martes, 8 de diciembre de 2009

Inventos útiles


Rafael Robles
: "J
oseph McCabe
explica en una estupenda e hilarante obra titulada Breve historia del satanismo editada en castellano por Melusina, que la idea del diablo es una vergonzante invención para domeñar a la población y justificar los desvaríos de los poderosos".

Palabras desde el paredón

"Mi última carta: me fusilan hoy"

'Vivir a muerte' reúne misivas de resistentes franceses condenados a la pena capital

JACINTO ANTÓN - Barcelona - El País, 08/12/2009


¿Qué escribiríamos si supiéramos que nos van a fusilar dentro de unas horas? ¿Qué mensajes dejar a los seres queridos, al mundo, a la posteridad? ¿Qué horrores de esos momentos postreros conjuraríamos, qué cuentas trataríamos de ajustar con la vida, qué arrepentimientos, despedidas, recuerdos o desafíos plasmaríamos en el papel? ¿Cómo sería nuestra última carta? "A las 4 me van a fusilar. Si vieras lo calmado que estoy, mamá querida", escribió Robert Busillet, de 19 años, en la prisión de Fresnes en 1941. "Vive, tienes que vivir", anotó otro reo para su amada antes de caer bajo las balas de los nazis. "No tengo miedo, no es mi costumbre", fue el último, valiente mensaje a su familia del rehén Michel Dabat, abatido por el pelotón de fusilamiento en Nantes. Vivir a muerte (Barril & Barral, 2009), un libro conmovedor, imposible de leer sin que en más de una ocasión se inunden los ojos de lágrimas -"voy a llevar en el pecho vuestras fotos para que me acompañen en el ataúd", "mi alegría más grande sería que pensaras en mí lo menos posible y que rehagas tu vida", "besos grandes, besos como sólo podemos dar cuando son los últimos", "me gustaría que cuando el niño fuera mayor le habléis mucho de mí", "no te olvides de mis zapatos, los llevé a arreglar, se los das a Maurice"-, recoge un centenar de cartas de resistentes de Francia, franceses y extranjeros -hay un español-, que sufrieron la pena capital, la mayoría fusilados por los nazis (muchos como rehenes), aunque alguno en la guillotina o decapitado por hacha en Alemania. Dos son de mujeres. Todas fueron escritas entre 1941 y 1944.


En algunos textos se percibe el horror de las últimas horas de espera

Los condenados suelen pedir a sus parejas que rehagan sus vidas

Las cartas, un camposanto de vidas truncadas donde aletea aún el eco terrible del tiro de gracia y por el que uno discurre atribulado hasta el quebranto, están todas documentadas en el libro, con el nombre del remitente y una semblanza biográfica. Desprenden los textos, escritos en la situación más angustiosa y límite que puede afrontar un ser humano, un torbellino de emociones: amor, coraje, esperanza, orgullo, ternura. También, una urgencia, lógica, y una implícita mirada al gran misterio de la muerte.

La mayoría de los condenados se disculpa por el dolor que, involuntariamente, va a causar a sus seres queridos. Tratan de tranquilizarlos, mostrando valor, resignación, serenidad o sosiego. Deseamos que fuera eso lo que en realidad sentían. "No he sufrido antes y ya no más después, por supuesto", "pasamos el tiempo contando chistes", "siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillara". La última frase la escribe Fernand Zelnikov, empleado de peletería parisiense de origen judío ruso, que participó en varios atentados contra soldados alemanes. Por su parte, el rehén Bernard Grinbaum anota poco antes de ser pasado por las armas, con lermontoviano desdén: "Bah, no importa".

Es una constante en los hombres con pareja pedir a ésta que rehaga su vida: "Te deseo que encuentres un buen proletario digno de ti", escribe a su mujer el tornero comunista y combatiente clandestino Maurice, que reconoce: "Es duro decir esto porque estoy celoso aun ante la muerte".

El humor y la ironía brillan por su ausencia; en cambio, abundan el patriotismo y la religión. Hay reos de todas las clases sociales y profesiones, incluso un abad. Las cartas son remitidas por las autoridades después de la ejecución. Una del libro lleva un mensaje secreto en código. Varias son enviadas clandestinamente, incluso lanzadas por encima de los muros de la cárcel.

En algunas cartas leemos desesperación, rabia, miedo, odio o afán de revancha. "Vengadme", escribe el judío Simon Fryd, que ha atacado con granadas a un destacamento de la Wehrmacht. Otros perdonan; Émile Bertrand escribe: "He cumplido con mi deber, sólo siento, y de todo corazón, haber matado". Guy Môquet, detenido por pegar carteles y al que fusilan con 17 años, escribe a su Odette: "Siento no haber podido tener lo que me prometiste". No es el más joven. Henri Fertet cuenta 16, pero mucho valor: "No quiero venda en los ojos ni que me aten".

Pese a que todos tratan piadosamente de hurtar los detalles escabrosos, en algunas misivas se percibe la provisionalidad atroz de las últimas horas: "Te escribo de pie, a la luz que pasa a través de la mirilla"; "mi escritura es quizá un poco temblorosa, pero es que tengo un lápiz muy pequeño"; "te escribo sobre un cubo nauseabundo"; "sed fuertes como lo seré yo cuando las balas me sacudan"; "vienen a buscarnos".

Se traslucen dudas: "Creo que voy a morir con valor", "creo que todo irá bien" (!) "y sabré morir como un hombre"; "tengo mucho coraje, pero estoy un poco nervioso". Algunos tratan de ser prácticos: "Dejo mi chaqueta de cuero, trata de recuperarla". Uno incluso recuerda devolver los volúmenes de La Pléiade prestados. "Haz editar mis poemas", escribe el líder partisano de origen armenio Missak Manouchian. Hay verdaderos testamentos. Otros filosofan. Predomina la contención pero hay anotaciones desgarradoras: "Hallaré valor pensando en tu amor"; "sabes que alguna vez hemos discutido, pero te quería mucho". "Un último largo, largo beso en tus labios", escribe el maquisard Paul Meyer a su mujer. Y otro a la suya: "Lamento profundamente no haberte hecho feliz".
Palabras desde el paredón

- "Te ruego que de vez en cuando te acuerdes de nuestro amor".

- "Voy hacia la muerte como a una nueva aventura".

- "Sé feliz en los brazos de otro".

- "Siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillase".

- "Siempre he tenido tanto, tanto miedo a morir".

- "A la tumba, cuando vengáis, traedme sólo flores rojas".

- "Perdonadme las faltas de ortografía".

Una sociedad justa

Para que juzguemos qué bien nos juzgan nuestros semejantes y lo buenos que somos hablando de los demás; se ve que en nuestra sociedad los únicos que dicen la verdad son los que hacen autopsias:

José Yoldi, Fracasar son Estilo. El País, 8-XII-2009

Seguro que conocen la llamada ley de Murphy, ésa que dice que si algo puede ir mal, irá mal. O alguna de sus infinitas variantes cáustico-divertido-científicas como la de que en un atasco todas las filas de coches van más rápido que la tuya, o siempre se rompe la pieza para la que no tienes recambio. Pero quizá no hayan oído hablar de la de Guumperson, que señala que "la probabilidad de que se produzca un hecho determinado es inversamente proporcional al deseo de que se produzca". Hay muchas más, como la Regla de Kettering: "Si algo no funciona, es por razón diferente a la que creemos" o el Teorema de Patrick: "Si el experimento funciona, señal de que se está usando un aparato equivocado".

