Polacos y rusos, serbios y bosnios, incluso hutus y tutsis pueden abrir sus fosas comunes y ensayar ceremonias de reconciliación nacional, pero en España no hay, no hubo, no habrá nunca nada de eso. Lo que aquí hubo, hay, habrá siempre es miedo, silencio, ninguneo.
lunes, 19 de abril de 2010
Paradojas
Polacos y rusos, serbios y bosnios, incluso hutus y tutsis pueden abrir sus fosas comunes y ensayar ceremonias de reconciliación nacional, pero en España no hay, no hubo, no habrá nunca nada de eso. Lo que aquí hubo, hay, habrá siempre es miedo, silencio, ninguneo.
sábado, 17 de abril de 2010
Las dimensiones de la felicidad
Pero lo que perjudica al hombre contemporáneo es, sin duda, percatarse más que nunca de las dimensiones de su libertad a través de los gigantescos y nuevos horizontes que le dan el coche, los trenes, los aviones, la televisión, la radio, la prensa, los libros, el ordenador, las drogas, la educación superior, el sexo sobredimensionado etcétera. El hombre antiguo tenía a la vista el mundo donde podía ser feliz; el contemporáneo se lo ha escondido muy lejos, tanto que no puede llegar a él fácilmente. Porque es muy fácil ser muy feliz, pero el hombre se lo complica todo innecesariamente. Y lo que hay que hacer para ser feliz es, también, fácil; pero mucha gente no lo sabe ver, porque escoge el camino más largo. La flexibilidad de las leyes, la relatividad de todo ha desdibujado los contornos del hombre, lo ha dejado indefinido, sin atributos, vacío, negativo, nihilista, sin historia. La tarea, es, pues, recuperar el contorno, la figura, hacerse un valle en el horizonte, unas paredes donde poder vivir y conocerse, sin prescindir del misterio que da su motor a la vida.
Tomémosme a mí, por ejemplo. Hay unas pocas cosas cercanas que tienen la virtud de serenarme (y a la mayoría de la gente), y no sé por qué; no les busco explicación, y si la encuentro no es satisfactoria. El canto de un pájaro al que no puedo ver en su nido; el ruido del viento entre las hojas. Un plato de comida escogido y cocinado por quien sabe hacerlo bien. Un chiste contado con gracia, al estilo Manuel Machado; el contorno de una chica agraciada; un vaso de agua después de una larga caminata; ver pasar a las chicas guapas por el mercado los sábados; los días de lluvia; los callejones por donde hace tiempo que no paso... Son pequeñas cosas. Pero lo más importante es lo desconocido que descubro en todas esas cosas conocidas, su misterio. ¿Por qué todas las patatas que miro en una caja en el mercado me dejan patidifuso? No hay ni una sola igual, y todas tienen formas que parecen inventadas por el más ambicioso artista moderno.
Cuando voy a Madrid me pasa algo parecido: podría quedarme una hora mirando a una farola que no he visto nunca antes; pienso ¿cómo podría describir esto de forma graciosa y que guste? Y me entretengo tejiendo inspiraciones que quizá nunca desemboquen en una historia hecha de palabras. Con las personas me pasa igual: es como si las conociera de toda la vida y me hubiese olvidado casi completamente de ellas, pero quedara algo ahí, de fundamento, que sirviese para reconstruirlas enteras otra vez; como si formasen parte de mí mismo. Esa sensación es abrumadora, porque cuando la cada cosa del todo te da su hilo de inspiración, su numen, uno acaba por cerrar las puertas del todo para no sobrepasarse y sentir su cósmica inutilidad y su falta de energía ante lo gigantesco de la tarea que supone dar forma y palabras al mundo.
viernes, 16 de abril de 2010
El alumno superdotado
La profesora interviene en una discusión entre dos
alumnos:
Pepito, ¿cuál es el problema?
Seño, es que yo soy demasiado listo para estar en primero.
Mi hermana está en tercero y yo soy más listo que ella.
¡Yo quiero ir a tercero también!
