jueves, 22 de mayo de 2008

La Mancha para Galdós

Benito Pérez Galdós, Bailén, V:

La Mancha, triste y solitario país donde el sol está en su reino, y el hombre parece obra exclusiva del sol y del polvo; país entre todos famoso desde que el mundo entero se ha acostumbrado a suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D. Quijote. Es opinión general que la Mancha es la más fea y la menos pintoresca de todas las tierras conocidas, y el viajero que viene hoy de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al ventanillo del wagon, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que como inmóvil y estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno. Esto es lo cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su conjunto, es su propia desnudez y monotonía, que si no distraen ni suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de don Quijote, no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras, con lindas casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D. Quijote no hubiera podido existir, y habría muerto en flor, tras la primera salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda.

D. Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones, pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna; tierra surcada por las veredas del acaso, de la aventura, y donde todo cuanto pase ha de parecer obra de la casualidad o de los genios de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace locos a los cuerdos, aquel campo sin fin, donde se levanta el polvo de imaginarias batallas, produciendo al transparentarde la luz, visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba aquella escasez de ciudades, que hace más rara y extraordinaria la presencia de un hombre, o de un animal; necesitaba aquel silencio cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien lo ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los patriarcales molinos de viento, los cuales no necesitaban sino hablar, para asemejarse a colosos inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y espantan al viajero con sus gestos amenazadores.
Bailén, VII.
El sol no tardó en salir aclarando el país y haciendo ver que no estábamos en Moravia, como vamos de Brunn a Olmutz, sino en la Mancha, célebre tierra de España.

El pueblo donde paramos a eso de las ocho de la mañana era Villarta, y dejando allí nuestros machos, tomamos unas galeras que en nueve horas nos hicieron recorrer las cinco leguas que hay desde aquel pueblo a Manzanares: ¡tal era la rapidez de los vehículos en aquellos felices tiempos! Cuando entrábamos en esta villa al caer de la tarde, distinguimos a lo lejos una gran polvareda, levantada al parecer por la marchade un ejército, y dejando los perezosos carros, entramos a pie en el pueblo para llegar más pronto, y saber qué tropas eran aquellas y a dónde iban.

Allí supimos que eran las del general Ligier-Belair que iba a auxiliar el destacamento de Santa Cruz de Mudela, sorprendido y derrotado el día anterior por los habitantes de esta villa. En la de Manzanares reinaba gran desasosiego, y una vez que los franceses desaparecieron, ocupábanse todos en armarse para acudir a auxiliar a los de Valdepeñas, punto donde se creía próximo un reñido combate. Dormimos en Manzanares, y al siguiente día, no encontrando ni cabalgaduras ni carro alguno, partimos a pie para la venta de la Consolación, donde nos detuvimos a oír las estupendas nuevas que allí se referían.

Transitaban constantemente por el camino paisanos armados con escopetas y garrotes, todos muy decididos, y según la muchedumbre de gente que acudía hacia Valdepeñas, en Manzanares, y en los pueblos vecinos de Membrilla y la Solana no debían de quedar más que las mujeres y los niños, porque hasta algunos inútiles viejos acudían a la guerra. Por último, resolvimos asistir nosotros también al espectáculo que se preparaba en la vecina villa, y poniéndonos en marcha, pronto recorrimos las dos leguas de camino llano: mucho antes de llegar divisamos una gran columna de negro humo que el viento difundía en el cielo. La villa de Valdepeñas ardía por los cuatro costados.

Apretando el paso, oímos ya cerca del pueblo prolongado rumor de voces, algunos tiros de fusil, pero no descargas de artillería. Bien pronto nos fue imposible seguir por el arrecife, porque la retaguardia francesa nos lo impedía, y siguiendo el ejemplo de los demás paisanos, nos apartamos del camino, corriendo por entre las viñas y sembrados, sin poder acercarnos a la villa. En esto vimos que la caballería francesa se retiraba del pueblo, ocupando el llano que hay a la izquierda, y al mismo tiempo el incendio tomaba tales proporciones, que Valdepeñas parecía un inmenso horno. Los gritos, los quejidos, las imprecaciones que salían de aquel infierno, llenaban de espanto el ánimo más esforzado.

Al punto comprendimos que el interior del pueblo se defendía heroicamente, y que el plan de los franceses consistía en apoderarse de los extremos, incendiando todas las casas que no pudieran ocupar. De vez en cuando un estruendo espantoso indicaba que alguno de los endebles edificios de adobes había venido al suelo, y el polvo se confundía en los aires con el humo. Los escombros sofocaban momentáneamente el fuego; pero este surgía con más fuerza, cundiendo a las casas inmediatas. Al fin pareció que todo iba a cesar, y, según dijeron los que estaban más cerca, habían salido del pueblo algunos hombres a conferenciar con el general francés. Mucho tiempo debieron de durar las conferencias, porque no vimos que estos seretiraran ni que concluyese el ruido y algazara en el interior; pero al cabo de largo rato un movimiento general de la multitud nos indicó que algo importante ocurría. En efecto, los franceses, replegando sus caballos en la calzada, retrocedían hacia Manzanares.

Cuando entramos en Valdepeñas, el espectáculo de la población era horroroso. Parece increíble que los hombres tengan en sus manos instrumentos capaces de destruir en pocas horas las obras de la paciencia, de la laboriosidad, del interés acumuladas por el brazo trabajador de los años y los siglos. La calle Real, que es la más grande de aquella villa, y, como si dijéramos, la columna vertebral que sirve a las otras de engaste y punto de partida, estaba materialmente cubierta de jinetes franceses y de caballos. Aunque la mayor parte eran cadáveres, había muchos gravemente heridos, que pugnaban por levantarse; pero clavándose de nuevo en las agudas puntas del suelo, volvían a caer. Sabido es que bajo las arenas que artificiosamente cubrían el pavimento de la vía, el suelo estaba erizado de clavos y picos de hierro, de tal modo que la caballería iba tropezando y cayendo conforme entraba, para no levantarse más.

A la calle se habían arrojado cuantos objetos mortíferos se creyeron convenientes para hostilizar a los dragones, y aun después del combate surcaban la arena turbios arroyos de agua hirviendo, que, mezcladacon la sangre, producía sofocante y horrible vapor. En algunas ventanas vimos cadáveres que pendían medio cuerpo fuera y apretando aún en sus crispados dedos el trabuco o la podadera. En el interior de las casas que no eran presa de las llamas, el espectáculo era más lastimoso, porque no sólo los hombres, sino las mujeres y los niños, aparecían cosidos a bayonetazos en las cuevas, y a veces cuando se trataba de entrar en alguna casa por dar auxilio a los heridos que lo habían menester, era preciso salir a toda prisa, abandonándolos a su desgraciada suerte, porque el fuego, no saciado con devorar la habitación cercana, penetraba en aquella con furia irresistible.

En resumen, franceses y españoles se habían destrozado unos a otros con implacable saña; pero al fin aquellos creyeron prudente retirarse, como lo hicieron, no parando hasta Madridejos. Cuando Santorcaz, Marijuán y yo seguimos nuestra marcha, para hacer noche en Santa Cruz de Mudela, el espíritu de los valerosos paisanos de Valdepeñas no había decaído, y tratando de reparar los estragos de aquella sangrienta jornada, parecían capaces de repetirla al siguiente día.
De lejos y al caer de la tarde distinguíamos la columna de humo, cubriendo el cielo de vagabundas y sombrías ráfagas, y el aragonés y yo no pudimos menos de maldecir en voz alta y expresivamente al tirano invasor de España. Contra lo que esperábamos, Santorcaz no nos contestó una palabra, y seguía su camino profundamente pensativo.

martes, 20 de mayo de 2008

Más sobre Feuerbach

¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa - Y Einstein aviva el debate desde la tumba

MÓNICA SALOMONE 20/05/2008

Si usted cree en Dios o, en general, en alguna forma de ente místico, sepa que la inmensa mayoría de la humanidad está en su mismo bando. Si por el contrario no es creyente, es usted, en términos estadísticos, un raro. Si la demostración de la existencia de Dios se basara en el número de fieles, la cosa estaría clara. No es así, aunque en lo que respecta a este artículo eso es, en realidad, lo de menos. Creyentes y no creyentes están divididos por la misma pregunta: ¿Cómo pueden ellos no creer/creer (táchese lo que no corresponda)? Este texto pretende resumir las respuestas que la ciencia da a ambas preguntas.

Los físicos están pletóricos este año porque gracias al acelerador de partículas LHC, que pronto empezará a funcionar cerca de Ginebra, podrán por fin buscar una partícula fundamental que explica el origen de la masa, y a la que llaman la partícula de Dios. Los matemáticos, por su parte, tienen desde hace más de dos siglos una fórmula que relaciona cinco números esenciales en las matemáticas -entre ellos el famoso pi-, y a la que algunos, no todos, se refieren como la fórmula de Dios. Pero, apodos aparte, lo cierto es que la ciencia no se ocupa de Dios. O no de demostrar su existencia o inexistencia. Las opiniones de Einstein -expresadas en una carta recientemente subastada- valen en este terreno tanto como las de cualquiera. Sí que se pregunta la ciencia, en cambio, por qué existe la religión.


No es ni mucho menos un tema de investigación nuevo, pero ahora hay más herramientas y datos para abordarlo, y desde perspectivas más variadas. A sociólogos, antropólogos o filósofos, que tradicionalmente han estudiado el fenómeno de la religión o la religiosidad, se unen ahora biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y neurocientíficos. Incluso hay quienes usan un nuevo término: neuroteología, o neurociencia de la espiritualidad. Prueba del auge del área es que un grupo de la Universidad de Oxford acaba de recibir 2,5 millones de euros de una fundación privada para investigar durante tres años "cómo las estructuras de la mente humana determinan la expresión religiosa", explica uno de los directores del proyecto, el psicólogo evolucionista Justin Barrett, del Centro para la Antropología y la Mente de la Universidad de Oxford.

Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Sacar conclusiones es difícil, e imposible en lo que se refiere a si Dios es o no 'real'. Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. Por tanto, "no vamos a buscar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios", dice Barrett.

¿Desde cuándo es el hombre religioso? Eudald Carbonell, de la Universidad Rovira i Virgili y co-director de la excavación de Atapuerca, recuerda que "las creencias no fosilizan", pero sí pueden hacerlo los ritos de los enterramientos, por ejemplo. Así, se cree que hace unos 200.000 años Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales y que ya mostraba "atisbos de un cierto concepto tribal", ya habría tratado a sus muertos de forma distinta. De lo que no hay duda es de que desde la aparición de Homo sapiens el fenómeno religioso es un continuo. "La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid.

