viernes, 26 de noviembre de 2010

Ricardo Blanco Asenjo

Otro buen poeta posromántico: Ricardo Blanco Asenjo.


PROMETEO.


(A mi querido amigo, el eminente poeta lírico don Ramón de Campoamor)


Las gradas estaban llenas;
ruidosa y alborotada,
la muchedumbre apiñada
cabía en el circo apenas.
Desierta quedose Atenas
desde el Pireo al Pecilo,
que más que al famoso Milo,
el atleta de Crotona,
el pueblo aplaude y pregona
las creaciones de Esquilo.

Hierve la inmensa canalla
con estrépito sonoro;
comienza a cantar el coro
y el ronco murmullo calla.
Cruza el rayo, el trueno estalla;
sobre el Cáucaso elevado,
desnudo y ensangrentado,
gime un hombre sin consuelo;
pero en vano clama al cielo
Prometeo encadenado.

De aquel gigante caído
que en vano impotente lucha,
con espanto el pueblo escucha
el aterrador gemido:
bate el pueblo conmovido
las palmas con emoción,
sin saber que la ficción
que en el escenario aprueba,
es la tragedia que lleva
el hombre en su corazón.

Como gigante caído
que se revuelve y se agita,
así el corazón palpita
dentro del pecho escondido.
Misterio no comprendido
que le condena a ser reo,
cadenas forja el deseo
que intenta romper en vano:
cada corazón humano
lleva dentro un Prometeo.

No hay razón por que se asombre
el pueblo ante aquella escena,
arriba el cielo que truena,
abajo el dolor del hombre.
De otra tragedia sin nombre
la humanidad es actora:
eterna y aterradora
la gran tragedia se mueve:
arriba el cielo que llueve
abajo el hombre que llora.

Inquietud gigante, inmensa
que al espíritu combate
lo que en nuestro pecho late,
lo que nuestra mente piensa.
Esa vaguedad intensa
en que se agita el deseo
fe inspirada en Galileo,
constancia heroica en Colón,
ensueño, caos, razón,
¡Prometeo! ¡Prometeo!

Destino, error, fatalismo,
virtud, serena conciencia,
de un lado el bien y la ciencia,
del otro el mal y el abismo;
en medio noble heroísmo
que alienta en el corazón,
por el hombre abnegación
por la patria libertad,
por el progreso verdad,
por el cielo religión.

Firme fe, que contra el yugo
de la ignorancia y del vicio
en heroico sacrificio
su cerviz rinde al verdugo.
Defender al bien le plugo
en titánica disputa,
y ningún temor le inmuta,
ante el bien nada le arredra:
ni Esteban teme la piedra
ni Sócrates la cicuta.

El cielo airado, teñido
de nieblas el horizonte,
sobre la cima de un monte
desnudo un hombre oprimido.
Mal que triunfa, bien vencido,
Verbo de Dios encarnado,
Cristo en la Cruz enclavado,
llanto y dolor: no os asombre,
es la tragedia del hombre,
Prometeo encadenado.

Rodando en la inmensidad
peñasco informe es la tierra,
quebrado monte que encierra
sujeta a la humanidad.
Luchando por la verdad
y de la ignorancia esclava,
su dolor el tiempo agrava,
su mal nunca se remedia:
esa es la eterna tragedia,
tragedia que nunca acaba.

¡Ay! Al pueblo que aplaudía
más que al esfuerzo de Milo
el genio sacro de Esquilo
que el Prometeo escribía,
nadie le dijo aquel día:
“La poética ficción
que tu aplauso y tu emoción
en el escenario aprueba,
es la tragedia que lleva
el hombre en el corazón".

Manuel de la Revilla

Antes de volverse loco, el culto crítico literario del XIX Manuel de la Revilla escribió algunos poemas comparables a los de sus tan parecidos Antero de Quental y Giacomo Leopardi. Quizá el mejor es este:


Si de la nada vengo y en la nada
triste fin ha de hallar mi amarga vida,
y el alma pura que en mi pecho anida
ha de ser en el polvo sepultada;

si es ilusión la gloria deseada
y mentira la dicha prometida,
y el eterno ideal sombra fingida,
del vano sueño en la región forjada;

¿por qué me diste, bárbaro destino,
esta sed de placeres insaciable
y este ideal de espléndida hermosura,

si al término fatal de la jornada
me ha de arrojar la muerte inexorable
en el abismo de la nada impura?

El ayuntamiento de Ciudad Real

El ayuntamiento (perdón por la obscenidad) de CR (no es Cristiano Ronaldo, aunque por lo que cuesta podía) está tan corrupto, que hasta sus propios corrompidos lo denuncian a la justicia (que también está corrupta, pero aclararlo sería cuento de no acabar, como los asuntos que tramita). Habría que preguntar, pues, qué prebendas, preseas y ringorrangos le habrá prometido el otro gran corruto partido, el de Sagasta, a cambio de tirar del mantón. Y, pues que es imposible que en los corruptos y angelicales periódicos de CR se manifieste algo (esto de manifestarse es en CR algo en lo que no se cree, como en los fantasmas), ha aparecido en El País, que sólo es corrupto para las corrupciones de otros, no para las suyas y las de los suyos. Me imagino que no se acabarán los ejemplares de El País en CR, ya que esto lo saben en el lugar hasta los niños de guardería (incluso los que tienen por padres a los del registro civil); pero me equivoco: se han agotado (debe ser por afán de coleccionismo, a fin de poner a la noticia un marco). La verdadera noticia habría sido encontrar a alguien limpio en semejante revoltijillo de mierda. No en vano apareció hace unas semanas un buitre leonado sobre CR y yo, haciendo de augur, preveía que algo olía a podrido en el lugar. La cosa llamaba tanto la atención que incluso Peridis le ha dedicado el chiste hoy a Rosa Romero, muy bien dibujada por demás; Alí Babá estaría muy orgullosa de esta discípula:

Francisco Mercado, "Un empresario destapa una trama corrupta en la alcaldía de Ciudad Real. La denuncia judicial detalla múltiples cohechos y amaños del gobierno del PP. El denunciante aporta como prueba más de 120 facturas. La regidora confía en que la justicia muestre que todo es falso", El País, 26-XI-2010:

Un empresario, Jesús Manuel Rosado, dueño de Global Sport, denunció el pasado 8 de noviembre en un juzgado a la cúpula del Ayuntamiento de Ciudad Real, que gobierna el PP, por el cobro de cohechos, amaño de contratos, emisión de facturas falsas y financiación ilegal de actos del partido. Su acusación incluye a la alcaldesa, Rosa Romero -asegura haberle hecho obras en su casa cuya factura se le sugirió presentar al Ayuntamiento y nunca cobró-, a los concejales de Hacienda y Deportes, Miguel Ángel Rodríguez y César Manrique, respectivamente, y a varios altos cargos municipales, incluidos el jefe de compras, el tesorero y el interventor. Este empresario asegura haber aportado 3.000 euros para financiar la campaña electoral de 2007 del PP que luego cobró con falsas facturas al Ayuntamiento. La regidora niega todas las acusaciones y asegura que la justicia demostrará su falsedad.