La profesora ve que no puede resolver el problema y lo manda para la dirección.
Mientras Pepito espera en la antesala, la profesora le explica la situación al director. El director promete a la profesora hacerle un test al niño, que seguro no conseguirá responder a todas las preguntas, y así accederá a continuar en primero. Ya de acuerdo ambos, hacen pasar al niño y le hacen la propuesta del test
que él acepta. Inicia entonces las preguntas el Director:
A ver Pepito, ¿Cuánto son 3 por 3?
"9?
¿Y cuánto son 6 veces 6?
"36"
El director continúa casi una hora,con la batería de preguntas que sólo un excelente alumno de tercero debe conocer.
Y Pepito? No comete ni un solo error. Ante la evidente inteligencia del menor, el Director dice a la profesora: Creo que tendremos que pasarlo a tercero. La profesora no muy segura, pregunta: ¿Puedo hacerle yo unas preguntas también? El director y Pepito asienten. Comienza entonces la profesora:
¿Qué tiene la vaca cuatro y yo sólo dos?
Las piernas, responde Pepito sin dudar...
¿Qué tienes en tus pantalones, que no hay en los míos?
El director se ajusta los lentes, y se prepara para interrumpir...
Los bolsillos, responde el niño.
¿Qué entra al centro de las mujeres y sólo detrás del hombre?
Estupefacto, el director contiene la respiración...
La letra "E", responde el alumno.
¿Y dónde tienen las mujeres el pelo más rizado?
El director hace una mueca de asombro.
En África, responde Pepito sin pensarlo ni un instante.
¿Qué es blando, y en las manos de una mujer se pone duro?
Al director se le cruzan los ojos.
El esmalte de uñas, contesta Pepito.
¿Qué tienen las mujeres en medio de las piernas?
El Director no lo puede creer...
Las rodillas, responde Pepito al instante.
¿Y qué tiene una mujer casada más ancha que una soltera?
El director mas rojo que una amapola?
La cama.
¿Qué palabra comienza con la letra C, termina con la letra O, es arrugado y todos lo tenemos atrás?
El director empieza a sudar frío...
El codo, seño.
¿Y qué empieza con C tiene un hueco y yo se lo di a varias personas para
que lo disfrutaran?
El director se tapa la cara...
Un CD.
El director, ya mareado de la presión les interrumpe y le dice
a la profesora...
Mire, póngame al hijo de puta este en sexto... ¡¡¡Y yo me voy a primero, que acabo de fallar todas las respuestas!!
Motivación laboral
CARMEN MORÁN El País, 16/04/2010
-Buenas, vengo a una rueda de prensa sobre la felicidad en el trabajo.
El recepcionista del hotel levanta una mirada entre el asombro y la diversión y pregunta: "¿Eso existe?".
La felicidad en el trabajo es un concepto que pertenece todavía más al territorio de la filosofía que al de la práctica empresarial. Pero se abre camino, dicen los que saben de esto, porque nadie atrapará talentos si no proporciona un buen entorno laboral; o perderá a los empleados que lo tengan. Y la productividad se irá por el desagüe a no tardar. Así que el lema sería algo así: Sean productivos: proporcionen felicidad a sus empleados.
El primer requisito para ser felices en el trabajo es tenerlo, algo que no pueden decir millones de personas. Por eso, el director general en España de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Hunt, dice que la felicidad en el trabajo es "tener un empleo digno, que permita trabajar en condiciones de seguridad, con los derechos protegidos, la salud, la formación adecuada. No tener eso es estar, desde luego, lejos de la felicidad".
¿Pero existe o no existe la felicidad en el trabajo? "A mí me gusta creer que sí, aunque es un concepto temporal. Toda la vida, no sé. Llega un momento en que es la propia persona la que puede haber cambiado de valores, de intereses; en ese caso, quizá es mejor buscar otro empleo", comienza el consultor Marcos Urarte.
