Faulkner —entre otros muchos— debía de pensar lo mismo, porque confesó que cada año leía la novela. Estas últimas semanas, y con motivo del próximo cuatricentenario de la muerte del autor, se agolpan en mi mesa varios volúmenes que vienen a aumentar mi ya abundante cervantina: además de la edición “facilitada” de mi querido Andrés Trapiello para Destino —convertida en un pequeño bestseller— y la canónica (Espasa y Círculo de Lectores) del Instituto Cervantes (también de Francisco Rico, who else?), me llega ahora la conmemorativa de la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua (Alfaguara), diez años después de la primera y esta vez con prólogo de Darío Villanueva. Al mismo tiempo, recibo la reedición de Don Quijote en el arte y el pensamiento de occidente (Cátedra), de John J. Allen y Patricia S. Finch, rebosante de iconografía de artistas de todos los tiempos, y la nueva edición —tirada especial en un tomo— de Don Quichotte de la Manche en La Plèiade, con prefacio de Jean Canavaggio, el más conspicuo de los cervantistas franceses (su Cervantes lo reedita Austral). Curioso: Ernesto Sábato afirmaba en el prólogo a la edición argentina del Ferdydurke de Gombrowicz que El Quijote se había entendido mejor en aquellos países que habían permanecido a la periferia del Renacimiento (Polonia, Rusia, Noruega), a los que la persistencia de la mentalidad preburguesa habría hecho más receptivos a la “desmesura y sinrazón” del texto cervantino. Pero no es verdad: los franceses, que empezaron leyéndolo como un libro de humor y disparate, acabaron rendidos a él. Por otro lado, y a pesar de la opinión de Nabokov, que lo juzgaba un libro cruel, existen más traducciones de El Quijote al inglés que a ninguna otra lengua, como se sostiene en el Quixote de Ilan Stavans (Norton, 2015), un entretenido ensayo sobre el héroe de la Mancha que me alivió el último e incomodísimo viaje trasatlántico en clase turista y con niño hiperactivo en el asiento trasero. Desde que aterricé no he parado de recomendárselo a mis amigos editores (aún me queda alguno, créanme), a ver si se animan.

Legionarios

Encesto en el cajón de desechables la parte menos memorable de la apabullante avalancha de libros sobre, ante, con, tras, cabe Cataluña, y me tomo un descanso mientras escucho por enésima vez, Johnnie Walker en mano, el álbum Tenor Madness (1956), como homenaje a mi adorado Sonny Rollins en su 85º aniversario. La potencia y lirismo del estupendo saxo tenor (confrontado con John Coltrane, otro gigante) no me impiden recordar, sin embargo, una anécdota chusca que paso a relatarles para aliviarles la jornada de reflexión preelectoral y preplebiscitaria. En septiembre de 1920, pocos días después de que fuera fundada la Legión, se alistaron doscientos voluntarios procedentes de Cataluña. Sobre ellos se pronunció el incontinente Millán Astray de esta guisa: “Y vino el alud de Barcelona, los doscientos catalanes, la primera esencia de la Legión, que bajaron arrasándolo todo y sembrando el pánico por el camino. Era la espuma, la flor y nata de los aventureros. Era el agua pura que brotaba del manantial legionario. ¡Bien venidos, catalanes legionarios; vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión!” Lo que es la vida.

Final

Según el oráculo Nielsen, las dos penúltimas novelas de Sir Ahmed Salman Rushdie (Shalimar el payaso y La encantadora de Florencia), vendieron entre nosotros poco más de 5.000 y 13.000 ejemplares respectivamente, y su estupenda memoir Joseph Anton, no mucho más de 2.500. Los tres fueron publicados por Random House. Me pregunto cómo se las va a arreglar Elena Ramírez, (Seix Barral, Planeta) para cubrir el anticipo de seis dígitos que, según mis topos, ha pagado (comisionista: Andrew Wylie) por llevarse a su casa Dos años, ocho meses y veintiocho noches, la última novela del escritor angloindio, que empiezo a leer (en pruebas) esta misma noche.

