martes, 4 de febrero de 2014

Payasadas del nacionalismo

Nadie querría deber algo a nadie y, por supuesto, sobre todo a un catalán. Son malos acreedores, más devotos de la Virgen del Puño que de la de Montserrat. Su nacionalismo es un sentimiento, no una idea, porque se puede hablar de pasiones y sentimientos fanáticos, pero no de ideas fanáticas. Su pasión está hecha de sardanas, morenetas, castellers, butifarras y barretinas, esto es, de charanga y pandereta, aunque no de toros Fundador, y algo menos de cuarenta años de paquismo y otros cuarenta de tiquismiquis, algo todavía más incómodo, porque para ellos la Constitución fue solo una argucia para injertar con el calzador de Torcuato a un monarca y apaciguar a un ejército chusquero, frailuno, majadero y completamente franquista.

Vascos y catalanes forman ese mismo linaje aldeoburgués y carlistón que recibió en la anteguerra un enanito estatuto republicano para el jardín. Un enanito nada viajero, no como el de Amélie. Pero al enanito, que pasó despreciado esos ochenta años de travesía del desierto, le montaron un circo constitucional y fue creciendo a fuerza de propaganda, primero a cabezudo, luego a cabezón simple (Pujol), y ahora es un gigante que marcha hacia las nubes y más allá con una estrella errante en su bandera que se quiere añadir a la sardana de la bandera europea, impulsada siempre por ese sentimiento, ese orgullo... y la necesidad de un presupuesto más inflado que un luchador de sumo y más corrupto que un extra de Walking dead. Ahora vascos y catalanes son pueblos elegidos, rodeados de una masa de bárbaros charnegos y maketos venidos de la africana España en patero-viajeras de La Talaverana o de AISA más que en AVE, que es más incómodo para su presunta modernidad. No nos entienden, porque para ellos hablamos en un oscuro dialecto del bantú. Para mí, Cataluña siempre será esa anecdótica señora que vi sentarse sobre un pañuelo en el metro de Barcelona para que su regio culo no quedase maculado con el contacto de tan plebeyo medio de moverse. Un soi-disant o autodefinido catalán preferirá siempre un trono a un váter. Hasta prefiere su propia mierda, su propia corrupción, su propio Rabal, su propia Generalitat, su propio euro, su propia cuenta en Suiza, esa confederación de ciudades, no de nacionalidades, sin corruptos, sin problemas de idioma (tiene cuatro) y sin gobierno. Sabemos desde Ortega que el nacionalismo no integrador es un mal, el mal hacia que conduce a los catalanes el flautista de Hamelin, cuyo canto es una sardana, un sentimiento laboriosamente fraguado en años de propaganda de radios, periódicos y televisiones alérgicos a la posible apertura del melón constitucional, que prefiero nuevo, el otro está pasado.

Los catalanes hicieron una larga cadena humana, una cadena abierta que no ataba nada; si hubieran hecho un cerrado corro de sardana serían todavía más ellos de lo que son (y eso que ser es el verbo mínimo, el verbo con menor significado que hay: de ninguna cosa podemos decir menos que cuando decimos que es una cosa) y los pronombres solo son una caja vacía con un significado que cambia con el contexto. Enzensberger le preguntó a Arzalluz qué era un vasco y Arzalluz quedó mudo; no lo sabía. Catalanes y vascos son solo un pronombre; son ellos. Y como todos los pronombres, su significado no es fijo, porque no lo tiene, solo deíxis o referente espacial o temporal. O ni siquiera eso: lo que los filólogos llaman deíxis ad phantasma, cuyo referente es un delirio phantástico, ni siquiera ad oculos, porque la condición de catalán o de vasco no se ve, no se apercibe, no salta a la vista, a no ser que venga con acompañamiento de boina o barretina. El nacionalismo es, pues, una manera de vestir o de hablar, nada más. Arturo Mas tiene cabeza y cuatro brazos como yo y es tan mono como yo. De hecho, mi hermano es catalán, porque nació en Barcelona, aunque viaja tanto que ya no sabe ni de dónde es. El catalán desciende también de nuestro primo el mono, aunque, claro está, a través del eslabón perdido de la cadena, el homo catalanensis, con algo de australopitecus pujolis, emparentado con el hombre de Flores.

En entrevistas posteriores Arzallus, sabidor del ridículo que había hecho a la pregunta del avispado alemán, tan conocedor de lo que era el nazifascismo, ya se había preparado la contestación, como estudiante aplicado de Deusto que era, y se leyó las tonterías de Sabino Arana, que el propio Arana tiró a la basura antes de morir. El vasco tiene la pilila y la patria más grande que nosotros, es una raza, dijo el jodío, un rh negativo. Como si no supieran los antropólogos que la raza no existe, ya que nos podemos cruzar entre nosotros, es decir, somos una especie, la especie humana, no una raza. Cortar troncos, poner el verbo al final de la frase, extornionar empresarios, fabricar viudas o confeccionar bombas con más o menos habilidad no hace una raza y ni siquiera una especie. La única raza que hay sobre la tierra es el homo sapiens, aunque más de uno llegaría a pensar, con esas cosas del nacionalismo, que tanto daño hacen al sentido común, que es el homo imbecilis. El nacionalismo es una pura deíxis, un de acá para allá y viceversa y un de hoy para ayer y para mañana, como el tópico de la sátira clásica, la del cínico Menipo, que vivía como mendigo de los demás tras haberse arruinado como banquero. ¿Qué pasó con la Banca Catalana, eh? A los catalanes solo les da identidad la frontera. ¿Podría explicarse una historia de Cataluña sin España? Sería tan absurda como la de una España sin Cataluña. Tal vez nos hubiera ido mejor con Portugal, diantre, y con Juana la Beltraneja en vez de con esa filocatalana de Isabel. Por lo menos ahora bailaríamos la samba en vez de esa cursilada solemne de la sardana. Y ellos, mejor que le pidan la independencia a Francia, leñe; seguro que Sarkozy los trataba con más cariño que con el que trata las banlieues. De hecho intentamos fundirnos con Portugal con Felipe II, y nos fue mal. Con los catalanes hemos marchado bastante mejor. ¿A qué disolver tan próspera y consolidada unión? Otra cosa, unos Balcanes de Occcidente, no lo desea nadie, ni siquiera Tom Clancy, que veía en una novela a los castellanos como una especie de serbios, a los catalanes como unos croatas y a los vascos como unos bosnios. Un Tom Clancy resucitado podría imaginarse que Cuba le daba un palmo de narices a EE. UU. y, solo para joderla, pedía la entrada en el régimen autonómico/federal español, como una provincia que volvía a la madre patria, para así participar en las subvenciones y fondos de cohesión de la Unión Europea, aunque con disparos, tanques, misiles y pistolas para adornar, puesto que es una de Tom Clancy. ¿No hubo reunificación en Alemania tras cuarenta añitos? Pues entre España y Cuba en solo un poco más. Con la ayuda de Adelson, de la Mafia y de los corruptos de aquí y allí todo eso podría cuajar, como cuajó el proyecto del aeropuerto de Gobiernacomopuedas Barreda. Los catalanes estarían fuera, pero nosotros estaríamos consumiendo cocos y caipirinha en vez de cava y soportando las protestas de las Canarias por la exportación de plátanos caribeños. En el contexto de una nueva Constitución, creo yo que podríamos echar a los Canarios definitivamente y pedir la bendición de Su Santidad Gregorio XVIII en su sede del Palmar de Troya, mientras se erige en Ciudad Real un nuevo Vaticano aprovechando la Torre Gorda de Miguelturra.

lunes, 3 de febrero de 2014

Mitos sobre los profesores, de Rosa Moreno

Del blog de Rosa Moreno, profesora de lengua:

MITOS SOBRE LOS PROFESORES

1. Los profesores trabajan poco...

 La idea popular y generalizada de que trabajamos tres o cuatro horas al día es totalmente falsa, son muchas más horas y lo que trabajamos no se reduce a la jornada del instituto, en nuestra casa seguimos preparando las clases, corrigiendo exámenes, etc. Yo, como ya sabéis, tengo un blog de lengua y literatura que empecé a hacer por los alumnos (¡algo extra! con lo vagos que somos y la poca vocación que tenemos) y por hacer este blog no cobro ni un céntimo de euro más que mis compañeros y son muchas las tardes que dedico a realizar entradas que probablemente no sean leídas por mis alumnos. 
   Por otra parte, cinco clases seguidas suponen un desgaste intelectual y físico importante para un profesor, los que trabajan en esta profesión seguro que me entienden perfectamente. Tenemos grupos, niveles, contenidos y problemáticas diferentes y tenemos a que adaptarnos a ellos. Esto, unido a las dificultades que debemos afrontar en el aula, nos puede producir saturación, enfado o desencanto pero intentamos llevarlo lo mejor posible a pesar de todo.

2. El profesor tiene manía a los alumnos...

 La socorrida manía del profesor al alumno y que corregimos con arbitrariedad es otra falacia. Yo personalmente, corrijo a todos por igual, es más si puede favorecer al alumno siempre lo hago. Es curioso que hay alumnos con muy buenas notas (¿Nadie les tiene manía?) y otros que suspenden todas (¡Qué mala suerte tienen!¡Todos los profesores les tienen manía!)

3. Los profesores no tienen vocación...

Ante la idea de que los profesores no tenemos vocación os diré que yo también estudié en la escuela pública y es cierto que hay profesores de todos los tipos, buenos y malos, con vocación y sin ella, pero esto sucede en todas las profesiones. Os aseguro que yo no decidí ser profesor por estar "a lo caliente" (para eso hay muchas otras profesiones con menos complicaciones y mejor sueldo) sino que si estoy aquí es por vocación. Es más, yo estudié Periodismo y a partir del tercer curso, compaginé esta carrera con Filología Hispánica. Soy licenciada en estas dos carreras y aprobé la oposición a secundaria entre muchos candidatos que se presentaban. He llegado donde estoy después de muchos años de trabajo y sacrificios, estudiando mucho y nadie me ha regalado nada.  Por otra parte, yo decidí ser profesora y por supuesto que tengo vocación e ilusión por mi trabajo.

