martes, 25 de agosto de 2009
Retórica
domingo, 23 de agosto de 2009
Siete rutas de la nueva poesía
MANUEL RICO El País, 22/08/2009
La diversidad estética y temática de la poesía más reciente tiene, también, un reflejo plural en el uso de cauces innovadores, impensables hace sólo una década. Internet, el blog, las redes sociales, las revistas digitales y los libros electrónicos son realidades emergentes que están ofreciendo oportunidades diversas para que sus autores se den a conocer. Sin embargo, ese nuevo ecosistema, pese a las más apocalípticas teorías post, afecta poco a la materia poesía. Y a su edición en papel. Es más: no hay poeta joven, que, pese a mostrar su obra en la red y casi en tiempo real, no aspire a ver su libro editado. Es como si en ello se albergara la legitimidad literaria. Sus referentes siguen siendo nuestros clásicos, los poetas españoles del 27 o del 50, Machado o Juan Ramón, los poetas anglosajones (incluyendo a Bukowski o a Carver) y europeos, sin desdeñar, en algunos casos, los más experimentales del pasado siglo: es decir, los mismos referentes que marcaron a anteriores generaciones, algo que se pone de relieve con sólo revisar las últimas novedades en los anaqueles de las librerías. O leyendo alguno de los siete libros que hemos seleccionado como muestra de la evolución de la poesía más joven. Se trata de libros escritos, con dos excepciones, por poetas nacidos a partir de 1977, es decir, familiarizados, desde la adolescencia, con Internet y el mundo digital, con blog abierto la mayoría. Sus libros no hablan de la quiebra del poema y del poemario convencional, sino más bien de lo contrario.
Estos libros no hablan de la quiebra del poema y del poemario convencional, sino más bien de lo contrario
Así, Déborah Vukusic (Ourense, 1979), en su entrega Guerra de identidad, se muestra como una poeta directa que no elude los aspectos más duros de la realidad y de la memoria. Poesía narrativa en la que aborda, con un verso ágil, fresco e irónico, fluido, dramatizado a veces, una suerte de autobiografía en la que el yo aparece hibridado con lo colectivo. Es decir, busca la propia identidad en un pasado que se nutre de dos realidades: la Croacia de la guerra de los Balcanes y la Galicia natal. Ésa es la particular guerra de Vukusic. En ella se encuentran y contraponen la crueldad más extrema, expresada en la figura del padre ("mi padre / el señor croata / genera frío // mata"), y una añorada felicidad con Galicia al fondo. Un libro perturbador, no carente de suturas emocionales y abierto a la historia más reciente y dramática de Europa.
De esa línea dura, poco apacible, participa Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980), autor de Otros demonios, premio Asturias Joven 2008. "No está carente de belleza / este naufragio urbano", escribe en uno de los primeros poemas del libro. Y esa belleza está en el amor irreverente, en la elección de escenarios en apariencia hostiles pero convertidos, gracias a un lenguaje despojado, casi hiriente pero lleno de ternura (una ternura seca), en refugio y protección. La mítica del fracaso, la estética de barrio y una visión llena de grietas de las relaciones personales completan una poesía intensa que, en algunos momentos, se hace crítica y "sucia" como el mundo real.
Desde el propio título, Memoría, el libro de Ben Clark (Ibiza, 1984) viene cargado con una pulsión existencial. Pese a la juventud del autor y quizá a causa de una experiencia traumática, estos poemas muestran un trasfondo pesimista. No se trata de textos ensimismados, que den la espalda a la realidad, volcados en el yo. Son versos virados hacia una memoria en claroscuro, que buscan el diálogo entre la vida y la muerte, que delatan la frágil condición humana, sólo salvable en el amor, pero en los que también viven los otros. En ellos, la memoria tiende a la evocación del vacío ("Recuerdo pocas cosas de mi infancia: / parques con jeringuillas. Y la tele") o de experiencias sombrías como la recobrada en 'Omenage a Eric'. Todo ello nos habla de una poesía raramente madura, siempre en el filo de la navaja: es decir, del abismo.
Con Tras la puerta tapiada, Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981) ha obtenido el último Premio Hiperión. Esta vez, el jurado ha optado por una propuesta no experimental, por un libro en el que se entrelazan, de forma equilibrada, las percepciones procedentes de lo cotidiano, del amor diario, del recuerdo vinculado al mundo de la infancia y los referentes culturales de índole diversa (Borges, Sorolla, Escher, Kavafis...). Se trata de una muestra más (hay otras en este recuento) de la persistencia, en la más joven promoción, de una poesía de las emociones, en la que el conocimiento que se persigue tiene más de explicación del yo en relación con el entorno más inmediato que de búsqueda metafísica. Explora "huellas ingobernables / en el mapa del alma".
Juan Marqués (Zaragoza, 1980), con Un tiempo libre nos ofrece un libro de celebración en el que el sujeto poético, citando a Sánchez Rosillo, parece encontrarse "totalmente de acuerdo con la vida". Aunque el verso recuerda al Guillén de "el mundo está bien hecho", la poesía de Marqués es menos objetual y más emotiva. El tiempo libre del que nos habla el libro es el que mide y descubre la luz, el de los actos más sencillos ("Quiero una vida simple, junto a ti / y después un abrigo") y el de la memoria de lo íntimo. En el fondo, la propuesta de Marqués conecta con la tradición de una lírica muy depurada, sintética, a uno y otro lado del Atlántico, uno de cuyos exponentes más próximos es el venezolano Eugenio Montejo y de los más remotos el Juan Ramón de la etapa de Estío.
