domingo, 18 de octubre de 2009
Pajarracos y pajarillos, ucellacci e ucellini, que decía el italiano
Leyes
Se nota que el único que las dicta justas es Dios o, más bien, lo es solamente porque es el único que podría dictarlas. Ser el único posee, entre otras virtudes, la de ser indiscutible, como ya sabía el culpable de esta discutible invención, el rey Josías, que pensaba inteligentemente en que le ahorraría quebraderos de cabeza. Josías es quizá el inventor del centralismo. La verdad es que Dios, si leyera en Caín de Saramago, por lo menos podría aprender sentido del humor.
sábado, 17 de octubre de 2009
Andrés Montes
Hay algunas personas que constituyen por sí solas un género literario: Francisco Umbral, Lola Flores, Jorge Luis Borges y, ahora, Andés Montes, quien no sólo se nos ha fallecido, sino que se ha dado de baja en la tele. La labia legendaria de este lechero café y semicubano comentador, que no comentarista televisivo de los épicos partidos de baloncesto entre negratas, blanquitos y mulatos, tenían el sello de lo irrepetible y el barrio aroma de la más profunda cultura popular; me lo figuro ahora llamando a la puerta del cielo, diciendo "¡Wilma, ábreme la puerta!" Creo que San Pedro ad vincula dejará sus cadenas y se la abrirá gustosamente y, encima, le pedirá que retransmita los partidos de las canchas celestes, celebrados con pelotas planetarias que se encestan en anillos saturnales. Allí estará, con su yulcalva, su pajarita de fuego, sus gafotas de veedor ministerial, transformado en un signo él mismo, que tan literario era.
Tal y como dijo Romay, aunque no exactamente, el mundo es un poco más triste sin él.
Caspar David Friedrich y Juan Bautista Maíno

Hay ahora en Madrid dos exposiciones de pintura interesantes; la primera es la de Caspar David Friedrich, el gran pintor alemán del Romanticismo, un místico que veía en la naturaleza un modo de entrar en contacto con lo absoluto, con Dios, y que no pintaba la naturaleza, sino el efecto que ella producía en seres humanos; el hecho de que considerara a los árboles como individuos y que estos se repitieran en sus composiciones es una forma de indicarlo; sus dibujos son pasmosos, cercanos a la abstracción: fisuras como las vetas de un mármol o un rayo oscuro, efectos de luces y sombras, elementos sencillos como una rama con apenas hojas o una brizna de hierba estremecidas por el viento, que trasladan por metonimia al todo colosal, lo acercan a la visión que los clásicos de la pintura japonesa tenían de la naturaleza. Sus bosques impenetrables transfigurados en catedrales, sus paisajes a la luz del crepúsculo, sus cielos morados, sus barcos rodeados de desdicha, a punto de partir o de llegar a ningún sitio, porque son cruces sobre la tumba sin límites del mar; sus asombros ante lo infinito, sus robles atormentados, sus montañas columnas y figuras simétricas, sus abetos disparados al vacío, señalando a las estrellas, sus noches negras como pozos de plata, son todavía efectivos, dan la impresión de lo imperecedero: la victoria del espíritu sobre el cuerpo, de lo romántico sobre lo clásico, de la naturaleza, la ruina y el sentimiento sobre la civilización, la arquitectura y la razón. Sus cuadros parecen no tener fin ni marco, ni comienzan ni acaban, dan la sensación de lo interminable, de lo incompleto, de aquello que se desvanece poco a poco como una visión, un fantasma, un recuerdo.
