sábado, 13 de febrero de 2010
Descréditos
Últimas noticias
viernes, 12 de febrero de 2010
Palabras, palabras, palabras
Pierde otra vez
Conmoción y críticas
Primeras bajas
Alerta
Puñetazos
El país de las maravillas
Raquítico recorte
Indirectas
Nuevo susto
Contrató cien millones
Deja a la mitad
Adelgazara
Lo intenta
No ayudan
No somos fagocitadores
No para
Tienes que poner buena cara
No participará.
No ha quitado el papel
Ve normal
Se jacta de colocar
Cruza los límites
Actualizate
Consigue
Sufren
Fallece
Mata
Alejan
Se rebelan
Es un calvario
Se rompe una mano
Se desboca
Pierda la noción del tiempo
Sigue imbatible
Debe pagar
Cierra seis blogs
Causa lesiones graves
Enoja a las víctimas
Hay monstruos
Exprime
Cercan
Renuncia a impugnar
Conoce las claves
Renace
Estalla
Debilita
Detiene
Anuncia
Intensifica
Continúa
Frena
Exigen
Exprime
Hay que educar
Se interese
***
Breve y tontuelo pensamiento:
No es por nada: tengo miedo.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Encelado
Responsabilidades
Del sociólogo Ignacio Urquizu:
Si por algo se caracterizan los últimos meses es por la enorme confusión que hay en el debate público. No es casual este desconcierto. Si hay un bien preciado en los mercados es la información. Los problemas surgen cuando ésta no está distribuida de forma uniforme. Es decir, cuando un grupo de gente sabe más que los demás. Entonces se genera lo que los economistas llaman "problemas de información asimétrica".
Las consecuencias son dos. Por un lado, aquellos que tienen mayores conocimientos pueden utilizar éstos en beneficio propio. De tal forma que se pueden generar abusos. Por otro, las responsabilidades se diluyen, y uno no sabe muy bien quién es responsable de quién. En el mejor de los casos, las culpas se repartirán entre todos los implicados. Aunque siempre existirá la tentación de asignar la responsabilidad de los problemas a otros.
Es cierto que el Gobierno tiene un gran peso en la gestión de la crisis. A él le corresponde presentar análisis precisos de la situación, anunciar de forma clara los objetivos que persigue y relatar los instrumentos y políticas que va a utilizar para ello. No siempre lo ha realizado con éxito. Las distintas voces sobre la política fiscal o la rectificación de sus propios documentos no ayudan a arrojar luz a su gestión. Pero no es el único responsable y son muchos los que contribuyen y alimentan la confusión, en muchas ocasiones, buscando réditos.
Resulta sorprendente leer muchas de las recomendaciones y análisis que vienen haciendo en los últimos meses las empresas y los organismos internacionales que trabajan en el mercado económico mundial. No sólo no fueron capaces de anticipar la crisis, sino que además siguen sosteniendo los mismos principios que nos condujeron a ella.
En estos análisis, los economistas están jugando un papel muy relevante y, al mismo tiempo, cuestionable. Así, muestran un excesivo énfasis en proponer medidas que afectan a los trabajadores y a los Gobiernos y, en cambio, hablan muy poco de los empresarios. Además, en muchas ocasiones, presentan sus propuestas como si fueran soluciones técnicas cuando, en realidad, son juicios de opinión.
Otros responsables de la confusión son los agentes sociales. Por un lado, la persona que representa en estos momentos a la patronal española no es, precisamente, un ejemplo de gestión. Esto resta mucha credibilidad a las propuestas de los empresarios. Por otro, los sindicatos parecen más preocupados por aquellos trabajadores que tienen un contrato estable. No resulta de utilidad practicar el buenismo en el mercado laboral. Y tampoco es suficiente con decir que se quiere acabar con el empleo precario, esperando que la desaparición de determinados tipos de contratos tenga efectos taumatúrgicos. Decir que "el Gobierno parece una pandilla de aficionados" añade mucha confusión al debate.
Los terceros actores en grado de responsabilidad son las comunidades autónomas. En estos momentos representan un porcentaje muy relevante de nuestro gasto público y algunos dirigentes regionales no muestran una visión estratégica. Por ejemplo, el presidente de la Comunidad Valenciana ha decidido gastarse cientos de millones de euros en eventos que duran un fin de semana. Mientras tanto, tiene una de las tasas de fracaso escolar más alta de España y el porcentaje de desempleados es también de los más elevados. Si hay un lugar donde es necesario cambiar el modelo de crecimiento económico es la Comunidad Valenciana. En cambio, su política económica está muy alejada de este objetivo. ¿Qué credibilidad transmite a los mercados este tipo de decisiones?
Finalmente, si hay alguien que agita la confusión es la oposición. Es cierto que su trabajo es controlar la acción del Gobierno. No obstante, si tuviesen tan claro qué ha pasado, cuáles son los objetivos y qué políticas deben implementarse, ya lo habrían anunciado. Además, algunas de las declaraciones del Partido Popular invitan a pensar que la claridad en el debate revelaría la impopularidad de su proyecto. Quizás sea la única oportunidad que tenga el PP de acceder al poder. No tienen una estrategia definida y sus propuestas son impopulares. Así que, si difuminan la acción del Gobierno, nadie percibirá sus defectos.
Si todos estos actores agitan la confusión es porque para ellos sus propios intereses son más prioritarios que la salida de la crisis. Además, con ello trasladan toda la responsabilidad de la situación actual al Ejecutivo socialista. Pero, parafraseando a John F. Kennedy en su discurso inaugural de 1961: no nos preguntemos qué puede hacer nuestro país por nosotros, sino qué podemos hacer todos juntos. De esta crisis sólo saldremos con la colaboración de todos, y comenzar a asumir cada uno su responsabilidad puede ser un primer paso.
martes, 9 de febrero de 2010
Discurso
En este occidental, en este, ¡oh Licio!
climatérico lustro de la vida,
todo mal afirmado pie es caída,
toda fácil caída es precipicio.
¿Caduca el paso? Ilústrese el jüicio:
desatando se va la tierra unida;
¿qué prudencia, del polvo prevenida,
la ruina aguardó del edificio?
