martes, 23 de diciembre de 2008

El Infierno tan temido

Hace tiempo empecé a escribir en este blog un infierno literario de cortas escenas teatrales, al estilo de los Diálogos de los muertos de Luciano de Samosata y sus imitadores europeos, empezando por Quevedo y Voltaire. Desde luego, personajes españoles y extranjeros no me faltaban, y los agrupaba por parejas antagónicas, porque tengan algo en común o por tríos. Entre los españoles, Francisco Umbral y José Luis de Vilallonga; Quevedo y Góngora; Villamediana y Lope de Vega; Álvaro Retana y Camilo José Cela, Fernando Fernán Gómez... Entre los otros, Epi y Blas, (llamo así a Epicuro y Blas Pascal); Marilyn Monroe y Rita Hayworth; no todos son del mundo de la cultura, también tengo a Jesús Gil y Santiago Bernabéu y varios otros. Escribí cuatro o cinco escenas y luego abandoné el proyecto, pero lo retomaré cualquier día de estos, si me veo con fuerzas.

Joaquín de Flora y otros raros.

Estudiando la superstición milenarista me salió la madre del cordero, el milenarista Joaquín de Flora o Gioacchino da Fiore, quien, en su tiempo, era de hecho todo un racionalista, pero cuyas ideas historicistas empezaron a remover algo que, andando el tiempo, desembocaría en la Reforma protestante. Le he escrito un artículo que faltaba en la Wikipedia. Muy curioso lo de la piedra caída del cielo contra los pies del Coloso de pies de barro del profeta Daniel. En el fondo va a resultar que... Aparte de eso, escribí otros sobre el historiador portugués Duarte Galvao y el Quinto Imperio y reformé una sobre el Sebastianismo. Tampoco había nada sobre Nemesiano o Calpurnio Sículo, sobre los que me interesé al reformar un artículo antiguo mío vandalizado sobre el subgénero lírico de la égloga. ¿Qué coño hacen los latinistas? ¿Lamerse los codos? En fin, siguiendo con mi acostumbrada afición al siglo XIX, he escrito la biobibliografía de otro raro, el viajero e hispanista angloirlandés Terence MacMahon Hughes y la de su coterráneo, el poeta Samuel Ferguson. También la del historiador de la Guerra de Sucesión Nicolás de Jesús Belando.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Ha muerto José Luis Giménez-Frontín

Ha muerto un manchego-catalán, el poeta y sobre todo hombre de letras José Luis Giménez Frontín; nadie le ha hecho ni siquiera una lápida en la Wikipedia y he tenido que ser yo quien empezara a mendigar información sobre él de aquí y allá para construirle un artículo decente en la enciclopedia de todos; no sabía de sus raíces manchegas hasta que un artículo del poeta de Alcázar de San Juan, que lo conocía bien, José Corredor Matheos, instalado en Barcelona y amigo suyo, me puso la mosca tras la oreja, aunque no decía nada de esos orígenes, el muy pícaro; sin embargo me picó la curiosidad y averigüé y averigüé sobre él y, en efecto, tiene raíces manchegas, de las que presumía en sus años antifranquistas en la universidad, al parecer. Además organizó los actos cervantinos del cuatricentenario en Barcelona, como responsable de la Fundación La Caixa, y ha escrito algunas obras de cervantista. Mi artículo ya está escrito, aquí. Descanse en paz este buen hombre y buen escritor, aunque algo disperso, quizá, muerto de un cáncer fulminante en tres semanas. Ahora será más difícil olvidarle.

Entrada número 803

Esta es la entrada 803. Supongo que me he pasado de rosca y tengo lo que se llama una grafomanía grave, gravísima. No sé, ni me planteo si me gusta escribir, esto para mí es como comer: tengo que hacerlo para vivir. Y soy un comilón, tanto que tengo que someterme a régimen para adelgazar; y como no puedo adelgazar la prosa, engordo en ese aspecto todo lo que quiero y más. Y esta entrada 803 es una puerta que da a la nada que soy yo mismo.

La salud, esa puta, o la puta salud.

La salud es una puta; o mejor dicho, es la metáfora de una puta. Me explico: todo el mundo abusa de ella, hacen lo que quieren con ella, aunque les cueste un precio, y ella se deja hacer todo y todo lo tolera. Pero llega el caso en que de repente uno llega a enamorarse de ella, se envicia, le toma cariño y, de repente, esa puta desaparece y ya no sabes dónde está, y a ver qué haces. Descubres que se ha ido al camposanto, pero no a visitar a sus muertos. Lamentas no haberla tratado mejor. Y poco después te mueres de sida o algo peor.

Y uno, que no es putero y que simpatiza con esas pobres obreras del amor, descubre que sin embargo ha tratado a su salud como a una puta, o como los anoréxicos santos la suelen tratar, pero por la vía de la privación. Y he aquí que llevo tres días con ganas de vomitar. Eso de las ganas de vomitar es muy literario, pero en este caso es verdad. Tengo ganas de vomitar. Ayer casi me ahogo al comer un vulgar e inofensivo trozo de lechuga, con el susto subsiguiente de mi mujer, de mis hijas, de mi suegra. De todos menos de mí mismo, por eso de que la salud es una puta de la que siempre se puede abusar. Pero el hecho es que yo no soy un putero, aunque trate a mi salud como a una puta. Recuerdo a mi tío Pedro Romera, uno de los que no se me han suicidado, haciendo en mi casa esfuerzos por tragar, dos meses después en la UVI, con cáncer, y una semana después, en el camposanto, con acompañamiento floral. He tenido cáncer de vejiga y ya se me supone curado. Esas cosas no me asustan, pero me las tomo en serio. Y voy a ir al médico hoy mismo.

