jueves, 30 de julio de 2026

Criterios para autenticar la IA

[Transcrito de "El gran fallo de la IA que nadie es capaz de arreglar", en el portal en YouTube del informatólogo Gustavo Entrala]: 

Sonb distintos exámenes, pero todos buscan lo mismo: descubrir cuándo la IA empieza a inventar información con total seguridad. Combinando todos estos exámenes, hagamos un ranking por cada una de las categorías.

El que menos cosas se inventa es Perplexity, que además incorpora las citas en las que se basa para decir algo.

El más riguroso en los resúmenes de información que se aportan al modelo es Gemini.

El que más dice que no sabe algo cuando no lo sabe es Claude Opus 4.6

Y la IA que más datos inventa es chat GPT 5.2 cuando activas el razonamiento.

Y el menos fiable de todas las categorías es, ya lo siento amigos, fanes de este modelo, Deepseek.

Pero hay otro eje que me parece más útil para nosotros, como usuarios y es en qué temas alucinan más las IAS. Aquí tengo un cuadro donde se resume el grado de fiabilidad que tienen las IAS en función de las disciplinas. Y vamos de las que menos alucinan a las que más alucinan.

Cuando hacemos preguntas de tipo general, de conocimiento general, a los modelos de élite, o sea, los cuatro o cinco modelos fundamentales, las alucinaciones son sólo del 0,8%.

Cuando preguntamos por datos financieros son del 2,1%.

Cuando preguntamos por investigación científica, aquí vemos que las alucinaciones empiezan a subir. Un 3,7%.

En información médica, información grave por tanto, un 4,3%.

Y en documentación legal, un 6,4%.

¿Por qué ocurre esto?

Vamos a ver, información de conocimiento general está muy distribuida en internet y hay muchísimas fuentes, con lo cual es fácil para los modelos no equivocarse con frecuencia. En el caso de los datos financieros, la información suele estar en Internet también y bastante bien estructurada, de tal manera que los fallos no son muchos. Pero cuando hablamos de investigación científica, de información médica o de documentación legal, ¿cuál es el problema?

El problema es que en estos casos, para dar una respuesta veraz, el modelo tiene que acceder a una fuente de información totalmente íntegra, totalmente fiable, pura. Y eso no pasa todavía.

Y por eso, en estos casos, investigación científica, información de la salud o documentación legal, pues la IA sigue teniendo todavía muchos fallos que cuando suben a una gran escala son un problema real. 

¿Tiene solución? (La respuesta honesta) ¿Se pueden eliminar las alucinaciones del todo? La respuesta que dan los investigadores en 2025 y 2026 es incómoda. No, no completamente.

Además, hay un riesgo adicional que los investigadores llaman el colapso del modelo¿En qué consiste esto?

En que, a medida que Internet se llena de contenido generado por IA y de contenido sintético, los modelos se entrenan con sus propios errores pasados. El resultado es que los modelos pierden los hechos poco comunes, o sea, los que están en la long tail del conocimiento y los reemplazan con generalidades fluidas, con contenidos sintéticos. Y un modelo puede sonar igual de bien mientras sabe menos que antes. Yann LeCun, uno de los investigadores más reconocidos en el mundo, cree que la arquitectura actual de los modelos de lenguaje hace imposible resolver las alucinaciones. Y apunta a la raíz, lo que es lo más importante de este reporte:

Que la IA no es capaz de distinguir lo verdadero de lo falso.

Esa dimensión de la realidad escapa completamente a sus capacidades. Puede calcular cosas, pero no saber si algo es verdad. Y Yann LeCu cree que la solución pasa por algo completamente distinto: construir lo que él llama modelos del mundo.

Serían sistemas capaces de entender cómo funciona la realidad, no solamente el lenguaje, y, en lugar de limitarse a completar frases, estas inteligencias aprenderían observando imágenes, vídeos y acciones y desarrollarían una representación interna en su cabeza del mundo.

Y solo entonces, dice LeCun, una inteligencia artificial podrá razonar de verdad y dejar de inventarse cosas. Pero claro, nosotros a día de hoy no podemos esperar a que los modelos sean perfectos. Necesitamos protegernos ahora de sus errores. ¿Cómo?

Lo vemos en lo que yo llamo el kit del usuario escéptico, 5 hábitos que reducen tu exposición a alucinaciones.

Primer hábito, pídele que digan no lo sé. Cuando hagas una pregunta importante, añade, si no estás seguro, dímelo. Los modelos responden a esta petición, reducen su tendencia a inventar cuando se les da cobertura para expresar una cierta inseguridad. No siempre funciona, pero funciona más de lo que crees.

Hábito segundo: pide citas, no síntesis. En vez de un resumen, pide que extraiga citas literales del texto que le das. Cita textualmente los pasajes del documento cuando se hable de tal asunto. Cuando el modelo cita directamente, tú puedes verificar. Cuando sintetiza, no puedes verificar.

Tercer hábito, usa Perplexity y también yo recomiendo Grok para datos recientes. Cualquier dato que necesite ser actual, noticias, estadísticas recientes, hechos verificables. Perplexity es la mejor opción, no porque sea infalible, sino porque te muestra las fuentes y puedes verificarlas. Un modelo que muestra de dónde saca las cosas es más fiable que uno que no lo hace. Y Grok lo recomiendo también para asuntos que estén pasando en este momento, porque claro, tiene como fuente la antigua Twitter X y por tanto computa cosas que están ocurriendo en tiempo real.

Hábito cuarto. Pide la verificación, o sea, utiliza como fact checker a un modelo alternativo. Lo hemos visto antes con el caso de Ortega y Gasset. Por ejemplo, puedes preguntarle algo a ChatGPT y después le pides a Gemini que verifique los detalles que te ha dado la respuesta de ChatGPT.

Hábito 5, la pregunta de control. Si una respuesta te parece muy buena o muy específica pregunta, ¿cómo podrías estar equivocándote en esto, querido amigo? ¿Qué fuente original debería verificar para comprobar que lo que dices es verdad? 

Este es mi kit del usuario escéptico, pero estoy seguro de que vosotros podéis aportar algún elemento más a los comentarios. ¿Qué conclusión sacas de lo que hemos visto hasta ahora? Durante siglos los humanos aprendimos a desconfiar de las fuentes de información, del panfleto que vendía remedios milagrosos, del periódico que servía a un interés político. O de ese amigo que recordaba siempre las cosas a su manera.

Desarrollamos instintos críticos, herramientas para cuestionar. La IA nos está pidiendo algo nuevo. Nos pide desconfiar de algo que habla con una fluidez perfecta, que nunca duda de su tono, que siempre tiene la respuesta. Esto es contraintuitivo, nuestro cerebro asocia fluidez con competencia, que se lo digan a los políticos.

Pero la IA ha desacoplado esas dos cosas. Puede ser perfectamente fluida y perfectamente falsa.

Mi propuesta es sencilla. Usa estos modelos, son muy útiles, son en muchos contextos extraordinarios, pero úsalos con una dosis permanente de escepticismo. No de desconfianza ciega, sino de duda activa, la misma que aplicarías a cualquier fuente de información que tenga tanto poder. La IA nunca te va a decir que está equivocada o casi nunca. Pero el que tiene al final la responsabilidad de no equivocarse es uno mismo, una misma, ¿no? Esa es nuestra responsabilidad.

Muchas gracias por llegar hasta el final. Si él te ha parecido útil, comparte este vídeo con alguien que use ella en su trabajo. O sea, mucha gente.

lunes, 27 de julio de 2026

Entrevista con José M.ª Maravall, quien publica un nuevo libro en inglés

 José María Maravall, sociólogo: “Sospecho que la caída de Trump va a ser bastante estrepitosa”, en El País, Joseba Elola, 26 jul 2026:

El exministro de Educación del PSOE de los años ochenta publica un libro sobre las intrigas políticas. Dice que el descontento de algunos jóvenes con la democracia no es nuevo

Maravall lamenta profundamente la incapacidad de la clase política, hoy en día, para llegar a acuerdos entre distintos. Acodado en el sofá de su casa frente al Retiro madrileño, paliando el calor sofocante con el aire acondicionado, cuenta cómo en los años ochenta, en un momento en que UCD, el partido gobernante, se estaba desintegrando, desde el PSOE se le propuso a Leopoldo Calvo Sotelo un gobierno de coalición para asentar la democracia. Y el entonces presidente del Gobierno dijo no. Sabía que el PSOE era el partido que le sucedería, el único que podía conseguir que se avanzase por la senda democrática, y no quería que se quemase en una coalición con la UCD. “Es algo que le honra”.

José María Maravall (Madrid, 1942), sociólogo, exministro de Educación entre 1982 y 1988 y demiurgo político y electoral de Felipe González durante años, es un intelectual que siempre ha navegado entre la actividad académica y la actividad política. Acunado en Oxford, con 16 libros a sus espaldas, este excatedrático de Sociología de la Complutense y miembro de la Academia Británica y de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias ha publicado en el Reino Unido (donde realizó una parte notable de su recorrido académico) Political Intrigues. Social Democracy, Electoral Accountability and Manipulation (Springer) (Intrigas políticas: socialdemocracia, rendición de cuentas electoral y manipulación; sin edición aún en español), un libro en el que profundiza en dos de sus grandes temas: la democracia y la izquierda.

Pregunta. Hay jóvenes que piensan que la democracia no tiene por qué ser el más deseable de los sistemas, ¿qué está fallando?