IV

Jesús Ruiz Mantilla, "Mucho Shakespeare y poco Cervantes", El País, 27 de enero de 2016

Los británicos se vuelcan en la celebración del cuarto centenario del bardo, mientras aún no se han presentado los fastos ni las estrategias oficiales para la conmemoración del autor del Quijote

Con mucha seguridad en sí mismo debió escribir William Shakespeare estos dos primeros versos de uno de sus gloriosos Sonetos: “Ni el mármol ni los regios monumentos son más indestructibles que estas rimas”.

Cuando 400 años después, el primer ministro británico David Cameron, lanzaba un artículo a nivel mundial para anunciar que 2016 será un año dedicado en cuerpo y alma a la conmemoración de la muerte de su autor universal, muchas reliquias que no han durado tanto pueden decir lo mismo.

Parece que no ocurre igual con el homenaje a  Miguel de Cervantes Saavedra, muerto el 22 de abril de 1616, mientras Shakespeare habría fallecido entre el 23 de abril y el 3 de mayo del mismo año. Aunque la leyenda dice que ambos murieron el 23 de abril. En España, diferentes instituciones se muestran entre ofendidas y preocupadas ante el secretismo con que se llevan las conmemoraciones de Estado. Cuando aún no se han anunciado públicamente iniciativas ni estrategias, algunos califican el debido homenaje a Cervantes de fracaso.

Poco se sabe de los trabajos de la Comisión dedicada al cuarto centenario del autor de Don Quijote. Desde el ministerio de Educación, Cultura y Deporte adelantan que próximamente se anunciarán, pero en varios círculos califican de caótico y poco efectivo su funcionamiento. La prueba es que pasado un mes, apenas nada se sabe al respecto salvo que hay 130 proyectos aprobados, de orden académico, cultural, turístico o educativo.

"El tiempo empieza a correr y la conmemoración de Estado no se conoce", asegura Darío Villanueva, director de la RAE

Desde la Real Academia Española (RAE), advierten de que llevan dos años avisando. Si director, Darío Villanueva, muestra cierta pesadumbre: “El tiempo empieza a correr y la conmemoración de Estado no se conoce mientras que con preocupación vemos como desde el Reino Unido, el primer ministro ha comparecido para anunciar los fastos del año Shakespeare”.

Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, realizó unas declaraciones en octubre de 2015 en las que alertaba sobre el retraso de los trabajos de la comisión. Desde la secretaría de Estado de Cultura mostraron su molestia. Pero cuando va a finalizar enero de 2016 y todavía no se conocen más que leves esbozos, el tiempo le ha dado la razón, pese a que en su última comparecencia para presentar el anuario del Cervantes, García de la Concha atribuyera el retraso al vacío de poder.

Un poco de previsión no hubiese resultado de más. Después de todo, un acontecimiento así puede preverse con siglos de antelación si se toma más o menos en serio. Desde la secretaría de Estado de Cultura no aportan datos económicos concretos más allá de que aplicarán fuertes deducciones de hasta el 90% a patrocinadores por tratarse de un acontecimiento especial, contemplado así por el ministerio de Hacienda. Pero desde instituciones como la RAE también apuntan que a cambio de ese trato fiscal de favor, han retirado una partida presupuestaria específica.

La comisión está formada por diversos organismos. La integran representantes de diferentes ministerios y gobiernos autónomos, así como miembros del Instituto Cervantes, la Biblioteca Nacional, el museo del Prado, Acción Cultural Española o el ayuntamiento de Alcalá de Henares.

La BBC es una de las instituciones públicas implicadas en la conmemoración, al tiempo que no existe ni rastro de RTVE dentro de la estrategia española con Cervantes

La estrategia con respecto a Shakespeare ha arrancado con toda la fuerza de penetración global de la que es capaz el Gobierno británico. El programa Shakespeare lives, anunciado por Cameron en su artículo del día 5, abarca una ofensiva internacional con acciones en 140 países. La parte específicamente española será anunciada hoy en el British Council de Madrid.