Esto de morirse es una lata. Descubres que eres el pilar de tu familia y que tienes que dejarles algo para que no se venga abajo el tinglado económico que hay montado para pagar a todos los deudores que tienen rostro en el Banco. Tienes que resolver un montón de papeleo: hacer última voluntad para que el estado no se te lleve lo que corresponde en buena ley a tus hijos, dejar testamento vital, comprarte un lugar donde caerte muerto, cuidarte de pagar la hipoteca, consolar al pobrecillo banco que te esclaviza y para el cual trabajas (uno creía que trabajaba para la sociedad, pero para quien trabaja en realidad es para el banco) y hacerse la pregunta de qué coño has hecho en esta vida que tenga precio para pagar al barquero y de cuánto tiempo dispones para terminar lo que tienes a medio hacer, incluidas las ilusiones siempre postergadas. Pero al final, las ganas de vomitar, igual, son sólo eso, ganas de vomitar, nada más, y resulta que, a lo mejor, es decir, a lo menos malo, te vas a morir acaso, pero más tarde de lo que imaginas y de otra cosa.

Horacio

No soy un peritus iber, pero Horacio me agrada. Es lo clásico en su punto justo. Prueba de ello es que haya llegado a ser una cantera de tópicos literarios. De sus poemas ruedan esas monedas acuñadas: (Odas, 11.8): Carpe diem quam minimum credula postero "Aprovecha el día, no confíes en mañana", para indicar la brevedad, la incertidumbre del futuro y la necesidad de gozar del momento presente; aurea mediocritas, “medianía de oro”, que recoge el adagio "in medio stat virtus" y pretende recordar que todos los extremos son peligrosos; "post equitem sedet atra cura", “las inquietudes funestas cabalgan a la grupa del corcel”, para manifestar que por muy veloces que corramos, las tristes preocupaciones no nos abandonarán; "beatus ille qui procul negotiis"; “afortunado aquél que alejado de los negocios”; pulvis et umbra sumus, “polvo y sombra somos”, para recordar la voracidad del tiempo destructor de todas las cosas y la insignificancia de los mortales; Musa vetat mori, “la Musa nos impide morir”; non omnis moriar, “no moriré por completo”, porque la poesía y la literatura pueden hacernos inmortales, miscere utile dulci, mezclar lo útil con lo dulce, ut pictura poesis, como la pintura es la poesía etcétera.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Ramón Giraldo, el repúblico manchego

Ramón Giraldo de Arquellada (Villanueva de los Infantes, provincia de Ciudad Real, 1767 - 2 de abril de 1849), político y jurista español.

En 1798 era substituto en el Real Consejo de Órdenes; en 1804, fiscal del Consejo Real de Navarra que residía en Pamplona; al estallar la Guerra de la Independencia, fue elegido diputado por La Mancha para las Cortes de Cádiz el día 16 de agosto de 1810 en las Reales Fábricas de Latón de San Juan de Riopar, provincia de Albacete, cuando aún estaba casi toda la provincia en poder francés. Estuvo en la comisión de Poderes, la de Causas atrasadas, la encargada de elaborar el Reglamento del Poder Ejecutivo y la de Organización del Gobierno, y formó parte del Tribunal de Hacienda. También estuvo en la comisión encargada de juzgar la conducta del diputado por Madrid José Zorraquín. Apoyó la tesis liberal de que eran las Cortes quienes, siempre desde una postura regalista, deberían asumir las competencias para conocer en los recursos de fuerza establecidos por el Concilio de Trento; y expuso sus ideas sobre las diferencias habidas entre la representación nacional y la popular. Fue elegido además Presidente de las Cortes, y con posterioridad las Cortes le concedieron licencia para regresar a la Mancha. Presidió también la comisión encargada de la causa contra los hermanos Bertrán de Lis, uno de los cuales ayudó a Félix Mejía en sus últimos días madrileños; estos hermanos, comerciantes valencianos y futuros grandes financieros asociados a Mendizábal, estaban presos a finales de 1808 por alterar el orden público; terminada la guerra, fue oidor en la Audiencia de Valencia entre 1815 y 1820, aunque fue suspendido entre 1816 y 1817; tras el triunfo de Riego y restablecida la Constitución de Cádiz, volvió a ser diputado a Cortes por La Mancha entre 1820 y 1822, así como miembro del Tribunal de las Cortes y de su Diputación Permanente en 1821, y magistrado del Tribunal Supremo de Justicia entre 1821 y 1823; según Alberto Gil Novales, pertenecía a la Sociedad del Anillo. Casó con Felipa Castellanos, bastante más joven que él, y acaso descendiente de los hermanos de Santo Tomás de Villanueva. Fue nombrado caballero Gran Cruz de Carlos III (22 de febrero de 1841; se la dieron como decano del Tribunal Supremo, pero también al presidente del mismo tribunal José María Calatrava y a su magistrado José María de Zumalacárregui); presidió ocasionalmente las Cortes en 1821 y el anónimo autor de las Condiciones y semblanzas, seguramente Azaola, escribió sobre este discreto juez que era "complaciente y decidor muy a propósito para atraerse a las gentes y ganar corazones". Se imprimieron de su autoría un Extracto formado por D. Ramón Giraldo secretario segundo de Gobierno de la Asociación de cárceles de Madrid, actual fiscal del Consejo Real de Navarra leido en Junta General de 30 de junio de 1802, s.n., 1802, y su Discurso, que al abrirse la audiencia territorial de esta provincia, el día 3 de enero de 1814 dixo el magistrado más antiguo de ella D. Ramón Giraldo de Arquellada, Valencia: Imprenta de D. Benito Monfort, 1814; Discurso pronunciado en el Supremo Tribunal de Justicia el dia 2 de enero de 1837, Madrid: s.n., 1837. He localizado además un discurso entero suyo en El Universal Observador Español del 24/05/1820, núm. 13, páginas 2 a 3, pronunciado al tomar posesión los diputados de Madrid. En 1834 era Subdelegado de Fomento del Reino en Albacete. En 1841, ministro del Tribunal Supremo de Justicia y miembro de la Junta Suprema de Apelaciones de Correos y Caminos; desde 1838 ministro decano de la Sala de Indias del Tribunal Supremo; en 1844 ya estaba jubilado y en 1845 dimitió del cargo de senador que quiso conferirle el gobierno, seguramente por cuestiones de salud, aunque algún periódico interpreta que también hubo su intención de desairar políticamente a los moderados; es lo cierto que fueron los progresistas de Espartero los que lo condecoraron. Según leo en El Genio de la Libertad del 12 de abril de 1849, murió "octogenario" el 2 de abril, lo que no se sabía, como tampoco, con seguridad, su año de nacimiento, que es 1767, aunque algunos suponen con escaso fundamento 1774. La nota necrológica de El Clamor Público y otros textos le vinculan al partido progresista. Por otra parte resulta pintoresco que firmara con otros una petición de la Academia Española de Arqueología al gobierno venezolano para que se restituyera a España la hipotética bandera de Francisco Pizarro, por lo visto guardada en aquel país, según noticia de El Clamor Público, 04/11/1846, página 3.