Respuesta. Es algo que ha ocurrido con una cierta regularidad. Ocurrió entre los jóvenes en Polonia y en Chile, como ya conté en un libro. Puede que la democracia produzca frustración porque promete mucho y luego lo que puede entregar depende de los recursos disponibles. La gente tal vez espere milagros. Ahora, si me pregunta por qué la gente vota a Trump, para mí es un enigma.

P. ¿Cuánto cree que va a durar la deriva etnonacionalista que nos embarga?

R. Es algo pasajero. Sospecho que la caída de Trump va a ser bastante estrepitosa.

P. Dice usted en su libro que cuando las cosas van bien en un gobierno, los votantes lo premian y los políticos lo castigan, las conspiraciones se multiplican, ¿por qué?

R. Esta es tal vez una de las cosas realmente originales del libro. Cuando las cosas van bien, los políticos ambiciosos en la coalición o en el propio partido que gobierna piensan que pueden tener un futuro brillante si echan al primer ministro.

P. Usted conoce bien el Partido Laborista británico, del que fue miembro, ¿qué análisis hace de la crisis que acaba de atravesar?

R. El Partido Laborista ha tenido problemas serios desde hace tiempo. Los ingleses siempre han tenido una cierta sensación de pérdida del Imperio. Incluso Margaret Thatcher, a quien también conocí bastante.

P. ¿Cómo era la Thatcher que conoció?

R. Después del 23 de febrero, fui a ver a Thatcher con Felipe González, Javier Solana y Luis Yáñez. Había sido la primera dirigente política que había acudido al Parlamento de su país para manifestar su apoyo a la democracia española. Y fuimos a agradecérselo. Mis simpatías por Thatcher eran cero, pero fue encantadora. Su política me parecía nefasta. Su enfrentamiento con los sindicatos hasta destruirlos, su ataque al sistema público de salud, a la enseñanza pública… Dijo que Blair había sido su mayor logro.

P. ¿Lo fue?

R. No estoy muy seguro porque Blair, aparte de su desgraciada intervención en Irak, hizo bastante por la sanidad y por la educación, siendo un tipo insoportable.

P. ¿Insoportable? ¿Por qué?

R. Porque era muy pretencioso. Mis dos referentes en el Partido Laborista son [el exprimer ministro] Harold Wilson y [el exministro de Exteriores] Tony Crosland.

P. Europa está atravesando una etapa bastante de sombría.

R. Hay una cosa en esta crisis, incluyendo el horror de Trump, ese payaso ambulante, que se ha reforzado, y es la personalidad de Macron. Me gusta más de lo que me gustaba. Probablemente Europa tenga que reforzar sus órganos de decisión y eso incluye defensa.

P. En su momento fue usted una de las personas con mayor influencia política e intelectual sobre Felipe González.

R. Todo pasa.

P. ¿Cómo valora sus últimas intervenciones en el debate público con respecto al Partido Socialista?

R. Creo que no contribuye a nada. Yo conocí a Felipe González en la mili. Fuimos amigos. Pero hace tiempo que no me comunico con él, desde 2022. No entiendo su posición política actual.

P. Hace no mucho González pidió elecciones anticipadas.

R. Nadie del partido jamás le pidió a él anticipar las elecciones cuando tuvo los escándalos de Filesa, de Juan Guerra, de aquel director de la Guardia Civil, Roldán

P. ¿Qué es lo que más le preocupa en este momento de la situación en la que se encuentra el PSOE?

R. Lo que más me preocupa son tendencias que no acabo de entender. Tengo aprecio por Zapatero, como presidente, hizo cosas muy importantes. Jamás imaginé estas sorpresas. Pero, en todo caso, lo que me extraña de todo esto es que al mismo tiempo el novio de Ayuso siga campando por sus respetos, que la financiación del local de Génova del PP siga sin investigarse y del “Luis, sé fuerte” de Rajoy quiero saber por qué tenía que ser fuerte. Hay aquí una disparidad bastante grande, ¿no?

P. ¿Hablaría de lawfare?

R. Montesquieu decía que "los jueces tenían que ser solamente la boca de la ley". Pero hay algunos jueces que parece que son algo más que la boca de la ley.

P. ¿Qué análisis le merece el desempeño de Feijóo?

R. Quitando a Hernández Mancha, me parece el peor dirigente político que ha tenido el PP. Creo que Fraga estaba a años luz de altura.

P. ¿Y cuáles cree que han sido las mayores virtudes y los mayores errores que ha cometido Pedro Sánchez hasta ahora?

R. Mi relación con Pedro Sánchez ha sido muy cordial. Me ha sorprendido que es una persona muy culta, insospechadamente culta, es muy, muy leído. Creo que las políticas educativas de Celaá han sido buenas, muchas de las legislaciones sociales son de gran valor. No se ha enfrentado a los sindicatos como sucedió en otras ocasiones.

P. ¿Y los errores?

R. Haberse rodeado de algunos indeseables.

P. ¿Errores políticos?

R. No, yo he estado a favor de la amnistía a los dirigentes catalanes.

P. Si mira retrospectivamente su trayectoria política, ¿hay alguna cosa de la que pueda decir: “Fue un error”?

R. Yo no quise aceptar el Ministerio de Educación. Pero fue una época en la que se hicieron muchas cosas. Ahora, si me pregunta: ¿qué es lo que a usted le interesa?, a mí me interesa escribir libros y enseñar. Los americanos tienen un dicho: "Publica o perece". Y los ingleses tienen otro: "Publica y perece".

Las fuentes del poder empresarial: Opus Dei, jesuitas de Comillas, consultores de McKinsey y abogados del Estado.

 I

 Alumnos del Opus y de los jesuitas, consultores de McKinsey o abogados del Estado: estos son los clanes que dirigen las grandes empresas españolas. En El País, por Miguel Moreno Mendieta, Madrid - 25 jul 2026:

Muchos de los directivos y consejeros del Ibex 35 comparten lazos al proceder de las mismas consultoras, escuelas de negocios o ciertos puestos de administración pública. Los expertos advierten de los riesgos de estas redes de poder por su carácter endogámico

Una red de hilos invisibles conecta a los directivos y consejeros de las grandes compañías españolas. El haber pasado por ciertas consultoras empresariales de élite, escuelas de negocios o puestos de la Administración abre más puertas que cualquier agencia de cazatalentos. Abogados del Estado en excedencia en los consejos de administración de empresas del Ibex, exdirectivos de la firma McKinsey en los despachos más poderosos del sector financiero y antiguos alumnos de Icade o del IESE ocupando puestos relevantes en multinacionales muestran esa red de influencias —tan sutil como tenaz— que se ha ido tejiendo en las élites empresariales.

“Aquí nos conocemos todos y cuando alguien viene de McKinsey ya sabemos lo que va a pasar”, apunta un directivo de una de las mayores aseguradoras españolas. McKinsey & Company es una consultora estratégica estadounidense fundada hace 100 años. ¿Sus dueños? Sus propios socios. A diferencia de otras firmas como Accenture, PwC, Deloitte o KPMG, que tienen un espectro de negocios más amplio, McKinsey se dedica fundamentalmente a asesorar a altos directivos para poner en marcha proyectos de calado en la organización: desde fusiones y adquisiciones hasta la entrada en nuevos mercados.

McKinsey. Tabla con 3 columnas y 13 filas. Ordenado de forma ascendente

Empresa

BBVA Carlos Torres. Presidente. Onur Genç. Consejero delegado. David Puente. Director de soluciones minoristas

Banco Sabadell César González-Bueno. Consejero delegado hasta mayo de 2026. Ex CEO de ING Direct.

Google España Fuencisla Clemares. Directora general

Mutua Madrileña Remy Paternóster. Jefe de tecnología

HSBC Víctor Matarranz. Director general de la filial HSBC IWPB. Antes en Santander Private Bankin

Vocento Ignacio Eyries. Presidente. Antes en Caser

Mediapro Sergio Oslé. Presidente ejecutivo. CEO de Telefónica España

Ferrovial Ignacio Madridejos. Consejero delegado

Fuente: Las propias empresas.Tabla: EL PAÍS

En el libro La consultora: cómo McKinsey dirige el mundo (Península) los periodistas Walt Bogdanich y Michael Fosythe explican cuál es una de las prácticas más habituales a la hora de operar de esta firma: la empresa es contratada por una gran corporación para trabajos específicos —mejoras de eficiencia, revisión de procesos, proyectos de compras...—; los consultores entablan una relación muy estrecha con la dirección; y al cabo de unos años, algunos de esos consultores acaban siendo contratados en la compañía, y fichan a otros socios.

En España, la sombra de McKinsey es alargada. Durante el intento de compra del Banco Sabadell por parte del BBVA, tres de los cuatro actores principales habían trabajado para la consultora. Tanto el presidente del BBVA, Carlos Torres, y su consejero delegado, Onur Genç, como el consejero delegado del banco catalán, César González-Bueno, habían sido socios de la prestigiosa firma.

A lo largo de la fallida opa, muchos inversores cuestionaron el modo de hacer de Torres y Genç, atribuyéndolo al ‘patrón McKinsey’. “Se creen más listos que el resto, pero al final les falta calle, les falta conocer más a la gente, y se enrocaron en una tímida mejora de la oferta, del 10%, que no logró inclinar la balanza”, explica un veterano gestor de fondos, que administra activos por más de 100 millones de euros.

