martes, 25 de agosto de 2009

Retórica

Cualquiera que conozca la larga lista de prejuicios cognitivos se andará con mucho tiento antes de afirmar cualquier cosa. Muchas veces la gente se convence más con sentimientos que con razones; ese es el prejuicio cognitivo número uno, del cual se han aprovechado para medrar políticos de cualquier pelaje. Y el prejuicio cognitivo más gordo de todos es creer que se sabe algo, cuando en realidad no se sabe nada; no hay escalón más invisible para tropezar que la falta de modestia e inseguridad.

domingo, 23 de agosto de 2009

Siete rutas de la nueva poesía

MANUEL RICO El País, 22/08/2009

La diversidad estética y temática de la poesía más reciente tiene, también, un reflejo plural en el uso de cauces innovadores, impensables hace sólo una década. Internet, el blog, las redes sociales, las revistas digitales y los libros electrónicos son realidades emergentes que están ofreciendo oportunidades diversas para que sus autores se den a conocer. Sin embargo, ese nuevo ecosistema, pese a las más apocalípticas teorías post, afecta poco a la materia poesía. Y a su edición en papel. Es más: no hay poeta joven, que, pese a mostrar su obra en la red y casi en tiempo real, no aspire a ver su libro editado. Es como si en ello se albergara la legitimidad literaria. Sus referentes siguen siendo nuestros clásicos, los poetas españoles del 27 o del 50, Machado o Juan Ramón, los poetas anglosajones (incluyendo a Bukowski o a Carver) y europeos, sin desdeñar, en algunos casos, los más experimentales del pasado siglo: es decir, los mismos referentes que marcaron a anteriores generaciones, algo que se pone de relieve con sólo revisar las últimas novedades en los anaqueles de las librerías. O leyendo alguno de los siete libros que hemos seleccionado como muestra de la evolución de la poesía más joven. Se trata de libros escritos, con dos excepciones, por poetas nacidos a partir de 1977, es decir, familiarizados, desde la adolescencia, con Internet y el mundo digital, con blog abierto la mayoría. Sus libros no hablan de la quiebra del poema y del poemario convencional, sino más bien de lo contrario.

Estos libros no hablan de la quiebra del poema y del poemario convencional, sino más bien de lo contrario

Así, Déborah Vukusic (Ourense, 1979), en su entrega Guerra de identidad, se muestra como una poeta directa que no elude los aspectos más duros de la realidad y de la memoria. Poesía narrativa en la que aborda, con un verso ágil, fresco e irónico, fluido, dramatizado a veces, una suerte de autobiografía en la que el yo aparece hibridado con lo colectivo. Es decir, busca la propia identidad en un pasado que se nutre de dos realidades: la Croacia de la guerra de los Balcanes y la Galicia natal. Ésa es la particular guerra de Vukusic. En ella se encuentran y contraponen la crueldad más extrema, expresada en la figura del padre ("mi padre / el señor croata / genera frío // mata"), y una añorada felicidad con Galicia al fondo. Un libro perturbador, no carente de suturas emocionales y abierto a la historia más reciente y dramática de Europa.

De esa línea dura, poco apacible, participa Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980), autor de Otros demonios, premio Asturias Joven 2008. "No está carente de belleza / este naufragio urbano", escribe en uno de los primeros poemas del libro. Y esa belleza está en el amor irreverente, en la elección de escenarios en apariencia hostiles pero convertidos, gracias a un lenguaje despojado, casi hiriente pero lleno de ternura (una ternura seca), en refugio y protección. La mítica del fracaso, la estética de barrio y una visión llena de grietas de las relaciones personales completan una poesía intensa que, en algunos momentos, se hace crítica y "sucia" como el mundo real.

Desde el propio título, Memoría, el libro de Ben Clark (Ibiza, 1984) viene cargado con una pulsión existencial. Pese a la juventud del autor y quizá a causa de una experiencia traumática, estos poemas muestran un trasfondo pesimista. No se trata de textos ensimismados, que den la espalda a la realidad, volcados en el yo. Son versos virados hacia una memoria en claroscuro, que buscan el diálogo entre la vida y la muerte, que delatan la frágil condición humana, sólo salvable en el amor, pero en los que también viven los otros. En ellos, la memoria tiende a la evocación del vacío ("Recuerdo pocas cosas de mi infancia: / parques con jeringuillas. Y la tele") o de experiencias sombrías como la recobrada en 'Omenage a Eric'. Todo ello nos habla de una poesía raramente madura, siempre en el filo de la navaja: es decir, del abismo.

Con Tras la puerta tapiada, Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981) ha obtenido el último Premio Hiperión. Esta vez, el jurado ha optado por una propuesta no experimental, por un libro en el que se entrelazan, de forma equilibrada, las percepciones procedentes de lo cotidiano, del amor diario, del recuerdo vinculado al mundo de la infancia y los referentes culturales de índole diversa (Borges, Sorolla, Escher, Kavafis...). Se trata de una muestra más (hay otras en este recuento) de la persistencia, en la más joven promoción, de una poesía de las emociones, en la que el conocimiento que se persigue tiene más de explicación del yo en relación con el entorno más inmediato que de búsqueda metafísica. Explora "huellas ingobernables / en el mapa del alma".

Juan Marqués (Zaragoza, 1980), con Un tiempo libre nos ofrece un libro de celebración en el que el sujeto poético, citando a Sánchez Rosillo, parece encontrarse "totalmente de acuerdo con la vida". Aunque el verso recuerda al Guillén de "el mundo está bien hecho", la poesía de Marqués es menos objetual y más emotiva. El tiempo libre del que nos habla el libro es el que mide y descubre la luz, el de los actos más sencillos ("Quiero una vida simple, junto a ti / y después un abrigo") y el de la memoria de lo íntimo. En el fondo, la propuesta de Marqués conecta con la tradición de una lírica muy depurada, sintética, a uno y otro lado del Atlántico, uno de cuyos exponentes más próximos es el venezolano Eugenio Montejo y de los más remotos el Juan Ramón de la etapa de Estío.

Acabado en diamante, segundo libro de poemas de Javier Moreno (Murcia, 1972) y premio de la editorial La Garúa, es una muestra más de una obra poética que, desde sus primeros libros, ha descansado, en gran medida, en lo experimental, algo que ha puesto de relieve el propio Javier Moreno vinculándose a la llamada "generación nocilla". La ciencia y la poesía, el peso de las innovaciones tecnológicas y su influencia en vida y poema, la reflexión sobre sus distintas capacidades y la presencia de la imagen y de la luz como materia prima con la que fantasear y construir mundos conforman la sustancia de unos textos, tanto en prosa poética como en verso, menos vanguardistas de lo que cabría esperar y cargados de metafísica, de preguntas sin respuesta, de dudas e incertidumbres: "De gran dureza, el diamante se caracteriza -paradójicamente- por su extrema fragilidad", escribe Moreno.

Por qué sólo beso a las estatuas, de Camilo de Ory (Segovia, 1970), se compone de poemas muy breves e intensos, unas veces próximos al haiku y otras a la estética creacionista, de pulso meditativo, en los que hace recuento de la suma de afectos que determinan la existencia y de la razón y la sinrazón de éstos. La ironía, una sutil distancia respecto a los sentimientos propios, y cierto afán sentencioso ("Dudosa ciencia es la que nos dicta / su propia hora") dan lugar a una poesía afilada y transparente, de impecable ritmo y atenta a momentos apenas relevantes de la vida. Poemas del instante, de la emoción casi imperceptible, de la fugacidad, de la experiencia de lo vivido y recordado.

Guerra de identidad. Déborah Vukusic. Baile del Sol. Tenerife, 2008. 161 páginas. 12 euros. Otros demonios. Sergio C. Fanjul. KRK Ediciones. Oviedo, 2009. 56 páginas. 9,55 euros. Por qué sólo beso a las estatuas. Camilo de Ory. Renacimiento. Sevilla, 2009. 72 páginas. 10,58 euros. Tras la puerta tapiada. Francisco José Martínez Morán. Hiperión. Madrid, 2009. 85 páginas. 8 euros. Memoría. Ben Clark. Huacanamo. Barcelona, 2009. 65 páginas. 11,52 euros. Un tiempo libre. Juan Marqués. La Veleta. Granada, 2008. 53 páginas. 9 euros. Acabado en diamante. Javier Moreno. La Garúa. Barcelona, 2009. 72 páginas. 10,58 euros.

sábado, 22 de agosto de 2009

Expurgos

He hecho ya un expurgo de mi biblioteca, pero voy a tener que hacer otro, porque ésta amenaza con echarme de casa a la que me descuide. Que se joda.

Más sobre el famoso Hospital de San Juan de Dios

Me escribe ipso facto, nada más publicado el texto sobre el Convento de San Juan de Dios de Ciudad Real, el director de la revista Juan Ciudad, Javier O. Ramírez, de la Orden de San Juan de Dios, pidiéndome amablemente más información. Realizo una pequeña pero laboriosa investigación para satisfacer a este amigo -todos los que se interesan por lo mismo que yo son amigos míos-, cuyo fruto es el siguiente.