Acabado en diamante, segundo libro de poemas de Javier Moreno (Murcia, 1972) y premio de la editorial La Garúa, es una muestra más de una obra poética que, desde sus primeros libros, ha descansado, en gran medida, en lo experimental, algo que ha puesto de relieve el propio Javier Moreno vinculándose a la llamada "generación nocilla". La ciencia y la poesía, el peso de las innovaciones tecnológicas y su influencia en vida y poema, la reflexión sobre sus distintas capacidades y la presencia de la imagen y de la luz como materia prima con la que fantasear y construir mundos conforman la sustancia de unos textos, tanto en prosa poética como en verso, menos vanguardistas de lo que cabría esperar y cargados de metafísica, de preguntas sin respuesta, de dudas e incertidumbres: "De gran dureza, el diamante se caracteriza -paradójicamente- por su extrema fragilidad", escribe Moreno.
Por qué sólo beso a las estatuas, de Camilo de Ory (Segovia, 1970), se compone de poemas muy breves e intensos, unas veces próximos al haiku y otras a la estética creacionista, de pulso meditativo, en los que hace recuento de la suma de afectos que determinan la existencia y de la razón y la sinrazón de éstos. La ironía, una sutil distancia respecto a los sentimientos propios, y cierto afán sentencioso ("Dudosa ciencia es la que nos dicta / su propia hora") dan lugar a una poesía afilada y transparente, de impecable ritmo y atenta a momentos apenas relevantes de la vida. Poemas del instante, de la emoción casi imperceptible, de la fugacidad, de la experiencia de lo vivido y recordado.
Guerra de identidad. Déborah Vukusic. Baile del Sol. Tenerife, 2008. 161 páginas. 12 euros. Otros demonios. Sergio C. Fanjul. KRK Ediciones. Oviedo, 2009. 56 páginas. 9,55 euros. Por qué sólo beso a las estatuas. Camilo de Ory. Renacimiento. Sevilla, 2009. 72 páginas. 10,58 euros. Tras la puerta tapiada. Francisco José Martínez Morán. Hiperión. Madrid, 2009. 85 páginas. 8 euros. Memoría. Ben Clark. Huacanamo. Barcelona, 2009. 65 páginas. 11,52 euros. Un tiempo libre. Juan Marqués. La Veleta. Granada, 2008. 53 páginas. 9 euros. Acabado en diamante. Javier Moreno. La Garúa. Barcelona, 2009. 72 páginas. 10,58 euros.
sábado, 22 de agosto de 2009
Expurgos
Más sobre el famoso Hospital de San Juan de Dios
La historia del convento de San Juan de Dios es muy compleja; fue desamortizado, pero no demolido; estaba en el número 12 de la calle Dorada, ahora llamada de Ruiz Morote; las circunstancias por las que atravesó el hospital fueron azarosas en extremo. En efecto, el decreto de reducción de órdenes religiosas obligó a sus moradores a abandonarlo en 1822, corriendo la asistencia de los enfermos a cargo del Ayuntamiento de la ciudad; al acabar el Trienio volvió a propiedad de la orden, pero el decreto de 9 de marzo de 1836 volvió a desamortizarlo y pasó a la administración militar. La orden entonces pidió seguir a título particular en él atendiéndolo como hospital militar, lo que era un uso muy necesario en unos tiempos y en una región especialmente atacada por las partidas carlistas, y la reina María Cristina intercedió para que en efecto se hiciese así, por decreto de 11 de abril de 1836, quedando la dministración a cargo del Ayuntamiento y pagando cinco reales por enfermo a los frailes. Todos sus bienes y legados pasaron al Ayuntamiento. Desde 1838 lo administró la Junta de Beneficencia del Ayuntamiento. En 1842 se dedicó a Escuela Normal de maestros y maestras; una orden de 24 de septiembre de 1851 del gobernador civil de la provincia hizo que el hospital se trasladase al antiquísimo Convento de San Francisco, lo que fue ratificado por el Ayuntamiento y desde 1878, casi recién estrenada la nueva diócesis obispal de Ciudad Real, se llegó a pensar en hacer en él el natural seminario, pero, aparte de estar ocupado por otras instituciones docentes, se comprobó que no ofrecía las condiciones necesarias para adaptarlo a un internado y se abandonó la idea para construir uno nuevo en otro lugar de la ciudad, luego sustituido por el famoso de ladrillo rojo que tanto adorna a carretera de Porzuna a las afueras de la ciudad, ya avanzado el siglo XX; la calle donde se ubicaba el Hospital e Iglesia de San Juan de Dios es muy céntrica y se halla entre el ya citado y antiquísimo convento franciscano, uno de los primeros de España, fundado por Alfonso X el Sabio, ya también desaparecido, y la iglesia de San Pedro; ahora todo ese terreno lo ocupan edificios de viviendas, pero aún subsistía la deteriorada Iglesia de San Juan de Dios, consagrada al Espíritu Santo, en 1907, ya que hay noticia de que la capilla de la Real Cofradía de nuestra Señora de la Soledad del convento franciscano fue derribada ese año y la imagen pasó a la iglesia de San Juan de Dios; esta imagen fue destruida al comienzo de la Guerra Civil en 1936. Gerardo Pérez de Madrid y Céspedes, en "También tuvo Ciudad Real su corral de comedias", Cuadernos de Estudios Manchegos, afirma que a principios del siglo XX ocupaba sólo el hospital la escuela de magisterio femenino o de maestras, no de maestros (que antes también se había puesto ahí la escuela de magisterio masculino), los hombres que seguían esa carrera en Ciudad Real realizaban los primeros años de la carrera en un instituto y la terminaban por lo general en Toledo, donde sí había carrera de magisterio de varones; afirma además que él llegó a conocer la iglesia de San Juan de Dios "ya sin culto". Tenía la casa de caridad adosada una iglesia, y ambas se situaban frente a la vivienda del marqués de Villater, que después fue de los Ferrándiz. La iglesia de San Juan de Dios ostentaba sobre la puerta la efigie del Santo Patrón, de gran tamaño, y la simbólica cruz sanjuanista. La casa de hidalgos Mena fundó en 1557 el Colegio de "Los doce pobres", también frente a San Juan de Dios, por lo cual ambas instituciones a veces se confundieron. Al menos la iglesia, que amenazaba ruina, y quizá la casa caridad y hospital, se demolió definitivamente durante la Guerra Civil. Existe el que es quizá el único testimonio gráfico que queda del edificio, una foto sin año donde se ve muy poco y además de lado, al fondo de la calle central a la derecha. Acaso en la prensa de 1959, año en que se demolió la antigua Casa de la Torrecilla en esa misma calle, suscitando algunas protestas de artistas e intelectuales, pudiera espigarse algo más.