4. Los profesores no están preparados para desempeñar su profesión...

  Los profesores si están preparados para desempeñar su trabajo, ya que han tenido que realizar unos estudios superiores. Aún así os diré que me parece bien que se exija más nota para ser profesor pero que esa exigencia se acompañe de apoyo al profesorado, valoración de su figura y aumento de su sueldo, ya que actualmente nuestra imagen está desprestigiada y nuestro poder adquisitivo se ha reducido considerablemente en los últimos años. Además, los profesores de la pública hemos pasado por una oposición y no hemos sido elegido "a dedo", estamos aquí por nuestro méritos personales y no por criterios arbitrarios.

4. Los profesores tienen demasiadas vacaciones...

Las criticadas vacaciones de verano no son un lujo, son una necesidad para el profesorado y para el alumnado. Sólo tenéis que ver que las clases son imposibles cuando llegamos al mes de junio. Y además unos se llevan la fama y otros cardan la lana porque hay otras muchas profesiones que tienen las mismas vacaciones que los profesores o más y nadie se mete con ellos. 

5. Para que la educación funcione tiene que estar más vigilada...

  También discrepo totalmente en que para que la educación funcione bien debe estar más vigilada por los inspectores. Nada más lejos de la realidad. Los países en los que mejor funciona la educación, como Finlandia son los menos vigilados, los profesores tienen plena libertad, los padres confían en los profesores que son una autoridad, la confianza es la base del sistema y no la supervisión.

6. La educación pública funciona mal porque tiene malos profesionales...

Si  la educación pública pasa por malos momentos no es por culpa de los profesores sino por las lamentables medidas adoptadas por nuestros políticos, medidas tales como reducir considerablemente el presupuesto educativo en tiempos de crisis, mandar a profesores con juventud y vocación al paro, suprimir plazas, obligar a profesores a impartir materias que no son las suyas, aumentar el número de alumnos por clase, aumentar el número de horas lectivas al profesorado, etc. etc.

   En conclusión...

   Si alguno de vosotros envidia a los profesores, yo les animo a que sean profesores en el futuro, que vivan lo que realmente hay y luego critiquen. Os aseguro que la docencia no es una profesión para vagos y que es desmotivador trabajar en la educación: alumnos que pasan de todo y hagas lo que hagas no se motivan porque la motivación no está en ellos mismos, alumnos que se saben todos los derechos pero ni una sola de sus obligaciones, padres que ante una sanción a su hijo reaccionan dando la razón al niño y desprestigiando al profesor, etc.

 Ser profesor es mucho más difícil de lo que parece y aunque tal vez tengáis experiencias negativas con algunos profesores, os aseguro que la mayoría de los docentes nos preocupamos por los alumnos (por eso, recibimos a padres cuando no nos corresponde,  hablamos con los alumnos de manera personalizada, hay profesores que se quedan dando clase por las tardes con los alumnos de 2º de Bachillerato...) y también os digo para que la educación pública vaya hacia delante tenemos TODOS que defenderla. 

Sino en el futuro la educación será sólo para aquéllos que tengan poder adquisitivo y los que no tengan medios se quedarán sin alfabetizar, un mundo muy justo como veis. Algunos de vosotros pronto iréis a la universidad y veréis las desorbitadas tasas que tendréis que pagar. Si decidís seguir estudiando tendréis que hacer un gran sacrificio personal y económico y cuando terminéis la carrera veréis lo difícil que es encontrar un puesto de trabajo. Después de realizar esos años de carrera, tal vez os daréis cuenta que llegar a una profesión cualificada requiere de muchos sacrificios y tal vez valoréis más a los profesores que tuvisteis.

 Si realmente queréis hacer algo provechoso por vosotros mismos formaos, aprovechad todo lo que os puedan enseñar vuestros profesores y apoyad a los que trabajan por y para vosotros. 

Literatura sobre profesores de literatura

No muchas, pero significativas son las obras que se han escrito sobre profesores de lengua y literatura, pero desde el punto de vista del profesor de literatura (no, por ejemplo, los idealizados y conmovedores al estilo Adiós Mr. Chips de James Hilton o El club de los poetas muertos de Tom Schulman, o Tom Brown’s Schooldays, donde tan bien se habla del fundador de Rugby, el pedagogo, poeta y ensayista Thomas Arnold). 

Tenemos, por ejemplo, la excelente Stoner, de John Edward Williams (1965), por fortuna disponible en castellano; también, El profesor y los otros dos libros de memorias del gran Frank McCourt, de los cuales es consecuencia y coda. Me resultó muy revelador Mal de Escuela y Como una novela de Daniel Pennac, escritos por alguien que se consideraba un zoquete o mal alumno y terminó siendo profesor; para él la sustancia que lo transformó de zoquete en discente fue, sencillamente, el afecto. Por otra parte, Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom, puede cargar las pilas. Simétrico en su existencial desolación es el retrato que hace Terence Rattigan en La versión Browning, tan espléndidamente pasada al blanco y negro por Antony Asquith (1951; no me hablen de la infame refundición posterior). La crisis educativa -que eso es lo que es la educación en España, una crisis- suscitó gran número de glosas narrativas: Agustín de Tejada, Daniel Arenas Martín y Javier Arcas hacen lo propio en El profesor inocente, Perdón por enseñar e Y, sin embargo, contento. Josefina Aldecoa es muy conocida por su Historia de una maestra. Su marido dio una breve pero intensa visión de lo que era la enseñanza en su época, un poco la nuestra, en su cuento Aldecoa se burla. Juan Eslava Galán, tan divertido de leer, narró sus primeros años de estudios en su novela Escuela y prisiones de Vicentito González, y luego se burló del director del instituto en que trabajaba en un cuento del que he perdido la referencia. El infierno y la brisa de Vaz de Soto tiene algo, pero no me convence; la película es mejor que la novela.

¡Muera el señorito! de Rafael López de Haro (II)

El libro primero de ¡Muera el señorito!, del manchego Rafael López de Haro (por distracción dije era albaceteño, pero en realidad era un conquense de San Clemente) es el único que transcurre en El Pinoso, pueblo inexistente de Castilla la Nueva con el que López de Haro se figura uno manchego. Tras ser  nombrado secretario del alcalde, Eugenio se apiada de una mendiga deforme, la Chana, que con frecuencia es enviada al sotanillo del Ayuntamiento que con frecuencia hace de cárcel para borrachos y es donde se depositan todos los trastos del cementerio y demás. Le da una pequeña limosna. Esta muchacha

"Vivía en el arroyo de limosna y disputando a los perros, en los muladares, las piltrafas de carroña. Como era repugnante, insoportablemente repugnante, y como socorrerla era ocasionado a que volviese, la echaban a escobazos de las puertas y la apedreaban los chiquillos. Si alguien le daba una limosna, la perra chica o el mendrugo, se los arrojaban desde lejos. [...] Si conseguía alguna moneda, ella la empleaba en vino inmediatamente y el tabernero se lo echaba en un bote de lata de esos de las conservas que ella llevaba siempre..."

La agricultura no da a la mayoría sino para mantenerse:

"-El labraor -hablaba Evencio- es mísero desde que hace hasta que va a la tierra a mirar desde la tierra al cielo, que es lo propio que hizo en vida. La tierra es probe y no hace ricos. La labranza se mantiene a sí misma y de ahí no pasa. Si el año sale bien, has cogío pa mantenete, mantener el ganao y los gañanes y a malas penas pagar la contribución. Que venga un hielo o una nube o que le dé dolor a un arre que te costó cinco mil reales, pues ya estás atrampao [...] Si alguno se sostiene como nosotros es porque no tenemos un vicio, comemos menos que canarios y estamos día por día dende que sale el sol tras el jornalero. ¿Quién se levanta? ¿Quiénes son los ricos nuevos? El usurero, el tendero, el alambiquero, el contratista. ¿Labraores? Toos pa abajo." 

Su cuñado suele maltratar a su hermana, como le cuenta tía Justa, pero eso no debe trascender: que arda la casa y no salga el humo, como se suele decir. La falta de agua potable es tal que la gente apenas se lava, o cuanto más la ducha del polaco: cara, culo y sobaco. La poca que había era a treinta metros y era salobre. Se frega a los novios antes de casarse, solamente. Eugenio termina ecandalizado al enterarse por la mujer del jornalero despedido por el alcalde de que la mendiga deforme, la Chana, es en realidad medio hermana suya, hija de su padre y de una puta del lugar, que ha terminado trastornada tras seguir los pasos de su madre. Entre otros sucesos, contempla como el alcalde Ferreol logra apaciguar un motín popular por falta de pan y trabajo:

Eugenio miraba el campo desierto, la más leve señal de vida; campo espantablemente solo, raso, uniforme, mar muerto, de un color de sangre podrida; páramo soledoso de desesperante ilimitación. La mirada regresaba al espíritu como regresó el cuervo al arca de Noé. 

Decía el mayoral:

-Hogaño va a haber mucho de esto. El probe está sin albitrio. Naide manda hacer na. Hay mucha gente pará y hay mucha hambre. Antiguamente dice que había en toa esta redonda muchos pinares del rey y del común, y había ganaos de ovejas y la gente se remediaba mejor con el aquel de la leche y de la leña. Pero de pinos no ha quedao más que el nombre del pueblo. Too se ha arao pa sembral trigo, y el trigo no mantiene más que a unos pocos. Lo pior es que el trigo tampoco se va a dar, porque paice que el cielo se va agotando y cada año llueve menos y la seguía va a acabar con lo poco que quea.

