domingo, 24 de enero de 2010

Marcial Maciel, non sancto

De el País, hoy:

Marcial Maciel soñaba con ser proclamado santo universal... y acabará en los infiernos más profundos de su iglesia. Los últimos descubrimientos sobre la doble y exagerada vida del famoso fundador de los Legionarios de Cristo y del grupo sacerdotal Regnum Christi no dejan lugar a dudas, y eso que aún no ha concluido la investigación ordenada hace un año por Benedicto XVI. Lo que ya se sabe es demoledor. El líder de uno de los más exitosos movimientos del nuevo catolicismo no sólo fue notorio pederasta y drogadicto. También tuvo hijos -al menos cuatro, quizá seis- con varias mujeres, plagió descaradamente el libro de cabecera legionario, titulado El salterio de mis días, e impuso a toda la organización un cuarto voto de silencio para guarecerse de denuncias. Uno de sus antiguos colaboradores le acusa incluso de haber envenenado a su tío abuelo, el obispo Guízar, que avaló la exitosa carrera eclesiástica del ambicioso sobrino en el convulso México de los años treinta del siglo pasado.

"¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia!" Este clamor le valió un pontificado al entonces cardenal Joseph Ratzinger. Lo pronunció en un vía crucis en abril de 2005, a punto de reunirse el cónclave para elegir al sucesor de Juan Pablo II. El todopoderoso prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex santo Oficio de la Inquisición) sabía de qué hablaba. Los cardenales electores, también. Sobre la mesa del Papa anterior, Karol Wojtyla, se habían acumulado acusaciones de pederastia contra miles de sacerdotes, y también quejas por el encubrimiento de esos delitos por algunos jerarcas en Estados Unidos, Irlanda, Italia, Austria e, incluso, España. El alemán Ratzinger aparecía como el único de los reunidos con información y autoridad suficientes para atajar tal estado de cosas.

El propio Juan Pablo II no se libraba de las críticas. Por citar sólo el caso del fundador de los Legionarios, a la mesa de trabajo del Papa polaco habían llegado durante años cientos de denuncias sobre las andanzas y desviaciones del sacerdote Maciel. El Pontífice las despreció. Maciel era uno de sus preferidos. Llenaba plazas y estadios de fútbol en los viajes del líder católico por el mundo, junto al otro movimiento de moda, el Camino Neocatecumenal del español Kiko Argüello. Aquella protección contra toda lógica amenaza ahora con ensombrecer la anunciada beatificación de Juan Pablo II, a poco que funcione la famosa y vieja figura -desaparecida como tal- del abogado del diablo en todo proceso de canonización.

Cuando el todavía cardenal Ratzinger clamó contra la "suciedad" interna en su iglesia, los cardenales se convencieron de que era el hombre a elegir. Dos días más tarde lo hicieron Papa, el 19 de abril de 2005. Fue entonces cuando se empezó a cavar la tumba del hasta entonces intocable fundador de los Legionarios. Una de las primeras medidas anticorrupción del pontífice Benedicto XVI, en mayo de 2006, le alcanzó donde más dolía. Maciel debía abandonar Roma apresuradamente, y retirarse a su México natal. También debía dejar el poder en manos de alguno de sus colaboradores. La decisión del Vaticano parecía humillante -Maciel era obligado a llevar "una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a cualquier forma de ministerio público", se le ordenaba-, pero no acalló el escándalo. Demasiado poco castigo para documentadas acusaciones de abusos sexuales en varios países. Como disculpa, Roma apeló a la edad avanzada del encausado, casi nonagenario. Maciel moriría poco más tarde, en enero de 2008, en Cotija (Michoacán, México). Asunto zanjado, suspiraron sus antiguos amigos en el Vaticano.

Se equivocaban de punta a cabo. Además del clamor dolorido de las víctimas, que pusieron el grito en el cielo por la benevolencia de Benedicto XVI, ahora entraban en escena autoproclamados hijos y mujeres de Maciel reclamando atención y derechos. Todo empezó en Madrid, adonde Maciel venía con frecuencia, a veces discretamente. Al fin y al cabo, fue aquí donde fue recibido con los brazos abiertos en 1941, nada más fundar en México el movimiento de los Legionarios de Cristo, con apenas 20 años de edad. El ministro de Asuntos Exteriores de entonces, el democristiano Alberto Martín-Artajo, fue el encargado de introducirlo en la nacionalcatólica sociedad franquista. Hoy, los Legionarios cuentan en España con una Universidad -la Francisco de Vitoria, en Madrid-, varios seminarios y cientos de colegios, entre otras muchas propiedades.

Los primeros rumores sobre la doble vida de Maciel provocaron un revuelo morboso entre algunos legionarios, abrumados, sobre todo, por las acusaciones de pederastia, que hasta Roma avalaba oficialmente. Si su adorado fundador conoció mujer y tenía una hija, eso espantaba, según ellos, las sospechas del horrendo pecado de pedofilia. Así que lo que debía ser gestionado en sumo secreto, pronto fue un clamor público, filtrado desde dentro. Maciel no sólo tuvo aventuras amorosas, sino que en Madrid vivía una hija suya, con nombre, apellidos y un número de portal concreto en unos lujosos apartamentos de la calle de Los Madroños. La chica, ya madura -la madre murió hace años-, se llama Norma Hilda y ha pactado silencio a cambio de una pensión vitalicia. Quien selló el acuerdo y se ocupó de que la rocambolesca historia acabase ahí fue el mismísimo secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, durante una visita semioficial a España. Ocurrió en los primeros días de febrero del año pasado. El dinero no fue un obstáculo. Hace décadas que en ambientes hostiles el grupo del Maciel es conocido, con ironía, como los Millonarios de Cristo.

Animado por el éxito del apaño maquinado en Madrid, Benedicto XVI tomó otra decisión, con la esperanza de difuminar el escándalo. Ordenó que la investigación se extendiese a toda la organización. El argumento de la medida era inatacable: si el fundador legionario había llevado una vida de crápula, ¿cómo es que nadie de su entorno lo advirtió y denunció? Para encontrar respuestas, el Papa nombró a cinco "visitadores", todos ellos obispos: Ricardo Blázquez, de Bilbao (España); Giuseppe Versaldi, de Alessandria (Italia); Ricardo Watty, de Tebladpic (México); Ricardo Ezzati, de Concepción (Chile), y Charles Joseph Chaput, de Denver (EE UU). Watty inspeccionaría en México y Centroamérica; Chaput, los centros legionarios de Estados Unidos y Canadá; Versaldi, los de Italia, Israel, Corea y Filipinas; Ezzati, los de Suramérica, y Blázquez, los de Europa, con la excepción de Italia. Para facilitarles el trabajo, el Papa, único que puede atar y desatar esas cosas en la confesión católica, derogó el cuarto voto de la Constitución legionaria, que obliga a los seguidores de Maciel a confesarse sólo con sus superiores y a guardar secreto de los conflictos internos.

En un principio, la inspección ordenada por el Papa fue tomada por el sucesor de Maciel al mando de la Legión y del Regnum Christi, el también mexicano Álvaro Corcuera, como un gesto de confianza. El propio cardenal secretario de Estado, Bertone, había dado pie al equívoco en la carta en la que comunicó públicamente la decisión papal. "La visita apostólica es de fundamental importancia y merece la pena consagrarse a ella con amplitud de miras y limpio corazón. [Los legionarios] Siempre podrán contar con la ayuda de la Santa Sede para, a través de la verdad y la transparencia, en un clima de diálogo fraterno, superar las dificultades existentes", decía la carta del cardenal al sacerdote Corcuera.

