sábado, 20 de febrero de 2010

A estudiar

Rosario Ortiz, "A estudiar", El País, 19-II-2010:

Por lo visto en tiempos de crisis, los funcionarios, sólo por gozar en este momento de un trabajo fijo, tenemos que pedir perdón al resto de ciudadanos.

Pues a mí no me da la gana y les explico el porqué: porque nadie nos ha regalado nada. Porque para conseguir un trabajo fijo hemos pasado, a veces muchos años, estudiando y dejando de hacer otras cosas. Porque después de conseguir aprobar la oposición, la mayoría tuvimos que cambiar de residencia a kilómetros de nuestra casa. Porque la mayoría de mis compañeros tenemos estudios superiores aunque nuestra categoría profesional no lo requiera. Porque desde hace años nuestro sueldo no ha sido incrementado en la misma cuantía en que lo hicieron la mayoría de convenios colectivos, por no hablar de cuántas veces nos congelaron el salario. Porque la llamada carrera profesional en la Administración es casi inexistente. Con todo esto no se trata de dar lástima a nadie, sólo de dejar las cosas claras, y si tan envidiable es nuestra situación, ya saben, a estudiar que la puerta está abierta a todo ciudadano español mayor de 16 años.

80 millones


Juan José Millás, "80 millones", El País, 19-II-2010:

Tras abrirnos paso a machetazos por el interior de una selva de palabras a la que no llegaba ni la luz del sol, nos ha parecido entender que la solución a la crisis pasa por hacer recuento de cuanto poseemos (nuestro salario, nuestro paro, nuestra jubilación, nuestro piso, nuestro coche, nuestra Seguridad Social, nuestros ahorros), para valorarlo a la baja. Como no es posible devaluar la moneda, será preciso devaluar todo lo demás, incluida la autoestima. Donde creíamos que teníamos cien, deberemos aceptar que tenemos setenta. Quienes medían 1,80, tendrán que conformarse con 1,50. Quienes comían en restaurantes de cuarenta lo harán hasta nueva orden en tascas de diez. Y así de forma sucesiva hasta regresar al tamaño anterior, del que quizá, como de nuestro pueblo, no deberíamos haber salido. Pero no todo disminuirá. Si usted debía mil más los intereses, continuará debiendo mil más los intereses (deuda a la que tendrá que añadir los intereses de los intereses). Parecería lógico que si su piso vale ahora un 20% menos que cuando lo compró, la hipoteca se redujera en un porcentaje similar. Pero no intente usted introducir la lógica donde impera la explotación.


No nos engañemos, pues. Debajo de todos esos discursos enmarañados sólo late una pregunta: ¿a quién empobrecer para recuperar nuestro tamaño verdadero? ¿A quién recortar las piernas, los salarios, las pensiones, las medicinas, la enseñanza? Se trata, como ven, y por muchas palabras que se coloquen sobre el asunto, de una decisión ideológica. En este país hay mucho, muchísimo dinero, ya que la acumulación de capital fue obscena durante los años de la burbuja. Pero está concentrado en unas pocas manos. Déjense de discursos y digan cuánto van a poner de su bolsillo, en este duro regreso a la realidad, esos señores que se jubilan con 80 millones de euros.

Leona en monopatín



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Indecencias

Copiado de un correo masivo divulgado por la Entrerred:

SÍ, ES INDECENTE
Ha dicho la Vicepresidenta del gobierno que es indecente que mientras la inflación es -1%, los funcionarios además de tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% (gran mentira por cierto). Objetivo: congelarles el sueldo.
Me gustaría transmitirle a esta Sra. lo que considero indecente.
INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 ?/mes y el de un diputado de 3.996 pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a 6.500 ?/mes.
INDECENTE, es que un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
INDECENTE es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca, (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
INDECENTE es comparar la jubilación de un diputado con la de una viuda.
INDECENTE es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete y que los miembros del gobierno para cobrar la pensión máxima solo necesiten jurar el cargo.
INDECENTE es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
INDECENTE es colocar en la administración a miles de asesores (léase amigotes con sueldo) que ya desearían los técnicos más cualificados..
INDECENTE es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
INDECENTE es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (y no digamos intelectual o cultural).
INDECENTE es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
INDECENTE es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.
INDECENTE es que sus señorías cuando cesan en el cargo tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.
INDECENTE es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de la política cuando cesan son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público.
INDECENTE es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la sociedad que los funcionarios sólo representan un coste para el bolsillo de los ciudadanos..
INDECENTE es que nos oculten sus privilegios mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven.
¿ Y mientras, hablan de política social y derechos sociales? ¡¡QUÉ INDECENTE!!

viernes, 19 de febrero de 2010

Fe y placebo

Los sacerdotes fueron los primeros en enterarse de que la fe cura y sana, incluso si es una fe vacía, por efecto placebo. Así que la fe, la autosugestión religiosa, debe ser algo bueno. Los sistemas delirantes, incluso las ideologías, poseen ese curioso y paradójico efecto adormecedor o anestésico; ahora bien, lo único que causa la razón es un dolor de cabeza llamado pensamiento; eso no cura nada y sólo aumenta y exagera la sensibilidad y el sufrimiento; "toda razón es arbitraria para la Razón", dijo Handke, y dijo bien. Al fondo de la razón sólo debe quedar, y queda, el nihilismo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Se hace camino al andar. Prolegómenos al tópico del homo viator

¿De dónde vienes? ¿Adónde vas?

Platón.

-¿Podría decirme, por favor qué camino he de seguir desde aquí?
-Eso depende en buena medida del lugar adonde quieras ir. Dijo el Gato.
-No importa mucho adónde… Dijo Alicia
-Entonces no importa por dónde vayas – Dijo el Gato.

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:
-¿Adónde va el patrón?
-No lo sé -le dije- simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.
-¿Así que usted conoce su meta? -preguntó.
-Sí -repliqué- te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.
Franz Kafka, "La partida", en Cuentos completos.

Flores de mi árbol genealógico

Mark Twain, que es un escritor que a mí me gusta mucho y que debería ser más disfrutado (desde aquí os lo recomiendo), se burló en "Flores de mi árbol genealógico" de los que presumían de nobles antepasandos, inventándose a sí mismo el árbol genealógico más avergonzador, infame y confuso que pudo, hasta el punto de que todavía nos hace reír (a mí al menos me hace reír, que no es poco). Por mera curiosidad me entretengo a veces espulgándome el linaje, de la misma forma en que hace ya tiempo coleccionaba y documentaba laboriosamente la historia de mis pobres homónimos (personas que llevan mi mismo nombre y apellido) ; ya escribí bastante sobre ellos, mis pobrecillos otros egos, que andan por ahí haciendo de las suyas sin saber que me han robado la denominación verbal; hasta el nombre propio, que uno lo tiene por eso, por propio, tenemos que compartirlo en esta sociedad de masas y darle el precio de común y vulgar. Muchos son aquellos parientes "de los que no se habla", y esos son los que me pican más la curiosidad, que es algo que poseo en demasía para las cosas del papel.