¿Por qué esto es así? Para Carbonell hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural". Lo que significa que la religión -o la capacidad para desarrollarla-, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. ¿Qué ventaja? "Eso ya es filosofía pura", responde Carbonell. Está dicho, las creencias no fosilizan.

Así que hagamos filosofía. O expongamos hipótesis: "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco".

Esa visión cuadra con la antropológica. La religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad en torno a principios comunes. Por cierto, ¿y si fueran esos valores, y no la religión en sí, lo que ha sido seleccionado? Curiosamente, señala Gómez Pellón, "los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad...". Tal vez no sea mensurable el valor biológico de la humildad, pero sí hay muchos modelos que estudian el altruismo y sus posibles ventajas evolutivas en diversas especies, incluida la humana.
También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad". Lo constatan quienes tratan a diario con personas próximas a situaciones extremas. "Es verdad que en la aceptación del proceso de morir las creencias pueden ayudar", señala Xavier Gómez-Batiste, cirujano oncólogo y Jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Bellvitge.


Por si fueran pocas ventajas, otros estudios sugieren que las personas religiosas se deprimen menos, tienen más autoestima e incluso "viven más", dice Barrett. "El compromiso religioso favorece el bienestar psicológico, emocional y físico. Hay evidencias de que la religión ayuda a confiar en los demás y a mantener comunidades más duraderas". La religión parece útil. Eso explica que el ser humano "sea naturalmente receptivo ante las creencias y actividades religiosas", prosigue.

Naturalmente receptivos. ¿Significa eso que estamos orgánicamente predispuestos a ser religiosos? ¿Lo está nuestro cerebro? En los últimos años varios grupos han recurrido a técnicas de imagen para estudiar el cerebro en vivo en "actitud religiosa", por así decir. "Son experimentos difíciles de diseñar porque la experiencia religiosa es muy variada", advierte Javier Cudeiro, jefe del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de Coruña. Los resultados no suelen considerarse concluyentes. Pero sí se acepta que hay áreas implicadas en la experiencia religiosa.

En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas. No es sorprendente. "Se da por hecho", explica Cudeiro; lo mismo que hay áreas implicadas en el cálculo o en el habla.

La pregunta es si esas estructuras fueron seleccionadas a lo largo de la evolución expresamente para la religión. Cudeiro no lo cree. "La experiencia religiosa se relaciona con cambios en la estructura del cerebro, y neuroquímicos, que llevan a la aparición de la autoconciencia, el lenguaje... cambios que permiten procesos cognitivos complejos; no son para una función específica". O sea que la religión bien podría ser, como dice Carbonell, un efecto secundario de la inteligencia.

Otros estudios de neuroteología han estudiado el cerebro de monjas mientras evocaban la sensación de unión con Dios, y de monjes meditando. Uno de los autores de estos trabajos, Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, aspira incluso a poder generar en no creyentes la misma sensación mística de los creyentes, a la que se atribuyen tantos efectos beneficiosos: "Si supiéramos cómo alterar [con fármacos o estimulación eléctrica] estas funciones del cerebro, podríamos ayudar a la gente a alcanzar los estados espirituales usando un dispositivo que estimule el cerebro ", ha declarado Beauregard a la revista Scientific American.

Lo expuesto en este texto sugiere que la cuestión no es tanto por qué existe la religión, sino por qué existe el ateísmo. Con todas las ventajas de la religión, ¿por qué hay gente atea? "El ateísmo actual es un fenómeno nuevo y queremos investigarlo, sí", dice Barrett por teléfono. ¿Tiene que ver con el avance de la ciencia, capaz de dar al menos algunas de esas tan buscadas respuestas? Varios estudios indican que, en efecto, los científicos son menos religiosos que la media. Pero hay excepciones; los matemáticos y los físicos, en especial los que se dedican al estudio del origen del universo -¡precisamente!-, tienden a ser más religiosos. No hay consenso sobre si un mayor grado de educación, o de cociente intelectual, hace ser menos religioso. "El ser religioso o no seguramente depende de muchos factores que aún no conocemos", dice Barrett.
"Las supersticiones más infantiles"

Las opiniones de Albert Einstein sobre el hecho religioso han sido objeto de polémica entre los expertos. Una carta inédita que remitió al filósofo Eric Gutkind en 1954 muestra ahora al genio más escéptico. Los siguientes son extractos de la misiva, publicada por The Guardian.(...) "La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso (para mí). Tales interpretaciones sutiles son muy variadas en naturaleza, y no tienen prácticamente nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que me alegro de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene ninguna cualidad diferente, para mí, a las de los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, si bien están protegidos de los peores cánceres porque no poseen ningún poder. Aparte de eso, no puedo ver que tengan nada de escogidos.Me duele que usted reivindique una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo, como hombre, y otro interno, como judío. Como hombre reivindica, por así decir, estar exento de una causalidad que por lo demás acepta, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció de manera incisiva, seguramente antes que nadie. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros sólo podemos alcanzar a engañarnos (...) a nosotros mismos, pero nuestros esfuerzos morales no salen beneficiados. Al contrario (...)".

domingo, 18 de mayo de 2008

Ángel González

Uno de los primeros poetas que yo leí y que me gustó leer:

Un caballero, un perdedor, un poeta

Homenaje en Alcorcón a Ángel González, con canciones de Pedro Guerra


JUAN CRUZ - Madrid - 18/05/2008

Con lo que se dijo anoche -y con lo que se cantó- del poeta Ángel González en Alcorcón se podría hacer un poema, una biografía, una reivindicación de la melancolía y de la alegría del escritor asturiano que murió en Madrid el último 12 de enero.

Fue en la Feria del Libro de Alcorcón, en un acto que organizó Arabella Siles y que en algún momento pareció hacer honor a lo que Benjamín dijo que eran él y sus acompañantes con respecto a Ángel González.

La familia postiza y la familia verdadera, la legal y querida por él, porque esa mesa en ele que formó Arabella Siles ante un auditorio nutridísimo estaba presidida por Susana Rivera, la mujer de Ángel, el sujeto de numerosos de sus poemas, la mujer que durante treinta años tuvo (lo dijo ella) "el privilegio" de ser su compañera.
Susana Rivera habló después de que Javier Rioyo proyectara un documental en el que pueden verse todas las facetas de Ángel, el hombre saludable y feliz de los ochenta, el hombre aún alegre y melancólico de los noventa, y este hombre final que agarró en un puñado todos los sentimientos y se dispuso a esperar el final como si fuera el último verso de su melancolía.


Ella asistó a ese final, pero vivió también todos los momentos, los felices y los trágicos, y supo por él la razón de su melancolía. "Soy una persona privilegiada". Vio al poeta "morder la vida", le acompañó "por el acariciado mundo", y supo de su amor, claro que supo, por ella y por la vida.


Y no fue tan melancólico siempre. Dijo Almudena Grandes, que le alegró muchas tardes y muchas noches con sus comidas y también con sus bebidas, que fue un perdedor, eso está claro en su biografía, "pero fue uno de los hombres más juveniles que conocí en mi vida". Contó Almudena una muy bella anécdota, que está, además, en uno de sus cuentos. Le preguntaron a Ángel en Estados Unidos la razón por la que, en un momento de su vida, decidió dejarse uno de esos bigotitos que parecían franquistas, además en tiempos de Franco. "No, qué va, yo no quería que fuera un bigotito franquista. Quería parecerme a Cary Grant". Y alguién en el auditorio susurró, en aquella ocasión norteamericana: "Pues no lo consiguió".


Fue un niño de la guerra; vio vaciarse el cerebro de su maestro de música; contempló (y todo esto lo contó Luis García Montero, su amigo, su biógrafo) cómo un hermano fue perseguido y otro asesinado por los nacionales, vio cómo perseguían a su madre y la desposeían de su capacidad para ser maestra, y todo eso fue metiéndole en el alma el poso de tristeza que ahora se le recuerda.


Julio Llamazares dijo que Ángel, que fue amigo suyo también, "era un hombre muy triste que lo disimulaba todo el rato", y melancólico y solitario, "un solitario que no sabía estar solo, así que era el último que se iba de los bares? Era muchos ángeles Ángel".


Muchos ángeles. Cuando áun era un maestro, al final de la guerra civil, en los cuarenta, se fue a Primoud, un pueblo del confín de León donde aún no había ni luz eléctrica. Y se fue de maestro. Julio recordó una anécdota que el propio Ángel contó en televisión. Cuando se iba de Primoud el alcalde del sitio le acompañó a la carretera, y Ángel le dijo:


-Volveré.
El alcalde lo miró. Y le dijo:
-Usted no volverá nunca. A Primoud no vuelve nadie nunca.


Sería triste, dijo Benjamín Prado, "pero era más elegante que su ropa y tenía la sonrisa más bonita que conozco". Era especial, tan apacible en casa, cuando era un invitado, "y con tanto coraje para la poesía". "Lo que más le importaba", dijo Prado, "era Susana", y él era "el pegamento que nos juntaba a todos".


Su poesía, dijo Manuel Rico, crítico, poeta y editor, "está entre las poesías que nos ayudan a cambiar la forma de ver el mundo"; su experiencia de "niño de la guerra" marcó esa forma de contemplar lo que pasa; Luis García Montero fue el encargado de decir las últimas palabras, y éstas fueron biográficas, declinaron el pesar de Ángel en sus primeros años, y explicaron por qué "su poesía negocia con el pesimismo": Su manera de ver la vida está en un título, Sin esperanza, con convecimiento? Y su actitud nace de ese periodo y de la experiencia de leer primero a Juan Ramón y luego a Antonio Machado, a cuyas actitudes terminó pareciéndose?

Para explicar todo eso García Montero terminó leyendo su propio poema Colliure, en el que Ángel aparece poniendo "sus pies heridos en la historia", durante una nueva visita a la tumba de Machado, su maestro de vida, su maestro.


Nathalie Seseña, la actriz, leyó unos poemas, algunos de los cuales son nuevos. Estaban en el ordenador de Ángel, que Susana, asistida por Bernardo Marín, redactor de ELPAÍS.com, logró extraer, y que ahora serán el libro Nada grave, editado en seguida por Visor en su colección Palabra de Honor.

Pedro Guerra clausuró el homenaje con un emocionanente concierto, muchas de cuyas canciones proceden de su aventura con el poeta; él hizo con Ángel hace algunos años una gira que se llamó La palabra en el aire, que al poeta llenó de entusiasmo y que al cantante y escritor le resulta ahora tan emotiva como inolvidable

Guerras

Andrés Casinello: "Toda la vida se ha hablado con ETA, unos y otros, porque me parecería absurdo que no se hiciera. Es una obligación. La paz hay que buscarla siempre, no a cualquier precio, pero hay que buscarla. Había por ahí un folleto muy curioso de las guerras carlistas que explicaba que lo habían probado todo: a encarcelarlos, a amnistiarlos, a mantener sus graduaciones militares y esto sigue, decía. Hay que seguir probando."