Lo que no podían prever entonces ambas partes es el aluvión de noticias sobre la vida secreta de Maciel, ahora sin control posible. Para colmo, había entrado en acción un abogado de prestigio, anunciando acciones judiciales civiles, que siempre sacan de quicio a la Santa Sede. El letrado se llama José Bonilla. Uno de sus hijos fue sometido a abusos sexuales a la edad de tres años en un colegio de los Legionarios y le ganó a la Iglesia católica un juicio penal por esos hechos. Ahora representa a tres de los autoproclamados hijos de Maciel, con nombres propios y en busca de reconocimiento legal y compensaciones económicas. Se trata de tres varones, hermanos entre sí, de nacionalidad mexicana. El letrado asegura que Maciel habría tenido tres hijos más, incluida la española Norma Hilda, cuya existencia ya ha reconocido oficialmente la Legión. Otro hijo viviría en Londres, y una sexta hija se mató en un accidente de tráfico cuando iba a recoger a su padre a un aeropuerto de París. Norma Hilda, por cierto, cursó su carrera en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, propiedad legionaria.

Los obispos visitadores que llevan casi un año investigando en las instituciones y centros de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi no sueltan prenda de sus averiguaciones. Tampoco desmienten noticia alguna, y eso que se publican a diario, sobre todo en la prensa latinoamericana. Reconocen, en cambio, que los cinco prelados han sido convocados a Roma de urgencia para presentar a Benedicto XVI un primer informe de lo actuado. José Martínez de Velasco, redactor jefe de la agencia Efe y el primero que desveló los escándalos de la Legión -publicó en 2002 el libro Los Legionarios de Cristo, el nuevo ejército del Papa, y dos años más tarde, Los documentos secretos de los Legionarios de Cristo-, sostiene que la investigación está "prácticamente concluida", pese a que son muchas las personas que han solicitado ser recibidos para dar su testimonio o desahogarse.

Martínez de Velasco afirma, además, que las acusaciones de pederastia contra Maciel prácticamente no se han investigado porque estaban suficientemente contrastadas. Las primeras denuncias sobre abusos sexuales en centros de la Legión llegaron al Vaticano en la década de los años cincuenta del siglo pasado, durante el pontificado de Pío XII, paternal protector también del sacerdote mexicano. Éste había llegado a Roma avalado por su parentesco con un tío abuelo suyo, Rafael Guízar, obispo de Veracruz y en proceso de canonización por Benedicto XVI como uno de los héroes de la persecución y guerra de los Cristeros en el México revolucionario de los años treinta del siglo XX. Sin embargo, un libro publicado en México con el título El Legionario, escrito por Alejandro Espinosa, sostiene que el obispo Guízar murió envenenado con cianuro por el propio Maciel. "Guízar acogió a su sobrino en su seminario clandestino, pero la buena relación entre ambos duró hasta que el obispo descubrió que el joven Maciel le estaba pervirtiendo su seminario con relaciones sexuales con otros estudiantes. El día en que el obispo murió había tenido una discusión muy fuerte con Maciel", sostiene.

Apoyado con información de algunos testigos del suceso y con confesiones que el mismo Maciel le hizo cuando tenía con él una relación muy cercana, Espinosa armó esta hipótesis. "La muerte de monseñor Guízar no quedó esclarecida. Y cuando años después exhumaron su cadáver, se le halló incorrupto y con el pelo rojizo, tal y como deja el cianuro a los cuerpos. Pero la gente se fue por el lado del milagro", sostiene este ex legionario, él mismo sometido a abusos cuando estudiaba en el seminario que la Legión posee en Ontaneda (Cantabria). Hoy vive retirado en el campo mexicano, con estrecheces económicas y, aún, amenazado por antiguos correligionarios. En cambio, el postulador en México de la causa de canonización de Guízar, el sacerdote Rafael González Hernández, tacha de absurda la historia. "Monseñor Guízar murió en 1938 a causa de una insuficiencia cardiaca y de un ataque de diabetes. Tenía 60 años y ya era un anciano decrépito y acabadísimo, pues gastó su vida al servicio de los fieles. Efectivamente, 12 años después de su muerte, en 1950, sus restos fueron exhumados y se encontraron incorruptos", afirma.

Lo cierto es que, con informaciones de acá y de allá, más lo que le han aportado ya los visitadores, el Papa tiene datos suficientes sobre la situación de la Legión de Cristo y sobre las acusaciones contra el fundador y algunos de sus colaboradores. La decisión que adopte se conocerá el próximo marzo. Según Martínez de Velasco, el Vaticano se debate entre tres opciones: disolver la congregación, proceder a su refundación o designar un comisario pontificio que conduzca a la Legión hasta un Capítulo General de renovación total.

Desde la disolución de los jesuitas en 1773 por Clemente XIV, forzado por los reyes de Francia, España, Portugal y de las dos Sicilias -por motivos de poder, por tanto-, la Iglesia católica no se había enfrentado a un caso igual, esta vez por sucios escándalos sexuales y financieros. Benedicto XVI, él mismo acusado de no haber actuado con diligencia cuando estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se enfrenta al peor momento de su pontificado, sobre todo si la investigación interna confirma una culposa pasividad de Juan Pablo II por amistad personal con Maciel.

"Un guía eficaz de la juventud", según piropo de Juan Pablo II

Los días de gloria de Marcial Maciel, y los de los Legionarios -unos 70.000, de los que 800 son sacerdotes-, estaban contados cuando un grupo de ex seminaristas de la organización se unió para denunciar ante la opinión pública al fundador y a sus protectores en el Vaticano. Unos, en Ontaneda (Cantabria), y otros, en seminarios de México, todos sufrieron abusos sexuales de su padre confesor. Fueron sacerdotes la mayoría. Tardaron en "contactarse", pero al final fueron "atando datos", dicen, hasta llenar de credibilidad una denuncia, que llegó ante Ratzinger cuando todavía no habían explotado los escándalos de pederastia en la iglesia de EE UU. He aquí la identidad de algunos de los denunciantes: además de Alejandro Espinosa, los hermanos Fernando y José Antonio Pérez Olvera, Samuel Barrales, Arturo Jurado, Juan José Vaca, José Barba y Félix Alarcón. La gota que colmó el vaso de su paciencia fue una frase de Juan Pablo II, amigo y protector de Maciel. El fundador de los Legionarios de Cristo es "un guía eficaz de la juventud", dijo el Papa polaco, de visita en México. Era en 1994. Con este sorprendente piropo del distraído Pontífice, el fundador legionario, que iba para los altares según el polaco, empezó su caída a los infiernos de la Iglesia romana. El proceso contra Maciel, según lo plantearon los ocho ex legionarios y su abogada, la austriaca Martha Wegan, tenía dos planos: el de los abusos sexuales y la adicción a la morfina del fundador, y el que éste dominara la conciencia de sus víctimas mediante la dirección espiritual. Es decir, además de los delitos sexuales, que en 1998 podrían estar prescritos, Maciel había absuelto a sus muchachos en confesión. La figura de la absolución del cómplice, uno de los mayores delitos en la Iglesia católica, no prescribe, y su examen queda reservado a la Congregación para la Doctrina de la Fe. La demanda contra Maciel se presentó en Roma en octubre de 1998 con este título: Absolutionis complicis. Arturo Jurado et alii versus Rev. Marcial Maciel Degollado. Las desviaciones del fundador legionario ya fueron investigadas entre 1956 y 1959, sin resultado conocido. Durante ese tiempo, Maciel fue suspendido como superior general y expulsado de Roma. El cardenal Alfredo Ottaviani, entonces gran inquisidor, encargó al claretiano vasco y futuro cardenal Arcadio Larraona que dirigiese la investigación. Éste envió a sus visitadores al seminario de Ontaneda, pero no resolvió nada.