Pues bueno, me puse a bucear en mis primeros, segundos, terceros y cuartos apellidos, y empecé por el más raro, Calabria. Hete aquí que sólo lo llevan 671 personas en España y que es el duodiezmilseptinsexagésimosexto (12.776 para alumnos de ESO que no saben contar ordinales) apellido en frecuencia de uso en España; casi la mitad de sus escasos usuarios están en Madrid, y provienen de Italia del Sur, de la paupérrima región del mismo nombre antes llamada Magna Grecia; qué ilusión, igual desciendo de algún filósofo presocrático, aunque también es posible que descienda de algún gladiador esclavo huido de la venganza de Craso en la punta de la bota o de algún mafioso de la N'Dranghetta... Algún familiar ya me decía que nuestros antepasados eran contrabandistas afincados en Murcia, y bien pudiera ser que alguno se cayera de algún barco pirata, en el XIX.

Otro de mis apellidos raros, Castellanos, proviene de los Montes de León; parece que tuvieron alguna hidalguía goda bajo el nombre de Gutiérrez y pasaron a Castilla, donde se vincularon a la tierra con el nombre de Castellanos y sirvieron no poco a los monarcas Alfonsos que rigieron estos pagos; en el año 755, por ejemplo, ayudaron al segundo de su nombre obteniendo privilegio para poblar Sahagún. Otro Castellanos, Juan Esteban, se distinguió por su valor ante el undécimo en la batalla del Salado, y en Valencia y Aragón floreció también una rama que repobló en 1370 Chelva en el reino de Valencia. Otra rama, la mía, se estableció en La Mancha, donde fundaron un gran mayorazgo en el año 1.538 y edificaron el monasterio de Santa María de los Llanos en Cuenca; algunos de estos, ciudarrealeños, pasaron al Nuevo Mundo, como Pedro Antonio Castellanos, célebre por su enemistad con Hernán Cortés, pero tan noble que cuando fue acusado en la Corte se constituyó en su defensor, elogiando sus distinguidos servicios, y de regreso a España se retiró a su señorío de La Solana donde murió; otro es el célebre don Juan de Castellanos poeta e historiador que dejó una crónica rimada, las Elegías de varones ilustres de Indias, que documentan las vidas de los que pasaron allí.

Sueños

Hoy he soñado que iba caminando con mi padre y unos familiares innominados a una boda o algo parecido; llegábamos a un río; mi padre se tiraba a él , pero no salía; nos asomamos a la barandilla del río -que tenía barandilla- , y nada: no emergía. Yo grité "socorro, auxilio, mi padre se ahoga", pero nadie se arrojaba a buscarlo; yo no sabía nadar; estaba oscuro; después de mucho tiempo, suficiente para que se ahogaran por lo menos dos personas, por fin algo que se veía mal -estaba oscuro- se agarró a la ribera de piedra del río, pero lejos hacia la derecha, penosamente; yo ime dirigí allí y le eché mi mano para que se agarrara, y al fin lo saqué del agua. Le dije que cómo se lanzaba a un río tan hondo; él me dijo que había dos metros de profundidad; yo le pregunté que cómo podía saberlo y a unos que pasaban en barca cuánto tenía en realidad; me dijeron que seis. A los familiares les dije: irónicamente "Muchas gracias por nada", y ahí acabó lo que recuerdo del sueño.

Mi mujer dice que cuando se sueña con un fallecido eso quiere decir que hay que rezar por él; no sé de dónde habrá sacado tal superstición.

De qué murió Tut-ank-Amon

Eso es lo que apasiona ahora a los científicos, o más bien a los hijoputas de los periodistas; la verdad, me interesaría más conocer de qué murió otro niño, un niño de Etiopía, que también es africano; seguro que de hambre, o de una de esas enfermedades raras sobre las que no hay financiación para estudiar, porque son propias de los países pobres, o incluso de lo mismo que el faraón, de malaria, pese a lo cual el rey niño preocupará más que el simple niño; o de qué murió una niña sometida a ablación, o de qué murió un niño tutsi, o de qué murió un niño en Somalia o el Yemen, donde tantos tiros se disparan sin destino.

Le tienen mucho cariño a las momias, sobre todo esos canales documentales norteamericanos donde tantos programas se producen (sospechosamente) sobre armas, aviones, barcos y guerras, sin duda para venderlas y promocionarlas. Bien está hacer un documental sobre el faraón niño, bien está descubrir que haya muerto de malaria, pero, ¿por qué no mencionar que la malaria sigue haciendo estragos en la actualidad y muy pocos están interesados en combatirla? ¿Por qué no se hace ver ese punto de vista con apoyo en la momia?

Ya lo sé, muchos dirán: "¿Qué sentido tiene decir esto? Tú eres uno, ellos muchos, y además no te leerán, y mucho menos te harán caso." Yo contestaría que se leyeran el Don Quijote; Alonso Quijano no cambió nada de este mundo, porque en este mundo no hay héroes; pero si no hay héroes en este mundo, porque mueren, sí es verdad que existe el heroísmo, y el heroísmo no lo hace un quijote cualquiera, sino muchos. Soy uno de tantos, pero si somos muchos más, y si poco a poco nos vamos convenciendo de ello y convenciendo a los demás, ya no seremos quijotes, sino toda una orden de caballería andante e incluso rodante, es más, un pacífico ejército de convicción; en este mundo que tanto idolatra el número, no es eso de despreciar... Quién sabe, incluso podríamos salirnos en todo o en parte con la nuestra, aunque no con la mía. La nobleza sería algo tan común como el poco común sentido de Sancho Panza, y la villanía sólo sería cuestión de unos pocos, aunque fieros, gigantes corporatones, corporaciones y corporativos.

José Ortega y Gasset, Socialización del hombre


José Ortega y Gasset, "Socialización del hombre":