Su director, Andy Mackay, destaca que la estrategia de Shakespeare lives trata de acercar la obra del autor de Hamlet principalmente a las nuevas generaciones: “Más allá de emplear brillo de su obra como forma de conocimiento de nuestro idioma, la idea es hacerlo encajar en el mundo de hoy en torno a temas absolutamente contemporáneos, como los problemas de género, la emigración o la democracia”, asegura Mackay.

La difusión de su obra a través de los medios de comunicación –la BBC es una de las instituciones públicas implicadas en la conmemoración, al tiempo que no existe ni rastro de RTVE dentro de la estrategia española con Cervantes- y las nuevas tecnologías son algunos de los pilares del año Shakespeare. “También penetrar en barrios deprimidos y convertir su obra e inspiración en un motor de cambio social”, agrega Mackay. El encuentro entre las obras de ambos autores también será abordado en actividades conjuntas y foros como la Universidad de Alcalá o el Hay Festival de Segovia.

Mientras las comparaciones y semejanzas meramente literarias entre ambos superan cada vez con mayor fuerza la prueba del tiempo, conviene no abordar las de otra índole. Como cuenta el propio Alonso Quijano en un pasaje del Quijote: “Digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo. Ni pierdo ni gano, aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí”. Parece que por parte de la comisión del centenario, ya entrado de sobra el año, poco tienen que aportar. Así que estos meses tendremos mucho Shakespeare y poco Cervantes.

lunes, 25 de enero de 2016

Cita de Kapuściński

"Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de importar."

Ryszard Kapuściński.

¿Estaba loco don Quijote?

EL PERSONAJE, BAJO LA ÓPTICA DE LA PSIQUIATRÍA ACTUAL

Joaquín Sama "¿Estaba loco Don Quijote?", en Nueva Tribuna, 20 de Enero de 2016 

El psiquiatra Joaquín Sama explica en este artículo las principales conclusiones de un estudio en el que participaron 600 facultativos sobre la salud mental del personaje de Cervantes. 

Transcurridos más de 400 años desde que viera la luz la inmortal obra de D. Miguel de Cervantes “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”, un grupo compuesto por más de 600 psiquiatras residentes en España, participó en 2007 en un proyecto consistente en exponer sus respectivos criterios clínicos en relación a la existencia o no de algún tipo de patología mental en don Alonso Quijano, protagonista de tan singular novela.

Fruto de este trabajo bajo el título “En torno a los diagnósticos psiquiátricos de Don Quijote”, hoy tenemos recogidas las opiniones expresadas por este amplio elenco de profesionales, buenos conocedores del alma humana.

Aún reconociendo la dificultad de hacer un diagnóstico retrospectivo tras los más de cuatro siglos transcurridos desde que fuera escrita la novela, el análisis pausado y la serena reflexión puestos en esta tarea por los especialistas, han hecho posible salvar, al menos en parte, el escollo cronológico para la correcta interpretación de las peculiares aventuras y conductas del protagonista de esta obra maestra de la literatura universal.

El resultado del esfuerzo por alcanzar una razonable aproximación diagnóstica sobre el principal protagonista de la novela, constituye un valioso conjunto de consideraciones clínicas, profusamente argumentadas, que comentamos a continuación:

EL QUIJOTE NO ES UN ENFERMO MENTAL

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Para algunos, don Quijote sería un fanático en post de un ideal, a todas luces inalcanzable, que le hará sentir la infinita soledad del idealista. ¿Acaso es locura vivir de acuerdo a un ideal?
Buena parte de los expertos consultados, concretamente el 30,33 por ciento de ellos, opinó que el principal protagonista de la novela de Cervantes, el inmortal don Quijote de La Mancha, no es un enfermo mental.

Para muchos es un idealista, un ser dolido por el tedio, un excéntrico fuera de lo común, que actuaría como un loco para escapar de la aburrida y monótona vida que le ofrecía la pequeña población manchega donde nació; para otros, don Quijote sería un transgresor social, un luchador por las libertades y la justicia, políticamente incorrecto, que al final de sus días llega a sentir con pesimismo la derrota de los ideales. Todos tenemos dentro de nosotros algo de Quijotes y no por ello estamos alienados.