Creado nuevo blog. Historia de la literatura manchega

He creado un nuevo blog, Historia de la literatura manchega. Será un diccionario de artículos biobibliográficos sobre autores de la literatura manchega, con vistas a un futuro libro. En ellos iré insertando lo que he escrito dispersamente en la Wikipedia y otros lugares sobre literatura manchega, y de ese modo todo estará reunido y a disposición de quienes lo necesiten. El enlace está al lado y lo escribo como El Abuelo. Los artículos estarán documentados con el rigor que acostumbro, tendrán bibliografía y enlaces y podrán ser comentados por si hay algún error o ampliación posibles.

Y, naturalmente, esto no me dará un duro ni me servirá de currículum. Como los monos del zoo, con la mano, pidiendo.

Francisco Javier de Moya Fernández

Creo que voy a tener que crear un blog para mis artículos sobre manchegos, que ya no voy a publicar en la Wikipedia. Después de todo, allí no los controlo y más bien me los estropean. Será en otra cuenta creada a propósito, porque ya tengo los seis blogs de esta adjudicados.

Francisco Javier de Moya Fernández, (Hellín, 6 de marzo de 1821 - íd., 30 de marzo de 1883)


Hijo del regidor perpetuo de la villa, estudió Filosofía en el Seminario de San Fulgencio de Murcia y Leyes en Valencia, licenciándose en Madrid a los veintitrés años. En 1845 era ya redactor de El Eco del Comercio, donde publicó unos artículos que reunió con el titulo de Estudios sociales, defendiendo principios propios del futuro Partido Democrático. Al concluir dicho periódico, fue redactor de La Libertad (1846) La Atracción (1847) y La Iberia (1858) y trabajó también en La Enciclopedia, La Reforma Económica, El Eco de la Juventud, La Asociación, La Creencia y La Tribuna del Pueblo, que fundó y dirigió junto con el malogrado socialista Sixto Cámara (1851); luego fundó y dirigió La Voz del Pueblo en la vanguardia del partido liberal preparando la revolución de 1854. Triunfante esta, fue nombrado secretario del Gobierno Civil de Cáceres y luego del de Cuenca hasta 1856. Al caer Espartero presentó la dimisión y se retiró a Albacete, donde puso bufete de abogado; fundó y dirigió allí La Semana de Albacete, periódico progresista puro que duró dos años. Al morir su padre en 1860 volvió a su pueblo natal; desde allí fue colaborador asiduo de La Iberia , para la que surtió dos series de artículos antidinásticos que hicieron bastante ruido y le valieron un proceso en 1865, La cuestión previa y La fuerza de la reacción; y también colaboró en La América y La Nación. Usó el seudónimo de Ricardo Kaiore . Al triunfar la revolución de 1868, presidió la Junta Revolucionaria del Hospicio y al convocarse las Cortes Constituyentes redactó el manifiesto electoral de la Junta del Partido monárquico-democrático de Madrid y se presentó para la Diputación de Albacete y fue elegido; en su programa propugnaba la abolición de la pena de muerte, la monarquía democrática en la que el rey era sólo depositario del poder ejecutivo, cámara única, descentralización, abolición de las quintas, instauración del jurado etcétera. En efecto, votó a Amadeo de Saboya y contra la pena de muerte. Volvió a ser diputado en las Cortes de 1871 y su provincia le eligió senador en 1872. En época revolucionaria fue además Director General de Estadística y de Agricultura, Industria y Comercio; Fiscal del Supremo Consejo de Guerra y ministro del Tribunal de Cuentas, en cuyo cargo estaba cuando advino la Restauración. Se encuadró entonces en el llamado partido Constitucional y Sagasta le nombró en 1881 fiscal del tribunal de Cuentas. Al convocarse las cortes de la nueva situación fue elegido otra vez senador por Albacete. Era gran cruz de Isabel la Católica y gran oficial del Nischan Iftijar de Túnez. Empezó a publicar junto con el abogado Agustín M. de la Cuadra un Diccionario Geográfico, Histórico, Estadístico, Arqueológico, Artístico, Industrial, Político, Bibliográfico y Biográfico de España y sus posesiones de Ultramar Madrid : [s.n.], 1875-1876 (Imprenta de los señores Rojas) del cual solamente aparecieron deis cuadernos, ya que falleció antes de poderlo acabar. También compuso un La ley providencial del progreso. Teoría del derecho y del deber, Est. Tip. de los Sres. M. P. Montoya y Compañía, 1881, que apareció primero en la Revista de España en 1880 y cabe suponer opuesto al Del progreso del conservaduro Diego Medrano y Treviño, y Estudios sociales : publicados en 1847, Cáceres: Imprenta de la Viuda de Burgos e Hijos, 1855; La infalibilidad del Papa: Del poder temporal y de la supremacía espiritual que se atribuye al Pontífice Romano; Seguido de De la primacía del Papa Obra en que se demuestra que la primacía del Obispo de Roma no es más que gerárgica y honorífica sin ser de institucion divina ni de jurisdicción. Traducida libremente de la edicion franco-latina, (Madrid: Imprenta de los Señores Rojas, 1871-1872, 2 vols.