El otro es Juan Bautista Maíno, un barroco, místico también a su manera, con esos paisajes maravillosos que forman el fondo de su Juan Bautista o María Magdalena, o esos personajes humildes, ese cordero, ese burro, esos cacharros de arcilla... pero místico a la manera de un dominico, empapado de actualidad, con esa crítica terrible a la España oficial de Felipe IV que aparece en su cuadro Reconquista de la Bahía de Brasil, en la que el monarca aparece como un títere coronado/sostenido dentro de un teatrillo de guiñol por el Conde Duque de Olivares, mientras en primer plano se ve a la España real, al pueblo español herido y en la miseria, contrastando con la España oficial, la teatralesca de las empresas exteriores y las victorias militares, que aparece en el fondo del cuadro.
viernes, 16 de octubre de 2009
Edgar Lee Masters
Acabo de adecentar la sepultura de un gran enterrador, el deprimente poeta Edgar Lee Masters, que andaba sucia y sin flores en la Wikipedia. No hay traducciones completas de su camposanto, Antología de Spoon River (1915), en Internet, lo cual es una pena.
Más en apariencia que en esencia
Francesco Manetto ha escrito un artículo muy lúcido y lucido en El País; viene a decir alqo que cualquiera con dos dedos de frente ya sospechaba: que en esta sociedad importa más la apariencia del hecho mismo que su sustancia, como creía Baudrillard. El premio de la paz a Obama, concedido sin contenido alguno aún que lo avale, así lo confirma.
¿Ha hecho mucho Barack Obama por la paz? Desde luego ha hablado de ella, y valores como el diálogo, el multilateralismo o el deseo de cambiar el mundo impregnan sus ya célebres discursos. Pero en estos tiempos de comunicación masiva por todos los soportes posibles lo simbólico se sitúa a menudo por encima de lo factual. Así que eso, el mensaje antes que el hecho, el concepto universal de paz comprensible en todos los códigos de comunicación del planeta, es lo que se ha querido distinguir con el Nobel de la Paz. Para algunos, estaría mejor denominado como Nobel de la Comunicación.
martes, 13 de octubre de 2009
La educación y el Estado
Zapatero ha escrito sobre Educación, así que no hay que leerlo. Tampoco él hace caso de abucheos y demás, porque dice que constituyen un rito. Usted vote lo que quiera, que ellos harán lo que les dé la gana y encima le llamarán rito sin su permiso. De hecho, los políticos no hacen caso de nada de nada, y menos de la educación, que es algo que les es absolutamente ajeno, marciano, indescifrable, como la escritura gíglica. Por eso no hay que hacer caso de lo que escriben. Un político jamás podrá hablar de otra cosa que de política. La batalla por la educación en España se perdió ya hace mucho tiempo y esto ya es irrecuperable, como las Tablas de Daimiel, que arden y se consumen sin que se vea, como todo en España. El Guadiana es ahora un río de fuego, como el Aqueronte, allá en los Infiernos, donde se ahogan los alumnos, los profesores, los padres... y ningún político les echa una mano. Han bebido de la fuente Eunoe y sólo recuerdan y ven sus aciertos, las cosas fáciles, sus propios méritos, sus alabanzas. Están en los Campos Elíseos, regocijándose sin fin de lo buenos, guapos y ricos que son. En todo caso, politrincos y pedabobos podrían adornar su fracaso un poco haciéndose el harakiri con la espada del Cid o ahorcándose de un árbol de rama recia -están sospechosamente gordos-, pero qué va. Eso les presupone algo que no tienen: vergüenza, hidalguía... Por eso lo que pueden hacer, eso sí, y harán, ya lo veréis, es una nueva reforma educativa. Y después otra. Y luego otra. Y así... perpetuamente, para siempre jamás. Hasta que haya una reforma de esta mierda de Constitución, y luego otra, y luego otra más...
La sotana del padre Fortea
El padre Fortea es un quejica; cuenta hasta los mosquitos que le pican y las comidas malas que le ponen las monjas; pero sus lectores nos apiadamos de él por la gracia que pone en esas quejas y hasta hemos hecho una colecta para comprarle una sotana leve que no le dé calor en Roma y regalársela en su cumpleaños, que fue ayer. Qué quejica es el padre Fortea, pero también qué agradecido y qué simpático.
El Estado
No tengo nada contra el estado: es la única institución capaz de gestionar la corrupción para conseguir un reparto ecuánime de la misma, o sea, al revés de lo que ocurre en España.
