martes, 8 de diciembre de 2009
Inventos útiles
Rafael Robles: "Joseph McCabe explica en una estupenda e hilarante obra titulada Breve historia del satanismo editada en castellano por Melusina, que la idea del diablo es una vergonzante invención para domeñar a la población y justificar los desvaríos de los poderosos".
Palabras desde el paredón
'Vivir a muerte' reúne misivas de resistentes franceses condenados a la pena capital
JACINTO ANTÓN - Barcelona - El País, 08/12/2009
¿Qué escribiríamos si supiéramos que nos van a fusilar dentro de unas horas? ¿Qué mensajes dejar a los seres queridos, al mundo, a la posteridad? ¿Qué horrores de esos momentos postreros conjuraríamos, qué cuentas trataríamos de ajustar con la vida, qué arrepentimientos, despedidas, recuerdos o desafíos plasmaríamos en el papel? ¿Cómo sería nuestra última carta? "A las 4 me van a fusilar. Si vieras lo calmado que estoy, mamá querida", escribió Robert Busillet, de 19 años, en la prisión de Fresnes en 1941. "Vive, tienes que vivir", anotó otro reo para su amada antes de caer bajo las balas de los nazis. "No tengo miedo, no es mi costumbre", fue el último, valiente mensaje a su familia del rehén Michel Dabat, abatido por el pelotón de fusilamiento en Nantes. Vivir a muerte (Barril & Barral, 2009), un libro conmovedor, imposible de leer sin que en más de una ocasión se inunden los ojos de lágrimas -"voy a llevar en el pecho vuestras fotos para que me acompañen en el ataúd", "mi alegría más grande sería que pensaras en mí lo menos posible y que rehagas tu vida", "besos grandes, besos como sólo podemos dar cuando son los últimos", "me gustaría que cuando el niño fuera mayor le habléis mucho de mí", "no te olvides de mis zapatos, los llevé a arreglar, se los das a Maurice"-, recoge un centenar de cartas de resistentes de Francia, franceses y extranjeros -hay un español-, que sufrieron la pena capital, la mayoría fusilados por los nazis (muchos como rehenes), aunque alguno en la guillotina o decapitado por hacha en Alemania. Dos son de mujeres. Todas fueron escritas entre 1941 y 1944.
En algunos textos se percibe el horror de las últimas horas de espera
Los condenados suelen pedir a sus parejas que rehagan sus vidas
Las cartas, un camposanto de vidas truncadas donde aletea aún el eco terrible del tiro de gracia y por el que uno discurre atribulado hasta el quebranto, están todas documentadas en el libro, con el nombre del remitente y una semblanza biográfica. Desprenden los textos, escritos en la situación más angustiosa y límite que puede afrontar un ser humano, un torbellino de emociones: amor, coraje, esperanza, orgullo, ternura. También, una urgencia, lógica, y una implícita mirada al gran misterio de la muerte.
La mayoría de los condenados se disculpa por el dolor que, involuntariamente, va a causar a sus seres queridos. Tratan de tranquilizarlos, mostrando valor, resignación, serenidad o sosiego. Deseamos que fuera eso lo que en realidad sentían. "No he sufrido antes y ya no más después, por supuesto", "pasamos el tiempo contando chistes", "siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillara". La última frase la escribe Fernand Zelnikov, empleado de peletería parisiense de origen judío ruso, que participó en varios atentados contra soldados alemanes. Por su parte, el rehén Bernard Grinbaum anota poco antes de ser pasado por las armas, con lermontoviano desdén: "Bah, no importa".
Es una constante en los hombres con pareja pedir a ésta que rehaga su vida: "Te deseo que encuentres un buen proletario digno de ti", escribe a su mujer el tornero comunista y combatiente clandestino Maurice, que reconoce: "Es duro decir esto porque estoy celoso aun ante la muerte".
El humor y la ironía brillan por su ausencia; en cambio, abundan el patriotismo y la religión. Hay reos de todas las clases sociales y profesiones, incluso un abad. Las cartas son remitidas por las autoridades después de la ejecución. Una del libro lleva un mensaje secreto en código. Varias son enviadas clandestinamente, incluso lanzadas por encima de los muros de la cárcel.