Fundó la Liga madrileña contra la ignorancia, sin haber querido tener en ella cargo más alto que una de las vicepresidencias, impulsada por la asociación obrera El Fomento de las Artes, creada en 1859 sobre las cenizas de la creada por el sacerdote Inocencio María Riesco Legrand y muchas veces cerrada por los moderados Asociación Velada de Artesanos, Artistas, Jornaleros y Labradores, que llegó a tener 600 socios; lo único que pretendían era crear una biblioteca para leer e instruirse; Fomento de las Artes, durante la Restauración, y con conexiones en Albacete; tras 1868 recibió mucha más fuerza e inauguró esta nueva asociación en el Paraninfo de la Universidad Central el 24 de mayo de 1881 con discursos de Galdo, Rafael María de Labra, José Echegaray y José Luis Albareda, y creó varios concursos hasta más allá de 1890. También tomó parte muy activa en la Sociedad protectora de los niños y la Sociedad protectora de los animales y las plantas; esta última puso su nombre a la sala de juntas; formó parte de la comisión del Senado en pro de la Universidad de La Habana.

  1. Manuel Ossorio y Bernard, Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX, Madrid, 1904.
  2. Andrés Baquero Almansa, Hijos ilustres de Albacete, Madrid, 1884.

Bonifacio Sotos Ochando y Melchor de Macanaz

He tenido que perder toda la mañana escribiendo las biobibliografías de dos pensadores tan espesos y albaceteños como son el lingüista Bonifacio Sotos Ochando , creador de una de las primeras lenguas universales, al que conocía ya por el libro de Mourelle-Lema que manejé para mi trabajo sobre Juan Calderón, pero que sabe Dios por qué anaquel andará, y el pensador político Melchor de Macanaz, el penitenciado workadict regalista, para la Wikipedia y mi propia satisfacción, porque estos autores no les importan una miaja ni siquiera a sus propios y manchegos herederos. Pero ahí están, y ahora será más difícil olvidarlos. También he escrito la de José Ibáñez Marín, un historiador militar que, aunque no era manchego, murió en el desastre del Barranco del Lobo en África y dejó un buen libro de Recuerdos de Toledo que he podido leer con gusto con los vistosos y graciosos dibujos con que se acompaña, en la edición virtual de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Además he ampliado lo que había sobre el fotógrafo toledano Casiano Alguacil y unos breves apuntes míos antiguos sobre José Muñoz Maldonado. Casi todo el mundo aprecia la obra, inédita por lo extensa, pero también por lo rigurosa y profunda que es, del paremiólogo y folklorista del siglo XVII Luis Galindo, pero casi nadie sabe que es un manchego de Ocaña. Debería editarse. Le he escrito también un articulo de Wikipedia, donde digo lo esencial, que era un erasmista y escribió unas Sentencias filosóficas y verdades morales que otros llaman proverbios y adagios castellanos en diez volúmenes clasificados por temas que se conservan manuscritos en la Biblioteca Nacional. Con Jerónimo Martín Caro y Cejudo es de nuestros mejores paremiólogos y humanistas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

El sistema no tiene errores; el error es el sistema.

Aclaración

JUAN JOSÉ MILLÁS 19/12/2008


A ver si nos ponemos de acuerdo con el significado de las palabras porque esto empieza a parecer la Torre de Babel. Esos chicos que se encadenan a las puertas de una reunión del G-8 no son antisistema. Por el contrario, lo fortalecen al dar trabajo a la policía. Antisistema es el que bombardea un país entero amparado en una documentación falsa fabricada por él mismo. Antisistema es el cómplice de esa acción. Antisistema es el que colabora en el traslado ilegal de seres humanos secuestrados a punta de pistola para ser torturados en agujeros antisistema como Guantánamo. Antisistema es el juez que en vez de comportarse como un poder del Estado hace declaraciones propias de un tonto del culo. Antisistema es el que pretende convertir a la Universidad en la correa de transmisión de los intereses empresariales. Antisistema es el banquero que da préstamos a personas que no tienen ninguna posibilidad de devolverlos. Antisistema es el tasador que valora en 100 un piso de 70. Antisistema son las personas de orden como Madoff, con el que hasta hace cuatro días querían cenar hasta los obispos. Antisistema, por cierto, son los obispos y arzobispos pederastas y quienes les protegen para que no vayan a la cárcel. Antisistema es, por ejemplo, el presidente de la Comunidad de Valencia, que ha estado boicoteando durante tres meses una asignatura (dos, si contamos el inglés) que forma parte del currículum escolar. Antisistema es quien pone sus intereses particulares por encima de la lucha antiterrorista (Aguirre, sin ir más lejos). Antisistema son los supervisores, los gestores, los auditores y los custodios que han estado mirando hacia otro lado. Antisistema es el que presta el dinero gratis, revelando así su auténtico valor de mierda. Antisistema, en fin, es el sistema, que viene a ser lo mismo que si el hígado fuera antihígado.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La meditación del profesor Holland

Me quedé con una frase que dice el protagonista de la película Profesor Holland de Stephen Herek: "Cuando era un alumno en el instituto pensaba en las clases que me gustaría estar en cualquier parte, la que fuera, lejos de allí. No me habría creído que los profesores pensaran eso también".