Todas son aplicables, o lo que es lo mismo, todo falló en el caso de Diego P., que como si le hubieran tocado los ocho días de oro, fue acusado en clamoroso fracaso de todo el mundo, de haber violado y golpeado hasta la muerte a Aitana, la hija de su pareja, una niña de tres años alegre y feliz que tuvo la mala suerte de caerse de un columpio y golpearse la cabeza. Los fracasos más clamorosos, los de los facultativos del centro de salud El Mojón, de Arona (Tenerife); el primero, que tras la caída dio una aspirina a la niña y la mandó a casa dando por sentado que el golpe recibido no tenía mayor importancia y que quizá pudo haberla salvado; y el segundo, que nadie sabe de dónde se sacó que Aitana presentaba lesiones vaginales y anales y que apreció la existencia de moraduras y quemaduras producto de malos tratos en lo que no eran más que los síntomas de una alergia y las lesiones causadas en la reanimación de una parada cardiorespiratoria.

Luego, la Guardia Civil, como si de las rebajas se tratara, ha tenido, en su semana fantástica, tres actuaciones memorables: la aparente simulación de un atentado por parte de un guardia en Leitza (Navarra), el atropello mortal de una anciana en las calles de Madrid y el intento de que Diego confesara su "crimen" mostrándole las fotos de la autopsia de Aitana.

Lo de los medios es directamente para que nos lo hagamos mirar, aunque este periódico, en este caso, haya estado especialmente comedido. La mayoría ha aplicado el viejo aforismo periodístico "No dejes que la realidad te estropee un buen reportaje". Aunque siguiendo con el cinismo, habría que añadir: "Pero por lo menos asegúrate de que los datos sean correctos y de que la historia sea verosímil". Porque, aparte de dar por sentada la culpabilidad de Diego -"La mirada del asesino de una niña de tres años", titulaba un colega en portada sobre la foto del detenido-, se han inventado algunos datos, como que en su declaración había negado las sevicias sexuales, pero había reconocido las palizas a la niña, lo que era falso. En resumen, carroña de televisión, prensa y radio para alimentar el odio de asociaciones que convocaron manifestaciones de repulsa y linchamiento.

Más incomprensible es que el juez Nelson Díaz no haya archivado ya el proceso tras comprobar por la autopsia y la ampliación de los dictámenes forenses que no hubo delito alguno. Porque, según recoge el auto, "no existe indicio que permita afirmar, y ni siquiera sospechar, que la menor fallecida hubiese sufrido agresión sexual"; las lesiones que presentaba el cuerpo de Aitana "son enteramente compatibles con haberse producido por una caída", y respecto a las supuestas quemaduras, el dictamen precisa: "No tienen las características esperadas en una quemadura y no son compatibles con los mecanismos de llama, cigarrillos o secador de pelo". Lo más probable, una alergia a una crema. Y el juez concluye: "Queda por tanto descartado (...) que el fallecimiento de Aitana tuviera su causa en golpes propinados a la referida por el imputado".

Si todo es así, ¿por qué ha dejado a Diego en libertad provisional sin fianza, pero no le ha levantado los cargos (la imputación de homicidio y malos tratos) y le ha impuesto como medida cautelar que comparezca en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes? ¿Por qué no ha archivado el proceso ya que no hubo delito? ¿No les parece que el magistrado tendría que tener la cortesía de pedir disculpas a Diego por los días en los que ha estado detenido, siendo inocente, mientras se comprobaban los hechos?

Mientras, destrozado por el dolor de la muerte de la niña que sin ser su hija biológica seguro que adoraba, y machacado tras pasar por el infierno en la tierra, el chico se hundió y tuvo que ser hospitalizado.

Sin embargo, de lo que no se dará cuenta, y es posible que nunca sea consciente de ello, es de la suerte que ha tenido. Una suerte loca, porque la autopsia ha podido precisar con claridad que Aitana no fue violada y que las supuestas quemaduras no eran tales. Porque ¿qué hubiera pasado si los resultados no hubieran sido tan contundentes, como a veces ocurre? ¿O si la niña no hubiera vivido lo suficiente como para contarles a su madre y a su maestra que era cierto que se había caído del columpio?

Deberíamos seguir las enseñanzas de Clint Eastwood, que recomienda: "Tómate tu trabajo en serio, pero jamás a ti mismo. Tú importas más bien poco en medio del circo que hay montado ahí fuera". Está claro que todos metemos la pata, pero ya que vamos a fracasar, al menos, deberíamos hacerlo con estilo. Y si nada funciona, recordar el irónico Principio de Utilidad de la Ciencia: "Ningún experimento es un fracaso total; como mínimo, sirve como un mal ejemplo". Siempre es un consuelo

domingo, 6 de diciembre de 2009

Colateral


Vincent: Lléveme al centro.
Max: ¿Qué hay allí?

Collateral, de Michael Mann, 2004.

Es una película bien narrada, de factura visual estupenda; respeta las tres unidades clásicas en una larga noche conclusa en amanecer, en lo que evoca, por ejemplo, The warriors, de Walter Hill; su estética, sin embargo, bebe en la de Miami vice, ya que su director dirigió muchos episodios de esa serie; por ejemplo en la magistral y aparentemente caótica escena en la discoteca; describe un Los Ángeles nocturno y extendido lleno de autopistas solitarias y callejones y edificios vacíos. Sobrenadan algunos símbolos: esos aviones que cruzan el cielo, ese coyote que se cruza en mitad de la carretera, esa isla perdida tantas veces evocada... Y una meditación sobre la indiferencia de todo, en las parábolas filosóficas del metro, de la mota de polvo, del servicio de limusinas, de Pedro el Negro. Al principio corrió como un thriller más pero de gran calidad y pretensiones; a estas alturas, la verdad es que se está quedando clásico, no sólo por su trabajadísimo guion, sino porque ayudan también las magistrales interpretaciones, incluso la del gigantesco Bardem, en apenas un momento de la historia.

viernes, 4 de diciembre de 2009

El síndrome de Mari Pili

"Lo leí todo sobre el miedo y comprendí que siempre se abordaba como una patología a curar. Nadie hablaba de nuestro miedo difuso y cotidiano. El hombre siente miedo al fracaso y la mujer, al rechazo. Él teme no ser alguien y ella teme serlo [...] La mujer construye su identidad alrededor del miedo al rechazo y ésa es la clave de su escasez en los puestos de poder. ¡Eso no excluye la responsabilidad de la sociedad en esa falta!", proclama esta mujer expresiva sin currículo feminista. [...] ¿Y la mujer que ya manda? "Se comporta con la docilidad del huésped", espeta, mientras aconseja la lectura de El mundo de las mujeres, del sociólogo Alain Touraine. "La traten bien o mal, la mujer no se zafa de cierta sensación de impostura, como si no mereciera estar ahí, le incomoda destacar, quiere ser una marca blanca".Pone el ejemplo de Carrie Bradshaw, protagonista de Sexo en Nueva York, y sus amigas. "Pasan por ser mujeres de hoy, profesionales, independientes, liberadas, pero, en el fondo, sólo quieren que las quieran".