Eugenio se fue a su obligación pensando que una raza así, que descuaja y desola su solar y que cada año padece las mismas viruelas, el mismo tifus, la misma sed y hambre y no cambia, es una triste raza. El derecho civil y el derecho político podían decir lo que quisieran. La verdad la dijo Aristóteles. Ver en cada figura humana un sujeto de derecho es una majadería. El sujeto de derecho no es cada hombre, es la Humanidad. [...]

Aquel día, bajo los soportales de la plaza, se habían congregado los sin trabajo. Eran muchos. Todos vestían, como uniformados, calzón, chaquetilla y chamarreta de colorines; todos se calzaban con el atadijo de las albarcas, especie de sandalias de suela, con cuyas correas sujetábanse pie y pierna envueltos en trapajos, trozos de arpillera o de manta vieja; llevaban casi todos monterillas de piel de cabrito o un pañuelo atado en forma especial, que les hacía como un pequeño turbante. y todos, sin excepción, traían sobre los hombros unas mantas de mulas, pardas, del mismo color de la tierra, que, al lado que caía a la derecha, estaban cosidas formando un fondo de saco, en donde llevarían oculta el hacha o tal vez el trabuco.

Venían al Ayuntamiento a pedir pan y trabajo. Eran una legión de hombres humildes, ignorantes y resignados, que llegaban a este extremo cuando llevaban dos o tres días sin comer. Sus rostros empalidecidos, sus ojos vidriados, aterraban. Esperándolos quedaban sus esposas descaecidas y sus pequeñuelos, llorando, clamando, exigiendo.

Don Ferreol resoplaba más que de costumbre. Don Ferreol se había comido toda la consignación del presupuesto para caminos vecinales, para policía urbana... Don Ferreol se había comido todo el presupuesto. ¿Qué iba a hacer ahora don Ferreol?

Subió al despacho de la Alcaldía una representación de los pedigüeños: la formaban los cuatro mas atrevidos y sueltos de lengua. Estos cuatro parlamentarios de la desesperación eran cuatro tipos sintéticos. El azadón los derrengó, les descuadernó los hombros y loes hundió el pecho; el cierzo les atezó la cara y el hambre les encendió los ojos y les afiló los dientes.

-¿Qué queréis, hijos míos?
-Pus ya lo sabe usté.
-¿Pan y trabajo? ¿Cuántos sois?
-Tuicos.
-Esto ya lo sabía yo; esto vuestro ya me lo tenía yo tragao. Hoy mismo escribo al Diputao y al Ministro pa que vengan recursos de arriba...
-De arriba, de arriba... -masculló uno de ellos-. Y en el entre tanto que contestan, la gente perece. Eso no pue ser, señor alcalde. Nusotros no golvemos a nuestras casas sin un piazo e pan pa los chicos. ¡No pue ser!
Los otros tres ratificaron:
-¡No pue ser!
Don Ferreol acudió al remedio de todos los años.
-Bueno, pues ir pasando por las boletas.

Los tagarotes de la secretaría, con la lista de contribuyentes, y pasando por alto, como es natural, a los parientes y amigos de don Ferreol, distribuyeron el ejército de famélicos. Cada propietario debía dar trabajo a los obreros que se le asignaban. Era un impuesto no votado en Cortes, pero que se pagaba sin protesta. Ante la fiera hambrienta, nadie osaba defenderse.

Poco a poco la turba miserable se iba disgregando. Con la papeleta de la Alcaldía en una mano y el hacha o el trabuco en la otra, bajo el cojín de la manta, iban llamando a las puertas.
-Este pueblo -pensaba Eugenio- o es de borregos o es de lobos. De hombres no es. (Muera el señorito, Barcelona: Ramón Sopena, 1917, p. 110-112)

Tía Justa se muere de uremia, enfermedad de la vejiga, pero en realidad de muere de vergüenza o pudor, ese pudor tan español que es superior al instinto de conservación y que le impedía ir al médico o dejarse visitar por él. Y aquí termina el libro primero, único que trata sobre el pueblo manchego., y se traslada de la intrahistoria a la metahistoria de Madrid. Allí estudia Derecho y hace algunos amigos como Torralva (sic), que le dice cosas como estas:

Trabajar siempre fue carga de los viles, de los esclavos. El que trabaja hace profesión servil. ¡Déjate de eso! ¿Conoces a alguien que haya hecho gran fortuna trabajando? Para dominar, para ser rico, es necesario tener talento, que no se obtiene trabajando, o suerte, que es holgazana. Un hombre trabajando puede, afanosamente, ahorrar en sesenta años una miseria. Un gran capital no se hace trabajando: se hace traficando, negociando, que no es lo mismo. El tenedor de libros de cualquier triunfador de esos que conquistan el trono de reyes del carbón o del sulfato de cobre ha trabajado más que su amo. Creo que me hago entender. Trabajar, en suma, no es un camino que lleve a parte alguna; es un camino de noria que no conduce a ninguna parte. ¡No trabajes, Eugenio! ¡Conquista!

Me parece que la política española está llena de conquistadores. Así nos va.

Justicia universal

Se supone que un liberal stricto sensu quiere reducir el poder reglamentador del estado a su mínima expresión, pero lo que pretende el señor Rajoy es reducir la justicia a su mínima expresión. Tal alteración de las reglas del juego demuestra una mala fe y una mezquindad lamentables. Eso no es liberalismo, es lo que tanto hemos padecido en España: oligocracia, caciquismo, cooptación y gilipollez, en suma. Si al señor Rajoy le molesta tanto el criterio de justicia universal, debe ser porque no ha elegido su tribunal supremo. Como no respeta el imperativo categórico kantiano, es inmoral y no solamente ilícito. No está de moda decir que ética y ley son lo mismo, pero es que, como no hay ley, algún criterio debe prevalecer para que no nos demos tortas. Algo, algo debe señalar en el hombre su humanidad, su honeste vivere. En cuanto a si es preferible en esa índole la universalidad o la identidad, desde luego la una incluye a la otra, porque la identidad perdura menos, se justifica menos, se corrompe menos.

La filosofía, el Nota y la piscina.

Hay un pasaje cómico de El gran Lebowski en el que ese gran analista de la contemporaneidad, Jeff Bridges, encarnando al Nota, contempla la imagen de un bello ceporro durmiente sobre la balsa de plástico de una piscina. Glosa su novia: "Es un nihilista". Y añade el sorprendido Nota: "Eso debe de cansar mucho". Da para pensar, ya que uno de los Cohen se licenció en Filosofía.

Los guiones de los Cohen están que rebosan de subtextos, pero este es filosófico en su comicidad; se apercibe que disfrutan como enanos escribiendo. El "nihilismo fatigado" es la denominación de una de las ideas que contrapesan el nihilismo positivo y superhumano de Nietzsche en su Así habló Zarathustra. Se trata de una pasividad espiritual muy parecida a la "representación" shopenhaueriana:

El nihilismo fatigado ya no ataca. Su forma más conocida es el budismo, como nihilismo pasivo, como signo de  debilidad; la potencia del espíritu debe de estar cansada, agotada, de forma que las metas y valores que tenía hasta ahora resulten inadecuados, faltos de crédito; de forma que la  síntesis de estos valores y metas (base sobre la que descansa toda cultura fuerte) se disuelve y  los valores aislados se hacen la guerra —disgregación— y todo lo que refresca, une, tranquiliza, aturde pasan a primer plano bajo diferentes disfraces: religiosos, morales, políticos, estéticos, etc. (F. Nietzsche, La voluntad de poder. Madrid, Alianza Editorial, 1983, p. 121)

El nihilista pasivo es incapaz de elegir; todas las salidas le parecen apropiadas. Y eso lo desintegra y lo anula. Es, en el fondo, un posmoderno. Y flota adormecido y abúlico sobre una alegórica piscina de "valores  y metas" que para Freud representa oníricamente la muerte.

domingo, 2 de febrero de 2014

Trabajo y más trabajo

Al echar un vistazo a lo que tengo que hacer, me acobardo como un conejo y pongo el pico bajo el ala; no me hago un ovillo porque es más incómodo. Podría olvidarlo, pero el trabajo tiene sus fechas y es como una mala hierba que brota sin parar por el jardín, como las células del cáncer, que crecen el doble de rápidas que las normales. Si uno elimina esas células, aparecen mutaciones más resistentes y jodidas y con menos tiempo para extirparlas. Los fantasmas también tienen algo de metástasis: vuelven con otras caras y con más oscura insidia, incluso como zombis recién hechos que van diciendo: "Entrégame lo que me prometiste, o te comeré el coco/cerebro". En fin, que la única manera de librarse del trabajo es trabajando, como la única manera de librarse de los exámenes es aprobándolos. A veces incluso pienso que cuando no trabajo mi subsconciente lo hace por mí, preparándome para ello.

Reseñaré aquí algo de lo que me ocupa, como exorcismo o medio de involucrarme en hacerlo y dejar de dar vueltas. Mi amiga E., en su exilio almagreño, es más sabia; ni escribe blogs, ni se limita a hacer otra cosa que cultivar su huerto, como Voltaire al final de Cándido. En mi ordenador tengo tres carpetas: cosas de profesor, de investigador y de escritor. Las que más abultan son la primera y la segunda. Pero es la tercera en la única que me gustaría trabajar. He tardado mucho en descubrir que no soy enteramente profesor ni enteramente investigador, sino solo eso, un escritor, ni bueno ni malo. No he tenido otra vocación y las otras han sido aproximaciones en espiral a eso mismo. Quizá eso me daría la excusa perfecta para salirme de fuera y entrar en mí mismo. Pero hay facturas que pagar y de un escritor no depende nadie. 