Tengo que ver con detenimiento esta película que sólo he visto hasta apenas la mitad. En general, el cine con tema educativo es bueno; recuerdo en especial una de mis favoritas, La versión Browning (la antigua, a blanco y negro) que es deprimente, porque a veces me siento tan decrépito y desmotivado como ese pobre profesor de griego, y Los cuatrocientos golpes, de Truffaut; también, El club de los poetas muertos, de Peter Weir, Arriba Azaña, de José María Gutiérrez Santos, El pequeño salvaje, Bowling for Columbine de Michael Moore, El club de los cinco El milagro de Ana Sullivan, Padre Padrone, Fresh, y Adiós Mr Chips, de Sam Wood

Hay otras que no he visto enteramente. La lengua de las mariposas, La piel dura, El maestro, Los chicos del coro, Mi general, Hoy empieza todo, Billy Elliot, La pizarra, Ni uno menos, A las cinco de la tarde, Las tortugas también vuelan, Buda explotó por vengüenza, Diarios de la calle. En Australia van a hacer una serie sobre enseñanza, una sitcom. El título es significativo: Cállate, siéntate. Hay un buen lugar sobre cine y educación, es
este. Y de forma más general, este otro.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Cancionero liberal

Es curioso el cancionero liberal el siglo XIX, pero el Himno de Riego, cuya letra escribió un moderadísimo como Evaristo San Miguel, no vale un pimiento, y mucho menos la música, como suele ocurrir con los himnos cualquiera que sean:

Serenos y alegres
valientes y osados
cantemos soldados
el himno a la lid.
De nuestros acentos
el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.
(Coro)
Soldados la patria
nos llama a la lid
juremos por ella
vencer o morir.
El mundo vio nunca
mayor osadía
ni vio nunca un día
más grande el valor,
que aquél que inflamados
nos vimos del fuego
excitar a Riego
de patria el amor.
La trompa guerrera
sus ecos da al viento
horror al sediento
ya ruge el cañón.
Ya Marte sañudo
la audacia provoca
y el ingenio invoca
de nuestra Nación.

El pueblo, que siempre es autor más inspirado, pronto le cambió la letra al retórico, torpe y vacío texto de San Miguel:

Si los frailes y monjas supieran
la paliza que les vamos a dar
subirían al coro cantando
¡libertad, libertad, libertad!

Y en otras variantes de pliego suelto

Cuando había mil conventos
dominó la clerigalla;
en esta época de inventos,
el sablazo y la metralla.

El Trágala se empezó a cantar, según parece, en Cádiz, núcleo irradiador del liberalismo hispano, contra algunas canciones realistas como"La Cachucha", a cuyo son marchaban los "serviles" partidarios de Fernando VII. Se la tenía por grosera e insultante, y motivó varios duelos. Dicen también las crónicas que los líderes liberales se la cantaron a Fernando VII en sus mismas barbas cuando éste tuvo que tragarse su absolutismo y decir aquello tan famoso pero falso de: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional".

Por los serviles
no hubiera Unión
ni si pudieran
Constitución.
pero es preciso
roan el hueso
y el liberal
les dirá eso:
Trágala, trágala
Trágala, trágala
Trágala, trágala
Trágala, perro.

"El Trágala", como acostumbra a ocurrir con las canciones que alcanzan una gran difusión, fue adoptando diversas letras:

Trágala, trágala
vil servilón
tú que no quieres
Constitución.

Los serviles eran los partidarios del absolutismo, rivales de los liberales y por eso unos y otros se insultaban mutuamente por medio de cantos y gritos:

Dicen que el Trágala
es insultante
pero no insulta
más que al tunante
y mientras dure
esta canalla
no dejaremos
de decir "trágala"

Ásí que los absolutistas o serviles tuvieron que parodiarla:

Trágala, trágala
tú liberal
tú que no quieres
corona real.

Una canción "castellanista" probablemente debe su origen al "Tercio de los morados" o "Regimiento de Castilla", cuerpo de milicianos disuelto en 1824, tras la derrota del ejército constitucional:

Míralo, míralo
y muérete
vil servilón
ya no le arrancan
del batallón.
He aquí la guía
del miliciano
fiel ciudadano
de la nación
¡Salve mil veces
pendón morado,
que has exaltado
la población!
Allá en el Norte
de las Españas
nuestras hazañas
te llevarán
y en nuestros pechos
y en los semblantes
marcada el ansia
de triunfar.

(Estribillo)
Míralo, míralo y muérete..., etc...

El estribillo "míralo o muérete" es casi idéntico al "trágala o muere" del ya comentado "Trágala" y la frase "ya no le arrancan del batallón" se semeja al "ya no le arrancas / ni con palancas / de la nación" que aparece en algunas versiones de la misma canción.

Los absolutistas exigían al rey horribles castigos para el rebelde Riego:

Que muera quemado
pide la Nación;
muera Riego y pague
toda su traición...
y tú gran Monarca
con tu corazón
benigno, no indultes
a tal vil traidor.

Pero Riego había sido antes el que salvó al Monarca; el monarca no fue tan benigno con él. Riego fue ejecutado en la plazuela de la Cebada, tras haber sido arrastrado -metido dentro de un serón- por las calles de Madrid, expuesto a las mil vejaciones de un populacho enfurecido:

Murieron los liberales
murió la Constitución,
porque viva el rey Fernando
con la Patria y Religión.

Y otros cantaban

Bórrese de la memoria
la infernal Constitución
y solo sirva en la historia
para eterna execración.

Y otros:

El irracional ateo
el ciego materialista
el soberbio jansenista
y el masón epicureo,
ardían en el deseo
de vivir a su placer,
sin monarca a quien temer
ni más ley que su pasión...

Blas de Lezo, un medio hombre que valía por muchos.

A Pérez Reverte le gusta hablar de fracasados, pero España también tuvo sus héroes, como Blas de Lezo, un Nelson que les dio una soberana paliza a los ingleses, más gorda que la de la Armada Invencible y Trafalgar, y que ellos, como expertos en manipulaciones, escondieron muy bien en los libros de historia, de forma que apenas se hace mención de ella. Pero nosotros, vaya, lo tenemos olvidado, y más recordamos Trafalgar que Cartagena de Indias, en que la Pérfida Albión mordió el polvo ante la reina de los siete mares, España. Léase, pues:

BLAS DE LEZO, EL MEDIO HOMBRE.

