miércoles, 28 de mayo de 2008

El argumento de Elorriaga

Desde un punto de vista meramente retórico, Elorriaga, en su artículo contra Rajoy, usa un argumento conocido y típicamente político de una nueva manera interesante, la demonización, invirtiéndolo como divinización:

Afirmar algo cuyo contrario es un absurdo es un recurso fácil habitualmente utilizado por los políticos de oficio. «Quiero mejorar el nivel de vida de los españoles» es un ejemplo simple de lo que digo. Nadie en su sano juicio, cualquiera que fuese su ideología o estrategia, podría afirmar que su proyecto busca empeorar el nivel de vida de sus compatriotas. «Debemos bajar los impuestos», por ejemplo, sí constituye un compromiso político diferenciador de los partidos de centro derecha puesto que subirlos ha formado parte consustancial de la ideología socialdemócrata europea durante las últimas décadas. Cuando quedan menos de cuatro semanas para que se celebre el XVI Congreso Nacional del Partido Popular, proclamar con solemnidad que se quiere un partido unido e integrado, capaz de ganar las próximas elecciones, forma parte del primer grupo de afirmaciones; ningún dirigente, militante o simpatizante podría asumir lo contrario. El debate, por lo tanto, se hace incomprensible cuando gira en torno a lo evidente y constituye una obligación -o al menos así me lo parece- el intentar clarificar de qué estamos discutiendo.

Así pues, afirmar algo cuyo contrario es un absurdo refuerza siempre una posición y transforma siempre nuestro lugar de mando en divino e inatacable: son argumentos propios de dioses indiscutibles, porque cualquiera que los rebate queda al momento clasificado como demonio feo, malo y traidor.

martes, 27 de mayo de 2008

Nietzsche

Nietzsche está muy presente todavía en nuestra cultura; en el cine, por ejemplo, a través de cineastas como John Milius o en la película El muro de Alan Parker. Nuestro modesto Nietzsche, domestiquillo y gris, es Savater. Se suelen citar muchos mantras de Nietzsche, pero es un autor amante del fragmentarismo y suele más desorientar que guiar si no se conocen las líneas generales de su pensamiento, en muchos sentidos próximo (pero también opuesto) a Rousseau, y más bien cercano a Emerson, al que admiraba (de él tomó seguramente su nihilismo vitalista y positivo), y, sobre todo, a su más importante discípulo, el filósofo anarquista norteamericano Henry David Thoreau; pero el alemán ha sido desfigurado e interpretado con una violencia que él mismo habría detestado, aunque esta se encuentra implícita en alguna de sus manifestaciones -la metamorfosis central en hombre-león, la filosofía del martillazo-.

Esas líneas son la voluntad de poder o reducción del ser al valer, la oposición entre el vitalismo dionisiaco y el intelectualismo apolíneo, el eterno retorno, el ateísmo, la transmutación de los valores (para Nietzsche, la ética no tiene solo los dos sentidos del bien y del mal, sino los de la rosa de los vientos y los del planisferio astronómico, y un solo indicador, el individuo), la triple metamorfosis del hombre camello en hombre león y en sobrehombre niño, la estética del juego; todavía recuerdo lo que me costó digerir El anticristo, donde, por cierto, se contienen algunas de las claves que permiten entender mejor El árbol de la ciencia de mi leidísimo Pío Baroja, con ser, sin embargo, un libro fundamentalmente schopenhaueriano, como ha demostrado Inman Fox. Recuerdo esa frase que me iluminó tanto sobre el sentido de la poesía como reafirmación: "Solamente el arte transforma la realidad en algo que se pueda soportar", por eso proclamaba que, sin arte, la vida sería un error: es una de las cosas que nos hace nosotros, humanos: "El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza" es solo una reformulación de uno de los principios de Feuerbach, a quien se le considera más como filósofo que como poeta, siendo también un lírico excelente, uno de los mejores del ateísmo. Lo de que "toda convicción es una cárcel" y que "Fe significa no querer saber la verdad" es bastante cierto, pero habría que puntualizar que es una elección posterior a la verdad. Lo de que "el sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse" es bastante verosímil; a veces pienso que, si no diera tantos problemas, más de uno se castraría con gusto con tal de quitarse esa lata de encima y sus grotescas obligaciones. Que "la guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido" no es sino la anotación que podría haber hecho el observador de cualquier guerra: véase por ejemplo Irak. "El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez"; vaya; ya tenemos aquí la fuente del pensamiento de Ortega y Gasset en Del amor: "el amor es un estado de estupidez transitoria". "El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra. Una tontería"; cierto, pero, ¿por qué somos tan tontos?
"La demencia en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla". Se nota que es alemán. "Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía"; "la mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo." Estamos de acuerdo; quitarse la careta es solo inventarse otra un poco más fina y nueva para que dure más. "Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño" ¿Nietzsche era un político? No debía de serlo, cuando acuñó una de las frases parafraseadas por los de mayo del 68: "Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes".

La investigación

Cuando me releo pienso que el individuo que escribe tales cosas debe ser un ratón de archivo de cuidado, y me doy miedo a mí mismo, joder, e incluso siento un cierto rechazo. Uno termina por volverse tan ridículamente complejo que ya sólo obedece a las directivas del Caos, una especie de monstruo Demogorgon con un solo ojo y mil pies, manos y cabezas, que anda buscando por la noche de la conciencia no se sabe qué. Más de una vez suelo decir que envidio a esa gente ordenada que, gracias a su facilidad para ponerlo todo en el lugar de su sitio, es capaz de sacarle el máximo rendimiento a su trabajo y por eso no tiene necesidad de esforzarse tanto. Yo, por el contrario, que trabajo tanto, -aunque no siempre en lo que me conviene, a causa de un curioso trastorno de la personalidad- si además hubiera sido ordenado hubiera sido un auténtico monstruo y me habría dejado mucho menos en el tintero de lo que me he dejado. Pero habría perdido parte de mi olfato investigador y de mi talento creativo, disposiciones que no se alimentan precisamente con razonamientos cuadriculados y académicos. Es que la curiosidad no sirve para ordenar estanterías y cerrar armarios, sino para revolverlos y confundirlos, para hacer un solo libro de todos los libros, para pegar con cola en un solo jarrón todas las ánforas rotas. Eso permite desenterrar cosas nuevas y encontrar insólitas conexiones con las antiguas; es lo que encuentro reconfortante en la investigación; pero son frutos que se recogen tras años de voluntad ciegamente sostenida y de obsesión sin descanso. Es muy fácil romperlo todo en pedazos; lo realmente difícil es sacar lo valioso de toda esa fragmentación y construir una interpretación con ella; y ese talento creo poseerlo yo; a él he consagrado mi vida y casi todo el tiempo que poseo; la lástima es que creo que me moriré sin poder poner por escrito todo lo que he llegado a saber y, sobre todo, mucho de lo que he llegado a intuir. Y es en estas ultimidades cuando llego a echar realmente de menos un poco de orden en mis ideas, en mis trabajos, en mis horarios, en mis notas... En realidad, gran parte de mis libros han logrado salir a flote quizá gracias a la presión de mi mujer, que es una ordenancista de cuidado, la desatascadora de mis bloqueos y la que echa a andar muy a menudo mis engranajes y mis muelles, con frecuencia oxidados por la depresión y el existencialismo.

Para mí, entrar en el siglo XVIII o el XIX y ponerme a escribir es como posar ante una cámara fotográfica: me paraliza como el susto fosfórico del arácnido flash; después, tengo que hacer un esfuerzo, tragar saliva, musitar débilmente "no, no" y sumergirme igual que un buzo de fines del siglo XIX, con una pesada escafandra y un cinturón de onzas de plomo, en un océano en su mayor parte desconocido y sólo en una muy pequeña intuido y apenas conocido, respirando el aire contado de una bomba manual. Al poco de estar paseando por el fondo desbrozando malezas marinas, me acomete la borrachera de las profundidades y no quiero salir de ahí; me tiran del cable, pero no salgo. No puedo, no quiero salir. Me tienen que arrastrar fuera del despacho forrado de libros y del ordenador a las tantas de la noche para poder dormir algo, y aun me olvidaría de comer, porque en el fondo del océano ni siquiera siento hambre: sólo el tirón insaciable de la curiosidad. En el fondo del océano, me transformo en un tiburón de datos e historias. Y, cuando me sacan del agua, no puedo nadar, me asfixio, pienso que estoy en otro mundo y mi mirada se pone vidriosa: soy un pez fuera del agua.

El alguacil Lampiños

Ha sido descubierto, entre varios dibujos extraviados de Goya en el último tercio del siglo XIX, uno especialmente interesante y titulado El aguacil Lampiños cosido dentro de un caballo muerto; lo dibujó Goya entre 1812 y 1820 y pertenece (como Arrepentimiento) al álbum F, también llamado Imágenes de España. En El aguacil... se lee un texto de su puño y letra que adelanta la intención del pintor:

"En Zaragoza, a mediados del siglo pasado, metieron a un aguacil llamado Lampiños en el cuerpo de un rocín muerto y lo cosieron; toda la noche se mantuvo vivo". El tal aguacil era el azote de estudiantes, prostitutas y mujeres guapas en general. Para vengarse lo atraparon y lo cosieron dentro de un caballo (previamente vaciado). Allí aguantó toda la noche vivo. Le dieron la estocada inyectándole cal viva en sus partes nobles.

Un ejemplo de carpetovetonismo español y de brutalidad pueblerina muy típico.

