sábado, 4 de febrero de 2012
Lenguas
Antonio Valdecantos, "El saldo de la lengua", en El País, 04/02/2012:
Ninguno de los participantes en las recias campañas de defensa del castellano frente a las políticas lingüísticas periféricas ha dicho una sola palabra sobre la imposición escolar y universitaria del inglés
La azucarada doctrina según la cual la lengua sirve sobre todo para entenderse es antiquísima y muy apta para la oratoria edificante, pero no debería dársele más crédito del quizá no muy generoso que le conceden los autores de esta clase de discursos. Cualquier observador atento sabe de sobra que el lenguaje no es casi nunca un medio para el acuerdo ni para la concordia, sino uno de los motivos de violencia más inagotables y traicioneros de que se tiene noticia. Y quien quiera consolarse creyendo que una lengua solo revela su rostro carnicero cuando se enfrenta a otras, hará bien en acudir al libro de los Jueces (12, 4-6), donde se narra con la mayor naturalidad cómo 42.000 efraimitas, que se esforzaban por disimular su condición, fueron degollados por los galaditas en los vados del Jordán al ser incapaces de pronunciar adecuadamente el primer sonido de la palabra shibbolet y no saber decir más que sibbolet: cuando la lengua es un cuchillo, con una sola letra basta.
La lengua fue durante siglos compañera del Imperio y madre del guerrero, y todas las lenguas maternas lo son por alguna victoria militar, próxima o remota, que decidió sobre cómo hablaría cierto número de generaciones futuras. De manera inevitable, también las lenguas pequeñas buscan un reino propio al que acompañar, y casi nunca renuncian a planes más o menos ambiciosos de expansión. En nuestros días la lengua sigue siendo compañera de imperios, repúblicas y principados, pero lo habitual es que se la aprecie más por su valor de cambio que por sus vibrantes resonancias marciales. A menudo se oye, por ejemplo, que las lenguas muy habladas y cuyo aprendizaje resulta atractivo son una fuente segura de ganancias, como el sol donde luce mucho, o como el nombre mismo de la nación (su marca, acostumbra a decirse, cambiando el ardor patriótico por el orgullo mercantil) cuando goza de prestigio por alguna circunstancia o episodio notorio, y casi siempre deportivo (las victorias en esta clase de torneos son, sin duda, el sucedáneo incruento de los triunfos guerreros).
Para aumentar el valor de la marca del país, el ser la cabecera de una lengua universal constituye una ventaja de las más envidiables y un tesoro al que conviene sacar todo el partido (o, como suele decirse con la mayor solemnidad, aunando codicia y pedantería, "todo el potencial"). Pero, naturalmente, no cabe montar una buena política de la lengua tan solo a base de cálculos contables. Del mismo modo que el orador guerrero o sagrado se desgañitará cada vez que se refiera a los mártires, el encargado de promocionar la lengua como referente de la marca nacional deberá invocar a menudo las glorias literarias muertas y vivas, ventajosas sustitutas de los héroes y los santos, y que constituyen, además, un apreciadísimo hontanar de valores culturales (cosa también promocionable de por sí), e incluso de valores en general.
No puede decirse que hayan faltado en España en los últimos tiempos agrias disputas lingüísticas. Y no faltarán nunca porque, allí donde haya lenguas irredentas, las consabidas pendencias identitarias serán siempre entretenimiento obligado de la opinión pública y nadie podrá permitirse el lujo de cancelarlas. Lo que resulta francamente llamativo ha sido la ausencia de todo debate en relación con el hecho lingüístico de mayor envergadura producido en muchísimo tiempo, a saber, la aceptación del incontrovertible principio según el cual el llamado bilingüismo (pero no el central-periférico, sino el referido al inglés) debería ser el día de mañana la condición normal de todos los súbditos. No se conoce, en efecto, a nadie que haya puesto en tela de juicio la bondad de dicho propósito, y lo único que está permitido discutir es la manera de lograrlo (o, como dirán los avisados, implementarlo) del modo más rápido y eficiente, aunque al principio resulte un poco pintoresco.
Como es lógico, tal bilingüismo se habrá de procurar sobre todo por medio de la enseñanza, y el que esta deba cursarse, de principio a fin, en inglés constituirá un dogma incuestionado sobre el que sería muy poco aconsejable expresar dudas: si el inglés llega a ser la lengua de la escuela, nuestra competitividad y excelencia darán un paso de gigante, porque no cabe ninguna duda de cuál es la lengua de la innovación, de la tecnología, de la globalización y, en general, del futuro. Ninguna escuela ni universidad podrá competir aceptablemente si no se proclama bilingüe, y lo que eso significa es que el inglés será la lengua en la que los súbditos aprenderán lo mucho o poco que lleguen a saber, y aquella en la que habrá de hablarse cuando se quiera transmitir seriamente cualquier clase de conocimiento. Puede que tal hallazgo traiga como consecuencia la reducción del castellano a una lengua de uso familiar (o, en el mejor de los casos, también literario), y quizá no haya nada de malo en ello. Es cierto que lo anterior se parece más a la diglosia que al bilingüismo propiamente dicho, pero no procede en absoluto que nos pongamos ahora sutiles ni apocalípticos porque, como debería saberse, con el futuro no se juega.
Que ninguno de los participantes en las recias campañas de defensa del castellano frente a las políticas lingüísticas periféricas haya dicho una sola palabra sobre la imposición escolar y universitaria del inglés no es algo que deba sorprender a nadie, porque los guardianes del español y las instituciones del ramo han practicado, por activa o por pasiva, el mismo asentimiento complaciente que el resto del público. Y poco importa que el llamado bilingüismo resulte casi siempre ridículo. La mayor parte de los maestros y profesores no saben, en efecto, suficiente inglés (ni es, por cierto, su obligación) y enseñan de manera tristemente balbuciente, pero se supone que este reto, como todos, se superará con el tiempo. Además, nadie ha dicho que el docente tenga que ser Demóstenes, y en esto radica seguramente lo decisivo de la cuestión: a nadie parece inquietar el que la enseñanza se lleve a cabo en las condiciones de indigencia verbal propias de una lengua que no dominan ni el profesor ni los alumnos, algo quizá poco importante en las múltiples actividades recreativas que llenan el horario escolar, pero no muy recomendable a la hora de enseñar, por ejemplo, historia o filosofía.
Oponerse, por un lado, al llamado bilingüismo y sentir, por otro, un poco de rubor o de risa floja al oír hablar con unción de la "marca España" son señales inequívocas de inadaptación a los tiempos y de poco espíritu competitivo. Aceptado sea. Pero puede que convenga tener en cuenta un pequeño detalle: si el producto que con tanto empeño se quiere promocionar en el exterior es una lengua cuyo mero uso denotará para sus hablantes maternos que no se está practicando ninguna actividad verdaderamente seria, entonces puede que una mercancía tan averiada pierda la mayor parte de su interés, y que la marca en cuestión no esté en condiciones de competir muy ventajosamente en el mercado global. Estudiar una lengua no empleada para nada tenido por provechoso y que se reduce a la literatura y al habla coloquial es como aprender una extravagante mezcla de latín y de caló, exquisito lujo inmejorable para eruditos sofisticados, pero no muy prometedor en un mundo competitivo. Semejante lengua no solo sería una mala compañera de cualquier imperio, sino también un producto nada fácil de colocar en el mercado y un pésimo logotipo para cualquier marca nacional. Lograr vender a otros lo que uno no quiere para sí exige mucha labia, mucha astucia y mucho disimulo; de lo contrario, tan solo se podrá ser competitivo en el mercado de segunda mano o de ocasión, donde las marcas tienen, qué duda cabe, mucha menos importancia.
Antonio Valdecantos es catedrático de Filosofía de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro publicado es La clac y el apuntador (Abada).
viernes, 3 de febrero de 2012
Naturaleza viva o muerta
John Berger: “Cézanne no puede ser español porque él tiene capacidad para dar órdenes a la naturaleza. Y ésta es una idea muy francesa o italiana, nunca española”. A continuación expresó una creencia suya especialmente particular: “Para los artistas españoles la naturaleza es algo cruel, fuera de orden. Ahora bien, el rol de Cézanne podía estar representado aquí por Juan Gris”
jueves, 2 de febrero de 2012
Alumnos
Lo que voy a decir sonará quizá extraño a unos pocos, espero, profesores. Y es que hay que querer a los alumnos, esto es, apreciarlos por lo que son y lo que tienen, no por lo que uno quiera hacer de ellos. Por supuesto, nuestro trabajo consiste en mejorarlos, también en el sentido en que lo hacen los sacerdotes, y a veces incluso hasta edificarlos; pero eso sólo es posible hacerlo mirando y depurando lo mejor de los alumnos. Y a veces, lo único que puede hacer un profesor por un alumno es darle ejemplo, mejor bueno que malo, pero en todo caso útil como referencia; eso que no hacen los padres divorciados, los políticos corruptos o los periodistas vendidos: estar ahí, evangelizando, apoyando, auxiliando, dando ánimos, corrigiendo, enderezando a los torcidos con cuidado para que no se duelan. A algunos se les da bien y a otros peor; pero sin duda a todos les iría mejor si no hubiese gente esparciendo maldades, prejuicios e infundios por ahí, lo que Cristo llamaba cizañas, siempre más fértiles que el grano que sofocan. Muchos no se dan cuenta del poder de la palabra; deberían leerse la Epístola de Santiago o, si son más perezosos y menos místicos, 1280 almas de Jim Thompson.
Pero vayamos al grano. Decía que lo que hay que hacer es dar ejemplo; más preciso sería si dijese que hay que dar ánimos, fuerza, fortaleza, confianza en uno mismo, sobre todo al angustiado por la desesperación de no saber ni por dónde se anda, algo bastante común en la adolescencia, cuando no se tiene un pasado para poderse agarrar ante lo nuevo y cuando lo nuevo angustia porque lo ignoras. Y, a veces, más de las que se cree, exigir mucho y lograr que superen las barreras cada vez más altas que les ponemos algunos profesores tiene un coste lamentable. El de la esterilidad. He visto muchísimos alumnos brillantes que, tras conquistar su objetivo, el de una nómina, desperdiciaban sus habilidades sentándose en una poltrona. Para ellos el conocimiento era un medio, no un fin. Una vez usado, lo despreciaban, porque el sacrificio y la recompensa para ellos no eran una misma cosa. Otros, por el contrario, eran tan inteligentes que se aburrían y fracasaban. El alumno que aprende a esforzarse demasiado, acaba cogiendo odio a lo que hace, asimilará como propio de la materia el dolor y la frustración que le han costado: sí, aprenderá la historia de la literatura, pero la olvidará tan deprisa como la aprendió, porque lo que aprendió realmente es el dolor que le costó aprenderla: ese alumno no escribirá nunca nada, no se esforzará nunca en escribir ni hablar bien, no acudirá al diccionario cuando oiga una palabra que no conozca, no leerá nunca literatura clásica ni de la otra; si aprende idiomas, no leerá ningún libro en ellas, ni verá ninguna película subtitulada ni en lengua original, no leerá prensa extranjera ni verá televisión extranjera; no traducirá nunca un poema en ese idioma, no lo usará sino para decir "My tailor is rich". Si las matemáticas le entran con sangre, jamás intentará resolver un problema matemático y confiará ciegamente en las calculadoras, nunca se pondrá a inventar nada, a sacar estadísticas, a mejorar los rendimientos económicos de un negocio. No pasará de las cuatro cuentas, olvidará las potencias, las raíces, las integrales, las derivadas, las fórmulas, las ecuaciones. Hasta la regla de tres y dividir por dos cifras. Y así por el estilo. Eso suele ocurrir con profesores que nunca ponen un diez, sino que lo reservan para sí mismos: son unos engreídos que creen ser superiores a un pobre muchachito; claro que lo son, pero cuando eran simples muchachitos seguramente eran más palurdos y peores que estos, al menos en algunas materias ¿o no? Y seguro que echaban la culpa a algún profesor demasiado exigente "que les hizo perder todo entusiasmo por la materia" o "no sabía explicar" o "era aburrido". Pierden la curiosidad y, con ella, la inquietud y el pedacito que podían aportar al conocimiento. Por supuesto, un profesor no es un showman, no tiene que hacerle un striptease a la materia; la materia no es una puta, es una señorita educada a la que hay que tratar con amor, entusiasmo y deferencia, cortejándola hasta que decida ser amiga tuya. Pero algunos profes se tienen por generales, soldados, militantes, luchadores, peleones, matones o gallitos ridículos, si hemos de seguir la famosa gradatio minorativa de Sancho el Bravo a Sancho el Fuerte y de Sancho el Fuerte a Sancho Panza. La verdad es que los profesores sólo somos unos Prometeos que tienen que encender un fuego de saber provistos apenas con la miserable ayuda de un trozo de tiza y un montón de libros.
Pero vayamos al grano. Decía que lo que hay que hacer es dar ejemplo; más preciso sería si dijese que hay que dar ánimos, fuerza, fortaleza, confianza en uno mismo, sobre todo al angustiado por la desesperación de no saber ni por dónde se anda, algo bastante común en la adolescencia, cuando no se tiene un pasado para poderse agarrar ante lo nuevo y cuando lo nuevo angustia porque lo ignoras. Y, a veces, más de las que se cree, exigir mucho y lograr que superen las barreras cada vez más altas que les ponemos algunos profesores tiene un coste lamentable. El de la esterilidad. He visto muchísimos alumnos brillantes que, tras conquistar su objetivo, el de una nómina, desperdiciaban sus habilidades sentándose en una poltrona. Para ellos el conocimiento era un medio, no un fin. Una vez usado, lo despreciaban, porque el sacrificio y la recompensa para ellos no eran una misma cosa. Otros, por el contrario, eran tan inteligentes que se aburrían y fracasaban. El alumno que aprende a esforzarse demasiado, acaba cogiendo odio a lo que hace, asimilará como propio de la materia el dolor y la frustración que le han costado: sí, aprenderá la historia de la literatura, pero la olvidará tan deprisa como la aprendió, porque lo que aprendió realmente es el dolor que le costó aprenderla: ese alumno no escribirá nunca nada, no se esforzará nunca en escribir ni hablar bien, no acudirá al diccionario cuando oiga una palabra que no conozca, no leerá nunca literatura clásica ni de la otra; si aprende idiomas, no leerá ningún libro en ellas, ni verá ninguna película subtitulada ni en lengua original, no leerá prensa extranjera ni verá televisión extranjera; no traducirá nunca un poema en ese idioma, no lo usará sino para decir "My tailor is rich". Si las matemáticas le entran con sangre, jamás intentará resolver un problema matemático y confiará ciegamente en las calculadoras, nunca se pondrá a inventar nada, a sacar estadísticas, a mejorar los rendimientos económicos de un negocio. No pasará de las cuatro cuentas, olvidará las potencias, las raíces, las integrales, las derivadas, las fórmulas, las ecuaciones. Hasta la regla de tres y dividir por dos cifras. Y así por el estilo. Eso suele ocurrir con profesores que nunca ponen un diez, sino que lo reservan para sí mismos: son unos engreídos que creen ser superiores a un pobre muchachito; claro que lo son, pero cuando eran simples muchachitos seguramente eran más palurdos y peores que estos, al menos en algunas materias ¿o no? Y seguro que echaban la culpa a algún profesor demasiado exigente "que les hizo perder todo entusiasmo por la materia" o "no sabía explicar" o "era aburrido". Pierden la curiosidad y, con ella, la inquietud y el pedacito que podían aportar al conocimiento. Por supuesto, un profesor no es un showman, no tiene que hacerle un striptease a la materia; la materia no es una puta, es una señorita educada a la que hay que tratar con amor, entusiasmo y deferencia, cortejándola hasta que decida ser amiga tuya. Pero algunos profes se tienen por generales, soldados, militantes, luchadores, peleones, matones o gallitos ridículos, si hemos de seguir la famosa gradatio minorativa de Sancho el Bravo a Sancho el Fuerte y de Sancho el Fuerte a Sancho Panza. La verdad es que los profesores sólo somos unos Prometeos que tienen que encender un fuego de saber provistos apenas con la miserable ayuda de un trozo de tiza y un montón de libros.