Nació en Pasajes (Guipúzcoa) en 1689 y con 12 años se enroló en la marina comenzando así su carrera militar. Con 15 años llegó su primera batalla naval en Vélez-Málaga donde una bala de cañón obligó a amputarle la pierna izquierda sin anestesia, su comportamiento ejemplar le condujo a ser nombrado alférez. Tras este suceso el español se verá inmerso en la batalla del sitio de Tolón (Francia) donde una esquirla de cañón le hizo perder su ojo izquierdo y en el 1714 en Barcelona una bala le provocó la pérdida de su brazo derecho. Pese a estos infortunios se convirtió en uno de los mejores marinos españoles convirtiéndose en capitán de navío a la edad de 30 años. Se le encomedó la tarea de limpiar de corsarios el Caribe, tras llevarla a cabo alcanzó la graduación de general de Marina y recibió el encargo de cobrar a los genoveses dos millones de pesos pertenecientes a la corona española. No sólo los cobró si no que obligó a los italianos rendir homenaje a la bandera española bajo la amenaza de cañonearlos desde sus barcos. Reconquistó Orán en 1732 y hundió el barco del berberisco Bay Hassan. En 1737 fue nombrado Comandante General de Cartagena de Indias (Colombia) y dos años más tarde comenzarían las batallas contra los ingleses que intentaban arrebatar las posesiones en América. Los ingleses al mando del almirante Vernon con 168 barcos, 10.000 tropas de asalto, 12.800 marineros, 1.000 macheteros jamaicanos y 2.620 piezas de artillería (una flota mucho mayor que la de la Armada Invencible de 1588) se enfrentaron a 2.230 soldados españoles apoyados por 600 arqueros indios durante 67 días y perdieron teniendo que retirarse a Inglaterra y tras tremenda humillación el rey Jorge II prohibió que se escribiese nada al respecto para que no tuviera repercusión histórica. Poco después Blas de Lezo murió en un penoso olvido (algo habitual en España) aunque se le concedió a título póstumo el marquesado de Ovieco, lo que fue poca recompensa para quien permitió que España mantuviese sus posesiones americanas durante más de 60 años. Actualmente se desconoce donde yacen sus restos. En su memoria una fragata española lleva su nombre.

Derechos humanos


La otra declaración de derechos universales


NICOLE MUCHNIK El País, 17/12/2008


"La mujer nace libre y, en derechos, permanece igual al hombre". Éste es el primer artículo de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, redactada en 1791 por la francesa Olympe de Gouges. Con él Olympe de Gouges subrayaba de entrada un olvido terriblemente significativo de la célebre declaración revolucionaria de 1789, en la cual no figuraba en absoluto la palabra mujer.


Se celebra estos días el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Con tal motivo no está de más recordar a la mujer, pionera en la historia, que redactó una declaración cuya originalidad y profundidad se reconoce hoy no sólo en ambientes feministas sino también en medios universitarios. En pleno proceso revolucionario francés, Olympe de Gouges escribió el primer documento que postula la igualdad jurídica y legal de las mujeres respecto a los hombres y el carácter universal de los derechos cívicos.


Nacida en 1748, hija de un carnicero y escasamente educada, Marie Olympe de Gouges se convirtió desde su llegada a París en 1788, un año antes de la Revolución, en una femme de lettres reconocida, o sea, una escritora en el sentido amplio de la palabra, dedicando su talento a escribir tanto obras de teatro como numerosos artículos, panfletos y discursos sobre la necesidad de reconocer los derechos civiles de las mujeres, pero también a favor de la abolición de la esclavitud, tema sobre el cual los mismos revolucionarios tuvieron más de una vacilación. Basta recordar que Voltaire, según Léon Poliakov, "no dudó en participar en un negocio de Nantes dedicado a la trata de negros, lo cual resultó ser una inversión altamente remuneradora".

Mujer de pensamiento complejo, Olympe de Gouges se inscribe en la línea filosófica de Montesquieu y pregona la separación de poderes. Pero al mismo tiempo se pronuncia contra la ejecución del rey Luis XVI y dedica el preámbulo de su Declaración a una mujer, la reina Marie Antoinette, considerada por ella más víctima que culpable. Nada más peligroso en aquellos tiempos que oponerse a Robespierre y a Marat y, de hecho, Olympe de Gouges terminó siendo guillotinada en 1793.

"Los movimientos feministas y de mujeres en la Revolución Francesa constituyeron no un fenómeno que se produce 'además', sino un elemento constitutivo del propio proceso revolucionario", escribe Celia Amorós. Recordando otras revoluciones, como la argelina, podríamos decir que esto no es una exclusividad de la Revolución Francesa. Y también que, en la mayoría de los casos, la historia de las revolucionarias no tiene un final feliz.

Es probable que esta feminista y revolucionaria que fue Olympe de Gouges esperara mucho de sus colegas en política. Pero como difícilmente podía ser de otra manera, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, al tratar únicamente de los derechos de los varones y no de los de todos los seres humanos, debió decepcionarla profundamente. Dos años después, nuestra feminista avant la lettre presentaba la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, un texto nuevo y original que es a la vez una crítica punto por punto de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano y una defensa precisa y original de la igualdad entre hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida pública y privada.

Hoy Olympe de Gouges no es mucho más que un símbolo para los movimientos de liberación de la mujer. Y también se le reconoce un papel significativo en la historia de las ideas.

Dirigiéndose desde la primera línea a "las madres, hijas, hermanas, representantes de la Nación que piden constituirse en Asamblea Nacional", y enfocando de entrada lo privado a la par de lo público y político, Olympe pasa revista en 17 artículos a todas las anomalías o lagunas del pensamiento masculino en materia de derechos humanos. Casi nada escapa a la redactora: al contrario de la Declaración oficial, ella relaciona de entrada Libertad y Justicia, en cuyo nombre reclama para las mujeres el derecho al voto, la igualdad de acceso al trabajo -hoy la todavía vigente reivindicación de la igualdad de oportunidades- y los derechos a hablar en público de temas políticos, a ejercer un papel en la vida política y a tener propiedades privadas y administrarlas.