La historia del convento de San Juan de Dios es muy compleja; fue desamortizado, pero no demolido; estaba en el número 12 de la calle Dorada, ahora llamada de Ruiz Morote; las circunstancias por las que atravesó el hospital fueron azarosas en extremo. En efecto, el decreto de reducción de órdenes religiosas obligó a sus moradores a abandonarlo en 1822, corriendo la asistencia de los enfermos a cargo del Ayuntamiento de la ciudad; al acabar el Trienio volvió a propiedad de la orden, pero el decreto de 9 de marzo de 1836 volvió a desamortizarlo y pasó a la administración militar. La orden entonces pidió seguir a título particular en él atendiéndolo como hospital militar, lo que era un uso muy necesario en unos tiempos y en una región especialmente atacada por las partidas carlistas, y la reina María Cristina intercedió para que en efecto se hiciese así, por decreto de 11 de abril de 1836, quedando la dministración a cargo del Ayuntamiento y pagando cinco reales por enfermo a los frailes. Todos sus bienes y legados pasaron al Ayuntamiento. Desde 1838 lo administró la Junta de Beneficencia del Ayuntamiento. En 1842 se dedicó a Escuela Normal de maestros y maestras; una orden de 24 de septiembre de 1851 del gobernador civil de la provincia hizo que el hospital se trasladase al antiquísimo Convento de San Francisco, lo que fue ratificado por el Ayuntamiento y desde 1878, casi recién estrenada la nueva diócesis obispal de Ciudad Real, se llegó a pensar en hacer en él el natural seminario, pero, aparte de estar ocupado por otras instituciones docentes, se comprobó que no ofrecía las condiciones necesarias para adaptarlo a un internado y se abandonó la idea para construir uno nuevo en otro lugar de la ciudad, luego sustituido por el famoso de ladrillo rojo que tanto adorna a carretera de Porzuna a las afueras de la ciudad, ya avanzado el siglo XX; la calle donde se ubicaba el Hospital e Iglesia de San Juan de Dios es muy céntrica y se halla entre el ya citado y antiquísimo convento franciscano, uno de los primeros de España, fundado por Alfonso X el Sabio, ya también desaparecido, y la iglesia de San Pedro; ahora todo ese terreno lo ocupan edificios de viviendas, pero aún subsistía la deteriorada Iglesia de San Juan de Dios, consagrada al Espíritu Santo, en 1907, ya que hay noticia de que la capilla de la Real Cofradía de nuestra Señora de la Soledad del convento franciscano fue derribada ese año y la imagen pasó a la iglesia de San Juan de Dios; esta imagen fue destruida al comienzo de la Guerra Civil en 1936. Gerardo Pérez de Madrid y Céspedes, en "También tuvo Ciudad Real su corral de comedias", Cuadernos de Estudios Manchegos, afirma que a principios del siglo XX ocupaba sólo el hospital la escuela de magisterio femenino o de maestras, no de maestros (que antes también se había puesto ahí la escuela de magisterio masculino), los hombres que seguían esa carrera en Ciudad Real realizaban los primeros años de la carrera en un instituto y la terminaban por lo general en Toledo, donde sí había carrera de magisterio de varones; afirma además que él llegó a conocer la iglesia de San Juan de Dios "ya sin culto". Tenía la casa de caridad adosada una iglesia, y ambas se situaban frente a la vivienda del marqués de Villater, que después fue de los Ferrándiz. La iglesia de San Juan de Dios ostentaba sobre la puerta la efigie del Santo Patrón, de gran tamaño, y la simbólica cruz sanjuanista. La casa de hidalgos Mena fundó en 1557 el Colegio de "Los doce pobres", también frente a San Juan de Dios, por lo cual ambas instituciones a veces se confundieron. Al menos la iglesia, que amenazaba ruina, y quizá la casa caridad y hospital, se demolió definitivamente durante la Guerra Civil. Existe el que es quizá el único testimonio gráfico que queda del edificio, una foto sin año donde se ve muy poco y además de lado, al fondo de la calle central a la derecha. Acaso en la prensa de 1959, año en que se demolió la antigua Casa de la Torrecilla en esa misma calle, suscitando algunas protestas de artistas e intelectuales, pudiera espigarse algo más.
El 26 de febrero de 1842, el Boletín Oficial de la Provincia publicó la siguiente resolución: «Decidida la Diputación a proporcionar todos los medios que conduzcan al fomento de la instrucción pública en esta provincia de Ciudad Real (...), ha determinado se realice el establecimiento de la escuela normal planteada en esta capital a cargo del profesor alumno de la Central del Reino don Juan Trujillo.» Este era uno de los formados en la Normal-Seminario de Maestros de Madrid. El día primero de abril se inauguraba la Escuela Normal de Ciudad Real que se instalaba, como lo hiciera el Instituto, en un edificio desamortizado, el antiguo convento de San Juan de Dios, en el número 12 de la calle Dorada. En años sucesivos se planteó la necesidad de que se creasen también Escuelas Normales de Maestras. La primera Normal de Maestras se creó por Real Decreto de 24 de febrero de 1858 y la junta Provincial de Instrucción Pública de Ciudad Real dispuso el 10 de octubre de ese mismo año que se crease la Normal de Maestras de Ciudad Real, cuya actividad comenzó en el curso 1860-61. Hay algunas alusiones a qué quedaba del hospital; por ejemplo, y ya que en 1646 había fallecido uno de los fundadores, Torres Treviño, y fue enterrado en la iglesia de San Pedro, al año siguiente sus restos fueron trasladados al cementerio del convento por él fundado y todavía en el año 1842 podía verse una lápida sobre el pavimento de una de las salas de la Escuela Normal de maestras de la calle Dorada que hacía mención al traslado. El Convento de San Juan de Dios había sido convertido en Escuela de Magisterio y en un plano de Coello de la ciudad de 1850 figura un hospital con el título de San Juan de Dios, casa de refugio y hospital para mujeres pobres.

Igualmente, según noticia del Diccionario histórico, geográfico, biográfico y bibliográfico de la provinca de Ciudad Real del sacerdote y erudito local de fines del XIX Inocente Hervás y Buendía, que toma por fuente a Juan Santos pero añade algo más, el edificio sirvió para albergar las escuelas normales de maestros y maestras, inaugurándose la primera en abril de 1842 y la segunda en 1860. El enlace a la fuente directa en internet se lo señalo más abajo. En ese texto se dan además algunos detalles más sobre la dotación económica de la cátedra de gramática que, aunque se prescribió se diese por oposición, se concedió a un religioso de San Juan de Dios, aunque como los hermanos desatendían esta obligación el Ayuntamiento la dio a seglares, previa aprobación de los superiores de los conventos de San Francisco y Santo Domingo; la cátedra fue suprimida por el ayuntamiento en 1821. Hervás añade asimismo que los monjes de San Juan de Dios ofrecieron corridas de toros en 1786 para levantar su ya entonces arruinada iglesia. La Escuela Universitaria de Magisterio se ubica actualmente en otro lugar y no subsiste nada del edificio y planta de la antigua. Algunos datos más que no ofecen ni Juan Santos ni Hervás son que
don Antonio de Torres Treviño dictó:

"... Dejo dineros para que estudien algunos parientes, y si no lo hicieren, que sean vecinos de Ciudad Real..."[ ...] "y a un niño que tengo criado desde que nació, llamado Antonio Bazán, bermejo, (indio) que lo traje desde Potosí, que le den cada un año trescientos pesos de plata de los de a ocho reales, por todos los días de su vida, para sus estudios, vestirle y alimentarle...".


El mejor resumen que conozco de la trayectoria de esta casa en Ciudad Real es el del médico Prudencio Herrero Vior, "Caridad y beneficencia en el antiguo Ciudad Real", publicado en Cuadernos de Estudios Manchegos. Y abandono esta pequeña investigación no sin escrúpulo de haber mirado algo lo que dice Joseph Díaz Jurado, Sebastián de Almenara, Joaquín de la Jara, Delgado Merchán, Blázquez, y otros eruditos locales del setecientos y el ochocientos, pero es que ars longa, vita brevis, occasio praeceps, experientia fallax, iudicium difficile; oportet autem non modo se ipsum exhibere quae oportet facientem, sed etiam aegrum, et praesentes, et externa. "La doctrina es larga, la vida breve, la ocasión fugaz, la experiencia traicionera, el juicio difícil. No basta cuanto pueda hacerse si no concurren además al mismo fin el paciente, los que lo asisten y los de fuera", que decía Hipócrates, curándose en salud de meteduras de pata ya desde el principio. Suum cuique tribuere, ocúpate de tus propios asuntos, dice el último de los tres mandamientos de la ley pagana, que tenía muy pocos.

viernes, 21 de agosto de 2009

Muerte de Carlos III y proclamación de Carlos IV en Ciudad Real

En el Memorial Literario, Instructivo y Curioso de la Corte de Madrid, t. XVI, marzo de 1789, pp. 508-513.

DESCRIPCIÓN DE LAS HONRAS fue se celebraron el día once de Enero de este año en Santa Maria del Prado de Ciudad Real.

