martes, 26 de noviembre de 2013

Por qué el activismo digital es sociológicamente conservador e inútil

Malcolm Gladwell

Solidaridad para flojos: Contra el activismo digital

Traducción al español de David Medina Portillo

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A las 16:30 p.m. del lunes 1 de febrero de 1960, cuatro estudiantes universitarios se sentaron en la cafetería de Woolworth en el centro de Greensboro, Carolina del Norte. Eran estudiantes de primer año en el North Carolina A.&T., un colegio de negros a un kilómetro de distancia.

Uno de los cuatro, Ezell Blair, le pidió a la camarera: “Una taza de café, por favor”. “Aquí no servimos a negros”, respondió ella.

El desayunador tenía una larga barra en forma de L para albergar a unas sesenta y seis personas, con un snack bar para estar de pie en el extremo. Los asientos eran para los blancos, el bar para los negros. Otro empleado, una negra que trabajaba en la cocina, se acercó a los estudiantes tratando de persuadirlos: “¡Qué están haciendo, estúpidos!” Sin embargo, ellos no se movieron. A las cinco y media las puertas de entrada ya estaban cerradas con llave. Aquellos seguían sin moverse. Finalmente, se marcharon por una puerta lateral. En el exterior se había reunido ya una pequeña multitud, entre ella un fotógrafo del Greensboro Record. “Volveremos mañana con el A.&T. College”, dijo uno de los estudiantes. A la mañana siguiente, la protesta se incrementó a veintisiete hombres y cuatro mujeres, la mayoría del mismo colegio que los cuatro primeros. Los hombres vestían de traje y corbata. Habían traído sus tareas escolares para trabajar mientras permanecían en plantón frente al mostrador. Los estudiantes “negros” de la escuela secundaria Dudley High de Greensboro se unieron el miércoles y el número de manifestantes aumentó a ochenta. Para el jueves llegaban a 300, incluidas tres mujeres blancas. El sábado alcanzaron 600 y la gente comenzó a ocupar la calle a todo lo largo. Unas adolescentes blancas portaban banderas de la Confederación. Alguien arrojó un petardo. Al mediodía, arribó el equipo de fútbol del A.&T. “Aquí viene el cuerpo de demolición”, gritó uno de los estudiantes blancos.

El lunes siguiente, el plantón se había extendido hacia Winston- Salem, a veinticinco millas, y a Durham, a cincuenta millas de distancia. Un día después se unieron los estudiantes del Fayetteville State Teachers College y los del Johnson C. Smith College, en Charlotte. El miércoles siguiente los del St. Augustine’s College y la Shaw University de Raleigh. Para el jueves y viernes las protestas habían cruzado las fronteras estatales, extendiéndose a Hampton y Portsmouth, Virginia; lo mismo que a Rock Hill, Carolina del Sur y Chattanooga, Tennessee. A finales del mes había plantones en todo el sur, hacia el oeste y hasta Texas. “Le pregunté a todos los estudiantes cómo había sido el primer día de protestas en su campus”, escribió Michael Walzer en Dissent. “Y la respuesta era siempre la misma: fue como una fiebre, todo el mundo quería ir.” Finalmente, participaron unos setenta mil estudiantes. Miles de ellos acabaron detenidos y otros miles más se radicalizaron. Estos acontecimientos de los años sesenta se convirtieron en una lucha por los derechos civiles que asedió el sur durante el resto de la década y todo sucedió sin e-mails, mensajes de texto, Facebook o Twitter.

2

El mundo, nos dicen, está en medio de una revolución. Las redes sociales como nuevas herramientas han reinventado el activismo social. Con Facebook, Twitter y similares la relación tradicional entre autoridad política y voluntad popular se ha puesto patas arriba, tornando imposible coordinar, organizar y dar voz a sus preocupaciones. Cuando diez mil manifestantes salieron a las calles de Moldavia en la primavera de 2009 para protestar contra el gobierno comunista, la acción se denominó Revolución de Twitter debido al medio empleado para reunir a los manifestantes. Unos meses después, cuando las protestas estudiantiles sacudieron Teherán, el Departamento de Estado tomó la inusual decisión de pedir a Twitter la suspensión del mantenimiento de su sitio web: la Administración no quería que esa herramienta de organización estuviera fuera de servicio durante las manifestaciones.

“Sin Twitter el pueblo de Irán no habría sentido el poder ni la confianza para defender la libertad y la democracia”, dijo Mark Pfeifl e, un ex asesor de seguridad nacional, quien más tarde hizo también un llamando para que Twitter fuera nominada al Premio Nobel de la Paz. Donde los activistas habían sido identificados alguna vez por sus causas, ahora se definían por sus herramientas. Los Guerreros de Facebook están en línea impulsando el cambio. “Ustedes son la mejor esperanza para todos nosotros”, dijo James K. Glassman (un ex alto funcionario del Departamento de Estado) a un grupo de ciberactivistas en una reciente conferencia auspiciada por Facebook, AT&T, Howcast, MTV y Google. Sitios como Facebook, dijo Glassman, “otorgan a los EE.UU. una importante ventaja frente a los terroristas. Hace algún tiempo, dije que Al Qaeda estaba ‘comiéndose nuestro lunch en internet’. Ya no es el caso. Al Qaeda se ha quedado atascado en la Web 1.0. Internet es ahora interactividad y conversación.”

Esto es tremendo y desconcertante, afirman. ¿Por qué es importante quién se está “comiendo nuestro lunch” en internet? ¿Las personas que inician su sesión de Facebook son realmente la mejor esperanza para todos nosotros? En cuanto a la llamada Revolución twitteada de Moldavia, Evgeny Morozov (un estudioso de la Universidad de Stanford y el más sólido de los críticos de la evangelización digital) señala que Twitter tiene un significado escaso en Moldavia, un país con muy pocas cuentas de Twitter. El país tampoco parece haber vivido una revolución, menos cuando las protestas –como sugiere Anne Applebaum en el Washington Post– pudieron haber tenido un poco de arte escénico ideado por el gobierno. (En un país paranoico a propósito del revanchismo rumano, los manifestantes ondearon una bandera rumana sobre el edificio del Parlamento.) En el caso de Irán, por su parte, la gente que twitteó sobre las manifestaciones eran casi todas occidentales. “Es hora de entender el papel de Twitter en los acontecimientos por los derechos en Irán”, escribió Golnaz Esfandiari en Foreign Policy el verano pasado. “En pocas palabras: no hubo ninguna revolución twitteada en Irán”. Un líder de bloggers prominente como Andrew Sullivan –quien defendió el papel de las redes sociales en Irán, continúa Esfandiari– malinterpretó la situación. “Los periodistas occidentales que no pudieron alcanzar–¿o no se molestaron en llegar?– a aquellos en el terreno de las noticias en Irán, sólo se desplazaban entre los tweets posteados en inglés bajo la etiqueta ‘iranelection’. Y nadie parecía preguntarse por qué la gente que intentaba coordinar las protestas escribía en un idioma que no era el persa”.

Parte de esta maravilla era previsible. Los innovadores tienden a ser solipsistas. A menudo quieren meter todos los hechos de la calle y la experiencia en su nuevo modelo. El historiador Robert Darnton ha escrito a este respecto: “Las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han creado una falsa conciencia sobre el pasado; incluso, propician la sensación de que la comunicación siempre existió o, en su defecto, que no existió nada de importancia antes de los días de la televisión e internet”. Pero hay algo más en juego aquí, en el entusiasmo desmesurado de los medios de comunicación social. Tras cincuenta años de uno de los episodios más extraordinarios de la agitación social en la historia estadounidense, parece que hemos olvidado qué es el activismo.

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El Greensboro de principios de los años sesenta fue el tipo de lugar donde la insubordinación racial se enfrentaba habitualmente con la violencia. Los cuatro estudiantes que por primera vez se sentaron en el mostrador de comida estaban aterrorizados. “Supongo que si alguien se hubiera acercado gritándome por detrás ¡buh! creo que me habría caído”, confesó uno de ellos más tarde. En el primer día el gerente notificó al jefe de la policía, quien de inmediato envió a dos oficiales. Al tercer día, una pandilla de matones blancos se presentó y colocó ostentosamente detrás de los manifestantes murmurando epítetos ominosos como “negro cabeza de rebaba”. Un líder local del Ku Klux Klan hizo su aparición. Para el sábado las tensiones aumentaron y alguien llamó con una amenaza de bomba. El lugar entero tuvo que ser evacuado.

Los peligros eran aún mayores en el Mississippi Freedom Summer Project de 1964, otra de las atalayas del movimiento por los derechos civiles. El Student Nonviolent Coordinating Committee reclutó a cientos de miembros en el norte –voluntarios en su mayor parte blancos– para echar a andar las Freedom Schools, así como registrar a votantes negros y elevar la conciencia sobre los derechos civiles en el Sur profundo. Fueron instruídos así: “Nadie debe ir solo a ninguna parte, incluso en automóvil y menos en la noche”. A los pocos días de haber llegado a Mississippi, tres voluntarios –Michael Schwerner, James Chaney y Andrew Goodman– fueron secuestrados y asesinados; durante el resto del verano, treinta y siete iglesias para negros fueron incendiadas y docenas de casas de seguridad bombardeadas; los voluntarios fueron golpeados, balaceados, detenidos y perseguidos por camionetas llenas de hombres armados. Una cuarta parte de los voluntarios se retiró. El activismo que desafía al status quo –el que ataca los problemas profundamente arraigados– no es para flojos.

¿Qué hace que las personas sean capaces de este tipo de activismo? Un sociólogo de Stanford, Doug McAdam, analizó las razones de quienes abandonaron el Freedom Summer frente a aquellos que se quedaron. Señala que la principal diferencia no fue, como parecía natural, el fervor ideológico. “Todos los miembros –lo mismo los participantes que quienes se retiraron– estaban altamente comprometidos con los objetivos y valores del programa”. Lo que importaba más era el grado de relación personal con el movimiento de derechos civiles. Todos los voluntarios estaban obligados a proporcionar una lista de contactos personales –gente a la que querían mantener al tanto de sus actividades– y los participantes eran mucho más propensos que quienes desertaron a tener amigos cercanos que también iban a Mississippi. El activismo de alto riesgo es un fenómeno de “vínculos fuertes”, concluye McAdam.

Este patrón se repite una y otra vez. Un estudio sobre las Brigadas Rojas, grupo terrorista italiano de los años setenta, revela que el setenta por ciento de los reclutas tenían al menos un buen amigo ya en la organización. Lo mismo puede decirse de los hombres que se unieron a los muyahidines en Afganistán. Incluso las acciones revolucionarias que parecen espontáneas, como las manifestaciones en el Este de Alemania que condujeron a la caída del Muro de Berlín, en el fondo son fenómenos de “vínculos fuertes”. El movimiento de oposición en Alemania del Este estuvo constituido por varios cientos de grupos, cada uno con aproximadamente una docena de miembros. Cada grupo estaba en contacto limitado con los otros grupos: en ese entonces sólo el trece por ciento de los alemanes del Este tenía teléfono. Lo único que sabían era que el lunes por la noche se reunirían para manifestarse contra el Estado afuera de Iglesia de San Nicolás en el centro de Leipzig. El elemento determinante de quienes se presentaban fueron siempre sus amigos “críticos” del régimen –quienes contaban con más amigos de este tipo estaban más propensos a unirse a la protesta.

Por lo tanto, el hecho crucial acerca de los cuatro estudiantes de primer año en la cafetería de Greensboro –David Richmond, Franklin McCain, Ezell Blair y Joseph McNeil– fue la relación entre unos y otros. McNeil era compañero de dormitorio de Blair en A.&T.’s Scott Hall. Richmond compartía habitación con McCain un piso más arriba, y Blair, Richmond y McCain, habían ido a la Dudley High School. Los cuatro metían a la habitaciónn cervezas de contrabando y hablaban hasta altas horas de la noche en el cuarto de Blair y de McNeil. Todos ellos recordaban el asesinato de Emmett Till en 1955, el boicot a los autobuses de Montgomery ese mismo año y el enfrentamiento en Little Rock de 1957. Fue McNeil quien expresó la idea de un plantón en Woolworth. Lo discutieron durante casi un mes hasta que un día entró McNeil al dormitorio y les preguntó a los demás si estaban listos. Hubo una pausa, luego McCain les habló de un modo sólo posible entre personas que han platicado toda la noche: “¿Son unos sacones o qué?” Ezell Blair tuvo el coraje de pedir una taza de café al día siguiente sólo porque estaba flanqueado por su compañero de cuarto y dos buenos amigos de la escuela secundaria.