Me escribe Joaquín; dice que no pudo ir porque leyó tarde lo de la conferencia, y que tenemos que vernos. Una ciudarrealeña lo hace desde Japón. Agradece mi reseña sobre su pariente y dice que posee el archivo del valdepeñero general Caminero; que este escribió una autobiografía manuscrita y que la tiene en su poder. Le contesto que debería donarlo al Instituto de Estudios Manchegos por su importancia histórica y que algún alumno la editara o ella misma. A través de Isidro paso la información a Esther Almarcha, junto con la información sobre el voluminoso archivo de Joaquín de la Jara y donde se pierde el rastro del mismo, fundamental para la historia de la literatura manchega y aun para la nacional. Me alegro de haberme quitado esas piedras de encima, pero Esther Almarcha no se pone en contacto conmigo. Isidro dice que le dan la lata con una edición del Instituto de Estudios Albaceteños, que si es verdad que era de Albacete López de Haro; le digo que no, que era de Cuenca -San Clemente- y que todo se debe a un error de un artículo mío. Aprovecho para indicarle que sí podría editar el manuscrito de Carretero, un poeta muy interesante del siglo XVIII que anduvo viviendo entre Cuenca y Albacete. Descubro por casualidad un manuscrito de Nicolás del Pilar Galindo en manos de un profesor de griego de Albacete, y le escribo pidiéndole fotocopias. También me electroescribe mi jefe pidiéndome otra cosa;. Además, el martes o el miércoles hay conferencia y cenamos con el nieto de Eugenio d'Ors e hijo de Álvaro d'Ors, del que tanto habla el recién fallecido director del Ateneo, el filósofo Carlos París en sus memorias. Álvaro d'Ors estuvo muy relacionado con todo el tradicionalismo carlista, con la tertulia facha de Antonio Pastor en la Castellana, adonde acudía además mi antiguo maestro de paleografía en la Complutense Tomás Marín Martínez, gordo cura del que me enterado ha fallecido hace unos años. Seguro que no se podía ni imaginar que sería yo, un anarquista despreciable, quien le escribiera una entrada en la Wikipedia. Pues sí, hombre, para que vea que mis prejuicios no llegan a las personas, solo a las ideas. Me caía simpático el cura, que era capaz de leer un texto entero en lo que a nosotros nos parecía no más una línea recta. Creo yo que era un vanidosillo en el fondo. Pero decía que nuestro departamento alarquino se iba a comer con el nieto de D'Ors, un novelista también cura llamado Pablo D'Ors, y nos tenemos que leer su novela Andanzas del impresor Zollinger. Tengo por otra parte que preparar el desbroce de mi edición de la biografía de Mejía; más trabajo. Y corregir recuperaciones, preparar materiales, pasar faltas, contestar correos, escribir blogs. Tengo que comer con Raúl Morodo. Tengo que corregir y enviar la conferencia para el libro del IES. Y cuidar de mi físico, no me vaya a morir por dejar de tomar las pastillas, algo cada vez más frecuente los fines de semana. Ayudar a mis hijas. Y dejar de hacer listas. Eso de hacer listas y más listas es algo que tenemos en común Borges, Alberto Manguel (que es lo que queda de Borges en judío, marica y porteño-canadiense), mi suegra, que no es nada borgesiana, Francisco Sánchez  López de Lerma, que ya sé donde está, y yo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Una adición a la bibliografía del bachiller Juan de Molina, humanista ciudarrealeño.

Hay un útil artículo, no mío, aunque yo lo retoqué, sobre Juan de Molina en la Wikipedia; pero hojeando la Biblioteca valentina (1747) del padre Josef Rodríguez por otro motivo he visto que encontró una obra más de nuestro personaje que añade a las consignadas por Nicolás Antonio y que, al parecer, desconoce Miguel Ángel Pérez Priego, principal estudioso del personaje en esta monografía. Parece que también fue el bachiller Molina epigrafista y anticuario, según se deduce de la noticia. La obra, al parecer manuscrita y utilizada por Escolano, es Colectáneos de las piedras e inscripciones antiguas de España. También se refiere a él Villagrasa. Algo nuevo que saber...

viernes, 31 de enero de 2014

Ventajas de leer

Adaptado de The Huffington Post:

Leer es un excelente pasatiempo; eso no es ningún secreto. Pero, a veces, al final de un largo día, es más fácil encender la tele que abrir la novela que tanto te apetecía empezar. ¡No te dejes disuadir! Ser un amante de los libros tiene ventajas muy importantes. Podemos empezar por estas dieciséis:

1. Nunca estás aburrido. ¿Transporte público? Coges un libro. ¿Sala de espera en el médico? Coges un libro. ¿Tus amigos te ignoran porque “nunca sales” y “siempre estás muy ocupado leyendo”? Pues el remedio ya lo sabes: coge un libro. Es un amigo que nunca te engañará: siempre está diciendo lo mismo y siempre estará a tu lado cuando lo necesites.

2. Gustándote leer ya tienes un sistema bien definido para filtrar a la gente que no te conviente. La frase "no me gusta leer" es una sentencia de muerte para cualquier relación, a pesar de que todo lo demás vaya bien.

3. Mientras todo el mundo se limita a vivir una vida (probablemente aburrida), tú experimentas cientos de ellas y tienes acceso a la conciencia de miles de personas. Es como la telepatía, pero mejor.

4. Aprendes al mismo tiempo que te distraes. Y te haces más fuerte sosteniendo un libro en la cama. Tus brazos adquieren una fuerza impresionante.

5. Puedes comentar los mejores best sellers incluso antes de que hayan salido; nunca te faltará labia ni conversación ni referentes culturales.

6. Tienes la cita perfecta para cada situación. Ahora mismo: "El libro es la magia que mejor se puede transportar" (Stephen King, Mientras escribo).

7. Y cuentas con la palabra exacta para describir cada momento. Tu vocabulario es estelar.

8. La gente no tiene que pensar demasiado a la hora de hacerte un regalo.

9. Los diferentes enfoques que muestran los personajes te sirven básicamente de terapia gratuita; estás continuamente recibiendo consejos sobre cómo vivir bien.

10. Si te quedas sin cobertura o se va la señal de Internet por inclemencias meteorológicas, no hay problema. De todas formas, tú tenías pensado quedarte leyendo esa noche.

11. Un mejor lector es un mejor escritor y un mejor orador.

12. Tienes en tu poder un sinfín de temas de conversación.

13. No tienes que comerte la cabeza por la decoración de tu casa; tu colección de libros tiene la solución.

14. Has leído tantos libros que eres capaz de llenar tu propia vida de emoción y drama y enriquecer cualquier situación.

15. Según un reciente estudio, la lectura mejora la conectividad cerebral. Es cierto; se ha demostrado científicamente que leer te hace más inteligente.

16. Puedes viajar a cualquier punto del mundo, del pasado y del presente . Puedes ser testigo de todo un siglo de la historia en Colombia o de las relaciones que tenían los ciudadanos en la Inglaterra isabelina.

jueves, 30 de enero de 2014

Nota sobre la etimología de Agramante

La frase hecha "campo de Agramante" como de cualquier cosa sumida en el caos. En realidad se trata de un campo de batalla donde nullus est ordo y el vocablo Agramante procede del Ariosto, quien crea la palabreja en su Orlando furioso, tan saqueado por el Don Quijote de Cervantes, incluso en el episodio del robo del rucio que tanto hueco dejó entre las dos ediciones de 1605. Poco se ha especulado sobre su posible etimología. Creo adivinar que procede del nombre del dios del mal en el mazdeísmo o zoroastrismo, Angra Mainyu en el Avesta, también llamado Ahrimán o Arimán en parsi o persa. Es el hermano gemelo y malo, el por así decir Caín de Ahura Mazda, el hermano bueno. No le veo otra explicación.

domingo, 26 de enero de 2014

¡Muera el señorito! de Rafael López de Haro (I)

En una novela del albaceteño Rafael López de Haro, ¡Muera el señorito! (1916), encontramos una de las más fuertes denuncias de la España manchega anterior a la Guerra Civil, comparable a El crimen de Cuenca de Alicio Garcitoral (1931) o Vorágine sin fondo de Antonio Heras Zamorano, ambientada en Ciudad Real (1936). Está dedicada a uno de los mayores representantes del Regeneracionismo, Julio Senador Gómez, notario como él y autor de Castilla en escombros. Las leyes, las tierras, el trigo y el hambre, publicado un año antes, lo que ya es significativo de la inspiración que nutre el libro, muy bien escrito, y con una rabia que se nota. El ejemplar en mis manos está dividido en tres libros: "La patria chica", "La patria grande" y "Ni patria ni amor". La mayor parte de la obra transcurre en un pueblo manchego en realidad inexistente, El Pinoso, en el que paradójicamente no hay pinos, ya que todo ha sido arrasado para plantar trigo. El protagonista, Eugenio Balmes, aplicado estudiante de Derecho, marcha al pueblo tras morir su madre y quedarse huérfano para ver a su hermana, atravesando los campos manchegos:

"Las llanuras de La Mancha son un agro infinito que solo pudo poblar de ideas la infinitud del genio cervantino. La tierra llana, inacabablemente llana, rasa, roja, seca, causaba a Eugenio la impresión negativa de lo inexistente. Era la del campo ilimitado y aspérrimo, era la de la planicie calcinada, eran las de un sol que enceguecía, turbio el ambiente por turbonadas que arrancaba en momentos la ebullición del aire caliente; eran las de la tierra bermeja excavada, escoriada, surcada como sarnosa carne pálida; eran sensaciones de una soledad, de una acritud, de una sed que solo sugerían ideas de fuga, de suicidio. Fugarse, al menos, como los pájaros, como las nubes, como los colores. Aquella tierra fea y desagradecida podía mantener una escasa población que, en fuerza de luchar obstinada y estúpidamente con su esterilidad, se ha enfurecido y vive, sin agua, en hidrofobia perpetua, aislada en los lugarones, lugares o lugarejos, hechos de la misma tierra que Eugenio veía en lejanías remotas, denotados por la torre verdusca, chatos, agachados, perdidos en la inmensidad, náufragos en la estepa, páramo, pampa, sabana desnuda, infausta, calva de la Península, a modo de lupus que ha depilado, asolado, desollado ese gran pedazo de la fisonomía de España.
El camino de hierro, trazado en línea recta, no tanto por ser allí fácil como por ser la más corta para pasar cuanto antes por allí donde nada lo retiene, no era aliciente a que aquel horrísono tren mixto acelerase su marcha. Lento, jadeante, avanzaba caudato de una caliginosa polvareda que a ratos venía sobre él y lo envolvía y enterragaba. A un flanco, las cuencas de los sacatierras, álveos de cieno en la invernada, se cuarteaban. Solían verse muertos de sed algunos juncos y retamas que se atrevieron a nacer fiados en la promesa de humedad. De tarde, un caminejo arenoso cruzaba la vía y, en la intersección, una mujer tripuda, descalza, con el rostro del color de las tejas, presentaba unos palitroques forrados de bayeta roja y verde.
La sensación de inhabitabilidad, de carraspera de Sáhara, se iba intensificando hasta ser una gran tortura para Eugenio, quien jamás sospechó que fuese así la Patria: un solar. El polvo socarrante había ya tapiado el departamento; algunas langostas saltaban golpeándose. y seguía, seguía el campo soledoso, ocre, blancuzco, rojo, y el sol caía con apesgante, angustiosa tenacidad, y el calor asfixiaba..." p. 37-39.

