sábado, 16 de enero de 2010

Caray con Tom Stoppard

Un dramaturgo imparable.

Marcos Ordóñez, El País, 15/01/2010

En inglés queda más salado: The unstoppable Stoppard. Menuda vida la de este caballero, con el siempre adelante como divisa de su escudo de armas. Judío, checo, nacido en el año 1937 bajo el nombre de Thomas Straussler. Cuando la invasión nazi, la familia huye a Singapur. Cuando la invasión japonesa, escapan a la India. Poco antes, su padre es asesinado por los japoneses.

En Darjeeling, la madre se casa con Kenneth Stoppard, un militar británico que le da su nuevo nombre. En 1946, traslado a Inglaterra. A los 17, Tom Stoppard comienza a trabajar como periodista en el Western Daily Press de Bristol: columnista de humor y crítico teatral, mayormente. A los 23, su primera obra, A Walk on the Water (1960), se estrena en Hamburgo y la emiten por la BIT (British Independent Television). En 1964, la Fundación Ford le concede una beca para pasar cinco meses escribiendo en una mansión berlinesa: allí cocina Rosencrantz y Guildernstern han muerto, que arrasará en el Festival de Edimburgo de 1966, luego en el Old Vic, luego en medio mundo. Asunto de la función: dos personajes menores de Hamlet, atrapados en una trama que no comprenden y que les llevará a la muerte. Sus siguientes piezas serán variaciones sobre el mismo tema: dos críticos atrapados en una obra (El auténtico inspector Hound, 1968, o cómo cruzar a Ionesco con Agatha Christie), una familia atrapada por un hecho que ven de distintas formas (Después de Magritte, 1970, que hubiera podido firmar Sebastián Knight), un filósofo atrapado en una intriga político-criminal a lo Chesterton (Acróbatas, 1972). Y el colofón de Travestis (1974), carambola a cuatro bandas: Tzara, Lenin, Joyce y La importancia de llamarse Ernesto.

Por esas fechas se acuña el adjetivo stoppardian, que definirá un tipo de obra en la que predominan la inteligencia verbal y los más sofisticados juegos intelectuales. Al otro lado de la calle, sus detractores traducen el término por "mucho cerebro y poca carne". Se impone un cambio, que llega en 1977 y en clave político-musical: Every good boy deserves a favour, con partitura de André Previn (y ahora mismo exitosísimamente repuesta en el Nacional de Londres), narra la historia de un falso loco, un disidente soviético recluido en un manicomio, y su compañero de celda, un loco real, que cree ser el director de una gran orquesta.

En 1978 comienza a conquistar al público masivo con Night and Day, lejanamente inspirada en Noticia bomba, de Evelyn Waugh: África, periodismo, dictadura, y Ruth Carson, el mejor personaje femenino (hasta entonces) de Stoppard, papelazo a la medida de la gran Diana Rigg. En 1982 da la campanada con The Real Thing. Sorpresa: ¡Stoppard tiene corazón! Una historia de adulterio y traición, una obra dentro de la obra, y la búsqueda de la autenticidad (de ahí el título) como hilo conductor: autenticidad de los sentimientos, de las motivaciones políticas, del arte. Triunfo en el West End y en Broadway, con reparto de lujo: Jeremy Irons y Glenn Close. (Estrenada en España en los ochenta, cuando aquí todavía se consideraba a Stoppard como un hijo tardío del teatro del absurdo, su revival llegará al María Guerrero a comienzos de este año).

Tras el éxito, Tony incluido, el mayor trastazo de su carrera: Hapgood (1988) junta espionaje y física cuántica, universos paralelos y agentes dobles que no saben para quién están trabajando. Ambiciosa y fascinante, pero rozando la meningitis. Todas las incógnitas (callejón formal sin salida, agotamiento creativo, pérdida del Norte) se disiparán a lo grande con Arcadia (1993), rotunda obra maestra -dirigida en Cataluña por Ramón Simó para el TNC-, en la que el vertiginoso juego de ideas llega revestido de belleza y emoción. Dos series de hechos en tiempos alternos (1809 y 1990) y un mismo espacio, una mansión campestre de Devonshire. Tres investigadores tratan de anudar en una red causal los fenómenos dispersos de sus antepasados y a la manera de Kinbote, el alucinado comentarista de Pálido fuego, acaban creando una segunda realidad que sólo existe en su imaginación. Soberbia mezcla de alta comedia, sátira, y reflexión científica, rematada por una conmovedora historia de amor.