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Hápax
"Honorificabilitudinitatibus", Shakespeare, pero no es un verdadero hapax; tiene precedentes.
"Nortelrye", Chaucer con el significado de “educación”
“Ptyx”, Mallarmé en Plusieurs sonnets, 1868.
"Golem", en la Biblia, la famosa criatura minusquamhumana.
"Trashumanar", en el Alighieri, trascender la condición humana
"Flother", copo de nieve, en inglés medieval.
"Nortelrye", Chaucer con el significado de “educación”
“Ptyx”, Mallarmé en Plusieurs sonnets, 1868.
"Golem", en la Biblia, la famosa criatura minusquamhumana.
"Trashumanar", en el Alighieri, trascender la condición humana
"Flother", copo de nieve, en inglés medieval.
Cinco frustraciones comunes
Bronnie Ware reune las cinco confesiones más comunes. ¿Sabe de qué se arrepienten las personas antes de morir? "Es más común arrepentirse de algo que no hicimos"
BBC Mundo, 1 de febrero de 2012 a las 09:20
¿Servirá el libro para que podamos cambiar antes de morir?
A diferencia de Edit Piaf, que decía en su famosa canción que ella no se arrepentía de nada, mucha gente parece terminar su vida con un gran arrepentimiento. Eso es lo que afirma Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, quien acaba de compilar en un libro la lista de los cinco principales arrepentimientos que tiene la gente antes de morir.
La enfermera australiana reunió en su libro las "confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte", lo que hubieran querido hacer o no hacer. Fueron confesiones, dice, que le ayudaron a transformar su vida. Porque según Bronnie Ware, es realmente triste llegar a la tumba pensando "ojalá lo hubiera hecho...".
"Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes" explica la autora. "Y el principal arrepentimiento de mucha gente es 'ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera'", agrega.
"Otro arrepentimiento común es 'ojalá no hubiera trabajado tanto', porque eso, decían, los había hecho perder el equilibrio y como resultado habían perdido muchas cosas en su vida".
El libro, titulado 'Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos', es un recuento de memorias sobre la vida de la autora y sus experiencias durante años de trabajo en cuidados paliativos.
Los pacientes de Ware eran personas que habían sido desahuciadas y esperaban en cualquier momento la muerte. Esto, dice, la permitió compartir "momentos increíblemente especiales. Porque pasé con ellos las últimas tres a doce semanas de sus vidas".
ENFRENTANDO LA MORTALIDAD
La idea del libro surgió después de que un artículo publicado en su blog, titulado "Arrepentimientos de los Moribundos", se volvió viral en internet y Ware decidió escribir algo más completo sobre esas confesiones y la forma como "transformaron su vida". "La gente madura muchísimo cuando debe enfrentar su propia mortalidad" explica la autora.
"Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación". "Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir".
Bronnie Ware dice que "otro arrepentimiento común entre los moribundos era que hubieran deseado tener el coraje de expresar sus sentimientos". "Y eso se aplicaba tanto en los sentimientos positivos como negativos".
"Muchos decían: 'ojalá hubiera tenido el coraje de hablar y decir que no me gustaban esas cosas', o que hubieran tenido el coraje de hablar con personas y decirles lo que realmente sentían por ellas".
"También era muy común arrepentirse de no haber vuelto a tener contacto con viejos amigos. Mucha gente decía que le hubiera gustado volver a ver a alguien para recordar momentos de su vida, pero no habían hecho el esfuerzo de encontrarlo". Según Ware, al final de la vida los amigos son muy importantes porque a menudo los familiares que rodean a un enfermo terminal están pasando por su propio duelo.
Una persona en su lecho de muerte a menudo extraña a esos amigos, dice, pero muchas veces, cuando se les pierde el rastro, ya es demasiado tarde para encontrarlos.
Los moribundos, dice Bronnie Ware, también "hubieran deseado ser más felices". Algo que llama la atención es que todos estos lamentos de los moribundos son de cosas que no hicieron. La gente no parece arrepentirse de algo que sí hizo.
"Todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo" explica Ware. "Por eso es más común arrepentirse de algo que no hicimos".
"Pero pienso que como seres humanos debemos aprender a perdonarnos más a nosotros mismos y no ser tan duros por no haber hecho algo en el pasado. Y esto se aplica principalmente cuando una persona está enferma y no tiene ya libertad de hacer cosas porque no tiene salud".
Lo que la autora espera, dice, es que su libro "ayude a la gente a actuar hoy y no dejar las cosas para mañana, para después arrepentirse".
"A mí estas confesiones me ayudaron a implementar grandes cambios en mi vida y espero que la gente que lea el libro también pueda entender que la vida está pasando hoy y que ahora es el momento de vivirla".
"Mi principal mensaje es que todos vamos a morir, y que si en este momento nos arrepentimos de algo tratemos de solucionarlo ahora".
BBC Mundo, 1 de febrero de 2012 a las 09:20
¿Servirá el libro para que podamos cambiar antes de morir?
A diferencia de Edit Piaf, que decía en su famosa canción que ella no se arrepentía de nada, mucha gente parece terminar su vida con un gran arrepentimiento. Eso es lo que afirma Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, quien acaba de compilar en un libro la lista de los cinco principales arrepentimientos que tiene la gente antes de morir.
La enfermera australiana reunió en su libro las "confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte", lo que hubieran querido hacer o no hacer. Fueron confesiones, dice, que le ayudaron a transformar su vida. Porque según Bronnie Ware, es realmente triste llegar a la tumba pensando "ojalá lo hubiera hecho...".
"Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes" explica la autora. "Y el principal arrepentimiento de mucha gente es 'ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera'", agrega.
"Otro arrepentimiento común es 'ojalá no hubiera trabajado tanto', porque eso, decían, los había hecho perder el equilibrio y como resultado habían perdido muchas cosas en su vida".
El libro, titulado 'Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos', es un recuento de memorias sobre la vida de la autora y sus experiencias durante años de trabajo en cuidados paliativos.
Los pacientes de Ware eran personas que habían sido desahuciadas y esperaban en cualquier momento la muerte. Esto, dice, la permitió compartir "momentos increíblemente especiales. Porque pasé con ellos las últimas tres a doce semanas de sus vidas".
ENFRENTANDO LA MORTALIDAD
La idea del libro surgió después de que un artículo publicado en su blog, titulado "Arrepentimientos de los Moribundos", se volvió viral en internet y Ware decidió escribir algo más completo sobre esas confesiones y la forma como "transformaron su vida". "La gente madura muchísimo cuando debe enfrentar su propia mortalidad" explica la autora.
"Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación". "Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir".
Bronnie Ware dice que "otro arrepentimiento común entre los moribundos era que hubieran deseado tener el coraje de expresar sus sentimientos". "Y eso se aplicaba tanto en los sentimientos positivos como negativos".
"Muchos decían: 'ojalá hubiera tenido el coraje de hablar y decir que no me gustaban esas cosas', o que hubieran tenido el coraje de hablar con personas y decirles lo que realmente sentían por ellas".
"También era muy común arrepentirse de no haber vuelto a tener contacto con viejos amigos. Mucha gente decía que le hubiera gustado volver a ver a alguien para recordar momentos de su vida, pero no habían hecho el esfuerzo de encontrarlo". Según Ware, al final de la vida los amigos son muy importantes porque a menudo los familiares que rodean a un enfermo terminal están pasando por su propio duelo.
Una persona en su lecho de muerte a menudo extraña a esos amigos, dice, pero muchas veces, cuando se les pierde el rastro, ya es demasiado tarde para encontrarlos.
Los moribundos, dice Bronnie Ware, también "hubieran deseado ser más felices". Algo que llama la atención es que todos estos lamentos de los moribundos son de cosas que no hicieron. La gente no parece arrepentirse de algo que sí hizo.
"Todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo" explica Ware. "Por eso es más común arrepentirse de algo que no hicimos".
"Pero pienso que como seres humanos debemos aprender a perdonarnos más a nosotros mismos y no ser tan duros por no haber hecho algo en el pasado. Y esto se aplica principalmente cuando una persona está enferma y no tiene ya libertad de hacer cosas porque no tiene salud".
Lo que la autora espera, dice, es que su libro "ayude a la gente a actuar hoy y no dejar las cosas para mañana, para después arrepentirse".
"A mí estas confesiones me ayudaron a implementar grandes cambios en mi vida y espero que la gente que lea el libro también pueda entender que la vida está pasando hoy y que ahora es el momento de vivirla".
"Mi principal mensaje es que todos vamos a morir, y que si en este momento nos arrepentimos de algo tratemos de solucionarlo ahora".
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martes, 31 de enero de 2012
Actas judiciales con faltas de ortografía
Carlos me remite este artículo que me apresuro a copiar. En los tiempos de la ESO, hasta los logotipos tienen faltas de ortografía y no menos los jurados populares, llenos de antiguos alumnos. Para muestra no valdrá un botón, porque la situación ya es irremediable:
Marisol Hernández "Un jurado con faltas de ortografía. El acta del jurado popular del 'caso Camps' no superaría un examen de la ESO. Faltan tildes y signos de puntuación, inventan palabras y no hay concordancia" El Mundo, 27/01/2012
El «Acta de Votación del Jurado» del juicio de Camps no superaría un examen de ortografía de la ESO. Ya en la primera frase el texto avisa de que «el jurado, a deliberado», y eso es sólo el aperitivo de 16 folios plagados de faltas de concordancia, mala puntuación, palabras con errores y ausencia de tildes.
Dos frases ayudan a evaluar el nivel de redacción del autor del acta que declaró a Camps y Costa no culpables. Al referirse a los elementos de convicción, se afirma que «los supuestos regalos no han quedado demostrados que se les hallan pagado a los acusados, mediante el informe pericial que tambien afirma esta conclusion».
Más adelante, el texto defiende que Costa «no recibio prenda alguna en consideración a su cargo, basandonos en las declaraciones de los funcionarios de conselleria en la cual, todos coinciden que no tenian influencia alguna en materia de contratación».
El texto insiste en no colocar tildes allí donde corresponde. No aparecen ni en palabras agudas («ningun», «segun»,...), ni en monosílabos («mas», «si que hemos tenido en cuenta»), ni en palabras esdrújulas. El error se repite incluso en nombres y apellidos como «Jordan» o «Jose Tomas».
De los errores en la redacción de palabras, el más repetido es el que tiene que ver con la confusión de la letra b por la v. Se inventan así palabras como «faborable» o «tubiera» y surgen los «tikets».
El autor del acta consiente en retirar la mayúscula de palabras que deben utilizarla, como sucede al referirse a la «fiscalia» (sin tilde), la «generalitat» o el nombre de una de las tiendas mencionadas en todo el proceso, que pasa a ser «forever young». En cambio, se escribe «Donde» dentro de un paréntesis en mitad de una frase.
La redacción es reiterativa y parece apresurada («no tienia»). Por eso son tan habituales las faltas de concordancia. Según el jurado, «nos basamos en las contradicciones de las dencaraciones de D. Jose Tomas [...] que entran en contradiccion por lo tanto, al haber duda, aplicamos la condicion más favorable tal y como estable la ley, para los acusados».
Más adelante, el texto dice que los informes de los peritos «coinciden en que no se pueden relacionar al 100% que la documentación acredita los pagos». Y en su última página aclara que «no han ocurrido incidencias» en la deliberación.
Una de las cuestiones más llamativas es que muchos errores aparecen corregidos en el propio texto, lo que hace pensar en una revisión ortográfica de urgencia.
El jurado estaba compuesto por nueve personas, seis hombres (cuatro de ellos de menos de 35 años y los otros dos en torno a los 45 años) y tres mujeres (dos en torno a los 50 años y una de menos de 35 años). Asistentes al juicio coincidieron en destacar que los dos hombres que superaban la cuarentena se singularizaron por prestar más atención a las defensas que a las acusaciones, y uno de ellos se habría convertido finalmente en el portavoz del jurado. No es posible conocer quién redactó el acta.
La moda de hablar mal, o no hablar, de Keynes
El premio nobel de Economía 2008 Paul Krugman, hoy:
"Cualquier estudiante universitario que hubiese leído el libro de texto Economía, de Paul Samuelson, les podría haber dicho que la austeridad frente a una depresión es una idea muy mala. Pero los que elaboran las políticas, los expertos y, siento decirlo, muchos economistas, decidieron, en gran parte por razones políticas, olvidar lo que solían saber, y millones de trabajadores están pagando el precio de su amnesia deliberada."
"Cualquier estudiante universitario que hubiese leído el libro de texto Economía, de Paul Samuelson, les podría haber dicho que la austeridad frente a una depresión es una idea muy mala. Pero los que elaboran las políticas, los expertos y, siento decirlo, muchos economistas, decidieron, en gran parte por razones políticas, olvidar lo que solían saber, y millones de trabajadores están pagando el precio de su amnesia deliberada."
lunes, 30 de enero de 2012
Un barco hundido por los que mandan
Arturo Pérez Reverte, "Capitanes valientes, o no" El País, 24 de enero de 2012
Con el auge de las comunicaciones fáciles vía Internet y telefonía móvil, la responsabilidad de un marino se diluye. Las modernas comunicaciones hacen ya imposible la iniciativa de quienes están sobre el terreno
La noche del 14 de abril de 1912, 99 años y nueve meses antes de que el Costa Concordia se abriese el casco en un escollo de la isla toscana del Giglio, el Titanic se hundió en el Atlántico Norte llevándose a 1.503 personas. El abandono del barco fue desastroso. El capitán Edward Smith, que pese a 34 años de experiencia profesional se comportó más como torpe gerente de un hotel de lujo que como marino, tardó 25 minutos en lanzar el primer SOS. Además, retrasó la orden de abandonar el barco, disimulando esta de modo que la mayor parte de los pasajeros no advirtió el peligro hasta que fue demasiado tarde. Después, la falta de botes salvavidas, el mar bajo cero y los 25 minutos perdidos en la llegada del primer barco que acudió en su auxilio, remataron la tragedia.