CARME GARCÍA RIBAS, autora de El Síndrome de Mari Pili y de Miedo a ser.

Blade Runner como experiencia mística

"¿Puede el Hacedor arreglar lo que ha hecho?" Es lo que pregunta Roy Batty al ingeniero que lo ha creado, en su búsqueda de la vida eterna. El Hacedor le da largas, y Roy Batty, por supuesto, se deprime; halla el consuelo, sin embargo, de los versos de John Milton: "Y los ángeles ardientes se precipitaron por las hondas simas de la oscuridad. Anchos ecos se oían resonar por las costas de oro". Ha visto muchas cosas en sus viajes por los bajos fondos de la inmensidad.

Roy Batty salva a su asesino y muere.

O eso es lo que parece.

Crucifijos y aulas

¿Por qué retirar un crucifijo de un aula? Se invocan razones de libertad religiosa, pero la libertad, al menos del modo que yo la entiendo, no es algo excluyente o exclusivo, sino algo incluyente e inclusivo, algo integrador: tolera y admite, pero no segrega. Por eso la libertad es grande y está viva: se ensancha cada vez más; si así no fuera, se iría reduciendo y empobreciendo hasta transformarse en la no deseable muerte de la pura opresión.

A mi instituto han acudido los Gedeones a repartir biblias gratuitamente a sus puertas; no hacían publicidad, ni nada malo: la tradición española e incluso la manchega, como yo he mismo he investigado, incluye no sólo a católicos, sino a protestantes traductores de la Biblia como Juan Calderón, a judíos, a musulmanes, a heterodoxos; pasó la época en que gente como Menéndez Pelayo identificaba la cultura española solamente con su versión católica; el propio Menéndez Pelayo tenía un espíritu más abierto que el de los estúpidos malintencionados que siempre se quedan con lo peor de las personas y de las ideas. El laicismo tiene un lugar para la religión; pero sería deseable que la religión también lo tuviera para el laicismo, porque las religiones deben encontrar su denominador común y hacer énfasis en lo que las une, no en lo que las separa; entonces se vería cuán cercanas están a la ética laica y no cuán alejadas.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Jorge Volpi

Jorge Volpi ha contestado a mi pregunta en línea: ¿No necesita Hispanoamérica un movimiento regenerador como el que en la España del siglo XIX se desarrolló con el Krausismo?. Creo que quizá me ha entendido, en el sentido de que el Krausismo establece un camino paralelo, pero estrictamente divergente del político y académico, porque es ante todo un proyecto de regeneración ética. Su respuesta es esta:

América Latina necesita una mayor participación ciudadana que, en el marco de nuestras nuevas democracias, pueda transformar las instituciones y prácticas políticas desde adentro, vigilando más certertamente a sus gobernantes y exigiéndoles una política social que ayude a aliviar la inequidad que prevalece en la región. Pero es cierto: necesitamos una nueva forma de participación, una reevaluación de la política como instrumento de transformación desde el interior de nuestras todavía frágiles democracias.


Selgas y Pascoli

En La Mancha es frecuente encontrar poetas que defienden un tipo de poesía familiar, centrado en las pequeñas cosas de la vida y los valores campesinos de siempre. Su poeta modélico es José Selgas, y el referente europeo de este tipo de poesía bien podría ser Giovanni Pascoli:

El poeta es poeta, no orador o predicador, ni filósofo, ni historiador, ni maestro, ni tribuno o demagogo, ni hombre de estado o de corte. Y ni mucho menos es, aun con la venia del maestro, un herrero que forje espadas, escudos o celadas; y ni mucho menos es, con la venia de tantos otros, un artista que pula y cincele el oro que otros le surtan. Para conformar un poeta valen infinitamente más su sentimiento y su mirada que el modo con el cual transmita a los otros el uno y la otra.

Es lo que Pascoli llama la "Poética del muchachito", la que transmite el asombro elemental por cualquier cosa, por humilde que sea. Mucho de eso es cierto.

Volpi analiza los males de Hispanoamérica

"La desigualdad es la raíz de los problemas de América Latina"

El escritor mexicano Jorge Volpi presenta El insomnio de Bolívar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

VERÓNICA CALDERÓN El País, 02/12/2009

El escritor mexicano Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) se descubrió latinoamericano en España. Más concretamente, en Salamanca, donde vivió cuatro años mientras estudiaba un doctorado en filología hispánica. Entre el encuentro con otros colegas latinoamericanos y la convivencia con los "amados y detestados" anfitriones halló su definición personal de lo que significa haber nacido en algún punto entre el río Bravo y la Patagonia.

De esa reflexión parte El insomnio de Bolívar (Debate), que se presentó este lunes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde el escritor y ensayista mexicano emprende la no poco ambiciosa tarea de trazar cuatro "consideraciones intempestivas" sobre la América Latina actual. La obra obtuvo el II Premio Debate-Casa de América y describe algunas de las contradicciones que definen a los países de la región, heterogénea pero al mismo tiempo unida por una herencia común.

"La identidad, no sólo la latinoamericana, se construye de la diferencia", explica Volpi en la madrileña Casa de América. "América Latina se separa de España y es a partir de ahí que se comienza a construir". El escritor encuentra precisamente en esta obsesión por distinguirse uno de los rasgos fundamentales de las democracias latinoamericanas, caracterizadas por un profundo nacionalismo. El escritor acuña el término "democracia imaginaria", el régimen practicado en países que adoptan los ideales de libertad e igualdad para dejarlos sólo en eso: ideas, "buenos deseos" que no se traducen en la práctica. "No hay reformas sustanciales en los sistemas de poder. La oligarquía aún controla el poder y los problemas se mantienen sin atacar", asegura.

No duda en identificar el mayor de ellos, "la raíz de todos los problemas es la desigualdad económica, la pobreza". Añade que ahí está el caldo de cultivo de guerrillas, carteles del narcotráfico y corrupción, quizá los mayores males que devastan la región. Algunos de los datos que cita en su obra son elocuentes. Uno de cada tres latinoamericanos vive en la pobreza, según datos difundidos en 2006 por la Comisión Económica para América Latina (Cepal). El 13,4% vive en la pobreza extrema.

Problemas que no parecen de fácil solución en las "democracias inacabadas" latinoamericanas. Escenario de nacionalismos exacerbados y de lo que Volpi resume como "caudillos democráticos". El líder carismático que "llega democráticamente al poder, pero que desde él sabotea la democracia desde los espacios del poder" y que se comporta como "una estrella pop que se aleja de las Cámaras y se acerca a las cámaras [de los medios de comunicación]".

"Existe la democracia, en América Latina se elige a los dirigentes, pero no existe una real representación de los intereses ciudadanos y esto produce un hondo desencanto", afirma. Como muestra, el escritor se refiere al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y a su homólogo venezolano, Hugo Chávez, que "son de ideologías opuestas, pero les une su empeño por mantenerse en el poder".