Según el denunciante, por orden de Juan Carlos Mascuñana, jefe de compras del Ayuntamiento de Ciudad Real, este empresario pagó diversos viajes aparentemente privados de personal del equipo de gobierno y de empleados municipales cuyo importe luego recuperaba con facturas falsas al Ayuntamiento. También plantea que por mandato de cargos del Ayuntamiento de Ciudad Real hubo de pagar a empresas con las que no tenía ninguna relación comercial real.

Por ejemplo, declara que abonó publicidad municipal a la firma Multicanal relativa a la Semana Santa por un importe de 25.000 euros. Rosado aporta un amplio listado de empresas y facturas que supuestamente evidencian que se convirtió en el tesorero bis del Ayuntamiento y sufragó con su dinero eventos municipales que luego le fueron retribuidos con falsas facturas del Ayuntamiento por servicios nunca prestados.

Igualmente, según su relato, fue instado a subvencionar un club deportivo tras pactar que le sería retribuido con facturas municipales. Esta trama municipal, acusa en su escrito Rosado, no solo le exigía pagar compromisos municipales, sino que le ordenaba a qué empresas debía subcontratar sus obras adjudicadas. El fin era claro: "Las empresas [subcontratadas] emiten siempre facturas por sus trabajos superiores a los precios de mercado e incluso a lo que tienen presupuestado". A veces el objetivo era aún más descarado: Rosado hubo de comprar maquinaria por 7.500 euros a la empresa de la esposa del concejal de Deportes que luego revendió al Ayuntamiento. Así se evitaba el escándalo de que el edil adjudicara dicha compra a su cónyuge. En este pantano de corruptelas incluso un concierto de Alejandro Sanz en Ciudad Real alimenta un nuevo festín: Rosado compra 150 entradas para "ayudar a que las fiestas locales parezcan un éxito" que luego factura al Ayuntamiento por falsos servicios.

Este empresario revela cómo el sistema de adjudicación estaba podrido: se adjudicaban servicios sin mediar contrato alguno o se simulaba un concurso restringido con empresas que solo existían en el papel. Rosado no habla de oídas: denuncia los amaños de los que fue beneficiario. Lo insólito de su denuncia, frente a la práctica habitual, es que no denigra adjudicaciones ajenas, revela lo ilegal de los múltiples contratos que le fueron otorgados a él por una trama a la que retribuía con cuanto favor le era solicitado.

Los cargos del área de Deportes también le encargaron, antes de las elecciones locales de 2007, obras "de interés electoral para la corporación municipal" como pistas polideportivas "sin concertar forma de pago". El escenario de las obras fueron "zonas de Ciudad Real que según sus sondeos no les eran favorables al PP". Y detalla la ilegal vía usada: "Hacíamos la obra, y posteriormente enviábamos el presupuesto/oferta y Mascuñana [jefe de compras] nos indicaba la fecha que tenía que ponerse en la factura y posteriormente nos remitían la notificación de la adjudicación". El edil Manrique le sugería que las cuantías de las facturas fueran pequeñas para burlar los controles.

A fin de cobrar su asfixiante deuda con el Ayuntamiento -más de 400.00 euros, de cuyo pago en buena parte solo tenía un compromiso verbal-, Rosado asegura que se plegó a un rosario de corruptelas: firmó facturas de restaurantes donde nunca comió; aseguró haber recibido dinero municipal en metálico que nunca vio; dijo haber cobrado facturas sin captar importe alguno ni saber su destino; realizó pagos en especie a funcionarios, amén de realizar obras en viviendas de altos cargos locales que nunca cobró.

"Y todo ello, en aras a mantener una relación que posibilitara el cobro de la totalidad de lo adeudado, para poder seguir manteniendo viva a mi empresa y su actividad municipal", detalla en su denuncia judicial.

Lo grave de la denuncia de este empresario, según fuentes de su entorno, es que una mera investigación de los contratos de este Ayuntamiento demostraría que su caso no fue individual sino que hubo una sistematicidad en el impuesto revolucionario aplicado a los contratistas. Parte de los fondos estatales del plan E de Zapatero, añaden estas fuentes, fueron consumidos en múltiples facturas inferiores a 3.000 euros para evitar toda concurrencia y, en muchos casos, no sirvieron para obras de interés público, sino para sufragar esta red de favores ilegales a los ediles y cargos municipales

jueves, 25 de noviembre de 2010

Los chalados del viejo Alarcos

Al lado de mi casa tengo un museo que es el antiguo Instituto Alarcos y convento de la Merced. Ahora hay una exposición titulada Santos y locos, porque corresponde a los apóstoles de El Greco, quien tomó como modelos a los locos del manicomio de Toledo para obtener de ellos una mirada alucinada por la fe. Fue inaugurada por Barreda, el cómico del pelo blanco, el de Gobierna como puedas. Me identifico bastante con estos locos, porque a veces me miran como si yo mismo lo fuera, pero estos locos los tengo muy vistos; prefiero ver otra exposición, pero esta a la intemperie y no inaugurada por Barreda: la exposición de los que hay fuera en sus alrededores, a los que nadie, ni siquiera yo que vivo al lado, presta demasiada atención, porque asustan; son como la muerte, que está siempre ahí y no la vemos; un poco más allá de la perfumería de la Dori hay una casa por cuya cornisa vi pasearse hace meses a una señora mayor, como si quisiera lanzarse al vacío; por otra parte, es habitual ver al lado de mi casa a una pobre mujer vestida de saldos que sale en zapatillas a la calle con aire desconcertado y se entretiene recogiendo las hojas muertas del otoño. Se queda mirando fijamente a las personas que pasan. Me recuerda a mi madre y a mis hijas les da miedo; a mí, no, todo lo contrario; espero que no acabe como la persona a la que me evoca. Al volver a casa del hipermercado me he fijado en otra pareja de orates, un viejo y una vieja que quizá son pareja y no tienen, a lo que se ve, dentadura postiza, porque no se la pueden costear o no reúnen entre los dos la suficiente paciencia, valor y dinero para quedar con un dentista. Estaban preparándose para dormir en un cajero automático de la sucursal de Cajasol en la calle Toledo, al lado de la farmacia, a salvo de la ola de frío prevista para el viernes. No quisiera ser el individuo que revise el vídeo de las cámaras de seguridad mañana; seguro que terminaría muy deprimido. Cajasol se ha fusionado con Caja Guadalajara; espero que no se contemplen en la cinta otro tipo de fusiones. Debe ser terrible eso de pasar lo más crudo del crudo invierno en las barrigonas tripas de un banco, como si uno fuera de oro puro y no un mendigo de tres al cuarto. Tiene algo de simbólico, ¿no creen? Los otros pobrecillos van un poco más lejos, a Cáritas, que tiene su sede enfrente el palacio arzobispal, o a las monjas de la caridad, en la plazoleta de Santiago, para pedir algo de comer. Me comentaban las monjitas que había muchas familias al borde de la miseria que acudían a ellas y no dan abasto. Los mendigos profesionales de mi barrio son dos: una señora romaní que se aposta en las puertas del supermercado con un niño de pecho quizá drogado, porque siempre está dormido, y otra que se pone con otro niño a la puerta de la Merced, debajo de las diecisiete palomas también mendigas a las que damos de comer con pan desmigajado en los alféizares de nuestras ventanas. ¿Qué pan dará al gobierno a esos cuatro millones de mendigos, tan prolíficos como las palomas, que acuden a su alféizar?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Erratas memorables


"La errata es un género literario" escribió Jorge Luis Borges; sin embargo conviene alejarse de tan nefasta costumbre. Conviene evitar que suceda lo que le pasó al mismo Alberto Blecua cuando descubrió que su Manual de crítica textual se anunciaba en un catálogo como Manual de crítica sexual, algo que él interpretó como una lectio facilior. El museo de los horrores puede ampliarse con algunos casos que recoge José Esteban:

1.- El Papa Clemente XI, al ver sus homilías recién impresas detectó una errata de bulto, lo que le produjo una apoplejía de la que murió a las pocas horas.