En algunas cartas leemos desesperación, rabia, miedo, odio o afán de revancha. "Vengadme", escribe el judío Simon Fryd, que ha atacado con granadas a un destacamento de la Wehrmacht. Otros perdonan; Émile Bertrand escribe: "He cumplido con mi deber, sólo siento, y de todo corazón, haber matado". Guy Môquet, detenido por pegar carteles y al que fusilan con 17 años, escribe a su Odette: "Siento no haber podido tener lo que me prometiste". No es el más joven. Henri Fertet cuenta 16, pero mucho valor: "No quiero venda en los ojos ni que me aten".
Pese a que todos tratan piadosamente de hurtar los detalles escabrosos, en algunas misivas se percibe la provisionalidad atroz de las últimas horas: "Te escribo de pie, a la luz que pasa a través de la mirilla"; "mi escritura es quizá un poco temblorosa, pero es que tengo un lápiz muy pequeño"; "te escribo sobre un cubo nauseabundo"; "sed fuertes como lo seré yo cuando las balas me sacudan"; "vienen a buscarnos".
Se traslucen dudas: "Creo que voy a morir con valor", "creo que todo irá bien" (!) "y sabré morir como un hombre"; "tengo mucho coraje, pero estoy un poco nervioso". Algunos tratan de ser prácticos: "Dejo mi chaqueta de cuero, trata de recuperarla". Uno incluso recuerda devolver los volúmenes de La Pléiade prestados. "Haz editar mis poemas", escribe el líder partisano de origen armenio Missak Manouchian. Hay verdaderos testamentos. Otros filosofan. Predomina la contención pero hay anotaciones desgarradoras: "Hallaré valor pensando en tu amor"; "sabes que alguna vez hemos discutido, pero te quería mucho". "Un último largo, largo beso en tus labios", escribe el maquisard Paul Meyer a su mujer. Y otro a la suya: "Lamento profundamente no haberte hecho feliz".
Palabras desde el paredón
- "Te ruego que de vez en cuando te acuerdes de nuestro amor".
- "Voy hacia la muerte como a una nueva aventura".
- "Sé feliz en los brazos de otro".
- "Siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillase".
- "Siempre he tenido tanto, tanto miedo a morir".
- "A la tumba, cuando vengáis, traedme sólo flores rojas".
- "Perdonadme las faltas de ortografía".
Una sociedad justa
José Yoldi, Fracasar son Estilo. El País, 8-XII-2009
Seguro que conocen la llamada ley de Murphy, ésa que dice que si algo puede ir mal, irá mal. O alguna de sus infinitas variantes cáustico-divertido-científicas como la de que en un atasco todas las filas de coches van más rápido que la tuya, o siempre se rompe la pieza para la que no tienes recambio. Pero quizá no hayan oído hablar de la de Guumperson, que señala que "la probabilidad de que se produzca un hecho determinado es inversamente proporcional al deseo de que se produzca". Hay muchas más, como la Regla de Kettering: "Si algo no funciona, es por razón diferente a la que creemos" o el Teorema de Patrick: "Si el experimento funciona, señal de que se está usando un aparato equivocado".
Todas son aplicables, o lo que es lo mismo, todo falló en el caso de Diego P., que como si le hubieran tocado los ocho días de oro, fue acusado en clamoroso fracaso de todo el mundo, de haber violado y golpeado hasta la muerte a Aitana, la hija de su pareja, una niña de tres años alegre y feliz que tuvo la mala suerte de caerse de un columpio y golpearse la cabeza. Los fracasos más clamorosos, los de los facultativos del centro de salud El Mojón, de Arona (Tenerife); el primero, que tras la caída dio una aspirina a la niña y la mandó a casa dando por sentado que el golpe recibido no tenía mayor importancia y que quizá pudo haberla salvado; y el segundo, que nadie sabe de dónde se sacó que Aitana presentaba lesiones vaginales y anales y que apreció la existencia de moraduras y quemaduras producto de malos tratos en lo que no eran más que los síntomas de una alergia y las lesiones causadas en la reanimación de una parada cardiorespiratoria.