Pero sí puede crearse un entorno laboral compatible con la sonrisa: hay ya criterios definidos, y Urarte se dedica a asesorar a las empresas sobre cómo implantarlos. Primer aviso: si no lo hacen, algunos de sus empleados pueden caer en el absentismo emocional. Quiere decir Urarte que llegará un día en que desconectarán, perderán el empuje y la iniciativa que tuvieron y se limitarán a aparecer por la empresa, hacer un trabajo gris y volver a casa cada día con la única satisfacción de que este mes también podrán pagar la hipoteca. "Y eso les ocurre a los buenos, porque a los trabajadores malos o a los vagos nunca les pasa porque nunca tuvieron mayor ilusión ni expectativas en el desempeño de sus tareas. Las empresas no pueden perder todo ese talento".
Lo que ocurre es que las empresas están muy despistadas sobre este asunto. "En ocasiones dilapidan recursos económicos para proporcionar a sus trabajadores ciertos servicios o prebendas que, en el fondo, a ellos les importan un bledo. Y con menos esfuerzo podrían darles lo que realmente quieren o necesitan", dice Urarte. ¿De qué sirve tener un gimnasio, o un aparcamiento, si ellos lo que quieren es cierta libertad de horarios? O incluso, ¿de qué vale ofrecerles más sueldo si lo que desean es más tiempo?
Hay que motivar a los empleados, pensarán algunos como solución. Y se equivocarán, porque esa idea ya se ha quedado antigua. "La motivación, agua más jabón", dice el consultor Joan Elías, que ha sido directivo en grandes empresas y tiene publicado un libro que se titula Lovework (Empresa Activa). Lo que quiere decir es que el empleado ya tiene que salir de casa motivado. Urarte le da la razón: "Una empresa no puede motivar a sus empleados, pero sí crear un entorno motivante donde cada cual encuentre su cauce. Las empresas no tienen alma y la felicidad habrá de buscársela cada uno".
Y aquí entra de nuevo el talento. Porque desempleo hay mucho, pero talentos no tantos. Y por ellos se pegan los empleadores. "¿Qué tienen que darles para que elijan trabajar en esta casa y no en otra?", se preguntan.
Ya hay algunas pistas sobre ello. El Instituto de la Felicidad de Coca-Cola elaboró una macroencuesta en 2008 sobre felicidad, la más extensa de España. Se entrevistó a 3.000 personas que contestaron a 900 preguntas cada una. Margarita Álvarez, responsable de ese instituto, resume alguna de las conclusiones que se extrajeron en lo que al empleo respecta: "Para ser felices en el trabajo hay dos cosas clave: sentirse útiles, ver que lo que haces corresponde con tu formación e interés, y que recibamos el reconocimiento tanto de los jefes como de los compañeros". "Gastamos mucho esfuerzo en medir la satisfacción de la plantilla desde un punto de vista técnico, pero hay otras cosas. Por ejemplo, los trabajadores valoran mucho tener cierta capacidad de influencia, no de forma vertical, entre los directivos, sino entre sus propios compañeros: sentir que forman parte de un equipo y que pueden arrastrase unos a otros hacia una dirección convenida entre todos", añade Margarita Álvarez.
Es algo parecido al orgullo de marca, de pertenencia, que cita Urarte. "No hace falta para ello estar en una gran firma, basta una ONG, por ejemplo, para que los que en ella trabajan sientan que es su proyecto y que es algo beneficioso, digno", dice este consultor.
Urarte ha desarrollado junto a Javier Fernández Aguado un modelo para gestionar el talento imperfecto. Así lo llaman. "No hay empresa que sea perfecta en todo, así que el trabajador debe evaluar qué es lo que él quiere para adaptarse a la que más le conviene; algunas imperfecciones podrán corregirse y otras no: lo que hay que hacer es no amargarse con aquellos asuntos inapelables y ver cómo se modifican los demás", dice Urarte.
El problema es que las empresas no saben detectar el talento, por tanto, difícilmente podrán adaptarse para atraerlo. "Toda empresa sabe cómo satisfacer a sus clientes, qué es lo que les demandan, y ajustar su oferta a ello lo más posible; pero no tienen idea de por qué un trabajador con talento elige una empresa en lugar de otra. Y, para ello, deben decidir en qué quieren ser buenas con sus empleados: si con los salarios, con las vacaciones, con la flexibilidad de horarios. Nosotros ayudamos a las empresas a definir eso".