En culipardo


Hay algunos de mis alumnos, los que son unos auténticos censos, que no lo entienden ni aunque se lo digan en culipardo: hay que dejar de ser unos ralencos tiestos y pellejos y dejarse de frascadas y de pretender a desoficiado si no quieren terminar siendo unos solpuestos que se pasan el tiempo moneando y sornagueando a los padres como unos senses.

Imagine

Imagine

ALMUDENA GRANDES El País, 26/05/2008

Imagínese que un día le roban por la calle. Usted no se da cuenta, porque no le quitan mucho dinero. Pero imagínese que, al mismo tiempo, roban a su pareja, a sus padres, a sus hijos, a sus amigos, a sus colegas, a todas las personas con las que pueda cruzarse por la calle cualquier día. A todos les quitan unos pocos euros, y ninguno de ustedes se da cuenta. Ahora imagínese que le presentan al ladrón, y que él le explica que el dinero que le ha robado se lo va a dar a un señor al que le viene muy bien para hacer un negocio. Imagine cómo se sentiría usted, qué opinión tendría del ladrón original y de su amiguete empresario.

En El Álamo han convertido las antiguas escuelas en una biblioteca. El edificio, de ladrillo rojo y estirpe institucionista, conserva una placa en recuerdo de dos hermanas, maestras, que regalaron al Ayuntamiento el terreno preciso para edificarlo hacia 1920. En El Álamo, en 2008, la Comunidad de Madrid ha decidido privatizar un colegio público cuya construcción costó 200 millones de euros, y lo ha puesto a la venta en unas condiciones estupendas para que algunos señores hagan un buen negocio. Esos 200 millones de euros son suyos, y míos, y de su pareja, y de sus vecinos. Nos los han robado por la cara, pero en lugar de chillar, correr, e ir a poner una denuncia, usted está en su casa, tan tranquilo.

¿Por qué? ¿Es que no comprende que el dinero público es suyo, que los servicios públicos le pertenecen, que si hoy es el colegio de El Álamo, mañana será la monitora de yoga de su madre, y pasado el traumatólogo de su centro de salud? Mientras busca la respuesta, le propongo un último ejercicio. Imagine un país que experimentó un impulso tan formidable de fe en el progreso, que edificó colegios públicos con donaciones privadas. Réstele el país en el que vive, y saque usted sus propias conclusiones.

domingo, 25 de mayo de 2008

Otra voz, la del cardenal filólogo Martini, contra el infalible delantero centro del Cristianismo

Martini pide la reforma de la Iglesia

El influyente cardenal elogia a Lutero, defiende el debate sobre el celibato y la ordenación de mujeres y reclama una apertura del Vaticano en materia de sexo

JUAN G. BEDOYA - Madrid - 25/05/2008

"La Iglesia debe tener el valor de reformarse". Ésta es la idea fuerza del cardenal Carlo Maria Martini (Turín, 1927), uno de los grandes eclesiásticos contemporáneos. Con elogios al reformador protestante Martín Lutero, el cardenal le pide a la Iglesia católica "ideas" para discutir hasta la posibilidad de ordenar a viri probati (hombres casados, pero de probada fe), y a mujeres. También reclama una encíclica que termine con las prohibiciones de la Humanae Vitae, emitida por Pablo VI en 1968 con severas censuras en materia de sexo.

"Ha habido una época en la que soñé con una Iglesia en pobreza y humildad"

El cardenal Martini ha sido rector de la Universidad Gregoriana de Roma, arzobispo de la mayor diócesis del mundo (Milán) y papable. Es jesuita, publica libros, escribe en los periódicos y debate con intelectuales. En 1999 pidió ante el Sínodo de Obispos Europeos la convocatoria de un nuevo concilio para concluir las reformas aparcadas por el Vaticano II, celebrado en Roma entre 1962 y 1965. Ahora vuelve a la actualidad porque se publica en Alemania (por la editorial Herder) el libro Coloquios nocturnos en Jerusalén, a modo de testamento espiritual del gran pensador. Lo firma Georg Sporschill, también jesuita.

Sin tapujos, lo que reclama Martini a las autoridades del Vaticano es coraje para reformarse y cambios concretos, por ejemplo, en las políticas del sexo, un asunto que siempre desata los nervios y las iras en los papas desde que son solteros.

El celibato, sostiene Martini, debe ser una vocación porque "quizás no todos tienen el carisma". Espera, además, la autorización del preservativo. Y ni siquiera le asusta un debate sobre el sacerdocio negado a las mujeres porque "encomendar cada vez más parroquias a un párroco o importar sacerdotes del extranjero no es una solución". Le recuerda al Vaticano que en el Nuevo Testamento había diaconesas.

Son varios los periódicos europeos que ya se han hecho eco de la publicación de Coloquios nocturnos en Jerusalén, subrayando la exhortación del cardenal a no alejarse del Concilio Vaticano II y a no tener miedo de "confrontarse con los jóvenes".

Precisamente, sobre el sexo entre jóvenes, Martini pide no derrochar relaciones y emociones, aprendiendo a conservar lo mejor para la unión matrimonial. Y rompe los tabúes de Pablo VI, Juan Pablo II y el papa actual, Joseph Ratzinger. Dice: "Por desgracia, la encíclica Humanae Vitae ha tenido consecuencias negativas. Pablo VI evitó de forma consciente el problema a los padres conciliares. Quiso asumir la responsabilidad de decidir a propósito de los anticonceptivos. Esta soledad en la decisión no ha sido, a largo plazo, una premisa positiva para tratar los temas de la sexualidad y de la familia".

El cardenal pide una "nueva mirada" al asunto, cuarenta años después del concilio. Quien dirige la Iglesia hoy puede "indicar una vía mejor que la propuesta por la Humanae Vitae", sostiene.

Sobre la homosexualidad, el cardenal dice con sutileza: "Entre mis conocidos hay parejas homosexuales, hombres muy estimados y sociales. Nunca se me ha pedido, ni se me habría ocurrido, condenarlos".

Martini aparece en el libro con toda su personalidad a cuestas, de una curiosidad intelectual sin límites. Hasta el punto de reconocer que cuando era obispo le preguntaba a Dios: "¿Por qué no nos ofreces mejores ideas? ¿Por qué no nos haces más fuertes en el amor y más valientes para afrontar los problemas actuales? ¿Por qué tenemos tan pocos curas?"

Hoy, retirado y enfermo -acaba de dejar Jerusalén, donde vivía dedicado a estudiar los textos sagrados, para ser atendido por médicos en Italia-, se limita a "pedir a Dios" que no le abandone.

Además del elogio a Lutero, el cardenal Martini desvela sus dudas de fe, recordando las que tuvo Teresa de Calcuta. También habla de los riesgos que un obispo tiene que asumir, en referencia a su viaje a una cárcel para hablar con militantes del grupo terrorista Brigadas Rojas. "Los escuché y rogué por ellos e incluso bauticé a dos gemelos hijos de padres terroristas, nacidos durante un juicio", relata.

"He tenido problemas con Dios", confiesa en un determinado momento. Fue porque no lograba entender "por qué hizo sufrir a su Hijo en la cruz". Añade: "Incluso cuando era obispo algunas veces no lograba mirar un crucifijo porque la duda me atormentaba". Tampoco lograba aceptar la muerte. "¿No habría podido Dios ahorrársela a los hombres después de la de Cristo?" Después entendió. "Sin la muerte no podríamos entregarnos a Dios. Mantendríamos abiertas salidas de seguridad. Pero no. Hay que entregar la propia esperanza a Dios y creer en él".

Desde Jerusalén la vida se ve de otra manera, sobre todo las parafernalias de Roma. Martini lo cuenta así: "Ha habido una época en la que he soñado con una Iglesia en la pobreza y en la humildad, que no depende de las potencias de este mundo. Una Iglesia que da espacio a las personas que piensan más allá. Una Iglesia que transmite valor, en especial a quien se siente pequeño o pecador. Una Iglesia joven. Hoy ya no tengo esos sueños. Después de los 75 años he decidido rogar por la Iglesia".

Nunca más el 'error Galileo'

El cardenal Martini se empeñó siempre en establecer un terreno de discusión común entre laicos y católicos, afrontando también aquellos puntos en los que no hay consenso posible. Con esa intención abrió uno de los debates más sabrosos entre intelectuales contemporáneos, publicado en 1995 en Italia con el título In cosa crede qui non crede? (¿En qué creen los que no creen?). Se trataba de una serie de cartas cruzadas entre el cardenal y Umberto Eco, sobre temas como cuándo comienza la vida humana, el sacerdocio negado a la mujer, la ética, o cómo encontrar, el laico, la luz del bien. Un sector de la jerarquía católica asistió a la controversia con indisimulada incomodidad, pero una década después, el mismísimo cardenal Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, afrontó un debate semejante con el filósofo alemán Jürgen Habermas sobre la relación entre fe y razón.

Lamentó en 1995 el cardenal Martini que su iglesia viviera sumida en "desolada resignación respecto al presente". También se sinceró ante Eco sobre el miedo a la ciencia y al futuro. Entonces lo hizo "con tesoros de sutileza", reconoció él mismo. Ponía por testigo la prudencia de Tomás de Aquino en semejantes compromisos, por miedo a Roma, que a punto estuvo de castigar a quien ahora es uno de sus guías más ilustres

El cardenal, ya jubilado -es decir, más libre que cuando ejercía responsabilidades jerárquicas-, se expresa en el nuevo libro con la sutileza que usó en el debate con Umberto Eco, pero pone sobre la mesa puntos de vista sorprendentes para sus pares, como el contror de la natalidad y los preservativos. Suenan también como trallazos sus elogios a Martín Lutero y el desafío a Roma para que emprenda con coraje algunas de las reformas que en su tiempo reclamó el fraile alemán.