Luego, la Guardia Civil, como si de las rebajas se tratara, ha tenido, en su semana fantástica, tres actuaciones memorables: la aparente simulación de un atentado por parte de un guardia en Leitza (Navarra), el atropello mortal de una anciana en las calles de Madrid y el intento de que Diego confesara su "crimen" mostrándole las fotos de la autopsia de Aitana.
Lo de los medios es directamente para que nos lo hagamos mirar, aunque este periódico, en este caso, haya estado especialmente comedido. La mayoría ha aplicado el viejo aforismo periodístico "No dejes que la realidad te estropee un buen reportaje". Aunque siguiendo con el cinismo, habría que añadir: "Pero por lo menos asegúrate de que los datos sean correctos y de que la historia sea verosímil". Porque, aparte de dar por sentada la culpabilidad de Diego -"La mirada del asesino de una niña de tres años", titulaba un colega en portada sobre la foto del detenido-, se han inventado algunos datos, como que en su declaración había negado las sevicias sexuales, pero había reconocido las palizas a la niña, lo que era falso. En resumen, carroña de televisión, prensa y radio para alimentar el odio de asociaciones que convocaron manifestaciones de repulsa y linchamiento.
Más incomprensible es que el juez Nelson Díaz no haya archivado ya el proceso tras comprobar por la autopsia y la ampliación de los dictámenes forenses que no hubo delito alguno. Porque, según recoge el auto, "no existe indicio que permita afirmar, y ni siquiera sospechar, que la menor fallecida hubiese sufrido agresión sexual"; las lesiones que presentaba el cuerpo de Aitana "son enteramente compatibles con haberse producido por una caída", y respecto a las supuestas quemaduras, el dictamen precisa: "No tienen las características esperadas en una quemadura y no son compatibles con los mecanismos de llama, cigarrillos o secador de pelo". Lo más probable, una alergia a una crema. Y el juez concluye: "Queda por tanto descartado (...) que el fallecimiento de Aitana tuviera su causa en golpes propinados a la referida por el imputado".
Si todo es así, ¿por qué ha dejado a Diego en libertad provisional sin fianza, pero no le ha levantado los cargos (la imputación de homicidio y malos tratos) y le ha impuesto como medida cautelar que comparezca en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes? ¿Por qué no ha archivado el proceso ya que no hubo delito? ¿No les parece que el magistrado tendría que tener la cortesía de pedir disculpas a Diego por los días en los que ha estado detenido, siendo inocente, mientras se comprobaban los hechos?
Mientras, destrozado por el dolor de la muerte de la niña que sin ser su hija biológica seguro que adoraba, y machacado tras pasar por el infierno en la tierra, el chico se hundió y tuvo que ser hospitalizado.
Sin embargo, de lo que no se dará cuenta, y es posible que nunca sea consciente de ello, es de la suerte que ha tenido. Una suerte loca, porque la autopsia ha podido precisar con claridad que Aitana no fue violada y que las supuestas quemaduras no eran tales. Porque ¿qué hubiera pasado si los resultados no hubieran sido tan contundentes, como a veces ocurre? ¿O si la niña no hubiera vivido lo suficiente como para contarles a su madre y a su maestra que era cierto que se había caído del columpio?
domingo, 6 de diciembre de 2009
Colateral
Vincent: Lléveme al centro.
Max: ¿Qué hay allí?
Collateral, de Michael Mann, 2004.
Es una película bien narrada, de factura visual estupenda; respeta las tres unidades clásicas en una larga noche conclusa en amanecer, en lo que evoca, por ejemplo, The warriors, de Walter Hill; su estética, sin embargo, bebe en la de Miami vice, ya que su director dirigió muchos episodios de esa serie; por ejemplo en la magistral y aparentemente caótica escena en la discoteca; describe un Los Ángeles nocturno y extendido lleno de autopistas solitarias y callejones y edificios vacíos. Sobrenadan algunos símbolos: esos aviones que cruzan el cielo, ese coyote que se cruza en mitad de la carretera, esa isla perdida tantas veces evocada... Y una meditación sobre la indiferencia de todo, en las parábolas filosóficas del metro, de la mota de polvo, del servicio de limusinas, de Pedro el Negro. Al principio corrió como un thriller más pero de gran calidad y pretensiones; a estas alturas, la verdad es que se está quedando clásico, no sólo por su trabajadísimo guion, sino porque ayudan también las magistrales interpretaciones, incluso la del gigantesco Bardem, en apenas un momento de la historia.
viernes, 4 de diciembre de 2009
El síndrome de Mari Pili
CARME GARCÍA RIBAS, autora de El Síndrome de Mari Pili y de Miedo a ser.