En 1995, Stoppard vuelve al Darjeeling de su infancia con Indian Ink, una reminiscencia elegiaca vista desde el lado imperial y el nativo, a caballo, palabras mayores, entre La joya de la corona, de Paul Scott y, desde luego, Regreso a la India, de Forster. Notable trabajo, éxito moderado: lo mismo podría decirse de The invention of love (1997), que contrapone la vida y obra de A. E. Housman, poeta y homosexual secreto, y la incendiada caída de Wilde (entre otros veinticinco temas). Entre obra y obra, Stoppard traduce, adapta, escribe guiones (cumbres: Brazil, El imperio del sol, Shakespeare enamorado), es miembro activísimo de Amnistía Internacional, lucha incansablemente a favor de los disidentes encarcelados, y viaja por el mundo con su bibliomaletín (365 dólares en T. Anthony Suitcases, Park Avenue, Nueva York) donde alberga los 10 libros que siempre suele leer al mismo tiempo, con destino a futuras obras. Como, por ejemplo, la deslumbrante The Coast of Utopia (2002), una trilogía (Voyage, Shipwreck, Salvage) que a lo largo de nueve horas cubre cuarenta años (de 1833 a 1868) de la vida y combates de la generación rusa para la que se acuñó el término intelligentsia, guiados por el doble faro del Socialismo Utópico y el Idealismo alemán. La función, con el aliento de una gran novela (y el posible subtítulo de Cuando la izquierda no era triste), narra los encuentros y desencuentros de Herzen, Bakunin, Turguéniev y Belinsky, cabezas de fila de un reparto de treinta personajes, retratados con pasión adolescente y absoluta fluidez narrativa. Imposible resumir aquí tal monumento: baste recomendar, de entrada, la traducción española que está a punto de editar el Centro Dramático Nacional. Similar fulgor y parecidas estrategias conforman Rock 'n' Roll (2006), otro magno fresco histórico (y otra obra maestra), donde Stoppard enlaza la leyenda de Syd Barrett, el J. D. Salinger de la psicodelia, con las revueltas de Praga y la crónica de tres generaciones de una familia de Cambridge a través de la mirada de Jan, un estudiante checo fascinado por el rock y la cultura occidental, esto es, lo que probablemente hubiera sido Tom Stoppard de no haber tenido que escapar de su tierra natal. Estrenada aquí por Àlex Rigola y la compañía del Lliure en 2008, pronto desembarcará en las Naves del Matadero: no se la pierdan. Y para cerrar este recuento necesariamente acelerado, una pregunta: ¿qué escribirá mañana el más joven, maduro y sorprendente de los dramaturgos ingleses?

César González Ruano


Antonio Muñoz Molina, Huida y muerte de González-Ruano, El País, 16-I-2010:

Por pura casualidad me puse a hojear el Diario íntimo de César González-Ruano y ya no he podido dejarlo, postergando otros libros y tareas que hubiera debido cumplir en vez de tumbarme en la cama a leer las idas y venidas por el lóbrego Madrid de los primeros años cincuenta de un escritor fascista que tenía poses de entre borbón apócrifo y señorito golfo, y que era capaz de escribirse cinco artículos seguidos sobre cualquier cosa en una mañana y una novela entera en seis días, una novela que entregaba sin haber corregido y de la que se había olvidado aun antes de cobrarla. Empiezo la lectura con curiosidad y desagrado; al cabo de unos días la curiosidad es fascinación y el desagrado a veces se ha convertido en repugnancia. El Diario íntimo empezó siendo para González-Ruano uno de tantos encargos con los que se ganaba un dinero rápido y fácil, aunque siempre mezquino, al menos en proporción a sus aspiraciones de gran señor caprichoso y tronado, que iba a todas partes en taxi, que tenía en casa cocinera y sirvienta y criado personal y se permitía caprichos carísimos, sortijas de diamantes y relojes de oro, antigüedades barrocas con las que atestaba su casa, un piso nuevo en la esquina de Ríos Rosas con el paseo de la Castellana, delante de un horizonte despejado que era el de las huertas y los olivares de Chamartín, y que muy pronto sería el de los horrores urbanos del Madrid franquista y posfranquista.