Almodóvar o el narcisismo.

Hay quien dice por ahí que Almodólar no es manchego; yo creo que lo es demasiado, hasta la médula, hasta su corazón, que de tan amarillo es amarillista y de queso curado con agujeros. El prototipo del manchego no es, como pudiera parecer, don Quijote, ni Sancho Panza, estereotipos universales; lo es un personaje secundario al que no han levantado, lógicamente, ningún monumento en una plaza pública: lo es el bachiller Sansón Carrasco, gilipollas donde los haya. El bachiller Sansón Carrasco imita la apariencia de lo otro, pero dentro no tiene nada, está hueco, con un vacío que traga todo lo bueno que podría ofrecer y que sólo deja inquina a lo diferente; por supuesto, gana todas las batallas aunque esté muerto, como el Cid; pero su energía de conejito de duracell la saca de ese agujero negro: le humilla el éxito de los demás, se cree en posesión de la verdad suprema y vive sólo para arrojar de su caballo a cualquier San Pablo redentor que afirme que lo bueno es posible y puede escapar de su tremendo poder de succión; al contrario que Don Quijote es un narcisista negativo, incapaz de alabar a nadie. Nunca he oído a Almodólar alabar la película de otro ni de nadie; siempre todo gira en torno a él, que es pura mismidad y singularidad, que es dos veces él o más, un ser redundante, encantado de serse, maravillado de estarse y de parecerse, de haberse conocido y reconocido y autolamido las vergüenzas con gusto de político que se relame las prebendas, y que odia no haber sido reconocido donde se nació y se autoengendró a sí mismo; eso, al margen de que me guste su cine, que me gusta y que aprecio; sin embargo, víctima del divismo, y de su consciente refactura (porque es verdad que el inimitable imita) a lo artístico del cine de Eloy de la Iglesia, lo veo incapaz de salir de sí el tiempo suficiente como para elogiar el cine de otro. ¿Dónde están sus declaraciones en ese sentido? ¿Es capaz de escribir algo que no suene a Almodóvar? ¿Dónde están, por ejemplo, sus elogios a Celda 211? Pero es así; supongo que los grandes cineastas no tienen por qué ser grandes personas, ni mucho menos generosos. Marginado que fue, se sigue creando su propio si mismo a fuerza de automarginación porque vive de ella, le sirve para amurallarse y tapizarse y no confundirse con el hostil campo abierto, para sutosobrevivirse y autocanibalizarse; quizá piense que es una forma de rehusar el clasismo de la sociedad española, pero la suprema encarnación de modestia que supone el yo es otro de Rimbaud exige que se vuelva menos marca Almodóvar y más humano y anónimo, y que evolucione, como las amebas; trabajo le costará, porque ya le queda poco tiempo.

Dos cabalgan juntos, por Fernando Savater

"Dos cabalgan juntos", Fernando Savater, El País, 23-I-2010.

Suele decirse, es casi un lugar común, que los grandes escritores padecen un purgatorio más o menos largo de indiferencia tras su muerte. Algunos salen de él fortalecidos y eternos, otros permanecen incurablemente en el olvido. Pero Albert Camus representa una notable excepción a esta regla: a 50 años de su muerte temprana en un accidente de carretera, su figura intelectual ha aumentado sin cesar de tamaño y es hoy más prestigiosa que nunca.





Aún más sorprendente resulta la casi total unanimidad encomiástica que le rodea. Las polémicas y críticas acerbas que acompañaron la mayor parte de su vida creadora parecen haber desembocado hoy en un plácido estuario de reconocimiento sin fisuras. Resulta casi inevitable preguntarse si tanta aceptación no encierra un malentendido (el propio Camus dijo que el éxito suele implicarlo) o incluso una forma de olvido más soterrada y por tanto más difícilmente remediable.

Desde luego, abundan los motivos para recordar hoy a Camus con especial aprecio y simpatía. Para empezar, los acontecimientos históricos han venido a demostrar que en asuntos esenciales tenía razón: sobre todo en su denuncia del totalitarismo estalinista. Pocos años después de su muerte, Jruschov comenzó pudorosamente a desvelar la realidad atroz de la Rusia soviética, que los más furibundos detractores de Camus se negaban a admitir. A partir de ese momento -y sobre todo desde la caída del muro de Berlín- el comunismo realmente existente perdió casi todos sus abogados intelectuales y ha revelado sin paliativos su fracaso político y su desastre moral. La denuncia de Camus, que en su día fue malinterpretada o denostada, se ha convertido hoy en un tópico que casi todo el mundo suscribe sin rodeos.

Aún más. El lenguaje teológico puesto al servicio del exterminio de seres humanos era uno de los temas fundamentales estudiados en El hombre rebelde. Camus comprendió bien hasta que punto la búsqueda del absoluto puede convertirse en justificación para pisotear los derechos humanos más elementales. Cuando publicó su célebre ensayo, la invocación inquisitorial de motivaciones religiosas para persecuciones y matanzas parecía algo del pasado, pero medio siglo más tarde ha vuelto a ponerse de trágica actualidad.
Entonces se pensaba que las ideologías políticas (nacionalismo, nazismo, bolchevismo, etcétera) habían venido a sustituir al furor teológico de las religiones, pero hoy vemos que -tras la decadencia de esas ideologías digamos "laicas"- son de nuevo las coartadas religiosas las que regresan para legitimar atentados mortíferos, matanzas tribales, deportaciones masivas o bombardeos preventivos.

La denuncia de Camus en su día sonaba a algunos como una concesión al "idealismo" o al "espiritualismo" que desconoce las motivaciones socioeconómicas: resulta hoy una precursora señal de alarma.

Esta denuncia del totalitarismo y del terrorismo, que se adelanta a los acontecimientos venideros, ha conseguido hoy aplauso general para Albert Camus, entre los conservadores de derechas y también entre muchos izquierdistas arrepentidos. Pero este aprecio póstumo puede ocultar, como decíamos, un cierto malentendido y hasta un olvido selectivo de una parte importante del pensamiento político y moral de Albert Camus. Porque en su obra no hay un rechazo global sino más bien una exigencia ética de la rebelión: "Yo me rebelo, luego nosotros somos". Decir "no" y rebelarse contra la injusticia y la desigualdad social ("la sociedad del dinero y de la explotación no se ha encargado nunca, que yo sepa, de hacer reinar la libertad y la justicia"), contra la opresión colonial de los países más desfavorecidos, contra la pena de muerte, contra la utilización de armas atómicas... Todo eso también formó parte central de sus manifestaciones políticas. Albert Camus fue crítico con la revolución que entroniza el terror y la violencia como dioses justicieros, confundiendo la depuración con el camino de la pureza, pero no fue un conformista ni un cínico que acepta sin más -en nombre del orden sacrosanto- los peores manejos de la razón de Estado. Fue moralmente exigente con la rebeldía (sostuvo que en política deben ser los medios quienes justifiquen el fin y no al revés), pero sin duda fue también un rebelde: "La rebelión no es en sí misma un elemento de civilización. Pero es previa a toda civilización".