Góngora debía estar como yo, pero más viejo y fúnebre, porque no tenía hijos y sus sobrinos, por los que tanto se había preocupado, habían abandonado al anciano sacerdote enfermo, pobre y cargado de años; por eso se planteaba la posibilidad del suicidio. En el caso de los padres no es así; saben que los hijos tendrán que quedarse solos, aunque unos más solos que otros, y esos son los que más preocupan, porque pueden sufrir tanto como uno no desea; ya se empieza a ver quién es demasiado sensible, quién es demasiado buena persona; y uno sufre por anticipado por los sufimientos que los hijos habrán de padecer; incluso sufre por lo que los alumnos buenos y malos tendrán que padecer, y cuando se encuentra a uno después de muchos años no siente satisfacción, sino pena, por lo que todavía tendrán que pasar, porque siempre les ha deseado lo mejor del mundo.
La poliorcética, hacerse fuerte contra la adversidad, no siempre es factible ni posible para algunos; siempre se desea lo infactible y lo imposible, se desea la eternidad, se desea estar en compañía de quien uno aprecia, de quien uno quiere saber.
Eso de pensar ya va costando demasiado, porque si el pensamiento es una reacción más o menos fisiológica, hay veces que en mí se anticipa el asco y el rechazo casi de un modo automático; a las dos terceras partes de la gente le mueven los sentimientos y los prejuicios antes que las razones, a mí me mueve más la inercia y las ganas de salir corriendo que el valor de sentarme a ver qué hacer.
Bendita inercia.
Desmemorias
José María Izquierdo, "No me acuerdo del título", El País, 9-II-2010
Ha decidido José K. aprovechar estas grandes rebajas que tanto anuncian y se ha arrimado al más principal de los colmados, sección de papelería. Le ha llevado al desembolso su recién multiplicada capacidad de cavilar mientras estira sus ya deterioradas piernas. Ha entendido que necesita anotar, apuntalar algún propósito que le asalta, una idea que le baila, una cogitación que le atormenta, porque no quiere convertirse en otro desmemoriado más. Y es que a cada semana que pasa ve, herido y encolerizado, cómo se escapa la memoria de todos aquellos a los que mira. Podría describir la estela lechosa que se desprende de la cabeza de sus congéneres, y despacio, muy despacio, sube hacia el infinito en columnas serpenteantes.
Le pasa a nuestro hombre con el verbeneo de banqueros y otros genios de las finanzas, con tantos jueces y magistrados estrafalarios, con la numerosa jarca de políticos de uno y otro signo -trabajosa distinción en ocasiones-, pero también con el público en general. Nadie se acuerda de nada, todos se olvidan de todo. Las otrora ideas fuerza de la convivencia se licúan, primero, se vaporizan después. Es ésta la gran época del triunfo del disimulo, la expansión de la bigardía y la exaltación de la socapa.
José K. deposita su libretita de espiral en la mesa del café y repasa pausadamente su periódico. Al leer una vez más la última página decide que de hoy no pasa y estrena su cuadernillo con una notita que piensa enviar al mandamás del papel: "Señor director: Diga a sus redactores que hagan el favor de no atosigar a los entrevistados, casi todos ellos unas almas desprendidas y ascéticas que conviven con lejanas miserias, para que se embutan varios platos de jamón curado, gambas a la plancha, flores de calabacín en tempura y risottos con trufa". José K. sufre viendo al cooperante de turno, recién llegado de una leprosería de la India, cómo paladea los manjares con el corazón carcomido por su traición al inocente Saakaar o al enflaquecido Vajrapani.
Regresa nuestro hombre a la desmemoria y comienza por sus favoritos: los trabacuentas. Ahí están los gerifaltes de las gigantescas firmas yanquis, que estos días comparecen en una pomposa Comisión de Investigación de la Crisis Financiera del Congreso estadounidense. Los cómites de Goldman Sachs, JP Morgan, Morgan Stanley o Bank of America se dignaron reconocer "algún error". Cabreado, muy cabreado, nuestro hombre se pregunta: ¿Sólo eso, cuando fueron ellos los causantes de que millones de familias hayan perdido su casa, sus ahorros, su trabajo? ¿Admiten alguna pequeña falta y se siguen embolsando los cientos de millones en sueldos y primas? ¿Es un exceso que, ante la chulería de estos baladrones, flor y nata de los cuatreros, alguien quiera apretarles las tuercas, llevarles a la cárcel, romperles la crisma? ¿Aplaudimos, festejamos, loamos los 80 millones de euros de pensión (13.300 millones de pesetas) con los que tendrá que subsistir el pobre Francisco González?
Ya metido en harina patria, quiere recordar José K. el muy citado caso del desmemoriado paciente H. M. de la neuropsicóloga Brenda Milner. El pobre H. M. era incapaz de mantener los recuerdos. Milner, que estudió su caso durante 40 años, tenía que presentarse ante H. M. cada día que le visitaba, porque el paciente no la reconocía. Vaya usted a saber por qué, pero últimamente José K. se acuerda de H. M. cada vez que ve a Zapatero e imagina la escena, jornada tras jornada, en su despacho de La Moncloa. Lunes: "Buenas, soy José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno"; "Buenas", dice Elena Salgado, "yo soy la vicepresidenta económica". "Encantado. Pues si yo soy el presidente y usted la vicepresidenta económica, tendremos que hacer un plan económico, porque me han dicho que hay una crisis. Hoy toca economía sostenible". Martes: "Buenas, soy el presidente, etcétera"; "Buenas, yo soy la vicepresidenta, etcétera". "Encantado. Pues si yo, etcétera, hoy vamos de pagar al jornalero, pero le retrasamos la jubilación, que de eso nada se dice en el Deuteronomio". Miércoles: "Buenas, soy el etcétera". "Buenas, yo soy la etcétera. Y hoy vengo con el ministro de Industria, que es muy ocurrente". "Encantado de conocerles a los dos. Tendremos que hacer un plan económico porque hay una crisis...".
¿Quizá tienen mejor cabeza, más capacidad de remembranza los líderes de la oposición? ¿Estos ladinos que se carcajean del respetable con manuales de buenas prácticas mientras les llueven altos cargos que se han embolsado billetadas a manos llenas? ¿Alguien es capaz de recordar las veces que estos ilusionistas han proclamado su giro al centro? Pierden la memoria por el camino, y a la menor oportunidad vuelven a agitar los fantasmas de la xenofobia o la cadena perpetua (¿o hablan de la pena de muerte?). Un día abunda en el olvido la sencilla Cospedal, otros, gandayas como Arenas o Trillo, e incluso, líbrenos el señor, puede entrar en liza la deslenguada Aguirre cortando el gaznate a los hijos de puta que ¡ay! la asedian. Todo menos aportar soluciones.