Volpi insiste, no obstante, en que el suyo no es un libro que deba leerse con el rigor de un ensayo político o sociológico, sino como el trabajo de un escritor. "Utilicé las herramientas de la literatura para hacer esta descripción", afirma. Y valiéndose de las mismas armas desarrolla una cronología ficticia sobre el futuro de América Latina. Volpi se aventura a predecir los próximos 100 años de la región. Algunos acontecimientos suenan improbables -la firma de un tratado de libre comercio entre Cuba y Estados Unidos en 2017, por ejemplo-, otros traducen el citado sueño bolivariano: la promulgación de una Constitución de los Estados Unidos de las Américas (el nombre lo dice todo) en 2110. "Es muy pronto para hablar de una integración política y económica de Latinoamérica, pero no es tan extraño", se justifica. "No existen los profundos rencores de otras regiones del mundo y sí una herencia común", afirma con un tono en que no es fácil de distinguir si se trata de un sueño, un deseo o tan sólo una invención.

martes, 1 de diciembre de 2009

Responsabilidad social empresarial: Noruega, Puerto Rico

"De las escuelas de negocios han salido frankensteins", El País, Soledad Gallego-Díaz,, 1-XII-2009
Debíamos haber quedado en un restaurante kosher, porque Bernardo Kliksberg practica la religión judía, pero hace buen día y nos hemos citado en uno de los restaurantes, con terraza, de Puerto Madero, donde es posible comer pescado a la plancha, compatible con sus preceptos. Kliksberg, economista y sociólogo argentino, es uno de los mayores expertos del mundo en responsabilidad social empresarial. Sus libros sobre gerencia social, ética para el desarrollo y gestión pública han sido traducidos hasta al chino y su último título Primero la gente, escrito con el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, ha logrado situarse como best seller internacional.

El economista argentino es experto en responsabilidad social empresarial
Kliksberg tiene aspecto de profesor... y es un profesor, claro, de hablar pausado y didáctico. Pero a este catedrático, descendiente de emigrantes polacos humildes, nunca le ha bastado con escribir o asesorar a organismos internacionales. Ahora está embarcado en un programa de formación en excelencia empresarial. Por segundo año, cien alumnos de último curso de la Universidad de Buenos Aires, los de mejor expediente y demostrado interés por el trabajo voluntario y docente, participan en un curso destinado a promover nuevas ideas en la gestión pública y en la gerencial social. La experiencia se ha extendido también a la Universidad de Rosario.
Ha llegado el salmón salvaje a la plancha, cortado fino, pero Kliksberg no le hace mucho caso. Está empeñado en explicar que los comportamientos empresariales denunciados en los últimos años no son sólo responsabilidad de los implicados sino también, y muy principalmente, de una cultura empresarial determinada. De gente a la que se forma como una casta, nacida para ejercer el poder y tener el dinero. "Son una nueva casta de brahmanes a la que no les importa el impacto de sus medidas", protesta. "De las grandes escuelas de negocios han salido algunos frankensteins".
Kliksberg quiere que se imponga otra cultura empresarial, una nueva formación que incluya la responsabilidad social entre sus materias obligadas. Que aprendan otras reglas, entre ellas, la de mantener mercados transparentes. No se trata sólo de formar éticamente a los estudiantes, sino de comprender que el fundamentalismo del mercado es muy cuestionable desde el punto de vista económico. Y pone como ejemplo Noruega, uno de los países en los que el impacto de la crisis ha sido menor. "En Noruega hay una cultura de autoexigencia ética de los empresarios. Tienen un fondo de inversión (el cuarto del mundo) que ha sido capaz de retirar inversiones en empresas multinacionales porque, según el Servicio de Auditoría General, funcionaban de acuerdo con valores contradictorios con los de la sociedad noruega", explica.
Kliksberg habla de un proyecto de gerencia social de Puerto Rico que ha permitido desarrollar el capital humano de un grupo de comunidades, logrando su empoderamiento y su articulación social. "El resultado ha sido impactante: antes del programa, el 95% de los jóvenes de esas comunidades quería emigrar. Ahora es sólo un 5%".
Ha llegado el café y el profesor me habla de Maimónides y del libro que escribió sobre política social: "Fue él quien primero formuló la idea de que el máximo nivel de ayuda es el que consigue que el otro no vuelva a necesitar ayuda".

Sobre el astronauta mexicano


Si ese astronauta mexicano fuera español, lo que estaría es en paro, poniendo ladrillos o bebiendo en un botellón.

El astronauta mexicano

Sabino Bastidas Colinas, El cuento del astronauta mexicano, 1-XII-2009

Cuentan que en el año 2000, cuando el actual alcalde de Los Ángeles, Antonio Villarraigosa era un político en ascenso y Presidente de la Asamblea de California, fue invitado a cenar a casa del empresario mexicano Carlos Slim, se le pidió, como mexicano-estadounidense, que explicara en pocas palabras, la diferencia que había entre México y Estados Unidos.