Probablemente el intelectual del siglo XX con quien más tiene en común Albert Camus, hasta la coincidencia casi desconcertante, es George Orwell. Y no sólo por similitudes biográficas, como que ambos fueron tuberculosos, ambos murieron (aunque por causas distintas) a los 47 años, ambos tuvieron una preocupación especial por la guerra civil de España y su tragedia posterior y ambos padecieron la maledicencia calumniosa de muchos colegas comprometidos con el disimulo o la minimización de la realidad totalitaria comunista. Hay además otras concordancias esenciales. Una de las principales es la importancia concedida al lenguaje y a la sinceridad que lo emplea en busca, ante todo, de la verdad.

Orwell denunció: "El lenguaje político -y con variaciones esto es válido para todos los partidos políticos, desde los conservadores a los anarquistas- es empleado para que las mentiras parezcan verdaderas y el crimen respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro humo". Y concluyó: "El gran enemigo del lenguaje claro es la insinceridad".

Por su parte, Camus señaló: "He escuchado tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme dar vueltas la cabeza, y que han hecho dar a otros vueltas la cabeza hasta hacerles consentir en el asesinato, que he llegado a comprender que toda la desdicha de los hombres proviene de que no tienen un lenguaje claro. He tomado entonces el partido de hablar y actuar claramente para volver a ponerme en el buen camino. Por consiguiente digo que hay las atrocidades y víctimas, y nada más" (La peste).

Tanto uno como otro fueron explícitamente contrarios al culto del músculo y la fuerza como garantía de eficacia para resolver los conflictos, aunque Camus simpatizó más con el pacifismo y las doctrinas gandhianas de la no violencia (para Orwell "el pacifismo es más una curiosidad psicológica que un movimiento político").

Y ambos criticaron el nacionalismo: Camus escribió a su imaginario amigo alemán que él "amaba demasiado a su país para ser nacionalista" y Orwell unas perspicaces y siempre actuales Notas sobre el nacionalismo en las que dejó caer esta observación de largo alcance: "Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado".

Pero cada uno de ellos se interesó a su modo por el patriotismo, entendido como ciudadanía compartida y no como etnia de pertenencia.

Orwell se asombraba en 1940 (probablemente pensando en el grupo de Bloomsbury o gente parecida) de que Inglaterra fuese "el único gran país cuyos intelectuales se avergüenzan de su propia nacionalidad" y deseaba para el futuro que "el patriotismo y la inteligencia volviesen a ir juntos de nuevo".

Por su parte Camus, en el prefacio a sus Crónicas argelinas, en las que expuso una postura que desagradaba a casi todos, dice: "Desde la derecha se ha emprendido, en nombre del honor francés, lo que era más contrario a tal honor. Desde la izquierda, frecuentemente y en nombre de la justicia, se ha excusado lo que era un insulto a toda verdadera justicia. La derecha ha cedido así la exclusiva del reflejo moral a la izquierda, la cual le ha cedido a su vez la exclusiva del reflejo patriótico. El país ha sufrido dos veces".

Tuviesen o no razón en sus opiniones y actitudes políticas, tanto Camus como Orwell fueron librepensadores. Es decir, sostuvieron principios y argumentos, no partidos. Rechazaron algo muy frecuente, el escándalo selectivo, las condenas que siempre barren para casa y silencian lo que perjudica a nuestro convento. Cincuenta años después, reciben incienso de los mismos que hoy excomulgan a quienes se comportan como ellos: la hipocresía es el tardío homenaje que el sectarismo rinde a quienes han dejado de ser molestos. ¿Victoria póstuma o dulce derrota definitiva?

sábado, 23 de enero de 2010

Cacas y frases

JUAN JOSÉ MILLÁS
Cacas y frases

"Cacas y frases", JUAN JOSÉ MILLÁS 22/01/2010

Quizá lo he dicho en otra ocasión (estoy perdiendo memoria), pero correré el riesgo de repetirme: Lo que más me asombraba de mi perro, recientemente fallecido, era la concentración con la que olía las cacas y los pises de los otros animales. Parecía un estudiante de bachillerato llevando a cabo el análisis sintáctico de una oración gramatical. Observándolo, intentaba imaginarme yo al primer gramático de la historia en el trance de preguntarse qué rayos era aquello que nos salía de la boca y que con el tiempo llamaríamos palabras. De una deposición bien analizada, mi perro obtenía informaciones sorprendentes acerca de la edad, el sexo o la altura de un congénere. Quiere decirse que los excrementos, para quien sabe leerlos, poseen su morfología, su sintaxis y su semántica. Son un lenguaje, en fin. Los niños, hasta que logramos arrastrarlos al lado de acá, se expresan con sus cacas mejor que con sus palabras.

Pasar del análisis de la caca al de las palabras implica un recorrido cultural de proporciones gigantescas que se realiza, sin embargo, a través de un túnel relativamente corto en uno de cuyos extremos se encuentra el culo y en el otro la boca. Resulta un misterio que orificios tan próximos alumbren productos de naturaleza tan desigual. Por eso mismo las incidencias del habla -y no digamos de la escritura- provocan tanto regocijo. Véase, si no, el éxito de libros como El dardo en la palabra, de Lázaro Carreter, o la Nueva gramática de la RAE, pero también de Groucho Marx, la base de cuyo humor eran los juegos de palabras. Y es que cada individuo, lo sepa o no, lleva dentro de sí una gramática a cuyas normas se atiene con una fidelidad increíble cada vez que despega los labios. De ahí (¡atención, maestros!) que la gramática de fuera sólo se entienda cuando es capaz de descubrir la que llevamos dentro.