Esther Sánchez, profesora de Derecho del Trabajo en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), habla de esto mismo, pero desde un punto de vista completamente jurídico: la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. "Desde 1995 esta ley se ha vinculado sobre todo a los riesgos físicos, pero hay una dimensión oculta muy difícil de medir, como son los factores estresantes en la organización del trabajo, las dinámicas relacionales, las jerarquías que generan estrés o patologías psicosociales. La ley reconoce estos riesgos, pero prácticamente no se evalúan o se evalúan mal. Y todas esas cosas originan entornos de infelicidad", dice.
Hay dos problemas asociados a esta falta de cultura de la evaluación de riesgos psicosociales: que encarecerían aún más estos exámenes obligatorios que han de pasar las empresas y que, una vez evaluados ¿quién se atreve a corregirlos? ¿Quién destituye a un jefe que ejerce un liderazgo tóxico? "Eso no solo cuesta mucho dinero, sino que, con ese mismo jefe se puede ir también un buen talento técnico. No es sencillo", reconoce Esther Sánchez.
El talento es, al final, la columna vertebral de todo este asunto. De ahí partió esa idea de la felicidad en el trabajo que a muchos les hace sonreír solo con oírla. "Pues existe", asegura Antonio Domingo Tudó, presidente de la Asociación Española de Directores y Desarrollo de Personas (Aedipe) en Galicia. Aedipe organizará en junio unas jornadas sobre ello en A Coruña, con expertos nacionales e internacionales. "Y ya tenemos algunas empresas que han retocado su organización y alcanzan una buena valoración por parte de sus empleados. Esto revierte en una mayor productividad, está demostrado", asegura Domingo Tudó.
La organización es la clave en ese intento por deshacerse de la cara de perro en la oficina, o en la fábrica, o en la cabina de un autobús. "Y no se puede hablar de organización sin que se mencionen los horarios. El discurso de la gestión del tiempo se lo oímos a todos los ministros, al presidente del Gobierno, a todos, pero ¿cómo se hace eso? Nadie lo ha dicho", dice el profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña Jordi Ojeda.
Harto de tanto discurso sin concreción, el profesor Ojeda y otros colegas de su universidad fundaron la empresa Rationaltime. Han desarrollado un sistema informático utilizando modelos matemáticos aplicados a la organización del trabajo. El resultado es un programa para gestionar a la carta el horario de los trabajadores. Esos planillos de turnos de fin de semana, vacaciones, horarios en general que tan laboriosos son, el ordenador puede resolverlos en 10 segundos. "Y si alguien ha cuadrado ese planillo y de repente descubre que uno de los empleados estará de baja tales días, no tendrán que emplear de nuevo una jornada entera en volver a hacer el mismo trabajo, lo hará el ordenador en otros 10 segundos", relata Ojeda. Porque los horarios son cada vez más complejos, todos no tienen el mismo, y un solo empleado puede tenerlos distintos.
Este programa ya lo han vendido a varias empresas de distintos sectores, "de la seguridad, la salud, tiendas y oficinas e industrias y fábricas", añade Ojeda. "Y en alguna hemos conseguido reducir el absentismo y el abandono del trabajo", dice satisfecho.
Conseguir un grupo cohesionado y feliz no es fácil, pero, efectivamente, algunas empresas lo van logrando. Esther Sánchez menciona la central de transportes MRW, con la que ha trabajado. "Tienen una conciliación fantástica, buenos estilos de liderazgo, inteligencia emocional, empatía". "Y un proceso de selección de empleados que testa que los que van a entrar comparten los mismos valores de respeto, solidaridad, trabajo en equipo, de los demás", dice Sánchez.