Desde mediados del siglo último se advierte en Europa una progresiva publicación de la vida. En los últimos años ha avanzado vertiginosamente. La existencia privada, oculta o solitaria, cerrada al público, al gentío, a los demás, va siendo cada vez más difícil.
Este hecho toma, por lo pronto, caracteres corpóreos. El ruido de la calle. La calle se ha vuelto estentórea. Una de las franquías mínimas que antes gozaba el hombre era el silencio. El derecho a cierta dosis de silencio, anulado. La calle penetra en nuestro rincón privado, lo invade y anega de rumor público. El que quiera meditar, recogerse en sí, tiene que habituarse a hacerlo sumergido en el estruendo público, buzo en océano de ruidos colectivos. Materialmente no se deja al hombre estar solo, estar consigo, Quiera o no, tiene que estar con los demás. La gran vía y la plazuela rezuman su alboroto anónimo a través de los muros domésticos.
Todo lo que significaba acatamiento frente a la ilimitada publicidad mengua día por día. Sobre todo el castillo de la familia. La vida de familia, minúscula sociedad hacia adentro y erizada contra la gran sociedad civil, queda reducida a un mínimo. Cuanto más delante va un país, menos es ya en él la familia. Por cierto que es curiosa la causa inmediata de su acelerada evaporación. Siempre se había reconocido que el corazón de la familia era el hogar; pero, como suele, el hombre había comenzado por dar de ello una interpretación romántica. El hogar es altar (Hestia) y es cocina. šVaya por el altar! šEl sagrado de la familia, de la paternidad, de los lares!... Pero tan pronto como empezó a ser difícil encontrar servidumbre doméstica, los lares, la paternidad, el altar familiar, comenzaron a volatizarse. Se ha visto a la postre que el sostén de la familia no era el dios Lar ni el pater familias, sino simplemente el criado. Hasta el punto de que puede formularse el hecho casi con el rigor de una ley funcional como las de la física; en cada país queda hoy de vida familiar tanto cuanto queda de servidumbre. En Estados Unidos, donde es más difícil tener una criada que una jirafa, la vida familiar se ha contraído hasta la extrema abreviatura. Y con ella se ha reducido el tamaño de la casa. ƑPara qué, si no se puede estar en casa? Sin criados, es forzoso simplificar la existencia doméstica, y al simplificarla se ha hecho incómoda. El complicado rito semirreligioso de la condimentación őaltar-cocina- ha tenido que minimizarse. El hombre se ha proyectado hacia lo público, arrojado del recinto doméstico. El puchero era el dios Lar.*
Centrifugación de la familia. Diferencia entre el número de horas que antes se pasaba en casa y el que ahora se pasa. En aquellas horas largas y lentas de interior, el hombre fomentaba en sí la cristalización de una parte de sí mismo, privada, no pública, fácilmente antipública.
Un diagrama podría mostrar la evolución sufrida por el espesor de los muros desde la Edad Media hasta el día. En el siglo XIV, la casa es una fortaleza. Hoy, el edificio de pisos es una colmena; es ella misma una ciudad, y las paredes con tenues tabiques apenas nos separan de la calle. Todavía en el siglo XVIII, las casas son espaciosas y profundas. El hombre vive en ellas la mayor porción de su jornada, en recatada y defendida soledad. La soledad, hora tras hora goteando sobre el alma, hace faena de forjador sobre ella. La soledad tiene algo de herrero trascendente que hace a nuestra persona compacta y la repuja. Bajo su tratamiento, el hombre consolida su destino individual y puede salir impunemente a la calle sin contaminarse por completo de lo público, mostrenco, endémico. En el aislamiento se produce de manera automática una criba y discriminación de nuestras ideas, afanes, fervores, y aprendemos los que son de verdad nuestros y los que son anónimos, ambientes, caídos sobre nosotros como la polvareda del camino.
No se sabe cual será el término de este proceso. La historia de Europa ha sido hasta ahora una educación y fomento de la individualidad. Se había propuesto que la vida tomase cada vez con mayor intensidad la forma individual. Es decir, que al vivir, cada cual se sintiese único. Único en el goce, como en el deber y en el dolor. ƑY no es ésta la verdad, la pura verdad trascendental sobre la vida humana? Magnífico o humilde, para el hombre, vivir es, en su raíz misma, haberse quedado solo őconciencia de unicidad, de exclusividad en el destino, que sólo él posee. No se vive en compañía. Cada cual tiene que vivir por sí su vida, apurarla con sus únicos labios, como una copa llena de lo dulce y lo agrio. A uno le pasa hallarse acompañado; pero el pasarle a uno no admite copartícipes.
Y, sin embargo, no puede dudarse de que hoy experimentamos un inesperado cambio de dirección. Desde hace dos generaciones, la vida del europeo tiende a desindividualizarse. Todo obliga al hombre a perder unicidad y a hacerse menos compacto. Como la casa se ha hecho porosa, así la persona y el aire público őlas ideas, propósitos, gustoső van y vienen a nuestro través y cada cual empieza a sentir que acaso él es cualquier otro. ƑEs esto sólo una finta, un cambio transitorio, un paso atrás para dar un brinco más alto de individualización? No se sabe; pero es un hecho que a estas horas gran número de europeos sienten una lujuriosa fruición en dejar de ser individuos y disolverse en lo colectivo. Hay una delicia epidémica en sentirse masa, en no tener destino exclusivo. El hombre se socializa.
La cosa carece de novedad en la historia humana. Casi ha sido lo más frecuente. Lo raro fue lo inverso: el afán de ser individuo, intransferible, incanjeable, único. Lo que ahora acontece nos aclara la situación del hombre en los buenos tiempos de Grecia y de Roma. No se concedía a la persona libertad para vivir por sí y para sí. El Estado tenía derecho a la totalidad de su existencia. Cuando Cicerón sentía gana de retraerse en su villa tusculana y vacar al estudio de los libros griegos, necesitaba justificarse públicamente y hacerse perdonar aquella su momentánea secesión del cuerpo colectivo. El gran crimen que costó la vida a Sócrates fue su pretensión de poseer un demonio particular, privado; es decir, una inspiración individual.
La socialización del hombre es una faena pavorosa. Porque no se contenta con exigirme que lo mío sea para los demás őpropósito excelente que no me causa enojo algunoő, sino que me obliga a que lo de los demás sea mío. Por ejemplo: a que yo adopte las ideas y gustos de los demás. Prohibido todo aparte, toda propiedad privada, incluso esa de tener convicciones para uso exclusivo de cada uno.
La divinidad abstracta de "lo colectivo" vuelve a ejercer su tiranía y está ya causando estragos en toda Europa. La Prensa se cree con derecho a publicar nuestra vida privada, a juzgarla, a sentenciarla. El poder público nos fuerza a dar cada día mayor cantidad de nuestra existencia a la sociedad. No se deja al hombre un rincón de retiro, de soledad consigo.
Las masas protestan airadas contra cualquier reserva de nosotros que hagamos.
Probablemente, el origen de esta furia antiindividual está en que las masas se sienten allá en su fondo íntimo débiles y medrosas ante el destino. En una página agudísima y terrible hace notar Nietzsche cómo en las sociedades primitivas, débiles frente a las dificultades de la existencia, todo acto individual, propio, original, era un crimen, y el hombre que intentaba hacer su vida señera, un malhechor. Había que comportarse en todo conforme a uso común.
Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída. Por eso, en muchos pueblos de Europa andan buscando un pastor y un mastín.
El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino.
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* No es sólo manera de decir. Entre los lugares que en la historia europea han representado la más densa vida de "interior", de familia, están los países Bajos. Pues bien: allí se tenía una fe supersticiosa en la cremaillére, la magnífica marmita o caldera colgada en el hogar, uno de los productos más característicos de la metalurgia helga. "La santidad del hogar en la Edad Media ődice Michelető no reside tanto en el fogón como en la cremaillére sobre él suspendida". En los asaltos guerreros, "cuando los soldados se desparraman para robar y arañar y no perdonan edad ni sexo, las mujeres, las muchachas y los niños se agarran a la caldera, esperando así escapar a su futuro." (Histoire de France, tomo VIII.)

El padre Obama

"Un padre estricto llamado Obama", El País, 17-II-2010:

"Las niñas no ven televisión durante la semana. Punto". Con esas palabras, Barack Obama refleja las estrictas normas con las que se crían Malia y Sasha en la Casa Blanca. En una entrevista con la revista Essence, el presidente de Estados Unidos revela lo importante que es la disciplina en la educación de sus hijas.

Y es que, al parecer, lo que más les importa a los Obama es que las pequeñas, de ocho y once años, tengan buenas notas. Para ello, lo primero que hacen al llegar del colegio son los deberes y, si no han terminado a las 18:30, que es su hora de cenar, pueden continuar después.

Pero la hora de acostarse, las 20:30 para Sasha y las 21 para Malia, no se retrasa. Si han terminado la tarea, las niñas leen hasta ese momento, en el que, religiosamente, se van a la cama.

"No cabe duda de que Michelle y yo estamos en una situación privilegiada y tenemos más recursos que muchos padres. Está claro. Pero hay cosas que todos los padres pueden hacer sin importar lo pobres que sean, como apagar la televisión", declara Obama.