También en el Santander ha habido presencia importante de McKinsey. Víctor Matarranz era hasta hace unos meses la mano derecha del consejero delegado, Héctor Grisi, y también dirigió la potente división de seguros y gestión de activos. Ahora trabaja para el gigante británico HSBC.

La red se extiende más allá del sector financiero. La jefa de Google en España, Fuencisla Clemares, y los nuevos presidentes de las empresas de medios Vocento (editor del ABC), Ignacio Eyries, y de Mediapro, Sergio Oslé, también fueron socios de McKinsey. Este último se ha estrenado en el cargo con un expediente de regulación de empleo (ERE) para el 20% de la plantilla. También pertenece al clan el consejero delegado de Ferrovial, Ignacio Madridejos.

Estos círculos de influencia no están aislados. En ocasiones, se superponen. Es el caso de Madridejos. El directivo, antes de recalar en McKinsey, estudió Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en Madrid, otra de las canteras más prolíficas de las grandes empresas españolas. Especialmente en el ámbito de las constructoras. Florentino Pérez (presidente de ACS), Manuel Manrique y Juan del Rivero (Sacyr), Juan Miguel Villar Mir (fallecido en 2024 y fundador del grupo Villar Mir, ahora OHLA) y José María Entrecanales (fundador del grupo Acciona y fallecido en 2008) estudiaron esta ingeniería.

Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos

Tabla con 3 columnas y 9 filas. Ordenado de forma ascendente

Empresa

ACS Florentino Pérez. Presidente. Juan Santamaría Cases. Consejero delegado. Marcelino Fernández Verdes. Ex Cons. delegado de ACS y de Abertis

Ferrovial Rafael del Pino. Presidente. Ignacio Madridejos. Consejero delegado

Abertis Juan Santamaría Cases. Presidente

Sacyr Manuel Manrique. Presidente. Luis del Rivero. Ex presidente

Acciona José Díaz-Caneja. Cons. delegado Acciona Infraestructuras

Fuente: Las propias empresas.Tabla: EL PAÍS

“Las grandes infraestructuras de España las han construido un puñado de empresas punteras creadas por ingenieros de caminos que además han sido muy exitosas en su internacionalización”, resume un octogenario empresario madrileño, que ha trabajado con muchos de los ingenieros mencionados.

Otra cantera ingenieril para las élites directivas españolas es el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), adscrito a la Universidad Pontificia Comillas. Este centro privado está controlado por la Compañía de Jesús, la institución católica que tiene más peso en la educación en España, junto con el Opus Dei.

Universidades católicas

Tabla con 4 columnas y 24 filas. En este momento se muestran las filas desde la 1 a la 17. Ordenado de forma ascendente

Empresa

Iberdrola Ignacio Sánchez-Galán. ICAI +ICADE. Presidente. Juan Manuel González. ICADE. Vicepresidente

CaixaBank Isidro Fainé. IESE. Presidente Fund. La Caixa y Criteria. José Ignacio Goirigolzarri. Deusto. Ex presid. y Ex Cons. delegado de BBVA. Gonzalo Gortázar. ICADE. Consejero delegado

Repsol Antonio Brufau. IESE. Presidente

Mercadona Juan Roig. IESE - PDD. Presidente y fundador

Airbus Amaro Moraleda. ICAI + IESE. Presidenta y Ex pres. de IBM España

Kutxabank Gregorio Villalbeitia. Deusto. Presidente

CaixaBank Tomás Muniesa. ESADE. Presidente

Meliá Hoteles Gabriel Escarrer. ESADE. Presidente

Glovalvía Juan Béjar. ICADE. Ex presidente

Merlin Properties Ismael Clemente. ICADE

Urbaser Fernando Abril-Martorell. ICADE. Consejero delegado y Ex presidente de Indra y Prisa

Gestamp Francisco José Riberas. ICAI. Presidente

Bankinter Gloria Ortiz. ICAI. Consejero delegado

Endesa José Bogas. ICAI. Consejero delegado

Fuente: Las propias empresas.Tabla: EL PAÍS

En las aulas del ICAI, situadas en la calle Alberto Aguilera de Madrid, estudió Ingeniería Industrial Ignacio Sánchez-Galán, el presidente de Iberdrola, quien también logró un grado de Dirección de Empresas en el Instituto Católico de Administración de Empresas (Icade) de esta misma universidad. También se formaron en ICAI la consejera delegada de Bankinter, Gloria Ortiz; el consejero y ex primer ejecutivo de Endesa, José Bogas; Francisco José Riberas, fundador y presidente de Gestamp; y Amparo Moraleda, presidenta de la multinacional europea de la aviación Airbus.

El tapiz de antiguos alumnos de ambos centros de los jesuitas —ICAI e Icade— es el más extenso y tupido del panorama empresarial español, con más de 50.000 alumni registrados. La nómina de directivos célebres es tan amplia que tiene su propia entrada en la Wikipedia. Esta comunidad busca “facilitar el ‘networking’, la mentoría, el acceso a bolsas de empleo y los eventos exclusivos”, según se explica en la página de la Universidad Pontificia Comillas.

La facultad de Icade fue pionera en España en lanzar los estudios de doble grado. En 1960 empezó a ofrecer su famoso E3, que combina estudios en Derecho y Administración de Empresas. Luego extendería la fórmula a otras combinaciones de estudios universitarios. El programa fue tan exitoso que lo acabaron copiando la mayoría de universidades españolas.

Una antigua alumna de Icade, directiva en una multinacional del marketing, reconoce que la calidad de la formación “es excelente”, pero cree que si tantos y tantos exalumnos llegan a puestos directivos es también por otros factores. “Influye el ‘networking’, por supuesto, pero también influye que buena parte de las familias con dinero de Madrid y alrededores hacen lo posible por enviar allí a sus hijos”. Esta ejecutiva recuerda de su etapa de estudiante que “había muchos compañeros con apellidos compuestos, de los que acababas sabiendo de su vida por las páginas de sociedad del ABC o del ¡HOLA!”.

Ignacio de la Torre, economista jefe de la firma de inversiones Arcano Partners, cuestiona que estas redes de contactos tengan tanta influencia. “En los procesos de selección de directivos se buscan perfiles que tengan ciertas habilidades, que hayan demostrado su capacidad a lo largo de su trayectoria, y a veces, pues proceden del ámbito de la ingeniería, o de ciertas escuelas de negocios, pero si han llegado a esos puestos no es porque un amigo de la universidad les haya enchufado”, reflexiona el economista. De la Torre argumenta que, además, “los departamentos de personas buscan perfiles variados, porque se ha demostrado que solo así se construyen equipos más sólidos y exitosos”.

Los jesuitas no solo están detrás de la Universidad Pontificia Comillas. También controlan la Universidad de Deusto, en Bilbao, cantera de buena parte de la élite política y empresarial vasca, especialmente en el ámbito de los banqueros. La cantera de La Comercial de Deusto —como se conoce a esta escuela, por su nombre original— es extensa en el sector financiero. Desde José Ignacio Goirgolzarri (ex consejero delegado del BBVA y presidente de Bankia, y luego de CaixaBank, tras la fusión); Emilio Botín (el histórico presidente del Banco Santander, fallecido en 2014, y padre de la actual presidenta, Ana Botín) a Gregorio Villalbeitia, presidente de Kutxabank, pasaron por Deusto. También históricas figuras como José Ángel Sánchez Asiaín (Banco de Bilbao), Emilio Ybarra (BBV), Pedro Luis Uriarte pertenecen a esta cantera.

Además de Icade e ICAI, en Madrid, y la facultad de Deusto, en Bilbao, los jesuitas también controlan en Barcelona Esade, la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas, con campus también en Madrid. Se trata de un centro de cursos de postgrado para directivos, creado en 1958 con el empuje de un grupo de empresarios catalanes. Por allí han pasado importantes figuras directivas, como Tomás Muniesa, actual presidente de CaixaBank o Gabriel Escarrer, presidente y consejero delegado de Meliá Hotels International.

Ese mismo año, en plena etapa del desarrollismo franquista, la prelatura del Opus Dei fundó, a través de la Universidad de Navarra, el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), otra escuela de postgrados para directivos. Su primera sede estaba también en Barcelona, pero pronto creó una segunda sede en el pinar del Cerro del Águila, en el barrio de Aravaca de Madrid, junto al elitista Real Club de Campo.

Los jesuitas y el Opus Dei han competido durante años para situar a sus escuelas de negocios entre las más prestigiosas del mundo. Ambas tienen acuerdos con la Universidad de Harvard y por sus aulas pasan miles de alumnos cada año. De acuerdo con la última clasificación publicada por el Financial Times, el IESE ocupa la tercera posición mundial en programas abiertos para directivos y el Esade, la quinta.

Ambas escuelas tienen programas para directivos, pero también para estudiantes recién graduados. Los famosos MBA (máster en administración de negocios, en inglés). En el caso del IESE, el precio del citado programa es de 114.000 euros.

Un importante valedor del IESE es Isidro Fainé, presidente de la Fundación La Caixa, y una de las personas más poderosas de España. El eterno directivo bancario —y miembro del Opus Dei— estudió en Harvard y también realizó un programa de alta dirección del IESE. CaixaBank, junto a otras compañías como Mango o la ingeniería vasca Sener, es una de las grandes patrocinadoras de la escuela de negocios. El control presupuestario del IESE y nombramientos de profesores y miembros de su consejo de dirección lo supervisa el vicecanciller de la Universidad de Navarra, el sacerdote Ignacio Barrera Rodríguez, vicario regional del Opus Dei en España.