Este paisaje hace el efecto de un opio en Eugenio: duerme a la gente y lo duerme a él. Hay campos sembrados de vides que también emborrachan a la gente y la duermen. Así hasta que llega, conducido en una galera por un gañán, a la casa de su hermana en El Pinoso, casada con un tal Pelecha, un aprovechado. Bebe pistraque y come un arenque. El consejo de familia ha sido fraguado para robarle lo más de la herencia; Ferreol Balmes es el cacique y alcalde del pueblo y quien lleva la voz cantante. Los concejales son todos de la misma familia y sifilíticos, porque apestan a yodoformo, y quieren comerse la hacienda del recién llegado poco a poco. Eugenio no se deja engañar, pero tiene que transigir; ignoran que él también los ha engañado. Y el alcalde le promete un empleíllo en el Ayuntamiento que le ayude a concluir la carrera, el de secretario particular.

Como tal asiste en un solo día a una procesión de personajes como los de la ínsula Barataria de Cervantes, solo que el alcalde no es nada honesto ni Sancho Panza, salvo en el aspecto; más bien parece Ginés de Pasamonte o el Ventero, cuyo currículo canallesco tan bien pinta Cervantes en la primera parte de su Don Quijote. El alcalde mata de hambre al boticario, comido de hijos y al que no paga; no tiene ni medicinas que vender porque el alcalde retiene sus fondos con el propósito de que se vaya y así traspasar la botica al sobrino de su mujer. Lo consigue al fin, a cambio de pagarle la mitad de lo que en realidad le debe. Acude luego una hortelana que contaba con un buen puesto en el mercado, pero se lo cambiaron a peor y le cobran el impuesto municipal varias veces en vez de una, solo porque su marido no votó a quien le dijo el alcalde. Esta es menos mansa que el farmacéutico: "Cuando la tortilla se güelva nos veremos, señor don Ferreol, ladrón, cornudo". Viene luego el rematante de Consumos, un corrupto al que le molesta que otros corruptos, los de la familia del alcalde, le quiten su parte. "Usté tie que cerrar el mataero aquellos días tocante a que la carne de mis novillos se venda y darme la exclusiva del vino dentro de la plaza y la poquedá que hay consigná pa festejos. Ítem, y prestarme los peones del Ayuntamiento pa armar la plaza y..." El alcalde promete que se le apoyará en lo que cabe. Ordena a Eugenio que escriba al diputado para que no vengan los inspectores del Catastro, y que, "si vienen, que vea quién y diga de qué pie cojea". Pasa luego el Desollao, un expresidiario por asesinato que vivía en El Pinoso sin trabajar y penduleando a sueldo del Alcalde. Este matón solo es importante el día de las elecciones, para asustar a la gente y dar palizas. Le encarga el Alcalde que vigile al boticario y se haga ver cerca de él dándole un par de voces. Termina la didáctica función con dos labriegos que entran en el Ayuntamiento para asegurar su fidelidad, ya que habían sido comprados para un jurado en la capital, hacia donde iban a viajar ese mismo día. (Seguirá)


jueves, 16 de enero de 2014

Desobediencia civil en La Mancha

Uno de los métodos que contribuyen a dar cierta esperanza sobre la discutible bondad del ser humano es la invención de la desobediencia civil o resistencia pasiva. Se inspira en el derecho humano fundamental de resistencia a la opresión, pero lo limpia de las sedicencias terroristas y violentas que lo volvieron tan alarmante.

La artimaña del terrorismo blanco la ingenió el filósofo anarquista y pacifista norteamericano Henry David Thoreau, padre también del ecologismo, y fue desarrollada por León Tolstoy en su ¿Qué hacer? y llevada a la práctica por sus discípulos Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. La desobediencia civil ha existido siempre y se inspira en episodios poco frecuentes, pero conmovedores, de la historia. Pero también se inspira en un cierto concepto de ser humano que no se encuentra demasiado difundido, pero cuya existencia ha sido demostrada muy atrás en el tiempo, incluso antes de la Era del Nihilismo (podemos llamar así a los dos primeros tercios del siglo XX), consecuencia del fracaso de la ilustración emancipadora que propuso Kant.

Digamos, provisoriamente, que el ser humano fuera un ente solidario implume de uñas planas y piel variable, por lo general provisto de dos brazos y dos piernas, aunque no siempre. La definición flaquea sobre todo en lo de solidario, pero es que uno quisiera soñarlo así al ver que, a veces, la gente se comporta así. En este momento recuerdo el ejemplo de Villarrubia de los Ojos a comienzos del siglo XVII. Resulta que en esta población entonces en esta población la mitad eran moriscos. Y desde 1609, a iniciativa del beato Felipe III, los intentaron expulsar hasta tres veces del reino. La primera fue a Francia, y volvieron andando, que es mucho andar. La segunda prefirieron poner mar por medio y los dejaron en Marruecos, pero volvieron en barco. Por último, el cabreado noble a quien cupo la tarea las primeras dos veces, acometió personalmente la tarea, pero fracasó también. Porque los moriscos volvían siempre a sus tierras confiscadas y las recuperaran con el apoyo y protección de todo el lugar. Como no existía la sociología, el noble ignoraba que si una minoría es la mitad de la población, es una mayoría, tanto y más si estaba estrechamente ligada con lazos de parentesco a los cristianos y detentaba cargos influyentes en el municipio, que es el caso. Como es lógico, las mujeres y los maridos moriscos casados con cristianos lograban de sus parejas la protección oportuna para sus familiares, financiaban su vuelta y los protegían. Es el ejemplo de desobediencia civil o resistencia pasiva más antiguo que recuerdo en La Mancha, y logró un éxito completo: tras el fracaso de la tercera intentona, se los dejó en paz. Hoy los moriscos de Villarrubia de los Ojos son tan cristianos y ciudadanos como el que más. Han sido asimilados. Y, en memoria de tal gesta, hay una calle dedicada en Villarrubia al erudito que desenterró esta especie de Fuenteovejuna manchega, Trevor J. Dadson, el famoso hispanista editor de la poesía de Gabriel Bocángel y del Conde de Salinas, el último quien glosó aquel famoso y fatalista mote de "yo he hecho lo que podido / Fortuna, lo que ha querido".

En La Mancha estos ejemplos de desobediencia civil no cunden mucho. Se prefieren las iniciativas individuales, las quijotadas de las que siempre se ríen los manchegos. El prototipo de manchego es ese, el que se cachondea del idealismo y de la honestidad de los demás, de los Quijotes y de los Sancho Panzas. Porque el manchego típico no es ninguno de esos y no tiene un monumento en ninguna plaza de ningún pueblo ni ningún museo. El manchego típico es el que hoy llamaríamos gilipollas Sansón Carrasco. La Mancha está llena de sansocarrascos.

Don Quijote y su creador eran unos liberales; estaban obstinados en liberar galeotes malandrines. Cuando Cervantes se escapaba siempre era denunciado por un gilipollas aprovechado o renegado, un chaquetero, diríamos, así hasta cuatro veces. Y "aprendió a tener paciencia en la adversidad". Paciencia ante los gilipollas. Cervantes, que tantos amigos tenía, no era manco, tenía anquilosada la mano por herida de guerra, llevaba unos anteojos rotos (era muy caro comprar otros nuevos) y padecía una cierta tartamudez nerviosa. Pero lo que cuenta de él es que era un liberal, el primero de nuestras letras, un defensor acérrimo del individuo, pero del individuo de bien, con la patria más encogida y chica del mundo, tanto, que ni siquiera se le acordaba el nombre. Era un liberal que repartía la riqueza que conseguía entre sus regocijados amigos. Por el contrario los galeotes, igual de individualistas, eran unos liberales de lo ajeno, falsos liberales, en realidad políticos en el fondo y en la forma, tan pillos como los que llenaban el tribunal baratariesco del honesto Sancho Panza. Porque Sancho Panza era honesto, algo que se suele olvidar, algo que con la amistad compartía con su señor, del que tantas otras cosas superficiales le separaban. El liberal reparte su riqueza en el pueblo que le ha ayudado a conseguirlos, al contrario que el oligarca, el cacique, el injusto, en suma.