Las Coplas de la Virgen de Alarcos

El día de la Virgen de Alarcos sonó un cantar que emocionó a la concurrencia. Incluso la alcaldesa se emocionó. Algunos incluso lloraban. Los autores de esos versos fuimos dos, un servidor y Marcelino, el marido de la Manoli. La emoción, la inspiración, el mérito de la obra cupieron a éste, a un servidor sólo la técnica y el trabajo; fui algo así como el apuntador de su fe; pero ¡saber que gustaron me emocionó a mí también, más que ganar el premio Nobel! Como dijo Manuel Machado,

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.


No es la primera vez que escribo coplas populares; por ahí ruedan diversas nanas e incluso una saeta. Y estos poemas ya no son míos: no guardo copia de ellos, y ya son del pueblo. Él los ha escrito y en él viven.

Otra ocupación parecida, pero menos satisfactoria, es la de negro, que me pone negro a mí también. Por una parte soy negro voluntario: escribo cientos de artículos anónimos de Wikipedia para que los alumnos puedan encontrar información de calidad sobre lengua y literatura; por otro soy negro literario, muy tonto porque no cobro nada: hay algunos que ganaron concursos literarios con mis escritos y luego ni me invitan a un café, aprovechándose de la amistad y el trato; una variante es la del vago que no quiere estudiar y me pide a mí que le haga un trabajo; así he hecho trabajos de filología, sociología, derecho, arte e historia ¿y qué coño sé yo de estas materias? Se aprovechan de mi vanidad, de mi insaciable curiosidad y de mi deseo de saber e investigar. Además soy el negro oficial de mi mujer; ella redacta borradores que son perfectos de ejecución y ya bastan por sí mismos, pero siempre exige que les dé yo una lima, le apaladine el sentido y le condense la sintaxis. El resultado maravilla tanto que los demás recurren a mí a través de ella y me ocupan tanto el tiempo que muy bien podría montar una gestoría. ¿Es que nadie sabe escribir en este pueblo? ¿Nadie sabe siquiera redactar salvo mi mujer y yo? No sé si es por mis conocimientos de retórica, el caso es que una carta que escribamos entre yo y mi mujer hace estragos y consigue sus propósitos sin excepción y deja a todo el mundo "con la boca abrida". Ya ni sé cuántos escritos habré elaborado y corregido, muchos son actas, discursos (políticos incluso), cartas, instancias, documentos, reclamaciones, oficios, circulares, protestas, informes y demás. Hasta ahora es gratuito, pero voy a poner una tienda de prosa y se van a enterar... Que necesito tiempo para corregir exámenes.

sábado, 17 de mayo de 2008

El Público

No suelo ir a ninguna parte, ni siquiera a disfrutar de algún espectáculo, porque necesito tiempo para no hacer nada y cuando no hago nada siempre me ocupa y entretiene la morbosa contemplación de mi propio ombligo. Acaso es porque nadie se lo mira más que uno. Es vergonzoso. Uno debería hacer strip-tease de uno mismo, como Juan Ramón Jiménez, quien, por demás, era un hiperestésico y antipático hasta la médula, salvo con las mujeres. El problema es encontrar un público narcisista que se reconozca en las fealdades y manías de uno mismo, o las disfrute en vez de reírse de ellas. Y para disfrutar, lo primero que tiene que haber es una mesa de tapas bien servida.

¿Qué es el público y dónde se le encuentra?, titulaba Larra. Añado yo ¿se le necesita o no? ¿Y para qué? Platón decía que el motor de la historia es el timos, el reconocimiento según Hegel y su exegeta moderno, Kojève; Aristóteles decía que el hombre era un ser social, esto es, político, que vive en manadas o polis. Necesitamos a los otros, aunque tengamos con ellos un tira y afloja que expresó Sartre al decir que l'enfer sont les autres (el infierno son los demás) en Hui-clos. Incluso el más anacoreta y misántropo ha de bajarse alguna vez de su columna de Simón del desierto para verificar que está en lo cierto, esto es, reafirmarse frente a la duda que nos forma como individuos, ya que el que no duda no es verdaderamente un ser humano consciente. El único consuelo que hay en la muerte es encontrarse en compañía de quien uno ama, no morir solo, como lo expresó bien Jorge Manrique: eso es una reafirmación del yo justo cuando el yo va concluir, se va a concluir, se va a cerrar la función en el teatro de la vida, en el que sólo nos dan la posibilidad de interpretar el papel, pero no de escribir la obra, y sobre todo su final, que ya está escrito y es siempre el mismo. "Los hombres mueren y no son felices", resumía el Calígula de Camus. Morirse es la última soledad: la de no estar ni siquiera con uno mismo.

¿Es esto una comedia, como querían Aristófanes y Demócrito? ¿Una tragedia, como pretendían Heráclito, Sócrates y Calderón? ¿Un drama, como sostenía Cervantes? ¿Una farsa, como creían Ben Johnson y John Webster?, ¿un "trágico sainete", como definía Bécquer?

Mi mujer dice que soy seco y cortante. Se debe a mi naturaleza por entero reflexiva. Soy frío como un pez o, por mejor decir, en mí la reflexión está estrechamente ligada a la pasión. Son casi lo mismo. Soy tan curioso que casi enfermo de curiosidad. Me lo cuestiono todo e incluso a mí mismo; todo lo desmenuzo y recompongo continuamente y nunca estoy satisfecho con la cara que le sale. Eso me provoca una gran timidez, que algunos toman por altivez, cuando es sólo un exceso de sensibilidad, de sentimiento de estar metiendo la pata, de inconformismo patológico; después de caer bien, de inmediato presupongo que estoy molestando, sobrando o perjudicando, y me aparto cuidadosamente dejando a la gente cortada. Quizá el hecho de no verbalizarlo me hace aparecer así. Hay algo en los demás que al cabo de cinco minutos me pone nervioso; es como si oteara un abismo o percibiera algo tenebroso. Mi modo de razonar y de comprometerme es como el del taladro: la espiral perforadora del número áureo. Eso causa daño, por lo cual me retiro antes de causar pupa. No quiero marear ni confundir a nadie.


Mis hijas se hicieron a sí mismas un test de percepción extrasensorial; ellas dieron normales, lo que las desencantó, pues se consideraban unas auténticas pitonisas, aunque para mí siempre serán unas brujillas; luego me lo hicieron a mí; yo, para sorpresa suya y mía, yo, que no quería someterme al test y que tenía absolutamente asumido ser incluso negativo para que se manifesen cosas psíquicas, resulté ser un pedazo de Merlín; según ese test, que consistía en la medición estadística de adivinación de colores y formas, poseo un índice de precognición superior a la media y puedo equivocarme menos al conocer cosas sin verlas, así como al anticiparlas.

Si es así, nada hay tan vulgar y poco extrarodinario en sus manifestaciones, por más que alguna vez haya percibido, o más bien haya creído percibir, sin usar sentidos externos. Fuera de mí la vanidad de tomar las causas por efectos y los efectos por causas, y de engañarme con el deseo de autoengañarse que vanidosamente todos poseemos y que tan bien explotan magos, timadores, agoreros, adivinos y echadores de cartas, prevaliéndose del prejuicio cognitivo conocido como Efecto Forer o Barnum, reforzado por estos tres indicadores:

1. El sujeto cree que el análisis se aplica sólo a él .
2. El sujeto cree en la autoridad del evaluador .
3. El análisis enumera mayormente atributos positivos .

Si percibí, o creí percibir, fue de una manera que no es física, ya que no es una voz, ni una imagen. Es algo dictado por una experiencia inconcreta, una necesidad, una consecuencia de algo, una presión. La superstición se manifiesta cuando uno nota de repente la necesidad imperiosa, ineludible, autoritaria, agobiante, de decir algo por precaución, como si viera algo peligroso sin verlo que luego sucede a continuación, rápido como el rayo. Parece como que aquí se tomara un juicio a posteriori como si fuera a priori para justificar algo que no pretendía justificar nunca, fraguando una inconsecuencia lógica, pues. Con las personas es lo mismo. Al cabo de hablar un rato con ellas noto zozobra, como si me hubiera pinchado con la espina de una rosa o alguien me hubiera susurrado a la oreja algo incómodo o ponzoñoso o agresivo. Con las simpatías me pasa igual: no puedo explicarlas, enseguida siento cuando alguien es bueno, es malo o está equivocado, cuando algo está en onda o no lo está, cuando tengo que hablar con alguien para animarlo o cuando no. Quizá eso emana de la estructura de automatismos de la conciencia, tal como se ha ido forjando en el pulso entre la experiencia y la genética, o de cómo te hayas levantado por la mañana, después de todo. Y, después de todo, la conciencia no dicta sino una parte muy pequeña de nuestros actos. Curiosamente, la gente triste o con problemas psicológicos me busca (o yo la buscaría a ella, lo que es más inquietante), y suele abandonarme bastante mejor de lo que estaba; les cargo las pilas, no sé por qué (acaso porque los chalados nos apoyamos unos a otros); toman mi frialdad por seguridad y eso les hace sentir confortables, como si fuera calidez; con la gente rara me sucede igual. Notan algo en mí que les gratifica y les conforta; les sirvo de paraguas. Un teólogo diría que eso es la gracia santificante; el amor de Cristo; ¡majaderías! Creo que es porque no les juzgo (y es verdad), sino que trato de entenderlos y eso les hace sentir normales. Los instalo en la normalidad explicándoles sus follones y quitándoles enteramente su importancia, conectando su locura a las anclas que las hacen lógicas y consecuentes. Quizá porque de esa manera he sobrevivido a mi propia locura o a la locura que creo he podido tener o tengo, que pudiera muy bien llamarse normalidad en algunos sitios. Eso es bueno, sea divino o humano, que da lo mismo. Un descreído como yo nunca se habría creído esto, pero hace unos meses vengo reflexionando sobre ello y empiezo a dudar. La prueba me la han dado las variaciones estadísticas del test a que me han sometido mis hijas. De momento, dejo esta supuesta precognición mía entre paréntesis; no me la creo, no me la he creído ni me la creeré hasta que tenga más evidencias y, desde luego, ¡no me sirve para adivinar números de lotería primitiva, ja!