Cuatro semanas más tarde, en un artículo memorable publicado en The English Rewiew, Joseph Conrad confrontaba el final del Titanic con el hundimiento, reciente en aquellas fechas, del Douro: un barco más pequeño pero con proporción similar de pasajeros. El Titanic se había hundido despacio, entre el desconcierto y la incompetencia de capitán y tripulantes, mientras que en el Douro, que se fue a pique en pocos minutos, la dotación completa de capitán a mayordomo, menos el oficial al mando de los botes salvavidas y dos marineros para gobernar cada uno, se hundió con el barco, sin rechistar, después de poner a salvo a todo el pasaje. Pero es que el Douro, concluía Conrad, era un barco de verdad, tripulado por marinos profesionales y bien mandados que no perdieron la humanidad ni la sangre fría. No un monstruoso hotel flotante lanzado a 21 nudos de velocidad por un mar con icebergs, atendido por seis centenares de pobres diablos entre mozos, doncellas, músicos, animadores, cocineros y camareros.
Escrito hace un siglo, el comentario conradiano podría aplicarse casi de modo literal al desastre del Costa Concordia. Pese al tiempo y los avances técnicos que median entre uno y otro barco, muchas son las lecciones no aprendidas, las arrogancias culpables y las incompetencias evidentes para cualquier marino, aunque no siempre para los armadores e ingenieros navales: desmesura en los grandes cruceros, escasa preparación de tripulaciones, fe ciega y suicida en la tecnología, o competencia profesional de los capitanes y oficiales al mando. En este último aspecto, ciertos detalles en el comportamiento del capitán del Costa Concordia, Francesco Schettino, quizá merezcan considerarse.
Todo capitán de barco tiene dos deberes inexcusables: gobernar su nave con seguridad y destreza y, en caso de incidente o naufragio, procurar el salvamento de pasaje, tripulación, carga y, a ser posible, del barco mismo. Esa es la razón de que, en otros tiempos, un capitán pundonoroso se hundiese a veces con el barco, pues su presencia a bordo era garantía de que todo se había procurado hasta el último instante. Y así, a un capitán capaz de gobernar bien un barco y asegurar en caso de incidente o tragedia la mayor parte posible de vidas y bienes, se le considera, hoy como ayer, un marino competente.
Al llamar a su armador dejó de ser un capitán. Era un pobre hombre que pedía instrucciones
En la varada del Costa Concordia, en mi opinión, el concepto de incompetencia se ha manejado con cierta ligereza. No creo que el capitán Schettino fuese un incompetente. Treinta años de experiencia y una óptima calificación profesional lo llevaron al puente del crucero. Hacía una ruta conocida, y la maniobra de acercarse a tierra es común en esa clase de viajes. Además, una vez producida la vía de agua casi en la aleta de babor —lo que significaría que ya estaban metiendo a estribor para evitar el peligro—, la maniobra de largar anclas a fin de que, con las máquinas anegadas y fuera de servicio, el barco bornease 180º con su último impulso para acercar el costado a tierra y no hundirse en aguas profundas, parece impecablemente marinera y propia de buenos reflejos. El exceso de confianza, una mirada superficial a los instrumentos, pulsar dos veces una tecla en lugar de hacerlo tres, pudieron bastar, a 16 nudos y en tan poca sonda, con una mole de 17 pisos y 114.500 toneladas, para que del error al desastre transcurriesen pocos segundos. Ningún marino veterano puede afirmar que jamás cometió un error de navegación o maniobra; aunque este no tuviera consecuencias, o estas no sean las mismas en aguas libres de peligros que en un paso estrecho, en la noche, la niebla o el mal tiempo, con una piedra o una restinga cerca; o, como en el caso del Costa Concordia, a solo un cable de la costa.
En los casos mencionados, incluso aplicando al capitán de una nave todo el rigor legal que merezca su error, es posible comprender la tragedia del marino. Simpatizar con él pese a su desgracia. Pero lo que sitúa a cualquier capitán lejos de cualquier simpatía posible es su incompetencia o cobardía a la hora de afrontar las consecuencias del error o la mala suerte. Una desgracia puede ser azar, pero no encararla con dignidad es vileza. Si un capitán está para algo, es sobre todo para cuando las cosas van mal a bordo. Ahí un marino es, o no es. Y Francesco Schettino demostró que no lo era. Escapar a su deber y su conciencia fue una cobardía inexcusable, que en tiempos menos políticamente correctos, frente a un tribunal naval de los de antes, lo habría llevado a la soga de una horca.
Schettino abandonó su barco porque ya no era suyo. Porque, en realidad, no lo había sido nunca
Tengo una impresión personal sobre eso. Con el auge de las comunicaciones fáciles vía Internet y telefonía móvil, la responsabilidad de un marino se diluye en aspectos ajenos al mar y sus problemas inmediatos. El oficial del Costa Concordia que fue a comprobar cuánta agua entraba en la sala de máquinas informó repetidas veces al puente, y no obtuvo respuesta porque el capitán estaba ocupado con el teléfono. De hecho, buena parte de los 45 minutos transcurridos entre el momento de la varada (21.58), las mentiras a la autoridad marítima de Livorno (22.10) y la confesión final de que había una vía de agua (22.43), así como el cuarto de hora siguiente, hasta que sonaron las siete pitadas cortas y una larga para abandonar el buque (22.58), Schettino los pasó hablando por teléfono con el director marítimo de Costa Crociere. Dicho de otra forma: en vez de ocuparse del salvamento de pasajeros y tripulantes, el capitán del Costa Concordia estuvo con el móvil pegado a la oreja, pidiendo instrucciones a su empresa.
Mi conclusión es que el capitán Schettino no ejercía el mando de su barco aquella noche. Cuando llamó a su armador dejó de ser un capitán y se convirtió en un pobre hombre que pedía instrucciones. Y es que las modernas comunicaciones hacen ya imposible la iniciativa de quienes están sobre el terreno, incluso en cuestiones de urgencia. Ni siquiera un militar que tenga en el punto de mira a un talibán que le dispara, o a un pirata somalí con rehenes, se atreverá a apretar el gatillo hasta que no reciba el visto bueno de un ministro de Defensa que está en un despacho a miles de kilómetros. El capitán Schettino era patéticamente consciente aquella noche de que el tiempo de los marinos que tomaban decisiones y asumían la responsabilidad se extinguió hace mucho, y de que las cosas no dependían de él sino de innumerables cautelas empresariales: cuidado con no alarmar al pasaje, ojo con la reacción de las aseguradoras, con el departamento de relaciones públicas, con el director o el consejero ilocalizables esa noche. Mientras tanto, seguía entrando agua, y lo que en hombres de otro temple habría sido un “váyanse al diablo, voy a ocuparme de mi barco”, en el caso del capitán sumiso, propio de estos tiempos hipercomunicados y protocolarizados, no fue sino indecisión y vileza. Además de porque era un cobarde, Schettino abandonó su barco porque ya no era suyo. Porque, en realidad, no lo había sido nunca.
Sé que puede hacerse una objeción comparativa a esta hipótesis, y que precisamente es de índole histórica: el capitán del Titanic también se comportó con extrema incompetencia en el abandono de la nave, y su pasividad tuvo relación directa con la muerte de millar y medio de pasajeros; sin embargo, Edward Smith no tenía teléfono móvil. En 1912 solo había telegrafía de punto-raya en los barcos. Eso permitiría suponer que, en ese caso, las decisiones erróneas sí fueron suyas. Quizá lo fueran, desde luego; nada es simple en el mar ni en la tierra. Pero no por falta de comunicación directa con sus armadores de la White Star. La noche del iceberg y la tragedia, a bordo del Titanic viajaba el presidente de la compañía naviera. Que estuvo en el puente y sobrevivió ocupando un lugar libre en los botes.
De libros, otra vez.
Me escribe el arabista manchego Emilio González Ferrín pidiéndome una dirección para enviarme el último libro que han publicado en Sevilla; cuánto se lo agradezco. Por otra parte también el investigador Carlos Orland, desde Huelva, para que le fotocopie una edición rara de una biografía de Juan de Ávila que hay en la Biblioteca pública de C. Real. Veo por ahí que también Catalina Barrios y Barrios me ha enviado, con dedicatoria, su Estudios histórico del periodismo guatemalteco, una obra imprescindible, pero muy rara de poder encontrar en España; en correspondencia le he remitido mi biografía de Félix Mejía.
He comprado (no están las cuentas para dispendios) la edición rústica de Las armas y las letras de Andrés Trapiello, en Punto de Lectura, a quien siempre he guardado gran agradecimiento por las inestimables ediciones que ha hecho de la inigualable prosa expresionista de José Gutiérrez Solana; algunos de los retratos que hace de los casinos manchegos de pueblo podrían pasar a una antología de carpetovetonismo. El ya clásico libro, que trata sobre la actuación de los escritores españoles y extranjeros durante la Guerra Civil, es muy goloso, ampliado y corregido como está para su tercera edición e ilustrado además con primor por cuatro centenares de fotos escogidas con adecuados pies de foto. Trapiello, que también es poeta y novelista, es un autor, no un escribidor con prosa de almacén, sino un artista verbal que pule y retoca con ironía, cultura y no poca mala leche. De esta última suelta a las patateras y mediocres universidades españolas. En cuanto a otro tipo de juicios, son todos muy informados y certeros; es un libro que hay que tener, aunque los autores manchegos, que los tiene, y muy bien estudiados, son algo escasos; es ejemplar el análisis que hace de José Castillejo, por ejemplo. Puedo recomendar también cualquier cosa que tenga publicada en inglés o castellano un ilustrado de cultura casi tan vasta como la de Borges, de quien fue amigo, el judeo-argentino-canadiense Alberto Manguel, Una historia de la lectura, por ejemplo, libro admirable, importante para la historia de las ideas y para los bibliófilos en general. Manguel es, además, también, uno de los raros amigos del quizá único poeta experimental que merece la pena en castellano actualmente, el extraordinario Bernardo Schiavetta; por ahí tengo todavía sus Fórmulas para Cratilo. Seguro que ya debe costar un pastón.
He comprado (no están las cuentas para dispendios) la edición rústica de Las armas y las letras de Andrés Trapiello, en Punto de Lectura, a quien siempre he guardado gran agradecimiento por las inestimables ediciones que ha hecho de la inigualable prosa expresionista de José Gutiérrez Solana; algunos de los retratos que hace de los casinos manchegos de pueblo podrían pasar a una antología de carpetovetonismo. El ya clásico libro, que trata sobre la actuación de los escritores españoles y extranjeros durante la Guerra Civil, es muy goloso, ampliado y corregido como está para su tercera edición e ilustrado además con primor por cuatro centenares de fotos escogidas con adecuados pies de foto. Trapiello, que también es poeta y novelista, es un autor, no un escribidor con prosa de almacén, sino un artista verbal que pule y retoca con ironía, cultura y no poca mala leche. De esta última suelta a las patateras y mediocres universidades españolas. En cuanto a otro tipo de juicios, son todos muy informados y certeros; es un libro que hay que tener, aunque los autores manchegos, que los tiene, y muy bien estudiados, son algo escasos; es ejemplar el análisis que hace de José Castillejo, por ejemplo. Puedo recomendar también cualquier cosa que tenga publicada en inglés o castellano un ilustrado de cultura casi tan vasta como la de Borges, de quien fue amigo, el judeo-argentino-canadiense Alberto Manguel, Una historia de la lectura, por ejemplo, libro admirable, importante para la historia de las ideas y para los bibliófilos en general. Manguel es, además, también, uno de los raros amigos del quizá único poeta experimental que merece la pena en castellano actualmente, el extraordinario Bernardo Schiavetta; por ahí tengo todavía sus Fórmulas para Cratilo. Seguro que ya debe costar un pastón.
Swinburne
Hymn to Proserpine (After the Proclamation in Rome of the Christian Faith) 1866
Algernon Charles Swinburne
Vicisti, Galilaee!
I have lived long enough, having seen one thing, that love hath an end;
Goddess and maiden and queen, be near me now and befriend.
Thou art more than the day or the morrow, the seasons that laugh or that weep;
For these give joy and sorrow; but thou, Proserpina, sleep.
Sweet is the treading of wine, and sweet the feet of the dove;
But a goodlier gift is thine than foam of the grapes or love.
Yea, is not even Apollo, with hair and harpstring of gold,
A bitter God to follow, a beautiful God to behold?
I am sick of singing: the bays burn deep and chafe: I am fain
To rest a little from praise and grievous pleasure and pain.
For the Gods we know not of, who give us our daily breath,
We know they are cruel as love or life, and lovely as death.
O Gods dethroned and deceased, cast forth, wiped out in a day
From your wrath is the world released, redeemed from your chains, men say.
New Gods are crowned in the city; their flowers have broken your rods;
They are merciful, clothed with pity, the young compassionate Gods.
But for me their new device is barren, the days are bare;
Things long past over suffice, and men forgotten that were.
Time and the Gods are at strife; ye dwell in the midst thereof,
Draining a little life from the barren breasts of love.
I say to you, cease, take rest; yea, I say to you all, be at peace,
Till the bitter milk of her breast and the barren bosom shall cease.
Wilt thou yet take all, Galilean ? but these thou shalt not take,
The laurel, the palms and the paean, the breasts of the nymphs in the brake;
Breasts more soft than a dove's, that tremble with tenderer breath;
And all the wings of the Loves, and all the joy before death;
All the feet of the hours that sound as a single lyre,
Dropped and deep in the flowers, with strings that flicker like fire.
More than these wilt thou give, things fairer than all these things ?
Nay, for a little we live, and life hath mutable wings.
A little while and we die; shall life not thrive as it may?
For no man under the sky lives twice, outliving his day.
And grief is a grievous thing, and a man hath enough of his tears:
Why should he labour, and bring fresh grief to blacken his years ?
Thou hast conquered, O pale Galilean; the world has grown grey from thy breath;
We have drunken of things Lethean, and fed on the fullness of death.
Laurel is green for a season, and love is sweet for a day;
But love grows bitter with treason, and laurel outlives not May.
Sleep, shall we sleep after all ? for the world is not sweet in the end;
For the old faiths loosen and fall, the new years ruin and rend.
Fate is a sea without shore, and the soul is a rock that abides;
But her ears are vexed with the roar and her face with the foam of the tides.
O lips that the live blood faints in, the leavings of racks and rods !
O ghastly glories of saints, dead limbs of gibbeted Gods !
Though all men abase them before you in spirit, and all knees bend,
I kneel not neither adore you, but standing, look to the end.
All delicate days and pleasant, all spirits and sorrows are cast
Far out with the foam of the present that sweeps to the surf of the past:
Where beyond the extreme sea-wall, and between the remote sea-gates,
Waste water washes, and tall ships founder, and deep death waits:
Where, mighty with deepening sides, clad about with the seas as with wings,
And impelled of invisible tides, and fulfilled of unspeakable things,
White-eyed and poisonous-finned, shark-toothed and serpentine-curled,
Rolls, under the whitening wind of the future, the wave of the world.
The depths stand naked in sunder behind it, the storms flee away;
In the hollow before it the thunder is taken and snared as a prey;
In its sides is the north-wind bound; and its salt is of all men's tears;
With light of ruin, and sound of changes, and pulse of years:
With travail of day after day, and with trouble of hour upon hour;
And bitter as blood is the spray; and the crests are as fangs that devour:
And its vapour and storm of its steam as the sighing of spirits to be;
And its noise as the noise in a dream; and its depth as the roots of the sea:
And the height of its heads as the height of the utmost stars of the air:
And the ends of the earth at the might thereof tremble, and time is made bare.