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La clase de activismo asociado con las redes sociales no se parece a esto en absoluto. Las plataformas de las redes sociales están construidas con lazos débiles. Twitter es una forma de seguir a (o de ser seguido por) personas a las que nunca hemos tratado. Facebook es una herramienta de gestión eficiente de nuestros conocidos, para estar al día con personas a quienes –de otra forma– no seríamos capaces de mantener en contacto. Por eso es que uno puede contar con miles de “amigos” en Facebook ya que, en la vida real, nunca tendría tantos.

En muchos sentidos se trata de una maravilla. Hay cierto poder en estos “vínculos débiles”, como el sociólogo Marcos Granovetter ha observado. Nuestros conocidos –no nuestros amigos– son nuestra mayor fuente de nuevas ideas e información. Internet nos permite aprovechar el poder de este tipo de conexiones a distancia con una eficacia admirable. Resulta fantástico en la difusión de novedades, la colaboración interdisciplinaria, en hacer coincidir a la perfección a compradores con vendedores y con las necesidades logísticas en un mundo de citas y compromisos. Sin embargo, estos “vínculos débiles” rara vez conducirán al activismo de alto riesgo. En un nuevo libro llamado El efecto Dragonfly: maneras rápidas, eficaces y de gran alcance para usar las redes sociales en el cambio social, el consultor de negocios Andy Smith y el profesor de la Stanford Business School Jennifer Aaker cuentan la historia de Sameer Bhatia, un joven empresario de Silicon Valley aquejado por leucemia mielógena aguda. Se trata de un ejemplo inmejorable sobre las fortalezas de las redes sociales. Bhatia necesitaba un trasplante de médula ósea pero era incompatible con sus parientes y amigos. Las mejores posibilidades venían de otro donante de su mismo origen étnico y de no pocos asiáticos del sur encontrados en la base de datos nacional sobre médula ósea. Por lo mismo, el socio de negocios de Bhatia envió un correo electrónico explicando la situación de Bhatia a más de 400 de entre sus conocidos. Varias páginas de Facebook y YouTube se dedicaron a la campaña Help Sameer. Al final, casi veinticinco mil personas nuevas se registraron en la base de datos de médula ósea y Bhatia encontró un donante compatible.

Ahora bien, ¿cómo una campaña así es capaz de convocar a tanta gente? Al no pedir demasiado de ellos. Esta es la única manera de conseguir que alguien a quien realmente no conoces haga algo por ti. Uno puede lograr que miles de personas ingresen a un registro de donantes ya que hacerlo es muy sencillo. En este ejemplo, uno sólo tiene que enviar un cotonete con una muestra bucal y, en el caso muy improbable de que su médula ósea sea una buena opción para alguien que lo necesite, pasar unas horas en el hospital. Es cierto, la donación de médula ósea no es un asunto trivial; sin embargo, no implica ningún riesgo financiero o personal. No significa pasar un verano acosado por hombres armados en camionetas. No requiere el enfrentamiento con normas sociales y prácticas arraigadas. De hecho, es un tipo de participación que sólo puede traer reconocimiento social y alabanzas.

Los evangelistas de las redes sociales no entienden esta distinción, parecen creer que un amigo de Facebook es lo mismo que un verdadero amigo y que la firma en un registro de donantes en el Silicon Valley de hoy es activismo en el mismo sentido que un plantón en la cafetería de Greensboro contra de la segregación de los años sesenta. “Las redes sociales son especialmente eficaces para aumentar la motivación”, escriben Aaker y Smith. No es cierto. Las redes sociales son efectivas para incrementar la participación al disminuir el nivel de motivación que la participación requiere. La página de Facebook de la Coalición para Salvar Darfur tiene 1.282.339 miembros, quienes han donado un promedio de nueve centavos de dólar cada uno. La siguiente más grande en pro de la beneficencia de Darfur en Facebook tiene 22.073 miembros, los que han donado un promedio de treinta y cinco centavos cada uno. Help Save Darfur tiene 2,797 miembros, con quince centavos donados por cabeza. Un portavoz de Save Darfur Coalition declaró a Newsweek que “el valor de alguien para el movimiento no se puede medir sobre la base de sus aportaciones. En conjunto, constituyen un poderoso mecanismo para involucrar a la población crítica. Informan a la comunidad, asisten a eventos como voluntarios. Se trata de algo que no se puede apreciar cuantitativamente.” En otras palabras, el activismo de Facebook tiene éxito no porque motive a las personas a realizar un verdadero sacrificio, sino porque las lleva a hacer el tipo de cosas que hace la gente cuando no está lo suficientemente motivada para un verdadero sacrificio. Estamos muy lejos de la cafetería de Greensboro.

5

Los estudiantes que se sumaron al plantón en el sur durante el invierno de 1960 describen el movimiento como una “fiebre”. Sin embargo, el movimiento por los derechos civiles fue más una campaña militar que un contagio. En 1959 había dieciséis plantones en varias ciudades del sur, quince de ellos articulados formalmente por organizaciones de derechos civiles como la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People) y el CORE (Congress of Racial Equality). Antes, se hicieron planes explorando sus posibles ubicaciones. Los activistas organizaban sesiones de formación y repliegue destinadas a los aspirantes al movimiento. Los Cuatro de Greensboro fueron producto de esta base: todos eran miembros del NAACP Youth Council. Tenían estrechos vínculos con el jefe de la NAACP local y habían sido informados sobre la primera ola de plantones en Durham. Asimismo, habían participado ya en una serie de reuniones en las iglesias activistas del movimiento. Cuando éste se extendió a partir de Greensboro por todo el sur, no lo hizo de manera indiscriminada. Creció desde las ciudades que ya contaban con “movement centres” –núcleos de voluntarios dispuestos, dedicados y entrenados para convertir la “fiebre” en acción.

El movimiento de derechos civiles fue activismo de alto riesgo. Fundamentalmente, fue también activismo estratégico: un reto para el establishment montado con precisión y disciplina. La NAACP fue una organización centralizada, dirigida desde Nueva York con base en procedimientos de operación altamente formalizados. La autoridad incuestionable en la Southern Christian Leadership Conference fue Martin Luther King Jr. En el centro del movimiento estuvo la iglesia negra que, como señala Aldon D. Morris en un excelente estudio de 1984, The Origins of the Civil Rights Movement, era una división de trabajo perfectamente delimitada, con diferentes comités permanentes y grupos disciplinados. “Cada grupo fue orientado y coordinado por una autoridad”, escribe Morris. “Los individuos eran responsables de sus tareas asignadas y los conflictos importantes se resolvían ante el ministro, quien generalmente ejercía la máxima autoridad sobre su congregación.”

Esta es la segunda distinción fundamental entre el activismo tradicional y su variante en línea: las redes sociales no constituyen este tipo de organización jerárquica. Facebook y similares son herramientas para la construcción de “redes” que son precisamente contrarias –en estructura y carácter– a las jerarquías. Con sus normas y procedimientos, a diferencia de éstas las redes no son controladas por ninguna autoridad central. Las decisiones se toman por consenso y los lazos que unen a las personas del grupo permanecen sueltos.

Dicha estructura hace a las redes enormemente adaptables y flexibles en situaciones de bajo riesgo. Wikipedia es un ejemplo perfecto. No tiene un editor, con sede en Nueva York, que dirija y corrija cada entrada. El esfuerzo es auto-organizado. Si todas las entradas en Wikipedia fueran borradas mañana, rápidamente serían restauradas porque eso es lo que ocurre cuando una red de miles de personas dedican su tiempo a una tarea de forma espontánea.

Sin embargo, hay muchas cosas que las redes no pueden hacer bien. Para organizar a sus cientos de proveedores las empresas de automóviles usan, con sensatez, una red; no obstante, no hacen lo mismo cuando se trata del diseño de sus coches. Nadie cree que un concepto de diseño se obtiene mejor de entre el caos de opiniones que bajo la organización de un líder. Dado que las redes no cuentan con una estructura centralizada y líneas claras de autoridad, tienen difi cultades para establecer metas mediante un consenso auténtico. Al no poder pensar de forma estratégica están crónicamente propensas al conflicto y al error. ¿Cómo tomar decisiones difíciles sobre táctica, estrategia o concepto si todo el mundo tiene el mismo poder?

La Organización para la Liberación de Palestina se originó como una red y los estudiosos de relaciones internacionales Mette-Eilstrup Sangiovanni y Jones Calvert sostienen (en un ensayo reciente sobre seguridad internacional) que por eso precisamente tuvo problemas: “Las características estructurales típicas de las redes –la ausencia de autoridad central, la autonomía sin control de los grupos rivales y la incapacidad para arbitrar disputas a través de mecanismos formales– hizo a la OLP excesivamente vulnerable frente a la manipulación externa y las luchas internas“.

En la Alemania de los años setenta, continúan más adelante, “la más unificada y exitosa ala izquierda terrorista estaba organizada de forma jerárquica, con una gestión profesional y una clara división del trabajo. Geográficamente, se concentraba en las universidades, donde podía establecer un liderazgo central y propiciar la confianza y la camaradería a través del trato regular cara a cara“. Rara vez traicionaron a sus compañeros de armas durante los interrogatorios policiales. Por otro lado, sus contrapartes de la derecha se organizaban como las redes descentralizadas y no tenía disciplina. Dichos grupos fueron infiltrados con regularidad y sus miembros, una vez detenidos, denunciaron fácilmente a sus compañeros. Del mismo modo, Al Qaeda era más peligroso cuando se trataba de una jerarquía unificada. Ahora que se ha disipado en una red ha demostrado mucho menos eficacia.

Ahora bien, las desventajas de las redes apenas importan si no están interesadas en el cambio sistémico –si sólo quieren asustar, insultar o hacer olas–. Así no necesitan pensar estratégicamente. Pero si enfrentan a un establishment poderoso y organizado, deben contar con una jerarquía. El boicot a los autobuses de Montgomery requería de la participación de decenas de miles de personas que dependían del transporte público para ir y volver del trabajo todos los días. Duró un año. Con el fin de persuadir a las personas a permanecer fieles a la causa, los organizadores del boicot se ocuparon de cada iglesia local negra con el propósito de mantener la moral en alto. Armaron entonces un servicio de transporte colectivo gratuito como alternativa privada, con cuarenta y ocho despachadores y cuarenta y dos estaciones de carga. Incluso el White Citizens Council, según dijo más tarde Martin Luther King, admitió que el sistema de transporte colectivo se desplazó con “precisión militar”. En el momento que King llegó a Birmingham, al enfrentamiento culminante con el comisionado de policía Eugene (Bull) Connor, contaba con un presupuesto de un millón de dólares, un centenar de miembros de tiempo completo sobre un terreno fraccionado en unidades operativas. Trazada de antemano, la acción se dividió en fases progresivas. El apoyo se mantuvo mediante reuniones de masas consecutivas y rotando de iglesia en iglesia por toda la ciudad.

Los boicots, plantones y confrontaciones no violentas –armas elegidas por el movimiento de derechos civiles– son estrategias de alto riesgo: dejan muy poco margen para la discordia y el error. En ese momento incluso si uno de los manifestantes se desviaba del guión y respondía a las provocaciones, la legitimidad moral de toda la protesta se veía comprometida. Sin duda, los entusiastas de las redes sociales nos han hecho creer que la tarea de Martin Luther King en Birmingham habría sido infinitamente más fácil si hubiera sido capaz de comunicarse con sus seguidores vía Facebook… Pero las redes son caóticas: basta recordar el patrón incesante de corrección y revisión, modificación y debate que caracteriza a Wikipedia. Si Martin Luther King hubiera intentado un wiki-boicot en Montgomery habría sido aplastado por la estructura del poder blanco. Y ¿de qué sirve una herramienta de comunicación digital en una ciudad donde el noventa y ocho por ciento de la comunidad negra podía ser encontrada en la iglesia todos los domingos? Las cosas que King necesitaba en Birmingham: disciplina y estrategia, fueron esas que las redes sociales en línea no pueden proporcionar.