Porque, al final, "la felicidad es un ejercicio de madurez, uno ha de asumir que trabaja con personas" y no sólo de manera vertical, del jefe a los empleados, sino entre compañeros, añade esta profesora de la ESADE. "Y convivir lleva aparejados valores y formas de actuación más allá de los que uno piensa o siente; sólo así se crearán entornos saludables".
La profesora Sánchez se pregunta: ¿Por qué actuamos en familia distinto que en la empresa? "Está claro que en casa hay afecto y confianza, pero eso son cosas que se pueden moldear también en el trabajo".
Pero cuando le preguntan si existe o puede existir la felicidad en el trabajo, que es de lo que se trata, la profesora Sánchez contesta: "Si entendemos que es difícil ser felices en la vida en general, ¿por qué habríamos de serlo en el trabajo?".
Las bases para la sonrisa laboral
La Asociación Española de Directores y Desarrollo de Personas (Aedipe) ha elaborado un decálogo para alcanzar la felicidad en el trabajo, a partir de los estudios de diversos expertos que asesoran a las empresas sobre esta cuestión y de otros estudiosos sobre este asunto. Las recomendaciones son las siguientes:
- Escucha la diversidad de cada empleado.
- Fomenta que cada persona autoevalúe su potencial.
- Potencia el talento personal y profesional.
- Otorga autonomía y responsabilidad en el desempeño profesional.
- Garantiza la tolerancia y la colaboración en todos los equipos profesionales.
- Acuerda flexibilidad individual y colectiva.
- Promueve el trabajo digno y la protección social.
- Vincula la productividad a objetivos medibles que añadan competitividad.
- Recompensa a mandos y directivos comprometidos con la felicidad en el trabajo.
- En resumen, crea felicidad en el trabajo para aumentar la productividad.
Los que tienen ilusión y empuje son los que pueden desmotivarse
Es fundamental sentirse útiles y valorados por jefes y compañeros
Primero hay que tener un empleo digno, con derechos y seguridad
En ocasiones se dilapidan recursos para dar salario a quien busca tiempo
La ley de riesgos laborales también manda medir los factores de estrés
Toda empresa sabe satisfacer a sus clientes, pero no a los trabajadores
Hay que seleccionar a los empleados por los valores que ya comparten los otros
La organización es clave para quitar la cara de perro en la oficina o la fábrica
Genios
Edward Witten logró unificar las teorías discordes sobre la física en una sola teoría de superfilamentos en 11 dimensiones; es el autor de la Teoría del todo o Teoría M.
Grigori Perelman consiguió demostrar la conjetura de Poincaré, uno de los cuatro problemas matemáticos más inabordables de todos los tiempos. Ahora está en paro, le aburren las matemáticas y desprecia a la gente codiciosa ambiciosa o deshonesta.
Mohamed Yunus, quizá el mayor de todos ellos y economista, consiguió encontrar la fórmula más práctica para resolver el problema de la pobreza y el de la segregación de la mujer en el Tercer Mundo.
Resulta curioso que el más importante de todos estos tres genios sea un musulmán y nacido en el país más pobre del mundo, Bangla Desh.
jueves, 15 de abril de 2010
el presunto control de la renta de los polítcos, una mentira más entre muchas
El País, 13 del corriente:
"A cuenta de las acusaciones contra José Bono y el intento del PP de subirse a ese carro para hacer ruido, resurge muy por debajo el debate sobre el control y la transparencia de los diputados. Y más concretamente sobre la inutilidad de trámites como la declaración de patrimonio que deben hacer todos los parlamentarios al asumir el escaño y al dejarlo. Esa declaración es secreta, nadie tiene acceso a ella y está depositada en el Registro del Congreso. Como nadie la ve, nadie puede comprobar si los datos han sido falseados o si son veraces o si hay omisiones. Incluso, si hubiera denuncia de parte, la Cámara no tiene establecido ningún mecanismo de control de veracidad de lo que allí se hace constar. En este caso concreto, los cuatro miembros del PP de la Mesa del Congreso pidieron el martes que la Comisión del Estatuto del Diputado cotejara la declaración secreta de Bono con su escrito a la Fiscalía y no lo lograron porque no existe ese mecanismo en el Reglamento de
Divisas de las espadas españolas
no me evaines sin honor.
o No la saques sin razón, / pero después de sacalla, / con razón o sin razón, / sostenella y no enmendalla.