Will ye bridle the deep sea with reins, will ye chasten the high sea with rods ?
Will ye take her to chain her with chains, who is older than all ye Gods ?
All ye as a wind shall go by, as a fire shall ye pass and be past;
Ye are Gods, and behold, ye shall die, and the waves be upon you at last.
In the darkness of time, in the deeps of the years, in the changes of things,
Ye shall sleep as a slain man sleeps, and the world shall forget you for kings.
Though the feet of thine high priests tread where thy lords and our forefathers trod,
Though these that were Gods are dead, and thou being dead art a God,
Though before thee the throned Cytherean be fallen, and hidden her head,
Yet thy kingdom shall pass, Galilean, thy dead shall go down to thee dead.
Of the maiden thy mother men sing as a goddess with grace clad around;
Thou art throned where another was king; where another was queen she is crowned.
Yea, once we had sight of another: but now she is queen, say these.
Not as thine, not as thine was our mother, a blossom of flowering seas,
Clothed round with the world's desire as with raiment, and fair as the foam,
And fleeter than kindled fire, and a goddess, and mother of Rome.
For thine came pale and a maiden, and sister to sorrow; but ours,
Her deep hair heavily laden with odour and colour of flowers,
White rose of the rose-white water, a silver splendour, a flame,
Bent down unto us that besought her, and earth grew sweet with her name.
For thine came weeping, a slave among slaves, and rejected; but she
Came flushed from the full-flushed wave, and imperial, her foot on the sea.
And the wonderful waters knew her, the winds and the viewless ways,
And the roses grew rosier, and bluer the sea-blue stream of the bays.
Ye are fallen, our lords, by what token? we wist that ye should not fall.
Ye were all so fair that are broken; and one more fair than ye all.
But I turn to her still, having seen she shall surely abide in the end;
Goddess and maiden and queen, be near me now and befriend.
O daughter of earth, of my mother, her crown and blossom of birth,
I am also, I also, thy brother; I go as I came unto earth.
In the night where thine eyes are as moons are in heaven, the night where thou art,
Where the silence is more than all tunes, where sleep overflows from the heart,
Where the poppies are sweet as the rose in our world, and the red rose is white,
And the wind falls faint as it blows with the fume of the flowers of the night,
And the murmur of spirits that sleep in the shadow of Gods from afar
Grows dim in thine ears and deep as the deep dim soul of a star,
In the sweet low light of thy face, under heavens untrod by the sun,
Let my soul with their souls find place, and forget what is done and undone.
Thou art more than the Gods who number the days of our temporal breath;
For these give labour and slumber; but thou, Proserpina, death.
Therefore now at thy feet I abide for a season in silence. I know
I shall die as my fathers died, and sleep as they sleep; even so.
For the glass of the years is brittle wherein we gaze for a span;
A little soul for a little bears up this corpse which is man.l
So long I endure, no longer; and laugh not again, neither weep.
For there is no God found stronger than death; and death is a sleep.
Bastante llevo vivido para haber visto el final del amor,
¡oh diosa virgen y reina que ahora te acercas a mí y mi amistad!
Sucedes al día y la aurora, como las estaciones que ríen a las que lloran,
con idéntica alegría que tristeza, mientras que tú, Proserpina, sólo sueño
concedes. Dulce es pisar el vino y el andar de la paloma,
pero tu regalo es mayor que el amor o a la espuma de uva.
¡Si hasta Apolo, de áureos cabello y arpa, hermoso dios de ver, es amargo de adorar!
Harto me tiene cantarlo; pero ahora a bahías profundas, quemadas y encalladas
de buena gana me vuelvo, para descansar la alabanza y el rudo sufrimiento
de dioses que ignoran que nos dieron aliento cada día
y que, sabemos, nos maltratan como el amor o la vida, y son hermosos como la muerte.
¡Oh dioses destronados y muertos, desterrados, en un día desvanecidos!
¡A partir de Su ira, el mundo se liberó redimido de cadenas, dicen los hombres!
Nuevos dioses se coronan en la ciudad, sus flores troncharon las lanzas;
son misericordiosos, de piedad revestidos, compasivos y jóvenes,
pero su nuevo culto me es infecundo y los días son áridos (continuará...)
El Jardín de Proserpina (The garden of Proserpine)
Aquí, donde el mundo está en calma,
aquí, donde toda tribulación es un
tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
en un dudoso sueño de sueños,
veo crecer los campos verdes,
entre sembradores y cosechadores,
entre la cosecha y la siega,
un mundo de arroyos perezosos.
Estoy cansado de risas y lágrimas,
y de los hombres que lloran y ríen,
del futuro del sembrador y su cosecha.
Estoy cansado de los días y las horas,
de trémulos capullos entre flores estériles,
de deseos y ensueños de gloria,
y de todo, excepto el Sueño.
Aquí, la Vida es vecina de la Muerte,
lejos del oído y la vista
se afanan las olas pálidas y los húmedos vientos;
giran los débiles barcos y los espíritus,
vagan errando con la marea,
sin saber hacia dónde se dirigen sus pasos.
Aquí, esos vientos no soplan,
y aquí, no crecen esas cosas.
Aquí, no crecen hierbas ni malezas,
flores de brezo o vides;
sino estériles brotes de amapola,
verdes racimos de Proserpina,
blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
excepto esta flor,
de la que Ella extrae para los hombres
un néctar mortal.
Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
también conocerá la Muerte;
no despertará con alas en el Cielo,
ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
su belleza se nublará y decaerá;
y por más que en el Amor descanse,
su fin no será bueno jamás.
Pálida, detrás de atrios y pórticos,
coronada de tranquilas hojas,
allí está quien recoge los frutos mortales,
con sus manos blancas e inmortales;
sus labios son más dulces
que los del Amor, que le temen;
más dulces para esos hombres que se confunden,
y llegan cansados de muchas épocas y tierras.
Ella cuida de uno y de otro,
cuida de todos los mortales,
y olvida la Tierra, su madre;
y la vida de los frutos y los vegetales,
y la primavera y los granos,
y las golondrinas que se alejan y la siguen,
allí dónde los cantos helados suenan en falso
y las flores son despreciadas.
Allí van los amores marchitos,
los viejos amores con sus alas cansadas;
y todos los años muertos,
y todos los desastres;
sueños deshechos de días olvidados,
ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
hojas secas que el viento se ha llevado,
rojos peregrinos de fuentes arruinadas.
No estamos seguros de la tristeza,
y la alegría nunca fue segura;
el hoy morirá mañana,
y el Tiempo no oye ningún llamado;
y el Amor, débil e indolente,
suspira con labios arrepentidos,
llorando la brevedad de los amores
con los ojos del Olvido.
Por excesivo amor a la vida,
por la esperanza y el temor liberados,
brevemente agradecemos a los dioses,
sin importar quiénes sean,
que la vida no sea eterna,
que nunca los muertos se levanten,
que hasta el río más perezoso
llegue en sus giros al reposo del mar.
Porque entonces las estrellas no nos despertarán,
ni el sol con sus resplandores de luz;
ni el murmullo de las aguas inquietas,
ningún sonido y ninguna visión,
ni hojas estivales ni hojas invernales,
ni días ni cosas diurnas;
sólo un eterno sueño,
en una eterna noche.
Algernon Charles Swinburne.
Algernon Charles Swinburne
Vicisti, Galilaee!
I have lived long enough, having seen one thing, that love hath an end;
Goddess and maiden and queen, be near me now and befriend.
Thou art more than the day or the morrow, the seasons that laugh or that weep;
For these give joy and sorrow; but thou, Proserpina, sleep.
Sweet is the treading of wine, and sweet the feet of the dove;
But a goodlier gift is thine than foam of the grapes or love.
Yea, is not even Apollo, with hair and harpstring of gold,
A bitter God to follow, a beautiful God to behold?
I am sick of singing: the bays burn deep and chafe: I am fain
To rest a little from praise and grievous pleasure and pain.
For the Gods we know not of, who give us our daily breath,
We know they are cruel as love or life, and lovely as death.
O Gods dethroned and deceased, cast forth, wiped out in a day
From your wrath is the world released, redeemed from your chains, men say.
New Gods are crowned in the city; their flowers have broken your rods;
They are merciful, clothed with pity, the young compassionate Gods.
But for me their new device is barren, the days are bare;
Things long past over suffice, and men forgotten that were.
Time and the Gods are at strife; ye dwell in the midst thereof,
Draining a little life from the barren breasts of love.
I say to you, cease, take rest; yea, I say to you all, be at peace,
Till the bitter milk of her breast and the barren bosom shall cease.
Wilt thou yet take all, Galilean ? but these thou shalt not take,
The laurel, the palms and the paean, the breasts of the nymphs in the brake;
Breasts more soft than a dove's, that tremble with tenderer breath;
And all the wings of the Loves, and all the joy before death;
All the feet of the hours that sound as a single lyre,
Dropped and deep in the flowers, with strings that flicker like fire.
More than these wilt thou give, things fairer than all these things ?
Nay, for a little we live, and life hath mutable wings.
A little while and we die; shall life not thrive as it may?
For no man under the sky lives twice, outliving his day.
And grief is a grievous thing, and a man hath enough of his tears:
Why should he labour, and bring fresh grief to blacken his years ?
Thou hast conquered, O pale Galilean; the world has grown grey from thy breath;
We have drunken of things Lethean, and fed on the fullness of death.
Laurel is green for a season, and love is sweet for a day;
But love grows bitter with treason, and laurel outlives not May.
Sleep, shall we sleep after all ? for the world is not sweet in the end;
For the old faiths loosen and fall, the new years ruin and rend.
Fate is a sea without shore, and the soul is a rock that abides;
But her ears are vexed with the roar and her face with the foam of the tides.
O lips that the live blood faints in, the leavings of racks and rods !
O ghastly glories of saints, dead limbs of gibbeted Gods !
Though all men abase them before you in spirit, and all knees bend,
I kneel not neither adore you, but standing, look to the end.
All delicate days and pleasant, all spirits and sorrows are cast
Far out with the foam of the present that sweeps to the surf of the past:
Where beyond the extreme sea-wall, and between the remote sea-gates,
Waste water washes, and tall ships founder, and deep death waits:
Where, mighty with deepening sides, clad about with the seas as with wings,
And impelled of invisible tides, and fulfilled of unspeakable things,
White-eyed and poisonous-finned, shark-toothed and serpentine-curled,
Rolls, under the whitening wind of the future, the wave of the world.
The depths stand naked in sunder behind it, the storms flee away;
In the hollow before it the thunder is taken and snared as a prey;
In its sides is the north-wind bound; and its salt is of all men's tears;
With light of ruin, and sound of changes, and pulse of years:
With travail of day after day, and with trouble of hour upon hour;
And bitter as blood is the spray; and the crests are as fangs that devour:
And its vapour and storm of its steam as the sighing of spirits to be;
And its noise as the noise in a dream; and its depth as the roots of the sea:
And the height of its heads as the height of the utmost stars of the air:
And the ends of the earth at the might thereof tremble, and time is made bare.
Will ye bridle the deep sea with reins, will ye chasten the high sea with rods ?
Will ye take her to chain her with chains, who is older than all ye Gods ?
All ye as a wind shall go by, as a fire shall ye pass and be past;
Ye are Gods, and behold, ye shall die, and the waves be upon you at last.
In the darkness of time, in the deeps of the years, in the changes of things,
Ye shall sleep as a slain man sleeps, and the world shall forget you for kings.
Though the feet of thine high priests tread where thy lords and our forefathers trod,
Though these that were Gods are dead, and thou being dead art a God,
Though before thee the throned Cytherean be fallen, and hidden her head,
Yet thy kingdom shall pass, Galilean, thy dead shall go down to thee dead.
Of the maiden thy mother men sing as a goddess with grace clad around;
Thou art throned where another was king; where another was queen she is crowned.
Yea, once we had sight of another: but now she is queen, say these.
Not as thine, not as thine was our mother, a blossom of flowering seas,
Clothed round with the world's desire as with raiment, and fair as the foam,
And fleeter than kindled fire, and a goddess, and mother of Rome.
For thine came pale and a maiden, and sister to sorrow; but ours,
Her deep hair heavily laden with odour and colour of flowers,
White rose of the rose-white water, a silver splendour, a flame,
Bent down unto us that besought her, and earth grew sweet with her name.
For thine came weeping, a slave among slaves, and rejected; but she
Came flushed from the full-flushed wave, and imperial, her foot on the sea.
And the wonderful waters knew her, the winds and the viewless ways,
And the roses grew rosier, and bluer the sea-blue stream of the bays.
Ye are fallen, our lords, by what token? we wist that ye should not fall.
Ye were all so fair that are broken; and one more fair than ye all.
But I turn to her still, having seen she shall surely abide in the end;
Goddess and maiden and queen, be near me now and befriend.
O daughter of earth, of my mother, her crown and blossom of birth,
I am also, I also, thy brother; I go as I came unto earth.
In the night where thine eyes are as moons are in heaven, the night where thou art,
Where the silence is more than all tunes, where sleep overflows from the heart,
Where the poppies are sweet as the rose in our world, and the red rose is white,
And the wind falls faint as it blows with the fume of the flowers of the night,
And the murmur of spirits that sleep in the shadow of Gods from afar
Grows dim in thine ears and deep as the deep dim soul of a star,
In the sweet low light of thy face, under heavens untrod by the sun,
Let my soul with their souls find place, and forget what is done and undone.
Thou art more than the Gods who number the days of our temporal breath;
For these give labour and slumber; but thou, Proserpina, death.
Therefore now at thy feet I abide for a season in silence. I know
I shall die as my fathers died, and sleep as they sleep; even so.
For the glass of the years is brittle wherein we gaze for a span;
A little soul for a little bears up this corpse which is man.l
So long I endure, no longer; and laugh not again, neither weep.
For there is no God found stronger than death; and death is a sleep.
Bastante llevo vivido para haber visto el final del amor,
¡oh diosa virgen y reina que ahora te acercas a mí y mi amistad!
Sucedes al día y la aurora, como las estaciones que ríen a las que lloran,
con idéntica alegría que tristeza, mientras que tú, Proserpina, sólo sueño
concedes. Dulce es pisar el vino y el andar de la paloma,
pero tu regalo es mayor que el amor o a la espuma de uva.
¡Si hasta Apolo, de áureos cabello y arpa, hermoso dios de ver, es amargo de adorar!
Harto me tiene cantarlo; pero ahora a bahías profundas, quemadas y encalladas
de buena gana me vuelvo, para descansar la alabanza y el rudo sufrimiento
de dioses que ignoran que nos dieron aliento cada día
y que, sabemos, nos maltratan como el amor o la vida, y son hermosos como la muerte.
¡Oh dioses destronados y muertos, desterrados, en un día desvanecidos!
¡A partir de Su ira, el mundo se liberó redimido de cadenas, dicen los hombres!
Nuevos dioses se coronan en la ciudad, sus flores troncharon las lanzas;
son misericordiosos, de piedad revestidos, compasivos y jóvenes,
pero su nuevo culto me es infecundo y los días son áridos (continuará...)