En el barrio Gamonal de Burgos alguien quiere excretar una cementada y que encima le paguen por ello. Es un exconvicto y constructor, Méndez Pozo, defensor de sus intereses a través del Diario de Burgos, Las Tribunas de las provincias manchegas y qué sé yo qué más prensa petarda. Contra él y su cacique y secuaz, un alcalde elegido por normas alérgicas a las listas abiertas y a partidos "cuyo funcionamiento deberá ser democrático" (Constitución dixit; ¡hay que ver cuánta corrupción cabe y ha cabido en ese deberá ser!) se ha levantado un barrio entero. Se quejan de que se gaste un dineral muy superior a la guardería que les han negado porque no había dinero, como les han negado también otros servicios, incluso los de mear, y tan elementales como el alumbrado público suficiente y paradas de autobús. Es así el desdén del Ayuntamiento (con perdón por la obscenidad), que es mucho desdén y ha convertido al barrio en un arrabal, si no en un Rabal a secas, como el de Barcelona.

En La Mancha nos preciamos de tener a buenos defensores del bien común. El más grande, sin duda alguna, fue Félix Mejía, en el siglo XIX. Vaya si puso en problemas al poder, que ni es público ni nunca lo ha sido en un país donde nunca llegó a existir un partido de izquierda, y cuando lo hubo, el demócrata, fue sistemáticamente ignorado por la componenda canovosagastina promonárquica, alternancia que hemos soportado estos últimos cuarenta años de desdemocracia y neofranquismo bajo las órdenes de todos esos hijos de Franco, legítimos peperos o ilegítimos pesotas, pero nunca favorables al pueblo demócrata y honrado. Y a Félix Mejía, luchador por la democracia, la representatividad y la libertad, quien dijo que no hay libertad, igualdad ni fraternidad sin justicia, que hablaba del hambre en el pueblo y fue quien primero pronunció la palabra democracia con el sentido que tiene hoy actualmente, nadie lo recuerda, ni siquiera el nombre de una calle en Ciudad Real. Es preferible que los constructores las bauticen con nombres de ciudades y países y demás señales de geografía. Que no se lea, que no se lea nada, ni siquiera de historia de la libertad, ni en el nombre de una calle. El ninguneo, el oscurantismo, la estulticia falsa e interesada, el "no lo veo claro", el olvido, la marginación en suma: armas habituales de los reaccionarios de siempre para hacer lo que siempre hacen: nada. ¿Seguiremos así?

Hoy parece que una mitad de España es como esa mitad del pueblo de Villarrubia. Ya no se cree nada salvo que la quieren joder; y lo único que puede hacer es resistir pasivamente y engañar a los que engañan. Ya no va a permitir más jodienda. Hay iniciativas e ideas que están cundiendo en progresión geométrica. El sabio desánimo me indica sin embargo que lo que se hará es parchear la Constitución; eso es lo que hay que evitar: es precisa una 
Constitución nueva para una nueva tercera España, que es la gran mayoría del pueblo honesto, sufrido y trabajador. Ese pueblo al que solo le dejan leer y oír lo que conviene a las otras dos Españas. 

Este jueves, a las siete y media, daré una conferencia en el Convento de La Merced, antiguo Instituto Femenino, sobre Félix Mejía a las siete y media. Estáis invitados.

miércoles, 15 de enero de 2014

El karma y el Evangelio

Todo el mundo ha oído hablar de Lázaro, el amigo de Jesús; pero hay otro lázaro en los Evangelios que es el sujeto de una parábola muy oscura y aterradora, que tiene mucho en común con el karma y el cielo y el infierno de los budistas (quizá sea de origen oriental). Corresponde a este pasaje de Lucas XVI, 19-31 (uso la versión protestante de la Biblia Reina-Valera revisada en 1960)

El rico y Lázaro

19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,

21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.

25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.

26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,

28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.

30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.

31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Ley del embudo, II

Tomado del auto del Juez Castro:

"Cuando finalice la instrucción de esta pieza separada y se vuelva a la normalidad procesal, quizá pocas personas quieran recordar que para llamar a una persona a prestar declaración en calidad de imputada, trámite este que por millares se viene llevando a cabo cada día en los juzgados de España (...), se ha precisado escribir poco menos que un tratado de derecho procesal".

Utilidad de la cultura e inutilidad de la Política

Juan Peces, "La cultura es inútil, afortunadamente", en EL País, 8 de enero de 2014:

La crónica de sucesos acaecidos en París el 26 de diciembre de 2013 revela que un hombre de letras desesperado, enojado contra unas instituciones indiferentes a su amor apasionado por la cultura, embistió con su coche las puertas enrejadas del palacio del Elíseo. El conductor, Attilio Maggiulli, no pudo soportar lo que consideraba un desprecio oficial hacia el proyecto de su vida, el Théâtre de la Comédie Italiénne —que perdió casi un 50% de subvenciones públicas en tres años—, y no halló forma mejor de presentar su memorial de agravios que estampando su indignación contra la sede oficial de la presidencia de la República Francesa.

Hasta ahí la historia resumida de Maggiulli. Esta crónica aborda, sin embargo, la historia de otro hombre de letras indignado, el profesor italiano Nuccio Ordine (que figura en su partida de bautismo como Diamante Ordine). Con los mismos o parecidos personajes —una cultura apuñalada, una educación asfixiada y un pueblo adormecido—, Ordine (Diamante, 1958) ha preferido usar la palabra para embestir contra la ignorancia promovida desde las instituciones y advertir de sus efectos a la ciudadanía. Si dejamos que nos roben el legado de nuestros antepasados y que se mutile el conocimiento, avisa, no es que dejemos de ser personas cultivadas: es que las generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto.

El vehículo empleado por Ordine para su clamor profético es el manifiesto titulado La utilidad de lo inútil, cuya publicación en España debemos a Jaume Vallcorba, padre de las editoriales mellizas Acantilado y Quaderns Crema, y al traductor y profesor de Filosofía Jordi Bayod Brau.

Ordine, profesor de prestigiosas universidades, experto en el Renacimiento y director de varias colecciones de clásicos en la editorial Les Belles Lettres de París, se dice “emocionado” por la recepción de su libro en Barcelona, donde fue presentado recientemente, y en Madrid (donde fue apadrinado por Fernando Savater). “La gente me abrazaba y me daba las gracias. Un estudiante me dijo: ‘Decidí estudiar Filosofía y Paleografía contra la voluntad de mi padre, que me preguntaba para qué servía eso. Su libro me ha reafirmado en mi decisión”, recuerda.

La tesis central del libro puede ser resumida en la idea de que la literatura, la filosofía y otros saberes humanísticos y científicos no son inútiles, como cabría deducir de su progresivo destierro en los planes educativos y presupuestos ministeriales, sino imprescindibles. “El hecho de ser inmunes [dichos saberes] a toda aspiración al beneficio” constituye, según el autor, “una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”.

Como en un coro griego, Nuccio Ordine arma una defensa coral del conocimiento apoyándose en aquellos autores que le precedieron en su empeño. Dante, Petrarca, Moro, Campanella, Bruno, Bataille, Keynes, Steiner, García Márquez, Cervantes, Shakespeare, Platón, Sócrates, Séneca, Heidegger, Cioran, García Lorca, Tocqueville, Hugo, Montaigne… son reclutados y contextualizados para mostrar “la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignitas hominis, el amor y la verdad”.

¿Por qué este libro? “Llevo 24 años como profesor intentando convencer a mis alumnos de que no se viene a la universidad a obtener un diploma, sino a intentar ser mejores, esto es, a aprender a razonar de forma autónoma”. Para Ordine, la transmisión del amor por el conocimiento es un deporte de combate. Y eso implica desmontar algunas ideas materialistas imbuidas por el sistema capitalista. “La gente piensa que la felicidad es un producto del dinero. ¡Se engañan!”, afirma.

Dicha pretensión se ha extendido ya a todos los ámbitos. “El utilitarismo ha invadido espacios en los que que no debería haber penetrado nunca, como las instituciones educativas”, denuncia el profesor calabrés. Y advierte: “Cuando se recorta el presupuesto para las universidades, las escuelas, los teatros, las investigaciones arqueológicas, las bibliotecas… se está cercenando la excelencia de un país y eliminando cualquier posibilidad de formar a toda una generación”.

El autor se apoya también en un discurso ¡de 1848! de Víctor Hugo ante la Asamblea constituyente de Francia, donde el escritor pronunció estas palabras: “Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”. Dice Ordine que cuando leyó ese discurso pegó un salto hasta el techo, y hace suyas las tesis de Hugo al afirmar (exclamar, más bien) que “¡es en las épocas de crisis cuando hay que doblar el presupuesto para la cultura!”.

El manifiesto incluye también un escrito premonitorio de Abraham Flexner, publicado en 1939, que evangeliza sobre la importancia de la ciencia. “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos”, explica Ordine. “El estado no puede renunciar a la ciencia básica [en aras del beneficio]; por eso he escrito un capítulo dedicado a las universidades entendidas como empresas”.

La utilidad de lo inútil no es sólo un argumentario contra la deriva del utilitarismo o el “satánico comercio” (Baudelaire): es también un manual para superar lo que el autor del libro llama “el invierno de la conciencia” y para recordar, con Montaigne, que “es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”.

martes, 7 de enero de 2014

Apólogo del teorema de Thomas

El teorema de Thomas es un principio bien conocido en Sociología y muy padecido por todos los que intentamos desentrañar la realidad. En realidad podría atribuirse a Cervantes, porque fundamentalmente afirma que las cosas no son lo que parecen y no parecen lo que son... para la minoría de la gente. La realidad se transforma al observarla, esto es, al interpretarla.

Menos literariamente, se formula así:  "Si las personas definen una situación dada como real, esta lo es en sus consecuencias". Esto es, una impresión subjetiva puede proyectarse sobre toda una colectividad a la que se la supone enteramente racional cuando no lo es. En cierta manera, adapta la famosa tesis sobre Feuerbach de Marx: "si hasta ahora se ha tratado de entender la realidad, ahora solo hay que tratar de transformarla". Pero la experiencia nos demuestra que tarde o temprano hay que regresar de la utopía a la realidad, y eso, que es una consecuencia, ha sido doloroso porque la realidad se suele instrumentalizar, como bien demostró Naomí Klein, para culpabilizar a quienes solo tienen la culpa de haber creído lo que los proyectores de esa ficción subjetiva nunca creyeron, mediante la doctrina del shock y el auxilio de sus afiliados y aliados medios de comunicación.  