Nacionalistas
Cobrar por los libros de las bibliotecas públicas
Pues yo defiendo la opción. ¿Por qué? No por los cosabidos derechos de autor, sino porque ya hemos alcanzado tales grados de paletez que, para que se se valore lo que es la la lectura y la cultura en general por algunos, ya no hay otro remedio que traducirlo a dinero, porque de otra manera ni siquiera se molestarían en saber que existen. Quiero que algo les cueste. Que les cueste hasta respirar porque hayan puesto precio al aire y al sol. Que sufran aquellos que sólo tienen tejido nervioso en el bolsillo. Que se den cuenta de que el alimento espiritual también hay que comprarlo en el mercado, porque es tan alimento como las patatas y los tomates y es necesario para vivir y poder crecer.
Valor económico de la educación, por Joaquín Estefanía

Joaquín Estefanía, El país, 12-X-2009
Hace poco se conocieron sendos informes del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial que coincidían en la pérdida de competitividad de la economía española. Las causas de ello eran múltiples, entre ellas la necesidad de mejorar el modelo educativo. En relación con esta crisis tan profunda que estamos padeciendo se acentúa el valor económico de la educación.
Este valor no es el primero a tener en cuenta. La primera dimensión de la educación es la ciudadana; en una sociedad democrática la educación es una de las fórmulas de ciudadanía, y por tanto es un derecho. Otra dimensión es la social: es un elemento nivelador de primer orden, de igualdad de oportunidades, de integración y de cohesión social. Se dice que la mejor política social a largo plazo es la educación. La tercera dimensión es la económica; en estos momentos, en nuestro país hay nueve millones de estudiantes y más de 800.000 profesores. En coyunturas de recesión se manifiesta la importancia de la educación en su relación con el desempleo. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de paro entre los menos formados duplica a la de los universitarios; cuanto más elevado es el nivel educativo, menor es la pérdida de empleo. Quienes sólo lograron cursar primaria tienen una tasa de paro del 25,4%; quienes estudiaron la primera fase de secundaria registran un desempleo del 23,6%; para quienes finalizaron la segunda fase de secundaria el paro se acerca al 17,3%. Los universitarios son quienes menos sufren el desempleo, con un 9,5% de tasa de paro. Y entre los doctores el desempleo es aún menor.
La crisis económica ha tenido como característica singular la de homogeneizar algunos problemas a escala planetaria, pero cuando se salga definitivamente de la recesión cada sociedad se enfrentará a sus propios fantasmas. Los de España son principalmente la falta de competitividad y un porcentaje muy alto y absurdo de desempleo. Para combatirlos es para lo que se necesitan las reformas estructurales, entre ellas la de la educación. El nuevo modelo de crecimiento que se busca no se basa sólo en la educación, pero sin ella tampoco será posible. De ahí que el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, esté empeñado en un pacto social y político que consiga mejorar, modernizar y estabilizar la educación. Veremos qué capacidad de sacrificios compartidos son capaces de hacer los que han de participar en él, en un puñado de asuntos cruciales que representan la clara inadecuación del sistema educativo.
Entre ellos hay un problema de financiación (aunque ni mucho menos es la única dificultad). Según la oficina estadística de la Comisión Europea, en 2005 el gasto en educación en relación con el PIB en la media de la Unión Europea suponía un 5,03%. España estaba en la cola con un 4,23% y por delante estaban países como Alemania (5,03%), Francia (5,65%), Italia (4,43%), Reino Unido (5,45%), Países Bajos y Finlandia. En 2009, la inversión del conjunto de las administraciones públicas en educación ascenderá a 52.000 millones de euros, es decir, un 4,95% del PIB, prácticamente el doble que en 2001 y tan sólo a poco más de una décima de la UE.
El diagnóstico de la situación lo ha proporcionado el último informe de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Más allá de los siniestros datos sobre el abandono y el fracaso escolar, que tanto se destacan, también hay otros muy representativos. Por ejemplo, el 49% de la población adulta sólo ha acabado la enseñanza obligatoria; el 51% de los españoles de entre 25 y 64 años tiene estudios postobligatorios, lo que supone que por primera vez este colectivo supera a quienes sólo han finalizado los estudios obligatorios; un 29% posee titulación superior y un 22% tiene estudios secundarios no obligatorios. Los titulados de formación profesional de grado superior han llegado al 14%, etcétera.