El Jardín de Proserpina (The garden of Proserpine)
Aquí, donde el mundo está en calma,
aquí, donde toda tribulación es un
tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
en un dudoso sueño de sueños,
veo crecer los campos verdes,
entre sembradores y cosechadores,
entre la cosecha y la siega,
un mundo de arroyos perezosos.
Estoy cansado de risas y lágrimas,
y de los hombres que lloran y ríen,
del futuro del sembrador y su cosecha.
Estoy cansado de los días y las horas,
de trémulos capullos entre flores estériles,
de deseos y ensueños de gloria,
y de todo, excepto el Sueño.
Aquí, la Vida es vecina de la Muerte,
lejos del oído y la vista
se afanan las olas pálidas y los húmedos vientos;
giran los débiles barcos y los espíritus,
vagan errando con la marea,
sin saber hacia dónde se dirigen sus pasos.
Aquí, esos vientos no soplan,
y aquí, no crecen esas cosas.
Aquí, no crecen hierbas ni malezas,
flores de brezo o vides;
sino estériles brotes de amapola,
verdes racimos de Proserpina,
blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
excepto esta flor,
de la que Ella extrae para los hombres
un néctar mortal.
Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
también conocerá la Muerte;
no despertará con alas en el Cielo,
ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
su belleza se nublará y decaerá;
y por más que en el Amor descanse,
su fin no será bueno jamás.
Pálida, detrás de atrios y pórticos,
coronada de tranquilas hojas,
allí está quien recoge los frutos mortales,
con sus manos blancas e inmortales;
sus labios son más dulces
que los del Amor, que le temen;
más dulces para esos hombres que se confunden,
y llegan cansados de muchas épocas y tierras.
Ella cuida de uno y de otro,
cuida de todos los mortales,
y olvida la Tierra, su madre;
y la vida de los frutos y los vegetales,
y la primavera y los granos,
y las golondrinas que se alejan y la siguen,
allí dónde los cantos helados suenan en falso
y las flores son despreciadas.
Allí van los amores marchitos,
los viejos amores con sus alas cansadas;
y todos los años muertos,
y todos los desastres;
sueños deshechos de días olvidados,
ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
hojas secas que el viento se ha llevado,
rojos peregrinos de fuentes arruinadas.
No estamos seguros de la tristeza,
y la alegría nunca fue segura;
el hoy morirá mañana,
y el Tiempo no oye ningún llamado;
y el Amor, débil e indolente,
suspira con labios arrepentidos,
llorando la brevedad de los amores
con los ojos del Olvido.
Por excesivo amor a la vida,
por la esperanza y el temor liberados,
brevemente agradecemos a los dioses,
sin importar quiénes sean,
que la vida no sea eterna,
que nunca los muertos se levanten,
que hasta el río más perezoso
llegue en sus giros al reposo del mar.
Porque entonces las estrellas no nos despertarán,
ni el sol con sus resplandores de luz;
ni el murmullo de las aguas inquietas,
ningún sonido y ninguna visión,
ni hojas estivales ni hojas invernales,
ni días ni cosas diurnas;
sólo un eterno sueño,
en una eterna noche.
Algernon Charles Swinburne.
domingo, 29 de enero de 2012
Anécdotas
Anécdotas célebres, tomadas de Periodista Digital:
El filósofo francés, Ernest Renan andaba con los preparativos de su próximo viaje a Palestina, cuando un buen amigo le advirtió de los peligros del lugar:
- Cuidado, Ernest: hay muchos bandidos por allí. Creo que deberías llevar contigo un fusil, por si acaso.
- ¿Para qué? ¡Los bandidos me lo robarían!
****
El poeta francés Paul Valéry era una persona bastante desgarbada y no le prestaba una atención especial a su imagen. Cierto día, se le acercó una joven que le dijo:
- Su aspecto no hace pensar para nada que usted sea un elegido por las musas
- Tiene usted razón, señorita -replicó en voz baja y con tono misterioso- Es que yo soy de la poesía secreta
***
Conocido era el desprecio que sentía Diógenes de Sínope por las convenciones sociales. Tanto, que eso lo llevó a vivir dentro de un tonel tumbado.
En cierta ocasión, uno de sus discípulos le preguntó:
- Maestro, dinos ¿a qué hora se debe poner uno a comer?
- Depende: si eres rico, puedes comer cuando quieras; y, si eres pobre, siempre que puedas
***
El filósofo y matemático británico Bertrand Russell fue invitado a dar una conferencia sobre política en un club de mujeres conservadoras. Por el discurso izquierdista de Bertrand, las damas comenzaron a arrojarle todo cuanto caía en sus manos. Y para evitar males mayores y rescatar al filósofo de un descalabro, un guardia intentó apaciguar con palabras a la masa enfurecida:
- ¡Señoras, que es un gran matemático!- exclamó.-¡Que es un gran filósofo!- insistió, sin ningún éxito, hasta que gritó:
- ¡Que su hermano es conde!
La calma volvió a la sala y Bertrand pudo salvar el pellejo.
El filósofo francés, Ernest Renan andaba con los preparativos de su próximo viaje a Palestina, cuando un buen amigo le advirtió de los peligros del lugar:
- Cuidado, Ernest: hay muchos bandidos por allí. Creo que deberías llevar contigo un fusil, por si acaso.
- ¿Para qué? ¡Los bandidos me lo robarían!
****
El poeta francés Paul Valéry era una persona bastante desgarbada y no le prestaba una atención especial a su imagen. Cierto día, se le acercó una joven que le dijo:
- Su aspecto no hace pensar para nada que usted sea un elegido por las musas
- Tiene usted razón, señorita -replicó en voz baja y con tono misterioso- Es que yo soy de la poesía secreta
***
Conocido era el desprecio que sentía Diógenes de Sínope por las convenciones sociales. Tanto, que eso lo llevó a vivir dentro de un tonel tumbado.
En cierta ocasión, uno de sus discípulos le preguntó:
- Maestro, dinos ¿a qué hora se debe poner uno a comer?
- Depende: si eres rico, puedes comer cuando quieras; y, si eres pobre, siempre que puedas
***
El filósofo y matemático británico Bertrand Russell fue invitado a dar una conferencia sobre política en un club de mujeres conservadoras. Por el discurso izquierdista de Bertrand, las damas comenzaron a arrojarle todo cuanto caía en sus manos. Y para evitar males mayores y rescatar al filósofo de un descalabro, un guardia intentó apaciguar con palabras a la masa enfurecida:
- ¡Señoras, que es un gran matemático!- exclamó.-¡Que es un gran filósofo!- insistió, sin ningún éxito, hasta que gritó:
- ¡Que su hermano es conde!
La calma volvió a la sala y Bertrand pudo salvar el pellejo.
***
Voltaire paseaba junto a un amigo por la calle cuando se cruzaron con una procesión precedida por un Cristo crucificado, motivo por el cual el filósofo se quitó el sombrero en señal de respeto.
- Os creía incrédulo en materia de religión- le dijo su acompañante, sorprendido por el gesto
- Y lo soy- matizó Voltaire -Aunque Cristo y yo nos saludamos, no nos hablamos.
***
Se cuenta que el filósofo Ludwig Wittgenstein se encontraba en la estación de Cambridge esperando el tren con una colega. Y mientras esperaban se enfrascaron en una discusión tan profunda que no se dieron cuenta de la salida del tren. Al ver que el tren comenzaba a alejarse, Wittgenstein echó a correr en su persecución y su colega en pos de él. Wittgenstein consiguió subirse al tren, pero no así su colega. Al ver su cara de desconsuelo, un mozo que estaba en el andén le dijo:
- No se preocupe, dentro de diez minutos sale otro.
- Ud. no lo entiende- le contestó ella -él había venido a despedirme.-
***
Cierto día, un rico ateniense encargó a Sócrates la educación de su hijo. El filósofo le pidió por aquel trabajo quinientas dracmas, pero al hombre le pareció un precio excesivo.
- Por ese dinero puedo comprarme un asno.
- Tiene razón. Le aconsejo que lo compre y así tendrá dos.
***
Tras oír que Platón definía al hombre como "Un animal de dos patas sin plumas", el sintético "bípedo implume", el filósofo Diógenes le envió a su academia un gallo desplumado comentando: - Aquí está el hombre de Platón.
Platón tuvo que añadir a su definición: "... Y con uñas anchas y planas"
***
Desde 1687 a 1690, Isaac Newton fue miembro del Parlamento británico en representación de la Universidad de Cambridge. Durante el tiempo que ostentó el cargo solo pidió la palabra en una ocasión y fue para decir lo siguiente:
- Propongo cerrar esa ventana porque aquí hace un frío considerable.
***
En cierta ocasión Bertrand Russell estaba especulando sobre enunciados condicionales del tipo: "Si llueve, las calles estarán mojadas" y afirmaba que de un enunciado falso se puede deducir cualquier cosa. Alguien que le escuchaba le interrumpió con la siguiente pregunta:
- "¿Quiere usted decir que, si 2 + 2 = 5, es usted el Papa?".
Russell contestó afirmativamente, y procedió a demostrarlo de la siguiente manera :
- "Supongamos que 2 + 2 = 5; así que estará de acuerdo en que, si restamos 2 de cada lado de la igualdad obtendremos 2 = 3. Invirtiendo esa igualdad y restando 1 de cada lado, da 2 = 1. Y, como el Papa y yo somos dos personas y 2 = 1 entonces el Papa y yo somos uno, y por tanto yo soy el Papa"
Voltaire paseaba junto a un amigo por la calle cuando se cruzaron con una procesión precedida por un Cristo crucificado, motivo por el cual el filósofo se quitó el sombrero en señal de respeto.
- Os creía incrédulo en materia de religión- le dijo su acompañante, sorprendido por el gesto
- Y lo soy- matizó Voltaire -Aunque Cristo y yo nos saludamos, no nos hablamos.
***
Se cuenta que el filósofo Ludwig Wittgenstein se encontraba en la estación de Cambridge esperando el tren con una colega. Y mientras esperaban se enfrascaron en una discusión tan profunda que no se dieron cuenta de la salida del tren. Al ver que el tren comenzaba a alejarse, Wittgenstein echó a correr en su persecución y su colega en pos de él. Wittgenstein consiguió subirse al tren, pero no así su colega. Al ver su cara de desconsuelo, un mozo que estaba en el andén le dijo:
- No se preocupe, dentro de diez minutos sale otro.
- Ud. no lo entiende- le contestó ella -él había venido a despedirme.-
***
Cierto día, un rico ateniense encargó a Sócrates la educación de su hijo. El filósofo le pidió por aquel trabajo quinientas dracmas, pero al hombre le pareció un precio excesivo.
- Por ese dinero puedo comprarme un asno.
- Tiene razón. Le aconsejo que lo compre y así tendrá dos.
***
Tras oír que Platón definía al hombre como "Un animal de dos patas sin plumas", el sintético "bípedo implume", el filósofo Diógenes le envió a su academia un gallo desplumado comentando: - Aquí está el hombre de Platón.
Platón tuvo que añadir a su definición: "... Y con uñas anchas y planas"
***
Desde 1687 a 1690, Isaac Newton fue miembro del Parlamento británico en representación de la Universidad de Cambridge. Durante el tiempo que ostentó el cargo solo pidió la palabra en una ocasión y fue para decir lo siguiente:
- Propongo cerrar esa ventana porque aquí hace un frío considerable.
***
En cierta ocasión Bertrand Russell estaba especulando sobre enunciados condicionales del tipo: "Si llueve, las calles estarán mojadas" y afirmaba que de un enunciado falso se puede deducir cualquier cosa. Alguien que le escuchaba le interrumpió con la siguiente pregunta:
- "¿Quiere usted decir que, si 2 + 2 = 5, es usted el Papa?".
Russell contestó afirmativamente, y procedió a demostrarlo de la siguiente manera :
- "Supongamos que 2 + 2 = 5; así que estará de acuerdo en que, si restamos 2 de cada lado de la igualdad obtendremos 2 = 3. Invirtiendo esa igualdad y restando 1 de cada lado, da 2 = 1. Y, como el Papa y yo somos dos personas y 2 = 1 entonces el Papa y yo somos uno, y por tanto yo soy el Papa"
La ley de Jante
En China van a impedir la emigración de occidentales pobres que buscan fortuna en su suelo; establecerán un impuesto a los occidentales y además sólo admitirán a los mejores cerebros fugados, sobre todo si vienen bien pertrechados y con dinero y pretenden enseñar a los chinos a hacerlo mejor. ¿Haremos aquí lo mismo en correspondencia? ¡Pues bueno lo tendrían los de los chollos o todo a cien! Esta medida me recuerda a la de los civilizadísimos noruegos; ellos, que se rigen por la sensatísima Ley de Jante, no permiten la construcción de mezquitas en su país si los países que las financian no permiten algo semejante a las iglesias católicas, protestantes o cualquiera de las que tienen legítima existencia en Noruega. Algo sensato, inteligente y justo. Ojalá que imperara aquí, en nuestros lares, la Ley de jante o Janteloven. Pero no caerá esa breva, qué va, aquí si alguien engaña al estado uno despotrica pero no denuncia ni mucho menos, está bien indignarse pero no denunciar. Así nos va. Copiaré aquí, aunque no enterito, el artículo de la Wikipedia, que ilustra bien lo que es este principio ético o constitución no escrita que inspira la legislación y la conducta de los pueblos escandinavos:
La Ley de Jante (danés: Janteloven; sueco: Jantelagen) es una ley ficticia creada por el autor danés/noruego Aksel Sandemose en su novela En flygtning krydser sit spor (Un refugiado en sus fronteras) (1933), en la que retrataba su ciudad natal a principios del siglo XX.
Aunque en realidad existen 10 normas diferentes en la ley de Jante, se habla de ella en general como si se tratara de una sola cosa. La palabra danesa loven significa 'la ley'. Las normas son las siguientes:
No pienses que (tú) eres especial.
No pienses que (tú) estás a la misma altura que nosotros.
No pienses que (tú) eres más listo que nosotros.
No pienses que eres mejor que nosotros.
No pienses que sabes más que nosotros.
No pienses que eres más importante que nosotros.
No pienses que eres bueno en algo.
No (te) rías de nosotros.
No pienses que preocupas (a alguien).
No pienses que (tú) puedes enseñarnos algo.
Una undécima norma fue añadida más tarde por Sandemose:
11. No creas que hay nada que nosotros no sepamos ya (de ti).
Esta ley impregnó las culturas danesa, noruega, sueca y finesa y parte de Inglaterra, países en los que se desaprueba que una persona se considere mejor o más inteligente que las demás.
A los que violan esta norma no escrita se les mira con cierta ojeriza y hostilidad: se estima van en contra del deseo danés de lograr la igualdad social y el énfasis en llegar a la justicia total. Mostrar humildad en esos países es muy importante.