Andrés Villena Oliver, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, lleva años investigando sobre las clases dirigentes. Su último libro, Las élites que dominan España (Libros del KO), reflexiona sobre estas redes de poder. “Las escuelas de negocios, tanto Esade como el IESE, no dejan de ser una creación de los grandes grupos industriales para formar a las nuevas generaciones empresariales y seguir manteniendo el poder”, reflexiona. A su juicio, estos modelos de selección de élites “son una forma de filtrar candidatos para que solo accedan a los puestos directivos personas similares”.

Además de las consultoras estratégicas, las escuelas de ingeniería y las universidades católicas, otra cantera de la clase directiva es la Administración Pública. Uno de los casos más palmarios es el de los Abogados del Estado, uno de los cuerpos más prestigiosos del funcionariado, encargado de ejercer la defensa jurídica y el asesoramiento legal de la Administración General del Estado. De la plantilla de 675 letrados, casi la mitad están en excedencia, trabajando la mayoría para grandes despachos y compañías.

El salto al sector privado

Uno de los puestos más frecuentes para los Abogados del Estado que pasan al sector privado es el de secretario de consejos de administración. En el Banco Santander, en Mapfre, o en Iberdrola, la persona que lleva el funcionamiento del máximo órgano de gobierno es un Abogado del Estado. Y no solo como secretario. En el caso de ACS, seis de sus consejeros tienen este origen.

Abogados del Estado

Tabla con 3 columnas y 13 filas. Ordenado de forma ascendente

Empresa

ACS. Seis abogados del Estado en su consejo.

Inditex. Óscar García Macerias. Consejero delegado

Nestlé. Pablo Isla. Presidente

Santander.     Jaime Pérez Renovales. Secretario general del consejo,  Juan Manuel Cendoya. Vicepresidente del consejo

Mapfre. Catalina Miñarro. Consejera coordinadora

Ibercaja Banco.     Francisco Serrano. Presidente

Sanitas Manuel Pizarro. Presidente no ejecutivo. Expresidente de Ibercaja y de Endesa

Enagas Rafael Piqueras. Secretario del consejo

Acerinox     Luis Jimeno. Secretario del consejo

Banco Sabadell María Jesús García Beato. Consejera

Fuente: Las propias empresas.Tabla: EL PAÍS

No siempre sus trayectorias en el sector privado se limitan al asesoramiento jurídico. El que está considerado como el directivo más prestigioso de España, Pablo Isla —expresidente de Inditex, la matriz de Zara, y actual presidente del grupo Nestlé— es Abogado del Estado. Su sucesor como primer ejecutivo de Inditex, Óscar García Maceiras, también procede de este cuerpo de funcionarios.

El profesor Villena Oliver considera “hasta cierto punto lógico” que las grandes compañías quieran tener en sus órganos de gobierno estos perfiles que aúnan un vasto conocimiento de los engranajes jurídicos del Estado, junto con una red de relaciones muy poderosa. “Los 20 ó 25 nuevos Abogados del Estado que salen cada año se conocen mucho entre sí, y la empresa que luego les contrata no solo les ficha a ellos sino a su valiosa agenda de contactos”, apunta el economista.

El periodista Rafael Méndez en su libro Los dueños del Estado (Península) disecciona la forma de operar de este clan. “Las oposiciones de acceso son durísimas y no es fácil enchufar a alguien. Pero hay muchos apellidos compuestos y cierto grado de endogamia”, explica.

Otro cuerpo que ha sido cantera de políticos y empresarios es el de Técnicos Comerciales del Estado. Los conocidos como tecos han copado muchísimos puestos dentro del Ministerio de Economía y del Banco de España. Pero también muchos de ellos han dado salto a la empresa privada. José Manuel Campa, que fue secretario de Estado de Economía y director de la Autoridad Bancaria Europea, trabajó durante cuatro años como director global de asuntos regulatorios del Banco Santander y ahora es profesor del IESE.

Probablemente el sector financiero es el que más clanes concentra entre sus directivos. Al ser un sector muy regulado, los bancos tienden a contratar a esos altos cargos administrativos. Y casi todos sus ejecutivos han pasado por alguna escuela de negocios. Otra de las figuras que en su día marcaron el devenir de la Bolsa española y que aún hoy siguen teniendo presencia es la de los antiguos agentes de cambio y Bolsa, una figura regulada, con similitudes a los notarios.

Agentes de cambio y Bolsa -AB Asesores

Tabla con 3 columnas y 8 filas. Ordenado de forma ascendente

Empresa

Bankinter, Pedro Guerrero, Presidente (2007-2024). Es abogado del Estado

BCE, Luis de Guindos.Vicepresidente

Abante Asesores. Santiago Satrústegui. Presidente

Atl Capital. Jorge Sanz

Alantra. Santiago Eguidazu. Presidente ejecutivo

LaFinca. Jorge Morán. Vicepresidente

Mutua Madrileña. Ignacio Garralda

Fuente: Las propias empresas.Tabla: EL PAÍS

Algunos de ellos montaron sus propias empresas. Fue el caso de Francisco González, quien fundó FG Valores Bursátiles y acabó siendo presidente del BBVA. Otra firma creada por antiguos agentes de cambio y Bolsa fue AB Asesores. Tras vender la firma al banco estadounidense Morgan Stanley, este clan se dispersó y acabó recalando en muchas grandes compañías financieras, desde Bankinter a Mutua Madrileña. ¿Quién fue su socio más famoso? Un desconocido teco, llamado Luis de Guindos, que acabó presidiendo Lehman Brothers en España, siendo ministro de Economía y luego vicepresidente del Banco Central Europeo. Otro caso de libro de redes de poder, círculos superpuestos y agendas privilegiadas que definen el poder económico en España.

II

La formación de las élites en el mundo, en El País, por Miguel Moreno Mendieta, misma fecha:

La formación de las élites económicas y administrativas sigue patrones distintos según los países, pero en todos los casos existe una combinación de mérito académico, redes de contactos y mecanismos de selección social. Francia representa el ejemplo más acabado de un sistema de reproducción de élites a través de instituciones educativas específicas. Durante décadas, la École Nationale d'Administration (ENA), clausurada en 2022 y sustituida por el Institut National du Service Public, y la École Polytechnique actuaron como auténticas canteras de la alta función pública y de la dirección empresarial. De sus aulas han salido presidentes de la República, ministros, altos funcionarios y dirigentes de algunas de las mayores empresas del país. La singularidad francesa radica en la estrecha conexión entre Estado y grandes empresas. Muchos graduados de estas grandes écoles comienzan su carrera en la Administración y más tarde pasan a ocupar puestos de responsabilidad en grupos industriales, energéticos o financieros. Grupos como AXA, Société Générale, BNP Paribas, Carrefour, Orange o Vivendi han tenido como máximos directivos a personas formadas en estas escuelas.

Este fenómeno ha llevado a numerosos sociólogos e historiadores a describir estas instituciones como una suerte de "nobleza de Estado" o "nobleza funcionarial": una élite legitimada por exámenes competitivos y el rendimiento académico, pero que al mismo tiempo concentra una parte importante de las posiciones de poder. El sociólogo y profesor de Economía Andrés Villena considera "natural" que cada país cree sistemas específicos para acceder al poder, "como una de herramienta para garantizar la pervivencia del Estado". Según explica, "los primeros en desarrollar estos métodos de selección de élites fueron los chinos, con la figura de los mandarines hace 15 siglos".

En el Reino Unido, la lógica es diferente, aunque también existe una fuerte concentración. Las universidades de Oxford y Cambridge, conocidas conjuntamente como Oxbridge, siguen desempeñando un papel central en la formación de las élites políticas, jurídicas y empresariales. Su influencia se ve reforzada por la tradición de los colegios privados de prestigio, como Eton o Winchester, que sirven con frecuencia como antesala de las universidades más selectivas. A diferencia de Francia, donde el Estado ocupa una posición central, el modelo británico está más vinculado al peso de las finanzas, las profesiones liberales y las redes sociales construidas durante la formación. En Alemania, las élites económicas proceden con frecuencia de universidades técnicas, escuelas de ingeniería y de un sistema de formación profesional muy desarrollado. El acceso a la dirección empresarial suele estar menos concentrado en un pequeño grupo de instituciones.

Estados Unidos presenta una estructura más abierta y descentralizada, aunque no por ello menos jerárquica. Universidades como Harvard, Stanford, Princeton, Yale o el MIT mantienen una influencia considerable en las firmas de Wall Street, las empresas tecnológicas de Silicon Valley y las grandes corporaciones. Sin embargo, el emprendimiento y la movilidad geográfica permiten trayectorias más diversas que en Europa.

