lunes, 23 de febrero de 2009

Literatura egipcia

Una relectura de la Historia de la literatura egipcia de Léon Thoorens, que fue uno de los primeros libros que atesoré, y la lectura de una traducción de Las admoniciones de Ipuwer es la que suscita este post, que podrá aburrir quizá a los que hayan leído a Manetón.

La literatura egipcia antigua es extraña por muchos conceptos; Occidente sólo ha heredado algo de su sustancia a través de la hebrea. Todo lo demás aparece como definitivamente desaparecido en las arenas del desierto o en el fango del Nilo. ¿Quién nos iba a decir que la impresionante desesperación de Ipuwer iba a sobrevivir en el Libro de Job, o en las Lamentaciones de Jeremías, o que algo del Diálogo del desesperado con su alma iba a calar en el Eclesiastés? ¿Que la voz ética de Amenemope, que creía en un Dios único, como el más conocido Akhenatón o Amenofis IV, iba a sonar en Jesucristo veinte siglos después y en el Libro de los proverbios?

Una madre egipcia escribe así a su hijo:

No olvides jamás a tu madre. Ella te llevó en le vientre como un pesado fardo y te echó al mundo cuando tus meses estuvieron cumplidos. Tres largos años te llevó sobre sus hombros y te puso su seno en la boca. Ella te crio sin dejarse desanimar por tu suciedad. Cuando entraste en la escuela y aprendiste a escribir, ella iba todos los días a casa del maestro con pan y cerveza que llevaba de casa

Las redacciones escolares dan homenaje al maestro de escuela "por haber hecho entrar la ciencia en mi cabeza a fuerza de palos en las espaldas".

Extrañará saber que el cuento de Ulises entre los feacios se contaba ya en siglo XVIII a. C., en egipcio, en la XII o XIII dinastía, con el título de Cuento del náufrago, y que es ni más ni menos que la historia de Simbad, algo más despojada de elementos agregados, que se contiene en las Mil y una noches. Hay historias extrañísimas, como el Cuento de los dos hermanos (Bata y Anup), que parece la contaminación de dos historias distintas, la primera de ellas seguramente refundida por los hebreos en la historia de José y la mujer de Putifar, y que llegó a ser tan popular que reaparece, con un antiquísimo origen semítico, en la historia frigia de Atis y Cibeles y la hitita de Ashertu (Ishtar o Astarté) y el Gran Dios. Pero la que más se conoce es la de Sinuhé, que no tiene mayor trascendencia y que en realidad es un relato de orgullo nacionalista. Sorprenderá también conocer que había un teatro, aunque sólo, que sepamos, se representaban dramas religiosos, como si dijeramos autos sacramentales, y tenemos incluso el nombre del más antiguo de los actores occidentales, anterior en mil años a Tespis y su carro, Emheb, que formaba parte de una compañía amblante del siglo XVI a. de C. No tenían otros personajes, porque, la verdad, una de las cosas extrañas que hay que lamentar y explicar en la literatura egipcia es que no poseyeran un texto sagrado común, y mucho menos llegaran a contar con una epopeya nacional, como han tenido las grandes civilizaciones, porque no tenían otros héroes que sus dioses, incluido el propio dios rey faraón. Eran extraordinariamente carcas en el sentido más retrógrado del término, porque su pensamiento consistía solo en buscar precedentes para todo, y así no puede extrañar que el letrado Khekheperre-Subu formulara por primera vez el tópico del "todo está dicho" en el XXII a. de C. nada menos, en la VIII dinastía, y que ya hace más de cuatro mil años se dijera que no había nada nuevo que decir:

¡Por qué no podré yo disponer de palabras desconocidas, de frases e ideas que expresar en una lengua nueva, que no estén ya pasadas de moda y que se encuentren libres de todo lo que ya se ha repetido tanto, algo que decir que no esté gastado, que nuestros antecesores no hayan agotado ya!

Sólo soy un reportero

"¿No haríamos mucho mejor todos nosotros si no tratáramos de comprender, si aceptáramos el hecho de que ningún ser humano comprenderá jamás a otro, ni una mujer a su marido, ni un amante a su amante, ni un padre a su hijo? Quizás por eso los hombres inventaron a Dios, un ser capaz de comprender. Quizás, si quisiera ser comprendido o comprender, me atontaría hasta tener una religión; pero soy un reportero, y Dios sólo existe para los que escriben editoriales."


Graham Greene. El americano impasible

Asesinos en serie manchegos

Pues sí, los hay; un degenerado llamado Gustavo Romero Tercero, que acabó con los novios de Valdepeñas y con Rosana Maroto, condenado a 103 años, y un sociópata, Alfredo Galán Sotillo, "El asesino de la baraja", nacido en Puertollano, que acabó con seis y estuvo a punto de acabar con tres más y ha sido condenado a 142 años. Para ser una provincia tan poco habitada, tenemos algunos psicópatas de lo mejorcito. ¿Por qué será? ¿Por el vino? ¿Por el viento? También es cierto que somos los cuartos en empinar el codo, y eso que hay provincias tan habitadas como Madrid o Barcelona. También es cierto que estar en Ciudad Real es como estar a medio camino de ninguna parte. Esto no es una balsa de aceite como Cáceres. Aquí hay que tener cuidado al salir a la calle...

El más interesante es Galán; es la típica persona que nunca termina nada, y por eso decide terminar a los demás. Exsoldado, estuvo en Bosnia, en misión humanitaria, donde quizá cuando decidió comprar una pistola Tokarev de la II Guerra Mundial (vete a saber qué podría contar esa pistola) se le metió el demonio familiar asociado a ella; también anduvo por Galicia limpiando chapapote y trabajó como segurata (muchos seguratas y exlegionarios suelen trabajar dando palizas o asesinando por contrata, como los Miami). Tenía fama de bromista (aquellos que te cogen con una impostura o bernardina suelen tener un yo fantasioso oculto bastante peligroso). Sin embargo debía tener bastante rémora de conciencia en el cuerpo porque fue a denunciarse a sí mismo a la policía; quizá le traicionó su megalomanía y deseo de darse a conocer.

Tiene cinco hermanos y su madre murió cuando contaba sólo ocho años; al parecer eso fue un torcedor para él, porque pasó de ser un niño mimado, simpático y extravertido a otro diferente y serio, que jamás contaba nada de lo que le pasaba. Cuando le preguntaron por qué mataba contó que "para saber qué se siente". Creo yo que la falta de afecto entonces debió de ser definitiva para su carácter psicopático. No terminó la ESO y no tuvo nunca novia y hasta los quince años no paró de ver televisión; a los diecisiete comenzó a tomar alcohol cuando salía, "hasta llegar al puntillo", según sus palabras. A los veinte se hizo militar, habitual salida de inútiles, y se sacó el curso de conductor; fue destinado a Bosnia dos veces. A su vuelta, cuando creía que le darían permiso, le enviaron a Galicia para limpiar chapapote arrojado por el Prestige. Allí tuvo una discusión con una voluntaria y luego con un mando de su compañía y pensó en desertar; sacó 2.000 euros, arrugó los billetes hasta convertirlos en pelotas, se fue a beber y volvió al cuartel tras obligar a una mujer a bajarse de su coche para dejárselo a él tras romperle el cristal con una piedra. Fue trasladado a Madrid en un autobús custodiado por un policía militar y le ingresaron en el hospital por trastorno psíquico. Pidió la baja definitiva. A los pocos meses comenzaba a trabajar en Madrid como vigilante jurado en Prosegur. Su estado psíquico se despeñaba; en Nochebuena, día propicio a depresiones, y justo un mes antes de convertirse en asesino, apareció en la casa de su familia en Puertollano con una pistola al cinto que había traído de Bosnia, pero no soportó mucho tiempo allí y en enero se fue a un hotel de Córdoba para estar solo. Días después, ya en Madrid, mientras veía la tele, sintió pro primera vez el compulsivo deseo de matar. Su victimología: parejas de gente humilde, muchas de ellas extranjeras. ¿Sus padres? El hecho es que pudo matar a un niño y no lo hizo. La psicosis se extendió. Él, que seguía de guardia jurado, pegó en su lugar de trabajo un cartel con su propio retrato robot. Dejó de haber crímenes, al parecer porque Galán empezó a tomar medicación. Pero durante un día de borrachera entró en una comisaría y confesó.

El otro, que me resulta particularmente detestable, es Gustavo Romero. Mentiroso, retorcido, repulsivo y maltratador: un monstruo sin paliativos. Se le pudo coger por la denuncia de una maltratada, su exesposa. Tiene que haber más casos así. Su cuñada, una tal Carmen Sáez, declaró que «tenía arranques de locura. A mi hermano Alfonso le pegó una paliza a traición hace seis meses y no lo mató de milagro. Ha sido siempre un maltratador». No sólo pegaba a su hermana, sino también a los hijos, que en la actualidad tienen trece y diez años: «Al niño, una vez que lloraba porque estaba enfermo, con tan sólo año y medio, le reventó el ojo izquierdo y el labio de una patada». Romero había participado en todas las manifestaciones que se convocaron en la localidad para pedir a las fuerzas de seguridad que intensificaran la búsqueda de Rosana Maroto. El asesino tiene nueve hermanos y era pastor. De la victimología deduzco que debía tener fantasías relacionadas con su antigua vida en este oficio, pues llevó a la muchacha que mató a la noria sita en la "casa de Rabadán", un lugar solitario que conocía de sus años de pastoreo por la zona. Mató en 1993 y 1998, y en ese lapso se refugió en Canarias, donde no se sabe qué hizo, seguramente matar a más personas desconocidas. Pertenece a un prototipo de asesino español bien conocido, el asaltaparejas de parques. Por todos los parques españoles hay siempre asesinos mirones en potencia, pero sólo unos pocos degenerados van más allá. Los lugares donde mataba, parques y despoblados.