"Las contribuciones de la mujer y del hombre son iguales", dice el artículo 13. "Ella participa en todas las cargas, en todas las tareas penosas; debe, pues, participar igualmente en la distribución de puestos, de empleos, de cargos, de dignidades; también debe poder entrar en el Ejército y ostentar cargos tanto en la educación como en la industria o la Iglesia".

No se sabe si fue consciente de todo el alcance de sus ideas cuando escribió en el artículo X la frase más famosa de su Declaración: "Si una mujer tiene derecho a subir al cadalso, debe tener igual derecho a subir a la tribuna política". Ella misma cumplió con ambas cosas.

En varios de sus escritos al margen de la Declaración de los Derechos de la Mujer, Olympe se pronunció a favor de la supresión del matrimonio tradicional, de la instauración del divorcio y de la creación de un contrato de convivencia renovable anualmente y firmado por dos personas libres. Otra faceta de su originalidad fue pensar en algunos derechos propios de la mujer y dedicarse a la defensa de la infancia. Consciente del alcance de una de las plagas sociales de su época, y dirigiéndose directamente en el artículo XI a las Madres de la Nación, abogó por que las mujeres puedan "decir libremente 'Soy la madre de un niño que os pertenece', sin que un prejuicio bárbaro la obligue a disimular la verdad" y a "esconder un hijo ilegítimo". También teorizó la creación de maternidades, de talleres nacionales para los parados y de hogares para los mendigos.

En el epílogo de su Declaración, Olympe de Gouges insta a todas las mujeres a recordarles a los hombres que sin ellas no estarían donde están. Y, por haber olvidado esto, ataca directamente a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, considerándola una traición.

Tirada en sólo cinco ejemplares y rechazada por la Asamblea revolucionaria, la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana llegó sin embargo a ser conocida en toda Francia y también fuera de ese país. Válida tanto para los hombres como para las mujeres, está considerada como la primera verdadera declaración de los derechos humanos cuya misma existencia invalidaba la de 1789.


"Mientras las mujeres no se inmiscuyan", decía Mirabeau, "no existe una verdadera revolución". Pues bien, a muchas de ellas, recordando de paso a Madame Roland, les ha ido muy mal.

Nicole Muchnik es periodista y pintora.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Genética y cerebro.

He copiado otro artículo para mi Redvista de Prensa, esta vez de La Nación de Buenos Aires, sobre genética y cerebro, una entrevista con el científico y escritor Edoardo Boncinelli. Nada nuevo, en realidad, pero siempre es grato ver confirmado lo que uno ha llegado a sospechar por gente autorizada y experta en esas difíciles materias.

Mis amigos los espías


He leído mucho sobre los servicios de información y espionaje españoles, y también algo sobre los británicos, el MI5 y MI6. Desde las memorias de González Mata, conocido como "Cisne", a los varios libros de periodistas sobre el SIM y su sucesor, el CESID. Muchos libros de John Lecarré, de Graham Greene, de Len Deighton; me he tragado numerosos documentales sobre estos temas. Y, hete aquí que me presentan a un auténtico y sufrido espía con la pretensión de que reescriba sus memorias. Bueno, a ver qué puedo hacer este verano, aunque, como es lógico, no puedo decir nada en este blog.

La materia prima de un espía es el anonimato: debe ser alguien profundamente mediocre y anodino, que pase absolutamente desapercibido, pero con una memoria de elefante y una gran capacidad para resumir información. Desde luego no un James Bond, sino más bien todo lo contrario. Su oficio es la traición y su labor frecuentemente y casi siempre no sirve para nada y más bien es peligrosa, porque los servicios de inteligencia más veces crean problemas que los solucionan.

martes, 16 de diciembre de 2008

Las Memorias de Francisco López Romana

Estoy leyendo en la Biblioteca Virtual de Castilla La Mancha la autobiografía, que se conserva manuscrita en la Biblioteca de Ciudad Real, del escribano Francisco López Romana, un manchego de Fuente el Fresno, nacido en octubre de 1787 y fallecido después de 1835, que se puso a "tractar varios hechos de mi vida privada, por haber sido algunos raros y notables" cuando fijó su residencia en la villa de Manzanares desde diciembre de 1834. Por lo que llevo leído son las memorias de una persona normal, muy representativas de lo que era la vida de un manchego honesto y de mediana y más bien baja clase social a principios del siglo XIX, en que se vio metido en la Guerra de la Independencia y en los turbulentos años del Trienio Liberal y la Década Ominosa. Tuvo la suerte de aprender latín y las primeras letras con un médico que se hallaba hospedado en la casa familiar, pasó a un convento, no le convenció el novi ciado y, en 1806, estaba ya como ayudante del escribano de Villarrubia de los Ojos; fue como fiel de fechos a Fuente el Fresno; allí la causa que más trabajo le dio fue una denuncia a unos mozuelos que hirieron las pantorrillas del alcalde de un tiro de perdigones por haberles este prohibido cantar los mayos. En 1807 pasó a Miguelturra con el escribano Calatrava. Allí permaneció hasta junio de 1809 en que fue a Extremadura, de donde volvió en marzo de 1810 y en octubre de ese año volvió a Villarrubia. En Miguelturra estuvo a punto de ser ejecutado como afrancesado cuando intentó salvar a unos pobres caldereros franceses que iban a ser ejecutados sólo por serlo. Los mismos acalorados miguelturreños, que sabemos habrán de ser en el futuro feroces carlistas, intentaron matar al general Castaños, de lo cual da también testimonio y de cómo el alcalde Pedro Tejerina logró libertarlos antes de que los ahorcaran, aunque no se libraron ambos de una soberana y real y absolutista paliza. Menciona la leva para luchar contra los franceses y el ataque del puente de Nolaya. Fue herido y se colocó en Herrera del Duque, de donde unos líos de faldas provocaron que tuviera que marcharse y volver a Miguelturra. Ganó algún dinero especulando con ganado para carne y pudo llegar a casarse con la hija de su maestro Calatrava el 11 de diciembre de 1813; el matrimonio duró hasta la muerte de su mujer diez años después; aguantaron las exacciones de los franceses y procuraron hacerles la puñeta cuanto les fue posible.