En el trasfondo de sus manifestaciones de ahora, donde el cardenal aparece a veces angustiado - con un sentimiento más trágico de su fe-, surge el debate interminable del enfrentamiento de la Iglesia de Roma con la ciencia y el pensamiento modernos. Nuevamente, es un jesuita quien vuelve a plantear la discusión, con disgusto del Vaticano. La ventaja de Martini es que no está ya al alcance de ninguna pedrada. El también jesuita George Tyrrell, el erudito tomista irlandés, fue castigado sin contemplaciones y suspendidido de sus sacramentos. Incluso se le negó sepultura en un cementerio católico cuando falleció en 1909. Su pecado: reivindicar, como Martini, el derecho de cada época a "adaptar la expresión del cristianismo a las certidumbres contemporáneas, para apaciguar el conflicto absolutamente innecesario entre la fe y la ciencia, que es un mero espantajo teológico".

Lo que buscan todos estos pensadores católicos es espantar cualquier riesgo de cometer otra vez el error Galileo. Es otra de las exigencias del cardenal.

Warren Buffet, un millonario de los que hacen falta

"Cuentan que Warren Buffet (Omaha, Nebraska, 1930), el hombre más rico del mundo, irrumpió un día en su oficina de Berkshire Hathaway -el conglomerado desde el que controla sus participaciones en la propia Coca-Cola, American Express y 74 compañías más- y preguntó a sus 19 empleados cuántos impuestos pagaban. Nadie, ni el recepcionista, pagaba menos que él en proporción a sus ingresos. "La anécdota es auténtica", concede. "Mis empleados pagan un 33% de su renta y yo, sin asesores, ni planificación, ni paraísos fiscales, limitándome a hacer lo que dicta el Congreso, el 17%".

Pregunta.

¿Cree que los excesos de los últimos años, las ideas neocon que hay tras esas bajadas de impuestos para los ricos y la desregulación financiera pueden ser una de las semillas de la crisis actual?

Respuesta.

Es cierto que durante la era de Bush ha habido una rebaja gradual de los impuestos que pagan las grandes fortunas, mientras que las clases medias pagan cada vez más. Y aprovecho cada ocasión que tengo para denunciarlo.

¿Han escuchado estas palabras los sátrapas de la banca española y los indecentes millonarios españoles esclavos de su dinero? Buffet donará toda su fortuna a obras filantrópicas, pues el fin de la riqueza es mejorar la vida de todo el mundo, no la de unos pocos.

Frases del ingeniero Alfonso Guerra

Sacadas de su última entrevista:


"Siempre que alguien me ha hecho preguntas sobre si tal amigo me traicionó o no, he dicho: “La traición en el amigo no cabe, es imposible”. Puede haber simulación, en el sentido de que alguien ha podido simular que estaba cerca de mí y no lo estaba. "
"La venganza verdaderamente gratificante es la que ejerce otro, sin que usted tenga ninguna intervención. Ésa es la venganza verdadera, porque no mancha."
¿Felipe González? Una víctima del "abrazo aristocrático". Un personaje como Fidel Castro, que era la representación de la ruptura hacia la bondad cuando hace la revolución en Cuba, se pasa cuarenta años con un grupo de gente que le dicen “eres guapo, eres listo”, pues al final acaba mal. Y es que la gente que actúa así, por muy inteligente que sea, termina perdiendo el norte de sus propias ideas."
"En cuanto a aquellos elogios que me estaba haciendo Bono… Mi sonrisa de aquel momento era porque estaba pensando: “Realmente es largo el personaje”. Lo pensaba en el sentido de que tiene largueza, porque la verdad es que no estaba obligado a hacer aquello que estaba haciendo. Él llega allí, a ese puesto, el primer día e intenta lanzar cables en todas las direcciones. Creo que aquello estaba perfectamente medido, con mucha largura, pero quizá también pensando en “bueno, busquemos la paz aquí”. Dice la gente que cuando se llega a una edad se quiere buscar la paz con todos con los que se han tenido problemas y, bueno, pudo haber también algo de eso. Pero que aquello estaba medido, seguro".

sábado, 24 de mayo de 2008

Centenares de miles de analfabetos... en España

EL 72% SON MUJERES
El PSOE denuncia que en Madrid hay más de 42.000 analfabetos
Actualizado sábado El Mundo 24/05/2008 14:03 EFE

MADRID.- El PSOE ha denunciado este sábado que en Madrid hay más de 42.000 personas analfabetas -de las que el 72% son mujeres- y al menos 260.000 analfabetos funcionales, por lo que ha demandado al Ayuntamiento la puesta en marcha de un Plan Municipal de Alfabetización de Adultos.

La concejal responsable de Educación del Grupo Municipal Socialista, Ana de Sande, ha lamentado que el Ayuntamiento únicamente cuenta con 14 aulas para alfabetización de adultos con capacidad para 1.377 plazas, lo que significa que sólo se dispone de una plaza escolar para cada 221 personas que la necesitan.

De Sande también ha criticado que diez distritos de la capital carecen de aulas municipales para adultos, "lo que es muy grave en zonas periféricas como Puente de Vallecas, donde más de 6.000 personas no saben leer ni escribir y más de 40.000 no tienen estudios primarios".

Falta de profesores

Asimismo, la concejala ha denunciado el "insuficiente número de educadores para adultos, ya que sólo se cuenta con diez educadores de adultos, esto es, uno por cada 3.000 analfabetos absolutos y por cada 26.000 funcionales, lo que demuestra el nulo interés que tiene el Gobierno municipal en paliar las carencias de este colectivo".

"A pesar de la fuerte demanda existente de este servicio educativo la oferta es tan pequeña que, en los pocos centros culturales donde se imparten los cursos, se concentran hasta 50 alumnos por aula", ha añadido.

A su juicio, "el Ayuntamiento tiene la obligación de animar a estas personas a que mejoren su nivel cultural" y para eso cree necesario "un esfuerzo por parte del Gobierno de la ciudad y la puesta en marcha de un plan de alfabetización de adultos".

La edil socialista estima que el plan debe dotarse con seis millones de euros anuales para que puedan impartirse estos cursos en los 76 centros culturales municipales de los 21 distritos, ya que "se tiene que triplicar el actual número de educadores y las clases han de darse en grupos reducidos y con material de estudio gratuito".

La Vida sin TV

Vivir diez días sin televisión es posible
Una escuela francesa prueba el efecto del apagón tecnológico en los alumnos
CARMEN MORÁN (ENVIADA ESPECIAL) - Estrasburgo -El País, 24/05/2008

Los niños de la escuela Ziegelwasser de Estrasburgo reciben cada día decenas de cartas de aliento de toda Francia. "Ánimo, tardé tres años en dejar de fumar y me costó cuatro dejar de ver la tele". Y el director del centro no da abasto para atender a los medios de comunicación. Hasta ese punto despierta interés la hazaña que están protagonizando los muchachos del centro: 10 días sin ver la televisión, ni encender el ordenador, ni jugar a la videoconsola. Ahí es nada.


Tras el experimento en Canadá, los críos se mostraron menos violentos
Los niños alsacianos pasan al año 850 horas en la escuela y 1.200 ante la pantalla
La idea llega de Canadá por primera vez a Europa y tiene el apoyo del Instituto Europeo Eco-Consejo y de la Chambre de la Consomation (asociación de consumidores) de Alsacia. Hasta 254 alumnos de seis a 11 años se han comprometido a no encender la televisión ni la computadora en 10 días, cuatro de ellos sin clase. Tendrán de testigos a sus padres, que han de firmar la veracidad de sus palabras.

Se trata de alcanzar 14.732 puntos entre todos, cinco cada día laborable y siete si la apuesta sigue en pie los miércoles y los fines de semana. No habrá premios ni excursión de fin de curso por ello. "Se trata solamente de vivir esta aventura y de ver si después todo es diferente. Somos conscientes de que el proyecto en Canadá dio buenos resultados, los niños eran menos violentos, decían menos palabrotas, pero no puedo adelantar nada, no sé lo que ocurrirá aquí", dice el director, Xavier Rémy. Fuera de su despacho, le espera una periodista con una cámara.
"Sólo espero que esto sea bueno para su autoestima, que aprendan a confiar en ellos mismos. Eso es importante. También que los padres se animen, como ahora, a colaborar en el aprendizaje diario de sus hijos", afirma. "Ellos son conscientes del mal que hace estar tantas horas plantados delante de la televisión".

En los carteles que decoran estos días la escuela elemental Ziegelwasser se recuerda que los niños de la verde campiña alsaciana pasan 850 horas al año en la escuela y 1.200 frente a la caja tonta. Si ahora hay que sumar el tiempo de ordenador y de juegos en la videoconsola, apaga y vámonos. Y eso han hecho. Apagón tecnológico y a recuperar juegos olvidados. Los más mayores se entretienen en esas horas de tarde jugando al baloncesto y los pequeños han organizado talleres de costura, danza... En todo ello está implicada la familia.

Por la tarde, llegan las niñas con sus madres de vuelta al colegio. Traen telas y patrones de muñecos; rotuladores, tijeras, hilos, algodón. Al fondo del aula hay una máquina de coser. Todo listo para una tarde estupenda lejos de las ondas catódicas.