La perdida de un Monarca tan amable pata todos sus vasallos, como el Señor D. Carlos III (que esté en gloria) fue igualmente sensible para Ciudad Real, cuyo noble Clero, y Ayuntamiento determinaron celebrar sus exequias en el expresado día once.

Para este efecto se mandó levantar un sumptuoso túmulo al pie del Altar mayor, el qual tenia como 18 varas de ancho, y unas 15 de elevación. El medio de este formaba un quadro con su pavellon, y en su centro se manifestaba la caxa, con un almohadón encima guarnecido de blanco, sobre el qual descansaba la corona, un cetro, y una espada, que estaban á sus lados. Mas arriba estaba e1 retrato del Rey, cubierto con su dosel, y à los pies el siguinte rotulo:

Carolus III. Requiescat in pace.

Coronaba todo esto la Fama en ademan de tocar su clarin, rodeada de banderas. A 1os lados de este quadro ó panteón había dos pirámides, coronándole dos águilas también ceceados de banderas.

Todo el túmulo estaba vestido de bayetas negras, adornado de varios trofeos y targetas é iluminado con 300 luces.

En dicho dia se celebró Misa solemne por el alma del Señor Rey D. Carlos III, en la que predicó el Sermón el Señor Cura de Santa María; asistiendo á ella todas las Comunidades y Clero de la Ciudad, con e1 Tribunal de la Vicaria.

En medio de la Iglesia habia un tablado enlutado que ocupaba el Ayuntamiento. Este vino formado desde las casas Consistoriales con la música de los Milicianos, con platillos y tamboron, enlutados todos los instrumentos.

Para mayor orden y respeto de esta función, había distribuidos por la Iglesia vanos centinelas; y concluida ésta se volvió la Ciudad á sus casas Consistoriales con la misma pompa fúnebre que había salido de ellas.

Proclamación del Sr. Rey D. Carlos IV en la misma Ciudad.

Nuestro Católico Monarca Carlos IV (que Dios guardé) fue proclamado en dicha Ciudad en los días 8, 9 y 10 de este mes. A las diez de la mañana del expresado dia 8, estando ya todas las cosas dispuestas, se presentó el Cuerpo de la Ciudad en un magnifico balcón ricamente adornado; y el Señor Alférez Mayor D. Vicente Maldonado, estando en medio, levantó el Estandarte, profiriendo antes aquellas palabras acostumbradas: Castilla, Castilla, Ciudad Real, y su Provincia de la Mancha por Carlos IV, en cuyo acto se arrojaron al Pueblo diferentes monedas de plata; correspondiendo éste con incesantes vivas. Al desplegar el Señor Alferez el Real Pendón, hicieron la correspondiente salva tanto la música de la Real Brigada de Caravineros, que estaba en otro balcón debaxo del de la Ciudad, con timbales y 14 clarines, como los granaderos de la Milicia que estaban formados en la Plaza.

Después de esta ceremonia, hecha por tres veces, se descubrieron los retratos de Rey y Reyna, nuestros Señores, que estaban puestos baxo un rico dosel; y colocando el Estandarte en medio de dichos retratos, se retiró la Ciudad, quedándose de guardia al lado de ellos dos granaderos, de donde no se apartaron en los tres días.

A las tres de la tarde del mismo dia 8 salió formada la Ciudad en Caballos, ricamente enjaezados, y un volante cada uno; llevando el Alférez dos Caballos mas de respeto. Dirigieron su camino á Santa María del Prado con el orden siguiente:

Iban rompiendo la marcha siete granaderos, y quatro soldados de á caballo: seguían seis Alguaciles de golilla, y detras de estos el Alguacil mayor. Después iba un coro de música de la Real-Brigada de Caravineros, clarines y timbal: inmediatos á estos los Macéros de la Ciudad, vestidos de terciopelo carmesí y galón de oro: luego el Cuerpo de la Ciudad, llevando el Estandarte en medio, y al lado izquierdo el Corregidor D. Martin de Aguirre, con varios soldados de guardia.

Al llegar á dicha Iglesia salió el Clero de todas las tres Parroquias de la Ciudad, con el Señor Vicario, y los tres Curas con capa de coro; y luego que se desmontaron, entraron en la Iglesia hasta el Altar mayor, donde entregando el Alférez el Estandarte al Señor Vicario, éste lo puso en el Altar; y bendecido que fue, se le volvió á entregar al Alférez.

Saliendo á la calle volvieron á montar en sus caballos, y prosiguió la marcha en los mismos términos por toda la carrera, que etaba colgada vistosamente; concluyéndose esta función cerca del anochecer.

El segundo día á las diez de la mañana se volvió á incorporar la Ciudad; y tomando el Señor Alférez el Estandarte, dirigieron su marcha á Santa María del Prado, donde se celebró Misa solemne, y se cantó el Te Deum en acción de gracias, y la tropa que estaba tendida á la puerta de la Iglesia, hizo sus descargas á la elevación de la Hostia y Cáliz.

Concluidas estas ceremonias, siguieron a la tarde las diversiones que estaban dispuestas con motivo de tan grande celebridad. El Gremio de Comerciantes sacó un carro triunfal tirado de mulas muy bien enjaezadas. En él iban los retratos de SS. MM. baxo dosel, y por coronación el Sol en un continuo movimiento. Baxo de los Soberanos estaba un niño ricamente vestido, que representaba la España, en donde descansaba la corona, y por debaxo de este niño iban otros dos representando la Industria y el Comercio; y en el cuerpo de dicho carro un coro de música muy vistoso. Acompañaban á este carro todos los Comerciantes á caballo, con buenos jaezes, y cada uno con su volante.

El Gremio de Carpinteros y Carrateros (sic) sacó otro carro triunfal, en el que iban dos quadrillas de danzas, vestidas una de jardineros, y otra de gitanos, con otro coro de música, que baylaron diferentes ingeniosas contradanzas en un tablado que para este fin estaba dispuesto en la plaza.

En todas tres noches huvo una vistosa iluminación en toda la Ciudad, en que se esmeraron algunos Caballeros particulares; sobresaliendo la de la plaza, por estar todas las ventanas en simetría, con varios faroles encarnados y blancos, y haber en ella dos coros de música, que alternaba en sus conciertos.

Sin embargo de la numerosa multitud de gentes, que concurrieron de toda la Provincia de la Mancha, con motivo de tan grande celebridad, no se notó el mas mínimo desorden, ni desgracia alguna; quedando todos muy satisfechos del zelo y actividad del Señor Corregidor.

Y otra también

Juan Antonio de Estrada, Poblacion general de España, Madrid: Andres Ramirez, 1768, I, p. 172:

Ciudad-Real está situada en una baja llanura, algo peligrosa por no tener expediente las lluvias, como se experimentó el año 1508 que la arruinaron las copiosas lluvias, ayudando al mismo tiempo las corrientes de Guadiana, que dista una legua. Está cercada de murallas, y sobresalen 130 torres y seis puertas para su tráfico. Tiene 16000. vecinos, divididos en tres parroquias, cuatro conventos de religiosos, tres de monjas, un Colegio para sustento de doce pobres y tres hospitales. Es muy abundante de pan, vino generoso, ganados, caza, miel, aves, pesca y frutas. Hace feria a 15 de agosto. Diola el Rey D. Juan I de Castilla a León Quinto, Rey de Armenia, año 1383, y la tuvo hasta su muerte, que fue el de 1391, en que volvió a la Corona Real. La gobierna un Corregidor.

Cimentola el Rey Don Alonso el Sabio año 1262 y por esto la pusieron Villa-Real, en un sitio cerca de Alarcos en Pozuelo de Don Gil, que así se llama, dándole por armas en escudo orlado de torres el mismo Rey en un trono, armado con espada y un mundo en la mano. Después Don Juan el II la concedió titulo de ciudad año 1420. Aquí estuvo el Tribunal de la Inquisición desde el año 1483. Trasladose después a Toledo en 1485. Los Reyes D. Fernando V y Doña Isabel pusieron en ella Chancillería en 1494 que permaneció once años, hasta que la trasladó a Granada el de 1505.

Ilustra mucho á esta ciudad la vigilante Hermandad Vieja y Nueva, para asegurar los caminos de salteadores. Tienen sus constituciones, en que se previene la pena de los delincuentes, es a saber, salteamientos de bienes, fuerza de mujeres en despoblado (como no sean públicas rameras) muertes, heridas alevosamente intentadas, aunque no lleguen a debido efecto, pena de muerte de saeta; hurto de 150 maravedís, y de aquí abajo destierro con azotes, pagando doblado a la parte, y más el cuarto para gastos del tribunal: si fuesen 500 maravedís, cortadas las orejas y cien azotes; si cinco mil, cortado el pie, condenándole a que no pueda montar a caballo; más, pena de muerte y excediendo de esta cantidad muera por ello asaeteado en el campo, con precisión de tirarle los cuadrilleros trece saetas; y en los demás casos juzguen conforme a las leyes del Reino.