Hoy

Amigos, yazgo apoltronado contra mi mesa, levantada en ángulo frente a una librería atestada que me da miedo consultar/desordenar. Sobre el pálido tablón reúnen su discordia librotes de consulta, papelajos, dibujos, fotos, estampitas y una serie de elementos descolgados que no forman grupo: dos ladrillos de arcilla para modelar, una mariquita sacapuntas, una aventura gráfica ambientada en Malta, un botellón de pepsicola light, una menina pisapapeles, una reproducción de la piedra Rosetta, un loro que suelta su repertorio desde mi hombro y me engalana con una medalla, un sombrero mexicano, un calendario chino, pastillas, muchas pastillas, un horario escolar y un ovillo de cables que ni siquiera Alejandro Magno podría desenredar. Me entran ganas de irme paseando y escribir sobre una calle con viento fresco, como suelo hacer a veces cuando llueve, pero me gana la desgana y tengo mucho que corregir y escribir. Me viste un pijama y me calzan unas zapatillas; acabo de leer la prensa electrónica y de consultar mi correo; también he visto el penúltimo episodio de Dexter pirateado de una versión sudamericana; he escrito dos post y leído unos textos del nauseabundo Lamborghini; ayer un incógnito pájaro de los que albergo arrancó las dos plumas remeras de mi periquito Quico, que por eso no puede volar; ayer vi también un filme de terror que transcurría en el místico desierto de Kalahari, por lo menos curioso y entretenido. Siguen sin "echar", o "potar", diría un niñato de los que hoy tienen curso legal, La cinta blanca de Hanecke; en cambio proyectan o expulsan fuera del cuerpo Up in the air de un tal Jason Reitman, cuyo argumento aparenta ser muy interesable; mi suegra muestra su cabreado desconcierto por el hecho de no haberse enterado por nadie de la lesión del pajarroide; mi hija mayor me hace ver que ha encontrado una forma más resumida de resolver un problema matemático con el que estaba enrollada desde antes de que yo me levantara; y mi mujer anda por algún perdido rincón dando clases de Constitución y recibiendo elogios merecidos por las excelentes dotes pedagógicas que despliega, dotes que me hacen envidiarla sanamente y que yo soy cada vez menos capaz de sacar de mí. Mi hija menor, que se ha comprado un cuaderno gótico como es ella, y tal suele, atiende por teléfono a un centenar largo de amigotas que en el fondo desprecia y con las que también se enchufa por chat y twenty, y se cuelga del ordenador cuando no barre el salón, compone laboriosamente sus ejercicios escolares, atiende sus pájaros o trata muy mal de palabra a todo lo divino y humano, que es hembra antojadiza y con una mala leche que no sé yo de qué padre la ha sacado.

Las quiero a rabiar.

Osvaldo Lamborghini


Hete aquí un descubrimiento literario más, el de un maldito argentino, Osvaldo Lamborghini, al que han querido definir como el nadir de Borges, su doppelgänger exacto. Para leerlo sin caerse de espaldas hay que atisbar entre los dedos de una mano que nos cruza la cara, con temerosidad y algún horror. La brutalidad y la bajeza del ser humano, ese es su tema, plasmado/pasmado en forma paródica. Entre los monstruos literarios de Españoamérica, sólo le es comparable el colombiano Fernando Vallejo.

Angelitos caídos

Dos niños torturaron por diversión "hasta que les dolieron los brazos"

Un juez de Sheffield, norte de Inglaterra, condenó ayer a detención indefinida a dos hermanos que ahora tienen 11 y 12 años por torturar salvajemente en abril del año pasado a dos niños que entonces tenían 9 y 11 años. Los culpables, cuya identidad no puede ser revelada y que deberán cumplir al menos cinco años en detención en un centro de menores, golpearon a los otros dos niños con bastones, piedras, ladrillos y pedazos de un lavabo de cerámica y les obligaron a realizar acto sexuales entre ellos. Las dos víctimas, que son tío y sobrino, se han recuperado de las heridas físicas pero siguen teniendo importantes secuelas psicológicas, sobre todo el pequeño.

El caso ha evocado en el Reino Unido la muerte en 1993 de James Bulger, asesinado en Walton (Liverpool), cuando aún no había cumplido tres años por dos niños que entonces tenían 10 años.

Los dos hermanos condenados admitieron esta semana en el juicio que habían actuado así porque se aburrían y no tenían otra cosa que hacer. Antes, en su declaración policial, aseguraron que la tortura terminó porque tras una hora y media de paliza les dolían los brazos, no porque temieran matar a sus víctimas. Cuando se cansaron, abandonaron a los dos niños junto a un arroyo, medio desnudos y sangrando.

El mayor de las dos víctimas, que sufrió las heridas más graves, pidió a su sobrino que se marchara y le dejara morir allí. El pequeño se fue y consiguió alertar a unos vecinos, que pensaban que el mayor había muerto: estaba tendido boca abajo, semi inconsciente, desnudo de cintura para abajo y con la cabeza ensangrentada.

Aunque con heridas físicas más superficiales, el pequeño tiene muchos más problemas para superar el trauma: atormentado por los sentimientos de culpa por haber dejado a su tío malherido, empieza a tener comportamientos agresivos que nunca había mostrado antes. Y se ha roto la relación entre ellos dos, que eran muy amigos y salían juntos. Ahora apenas se ven.

Los hechos ocurrieron un sábado por la mañana en Edlington (South Yorkhsire), cuando los hermanos se encontraron con los otros dos niños en un parque y les obligaron a ir a un paraje cercano. Allí les robaron, pegaron puñetazos y patadas, les obligaron a desnudarse, les golpearon, les produjeron quemaduras y les sometieron a una larga serie de humillaciones, sexuales incluidas.

Después de que el fiscal rebajara la acusación inicial de intento de asesinato se declararon culpables de agresión, robo y abusos sexuales y también de agredir a otro niño de 11 años una semana antes. Una de las claves del caso ha sido que uno de los agresores grabó parte de la paliza en el teléfono móvil de una de las víctimas.

El juez describió el ataque como "violencia sádica sin más razón que la del deseo de humillar". "Lo que habéis hecho equivale a tortura", les dijo a los dos hermanos, que nunca han mostrado arrepentimiento y apenas se inmutaron al escuchar la sentencia. "Pequeños bastardos, diablos, ojalá alguien os haga lo mismo a vosotros", les espetó la madre de una de las víctimas. Los dos hermanos proceden de una familia desestructurada con un padre alcohólico y violento. El mayor tenía acceso a vídeos pornográficos, vodka y la marihuana casera que cultivaba su padre.

El caso puede tener influencia en las cercanas elecciones generales porque refuerza las tesis del líder de la oposición conservadora, David Cameron, de que la británica es "una sociedad rota". En un discurso en Kent, Cameron aseguró que "este caso diabólico" no es un asunto aislado y tiene consecuencias más amplias. "Cuando ocurren estas cosas tenemos que reflexionar y peguntarnos a nosotros mismos algunas cuestiones muy profundas sobre qué es lo que no funciona en nuestra sociedad".

Uno de los problemas de fondo es que los servicios sociales de Doncaster conocían el largo historial de comportamiento antisocial de los dos hermanos, con antecedentes de abusos y agresiones a otros niños y a adultos. "Nadie podía haber previsto la severidad de este ataque. Pero nuestra investigación ha concluido que hubo graves fallos en los servicios sociales locales", admite un informe del presidente del Consejo de Salvaguardia Infantil de Doncaster, Roger Thompson, citado por la BBC. Y arruina los esfuerzos del Gobierno por convencer a los británicos de que, pese a casos como éste, en 2009 han caído todos los indicadores de criminalidad, excepto los delitos sexuales, según las cifras publicadas el jueves por el Ministerio del Interior.

martes, 19 de enero de 2010

Cartas desde mi celda

He releído las Cartas desde mi celda de Bécquer; resulta curioso, algunas cosas las había olvidado por completo. El que yo soy ahora resulta ser un marciano comparado con el que era de joven, no digamos con el que de niño. No me reconozco casi, pero hay anotaciones a lápiz de un joven desorientado que, por lo visto, era yo. Ahora lo que subrayo son otro tipo de cosas, y con otro fin. Por ejemplo:

He aquí hoy por hoy todo lo que ambiciono: ser un comparsa en la inmensa comedia de la humanidad, y concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores, sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida.

