martes, 14 de abril de 2009
Palabras huérfanas, sin padrino y a punto de morirse
lunes, 13 de abril de 2009
Serenidad para los que la necesitan
Aquí.
El Crucifixus de Bach:
Aquí
El clásico Miserere de Allegri,
Aquí.
Otra canción de Enya: It's in the rain.
Aquí.
O el instrumental de Kinobe Into something more comfortable:
Aquí.
Una relajante canción de Celtic woman: The voice
Aquí.
La niebla de Mark Isham. El Réquiem por toda la humanidad:
Aquí.
Proxémica
Hablar sin palabras, Ferrán Ramón Cortés 12/04/2009
Los mensajes no verbales son una carta de presentación. La primera impresión que damos. No hace falta abrir la boca para que nuestro interlocutor sepa cómo somos. Atención a los gestos. Hablan sin voz.
Asistí recientemente y por motivos de trabajo a una charla de un político. Llegó tarde. Cuando entró en la sala, la mayoría de nosotros llevábamos ya más de quince minutos esperando. Atravesó el auditorio a toda prisa, sin dirigir la mirada a nadie, con un caminar altivo y una expresión seria. Ajeno a lo que ocurría en la sala, pasó un par de minutos revisando sus papeles y preparando su intervención, dando la mayoría del tiempo la espalda a los asistentes. Detrás de mí oí a alguien que preguntaba a su compañero:
Mirar a los ojos es esencial para conectar con la gente. Esquivar la mirada es un signo de que escondemos algo
–¿Lo conoces personalmente?
– No, pero, tal y como va por el mundo, tampoco tengo muchas ganas.
Aquel político había generado una percepción inicial negativa. Necesitaría una brillantísima intervención para remontarla.
A las pocas semanas tuve que asistir a otro acto. Cuando llegué me encontré al ponente ya en la sala, exhibiendo una amplia (y que a mí me pareció sincera) sonrisa y charlando animadamente con los primeros asistentes que ocupaban la sala. Llegada la hora, y sin dejar de intercambiar miradas de complicidad con el público, se dirigió al atril para hacer su charla. Su intervención fue correcta, pero no más. Sin embargo, la gente salió encantada. Y es que antes de abrir la boca ya tenía al público entregado.
Dónde empieza la comunicación. Solemos pensar que nuestra comunicación con los demás empieza cuando abrimos la boca para hablar. Y lo cierto es que ha comenzado mucho antes. Lo ha hecho en el preciso instante en que hemos aparecido en escena y hemos compartido el espacio físico con nuestros interlocutores. Y en esta fase previa nos jugamos causar una primera buena impresión que durante nuestra exposición simplemente se confirme, o, por el contrario, causar una mala impresión inicial y que tengamos que remontarla. Como nos recuerda Daniel Goleman, “para el establecimiento de una sensación positiva, los mensajes no verbales son mucho más importantes que todo lo que podamos decir”. Así, la primera impresión que tengan de nosotros depende sobre todo de lo que diga nuestra comunicación no verbal.
Un proceso inconsciente
“Los seres humanos estamos genéticamente programados para buscar señales faciales y de conducta y para entender rápidamente su significado”
(Carol Kinsey Goman)
Podemos ser inexpertos en comunicación no verbal. Puede ser que ni hayamos oído hablar de esta disciplina de la comunicación. Así y todo, nuestro cerebro la capta de forma natural y la desciframos de forma automática. No somos conscientes de ello, pero ocurre. En cada interacción con otra persona, nuestros cerebros están diseñados para procesar una cantidad ingente de mensajes no verbales que utilizaremos como base para formarnos un juicio sobre los demás y construir nuestra confianza o desconfianza.
Probablemente no podamos explicar por qué con sólo ver a una persona ya nos formamos una imagen de ella y le colgamos la etiqueta. Pero lo hacemos sin excepción y en sólo unos instantes. Y los demás lo hacen también con nosotros, por lo que nos sería muy útil conocer qué dicen nuestro cuerpo y nuestros gestos.
Primero, la mirada
“Sólo cuando dos personas se miran directamente a los ojos existe una base real de comunicación” (Allan Pease)
Enviamos y recibimos con los ojos más mensajes que con cualquier otra parte del cuerpo. El contacto visual es esencial para conectar con la gente. Esquivar la mirada es un signo de que escondemos algo. Como nos indica Carol Kinsey, cuando una persona no es honesta nos devuelve pocas veces la mirada. Mirar a los ojos (sin caer en la mirada intimidatoria) es esencial para que haya una base de confianza en la comunicación. Y lo que veamos en los ojos del otro nos dará muchas pistas sobre lo que nos quiere decir. Por ejemplo, ver a alguien mirando hacia arriba y a la izquierda, indica que la persona está recordando algo; hacia arriba y a la derecha, que está fantaseando, y hacia abajo y a la derecha, que está recordando un sentimiento. Una mirada que va rápidamente de un lado a otro nos dirá que la persona no está segura o se pone a la defensiva (busca inconscientemente la puerta de salida), y unos ojos llorosos y empañados dicen muy a menudo aquello para lo que no tenemos palabras.
Es esencial cuando nos comunicamos poder mirarnos a los ojos. Cualquier cosa que nos oculte la mirada directa nos limita el potencial de comunicación.
Lo que dice nuestro rostro
“La sonrisa es la más positiva de todas las expresiones emocionales” (Daniel Goleman)
Algunas investigaciones realizadas indican que el cerebro humano parece tener preferencia por los rostros felices y los reconoce más fácil y rápidamente. Es –como lo denomina Goleman en su libro– el efecto cara feliz. Mostrar una sonrisa es una buena manera de generar una primera impresión positiva, si bien la sonrisa debe ser genuina. Si no lo es, lo identificaremos porque carecerá de simetría, o sólo se reflejará en la boca (la sonrisa verdadera se detecta además en los pómulos y en los ojos). Y si es exageradamente prolongada –de 5 a 10 segundos– será muy probablemente falsa.