Y otro más

Circular del Ministerio de la Guerra: se concede á los individuos de las Santas Hermandades de Ciudad-Real y Talavera igual gracia que á la de Toledo para que puedan usar de la escarapela roja, cuya gracia se hace extensiva á cuantos gocen el fuero militar.

[En 30] El tribunal de la Santa, Real y Vieja Hermandad, de Ciudad-Real hizo, presente que por Real orden de 27 de Marzo de 1801 se concedió a sus individuos el uso de uniforme y escarapela roja, y pof otra de 18'de Setiembre de 1814 se le confirmaron todos los privilegios y egecutorias dispensadas por los Soberanos, habiendo quedado sin efecto la gracia del Uso de la escarapela roja por lo prevenido en Real orden de 30 de Enero de 1815, por lo cual, y en consecuencia del origen y causa de la creación de dicha corporación, y de los beneficios experimentados en la persecución y castigo de los facinerosos con que llegan su instituto, piden el uso de la escarapela roja y el goce del fuero privativo en sus causas criminales, el rey nuestro Señor quiso oír sobre estos particulares al supremo Consejo de la Guerra; y en vista de lo expuesto en acordada de 13 de Agosto último se ha servido S. M. mandar que los individuos de la Santa Hermandad de Ciudad-Real, como también la de Talavera, usen de la escarapela roja, cuya gracia dispensó S. M. á la de Toledo en 15 de Abril próximo pasado, ampliando esta gracia á todos los que disfruten del fuero militar, no obstante lo prevenido en la citada Real orden de 30 de Enero de 1815; y que por lo respectivo al fuero privativo de sus causas criminales, es la voluntad de S, M. que gocen de este los individuos de dichas tres corporaciones cuando delinquieren en las funciones de su instituto o en cosa alguna relativa á ellas; pero fuera de este caso conocerán en sus causas las Justicias ordinarias. De Real orden lo comunico á V. para, su inteligencia y cumplimiento en la parte que le toca. Dios guarde á V. muchos años. Madrid 30 de Diciembre de 1815.

Otro documento exhumado por el mismo procedimiento

Ciudad-Real, Señor. —

La ciudad de Ciudad-Real, capital de la Mancha, ha recibido por órden del consejo de Castilla fecha 3 del corriente la real provisión en que generalmente se manda que habiéndose verificado la instalación de la Junta Central suprema gubernativa de los reinos de España é Indias, se observen puntualmente las resoluciones que se digne comunicarle, como depositaria de la autoridad soberana de nuestro amado monarca el Señor Don Fernando VIl.


El grande jubilo que ha tenido esta ciudad ha sido consiguiente al vivo y eficaz deseo que desvelaba incesantemente su atención para que se fixase la potestad augusta por lo que interesa la tranquilidad publica, y la armoniosa unión, que exigen tan delicadas y turbulentas circunstancias; pero ha llegado al extremo su respetuosa complacencia al ver que la inquieta y patriótica espectacion de todos ha descansado en el centro de la sabiduría, de la humanidad y de la grandeza, desvaneciéndose los tristes dejos que presentaba la incertidumbre de gobierno, y óbice que podría ocasionar á su entusiasmo justo, noble y generoso en obsequio y desagravio de nuestro suspirado monarca Don Fernando VIL

Por lo mismo quisieran todos los habitantes de esta ciudad que sus corazones se exhalasen en las mas penetrantes y enérgicas expresiones para dar la enhorabuena á V. M. de que sea la depositaría de la soberana autoridad, y dársela a sí propios, y u todas las provincias, que van a experimentar la verificación de sus grandes ideas en los bue. nos efectos de unos pensamientos tan heroicos y conocimientos tan sublimes.

Esta ciudad no tiene que ofrecer su obediencia, sus vidas, ni sus haciendas; pues sabe que todo se debe a la soberanía, y quedándole solo su libre albedrio lo presenta puro y sincero con todo el fondo de su inexhausta lealtad, siempre dispuesto á poner en execución, con la mayor prontitud é infatigable celo, las órdenes que se sirva ex. ipedírle V. M. como que en ello funda su principal utilidad y gloria.

Nuestro Señor guarde a V. M. muchos años. Ciudad-Real en su ayuntamiento a 10 de octubre de 1808. — Señor.— Diego Muñoz y Pereyro. — Por acuerdo de la ciudad.-— Manuel Dávila y Muñoz,

Hospital de San Juan de Dios de Ciudad Real

Copio esta novedad surgida de la reciente digitalización por Google de la Biblioteca Complutense (modernizo la ortografía):

Juan Santos (O.H.), Chronologia hospitalaria y resumen historial de la sagrada religion del glorioso patriarca san Juan de Dios, aprobada por San Pío quinto y confirmada por Sixto Quinto, Paulo Quinto, y Vrbano Octavo, Pontífices Máximos. Segunda parte. Madrid: en la imprenta de Francisco Antonio de Villadiego, 1716.

Capítulo LVI. De la fundación del Hospital y Convento del Espíritu Santo de la Ciudad de Ciudad Real.

En Pozuelo de Don Gil, cerca de Alarcos, fundó el rey D. Alonso el Sabio a esta ciudad con nombre de Villa Real por los años de mil ducientos y sesenta y dos del Nacimiento de Cristo. El rey don Juan primero de Castilla se la dio a don León quinto de Armenia, y después de su muerte la incorporó en la Corona de Castilla el rey don Juan el Segundo, y la hizo ciudad con título de muy leal, y muy noble, concediéndola muchos privilegios. Fue ciudad muy celebrada, porque estuvo asistida del Santo Tribunal de la Inquisición, y también de la Real Cancillería, que se pasó a Granada donde hoy está. La autorizan dos tribunales que hay de la Santa Hermandad vieja y nueva, que se hace en el sitio de Peralvillo, célebre y nombrado en unos y otros orbes. Pudo competir en grandeza con las mejores ciudades de la Europa, y hacerla eterna la memoria de su fábrica, porque tiene ciento y tantas torres y es capaz de que la habiten veinte mil vecinos. Hoy tiene tres parroquias, con poco más o menos de mil vecinos. Sustenta cuatro conventos de frailes y tres de monjas, tres hospitales, con un colegio que alberga y sustenta doce ancianos pobres. Es tierra muy fértil de granos, vino, aceite y de ganados, con mucho regalo de caza y pesca.

En esta Ciudad entró nuestra religión el año de mil seiscientos y cuarenta y tres a fundar, y fue una de las fundaciones famosas que tuvo en España, mas ya por la injuria y calamidad de los tiempos se asimila tanto el Hospital a la ciudad, que sólo nos acuerdan sus ruinas y atrasos lo que fue esta y lo que fue aquel. Hizose esta fundación de la manera siguiente. Diego López Tufiño, y el Licenciado Antonio de Torres Triviño fueron naturales de esta Ciudad, y habiendo pasado a Tierra firme, se avecindaron en la Villa Imperial del Potosí, adonde el Diego López Tufiño fue Receptor del Santo Tribunal de la Inquisición, y el Licenciado Antonio de Torres fue Comisario. Enfermó de muerte el Receptor Tufiño, y dejó poder al Licenciado Torres, para que testase por él, debajo de cuya disposición murió. Para su cumplimiento testó el Comisario y se dejó por universal heredero de toda la hacienda, que era mucha y muy saneada. Habían consultado los dos, viviendo el Tufiño, que en Ciudad Real su Patria se fundase un Hospital para curar enfermos pobres, y en el poder que dio cuando se moría, para que testase por él el Comisario Torres le señaló para la fabrica del Hospital cincuenta mil pesos, y algunas Memorias y Obras pías. Pasó a España el Comisario el año de mil seiscientos y cuarenta con gran cantidad de hacienda y, hallándose la Monarquía con algunas urgencias y necesidades, se echó su Majestad sobre toda o la mayor parte de esta hacienda y le dio después satisfacción en juros. Llegó a su patria ajustadas sus cuentas con el rey y trató luego de hacer la fundación del Hospital. Comunicolo con la ciudad y vino en ello, porque había muchos años que lo deseaba, y también deseaban que fuese de nuestro glorioso Padre y Patriarca San Juan de Dios.
Sacose licencia del Ordinario y escribieron al General, cuyo que entonces lo era el Padre Fray Justiniano Sánchez de Alberola. Envió luego religiosos para que se comenzase la fábrica y escogieron sitio para ella enfrente de las casas que habían sido Real Chancillería, en la huerta de Pangino, que tocaba a la Parroquia de Santa María del Prado. No hicieron reparo de que era este sitio lo peor de la Ciudad, por la humedad de las vertientes, que se estancan y no tienen curso ni salida, (que esto se ha menoscabado y perdido la grandeza que tenía) pero conociendo la destemplanza grande de este sitio, y que era más para que enfermasen más los enfermos que para que sanasen, trataron de pasarse a las casas principales de Don Gerónimo Muñoz Triviño de Loaysa. Tuvieron grandes oposiciones para pasarse, pero venciéndolas, y venciendo algunas dificultades que luego se ofrecieron (y que para conseguirlo hubo) se pasaron. A todos estos lances asistió con fu favor y dinero el Fundador, porque vivió hasta el año de mil seiscientos y cuarenta y seis, que le llevó el Señor a pagarle tan generosas fundaciones como dejó, así del Hospital, como de obras pías, que fundó muchas y muy grandes, y después de todo esto hizo heredero del remanente de su hacienda al Hospital.
Fabricáronse dos salas de Enfermería para ivierno y verano, en que se pusieron treinta camas con mucho aseo, en que se curaban cada año trecientos enfermos pobres, con asistencia y cuidado de ocho religiosos con uno sacerdote que administraba los santos sacramentos. La iglesia era algo pequeña, pero abastecida de mucha plata y ricos ornamentos, con dos riquísimas colgaduras de ivierno y de verano, o ya sirviendo en la iglesia, o ya en las enfermerías. El prior de este convento y hospital es patrón de las más obras pías que dejó el fundador, cuyo principal pasaba de sesenta y seis mil ducados, siendo las más principales gran número de capellanías fundadas en dicho hospital: dotes a doncellas pobres, escuela de leer y escribir, preceptoría de gramática y otras diversas memorias y obras pías, las más célebres y grandes de España; pero, siendo la renta de todas ellas y la que al hospital se le señaló (que era muy copiosa) afecta a los juros, con la disminución o casi total falta de estos cesaron en la mayor parte los alivios del hospital y manutención de tantas obras pías, quedando reducida toda esta máquina a una cortedad tan corta, que sólo sirve para memoria de lo que fue. Hoy tiene el hospital una famosa, grande y nueva iglesia que, aunque se comenzó el año de mil seiscientos y sesenta, tardó más de cuarenta en acabarse. Está muy adornada de efigies de mucha devoción y altares muy decentes y dedicada al Espíritu Santo como su titular y tutelar. Mantiénense doce camas de enfermos en la sala que antes servía de iglesia, pero los enfermos y los precisos religiosos que los asisten se mantienen más de limosnas que de renta, si bien todo es muy poco, por la suma pobreza de aquella tierra.

