lunes, 28 de septiembre de 2009

Cine: Distrito 9 y Los sustitutos

Distrito 9 no está mal, aunque me esperaba otra cosa; se ve que a los jóvenes les chifla ese punto de vista semidocumental, que sirve sin embargo para distanciar brechtianamente. Nuestra juventud está tan socializada y acostumbrada al lenguaje de youtube que esta manera de narrar les mola, aunque no puedo por menos que recordar lo que dice mi suegra, que tanto movimiento de cámara marea. También está esa necesidad adolescente de metamorfosearse, aunque sea en un monstruo o bicho tan escuchimizado como esos aliens y esas armaduras alienígenas; de mi puedo decir que ya nunca miraré a una cigala de la misma forma después de haber visto esta película; me daría escrúpulos de conciencia comérmela, y sobre todo a ese camaroncito tan simpático que hace el papel de hijo. Al protagonista le pasa lo que al Gregorio Samsa de La Metamorfosis de Franz Kafka. Uno no puede tampoco por menos de pensar en que el escenario sudafricano y chabolístico está creado para ahorrar dinero en decorados y exteriores. El hecho de que los aliens sean más humanos que los humanos es lo más logrado, con ese antipático funcionario medio lelo yendo de un lado para otro y provocando abortos de huevos fertilizados. En fin, una película que recuerda a Alien nation, aunque sólo sea en que el papel de la leche se lo han dado a la comida para gatos. En realidad es una receta: mezclar los géneros, lo cual siempre suele funcionar en taquilla. Eso es lo peor de la película, las plumas que quedan del plumero, que hace que se vea el plumero, la receta de Hollywood para hacer dinero; lo otro, la crítica social, la mala leche de algunas situaciones, es lo que la salva.

En cuanto a Los sustitutos, hay que reconocer que Bruce Willis es cada día mejor actor; al millonario diseñador de robots ya lo había visto interpretar a Cochrane en Primer contacto, una de las películas de Star trek, dirigida por el "Primero" de la saga, y puede pasar por bueno. Pero se reconocen aquí también las recetas empleadas para sacar dinero: Yo robot, por ejemplo (y es sólo uno de los referentes). Es interesante esa primacía de la apariencia, de ser un muñeco más real que la realidad misma, de ser más careta que cara, como le ocurre a la esposa de Willis, o al homosexual que utiliza el cuerpo de una mujer para ser él mismo, y las ventajas que puede reportar en evitar el crimen y la siniestrabilidad laboral. La última frase de la película está mal traducida; "ahora somos únicos" habría sido mejor que "ahora estamos solos".

If, de Kipling


Los políticos dicen que hay que educar en valores... Pues podían dar ejemplo, ¿no? Ese es el imperativo categórico de la ética kantiana: dar ejemplo, comportarse de tal manera que la conducta de uno pueda ser elevada a rango general. Es un principio muy exigente, muy alemán, muy protestante. La moral kantiana exige héroes, gente que dé ejemplo sacrificándose donde nadie se sacrifica, muriendo donde nadie muere, cobrando poco por lo que debería cobrarse más caro, dando la cara también cuando no hay que darla, resistiendo cuando todos se retiran, trabajando un poco más cuando uno ya está harto de trabajar y, en fin, haciendo todo aquello que viene en el famoso poema If de Kipling, "Si...". Las traducciones son muy diversas, más de 150 sólo en español; he aquí algunas, y el texto original. Las famosas tres preguntas en que Kant sintetiza su pensamiento, y en general toda filosofía, ¿qué puedo saber? -pregunta epistemológica-, ¿qué debo hacer? -pregunta moral-, ¿qué me está permitido esperar? -pregunta religiosa-, que podían resumirse en una sola, ¿qué es el hombre? -pregunta antropológica-, fueron contestadas de muy distintas maneras en el siglo XIX y XX; la postura general, más o menos, fue la de Luis Cernuda: "No sé nada, no quiero nada, no espero nada, y aun si pudiera esperar algo, sólo sería morir donde no hubiese penetrado esa grotesca civilización que envanece a los hombres". Pero la resupuesta mejor sigue siendo la misma humilde que dio Kant: el sacrificio, el trabajo, el esfuerzo, en suma, el heroísmo vulgar de ser uno mismo, pero también no creerse mejor que otro y respetarlo como a uno mismo. Y eso se veía también en los viejos principios del derecho romano: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere: vivir rectamente, no perjudicar a otro, ocuparse de los propios asuntos y dar a cada cual lo suyo.

SI

Puedes conservar tu cabeza, cuando a tu rededor
todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;
Si puedes esperar, y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;

SI
Puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar
de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los pícaros,
para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos!

SI
Eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste
Y nunca mas exhalar una palabra sobre la perdida sufrida!
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando: “persistid, es la orden!!”

SI
Puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos,
pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado;
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;

Tuya será la tierra y cuanto ella contenga
Y -lo que vale más- serás un hombre! hijo mío!

Si

Si puedes mantener intacta tu firmeza
cuando todos vacilan a tu alrededor,
si cuando todos dudan, fías en tu valor
y al mismo tiempo sabes perdonar su flaqueza...

Si sabes esperar y a tu afán poner brida,
si siendo blanco de mentiras esgrimes la verdad
O siendo odiado, al odio no le das cabida
y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad...

Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey,
si piensas y el pensar no mengua tus ardores,
si el triunfo y el desastre no te imponen su ley
y los tratas igual que a dos impostores....

Si puedes soportar que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados,
o mirar hecha trizas tu dorada quimera
para tornar a forjarla con útiles mellados...

Si todas tus ganancias puestas en montón
las arriesgas osado en un golpe de azar
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus perdidas, vuelves a comenzar...

Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante,
para emplearlo cuando en ti todo flaquea
menos la voluntad que te dice ¡adelante!...

Si entre la turba das a la virtud abrigo,
si no pueden herirte ni amigo ni enemigo,
si marchando con reyes del orgullo has triunfado,
si eres bueno con todos pero no demasiado...

Y si puedes llenar el preciso minuto
con sesenta segundos de un esfuerzo supremo
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita,
y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

SI...