Y ahora, lo peor. Hay al menos uno, y quizá otro asesino en serie manchego más sin coger aún. Es el asesino de Inmaculada Arteaga López, de 14 años, cuyo cadáver apareció con el cráneo destrozado en marzo del 2001 en las afueras de Campo de Criptana, y el de otra mujer, de nombre Juana, que en febrero de 2003 apareció con cuchilladas en el cuello y el vientre.

En la galería negra española hay algunos casos curiosos, como El Arropiero (48 muertos), José Antonio Rodríguez Vega , más conocido como "Mataviejas" (16) y el Mendigo Escalero (13); desde luego, los más interesantes, por la ideología o método de sus crímenes, son Joaquín Ferrándiz Ventura (5), el Asesino del Juego de Rol (1) y el jovencito Andrés Rabadán, más conocido como Asesino de la Ballesta; menos mal que cogieron a este último en agraz, porque con su esquizofrenia paranoide y su feroz vocación de ingeniero prometía hacerlas pero que mayúsculas de mayor, pues se entretenía haciendo descarrilar tres trenes de cercanías; detenido, maquinó tres intentos de evasión de la cárcel, sedujo a una psicóloga con la cual se casó, hizo exposiciones de buenos cuadros, compuso música y escribió el libro Historias desde la cárcel, un relato irónico sobre su relación con los funcionarios, con los compañeros de centro, con la policía y con la administración penitenciaria. El pobre mató a su padre con cuatro tiros de ballesta, quizá porque le echaba la culpa del suicidio de su madre, a la que vio ahorcada colgada de una lámpara de su dormitorio cuando era niño. Escribió a sus jueces: «Siento dentro del alma que la vida me llama y tengo que salir de la prisión», y les pidió que entendieran que «el sistema penitenciario me oprime». «Si no salto, terminaré aplastado», concluyó. De momento, tras unos pocos intentos de suicidio, lo último que ha hecho es el guion de una película sobre su vida, Las dos vidas de Andrés Rabadán (2008).

Estos tres últimos criminales se pasan de rosca en inteligencia. Por último, los profesores extranjeros visitantes: Tony King y Gilbert Chamba Jaramillo (9).

American gigolo, de Paul Schrader

He vuelto a ver, y van..., una del muy calvinista de Paul Schrader. Sabe cómo inquietarme con sus guiones de acomplejado, desde luego, planteando dilemas morales como el de La costa de los mosquitos, El taxista (Taxi driver) o La última tentación de Cristo) y es capaz de dibujar panoramas existenciales tan agobiantes como el de Affliction, que dirigía también, o Hardcore; en ambas se pinta una América de una grisura que más que grima da para vomitona; sólo he visto desmadrarse algo así en Monster's ball; le saca partido poético -quién se imaginaría- el autor de The last picture show, Bogdanovich, también en su secuela, a otra escala. Hay su triste poesía igualmente en Badlands, donde la mediocridad se diluye, al par que en los grandes espacios abiertos del mid west, también el tiempo dilatado de un concierto sentimental que se va estragando y cada vez más como una gotera fea y negra de crimen sobre la blancura de sábana del lecho nada nupcial de la sosa pelirrúbea Sissi Spacek. Puede, eso sí, introducir la pierna, como en la laureada Toro salvaje, que para mí no es ni siquiera una mierda consistente, sino pura diarrea, una película a la gloria mayor de Robert de Niro y que se viste de pretencioso negriblanco, como para darle patina calidosa al cuadro.

American gigoló cuenta con chicas (y chicos) muy guapas y guaperas, pero su estética de cafetería de hotel, decorados de interior ausencia, cuadros de arte moderno, coches ondulados, torsos de bronce, edificios geométricos y curiosos de ventana que miran a otros curiosos de ventana resulta particularmente agónica y asfixiante, con un nosequé de deprimente y degradatorio muy logrado. El pobre protagonista deambula buscando a Dios por ese laberinto angelino ("cuánto me ha costado llegar hasta Ti" le dice), siendo fiel a algo hasta el final, cuando todas las esperanzas se le agotan en frases sin acabar, en medio de una soledad abisal, terrible en ese lujoso y lujurioso hedonismo que ahoga y ahorca como una cuerda de seda. Desde luego, domina el arte minimalista y las medias palabras, el sugerir con muy poco; y el montaje povera y estático lo refuerza, así que hay que estar muy atento para cogerlas todas al vuelo y para leer entre las líneas de los silencios y por los rincones de los fotogramas. En un momento se ve, por cierto, un cartel de The warriors, la famosa película de Walter Hill que me habré visto veces chorrecientas, como fondo; si insinua itinerario es más bien paralelo, por lo cual el tachón. Pero la escena con la que me quedo es en el hotel: no he visto en el cine un diálogo, para conocerse, tan hermético, vacío y sin sentido en toda mi vida: el de un hombre con su Dios. También memorable es la escena en que el marido (o la cosa que sea el degenerado ese) le da instrucciones. Se profundiza ahí en el drama de un matrimonio degradado como pocas veces se ha querido ver en el cine. Y para eso no ha sido necesario pasarse de mal gusto.

En fin, siempre merece verse un filme de Paul Schrader, aunque uno preferiría algo más mediterráneo y menos plúmbeo para videar.

Dios en la anatomía y la antropología

Javier Sampedro, "Dios habita en el cerebro. Hallazgos neurocientíficos explican por qué el hombrese refugia en las religiones", El País, 23-II-2009.

El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal.

Cualquier religión tiene un núcleo de creencias sobre agentes no físicos / Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes / Sagan: "El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas".

Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria. Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina.

La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.

La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de "conceptos sobrenaturales" -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.

Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.

Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.

"El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas", dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111).

El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales.

El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.

"Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados...", dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de "agentes no físicos", de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros "agentes no físicos" como espíritus, dioses y demonios, "intangibles pero implicados socialmente".

Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.

La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.

Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-.

El VMPC es muy conocido por los neurólogos desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia esa zona del cerebro de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: "Este hombre ya no es Phineas Gage".

Todos los graves defectos que muestran estos pacientes se refieren a la respuesta a los estímulos emocionales o a la regulación de los propios sentimientos. Sus capacidades de la inteligencia general, de razonamiento lógico y de conocimiento de las normas sociales y morales están intactas.

Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.

"Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural", dice Boyer, "los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión".

Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de "comportamientos rituales" constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.

Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.


"Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación", dice Boyer. "Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas".

La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: "¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: '¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?".

"Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte", afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. "Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón".

Probablemente, Dios no existe de los autobuses se gestó en Londres en el pasado otoño, y uno de sus grandes promotores fue el biólogo Richard Dawkins (Universidad de Oxford). Él es, posiblemente, el autor de divulgación más popular de los últimos 30 años, pero su gran éxito editorial no es un libro de ciencia sino de religión: El espejismo de Dios, publicado en 2006 y traducido a 31 idiomas.

En los años ochenta, Dawkins aplicó las ideas de la selección natural darwiniana a la propagación de los modelos culturales. Las ideas serían memes (en vez de genes) que se replicarían de boca en boca y competirían entre sí por el éxito reproductivo. Las ideas religiosas, que por definición no deben demostrarse, serían memes de alta propagación.

Dawkins, como otros científicos, también desarrolla en El espejismo de Dios una refutación racional de la teología natural. Esta corriente teológica, que sedujo tanto a Darwin como al propio Dawkins en la juventud de ambos, deduce la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas, y sigue siendo el gran argumento detrás del diseñador inteligente del creacionismo norteamericano. Pero un diseñador inteligente, aduce Dawkins, debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.

Son argumentos más bien abstractos. La escuela evolucionista que representa Pascal Boyer, por el contrario, ha presentado evidencias de que el pensamiento religioso es la "línea de menor resistencia" de nuestro sistema cognitivo. "La incredulidad suele ser el resultado de un esfuerzo racional deliberado contra nuestras predisposiciones naturales", concluye Pascal en Nature, "lo que no es la ideología más fácil de propagar, precisamente".

domingo, 22 de febrero de 2009

De un mochilero de hace cien años que pasó por aquí y de otro que se quedó un buen rato

El primero fue un estadounidense que se llamaba Harry A. Franck, esto es, Harry Alverson Franck, nacido en 1881 y fallecido en 1962, el año que yo nací. Dejó escritos no menos de treinta libros de viajes, muchos de ellos por toda Sudamérica (y era de los que se internaba incluso hasta las ruinas mayas de la selva, que visitó, como Indiana Jones), aunque el que me interesa es uno en octavo encuadernado en tela naranja y con título tintado de rojo en la lomera, de 292 páginas, con un mapa y once fotos a blanco y negro, impreso con el título de Four Months Afoot in Spain (New York: Garden City Publishing Co. Inc., 1911); no se le debió dar mal, ya que este soi-disant "an incurable vagabond" sacó una segunda edición con más páginas (NY: Century Co., 1914) Era un mochilero avant-la-lettre, llena de ideas sociales redentoras la cabeza, pues dedica sus obras a los trabajadores y peones de todas partes, desde los del Canal de Panamá hasta los de México, con todos los cuales partió peras; narra un viaje de cuatro meses a pie en que gastó no más de 172 dólares; escribía con gracia y humor. En 1911, con 10 dólares se compraban 57 ptas., 15 kilos de monedas de cobre correspondientes a 980,40 ptas. en dicha moneda. Este fue su itinerario: Gibraltar, Málaga, Granada, Sevilla, Córdoba, Jaén, Valdepeñas, Manzanares, Toledo, Madrid, Segovia, Salamanca, León, Oviedo, Lugo, Valladolid, Palencia, Burgos, Bilbao, Pamplona y Zaragoza.