La gente busca expresiones faciales para saber cómo interpretar lo que le decimos. Sólo entonces dará un determinado sentido a nuestras palabras.
Manos, brazos y el resto del Cuerpo
“Tendemos a considerar más a las personas que gesticulan al hablar” (Carol Kinsey Goman)
Las personas que gesticulan de forma activa suelen generar percepciones de energía y entusiasmo, mientras que las que no lo hacen generan una imagen fría y racional. Pero los gestos no pueden ser gratuitos. Deben enfatizar, matizar, complementar la comunicación. Cuando son anárquicos y no tienen nada que ver con el mensaje, provocan distracción o desconcierto.
Las piernas y la posición de los pies son un reflejo muy sincero de las emociones. Son la parte del cuerpo que menos atención consciente nos merece y, por tanto, la menos manipulable. Los expertos en lenguaje no verbal se fijan mucho en las posturas de los pies para desenmascarar a su interlocutor. Pies cruzados debajo de la silla indicarán una posición cerrada. Asimismo, la posición de los pies cuando uno se une a un grupo que está hablando nos dirán si somos bienvenidos o no (si no se mueven para dejarnos un lugar en un círculo imaginario en el suelo, nos están excluyendo). Todas estas pistas se descubren sin el menor intercambio verbal.
Desarrollar la observación. No pretendo con este artículo hacer una descripción completa de los gestos no verbales, sino únicamente sensibilizar al lector sobre la importancia de esta parte de la comunicación. Y para comprenderla y explotarla es crucial observar, ya que a base de observación iremos dando sentido y significado a los gestos que hoy por hoy no lo tienen para nosotros. La observación no es una facultad innata, sino que se desarrolla con la práctica. Por ello es importante fijarnos en todo lo que ocurre a nuestro alrededor. En el metro, en la cafetería, en los actos públicos, en la oficina… observe posturas de la gente, sus gestos y sus miradas. Irá construyendo una potente base de datos en su cerebro que le permitirá interpretar los signos no verbales de forma inmediata y contará con una gran ventaja en su comunicación, pues no necesitará las palabras del otro para saber qué es lo que siente o qué le está queriendo decir.
Límites a la interpretación de los gestos
“Un único gesto puede tener varios significados o no significar nada en absoluto” (Carol Kinsey Goman)
En la interpretación consciente del lenguaje no verbal es peligroso ser demasiado simplista. Unos brazos cruzados pueden indicar que nuestro interlocutor está cerrado en banda, pero pueden simplemente indicar que tiene frío, o que está cómodo en esta posición. Como nos sugiere la autora Carol Kinsey, es necesario contar hasta tres gestos congruentes, es decir, buscar como mínimo dos gestos confirmatorios del inicialmente detectado, para darle el correcto significado a la comunicación no verbal.
Es importante también conocer el nivel base de cada persona. La frialdad de la expresión de un cliente puede ser un claro indicio de que no nos comprará nada, si su expresión es normalmente afable, o no significar nada en particular si es su expresión habitual.
También es importante distinguir cuándo una expresión es o no sincera. En general, las expresiones que duran demasiado no son genuinas, y hay que sospechar de ellas cuando se muestran detrás de la expresión verbal de la emoción (te digo que estoy contento, tras lo cual esbozo una gran sonrisa). Como expresión inconsciente, la comunicación no verbal no puede ir nunca detrás de la consciente expresión oral.
No nos vemos a nosotros mismos. Detectar nuestra comunicación no verbal es difícil, puesto que por lo general no nos vemos a nosotros mismos. Para poder saber qué dice nuestro cuerpo necesitamos la confirmación desde fuera. Necesitamos que alguien nos diga qué ha percibido y qué mensaje le ha dado. En pocas palabras, necesitamos un espejo. A través de los comentarios de la gente, que nos sirve de reflejo, podemos progresar y evitar situaciones como la descrita anteriormente del político. Porque estoy convencido de que este mismo personaje, si fuera consciente de ello, lo podría resolver.
LECTURAS RECOMENDADAS
‘El lenguaje del cuerpo’,de Allan Pease (Paidós, 1997), es un clásico de la interpretación del lenguaje no verbal.
‘Sin palabras. La fuerza de la comunicación no verbal en el trabajo’, de Carol Kinsey Goman(RBA Integral, 2008), ofrece una visión actualizada y práctica para entender las claves de la comunicación no verbal.
‘Inteligencia social’, de Daniel Goleman (Kairós, 2007), aporta algunas claves esenciales sobre cómo afecta nuestra comunicación no verbal a las primerasimpresiones que transmitimos.
Para practicar
Existen algunos ejercicios sencillos que pueden ayudarnos a desarrollar el sentido de la observación:1. Recrear conversaciones. Vaya a una terraza concurrida. Elija una mesa a una cierta distancia de otra en la que se esté desarrollando una conversación, de manera que pueda ver a los personajes, pero no oírlos. Imagine, interpretando sus gestos, qué es lo que se están diciendo.2. Mirar a los ojos. Si le intimida mirar a los ojos de la gente, puede habituarse de la siguiente manera: cuando mire a alguien a los ojos, trate de identificar su color exacto. Esto le hará fijar la mirada unas décimas de segundo más.3. Imágenes sin voz. Mire películas de televisión anulando la voz. Desarrollará la capacidad de observación de los gestos y el lenguaje del cuerpo.
Los abanicos y la poesía.
Avec comme pour langage
rien qu'un batiment aux cieux,
le futur vers se dégage
du logis très précieux.