Blade Runner como experiencia mística
Roy Batty salva a su asesino y muere.
O eso es lo que parece.
Crucifijos y aulas
A mi instituto han acudido los Gedeones a repartir biblias gratuitamente a sus puertas; no hacían publicidad, ni nada malo: la tradición española e incluso la manchega, como yo he mismo he investigado, incluye no sólo a católicos, sino a protestantes traductores de la Biblia como Juan Calderón, a judíos, a musulmanes, a heterodoxos; pasó la época en que gente como Menéndez Pelayo identificaba la cultura española solamente con su versión católica; el propio Menéndez Pelayo tenía un espíritu más abierto que el de los estúpidos malintencionados que siempre se quedan con lo peor de las personas y de las ideas. El laicismo tiene un lugar para la religión; pero sería deseable que la religión también lo tuviera para el laicismo, porque las religiones deben encontrar su denominador común y hacer énfasis en lo que las une, no en lo que las separa; entonces se vería cuán cercanas están a la ética laica y no cuán alejadas.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Jorge Volpi
Jorge Volpi ha contestado a mi pregunta en línea: ¿No necesita Hispanoamérica un movimiento regenerador como el que en la España del siglo XIX se desarrolló con el Krausismo?. Creo que quizá me ha entendido, en el sentido de que el Krausismo establece un camino paralelo, pero estrictamente divergente del político y académico, porque es ante todo un proyecto de regeneración ética. Su respuesta es esta:
América Latina necesita una mayor participación ciudadana que, en el marco de nuestras nuevas democracias, pueda transformar las instituciones y prácticas políticas desde adentro, vigilando más certertamente a sus gobernantes y exigiéndoles una política social que ayude a aliviar la inequidad que prevalece en la región. Pero es cierto: necesitamos una nueva forma de participación, una reevaluación de la política como instrumento de transformación desde el interior de nuestras todavía frágiles democracias.
Selgas y Pascoli
El poeta es poeta, no orador o predicador, ni filósofo, ni historiador, ni maestro, ni tribuno o demagogo, ni hombre de estado o de corte. Y ni mucho menos es, aun con la venia del maestro, un herrero que forje espadas, escudos o celadas; y ni mucho menos es, con la venia de tantos otros, un artista que pula y cincele el oro que otros le surtan. Para conformar un poeta valen infinitamente más su sentimiento y su mirada que el modo con el cual transmita a los otros el uno y la otra.
Es lo que Pascoli llama la "Poética del muchachito", la que transmite el asombro elemental por cualquier cosa, por humilde que sea. Mucho de eso es cierto.
Volpi analiza los males de Hispanoamérica
El escritor mexicano Jorge Volpi presenta El insomnio de Bolívar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara
VERÓNICA CALDERÓN El País, 02/12/2009
El escritor mexicano Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) se descubrió latinoamericano en España. Más concretamente, en Salamanca, donde vivió cuatro años mientras estudiaba un doctorado en filología hispánica. Entre el encuentro con otros colegas latinoamericanos y la convivencia con los "amados y detestados" anfitriones halló su definición personal de lo que significa haber nacido en algún punto entre el río Bravo y la Patagonia.
De esa reflexión parte El insomnio de Bolívar (Debate), que se presentó este lunes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde el escritor y ensayista mexicano emprende la no poco ambiciosa tarea de trazar cuatro "consideraciones intempestivas" sobre la América Latina actual. La obra obtuvo el II Premio Debate-Casa de América y describe algunas de las contradicciones que definen a los países de la región, heterogénea pero al mismo tiempo unida por una herencia común.
"La identidad, no sólo la latinoamericana, se construye de la diferencia", explica Volpi en la madrileña Casa de América. "América Latina se separa de España y es a partir de ahí que se comienza a construir". El escritor encuentra precisamente en esta obsesión por distinguirse uno de los rasgos fundamentales de las democracias latinoamericanas, caracterizadas por un profundo nacionalismo. El escritor acuña el término "democracia imaginaria", el régimen practicado en países que adoptan los ideales de libertad e igualdad para dejarlos sólo en eso: ideas, "buenos deseos" que no se traducen en la práctica. "No hay reformas sustanciales en los sistemas de poder. La oligarquía aún controla el poder y los problemas se mantienen sin atacar", asegura.