Si cuando todo está perdido
puedes el alma levantar
y aunque los tuyos te denigren
no haces caso de su maldad;

si cuando todos de ti duden
puedes en ti mismo esperar
sin que la espera te fatigue
ni enflaquezca tu voluntad;

si a la calumnia no respondes
si te odian y no aprendes a odiar
si no haces gala de tu ciencia
ni ostentación de tu bondad;

si sueñas y no te dejas
de tus sueños dominar
si piensas, mas no concientes
que te esclavice tu pensar;

si ni el triunfo ni la derrota,
turban tu serenidad
y a esos dos grandes impostores
los contemplas con rostro igual;

si a los histriones de la plebe
puedes tranquilo tolerar
que conviertan en torpe engaño
el esplendor de tu verdad;

si las obras que más amaste
ves derribadas sin piedad,
y tratas con rotos fragmentos
de reconstruir tu ideal;

si de todos tus grandes triunfos
puedes, sereno, hacer un haz,
para aventurarlo sin miedo,
a un solo golpe del azar;

si pierdes y no lamentas
si cuando sientes caducar
tus nervios y tu cerebro,
"Firmes" les grita tu voluntad;

si hablas con las multitudes
sin desmentir tu dignidad
y puedes tratar con los reyes
sin creerte de estirpe real;

si ni amigos ni detractores
rompen tu ecuanimidad
y aunque todos contigo cuenten
nadie te logra cautivar,

si sesenta segundos de avance
te bastaren para saldar
en el balance de tus días
el minuto implacable y fatal...

Cuando a eso llegues y eso alcances,
tuyo el mundo entero será,
y lograrás algo más grande,
hijo mío, un hombre serás


Si

Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila,
cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan
y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan.

Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera.
Si engañado, no engañas.
Si no buscas más odio, que el odio que te tengan.
Si eres bueno, y no finges ser mejor de lo que eres.

Si al hablar no exageras, lo que sabes y quieres.
Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo.
Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.
Si alcanzas el TRIUNFO ó llega tu DERROTA,
y a los dos impostores les tratas de igual forma.

Si logras que se sepa la verdad que has hablado,
a pesar del sofisma del Orbe encanallado.
Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
aunque esta obra sea la de toda tu vida.

Si arriesgas de un golpe y lleno de alegría,
tus ganancias de siempre a la suerte de un día,
y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea,
sin decir nada a nadie lo que eres, ni lo que eras.

Si logras que los nervios y el corazón te asistan,
aún después de su fuga, en tu cuerpo en fatiga,
y se agarren contigo, cuando no quede nada,
porque tú lo deseas, lo quieres y mandas.

Si hablas con el pueblo, y guardas la virtud.
Si marchas junto a Reyes, con tu paso y tu luz.
Si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman, y ninguno te precisa.

Si llenas el minuto inolvidable y cierto,
de sesenta segundos, que te llevan al cielo.
TODO lo de esta Tierra será de tu dominio,
Y mucho más aún ...

¡ Serás un HOMBRE, hijo mío !


Si

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero admites también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o, siendo engañado, no pagar con mentiras,
o, siendo odiado, no dar lugar al odio,
y sin embargo no parecer demasiado bueno,
ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar
-y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar
-y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre
y tratar a esos dos impostores exactamente igual,
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,
O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable
con un recorrido de sesenta valiosos segundos.
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene,
y —lo que es más— ¡serás un Hombre, hijo mío!


If…

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or, being lied about, don't deal in lies,
Or, being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise;

If you can dream - and not make dreams your master;
If you can think - and not make thoughts your aim;
If you can meet with triumph and disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to broken,
And stoop and build 'em up with wornout tools;

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breath a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: "Hold on";

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings - nor lose the common touch;
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run -
Yours is the Earth and everything that's in it,
And - which is more - you'll be a Man my son!



domingo, 27 de septiembre de 2009

Momentos temperamentales históricos.


*Fernando Fernán Gómez, harto de todo.

*Francisco Umbral, que quiere hablar de su libro.

Medidas extremas


Desde que PRISA perdio el pastel de la tv de pago, El País está dispuesto a no pasarle una a su antaño amadísimo Zapatero, y ahora está disparando todos sus cañones contra la reforma impositiva, que, de no ser por la TV, habría vendido como una bendición del cielo. Cuando digo que los periodistas apenas se diferencian de los políticos sé de lo que hablo. Son alérgicos a toda razón y a toda ética, y sólo miran el dinero. Eso es lo único para ellos. Así que los mileuristas y dosmileuristas, la clase media en general, vamos a pagar la crisis. Pues qué bien; los bancos, bancos cuyos consejos de administración se nutren de políticos en paro, y sus gordos y logreros despositantes mayoritarios, son los únicos que se se salvan como siempre se han estado salvando. Pues qué bien. Y todavía hay gente que piensa que votar sirve de algo. ¡Ilusos! Lo único que serviría de algo sería quemar todas las televisiones, todos los periódicos, todas las discotecas y todos los estadios de fútbol. La gente, entonces, ya no tendría otro modo de divertirse que degollando privilegiados.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Protestantismo


El Protestantismo tiene mucho que aportar a este país. Un sentido de la fe más neto y auténtico y una ética que valora el trabajo, el esfuerzo, la cooperación, la cultura y la responsabilidad. Algo que estamos perdiendo cada vez más para parecernos a países tan católicos como Italia, Polonia y Portugal, que de tan poco se pueden enorgullecer. Unamuno supo verlo y supieron verlo los expulsados de nuestro país en la primera reforma, personajes que todavía están oscurecidos por la visión de la historia que ofreció Marcelino Menéndez Pelayo y los neocatólicos del siglo XIX, visión robustecida por cuarenta años de dictadura.