Leyendo esas páginas se sumerge uno en la España brutalmente lobotomizada por la posguerra y el franquismo. El Madrid de César González-Ruano es una ciudad con tranvías lentos y cortes de luz en la que reinan sin competencia los burócratas con pistola al cinto de la dictadura y las mediocridades intelectuales que sólo han llegado a alcanzar alguna relevancia porque la primera fila y hasta la segunda fila de la inteligencia española han sido eliminadas por el asesinato o el exilio. Hay que tener en cuenta el poco tiempo que ha pasado desde la cima de la edad de plata. En 1951 hace doce años que terminó la guerra, quince que Federico García Lorca leía a los amigos el manuscrito de La casa de Bernarda Alba, veinte apenas que Buñuel estrenó La edad de oro. En el pasado tan reciente y tan perdido que nadie quiere nombrar estaban escribiendo, pintando, diseñando, investigando en España algunas de las inteligencias más lúcidas del siglo XX europeo. En 1951 las estrellas intelectuales eran fascistas de medio pelo o enchufados beatos de cuarta fila o capellanes castrenses que elaboraban para el ministro de Información y Turismo estadísticas sobre el número de almas de españoles salvadas gracias a la censura cinematográfica. En su Diario íntimo González-Ruano da coba sin escrúpulos a gobernadores civiles y jefes provinciales del Movimiento Nacional, y si viaja a Barcelona se encuentra tan arropado por intelectuales falangistas catalanes como si acepta actuar como mantenedor de unos Juegos Florales en Santa Cruz de Tenerife. Un día anota que sale de excursión por la provincia de Cuenca gracias a una invitación del gobernador civil, a quien aprovecha para cubrir de elogios. Como de pasada anota que al subir al coche oficial el gobernador lleva consigo un fusil ametrallador.

Y sin embargo sigo leyendo. Entre la prosa mercenaria, los impudores de la vanidad, las exhibiciones de señoritismo, la bajeza del halago, de pronto estalla un fulgor de gran literatura. En el diario escrito para ganar dinero rápido y dar coba a los que mandan se filtra la ansiedad verdadera de un hombre que está huyendo siempre y que se rinde de golpe a la conciencia de su fragilidad y a la sospecha de que su trabajo incesante y su ambición y su vanidad no tendrán más porvenir que el olvido. Se levanta sin sosiego y toma un taxi para llegar a primera hora al café en el que escribirá un artículo después de otro sin más sustento que el café con leche y la nicotina. Como el tabaco y como los cigarrillos y los viajes en taxi el dinero que gana con los artículos se disuelve en seguida sin que él sepa cómo y el presunto aristócrata que lleva sortijas heráldicas y se viste cada mañana con la ayuda de un criado descubre que le han cortado el teléfono por falta de pago. En algún momento recapacita que "llevaré escritos unos quince mil artículos". Cuando más falta le haría ponerse a trabajar se rinde a la vagancia y se queda en la cama leyendo novelas de Simenon, de las que dice que son "un láudano para la mirada": "Acunado", dice, "en una especie de pereza monstruosa que ni siquiera disfruto del todo porque me queda la conciencia llena de remordimiento". En medio de la vanidad tan fácil del columnista de éxito el miedo siempre lo persigue: "¿De dónde sacaré tiempo al tiempo? A veces me encuentro agotado, acogotado por la vida. No hay profesión como ésta, en la que sea preciso ganar lo que ya se tiene cada mañana, profesión en la que viva uno en una costumbre resignada de colapso económico y en la permanente amenaza del olvido".

Sabe que escribiría mejor si no escribiera tanto, tan rápido, tan de cualquier manera. Pero no está dispuesto a renunciar a los caprichos caros ni a la recompensa inmediata de halago que le deparan los artículos, y no tiene el menor escrúpulo en descender a la bajeza mercenaria: "Por la tarde, inauguración del hotel Fénix, una maravilla más de la cadena de Hoteles Unidos. El hotel está resplandeciente de personalidades del Ejército, la Política, la Aristocracia, las Finanzas, las Artes y la Industria; lleno de damas de primera categoría que resaltan su belleza y su elegancia...".

Pero pasan los años y el diario ya no se publica en el periódico. Lo escribe en un cuaderno, aunque no va a publicarlo ni a ganar nada con él, y el diario se va llenando de evocaciones desgarradas, de crónicas de enfermedades, de nombres de muertos. La retórica del columnista lacayo de una dictadura se convierte en confesión y en reconocimiento del fracaso: "Todos se mueren. ¿A quién le toca ahora? Un diario es un cementerio". En 1964, en 1965, César González-Ruano, que tiene poco más de sesenta años, anota con una especie de saña fría un derrumbe doble, el de su persona y el del mundo que ha sido suyo, el de las enfermedades que lo están matando y el de las piquetas y las excavadoras que arrasan su Madrid. Los cafés, dice, mueren de cornadas de bancos. Los palacios de la Castellana son ahora grandes socavones en los que van a levantarse las torres de cristal y hormigón gracias a las cuales se enriquecerá lo más avispado de la carcundia franquista. En el hospital donde está muriéndose, González-Ruano respira gracias a bombonas de oxígeno y sigue fumando y escribiendo en su diario. La última anotación es del martes 30 de noviembre de 1965: "El terror es blanco. La soledad es blanca".