Eso es la poesía, y la vida también: una expansión y una contracción, una sístole y una diástole, una agitación o fluctuación, algo apenas entrevisto, un parpadeo, un misterio, un lenguaje de abanico.
domingo, 12 de abril de 2009
Entrevista con Alex de la Iglesia
Entrevista con Alex de la Iglesia. KARMENTXU MARÍN El Mundo, 12/04/2009
Tiene 43 años y dos hijas. Estudió filosofía pura en Deusto, pero no parece que le cundiera demasiado, porque no leyó más allá de "resúmenes de los apuntes de un amigo que fue a clase". Le fascinan los cómics -"preferiría tener una página de Alex Raymond que un Miró"-, y dice que nombrar a Tintin o a Astérix es como hablar de Platón y Aristóteles. Colecciona "recuerdos. E imanes de Star Wars con mis hijas".
Pregunta. Presidente del Jurado del Festival de Málaga. ¿Aprovechará para vengarse del poco éxito de Los crímenes de Oxford en los Goya?
Respuesta. No, no, porque no creo que ninguno de los que presenten películas en Málaga tenga la culpa de ello.
P. Ahora prepara La marca amarilla, un cómic que vuelve al esquema de Los crímenes... ¿No se le ocurre nada más?
R. Es una buena pregunta. Digamos que me gusta la aventura, los tebeos de aventuras. Llevo ocho años intentando hacer La marca amarilla.
P. ¿Y no le sale?
R. No porque conseguir los derechos me llevó mucho tiempo. Y la película es muy cara y muy difícil. Rodaremos en enero, tras casi ocho meses de preproducción.
P. Achaca a los jesuitas su sentido de culpa. Algo habrá hecho.
R. Yo soy bastante culpable de un montón de cosas: pensar demasiado en mí mismo, obsesionarme con mi trabajo. El mayor de mis pecados es intentar destruir la realidad.
P. Pues para provocar sentido de culpa, ir con pantaloncitos tiroleses al cole Divino Infante.
R. Espero que no haya fotos. Hay muchas cosas que han deteriorado mi carácter para siempre. Una de ellas es llevar pantalones tiroleses; otra, tener flequillo de pequeño.
P. Eso veo que se le ha pasado.
R. Sí. Creo que cuando tuve uso de razón me corté el pelo. Luego, haber tenido grandes amigos en la universidad impidió que leyera un montón de libros.
P. ¿Mucho mus?
R. No. Recuerdo haberme emborrachado mucho de joven. Pero no lo echo de menos. Sigo emborrachándome de mayor.
P. De niño debatía sobre cómo torturar pulgas. ¿Dónde le rehabilitaron?
R. Bueno, todos tenemos un componente de destrucción que puedes minimizar yendo al fútbol o torturando pulgas. Lo hacía un amigo mío. Yo era espectador.
P. "Hacer cine es como follar". Por sus premios, tendrá cola.
R. Qué va. Digamos que es una fanfarronada. Lo digo cuando me hablan de que soy número uno en taquilla, o de las críticas buenas o malas. No creo que nadie quiera espectadores que le aplaudan. Lo hacemos porque en sí mismo satisface.
P. Las barbies y los payasos son dos de sus obsesiones. ¿Se lo ha hecho mirar?
R. Es como para hacérselo mirar, sí. Las barbies, no tanto. Pero tengo un problema con los payasos, porque creo que es un arquetipo que me define.
P. Casarse, como usted, en Las Vegas vestido de Elvis Presley ¿es más de gamberro o de macarra?
R. No lo sé [ríe]. Es de alguien que intenta pasárselo bien desesperadamente.
P. Acaban de reeditar su novela Payasos en la lavadora, donde dice que su primer libro de poemas fue A tomar por culo. Delicado lirismo.
R. Es que en este momento me parece que el poeta o la poesía en sí mismos son un acto absolutamente anárquico y contracultural. Por eso me interesa el payaso, porque se dedica profesionalmente a hacer el ridículo, cosa que me define. Pero qué me dice de que haya todavía poetas... Es como ciencia ficción.
P. Dice ser muy mimoso. ¿Panda, oso de peluche, oso en general?
R. Decir que me solidarizo con los osos tiene un componente sexual que me puede perjudicar.
P. Y a los osos, más.
R. Bueno, los osos ya tienen su ambiente. Me gusta la ternura. Me gusta encajar en las curvas de las mujeres.
P. "Odio la salsa". No será la de mojar pan, a tenor de ese cuerpo serrano.
R. Me gustan el mambo y la rumba. Aunque, francamente, no se me da bien nada. Y eso incluye mi profesión. Con la edad, lo que se me da bien es esquivar.
P. Pues esquivando no encajará en muchas curvas.
R. Depende de las de quién. Pero, desde luego, son dos elementos contradictorios.
P. ¿Qué juguete echa de menos?
R. Los tebeos. El olor de los tebeos. Y la nueva película creo que es un intento desesperado por recuperar sensaciones que tuve de pequeño.
P. ¿A qué olían sus tebeos?
R. A barra de pan con mantequilla y azúcar, a imprenta. El olor de la imprenta y del papel me enloquece. Príncipe Valiente y Flash Gordon me parecen la cumbre de la creación humana.
P. ¿Hay algo que le mantenga en un sinvivir?
R. Sí, sobre todo personas. Y también, la falta de indignación de la gente. Me angustia que estemos viviendo auténticas barbaridades y que a nadie le importe. Y, probablemente, yo sea uno de ellos [carcajada].
P. Un morro que se lo pisa.
R. Es de las pocas cosas que se aprenden. He aprendido a tener una jeta descomunal y a ser un gran hipócritasábado, 11 de abril de 2009
Muere Corín Tellado, la escritora más prolífica del español
Vaya; ha muerto Corín Tellado, la extraordinaria autora de novela rosa; le escribí una biografía en la Wikipedia, que otros han ampliado notablemente en lo que toca a bibliografía. No he leído nada de ella, sólo ojeé algunas de sus novelas para saber de qué iba. En el artículo no he añadido mucho, sólo corregido un par de deslices estilísticos. Descanse en paz... Y a esperar que me plagien este artículo continuamente en las necrológicas de los periódicos -que los periodistas suelen llamar morituri, cuando esperan que alguien palme y las escriben por anticipado-, como suelen hacer.
jueves, 9 de abril de 2009
Supersticiones
Le rite est pour les mains d'éteindre le flambeau
contre le fer épais des portes du tombeau:
et l'on ignore mal, élu pour notre fête
très simple de chanter l'absence du poëte,
que ce beau monument l'enferme tout entier.