Desde muy pequeñas se les inculcó a las dos niñas que debían ser responsables a la hora de responder a sus obligaciones escolares, explica el presidente de EE UU, que indica que desde que tienen cuatro años sus hijas cuentan con sus propios despertadores.

Las dos pequeñas se hacen las camas todos los días y se preparan solas para ir a la escuela, revela. "Las supervisamos, pero se espera de ellas que cuando vayan a la escuela estén preparadas para aprender", declara Obama, que tiene a gala no haberse perdido una sola reunión con los tutores de sus hijas pese a las obligaciones de su cargo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

España, país productor de armas

"Según datos recién publicados, en la primera mitad de 2009 España vendió un 64,5% más de armas que el año anterior. Toma ya crecimiento comercial. Entre nuestros compradores hay clientes tan encantadores, democráticos y pacíficos como Irán (17,3 millones de euros) o Marruecos (29,5 millones), y el total de las ventas ha ascendido, en tan sólo seis meses, a 411 millones de euros." Por lo menos no vendemos minas antipersonales, que matan más blanco.

Ángel terrible

Una baja por enfermedad me obliga a quedarme en casa ordenando mis ideas, si es que las tengo; en propiedad, desde luego que no (con perdón de la SGAE): todas se las he alquilado o se las debo a otros, incluso los sentimientos, que dicen son lo más específico que tenemos: el apego a un lugar, una infancia, una patria chica, un jardín, un sillón, unos fotogramas o como dice Rilke,


Nos queda quizás
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció,
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara... (I Elegía de Duino)

Ese album de recortes que soy yo mismo es sólo un agregado de sueños irrecuperables que ya no existen; a veces un déjà vu me crea la ilusión de que pueden volver, pero no, no es así. Ya soy otro, y no puedo crearme otra inocencia, por más que J. R. J. piense que sí es posible, en su interminable strip-tease de insuperado mal gusto; a la mierda las cosas que sobre la belleza han dicho el Keats de la urna griega, la Dickinson metida en la propia urna de su casa y el de Moguer, enclaustrado feto muerto en su propio útero; todos, salvo quizás el primero, no van deprisa, porque sólo van a sí mismos; filfas. Hay que ir despacio, para gozar de la vida, pero a alguna parte, por más que sea a la Itaca de Kavafis. Uno no puede enterrar el denario al principio y desenterrarlo a la hora de la muerte para pagar a Caronte: seguro que la inflación ha subido los precios; hay que sacarle interés.

Mi médico, que es un santo, me reconviene amistosamente y bajo la cabeza contrito y avergonzado, aunque él me dice que la levante. (Yo) debo cuidarme (de mí); la mía famiglia me cuida desde hace años, Dios los bendiga, y debería quitarles tamaña responsabilidad, que me incumbe como sujeto de esos predicados. Lo siento por mis alumnos, aunque es muy posible que algunos, o muchos, no sientan nada o se alegren, porque les parezco antipático; para algunos, incluso psicopático, sociopático y demás; siempre se suele acusar a los demás de aquello de que tienes miedo de que te acusen a ti; yo no los acuso de nada, porque no juzgo a nadie ni me creo capacitado para juzgar, aunque lo haga constantemente, por higiene: si uno deja la mierda dentro se pudre, te infecta y te mueres. Uno no se cree tan insustituible ni es tan egomaniaco como para pensar que no le pueda sustituir cualquiera, mejor, igual o peor; el peor puede mejorar con la práctica, el mejor degradarse con la práctica, el igual seguir igual o no, pero sólo el insustituible será una lata, un plomo y un incordio que será un auténtico placer olvidar, precisamente porque quiere permanecer en el recuerdo.

Entre los alumnos hay algunos que parecen más cercanos que otros y a esos siempre los echaré de menos; me fijo en ellos cuando descubro una chispa de inteligencia, de sensibilidad, de humanidad, de nobleza o de bondad, y ya entonces se quedan en mi espíritu para siempre; son pocos, pero los hay, y si rezara serían para ellos mis rogativas y buenos deseos; César, que es un gran profe y una gran persona, me ha ofrecido alentar un grupo de alumnos escritores que se va a crear por la tarde; me gustaba ese proyecto, me apetecía, vaya si me apetecía, pero tengo que cuidarme de ese gordo patoso y desorejado que soy yo mismo.

Pienso que todo está conectado y que más pronto que tarde tendremos que justificar nuestras torpezas y nuestros aciertos, antes de no ser nada otra vez; que tenemos que juzgarnos y condenarnos sólo a nosotros mismos, aunque para ello tengamos que rebajarnos el sueldo y el crédito (el primer deber de un médico, como en Fresas salvajes, de Bergman, estaba escrito en la pizarra de forma indescifrable: pedir perdón); antes de ser no fuimos nada; después de ser lo volveremos a no ser; de este mundo sacarás / lo que metas, nada más. Los budistas afirman que somos un mero agregado de prejuicios que poco a poco se descompone hasta llegar a la nada; yo no pienso destejerme, sino sólo recuperar un poco la salud, la humanidad y el equilibrio que me falta.

Carnaval

Los alumnos de 1.º C y yo estamos viendo el Renacimiento, y hemos compuesto como ejercicio este soneto entre todos sobre el tema que escogieron: Carnaval.

CARNAVAL

Fiesta es el carnaval que me domina
me cambio por careta y por disfraz
y le canto verdades en la faz
bailando a la mismísima sardina;

pero me siento triste: se termina;
es hora de quitarme el antifaz
y de este sacrificio es incapaz
aquel que toma alcohol por medicina.

A bailar todo el mundo y a cantar
aunque por dentro y no por fuera; vamos
a ponernos la máscara al revés

y a fingir seriedad, disimular;
para que piensen nos escarmentamos
quienes han visto el haz y no el envés.

martes, 16 de febrero de 2010

Lo que es el deporte

Kaká: "Sólo el talento no gana la Champions"

Por supuesto, la gana el dinero, millones, invertido. Hace tiempo que el fútbol dejó de ser un deporte para ser sólo un negocio, o ni siquiera eso: es un mero pretexto para hablar... o para no hablar de lo que más nos preocupa. ¿Qué es? Ah, ya caigo: el dinero. El Madrid, lleno de jugadores preciosos, que no valiosos, perderá, claro está.

Celdas


Daniel Monzón, director de Celda 211: "Un sistema que nace para proteger al individuo, cuando ve algún problema para perpetuarse, no tiene ningún problema en eliminarlo".

Monzón es demasiado optimista; no necesita ver problema alguno para eliminar al individuo, le basta con ignorarlo. El sistema es un monstruo sin cara humana, el Leviatán de Hobbes. Si el capitalismo no tiene nada que reprocharse éticamente, que dejen de oponerse a que se deshaga el secreto bancario de los paraísos fiscales; con ese dinero podría terminar no ya la miseria moral de ricos y delincuentes, sino la económica y educativa de los pobres, esto es, con la "mala distribución" de la moral y de la riqueza, aunque, curiosamente, sólo es de esta última de la que se habla; pero, por desgracia, el estado es el Leviatán de Hobbes: no cabe pedirle moral , garbanzos ni escuela a un monstruo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Antídoto al cinismo

Francesc Torralba, "El antidoto al cinismo", El País, 15-II-2010

Desde que en 1983 el filósofo alemán Peter Sløter-dijk publicara la Crítica de la razón cínica. Esta obra, junto con la Teoría de la acción comunicativa (1981), de Jürgen Habermas, y El principio de responsabilidad (1977), de Hans Jonas, es, con mucha probabilidad, uno de los ensayos filosóficos más sugerentes del último tercio del pasado siglo. han pasado ya más de 25 años y, sin embargo, su profundo análisis de cinismo postmoderno sigue gozando de una extraordinaria vigencia.