Los críos, como ocurre en casi todos los colegios europeos ahora, son de todos los colores. Se suele llamar inmigración, pero el director del centro lo explica de una forma mucho más pedagógica: "Todos son franceses. Simplemente puedo decir que un 30% no tiene este idioma como lengua materna".

Aclarado pues, pantallas detenidas, tijeras al vuelo. Las niñas van recortando muñecos, malcosiéndolos con las uñitas a medio pintar y rellenándolos con algodón. Y se lo pasan mejor que viendo la tele. Eso dicen.

¿Qué esperan las madres? "Que se diviertan, en casa se ponen nerviosos. Ven mucho la tele, tres o cuatro horas", dice una de ellas. La pequeña de los Fernandes -"mi marido es portugués"- no tiene tanto tiempo porque los deberes la mantienen ocupada, dice su madre, Valérie, de 37 años. También tiene un hijo, de seis años. "Es suficiente", se ríe. Sin embargo, Karine Vanhouck ha criado a cuatro, así que entretener con los muñecos de cartón a un grupo de 15 no le asusta en absoluto. Va, viene, recorta, cose, hace café.

Y después de estos días, qué, ¿volverán a la tele? La señora Vanhouck mueve la cabeza de arriba abajo presagiando un sí. "Pero habrán aprendido que hay otras cosas aparte de dar a un botón para encender la pantalla. Cuatro horas con la tele impiden leer, correr, jugar, no son ellos mismos. La televisión no está mal, pero menos horas puede estar mejor", dice el director.
La aventura no ha hecho más que empezar. Xavier Rémy no tiene mucha confianza en repetir el año que viene. "Esto requiere una energía tremenda", dice resoplando. Y hace un nuevo esfuerzo para contar a la prensa extranjera en qué consiste este proyecto.

Las tonterías de un tal Rouco

Un señor, al que al parecer vestir con falda y de riguroso luto negro, como las viudas quintañonas de mi pueblo, confiere una cierta autoridad para hablar sobre maricones y reinonas, y a quien llaman por ahí Rouco, condena el matrimonio homosexual. Difícilmente podría condenar algo que ni siquiera admite. Por otra parte parece entender a fondo el tema; se ve que en los masculinos seminarios se entiende mucho de ese ramo. Dice que el matrimonio gay es ir contra la realidad, pero no dice el señor Rouco qué entiende por realidad. ¿Es la que describe el Papi Benito XVI hoy? ¿Es la que describirá dentro de cuarenta años, cuando desmienta lo que Rouco está diciendo hoy? ¿Es la que describe el Dalai Lama? ¿Es la que proclama la Constitución? ¿Es la que le la gana a cada uno y, por descontado, a los homosexuales, a pesar del Papi, del Dalai Lama, del señor Rouco, de mí y de quien se tercie? Por otra parte, considera, el muy meticuloso, que con el matrimonio homosexual el hombre expresa su rebeldía ante los límites biológicos. Se ve que le interesa saludablemente el cuerpo de los homosexuales y sus excesos; pero la verdad es que no es asunto suyo y tres son una multitud en el caso del matrimonio que, le tengo que recordar, es una institución más antigua y sólida que su pretendido, desfigurado y malentendido Cristianismo. Le convendría recordar su celibato y que no tiene por qué imponérselo a los demás.

jueves, 22 de mayo de 2008

La Mancha para Galdós

Benito Pérez Galdós, Bailén, V:

La Mancha, triste y solitario país donde el sol está en su reino, y el hombre parece obra exclusiva del sol y del polvo; país entre todos famoso desde que el mundo entero se ha acostumbrado a suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D. Quijote. Es opinión general que la Mancha es la más fea y la menos pintoresca de todas las tierras conocidas, y el viajero que viene hoy de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al ventanillo del wagon, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que como inmóvil y estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno. Esto es lo cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su conjunto, es su propia desnudez y monotonía, que si no distraen ni suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de don Quijote, no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras, con lindas casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D. Quijote no hubiera podido existir, y habría muerto en flor, tras la primera salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda.

D. Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones, pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna; tierra surcada por las veredas del acaso, de la aventura, y donde todo cuanto pase ha de parecer obra de la casualidad o de los genios de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace locos a los cuerdos, aquel campo sin fin, donde se levanta el polvo de imaginarias batallas, produciendo al transparentarde la luz, visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba aquella escasez de ciudades, que hace más rara y extraordinaria la presencia de un hombre, o de un animal; necesitaba aquel silencio cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien lo ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los patriarcales molinos de viento, los cuales no necesitaban sino hablar, para asemejarse a colosos inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y espantan al viajero con sus gestos amenazadores.
Bailén, VII.
El sol no tardó en salir aclarando el país y haciendo ver que no estábamos en Moravia, como vamos de Brunn a Olmutz, sino en la Mancha, célebre tierra de España.

El pueblo donde paramos a eso de las ocho de la mañana era Villarta, y dejando allí nuestros machos, tomamos unas galeras que en nueve horas nos hicieron recorrer las cinco leguas que hay desde aquel pueblo a Manzanares: ¡tal era la rapidez de los vehículos en aquellos felices tiempos! Cuando entrábamos en esta villa al caer de la tarde, distinguimos a lo lejos una gran polvareda, levantada al parecer por la marchade un ejército, y dejando los perezosos carros, entramos a pie en el pueblo para llegar más pronto, y saber qué tropas eran aquellas y a dónde iban.

Allí supimos que eran las del general Ligier-Belair que iba a auxiliar el destacamento de Santa Cruz de Mudela, sorprendido y derrotado el día anterior por los habitantes de esta villa. En la de Manzanares reinaba gran desasosiego, y una vez que los franceses desaparecieron, ocupábanse todos en armarse para acudir a auxiliar a los de Valdepeñas, punto donde se creía próximo un reñido combate. Dormimos en Manzanares, y al siguiente día, no encontrando ni cabalgaduras ni carro alguno, partimos a pie para la venta de la Consolación, donde nos detuvimos a oír las estupendas nuevas que allí se referían.

Transitaban constantemente por el camino paisanos armados con escopetas y garrotes, todos muy decididos, y según la muchedumbre de gente que acudía hacia Valdepeñas, en Manzanares, y en los pueblos vecinos de Membrilla y la Solana no debían de quedar más que las mujeres y los niños, porque hasta algunos inútiles viejos acudían a la guerra. Por último, resolvimos asistir nosotros también al espectáculo que se preparaba en la vecina villa, y poniéndonos en marcha, pronto recorrimos las dos leguas de camino llano: mucho antes de llegar divisamos una gran columna de negro humo que el viento difundía en el cielo. La villa de Valdepeñas ardía por los cuatro costados.

Apretando el paso, oímos ya cerca del pueblo prolongado rumor de voces, algunos tiros de fusil, pero no descargas de artillería. Bien pronto nos fue imposible seguir por el arrecife, porque la retaguardia francesa nos lo impedía, y siguiendo el ejemplo de los demás paisanos, nos apartamos del camino, corriendo por entre las viñas y sembrados, sin poder acercarnos a la villa. En esto vimos que la caballería francesa se retiraba del pueblo, ocupando el llano que hay a la izquierda, y al mismo tiempo el incendio tomaba tales proporciones, que Valdepeñas parecía un inmenso horno. Los gritos, los quejidos, las imprecaciones que salían de aquel infierno, llenaban de espanto el ánimo más esforzado.

Al punto comprendimos que el interior del pueblo se defendía heroicamente, y que el plan de los franceses consistía en apoderarse de los extremos, incendiando todas las casas que no pudieran ocupar. De vez en cuando un estruendo espantoso indicaba que alguno de los endebles edificios de adobes había venido al suelo, y el polvo se confundía en los aires con el humo. Los escombros sofocaban momentáneamente el fuego; pero este surgía con más fuerza, cundiendo a las casas inmediatas. Al fin pareció que todo iba a cesar, y, según dijeron los que estaban más cerca, habían salido del pueblo algunos hombres a conferenciar con el general francés. Mucho tiempo debieron de durar las conferencias, porque no vimos que estos seretiraran ni que concluyese el ruido y algazara en el interior; pero al cabo de largo rato un movimiento general de la multitud nos indicó que algo importante ocurría. En efecto, los franceses, replegando sus caballos en la calzada, retrocedían hacia Manzanares.

Cuando entramos en Valdepeñas, el espectáculo de la población era horroroso. Parece increíble que los hombres tengan en sus manos instrumentos capaces de destruir en pocas horas las obras de la paciencia, de la laboriosidad, del interés acumuladas por el brazo trabajador de los años y los siglos. La calle Real, que es la más grande de aquella villa, y, como si dijéramos, la columna vertebral que sirve a las otras de engaste y punto de partida, estaba materialmente cubierta de jinetes franceses y de caballos. Aunque la mayor parte eran cadáveres, había muchos gravemente heridos, que pugnaban por levantarse; pero clavándose de nuevo en las agudas puntas del suelo, volvían a caer. Sabido es que bajo las arenas que artificiosamente cubrían el pavimento de la vía, el suelo estaba erizado de clavos y picos de hierro, de tal modo que la caballería iba tropezando y cayendo conforme entraba, para no levantarse más.