El 26 de febrero de 1842, el Boletín Oficial de la Provincia publicó la siguiente resolución: «Decidida la Diputación a proporcionar todos los medios que conduzcan al fomento de la instrucción pública en esta provincia de Ciudad Real (...), ha determinado se realice el establecimiento de la escuela normal planteada en esta capital a cargo del profesor alumno de la Central del Reino don Juan Trujillo.» Este era uno de los formados en la Normal-Seminario de Maestros de Madrid. El día primero de abril se inauguraba la Escuela Normal de Ciudad Real que se instalaba, como lo hiciera el Instituto, en un edificio desamortizado, el antiguo convento de San Juan de Dios, en el número 12 de la calle Dorada. En años sucesivos se planteó la necesidad de que se creasen también Escuelas Normales de Maestras. La primera Normal de Maestras se creó por Real Decreto de 24 de febrero de 1858 y la junta Provincial de Instrucción Pública de Ciudad Real dispuso el 10 de octubre de ese mismo año que se crease la Normal de Maestras de Ciudad Real, cuya actividad comenzó en el curso 1860-61. Hay algunas alusiones a qué quedaba del hospital; por ejemplo, y ya que en 1646 había fallecido uno de los fundadores, Torres Treviño, y fue enterrado en la iglesia de San Pedro, al año siguiente sus restos fueron trasladados al cementerio del convento por él fundado y todavía en el año 1842 podía verse una lápida sobre el pavimento de una de las salas de la Escuela Normal de maestras de la calle Dorada que hacía mención al traslado. El Convento de San Juan de Dios había sido convertido en Escuela de Magisterio y en un plano de Coello de la ciudad de 1850 figura un hospital con el título de San Juan de Dios, casa de refugio y hospital para mujeres pobres.
Igualmente, según noticia del Diccionario histórico, geográfico, biográfico y bibliográfico de la provinca de Ciudad Real del sacerdote y erudito local de fines del XIX Inocente Hervás y Buendía, que toma por fuente a Juan Santos pero añade algo más, el edificio sirvió para albergar las escuelas normales de maestros y maestras, inaugurándose la primera en abril de 1842 y la segunda en 1860. El enlace a la fuente directa en internet se lo señalo más abajo. En ese texto se dan además algunos detalles más sobre la dotación económica de la cátedra de gramática que, aunque se prescribió se diese por oposición, se concedió a un religioso de San Juan de Dios, aunque como los hermanos desatendían esta obligación el Ayuntamiento la dio a seglares, previa aprobación de los superiores de los conventos de San Francisco y Santo Domingo; la cátedra fue suprimida por el ayuntamiento en 1821. Hervás añade asimismo que los monjes de San Juan de Dios ofrecieron corridas de toros en 1786 para levantar su ya entonces arruinada iglesia. La Escuela Universitaria de Magisterio se ubica actualmente en otro lugar y no subsiste nada del edificio y planta de la antigua. Algunos datos más que no ofecen ni Juan Santos ni Hervás son que don Antonio de Torres Treviño dictó:
"... Dejo dineros para que estudien algunos parientes, y si no lo hicieren, que sean vecinos de Ciudad Real..."[ ...] "y a un niño que tengo criado desde que nació, llamado Antonio Bazán, bermejo, (indio) que lo traje desde Potosí, que le den cada un año trescientos pesos de plata de los de a ocho reales, por todos los días de su vida, para sus estudios, vestirle y alimentarle...".
El mejor resumen que conozco de la trayectoria de esta casa en Ciudad Real es el del médico Prudencio Herrero Vior, "Caridad y beneficencia en el antiguo Ciudad Real", publicado en Cuadernos de Estudios Manchegos. Y abandono esta pequeña investigación no sin escrúpulo de haber mirado algo lo que dice Joseph Díaz Jurado, Sebastián de Almenara, Joaquín de la Jara, Delgado Merchán, Blázquez, y otros eruditos locales del setecientos y el ochocientos, pero es que ars longa, vita brevis, occasio praeceps, experientia fallax, iudicium difficile; oportet autem non modo se ipsum exhibere quae oportet facientem, sed etiam aegrum, et praesentes, et externa. "La doctrina es larga, la vida breve, la ocasión fugaz, la experiencia traicionera, el juicio difícil. No basta cuanto pueda hacerse si no concurren además al mismo fin el paciente, los que lo asisten y los de fuera", que decía Hipócrates, curándose en salud de meteduras de pata ya desde el principio. Suum cuique tribuere, ocúpate de tus propios asuntos, dice el último de los tres mandamientos de la ley pagana, que tenía muy pocos.
viernes, 21 de agosto de 2009
Muerte de Carlos III y proclamación de Carlos IV en Ciudad Real
DESCRIPCIÓN DE LAS HONRAS fue se celebraron el día once de Enero de este año en Santa Maria del Prado de Ciudad Real.
Para este efecto se mandó levantar un sumptuoso túmulo al pie del Altar mayor, el qual tenia como 18 varas de ancho, y unas 15 de elevación. El medio de este formaba un quadro con su pavellon, y en su centro se manifestaba la caxa, con un almohadón encima guarnecido de blanco, sobre el qual descansaba la corona, un cetro, y una espada, que estaban á sus lados. Mas arriba estaba e1 retrato del Rey, cubierto con su dosel, y à los pies el siguinte rotulo:
Carolus III. Requiescat in pace.