12 euros


¿Cómo podría sobrevivir con un sueldo de 12 euros durante un mes? Con eso no podría ni dar de comer a mi familia durante un día. Pero ese es el salario medio de Cuba, donde no tienen ni siquiera papel higiénico para limpiarse el culo, suponiendo que tuviesen algo que desperdiciar.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Estas botas están hechas para caminar, de Nancy Sinatra

La famosa canción de la maja Nancy Sinatra, These Boots Are Made For Walking (1966) en cuatro versiones encantadoras, en blanco y negro y color, con coreografía y sin ella, a cual mejor (aunque la coreografía de la tercera es magnífica):

Primera
Segunda
Tercera
Cuarta

Y aquí debajo, la letra original y una adaptación de la letra al español por menda, el que suscribe:

You keep saying you got something for me
something you call love but confess
you've been a'messin' where you shouldn't 've been a'messin'
and now someone else is getting all your best
well, these boots are made for walking, and that's just what they'll do
one of these days these boots are gonna walk all over you
You keep lyin' when you oughta be truthin'
you keep losing when you oughta not bet
you keep samin' when you oughta be a'changin'
what's right is right but you ain't been right yet
these boots are made for walking, and that's just what they'll do
one of these days these boots are gonna walk all over you
Leadbreak
You keep playing where you shouldn't be playing
and you keep thinking that you'll never get burnt (hah)
well, i've just found me a brand new box of matches (yeah)
and what he knows you ain't had time to learn
these boots are made for walking, and that's just what they'll do
one of these days these boots are gonna walk all over you
Spoken
Are you ready, boots?
start walkin'


Sigues diciendo por ahí

que tienes algo para mí,
algo que llamas amor,
pero confiesa:
has estado metiéndote en líos
donde no deberías tenerlos,
y ahora alguien más se está llevando
lo mejor de ti.

Estas botas están hechas para caminar,
y eso es justo lo que harán:
uno de estos días
por encima te pasarán.

Sigues mintiendo
cuando deberías decir la verdad
y sigues perdiendo
cuando no deberías apostar:
sigues igual,
cuando deberías cambiar.
Por ahora está bien lo que está bien,
pero tú aún no lo estás.

Estas botas están hechas para caminar,
y eso es justo lo que harán:
uno de estos días
por encima te pasarán.

Sigues jugando
cuando no debías jugar,
y sigues pensando
que nunca te quemarás... ¡Ja!
Acabo de encontrar
un cerillero nuevo, ¡yeah!
y lo que sé yo
tú no lo has llegado a saber

Estas botas están hechas para caminar,
y eso es justo lo que harán:
uno de estos días
por encima te pasarán.

¿Están preparadas, botas?
¡A caminar! ¡Ya!

Otra versión más libre:

Sigues diciendo por ahí
que lograste algo de mí,
algo que llamas amor,
pero confiesa que has ido
más lejos de lo debido
y que ahora otra consiguió
todo de todo y de lo mejor;
estas botas están hechas para andar,
y eso es justo lo que harán.

Uno de estos días, estas botas
se pasearán más allá;
cuanto guardas seguirás tirando
y cuanto apuestes perdiendo
y jamás tendrás razón,
estas botas están hechas para andar
y eso es justo lo que harán.

Pero si sigues jugando donde no debes
pensando que nunca te quemarás; ¡ah!,
yo tengo una caja de cerillas ¡sí!
y lo que no sabes es que estas botas
que por todas partes van
un día de paseo se irán
y por encima te pasarán.

jueves, 24 de septiembre de 2009

25.000 días, es todo.


Es lo que dura por término medio una vida humana. Es curioso que si la medimos en unos pocos años la veamos tan larga, pero, si la medimos en sus muchos cotidianos días, nos parezca tan poca. Veinticinco mil días, de los cuales ya han pasado... ¿Cuántos me quedan? Unos millares, apenas. Hay que aprovecharlos bien: ni un día sin perder. La vida humana, la nuestra y la de los demás, es todo lo que tenemos.

Cine. Bajo el sol de la Toscana, de Audrey Wells


Pasearse Bajo el sol de la Toscana (2003) no es lo mismo que bajo el de Marbella, sin duda. Esta película es una comedia magnífica, primorosamente rodada, con una interpretación de una Diane Lane que enamora. La crítica, siempre pretenciosa, la ha tratado desproporcionadamente, y no ha sabido ver su humildad, que es en estos tiempos toda una virtud, ni la paz que transmiten sus tópicos asumidos y sus idealizados ambientes. La recomiendo a todos que la vean: carga las pilas nerviosas, ensancha los pulmones y te pone bien con la vida. El libro del mismo título en que se funda fue un éxito internacional, y narra la vida de Frances Mayes, poetisa y catedrática de literatura estadounidense que refundó su vida en las colinas de la Toscana. Audrey Wells ya hizo una comedia que no estaba mal, aunque no le llegaba a los zapatos a esta, La verdad sobre perros y gatos.

Vote a la CACA


Uno, y creo que incluso más de uno, recuerda aquel infefable partido político, los CACA (Ciudadanos Agobiados y Cabreados Asociados), cuyo nombre se adoptó porque era lo que mejor los definía; ahora se llaman simplemente CAyC, y todavía comparto bastantes de sus demandas. Se ve que el tiempo no cambia, y mucho menos soluciona, las mismas cuestiones de siempre.

Ladrillos verdes para Puertollano


Millones de cenizas se acumulan en las escombreras de Puertollano, salidas de su central eléctrica y de sus minas, contaminando el entorno y las aguas del río Ojailén, y produciendo enfermedades respiratorias a los barrios cercanos a las mismas. Lo sé porque yo he vivido allí. Pero resulta que esas cenizas no son tan inútiles como parece. Se pueden hacer con ellas ladrillos ecológicos, mucho más baratos que los otros y que requieren menos consumo de energía. ¿Por qué no construir una factoría de ladrillos allí, y así combatir el paro endémico de esta ciudad? Si no se aprovecha esta oportunidad, es que están ciegos.