Pero lo que de verdad encrespa y enfurece a José K. hasta la apoplejía es ver el general conjunto de una sociedad que parece haber caído en manos de los perversos lotófagos, y sin un Ulises salvador hubieran logrado la total desmemoria colectiva. No se responsabiliza a nadie de nada. Nos limitamos a arrojar tantas y tantas afrentas a los "agujeros de la memoria" de Orwell, aquellas hendiduras "grandes y oblongas". Un escotoma negativo histórico, político, cultural que no perciben los ciudadanos que lo padecen, y que afecta tanto a la memoria larga -ahí tienen al juez Baltasar Garzón, empapelado por acordarse de la Guerra Civil, a quién se le ocurre- como a la corta: la tontería de ayer, el robo de esta mañana, la injusticia de esta tarde.
Sólo así se entiende que encabecen las encuestas del CIS partidos que mantienen en sus cargos y en sus listas a reconocidos butroneros, espadistas y manilargos, recaudadores de tantas "finecillas de oncejas" (Larra). Parece inútil la honestidad, e incluso todo aquel que no acredite la categoría de bribón arranca con una pesada carga a sus espaldas para convencer al respetable de que honradez no es un seudónimo de estulticia.
Pero José K. conoce más historias clínicas, como la del ruso Alexander Luria y el caso Shereshevski. Al igual que al memorioso Funes de Borges, al paciente de Luria no se le olvidaba nada: recordaba absolutamente todo. Simplemente, y ése era su castigo, no podía olvidar. A José K. le pasa algo similar: se acuerda de cada una de las trabillas italianas de los trajes de Camps; siente en los dedos la suavidad de la lana australiana de sus trajes y en los ojos los amaneceres de la Polinesia que disfrutó el dirigente madrileño con los pagos del Bigotes; incluso disfruta de los muebles de diseño que tenía Jaume Matas en su palacete. Pero conoce, también, la mañana, tarde y noche de cada una de las ancianas que Esperanza Aguirre no atiende por dar largas a la Ley de Dependencia y no olvida ni uno de los minutos que va a sufrir el paleta al que le van a dejar hasta los 67 en el paro o en el andamio.
Periódico bajo el brazo y libretita en el bolsillo, José K. recuerda un poema del revisitado Jaime Gil de Biedma. Confiado en que Marsé no le rete a garrote, se autorrecita la Noche triste de octubre, 1959: "Adelantaron / las lluvias, y el Gobierno / reunido en Consejo de Ministros / no se sabe si estudia a estas horas / el subsidio de paro / o el derecho de despido / o si sencillamente, aislado en un océano, / se limita a esperar que la tormenta pase / y llegue el día, el día en que, por fin, / las cosas dejen de venir mal dadas".
Intenta nombrar José K. a cada uno de los ministros, pero ni Shereshevski podría recordarlos a todos.
Sobre la generación tapón que causa la generación Ni-ni
"Generación Ni-ni", El País, por Tomás Salinas García, 9-II-2010.
Estamos en manos de una auténtica y genuina generación Ni-ni. No me refiero a los jóvenes que no tienen ni oficio ni beneficio y exprimen la supervivencia de sus progenitores.
Tampoco hablo de los universitarios que, al acabar su formación, no encuentran ni un empleo digno ni una mísera oportunidad para demostrar sus cualidades, ni de los que no poseen ni perspectivas ni posibilidades de progreso en sus trabajos, por no hablar de los parados que no vislumbran ni presente ni futuro para ellos y los suyos.
De igual forma, no sería justo bautizar de esta forma a los pensionistas que no pueden ni opinar ni hacer nada para evitar el desastre que se les avecina, ni al españolito medio que ya no consigue ni llegar a fin de mes ni tiene medios para pelear por ello.
Los verdaderos Ni-ni que nos conducen a la pobreza son grupos corporativistas que no tienen ni escrúpulos ni vergüenza. Al frente de ellos se sitúa una casta política que ni sabe lo que es trabajar en pos del bien común ni ganas que tiene de saberlo. Criaturas malditas sin corazón ni conocimiento que ni pueden ni quieren mejorar la vida de los demás. Vampiros que sólo se protegen a sí mismos con sueldos y jubilaciones ultrajantes, mostrando un rostro en el que no aparece ni la cordura ni la decencia.
Junto a ellos, fundidos, encontramos a los asesores y demás parásitos millonarios que ni trabajan ni cumplen con los cometidos que justifican su innecesaria existencia. Si completamos la lista con los especuladores, algunos banqueros desalmados y ciertos explotadores de lo ajeno que ni humanidad ni solidaridad muestran en su comportamiento, tenemos completa la generación Ni-ni que no nos deja ni vivir ni pelear por nuestra supervivencia.
No deberíamos permitir ni que nos derrotaran ni que nos humillaran todos los días.
lunes, 8 de febrero de 2010
La frase clásica de Proudhon sobre los gobiernos de engaña-roba-pega-mata
Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, sometido a la ley, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado, estimado, clasificado según tamaño, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas para ello.
Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, contado, tasado, estampillado, medido, numerado, evaluado, autorizado, negado, autorizado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, reajustado y corregido.
Es, bajo el pretexto de la utilidad pública y en el nombre del interés general, ser puesto bajo contribución, engrillado, esquilado, estafado, monopolizado, desarraigado, agotado, embromado y robado para, a la más ligera resistencia, a la primera palabra de queja, ser reprimido, multado, difamado, fastidiado, puesto bajo precio, abatido, vencido, desarmado, restringido, encarcelado, tiroteado, maltratado, juzgado, condenado, desterrado, sacrificado, vendido, traicionado, y, para colmo de males, ridiculizado, burlado, ultrajado y deshonrado.
Otra traducción:
SER GOBERNADO SIGNIFICA:
SER OBSERVADO, INSPECCIONADO, ESPIADO, DIRIGIDO, LEGISLADO, REGULADO, INSCRITO, ADOCTRINADO, SERMONEADO, CONTROLADO, MEDIDO, SOPESADO, CENSURADO E INSTRUIDO POR HOMBRES QUE NO TIENEN EL DERECHO, LOS CONOCIMIENTOS, NI LA VIRTUD NECESARIOS PARA ELLO. SER GOBERNADO SIGNIFICA, CON MOTIVO DE CADA OPERACIÓN, TRANSACCIÓN O MOVIMIENTO, SER ANOTADO, REGISTRADO, CONTROLADO, GRAVADO, SELLADO, MEDIDO, EVALUADO, SOPESADO, APUNTADO, PATENTADO, AUTORIZADO, LICENCIADO, APROBADO, AUMENTADO, OBSTACULIZADO, REFORMADO, REPRENDIDO Y DETENIDO.