De las drogas a las medicinas.


Quien consume drogas debería consumir medicinas. En inglés drugs equivale tanto a lo uno como a lo otro y es evidente que algo no va bien en un yonqui cuando tiene que apagar el fuego de alguna angustia o trastorno no diagnosticado y recurre a un fármaco extemporáneo y no autorizado que poco a poco le mata. En el germen de todo drogadicto hay un suicida potencial o un enfermo mental o social; y con frecuencia un adecuado tratamiento médico podría haber evitado la causa de ese autoendrogamiento que es en el fondo un tipo de automedicación; resulta, pues, que un consumidor de sustancias psicotrópicas es también una víctima de su propia ignorancia y podría haber paliado sus problemas tomando drogas legales en vez de ilegales.

Cárceles

Me encantaría que encerrar a la gente en esa especie de escuelas de la ESO que son las cárceles sirviera para algo y no para que, como decía Poincaré, "entren cerdos y salgan salchichas": refina y redoma a los criminales inexpertos, que, como si fuesen universidades del crimen, salen provistos de un título, llenos de nuevas ideas criminales, con todo tipo de relaciones para ingresar en mafias y bandas y, el que menos, con un cursillo de perfeccionamiento.

Masifica, deshumaniza, degrada y aliena a individuos que tienen que pagar por sus culpas, pero que merecerían alguna oportunidad para regenerarse cuando son más consecuencia de los actos de otros que de los suyos propios. Casi todos terminan emperrados en la droga, o empeñados hasta las cejas con los padrinos del interior. El violador se pervierte más y aprende a no dejar víctimas, eso, si no sale lleno de mala uva por haber sido contagiado con el sida o sodomizado por algún graciosillo; el asesino aprende a defenderse de sus colegas de oficio y el ladrón nuevas técnicas, si no terminan sabiendo más derecho penal tortuoso que cualquiera de los picapleitos que salen de universidades menos eficientes y con menos prácticas. Fuera de las palizas y de las torturas que se autoinfligen entre sí, los presos merecerían por lo menos que les hicieran un estudio psicológico y que un antropólogo cultural les designase un itinerario de reforma que les diese alguna esperanza y no un rencor suplementario para volverse más criminales aún.

miércoles, 13 de enero de 2010

Transexualidad

De El País, hoy:

P. ¿La sociedad comprende la transexualidad?

R. Durante mucho tiempo se ha vivido como algo marginal. El error es no diferenciar entre género, sexo y orientación sexual. Género es cómo me siento, si hombre o mujer. Sexo, cómo son mis órganos. Y orientación, con quién quiero mantener relaciones. Puede haber un transexual homosexual, por ejemplo. Hoy esto se comprende mejor, pero aún falta.

martes, 12 de enero de 2010

El pecado de omisión (interesada) de la Iglesia

El Vaticano, que necesita milagros a toda marcha, para beatificar a doña Teresa de Calcuta, en otros aspectos tan admirable, dio como milagros médicos los necesarios que hay que atribuir sin embargo a los antibióticos y a la medicina, como pueden indicar los médicos de las pacientes respectivas, curiosamente no entrevistados por la comisión de canonización del Vaticano ni por abogado del diablo alguno (es información de un acreditado y honesto sociólogo y economista, Vicenç Navarro, en su El subdesarrollo social de España, 2009, p. 226 y de la prestigiosa revista médica The Lancet) y olvidó que negaba analgésicos a los enfermos terminales de cáncer porque "el dolor purifica", que no esterilizaba las jeringas, que tributó elogios a grandes generadores de pobreza en el mundo, como Reagan o Thatcher, que se puso a favor de la empresa Union Carbide para desmovilizar la protesta popular en la catástrofe de Bophal, que elogió a Duvalier, el asesino y dictador de Haití, y que consideraba la pobreza una bendición de Dios. Tampoco hay que olvidar que, si bien el papillo este, que militaba de jovencito en las juventudes hitlerianas, según dice, por temor a perder su beca y su bendita carrera en el seminario dirigido por el cardenal pronazi Faulhaber, lo hizo a sabiendas de que otros muchos se arriesgaron a perderlas militando en la Rosa Blanca, movimiento estudiantil católico alemán contra Hitler cuyos líderes fueron ejecutados; tampoco hay que olvidar que fue favorable a la Guerra de Vietnam, y que de ese supuesto progresismo que algunos le achacan nada hay, porque nada hubo, sino la intención por parte de algún gabinete de prensa de maquillar lo feo que era su perfil ideológico mezclando alguna mentira con la verdad.