2.- La 'Vulgata' de Sixto V, de 1590, pese a ser corregida por el propio pontífice, fue impresa plagada de erratas, de modo que los escasos ejemplares que quedan alcanzan cifras astronómicas en las subastas.

3.- Vicente Blasco Ibáñez, en su folletín 'Arroz y tartana' en su primera edición, decía: "Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño fruncido" (por ceño).

4.- El poeta Ramón de Garciasol, en un verso, en vez de decir: "Y Mariuca se duerme y yo me voy de puntillas", dice: "Y Mariuca se duerme y yo me voy de putillas".

5.- El novelista argentino Manuel Ugarte cuenta el caso de un periodista que, al dedicar un escrito a la hija del dueño del rotativo, quiso escribir: "Basta escribir su nombre, Mercedes, para que se sienta orgullosa la tinta", pero escribió "tonta".

6.- Un crítico dedicó un libro suyo a una condesa escribiendo al inicio de la obra que su "exquisito busto (por "gusto") conocemos bien todos sus amigos".

7.- Las erratas no respetan ni los títulos de los libros, así 'La feria de los discretos' de Pío Baroja conoció una edición como "La feria de los desiertos", o una "Breve historia del altruismo argentino", que en realidad lo era del 'Ultraísmo', o un drama que se llevó a la cartelera con el título 'La expulsión de los mariscos' (por moriscos), o la obra de Dumas que llegó a publicarse como 'La dama de las camellas'.

8.- Las obras del Cardenal Bellarmin contienen una "Fe de erratas" que precisó de un volumen aparte de 88 páginas, y un libro de poemas del mexicano Alfonso Reyes, que tenía tantas erratas que suscitó el comentario escrito de Ventura García Calderón: "Nuestro amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos".

9.- Un ministro quiso manifestar el deber de recompensarle sus "infinitos servicios", por lo que al salir escrito "ínfimos", corrigió con peores resultados porque se escribió "infames", por lo que se mandó a hacer otra corrección que sólo empeoró las cosas, al escribir "íntimos".


Esta la añado yo:

10.- Cuenta Pablo Neruda en una de sus memorias que un poeta cubano había escrito "Yo siento un fuego atroz que me devora", y lo que salió fue tal que el pobre poeta tuvo que tirar todos los ejemplares al fondo de la bahía de La Habana: "Yo siento un fuego atrás que me devora".

Por otra parte, el mismo demonio es un gran compositor de erratas. Hay una edición inglesa de la Biblia, publicada en 1631, que quedó mancillada por solo dos erratas gloriosas:

En uno de los 10 mandamientos dice «Cometerás adulterio» («Thou shalt commit adultery» en el original). Y, en Deuteronomio 5:24, en lugar de «El señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza» («The lord our God has shown us his glory and greatness») decía «El señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su gran culo» («The lord our God has shown us his glory and great-asse»).

Por ello es conocida como Wicked Bible (Biblia malvada o traviesa) o también Biblia de los pecadores o de los adúlteros.

Belleza de las tormentas

Veo a la gente, o más bien a la turba ronca y amarilla (Quevedo), muy quemada ahora que el cierzo y el ábrego porfían, (fray Luis dixit), más o menos como estaba yo hace unos años. Pero ahora siento que mi llama podría nadar l'agua fría, y hasta me apropiaría las palabras del gran Lucrecio en el prologuillo al segundo libro de su De rerum natura:


Suave, mari magno turbantibus aequora ventis
e terra magnum alterius spectare laborem;
non quia vexari quemquamst iucunda voluptas,
sed quibus ipse malis careas quia cernere suavest.
suave etiam belli certamina magna tueri
per campos instructa tua sine parte pericli;
sed nihil dulcius est, bene quam munita tenere
edita doctrina sapientum templa serena,
despicere unde queas alios passimque videre
errare atque viam palantis quaerere vitae,
certare ingenio, contendere nobilitate,
noctes atque dies niti praestante labore
ad summas emergere opes rerumque potiri.

"Place, cuando los vientos agitan el vasto océano, desde la tierra mirar el de otros trabajo, no porque satisfaga que sufra alguno, sino porque es grato ver qué males uno no tiene; trabados también los grandes combates de la guerra por la llanura, mirarlos sin que entres tú en el estrago es grato también; mas nada mejor que, ricos de fuerzas y abastos, morar en templos tranquilos erguidos por la enseñanza de los sabios, desde donde puedas mirar a los otros y verlos abajo errantes en vida, vagando sin tino ni camino, buscando rivalizar en mañas, competir en nombre y rango, inquirir noches y días el favor de los altos, encaramarse a la cumbre de la riqueza y tomar el poder del estado."

Con esto último Lucrecio aludía sin duda a la guerra civil. Don Diego Hurtado de Mendoza se hizo eco de esto en unos versos muy desconocidos de su Epístola a don Luis de Ávila, pero de los que tomó después buena nota el capitán Aldana:para la suya a Arias Montano:


Vense pocos con mucho desatino / nadando y en el piélago ahogados / a quien la muerte antes de tiempo vino; / ...Otro mundo es el mío, otro lugar, / otro tiempo en que busco la ocasión / de venirme a mi casa a descansar. / Yo viviré la vida sin pasión, / fuera de desconcierto y turbulencia, / sirviendo al rey por mi satisfacción; / si conmigo se extiende su clemencia / dándome con que viva en medianeza, / holgareme y, si no, tendré paciencia (vv. 142-162).

martes, 23 de noviembre de 2010

Confederación Helvética

Extrañará saber que el nombre de Suiza significa "quemado". Mucha gente quemada se unió con Guillermo Tell para crear el espíritu de este país. La Confederación helvética fue fundada por un grupo de desertores y mercenarios que odiaban la guerra y toda forma de mando. Nadie entre ellos reconocía otra autoridad que la cercana que pudiese ir a visitar o ver con sus propios ojos. De ahí nació este régimen cantonal, de democracia directa por referéndum y presidencia rotativa y colectiva, que constituye la base de uno de los países más ricos y con mejor nivel de vida del mundo, multicultural y multilingüe, patria de la Cruz Roja, de las industrias farmacéuticas y de precisión más importantes del mundo y de casi la mitad de los manuscritos de literatura romana que se han salvado de la Edad Media. Para poseer la única constitución anarquista del mundo, no le va nada mal; ninguna región suya piensa en independizarse, ya que ya son independientes en el orden de la autoridad local, sin que tengan que rendir cuentas a naide; ni siquiera tienen que formar parte de nada supranacional, ya que no reconocen ninguna institución superior a la de la del cantón y la confederación de cantones, por ejemplo la OTAN, la Unión Europea o las Naciones Unidas. Y es un país próspero: como decía Voltaire: "Si ves saltar a un banquero suizo por una ventana, salta detrás: seguro que hay algo que ganar". Son bancos que no engañan, como los nuestros. No hay otro liberalismo ni anarquismo posible que este y es curioso que el dinero internacional se fie más de un país tan anarquista y tradicionalista como Suiza que de una democracia o una dictadura.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Una cuestión de fe