No duda en identificar el mayor de ellos, "la raíz de todos los problemas es la desigualdad económica, la pobreza". Añade que ahí está el caldo de cultivo de guerrillas, carteles del narcotráfico y corrupción, quizá los mayores males que devastan la región. Algunos de los datos que cita en su obra son elocuentes. Uno de cada tres latinoamericanos vive en la pobreza, según datos difundidos en 2006 por la Comisión Económica para América Latina (Cepal). El 13,4% vive en la pobreza extrema.
Problemas que no parecen de fácil solución en las "democracias inacabadas" latinoamericanas. Escenario de nacionalismos exacerbados y de lo que Volpi resume como "caudillos democráticos". El líder carismático que "llega democráticamente al poder, pero que desde él sabotea la democracia desde los espacios del poder" y que se comporta como "una estrella pop que se aleja de las Cámaras y se acerca a las cámaras [de los medios de comunicación]".
"Existe la democracia, en América Latina se elige a los dirigentes, pero no existe una real representación de los intereses ciudadanos y esto produce un hondo desencanto", afirma. Como muestra, el escritor se refiere al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y a su homólogo venezolano, Hugo Chávez, que "son de ideologías opuestas, pero les une su empeño por mantenerse en el poder".
Volpi insiste, no obstante, en que el suyo no es un libro que deba leerse con el rigor de un ensayo político o sociológico, sino como el trabajo de un escritor. "Utilicé las herramientas de la literatura para hacer esta descripción", afirma. Y valiéndose de las mismas armas desarrolla una cronología ficticia sobre el futuro de América Latina. Volpi se aventura a predecir los próximos 100 años de la región. Algunos acontecimientos suenan improbables -la firma de un tratado de libre comercio entre Cuba y Estados Unidos en 2017, por ejemplo-, otros traducen el citado sueño bolivariano: la promulgación de una Constitución de los Estados Unidos de las Américas (el nombre lo dice todo) en 2110. "Es muy pronto para hablar de una integración política y económica de Latinoamérica, pero no es tan extraño", se justifica. "No existen los profundos rencores de otras regiones del mundo y sí una herencia común", afirma con un tono en que no es fácil de distinguir si se trata de un sueño, un deseo o tan sólo una invención.
martes, 1 de diciembre de 2009
Responsabilidad social empresarial: Noruega, Puerto Rico
Sobre el astronauta mexicano
Si ese astronauta mexicano fuera español, lo que estaría es en paro, poniendo ladrillos o bebiendo en un botellón.
El astronauta mexicano
Cuentan que en el año 2000, cuando el actual alcalde de Los Ángeles, Antonio Villarraigosa era un político en ascenso y Presidente de la Asamblea de California, fue invitado a cenar a casa del empresario mexicano Carlos Slim, se le pidió, como mexicano-estadounidense, que explicara en pocas palabras, la diferencia que había entre México y Estados Unidos.
Quizá hubiera sido el caso del astronauta José Hernández Moreno, quien nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California. Es estadounidense. Sus padres originarios de un ranchito llamado Ticuitaco, cerca de La Piedad, Michoacán, México, migraron a Estados Unidos, como ilegales, para emplearse en la recolección del tomate y el pepino.
El propio José Hernández trabajaba todos los veranos en el campo. Él mismo recuerda como estaba limpiando con azadón una fila de remolacha azucarera, cuando escuchó en un radio de transistores la noticia de que Franklin Chang Díaz había sido seleccionado como astronauta y cómo esa noticia lo motivó y ese día dijo: "Yo quiero viajar al espacio."
José Hernández lo logró. Estudió ingeniería, alcanzó el grado de doctor, ingresó a la NASA, se preparó y por fin el 29 de agosto de 2009 despegó como parte de la tripulación del transbordador espacial Discovery, en una misión en la Estación Espacial Internacional.