En la obra, reeditada hace muy poco por Siruela, el polémico pensador distingue, con lucidez, el cinismo griego, cuyo máximo representante es Antístenes, del cinismo contemporáneo. En aquella escuela filosófica se adoraba al perro, se reivindicaba la vida natural, sin normas, ni convenciones, en plena harmonía con el Todo; se aspiraba a una existencia sobria, sin ornamentos, ni artificios; se anhelaba la autenticidad, lo cual nada tiene que ver con el cinismo difuso de la tan cacareada postmodernidad.

El cinismo postmoderno es una expresión del nihilismo. El cínico postmoderno ya no cree en nada, ni en la Patria, ni en la Revolución, ni en el Partido. Ha dejado de confiar en las grandes palabras. En su alma habita el más inquietante de los huéspedes: el nihilismo. Parte de la idea que todo lo sólido se desvanece en el aire, por lo cual, la lucha carece de sentido, como también la revolución.

El cínico es el último eslabón del criticismo, la consciencia desgraciada de la Ilustración, el gato escaldado por las ideologías. Como insinúa Peter Sløterdijk, sólo se mueve por el instinto de autoconservación a corto plazo. Experimenta una cierta ternura frente al joven alternativo, al rebelde antiglobalización y al ecologista convencido; una suerte de piedad frente a los que sueñan que otro mundo es posible. Viene de vuelta de todo, pero, en el fondo le devora una melancolía que mantiene bajo control emocional. Es un conformista, lleva tatuada en su epidermis la mentalidad TINA (There is no alternative), pero aparenta creer en algo, da la impresión que tiene convicciones y, de hecho, sigue en el Partido, en la Iglesia o en la ONG de turno, pero sólo él sabe que ya no cree en nada más que en conservar su statu quo. El cinismo difuso es el gran mal a combatir, una especie de virus que campa a su aire por el mundo social y político.

El cínico se mira con indiferencia los avatares de la historia. No cree en el poder de la razón y experimenta pasivamente cómo se embrutecen las masas con los medios de comunicación audiovisual y cómo se atrofia la democracia. Sabe, en sus adentros, que el fracaso de la Ilustración que anunciaron los filósofos de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer, se ha hecho fatalmente realidad en la burbujeante sociedad postmoderna que, más que líquida -con perdón de Bauman-, parece pura gaseosa. Viendo cómo va el mundo desde el sofá de su casa, el cínico, víctima de una sobredosis de telebasura, se pregunta para qué ha servido la cultura de la crítica, la escuela de la sospecha, los grandes maestros pensadores.

Pregunté a mis alumnos cómo se detecta a un cínico; cómo curarse del cinismo, diagnosticarlo a tiempo y combatirlo. Me quedé gratamente sorprendido de sus respuestas. El cínico, por bueno que sea -decía uno-, es un texto camaleónico, que adopta la forma del contexto, un ser sin convicciones que manosea las grandes palabras para mantener su silla. Cuando uno contrasta su discurso público con su vida privada, aflora la incoherencia y el cínico aparece con luz meridiana.

El cinismo es una secreta forma de desesperación y de resentimiento contra toda forma de pensamiento alternativo. En la vida política está alcanzando tal magnitud que uno tiene que luchar firmemente contra su escepticismo para no tirar la toalla. Muchos jóvenes ya la han tirado. No se creen a los políticos cuando hablan y, sin embargo, están sedientos de referentes sociales, de arquetipos ejemplares, de razones por las que merezca la pena luchar. Tienen hambre de épica.

El cinismo genera desconfianza y desesperanza. Frente a él es necesario repetir una y otra vez que otro mundo es posible (y necesario). Contra el fatalismo histórico que anida en el alma del cínico, es esencial reivindicar el poder de la razón y de la participación, el principio esperanza del olvidado Ernst Bloch, la indignación frente al mal y las estructuras de injusticia que ahogan el mundo. Nos conviene recordar que toda realidad viene precedida por un sueño.

El cinismo es el fruto maduro del nihilismo finisecular. Friedrich Nietzsche lo predijo, pero no nos dio herramientas para liberarnos de él. Después del fracaso de las utopías, llegó el nihilismo y, con él, el cinismo. Pero, después del cinismo, ¿qué podemos esperar? Nadie lo sabe con certeza. Será necesario forjar nuevos horizontes de sentido, anclados en el conocimiento real del ser humano, pero con la memoria despierta, pues, de otro modo, podríamos tropezar, una vez más, con la misma piedra.

Francesc Torralba Roselló es director de la Cátedra Ethos de la Universidad Ramon Llull.

Shutter island

Parece que Scorsese acaba de hacer una obra maestra, Shutter island. Últimamente me había defraudado, porque empezaba a repetirse; la crítica dice que esta película es algo nuevo; sí lo es en tanto que cultiva un género inédito en él y que trata por vez primera: un thriller psiquiátrico. Habrá que verla.