De Mario de Sa Carneiro, 1913


Olho em volta de mim. Todos possuem —
Um afecto, um sorriso ou um abraço.
Só para mim as ânsias se diluem
E não possuo mesmo quando enlaço.

Roça por mim, em longe, a teoria
Dos espasmos golfados ruivamente;
São êxtases da cor que eu fremiria,
Mas a minhalma pára e não os sente!

Quero sentir. Não sei… perco-me todo…
Não posso afeiçoar-me nem ser eu:
Falta-me egoísmo para ascender ao céu,
Falta-me unção pra me afundar no lodo.

Não sou amigo de ninguém. Pra o ser
Forçoso me era antes possuir
Quem eu estimasse — ou homem ou mulher,
E eu não logro nunca possuir!…

Castrado de alma e sem saber fixar-me,
Tarde a tarde na minha dor me afundo…
Serei um emigrado doutro mundo
Que nem na minha dor posso encontrar-me?…

Como eu desejo a que ali vai na rua,
Tão ágil, tão agreste, tão de amor…
Como eu quisera emaranhá-la nua,
Bebê-la em espasmos de harmonia e cor!…

Desejo errado… Se a tivera um dia,
Toda sem véus, a carne estilizada
Sob o meu corpo arfando transbordada,
Nem mesmo assim — ó ânsia! — eu a teria…

Eu vibraria só agonizante
Sobre o seu corpo de êxtases doirados,
Se fosse aqueles seios transtornados,
Se fosse aquele sexo aglutinante…

De embate ao meu amor todo me ruo,
E vejo-me em destroço até vencendo:
É que eu teria só, sentindo e sendo
Aquilo que estrebucho e não possuo.

Paris, Maio1913

Chávez

  Chávez persigue como un energúmeno a todos los que están en contra de Venezuela, pero al único que no persigue es a sí mismo. Quizá piensa que Venezuela es él mismo, lo que es una idea muy pobre de lo que es Venezuela, por desgracia.

Max Stirner


Un pensador al que cualquiera puede agarrarse cuando está agotado por la presión de todo lo que sea
otro es Max Stirner, el famoso pero siempre oculto autor de El ego y su propiedad, una de las ramas de la izquierda hegeliana. De hecho, y bien paradójicamente, si atendemos a lo que representa el nihilismo solipsista de Stirner, uno se encuentra a veces diciendo cosas que ya ha dicho él, y sin duda alguna mucho mejor, como que "en manos del Estado, la fuerza se llama derecho, en manos del individuo se llama delito". Si la lectura es algo liberador, Stirner debería ser todo un Espartaco. Sin duda lo que para otros es proletariado para Stirner es un propietariado, por usar el neologismo de Ursula K. Leguin, que escribió una utopía de ficción científica inspirada en las teorías de Stirner, Los desposeídos. El resumen más útil para empezar a andar con él se encuentra aquí, por obra de Ramón Alcoberro. Tal y como escribe este:

Hoy sabemos que incluso quienes luchan «contra» el Poder, luchan «por» el poder. Y eso da a Stirner una actualidad inquietante. Pero además Stirner nos muestra que el nihilismo no es sólo un estado de desvanecimiento y de falta de sentido. Hay un nihilismo narcisista que hoy se aprovecha hábilmente tanto en la política como en las técnicas del marketing.

lunes, 11 de enero de 2010

María Dueñas Vinuesa

Otra escritora manchega que salta a la fama. Le he escrito un artículo de Wikipedia, este:

María Dueñas Vinuesa (Puertollano, provincia de Ciudad Rea, 1964), escritora española.