En el primer año de casado fui con mi mujer, como es casi costumbre, a las fiestas o ferias de pueblos inmediatos, como también a Madrid, donde estuvimos 15 días el día de San Fernando 30 de mayo de 1814 que estuvo digno de verse por ser el primero que tuvo el rey Fernando 7º libre de su cautiverio de Francia en que lo tuvo Napoleón.

Volvió su mujer en cinta y a su vuelta murió su suegro de una apoplejía y fue nombrado escribano público o notario por el Duque de Híjar, para lo cual se sacó el título de Escribano de Reynos en 1816 en oposición. Narra las dificultades que tuvo derivadas de ello y cómo se proclamó la Constitución en Villarrubia de los Ojos en 1820. Y hasta ahí he leído, 37 folios de 173. Y me voy a una comida del departamento que hay hoy, con pocas ganas, porque es cara y uno no tiene presupuesto de catedrático, aunque sí más currículum.

José-Miguel Ullán


Lo juro, he intentado digerir Ondulaciones. Poesía reunida (1968-2007) de José Miguel Ullán y no he podido. Me ha causado estreñimiento mental; es un barroco, pero es que es un barroco gris y sin brillo, contradictio in terminis que es toda una declaración de inanidad literaria. Es más: un pedante de siete suelas, por muy Villamediana y vanguardista que se llegue a creer. La merde, la merde, toujours recommencé!, por parodiar el decasílabo de Paul Valéry. No merece la pena.

Jefecillos, cabecillas y abusones

Es el título de uno de los libros más conocidos de Marvin Harris, de quien tuve el gusto de leerme enterita su Antropología cultural, en Alianza Editorial, del cual era un capitulillo escindido; así que algo sé de lo que hablo, aunque la mayor parte ya lo haya olvidado. En general, en cuestiones de liderazgo, el mejor líder, como quería Henry David Thoreau/Bob Dylan, es el que no existe (y por tanto, no cobra). Yo diría que en cuestiones de jefatura, sólo hay dos tipos de jefes: el malo y el peor. Por lo general el peor es elegido de forma institucional, indirectamente, en redes de un mínimo de un paso a la periferia en igualdad de formación y méritos; el malo es el elegido directamente por los subordinados. Las sociedades atrasadas como las nuestras necesitan gobernantes en vez de preocuparse de cómo no necesitar tenerlos -con reformas éticas y morales, como en Finlandia, no con reformas legales que no reflejan la sociedad-. Una reforma ética, creada para librarse de los tiranos, la ateniense, creó lo mejor que ha dado la cultura europea; incluyendo el ostracismo, que nuestra sociedad no permite y que era sin duda un avance importante para superar los males del populismo y de la publicidad excesiva, que hoy son no ya excesivos, sino lesivos. El modo de mandar español lo describe el padre Las Casas: cuando un español entraba en una aldea india, mandaba buscar a los mandamases o caciques y les cortaba la cabeza. Con eso ninguno se atrevía a decir ni mu y se convertían ellos en los cabecillas; por lo general lo justificaban todo con un papel cagado de tinta, que nosotros hoy llamaríamos LOGSE, LOE, ESO etcétera, aunque por entonces lo llamaban Evangelio y Leyes de España. Los legisladores españoles han creado lo necesario para transformar la enseñanza en un ente corporativo, cuando era una de las pocas instituciones algo democráticas heredadas del pasado, donde los claustros tenían atribuciones mayores y más honestas. La pérdida de derechos del profesor en su propio trabajo es uno de los peores lastres de esta pseudodemocracia.
Los jefes no deberían dejar que la inteligencia fuera un obstáculo en el desarrollo de su deber, aunque su deber conste por escrito (las gilipolleces también se pueden pasar por escrito) y enfrentarse a su pobreza de criterio y secular torpeza en la dirección de recursos humanos, emanada de su soberbia, codicia y estreñimiento mental, defectos que ven con otros ojos, como si fueran cualidades. El alto desarrollo de sus músculos posaderos y la alteración relativista en el aprecio del paso del tiempo, según la cual nunca transcurre mientras se hallan en el disfrute y relamido de sus prebendas, tiene que ver con esa presunción de inocencia mariposona que se aplican tan a menudo o esos conatos de narcisismo cuartelero. Otro síntoma, la alergia a la dimisión, que en los currículos más exactos figura como el más alto de los méritos -la dimisión, no su alergia- refuerza los demás síntomas de su padecimiento. La falta de legitimidad derivada de no ser elegidos por sus subordinados lastra y hace ineficaces todas sus actuaciones -me refiero a las que no están encaminadas a perdurar en el puesto, a hacer más cómodo su mandato o a cumplir, como hacen los psicópatas paranoicos, los designios de una autoridad superior rajatablera-, es decir, en el caso de los jefes peores, ninguna. Presentarse a un cargo o dejarse estar en él por el procedimiento de la cooptación (en lenguaje ESO: compradrazgo o amigueteo) de los demás mandamases debería ser un lastre insuperable para presentarse a un cargo de mamancia o mamandurria, así como esas excusas de niño malcriado que suelen dar para continuar en su máximo nivel de incompetencia, véase El principio de Peter. Mientras tanto, los jefes malos aplican la Ley de Ciril Parkinson, que afirma que "el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine", lo que, en una burocracia como la impulsada por las recientes y estúpidas leyes de educación, se ve complementado por dos circunstancias: 1. Un jefe quiere multiplicar sus subordinados, no sus rivales y 2. Los jefes se crean trabajo unos a otros. Y mientras tanto, hala, los pobres subordinados viajando a Abilene. (Véase Paradoja de Abilene, en sociología)