domingo, 14 de febrero de 2010

Historia de un chorizo


"Roldán sale libre con su botín", José María Irujo, El País, 14-II-2010
La historia carcelaria de Luis Roldán se acaba, pero el misterio de su vidrioso botín continúa. El ex director general de la Guardia Civil, de 65 años, el hombre cuyo formidable escándalo contribuyó a acabar con los mandatos socialistas de Felipe González, cumplirá el próximo marzo la pena de 31 años de prisión a la que fue condenado por un largo rosario de delitos y liquidará su deuda con la justicia sin haber devuelto dos propiedades en París y San Bartolomé (Antillas francesas), valoradas en unos 3,7 millones de euros, además de un botín de, al menos, otros 10 millones, según la documentación judicial a la que ha tenido acceso EL PAÍS con el embargo de cuentas corrientes y la subasta de algunas de sus propiedades intervenidas en España, 6 de sus 15 pisos, una cantidad que sólo representa el 8,7% de los 19 millones de euros que adeuda al Estado (ver gráfico). El grueso de su fortuna, equivalente a 10 millones de euros del año 1993, se encuentra escondido en un territorio ignoto y a buen recaudo. Los testaferros Jean Henry, un bombero suizo alcoholizado, y Jack Pierre Aberlé, un tipo que acabó de indigente, murieron como dignos personajes de novela. Uno se reventó la cabeza de un disparo y el cuerpo del otro apareció semidesnudo sobre la cama de un hostal para vagabundos en Ginebra. Sólo Roldán y Francisco Paesa, el ex agente de Interior que le ayudó a ocultar su fortuna, conocen la verdad sobre el paradero del botín. "La localización del dinero fue imposible en este caso y en otros muchos. La culpa, como siempre, los paraísos fiscales", se lamenta Alejandro Luzón, fiscal anticorrupción que investigó el caso durante años.
Funcionarios de la cárcel de Zuera (Zaragoza) preparan la liquidación de condena de Roldán para remitirla al juez de vigilancia penitenciaria que aprobará las cuentas y lo pondrá en libertad definitiva cuando se cumplen 15 años de su ingreso en prisión, según señalan fuentes penitenciarias. Fue en febrero de 1995 cuando, envuelto en una ajustada gabardina y rodeado de policías de paisano, descendió del avión que lo condujo desde Bangkok (Tailandia) a Madrid, donde terminó el periplo de sus 11 meses de rocambolesca fuga. "Entonces no se imaginaba ni por asomo que estaría 15 años en la cárcel. Picó el anzuelo y creyó que le juzgarían sólo por algunos delitos. Le engañaron", asegura una persona próxima al recluso que pide el anonimato.
Desde que en 2005 logró el segundo grado, Roldán duerme en el Centro de Inserción Social de Zaragoza y pasa el día en su domicilio en esa ciudad, la antigua casa de sus padres, un sencillo piso de 70 metros cuadrados con un pequeño recibidor en el que exhibe una fotografía dedicada por los Reyes. Ha ejercido como presidente de su comunidad de vecinos y se ha jubilado de vendedor de seguros, una actividad a la que decía dedicarse para obtener su actual régimen de semilibertad. "Vivo de la ayuda de mi hijo y no tengo un duro", asegura a los que le escuchan. Una parodia más de este hombre que se inventó hasta sus títulos universitarios.
Roldán pasea a pie por el centro de Zaragoza, la ciudad natal en la que comenzó su carrera política como concejal del Ayuntamiento, viaja en autobús y no exhibe el menor signo de riqueza, pero fuera de España oculta una considerable fortuna que ha logrado salvar con toda clase de trucos, trampas y una cohorte de testaferros y abogados de dudosa reputación. El auto de la Audiencia Provincial de Madrid por el que se le anuló la concesión del tercer grado penitenciario describía así sus intenciones futuras. "Un empleo bien retribuido no alcanzaría para restituir la décima parte de los intereses anuales de lo debido. Sólo es una mera coartada de la decidida voluntad (del preso) de aprovechamiento definitivo de lo malversado. No ha devuelto voluntariamente nada y sólo mediante ejecución forzosa y venta en pública subasta de algunos de sus bienes se conseguirá en el mejor de los casos una fracción mínima de lo sustraído y defraudado".
Roldán ha salvado el grueso de su botín tal y como advirtieron los jueces que le negaron, una y otra vez, el tercer grado. Ahora los planes del ex director de la Guardia Civil apuntan fuera de España. En la isla de San Bartolomé, una roca de 25 kilómetros cuadrados en las Antillas francesas, Roldán compró una coqueta villa de tres habitaciones, salón, tres baños y piscina. Se llamaba Marie Blanche (María Blanca), en honor de su segunda mujer, Blanca Rodríguez-Porto, de 52 años, una gallega con la que tuvo dos hijos después de separarse de su primera esposa. La visitaban en Semana Santa, sólo con sus amigos más íntimos, y sin la presencia de escoltas o testigos incómodos que se preguntaran cómo el jefe de los 75.000 guardias civiles tenía una propiedad en el barrio de Marigot, el más exclusivo de la isla, donde exhiben sus casas de verano las primeras fortunas de Francia y personajes como el bailarín Rudolf Nureyev, ya fallecido, o miembros de las familias Rothschild y Rockefeller.
Villa Marie Blanche cambió su nombre por villa Majagua, pero sus dueños siguieron siendo el matrimonio Roldán, una pareja hoy distanciada, según los testimonios de personas próximas a ambos. "Durante sus últimos cuatro o cinco años Blanca dejó de visitarle en prisión. Poco a poco la relación se enfrió. Eso y el aumento de su condena por el Tribunal Supremo le afectó mucho y condujo a la depresión", asegura un funcionario de la cárcel de mujeres de Brieva (Segovia) que pide el anonimato. Roldán cumplió en este centro la mayoría de su condena hasta su traslado a la prisión de Zuera. Durante parte de su estancia en Brieva, once policías le custodiaban en distintos turnos en el pabellón de 300 metros que ocupó en solitario por motivos de seguridad.
En París el matrimonio disfrutó de un piso señorial de 255 metros cuadrados en el número 3-5 de la calle del General Detrié, junto a la Torre Eiffel y los Campos de Marte, en el distrito número siete, uno de los más exclusivos de la capital francesa, un escenario de glamour y lujo que a Blanca le fascinaba. Otra de sus joyas inmobiliarias en el extranjero que la justicia tampoco ha logrado embargar.
"Con la Operación Esmeraldas que les montó Francisco Paesa lograron salvar estas dos propiedades", recuerda Conrado Pérez, el perito que dedicó varios años a descifrar el enorme rompecabezas de los centenares de cheques que cobraba Roldán de las principales constructoras del país (Huarte, Cubiertas y MZOV, Agromán, Obrascón, Laín) por la construcción de los cuarteles de la Guardia Civil, así como del uso fraudulento de fondos reservados de Interior durante los mandatos de José Luis Corcuera y Rafael Vera.
El 17 de abril de 1994, cinco meses después de que estallara el escándalo, el matrimonio Roldán se alojó en el Beau Rivage, el exclusivo hotel frente al lago Leman donde fue asesinada la emperatriz Sissi, un establecimiento que frecuentaba toda la familia, incluidos la madre y hermanos de Blanca, desde que todo el clan familiar abrió cuentas en el CBI-TDB de la calle de Rhone, en el centro de Ginebra, un banco donde les introdujo Jorge Esparza Martín, entonces director comercial de Huarte, un "cliente de primera", según le catalogó la entidad.
Esa mañana los Roldán tomaron un taxi y viajaron hasta Annemasse, un tranquilo pueblo francés en la frontera con Suiza. Allí les esperaba Roland Costacurta, de 69 años, un gestor de fortunas amigo de Francisco Paesa, el escurridizo personaje de las cloacas del Estado que ayudó a Roldán a ocultar su fortuna. El ex jefe de la Guardia Civil estaba nervioso y desesperado. Había conocido a Costacurta meses antes, después de que una investigación de Diario 16 desvelara su colección de pisos y su sociedad Europe Capital, SL, y le había pedido que le vendiera estas dos propiedades para borrar su rastro. Ahora el objetivo era mucho más retorcido.