De una familia numerosa y con siete hermanos, es doctora en Filología Inglesa y profesora titular de la Universidad de Murcia. Ha impartido docencia en universidades norteamericanas y ha escrito numerosos trabajos académicos. Reside en Cartagena y es madre de dos hijos. Como escritora, publicó El tiempo entre costuras (Madrid: Temas de Hoy, 2009), una hovela histórica protagonizada por una modista y por el diplomático Juan Luis Beigbeder que transcurre en su mayor parte en el Marruecos colonial anterior y posterior a la Guerra Civil, en Madrid y en Lisboa y que ha logrado vender 100.000 ejemplares.

Blog de la autora

Nieve

 Hoy Foción llevaría manto: hace frío. Ha caído una nevada de siete u ocho centímetros que ha dejado la noche luminosa. Yo he tenido cuatro o cinco pesadillas, de las peores que he tenido en años.

domingo, 10 de enero de 2010

El precio del valor

De El País:

A Vasili Grossman (autor de Vida y destino) le admiran las hazañas heroicas de las que es testigo y siente curiosidad por el origen de tanto valor. "Unos dicen que la valentía es el olvido de sí mismo, y que esto sobreviene con el combate. Otros cuentan que al realizar hazañas heroicas sintieron un miedo inenarrable y que solamente la fuerza de voluntad y su capacidad para saber dominarse les conminó a levantar la cabeza e ir al encuentro de la muerte. Otros sostienen: 'Soy valiente porque tengo la convicción de que no me matarán'. El capitán Koslov... me decía que él, por el contrario, es valiente porque está convencido de que han de matarlo y por eso le da lo mismo morir hoy que mañana. Muchos consideran que el origen de la valentía es la costumbre... La mayoría piensa que es el sentimiento del deber, el odio al enemigo... Otros dicen que son valientes porque creen que en el combate les están observando sus amigos, sus parientes, sus novias...".

Estas disquisiciones interesantes, reunidas durante un momento de descanso en la batalla, se prolongan todavía unos párrafos más, pero Grossman se olvida o juzga prudente olvidar -en aquellas fechas todavía no era el desengañado del credo comunista- otras dos causas. La primera, que Stalin había cursado una orden personal de fusilar de inmediato al soldado que retrocediera sin recibir previamente orden de hacerlo. (De modo parecido sostuvo Pétain la moral de combate de la tropa francesa en las trincheras de Bélgica durante la primera guerra). La segunda, el hecho psicológico de que la lucha contra el invasor, y contra un invasor tan cruel y despiadado, era la ocasión de los rusos para reconciliarse con la patria, aparcando el conocimiento de lo que ésta venía haciendo con ellos.

sábado, 9 de enero de 2010

Por quién doblan las campanas

"Un japonés en la fosa de la guerra". Silvia R. Pontevedra, Santiago, El País, 8-I-2010.

Mucho antes de que en España se empezase a hablar de memoria histórica, en su casa de Niigata, al pie de la montaña volcánica de Yahiko, el japonés Toru Arakawa soñaba con jubilarse para venir a abrir fosas de la guerra. Nadie llegó a entender bien por qué le dio por ahí. Pero él lo tenía muy claro cuando aquí aún no nos aclarábamos, cuando aquí todavía daba miedo hablar de ciertas cosas, y se pasó diez años practicando español a domicilio con unas cintas que compró para escuchar por las mañanas.

La pareja que había en la fosa llevaba puestas las alianzas. Toru se echó a llorar

Después su hijo, que viajaba mucho, le regaló el primer libro en castellano. Era de Manolito Gafotas, y parece ser que lo entendió, porque se rió leyéndolo. Al final se ventiló la colección entera, y cuando se sintió preparado se atrevió con Machado y Lorca, y empezó a coleccionar libros de la Guerra Civil hasta juntar unos cincuenta.

Un día de 2006, en un periódico japonés, apareció una noticia sobre las fosas que se estaban empezando a abrir aquí. El artículo hablaba de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) que se había fundado en Ponferrada. Toru recortó la página, mostró la noticia a su mujer y le anunció su plan para los próximos meses: "Me marcho a España a trabajar en las fosas". Entonces tenía 68 años y ya estaba jubilado. Había sido durante años profesor de inglés, y él reía a carcajadas cuando lo contaba, porque era evidente que lo suyo no eran las lenguas. Aquí siempre se hizo entender con paciencia, y muchas señas y sonrisas. Cuando llegó a Ponferrada, después de recorrer 20.000 kilómetros en avión y autobús, se presentó en el ayuntamiento y le sacó el recorte a una funcionaria. Resultó que la mujer era hermana de un miembro de la asociación por la memoria.