Una fuerza impersonal construida con trozos impersonales de muchos se dedica a jorobarnos haciéndonos menos personas. Es ante todo una especie de abandono moral o desesperanza que cualquiera puede encontrar en sí mismo. Algunos lo hacen más por pose social y fashion que por cualquier otro fundamento serio (siempre queda mejor pasar por ácido para los otros que por nada para uno mismo); pero ahora, como siempre, lo que la gente ha necesitado, especialmente en épocas de crisis y más que nunca, es un patrimonio impalpable de fe; fe en sí misma, en Dios o en lo que sea. Necesitamos entereza (o integridad, que es lo mismo) o nuestro yo se fragmenta ante las acometidas del entorno. Para evitarnos esta poliorcética necesitamos confiar en algo, copiar un modelo no otro de honestidad, que invariablemente es universal en sus principios más que en sus fines, puesto que no hay fines. A eso se reduce la moral, a dar ejemplo y no sermones. La fe se convierte así en caridad, y con esa caridad se construye y reconstruye una y otra vez la esperanza. Pero sin fe es imposible levantar todo lo demás. Y esa fe hay que depositarla no en uno mismo, sino en los demás, especialmente en los más opuestos a uno; eso es lo que entendió el Galileo mejor que nadie, que todo gira en torno a los otros, y eso es lo que nadie parece querer entender, cuando menos aceptar, hoy. Exige demasiado esfuerzo, el esfuerzo del heroísmo y del ridículo. El esfuerzo de un ejército de Quijotes sin nombre (aunque algunos pensaron se llamaba Quijano, Quesada, Quijada o lo que fuera por conjeturas verosímiles).

Gente que pide más que/de un cura


Miguel Ángel Barroso, "Mi vida como un cura", en Abc, 21/11/2010:

La manida expresión «vives mejor que un cura» no encaja en la historia del padre Carlos, un párroco que trabaja sin horario en un barrio pobre y conflictivo

La cabaña con techo de uralita está en mitad del parque, junto a unos columpios y un tramo del anillo ciclista de Madrid. Cualquier paseante no avisado creerá que es una caseta para guardar herramientas de jardinería, pero en realidad es la parroquia Madre del Buen Pastor, en cuyo interior, en las misas de los domingos y fiestas de guardar, se meten 150 feligreses como sardinas en lata. A causa de su pequeña capacidad esos días se celebran hasta seis eucaristías. Está situada en San Fermín, al sur de la capital. Un barrio de aluvión donde llegaron hace décadas inmigrantes españoles (sobre todo extremeños y andaluces) que formaron la colonia; después, extranjeros con papeles, y hoy, indocumentados que se hacinan en pisos patera, en especial suramericanos y gitanos que llegan expulsados de otros países. La Caja Mágica y el tramo 1 del Parque Lineal del Manzanares han contribuido a poner a San Fermín en el mapa, pero no lo han rescatado de su depresión. «En los últimos años se ha incrementado el paro, el fracaso escolar y la delincuencia juvenil. La situación es angustiosa», reconoce Carlos Mario Toro, el párroco.

Este cura colombiano, de 49 años, perteneciente a la Fraternidad Misionera Verbum Dei, llegó a España en 1982 y lleva tres años y medio al frente de Madre del Buen Pastor. Vive en el barrio y se conoce el percal. Profesor de Teología en el seminario de Loeches, en la comarca de Alcalá, se levanta a las cinco y media de la mañana, coge el coche, «callejea» por carreteras secundarias hasta llegar al citado destino, imparte clase, regresa a San Fermín y atiende un montón de frentes: mujeres, niños, ancianos... y gente desesperada, en general, que haberla hayla en una población de 30.000 personas de las que la mitad, aproximadamente, están adscritas a su parroquia. San Fermín es como un pueblo donde la gente camina por mitad de la calle, compra en pequeños establecimientos (que poco a poco van sucumbiendo) y todo el mundo se conoce. «Es verdad que ahora tenemos metro, un parque bonito... y pistas de tenis», dice una de las mujeres mayores que se reúnen por las tardes en un salón anejo a la mini iglesia para realizar manualidades. «Pero los vecinos de toda la vida estamos perdiendo espacios comunes y cada vez hay más inseguridad».

Sin tiempo para aburrirse, el padre Carlos inicia su ruta vespertina departiendo con estas señoras. «Algunas están viudas y solas; sus hijos se marcharon del barrio hace tiempo. Aquí se entretienen haciendo algo útil para ellas y para los más desfavorecidos, porque parte de los cuadros y las cestas que elaboran los ponen a la venta en un rastrillo». A las seis de la tarde dejan libre el saloncito y llegan Menchu y Yolanda, voluntarias de Cáritas, para ocuparse de personas que recurren al auxilio como último salvavidas. Unos veinticinco por semana. «Los miércoles se pide la documentación (certificado de empadronamiento, DNI, libro de familia...) para evitar la picaresca, ya que hay parejas que acuden por separado para obtener doble ración», comentan. «Les damos un vale que pueden canjear al día siguiente por un paquete de comida. También, en ocasiones, proporcionamos ropa, libros, gafas... o contribuimos al pago de los recibos del agua o la luz. La mayoría son inmigrantes, pero también hay españoles que no pueden ocultar su vergüenza. En ocasiones se echan a llorar y los citamos en otro momento y lugar. Nos cuentan auténticos dramas». Menchu tuvo que alojar en su casa a tres niños durante unos días; el padre pegaba a la madre, que terminó denunciándolo. No se trata solo de entregar bienes materiales, sino de charlar. De preocuparse. El párroco y los voluntarios se cruzan todos los días con rostros familiares. Saben si su suerte ha cambiado... a mejor o a peor: basta con observar los grupitos de jóvenes dándole a la litrona a cualquier hora del día para concluir que ésa es su ocupación.

«Las necesidades son tan perentorias que hay que buscar recursos extra», confiesa el padre Carlos. «Hemos puesto en marcha un proyecto de alimentos solidarios con los vecinos: algunos humildes, otros pudientes. Colaboran pequeños empresarios a los que liamos para que, a su vez, involucren a otros y echen una mano en lo que puedan». El periplo continúa en unos locales cercanos a la iglesia donde 130 niños reciben catequesis. Los niños se alborotan con la llegada del cura, que conoce a todos por su nombre; cuando se enteran de que está protagonizando un reportaje, un par de niñas exclaman: «Nosotras también queremos salir en televisión», y se ponen a posar como estrellas de cine. El catequista intenta poner orden. También en esas dependencias se almacenan los comestibles (paquetes de arroz, pasta, conservas, leche...) para los pobres. No pueden ser productos perecederos.