Bibliografía

Andrés Villena Oliver, Las élites que dominan España (Libros del KO)

Walt Bogdanich y Michael Fosythe, La consultora: cómo McKinsey dirige el mundo (Península) 

Rafael Méndez, Los dueños del Estado (Península)

sábado, 25 de julio de 2026

La muerte de Javier Lumbreras Herrero

     A los dos días de haber abandonado ya este mundo, sin duda alguna una de las sucursales menos concurridas de la realidad, me enteré del fallecimiento de mi amigo Javier Lumbreras Herrero, profesor de filosofía en enseñanzas medias, culto, inteligente, viajero ostendido y colado por los muchos vericuetos del no-yo, plurilingüe, vividor primum antes que filósofo deinde, y ya sin ganas, no porque no quisiera, sino porque ya no podía ni le llegaba el cuerpo, escritor torrencial inédito y con quid divinum, y a veces maleficum, amigo mío. Tuvo muchas parejas y muchos conocidos, algunos personajes de nota, principalmente poetas, muchos de ellos de Málaga, por ejemplo el satírico José Aguilar Jurado, quien se ocultaba bajo el pseudónimo de fray Josepho de la Tarima, quien le dedicó un poema. 

    Se hallaba ya en las últimas: tres sesiones de diálisis por semana, muy avejado por las distintas secuelas de sus no pocas batallas con y contra las sustancias enteógenas, jubilado por emergencia, cojo, medio ciego, desmolarizado y derrengado por la fatiga de su ya desacompasado corazón y sus derrames cerebrales, ocasionados por su afición a los chinos, él, tan senderista y deportivo como era antes de su amustie en Ciudad Real. Cuando hablaba con él entonces admitiría que se hallaba instalado en alguna antecámara fúnebre, en algún andén de la Muerte, apenumbrado y sin nada que decir luego de que muriera su última pareja, una periodista fenecida por sorpresa de lo mismo que él veía venir. Había dicho ya casi de todo en su obra inédita o a sus raros amigos; lo que omitió creo yo que era incluso más valioso, pero se perdió para nunca. Algo puede sospecharse aún en las prosas y poesías de su blog, cuyo enlace incluyo aquí. También entre los papeles que me regaló. Quizá, si se reencarna, después de haber bebido las aguas del Leteo, aún podrá revivirlo o incluso añadir algo para que se pierda otra vez en el ciclo del samsara, como esos mandalas de arena en colores que, una vez hechos, los propios monjes borran. 

    Yo le deseo paz. Hizo el bien muchas veces, siguiendo los arrebatos de una conducta honorable que algunos decían estaba demasiado comprometida con todo lo que se creaba, pensaba y vivía en los setenta. Eso no le hizo a la postre mucho bien, y se perdió tanto a veces dentro de su propio mandala que incluso se encontró como el protagonista involuntario de la película Ladrón de bicicletas, buscando algo indefinible, una postergación sin fin que siempre decaía y lo desilusionaba transformándolo en el bicho de Kafka. 

    Le sobreviven su madre y su hermano y una incierta legión de amigos y enemigos por Europa, África, Asia, Daimiel, Málaga, Granada y Ciudad Real. Era hijo de un famoso psiquiatra de esta última ciudad, a la que nunca logró acomodarse salvo en sus últimos años; vivió una inolvidable infancia en Libia durante la dictadura de Gadafi; adquirió una incurable curiosidad por el saber que le llevó a acumular una gran librería, que añadió a la colección de máscaras africanas de su padre y su hermano, un famoso abogado. Sus cenizas se encuentran en el panteón de su familia, en Consuegra. Sit tibi terra levis, o como se dice en la lengua de la filosofía κούφα σοι χθὼν ἐπάνωθε πέσοι.

viernes, 24 de julio de 2026

Un mundo sin miedo

 De "War games", episodio de Space 1999 (1974):

[...] 

La humana: Las luces, los colores... tal vez formen parte de su lenguaje.

El humano: Nos hablaron. Hola. ¿Hay alguien aquí con quien podamos hablar?

Un alienígena (apareciéndose): Hable, terrícola. Exponga su caso.

El humano: ¿Por qué nos atacasteis? ¿Por qué? Hemos estado transmitiéndoles mensajes desde que entramos a su alcance. Queríamos aterrizar en este planeta. Se negaron a responder. Cuando lo hicisteis, fue con armas, maquinaria de guerra y bombas. 

La humana: Si existe alguna razón por la que no quieran que nos quedemos aquí, alguna incompatibilidad básica, podríamos entenderlo. Pero no estamos aquí por elección propia. No podemos controlar el rumbo de nuestra Luna. Estamos buscando un lugar para vivir. No usaremos la fuerza. Lo único que queremos es paz.

El humano: ¡Contesta, maldita sea! Me pedisteis que expusiera nuestro caso. Muy bien, aquí está. Vinimos en son de paz. Esperasteis hasta que estuvimos a vuestro alcance, y entonces lanzasteis un ataque sorpresa. Matasteis a la mitad de mi gente, destruisteis nuestra base y nos dejasteis sin los medios para vivir.

El alienígena: No podéis quedaros aquí.

El humano: ¡No podemos vivir en Alfa! (la Luna)

El alienígena: No tenéis lugar en el espacio.

El humano: Nos negáis nuestro futuro.

El alienígena: No tenéis futuro. Lleváis con vosotros las semillas de vuestra propia destrucción. Sois un organismo tóxico, un virus mortal, una plaga de miedo.

La alienígena (apareciéndose): Vuestra presencia en este planeta destruiría una civilización que ha sobrevivido durante miles de millones de años.

La humana (a la alienígena): Creéis que no somos más que un virus.

El humano (a la alienígena): Desde que fuimos expulsados de la Tierra, hemos estado luchando por sobrevivir. Hemos sobrevivido. Ahora bien, no sé cómo. No hay una explicación racional, pero lo que sí tengo es una fe absoluta en la fuerza del espíritu humano, y la creencia de que alguien o algo nos cuida. Dios, si queréis. ¡Y sobreviviremos!

El alienígena: La lucha a muerte de las especies inferiores es muy a menudo el momento más glorioso de su existencia. Pero el final, no obstante, es el final.

El humano: Me niego a creer que no tengamos futuro.

La alienígena (desapareciendo): La extinción puede llevar algún tiempo. Eso es todo. [...]

El alienígena: En nuestro mundo no puede haber miedo. [...]

La humana: Recuerdo un mundo sin miedo. Era hermoso.

Una nueva novela sobre la generación del 27

 I

‘Mister Ángel del Río’: el profesor de literatura que los conoció a todos y veraneó con García Lorca, en El País, por Domingo Ródenas de Moya, 24 jul 2026:

Enrique Andrés Ruiz novela la vida de una figura central del gran hispanismo norteamericano en relación a muchos otros protagonistas, de los hermanos García Lorca a Luis Quintanilla y de Antonio Machado a Gerardo Diego

Recuerdo muy vivamente la lectura de la Historia de la literatura española que Ángel del Río había publicado en 1948 en Nueva York, en cuya Universidad de Columbia profesaba y donde estaba exiliado. Se reeditó en 1982, como otro signo más aparente que real de la superación del ostracismo de la diáspora intelectual republicana. A este historiador que había sido alumno de Machado en Soria, estudió en Estrasburgo, vivió en México y Puerto Rico y se instaló en Nueva York para convertirse en una figura central del gran hispanismo norteamericano, le ha dedicado Enrique Andrés Ruiz, con primor estilístico y exquisita sensibilidad, esta novela diseñada como un archipiélago de momentos y gentes dignas de memoria.

Aunque el título sitúa a Ángel del Río en primer plano, muchos de los momentos pivotan sobre otros protagonistas, como Machado o Gerardo Diego cuando llegaron a Soria como profesores de instituto (en 1907 y en 1920); como su estudiante el poeta Bernabé Herrero (figura dramática que recorre todo el libro); como los aventureros revolucionarios que cuajan en el México de 1919 el Partido Comunista (con el que Del Río tendrá estrecha relación desde que llega al país azteca en 1924); como los jóvenes inquietos que pululan en el brillante Madrid coetáneo, por ejemplo Juan de Andrade, fundador del PCE; como los profesores de la escuela estival de Middlebury (la plana mayor de la generación del 27), o, por no seguir con una lista de decenas de nombres (la misma que se consigna con ironía en el capítulo 58), Federico García Lorca cuando veraneó en 1929 con los Del Río, Ángel y Amelia Agostini, en las Castkill Mountains (ahí se tomó la foto de la cubierta). Cada una de estas presencias reclama su propio rescate biográfico, casi diría su propia salvación narrativa, como parte de una oceanografía en nuestro pasado más valioso que sigue en marcha y dista de estar concluida.

La inmersión de Enrique Andrés Ruiz tiene un motivo aparente en su parentesco con Del Río y una razón de fondo en su voluntad de homenajear con admiración aquella irrepetible concentración de talento que hizo posible un clima único de moveable feast intelectual (y Hemingway es otro de los invitados a esta fiesta). Como lo único que nos va quedando de aquella fiesta cultural ambulante son papeles amarillentos (en bibliotecas, hemerotecas y archivos), el autor ha querido poner de manifiesto su tarea de lector y escrutador de esos documentos olvidados e inertes. Así, se representa a sí mismo concibiendo el libro, compartiendo sus dudas con su amigo Santi —que anticipa que los críticos calificarán de “coral” la novela…—, reflexionando sobre la actividad fascinante de insuflar vida al rimero de datos yertos que acumula la investigación: “Lo que he leído hubo quien lo vivió”. Y esa operación a caballo de la memoria y el deseo, en la que cobran vida Francisco García Lorca y Laura de los Ríos, Tomás Navarro Tomás y Eugenio Florit, Eugenio Granell, Julián Gorkin o Luis Quintanilla —¡qué novela tiene Quintanilla!— se lleva a cabo con pudor, con escrúpulo de profanador, y con una escritura de mucha altura literaria, elegante, sabia y sabrosa, que hace de cada página sea un placentero regalo para el lector. Lástima que su amigo Santi tenga razón: la literatura es un arte lento refractario a la multitud.