Esto fue lo que contestó Villarraigosa: "Mire usted, es muy simple, si mi familia se hubiera quedado a vivir en México, el día de hoy yo estaría sirviendo esta cena."
Quizá hubiera sido el caso del astronauta José Hernández Moreno, quien nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California. Es estadounidense. Sus padres originarios de un ranchito llamado Ticuitaco, cerca de La Piedad, Michoacán, México, migraron a Estados Unidos, como ilegales, para emplearse en la recolección del tomate y el pepino.
El propio José Hernández trabajaba todos los veranos en el campo. Él mismo recuerda como estaba limpiando con azadón una fila de remolacha azucarera, cuando escuchó en un radio de transistores la noticia de que Franklin Chang Díaz había sido seleccionado como astronauta y cómo esa noticia lo motivó y ese día dijo: "Yo quiero viajar al espacio."
José Hernández lo logró. Estudió ingeniería, alcanzó el grado de doctor, ingresó a la NASA, se preparó y por fin el 29 de agosto de 2009 despegó como parte de la tripulación del transbordador espacial Discovery, en una misión en la Estación Espacial Internacional.
Pero, ¿qué hubiera sido de José Hernández si su familia se hubiera quedado en México? Es claro que no habría alcanzado su sueño de volar al espacio. Tardaremos muchos lustros, antes de que México logre concretar su primera misión espacial. Apenas hoy se discute en el Congreso mexicano la posibilidad de crear una Agencia Espacial Mexicana.
Pero más que eso, los futuros posibles de José Hernández si se hubiera quedado en México están en la experiencia y en la estadística. Como tantos mexicanos pobres, campesinos, de Michoacán y de otros estados del país, le hubieran quedado pocas opciones y futuros muy limitados.
Difícilmente hubiera pasado de la primaria. Estadísticamente hubiera abandonado los estudios con la secundaria inconclusa y por supuesto su educación hubiera sido de muy mala calidad.
Quizá se hubiera quedado a sembrar su tierra, lo que le hubiera garantizado un futuro de miseria, con ingresos inferiores a los dos dólares al día.
Lo más probable es que, inquieto, hubiera emigrado a la ciudad. En ese escenario estadísticamente las mayores oportunidades a las que aspiraba José Hernández con la secundaria inconclusa, si es que conseguía trabajo, eran las de terminar con algún trabajo precario, como jardinero, mesero, quizá como obrero en una maquiladora, como trabajador de la construcción o quizá conduciendo un autobus.
Pero la familia de José Hernández no se quedó, emigró como tantas otras y le dio a su hijo la posibilidad de alcanzar un futuro totalmente distinto.
El contraste de ingresos y de oportunidades entre México y Estados Unidos es tan grande, que por eso México sigue y seguirá siendo por muchos años un país expulsor. Un país del que se han ido ya millones de personas. Para darnos una idea, según cifras oficiales, consideradas muy conservadoras por algunos expertos, hoy radican en Estados Unidos cerca de 12 millones de personas nacidas en México. Esto es, algo así como el 10% de la población total de México.
En 2007 migraron a Estados Unidos 478.000 personal. En 2008 migraron 450.000 y aunque las autoridades mexicanas esperan que la cifra sea un poco menor en 2009 como consecuencia de la crisis económica en Estados Unidos, la migración es un proceso constante.
El esplendido documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman Los que se quedan, nos regala un gran fresco de esta realidad. El drama de los mexicanos que se quedan en las comunidades expulsoras de migrantes. Los contrastes de ingresos, las diferencias, la soledad, la incertidumbre, la miseria, pero sobre todo la falta de oportunidades.
Es con esta realidad de fondo y en esta condición, en la que entra el absurdo, la contradicción y la vergüenza. Es aquí donde aparece la incongruencia que enoja, que debe enojar, cuando el gobierno y los políticos mexicanos tratan de convertir a la historia de José Hernández en un cuento de orgullo nacional.
Es aquí donde aparece el cuento del astronauta mexicano. Donde nos inventan la historia de superación personal de un mexicano, como si fuera de verdad un logro nacional.
En cuanto apareció en el radar la historia del astronauta José Hernández, de inmediato se activaron todas las maquinarias de la propaganda y el marketing gubernamentales. En el cuartel de todos los partidos políticos, del Congreso de la Unión y del Ejecutivo Federal se movilizaron de inmediato las agendas y los medios para tratar de capitalizar al máximo al supuesto astronauta mexicano.
El objetivo: convertir a José Hernández en orgullo nacional. Es obvio, ante la falta de triunfos reales, cualquier gol de la selección nacional, cualquier medalla, cualquier premio de literatura es bueno para tratar de levantar un poco el ánimo y la moral nacional caídas en un país en crisis, complicado y muy emproblemado.
El presidente personalmente paseó a José Hernández por el país. Inmediatamente todos los medios se ocuparon del tema. José Hernández se convirtió en súper estrella. Entrevistas en los medios. Toda una gira de Estado. Visita al Congreso. Homenajes. Los políticos querían retratarse con él. Regalos, las llaves de la ciudad, plaza con su nombre y sobre todo discursos, muchos discursos. Discursos que hablaban una y otra vez del orgullo nacional, de la superación personal y de la capacidad de los mexicanos.
Pero la realidad es otra muy distinta. Aunque nos duela, José Hernández no es un orgullo nacional. Su historia de éxito no es nuestra historia de éxito y menos una historia de la que pueda sentirse orgulloso nuestro gobierno o nuestra clase política.
No es un problema de nacionalidades. José Hernández es estadounidenses y tiene raíces mexicanas, tiene acceso a la nacionalidad mexicana, por derecho de sangre, y él mismo se identifica mucho con nuestra cultura. Pero ese no es el debate.
José Hernández puede ser mexicano, pero la historia del astronauta José Hernández es totalmente estadounidense. El logro de llevar a un jornalero agrícola pobre al espacio, es una historia de movilidad social en los Estados Unidos. El mérito es de otro sistema. José Hernández se hizo en otro país, con otras políticas públicas, con otro gobierno y con otras leyes.
La verdadera imagen de José Hernández es la fotografía de un hombre con una bandera con estrellas y barras en el hombro. Su bandera como astronauta. La bandera de su logro. En todas las imágenes vimos a un miembro de la fuerza aérea estadounidense, enfundado en su uniforme azul, portando con orgullo la bandera del país que le dio la oportunidad de tener la educación de calidad, la salud, las condiciones y el ambiente de libertad necesarios, para alcanzar sus metas.
Inventar el cuento del astronauta mexicano por parte del gobierno, es como robar un pedacito de gloria. Mendigar triunfos ajenos. Usurpar éxitos imposibles, en un país que no atina el rumbo para convertirse en serio en un México ganador.
El Presidente de México Felipe Calderón dijo en uno de los homenajes: "la brillante historia de vida de José Hernández es y debe ser un ejemplo para los mexicanos." ¿Lo dice en serio? ¿Cuál es el ejemplo Señor Presidente? ¿Irse? ¿Nacer en Estados Unidos? ¿Migrar? ¿Qué las familias mexicanas migren a tiempo? ¿Hacerse norteamericano? ¿Buscar allá las oportunidades que no se tienen aquí?
La historia de éxito de personal de José Hernández, es al mismo tiempo la historia del fracaso de la política económica, de la política social y de la política exterior del gobierno mexicano. Es la historia del fracaso de éste y de varios gobiernos mexicanos.
Su historia debería darle vergüenza a una clase política incapaz de ponerse de acuerdo y de generar un proyecto de nación para los millones de José Hernández que están repartidos por todo el país, y que no quieren ser astronautas, millones de mexicanos a quienes sólo les bastaría con poder comer, con tener un mínimo de salud, un piso que no sea de tierra o saber leer y escribir.
José Hernández es la historia moderna de Benito Juárez. Uno llega a la presidencia, el otro llega al espacio. Ambas son historias de éxito. Historias de superación personal. Iconos. Ejemplos. Pedagogía pura. Historia de bronce. Los dos comparten esa historia de movilidad social, que tanto nos gusta a los seres humanos. Es el cuento de la cenicienta. Es la pobreza superada, es la miseria transitada. Es el éxito a pesar de la adversidad.
Pero la de Juárez es una historia mexicana del siglo XIX. La de José Hernández es una historia norteamericana del siglo XXI.
José Hernández dijo en una entrevista: "Lo que me sorprendió mucho es cuando vi al mundo como uno: no había fronteras, no se podía distinguir entre Estados Unidos y México", pero lo cierto es que sí existen las fronteras. Su familia cruzó una de ellas de manera ilegal. Lo cierto es que sí existen las banderas y las diferencias. Sí existe una frontera que hace a dos países muy distintos.
La lección es muy clara: si José Hernández se hubiera quedado en México, quizá hoy estaría sirviendo la cena.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La poesía y José Emilio Pacheco

Los premios dan la oportunidad a veces de conocer a grandes autores que uno no ha podido visitar en sus libros. Sin duda José Emilio Pacheco es un gran autor. He estado leyendo algunos de sus poemas para saber más de este desconocido, y me he llevado una agradable sorpresa; algunos de ellos son deslumbramientos; otros sátiras punzantes, como la de ese marine que fue apagar incendios con el fuego, y murió en vano. Como bien sabían los filósofos, uno de los grandes gozos de la vida es la poesía: en ella se encuentra concentrado todo lo que es valioso en el pensamiento y en la vida; cuando uno ya no puede permitirse perder el tiempo, la buena poesía fecunda el espíritu, remueve el alma saludablemente, despierta todo tipo de voces, ecos y resonancias interiores, nos devuelve la gana de vivir.