Fuera de los precedentes cancioneriles y barrocos, uno recuerda el paralelo "envejecer, morir, es el argumento de la obra" de Gil de Biedma, de quien, al parecer, han exhumado los polvos pretéritos en celuloide actual. Hay una hermosa descripción de un cementerín rural, al que se compara con las grandotas e impersonales necrópolis de las ciudades donde suelen enterrar a la gente gorda; hay también una gran defensa del patrimonio artístico destrozado por las desamortizaciones y las reformas modernas, cuentos de brujas, costumbrismo, una fantasía fertilísima y la cálida voz de un estilo: en estas páginas se apercibe claramente qué clase de persona era Bécquer, y uno lo aprecia mucho más si cabe por eso, porque en su sinceridad y en su voz se deja ver un amigo.

¡Mueran los heditores! (sic)

Luisgé Martín "¡Mueran los heditores!" (sic) El País, 19-I-2010:

Aristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que es el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, si se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que creemos mejores y delegamos en ellos -bajo vigilancia crítica- para que nos dirijan. En la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos nada: todos opinamos de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en cualquier materia y profesión.


¿Es beneficioso que haya faltas de ortografía, incoherencias narrativas y redundancias? ¿Hay que poner anuncios de Coca-Cola en la novela para garantizar la libertad del autor y el lector? En estos días se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es oclocratizarla, y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio social, me parece una amenaza apocalíptica.

En el artículo de Javier Calvo Por un libro universal (EL PAÍS, 24 de diciembre de 2009) se repetían algunas de esas ideas recurrentes en las que se predica, con voz epifánica, el advenimiento de una cultura liberada por fin de las cadenas de los editores. ¿Pero esas cadenas tan esclavizadoras son reales?

A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del año casi 1.000 manuscritos. En España deben de circular durante ese tiempo más de 5.000 originales diferentes. La inmensa mayoría de ellos son impublicables, como sabe bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor (gastando dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de entre todos los granos elige aquellos que tienen más afinidad con su línea editorial: literatura de autor, best sellers, creación experimental... Mi biblioteca, como la de cualquier lector curtido, está llena de libros de las editoriales que publican el tipo de literatura que me interesa. Es decir, me he aprovechado de la labor y del saber hacer de sellos como Anagrama, Seix Barral, Alfaguara o Tusquets, y lo he hecho porque confiaba en el criterio profesional de sus editores.

Pero los editores, además, editan los libros, si se me permite decirlo de un modo tan tautológico. Es decir, les aportan valor añadido: hacen sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el estilo... Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos escrito y aquellos amigos a los que pedimos opinión no son capaces siempre, aunque lo intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los editores son los únicos que pueden enfrentarse a la obra con competencia y desapego a la vez.

Lo que se nos propone ahora es la desaparición del editor. La extensión del modelo de edición tradicional al e-book, se nos dice, es "perjudicial para el autor y el lector". ¿Es beneficioso, entonces, que en vez de 150 novedades anuales clasificadas por sellos editoriales definidos haya en la Red 5.000 textos sin depurar? ¿Es beneficioso que José Saramago y mi prima Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte contando historias) estén en pie de igualdad? ¿Es beneficioso que los textos tengan faltas de ortografía, incoherencias narrativas y redundancias? Y aún peor: ¿es beneficioso que desaparezcan esos libros de no ficción que impulsan las propias editoriales, encargándoselos a autores? ¿Quién se ocupará de traducir una novela a otro idioma, de adelantar el dinero que supone ese trabajo?

En la mayoría de los comentarios que predican el nuevo Edén digital se huele el incienso de la España católica: ganar dinero es malo, es pecado; el editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de resultados.

Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados sólo por llegar a final de año, por mantener puestos de trabajo y por poder editar libros arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho algunas fortunas con la edición: ¿y qué? Pero lo peor es que los mismos que abominan del editor mercader nos aseguran sin empacho que una de las soluciones para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el propio libro. "Cuando una mañana Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama de Ikea convertido en un monstruoso bicho". ¿Es de eso de lo que hablamos? ¿O de que al cambiar de capítulo en Ana Karenina salte en la pantalla del e-book un banner con un anuncio de agencias matrimoniales? No sé si es que me he hecho demasiado viejo para entender los códigos morales de la post-postmodernidad -o lo que sea esto-, pero reconozco que me escandaliza ver el desparpajo con que se mezcla la ética de Fidel Castro con la de Esperanza Aguirre. Por un lado se sataniza al editor empresario y por otro se recomienda poner un anuncio de Coca-Cola en mitad de una novela para defender así la independencia autoral y la libertad del lector. Antes había "visiones del mundo"; ahora, al parecer, sólo hay ángulos ciegos.

El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al autor en el nuevo mundo e-editorial. Dado que el editor debe desaparecer, se propone que el autor se comporte como un empresario de sí mismo y asuma el desarrollo informático y administrativo, la gestión comercial y la promoción de sus libros.
Es decir, que además de escribir bien, a partir de ahora para ser autor habrá que tener ánimo empresarial, adquirir conocimientos de márketing, elaborar banners y páginas web, dedicar tiempo a infectar viralmente la Red con nuestros productos, preparar performances y poseer algo de dinero para la inversión informática y los viajes promocionales. Los autores, por tanto, no sólo no cobraríamos, poco o mucho, sino que pagaríamos para escribir. Todo ello con la esperanza vaga de que se produjera un retorno de la inversión que nos permitiese al menos comer. Ese retorno no vendría del pago -barato o caro- de los lectores, que se considera impertinente, sino de algún tipo de publicidad como los ya mencionados.

¿Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en estas lides? Los autores, sin llegar al tópico romántico, suelen ser seres inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas terrenales. Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para que se ocupara de sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la melodía, dirijan la orquesta y toquen todos los instrumentos. A lo peor alguien como Saramago decidía abandonar la literatura, abrumado por esos deberes mundanos (no olvidemos que hay autores que no soportan ni las giras promocionales), pero mi prima Paqui, en cambio, saldría literariamente reforzada, pues es formidable en las relaciones públicas y en la promoción personal.

Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero está en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que queremos para el futuro. Con el e-book desaparecerá aproximadamente un 75% del coste actual del libro -papel e impresión, distribución, venta minorista y gastos de financiación de los invendidos-, de modo que el precio podría abaratarse enormemente sin empeorar la calidad y sin poner a la literatura en manos de Repsol o de Nokia. La distribución, por otra parte, sería universal y perpetua: un libro estaría disponible en Lima y en Tokio, hoy y dentro de 20 años, posibilitando así la difusión ilimitada de los autores, simplificando al máximo la logística de las editoriales y permitiendo a cualquier lector tener acceso a títulos hoy inencontrables. Y técnicas de comunicación digital como la de regalar el primer capítulo de una novela, ahora todavía en pañales, podrían suponer una nueva revolución en los costes de publicidad y una indiscutible garantía para el lector indeciso. ¿Nos parece poco paraíso?

No nos engañemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya editores ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los privilegios de unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que transmite. Oclocracia o democracia, that is the question.

Luisgé Martín es escritor; su última novela es Las manos cortadas (Alfaguara).

Así va

Rosa Montero, "Así va", El País, 19-I-2010:

Cuando Lisboa fue destruida por un terremoto en 1755, la Iglesia católica dictaminó que era un justo castigo de Dios (¿les recuerda algo semejante derroche de compasión?). Y la obvia insensatez de esa afirmación cruel (habían muerto miles de inocentes, niños incluidos, en un país además especialmente religioso) creó una conmoción mundial y una reacción aconfesional encabezada por Voltaire. Aquel seísmo fue el comienzo de la muerte de los dioses.