Así pues, esta ley, de apariencia tan vacua, es en realidad muy importante... por sus consecuencias. Como ha sido extraída de los hechos, no puede negarse sin negar los hechos. Y se confirma por su poder predictivo. Puede explicar muchas otras cosas, como la génesis de factoidesleyendas urbanas y hasta los cuentos chinos con que nos vienen a alucinar los inservibles políticos que padecemos. 

Más gravemente, las leyes de la propaganda política y la publicidad, incluida la generación de cualquier fanatismo, emanan de este principio, que es una rama o derivación del principio de Wilfredo Pareto, quien afirma que solo uno de cada cinco se mueve por razones lógicas (logos), esto es, por hechos reales... y no por ethos o pathos, que es lo que siguen los otros cuatro. 

Concluyendo: siempre los burros tendrán que tirar del carro y siempre los zorros irán montados en él, aunque la situación sea tan dinámica que con frecuencia hagan falta nuevos burros para tirar del mismo carro: incluso antiguos zorros travestidos de burros, que no podrán con él. E, inversamente, muchos antiguos burros harán de zorros y guiarán el carro hacia el desastre. Porque la realidad es tozuda y, como dice la moraleja de todas las fábulas grecolatinas con una unanimidad que abate considerablemente las ilusiones que nos hacemos sobre la hipotética maleabilidad de la naturaleza humana, es imposible cambiar lo natural por mucho que se disfrace.

Una aplicación del teorema de William I. Thomas puede hacerse al caso de los caracteres nacionales, ilusión subjetiva muy antigua y decimonónica, harto persistente, que ha aprovechado un individuo como el señor llamado Arthur Mas para proyectar sobre la realidad, como otros han aprovechado la persistente ilusión subjetiva de la Guerra de Cuba para acentuar nuestro carácter de antiestadounidenses. La ilusión de Cataluña es, en realidad, tan ilusa como la ilusión llamada España o incluso la ilusión llamada Europa para aquellos cuyo propósito es solo comer todos los días, algo patatero o vulgar, pero que está en la sustancia de los hechos y de la realidad. Todas esas ilusiones tienen consecuencias que pagamos los demás con el precio de los hechos. Y los hechos, en Europa, generalmente, aunque en unos países más que otros, se resumen en que aumenta la pobreza a costa de una clase media que es cada vez más delgada y proyecta sus desilusiones y sus ilusiones en la pantalla de la realidad, que muchas veces tiene forma de TV. Una clase media que fue la que alumbró la aparición de los estados nacionales en el siglo XIX con una de sus características ideológicas más asentadas, el individualismo o subjetivismo.

Evidentemente, unos sueños e ilusiones son más objetivables que otros. Cuanto más se asocien a los hechos, tan vulgares, pero tan necesarios, como comer todos los días o poder entender un periódico, por ejemplo, y más compartidas sean, más parecidas serán las utopías a la verdad.

En España la justicia no emana de la sociedad, esto es, del pueblo, y por tanto no existe.

Si en España hay una constitución no escrita, desde luego es la denominada Ley del Embudo; pero, pensándolo bien, está escrita. No solo en la Constitución que padecemos, sino en otras leyes como esta, que cita El País de hoy:

"La imputación de la Infanta que acaba de decidir el juez José Castro está respaldada, de momento, únicamente por una acusación popular, la del pseudo sindicato Manos Limpias. Ni la Abogacía del Estado ni la fiscalía apoyan la acusación. Al ser estos los perjudicados directos por el supuesto delito cometido, y en el caso de que pidan el archivo de la causa en lo que concierne a la esposa de Iñaki Urdangarin, la infanta Cristina podría librarse de sentarse en el banquillo con la aplicación de la doctrina Botín.

La doctrina Botín fue dictada por el Tribunal Supremo en diciembre de 2007, cuando el pleno de la Sala de lo Penal, por nueve votos a cinco, decidió avalar la decisión de la Audiencia Nacional y limitar así la acción de las acusaciones populares, a las que no se considera legitimadas para pedir la apertura de juicio oral cuando la Fiscalía y los perjudicados solicitan el sobreseimiento de la causa. “No puede abrirse juicio oral solo a instancias de la acusación popular, sino que es necesario que lo inste bien el Ministerio Fiscal, bien el acusador particular”, señaló la Audiencia Nacional en su auto.

La sentencia del caso Botín se fundamentó en el artículo 782.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala que si el Ministerio Fiscal y el acusador particular piden el archivo así debe acordarlo el juez, mientras que no señala nada de la acusación popular".

lunes, 6 de enero de 2014

Rafael López de Haro, un novelista conquense que escribió en La Tribuna de Ciudad Real.

Uno de los grandes novelistas manchegos del siglo XX es hoy prácticamente un desconocido, así que, para vindicarlo, le he escrito un artículo en la Wikipedia, aquí. Es Rafael López de Haro. Por cierto, no sé si sabréis que escribió en La Tribuna de Ciudad Real allá por 1907.

viernes, 3 de enero de 2014

Galdós ha levantado la cabeza, ha dicho lo mismo que en 1912, y se ha vuelto a morir.

"Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación [...] Alarmante es la palabra Revolución. Pero si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeldía. En la situación a que llegaréis andando los años, el ideal revolucionario, la actitud indómita si queréis, constituirán el único síntoma de vida. Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento [...] Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, paupérrima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…"

Benito Perez Galdós, Cánovas, 1912.

¡Qué bien veía! ¡Y eso que estaba ciego!

lunes, 30 de diciembre de 2013

El poema del periodista

Rudyard Kipling:

I keep six honest serving-men
(they taught me all I knew);
their names are What and Why and When
and How and Where and Who.

A seis honestos servidores sigo
que me enseñaron cuanto he sabido;
sus nombres son Qué, Por qué,
Cuándo y Cómo, Dónde y Quién.

Jason Webster, Max Cámara y la mafia del azafrán manchego.

Para aquellos a los que gusta la literatura anglomanchega (sería un buen tema para otro artículo), me gustaría recomendaros a un arabista, hispanista y novelista policíaco bastante desconocido (está bien, totalmente desconocido) para nosotros, manchegos, y para los españoles en general, que reclama algún interés, por lo cual le he abierto una entrada en la Wikipedia, así como esta nota. Se trata de Jason Webster, nacido en San Francisco en 1970 y largo tiempo residente en Valencia, donde se casó con una bailarina de flamenco y tuvo un hijo. Sus tres novelas policiacas están protagonizadas por el inspector manchego Max Cámara, pero me interesa en especial la tercera, publicada en este año y ambientada en La Mancha y no en Valencia, como las dos anteriores.

Resulta que, enviado de permiso tras su último y brutal caso, Max Cámara regresa a su natal ciudad manchega, en la raya de Albacete, famosa por producir el mejor azafrán del mundo. Allí, el pasado sigue tirando de él, porque están exhumando una fosa común de la Guerra Civil; su abuelo Hilario sufre un derrame cerebral y se comporta de manera extraña y su viejo amigo Yago está investigando un asesinato, el de una joven, particularmente desagradable. Estos hechos disparan los recuerdos del inspector sobre el asesinato de su hermana cuando él era niño, algo que Max ha querido enterrar infructuosamente en sí mismo durante años. Para colmo, descubre la corrupción que envuelve el comercio internacional del azafrán: alrededor del noventa por ciento del azafrán que se vende en el mundo se etiqueta como "español" y, sin embargo, España produce menos del diez por ciento de la cosecha anual total. La novela se titula The Anarchist Detective, y ha sido publicada en este año que ya acaba, 2013. Todavía estáis a tiempo de traducirla.

El interés de Webster por el tema deriva sin duda de su condición de arabista. El cultivo de esta especia fue introducido por los musulmanes en La Mancha alrededor del siglo IX y entonces era monopolio exclusivo del estamento más alto. La producción llegó a extenderse tanto que se vendía género de ínfima calidad a 300 euros el kilo, cuando solo de La Mancha, sobre todo de Albacete, salían unas 20 toneladas al año. Hoy, veinticinco años después, solo se produce una.

Sin embargo, la crisis ha propiciado la vuelta al abandonado y laborioso cultivo de esta flor, cuyo estambre tanto se hace apreciar. Entonces se consideraba apenas un apoyo a las rentas familiares, un complemento de ingresos, pero ahora los parados, forzados a retornar al campo, se encuentran con que se les ha vuelto un salvavidas. La fiebre por el azafrán se explica por sí misma considerando que vale 3.600 euros el kilo. Ese es el precio al que se vende el azafrán Mancha, el de mayor calidad reconocida del planeta, diez veces más de lo que valía en la era del apogeo iraní. El azafrán es para los manchegos lo que los tulipanes para los holandeses.

Todo es decirlo: estos precios han tenido consecuencias imprevistas: faltan cormos y la demanda es mucho mayor que la producción, así que el kilo de cormos (los bulbos de los que brotan las florecillas moradas o rosas del azafrán) ya se cotizan a seis euros el kilo, que también es diez veces más de lo normal, según señala La Tribuna de Albacete. Como para iniciar lo que pasó hace siglos, la primera crisis capitalista de la historia, que fue también de bulbos, pero en este caso de tulipanes holandeses. Buen motivo para que Webster imagine en su novela toda una mafia del azafrán. Una mafia que corta o adultera el producto como si fuese cocaína.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Sobre muertos y tumbas

El ayuntamiento (perdón por la obscenidad) se ha sacado, no diré de dónde, un impuesto nuevo, contra natura, si es contra natura ir contra el principio de que las leyes no pueden negar derechos adquiridos legalmente, y quiere cobrarnos un impuesto ya no solo por tener ventanas y aire, sino por tener muertos, en un lugar que los papeles dicen es a perpetuidad, como la misma muerte. Rosa quiere resucitarlos y hacerles pagar, incluso a los diminutos niños muertos que tan poco espacio ocupan. Nos quiere hacer más costosa la vida y que no tengamos ni dónde caernos. Dice ahora que no es a perpetuidad, que es un alquiler, y que paguemos. Negando el diccionario, nos quiere cobrar una tasa o se cagará en nuestros muertos, o, lo que es igual, los mandará a la fosa común, donde tendrán derecho a lo que tiene todo el mundo, que es muy común: tierra y gusanos.