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La biblia de los movimientos en las redes sociales es Here Comes Everybody, de Clay Shirky. Este profesor de la Universidad de Nueva York se propone demostrar el poder de organización de internet. Para ello recurre a la historia de Evan (quien trabajaba en Wall Street) y de su novia Ivanna. En una ocasión ella olvidó su smartphone, un Sidekick caro, en el asiento trasero de un taxi de Nueva York. La compañía telefónica transfirió los datos del teléfono perdido a uno nuevo, con lo cual descubrieron que el Sidekick estaba ahora en manos de una adolescente en Queens, quien lo utilizaba para tomar fotografías de ella y sus amigos.

Cuando Evan le envió un correo electrónico a dicha adolescente (de nombre Sasha) reclamando el teléfono, ella le contestó que su “culo blanco” no merecía que se lo devolviera. Molesto, Evan creó una página web con una descripción de lo sucedido. Luego envió el enlace a sus amigos. Alguien encontró en la página de MySpace del novio de Sasha un enlace hacia ella. Ese alguien encontró asimismo la dirección de Sasha en línea y tomó un video de su casa. Más tarde Evan publicó el video en su sitio. La historia fue recogida por el filtro de noticias Digg y Evan comenzó a recibir diez e-mails por minuto. Después creó un boletín para que sus lectores compartieran sus historias pero se colapsó bajo la enorme cantidad de respuestas. Evan e Ivanna acudieron finalmente a la policía; aunque en el informe de ésta el teléfono se reportó como “perdido” en lugar de “robado”. Y con ello cerró el caso. “Para este momento millones de lectores estaban atentos”, escribe Shirky, “y decenas de medios de noticias tradicionales cubrían la historia”. Cediendo a la presión, el departamento de policía reclasificó al celular como “robado”. Sasha fue arrestada y Evan logró recuperar el Sidekick de su novia.

El argumento de Shirky es que este tipo de cosas nunca podrían haber sucedido en la edad pre-internet. Y tiene razón. Evan nunca habría podido rastrear a Sasha y la historia del Sidekick nunca hubiera sido publicada. Apareció un ejército de personas que nunca se habrían reunido para librar esta lucha. La policía jamás hubiera cedido a la presión de una sola persona que perdió algo tan trivial como un celular. La historia, según Shirky, ilustra “la facilidad y rapidez con la que se puede movilizar a un grupo tras una causa” en la era de internet.

Shirky considera que este modelo es una actualización del activismo. Sin embargo, se trata simplemente de una forma de organización que favorece los “vínculos débiles” con acceso a la información por encima de las relaciones de “vínculos fuertes” que nos ayudan a sostenernos frente al peligro. Sustituye la energía propia de las organizaciones que promueven la actividad estratégica y disciplinada por aquellas que promueven la resistencia y la adaptabilidad. Ahora es más fácil para los activistas expresarse pero más difícil que la expresión tenga algún impacto. Los instrumentos de las redes sociales se adaptan bien para que el orden social existente sea más eficiente. De ningún modo son un enemigo natural de la situación actual. Si uno es de la opinión de que lo único que hace falta es limar las imperfecciones, nada de esto debe preocuparle. Pero si entendemos que aún hay por ahí cafeterías donde se practica la discriminación, deberíamos hacer una pausa y pensar.

Shirky termina la historia del Sidekick preguntando, pomposamente: “¿Qué pasará después?” –sin duda imagina olas futuras de manifestantes digitales. Pero ya ha respondido a su propia pregunta. Lo que sucedió después es más de lo mismo. Una red de lazos débiles por el mundo que es buena en cosas como ayudar a Wall Street a recuperar los teléfonos de manos de las adolescentes. Viva la Revolución.

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Quién mató a Montesquieu?

Si "Montesquieu ha muerto", como dijo el Guerra (lo que puede ser, puede ser, y además es posible), quiero saber quién lo mató; el delito no debe quedar impune, como ha quedado el Prestige o un rey cojuelo que mata elefantes y no dispone de adn reconocido, como los fantasmas.

Porque eso es un principio del derecho romano, que era bastante recto antes de que lo torcieran a fuerza de epiqueyas como las que dominan las leyes hodiernas o de hoy, que son jodiendas también. Y las leyes se tuercen así: con cada enmienda, restricción, adaptación o epiqueya, hasta volverse una jodienda al pueblo, ya lo indica el refrán: "Al papel y la mujer / hasta el culo le has de ver".

El power ejecutor ha dictaminado muerte natural; pero yo no me lo creo hasta que reaccione en cadena la polimerasa. Que no cierren tan deprisa el ataúd. Que ni siquiera lo crucen de brazos. Qui prodest? ¿A quién beneficia?

Es al Poder, legislativo, ejecutivo o judicial, porque el poder es uno y trino, como Dios, aunque aquí se nos muestra más bien como Alá, que no es trino, sino uno y turco y manda que es una asquerosidad, una sharia, vamos. Cuánto mejor ser cristiano y trinitario. El poder es siempre injusto, porque se ejerce siempre por su propia naturaleza sobre el débil o indefenso, pues de lo contrario no sería poder. Pero nuestras garantías constitucionales son dignas de Marruecos, dan risa, y recuerdan las arbitrariedades que los monarcas absolutos cometían con lo que en Francia llamaban lettre de cachet y en España orden reservada, con las cuales un monarca podía saltarse todos los tribunales habidos y por haber y encerrar para toda la eternidad y sin proceso judicial a quien le viniera en gana. Lo equivalente entre los nosotros de hoy es la demora, robo o manipulación de pruebas y alargamiento de todo proceso judicial, more Berlusconi, ya al fin (si es que llega; en Italia, como en España, donde todo se hace a medias, eso nunca se puede decir), y oficialmente, corruptor de menores y de mayores, hasta la prescripción, robo o disolución de las pruebas en la nada. Los procesos de aquí es que son una kafka. Y ni siquiera una kafka consistente: pura diarrea.

Los digamos que procedimientos varían a cuál peor: cambiar diez veces a los jueces de instrucción, quitarles el personal necesario, inflar los sumarios hasta que asciendan cual montgolfieros, esos globos de papel del XVIII, donde Baumgartner perdió el casco. Hasta la iniciativa legislativa popular ha sido usurpada por esa democracia indirecta y rogativa que agravia a la mayoría con una minoría. Easy to do justice, very hard to do right. "Fácil es hacer justicia, pero es muy duro hacer lo justo", o, si tradujéramos mejor que en el filme, "lo correcto", como se dice en la pieza teatral de Terence Rattigan, The Winslow boy (1949), inspirada en un hecho real que modificó el derecho de apelación al rey de ese país sin constitución escrita, Gran Bretaña. Fue muy bien llevada a la pantalla por otro dramaturgo y cineasta, David Mamet (autor de El motor de agua y otras piezas más conocidas), bajo el título de El caso Winslow (1999).

Juvenal (mejor Juvenal, porque el otro satírico sobresaliente, Marcial, era un hispano y ya estaba corrupto y no moralizaba, solo alababa tiranos para agenciarse un chalet en Aragón) ya lo dice en su sátira VI: "Quis custodiet ipsos custodes? (¿Quién vigila a quienes vigilan?)". Como no sea el pueblo... Pero al pueblo lo tienen como al perro: fuera de todos los asuntos, en la caseta, mano sobre mano, helándose de frío, a dieta de pan duro y agua, hasta que haya alguna cacería o elecciones. Después de divertirse con él, cuando ya esté demasiado lleno de perdigones o asustado por los disparos que se niegue a perseguir liebres, lo ahorcarán de un olivo. Y no habrá mordisco que valga, salvo en los cigotos.

martes, 12 de noviembre de 2013

La máquina de no hacer nada

En no poco, España es una Italia, y empieza a serlo en casi todo. Ambos países atravesamos por largas etapas fascistas y posfascistas, y tenemos el imbroglio o embrollo como forma de gobierno institucionalizada desde hace muchísimo y sin evolución ni revolución posibles.

Todo es estar a medias en todo, una pura doctrina del shock. Una crisísima profundísima. Es como lamenta el salmo de Asaf: "y nadie entre nosotros sabía hasta cuándo". Nadie entre nosotros va a asumir la soberanía nacional en nombre del pueblo en la Puerta del Sol, nadie va a pegar cuatro tiros al aire ni va a establecer un gobierno provisional que convoque elecciones a Cortes constituyentes. Los tanques no van a venir a joder la marrana y, en todo caso, vendrán señoras gordas a tocar el arpa.

Parecía que nuestro sistema operativo político tenía obsolescencia programada, pero, quia, nadie supo ni quiso pensar en otra cosa que en que gobiernen ellos, los alemanes, ya que nos gobiernan unos italianos de Génova aplastándonos los huevos de Colón, ay, y degradando la democracia, si hubo tal ente quimérico y quijotesco en vez de una peste borbónica de cleptocracias familiares en plan chorizo y robagallina. El gobierno de la apariencia sobre la esencia; un gobierno tan obnubilata como el propio Wert, que hasta para recortar se hace un lío y con tan poca inteligencia que, como en Sanidad, se corta lo sano y no lo corrupto. ¡Cuántos muertos habrá costado ya el navajazo sanitario! ¡Cuánta miseria la retraición de los políticos borbónicos o pepoístas, y toda su Re-Corte, nada artúrica, de caballeros mamandantes!

El estado es un cascarón de papeles, una gallina huera de muñecas rusas, una máquina de no hacer nada que dificulta todo movimiento, toda esperanza, toda renovación con un misoneísmo fáctico que sobreviene como a Italia, pero con un poco menos de inercia, con solo ochenta años de corrupción generalizada.

Porque en España hasta se anula, con las demás leyes, la ley de la gravedad. Nada es grave aquí, nada se castiga, ni siquiera con rigor. Y la falta de gravedad se nota ya en gran parte del país, que vive flotando en el limbo del paro como los dos astronautas de la película, no up in the air, aunque también, que hizo Clooney, en espera de la castaña que más pronto que tarde les van a dar. Y será pilonga.

La culpa es de la Justicia, si es que la justicia puede ser culpable de algo, que suena terrible, como el mundo al revés, aunque sea verdad: nada podemos esperar de ella sino la paraplejia y la muerte por desgana y agotamiento. La esperanza se pudre en su tumba de Pandora y queda ya hecha un esqueleto; nadiecico la va a sacar de ahí, ni siquiera como zombi. No se han escrito leyes nuevas y seguimos con las viejas; la justicia sigue sin espada, no amputa los miembros con gangrena y todo el país se muere de septicemia, por falta de enfermeras y médicos también, despedidos en medio de basuras infectadas y sin recoger, incluida la basura que nos gobierna. 

Porque toda política y justicia posibles se hacen en realidad fuera de España, en Alemania o más lejos, sin la secuestrada soberanía nacional, en manos de chorizos y borbónicos. Más que europeizar España habría que helvetizarla o escandinavizarla, o salir corriendo, porque si los teutones hacen algo será alemaniaorientalizarnos. Hasta a los Erasmus nos los quieren devolver, si es que no es una diwertsión de wert. No, gracias; nos iremos a Rumanía, como Ovidio, a chuparle la sangre a Vlad el Empalador, un hombre justo que haría mucha falta aquí: en su feudo nadie se atrevía a robar, al menos sin esperar que le sacaran los ojos de la cara y le metieran un trinche por el culo.

¿Y cómo funciona la máquina de no hacer nada? Su función verdadera, aparte de impedir que se haga algo, que es lo primordial, es servir de escondite a los que realmente hacen lo que se puede hacer en España: robar limpiamente y como lavado con Perlán. Para poder obrar así hay que sacarse un título de medro que se da en el Pepoe o en cualquiera de las escuelas de mentir y temer que hay abiertas sobre el escenario del teatro España. Es el único trabajo bien retribuido que hay en el país, incluso dos o tres veces, en negro, en blanco, en cuadros, con regalos a parientes y sobrinos sobrecogedores.