II

Mister Ángel del Río, Novela de los nombres, por Enrique Andrés Ruiz

Ángel del Río (1901-1962) fue un insigne profesor español de la Universidad de Columbia y figura clave en el desarro­llo del hispanismo. Del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en el viaje en el que éste alumbraría Poeta en Nueva York, algunos de cuyos poemas le están dedicados. Compañero y estudioso de la generación del 27, su destino se cruzó con el de pintores, escritores, exiliados, revolucio­narios, agentes de inteligencia…, entre cuyos nombres los hay tocados por la gloria –como los de Machado, Lorca, Salinas, Hemingway o Diego Rivera–, pero también los hay falsos, los hay dobles, los hay oscuros, los hay invi­sibles. Este trágico contraste entre las vidas comunes y los seres bañados por la luz de la inmortalidad impregna toda la novela y revela, también, la condición fabulosa de la his­toria literaria y de sus héroes.

Con una trama –de ritmo a veces trepidante y otras con­templativo– en la que lo metaliterario y la ficción se trenzan con la Historia, y mediante una prosa de aliento lírico, En­rique Andrés Ruiz pinta un vívido retrato de una parte del exilio español en Estados Unidos a raíz de la Guerra Civil. Lo que empieza siendo una febril búsqueda de la huella del profesor acaba por transmutarse en una hermosísima novela sobre la pulsión de escribir, sobre lo que sabemos y nombramos, y sobre lo que desconocemos e inventamos. Como un «alfarero», el narrador de esta obra moldea la materia, «yerta, muda», de los documentos y la entrevera con la imaginación «para dar voz y cuerpo a las palabras, para que los nombres recobren la carne perdida».

[...]

Leído en la prensa

«El subtítulo de Mister Ángel del Río, “Novela de los nombres”, nos indica que el autor no pretende hacer un trabajo académico ni limitarse a novelar la vida de un aplicado estudioso de la literatura española. La erudición y el trabajo académico caducan antes, bastante antes, que la creación literaria. Muchos otros nombres, unos todavía famosos incluso —hace un cameo Marylin Monroe—, otros que lo fueron y han dejado de serlo o que nunca lo han sido, acompañan al de Ángel del Río en este libro fascinante, bien documentado y escrito con “calidad de página”, como se decía en tiempos de Ortega.» José Luis García Martín, El Diario Montañés»

«Pero el autor no pierde nunca el hilo de que el libro es un homenaje biográfico al profesor Ángel del Río: quizá la parte más emotiva, más sentida, de esta narración, que se lee con una facilidad notable, lo que da idea de su capacidad literaria […]» Juan Ángel Juristo, ABC

sábado, 18 de julio de 2026

Peter Sloterdijk, y el neocinismo

["Peter Sloterdijk, el filósofo que descubrió la gran mentira moderna", transcrito y corregido por el bloguero del portal 'Historiador del pasado' en Youtube

Vivimos rodeados de información. Sabemos que la política decepciona. Sabemos que las redes sociales manipulan nuestra atención. Sabemos que el consumo rara vez nos hace felices y sin embargo, seguimos participando del mismo sistema día tras día, como si no existiera otra opción. ¿Por qué seguimos jugando un juego que sabemos que está roto? Un filósofo alemán dedicó buena parte de su vida a responder exactamente esa pregunta y su respuesta fue tan incómoda que lo convirtió durante más de tres décadas en uno de los pensadores más atacados y más leídos de Europa. Su nombre es Peter Sloterdijk. Para entender cómo llegó a esa respuesta, primero hay que entender de dónde vino. 

Sloterdijk nació el 26 de junio de 1947 en Karlsruhe. Su madre era alemana, su padre un marinero mercante holandés que más tarde trabajó como camionero y que abandonó pronto a la familia. Peter y su hermana crecieron con una madre soltera en una Alemania que todavía olía escombros. Es un dato que suele pasarse por alto en las biografías convencionales, pero que importa. El hombre que décadas después escribiría sobre las esferas que protegen al ser humano, el útero, la familia, la nación, la civilización, creció, él mismo lo reconoció, sin elemento paterno formativo. Alguien que estudia toda su vida cómo se construyen los espacios que nos sostienen empezó su propia vida con uno de esos espacios roto. Esto no es un dato anecdótico, es una pista. 

Mientras tanto, el país donde crecía se reconstruía sobre sus propias ruinas morales. Alemania, después de 1945 no solo tenía que levantar edificios, tenía que responder una pregunta que ningún otro país del siglo XX había tenido que responder con tanta urgencia. ¿Cómo se sigue creyendo en la razón, en el progreso, en la civilización después de que esa misma civilización produjo Auschwitz? Esa pregunta, la crisis de confianza en la razón moderna, sería, sin que Sloterdijk lo supiera todavía, el terreno exacto donde construiría toda su obra. 

De niño fue eximido de los deportes escolares por arritmias cardíacas. Pasó por un internado a orillas del lago Ammersee, del que escapó junto a otros dos compañeros. Un detalle pequeño, casi una nota al pie, pero también un patrón que se repetiría toda su vida. Sloterdijk una y otra vez escapando de los lugares donde se suponía que debía quedarse quieto. Estudió filosofía, historia y filología germánica en la Universidad de Munich y se doctoró en filosofía en la Universidad de Hamburgo entre 1968 y 1974. 

No es un detalle menor. 1968 es el año de las grandes revueltas estudiantiles europeas. El año en que una generación entera empezó a desconfiar de sus padres, de sus instituciones y de las promesas que le habían hecho, Sloterdijk estudió filosofía en ese ambiente de ruptura y ahí conoció de primera mano a los herederos de la escuela de Frankfurt, Adorno, Horkeimer, la gran tradición crítica alemana que había pasado años analizando cómo la razón moderna podía volverse contra sí misma. Debería haberse quedado ahí. La mayoría de sus compañeros lo hicieron. Pero Sloterdijk llegó a una conclusión incómoda incluso sobre sus propios maestros. Consideraba que las obras de Adorno y de otros pensadores de esa escuela no salían de lo que él mismo llamó ciencia melancólica. Es decir, diagnosticaban con brillantez la enfermedad de la sociedad moderna, pero se quedaban paralizados frente a ella. Describían la jaula con precisión quirúrgica. Nunca proponían cómo salir de ella. Sloterdijk quería algo distinto y lo que hizo a continuación sorprendió a todo el mundo académico alemán. 

Entre 1978 y 1980 viajó a Pune en India para estudiar con el gurú Bhagwan Shree Rajneesh, el hombre que más tarde sería conocido mundialmente como Osho, un filósofo formado en la tradición más rigurosa de la crítica alemana, abandonando temporalmente Europa para sentarse con un gurú controvertido en un ashram indio. Sus colegas lo consideraron una excentricidad, algunos directamente una traición a la seriedad académica. Pero fue exactamente ese viaje el que cambió por completo su manera de hacer filosofía. 

Sloterdijk volvió de la India con una idea que parecía simple, pero que terminaría sacudiendo el pensamiento alemán contemporáneo. La crítica de la sociedad no podía quedarse solo en la cabeza, en el argumento, en la tesis universitaria. Tenía que tocar el cuerpo, la experiencia vivida, la forma en que cada persona todos los días sabe perfectamente que algo no funciona en el sistema en el que vive. Y aún así sigue participando en él sin culpa, casi con humor. 

A esa actitud, saber que algo está mal y seguir jugando el juego de todas formas, Sloterdijk le iba a poner un nombre y ese nombre estaba a punto de convertirlo en el filósofo más leído de Alemania desde Kant. Sloterdijk volvió de la India con una intuición, pero una intuición no es un libro. Y durante un tiempo, mientras trabajaba como escritor independiente en los años 80, nadie fuera de un pequeño círculo académico sabía quién era. Eso cambió en 1983. Ese año publicó Crítica de la razón cínica. 200 años después de que Kant publicara sus Críticas venía a titular su obra como una respuesta directa a uno de los textos fundacionales de la filosofía moderna. Era una provocación y funcionó. El libro vendió alrededor de 150.000 ejemplares y se convirtió en la obra filosófica más leída y debatida en Alemania desde el final de la guerra. Fue elogiado incluso por Habermas, el filósofo más influyente de la Alemania de entonces, y por Rüdiger Safransky, que más tarde se convertiría en su compañero de televisión. 2000 años de tradición filosófica alemana y de pronto un libro de casi 800 páginas se colaba en las listas de bestsellers, algo prácticamente inédito para un ensayo de filosofía pura. 