El núcleo Orcasitas-San Fermín está formado por cinco parroquias cuyos titulares se reúnen una vez a la semana. Madre del Buen Pastor está hermanada, especialmente, con la parroquia que toma el nombre del barrio, San Fermín, que tiene su sede en un modesto edificio a la espera del traslado al nuevo que acaba de construirse. En unas estancias mínimas de esta parroquia se desarrolla uno de los proyectos de los que el padre Carlos está más orgulloso, el Centro Educacional del Menor. «Hay vecinos que están perdiendo sus pisos porque no pueden afrontar la hipoteca. No podemos darles dinero para eso, pero sí apoyarles con la alimentación y formación de sus hijos, para que los chicos tengan un futuro y no se dediquen al trapicheo de droga o algo peor».

En un aula de dos por dos metros, Ricardo, joven vecino del barrio, lidia con tres alumnos de tercero de primaria a los que la jornada se les está haciendo un poco larga: tienen más ganas de jugar que de repasar la tabla de multiplicar. «Lo primero son los deberes. Después, clases de refuerzo, en especial Lengua y Matemáticas», comenta. «Algunos chicos no están tan atrasados como parece, pero los problemas en casa afectan su rendimiento». Los voluntarios no son maestros de profesión. Teresa, por ejemplo, trabaja en un laboratorio de análisis clínicos. A estas horas podría estar descansando en su casa; en cambio, repasa la lección de «cono» (Conocimiento del Medio) con dos niñas de quinto de primaria.

Son las siete de la tarde y el cura enfila hacia la iglesia. A las siete y media hay misa. Un compañero camerunés de su congregación le echa una mano en las celebraciones. «Un día conseguimos meter casi 250 feligreses». Cuesta imaginarlo viendo la casita en la oscuridad del parque. El padre Carlos señala entonces una explanada situada al otro lado del carril bici. «¿Ve ese terreno? Estamos a la espera de que el Ayuntamiento lo recalifique para levantar ahí el nuevo templo. Entonces podremos servir a más gente, hacer más cosas».

Esa mañana de mediados de la década de 1970 el párroco de Santa Rosalía, en Villa Rosa, Canillas (Madrid), se desayunó con una pintada en uno de los muros de la iglesia: «Muerte a los curas». Hoy, tantos años después, reconoce que pasó miedo. Era víspera de comuniones y las relaciones con la asociación de vecinos estaban realmente tensas en este barrio obrero, de izquierdas y con poco querencia a las sotanas. Las cosas han cambiado y el padre Antonio, 72 años —a tres de la jubilación, si es que los sacerdotes se jubilan alguna vez—, lo único que teme ahora es que el legado de tantos años de sacrificio y penurias económicas no continúe.
«Cuando un seglar me echa en cara que los curas vivimos muy bien, le pregunto: “Entonces, ¿por qué no has elegido tú esta vida tan maravillosa?”. Lógicamente no me contesta. Aunque lo que más le sorprende es cuando añado que sí, que he vivido realmente bien desde el punto de vista de la labor social y de la espiritualidad». Llegó a Villa Rosa hace 40 años. Hace 32 fundó la guardería infantil de la parroquia, probablemente el proyecto del que está más orgulloso y del que destaca la labor de las educadoras. Durante este tiempo ha sido pastor de sus feligreses, pero también contable y hasta chapuzas allí donde había una gotera o una persiana rota.
Su jornada laboral empieza a las siete y media de la mañana, cuando la guardería se pone en marcha. Le gusta recibir a los niños y comprobar que todo está bien. A las nueve abre la iglesia y media hora después celebra misa. Luego inicia una actividad que se prolonga hasta la noche: papeleo, reuniones con catequistas, con vecinos, con novios que desean cambiar de estado, con padres que quieren bautizar a sus hijos... Aunque el hogar de ancianos cerró cuando el Ayuntamiento abrió uno, los parroquianos siguen utilizando las viejas instalaciones. Y luego está Cáritas. «Cuando se realiza el reparto me gusta ayudar. Sacamos poco dinero de las colectas porque los vecinos no tienen recursos. La parroquia María Virgen Madre nos ayuda bastante, y yo pido subvenciones a todo bicho viviente. He llamado a tantas puertas que ya casi ni me acuerdo».

Para la "compra" del mes, Emilia y Josefina, feligresas de toda la vida, bajan al almacén que hay en el sótano de la iglesia para preparar las cestas de Cáritas. Tres paquetes de arroz, uno de lentejas, uno de garbanzos, uno de judías, dos de harina, uno de azúcar, uno de espaguetis, uno de fideos, dos de galletas, uno de café, un bote de cacao, seis briks de leche, una botella de aceite de girasol, dos quesos pequeños, una lata de tomate frito y otra de triturado. Esa es la «compra» del mes para 140 familias de Villa Rosa. Los suministros llegan a través del Banco de Alimentos y de Cruz Roja, aunque la mayoría son adquiridos por la propia parroquia en un supermercado cercano. «Invertimos unos 15.000 euros al año en esta obra de caridad; nunca llegaríamos a esta cantidad sin la aportación de otras feligresías cercanas», señalan. Ciudadanos ecuatorianos (de forma mayoritaria), colombianos, peruanos, venezolanos, rumanos y ucranianos aguardan su turno. También españoles. Cada vez más. «Vienen familias enteras con niños pequeños».
El padre Antonio ha visto de todo durante estas cuatro décadas. En la época en que la hostilidad hacia él se masticaba en el barrio un policía le confesó que habían estado vigilándolo «por lo que pudiera pasar». La guardería y la iglesia han sufrido robos. «Una vez que nos desvalijaron se publicó la noticia en la sección de Sucesos de ABC», recuerda. Cuando se jubile tendrá que abandonar la casa parroquial que ha sido su hogar este tiempo. Buscará un piso de alquiler o se mudará a casa de unos parientes y dejará su «envidiable» vida de cura. Bueno, no del todo, porque seguirá con sus deberes espirituales.

Hablan los verdugos

De El País o El Mundo, no me acuerdo:

"Al día siguiente, nadie habla de ello"

Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. Formé parte del strap down team, el equipo encargado de atar al condenado a la mesa de ejecución antes de la inyección letal. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno -somos cuatro o cinco- ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: '¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!'. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo 'Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?', y tú contestas: 'Me han elegido, ahora tienes que tumbarte'. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: 'Gracias, Dirk, me has salvado la vida'. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté".

"Un hombre pidió cereales para niños como última comida"

"Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo '¡gracias!', con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa".

"Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica"

"Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro".

"Dios no me lo reprochará"

"Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: 'En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros'. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará".

"En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal"

"Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: 'Layne, la vida va a ser mejor allí arriba'. O bien se alteran y te dicen: '¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche'. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: 'He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto'. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie".

"Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones"

"Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: 'No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley'. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: 'Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan'. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad"

Un novelista sin fe en la ficción

Juan Gabriel Vásquez, "Un novelista sin fe en la ficción", en El País 20/11/2010:

Los clásicos rusos vuelven con algunos inéditos y nuevas traducciones directas. Dostoievski, Chéjov, Pasternak o Aksiónov invitan a ser leídos otra vez. Y hoy se conmemora el centenario de la muerte de Tolstói, quien se debatió entre el arte y la moral, sobre todo cuando escribió Hadjí Murat. Además, el próximo 2011 se celebrará el Año de Rusia y España.