jueves, 20 de agosto de 2009

Feria

No quería ir, pero me acarreó el entusiasmo de Paloma; eso es lo que quiere uno, que sus hijas/muchachas sean felices. Algunas atracciones parecen construidas para júvenas masoquistas. Yo me compré un anillo de acero con lagartos; me evocaba el lagarto de Jaén, ese que se trajo reptilito de América uno del XVI y luego se comía los rebaños cuando acudía a beber de la fuente de la Magdalena; me sugería a más el mito de la Salamandra y el "rey lagarto" de Morrison. Y era bonito, brillador y destelleoso; no me gusta el oro, sino la plata y lo a ella parejo. El oro tiene precio y culpa, la plata su sol luminador, su inocencia. La salamandra enseña a mantenerse gélido en las situaciones más insufribles; es propia de los artistas, si recordáis la anécdota que cuenta Benvenuto Cellini en su Vida. Es una buena compañía, no una criatura alrededable, como nos han hecho creer. Mi mujer se compró un bolso; el mesón de libros estaba bastante mejor surtido de lo que creía; incorporé nuevas ediciones a mi colección de obras de Lope, antologías de poesía modernista y poetas del 50. Además, un Diccionario de abreviaturas bastante bueno que me faltaba, algo escaso de prisas gráficas arcaicas, y la biografía de Anna Caballé sobre Francisco Umbral, que creía era buena, opinión que he confirmado, por más que a veces me parecía haberla escrito yo mismo, tantas ideas comunes compartimos. Desde luego, toda su vida se reduce a transformar su resentimiento en reconocimiento; hijo ilegítimo como es y educado en la ambigüedad de las relaciones con las mujeres (esa madre que es y no es su tía), apremiado de innúmeros primos y vestido con las hopalandas de la miseria, sin un padre carcelario, rico y que no quería saber nada de él, se buscó unos padres literarios que fueron el fermento de su prosa, padres líricos que le rodearon de un afecto de palabra comunicativa del que carecía realmente: esos padres fueron la Generación del 27, Quevedo, a quien tanto se parece, Ramón Gómez de la Serna y Pablo Neruda. De ahí nace la impureza y brillantez metafórica de su estilo, ni más ni menos. Su tremenda sensibilidad al frío, entre otras hipocondrías que le hacían incluso forrarse de papel higiénico bajo la ropa interior, sus ataques de aprensión y depresión, su inutilidad gastronómica y su amor a las rutinas invariables, desde el inevitable vaso de leche o agua mineral, hasta la melena fosilizada en los setenta, le hacían consciente y narciseramente visible. Me entero así de cómo le echaron del León circulomedinesco y falangocrático a causa del escándalo provocado en la proyección del Orfeo de Cocteau, así como de su devastadora historia de sexo más que de amor con Blanca Andreu, la Rimbaud de sus Amores diurnos, así como reviso con más detalle su trato misógino/ginolátrico/falócrata; aunque ya conocía algunos de sus ligues por sus Memorias eróticas, por ejemplo el que sostuvo con Rosa Montero, desvirgada laboriosamente en Illescas con el pretexto de un reportaje sobre sus grecos, y la abortiva holandesa, a la que se folló porque le sonaba a papel. ¡Los cuernos, no sólo de toro Fundador, que ha tenido que soportar España Suárez! Por lo demás, está claro que ha sido hombre padecedor de hondas carencias afectivas, a las que debemos ese divismo de prosa; sin ellas, es seguro, no habríamos podido gozar de un tan auténtico legionario de la palabra, o al menos no al mismo. En la feria se comían palomitas, berenjenas, patatas asadas con relleno, perritos calientes, hamburguesas, pollos asados, churros, aceitunas, pinchos morunos, guitarras... No me vi tentado. Mis hijas compraron, entre otras cosas, unos alambres para causar escalofríos: tienen almas de torturador vietnamita.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Regalos

Suelo poner muy nerviosa a mi mujer cuando me pide alguna sugerencia para que me agasaje (qué verbo más ceremonioso, agasajar) con un regalo el día de mi cumpleaños, o cualquier otro día, porque a nosotros nos da igual cuándo regalarnos algo. Y la pongo muy nerviosa porque soy raro. Pido cosas muy difíciles, como relojes de arena de una hora o más, arpas eolias, atriles con lámina de cristal, una botella de cocoroco o incluso de pernod, una medalla de San Benito (si quieren saber cuánto cuesta encontrar la legítima y única medalla de San Benito, búsquenla y verán...) etcétera. Estoy convencido que sólo merecen buscarse las cosas que se encuentran difícilmente. Y si vamos a hablar de libros, para ya. Esto me recuerda cuando ayer fuimos a por un papel a la sección de pediatría del hospital general, y había carteles que mostraban a niños con oficios estrafalarios: capitán de barcos de papel, escultor de nubes, cazador de sonrisas, piloto de alfombras voladoras... El sitio descolocaba un poco a un profesor de lengua; en una caja de cristal paredaña que embutía una manguera, leí Ábrase en caso de incendio, pero como le faltaba la tilde, el sentido se me volvió tan equívoco que pensé que, llegado el caso, perecería por obedecer a la Real Cacademia de la (bífida) Lengua Española; menos mal que no soy monárquico. Mi hija Paloma revoloteó -el verbo es ajustado- provista de un gran rotulador, sacado de nosedónde, deshaciendo los entuertos estos. Yo, también alado, pues Àngel soy, acudí volando, como es propio de mi pluma, y le dije que se dejara de apuñalar vocales. Luego derivamos hacia el híspido espectáculo hípico, donde, pese al brinco de los esdrújulos, no vimos ningún rodeo, porque era el caso ver otros saltos, los de obstáculos; al cabo nos llevamos un gran chasco con un caballo de geográfico nombre y una pobre recompensa de cinco euritos por los éxitos de Lorenzo y Ural, indistintos e indistinguibles como sola entidad, a manera de centauro, y a quienes siempre es grato ver haciéndolo todo bien sin corcovos ni zapatetas. Los caballos, adorables, por supuesto, con esos ojazos, ese flequillo y esas ganas de recibir palmaditas y caricias en la nariz, rumiando sus pajas medio verdes. Para otras pajas estaban las robustas y amazónicas señoritas de doradas crines que se paseaban entre las cuadras; una, en concreto, atalajaba un caballo de tal manera que hacía saltar los plomos del más monástico erotismo, hasta el punto de que envidiaba uno la suerte de la gente a cuatro patas. Otra, sentada en su trono de plástico sobre el camino que los viandantes debían pasar, como para revisar esclavos de su belleza, se desanimó cuando la mayoría, sabedora de su necesidad de piropeo, la ninguneó con la vista. En el gremio animal dominaban las yeguas, aunque un señor de largo instrumental amoroso llamó la curiosa atención de mis hijas y la avergonzada mirada esquiva de mi esposa. Una de estas señoritas de crin primorosamente anudada llevaba blancas las orejas, no me digan por qué.