El 22 de agosto de 2006, en As Pontes, Toru hizo su primera fosa de la guerra. Era la exhumación de la familia Ramos Ferreiro, que dirigía el arqueólogo forense Javier Ortiz. Los habían tiroteado en su propia casa, y sólo una hija logró escapar al monte, aunque le atravesaron la mano con una bala cuando saltaba por la ventana. Unos días después, el cura de Seixas (As Somozas) la acogió en su casa y prohibió a los falangistas que la tocasen.

En el hoyo aparecieron los otros dos hijos y el matrimonio. La pareja llevaba puestas las alianzas de boda, y Toru se echó a llorar. Después de aquello y hasta el año pasado, viajando por su cuenta todos los veranos, el japonés participó como voluntario en una treintena de excavaciones por todo el territorio estatal, pero nunca dejó de emocionarse. Siempre que relataba aquel primer encuentro con unos huesos de la guerra volvían a empañársele esos ojos tan pequeños que tenía.

Después, en Galicia, participó en el levantamiento de las fosas de A Fonsagrada y de Cereixido (Quiroga). Era un hombre muy menudo, pero cavaba como el que más, como si quisiese acabar de una vez con todos los agujeros negros que había dejado la Guerra Civil en la tierra de España. Toru no comprendía cómo las fosas no llevaban abiertas ya muchos años. Cuando al fin se cansaba, si había cerca un árbol dejaba la pala y subía a descansar. "Trepaba como un mono", recuerda con cariño Antonio Castro, de la ARMH.

Castro le proporcionó cama y comida el tiempo que estuvo en As Pontes, y se hicieron muy amigos. "Era un paisano excelente, para él no había religión ni frontera. Contaba que los japoneses de su generación habían quedado muy marcados por la II Guerra Mundial, y quizás por eso se interesó tanto por este conflicto nuestro. Al llegar a nuestra casa, primero le costó bastante comer la carne que le dábamos, pero luego se aficionó a todo, y hasta bebía aguardiente". Le gustaba el jamón, le gustaba la morcilla, pero sobre todo le gustaba la causa. Cuando la ARMH finiquitaba su temporada, buscaba otros grupos que estuviesen en ello y se ofrecía para trabajar, como siempre, gratis. Al dejar As Pontes, le regaló a la hija de Castro un bonsai. Desde entonces, más o menos todos los meses, la chica se escribía con él por correo electrónico y le planteaba dudas acerca del abonado y la poda. Pero a principios de octubre, el correo de Toru dejó de contestar. Preocupados, los Castro llamaron en fin de año al hijo del voluntario, que vive en Chicago, y éste les contó que había muerto. "Lo siento, no tengo la clave de mi padre y no pude entrar en el correo para avisaros", se disculpó. Toru sólo era robusto de espíritu, y le había prohibido a su familia contar que estaba enfermo. En España nadie sabía que tenía resquebrajado el corazón. Y el 5 de octubre se le rompió del todo.

viernes, 8 de enero de 2010

Año nuevo, vida ojalá la haya en Marte


Sube la luz y aumenta la oscuridad; Rajoy,visitando un comedor social en Madrid y sirviendo la comida a los menesterosos, les ha puesto chorizos, como era de esperar; Zapatero sigue cantando bajo la crisis y la nieve y comienzan las rebajas de todo, hasta de vergüenza; menos mal que Mariah Carey sigue apareciendo amable y gentil; por ahí anda tan cantante; cualquiera diría que es guapa y con millones en el banco.

El azar, un suponer



Dice un individuo con sotana: "En este mundo nada es casualidad. Y menos en las cosas eclesiásticas, que es donde menos casualidades se dan. Pregunten a los nuncios, pregunten a los canónigos, y verán que especialmente allí donde parece que ha habido una casualidad es donde menos ha tenido que ver el azar".

Siendo así, uno termina por suponer que al católico Kennedy le dispararon por casualidad, que al bendito Juan Pablo II le dispararon por casualidad y, por qué no, que a Cristo lo crucificaron por casualidad, e igual podían haber crucificado a Barrabás o a Judas. Después de todo, hasta Pilatos tenía dudas sobre el asunto y se lavaba las manos. ¿Qué culpas le achacaban al inocente Cristo, que murió por nosotros? ¿Haber defraudado a la gente, como pensaba Judas? ¿No querer ser el Califa en lugar del califa? ¿Cuál era esa culpa de Cristo, tan humana que tuvo que purgarla con su hipotética divinidad?