¿Qué decía exactamente ese libro para generar semejante fenómeno? Sloterdjik observó algo que cualquiera puede reconocer en sí mismo, aunque pocos se atrevan a decirlo en voz alta. La mayoría de las personas ya no viven engañadas por el sistema, lo conocen perfectamente. Saben que la publicidad miente, que la política promete lo que no puede cumplir, que muchas de sus rutinas diarias son absurdas y aún así siguen participando de ellas, sin sentir ninguna contradicción real. A eso lo llamó falsa conciencia ilustrada. Ya no es ignorancia, es cinismo con los ojos completamente abiertos. Ya no hace falta engañar a nadie. Basta con que cada persona sepa que está siendo engañada y decida de todos modos seguir jugando. Piensa en cuánto de esto reconoces hoy. Sabes que una red social está diseñada para atrapar tu atención más tiempo del que quisieras darle. Lo sabes con total certeza porque lo has leído, lo has escuchado, quizás incluso lo has explicado tú mismo a otra persona. Y aún así la abres esta misma noche sin culpa, casi por costumbre. Eso es exactamente lo que Sloterdijk describió 40 años antes de que existiera un solo teléfono inteligente. Pero el libro no se quedaba únicamente en el diagnóstico. Ahí es donde Sloterdijk se separaba de sus propios maestros de Frankfort. Recuperó una figura antigua casi olvidada por la filosofía académica, Diógenes de Sinope, el filósofo griego que vivía en un tonel. y respondía al poder no con tratados, sino con humor, con provocación corporal, con una risa que desarmaba a la autoridad en lugar de solo criticarla desde una distancia segura. Sloterdijk distinguió entre dos actitudes que en alemán suenan casi idénticas, pero que para él eran completamente opuestas. El cinismo resignado de quien sabe que todo está mal y no hace absolutamente nada al respecto y una actitud distinta, más antigua, más insolente, que prefería llamar con el término griego original el cinismo, esa capacidad de reírse del poder en su propia cara, de desobedecer con el cuerpo y con la vida cotidiana, no solo con el argumento académico, no era una solución cómoda. No era un manual de autoayuda filosófica, era una provocación deliberada. Y como toda provocación real, generó tanto admiradores fervientes como enemigos duraderos dentro de la propia Academia alemana. Pero esto todavía no era la idea que convertiría a Sloterdijk en el filósofo más polémico de Europa. Esa controversia, la más grande de toda su carrera, todavía estaba a 16 años de distancia. Antes de seguir, vale la pena detenerse un momento. Las ideas de Peter Sloterdijk generan debates intensos desde hace 40 años. Algunos creen que describen con precisión incómoda a la sociedad moderna. Otros piensan que sus conclusiones son demasiado provocadoras, incluso peligrosas. Después de conocer su punto de partida, surge una pregunta inevitable. ¿Crees que vivimos en una sociedad que ya sabe que algo está mal y aún así sigue jugando? Durante los años 90, Sloterdijk se propuso un proyecto colosal, repensar toda la historia humana no como una sucesión de ideas, sino como una historia de espacios, de burbujas que nos protegen, de esferas que compartimos con otros, de estructuras, familias, ciudades, naciones, religiones, que existen según él para darnos un lugar donde no sentirnos completamente expuestos al mundo, completamente a la intemperie. Ese proyecto se convirtió en su trilogía Esferas, burbujas, globos y espumas, publicada entre finales de los 90 y 2004; una obra de miles de páginas que muchos consideran su logro filosófico más ambicioso y que introdujo un vocabulario propio inventado por él mismo. Microesferología para hablar de los vínculos íntimos. Macroesferología para hablar de las grandes cosmovisiones que unieron a civilizaciones enteras bajo un mismo cielo compartido. Una cartografía filosófica de algo que ningún pensador antes había intentado describir con tanto detalle. la necesidad humana de sentirse contenido, acompañado, protegido por algo más grande que uno mismo. Pero mientras trabajaba en esa obra monumental casi silenciosa, ocurrió algo que lo sacó de golpe del terreno estrictamente académico y lo puso en la portada de todos los periódicos alemanes. En 1999, en una conferencia pronunciada en Elma, Sloterdijk presentó un texto titulado Normas para el parque humano, escrito explícitamente como una respuesta a la célebre Carta sobre el humanismo de Martin Heidegger. En ese texto se atrevió a preguntar algo que casi nadie en Alemania quería preguntar en voz alta. Si la ingeniería genética ya era una realidad técnica innegable, no era momento de pensar filosóficamente sobre los límites de esa capacidad, en lugar de fingir con un humanismo cómodo que ese problema todavía no existía. La reacción fue inmediata y feroz. Varios suplementos literarios alemanes interpretaron erróneamente, según el propio Sloterdijk defendería después, que estaba proponiendo, o al menos legitimando, una forma de selección biotecnológica del ser humano. El semanario Die Zeit llegó a titular una nota sobre el episodio "El proyecto Zaratustra" en una alusión directa y muy incómoda a Nietzsche y a sus lecturas más oscuras y peligrosas del siglo XX. Y entonces ocurrió lo más doloroso para Sloterdijk. Sospechó que detrás de esa lectura hostil estaba de forma indirecta la influencia de Jürgen Habermas, el mismo filósofo que años antes había elogiado públicamente su primer gran libro. Sloterdijk respondió con una carta abierta publicada en Die Zeit, reprochándole a Habermas que le negara la posibilidad de debatir en igualdad de condiciones, algo que la propia teoría de Habermas sobre la acción comunicativa decía defender como principio fundamental de toda discusión racional. Fue una acusación de hipocresía filosófica lanzada al hombre que en Alemania representaba para muchos la conciencia moral de la filosofía de posguerra. El maestro que lo había elogiado y el discípulo admirado enfrentados públicamente en las páginas de uno de los periódicos más leídos del país. La polémica marcó un antes y un después. A partir de ese momento, Sloterdijk dejó de ser simplemente un filósofo respetado dentro de la academia y se convirtió en una figura pública, discutida, citada y atacada mucho más allá de los departamentos universitarios de filosofía. Se había ganado para bien y para mal una reputación que lo acompañaría el resto de su carrera, la del pensador que se atreve a decir en voz alta lo que otros prefieren no tocar. Y sin embargo, lo que él realmente estaba planteando, la pregunta sobre hasta dónde llega la responsabilidad humana cuando puede rediseñar su propia biología, resulta hoy más urgente que nunca. Porque esa pregunta que provocó un escándalo en 1999 es, en el fondo, la misma pregunta que nos hacemos hoy frente a la inteligencia artificial, la edición genética o los algoritmos que deciden qué vemos, qué compramos y en qué creemos. Sloterdijk no tenía redes sociales ni inteligencia artificial frente a él cuando escribió aquel texto, pero ya estaba describiendo con una precisión inquietante el dilema exacto en el que vivimos hoy. ¿Qué hacemos con el poder de rediseñarnos a nosotros mismos? Después de la tormenta de 1999, Sloterdijk no se retiró a la prudencia, al contrario, siguió publicando cada vez con más ambición y en 2006 apareció una de sus obras más políticas, Ira y tiempo. En ese libro propuso algo que hoy en plena era de la polarización difital suena casi profético, que la historia de Occidente no puede entenderse solo a través del deseo o del interés económico, como habían sostenido tantas tradiciones filosóficas anteriores, sino también a través de la ira. Los grandes movimientos políticos, las revoluciones, los conflictos ideológicos, incluso buena parte de la historia del siglo 20, funcionaron, según Sloterdijk, como auténticos bancos que acumulaban la rabia acumulada de comunidades enteras y prometían algún día en algún futuro revolucionario devolverla en forma de justicia. Es difícil no pensar en esa idea al ver cómo funcionan hoy las redes sociales. Plataformas que literalmente premian con más visibilidad y más alcance algorítmico el contenido que genera más indignación. Sloterdijk describió la mecánica de la ira colectiva casi una década antes de que existiera un algoritmo diseñado específicamente para explotarla minuto a minuto. Mientras tanto, su presencia pública seguía creciendo, casi en paralelo a su producción filosófica. Desde 1992 fue profesor y desde 2001 rector de la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe, cargo que ocupó hasta 2017. Y desde 2002, junto al también filósofo e historiador Rüdiger Safranski, condujo El cuarteto filosófico, un programa de televisión mensual donde debatía con intelectuales de toda Alemania sobre los temas más candentes de la actualidad. Un filósofo capaz de hablar de esferología y antropotecnia, se convirtió al mismo tiempo en una cara reconocible en la televisión alemana, algo casi impensable para un pensador de su generación. Esa doble vida, el pensador riguroso y el intelectual mediático, también le trajo críticas constantes. Para algunos académicos, Sloterdik sacrificaba profundidad por visibilidad. Convertía la filosofía en espectáculo. Para sus defensores estaba haciendo exactamente lo que la filosofía debería hacer, salir de las aulas y meterse de lleno en la conversación pública, aunque eso implicara ensuciarse las manos con la polémica y con la exposición socrática. En los años siguientes siguió ampliando su obra en direcciones inesperadas. Reflexionó sobre las tres grandes religiones monoteístas en el celo de Dios, sobre la fiscalidad y la responsabilidad ciudadana, sobre el propio siglo XX como objeto de estudio filosófico. Un pensador que se negaba a quedarse encerrado en un solo tema, en una sola disciplina, en una sola manera segura de escribir filosofía. Hoy, ya en sus últimos años de actividad pública, Sloperdik sigue siendo citado, sigue incomodando, sigue generando lecturas encontradas. Sus ideas sobre el cinismo moderno, sobre las esferas que nos protegen, sobre la ira como combustible político, se han convertido en herramientas casi indispensables para entender un mundo atravesado por el individualismo, el consumo permanente, la desconfianza hacia las instituciones y una tecnología que promete conectarnos mientras en la práctica nos deja cada vez más encerrados dentro de nuestras propias burbujas digitales, porque quizás esa es la imagen final que deja Sloterdijk. Vivimos rodeados de esferas que elegimos nosotros mismos sin darnos cuenta. Algoritmos que nos muestran solo lo que ya creemos. Comunidades cerradas que confirman nuestra propia rabia en lugar de cuestionarla. Sabemos que ese sistema está diseñado para mantenernos ahí dentro. Sabemos con la misma claridad cínica que Sloterdijk describió en 1983. Y aún así, cada mañana volvemos a entrar. Peter Sloterdijk nos recuerda que comprender una época exige cuestionar aquello que todos damos por sentado. Quizá no compartas todas sus ideas, pocas veces las comparte todo el mundo, pero pocas veces un filósofo ha descrito con tanta claridad las contradicciones de la sociedad contemporánea mucho antes de que esa sociedad tuviera nombre para ellas.