El cuadrado ruedo habia sido cubierto de arena de caolín, no sé si para evitar los sustos que dieron los focos a varios caballos el año pasado. En fin, nos comimos con hambre pantagruélica un pollo asado por Mercadona como dios manda, en compañía de pimientos asados y patatas fritas. Aunque faltó la cerveza al acto, siempre grata invitada, el ágape resultó opíparo y el día redondo como un cero mayúsculo.

Peter Jackson


Peter Jackson
amenaza con convertirse en el nuevo "midas" Spielberg. Todo lo que toca se transforma en oro. Ahora supervisa con Guillermo del Toro el proyecto de adaptación de El hobbit, y su producción de Distrito 9 está siendo un taquillazo, porque ha sabido dar un giro de tuerca al ya algo apolillado género de la ficción científica, que con anglicismo llamaríamos ciencia-ficción, incorporando los supuestos de la escuela dura o realista. Habrá que ver ambos proyectos, y además Avatar, de Cámeron de la Isla, ya sin Titánic, cuyo avace o tráiler acaba de estrenarse y promete pero que mucho.
Hay que ver también La cinta blanca, de Haneke, y Ágora, de Amenábar.

martes, 18 de agosto de 2009

Mujeres

Algo que te reconcilia con la vida, las mujeres memorables e inolvidables. Cuántas hay, gracias a Dios; Nina Hagen, Olvido Gara e Yvonne de Carlo, que parecen una sola y constituyen una clase en sí misma; Cecilia, Jorja Fox, Dolores O'Riordan y Enya, más mujeres para un solo arquetipo; Betty Page; la gatuna Audrey Hepburn, Lisa Kelly, o incluso la gordita Chloë Agnew... Y las que ves en la calle, con esa garbigracia que hizo a Dante enamorarse de una mujer, Beatriz, a la que sólo vio una vez; qué espectáculo; dan ganas de poner una silla y todo en la acera para sentarse y mirar pasar su gracia, su belleza, su voz, su simpatía, su ingenio. Hombres hay menos: Groucho Marx, Errol Flynn, Leonard Cohen, Nelson Mandela, Mohamed Yunus quizá.

lunes, 17 de agosto de 2009

El tercer sector de Rifkin, y cómo apoyarlo

La Asociación Americana de Personas con Discapacidad apoya la polémica biblioteca de Google, y a mí me parece muy bien; cualquier compañía que tiene como uno de sus principios "no seas malvado" merece mi apoyo, y cualquiera que haya padecido los programas del Giligates sabe también a quien no tiene que apoyar en absoluto, por más que ahora haya creado una asociación benéfica de una ética más que discutible. Si Google y los próceres del sofware libre buscaran más a menudo su apoyo en lo que Jeremy Rifkin llamó el tercer poder, esos enjoyados milmillonarios y sobre todo esos directivos de compañías de sueldos escandalosos lo iban a pasar bastante mal; en el contexto de la III Revolución industrial que se está gestando en busca de energías renovables y de naturaleza no química ni contaminante, la informática tendría que ayudar a destruir ese tipo de mentalidades que resurgen como setas cada vez que se vislumbra un atisbo de crecimiento económico, que dichas mentalidades se autoatribuyen como si realmente hicieran otra cosa que especular en vez de crear pensamiento y riqueza donde debe crearse, en el tercer mundo. Para poner un humilde grano de arena, he traducido el artículo de wikipedia de uno de los líderes del altermundismo, el filipino Nicanor Perlas.

Música


La última que he descubierto: Las hébridas, de Félix Mendelsohn, en donde pueden resumirse los amplios horizontes descubiertos por el afán aventurero del Romanticismo y que podemos ver en el famoso cuadro de Caspar David Friedrich; no me extraña que compusiera el primer tema en la gruta de Fingal, en Escocia, si habéis visto alguna foto de ese lugar. Otra pieza impresionante, el Agnus dei del The armed man, a mass for peace, de Karl Jenkins. Buscadlas, y no os arrepentiréis.

Espíritu y materia.

Mi médico de familia, González Correales, parece hombre honesto y sensible; hace su trabajo con probidad y rigor; el anterior que tuve también era bueno. Cada vez que los voy a ver paso bastante vergüenza, a pesar de que estos benditos hacen todo lo que pueden por animarme, incluso elogiarme inmerecidamente, deporte que tiene poco cultivo en España. Supongo que uno ya no se ve remedio, aunque hago lo que puedo con humildad y desesperación, si es que ambas cosas caben en una misma actitud. Lo bueno de haber dimitido de todo es que puedes empezar de cero; lo malo es que todo te recuerda al que eras y no es fácil hacer tabla rasa. ¿Cómo desatarse de esa prodigiosa y gordiana maroma? Antes pasaba de algunas pastillas, ahora cada vez me desentiendo de más. Las olvido, simplemente, llevado por la deriva de mis pensamientos. El efecto que tiene en mí prescindir del Vandral 150 es que recupero la agresividad, la irritabilidad y la iniciativa. Esto último es bastante positivo, porque la iniciativa es la mecha de la creatividad, y muchas veces mi cerebro aparece enmudecido con esta especie de mordaza química de la serotonina. Esta es una de tantas sustancias conocidas como neurotransmisores: la acetilcolina, la norepinefrina o noradrenalina, la dopamina, el gaba, el glutamato y la endorfina son los otros. La serotonina es un ingrediente fundamental de nuestra alma, que es pura y fáustica alquimia; modula los otros neurotransmisores y forra nuestro sistema nervioso central y nuestros intestinos inhibiendo el enfado, la agresión, la temperatura, el humor, el sueño, el vómito, la sexualidad y el apetito, factores relacionados con los síntomas de la depresión. Los neurólogos afirman que el papel de esta sustancia en la conciencia es muy difícil de determinar, pero parece estar ligado al placer, la luz y la vida; escasea cuando uno se despierta por la mañana y aumenta para producir sueño por la noche. Mi conducta de estos últimos tiempos parece derivarse a una destrucción mayor de esta sustancia en mi organismo; tal vez eso forme parte de una destrucción más generalizada obra del tiempo; recuerdo peor, a veces olvido incluso lo inmediato. Muchas veces tengo que esforzarme por recordar una palabra que antes me venía rápida como el rayo a la mente. Parezco un conejo con mixomatosis, pero eso no debe extrañarme; algo así como un tercio de la población mundial padece mixomatosis, es la epidemia más exitosa de la historia, aunque los efectos o más bien deterioros cognitivos que provoca pasan frecuentemente desapercibidos, aunque no a los que realizan las autopsias de gente fallecida en accidentes de tráfico a causa de su lentitud de reflejos. La serotonina se consume rápidamente en situaciones de estrés y presión y es curioso que el precursor de la serotonina, el triptófano, que se encuentra en abundancia en las pastas, arroz, cereales, leche, huevos, soja, pollo, pavo, queso, plátano y leguminosas, esté sin embargo en aquello que frecuentemente se me prohíbe comer. El triptófano no lo produce el organismo; donde más abundante se encuentra es en las semillas de griffonia simplicifolia, una planta que crece en la sabana y en la costa del oeste de África. La relajación y el ejercicio al aire libre, pasear y bailar, los viajes, las novedades y emprender nuevos proyectos favorecen el incremento de esta sustancia, pero yo más bien pienso que es al revés, es la sustancia la que crea todas esas cosas, en una especie de retroalimentación. Los que consumen chocolate, plátanos y espaguetis de forma compulsiva en realidad están pidiendo las serotonina que su cuerpo o su estrés han destruido. Lo mismo que muchos drogadictos, especialmente los que consumen éxtasis, una droga que provoca la liberación de toda la serotonina que se posee en el cuerpo. Hay por ahí quien dice que un tal Rolf Ehlers, que produce una mezcla de plantas llamada Aminas, tiene el secreto para producir el precursor. Esas plantas son la quinoa, el amaranto y los tubérculos del topinambur. Pero todo esto, realidad, son tonterías, porque la interacción que existe entre espíritu y materia sólo puede ser regulada por la voluntad, que es la piedra de toque de toda la especie humana; todas las otras cualidades simplemente son accesorias. ¿Existe acaso algún neurotransmisor que regule la voluntad? No, porque es algo que se educa, se desarrolla y se aumenta con el tiempo. Evitar la depresión exige la voluntad de tomar las pastillas, de acordarse de tomarlas como uno se acuerda de comer y de dormir, y dejarse de nebulosidades y tonterías.