Ibant obscuri sola sub nocte per umbras


Dar clases en nocturno es algo muy romántico y tenebroso. "Infame turba de nocturnas aves / gimiendo tristes y volando graves", que dijo Góngora. Los pasillos se vuelven lóbregos, la sala de profesores solitaria, las taquillas parecen ocultar siniestros secretos en su interior y los murciélagos chirrían en los árboles. Se oye hasta el zumbido de los fluorescentes, que produce algo de dentera. Alumnos y profesor parecen ubicados en las afueras de todo, afligidos por una balcánica desdicha, y se dispersan tras las clases cada uno a su olivo como los mochuelos, siguiendo un oscuro derrotero plagado de peligros. El silencio se vuelve ominoso, que dicen los novelistas, y si uno se tropieza con algún desconocido, frunce el entrecejo, que siguen diciendo. Batman y Spiderman se pasean por los televisores y uno parece esperar que algún asesino en serie salte tras de cualquier buzón y lo acogote.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Cine del 27


El documental El deseo y la realidad refleja las pocas imágenes en movimiento que tenemos de la Generación del 27, filmadas en 1928 por Juan Guerrero Ruiz.
Y son muy intensas: con un adecuado fondo sonoro del poema que les dedicó Jorge Guillén, aparecen vivos de verdad, todavía, en sus mismos gestos, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Fernando Villalón... Impagable. Me ha emocionado. Sólo unos segundos, pero al parecer dura una hora entera. Y eso que la poesía de Guillén no me emociona.

Contento


Estoy contento con los cursos que tengo, pero mi horario es como la estructura espacio-tiempo del universo según George Smoot: lleno de huecos y llenos, esponjosa, con burbujas vacías de inmenso espacio-tiempo cóncavo y negro, algo así como la magdalena de Proust (ya se sabe, En busca del...) ¿Es el universo estético? ¿Espacio medio vacío o medio lleno? ¿Se expande o se contrae? Dicen que se expande, que los vacíos aumentan, pero la verdad es que no tengo opinión sobre las esponjas y magdalenas, como no la tengo sobre las piedras pómez; estas eran, creo remembrar, materia volcánica, que servía en mi infancia para arrancarse la roña, mugre o ñorda de las rodillas, cosa tan antigua y camp como el jabón lagarto, pero no se movían, no eran elásticas, como las esponjas y las medusas.

Hubo una reunión sobre la revista informática. Se habló de un programa para escribir php, el Joomla, que yo conocía de nombre pero había olvidado, de forma que me sonaba a Home Lab o algo así. Memoria creativa y convergente. Uno olvida mucho en estos tiempos, aunque no a causa del Alzheimer, parece ser; vivir en este faraónico instituto le hace a uno temer acabar envuelto en vendas. Yo lo que aprendí fue a escribir html, una palabra tan deshuesada de vocales como la otra, aunque por lo visto es más o menos igual y funciona lo mismo, aunque no sé, no m'aclaro con estas modernidades o moderñeces. Habrá que migrar la página del departamento; José Luis dice que ahora le dan toda la memoria que se quiera; antes, no, antes teníamos Alzheimer. Aquí vamos como El increíble caso de Benjamin Button, rejuvenecemos que es un primor. Pues qué bien, porque Geocities va a cerrar y nos va dejar con el culo al aire, con el frío que hace y va a hacer, y la gripe que nos va a llegar.

Pero bueno, todo esto es sólo literatura.

Con Joaquín, en la Poblachuela

Hace unos días me llamó Joaquín González Cuenca, que quiere que le busque unas cosillas para su tremendo estudio sobre el cervantista Nicolás Díaz de Benjumea. Fui a la finca que utiliza para trabajar, donde aposenta su enorme biblioteca especializada en medievalismo; le envidio esas magníficas estanterías más que los libros, de los cuales ya estoy harto; pregunté por su famosa colección de barajas y me las enseñó; debería donarlas a un museo etnográfico, a condición de que éste las exhibiera como merecen; creo que hay un museo de barajas en Vitoria, la sede de Fourier; tal vez allí; él estima la posibilidad, porque se va a jubilar el año que viene; también tiene que deshacerse de sus libros, purgar la biblioteca. Goza de una envidiable salud, a pesar de lo mucho que fuma; me acuerdo de su forma de degollar colillas tirándolas al suelo con tal fuerza que hacía saltar chispas de brasa. Vegetariano como es, durará aún muchos años, y le digo que debe tener los genes antinicotina de los que hablan. Se queja de que todos sus amigos se le están muriendo, se está quedando solo, y lo compruebo, pues ayer mismo me enteré del óbito del pobre medievalista inglés Alan Deyermond quien, a juzgar por la entrevista que he transcrito, debía ser hombre por extremo simpático, por el estilo de mi admirada doña Hortensia. Joaquín desea marcharse al sur de Francia, a Italia o a Portugal; yo le sugiero Valencia, las Canarias o Marruecos. Parece que al fin se irá a Portugal. Está hasta los mismísimos de España. También se queja de la falta de agua que padece la Poblachuela, que le impide regar debidamente las hortalizas que él mismo se cocina; por lo menos sus árboles gozan de buena salud. No le he preguntado por sus gallinas, aunque mucho me temo (no oí ningún cacareo) que no habrán podido soportar el calor del verano. Me habla de su hija, quien, tras su paso por un banco, ha descubierto al fin el encanto de trabajar en la enseñanza secundaria y se está preparando las oposiciones de inglés en Andalucía. Me cuenta también otros chismes que no son para decir aquí; le actualizo los programas de su Windows Vista e instalo un antivirus, y me lleva a casa en su coche.

El profesor y otros macroorganismos extremófilos


El profesor es un organismo extremófilo: aguanta condiciones ambientales muy hostiles: frialdad, presión, acidez, sequedad, un calor que podría quemar al más incombustible, y condiciones alcalinas de una sosería inimaginable, habida cuenta de la falta de entusiasmo de algunos chicos. Incluso soporta la radiación de esas reformas llamadas ESO, LOGSE y LOE, que amenazan con destruir todo su genoma primario y secundario y disolver su membrana celular. Lo que no puede soportar es que venga un meningococo o meningococa, tal que ministril o ministrila de educación, y se ponga a hacer otra reforma de la reforma que a mi razón se hace. ¡No, por Dios!