"Este tipo tenía problemas. Este tipo buscaba soluciones a cualquier precio. No quería aparecer como propietario de sus inmuebles en París y San Bartolomé. Me propuso que comprara las dos casas y me convirtiera en comprador fiduciario", declaró Costacurta al juez suizo Paul Perraudin cuando meses después se descubrió el sofisticado engaño.
La cita se produjo en la notaría Barralier-Moyne-Picard donde Costacurta, que tiene una casa de campo en Annemasse, había hecho otras operaciones similares. Todo el papeleo estaba preparado para ejecutar la farsa. Las sociedades Emeraude Vert y Emeraude Bleu (esmeralda verde y esmeralda azul), inscritas en la ciudad de Thonon y constituidas por Costacurta, compraron el piso de París y la villa de San Bartolomé y pagaron a los Roldán 1,2 millones de euros. Lo que no consta en las escrituras de venta es que los Roldán habían enviado el dinero de la compra simulada al propio Costacurta tres meses antes. El notario francés ignoraba que la pareja española acababa de venderse a sí misma sus propiedades. La policía suiza encontró en la casa de Costacurta los 200.000 euros que el testaferro cobró por la simulación, pero las joyas inmobiliarias del matrimonio ya estaban a salvo. "Intentamos embargar estas dos casas. Mandé agentes a París y a San Bartolomé, pero fue imposible", se lamenta Rafael Bermejo, el comisario de policía que participó en la detención de Roldán en Bangkok.
De los 10 millones de euros que Roldán ocultaba en sus cuentas suizas del banco CBI-TDB no se sabe nada. La última pista conocida condujo hasta el Overseas Union Bank, un banco de Singapur donde los hermanos y abogados luxemburgueses Monique y Jean Paul Goerens, clientes de Paesa, abrieron cuentas a nombre de la sociedad Almeida Invesments en las que recaló el botín. El llamado efecto helicóptero, mover el dinero de un lugar a otro a velocidad de vértigo, volvió locos a los peritos que le seguían la pista. "El dinero hay que moverlo continuamente porque si no te pillan. Ellos iban en un avión de reacción y nosotros en coche. Nadie es tan tonto de dejar quieto el dinero, sobre todo si sabes que te están siguiendo. Lo perdimos en Singapur. Allí se rompió la cadena. Fue una auténtica pena porque el país se negó a colaborar", se lamenta el perito Conrado Pérez.
La cadena de la que habla Pérez arrancó en el banco de Ginebra donde Roldán ocultaba los 10 millones de euros; y siguió en la sede del Aresbank en Madrid donde los testaferros Henry y Aberlé abrieron por orden de Paesa dos cuentas a nombres de sociedades domiciliadas en San Vicente (islas Granadinas) y en Irlanda. Ahí se produjo el primer salto del dinero y desde esa entidad, presidida entonces por Luis Vañó y donde trabajó Beatriz García, sobrina de Paesa, se inició el efecto helicóptero que movió el dinero de un sitio a otro hasta terminar en Singapur, un férreo paraíso fiscal.
Alejandro Luzón, el fiscal anticorrupción, lo recuerda así: "La colaboración de Suiza nos permitió seguir muy bien la pista del dinero, pero Singapur devolvió la comisión rogatoria (auxilio judicial) y se negó a colaborar. Este dinero puede estar ahora en cualquier sitio, hay muchas leyendas, pero la única realidad es que Roldán no lo ha devuelto". "Dedicamos mucho esfuerzo y tiempo en seguir el dinero, pero no pudo ser", reconoce el fiscal Daniel Campos, hoy destinado en la Audiencia Nacional.
La carrera que libraron peritos, policías y fiscales en España contra los testaferros contratados por Paesa la ganaron estos últimos por goleada. Los dos principales artesanos de la ocultación del botín suizo se han llevado sus secretos a la tumba. El 31 de agosto de 1994, un mes después de que las autoridades de Singapur se negaran a colaborar, el testaferro Aberlé, de 59 años, el leal fiduciario de Paesa desde su etapa de banquero en la Guinea del dictador Macías, fue hallado muerto en el hotel Mont Blanc, una residencia para vagabundos y prostitutas en Courage, localidad separada de Ginebra por el río L'Aure. José Luis Rodríguez, un malagueño amigo de Paesa, regentaba el establecimiento. El hombre que movió los 10 millones de euros de Roldán vivía como un mendigo en la habitación número 15, no tenía relación con su ex mujer ni con sus dos hijos y los 625 euros que costaba su manutención los abonaba el Hospicio General de Ginebra. "Mi padre trabajó durante toda su vida para Paesa", reconocen sus hijos, que entregaron al periodista sus agendas en las que aparecen múltiples gestiones para el ex espía del Ministerio del Interior.
La suerte de Jean Henry, el otro testaferro que vino a Madrid a abrir las cuentas en el Aresbank conducido supuestamente por Agustín Guardia, el abogado de Roldán, fue más trágica y novelesca. Dos años después, el 27 de julio de 1996, la policía lo encontró muerto en su apartamento de Ginebra, en el número 52 de la calle Liotard, una casa sencilla de cinco alturas. Tenía un disparo en la cabeza. Henry supuestamente se suicidó, estaba separado, no tenía hijos y su único compañero era el alcohol. Nadie se interesó por él y el Estado se hizo cargo de los gastos del entierro. Sus restos reposan en una tumba de anónimos en el Jardín del Recuerdo del cementerio de San George, el lugar donde se entierra en Ginebra a los que nadie reclama. Los hombres que movieron el botín de Roldán no vivieron para contarlo. La elección para el trabajo sucio de dos personas desahuciadas parece tan calculada como escalofriante.
Roldán asegura que Paesa se quedó con su dinero suizo, pero la investigación judicial demostró que este espía bregado en sucias batallas durante la etapa socialista, ETA y los GAL, cobró su parte del botín sustraído. "Paesa recibió su parte. Ahí están los pagos que lo acreditan, y la gente que hace estas cosas no se queda con el dinero de sus clientes", asegura el fiscal Luzón. "Nadie puede creerse que Paesa se quedó con el dinero. Tampoco que Roldán no tiene un duro", insiste el comisario Bermejo. "No me creo nada. Sólo los hechos probados. O lo tiene él o Paesa. Hablamos de sólo dos personas", apunta Antonio Asunción, que cesó como ministro del Interior por la fuga de Roldán.
¿Ha pagado suficiente Roldán? Los fiscales Luzón y Campos, que le persiguieron sin descanso, creen que en el terreno penal la condena del ex director de la Guardia Civil ha sido ejemplar. "Si lo comparamos con otros casos de corrupción de la época, como el de Filesa, AVE, etcétera, que tenían un perfil similar nunca logramos tanta conformidad entre nuestra petición de condena y la sentencia final", dice Campos. "Cometió delitos muy graves y ha cumplido como pocos en este país. Y lo ha cumplido de verdad. Sobre todo si lo comparamos con Mario Conde y otros", apostilla Luzón. Los dos fiscales reconocen que no todo fue perfecto y que el mayor fracaso del caso fue no cazar a Paesa ni localizar la fortuna suiza. El perito Conrado Pérez reconoce que se quedaron sin investigar las compras de uniformes a Inditex, de coches a Citroën y Nissan y adquisiciones de la Guardia Civil del Mar. "Tuvimos que cerrar el caso por falta de tiempo", lamenta.
Roldán compareció hace una semana en la sede de la Fiscalía Anticorrupción en Madrid donde se investiga el paradero del dinero que le abonó la cadena Telecinco por someterse a una entrevista en 2008. Se paseó por el mismo edificio donde todavía continúan el fiscal Luzón y el comisario Bermejo. Y la historia se ha vuelto a repetir. "Identificamos el pago de unos 12.000 euros, pero cobró en efectivo y nos ha dicho que le adeudaba la pensión a su mujer y que se lo ha gastado todo. Ha aprendido la lección de que para perder el rastro del dinero no hay que utilizar cheques", se queja uno de los funcionarios que presenció su declaración.
Villa Majagua, en el paraíso de San Bath (San Bartolomé), y el piso de París se dan por perdidos. ¿Aparecerán algún día los 10 millones de euros que atesoraba en un banco suizo? ¿En cuánto se habrán convertido después de 17 años? "Reabriremos el caso si nos llegan nuevas pistas. El asunto no está cerrado", advierte el fiscal Luzón.