La ecológica ley de Jante inspira la sobrecarga nórdica de impuestos a los que más riqueza producen con ayuda de otros, porque crean también más pobreza para otros. ¿Os suena?
sábado, 28 de enero de 2012
Entrevista a Harold Bloom
Cristina Carrillo de Albornoz entrevista a Harold Bloom, El Mundo, 27/01/2012
Harold Bloom (Nueva York, 1930), el sublime pope de la literatura y majestad de la critica literaria, es incansable: prepara una obra de teatro sobre Whitman y el Cervantes de Nueva York va a dedicarle una exposición en abril de este año. Es, en persona, tan apasionado, encantador, brillante e ingenioso como los personajes de las obras de su adorado Shakespeare. Y como el teatro del Globo de Shakespeare, que atraía a todas las clases sociales, ha convertido a los grandes maestros de la literatura de todos los tiempos en accesibles, llevando a los lectores por caminos jamás soñados. No es extraño que mientras conversamos en su casa de New Haven, al lado de la Universidad de Yale, (donde desde hace 55 años es profesor), cierre los ojos y recite poemas, como poseído por ellos. El Cultural habla con él ahora que coinciden en España Anatomía de la influencia (Taurus), La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos) y Novela y novelistas (Páginas de Espuma).
Hace mucho tiempo que Bloom ha interiorizado esos poemas que le han acompañado desde la infancia y que ahora recita, como invitándonos a un mundo mucho más bello del que sus ojos ven. Y entonces uno se da cuenta que las palabras son más que suficientes. En su compañía amable y espontánea -llama a sus cercanos siempre dear, my son, my child-, lo banal no tiene espacio; incluso uno se olvida del bastón que necesita para dar un paseo cada 15 minutos y mejorar la circulación de sus 81 "ya inocentes años". No es ahora Bloom ese hombre enorme que todos conocemos: el escritor ha adelgazado más de 40 kilos.
Bloom nos hace trascender. Su talento es innegable pero debe mucho a su excepcional memoria. Una memoria portentosa, similar a la de un prodigio matemático o musical, capaz de captar las escondidas estructuras, en su caso de los textos.
El porqué de su obsesión
Desde que a los siete años descubriera la poesía de Hart Crane como “una experiencia abrumadora”, su forma de vida ha sido la literatura. Y ese es el subtítulo de su penúltimo libro, Anatomía de la influencia donde vuelve al tema literario obsesivo de su carrera de crítico: la influencia. Lleva más de 50 años analizando la influencia, trazando secretas genealogías literarias, descubriendo los verdaderos ancestros de los mejores poetas, “algo difícil -señala- porque los grandes siempre enmascaran sus influencias”. En este libro ha querido “contar todo lo que he aprendido sobre cómo la influencia determina la literatura”. De hecho, lo describe como retrato autocrítico en el que “trazo mi propio mapa mental de escritores y críticos que me han inspirado”. Comienza volviendo a su idolatrado Shakespeare, “el universal e insoslayable padre fundador de todos”, para pasar a Blake, Whitman y demostrar cómo el Satanás de El Paraíso Perdido de Milton es el retoño de Hamlet. Mientras tanto, escribe una obra de teatro sobre Whitman y el Cervantes en Nueva York prepara una gran exposición sobre su obra el próximo mes de abril.
-Han sido siete años, desde 2004, los que ha tardado en escribir Anatomía de la influencia.
- He tardado tanto por mis enfermedades sucesivas. Había escrito un borrador tres veces más largo y finalmente la magnífica editora Allison McKeen me ayudó a cortarlo.
- Dice que en sus largas noches de recuperación de esas enfermedades se despierta y se pregunta el porqué de su obsesión con el tema de la influencia. ¿Cómo nació esa obsesión?
- De niño estaba abrumado por la inmediatez de los poetas a los que amaba. Mi subjetividad se formó leyendo poesía desde los diez años. Con esa edad, parecía que los poemas se memorizan solos en mí. Muchos fueron hospedándose en mi mente y el placer de poseerlos en la memoria me ha mantenido muchas décadas.Y al interiorizarlos, y llevarlos conmigo tantos años, reverberaban en mi cerebro, enfrentándose unos con otros, y creando relaciones complejas entre ellos en forma de modelos enigmáticos. Recuerdo la conexión que hacía entre Blake y Crane, de Milton en Shelley, de Whitman en T.S. Eliot o en Wallace Stevens. Gradualmente los ecos, alusiones y búsquedas de fuentes fueron transcendiendo hasta convertirse en un tema crucial. Y mientras escribía mi disertación sobre Shelley para mi doctorado, comprendí de que el gran problema por resolver era el de las influencias.
- Ese mapa de genealogías...
- Sí. Wallace Stevens estaba obsesionado por la genealogía de su familia en Pensilvania. En una de sus cartas a un experto en genealogía le escribe una línea que Nietzschte habría admirado: “Genealogía es el arte de corregir los errores de los otros expertos en genealogía ...”. Una de mis amigas era su hija Holly, mi nexo con su padre, al que sólo vi una vez.
- En su libro Genios incluye a muchos escritores en español además de Cervantes, como Paz, Borges, Cernuda o Lorca.
-Con Borges, cuando nos veíamos en Nueva York, discutía mucho sobre la influencia literaria, aunque él siempre la idealizaba pues excluía cualquier rivalidad. Mi favorito es Cernuda. No sé por qué hay críticos españoles que no le aprecian. Para mí es uno de los dos mejores en lengua española del XX; es el poeta de poetas, increíblemente refinado. Lorca es un gran poeta pero más popular. Yo prefiero leer a Cernuda.
El gran poeta español es Góngora
-¿Cuáles son los puntos esenciales en el mapa de los genios españoles?
- Todos tiene una relación muy compleja con la grandeza de la literatura del Renacimiento y barroco español. El gran poeta español es Góngora. Con él, los otros grandes exponentes del barroco, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, crean un grupo de literatura tan poderosa y rica que combinado con el mayor genio de todos, Cervantes, producen un efecto abrumador en todos estos escritores de lengua española del XX.
-¿Cómo ha cambiado su forma de pensar durante la escritura del libro?
-Es simplemente un cambio de perspectiva. Shakespeare, y luego Shelley, usan la palabra influencia para referirse a lo que llamamos inspiración y me parece que es la forma básica de entenderlo. Originalmente escribí The Anxiety of Influence en el verano de 1967, aunque no lo publiqué hasta enero de 1973. Me llevó mucho tiempo hasta que maduré dónde quería ir. Luego escribí una secuencia de libros, el más importante El Mapa de Misreading sobre las afinidades y nexos entre escritores, que también desarrollé en libros como La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos). Pero tenía que volver a combatir la visión que se defiende en Occidente respecto a que la influencia es un proceso benigno, distante, que evolucionó como un beneficioso impulso hacia un escritor posterior de uno anterior. Yo creo en la forma antigua de influencia, muy importante en los griegos, que es la de agon, es decir, la lucha por el lugar más prominente. Es una competición que los griegos extendían a la política, al derecho, al deporte, al arte y a todo tipo de organización social. Con mi combate, seguramente una visión idealista, quise forzar a los lectores y poetas a reconsiderar la influencia. En realidad lo que yo llamo influencia es amor literario. Amor entre escritores pasados y futuros. La presencia del amor es vital para entender lo maravillosamente que funciona la literatura. Creo que mi primer libro se debía haber llamado Las ambivalencias de la influencia; la palabra ansiedad fue desorientadora.
-Dice usted que no diferencia entre amor humano y literatura: “la vida imita al arte”.
- Es dictum con el que Wilde brillantemente vulgariza a mi gran héroe Walter Pater. Y es la visión de Henry James. Y la mía. Cualquier diferenciación entre literatura y vida es equívoca.
Los equívocos de la realidad
-La literatura es su forma de vida. Vivir transcendiendo, en ese mundo de genios, ¿le ayuda a afrontar la realidad?
-Como bien sabe, la realidad es un término muy equívoco. ¡La palabra realidad quiere decir tantas cosas para cada ser humano! Y en el siglo XXI, la realidad es virtual. Para mí la literatura no es sólo lo mejor de la vida sino una forma de vida que no tiene otra forma. Cuanto mayor me hago, más intensifico mi búsqueda de la vitalidad en la literatura. Siempre fue una gran liberación sentir la libertad a través de mi amor hacia los grandes poetas. Recuerdo como si fuera ayer la extraordinaria fuerza y el deleite que me causaba leer a Crane o Blake de preadolescente (diez u once años), y ello a pesar de que no tenía noción de lo que contaban. ¿Por qué esa extraordinaria experiencia de enamorarte violentamente de la gran poesía y de su poder antes de entenderla? Porque a veces, la poesía esta encarnada en uno, y otras, como en mi caso, hay una voz que te dice que es la de un crítico.
- ¿Sigue ejerciendo la crítica literaria “en primer lugar de forma personal y apasionada?”
- Sí, no es filosofía ni política ni una religión. Es una forma de sabiduría literaria y una meditación sobre la vida.
- Cuénteme esa bonita historia de un tío suyo, el que le habló por primera vez de Yale...
-Sam Kaplan, un hombre maravilloso que tenía una tienda de golosinas en Coney Island. Era mi tío favorito, siempre me encontraba leyendo poesía. Un día me preguntó: “¿Qué vas a hacer con toda esa poesía cuando crezcas?”. “No tengo ni idea” le contesté. Y me explicó: “bueno, hay unos sitios llamados Harvard y Yale, en los que puedes ser profesor de poesía aunque no sé cómo”. Y le contesté : “seguro que lo seré”. Y pensé mucho en su explicación en 1987-88, cuando era simultáneamente profesor de poesía en Harvard y sterling profesor de humanidades aquí en Yale.
- Creo que aprendió a leer en hebreo antes que en inglés...
-Me enseñé yo mismo a leer. Aprendí a hablar en yídish y yo solo aprendí a leer, primero en yídish, luego hebreo y luego inglés. Me he autoenseñado leyendo lenguas. Puedo leer español como leo el inglés pero mi pronunciación es desastrosa porque aprendí todas las lenguas a través del ojo y no del oído.
-¿Lee el Quijote en español?
- Sí, a pesar de que escribí la introducción de una traducción al inglés escrita por Edith Grossman. Shakespeare leyó la primera traducción por Thomas Shelton y le afectó mucho. De hecho, escribió una obra de teatro sobre ello llamada Cardenio basada en algunos episodios del Quijote; lamentablemente no ha llegado a nosotros.
-Todo el mundo tiene un Quijote y un Sancho dentro
-... Lo mejor escrito sobre el Quijote, obviamente tras Cervantes, es una gran parábola de Franz Kafka que se llama The truth about Sancho Panza, en el que dice que Don Quijote no existe sino que es una fantasía o ficción creada deliberadamente por Sancho Panza para entretenerle todos los días de su vida
Falstaff y Sancho Panza
- ¿Está usted más cerca de Don Quijote o de Sancho?
-Si yo fuera un personaje no sería Don Quijote, ni Hamlet, sino Falstaff y Sancho porque son como las grandes figuras del Pantagruel en Rabelais. Los tres son espíritus juveniles y energéticos, bendecidos. En el sentido arcaico de la bendición, del judío brakhot; la frase para brindar en hebreo es L'Chaim (literalmente) por la vida. Su bendición es sinónimo de “más vida”.
- ¿Cómo va la obra de teatro que escribe sobre Whitman?
- He tomado el siguiente semestre de clases de descanso porque estoy escribiendo una obra de teatro llamada, To you, whoever you are y subtitulada A pageant celebrating Walt Whitman. Se representará en Broadway y mi amigo Murray Abraham (Salieri en la película Amadeus) será Walt. Todo empezó en febrero de 2011. Estaba enfermo en la cama, por la noche, y no podía dormir; oí una voz que decía “quien seas (whoever you are. I fear you are walking in the walks of dreams..../whoever you are I place my hand upon you that you maybe my poem) Me temo que estás andando por los caminos de los sueños/ quien seas pongo la mano ya que quizás seas mi poema- Y cuando me desperté unas horas más tarde, ¡cielos!, me di cuenta de que era Whitman. Y así comencé.
- También comenzó leyendo a los románticos y escribió sobre Shelley. Su defensa de la corriente romántica fue su batalla en Yale. ¿Por qué se lanzó a tal disputa? ¿fue una forma de encontrar “su lugar” allí?
- Sin duda. Además era en la edad de la corriente crítica de Eliot; había desterrado a Whitman y toda la tradición romántica -Keats, Byron, Shelley, Coleridge, incluso Blake-. Libré una batalla terrible en Yale contra un estudio de los ricos, esencialmente en la tradición anglo católica, muy corta de miras, estrecha mentalmente, unida a prejuicios sociales de toda clase. Siempre he sido un gran outsider en Yale, desde que llegué hace 60 años como estudiante graduado. Ahora estoy en el año 56 consecutivo de enseñanza pero nunca me he sentido en casa. Volviendo a 1976, hace 35 años, fui al equipo rector de Yale y les dije que no volvería al departamento de inglés y así no tendría colegas. No sé cómo pero aceptaron y creé mi departamento de uno solo. Llevo 35 años con “anti colegas”. Hace 15 años dejé de dar clases a graduados y me limité a los más brillantes estudiantes.
- ¿Cuántos alumnos tiene?
- Desde hace dos años sólo tengo dos grupos de doce alumnos. Uno de Shakespeare siempre (ahora analizamos El cuento de invierno) , y otro de poesía; ahora estamos con Emily Dickinson y vamos a comenzar con Wallace Stevens.
Shakespeare siempre, efectivamente. Bloom empezó a leerlo a los 8 años y lleva más de 50 dando clases sobre Shakespeare. Dice que vuelve una y otra vez a él no sólo para analizarlo sino porque “es insoslayable para todos los que estamos detrás. Es un escritor global, aclamado, leído y representado en todo el mundo; todo lo que creó esta vivo y es universalmente relevante. Sin Shakespeare no nos veríamos tal como somos. Desde los 80 doy siempre una clase sobre Shakespeare.
-Califica usted el estado de la cultura de "willy.nilly" (de cualquier manera) , no sólo la lectura es un arte moribundo sino que el lenguaje se ha empobrecido terriblemente.
- El estado de la cultura en el Occidente, particularmente en Estados Unidos, es crítico. Uno de nuestros dos partidos nacionales, el llamado partido republicano, y nadie dice la verdad, se ha vuelto el partido americano fascista. Y un país en el que uno de los dos partidos principales es fascista, está en condiciones muy peligrosas.
Se escucha música en su estudio y Bloom dice: “Mis dos piezas de música favoritas son Musical offering, de Bach, y el G minor Quinteto, de Mozart. Ayer estaba cansado y triste y las escuché. Me curan”. También hay multitud de fotografías: “Fui un gran viajero pero ya no puedo y mi gran lamento es no haber visitado Andalucía. Siempre quise ver Granada y Córdoba”
Harold Bloom (Nueva York, 1930), el sublime pope de la literatura y majestad de la critica literaria, es incansable: prepara una obra de teatro sobre Whitman y el Cervantes de Nueva York va a dedicarle una exposición en abril de este año. Es, en persona, tan apasionado, encantador, brillante e ingenioso como los personajes de las obras de su adorado Shakespeare. Y como el teatro del Globo de Shakespeare, que atraía a todas las clases sociales, ha convertido a los grandes maestros de la literatura de todos los tiempos en accesibles, llevando a los lectores por caminos jamás soñados. No es extraño que mientras conversamos en su casa de New Haven, al lado de la Universidad de Yale, (donde desde hace 55 años es profesor), cierre los ojos y recite poemas, como poseído por ellos. El Cultural habla con él ahora que coinciden en España Anatomía de la influencia (Taurus), La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos) y Novela y novelistas (Páginas de Espuma).