No sólo se fue por aquí el buen hombre, también anduvo por otras partes; su obra mayor al respecto es su A Vagabond Journey Around the World: A Narrative of Personal Experience. NY: Century, 1910, que lleva una dedicatoria "to colleague in pedagogy and companion on several shorter vagabond journeys in the environs of New England". Incluye capítulos sobre Ceilán, India, Birmania, Malasia, Siam y Japón. También escribió Three Hoboes in India: Being Extracts from A Vagabond Journet Around the World. New York: Century Co. , 1910;
Things as they are in Panama, London (Leipzig), T. Fisher Unwin 1913; Tramping Through Mexico, Guatemala and Honduras (NY: Century Press, 1916); Vagabonding Down the Andes Being the Narrative of a Journey, Chiefly Afoot, from Panama to Buenos Aires , New York: The Century Co., 1917.


Pero hay un mochilero algo más arcaico que se detuvo aún más por estos pagos, un inglés llamado Carl o Charles Bogue Luffmann, autor de A vagabond in Spain, London: J. Murray, 1895, en que describe su itinerario por el País Vasco, Aragón, La Mancha (incluidos Malagón, Ciudad Real, Almagro, Bolaños, Valdepeñas, Manzanares, Argamasilla de Alba, Ruidera y Argamasilla de Alba y Valdepeñas otra vez) y The harvest of Japan: A Book of Travel with Some Account of the Trees, Gardens, Agriculture, Peasantry, and Rural Requirements of Japan (T. C. y E. C., Ltd., 1920) . De Ciudad Real dice lo siguiente

Ciudad Real is a hotbed of old soldiers. They have but few clubs, but they meet regularly at the "Fonda Pissarossa" (Debe ser el antiguo Hotel Fonda Pizarrosa), discuss their pet theories, and abuse the powers that be. These ancient warriors admitted me to their round table, and I felt honoured to sit amongst them. They welcomed me because I was a curiosity, because, to use a favourite Spanish word , I was "caprichos"...

El viajero habla con un coronel retirado y un canónigo, en quien percibe la típica fatuidad y gilipollesco engreimiento del sansoncarrasqueño manchego; le sorprende encontrar a un canónigo tan admirador de la literatura inglesa, en especial de Lord Byron y algunas varias indeseables para un católico como George Elliot, y le recomienda vivamente que lea a Armando Palacio Valdés. Menciona la batalla de "Los Arcos", (andaba mal de oído, como se ve por la transcripción de muchas palabras españolas), pero a Luffmann debía interesarle bastante La Mancha, porque escribió sobre temas enológicos un folletito titulado The Muscatel Industry, Robt. S. Brain, Govt. Printer, 1895 y varias obras de horticultura y jardinería. Se extiende sobre este tema en el capítulo XI de su libro. Asiste a la Feria de Almagro y disfruta como un enano bilbilitano en ella; discurre por su calle principal, pero lo que más le admira son los churros y los melones, más que la plaza y los encajes. Pero se extiende largo sobre este y otros pueblos, de forma que habría que traducir este libro urgentemente. De otro libro suyo, Quiet days in Spain, London: J. Murray, 1910, tengo menos datos. Quizá sea el mismo libro de viajes con otro título o sobrefaz, pero el caso es que lo leyó otro viajero con más fama literaria, Joseph Conrad, quien le escribió una reseña titulada "Un vagabundo feliz", donde apercibía ya con gran ironía y mala leche el amor que le tenía a La Mancha; retraduzco a mi manera para que se aprecie mejor el esfuerzo aparentemente liviano de la castigada prosa de Conrad, que era un polaco que escribía en inglés:
Todos los conversos son interesantes. Los más entre nos, si se me perdona el traicionar tan universal secreto, nos hemos visto tal o cual vez en la disposición a perdernos por el mal camino. Y, en nuestra cobardía y vanidad ¿qué hemos hecho? Lanzar miradas furtivas y en espera del oscuro lance sepultar nuestro descubrimiento con discreción, para continuar luego en la misma vía, senda esa tan transitada y que no tuvimos el valor de dejar y que ahora, con más claridad que nunca, se advierte no es sino el largo camino que conduce a la tumba. El converso, hombre capaz de gracia (hablo en sentido seglar) no es discreto; su orgullo es de otra clase. Abandona rápidamente la senda —la iluminación de la gracia es casi siempre súbita— y, orientándose en una nueva dirección, incluso puede hacerse la ilusión de haberle vuelto la espalda a la misma Parca. Conversos ha habido que, por su exquisita indiscreción, han ganado inmortalidad cierta. El más ilustre ejemplo, esa flor de la caballería, don Quijote de la Mancha, sigue siendo para todo el mundo el único hidalgo genuino y eterno. Como saben, el delicioso Caballero de España se convirtió a una fe imperativa en una misión tierna y sublime que lo alejó del hacer y de las costumbres propias del pequeño hidalgo provinciano; luego sería apaleado y, con el tiempo, hasta encerrado en jaula de madera por el barbero y el cvra, apropiados ministros de un orden social justamente alterado. No sé si a alguien se le habrá ocurrido encerrar al señor Luffmann en una jaula de madera. Y no lo traigo a colación porque le desee daño alguno, al contrario: me considero una persona humanitaria. Que lo tome, pues, como máxima alabanza, aunque he de decir que merece sobradamente esa clase de atención. Por otra parte, no me gustaría que se sintiera en exceso halagado por el orgullo de una asociación tan exaltada. La sabiduría grave, la amenidad admirable, el encanto sereno del santo patrón seglar de todo mortal converso a nobles visiones no le pertenecen. Mr. Luffmann carece de misión. No es un sublime caballero errante. Pero es un excelente vagabundo. Tiene mucho mérito. Ese peripatético guía, filósofo y amigo de todas las naciones, el señor Roosewelt, lo excomulgaría inmediatamente con un gran bastón. La verdad es que el exautócrata de todos los estados no gusta de rebeldes contra el hosco orden de nuestro Universo. Aprovechadlo lo mejor que podáis o morid, grita. Sano sucesor en la línea del Barbero y del Cura y sagaz heredero político del incomparable Sancho Panza (otro gran Gobernador) este distinguido littérateur no guarda piedad alguna para con los soñadores. Y nuestro autor (podrán apreciarlo en sus libros) atesora algunos sueños de no poca calidad. [...]
Joseph Conrad (Polonia, 1857-1924), Un vagabundo feliz (1910), crítica de la obra "Quiet Days in Spain", de C. Bogue Luffmann, en Notas de vida y letras .

Hay un lugar en Internet donde puede leerse una interesante bibliografía de libros de viajes extranjeros por La Mancha, aunque bastante incompleta, en compañía de otros materiales. La pongo aquí, para la que pueda estar interesada en el tema. En cuanto a la bibliografía de Luffmann, he encontrado una de J. Patrick en el Australian Dictionnary of Biography, esta:


LUFFMAN (LUFFMANN), CHARLES (BOGUE) (1862-1920), horticulturist and writer, was born on 15 February 1862 at Cockington, Devon, England, son of George Luffman, gamekeeper, and his wife Emma, née Earl. In his early years the family moved to Knowle, Bristol. In his late twenties Luffman spent four years in the dried fruit business in Italy, France and Spain, working for two years as field manager for Delius Bros at Malaga, Spain. During his travels he had met the author Lauretta Lane who encouraged him to write. After returning briefly to England he published A Vagabond in Spain (1895). He had romanticized his name to Carl B. Luffmann and his publisher John Murray was instructed to use C. Bogue Luffmann, the name by which he frequently came to be known.
Luffman's experience led to his appointment by the government of Victoria as advisory instructor on raisin culture at Mildura. He arrived in Victoria early in 1895. In late 1895 Lauretta Lane joined him and they were married on 14 December in Melbourne. He gave evidence in June 1896 before the royal commission into the Mildura settlement on the suitability of the area for growing figs, raisins, muscatels, currants and sultanas. Luffman was credited with having organized Mildura's dried fruit trade and putting it on a sound footing.
He resigned to become a roving horticulturist, giving advice, lectures and demonstrations. In 1897, however, he became the second principal of the School of Horticulture, Burnley, described as being in a 'state of confusion'. Luffman made the grounds into a school of demonstration, forming paddocks, orchards and ornamental gardens. These provided the basis for his extensive writings on garden design and management, especially in relation to orchards and farms. The Principles of Gardening for Australia (Melbourne, 1903), the product of six public lectures, underlined his approach to garden design, championing 'those gardens which come nearest to the finest expressions of nature'. He saw curving paths and shady glades as vital components of the Australian garden, with the summer garden to the south and east of the site and the winter garden, surrounded by deciduous trees, to the north and west. Examples of his designs, though now much altered, are Burnley Gardens and the Metropolitan Golf Club, Oakleigh, in 1908 one of the earliest examples of large-scale Australian native planting. Before the royal commission on technical education in 1900 he claimed 'over twenty-five years in commercial horticulture'. Proud of the achievements of his women students he told the commission, 'I do not think horticulture is an affair of sex'.