A la calle se habían arrojado cuantos objetos mortíferos se creyeron convenientes para hostilizar a los dragones, y aun después del combate surcaban la arena turbios arroyos de agua hirviendo, que, mezcladacon la sangre, producía sofocante y horrible vapor. En algunas ventanas vimos cadáveres que pendían medio cuerpo fuera y apretando aún en sus crispados dedos el trabuco o la podadera. En el interior de las casas que no eran presa de las llamas, el espectáculo era más lastimoso, porque no sólo los hombres, sino las mujeres y los niños, aparecían cosidos a bayonetazos en las cuevas, y a veces cuando se trataba de entrar en alguna casa por dar auxilio a los heridos que lo habían menester, era preciso salir a toda prisa, abandonándolos a su desgraciada suerte, porque el fuego, no saciado con devorar la habitación cercana, penetraba en aquella con furia irresistible.

En resumen, franceses y españoles se habían destrozado unos a otros con implacable saña; pero al fin aquellos creyeron prudente retirarse, como lo hicieron, no parando hasta Madridejos. Cuando Santorcaz, Marijuán y yo seguimos nuestra marcha, para hacer noche en Santa Cruz de Mudela, el espíritu de los valerosos paisanos de Valdepeñas no había decaído, y tratando de reparar los estragos de aquella sangrienta jornada, parecían capaces de repetirla al siguiente día.
De lejos y al caer de la tarde distinguíamos la columna de humo, cubriendo el cielo de vagabundas y sombrías ráfagas, y el aragonés y yo no pudimos menos de maldecir en voz alta y expresivamente al tirano invasor de España. Contra lo que esperábamos, Santorcaz no nos contestó una palabra, y seguía su camino profundamente pensativo.

martes, 20 de mayo de 2008

Más sobre Feuerbach

¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa - Y Einstein aviva el debate desde la tumba

MÓNICA SALOMONE 20/05/2008

Si usted cree en Dios o, en general, en alguna forma de ente místico, sepa que la inmensa mayoría de la humanidad está en su mismo bando. Si por el contrario no es creyente, es usted, en términos estadísticos, un raro. Si la demostración de la existencia de Dios se basara en el número de fieles, la cosa estaría clara. No es así, aunque en lo que respecta a este artículo eso es, en realidad, lo de menos. Creyentes y no creyentes están divididos por la misma pregunta: ¿Cómo pueden ellos no creer/creer (táchese lo que no corresponda)? Este texto pretende resumir las respuestas que la ciencia da a ambas preguntas.

Los físicos están pletóricos este año porque gracias al acelerador de partículas LHC, que pronto empezará a funcionar cerca de Ginebra, podrán por fin buscar una partícula fundamental que explica el origen de la masa, y a la que llaman la partícula de Dios. Los matemáticos, por su parte, tienen desde hace más de dos siglos una fórmula que relaciona cinco números esenciales en las matemáticas -entre ellos el famoso pi-, y a la que algunos, no todos, se refieren como la fórmula de Dios. Pero, apodos aparte, lo cierto es que la ciencia no se ocupa de Dios. O no de demostrar su existencia o inexistencia. Las opiniones de Einstein -expresadas en una carta recientemente subastada- valen en este terreno tanto como las de cualquiera. Sí que se pregunta la ciencia, en cambio, por qué existe la religión.


No es ni mucho menos un tema de investigación nuevo, pero ahora hay más herramientas y datos para abordarlo, y desde perspectivas más variadas. A sociólogos, antropólogos o filósofos, que tradicionalmente han estudiado el fenómeno de la religión o la religiosidad, se unen ahora biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y neurocientíficos. Incluso hay quienes usan un nuevo término: neuroteología, o neurociencia de la espiritualidad. Prueba del auge del área es que un grupo de la Universidad de Oxford acaba de recibir 2,5 millones de euros de una fundación privada para investigar durante tres años "cómo las estructuras de la mente humana determinan la expresión religiosa", explica uno de los directores del proyecto, el psicólogo evolucionista Justin Barrett, del Centro para la Antropología y la Mente de la Universidad de Oxford.

Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Sacar conclusiones es difícil, e imposible en lo que se refiere a si Dios es o no 'real'. Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. Por tanto, "no vamos a buscar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios", dice Barrett.

¿Desde cuándo es el hombre religioso? Eudald Carbonell, de la Universidad Rovira i Virgili y co-director de la excavación de Atapuerca, recuerda que "las creencias no fosilizan", pero sí pueden hacerlo los ritos de los enterramientos, por ejemplo. Así, se cree que hace unos 200.000 años Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales y que ya mostraba "atisbos de un cierto concepto tribal", ya habría tratado a sus muertos de forma distinta. De lo que no hay duda es de que desde la aparición de Homo sapiens el fenómeno religioso es un continuo. "La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid.

¿Por qué esto es así? Para Carbonell hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural". Lo que significa que la religión -o la capacidad para desarrollarla-, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. ¿Qué ventaja? "Eso ya es filosofía pura", responde Carbonell. Está dicho, las creencias no fosilizan.

Así que hagamos filosofía. O expongamos hipótesis: "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco".

Esa visión cuadra con la antropológica. La religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad en torno a principios comunes. Por cierto, ¿y si fueran esos valores, y no la religión en sí, lo que ha sido seleccionado? Curiosamente, señala Gómez Pellón, "los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad...". Tal vez no sea mensurable el valor biológico de la humildad, pero sí hay muchos modelos que estudian el altruismo y sus posibles ventajas evolutivas en diversas especies, incluida la humana.
También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad". Lo constatan quienes tratan a diario con personas próximas a situaciones extremas. "Es verdad que en la aceptación del proceso de morir las creencias pueden ayudar", señala Xavier Gómez-Batiste, cirujano oncólogo y Jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Bellvitge.


Por si fueran pocas ventajas, otros estudios sugieren que las personas religiosas se deprimen menos, tienen más autoestima e incluso "viven más", dice Barrett. "El compromiso religioso favorece el bienestar psicológico, emocional y físico. Hay evidencias de que la religión ayuda a confiar en los demás y a mantener comunidades más duraderas". La religión parece útil. Eso explica que el ser humano "sea naturalmente receptivo ante las creencias y actividades religiosas", prosigue.

Naturalmente receptivos. ¿Significa eso que estamos orgánicamente predispuestos a ser religiosos? ¿Lo está nuestro cerebro? En los últimos años varios grupos han recurrido a técnicas de imagen para estudiar el cerebro en vivo en "actitud religiosa", por así decir. "Son experimentos difíciles de diseñar porque la experiencia religiosa es muy variada", advierte Javier Cudeiro, jefe del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de Coruña. Los resultados no suelen considerarse concluyentes. Pero sí se acepta que hay áreas implicadas en la experiencia religiosa.

En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas. No es sorprendente. "Se da por hecho", explica Cudeiro; lo mismo que hay áreas implicadas en el cálculo o en el habla.

La pregunta es si esas estructuras fueron seleccionadas a lo largo de la evolución expresamente para la religión. Cudeiro no lo cree. "La experiencia religiosa se relaciona con cambios en la estructura del cerebro, y neuroquímicos, que llevan a la aparición de la autoconciencia, el lenguaje... cambios que permiten procesos cognitivos complejos; no son para una función específica". O sea que la religión bien podría ser, como dice Carbonell, un efecto secundario de la inteligencia.

Otros estudios de neuroteología han estudiado el cerebro de monjas mientras evocaban la sensación de unión con Dios, y de monjes meditando. Uno de los autores de estos trabajos, Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, aspira incluso a poder generar en no creyentes la misma sensación mística de los creyentes, a la que se atribuyen tantos efectos beneficiosos: "Si supiéramos cómo alterar [con fármacos o estimulación eléctrica] estas funciones del cerebro, podríamos ayudar a la gente a alcanzar los estados espirituales usando un dispositivo que estimule el cerebro ", ha declarado Beauregard a la revista Scientific American.

Lo expuesto en este texto sugiere que la cuestión no es tanto por qué existe la religión, sino por qué existe el ateísmo. Con todas las ventajas de la religión, ¿por qué hay gente atea? "El ateísmo actual es un fenómeno nuevo y queremos investigarlo, sí", dice Barrett por teléfono. ¿Tiene que ver con el avance de la ciencia, capaz de dar al menos algunas de esas tan buscadas respuestas? Varios estudios indican que, en efecto, los científicos son menos religiosos que la media. Pero hay excepciones; los matemáticos y los físicos, en especial los que se dedican al estudio del origen del universo -¡precisamente!-, tienden a ser más religiosos. No hay consenso sobre si un mayor grado de educación, o de cociente intelectual, hace ser menos religioso. "El ser religioso o no seguramente depende de muchos factores que aún no conocemos", dice Barrett.
"Las supersticiones más infantiles"

Las opiniones de Albert Einstein sobre el hecho religioso han sido objeto de polémica entre los expertos. Una carta inédita que remitió al filósofo Eric Gutkind en 1954 muestra ahora al genio más escéptico. Los siguientes son extractos de la misiva, publicada por The Guardian.(...) "La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso (para mí). Tales interpretaciones sutiles son muy variadas en naturaleza, y no tienen prácticamente nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que me alegro de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene ninguna cualidad diferente, para mí, a las de los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, si bien están protegidos de los peores cánceres porque no poseen ningún poder. Aparte de eso, no puedo ver que tengan nada de escogidos.Me duele que usted reivindique una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo, como hombre, y otro interno, como judío. Como hombre reivindica, por así decir, estar exento de una causalidad que por lo demás acepta, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció de manera incisiva, seguramente antes que nadie. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros sólo podemos alcanzar a engañarnos (...) a nosotros mismos, pero nuestros esfuerzos morales no salen beneficiados. Al contrario (...)".

domingo, 18 de mayo de 2008

Ángel González

Uno de los primeros poetas que yo leí y que me gustó leer:

Un caballero, un perdedor, un poeta

Homenaje en Alcorcón a Ángel González, con canciones de Pedro Guerra


JUAN CRUZ - Madrid - 18/05/2008

Con lo que se dijo anoche -y con lo que se cantó- del poeta Ángel González en Alcorcón se podría hacer un poema, una biografía, una reivindicación de la melancolía y de la alegría del escritor asturiano que murió en Madrid el último 12 de enero.