Coronaba todo esto la Fama en ademan de tocar su clarin, rodeada de banderas. A 1os lados de este quadro ó panteón había dos pirámides, coronándole dos águilas también ceceados de banderas.
Todo el túmulo estaba vestido de bayetas negras, adornado de varios trofeos y targetas é iluminado con 300 luces.
En dicho dia se celebró Misa solemne por el alma del Señor Rey D. Carlos III, en la que predicó el Sermón el Señor Cura de Santa María; asistiendo á ella todas las Comunidades y Clero de la Ciudad, con e1 Tribunal de la Vicaria.
En medio de la Iglesia habia un tablado enlutado que ocupaba el Ayuntamiento. Este vino formado desde las casas Consistoriales con la música de los Milicianos, con platillos y tamboron, enlutados todos los instrumentos.
Para mayor orden y respeto de esta función, había distribuidos por la Iglesia vanos centinelas; y concluida ésta se volvió la Ciudad á sus casas Consistoriales con la misma pompa fúnebre que había salido de ellas.
Proclamación del Sr. Rey D. Carlos IV en la misma Ciudad.
Nuestro Católico Monarca Carlos IV (que Dios guardé) fue proclamado en dicha Ciudad en los días 8, 9 y 10 de este mes. A las diez de la mañana del expresado dia 8, estando ya todas las cosas dispuestas, se presentó el Cuerpo de la Ciudad en un magnifico balcón ricamente adornado; y el Señor Alférez Mayor D. Vicente Maldonado, estando en medio, levantó el Estandarte, profiriendo antes aquellas palabras acostumbradas: Castilla, Castilla, Ciudad Real, y su Provincia de la Mancha por Carlos IV, en cuyo acto se arrojaron al Pueblo diferentes monedas de plata; correspondiendo éste con incesantes vivas. Al desplegar el Señor Alferez el Real Pendón, hicieron la correspondiente salva tanto la música de la Real Brigada de Caravineros, que estaba en otro balcón debaxo del de la Ciudad, con timbales y 14 clarines, como los granaderos de la Milicia que estaban formados en la Plaza.
Después de esta ceremonia, hecha por tres veces, se descubrieron los retratos de Rey y Reyna, nuestros Señores, que estaban puestos baxo un rico dosel; y colocando el Estandarte en medio de dichos retratos, se retiró la Ciudad, quedándose de guardia al lado de ellos dos granaderos, de donde no se apartaron en los tres días.
A las tres de la tarde del mismo dia 8 salió formada la Ciudad en Caballos, ricamente enjaezados, y un volante cada uno; llevando el Alférez dos Caballos mas de respeto. Dirigieron su camino á Santa María del Prado con el orden siguiente:
Iban rompiendo la marcha siete granaderos, y quatro soldados de á caballo: seguían seis Alguaciles de golilla, y detras de estos el Alguacil mayor. Después iba un coro de música de la Real-Brigada de Caravineros, clarines y timbal: inmediatos á estos los Macéros de la Ciudad, vestidos de terciopelo carmesí y galón de oro: luego el Cuerpo de la Ciudad, llevando el Estandarte en medio, y al lado izquierdo el Corregidor D. Martin de Aguirre, con varios soldados de guardia.
Al llegar á dicha Iglesia salió el Clero de todas las tres Parroquias de la Ciudad, con el Señor Vicario, y los tres Curas con capa de coro; y luego que se desmontaron, entraron en la Iglesia hasta el Altar mayor, donde entregando el Alférez el Estandarte al Señor Vicario, éste lo puso en el Altar; y bendecido que fue, se le volvió á entregar al Alférez.
Saliendo á la calle volvieron á montar en sus caballos, y prosiguió la marcha en los mismos términos por toda la carrera, que etaba colgada vistosamente; concluyéndose esta función cerca del anochecer.
El segundo día á las diez de la mañana se volvió á incorporar la Ciudad; y tomando el Señor Alférez el Estandarte, dirigieron su marcha á Santa María del Prado, donde se celebró Misa solemne, y se cantó el Te Deum en acción de gracias, y la tropa que estaba tendida á la puerta de la Iglesia, hizo sus descargas á la elevación de la Hostia y Cáliz.
Concluidas estas ceremonias, siguieron a la tarde las diversiones que estaban dispuestas con motivo de tan grande celebridad. El Gremio de Comerciantes sacó un carro triunfal tirado de mulas muy bien enjaezadas. En él iban los retratos de SS. MM. baxo dosel, y por coronación el Sol en un continuo movimiento. Baxo de los Soberanos estaba un niño ricamente vestido, que representaba la España, en donde descansaba la corona, y por debaxo de este niño iban otros dos representando la Industria y el Comercio; y en el cuerpo de dicho carro un coro de música muy vistoso. Acompañaban á este carro todos los Comerciantes á caballo, con buenos jaezes, y cada uno con su volante.
El Gremio de Carpinteros y Carrateros (sic) sacó otro carro triunfal, en el que iban dos quadrillas de danzas, vestidas una de jardineros, y otra de gitanos, con otro coro de música, que baylaron diferentes ingeniosas contradanzas en un tablado que para este fin estaba dispuesto en la plaza.
En todas tres noches huvo una vistosa iluminación en toda la Ciudad, en que se esmeraron algunos Caballeros particulares; sobresaliendo la de la plaza, por estar todas las ventanas en simetría, con varios faroles encarnados y blancos, y haber en ella dos coros de música, que alternaba en sus conciertos.
Sin embargo de la numerosa multitud de gentes, que concurrieron de toda la Provincia de la Mancha, con motivo de tan grande celebridad, no se notó el mas mínimo desorden, ni desgracia alguna; quedando todos muy satisfechos del zelo y actividad del Señor Corregidor.