Luffman and his wife separated about 1902. Elinor Mordaunt, the writer, who moved into the principal's house to look after the female staff and students at the school, described him as 'a short, strongly built, very dark man, like a Spaniard … jealous, exacting and selfish'. He resigned from the School of Horticulture in January 1908, and returned to Spain to augment his earlier notes, some of which had been published in the Melbourne Age. In 1904 he had forwarded notes about his experiences in Spain to Murray, to be published anonymously ince he was a public servant. Quiet Days in Spain was published in 1910.
An invitation from the United States of America to advise on diseases in oranges provided the funds to travel to Japan. In The Harvest of Japan (1920) Luffman reported on Japanese life, although as with all his travel books there is surprisingly little material about horticulture. A. L. Sadler, the expert on Japan, told Luffman's friend (Sir) Lionel Lindsay that he was greatly impressed by the book, particularly as the author knew no Japanese.
During World War I Luffman was a gardener at Wyke Regis, Dorset, England, and lectured on gardening to wounded servicemen. He died of cancer on 6 May 1920 at Babbacombe, Devon.

Select Bibliography J. Smith (ed), Cyclopedia of Victoria, vol 1 (Melb, 1903); E. Mordaunt, Sinabada (Lond, 1937); Journal of the Australian Garden Historical Society, no 2, Winter 1981; Weekly Times (Melbourne), 12 July 1902, 11 Apr 1903, 10 Mar 1906, 14 July 1906 supp, 28 Dec 1907; Australasian (Melbourne), 25 Jan 1908; correspondence between C. B. Luffman and John Murray (Publishers) Ltd, London, 1895-1904 (held by firm); private information. More on the resources

Print Publication Details: J. Patrick, 'Luffman, Charles (Bogue) (1862 - 1920)', Australian Dictionary of Biography, Volume 10, Melbourne University Press, 1986, pp 166-167.

Cosas que pasan

Fui por un paquete a Correos, que está frente a mi casa. Era un libro de Antonio Capel que había comprado a través de iberlibro: Lo que yo sentí: Cinco años alumno del padre Ángel Ayala, S. J. Ciudad Real: Tipografía San Francisco, 245 páginas. Tras pagar el desmesurado precio, casi cincuenta euros, me senté en un banco de la plaza de Correos, y marché para mi casa dejándome abandonado el libro dentro de su sobre, con mi dirección. Cuando advertí el olvido, retorné y lo único que encontré fue el sobre con mi nombre y dirección, pero del libro nada. Quien se apropió el libro ni siquiera quiso devolverlo a su legítimo dueño, pues tenía mis datos en el sobre y en la factura interior. Una pena, pero así es la mayor parte de la sociedad. Tuve tiempo para observar, sin embargo, que el libro estaba graciosamente ilustrado y que le faltaba una ilustración de la solapa que había sido cuidadosamente recortada. Portaba el sello de una biblioteca escolar religiosa, así que el libro fue robado, con esta, al menos dos veces.

Compré este raro libro para conocer algo más sobre Ciudad Real en el tiempo en que este famoso pedagogo jesuita, Ángel Ayala, era director de su seminario. Ahora me quedaré y os quedaréis sin saberlo. Vienen las vacas flacas y no puedo permitirme semejantes dispendios, pues la manía de coleccionar libros atinentes a la provincia es onerosa y propia de nababs y gente gorda y dineraria, no de pelaos como menda (aunque esta gente, de suyo tosca, necia y paleta, en vez de libros, prefiere tener cabezas de ciervo, marido y jabalí en sus casas). Qué se le va a hacer.

¿Quién pagará los costes de la crisis?

Sami Naïr no contesta a la pregunta, porque ya sabemos quiénes van a ser: los de siempre, los débiles, los que primero padecen los errores de los poderosos y primero soportan todo el peso de la sociedad.

¿Quién pagará la crisis?

SAMI NAÏR El País, 21/02/2009

¿Quién pagará las consecuencias de la crisis? No es una pregunta abstracta, sino central. Conocemos a los culpables de la crisis: mercados financieros ultraespeculativos en los que manipuladores sin escrúpulos y accionistas codiciosos invierten con frecuencia, banqueros sospechosos, que son minoría en el oficio pero que le causan un gran daño, un sistema monetario desconectado de la actividad productiva, etc. Quienes tenían un sentido mínimamente realista de la economía sabían desde hacía tiempo que este sistema iba a reventar. ¿Pero quién les escuchó? Ya se anuncia en todo el mundo uno de los mayores signos del paso de la recesión a la depresión: el aumento de las reivindicaciones salariales y de la pobreza. ¿Qué hacer con este sistema que ha provocado el caos, después de haber pretendido ser en estos últimos decenios el mejor y el único? Hay varias propuestas y una tendencia de fondo que se perfila.

La actual tendencia de fondo prepara un cruel porvenir para los más débiles
De acuerdo con estas propuestas, unos dicen que hay que restablecer el vínculo entre la producción y los mercados financieros para evitar las huidas especulativas. Son los de la escuela de la racionalización y del buen sentido. Otros creen que esta crisis pasará rápidamente pero que hay que aprovechar el momento para instaurar reglas éticas con el fin de perseguir a los tramposos. Estos pertenecen a la escuela de los ingenuos. Otros, más numerosos y más rigurosos, llaman a instaurar reglas draconianas para encuadrar el mercado y proteger el interés general. Están, por último, quienes defienden dos posiciones simétricas pero totalmente opuestas. Por un lado, los que dicen que la crisis es debida al intervencionismo estatal. Éste es el punto de vista surrealista de algunos banqueros y de los herederos de Margaret Thatcher. Y, por el otro, los que sostienen que el sistema capitalista ha fallecido de muerte natural, y que hace falta una salida hacia un nuevo sistema económico, ecológico y duradero.


Estas posturas diversas pueden coincidir y mezclarse a veces, aunque definen bien el campo de posibilidades actual. La única certeza que tenemos es que no sabemos adónde vamos, y que las elites políticas se muestran incapaces de hacer otra cosa que no sea gobernar a ojo. Impotencia tanto más angustiosa en cuanto la actual tendencia de fondo prepara un cruel porvenir para los más débiles. Porque el dinero que reparte el Estado en forma de recapitalización de los bancos aparentemente no sirve para atajar la crisis. Los bancos no dan préstamos ni a las pequeñas ni a las medianas empresas, las cuales podrían crear empleos, ni a los particulares, quienes podrían relanzar la máquina productiva con el consumo. De ahí a suponer que aquéllos se sirven en realidad del dinero de los contribuyentes para reflotar sus propias capacidades competenciales, sólo hay un paso...

Naturalmente la única manera de evitar esta cínica manipulación sería que, a cambio de su ayuda, el Estado pidiera estar en los consejos de administración de estas instituciones para controlar el uso del dinero prestado. E incluso, en el caso de los bancos y las agencias más vulnerables, nacionalizarlas, perspectiva que muchos se plantean seriamente en EE UU y Reino Unido.

Los mercados financieros, que son los responsables de la crisis, quieren, sin embargo, una mayor "flexibilidad " del mercado laboral, lo que ante todo significa el derecho a contratar y despedir a su gusto, luego recortar los derechos sociales, y finalmente bajar los salarios en un contexto de escasez de empleo y de fuerte competencia entre los asalariados. En definitiva, las recetas ultraliberales de la escuela de Milton Friedman que prevalecían bajo el régimen de Pinochet, y que existen hoy en muchos sectores de actividad en China. Naturalmente, semejante terapia lleva inevitablemente a la explosión social. La Organización Internacional del Trabajo prevé en su último informe, cerca de 240 millones de desempleados en 2009, es decir, 51 millones más que en 2007, lo que llevará a un incremento de la pobreza. El mismo informe sostiene que España será la más afectada en Europa, ya que su tasa de desempleo podría pasar del 11,3 % a más del 16 %.

Es probable que estemos en el ojo del huracán, pero lo peor está aún por llegar. ¿Cuánto tiempo durará esto? Nadie lo sabe. La reunión del G20 prevista en Londres a principios de abril debería ofrecer pistas sobre los caminos a seguir. Pero está claro que no se podrá salir de la crisis sólo en detrimento de las clases asalariadas. Lo que es seguro, en cambio, es que si los gobiernos, a expensas del interés general, toman de manera conjunta y coordinada las decisiones impuestas a regañadientes, las calles se llenarán de manifestantes y eso, sea cual sea el resultado de las elecciones.

Responsables de la burbuja inmobibliaria

¿Quién es responsable de la burbuja inmobiliaria?

Los gobiernos del PP y el PSOE han fallado en un asunto crucial: preservar a los ciudadanos de desmanes económicos que se llevan por delante sus ahorros, su empleo y su prosperidad

MANUEL ARELLANO / SAMUEL BENTOLILA El País, 22/02/2009

Resulta que una generación de españoles va a perder sus ahorros porque los ha dedicado a comprar viviendas cuyo precio se está desmoronando. Así que no podremos contar con lo que esperábamos para la vejez y para nuestros hijos. Y muchos se han endeudado tanto que ahora no pueden hacer frente a sus obligaciones. Resulta además que nos hemos especializado en ser albañiles, fontaneros, electricistas, camioneros, cristaleros, fabricantes de puertas, vigas, grúas, baldosas o lavabos, aparejadores, vendedores de hipotecas, tasadores, registradores y un sinfín de ocupaciones relacionadas con la construcción; y que ahora nuestra experiencia laboral ya no vale y tendremos que dedicarnos a otra cosa.