Habrá que seguir las vicisitudes de este pacto sobre la educación. Será un test central para saber quién asume como retórica y quién como realidad lo que el presidente del Gobierno escribía el pasado lunes en una carta abierta a los maestros: "Nunca antes nuestro porvenir ha dependido tanto de la educación, del conocimiento, de la capacidad creadora e innovadora, que son la base del bienestar y de un nuevo modelo de crecimiento económico".
domingo, 11 de octubre de 2009
Estoy bien
No estoy mal, porque no tengo motivos objetivos para estarlo ni mi querida familia me deja. Muy gentilmente Blade Runner se preocupa por mí, pero no debe inquietarse; lo que pasa es que a veces me pongo un poco elegíaco y me sale una Lamentación de Jeremías; mientras no pierda el sentido del humor y la prosa, aquí estaré. Lo que me ocurre es que estoy terminando la revisión de un libro y me entra un nosequé de angustia ante todo lo que he tenido que cortar y ante las decisiones tajantes que voy a tener que tomar en el sentido de dejarlo reducido a proporciones editoriales aceptables antes del martes. Por demás, el hecho de escribir es algo que siempre me sirve de exorcismo.
Libros
¡QUÉ LOCO TAN SABIO!
Ya partió; no se le alcanza
y verle fuera delirio;
lleva en su cuerpo el martirio
y en el alma la esperanza
A medida que él avanza
va aumentando el sufrimiento;
va resistiendo el tormento,
luchando su mente a solas,
ni se cuida de las olas
ni percibe el raudo viento.
Se va en los ignotos mares
internando poco a poco
aquel genio o aquel loco
lleno de duda y pesares.
Pensamientos a millares
que inundan su fantasía
riñen batalla bravía
en su cerebro fecundo.
¿Quién contiene en calma el mundo
de ideas que Dios le envía?
¡Cómo navegan ligeros,
viento y mar desafïando,
atrevidos anhelando
ver de un mundo los linderos!
¡Qué gigantes y qué fieros
y qué soberbios se ostentan
genio y mar! Su ira acrecientan
el genio, un mundo buscando,
y un mundo, la mar negando:
su tenacidad aumentan.
La borrasca bramadora
no intimida al navegante,
que aquel corazón gigante
no encuentra valla opresora.
Aunque vacila no ignora;
mas con la duda pelea.
Aunque el rayo centellea
y ronco retumba el trueno,
firme, tranquilo, sereno,
nada perturba su idea.
En el firmamento escrito
cree ver el feliz arcano,
pues su genio soberano
profundiza el infinito.
De su gran conciencia el grito
le da firmeza y valor,
y sufre con el ardor
de los grandes corazones
las terribles maldiciones
del marino aterrador.
Porque, en peligro creyendo
sus vidas, cerca la muerte,
maldicen la infausta suerte
amenazas dirigiendo.
El ánimo decayendo
va de aquella gente osada;
creen la empresa desgraciada
y a Colon un ignorante.
Este, "paciencia, adelante"
dice con voz apagada.
Y solicita, implorando
entre dudas y agonias,
tres días sólo, tres días,
para seguir explorando.
El marinero, jurando,
pues recela de su suerte,
el viento soplando el mar
las naves surcando el mar,
Colón, sin desesperar,
aunque le cerca la muerte.
El océano proceloso
tempestad amenazando,
aquel cielo horrorizando
imponente y tenebroso;
y aquel genio portentoso
que a cielo y mar desafía,
abismos son que a porfía
quieren mostrar su fiereza;
y del genio la grandeza,
¿Cederá con cobardía?
No cedió, diganlo España
y del turbio mar las olas,
las conquistas españolas,
en aquella tierra extraña;
dígalo quien nunca engaña,
el astro siempre brillante,
ese sol siempre radiante
para mi patria esplendente,
pues sólo besó su frente
esta Nación arrogante.