Quizá esta oscura intuición es meramente la presión creativa de mi conciencia. La mera inspiración nacida de los mares del caos. El contar, como tantos otros, con esa voz que susurra en mi conciencia y no utiliza palabras para comunicarse, pero que tampoco es una música, ese son o ritmo que yo suelo revestir con palabras tomándolo por inspiración poética, que a Rubén Darío le hacía creer en otros mundos y reencarnaciones, explica que la realidad sea para mí tan confusa y que desde mi niñez haya reaccionado contra ella volviéndome hiperlógico, hiperracional, hiperdescreído. Eso me tranquilizaba. Pero esa voz negra está ahí, viniendo de no sé dónde, disfrazándose y a veces confundiéndose con la realidad y con la inspiración, sin tener absolutamente nada en común con ellas. Sólo sé una cosa: esa voz no soy yo mismo. Acaso es una parte desconocida de mi mismo, pero no soy yo. De algún modo se identifica con la desgracia que evita, y por eso siempre he sentido miedo de saber que es útil. Aunque sólo sea para escribir poesía o interpretar la de otros.

Altermundismo y Responsabilidad Social Corporativa

Pere Rusiñol, "Activismo en los púlpitos del poder económico. Las ONG reúnen títulos para defender sus ideas en las juntas de accionistas. Las multinacionales, obligadas a prestar atención", El País, 17/05/2008:

"Repsol no respeta derechos básicos internacionalmente reconocidos a las poblaciones indígenas". Cuando el pasado miércoles Isabel Tamarit, de Intermon Oxfam, desgranaba con guante de seda en puño de hierro sus quejas sobre la actuación de la multinacional española en América Latina, no tenía delante al hatajo de convencidos habituales en plena performance contra la compañía. Casi todos los que la escucharon sin pestañear llevaban corbata y estaban reunidos para celebrar que Repsol YPF tuvo el año pasado un beneficio récord de 3.188 millones de euros. El escenario era nada menos que la junta de accionistas, con su presidente, Antonio Brufau, al frente.

Cuatro fondos de EE UU cedieron su voz a Intermon en la petrolera española
Las organizaciones denuncian la explotación laboral y el tráfico de armas
"Ya no se puede ir por la vida sin contar con los de enfrente", dicen desde Repsol


"El peligro es que nos usen para legitimarse", alerta un activistaNo hubo aplausos, pero Brufau dijo que tomaba nota y todos se vieron obligados a escuchar los reproches de la ONG porque hablaba en nombre de cuatro fondos de inversión y 900.000 acciones. El llamado activismo accionarial -infiltrarse en el seno de la compañía para que no se pisoteen derechos humanos, sociales o ambientales- se consolida en España y todo indica que va a hacerse habitual en las grandes empresas. La corriente mundial en favor de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) presiona además a las compañías a mostrarse sensibles hacia estas inquietudes.

En marzo, las ONG Justicia y Paz y Setem tomaron la junta del BBVA y le afearon las inversiones en el sector armamentístico, además de proyectos controvertidos en América Latina. Setem es un clásico de las juntas: dispone de 120 acciones de Inditex y 10 de Adolfo Domínguez, lo que le permite hablar cada año ante sus máximos ejecutivos.

¿Sirve de algo o se trata de un diálogo de sordos? "No tienen más remedio que escuchar porque no era sólo una ONG quien hablaba, sino que teníamos la fuerza que dan 900.000 acciones", explica Tamarit, responsable del programa del Sector Privado de Intermon Oxfam, que antes de dar el salto al mundo de las ONG fue durante siete años ejecutiva de una multinacional. Intermon no compró ninguna acción, pero pudo hablar en la junta al contar con el aval de 81.000 títulos españoles y cuatro fondos estadounidenses, entre ellos el Boston Common Assets. El discurso -intervinieron dos personas de Intermon- tuvo que ser necesariamente breve, eso sí: 900.000 acciones dan derecho a hablar, pero su influencia real es muy limitada al representar apenas el 0,06% del capital social.

Pese a ello, Tamarit está satisfecha con la experiencia y convencida de su utilidad. Brufau no sólo tomó nota, sino que Repsol ya se comprometió luego a debatir con la ONG una declaración sobre principios y derechos de los pueblos indígenas, cuyo borrador la ONG tacha de "vago e impreciso". Éste fue el motivo de la intervención: tratar de convencer a la multinacional para que apruebe unas normas de conducta que respeten a los pueblos indígenas en los lugares donde explotan pozos de petróleo, particularmente en Perú.

Hace años que Intermon Oxfam presiona en vano para obligar a Repsol YPF a tomarse en serio los derechos de los indígenas. Del año pasado es un informe de 55 páginas titulado Pueblo sin derechos. La responsabilidad de Repsol YPF en la Amazonia peruana. El documento da la voz a los afectados, que se expresan de forma muy rotunda: "No logramos nada de beneficio de Repsol. Dañaron el bosque y no nos han compensado. Siempre decían que lo veríamos en la siguiente reunión y nunca nos dieron nada", explica el jefe de una de las comunidades en cuyas tierras hubo prospecciones.

"Nos parece estupendo que Intermon Oxfam haya intervenido en la junta", explica Marisol García Bango, responsable del Departamento de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de Repsol YPF, quien añade: "La colaboración es necesaria; empresas y ONG ya no nos vemos como enemigos". García Bango está convencida de que su empresa es una de las más respetuosas en su sector, pero admite que queda mucho por mejorar y que no puede dar la espalda a los movimientos sociales: "Ya no se puede ir por la vida sin contar con los de enfrente, aunque estés convencido de que lo haces bien".

El activismo accionarial lleva décadas de recorrido, sobre todo en el mundo anglosajón. En España es más reciente, pero suma ya siete años de vida. Lo importó Setem, la ONG que más lo ha practicado y que en 2001 sorprendió a todos adquiriendo 120 acciones -hay 630 millones- de Inditex, la exitosa multinacional española de la moda.

Desde entonces acuden siempre a la junta de accionistas para reclamar mayor compromiso social. Al principio chocó, pero siete años después tanto la empresa como la ONG esbozan un balance positivo. "Estamos encantados, el clima es de gran cordialidad y un pilar estratégico de la empresa es precisamente la responsabilidad social", subrayan fuentes de Inditex. Annie Yumi Joh, responsable de campañas de Setem, se muestra menos eufórica y recalca que aún hay mucho por mejorar, pero está convencida de que la insistencia de la ONG ha contribuido a avanzar. "Tenemos una pata dentro y otra pata fuera, pero nuestro tono siempre es constructivo para ser más efectivos", explica Yumi Joh.

"Antes de 2001 Inditex ni siquiera tenía departamento de RSC", apunta Yumi Joh, "y ahora está muy activa en este campo, hasta el punto de que se unió a la Ethical Trade Initiative, organismo independiente con el objetivo de promover y mejorar los códigos de conducta en las cadenas de producción". El sector textil es uno de los más fiscalizados por las ONG para evitar cadenas inextricables de subcontrataciones que pueden culminar en condiciones de semiesclavitud en algún rincón perdido del mundo.

Setem ha comprado también acciones de Adolfo Domínguez, logró intervenir en la junta del BBVA -grupos de accionistas les cedieron su turno- y se plantea llevar la estrategia a otras empresas de los sectores textil y financiero, que juzgan prioritarios. Los objetivos, añade Yumi Joh, son dobles: "De un lado, dar voz a asuntos como derechos humanos y laborales. Del otro, sensibilizar a los accionistas de que una mala imagen puede perjudicar a la organización".

"Que las ONG entren en las juntas de accionistas es una herramienta que se ha comprobado efectiva, siempre que esté acompañada de otras formas de presión", opina Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade. Carreras acumula raudales de experiencia tras años al frente de Intermon Oxfam empujando para romper la barrera hasta hace poco inexpugnable entre ONG y empresas. "Al principio, las empresas suelen sentirse atacadas injustamente, pero se pone el dedo en la llaga y se acaba avanzando en temas no resueltos, aunque a largo plazo", explica. Según Carreras, las juntas de accionistas son una magnífica plataforma porque "dan mucha visibilidad y el presidente escuchará de primera mano críticas que raramente le habían llegado antes directamente".


Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que agrupa a ONG, sindicatos y organizaciones de consumidores, alaba las iniciativas de activismo accionarial, pero recalca también sus limitaciones: "Las empresas multinacionales son cada vez más poderosas y el peso de la fiscalización social no puede recaer sólo en las ONG porque no dan abasto". A su juicio, la clave está en los organismos supranacionales, como la Unión Europea y Naciones Unidas, que "deberían establecer un marco de obligado cumplimiento para todos y crear instrumentos que permitan verificar que se respetan".

Tanto la ONU como la UE han impulsado iniciativas para que la RSC se integre en el conjunto de la política de la empresa y no sea mero maquillaje, así como para forzar cierto nivel de rendición de cuentas. Pero se trata siempre de iniciativas voluntarias que, por tanto, comprometen poco. Un ejemplo: la iniciativa Global Compact de la ONU, que establece algunos estándares básicos de actuación empresarial, tiene la adhesión de 3.000 empresas. Parece un gran éxito, pero adherirse a ella sale casi gratis y entre los firmantes hay algunas de las compañías que más se encuentran en el punto de mira de las ONG, como PetroChina.

El Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), vinculado a la Universidad Politécnica de Cataluña, es aún más pesimista. Jesús Carrión, responsable del programa de "monitoreo de transnacionales", recuerda que su organización ya intervino en la junta de Repsol YPF de 2006 y que ya entonces Brufau tomó nota. "No sirvió de nada; fue todo papel mojado", concluye.

Carrión se muestra muy crítico con los programas de RSC de las multinacionales españolas, a los que se refiere como "irresponsabilidad social corporativa". "Hacen pequeños donativos y tienen gran capacidad mediática para rentabilizarlos como publicidad mientras siguen adelante con programas que destrozan comunidades y territorios".


El ODG considera más útil participar en las contracumbres, como la que se realiza estos días con motivo en la reunión UE- América Latina, aunque sea a costa de romper puentes con las empresas y dejar de ser interlocutores para ellas. "El peligro es que las grandes empresas utilicen a las ONG para legitimarse", apunta. Su análisis le da la vuelta a la toma de las juntas de accionistas por parte de las ONG. Más bien serían las grandes empresas las que estarían tomando las ONG con la añagaza del dinero para la responsabilidad social corporativa.