Ha muerto Alan Deyermond


Ha muerto Alan Deyermond, el gran hispanista y medievalista inglés, y esto ha causado una gran polvareda en el Hispanismo. Esta es una entrevista con Deyermond publicada en El País:

El País, 23-IV-2006

Este hombre enjuto, delicado, educadísimo se ha pasado su vida, que empezó en Egipto hace 73 años, mirando qué pasó en la Edad Media española, y es casi un pariente de los personajes de El Cid o de La Celestina. Al contrario de lo que pueda pensarse, este sabio no es un genio despistado y perdido en aquel mundo de nubes de colores que él identifica con el medievo, sino que es un ciudadano actual, un liberal británico (militante del Partido Liberal Demócrata, aunque últimamente se olvidó de pagar las cuotas) que anda preocupado por las consecuencias de algunos desastres mundiales, entre ellos la invasión de Irak. Cuando fuimos a verle, en la recoleta e histórica ciudad inglesa de St. Albans, el taxista que nos condujo, un musulmán, supo que íbamos a entrevistar a un personaje que sabía mucho del pasado de España, y nos dijo: “Ah, la Inquisición”. Cuando le contamos la anécdota a Alan Deyermond, sentado en medio de sus innumerables libros (pero no en su despacho –“es un desastre, se llevarían ustedes una impresión horrible de mí”–), este catedrático y maestro que ha enseñado hasta hace poco en el Queen Mary College de Londres, vegetariano estricto, maestro de numerosos medievalistas españoles y de todo el mundo, levantó el dedo y señaló, como si se dirigiera al taxista: “Sí, pero España no tiene Guantánamo”. La casa de Deyermond es una pacífica vivienda en la que él y su mujer, Anne, también profesora, atesoran recuerdos de una larga vida en común; uno de esos recuerdos, de los más queridos, es Tom, el caniche grande que el profesor llevaba a sus clases, para regocijo de sus estudiantes, y del propio perro. Tom murió hace unos años, y junto al jardín trasero de la casa están sus cenizas reposando después de una vida que les dio alegría a sus ahora nostálgicos dueños. De Tom, precisamente, empezamos a hablar; y no sólo de Tom, sino del Mío Cid, uno de los grandes personajes del elenco de los intereses históricos de Alan Deyermond. Xelo Sanmateu, una de las colaboradoras españolas de este especialista en el Cid y en la Celestina, entre otros personajes de la historia medieval española, nos había advertido de la pasión del profesor por Tom, que en efecto es, como aquellos personajes de la historia, una presencia viva con la que el medievalista también conversa.

Parece que ‘Tom’ era todo un personaje, también en clase…

Imagínate. Incluso hacía el papel del león del Cid, porque era un caniche grande…

Y usted le implicaba en las clases…

Sí, le decía: “Tom, quizá esto no te interesa mucho, pero tengo que contarlo”. Y cuando no le interesaba algo se dormía, como los alumnos. Un día estaba explicando un episodio del Cid; Tom dormía a mis pies, y le dije: “Tom, márchate”, y él se levantó, como si estuviera pendiente de toda la clase, y se fue. Los alumnos lo premiaban, siempre que hacía cosas así, con un aplauso inmenso.

¿Cómo fue su relación con ‘Tom’?

Fue como nuestro hijo. Vivió casi 14 años, que es poco tiempo; nuestro segundo perro, también un caniche grande, vivió 15. Nuestro primer perro, un caniche mediano, vivió más de 15. Tom tuvo problemas de salud en los últimos años, y eso le acortó la vida. Nuestro primer perro estuvo con nosotros mucho antes de nacer nuestra hija; era un caniche grande, negro. Creció con ella, y ambos mantuvieron una rivalidad intensa. Un día nuestra hija, que ya tenía ocho años, le dijo a mi mujer, Anne: “A veces siento que aprecias más al perro que a mí”. Y Anne le dijo, con toda naturalidad: “¡Cómo puedes decir eso! Sabes perfectamente que no hacemos ninguna diferencia entre vosotros”.

¿Cómo era usted como profesor?

Eso se lo tiene que preguntar a los alumnos… Dar clases ha sido mi vocación… Mi madre fue profesora en la escuela primaria; era muy buena, llegó a directora. Supongo que es algo que heredé.

Y sus profesores también le enseñarían…

Entre mis profesores de Oxford hubo una gama muy amplia. Hubo pésimos, hubo buenos o excelentes, y hubo uno magnífico. En la universidad entré a estudiar francés y español. La parte de francés fue catastrófica. ¡Los idiomas modernos se enseñaban como si fueran lenguas muertas! No había clase de conversación, por ejemplo, ni se obligaba a los estudiantes a viajar en busca de la lengua que aprendían… Además, en el caso del francés, la enseñanza de la literatura era malísima. La del español fue mucho mejor. Por eso me cambié, y me dediqué por completo al español.

Usted ha dicho que el francés tiene en el mundo “una prevalencia ilógica”. ¿Está el español infravalorado como lengua?

Hace 50 años era así. Ahora es distinto, ahora la gente se da cuenta mucho más de la importancia del español como lengua mundial, mientras que el francés ha perdido algo de su prestigio.

¿Y qué pasó para que el español haya recuperado terreno?

En parte sospecho que por el aumento de los viajes por avión, y en parte también a la importancia creciente de América Latina. A nivel personal sucedía una cosa: aunque uno no supiera bien el idioma, a los españoles les encantaba que uno intentara hablar su lengua, pero los franceses te despreciaban si no lo hacías bien…

En Inglaterra también ocurre: si usted no habla un inglés perfecto le desprecian…

Eso no lo hace gente que tenga cierta formación… Pero déjeme que le cuente esta anécdota. Hace más de 40 años estaba investigando en Palencia unos documentos en el archivo de la catedral, y me hice amigo del bedel, que me invitó a su casa, a tomar café. ¡Para mí fue un honor inmenso, porque entonces no era común que los españoles invitaran a un extranjero a su casa! La mujer del bedel no leía tanto como su marido, y cuando acabó la visita ella me preguntó de dónde era. Cuando le dije que era de Inglaterra quiso saber qué idioma hablábamos en mi país. El bedel hizo signos de alarma. Pero ella no se arredró y me dijo: “Así que eso que usted nos viene hablando es inglés”. “No, señora”, le repliqué, “pretendía ser español”.