Pero, ¿qué hubiera sido de José Hernández si su familia se hubiera quedado en México? Es claro que no habría alcanzado su sueño de volar al espacio. Tardaremos muchos lustros, antes de que México logre concretar su primera misión espacial. Apenas hoy se discute en el Congreso mexicano la posibilidad de crear una Agencia Espacial Mexicana.
Pero más que eso, los futuros posibles de José Hernández si se hubiera quedado en México están en la experiencia y en la estadística. Como tantos mexicanos pobres, campesinos, de Michoacán y de otros estados del país, le hubieran quedado pocas opciones y futuros muy limitados.
Difícilmente hubiera pasado de la primaria. Estadísticamente hubiera abandonado los estudios con la secundaria inconclusa y por supuesto su educación hubiera sido de muy mala calidad.
Quizá se hubiera quedado a sembrar su tierra, lo que le hubiera garantizado un futuro de miseria, con ingresos inferiores a los dos dólares al día.
Lo más probable es que, inquieto, hubiera emigrado a la ciudad. En ese escenario estadísticamente las mayores oportunidades a las que aspiraba José Hernández con la secundaria inconclusa, si es que conseguía trabajo, eran las de terminar con algún trabajo precario, como jardinero, mesero, quizá como obrero en una maquiladora, como trabajador de la construcción o quizá conduciendo un autobus.
Pero la familia de José Hernández no se quedó, emigró como tantas otras y le dio a su hijo la posibilidad de alcanzar un futuro totalmente distinto.
El contraste de ingresos y de oportunidades entre México y Estados Unidos es tan grande, que por eso México sigue y seguirá siendo por muchos años un país expulsor. Un país del que se han ido ya millones de personas. Para darnos una idea, según cifras oficiales, consideradas muy conservadoras por algunos expertos, hoy radican en Estados Unidos cerca de 12 millones de personas nacidas en México. Esto es, algo así como el 10% de la población total de México.
En 2007 migraron a Estados Unidos 478.000 personal. En 2008 migraron 450.000 y aunque las autoridades mexicanas esperan que la cifra sea un poco menor en 2009 como consecuencia de la crisis económica en Estados Unidos, la migración es un proceso constante.
El esplendido documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman Los que se quedan, nos regala un gran fresco de esta realidad. El drama de los mexicanos que se quedan en las comunidades expulsoras de migrantes. Los contrastes de ingresos, las diferencias, la soledad, la incertidumbre, la miseria, pero sobre todo la falta de oportunidades.
Es con esta realidad de fondo y en esta condición, en la que entra el absurdo, la contradicción y la vergüenza. Es aquí donde aparece la incongruencia que enoja, que debe enojar, cuando el gobierno y los políticos mexicanos tratan de convertir a la historia de José Hernández en un cuento de orgullo nacional.
Es aquí donde aparece el cuento del astronauta mexicano. Donde nos inventan la historia de superación personal de un mexicano, como si fuera de verdad un logro nacional.
En cuanto apareció en el radar la historia del astronauta José Hernández, de inmediato se activaron todas las maquinarias de la propaganda y el marketing gubernamentales. En el cuartel de todos los partidos políticos, del Congreso de la Unión y del Ejecutivo Federal se movilizaron de inmediato las agendas y los medios para tratar de capitalizar al máximo al supuesto astronauta mexicano.
El objetivo: convertir a José Hernández en orgullo nacional. Es obvio, ante la falta de triunfos reales, cualquier gol de la selección nacional, cualquier medalla, cualquier premio de literatura es bueno para tratar de levantar un poco el ánimo y la moral nacional caídas en un país en crisis, complicado y muy emproblemado.
El presidente personalmente paseó a José Hernández por el país. Inmediatamente todos los medios se ocuparon del tema. José Hernández se convirtió en súper estrella. Entrevistas en los medios. Toda una gira de Estado. Visita al Congreso. Homenajes. Los políticos querían retratarse con él. Regalos, las llaves de la ciudad, plaza con su nombre y sobre todo discursos, muchos discursos. Discursos que hablaban una y otra vez del orgullo nacional, de la superación personal y de la capacidad de los mexicanos.
Pero la realidad es otra muy distinta. Aunque nos duela, José Hernández no es un orgullo nacional. Su historia de éxito no es nuestra historia de éxito y menos una historia de la que pueda sentirse orgulloso nuestro gobierno o nuestra clase política.