Y otra también
Ciudad-Real está situada en una baja llanura, algo peligrosa por no tener expediente las lluvias, como se experimentó el año 1508 que la arruinaron las copiosas lluvias, ayudando al mismo tiempo las corrientes de Guadiana, que dista una legua. Está cercada de murallas, y sobresalen 130 torres y seis puertas para su tráfico. Tiene 16000. vecinos, divididos en tres parroquias, cuatro conventos de religiosos, tres de monjas, un Colegio para sustento de doce pobres y tres hospitales. Es muy abundante de pan, vino generoso, ganados, caza, miel, aves, pesca y frutas. Hace feria a 15 de agosto. Diola el Rey D. Juan I de Castilla a León Quinto, Rey de Armenia, año 1383, y la tuvo hasta su muerte, que fue el de 1391, en que volvió a la Corona Real. La gobierna un Corregidor.
Cimentola el Rey Don Alonso el Sabio año 1262 y por esto la pusieron Villa-Real, en un sitio cerca de Alarcos en Pozuelo de Don Gil, que así se llama, dándole por armas en escudo orlado de torres el mismo Rey en un trono, armado con espada y un mundo en la mano. Después Don Juan el II la concedió titulo de ciudad año 1420. Aquí estuvo el Tribunal de la Inquisición desde el año 1483. Trasladose después a Toledo en 1485. Los Reyes D. Fernando V y Doña Isabel pusieron en ella Chancillería en 1494 que permaneció once años, hasta que la trasladó a Granada el de 1505.
Ilustra mucho á esta ciudad la vigilante Hermandad Vieja y Nueva, para asegurar los caminos de salteadores. Tienen sus constituciones, en que se previene la pena de los delincuentes, es a saber, salteamientos de bienes, fuerza de mujeres en despoblado (como no sean públicas rameras) muertes, heridas alevosamente intentadas, aunque no lleguen a debido efecto, pena de muerte de saeta; hurto de 150 maravedís, y de aquí abajo destierro con azotes, pagando doblado a la parte, y más el cuarto para gastos del tribunal: si fuesen 500 maravedís, cortadas las orejas y cien azotes; si cinco mil, cortado el pie, condenándole a que no pueda montar a caballo; más, pena de muerte y excediendo de esta cantidad muera por ello asaeteado en el campo, con precisión de tirarle los cuadrilleros trece saetas; y en los demás casos juzguen conforme a las leyes del Reino.
Y otro más
Circular del Ministerio de la Guerra: se concede á los individuos de las Santas Hermandades de Ciudad-Real y Talavera igual gracia que á la de Toledo para que puedan usar de la escarapela roja, cuya gracia se hace extensiva á cuantos gocen el fuero militar.
[En 30] El tribunal de la Santa, Real y Vieja Hermandad, de Ciudad-Real hizo, presente que por Real orden de 27 de Marzo de 1801 se concedió a sus individuos el uso de uniforme y escarapela roja, y pof otra de 18'de Setiembre de 1814 se le confirmaron todos los privilegios y egecutorias dispensadas por los Soberanos, habiendo quedado sin efecto la gracia del Uso de la escarapela roja por lo prevenido en Real orden de 30 de Enero de 1815, por lo cual, y en consecuencia del origen y causa de la creación de dicha corporación, y de los beneficios experimentados en la persecución y castigo de los facinerosos con que llegan su instituto, piden el uso de la escarapela roja y el goce del fuero privativo en sus causas criminales, el rey nuestro Señor quiso oír sobre estos particulares al supremo Consejo de la Guerra; y en vista de lo expuesto en acordada de 13 de Agosto último se ha servido S. M. mandar que los individuos de la Santa Hermandad de Ciudad-Real, como también la de Talavera, usen de la escarapela roja, cuya gracia dispensó S. M. á la de Toledo en 15 de Abril próximo pasado, ampliando esta gracia á todos los que disfruten del fuero militar, no obstante lo prevenido en la citada Real orden de 30 de Enero de 1815; y que por lo respectivo al fuero privativo de sus causas criminales, es la voluntad de S, M. que gocen de este los individuos de dichas tres corporaciones cuando delinquieren en las funciones de su instituto o en cosa alguna relativa á ellas; pero fuera de este caso conocerán en sus causas las Justicias ordinarias. De Real orden lo comunico á V. para, su inteligencia y cumplimiento en la parte que le toca. Dios guarde á V. muchos años. Madrid 30 de Diciembre de 1815.
Otro documento exhumado por el mismo procedimiento
La ciudad de Ciudad-Real, capital de la Mancha, ha recibido por órden del consejo de Castilla fecha 3 del corriente la real provisión en que generalmente se manda que habiéndose verificado la instalación de la Junta Central suprema gubernativa de los reinos de España é Indias, se observen puntualmente las resoluciones que se digne comunicarle, como depositaria de la autoridad soberana de nuestro amado monarca el Señor Don Fernando VIl.
El grande jubilo que ha tenido esta ciudad ha sido consiguiente al vivo y eficaz deseo que desvelaba incesantemente su atención para que se fixase la potestad augusta por lo que interesa la tranquilidad publica, y la armoniosa unión, que exigen tan delicadas y turbulentas circunstancias; pero ha llegado al extremo su respetuosa complacencia al ver que la inquieta y patriótica espectacion de todos ha descansado en el centro de la sabiduría, de la humanidad y de la grandeza, desvaneciéndose los tristes dejos que presentaba la incertidumbre de gobierno, y óbice que podría ocasionar á su entusiasmo justo, noble y generoso en obsequio y desagravio de nuestro suspirado monarca Don Fernando VIL
Por lo mismo quisieran todos los habitantes de esta ciudad que sus corazones se exhalasen en las mas penetrantes y enérgicas expresiones para dar la enhorabuena á V. M. de que sea la depositaría de la soberana autoridad, y dársela a sí propios, y u todas las provincias, que van a experimentar la verificación de sus grandes ideas en los bue. nos efectos de unos pensamientos tan heroicos y conocimientos tan sublimes.