Sería conveniente reducir la desgravación a la vivienda en el IRPF

Hay que aumentar las inspecciones sobre empresas y transaccionesResulta además que el milagro económico español era un espejismo, porque nos hemos dedicado a construir casas que no habríamos querido construir de haber sabido lo poco que iban a valer en el futuro. Una casa sólo vale para vivir en ella, y si nadie quiere hacerlo, entonces no vale nada. Hemos comprado pisos que están cerrados o a los que vamos unos cuantos días al año, no porque tuviéramos grandes deseos de consumir viviendas, sino porque pensábamos que eran una reserva de valor para el futuro.

Resulta además que nuestros bancos y cajas se han dedicado a prestar a empresas promotoras y constructoras, y que muchas de éstas ahora no pueden devolver los préstamos, lo que podría llevar a la quiebra a los bancos y las cajas si es que pudieran quebrar. Resulta además que nuestros ayuntamientos han disfrutado de unos ingresos insostenibles gracias a las recalificaciones de terrenos y que los dispendios a los que nos han acostumbrado se acaban.

Resulta además que los coches que hemos comprado en realidad no los podíamos comprar porque éramos menos ricos de lo que creíamos. Y de ahí a una completa distorsión del tejido productivo.

Finalmente, en cuanto este tipo de actividad insostenible se ha parado, la economía ha entrado en recesión. Para contribuir a entender un desvarío de consecuencias tan negativas, es necesario revisar la senda que han seguido los precios de la vivienda en España, sus causas, su predictibilidad y lo que podría haberse hecho para evitarla.

El crecimiento del sector de la construcción

El crecimiento de la construcción total ha sido altísimo, del 5% al año en 1996-2007. Entre 1998 y 2007, el parque de viviendas creció en 5,7 millones, casi el 30%. En el tercer trimestre de 2007, la construcción suponía el 13,3% del empleo total, muy por encima, por ejemplo, del 6,7% de Alemania o del 8,5% del Reino Unido.

Varios factores han estimulado la demanda de viviendas. Destacan la expansión económica (en parte debida al propio boom inmobiliario) y la consiguiente caída del desempleo, y la reducción de los tipos de interés hipotecarios tras la integración en el euro, del 11% en 1995 al 3,5% en 2003-2005, que a menudo eran negativos tras descontar la inflación. Además, la competencia bancaria ha facilitado el acceso y mejorado las condiciones del crédito hipotecario. También ha aumentado el número de hogares, en especial debido a una entrada masiva de inmigrantes, de alrededor de 4,2 millones entre 1996 y 2007. Por último, ha crecido la compra de inmuebles de familias no residentes, en una magnitud difícil de calcular.

La oferta respondió a la mayor demanda, como muestran los datos anteriores, pero no pudo satisfacerla completamente, lo que dio lugar a grandes subidas de precios de la vivienda: de una tasa de inflación anual del 1% en 1995-1997 se pasó al 18% en 2003 y 2004. En media, entre 1995 y 2007, la inflación de la vivienda fue casi del 10% anual.

En realidad, en la medida en que los agentes tengan expectativas de incrementos futuros de los precios de la vivienda y la demanda se vea influida positivamente por ellas, durante un tiempo es posible observar una espiral de crecimiento de la demanda, la oferta y los precios.

¿Ha habido una burbuja especulativa?


Una burbuja se caracteriza por la presencia de altos volúmenes de transacciones a precios muy distintos del valor económico fundamental. No es fácil de identificar, por la dificultad para calcular bien este último valor. A menudo, la identificación se realiza a posteriori, tras un colapso brusco de los precios. No obstante, en el mercado inmobiliario, por su escasa liquidez, ese colapso es más lento que en los mercados financieros e inicialmente se manifiesta más en las cantidades que en los precios. En España, la venta de viviendas se ha desplomado en 2008, calculándose que a finales del año había entre 650.000 y 1,3 millones de viviendas nuevas sin vender.

En todo caso, la revalorización de la vivienda en España entre 1997 y 2007 ha sido del 191% según The Economist, la segunda mayor de la OCDE y superior a la de países donde no se duda de la existencia de una burbuja, como Reino Unido (168%) o Estados Unidos (85%). En cuanto a la caída, según el INE, en el tercer trimestre de 2007 el precio de la vivienda nueva ha subido un 3,7% en términos interanuales, y el de la vivienda usada ha caído un 11,4%, frente a tasas respectivas de aumento del 9,2% y el 7,5% un año antes. La rapidez y la magnitud de estos cambios apuntan a una burbuja.

Más rigurosamente, los factores fundamentales antes citados (la expansión, los tipos de interés...) no explican por sí solos los precios alcanzados. Las estimaciones disponibles -por ejemplo, las del Servicio de Estudios del Banco de España- indican que los precios observados estaban muy por encima de los niveles justificados por los fundamentos económicos. Esta sobrevaloración se cifraba entre el 8% y el 20% ya en 2003 y entre el 24% y el 35% en 2004. Así, parece claro que una parte significativa de la inflación de la vivienda se ha debido a motivos especulativos: la gente compraba casas como inversión, porque esperaba que se revalorizasen. Además, se consideraban una inversión segura, frente al riesgo de los activos financieros revelado por el desplome de las bolsas de valores de 2002.

Vale la pena señalar que una burbuja no tiene nada que ver con los estados de optimismo o pesimismo colectivos que puedan asociarse con niveles de actividad económica altos o bajos, por la vía de un mecanismo de expectativas autocumplidas. En el caso de una burbuja, los precios no cumplen su función como mecanismo para la asignación correcta de recursos y se producen errores reales. Si la burbuja es grande y duradera, la mala asignación de recursos de ahorradores, empresas y trabajadores puede causar una cuantiosa destrucción de riqueza real.

¿Se sabía que había una burbuja?


Desde 2002, el Banco de España ha alertado sobre la sobrevaloración de la vivienda, aunque ha sido demasiado optimista sobre la probabilidad de que fuera "compatible con una reabsorción paulatina y ordenada", quizá porque temía pinchar la burbuja. En 2003, The Economist estimaba la sobrevaloración en España en el 52%. En 2004, el Fondo Monetario Internacional la situaba en el 20%-30%. Entre los economistas españoles, José García-Montalvo la cifraba en 2003 en un 28,5%, indicando: "En resumen, es muy probable que el mercado inmobiliario español sea una bomba de relojería esperando a ser detonada". No obstante, tanto altos cargos políticos como empresarios negaron repetidamente y hasta fechas recientes que hubiera una burbuja.

¿Eran los responsables políticos conscientes de la burbuja?

El programa electoral del PSOE de 2004 hablaba de apostar "por un nuevo modelo de crecimiento más sólido que el actual". Su candidato a presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, decía: "Como tenemos un modelo económico basado en la construcción y en la hipoteca, las familias españolas están hoy más endeudadas que nunca en su historia". Y el entonces coordinador del programa económico del PSOE afirmaba: "Esa política de alquileres que proponemos (...) evita que la gente, ante un cambio de expectativas, se ponga a vender y se produzca un desplome de precios, lo cual sería catastrófico". Ciertamente, el entonces ministro de economía del PP declaraba: "La verdad es que estamos asentados en un ciclo largo y con pocas incertidumbres. Eso es indiscutible. Y lo importante es que es un modelo duradero".

¿Podría haberse hecho algo para evitar la burbuja?

Atajar una burbuja es más fácil (técnicamente) si se cuenta con la herramienta adecuada: los tipos de interés. Es más difícil si no se tienen, como en España, que los ha dejado en manos del Banco Central Europeo (que durante mucho tiempo los mantuvo demasiado bajos para las necesidades de la economía española). No obstante, pensamos que las siguientes medidas, orientadas a conocer realmente el nivel de precios de la vivienda y a reducir las distorsiones fiscales que hacían artificialmente rentable este tipo de inversión, habrían mitigado la burbuja:

1. Mejorar la información sobre los precios de la vivienda. A diferencia de otros países, en España no existe información sobre precios reales de transacción. Sólo desde 2008 se dispone de datos registrales provenientes de las notarías y sólo en forma de índice, no de valor monetario (quizá por sospechar una infradeclaración en los valores escriturados). Hasta entonces sólo había series oficiales del Ministerio de Vivienda elaboradas a partir de datos proporcionados por empresas que tasan viviendas con cargo a los clientes, a menudo para la concesión de hipotecas. Por motivos obvios, ésta no es una fuente fiable. Y la política informativa oficial ha sido lamentable. Por ejemplo, ese ministerio anunció en octubre de 2004 que suspendía la publicación de datos de precios de la vivienda, aunque luego rectificó. Acto seguido introdujo un cambio metodológico que sesga la medición de los precios a la baja. ¡En la actualidad, este ministerio no ofrece en su página web ningún dato de precios anterior a 2005! Y en ningún momento se intentó que el público fuera consciente de la posible sobrevaloración de la vivienda.

Sin embargo, sería posible contar con información sobre el valor real de las transacciones inmobiliarias, por ejemplo, recabándola en una de las encuestas a los hogares que realiza el INE o llevando a cabo una encuesta específica para ello, y usarla para corregir la medición de precios de los cambios de calidad de la vivienda.

2. Reducir la desgravación a la vivienda en el impuesto sobre la renta, que sesga fuertemente las decisiones de inversión de los hogares hacia la vivienda frente a otros activos y, junto con la ley de arrendamientos, favorece la vivienda en propiedad (81,3% de los hogares en 2005) frente al alquiler. En 2002, el 79,7% de la riqueza bruta de los hogares correspondía a bienes inmuebles, frente al 75,5% de Italia o el 38,4% de Estados Unidos. En 2005, el porcentaje era ya del 80%. En 1998, el Gobierno del PP redujo la altísima desgravación existente, pero después no se ha avanzado por esta vía.