Más agresivo:
En las navajas y los puñales llamados Del santo óleo o De extrema unción, solía escribirse: A mi dueño sirvo sólo o Sirvo a una dama.
miércoles, 14 de abril de 2010
Testigos de Jehová
martes, 13 de abril de 2010
Correos y Quevedo
La cartera que me atendió no era mi antigua alumna: había un viejo precavido y desconfiado. Al salir me encuentro con Pedro Isado; me ha alegrado verlo; me habla de la presentación del libro del instituto, que dice será para mayo; yo le he dicho que no sé si saldrá mi artículo, porque era demasiado largo y que, en todo caso, me da igual. No son problemas para publicar los que tengo, sino que tienen que ver con tener tiempo y ganas de escribir. Pedro Isado es un ejemplo a seguir y a imitar de profesor: alguien entregado en cuerpo y alma a la enseñanza, a la lengua y a la literatura.
Leído por ahí
Se queda corta.
Sobornos en el Vaticano
El valor subversivo de la bondad
Qué razón
Mi religión
No tuve mucha suerte con quienes me instruyeron en religión, aunque, desde luego, los chicos de hoy la han tenido mucho menos, porque no saben ni siquiera quién fue Job , David, Jonás, Jacob, Judith, Ruth ni nada de eso que en el sigo XIX llamaban Historia sagrada. Para ellos Sansón debe ser algo así como una versión de Swarzenegger o un personaje del videojuego Warcraft. No la conocen ni mis mismas hijas, y eso que hicieron cada una dos años de catequesis, algo (la catequesis) que yo no hice jamás. Es cierto que me leí gran parte de la Biblia sólo por curiosidad, como una obra literaria. Admiro profundamente la poesía de los Salmos, la filosofía desolada del Eclesiastés, el pesimismo resignado del Libro de Job, el amor natural y escenificado del Cantar de los Cantares, el dramatismo de los Evangelios, las aventuras de los Hechos de los Apóstoles, la terribilità de los Profetas (sobre todo el tremendo Isaías), el tono detectivesco y críptico del Libro de Daniel... Detestar la religión es más fácil que comprenderla, algo por lo que me he esforzado toda mi vida, quizá en vano. Hay toda una sección de mi biblioteca dedicada a ese asunto, desde un punto de vista antropológico más que teológico.
Pero lo que uno va perdiendo definitivamente es el entusiasmo y su compañera la salud, y algo terrible para mí también, la curiosidad. No hay remedio, el fuego de esa hoguera devoradora se extinge y no hay combustible que la pueda reanimar un poco. Uno ya es un poso de ceniza, las "cenizas entendidas" de Quevedo, y de la ceniza lo único que se puede sacar es lejía, sentido crítico, mala leche, polvareda y niebla, en fin. Uno no se pone en marcha ya si no es con una gran fuerza que no tiene, con la energía de una batería que ya está descargada y con ayuda de los demás, sobre todo si son jóvenes con esperanzas. Mis hijas son jóvenes; ellas son capaces de ponerme en marcha; pero otros tipos de jovenes tienen el entusiasmo tan bien oculto y poco visible bajo cientos de capas de cebolla, que es imposible recargarse las pilas y dar lo que uno puede ofrecer. Eso será duro para ellos: son viejos antes de haber sido jóvenes, y serán falsos jóvenes cuando lleguen a viejos.
lunes, 12 de abril de 2010
Previsiones
Bueno, en algo somos los primeros: producimos los políticos más previsores del mundo.
Trozos de celuloide inolvidable

El capital educativo
En México sólo hay tres horas de clase y por la mañana en la educación pública; allí la calidad educativa es ínfima y sólo enseñan algo en la educación privada. Así les va.
Fuentes del derecho
domingo, 11 de abril de 2010
La sensatez de Montaigne
"El hombre está totalmente loco. No sabría cómo crear un gusano, y crea dioses por docenas".