Hace mucho tiempo que Bloom ha interiorizado esos poemas que le han acompañado desde la infancia y que ahora recita, como invitándonos a un mundo mucho más bello del que sus ojos ven. Y entonces uno se da cuenta que las palabras son más que suficientes. En su compañía amable y espontánea -llama a sus cercanos siempre dear, my son, my child-, lo banal no tiene espacio; incluso uno se olvida del bastón que necesita para dar un paseo cada 15 minutos y mejorar la circulación de sus 81 "ya inocentes años". No es ahora Bloom ese hombre enorme que todos conocemos: el escritor ha adelgazado más de 40 kilos.
Bloom nos hace trascender. Su talento es innegable pero debe mucho a su excepcional memoria. Una memoria portentosa, similar a la de un prodigio matemático o musical, capaz de captar las escondidas estructuras, en su caso de los textos.
El porqué de su obsesión
Desde que a los siete años descubriera la poesía de Hart Crane como “una experiencia abrumadora”, su forma de vida ha sido la literatura. Y ese es el subtítulo de su penúltimo libro, Anatomía de la influencia donde vuelve al tema literario obsesivo de su carrera de crítico: la influencia. Lleva más de 50 años analizando la influencia, trazando secretas genealogías literarias, descubriendo los verdaderos ancestros de los mejores poetas, “algo difícil -señala- porque los grandes siempre enmascaran sus influencias”. En este libro ha querido “contar todo lo que he aprendido sobre cómo la influencia determina la literatura”. De hecho, lo describe como retrato autocrítico en el que “trazo mi propio mapa mental de escritores y críticos que me han inspirado”. Comienza volviendo a su idolatrado Shakespeare, “el universal e insoslayable padre fundador de todos”, para pasar a Blake, Whitman y demostrar cómo el Satanás de El Paraíso Perdido de Milton es el retoño de Hamlet. Mientras tanto, escribe una obra de teatro sobre Whitman y el Cervantes en Nueva York prepara una gran exposición sobre su obra el próximo mes de abril.
-Han sido siete años, desde 2004, los que ha tardado en escribir Anatomía de la influencia.
- He tardado tanto por mis enfermedades sucesivas. Había escrito un borrador tres veces más largo y finalmente la magnífica editora Allison McKeen me ayudó a cortarlo.
- Dice que en sus largas noches de recuperación de esas enfermedades se despierta y se pregunta el porqué de su obsesión con el tema de la influencia. ¿Cómo nació esa obsesión?
- De niño estaba abrumado por la inmediatez de los poetas a los que amaba. Mi subjetividad se formó leyendo poesía desde los diez años. Con esa edad, parecía que los poemas se memorizan solos en mí. Muchos fueron hospedándose en mi mente y el placer de poseerlos en la memoria me ha mantenido muchas décadas.Y al interiorizarlos, y llevarlos conmigo tantos años, reverberaban en mi cerebro, enfrentándose unos con otros, y creando relaciones complejas entre ellos en forma de modelos enigmáticos. Recuerdo la conexión que hacía entre Blake y Crane, de Milton en Shelley, de Whitman en T.S. Eliot o en Wallace Stevens. Gradualmente los ecos, alusiones y búsquedas de fuentes fueron transcendiendo hasta convertirse en un tema crucial. Y mientras escribía mi disertación sobre Shelley para mi doctorado, comprendí de que el gran problema por resolver era el de las influencias.
- Ese mapa de genealogías...
- Sí. Wallace Stevens estaba obsesionado por la genealogía de su familia en Pensilvania. En una de sus cartas a un experto en genealogía le escribe una línea que Nietzschte habría admirado: “Genealogía es el arte de corregir los errores de los otros expertos en genealogía ...”. Una de mis amigas era su hija Holly, mi nexo con su padre, al que sólo vi una vez.
- En su libro Genios incluye a muchos escritores en español además de Cervantes, como Paz, Borges, Cernuda o Lorca.
-Con Borges, cuando nos veíamos en Nueva York, discutía mucho sobre la influencia literaria, aunque él siempre la idealizaba pues excluía cualquier rivalidad. Mi favorito es Cernuda. No sé por qué hay críticos españoles que no le aprecian. Para mí es uno de los dos mejores en lengua española del XX; es el poeta de poetas, increíblemente refinado. Lorca es un gran poeta pero más popular. Yo prefiero leer a Cernuda.
El gran poeta español es Góngora
-¿Cuáles son los puntos esenciales en el mapa de los genios españoles?
- Todos tiene una relación muy compleja con la grandeza de la literatura del Renacimiento y barroco español. El gran poeta español es Góngora. Con él, los otros grandes exponentes del barroco, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, crean un grupo de literatura tan poderosa y rica que combinado con el mayor genio de todos, Cervantes, producen un efecto abrumador en todos estos escritores de lengua española del XX.
-¿Cómo ha cambiado su forma de pensar durante la escritura del libro?
-Es simplemente un cambio de perspectiva. Shakespeare, y luego Shelley, usan la palabra influencia para referirse a lo que llamamos inspiración y me parece que es la forma básica de entenderlo. Originalmente escribí The Anxiety of Influence en el verano de 1967, aunque no lo publiqué hasta enero de 1973. Me llevó mucho tiempo hasta que maduré dónde quería ir. Luego escribí una secuencia de libros, el más importante El Mapa de Misreading sobre las afinidades y nexos entre escritores, que también desarrollé en libros como La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos). Pero tenía que volver a combatir la visión que se defiende en Occidente respecto a que la influencia es un proceso benigno, distante, que evolucionó como un beneficioso impulso hacia un escritor posterior de uno anterior. Yo creo en la forma antigua de influencia, muy importante en los griegos, que es la de agon, es decir, la lucha por el lugar más prominente. Es una competición que los griegos extendían a la política, al derecho, al deporte, al arte y a todo tipo de organización social. Con mi combate, seguramente una visión idealista, quise forzar a los lectores y poetas a reconsiderar la influencia. En realidad lo que yo llamo influencia es amor literario. Amor entre escritores pasados y futuros. La presencia del amor es vital para entender lo maravillosamente que funciona la literatura. Creo que mi primer libro se debía haber llamado Las ambivalencias de la influencia; la palabra ansiedad fue desorientadora.
-Dice usted que no diferencia entre amor humano y literatura: “la vida imita al arte”.
- Es dictum con el que Wilde brillantemente vulgariza a mi gran héroe Walter Pater. Y es la visión de Henry James. Y la mía. Cualquier diferenciación entre literatura y vida es equívoca.
Los equívocos de la realidad
-La literatura es su forma de vida. Vivir transcendiendo, en ese mundo de genios, ¿le ayuda a afrontar la realidad?
-Como bien sabe, la realidad es un término muy equívoco. ¡La palabra realidad quiere decir tantas cosas para cada ser humano! Y en el siglo XXI, la realidad es virtual. Para mí la literatura no es sólo lo mejor de la vida sino una forma de vida que no tiene otra forma. Cuanto mayor me hago, más intensifico mi búsqueda de la vitalidad en la literatura. Siempre fue una gran liberación sentir la libertad a través de mi amor hacia los grandes poetas. Recuerdo como si fuera ayer la extraordinaria fuerza y el deleite que me causaba leer a Crane o Blake de preadolescente (diez u once años), y ello a pesar de que no tenía noción de lo que contaban. ¿Por qué esa extraordinaria experiencia de enamorarte violentamente de la gran poesía y de su poder antes de entenderla? Porque a veces, la poesía esta encarnada en uno, y otras, como en mi caso, hay una voz que te dice que es la de un crítico.
- ¿Sigue ejerciendo la crítica literaria “en primer lugar de forma personal y apasionada?”
- Sí, no es filosofía ni política ni una religión. Es una forma de sabiduría literaria y una meditación sobre la vida.
- Cuénteme esa bonita historia de un tío suyo, el que le habló por primera vez de Yale...
-Sam Kaplan, un hombre maravilloso que tenía una tienda de golosinas en Coney Island. Era mi tío favorito, siempre me encontraba leyendo poesía. Un día me preguntó: “¿Qué vas a hacer con toda esa poesía cuando crezcas?”. “No tengo ni idea” le contesté. Y me explicó: “bueno, hay unos sitios llamados Harvard y Yale, en los que puedes ser profesor de poesía aunque no sé cómo”. Y le contesté : “seguro que lo seré”. Y pensé mucho en su explicación en 1987-88, cuando era simultáneamente profesor de poesía en Harvard y sterling profesor de humanidades aquí en Yale.
- Creo que aprendió a leer en hebreo antes que en inglés...
-Me enseñé yo mismo a leer. Aprendí a hablar en yídish y yo solo aprendí a leer, primero en yídish, luego hebreo y luego inglés. Me he autoenseñado leyendo lenguas. Puedo leer español como leo el inglés pero mi pronunciación es desastrosa porque aprendí todas las lenguas a través del ojo y no del oído.
-¿Lee el Quijote en español?
- Sí, a pesar de que escribí la introducción de una traducción al inglés escrita por Edith Grossman. Shakespeare leyó la primera traducción por Thomas Shelton y le afectó mucho. De hecho, escribió una obra de teatro sobre ello llamada Cardenio basada en algunos episodios del Quijote; lamentablemente no ha llegado a nosotros.
-Todo el mundo tiene un Quijote y un Sancho dentro
-... Lo mejor escrito sobre el Quijote, obviamente tras Cervantes, es una gran parábola de Franz Kafka que se llama The truth about Sancho Panza, en el que dice que Don Quijote no existe sino que es una fantasía o ficción creada deliberadamente por Sancho Panza para entretenerle todos los días de su vida
Falstaff y Sancho Panza
- ¿Está usted más cerca de Don Quijote o de Sancho?
-Si yo fuera un personaje no sería Don Quijote, ni Hamlet, sino Falstaff y Sancho porque son como las grandes figuras del Pantagruel en Rabelais. Los tres son espíritus juveniles y energéticos, bendecidos. En el sentido arcaico de la bendición, del judío brakhot; la frase para brindar en hebreo es L'Chaim (literalmente) por la vida. Su bendición es sinónimo de “más vida”.
- ¿Cómo va la obra de teatro que escribe sobre Whitman?
- He tomado el siguiente semestre de clases de descanso porque estoy escribiendo una obra de teatro llamada, To you, whoever you are y subtitulada A pageant celebrating Walt Whitman. Se representará en Broadway y mi amigo Murray Abraham (Salieri en la película Amadeus) será Walt. Todo empezó en febrero de 2011. Estaba enfermo en la cama, por la noche, y no podía dormir; oí una voz que decía “quien seas (whoever you are. I fear you are walking in the walks of dreams..../whoever you are I place my hand upon you that you maybe my poem) Me temo que estás andando por los caminos de los sueños/ quien seas pongo la mano ya que quizás seas mi poema- Y cuando me desperté unas horas más tarde, ¡cielos!, me di cuenta de que era Whitman. Y así comencé.
- También comenzó leyendo a los románticos y escribió sobre Shelley. Su defensa de la corriente romántica fue su batalla en Yale. ¿Por qué se lanzó a tal disputa? ¿fue una forma de encontrar “su lugar” allí?
- Sin duda. Además era en la edad de la corriente crítica de Eliot; había desterrado a Whitman y toda la tradición romántica -Keats, Byron, Shelley, Coleridge, incluso Blake-. Libré una batalla terrible en Yale contra un estudio de los ricos, esencialmente en la tradición anglo católica, muy corta de miras, estrecha mentalmente, unida a prejuicios sociales de toda clase. Siempre he sido un gran outsider en Yale, desde que llegué hace 60 años como estudiante graduado. Ahora estoy en el año 56 consecutivo de enseñanza pero nunca me he sentido en casa. Volviendo a 1976, hace 35 años, fui al equipo rector de Yale y les dije que no volvería al departamento de inglés y así no tendría colegas. No sé cómo pero aceptaron y creé mi departamento de uno solo. Llevo 35 años con “anti colegas”. Hace 15 años dejé de dar clases a graduados y me limité a los más brillantes estudiantes.
- ¿Cuántos alumnos tiene?
- Desde hace dos años sólo tengo dos grupos de doce alumnos. Uno de Shakespeare siempre (ahora analizamos El cuento de invierno) , y otro de poesía; ahora estamos con Emily Dickinson y vamos a comenzar con Wallace Stevens.
Shakespeare siempre, efectivamente. Bloom empezó a leerlo a los 8 años y lleva más de 50 dando clases sobre Shakespeare. Dice que vuelve una y otra vez a él no sólo para analizarlo sino porque “es insoslayable para todos los que estamos detrás. Es un escritor global, aclamado, leído y representado en todo el mundo; todo lo que creó esta vivo y es universalmente relevante. Sin Shakespeare no nos veríamos tal como somos. Desde los 80 doy siempre una clase sobre Shakespeare.
-Califica usted el estado de la cultura de "willy.nilly" (de cualquier manera) , no sólo la lectura es un arte moribundo sino que el lenguaje se ha empobrecido terriblemente.
- El estado de la cultura en el Occidente, particularmente en Estados Unidos, es crítico. Uno de nuestros dos partidos nacionales, el llamado partido republicano, y nadie dice la verdad, se ha vuelto el partido americano fascista. Y un país en el que uno de los dos partidos principales es fascista, está en condiciones muy peligrosas.
Se escucha música en su estudio y Bloom dice: “Mis dos piezas de música favoritas son Musical offering, de Bach, y el G minor Quinteto, de Mozart. Ayer estaba cansado y triste y las escuché. Me curan”. También hay multitud de fotografías: “Fui un gran viajero pero ya no puedo y mi gran lamento es no haber visitado Andalucía. Siempre quise ver Granada y Córdoba”
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Cómo buscar y encontrar trabajo en el extranjero
Emigrar. Lo que hace no tanto era una aventura se ha convertido, crisis mediante, en una necesidad cada vez mayor. Con más de 5 millones de parados -un 22,6% de la población activa- y las expectativas de que a medio plazo se siga destruyendo empleo, son buenas razones para explicar el considerable incremento en el número de españoles que ha decidido buscar trabajo en otro país, casi un 22% más que en 2008.
La cifra de nacionalizados que regresan a Latinoamérica crece año a año.
Suiza y Alemania se mantienen entre los destinos más recurrentes, en los últimos tres años han acogido a alrededor de un 6% más de españoles, aunque Reino Unido sigue siendo el más solicitado, con un incremento del 16%. Latinoamérica emerge como novedad en las estadísticas: sus porcentajes de crecimiento llegan a alcanzar hasta el 150% en el caso de Bolivia. Es el ejemplo más extremo de un fenómeno que se explica por la vuelta de los nacionalizados españoles que regresan a sus países de origen por entender que en España no tendrían oportunidades. Situaciones similares se dan en Perú o Brasil.
Abandonar el país donde uno se ha criado impone, cuando menos, respeto. Si usted está pensando en apuntarse a la tendencia le ofrecemos algunas pautas que le pueden ayudar.