No es un problema de nacionalidades. José Hernández es estadounidenses y tiene raíces mexicanas, tiene acceso a la nacionalidad mexicana, por derecho de sangre, y él mismo se identifica mucho con nuestra cultura. Pero ese no es el debate.
José Hernández puede ser mexicano, pero la historia del astronauta José Hernández es totalmente estadounidense. El logro de llevar a un jornalero agrícola pobre al espacio, es una historia de movilidad social en los Estados Unidos. El mérito es de otro sistema. José Hernández se hizo en otro país, con otras políticas públicas, con otro gobierno y con otras leyes.
La verdadera imagen de José Hernández es la fotografía de un hombre con una bandera con estrellas y barras en el hombro. Su bandera como astronauta. La bandera de su logro. En todas las imágenes vimos a un miembro de la fuerza aérea estadounidense, enfundado en su uniforme azul, portando con orgullo la bandera del país que le dio la oportunidad de tener la educación de calidad, la salud, las condiciones y el ambiente de libertad necesarios, para alcanzar sus metas.
Inventar el cuento del astronauta mexicano por parte del gobierno, es como robar un pedacito de gloria. Mendigar triunfos ajenos. Usurpar éxitos imposibles, en un país que no atina el rumbo para convertirse en serio en un México ganador.
El Presidente de México Felipe Calderón dijo en uno de los homenajes: "la brillante historia de vida de José Hernández es y debe ser un ejemplo para los mexicanos." ¿Lo dice en serio? ¿Cuál es el ejemplo Señor Presidente? ¿Irse? ¿Nacer en Estados Unidos? ¿Migrar? ¿Qué las familias mexicanas migren a tiempo? ¿Hacerse norteamericano? ¿Buscar allá las oportunidades que no se tienen aquí?
La historia de éxito de personal de José Hernández, es al mismo tiempo la historia del fracaso de la política económica, de la política social y de la política exterior del gobierno mexicano. Es la historia del fracaso de éste y de varios gobiernos mexicanos.
Su historia debería darle vergüenza a una clase política incapaz de ponerse de acuerdo y de generar un proyecto de nación para los millones de José Hernández que están repartidos por todo el país, y que no quieren ser astronautas, millones de mexicanos a quienes sólo les bastaría con poder comer, con tener un mínimo de salud, un piso que no sea de tierra o saber leer y escribir.
José Hernández es la historia moderna de Benito Juárez. Uno llega a la presidencia, el otro llega al espacio. Ambas son historias de éxito. Historias de superación personal. Iconos. Ejemplos. Pedagogía pura. Historia de bronce. Los dos comparten esa historia de movilidad social, que tanto nos gusta a los seres humanos. Es el cuento de la cenicienta. Es la pobreza superada, es la miseria transitada. Es el éxito a pesar de la adversidad.
Pero la de Juárez es una historia mexicana del siglo XIX. La de José Hernández es una historia norteamericana del siglo XXI.
José Hernández dijo en una entrevista: "Lo que me sorprendió mucho es cuando vi al mundo como uno: no había fronteras, no se podía distinguir entre Estados Unidos y México", pero lo cierto es que sí existen las fronteras. Su familia cruzó una de ellas de manera ilegal. Lo cierto es que sí existen las banderas y las diferencias. Sí existe una frontera que hace a dos países muy distintos.
La lección es muy clara: si José Hernández se hubiera quedado en México, quizá hoy estaría sirviendo la cena.
lunes, 30 de noviembre de 2009
La poesía y José Emilio Pacheco
Razones
Me cansan tantas protestas infundadas; he dicho a mis alumnos que siempre hay razones para hacerlo mal o fracasar; pero para hacerlo bien o triunfar sólo hay sacrificio, voluntad, pasión, inquietudes, curiosidad y ganas de leer y saber.
Calle de San Antón
Para qué
¿Para qué va uno a aprender literatura, si se tiene un buen culo, una buena sonrisa, unos estupendos amigos -o, más bien, compañeros de farra mientras dure el dinero de papá-, unos maravillosos fines de semana y una tele de pantalla gigante donde no paran de instruirnos en todo tipo de idioteces y simplezas?