Y en tan venturoso dia,
el sabio al mundo asombraba;
antes loco le llamaba,
y del loco se reía.
¡siempre igual la suerte impía!
Colón fue un genio fecundo
porque nos buscó otro mundo;
si no le hubiera encontrado,
por loco hubiera quedado,
por el loco más profundo.
Publicado en La voz de Peñaranda, núm. 152, 17-III-1881
Es una delicia leer a Cossío; contaba con una buena prosa y sabía valorar bien la poesía, como compruebo al leer sus páginas sobre el llorado Larmig. Además es una mina de datos, con todos esos índices y biografías. Incluso está enterado de la edición del Sebastián de J. Aguilar en Ciudad Real, aunque no sabía nada sobre su autor, lo que es lógico, ya que Aguilar se pasó casi toda la vida en China y Filipinas ayudando a Sinibaldo de Mas. Poco a poco me estoy construyendo una biblioteca de poetas raros del XIX muy notable. En cuanto a Ramírez de Arellano, si me está leyendo Carlos, podría ir a la página 26, donde creo que encontrará algo interesante sobre el obispo manchego que está investigando, Francisco de la Dueña y Cisneros, que lo fue de Urgel. Sospecho que algo del torralbeño párroco de Santa María, Esteban Ramón Sánchez de León, debe andar también en el archivo del Cardenal Borbón.
El excremento del Diablo
El País, 11-10.2009
El petróleo empobrece. Los diamantes, el gas y el cobre también. Los países pobres que cuentan con abundantes recursos naturales suelen ser subdesarrollados. Esto ocurre no a pesar de sus riquezas naturales, sino debido a ellas. ¿Cómo puede ser que la riqueza natural de un país perpetúe la pobreza de la mayoría de sus habitantes? Debido a un fenómeno conocido como "la maldición de los recursos naturales".
Los gobiernos de países ricos en recursos naturales suelen perpetuar la pobreza de sus habitantes
Hay países que logran conjurar esta maldición. Noruega o Estados Unidos, por ejemplo, son a la vez petroleros y desarrollados. Pero son excepciones que no sólo confirman la regla, sino que también ilustran los antídotos contra esta maldición: democracia e instituciones que limitan la concentración del poder. Además, para neutralizar la maldición también es necesario mantener la estabilidad económica, controlar el gasto público, ahorrar para los años de vacas flacas, diversificar la economía, impedir la concentración del ingreso y evitar que la moneda del país sea demasiado costosa comparada con las de otras naciones. Los países exportadores de recursos naturales que no adoptan estas medidas empobrecen y maltratan a la gran mayoría de su población. La tragedia es que pocos logran evitar estos nocivos efectos. ¿Por qué?
La maldición de los recursos es como una enfermedad adictiva: le quita a la víctima la voluntad de curarse. Los grupos más poderosos de estas sociedades no tienen muchos incentivos para luchar contra los efectos perversos de la excesiva dependencia de los recursos naturales. Los efectos son perversos para el resto de la población, no para las élites. Éstas, por el contrario, se benefician de la situación.
El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), fue el primero en llamar la atención sobre esto. El petróleo, dijo, no es oro negro; es el excremento del diablo. La intuición de Pérez Alfonzo ha sido rigurosamente confirmada. Desde 1975, por ejemplo, las economías de los países ricos en recursos naturales han crecido menos que las de los países que no exportan principalmente materias primas.
Peor aún, en los países afectados por la maldición, los beneficios del crecimiento económico se concentran en pequeños grupos políticos, militares y empresariales. Además, su moneda se encarece con respecto a las de otras naciones, lo cual frena las exportaciones de todo lo que no sea el recurso natural que tienen en abundancia. Esto, a su vez, inhibe la diversificación de la economía y condena a los países a depender cada vez más de las exportaciones de su principal materia prima. En el caso del petróleo, el crecimiento que este genera no crea puestos de trabajo en proporción a su peso en la economía. Así, en los países cuya principal exportación es el petróleo, esa industria genera más del 80% de los ingresos totales, pero tan sólo el 10% del empleo. Inevitablemente, esto aumenta la desigualdad económica.