ES, CON EL PRETEXTO DEL INTERÉS GENERAL, SER ABRUMADO, DISCIPLINADO, PUESTO EN RESCATE, EXPLOTADO, MONOPOLIZADO, EXTORSIONADO, OPRIMIDO, FALSEADO Y DESVALIJADO.
PARA SER LUEGO, AL MENOR MOVIMIENTO DE RESISTENCIA, A LA MENOR PALABRA DE PROTESTA: REPRIMIDO, MULTADO, OBJETO DE ABUSOS, HOSTIGADO, SEGUIDO, INTIMIDADO A VOCES, GOLPEADO, DESARMADO, ESTRANGULADO POR EL GARROTE, ENCARCELADO, FUSILADO, JUZGADO, CONDENADO, DEPORTADO, FLAGELADO, VENDIDO, TRAICIONADO Y POR ULTIMO, SOMETIDO A ESCARNIO, RIDICULIZADO, INSULTADO Y DESHONRADO.
ESTE ES EL GOBIERNO, ESTA LA JUSTICIA, ESTA ES LA MORALIDAD!!!
Otra versión
Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, sometido a la ley, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado, estimado, clasificado según tamaño, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, contado, tasado, estampillado, medido, numerado, evaluado, autorizado, negado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, reajustado y corregido. Es, bajo el pretexto de la utilidad pública y en el nombre del interés general, ser puesto bajo contribución, engrillado, esquilado, estafado, monopolizado, desarraigado, agotado, embromado y robado para, a la más ligera resistencia, a la primera palabra de queja, ser reprimido, multado, difamado, fastidiado, puesto bajo precio, abatido, vencido, desarmado, restringido, encarcelado, tiroteado, maltratado, juzgado, condenado, desterrado, sacrificado, vendido, traicionado, y, para colmo de males, ridiculizado, burlado, ultrajado y deshonrado.
Otros tiempos
Por Dios que sí, padre Fortea; cuanta más calidad técnica veo menos calidad humana siento y más distancia mido entre los seres humanizables, ni siquiera humanos; sólo hay que ver lo bien que funciona el Windows 7... y lo poco o nada que se pueden instalar todos los demás programas, porque exigen versiones actualizadas y, por tanto, más caras. Lo antiguo resulta ser así mucho más fiable, mucho más económico, mucho más agradecido... y mucho menos nuevo, gracias, también, a Dios, pero no a Giligates.
Me vuelvo cada vez más antiguo, tecnófobo y fósil. Me gustaría comprar churros, cabalgar en burro, devorar la hoja parroquial, ir al campo en pantalón corto, liar pitillos de hoja, llevar boina, garrota y capa, ir a misa de doce, beber té con pastas , ahora que estamos todos juntos, rezar un rosario, practicar la esgrima, saludar en latín, oír a Emerson, Lake & Palmer, pescar con gusano, comulgar por el rito mozárabe, jugar al futbolín en los billares de la OJE, lavarme la cara en palangana, blasfemar pacato, pelarme con navaja, beber en bota, tomar chatos de mistela y quina con tapas de boquerón y aceituna, buscar setas, acarrear barras de hielo, salir penitente de procesión, cambiar el transformador de 125 a 220 voltios, aliñar aceitunas y queso manchego en orzas, llamar a la Tuna, matar moscas con DDT, recitar la lista de los reyes godos, poner centros de mesa, abominar del arrobado San Dominguillo Sabio, cepillarme con Profidén, lavarme con jabón Lagarto, limpiarme el culo con el papel amarillo de elefantito rojo, espantarme de los titulares de El Caso, llevar a bendecir el canario por San Antón, mirar el Almanaque zaragozano, comparar Ben Hur y Quo vadis?, sufrir la ducha fría sin presión, leer las esquelas del Abc, comentar el último libro de Somerset Maugham, tomar berenjenas con Cariñena, hacer la quiniela, derribar muñecos y llevarme peponas, presumir de pantalones de campana, poner discos de vinilo, consumir Mirinda, mirar las piernas de las chicas cuando se usaba la falda, enamorarme de Cecilia, tararear Capitán de madera de Ismael y la Banda del Mirlitón, comerme una tortilla de patatas en el campo con la familia, adelantar en Seiscientos y pagar sus letras con pólizas de duro, ponerme un pulóver hasta el cuello.
domingo, 7 de febrero de 2010
Como tabla de mesón, que alberga a todos y a sí non
sábado, 6 de febrero de 2010
Desolador
Cuando leo el artículo de Carrascal que antecede no puedo dejar de comparar la psicología criminal con la de los políticos y otros obsesionados por las leyes. Desolador.
Cadena perpetua y psicología criminal
Como si no tuviéramos ya bastantes disputas, los españoles nos hemos enzarzado en otra sobre la cadena perpetua, con el ardor que solemos poner en ellas, tal vez porque toda controversia termina siendo religiosa entre nosotros, no importa si los que intervienen lo sean o no. Ello significa intercambiar dogmas, no argumentos, y la casi imposibilidad de acuerdo.
Para empezar, hay que decir en ésta, que las penas judiciales no tienen una sola función, tienen varias: el castigo del delito -de ahí su nombre de «pena»-, el resarcimiento de la víctima -aunque sea sólo moral-, la defensa de la sociedad, -apartando de ella al infractor por un periodo de tiempo acorde con la falta- y, a ser posible, la rehabilitación del condenado. Orientar todo el sistema penal a esto último, como hace nuestra Constitución, lleva en muchos casos a una de las mayores aberraciones judiciales: a que las víctimas sufran más que sus agresores. Me refiero a los casos de delincuentes irrecuperables. Que los hay.
El hasta ahora más amplio, serio, concienzudo estudio sobre el delincuente lo realizó el doctor Samuel Yochelson, tras pasarse quince años por cárceles, analizando reclusos de todo tipo, invirtiendo hasta ocho mil horas con algunos de ellos, entrevistando a sus familiares, maestros, novias, amistades y socios, para recogerlo en los tres volúmenes de su obra «The criminal personality», donde llega a la conclusión de que el verdadero delincuente nace, no se hace, por lo que tampoco se rehabilita, excepto en casos excepcionales, y eso sólo hasta cierto punto.