Objetivo: las grandes marcas


Nike vivió hace unos años como una auténtica pesadilla la Campaña Ropa Limpia, que eligió a la multinacional estadounidense como símbolo de la explotación en el sector textil. La imagen era muy potente: trabajadores que percibían sueldos de miseria en el Tercer Mundo -muchos de ellos niños- fabricaban las zapatillas que lucían estrellas deportivas con salarios astronómicos.Nike respondió al principio con desdén y trató de ignorar la campaña, pero la red se hizo mundial y la información circuló tanto que la empresa se vio obligada a recular en algunos aspectos y, sobre todo, a buscar el diálogo con las organizaciones sociales. Pocas veces se ha visto una marca tan potente contra las cuerdas ante una campaña de las ONG."Las empresas más consolidadas, las que tienen una imagen de marca fuerte, son las más susceptibles de ser tomadas como símbolos por las ONG", explica Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, quien señala especialmente al sector textil: "Es el más sensible porque suelen vender estilos de vida a través de las marcas y por tanto deben vigilar como nadie su reputación"."Nike deslocalizó en cien países más de 1.000 centros de producción, y no se hacía responsable de lo que sucedía en los últimos eslabones de la cadena. La presión le ha obligado a ir asumiendo responsabilidades y aceptar códigos de conducta, aunque todavía quede mucho por hacer", explica Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade.La Campaña Ropa Limpia (www.ropalimpia.org) sigue vigente y fiscaliza ya no sólo a Nike, sino a las principales marcas deportivas y de moda, que operan todas con mecanismos similares.La presión de las ONG va concentrándose ahora sobre Adidas, otro gigante. No tanto por el proceso de producción de sus productos -no difiere demasiado de sus competidores- como por su papel de patrocinador de los Juegos Olímpicos de Pekín.Los grandes patrocinadores de los Juegos -Coca-Cola, General Electric, Johnson & Johnson, Kodak, McDonald's, Samsung...- están en el punto de mira de las ONG por colaborar con un régimen que no respeta los derechos humanos. El gran objetivo de Adidas es desplazar a Nike como número uno en el gigante asiático. Pero se arriesga a sustituirlo también como la bestia negra de las ONG.

viernes, 16 de mayo de 2008

Catálogos de gente necesaria

Se ve que son los que arreglan cuerpos de seres humanos o de máquinas o nos llevan de un lado a otro:

Entrenadores, deportistas profesionales, médicos, enfermeros, ingenieros, personal de barco, conductores profesionales o mecánicos son algunos de los trabajos que se ofertan en el Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura del segundo trimestre de 2008.

Este listado, que publican los Servicios Públicos de Empleo, es una recopilación de profesiones con demanda en el mercado laboral que sirve de base para encauzar la llegada de trabajadores extranjeros.


En conjunto, los perfiles que más se demandan, y que vuelven a repetir como los más solicitados, son los de entrenador y deportista profesional.


Le siguen los de médico, enfermero, ingeniero, mecánico, operador o personal técnico y de servicio para barcos (maquinista, piloto de buque mercante, sobrecargo, marinero, mozo de cubierta, camarero o mayordomo).

También existe demanda de peones agrícolas, forestales, de minas o de excavaciones arqueológicas.


En Zaragoza, donde este año se celebra la Exposición Internacional, se requieren instaladores de calefacción y aire acondicionado, montadores de carpintería, marmolistas o cristaleros de edificios, entre otros.
Técnicos en instalaciones y líneas eléctricas, en frío industrial y en mantenimiento de instalaciones hoteleras, también son solicitados en numerosas provincias.
El Catálogo contiene las ocupaciones en las que los Servicios Públicos de Empleo tienen dificultades para gestionar las ofertas que los empleadores les presentan.
El catálogo tiene carácter trimestral y su vigencia abarca desde el primer hasta el último día laborable del trimestre natural siguiente al de su publicación
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Los hijos que no tuvo Madonna se ocultan en las cloacas


Los budistas piensan que adoptar los niños que los demás no quieren es moralmente superior a educar los propios hijos. Pero muchos que no son budistas no lo hacen por eso, sino por dar coba, por quedar bien, por vergüenza, como hace Madonna, a quien muchos atribuyen no tenerla y que adopta niños negros de Malawi después de haber abortado once veces seguidas en sus tiempos de follatriz sin condón y sin conciencia (es leyenda urbana; según J. Randy Taraborrelli, Madonna, una biografía no autorizada, fueron cinco demostrados, dos de ellos naturales), por lo que, para reinventarse cual ave fénix, después de haberse quemado en ese papel y haber preferido vender ciento veinte millones de discos a tener tres hijos, escribe un libro de cuentos para niños, descubre que la conciencia vende y consigue, puede que con sobornos, que Malawi ignore sus propias leyes sobre adopción permitiendo que lo hagan extranjeros, mientras que otros, más preocupados padres, como muchos que yo conozco, estériles y sin dinero, al contrario que Madonna, o a quienes ya se les ha pasado el arroz, tienen que quedarse sin niños o buscar niños de pésima calidad, con taras físicas y psíquicas, retrasos cognitivos y demás. Es un tipo de caridad muy protestante:

El señor don Juan de Robres,
con caridad sin igual,
hizo hacer este hospital...
y también hizo los pobres.

Madonna, que se identificaba con Marilyn, esa pobre mujer despreciada y auto despreciada que nunca pudo ser madre por esterilidad, se puso un nombre falso, como todos los del espectáculo, que le va bien poco. No es una matrona, y sí más bien una estricta gobernanta. No estoy diciendo que Madonna haya abortado por motivos estéticos, como la gimnástica y neumática Pamela Anderson, que se veía gorda y con mala figura para rellenar el bañador de vigilante de la playa, ya que su cuerpo era más ella que ella misma; más bien creo que abortaría porque no tener tiempo en ocuparse de asuntos tan largos e incómodos y por tener que pensar en su carrera, que es lo que va con su carácter, pues, por ejemplo, podía haber dado sus abortos en adopción. Pero eso de dar en adopción no es algo que sea apropiado para una estrella, porque queda horrible en sociedad y aún más feo en los de la sociopatía. No creo que Madonna adopte niños de baja calidad, porque es demasiado soberbia para ello, pero niños negros o chinos sí, que es bueno para su carrera; veremos qué tal los educa; espero que no les enseñe su manera de pensar, que me da escalofríos; el mundo sería bastante peor, que ya lo es, si hubiera más gente como Madonna. Menos hipócritas e incluso simpáticos me parecen Angelina Jolie o Nikole Kidman, que tienen conciencia social, un historial de humildad y buen corazón y una trayectoria respetuosa con las leyes, incluso si se trata de la heterodoxa Jolie. Pero la gente no cambia fácilmente; Jesucristo opinaba que sí, que la gente puede cambiar; los paganos que no, que la gente no cambia. Yo creo que el "cambio" que tanto prometen los políticos y los religiosos es posible, pero cuesta mucho tiempo y es fruto de mucho tesón; podemos cambiar nuestra naturaleza, pero eso exige una disciplina inmensa. También hay gente que se equivoca, que "está ciega", como decía San Pablo y "ahora ve". Esa gente, en realidad, no cambia, sino que se reafirma o se desvela. En ese caso, los paganos -como por otra parte era San Pablo antes de su conversión- tenían razón. ¿Será Madonna uno de ellos?

La verdad y los políticos, o Una relación difícil

¿Está justificada la mentira en política?

El País, HANS KÜNG 15/05/2008

Una pregunta ética fundamental para el sucesor del presidente estadounidense George W. Bush es ésta: ¿Debe mentir un presidente? ¿Hay alguna circunstancia en la que la mentira esté justificada?

El ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger no tiene problemas para justificar las mentiras. Kissinger opina que el Estado -y, por consiguiente, el estadista- tiene una moral diferente a la del ciudadano corriente. Lo demostró en la práctica durante sus años en el Gobierno de Nixon y luego defendió esta opinión en su libro de 1994, Diplomacy, en el que menciona a figuras históricas que admira: entre otros, Richelieu, Metternich, Bismarck y Theodore Roosevelt.


Cuando le dije en una ocasión que esa visión del ejercicio del poder político me parecía inaceptable, él replicó, no sin ironía, que el teólogo ve las cosas "desde arriba" y el estadista "desde abajo".

Le hice esa misma pregunta sobre la mentira y la moral política a un buen amigo de los dos, el ex canciller de Alemania Federal Helmut Schmidt, cuando pronunció una conferencia sobre ética mundial en la universidad de Tubinga en 2007: "Henry Kissinger dice que el Estado posee una moral distinta de la del individuo, la vieja tradición desde Maquiavelo. ¿Es verdad que el político que se ocupa de asuntos exteriores debe atenerse a una moral especial?".

Schmidt me respondió: "Estoy firmemente convencido de que no existe una moral distinta para el político, ni siquiera el político que se ocupa de asuntos exteriores. Muchos políticos de la Europa del siglo XIX creían lo contrario. Quizá Henry sigue viviendo en el siglo XIX, no sé. Tampoco sé si hoy seguiría defendiendo ese punto de vista".

Por lo visto, sí. Al recomendar, hace poco, más participación militar en las guerras de Irak y Afganistán, Kissinger ha demostrado que sigue siendo un político que piensa desde el punto de vista del poder y en la tradición de Maquiavelo. Aunque por otro lado, ha dicho que está en favor del desarme nuclear total. ¿Es una contradicción o un signo de la sabiduría que da la edad?
En las reuniones del Consejo Interacción de ex jefes de Estado y de Gobierno, del que soy asesor académico, se discuten problemas de ética. Recuerdo que en 1997 no hubo ninguna cuestión relacionada con la Declaración Universal de las Responsabilidades Humanas del consejo que se debatiera con tanta intensidad como la de "¿No mentir?". El artículo 12 de la declaración trata sobre la veracidad, y dice: "Nadie, por importante o poderoso que sea, debe mentir". Sin embargo, inmediatamente sigue una puntualización: "El derecho a la intimidad y a la confidencialidad personal y profesional debe ser respetado. Nadie está obligado a decir toda la verdad constantemente a todo el mundo". Es decir, por mucho que amemos la verdad, no debemos ser fanáticos de la verdad.


Pero no exageremos. Los políticos también son seres humanos, e incluso una persona veraz puede mentir cuando se encuentra en una situación difícil. No hablo de las mentiras que se cuentan por diversión ni de las mentiras piadosas, sino de las mentiras deliberadas. Una mentira es una afirmación que no coincide con la opinión de la persona que la hace y que pretende engañar a otros en beneficio personal. O como dicen los Diez Mandamientos en Éxodo 20:16: "No darás falso testimonio contra tu vecino".

Una vez, el ex ministro de Asuntos Exteriores de un país del Sureste Asiático me contó, con una sonrisa, que en su ministerio corría esta definición de embajador: "Un hombre al que se envía al extranjero para que mienta". Pero hoy ya no puede construirse ninguna diplomacia eficaz a partir de esa idea. En la época de Metternich y Talleyrand, dos diplomáticos podían decirse mentiras a la cara. Pero hoy, en la diplomacia secreta, es necesaria la franqueza, por más que se emplee todo tipo de tácticas astutas en la negociación.

El juego sucio y los engaños no salen rentables a largo plazo. ¿Por qué? Porque minan la confianza. Y, sin confianza, la política constructora de futuro es imposible.