Fue en la Feria del Libro de Alcorcón, en un acto que organizó Arabella Siles y que en algún momento pareció hacer honor a lo que Benjamín dijo que eran él y sus acompañantes con respecto a Ángel González.

La familia postiza y la familia verdadera, la legal y querida por él, porque esa mesa en ele que formó Arabella Siles ante un auditorio nutridísimo estaba presidida por Susana Rivera, la mujer de Ángel, el sujeto de numerosos de sus poemas, la mujer que durante treinta años tuvo (lo dijo ella) "el privilegio" de ser su compañera.
Susana Rivera habló después de que Javier Rioyo proyectara un documental en el que pueden verse todas las facetas de Ángel, el hombre saludable y feliz de los ochenta, el hombre aún alegre y melancólico de los noventa, y este hombre final que agarró en un puñado todos los sentimientos y se dispuso a esperar el final como si fuera el último verso de su melancolía.


Ella asistó a ese final, pero vivió también todos los momentos, los felices y los trágicos, y supo por él la razón de su melancolía. "Soy una persona privilegiada". Vio al poeta "morder la vida", le acompañó "por el acariciado mundo", y supo de su amor, claro que supo, por ella y por la vida.


Y no fue tan melancólico siempre. Dijo Almudena Grandes, que le alegró muchas tardes y muchas noches con sus comidas y también con sus bebidas, que fue un perdedor, eso está claro en su biografía, "pero fue uno de los hombres más juveniles que conocí en mi vida". Contó Almudena una muy bella anécdota, que está, además, en uno de sus cuentos. Le preguntaron a Ángel en Estados Unidos la razón por la que, en un momento de su vida, decidió dejarse uno de esos bigotitos que parecían franquistas, además en tiempos de Franco. "No, qué va, yo no quería que fuera un bigotito franquista. Quería parecerme a Cary Grant". Y alguién en el auditorio susurró, en aquella ocasión norteamericana: "Pues no lo consiguió".


Fue un niño de la guerra; vio vaciarse el cerebro de su maestro de música; contempló (y todo esto lo contó Luis García Montero, su amigo, su biógrafo) cómo un hermano fue perseguido y otro asesinado por los nacionales, vio cómo perseguían a su madre y la desposeían de su capacidad para ser maestra, y todo eso fue metiéndole en el alma el poso de tristeza que ahora se le recuerda.


Julio Llamazares dijo que Ángel, que fue amigo suyo también, "era un hombre muy triste que lo disimulaba todo el rato", y melancólico y solitario, "un solitario que no sabía estar solo, así que era el último que se iba de los bares? Era muchos ángeles Ángel".


Muchos ángeles. Cuando áun era un maestro, al final de la guerra civil, en los cuarenta, se fue a Primoud, un pueblo del confín de León donde aún no había ni luz eléctrica. Y se fue de maestro. Julio recordó una anécdota que el propio Ángel contó en televisión. Cuando se iba de Primoud el alcalde del sitio le acompañó a la carretera, y Ángel le dijo:


-Volveré.
El alcalde lo miró. Y le dijo:
-Usted no volverá nunca. A Primoud no vuelve nadie nunca.


Sería triste, dijo Benjamín Prado, "pero era más elegante que su ropa y tenía la sonrisa más bonita que conozco". Era especial, tan apacible en casa, cuando era un invitado, "y con tanto coraje para la poesía". "Lo que más le importaba", dijo Prado, "era Susana", y él era "el pegamento que nos juntaba a todos".


Su poesía, dijo Manuel Rico, crítico, poeta y editor, "está entre las poesías que nos ayudan a cambiar la forma de ver el mundo"; su experiencia de "niño de la guerra" marcó esa forma de contemplar lo que pasa; Luis García Montero fue el encargado de decir las últimas palabras, y éstas fueron biográficas, declinaron el pesar de Ángel en sus primeros años, y explicaron por qué "su poesía negocia con el pesimismo": Su manera de ver la vida está en un título, Sin esperanza, con convecimiento? Y su actitud nace de ese periodo y de la experiencia de leer primero a Juan Ramón y luego a Antonio Machado, a cuyas actitudes terminó pareciéndose?

Para explicar todo eso García Montero terminó leyendo su propio poema Colliure, en el que Ángel aparece poniendo "sus pies heridos en la historia", durante una nueva visita a la tumba de Machado, su maestro de vida, su maestro.


Nathalie Seseña, la actriz, leyó unos poemas, algunos de los cuales son nuevos. Estaban en el ordenador de Ángel, que Susana, asistida por Bernardo Marín, redactor de ELPAÍS.com, logró extraer, y que ahora serán el libro Nada grave, editado en seguida por Visor en su colección Palabra de Honor.

Pedro Guerra clausuró el homenaje con un emocionanente concierto, muchas de cuyas canciones proceden de su aventura con el poeta; él hizo con Ángel hace algunos años una gira que se llamó La palabra en el aire, que al poeta llenó de entusiasmo y que al cantante y escritor le resulta ahora tan emotiva como inolvidable

Guerras

Andrés Casinello: "Toda la vida se ha hablado con ETA, unos y otros, porque me parecería absurdo que no se hiciera. Es una obligación. La paz hay que buscarla siempre, no a cualquier precio, pero hay que buscarla. Había por ahí un folleto muy curioso de las guerras carlistas que explicaba que lo habían probado todo: a encarcelarlos, a amnistiarlos, a mantener sus graduaciones militares y esto sigue, decía. Hay que seguir probando."

Las Coplas de la Virgen de Alarcos

El día de la Virgen de Alarcos sonó un cantar que emocionó a la concurrencia. Incluso la alcaldesa se emocionó. Algunos incluso lloraban. Los autores de esos versos fuimos dos, un servidor y Marcelino, el marido de la Manoli. La emoción, la inspiración, el mérito de la obra cupieron a éste, a un servidor sólo la técnica y el trabajo; fui algo así como el apuntador de su fe; pero ¡saber que gustaron me emocionó a mí también, más que ganar el premio Nobel! Como dijo Manuel Machado,

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.


No es la primera vez que escribo coplas populares; por ahí ruedan diversas nanas e incluso una saeta. Y estos poemas ya no son míos: no guardo copia de ellos, y ya son del pueblo. Él los ha escrito y en él viven.

Otra ocupación parecida, pero menos satisfactoria, es la de negro, que me pone negro a mí también. Por una parte soy negro voluntario: escribo cientos de artículos anónimos de Wikipedia para que los alumnos puedan encontrar información de calidad sobre lengua y literatura; por otro soy negro literario, muy tonto porque no cobro nada: hay algunos que ganaron concursos literarios con mis escritos y luego ni me invitan a un café, aprovechándose de la amistad y el trato; una variante es la del vago que no quiere estudiar y me pide a mí que le haga un trabajo; así he hecho trabajos de filología, sociología, derecho, arte e historia ¿y qué coño sé yo de estas materias? Se aprovechan de mi vanidad, de mi insaciable curiosidad y de mi deseo de saber e investigar. Además soy el negro oficial de mi mujer; ella redacta borradores que son perfectos de ejecución y ya bastan por sí mismos, pero siempre exige que les dé yo una lima, le apaladine el sentido y le condense la sintaxis. El resultado maravilla tanto que los demás recurren a mí a través de ella y me ocupan tanto el tiempo que muy bien podría montar una gestoría. ¿Es que nadie sabe escribir en este pueblo? ¿Nadie sabe siquiera redactar salvo mi mujer y yo? No sé si es por mis conocimientos de retórica, el caso es que una carta que escribamos entre yo y mi mujer hace estragos y consigue sus propósitos sin excepción y deja a todo el mundo "con la boca abrida". Ya ni sé cuántos escritos habré elaborado y corregido, muchos son actas, discursos (políticos incluso), cartas, instancias, documentos, reclamaciones, oficios, circulares, protestas, informes y demás. Hasta ahora es gratuito, pero voy a poner una tienda de prosa y se van a enterar... Que necesito tiempo para corregir exámenes.

sábado, 17 de mayo de 2008

El Público

No suelo ir a ninguna parte, ni siquiera a disfrutar de algún espectáculo, porque necesito tiempo para no hacer nada y cuando no hago nada siempre me ocupa y entretiene la morbosa contemplación de mi propio ombligo. Acaso es porque nadie se lo mira más que uno. Es vergonzoso. Uno debería hacer strip-tease de uno mismo, como Juan Ramón Jiménez, quien, por demás, era un hiperestésico y antipático hasta la médula, salvo con las mujeres. El problema es encontrar un público narcisista que se reconozca en las fealdades y manías de uno mismo, o las disfrute en vez de reírse de ellas. Y para disfrutar, lo primero que tiene que haber es una mesa de tapas bien servida.