Son conclusiones muy duras, pero avaladas por datos incontrovertibles. El primero, que la pobreza no produce la delincuencia. Bastantes de los entrevistados venían de familias en buena posición. Todos prácticamente tenían hermanos y hermanas normales, si bien desde pequeños habían sido «diferentes» de ellos, con una tendencia acusada a mentir y hurtar pequeñas cosas a sus padres y hermanos ya a partir de los cinco años. El «niño delincuente» suele ser despierto, hábil, inquieto, bien parecido, pegado a su madre, ansioso de lo nuevo, aunque pronto pierde su interés en ello. Precoz en materia sexual y miedoso ante los fenómenos naturales: la oscuridad, los truenos, los relámpagos, la enfermedad, la muerte.
Hacia los nueve años, ese niño, por causas aún desconocidas, consigue vencer sus miedos y, al mismo tiempo, sus emociones inhibitorias, junto al sentimiento de culpa por sus actos y de compasión hacia los demás. Este cortocircuito emocional dominará ya toda su vida, empujándole a conseguir lo que quiere por el camino más rápido sin el menor remordimiento. Paralelamente, el niño-delincuente pierde su interés por la escuela, la familia y los juegos que exigen cooperación. Las actividades de equipo le interesan sólo en la medida que puede dirigirlas, convirtiéndose en un solitario secretista, que elude responsabilidades.
Al llegar a la mayoría de edad, este delincuente ha llegado a la conclusión de que el mundo existe para servirle. No reconoce otras emociones y derechos que los suyos. Tal actitud está tan profundamente arraigada en él que considera le pertenece cuanto está a su alcance. «Espero que cuiden bien esas joyas, para cuando decida llevármelas», es un pensamiento nada infrecuente en estos individuos al pasar ante el escaparate de una joyería.
Su ego es colosal. Se considera superior a los demás, cree que puede ser lo que quiera, artista, escritor, músico, de proponérselo. Sólo que no ve la necesidad de demostrarlo. Junto a todo ello, es un superoptimista, que no sólo encuentra justificación a todos sus actos, sino también cree que nunca será atrapado. Si lo es, fue mala suerte o culpa de otros.
Aunque debajo de ese optimismo y autoconfianza, persisten los miedos infantiles, que trata de enmascarar con un estilo de vida extravagante, a base de grandes propinas, mujeres espectaculares y mentiras sobre sí mismo. Se presenta como médico, piloto, abogado, sacerdote incluso, aunque en la práctica está incapacitado para una vida normal, diaria, a la que desdeña. Su relación con los demás está basada en la explotación de ellos. Confía sólo en las personas a las que pueda controlar, y ni siquiera del todo. No tolera críticas. Y en los momentos de depresión, tiende a la violencia, a veces sin sentido.
El último motor de sus robos no es el dinero, ni el de sus violaciones, el sexo. En ambos casos, el delincuente trata de subrayar su superioridad sobre sus víctimas y sobre la sociedad, de la que sabe no forma parte, sin tener claro si es por culpa suya o de ella. Muchos delitos «inexplicables» se explican así.
En resumen, concluye el Dr. Yochelson, estamos ante un mentiroso crónico, dispuesto a cualquier cosa con tal de obtener lo que desea, maestro en la autojustificación, convencido de que su actitud tiene que ser admitida por el resto y adamantino en cuanto a mantener su estilo de vida.
De ser cierta sólo una parte de lo que asegura el estudio, el entero sistema de «rehabilitación» en que se basa nuestro sistema penal, descansa sobre bases falsas, al menos para este tipo de delincuentes, que más que «habituales», deberíamos de llamar «profesionales», al ser la única actividad que conocen y practican. «El delincuente -escribe el Dr. Yochelson- no puede ser rehabilitado. En el mejor de los casos habilitado.»
Para ello, lo primero es hacerle responsable de sus actos, incluidos los más mínimos. El programa que emprendió con su colega, el Dr. Samernof, bajo los auspicios de las autoridades penitenciarias neoyorquinas, comenzaba con la confrontación del delincuente interesado en seguirlo con sus verdaderas alternativas: o cambiaba de arriba abajo, no sólo en su actitud externa, sino también en la estructura íntima de su «personalidad delictiva», o seguía como hasta entonces. Sin existir términos medios.
El plan de habilitación era riguroso, comenzando por intentar convencer al delincuente que era alguien «ordinario», como los demás. Y por lo pronto, exigía cumplir escrupulosamente las obligaciones de las personas ordinarias -llegar en punto al trabajo, no consumir drogas, evitar excesos de alcohol, no tener sexo extramarital, ser amable con los demás, etc., etc.-, vigilándose de cerca cada paso que daba. Una brusca contestación era ya considerada motivo de alarma. Alguien definió el programa como «una carrera hacia la santidad».
Surtió efecto en unos 30 hombres, aunque sólo 9 de ellos podían considerarse definitivamente curados. Yochelson admitía que ese bajo porcentaje se mantendría incluso cuando el programa se ampliase y desarrollase, por ser sólo muy pocos los capaces de alcanzar el grado de «disgusto consigo mismo» que se requiere para cambiar radicalmente la personalidad, y con ella, la conducta. Para el resto, el investigador de la delincuencia sólo podía ofrecer la compasión y que continuasen su vida de confinamiento perpetuo o intermitente según su tipo de delito, «en las condiciones más humanas posibles.» Pero sin que la sociedad tuviese que sentir el menor remordimiento hacia ellos, al ser pura autodefensa lo que practicaba.
Dicho lo que antecede, pienso que la polémica sobre la cadena perpetua en la que estamos enzarzados los españoles es tan ociosa como tantas otras: al delincuente perpetuo de delitos suficientemente graves le corresponde la cadena perpetua. Revisable. Pero sólo porque también ocurren milagros.
viernes, 5 de febrero de 2010
Sesquipedalismo rimbombante
Una modesta pensión
Último poema de Neruda
cuando vivías!
El mundo es más azul y más terrestre
de noche, cuando duermo
enorme, adentro de tus breves manos.
Seguidilla manchega popular
dijo Marica:
cada uno se rasca
donde le pica.
jueves, 4 de febrero de 2010
Para los que idealizan la enseñanza en EE. UU.
Este es el testimonio escalofriante de algunos compañeros que son profesores visitantes en Philadelphia:
S
Experiencia en S. High School.
El primer día que estuvimos en S. High School nos encontramos primeramente con que no había un departamento de español, sino que dependíamos del departamento de ESOL, con lo que nuestra jefa no tenía mucha idea de los libros que había en la escuela ni de las clases de españool. Las únicas profesoras de español en el centro éramos M., también profesora visitante recién llegada y yo.
Después de preguntar por los libros dos o tres veces, nos ofrecieron unos publicados en los años setenta que, por supuesto, no podíamos utilizar. Una semana más tarde encontramos una habitación con libros porque nos lo aviso otro profesor.