Viaje a Jaén

Pues sí. Hemos ido mi mujer y yo cuatro días a la única ciudad en que he sido feliz algunas veces. Y no pienso volver; esa ya no es mi ciudad, de ella no queda nada. Bueno, sí: algunos aromas, no siempre bienolientes, una fachada y algunas piedras y gentes. Sobre todo de esto último. Por ejemplo, un pintoresco taxista que nos bajó del Castillo de Santa Catalina en un taxi último modelo, con prensa y televisión. Sin hacernos el más mínimo caso nos obsequió con una pintoresca conversación que sostuvo a través de un manos libres desahogándose con su madre al otro extremo del canal, sin que le importara que revisáramos con él toda su trayectoria sentimental; la madre metía cizaña contra la nuera, que era separada y con un hijo; el taxista tenía que a ayudar a su padre a poner unos suelos de un piso que estaba pagando; no se podía ir a la playa más que un día este año; su novia no tenía coche; este año tampoco se había ido de vacaciones y esta vez iba a ser él el chulo y no ella, que ya le había hecho bastante... y la madre lo apoyaba. Todo en dialecto andalú. Las giennenses, morenas, guapísimas, de perpetua recordación; he visto culos memorables, pero ninguno como los de ellas. Las cuestas, empinadísimas, el tráfico, insufrible, las fuentes, lo único frío y grato de beber: la del lagarto de la Magdalena, la de Carlos V y otra en la que había un restaurante donde comimos bastante bien. Todo lleno de negratas, moratas y chinatas; mucho paro y tienda de bisutería, poca riqueza real. Los baños árabes se parecían más bien a la alberca del tío Efrén en mi pueblo que a unas termas islámicas; ¡que se hayan gastado tanto en restaurarlas! Eso sí, perdura el gusto de los giennenses por las placitas encantadas y las flores,; sin embargo no encontré las rosas de mi infancia, ni una sola. Las viejas de la calle Segovia número 21 no recuerdan a mi madre, o más bien no quieren recordarla. Los andaluces, como siempre, superficialmente amables y falsos y rencorosos por detrás; son capaces de invitarte a tu casa sin conocerte y luego apuñalarte y darte sepultura en un aljibe. En el castillo nos pidió el santo y seña un centinela del condestable don Miguel Lucas de Iranzo; han hecho un buen trabajo de museología. En una de las salas del castillo, una mazmorra más bien, un guerrillero del XIX nos contó su triste historia. Estuvimos en la cruz y nos comimos en un parque entre lluvias unos sandwiches de queso mientras tres jóvenes esposas morillas cotorreaban y jugaban con sus hijos moritos y una vecina paseaba su perro. Fue una cena memorable. No encontré ni una sola librería digna de ser llamada como tal en toda la ciudad, que debe rondar los ciento diez mil habitantes. El hotel Europa era una mierda, pero estaba en la línea de lo esperable y al menos era fresco y disimulaba el olor a apio que tienen todos los hoteles. Y no hubo más, salvo paseatas arriba y abajo. Ya lo único que merece la pena conocer es a la gente que todavía no se ha convertido en un sucedáneo o en un mecanismo disparado por los tópicos. Cada día que pasa me encuentro más solo y más ajeno a este mundo; este viaje a Jaén me ha quitado ya una de las pocas ilusiones que me quedaban. Qué cierto estaba Feuerbach cuando escribía que solamente una vez es todo verdadero. Hago voto de no profanar la memoria nunca más.

Psicopatillas y psicopatones


Aseninos en serie, una asignatura pendiente.
Patricia Gosálvez, Madrid - El País, 17/08/2009

A pesar del tema, Depredadores humanos, la clase es muy entretenida. La apasionada profesora, Beatriz de Vicente, abogada y criminóloga, va directa a lo que ella llama la tralla: "Sólo el 5% de los asesinos en serie son psicóticos; la mayoría son hijopatas", dice refiriéndose a los psicópatas, aquellos que, sin sufrir una enfermedad mental, no sienten ningún tipo de empatía por el prójimo. Los alumnos, entre los que hay jueces, abogados y psicólogos, se tronchan con el juego de palabras.
La clase de Criminología se desarrolla en el tranquilo campus a la americana de la universidad privada Camilo José Cela, en Villanueva de la Cañada. Fuera, el sol baña las praderas de césped perfecto salpicadas de pinos, sauces y castaños; dentro del aula se catalogan especies de peor calaña. Según su motivación el depredador humano puede ser misionero, vengativo, hedonista, sexual... "No es un numerus clausus", explica De Vicente, "luego llega un figura que suma varias motivaciones o tiene otras...". El término "asesino en serie" fue acuñado en 1986 por el agente del FBI Robert Ressler, a quien los crímenes de estos reincidentes le recordaban a las series de televisión que veía de pequeño. "Aquél que mata a tres o más personas en lugares diferentes y durante un extenso período de tiempo con periodos de calma entre sus crímenes", apuntan en sus alumnos.
"En Madrid hay un caso reciente, el asesino de la baraja", explica Luis Borrás, psiquiatra forense y criminólogo autor de Asesinos en serie españoles. "Es el clásico psicópata narcisista que mata para demostrar que puede", dice refiriéndose a Alfredo Galán, el ex soldado que en 2003 mató a seis personas (e intentó matar a otras tres) dejando junto a algunas de ellas una carta marcada (el condenado a 142 años se entregó a la policía). Ambos expertos coinciden en que otro caso de libro es el asesino del rol, aunque no cumpla la premisa de los tres crímenes. Javier Rosado mató a un hombre (junto a un cómplice inducido) en 1994 siguiendo las reglas de un macabro juego inventado por él mismo. "Fue detenido a tiempo", dice Borrás. "Pero es muy posible que vuelva a matar", remata De Vicente sobre el asesino, que estudió tres carreras en la cárcel y ya disfruta del tercer grado.
El cine y las novelas están llenos de serial killers. "Nos fascinan porque son la máxima expresión de la violencia y porque sabemos poco de ellos". Los asesinos en serie tienen sus pautas (suelen ser organizados, llevar una doble vida, ocultar sus crímenes, recrear sus fantasías) y sus propias estadísticas: el 90% son hombres, el 86% se dice heterosexual, de media tienen 27 años al cometer su primer crimen y 31,5 al asesinar por última vez. En Estados Unidos vive el 76 % del total y en España se estima que deben estar actuando entre uno y tres de ellos. Sin embargo, la mente incurable de los depredadores sigue siendo un misterio. El psicópata nace y se hace. Hay factores biológicos (como lesiones en el cerebro, el cromosoma XYY o un bajo nivel de catecolaminas que les hace buscar emociones extremas), pero también sociales. Incluso políticos. "Tras el telón de acero este tipo de crímenes se ocultaban porque se consideraban capitalistas", explica Borrás, "luego se descubrió que también había asesinos en serie en países comunistas, pero es verdad que las sociedades competitivas agravan este tipo de trastorno".
El dato más inquietante es, sin duda, que el 3 % de los españoles sufre un trastorno antisocial de la personalidad. "Pero hay psicopatillas y psicopatones", explica didáctico, Borrás. "Estamos rodeados", subraya De Vicente, "el padre cacique, el amigo tirano, el jefe manipulador, la pareja chantajista... todos estos vampiros son psicópatas pero no delinquen".
Quizás por ello, para separar a los malos de película de los malos a secas, los medios siempre destacan lo más peliculero de estos casos, aunque sea, la mayoría de las veces, lo más superficial. Por ejemplo, la primera carta encontrada junto a una víctima de Galán simplemente estaba allí, y el asesino empezó a firmar colocando cartas en sus siguientes víctimas cuando se enteró de la casualidad a través de los medios. En el caso del rol, se sucedieron los reportajes sobre los efectos perniciosos del juego de mesa. "Tonterías, podría haber jugado al parchís y seguir siendo un psicópata", afirma De Vicente. Para ella, la verdadera tragedia de estos casos es que en España no existe ningún tipo de control pospenitenciario: "Deberían implantarse medidas como pulseras telemáticas o tutores de libertad vigilada, un psicópata siempre volverá a matar, no hay tratamiento ni reinserción posible, ¿cómo se puede rehabilitar el alma?".

domingo, 16 de agosto de 2009

Cine

He visto algunas películas interesantes. La que más, Cosas que diría con solo mirarla, dirigida y escrita por Rodrigo García , el hijo cineasta de Gabriel García Márquez, (2000) e interpretada por Glenn Close, Calista Flockhart, Holly Hunter y Valeria Golino; todas están eminentes, pero destaca, por su enorme sobriedad, el trabajo de Glenn Close. Es una película simple de caligrafía, realista, incluso naturalista, pero también utiliza símbolos (los canarios, por ejemplo, el anillo, la sin techo que parece desempeñar el papel de un coro griego) y antítesis. Antítesis como la de la doctora que atiende a una madre con alzheimer pero practica abortos; dos formas de desaparición, y las figuras de personajes contrapuestos en parejas, casi siempre; analiza también geminadamente dos grandes temas, como son la soledad y la enfermedad, a través de historias de mujeres incompletas y más o menos confluyentes, maduras y jóvenes. Se evitan los formulismos excesivos, pese a lo cual algunas frases hacen pensar, y mucho: "Sólo una tonta sabría qué le depara el futuro", por ejemplo. Arriesgarse a decir tal frase supone ser bastante tonta, hay que decir. Lo único que sabemos de la suerte es que debe cambiar, como dijo el tahúr de Francis Bret Harte. La película es engañosamente sencilla; puede parecer que es la disección psicológica de una serie de mujeres, pero en realidad muestra un mundo desilusionado y deshumanizado, el de esas mujeres que cenan solas en mesas de cocina. Junto a ello se contrapone la amistad de esos canarios que son las dos lesbianas, el hombre, interpretada por Calista, y la mujer enferma que seguramente morirá, que se plantean comprar una pareja de canarios sin darse cuenta de que ellas son canarios también. Todas esas mujeres están faltas de algo: de la salud, de la vista, de un marido, de la juventud, de un hijo... Incluso el galante enano, que está falto de estatura. Es un filme sobresaliente, y habrá que seguir al despabilado director y guionista. Uno recuerda una película de estructura parecida, Magnolia, pero esta es sin duda mejor en todos los aspectos. Y... curiosa, pero reveladoramente, es una película que no gusta a las mujeres. Es lógico: las desnuda integralmente, pero por dentro. Lo importante no es dar amor, sino pedirlo, a la inversa de lo que dice la mendiga de la película, que es como la que aborta y no se da cuenta. La película refleja muy bien la superficialidad de la mujer de hoy, que considera el aborto como extirpar un grano y que vive en un presente asquerosamente invariable y existencial en su misma negación del tiempo. La vencedora que es en realidad una fracasadora, la ciega que es una vencedora... no son precisamente mujercitas, sino vedaderas mujeres desesperadas. Por ahí la crítica señala a Bergman y a la narrativa hiperbreve... algo de eso hay. A los jóvenes les parece muy lenta y sin acción. Se ve que ellos nunca han visto crecer un bonsay, o, más bien, no han desarrollado todavía la paciencia para valorarlo.