La escritura, en particular la literaria, es francamente nociva para mí desde un punto de vista moral", escribe Tolstói en su (alarmante) diario de vejez. En la misma entrada confiesa haber sucumbido a un deseo de gloria mientras escribía Amo y criado; por suerte, añade enseguida, ya ha "comenzado a despertar moralmente". Era el 18 de marzo de 1895. A Tolstói le quedaban quince largos años de vida durante los cuales siguió despertando moralmente, lo cual equivalía a escribir menos ficción y a despreciarla -y despreciarse- cada vez que la escribía. Tiene que ser una de las grandes paradojas del arte que en esos años de descreimiento artístico, de total escepticismo sobre el poder de la ficción, saliera de su pluma una de las grandes ficciones de todos los tiempos: Hadjí Murat.

El origen de la novela consta en otra entrada del diario, la del 19 de julio de 1896. Tolstói caminaba por un campo de tierra negra en Pirogovo, más bien lejos de su residencia de Yásnaia Poliana, cuando se topó con una mata de cardo con tres retoños. En la traducción de Selma Ancira: "Uno estaba roto y de él colgaba una sucia flor de color blanco; otro también estaba roto y salpicado de barro, negro, el tallo partido y sucio; el tercer retoño brotaba transversalmente, también estaba negro de polvo, pero todavía vivía, y hacia la mitad tenía un color rojizo. Me hizo pensar en Hadjí Murat. Me gustaría escribir al respecto. Defiende su vida hasta el final y, solo, en medio del vasto campo, como puede, logra defenderla victoriosamente".

El adverbio me parece un exceso: es difícil decir de alguien que defendió su vida victoriosamente cuando su cabeza degollada acabó recorriendo todos los pueblos del Cáucaso como ejemplo para otros guerrilleros, o más bien como disuasión. Pero es cierto que Hadjí Murat -aquel rebelde musulmán que fue uno de los más temidos resistentes al afán expansionista de Nicolás I- murió con heroísmo, y sobre todo es cierto que el final de su vida, en 1852, sirvió de materia prima a una maravilla literaria. "El mejor relato del mundo", exageró famosamente Harold Bloom. Yo acabo de volver a leerlo, y lo he hecho con tanta fascinación (y mucho más entendimiento) como la primera vez, hace once años, cuando el estallido de la segunda guerra de Chechenia convirtió esta novela de un siglo de edad en un documento más actual que cualquier diario.

Hadjí Murat, esa extraordinaria metáfora de la resistencia, fue el último relato de envergadura que escribió Tolstói. Sus ciento cincuenta páginas le tomaron ocho años; supongo que es lícito preguntarse por qué un hombre capaz de escribir las mil páginas de Guerra y Paz en seis años necesita dos más para escribir ochocientas cincuenta menos. La respuesta es: si ser novelista es difícil, es más difícil ser santo. Y eso era Tolstói, un santo en la Tierra, una iglesia de un solo hombre. Como toda iglesia, había llegado a detestar el sexo, que le parecía un obstáculo para el amor; como toda iglesia, había llegado a la conclusión de que no hay vida posible fuera de la fe ("sin la conciencia de Dios", escribe en su diario, "no puede haber una concepción razonable del mundo"); como toda iglesia, había llegado a considerar la desgracia personal como una bendición. Las páginas que siguen a la muerte de su hijo Vaniéchka son espeluznantes: "Enterramos a Vaniéchka. Terrible. No, terrible no, un gran acontecimiento espiritual. Te doy las gracias, padre. Te doy las gracias". Finalmente: como toda iglesia, había llegado a desconfiar de la literatura de ficción.

Así que los lectores de Hadjí Murat tenemos que lidiar antes que nada con esta contradicción molesta: aquella puesta en escena de la lucha del hombre contra las fuerzas colectivas, sin duda uno de los más altos elogios del individuo jamás escritos, fue escrita por un hombre que había dejado de creer en el individuo y, correlato necesario, en esa emanación de la individualidad que es el arte. Durante sus últimos años Tolstói llegó a despotricar contra Beethoven, culpándolo de la decadencia de la música contemporánea, y llegó a escribir un pequeño volumen demostrando que Shakespeare era un elaborado fraude, y todos los que durante siglos lo habían admirado, meros ingenuos; todo eso, claro, al mismo tiempo que creaba uno de los únicos personajes genuinamente shakespeareanos de la literatura no inglesa. ¿Cómo es eso posible? Respuesta: en Tolstói, como en Shakespeare, el ego del moralista nunca suprimió el instinto del artista. O mejor: el artista resistió a cada embate del moralista. Quizás es esto lo que queremos decir cuando decimos que las mejores novelas son siempre más inteligentes que sus autores. El asesinato de la vieja usurera por Raskolnikov nos horroriza a todos, pero ningún lector de Crimen y castigo ha dejado de sentir por un breve instante que entiende al estudiante, que sabe por qué la ha matado. Así todas las grandes ficciones. Así, por supuesto, las grandes ficciones de Tolstói. Así Hadjí Murat.

Pasear por su diario de esos años, los años de la escritura de Hadjí Murat, es asistir a un pulso librado entre el artista y el moralista, una especie de combate cuerpo a cuerpo donde sólo uno de los dos puede quedar de pie. Tomemos el año de 1896, cuando Tolstói comienza a escribir la novela. El 23 de enero anota: "Una verdadera obra de arte -la que transmite- sólo es posible cuando el artista busca, intenta". Ésta es la moral del novelista genuino, para quien la novela es un instrumento de inquisición, de averiguación. Pero un mes después, con la moral del líder-del-rebaño, con la moral del puritano o del predicador, escribe: "Sólo existe un arte y consiste en aumentar las alegrías inocentes de todos, accesibles a todos, el bienestar del hombre. Un edificio bello, un cuadro festivo, un canto, un cuento brindan una felicidad menor; la incitación a un sentimiento religioso de amor por el bien que produce un drama, un cuadro, un canto, brinda una felicidad mayor".

Sigamos. El 17 de mayo Tolstói escribe: "El objetivo principal del arte, si existe el arte y si tiene un objetivo, es manifestar, expresar la verdad sobre el alma humana, expresar aquellos secretos que la palabra sencilla no puede expresar". Pero el 30 de julio parece otro el que escribe: "El placer estético es un placer de orden inferior. Y por esto aun el mayor placer estético nos deja insatisfechos. E incluso, mientras mayor sea el placer estético, mayor es la insatisfacción que nos deja. Solo el bienestar moral puede producir una satisfacción plena".

Las entradas de esos días están plagadas de referencias a la obligación de accesibilidad del arte: es arte lo que es comprensible a todos, dice Tolstói, y no es arte lo que no queda inmediatamente claro. Pero yo los reto a ustedes a encontrar en Hadjí Murat una conclusión nítida y precisa sobre cualquier cosa. No la hay: a Tolstói, como quería Flaubert, se le siente en todas partes pero no se le ve en ninguna. En algún momento comparó sus intenciones con un invento inglés que acababa de descubrir: el peep-show, un lente por donde pasan distintas imágenes parciales de un mismo objeto. Lo mismo quería hacer con Hadjí Murat: presentarlo como marido, como fanático, como guerrero. El hombre que tiene esas miras, que actúa con neutralidad cervantina frente a su criatura, no puede ser el mismo que condena las obras de arte como mero divertimento para gente acomodada, o que escribe a comienzos de 1897: "El daño que hace el arte, el daño principal, es que ocupa el tiempo e impide a los hombres ver su ociosidad".