Dado que los gobiernos de los países exportadores de materias primas no dependen de los impuestos de su población para financiarse, sus líderes pueden darse el lujo de ignorar las exigencias y necesidades de sus ciudadanos. Éstos, a su vez, desarrollan relaciones tenues y parasitarias con el Estado. Además, cuando mucho dinero público es controlado por pocos individuos que no rinden cuentas al resto de la sociedad, la corrupción es inevitable. Las similitudes de países tan diferentes como Rusia, Irán o Venezuela no son una casualidad. Son el resultado de la maldición.
Es muy difícil sacar del poder a gobiernos ricos en petróleo que, además, tienen la posibilidad de usar sus vastos recursos financieros para comprar o reprimir a sus opositores. Las estadísticas demuestran que es mucho menos probable que un país petrolero autoritario se transforme en una democracia de lo que resulta para una dictadura que no cuenta con abundantes recursos naturales. Las estadísticas también confirman que, en todas partes, las autocracias petroleras gastan más en armas y ejércitos y son más propensas a tener conflictos armados.
Esto no quiere decir que los países pobres con abundantes recursos naturales estén condenados al subdesarrollo. Chile y Botsuana son extraordinarios ejemplos de países menos desarrollados que a pesar de ser exportadores de materias primas han escapado de la maldición. Sus experiencias confirman cuáles son las vacunas que protegen a un país contra sus efectos. Pero ¿por qué estos países estuvieron dispuestos a vacunarse y otros no? Nadie sabe. A quien encuentre la respuesta a esta pregunta habría que darle el premio Nobel. No el de Economía. El de la Paz.
El silencio
Se me acaban de caer casi todos los dientes de la parte superior de la boca; el dolor lo alivio con ampollas de nolotil; Mardelfina me ha encargado unas fundas y me va a poner una dentadura nueva, pero mientras llega tengo que estar mellado como un abuelo; no me molesta, pero uno se da cuenta de lo antiguo que es el material de que uno está hecho; cualquier día me meterán en una caja y me llevarán devuelto a la zapatería con los demás muertos.
La memoria del diablo
Rudolf Höss trazó su autorretrato en 'Yo, comandante de Auschwitz'
JACINTO ANTÓN El País, 10/10/2009
El susurro del diablo. Un diablo anodino, desapasionado, funcionarial, gris, pero diablo. El que mantenía encendidas las calderas. Así suenan las memorias del oficial de las SS Rudolf Höss (1900-1947), comandante de Auschwitz desde 1940 hasta finales de 1943, periodo en el que organizó como un macabro proceso industrial la muerte atroz de dos millones y medio de personas en el gran campo de exterminio. Höss, un tipo detestable donde los haya y no sólo por su papel en el mayor crimen de la humanidad sino por su bajeza y mezquindad, que le llevaron, no se lo pierdan, a juzgarse "una inconsciente ruedecilla en la maquinaria del III Reich" y a ¡compadecerse a sí mismo! por la magnitud de la tarea asignada -el asesinato de los judíos y otros considerados enemigos del Reich- , escribió su autobiografía en la prisión de Cracovia mientras esperaba a ser procesado tras su detención en 1946. El ex comandante, puntilloso especialista de la liquidación, fue condenado a muerte y colgado el 7 de abril de 1947 en un patíbulo alzado en el propio campo, en el centro del atormentado paisaje de su maldad.
Excepcional testimonio de uno de los máximos implicados en el genocidio nazi -y el único directo, de su puño y letra, de un comandante de campo de exterminio-, Yo, comandante de Auschwitz (Kommandant in Auschwitz, 1958) se publica en España (Ediciones B) de nuevo tras ser editada hace exactamente treinta años por Mario Muchnik en una edición hace tiempo inencontrable. La traducción es la misma, de Juan Esteban Fassio, pero la nueva publicación, aparte de escribir el nombre como Höss y no Hoess como en la primera (lo que hace más difícil la habitual confusión por homofonía del jefe del campo con el lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess), cuenta con una excepcional introducción de Primo Levi, escrita en marzo de 1985 y que ya vale todo el libro (por su interés, su emoción y no digamos su categoría moral).