No me niego, si cobran también el alquiler de la fosa común e incluso de las fosas no comunes, esas que hay por el campo y las cunetas, y ya que estamos, si cobran también el alquiler a los inquilinos del Valle de los Caídos o, en su defecto, a los herederos. La justicia ha de ser para todos, esto es, común. Como en la Danza de la Muerte: "Desde el papa / hasta el que no tiene capa"

Se supone que estamos en el mercado común; y un muerto es una cosa, no una persona, así que se puede comprar y vender e incluso alquilar. No sé qué será de los muertos de la señora Rosa; de la rosa dicen muchas cosas los refranes y los poetas, pero me parece que la rosa que me ocupa se va a ganar un nombre de la rosa muy poco atractivo. Un muerto es un producto de los tiempos, diríamos, y hasta una tasa lo es, no polvo que se lleva el viento por haber echado un polvo. "De este mundo sacarás / lo que metas, nada más". Quisiera que la economía del crecimiento cero que recomienda el sabio refrán fuera la que siguieran nuestros sabios legisladores municipales, que quieren explotar lo que ya decía Lope de Vega, que los pleitos son hasta lo judicial perjudiciales, queriendo cobrar a los ignorantes lo que no es a derecho ni al revés; hacen de la esperanza un esqueleto. Hasta de la esperanza de Resurrección, que nos que crean mucho esos incrédulos. El tiempo que nos hizo, nos deshace, que escribía Octavio Paz cuando andaba obsesionado con Quevedo. No sé cómo arreglarán en el cielo los matrimonios múltiples en la tierra de los viudos; más coherente me parece la postura del Islam, aunque algo machista, si los curas católicos admiten la monogamia y hasta los gametos de los monos que nos hacen, el día que la evolución sea teología. Pues eso y que detesto lo que legislan los abogados de secano del ayuntamiento: que agua pasada no mueve molino. Un refrán que, al contrario que el otro, no es nada sabio y no mueve molino. Sanchopancescos que somos.

Enseñanza


Qué falta de educación y cuán mala gente son estos chicos de Internet; ya no respetan a nadie.

Y este otro también es de bastante mala educación.

Pero claro, hay que procurar que los chicos tengan sentido crítico...

viernes, 27 de diciembre de 2013

Buenos tiempos para la épica

Malganado o de mala gana, que es casi la única que tengo, suelto las palabras del aprisco donde se encierran, para que pasten sobre la nada, que es lo que mejor se me da, y no se me mueran. Esto de escribir es incurable y uno tiene que aislarse enfermo en casa y en otras rutinas para evitar que estalle el huevo de la serpiente y salga el hilo de gusano de la prosa, venda de momia para el capullo que se deslía, y pudra un poco más esta manzana que nos rodea. Porque el contacto con lo distinto multiplica barbaridad, yo es otro, que decía el niño. Ejemplo, cuando voy a Madrid al momento se me hincha la literatura y no puedo parar de escribir, privándome de momentos preciosos de vida no papelera, si fuera tan vidorra como ya me gustaría. Al monstruo hay que retenerlo en la bota o en la botella, que si no termina embotellándote a ti mismo en el matraz de un ámbar y, encima, no te concede ningún deseo. Que otros se rasquen la lámpara y produzcan humo, que a mí no me parece nada maravillosa porque sospecho que quien se quema soy yo. Qué mecánica y tramposa de retórica es esta cosa que llaman literatura, que solo sirve para arrancarse fuegos poéticos, sí, pero a costa de desmoronamientos y agotarse de vida.

Como muchos pertenecemos al Club de la Lluvia, formado por todos los que salen solamente cuando llueve y las calles se vacían de golfos, yo, rodeado de pronto por la estampida, me escapo y, bajo un cielo podrido por las larvas de las gotas, me topo con los del club: abrevadores de silencio a los que les gusta conversar bajo una ruidosa cantera de nubes con otros ahogados bajo el agua celestial. El otoño ha venido tardío y con cuernos enredados como parras, esto es, cabrón, y nos bautiza con uvas húmedas y hojas medio muertas transfiguradas contra el sol en áurea joyería, como hacen los niños líricos, que son todos unos niños muertos.

Por Internet veo disparatar a una balbuciega siseñora cospedorra, casi parecida a la Cospedal esa de los recortes de cirujano malo que no sabe curar. Y gobiernacomopuedas Barreda permanece dormido como un oso hibernal, esperando que el silencio se lleve todas las miserias de la emporcada Manchurria / Barataria y crezca otra vez, con ese necesario abono, la rosa, que no Díez. Dicen circulan por ahí Susana y el Viejo, y Rajoy trota pontevedrescamente sobre los presupuestos aplastando con saña a los pobrecicos, que son siempre los primeros que padecen los errores de los poderosos, la encogida de la pensión, el sobrecogimiento del caballero mamandante y el frío de los recibos eléctricos. Rajoy es un Rajoy sapiens: cree sabérselo todo y tiene un culo tan cerrado por la propaganda que ni siquiera le salen los pedos. Pero a la gente le parece un homo de Atapuerca, ese que se comía a la gente. Cómeme el alfil, reina.

Arrea y atiza son interjecciones de asombro que han desaparecido de una época desilusionada como la nuestra; ni siquiera en la Iglesia está para milagros aquí en estas páginas donde los compañeros le zurran la badana de firme, unas veces con razón y otras sin ella, pero siempre con corrección y honestidad. Y uno es incorrecto y deshonesto porque hasta a las palabras las han desvirtuado y la corrección de los correctos ya es podredumbre, y la honestidad de los honestos es una cagalera ridícula y la gente ya solo cree en los hechos y no en tanta ridícula palabrería que no, nunca, sabrá a literatura, esa literatura de la que hablábamos al principio.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Citas

Leído por ahí:

"En México lo único verdaderamente democrático es el olvido"

"Henry Miller había ido a Estados Unidos porque su padre se estaba muriendo, y encontró que era el país entero el que se había entregado a la muerte; el consumo calmaba las iras del aburrimiento y él preveía que esas ciudades que alguna vez fueron bellas e ingenuas se iban a devorar a sí mismas. Él vio ahí “el derrotismo de América”, la decrepitud de Nueva York, la estúpida aspiración al patriotismo como una religión. Algún día, frente a todo esto, habría que vivir "en cavernas democráticas".

Qué claro habla Snowden

De El País, hoy:

El exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA, en sus siglas en inglés) Edward Snowden, cuyas revelaciones acerca del espionaje llevado a cabo por Estados Unidos y sus aliados han desencadenado un escándalo político y diplomático a escala global, ha afirmado en Moscú que su objetivo de su deserción no era destruir al espionaje de EE UU. "Trabajo para mejorar la NSA", declaró en una entrevista al diario estadounidense Washington Post, que ha publicado algunos de los papeles del exanalista. "Sigo trabajando para ellos. Ellos son los únicos que no se han dado cuenta".

"Lo que quería es que la opinión pública fuera capaz de decir algo sobre la forma en la que se le gobierna", afirma el exanalista. "Ese objetivo ya lo hemos alcanzado hace mucho". Snowden, en una entrevista que se ha extendido durante varios días, asevera que su misión "está cumplida" a un nivel personal. "Yo ya he ganado. En el momento en el que los periodistas han podido ponerse a trabajar, todo lo que he intentado hacer ha pasado a ser válido. Porque, recuerda, no quería cambiar la sociedad. Quería dar a la sociedad una oportunidad para determinar si quería cambiar", señala.

Snowden reconoce que no tenía como saber qué efectos iban a tener sus revelaciones. "Vas a ciegas", afirma. "Pero cuando consideras la alternativa, que es no actuar, te das cuenta de que hasta un poco de análisis es mejor que nada. (...) Desde el punto de vista de un ingeniero, desde un punto de vista de un informático, estaba claro que había que probar a hacer algo en lugar de no hacer nada".

El exanalista ha respondido a las acusaciones hechas por, entre otros, el director de la NSA, Keith Alexander, afirmando que, al revelar la profundidad y la amplitud del espionaje, Snowden había roto su promesa de guardar secreto. "Un voto de fidelidad no es un voto de silencio", considera. "Es un juramento de fidelidad a la Constitución. Ese es el voto que he guardado y que ni Keith Alexander ni James Clapper [director de Inteligencia Nacional] han mantenido".

Ante la pregunta de quién le ha dado a Snowden la potestad de erigirse en guardián de la Constitución, el exanalista responde: "A mi me eligieron los que me supervisaban. Dianne Feinstein [presidenta del Comité de inteligencia del Senado] me la dio cuando hacía preguntas inocuas en las sesiones del comité". Snowden recuerda que "el sistema ha fallado de una forma global, y cada nivel de vigilancia, cada nivel de responsabilidad que debía haber tratado el tema, ha abdicado su responsabilidad. Y remacha: "No es que me den esa responsabilidad como individuo —no es que esté especialmente cualificado, no es que sea un ángel descendido de los cielos— sino que se la den a alguien en alguna parte. Tienes la capacidad [de tratar del tema] y te das cuenta de que todos los que están sentados a la mesa tienen esa capacidad pero no lo hacen. Así que alguien tiene que ser el primero".