Alguna gente se resiste a ello, los educados a la antigua en creer hay diferencia entre el bien y el mal. Pero las reformas educativas van por otro lado y han dejado los libros de caballerías por el brutal realismo del sálvese quien tenga más balas y puntería: aquel que se salva sabe, los otros no saben nada. 

Es la dictadura perfecta: si no gobierna el uno, que gobierne el otro que es la otra cara de la misma moneda con que se paga el soborno de la soberanía popular; el mismo perro con distinto collar, lo mismo da que da lo mismo, tanto monta. Entrambos se enseñan nuevos métodos de robo en comandita con empresarios, banqueros, sindicalistas, putas y periodistas de hoja caduca, en comandita con cualquiera menos con el pueblo, siempre mentido, siempre engañado, siempre despreciado y nunca, nunca, nunca oído. 

Por supuesto, no todos entre ellos son corruptos; hay una casta de carapintadas de sonrisa idéntica que sirven la nueva mentira otoño invierno para que los auténticos ladrones puedan obrar a su sombra y a su antojo con la ilusión de que ya los pagarán después con un puesto en un consejo bancario y tal, prebendados que son en realidad prevendidos y prebandidos. Por lo general, esos personajes aparentes están colocados en puestos visibles casi importantes, mientras que los puestos resolutivos están tomados por la gentuza al servicio de la máquina de no hacer nada salvo robar. 

Por demás, hasta tenemos nuestra propia Padania, Catalania, y nuestro propio Umberto Bossi, Artur Massi o Messi, qué Más da. Y nuestra propia mafia, la Cosa Nostra de Castilla La Mancha, en realidad diecisiete garduñas a cual peor. Mucho ladrón para tan poco dinero; la menguante clase media está medio asfixiada. Ojalá entre el dinero de fuera lo antes posible; al menos conocen menos el paño guarreras que aquí se estila y así nos dejarán en paz a nosotros.

jueves, 31 de octubre de 2013

Dictadores en su tinta

Manuel Morales, "Galería de malvados", El País, 31 de octubre de 2013:

Desde que la humanidad decidió organizarse para vivir en común han existido tiranos, déspotas, plutócratas... averiguar por qué tantos seres abyectos han llegado al poder y cómo lo han ejercido para conservarlo son los hilos que guían el ensayo El manual del dictador, escrito por dos catedráticos de política de la Universidad de Nueva York, Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, que ha publicado en español Siruela. Ambos politólogos analizan el comportamiento de autócratas, sobre todo, pero también de mandatarios elegidos democráticamente y de jefes ejecutivos de empresas para concluir que los líderes están dispuestos a lo que sea para seguir al mando. Así reza en el provocador subtítulo del libro, Por qué la mala conducta es casi siempre buena política. Los autores reconocen que su obra es una descripción "cínica pero exacta" de la política.

De entre las decenas de personajes mencionados en El manual del dictador, estos son, por orden alfabético, algunos de los más citados. Lo que sigue no es una selección de los peores villanos de la historia, sino de aquellos que los autores destacan por sus maniobras para mantener, de cualquier manera, la autoridad: 

1.- Samuel Doe. Sargento liberiano, casi analfabeto, participó en la revuelta de oficiales que acabó con el régimen (y la vida) del presidente Tolbert en 1980 porque no recibían su soldada. El mismo Doe se encargó de atravesar al mandatario "con una bayoneta y arrojar sus entrañas a los perros". Autonombrado presidente, ordenó la ejecución de 13 ministros y de decenas de correligionarios de los que no se fiaba. Apoyado por Estados Unidos, "se aficionó a las mujeres de sus guardias y amasó una fortuna de 300 millones de dólares" en una década. Su gestión fue desastrosa, sus leales mataron a cientos de personas tras las protestas por unas elecciones amañadas. Conservó el cetro mientras fue útil a EE UU pero con el fin de la guerra fría, Washington le cortó el suministro y fue derrocado. Antes de morir torturado, sus sucesores le cortaron una oreja en el interrogatorio mientras trataban de averiguar los números de sus cuentas bancarias.

2.- Adolf Hitler. Canciller de Alemania en 1933, se apoyó rápidamente en las siniestras SS para encarcelar y aniquilar a centenares de enemigos; su régimen de terror impedía cualquier posibilidad de rebelión, subrayan Bueno y Smith, así nadie se atrevía a levantarse en su contra porque la posibilidad de fracasar era demasiado grande; su populismo enardeció a un país dolorido por la derrota en la Primera Guerra Mundial; el ansia anexionista para satisfacer el "espacio vital" de Alemania desembocó en la Segunda Guerra Mundial y con ella el espanto de los guetos, los campos de exterminio y el Holocausto.

3.- Sadam Husein. De "matón callejero a presidente de Irak", llegó al poder en 1979, tras obligar a dimitir a su predecesor (y primo), Al Bakr. Unos días después de hacerse con el mando, convocó una asamblea de líderes de su partido, el Baaz, para anunciarles los que iban a morir por traicionarle. A ello siguieron cientos de ejecuciones sumarias; en 1988 masacró con armas químicas a los descontentos kurdos. Mientras su país sufría sanciones económicas por la invasión de Kuwait en 1990, "se construyó palacios que costaban mil millones de dólares". "Un miserable" que favoreció el que productos suministrados por la ONU para reducir las muertes de niños iraquíes se revendiesen a otros países. Sus compinches lograron pingües beneficios pero se duplicó el índice de mortalidad infantil. La anexión del territorio kuwaití provocó la Primera Guerra del Golfo, en 1991. En 2003, EE UU invadió Irak y depuso a Husein, condenado a morir ahorcado por el alto tribunal iraquí en 2006.

4.- Ferdinand Marcos. Su "capitalismo de amigotes" le llevó a saquear miles de millones de Filipinas en su dictadura (1965-1986). El latrocinio solo acabó cuando, gravemente enfermo, abandonó el país. Antes había intentado blanquear su régimen con unas elecciones fraudulentas que motivaron el rechazo en su país y de la comunidad internacional.

5.- Mobutu Sese Seko. "Llevo 30 años en el poder y no he construido ni una carretera", le dijo el dictador zaireño al presidente de Ruanda en 1995. ¿Por qué? "Porque por esas carreteras vendrían los que querrían acabar conmigo". Proclama de un tirano que utilizó los recursos naturales de su país en beneficio propio. Un ladrón que amasó miles de millones y villas en los Alpes suizos, Portugal, la Riviera francesa, Bruselas y palacios presidenciales en muchas ciudades de Zaire. Amigo de EE UU, hizo construir en su ciudad natal un aeropuerto acorde con las necesidades del supersónico Concorde que alquilaba para uso personal.

6.- Robert Mugabe. El actual presidente de Zimbabue (nacido en 1924) se las ha arreglado para untar generosamente a los militares e impedir cualquier atisbo de rebelión. Llegó al poder en 1980 tras el acuerdo que ponía fin a una guerra civil. Mugabe prometió reconciliación pero instauró un Estado de partido único. Es un corrupto que en el simulacro de elecciones de 2005 mandó excavadoras para derribar las casas de los barrios que no le habían apoyado. Llamó a esta medida Operación sacar la basura. Hoy, la economía del país está hundida, con una población diezmada por el hambre y el cólera. "Mugabe es horrible por lo que ha hecho a su pueblo pero un maestro en las reglas por las que se rige, sobornar a los amiguetes", dicen los autores.

7.- Josef Stalin. Bueno y Smith califican al dictador soviético de "tirano delincuente" que purgó a sus adversarios y  "eliminó a gente con entusiamo", como acreditan los millones de personas enviadas a los gulags. Stalin "descubrió que matar a muchos para atrapar a unos pocos enemigos compensaba el gasto y la pérdida de vidas inocentes". El georgiano "dejó claro a sus comisarios que una tasa exorbitante de error en la ejecución de potenciales enemigos era aceptable".

Hay muchos más estudiados en El manual del dictador: Fidel Castro, Deng Xiaoping, Gadafi, Jomeini, Kim Yong Il, Mubarak... pero incomprensiblemente no están Mussolini, Franco y Pinochet, a pesar de que compartieron con los demás la fijación por mantenerse en el poder a toda costa.

Regresa Sloterdijk

Andrés Fraga y Xose Hermida, “Los viejos demonios han vuelto a Europa”, en El País, 31-X-2013:

La fama de provocador de Peter Sloterdijk no ha decaído desde que sacudiese a Alemania con una defensa de la manipulación genética de los humanos. Ahora ve al continente en un punto crítico y advierte de que “puede saltar por los aires”. 

En el principio fue la ira. “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, reza el verso inicial de La Ilíada, que para el filósofo Peter Sloterdijk (Kalrsruhe, 1947) equivale a la “primera palabra de Europa”. La ira y la indignación han sido una piedra angular del continente, y con él, de todo el mundo occidental. El recorrido histórico por las consecuencias políticas de esa energía humana dieron origen a un libro —Ira y tiempo, editado en España por Siruela— del más controvertido y seguramente más influyente, tras Jürgen Habermas, de los pensadores alemanes contemporáneos. Sloterdijk ha estado dos días en Santiago para recibir un singular premio por esa obra. El galardón, llamado Bento Spinoza en honor del gran filósofo de origen judío portugués, está organizado por el instituto compostelano Rosalía de Castro, cuyos alumnos, junto a los de otros cuatro colegios públicos gallegos, eligieron Ira y tiempo como el mejor ensayo. “Por una vez no me ha premiado un jurado gerontocrático”, bromeaba ayer, con una mezcla de ironía y sorpresa, el pensador alemán, que no oculta su inquietud por el futuro de una Europa a la que “vuelven los viejos demonios, ahora bajo la forma de nacionalismo económico”.

Muy popular en Alemania, donde es frecuente verle en televisión hablando de casi todo —desde fútbol a cómo dejar de fumar— su capacidad para la provocación es casi legendaria. Irrumpió de la forma más escandalosa en 1999, cuando algunos —entre ellos el propio Habermas— vieron resucitar los fantasmas del nazismo con su libro Normas para el parque humano que defendía las técnicas de mejora genética del homo sapiens. Hace tres años, un artículo suyo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el que arremetía contra la “cleptocracia fiscal” de los Estados de bienestar europeos y propugnaba sustituir los impuestos por donativos voluntarios, provocó otro enorme incendio. Ira y tiempo contiene un furibundo ataque contra lo que llama “izquierda fascista”, y eso le ha servido para que desde el otro lado del espectro ideológico el filósofo comunista Slavoj Zizek lo haya definido como “un liberal-conservador que ejerce de enfant terrible del pensamiento alemán contemporáneo”.

La izquierda, según Sloterdijk, ha funcionado históricamente como un mecanismo de “organización política de la ira” o, para ser más precisos, como “un banco de ira”. “La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos”, explica Sloterdijk desde su imponente estatura, mirando siempre por encima de unas pequeñas gafas y con un cabello alborotado que corrobora esa imagen de enfant terrible, aún a sus 66 años, Él acabó de escribir su libro en 2006 y, desde entonces, la “atmósfera ha cambiado mucho en el mundo”, advierte. “La ira, la cólera, la indignación, han cobrado más fuerza. Lo que pasa es que ahora no hay un banco mundial de la ira. Ese papel lo jugó la izquierda desde el siglo XIX, pero hoy ya no es capaz de desempeñarlo. El islamismo es únicamente un banco local de ira, sin alcance mundial. Ahora la gente puede quedarse en casa con su cólera y meterla debajo de la almohada o del colchón, porque ya no hay nadie que pueda sacar rendimiento político de eso ni devolverle intereses”.