Esta ciudad no tiene que ofrecer su obediencia, sus vidas, ni sus haciendas; pues sabe que todo se debe a la soberanía, y quedándole solo su libre albedrio lo presenta puro y sincero con todo el fondo de su inexhausta lealtad, siempre dispuesto á poner en execución, con la mayor prontitud é infatigable celo, las órdenes que se sirva ex. ipedírle V. M. como que en ello funda su principal utilidad y gloria.
Nuestro Señor guarde a V. M. muchos años. Ciudad-Real en su ayuntamiento a 10 de octubre de 1808. — Señor.— Diego Muñoz y Pereyro. — Por acuerdo de la ciudad.-— Manuel Dávila y Muñoz,
Hospital de San Juan de Dios de Ciudad Real
Juan Santos (O.H.), Chronologia hospitalaria y resumen historial de la sagrada religion del glorioso patriarca san Juan de Dios, aprobada por San Pío quinto y confirmada por Sixto Quinto, Paulo Quinto, y Vrbano Octavo, Pontífices Máximos. Segunda parte. Madrid: en la imprenta de Francisco Antonio de Villadiego, 1716.
Capítulo LVI. De la fundación del Hospital y Convento del Espíritu Santo de la Ciudad de Ciudad Real.
En Pozuelo de Don Gil, cerca de Alarcos, fundó el rey D. Alonso el Sabio a esta ciudad con nombre de Villa Real por los años de mil ducientos y sesenta y dos del Nacimiento de Cristo. El rey don Juan primero de Castilla se la dio a don León quinto de Armenia, y después de su muerte la incorporó en la Corona de Castilla el rey don Juan el Segundo, y la hizo ciudad con título de muy leal, y muy noble, concediéndola muchos privilegios. Fue ciudad muy celebrada, porque estuvo asistida del Santo Tribunal de la Inquisición, y también de la Real Cancillería, que se pasó a Granada donde hoy está. La autorizan dos tribunales que hay de la Santa Hermandad vieja y nueva, que se hace en el sitio de Peralvillo, célebre y nombrado en unos y otros orbes. Pudo competir en grandeza con las mejores ciudades de la Europa, y hacerla eterna la memoria de su fábrica, porque tiene ciento y tantas torres y es capaz de que la habiten veinte mil vecinos. Hoy tiene tres parroquias, con poco más o menos de mil vecinos. Sustenta cuatro conventos de frailes y tres de monjas, tres hospitales, con un colegio que alberga y sustenta doce ancianos pobres. Es tierra muy fértil de granos, vino, aceite y de ganados, con mucho regalo de caza y pesca.
En esta Ciudad entró nuestra religión el año de mil seiscientos y cuarenta y tres a fundar, y fue una de las fundaciones famosas que tuvo en España, mas ya por la injuria y calamidad de los tiempos se asimila tanto el Hospital a la ciudad, que sólo nos acuerdan sus ruinas y atrasos lo que fue esta y lo que fue aquel. Hizose esta fundación de la manera siguiente. Diego López Tufiño, y el Licenciado Antonio de Torres Triviño fueron naturales de esta Ciudad, y habiendo pasado a Tierra firme, se avecindaron en la Villa Imperial del Potosí, adonde el Diego López Tufiño fue Receptor del Santo Tribunal de la Inquisición, y el Licenciado Antonio de Torres fue Comisario. Enfermó de muerte el Receptor Tufiño, y dejó poder al Licenciado Torres, para que testase por él, debajo de cuya disposición murió. Para su cumplimiento testó el Comisario y se dejó por universal heredero de toda la hacienda, que era mucha y muy saneada. Habían consultado los dos, viviendo el Tufiño, que en Ciudad Real su Patria se fundase un Hospital para curar enfermos pobres, y en el poder que dio cuando se moría, para que testase por él el Comisario Torres le señaló para la fabrica del Hospital cincuenta mil pesos, y algunas Memorias y Obras pías. Pasó a España el Comisario el año de mil seiscientos y cuarenta con gran cantidad de hacienda y, hallándose la Monarquía con algunas urgencias y necesidades, se echó su Majestad sobre toda o la mayor parte de esta hacienda y le dio después satisfacción en juros. Llegó a su patria ajustadas sus cuentas con el rey y trató luego de hacer la fundación del Hospital. Comunicolo con la ciudad y vino en ello, porque había muchos años que lo deseaba, y también deseaban que fuese de nuestro glorioso Padre y Patriarca San Juan de Dios.
Sacose licencia del Ordinario y escribieron al General, cuyo que entonces lo era el Padre Fray Justiniano Sánchez de Alberola. Envió luego religiosos para que se comenzase la fábrica y escogieron sitio para ella enfrente de las casas que habían sido Real Chancillería, en la huerta de Pangino, que tocaba a la Parroquia de Santa María del Prado. No hicieron reparo de que era este sitio lo peor de la Ciudad, por la humedad de las vertientes, que se estancan y no tienen curso ni salida, (que esto se ha menoscabado y perdido la grandeza que tenía) pero conociendo la destemplanza grande de este sitio, y que era más para que enfermasen más los enfermos que para que sanasen, trataron de pasarse a las casas principales de Don Gerónimo Muñoz Triviño de Loaysa. Tuvieron grandes oposiciones para pasarse, pero venciéndolas, y venciendo algunas dificultades que luego se ofrecieron (y que para conseguirlo hubo) se pasaron. A todos estos lances asistió con fu favor y dinero el Fundador, porque vivió hasta el año de mil seiscientos y cuarenta y seis, que le llevó el Señor a pagarle tan generosas fundaciones como dejó, así del Hospital, como de obras pías, que fundó muchas y muy grandes, y después de todo esto hizo heredero del remanente de su hacienda al Hospital.