¿Qué es el público y dónde se le encuentra?, titulaba Larra. Añado yo ¿se le necesita o no? ¿Y para qué? Platón decía que el motor de la historia es el timos, el reconocimiento según Hegel y su exegeta moderno, Kojève; Aristóteles decía que el hombre era un ser social, esto es, político, que vive en manadas o polis. Necesitamos a los otros, aunque tengamos con ellos un tira y afloja que expresó Sartre al decir que l'enfer sont les autres (el infierno son los demás) en Hui-clos. Incluso el más anacoreta y misántropo ha de bajarse alguna vez de su columna de Simón del desierto para verificar que está en lo cierto, esto es, reafirmarse frente a la duda que nos forma como individuos, ya que el que no duda no es verdaderamente un ser humano consciente. El único consuelo que hay en la muerte es encontrarse en compañía de quien uno ama, no morir solo, como lo expresó bien Jorge Manrique: eso es una reafirmación del yo justo cuando el yo va concluir, se va a concluir, se va a cerrar la función en el teatro de la vida, en el que sólo nos dan la posibilidad de interpretar el papel, pero no de escribir la obra, y sobre todo su final, que ya está escrito y es siempre el mismo. "Los hombres mueren y no son felices", resumía el Calígula de Camus. Morirse es la última soledad: la de no estar ni siquiera con uno mismo.

¿Es esto una comedia, como querían Aristófanes y Demócrito? ¿Una tragedia, como pretendían Heráclito, Sócrates y Calderón? ¿Un drama, como sostenía Cervantes? ¿Una farsa, como creían Ben Johnson y John Webster?, ¿un "trágico sainete", como definía Bécquer?

Mi mujer dice que soy seco y cortante. Se debe a mi naturaleza por entero reflexiva. Soy frío como un pez o, por mejor decir, en mí la reflexión está estrechamente ligada a la pasión. Son casi lo mismo. Soy tan curioso que casi enfermo de curiosidad. Me lo cuestiono todo e incluso a mí mismo; todo lo desmenuzo y recompongo continuamente y nunca estoy satisfecho con la cara que le sale. Eso me provoca una gran timidez, que algunos toman por altivez, cuando es sólo un exceso de sensibilidad, de sentimiento de estar metiendo la pata, de inconformismo patológico; después de caer bien, de inmediato presupongo que estoy molestando, sobrando o perjudicando, y me aparto cuidadosamente dejando a la gente cortada. Quizá el hecho de no verbalizarlo me hace aparecer así. Hay algo en los demás que al cabo de cinco minutos me pone nervioso; es como si oteara un abismo o percibiera algo tenebroso. Mi modo de razonar y de comprometerme es como el del taladro: la espiral perforadora del número áureo. Eso causa daño, por lo cual me retiro antes de causar pupa. No quiero marear ni confundir a nadie.


Mis hijas se hicieron a sí mismas un test de percepción extrasensorial; ellas dieron normales, lo que las desencantó, pues se consideraban unas auténticas pitonisas, aunque para mí siempre serán unas brujillas; luego me lo hicieron a mí; yo, para sorpresa suya y mía, yo, que no quería someterme al test y que tenía absolutamente asumido ser incluso negativo para que se manifesen cosas psíquicas, resulté ser un pedazo de Merlín; según ese test, que consistía en la medición estadística de adivinación de colores y formas, poseo un índice de precognición superior a la media y puedo equivocarme menos al conocer cosas sin verlas, así como al anticiparlas.

Si es así, nada hay tan vulgar y poco extrarodinario en sus manifestaciones, por más que alguna vez haya percibido, o más bien haya creído percibir, sin usar sentidos externos. Fuera de mí la vanidad de tomar las causas por efectos y los efectos por causas, y de engañarme con el deseo de autoengañarse que vanidosamente todos poseemos y que tan bien explotan magos, timadores, agoreros, adivinos y echadores de cartas, prevaliéndose del prejuicio cognitivo conocido como Efecto Forer o Barnum, reforzado por estos tres indicadores:

1. El sujeto cree que el análisis se aplica sólo a él .
2. El sujeto cree en la autoridad del evaluador .
3. El análisis enumera mayormente atributos positivos .

Si percibí, o creí percibir, fue de una manera que no es física, ya que no es una voz, ni una imagen. Es algo dictado por una experiencia inconcreta, una necesidad, una consecuencia de algo, una presión. La superstición se manifiesta cuando uno nota de repente la necesidad imperiosa, ineludible, autoritaria, agobiante, de decir algo por precaución, como si viera algo peligroso sin verlo que luego sucede a continuación, rápido como el rayo. Parece como que aquí se tomara un juicio a posteriori como si fuera a priori para justificar algo que no pretendía justificar nunca, fraguando una inconsecuencia lógica, pues. Con las personas es lo mismo. Al cabo de hablar un rato con ellas noto zozobra, como si me hubiera pinchado con la espina de una rosa o alguien me hubiera susurrado a la oreja algo incómodo o ponzoñoso o agresivo. Con las simpatías me pasa igual: no puedo explicarlas, enseguida siento cuando alguien es bueno, es malo o está equivocado, cuando algo está en onda o no lo está, cuando tengo que hablar con alguien para animarlo o cuando no. Quizá eso emana de la estructura de automatismos de la conciencia, tal como se ha ido forjando en el pulso entre la experiencia y la genética, o de cómo te hayas levantado por la mañana, después de todo. Y, después de todo, la conciencia no dicta sino una parte muy pequeña de nuestros actos. Curiosamente, la gente triste o con problemas psicológicos me busca (o yo la buscaría a ella, lo que es más inquietante), y suele abandonarme bastante mejor de lo que estaba; les cargo las pilas, no sé por qué (acaso porque los chalados nos apoyamos unos a otros); toman mi frialdad por seguridad y eso les hace sentir confortables, como si fuera calidez; con la gente rara me sucede igual. Notan algo en mí que les gratifica y les conforta; les sirvo de paraguas. Un teólogo diría que eso es la gracia santificante; el amor de Cristo; ¡majaderías! Creo que es porque no les juzgo (y es verdad), sino que trato de entenderlos y eso les hace sentir normales. Los instalo en la normalidad explicándoles sus follones y quitándoles enteramente su importancia, conectando su locura a las anclas que las hacen lógicas y consecuentes. Quizá porque de esa manera he sobrevivido a mi propia locura o a la locura que creo he podido tener o tengo, que pudiera muy bien llamarse normalidad en algunos sitios. Eso es bueno, sea divino o humano, que da lo mismo. Un descreído como yo nunca se habría creído esto, pero hace unos meses vengo reflexionando sobre ello y empiezo a dudar. La prueba me la han dado las variaciones estadísticas del test a que me han sometido mis hijas. De momento, dejo esta supuesta precognición mía entre paréntesis; no me la creo, no me la he creído ni me la creeré hasta que tenga más evidencias y, desde luego, ¡no me sirve para adivinar números de lotería primitiva, ja!


Quizá esta oscura intuición es meramente la presión creativa de mi conciencia. La mera inspiración nacida de los mares del caos. El contar, como tantos otros, con esa voz que susurra en mi conciencia y no utiliza palabras para comunicarse, pero que tampoco es una música, ese son o ritmo que yo suelo revestir con palabras tomándolo por inspiración poética, que a Rubén Darío le hacía creer en otros mundos y reencarnaciones, explica que la realidad sea para mí tan confusa y que desde mi niñez haya reaccionado contra ella volviéndome hiperlógico, hiperracional, hiperdescreído. Eso me tranquilizaba. Pero esa voz negra está ahí, viniendo de no sé dónde, disfrazándose y a veces confundiéndose con la realidad y con la inspiración, sin tener absolutamente nada en común con ellas. Sólo sé una cosa: esa voz no soy yo mismo. Acaso es una parte desconocida de mi mismo, pero no soy yo. De algún modo se identifica con la desgracia que evita, y por eso siempre he sentido miedo de saber que es útil. Aunque sólo sea para escribir poesía o interpretar la de otros.

Altermundismo y Responsabilidad Social Corporativa

Pere Rusiñol, "Activismo en los púlpitos del poder económico. Las ONG reúnen títulos para defender sus ideas en las juntas de accionistas. Las multinacionales, obligadas a prestar atención", El País, 17/05/2008:

"Repsol no respeta derechos básicos internacionalmente reconocidos a las poblaciones indígenas". Cuando el pasado miércoles Isabel Tamarit, de Intermon Oxfam, desgranaba con guante de seda en puño de hierro sus quejas sobre la actuación de la multinacional española en América Latina, no tenía delante al hatajo de convencidos habituales en plena performance contra la compañía. Casi todos los que la escucharon sin pestañear llevaban corbata y estaban reunidos para celebrar que Repsol YPF tuvo el año pasado un beneficio récord de 3.188 millones de euros. El escenario era nada menos que la junta de accionistas, con su presidente, Antonio Brufau, al frente.

Cuatro fondos de EE UU cedieron su voz a Intermon en la petrolera española
Las organizaciones denuncian la explotación laboral y el tráfico de armas
"Ya no se puede ir por la vida sin contar con los de enfrente", dicen desde Repsol


"El peligro es que nos usen para legitimarse", alerta un activistaNo hubo aplausos, pero Brufau dijo que tomaba nota y todos se vieron obligados a escuchar los reproches de la ONG porque hablaba en nombre de cuatro fondos de inversión y 900.000 acciones. El llamado activismo accionarial -infiltrarse en el seno de la compañía para que no se pisoteen derechos humanos, sociales o ambientales- se consolida en España y todo indica que va a hacerse habitual en las grandes empresas. La corriente mundial en favor de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) presiona además a las compañías a mostrarse sensibles hacia estas inquietudes.

En marzo, las ONG Justicia y Paz y Setem tomaron la junta del BBVA y le afearon las inversiones en el sector armamentístico, además de proyectos controvertidos en América Latina. Setem es un clásico de las juntas: dispone de 120 acciones de Inditex y 10 de Adolfo Domínguez, lo que le permite hablar cada año ante sus máximos ejecutivos.