Su durísimo diagnóstico sobre las consecuencias de organizar políticamente la ira, desde el primer anarquismo de Bakunin hasta el estalinismo o el maoísmo, no implica que Sloterdijk desdeñe el papel que ha desempeñado la indignación en la historia de Occidente. Y lo subraya cuando comenta el fenómeno del 15-M en España: “Esto no es nada nuevo, aunque sí la forma cómo se manifiesta. La República es hija de la indignación. De ella nace el primer movimiento democrático en la antigua Roma, donde la monarquía da paso a la República por la indignación popular contra la violación de Lucrecia por el hijo del rey. Lo mismo vale para la Revolución Francesa. En ese sentido, los jóvenes españoles demuestran que viven la auténtica tradición democrática”. Pero esa energía no puede ser canalizada por fuerzas como “la izquierda francesa, que parece una empresa del Estado, solo pendiente de los funcionarios”. “Se necesita algo completamente diferente, un instinto más emprendedor. Y pensar que no se puede forzar la economía. No vale con masacrar a dos millonarios y repartir su fortuna dando 20 euros a cada persona en paro. No creo que eso sea una solución política”.

La disputa entre el Norte y el Sur en Europa tras el estallido de la crisis ha abierto una brecha cuyos peligros resultan muy evidentes para Sloterdijk: “Han vuelto los antiguos demonios a Europa. Ya no se trata del viejo nacionalismo, ahora es un nacionalismo económico venenoso. Y sin duda se debe a los defectos en la construcción política de Europa. El euro fue sobre todo un proyecto político, y los especialistas ya advirtieron entonces de que eso podría llevar a una explosión. Pero los políticos siguieron adelante con lo suyo. Y esa explosión es lo que estamos viendo ahora. Hay un retroceso en el sentimiento transnacional”. El pensador resume la división continental entre países partidarios de la estabilidad económica, como Alemania, y los defensores de “políticas inflacionistas, como los Estados del Sur”. “Las diferencias neonacionalistas vienen de mezclar la política con esos problemas técnicos. Si no evitamos esa mezcla, Europa puede saltar por los aires”, afirma.

Un cierto sentido de la ironía impregna la obra de Sloterdijk y aflora cuando se pregunta si de verdad Alemania desea mandar sobre Europa: “Todo esto es un malentendido trágico. Los alemanes rezan todas las noches para no tener que gobernar Europa. Pero qué le vamos a hacer, son grandes y fuertes, y no se pueden esconder como cuando uno es pequeñito y se mete detrás de un árbol. El problema no es que Alemania quiera el poder, sino que se trata de una obligación a la que debe acostumbrarse. Pero los alemanes son muy cuidadosos y muy respetuosos”.

Sus grandes obras

Las principales obras de Sloterdijk han sido publicadas en España por la editorial Siruela. Su primer gran libro, Crítica de la razón cínica, salió en Alemania en 1983, pero no apareció en español hasta 2003. Ese mismo año, Siruela publicó Normas para el parque humano, que data de 1999.
La trilogía Esferas, entre 2003 y 2006. Ira y tiempo vio la luz por primera vez en castellano en 2007, el mismo año que En el mundo interior del capital, originalmente editado en alemán en 2005.

lunes, 28 de octubre de 2013

Dónde estará Manolo y otras canciones

El himnógrafo oficioso de España, el letrista sin letras del porompompero, el taurófilo alérgico a la pleonástica minifaldita pero aficionado al arte caro que dicen moderno, se ha muerto o benidormido en la última playa, si morir puede el inofensivo y patriótico orgullo de las bandas sonoras y rojigualdas. Hoy las Vanessas con dos eses de mi clase ignoran de dónde les viene el nombre, como lo ignorarán las futuras Letizias con zeta, pero los niños del bum, que en el fondo es un puf, cuyo fallecimiento empieza a programarse para estas dos décadas de grima, sabemos que hoy falta ya un cacho del ente de ficción llamado España, una institución de la charanga y la pandereta, un primor de la prensa rosácea solo afín al torbellino de colores/pincho moruno Lola Flores/Hatshepsut, pero digno al fin y al cabo de representar al español medio común y de sólidos valores. Na diremos de otros mitos más progres, como la lagarta Sara Montiel, la estiradísima (de piel), o el mitologema oscuro de mi turbia generación, la diosa Cecilia, con su reverso vulgar, un Nino Bravo gritón y tan amojamado como el total restante de esos porfirogénetas o bien-paridos. Sin duda estará Manolo tomando fino en alguna caseta celeste, hacia donde se nos lo ha robado el fogoso carro de Elías.

Porque, hablando de no muertos en estos tiempos de Halloween tan aborrecibles a los curas, uno mira a Rajoy como al protagonista de Mar adentro, la película de Amenábar, Amenábar, moro de la morería, pero al revés: todos quieren que desaparezca, pero él se resiste hasta el fin, porque para él es un principio, como para la reina María de Escocia, la cabeza a los pies. Los politicastros postsuárez es lo que tienen: una alergia cosmológica a la dimisión, aunque uno preferiría ya mejor un harakiri por mera cuestión de honor e hidalguía; el político español, borbónico o no, puede soportar una vergüenza verdaderamente inhumana y seguir chupando del bote con un belfo y asadura que derrengue toda esperanza. Lo dice hasta el reportaje del historiador florentino Guicciardini, el que mejor supo retratar nuestra idiosincrasia ya a comienzos del XVI. Uno tiene la impresión de que las cosas no han cambiado nunca. Qué narices, si hasta sigue reinando Isabel la Católica, que lo he visto en la tele. Menos mal que hasta el Pepoe empieza a darse cuenta de que el sistema operativo de nuestra democracia está obsoleto y se dibuja en el horizonte la vana nubecilla de una reforma constitucional. Porque es una nubecilla vana y deleble como un suspiro, que no es nada: uno no va a esperar a estas alturas que ese vaho genere rayo alguno que pueda cauterizar tanto podrido y fétido decaecimiento moral irregenerable como nos tiene ahumados en esta zahúrda quevediana; que el político español es solo lodo inevolucionado y apenas consciente.

Novedades, Emilio Morote Esquivel, sin duda nuestro mejor narrador, ha sacado una nueva novela sobre Ciudad Real, El reino de los cielos. Mi congénere y colega Fernando José Carretero, con quien me partía los piños al ajedrez hace una calamidad de años, ha publicado, al fin, un nuevo libro de poesía, su tercero; guardo entre mis papeles el original del segundo, del cual recitó en la presentación algunos poemas como el de Baely, trasunto ingeniado/desdoblado del autor y anuncia varios más que esperamos con ganas. En la presentación estuvo como yo lo recordaba; casi nada ha cambiado, de forma que su voz me despertó una incurable melancolía, como si viniera un tiempo más allá del tiempo o un tango salido del Infierno. Sus poemas tienen algo de geórgica y de Brahms, un estilizamiento y elegancia que hacen de él una de las voces más interesantes y sutiles de nuestra moderna lírica. También fui a ver la presentación del libro de aforismos de nuestro paredaño José Rivero, en la que estuvo su amigo el novísimo Antonio Martínez Sarrión, el de las insuperables versiones de Baudelaire. Él se mostraba deprimido ante la mediocridad pesetera de la cultura de masas, a la que en un tiempo sirvió de glosa fílmica y veneciana. Con Ángel Crespo es sin duda uno de los puntales de la cultura manchega, todavía vivo, por fortuna. El acto fue breve: ya habíamos consumido la versión iniciática de su trilogía de aforismos y pensamientos suscitados por el paso de lecturas y sucesos, omnímoda en su curiosidad. Sus parágrafos no se centran en la poética y el arte, como los del citado Crespo, con quien se le quiere asociar sin haberlos leído. Presentaba un segundo volumen. La inteligencia de Rivero es activísima y se vierte sobre todo sobre el arte y las ideas, articulando muchas agudas percepciones en torno al concepto de espacio en un estilo de lucida precisión. Anunció algo que todos estamos esperando con ganas: una novela que, a juicio de Martínez Sarrión, será memorable. Y lo será sin duda.

El honesto y libertario Camus

Michel Onfray, "El pensador libertario", en El Cultural, 21/10/2013

La infancia, el origen social y familiar, la parentela de la gente de poco dinero y la Argelia pobre de los años genealógicos constituyen el temperamento libertario de Albert Camus. Nunca fue, ni aquí ni en las demás ocasiones, un doctrinario, ni un seguidor de la ortodoxia, ni un pensador sistemático, de modo que no es anarquista como discípulo, sino como maestro. En ningún caso quiere ser stirneriano, bakuniano o proudhoniano, algo que carecería absolutamente de sentido un siglo después del florecimiento de esos pensamientos anticuados. Camus inventó el pensamiento libertario del siglo XX inscribiendo su nombre en una historia que, ciertamente, supone una filiación, pero destaca sobre todo por lo que concibe de forma inédita: un estilo libertario, una sensibilidad libertaria y un carácter libertario. 

Camus inventa ese pensamiento singular reaccionando personalmente ante lo que constituye ese siglo: anticolonialista a partir de 1938 con Miseria en la Cabilia; pacifista, pero que realiza los trámites para alistarse una vez constatada la infructuosidad de sus esfuerzos por impedir la guerra en 1939; miembro de la resistencia en Combat a partir de 1943 (otros esperarán a la Liberación para henchirse de 'compromiso'): negándose a desempeñar un papel en la purga mientras algunos tratan de recuperarse en ella; oponiéndose a cualquier forma de fascismo cuando los resistentes de la vigésimoquinta hora convertidos en purgadores reanudan unas turbias relaciones con el totalitarismo, siempre que sea de izquierdas; no dando la razón a los fascismos rojos de la URSS, del Este, de los trópicos o de China, ni a los pardos del nacionalsocialismo de la Italia mussoliniana o de la España franquista, ni tampoco al bloque estadounidense, especialmente con Hiroshima y Nagasaki; rechazando la tortura, el terrorismo y los atentados ciegos que causan víctimas civiles, ya sea con la OEA o con el FLN. Camus inventa el pensamiento libertario de su siglo contentándose con aparecer en él como una figura rebelde y refractaria, con una moral recta y con una inteligencia crítica incorruptible e intransigente; dicho de otro modo, como un filósofo. 

En las antípodas de Sartre, del que es el anti-retrato, Camus ocupa en el par ancestral resistente/colaborador respecto a los poderes el papel del resistente emblemático. Mientras Sartre convierte al general De Gaulle -que se opone al nacionalsocialismo y expresa el honor de Francia en los años de ocupación- en un fascista emblemático al tiempo que loa a los fascistas siempre que apoyen el socialismo, Camus no es amigo de ningún jefe de Estado; buscaríamos en vano fotografías en su iconografía que le comprometan con jefes de Estado de países socialistas. 

Por haber hecho frente a la jauría sartriana organizada a partir de Les Temps Modernes, que no retrocedía ante nada (mentiras, calumnias, insultos, vaguedades, palizas conceptuales, abyecciones, falsificaciones) desde la publicación de El hombre rebelde, que constituye un hito en el honor de la filosofía francesa que estaba casi toda vendida a los fascismos rojos en esa época, Camus se convirtió, por la ejecución de un secuaz sartreano en su época, en un comparsa enviado, en un “filósofo para clases terminales”. En efecto, al contrario que Sartre que, hijo de buena familia, burgués preparado por y para la Escuela Normal Superior, dotado de un formidable espíritu de casta, parisino, y deseoso de una gloria que por una lógica de clase consideraba que le correspondía por derecho, Camus, hijo de pobre, con un padre peón agrícola y una madre limpiadora, nunca legítimo, siempre preocupado por justificarse de ser lo que era, aprende la pobreza en las calles de Argel y no en el ambiente silencioso de la Escuela Normal Superior leyendo a Hegel o a Marx. 

Mientras que el alumno de la Escuela Normal Superior ahúma con el arsenal conceptual que ha tomado prestado a la fenomenología alemana, utiliza la jerga, intimida y se propone liberar al proletariado con las cogitaciones de la Crítica de la razón dialéctica, el filósofo de lo concreto y el pensador de la inmanencia construye su visión del mundo apartada del concepto que aterroriza y aleja al pueblo y a los modestos, que le dan su estima y su cariño. La novela, las novelas cortas, el teatro, el periodismo y los ensayos constituyen para Camus otras tantas vías de acceso al pueblo. Sartre justificaba el terror, siempre que fuese de izquierdas: legitimaba los campos, si estaban motivados por el socialismo; le parecía normal el terrorismo de Estado soviético así como el terrorismo artesanal de la banda de Baader o el de los activistas palestinos; consideraba justa la pena de muerte si concernía a un notario de Bruay-en Artois, al que una “justicia de clase” condenaba por el mero hecho de su profesión. Por su parte, Camus rechazaba por principio que se torturase, que se encarcelase, que se masacrase, que se ejecutase. Sí, no estaría de más leer ahora, o releer, sus Reflexiones sobre la pena de muerte. 