3. Aumentar la presión inspectora sobre las empresas y las transacciones inmobiliarias. Estimaciones recientes sitúan a España entre 2004 y 2005 como el tercer país desarrollado con más economía sumergida (20,5% del PIB), tras Grecia e Italia. Este porcentaje sólo se ha reducido en 2,2 puntos desde 2000. Probablemente una parte importante de la actividad oculta se canaliza a través del mercado inmobiliario. El Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda estima la evasión fiscal en el sector inmobiliario en 8.600 millones de euros anuales (alrededor del 0,8% del PIB).

¿Por qué no se intentó atajar la burbuja?En primer lugar, porque la construcción es un sector intensivo en mano de obra, lo que es importante en un país con una tasa de paro estructuralmente alta. En segundo lugar, porque un aumento del valor de la vivienda favorece al votante mediano, que es propietario de su vivienda. Y en tercer lugar, porque el sector inmobiliario genera cuantiosos ingresos fiscales para el sector público, a los niveles nacional, autonómico y municipal. Por ejemplo, en 2004 suponía el 60% del presupuesto (excluyendo pasivos y transferencias corrientes) de la ciudad de Valencia y el 50% del de Madrid.

El Gobierno del PP se equivocó con su ley de liberalización del suelo de 1998. Creía que con más suelo aumentarían las viviendas y bajarían los precios. Craso error. Se compraban y se construían viviendas no porque fueran baratas, sino porque eran caras y se tenían expectativas de que lo fueran aún más en el futuro. Así, la ley del suelo echó leña al fuego de la burbuja, desencadenando una frenética actividad recalificadora gracias a la cual los gobernantes locales veían llenarse las arcas municipales (cuando no sus propios bolsillos).

Por su parte, los intentos del Gobierno del PSOE de fomentar la vivienda protegida y en alquiler y su nueva ley del suelo de 2007 han sido totalmente ineficaces. En realidad se ha limitado a cabalgar la burbuja hasta sus últimos estertores.

En definitiva, ambos Gobiernos han fallado en un asunto crucial: preservar a los ciudadanos de desmanes económicos que se lleven por delante sus ahorros, su empleo y su prosperidad. Es un fracaso del que se debe aprender para el futuro y por el que procede pedir responsabilidades.

Manuel Arellano y Samuel Bentolila son profesores del El Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI)

El cometa Lulin

Es un cometa verde. ¿Traerá esperanza? Está haciendo falta a muchos ahora. Habría que irse a la colina más alejada de las luces de la ciudad y mirar a un rincón de la caja negra para ver esa pluma, caída de la cola de algún fénix cósmico. Que sea verde nos da la esperanza de que, donde exista una hoja, haya un árbol, y donde haya un árbol, haya un bosque, como una ola presupone un mar y un viento y unas nubes y una lluvia que lo haga crecer.

Sí, el cometa Lulin no presagia desastres, anuncia esperanza. Quién sabe, quizá un nuevo profeta vaya a nacer en Afganistán, en Gaza o en ese barrio de Bagdad donde una bomba norteamericana mató a decenas de niños, como un nuevo Herodes.

Se trata de un cometa de esos que sólo florecen una vez: se alejará ya para siempre en el espacio. Y tiene dos coletas o trenzas, como una niña.

La triste historia de Jade Goody

Jade Goody, una joven profundamente inculta y hortera que hace unos años consiguió salir de la miseria gracias a la telebasura y que de la mano de los medios y la tragedia del cáncer se ha transformado en una mujer capaz de movilizar al ministro de Justicia, emocionar al primer ministro y a millones de británicos y abrir un agrio debate sobre los límites del circo mediático. Goody, de 27 años, se muere de un cáncer de útero. Pero no ha querido morirse en silencio. Ha querido morir en público. Desde que en agosto del año pasado supo que tenía cáncer, decidió vender su historia al mejor postor. Desde hace unas semanas sabe que el cáncer amenaza su vida. Desde hace unos días sabe que su enfermedad es terminal, que le quedan semanas, con suerte unos meses. Y quiere que su muerte sirva al menos para asegurar el bienestar material de sus dos hijos, de cinco y cuatro años. "Sí, la gente dirá que hago todo esto por dinero. Y tienen razón. Pero no lo hago para comprar coches de lujo o grandes casas. Lo hago por el futuro de mis hijos, por si yo falto. No quiero que mis hijos tengan la misma infancia miserable, plagada de drogas y marcada por la pobreza que tuve yo". Saltó a la fama en 2002, en la tercera edición del Gran Hermano británico. Su fuerte personalidad brilló al instante dentro de la casa y en los hogares de los televidentes. Pero su ignorancia, sus dobles caras y su ordinariez la convirtieron en una de las presas preferidas de los tabloides, que se mofaban de ella sin piedad. Pensaba que Cambridge era un barrio de Londres, que Río de Janeiro era una persona y que "East Angular" -como ella llamaba a la región de East Anglia- era un país extranjero. Su profunda ignorancia era un retrato de los problemas sociales del Reino Unido. Nació y se crió en Bermondsey, uno de los barrios más duros de Londres, hija de un padre heroinómano y una madre adicta al crack a la que cuidaba desde que, siendo ella una niña, perdió la movilidad en un brazo y la vista en un ojo en un accidente de automóvil. Su padre, que abandonó a la madre cuando Jade tenía dos años, pasó cuatro años en la cárcel y murió de sobredosis en 2005, cuando sólo tenía 42 años. "No tuve mucho tiempo para ir a la escuela", explica ella.en enero de 2007, cuando participó junto con su madre, Jackie y Budden, y su novio y mañana marido, Jack Tweed, en el llamado Celebrity Big Brother. Goody mostró su peor cara. Fue acusada de acosar con comentarios racistas a la actriz india Shilpa Shetty, muy popular en su país. Los reguladores de la televisión británica recibieron más de 50.000 quejas. Los patrocinadores abandonaron a Goody de inmediato: su perfume desapareció de las tiendas y su biografía fue retiradas de las librerías pese a sus disculpas públicas y sus declaraciones contra el racismo.

Eso es lo que hace Jane Goody, y hace bien; pero hay otras madres en una situación igual o peor en África, en Asia, en América, en Europa incluso, que no poseen su relevancia mediática y que no menciona, y debería. Es eso lo que falta para que el espectáculo deje de serlo. Y es eso lo que hace especialmente triste la historia de Jade Goody.

Cosas de chinos

Entre los chinos regalar un reloj se considera una ofensa terrible. Incluso es una torpeza si es un occidental quien lo hace, es de malísimo gusto. Reloj singnifica en china muerte. Es como si le estuvieras midiendo el tiempo a una persona. Por eso no hay relojes de esfera en China en las torres. ¿Curioso, no? Yo me he enterado de esto porque una de mis hijas tiene una amiga china. Esta amiga china tiene grandes apuros para dominar el inglés, porque en chino no hay preposiciones; tampoco hay tiempos verbales, lo cual hace que conjugar los españoles sea para ellos un lío y un tormento, ya que a ellos les basta con la raíz y un adverbio: yo cantar mañana es lo mismo que cantaré. Ya hablé en otra ocasión sobre las cuatro entonaciones del chino, que sirven para declinar una palabra y una frase; la entonación y el orden de palabras, muy rígido en chino, suplen en mandarín la falta de preposiciones. Por otra parte los estudiantes chinos poseen una voluntad de hierro: la amiga de mi hija se acuesta a las cuatro de la madrugada estudiando, ya que el resto del día va al instituto y trabaja. Eso es disciplina, carajo. Por desgracia semejante carencia de ocio les causa unas lagunas culturales de cuidado: por ejemplo, la amiga de mi hija no sabía quién era Frankenstein y se quedó con la boca abierta cuando le explicaron de qué se trataba. De esas cosas no hablan los chinos, sino de otras cosas más amarillas.

viernes, 20 de febrero de 2009

El arte de gobernar para un mundo nuevo

Si uno fuera a un Juzgado de guardia a poner una denuncia contra el Estado, UGT y CCOO por malversación de caudales públicos, ¿podría prosperar el proceso? No, porque el Estado no reconoce el derecho de sus ciudadanos, sino el de los representantes de sus ciudadanos. Eso es un lastre y un vicio para la democracia; se me objetaría eso impediría el funcionamiento de la sociedad, a lo que yo contestaría que sería el funcionamiento erróneo de la sociedad, el cual se evitaría con un funcionamiento que tuviera en cuenta la transversalidad y las rotaciones, único método para evitar la corrupción generalizada que invade la política. Las decisiones deben ser tomadas no por uno, sino por varios, y esos varios deben de rotar y renovarse continuamente; lo único que se les debe pedir es un similar nivel de competencia administrativa. Pero el problema ya es muchas veces que la corrupción es la regla y no la excepción.