Las memorias de Agassi, por Javier Cercas

 El don y el látigo, en El País, por Javier Cercas, 18 jul 2026:

Agassi dice sin parar que odia el tenis. ¿Es posible odiar lo que mejor sabes hacer, aquello a lo que has consagrado tu vida?

Durante años me resistí con uñas y dientes a leer Open, la autobiografía de Andre Agassi. No consiguió vencer mi resistencia el hecho de que no la había escrito el gran tenista estadounidense sino J. R. Moehringer, autor de algún libro memorable; ni siquiera que, al publicarse, Alessandro Baricco escribiera: “Es el mejor libro que he leído en la última década”. Alguna vez he dicho que me gusta tanto el tenis que no leo libros sobre tenis; es una bobada: mucho más me gusta la literatura y me he pasado la vida leyendo libros sobre literatura (algunos de los cuales son en sí mismos, por cierto, excelente literatura). Por lo demás, el tema de un libro es lo de menos; cualquier tema es bueno para la literatura: el tema del Quijote —un viejo se cree un caballero andante tras pasarse la vida leyendo libros sobre caballeros andantes—, el de La metamorfosis —un hombre se despierta una mañana convertido en un monstruoso insecto— o el de En busca del tiempo perdido —Marcel se convierte en escritor— son banales o irrelevantes; pero esas tres novelas son tres de los mejores libros jamás escritos. En literatura, la forma es el fondo.

El caso es que por fin he leído Open. Es extraordinario: en él hay más literatura auténtica —más gracia y tensión verbal, más complejidad moral— que en infinidad de novelas pretenciosas, colmadas de citas de autores de postín. Nunca fui un fan de Agassi, aquel tipo con aspecto de chuleta de Las Vegas que llamaba la atención en la pista por su forma extravagante de vestir y de peinarse (al final se rapó); leyendo su autobiografía, sin embargo, te enamoras de él: de su espíritu gamberro y herido, de su desvalimiento, de su sentido del humor, de su generosidad y su honestidad, de su batalla agónica por sobrevivir en el torbellino hipnótico, obsesivo, loquísimo, salvaje y extenuante del tenis de élite. El libro, además, está constelado de reflexiones no indignas de un moralista francés: “Las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas; con gran diferencia”; o bien: “A muy pocos de nosotros se nos concede la gracia de conocernos a nosotros mismos”. Pero no es ahí donde late el corazón de Open. Agassi les dice sin parar a sus interlocutores que odia el tenis. ¿Es posible odiar lo que mejor sabes hacer, aquello a lo que has consagrado tu vida? Al principio parece una broma; luego, una coquetería (como aquella, insuperable, que soltó Maradona tras la proyección de una película que exhibía sus excesos de leyenda: “Che, ¡qué gran futbolista se perdió el mundo!”); no es ni una cosa ni la otra. Empezamos a entenderlo cuando intuimos que Agassi se está definiendo a sí mismo al definir a su amiga Barbra Streisand como “una perfeccionista torturada que odiaba hacer algo en lo que era extraordinaria”; y casi lo entendemos del todo cuando le confiesa a su segunda esposa, Steffi Graf, que odia su oficio, y aquella tenista única le contesta: “Pues claro, ¿no lo odiamos todos?”. Esa es la clave. Agassi aprendió a jugar al tenis porque le gustaba, continuó jugándolo para complacer a un padre empeñado en que fuera un campeón y terminó jugándolo porque sintió que ya solo sabía jugar al tenis; pero también por algo más. “Cuando Dios te da un don, también te da un látigo”, escribió famosamente Truman Capote. “Y el látigo es solo para fustigarte”. Ese don que también es un látigo se llama vocación, o destino, y es una bendición, pero también una condena, o lo es precisamente para aquellos a quienes se concede la gracia de conocerse a sí mismos, que es lo máximo a lo que se puede aspirar. Así lo acaba entendiendo el propio Agassi. “La vida es un partido de tenis entre extremos opuestos”, les decía a los chavales pobres que asistían a su academia. “Ganar y perder, amar y odiar. Reconocer pronto ese hecho doloroso ayuda. También hay que reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros y, si no podemos entregarnos a ellos, o reconciliarnos con ellos, debemos al menos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos”.

Lo dicho: un libro extraordinario.

Javier Cercas, Un cristianismo sin Cristo

 Un cristianismo sin Cristo, por Javier Cercas, El País, 4 de julio de 2026:

Pasado el empacho papal (y antipapal) provocado por la visita de León XIV, me acordé de Gandhi. “Cristo está muy bien”, declaró. “El problema son los cristianos, que no se parecen en nada a Cristo”. También me acordé de Éric Zemmour, líder de ultraderecha francés que aboga por un cristianismo sin Cristo, concebido no como una fe religiosa ni como una doctrina ética, sino como una base cultural, identitaria y excluyente. Pero sobre todo me acordé de mi último viaje a Ginebra.

Fue poco antes de la visita del Papa. Me habían invitado a hablar en la Societé de Lecture, una venerable institución con más de dos siglos de existencia cuya sede se halla en el casco antiguo de la ciudad, en el número 11 de la Grand-Rue; muy cerca, en el número 28, una placa recuerda que allí murió, en 1986, Jorge Luis Borges (en realidad murió en el edificio de enfrente, pero el propietario no permitió que colocaran la placa con el argumento de que el escritor solo había vivido allí la semana previa a su muerte). Antes del evento, un bibliotecario me dio un paseo por la biblioteca, que consta de más de 200.000 volúmenes, y me mostró algunas de sus joyas, entre ellas una primera edición de la célebre Vie de Jésus, de Ernest Renan. Abrí el libro por aquel capítulo que glosa la evidencia de que Cristo fue un revolucionario; había muchos subrayados a lápiz. “Lo que distingue en efecto a Jesús de los agitadores de su tiempo y de todos los tiempos es su perfecto idealismo”, habían subrayado. “Jesús, en ciertos aspectos, es un anarquista, porque no tiene ninguna idea de gobierno civil. Ese gobierno le parece pura y simplemente un abuso”. Enseguida, otro subrayado: Jesús no intenta “sustituir a los ricos y los poderosos. Quiere aniquilar la riqueza y el poder, pero no adueñarse de él”. Junto a este último subrayado había una anotación, garabateada en francés con el mismo lápiz. “Como el socialismo moderno”, rezaba. “¿Sabes quién escribió eso?”, me preguntó el bibliotecario. Antes de que pudiera responder, me alargó una hoja de inscripción en la Societé de Lecture a nombre de Vladimir Ilich Uliánov, alias Lenin: la letra era idéntica a la de la anotación. Incrédulo, por un segundo imaginé un encuentro entre Lenin y Borges en la Societé de Lecture, un diálogo o una serie de diálogos entre el aspirante a escritor —que había residido en la ciudad entre 1914 y 1918, y que en 1920 escribiría un poemario donde celebraba la Revolución Rusa: Los himnos rojos— y el maduro bolchevique en el destierro; hasta que comprendí que la cronología volvía inverosímil ese juego: 1908 fue el último año de la estancia de Lenin en Ginebra. Luego pensé que Lenin, perseguido y exiliado en la capital suiza mientras planeaba el retorno a Rusia y el derrocamiento del zar Nicolás II, no pudo no identificarse con el Jesús subversivo de Renan y que, a juzgar por los subrayados y comentarios al libro, había captado muy bien el pensamiento de Cristo, pero, una vez convertido en líder de la Revolución y fundador de la Unión Soviética, no lo había aplicado (no desde luego en lo referido a “no adueñarse” del poder). También pensé que cristianismo y comunismo guardan entre sí semejanzas flagrantes, que a su modo el comunismo quiso ser una suerte de cristianismo ateo, que Cristo puede parecer un tarado o un héroe y su doctrina y su ejecutoria vital pueden o no gustar, pero lo cierto es que Gandhi llevaba razón: nada o casi nada de lo que la historia ha conocido como cristianismo se asemeja al cristianismo de Cristo.

Es más bien un cristianismo sin Cristo, como el que vindica Zemmour. Por supuesto, un cristianismo sin Cristo es como una paella sin arroz, pero esa es la clase de milagros que obramos nosotros (y no solo la ultraderecha): baste recordar que, en 2025, al menos 2.108 personas perdieron la vida o desaparecieron en el Mediterráneo, y que se registraron 1.047 muertes o desapariciones en la ruta del Atlántico que une el oeste de África con las Canarias. Así que León XIV se equivocaba cuando, aludiendo a nuestra política migratoria, proclamó: “No se puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. ¡Sí, se puede! (y lo hacen, sobre todo, personas y gobiernos que se tildan de cristianos, añado yo, Arendt).