Para algunos, don Quijote es un humorista, alguien que ha tomado conciencia de su parte inútil y superflua, y se complace por ello. Para otros, don Quijote es un inconformista, el arquetipo del revolucionario anónimo que toma partido en solitario contra las injusticias sociales. Incluso podría tratarse de un mitómano, excéntrico y algo chiflado, a quien se le va la cordura en algunos momentos, pero conserva el sentido de la realidad en lo fundamental.

Hay quien ve en don Quijote una alegoría del romanticismo, un alegato de la trascendencia que tiene arriesgar la propia vida en defensa de unos ideales tan alejados de razones económicas cuando no hedonistas. Podría ser un hombre común que saca lo mejor de sí mismo tras determinadas lecturas y que se compromete a defender con tenacidad todo aquello en lo que cree.

Para otros, don Quijote sería un fanático en post de un ideal, a todas luces inalcanzable, que le hará sentir la infinita soledad del idealista. ¿Acaso es locura vivir de acuerdo a un ideal?

Desde mi punto de vista, cuando Cervantes escribe su genial novela Don Quijote de La Mancha, está narrando la biografía de un ser entrañable adornado por una cualidad que destaca sobre todas las demás: el altruismo.

quijote

En efecto. Don Quijote, tras renunciar a la paz hogareña, pone en riesgo su propia existencia en una lucha desigual contra supuestos y peligrosos enemigos, ofrece protección a su muy amada y sublimada Dulcinea, busca con ahínco deshacer entuertos y traer la justicia a este mundo, sin obtener a cambio una contrapartida cierta. ¿Acaso todo esto no es sino altruismo?

La Etología, esa ignorada ciencia que estudia el comportamiento, define la conducta altruista como aquella acción que busca mejorar las posibilidades de supervivencia de otros seres a pesar de la merma de las posibilidades de quien la ejerce. ¿Pretender mejorar las condiciones de vida de los demás, aún a riesgo de perder la propia, no es tal vez el mejor ejemplo de conducta altruista?

El altruismo, conducta que aporta estabilidad y eficiencia evolutivas, como se ha podido demostrar incluso con algoritmos matemáticos, se encuentra inscrito en nuestro código genético, existiendo tres tipos principales de altruismo: el recíproco, popularmente expresado en la conocida máxima “Hoy por ti, mañana por mí”; el consanguíneo, es decir, aquel que se siente hacia quienes comparten nuestros propios genes, y el manipulado: el que busca obtener ventajas evolutivas de un modo injusto, como sería, por ejemplo, fingir una afección médica para lograr la correspondiente prestación social.

Pues bien. ¿Qué tipo de altruismo motiva a nuestro héroe, el ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha? Sin duda, el recíproco en su expresión más genuina: deshaciendo entuertos pretende conseguir un mundo mejor, crear unas condiciones de vida que aumenten las posibilidades de supervivencia de los demás, empeño que momentáneamente merma sus propias posibilidades. En contrapartida espera alcanzar más adelante un reino y los favores de Dulcinea, es decir, la posibilidad de perpetuar sus propios genes. ¿No se cumple rigurosamente aquello de “Hoy por ti, mañana por mí”?

Que el altruismo sea una transacción no resta un ápice de mérito a nuestro héroe que, condicionado culturalmente, decide entregarse a ese comercio de favorecernos unos a otros, tan entroncado con la más pura tradición cristiana: “Amaos los unos a los otros”.

He ahí otro aspecto a destacar del Quijote, el condicionamiento cultural de su altruismo, cómo la lectura de novelas de caballerías condiciona de una determinada manera, congruente con el medio en el que vive, la forma de expresar ese impulso genético de favorecernos unos a otros. Tan intenso efecto le produce aquel tipo de lecturas, en boga por aquella época, que decide convertirse en un Caballero Andante más, como los héroes de sus novelas, para impartir justicia por los campos de Castilla, cual arrojado benefactor.

La emoción de sentirse héroe se hace tan intensa en él, que en ciertos momentos le lleva a perder el sentido de la realidad, que no el juicio. En los episodios de los molinos de viento o el rebaño de ovejas no tiene alucinaciones, sino falsas percepciones, ilusiones debidas a la intensa emotividad que pone en el empeño.