Los sindicatos cobran y están callados en plena crisis, porque viven del erario público. 437 millones de euros se embolsaron la Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CC OO) en el último año del dinero procedente de los presupuestos ministeriales: dinero de los parados. A esa cantidad hay que sumar otras muchas nada desdeñables de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.
Con estas cuentas y puesto que, como reconocen incluso desde el seno de UGT, “las aportaciones de los afiliados no dan ni para pagar la luz”, no es de extrañar que los sindicatos guarden silencio ante la actual crisis económica y no hayan salido a ejercer la que es su principal labor, y por la que perciben 15 millones de euros del ministerio de Corbacho: la defensa de los trabajadores.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Cinco aforismos encadenados sobre la crisis

Cinco aforismos sobre la crisis
Mario Trinidad, El País, 18/02/2009

Durante meses hemos oído decir que la actual crisis -primero, financiera pero luego extendida al conjunto de la economía- era una crisis de confianza. Y aunque la acumulación de malas noticias ha ido desvirtuando ese tipo de análisis, todavía hay quien se agarra a él con todas sus fuerzas, como tuvimos ocasión de comprobar no hace mucho en la intervención del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el programa de la primera cadena de la televisión pública Tengo una pregunta para usted. Por ello, no está de más insistir en que la realidad es mucho más complicada. Reparemos si no en la cadena causal que presentamos a continuación en forma de aforismos:

El auténtico origen de la crisis está en las transformaciones estructurales de la economía mundial.
  1. La crisis financiera, que es la que ha provocado la tan mentada pérdida de confianza de los actores económicos, no se habría producido sin el estallido de la denominada burbuja inmobiliaria.
  2. No habría existido una burbuja inmobiliaria si la concesión de crédito por parte de los bancos y otras instituciones financieras no hubiera sido tan alegre (con el beneplácito de las autoridades monetarias).
  3. El crédito no hubiera sido tan fácil si los tipos de interés no hubieran estado tan bajos.
  4. Los tipos de interés no habrían caído tanto sin el exceso de liquidez (Emilio Botín) o el exceso de ahorro (Martin Wolf) que hemos conocido en la última década.
  5. No se habría producido ese exceso de ahorro si el aumento de las desigualdades no hubiera dejado tanto dinero en manos de quienes, por tener ya mucho, no pueden gastárselo. Y si las aventuras bélicas de los EE UU de Bush no hubieran propiciado a partir de 2003 un aumento explosivo del precio del petróleo que ha engordado las arcas de los jeques árabes -y de los clubes de fútbol ingleses- a costa de ponernos en apuros a todos los demás.

¿Resulta convincente el razonamiento que hemos tratado de resumir en esos cinco aforismos?

Pues falta lo más importante. Porque si se escarba un poco en ese fenómeno del aumento de las desigualdades al que acabamos de aludir y que ha sido objeto de un reciente informe de la OCDE (octubre 2008), nos encontramos con un acontecimiento trascendental que se ha producido en las dos últimas décadas como consecuencia de la incorporación de China, India y del antiguo Bloque Soviético a la economía mundial. El economista Richard Freeman (The Great Doubling: The Challenge of the New Global Labor Market. Agosto de 2006) se ha referido a ese acontecimiento como la alteración del equilibrio entre el capital y el trabajo; unos términos que la mayoría de nuestros economistas hace tiempo que no emplean. Manejando datos de las Penn World Tables (estadísticas sobre la economía mundial que recoge la Universidad de Pensilvania), Freeman calcula que la fuerza de trabajo a nivel mundial pasó de 1.080 millones poco antes de 1990 a 2.930 en los primeros años de este siglo (las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo arrojan cifras parecidas). Naturalmente que antes de 1990 los trabajadores chinos, indios o de la Europa del Este eran económicamente activos, pero las circunstancias políticas (o institucionales, como les gusta decir a los economistas) les mantenían al margen del mercado mundial.


¿Cómo ha influido la incorporación a la economía mundial de esos trabajadores en el aumento de las desigualdades? Dado el nivel de desarrollo del que partían China e India y el atraso tecnológico de los países del bloque soviético respecto a los occidentales, la incorporación de los trabajadores de esos países a la nueva economía mundial se ha traducido en un fuerte empeoramiento de la posición negociadora de los trabajadores del mundo desarrollado, obligados a competir con los bajos salarios (y las estructuras políticas autoritarias) de esas zonas del mundo; lo que explica el incremento de las desigualdades en los países avanzados.

En cuanto a las tres áreas geográficas a las que nos venimos refiriendo, las desigualdades sociales, según todos los indicadores disponibles, también crecieron sustancialmente entre 1980 y 2000. Un hecho que a veces queda disfrazado porque, simultáneamente, el mismo proceso de integración en la economía mundial contribuyó a que millones de ciudadanos chinos e indios salieran de la economía de subsistencia o de la extrema pobreza.

La utilidad de estas reflexiones es que nos permiten vincular la crisis financiera, no con factores morales tales como la codicia de los banqueros o cosas parecidas, sino con las transformaciones estructurales que se están produciendo en la economía mundial. Aunque este nexo no hará probablemente más felices a nuestros responsables políticos, que se enfrentan, no a un problema (cómo salir de una recesión momentánea provocada por el estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera), sino a dos o más (qué hacer con la creciente desigualdad, cómo afrontar la competencia de los países con bajos salarios, etc.). Y a dos escenarios, uno local y otro planetario. Con la consiguiente complejidad política y técnica de las medidas a adoptar.

En cualquier caso, es obvio que la crisis actual se resiste a cualquier simplificación y que, por ello, las recetas moralistas, las continuas llamadas a la confianza y al esfuerzo suenan en muchos oídos a música celestial, en el peor de los sentidos que esta expresión tiene en nuestro irreverente idioma.

Libros que sí cambian la vida

Libros que sí cambian la vida

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO El País, 18/02/2009

Siempre hubo libros capaces de cambiar la vida de sus lectores. Si no hubieran existido, habrían tenido menos trabajo los censores, centenares de bibliotecas reducidas a cenizas seguirían almacenando memoria y saber, no se habría creado el siempre tentador Index librorum prohibitorum et expurgatorum, y la lectura no habría sido considerada actividad sospechosa por todos cuantos han recelado de la libertad de los demás.

En lo que a mí respecta, el primer libro que cambió mi vida fue una edición resumida e ilustrada de Robinson Crusoe. Imaginarme al solitario náufrago leyendo la Biblia en su cueva, resguardada de posibles intrusiones hostiles mediante la cerca de troncos que había construido (con las herramientas halladas entre los restos del buque encallado), estuvo a punto de convertirme en arquitecto. Y, desde luego, cambió totalmente el discurrir del verano en que lo leí. Los consabidos juegos infantiles, la interminable siesta mediterránea, la insulsa merienda de pan con aceite y azúcar, quedaron definitivamente arrumbados en aras de la construcción de una empalizada de cañas con la que mis amigos y yo nos dotamos de un ámbito de aventura y sociabilidad a resguardo de la mirada de nuestros padres. Robinson me mostró -como ya había descubierto Proust en El tiempo recobrado- que era en la literatura donde se hallaba "la vida al fin descubierta y dilucidada", la verdadera vida.


Pero existen libros que pueden cambiarla de modo más directo y universal, y no precisamente a cuenta de sus méritos literarios, sino en razón de su carácter normativo. Textos que han existido desde antes de encontrar su plasmación en forma de libro, y seguirán existiendo mucho después de que el soporte en el que (todavía) se despliegan sea sólo un recuerdo: como el Código Penal, que organiza y fija el llamado ius puniendi del Estado, y al que podemos considerar el penúltimo avatar de esas antiquísimas compilaciones jurídicas de las que la de Hammurabi, inscrita en una estela de basalto, constituye el primer ejemplo.

En Estados Unidos el célebre Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (abreviado DSM) es uno de esos libros capaces de influir -y cómo- en la vida de los ciudadanos. Cada sucesiva edición -desde 1952 se han publicado cuatro con diversas revisiones- incorpora las conclusiones finalmente consensuadas de un equipo de psiquiatras que decide qué conductas o "síntomas" son indicativos de nuevos trastornos o enfermedades mentales (en la actual hay censados casi 300). La trascendencia del DSM reside en que se ha convertido en el manual de referencia sobre salud mental no sólo para médicos (a los que ayuda a establecer diagnósticos) o agentes de seguros (que se guían por sus normas para atender las reclamaciones de sus clientes), sino para toda la colectividad.

Con poco más de medio siglo de existencia, el manual está considerado una auténtica institución cuya influencia social queda de manifiesto si se tiene en cuenta que, por ejemplo, hasta 1974 la homosexualidad figuraba en su lista de desórdenes, o que para la siguiente edición se debaten asuntos de tan polémico diagnóstico como la identidad de género en relación con la transexualidad, la compra compulsiva, las comilonas o el fetichismo. Los debates en torno a qué será o no incluido en la siguiente entrega -prevista para 2012- son tan intensos que para evitar las presiones (de la industria farmacéutica, de los hospitales, de las aseguradoras, de los jueces, de los grupos religiosos y políticos) los psiquiatras que componen el equipo asesor han sido obligados a firmar una cláusula de confidencialidad. Lo que ellos decidan y finalmente se publique (con una tirada, por cierto, cercana al millón de ejemplares) cambiará en muchos aspectos las vidas de las personas, al menos hasta la siguiente edición. Una hazaña nunca lograda por los libros de Defoe o Proust.

Los hombres no pecan en lo mismo que las mujeres

Hombres y mujeres no pecan igual

El mayor 'vicio' de los varones es la lujuria y la soberbia el de las féminas, según un estudio del Vaticano sobre las diferencias entre sexos en el confesionario

ELPAÍS.com - Madrid - 18/02/2009

Una investigación realizada por el Vaticano asegura que tanto los hombres como las mujeres pecan, aunque de distinta forma. La flaqueza más común entre las féminas es la soberbia, mientras que entre los varones es la lujuria, informa la cadena británica BBC. La investigación, que publica el diario de la Santa Sede L'Osservatore Romano, se basa en un estudio del jesuita Roberto Busa, de 95 años, que ha analizado las diferencias entre hombres y mujeres en el confesionario.