Por consiguiente, la primera virtud diplomática es el amor a la verdad, según dice el diplomático británico sir Harold Nicolson en su clásica obra de 1939, Diplomacy, que, por cierto, Kissinger menciona a regañadientes en su libro, en la página del copyright, pero luego no vuelve a citar en ninguna parte.

Eso significa que algunos estadistas como Thomas Jefferson tenían razón: no existe más que una sola ética sin divisiones. Ni siquiera los políticos y hombres de Estado tienen derecho a una moral especial. Los Estados deben regirse por los mismos criterios éticos que los individuos. Los fines políticos no justifican medios inmorales.

O sea, la veracidad, que está reconocida desde la Ilustración como condición previa fundamental para la sociedad humana, no sólo es un requisito para los ciudadanos individuales sino también para los políticos; especialmente para los políticos.

¿Por qué? Porque los políticos tienen una responsabilidad especial respecto al bien común y además disfrutan de una serie de privilegios considerables. Es comprensible que, si mienten en público y faltan a su palabra (sobre todo, después de unas elecciones), luego se les eche en cara y, en las democracias, tengan que pagar el precio, en pérdida de confianza, pérdida de votos en las elecciones e incluso pérdida de su cargo.

Las mentiras personales, como las que contó el ex presidente estadounidense Bill Clinton durante el caso de Monica Lewinsky, son malas. Pero lo peor es la falsedad, que afecta al fondo de las personas y sus actitudes esenciales (como puede verse en la actitud del presidente George W. Bush durante los cinco años de la guerra de Irak). Y lo peor de todo es la mendacidad, que puede impregnar vidas enteras. Según Martín Lutero, una mentira necesita otras siete para poder parecerse a la verdad o tener aspecto de verdad.

Ahora bien, por supuesto que también existen políticos y estadistas honrados. Yo conozco a unos cuantos. Además de la virtud de la sinceridad, tienen que practicar la sagacidad. Sobre todo, deben ser perspicaces, inteligentes y perceptivos, estrategas hábiles e ingeniosos y, si es necesario, astutos y ladinos, pero no maliciosos, intrigantes ni canallas.

Deben saber cuándo, dónde y cómo hablar... o callarse. No todos los circunloquios y exageraciones son mentiras en sí mismos. No hay duda de que, en determinadas situaciones, puede haber conflictos de responsabilidades en los que los políticos deben decidir de acuerdo con su propia conciencia.

"Muchas veces era difícil: no podíamos decir toda la verdad y, con frecuencia, debíamos ocultarla o permanecer callados", me dijo el ex presidente estadounidense Jimmy Carter tras una sesión del Consejo Interacción. Y me impresionó profundamente cuando añadió: "Pero, durante mi mandato, en la Casa Blanca no mentimos nunca".

jueves, 15 de mayo de 2008

Culipardia, comarca de La Manchurria


Un blog que estudia el irreal estado de Culipardia, en la Manchurria Castellano Media:

http://culipardia.miciudadreal.es/

El azul del infierno (Patinir)


Para que vuelva a ponerse de pie el Ángel Caído ha de ponerse primero de rodillas, pero eso nunca lo hará, porque entonces no sería el Ángel caído. No puede renegar de su identidad, que es lo más íntimo que posee: no puede dejar de ser él mismo. Non serviam, no serviré. No pedirá perdón. Ese es el máximo pecado de la soberbia, la subjetividad absoluta, la falta integral de empatía, de amor. Esa es la absoluta desesperación, la falta completa de humildad. Y ese es el pecado del Romanticismo y su máxima virtud, también.

Yo me río que da gusto de mi propia angustia, angor, Angora, ank, ansada, angosto, Ankara… muchas palabras, muchos idiomas, pero sólo una raíz para designar la estrechez, unas veces geográfica, otras veces la de un vaso sanguíneo del corazón poco a poco arrancado por un exceso de tensión arterial, que terminará por desenchufarme la aorta con una explosión; si se trata de la estrechez que oprime, no de la económica, sino de la psicológica, pero aunque una conduzca a la otra, la designaremos con menos identidad etimológica con el nombre de estrés, vocablo inglés que significa corriente. Mas la corriente que yo sufro más es eléctrica que acuática, por más que aunque ahogue igual e igual te haga bracear inútil y espasmódicamente, como bajo los poco morales molares de un tiranosaurio rey.

Divago… ¿y por qué no puede divagar un escritor? Puedes reprimir la fantasía todo lo que quieras, pero te estallará en la cara, al igual que la aorta, cuando menos te lo esperes, en tus sueños, en tus momentos de distracción, incluso en tus mismas enfermedades con el nombre de delirio, de poesía, de divagación… de arte acaso. Divago. No quiero consuelos a mi muerte, sino que me dejen tan en paz, es decir, tan muerto, como me han dejado siempre aquellos que me han podido hacer la vida más fecunda. Yo tampoco iré a sus entierros; que ellos no vengan al mío. Lo único que dejaré es un rastro de letra impresa, un hilillo de prosa, que tiraréis a la basura con los demás recuerdos de los hombres que he traído del pasado: Juan Calderón, Félix Mejía, Fernando Camborda, Carlos de Praves, Antonio García Vao y tantos otros. Yo sí recuerdo; vosotros, olvidadme; me queda el consuelo de que ya costará más trabajo olvidar a estos hombres que otros han intentado olvidar. "Al final / las obras quedan, / las gentes se van. / Otros que vienen / las continuarán... / ¡La vida sigue igual! '', Julio Iglesias dixit.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Fauna escolar



Los chicos no son una fauna, sino un paisaje humano; pero muchos que no son buenos se portan como estereotipos satíricos y resulta fácil clasificarlos; la mayoría son el fruto de veinte años de Televisión Española, dejadez paterno maternal e incultura hereditaria:

El heavy o jevipollas: desciende de los hermanos Macana en su troncomóvil y como ellos toca el tam tam en las cabezas. Su única aspiración es hacer ruido tocando el tambor con las manos o con los bolígrafos en el pupitre, incluso con los pies, como si condujese una inexistente motocicleta de larga y diarreica pedorreta, que es su sueño y amor. Es fanático del reagetton y de la música ininteligible y sin letra, vulgo bakalao, que sólo consiste en "bom, bom, bom". En su boca hay siempre un chicle masticado a compás. De vez en cuando mira el reloj para ajustar el ritmo. En los recreos lleva un ipod o el ipod más bien le lleva a él. Su cabeza está completamente vacía y las cosas no le entran por los oídos, porque está lleno de ruido. Su ídolo es Manolo el del bombo, quien, además, es de Ciudad Real, y su máxima aspiración, tocar la zambomba en Nochebuena, ganar una carrera de sacos y ser Pandorgo mayor. Como otros pajarracos, se alimenta de chuches y palomitas.
El/la niñat@ de mantequilla, siempre protesta por todo, siempre tiene que mear, menstruar, lavarse las manos, levantarse, abrir la ventana, quejarse de calor, quejarse de frío, quejarse a secas, protestar, cambiar notitas, contar chismes, reír tontamente, darle al móvil, arreglarse el moño o el pelo, jugar con los lápices, pintar monos (en el pupitre o en el cuaderno, límpido de no hacer nada), provocar al compañer@, preparar el fin de semana, cantar la última canción para idiotas, hablar, hacerse la sorda, buscar novio, quitárselo a las demás, molestar a sus compañeros, incordiar al profesor o salirse del tema. Es un abejorro que sólo sabe zumbar, un zángano con el pulgar muy desarrollado de tanto darle a la play. Se la distingue fácilmente porque siempre tiene la mochila delante, encima de la mesa, sin abrirla, y/o se sienta de lado o al revés para hablar más cómodamente. Es pija de nacimiento y no tiene cura. Las cosas le entran en la cabeza por un lado, pero le vuelven a salir por el otro sin provocar eco.
El talibán. Criatura específica que se cría en la ESO y en el sistema educativo español. Su nombre procede de "un tal Iván", de siniestra memoria, conocido por sus padres como Iván Planas. No tiene una sola virtud y es un completo revienta clases, sin que falte nada a este modelo perfecto de terrorista escolar. Las cosas no le entran en la cabeza, porque está a miles de kilómetros de distancia de allí, en un desértico lugar llamado Babia.
El Bin Laden. Es una subclase menos nociva de talibán. Le gusta lanzar cosas con intención destructiva. Pueden ser avioncitos de papel, si es muy clásico, o bien pelotas, lo que hace casi inevitable el chiste grosero y fácil "te voy a dejar sin pelotas", "ya estás otra vez cogiéndote las pelotas" o "qué, ¿haciendo pelotillas?". Pueden ser también tizas, borradores o munición pesada. A veces se ayuda con canutillos de bolígrafo o gomitas. Las cosas no le entran en la cabeza porque ignora la gramática con que se compone su idioma, no lo entiende.

El amorfo: no trabaja, no quiere trabajar, no deja trabajar. Es una masa sin forma ni identidad, sin deseos ni aspiraciones, que no hay por donde coger. Imita su entorno como el camaleón, pero sólo copia lo que es fácil de imitar: el ruido, el desorden, la estupidez. Así, se entretiene mirando a las musarañas y hablando de fútbol. Su única actividad es robar oxígeno del aire, prolongar y calentar la silla y servir de comparsa a los graciosillos de la clase, de quienes es apéndice y eco. Las cosas no le entran en la cabeza porque lleva una escafandra de ignorancia y prejuicios puesta desde su casa tan dura que ni siquiera un bazooka la lograría cascar. Su máxima aspiración es ocupar el lugar de su sitio, como las estatuas, aunque las palomas se caguen sobre él. Su agresividad consiste en negarse siempre a trabajar o a hacer cualquier cosa, en poner peros, en retrasar las cosas, en poner cadenas a cualquier manifestación de entusiasmo. Aunque suele ser pasivo y no activo, es el más perjudicial en conjunto porque es el más abundante y, así, en una clase en la que hay bastantes es imposible poder explicar porque hablan demasiado y no se callan. Son siempre la rémora, la dificultad insoslayable, el entendimiento impenetrable, la burricie misma, o simplemente repetidores.

El graciosillo. Es un descarado que se hace el listo y el chuleta, miente más que habla, manipula a los amorfos y con frecuencia se ríe de ellos sin darse cuenta de que pertenece a la misma familia. Se deprime si se le llama soso, porque tiene la autoestima tan baja que necesita burlarse de sí mismo para no ser él mismo, tanto se autodesprecia. Suelen venir de familias desestructuradas y frecuentemente son pijos, como reacción narcisista a su complejo de inferioridad.