Pasar por algo y pasar por alto


Son dos expresiones antitéticas que, se supone, describen dos formas opuestas de estar en la vida, cuando la verdad es que la diferencia entre ambas es nula y se reduce simplemente a una letra. Y la primera encubre bajo su valoración una reticencia, una envidia. Como España misma. Y lo peor de todo, pasar de todo.

Arte


Mi insuperable desgana, o spleen, si prefieren, me hace pasar por alto algunas cosas que exigen el respeto y la estimación que toda buena obra merece o merecería. Así es el caso en películas como Fotografiando hadas (Photographing Fairies, 1997) de Nick Willing, que es una maravilla, o esa otra gran película de los Cohen, Barton Fink, que es la más sabia y kafkiana de su pintoresco repertorio, en el que abundan los huevos de pascua sin eclosionar; ya semeja antigua, pero de ella aún no he dicho nada. Me resigno a admitir que gozo advirtiendo a la (escasa) gente interesada, tan desganada como yo, que existen cosas que uno no debe o debería perderse, de que el arte es todavía algo que justifica la existencia de estar vivo (quizá haya otro tipo de existencias, pero qué coño importan ahora). Uno tiene complejo de muerto, si es que tal cosa es posible, y a veces su memoria es la de tal. Debería desesperarme, gritar o disfrutar de la vida; debería, pero no lo hago, quizá porque no sé cómo hacerlo. Quién fuera un Hamann.

jueves, 7 de enero de 2010

Palabras que hay que inventar


Por ejemplo, algunas que describan ciertos comportamientos juveniles: Caradureza o Descaradureza, Morro de la morrería, marmoljeta...

miércoles, 6 de enero de 2010

Literatura

Decía Antonio Gala que la poesía no tiene forma, sino que adopta la del recipiente que la contiene; puede haber poesía así no sólo en el lenguaje, sino en el cine, en las plantas, en los animales, en las personas, en los lugares, en las cosas. Casi más que poesía podríamos decir arte o misterio. En estos tiempos eso es más cierto; hay novelas gráficas, hay aventuras gráficas que poseen mucha literatura encima, así como algunas series de televisión, que, desde que los guionistas de Hollywood consiguieron su gran reforma sindical, han sufrido una gran evolución a mejor y pueden servir para predicar literatura, como Dexter o Mad men. Recuerdo, en el campo de las aventuras gráficas, primera historia de Gabriel Knight, que al acabarla te dejaba con la sensación de haber vivido y conocido toda Nueva Orleáns como la palma de tu mano, o las famosas tan divertidas de Larry en el país de las lagarteranas, y algunas otras de Sherlock Holmes, con su lenguaje decimonónico, etcétera; Por otra parte, muchos videojuegos crean grandes atmósferas. A veces se encuentra más poesía en un rincón electrónico que en unos renglones mal redactados; sin embargo, la lírica cuenta con otras armas que no pueden ofrecerse sino en otro producto, la palabra. A eso nos agarramos todavía.

Algo parecido ocurre con Dios. A veces no se lo reconoce cuando lo tienes al lado, cuando adopta la forma de un animal, de una planta o, mucho más raramente, de una persona de edad escasa o demasiada.

Cervantistas

La Asociación de Cervantistas (fundada en 1988) celebró elecciones recientemente en la bella (lluviosa y campaneada) ciudad de Münster. El período de la Junta Directiva es de tres años (2009-2012). Esta es la mesa actual:
Presidente:
· José Montero Reguera (Universidad de Vigo)
Secretario:
· José Manuel Lucía Megías (Universidad Complutense de Madrid)
Vicepresidenta:
· Maria Caterina Ruta (Universidad de Palermo)
Tesorera:
· Alicia Villar Lecumberri (Universidad Autónoma de Madrid)
Vocales:
· María Fernanda Abreu (Universidad Nova de Lisboa)
· Maria Augusta da Costa Vieira (Universidad de São Paulo)
· Aurelio González (El Colegio de México)
· A. Robert Lauer (Universidad de Oklahoma)
· Ruth Fine (Universidad Hebrea de Jerusalén)
· Santiago López Navia (Universidad SEK, Segovia)
· José Manuel Martín Morán (Universidad del Piamonte Oriental)
· Emilio Martínez Mata (Universidad de Oviedo)
· Michel Moner (Universidad de Toulouse Le Mirail)
· Christoph Strosetzki (Universidad de Münster)
Como viene siendo normal, ni un representante de la prestigiosísima Universidad de Castilla-No Marcha. Eso ya dice algo (no de la sociedad, sino de la Universidad de Castilla-La Mancha).