¿Sirve de algo o se trata de un diálogo de sordos? "No tienen más remedio que escuchar porque no era sólo una ONG quien hablaba, sino que teníamos la fuerza que dan 900.000 acciones", explica Tamarit, responsable del programa del Sector Privado de Intermon Oxfam, que antes de dar el salto al mundo de las ONG fue durante siete años ejecutiva de una multinacional. Intermon no compró ninguna acción, pero pudo hablar en la junta al contar con el aval de 81.000 títulos españoles y cuatro fondos estadounidenses, entre ellos el Boston Common Assets. El discurso -intervinieron dos personas de Intermon- tuvo que ser necesariamente breve, eso sí: 900.000 acciones dan derecho a hablar, pero su influencia real es muy limitada al representar apenas el 0,06% del capital social.

Pese a ello, Tamarit está satisfecha con la experiencia y convencida de su utilidad. Brufau no sólo tomó nota, sino que Repsol ya se comprometió luego a debatir con la ONG una declaración sobre principios y derechos de los pueblos indígenas, cuyo borrador la ONG tacha de "vago e impreciso". Éste fue el motivo de la intervención: tratar de convencer a la multinacional para que apruebe unas normas de conducta que respeten a los pueblos indígenas en los lugares donde explotan pozos de petróleo, particularmente en Perú.

Hace años que Intermon Oxfam presiona en vano para obligar a Repsol YPF a tomarse en serio los derechos de los indígenas. Del año pasado es un informe de 55 páginas titulado Pueblo sin derechos. La responsabilidad de Repsol YPF en la Amazonia peruana. El documento da la voz a los afectados, que se expresan de forma muy rotunda: "No logramos nada de beneficio de Repsol. Dañaron el bosque y no nos han compensado. Siempre decían que lo veríamos en la siguiente reunión y nunca nos dieron nada", explica el jefe de una de las comunidades en cuyas tierras hubo prospecciones.

"Nos parece estupendo que Intermon Oxfam haya intervenido en la junta", explica Marisol García Bango, responsable del Departamento de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de Repsol YPF, quien añade: "La colaboración es necesaria; empresas y ONG ya no nos vemos como enemigos". García Bango está convencida de que su empresa es una de las más respetuosas en su sector, pero admite que queda mucho por mejorar y que no puede dar la espalda a los movimientos sociales: "Ya no se puede ir por la vida sin contar con los de enfrente, aunque estés convencido de que lo haces bien".

El activismo accionarial lleva décadas de recorrido, sobre todo en el mundo anglosajón. En España es más reciente, pero suma ya siete años de vida. Lo importó Setem, la ONG que más lo ha practicado y que en 2001 sorprendió a todos adquiriendo 120 acciones -hay 630 millones- de Inditex, la exitosa multinacional española de la moda.

Desde entonces acuden siempre a la junta de accionistas para reclamar mayor compromiso social. Al principio chocó, pero siete años después tanto la empresa como la ONG esbozan un balance positivo. "Estamos encantados, el clima es de gran cordialidad y un pilar estratégico de la empresa es precisamente la responsabilidad social", subrayan fuentes de Inditex. Annie Yumi Joh, responsable de campañas de Setem, se muestra menos eufórica y recalca que aún hay mucho por mejorar, pero está convencida de que la insistencia de la ONG ha contribuido a avanzar. "Tenemos una pata dentro y otra pata fuera, pero nuestro tono siempre es constructivo para ser más efectivos", explica Yumi Joh.

"Antes de 2001 Inditex ni siquiera tenía departamento de RSC", apunta Yumi Joh, "y ahora está muy activa en este campo, hasta el punto de que se unió a la Ethical Trade Initiative, organismo independiente con el objetivo de promover y mejorar los códigos de conducta en las cadenas de producción". El sector textil es uno de los más fiscalizados por las ONG para evitar cadenas inextricables de subcontrataciones que pueden culminar en condiciones de semiesclavitud en algún rincón perdido del mundo.

Setem ha comprado también acciones de Adolfo Domínguez, logró intervenir en la junta del BBVA -grupos de accionistas les cedieron su turno- y se plantea llevar la estrategia a otras empresas de los sectores textil y financiero, que juzgan prioritarios. Los objetivos, añade Yumi Joh, son dobles: "De un lado, dar voz a asuntos como derechos humanos y laborales. Del otro, sensibilizar a los accionistas de que una mala imagen puede perjudicar a la organización".

"Que las ONG entren en las juntas de accionistas es una herramienta que se ha comprobado efectiva, siempre que esté acompañada de otras formas de presión", opina Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade. Carreras acumula raudales de experiencia tras años al frente de Intermon Oxfam empujando para romper la barrera hasta hace poco inexpugnable entre ONG y empresas. "Al principio, las empresas suelen sentirse atacadas injustamente, pero se pone el dedo en la llaga y se acaba avanzando en temas no resueltos, aunque a largo plazo", explica. Según Carreras, las juntas de accionistas son una magnífica plataforma porque "dan mucha visibilidad y el presidente escuchará de primera mano críticas que raramente le habían llegado antes directamente".


Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que agrupa a ONG, sindicatos y organizaciones de consumidores, alaba las iniciativas de activismo accionarial, pero recalca también sus limitaciones: "Las empresas multinacionales son cada vez más poderosas y el peso de la fiscalización social no puede recaer sólo en las ONG porque no dan abasto". A su juicio, la clave está en los organismos supranacionales, como la Unión Europea y Naciones Unidas, que "deberían establecer un marco de obligado cumplimiento para todos y crear instrumentos que permitan verificar que se respetan".

Tanto la ONU como la UE han impulsado iniciativas para que la RSC se integre en el conjunto de la política de la empresa y no sea mero maquillaje, así como para forzar cierto nivel de rendición de cuentas. Pero se trata siempre de iniciativas voluntarias que, por tanto, comprometen poco. Un ejemplo: la iniciativa Global Compact de la ONU, que establece algunos estándares básicos de actuación empresarial, tiene la adhesión de 3.000 empresas. Parece un gran éxito, pero adherirse a ella sale casi gratis y entre los firmantes hay algunas de las compañías que más se encuentran en el punto de mira de las ONG, como PetroChina.

El Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), vinculado a la Universidad Politécnica de Cataluña, es aún más pesimista. Jesús Carrión, responsable del programa de "monitoreo de transnacionales", recuerda que su organización ya intervino en la junta de Repsol YPF de 2006 y que ya entonces Brufau tomó nota. "No sirvió de nada; fue todo papel mojado", concluye.

Carrión se muestra muy crítico con los programas de RSC de las multinacionales españolas, a los que se refiere como "irresponsabilidad social corporativa". "Hacen pequeños donativos y tienen gran capacidad mediática para rentabilizarlos como publicidad mientras siguen adelante con programas que destrozan comunidades y territorios".


El ODG considera más útil participar en las contracumbres, como la que se realiza estos días con motivo en la reunión UE- América Latina, aunque sea a costa de romper puentes con las empresas y dejar de ser interlocutores para ellas. "El peligro es que las grandes empresas utilicen a las ONG para legitimarse", apunta. Su análisis le da la vuelta a la toma de las juntas de accionistas por parte de las ONG. Más bien serían las grandes empresas las que estarían tomando las ONG con la añagaza del dinero para la responsabilidad social corporativa.

Objetivo: las grandes marcas


Nike vivió hace unos años como una auténtica pesadilla la Campaña Ropa Limpia, que eligió a la multinacional estadounidense como símbolo de la explotación en el sector textil. La imagen era muy potente: trabajadores que percibían sueldos de miseria en el Tercer Mundo -muchos de ellos niños- fabricaban las zapatillas que lucían estrellas deportivas con salarios astronómicos.Nike respondió al principio con desdén y trató de ignorar la campaña, pero la red se hizo mundial y la información circuló tanto que la empresa se vio obligada a recular en algunos aspectos y, sobre todo, a buscar el diálogo con las organizaciones sociales. Pocas veces se ha visto una marca tan potente contra las cuerdas ante una campaña de las ONG."Las empresas más consolidadas, las que tienen una imagen de marca fuerte, son las más susceptibles de ser tomadas como símbolos por las ONG", explica Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, quien señala especialmente al sector textil: "Es el más sensible porque suelen vender estilos de vida a través de las marcas y por tanto deben vigilar como nadie su reputación"."Nike deslocalizó en cien países más de 1.000 centros de producción, y no se hacía responsable de lo que sucedía en los últimos eslabones de la cadena. La presión le ha obligado a ir asumiendo responsabilidades y aceptar códigos de conducta, aunque todavía quede mucho por hacer", explica Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade.La Campaña Ropa Limpia (www.ropalimpia.org) sigue vigente y fiscaliza ya no sólo a Nike, sino a las principales marcas deportivas y de moda, que operan todas con mecanismos similares.La presión de las ONG va concentrándose ahora sobre Adidas, otro gigante. No tanto por el proceso de producción de sus productos -no difiere demasiado de sus competidores- como por su papel de patrocinador de los Juegos Olímpicos de Pekín.Los grandes patrocinadores de los Juegos -Coca-Cola, General Electric, Johnson & Johnson, Kodak, McDonald's, Samsung...- están en el punto de mira de las ONG por colaborar con un régimen que no respeta los derechos humanos. El gran objetivo de Adidas es desplazar a Nike como número uno en el gigante asiático. Pero se arriesga a sustituirlo también como la bestia negra de las ONG.