Si ce n'est que la gloire, ardente du métier,
jusqu'à l'heure commune et vile de la cendre,
par le carreau qu'allume un soir fier d'y descendre,
retourne vers les feux du pur soleil mortel!
Qué pena. Quien quiera saber de qué va, que lea el artículo que le escribí en la Wikipedia hace hace tiempo, aquí. De momento, he decidido quitar el enlace al blog del padre Fortea del mío. Le encuentro ya demasiadas hipocresías y contradicciones que no entiendo. Me reduzco a ser un simple partidario del Humanismo secular, la más humilde y abierta de las corrientes de pensamiento. Antes de perseguir a su vez, todas las religiones son perseguidas; por eso yo no creo en ninguna ni tampoco persigo a ninguna, sino que busco lo que tienen en común que no sea ignorar, atacar y destruir, y esa humildad activa (que no pasiva) no la encuentro sino en la ciencia.
El Hobbes liberal
JUAN M. SEOANE ALONSO - Huesca - El país, 08/04/2009
La defensa que el señor Lassalle hace del liberalismo, en un artículo publicado ayer por su diario, puede ser acusada al menos de parcial. Parcial por la elección de un conjunto de antecedentes -ignoro si por desconocimiento, siendo benevolente, o tras meticulosa elección, lo que resultaría más maquiavélico- para un fenómeno tan poliédrico como el liberalismo, que resulta sospechosa de querer ocultar la cara amarga del mismo.
Utiliza la parte por el todo al asociar al liberalismo, en general, con la revisión idealista del mismo llevada a cabo en torno a los años treinta del siglo XIX por T. H. Green y J. S. Mill -entre otros-; una vez vistos con espanto los efectos sociales que la aplicación del (también) liberalismo anterior producía.
Si el señor Lassalle busca un verdadero origen común a la muy variada teoría liberal debería mirar al poco políticamente correcto y desde luego falto de tacto Thomas Hobbes, verdadero padre de muchos de los principios teóricos del liberalismo como: su concepción de la sociedad como un conjunto de individuos vinculados sólo por el interés o la concepción del Estado desde una perspectiva netamente utilitaria y cuya legitimidad se basaba en la autoridad.
Aunque puedo compartir con el señor Lassalle una mayor simpatía personal por las posiciones reformistas de autores como Green o Stuart Mill, defender que ambos son el origen del liberalismo es, o bien un error, o bien un intento de ocultar la cara menos amable del mismo. Tan poco amable que parece que el propio Lassalle no quiere ver.
miércoles, 8 de abril de 2009
Madrid, en casa de Raúl Morodo
Por correo recibí la primera edición de Impresiones de José Campo-Arana, la biografía de Francisco Navarro Ledesma de Carmen de Zulueta y la segunda edición de la Gramática de Navarro Ledesma. Por una cierta casualidad me enteré de la historia del Lagarto de la Malena, una leyenda de dragones de mi natal Jaén, de la que habla bastante mi coterráneo Juan Eslava Galán, que es buen escritor y a cuya prima, una rolliza y guapísima rubia llamada Lourdes Galán, profesora de inglés, que ahora anda por San Fernando, Cádiz, llegué a tratar hace años; por cierto que me he enterado de que uno de sus cuantiosos novios de entonces se viene a Daimiel, el profe de filosofía Javier Lumbreras, y, aunque no venga a cuento, he de colar aquí que se me ha vuelto a estropear el ordenata, por lo cual me he pasado casi una semana sin poder escribir post y este primero sale así de tan desordenado.
En fin, que comí en la grande y hospitalaria casa de Raúl Morodo; encantadoras sus cristinas, y sus invitados mexicanos; pero me reservo qué dijimos, algún día lo contaré; me ha regalado y dedicado su autobiografía, ya inencontrable; a los manchegos diré que allí está consignado su exilio manchego en varios pueblos de Albacete.
La clase perdedora en la enseñanza
La clase perdedora
Los alumnos de padres sin estudios tienen 20 veces más riesgo de fracaso - La educación no consigue eliminar las diferencias sociales
José Luis Barbería El País, 07/04/2009
Imaginemos el sistema educativo como una larga de carrera de obstáculos. Lo primero que salta a la vista es el alto grado de abandonos prematuros y de participantes descalificados por no haber cubierto la distancia mínima en el plazo establecido. Lo segundo que llama la atención es la extracción social de los que se quedan por el camino, ya en los primeros tramos, y cargan con los sambenitos estigmatizadores del "fracasado escolar" y de "repetidor". Quítese de la cabeza la convicción de que la escuela es, por excelencia, el espacio natural de la igualdad de oportunidades que consagra la Constitución. Hágase a la idea de que, pese a los buenos propósitos, el éxito académico no depende exclusivamente del esfuerzo y de la capacidad personal de su hijo.
La calidad de los centros privados se apoya en la selección de los estudiantes
El 68% de jóvenes estudia bachillerato o FP; la media en la OCDE es del 81%
¿Cómo se explica, si no, que los perdedores pertenezcan de forma tan abrumadoramente mayoritaria a las familias de rentas más bajas? Por muchos casos de hermanos con rendimientos académicos dispares que se den, el análisis del problema establece que no estamos ante cuestiones personales. No es cierto que los alumnos partan de la línea de salida en condiciones idénticas y con competencias similares. Las diferencias están ya presentes en el kilómetro cero porque a la hora de matricularles por primera vez ya hay niños a los que se les ha inculcado el amor por la lectura y el conocimiento y otros a los que no. Por lo mismo, hay padres que acompañarán los estudios de sus hijos y velarán para que adquieran la mejor formación y otros que se inhibirán de esa tarea.