Medio siglo después de El hombre rebelde, y después de que la historia haya enseñado un cierto número de lecciones, parece que Sartre se ha convertido sin duda, y para el resto de los tiempos, en un “filósofo para clases terminales”. El compañero de viaje de los comunistas ha quedado atrás; el clon de los fenomenólogos alemanes ya sólo impresiona a los que hacen tesis; la producción anticuada del filósofo ha envejecido 1.000 años desde la caída del Muro de Berlín; ya nadie duda de que su estrategia fue oportunista y arribista; y no hablemos ya ni de sus novelas inacabadas, ni de su teatro cubierto de polvo. Mientras tanto, Camus se ha convertido en un filósofo intempestivo, en el sentido nietzscheano de la palabra. 

El autor de El mito de Sísifo ve por fin cómo llega su hora. Su invento del pensamiento libertario en el siglo XX cogió a todo el mundo desprevenido, incluidos, y quizás sobre todo, a los anarquistas enquistados. Su trayectoria singular nos ofrece lecciones para inventar el pensamiento libertario del mañana. Nunca se ha recurrido tanto a un filósofo para disipar el nihilismo de nuestra época decadente. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Prohibiciones talibanes a las mujeres

El régimen talibán, en su estricta y radical aplicación de la Sharía, ha conservado su poder fáctico en Afganistán dando alas a un trato marginal a la mujer que ha provocado la indignación y el estupor internacional. Es imposible sintetizar en unos puntos el maltrato y abuso permanente al que someten a sus féminas, si bien la RAWA -Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán- ha querido hacerlo en 29 puntos, a cada cual más denigrante, vejatorio y humillante. Con este listado de violaciones de los derechos humanos más básicos, los talibanes aseguran que solo quieren «crear ambientes seguros, donde la castidad y dignidad de las mujeres sean por fin sacrosantas, tal y como recogen las creencias Pashtunes sobre la vida en purdah (práctica para ocultar la vida femenina en público)». Es decir, la creación de un estado sacralizado alrededor de las mujeres supone, para ellos, odiarlas, tratarlas como animales y someterlas durante toda la vida.

La lista con la que la RAWA denuncia en su página web la situación de las mujeres en el país asiático durante el mandato del grupo fundamentalista entre 1996 y 2001 esas restricciones vitales que sufren a manos de los talibán, tal y como publicó Mikel Ayestaran en páginas de ABC, ofrece una visión bastante amplia de lo que puede ser para muchas afganas una existencia infernal; una pesadilla de privaciones y padecimientos, de encarcelamiento en sus propios domicilios. Dice la Asociación que contrasta muy mucho esa vida entre cuatro paredes con la ilegalización vigente de tener pájaros y otros animales en jaulas.

Las veintinueve prohibiciones que los talibanes imponen a las mujeres (Agencia EFE)

Varias mujeres caminan en la región tribal paquistaní de Mohmand, demarcación fronteriza con Afganistán
La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán denuncian que a muchas les quitan las ganas de seguir adelante, reduciéndolas a seres cuyo fin único es la procreación y les imponen una serie de restricciones que van desde «la completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares» hasta la «prohibición de imágenes de mujeres impresas en revistas y libros, o colgadas en los muros de casas y tiendas», pasando por el uso obligatorio del burka, prenda que ya existía con anterioridad a la llegada al poder de los talibanes. He aquí la lista completa de prohibiciones a las mujeres.

1- Completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares, que igualmente se aplica a profesoras, inginieras y demás profesionales. Sólo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en algunos hospitales en Kabul.

2- Completa prohibición de cualquier tipo de actividad de las mujeres fuera de casa a no ser que sea acompañadas de su mahram (parentesco cercano masculino como padre, hermano o marido).

3- Prohibición a las mujeres de cerrar tratos con comerciantes masculinos.

4-Prohibición a las mujeres de ser tratadas por doctores masculinos.

5- Prohibición a las mujeres de estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa (los talibán han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos).

6- Requirimiento para las mujeres para llevar un largo velo (burka), que las cubre de la cabeza a los pies.

7- Azotes, palizas y abusos verbales contra las mujeres que no vistan acorde con las reglas talibán o contra las mujeres que no vayan acompañadas de su mahram (su marido y guardián).

8- Azotes en público contra aquellas mujeres que no oculten sus tobillos.

9- Lapidación pública contra las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio (un gran número de amantes son lapidados hasta la muerte bajo esta regla).

10- Prohibición del uso de cosméticos (a muchas mujeres con las uñas pintadas les han sido amputados los dedos).

11- Prohibición de hablar o estrechar las manos a varones que no sean mahram.

12- Prohibición de reír en voz alta (ningún extraño debe oír la voz de una mujer).

13- Se prohíbe a las mujeres llevar zapatos con tacones, que pueden producir sonido al caminar (un varón no puede oir los pasos de una mujer).

14- Prohibición de montar en taxi sin su mahram.

15- Prohibición a las mujeres de tener presencia en la radio, la televisión o reuniones públicas de cualquier tipo.

16- Prohibición de practicar deportes o entrar en cualquier centro o club deportivo.

17- Prohibición a las mujeres de montar en bicicleta o motocicletas.

18- Prohibición a las mujeres de llevar indumentarias de colores vitosos. En términos de los talibanes, se trata de «colores sexualmente atractivos».

19- Prohibición a las mujeres de reunirse con motivo de festividades como el «Eids», con propósitos recreativos.

20- Prohibición a las mujeres de lavar ropa en los ríos o plazas públicas.

21- Modificación de toda la nomenclatura de calles y plazas que incluyan la palabra «mujer». Por ejemplo, el «Jardín de las Mujeres» se llama ahora «Jardín de la Primavera».

22- Prohibición de asomarse a los balcones de sus pisos o casas.

23- Opacidad obligatoria de todas las ventanas, para que las mujeres no puedan ser vistas desde fuera de sus hogares.

24- Prohibición a los sastres de tomar medidas a las mujeres y coser ropa femenina.

25- Se les prohíbe el acceso a los baños públicos.

26- Prohibición a las mujeres y a los hombres de viajar en el mismo autobús. Los autobuses se dividen son «solo para hombres» o «solo para mujeres».

27- Prohibición de usar pantalones acampanados, aunque se lleven bajo el burka.

28- Prohibición de fotografiar o filmar a mujeres.

29- Prohibición de publicar imágenes de mujeres impresas en revistas y libros, o colgadas en los muros de casas y tiendas.

Vetos «unisex»

Aparte de las anteriores restricciones para las mujeres, hay otras legislaciones unisex, como la prohibición de escuchar música, de ver películas, celebrar el tradicional año nuevo (Nowroz) el 21 de marzo (porque la festividad es «pagana», remarcan); tener un nombre no islámico; la juventud se debe rapar el pelo; los jóvenes varones deben vestir indumentaria islámica y llevar gorra, no se pueden afeitar ni recortar sus barbas e impiden el cuidado de pichones y el adiestramiento de aves, describiéndolas como actividades no-islámicas. También está prohibido echar a volar cometas.

domingo, 20 de octubre de 2013

La sociedad analgésica

No sentimos dolor ajeno y nos acostumbramos, pero no apercibir el propio ya es el colmo; alguien podrá confundir la ausencia de dolor con el placer puro, un satori / nirvana de lo más cool, una mística salvaje a lo Hoffman, pero el que nos empedernicemos de esta manera y sin química ya es insufrible y proviene de la misma reificación (cosificación, para los de la LOGSE) que provoca el mercadeo de almas; es una muerte en espera del trámite. Porque el placer se ha hecho tan común que ahora no se grita por protesta, sino que se protesta por la grita y ni siquiera las mujeres acatan la Biblia y paren con dolor, si es que paren, que es algo muy sucio y poco elegante, y los bebés ya se subrogan o importan, cuando no se despedazan o se tiran en un bosque gallego donde algún alucinado los pueda confundir con un pulgarcito sin migas o un martinico.

Incluso morirse es ahora algo bastante doméstico y gris y no tiene caja de resonancia alguna, ni siquiera de muerto, porque lo de quemarse se lleva hoy hasta al crematorio y se prefiere la urna de columbario o un desvanecerse por mares y desiertos a un recordatorio y memorial vera efigies. Quienes ya no están entre nosotros lo hacen como disculpándose, en la intimidad y con poca ceremonia y florilegio. Hasta las esquelas / nichos del Abc han cerrado las ventanas, porque nadie le importa ya nada a nadie y ni siquiera se oye aquello de "siempre se van los mejores", "le acompaño en el sentimiento" o "parece que fue ayer".

Uno es particularmente indoloro; era quejica de nacimiento, pero una serie de médicos trataron de callarlo con saña y encontraron una fórmula que, por lo menos, pone un filtro de tolerancia al estruendoso humanimal. Es una amalgama de fluoxetina, lorazepam y venlafaxina cada doce horas. Así se agua el vinagre que uno tiene por sangre y la familia y compañeros mártires consiguen soportarlo, Dios los bendiga. Hasta dicen que es un buen chico... cuando está bajo la camisa forzada de las pastillas. Incluso puede pasear entre las ortigas, feliz porque le reaniman la circulación de la sangre. Aunque a algunos eso les parece la tranquilidad del camposanto a Drácula le funciona y al indefinido Michael Jackson casi también.

Creo yo que muchos cabronazos andan por ahí sin debido diagnóstico y les haría bien atarse a las pastillas para evitar vicios mayores, como excretar en la acera o asesinar a las masas. En los viejos y revolucionarios tiempos, la gente no contaba con este tipo de enlaces/ataduras químicas a lo Heisenberg, y se consolaba derribando gobiernos y sistemas políticos. Es lo subversivo que tiene el dolor. Pero la general indiferencia de la general drogadicción, que no tiene por qué ser química, sino también televisiva, ideológica y deportiva, nos ha vuelto más planos que al hombre unidimensional de Marcuse y aquí nos andamos, felices en un mundo feliz por el soma y por un billón de euros de deuda. 

lunes, 14 de octubre de 2013

La evolución de la decencia

José Antonio Gómez Yáñez, "Aquí no dimite nadie. ¿Por qué?", en El País, 14-Octubre-2013

La política debe estar ordenada para que los políticos se controlen entre ellos. No ocurre así en España, donde nadie denuncia la corrupción o las decisiones equivocadas por temor a perder sitio en las listas.

El contraste entre lo que pasa en otras democracias y lo que sucede aquí produce perplejidad. Admira la inmediatez con que un político dimite en Alemania por indicios de supuesta comisión de un delito o por falta de ética, como plagiar una tesis. ¿Habrá alguna maldición que impida a nuestros políticos comportarse igual? Sí, la hay: las reglas con que funciona la política española. Aquí no dimite nadie porque los mecanismos para exigir responsabilidades están atrancados, no porque no haya “cultura de la dimisión”. Me ceñiré a la política, pero análisis parecidos pueden extenderse a sindicatos, patronales y otras organizaciones.

El problema es que las reglas de la política impiden exigir responsabilidades a las cúpulas partidarias. Estas reglas se definieron en la Transición bajo el síndrome de la inestabilidad. Se decidió estabilizar la política con listas electorales cerradas y bloqueadas, la moción de censura constructiva, un procedimiento de reforma que impide tocar partes esenciales de la Constitución, órganos constitucionales cuya composición depende de la negociación entre las direcciones de los partidos, una Ley de Partidos que no regula su actividad interna ni establece controles sobre sus directivas ni su financiación. Resultado: las cúpulas partidarias dominan la política al controlar las carreras de los políticos de sus partidos decidiendo la composición de las listas electorales y de sus órganos internos. Y han bloqueado los mecanismos de control y exigencia de responsabilidades.