El maligno. Es muy escaso, pero el más peligroso. Es vago y astuto, incluso a veces inteligente, pero absolutamente falto de voluntad y empatía. No tiene sentimientos, pero los simula muy bien cuando le conviene y sabe manipular los de los demás. Estudia metódicamente los puntos flacos de los profesores y, cuando está seguro de salir impune, ataca, tira la piedra y esconde la mano. Negativo, manipula a los demás, en especial a los amorfos, pero también a los otros. Con frecuencia monta una mafia con malignos o graciosillos de otras clases y cursos, con los que intercambia información en los recreos o a través del chat. Sus tentáculos se extienden hasta más allá del instituto. El profesor sin experiencia suele tardar en localizarlo, pero al final, siempre, da con él.

El jeta. De su alta aristocracia jamás dudar se pudo. Pijoter@ y bitong@, se hace el chuleta y no tiene otro dios que su vientre; es narcisista y adora y besa su ombligo, cuando no lo muestra orgulloso si es ente femenino. Es un ser redundante, dos veces él o más, encantado de haberse conocido; ignora la duda; no comprende que "lo" suspendan, porque ÉL "se" aprueba todo lo que hace; ignora la realidad cuando no le conviene y el esfuerzo no está hecho para ÉL, sino para los demás que no pertenecen a su alta estirpe; acaso lo más llega a creer que hay una conspiracion universal contra su persona formada por malévolos profesores cuyo indigno contubernio desprecia, ya que aspira a arruinar su dorado sueño de vivir perpetuamente inmerso en una piscina idílica y sustentarse de sus padres hasta que pueda sustentarse de sus nietos en una maravillosa jubilación anticipada en las Bahamas, pagada por el estado y los impuestos de los demás. Algunos que no son malos estudiantes terminan por hacerse profesores.
Todos estos, claro está son prototipos, pero en la realidad pueden darse mezclados en diversa proporción, aunque siempre hay uno de estos más o menos dominante. Cada uno tiene su versión opuesta en buen alumno; pero este es un bien escaso, como lo son todos los bienes. El buen alumno puede ser listo o tontillo, pero siempre le distingue la nobleza, la honradez y el trabajo. El mal alumno suele pertenecer más bien a la clase media, la de los que no son ni inteligentes ni tontos, sino que no tienen claro lo que son, y los suele curar, al menos en parte, la madurez y los encontronazos con la jodida realidad del yunque o del martillo. De todos ellos, la única cantera peligrosa es la del maligno, que se alimenta de personas con tendencias sociopáticas.

Josef Winkler, otro católico harto. Y van...

Josef Winkler, en el infierno del catolicismo

El escritor austriaco levanta testimonio de los horrores de la fe

JOSÉ ANDRÉS ROJO - El País, Madrid - 14/05/2008

"Si alguien me dice que sabe escribir, desconfío", comenta Josef Winkler (Kamering, Carintia, 1953). "No creo que se pueda aprender a escribir de una forma determinada; cuando escribes, descubres lo que va surgiendo con la frase. Es algo que se puede expresar también a la manera del autor alemán Friedrich Hebbel: 'Cada frase, el rostro de un hombre'. Eso es lo que hago, y si no hay rostros en las frases que he escrito, es que no sirven".

He aquí algunos ejemplos de su escritura, tomados de su última novela traducida, Cementerio de las naranjas amargas (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). "Si supiera que tengo alguna enfermedad mortal e iba a morir en unas semanas, iría en barco a la isla de Stromboli y me arrojaría al volcán, porque a mi tierra natal de Carintia no quiero dejarle ni siquiera mi cadáver". O esta otra: "Me gusta estar entre los muertos; no me hacen nada y son también seres humanos".


Conviene dar cuenta del tono de Winkler, no muy distinto en su dureza (y en su carácter obsesivo) del de otros escritores austriacos, como Thomas Bernhard o Elfriede Jelinek. "Lo más importante es encontrar tu propia voz", dice. Antes se ha referido a la infancia como el lugar en el que hay que buscar las experiencias que configuran la propia mirada. "Fui monaguillo durante seis o siete años en un pequeño pueblo católico de labriegos del sur de Austria, en la Carintia. La Iglesia me educó en el temor. Nos contaron que los ángeles llevaban un minucioso registro de cuanto hacíamos y pensábamos, de cuanto soñábamos y sentíamos. El día del Juicio Final se abriría ese libro en el cielo y seríamos condenados, según lo que estuviera apuntado, al fuego eterno del infierno".


"Nos contaron todo esto y crecimos con esos miedos, pero también descubrimos que aquello no era verdad", añade Winkler. "Pudimos ver lo que había detrás y comprobamos que esos ángeles que parecían de oro estaban vacíos. Ni lengua, ni corazón, ni entrañas, ni pulmones. Pura fachada, un gran fraude".


El dolor, la muerte, el pecado, el mal, el suicidio, la penitencia, la sangre, la podredumbre, la atmósfera tétrica de las sacristías y las iglesias, los oscuros rituales: las marcas inconfundibles del catolicismo más cerrado constituyen la columna vertebral de esta novela de Winkler. "No lo hice como una venganza, pero devolví el daño que me hicieron como una inmensa blasfemia".


Es inevitable, frente a ese panorama, referirse al reciente caso del padre que supuestamente encerró durante 24 años a su hija para abusar de ella en el pueblo de Amstetten. "No es una especialidad austriaca", dice Winkler, "pudo haber ocurrido en Baviera o en un pueblo de la España profunda". Pero explica que hay algo en los austriacos que los lleva a desentenderse de los demás, a mirar a otra parte, a subyugarse. "Incluso las instituciones son responsables, ¿cómo no investigaron en una casa que iba creciendo saltándose todas las normas vigentes?".
El descenso a los infiernos del catolicismo lo inicia Winkler en Carintia y lo continúa en Roma (e Italia). La homosexualidad es uno de los elementos centrales de su vida cotidiana ("De niños fuimos ocultando nuestros sentimientos; ya mayores, es necesario huir a tiempo y aprender a ser anónimos en un mundo extraño"). También recorre la novela la pervivencia del nazismo en muchos de los austriacos de su entorno. La muerte es una obsesión permanente. "Del azar de lo que leemos, dice Elías Canetti, depende lo que somos", escribe Winkler. Su literatura tiene esa ambición, la de sacudir y transformar.

Lejos de Dios

Los que aducían a Newton como ejemplo de científico creyente, tienen ahora la simetría opuesta en el relativista Einstein; ¿Qué pensará al respecto Edward Witten, el nuevo Einstein?

Einstein, lejos de Dios

ELPAÍS.com - Madrid - 13/05/2008

"La ciencia sin religión es inútil y la religión sin ciencia está ciega". El largo y encendido debate entre creyentes y no creyentes sobre si Albert Einstein perteneció al primer o segundo grupo, desencadenado precisamente por ese aforismo del genio, podría haber quedado zanjado. Una carta del físico alemán que saldrá a subasta esta semana califica las creencias religiosas de "supersticiones infantiles", según informa este martes el diario británico The Guardian.

Albert Einstein escribió la misiva de su puño y letra el 3 de enero de 1954 y su destinatario fue el filósofo Eric Gutkind, quien había enviado poco antes al padre de la teoría de la relatividad una copia de su libro La llamada bíblica a la rebelión. "La palabra Dios no es más que la expresión y el fruto de la debilidad humana, y la Biblia, una colección de honorables leyendas primitivas, las cuales, no obstante, son bastante pueriles", decía el científico en la carta.


Einstein, que era judío y rehusó el ofrecimiento de ser el segundo presidente de Israel, también rechazó la idea de que los judíos son un pueblo tocado por Dios. "Para mí, la religión judía, como las demás, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que estoy contento de pertenecer y con el que tengo una profunda afinidad, no es diferente del resto", escribió a Gutkind.

La misiva se pondrá a la venta el próximo jueves en una casa de subastas londinense tras permanecer más de 50 años en manos privadas y se espera que alcance un precio de 8.000 libras (más de 9.700 euros). El documento no se encuentra incluido en la obra Einstein y la religión, libro de referencia en este asunto de la autoridad en la materia Max Jammer. Casi con toda seguridad, la carta no pondrá punto final al debate, aunque alimentará aún más la controversia sobre la verdadera forma de pensar de uno de los genios del siglo XX.

WALTER OPPENHEIMER - Londres - 14/05/2008

Una carta hasta ahora poco conocida de Albert Einstein revela que el genial científico opinaba que la religión se basa en leyendas "bastante infantiles" y es un "producto de la debilidad humana". El autor de la teoría de la relatividad, que en sus escritos públicos adoptó una postura menos tajante sobre la religión y llegó a decir que "la ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia es ciega", opina con mucha más contundencia en una carta fechada el 3 de enero de 1954 y escrita en alemán que le envió al filósofo Eric Gutkind, después de que éste le hubiera hecho llegar su libro Escoge la vida: La llamada bíblica a la rebelión.

En la carta, publicada ayer por el diario The Guardian y traducida al inglés por Joan Stambaugh, Einstein dice: "La palabra Dios para mí no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana; la Biblia es una colección honorable, pero primitiva, de leyendas no obstante bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede (para mí) cambiar eso".

Aunque de padres judíos, Einstein fue educado de niño en un colegio católico al tiempo que recibía clases privadas sobre la religión judía. Einstein cumplía en su infancia con las obligaciones religiosas practicantes, a pesar de que sus padres no eran especialmente religiosos. Pero en cuanto cumplió los 12 años empezó a cuestionar las enseñanzas religiosas recibidas, y en la carta publicada ayer cuestiona también el judaísmo y reniega del sentimiento de superioridad que poseen muchos judíos, como su colega, alemán y judío como él, Eric Gutkind.


"Para mí", escribe a su colega de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, "la religión judía, como las otras religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles". "Y el pueblo judío", añade, "al que estoy encantado de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, para mí no tiene ninguna cualidad que no tengan otros pueblos". "En lo que se refiere a mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, aunque están protegidos de los peores cánceres por su falta de poder. Por otra parte, no consigo ver nada de elegido en ellos", añade.


De acuerdo con esa visión, Einstein le declara a su amigo: "En general, encuentro doloroso que reclame usted una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo como hombre y uno interno como judío".
Pero concluye que, a pesar de sus "diferencias en convicciones intelectuales", sus posiciones son más cercanas de lo que parece. "Podríamos entendernos bastante bien si habláramos de cosas concretas". Y se despide con: "Fraternales gracias y mis mejores deseos. Suyo, A. Einstein".