España partía hace sólo tres décadas de una situación muy alejada de los países desarrollados, también educativamente hablando, pero ha conseguido en ese tiempo ampliar la escolarización obligatoria hasta los 16 años, con uno de los sistemas educativos más equitativos de la OCDE, según el Informe Pisa -que evalúa el nivel de conocimientos de los jóvenes de 15 años de 55 países del mundo. El informe dice que si se eliminan los condicionantes socioeconómicos y culturales de los alumnos, las escuelas españolas públicas, privadas y concertadas dan unos resultados muy similares entre sí. Sin embargo, ese contexto sigue pesando enormemente. Los hijos de los trabajadores no cualificados tienen 4,5 veces menos de probabilidades de acceder al ámbito universitario que los vástagos de los profesionales de alto nivel. Sólo un tercio de los de familias obreras o de asalariados del campo cursará el Bachillerato y de ellos únicamente la mitad llegará a la universidad. Si usted no tiene estudios, le conviene saber que su chico cuenta con 20 veces más de posibilidades de incurrir en el fracaso escolar que el hijo de padres universitarios; exactamente, el 40% contra el 2%, según el estudio recientemente publicado por el profesor de Sociología de la Universidad de La Laguna, José Saturnino Martínez.
El sistema educativo es una maquinaria de reproducción de las desigualdades socioeconómicas, aunque en el caso de los alumnos particularmente brillantes y trabajadores deje márgenes de maniobra para "la movilidad de clase" y haya acompañado la irrupción de las mujeres, cuyo rendimiento es muy superior.
Gracias a las becas, siguen dándose ejemplos de alumnos de familias de rentas muy bajas que acaban una y hasta dos carreras universitarias. Pero no dejan de ser una notable excepción en un modelo en el que el capital cultural y económico condiciona fuertemente el rendimiento escolar y el estatus social. Es lo que las estadísticas llevan voceando tercamente sin que ese debate llegue a prender en la opinión pública. Y eso, que, como han puesto de relieve los economistas Jorge Calero y Josep-Oriol Escardíbul, la educación determina cada vez más la posición laboral y las trayectorias vitales de las personas.
"La extensión de la escolarización y la evidencia de que, por lo general, los hijos superan el nivel de conocimiento de sus padres contribuye a ocultar que las desigualdades relativas se mantienen más bien constantes para los chicos, aunque hayan disminuido entre las mujeres", opina José Saturnino Martínez.
Pero las estadísticas hablan de un problema colectivo que, además de socavar la equidad y la justicia, compromete el futuro del país arrojando al mercado de trabajo a masas de jóvenes poco cualificados para afrontar la "sociedad del conocimiento". Ahora vemos en las colas del paro a esos chicos que, sobre todo en el Sur y el Levante español, abandonaron prematuramente sus estudios tras el reclamo de un buen salario en la construcción o la hostelería.
Sólo el 68% de los jóvenes españoles cursa los estudios secundarios postobligatorios del bachillerato y los Ciclos Formativos de Grado Medio, frente al 81% medio del conjunto de la OCDE. Ese dato nos sitúa a la cola de Europa, únicamente por encima de Portugal y Malta, en un momento en el que la UE aspira a que el 85% de los jóvenes menores de 22 años hayan "completado" los estudios de Enseñanza Secundaria Superior en 2010. A ese "cuello de botella" en el sistema hay que sumar una tasa de fracaso escolar del 30,8%, el doble de la media de la UE-27. "El sistema reproduce la estructura social de España. Las familias de rentas altas envían a sus hijos a las escuelas privadas, en su mayoría, regidas por la Iglesia católica, mientras que las familias de rentas medias y bajas los envían a escuelas públicas, donde se concentran los hijos de los inmigrantes. Esta polarización por clase social caracteriza el sistema escolar en España", afirma Viçenc Navarro, economista y politólogo.
De hecho, las diferencias de rendimiento escolar registradas en el Informe PISA se explican básicamente por el nivel social, tanto de los padres como de los centros. Los investigadores han llegado a la conclusión de que la variabilidad observada entre centros educativos en las pruebas de lectura está asociada en un 50% a las características del estudiante, muy particularmente, al estatus socioeconómico de su familia y también al sexo, la edad y la condición o no de inmigrante. Las características del centro influirían en los resultados en un 16%, mientras que la naturaleza competitiva o cooperativa de los métodos didácticos, los medios materiales y el tipo de gestión no superarían el 6%. Descubrir que los elementos determinantes del rendimiento escolar son, en gran medida, ajenos al sistema ha sido una gran sorpresa para muchos teóricos que fían todas las soluciones a las reformas políticas o al incremento de la financiación.
No es un secreto que los alumnos de los colegios privados (independientes y concertados) obtienen, por lo general, mejores promedios que los de las escuelas públicas, aunque tampoco es evidente que esos resultados reflejen mejoras educativas. "Los centros privados pueden conseguir un mejor clima escolar por la vía de concentrar alumnos de características parecidas, pero el rendimiento académico de los adolescentes de los centros públicos sería, incluso, superior si se descontaran los factores socioeconómicos", sostienen Calero y Escardíbul. Así, la supuesta "calidad" educativa de esos centros no sería otra cosa que la "calidad" cultural y económica de los padres que llevan a sus hijos a esos colegios.
La mayoría de los expertos opina que el nivel cultural de los padres pesa más que sus recursos económicos. Queda fuera de toda duda que el sistema muestra una enorme resistencia a ser modificado. "La segregación urbana produce segregación escolar porque los centros privados están ubicados generalmente en áreas de población de nivel socioeconómico elevado y, por lo tanto, tienen mayores probabilidades de matricular a usuarios de ese nivel", indica Escardíbul. Las familias con más recursos seleccionan con mayor cuidado el centro escolar de sus hijos. Jorge Calero y otros estudiosos ponen el acento en lo que denominan el "efecto suelo", según el cual, el temor a perder posición social y la preocupación por la formación aumentan a medida en que se asciende de clase. Por lo mismo, y a la inversa, las familias de rentas más pobres tendrían menos inquietudes de esa naturaleza por la imposibilidad misma de descender en la escala social. Según esta teoría, la actitud de los padres ante la educación estaría, pues, condicionada por el análisis coste-beneficio. Las familias de menores rentas tienen mucho más en cuenta los ingresos que se dejan de percibir por aplazar la entrada en el mercado de trabajo.