Razones


Me cansan tantas protestas infundadas; he dicho a mis alumnos que siempre hay razones para hacerlo mal o fracasar; pero para hacerlo bien o triunfar sólo hay sacrificio, voluntad, pasión, inquietudes, curiosidad y ganas de leer y saber.

Calle de San Antón

Hago una parada en la lenta corrección de exámenes; mi familia me rodea en el ancho salón de la casa, donde estamos muy a gusto: mi mujer plancha, su madre ve la novela, mis hijas estudian y cotorrean, mi loro suelta su repertorio, los seis pájaros canoros que tenemos pían y se pelean. Llueve, y como siempre que llueve, salgo, yo que no suelo salir casi nunca, como mis tremebundos compañeros el rayo y el trueno, que hoy no quieren pasear conmigo, a pesar de que las nubes les han abierto la puerta; sólo me acompañan la brisa y el paraguas; es que la lluvia me estimula. Recorro la calle Toledo, transfigurada a la luz gris del agua, y tuerzo por la calle San Antón; hay paredes desguarnecidas, llenas de ripio y tapial, que padecen reúma y se hinchan, como las piernas de las personas, por la humedad; un coche a mil por hora me deja hemipléjico del lado izquierdo empapándome con un charco; no me enfado, sólo me asombro. En la acera derecha recuerdo al recio, calvo y canoso viejo Marcial, que vendía vino a granel y chuches a los niños, hablando de su primera esposa, a la que dejó en Canarias "porque yo creía que era dama y era sota". Recuerdo al carnicero Jacinto, que invariablemente se equivocaba en las cuentas a favor o en contra y al que daba pena timar; recuerdo a la mujer casada con un moro "que es como si fuera casi con un gitano", que vendía periódicos y cambiaba tebeos y cómics de la Marvel; a ella le vendí mi colección; esos lugares, esas personas han desaparecido ya. Hay casas de señorón al lado de miserables casejas sólo un grado por encima de la chabola; cuatro pájaros se remojan sobre una antena televisiva; ldeben de ser de la misma familia y les da igual, no llueve violentamente. Están levantadas las aceras porque quieren poner tuberías nuevas; hay un aviso en la caseta de los materiales: "No robar, no hay nada de valor, mirar por el cristal". Pintadas raras, casas humildes de antiguo ladrillo rojo, un gordinflón chubasquero de plástico hinchado por el viento cuelga mojándose ahorcado en una cuerda de tender, nadie sabe por qué. Vuelvo por donde he venido. Cuando llueve las maniquíes parecen más vivas, o menos muertas; una es tan grácil y elegante como mi hija Paloma; los árboles me hablan; los graciosos objetos de las vitrinas de los comercios toman vida propia, están más intensos, más fuertes que cuando uno pasa a su lado sin verlos ocultos por el contraste y el ruido de la cotidianeidad. Una cortina de acuarela nos une a todos en un mismo plano. Soy feliz, porque también me siento vivo; la soledad de la lluvia subraya y magnifica todo; cada lluvia algo renace que nos limpia de memoria.

Para qué


¿Para qué va uno a aprender literatura, si se tiene un buen culo, una buena sonrisa, unos estupendos amigos -o, más bien, compañeros de farra mientras dure el dinero de papá-, unos maravillosos fines de semana y una tele de pantalla gigante donde no paran de instruirnos en todo tipo de idioteces y simplezas?

Saberes irrelevantes


Esos saberes irrelevantes, Javier Marías, 29-XI-2009

En algún lugar vi la noticia, un breve, una curiosidad, una anécdota sin importancia. Lamenté que fuera tan escueta, me habría gustado conocer más detalles del asunto, no tan baladí para mí como para quienes lo recogieron. Al parecer, una joven española, aspirante a ganar el certamen "Reina Hispanoamericana 2009", al preguntársele por el año en que Colón descubrió América, contestó que "en 1780". Da curiosidad saber por qué diablos eligió esa fecha disparatada, en vez de responder "No lo sé", que habría resultado más disculpable. ¿Por qué 1780? ¿Cómo creerá la joven que era el mundo en ese año? ¿Sabrá que pertenece al siglo XVIII o ni siquiera le habrán enseñado cómo calcular los siglos? ¿Sabrá lo que es un siglo? Si hubiera dicho "1789", podríamos pensar que se confundió de fecha célebre. Pero, ¿1780? En verdad un arcano. La noticia añadía algo, quizá más sintomático y revelador todavía: se conoce que a la muchacha le quisieron sacar los colores por su metedura de pata en un programa de TVE, pero ella se defendió con desparpajo y afirmó: "Es irrelevante saber eso".

Es fácil no conceder importancia a la cosa y consolarse con la asentada idea de que todas las misses y aspirantes a tales son ignorantes por definición y tontas de baba. Sus grititos, sus llantos y sus obviedades han sido parodiados hasta la saciedad en películas y programas de humor. ¿Qué se puede esperar de una miss? Ya se sabe. Pero la joven en cuestión era probablemente una chica normal hasta hace cuatro días. Habrá ido al colegio como cualquiera, y quién sabe si no habrá terminado su bachillerato o su ESO o como quiera que se llame ahora. Habrá llegado a sus dieciocho o veinte años con alguna instrucción, y la prueba es que le viene a la cabeza la palabra "irrelevante", algo que en nuestro tiempo no está al alcance de todos. Yo me temo que sus dos respuestas, la de 1780 y la de la irrelevancia, las podrían haber dado numerosos jóvenes que nada tuvieran que ver con concursos de belleza y no pocos adultos actuales, entre ellos, sin duda, algunos de los periodistas televisivos que le quisieron sacar los colores, sólo que a ellos no se les hacen esas difíciles preguntas con cámaras delante.

"Es irrelevante saber eso". En cierto sentido no le falta razón a la candidata a "Reina", porque lo mismo opinaron, a buen seguro, cuantos profesores tuvo en su vida y los responsables de Educación -gubernamentales y autonómicos- de las últimas dos o tres décadas, que han hecho todo lo posible por convertir a España en una sociedad de iletrados, de ignorantes ufanos de su ignorancia, de primitivos duchos en tecnología; así como un buen número de progenitores, que se han dedicado a exigir a los docentes que enseñen a sus vástagos "cosas prácticas", que les sirvan para ganarse la vida en el futuro, y no pierdan el tiempo con lo "irrelevante". ¿Sirve de algo el latín, una lengua cadáver? ¿Sirven las matemáticas, cuando tenemos calculadoras que nos dan el resultado de cualquier operación en el acto? ¿Sirven la gramática, la sintaxis y la ortografía, si da lo mismo cómo se hable y se escriba? ¿Sirve conocer la historia, si basta con buscar en Internet para averiguar al instante quién fue tal personaje o qué pasó tal año? ¿Sirve la geografía, si cogemos aviones que nos trasladan a cualquier sitio en unas horas y nos trae sin cuidado el trayecto? ¿Sirve algo de algo? ¿Y qué es, pues, "lo práctico"? Tal vez sólo aprender a manejar el ordenador y la calculadora. En realidad, ¿para qué es necesario ir a la escuela? ¿Para tener una idea del mundo, del pasado de la humanidad, de la historia del arte y de las religiones, de la evolución de las ciencias, de nuestra anatomía, de los textos que se han escrito, de la multiplicación y la división y la suma y la resta, del círculo y el triángulo? Nada de eso es "práctico" ni ayuda a ganarse la vida, no digamos a ser Reina Hispanoamericana. Y sin embargo ...