Expertos consultados por el diario londinense admiten que nunca habían oído hablar de esta carta, escrita poco más de un año antes de su muerte y que no está citada entre las fuentes utilizadas por el escritor Max Jammer en su libro de referencia Einstein y la religión. En opinión de John Brooke, experto de la Universidad de Oxford consultado por el diario londinense, Albert Einstein "tenía respeto por los valores encarnados por las tradiciones judía y cristiana" y, a pesar de su rechazo a la visión convencional de la religión, le molestaba que los defensores del ateísmo se apropiaran de sus puntos de vista.

lunes, 12 de mayo de 2008

El arte de la mentira política


Por ahí se está comentando mucho la edición de una traducción de este texto de John Arbuthnot; pero veo que la mayor parte de los reseñadores se muestran bastante ignorantes; al lado de tratados más sistemáticos, como el de Jeremías Bentham, se queda muy pequeño, aunque la gracia que tiene deriva de tratarse de una retórica breve y esencial, que se lee en pocos minutos, y de haber sido atribuida a su amigo Jonathan Swift, quien escribió sobre el tema un artículo y se extendió algo más en fragmentos de su Los viajes de Gulliver.

A los optimistas, de parte de Leopardi

PALINODIA DE LEOPARDI AL MARQUÉS GINO CAPPONI

Traducción de Marcelino Menéndez Pelayo (1883)


Erré, cándido Gino, largo tiempo, y grandemente erré. Mísera y vana juzgué la vida; insulsa más que todas esta presente edad. Intolerable fue y pareció mi lengua a la dichosa prole mortal, si es que mortal se puede llamar el hombre. Entre desdén y asombro, del Edén odorífero en que habita, rio la alta progenie afortunada y me llamó infeliz, y de placeres incapaz o inexperto, pues mi hado juzgué común, y de mi mal consorte al humano linaje. Al fin mis ojos hirió la diaria luz de las gacetas, entre el humo volátil del cigarro y el ruido de crujientes pastelillos, entre el rumor de sacudidas tazas y blandidas cucharas, ante el grito ordenador de helados y bebidas cual voz de mando.

Y confesé humillado la pública alegría y las dulzuras del destino mortal noble y excelso; y vi el valor de las terrenas cosas, y toda flores la carrera humana, las obras estupendas, las virtudes, alto saber, estudios y prudencia de nuestro siglo. De la Osa al Nilo, del Catay a Marruecos, y de Goa a Boston, vi correr reinos, ducados e imperios, anhelantes tras las huellas de la felicidad y asirla casi por los flotantes rizos, o a los menos por la cola del manto. Y esto viendo y meditando las profundas hojas, del grave antiguo error que me cegaba y aun de mí mismo yo tuve vergüenza.

Áureo siglo, Marqués, hilan ahora los husos de las Parcas. Todo diario en varias lenguas y columnas varias, de todas partes lo promete al mundo.

Universal amor, ferradas vías, vapor, tipos, comercio y aun el cólera, los más lejanos pueblos y naciones en lazo estrecharán; ni maravilla será que suden leche las encinas y miel los robles, o danzando giren a los sones de un vals. Tanto ha crecido el poder de retortas y alambiques y máquinas del cielo emuladoras, y tanto crecerá, volando siempre de progreso en progreso, sin medida, de Cam, de Sem y de Jafet la prole.
No cual un día comerá bellotas si el hambre no la obliga; el duro hierro no depondrá. Con pólizas de cambio satisfecha tal vez, la plata y oro despreciará la generosa estirpe; mas no de sangre de los suyos nunca su mano ha de lavar; antes cubierta será de estragos, con la vieja Europa, del Atlántico mar la otra ribera, fresca nodriza de sin par cultura; y en campo lidiarán fraternas huestes por pimienta o aromas o canela o por el jugo de melosa caña, o alguna otra razón, práctica y útil.

Y valor y virtud, y fe y modestia, y amor a la justicia, escarnecidos y de toda república arrojados como siempre serán; que es su destino estar siempre debajo. Torpe fraude y audacia impune elevarán su frente, nacidas a reinar. De imperio y fuerza, ya unidas en un haz, ya separadas, abusará quienquiera que los rija; no importa el nombre. Que esta ley grabaron Hado y Natura en tablas de diamante, y no la borrarán con sus centellas Volta ni Davy, ni Inglaterra toda con las máquinas suyas, ni en un Ganges de políticas hojas nuestro siglo ha de anegarla.

Siempre el vil en fiesta, siempre el bueno en tristeza; conjurado el mundo todo contra excelsas almas; del verdadero honor perseguidoras calumnia, odio y envidia; de los fuertes despojo el débil, de los ricos siervo el ayuno mendigo, en toda forma de público gobierno, cerca o lejos del polo o de la eclíptica, y por siempre, si al humano linaje esta morada o la lumbre del sol no se nos niega.

Estas leves reliquias, estos rastros de la pasada edad, fuerza es que impresos lleve la que ora surge edad del oro, porque de mil discordes elementos tejida está la condición humana, y a ponerlos en paz nunca bastaron fuerza ni entendimiento de los hombres, desque nació su generosa raza; ni bastarán, aunque potentes sean, en nuestra edad periódicos y pactos.
Pero en cosas más graves será entera nuestra felicidad nunca soñada. O de lana o de seda los vestidos han de ser más galanos cada día; dejará el labrador los rudos paños por cubrir de algodón su piel hirsuta, de castor su cabeza. Y apacibles a la vista, mil cómodos sillones, mesas y canapés, lechos, tapetes, adornarán con su mensual belleza todo aposento. De manjares formas nuevas admirará, calderas nuevas, la humeante cocina. Y rapidísimo de París a Calais, de Calais a Londres y de aquí a Liverpool, será el camino, por no decir el vuelo...

Iluminadas mejor que ora lo están, mas no seguras, serán de las ciudades populosas las más ocultas y torcidas calles. Tales dulzuras, tan dichosa suerte a la naciente prole se aperciben.
¡Feliz aquél que mientras esto escribo llora en los brazos de la fiel niñera! Él ha de ver el suspirado día en que aprendan los niños con la leche de la cara nodriza, cuánto peso de sal, cuánto de carne, cuánta harina consume en cada mes la patria aldea, y cuántos de nacidos y de muertos anualmente consigna en su registro el anciano prior; cuando por obra del potente vapor, en un segundo impresas a millones, llano y monte y aun de los mares la extensión inmensa, cual bandada de grullas que se abate sobre ancho campo, y obscurece el día, cubrirán las gacetas, vida y alma del universo, y de saber en ésta y en la futura edad única fuente.

Como un infante, con asiduo anhelo fabrica de cartones y de hojas ya un templo, ya una torre, ya un palacio, y apenas le ha acabado, le derriba, porque las mismas hojas y cartones para nueva labor son necesarias; así Natura con las obras suyas, aunque de alto artificio y admirables, aún no las ve perfectas, las deshace, y los diversos trozos aprovecha.

Y en vano a preservarse de tal juego, cuya eterna razón le está velada, corre el mortal, y mil ingenios crea con docta mano; que a despecho suyo, la natura cruel, muchacho invicto, su capricho realiza, y sin descanso destruyendo y formando se divierte.

De aquí varia, infinita, una familia de males incurables y de penas, al mísero mortal persigue y rinde; una fuerza implacable, destructora, desque nació le oprime dentro y fuera y le cansa y fatiga infatigada, hasta que él cae en la contienda ruda por la impía madre opreso y enlazado.
¡Del estado mortal miseria extrema! ¡Vejez y muerte que comienzan cuando el labio infante el tierno seno oprime que la vida destila! Ni enmendarlos podrá, por sabio y por feliz que sea, el siglo nonodécimo, ni cuantas vengan tras él edades sucesivas.

Mas, si lícito me es la verdad neta por su nombre decir, sólo infelice será todo nacido, en cualquier tiempo, no en la vida civil, en toda vida, por esencia insanable y ley eterna que cielo y tierra abraza.

Pero nuevo y divino remedio imaginaron de nuestra edad los ínclitos talentos, pues no pudiendo hacer feliz a nadie, se dieron a buscar, dejando al hombre, una común felicidad, e hicieron de muchos tristes un alegre pueblo, todo paz y ventura. Y tal portento, en folletos, revistas y gacetas, no declarado aún, asombra al mundo.

¡Oh mente sobrehumana, oh agudeza del siglo que ora corre! ¡Y qué seguro filosofar, y qué sapiencia, amigo, en más sublime asunto y remontado enseña nuestra edad a las futuras!

¿No ves con qué constancia hoy escarnece lo que ayer adoró, y el ara abate para juntar mañana sus pedazos y venerarlos entre humeante incienso? ¡Oh cuánta fe y estimación merece el concorde sentir de nuestro siglo... o el del año corriente!... ¡Y qué trabajo es comparar nuestro sentir y ciencia con el del año actual y el del que viene, porque ni un punto discrepemos todos! ¡Cuánto en filosofar adelantamos
si al moderno se opone el tiempo antiguo!


Uno de tus amigos, y maestro no sólo en poesía, mas en todas artes y ciencias, de la humana mente árbitro enmendador, me aconsejaba:

«No cantes tus afectos y dedica esa viril edad a los severos estudios económicos. Atiende al público gobierno. ¿El propio pecho qué te vale explorar? Materia al canto no busques en ti mismo. Las grandezas de nuestro siglo di; di su esperanza que madurando va.»
¡Recto consejo, que yo escuchaba con solemne risa, al resonar en mi profano oído
ese cómico nombre de esperanza!


Mas ora vuelvo atrás y la carrera contraria emprendo, persuadido al cabo que quien anhele gloria y busque fama, al propio siglo contrastar no debe, sino adular y obedecer: ¡por corta y fácil vía llegaré a los astros!

De tan alta ventura deseoso materia no darán al canto mío de la presente edad los intereses.
Ya sabrán mercaderes y oficinas cuidar de ellos mejor. Mas la esperanza he de decir, que ya visible prenda nos conceden los dioses; ya de larga felicidad principio, ostenta el labio y el rostro del garzón enorme pelo.

¡Oh luz primera, saludable signo de la famosa edad que se levanta, mira cómo se alegran tierra y cielo delante a ti; cómo fulgura el rostro de la doncella, y en convites vuela la gloria ya de los barbados héroes!

¡Crece, crece a la patria, oh masculina moderna prole! A tu velluda sombra Italia crecerá, crecerá Europa de las fauces del Tajo al Helesponto, y el mundo al fin reposará seguro.

¡Y tú comienza a saludar con risa a los híspidos padres, prole infante, para los áureos días elegida! Ni te asuste el negrear de su semblante. ¡Sonríe, oh tierna prole; a ti guardado de tanto y tanto hablar espera el fruto! Mira el gozo reinar, ciudades, villas, vejez y juventud al par contentas y las barbas ondear largas dos palmos.

Tálant el Bárbaro

Hala, otra copa de Europa, ganada al Kiel. Felicidades. Qué suerte tenemos con Duisebaev