¿Es exagerado afirmar que en la medida de sus recursos, las familias "compran" el nivel social, económico y de formación de los compañeros de colegio y potenciales amigos de sus hijos? Los centros privados tienden a seleccionar a sus alumnos-usuarios y a blindarse contra los estudiantes problemáticos. De alguna manera, la particularidad de su oferta descansa, precisamente, en su capacidad de seleccionar a sus estudiantes. Y eso que en el plano académico y de la disciplina no se puede homogeneizar bajo la misma mirada prejuiciosa a todos los hijos de la inmigración. "Me gustaría tener más inmigrantes en mi clase, pero siempre que sean chinos", apunta, con un punto de humor, una profesora de un centro público de Madrid.
Aunque, según algunos teóricos, la financiación pública adicional a los centros privados apenas mejora los resultados educativos, no se puede negar que, desde el punto de vista de los intereses particulares, optar por la enseñanza privada en España es una buena inversión. Puede, incluso, decirse que es tan buen negocio privado como mal negocio para el conjunto de la sociedad. La huida de la escuela pública que las clases medias iniciaron a mediados de los noventa no se ha detenido. El número de estudiantes de las universidades privadas pasó de 58.875 a 132.794 durante los años 1995- 2003, periodo en el que la enseñanza pública superior descendió de 1.449.967 a 1.349.248 alumnos. Contra lo que se supone, la incorporación de los hijos de inmigrantes sin formación no repercute negativamente en el rendimiento escolar medio si son menos del 10% de la clase.
"Ningún otro país europeo presenta porcentajes tan altos de población en la enseñanza privada, que genera un gasto superior por alumno. En España, la escuela es clasista en lugar de ser una institución multiclasista donde cristalice el concepto de ciudadanía", critica Vincenç Navarro. Los estudios de la OCDE ponen de manifiesto el elevado peso proporcional del gasto privado español en educación, -0,5% del PIB en 2002, el más elevado de la UE a 15 -, en un país que invierte en enseñanza -4,3% del PIB en 2002- un punto menos de su PIB que los socios europeos.
En el extremo opuesto, los hijos de familias que responden a los indicativos de una madre inmigrante de cuello azul (trabajadora no cualificada) con menos de 100 libros en casa, aparecen potencialmente abocados al fracaso.
Remover las desigualdades sociales requiere que la educación sea lo más independiente posible de las condiciones socioeconómicas de los alumnos. "Habría que invertir justamente la situación actual para que la igualdad formal de oportunidades se convierta en igualdad real de oportunidades. Hay que impedir que las desigualdades de origen colonicen el sistema", subraya Jorge Calero. Según Escardíbul, la proclamada igualdad de oportunidades se resiente también porque la reserva de plazas limita la posibilidad de que los alumnos de incorporación tardía, inmigrantes, por lo general, entren en un centro concertado. La capacidad de recabar recursos económicos de las familias y de seleccionar a los alumnos de Bachillerato en función de sus notas constituye, a su juicio, otro obstáculo adicional.
"Aunque las becas y los programas de educación compensatoria cumplen una función notable, el sistema sigue siendo bastante selectivo en el acceso a los centros concertados y actúa insuficientemente en las aulas para corregir las desigualdades sociales. Las Administraciones deberían tener en cuenta que ubicar las escuelas en tal o cual zona contribuye a reducir o a incrementar la segregación", indica. El incremento de las becas y la inversión, la evaluación pública de los resultados de cada centro y la promoción del consumo familiar de bienes culturales son otras de sus propuestas.
Pero el obstáculo mayor que lastra el objetivo de la igualdad de oportunidades es el bajo nivel educativo de los padres. Aunque España es el cuarto país del mundo con mayor diferencia de nivel educativo entre la generación de los padres y la de los hijos, este despegue no le ha liberado todavía del peso inerte del pasado. El grado de formación de los padres que en 2004 tenían hijos de 17 o 18 años era el más bajo de la UE, excepción hecha de Portugal.
Los déficits académicos de los alumnos son, en buena medida, fruto de las carencias culturales de la propia sociedad. Tenemos la paradoja de que el fracaso y la repetición de curso son moneda corriente, incluso en comunidades como La Rioja o Castilla y León que, por sí mismas, podrían disputar a Finlandia y a Corea del Sur los primeros puestos de la excelencia en el Informe PISA. La tardía expansión de nuestro sistema académico hace que los escolares paguen hoy el retraso acumulado a lo largo de décadas.
jueves, 2 de abril de 2009
Cine
Se trata de Interstate 60 de Bob Gale (2002) y de Funny Games, de Harneke; la primera puede pasar inadvertida por la horrorosa carátula en medio de tanta mierda de serie B, pero es una obra llena de imaginación y hasta alguna poesía. Es una película extraña para ser americana, porque posee una fantasía crítica muy extraña a ese modo de pensar y los personajes no son nada tópicos. Es rara de planteamiento, a la vez que original y bien llevada a cabo. A través de las peripecias que vivirá el protagonista durante su recorrido por una autopista que no existe en los mapas y con un único consejero que no es otro que una "8-ball". Ese ocho, pienso yo, no es otra cosa que el símbolo del infinito. El protagonista parece un típico guaperas, pero es todo lo contrario, un existencial rebelde, que se va cruzando con personajes arquetípicos de aquello con lo que va a topar en la vida: el sexo, la droga, la responsabilidad con los demás, la mentira, el deber... Gary Oldman es el "genio" de la película, un genio un poco cabrón, todo sea dicho (ya lo veremos en la primera escena donde un invitado Michael J. Fox sufre las consecuencias). Por otra parte tenemos a un admirable Chris Cooper, que interpreta a un publicitario con crisis de conciencia que, canceroso terminal, ya no soporta las mentiras y decide lanzarse al mundo como un Quijote. Aparece luego una especie de Disneylandia utópica de la droga que te hace pensar bastante, una especie de pueblo donde la ley es una utopía de pesadilla y otras fantasías por el estilo de Gulliver... En fin, mucha literatura y moral tiene el fondo de esta película. Como curiosidad, decir que ésta película no se estreno en los cines no solo en España, sino que ni tan siquiera en América, donde directamente pasó al formato de DVD. No me extraña: no es manjar para muchos.