La educación no son sólo conocimientos y datos. Es parte esencial de lo que solía llamarse "formación", esto es, la conversión de los individuos en personas, no en seres animalescos que caen en el mundo sin tener noción de lo que hubo antes que ellos, incapaces de asociar dos hechos, de distinguir entre causa y efecto, de articular dos frases inteligibles, de pensar y razonar, de comprender un texto simple. Esta es la clase de ser que cada día abunda más en nuestra sociedad intelectualmente rudimentaria. El problema es que, por algún misterio, a la postre esos seres no resultan "prácticos" ni se pueden ganar la vida, la vieja aspiración de sus ya embrutecidos padres. No es raro ver en la televisión a jóvenes y no tan jóvenes que dicen en estos tiempos de crisis: "Yo no quiero estudiar, lo que quiero es que me den un trabajo para ganar dinero". A menudo tienen tal pinta de cabestros que me descubro pensando con pena: "Pero, hombre de Dios, ¿cómo te va a dar nadie un trabajo si es obvio que no te han enseñado nada y que aún no sirves ni para pegar un sello? Si yo fuera un empresario, no te contrataría". Me temo que los que lo sean pensarán otro tanto: "No necesito a un animal tecnológico, que sepa darle a las teclas según se le ordene, pero sin tener ni idea de lo que hace. No necesito a una persona incompleta. Tráiganme a alguien civilizado, con conocimientos irrelevantes, de los que permiten desenvolverse en el mundo".

sábado, 28 de noviembre de 2009

El fracaso de la educación progre


Las familias progres dedican menos tiempo a educar a los hijos
Sebastián Tobarra, el País, Barcelona, 27-XI-2009

Las familias que tienen la etiqueta de progresistas suelen descuidar más la educación de sus hijos. Es una de las conclusiones de un informe encargado por la Fundación Bofill a un equipo de expertos que ha dirigido el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, Javier Elzo.
El trabajo ha clasificado las familias en cuatro tipologías: La primera, extravertida y progresista; la segunda, introvertida y tradicional; la tercera, conflictiva, y la cuarta armónica y convivencial. El trabajo se ha hecho en base a una muestra hecha en Cataluña con cuestionarios y entrevistas a familias (1.060), profesores y alumnos de 12 años. Las conclusiones del estudio revelan que las del primer grupo delegan más que las otras la educación de sus hijos.
¿Cómo son estos padres y madres llamados progresistas? Primero suelen tener un nivel de formación más alto. Son en gran parte profesionales, técnicos, empresarios y comerciantes que rechazan la pena de muerte, defienden el aborto y la eutanasia, la legalización de la marihuana y trabajan más fuera de casa, destaca el estudio. "Quizá son así porque estamos hablando de padres de familia que vivieron la transición y de la época de prohibido prohibir. Estas familias suelen tener, añade Elzo, "pocas muestras de afecto" para con los hijos.
"No digo que todos los progresistas son así, pero los que son así destacan por ser progresistas", recalcó el director del estudio. Jordi Sánchez director de la Fundación Bofill, acotó: "Las tipologías que tiene el estudio nos aproximan a las familias, pero la realidad tiene muchos más matices".
En este grupo de familias progres "hay un notable desestimiento de la educación de los hijos, que se delega en la escuela, en personal auxiliar domiciliario" o en clases particulares de refuerzo. La conclusión es que a pesar de que estos padres tienen un nivel educativo más alto "la descuidan y pasan menos tiempo con sus hijos".
Aún así, otros estudios de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE) y de la Fundación Jaume Bofill corroboran que a mayor formación de los progenitores los alumnos suelen sacan mejores notas y llegan a un nivel de formación mayor. Elzo destacó, en este sentido, que el trabajo que ha dirigido comprende alumnos de 12 años, a final de la primaria, y que la mayor vida escolar que a la larga tienen los alumnos de las familias más acomodadas se produce a lo largo de toda la etapa escolar.
Otra tipología de familia, la que el estudio llama conflictiva, es la que más problemas presenta. Hay otros estudios que ya lo habian ratificado. En estas familias suele haber mal clima familiar, incluso con castigos corporales y los padres suelen tener "poca confianza en sí mismos". Los progenitores suelen tener menos nivel cultural. Suelen estar a favor de la pena de muerte en casos graves y no tienen normas de convivencia en casa a la hora de ir a dormir e incluso se dan "respuestas irrespetuosas de los hijos". Estos padres suelen vivir "angustiados por la educación de los hijos, recalca el estudio".
Las otras tipologías de familia ?la introvertida y tradicional y la armónica y convivencial? son las que mejor paradas salen. En esta última, hay buen clima familiar y buenas relaciones con "el centro docente". Son los más satisfechos con la educación y tienen"más satisfacción de los hijos". Suelen ser estos padres los que más usan el castigo como correctivo. Respecto a las familias del grupo tradicional, el estudio de la Fundación Bofill destaca que tienen "los valores de siempre", autoridad fuera y dentro de la familia.
Otro de los puntos que recalca Elzo es que el ser familia monoparental, de separados, numerosa o reagrupada no tiene tanto efecto en sus relaciones y en la formación como como "el clima familiar y la manera de funcionar". "Naturalmente, que ser familia monoparental o de separados influye pero no tanto como el modelo de funcionamiento", remachó Elzo.
El padre, menos implicado
Otra conclusión del trabajo es que en las cuatro tipologías familiares "los hijos o hijas perciben menor implicación del padre que de la madre en las actividades vinculadas con ellos". Y también que "los hijos hacen una valoración menor de la implicación de los padres y madres que la que dicen éstos que tienen".
El director del estudio quiso resaltar que, pese a los problemas y las distintas tipologias, la gran mayoría de familias incluidas en la muestra están "razonablemente satisfechas de cómo funcionan y de la educación de los hijos. Un notable de nota media", apuntó Elzo.

Automotivarse

Por qué cuesta automotivarse, Xavier Guiz, 28-XI-2009


Mientras los estímulos nos llegan de fuera, estar motivado es más fácil. El problema empieza cuando las fuerzas, las ganas y la voluntad tienen que partir de uno mismo y se nota que nos falta práctica en esta disciplina.