Pasa desapercibido que los estatutos de los partidos han evolucionado mucho en estos 35 años, todos en igual dirección, anulando los controles internos. Los congresos anuales (AP) o bienales (PSOE, CDC) en los años setenta han pasado a ser cada cuatro años (se hacen convenciones de vez en cuando para entretener a los escasos afiliados y fijar mensajes). Los órganos de control de las direcciones, los parlamentos internos (Juntas Directivas del PP, Comités del PSOE, Consells o consellos de CDC, BNG, etc), han pasado de reunirse cada cuatro meses a hacerlo cuando quiere la dirección; se han hecho multitudinarios con centenares de miembros que han pasado de ser elegidos en listas abiertas, votadas por los delegados a los congresos o los afiliados, a listas bloqueadas y sistemas más confusos. Sus escasas reuniones se han convertido en auditorios de los dirigentes en vez de debatir y votar su gestión.

Las direcciones partidarias amarraron su poder sobre la composición de las listas de congreso en congreso. Así, algunos diputados hablan de que se sorprendieron cuando les llamó su “jefe” y les dijo que irían en la lista, o se lee que “el partido nombrará” a un responsable autonómico “sin presiones”; o sea, se hará lo que convenga cuando quiera quien manda. En Les voy a contar, José Bono describe como los ministros revoloteaban sobre las listas de varias provincias buscando acomodo. Esta política hace irresponsables a los dirigentes. Mas no ha explicado en el Consell Nacional de CDC sus resultados en las autonómicas, en el Comité Federal del PSOE nunca se discutió el Estatuto de Cataluña, etc.

Todos los estatutos de los partidos evolucionan en la misma dirección: suprimir controles
Si el PP hubiera tenido un congreso en julio, a los dos años del anterior, el tema Bárcenas estaría ventilado. Si el PSOE tuviera un congreso en febrero, su liderazgo estaría casi aclarado y podría dedicar sus energías a pensar una política alternativa. Uno de los problema de esta política es que los problemas se cronifican hasta el hartazgo, sin encontrar las necesarias vías de desagüe.

Las direcciones de los partidos extienden su poder a todo lo que rodea a la política: a la carrera de los funcionarios, con el nombramiento discrecional de los puestos administrativos más relevantes, interferencia soportada por los altos funcionarios a cambio de un sistema retributivo inflacionario que incluye conceptos salariales vitalicios por estancia en cargos políticos (mochilas) y por su libre circulación entre la política y puestos administrativos; a los Tribunales Superiores de Justicia regionales, a las cajas de ahorro, en fin, a la nueva Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Periódicamente se reparten por lotes de magistrados el Tribunal Constitucional y el CGPJ; el Defensor del Pueblo ha sido demediado con un Adjunto. La opacidad sobre los mecanismos de acceso a tales cargos es total.

Aquí no dimite nadie porque en este entramado no hay mecanismos para exigir responsabilidades. Esto es grave porque dirigentes irresponsables impulsan políticas irresponsables. Desde 1997, cuando se hizo perceptible esta deriva (véase mi artículo Partidos sin ley en este periódico, 08/05/1997), ha caído sobre el país una cascada de políticas que lo están llevando al borde del abismo: entre 2000 y 2010 no hubo reformas económicas, lo que lo dejó inerme frente a la crisis; se oxidó el sistema fiscal, prosiguió la desindustrialización, se priorizaron las infraestructuras materiales sobre el capital social, se aprobaron decenas de miles de leyes autonómicas sobre todos los temas, enloqueciendo a empresas y ciudadanos; se han aprobado y revocado varias leyes educativas, ha arruinado su posición internacional, se abrió un “debate territorial” que puede acabar con su unidad, etc.

Es conveniente la referencia a Alemania. Allí la Ley de Partidos los obliga a celebrar congresos bienales, fija los criterios de composición y elección de los parlamentos internos y sus plazos de reunión, los sistemas de auditoría de sus cuentas, etc. La ley electoral prevé que los afiliados elijan a los candidatos con elecciones primarias o asambleas. ¿Para qué sirve esto? Para que haya mecanismos; para que unos políticos controlen a otros políticos.

En Alemania o Reino Unido nadie defiende al que mete la mano en la caja o copia una tesis
Esa es la clave. ¿Por qué la política española tiene unos niveles de corrupción intolerables o impulsa políticas irresponsables? Porque las listas las hacen las direcciones de los partidos compuestas por alcaldes, presidentes autonómicos, etc. ¿Cómo un concejal o cargo interno que desea seguir siéndolo o un afiliado que aspira serlo van a denunciar las políticas equivocadas o los indicios de corrupción de quién va a hacer la lista? No puede, saldría de ella. Es increíble que nadie en sus partidos barruntara lo que pasaba con Bárcenas, los EREs, el Palau o las ITV, o que en el PP, PSOE o CDC no haya quienes están en desacuerdo con las políticas impulsadas por sus dirigentes. Los hubo y los hay, pero tienen que callar, porque decirlo supone saltar de la lista o el cargo o no entrar.

Ahora bien, si ir o seguir en las listas o en los cargos internos dependiera del voto de los ciudadanos o de los afiliados, sería posible plantear políticas alternativas o denunciar corruptelas. En Alemania o en Gran Bretaña la política está ordenada para que los políticos se controlen entre ellos. Por eso, si alguien ha copiado una tesis o mete la mano en la caja nadie le defiende y está perdido en las elecciones internas. Nadie dimite allí por arrebatos morales, sino porque los mecanismos de su política abocan al escarnio público y a perder. Y estas reglas, además, dan oportunidades a opciones políticas diferentes a la dirección.

Esto no se soluciona de un plumazo (listas abiertas; primarias para elegir a los principales candidatos, lo que incrementaría las tendencias oligárquicas), sino con una compleja Ley de Partidos que imponga pesos y contrapesos entre los políticos dentro de los partidos y puntuales reformas, algunas constitucionales y otras no, que eviten que órganos clave sean satelizados por ellos. Copiemos lo que hacen otros países y tendremos una política como la suya. No perfecta, solo saneada y responsable.

José Antonio Gómez Yáñez es profesor de Sociología de la Universidad Carlos III. Participa en foromasdemocracia.com

domingo, 13 de octubre de 2013

Swinburne

Futbolistas y lumis comparten un mismo principio laboral, que es que cuanto mejor cuerpo tienen, más ganan. Y es así porque, para lo que la gente los quiere, tanta ciencia poseen como el mismo Aristóteles, que decía Cervantes, "si resucitara para solo ello". Lo suyo es cuestión de arte y meneo más que de ciencia, si es que es arte el arte de dar patadas y el de la danza del vientre, de que hay Academia en esta ciudad, antes villa.

Ese es todo el negocio que se mueve en estos pagos en plena recesión, cuando más de uno quisiera arrendarle la Gananciosa a Monipodio, el gran maestre de la Garduña de Sevilla, cuya versión catalanoaragonesa se importó a lo que posteriormente llamarían las Dos Sicilias y hoy denominamos respectivamente Mafia y Camorra, hablando claro sobre lo que gobierna el sur de Italia, regiones que, por cierto, desde que los Borbones salieron de allá no han hecho sino ir para abajo, siendo como eran entonces más ricas que el norte. Los gobiernos, perdón, las mafias es lo que tienen, dígalo si no el origen de tan pingües... pelotazos y despelotazos, la Garduña, madre del crimen organizado europeo, según dicen los especialistas, en el siglo XIV y en Toledo, capital hoy de la Cosa Nuestra de Castilla-La Mancha.

Por fortuna, y gracias a Dios, ya no tenemos en Toledo Garduña alguna, aunque sí una Catedral primada o metropolitana de España, que no tiene nada que ver, claro, así como un a manera de dizque gobierno en este trozo mesetero de piel de toro degenerado y recesivo. Lumis y futbolistas no necesitan ningún impuesto especial y, como la Iglesia, que vive del cuerpo de Cristo, no defraudan a Hacienda, pobrecitos, mientras que también viven (mal) de su cuerpo quienes ponen ladrillos en hilera y cavan zanjas, que son entre nosotros multitud, así como la gente del servicio que lava, friega y barre en hostelería, gran masa en el mercado laboral español, porque no ha tenido ni cuerpo ni dinero ni orgullo de gilipollas para otra cosa.

Y nuestros grandes deportistas y cuerpos Danone, que pueden correr una maratón completa de cuarenta y ocho kilómetros sin despeinarse, son incapaces de llegar a la tercera palabra de la tercera línea del Don Quijote sin caer rendidos y con las neuronas colgadas, implorando auxilio del diccionario y de la gramática, sin comprender siquiera una perífrasis verbal arcaica aspectual ingresiva como la de "quiero acordarme", que equivale a la de "quiere llover" y por tanto significa "no alcanzo a acordarme". Aunque, seguro, hablan en un inglés perfecto de auténticas tontadas y no se les ha pasado siquiera por el magín la quimera de traducir el Hymn to Proserpine, de Charles A. Swinburne, que nos sigue inédito en castellano. Vicisti, Galilaee

Stiglitz: así no

Joseph E. Stiglitz, "Cinco años en el limbo", El País, 13 de Oct de 2013:

Aparentemente, cuando el banco de inversión estadounidense Lehman Brothers colapsó en 2008 y detonó la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, se formó un amplio consenso sobre la causa de la crisis.

Un sistema financiero inflado y disfuncional había asignado incorrectamente el capital y en vez de gestionar el riesgo, lo creó.

La desregulación financiera —junto con el dinero barato— contribuyó a una excesiva toma de riesgos. Y la política monetaria sería relativamente ineficaz para revivir la economía, incluso si se lograba evitar el colapso total del sistema financiero con dinero aún más barato. Por tanto, sería necesaria una mayor dependencia de la política fiscal (un mayor gasto público).

Cinco años más tarde, mientras algunos se felicitan a sí mismos por evitar otra depresión, nadie en Europa o Estados Unidos puede afirmar que la prosperidad ha regresado. La Unión Europea está empezando a emerger de la recaída en la recesión (y en algunos casos, de una doble recaída), mientras que algunos Estados miembros están en depresión. En muchos países de la UE, el PIB se mantiene por debajo, o insignificantemente por encima, de los niveles previos a la recesión. Casi 27 millones de europeos están en el paro.

Algo similar ocurre en Estados Unidos: 22 millones de personas que desean un empleo a tiempo completo no logran encontrarlo. La tasa de actividad en la fuerza de trabajo estadounidense ha caído a niveles que no se veían desde que las mujeres comenzaron a ingresar en el mercado laboral de forma masiva. El ingreso y la riqueza de la mayoría de los estadounidenses se encuentran por debajo de niveles muy anteriores a la crisis. De hecho, la renta típica de un trabajador masculino a tiempo completo es menor que hace más de cuatro décadas.

Sí, hemos hecho algunas cosas para mejorar los mercados financieros. Ha habido algún aumento en los requisitos de capital, pero mucho menos de lo necesario. Algunos de los derivados más arriesgados —las armas financieras de destrucción masiva— han sido incluidos en las Bolsas de valores. Eso ha aumentado su transparencia y ha reducido el riesgo sistémico, pero aún se negocia un elevado volumen en opacos mercados no organizados, lo que significa que sabemos poco sobre la exposición al riesgo de algunas de nuestras mayores instituciones financieras.

De igual manera, se ha puesto freno a algunas prácticas crediticias predatorias y discriminatorias y a comportamientos abusivos de las tarjetas de crédito, pero todavía sobreviven conductas con el mismo nivel de explotación. Los trabajadores pobres continúan siendo explotados demasiado a menudo a través de anticipos salariales con intereses de usura. Los bancos que dominan el mercado aún obtienen elevadas tarifas por las transacciones con tarjetas de débito y crédito a los comerciantes, quienes se ven obligados a pagar varias veces el precio que toleraría un mercado verdaderamente competitivo. Esto es, sencillamente, un impuesto que enriquece las arcas privadas en vez de destinarse a propósitos públicos.