Como nadie nos avisó de las medidas de disciplina que podíamos tomar, se nos colaban constantemente alumnos de otras clases para insultarnos y dejarnos en ridículo. Nadie nos dijo que teníamos que pedir un horario o una identificación de los alumnos, con lo que ellos se presentaban en la clase con el nombre de un estudiante de las listas para torturarte psicologicamente y para pelearse con alguno de los estudiantes verdaderos. Por supuesto que los estudiantes venían sin papel y sin bolígrafo a clase, no era necesario para ellos, ya que su intención no era trabajar sino fastidiar.
Dos días después de empezar la escuela nos encontramos con que había un fuerte olor a mariguana en los pasillos durante toda la mañana. Olor que no se disióno en todo el año.
Nos nombraron un mentor dos meses después de empezar la escuela para ayudarnos con todo tipo de inconvenientes o dudas, era ya un poco tarde para explicar las técnicas de grupo o los procedimientos de la escuela.
Los verdaderon incidentes con el alumnado llegaron la semana anterior a las vacaciones de Navidad:
Con la ayuda de mi mentora conseguí echar de mi clase a un alumno que era una verdadera amenaza. El alumno pensaba que no le entendía y me decía que si le suspendía me iba a esperar fuera de la escuela. Tuve a una profesora asistente en ese grupo que me dijo que no quería volver debido a ese estudiante ya que también la amenazó el primer día que ella estuvo en la clase.
Los pasillos de la escuela, por otra parte, seguían despidiendo el olor permanente a mariguana, los estudiantes pasaban mas tiempo en los pasillos que en sus clases y podías ver como hablaban por los teléfonos moviles para contactar con los traficantes de drogas. También jugaban y apostaban a las cartas. Los policías no daban a basto, ya que había seis para cerca de dos mil alumnos.
Dos días antes de las vacaciones, a las ocho menos cinco de la mañana, dos chicas se presentaron en la clase de M para pegarse. Podíamos escuchar los gritos de ambas niñas y, como no habia vigilancia en los pasillos, se colaron cuarenta estudiantes en la clase para subirse encima de las mesas y empezar a gritar al unisono: “pelea, pelea”. Yo estaba ocupada intentando llamar a seguridad y M consiguión abrirse paso para entrar en su clase.
Después de Navidad pensamos que los ánimos iban a calmarse, pero el verdadero problema ya no estaba dentro de la clase, sino en los pasillos. Seguían entrando alumnos para pegarse con los nuestros.
En febrero, y coincidiendo con el principio del año chino, estaba sentada en mi pupitre y escuché un ruido parecido al de una mecha de petardo miré y, efectivamente era un petardo de tamaño considerable al lado de mi silla. Reaccioné y salté de mi pupitre a tiempo para que el artefacto estallase sin tocarme a mi. La única consecuencia del accidente fue que se me quemón una chaqueta colgada en mi silla. Hablé con mi jefa del departamento y me dijo que ese tipo de incidentes eran communes ya que las tiendas vendian los artefactos para celebrar el Nuevo Año según el calendario chino.
Después del incidente estuve ausente un día y me encontré con que al día siguiente mi clase estaba destrozada. Los posters y los trabajos de los estudiantes estaban en el suelo y habían tirado los libros por la ventana. Mientras algunos estudiantes hacían ejercicios encomendé a dos chicas que me ayudasen a recomponer la clase, volviendo a forrar las pizarras y volviendo a colgar posters con ellas, mientras tanto dos estudiantes, sin que yo los viera y en silencio absoluto habian tirado más libros y mis flashcards por la ventana.
En el mes de marzo lo único que me sucedía es que mis alumnos me insultaban a diario, cuando los decía que necesitaban trabajar para aprobar me decían: “no quiero puta, que te jodan”, con lo que tuve que tomar medidas de disciplina y estar ausente cuatro días ya que, de tensión nerviosa se me pinzaban los músculos de la espalda y no me podía mover bien.
Abril fue un mes relativamente tranquilo y en mayo, debido de nuevo a la poca vigilancia en el pasillo me tiraron una bomba fétida dentro de la clase. Los últimos días del mes apareció un ratón dentro de mi clase. En junio me enteré por otra profesora que los estudiantes lo habían metido allí.
Aparte de estos incidentes personales, había coches de policía en el aparcamiento y nos explicaron que había presos que venían de la cárcel para tomar sus lecciones diarias, a estos se les identificaba porque llevaban tobilleras de seguimiento. El director nos recomendaba altamente que entregasemos las listas informatizadas de los alumnos a diario, ya que uno de los estudiantes habia sido acusado de violacion y se había probado gracias a nuestra efectividad y a entregar dichas listas, que no tenía coartada en el juzgado ya que todos los profesores le habiamos marcado ausente. Tuvieron que sacar de mi clase a una alumna porque vivía constantemente amenazada por otro estudiante de los míos y un día la atracó en la calle. El año pasado una profesora nueva sufrió una agresión en la primera evaluación porque suspendió a una niña. El castigo fue que suspendieron a la chica durante cinco días y después de vuelta al cole.
The Middle States Commission vino el año pasado a validar la escuela, ya que hace cuatro años vinieron y la encontraron en un estado tan lamentable que tuvieron que darle un plazo de tres años para que se pusiera al día.
Este año la escuela se ha reformado bastante: los disciplinarios estan en la tercera y cuarta planta poniendo orden continuamente en los pasillos y no en la planta baja en un despachito como el año pasado. Los pasillos están vigilados por policias en todas las plantas, aunque no en todas las alas del edificio. Los disciplinarios avisaron en una conferencia de que, por favor dejasemos entrar en clase a los niños que lleguen tarde a primera hora de la manana porque si no se van a las alas traseras a fumar mariguana, jugar a las cartas apostando y a hacer sexo oral. Por supuesto que sigue habiendo peleas en la cafetería y en los pasillos, normalmente ocurren los jueves.
A mi personalmente a finales de noviembre una de mis alumnas me sacó al pasillo de un empujón y he sufrido un caso de acoso sexual verbal. Sigo sin libros de texto. Tengo uno y hago fotocopias para todos mis alumnos. Cuando comento que quiero mas libros me contestan siempre del mismo modo: no hay presupuesto.
Estos son los centros donde se envía a los profesores visitantes sin previo aviso y sin garantías de cambio a una escuela major. El año pasado cuando yo fui a hablar a la oficina de contratación para expresar mis deseos de quedarme un año mas en los Estados Unidos, y mi deseo de cambiar de escuela, me dijeron que no se podía garantizar un cambio a una escuela mejor . Se me ofreció la escuela Martin Luther King, que por supuesto rechacé. El mismo centro del que tuvieron que transferir a dos profesores este año.