Michel Eyquem de Montaigne
(y, mira por donde, me entero de que era pariente de Francisco Sánchez "el Escéptico" por parte de madre; eso explica muchas cosas)
Una obra maestra del sentido común: "El mundo tal cual lo veo", de Albert Einstein
Publicado por primera vez en Forum and Century, voL 84, p. 193-194, el
número 13 de la serie "Forum Film actual". Incluido también en Living Philosophies
(p. 3-7), Nueva York, Simon & Schuster.
EL MUNDO TAL COMO YO LO VEO
¡Qué mala suerte la de nosotros los mortales! Estamos aquí
por un breve período, no sabemos con qué propósito, aunque a
veces creemos percibirlo. Pero no hace falta reflexionar mucho
para saber, en contacto con la realidad cotidiana, que uno existe
para otras personas: en primer lugar para aquellos de cuyas sonrisas
y de cuyo bienestar depende totalmente nuestra propia felicidad,
y luego para los muchos, para nuestros desconocidos, a cuyos
destinos estamos ligados por lazos de afinidad. Me recuerdo a
mí mismo cien veces al día que mi vida interior y mi vida exterior
se apoyan en los trabajos de otros hombres, vivos y muertos, y
que debo esforzarme para dar en la misma medida en que he recibido
y aún sigo recibiendo. Me atrae profundamente la vida frugal
y suelo tener la agobiante certeza de que acaparo una cuantía
indebida del trabajo de mis semejantes. Las diferencias de clase
me parecen injustificadas y, en último término, basadas en la
fuerza. Creo también que es bueno para todos, física y mentalmente,
llevar una vida sencilla y modesta.
No creo en absoluto en la libertad humana en el sentido filosófico.
Todos actuamos no sólo bajo presión externa sino también
en función de la necesidad interna. La frase de Schopenhauer
«Un hombre puede hacer lo que quiera, pero no querer lo que
quiera», ha sido para mí, desde mi juventud, una auténtica inspiración.
Ha sido un constante consuelo en las penalidades de la
vida, de la mía y de las de los demás, y un manantial inagotable
de tolerancia. El comprender esto mitiga, por suerte, ese sentido
de la responsabilidad que fácilmente puede llegar a ser paralizante,
y nos impide tomarnos a nosotros y tomar a los demás excesivamente
en serio; conduce a un enfoque de la vida que, en concreto,
da al humor el puesto que se merece.
Siempre me ha parecido absurdo, desde un punto de vista objetivo,
buscar el significado o el objeto de nuestra propia existencia
o de la de todas las criaturas. Y, sin embargo, todos tenemos
ciertos ideales que determinan la dirección de nuestros esfuerzos
y nuestros juicios. En tal sentido, nunca he perseguido la comodidad
y la felicidad como fines en sí mismos... Llamo a este planteamiento
ético el ideal de la pocilga. Los ideales que han iluminado
mi camino y me han proporcionado una y otra vez nuevo
valor para afrontar la vida alegremente, han sido Belleza, Bondad
y Verdad. Sin un sentimiento de comunidad con hombres de
mentalidad similar, sin ocuparme del mundo objetivo, sin el eterno
inalcanzable en las tareas del arte y de la ciencia, la vida me
habría parecido vacía. Los objetivos triviales de los esfuerzos
humanos (posesiones, éxito público, lujo) me han parecido despreciables.
Mi profundo sentido de la justicia social y de la responsabilidad
social han contrastado siempre, curiosamente, con mi notoria
falta de necesidad de un contacto directo con otros seres humanos
y otras comunidades humanas. Soy en verdad un «viajero solitario»
y jamás he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos, ni
siquiera a mi familia inmediata, con todo mi corazón. Frente a
todos estos lazos, jamás he sentimientos que crecen con los años.
Uno toma clara conciencia, aunque sin lamentarlo, de los límites
del entendimiento y la armonía con otras personas. No hay duda
de que con esto uno pierde parte de su inocencia y de su tranquilidad;
por otra parte, gana una gran independencia respecto a las
opiniones, los hábitos y los juicios de sus semejantes y evita la
tentación de apoyar su equilibrio interno en tan inseguros cimientos.