Han pasado 250 años de aquello, pero la Iglesia sigue diciendo cosas igual de insensatas e insensibles. Las crudas palabras del obispo Munilla (que la pobreza espiritual de España es un mal mayor que la tragedia de Haití) también han provocado un sonoro escándalo. Para peor, en vez de pedir excusas, el prelado se justificó diciendo que hablaba a "nivel teológico", con lo cual solidificó su error de expresión y lo convirtió en lo que sin duda es: pura y berroqueña ideología. Ah, sí, seguro que hablaba teológicamente. Sólo hundido a ciegas en el dogma puede uno tener una percepción tan deformada de la realidad y creer que la tibieza católica de los españoles es peor que el atroz sufrimiento de los haitianos y que el pavoroso colapso de un país entero: un abismo en la Tierra. Es la teología como sinónimo del fanatismo. Si Munilla quería hacer una reflexión moral, podría haber hablado de que el horror de ahora es una consecuencia del horror de antes. Haití, ya se sabe, es uno de los países más míseros, corruptos y desesperados del planeta; la esperanza de vida no llega a los 52 años y sólo uno de cada 50 ciudadanos recibe salario. Eso sí que es pobreza espiritual; quiero decir que algo funciona muy mal en un mundo que permite la existencia de estos infiernos. Pero, ya ven, a Munilla y Cía. sólo parece interesarles lo teológico. Así va la Iglesia: matando ella sola a Dios con sus torpezas.

Fe

Fe, cristiana o no, es lo que uno más necesita: confianza, autoestima, el timos platónico, como queráis llamarlo. No se puede querer, ejercer la voluntad, sin algo tan profundo que da identidad, ser, presencia en la realidad. La fe es equivalente a la dignidad, a la verdad, a la vida, a la libertad. Lo sabía bien Cervantes, que pintó a su héroe destrozado y muerto por haber dimitido de esa condición necesaria para toda esperanza; y el bueno de Sancho:

—¡Ay! —respondió Sancho, llorando—: no se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

Y muchos capítulos antes:

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias. Vuesa merced se reporte y vuelva en sí y coja las riendas a Rocinante y avive y despierte.

Vacunas y negocio


Almudena Grandes
, hoy: "Hace ya muchos meses que los médicos responsables empezaron a recomendar a sus pacientes que ni se les ocurriera vacunarse de la gripe A. Una vacuna mal testada es más peligrosa que cualquier virus, decían. Ahora, el Consejo de Europa sospecha que, tras los apocalípticos clarines de la pandemia fantasma, estuvieron ciertas multinacionales farmacéuticas, que sobornaron a algunos funcionarios de la Organización Mundial de la Salud para forrarse vendiendo vacunas. El resultado desborda sus cuentas de resultados. Hay países, como Rumania, donde la gripe A no ha matado a nadie, pero su vacuna sí lo ha hecho. Esto se veía venir, pero, ¿qué pasa cuando las cosas se ven venir?"

Reagan

  Reagan: "Cuando fue gobernador de California, quiso aminorar los impuestos. ¿Y sabes qué hizo? Pues, en primer lugar, cerró la mitad de las bibliotecas públicas y casi todos los hospitales para enfermos mentales no privados. Además, cerró 1.400 escuelas públicas. Esta es su idea de cómo abaratar los impuestos". Evidentemente, lo que hay que hacer es subir los impuestos. A los ricos. E impedir la existencia de esos paraísos fiscales que más bien son infiernos, habida cuenta de las sabandijas de todo pelaje que acuden a refugiarse en ellos; por cierto, ¿qué fue de la decisión del grupo 8 de acabar con esos paraísos fiscales con motivo de la crisis bancaria? Ya nunca más se supo. Como yo decía.

lunes, 18 de enero de 2010

Haití

Ay, ay de ti, Haití. Pasará el desastre y las miserables y momentáneas ayudas y seguirás demolida por dentro a causa de un terremoto aún peor que el que hoy te atribula, porque dura mucho más: el hambre y la pobreza. Cuánto más malo es, ha sido, será un temblor de carne que uno de tierra y un enterramiento en vida que uno transitorio. Pero ya no hay zombis en tus tumbas, sino gente enterrada viva en las casas de tus calles, sobre todo en los palacetes señoriales de los ricos, mientras que los que viven en una choza sólo han tenido que soportar la caída de la hoja; pero me equivoco: resulta que los que han muerto son los pobres y no los ricos, como siempre. Dice El Roto que sólo aplastados son visibles los haitianos, y todo el mundo lo comprende, salvo los que ni siquiera se han enterado del terremoto porque tienen que atender noticias más importantes, como son las cotizaciones de bolsa.

domingo, 17 de enero de 2010

Benito XVI

Benito XVI ha visitado la sinagoga de algunos de mis antepasados en Roma. Benito XVI tiene más jeta que espalda, o morro de la morrería, que es lo ídem.

Por si las moscas



"La llegada de sin papeles a España desciende un 80% este año". Las pobrecillas moscas no se equivocan nunca: si España era una mierda, ya ni siquiera es compacta y de buena calidad, sino pura diarrea. ¿Cuánto tardaremos en producir moscas?

Leído por ahí

Escrito por un periodista anónimo:

"Unos medios de comunicación cada día más expuestos a la precipitación y la superficialidad".

Johnny Deep:


"¿Si me siento molesto con tanto acoso por la fama? Digamos que no me gusta la palabra fama. Hasta me parece una broma que mi presencia levante tanta expectación; en cualquier caso, tengo claro que la única razón por la que estoy aquí es por la gente: soy, simplemente, un empleado de la gente"

Lo terrible


 Solo hay una cosa más terrible que la crisis económica que azota a este país para sus dueños. Sólo una; y, junto a que una de cada cinco personas que usted ve en la calle esté en paro, que ninguno de los que mandan, y ninguno de los que escriben sobre eso, haya empleado, quizá ni siquiera imaginado, la palabra dimisión, tan parecida a la de paro.

Pena de muerte


En Estados Unidos hay, según El País, 139 condenados a la pena capital que eran inocentes y pasaron decenas de años en la cárcel, en el corredor de la muerte, apelando hasta que se demostró que eran completa y absolutamente inocentes. 139, y que se sepa, porque otros no lo aguantan y se suicidan o se drogan y seguramente son más los que no pueden probarlo y muchos más todavía los que han sido ejecutados antes de poder demostrarlo, (según las cifras más conservadoras, ocho al menos) la gran mayoría de ellos negros, a pesar de que no son los más abundantes en el país. Y lo más gracioso es que nadie compensa a las víctimas del sistema judicial norteamericano ni nadie les pide siquiera perdón; qué gracioso, aunque seguramente no lo será para las víctimas. Pero allí todavía hay quien sigue confiando en la justicia de los tribunales populares y quien sigue creyendo en el sistema legal y quien sigue diciendo que la pena de muerte es la mejor. ¿Para quién, para qué? Se trata de una sociedad nada admirable, de una sociedad paleta, capitalista, cruel, sin empatía, que sin embargo se atreve a proclamarse ejemplar y ser empuñada por la tv y por interesados ricachones como modelo de sociedad. ¡Anda ya! Y lo que es peor, es imposible cambiar ese país, porque allí no hay censura, ya que la censura está absolutamente institucionalizada y se llama represión: véase:

Haciendo un círculo en una sala de conferencias se presentan, uno a uno, 21 de los 139 ex condenados a muerte que han logrado demostrar su inocencia en la historia de EE UU. Junto a los once negros, nueve blancos y un latino exonerados presentes están sus familiares, amigos y cinco militantes de Witness to Innocence -en castellano, "Testigos para la Inocencia", una ONG de Filadelfia que organiza el encuentro y que fue fundada hace cinco años por la monja Helen Prejean, la mujer a la que dio vida en 1995 Susan Sarandon en la película Dead man walking (Pena de muerte, en España)-. Un total de 47 personas van tomando la palabra y, en voz alta, se dan a conocer. Para el grupo, procedente de todo EE UU, ésta es su ocasión para reencontrarse unos y darse a conocer otros. A todos les sirve para "cargar pilas", una suerte de comunión colectiva de cinco días de duración, "una reunión de antiguos alumnos", como bromeaban algunos. Es su momento privado tras un año en el que algunos de ellos no han parado de viajar y hacer campaña contra la pena capital en escuelas, universidades, iglesias... De manera excepcional, permiten que un medio de comunicación, "por ser extranjero", se sume por primera vez a su íntimo corro. Y es que algunos, como Curtis McCarty, desconfían de los periodistas estadounidenses: "Si prestaran más atención a la pena de muerte en nuestro país, si dijeran que hay cosas innecesarias, inmorales e inconstitucionales, terminarían con el problema. Pero no lo hacen". Llegaron a ofrecerle la perpetua a cambio de que admitiera el crimen. No aceptó. No podía, a pesar de que convivía día a día con la amenaza de su propio asesinato legal, porque se sabía inocente. El proceso judicial se alargó y fue tan lento que tuvo que esperar a 2002 para que un juez reconociera que se le había de juzgar de nuevo y le sacara del corredor. Entonces se supieron dos cosas. Una, que otro acusado de dudoso historial había recibido una reducción de condena en su día a cambio de testificar contra Derrick. Y dos, que el fiscal había ocultado premeditadamente declaraciones vitales de varios testigos presenciales del crimen que contradecían a ese falso soplón. En definitiva, nunca hubo pruebas contra él, sino todo lo contrario. Jamison quedó finalmente libre en 2005. Veinte años después de una condena injusta: inocente. No le han indemnizado. [...] Esto ha cambiado sobre todo gracias a la proliferación de las pruebas de ADN. The Innocence Project, una organización fundada en 1992, ha probado con ese método la inocencia de 248 personas (algunas en el corredor y otras no), demostrando una y otra vez que EE. UU. tiene un problema. El último caso es el de un hombre condenado a cadena perpetua en Florida, liberado el pasado 17 de diciembre tras 35 años encerrado, un récord en cuanto a permanencia en la cárcel de un inocente¿Y la vida tras la cárcel, qué? Al salir hay dificultades económicas, sociales, familiares, de salud... Sentado en una silla de ruedas que parece quedarle pequeña, Paul House, un hombre corpulento de 48 años liberado a mediados de 2009 gracias precisamente a The Innocence Project, habla con dificultades. Su madre, Joyce, hace de portavoz casi todo el tiempo: "¡Me enfado cuando alguien dice que en el corredor hay atención médica!". Su hijo, con una medio sonrisa muy atrofiada por la falta de cuidados dentales en prisión, corrobora: "Bullshit!" (una palabra soez que significa "mentira"). Paul estuvo 22 años encarcelado en el corredor de Tennessee. Los últimos 10, afectado por una esclerosis múltiple, encerrado las 24 horas del día en su celda, donde comía y hacía sus necesidades. Apenas podía moverse o hablar. Ningún guarda se esforzó en sacarle de su cuadrilátero, aunque sólo fuera en la única hora diaria a la que tenía derecho, esposado, al patio". Empezó a tener problemas de equilibrio. Él pensaba que sería por una infección de oído. Pero en una de las visitas, otro preso se acercó y me dijo: "Señora House, algo le pasa a su hijo. Le he visto apoyarse en las paredes para no caerse". A la mañana siguiente llamé a mi abogado. Nos costó dos años que un médico entrara a diagnosticarle su enfermedad. Así que los otros presos se ocuparon de él". Paul afirma a trompicones: "Sé que suena extraño, pero conocí a verdaderos buenos tíos en el corredor". Tras el diagnóstico, continúa la madre, la prisión sólo le dio vitaminas y paracetamol. La batalla legal por las inyecciones que necesitaba fue ardua. Tiempo perdido que deterioró la salud de Paul en medio del desinterés por parte de las autoridades de Tennessee. Muchos tienen problemas para recordar las cosas, una de las consecuencias que muchos padecen tras años sin obligaciones tan sencillas como pagar una factura. El laboratorio había falsificado pruebas durante años, y gracias al ADN, Curtis pudo probar su inocencia. Preguntado por si ama a su país, calla en un impás eterno, se atusa la perilla, mira al horizonte y musita tajante: "No". El himno estadounidense habla de "la tierra de los libres", pero paradójicamente pocos americanos han sido compensados por el error judicial que los encarceló. Tras años perdidos, algunos están endeudados, la mayoría tiene nulas o difíciles perspectivas laborales, otros son alcohólicos y todos sufren estrés postraumático. Con ese panorama, la ayuda gubernamental es mínima y casi todo el apoyo se acaba sustentando en las redes familiares y de amigos."He gastado 220.000 dólares en abogados. Vendí mi casa, mi granja, mis coches. Todo lo que tenía. Incluso mis familiares hipotecaron sus hogares", explica Randall Padgett, ex convicto, inocente en el corredor de Alabama durante cinco años. Hablamos con él ante las puertas del Palacio de Justicia de Birmingham. Sonríe porque ya no está en prisión, pero explica con cara de circunstancias que ahora está arruinado por las deudas generadas por su paso por el corredor. Pero resulta que o se gastaba el dinero en sus propios abogados, o quizá hubiera muerto. El letrado que le puso el Estado le reconoció que no iba a luchar demasiado. Era un caso por el que apenas iba a cobrar unos dólares. Sólo 27 de los 35 Estados con pena capital tienen leyes de compensación. Pero son incompletas, no se utilizan en la práctica, o sólo sirven para casos de ADN. A nivel nacional, existe una ley para presos federales que contempla 50.000 dólares por año erróneo en prisión, aunque nunca se ha aplicado, porque nunca ha habido un exonerado federal. El Congreso norteamericano debate ahora una ley nacional para los casos estatales, unos 500, incluidos los 139 que salieron del corredor. Sin embargo, la propuesta, apoyada de momento sólo por 52 de los 435 congresistas, es infinitamente menos generosa que la ley federal: habla de dos años de ayuda económica no directa a las víctimas, a través de ONG que decidirían una por una. Al explicarse esto, la sala de reuniones del hotel se llenó de comentarios de desaprobación. "En el corredor, la esperanza te podía matar. Cualquier cosa buena que esperaras... si no llegaba... ¡uf! Hoy me enfrento a todo como si fuera a pasar lo peor, pero esperando lo mejor. Y sorprendentemente, lo mejor suele ocurrir".