Tras haber visto Passengers, otra película interesante suya aunque menos lograda, estoy impaciente por ver Nine Live, Nueve vidas, donde vuelve a demostrar lo gran director y guionista de actrices que es.

Teoría impertinente de la lectura

Teoría impertinente de la lectura

Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores

LUIS GARCÍA MONTERO El País, 16/08/2009


Es agosto y la playa está llena de gente. Observo a mi hija mientras lee tumbada en una hamaca, en medio de los gritos, los bañistas, los paseantes, las cometas y los vendedores de patatas fritas. El acto de leer delimita para ella un espacio propio, un reino singular de soledad y absoluta pertenencia. Siento lo mismo que cuando veo a alguien leer en el metro, en los aeropuertos o en el banco de una plaza. Aunque soy de los que prefiere refugiarse en el ámbito de una butaca familiar, reconozco la sigilosa intimidad que traza las fronteras personales del lector callejero entre la multitud.

Ninguna pretensión científica es más importante que la capacidad de lectura

¿A qué se parecen las operaciones de leer y escribir? A ponerse en el lugar del otro

Mi hija está allí con una certeza impertinente, con una autoridad singular que desafía al mundo. Lo curioso es que también sé que no está allí. Como yo le he dejado el libro en el que ahora vive, estoy convencido de que se encuentra en Venecia, observando con ojos de persona mayor la belleza de un adolescente.

La verdad es que resulta curiosa la afortunada flexibilidad de los asuntos reales. Mis ojos de hombre maduro observan en una playa de Andalucía la belleza de una adolescente que reafirma con una misteriosa autoridad su presencia, su forma de estar aquí, mientras se encuentra muy lejos, en otro mar, observando con ojos de persona mayor los baños de un adolescente.

A veces siento que el ser humano no se caracteriza por su capacidad de pensar, sino por su capacidad de dividirse, de hacerse presente o de borrarse según las necesidades de su deseo y su conciencia. Por eso me parece decisiva la operación de leer como metáfora de una reivindicación decente de la modernidad. Copio unas palabras de Edward W. Said, de su libro Humanismo y crítica democrática (Debate, 2008): "La realidad de la lectura es, ante todo, un acto de emancipación e ilustración humana, quizá modesto, pero que transforma y realza nuestro conocimiento en aras de algo diferente del reduccionismo, el cinismo o el estéril mantenerse al margen".

Las formas del dogmatismo actual, más allá de las ideologías totalitarias, tienen mucho que ver con la reducción de los matices del mundo a breves titulares que sirven para imponer opiniones y simplificar la realidad, haciendo imposible un verdadero uso de la conciencia individual. Los dogmas de hoy dependen con frecuencia de las nuevas velocidades de la información. La invitación al cinismo, el deseo de relativizarlo todo, suele ser el camino de las inteligencias que juegan a destruir las ilusiones colectivas.

Como hacía el poeta Campoamor contra el liberalismo romántico, los cínicos, más que defender sus ideas reaccionarias, se limitan a ridiculizar las apuestas optimistas. Confieso que el cinismo, como disfraz del pensamiento reaccionario, me molesta incluso más que la pretendida pureza de los que se mantienen al margen y se lavan las manos. A los puros, es decir, a los inquisidores actuales, no les preparan el terreno los sacerdotes, sino el cinismo.

No es, por tanto, asunto menor la reivindicación de la lectura si sirve para defender la emancipación humana en contra de los dogmáticos, los cínicos y los puros. Hay que tomarse en serio una pasión de entrega atenta a las palabras del otro, que tiene como resultado último la confirmación independiente de la realidad personal. Observo a mi hija mientras lee. Está aquí y en otro lugar, es ella más que nunca, porque descubre sus sentimientos, y es al mismo tiempo otro. Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores. ¿A qué se parecen las operaciones de leer y escribir? A ponerse en el lugar del otro, quiero decir, por ejemplo, a cuidar a una hija o a un familiar enfermo. Sólo descubrimos lo que hay en nosotros mismos cuando nos desdoblamos para cuidar al otro.

Bernhard Schlink contó en su novela El lector la historia de un adolescente alemán que vivió una historia apasionada de amor con una mujer madura. Todos los días, antes de ir a la cama, la mujer le pedía a su joven amante que leyese en voz alta algunas páginas de un libro. Rota la historia de amor y pasados los años, el protagonista de la novela, ya estudiante de Derecho, se reencuentra por sorpresa con su antigua amante en un juicio, acusada de haber participado en uno de los horrendos crímenes del nazismo. La práctica jurídica adquiere entonces para el estudiante otra dimensión. No justifica de ninguna manera un crimen que lo conmociona por dentro, pero tampoco puede limitarse a juzgar desde fuera. El lector necesita comprender lo ocurrido, meterse en el drama, ponerse en el lugar del otro.

Nos ponemos muy pesados con nuestras identidades. Parece que no hay términos medios. Cuando no pretendemos imponer nuestras identidades como marco único de la totalidad, nos vamos al extremo contrario y diluimos nuestra conciencia individual en el mar ideológico de un todo que fijan las consignas y las costumbres de los otros. Por eso es decisiva la metáfora en la lectura, el sigilo con el que mi hija aprende a borrarse un poco para estar en la ciudad de sus personajes, sin renunciar a ella misma, descubriendo su propio rostro en las aguas de Venecia. Ninguna operación me recuerda tanto a la apuesta del contrato social, la otra metáfora con la que el pensamiento moderno quiso organizar los intereses privado y los públicos, las identidades y los vínculos.

La pérdida de prestigio social de las humanidades ha provocado un sentimiento de culpa entre sus disciplinas y un deseo de imitar a las ciencias. Una sucesión de pretendidos métodos científicos marca desde hace años los rumbos de las teorías literarias. Los métodos nacen, crecen, se reproducen y mueren con la pretensión de aportar una verdad científica al conocimiento de la literatura. Se sienten fuertes al aplicar un protocolo y utilizar un vocabulario tecnológico de muy dudoso gusto.

Estoy convencido de la importancia de la teoría literaria, pero estoy convencido también de que ninguna pretensión científica es más importante que la capacidad personal de lectura, la solitaria pasión con la que Leo Spitzer, Roman Jakobson, Roland Barthes, Dámaso Alonso o Fernando Lázaro Carreter supieron leer. No los admiro por científicos objetivos, sino porque con una soledad cuidadosa supieron hacer en su despacho, ante una página de Garcilaso o Baudelaire, lo mismo que ahora hace mi hija con sus ojos adolescentes.

Ante la certeza de los dogmas y la homologación de las conciencias, tal vez haya que darle hoy su completo significado histórico a la emoción del lector. La soledad compartida de alguien que lee unos versos o una narración, alguien que pide tiempo para vivir cada palabra hasta hacerse dueño de sus propias opiniones, es la mayor ofensa que podemos hacerle a un economicismo desalmado que cuenta con poderosísimos mecanismos tecnológicos de control de las conciencias y que liquida los espacios públicos, suprimiendo los textos y las plazas, es decir, los lugares donde los individuos, sin renunciar a ser ellos mismos, borran un poco sus identidades concretas para convertirse en ciudadanos.

Oponerse al progreso de la ciencia y la tecnología es simplemente reaccionario. Pero eso no significa olvidar el sentido de las humanidades, o asumir una definición tecnológica del futuro. La ciencia no puede perder la raíz de su pacto humanista. Quizá ser moderno, más que llenar las costumbres de vocabulario desarrollista, consista es ser capaces de volver a formular un contrato social adaptado a los nuevos tiempos. Y para firmar un contrato conviene leerlo todo, hasta la letra pequeña de los documentos. Así lo siento cuando pienso en el futuro, mientras observo la impertinente soledad de mi hija que lee, rodeada de gente, en una playa del sur.