Mi ideal político es la democracia. Que se respete a cada hombre
como individuo y que no se convierta a ninguno de ellos en
ídolo. Es una ironía del destino el que yo mismo haya sido objeto
de excesiva admiración y reverencia por parte de mis semejantes,
sin causa ni mérito míos. La causa de esto quizá sea el deseo,
inalcanzable para muchos, de comprender las pocas ideas a las
que he llegado con mis débiles fuerzas gracias a una lucha incesante.
Tengo plena conciencia de que para que una sociedad pueda
lograr sus objetivos es necesario que haya alguien que piense,
dirija y asuma, en términos generales, la responsabilidad. Pero el
dirigente no debe imponerse mediante la fuerza, sino que los
hombres deben poder elegir a su dirigente. Soy de la opinión que
un sistema autocrático de coerción degenera muy pronto. La fuerza
atrae siempre a hombres de escasa moralidad, y considero regla
invariable el que a los tiranos de talento sucedan siempre
pícaros. Por esta razón, me he opuesto siempre apasionadamente
a sistemas como los que hay hoy en Italia y en Rusia. Las causas
del descredito de la forma de democracia que existe hoy en Europa
no deben atribuirse al principio democrático en cuanto tal, sino
a la falta de estabilidad de los gobiemos y al carácter impersonal
del sistema electoral.
Creo, a este respecto, que los Estados Unidos han encontrado
el camino justo. Tienen un presidente a quien se elige por un período
lo bastante largo y con poder suficiente para ejercer adecuadamente
su cargo. Por otra parte, lo que yo valoro en el sistema
político alemán es que ampara mucho más ampliamente al individuo
en caso de necesidad o enfermedad. Lo que es realmente
valioso en el espectáculo de la vida humana no es, en mi opinión,
el estado político, sino el individuo sensible y creador, la personalidad;
sólo eso crea lo noble y lo sublime, mientras que el rebaño
en cuanto tal, se mantiene torpe en el pensamiento y torpe en
el sentimiento.
Este tema me lleva al peor producto de la vida de rebaño, al
sistema militar, el cual detesto. Que un hombre pueda disfrutar
desfilando a los compases de una banda es suficiente para que me
resulte despreciable. Le habrán dado su gran cerebro sólo por
error; Le habría bastado con médula espinal desprotegida. Esta
plaga de la civilización debería abolirse lo más rápidamente posible.
Ese culto al héroe, esa violencia insensata y todo ese repugnante
absurdo que se conoce con el nombre de patriotismo. ¡Con
qué pasión lo odio! ¡Qué vil y despreciable me parece la guerra!.
Prefiero que me descuarticen antes de tomar parte en actividad
tan abominable Tengo tan alta opinión del género humano que
creo que este espantajo habría desaparecido con mucho si los
intereses políticos y comerciales, que actúan a través de los centros
de enseñanza y de la prensa, no corrompiesen el sentido
común de las gentes.
La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es
el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del
verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y
no pueda ya admirarse, y no pueda ya asombrarse ni maravillarse,
está como muerto y tiene los ojos nublados. Fue la experiencia
del misterio (aunque mezclada con el miedo) la que engendró la
religión. La certeza de que existe algo que no podemos alcanzar,
nuestra percepción de la razón más profunda y la belleza más
deslumbradora, a las que nuestras mentes sólo pueden acceder en
sus formas más toscas... son esta certeza y esta emoción las que
constituyen la auténtica religiosidad. En este sentido, y sólo en
éste, es en el que soy un hombre profundamente religioso. No
puedo imaginar a un dios que recompense y castigue a sus criaturas,
o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos
dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el
individuo sobreviva a su muerte física; dejemos que las almas
débiles, por miedo o por absurdo egoísmo, se complazcan en estas
ideas. Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad
de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura
maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por
abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se
manifiesta en la naturaleza.