Levi advierte que el libro está lleno de "infamias contadas con torpeza", que su nivel literario es "mediocre" (y se queda corto) y que el autor se revela "un canalla estúpido y verboso, basto, engreído y por momentos manifiestamente falaz". Y sin embargo, añade, "esta autobiografía es uno de los libros más instructivos que se hayan publicado nunca por cuanto describe con precisión el itinerario de uno de los mayores criminales de la historia".
El relato de Höss, que, pese a su vileza, confirma punto por punto todos los horrores de Auschwitz, ha sido considerado tradicionalmente en medios neonazis y revisionistas una falsificación o al menos una confesión arrancada a la fuerza y por tanto inaceptable, pero en sus memorias, el ex comandante no hace sino ratificar su testimonio en el proceso de Núremberg, donde declaró, con todas las garantías judiciales, como testigo de la defensa llamado por el abogado de Kaltenbrunner, el brutal y caracortada jefe de los servicios de seguridad del Reich (Höss no lo hizo muy bien, o sí, según se vea: a Kaltenbrunner también lo ahorcaron).
Nacido en Baden-Baden en una familia pía que quería hacer de él un sacerdote, Höss, tras algunas dudas, prefirió la vida militar. Con 15 años se alistó y luchó durante la I Guerra Mundial en Oriente Medio junto a los aliados turcos, defendiendo, entre otros lances, el ferrocarril del Hedjaz, por lo que podría haberle pegado un tiro Lawrence de Arabia. Desgraciadamente no fue así. El muchacho se mostró valiente, se convirtió en el suboficial más joven del ejército alemán y ganó la Cruz de Hierro. En 1919 se unió al Freikorps en el Báltico y en 1923 fue a parar a la prisión por un asesinato en el que también estaba implicado Bormann, que le ayudó luego en su carrera. Liberado en 1928, Himmler le invitó en 1934 a unirse a las SS.
Las páginas de Höss, cuajadas de autojustificaciones y teñidas de una falsa sensibilidad que provoca náuseas, incluyen perlas como cuando el SS confiesa que se mostraba tan duro e implacable para que no lo acusaran de débil, pues en el fondo, mira tú que gran ser humano, "experimentaba una gran turbación" ante los castigos corporales y asesinatos de deportados.
Höss inició su carrera de mastín en Dachau y luego pasó a Sachsenhausen, campo del que deja escritas "impresiones variadas y pintorescas", que incluyen palizas y ejecuciones. Pero es Auschwitz, claro, a donde llegó para poner el campo en marcha en todo su horror, lo que más aparece en sus memorias. "El mal ambiente de Auschwitz", dice, "me acabó transformando en otro hombre: me encerré en mí mismo y me hice duro e inaccesible". El SS nos adentra en el infierno del exterminio sin ningún preámbulo. De repente, ya está "liquidando" a los gitanos. "No resultó nada fácil hacerles entrar en la cámara de gas, ninguna ejecución de judíos resultó tan penosa". Asegura que los gitanos eran sus presos favoritos y que de no haber tenido que matarlos, vaya, se habría interesado más en su vida y costumbres. En cuanto a los judíos, asegura que nunca sintió "personalmente" odio hacia ellos.
En 1941, escribe como de pasada, "el Reichsführer juzgó necesario proceder al exterminio de todos los judíos, sin excepción". Como en Auschwitz eran conscientes de su destino, su estado psicológico, dice, decayó, lo que, asegura el comandante, "explica en parte la elevada mortandad del colectivo". Leyendo eso uno casi lamenta que se limitaran a ahorcarlo.