””””””””””””””””””””””””””””””””””””””
P.:S H.S.
Mi experiencia es la siguiente:
Al llegar a Philadelphia no nos habían asignado aún los colegios. Unos días después nos lo dijeron. Es decir, vinimos a U.S.A. sin saber donde ibamos a enseñar. El primer mes fue agonizante para mi, porque
no paraba de recibir información negativa de mi centro, incluidos profesores americanos que han trabajado aquí y también me asustaba la idea de ir sola.Pensabamos que iban a distribuirnos en colegios según la experiencia, para que nos apoyaramos mutuamente.
La acogida de la subdiretora fue buena (claro, la profesora anterior de Spanish estuvo tres meses!!!). Me asignó una buena clase, me dio algunos libros y fin de la ayuda.
La primera semana de clase un profesor se acercó a mi clase (nunca le he vuelto a ver) y me hizo dos regalos: unas entradas para ir a Longwood Gardens y un spray anti-robo (no se como se llaman pero creo que sabeis a lo que me refiero). Me desaconsejaron quedarme en el colegio mas tarde de las 4:30. Esa fue la bienvenida.
Ha habido desinformación total sobre el sistema aquí, sobre los protocolos en los colegios y algunas de nuestras responsabilidades.
En mi colegio ha habido 4 asesinatos este año. No muertes accidentales, sino tiros en la cabeza, atracos y demás incidentes. Personalmente aun no me he puesto a ver los artículos que salen en el periodico sobre Gratz, porque vivo mas feliz en la ignorancia sobre lo que sucede en algunas partes del colegio durante el día. Desde luego que una gran mayoría de mis alumnos acuden a juicios varias veces en el año. Otros dejan de asistir porque tienen que ser internados en centros de desintoxicación…. y un largo etc. que no quiero detallar.
Estoy aprendiendo mucho en este año, gracias a Dios algunos profesores (contados) han sido de mucho apoyo, y eso HA PERMITIDO que me quedara en este centro. Ahora diría que he cogido cariño a los chavales, que ellos no son el problema, sino este sistema basado en el politiqueo más que en el bien comun y la educación. El jefe de mi “Academy” viene repetidas veces a mi clase a darme las gracias por estar aqui, por haber sobrevivido…es que esto es una lucha diaria, y nadie nos aviso!!!!!!
El hecho de que nos den trabajo sin saber lo que nos ofrecen me parece demencial e inadmisible. Cierto es que yo acepté esas condiciones, y por eso escribo esto, para que no le suceda lo mismo a otros candidatos, tal vez la próxima vez el tiro se lo peguen a alguno de ellos.
Al igual que los demás, reescribir lo necesario, preguntar o que haga falta….tengo alguno de los artículos sobre los niños que mataron para adjuntarlos.
””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””””’
Hasta llegar a Filadelfia no teníamos referencias sobre los centros. Al registrarnos en el hotel nos dieron un sobre con el nombre de la escuela: una de las tres que tenían inicialmente adjudicadas. Desde ese preciso instante empezamos a ver cómo policías, ex-profesores, y administrativos del distrito se echaban las manos a la cabeza y nos decían lo peligroso que era el centro y la zona. Llegamos doce horas después a la oficina de recursos humanos con cinco referencias espeluznantes y preguntamos que qué había de verdad y que dónde nos mandaban. La respuesta fué que la gente exageraba y qué habíamos sido libres a la hora de elegir venir.
Conseguimos una primera toma de contacto con el centro. Hicimos una primera visita: las condiciones del centro eran lamentables: aulas que se intercomunicaban, ausencia de libros y materiales, desorganización
administrativa evidente, a menos de una semana de empezar el curso. En una primera reunión con el personal se comentó la necesidad de que los profesores pasaran por el detector de metales, pues algunos sustitutos el año anterior acudían armados. La publicidad que encontramos en la secretaría del centro, hacía referencia al historial de hechos violentos del instituto, incluyendo la violación de una profesora.Algunos profesores nos comunicaron que íbamos a tener 40 alumnos por clase, y 50 dólares de presupuesto, que procuráramos a toda costa evitar ciertos pasillos y escaleras, porque los estudiantes se drogaban ahí, y que si estábamos preparadas para la agresividad verbal. Nos recomendaron que no llorásemos nunca delante de los alumnos y que nunca, bajo ningún concepto, les diésemos la espalda.
Nos planteamos no aceptar la escuela, y después de mucha insistencia, nos reunimos con el principal. Este nos garantizó unas condiciones de trabajo aceptables: aula, libros, seguridad personal, y nos comunicó que la escuela iba a cambiar de modo radical, porque una agencia privada había tomado la responsabilidad, y que habría presupuesto para el proyecto.
No muy decididas, y contemplando después de una seria conversación con PB que el cambio de escuela era una posibilidad pero que diéramos primero un voto de confianza al proyecto nuevo del centro, empezamos el curso académico.
Desde el principio el caos administrativo y la falta de personal eran brutales. Sólo a un día de empezar tuvimos acceso a la llave del aula, que tuvo que pedir personalmente nuestra coach al director: nadie sabía nada ni se encargaba de nada.Tuvimos que sacar montones de basura, buscar pupitres, etc.
Cuando llegaron los alumnos desde el principio reinó el caos: no tuvieron tarjeta de identidad hasta la tercera semana. Hasta la segunda semana no pudimos encontrar un set de 30 libros cada una. Ante la petición de materiales básicos la respuesta fué siempre la misma: cónmpralos. No teníamos acceso a la fotocopiadora de nuestra planta, que o estaba estropeada o faltaba papel. No tuvimos nada excepto unas clases llenas de alumnos que ni siquiera sabíamos si eran nuestros.
Los insultos y la agresividad verbal fueron permanentes durante todo el tiempo que pasamos ahí. Las peleas fueron otra constante. Nos lanzaron objetos. Nos robaban el poco material que teníamos. Nos teníamos que atrincherar básicamente. Los teléfonos los arrancaban de la pared para que no pudiéramos contactar con la policía.
Las medidas disciplinarias eran inexistentes. Estábamos aisladas en clase sin apoyo de ningún profesor, ni de la administración. Nos robaron objetos personales. Y aterrorizadas, entregamos a un profesor que sí tenía la suerte de contar con un armario con llave tijeras y demás objetos punzantes.