Funny Games es un thriller de psicópatas ingeniosamente construido que defrauda el gusto burgués. El psicópata interpela a veces al vacío en un juego metaficcional, como si hubiera espectadores de sus perversas hazañas, que los hay (y somos nosotros), de forma que su perversa locura adquiere una cierta dimensión de realidad como representación. Incluso llega un momento en que utiliza el mando de la televisión para ir marcha atrás y rebobinar los hechos para cambiar cuando no salen a su gusto. Las interpretaciones son memorables y el guion solidísimo, por ejemplo en lo que toca a la relación entre los dos psicópatas. Yo creo que esta obra, que es el remake de otra anterior por el mismo director, pasará a ser un clásico.
Educando a J (My first mister, 2001), de Christine Lahti, es un hallazgo de comedia. Se trata de una coproducción, como la mayoría de las películas que "echan" en ONO, sobre todo las gratuitas, que no por serlo dejan de ser de calidad, ya que, por lo general, las que cuestan dinero son una auténtica mierda consumista para descerebrados (paradojas de la vida moderna, como otras muchas cuales que las enciclopedias de pago sean las de peor calidad). Se trata de la historia de la amistad/amor entre una adolescente gótica y el dueño de una tienda de ultramarinos, su jefe. El argumento parece sacado de uno de esos binomios fantásticos de que hablaba Rodari, procedimiento imaginativo que ya aplicaba yo sin haberlo leído y que me sacó de numerosos apuros cuando le contaba cuentos a Ana Isabel, mientras su botadora hermana Paloma, más partidaria de la acción que de la narración, daba saltitos en la otra cama. La actriz principal, Lilí o Leelee Sobieski, no sé si será buena o mala, solamente que posee quid divinum, que vale por excelentísima: uno se enamora de ella a través de toda esa decoración espectral y de la ferretería que la marcan, . El guion es estupendo, con aciertos poéticos como el monólogo en que el ultramarinero se define como el miedo mismo, o un imaginativo uso de la cámara subjetiva: algunas simetrías y antítesis, sin embargo, aparecen demasiado claras, aunque desde luego cuesta bastante evitarlas. O cuando, en la cama del hospital, la enfermera le define como una persona que nunca echa a nadie de su habitación, pero echa de menos algo de compañía: uno quisiera ser ese tipo, que uno intuye tampoco recibe a nadie. O Lilí, que usa los prismáticos al revés "porque así se va mejor en la vida". Desde luego este guion no lo ha escrito el mismo que hace decir a Debra Morgan, en Dexter: "Es estimulante el olor a culo por las mañanas". El conmovedor guion, neorromántico, tiene sin embargo su americanoiditis en la búsqueda de un final feliz, impuesta quizá por el género de comedia por el que se decanta, algo que nunca se le hubiera ocurrido, por ejemplo, al muy aguafiestas de Thomas Hardy.
¿Otras películas? Pues sí, una especie de borrador de Monster's Bal, protagonizado por el mismo palustre Billy Bob Thornton, Al caer la noche (The badge, 2001); de Robby Henson; como sheriff al borde del mismo suicidio moral tiene unos ambientes neorleannianos (esto de los sufijos gentilicios da no pocos problemas: por ejemplo, de Seatle, seatlitas, seatleros, seatleños o seatlienses, de Estambul, estambolitas, de Ceilán, cingaleses...), unos ambientes neorleannienses, decía, magníficamente captados; en cuanto al guarro gasolinero de la Louisiana parece sacado directamente de una pocilga o zahúrda extremeña de las peores; es de un naturalismo grotesco, que ni sacado de una película de Eloy de la Iglesia. (Por cierto, la protagonista, una Patricia Arquette más jovencita y pizpireta que la atribulada madraza de Medium, lleva tatuada una bola de billar número 8 en el hombro, que ya aparecía en la Interstate 60 ya mencionada arriba: uno que se fija en estas cosas).
martes, 31 de marzo de 2009
Poética de Stefan George
En la poesía —como en toda actividad artísitica— todo el que aún está dominado por el afán de querer "decir" algo, de querer producir algún efecto, no es digno de ingresar tan siquiera en el atrio del arte.
Todo espíritu discrepante, toda sutilización y altercado con la vida, evidencian un estado de pensamiento aún desordenado y deben permanecer excluidos del arte.
El valor de la poesía no lo decide el sentido (de lo contrario sería ella acaso sabiduría, erudición) sino la forma; esto no es nada exterior, en absoluto, sino aquello hondamente suscitante en medida y sonido, en virtud de lo cual en todas las épocas los primigenios, los maestros se han diferenciado de la posteridad de artistas de segundo orden.
El valor de una poesía tampoco está determinado por un hallazgo individual en el verso, la estrofa o la fracción mayor por más afortunado que fuera... Sólo la combinación, la relación recíproca de las distintas partes, la necesaria consecuencia de un elemento a partir del otro caracteriza la alta poesía.
La rima es un mero juego de palabras cuando entre las palabras unidas por ella no existe una íntima unión.
Ritmos libres significa tanto como blanca negrura; quien no pueda moverse bien en el ritmo que ande sin ataduras.