Usted ha estado pendiente de la Edad Media, ¿pero cómo ha visto la evolución cultural y política española de nuestro tiempo?

Fui a España en 1952, aún en los años peores de la dictadura… En la democracia, España ha dado de sí un aspecto magnífico. Culturalmente, el cambio me alegra, aunque veo signos alarmantes en costumbres relacionadas con las drogas o con la promiscuidad sexual, y no sólo en España… Cuando fui por primera vez, la gente tenía miedo de hablarte; ahora puedes tener relaciones amistosas con cualquier español. Me encanta ir a España.

Y ha vivido la evolución española como si fuera un español…

En cierta manera. Voy con frecuencia, seis o siete veces al año. Y vienen muchos españoles a verme y a estudiar conmigo…

Debe de ser gratificante que los alumnos que tuvo quieran seguir aprendiendo de usted una vez jubilado…

No lo había previsto y me gusta mucho. Cuando me jubilé, en el verano de 1997 –porque la jubilación a los 65 años es obligatoria–, te dan un título de catedrático emérito; significa tan sólo que has sido catedrático y que no estás en la cárcel… Pues cuando me jubilé seguí dirigiendo las tesis que ya dirigía, no podía aceptar nuevas… Tuve propuestas para enseñar en California, y eso me permite seguir siendo profesor. Del mismo modo, cada año doy una semana de clases en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en Madrid… Es un curso de alta especialización. Es muy enriquecedor para mí.

¿Y usted sigue aprendiendo?

Sí, sobre todo de los jóvenes.

¿Y qué está aprendiendo ahora?

Recopilo nuevos datos bibliográficos, encuentro nuevas maneras de enfocar obras que ya conocía, y trato de conocer obras y escritores que no conocía.

Ahora son los estudiantes los que le marcan a usted los asuntos pendientes…

Para mí la enseñanza ha sido una calle de sentido doble. Al principio, los alumnos aprendían más de mí que yo de ellos; eso era en la licenciatura. Pero cuando se acercan a la tesis, yo aprendo mucho más de ellos que ellos de mí…

¿Qué le preocupa ahora más de todo lo que ha estudiado como medievalista?

Hay demasiados temas. Paso mucho más tiempo del que quisiera leyendo trabajos de otras personas; soy editor en el sentido inglés, me preocupo de que esos textos sean adecuados… Dos años antes de jubilarme lancé una colección monográfica con lo que salía de mi seminario de investigadores… La colección empezó en 1995, y este mes publicamos el tomo 50. Me obliga a leer la correspondencia con los autores, a leer las pruebas, y a menudo incluso maqueto los libros… Tengo otro proyecto que me ocupa mucho tiempo… La British Academy celebraba su centenario [nació en 1902] y me encargó un tomo sobre los estudios medievales en Gran Bretaña en el siglo XX… ¡Casi 30 capítulos, sobre historia, literatura, arqueología, musicología…! He trabajado con 30 colaboradores y ha sido una pesadilla, en parte por incompetencia mía, en parte por la riqueza y variedad de la naturaleza humana que se ha revelado en algunos colaboradores y en parte también porque a medio camino del proyecto me operaron del corazón, una operación muy dramática, ¡a corazón abierto! Pero, gracias a Dios, ese tomo, de 850 folios, ya está en imprenta. Esto me deja más tiempo para la investigación…

¿Y lo que más le preocupa a usted mismo?

La literatura perdida. Publiqué hace años el primer tomo de mi catálogo sobre épica y sobre romances perdidos. Tengo que publicar tres tomos más de este catálogo de obras perdidas. Y me interesa mucho el bestiario medieval, la seudozoología…

¿Qué ha encontrado en la literatura perdida?

No encuentro obras perdidas; sí estudio fragmentos, alusiones a libros que ya no existen; estudio catálogos de bibliotecas medievales, lo que dicen varios autores de su propia producción…

¿Tenemos nosotros más literatura perdida que los británicos, por ejemplo?

Probablemente sí, pero sólo para la literatura inglesa existe un libro muy bueno –no es un catálogo– que se llama The lost: the literatura made in England; pero en el francés, el italiano, el español o el latín medieval no tenemos los estudios correspondientes, y no hay catálogo de la literatura perdida tampoco en catalán o portugués…

Usted es un hombre de este siglo. ¿Se puede sentir contemporáneo de la Edad Media? ¿Qué le dice ese periodo?

El mensajero, una novela inglesa de hace 40 años, que luego fue película de Joseph Losey, empieza con esta frase: “El pasado es un país extranjero…”. Aunque técnicamente para mí España es un país extranjero, no lo es en la medida en que lo pueden ser Rusia, Francia o Italia… Cuando voy a España me siento en mi país, yo soy hijo adoptivo de España… Del mismo modo, la antigüedad clásica es para mí un país extranjero, pero después de haber estudiado tanto la Edad Media, cuando leo una obra medieval no la leo con ojos de hombre medieval, pero sí soy consciente de cómo la habría leído un medieval…

¿Cómo eran los hombres medievales?

Mucho más lógicos de lo que se cree. El gran medievalista C. S. Lewis dice que en la Edad Media la gente sabía más o menos cuándo una idea se había comprobado y cuándo no. Tenían un acercamiento lógico a las ideas, algo que ya no es común.

¿Cómo eran las relaciones personales en la Edad Media, y las relaciones con el poder?

No lo sabemos todo… Las cartas personales, que había pocas, son también un poco oficiales… Se han descubierto cartas, que ahora son famosas, de una familia de Norfolk; casi todas eran de mujeres. Y hay una pequeña colección de una barcelonesa, Seleneta de Tous, que se queja de las ausencias de su marido. Se expresa de manera elocuente, con un espíritu independiente.