Fabricáronse dos salas de Enfermería para ivierno y verano, en que se pusieron treinta camas con mucho aseo, en que se curaban cada año trecientos enfermos pobres, con asistencia y cuidado de ocho religiosos con uno sacerdote que administraba los santos sacramentos. La iglesia era algo pequeña, pero abastecida de mucha plata y ricos ornamentos, con dos riquísimas colgaduras de ivierno y de verano, o ya sirviendo en la iglesia, o ya en las enfermerías. El prior de este convento y hospital es patrón de las más obras pías que dejó el fundador, cuyo principal pasaba de sesenta y seis mil ducados, siendo las más principales gran número de capellanías fundadas en dicho hospital: dotes a doncellas pobres, escuela de leer y escribir, preceptoría de gramática y otras diversas memorias y obras pías, las más célebres y grandes de España; pero, siendo la renta de todas ellas y la que al hospital se le señaló (que era muy copiosa) afecta a los juros, con la disminución o casi total falta de estos cesaron en la mayor parte los alivios del hospital y manutención de tantas obras pías, quedando reducida toda esta máquina a una cortedad tan corta, que sólo sirve para memoria de lo que fue. Hoy tiene el hospital una famosa, grande y nueva iglesia que, aunque se comenzó el año de mil seiscientos y sesenta, tardó más de cuarenta en acabarse. Está muy adornada de efigies de mucha devoción y altares muy decentes y dedicada al Espíritu Santo como su titular y tutelar. Mantiénense doce camas de enfermos en la sala que antes servía de iglesia, pero los enfermos y los precisos religiosos que los asisten se mantienen más de limosnas que de renta, si bien todo es muy poco, por la suma pobreza de aquella tierra.
jueves, 20 de agosto de 2009
Feria
miércoles, 19 de agosto de 2009
Regalos
El cuadrado ruedo habia sido cubierto de arena de caolín, no sé si para evitar los sustos que dieron los focos a varios caballos el año pasado. En fin, nos comimos con hambre pantagruélica un pollo asado por Mercadona como dios manda, en compañía de pimientos asados y patatas fritas. Aunque faltó la cerveza al acto, siempre grata invitada, el ágape resultó opíparo y el día redondo como un cero mayúsculo.
Peter Jackson
Peter Jackson amenaza con convertirse en el nuevo "midas" Spielberg. Todo lo que toca se transforma en oro. Ahora supervisa con Guillermo del Toro el proyecto de adaptación de El hobbit, y su producción de Distrito 9 está siendo un taquillazo, porque ha sabido dar un giro de tuerca al ya algo apolillado género de la ficción científica, que con anglicismo llamaríamos ciencia-ficción, incorporando los supuestos de la escuela dura o realista. Habrá que ver ambos proyectos, y además Avatar, de Cámeron de la Isla, ya sin Titánic, cuyo avace o tráiler acaba de estrenarse y promete pero que mucho.
Hay que ver también La cinta blanca, de Haneke, y Ágora, de Amenábar.
martes, 18 de agosto de 2009
Mujeres
lunes, 17 de agosto de 2009
El tercer sector de Rifkin, y cómo apoyarlo
Música
La última que he descubierto: Las hébridas, de Félix Mendelsohn, en donde pueden resumirse los amplios horizontes descubiertos por el afán aventurero del Romanticismo y que podemos ver en el famoso cuadro de Caspar David Friedrich; no me extraña que compusiera el primer tema en la gruta de Fingal, en Escocia, si habéis visto alguna foto de ese lugar. Otra pieza impresionante, el Agnus dei del The armed man, a mass for peace, de Karl Jenkins. Buscadlas, y no os arrepentiréis.
Espíritu y materia.
Viaje a Jaén
Psicopatillas y psicopatones
Aseninos en serie, una asignatura pendiente.
Patricia Gosálvez, Madrid - El País, 17/08/2009
domingo, 16 de agosto de 2009
Cine
Tras haber visto Passengers, otra película interesante suya aunque menos lograda, estoy impaciente por ver Nine Live, Nueve vidas, donde vuelve a demostrar lo gran director y guionista de actrices que es.
Teoría impertinente de la lectura
Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores
LUIS GARCÍA MONTERO El País, 16/08/2009
Es agosto y la playa está llena de gente. Observo a mi hija mientras lee tumbada en una hamaca, en medio de los gritos, los bañistas, los paseantes, las cometas y los vendedores de patatas fritas. El acto de leer delimita para ella un espacio propio, un reino singular de soledad y absoluta pertenencia. Siento lo mismo que cuando veo a alguien leer en el metro, en los aeropuertos o en el banco de una plaza. Aunque soy de los que prefiere refugiarse en el ámbito de una butaca familiar, reconozco la sigilosa intimidad que traza las fronteras personales del lector callejero entre la multitud.
Ninguna pretensión científica es más importante que la capacidad de lectura
¿A qué se parecen las operaciones de leer y escribir? A ponerse en el lugar del otro
Mi hija está allí con una certeza impertinente, con una autoridad singular que desafía al mundo. Lo curioso es que también sé que no está allí. Como yo le he dejado el libro en el que ahora vive, estoy convencido de que se encuentra en Venecia, observando con ojos de persona mayor la belleza de un adolescente.
La verdad es que resulta curiosa la afortunada flexibilidad de los asuntos reales. Mis ojos de hombre maduro observan en una playa de Andalucía la belleza de una adolescente que reafirma con una misteriosa autoridad su presencia, su forma de estar aquí, mientras se encuentra muy lejos, en otro mar, observando con ojos de persona mayor los baños de un adolescente.