La medida más estricta es a la vez la suprema libertad.
II
La esencia de la poesía es como del sueño: que el Yo y el Tú, Aquí y Allí, Una vez y Ahora existan uno junto al otro y lleguen a ser una y la misma cosa.
La impresión más honda, la sensación más intensa no garantizan un buen poema. Ambas deben primero convertirse en el sonoro estado de ánimo que exige cierta paz, incluso cierto regocijo. Esto explica por qué no es genuino todo poema que aporte negrura sin ningún rayo de luz. A algo semejante se aludía probablemente antes con lo "ideal".
La belleza no está al principio ni está al final, es punto culminante. Las más de las veces conmueve el arte en el que se percibe la respiración de espíritus nuevos aún dormidos.
La poesía tiene una posición especial entre las artes. Sólo ella conoce el misterio del despertar y el misterio de la transición.
lunes, 30 de marzo de 2009
Crítica
Una de ellas es que el orgullo disimulado es bastante mejor que el orgullo a secas, puesto que los que exterminan a sus competidores o críticos (recordemos la frase del general Narváez antes de morir, cuando el cura le pidió que perdonara a sus enemigos: "No puedo, padre, los he matado a todos") nunca podrán saber si son mejores que ellos: el crítico perdonavidas también es orgulloso, pero su orgullo es más inteligente y clemente, y mucho menos bruto que el de los exterminadores de críticos.
Pero lo peor es sin duda el autocrítico constante, porque su autopaliza lo paraliza. Muchas personas son incapaces de hacer nada en la vida precisamente por el diabólico perfeccionismo que los ata de pies y manos; terminan siendo una miniatura de sí mismos y mordiéndose en puro reconcomio. He visto a gente muy inteligente y dotada fracasar por este motivo. Lo veo incluso ahora, a veces, en otros. Aunque esas personas me dan grima, me la dan más los que los han hecho así, que en muchos sentidos eran como ellos: muerden a los demás y no son capaces de sacar nada de ellos mismos que pueda justificar su crítica o darle el valor añadido del ejemplo. Es lo que llamaba Unamuno la envidia cainita del español, el pecado que muerde y no come, y por tanto no puede saciarse, en la que es una de sus mejores novelas, Abel Sánchez, que me impresionó profundamente cuando la leí, sobre todo por la tragedia de su protagonista, el pobre médico al que arrebatan incluso el título de la obra.
La crítica legítima es la que no esconde ningún fondo de hipocresía. Lo escribió Abraham Lincoln: "Tiene derecho a criticar quien tiene un corazón dispuesto a ayudar”. Las críticas de las personas de buen corazón, de las personas que dan ejemplo, hacen mucho efecto, deben ser escuchadas y seguidas. Como la que se encuentra en la cima de este escrito.
En el ámbito de la crítica literaria es algo muy curioso lo que decía La Bruyère: que la gloria o el mérito de algunos hombres es escribir bien y la de otros no escribir nada. No menos cierto es que hay escritores con una gran imaginación: imaginan que sus libros se venderán y que causarán impresión en otro lugar que no sea la imprenta, o que aumentarán el número de lectores más que el de libros. Aunque un escritor sea original, la originalidad, que es cuestión de negación, como escribió Poe, uno de los escritores más originales que ha habido, consiste no en imitar, sino en que nadie te pueda imitar. El crítico es un eunuco que ha tenido que criticar porque no ha sabido ni podido procrear. Como dice Sábato, un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas. Pero ya Cervantes decía algo parecido, y fue, de hecho, uno de esos escritores que expresaba grandes cosas con palabras insignificantes. De esos hay pocos hoy en España. Ahora mismo yo sólo me acuerdo de tres: de Millás , de Tomeo y de Vila Matas
Exorcismo
Decía Vicente Castellanos ayer, con mucha lucidez, que llega un momento en la ESO en que ya no tienes nada que aportar y sí mucho que aguantar. Si creces como profesional de la enseñanza este marco se te queda pequeño y te encoge y estrangula. En la ridícula Universidad que padecemos, camarote de los endogámicos Marx donde los haya (y parió la abuela más hijos que la forzada consorte del monstruo de Amstetten), hay más doctores entre los asociados que entre los fijos esclavos atados por la cadena de su eterna eventualidad. Lo que se valora es el tiempo gastado en no hacer nada, es decir, la antigüedad, la vejez, la fosilización. Y, según el artículo que acabo de leer en la prensa, si tuvieran que aplicarse los ridículos baremos que hay, ni Einstein ni Santiago Ramón y Cajal habrían podido ser catedráticos universitarios por falta de antigüedad cuando ya habían hecho las contribuciones por las cuales habían creado escuela y revolucionado la astrofísica y la neurología. La meritocracia ha pasado a mejor vida. La reforma universitaria española está diseñada para crear jóvenes esclavos meritorios o becarios que no pueden desarrollar su talento en la crítica edad en que falta el respeto y se puede ser original. Si no se despreciase a los becarios y se les financiase como se debe, estupendo; pero nada de nada: son sólo carne de cañón esclava y humillada, no pueden hacer ni decir nada y sus condiciones laborales son de miseria miserable. Cuando lleguen a la edad de poder aportar algo, como decía un artículo que leí hace unos días, "el síndrome McCartney", tras servir de teloneros durante varios años, ya no tienen ganas de aportarlo. Imaginaos que el cantante británico, antes que fundar los Beatles, tiene que estarse cuatro años de telonero con el Dúo Dinámico. Esa generación de mediocres, la llamada "generación tapón", experta en politiqueos y medros, ha deteriorado la creatividad nacional hasta reducirla a cero. España es un país que importa futbolistas y exporta científicos, aunque ya las cosas están cambiando, aunque, como suele suceder en España, a peor: ya ni siquiera exportamos científicos y estamos exportando a nuestros futbolistas. Y lo peor son esos ridículos borregos que no hacen ni dicen nada y critican sin sentirse parte del problema.