Había también en ese tiempo cartas y libros para ayudar, para consolar… Como los libros de autoayuda de hoy…

No era lo mismo. Esos libros de hoy se hacen para un mundo sin Dios. No digo que hagan propaganda del ateísmo, simplemente no tienen en cuenta a Dios. Los manuales de la Edad Media se escribieron y leyeron en un contexto con Dios. Por eso existe el concepto del deber moral. Por resumirlo, diría que en los libros medievales se contestaba a la pregunta: ¿cómo puedo ayudar a mi vecino? Ahora la pregunta es: ¿cómo me puedo ayudar a mí mismo?

Usted ha estudiado mucho el ‘Libro de buen amor’…

Es casi imposible estudiar bien el Libro de buen amor, es tan enigmático… Las palabras cambian de significado en una parte y en otra del libro… Es más difícil este libro que La Celestina o que Mío Cid.

¿Cómo concebían el amor en el medievo?

De manera no muy distinta; siempre hubo enamorados y desenamorados… Y bueno, las relaciones han cambiado; entonces hubo mucha menos libertad para los jóvenes, excepto para las campesinas…

¿Por qué?

Porque se iban a trabajar fuera de casa, no había manera de controlarlas; la aristocracia vigilaba más a sus hijos…

¿Qué le hizo interesarse por ese mundo?

Supongo que fue casualidad histórica. Fue una revelación leer el Mío Cid y La Celestina. Estaba en el último año de la licenciatura, quise quedarme en la universidad haciendo el doctorado, y esa revelación fue decisiva.

¿Qué le interesó del ‘Mío Cid’?

Los personajes, la estructura, el diseño… No me interesaron tanto las descripciones de batallas como la disposición del Cid para evitar la recuperación del amor…

¿Le parece ahora muy español el Cid?

No diría que poco español, pero tampoco me parece muy español. Es un hombre muy especial, muy individual…

¿Qué sería hoy?

¡Uf!, quizá presidente del Gobierno.

¿Sabe que el ex presidente Aznar escogió el Cid como su disfraz antes de unas elecciones generales?

Muy acertado.

¿Y el Cid hubiera sido un presidente conservador o progresista?

El Cid histórico hubiera sido probablemente conservador; el del poema hubiera sido más complejo, más interesante.

La Celestina, ¿sería hoy una mujer despreciable o tendría un puesto noble?

Las dos cosas. Piense que hay mucha gente que tiene un puesto noble que es despreciable… En La Celestina vemos una microsociedad femenina, la casa de la Celestina, que funciona dentro de la macrosociedad masculina y es más permanente que ésta… Al final de la obra no sólo ha muerto Calixto, sino que toda la sociedad está en duelo; mientras que si matan a la Celestina, toda su sociedad va a seguir… Yo pienso que la Celestina sería hoy la dueña o directora de una empresa publicitaria, o de contactos…

¿Se divierte usted con lo que hace?

No sólo me interesa, sino que me divierte lo que hago. Mi mujer me decía el otro día que está muy contenta de que mi trabajo me atraiga como hace 50 años. Me pasa desde que conocí a mi tutor, el profesor Robert Pring-Mill… Mi tutor en el primer año de la licenciatura fue Alberto Jiménez-Fraud, que había sido director de la Residencia de Estudiantes. Un hombre muy simpático, pero tenía poca idea de cómo eran los alumnos de Oxford… En la primera semana de mi segundo año vi anunciada una clase informal sobre Calderón, que iba a impartir el profesor Pring-Mill, y fui. Para mí fue una sorpresa que se pudiera explicar literatura de esa manera. Le pedí que fuera mi tutor. Inspiró todo lo que sé como profesor, dirigió mi tesis sobre La Celestina [Petrarca como fuente de La Celestina], que se transformó en mi primer libro, de 1961…

¿Cómo estaba el medievalismo cuando usted se puso a estudiarlo?

Se publicaban pocos libros, y los instrumentos que teníamos a mano eran del siglo XIX o al menos de 1913. No se había iniciado el proceso de editar los textos medievales. El cantar de Mío Cid se estudiaba prácticamente sólo desde el punto de vista histórico, o en todo caso se hablaba del valor nacional, del valor histórico, y al final se le dedicaba un espacio ínfimo al valor poético del texto.

¿Había mucha relación entre ustedes, los medievalistas ingleses, y los españoles?

Poca. Un día le presenté un investigador inglés del teatro medieval a un veterano colega suyo, español. Cuando éste supo en qué trabajaba su compañero más joven le dijo: “Todo lo que se puede saber sobre el teatro español está en mi libro. Buenos días”, y se fue. Es un caso extremo. Ahora, España está llena de medievalistas brillantes, que saben mucho y tienen ideas nuevas, son muy abiertos, generosos; tan generosos que mantienen la impresión equivocada de que yo tengo algo que decir.

Cuando fue a España encontraría un país muy medieval…

No exactamente. Era un país del siglo XIX. Bueno, me corrijo: Madrid era muy del siglo XIX. Y el campo era la Edad Media. La primera vez fui en 1952, para una visita a Granada, con estudiantes. Pasamos un día en Madrid. Me encantó desde el primer momento. Era demasiado joven e ingenuo para apreciar España totalmente. Lo que cambió mi relación con España ocurrió a raíz de la invitación que me hizo el profesor Francisco Rico para que me encargara del tomo de Historia y crítica de la literatura española [editorial Ariel] dedicado a la Edad Media… Me di cuenta de que mi relación con el español se hacía cada vez más fluida, y después de eso siempre me he sentido muy cómodo con España y con el idioma…

Seguro que ya España no tiene los rasgos medievales que advirtió en un principio.

No, pero tiene los rasgos naturales e inconscientes que la relacionan con ese periodo. Claro que tiene edificios medievales magníficos. Pero los españoles no han cambiado tanto, se me ocurre. Y siguen siendo igual de generosos. En ningún otro país se crearía un premio como el Lebrija para los que estudian su medievo… Cuando me dieron ese premio en 1994 tuve oportunidad de decirlo: es un verdadero placer sentir esa generosidad que viene seguramente de la Edad Media, y que a mí siempre me ha emocionado mucho.

Muchos años estudiando nuestro país. ¿Ya sabe de dónde viene, adónde va?