Se trata de una verdadera esquizofrenia literaria. Al mismo tiempo que Tolstói compone Hadjí Murat, quejándose de que no encuentra el tono, imaginando las posibilidades de su criatura, desprecia la actividad de la creación y elogia a la clase trabajadora por no haber caído en el engaño de la creación estética. El 14 de octubre de 1897 anota, con paciencia de artesano, algunos detalles que se le han ocurrido para Hadjí Murat: la sombra de un águila que corre por el flanco de una montaña, las huellas sobre la arena de fieras, caballos y hombres, el resoplido de los caballos al entrar en el bosque, un macho cabrío que aparece de un salto desde detrás de una mata de aliaderna. Son los detalles que traen la historia a la vida, y dan fe de que el talento de Tolstói para la evocación de un mundo físico vívido y potente no había desaparecido. ¿Cómo reconciliar a este hombre con el que escribe que Boccaccio es el comienzo del arte inmoral, o que lee La dama del perrito, el cuento de Chéjov que hoy nos parece una de las cimas del género, y despotrica contra él porque considera que no ha elaborado una concepción del mundo "capaz de distinguir el bien del mal"?

Sea como sea, el resultado está ahí: la historia de Hadjí Murat sobrevivió, ha seguido sobreviviendo. Tolstói la terminó sin entusiasmo mientras escribía, con entrega total, otras cosas: su pequeño tratado sobre el arte, su Confesión -un verdadero ajuste de cuentas con la Iglesia rusa ortodoxa, que lo excomulgó después y hasta el día de hoy no lo ha recibido de nuevo en su seno-, y también la novela Resurrección, que es una gran obra literaria pero que no le llega a los tobillos a la historia del rebelde musulmán. Mientras tanto seguía dividido: por un lado, agobiado por ideas fijas sobre la religión y su papel en ella, sobre los defectos de la mujer (la culpaba de todos los desastres del mundo contemporáneo), sobre la cultura (que sólo florece, decía, cuando no hay moral); por el otro, lleno de dudas. Pues bien: la duda es la provincia del novelista. El 19 de diciembre de 1900 Tolstói escribe: "El artista, para poder influir en los demás, debe buscar; su obra ha de ser una búsqueda. Si ya lo ha encontrado todo, si lo sabe todo y adoctrina o se divierte deliberadamente, no ejerce ninguna influencia. Sólo si busca, el espectador, el oyente, el lector se unirán a él en su búsqueda".

Tenía razón. Aquí estamos nosotros, más de cien años después, buscando con Tolstói. Algunas cosas hemos encontrado, muchas felicidades nos ha dado el hecho mismo de buscar. Y cuando nos sentimos confundidos, desorientados, sacamos Guerra y paz, sacamos Ana Karenina, sacamos La muerte de Iván Ilych, sacamos Hadjí Murat, y esas ficciones son lo más cerca que estamos, o que estoy yo, del sentimiento que otros llaman religioso, porque siguen enriqueciendo mi noción de la humanidad y mi respeto por esta vida inmensamente varia que nos ha tocado en suerte, esta vida tan múltiple y compleja que no la podríamos entender sin la ayuda de quienes la han contado.

Tolstói con mano propia y ajena

Hadjí Murat León Tolstói. Traducción de Irene y Laura Andresco Kuraitis. La otra orilla. Barcelona, 2010. 240 páginas. 15 euros.

Anna Karénina Traducción de Víctor Gallego. Alba. Barcelona, 2010. 1.008 páginas. 44 euros.

Guerra y paz Traducción de Lydia Kúper. El Aleph / Del Taller de Mario Muchnik. Barcelona, 2010 1.900 páginas. 39,90 euros.

Memorias. Infancia. Memorias. Adolescencia Memorias. Juventud Tomo 1. Planeta. Barcelona, 2010. 21 euros.

Diarios (1847-1894). Diarios (1895-1910) Edición y traducción de Selma Ancira. Acantilado. Barcelona, 2010. 508 / 584 páginas. 27 / 33 euros.

La tormenta de nieve Traducción de Selma Ancira. Acantilado. 75 páginas. 10 euros.

El reino de Dios está en vosotros (incluye la correspondencia entre Tolstói y Gandhi) Traducción de Joaquín Fernández Valdés Roig-Gironella. Kairós. Barcelona. 430 páginas.

Relatos de Yásnaia Poliana (Cuentos para niños y el prisionero de Cáucaso) Traducción de Sara Rodríguez. Rey Lear. 149 páginas. 10,95 euros.

Diarios (1862-1919). Sofía Tolstói. Selección, traducción y notas de Fernando Otero Macías y José Ignacio López Fernández.

Alba. 650 páginas. 32 euros.

Sobre mi padre. 1928 Tatiana Tolstói. Traducción de Julia Escobar. Nortesur. Barcelona, 2010. 125 páginas. 13 euros.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Ha muerto Alfonso Canales

Ha muerto Alfonso Canales, el culto y bibliófilo poeta de Aminadab; he aquí algunos poemas suyos:

El poeta se lamenta de la fugacidad del querer humano

¿Adónde va el amor, por más que duela
el corazón a cada estrecho paso;
con qué peso se hunde, en qué fracaso
el beso se anonada y se cancela?

Abrígalo si puedes: va que vuela
su precario calor, al cielo raso.
Mira que con frecuencia se da el caso
de que a la vuelta el velo se desvela.

¿Adónde vamos a parar con tanta
ráfaga que se va por un postigo,
si el cisne se nos muere cuando canta?

¿Qué puede alimentarnos este trigo
que siempre se nos queda en la garganta?
¿Adónde vamos a parar, amigo?

Soneto en el que el poeta toma prestadas las palabras de John Donne para desabrigar infundados temores...

¿Qué haremos en invierno -me preguntas-,
sin un mal cobertor que nos defienda
del frío? ¿ Qué participada prenda
abrigará las desnudeces juntas?

No te sé contestar. Y descoyuntas,
pura, abierta, entregada a la contienda
del amor, ese cuerpo, a suelta rienda.
y se me escapa el alma por las puntas.

Aún es verano, y la calor es tanta
que no comprendo la frialdad. Y sudo
cuanta humedad rehúye la garganta.

¿Pero existe el invierno? ¿Y es tan crudo
su rigor? Si es así, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que, yo, desnudo?

Ayayay


Ignacio Camacho, "No corráis que es peor", Abc, 19-XI-2010:
CUANDO el adalid del optimismo antropológico va al Parlamento a advertir que la situación económica va entre mal y muy mal sólo puede suceder que realmente esté aún peor y trate de prepararnos para la inminencia de una catástrofe. El presidente del Gobierno parecía ayer Adriano Celentano con su vieja salmodia de canción protesta: «La situazione económica no é buona, la situazione política non é buona, la situazione internazionale non é buona, la mia situazione non é buona». El tipo que negaba la crisis ha pasado a confesarse desbordado por ella; se ha saltado la fase pesimista para instalarse directamente en el victimismo. Y todo ello el día en que el «Financial Times», la Biblia de los mercados y de los especuladores, pronosticaba para el primer trimestre de 2011 el macrorrescate de España, una hecatombe financiera cuya escala dará al traste con el euro tras llevarse por delante los pocos dineros que nos queden en caja.