Elegir el destino
Aunque a veces tomar la decisión de emigrar pueda ser una medida desesperada, el auge de Internet permite que poca gente se limite, como décadas atrás, a coger la maleta e irse sin más. Además de consejos tan obvios como conocer en la medida de lo posible el idioma o el nivel de vida del lugar, hay que tener muy presente la tasa de desempleo del país al que se pretende ir y sobre todo, el perfil profesional más demandado allí. Para ello, es fundamental EURES, el portal europeo de movilidad profesional, que da todo tipo de información sobre ofertas de trabajo y las condiciones de vida en distintos países. En la misma línea, pero de iniciativa privada, son otras páginas especializadas para expatriados como 'Just Landed', Mundo Expat o Easy Expat.
Papeleo
Lo primero que hay que hacer es conocer qué documentación se necesita para poder trabajar en un destino. Para empezar, aunque parezca obvio, necesitará tener su identificación personal en regla, bien el DNI si lo que quiere es desplazarse a Europa, o el pasaporte, si su destino está más allá de las fronteras comunitarias.
A partir de ahí, los requisitos varían sustancialmente de un lugar a otro pero, a grandes rasgos, suelen incluir visados y permisos de residencia y trabajo que deben gestionarse antes de viajar en la mayoría de los casos. El Ministerio de Empleo y Seguridad Social ofrece pautas a través de sus consejerías en el exterior. Pinchando en cada país se accede a diversa información relevante para instalarse en él.
Estar 'conectado'
Aprovechar los recursos disponibles como las redes sociales puede ser un aval en caso de querer viajar con trabajo ya desde España. El clásico currículo cede protagonismo ante las 'tarjetas de visita virtuales' en Facebook o Twitter, que siempre pueden sumar puntos. Además, los foros de expatriados, que encontrará haciendo una simple búsqueda en Internet, son otra buena herramienta para saber las peculiaridades de un país determinado y ayudan también a la hora de hacer contactos.
Tenerlo todo atado
La situación ideal para todo emigrante es la de irse con la seguridad de viajar con un trabajo. Sin ser sencillo ni mucho menos es imposible y hay mecanismos de gan utilidad para lograrlo. El principal es la red Eures antes mencionada. Pero sin mucho esfuerzo también se puede encontrar empleo en agencias especializadas que ofrecen estos servicios como 'Monster' o 'Infoempleo'. En webs de este tipo se ofrece una visión global pero la búsqueda resulta mucho más precisa si se conoce de antemano la zona de destino y se acota la búsqueda.
jueves, 26 de enero de 2012
La Real Cacademia
Es una institución que se dedica a chorizar a mansalva ideas, textos y doctrina gramaticales, ortográficas, ortológicas y ortotipográficas sin citar una sola miserable fuente o libro de bibliografía ni poner una sola nota de referencia (ello supondría reconocer lo ladrona que es, por más que se nombre prescriptiva) pese a que se lo han pedido a diestro y siniestro algunos de los señores y señoras saqueados, a los que ni siquiera da las gracias o escribe recomendaciones de edición o impresión de sus obras, muchas de ellas accesibles sólo por la Entrerred. Resulta ser una institución pública, pagada entre todos, pero sus beneficios se han privatizado, pues no vacila en cobrarnos sus obras y no publicarlas gratuitas ni siquiera dando versión digital de las mismas que pueda utilizarse, y vende sus producciones bibliográficas a editoriales de un modo vergonzante/negociante, típicamente urdangarinero, más desaprensivo con los derechos de autor que ahora incluso quiere cobrar a los usuarios del español por remitir a su diccionario, a su página, o conjugar cada vez un verbo o usar una palabra en el sentido que prescribe. Supongo que el idioma y la Filología es de todos y no lo ha parido la Real Cacademia, pero la Real Cacademia ladrona no puede ni siquiera envanecerse de la última (en su caso esta acepción del vocablo es especialmente falaz y errónea) versión del Diccionario, cuyo aggiornamento o actualización ha rehecho tanto la obra que ya no sirve para leer textos clásicos antiguos (a causa de los numerosos prejuicios cognitivos que reúne bajo el pretexto de lo políticamente correcto, en realidad una nueva lectura de lo literario, lo histórico y lo político que poco tiene que ver con esa ciencia llamada historia de las ideas. En cuanto a su gramática, que es un gran avance tras la mierda del Esbozo y el disparo al aire de la gramática ovetense de Alarcos, fuera de ser, cuando menos, plagiaria y un expolio ecuménico y universal, nos la venden tres veces en versión para pedantes de primera, segunda y tercera clase, aunque unifica algo la terminología y en algún caso nos exonera de algún palabro opaco como sintagma, al que ahora se pretende llamar grupo. Una gran compasión, sin embargo, me inundará cuando vea a los alumnos intentar entender la diferencia entre algunos complementos y adjuntos, la nueva clasificación de las oraciones compuestas y la muy extensa casuística de recomendaciones nada prescriptivas que acumula en ortografía, para lío común. En cuanto a la redacción de nuevas acepciones o correcciones, es incomparablemente palurda al lado de la gran María Moliner, y su Diccionarillo para mucho mal enmendado es una mierda, y ni siquiera una mierda consistente, pura diarrea, comparado con el de ella, el de Seco y compañeros mártires o el Clave. Por no hablar de cómo han entrado a saco en las obras de Sousa para hacerle la competencia redactando el plagiario Diccionario de dudas, elaborado con la colaboración de cientos de consultores anónimos saqueados a los que no han de dar ni un céntimo del euro que les correspondería, si vamos a ser más legítimos que ellos, cuya única legitimidad sacan de esa carísima monarquía postfranquista y urdangarinera.
miércoles, 25 de enero de 2012
Una definición de La Mancha
¿Qué es La Mancha? Lo que queda cuando quitamos a Cervantes, a Don Quijote y a Sancho Panza.
A algunos no les parece mucho, pero a mí me parece muchísimo.
martes, 24 de enero de 2012
Libros
Recibo por correo un tomazo gordísimo, la Historia de la literatura española e hispanoamericana, de los ovetenses Emiliano Díez Echarri, el Métrico decimal, y José María Roca Franquesa. En mi librería, demasiada para un hombre solo, hay una sección entera ocupada por historias de la literatura: universales, españolas, hispanoamericanas, latinas, griegas, francesas, inglesas, norteamericanas, rusas, china, japonesa, italiana, alemana, hebrea, árabe, portuguesa. Al lado están los diccionarios y enciclopedias de la literatura, los repertorios de autores, los manuales por épocas, las antologías... La mayoría son obras de referencia fundamentales, aunque hay algunas ya bastante raras que no han sido reimpresas. El tomazo de Díez Echarri, por ejemplo, que he recibido al igual que ayer la Historia de la literatura hebrea de David González Maeso, otro raro, y por el estilo. Voy comprando las antiguas, con su metodología positivista, tan desacreditada hoy, como todo lo que tiene valor y peso específico. Me faltan algunos tomos del Cejador y otros libros míticos que quisiera conseguir, pero de los que no voy a hablar para que no me los pongan a buen precio los cabrones de los libreros de viejo, que lo leen todo. Pues uno que me leyó divulgó que iba detrás de tres libros y al momento subieron de precio y no hubo manera de comprarlos.
Los manuales carcas son muchas veces preferibles a modernienses como por ejemplo los presuntamente inmejorables de Milagros y Felipe, llenos de errores menudos aunque acierten en general. Los Heterodoxos de Menéndez y Pelayo, hombre de cultura enciclopédica y memoria fotográfica, son estupendos para leer, porque era además un gran escritor y a veces se nota que se divertía gastando bromas finas que sólo distinguen los especialistas. Cualquiera que lea las páginas que dedica a algunos krausistas se habrá mondado de risa como una patata. Y, atendiendo a la sustancia, sus juicios podrán ser todo lo sesgados que se quiera, pero siempre llevan el peso y el poso de quien ha leído mucho y bien y nunca niegan la importancia relativa de los autores, por más que para él sean unos herejotes tremendos, don Marcelino siempre nos hace ver lo bueno al lado de lo malo.
También he comprado dos antologías, una la de Castalia de Luis Alberto de Cuenca, que está bastante bien.
Los manuales carcas son muchas veces preferibles a modernienses como por ejemplo los presuntamente inmejorables de Milagros y Felipe, llenos de errores menudos aunque acierten en general. Los Heterodoxos de Menéndez y Pelayo, hombre de cultura enciclopédica y memoria fotográfica, son estupendos para leer, porque era además un gran escritor y a veces se nota que se divertía gastando bromas finas que sólo distinguen los especialistas. Cualquiera que lea las páginas que dedica a algunos krausistas se habrá mondado de risa como una patata. Y, atendiendo a la sustancia, sus juicios podrán ser todo lo sesgados que se quiera, pero siempre llevan el peso y el poso de quien ha leído mucho y bien y nunca niegan la importancia relativa de los autores, por más que para él sean unos herejotes tremendos, don Marcelino siempre nos hace ver lo bueno al lado de lo malo.
También he comprado dos antologías, una la de Castalia de Luis Alberto de Cuenca, que está bastante bien.
lunes, 23 de enero de 2012
Cine mudo
Vuelve el cine mudo. Se ve que la gente está cansada de la muchedumbre de palabras, que escucha como si fuera mero volumen. La gente prefiere tan sólo unas pocas imágenes que se contemplan cosidas entre sí en una frase, en una secuencia, como si tuvieran sentido, como si fueran palabras. The artist es la película de marras.
Reescribirse
Siento la necesidad de reescribir más que la de escribir. Se necesita de lo nuevo para recabar entusiasmo, pero el entusiasmo a ciertas edades resulta ya fatigoso e impropio. Prefiere volverse a lo que ya tiene y mejorarlo y profundizarlo. Y cuando más mismiza, resulta que topa lo nuevo dentro de sí mismo. Todas las cosas son inabarcables, inmensas, difíciles, pero no uno mismo. Si uno sólo es un fragmento de todo, mejor le vale ser todo que ser una parte. Ser un fragmento de algo roto es muy doloroso y, sobre todo, muy insuficiente. La forma del dibujo sólo se obtiene juntando los pedazos. Quizá, si somos medios y no hay fines, los fines haya de darlos el conjunto, el todo. No quienes nos gobiernan, sino el gobierno de todo, más abstracto y que no tiene por qué ser perfecto, sino el que hay. El que es. A veces le pedimos demasiadas cosas a Dios, cuando Dios no puede ser más Dios que Dios, con las limitaciones, recortes y destrozos que le ponemos. Con Él es suficiente.
Quien recorra el itinerario de estas palabras no tiene por qué entenderlas. Basta con que se entienda y se conforme a sí mismo.
sábado, 21 de enero de 2012
Crónica de la investidura de nuevos miembros del Instituto de Estudios Manchegos
El acto estuvo muy bien y no duró mucho, lo que siempre es de agradecer. Uno había esperado "morirse en el acto", especialmente en actos como estos, que cuando son largos, pretenciosos y monótonos hacen sufrir de verdad a impacientes como yo; como dijo el filósofo Woody Allen, "la eternidad se hace muy larga, sobre todo hacia el final". El marco del salón de actos del antiguo Casino era magnífico y se llenó la sala, y eso que no era para cuatro gatos; arriba lucían tres pendones, estandartes, gallardetes, lábaros, grímpolas, flámulas o comoquier se llamen las enseñas del Ayuntamiento, de la Comunidad y de España, y un balcón con una balaustrada de forja en estilo modernista, asaz admirable; concurrió gente de todas partes, incluso algunos cuya presencia no es nada fácil de recabar. Sin embargo, eché de menos a algunos: siempre se echa de menos a algunos. No sé por qué, me pareció que muchos de los que andaban por allí se miraban de reojo entre sí y medían cuidadosamente las distancias. Serían imaginaciones o paranoias mías.
Fue un acto conciso, de ceremonial justo, y hasta contó con un par de emotivos interludios musicales que el público, yo entre ellos, recibió con aplauso. Vicente Castellanos es un maestro a la guitarra no ya metafórico, sino titulado, y canta no sólo con arte, sino con sentimiento; se me quedó en la memoria un verso suyo: "entre el orgullo y la nada", que calificaba cabal a la tierra manchega; ya lleva dos discos grabados. También fue magnífica la pieza al piano, don de una benemérita profesora del Conservatorio. Los discursos anduvieron cual era de suponer; hubo un par que se libró por poco del tostón, pero los demás pecaron de lo propio a esta clase de mensajes: excesivo léxico abstracto y absoluta carencia de actio; que se lean mi manual de retórica, o mejor, el de Antonio Azaustre y Juan Casas, no porque el mío sea malo, sino porque ellos le han dedicado más tiempo y trabajo que yo y se nota; el mío, de intención escolar, no pasa de mera introducción y, aunque hace tiempo que deseo ampliarlo y corregirlo, otras cosas me han conducido por distintos derroteros.
No bostante, hasta esos discursos regularcillos se libraron, por ser breves, de la habitual calificación de las tres dimensiones cartesianas, "largo, grueso, pesado". Nos regalaron el último ejemplar de la revista, detalle que fue también toda una economía de buena gestión: así se ahorró el coste de su remisión postal. El vino fue moro de una oreja, tanto el blanco como el tinto, por más que yo, abstemio adicto al té y al café, no soy quién para juzgar, habiendo mojones tan doctos en esta tierra bendecida por Baco. Más que tapas, hubo tapones que ni Romay; yo charlé con Pedro Isado y con otros, pero me tuve que ir muy pronto, porque estaba cansado y deseaba guardarme en las sábanas.
Fue un acto conciso, de ceremonial justo, y hasta contó con un par de emotivos interludios musicales que el público, yo entre ellos, recibió con aplauso. Vicente Castellanos es un maestro a la guitarra no ya metafórico, sino titulado, y canta no sólo con arte, sino con sentimiento; se me quedó en la memoria un verso suyo: "entre el orgullo y la nada", que calificaba cabal a la tierra manchega; ya lleva dos discos grabados. También fue magnífica la pieza al piano, don de una benemérita profesora del Conservatorio. Los discursos anduvieron cual era de suponer; hubo un par que se libró por poco del tostón, pero los demás pecaron de lo propio a esta clase de mensajes: excesivo léxico abstracto y absoluta carencia de actio; que se lean mi manual de retórica, o mejor, el de Antonio Azaustre y Juan Casas, no porque el mío sea malo, sino porque ellos le han dedicado más tiempo y trabajo que yo y se nota; el mío, de intención escolar, no pasa de mera introducción y, aunque hace tiempo que deseo ampliarlo y corregirlo, otras cosas me han conducido por distintos derroteros.
No bostante, hasta esos discursos regularcillos se libraron, por ser breves, de la habitual calificación de las tres dimensiones cartesianas, "largo, grueso, pesado". Nos regalaron el último ejemplar de la revista, detalle que fue también toda una economía de buena gestión: así se ahorró el coste de su remisión postal. El vino fue moro de una oreja, tanto el blanco como el tinto, por más que yo, abstemio adicto al té y al café, no soy quién para juzgar, habiendo mojones tan doctos en esta tierra bendecida por Baco. Más que tapas, hubo tapones que ni Romay; yo charlé con Pedro Isado y con otros, pero me tuve que ir muy pronto, porque estaba cansado y deseaba guardarme en las sábanas.
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