Otros problemas continúan sin ser tratados y algunos han empeorado. El mercado hipotecario estadounidense aún sigue conectado a un respirador: el Gobierno ahora asegura más del 90% de las hipotecas y la Administración del presidente Barack Obama ni siquiera ha propuesto un nuevo sistema que garantice préstamos responsables con términos competitivos. El sistema financiero se ha concentrado aún más, algo que exacerbó el problema de los bancos, que no solo son demasiado grandes y están demasiado interconectados y correlacionados para caer, sino que también son demasiado grandes para ser gestionados y para pedirles responsabilidades. A pesar de un escándalo tras otro, desde lavado de dinero y manipulación del mercado hasta discriminación racial en los créditos y las ejecuciones hipotecarias ilegales, ningún funcionario de alto nivel ha sido señalado como responsable; cuando se impusieron sanciones financieras, fueron mucho menores de lo necesario, no fuera a ser que las entidades sistémicamente importantes pudieran verse en peligro.

Las agencias de calificación de riesgo han sido declaradas responsables en dos juicios privados. Pero también en este caso lo que pagaron fue una fracción de las pérdidas que causó su actuación. Algo más importante aún, el problema subyacente —un sistema de incentivos perversos en el que reciben dinero de las empresas a las que califican—, aún debe cambiar.

Los banqueros presumen de haber pagado totalmente los fondos de rescate que recibieron del Gobierno cuando comenzó la crisis. Pero nunca parecen mencionar que cualquiera que hubiera recibido enormes créditos gubernamentales a tasas de interés cercanas a cero podría haber ganado miles de millones con el mero hecho de prestar nuevamente ese dinero al Gobierno. Tampoco mencionan los costosos impuestos al resto de la economía: una pérdida acumulada del producto en Europa y EE UU que supera largamente los 5 billones de dólares.

Mientras tanto, resultó que quienes sostuvieron que la política monetaria no sería suficiente estaban en lo cierto. Sí, todos fuimos keynesianos, pero durante demasiado poco tiempo. El estímulo fiscal fue reemplazado por la austeridad, con efectos adversos predecibles —y predichos— sobre el desempeño de la economía.

Hay en Europa quienes están contentos porque la economía puede haber tocado fondo. Con el regreso del crecimiento del producto, la recesión —definida como dos trimestres consecutivos de contracción económica— oficialmente ha terminado. Pero sin importar cómo se la mire en busca de resultados significativos, una economía en la cual los ingresos de la mayoría de la gente se encuentran por debajo de sus niveles previos a 2008 aún está en recesión. Y una economía en la cual el 25% de los trabajadores (y el 50% de los jóvenes) están desempleados —como ocurre en Grecia y en España— continúa deprimida. La austeridad ha fracasado y no hay perspectivas de un pronto regreso al pleno empleo (no sorprende que las perspectivas para EE UU, con su versión más limitada de la austeridad, sean mejores).

El sistema financiero puede ser más estable que hace cinco años, pero eso implica un bajo listón: en aquel momento se tambaleaba al borde del precipicio. Quienes se felicitan a sí mismos en el Gobierno y el sector financiero por el regreso de los bancos a la rentabilidad y por las tibias —aunque difíciles de conseguir— mejoras regulatorias deben centrarse en lo que todavía resta por hacer. Solo un cuarto del vaso está, como mucho, lleno; para la mayor parte de la gente, las tres cuartas partes están vacías.

Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es catedrático de la Universidad de Columbia.

martes, 8 de octubre de 2013

¿Para qué tener ciencia si ni siquiera tenemos vergüenza?

Escribe el Huffington Post que no hay una sola empresa española entre las cien primeras del mundo según un criterio de innovación. Otro periódico publica estadísticas para las cuales los españoles adultos son los últimos del mundo en matemáticas y los penúltimos en lectura. Esto tiene que significar algo, aunque seguramente no para los políticos, que son representativos de esa ignorancia. España es un país sin ciencia y corremos el riesgo de convertirnos, corrijo, somos ya una pura mediocridad. El país no paga o despide a sus científicos, no desarrolla sus descubrimientos ni los de los demás y, si quiere sacrificar algo, en vez de la corrupción ha preferido, prefiere y con toda probabilidad seguirá prefiriendo sacrificar la enseñanza, las universidades, los investigadores, los idiomas, la creación artística, las librerías, los periódicos y la salud para pagar las cuentas de los bancos y de los corruptos. España es la mediocridad subsidiada, al contrario que Francia, que tanto protege su pequeña gran ciencia hecha de pequeños grandes científicos. Y lo mismo cabría decir de su excepción cultural, forjada mediante la protección de su lengua, su educación, sus artes, su cultura.

No hace falta recordar que daban cátedras en España por méritos de guerra civil. También que antes de tan fatídica fecha se estilaban las asquerosas cartas de recomendación. Ahora lo que mola es un pupilaje de becarios reducidos a la esclavitud, el puro y duro nepotismo y, como digo, la mediocridad tirando por lo más mediano, domestiquillo, gris y vulgar. Solo el programa Erasmus ha permitido oxigenar algo a los jóvenes y enseñarles el panorama exterior; habría que suprimirlo, porque han conseguido que se den cuenta del panorama y se vayan todos fuera a respirar, pues no es que les pongamos muy favorable el regreso a una mafia como la que campa por los campus. Ya escribí que mientras la universidad no se aireara con profesores extranjeros y mientras no fuera demérito y escollo ser nacional para cubrir una cátedra o para elegir a sus miembros, como ocurrió en Japón, Alemania y Estados Unidos, aquí no habría ciencia alguna ni beca alguna, ni científico alguno, sino futbolistas florero de cien millones o más. Porque el modelo de empresa español es el club de fútbol o el puticlub, tanto da, no precisamente un garaje, un taller o un laboratorio de creación y experimentación. Me parece maravilloso que los españoles que valen se marchen fuera; animo a los jóvenes a hacerlo, porque aquí no se van a hacer ricos trabajando, porque aquí quienes se hacen ricos son los que hacen trabajar a otros. Tenemos la clase media más media y mediocre del mundo, amasada laboriosamente con ochenta años de corrupción y nepotismo; una especie de plebe sanchopancina que hace bueno el endecasílabo de "si es de aquí, no va a ninguna parte". Como decía Gracián, perspicaz en una época de crisis como esta de hoy, los españoles, "trasplantados, son mejores". Fuera de aquí, pues.

Solo hay que ver programas tan educativos como Españoles en el mundo. Uso el plural "programas" de modo incorrecto, porque ni siquiera pagando puede obtenerse una televisión educativa. Ahora incluso pagamos por la publicidad que nos venden en la televisión que es de pago, y sus presuntos canales documentales raramente sorprenden con algo que valga la pena. Como la mayoría son norteamericanos, atienden los gustos del paleto medio estadounidense, como si ya no tuviéramos de sobra con el español, y su temática está sesgada con su propia idiosincrasia sobre violencia y armas, sobre venta de armas, sobre guerras para vender armas, sobre crímenes con armas, sobre casos policiales con violencia de armas, escándalos, estafas... Un panal de rica miel para paranoicos. En el ámbito histórico, igual; para ellos la historia se reduce casi exclusivamente a siglo XX y a tiranos criminales de película. O si los ovnis aterrizaron hace miles de años, o si el código Da Vinci tiene algo de cierto. No hay otra guerra que la segunda mundial, que Hitler sirve para crear mucha y económica paranoia y vender muchas armas; también tienen su público las varias paranoias y miedos con que nos aquejan: fin del mundo (religioso, maya, por asteroides, por Nostradamus, por la Biblia, por calentamiento global (cuánto calienta la cabeza esta gente), por crisis económica, por conspiraciones de sociedades secretas, por la iglesia, por los supremacistas blancos, por los supremacistas negros, por los supremacistas chinos, por los comunistas, por los terroristas, por los árabes...). De vez en cuando estos supestos científicos se relajan y nos muestran, como si nos tuvieran que interesar, las costumbres sexuales de los bonobos, los leones y las marmotas y, sin parar, molestan a los fantasmas todo el año videografiándolos, grabando sus lamentos y sacándoles fotos en el váter como si fueran unos auténticos paparazzi del otro mundo. Uno no creía que el sensacionalismo podía penetrar en los canales documentales, y ni siquiera en el otro mundo, pero eso es lo que hay. Uno ya no puede aprender nada de la televisión: tiene que recurrir a los libros, porque los medios audiovisuales han perdido absolutamente de vista, junto al criterio de lo clásico, la seriedad y el rigor. Al menos en los libros, como en los rollos de papel higiénico, nunca ha aparecido la publicidad.

viernes, 4 de octubre de 2013

Microrrelato premiado

 El francotirador, de Armando Macchia:

 Todos los días, mientras esperaba el ómnibus, un niño me apuntaba desde un balcón con el dedo, y gatillaba como un rito su arma imaginaria, gritándome “¡bang, bang!”. Un día, solo por seguirle el rutinario juego, también yo le apunté con mi dedo, gritándole “¡bang, bang!”. El niño cayó a la calle como fulminado. Salí corriendo hacia él, y vi que entreabría sus ojitos y me miraba aturdido. Desesperado le dije “pero yo solo repetí lo mismo que tú me hacías a mí”. Entonces me respondió compungido: “sí señor, pero yo no tiraba a matar”.

jueves, 3 de octubre de 2013

Ha muerto Tom Clancy, el paleto norteamericano

Juan Cavestany, "El último "best seller" de Tom Clancy pone a España al borde de la guerra civil y la compara con Yugoslavia", El País, 30 mayo de 1998:

El famoso novelista Tom Clancy, especializado en relatos de espionaje, narcotráfico y terrorismo internacional, acaba de poner a la venta en Estados Unidos un nuevo libro de intriga, en el que agentes secretos de Washington tratan de evitar una nueva guerra civil en España. Mencionando de pasada al rey Juan Carlos y a José María Aznar para situar la acción, Balance of power (Equilibrio de poder) describe una España en profunda crisis, dividida en «cinco grupos étnicos» y hostigada por familias mafiosas, queriendo establecer paralelismos con la antigua Yugoslavia y Colombia.La visión de España que disfrutan estos días los millones de lectores de Tom Clancy en EE UU (el libro está en el tercer puesto de superventas de The New York Times y destacado en librerías y tiendas de aeropuertos) es absolutamente demencial, y eso que Balance of power está firmada en colaboración con un especialista en relaciones internacionales del Massachussets Institute of Technology.

En Balance of power, un grupo secreto de la inteligencia militar de EE UU detecta que los vascos, catalanes, andaluces, castellanos y gallegos están a punto de ir a la guerra los unos contra los otros. La cuestión es que los catalanes, a quienes se describe como «supremacistas blancos» que odian a los negros desde hace 900 años, quieren hacerse con el control de España a través de una alianza bélica con los vascos. Como contrapartida, los vascos obtendrían su independencia. La tensión es tan grave que, por ejemplo, «los asistentes a una boda de andaluces en Segovia fueron atacados», e incluso «ha habido violencia en la frontera entre Salamanca y Zamora». En esto que un tal general Amadori se atrinchera en el Palacio Real de Madrid con la intención de hacerse con el poder emulando a Francisco Franco.

También hay personajes, como el responsable de la Interpol en España, un gitano que en sus ratos libres da clases de flamenco. En realidad, aquí los héroes son los americanos, concretamente los agentes de Washington, que descubren el tinglado antes que las autoridades españolas. En el Gobierno español, dicen, no se puede confiar, porque en el pasado contrataron mercenarios para matar a independentistas vascos. Por eso los americanos prefieren pasar directamente a la acción al puro estilo Rambo y evacuar al general Amadori del Palacio Real. Para entonces, la catedral de la Almudena se ha convertido en lugar de peregrinación de cientos de miles de españoles en busca de «santuario y protección».

Otro interesante detalle que los lectores de EE UU pueden aprender sobre España en las 450 páginas del libro es que en la sociedad hay una serie de familias, grupos de trabajadores que protegen a sus empresas a través del sabotaje y la extorsión. «Es una institución que se remite a finales del siglo XIX, parte de la misma cultura mediterránea que dio lugar a las familias mafiosas de Sicilia, Turquía y Grecia», dice el libro.