Pronto hará un año cuando en Navidad nos hicimos unos cuantos propósitos que, se suponía, nada ni nadie impediría su ejecución desde ese lugar llamado "el mundo de las posibilidades". Puede que el tema no consistiera en propósitos, sino en auténticas necesidades que no admitían demora: bajar ese sobrepeso para evitar indicios de enfermedad. Hacerles hueco a esos estudios imposibles de resolver si se dejan para última hora. Ponerse las pilas en el trabajo para no quedar fuera de servicio o, incluso, apostar definitivamente por esa relación que, de tanto darle tumbos, se encuentra a un paso del precipicio.

"La voluntad no es innata. El proceso correcto para automotivarse se basa en inhibir el impulso, deliberar, decidir y mantener el esfuerzo"

Todas estas situaciones apelan a una de las características más importantes de la inteligencia emocional: la automotivación.

O, lo que es lo mismo, esa capacidad de motivarse por uno mismo, de encontrar las fuerzas movilizadoras en nuestro interior, sin tener que esperar a que estímulos externos nos pongan las pilas. Acostumbrados a una sociedad altamente sofisticada precisamente en el arte de proporcionarnos ese tipo de estímulos; a un sistema educativo que premia los resultados finales y a la competitividad; a un sistema productivo basado históricamente en el palo y la zanahoria..., es fácil deducir que no hemos sido entrenados en la tolerancia a la frustración, a la espera paciente y al esfuerzo disciplinado.

Intenciones sin estrategia

Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño (Mark Twain)

¿Por qué fallan los propósitos? La respuesta requiere una observación y otra pregunta: ¿Cuándo nos hacemos esos propósitos? Cuando una parte de nosotros reconoce lo que debería estar haciendo y no hace. Dicho de otro modo, un propósito suele ser una obligación que nos imponemos. Pero no nos gusta hacer nada por obligación, y menos aún si es por y para nosotros mismos. Ahí es donde se echa en falta la automotivación.

Este año seré puntual; voy a dedicar más tiempo a la familia; haré más deporte; aprenderé inglés; me tomaré las cosas con más tranquilidad... Todas son frases que apuntan a un escenario futuro, al que pretendemos acceder por mero convencimiento. Sinceramente, la cosa así no funciona. Las intenciones sin estrategia son meros brindis al sol.

Si a todo ello le añadimos que los propósitos se suelen plantear coincidiendo con épocas de inicio, ese recomenzar se asemeja a un marcador que se pone a cero, como si el tiempo se aliara con nuestros propósitos para darnos un empujoncito. Se trata de un espejismo más. Volveremos a nuestros hábitos adquiridos a no ser que pongamos en ello algo más que buenas intenciones.

La capacidad de motivarnos tiene mucho que ver con nuestra auténtica voluntad. Pero ¿es lo mismo la voluntad que la intención? Muchas personas dicen, por ejemplo, que quieren dejar de fumar. Ésa es su intención. Se han cargado de excelentes motivos para dejarlo, pero al mismo tiempo reconocen que no tienen suficiente fuerza de voluntad. Por tanto, voluntad e intención son cosas diferentes. Quizá sea útil distinguir entre aquello que hemos convertido en un deseo y aquello que en realidad estamos dispuestos o no a hacer.

Para San Agustín, la voluntad era el centro vital, la vida misma, "la incomprensible certidumbre íntima, la firme seguridad del querer irrevocablemente enderezado a su meta". Pero nuestras mentes tienen el defecto del enredo; nuestros cuerpos se ciñen a la inmediatez del deseo; nuestros estados de ánimo nos adormecen ante lo inapetente, desalojando a la voluntad del primer plano de nuestra visión.

El filósofo José Antonio Marina observa la voluntad como la motivación inteligentemente dirigida. Marina va más allá de aquella vieja voluntad, entendida como una facultad innata, y la redefine más como un proceso que como un concepto: inhibir el impulso, deliberar, decidir y mantener el esfuerzo. Ése podría ser el proceso para automotivarse.

Hacer lo que nos da la gana

¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo (Amado Nervo)

Dice Abraham Maslow que estamos motivados cuando sentimos deseo, anhelo, voluntad, ansia o carencia. O, lo que es lo mismo, cuando necesitamos resolver nuestras necesidades. Algunas son básicas, pero muchas otras se generan por nuestra capacidad de crearnos todo tipo de expectativas. Dicho de forma menos elegante: vamos detrás de lo que nos da la gana aunque probablemente no nos haga falta alguna. Pero se nos ha metido entre ceja y ceja y ahora sólo queda consumirlo, de lo contrario nos parecerá morir de un ataque de angustia. Ese problema se llama inmediatez e incapacidad de controlar los impulsos, muy propio de nuestra contemporaneidad.

En una investigación sobre la motivación humana, propusieron a unos niños un curioso dilema. Los dejaban solos en una habitación con una golosina encima de la mesa. Les decían: "Si quieres, te la puedes comer ahora mismo y ya está. Pero si tienes un poco de paciencia, más tarde te daremos dos. Las imágenes fueron muy reveladoras entre aquellos niños que no resistían la tentación y aquellos otros que desplegaron un sinfín de estrategias para aguantar. Eso diferencia a unos de otros, la capacidad de tolerar la ansiedad de la espera, de postergar la gratificación en lugar de responder al primer impulso.

De mayores seguimos haciendo lo mismo, luchamos entre hacer lo que nos da la gana o adaptarnos a las exigencias del medio cuando nos impone un esfuerzo personal. Eso cuesta más mientras circulen mensajes publicitarios del tipo "Lo quieres, lo tienes". Hace falta mucho autocontrol y tener muy claras nuestras motivaciones si queremos sobrevivir a la vorágine social, haya más o menos crisis. Que la motivación venga de fuera es lo más fácil. En cambio, nos fortalecemos cuando somos capaces de motivarnos por nosotros mismos.

Más fluir, menos sufrir

El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo, al poder (Williams James)

Qué sentido puede tener hacerse propósitos que no vamos a cumplir, si no es para autocastigarnos un ratito y retomar ese viejo discurso que nos acompaña hace años, consistente en demoler nuestra identidad por nuestras incapacidades. Nos infligimos un cierto sufrimiento como para expiar la culpa de no tener más voluntad a mano. Entonamos un mea culpa por el desánimo que sentimos ante el esfuerzo que nos hemos ahorrado.

Automotivarse, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir al ataque de nuestras compulsiones. La automotivación se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo como beneficio la satisfacción por el esfuerzo realizado, por la ilusión y el optimismo que hemos generado en la aventura de conquistar nuestros retos cotidianos. Cuando, en definitiva, fluimos con lo que hacemos. Ese fluir es impagable.

Satisfacción del esfuerzo

1. Películas
� �El guerrero pacífico�, de Víctor Salva (imprescindible).
� �Forrest Gump�, de Robert Zemeckis (increíble ejemplo de fluir).
� �Jerry Maguire�, de Cameron Crowe (interesante cambio de motivación).
2. libros
� �La práctica de la inteligencia emocional�, de Daniel Goleman (capítulo VI). Kairós.
� �El hombre autorrealizado�, de Abraham Maslow. Kairós.
� �El misterio de la voluntad perdida�, de José Antonio Marina. Anagrama.