El teólogo Wojciech Giertych explica en el periódico vaticano que los mayores vicios de los hombres son, por este orden, la lujuria, la gula, la pereza, la ira, la soberbia, la envidia y la avaricia. En el caso de las mujeres, la soberbia, la envidia, la ira, la lujuria y la pereza.

Según la tradición cristiana católica, los siete grandes pecados capitales son la lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. La Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede, que fija los castigos e indulgencias a los pecadores, actualizó el año pasado su lista de pecados para incluir otros más modernos que, según la Iglesia, prevalecerán en la era de la "imparable globalización". Se trata de la modificación genética, los experimentos con personas, la contaminación ambiental, la posesión o venta de drogas consideradas ilegales, la injusticia social, el causar pobreza y la codicia financiera.


La investigación se publica en un momento de preocupación por la disminución del número de confesiones. De acuerdo con la BBC, un estudio reciente del Vaticano señala que cerca de un tercio de los católicos considera que ese sacramento ya no es necesario, mientras que uno de cada diez lo ve como un obstáculo en su diálogo con Dios.

Un ejemplo de estupidez

Caza al inmigrante que lo parecía pero que no lo era

Rafael J. Álvarez Pedro Simón Madrid
Actualizado miércoles El Mundo, 18/02/2009 09:07 horas

¿Le dieron caña a Aweya por ser negro, por parecer un inmigrante a registrar, por ser ingeniero, por estar contratado por la Comunidad de Madrid, por que no hizo caso al guardia civil al que no entendía una palabra, por no saber español, porque era miércoles...?


James Aweya es un canadiense con piel de África desde hace años y una sospecha en carne de cañón en estos tiempos de cacerías a la española. El 11 de febrero, este doctor en Ingeniería hacía cola en el aeropuerto de Barajas para tomar su vuelo de regreso a Otawa cuando probó qué significa ser negro entre las órdenes suspicaces de los blancos.

Un guardia civil se le acercó, le dijo algo que no entendió, le tiró al suelo, le esposó, le metió en un cuarto, le quitó el pasaporte y le tuvo una hora con las manos engrilletadas a la espalda. Luego, otros guardias le sacudieron el traje sin pedirle perdón y le dejaron marchar. El doctor Aweya perdió el avión. España un científico. Y alguien la vergüenza...

James Aweya es un ciudadano canadiense nacido en Ghana hace 47 años. Es doctor en Ingeniería Electrónica e Informática, trabajó como investigador en la Universidad de Otawa, vive ahora de la empresa privada y acumula 28 patentes y un centenar de artículos científicos. El 9 de febrero, la Comunidad de Madrid le fichó como director científico del centro de investigación IMDEA Redes, y le pidió dar, ese día, una conferencia en la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III. Dos días después, Awaya quiso ir a Canadá para recoger sus bártulos y volver después a su nueva vida aquí. Pero se topó con la Guardia Civil.

Según la versión traducida al español de la denuncia que el científico presentó en la comisaría, a las 11.45 horas del 11 de febrero, Awaya esperaba en la T-1 de Barajas tomar el vuelo LH 9177 de Lufthansa con destino a Canadá. Entonces, un guardia civil se acercó a él. Como el doctor Awaya no comprende "absolutamente nada en español", siguió andando "con la intención de pasar los arcos de seguridad". "Pero el agente se acercó e inició un forcejeo que acabó conmigo en el suelo ante todas las personas que se encontraban en las inmediaciones, y con las manos engrilletadas en la espalda". A don James se lo llevaron a un cuarto donde pasó "aproximadamente una hora con los grilletes puestos en todo momento".

'Golpeado con violencia'

Los agentes cogieron su pasaporte sin darle explicaciones hasta que otro guardia civil "superior al que me detuvo" le dijo que estaba allí "por haber empujado a un agente de la autoridad y no hacer caso a sus peticiones". Awaya contestó que él no había empujado a nadie. Otro guardia le dijo que tenía "suerte de no estar en la cárcel". Al final le dejaron marchar, pero no pudo volar. Su vuelo había volado.

El científico reducido, golpeado "con violencia", según la Comunidad, esposado y retenido, compró otro billete y salió al día siguiente... para no volver. "Ha decidido retirar su candidatura como científico jefe de IMDEA Redes. Perdemos a uno de los científicos más brillantes en su campo", dice la Comunidad de Madrid.

Para Javier Fernández Lasquetty, consejero madrileño de Inmigración, "es un ejemplo de la presión que el Miniesterio del Interior ejerce sobre los agentes para que detengan caprichosamente a inmigrantes en Barajas, en la calle o en el Metro. Tras el 9-M, ha habido una escalada contra las personas que el Gobierno de Zapatero atrajo aquí con el 'papeles para todos' y a las que ahora monta redadas".

Esto era América

Cuatro siglos para resolver un crimen

César Muñoz Acebes (Efe) Washington
Actualizado miércoles El Mundo, 18/02/2009 09:12 horas

Alrededor de 1670 algo terrible ocurrió en una granja de Leavy Neck (EEUU), algo que quedó oculto durante siglos hasta que unos arqueólogos forenses descubrieron los restos de un cadáver y sus huesos denunciaron al asesino.


El misterio del joven hallado, cubierto de basura, en el sótano de esa granja, es uno de los relatos que cuenta la exposición 'Escrito en los huesos: Archivos Forenses del siglo XVII en la Bahía de Chesapeake', que revela cómo fue la vida de los primeros colonos estadounidenses a través de sus esqueletos.

La muestra, recién inaugurada en el Museo de Historia Natural de Washington, expone la existencia dura, corta y repleta de peligros de quienes buscaron la tierra prometida, al otro lado del océano Atlántico.

En Jamestown, la primera colonia inglesa permanente, de las 104 personas que llegaron en 1607, sólo quedaban vivas nueve meses después 38, el resto había sido víctima mortal del hambre, las enfermedades y los ataques de los indios.

Eso no impidió la arribada masiva de nuevos colonos, como el joven de Leavy Neck, que es un ejemplo de lo que tuvieron que pasar muchos de ellos.

Su cadáver, encogido en un agujero poco profundo, tenía un pedazo de vasija encima, cuyo borde desgastado y con restos de tierra indica que alguien lo usó para cavarlo, según dijo Douglas Owsley, uno de los comisarios de la exposición. Los huesos del joven, de unos 16 años, demostraban que había realizado tareas físicas duras y sus dientes revelaban una dieta insuficiente.

Tenía varias costillas rotas y en una muñeca una fractura "defensiva", que supuestamente sufrió al protegerse de los golpes de alguien. Además, por la composición química de los huesos, que refleja la dieta, los antropólogos pudieron establecer que llevaba en América menos de un año.

La historia de un sirviente

Con esas pistas Owsley y su equipo concluyeron que se trataba de un sirviente "por contrato", un joven que se comprometió a trabajar entre 4 y 7 años de sol a sol en América, a cambio de su pasaje en barco desde Europa. Más de un 70% de los colonos vinieron de ese modo.

"Esto fue una tumba clandestina, algo se les fue de las manos y llevó a su muerte y no le enterraron debajo de un árbol, no lo hicieron público", dijo Owsley. Probablemente no se trató de un homicidio intencionado, porque los sirvientes eran una propiedad de alto valor, según el arqueólogo.

El culpable debió ser el dueño de la granja en esa época que, según los documentos históricos, vivió allí con su mujer, dos hijos y dos sirvientes. Ni su nombre, ni el del muerto se conocen. Los huesos dicen muchas cosas, aunque la identidad es difícil de establecer a partir de un esqueleto de antes de la era del ADN.

Prueba de ello son los restos de un joven de Jamestown, encontrado con una punta de flecha en el lugar donde estuvo su muslo. La posible muerte a manos de los indios en realidad fue una bendición, pues ese joven sufría una infección horrible en la boca que le había corroído el hueso, le dificultaba comer y le mataba lentamente, según Karin Bruwelheide, la otra comisaria de la muestra.

También están expuestos los huesos minúsculos de un bebé de unos 5 meses que murió por falta de vitamina D, es decir, de luz del sol. Por la presión sobre los huesos, los arqueólogos creen que sus padres le mantuvieron enrollado con paños para que no pasara frío, lo que impidió que recibiera la luz.

Una constante en la exposición son las dentaduras horribles, por el paso de la dieta europea basada en trigo a otra en maíz, más proclive a las caries.

Empeoró las cosas el hábito generalizado de fumar tabaco, demostrado hasta en niños de 10 años, pues la arcilla de las pipas disolvía literalmente el esmalte de los dientes y dejaba agujeros.

Un biberón de plomo

Otro hábito letal fue el uso del plomo, que es un veneno. En la muestra hay balas que los arqueólogos creen que los soldados llevaban en la boca, así como un escalofriante biberón de plomo.

Para el colombiano Cristián Samper, el director del Museo, un descubrimiento sorprendente fue encontrar a esclavos enterrados junto a los colonos.

"Las relaciones sociales entre estos grupos eran diferentes. No eran tan jerárquicas. Estamos reinterpretando la historia", dijo a Efe Samper.

Revelaciones como ésta ilustran la vida de personas comunes que nunca entraron en las crónicas heroicas de la colonización, incluido el sufrimiento de un joven sirviente que murió en el olvido.