Sospechabamos por el olor la actividad en los pasillos (no había cámaras de seguridad ni personal vigilándolos) y la actitud que muchos estaban drogados. Los insultos de carácter racista fueron permanentes: los niños decían que olía a blanco. Un día una señora trajo ambientador como respuesta, y la falta de respeto por parte del supuesto encargado de la disciplina de la planta era evidente: nos llamaba mamasita delante de los alumnos continuamente. De cada uno de estos hechos fué consciente e informada nuestra coach, que iba informando puntualmente de la situación al distrito.
La situación no sólo no mejoró en la tercera semana sino que fué a peor: el estrés era insostenible. El viernes que hubo un huracán en Filadelfia la situación llegón al paroxismo: los sustitutos se negaron a venir al centro. La situación estaba fuera de control, con peleas en todos los pasillos, y el centro a merced de los alumnos, que entraban, salían sin control. Nos pusieron a sustituir en el sótano. Sin adultos alrededor visibles, pasamos una situación de pánico. Nuestra coach, después de comunicar la situación a PB y considerarla como de peligrosidad, nos dijo que no volviésemos hasta nueva orden.
Después de tomarnos dos días de descanso durante los cuales se nos aseguraba que nos adjudicarían una nueva escuela, Peter Bent nos ordenó volver, mientras se hacían las gestiones oportunas. Antes nuestro problemas de salud causados por el estrés, no lo consideramos posible, y sólo cuando dijimos que no contemplábamos la idea de volver a la misma escuela, que antes nos volvíamos a casa, se nos buscó otra escuela.
En todo este proceso, si no hubiese sido por la documentación aportada y por las gestiones de nuestra coach, y de las autoridades educativas en Nueva York, no se nos hubiera creído a nosotros en ningún momento.
El final de esta historia es que ante el cúmulo de irregularidades, el director y su equipo fueron despedidos poco tiempo después. La historia de nuestra nueva escuela es completamente distinta: no nos podemos quejar de la acogida que tuvimos, ni de la organización del centro, ni de las condiciones básicas de trabajo. Aunque el iniciar un nuevo trabajo supuso un gran esfuerzo de adaptación por nuestra parte.
Nuestra actual escuela sigue apareciendo en la lista de centros conflictivos, no es un alumnado fácil en absoluto, pero no nos hemos sentidos amenazadas físicamente en ningún momento.
Antes de cambiarnos, recibimos una carta en la que todas las partes se comprometían a efectuar el cambio con una condición: que solicitáramos escuela en el mismo periodo en que solicitan los profesores de aquí, en primavera. Según el último e-mail que hemos recibido de W, ésa condición se obvia, no se contempla la posibilidad de que solicitemos plaza, sino que debemos esperar hasta Junio como muy pronto, y que nos digan las plazas “especiales” de que disponen. Esta nueva condición obviamente entra en contradicción con la carta que nos enviaron. Ya no sabemos a qué carta quedarnos, y después de un año de estrés y tras conocer el funcionamiento del programa en Filadelfia, nos tememos que la opción de quedarnos dependa de un mal centro. Ha sido demasiada presión para lo que se supone es un programa de intercambio. Y ya no sabemos si merece la pena aguantar más sinsabores y seguir trabajando en este país.
Espero que os sirva y que entre todos logremos transmitir esta información a quien corresponda o esté interesado.
Mal día
Por eso uno se despierta sombrío, rumiando pensamientos nocivos, frustrado por no haber empezado lo que tenía que hacer, por no haber terminado lo que empezó, por no haber quedado satisfecho con lo que hizo y por no poder parar de imaginar más cosas que tendrá que hacer. No parar de dar vueltas a la cabeza, como la niña del exorcista, es mareante, hace vomitar, aunque no necesariamente cuajo verde. Uno aplica a todo la hipérbole, el pleonasmo, la metáfora y la paradoja; lo desencuaderna y disloca con el hipérbaton y lo vuelve a montar; y lo desconoce y extraña metaforizando y alegorizando sin parar, hasta que nada queda reconocible y todo ha tomado la forma de paradoja. Cualquiera pensaría que estoy estresado, si no estuviera ya tan (des)hecho al estrés que se diría lo normal es lo raro. Desayuno con mis complementos directos y doy un beso a mi predicado nominal, aunque a veces me considero el predicado verbal de mi señora y mujer, pero no sólo tengo comida la moral, sino digerida y transformada directamente en una mierda, ni siquiera consistente: pura diarrea. They are but dressings of a former sight o, como dice Darío, "nada más que maneras expresan lo distinto". Se levanta uno a hacer cosas y se queda mirando estúpidamente al vacío, como si lo que realmente necesitara es tiempo para no hacer nada. Lo único que no cesa en este calvario o estado de cosas es la necesidad de escribir y dar rienda suelta a la palabra, que "corre cual velocísimo correo", cual dice Aldana/La nada, quien experimentaba un similar deseo de nirvana:
Pienso torcer de la común carrera
que sigue el vulgo y caminar derecho
jornada de mi patria verdadera;
entrarme en el secreto de mi pecho
y platicar en él mi interior hombre,
dó va, dó está, si vive o qué se ha hecho,y porque vano error más no me asombre,
en algún alto y solitario nido
pienso ocultar mi ser, mi vida y nombre
y como si no hubiera acá nacido
estarme allá, cual eco, replicando
al dulce son de Dios, del alma oído...
Ojos, oídos, pies, manos y boca,
hablando, obrando, andando oyendo y viendo
serán del mar de Dios cubierta roca...
Mas, pues Montano, va mi navecilla
corriendo este gran mar con suelta vela
hacia la infinidad buscando orilla...
Empero, por desgracia, lo único que es constante en nosotros es la inseguridad, Galdós/Cela dixunt . Claro está que uno siempre ha tenido la vocación de vender pipas en un puesto de chuches, desde que conoció siendo un jovencito a un respetable y canoso señor, llamado Marcial, que filosofaba discretamente en un puestecillo de la plaza de San Antón. Vendía además vino a granel y era sin duda una de las personas más cuerdas y felices del barrio, durmiendo bien, teniendo poco y ocupándose de menos. Esa tendencia a ser ermitaño, homeless, clochard o cuando menos mochilero me acompaña siempre, por más que no sea del tipo de bajar a comprar tabaco y no volver.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Pensiones
Ahora habrá que cotizar más para recibir una miseria. ¿Alguien recuerda la pensión del pobrecillo consejero del Banco de Bilbao? Y mientras tanto, Sagasta se va rezar con Obama y no con la familia del soldado asesinado por los talibanes. La foto queda mejor, con más talante. Lamentable.