No sé adónde va. Pero ahora estoy más de acuerdo que nunca con Américo Castro: España es el resultado de una fusión, de un conflicto, de una convivencia de tres culturas… No se puede recrear esa convivencia en el mundo, parece que es imposible; esa separación entre las comunidades musulmana, cristiana y judía crece. Puede que me equivoque, pero la divergencia crece…

¿Y su país, el Reino Unido, adónde va?

Me preocupa la diferencia entre pobres y ricos; hay personas que ganan un millón de libras al año y otras que no tienen para vivir dignamente. Esa diferencia se acrecienta, y no es buena… Pasó con Margaret Thatcher; pasa con Tony Blair, que es consecuencia del modelo de su antecesora… ¡Un hombre que pasa las vacaciones con Berlusconi! Me preocupa también el antiintelectualismo de esta sociedad. ¡Hasta en los periódicos serios hay más errores que antes! Antes yo llamaba a los diarios para advertirles de los errores, y hace años se sentían consternados. Ahora no les importa nada cuando les llamo.

¿Y los británicos le perdonarán a Blair su participación en la guerra de Irak?

Es posible, pero yo no se lo perdono. Fue una guerra ilegal, un crimen con la ley internacional en la mano. No es que me oponga a toda guerra, no soy tan pacifista; de hecho, la otra guerra contra Irak, cuando este país invadió Kuwait, me pareció justificada, y la guerra contra Argentina por las Malvinas también me lo pareció. Pero no hubo razón alguna para la invasión de Irak.

¿Le hubiera gustado vivir en la Edad Media?

No, no podría vivir sin anestesia, sin calefacción… Los hombres y las mujeres medievales tienen que haber tenido una resistencia increíble a los dolores.

¿Qué tiene esta época que se parezca a la medieval?

La naturaleza humana… A esta época la veo a veces con admiración, a veces con mucha esperanza y a veces con desesperanza… Un optimismo con muchas precauciones.

Cuando venía a verle, el taxista musulmán ha dicho: “Ah, España, la Inquisición”.

Sí, una imagen. Pero Guantánamo no está en España. La Inquisición fue terrible, pero trabajó con reglas fijas; hubo mucha injusticia, pero no fue caprichosa, como ocurre en tantos países de ahora que se llaman demócratas… Lo de Guantánamo es intolerable. La Inquisición nunca habría tolerado los encarcelamientos sin investigarlos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Ha muerto Yoshito Ushui


Ha muerto el mangaka Yoshito Usui, el creador de Chin Chan. Uno, que echa de menos desde su infancia al anarquista Guillermo Brown de Richmal Cropton y su inefable pandilla, los Proscritos, ha encontrado en su madurez algo bastante semejante en este crío de cinco años, cuyas trastadas escatológicas contra la rígida y ceremonial cultura japonesa y su tremendo tradicionalismo encubren una gran ternura y amor por los seres humanos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Vicios propios

Uno tiene pocos vicios; comer bien, ir al cine, leer, ordenatear, el blog del padre Fortea... De esto último he intentado quitarme, pero no puedo. Me gusta leer a este tío y, si lo dejo de hacer durante un tiempo, luego recaigo miserablemente y me doy un atracón. Creo que lo voy a leer hasta que me muera, que será bien pronto, según ando de salud; no en vano voy a hacer testamento: no quiero que el estado les robe a mis hijas lo poco que les puedo dejar.

La única mujer que todavía me deja con la boca abierta es mi dentista, Mardelfina Rada Villegas, una venezolana de poético nombre que me está arreglando la boca desde que empezaron mis problemas con los dientes y ha compuesto la de toda mi familia desde que la tengo. Con esas manos de relojero que tiene nos deja fetén, para sonreír de oreja a oreja, aunque sea con coronas, puentes, fundas, empastes, endodoncias y tapando más agujeros que tenga un colador. Pero eso tiene que ver con el primero de mis vicios, comer bien. Me he puesto a régimen por fin. No es insufrible, pero me saca el vinagre del carácter para aliñar tanta ensalada, lo que en una persona tan depresiva como yo es peliagudo. Me obliga el corazón, que ya no está para más trotes, y se agazapa y amenaza desenchufarse por cualquier cosa, aunque mis kilos no derivan tanto de comer mucho como de consumir mucho líquido desorbitando mi tensión (gaseosa, cocacolas, café; soy un abstemio total de alcohol, salvo cuando hay banquetes y ocasiones especiales). Eso es algo también a controlar, antes de que me controle a mí.

Ir al cine; muchas veces recurro a Ono, que es más barato, pero tiene un catálogo paupérrimo; no voy al cine sin haberme informado previamente de lo que voy a ver; uno no puede perder el tiempo viendo cualquier bazofia.

Ordenatear: esa es mi cruz. Leer: ya no leo sino cosas muy, muy específicas, poesía, ensayo, biografías... El teatro no me va. La prensa, escritores raros del XVIII y del XIX... La biblioteca de Google es una bendición, y le permite a uno ahorrar mucho dinero cuando ahora las librerías de viejo por internet cobran el oro y el moro. Pero la verdad es que prefiero sentarme al lado de un árbol a escuchar el viento entre las hojas. El único sitio en Ciudad Real donde puede hacerse tal cosa, siempre sobre las ocho o las nueve de la noche, es en la esquina del antiguo correccional, frente a la gasolinera de Miguelturra, pero no hay bancos para sentarse y pasan los cohes haciendo ruido. Habría que grabarlo con un magnetófono, porque el concierto que hacen los pájaros y el viento es maravilloso. Y el padre Fortea... es un alma casi gemela de la mía, sólo que tiene algo que a mí me falta, un optimismo consustancial, por usar el adjetivo del concilio de Nicea... Ahora está en Roma, estudiando teología, pero no pasa día sin contar algo sobre lo que le ocurre, mínimas cosas que dan a la vida su asombro especial, y es de agradecer: así puede uno vivir cotidinamente otra existencia, aunque sea bajo sotana.

Música


Serena los nervios escuchar el Agnus Dei de Karl Jenkins, perteneciente a su himno por la paz The armed man: a mass for peace.