Lo lógico habría sido que después de una confesión tan tenebrosa Zapatero se hubiese hecho el harakiripolítico sin solución de continuidad, abdicando en la misma tribuna desde la que vertió su alarmante testimonio de impotencia. En una situación similar se largó Adolfo Suárez, convencido por sí mismo o en compañía de otros de que su permanencia en el poder era un problema. Parece urgente encontrar, dentro o fuera del PSOE, a alguien que al menos le oponga a la crisis un cierto ímpetu de resistencia. A Rubalcaba se le está poniendo cara de Calvo Sotelo, pero el presidente aún cree que la machadiana clepsidra de su mandato no ha volcado la última gota; pretende aguantar al menos hasta las municipales aunque sea bajo el protectorado europeo, que tal vez no desee unas elecciones anticipadas para que no incrementar la zozobra. Los bancos están desesperados porque nadie les presta un euro ahí fuera, y las empresas porque nadie se lo presta dentro. El Ayuntamiento de la capital del Estado amenaza con declararse en bancarrota —en realidad ya está en quiebra técnica— y la gente teme encontrarse cualquier día un corralito en la puerta de la caja de ahorros más próxima. En estas condiciones lo único que al Gobierno se le ocurre es pintar sin moverse del sitio una tormenta oscura e inminente como la de «La tempestad» de Giorgione; se ha convertido al realismo cuando ya no hay escapatoria. Nos están haciendo el cuerpo para que no nos sorprenda el anuncio de un desastre.
En realidad, el desastre ya ha ocurrido: consiste en que mientras el país se despeña la dirigencia política sólo piensa en términos electorales. Ese déficit de patriotismo y de generosidad es aún más grave que el presupuestario y es el que va a acabar costándonos la ruina, pero sólo saben decirnos que correr es peor. Es la advertencia que precede al sálvese quien pueda; el problema está en que la mayoría no podemos.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Corrección de exámenes

La corrección de exámenes es un refinado arte de tortura; de ahí que los profesores se tomen tanto tiempo en hacerla, despacio y morosamente, recreándose en la contemplación de la obra de arte al par que en su deleitosa ejecución. Los alumnos, además, críticos implacables del producto e impacientes por consumirlo, no permitirían otra cosa sino la mayor perfección posible y la acumulación de tiempo que brinda a las obras, con sus últimos retoques, la patina de lo clásico y universalmente admirado. Dicen que hay quien produce de sí obras como buñuelos para un consumo masivo, pero estos productos, carentes del peso del contenido y de la profundidad que revela la perspectiva del tiempo, no alimentan el gusto estético, sino que lo engordan y deturpan. El examen, que resulta una inspección profunda de las estupideras (y alguna remota vez, entendederas) del alumno ha de coserse con el hilo rojo de la sangre, el sudor, las lágrimas y las espinas de las faltas de ortografía; con las décimas miserables de los puntos de sutura; con los moratones y cicatrices de las tachaduras; es, fuera de todo esto y ante todo, una construcción moral que requiere, por parte del relajado brazo seglar del profesor, una elaborada resignación ante la erosionada capacidad didáctica que dan los años de sufrimiento en las trincheras del frente y la naturaleza dura y poco maleable del material escolar, resignación que se levanta sobre una paciencia de Purgatorio que empieza con la templada resolución de un Job y termina con la inevitable y tan postergada moción de Herodes el Grande.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Despilfarreo autonomicón

Ignacio Camacho, "Coros y danzas", en Abc, 17-11-2010

En este país tan raro que vive como un rico sin serlo hay docena y media de televisiones autonómicas y varios cientos de emisoras municipales que pierden más de mil quinientos millones de euros al año sin que nadie se plantee cerrarlas o al menos someterlas a un ajuste de mercado. Cuando Europa nos presiona para recortar gasto público les metemos antes mano a las pensiones y a los sueldos de los funcionarios que a ese sumidero a fondo perdido en el que los caciquillos territoriales organizan su particular autobombo. Nuestra clase política está dispuesta a cualquier sacrificio —ajeno, por supuesto— antes que renunciar a su cuota de telediario casero. Los virreyes que lloran la falta de presupuesto para la Ley de Dependencia firman sin pestañear las subvenciones con que tratan de enjugar el déficit de sus aparatos de propaganda. En algunas comunidades hay hasta tres cadenas porque con una no basta para satisfacer el ego de esa dirigencia ensimismada en el culto a la personalidad; la mayoría de ellas dedica el grueso de su programación a un peloteo sonrojante de los sultanes de turno y banaliza la cultura autóctona con un zafio desfile de tópicos que subvierte el carácter de servicio público al reducirlo a un folklorismo de vía estrecha. Son la versión catódica o digital de los coros y danzas, a la mayor gloria de regímenes clientelares que representan la actualización, el update, del caciquismo.

A la hora de manejar el mando a distancia con que ejecutan sus consignas, socialistas, populares y nacionalistas guardan escasas diferencias de talante. Ninguno renuncia al mangoneo sectario; se calcan los vicios, se apoderan de la pantalla y cometen idéntico abuso de poder pasándole la factura a los contribuyentes. Los matices son de estilo, no de concepto; algunas emisoras son más soeces en su vulgaridad populista, otras se parapetan en la singularidad lingüística y unas pocas afinan algo las formas para disimular la manipulación con cierto envoltorio profesional. Pero al final lo único que cuenta es su disponibilidad como instrumento al servicio de la hegemonía política; funcionan como canales privados de unas nomenclaturas regionales que entre las teles y sus hipertrofiados servicios de comunicación y prensa tienen más empleados que todos los medios independientes juntos. Ventajas de no responder ante el mercado.

Algunos barones territoriales del PP han tenido al menos la decencia retórica de sugerir la privatización de estos mastodontes mediáticos, a sabiendas de que se trata de una medida que no depende de ellos; es de las pocas competencias que han quedado fuera de la centrifugación autonómica. Éste es uno de los misterios de la Administración española y una de las causas de la ruina del sistema: puede gastar mucho más de lo que ingresa pero siempre hay una ley que dificulta la reducción del despilfarro.

CPR

La principal labor de un "asesor" de Centro de Profesores y Recursos es justificar su existencia frente a la multitud de organismos que sirven para lo mismo (esto es, justificar su existencia). Como escribió, en latín, por cierto, Spinoza, todas las cosas ambicionan perseverar en su ser. Es una tarea filosófica ardua. Pero, cuando llega el momento oportuno, la desoladora realidad se impone: ayer, sin ir más lejos, estuvimos esperando que uno viniera, por ver si daba fondos. Vana labor, que nos hizo recordar la película de Bienvenido mister Marshall. Y, ya está claro, no vino, no dio señales de asistencia ni de existencia. No hubo hierofanía. No se manifestó, el espíritu. Estas cosas sólo pasan en el Imperio Austrohúngaro.