Don Quijote no es un enajenado mental, ni siquiera en sus momentos menos lúcidos, más disparatados: es, en todo caso, y solo en una parcela muy concreta de su personalidad, un fundamentalista, concepto tan de actualidad, que incluso llega a confundir la realidad exterior cautivado por los más nobles ideales.

Un amplio grupo de especialistas opina que no es factible llegar a un diagnóstico de certeza sobre un personaje de ficción, si para ello queremos basarnos en los criterios diagnósticos recogidos tanto en la Clasificación Mundial de Enfermedades (ICD-10), como en el DSM-V, manuales para el diagnóstico que, con las necesarias actualizaciones, utilizamos habitualmente los psiquiatras. El porcentaje de los que se manifiestan en este sentido es del 25,6 por ciento .

Quienes así se expresan, consideran que don Quijote no pertenece a la Psiquiatría, sino a la Literatura. La “locura” sería un decorado, un recurso técnico usado por Cervantes, cuyos objetivos son de orden literario. No procede, por tanto, hacer un diagnóstico que, además de innecesario, sería impreciso, al ser las “locuras” del Quijote recursos literarios utilizados por Cervantes con el fin de ridiculizar las novelas de caballerías, poniendo juntos a un loco y un cuerdo, que entablan un coloquio novelado entre locura y cordura.

Frente a estos dos grupos que representan el 55,93 por cien de los encuestados, hay un 41,80 % de opiniones tipificando a don Quijote con distintas clases de diagnósticos psiquiátricos, y un 2,17 % más que le atribuyen algún tipo de alteración caracterológica, como sería mitomanía, o incluso insomnio crónico.

El 15,3 % de los psiquiatras consultados considera a don Quijote como un enajenado mental, es decir, que está fuera de la realidad, pero sin llegar a concretar la clase de patología que padece. Esta falta de concreción en el diagnóstico muy probablemente se deba a que el “paciente” estudiado no es un caso real, sino un personaje de ficción que Cervantes, en su actividad creativa, nos presenta con diversas conductas alejadas de lo normal, pero sin llegar a conformar un cuadro con el suficiente número de signos clínicos englobables dentro de alguna entidad nosológica concreta.

Un 7,4 % de los especialistas opina que don Quijote de la Mancha padecía Trastorno de ideas delirantes persistentes, cuadro clínico caracterizado por la presencia de un conjunto más o menos coherente de ideas delirantes en relación a un tema, siendo dichas ideas irrebatibles mediante la argumentación lógica. El paciente está plenamente convencido de la veracidad de ellas, a pesar del claro contenido patológico que tienen.

Para un 6,6 % de los consultados don Quijote sufría Trastorno afectivo bipolar, en base a que en determinados momentos mostraba una conducta desinhibida, con excesiva exaltación del ánimo, grandilocuencia, ideación megalomaniaca, e insomnio, entre otros signos clínicos, mientras que en otros momentos su actitud viraba al extremo opuesto, mostrándose cansado, con decaimiento del ánimo, pérdida de ilusión y algún otro signo de la esfera depresiva.

El porcentaje aproximado del 12 % restante, se reparte entre diversos tipos de diagnósticos, tales como Trastorno esquizoafectivo ( 3,3 %), Parafrenia ( 2,8 %), Delirio compartido, folie a deux (2,8 %), Esquizofrenia paranoide ( 1,9 % ), Síndrome de Ganser (1,1 %) y Trastorno esquizotípico de la personalidad ( 0,6 % ).

No cabe duda que si don Quijote hubiera existido realmente y hubiese deambulado por nuestros pueblos y ciudades, a pesar del mayor nivel de tolerancia que se le supone a la sociedad actual, hubiera tenido muchas posibilidades de ser ingresado con carácter urgente en la Unidad de Psiquiatría más cercana y, tras varios días de estancia hospitalaria, se le habría dado el alta médica con su correspondiente informe y tratamiento que incluiría con toda probabilidad algún neuroléptico de última generación.

¡Larga vida, Don Quijote!