A veces siento que el ser humano no se caracteriza por su capacidad de pensar, sino por su capacidad de dividirse, de hacerse presente o de borrarse según las necesidades de su deseo y su conciencia. Por eso me parece decisiva la operación de leer como metáfora de una reivindicación decente de la modernidad. Copio unas palabras de Edward W. Said, de su libro Humanismo y crítica democrática (Debate, 2008): "La realidad de la lectura es, ante todo, un acto de emancipación e ilustración humana, quizá modesto, pero que transforma y realza nuestro conocimiento en aras de algo diferente del reduccionismo, el cinismo o el estéril mantenerse al margen".
Las formas del dogmatismo actual, más allá de las ideologías totalitarias, tienen mucho que ver con la reducción de los matices del mundo a breves titulares que sirven para imponer opiniones y simplificar la realidad, haciendo imposible un verdadero uso de la conciencia individual. Los dogmas de hoy dependen con frecuencia de las nuevas velocidades de la información. La invitación al cinismo, el deseo de relativizarlo todo, suele ser el camino de las inteligencias que juegan a destruir las ilusiones colectivas.
Como hacía el poeta Campoamor contra el liberalismo romántico, los cínicos, más que defender sus ideas reaccionarias, se limitan a ridiculizar las apuestas optimistas. Confieso que el cinismo, como disfraz del pensamiento reaccionario, me molesta incluso más que la pretendida pureza de los que se mantienen al margen y se lavan las manos. A los puros, es decir, a los inquisidores actuales, no les preparan el terreno los sacerdotes, sino el cinismo.
No es, por tanto, asunto menor la reivindicación de la lectura si sirve para defender la emancipación humana en contra de los dogmáticos, los cínicos y los puros. Hay que tomarse en serio una pasión de entrega atenta a las palabras del otro, que tiene como resultado último la confirmación independiente de la realidad personal. Observo a mi hija mientras lee. Está aquí y en otro lugar, es ella más que nunca, porque descubre sus sentimientos, y es al mismo tiempo otro. Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores. ¿A qué se parecen las operaciones de leer y escribir? A ponerse en el lugar del otro, quiero decir, por ejemplo, a cuidar a una hija o a un familiar enfermo. Sólo descubrimos lo que hay en nosotros mismos cuando nos desdoblamos para cuidar al otro.
Bernhard Schlink contó en su novela El lector la historia de un adolescente alemán que vivió una historia apasionada de amor con una mujer madura. Todos los días, antes de ir a la cama, la mujer le pedía a su joven amante que leyese en voz alta algunas páginas de un libro. Rota la historia de amor y pasados los años, el protagonista de la novela, ya estudiante de Derecho, se reencuentra por sorpresa con su antigua amante en un juicio, acusada de haber participado en uno de los horrendos crímenes del nazismo. La práctica jurídica adquiere entonces para el estudiante otra dimensión. No justifica de ninguna manera un crimen que lo conmociona por dentro, pero tampoco puede limitarse a juzgar desde fuera. El lector necesita comprender lo ocurrido, meterse en el drama, ponerse en el lugar del otro.
Nos ponemos muy pesados con nuestras identidades. Parece que no hay términos medios. Cuando no pretendemos imponer nuestras identidades como marco único de la totalidad, nos vamos al extremo contrario y diluimos nuestra conciencia individual en el mar ideológico de un todo que fijan las consignas y las costumbres de los otros. Por eso es decisiva la metáfora en la lectura, el sigilo con el que mi hija aprende a borrarse un poco para estar en la ciudad de sus personajes, sin renunciar a ella misma, descubriendo su propio rostro en las aguas de Venecia. Ninguna operación me recuerda tanto a la apuesta del contrato social, la otra metáfora con la que el pensamiento moderno quiso organizar los intereses privado y los públicos, las identidades y los vínculos.
La pérdida de prestigio social de las humanidades ha provocado un sentimiento de culpa entre sus disciplinas y un deseo de imitar a las ciencias. Una sucesión de pretendidos métodos científicos marca desde hace años los rumbos de las teorías literarias. Los métodos nacen, crecen, se reproducen y mueren con la pretensión de aportar una verdad científica al conocimiento de la literatura. Se sienten fuertes al aplicar un protocolo y utilizar un vocabulario tecnológico de muy dudoso gusto.
Estoy convencido de la importancia de la teoría literaria, pero estoy convencido también de que ninguna pretensión científica es más importante que la capacidad personal de lectura, la solitaria pasión con la que Leo Spitzer, Roman Jakobson, Roland Barthes, Dámaso Alonso o Fernando Lázaro Carreter supieron leer. No los admiro por científicos objetivos, sino porque con una soledad cuidadosa supieron hacer en su despacho, ante una página de Garcilaso o Baudelaire, lo mismo que ahora hace mi hija con sus ojos adolescentes.
Ante la certeza de los dogmas y la homologación de las conciencias, tal vez haya que darle hoy su completo significado histórico a la emoción del lector. La soledad compartida de alguien que lee unos versos o una narración, alguien que pide tiempo para vivir cada palabra hasta hacerse dueño de sus propias opiniones, es la mayor ofensa que podemos hacerle a un economicismo desalmado que cuenta con poderosísimos mecanismos tecnológicos de control de las conciencias y que liquida los espacios públicos, suprimiendo los textos y las plazas, es decir, los lugares donde los individuos, sin renunciar a ser ellos mismos, borran un poco sus identidades concretas para convertirse en ciudadanos.
Oponerse al progreso de la ciencia y la tecnología es simplemente reaccionario. Pero eso no significa olvidar el sentido de las humanidades, o asumir una definición tecnológica del futuro. La ciencia no puede perder la raíz de su pacto humanista. Quizá ser moderno, más que llenar las costumbres de vocabulario desarrollista, consista es ser capaces de volver a formular un contrato social adaptado a los nuevos tiempos. Y para firmar un contrato conviene leerlo todo, hasta la letra pequeña de los documentos. Así lo siento cuando pienso en el futuro, mientras observo la impertinente soledad de mi hija que lee, rodeada de gente, en una playa del sur.