Cuando Himmler le mandó en el verano de 1941 preparar Auschwitz para el exterminio en masa, escribe Höss que le pareció que en aquella orden "había algo monstruoso", pero los argumentos le hicieron pensar que las instrucciones quedaban perfectamente justificadas. Lo achaca al adoctrinamiento SS. "No podía reflexionar: tenía que ejecutar la consigna, no podía elaborar un juicio personal". Las "órdenes en nombre del Führer eran sagradas" y él era "un soldado".
Los pasajes en que describe los gaseamientos son de agárrate. Sin embargo, confiesa que se sintió "tranquilizado" al ver que el Zyklon B, el preparado de cianuro usado en las cámaras, era higiénico y mataba bien. "Un breve grito, casi ahogado y todo había terminado". Lo más importante "era mantener una calma lo más completa posible durante la operación de llegada y desnudamiento". Entonces, "hasta los niños entraban jugando en las cámaras de gas". Cuando alguna mujer se alteraba, "había que cogerlas rápido, llevarlas aparte y pegarles un tiro en la nuca".
Höss, que vivía en el campo con su mujer y sus hijos, en plan El niño con el pijama de rayas, tiene momentos de un lirismo repulsivo: "Durante la primavera de 1942, miles encontraron la muerte en las cámaras. Su salud era perfecta; los árboles que rodeaban la instalación estaban en flor. Ese cuadro en que la vida se codeaba con la muerte ha quedado en mi memoria". Todo el asunto del exterminio, asegura, le hizo infeliz en Auschwitz y provocó en él "impresiones imborrables y amplia materia de reflexión". Le ayudaba a vencer los escrúpulos, explica, hablar con Eichmann. O tomar copas con Mengele, que ya es pasatiempo. Es fácil percibir en todo ello un gran ejercicio de cinismo, cuando se le escapan expresiones como: "En Auschwitz no había tiempo para aburrirse". De hecho, entre tanta jeremiada -y perdón por la expresión- uno se queda con la idea de que el mando del campo, su planificación, construcción y administración, fue, para él, su mejor hora.
Al cerrar las memorias, dice que se mantiene fiel a la filosofía nacionalsocialista aunque reconoce que el exterminio de judíos "constituía un error", pero más que nada porque "despertó el odio de todo el mundo contra Alemania" y "permitió a la judería acercarse a su objetivo final".
De todo el libro acaso no hay nada peor que la frase final. Tras reflexionar sobre el hecho de que "el gran público" le considere un sádico y el asesino de millones de seres humanos, anota: "Nunca comprenderán que yo también tenía corazón". Puaf.
viernes, 9 de octubre de 2009
Arsenio Moreno Mendoza
Amenábar, Amenábar
moro de la morería,
la noche que tú naciste
grandes señales había...
Pero parece que la crítica te está echando a perder el negocio, aunque ya sé que a ti te importan un pimiento los cincuenta millones de euros que le has echado al producto. "Moro que en tal signo nace / no debe decir mentira". Iré a ver tu película aunque les escueza, porque, aunque a la Alejandría de Alejandro le falte algo, siempre será mejor que lo que hubiera hecho otro con menos sensibilidad y menos cultura.
jueves, 8 de octubre de 2009
Mickey Rourke
He aquí a un individuo que ha sufrido de veras; de la hermosa cara de Nueve semanas y media o El corazón del ángel ha pasado a la cara tallada a golpes de boxeador malo de Sin city. De una infancia de malos tratos paternos, con palizas incluidas a él y a su madre, el matrimonio con una yonqui, enfermedades y alcohol y una carrera en horas bajas resurge lo que es realmente, un tipo honesto y bueno que estuvo a punto de suicidarse de asco. He visto la hermosa entrevista que le hicieron; conmovía, con esa mirada sesgada e inteligente que advertía el fondo de lo que pensaban los demás. Se ve que se ha estado psicoanalizando. Ahora se ha transformado, como toda la gente que ha sufrido demasiado, en una persona en paz consigo misma y a la que hay que escuchar; ahora nunca se le escucha cosa que no sea de notar; es un hombre de consejo, doblemente sabio porque, a demás de ser ya anciano, ha sufrido mucho más que una persona normal.