Los 31 años de condena se han reducido a 15 de cumplimiento

La condena de Luis Roldán a 31 años de prisión por malversación, cohecho, estafa, falsificación y contra la Hacienda Pública quedó reducida a 20 años tras la aprobación del nuevo Código Penal de 1995. El Tribunal Supremo estipuló que los presos decidieran si cumplían sus condenas con arreglo al código antiguo o al nuevo y estableció que siempre se aplicaría la solución más favorable al reo. El ex director general de la Guardia Civil se acogió a este beneficio y tomó las ventajas de cada uno de ellos. El Código Penal de 1973 contemplaba la redención de penas y Roldán redimió desde 1995 a 2000. A partir de ese año se acogió al nuevo código en el que varios de los delitos por los que fue condenado tenían penas de prisión inferiores. De esta forma, la condena de 27 años de la Audiencia Provincial de Madrid, que el Supremo había elevado a 31 -el ponente fue Cándido Conde Pumpido, actual fiscal general del Estado-, se redujo a 20 años, según explican fuentes de Instituciones Penitenciarias. Roldán redimió por estudios y buen comportamiento cinco años de cárcel, por lo que ha cumplido un total de 15 años. El ex jefe de la Guardia Civil permaneció una década solo en un pabellón privado de la prisión de mujeres de Brieva (Ávila). Estuvo custodiado por agentes del Cuerpo Nacional de Policía, con los que jugaba partidas de cartas y parchís. La puerta de su celda permanecía siempre abierta y cada mañana barría y fregaba la nave en chándal. "Preparó su defensa durante mucho tiempo y pasaba horas muertas leyendo los legajos que le enviaba su abogado. Hizo estudios en la UNED, pero los resultados no eran buenos. Cuando fue condenado tuvo un bajón anímico. Nunca nos habló del dinero", recuerda un funcionario. Jorge Esparza Martín, ex director comercial de Huarte, el hombre que condujo a los bancos suizos a los otros miembros del clan Roldán (Gabriel Urralburu, ex presidente socialista del Gobierno de Navarra, y Antonio Aragón, ex consejero de Obras Públicas, también condenados), cumple su condena de 16 años de cárcel en régimen abierto desde 2007, año en el que logró el tercer grado. En la prisión de Alcalá de Henares (Madrid), donde ingresó en el año 2000, desarrolló actividades para mejorar su situación penitenciaria: monitor deportivo, comentarista de prensa, profesor de inglés y de historia del arte. Ha salvado parte de su patrimonio, tanto en España como en Suiza. Urralburu y Aragón, al igual que sus esposas, han cumplido ya sus penas.

Curiosidad sobre terrorismo islámico

"¿Por qué tantos terroristas son ingenieros?" Moisés Naím, El País, 14-II-2010

¿Cuál cree usted que es la principal causa del terrorismo islámico? a) la pobreza; b) la injusticia; c) la falta de democracia; d) la desesperanza; e) el conflicto palestino-israelí; f) la religión; g) no se sabe.

La respuesta correcta a esta pregunta es tan importante como sorprendente. Es importante porque hasta que no entendamos las causas del terrorismo islámico será imposible buscarle soluciones. Y es sorprendente porque, en realidad, no es mucho lo que se sabe acerca de las razones por las cuales una persona decide suicidarse masacrando a inocentes. Así, la respuesta correcta a la pregunta es la g) no se sabe.

Si las causas del terrorismo fuesen la pobreza y la desigualdad, el mundo estaría lleno de terroristas brasileños. Y si la democracia fuese un antídoto eficaz, India, que es la mayor democracia del mundo, debería sufrir menos atentados que dictaduras como China o Libia. Pero no es así. Las democracias son más vulnerables a los ataques terroristas que los regímenes autoritarios. Y si la causa fuese el conflicto entre israelíes y palestinos, ¿por qué los terroristas suicidas en Afganistán destruyen escuelas de niñas, o algunos suníes en Irak se transforman en bombas humanas que estallan en un mercado lleno de chiíes?

La religión tampoco ofrece una explicación satisfactoria. Jessica Stern, una investigadora de Harvard, reporta que el Gobierno de Arabia Saudí ha interrogado acerca de sus motivaciones a miles de terroristas capturados. Resulta que la abrumadora mayoría no había tenido una educación religiosa extensa y que su comprensión del islam era muy limitada. El 25% de los participantes en programas de rehabilitación de terroristas en Arabia Saudí tiene antecedentes criminales y sólo el 5% había llevado una vida religiosa activa. Entre los terroristas hay tanta variedad y complejidad como en cualquier otro grupo humano. En general, es poco lo que se sabe de manera irrefutable sobre los orígenes de los terroristas o sobre su perfil psicológico. Excepto que muchos de ellos son ingenieros.

Ésta es la sorprendente conclusión de un artículo publicado recientemente en European Journal of Sociology, titulado "Por qué hay tantos ingenieros entre los islamistas radicales". Diego Gambetta y Steffen Hertog destacan que "entre los islamistas radicales violentos, los ingenieros están sobrerrepresentados entre tres y cuatro veces más que otros profesionales". Los autores estudiaron los antecedentes de más de 400 miembros de grupos violentos de radicales islámicos en más de 30 países de Oriente Próximo y África. No sólo confirmaron los resultados de investigaciones previas, que habían encontrado que los terroristas suelen tener mayores ingresos y más educación que el promedio de su país, sino que descubrieron que el 44% de los violentos eran ingenieros o estudiantes de ingeniería. En los países de procedencia de los individuos estudiados, los ingenieros son muy escasos: apenas representan el 3,5% de la población. Pero en los grupos terroristas islámicos constituyen casi la mitad del total. La segunda área académica más frecuente en la muestra analizada es la de estudios islámicos, seguida por medicina, ciencias y educación -cada una de las cuales alcanza tasas muy inferiores al 44% de ingenieros-. Más aún, entre los terroristas islámicos nacidos y criados en países occidentales, el 60% tiene estudios de ingeniería.

¿Cómo se explica este fenómeno? Gambetta y Hertog examinan y rechazan varias hipótesis, incluyendo la posibilidad de que las destrezas de los ingenieros los convierta en un blanco más atractivo para quienes reclutan terroristas, o que incluso esto sea simplemente un accidente histórico. Los investigadores concluyen que las causas de la desproporcionada presencia de estos profesionales se debe a la interacción de lo que llaman la "mentalidad" de los ingenieros con ciertas condiciones socioeconómicas prevalentes en países islámicos. Según ellos, la ingeniería atrae a individuos que prefieren respuestas claras y modelos mentales que minimizan la ambigüedad. En las universidades estadounidenses, por ejemplo, la probabilidad de ser al mismo tiempo religioso y conservador es siete veces mayor en las escuelas de ingeniería que en las de ciencias sociales. Gambetta y Hertog argumentan que hay mucha afinidad entre la estructura mental de los ingenieros y las ideas que nutren a los terroristas radicales islámicos. Esta tendencia interactúa y es potenciada por el hecho de que los ingenieros -inteligentes y profesionalmente ambiciosos- chocan y se radicalizan al enfrentarse con el estancamiento económico, la falta de oportunidades para los jóvenes y la represión política comunes en países islámicos.

Las explicaciones del fenómeno de los ingenieros terroristas son controvertidas. Lo que no es controvertido es que entre los terroristas islámicos hay muchos ingenieros. Como tampoco lo es que sobre los terroristas islámicos hay muchas anécdotas, prejuicios y generalizaciones estereotipadas, pero pocos datos científicamente defendibles.